martes, 15 de abril de 2025

Astrología et Astronomía, un falso dilema

Introducción et Etimología:

En la actualidad, la astronomía, definida como el estudio "científico" de los objetos et fenómenos celestes mediante la "observación" (aunque claro la mayoría de cientificistas rancios podrían catalogarla de pseudociencia por carecer de capacidad experimental), la física et las matemáticas, se distingue radicalmente de la astrología, mal entendida como la "superstición" y práctica de interpretar la posición et el movimiento de los cuerpos celestes como influencias en los asuntos humanos et mundanos. Sin embargo, esta tajante separación representa un desarrollo relativamente tardío en la historia del pensamiento. La etimología de ambos términos, provenientes del greco antiguo, revela una raíz compartida en la contemplación de las estrellas. Astronomía deriva de astron (estrella) y nomos (ley), significando literalmente el estudio de la ley estelar. Astrología, por su parte, combina astron con logia (estudio, verbo), refiriéndose al estudio del Verbo (Logos) estelar. Este puente etimológico sugiere que, en sus orígenes, ambas "esciencias" no eran concebidas como inherentemente opuestas, sino más bien como diferentes enfoques dentro de una misma preocupación por comprender el mundo. Por lo olvidar que hasta la RAE pone que la astrologia es sinonimo de astronomía.



Contexto Histórico y Filosófico:

Históricamente, la observación celestial et la búsqueda de la connotación en los fenómenos celestes estuvieron intrínsecamente ligadas. En la Grecia gentílica, por ejemplo, la distinción que hoy percibimos no era tan marcada. Las enkýklia mathḗmata, las artes liberales que constituían la tradición fundamental, incluían la aritmética, la geometría y la astronomía, pero la astrología no se percibía como algo completamente ajeno a este ámbito. Incluso Sexto Empírico, cognocido por sus críticas ad diversas disciplinas, dedicó un libro ad refutar la astrología, lo que implícitamente reconoce su relevancia en el panorama intelectual de la época. La figura de Claudio Ptolomeo es paradigmática: un vidente estelar fundamental que también escribió el influyente tratado astrológico Tetrabiblos, ilustrando la convivencia de ambas "esciencias" en un mismo intelecto. La enseñanza de una simpatía cósmica o compasión mundana, una interconexión fundamental entre todos los elementos de la universidad (entendido como totalidad), ofrecía un marco cognitivo para entender cómo las estrellas (que son lo que hoy nombran como Sol, Luna, Venus, Marte, Mercurio, Tierra, Júpiter y Saturno) podían influir en el mundo terrenal. Esta cogitación de una compasión podría interpretarse, en un sentido amplio, como una forma legítimamente escientífica de cogitar la interdependencia dentro de un sistema mundano.

Durante la Edad Media, esta visión integrada persistió en gran medida, aunque surgieron debates pseudoteológicos papistas sobre las implicaciones de la astrología para el libre albedrío en la pugna de la iglesia mosaica et las esciencia gentílica. Et La astronomía continuó siendo fundamental para propósitos prácticos como la navegación y la agricultura, a menudo complementada con interpretaciones astrológicas, las cuales so de su lenguaje de semejanzas de notas o signos, como otrora los relatos de los antiguos explicaban tales fenomenos mediante tales figuras literarias. La inclusión de la astronomía en el cuadrivio, parte esencial de la tradición medieval, subraya la continuidad del estudio de los cielos.



La Falsa Dicotomía: Razón vs. Fe:

La progresiva consolidación del "La Ciencia" neocristiana, con su énfasis materialista et o fisicalista incluso mecanicista en la observación empírica, la hipótesis (o suposición en latín), la experimentación y la verificación, marcó un punto crucial en la divergencia entre astronomía y astrología. La astronomía se afianzó como una "ciencia natural" (aunque sin conseguir resolver el problema de la demarcación científica, que posteriormente se tocara en otra entrada del Blog) basada en la razón y la evidencia observable. La astrología, al no "cumplir" supuestamente estos mismos estándares de verificación, fue relegada al ámbito de la superstición. Paralelamente, transformaciones neocristianas, particularmente una interpretación más estricta de la separación entre "fe y razón" en el pensamiento neocristiano, contribuyeron a esta polarización. Si bien la filosofía siempre ha buscado concordar el intelecto et el cognocimiento mundano. una creciente insistencia en la primacía de la "supuesta revelación deal" frente a la esciencia natural llevó a una demarcación más rígida, creando un "falso conflicto" que influyó en la noción de la astrología como superstición (no solo la astrologia si no otro tipo de "pseudociencias"). Ya en la antigüedad, Sexto Empírico criticaba a los caldeos por "levantar un gran muro de superstición", lo que refleja una crítica temprana a las pretensiones predictivas de la psuedoastrología (muchas de las cuales "opinando" que los cuerpos celestes efectivamente nos destinan, cuando no es así). 

