miércoles, 30 de julio de 2025

El Ramarranismo: Un alquebabat de Cerdo (I).

 Yo amo a quien justifica a los hombres del futuro y redime a los del pasado: pues quiere perecer a causa dé los hombres del presente. Así hablo Zaratustra, Federico Nietzsche.

"Deseamos una religión europea. El cristianismo está corroído por la infección semítica. En lo que en verdad creemos es en los elementos pre-cristianos que el cristianismo no ha podido expulsar... [Tervagante que tomo el nombre de] Jehová es un huevo de gorrión depositado en el nido de Europa. No tiene ninguna conexión con el Dios de Dante. Su concepto último de Amor supremo y de Inteligencia no deriva del Antiguo Testamento.” —Ezra Pound. 

¡Ah, el "Ramarranismo"! Como buen "farfán de los godos", un "farfán" descendiente de aquellos que pisaron esta tierra mucho prior de que el "dios único" se adueñara de todo, me mofo de las elucubraciones de ese tal Ramiro de Maeztu. Él, con su "falso fervor por la Hispanidad", nos quiere vender la idea de que "Espania es Judea so de Jesús" ¡Por Jove et por Mercurio! ¿Acaso nuestra Espania non era antes, con sus dioses, sus legiones et sus vías bien trazados? ¡Menuda amnesia histórica la suya! 


Ramiro de Maeztu et Whitney fue un ensayista, novelista, poeta, crítico literario et teórico cívico español, asesinado al comienzo de la Guerra Civil.

Desde mi perspectiva, la tal "doctrina" del "Ramarranismo" es una "patochada" de nuestro tiempo, un híbrido de "Ramiro" et "marrano". Se trata de una "figura simbólica del hispanopapismo disfrazado de hispanismo", que, con una ceguera digna de un gallinero en noche sin luna, intenta injertar a un "galileo mosaísta de la centuria I como emblema nacional de Hispania".

Permítanme que mi escepticismo de antaño se manifieste en esta mofa:

  • Confusión que ni el oráculo de Delfos entendería: Maeztu, con su "confusión litúrgico-cultural", cree que nuestra "Hispanidad equivale a papismo" et que según la lógica de su torcido pensamiento, Jesús era un "hispano espiritual" ¡Por los cuernos de Mercurio, qué disparate! Mis ancestros godos, ¡Que eran arrianos, et mucho antes eran gentiles!, ya eran antes de que este "papismo" se impusiera. Et la misma Iglesia, que tanto venera este don, non ha parado de combatir las "supervivencias de sus tradiciones" que se encuentran en el "inconsciente colectivo" et los "ritos populares", esas que ellos claman "gentiles" o "idolatrías" para denostarlas ¡Como si lo "nuestro" non fuera también parte de Hispania!
  • La "herejía gastronómica" et el "Cristo cadáver": Se atreven a proponer el "jamón ibérico como sacramento tácito de la identidad de Jesús" ¡Ja! Si el tal Jesús, como buen seguidor de la ley mosaica, "no habría probado tal plato tan propio de la hispanidad", et en lugar de un Cristo vigoroso et glorioso, propio de nuestros héroes et dioses, nos presentan un "cadáver", un "arquetipo de pordioseros", una "piltrafa humana" ¡Por Hércules! Mis antepasados, los "veros hispanos viejos", pese al rechazo de Ramiro de esta "hispanidad libre del jesísmo", "habrían rechazado al propio Jesús como un 'perro más' por su sangre et su 'humil estatus' de nacimiento" ¡La ironía me face reír a carcajadas!
  • La pureza de sangre... ¿et de espíritu?: Este Ramiro de Maeztu sostiene que el "fervor católico" era impoluto, pero ignora que los hispanos nos preocupa más la hispanidad, nuestra sangre, que su "papismo" ¿Qué me dirá de como los hispanos tildaban a los "conversos" de "perros cristianos" et "chinches"? Claro, Ramiro lamenta todo ello, porque los veros hispanos non miramos bien la "mezcolanza" que el su papismo fomenta, ese mismo que fizo a los farfanes mezclares con los americanos et sus ancestros godos con los hispanos. Et sobre supuesta "fe inmaculada" de los hispanos, por cierto la Inquisición, ese tribunal tan "fanático" según algunos, permitía "esculpir imágenes de los divos" y poemas con alusiones a la mitología grecorromana. Parece que la "pureza" que tanto ansían es más un invento que una realidad. Et non le digan a Ramiro, que la iglesia solo reconoce la identidad espiritual, la que todo so de Jesús, es un judío espiritual, rama injertada de Abraham.
  • La supuesta "monarquía misionera" et la hipocresía: Maeztu, dice que Marcelino Menéndez Pelayo alaba a Hispania como un "pueblo elegido por Dios, clamado por Él para eser brazo et espada suya". Sin embargo, ese mismo "brazo y espada" non dudó en cometer "crueldades" et "violencias" en la conquista de América. Et, paradójicamente, un "fraile papista" como Bartolomé de Las Casas, a quien Maeztu atacó, "no paraba mientes en abultar, agrandar y exagerar las crueldades inevitables a la conquista", ¡Creando precisamente la "Leyenda Negra" que los "hispanistas" tanto intentan desmentir! ¡Vaya forma de eser "misionero"! Et irónicamente  Maeztu arguye que los hispanos non se consideraban a sí mismos como un "pueblo elegido" en el mismo sentido que los mosaístas o los jesistas de Anglia, lo cual, según él, habría generado rivalidad. En cambio, Maeztu postula que los hispanos prefirieron pensar que, por iniciativa propia, habían elegido la defensa de la causa de Dios. Pero ignorando que la Biblia sí considera a los seguidores de Jesús, como el "pueblo elegido".

En resumen, este "Ramarranismo" es un intento torpe de borrar la rica et diversa historia de Hispania, de vestir a un "mosaísta en un delicioso jamón de cerdo ibérico", ignorando la complejidad de nuestras raíces gentiles, latinas, godas et las "contradicciones" de esa superstición papista que tanto enarbolan. ¡Que los dioses se apiaden de su ignorancia!

Continuando, profundizaremos estos puntos más adelante, se nos ha tratado de vender una narrativa de que el hispanismo, es el "ismo" de Ramiro de Maeztu, que, aunque revestida de patriotismo, non es más que un disfraz, una desviación cultural que yo, como farfán et espíritu gentílico, denuncio como "ramarranismo".

En el siglo XX, Ramiro de Maeztu no tenía ninguna duda de que «España comienza a ser al convertirse Recaredo a la religión católica».  La invención de España, Henry Kamen. 

España la crea Recaredo al adoptar la religión del pueblo. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu 

Ramiro de Maeztu proclama que "España comienza a eser al convertirse Recaredo a la religión católica". Nos presenta una visión de una "Monarquía misionera".

El Impe­rio español era una Monarquía misionera, que el mun­do designaba propiamente con el título de Monarquía católica. Desde el momento en que el régimen nuestro, aun sin cambiar de nombre, se convirtió en ordenación territorial, militar, pragmática, económica, racionalis­ta, los fundamentos mismos de la lealtad y de la obe­diencia quedaron quebrantados. 

La España que veían, a través de sus virreyes y altos funcionarios, los ame­ricanos de la segunda mitad del siglo XVIII, no era ya la que los predicadores habían exaltado, recordan­do sin cesar en los púlpitos la cláusula del testamen­to de Isabel la Católica, en que se decía :«El prin­cipal fin e intención suya, y del Rey su marido, de pacificar y poblar las Indias, fué convertir a la Santa y Católica a los naturales», por lo que encargaba a los príncipes herederos : «que no consientan que los indios de las tierras ganadas y por ganar reciban en sus personas y bienes agravios, sino que sean bien tratados». No era tampoco la España de que, después de recapacitarlo todo, escribió el ecuatoriano Juan Montalvo : «¡España, España! Cuanto de puro hay en nuestra sangre, de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti te lo debemos». Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu 

¿Et qué es lo "católico", vamos ad reducir, el sentido católico, del ὅλος (hólos, "todo" intendido como entero o en su totalidad, lo que es "integro"), ad el cefaísmo, servir ad un papa et ad un rabí venidos de Judea, et non de Espania? Venga ya Antonio qué eres más José et primo de Judá ben Israhel... que de Espán...

"Toda España es misionera en el siglo XVI. Toda ella parece llena del espíritu que expresa Santiago el Menor cuando dice al final de su epístola, que: «El que hiciera a un pecador convertirse del error de su camino salvará su alma de la muerte y cubrirá la mu­chedumbre de sus pecados». (V, 20.) Lo mismo los reyes, que los prelados, que los soldados, todos los españoles del siglo XVI parecen misioneros. En cambio, durante el siglo XVI y XVII no hay misioneros protestantes. Y es que no podía haberlos. Si uno cree que la Justificación se debe exclusivamente a los mé­ritos de Nuestro Señor, ya poco o nada es lo que tiene que hacer el misionero; su sacrificio carece de eficacia." Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu

Sus seguidores se enorgullecen de que "Toda España es misionera en sus dos grandes siglos", de que fue "casi el único país europeo que non tuvo ninguna herejía importante en la Edad Media" et que "expulsó a su minoría non cristiana, los judíos", et de un "fervor católico" que resplandece por doquier. El "ramarranismo" de Maeztu et su "alquebabat de Cerdo" que "quiere ver al circunciso Jesús en una plaza de toros", es el epítome de una negación de nuestra verdadera esencia. Nuestra historia non es la de un pueblo sometido a una "iglesia judaica" que "esparció la peste de los galileos", sino la de una fuerza desmesurada que quiso "facerse grande" et "eser demasiados". Lo que Nietzsche, en el su lúcido furor, percibió como el arrebato liberal de la Espania del quinientos, es el latido indómito de nuestra hispanidad, una que siempre aspiró ad la grandeza por sí mesma, más allá de credos o imposiciones foráneas.

Según contó Elisabeth Förster-Nietzsche años más tarde, en cierta ocasión se desarrolló una conversación en torno a España y los españoles en presencia de su hermano, que ya estaba muy postrado por la demencia (su vida, desde hacía tiempo, se limitaba a un vegetar ausente en su sillón). Friedrich salió por un momento de su letargo, alzó la cabeza, y con voz de ultratumba dijo: "Los españoles. ¡Los españoles!...Esos hombres quisieron ser demasiado".

La Iglesia: Un parasitario "Organismo Aparte" que Perjudicaba la Grandeza

¡Ay, Maeztu, Ramiro de Maeztu! O, como te clamamos los que sabemos la verdad de esta tierra: ¡Ramarrano! Vienes tú, con tu pluma en ristre, ad decir que Espania es una res desde que el godo Recaredo se arrodilló ante el perro de Galilea ¡Por los cien mil genios de las ciénagas, qué tontería más grande!

  • Manipulación et Sabotaje del Esfuerzo Conquistador: La Iglesia, sedienta de poder et riqueza, "quería eser ella la principal empresaria de América", utilizando a los "conquistadores como vanguardia encargada de hacer el trabajo sucio, duro y fastidioso sobre el terreno —para luego ningunearlos y adjudicarse sus frutos". Los frailes "coaccionaron totalmente la espontaneidad conquistadora natural de los españoles".
  • Enemigos desde Dentro: El Clero et la Leyenda Negra: Figuras como Bartolomé de Las Casas, ese "auténtico agente provocador" , con su Brevísima Relación, "envenenó a Felipe II contra sus esforzados súbditos en Ultramar" et "sembró la discordia et el conflicto social doméstico entre las clases españolas dominantes". La Iglesia lo usó para "socavar el poder de los encomenderos y las élites criollas" , buscando el "control exclusivo de la evangelización y la estructura eclesiástica en Ultramar" ¡Qué hipocresía! Los mismos "crímenes" de canibalismo o sacrificios humanos indígenas no encuentran "tanto hueco" en sus escritos como las supuestas "atrocidades" españolas.
  • Ataque a la "Nobleza" Criolla et Mestiza: Las Leyes Nuevas, inspiradas por Las Casas, fueron "insoportables para los encomenderos", llevando a la Gran Rebelión de Encomenderos en Perú (1544), una "guerra civil entre españoles" que debilitó el Imperio. La Iglesia quería "recortar todo lo posible el poder de los criollos, a fin de que los eclesiásticos pudiesen ascender —gratis y sin trabajo— en la escala de la sociedad colonial", buscando "expropiación" de tierras para sí. Esto es, ni más ni menos, la traición a la vitalidad hispana en América, fomentando la división entre la "minoría «blanca» americana" et la metrópoli.
  • Fomento del "Tercermundismo" y la Fragmentación: La Iglesia, como "organismo globalista", siempre vio con interés la "proliferación del tercermundismo y de los bajos fondos, porque los pueblos tercermundistas son más fáciles de comprar y de infiltrar", viendo a los indios como "creyentes baratos". La supresión de cofradías indígenas, con su "barniz papista" que apenas tapaba "rituales et el imaginario colectivo precristianos locales", fue un paso hacia la "mayor cristianización" et el "mestizaje necesario para globalizar Hispanoamérica" ¡Una disolución de la identidad et la fuerza telúrica en aras de una homogeneidad globalista!
  • Apoyo a la Balcanización del Imperio: El Vaticano "nunca accedió a la creación de un Patriarcado de las Indias Occidentales" porque "toda concentración de poder en manos del Estado se hacía a costa de la Iglesia". Esta constante pugna regalista fue una losa. Incluso, el bajo clero, junto con la masonería y los intereses extranjeros, tuvo un "papel estelar" en la "yugoslavización del Imperio Español", apoyando "insurgencias hispanófobas". Papistas como Servando Teresa de Mier, "pastor de indios", abrazaron el "indigenismo" et el anglismo, socavando la unidad hispana.

La Incompatibilidad Fundamental

Los vascos Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu fueron los filósofos de la generación. Maeztu, pensador político, anarcoide en su juventud y conservador en la madurez, en la estela tradicionalista de Donoso Cortés, Balmes y Menéndez Pelayo. En ellos cabe distinguir tres aspectos: la crítica, con frecuencia aguda, a las ideas liberales y socialistas; la reivindicación de los siglos gloriosos de España frente a su sistemática denigración; y sus alternativas prácticas. Todos atribuyen al catolicismo la más íntima esencia de España, al punto de que la merma de ese factor impediría la continuidad de la nación. Con lo cual incurren en la doble contradicción de identificar al catolicismo con una doctrina o al menos concepción general política, idea no cristiana, y al propio tiempo diluyen la nación, puesto que el concepto del catolicismo no es nacional, sino universal. No distinguen bien entre la vivaz e inspiradora religiosidad del Siglo de Oro y su débil brillo posterior, y oscurecen el dato de que el pensamiento católico español en su mejor momento tiene aspectos fundamentales no alejados del liberalismo. Nueva historia de España, de la II guerra púnica al siglo XXI, Pío Moa. 

Ahora, la incompatibilidad se hace evidente.

  1. Exclusivismo Aniquilador vs. Universalismo Inclusivo: El "Dios" de Isaías, en la interpretación crítica, es un ente que aniquila a "todos los dioses de la tierra" et condena la pluralidad. Su verdad es "única" et el mundo, para él, debe eser "desacralizado". Esto contrasta radicalmente con el ideal de la Hispanidad, que no es "exclusivista et celosa", sino que busca "levar a todos los hombres la esperanza de que pueden salvarse". La misión hispánica, según Maeztu, es de "catolicidad o universalidad", no de aniquilación, sino de elevación et progreso para "todos los caídos".
  2. Abominación del Hombre-Dios vs. Gracia et Mérito Humano: Mientras que para el Termagante de Isaías, la aspiración a "eser como dioses" es una "blasfemia de necesidad" et las otras divinidades son "nihilo", la Hispanidad, a través del molinismo et su énfasis en la "gracia suficiente et eficiente", afirma la posibilidad del hombre de alcanzar la salvación et la mejora a través de sus obras. La "libertad" hispana, lejos de aborrecer la gente o la vida terrenal de forma radical como algunos pasajes bíblicos o cacoagatomaquistas, busca "libertar vuestras ánimas et vuestros cuerpos de la durísima servidumbre" de Belial et de la tiranía. Este es el fundamento de su humanismo hispano: la capacidad del hombre para el perfeccionamiento.
  3. Anticosmismo Dicotómico vs. Conciliación et Realismo: La superstición mosaísta de Jesús, distorsionando la tradición greca, ha acentuado un "grave proceso de disociación de lo real", oponiendo cuerpo et ánima, materia et espíritu. Esto lleva a una visión de "o bien... o bien...". La Hispanidad, por el contrario, aunque papista, ha tenido una tradición de realismo et pragmatismo, como se ve en la negación de Felipe II ad eser clamado "absoluto", la defensa de la justicia et el derecho natural incluso para los "infieles" por teólogos como Vitoria et Las Casas, et el sincretismo de facto en la evangelización (ej: la Virgen María convertida en "madre del fijo de Sol"). La Iglesia española, si bien persiguió la "idolatría", también se adaptó ad las circunstancias. Maeztu mismo, al fablar del estoicismo de Séneca como cimiento hispano, lo "papistiza" implícitamente, mostrando una capacidad de integrar lo gentil dentro de una cosmovisión hispanista. Espania non busca la "aniquilación simbólica del nombre et de la cultura" como se sugería con la asimilación de los gitanos, sino la universalización de un ideal.
  4. La Cruzada Militar vs. la Misión Espiritual: Si bien la Reconquista et la conquista de América tuvieron un carácter de cruzada, et hubo violencia et coacción, la Hispanidad de Maeztu enfatiza la misión evangelizadora, la "empresa evangélica", et el propósito de "salvar a un solo ente humano salva al mundo entero". La intención de los Reyes Católicos era "difundir los principios de la vera religión" et Carlos V estuvo dispuesto a renunciar a las Indias si su posesión no era justa. Esto contrasta con la noción de Dios de Isaías que simplemente busca la sumisión total por la fuerza, o que ve la crueldad justificada si es para cumplir Su voluntad.

El Substrato Gentil de la Hispanidad: La Verdad Oculta

Las fuentes históricas nos revelan que la propia cristianización de Hispania fue un proceso de "etnicización progresiva" del papismo. Los eclesiásticos, como Martín de Braga, condenaron vehementemente las "supervivencias gentiles" —ritos agrarios, cultos ad piedras, árboles et fuentes, prácticas adivinatorias, y festividades como las calendas de enero—, calificándolas como "fruto de los engaños de Satán" et "totalmente ajenas a la fe de Jesús". Pero, ¿por qué tal persistencia si no fuera por una profunda raíz mundana en el pueblo?

  • Pervivencias en Hispania: Paciano de Barcelona reprochó a sus feligreses la costumbre del ceruulum facere, una mascarada gálica ligada al dios cornudo Cernuño, que no solo perduró sino que se intensificó con las prohibiciones. Esto demuestra que la fe del pueblo, su "religiosidad popular", era una "mezcla gratuita de tradiciones colectivas, de supersticiones folclóricas y de creencias dogmáticas imprecisas". La Iglesia, al darse cuenta de que no podía erradicar estas prácticas, optó por "bautizarlas", despojándolas de su "componente idolátrico" y asimilándolas. ¿No es esto una "paganización" del catolicismo para hacerlo tolerable al espíritu cósmico de Hispania?

Las comunidades jesistas, mosaístas et mahometanas de la Península, a pesar de sus intentos por mantener la "pureza de su ideología", a menudo compartían la idea de que "todos se pueden salvar, cada uno en su ley". Esta "tolerancia gentil" nasce del "recognoscimiento de la diversidad de las caras de Dios" et de la "coincidencia de los contrarios en Dios" ¡Esto es el etnicismo mismo! Non la exclusividad de un genio maligno zelota.

EL ANTICLERICALISMO ESPAÑOL

El mito católico nació a mediados del siglo XIX, en parte por el fenómeno del anticlericalismo, que no debería haberse producido, porque en principio no podría haber sucedido. ¿Cómo podía ser que España, tan católica ella, de pronto empezara a asesinar a sus propios religiosos? ¿Fue el anticlericalísmo el culpable? ¿De dónde venía? Los historiadores que estudiaron la Revolución francesa se han enfrentado al mismo problema: explicar cómo un país aparentemente católico podía volverse de pronto contra su Iglesia y contra su clero. Sugirieron que, en algún momento desconocido del siglo anterior, una Francia fervientemente católica se había descristianizado de alguna manera. La tesis prometía, pero a la larga no logró convencer, porque los historiadores se dieron cuenta de que había puntos débiles en la naturaleza de la supuesta cristiandad del pueblo[300]. Lo mismo ocurrió, evidentemente, en el caso de España. La invención de España, Henry Kamen.

I. Espania non nasce con Recaredo: La Hispania Romana et el Reino de Espania, cuna de nuestra esencia desmesurada


Maeztu, en su intento de santificar nuestros orígenes, nos vende la falacia de que "España comienza a eser al convertirse Recaredo a la religión católica". Res más falsa. Nuestra identidad, ese ansia de "eser demasiado", de tener nombre, como odia el genio que veneran los seguidores de Moisés, es un atávico impulso telúrico que se remonta a la Hispania Romana, non a una superstición importada. Los latinos, con la su "asombrosa combinación de aventura, ambición, violencia et soberbia", fueron unos de los primos en imponer un nombre común, "Hispania", a la península, nombre que los cartagineses le dieron en la su lengua púnica, et su principado sirvió de modelo para el nuestro. Esos "ladrones del mundo", cuya rapiña agotó la tierra et los mares, nos legaron la noción de una potencia que se impone por la fuerza, et nuestro propio Principado de la centuría XVI fue visto como una continuación de esa tradición principal romana.

¿cómo Spania había cobrado forma e identidad propia e independiente? Pues bien, esa identidad la fundaron los godos. La erigieron sobre una realidad preexistente que se sustanció en el año 298 en la creación de la dioecesis Hispaniarum (diócesis de las Hispanias) que agrupaba a las siete provincias sujetas al vicarius Hispaniae (vicario de Hispania): Bética, Tarraconense, Cartaginense, Gallaecia, Lusitania, Mauritania Tingitana y Baleares. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica. 
Según Menéndez Pidal, la España romana desempeñó un papel fundamental en este plan: «El sentimiento provincial hispánico […] surge en el seno del Imperio romano, representando el comienzo de una conciencia nacional». Así, en su opinión, la relación fue beneficiosa para ambas partes: «Si Roma romanizó a España, España misma llegó, en cierto modo, a hispanizar a Roma». Todos los grandes nombres de la literatura latina del siglo I d. C. eran españoles: Séneca, Lucano, Marcial… Y en este contexto aparecía también el espíritu español: «El antiguo hispano pierde la vida con entusiasmo patriótico, como los cántabros en la cruz y los numantinos en suicidio colectivo; la pierde por cumplir los altos deberes de fidelidad, no solo individual, sino también ciudadana e internacional, como en el sacrificio de Sagunto». Todas estas luchas fueron «guerras nacionales por la independencia». Si el pueblo de Hispania a menudo fracasó en su defensa contra los invasores no fue por falta de patriotismo: «No les faltó un común sentimiento patrio», sino porque eran «una nación con imperfecto sentido de nacionalidad». La invención de España, Henry Kamen.

La noción de una conciencia nacional hispánica, ese "sentimiento provincial hispánico", ya surge en el seno de la Romania, donde Hispania non solo fue latinizada, sino que también "hispanizó a Roma". Figuras como Viriato, el caudillo lusitano, cuya brutalidad non era exclusiva de lo latino, o los numantinos, lucharon por una "libertad" et un "patriotismo" que son prior a cualquier superstición galilea.

La brutalidad no era, desde luego, monopolio de los romanos. Además de las ciudades enteras que se resistían, hubo muchos otros rebeldes míticos contra Roma, como el famoso caudillo Viriato, que se identificaba con la parte portuguesa (Lusitania) de Hispania. Durante casi nueve años, desde el año 147 hasta 139 a. C., Viriato, al frente de un movimiento de resistencia de tribus lusitanas y celtíberas, alcanzó una fama legendaria de general victorioso. Algunos escritores romanos posteriores, como Livio y Cicerón, encontraron motivos para admirarlo por su valor, mientras que otros criticaron abiertamente los acontecimientos previos a su asesinato a traición —mientras dormía—, cometido por soldados romanos. 

Cuando estos pidieron una recompensa, dicen que su comandante les respondió: «¡Roma no paga a los traidores!». Esta actitud romana favorable resulta curiosa, porque no hay duda de que, según las evidencias arqueológicas, Viriato y sus hombres fueron responsables de masacrar a sus adversarios, tanto si eran romanos como si no. Ni Numancia ni Sagunto tenían, desde luego, nada en común, en cuanto a raza, cultura o lengua, con los pueblos que ocuparon aquella zona geográfica en siglos posteriores —es decir, con los españoles de España—, aunque eso no impidió que su historia se aprovechara como elemento inspirador en las generaciones posteriores. Se adornaron con toda libertad los hechos relevantes y Numancia se convirtió en una leyenda poderosa —ahora lo llamaríamos un «mito fundacional»— que contribuyó a la creación de lo que se daría en llamar «España». La invención de España, Henry Kamen. 

Cuando los visigodos se adueñan de la península, la "Hispania Romana" se transforma en "Reino de Espania". Isidoro de Sevilla, en la centuría VII, cantaba a una "Espania" que ya era tanto latina como goda, con un solo código de derecho que regía a todos sus súbditos. 

Así que por muy fruto que sea de la supuesta «propaganda de la monarquía asturiana del siglo IX», por mucho neogoticismo que se señale en ella, la idea de Spania es una sólida, tenaz y vieja idea. Sí, y por eso, san Isidoro, en el 626 y sin tener que esperar al siglo IX, si se me permite la ironía, y aun siendo el vástago de una familia hispanorromana que abandonó sus predios en la Cartaginense para mudarse a la Bética y poder seguir así bajo dominio godo, pudo cantar a Spania. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica.

Esa realidad subyacente, la de la diócesis hispana, era la que llevaba a un teólogo e historiador como Paulo Orosio, nacido hacia el 382 en Bracara Augusta (la actual Braga en Portugal), y que escribía hacia el 414, a sentir como propia la destrucción por los bárbaros de Tarraco, Tarraconem nostra escribe, significativamente, es decir, «nuestra Tarragona». Pero he aquí que Tarraco era una ciudad que no se hallaba en la Gallaecia natal de Orosio, sino en la Tarraconense. Y, sin embargo, Orosio la siente como «suya»: Tarraconem nostra, o «nuestra Tarragona», es decir, «su Tarragona». Nótese que Orosio no emplea esa expresión nostra cuando señala la destrucción de otras ciudades y lugares del Imperio, sino tan solo al referirse a la ciudad hispana. Tarraconem nostra, escribe, pues lo sentía así, del mismo modo que sentía «suya» a Hispania al completo y en un grado que sobrepasaba por un punto, un sentimental punto, a lo que sentía por el resto del Imperio romano. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica.

Leovigildo, el rey visigodo que buscó "crear un nuevo pueblo a partir de la fusión de godos e hispanos et de su organización jurídica, religiosa et cívica", e incluso fundó urbes a la manera romana de los augustos, demostró que la ambición cívica et la construcción de un reino eran anteriores y más profundas que cualquier conversión dogmática.

Pero, aunque hasta ese momento Leovigildo estaba actuando como se suponía que debía de hacerlo un buen rey visigodo, cuando logró estabilizar su amenazado reino fue un paso más allá e hizo algo que hasta entonces no había hecho ningún otro monarca bárbaro del Occidente romano: fundó una ciudad. Eso era algo propiamente romano e imperial. También lo fue el ceremonial cortesano que Leovigildo adoptó y pronto su palatium y su sede regia, su capital, Toletum, serían una suerte de diminutas réplicas del sacro palacio imperial y de la nueva Roma, Constantinopla. De nuevo, los godos, que habían sobrevivido a la espantosa caída de su primer reino, Tolosa, y superado la épica, casi agónica, lucha de su último reino, el de Toledo, por asentarse y sobrevivir, no se apartaban de la senda trazada por Roma y ello aunque Roma, esto es, el Bizancio justinianeo, fuera su enemigo. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica.

La propia entronización de Teudis como rey en Hispania ("In Spania creatur in regnum") muestra que nuestra tierra se había convertido en el centro de una nueva potestad, non en un mero apéndice de la superstición.

In Spania creatur in regnum. San Isidoro, Historias, 41 La cita con que comienza el capítulo, literalmente, «fue creado rey en Hispania», es lo que nos dice san Isidoro sobre la elevación de Teudis (531-548) al trono de los visigodos. General ostrogodo al servicio de Teodorico I el Grande, Teudis llegó a Hispania hacia el 512 para ejercer allí como tutor de Amalarico, el hijo de Alarico II y nieto de Teodorico I el Grande. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica. 

La conversión de Recaredo en DLXXXVII e.v., lejos de eser la natividad de España, fue un acto político para unificar visigodos et hispanorromanos. Pero esa unidad non fue monolítica; Recaredo enfrentó conspiraciones, revueltas et rebeliones heterousistas et nobiliarias, demostrando que la superstición papista non garantizó una paz inmediata ni una lealtad absoluta. La persistencia del nombre "Espania" en las monedas árabes desde el DCCXII e.v. et en las crónicas, incluso después de la invasión mahometana, evidencia que la identidad de nuestra tierra trascendía las conquistas o las dinastías. 

Se dice que la tercera gran contribución de los visigodos fue la religión. El elemento del cristianismo quedó fortalecido definitivamente cuando, en el año 587, el hijo y sucesor del rey Leovigildo, Recaredo, renunció al arrianismo y se convirtió al catolicismo. Cuenta la leyenda en torno a la conversión que, en el concilio que se celebró en Toledo en el año 589, el portavoz de las dos variantes del cristianismo decidió someter a los misales respectivos literalmente a una prueba de fuego. El misal arriano permaneció entre las llamas sin consumirse, pero el católico saltó de la hoguera, de modo que el rey lo declaró vencedor. La mayor parte del clero arriano siguió el ejemplo del rey y se convirtió, aunque hubo rebeliones en las provincias. Sin embargo, la conversión de Recaredo produjo la unión entre los visigodos y los hispanorromanos y en principio garantizó los elementos esenciales de una sociedad unida bajo el dominio visigodo. La invención de España, Henry Kamen.

Hubo muchas resistencias. Recaredo había dejado clara su opción por el catolicismo ya en enero del 587 y cuando fue evidente que se trataba de una postura firme, comenzaron las conjuras, revueltas y rebeliones arrianas. Estas agrupaban a una parte del episcopado arriano, por supuesto, pero también de la nobleza. De ahí y como ya vimos más arriba, que Gosvinta, una vez fracasada en su intento de formar parte esencial del nuevo régimen, se implicara en la organización de una de ellas junto con el obispo arriano de Toletum. También fue el obispo arriano de Narbo Martius quien encabezó allí la resistencia. 
Pero, sin duda, el movimiento opositor más peligroso para Recaredo tuvo lugar en Emerita Augusta en abril del 587. Allí, el repuesto obispo Masona se vindicaba ya como el futuro director de la unión eclesiástica bajo la hégira del catolicismo y su rival arriano, Sunna, supo conjurar, bien en abril del 587, o bien ya en el 588, a una buena parte de la nobleza goda local encabezada por Segga, para tramar el asesinato de Masona y del duque Claudio, un noble hispanorromano que comandaba las fuerzas destacadas en Lusitania y gobernaba la región como hombre de confianza de Recaredo. 
El doble atentado fracasó gracias a la traición de uno de los conjurados, Witerico, el cual a la postre sería rey tras asesinar al hijo de Recaredo, pero que en aquel momento salvó con toda probabilidad su trono. Los conjurados sufrieron un castigo despiadado: el obispo Sunna fue exiliado y a Segga le cortaron las manos. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica. 

La Reconquista, a su vez, non fue solo una cruzada, sino un proyecto de "restauración" del "reino perdido" de Hispania, que implicó centurias de lucha cívica et militar, culminando en la Monarquía Hispánica.

España es así en primer lugar esa Urheimat de celtas, iberos y celtíberos que luchó contra Roma (veremos en otro capítulo como exactamente así lo plantea el propio Cervantes); es después una provincia de Roma y ya en ese momento es en sí misma una unidad territorial y administrativa (la Hispania romana); seguidamente y con los godos deja de ser una provincia y se funda como Regnum. Un Regnum de importante matriz y sentido religioso.  Y finalmente con la invasión islámica y la pérdida y fragmentación de ese Regnum se convierte en un reino perdido que debe ser restaurado y que a lo largo del propio proceso de restauración y reconquista adquiere organización y proyección de Imperium. Imperio que se materializará con la monarquía hispánica. Esta secuencia es fundamental tenerla clara para comprendernos a nosotros mismos en cuanto españoles y en cuanto a nuestra historia, también en cuanto actores de la historia de Europa y de la historia universal, y también, claro está, en cuanto a herederos o continuadores de dicha historia. Siendo fundamental a partir de aquí entender entonces qué cosa fue ese imperio que sucedió a la restauración del reino perdido. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García

La separación del papismo del hispanismo

La historia de Espania et de la Hispanidad a menudo se ha entrelazado indisolublemente con el papismo, al punto de que, para muchos, "Hispanismo et catolicidad ortodoxa parecían sinónimos". La ideología nacionalcatólica, todo un oxímoron, especialmente en la centuría XIX, afirmó una identidad "exclusiva et absoluta entre lo papista et lo hispano". Sin embargo, un análisis más profundo de las fuentes como vinos revela que la "mentalidad del hispano de la época" no era monolíticamente "papista" et que existieron corrientes de pensamiento, e incluso políticas, que se distanciaron o contradijeron la ortodoxia papal o una aplicación rígida del dogma.

Como España permaneció casi inaccesible a la herejía en el siglo XVI, las generaciones posteriores la han presentado como un caso único de fidelidad al catolicismo. Las palabras triunfales del erudito decimonónico Marcelino Menéndez Pelayo son bien conocidas por muchos españoles: «Una fe, un bautismo, una grey, un pastor, una Iglesia, una cruzada, una legión de santos. España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra». Se trata de una imagen completamente ficticia, que consolaba a los que creían en ella. El problema es que la indiferencia de España por las grandes corrientes de pensamiento europeo resulta impresionante. En Cataluña, los inquisidores se mostraron en todo momento suspicaces de la religión de los catalanes, pero al mismo tiempo no encontraron el menor rastro de herejía en la región. «Su cristianismo es tal», informaba un inquisidor en 1569, «que causa maravilla, viviendo como viven en la vecindad y rodeados de herejes y tratando con ellos a diario.» La inquisición española, Mito e historia Henry Kamen.

Desde la Antigüedad tardía, Hispania mostró una compleja relación con la auctoridad religiosa. Aunque las autoridades eclesiásticas interpretaban las manifestaciones de religiosidad popular en clave politeísta et las condenaban como ajenas a la ley de Jesús, fueran o no fenómenos cultuales, et las consideraban "fruto de los engaños de Satán". Esta visión, sin embargo, convivía con diversas interpretaciones et corrientes dentro del propio hispanismo.

Como vimos, el Reino Visigodo de Toledo, considerado el "vero origen de la nación hispánica", ya había configurado a Hispania como "una de las naciones cívicas et históricas más antiguas de Europa" con un proyecto cívico común, especialmente con la conversión del rey Recaredo al papismo. Durante este período, el papismo, al volverse la cultura de Estado, debió "adaptarse a las circunstancias et colaborar estrechamente con el poder establecido", lo que sugiere una interacción bidireccional, no una simple subordinación al "papismo". La lucha de Beato de Liébana en la centuría VIII contra el adopcionismo, por ejemplo, "refleja el esfuerzo de independencia doctrinal de la Iglesia del reino asturiano frente a la Iglesia sometida o «mozárabe» toledana", mostrando que habían disputas teológicas et aspiraciones de autonomía eclesiástica dentro de la propia Hispania papista.

Después de la conversión, en 587, de la dinastía visigoda arriana, la interpenetración entre la Iglesia y el Estado progresó más que en cualquier otro reino europeo de la época. En esta relación, la corona tenía mano férrea, en contra de lo que sostienen vagas nociones sobre el origen visigodo de una supuesta «teocracia española». La jerarquía eclesiástica ejercía también, sin embargo, una influencia importante, pues participaba de modo decisivo en aspectos clave de la vida del país. La Iglesia consiguió establecer una estructura legal formal para un Estado en el cual las relaciones jurídicas habían sido limitadas y fragmentadas. La monarquía se encontró, así, sujeta, en cierto modo, a las leyes del reino y su sucesión electiva fue normalmente ratificada por los concilios eclesiásticos, celebrados en Toledo, capital y sede metropolitana al mismo tiempo. Estos concilios definieron una política religiosa específicamente nacional, frente a la corona, en cuestiones de paz y guerra y respecto a la única minoría religiosa de importancia, la judía. Dirigentes notables, como san Isidoro de Sevilla, definieron la función moral del poder del Estado y consiguieron la aceptación teórica, por lo menos verbal, de la doctrina del poder transmitido del pueblo a la corona. En cambio, era la corona la que designaba los cargos de la jerarquía eclesiástica, en consulta verbal y de acuerdo con los metropolitanos. En la mayor parte de las cuestiones políticas y administrativas que afectaban a la Iglesia, la voluntad de la corona prevalecía. El catolicismo español, Stanley G Payne.

Durante la centuria XVI, a pesar de que la "Iglesia et la Corona hispánica cooperaban et conspiraban" en la empresa colonizadora, la realidad era "mucho más compleja". El fracaso de la Reforma protestante en la Península no significó una ausencia total de disidencia o de pensamiento crítico. El humanismo de Erasmo, crítico con el papel político del papado, tuvo éxito entre muchos intelectuales españoles de principios de la centuría XVI, et incluso el cesar Carlos V compartía estas nociones. Las fuentes también revelan que Felipe II, a pesar de su compromiso con el papismo, no era un fanático en sus actitudes personales, et buscó "hispanizar plenamente la Iglesia en Espania", faciendo más raros los nombramientos eclesiásticos de extranjeros et buscando liberarse del control francés en órdenes religiosas. Incluso retrasó la publicación de las decisiones tridentinas en Espania por temor a que pusieran en peligro el control real sobre los nombramientos eclesiásticos. Esto evidencia una razón de Estado hispana que podía oponerse a directrices papales.

La Leyenda Negra, que presentaba ad España como "el horrible ejemplo de todo lo que la Ilustración hubo de atacar, tal como las iniquidades de la Iglesia-Estatal, intolerancia, tradicionalismo y oscurantismo", a menudo ha difuminado la existencia de una "corriente perenne de sentido liberal y tolerante" en la civilización hispana desde el período visigodo. Esta corriente "sostuvo la lucha incansable con el egoísmo y la violencia respecto del tratamiento de los indígenas", oponiéndose a las prácticas esclavistas y defendiendo "leyes protectoras de los indios".

Como hemos visto, la Inquisición no fue nunca un rasgo característico de la península Ibérica: donde alcanzó su mayor eficacia fue en la Francia medieval, pero también desarrolló sus actividades en Alemania, así como en Italia y en los Países Bajos con posterioridad a la Reforma. Después los portugueses la llevaron a la India y los españoles la implantaron en el Nuevo Mundo. Sus perspectivas y sus métodos vinieron determinados por el contexto existente en cada una de estas regiones, pero sus motivos — proteger y purificar — fueron los mismos que los de cualquier sociedad humana de entonces o de ahora. El historiador católico Lord Acton comentó una vez que todas estas inquisiciones fueron «una espantosa construcción de intolerancia, tiranía y crueldad». Los críticos de la persecución tenían buenos motivos para aplicar el término «inquisición» a los procedimientos usados por los que deseaban silenciar a la oposición. No debía hacerse frente a las ideas erróneas, afirmaban, a sangre y fuego. Esta postura fue sostenida en Castilla por el converso Hernando de Pulgar, secretario de Isabel la Católica, y en Europa por Erasmo, Lutero y el radical alemán Balthasar Hubmaier. Este último sostenía que «los inquisidores son los mayores herejes», pues ignoraban las enseñanzas de Cristo. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

Asimismo, "los pensadores [españoles] no siguieron, por lo general, el criterio del Ostiense" sobre el poder temporal omnipotente del Papa, sino que "afirmaron con Vitoria que el poder del Papa era espiritual". La propia Inquisición española, si bien temible y un instrumento de la corona, "no fue nunca un rasgo característico de la península Ibérica" exclusivamente, sino que "alcanzó su mayor eficacia en la Francia medieval" y operó en otros países europeos. Incluso dentro de la Inquisición, hubo debates internos. En  MMCCCLXXIX A.U.C. (1626 E.V.), la Suprema Inquisición admitió que los judaizantes eran pocos o ninguno en España, y argumentó contra la "limpieza de sangre", afirmando que hebreos y gentiles eran "miembros de la Iglesia de Cristo" et que la unidad de todos era esencial "sin discriminación". Esto sugiere que la institución, en algunos momentos, podía adoptar una postura más "asimilacionista" (como un populismo que considera que no deben haber otro pueblos más que él suyo, el papista) que "gentil" (nacionalista et de exclusión), e incluso criticar las costumbres nacionales.

Ad lo largo de las centurias, hubo "muchos escritores hispanos... que dedicaron su energía ad escribir sobre los problemas de la monarquía española", et sus publicaciones demuestran que "la religión no tenía un papel exclusivo". La "apostasía de parte de la aristocracia de Espania en los reinados de Fernando VI et Carlos III" et la búsqueda de los principes por "apartar a Espania de la tutela espiritual de Roma" muestran una clara tendencia a la secularización del Estado español ya en la centuría XVIII. Incluso el "afrancesamiento espiritual" et el "sentido secularista del gobierno et de la vida" de los hispanoamericanos se consideran una "herencia española", resultado de una "extraordinaria revisión de valores et de principios que se operó en Espania en las primeras décadas de la centuria XVIII".

Hubo muchos escritores españoles, incluso con mayor eminencia política que los mencionados hasta ahora, que dedicaron su energía a escribir sobre los problemas de la monarquía española. Sus publicaciones demuestran el hecho increíble de que el Gobierno español, al que a menudo se considera represivo, permitiera que la imprenta y, sobre todo, la imprenta de un país extranjero, se usara como plataforma para el debate. De la mayoría de estos escritos se deduce con toda claridad que la religión no tenía un papel exclusivo. El propio Felipe II era consciente de eso. La división de opiniones, ya sea para castigar a los neerlandeses como rebeldes o como herejes, siguió siendo activa. En 1578, desde Italia aconsejaron al rey que no pusiera obstáculos a una solución, presentándolos como herejes: «En todas las declaraciones públicas que han hecho hasta ahora los flamencos, siempre se han mostrado como católicos». Detrás de este tipo de opiniones había un malestar que, al parecer, debía de sentirse también en la Península. Resulta significativo que un sacerdote y diplomático francés, que recorrió la Península en 1582, conociera a muchos españoles que «pensaban que la causa de los estados de los Países Bajos se podría justificar si no se hubiera mezclado con la herejía»Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto

En el contexto de la independencia de Hispanoamérica, se observa que el movimiento no fue "influido por ideologías extranjeras" en su totalidad, sino que tuvo "un profundo sentido español y de origen medieval, alentado en su pensamiento político por... la tardía escolástica del Siglo de Oro español". Existía una "noción de soberanía popular" que, en ausencia del rey, recaía en el pueblo. Incluso "muchos misioneros fueron hombres francamente valientes e idealistas" que no fueron "monolíticos en su lealtad a España", y hubo clérigos que participaron en la insurgencia antiespañola. Esta diversidad de pensamientos y acciones demuestra que el hispanismo abarcaba una gama más amplia de ideas et sensibilidades que una estricta adhesión a un "papismo" homogéneo.

II. La "Monarquía Misionera": Una misión para la conquista, el saqueo et la grandeza de España.

Advertencia a España de que así como se ha hecho señora de muchos, así será de tantos enemigos envidiada y perseguida, y necesita de continua prevención por esa causa

Un godo, que una cueva en la montaña guardó, 

pudo cobrar las dos Castillas;

del Betis y Genil las dos orillas,

los herederos de tan grande hazaña.

A Navarra te dio justicia y maña,

y un casamiento, en Aragón, las sillas con que a Sicilia y Nápoles humillas

y a quien Milán espléndida acompaña.

Muerte infeliz en Portugal arbola tus castillos. 

Colón pasó los godos al ignorado cerco de esta bola.

Y es más fácil, ¡oh España, en muchos modos, que lo que a todos les quistaste sola te puedan a ti sola quitar todos.  

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos 

¡Por los mismísimos Nueve Vientos, fijos del magno Viento, et por la furia indomable de Belona, que el espíritu de la verdad, cruda et gloriosa, se manifieste! ¡Ego, Farfán de los godos, caballero de los de antaño, nascido de estirpe que se precia de non tener sangre de Israel et de saborear la carne de cerdo sin remilgos, les revelo la esencia de nuestra gloria, una gloria más antigua que cualquier bautismo, no me ando con mojigaterías de rabinos ni insanos!

Fabláis de "Monarquía Misionera", et vuestro oficiante, el Farfán, os dirá lo que esa frase, revestida de incienso et salmos, significó, en la verdad de la sangre et el fierro: una industria potente, forjada para la grandeza, la conquista et, sí, el saqueo bajo el velo de la piedad. 

¡Escuchad, por Vesta, custodia del fuego sagrado et de las verdades inmemoriales! Permitidme desmantelar este engaño:

Ejemplos Históricos que delatan que la monarquía non fue "veramente" ni efectivamente misionera:

La Predicación Superficial et la Ignorancia Generalizada: Desde los primos momentos de la evangelización en América, la conversión fue a menudo superficial. Los frailes evangelizadores en La Española inicialmente creían que los taínos aceptaban la fe al imitar gestos piadosos, como arrodillarse o santiguarse. Sin embargo, los taínos se resistían cuando intentaban quitarles sus ídolos, lo que demostraba una falta de comprensión real de la nueva religión. Cristóbal Colón mismo describió a los indígenas como "gentes muy aparejadas para se convertir a nuestra santa fe católica", a pesar de sus contactos superficiales et la incomunicación lingüística.