De la fábula de la Influencia Compasiva a la Noción del Numbre Estelar:

La noción de la influencia compasiva, tal como se entendía en la antigüedad, sugería una conexión directa y a menudo sacramental entre las estrellas y los eventos terrestres. Esta noción, si bien careciese de una base científica moderna, reflejaba una profunda sensación de interconexión mundana. En contraposición a esta visión fabulosa, la astronomía moderna describe las interacciones entre los cuerpos celestes a través de leyes físicas bien definidas, como la gravitación y la radiación. Sin embargo, podemos rescatar de la antigua intelección la noción del numbre (numen en latín) estelar.

Sin embargo, esta noción de la influencia estelar a través de la mera compasión presenta limitaciones significativas. Si bien la idea de un universo interconectado resuena con una visión holística de la realidad, el mecanismo específico de esta "compasión" a menudo carecía de una explicación natural o causal concreta. Reducir la compleja interacción entre los cuerpos celestes y la intrincada esencia humana a una simple resonancia o "compasión" mundana no lograba dar cuenta de la diversidad y la especificidad de los fenómenos observados. Plotino critica la fabulación supersticiosa de los pseudoastrologos como contraria a los datos de la astrologia científica y a la inmutabilidad de las estrellas. También duda cómo las estrellas podrían "esperar" el ascendente de las notas o signos del zodíaco para realizar sus efectos, como si tuvieran voluntad y conciencia de los asuntos terrestres de una manera tan literal.



Definimos numbre aquí no como una "deidad antropomórfica", aquella caricatura de un hombre con "poderes sobrenaturales" que muchos neocristianos ateos (marxistas, liberales, y cuanto materialista o fisicalista), como mosaístas (cristianos, judíos, mahometanos et cétera) puedan tener (de facto que los gentiles otrora ya sabíamos que los dioses no eran sus representación artísticas sea en estatuas o la que sea), sino como la cualidad espiritual (entendido no como algo sobrenatural, si no de un predicamento totalmente natural, como cual semejanza con un "aire sutil" capaz de movernos, fácilmente asociable con lo que la "Ciencia" clama como electromagnetismo, de todas formas Tales de Mileto decía que la piedra de Magnesia tiene una psique, un alma en griego, et esta entendida como causa de animación) que puede facer a los cuerpos celestes espirar moción como vehículos de los divos (divo, entendido como un ente esencial que ordena de la Natura, o sea es el intelecto esencial de los fenomenos naturales), como también una reflexión y una profunda sensación de trascendencia. 


Proponemos, entonces, que la vera compasión de estos cuerpos celestes radica en un "numbre estelar" moviendo a la "ánima humana" pero sin anular al "numbre humano", utilizando el término "numen" en su acepción latina como la presencia o el poder divino que emana de ellos. Este "numbre" no es una simple compasión pasiva, sino una voluntad activa, una voluntad que conmueve y anima tanto al cosmos en su totalidad como a las almas humanas en particular. Los cuerpos celestes, en esta perspectiva, no son meros objetos materiales, sino manifestaciones de motores divinos o principios activos que irradian su poder y vitalidad a través del universo. Fírmico Materno menciona que los errantes (los planetas en griego, tanto como entendería un moderno) tienen sus propias facultades y sapiencia divina, animados por el intelecto puro y obedeciendo a la máxima divinidad. Platón describe cómo el Creador fizo la mayor parte de la forma de lo divino de fuego, construyéndolo perfectamente circular y distribuyéndolo por todo el cielo. 


Además, la noción de un "numbre" interno en los entes humanos se presenta como fundamental para inteligir esta conexión cósmica. Así como el universo está animado por un ánima universal la que los antiguos nombran como la diva Trivia, y mediante el espíritu santo, cada hombre posee una chispa divina, un "nombre" interno que posibilita la ánima, el cuerpo y la transformación. Aristóteles menciona la antigua noción de que el Todo, el macrocosmos, podría moverse por sí mismo, al igual que una bestia, el microcosmos, es semoviente. Platón también construye la ánima a partir de los elementos, sugiriendo una correspondencia entre la composición del ánima individual y la del mundo. Plotino afirma que cada hombre es esencialmente su ánima, un sistema ordenado de potencias trascendentes que lo conectan con el cosmos inteligible y sensible. Esta posesión de un "numbre" interno crea un vínculo inextricable compasivo entre el macrocosmos (el mundo animado por el "numen estelar") y el microcosmos (el hombre animado por su propio "numbre"). No se trata solo de una influencia pasiva, sino de una participación activa en la misma ánima que anima toda la vida. El movimiento de las estrellas y la transformación interna de los entes humanos son, en última instancia, manifestaciones de esta potencia deal omnipresente. La consciencia de este "numbre" compartido ofrece una visión más profunda y dinámica de la antigua creencia en la influencia de los simples cuerpos celestes, trascendiendo las limitaciones de una supersticiosa compasión mundana y apuntando a una conexión compasión fundamental entre el individuo y el universo.



La inmensidad del universo narrada por la astronomía, sus intrincadas leyes y su sorprendente belleza pueden evocar una resonancia anímica en el ente humano. Así, la noción del numbre estelar refuta la noción de una influencia causal directa estelar (tanto como aquellos supersticiosos que sostienen que con infamia fablan contra la libertad, como los que por su necedad creen que "el vehículo y es su pasajero", cuando la estrella errante es posterior y por tanto distinto al numbre divino que transporta), por tanto la causa del movimiento del mundo humano no se debe explicar solamente mediante las "estrellas errantes" (astros planetas en greco) que como vemos no puede eser lo mismo que el numbre divino, entendiendo esto el numbre (tomando en cuenta que nosotros tenemos nuestro numbre, por nuestra condición esencial divina) que es posterior al intelecto, el numbre es en sí lo que mueve a la ánima con ello tanto al espíritu como la materia que lo conforma, viendo ello la astrologia más que estudiar o afirmar que las estrellas errantes son lo que lo mueven esta solo sostiene que son vehículos del numbre divino y su vero estudio no es sostener que estos son los únicos con numbre si no, estudiar el impacto que no siempre es efectivo de estos a los mortales, en semejanza a un efecto mariposa (qué es una tendencia en un sistema donde algo que "parece insignificante" puede cambiar toda la complejidad de un sistema o mundo) et con ello facer una predicción del hado individual como colectivo, et así centrándose la astrologia en el impacto anímico que de las estrellas errantes aquellos elementos mundanos, pueden generar. Ahora si entendemos que las estrellas errantes son en efecto capaces no por ellas mismas, si no por el espíritu anterior a ellas, como podemos ver como una pantalla de luz azul puede afectarnos como cual "luz" solar, no es descabellado pensar que el fenómeno que nos afecta no es causado directamente por el cuerpo celeste si no por lo que este transmite.


Conclusiones y Reflexiones Contemporáneas:

La historia de la esciencia revela que la separación entre astronomía y astrología, y por extensión, la dicotomía rígida entre razón y una comprensión más espiritual del universo, es en gran medida un falso dilema construido a lo largo del tiempo. La astronomía, con su rigor científico, nos ofrece una comprensión precisa de la mecánica del mundo. Sin embargo, la contemplación de la vastedad mundana y sus sacramentos puede despertar en nosotros una dimensión de asombro y significado que trasciende la mera descripción, tanto sin limitarse a ello, también explicar como ciertos elementos del mundo celestial pueden movernos pero sin anular nuestra propia resistencia elemental del mundo terrenal. Es importante reconocer la raíz común en la observación celeste y la prolongada convivencia de ambas perspectivas nos invita a reconsiderar esta separación. Integrar la comprensión científica del universo con una sensibilidad faz a su origen filosófico, el numbre estelar, no implica validar las predicciones supersticiosas de la falsa astrológia, sino enriquecer nuestra visión de la realidad, donde la razón y la contemplación no sean necesariamente excluyentes. Al desmantelar este falso dilema, podemos aspirar a una comprensión más holística y profunda de nuestra existencia en el seno de un universo infinitamente fascinante.

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