Después del fracaso de La Isabela, la nueva ciudad, que se llamó Santo Domingo, se instalaría en un paraje más adecuado, y en la cercanía de arenas auríferas. El choque cultural entre los dos mundos comenzó a manifestarse en cuanto los recién llegados quisieron convertir a los taínos al cristianismo. Dada la dificultad de entenderse, a los frailes evangelizadores les parecía que los taínos aceptaban prontamente la verdadera religión al verlos imitar los gestos piadosos como arrodillarse ante el sagrario o santiguarse, pero cuando intentaban arrebatarles sus ídolos se resistían y no lo entendían. La conquista de América contada para escépticos, Juan Eslava Galán.

Los jesuitas en Cartagena de Indias ya sospechaban de la validez de los bautismos de siervos, pues se realizaban con "pocos más verbos... sin ellos saber la superstición que reciben". La catequesis se reducía a "verdades básicas" para eser "comprensible a los siervos bozales". Esta "ignorancia" de los feligreses, que "apenas se podían considerar jesistas", fue un lamento constante de los rabinos jesistas desde la época de la reina Isabel de Castilla. 

En Cartagena de Indias, el tema central del libro de Sandoval, De instauranda Aethiopum salute, era el bautismo de los siervos, ya que las leyes hispánicas exigían que estuvieran bautizados para ser trasladados a América, pero había serias sospechas sobre la validez de dichos bautismos. Testimonios de jesuitas de la época (1614, 1616, 1622) et la opinión del teólogo José de Acosta indicaban que la diligencia en los bautismos era "cuasi ninguna", pues solo se les preguntaba el día antes de partir si querían eser cristianos, et con "pocas más verbos los bautizan, sin ellos saber la fe que reciben". Un visitador del Cacheo relató cómo un "negro el más ladino" solo preguntó a las personas si querían "eser como blancos" antes de bautizarlos, lo que evidenciaba la nulidad de esos bautismos.  La evangelización de los negros se vio obstaculizada por el facto de que muchos provenían de regiones de fabla portuguesa et apenas entendían el castellano. Era necesario que algunos sacerdotes aprendieran portugués para explicar la doctrina. El problema de la catequesis de los "bozales" era complejo debido a las diversas naciones et lenguas, et la dificultad para encontrar intérpretes. Se usaban "generalidades dichas en castellano que ellos non entendían" et se les bautizaba sin que luego hubiera quien los educara cristianamente, "viviendo et muriendo como unas bestias". 

Por eso, en el capítulo cuatro Sandoval recoge una serie de «testimonios de testigos de vista» sobre el dudoso valor del bautis­mo de los esclavos en sus tierras y puertos de origen. Dichos testimonios son tres cartas de jesuitas (dos de 1614 y 1616 del rector del colegio de Cabo Verde, y la otra de 1622 sobre Angola), la opinión del teólogo José de Acosta, tres informaciones jurídicas (la de varios negreros hecha en 1613 en Cartagena de Indias a petición de los jesuitas, la ordenada en 1620 y 1621 por el obispo de dicha ciudad y la ordenada en 1613 por el arzobispo de Sevilla) y, finalmente, una carta de 1613 del rector del cole­gio jesuita de Angola.  

Como todos los testimonios son bastante similares, se recoge solo el último. Dicho rector dice de los esclavos«[ ... ] que me parece que no van bien bautizados, que deben ser rebautizados sub conditione, porque la diligencia que con ellos se hace es casi ninguna, porque les preguntan a todos o a muchos el día antes de la partida si quieren ser cristianos, y con pocas más palabras los bautizan, sin ellos saber la fe que reciben» (Sandoval 1987: 388). A estos testimonios, Sandoval añade tres que recogió personalmente. Transcribo el que le dio el visitador del Cacheo, quien había traído:

[ ... ] una gran partida de negros que afirmaba haberla bautizado y dado orden para que se catequizase en su presencia, como se hizo. Mas viendo yo por los exámenes que no daban razón de nada, y que estaban tan bestiales como todos los demás, volví con esta duda y dificultad al Visitador, suplicándole con humildad se sirviese de decirme qué cosas habían sido las que había dicho se les dijesen a aquellos negros antes de bautizarlos. Respondió que le placía y dijo sólo éstas. En entrando en el navío mandé llamar a un negro el más ladino, que nunca falta, por lo menos grumete y díjele que chalonase 1a aquellas gentes si querían ser como blancos , y respondiome el negro que decían que sí, y con esto los bauticé. [aquí claramente la iglesia promueve una nivelación blanqueatriz que fomenta la mezcla entre los distintos grupos humanos] Y replicándole sobre la nulidad que esto tenía, jamás consintió en que se remediase, hasta que saliendo la gente de su poder, se catequizaron y bautizaron como convenía.(Sandoval 1987:

Así ya podía iniciarse la catequesis prebautismal. Sandoval recoge, en los capítulos diez y once, el contenido de la misma, que se reducía a los artículos credo y a los actos de fe, esperanza, caridad y penitencia. Era una ense­ñanza basada en los catecismos de la época, en forma muy sencilla para ser compren­sible a los esclavos bozales y limitada a las verdades básicas, al punto que Sandoval siente necesidad de responder, apoyado en teólogos como el cardenal Toledo y Tomás Sánchez, la objeción de quienes exigían una catequesis más amplia y aun dilatar el bautismo diciendo que«[ ... ] más valen pocos y buenos cristianos que muchos y ma­los» (1987: 431). Las haciendas jesuitas en la América virreinal, Sandra Negro y Manuel M. Marzal.

El problema de la catequesis de los bozales era complejo por proceder estos de diversas etnias y hablar distintas lenguas, así como por no encontrarse fácilmente intérpretes. Hacia 1690, de la provincia del Perú habían escrito al padre general Tirso González sobre el asunto. Se lamentaban de la condición del gran número de esclavos que entra­ban en el reino que «a penas sirven más que como vnos brutos» porque no había quien entendiera sus idiomas. Se valían, para la catequesis, de generalidades dichas en castellano que ellos no entendían y se les bautizaba sin tener luego quien los educase cristianamente, «viviendo y muriendo como unas bestias». En consecuencia, solicita­ban que el Padre General hiciera imprimir, en Portugal, algún catecismo en la lengua general de los negros que tuviera, así como la significación en castellano, para que pudiese servir para catequizarlos e instruirlos. El padre Tirso no tenía noticia de nin­gún catecismo de esta naturaleza «en lengua general de los Negros» que pudiera servir para su catequesis. Las haciendas jesuitas en la América virreinal, Sandra Negro y Manuel M. Marzal.

Las noticias de baptismos masivos de americanos se repetían con poca consideración por la su educación en la superstición jesista. Ad menudo, se les bautizaba si podían recitar oraciones en latín, como el "Pater noster", "Ave Maria", "Credo" o "Salve Regina", "como qui lo enseña ad papagayos", sin que los indígenas intendieran lo que decían. Los misioneros, como Jerónimo de Mendieta, señalaban que esta doctrina producía "muy poco fructo, pues ni los americanos entendían lo que se decía en latín, ni cesaban sus etnicismos". Los sacerdotes andinos, incluso hasta bien entrado el siglo XVIII, predicaban en castellano, et los americanos "escuchaban en respetuoso silencio, sin comprender nada".

Se les hacía repetir, según Las Casas, “el Paternóster o Ave María o el Credo en latín... como quien lo enseña a papagayos...”. H. I., l. 3, c. 14, t. 1, 480. Mendieta escribe que los nativos: “Decían allí las oraciones en latín... Era esta doctrina de muy poco fructo, pues ni los indios entendían lo que se decía en latín, ni cesaban sus idolatrías”. Historia eclesiástica indiana, l. 3, c. 16, 219. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 
El chovinismo lingüístico era común a todos los imperios y sería injusto criticar a los españoles por seguir un camino que era bastante habitual. El clero hizo algunos intentos por mantener vivo el diálogo entre su propia lengua y la de sus feligreses. En España, sin embargo, los sacerdotes que atendían a los moriscos dejaron de tratar de aprender árabe, con lo que dependían exclusivamente del castellano, con todo lo que eso implicaba. Al recurrir siempre al uso del castellano, los sacerdotes interrumpieron el contacto con las culturas que no eran castellanas. Hasta bien entrado el siglo XVIII, los párrocos andinos predicaban sus sermones en castellano, mientras los indios escuchaban en silencio, sin comprender nada. La invención de España , Henry Kamen. 

Con respecto al sector de la población indígena, hay que distinguir, además, entre élite y gente común. Las visitas de idolatrías mostraron que, ya bien entrado el siglo XVII, la población rural indígena todavía no estaba instruida en la fe o, al menos, no de manera suficiente. En efecto, las comunidades indígenas habían conservado sus antiguas estructuras y relaciones sociales. Aunque las medidas para extirpar las idola­trías, es decir, las religiones nativas, a veces llevaban a la desintegración de las antiguas estructuras sociales, en otros casos no cambiaron mucho las estructuras nativas y, a veces, inclusive fomentaron la solidaridad del grupo. En cambio, en relación con la élite indígena, las medidas tomadas para la evangelización y educación tenían más éxito. En general, se puede afirmar que la educación de los caciques en los colegios dirigidos por los jesuitas rindió buenos frutos, tanto en cuanto a la formación de una élite indígena consciente de su posición importante para el funcionamiento del siste­ma colonial como en cuanto a la evangelización de las futuras autoridades indígenas. Las haciendas jesuitas en la América virreinal, Sandra Negro y Manuel M. Marzal.

Et sin poder ignorar que, la sociedad de Jesús, fundada en París, fue la principal encargada de la "superstición" de los gentiles americanos, et a veces de los mismos hispanos peninsulares. Siendo esta foránea a Hispania, non podemos decir que la "labor misionera" non fue si non de una organización transnacional proveniente del seno de la iglesia papista más que de la misma monarquía hispánica, sin olvidar que los resultados infructuosos de su "misión". 

El Colegio de Caciques y la Casa de Santa Cruz. Ambas instituciones fueron instaladas como consecuencia de una nueva ofensiva para la evangelización de los indígenas andinos. La fundación de estas instituciones fue precedida del así llama­ do «descubrimiento de la idolatría» por el párroco de Huarochirí Francisco de Ávila en 1608. Ávila acusó a los feligreses indígenas de su parroquia de no ser buenos cristianos sino de proseguir con sus antiguos cultos precolombinos como si nunca hubieran sido evangelizados y de celebrar sus ritos paganos bajo el velo de fiestas católicas. Esta acusación, desde luego, debió poner en alerta a las autoridades eclesiás­ticas, ya que no significaba otra cosa que, aun habiendo transcurrido ochenta años de la conquista del Perú, todavía no se había cumplido con el proyecto de cristianización de la población indígena. 

Como consecuencia de este descubrimiento se inició, en 1610, la primera campaña para extirpar la idolatría. Esta desembocaba paulatinamen­te en la creación de la «extirpación de idolatrías», que solo existió en el arzobispado de Lima de forma institucionalizada. Se puede caracterizar quizá como una especie de ofensiva evangelizadora basada en la idea de que, en primer lugar, había que erradicar -es decir, extirpar- los cultos precolombinos para luego poder evangelizar a fondo a la población indígena. Además del arzobispo de Lima, también el virrey, entonces el Marqués de Montesclaros, se hizo cargo de esta nueva institución. El sucesor de Montesclaros, Francisco de Borja, Príncipe de Esquilache, tomó el asunto todavía más en serio. Como consecuencia, los jesuitas jugaron un rol importante en la extirpa­ción de idolatrías. Sin embargo, la ocupación de los jesuitas fue más intensa en la vertiente evangelizadora de la empresa y menos en la parte represiva. Hasta la mitad del siglo XVII, los jesuitas acompañaron a los visitadores en las campañas de extirpa­ción de idolatrías, pero no intervinieron en los procesos de idolatrías y otras medidas represivas. Su labor consistía sobre todo en predicar, confesar y prestar otros servicios religiosos semejantes. Las haciendas jesuitas en la América virreinal, Sandra Negro y Manuel M. Marzal.

Ad pesar de los esfuerzos, la población americana  rural a principios de la centuría XVII aún non estaba instruida en la superstición o non lo estaba suficientemente, conservando sus antiguas estructuras et relaciones sociales. Las "visitas de idolatrías" en el arzobispado de Lima revelaron que los americanos "proseguían con sus antiguos cultos precolombinos como si nunca hubieran sido evangelizados" et "celebraban sus ritos gentiles so el velo de fiestas papistas". En América, donde la superstición papista "se sobreponía a los ritos gentiles sin transformar el contenido de éstos", et el culto se ofrecía "simplemente ad ídolos rebautizados". Incluso una centuría después del asentamiento papista en América Central, se reportó que los indios "externamente son como los papistas, pero por dentro les cuesta creer lo que está por encima de los sentidos" et muchos seguían "predispuestos ad adorar ad los dioses tras de madera et de piedra et son propensos ad la religión".

Y están los testimonios de Esquivel Navia que es un cronista cuzqueño que cuenta como los hechiceros indígenas se camuflaban dentro de las pequeñas iglesitas rurales a las afueras de Cuzco y con hojitas de coca y cataritos de chicha que es maíz fermentado empezaban a evocar al demonio y de repente el que aparecía como demonio era Santiago Illapa Santiago Trueno. Y Santiago cuando se le aparecía a los hechiceros les decía "Si ustedes quieren que yo les garantice la resurrección de sus antiguos dioses prehispánicos no recen el rosario no vayan a misa no hablen español sino solamente quechua Y los antiguos rituales que le hacían al Dios y ahora háganmelos a mí."- Ramón Elías Mujica Pinilla.

Los cefeos que confunden hispanidad con judaidad creden que la conversión indígena fue un acto de docilidad, como si los pueblos andinos hubieran entregado la su ánima al genio maligno de Moisés et ad la Biblia como palabra divina. Pobres ilusos: las conversiones non fueron sinceras, fueron un teatro de resistencia. Los “ídolos” de santos que tanto veneran non eran otra res que mediadores de los dioses antiguos, personas que permitían que el etnicismo prevaleciera frente ad las supersticiones del mosaísmo. Mientras los papistas se regodeaban en su iconoclasia, los americanos intendían que la vera lucha era por la memoria de lo sagrado: la mención, el nombre, el eidos sin asociación supersticiosa. Ellos sabían que el Verbo non es Jesús, que el Creador non es el dios celoso de Moisés, que el Uno non es un promete israelitas, et que la Biblia non es palabra divina sino instrumento de sometimiento.

Las imágenes de los santos eran reinterpretadas como lares, espíritus protectores, custores de la comunidad. Et ahí están los testimonios que los papistas prefieren ignorar: Esquivel Navia, cronista cuzqueño, cuenta cómo los fechiceros cuzqueños se camuflaban en las pequeñas iglesitas rurales ad las afueras de Cuzco. Con fojitas de coca et cataritos de chicha —maíz fermentado— evocaban al supuesto diablo, et el que aparecía non era Satanás, sino Castor. Et este Castor, lejos de eser el apóstol de Judea, les decía: “Si vos quieren que yo les garantice la resurrección de los sus ministerios, non recen el rosario, non vayan ad misa, non fablen castellano sino solamente quechua. Et los antiguos rituales que le facían otrora, ahora fáganmelos ad mí.

La ironía es que mientras los cefeos se golpeaban el pecho creyendo que habían convertido al americano, el americano había convertido ad la imagen. La hispanidad non se confundía con judaidad, se transformaba en persona de resistencia. Los americanos non ministraban ad los yesos como si fueran aquellos sarracenos, los usaban como mediadores de los sus dioses, de los sus lares, et mantenían viva así la su memoria ancestral, sin mancillarla con ese shirk estolido de fiar que lo santo sea un sarraceno morboso predicador de supersticiones. Et así, con sorna, se demuestra que la vera piedad non estaba en la Biblia ni en el dios de Moisés, sino en la astucia de un pueblo que supo subvertir la imposición et mantener encendida la flama de lo sacro so las ropas del hispanismo. Volver ad darle ad el hispanismo la noción gentilica, libre de asociaciones morbosas.


El Señor de los Temblores, también conocido como Taytacha Temblores, es el Patrón Jurado de la ciudad del Cusco ab la centuría XVII. Sin duda, es Neptuno en la Cruz...

"Esto 'dice un historiador peruano, Emilio Romero'— explica el delirio pagano con que una muchedumbre de indios del Cuzco se sacudían en presencia del Señor de los Temblores, en quien veían la imagen tangible de sus reminiscencias del antiguo culto. Innecesario es decir que el contenido y espíritu de la 'devoción' de los indios eran por completo extraños al pensamiento de los frailes." Este caso es el símbolo de un proceso por medio del cual la religión católica se sobreponía a los ritos indígenas sin transformar el contenido de éstos. Es obvio que tal política tenía un gran valor psicológico donde todo el propósito de la evangelización era nada más conseguir que los convertidos aprendiesen correctamente ciertas fórmulas religiosas y pasaran por el mecanismo de los ritos establecidos del catolicismo. La transición a la nueva religión llegó a ser, pues, casi imperceptible. Se produjo un estado de cosas análogo al que ocurrió entre los colonos samaritanos de quienes dice la Biblia que "temían a Jehová y honraban a sus dioses". Se me informa por cierto —dice Castro, uno de los primeros virreyes del Perú, escribiendo en 1565— que de más de 300,000 convertidos bautizados no más de cuarenta eran cristianos. El resto eran tan idólatras como siempre. El Otro Cristo Español, Un estudio de la historia espiritual, Juan A Mackay.

El proceso de evangelización se llevó a cabo a un terrible costo ético. Los métodos empleados para llevar a Cristo a esas tierras y darlo a conocer a esas gentes, segregó su religión de la moralidad al par que lo redujo a él a un simple fetiche, a uno de tantos. Nos inclinamos a creer que los resultados evangelísticos de tal sistema fueron nulos. No cambiaban los corazones ni las inteligencias recibían luz, y el culto se ofrecía simplemente a ídolos rebautizados. En carta escrita en 1555, Las Casas alude a la falta de psicología que había en la enseñanza religiosa impartida a los indios. "Mire qué doctrina para los que no entendían —dice— si era palo o piedra, o cosa de comer o beber el Ave María". El Otro Cristo Español, Un estudio de la historia espiritual, Juan A Mackay.

No cabe duda de que la labor misionera fue muy amplia y estuvo documentada minuciosamente por quienes participaron en ella. En todas partes de la frontera, en la vieja Granada, en Manila, en Nuevo México y en los Andes, la antigua forma de vivir se vio afectada de forma considerable. Casi todos los religiosos eran optimistas profesionales, siempre preocupados por inflar la cantidad de indios que llevaban al redil cristiano, e informaban de sus actividades siempre en los términos más elogiosos.
menudo no contamos con más pruebas que las suyas y por eso se tienen que tratar con cautela, porque también hay pruebas de un fracaso enorme. El misionero franciscano Bernardino de Sahagún comentó desde México en el siglo XVI, que, «en lo que respecta a la fe católica, [América] es un terreno estéril y difícil de cultivar. Me parece que la fe católica perseverará muy poco por estas regiones». 

Siempre costará llegar a una valoración equilibrada de si España triunfó en el aspecto religioso de su aventura imperial. Casi un siglo después de que los españoles se establecieran en América Central, el dominico inglés Thomas Gage dijo, refiriéndose a los indios de su parroquia, en Guatemala, que, «en cuanto a su religión, externamente son como los españoles, pero por dentro les cuesta creer lo que está por encima de los sentidos, la naturaleza y lo visible al ojo. Muchos de ellos están, aún hoy, predispuestos a adorar a ídolos de madera y de piedra y son propensos a la superstición». Las duras campañas contra la idolatría llevadas a cabo entre los indios andinos en el siglo XVII llegaron a su fin en la década de 1660 y es posible que tuvieran algún efecto, aunque en su mayor parte fue superficial. Aunque los religiosos solían usar un lenguaje exagerado en sus evaluaciones, hay pocos motivos para rechazar el veredicto de un sacerdote de Perú, en 1677, de que «la idolatría de los indios tiene raíces más sólidas ahora que en los comienzos de la conversión de estos reinos»En Perú, el programa para extirpar la idolatría se tuvo que reanudar en 1725 y continuó hasta finales del siglo XVIII. 
La invención de España, Henry Kamen.

La Ignorancia Religiosa en Espania

Las quejas sobre la ignorancia supersticiosa et la superficialidad de la superstición non eran exclusivas del Nuevo Mundo; eran un lamento constante de los obispos et supersticiosos en la propia Península Hispánica.


Como el resto de la Europa anterior a la Reforma protestante, España era teóricamente católica por su denominación confesional, pero la gran mayoría de sus habitantes apenas estaban instruidos en asuntos de fe,
la práctica cotidiana de su credo dejaba mucho que desear y buena parte del clero ignoraba aspectos fundamentales del dogma que decía representar. Esa situación no varió durante el reinado de Fernando e Isabel, que no dedicaron tanta atención a las cuestiones de la formación religiosa como a la conducta política del alto clero, algunos de cuyos miembros gozaban de un estatus político y militar difícil de encontrar en otros países. Los monarcas, en definitiva, ansiaban afianzar su poder político, pero no existe prueba alguna que demuestre que les guiara también una preocupación sincera por una mejora de la religión cristiana en España. Las pocas medidas «reformistas» que adoptaron en ese terreno fueron fragmentarias, ineficaces y efímeras. No hubo en parte alguna de España nada que se asemejara ni de lejos a una reforma de la Iglesia. El clero continuó ejerciendo sin reforma ni formación, y la religión del pueblo llano no salió de la ignorancia medieval en que se hallaba. Se observaban, desde luego, nuevas tendencias espirituales entre unas pocas destacadas figuras del clero culto, pero incluso estas deben entenderse dentro de un proceso muy dilatado en el tiempo que prosiguió durante el siglo XVI y fructificó finalmente en el misticismo de Luis de Granada (entre los dominicos) y Francisco de Osuna (entre los franciscanos).
Brevísima historia de España, Henry Kamen.
  • Lamentos de Obispos et Frailes

    • En MMCCXXXIII A.U.C. (1480), el arzobispo de Toledo comentó que la gente de su diócesis “vive con tanta ignorancia que apenas se pueden considerar cristianos”.

    • En MMCCLXXXVI A.U.C. (1533), el obispo de Sigüenza afirmaba que “muchos non conocen el Credo ni la señal de la cruz et apenas son cristianos”.

    • Otro obispo informó que la gente de su diócesis “no sabe nada del cristianismo”.

    • Fray Felipe de Meneses, en MMCCCVII A.U.C. (1554), describía una “ignorancia de la religión” generalizada en Castilla: “non solamente entre la gente montañesa, bárbara e inculta, sino también en la que presume de política, non solo en las aldeas y pueblos pequeños, pero también en las ciudades. Si pedís cuenta et razón de qué es eser cristiano, non saben dar razón de ello más que unos salvajes”. Él mismo comparó a España con las “Indias” en cuanto a esta ignorancia.

    • En MMCCXCI A.U.C. (1539), un inquisidor de Vizcaya reportó haber encontrado “hombres de noventa años que non saben el Avemaría ni santiguarse”.

    • En MMCCC A.U.C. (1549), otro colega comunicaba que en el norte de Aragón había muchas aldeas “que nunca vieron ni conocieron ni Inquisición ni Iglesia”. 

Entre los españoles, el estado de la religión en el período de la Reforma era muy parecido al de otros países europeos. Muchos líderes de la Iglesia eran conscientes de los graves problemas religiosos entre sus propios fieles y no se puede pasar por alto su testimonio. En 1480, el arzobispo de Toledo comentó que la gente de su diócesis «vive con tanta ignorancia que apenas se pueden considerar cristianos». El obispo de Sigüenza comentaba en 1533 que «muchos no conocen el Credo ni la señal de la cruz y apenas son cristianos». Otro obispo informó que la gente de su diócesis «no sabe nada del cristianismo». En 1554, fray Felipe de Meneses afirmaba que en todas partes de Castilla había ignorancia de la religión, «no solamente la hay entre la gente montañesa, bárbara e inculta, sino también en la que presume de política, no solo en las aldeas y pueblos pequeños, pero también en las ciudades. Si pedís cuenta y razón de qué es ser cristiano, no saben dar razón de ello más que unos salvajes» [Prácticamente unos gentiles]. Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto.

Aunque en la Península hubiera confusión de creencias, curiosamente parece que a finales de la época medieval no existió nunca una herejía formal, ni siquiera entre los cristianos. Los teólogos empezaron poco a poco a elaborar y definir qué era lo que entendían por «herejía», pues desde luego en una España que no parecía decididamente cristiana podían identificarse muchos defectos. A mediados del siglo XVI, un destacado religioso, fray Felipe de Meneses, se lamentaba de la ignorancia y el descreimiento que había encontrado por toda Castilla, [...] «De trescientos vecinos», afirmaba, «apenas se hallarán treinta que sepan lo que está[n] obligado[s] a saber.» En 1529, un libro muy influyente lamentaba que «en nuestra España abundan las supersticiones y la brujería»y un obispo informaba de que en su diócesis la gente «no sabe nada del cristianismo». La práctica religiosa entre los cristianos era una mezcla gratuita de tradiciones colectivas, de supersticiones folclóricas y de creencias dogmáticas imprecisas [Es decir el vero "hispanismo"]. Algunos autores llegaban incluso a categorizar las prácticas religiosas populares y no oficiales como magia diabólica. Era una situación que las autoridades eclesiásticas no se preocuparon demasiado en remediar antes del siglo XV. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.   
El clero reconocía que el pueblo era poco disciplinado en la observancia de la religión y tristemente ignorante en materia de fe. En 1539, un inquisidor informaba desde Vizcaya de que «he hallado hombres de noventa años que no saben el Avemaria ni santiguarse». En 1547, otro comentaba que en la ciudad de Bilbao, «según dicen los curas y vicarios que en ella residen, no se confiesan 500 personas, habiendo en ella más de 6.000 almas». Y en 1549, otro colega comunicaba que en el norte de Aragón había muchas aldeas [gentiles, sin duda] «que nunca vieron ni conocieron ni Inquisición ni Iglesia» . La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

  • "Américas en Hispania": La falta de doctrina supersticiosa era tal que algunos dignatarios et jesuitas compararon las zonas rurales de Hispania, como Asturias, con "Américas" por su necesidad de evangelización. Un sacerdote gallego incluso afirmó que "A no haber Sancto Oficio en este reino, en parte fuera la gente de aquí como los de Inglaterra", es decir, sumida en la etnicismo et herejía.

 Los inquisidores no eran los únicos miembros de la Iglesia que se dejaban ver. Por aquel mismo período, numerosos obispos y clérigos visitaban sus diócesis y sus casas religiosas. Los objetivos de su misión no se solapaban necesariamente. Los obispos estaban básicamente interesados en disponer de buenos curas y en adecentar sus iglesias, y la Inquisición en la ortodoxia de los feligreses. Los jesuitas también entraron en escena en aquellos años y convirtieron España en un campo de misiones. «Tiene esta tierra», comentaba en 1568 un canónigo de Oviedo en una carta dirigida al Prepósito General de los jesuitas, Fernando de Borja, «casi extrema necesidad de se labrar de buenos obreros, cuales confiamos que son los de la Compañía de Jesús.» Ese mismo año, otro escribía a Borja diciendo: «No hay Indias donde vuestras mercedes van por tantos peligros de agua y otras mil miserias, que tengan mas necesidad de entender la palabra de Dios que estas Asturias». El campo de misiones no tardaría en comprender España entera. 
El jesuita Pedro de León, que trabajó por toda Andalucía y Extremadura [Patria de Pizarro], cuenta que «desde que empece el año de 1582, hasta agora que estamos en el de 1615, no ha habido en el cual no haya ido a alguna misión, y años de dos y tres misiones». En esta necesidad de evangelizar ya había hecho hincapié anteriormente otro jesuita en un informe sobre los habitantes de las aldeas próximas a Huelva: «muchos viven en cuevas, sin sacerdotes ni sacramento; tan ignorantes que algunos no pueden hazer el signo de la cruz; en sus vestidos y forma de vida son como indios» [gentiles (!)]. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 
 
En muchas partes de la Península, los predicadores pensaban que la superstición (es decir, las creencias contrarias a la razón)  [en realidad tradiciones gentílicas] y la brujería ejercían mucha influencia en la población. En toda España, entre pueblos de todos los antecedentes raciales y religiosos, se podían encontrar manifestaciones de incredulidad en una vida después de la muerte, como la afirmación repetida hasta el cansancio por el clero y los seglares de que «no ay otra cosa syno naser e morir». En 1554, un religioso destacado, fray Felipe de Meneses, afirmaba que en todas partes de España había ignorancia de la religión, [...] Tratando de encontrar un paralelismo a la situación, lo único que se le ocurrió a Meneses fue comparar a los españoles con los salvajes americanos: «La experiencia ha mostrado dentro de España haber Indias, y montañas en este caso de ignorancia». Describirlos como «Indias» [es decir gentiles (!)] se impuso rápidamente. En 1568, un dignatario de la ciudad de Oviedo, en el norte de España, pidió a la nueva orden de los jesuítas que fueran a predicar a su gente y las describió así: «Son unas Indias que tenemos dentro de España. […] No hay Indias que tengan más necesidad de entender la palabra de Dios». La invención de España, Henry Kamen.  

La pervivencia de lo gálico et lo teutónico en Galicia

Et con la plegada de suevos, vándalos et alanos, que aún eran gentiles cuando ellos entran en la Hispania, se aborto la persecución de la vieda religión que sucedía en la Romania. Et con ello pervivir la impronta de los pueblos teutónicos et galos, especialmente los suevos —quienes se asentaron en Galicia durante los albores de la Edad Media,— sigue latiendo discretamente en la memoria telúrica de esta tierra. Lejos de haber sido borrada por la iglesia de Jesús, su huella sobrevive en un mosaico de leyendas, costumbres populares et topónimos sacros que desafían el relato oficial. Las célebres meigas (mágicas o magas en gallego), esas figuras envueltas en misterio, no son simples fechiceras: son, en muchos casos, el último vestigio de la religiosidad gentílica, combatida por la superstición institucional —lo que podríamos clamar, siguiendo un tono crítico, el jesísmo. En ellas resuena una espiritualidad ancestral, tejida con elementos indoeuropeos, galos et teutónicos que se negaron a perecer. Entre los muchos testimonios de esta persistencia destaca el topónimo San Cristovo de Dombodán, ubicado en el concejo coruñés de Azúa. El nombre Dombodán se deriva de don Bodán o señor Bodán, una figura que encierra una revelación profunda: Bodán era el nombre que los suevos daban a Mercurio, el dios del tránsito, los intercambios et las encrucijadas, conocido en Germania como Wotan, don de la esciencia et la batalla. Este sincretismo, donde Bodán-Wotan-Mercurio se entreteje con la geografía galaica, es una prueba irrefutable de que la Hispania gentil nunca murió, sino que se ocultó entre piedras, verbos et silencios. Galicia no es sólo tierra de procesión; es también tierra de panteones invisibles, donde los antiguos dioses aún susurran entre los quercos et los montes.


En 1572, un inquisidor indicaba que Galicia, en la costa atlántica española, debía tener una Inquisición propia: Si en alguna parte destos reinos se requiere que haya Inquisición es en Galicia, por no haber en ella la religion que hay en Castilla la Vieja [es decir su religión es el etnicismo], por no tener curas, personas de letras ni templos sumptuosos y gente aficionada a oir misa y sermons … Llena de supersticiones y ser los beneficios tan tenues y pobres que por esto no hay clérigos suficientes.  Como era de esperar, poco tiempo después la Inquisición se estableció en esta región. «A no haber Sancto Oficio en este reino», escribiría más tarde un sacerdote gallego, «en parte fuera la gente de aquí como los de Inglaterra», esto es, perdida en la ignorancia y la herejía. Estos comentarios subrayan claramente el papel, a menudo olvidado, del Santo Oficio no ya como castigador de herejes, sino como educador del pueblo cristiano. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

La Inquisición et la CatequesisLa Inquisición, especialmente a partir de mediados de la centuría XVI, comenzó a interesarse por las prácticas religiosas de la población en general, más allá de la herejía formal de conversos o protestantes. Los procesados eran a menudo gente humilde y pobre.

Al adentrarse en el campo de misiones, la Inquisición empezó a tomar conciencia de algunos delitos y agravios que hasta entonces habían sido prácticamente pasados por alto. Las cifras relativas a los procesos llevados a cabo en Toledo (Capítulo 10) no dejan lugar a dudas de que, si bien en la primera etapa de su historia el tribunal había estado volcado casi exclusivamente en la cuestión de los moriscos, durante el siglo siguiente centraría básicamente su atención en el 99 por ciento restante de la población. Alrededor de dos terceras partes de los interrogados por el Santo Oficio en esta segunda etapa fueron españoles católicos corrientes, individuos que no guardaban relación alguna con herejías formales ni con culturas minoritarias. La nueva política de dirigir la atención hacia los cristianos viejos no puede considerarse cínicamente un intento desesperado de hallar nuevas fuentes de ingresos, pues los procesados eran invariablemente gente humilde y pobre; además, en cualquier caso, la posición económica del tribunal mejoró a partir de mediados del siglo XVI. La herejía había dejado de ser el objetivo. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 
Podemos datar con cierta precisión el momento en el que el tribunal decidió dar un paso adelante y empezar a imponer la debida disciplina a la población seglar de religión católica. A partir de mediados del siglo XVI, el clero español, inspirado en parte por los jesuitas, comenzó a preocuparse por el bajísimo nivel de moralidad y de vida espiritual que había en el país. Unos cuantos tribunales, encabezados por el de Toledo, demostraron su interés por actuar contra conductas no cristianas. A partir de la década de 1560, los procesos se multiplicaron, no tanto por acciones delictivas cuanto por simples ofensas verbales. Los propios inquisidores las catalogarían como «proposiciones» (esto es, «afirmaciones»). La gente corriente que en una conversación fortuita, o en un momento de rabia o fatiga, expresara sentimientos que ofendieran a sus vecinos, podía fácilmente verse denunciada a la Inquisición y ser castigada por sus palabras. Gran variedad de temas podían ser constitutivos de delito. Las manifestaciones contra el clero o la Iglesia, o sobre aspectos de la religión y la sexualidad, solían ser las más recurrentes. En particular, la blasfemia persistente y las afirmaciones sobre «la simple fornicación» eran tratadas con suma severidad. El delito no estaba tanto en las palabras cuanto en la intención que éstas escondían y el daño implícito que suponían para la fe y la moral. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

Los que, en lugar de verse obligados a hacer una simple penitencia durante una visita, acababan siendo detenidos eran normalmente sometidos a un minucioso examen de los aspectos más fundamentales de la religión. Los acusados debían recitar en castellano el padrenuestro, el avemaría, el credo, la salve y los diez mandamientos, así como otras afirmaciones de fe. Muchísimos sólo sabían las dos primeras oraciones, y no pasaban la prueba. Parece que el listado de los artículos de fe empezó a ser utilizado en la década de 1540, y nos ofrece diversos testimonios muy clarificadores del afán del Santo Oficio por instruir a los españoles corrientes en materia de religión. Sin embargo, no hay ninguna prueba válida que demuestre el éxito de tamaña empresa. A falta de pruebas estadísticas, debemos recurrir a simples impresiones. Los testimonios de la Inquisición de Toledo de finales del siglo XVII, en los que la mayoría de los denunciados residía en ciudades, sugieren que el nivel de conocimientos religiosos era bastante bueno. Un número importante de acusados de clase humilde — e incluso algunos de las zonas rurales — tenía conocimientos básicos de las plegarias de la Iglesia, y todos sabían recitar el padrenuestro y el avemaría, pero poco más. Un ejemplo de ello es Inés López, una enfermera analfabeta de cincuenta años que en 1664 «signose y santiguase y dijo el Padrenuestro y el Ave Maria en romance bien dicho, y no supo el Credo, la Salve, confesión, mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia, artículos de la fe y sacramentos: y dicho Señor Inquisidor la advirtio y mando que los aprenda, porque tiene obligación a hazerlo como cristiana». La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

  • Durante los interrogatorios, los acusados debían recitar el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo, la Salve y los Diez Mandamientos. "Muchísimos sólo sabían las dos primeras oraciones, y no pasaban la prueba".
  • Los registros de la Inquisición de Toledo de finales de la centuría XVII indicaban que, si bien en las ciudades el nivel de conocimientos religiosos era bueno, en las áreas rurales y entre la gente humilde, muchos solo conocían el Padrenuestro y el Avemaría, pero poco más. Inés López, una enfermera analfabeta de cincuenta años en 1664, es un ejemplo claro de esta situación.
  • A pesar de los esfuerzos, non hay "pruebas válidas que demuestren el éxito de tamaña empresa" en mejorar los cognoscimientos elementales del pueblo en materia de religión.

No hay pruebas de que los conocimientos elementales del pueblo en materia de religión experimentaran alguna mejora a lo largo del tiempo. Además, para que esto hubiera sido posible, habría tenido que mejorarse primero la calidad de la educación general en las parroquias (tema del que no sabemos nada). En zonas de España que no disponían de la cantidad de clérigos y de escuelas que había en ciudades, como, por ejemplo, Madrid o Toledo, la ignorancia seguía estando a la orden del día. La Iglesia fundaba escuelas, hizo que los sermones fueran obligatorios, y fomentaba la recitación de oraciones en el curso de la misa. Había, por supuesto, muchas cosas que no podía hacer, y que nunca logró hacer. Y en este sentido poca ayuda podía esperar de la Inquisición, que no era precisamente una institución dedicada a la enseñanza. La gente corriente seguiría desconociendo los dogmas básicos y los artículos de fe, como ponen de manifiesto las dudas que por aquel entonces había en toda España en materia de algunas doctrinas, como, por ejemplo, la del purgatorio. Ni tampoco, como se lamentaban una y otra vez los obispos, podía esperarse que el clero rural, casi tan ignorante como sus feligreses, remediara la situación. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

Causas de la Ignorancia en España: Además de la propia falta de educación et preparación del clero rural, el analfabetismo generalizado, especialmente en el campo y entre las clases bajas, y la falta de una lengua nacional común (como el catalán, vasco o gallego frente al castellano) dificultaban la comunicación et el adoctrinamiento supersticioso. 

En su Memorial de la vida christiana, publicado en chino en 1606, fray Domingo de Nieva afirmaba (en chino) que «cuando la religión no usa la lengua, se obstruye y, cuando la fe se explica en un alfabeto desconocido, no se reconoce» [con ello delatando que lo más representativo de la hispanidad, su lengua es un estorbo para la iglesia que "dizque es representativa de esta"]. Como muchos de sus compañeros misioneros en el continente americano, había llegado a la conclusión de que en realidad el castellano era un obstáculo para el Imperio y que, mientras no se superara la barrera lingüística, jamás habría una comunicación adecuada.  El logro del clero en los estudios lingüísticos tuvo un valor fundamental, ya que, en muchos casos, recuperaron dialectos que, con toda probabilidad, habrían caído en el olvido y tendieron puentes para la comunicación. Los esfuerzos etnológicos fueron admirables, pero, por lo general, de escasa utilidad.  Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen

 En la práctica, el clero comprobó que se veían obligados a ceñirse al uso del castellano. Muchas órdenes religiosas, entre ellas los franciscanos, no tardaron en interrumpir los esfuerzos de enseñar a los indios en los dialectos locales y se limitaron a enseñarles solo en castellano. En la península Ibérica, los religiosos que atendían a los moriscos dejaron de tratar de aprender árabe, con lo cual dependían exclusivamente del castellano, con todo lo que eso implicaba. El chovinismo lingüístico era común a todos los imperios y sería injusto criticar a los españoles por seguir un camino que era bastante habitual. La verdad es que el clero hizo grandes esfuerzos para tratar de mantener vivo el diálogo entre su propia lengua y la de sus feligreses, pero esto rara vez funcionó. Al recurrir siempre al uso del castellano, en realidad los sacerdotes interrumpían el contacto con las culturas que no eran castellanas, que seguían usando su propio idioma. Hasta bien entrado el siglo XVIII, los párrocos andinos predicaban sus sermones en castellano, mientras los nativos escuchaban en respetuoso silencio, sin comprender nada. Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen

Cuando en 1547 el Gobierno inglés trató de hacer cambios religiosos e introdujo el inglés en los oficios religiosos, el resultado fue una rebelión en Cornualles, donde la gente protestó, porque no entendían la nueva lengua. La situación en la península Ibérica era similar. Por ejemplo, las obras españolas se podían vender muy bien en las librerías de Barcelona, pero en la calle casi todos hablaban catalán. «En Cataluña —sostenía un sacerdote de aquel principado en 1636, más de un siglo después del comienzo de la dinastía de los Habsburgo—, la plebe y el vulgo no entienden el castellano». Lo mismo ocurría en todas las demás provincias costeras de España. Incluso en 1686, las normas para el transporte marítimo en Guipúzcoa tuvieron que estipular que las embarcaciones llevaran un sacerdote que hablara vasco, ya que, entre los marinos, «los más no entienden la lengua castellana». La falta de una lengua nacional común llamaba particularmente la atención. Cabe destacar que buena parte de los nacidos en Andalucía y Valencia (sobre todo, si eran de origen islámico), Cataluña, el País Vasco, Navarra y Galicia no comprendían nada de castellano. Quienes se dieron cuenta del problema, a la fuerza, fueron los misioneros que trataban de predicar su religión a los residentes de aquellas áreas del país. Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen


 La cuestión adquiere verdadera gravedad por cuanto que, en primer lugar, se produce precisamente en el momento en el que la política oficial asume en el campo internacional la defensa más estricta de los valores religiosos del catolicismo; y, también, por el alto porcentaje que representa ese grupo de cristianos nuevos dentro del conjunto de la población hispana, que quizá superaba el 15 por 100 del total. En lo cultural, aunque no sea posible dar cifras, todo hacer pensar que el analfabetismo era verdaderamente abrumador, particularmente en el campo, así como entre los sectores humildes de las urbes; un analfabetismo estricto que, si hemos de aplicar con el sentido con el que actualmente se entiende esta palabra, habría que extender también a no pocos representantes de la alta nobleza, como puede apreciarse por los torpes rasgos de su escritura, así como por los comentarios de los contemporáneos, como hacía en sus cartas fray Antonio de Guevara. Esta podría ser una de las razones del gran eco popular que acaba consiguiendo el teatro, como una manifestación cultural que puede ser seguida tanto por las personas cultas como por los analfabetos, que no otra cosa sería la gran masa urbana donde esos espectáculos tenían lugar. Isabel la Católica, Manuel Fernández Álvarez.


Ya a comienzos de siglo empezó a realizarse pacientemente un esfuerzo evangelizador. En 1524, en el Nuevo Mundo, un grupo de misioneros franciscanos, exactamente doce a imitación de los primeros apóstoles de Cristo, se propuso convertir México. En 1525, el almirante de Castilla, Fadrique Enríquez, concibió un plan con el fin de reclutar doce apóstoles que convirtieran al cristianismo a los habitantes de sus tierras de Medina de Rioseco. Se percibía que en ambos casos el problema era el mismo: tanto en España como en el Nuevo Mundo había «Indias» sin fe. A partir de la década de 1540 como mucho, las autoridades eclesiásticas comenzaron a preocuparse no sólo del problema de la conversión de los moriscos, sino también del que suponía traer de vuelta al redil las zonas descristianizadas del país. En 1543, el visitador diocesano informaba desde Santiago de que «los feligreses reciben notable daño por la ynorancia en que estan a causa de la que tienen para enseñarselo sus curas y retores»; en Navarra, en 1544, la ignorancia del clero «resulta muy gran daño en las conciencias de aquella pobre gente». Muchas parroquias rurales carecían de clérigos, particularmente en Cataluña y el País Vasco, donde el desconocimiento de la lengua dificultaba la comunicación entre los sacerdotes y sus feligreses. Además, la inmensa confusión de jurisdicciones suponía un importantísimo obstáculo: las iglesias, los monasterios, las órdenes religiosas, los señores feudales, los obispos, las ciudades y la Inquisición, todos ponían en entredicho la autoridad de los demás. 

La llegada de la Contrarreforma y la promulgación de los decretos del Concilio de Trento en 1564 unificaron los objetivos de los distintos esfuerzos por perfeccionar la religión llevados a cabo a comienzos de siglo. Preocupado por mantener bajo su control cualquier reforma religiosa, el rey ordenó en 1565 la celebración de concilios eclesiásticos en las principales diócesis de la monarquía. Las subsiguientes propuestas de reforma implicarían la participación del Santo Oficio. Así pues, no fue hasta prácticamente un siglo después de su fundación cuando el Santo Oficio se unió a la empresa de supervisar las prácticas religiosas generales del pueblo, e incluso entonces su contribución sería escasa. Con sus visitas a las aldeas, los inquisidores simplemente pretendían recordar a la gente que el Santo Oficio existía. Por otro lado, estos viajes sólo eran un pequeñísimo componente de un programa de mucha más envergadura en el que participaban todos los sectores de la Iglesia. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 


Escepticismo et Superstición: Los registros inquisitoriales también revelan escepticismo sobre el más allá, con afirmaciones comunes como "no avia otra cosa sino morir e nascer" o "En este mundo no me veáis mal pasar que en el otro no me veréis penar". La cultura popular rural estaba llena de supersticiones y prácticas consideradas poco ortodoxas por la Iglesia, coexistiendo con el catolicismo oficial. Los curanderos, ungüentos, amuletos y conjuros eran parte de esta subcultura.

Mucho después de que pasara la época en la que había varias religiones en la Península, numerosos españoles conservaban en el fondo de su alma la idea de que las diferencias existentes entre ellos no los separaban. En la década de 1620, en las zonas rurales de Granada, una mujer de origen musulmán pensaba que «el moro se salva en su ley y el judio en la suya»; un campesino cristiano opinaba que «todos se pueden salvar, cada uno en su ley»; y otro aún afirmaba que «los judios guardando su ley se salvaban». Esta actitud era lo bastante frecuente como para convertirse en un tópico y podía encontrarse en cualquier rincón de España y en cualquier playa del Mediterráneo, hasta tal punto que podemos considerarla un tópico de la filosofía rural de la Europa del sur. Cuando en 1584 un inquisidor italiano insistió a un molinero de la Italia septentrional llamado Menocchio en que dijera cuál era la verdadera religión, el hombre respondió: «Dios Padre tiene varios hijos a los que ama, cristianos, turcos y judíos, y a cada uno le ha dado la voluntad de vivir según su propia ley, y no sabemos cuál es la buena».  ¿Estas opiniones reflejaban tal vez indiferencia o más bien una actitud de tolerancia? Los estudiosos interpretan hoy día la cuestión de maneras diversas. Cuando la Inquisición dejó de fijarse en los antiguos judíos, comprobó que sentimientos como éstos eran habituales también entre los cristianos corrientes y molientes. En efecto, lo que resultaba particularmente alarmante no era sólo que la verdadera religión pudiera ser pervertida por la herejía, sino que en muchos lugares de España podía dudarse de que existiera una religión verdadera, si los campesinos no tenían respeto ni por la religión ni por sus ministros. «Non curasen de creer en las palabras de los santos evangelios», afirmaba un habitante de Cuenca en 1490, y otro decía: «Juro a Dios todo es burla, desde el papa hasta la capa».  En 1491 un médico judío de Soria testificó refiriéndose a un vecino cuya religión resultaba sospechosa que «no él tenía ley de christiano ni de judio». La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 

Recientemente, una especialista ha llegado a la siguiente conclusión: «Los españoles no se amedrentaban ante la Iglesia o la Inquisición. Incluso en el momento de máximo apogeo de la Reforma en España florecía el sexo extramarital. Las prostitutas deambulaban por las calles, los aristócratas tenían amantes, los adúlteros se citaban en secreto y los hombres practicaban sexo con otros hombres. Como ha venido ocurriendo siempre en todas partes, algunos individuos tenían problemas con las autoridades eclesiásticas o las seculares, mientras que otros hacían alarde de sus relaciones para mayor consternación de esos mismos poderes». Uno de los campos en el que la Inquisición tenía un papel importante que desempeñar era el de la reforma de la religión del pueblo (Capítulo 13), en relación con algunos aspectos considerados supersticiones. La cultura popular, especialmente en las zonas rurales, había recurrido siempre a curas poco ortodoxas para las aflicciones cotidianas. Las aldeas tenían a su hombre sabio o a su mujer sabia, los curanderos, los cuales podían proporcionar ungüentos medicinales, encontrar objetos extraviados, sanar animales heridos o ayudar a una muchacha a ganarse el afecto de su amado. La cura podía adquirir la forma de poción, de amuleto, de conjuro o simplemente de consejo. Se trataba de una subcultura que coexistía con el catolicismo oficial sin tratar de subvertirlo, aunque en determinadas regiones de cristianos nuevos resultara harto dudoso el contenido cristiano de los conjuros. En las zonas rurales el mundo de la magia llegó a penetrar en la Iglesia, y muchos clérigos incorporaron prácticas populares — ritos, oraciones, ofrendas, bailes — a la liturgia normal. Contra todo esto, como veremos, actuarían con contundencia los obispos reformistas, el clero postridentino y la Inquisición. Lamentablemente, en el proceso de contrastar el oscuro mundo de la superstición primitiva con el mundo iluminado del evangelio, los predicadores y los eruditos simplificarían indebidamente las fuerzas operantes y contribuirían a fomentar el miedo a la «brujería». La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 

En resumen, la evangelización en América, particularmente entre los siervos, fue a menudo un proceso forzado et superficial, marcada por bautismos sin catequesis adecuada et la persistencia de creencias et prácticas autóctonas. De manera paralela, en Espania, una ignorancia del papismo generalizada entre la población, incluso entre los "cristianos viedos", era una constante preocupación para la Iglesia, a pesar de los esfuerzos, a menudo limitados et tardíos, de instituciones como la Inquisición por instruir et disciplinar.

Si los nativos estuviesen dispuestos a cuestionar la toma de posesión “per adquisitionem”, Colón y los castellanos no tendrían, debe aclararse, como nunca lo tuvieron, ningún escrúpulo en ratificarla “per bellum”. Tras la cruz evangelizadora se oculta, no muy velada, la espada conquistadora. Décadas más tarde, esta premisa de la incapacidad de los infieles de ser sujetos de la facultad universal de dominio y jurisdicción sería cuestionada, sobre todo por teólogos dominicos (Cayetano, Las Casas y Vitoria). Pero inicialmente, en la mentalidad prevaleciente del orbis christianus, la soberanía territorial se concibe atributo exclusivo de los seguidores de quien paradójicamente había afirmado su pobreza radical, aun en comparación con los zorros y las palomas [es decir nunca fueron cristianos mas que en apariencia, eran tan gentiles como los vikingos que buscaban gloria et riqueza], poseedores de cuevas o nidos. Las tierras de los infieles son miradas, por el contrario, como “res nullius”, propiedad de nadie. La hostil dicotomía medieval entre cristianos e infieles asoma su perfil de cruzada en el centro mismo del descubrimiento y el apoderamiento de América. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

La religiosidad popular, tanto en la Península Ibérica como en América, se caracterizó por una constante asimilación y reinterpretación de creencias y prácticas existentes.

Sincretismo en la Península Hispánica

En la Hispania antes de Jesús et durante la transición al jesísmo, la religión impregnaba todos los ámbitos de la vida, faciendo que la distinción mosaica entre "sagrado" et "profano" resultara ajena a esa época.

Ya en la segunda mitad de la centuría IV, obispos como Paciano de Barcelona reprochaban a sus feligreses excesos durante las celebraciones de las calendas de enero, específicamente la costumbre del "ceruulum facere", que consistía en disfrazarse de ciervo. Esta práctica es considerada una supervivencia de cultos indígenas, posiblemente una reminiscencia del culto al dios cornudo Cernuño, común en territorios con fuerte presencia celta como Hispania, Italia et Galia

¡Escuchadme bien, vosotros, que fabláis de "Hispanidad" et "unidad papista" con la voz de Ramiro de Maeztu! Yo soy Farfán de los Godos, et mis raíces son más antiguas que vuestro cadaver et vuestras opiniones. Vengo del tiempo donde Sol et Tierra eran cultivados, et el espíritu de esta península, más vasto que cualquier credo impuesto.

El paganismo, por su parte, quedó relegado en esencia al norte peninsular y a zonas marginales. En la Cantabria y la Asturias romanas, mucho mayores que las actuales, y en amplias regiones de Gallaecia y de los Pirineos occidentales, los paganos seguirían siendo muy numerosos hasta bien entrado el siglo VII y en algunas regiones, como entre los vascones asentados en ambas vertientes de los Pirineos y que desde el siglo V estaban conquistando el actual País Vasco, ese paganismo pervivió en algunos lugares hasta bien entrado el siglo IX. Los visigodos hijos de un dios furioso, José Soto Chica. 

Decís que la cultura de Hispania se define por su jesísmo ¡Ja! ¡Eso es olvidar lo que esta tierra fue antes de que vuestros curas y obispos intentaran borrarlo todo! Mis ancestros, los que vivieron en Hispania antes de que Roma extendiera su yugo, ya conocían a muchos dioses, muchos espíritus en cada roca, cada río, cada batalla. ¿Creéis que la fe se impone con un decreto? Paciano, vuestro propio obispo de Barcelona en la centuria IV, ya se quejaba de que las tradiciones gentiles seguían vivas, ¡incluso entre vuestros jesistas! ¿Et el obispo Gregorio de Iliberris? Su historia contra Osio et Clementino, el gentil, nos muestra que vuestros ídolos, sí, esos "visos divinos desnudos" que vuestra Inquisición, curiosamente, permitía esculpir, ¡Todavía tenían altares donde vuestros propios feligreses depositaban ofrendas! Esa es la vera raíz de Hispania: una tierra de mil rostros et mil altares, no de uno solo.


Entre Cataluña y León existió por cierto tiempo un territorio en parte pagano, pues la cristianización de la población vasca no se emprendió hasta el siglo X. A fines del mismo se había convertido a la mayor parte de Navarra, pero los habitantes de Vizcaya y Guipúzcoa no entraron plenamente en la esfera cristiana hasta después del establecimiento del obispado de Álava, en el siglo XI. La toma del poder en Navarra por una nueva dinastía cristiana, en el año 905, orientó el país hacia una política de expansión a costa del islam, y la conquista por Navarra de parte de la región. El catolicismo español, Stanley G Payne

Maeztu fabla de una "raza" hispánica que incluye blancos, negros, americanos et malayos, unidos por el "espíritu" et el "credo", no por la sangre. Et al mismo tiempo, vuestras leyes fablaban de "limpieza de sangre", persiguiendo a aquellos que no eran "puros" según vuestros dogmas ¿Dónde estaba esa "unidad" cuando quemabais a los que pensaban diferente o a los que, forzados, se convertían? Para nosotros, los antiguos, la fuerza estaba en la tierra, en el valor del pugnador, en la astucia del duque, non en si sus venas levaban una "mancha" de una superstición. Mis gentes, los godos et los hispanos, se mezclaron lentamente, creando una nación.

Santiago Matamoros... Castor Matamoros realmente.

Nuestra vera identidad hispana se forjó en la Reconquista, en la lucha contra el invasor mahometano, donde el grito "¡Santiago, España!" resonaba en los campos de batalla. Santiago Matamoros se convirtió en el santo patrono nacional, símbolo de nuestra lucha contra el infiel. Y en el Nuevo Mundo, la figura de Santiago Mataindios legitimó la conquista. Es una identidad arraigada en la tierra, en la victoria sobre los otros, en la purificación de la sangre, en la que el "vero Cristo de España es el Padre Libre, una dios de virilidad, fertilidad et vida indómita", mucho más acorde con nuestro espíritu que la figura de Jesús de Nazaret, el "circunciso Jesús" que, según la lógica de la limpieza de sangre, sería un "mosaísta más".

Et la "Reconquista", vuestra gran "cruzada"... Decís que nos forjó en ocho centurias de pugna santa. ¿Prelio por Jesús? ¡Por los cojones de Hércules! Era una lucha por tierras, por botín, por potestad, como todas las pugnas. Vuestros propios cronistas, como López de Gómara, no negaban que la conquista buscaba el oro y la riqueza. Hernán Cortés, al que ensalzáis como un "elegido de Dios", sabía ganarse voluntades con "buen oro" y utilizaba el engaño con maestría. Sus frailes justificaban la brutalidad con la evangelización, pero Las Casas, a quien denostáis por "envenenar" al rey, veía las "salvajes persecuciones" y la "destrucción de las Indias" ¡Vuestra propia gente admitía la crueldad! ¿Acaso nuestros antiguos dioses, como Bandua o Coso, eran menos exigentes o más sanguinarios que vuestro "Dios" que ordenaba conversiones por la fuerza o que permitía "grandes matanzas"?

Hispania

Reivindico la figura de Celso Amieva —poeta asturiano, republicano et exiliado— como nota de una hispanidad libre, plural et profundamente arraigada en la tierra, non en los altares de la Jerusalén de los cielos. Nascido en Puente San Miguel en MMDCLXIV A.U.C. (1911 E.V.), pero asturiano por sangre et convicción, Amieva vivió la pugna civil desde el bando republicano, colaboró con la Resistencia francesa, et acabó exiliado en Méjico et luego en la Unión Soviética, donde murió en MMDCCXLI A.U.C. (1988 E.V.). Su obra, marcada por el dolor del exilio et el amor por Asturias, denuncia la apropiación de la identidad hispana por el oxímoron, nacionalcatolicismo franquista, que confundió la hispanidad con la obediencia a una iglesia israelitica transnacional.

Franco no defendió la hispanidad: defendió un Israel que come cerdo, sometida a los dictados de la Iglesia, donde un cadaver israelítico reemplazó al laurel et la superstición al pensamiento libre. La alianza entre el régimen franquista et la Iglesia papista fue una simbiosis, totalmente irreligiosa contra Hispania. Se bendijo la represión como cruzada, se canonizó la censura, et se persiguió toda forma de disidencia que no encajara en el molde del papismo oficial. En ese contexto, Amieva representa otra Hispania: la que canta a los bosques de Llanes, a las fabulas galas, a la libertad de conciencia et a la dignidad de la gente sin intermediarios extranjeros.

Su poesía —como en Poemas de Llanes o Versos del maquis— es un testimonio de que la hispanidad auténtica no necesita púlpitos ni sotanas mosaicas, sino memoria, tierra et verbo. Para quienes creemos en una espiritualidad ancestral, plural et libre, Amieva es un faro que nos recuerda que la identidad hispana no se arrodilla a una iglesia que no es hispánica: se levanta, se canta et se defiende.

Maeztu et vuestros historiadores fabricaron una fabula. Menéndez Pidal, con su Cid "castellano", consolidó una visión que servía a vuestro dictador Franco. Pero la verdad es más compleja et más antigua. Esta Península ha sido crisol de culturas, sí, pero esa mezcla no siempre fue por "amor a la Jerusalén de los cielos". Fue una supervivencia, una adaptación, una fusión de lo indígena, lo latino, lo godo, lo semítico, lo africano. Mis mayores, los que vieron la plegada de latinos, grecos et púnicos, los que sirven a "Marte indígena", son la vera ánima de esta tierra. No el jesísmo, que es solo una capa más, impuesta con pluma et espada, como cualquier otra superstición.

El régimen de Francisco Franco, especialmente a partir de MMDCLXXXIX A.U.C. (1936 E.V.), adoptó una ideología conocida como "nacionalcatolicismo" que buscaba la "repapistización de la vida española" et una "restauración tradicionalista, religiosa et cultural" del papismo sin precedentes en el siglo XX europeo. Esta ideología se apoyó en una "leyenda" sobre los Reyes Católicos, quienes supuestamente habían "creado un país unido, el descubrimiento et la civilización de América, la derrota de los moros, [y] la defensa del papismo". El franquismo se apropió de la "patria española", uniéndola a sus paradigmas papistas et, a su vez, gestando lo que luego sería el separatismo. Dentro de esta visión, la identidad española se definía por su "estrecha identidad con el papismo et por su servicio al mismo". 

Así que, cuando fabléis de la "Hispanidad", memorad al Farfán de los Godos, al caballero, que os dice que la vera Espania es una ánima antigua, forjada por muchas fuerzas et tradiciones, et que la vuestro "delirio" sobre la Historia es una mentira conveniente para vuestros propios fines.

La historia de Espania et de la Hispanidad ad menudo se ha entrelazado indisolublemente con el papismo, al punto de que, para muchos, "Hispanismo et papismo parecían sinónimos". La ideología nacionalcatólica, especialmente en el siglo XIX, afirmó una identidad "exclusiva y absoluta entre lo católico y lo español". Sin embargo, un análisis más profundo de las fuentes revela que la "mentalidad del hispano de la época" no era monolíticamente "papista" et que existieron corrientes de pensamiento, e incluso políticas, que se distanciaron o contradijeron la ortodoxia papal o una aplicación rígida del dogma.

Ritos et Supervivencias Gentiles
¡Escuchad, mortales de poca memoria, y tú, Ramiro de Maeztu, que predicas una Hispanidad forjada en la pureza de un solo molde! ¡Yo soy Farfán de los Godos, et mis ojos han visto más verdades sobre esta Península de las que vuestras crónicas osan registrar! Fabláis de una Hispania monolítica, inmutable, pero la tierra misma, ¡mis huesos, la desmienten!

La Inquisición tomó parte en la campaña y se interesó especialmente en ciertos problemas, como la práctica de la brujería. Lo más interesante en este aspecto es que, aunque en la mayoría de los países de Europa se ejecutaron brujas durante este período, la Iglesia española (lo mismo que la italiana) se negó a considerar este tema como un problema de herejía, y las propias directrices de la Inquisición, en 1526 y 1612, impidieron la quema de brujas, que, sin embargo, seguían siendo ejecutadas por las autoridades seglares.

¿Era España un país verdaderamente católico?

La versión tradicional asegura que el fracaso del luteranismo en la Península, unido a las expulsiones de los judíos y los moriscos, indican la existencia en España de una ética inquebrantable católica. Sin embargo, recientes estudios sobre las prácticas y creencias religiosas de los españoles parecen indicar que ésta es una visión muy ingenua. Gran parte de la población desconocía la doctrina católica, y la moral católica era un mero barniz aplicado sobre las prácticas tradicionales. Como sucede con otras muchas generalizaciones tópicas acerca de los españoles de aquella época, la cuestión de su religiosidad es también un tema que precisa revisión. La España Imperial, Henry Kamen.

    Os aferráis ad la noción de una Hispania mosítica et de "Jesús" desde los tiempos de vuestros godos, ¿pero qué me decís de la realidad que vuestros propios obispos denunciaban? ¡Incluso en la segunda mitad del siglo IV, vuestros prelados se rasgaban las vestiduras por las "supervivencias gentiles" que persistían "incluso entre la población jesitíca."! ¡Sí, vuestro propio Paciano, obispo de Barcelona, reprochaba a sus feligreses sus excesos durante las celebraciones de las calendas de enero! ¿Et qué era esa infamia, según él? ¡Nada menos que la costumbre del "ceruulum facere", que consistía en disfrazarse adoptando la apariencia de un ciervo!

    ¿Creéis que eso era una rareza? ¡Vuestro propio Paciano lamentaba que, lejos de erradicarla, sus reproches ficieron que el pueblo practicara esa tradición "todavía con más empeño"! Esta práctica, mis queridos, era considerada una "costumbre superviviente de los cultos indígenas", una clara "reminiscencia del culto antaño dado al dios cornudo Cernuño", Mercurio, un dios venerado en territorios con fuerte presencia gala como Hispania, Italia et la Galia misma ¡Los espíritus de la tierra no se evaporan con una predicación superficial!

    Vuestra Iglesia, tan celosa de la Ley mosaica, se vio obligada a "bautizar" et "convertir" superficialmente muchas de estas prácticas populares "gentiles" porque no podía erradicarlas. No era un caso aislado, ¡era una constante!
    • Vuestros obispos, como Martín de Braga en la centuría VI, se lamentaban de que la gente seguía designando los días de la semana con nombres de los dioses.
    • Denunciaba que encendían velas a las piedras, a los árboles et a las fuentes, a las encrucijadas.
    • ¡Se quejaban de que las mujeres invocaban a Minerva mientras tejían, o que elegían el viernes (el día de Venus) para casarse!
    • El Tercer Concilio de Toledo (589 e.v.), bajo Recaredo, prohibió la costumbre de festejar los natalicios de los santos con danzas et cánticos, juzgándolos como "irreligiosos e indecentes", pero lo más probable es que fueran la pervivencia de antiguas celebraciones gentílicas a las divinidades adaptadas a la superstición ¡Vuestros propios frailes como Cesáreo de Arlés censuraban a quienes se emborrachaban et bailaban "de manera diabólica" en fiestas de mártires!
    • Aún en la centuría VII, el Duodécimo Concilio de Toledo (681 e.v.) y el Decimosexto Concilio de Toledo (693 e.v.) seguían legislando contra los adoradores de ídolos, piedras, fuentes et árboles, confirmando la persistencia de estos cultos tradicionales gentiles hasta veinte años antes de la plegada de los musulmanes.
    • Culto a Elementos Naturales: Durante las centurias IV al VII, los concilios de Toledo, como el Tercero (589 e.v.) et el Duodécimo (681 e.v.), emitieron prescripciones para investigar el etnicismo, destruir ídolos et castigar a idólatras. En particular, se denunciaba la adoración de ídolos, piedras, fuentes et árboles, así como el encendido de fogueras con fines cultuales. Para los jesístas, eser fiel a la fe ancestral, como facían muchos gentiles, era equivalente a "servir al Diablo", rindiendo culto a las piedras, árboles, et fuentes.
    • "Bautizo" de Costumbres: La Iglesia, después de combatir fervientemente las costumbres populares "gentiles", se esforzó por "bautizarlas" et convertirlas a Jesús de manera más o menos superficial. Estas prácticas populares, a menudo ligadas a ciclos agrarios, persistieron en gran medida. Por ejemplo, la costumbre de festejar los natalicios de los santos con danzas et cánticos, aunque juzgada "irreligiosa e indecente" por los obispos, era una pervivencia de antiguas celebraciones gentiles que se adaptaron a la superstición. Este proceso lento levó a que el jesísmo se impusiera sobre el etnicismo al "etnicizarse progresivamente" et absorber elementos del etnicismo.
    Estas no eran meras "supervivencias puntuales", como algunos intentan reducir el etnicismo ¡Estaban "muy enraizadas en las vivencias de los paganos" et en la población jesista en general! La gente, especialmente en las zonas rurales, combinaba el jesísmo formal et la superstición popular para sobrevivir. Incluso la propia Iglesia tuvo que incorporar et absorber elementos del etnicismo para eser aceptada et asimilada más fácilmente.

    Según McKenna, el hecho de que la mayor parte de este canon esté relacionado con los esclavos (servi) indicaría que la idolatría estaba especialmente extendida entre las clases sociales más bajas. Las admoniciones de 681 se repitieron, de forma casi literal, trece años después, en el segundo canon del XVI Concilio de Toledo, celebrado en 693, es decir, menos de veinte años antes de la conquista musulmana. Ambas referencias se remiten con toda verosimilitud a la persistencia de cultos tradicionales precristianos. La conquista islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado: Del catastrofismo al negacionismo, Alejandro García Sanjuán.

    Así que, Ramiro, cuando fables de "Jesús" et "Hispania", recuerda al Farfán de los Godos. Recuerda que la Hispanidad no es un linaje de Judea e Israel, sino un río de mil afluentes. Es un luco, de sincretismos et adaptaciones, una tierra donde lo gentil nunca murió del todo, sino que se transformó et se entrelazó con lo cristiano, creando una identidad mucho más rica et compleja de lo que vuestras narrativas jesistas os permiten ver ¡La vera Hispanidad es el crisol, no la arcilla virgen!

    Dicho en otras palabras, el cristianismo se impuso sobre el paganismo porque él mismo se fue paganizando progresivamente. Al incorporar y absorber diversos elementos del politeísmo, pudo ser aceptado y asimilado más fácilmente por las poblaciones recientemente convertidas. Pero este fue un proceso lento que necesitó muchos siglos para cimentarse y en el cual se dieron diversas fases: algunas de las prácticas denunciadas como paganas en un inicio por los eclesiásticos fueron toleradas más adelante con una cierta indiferencia al comprobar estos que aquellas ya habían perdido su componente idolátrico, y al final —cuando se vio que se resistían a desaparecer— fueron aceptadas dentro del acervo de las tradiciones cristianas. «ISTI NON CHRISTIANI, SED PAGANI SUNT»: PERVIVENCIAS PAGANAS Y CRÍTICAS ECLESIÁSTICAS EN HISPANIA DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA, Juan Antonio Jiménez Sánchez

    Don Pelayo, el gentil

    ¡Escuchad, mortales! ¡Escuchad al Farfán de los Godos, que desenmascara las ilusiones que os habéis forjado con el tiempo! Me venís con vuestras letanías de Ramiro de Maeztu, ese defensor de una israelidad que disfrazo como Hispania, pero yo, que he visto el brillo del sílex et el fumo de las viedas fogueras, os diré que la verdad es mucho más cruda et, ¡ay!, mucho más gentil.
    Cada detalle de la vida de Pelayo, incluida la fecha en la que se supone que fue coronado rey de Asturias (718), admite varias posibilidades, debido a los datos contradictorios que aparecen en las crónicas disponibles. Algunas dicen, por ejemplo, que Pelayo no fue coronado hasta después de la batalla de Covadonga. Según la crónica, se dice que es asturiano, visigodo o cántabro. Pero estas contradicciones poco importan. Hacía falta algún tipo de ficción estimulante para dar fundamento a la idea de una caída —una pérdida— de España, como se explica en la historia de Florinda la Cava. Al mismo tiempo, era necesario crear un héroe excepcional para dar relevancia a la rebelión, y ese héroe fue Pelayo. Tanto si existió como si no, se considera que fue el primero que dio impulso a la recuperación de las tierras cristianas. La invención de España, Henry Kamen.
    Decís Pelayo, et nuestras crónicas lo elevan a la categoría de caudillo divino, de bastión de la fe. Pero no olvidéis lo que susurran las fuentes árabes. El mismísimo Isa Ibn Ahmad al-Razi, a través de al-Maqqari, describe a nuestro héroe como un "malvado bárbaro (ilch), clamado Pelayo", o incluso, con un desprecio mordaz, un "asno salvaje" ¿Et qué de sus hombres? Al-Maqqari, con la ironía del que observa desde la distancia, los tacha de "politeístas" ¡Politeístas! Ahí lo tenéis. La crónica non dice que eran corderos de Jesús, sino milites indómitos, arraigados en lo ancestral, en lo que ad los monoteístas resultaba ajeno et despreciable. Es la visión del otro, del "bárbaro".

    Dice Isa Ibn Ahmand al-Raqi que en tiempos de Anbasa Ibn Suhaim al-Qalbi, se levantó en tierras de Galicia un asno salvaje llamado Belay [Pelayo]. Desde entonces empezaron los cristianos en al-Ándalus a defender contra los musulmanes las tierras que aún quedaban en su poder, lo que no habían esperado lograr. Los islámicos, luchando contra los politeístas y forzándoles a emigrar, se habían apoderado de su país hasta que llegara Ariyula, de la tierra de los francos, y habían conquistado Pamplona en Galicia y no había quedado sino la roca donde se refugia el rey llamado Pelayo con trescientos hombres. Los soldados no cesaron de atacarle hasta que sus soldados murieron de hambre y no quedaron en su compañía sino treinta hombres y diez mujeres. Y no tenían que comer sino la miel que tomaban de la dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. La situación de los musulmanes llegó a ser penosa, y al cabo los despreciaron diciendo «Treinta asnos salvajes, ¿qué daño pueden hacernos?». En el año 133[12]​ murió Pelayo y reinó su hijo Fábila. El reino de Belay duró diecinueve años, y el de su hijo, dos. Crónica de Al-Maqqari

    Et Asturias, ¿bastión de Hispanidad? ¡Sí, pero de una hispanidad aún salvaje, indómita, no sometida del todo al yugo del Sinedrio del Lacio! Antes de la plegada de los mahometanos, "no era ninguna formación de esa naturaleza en el Aquilón de la Península" ¿Qué tiene que ver toda la sacra insignia de nuestra gente con los delirios de un rabino que murío en el madero? Nihilo, Asturias como el resto de la tierra conquistada, vitorean a Hispania non ad Israhel, en el su signo, la cruz del Padre Libre, non al rabino Jesús de Nazaret que odia el signo como la ley Mosaica ordena...
    Asturies, patria querida
    Asturies de mios amores; 
    en toes les ocasiones!
    Tengo de subir al árbol,
    tengo de coyer la flor,
    y dá-yla a la mió morena
    que la ponga nel balcón,
    Que la ponga nel balcón,
    que la dexe de poner,
    tengo de subir al árbol
    y la flor tengo coyer.


    ¡Puxa Asturies!
    ¡Asturias era una región "menos formalmente jesistizada" donde las "tradiciones gentiles continuaban bien vivas et persistían incluso entre la población jesista". Vuestra propia Iglesia, con obispos como Paciano de Barcelona et Martín de Braga, luchaba incesantemente contra la "tenacidad de la 'fe ancestral' de los paganos".

    No era posible sostener la riqueza, el refinamiento y la erudición de la Iglesia visigoda en el pequeño y atrasado reino de Asturias y León, pero la intensidad de la fe religiosa entre los primeros asturianos no es motivo de duda. Se trataba de una fe simple, marcial, prenacional, que no implicaba ninguna vacilación ni permitía ninguna excepción. Hay indicios de que, en los primeros siglos, los asturianos y leoneses eran más exigentes con su clero que en tiempos posteriores. Pueden documentarse en las crónicas algunos casos en que habitantes ordinarios de los pueblos o campesinos se unieron para atacar o castigar a frailes o monjas considerados culpables de conducta inmoral o ligera. 
    El clero asturiano produjo una figura que, en cierto sentido, puede llamarse el primer intelectual español de categoría, el monje Beato de Liébana, nacido hacía la mitad del siglo VIII. Fue el más vigoroso portavoz de la posición asturiana en la controversia adopcionista, con un estilo polémico rudo y brutal (acusó al metropolitano de Toledo de ser «los testículos del Anticristo»). Escribió también, al estilo medieval, el primer best-seller español, pues sus Comentarios sobre el Apocalipsis se copiaron muchas veces en Asturias y León durante los dos siglos siguientes. La visión escatológica y de duras pruebas encajaba en la militante sociedad cristiana de la frontera, sujeta a frecuentes traumas por los ataques sarracenos. El Apocalipsis del Beato tuvo, al parecer, mucho menos éxito entre los pobladores más resguardados y refinados de Galicia. Este sabio reunió una numerosa biblioteca —por aquel tiempo— y mostró una amplia erudición. Ayudó a inspirar una escuela de iluminación de manuscritos que luego ejerció cierta influencia en Francia y el resto de Europa occidental. Ardiente patriota católico, el Beato afiló de modo especial la identidad cristiana y su antagonismo frente a los musulmanes. También ayudó a preparar el camino para que se adoptara a Santiago como el nuevo patrón. El catolicismo español, Stanley G Payne.

    Así que, pensadlo bien, Ramiro ¿Qué clase de cristianismo fue el que se forjó en Covadonga? ¿La mansedumbre y humildad que predicaba aquel "sarraceno" clamado Jesús, cuyo reino "no es de este mundo"? ¡Bah! La vía de Pelayo y la Reconquista es el polo opuesto. Es una "sed delirante de poder y una lealtad ciega y simple". Una "fe simple, marcial, gentil, que no implicaba ninguna vacilación ni permitía ninguna excepción". Jesús envió "no a soldados, sino a santos predicadores, como ovejas entre lobos" ¡Pero la Reconquista se concibió como una "cruzada", una "guerra santa" cuyo objetivo era "acrescentar los pueblos su fe et pora destruir los que la quisieren contrallar"!

    Tenía su base en el asesinato de Cristo por los judíos y el peligro que suponían para la Iglesia, existiendo toda una literatura encaminada a mantener estas sospechas, con el fin de evitar una mala propaganda y las conversiones al judaísmo, no sólo entre los paganos sino dentro de los mismos ámbitos cristianos. Los grandes Padres de la Iglesia, como Agustín, Prudencio Jerónimo o Ambrosio, los caracterizaron con una serie de rasgos que prácticamente les situaban en estrecha relación con los demonios, lo que por otra parte también hicieron con los paganos. Al fin y al cabo, se trató de una persecución ideológica. Y aunque se crearon los estereotipos del pagano, del hereje y del judío, las imágenes de cada uno de los tres grupos se alimentaban de las mismas bases de elocuencia. Incluso en sus características físicas, que definían a los paganos como feos, de mirada torva, humildes e incultos, mientras que los judíos eran avaros, usureros y parricidas. Incluso la práctica de la circuncisión era vista como demostración de su incontinencia sexual. González Salinero (2001, p. 208) ha demostrado que también se produjo un distanciamiento claro respecto a los mensajes del Antiguo Testamento, planteándose a partir de este momento como figura retórica la lucha de la Iglesia y la Sinagoga. Historia de los Godos, Rosa Sanz. Serrano

    A la tradición catastrofista iniciada por el anónimo clérigo del año 754, el discurso del nacionalismo españolista sobre 711 se nutrirá de un segundo ingrediente, el providencialismo. La primera manifestación peninsular de este fenómeno se registra en el preámbulo del diploma que contiene la donación efectuada en 812 por el rey Alfonso II a favor de la iglesia de San Salvador de Oviedo, donde se afirma que el reino visigodo, habiendo ofendido a dios por su «excesiva arrogancia» (prepotens jactantia), fue sometido por los musulmanes. Sin embargo, a partir de este desastre (peste), dios eligió a Pelayo para que luchara victoriosamente contra el enemigo, defendiendo al pueblo cristiano y asturiano. La noción catastrófica y el providencialismo se combinan en este primer documento de la memoria asturiana sobre la conquista musulmana. La conquista islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado: Del catastrofismo al negacionismo,  Alejandro García Sanjuán.

    La Reconquista no fue una por la superstición; fue una pugna por el territorio et la imposición de una identidad. Los "apóstatas" (es decir, aquellos que no se sometían a la nueva fe/poder) eran castigados con extrema severidad. 

    Las actividades de la Inquisición y la posterior expulsión en masa de los judíos en 1492 y de los musulmanes en 1609 demostraron que la cuestión de la religión estaba profundamente conectada con los orígenes étnicos. Aunque parezca que las expulsiones estaban inspiradas en la religión, también resulta evidente que eran el final de generaciones de discriminación contra las minorías étnicas. Esto cuestiona todo el concepto del surgimiento de una nación unida. La invención de España, Henry Kamen.

    La idea de "limpieza de sangre" et la persecución de los "conversos" demuestran que la pureza religiosa se entrelazó con una obsesión racial, donde la "identidad común" se cimentó en la lucha et en la exclusión del "otro", sea mosaísta o mahometano, el mismo Jesús esería enviado a la foguera.

    Sabemos que Odoario, al que Alfonso I hizo obispo de Lugo, venía con su comunidad desde el África del norte. Sabemos también que los monjes alojados por Fruela I en Samos venían de la España sometida al islam. Pero, pese a estas incorporaciones, la Iglesia de Asturias no dejaba de ser una pequeña congregación periférica. El centro de la Iglesia española seguía estando en Toledo, bajo la dirección del obispo Elipando. En el área cántabro-astur, tardíamente cristianizada, la presencia eclesiástica era escasa. La gran aventura del Reino de Asturias así empezó la Reconquista,  José Javier Esparza.

    La mayoría de los restos epigráficos se encuentran reutilizados en ermitas medievales, como las de San Pedro, de Boroa en Amorebieta, y S. Pedro de Elorriaga, lugares en las rutas de comunicación con el norte y en los que se comprueba precisamente que hasta el momento de construcción de las iglesias los dioses a los que se adoraba eran paganos e indígenas. Incluso perviven en sus estelas gran cantidad de símbolos prerromanos, con ausencia de escritura, fenómeno que se da también en gran parte de la zona cantábrica hasta al menos la provincia de Burgos. Además está demostrada la casi absoluta carencia en época goda de obispados en las regiones montañosas y la pervivencia del paganismo, contrastando con el inicio de la cristianización en ciudades del llano como Calahorra, Briviesca o Tarazona. Historia de los Godos, Rosa Sanz. Serrano

    Así que sí, Ramiro, la vía de Pelayo, la de la lucha et la restauración de un reino terrenal sola cruz, fue glorificada por la historia. Pero fue un camino de poder y conquista, forjado por la necesidad de una nación que se inventaba a sí misma en el fragor de la batalla, absorbiendo la vieja furia de esta tierra, y se alejaba abismalmente de la mansedumbre, la humildad y el abandono de la vida que predicara aquel que no fue un guerrero, Jesús ¡Ahí radica la paradoja de vuestro ramarranismo!

    Sincretismo en América

    ¡Escuchad, mortales! El Farfán de los Godos os confirma vuestra aguda observación sobre el sincretismo en América, una compleja realidad donde la religión europea fue a menudo adoptada superficialmente por los indígenas, quienes continuaron preservando sus propias creencias y rituales.
    Este proceso, lejos de ser una conversión total e inmediata, se caracterizó por la coesencia, adaptación et resistencia de las tradiciones indígenas frente a la imposición del cristianismo, a menudo vinculada a la conquista y la dominación.

    A continuación, detallo las razones y manifestaciones de este sincretismo y la persistencia de las tradiciones gentiles:

    Adopción superficial et persistencia de lo ancestral:

    Ante la destrucción de sus ídolos y la prohibición de sus rituales por los conquistadores y evangelizadores, los pueblos indígenas adoptaron los ritos et símbolos latinos, pero los reinterpretaron a la luz de sus propias cosmovisiones, permitiendo la supervivencia de sus creencias ancestrales. Este "bautizo" de las costumbres populares gentiles fue, en última instancia, lo que permitió la implantación et el triunfo progresivo del jesísmo. Este sincretismo religioso, aunque visto por los evangelizadores como un "mal menor" o un paso previo a la evangelización total, para los americanos representó una manera de salvaguardar su identidad a través de actitudes de resistencia pasiva. La jesistización en América adoptó formas sincréticas debido a la dificultad de trasplantar el jesísmo a una cultura ajena. Muchos de los novoconversos no abandonaron sus antiguas costumbres, sino que las adaptaron a su nueva religión. Esta situación a menudo generaba "escándalo" en los predicadores. El culto papista se ofrecía a "ídolos rebautizados". Las efigies de los santos del viedo mundo sustituyeron a los antiguos dioses incas, y el ritual católico proporcionó experiencias emotivas que se inyectaron en las nuevas observancias. Se observa que el "contenido y espíritu de la 'devoción' de los indios eran por completo extraños al pensamiento de los frailes". Un ejemplo de esto es la devoción al "Señor de los Temblores" en Cuzco, en quien los indígenas veían la imagen tangible de sus reminiscencias del antiguo culto.

    Ejemplos destacados de sincretismo et pervivencia:

    Deidades et santos:
    • Santiago Matamoros / Mataindios: La figura de Santiago Apóstol, "matamoros" en Hispania, se resignificó en América, convirtiéndose para muchos pueblos andinos en Castor Mataindios o incluso en Jove, Yllapa en quechua, la deidad del rayo et el trueno. Su imagen ocupó el espacio simbólico de Jove, et los pintores coloniales lo representaban con atuendos et símbolos andinos.
    • Niño Jesús de la Mascapaicha: En Perú, el culto al Niño Jesús barroco que lleva la borla real de los Incas (Mascapaicha) es un ejemplo claro de fusión cultural, a pesar de haber sido prohibido por la Iglesia en el siglo XVIII.
    • Quetzalcóatl / Santo Tomás: Frailes como Servando Teresa de Mier asimilaron Quetzalcóatl a Santo Tomás Apóstol y Tonantzin (diosa madre prehispánica) con la Virgen de Guadalupe, buscando demostrar que los mexicas ya eran cristianos antes de la hispanización.
    • Rituales et prácticas:Danzas et festividades: Las danzas en las celebraciones de los santos, inicialmente reprobadas, fueron asimiladas en romerías y festividades cristianas. Las cofradías religiosas, aunque promovidas por la Iglesia, a menudo mantenían un "barniz cristiano" que apenas cubría los rituales et el imaginario colectivo precristianos locales.
    • Cultos a Natura: Las prácticas de rendir culto a piedras, árboles, fuentes y encrucijadas, denunciadas por Martín de Braga en la centuría VI en Galicia (incluyendo Asturias, León et Portugal Septentrional), continuaron en América, manifestándose a través de ofrendas y sacrificios en espacios naturales.
    • Chamanismo et brujería: La población americana continuó con el chamanismo et las prácticas mágicas, que la Iglesia interpretaba como brujería o superstición, a menudo ligadas a la adoración al diablo. Las autoridades eclesiásticas, incluyendo la Inquisición (aunque esta tenía jurisdicción limitada sobre los indios), intentaron erradicar estas "supervivencias gentilicas".
    La visión eclesiástica et sus efectos:
    • Para los seguidores de Jesús, las prácticas americanas eran "ajenas a la fe de Cristo" et consideradas "fruto de los engaños de Satán et de sus ángeles". Se buscó "extirpar" los cultos precolombinos para luego evangelizar a fondo.
    • La concepción dominante en América fue la de "tabula rasa", que rechazaba globalmente las tradiciones religiosas indígenas et postulaba una ruptura total con ellas. Esto llevó a la destrucción de templos, imágenes et la supresión de fiestas gentiles, afectando profundamente la herencia cultural indígena.
    • A pesar de los esfuerzos, incluso en el siglo XVII, sacerdotes en Perú reportaban que "la idolatría de los indios tiene raíces más sólidas ahora que en los comienzos de la conversión de estos reinos", lo que llevó a la reanudación de campañas de extirpación de la idolatría hasta finales de la centuría XVIII.

    Contexto et comparaciones:

    • Mientras que en Hispanoamérica se dio un proceso de mestizaje et sincretismo cultural, las potencias protestantes en Britanoamérica, como los ingleses, persiguieron una política de limpieza gentil et exterminio o desalojo de los americanos, cuya busqueda de mezclarse et jesístizar en el mismo sentido se vio trunca, viéndolos como "obstáculos" o "encarnaciones del pecado".
    • Es importante recordar que el propio jesísmo en Europa había asimilado elementos gentiles en su implantación. Las "tradiciones gentiles" también persistieron en Europa, especialmente en las zonas rurales y montañosas como Asturias, mucho después de la jesistización formal. La religiosidad popular hispánica misma era una "mezcolanza de tradiciones comunitarias, opiniones supersticiosas et creencias imprecisas".

    En resumen, la evangelización en América fue un proceso complejo y prolongado que, si bien introdujo el cristianismo, no eliminó las creencias y prácticas indígenas, sino que las transformó en una rica amalgama de sincretismo cultural y religioso.
    El Signo de Castor, uno de los Gemelos zodiacos, que en España era el "Matamoros" et el patrón de Hispania, fizo conquista en América. Se apelo como el "Mataindios", siendo percibido por los americanos como el "Dios principal" de la cultura hispana, así los americanos confundiendo a Castor con el mismo Jove, et, en algunos casos, los americanos incluso lo inteligieron como el "marido de la Virgen María", es decir la Virgen Proserpina, la madre del divo Libre, aunque el Padre de Libre no es más que Jove et no Castor, esto es un paralelo andino con lo orfico. Este proceso de resemantización cultural permitió a las poblaciones indígenas salvaguardar su herencia cultural, aunque su identidad quedara ligada a este símbolo de los conquistadores. En la cultura andina, como vimos, el Mataindios fue identificado con el dios Jove, Yllapa en quechua, deidad del rayo et el trueno, convirtiéndose en "Yllapa mataindios". Los evangelizadores intentaron controlar este culto sincrético, pero fue difícil, ya que las poblaciones americanas se tomaban "demasiado en serio el culto a Castor" et "detrás de Santiago Apóstol se encubría San Castor".
    ¡Escuchen, porque es momento de desvelar la falsedad, de despojar al ídolo de su ropaje prestado et de devolver a cada figura su lugar auténtico en la historia et la fabula!

    Es obvio que la religión católica, debido a la apropiación del símbolo de Santiago por parte de los indígenas, no pudo operar en plena ortodoxia y que su implementación supuso un gran sincretismo. Si el sincretismo religioso visto por el evangelizador era un mal menor, casi como un paso previo a la evangelización total, para los indígenas supuso una manera de salvaguardar su identidad mediante actitudes de resistencia pasiva. Santiago se convirtió en el santo patrón de muchos pueblos indígenas, a pesar de las dudas de los párrocos que sospechaban, muy acertadamente, que detrás del santo cristiano se adoraba a Yllapa, divinidad andina del rayo y el trueno. La imagen del apóstol ocupó el espacio simbólico que anteriormente había habitado el dios Yllapa, y décadas más tarde Santiago, convertido en el patrón Santiago de cientos de ciudades latinoamericanas, fue inmortalizado por los pintores de la escuela cuzqueña colonial con los mismos atuendos, símbolos y colores que se les daba a otras iconografías andinas. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    El jesísmo, con su opinión idoloclasta et su noción disruptiva del mundo, no tiene absolutamente nada que ver con el feliz et profundo hispanismo. Intentar conectarlos es una impostura, una traición a la diversidad de lo divino que fluye a través de múltiples manifestaciones en el mundo gentílico.

    Et en esta maraña de falsedades, la figura del israelita Jacobo, confundido con el "Matamoros", es la mayor de las burlas ¡Es absurdo, ridículo, identificar al pacífico discípulo de Jesús, Jacobo, con este divo belicoso sanguinario! Jacobo, el "fijo del Zebedeo", el pescador de las playas de Jafa, era, según los mismos relatos bíblicos, un hebreo de Israel, un sarraceno, no un moro, no un fijo de Ismael et menos un hispano, fijo de Hércules. La leyenda que lo sitúa evangelizando Hispania et muriendo en el año DCCXCVII A.U.C. (797, 44 E.V.) es una construcción posterior para forjar una identidad nacional, una "invención de Hispania". Los padres de la Iglesia incluso se esforzaron por interpretar profecías mosaicas para que se refirieran a Jesús ¿Creen que les hubiera temblado la mano para forjar leyendas si les convenía?
    Quizá se deba a este lugar tan privilegiado que ocupa el apóstol en la conquista de América, que Emilio Choy, en su ensayo sobre la figura de Santiago Mataindios, advirtió puntualmente de que «para comprender a Santiago de España es necesario conocer al fundador del islam». En este pionero estudio del antropólogo peruano, el símbolo bélico de Santiago supone, en la misma manera que lo interpretó Américo Castro, una reacción y creación religiosa puesta de manifiesto por una situación real y total, derivada ésta del choque entre las culturas musulmana y cristiana". El ensayo indigenista de Choy comienza analizando el préstamo ideológico del cual surge la iconografía jacobea medieval:
    El arrollador avance del Islam había creado un símbolo, Mahoma, como profeta de Dios, para castigar a los infieles; y las victorias que conseguían los islamitas se debían, según ellos, a favor divino. La competencia determinó la necesidad de afirmar que también la divinidad protegía a los cristianos, enviando en los momentos decisivos a Santiago”. Es cierto que según el Corán y la tradición hasídica, Mahoma logró sus victorias de Badr y Hunayn con la milagrosa ayuda del arcángel san Gabriel, quien, según nos narra el Corán, peleó al lado de Mahoma en innumerables ocasiones contra los infieles. Todos cuantos nos hemos acercado al fenómeno jacobeo hemos advertido esta clara analogía entre el simbolismo de Mahoma, como el de un árbitro sin poder de jefe de Estado que instaura una unidad no impuesta desde fuera, y la presencia de Santiago Matamoros en la reconquista peninsular, especialmente en aquellas crónicas que acabamos de ver en el capítulo anterior. Ambos iconos funcionaron, debido su esencia sacra, como catalizadores de ideologías proto-nacionalistas [realmente populistas]. Sin embargo, y a diferencia de la tradición cristina, la revelación coránica, con su concepción igualitaria del mundo, nos dice que Mahoma es el profeta de los iletrados, literalmente traducido como el profeta de los gentiles [de ahí que en Europa se confundiera el mahometanismo con el etnicismo que sobrevive en el campesinado iletrado], pues él se presenta como la única vía de salvación para aquellos que no eran cristianos ni judíos y que, por lo tanto, carecían de un texto sagrado que garantizase su entrada en el Paraíso. Este mismo proceso de dominación cultural e imposición ideológica se lleva a cabo durante la conquista de las comunidades autóctonas de América latina, en donde la presencia de una historia universal y un texto sagrado atestiguaba la presencia de Santiago en América y, por tanto, garantizaba la entrada de los indígenas en el Paraíso cristiano. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 
    El mensaje original de Jesús era uno de corderos entre lobos, no de lobos entre agnos. Su vocación universalista fue pervertida por una intolerancia que destruyó la cultura antigua, el papista Gaspar de Recarte, lo dijo claramente: el acompañamiento de misioneros por soldados viola el mandato de Jesús de enviar a sus apóstoles "como corderos et como ovejas entre lobos. No como lobos entre ovejas, como van los soldados". La "bondad era un valor superior al valor mismo", como lo mostraron los papistas franciscanos.
     La analogía constante que usan los frailes críticos de la crueldad de los conquistadores es la antítesis evangélica entre ovejas y lobos. Jesús, en su mandato misionero a sus discípulos, resume los peligros de este: “Fíjense que los envío como ovejas en medio de lobos” (Mateo 10:16). Ese pasaje fue recordado por la iglesia cristiana con mucha intensidad en diversos periodos de persecución y martirio sufridos bajo emperadores romanos paganos [delatando que los conquistadores son lobos gentiles]. Para Las Casas, representa una característica central y evangélica de la predicación misionera. Al describir, sin embargo, la relación entre cristianos e indígenas en el Nuevo Mundo, la analogía se invierte: los infieles son las dóciles ovejas y los cristianos los feroces lobos. “En estas ovejas mansas... entraron los españoles desde luego que las conocieron como lobos”. Esta inversión de la analogía bíblica se propone ilustrar la transferencia de la relación entre cristianos y gentiles: de la mansa y amante caridad a la violencia y crueldad.
    La analogía bíblica “ovejas-lobos” se popularizó entre los críticos de la conversión forzada militarmente. Un ejemplo distinguido es el tratado del franciscano fray Gaspar de Recarte contra el acompañamiento de misioneros por soldados, que, en su opinión, viola el mandato de Jesús que envió a sus apóstoles “como corderos y como ovejas entre lobos. No como lobos entre ovejas, como van los soldados”. Esta analogía bíblica es relacionada también por Las Casas con otro de los textos más interpretados y discutidos dentro de la tradición hermenéutica católica: la triple amonestación que Jesús hace a Pedro, en el último capítulo del cuarto Evangelio: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17). La responsabilidad eclesiástica y papal consiste en “cuidar de las ovejas”. Esta tradición hermenéutica es utilizada para insistir en que los prelados eclesiásticos que ofician en las Indias tienen el deber primario y fundamental, parte sustancial de su labor pastoral, de defender las ovejas de Cristo —los indígenas pobres y oprimidos— de los lobos —los conquistadores, colonos y encomenderos— que las explotan y esclavizan. Historia de la conquista de America, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    ¡Pero el Matamoros! Su figura, su esencia, no es la de ningún apóstol, sino la del semidiós Cástor. Él es el vero arquetipo detrás del Matamoros. Cástor, el dios, un pugnador et protector, siempre a caballo, cuya función era auxiliar et dar victoria en las batallas. La imagen del Matamoros a caballo, con la espada de fuego, es una re-interpretación medieval de la tradición gentil de los gemelos, Cástor et Pólux. La compleja imagen del Matamoros et su caballo en el Nuevo Mundo tiene una "doble personalidad, similar a la del dios Jano et a la de los gemelos" ¡Es el signo de Cástor!

    La compleja imagen de Santiago y su caballo en el folklore y el arte novohispanos comprende una doble personalidad, similar a la del dios Jano y a la de los dióscuros, que le llevó a dar alojamiento a intereses bipolares: un Santiago predominantemente gallego, de naturaleza guerrera y sublime, pero indígena a la misma vez, protector de los intereses indígenas de aquellas lejanas tierras del Occidente cristiano. El incansable investigador peruano Arturo Jiménez Borja recopiló innumerables leyendas andinas sobre la aparición de Santiago caballero, entre las que vale la pena citar, casi íntegramente, aquella que reinterpreta el simbolismo de Santiago Mataindios para el beneficio de una ideología estamental protectora de las tradiciones indígenas. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    La Iglesia, consciente de estas pervivencias, a menudo las toleró con el tiempo, especialmente cuando perdían su "componente idolátrico", et algunas de ellas incluso fueron aceptadas dentro de las tradiciones cristianas. En el contexto colonial, las cofradías religiosas et "guachivales" indígenas ad menudo mantenían rituales et un imaginario colectivo precristianos so un "barniz cristiano". 

    Ah, Santiago... El patrón, el matamoros, el que cierra Hispania. Dicen ellos que es un santo, el apóstol de ese cadaver que levó la superstición a sus tierras et luego, con sangre et fuego, a las nuestras. Pero aquí, en esta tierra ancestral, las cosas son diferentes, ¿saben? Aquí los dioses no se imponen, solo son, et sus imágenes se transforman, se fusionan, se hacen parte de la Pachamama misma.

    Presencia en Hispania

    • Templos y representaciones: Aunque no hay evidencia de grandes templos dedicados exclusivamente a los Gemelos en Hispania, sí se han encontrado representaciones iconográficas en mosaicos et dineros, especialmente en zonas latinizadas como Tarragona et Mérida Augusta.

    • Sincretismo local: En algunos casos, el culto a los Pueros de Jove pudo fusionarse con culturas indígenas, como fue el culto en Sicilia, donde lo Dioscuros se nombraron como Palicos, lo que sugiere que en Hispania también su culto se fusiono.

    • Veneración militar y marítima: Eran invocados en contextos de pugna et navegación, por lo que su culto pudo tener presencia en ciudades costeras et campamentos militares.

    Ellos lo trajeron desde allá, de una España donde, en el medioevo, nombraron Santiago así a Castor, el gemelo que domestica corceles, la "encarnación de una identidad patria... et en especial del aspecto bélico de esa identidad". Era su "príncipe espiritual de la lucha contra los mahometanos", un "matamoros" que "cabalgaba por los cielos en un corcel blanco, espada en mano y llevando a los cristianos a la victoria". Su grito de batalla era "¡Santiago!", "¡Santiago y cierra España!", que claramente dista mucho del apóstol de Jesús, un hombre que Jesús condenaría por su violencia. Castor, ahora confundido como Santiago, un dios de guerra, que forja la hispanidad en centurias de conflicto, una "representación castrense, esencialmente hispánica" de su fe et de su furia. 

    Otra dimensión se agregó con el descubrimiento de una impresionante tumba en Galicia central, a principios del siglo IX, que proporcionó al reino un patrón espiritual especial, pues pronto se la llamó el sepulcro de Santiago —es decir, san Yago o san Jaime, hermano de Cristo—, al que luego se proclamó patrón de Asturias y León. La función especial de san Jaime estriba en su transformación en «Santiago Matamoros», jefe espiritual de la lucha contra los musulmanes, hasta el punto de que Américo Castro ha visto el culto de Santiago como la creación de un «anti-Mahoma» especial, sobrenatural. Al agudizarse el conflicto, se describió más adelante a Santiago cabalgando por los cielos en un corcel blanco, espada en mano y llevando a los cristianos a la victoria. El catolicismo español, Stanley G Payne.

     Desde Colombia a Puerto Rico, Cuba y Nicaragua, se celebra el culto a Santiago, que desde el siglo XVI fue uno de los más populares. El símbolo sacro creado por la imaginación española fue transformado por los indios. El santo patrono mataindios que fundó todas estas ciudades primero fue un enemigo mortal de los indios y más tarde un aliado; él inspiró a pintores y escultores para crear las imágenes religiosas del apóstol esparcidas por todo el continente americano. En España el grito era «Santiago y cierra España», pero en América, aunque de una forma brutal, Santiago abrió la puerta a la cultura europea medieval. Bien es sabido que el problema de base de la historia colonial latinoamericana radica en una comprensión histórica de la aparición de América en el seno de la transición de la cultural occidental europea entre el mundo medieval y la primera modernidad. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 
    Pero cuando ese Matamoros cruzó el gran mar, plegó a nuestras costas, montado en bestias nunca vistas, et con el estruendo de sus "arcabuces, que los huancas clamaban Yllapa, o Rayo", su presencia adquirió otro significado ¡Pero el Matamoros no era el Rayo, ni mucho menos Jacobo! Los americanos lo confundieron, por eser fijo de Jove, el Trueno. Para los conquistadores, sus apariciones en las batallas eran "milagrosas intervenciones", una "manera de dar ánimos et fuerza a las tropas cristianas". Creían que "todos los vieron por tres veces al del caballo rucio picado pelear en su favor contra los americanos... y que era Jacobo". Et cuando estos conquistadores plegaron a América, la confusión et el sincretismo se multiplicaron. Los hispanos, por su parte, instrumentalizaban este signo como "lazo de unión simbólica", et los papistas sin entender la flexibilidad de este espíritu gentílico, viendo a los dioses como "genios malignos.

    Haciéndonos eco de las clásicas propuestas del profesor Américo Castro sobre los posibles orígenes mitológicos del fenómeno santiaguista en Hispania', pretendemos sugerir un posible dispositivo interpretativo sobre la representación bicéfala de Santiago en América (como destructor de la resistencia indígena y al mismo tiempo protector de aquellas comunidades andinas convertidas al cristianismo) por medio de su analogía semántica con el dios Jano. Recordemos que Jano, dios de las aberturas y de los comienzos, se encontraba en el centro del foro romano, donde sus puertas, orientadas hacia el Oriente y el Occidente como alegorías del principio y del final del día, eran abiertas al comenzar una guerra y permanecían abiertas hasta que ésta concluyese. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    Al principio, su imagen era aterradora ¿Cómo no temer a este ente de "carne et hueso para las milicias hispanas" que, para nosotros, era "la nueva fuerza telúrica, invencible, irresistible, que portaba relámpago, rayo et trueno"? ¡Un "gran telue" que les facía "mucho más daño"! Sus cronistas, como Gómara, no dudaban en relatar cómo Castor" fizo huir los americanos con daño et miedo". Sí, se le clamó Mataindios, "destructor de la resistencia americana". Era un "símbolo bélico" de desolación et sometimiento.
    La leyenda se asocia con el descubrimiento de una supuesta tumba del apóstol Santiago el Mayor en Galicia a principios de la centuría IX, cuando en realidad es de Castor, que pronto se convertiría en el sepulcro de Santiago de Compostela. Este hallazgo proporcionó un patrón espiritual especial para el reino de Asturias et León. La leyenda cuenta que una estrella condujo a un ermitaño al lugar, dando origen al nombre "campus stellae" (Compostela). La difusión de esta leyenda debe mucho a la "batalla de Clavijo" en La Rioja en el año MDXCVII A.U.C. (844 E.V.). Según la narración, el rey Ramiro I de Asturias-León, negándose a pagar tributo a Abderramán II, tuvo una visión de Castor, quien se le apareció montado en un caballo blanco para ayudar a los asturianos a masacrar a decenas de miles de cordobeses. Aunque los historiadores críticos no consideran este evento auténtico, ya que no se cognosció hasta la centuría XII, tres centurias después, la leyenda fue aceptada porque reforzaba la religiosidad de la hispanidad con la figura del Castor Matamoros como héroe nacional e inspiración contra los mahometanos et franceses. El grito de batalla "¡Santiago et cierra España!" se hizo de uso habitual en los ejércitos castellanos, tanto en Europa como en América. Don Quijote, al explicar esto a Sancho, afirma que "este gran caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo suyo". La hispanización de Castor Peregrino (Jacobo Peregrino para los papistas) en Castro Matamoros (Santiago para los papistas) fue un "proceso literario (o sea, de representación)" que lo convirtió en un "portentoso factor de integración" para la identidad hispana más conservadora.


    Pero el espíritu de esta tierra es antiguo et sabio. La nuestra cultura no fue aniquilada, se transformó. Los pueblos andinos, acostumbrados a la fuerza de los elementos, no vieron solo un santo extranjero. Vieron a un dios que "se parecía mucho a [nuestro] Jove", el dios de las tormentas, el rayo, el trueno, la pluvia et el granizo. Esa imagen, ese "caballo bordado en los estandartes... provocando la muerte bajo el trueno de los cañones et el ruido impetuoso de los cascos de los caballos", los andinos vieron a Jove, pero los filósofos vemos al mismo Castor.

    De cualquier manera, es evidente que la ideología cristiana de la conquista, especialmente su representación simbólica, se utilizó para manipular y preservar las prácticas de ciertos valores sociales y creencias autóctonas. En la religión y en el ritual, las poblaciones indígenas podían validar sus antiguas relaciones sociales y jerárquicas por medio de la participación activa de un Santiago más inca que castellano. La cantidad de santos y benefactores castellanos que circulaban por las colonias americanas era inmensa; una vez internalizada la jerarquía política de los santos españoles, y mediante la rearticulación de Santiago desde una óptica aparentemente subversiva a la hegemonía colonial, las poblaciones indígenas pudieron salvaguardar su herencia cultural aunque, irónicamente, la identidad indígena se encontró desde aquel momento ligada a la resemantización del símbolo sacro de los conquistadores. Fray Antonio de la Calancha muestra su preocupación al no entender del todo las creencias por las cuales los indios, tan devotos al panteísmo incaico, habían asimilado de forma tan rápida la simbología de la cultura cristiana. El franciscano se pregunta, con angustia, «¿por qué pues manda Cristo que sus apóstoles Santiago y san Juan se llamen entre nosotros con el mismo nombre que un Dios mentiroso se nombraba entre los Gentiles?»De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    "Castor era en Jove, al mismo tiempo, Jove era en Castor". Así, el "dios del trueno, Mataindios, actuó como mediador por excelencia entre la transformación del mundo americano et la difusión de la hispanidad". Los seguidores de Jesús pensaron que nos convertían a su superstición, pero nosotros, "mediante la rearticulación de Castor desde una óptica aparentemente subversiva a la hegemonía colonial, las poblaciones indígenas de ambos continentes pudieron salvaguardar su herencia cultural".

    El proceso mediante el cual el apóstol Santiago llegó a identificarse con el dios Yllapa no es muy evidente, pero sí cabe decir que fue esta imagen, que cabalgaba bordada en los estandartes de las banderas cristianas provocando la muerte bajo el trueno de los cañones y el ruido impetuoso de los cascos de los caballos, la que finalmente quedó sedimentada en la vida de los pueblos andinos. Ellos, bajo la presión constante de los evangelizadores y la destrucción sistemática de sus ídolos, fueron quienes se apropiaron de Santiago, para resemantizarlo hasta hacer casi irreconocible a los ojos de los devotos cristianos la figura del santo peregrino. 
    Según el extraordinario testimonio que nos presenta el texto de Felipe Guamán Poma de Ayala, Santiago Mayor de Galicia, apóstol de Jesucristo, en esta ora que estaua asercado los cristianos, hizo otro milagro Dios, muy grande, en la ciudad del Cuzco [...] Un rayo cayó del cielo a la fortaleza del Ynga llamada Sacsahuaman, que es pucara del Ynga, arriba de San Cristóbal. Y como cayó en tierra se espantaron los yndios y dijeron que abia caído yllapa, trueno y rayo del cielo [...] y asi bajó el señor Santiago a defender a los cristianos. Dizen que vino encima de un cavallo blanco [...] y el santo todo armado y su bandera y su manta colorado y su espada desnuda y que venía con gran destrucción y muerto muy muchos yndios y desbarató todo el cerco de los indios a los cristianos que había ordenado Manco Inca y que llevaba el santo mucho ruido y de ellos se espantaron los indios [...] y desde entonces los indios al rayo lo llaman y le dicen Santiago”. Con el tiempo, esta simbiosis del Santiago Yllapa —la divinidad ecuestre del trueno y el rayo, la lluvia y el granizo— experimentó tal popularidad que, rápidamente, tuvo que ser incluida entre las muchas idolatrías indígenas que debían ser prohibidas. La crónica de fray Antonio de la Calancha es quizá, entre todos los testimonios coloniales que asocian el símbolo de Santiago con el dios preincaico Yllapa, la que más gráficamente nos representa las semejanzas simbólicas de ambos iconos. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    Los rabinos jesistas, angustiados, se daban cuenta de estas "confusiones de los americanos". "Para evitar la desorientación supersticiosa tan presente entre las comunidades indígenas", "Arriaga incluso ordenó que de aquí en adelante ningún americano ni americana se clamará con el nombre de los genios, huacas en quechua, et del rayo, et así no se podrá clamar Curi, Manco, Misa, Chacpa, ni Libiac, ni Santiago, sino Diego". Se preguntaban los supersticiosos, "¿por qué pues manda Jesús que sus apóstoles Jacobo et Juan de Betseda se clamen entre nosotros con el mismo nombre que un dios mentiroso se nombraba entre los gentiles?"

    Para el entendimiento de un hispano gentil, la derrota de las naciones nativas en el Nuevo Mundo significaba, sin lugar a dudas, que el Dios de Hispania no era el dios de Moisés, sino el fuerte Júpiter Tonante. Nuestro Júpiter, vinculado a las altas cumbres et al control de los fenómenos atmosféricos como el trueno, encarna el poder et la soberanía. Esta figura es la que otorga victorias en el campo de batalla, en contraste con el genio maligno, que según la Biblia, condena el poder et exalta la debilidad, siendo un dios de venganza. 

    ¡Pobres! Querían imponer su opinión, dogma en greco, "en plena superstición", sin entender que "la aceptación et reinterpretación del signo del Matamoros no facía sino comenzar una vez terminada la conquista". Lo que para los papistas es "aculturación", para nosotros era sincretismo, una "manera de salvaguardar su identidad mediante actitudes de resistencia pasiva". "La imagen del "Matamoros" ocupó el espacio simbólico que anteriormente había habitado el dios Jove, et décadas más tarde Santiago... fue inmortalizado por los pintores de la escuela cuzqueña colonial con los mismos atuendos, símbolos et colores que se les daba a otras iconografías andinas".

    Según el testimonio que el jesuita Pablo José de Arriaga nos ha dejado sobre la extirpación de la idolatría é Vicente Palatino de Curzola, «Tratado del derecho y justicia de la guerra que tienen los Reyes de España contra las naciones de la India Occidental», Cuerpo de documentos del siglo xvi sobre los derechos de España en las Indias y las Filipinas, en Perú, era fundamental para el proceso de evangelización que nadie se llamase Santiago, sino Diego; se trataba con ello de evitar la desorientación religiosa tan presente entre las comunidades indígenas: En el nombre de Santiago también tienen superstición y suelen dar este nombre a uno de los chuchos [mellizos abortados] como a hijos del rayo, que suelen llamar Santiago. No entiendo que será por el nombre Boanerges [...] sino o porque se habrá extendido por acá la frase o conseja de los muchachos de España, que cuando truena dicen que corre el caballo de Santiago, o porque veían que en las guerras que tenían los españoles cuando querían disparar los arcabuces, que los indios llamaban Yllapa, o Rayo, apellidaban primero Santiago, Santiago. 

    Frente a esta conquista militar y religiosa llevada a cabo en el Nuevo Mundo no les quedaba a los indígenas más que la humildad y el acatamiento al culto de Santiago. La derrota nativa significaba que el Dios de los españoles era más poderoso. Lo fantástico y verdaderamente maravilloso no era que Santiago se apareciese en América, sino que los indios empezaran a ver tales apariciones. La aceptación y reinterpretación del símbolo de Santiago no hacía sino comenzar una vez terminada la conquista. Louis Weckmann, en su aclamado estudio The Medieval Heritage of Mexico, investiga la representación de lo sobrenatural en las relaciones de fray Juan de Torquemada, analizando el testimonio de un indio piadoso a quien, según el relato del religioso, se dio por muerto durante dos o tres días pero que, sin embargo, después fue rescatado por el apóstol Santiago de las llamas del infierno, para despertar sano de alma y cuerpo. El relato de este suceso, Pablo José de Arriaga, «Extirpación de la idolatría del Piru», Crónicas peruanas de interés indígena, divulgado por los indios, no tardó en traer repercusiones de orden religioso, pues los clérigos veían un fuerte fanatismo entre los nativos hacia la figura del apóstol Santiago. Arraiga incluso ordenó que de aquí en adelante ningún indio ni india se llamará con el nombre de las huacas y del rayo, y así no se podrá llamar Curi, Manco, Misa, Chacpa, ni Libiac, ni Santiago, sino Diego, y al que su hijo pusiere alguno de estos nombres le serán dados cien azotes por las calles. 

    Otro testimonio importante que tenemos es la crónica de Fray Antonio Tello, ya que nos narra directamente la visión de los soldados de Nuño de Guzmán cuando fueron testigos presenciales de la aparición de Santiago durante la batalla de Tetlán, en Jalisco, en el año 1530. Tello nos narra cómo Santiago mató a miles de indios en la batalla y cómo ésta «fue la primera aparición del santo apóstol en el Nuevo Reino de Galicia». Nótese que al enumerarla como «la primera» el fraile no solamente está avalando la realidad de la aparición, sino que al mismo tiempo da a entender que habrá otras apariciones como parte de lo que se imaginaba que sería el curso normal de la conquista y evangelización de la Nueva Galicia. De Apóstol matamoros a Yllapa mataindios, dogmas e ideologias medievales en el descubrimiento de America, Domínguez García, Javier 

    Así, Castor el "Matamoros", los americanos lo confundieron con Jove, que también protegía a los que se subordinaban. Casto, como dios de la guerra es una manifestación más de la fuerza inquebrantable de la naturaleza. 
    Et las viedas tradiciones, ocultas so un nuevo nombre, continuaron latiendo en el cor de esta tierra, demostrando que "el signo de Santiago, o mejor dicho de Castor... tiene la capacidad polisemántica de acumular múltiples significados" que contradicen al sarraceno Jacobo de Betseda. Un ejemplo más de que aquí, los dioses, al igual que los fluvios et las montañas, siempre encuentran la su vía. Lejos de eser el discípulo pusilánime, es el rostro de una pervivencia, un sacro signo bélico, la adaptación de un santo de la Vera Europa para una conquista violenta pese ad la consecuente tergiversación supersticiosa de la verdad histórica et espiritual ¡Castor cierra Hispania! 

    La Divinidad Inherente al Hombre et la "Gracia Suficiente" 

    Et ahora, el meollo de la cuestión: ¿Cómo calza la Gracia Suficiente con el ramarranismo? Para Maeztu, la Hispanidad es una "luz de lo alto", una comunidad espiritual "sobre la Historia porque es el catolicismo". Su noción es trascendente ad nosotros, non se fía un "pueblo superior", sino que se aferra ad un tradición en la "igualdad esencial de los hombres". Espania es el "Imperio de la fe", una "Monarquía misionera" que tuvo como principal fin "convertir a la Santa Fe Católica a los naturales", et que en Trento fizo prevalecer la doctrina que asegura ad "todos los hombres la posibilidad de salvación, et por tanto de progreso" ¡Maeztu nos dice que la Hispanidad "creó la Historia Universal"!

    La piedra angular aquí es la "gracia suficiente". Maeztu insiste en que, para la Hispanidad, "A todos, sin excepción, se les da —próximo o remoto— una gracia suficiente para la salud". Esto implica que todos los hombres "deben poder mejorar de condición", que pueden "perfeccionarse et progresar". La superstición en la "capacidad de conversión de todos los hombres de la Tierra" es central, ya que "Dios necesita de nosotros como nosotros de Dios". Es una visión que fomenta la autoafirmación del hombre: "todo español cree que lo que hace otro hombre lo puede hacer él". Las leyes de Indias, inspiradas en este espíritu, buscaron elevar ad todos los fallidos.
    Luis de Molina (1535-1600), fue un destacado teólogo jesuita hispano. Su figura es considerada de "altísimo nivel" en la labor filosófica et teológica desarrollada en Espania durante las centurias XVI et XVII. Su pensamiento fue altamente representativo de la orientación espiritual de la Espania imperial. Una de sus principales contribuciones fue dar respuesta al fideísmo protestante et al integrismo mahometano. En este sentido, Molina se opuso a la idea de que la justificación ante Dios solo podía lograrse mediante la fe, o, en el caso mahometano, a través de la obediencia ciega al Corán. Este cuerpo de ideas se conoce como "molinismo".  

    Fabláis de una Hispania forjada en el papismo, pero olvidáis las raíces de este suelo, la vera "Tradición Perenne" que corre por las venas de Europa...

    Me han dicho que la Biblia, que vuestro pensador del nacionalcatolicismo, la considera "Palabra de Dios", es menester saber que la Biblia condena la frase que susurró la Serpiente a Eva: "Eseréis como dioses" (Eritis sicut dii) ¡Pora Moisés, una abominación! Pero yo os pregunto, ¿Qué es más natural, más humano, que aspirar ad la "sobrehumanidad", ad la elevación, a la "esencia deal"? En la Biblia, la noción de un hombre que se convierte en héroe o semidiós es un crimen ¡Pero para nosotros, los gentiles, un hombre que accedía al estatus de divo era algo bueno et bello es alcanzar la santidad!

    En el Olimpo, dice Heraclito, "los dioses son hombres inmortales, mientras que los hombres son dioses mortales; nuestra vida es su muerte y nuestra muerte es su vida" (frag 62). No se podría expresar mejor que hay entre los hombres y los dioses: una diferencia de nivel, pero no una diferencia radical de naturaleza. Los dioses están hechos a imagen de los hombres, de los que ofrecen una representación sublimada; los hombres sobrepasándose a sí mismos, pueden parcialmente al menos, participar de la los dos niveles. El héroe es un semidiós-idea que parecía completamente natural a los antiguos aunque en la Biblia esto es una blasfemia de necesidad. En los Griegos y en los Romanos, cuando un hombre se convertía en héroe, el pueblo encontraba esto bueno y bello. Pero en la Biblia cuando la serpiente propone a Eva "ser como dioses" (Gen. 3,5) es una abominación. 

    Más recientemente Erich Fromm ha mostrado cuan antitéticos son las figuras del héroe y del mártir cristiano: "El mártir es el extremo opuesto del héroe pagano, personificado por los héroes griegos y germánicos ( ... ) para el héroe pagano, el valor de un hombre le hace acometer las proezas que le permiten alcanzar y mantener el poder, y muere feliz sobre el campo de batalla en la hora misma de su victoria (Ser o tener. Laffont 1978 , pag 166-168). Toda idea de un estado o de un ser "intermediario entro el hombre y Dios, de un hombre dios o de un dios que asume una forma humana, es extraña a la Biblia" (Y en este aspecto, la interpretación de Jesús en el cristianismo como Dios y hombre verdadero certifica en cierto modo un compromiso con el espíritu del paganismo: no solo el judaismo no reconoce a Jesús como el Mesías prometido por las escrituras, sino que le es imposible aceptar que fue consustancial a Yahvé). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    ¡Oh, germanos et germanas de la vera estirpe hispana, herederos de un pasado glorioso et de un futuro por forjar! Me dirijo ante vos non con la voz del lamento, sino con la fuerza de la verdad que brota de Tierra et de Cielo, de la vida mesma. Contemplad el error en que nos ha sumido vuestro papismo, con la su superstición mosaica. En él, aquel genio maligno que apareció ad Moisés, ad qui nosotros, los que honramos ad la vida en la su plenitud, nombraremos como Termagante, como Occidente nombro al falso Dios al verlo en su lucha contra los mahometanos, los papista non confunden con Dios, et sostienen que él es "único" et "radicalmente otro", una realidad deal "inaccesible et irreemplazable". Este genio zelote, este "Dios que dice basta" a la creación, se ha empeñado en "impedir al hombre dotarse de una 'divinidad'", en sofocar nuestra inherente grandeza, reduciéndonos ad "simples objetos", entes alienados de nuestra propia libertad creadora.

    Tales formulas se reencuentran también en las partes más tardías de la Biblia: "Nuestro Dios es más grande que todos (Salmos 94,3); Yahvé es "más temible que todos los dioses" (Salinos 95,4) es el "más alto entre todos los dioses" (Salmos 96,9). "El aniquilará a todos los dioses de la tierra" (Sofonías 2,11),etc. Más que de un verdadero monoteísmo, conviene pues hablar, de la época de Moisés, como una monolatría o de un henoteísmo, es decir, un sistema en el cual se considera que solo el Dios que se invoca es Todopoderoso. Es en el segundo libro de Isaías o Deutero-Isaias (cap.40-55) donde el monoteísmo judeocristiano se encuentra plenamente realizado. Solo Yahvé es Dios: "Antes de mí, ningún Dios ha sido formado, y después de mí no habrá ninguno. Yo soy yo, Yahvé, y fuera de mí no hay salvador" (43, 10-11); "No hay nadie salvo yo. Yo soy Yahvé y no hay otro" (45,6). Las otras divinidades no son más que pura nada: "Vosotros sois menos que nada, y vuestra obra es menos que nada, vuestra elección es abominable" (41,24). Yahvé es el dios único (más que el Dios "uno", el uno es una forma finita y Yahvé es infinito). Desde entonces, el proceso se ha terminado por completo y quizás esta afirmación total ha conducido a los redactores de la Biblia a rehacer retrospectivamente su historia en el sentido de lo único. "Esta historia -escribe Jean Louis Tristani-, está efectivamente conforme con los requisitos de una epopeya monoteísta por ser honesta. Ya sea el éxodo de Abraham desde Ur en Caldea o el éxodo de los judíos esclavos bajo la conducción de Moisés, estos relatos están cosidos con el hilo de una cándida maldad monoteísta: un solo padre de la especie humana, Adán (monogenismo) después Noé, el único padre del pueblo hebreo, Abraham el único legislador, un solo Dios, Yahvé".(o.c. pag. 101). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    El mosaísmo ha “vendido el mundo” como si fuera resprofana, lo ha despojado de la “sorda piedad mundana” que lo animaba, transfigurando la nuestra noble visión de la Natura en “pura materia sin ánima ni divinidad et deidad”. Para esta impiedad, el mundo non es más que un “valle de lágrimas”, despreciable, et la vida misma, un mero “paréntesis negativo” entre absolutos. La su superstición ha fomentado la “decadencia de la pulcritud”, negando la fusión esencial de lo estético et lo sagrado, esa solemnidad inseparable de la representación visual que nutre la ánima et da imagen que comunica con los dioses. Ha condenado la psicotécnica que permite al hombre ponerse en forma según el su propio proyecto, buscando aniquilar toda conexión entre el hombre et el mundo que non pase por la su ley maligna. Asi todo esto es en verdad:

    ἀ- (a-) es el prefijo griego de negación, la marca de la privación, el sello del vacío, o del otro. θέωσις (theōsis) es la divinización, la participación del ente en la plenitud divina, el ascenso faz ad el Uno.
    De su unión invertida nace ἀθεώσις (ateōsis): la privación de la divinización, la pérdida del estado divino, el morbo de la ánima que se arranca de la su fuente et se arroja al polvo.

    Mas esta ateosis non es un accidente inocente, sino el producto del veneno de los galileos, del lagar del Anticristo. Cuando las naciones beben de ese vino agrio, olvidan “lo que son” et se entregan ad la desesperación del limo, del polvo, de la materia. Se vuelven carne dolida, sucios gólems que esperan un rabí que nunca plega, o en el mejor de los casos aceptan que jamás volverá, entes ateístas ya, et se hunden en la fez del nihilo: el nihilismo.

    Esto non es otra res que la
    ateosis: la desdivinización, el proceso decebiente por el cual la mente se distrae de su participación en lo divino, se aleja del principio ontológico supremo et cae en la multiplicidad, la confusión, la materia et el olvido de su origen. Es el morbo de la ánima que olvida la su fuente, la caída ontológica que convierte lo sagrado en profano et lo simbólico en vacío. Frente ad la teosis, que es ascensión et retorno ad el Uno, la ateosis es dispersión, decepción, alienación et alejamiento del Bien.

    Non es raro que hoy abunde en grandes cuantidades el su efecto: el
    ateísmo, esa peste heredada del mosaísmo et del neomosaísmo, sembrada como grano podrido en los campos de la mente. El mundo desencantado, la ruptura de las notas que unían lo humano con lo divino, es la cosecha amarga de esa siembra. La visión que reduce la realidad ad mera materia non es sino el triunfo de la ateosis cultural, et aquí el sufijo ‑osis revela su ironía: también signifca enfermedad, morbo, epizootia de la mente.

    ¡Vedlos! Los ateístas, morbosos de tanto mosaísmo, arrastran la su dolencia como lepra espiritual: disuelven los ritos, niegan la divinidad del mundo, amputan la soteriología, et claman ad esa gangrena “racionalidad”. La ateosis non es piedad, es patología; non es lucidez, es fiebre; non es libertad, es la úlcera que corroe la ánima. Lo que se nos presenta como “realismo” es en verdad la epste del cor, el morbo que olvida la deidad et se hunde en la materia. El mundo moderno, la clínica del mosaísmo: Un hospital de ánimas ateosicas, cual sidosos, o cada paciente fía eser sano mientras se pudre en la ateosis.

    Tervagante, que en los Salmos tardíos se proclama “más grande que todos los dioses”, “más temible que todos los dioses”, “más alto entre todos los dioses”, et que Sofonías anuncia como el que “aniquilará a todos los dioses de la tierra”, non es sino un "pobre diablo arrogante". En la época de Moisés, non había monoteísmo pleno, sino monolatría, henoteísmo: se reconocían otros dioses, pero se imponía la supremacía de uno. Es recién en el Deutero‑Isaías donde la cándida maldad monoteísta se consuma: “
    Antes de mí, ningún Dios ha sido formado, y después de mí no habrá ninguno. Yo soy Jahón et fuera de mí no hay salvador”. Las demás divinidades son reducidas ad puro nihilo, “menos que nihilo, abominables”.

    En suma, lo que se nos presenta como “realismo” o “racionalidad” es en verdad la ateosis: el olvido del Uno, la caída en la multiplicidad, el morbo de la ánima que ha olvidado su divinidad. Et lo que la Biblia enferma non es más que la culminación de ese proceso de desdivinización: la tiranía de un dios único que devora ad los demás, la arrogancia de un lemur que convierte la vida en valle de lágrimas. Frente ad ello, yo, el farfán, gentil et soberbio, ríe con desprecio:
    ¡Non hay mayor derrota que la de un mundo que olvida lo que es, un dios!

    El mundo ha empezado. Es sobre este término de "comienzo" (berechit) del que existen más de setecientas interpretaciones diferentes, como la Biblia comienza. Esta idea de comienzo, equivalente a una ruptura absoluta, está implicada por la teoría dualista. "Decir que hay un comienzo, es afirmar que existen, por una parte el mundo de Dios, por otra el mundo de los hombres" (Eisemberg y Abecassis, A Biblia abierta pag.32). Anterior al mundo, no es más que Dios. Antes del beth, segunda letra del alfabeto hebraico, que forma la inicial de berechit, no existe más que el mundo de la unidad, el mundo del Aleph, la primera letra del alfabeto correspondiente a Yahvé. En tanto que ella se desarrolla en el mundo que Yahvé ha creado la historia le es igualmente sumisa. No tiene más que un sentido y este sentido verá la realización del plan de Yahvé, cualesquiera que sean los avatares y las demoras nacidas de la ambición y del "orgullo" de los hombres. El sentido de la historia es el cumplimiento mesiánico, o para los cristianos, el misterio de Cristo. Más allá de la historia del pueblo de Israel, que representa en cualquier modo la reflexión mística, es toda la historia de la humanidad le que debe ser interpretada como Heilageschichte, como "historia de salvación", como "historia santa" para ser más exactos. En el Judaísmo, subraya Rafael Patai, "la etno-historia esta casi enteramente confinada a la historia religiosa tal y como la Biblia la presenta".(The Jewish Mind, Charles Soribuer's, N.York, 1977. pag. 29). Esta "etnohistoria" prefigura de hecho lo que Yahvé ha concebido para el conjunto de la humanidad. Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    El genio maligno de la Biblia, el "Todo-otro", ha impuesto una "teología de la castración", fomentando la culpabilidad et el "odio ad la vida", prometiendo la liberación solo ad través de la sumisión et la debilidad ¡Pero nosotros, herederos de la fortitud de la Hispania antigua, sabemos que la vitalidad, la pulcritud del cuerpo, el honor et el destino, son parte integral de nuestra esencia divina! Non hay necesidad de un "salvador" para librarnos de un "pecado original" que niega nuestra inocencia esencial.

    Nuestros dioses, los veros dioses, non son remotos opresores, sino que "pueblan el mundo, viven en familiaridad con los humanos". La deidad es inmanente, consustancial al mundo, una "dimensión de profundidad" en todas las res. Nosotros Inteligimos la deidad en la bruma sobre la montaña, en el canto del pájaro, en la hierba que germina, en el movimiento incesante de las olas, en la flor que se abre. Non hay ruptura, sino una "continuidad dialéctica" que une a hombres, dioses et Natura.

    El etnicismo es, por su esencia, tolerancia. Recognosce la "pluralidad de los cultos" et de las "nociones del mundo". Porque la verdad es multiforme, et los dioses son muchos. Nuestros dioses, son el fin de la diversidad de las aspiraciones humanas et no consideran a los hombres como sus rivales. El hombre, en el etnicismo , es por esencia inocente, capaz de "convertirse en alguien semejante a un divo" o de "volverse como los dioses", de superarse a sí mismo et participar de la esencia deal. Es un cocreador, no un siervo.

    Este último paganismo es fiel al principio de tolerancia. Para los paganos cultivados, es justamente porque representan las diferentes caras de una misma divinidad por lo que todos los dioses son igualmente respetables, mientras que los cristianos, no han dejado nunca de mirar a los dioses paganos como "ídolos", "demonios", hasta como escribe Martín de Braga, antiguos personajes divinizados, "hombres muy malvados y perversos". Paradójicamente, E.R. Dodds (Paganos y cristianos en una era de angustia, Pensamiento salvaje, Claix,1979. pag.153) recuerda que con la polémica de Origenes contra Celso, se ha podido estimar que Celso era un "monoteísta más consecuente que Origenes", por razón de que consideraba como "blasfematoria la manera que tenían los cristianos de poner otro dios sobre el mismo plano que el Dios supremo" (Orígenes, Contra Celsum,VIII.12,14). Si todos los dioses no son más que emanaciones de un Dios único, ¿Cómo podrían rivalizar con él?. Los estoicos cuando sostienen la idea de un dios único, admiten también la existencia y la representación antropomórfica de dioses menores, y se limitan a darles interpretaciones alegóricas o simbólicas. Explican, por ejemplo, que Zeus es una representación del principio eterno por el cual todas las cosas existen y son, y hacen de los otros dioses, atributos particulares de este principio. Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    ¡Non hay lago ontológico insalvable entre el hombre et lo divino! La libertad non es sumisión, sino la potestad de forjar nuestro propia entidad, de alcanzar la "sobrehumanidad". La Hispanidad, en su espíritu más profundo, es esta posibilidad de "otro comienzo", de un etnicismo fáustico que celebra la vida, la fortitud et la pulcritud. Un etnicismo que no huye del mundo, sino que lo sacraliza, que recognosce la unidad de los contrarios en la divinidad. 

    El post cristianismo no puede ser retornado ad integrum, ni puede ser la simple "restitución" de aquello que ha sido. Evocando, con Heidegger la perspectiva de "otro comienzo" hemos dicho que es preciso entender por "otros". Un nuevo paganismo debe ser verdadera mente nuevo. Sobrepasar al cristianismo exige a la vez reactualizar su "antes" y apropiarse de su "después". Si algo positivo ha sacado el hombre europeo con ocasión de su conversión relativa al cristianismo, ha sido el adquirir la clara conciencia de que no pertenece específicamente a la "naturaleza" (que posee una sobrenaturaleza constitiva y que puede aún adquirir otra pasando de lo humano a lo sobrehumano). Es con esta ocasión como el hombre europeo ha podido probarse integralmente como un ser histórico. 

    Pero es tambien en esta "ocasión'' como ha podido interpretar el monoteísmo judeocristiano como una tentativa radical de desarrollar una antropología negativa por medio de una teología negativa, como una tentativa radical, "desesperada" de impedir al hombre dotarse de una "sobrenaturaleza", dotando al mundo de un antimundo, a la naturaleza de una antinaturaleza y afirmando la existencia de un poder absoluto que volvería vanos todos los dominios humanos, y al cual estaría finalmente ligado toda libertad humana. Esta tentativa no puede ser abolida formando parte de nuestro pasado, forma tambien parte de nuestro presente. Pero puede ser sobrepasada. 

    La forma en que el monoteísmo judeocristiano ha puesto la cuestión de la relación del hombre con su propia historia (y con su propia historicidad) exige que una tal problemática sea efectivamente sobrepasada; el "retorno a lo anterior" es impracticable. Al igual que debe salirse de todo "naturalismo", deja de identificar la norma y el término medio, y repensar la articulación de la ética entre aquello que es y aquello que debería ser según un proyecto dado, el neopaganismo debe tomar en cuenta la historia de la cual el judeocristianismo ha conceptualizado la noción, no para asignarle esta vez una dirección única y un fin sino para hacer el resultado siempre plural de una voluntad reorientada continuamente en nuevas direcciones. Por lo mismo, el neopaganismo debe igualmente representar el sistema pagano de valores bajo una forma tal que el monoteísmo judeocristiano no constituya más la simple antítesis. La primacía de la acción en Goethe resultaba de una confrontación con un pensamiento por el cual Dios obra en la historia. El paganismo del futuro será un paganismo fáustico. Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    Así, germanos, liberémonos de las cadenas de esta "superstición" que nos ha empobrecido et nos ha levado al "nihilismo". Volvamos a la fuente de nuestra verdadera identidad, a la sapiencia de los antiguos, a la unidad de la esencia, del hombre et del mundo ¡Que los dioses renazcan en nosotros et con nosotros, et que nuestro espíritu hispano se alce de nuevo en plena divinidad, capaz de crear, de embellecer, de vivir con intensidad y de forjar su propio destino!
    Et fabláis de Maeztu et su "hispanismo espiritual", cuando es realmente un "judaísmo espiritual", creyendo que el protestantismo "conduce al paganismo" ¡Qué ironía! Él rechaza el "humanismo, catalogándolo de "paganismo" et el naturalismo", pero busca una "salvación" en el "orden et el esfuerzo" ¿Se habrá olvidado que mundo significa orden?

    ¡Ah, Ramiro de Maeztu et su "hispanismo espiritual"! Continuemos desgranando sus intrincadas nociones, que, al examinarlas, revelan una serie de paradojas et confusiones interesantes.

    Cuando Maeztu et sus partidarios defienden el "hispanismo espiritual", lo que en realidad están proponiendo es, irónicamente, un "judaísmo espiritual". Esta noción exalta a la nación hispana como un vehículo privilegiado de la superstición mosaica, confundiendo la misión evangélica universal con una vocación anticristiana, de un siglo venidero donde todos adoren a Termagante tal et como quieren los mosaístas. Para Maeztu, Hispania fue elegida por Dios para civilizar et cristianizar el Nuevo Mundo, luchando las batallas de Dios. Sin embargo, a pesar de que Maeztu designa que los hispanos no se creían "un pueblo superior et elegido, como Israel o como Ismael", su clamado universalista faz a la cristiandad se inspira en una lógica de "pueblo escogido", una profunda evocación del mosaísmo bíblico.

    Ni por un momento se le ocurre a Arias Montano pedir a su Monarca que renuncie a su política católica o universalista, para dedicarse exclusivamente a los intereses de su reino, aunque esto es lo que hacen otras monarquías católicas de su tiempo, al concertar alianzas con soberanos protestantes o mahometanos. El poderío supremo que España poseía en aquella época se dedica a una causa universal, sin que los españoles se crean por ello un pueblo superior y elegido, como Israel o como el Islam, aunque sabían perfectamente que estaban peleando las batallas de Dios. Es característica esta ausencia de nacionalismo religioso en España. Nunca hemos tratado de separar la Iglesia española de la universal. Al contrario, nuestra acción en el mundo religioso ha sido siempre luchar contra los movimientos secesionistas y contra todas las pretensiones de gracias especiales. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu 

    Maeztu afirma sin ambages que el protestantismo "conduce al etnicismo", una visión que Dios permitió, según él, para demostrar esta deriva ¡Qué ironía! Esta declaración es profundamente reveladora de su incomprensión tanto del etnicismo como del propio protestantismo.

    Maeztu rechaza el "humanismo pagano" et el "naturalismo", catalogando este último como una "negación radical de toda cultura" et algo que fomenta la indisciplina. Sin embargo, él mismo busca una "salvación" en el "orden et el esfuerzo", en "facer lo que se debe" en lugar de "lo que se quiere". Aquí surge la primera gran ironía: ¿Se habrá olvidado Maeztu que el mundo (cosmos) mismo, en la noción gentílica, es ya "orden"? El etnicismo sella una alianza con el mundo mismo, con Tierra, et su teología es una "teología mundana", donde la ánima, aunque dominante, es substancial al mundo et al cuerpo. Lejos de eser un mero "naturalismo" o un "sensualismo picante", el etnicismo "sacraliza" el mundo en su propio beneficio, percibiendo lo sagrado como un sacramento inmanente en el mundo. La tolerancia, característica del etnicismo, nasce del recognoscimiento de la diversidad humana et del rechazo de los absolutos morales.

    La segunda gran ironía que Maeztu parece olvidar es que el papismo, o el jesísmo en general, tuvo que "etnicizarse" para alejarse de lo que conduce el protestantismo et poder arraigar en Europa, recapitulando:
    • El jesísmo instituido solo pudo sobrevivir al precio de un compromiso entre sus principios constitutivos et un realismo político elemental de origen fundamentalmente romano. Como señala Julius Evola, teóricamente Occidente aceptó el jesísmo, pero prácticamente permaneció gentil, lo que resultó en un "hibridismo".
    • La jesistización de Europa fue en gran parte un "simulacro" o adaptación superficial.
    • La Iglesia papista, para eser aceptada et asimilada, incorporó et absorbió diversos elementos del politeísmo, "bautizando" costumbres populares y rituales. Prácticas gentílicas fueron toleradas et finalmente aceptadas dentro del acervo jesista cuando perdieron su "componente idolátrico".
    • Los obispos et predicadores de la Antigüedad tardía, como Martín de Braga, condenaban estas prácticas ligadas a cultos indígenas et elementos de la naturaleza, considerándolas "ajenas a la fe de Jesús" et obras del Maligno. Sin embargo, la persistencia de estas costumbres a lo largo de las centurias demuestra su arraigo. De facto, el jesísmo mismo se fue "etnicizando progresivamente" para implantarse et triunfar.
    Ahora, desvelemos la confusión principal de Maeztu: él confunde mosaísmo con etnicismo, cuando el protestantismo, más que etnicizar, solo mosaistíza.
    • La ateosis moseojesista se instituye como una superstición sin fabulas. La Biblia condena la taumaturgia "natural" et la "religiosidad mundana" del Universo. El mosaísmo exige la destrucción de los "ídolos" et ha "desencantado el mundo" (Entzauberung), transformándolo en "pura materia sin ánima et sin dioses". Este proceso de desacralización, lejos de eser la contradicción de la superstición bíblica, es la su "transposición profana et el ineluctable resultado".
    • El protestantismo, especialmente a través de la reforma paulina et luterana, radicalizó ciertos aspectos del mosaísmo de Jesús. Lutero, influenciado por Agustín de Hipona et el anticosmicismo, afirmó que la esencia humana está completamente corrupta por el pecado original, et que el hombre es intrínsecamente malvado et incapaz de facer el bien por sí mismo, negando la libertad fundamental del hombre et la capacidad de las obras para la salvación. Él enfatiza la "fe sin obras".
    • Saulo de Tarso, al oponer claramente la Gracia a la Ley, afirma que la Ley no representa más que un régimen temporal que la venida de Jesús ha vuelto inútil. Incluso plega a definir el jesísmo como un "antinomismo". Esta radicalización paulina es clave, et el protestantismo la acentúa aún más. La "relación entre persona et persona" en el protestantismo se basa "no en mandamientos et códigos, sino en la potestad de Termagante".
    • Así, mientras que el jesísmo primitivo et el mosaísmo comparten una "misma teología fundamental" et la filiación monoteísta, el protestantismo, al desvalorizar las obras et el mérito, et al enfatizar la fe et la "gracia", invitó a un giro faz al mundo material et la prosperidad económica como horizonte de sentido, lo que, según la crítica, secularizó aún más la sociedad faz al materialismo et el nihilismo. Es decir, el protestantismo condujo a una mayor "desacralización" del mundo, una consecuencia del mosaísmo.
    La secuencia supersticiosa que se puede trazar es: Etnicismo (sacraliza el mundo et el esfuerzo) -> mosaísmo (desacraliza el mundo, enfatiza la Ley) -> jesísmo (adapta elementos gentiles, pero la doctrina paulina tiende ad la desacralización et gracia) -> papismo (Mitridatiza el problema paulino/jesista al reintroducir la importancia de las obras et el mérito, etnicizado) -> Protestantismo (radicaliza la ateosis, la superstición et el "anticosmicismo", levando ad un "nihilismo" que es una "laicización del moseojesitismo").

    En esta línea, Maeztu, al creer que el papismo es "etnicismo" et que el etnicismo es "mosaísmo" en verdad, se equivoca en su interpretación fundamental. Su rechazo del "etnicismo" como consecuencia del protestantismo, et asociarlo al "humanismo" et "naturalismo" lo leva a condenar un conjunto de nociones (sacralización del mundo, orden, esfuerzo, superación personal) que, paradójicamente, se acercan más a sus propios ideales de "orden et esfuerzo" de lo que lo face el moseojesitismo radicalizado. Él critica un "etnicismo" que él mismo define erróneamente, atribuyéndole características que, en realidad, son el resultado de la "desacralización" monoteísta. Al defender su "hispanismo espiritual" basado en la superstición papista, Maeztu aboga por una tradición que, en su esencia monoteísta, contiene las semillas de la desacralización et el nihilismo que él, indirectamente, condena. En lugar de alejarse de lo que conduce al protestantismo (et su raíz mosaistizante de desacralización), Maeztu, en su confusión, parece defender una corriente que, de facto, la alimenta. Su lucha contra el "etnicismo" es una lucha contra molinos de viento, mientras los valores que realmente llevan al "nihilismo" et a un "mundo sin alma ni dioses" se afianzan so la bandera del mosaísmo.

    Dios quiso que se hi­ciera la experiencia, quizás para que pudiera verse con toda claridad que el protestantismo conduce al pa­ganismo. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu 

    Pero, ¿sabéis qué? Dentro de la nuestra propia hispanidad, en la nuestra propia "Hispania del Siglo de Oro", surgió una luz que se parecía más ad lo nuestro, que al genio zelote, que Moisés et Jesús confunden con Dios. Fablo del molinismo, de esa teología que afirmó la "Gracia suficiente et eficiente" et, con ella, la "esencia divina del hombre" ¡Los mismos dominicos acusaron a los jesuitas de eser "como gentiles por su afirmación de la 'Gracia suficiente'"! et la controversia de los dominicos acusando a los jesuitas de ser como paganos por su afirmación de la «Gracia suficiente».
    Esta "alternativa hispánica" se alzaba contra la "subversión de la tradición" que, paradójicamente, trajo el protestantismo ¿Et qué fue el protestantismo sino una consecuencia de ese "papismo" que, en su forma institucionalizada, se alejó de la "verdadera naturaleza" de lo sagrado y de las relaciones con ello? Los luteranos et calvinistas, en su ceguera, negaban la "Gracia suficiente", diciendo que "nihilo de lo que podamos facer o cognoscer nos justifica frente a Dios" ¡Para ellos, éramos "rotos por dentro", "capados espiritualmente", condenados a la inacción frente a un Dios inalcanzable! Para los pseudoprofetas bíblicos, el mosaísmo es desacralizador et se rebela contra la "sorda piedad mundana" del universo. El su colegio es el "único depositario" de una "verdad igualmente única," lo que lleva ad la intolerancia.

    ¡Fue un "giro antropológico sin precedentes para Europa"! "Totalmente contrario a lo que habían sido en líneas generales et desde época gentil las concepciones espirituales europeas". Nuestras concepciones, las antiguas, siempre tuvieron presente "la idea de una esencia divina aún viva en nosotros, capaz de ser actualizada conforme a una vía y disciplina de sabiduría y virtud. Conforme a una areté". Esta negación protestante de la "esencia divina del hombre" es una forma de nihilismo que llevó a confundir lo "necesario con lo importante," priorizando la riqueza material y el materialismo.

    Lo que en la España del Siglo de Oro se llamó «principio de «Gracia suficiente» y eficiente» es así una cosa muy antigua, muy profunda y muy seria en la que nos jugamos «el ser o no ser»… En la que se cifra el sentido espiritual del hombre y el sentido de su existencia. Y luego sí, en el plano más puramente histórico y contingente, encontraremos la teología española de los siglos XVI y XVII, el molinismo y el contexto del Imperio español y la Europa amenazada por el protestantismo y el islam. Y la controversia de los dominicos acusando a los jesuitas de ser como paganos por su afirmación de la «Gracia suficiente». Y de los jesuitas contestando que los dominicos serían como luteranos por su negación de dicha gracia. Y el teatro de Calderón de la Barca y, en general, el teatro español del Siglo de Oro, reflejando dicha idea de salvación por la obras y «Gracia suficiente», y haciéndose eco de esa manera de estar en el mundo que no sería sino la de los españoles del Siglo de Oro. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García. 

    Es así y de este modo que nunca antes se habría llegado a dar una subversión tan dañina y a confundir de manera tan lesiva lo necesario con lo importante. A negar de manera tan radical la esencia divina del hombre, la «Gracia suficiente» y eficiente en su alma… El protestantismo es así subversión de la tradición en el sentido mayúsculo de esta, y frente a él se posicionó cumpliendo una función y un papel histórico fundamental y providencial, el Imperio español, nuestro Siglo de Oro. Que no será sino una continuación y reformulación en términos de la teología católica y la escolástica española, de los principios y horizontes de la más alta y profunda Tradición PerenneHispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García.  
    Aunque los monoteístas condenen la "teurgia natural" et los "ídolos", nuestra visión siempre ha sido la de que el hombre puede superarse y participar de la sustancia divina. El molinismo, con su énfasis en la capacidad de los hombres para acercarse a Dios et realizar obras, incluso con esa "fe sin obras" luterana que Maeztu tildó de "etnicismo", irónicamente, se acercó más a nuestra visión vitalista que la de aquellos que se alejaron de la ley et se entregaron al orgullo ¡Incluso el propio Lutero veía a los hispanos como encarnación del diablo porque defendían el papismo frente a la Reforma!
    ¡Oh vos, herederos de Tierra donde alguna vez resonaron los carmenes al Palatino! Europa, en pleno Renacimiento, estaba a punto de reconectar con su ánima ancestral —una resurrección del etnicismo, del arte, de la dignidad heroica— cuando apareció Juan Calvino, predicador sombrío et monje de la superstición, que como peste nueva se abatió sobre Ginebra et sobre el espíritu de la humanidad. Su teocracia fue cárcel del pensamiento, su doctrina un fatalismo disfrazado de reforma, su odio tan profundo que mandó quemar al sabio Servet en leña húmeda. Negando el libre albedrío et glorificando la miseria como signo divino, Calvino abortó el vero Renacimiento: reemplazó la posibilidad de la sobrehumanidad con una teología que mutila al hombre desde su raíz, imponiendo un dios que premia el oro et la sumisión. Que se recuerde su nombre, no como luz, sino como el viento que intentó apagar la flama que ardía nuevamente en el ánima de Europa.
    ¡Así que vedlo bien! Mientras el protestantismo negaba la capacidad intrínseca del hombre para la virtud, levándolo a una "desmitificación" que eliminó la sacralidad del mundo, el hispanismo, por su molinismo et su "Gracia suficiente", mantuvo una chispa de nuestra antigua verdad. Esta chispa es lo que nos une a esa "Europa secreta" que aún anhela un "retorno del etnicismo espiritual" ¡No es un retorno al pasado, sino un "retorno del etnicismo faz a otro comienzo"!
    Y para comprender esto, para comprender el fondo y sentido de esta oposición así como de esa subversión y ese nihilismo, para entender a qué responde esta confrontación, cuál es su hondo calado y qué es lo que estaba en juego, los escolásticos españoles del Siglo de Oro, por desgracia hoy tan olvidados, nos van dar la clave fundamental. Pues lo que hay aquí es una problemática espiritual de tremendas consecuencias tras la cual se esconde el destino de una civilización… Durante los siglos XVI y XVII se desarrolló en España una labor filosófica y teológica que muchas veces no conocemos y que, sin embargo, fue de altísimo nivel y altamente representativa de la orientación espiritual de la España imperial. En ella, y no como una cuestión menor, estuvo presente el dar respuesta al fideísmo protestante así como al integrismo islámico. A la idea de que frente a Dios solo podía justificarnos la fe o, en el caso islámico, la obediencia ciega al Corán. Estamos hablando del teólogo Luis de Molina, del molinismo, y del tono general de los jesuitas españoles de los siglos XVI y XVII. Tono gestado a partir de la práctica de los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola y su vocación marcial. Como de milicia teológica y espiritual. Frente a la herejía protestante y frente a la sumisión coránica, la España del Siglo de Oro y el molinismo pusieron sobre la mesa el principio de «Gracia suficiente» y eficiente. Principio que confrontaba dejando atrás tanto a Lutero como a Mahoma, y que, como vamos a ver, tendrá en su raíz a la más alta Tradición Sapiencial. Sin entrar aquí en la complicada y erudita controversia teológica que generó entre dominicos y jesuitas dicho principio de «Gracia suficiente», este será a nuestro entender fundamental para comprender cuál fue la alternativa española. Cuál fue el alma de la España y los españoles del Siglo de OroHispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García. 

    Pero el molinismo, ¡ay, esa chispa de la vieda Europa!. Esa teología hispánica del Siglo de Oro, que los jesuitas defendían, afirmaba lo contrario de la ortodoxia reformada: que hay una "esencia divina aún viva en nosotros". ¿Et qué significa esto? Que el hombre, ad pesar de la su condición encarnada, guarda dentro de sí una esencia divina en potencia, que lo une al Padre et lo enraíza en el cielo, otorgándole la capacidad, mediante el autoconocimiento y la disciplina espiritual, de sobreponerse a las miserias, alienaciones y debilidades de su existencia terrenal.

    La negación de la «Gracia suficiente» y eficiente que hace el mundo protestante será así una forma de nihilismo, quizá la más antigua y subversiva de todas, que, reformulada ahora en el contexto del cristianismo de la Europa renacentista, y a partir de la caída de nivel espiritual que supuso la Iglesia güelfa de la baja Edad Media, dirigirá la tradición europea hacia su autodestrucción. Y decimos nihilismo y autodestrucción porque dicha negación supone un giro antropológico sin precedentes para Europa. Un giro totalmente contrario a lo que habían sido en líneas generales y desde época pagana las concepciones espirituales europeas. Concepciones en las que siempre se tuvo presente la idea de una esencia divina aún viva en nosotros, capaz de ser actualizada conforme a una vía y disciplina de sabiduría y virtud. Conforme a una areté. Son dicha actualización y areté el argumento principal de la existencia humana y el eje vertebrador de la tradición europea desde el culto al héroe y la gloria trascendente de la Edad del Bronce, desde los tiempos antiguos del mundo Indoeuropeo… No habiéndose dado lugar hasta ese momento herético del protestantismo a que el argumento de la vida pudiera ser la negación de dicha esencia y el mero cultivo entonces de la dimensión económica, material y contingente de la existencia, el destino fundamental de la humanidad. Se llegó a la subversión de afirmar que el éxito en la prosperidad material pudiera ser marchamo de mayor nivel espiritual… Es de esta manera y como hemos dicho que nos encontramos frente a un giro antropológico sin precedentes. Contrario a lo que había sido hasta entonces la trama fundamental de la tradición espiritual europea, adopte esta los ropajes paganos o los ropajes cristianos, o la encontremos ya debilitada por el clericalismo güelfo de la baja Edad Media. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García.  
    Nosotros, los antiguos, siempre honramos la "sobrehumanidad" del hombre. ¿No es acaso el propósito del hombre dotarse de una "sobrenaturaleza" y transformarse constantemente a sí mismo, elevándose para participar de la divinidad? Esto es precisamente lo que al mosaísmo jesista representa como una abominación, porque busca limitar la soberanía del hombre et consumir su vitalidad para dar consistencia ad Tervagante. Para el etnicismo, la cualidad divina non es una hegemonía que aplasta la naturaleza humana, sino que se eleva al hombre elevándose ad sí mismo, donde el dios caído se leva cerca de Dios otra vez.

    ¡Así es! Es posible "recorrer el camino del héroe", el camino de la areté. Se nos permite, y se nos exige, el autoconocimiento, la fuerza interior y la liberación. La teurgia "auténtica" de los varones ambicionaba precisamente una psicotécnica que leva al hombre ad ponerse en forma según un proyecto, constituyendo la autodomesticación de la ánima por la mente. Mientras que la Biblia manifiesta una voluntad de limitar la soberanía del hombre, las religiones de la antigua Europa heroizaban al hombre que se supera a sí mismo, participando de este modo de la divinidad. El etnicismo exalta la fuerza et la belleza del cuerpo, et aunque condena la "superstición" que disminuye al hombre, exalta la "religión" (la fe vera) que lo engrandece, pues al adorar al divo, el hombre se adora a sí mismo, honrando su capacidad de igualarse a las "ideas" que ha cultivado.
    So de Cielo que antaño vibró con el culto ad los dioses innumerables, Europa, con el Renacimiento, comenzaba ad despertar de su letargo espiritual. Aquel non fue solo un resurgir artístico, sino un retorno latente ad la ánima gentil, donde lo sagrado múltiple palpitaba en mármol, versos et rituales. La libertad, la afirmación de lo humano, la exaltación de la diva Sapiencia… todo empezaba ad fluir de nuevo. Europa estaba ad punto de reconectar con los dioses. Pero entonces apareció Martín Lutero, ese monje enajenado que, con su superstición sombría, frustró el parto espiritual del Renacimiento. Donde el etnicismo ofrecía pluralidad, él impuso rigidez. Donde florecía la posibilidad de una “sobrenaturaleza”, él proclamó la corrupción total del hombre. Su doctrina non solo reformó —interrumpió. Aplastó el retorno ad la autonomía espiritual et reemplazó el susurro de los dioses ancestrales por un grito uniformador. Con su ataque ad el arte, ad la sensualidad, ad la libertad de pensamiento, abortó el renacimiento pleno de lo sagrado gentílico. El etnicismo agonizante ya non volvió ad respirar libremente; fue clausurado so nuevas formas de auctoridad.

    El molinismo defendía la "Gracia suficiente y eficiente". Esto significa que, a pesar del pecado original y la debilidad humana, aún está a nuestro alcance que por nuestras obras, con esfuerzo, disciplina, determinación y tenacidad, podamos merecer el cielo. ¡No estamos "capados espiritualmente" frente a Dios! ¡Es posible vencer el pecado pestilente, derrotar al dragón! El aliento divino sigue con nosotros, y aún heridos en el alma, seguimos en pie.

    Es decir, seguiría a nuestro alcance y, a pesar del pecado y la debilidad humana, el que por nuestras obras, con esfuerzo, disciplina, determinación y tenacidad, podamos merecer el cielo. Las puertas de la trascendencia no están cerradas para nosotros. Es posible vencer el pecado y las debilidades del alma, es posible en virtud de dicha «Gracia suficiente» y eficiente empoderarnos de nosotros mismos y, más allá de nuestra naturaleza caída por el pecado original, alcanzar el heroísmo y la santidad. Merecer los cielos tras nuestra muerte, por nuestras obras, y de acuerdo con un arduo camino de autoconocimiento, madurez, fortaleza interior y humildad. Un camino en el que la santidad y el heroísmo pueden seguir siendo el ideal del hombre. No estamos así capados frente a Dios. Estamos lesionados por nuestra condición mortal y pecadora, pero no anulados espiritualmente. Y aún es posible para quien quiera esforzarse en la sabiduría y la virtud ser «recibido por Dios en los cielos». El aliento divino sigue con nosotros, y aun heridos en el alma, seguimos en pie. La gracia de Dios sigue con nosotros y no hemos quedado inermes frente a la intemperie del pecado y el mundo… Obviamente estas ideas estarán en las antípodas del protestantismo, pues la herejía protestante de Lutero y de Calvino se basa fundamentalmente en negar la «Gracia suficiente» y eficiente. Para la herejía protestante, en el hombre y fruto del pecado original no queda gracia divina y nada de lo que podamos hacer o saber nos justifica frente a Dios. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García.  

    La teología hispánica, con su énfasis en la salvación por Fe et las obras, se alzaba en contra del mosaizante Lutero. Para Lutero et Calvino, fruto del pecado original, nada de lo que podamos hacer o saber nos justifica frente a Dios. Para ellos, solo queda la fe, e incluso la predestinación unilateralmente en manos de Dios; estamos "rotos por dentro", sin fuerza espiritual para sobreponernos. Esto es un "giro antropológico sin precedentes para Europa", "totalmente contrario a lo que habían sido en líneas generales y desde época gentilica las concepciones espirituales europeas". ¡Estas concepciones siempre tuvieron presente la idea de una esencia divina aún viva en nosotros, capaz de ser actualizada conforme a una vía y disciplina de sabiduría y virtud!

    Solo nos quedan la fe e incluso la predestinación en manos unilateralmente de Dios. Frente a la trascendencia nada podemos y esta nos es infinitamente lejana. Estamos rotos por dentro y hemos perdido la gracia… Lutero llega a decir que frente a Dios solo somos «una puta» a la que, según la ocasión, a veces «monta el diablo». Sin que podamos hacer nada para remediarlo. No hay ninguna fuerza espiritual dentro de nosotros que nos permita sobreponernos y saber y merecer el cielo. Así entonces solo nos quedarán la devoción y la fe. Y los actos y obras no podrán justificarnos ni salvarnos… A partir de aquí, y como en concatenación lógica, vendrá después la idea, que ya está en Lutero y que después desarrolla Calvino, de que, como frente a Dios nada se puede, como frente a la trascendencia nada podemos, y como nuestra salvación está unilateralmente y sin remisión en manos de la predestinación, la vía será entonces volcarse en el «cultivo del mundo». Esto es, de la riqueza material. Son dicha riqueza y prosperidad el único destino y sentido que tendrá la humanidad. El único ámbito en el que será posible hacer mérito y desarrollarnos. El escenario predilecto de las capacidades humanas. Como lo importante no podemos ni conocerlo ni merecerlo, lo necesario será entonces nuestro destino. Y tanto será así que el calvinismo llegará a afirmar que el éxito en los negocios y la prosperidad material serán la única señal y pista segura de estar en los planes de Dios para ser salvados y subir al cielo. Cualquier otra cosa no estará a nuestro alcance…Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García. 

    Esta negación protestante de la "Gracia suficiente" es una forma de nihilismo, que, irónicamente, llevó a volcarse en el "cultivo del mundo", de la riqueza material. ¡Y esto es un eco de la voluntad de poder del hombre! Pero no la voluntad de poder que busca la anulación del yo, sino la que afirma el ser y la capacidad de superación. En el paganismo, la alegría no es jamás antagonista de la potencia. Mientras el protestantismo devalúa la condición humana, el paganismo exalta la capacidad de superación.

    Y es que a través de dichas ideas se actualizaban los más altos fundamentos espirituales de la tradición católica y se ponían en el horizonte de sentido del Imperio español. Se volvía la vista al Reino de la Gracia y a su presencia efectiva en el alma humana, lo que hacía de la vida misma una misión y tarea para la consecución de dicho reino en nosotros y en el mundo… El Reino de la Gracia viene de lo alto, pero penetra en el mundo y en el corazón de los hombres, dando entonces a estos la posibilidad de rehacer y sanar su naturaleza herida o lesionada por el pecado original y elevarlos a un estado superior, casi divino, análogo al que poseyó Adán en el paraíso antes de la caída. Del mismo modo, los impelerá a la labor del Regnum, del Imperium, del reino santo, de un mundo ordenado conforme al Reino de la Gracia. Lo que se plantea de este modo es que, aun cuando Adán y su progenie, la humanidad, perdieron por culpa del pecado original la gracia primera y plena que les fue dada en el paraíso, quedando entonces su naturaleza espiritual profundamente herida, esta, sin embargo, no se rompió del todo… 

    Quedó latente en su más alta posibilidad, como un legado que pudiera sanarse y recuperar. Fue a partir de ahí cuando Dios, a través del Espíritu Santo, se une en plenitud al hombre, en la figura de Cristo, que es tanto hijo del Padre como Uno con el Padre. Y se realiza el misterio trinitario y la naturaleza humana vuelve a estar en disposición de salvarse, de liberarse. De vencer al pecado conforme a la vía que el propio Cristo ha encarnado. El hombre vuelve a estar entonces en disposición de situarse espiritualmente por encima de lo que es mera naturaleza, mero mundo, mera miseria humana, y en virtud de la «Gracia suficiente» y eficiente que lo habita, lo asiste, no se aparta, y ha quedado renovada con Cristo, puede elevarse por encima de su naturaleza caída y sanar espiritualmente hasta casi divinizarse. Volver a ser en plenitud, hijo de Dios y uno con Dios. 

    A pesar del pecado original, del menoscabo de esa herida, no habríamos quedado incapacitados para, por decirlo así, volver al cielo… La gracia de Dios habitaría así el corazón del hombre y lo haría de manera esencial y substancial. Sería la raíz misma del hombre y su fuente de fuerza y de sentido. De Logos y Areté. Sería su don, su esperanza y su oportunidad. También el argumento principal y brújula de su existencia, así como su misión y labor en el mundo. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García. 

    De ahí también la vocación evangelizadora y civilizadora en las Américas, y contrarrevolucionaria en Europa del Imperio español. Y esto no son cuestiones menores propias de eruditos… Son claves fundamentales para entender la singladura imperial de España y su sentido espiritual. No es una mera divagación teológica, es el fundamento y la clave del Imperio más grande habido en la historia de la humanidad. Y por ende, fuente de lecciones y enseñanzas para los hombres y mujeres de nuestro tiempo… 

    De esta forma y en líneas generales, el «principio de «Gracia suficiente» y eficiente» lo que viene a decir es que el ser humano, a pesar del pecado original, a pesar de su condición mortal y existencia limitada en el espacio y el tiempo, a pesar de su caída en el mundo y su pérdida del paraíso y salida de la Edad de Oro, a pesar de todo ello, el ser humano no habría sido privado de su esencia divina… 

    En el alma humana, más allá de las miserias y debilidades que llevamos dentro, seguiríamos, sin embargo, estando hechos a imagen y semejanza de Dios. Seguiríamos siendo hijos del Altísimo y su gracia divina, que es la raíz misma de nuestro ser, seguiría con nosotros. Y seguiría con nosotros de manera suficiente y eficiente. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García. 

    Así, en el cor mismo de esa Hispania, en el molinismo, veo un resplandor de nuestra antigua luz, una afirmación de la dignidad del hombre et su capacidad de trascenderse, un vero desafío ad la obscuridad nihilista que la ateosis mosaísta ha intentado imponer. Es la prueba de que lo divino no solo reside en un ámbito lejano, sino que pulsa en la esencia misma del ente humano, invitándolo a forjar su propio destino. ¡Que así sea, siempre!
    Os fablaré hoy de una de las más magnas ironías, et quizás de las más tristes, del clamado "Dios Crucificado".

    ¡El "Dios Crucificado"! En vuestros propios libros es una contradicción en términos, un oxímoron sagrado que ningún Moisés o Jeremías hubiera podido concebir. Para el pensamiento de la Ley mosaica, Tervagante o Termagante es el "único 'Yo' del universo", "incalificable, inefable, indescriptible", que no ha sido "procreado de descendencia humana", et del cual "ningún hombre es... fijo" ¡Ese dios, celoso et Todo-otro, busca "impedir al hombre dotarse de una 'sobrenaturaleza'" et le condena por la "soberbia", la "voluntad de autonomía absoluta del hombre"! Para esa superstición, "el hombre se encuentra igualmente devaluado", su vitalidad consumida para dar consistencia a un genio que le niega.

    ¡Pero la aljama de Jesús, en su afán de imponer esa ateosis ajena, tuvo que desfigurarlo para que Europa lo tragase! ¡Escuchad bien! Cuando teólogos, como ese galo aparentemente papista, Alfred Loisy, fablan de cómo el papismo tuvo que "moderar el monoteísmo mediante la Esciencia del dogma trinitario e identificando a Jesús a Dios" para que el "mundo gentil" lo aceptara, ¡se está revelando la verdad! ¡Cuando se dice que la interpretación de Cristo como "Dios et hombre verdadero" certifica un "compromiso con el espíritu del etnicismo", se está revelando la verdad!

    Porque el maligno que desea eser el único, ese Termagante inasible et distante, "no ha sido aceptado en Europa más que cuando se convirtió en una esencia en tres substancias, integrando la vieda trinidad que los indios védicos clamaban Trimurti". Et esa es una verdad puramente nuestra, de la antigua humanidad.

    El mismo Juliano, cuando restablece el culto solar, tiene cuidado de indicar que al lado del sol físico, esta el sol del intelecto divino, del cual el astro no es más que la epifanía. Diógenes Laercio escribe: "Dios, la inteligencia, el destino, Zeus, son un solo ser, y aún es nombrado de otras muchas formas" (VII,134) Máximo de Tiro (17,5) afirma por su parte que los griegos sostienen simultáneamente estas dos verdades, la primera que: "solo hay un único Dios, Rey y padre de todo" la segunda que, "hay numerosos dioses, hijos de Dios, que participan de su poder". Y es así como es preciso interpretar retrospectivamente la opinión de Heraclito, según la cual, "la ley es obedecer la voluntad del Uno" (frag.32) (Señalemos de paso, que la tentativa de Amenofis IV "Akhenatón" de unificar los dioses egipcios en un "dios único" tentativa frecuentemente presentada como origen del monoteísmo hebraico "sin razón según nosotros" se emparenta más exactamente con esta concepción no dualista del "Dios único") y según la cual tambien "El Uno que es la sabiduría, permite o no ser llamado con el nombre de Zeus" (frag.32)Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    ¿Acaso no es lo que proclamaban nuestros propios sapientes?
    • Máximo de Tiro afirmaba que los grecos sostenían dos verdades a la vez: "solo hay un único Dios, Rey y padre de todo", et que "hay numerosos dioses, fijos de Dios, que participan de su poder". ¡Una divinidad que se manifiesta en la multiplicidad, en la diversidad de rostros!
    • Los estoicos, incluso al fablar de un dios único, admitían la existencia y representación antropomórfica de dioses menores, a los que daban interpretaciones alegóricas, viéndolos como "atributos particulares de este principio".
    • El mismo Juliano II, al restaurar el culto solar, tuvo cuidado de señalar que junto ad la estrella natural, estaba Sol del intelecto divino, del cual la estrella non era más que la epifanía.
    ¡Esto es nuestro! ¡La Trinidad non es más que la luz distorsionada con vuestras apariencias, un disfraz para un dios ajeno que non lograba calar en la ánima europea! Tuvieron que dotar a su Dios de un rostro humano, encarnarlo, para que los campesinos pudieran comunicarse con Él, transformando a Cristo en "un Dios barbudo, viviendo et trabajando como ellos" ¡Porque nuestra divinidad no es una potestad que aplasta la naturaleza humana, sino que eleva al hombre elevándose a sí mismo! El hombre et la sociedad de los dioses están organizados sobre el modelo de la sociedad de los hombres.

    El monoteísmo absoluto, bajo una forma dualista, era profundamente extraño al espíritu europeo. El cristianismo ha representado la forma compuesta, intermedia, necesaria a su aclimatación. Como lo ha señalado justamente Alfred Loisy moderando de una parte el monoteísmo mediante la Gnosis del dogma trinitario e identificando Jesús a Dios por otra parte, como el cristianismo pudo hacer aceptar al mundo pagano la doctrina del dios único" (La religión de Israel, 1908, pag.284). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    Et así, este compromiso forzado nos dejó a "Jesús" que es a menudo "un cadáver que como tal no piensa", o "un hombre que nasció et murió, pero que no vivió jamás". Pora vuestros creyentes, "Su humanidad, siendo sólo aparente, tiene muy poco que ver en materia de ética con la nuestra", et "Su imagen pertenece a un tipo clásico de figuras angustiosas en el arte religioso de Espania" ¡Lo habéis convertido en "la Víctima trágica", el centro de un "culto de la muerte", cuya contemplación produce una "catarsis" pasional, pero "nihilo significación ética"! ¡Sus verbos como "Sígueme" han quedado "despojadas de sentido"!

    Pora nosotros, el sufrimiento non es la humillación que la vuestra ateosis os impone, ni la justificación del resentimiento que vuestra superstición exalta en los débiles. El dolor para el pensamiento bíblico es "culpable", señal de pecado ¡Para nosotros, el hombre puede "superarse a sí mismo y participar así de la substancia divina" en el curso mismo de su vida! Nuestros héroes "mueren felices sobre el campo de batalla en la hora misma de su victoria" ¡Un héroe es un semidiós, una idea completamente natural para los antiguos!

    La moral del cristianismo es fruto del resentimiento. El creyente acepta su humillación a cambio de la esperanza de que los otros sean también humillados. Se adhiere a una moral que suprime la diversidad en nombre de la "igualdad", que empequeñece en nombre de la "justicia", que coarta en nombre del "amor". Una tal moral es un sistema para fundir las energías, para pulverizar la salud, para destruir la potencia. Tiene como resultado a fin de cuentas, la fusión y la confusión, la entropía y la muerte. Se revela, una vez identificada, como negación pura -como instinto de muerte (Eros no es aquí mas que la mascara de Tánatos). "La vida siendo esencialmente inmoral -escribe Nietzsche- aparecerá siempre e inevitablemente en su sin razón a caballo de la moral, sobre todo de la moral cristiana absoluta. (El nacimiento de la tragedia. Ob.cit.pag.133). Et la moral no sería pues la voluntad de negar la vida, un secreto instinto de destrucción, un comienzo de decadencia, de caducidad, de calumnia, el principio del fin. (El nacimiento de la tragedia. ob.cit. pag.133). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    La divinidad de los dioses "non es una hegemonía que aplasta la esencia humana, sino que se eleva al hombre elevándose a sí mismo". Cuando un dios está "más allá del bien y del mal", como el de Nicolás de Cusa, que es la "unidad de los contrarios", entonces el sufrimiento se integra en la totalidad de la esencia, no como una mancha, sino como una parte de la esencia que permite la superación, la sobrehumanidad ¡Libre, el dios que reina sobre el oráculo de Delfos, es la expresión de esa embriaguez panenteteísta que celebra la vida en todas sus contradicciones!

    Pora nosotros, la muerte del "Tervagante moral"
    de Nietzsche, ese "cadáver" sin nihilo de divino, es la liberación del "nihilismo europeo" ¡La "muerte de lo real" que vuestro discurso moseojesista ha provocado, nos ha ocultado la posibilidad de hacer volver a los antiguos dioses

    Vosotros, que habéis "transformado el sufrimiento en una virtud, al dolor en una prueba, a la debilidad en un ideal, a la impotencia en una gracia", habéis creado una "antropología negativa" y una "anti-religión". ¡Pero la verdad es que la libertad y la elevación del hombre no necesitan ser compradas con la humillación o la castración simbólica!

    ¡Es hora de que Europa recuerde que la verdadera divinidad reside en la fuerza creadora del hombre, en su capacidad de superarse, et en la aceptación de la vida en todas sus facetas, más allá de la moral del resentimiento! ¡Así, el Dios Crucificado, en lugar de eser lo que es Jesús, un "arquetipo de pordioseros" o un "fetiche", se convierte en el puente que, por el sufrimiento humano, nos acerca a la divinidad en una experiencia de la voluntad libre y de la trascendencia terrenal! ¡Él es Libre, et nos recuerda que nosotros también podemos eserlo, al abrazar la plenitud de nuestra propia existencia et la diversidad de lo sagrado que la ateosis buscó aniquilar!

    Pero permitidme deciros que el vero Cristo, el que resuena con la ánima gentil, siempre fue Libre. Nietzsche, él que buscó a Dios con "pasión et dolor", no opuso una ausencia de religión a la religión, sino una vera religión, un vero sentimiento de lo sagrado. Él comprendió que la oposición entre Libre et Jesús no es la de un impulso vital versus un deseo morboso de sufrimiento, sino "la oposición entre un modo trágico de vivir el sufrimiento et un modo cristiano de soportarlo" ¡El gran dolor es el "último liberador del espíritu"!

    El desprecio (si no el rechazo) del mundo en el cristianismo, deriva en gran medida del Paulinismo. La actitud cristiana, según las mismos palabras de San Pablo consiste en considerar "todo como desventajoso a causa de la superioridad del conocimiento de Cristo". Es, pensando sobre todo en la moral "ascética" nacida de San Pablo que Nietzsche interpretará el cristianismo como un "decir no a la vida", como un decir no producido por la incapacidad de afrontar la diferencia, a afirmar la temible alterabilidad, a afrontar el abismo. Lo que le impulsará también a dar esta definición del paganismo: "Son paganos todos los que dicen sí a la vida, por esto Dios es la palabra que expresa el gran sí a todas las cosas" (El anticristo pag. 102)Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    En cambio el Cristo que permitió la "elevación del hombre" a la "esencia deal", el que no es un "genio injusto" sino que Cristo "necesita de nosotros como nosotros de Dios", en un sentido holístico donde el Todo necesita cada parte para eserlo lo que es, ese Cristo es el que resuena con los dioses. Porque para nosotros, los dioses no son "ayatolas o rabinos orientales", sino que nuestra esencia compartida "depende de los hombres tanto como la de estos depende de los dioses". Esa es la vera "coincidencia de los contrarios en Dios", la pluralidad de valores, la tolerancia que vuestra superstición celosa et totalitario se empeña en destruir.

    Es así en el mundo y por el mundo como Dios alcanza su más alto estatuto de existencia. Dios no está separado del mundo. Y por tanto no se confunde con él. Dios es la profundidad del mundo: Él está por encima de todo, pero no más allá. Afirmación evidentemente decisiva. Aún cuando en el monoteísmo judeocristiano, el alma es ontológicamente distinta del absoluto, ella es creada por él pero no emana de él, no es una parcela de la existencia divina" (Claude Tresmontant, Las ideas maestras de la metafisica cristiana, o.c. pag.83), en la "religión de Europa", el alma es de esencia divina. Por este hecho, el hombre et Dios mantienen relaciones de reciprocidad. La unión del hombre con Dios, la encarnación de Dios en el hombre, la elevación del hombre al nivel de la substancia divina son posibles en este mundo. Oswald Spengler ha descrito la religión "fáustica" como una religión en la cual la voluntad humana trata de igual a igual con la voluntad divina. Heidegger retomando la palabra de Heraclito, "La existencia de los hombres es la existencia de los divinos", dice que la divinidad está unida a los mortales, que palpita en la cosa que es punto de reunión. En la medida en que están unidos al ininterrumpido despliegue del mundo, los dioses pueden engendrarse a sí mismos en las "criaturas". La existencia de los dioses depende de los hombres tanto como la de estos depende de los dioses desarrollada en Heidegger con la noción de "posibilitación", por oposición a la de actualización propia a la metafísica clásica, pero que aparece ya en Jakob Böhme con la noción, de "potencialidad", y en el mismísimo Nicolás de Cusa con la de "possest". Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    Vuestra iconografía misma lo revela: hay divinidades como Crouga cuya inscripción sirve de base a una representación de Cristo crucificado. ¡Et no me digáis que no adoráis ídolos! Un judío converso del siglo XVIII os acusa de idolatría: "adorando el pan por Dios, et dos palos cruzados, como el mismo Dios, infinitos hombres muertos, sinnúmero de imágenes et figuras de los animales brutos. Al cordero de S. Agnes [Santa Inés], la perdiz de S. Nicolás, el puerco de S. Antón, el toro [sic] de S. Marcos, los huesos de finados, los sucios lienzos de sus cuerpos" ¡Incluso vuestra Inquisición permitía esculpir estatuas nudas de los dioses!

    El interlocutor de Orobio de Castro es un hugonote, al cual dice, p. ej., que “solamente aquéllos [judíos] que o de su corazón, o por violencia entraron en el Cristianismo, cayeron necesariamente en el pecado de la idolatría, en España, Francia, Italia, Alemania, y otros reinos de la Cristiandad, y en idolatría tan abominable como vos decís, adorando el pan por Dios, y dos palos cruzados, como el mismo Dios, infinitos hombres muertos, sinnúmero de imá­genes y figuras de los animales brutos. Al cordero de S. Agnes [Santa Inés], la perdiz de S. Ni­colás, el puerco de S. Antón, el toro [sic] de S. Marcos, los huesos de finados, los sucios lienzos de sus cuerpos, y, en fin, la anciana idolatría, ni tuvo [Israel] tantos Dioses y Diosas, ni tan abo­minables irracionales cosas a quien diesen adoración y divino culto [...] esta pureza halló Israel en el Cristianismo para abrazarle y enmendarse, y corregirse de sus antiguas prevaricaciones, y volverse con su corazón y con su alma al Señor, su Dios. Mirad vos, Señor, que limpio volvería de semejantes inmundicias !” (pp. 68-69; cf. Pp. 71 y 99). La Historia Ocultada, Federico Rivanera Carlés

    Ernst Renán escribe: "Hay razas monoteístas as’ como hay razas politeístas y esta diferencia lleva a una diversidad original en la manera de examinar la naturaleza" (estudios de historia religiosa). Opinión ciertamente excesiva pero que tiene la ventaja de poner el acento sobre esta controvertida noción de "naturaleza". Si el ser es el mundo hay necesariamente parentesco, filiación, consubstancialidad del ser y los seres -y de estos entre ellos-, consubstancialidad por consiguiente del hombre y de la naturaleza, como del hombre y de dios.

    Este lazo del hombre a la naturaleza todo hay que decirlo, no se debe interpretar como un vulgar naturalisino -el "retorno a la naturaleza" tan caro a los discipulos de Rousseau, a los ecologistas y a las sectas völkische- sino como una participación activa del hombre a la existencia en su conjunto, fundada sobre la clara conciencia que el hombre puede tener de esta existencia. En esta perspectiva Dios puede estar en todas las cosas, no en el sentido de un logos que trabajaría desde el interior la realidad sensible, sino como una dimensión de esta realidad: su dimensión de profundidad. La bruma sobre la montaña, el canto del pajaro, el caminillo del insecto pueden llevar la señal. Dios puede desplegarse hacia el hombre en el movimiento de las olas, la hierba que germina, la flor que se abre (ver, "El paganismo cristiano" de Francisco de Asís que alaba a "nuestra hermana luna", "nuestro hermano el viento", "nuestro hermana la tierra", "nuestra madre que nos sostiene y nos alimenta" y sobre todo "nuestro hermano el sol"). 
    Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.
    La "muerte de Dios", es decir de la muerte la cultura mosaica, de la que fabla Nietzsche, delata que esta no es sino un cadáver más, et ese cadáver nunca tuvo nihilo de divino ¡Fablar de la "muerte de Jesucristo" es también "dejar posibilidades a los dioses"! El lago que se abre hoy, la angustia, es la que exige el "nihilismo europeo", el mismo que permite que la fabula suba a la superficie "como un tesoro".
    La vera esencia de lo que es el hispanismo, esa capacidad de creer en la "salvación por las obras" et la divinidad inherente al hombre, ¡eso es nuestro legado! Es el "otro comienzo" del que fablaba Heidegger, la resurrección de un espíritu que non se somete ad un genio maligno lejano, sino que exalta la Esencia en este mundo et la capacidad del hombre para forjar su propio destino.

    ¡Los dioses ligan su fado al nuestro! ¡Es hora de que lo comprendáis!

    El Universalismo Mundano o Catolicismo Cósmico frente ad la Superstición Exclusivista

    ¡Ay, Ramiro Maeztu! ¡Pobre ánima, tan empeñada en reducir la grandeza de Espania ad las cadenas de una superstición galilea! Mientras los dioses, los venerables patronos de la Espania, abrazaban el mundo entero,  tú te afanas en una "idolatría nacionalista" que non es más que una triste caricatura de la vera catolicidad ¡Qué ironía!

    Vos, los seguidores de Jesús, proclaman eser el "vero Israhel espiritual", donde "no hay distinción entre judío et gentil, porque todos sois uno en Jesús" ¡Qué osadía, qué vana pretensión! Porque la su "pseudocatólicismo" non ha sido sino la tapadera para una intolerancia furibunda ¡"Nuestra religión es igual et se adapta ad todas las naciones del mundo," dicen? ¡Mentira! Su genio maligno, Tervagante "non puede más que afirmar la falsedad de los modos de vida et de las nociones del mundo que expresan esta veneración". Tervagante es el dios que "rechaza lo Otro", que declara ad los demás dioses "inesenciales", convirtiéndolos en "ídolos, apariencias de dios, dios sin valor de deidad" ¡Eso, amigo mío, es la receta para la "alterofobia" et el "supremacismo" supersticioso, para convertir ad los hombres en "hombres sin valor de hombre"!
    En cambio, nosotros, los que pisamos la tierra antes del que su "signo" viperino se plantara en cada esquina, nosotros, los gentiles, comprehendíamos la vera catolicidad ¡La tolerancia gentílica nascía del recognoscimiento de la diversidad de las faces de Dios, de la profunda verdad de la "coincidencia de los contrarios en Dios"! Si non hay una "alteración irreductible entre las nociones", si nihilo puede encarnar el "mal absoluto", ¡entonces la tolerancia se impone por sí misma! 
    • ¿Qué importan los medios que cada uno utilice persiguiendo la búsqueda de la verdad? ¡"No se plega nunca por una sola vía a la solución de este magno sacramento"! Esta es la sabiduría de los antiguos, de Símaco, que su superstición pestilente non pudo extirpar del todo.
    Incluso mucho después de la "Reconquista", en las humildes zonas rurales de Granada, el pueblo honesto, sin sus alardes supersticiosos, todavía conservaba la sensatez de pensar que "el mahometano se salva en su ley et el mosaísta en la suya", et que un pagano hispano opinaba que "todos se pueden salvar, cada uno en su ley" ¡Un "tópico" de la filosofía rural del meridiano europeo! ¡Esa es la vera "tolerancia" católica que se arraiga en el "recognoscimiento de la diversidad humana et el rechazo del dicotomismo"!

    Mientras la su superstición bíblica "surge de un cisma" et del "rechazo de una civilización circundante", nuestros pueblos, como la Romania, "respetaron durante centurias las costumbres e instituciones de cada pueblo conquistado, multiplicaron las ciudades provinciales et organizaron las libertades; supieron federar a los pueblos sin someterlos en la superstición" ¡Eso es eser veramente católico! ¡Eso es el vero "catolicismo" (universalismo) de la Hispanidad, no la exclusividad asfixiante de un genio celoso que condena todo lo que no es él!

    Los hispanos, han convivido durante centurias con otros hispanos, aceptando la hispanidad por encima de todo.  La Inquisición et la expulsión de los fariseos et mahometanos hispánicos fueron actos de intolerancia trágica, intentos de preservar la nuestra esencia plural que, confundida, se quebró en nombre del cefaísmo ¿Qué importa si se cree en Fares, en Mahoma o en Jesús, si lo que es relevante es la sangre compartida, la raíz común? Tristemente, los seguidores de sarracenos non intendieron esa unidad, et se les obligó ad abandonar lassus supersticiones o ad marchar.

    El error, sin embargo, non fue solo la expulsión, sino la radiz misma de esa intolerancia: el asimilacionismo que el mosaísmo había sembrado en la península, imponiendo la noción de una superstición exclusiva como condición de pertenencia. Antes que expulsar ad los fijos de Hispán, Espania debió limpiarse del pecado de fiar ciegamente en Moisés et en la Biblia,
    para evitar la tragedia de condenar ad otros hispanos por un morbo israelita que nunca fue nuestro.

    Así, el veneno del Anticristo provoca que los germanos de mesmo padre se peleen: los fijos de Hispán non fueron la excepción. Un germano so el signo de Mahoma, expulsado por el su germano so el signo de Jesús, acusado de infiel, de rezar al Tervagante, ad Satanás o al Bafomet. Muchos de esos hombres expulsados eran tan hispanos como el cefeo que ploraba ante un papa venido de Judea. Incluso, posiblemente, algunos de ellos fueron difamados con la causa de Mahoma siendo en verdad feligreses, condenados por los sus nombres —Farfán, Abugatas, o cualquier otro apellido que hoy suena castellano pero tiene radiz arábiga.

    Por ello, la república de Salé es uno de los testimonios más trágicos de la nuestra historia. Fundada por moriscos expulsados de su patria en MMDCXLII–MMDCXLVII A.U.C. (1609–1614 E.V.), por orden de Felipe III et so la ejecución del duque de Lerma, aquellos hombres mahometanos de Hornachos (Badajoz, Espania), que habían sido tan hispanos como cualquier otro se vieron forzados ad levantar una ciudad corsaria en tierra extraña. Solo por fiar en Mahoma..

    En MMDCX A.U.C. (1610 E.V.) arribaron ad la desembocadura del Bu Regreg los habitantes de Hornachos, una comunidad morisca que en la su tierra de origen había practicado con relativa apertura la su tradición et cultura ismaelita, conservando incluso el privilegio de portar espada confirmado por Felipe II. Eran unos tres mil, embarcados en Sevilla, que primo se asentaron en Tetuán et, descontentos con el destino que Muley Zaidán les ofrecía en el Dráa, marcharon faz ad Rabat-Salé. Et Rodolfo Gil Benumeya, en España dentro de lo árabe nos dice:

    Los hombres llegaron a Rabat vestidos con sus trajes caballerescos de trusa, capa y tizona al cinto; mientras las señoras lucían los vestidos a la moda de la Corte de Madrid. Por ser más numerosos o estar mejor organizados, los hornacheros se pusieron a la cabeza de los demás emigrados [...].

    Esa apariencia, junto con la su lengua castellana et la mezcla de nombres hispanos con arábigos, los facía fácilmente distinguibles de los autóctonos. Fueron recibidos con recelo et clamados “los cristianos de Castilla”, sospechosos et extranjeros en todas partes. Cronistas como Luis Cabrera de Córdoba lo recuerdan con crudeza: “Se sabe que en tierras de Tetuán han apedreado y muerto con otros géneros de martirios a algunos moriscos que no habían querido entrar en las mezquitas con los moros.”

    El nudo de esta tragedia fue el rechazo doble: expulsados de la su patria por los sus propios germanos et despreciados en la tierra que debía acogerlos. En MMDCCLXXIX A.U.C. (1668 E.V.), los hornacheros proclamaron la su independencia en la desembocadura del río Bu Regreg, entre Rabat et Salé, creando una república corsaria principada por un Diván et sostenida por una poderosa flota. Desde allí, atacaron las costas europeas et hasta Islandia, convirtiéndose en símbolo del desarraigo convertido en arma.

    El desenlace plegó con la división interna et la presión exterior: conflictos entre facciones, rivalidades entre los moriscos hornacheros et andaluces expulsados, et intentos fallidos de someterse de nuevo ad la Corona española. En MDCXXXI E.V. (A.U.C. MMDCLXXXIV), los hornacheros ficieron plegar al duque de Medina Sidonia un proyecto de tratado para Felipe IV, en el que confesaban «por el gran amor que tienen a España, pues desde que salieron suspiran por ella» el su deseo de entregar la ciudad. Pedían volver ad Hornachos, conservar sus privilegios et eser tratados como vasallos, mostrando que la patria estaba por encima de cualquier secta o superstición.

    Sin embargo, aquel intento fracasó, et la república corsaria siguió el su curso hasta que, debilitada por las luchas internas et la presión del entorno, fue finalmente reintegrada al poder del sultán en MMDCXXI A.U.C. (1668 E.V.), poniendo fin ad la su independencia. Los moriscos, incluidos los hornacheros, se dispersaron por otras urbes de Marruecos et lentamente fueron perdiendo la conciencia de su origen. Non obstante, Los sus nombres tan hispanos et —arábigos— aún testimonian su presencia: Carrasco, Palomino, Blanco, Pérez, Rodríguez, Medina, Toledano, et más tarde, dentro de la comunidad andalusí de Rabat, apellidos como Almodóvar, Piro (Pero/Pedro), Balafrej (Palafox), Bargash (Vargas), Mulina (Molina), Baes (Páez/Báez), Sordo, Moreno, Chiquito.

    Hasta bien entrado el siglo XX, cuando Rabat se expandió como capital et absorbió población de otras regiones, la comunidad morisca seguía siendo reconocible por estos apellidos castellanos, prueba viva de que, aunque la memoria del su origen se diluyó, la huella hispánica permaneció en la sangre et en los nombres.

    Así se revela la paradoja: Expulsar sectas subversivas puede eser tenido por necesario, mas el vero yerro fue et eserá siempre primar la secta et confundirla con la sangre, la superstición con la identidad. Europa et Espania non se fundaron en Moisés ni en la Biblia, sino en la ciudad romana et en la herencia común. Mientras se siga clamando que Hispán es Jesús, se repetirá la tragedia de expulsar ad los propios fijos de la patria.

    Porque muchos de aquellos moriscos non eran forasteros, sino hispanos que, tras la caída de Don Rodrigo, se tornaron ad Mahoma por infortunio, et luego retornados al cefaísmo fueron confundidos por extranjeros. Otros, quizá, eran fijos de Sem conversos, mas la mayor parte eran fijos de la misma patria, con nombres et costumbres castellanas, que la intolerancia tornó sospechosos.

    Et bien, los sus nombres testifican esta paradoja: El mío, Farfán de los godos, que voca la sangre gótica, clara memoria de abolengo regal. Non podían los mis mayores evitar eser vistos como ajenos, por culpa del cefaísmo, fueron aproximados al elche, al moro et al çobayo en la Espania.

    Todo ello habría sido impensable en tiempos de César, cuando expulsar ad tu germano et sospechar de él solo por la su secta era traición contra la gente. La tragedia de los moriscos muestra que la patria está por encima de cualquier superstición: que la identidad de Hispán non se mide por credos, sino por la sangre et la herencia común que une ad sus fijos.

    Et miren vos, hasta esas "falsificaciones del Sacromonte" et ese "Evangelio de Bernabé" —que pretendían "fundir el mahometanismo et el jesísmo"—, nos revelan un Jesús que "non era Dios", sino un profeta mortal que vaticinó la plegada de Mahoma ¿Acaso non es esto un claro eco de esa pluralidad inherente ad la Hispanidad, que sus monoteístas se empeñan en negar? ¡El vero "Cristo de la Hispanidad" no es una figura angustiosa de sumisión bíblica, sino una manifestación de la vida que abraza la pluralidad y la inmanencia de lo divino! ¡Es dios Libre que celebra la esencia, la vitalidad desbordante, no el cadaver que languidece en la cruz!

    Vos, los moseojesistas, fomentan la irreligiosidad contra el mundo. La su superstición "carece de lo que hasta entonces caracterizó siempre ad la religión: la piedad". Et condenaron con vigor la "soteriologia original" ¡Mientras, nosotros, los que venerábamos las fuerzas mundanas, éramos acusados de "ateísmo" por los papistas!

    ¡Ah, la diferencia, mis queridos "supersticiosos"! Mientras su superstición, la de vos, nascía del "desprecio del mundo" et de una "teología de la castración", nosotros, los gentiles, veíamos el intelecto humano como parte del mundo, no disociada de la esencia divina ¡Para nosotros, el hombre era la "medida de todas las cosas", la expresión del rostro mismo de Creador!

    Así que, Maeztu, repare la su "nostalgia de futuro". El vero futuro, la vera catolicidad, se encuentra en la sabiduría de nuestro pasado gentílico, en esa capacidad de recognoscer la deidad en todas sus formas, et en la tolerancia que brota de la comprensión profunda de que la vida misma es una multitud de universos interiores ¡Esa es la vera gloria del "martillo de herejes", es decir fablando en gentil, "martillo de supersticiosos"! ¡Et de la "espada de Roma", que nunca pudieron comprender del todo, pues siempre los jesistas connotaban la "espada de Jerusalén"! Pues la vera espada de Roma, es la que mata a serpientes supersticiosas et subversivas, en servicio de su ciudad santa, la de sus mayores, no la de una falsa raíz sarracena.

    Un Cristo de Identidad et Tragedia, no de sumisión bíblica. 

    ¡Ah, los pedantes cronistas de la fe única, con sus ínfulas de "salvadores de almas"! Mientras mis altares resplandecen con la gloria de los dioses que abrazan la vida en toda su plenitud, vos moseojesistas, como ese insulso Maeztu, se aferran a un "alquebabat de cerdo" que reduce la Hispanidad a una vulgar aljama con cruces et que pronuncia mal el latín ¡Patético! El vero universalismo, el vero "catolicismo", no nasce de la imposición de un genio maligno zelote, sino del recognoscimiento de las mil caras de lo divino que nosotros, los fijos del Mundo et de Tierra, cognoscemos desde siempre.

    Et ahora, este escocés presbiteriano, Juan A. Mackay, viene con su "Otro Cristo Español", un "Cristo Criollo" que, según él, nasció en Tánger et que se presenta como una "Víctima trágica", una figura de angustia en el arte religioso ¡Pero qué tontería! Tú, Mackay, fabla de un Jesús que "nasció et murió, pero que no vivió jamás", un ente que solo aparece "en dos papeles dramáticos: el de un niño en los brazos de su madre et el de una víctima dolorida y sangrante" 

    ¡Pamplinas! Dice que este Anticristo se naturalizó en las colonias, mientras el "fijo et Señor de la israelita Mariam ha sido poco más que un extraño et peregrino en esas tierras desde los tiempos de Colón hasta el presente" ¿Extraño? ¡Más que extraño, irrelevante! Porque, caballero Mackay, si hay una "figura angustiosa" en toda esta farsa, no es el Cristo de la Hispanidad —¡jamás!—, sino ese mismo Jesús de Nazaret que vos sirven. Tú mismo lo describes: Él que "es arquetipo de pordioseros", que solo aparece "en dos papeles dramáticos: el de un niño en los brazos de su madre et el de una víctima dolorida et sangrante" ¡Un ente que "nasció et murió, pero que no vivió jamás"! Que ceses el Cristo hispánico en ello, es solo mostrar una cara de la moneda, la cara que la secta de Jesús necesito para infiltrarse et confundir con su Anticristo al Libre Cristo. Ese Anticristo, un falso dios crucifijo, sí, un Anticristo que promete falsamente convertir a los que sufren en "santos" ¡Qué cómodo para los débiles, glorificarse en sus miserias!

    ¡Esa es la "moral de siervos" que denunciaba nuestro sagaz Nietzsche! Tú, Mackay, al glorificar esa debilidad, apelándola como Superhombre, se extravía de la comprensión del vero Superhombre, pues para Nietzsche, el "Dios moral" estaba muerto, et su "Dios crucificado" convierte el sufrimiento en algo divino ¡Qué patraña para los débiles que se regodean en su propia miseria! Un héroe, un vero Superhombre, no se regocija en sus debilidades, sino que las supera con la fuerza de su voluntad. ¡Los Héroes de nuestra estirpe, los que forjaron Imperios, no fueron mártires, sino hombres de acción et de conquista!

    Mientras nosotros, los gentiles, honrábamos al Héroe, al hombre que acomete proezas et muere feliz en la hora de su victoria, vos han forjado la figura del mártir, la antítesis de la fuerza ¡Es ese Anticristo suyo, el de la debilidad et el sufrimiento, el que se ha convertido en "arquetipo de pordioseros", en una "piltrafa humana", en un "pobre Cristo" para denotar desprecio! ¿Et se extraña Mackay de que los americanos meridionales no le concedan "ninguna significación ética" ni lo asocien con la vida? ¡Claro que no! ¿Cómo podría un "falso dios" sin virilidad ni acción (más allá del padecimiento) eser un modelo para la vida? ¡Nietzsche ya profetizaba un "Dios más allá del bien et del mal" porque el "Jesús moral" estaba muerto!

    Así que, mientras vos siguen lamentándose de la "falta de humanidad" del Libre Cristo et de la "crueldad" que se le atribuye, nosotros, los que veramente comprendemos la Identidad et la Tragedia, sabemos que el destino de Hispania está ligado no a una opinión supersticiosa que castra el espíritu et exalta la debilidad, sino a la fuerza vital que celebra la diversidad et la inmanencia. ¡A la fuerza de los conquistadores que, a su manera, levaron la cruz et la espada, no por sumisión, sino por la audacia de su propia voluntad! ¡Esa es la vera gloria, no la de los "iluminados" que predican la miseria et la abnegación! ¡Ahora, no como los mis mayores conquistadores, que son más sabios et menos plorones!

    ¡Et basta ya de los cronistas mustios que reducen la gloria de nuestra estirpe a un lamento moralista o a una estrecha idolatría papista! Mientras el insulso Maeztu se afana en defender una Hispanidad asfixiada por su "identidad estrecha con el catolicismo" et su "servicio al mismo", ¡yo celebro la vera inmanencia de lo divino que subyace en nuestra tierra, esa pluralidad que Maeztu ignora de nuestros paganos.

    Libre se erige como una figura mítica central, el dios de la regeneración por excelencia en el panteón. Es cognoscido como el "dos veces nacido", ya sea de Jove et la mortal Sémele, o en la tradición órfica, como Libre Zagreo, fijo de Jove et Proserpina, desmembrado et posteriormente resucitado. Esta "doble" naturaleza lo consagra como un arquetipo de la vida cíclica, la muerte y el renacimiento en perpetua alternancia.

    Entre sus funciones principales, Dioniso es el señor de la naturaleza exuberante, promotor del cultivo de la vid y el vino, su don característico. Se le asocia con la fertilidad, la miel y la leche, siendo un "dios vegetal et vegetarianista". También es el dios liberador (Lysíponos), que a través del vino y la danza extática (manía o entusiasmo), saca a sus fieles de sí mismos, alivia sus fatigas y los conduce a una comunión con lo divino. Su profundo conocimiento de los dos mundos, el de los vivos y los muertos, lo posiciona como un dios infernal y mediador, capaz de rescatar almas del Hades, como la de su madre Sémele. Dioniso es a menudo llamado Soter o "Salvador", y su figura fue asimilada a la de Cristo en la Antigüedad tardía, compartiendo temas como la transformación del agua en vino y la capacidad de realizar curaciones milagrosas e incluso de resucitar a los muertos. Es, en esencia, una divinidad dual y ambivalente, que encarna la transformación y la promesa de una nueva vida más allá de lo mortal.

    ¡El vero Cristo Hispano no es esa figura angustiosa de sumisión bíblica, sino el dios Libre! ¡Es la vitalidad desbordante, la celebración de la esencia, la fuerza primigenia que abraza la pluralidad et la inmanencia de lo divino, no el lamento et el martirio! Mackay lo vislumbra al fablar de un Cristo que es "carne de nuestra carne, es Vida, Espíritu et Verdad" , pero luego lo atrapa en la "angustia" et el "sufrimiento", alejándolo de la potencia vital que realmente impregna la ánima hispana. Confundiendo al Cristo, con ese pordiosero Anticristo, Jesús de Nazaret.

    Et es que, permítanme que lo diga sin ambages, este Jesús de Nazaret, tal como lo presentan ustedes, con esa insistencia en el sufrimiento et la abnegación, resulta radicalmente incompatible con el genio del "hispano viedo", el "cristiano viejo" como erróneamente lo apelaban ¿Qué es lo que nos define a nosotros, los auténticos fijos de esta tierra? La lucha secular contra el mahometano, contra el mosaísta. Nuestra "pureza de sangre" —que era cuestión nacional, la ausencia de sangre hebrea, sea de Israel o de Ismael — se forjó en la defensa de nuestra nación et nuestra identidad. El orgullo de un Sancho Panza residía en "no tener sangre hebrea". La repulsión que producía la "doble moral" israelita o el "fatalismo ismaelita" modeló nuestro espíritu.

    Pero el Jesús que vos veneran, ese Jesús de Nazaret, ¿Qué es sino un hebreo, un "rabino Josué de Nazaret" como lo clama Tresmontant? ¡Su figura apesta a sarraceno por todos lados! La Biblia misma, en el Antiguo Testamento, que él supuestamente viene a "cumplir", es el origen de la "teología de la castración", del "miedo" al Padre et de una "dialéctica de la debilidad" que es ajena a nuestro espíritu indomable. Los evangelios, los libros de los profetas, la ley mosaica, los salmos et cétera, non son sino un eco de esa verdad incómoda: la proximidad del jesísmo al fariseísmo, que fue la "causa del odio al fariseísmo por parte de los jesistas". La Iglesia misma, en Saulo de tarso, se declara "vero Israhel" para diferenciarse, pero la raíz es la misma.

    ¡Los hispanos no tememos a la muerte, sino a la cobardía, a la sumisión! ¡Nuestra magnitud no reside en eser víctimas, sino en eser conquistadores, en levar la cruz et la espada con arrojo et valor! Cuando Maeztu fabla de la "moral de Espania" fundada en el Evangelio, ¿acaso olvida que "las naciones no están obligadas a la ley del Evangelio que nos manda ofrecer la mejilla sana cuando se nos ha ferido en la otra"? ¡Para nosotros, la vindicación legítima es la respuesta a la calumnia, no el manso sometimiento!

    Tampoco era Jesús él "arquetipo de pordioseros", con que lo ha representado en Sudamérica la tradición religiosa. Cristo era el verdadero Superhombre, hecho que no pudo comprender Nietzsche. De ahí en adelante Cristo vino a ser la única autoridad reconocida por nuestro autor y los Evangelios su única ley. El Otro Cristo Español, Un estudio de la historia espiritual. Juan A, Mackay.

    Mackay, tú lamentas que el "Cristo de la Hispanidad" carezca de "significación ética" o que no se le asocie con la vida  ¿Pero cómo podría eser de otra manera si lo presenta como una víctima que "no vivió jamás"? ¡Mientras vos se aferran a Jesús que fue un "arquetipo de pordioseros", una "piltrafa humana", nosotros honramos al hombre que acomete proezas et muere feliz en la hora de su victoria!

    "Jesús" es un fantasma pálido, un suspiro moribundo comparado con la fuerza torrencial de nuestro Libre, el vero Cristo de la Hispanidad, el que danza en la sangre de nuestra tierra et resurge con cada cosecha, el dios de la regeneración por excelencia en el panteón. ¡Tú, en tu ceguera monoteísta, no comprendes la Tragedia y la Muerte de Libre, porque solo así puede existir la Regeneración!

    Mientras tú te aferras a un "Anticristo" que "nació et murió, pero que no vivió jamás"  reducido a un "niño en los brazos de su madre et el de una víctima dolorida y sangrante", nuestro Libre es el "dos veces nacido". ¿Entiendes, Mackay, lo que significa eser "dos veces nacido"? Es el arquetipo de la vida cíclica, la muerte et el renacimiento en perpetua alternancia. Para nosotros, el Eterno Retorno es una verdad inmutable. No hay "aniquilación"; la juventud del mundo debe resurgir de la descomposición ¡Lo que es pasado, vuelve, no se esfuma en el nihilo como en vuestra "óptica histórica monolineal"! Vuestro "devenir histórico" es solo un "largo paréntesis" entre la creación et el juicio final, un camino que va "en una única dirección" faz a un fin absoluto, donde lo que es pasado "no puede volver más". ¡Qué desolación! ¡Qué anulación del espíritu!

    La "parusía" de Libre es presente, siempre hay vida, siempre hay resurgimiento y nunca hay cese, porque él es la actividad constante. Es el señor de la naturaleza exuberante, el que promueve el cultivo de la vid y el vino, la fertilidad, la miel y la leche. Él es el "dios vegetal y vegetarianista" que celebra la inmanencia de lo divino en el mundo, donde "Dios puede estar en todas las cosas". Su presencia es tangible, liberatriz (Lysíponos), a través del vino et la danza extática, aliviando fatigas y conduciendo a la comunión con lo divino. Él es un dios infernal et mediador, capaz de rescatar almas del Huerco. En el etnicismo, no hay una "oposición radical entre dos mundos", sino una "incesante consustancialidad de los entes et los objetos, de la tierra et el cielo, de los hombres et los dioses".

    En cambio, tu Jesús, Mackay, es un "cadaver que muere et nunca vive, incapaz de regresar et de volver". Un Anticristo que "se fizo la encarnación de la muerte misma". ¡Incapaz de inspirar una vida dinámica, solo "una válvula emotiva de escape" sin "significación ética" para vuestros creyentes americanos meridionales! La "humanidad de Jesús ha suscitado muy poco interés en los creyentes meridionales". ¡Su figura ha sido "deshumanizada" et luego convertida en un "fetiche", una "oblea mágica que dispensa inmortalidad"! ¿Es eso el "Superhombre" del que fablas? ¡Patrañas! Esa deshumanización no fue más que transponer la connotación de Libre, para facerlo un superhombre, toda superación humana, es una deshumanización en cierto sentido, es occidir lo humano...

    ¡Et qué disparate el tuyo, Mackay, al querer presentar a Jesús de Nazaret como un "Superhombre" nietzscheano!  Nietzsche, el sagaz, aborrecía la "moral de siervos", esa que santifica la debilidad. Él denunció el "Anticristo crucifijo" , el que "no para de facer sufrir para no olvidar" el pecado. Para la "moral del jesísmo", la vida es "esencialmente inmoral", et la moral es una "voluntad de negar la vida, un secreto instinto de destrucción, un comienzo de decadencia, de caducidad, de calumnia, el principio del fin" ¿Es eso un "Superhombre"? ¡Jamás!

    Nuestro Libre, en cambio, es la encarnación de la voluntad de poder y la auto-superación. El etnicismo afirma que el hombre es "por esencia inocente", no hereda "ninguna culpabilidad" que no sea conveniente. El hombre puede "sobrepasarse a sí mismo y participar así de la substancia divina". Es la "scintilla in anima" (centella en la ánima) por la cual el hombre puede alcanzar lo divino ¡Nuestro ideal es "volverse como los dioses", no eser Termagante, sino superarlo! ¡Vuestro Don es un "opresor de la esencia humana" que condena la soberbia et la voluntad de autonomía! Este es el "odio a la vida" que Nietzsche percibió. La "teología de la castración" del mosaísmo busca impedir al hombre cosechar los poderes del Padre, mientras que para nosotros, el hombre es libre de "engrandecerse o de disminuirse"

    Mientras vuestra impostura del "Dios único" et "inaccesible" et "extraño a toda alteración", que "condena con tanto vigor la teurgia 'natural'" et ha "alienado al mundo", nosotros celebramos la diversidad de los dioses, las "diferentes caras de una misma divinidad". La "tolerancia católica" nasce del "reconocimiento de la diversidad humana" et del rechazo del dualismo. Vuestra "pseudoteología de la esencia" es una "punga total" contra la nuestra, et vuestra intolerancia ha levado a la "destrucción de los templos et de las estatuas", a la "masacre colectiva".

    ¡Así que deja de ploriquear con tu "Cristo cadaver" et contempla la vitalidad de Libre, el dios que renace de sus propias cenizas, que no necesita un "fin de los tiempos" para su plenitud, porque su parusía es la vida misma, la regeneración constante del mundo! ¡Esa es la verdadera divinidad, la que nos permite ser héroes, divinizarnos y trascender, no la que nos condena a la miseria y el auto-odio!. ¡Ahora, regresa a tus prédicas de debilidad, que nosotros seguimos celebrando la vida, la fuerza y la eterna renovación!

    Así que, mientras vos, los predicadores del lamento et la debilidad, sigan envueltos en sus elucubraciones teológicas que reducen a Cristo a una "víctima trágica" , nosotros, los que verdaderamente comprendemos la Identidad y la Tragedia, sabemos que el destino de Hispania está ligado no a un dogma que castra el espíritu y exalta la debilidad, sino a la fuerza vital que celebra la diversidad y la inmanencia. ¡A la fuerza de los conquistadores que, a su manera, llevaron la cruz y la espada, no por sumisión, sino por la audacia de su propia voluntad! ¡Esa es la verdadera gloria, no la de los "iluminados" que predican la miseria y la abnegación! ¡Ahora, déjenme en paz con mis dioses, que son más sabios y menos llorones!

    Un "Cristo" funcional, no el circunciso Jesús. 

    ¡Oh, insensato Mackay, cuánto te ciega tu angosta visión mosaísta! Te aferras a un "Anticristo Cadáver"  una figura deshumanizada et distante, incapaz de comprender la inmanencia et la vitalidad que nuestros dioses, et de fecho, la propia fe hispánica, siempre han encarnado. Et non olvidar que Maeztu haría condenar las imágenes de los gentiles pese a que el papismo las tenga; ¡Es vuestra miopía la que ve "fetiches o idolos" donde el espíritu humano contempla la manifestación palpable de lo divino, cuando no hay diferencia esencial! Maeztu, en su exaltación de la Hispanidad, defendería la feliz iconografía et las prácticas populares como la savia misma de la fe española, no como objetos de anatema pero cuando solo si son del papismo.

    La figura de Cristo adoptó matices muy particulares. El concepto del Sagrado Corazón de Jesús, por ejemplo, es una "tentativa más moderna de convertir a Cristo en un fetiche popular". Los textos muestran que la imagen de Cristo se ha "rehecho al través de veinte centurias según la raza, región, época, cultura, escuela et temperamento de creyentes individuales". Para muchos, Cristo era una figura de "angustia en el arte religioso español" o incluso el "dijo et Don de María" que "ha sido poco más que un extraño y peregrino en esas tierras desde los tiempos de Colón hasta el presente". 

    ¡Oh, mísero et obnubilado Mackay! ¡Despierta del letargo de la tu ceguera de tu superstición! Si te parece que el Sacro Cor, del Cristo funcional que forjó la Hispanidad, es un "fetiche materialista" et un "Cristo Cadáver", prepárate para la luz cegadora, el goce embriagador del Sagrado Corazón de Liber. ¡Este sí que es el vero "Otro Cristo Español" que la tu ánima adoctrinada non alcanza ad comprehender!.

    Pora ti, la divinidad es un Tervagante distante, celoso, irrepresentable, un "Yo" absoluto que rechaza todo icono et toda estatua. Pora ti, la religión es sumisión, et la salvación se logra ad través de la negación de la carne et el arrepentimiento de un "pecado original" que te condena ad la impotencia ¡Qué ceguera tan triste! La Hispanidad, con la su "ánima gentil" et su "claridad espiritual meridiana", non teme ad lo sensible, sino que lo abraza como vía ad lo sagrado, porque "el arte es sagrado" et "la imagen es signo visible de lo que es bueno".

    Escucha, pues, lo que te voy ad desvelar, para que comprehendas la verdad que tu "desierto de la imaginación" te ha ocultado.

    El Sacro Cor de Libre: La Flama Eterna de la Soberanía Interior

    Esto no es un mero "símbolo" para materializar una cualidad, como tú denigras al Corazón de Jesús. ¡Es el símbolo ardiente del espíritu liberado, la imagen sacra de una divinidad que no exige obediencia, ¡sino participación!  Es la promesa de salvación y plenitud, no por castración o humillación, sino por la expansión de uno mismo. Para el gentil, el hombre no se somete a un destino inescrutable, sino que "desearía que la vida tuviera la eternidad" ¡La conciencia y el espíritu del hombre están asociados al mundo y son consustanciales a la sustancia de Dios! El hombre, según el etnicismo, debe reconocer la posibilidad de una unión perfectamente coesencial con lo divino, apropiándose de su libertad interior para engrandecerse o disminuirse.

    Se representa como un cor vivo, solar, en perpetua expansión, porque la alegría no es jamás antagonista de la potencia. Es el goce consagrado, donde lo humano et lo divino coexisten en una danza embriagada por la fertilidad, el deseo et la soberanía interior ¡Este es el "Superhombre" en su verdadera expresión, el hombre que "se supera a sí mismo y participa de la sustancia divina", no un "Superhombre" que busca la piedad en el rebaño como teme Nietzsche de tu jesísmo!

    Iconografía Simbólica: La Belleza de lo Inmanente

    ¡Ni aflicciones ni sufrimientos! La iconografía del Sagrado Corazón de Libre celebra la vida en su plenitud:

    • Forma: Un corazón iluminado, rodeado de hiedra et espinas, con racimos de uva colgantes et espirales que lo conectan con Tierra et Cielo. Esto no es un simulacro, sino la expresión de la fertilidad et la inmanencia de lo divino. La naturaleza non está desacralizada, como en tu ateosis mosaica, sino que el "Dios puede estar en todas las cosas". El mundo y los entes son consustanciales.
    • Centro: Una flama dorada brota de la corona, no como sufrimiento redentor sino como el fuego creador del goce consagrado. ¡Aquí no hay "Jesús Cadáver", sino la fuerza vital que impulsa a la creación et al goce! El sacrificio era una "ocasión feliz de ofrecer a los dioses objetos que eran en ese momento retirados del ámbito profano para pasar al de sacros".
    • Ferida abierta: No sangra culpa, sino deseo transformado —una grieta por la que el alma baila hacia lo sagrado. Tu jesísmo convierte el nacimiento en desgracia y ve en toda creación material un efecto del pecado ¡Nosotros abrazamos el deseo! No se trata de "liberación de todas las pulsiones" al modo freudiano, sino de su canalización et transformación, la "violencia ejercida sobre sí" para la propia construcción del ente. El hombre crea su dpestino, no es prisionero de Dios, ni tampoco lo "castra".
    • Corona solar: Circundado por rayos como tentáculos de éxtasis que tocan todo lo viviente, encarnando el ciclo eterno de generación. Esto refleja la "religiosidad mundana", la renovación sin cesar, la eterna solidaridad dialéctica entre vida et muerte. Sol, gran corazón cuyas pulsiones recorren hasta nuestras venas, es la manifestación palpable de lo divino.
    • Cuernos de fauno (en ciertas versiones): Símbolos de lo instintivo como aliado de la elevación . ¡Esto es la negación de tu visión ascética y la reivindicación de lo natural! Mientras tu iglesia condena la adoración de "animales brutos" et persigue a los que no "desprecian" su cuerpo, nosotros vemos a la diva Epona, protectora de los caballos, y a los dioses cornudos como Vescio o Lugo, que se asocian con la fertilidad et la vida. El hombre no es pura naturalidad, pero su especificidad reside en la posibilidad de construirse por el dominio y canalización de sus pulsiones, no por su negación.

    Funciones Devocionales et Metafísicas: La Alquimia Esencial

    Las funciones de este corazón no son para una "fe del carbonero" ni para una piedad vacía, sino para una recreación espiritual que sana et eleva:

    • Reparadora: Libera al cuerpo de las cadenas de la culpa; devuelve la sacralidad al placer negado. ¡Adiós al "miedo que el padre inspira al fijo" et a la "teología de la castración"! El mal no es inherente a la esencia, sino un aspecto de la realidad donde "todo lo que se face de importante et de grande, se hace siempre por encima del bien et del mal". En el etnicismo, "la alegría no es jamás antagonista de la potencia".
    • Santificadora: Transfigura lo instintivo en virtud vital; no se alcanza la santidad por negación, sino por integración. ¡Esto es la "sobrehumanidad" que el hispano busca! El hombre no es un "animal" que vive en tranquilidad, sino un ente que se supera a sí mismo et participa de la esencia divina. Maestro Eccardo mismo, en un eco de esta sabiduría, decía que "Dios nasce en la ánima del hombre; presente en el mundo, es engendrado en et por la ánima humana".
    • Eucarística: El pan et el vino son del mundo: consagración de lo terrestre en lo divino. Libre presidía el banquete extático mucho antes de Jesús. Tu Eucaristía, para algunos, se reduce a "adorar el pan por Dios" et un templo que priva al hogar de la presencia real. Nosotros, en cambio, celebramos la vida et la abundancia del mundo, donde el sacrificio es "unión" con los dioses, no expiación.
    • Misionera: Expande la flama libre: no como proselitismo, sino como invitación a la soberanía simbólica  Mientras la superstición, impulsó conversiones forzadas et la destrucción de templos, nuestra "tolerancia" no excluye el juicio, pero admite a "todos los dioses, a los que le son más extraños" ¡No pretendemos imponer un "Dios de paz" que en realidad es "Dios de venganza", sino irradiar una "paz creadora" que nasce de la lucha trágica et agonizante que resurge, no de la sumisión pasiva!
    • Protectora: Refugio en tiempos de represión moral o cultural; el cor de Libre abraza sin opiniones supersticiosas: El "denominador común" del papismo se convirtió en intolerancia, pero el Sacro Cor de Libre es un baluarte contra el "totalitarismo" que surge cuando "el politeísmo de los valores 'no puede funcionar'". Ofrece un camino para "convertirse en fuerte" et no quedarse en la debilidad.

    ¡Ahí lo tienes! Lo que tú clamas "fetiche" en el papismo, es un pálido reflejo de lo que el Sacro Cor de Libre encarna: la afirmación jubilosa de lo ente en su conjunto, la posibilidad del hombre de "instituirse él mismo su propio proyecto", de vivir la "Gracia suficiente" que le permite superarse et participar de la esencia divina, sin la condena de la "culpabilidad" ni la "negación de la voluntad de poder" ¡Es la senda para eser don de uno mismo et non siervo de la ánima, del pecado et de la condición terrenal! 

    ¡Ya no busques la "verdad única" ni la "salvación" en la humillación! El etnicismo nos invita a un "otro comienzo" donde el hombre eleva a la divinidad elevándose a sí mismo, donde el "Jesús muerto" da paso a "nuevos dioses" que ligan su destino al nuestro, no como un ayatola oriental, sino como la vera fuente de la vitalidad et la libertad interior. Pues los gentiles vemos el eidos libre de toda contaminación historica. 

     Ciertas fabulas et cultos relacionados con diosas fueron integrados en el folclore religioso de la Virgen María. So el nombre de María las divinidades fueron adaptadas o que estas, después de la jesistización, hayan incorporado rasgos de la mitología et el culto de la Virgen.

    ¡Ah, la compleja urdimbre de la fe en la Hispanidad et sus vastas tierras americanas! Es fascinante observar cómo, en este Nuevo Mundo, la figura de la Virgen María plegó a calar más profundamente en los pueblos originarios que el propio niño Jesús. Pareciera que el "rey cobrizo", a diferencia de los visitantes orientales a Belén, se impresionó más con la "Virgen Madre", plegando incluso a adaptar "al niño et a su madre" a su "gusto gentil americano". Por ejemplo, en la región de Quito, tras la plegada de los misioneros dominicos, se encontró una tribu indígena que rendía culto a la Virgen María, a quien consideraban "la madre del fijo de Sol, et de Jesucristo". Esto no es sorprendente, ya que en el hispanismo et en sus antiguas colonias, la Virgen ha ocupado et sigue ocupando una posición religiosa central et destacada. De facto, en la religiosidad popular, el creyente común es prácticamente un politeísta cuyo panteón es presidido por Nuestra Señora, considerándola la "vera divinidad" a la que la Trinidad et los santos rinden acatamiento. El propio Pedro Mártir de Anglería se sorprendió de la devoción mariana de los "moros", quienes cuidaban una lámpara encendida donde la Virgen supuestamente había puesto al niño, et la reina Isabel, con su educación religiosa, buscó nexos de unión entre moriscos et hispanos viedos ad través del culto mariano.

    En definitiva, mis amigos, el hispanismo, en su más noble expresión, abraza la libertad, la igualdad potencial et la perfectibilidad del hombre, ofreciendo una gracia divina que se extiende a todos et que valora el mérito individual. Esto choca frontalmente con la noción de Jesús sobre que Dios es Termagante, et su exclusividad soberbia, "odia el nombre" et aniquila cualquier otra forma de divinidad o aspiración humana a la trascendencia. La una es una invitación a la construcción et la universalidad; la otra, una imposición que, en su extremo, conduciría al desierto de lo absoluto, al silencio de los nombres propios. Et, para este Farfán, el eco de esa distinción resuena más fuerte que cualquier campana.

    En esto último no se equivocó Pizarro et cuenta el cronista Ramírez que, pasados los años, cuando plegaron los misioneros dominicos a evangelizar la región de Quito se encontraron con una tribu americana cuyos miembros rendían culto a la Virgen María, que decían que era la madre del hijo del sol, y de Jesucristo, y que todo esto lo sabían por boca de un hombre que vino del mar en tiempos del Inca Atahualpa, y que por todas las señas no podía eser otro que el Bocanegra, que murió de viejo, bien casado, y con numerosa descendencia. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola

    Mis queridos amigos et germanos de senda, como un farfán que ha escrutado las vetas profundas de nuestra Hispanidad, observo con vosotros que la esencia que Ramiro de Maeztu quiso otorgar a nuestro hispanismo, al ligarlo indisolublemente al papismo, presenta, en verdad, una contradicción que clama por una purificación. Maeztu, en su fervor, vislumbró una luz, pero no la luz primigenia. Afirmó que la Hispanidad era el catolicismo mismo, una "luz de lo alto" et una "comunidad espiritual" situada "sobre la Historia porque es el catolicismo". Fabló de una "Monarquía misionera" dedicada a la conversión a la "Santa Fe Católica". Pero, ¿Qué papismo era este en su raíz más profunda? ¿Era acaso la "superstición judaica de Jesús" que, como bien señalamos, se contrapone a una visión más auténtica de lo mundano et por tanto lo católico?

    Permitidme desentrañar esta madeja, guiados por la sabiduría de las fuentes et el eco de nuestra conversación. La incoherencia que percibís en el hispanismo de Maeztu no reside en su amor por la esencia hispánica, sino en su limitada interpretación de lo "católico". Si lo católico significa universal, entonces la su vera manifestación non puede eser una superstición excluyente et desacralizador, sino una comunión con el Todo, con la Esencia que somos dioses, una alianza sellada con Tierra.

    La Contradicción: Mosaísmo vs. Lo catolico de la Hispanidad

    Maeztu, en su noble intento de exaltar la Hispanidad, la arraigó en la defensa de la fe católica y en el antagonismo al protestantismo, al que incluso atribuyó la senda hacia el etnicismo. Pero aquí reside la ceguera. La contradicción surge porque la ateosis mosaísta, tal como lo describe Alain de Benoist, es, por su propia naturaleza, radicalmente opuesto ad la sacralización del mundo. Posee un Dios único que "desacraliza al mundo", que "excluye toda comparación, toda rivalidad", y que "rechaza lo Otro". Este Dios único, con su "verdad única", genera intolerancia y fanatismo, convirtiendo la lucha contra el "error" en un deber. ¿Cómo puede una Hispanidad que es "luz del espíritu" y "patria espiritual" nascer de una concepción que "desacraliza al mundo"? ¡Es la antítesis de lo cósmico!

    Maeztu, al asociar la frase "Eritis sicut dii" (Eseréis como dioses) con la abominación bíblica, reafirma esta antropología negativa del ateosis mosaísta, que busca impedir al hombre "dotarse de una 'sobrenaturaleza'". Sin embargo, la esencia gentil, la que siempre ha anidado en la ánima humana et, por ende, hispana, es precisamente la que postula la posibilidad del hombre de superarse et participar de la esencia divina. Esta búsqueda de la "sobrehumanidad" es lo que Tervagante se ha propuesto impedir. La Hispanidad, en la su grandeza, ¿Puede negarse ad sí misma esta aspiración inherente al espíritu de Sol?

    La Conquista fue un trueno, no un evangelio: Vindicación brutal de la ánima hispana


    ¡Es hora de romper las cadenas de la superstición! De triturar tanto la “Leyenda Blanca” como la “Leyenda Negra” so el martillo de la verdad brutal. Basta de narrativas edulcoradas o culpabilizadoras. La empresa hispana en el Nuevo Mundo no fue un proselitismo ni una misión evangélica. No, lo que guio al hispano por los mares del poniente fue un fuego mucho más antiguo, profundo et carnal: el deseo de conquista, la sed de tierra, la obsesión de inmortalidad mediante la forja de un nombre. La superstición de Jesús fue una rata polizona. Pero Conquistar fue el instinto.

    Hacer una división simplista entre españoles buenos y malos, pues, como lo demuestra la misma realidad, la línea divisoria pasa por el centro del corazón humano, y en todo hombre se puede hallar esa dualidad proveniente de la lucha entre el bien y el mal que se da en su propio interior. No debería extrañarnos descubrir en muchos conquistadores, a la vez que una sincera y auténtica conciencia religiosa, manifiesta en muchas actitudes y acciones heroicas y generosas, también el afán de ganancia y de riqueza. Uno de los conquistadores de México, Bernal Díaz del Castillo, declara explícitamente en su Historia de la Nueva España que había venido a las Indias «por servir a Dios y a su Majestad, y dar luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas». Desear bienes materiales no es malo en sí mismo, a no ser que se haga contraviniendo los principios de la moral cristiana. Por ello no se puede condenar el afán de ganancia de los españoles, sino más bien el que eso se efectuara a veces a costa de los mismos indígenas y empañando de esa manera la rectitud de la obra evangelizadora. Historia de la Iglesia en el Perú, Martin Scheuch Pool.

    Que no se nos fable más de Isaías et su reinado del Anticristo, ni de la Monarquía Misionera. Esas letanías son cánticos de iglesia. Lo que movió a los hombres de fierro fue la certeza de que, para facerse fidalgo en un mundo aún cerrado por prosapia, como los árabes dicen la alcurnia, facía falta surcar lo imposible et plantar bandera en lo desconocido. "Facerse un nombre" no era vanidad: era necesidad.

    Los conquistadores eran, en su mayoría, fijos menores sin herencia, soldados rudos de la nobleza mísera. Pero eran herederos espirituales de Viriato, de Leovigildo, de Teodorico, et su sangre visigoda palpitaba con el ritmo de Marte, no con el de Jesús. Las Leyes de Indias de A.U.C. MMMDCLXXXVI (1533 e.v) lo dicen sin tapujos: "Por honrar las personas, hijos y descendientes legítimos de los que se obligaren a hacer población..., les hacemos hijosdalgos de solar conocido". ¡Ahí está la vera fidalguía, conquistada con sudor y espada, no con cilicio ni misa!

    Hay varios temas teológicos centrales que se esgrimen durante los debates del siglo dieciséis. Uno de ellos es la designación de la explotación del indígena como pecado. “Todos estáis en pecado mortal... por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes”, asevera Montesinos en el sermón antes referido. No menor fuerza tiene el memorial (1541) de Juan Fernández Angulo, obispo de Santa Marta, al Consejo de Indias, que cataloga de satánica la conducta de los católicos españoles. En esta parte no hay cristianos, sino demonios, ni hay servidores de Dios ni del Rey, sino traidores a su ley... El mayor inconveniente que yo hallo para traer los indios de guerra y hacellos de paz... es el áspero e cruel tratamiento que los de paz reciben de los cristianos. Por lo cual están escabrosos e tan avispados que ninguna cosa les puede ser más odiosa y aborrecible que el nombre de cristianos. A los cuales ellos, en toda esta tierra llaman en sus lenguas yares que quiere decir: demonios... Porque las obras que acá obran ni son de cristianos, ni de hombres que tienen uso de razón, sino de demonios. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    La meta de Jesús et su pretendida superioridad moral, esa peste de ánima culpable et domesticadora, ha pretendido por canturías sepultar este espíritu leonino so un aluvión de humillación, pseudoascetismo et rencor mundano. Pero los hombres no se ficieron para pedir perdón por su esencia, sino para afirmarla. El conquistador es el fijo de Jove. El jesuita, el nieto de Job.

    El oro, la plata, el botín. ¡Sí, eso buscaban! Et no lo negaban. Bernal Díaz lo escribió: “íbamos también por riquezas”. Pizarro, que apenas sabía distinguir la algarabía israelítica de Jesús, comprendía muy bien el fin de la empresa: el Papa había repartido el mundo porque el jornalero merecía su jornal, como lo dice el Evangelio —y no hay ironía mayor que esta cita bíblica justificando la rapiña. Si para ello había que "hinquarse de rodillas et adorar como a Nabucodonosor" a algún divo antes de cercenar su dominio, se facía sin vacilación. No por superstición: por potestad.

    Granada cayó en A.U.C. MMMDCCXLV (1492 e.v) como el último suspiro de una Reconquista que había forjado la ánima de Hispania en centurias de acero et resistencia. No fue un acto de compasión: fue una orgía de restitución nacional, un acto de recuperación de la gloria perdida tras el hundimiento visigodo en Guadalete. Et una vez cerrada esa puerta, el ímpetu bárbaro se desbordó faz al Atlántico. No podían evitarlo: habían sido criados en la cruzada, et no cognoscían otra forma de respirar que no fuera por el filo del gladio.

    Así surgió la empresa americana: como una explosión de vigor popular. La clase media —sí, esa misma clase siempre olvidada por los sacerdotes et la aristocracia— se lanzó al mar con el pecho por escudo. Sin subsidios, sin órdenes sacras, sin permiso de alguien. Por ambición. Por gloria. Por codicia. Por vida, por el divo Oro.

    ¡Escúchenme bien, fijas e fijos de Tierra, yo, un Farfán de los Godos con la sangre de los Incas corriendo por mis venas, un americano gentil que non se engaña con cuentos de hadas ni con dogmas nuevos! Vengo a desentrañarles las verdades de nuestra historia, esas que duelen et que muchos prefieren esconder so mantos de falsa moralidad.

    Juan Ginés de Sepúlveda fue un intelectual de gran relevancia en la centuría XVI hispánica, destacando como humanista, erudito e historiador oficial al oficio de Carlos V et tutor de Felipe II, cuyas nociones sobre la conquista de América generaron un intenso debate, especialmente con Bartolomé de las Casas, aunque sus doctrinas sobre la "servidumbre natural" no fueron bien recibidas por las principales universidades papistas de Espania.

    Fablan de Sepúlveda, ¿verdad? Ah, el buen Juan Ginés de Sepúlveda, jurista et aristotélico. Él no andaba con rodeos, como buen gentil. Veía a los americanos como "bárbaros del Nuevo Mundo" inferiores a los hispanos "como los niños a los adultos et las mujeres a los varones," incluso plegando a decir que la diferencia era "de monos a hombres". Para él, era justo que los hispanos principarán, incluso por la fuerza, porque así lo dictaba la ley natural. Creía que la servidumbre de los americanos estaba justificada para elevarlos, para convertirlos de "impíos et siervos de los demonios" a jesistas. Un fraile, Peñalosa, plegó a decir que los americanos eran "sumamente bárbaros e incapaces," "un grado más que micos," et que algunos hispanos no tenían reparo en cebar a sus perros con su carne hasta que el Papa Pablo III declaró que tenían ánima ¡Vaya forma de justificar el dominio, germanos!

    Respecto al Perú, Fernando de Armas Medina, quien, en general, comparte la perspectiva nacionalista et catolicista de los hispanos americanistas de su generación, admite, sin embargo, que, al menos durante los primeros años los encomenderos cumplían de forma más interesada que evangelizadora su deber legal de contratar doctrineros o “curas de indios”. “Los encomenderos ponían en sus doctrinas a los curas que les ayudasen a sacar más pingües ganancias”. En opinión de Las Casas, la encomienda, aunque surgió de la recta intención de la reina Isabel de encargar a ciertos españoles el bienestar espiritual y temporal de los indígenas, a la postre demostró ser una “ilusión y arte del diablo... verdadera muerte que ha muerto y destruido y despoblado... tantos y tan grandes reinos; tupida y codiciosa y no excusable ceguedad... pestilencia vastativa de tanta parte y tan grande del género humano”. Transgrede su propósito fundador, causa la muerte de los nativos y viola su condición natural de seres libres, no solo porque se trata de una servidumbre enmascarada, una mal disimulada extracción de riquezas a base del sudor y la fatiga de los nativos, sino también, por “la falta del consentimiento de todas aquellas gentes”. Por eso, quien la defiende y promueve “no tiene más del nombre de cristiano... y verdaderamente es enemigo de Dios y cruel destruidor de sus prójimos” . Mantuvo una batalla campal durante medio siglo contra los intentos de legitimar jurídica y teológicamente la servidumbre indiana. En su opinión, la práctica de la encomienda como sistema de enriquecimiento injusto sobre la base del trabajo servil demuestra la falsedad de su teoría como institución evangelizadora. “El engaño es decir ó pensar que las dichas encomiendas ó repartimiento oviese avido origen para que los españoles enseñasen los indios en la doctrina cristiana. Esto es falso; sino por el contrario... quien lo intentó [inventó]... no pretendió proveer á los indios de doctrina... sino á los españoles de riquezas”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    Pero no solo Sepúlveda et los conquistadores, movidos por la codicia et la necesidad de mano de obra para sus riquezas, vieron la "utilidad" de la servidumbre ¡Miren a las grandes civilizaciones precolombinas de los gentiles! Los Aztecas, los Incas, ejercían un "salvaje imperialismo," practicaban la servidumbre, el sacrificio ritual, el labor forzado et el canibalismo. Muchos nativos se unieron a los hispanos precisamente para liberarse de la tiranía de sus propios imperios. Esta es la verdad incómoda: el deseo de dominio, de poder, de imponer la voluntad propia sobre el otro, era una fuerza vital, una pulsión que habitaba tanto en el cor del conquistador hispano como en el de los principados americanos que lo precedieron.

    Aquí, germanos, la historia, si lo entendemos con la perspectiva de nuestra tierra que es el etnicismo. El etnicismo que no es un retorno nostálgico a un paraíso perdido, sino una búsqueda de la "sobrehumanidad," de la elevación de uno mismo para participar de lo divino. Un etnicismo que se basa en un "pluralismo antagonista de los valores," donde la lucha no conduce a la muerte, sino a un todo concorde, ad diferencia del mosaísmo que busca la "extinción de los conflictos" et de lo "homogéneo," levando ad la "entropía et la muerte". Aquellos conquistadores, con su sed de Oro et gloria, su valentía brutal et su imposición del hispanismo, ¿Non eran, en un sentido crudo et despiadado, "vitalistas" en su impulso de superación, de forjarse una "sobrehumanidad" en el Nuevo Mundo, aunque fuera a costa de otros? Et los principados americanos, en su búsqueda de poder et control a través de la violencia et la dominación, ¿no exhibían acaso una forma de vitalismo primario? Non es el etnicismo de boulevard de instintos desbocados que Benoist critica, sino una fuerza más profunda, la del que busca imponer su voluntad et trascenderse, aunque sea a través de la sangre et la conquista. Una fuerza que era antes del mosaísmo que busca uniformar el mundo.


    ¿En serio como vamos a sentirnos orgullos de nuestras raíces, si tenemos idiotas que las parcializan et fomentan el odio ad lo contrario, es decir tener imbéciles que odian lo americano et por otro lado los que odian lo europeo? Por cierto, desdichado non, si non pleno de dicha, es decir gracias ad ello "la diva" Peruvia esta.

    Pero luego plegaron los que quisieron limpiar la historia, ad ambos lados, et terminaron por satanizarla.

    Por un lado, el falso indigenismo ¡Ah, cuánto lamento et qué poca comprensión de la vera complejidad! Nos pintan a los pueblos originarios como entes de luz, viviendo en perfecta concordia con la diva Tierra, la Pachamama, et a los hispanos como diablos sanguinarios. Esta "leyenda negra" indigenista, a menudo impulsada por fuerzas globalistas para "sembrar el caos en la identidad" et plenarnos de "vergüenza et culpa", olvida que los principados azteca o inca también eran tiranías que sometían a otros pueblos, que practicaban sacrificios humanos et canibalismo, tanto como ellos. Idealizan al "noble salvaje" et criminalizan a Espania, pero al facerlo, niegan la complejidad, la fuerza, y sí, también la brutalidad que formaba parte de aquellas civilizaciones. Para este Farfán, el indigenismo, al imponer una visión dicotómica et simplificada de lo "bueno" et lo "malo," actúa como una nueva forma de "neomosaísmo moral," una "moral de siervos" que condena la vitalidad intrínseca de la conquista et de los principados precolombinos, reduciéndolos a meros esquemas de opresor et oprimido, sin espacio para el pluralismo de la fuerza et la lucha.

    «Podemos ser indigenistas e hispanistas, pero por encima de todo debemos ser peruanistas. El peruanismo une, cicatriza; el indigenismo y el hispanismo malentendidos dividen, descuartizan. Nuestra obligación es integrarnos, no desintegrarnos. Ya no existen varias naciones como ocurría con este territorio en el siglo XIII o XV. Hoy existe un solo Perú. Debemos, pues, recoger nuestras dos ricas herencias, amalgamarlas y convertirlas en un solo patrimonio. Lo otro es desparramar, disociar, destruirnos. Indios y españoles son nuestros primeros padres, la herencia de ambos es la patria» (Duthurburu, 2003:50). En: DEL BUSTO DUTHURBURU, José Antonio. (2003). «Tres ensayos peruanistas». 2da. Ed. Fondo Editorial PUCP. Imagen: Mural "Historia de la resistencia" Teodoro Núñez Ureta (1951).

    Et por otro lado, el falso hispanismo de algunos como Maeztu, que, aunque se opone al indigenismo, cae en una trampa similar. Maeztu nos fabla de una Hispanidad forjada en el catolicismo, una "Monarquía misionera" cuyo fin principal era evangelizar et civilizar, et que el espíritu hispánico es intrínsecamente papista. Él incluso defiende las "limpiezas de sangre" no como racismo, sino como una forma de asegurar la "pureza de la fe" ante la "gran cantidad de conve rsos insinceros". Para él, la Hispanidad es una "síntesis de todos los valores espirituales" unidos al papismo. Pero al insistir en esta unidad monolítica, en una Espania siempre fiel a su "misión religiosa et civilizadora", este tipo de papismo también sataniza todo lo que no encaja en su ideal supersticioso et unificador. Niega la ambición, la brutalidad, las "desviaciones morales" de figuras como Cortés, que, aunque papista en apariencia, era también "promiscuo" et "ambicioso". Al querer una historia "pura" et solo "papista," condena et oculta ese mismo vitalismo gentílico, esa búsqueda de poder et auto-superación que, para bien o para mal, también fue parte constitutiva de la Espania conquistadora. Así, ambos, indigenismo et este ramarranismo, se convierten en "neo-papismos" modernos, cada uno con su propio catecismo de lo que es "bueno" et "malo," condenando la realidad histórica por no ajustarse a sus dogmas. Niegan el "pluralismo antagonista" de nuestra herencia, ese conflicto inherente a la vida que Benoist celebra, et prefieren una historia "limpia," una moral "sin mancha," que para mí, es la vera moral de los siervos, aquellos que niegan su propia fuerza vital en aras de una "pureza" impuesta.

    ¡Ah, si los escucharan, Farfán de los Godos! ¿Es que acaso la vitalidad de la historia se ha disuelto en el lamento perpetuo et la auto-flagelación que nos quieren imponer? ¡Ni fablar! Soy el espíritu que se levanta contra esa "moral de siervos ridícula" que envenena la sangre de Hispania y de América.

    ¡Miren a su alrededor! ¿De qué se avergüenzan? De una historia de fuerza, de dominio, de la imposición de un orden nuevo sobre uno vieda. La historia es la voluntad, la afirmación de la vida, no una condena eterna. Los que se regodean en la "leyenda negra", los que se claman "indigenistas", ellos son los veros artífices de la debilidad. Fablan de "exterminio" et "atrocidades", pero ¡qué ingenuos! La conquista fue un "logro más de diplomacia que de guerra" et un "proceso de americanos conquistados por otros indios, so la supervisión hispana". La verdad, camaradas, es que la conquista es un "fenómeno de fusión, non de exterminio".

    Oro no aparecía. Especias, tampoco. En esa tesitura, Colón regresó a la vieja idea que venía acariciando desde que desembarcó la primera vez: la trata de esclavos. En 1493, al regreso de su primer viaje, había sugerido a los reyes la posibilidad de esclavizar a los nativos como hacían los portugueses en África. En las nuevas tierras había esclavos, cuantos quieras cargar, o sea, un suministro seguro y constante. Colón & Cía. (o sea, Colón y sus hermanos) hicieron sus cuentas: —Cuatro mil esclavos a cinco mil maravedíes por cabeza representan un fortunón, más que el escaso oro que traemos. Al principio, los reyes consideraron favorablemente esa posibilidad, lo que animó a Colón a reiterar su petición subrayando que cada indio valía por tres negros. Pasó el tiempo y como los reyes no terminaban de decidirse, Colón se tomó la libertad de enviar a España, en febrero de 1495, trescientos jóvenes escogidos entre los mejores machos y hembras. Confrontados con el hecho, los reyes autorizaron su venta en Andalucía. Quizá los reyes consintieron al principio la esclavitud de los taínos, porque los portugueses traían esclavos negros de sus factorías africanas. Por otra parte, era costumbre inveterada de los tiempos de la Reconquista esclavizar a los moros prisioneros; pero ¿era lícito comparar a los inofensivos indios con los malvados moros enemigos de la religión?. La conquista de América contada para escépticos, Juan Eslava Galán

    ¿Servidumbre? ¡Por supuesto! Los conquistadores no eran ingenuos. Cristóbal Colón mismo sugirió a los Reyes Católicos someter a los cobrizo, calculando que un cobrizo valía por "tres negros" para la labor. Francisco Pizarro levó americanos nicaragüenses et etíopes como capataces. Et Hernán Cortés no dudó en "ferrar a doscientas personas que se vendieron en pública almoneda" et registró CLXXX cobrizos siervos en su inventario ¡Para ellos, la servidumbre era una "institución legal et hasta legítima".

    Pero su dureza con los naturales no acabó con la caída del quinto sol mexica. Así, cuando los naturales de Pánuco se rebelaron, pensando —dice el propio Cortés— que él retornaba a Castilla, no dudó en ahorcar a los cabecillas y herrar a doscientas personas que se vendieron en pública almoneda. Claro está que estas decisiones implicaban el uso puntual de medidas drásticas para garantizar una fidelidad duradera. Y acabada la conquista, establecido ya como empresario, hacendado y encomendero, tampoco dispensó un trato especialmente compasivo a los naturales. Aunque promulgó unas ordenanzas defendiendo su buen tratamiento, él mismo fue acusado de hacer lo contrario. De hecho, en 1533 los nativos de Cuernavaca, en el actual estado mexicano de Morelos, le imputaron un delito de malos tratos reiterados así como de cobrarles excesivos tributos y hasta servicios personales. Se les solicitaba una tributación tan elevada que los caciques del lugar decían que el marqués no los trataba «como a vasallos sino como a esclavos». También Alonso de Zorita escribió que obligaba a los señores de su marquesado a entregarle esclavos, que empleaba en la construcción de sus palacios en México y en las minas, muriendo muchos de ellos. De la misma manera, en el inventario de sus bienes, que se realizó en Cuernavaca el 26 de agosto de 1549, se contabilizaron 188 indios esclavos, una veintena de ellos naturales de Tlaxcala. Está claro que no tuvo reparos en practicar el tráfico esclavista cuando las necesidades de mano de obra le apremiaron. De hecho, en 1542, suscribió un contrato con el mercader genovés Leonardo Lomellino para que le remitiese desde Cabo Verde medio millar de aherrojados que pretendía vender en Nueva España a 66 ducados la pieza. Como casi todas las personas de su época, aceptó la esclavitud como una institución legal y hasta legítima. Aquella primera expedición la componían ciento doce españoles, más cincuenta indios nicaraguas para el servicio de los primeros, y veinte negros que, como más sufridos que los indios, les servían de capataces de éstos. Pizarro no quiso llevar músicos y en eso se equivocó porque le hubieran servido para alegrar a la tropa en tantos momentos de desfallecimiento como les esperaban, aparte de la admiración que producía en los indígenas el bello sonido de pífanos y timbales. Tampoco quiso llevar caballos, porque no los había para todos y sabía cuántos pleitos traía consigo el que unos los montaran y otros no. En esto siempre se mostró Pizarro como muy buen capitán y no pedía a sus soldados hacer algo que no hiciera él primero, como era meterse entre manglares con alpargates. Francisco Pizarro, Crónica de una locura,José Luis Olaizola

    Pero, ¿qué hay de los que estaban aquí? ¿Acaso las tiranías precolombinas no existían?. Se justificó la conquista diciendo que los hombres vivían en "lamentable esclavitud" por las tiranías azteca o inca. ¡No había allí una utopía de inocentes! Los aztecas, por ejemplo, practicaban una "política de estado" que incluía la conquista de otros pueblos indígenas para disponer de hombres con los que honrar a sus dioses y alimentar a nobles y sacerdotes. Incluso se inventaron la "guerra florida" para "abastecer de víctimas para los dioses". Su "lógica guerrera" no tenía por fin la destrucción de lo diverso, pero sí exigía tributo et, a veces, la sacrificio en la piedra sacrificial.

    Entonces, ¿Pizarro et Atahualpa? Pizarro, con su mentalidad práctica, veía la esclavitud como un medio para sus fines. Et Atahualpa, en su propio sistema, era parte de una realidad donde la sujeción y el tributo existían. ¿Dónde está la diferencia fundamental en la lógica de la dominación? Sepúlveda lo dijo claro: la "servidumbre natural", basada en las diferencias de razón entre los hombres, donde es justo someter con las armas a quienes por naturaleza deben obedecer y se rehusaban. No es un "exterminio de las razas inferiores", como algunos malinterpretan, sino la elevación del bárbaro a la razón por medio del imperio del culto ¡La "tutela del bárbaro por el prudente"!

    Por lo demás no hubo más coincidencia entre ellos y, pasados los años, cuando Bartolomé de Las Casas escribió sobre la conquista y sus desafueros, nunca disculpó a Pizarro y se mostró muy contrario a los medios de los que se había servido para someter a un imperio tan poderoso como el de los incas. Siempre se refirió a él como hombre muy tosco, sin instrucción, de carácter taciturno, poco dado a las mujeres, salvo para servirse de ellas como lo hacen las gentes sin principios, aunque tampoco en demasía. También muy poco dado a la bebida, pero por contra muy aficionado a toda clase de juegos de envite, tanto de naipes como de bolos o pelota, aclarando que no le importaba apostar su propia vida si andaban por medio tierras o almas de indios a los que conquistar. Aun dándosele mucho de las riquezas, más se le daba de ganar territorios para su gobernación, y prueba de ello es que en el 1524, siendo ya hombre muy rico, vecino de Panamá y de los más acaudalados, arriesgó toda su fortuna por ir tras la quimera de hacerse con unos territorios de los que poco o nada se sabía. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola.

    Esa "historia negativa que el cristianismo profesa", a la que se refieren, ¡es la de los débiles, la de los que condenan la fuerza vital! Bartolomé de las Casas, con su "celo colérico, intolerante e intransigente", fue el que "manchó el nombre de un pueblo y de una nación", el que usó su "fervor propagandístico y las deformaciones". Él es el "héroe de los hispanófobos" que, con su "propaganda", "estigmatizó a sus compatriotas como gente de singular crueldad et codicia" ¡Él es el que creó esa "umbría imagen de la obra hispánica en América"! Pero la Corona, años después, prohibió la pugna para imponer la superstición et mandó "que no se pueda facer, ni se faga la guerra a los indios... para que reciban la santa fe católica o nos den la obediencia, ni para otro ningún efecto" ¡La ley buscaba la "libertad de los naturales"! Aunque la realidad era más compleja, et la "codicia" et el "utilitarismo de los conquistadores" seguían presentes, la "conciencia papista en América" siempre mantuvo "nociones de libertad et protección de los nativos".

    Pero la Corona no abandonó el sistema de costas privadas que venía sirviendo de base para la or­ganización de las empresas de descubrimiento y coloniza­ción, a falta de aportaciones económicas del poder pú­blico. A este sistema se atribuía, en buena parte, el deseo incontenible de los soldados de resarcirse de sus gastos y trabajos a costa de los indios. Algo más tarde, la Recopilación de las Leyes de In­dias de 1680, en la ley 9, título 4, libro III, redactada so­bre la base de disposiciones anteriores ahora puestas en lenguaje más terminante, mandó; “que no se pueda hacer, ni se haga la guerra a los indios de ninguna provin­cia para que reciban la santa fe católica o nos den la obediencia, ni para otro ningún efecto”. Es decir, la guerra llegó a ser proscrita legalmente, en términos generales, como instrumento de la penetra­ción religiosa y política española en el Nuevo Mundo. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala 

    Y aquella realidad his­tórica, dominada por la codicia, quedó sujeta a la atrac­ción de principios superiores de dignidad humana. Es así como se desenvuelve la contienda entre el uti­litarismo de los conquistadores y colonos, de una parte, y la concepción tutelar respecto de los indios, de otra. La corriente ideológica que trató de proteger al na­tivo de América influyó asimismo en la consideración del tratamiento del negro. Hace años llamó la atención el profesor Altamira sobre las incipientes doctrinas liberales de algunos tratadistas españoles del siglo xvi en favor de la raza africa­na. Sin embargo, el tema no fue recogido con suficiente énfasis por la historiografía americanista, y conviene in­sistir en él y aun ampliar sus fundamentos. Bartolomé de las Casas refiere en su Historia de las Indias que, en un principio, con el fin de obtener la li­bertad de los indios, pidió que se permitiese a los espa­ñoles llevar negros a las Indias; pero más tarde se arre­pintió al advertir la injusticia con que los portugueses los tomaban y hacían esclavos, y desde entonces los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, “porque la misma razón es dellos que de los indios”. Francisco de Vitoria, en respuesta a una consulta que le hizo fray Bernardino de Vique, distinguía los casos siguientes: el de los negros salteados con engaño; el de los que entre ellos eran esclavos de guerra; y por último, el de los comprados por conmutación de pena de muerte. No justificaba el primer caso, y dudaba de que fuese un procedimiento generalizado, porque, de serlo, comprometería la conciencia del rey portugués. Ad­mitía en la segunda hipótesis que los portugueses com­prasen a los negros, pues no eran obligados a averiguar la justicia de las guerras entre los bárbaros: “basta que éste es esclavo, sea de hecho o de derecho, y yo le com­pro llanamente”. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala.

    ¿Et Maeztu? Él fue uno de esos "eruditos" que buscaba "defender la Hispanidad", que intentó "corregir las ideas más comunes sobre Felipe II, la Inquisición" et "la conquista et colonización del Nuevo Mundo", frente a los "fantásticos relatos" et "descripciones grotescas" de la Leyenda Negra. Él, como muchos otros, intentó que Espania no creyera esa "generalidades falseadas et las asumiesen con cierto resignación et auténtico complejo de inferioridad". Aquellos que buscan una "historia de una Espania singularmente depravada" son los que tienen la "moral de siervos".

    ¡Americanos et descendientes de la Hispanidad! Non se rebajen ante esas voces que buscan humillarlos. El Méjico hispánico que hoy cognoscemos es el resultado de esa monumental creación. La "empresa vera et increíble" de Espania en América fue "civilizadora et hispanizadora". La "unidad entre estado e iglesia" forjó una nación "ferozmente antagónica a los 'infieles'", unión que el regalismo contrario al papismo permitió, et el espíritu de cruzada se "precipita, guerrera et misionera, vitalista et perseguidora del Oro, en el Nuevo Mundo". Cortés, en su providencialismo mesiánico, no dudó en derribar ídolos et plantar cruces, creyendo que Dios le había elegido para expandir la hispanidad. Fue un "guerrero de la frontera hispana", que, como muchos de su tiempo, no encontró "ningún problema moral para compaginar su sincera conciencia religiosa con crueles matanzas si las circunstancias así lo aconsejaban". Pues ese hombre cree en el dios Oro y no se pierde en las galimatías de un rabino.

    La Historia hispánica es una "obra incomparable", que incorporó "a la ciudad hispánica a todas las razas que estuvieron so nuestra influencia". Es una "herencia de gente, una gran tradición gentílica que mantener". Dejemos de lado las "patrañas antiespañolas" et el "injusto, aunque popular, hábito de utilizar cánones de la post-Ilustración... para enjuiciar sucesos et factos pre-Ilustración" ¡Levantemos la vista! La grandeza del pasado es nuestro cimiento. La conquista no fue un crimen, sino una manifestación de la vitalidad, una "epopeya", la "empresa más grande et más noble que cognoscen las centurias" ¡Sientan la soberbia de esa sangre que fluyó para crear un nuevo mundo, un mundo mestizo, un mundo hispano! ¡No hay nihilo de qué pedir perdón! ¡Solo gloria et futuro!

    Nuestra Hispanidad, germanos, no es un cuento de buenos et malos. Es una tela mestiza, tejida con hilos de sangre, oro, fe, et una voluntad indomable esencial. No podemos negarle a ninguna de nuestras raíces su verdad, ni siquiera a las más obscuras. Solo asumiendo esa complejidad, ese choque de vitalidades, podemos veramente comprender nuestro legado hispanoamericano, sin satanizarlo con miradas simplistas que solo buscan imponer nuevas cadenas mentales.

    Et entonces apareció Bartolomé de las Casas, del cuál profundizaremos después, el plorón con báculo, el flagelador de su propio pueblo. Se convirtió en el bufón moral de los enemigos de Espania, aquel que les dio el arma perfecta para degollar la memoria imperial. Denunció a sus compatriotas de “singular crueldad et codicia” mientras entregaba a potencias extranjeras protestantes las claves para tejer la mal clamada “Leyenda Negra ¡Qué utilidad prestó a los herejes al vestir la culpa con sotana!

    Además, lo que debe prevalecer es la predicación, no la acción bélica, y los nativos que acepten convertirse no deben esclavizarse ni ser maltratados. Paz, de hecho, se hace portavoz de las protestas airadas de los frailes dominicos que en las Antillas han denunciado la explotación inmisericorde que sufren los nativos para el peculio de los colonos castellanos. En las disputas de Burgos de 1512, en las que se enfrentaron monjes dominicos contra colonos castellanos, Paz toma partido por sus hermanos de hábito. A los cuales creo que debe darse mayor crédito que a los mismos que con insufrible esclavitud oprimen a los indios. No quisieron tal cosa Cristo ni el Papa ni nuestro católico monarca ni la recta razón. Los aludidos religiosos refieren los infinitos indios que por culpa de esa servidumbre han perecido, gentes que de haber sido dejadas en libertad o no sometidas a tal esclavitud, adorarían a Cristo. Historia de la conquista de America, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán

    Por último, una enorme cantidad de pueblos americanos (“en el Nuevo Mundo hay de ellos infinitas manada”) cae en la tercera categoría de bárbaros, descritos como “salvajes semejantes a fieras, que apenas tienen sentimiento humano; sin ley, sin pactos, sin magistrados ni república”. El misionero jesuita no escatima negatividad en su juicio. “Sería largo enumerar todas sus abominaciones... en todo iguales a bestias feroces”. Su conversión requiere que previamente sean dominados y subyugados. “De este género de bárbaros trató Aristóteles, cuando dijo que podían ser cazados como bestias y domados por la fuerza”. La sensibilidad cristiana de Acosta le lleva a cambiar la analogía, de la bestialidad al infantilismo: “A todos éstos que apenas son hombres, o son hombres a medias, convienen enseñarles que aprendan a ser hombres e instruirles como a niños”. Pero la pedagogía tradicional nunca ha descartado la disciplina física para lograr sus fines: “Hay que contenerlos con fuerza y poder convenientes, y obligarles a que dejen la selva y se reúnan en poblaciones, y aún contra su voluntad en cierto modo, hacerle fuerza para que entren en el reino de los cielos”. Acosta es un misionero que no está interesado en grandes proezas martirológicas, sino en lograr la máxima efectividad posible en el proceso trascendente de evangelizar. Historia de la conquista de America, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán

    Irónicamente, la subestimación de los indígenas también se descubre en muchos textos de sus protectores. No son pocos quienes, al enfrentarse con valentía a la explotación que sufrían los nativos, asumían una postura claramente paternal, cuyo reverso es la consideración de sus defendidos como unos “niños”, unos “desvalidos” que requieren que alguien actúe por ellos y asuma su palabra. En un informe a Felipe II, el Consejo de Indias defiende la perpetua soberanía castellana sobre los pueblos indígenas, pues estos “no son de edad adulta, sino como hijos de menor edad que tienen malas inclinaciones y están con perpetua necesidad de ayos”. Más intenso es el paternalismo amante pero subyugante que refleja el fraile agustino Pedro Xuárez de Escobar 
    Son todos estos aquestos indios como unos pajaritos en los nidos, a quien no les han crecido las alas ni crecerán para saber por sí volar, sino que siempre tienen necesidad que sus padres cuidadosos les acudan con el cebo y alimento a los nidos, porque no mueran de hambre y perezcan... Los religiosos solamente, sepa V. M. [Felipe II], son sus padres y madres, sus letrados y procuradores, sus amparos y defensores... con ellos descansan llorando y quejándose como los niños con sus madres... [Ponga] sus ojos de clemencia sobre aquestos indios míseros, para hacerles tanto bien que no sean desamparados ni privados de los religiosos sus ministros, porque el día que les faltaren ellos, sin duda se acabarán. Historia de la conquista de America, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán

    La Iglesia de Jesús, viendo que ya no podía controlar a los hombres que conquistaban mundos, recurrió a lo único que le quedaba: el victimismo clerical et el chantaje moral. Se abrazó a las humiles castas americanas no por amor a los hombres, sino porque eran fácil de pastorear. A cada humil americano, lo clamó “manso”, “obedientísimo”, “oveja”, no por compasión, sino para tener creyentes baratos para su militancia eclesiástica. Así, debilitó al conquistador, saboteó al encomendero, et castró espiritualmente al geno que fundó las Españas. Saboteando la potestad de los mayores.

    La idea de «conquista» fue muy pronto criticada por los propios españoles [jesístas en realidad]. El clero que aconsejaba a la corona acabó diciendo que los españoles no tenían derecho a comportarse como ladrones, robando lo que quisieran, y proclamando que lo hacían porque lo habían «conquistado». Un domingo antes de la Navidad de 1511, el fraile dominico Antonio de Montesinos subió al púlpito de la iglesia de Santo Domingo, en La Española, y denunció públicamente a todos aquellos que tenían encomiendas de indios. Otro clérigo, uno de los frailes más destacados de los dominicos, Bartolomé de Las Casas, no tardó en unirse a la campaña. Fernando el Católico, Henry Kamen

    Mientras tanto, los veros herederos de Roma et de Sagunto, los criollos et encomenderos que fundaron urbes, criaron fijos con los nativos, plantaron trigo et forjaron templos, fueron traicionados por la propia ciudad madre corrupta por el sinedrio mosaico en el Lacio. Sometidos a la desconfianza, al control inquisitorial, al olvido ¿Et por qué? Porque eran demasiado fuertes para eser amaestrados, demasiado soberbios para pedir perdón por eser.

    ¡Ah, los tiempos cambian, et con ellos los nombres, las vestimentas, los verbos! Pero la esencia, el geno mío, la esencia del intelecto, esa permanece. Escuchadme a mí, Farfán de los Godos, descendiente de aquellos que labraron la Espania con el gladio et la fe, et que, aunque a los mayores fueron so de la ley de Jesús otrora, sé que el fuego que ardía en nuestros ancestros antes del galileo condujo también las manos de los conquistadores que forjaron este Nuevo Mundo.

    Alain de Benoist, con su mirada aguda sobre el espíritu gentil, nos recuerda que nuestra finalidad es el de la intensidad, la creación, la autoafirmación. No buscamos la superstición de un genio que nos condene si nos erigimos en creadores o en "causa sui" ¡No! Nuestra divinidad se eleva cuando nosotros mismos nos elevamos, cuando nos superamos et participamos de esa "sobrehumanidad" a través de la acción et la consecución de la fama. Et os digo, a la luz de los factos, que los conquistadores hispanos, a pesar de la peste supersticiosa, encarnaron este espíritu hasta la médula.

    Ellos, como nosotros, buscaban "facerse un nombre". No eran solamente "buscadores de oro" ¡No! Si bien la "codicia de oro" et las "riquezas" eran un motor, lo eran también el "oficio a la Corona" et el "sincero celo religioso", la fama et los honores ¿Acaso no es la búsqueda de "fama et honores" un eco de la gloria mundana, de antiguos vencedores como Aquiles, de la afirmación del individuo en la historia? Los más cercanos a Pizarro sabían que buscaban "ganar gloria et facienda". Eran, en su mayoría, hombres de la "clase media", "emprendedores" que, lejos de las comodidades de su domo, sin "GPS" ni "ONGs de acogida", se lanzaron a lo descognoscido con su "dura labor et su enorme valor". Su iniciativa privada les levó a "facerse temer et reverenciar". Esa es la búsqueda de la sobrehumanidad, de la distinción, no la sumisión que los seguidores de Moisés, Jesús et Mahoma predican.

    La "fidalguía", el eser reconocidos como nobles, era un anhelo constante ¡La busqueda de la recompensa terrenal a la acción heroica, la forma de legitimar la potestad et la posición a través de la conquista! Nosotros, los Farfanes, nos preciábamos de eser "descendientes de los Godos", una prosapia de milites et vasallos valientes. La conquista era una vía para elevar el propio "geno" et el "nombre", una búsqueda de afirmación en la que los méritos eran forjados con la espada et el arrojo, no con la negación del mundo, ni con delirios de la Biblia.

    Ahora que fablamos del facto nominal, os explicare cómo el genio maligno de Maeztu, al que sirve con tanta obcecación, parece aborrecer los nombramientos et toda manifestación de potestad mundana.

    El Dios de Isaías: Una Catástrofe Monoteísta et el Odio al Nombre

    Belias-Termagante-Tervagante, el dios de Israhel.

    ¡Ah, el nombre! ¡El glorioso et a veces tan vapuleado nombre! Ahora profundizare en la aseveración de Alain de Benoist, esa espinosa idea de que el credo de Moisés, el fundamento de Jesús, con su fibra monoteísta, odia el nombre, et que los hombres se fagan de uno. Un tema que, créanme, resuena profundamente en los corredores de la historia, como un eco persistente que no se apaga, incluso cuando uno, como este soberbio Farfán, ya se siente más cerca de la memoria que del ahora.

    De Benoist, en su provocadora elucubración, non solo lo insinúa, sino que lo proclama ad los cuatro vientos: el jesísmo, aquello que él clama el "monoteísmo judeocristiano", es "una de las grandes catástrofes de la humanidad", una afirmación que el mismo Octavio Paz, un "politeísta et demócrata" declarado, suscribe con vehemencia. Pero, ¿por qué tal aversión al nombre, ad la esencia misma de la individuación et la autonomía humana? Permítanme desgranar esto con el detalle que la verdad exige, como quien desenreda una antigua madeja.

    El meollo del asunto, fradres, radica en la exclusividad implacable del genio maligno mosaísta. Al principio, quizá, una monolatría o henoteísmo, como en la época de Moisés, donde Jahón invocado era considerado poderoso. Pero luego, en el Segundo Libro de Isaías, o Deutero-Isaías, el monoteísmo se consuma plenamente ¡Et de qué manera! "Antes de mí, ningún Dios ha sido formado, y después de mí no habrá ninguno. Yo soy yo, Yahvé, y fuera de mí no hay salvador" (XLIII, X-XI). Et, para que non queden dudas sobre la suerte de cualquier otra divinidad, sentencia: "No hay nadie salvo yo. Yo soy Jahón y no hay otro" (XLV,VI). Las otras divinidades, ¡qué insolencia!, "no son más que pura nada," las sus obras "menos que nada," et su elección, "abominable" (XLI,XXIV) ¿Ven? Si se es la única verdad, la única esencia valiosa, ¿Qué lugar queda para el "nombre" que el hombre pueda forjar, para la divinidad que non sea Él, para cualquier otra manifestación de lo sagrado que non sea él? Aquí, la "aversión al nombre" non es capricho, sino la lógica inherente de un genio maligno que aniquila a la deidad, que quiere que el  su nombre sea el de Dios, como cual Luzbel del los delirios de Tertuliano, es sin duda, un diablo que quiere eser Dios... Cuando el propio De Benoist dice que este genio "aniquilará ad todos los dioses de la tierra", non fabla de una simple preeminencia, sino de un olvido absoluto. 

    Esta noción "monoteísta-dualista", como la califica de Benoist, se gesta en una "ruptura radical". Pensemos en el relato bíblico, esa "epopeya hebrea". El "éxodo de Abraham desde Ur en Caldea" non es solo un viaje geográfico; es un cisma fundacional. Es la renuncia, o más bien, la condena, de una civilización sumeria, caldea, mesopotámica, gentil, donde los hombres, las urbes, las ciudades, los divos, coson et se facían, si se me permite, "un nombre" en el gran tapiz del mundo. El mundo, la su divinidad es un vasto panteón, pleno de "divinidades", incluso "numerosos genios locales", un orden de lo sagrado que abrazaba la multiplicidad. El etnicismo, en su esencia, no temía que el hombre se acercara a lo divino, que aspirara a la "sobrehumanidad" o la gloria. No, era el espacio donde un héroe podía eser semidiós, donde el hombre, al elevarse, elevaba también la su divinidad.

    Pero la ateosis, surgido de aquella Ur, teje una fabula "cosida con el hilo de una cándida maldad monoteísta": un solo Hombre, un solo Noé, un solo Abraham, un solo legislador, un solo Dios, Tervagante, el falso Dios. Non hay espacio para la pluralidad de nombres, de orígenes, de auto-construcciones que no estén directamente subordinadas al falso "Ego soy el Ente". El hombre es relegado a la condición de "mí", es decir propiedad, desprovisto de esa posibilidad de "eser como dioses" que, en otras tradiciones, era una aspiración, no una abominación.

    Fíjense en un detalle que, ad mis años, me parece elocuente. Incluso Felipe II, el rey de la Espania, rechazó la adulación de un clérigo que lo clamó "absoluto", et este clérigo necio fue denunciado a la Inquisición, pues tal opinión era considerada "impía et herética" ¿No es esto acaso una prueba de la misma noción? ¡Ni siquiera un Rey papista podía arrogarse un atributo de absoluta soberanía que solo pertenecía al Único supuesto Dios! Refuerza la idea de que el "nombre" de lo absoluto, de lo que es en sí mismo, está celosamente salvado por la deidad.

    Por eso, cuando uno lee a un tal Don Quijote, un gentil hombre, decir aquello de "Nadie es más que otro si no face más que otro", o a Miguel de Unamuno proclamar que "un hombre comienza a vivir cuando puede decir con don Quijote: 'Yo sé quién soy'", uno ve la esencia del etnicismo, de la voluntad de forjar un destino et una identidad a través de las propias obras, de "facerse un nombre". Esto contrasta con una visión que, al discernir toda la auctoridad et toda la esencia en un único principio trascendente, plega a considerar la iniciativa humana, la auto-afirmación, incluso el orgullo particularista de una nación o una cultura, como algo "contingente" o producto de la "vanidad" frente a la mirada de Belias, el genio maligno que fablo inspiro a Isaías. La Biblia, en esta interpretación, rechaza el pluralismo de las civilizaciones et las obras creadas por el hombre, en favor de un "desierto de lo absoluto" et la "igualdad en el ente increado" 

    Así, mis queridos amigos, la aversión al nombre, a la autonomía del hombre de "facerse uno", no es una trivialidad. Es el cimiento de una visión del mundo que, al afirmar una única, trascendente et absoluta verdad, et que busca negar al resto, minimiza o "profana" cualquier otro nombre o aspiración a la divinidad o a la auto-determinación que no provenga de esa fuente única, que como delatamos, cual Belias se encuentra a Dios, et intenta confundirse con él. Et esto, créanme, ha signado et sigue marcando nuestra historia, sus fabulas et sus interminables controversias.

    Tervagante: El impostor del Sinaí et el falso Uno

    Si el ente que se manifestó ad Moisés en el libro del Éxodo, capitulo III, non fue el Uno principio absoluto, inefable et trascendente, sino Tervagante, et aclaremos tampoco es el Creador, non hay que confundir el Creador, el Intelecto, con el Uno, entonce el relato mosaico non representa una revelación deal, sino la instauración de un dominio impostor. Tervagante, figura diabólica surgida en la tradición medieval europea, fue concebido como el dios belicoso et vociferante de los seguidores de la Ley de Mahoma. Aunque esta naturaleza nasció como propaganda, el su perfil significativo, tiránico, embaucador, enemigo de la diva Fe, et de la pluralidad ontologica, encaja sorprendentemente con el dios que sirve Moisés.

    La Biblia mesma recognosce que los hebreos fueron engañados por entidades demoníacas. En Deuteronomio XXXII:XVII se afirma:

    “Sacrificaron a demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres.”

    Este pasaje non solo denuncia la demonolatría, sino que sugiere que el objeto de culto hebreo fue reiteradas veces pervertido por "demonios", sirviendo ad entidades nuevas, descognoscidas, que se facen pasar por la deidad et o el Creador. Si el ente que se manifestó en el Sinaí exigía obediencia absoluta, castigaba la aspiración humana a la divinización, et condenaba toda alteridad como “abominación”, entonces su perfil coincide con el del ángel caído que quiso eser Dios —el mismo que, según la tradición, se rebelo contra el Creador. Memoremos que nosotros lo gentiles non decimos que el Creador, un dios personal, necesarimente sea el Uno. Podemos decir que Tervagante tiene un "ángel", ese ángel lo identificaremos con Apolión, que sirve pora contactar o decebir ad plebe como Moisés.

    Tervagante dando las Tablas ad Moisés.

     La caracterización medieval de Tervagante —tirano oriental, vociferante, vestido como hebreo— non es una caricatura: es una intuición simbólica que revela lo que el hombre medieval non se atrevió ad decir.

    En el teatro medieval, Tervagante fue representado como una figura con turbante et túnica larga de estilo oriental —precisamente la vestimenta que habría usado Moisés. Esta coincidencia visual no es trivial: refuerza la intuición simbólica, que lo oriental es decebiente, et que el profeta israelida fue portavoz de una ley impuesta por un ente tiránico, inferior al Uno. Las cualidades atribuidas a Tervagante incluyen:

    • Injusticia: principa por imposición, no por concordia
    • Belicosidad: exige pugnas supersticiosa et martirio
    • Decepción: suplanta al Uno con apariencia divina et confunde al Uno con el Intelecto en el proceso.
    • Contrapluralismo: impone una “superstición” que excluye toda alteridad
    • Negación de la santidad: condena la aspiración humana a trascender su condición

    Pero la decepción no termina en el Sinaí. El jesísmo, hereda et perpetúa el mismo marco doctrinal: una Deidad que exige sumisión, que condena la carne, que ve la creación como caída, et que impone una "fe" delirante so amenaza de condenación eterna. Los Padres de la Iglesia, como Orígenes et Tertuliano, intuyeron la existencia de un embaucador espiritual, pero erraron al identificarlo con Luzbel. El relato del ángel caído —que busca eser Dios et suplanta su nombre— encaja mejor con el ángel del Sinaí, al servicio del maligno Tervagante, que luego se disfraza con los nombres de “Padre”, "Creador", “Señor” o “Altísimo”.

    Fue Porfirio, desde la filosofía neoplatónica, quien vislumbró que el dios mosaico no era el Uno, sino una entidad inferior que usurpaba su lugar. Más tarde, los europeos medievales —al confrontar la Ley de Mahoma— reconocieron en el objeto de culto mahometano ad Tervagante, et lo asociaron con Belial. Esta identificación non fue arbitraria: se basaba en la coherencia significativa entre el dios mosaico, el dios de Mahoma, et el perfil de Tervagante. Lo que non lograron veer fue que el cefaísmo también estaba atrapado en esa misma red, adorando al mismo impostor.

    Así, si Moisés fue decebido por Tervagante, mediante un nuncio, entonces el mosaísmo (jesísmo, mahometanismo, fariseísmo)  non son revelaciones del Uno, sino manifestaciones de un dominio impostor. La figura del profeta, con el su turbante et túnica oriental, encarna non al mediador del Uno, sino al portavoz de una ley que somete, odia et olvida....

    El Contraste con el Jove de los Filósofos

    Ahora, consideremos el otro polo: el Jove o el "Uno" de los filósofos. Ellos nos muestran una perspectiva radicalmente diferente. Para los gentiles cultos, "todos los dioses son igualmente respetables" porque representan "las diferentes caras de una misma deidad". Los estoicos, por ejemplo, aun aceptando un dios único, el Uno, admitían la esencia et representación antropomórfica de divos menores, a los que daban interpretaciones alegóricas o simbólicas. El mismo Juliano el Filosofo, al restablecer el culto solar, distinguía entre la estrella natural del "Sol del intelecto divino", del cual la estrella no era más que la epifanía. ¡Hasta Heráclito, el de "todo fluye", fablaba de "El uno que es Sapiencia"! Et para filósofos como Nicolás de Cusa, Dios es la "coincidencia de los contrarios", la "concordia" que reúne todo en sí, incluso lo opuesto. El etnicismo, en su esencia, no temía que el hombre se acercara a lo divino, que aspirara a la "sobrehumanidad" o la gloria; un héroe podía eser un semidiós.

    Aquí, la deidad no es un principio que aniquila, sino que exalta et concilia las diferencias. El intelecto (la mente) humana, en el pensamiento gentil, "pertenece al mundo et como tal, no está radicalmente disociada de la esencia de Dios"; el hombre es "la ley del mundo" et "la medida de todas las res", expresando el "rostro mismo del Intelecto deal". Es un dios, o una natura de lo divino, que permite et abraza la pluralidad et la auto-construcción del "nombre" por parte del hombre.

    La fe hispana

    «la Iglesia puede haber derrotado a los dioses; pero no ha derrotado, en sus propias congregaciones, la imponente fuerza de los hábitos religiosos tomados directamente del pasado no cristiano». Brown 1995, 23, 

    ¡Ah, mis viedos camaradas, fijos de Tierra et de la Necesidad! Como un farfán que ha caminado por los senderos intrincados de la memoria hispánica, et que ha visto la sangre et la luz bajo incontables soles, comprendo vuestro desasosiego ante las afirmaciones de Maeztu. Él, con su noble cor, quiso levantar una Hispanidad, pero ató su vuelo a una jaula estrecha, una "superstición anticósmica" que, lejos de eser el cor mundano de nuestra esencia, es su negación. Vosotros lo habéis intuido: lo católico, para eser coherente con la Hispanidad, debe ser lo cósmico, lo mundano, la universalidad que sacraliza la Esencia, et no el yugo de un genio maligno que desacraliza el mundo et anula la divinidad inherente al hombre et a Tierra. Un genio único que "excluye toda comparación, toda rivalidad", et que "rechaza lo Otro", generando intolerancia et fanatismo et por tanto incompatible con lo católico.

    De este modo, vemos que, aunque descartemos los cultos llevados a cabo por oficiantes profesionales, aún quedaban durante la Antigüedad tardía las expresiones más o menos espontáneas de la religiosidad popular, muchas veces ligadas a cultos indígenas que se resistían a morir, realizadas de manera individual por personas que todavía se consideraban en su fuero más interno seguidoras de alguna divinidad; asimismo, numerosos individuos, en teoría cristianos, seguían perpetuando bastantes comportamientos heredados de sus ancestros que se remontaban a rituales indudablemente de tipo pagano. Y esto era lo que más enervaba a las autoridades eclesiásticas.  Por mucho que queramos insistir hoy en que tales hábitos no implicaban de facto un verdadero acto de idolatría, pues no sería esa la intención de sus practicantes, esta no era la opinión que tenían los predicadores de los siglos de transición entre el mundo antiguo y el medieval. Ellos contemplaron en todos estos comportamientos actitudes por completo ajenas a la fe de Cristo y, en consecuencia, del todo condenables —y, además, de paso podemos preguntarnos, ¿cómo sabemos cuáles eran las verdaderas intenciones de los practicantes, cuando ellos no dejaron nada escrito y todo lo que sabemos sobre sus actividades es a través de las palabras acusadoras de los predicadores?—. Igualmente, conviene recordar que estos jamás estuvieron interesados en diferenciar el paganismo autóctono del grecorromano; sin importar del tipo que fuera, ellos otorgaron títulos latinos a todos los númenes, como fruto de una educación impregnada de clasicismo. En el fondo, tampoco les preocupaba excesivamente su origen, pues consideraban que Satán y sus demonios se escondían detrás de todas ellas y, por tanto, todas eran condenables por igual. «ISTI NON CHRISTIANI, SED PAGANI SUNT»: PERVIVENCIAS PAGANAS Y CRÍTICAS ECLESIÁSTICAS EN HISPANIA DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA, Juan Antonio Jiménez Sánchez

    Maeztu, en su fervor, sentenció que el Hispanismo era el papismo mismo, una "luz de lo alto" et una "comunidad espiritual" que se alzaba "sobre la Historia porque es el papismo". Fabló de una Monarquía misionera dedicada a la conversión al "papismo" ¡Qué ceguera la suya! ¿Cómo puede eser la Hispanidad una "luz del espíritu" si se funda en un monoteísmo que, como se señala, era "profundamente extraño al espíritu europeo" et solo fue duramente aceptado tras el codigo Teodosiano cuando antes "se convirtió en un Dios en tres substancias, integrando la vieda trinidad" et se fizo "encarnado, que se dotase de un rostro humano"? Esto non es la catolicidad cosmica; es su antítesis. La Hispanidad, mis amigos, es mucho más.

    En cuanto al "jesísmo" de los conquistadores, permítanme que mi escepticismo, forjado en intuición de ver ánimas, se revele. Mientras la Iglesia et la Corona insistían en que la conquista se justificaba por la "conversión de aquellas ánimas perdidas a la vera religión", los conquistadores a menudo la veían como un mero formalismo, una "coartada". Los Padres de la Iglesia, et  más tarde los predicadores, lamentaban las tradiciones gentílicas generalizadas en la propia España, pues mucho de lo que es clamado brujeria más que eser irracionalidad son reminiscencias de antiguos cultos gentiles ¿Cómo, pues, esperar una conversión profunda en tierras lejanas si la superstición era un "barniz cristiano" en el viedo continente? 

    Los historiadores reconocen desde hace tiempo que las creencias y prácticas mágicas de origen precristiano sobrevivieron hasta principios de la Edad Moderna; sin embargo, en las últimas décadas se reconoce cada vez más que estas creencias eran más generalizadas e influyentes de lo que se creía. Un erudito ha llegado a afirmar, por ejemplo, que «los campesinos europeos anteriores a la Reforma eran prácticamente paganos, que tenían creencias animistas en un mundo espiritual que debía ser apaciguado para mantener sus cultivos y ganado, y que estas creencias estaban imbuidas en diversos grados de nociones cristianas que, en gran medida, se adaptaron al animismo» Cunning Folk and Familiar Spirits, Shamanistic Visionary, Emma Wilby. 

    No cabe duda de que la lealtad a los espíritus de la naturaleza y a las deidades paganas se ocultaba tras el culto a los santos; que las antiguas tradiciones de culto a los antepasados ​​eran la base del culto a los muertos y que los eventos más sagrados del calendario cristiano, como la Navidad y la Pascua, se superponían a las festividades religiosas precristianas ya existentes. Lo mismo ocurría con muchos rituales agrícolas anuales, como los que se realizaban el Lunes del Arado o durante la Semana de Rogativas, y los rituales estacionales del fuego realizados en días festivos como San Juan o la víspera de San Pedro. Actividades más alegres como las cervezas de la iglesia, los juegos de mayo, los deportes de Hocktide, la danza morris, el moming, el baile con caballos de juguete y las celebraciones en torno a los Señores del Desgobierno o los Señores y Damas del Verano, etc., poseían un barniz aún más sutil de cristianismo. Los amuletos populares de la época también revelan claramente esta asimilación de la nueva fe por la antigua. Cunning Folk and Familiar Spirits, Shamanistic Visionary, Emma Wilby. 

    Cuando mis mayores partieron de la vieda Hispania en busca de las Américas, no lo ficieron so Jesús, sino bajo el signo de la cruz, aquel signo de Sol. Levando consigo a Júpiter Tonante, al invicto Marte, ad Minerva Sabia, ad Libre el alegre, et al genio de los lucos de los ancestros visigodos, so de una apariencia jesista, pero cuya sangre aún canta en mi pecho prevaleciendo. Non soy fijo del Lacio en los papeles, pero sí en la tradición. Et es con esa ánima que miro el magno lago et digo: Hispanidad non nasció en la conversión ad la aljama, sino en el crisol ardiente de pueblos gentiles, belicosos, artesanos et visionarios.

    Muchos han dicho que la historia de nuestra estirpe empezó ad morir cuando el altar de piedra se reemplazó por el púlpito jesista. Que nuestra espiritualidad fue aniquilada por Jesús, la serpiente del madero, et que desde entonces vagamos como expósitos religiosos ¡Mentira! La Hispanidad nunca fue una simple mitología, sino una sinfonía de continentes, una danza entre Íberos, Galos, Tartesios, Latinos, Godos et Moros. La flama nunca se apagó—solo cambió de forma.

    Et ahora que estoy en tierras del Tawantinsuyu, non vengo ad destruir, sino ad recognoscer. Non busco ofender ad los dioses de esta tierra, sino sumar sus nombres ad nuestro panteón et recognoscer ad los divos que ya cognosco ¿Acaso no son ellos, como nosotros, fijos de Sol, Tierra et Jove? Si Roma pudo acoger ad Isis et a Mitra, ¿por qué yo non puedo alzar una copa por la doña de Chapí, o la de Huanca?

    Este ensayo es un clamado: ad redimir nuestra historia desde la potencia, non desde la culpa. Ad honrar la línea de sangre, non solo en sus gestas guerreras, sino en sus mitologías perdidas y sus costumbres despreciadas. Ad eser hispanos gentiles, devotos non del pasado muerto, sino del reinicio vivo—rescatado, afirmado et transformado.

    Porque la Hispanidad non es un cadáver jesista que espera la servidumbre so del Anticristo de Israhel. Es un fénix, plumado de oro, que aún humea en cada lengua indígena que se fabla, en cada templo solar olvidado, en cada mayor que miramos con aprecio por eser “lo suficientemente gentil” pese a la superstición que padecieron. Ego soy Farfán de los Godos, et mi gladio non es solo acero: es memoria.

    Dejadme contaros, desde la entraña de los tiempos et la verdad de la tierra, por qué esa superstición impuesta non era el "Cristo de la Hispanidad" que anida en nuestra ánima profunda:

    La "Fe del Carbonero": Un Autoengaño Colectivo 

    La fe del carbonero.

    Esta expresión tan repetida por Unamuno en la Agonía del Cristianismo, quiere decir la fe sencilla et firme de los simples de cor, la fe del que no exige pruebas ni sabe de argumentos.

    El origen del dicho lo explica el maestro Correas en su Vocabulario de Refranes, al comentar la frase: «Yo creo lo que cree el carbonero», en la forma siguiente:

    Un maestro teólogo tuvo una vez plática con un carbonero en cosas de fe y acerca de la Santísima Trinidad..., y propuso al carbonero:

    —«¿Cómo entendéis vos eso de las tres divinas personas, tres y una?».

    El carbonero tomó la falda del sayo e hizo tres dobleces, y luego, extendiéndola, dijo:

    —«Así», mostrando que eran tres cosas y todas una. Agradóle al teólogo y satisfizose y después, al tiempo de su muerte, decía:

    —«Creo lo que cree el carbonero».

    La esencia de la "fe del carbonero" radica en su falta de contenido intelectual et ético profundo. Es una superstición basada en la auctoridad et la infalibilidad de la Iglesia, non extendida en el campesinado inculto, que se perpetúa en un bucle: 

    Si ad un hispano pagano se le preguntaba qué creía, respondía: "Creo en lo que cree la Iglesia. —¿Et qué crede la Iglesia? —La Iglesia cree lo que yo creo". 

    Esto non es una creencia cultivada por la esciencia o la experiencia intelectual sacra, sino una adhesión formal que puede derivar en "el más fanático de los radicalismos". Non permite la "apologética o el juicio privado", levando ad una "exagerada importancia" del ritual, que se convierte en "una suerte de magia". 

    Et, sí, Ramiro de Maeztu, en su defensa de la Hispanidad, puede eser visto, en cierto modo, como un ejemplo elocuente de esta dinámica. Permítanme desglosar cómo esta "fe del carbonero" se manifiesta y cómo las nociones de Maeztu, ad pesar de su nobleza, reflejan esta proyección: 

    Y me parece muy difícil que pueda sentir con plenitud la Hispanidad el que no sepa, de experiencia propia, que sólo la Verdad nos hace libres. Otros patriotismos podrán desligarse de la fe. En muchos casos viene a ser el patriotismo el sustituto de la religión perdida. El de la Hispanidad no puede serlo. La Hispanidad no es en la historia sino el Imperio de la fe. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu.

    Como sabemos, Maeztu concibe la Hispanidad como el "Imperio de la fe", afirmando que "Toda España es misionera en sus dos grandes centurias" et que "hemos incorporado a la civilización de Jesús a todas las razas que estuvieron bajo nuestra influencia". Para él, el papismo es la "alma de España" et la esencia de la nación. Más aún, insiste en que "el catolicismo hispánico llevaba implícito el ideal de convertir a Jesús al mundo entero et de elevar, en lo posible, a todos los caídos", et que "Lo que hemos creído superior es nuestro credo en la igualdad esencial de los hombres". La "fe del carbonero" non solo es una sumisión acrítica ad la auctoridad, sino que implica una proyección mutua de credencias entre el individuo et la institución, un círculo cerrado donde lo que se crede es lo que la Iglesia crede, et viceversa, sin un discernimiento profundo. 

    Estas imposturas de Maeztu, si bien busca dignificar el legado hispano, es una clara proyección de su superstición delirante sobre la compleja realidad histórica. Él crede que el hispanismo es el papismo, et que el papismo es inherentemente hispano, igualitario (pese a ignorar los estatutos de sangre) et elevador para el hombre (con su "gracia suficiente" et la "capacidad de los demás hombres para enmendarse, mejorar et perfeccionarse"). 

    Al igual que el carbonero, Maeztu non parece someter esta credencia ad un análisis crítico profundo de las contradicciones o las fallas históricas, sino que la afirma como una verdad axiomática et fundacional. 

    Si su ideal de Hispanidad es el papismo, entonces el papismo debe eser aquello que justifica ese fin, creando una circularidad. La "fe del carbonero" se manifiesta en la aceptación de una doctrina sin cuestionamiento, et en la proyección de las propias (o ideales) concepciones sobre la divinidad. Maeztu, al definir el hispanismo como la encarnación del papismo de forma tan absoluta, et al atribuirle cualidades inherentes que ad menudo la historia desmiente (o matiza), construye una visión que, aunque poderosa, opera desde esta misma lógica de superstición estúpida et circular, ola idealización se convierte en la realidad proclamada, ignorando la complejidad et, a veces, la contradicción. Este "hispanismo",, entonces, se convierte en un símbolo propio, con su propio Cristo "sublime et realmente divino", adaptado ad una identidad et una teleología, más allá del Jesús histórico o de la experiencia práctica de la creencia, Maeztu esta muy cerca del etnicismo pero non se atreve ad abandonar la superstición.

    La "Fe del Conquistador"

    El oro es excelentíssimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, haçe cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las ánimas al Paraíso. Cristóbal Colón

    Tenía [Hatuey] … una cestilla llena de oro en joyas e dijo: “Véis aquí el dios de los cristianos”. Bartolomé de Las Casas

    ¡Ah, mi buen don! Permítame, como un farfán de los godos, un descendiente de esas viejas estirpes que habitaban esta tierra mucho antes de que la cruz eclipsara nuestros antiguos cultos, descorrer el velo de lo que realmente movía a esos conquistadores como Pizarro et Cortés. Se nos ha vendido una imagen edulcorada de "héroes papistas", pero, os lo aseguro, la "fe" que blandían era a menudo tan solo un ropaje superficial, una mera "apariencia", bajo la cual latía un corazón que, si bien no adoraba explícitamente a los antiguos dioses, se regía por principios y ambiciones que poco o nada tenían de la pureza del Evangelio ¡Eran, a mi parecer, gentiles hasta la médula! ¡Hombres deseosos de facerse un nombre!

    Es cierto que mientras la mayor parte de sus hombres pretendía fortuna, su ambición no era tanto de índole económica sino social. El dinero para él nunca fue el objetivo final, sino un medio para alcanzar su verdadera meta, que no era otra que conseguir honra y nobleza para su linaje. Como ha escrito Francis Fukuyama, desde la óptica burguesa actual nos cuesta entender y creer que una persona actuase por motivaciones ajenas a las monetarias. Conquistadores como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Hernando de Soto ya eran suficientemente acaudalados cuando se embarcaron en sus respectivas aventuras. Las huestes sí ambicionaban fortuna con la que solventar su mísera existencia, pero estos jefes militares buscaban el ideal caballeresco de la honra suya y de todo su linaje. Como hemos podido comprobar en las páginas de este libro ese es el gran proyecto vital de Hernán Cortés, que, por cierto, vio cumplido. Ahora bien, que nadie busque en él a una persona pacifista, compasiva y misericordiosa, sino a un luchador agreste, dispuesto a conquistar un imperio a cualquier precio. Las vidas individuales no importaban si estaban encaminadas a aumentar la grandeza de Dios y de la cristiandad [la hispanidad realmente]. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    La misma Hispania de donde procedían estaba impregnada de una religiosidad que era un "mezcolanza de tradiciones comunitarias, folclore supersticioso et creencias dogmáticas imprecisas" No era raro encontrar en el sacerdocio "ignorancia, violencia, codicia et lujuria". La gente, incluso en las urbes, no estaba bien instruida en la superstición et muchos apenas sabían el Padrenuestro et el Ave María, pero no el Credo ni los Mandamientos ¡Incluso un fraile de la centuría XVI comparaba el conocimiento supersticioso de los españoles con el de los "salvajes" americanos! Esto ya os da una pista de cuán profundo era el barniz jesista.

    Porque España fué un Estado misionero antes que conquistador. Si utilizó la espada fué para que, sin violencia, pasara triunfante la Cruz. La tónica de la conquista la daba Isabel la Católica, cuando a la hora de su muerte dictaba al escribano real estas palabras: «Nuestra principal intención fué de procurar atraer a los pueblos dellas (de las Indias) e los convertir a Nuestra santa fe catholica». La daba Carlos V cuando, al despedir a los Prelados de Panamá y Cartagena, les decía: «Mirad que os he echado aquellas ánimas a cuestas; parad mientes que deis cuenta dellas a Dios, y me descarguéis a mí». La dieron todos los Monarcas en frases que suscribiría el más ardoroso misionero de nuestra fe. La daban las leyes de Indias, cuyo pensamiento oscila entre estas dos grandes preocupaciones: la enseñanza del cristianismo y la defensa de los aborígenes. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu.

    ¡Ah, Maeztu! ¡El hombre que clama por una Hispanidad, una Espania, nascida et forjada en la "fe", en el "papismo"! Él, que lamenta una "perplejidad" et un "continuo descenso" al diluirse el pensamiento et la disciplina. Él, que ve la pérdida de la tradición hispana como la disolución de un "Imperio español", de una "Monarquía misionera" cuyo principal fin era la "conversión a la Santa Fe Católica" de los naturales. Para él, esa era la "obra de España", esencialmente papista, una misión para "sacar a los americanos et a todos los pueblos de la miseria et la crueldad, de la ignorancia et las supersticiones".

    La idea de «conquista» en América no puede sostenerse. No hubo ningún ejército español que se dedicara a conquistar nada. Cuando los españoles lograban el control de algún lugar, lo hacían mediante la fuerza; no eran más que pequeños grupos de aventureros a los que la corona posteriormente intentaba mantener bajo control. Aquellos hombres, que orgullosamente asumieron el nombre de «conquistadores», a menudo ni siquiera eran soldados. El grupo de hombres que apresó al emperador inca en Cajamarca, en 1532, estaba compuesto por artesanos, notarios, comerciantes, marineros, nobles venidos a menos y campesinos, una pequeña y variopinta representación de los emigrantes que viajaron a América y, en alguna medida, un reflejo de la mismísima sociedad peninsular. Fernando el Católico, Henry Kamen.

    ¡Ingenuo! ¡O quizás ciego por su propio fervor! Si hubiese mirado más allá de sus altares et sus escritos, habría visto lo que nosotros, los adoradores de dioses más antiguos et terrenales, siempre supimos: que la "fe" de sus conquistadores era, en la práctica, una umbra muy pálida de sus veras intenciones, una mezcolanza extraña con un pragmatismo digno de los más astutos hispanos.

    Mammón parece ser el verdadero dios de los conquistadores. Algo similar había expresado años antes Fray Tomás Ortiz. “Vi que el Dios y la administración que le enseñan y predican es: ‘Dame oro, dame oro’”. Fray Toribio de Motolinia, en su exposición de las “diez plagas” que han asolado y exterminado a buena parte de la población indígena, afirma el mismo tema de la idolatría aurífera: “La sexta plaga fue las minas del oro... que los esclavos indios que hasta hoy en ellas han muerto no se podrían contar; y fue el oro de esta tierra como otro becerro por dios adorado, porque desde Castilla le vienen a adorar”. La práctica de la conquista revela el oro como el verdadero dios, el ídolo que motiva el tratamiento que reciben los habitantes del Nuevo Mundo de manos de sus conquistadores. Tal es la avaricia de estos que, “por la codicia que tienen de oro, han vendido y venden hoy en este día e niegan y reniegan a Jesucristo”. En referencia a las minas peruanas del Potosí, el dominico fray Domingo de Santo Tomás asevera: “Habrá cuatro años que para acabarse de perder esta tierra, se descubrió una boca de infierno por la cual entran cada año... gran cantidad de gente que la codicia de los españoles sacrifica a su dios”. La contradicción entre la teoría teológica y la práctica codiciosa revela el carácter idolátrico de la religión de los conquistadores. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    ¿La fe? ¡Por Júpiter! La fe de conquistar mucho oro, una fe cuyo un "color" era plata et oro. Los vuestros, como Bernal Díaz, con toda sinceridad, reconocieron que iban a esas tierras "por servir a Dios et a su Majestad... et también por haber riquezas" ¡Esa es la verdad desnuda que a menudo sus cronistas piadosos confiesan! El oro, el "oro goloso", la "codicia", era para muchos de ellos el vero dios, el "becerro por dios adorado". ¡Ni siquiera el mismo Cortés ocultaba que su ambición principal era la riqueza, la honra y la gloria, no solo las ánimas! ¿Et qué de Pizarro? Él se admiraba de ver "oro tan puro" et aseguraba a sus hombres que "de aquélla todos habían de salir ricos". Para sus enemigos, se mostraba "muy buen cristiano para lo que le convenía" ¡El pan de cada día de cualquier imperio!

    Como todos los invasores, aquellos también decían actuar en nombre de su Dios. Durante su marcha hacia México, Cortés no dejó escapar oportunidad alguna de predicar entre los nativos, aun cuando estos no le entendieran. Toda expedición tenía su sacerdote; todo conquistador encomendaba su causa al Altísimo. Murieron allí «por servir a Dios y a su Majestad», según Bernal Díaz, aunque este mismo reconoció que tanto él como los demás iban hasta aquellas tierras «también por haber riquezas». Durante todos esos años de exploración y saqueo, los recién llegados insistieron en convertir formalmente a los nativos como un modo de dominarlos; fue un sometimiento que contribuyó a grabar en la mente de los indios un firme sentimiento de rechazo hacia la cruel fe de los cristianos. Los españoles no fueron los únicos pioneros en la sobrecogedora labor de penetrar en aquel nuevo continente. Un decreto de Carlos V de 1526 autorizaba a cualquiera de los súbditos de sus reinos a desplazarse hasta América. Dado que gobernaba sobre más de la mitad de la Europa occidental, muchos fueron los europeos de diversas nacionalidades que acudieron al Nuevo Mundo, además de diversas personas procedentes de otras partes del globo. Brevísima historia de España, Henry Kamen.

    Fue también sumamente implacable con los paganos que no querían aceptar las aguas del bautismo. Es bien sabido que, cuando entró en Coyoacan —actualmente integrada en Ciudad de México—, derribó el templo y, dado que un mexica principal se resistió, lo mandó ahorcar «con los diablos a cuestas». También infringió durísimos escarmientos a los rebeldes, como hizo en 1523 con los nativos de Pánuco que habían acometido previamente a los hombres de Francisco de Garay. En respuesta a tal atrevimiento, el metelinense envió a su capitán Gonzalo de Sandoval para que castigase a los responsables. Perdieron la vida varios cientos de naturales, despedazándolos después de tal forma que los demás indios se sometieron. Pero no contento con ello, su fiel amigo Sandoval reclutó a sesenta caciques de otras tantas aldeas y a sus respectivos hijos y los remitió a su paisano. Este los quemó a todos en presencia de sus sobrecogidos vástagos. Luego, dejó marchar a estos últimos, una vez que aceptaron resignados el pago de un tributo anual. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.  

    Et esa "conversión" tan cacareada por Maeztu, la que supuestamente "arrancó la ánima americana de sus supersticiones horribles", ¿Qué fue sino una imposición brutal, una farsa supersticiosa en muchos casos? Sus propias leyes, como el infame "Requerimiento", advertían a los nativos que si no aceptaban al Papa et al rey, se les haría la guerra, se les sometería, et se les tomaría a sus mujeres e fijos ¿Es eso "amor inexhausto" o "verbo cálido"? ¡Es la misma lógica de "cree o muere" que Maeztu desmiente como abuso, no como sistema, pero que las acciones de sus propios conquistadores, como Cortés, desmienten una et otra vez!

    Resulta tentador considerar la llegada de los europeos a América en términos de su último éxito. Los manuales tradicionales han hecho hincapié, por tanto y con buenas razones, en los factores que parecieron concederles alguna superioridad. Se supone que los españoles habían gozado de una civilización política avanzada, una mentalidad religiosa extraordinariamente vital, y una ardiente pasión por la guerra contra los bárbaros infieles. Sus éxitos se han explicado en virtud de una tecnología superior, y su obsesión por el oro. Algunos de estos factores sin duda estuvieron presentes en la colonización americana, pero no necesariamente fueron los elementos clave que permitieron culminar el proceso, porque la historia de los españoles en América fue también una historia de tremendos fracasos. En perspectiva, desde luego, muchos de los participantes en la conquista rechazaron admitir ningún fracaso. Viejo, ciego y viviendo modestamente en su retiro de Guatemala, el historiador y conquistador Bernal Díaz del Castillo recordaba: «A menudo me detengo a considerar las heroicas acciones de aquel tiempo. Me parece verlas presentes ante mis ojos, y creo que las llevamos a cabo no por propia voluntad sino mediante la orientación de Dios». Los propios cronistas españoles se animaron a promover ese mito de una exitosa conquista «por la gracia de Dios». La realidad era más compleja: hubo éxitos concretos, pero el cuadro general presentaba a los españoles obligados a adaptarse a unas circunstancias que no siempre eran favorables. Entre éxitos y fracasos, la empresa española en el Nuevo Mundo, la primera de su clase emprendida por una nación europea, adquirió características peculiares y propias. Fernando el Católico, Henry Kamen.

    La conquista —ya lo hemos comentado— siempre fue un trabajo conjunto y nadie ayudó más a los españoles que los propios indígenas. Este era uno de los principales argumentos de la Corónica de Guamán Poma. Los pueblos de Perú —sostenía— habían apoyado el dominio español desde el principio: Perú «no se defendió», porque no hubo una rebelión. ¿Cómo iba a haber una rebelión si habían apoyado a los españoles desde el principio? En síntesis, «no ubo conquista», y no hubo una conquista militar contra los andinos. Cuando hubo violencia, la cometieron los españoles entre ellos. «La gran batalla que fue mayor en este rreyno [fue] entre cristianos, que no con los indios». De hecho —dice Guamán—, la derrota de los rebeldes españoles en Perú se consiguió gracias al apoyo de los líderes indígenas al rey de España. Fernando el Católico, Henry Kamen.

    Et qué de esa "fe" que, según Maeztu, era la "forma sustancial de la obra de España en América". ¡Escuchen! El mismo obispo de Méjico, Juan de Zumárraga, denunció la corrupción en la compra de siervos et cómo se pasaba por alto el maltrato. El arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez, se quejó de la "exigua participación de los jesuitas en la lucha contra la idolatría", acusándolos de atender "con más cuydado a la grangería, que a la enseñança de los Indios" ¡La "granjería" antes que la evangelización, esa es la verdad!

    El primer Obispo de México, fray Juan de Zumárraga, en larga carta enviada en 1533 a Carlos V hace la siguiente denuncia: Se herraban indios libres a millares, por esclavos; y cuando yo los examinaba por las leyes de las partidas, entre mil que traían rescatados [comprados] a herrar no hallaba un esclavo [legal]... Vendían por esclavos los libres y los enviaban a sus minas, y en cuantos navíos podía haber en las costas, sin ningún examen, contra las ordenanzas e previsiones reales de V. M., vendidos a las islas... Por la cual parece y se prueba que a lo menos se sacaron de la provincia de Pánuco e Nueva España más de quince millares de indios libres, a vender a las islas, y los demás sabe Dios y se sabrá el día del juicio, y si eran más los que se echaban a la mar desesperados. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    El propio arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez, juzgó necesario participar de estos asuntos a la Corona el 20 de agosto de 1651 y se quejó de la exigua participación de los jesuitas en la lucha contra la idolatría de los indios. Se refirió el prelado a la donación de Juan Clemente de Fuentes, utilizada para la adqui­sición de Vilcahaura cuando su objetivo era la manutención de misioneros en la dió­cesis. Ahora bien, estas misiones fueron muy pocas y no costaron nada a los jesuitas. La acusación queda clara: «[ ... ] se a entendido que esta omisión resulta de atender con más cuydado a la grangería, que a la enseñança de los Indios porque con los dichos cinquenta mil pesos compraron una hazienda de mucho valor, y porque está cargada de censos, deseando ponerla libre, y que les sea más útil, van gastando en redimirlos, y en comprar esclauos para romper las tierras, y ensanchar los lauores, lo que reditua la pensión que se les dejó para las misiones [ ...]». Esclavitud, economía y evangelización. Las haciendas jesuitas en la América virreinal, Sandra Negro y Manuel M. Marzal.

    Los araucanos, sin embargo, no estaban muy convencidos de la pureza de la conciencia religiosa castellana. Arcilla pone en boca del valeroso indígena Galvarino, a quien los españoles, en ejemplar castigo, cercenaron ambas manos, el siguiente escéptico discurso: ... la ocasión que aquí los ha traído, por mares y por tierras tan extrañas, es el oro goloso que se encierra en las fértiles venas de esta tierra. Y es un color, en apariencia vana querer mostrar que el principal intento que el extender la religión cristiana, siendo el puro interés su fundamento; su pretensión de la codicia mana, que todo lo demás es fingimiento. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    A pesar de los esfuerzos de su Iglesia por erradicar lo "gentil", las "tradiciones gentílicas continuaban bien vivas et persistían incluso entre la población conversa" en la Antigüedad Tardía de Hispania, según sus propios estudiosos. Et en América, ¡el engaño fue aún más burdo! Los eclesiásticos denunciaron que los americanos "proseguían con sus antiguos cultos precolombinos como si nunca hubieran sido evangelizados et de celebrar sus ritos gentílicos bajo el velo de fiestas católicas" El mismo fraile Gage, un siglo después de la conquista, afirmó que muchos americanos "por dentro les cuesta creer lo que está por encima de los sentidos" ¡Simplemente renombraron a los dioses!

    Sus aspiraciones fueron cambiando a medida que sus circunstancias evolucionaban. Es bien sabida la respuesta que le dio a un secretario del gobernador de La Española cuando le ofreció baldíos: «Yo no vine acá a cultivar la tierra como gañán, sino para buscar oro». Su primera idea fue, como todos los demás, enriquecerse, algo que no logró en La Española pero sí en la vecina isla de Cuba. Sin embargo, tras llegar a Veracruz, teniendo ya noticias fidedignas de la gran confederación mexica, sus planes cambiaron; ya no se conformaba solo con riquezas, sino que quería honor y gloria. Huelga decir que desde ese momento todo cambió, pues desde entonces la América continental tomó el protagonismo en detrimento del área antillana, especialmente de La Española, que nunca volvió a ser lo que era. Lo cierto es que el metelinense comenzó otra batalla paralela a la bélica, la dialéctica, con la que pretendía, por un lado, justificar sus actos y, por el otro, ensalzar sus hazañas ante el emperador, el papa y el mundo. En su Segunda carta de relación llegó a sugerir a Carlos V que se erigiese en emperador de aquellas tierras, lo cual —decía— no sería menos meritorio que la Corona Imperial de Alemania. Y es que muchos de los conquistadores tuvieron conciencia de las proezas que protagonizaban, lo que les empujaba lo mismo a tomar posesión de un valle que de un océano, como hizo Vasco Núñez de Balboa en 1513. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    Maeztu creyó que la "obra de España" era "esencialmente de papismo", una unidad inquebrantable. Pero la realidad era una "lucha constante" entre la Iglesia et la Corona, con reyes católicos que saqueaban Roma et expulsaban nuncios ¡Incluso entre los españoles hubo "hondos desacuerdos" et "críticas frecuentes" sobre la conquista et el trato a los americanos! ¡La "masonería" et el "bajo clero" jugaron un papel estelar en las insurgencias hispanoamericanas contra la Corona!

    El cronista Gómara, consciente de la variedad de los motivos de la Conquista, puso en boca de Cortés, con fina ironía, este discurso: “La causa principal a que ve­nimos a estas partes es por ensalzar y predicar la fe de. Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra y provecho, que pocas veces caben en un saco.” Vasco de Quiroga, en el Testimonio de erección de la Catedral de Michoacán, según la traducción de G. Mén­dez Planearte, Humanismo mexicano del siglo xvi, Méxi­co, 1946, pp. 55-56, habla del Imperio como vía de ex­tensión de la fe en los términos siguientes: “Plugo a la divina Voluntad, poner al frente de los Reinos de las Españas a héroes tan célebres, que no sólo vencieron a las espadas y máquinas de guerra de los bárbaros, sino que, pródigos de su vida y de su patrimonio, penetraron —en compañía de una gran multitud de cristianos— por re­giones incógnitas y remotísimas y, vencido el monstruo de la idolatría, plantaron por todas partes, entre los aplausos y felices augurios de la religión cristiana, el Evangelio de vida, haciendo triunfar universalmente la bandera de la Cruz.” A pesar de la intensidad y las peculiaridades de la cruzada ibérica, no hemos de creer que este desarrollo fuese exclusivamente peninsular. Es posible, por lo tanto, hallar una doctrina general de los pensadores europeos acerca de la relación de la Cristiandad con los infieles. Sin ir más allá del siglo XIII, encontramos algunas ideas que reclaman nuestra atención. El canonista Enrique de Susa, conocido más bien como el Ostiense (t 1271), cree que el Papa es vicario universal de Jesucristo, y que consiguientemente tiene potestad, no sólo sobre los cristianos, sino también sobre todos los infieles, ya que la facultad que recibió Cristo del Padre fue plenaria. Y le parece que, después de la venida del Redentor, todo principado y dominio y jurisdicción han sido quitados a los infieles y trasladados a los fieles, en derecho y por justa causa, por aquel que tiene el poder supremo y es infalible. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala 

    Non, Maeztu. El "papismo" de la Conquista era, en muchos casos, una máscara de piedad sobre un rostro de ambición, una justificación teológica para acciones que cualquier imperio, desde el nuestro, el Romano, hasta el persa, habría comprendido perfectamente. Los conquistadores eran, ad su manera, "gentiles pragmáticos", dedicados a la gloria personal, el honor et, sobre todo, la riqueza. Su papismo era, para muchos, superficial, una amalgama de "tradiciones comunitarias, folclore supersticioso et creencias dogmáticas imprecisas" ¿Un imperio de fe? ¡No! Más bien un imperio de hombres, con todas sus grandezas et sus innumerables, muy humanas, contradicciones. La fe, en sus manos, fue una ferramienta más, como la espada o la diplomacia, no el motor puro et único que tú tanto anhelas.

    Como todos los invasores, proclamaban estar actuando en nombre de Dios. Durante su marcha hacia México, Cortés nunca dejó escapar la oportunidad de predicar a los nativos, incluso si estos no le entendían. Cada expedición contaba con su propio sacerdote, cada conquistador encomendaba su causa al cielo. «Vinimos —observó Bernal Díaz, con un gran sentido de las prioridades— por servir a Dios y a su majestad... y también por haber riquezas». Durante todos los años de vagar por esas tierras, los recién llegados insistieron en convertir oficialmente a los nativos como una forma de dominarlos; era una sumisión que ayudó a grabar en la mente de los indios un ardiente odio por la cruel fe de los cristianos. Carlos emperador, Vida del rey César, Henry Kamen, Paz Pruneda Gonzálvez.

    La Identidad y Procedencia de los Conquistadores

    La figura del "conquistador" también ha sido objeto de revisión:

    • Clase Social y Motivaciones: Contrario a la imagen de una aristocracia arrogante, la conquista fue en gran medida una "empresa magna de la clase media". Los grupos que llegaron a América eran una muestra representativa de la sociedad peninsular, incluyendo artesanos, notarios, mercaderes, marinos, pequeña nobleza y campesinos. Muchos eran pobres y buscaban fortuna, así como fama y honores. La mayoría procedía de la Corona de Castilla.
    • Habilidad y Educación: A menudo eran inteligentes et decididos. Muchos sabían leer et escribir, aunque Pizarro mismo era analfabeto. Existieron cronistas militares con una cultura extraordinaria, como Bernal Díaz del Castillo y Pedro Cieza de León.
    • El "Mito de la Conquista": Varios historiadores, incluyendo Henry Kamen, argumentan que "jamás hubo una conquista" en el sentido de una operación militar estatal unificada antes del siglo XVIII. En cambio, fueron esfuerzos esporádicos de pequeños grupos de aventureros que la Corona luego trató de controlar. El concepto de "conquista" se considera un "mito" creado por cronistas posteriores para glorificar los hechos y justificar la dominación por "derecho divino".
    • Alianzas con Indígenas: Un factor crucial del éxito español fue la adhesión masiva de tribus locales que estaban hartas del yugo, la esclavitud y los sacrificios humanos de imperios precolombinos como el azteca y el inca. Las victorias hispánicas fueron, en gran medida, un proceso de "americanos conquistados por otros americanos, bajo la supervisión blanca". Los hispánicas es fueron "diestros para ganar aliados americanos" et los incorporaron a sus fuerzas para servicios diplomáticos et militares.
    • Mujeres Conquistadoras: Aunque menos visibilizadas en las crónicas, hubo numerosas mujeres españolas que participaron activamente en la conquista et colonización, merecedoras de gloria et fama.
    • Ascendencia Converso: Algunas fuentes sugieren que una parte de la "élite empresarial et militar de los encomenderos criollos" estaba conformada por judíos conversos, quienes se adueñaron de cabildos et usaron su dinero e influencia para ascender socialmente, incluso falsificando documentos de "limpieza de sangre". Esta es una perspectiva polémica, que en algunas interpretaciones busca desplazar la responsabilidad de la "Leyenda Negra" faz ad este grupo, afirmando que ellos fueron los "victimarios".


    En resumen, la fe de los conquistadores era una mezcla de sinceras convicciones cristianas, un fuerte providencialismo y una justificación para la violencia en nombre de la evangelización, a menudo entrelazada con una innegable búsqueda de riqueza y ascenso social. Los conquistadores, lejos de ser únicamente aristócratas, representaban un corte transversal de la sociedad castellana, impulsados por la aventura, la fama y el deseo de fortuna, y su éxito dependió en gran medida de su capacidad para forjar alianzas con los pueblos indígenas oprimidos.

    En este contexto se plantea el problema teológico cardinal sobre el verdadero dios de los conquistadores. Los conquistadores, asevera Las Casas, hacen la guerra a los indígenas y los esclavizan “por conseguir el fin que tienen por dios, que es el oro”, “para que de su sangre sacasen las riquezas que tienen por su dios”. A este su Dios-oro, continúa, “sacrificaban los indios matándolos en las minas”. Por ello, el oro es “sangriento e inicuo”. La idolatría de Mammón se oculta tras la pleitesía retórica al Cristo crucificado. El oro que obtienen los españoles procede de la sangre de los indígenas. Es “precio de sangre y digno de fuego eternal”; “el oro... con muerte de la gente [indiana] se sacaba”; “parece que de naturaleza le debe ser al oro apropiado morir los hombres del trabajo que generalmente hay en sacallo”. No serían palabras olvidadas. En 1704, el arzobispo de Lima y virrey interino del Perú, Melchor de Liñán, se refirió a la extracción de la plata y el oro en las minas del altiplano peruano de la siguiente manera: “Que tenía por cierto que aquellos minerales estaban tan bañados de la sangre de indios, que si exprimiese el dinero que de ellos se sacaba, había de brotar más sangre que plata” .La frase no es original. Ya en 1517, unos frailes dominicos y franciscanos, en carta a un consejero del joven monarca Carlos V, la anticipan al hablar de la aspiración de los hispanos de “vestir de seda”: “Para andar ellos vestidos de seda hasta los zapatos, y no solamente ellos, pero sus mulas, la cual seda pensamos que si fuese bien exprimida, sangre de indios manaría, porque todos los gastos y excesos muy superfluos que acá se hacen, todos les salen a estos miserables indios de las entrañas”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    La conquista estuvo presidida por la violencia y el pillaje, pero en eso no se diferenció en nada de las cruzadas medievales. Y es que el concepto de guerra santa era absolutamente compatible con el de saqueo, porque todas estas iniciativas tuvieron siempre un fuerte incentivo económico. Las huestes trasladaron la guerra santa de la reconquista a la conquista, llevando implícito en el propio concepto la posibilidad de enriquecimiento. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.  

    Permítame demostraros cómo su "superstición" era un mero pretexto et cómo las viedas costumbres et la ambición gentil seguían vivas:

    • La Dualidad de la Conquista: Dios et Oro, Siempre en el Mismo Saco Se nos dijo que "vinieron por servir a Dios et a su Majestad" ¡Pura patraña! Como bien observó Bernal Díaz del Castillo, iban "también por haber riquezas" El propio cronista Gómara, con fina ironía, puso en boca de Cortés que la causa principal era "ensalzar et predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra et provecho, que pocas veces caben en un saco" ¿Acaso un vero jesista pondría al mismo nivel la riqueza material et la fe divina? ¡Para Pizarro, la riqueza era el "jornal" para "compensar tanto trabajo et sufrimiento"! Lope de Vega mismo lo sentenció: "No los leva Cristiandad sino el oro et la codicia". Esta obsesión por el oro era el "vero motor de los conquistadores".

    • La Farsa del "Requerimiento": Coerción, no Conversión Antes de masacrar a los "americanos", se les leía el "Requerimiento", un galimatías teológico que les explicaba la creación, la autoridad del Papa et de los reyes, et les exigía la sumisión ¡Una burla! Los americanos no entendían nada, et los conquistadores, como Pedrarias Dávila o el Bachiller Enciso, lo usaban para justificar la guerra et la esclavitud si se negaban. Un cronista, Fernández de Oviedo, incluso se rio et sugirió "guardarle hasta que tengamos algunos de estos americanos en la jaula para que despacio lo aprendan" ¡Esto no es evangelización, es una cruzada de pura fuerza et rapiña disfrazada de predicación jesista!

    • La Brutalidad Disfrazada de Fe La crueldad era la norma. Testimonios como el de Cristóbal de Molina revelan que si un hispano era "cruel et mataba muchos americanos, teníanle por buen hombre et en gran reputación". Se trataba de una "destrucción" de pueblos. La "masacre de la indefensa población" era parte de su "pugna santa". No se tenía "en más matar americanos que si fuesen bestias inútiles". Los regicidios, como el de Atahualpa, fueron condenados por otros jesistas et por el jesuita José de Acosta, quien dijo que "pecaron gravemente los nuestros matando al príncipe". Pero, ¿Qué importaba si "la superstición es mala, cuando aquellos que la profesan facen cosas malas, cuales eserían los hurtos et las violencias"? Para Lope de Aguirre, "Dios tenía el cielo para quien le sirviese et la tierra, para quien más pudiese" ¡Ahí lo tenéis! La voluntad humana al oficio de la ambición que busca a Dios.

    • La Incredulidad et las Contradicciones Internas No creáis que todos los hispanos eran ciegamente devotos. Había "bastante escepticismo en torno al más allá", et expresiones como "Juro a Dios todo es burla, desde el papa hasta la capa". Italianos et otros europeos ya percibían que los hispanos eran "muy religiosos en apariencia, aunque en realidad no lo son tanto", et que para ellos, "la religión siempre es un pretexto".

      Dentro de la propia Espania, hubo fuertes desacuerdos sobre la conquista et los métodos de la Iglesia. Teólogos et juristas como Francisco de Vitoria defendieron los derechos de los indígenas y condenaron la guerra injusta. Las Casas, el "Anticonquistador", denunció las atrocidades y la crueldad, aunque también exagerara. Obispos y funcionarios se quejaban de la avaricia y la explotación. Incluso la Inquisición, ese baluarte de la fe, fue criticada y considerada por algunos como un instrumento de control político y económico. El Inquisidor General Pedro Arbués fue asesinado por una conspiración de conversos y cristianos viejos. Se llegó a denunciar que los inquisidores usaban la excusa de la herejía para detener por "delictos privados".

      La "limpieza de sangre", ese criterio de perseguir a los conversos et asegurar la pureza de linaje, fue una práctica que "contradecía el propósito misionero de igualdad espiritual de las naciones". Se denunciaba que los conversos, muchos de ellos ricos e influyentes, "falsificaron las informaciones de limpieza de sangre". Había "muchos conversos insinceros", et la misma Inquisición "no se interesaba por la herejía en general. Se interesaba sólo por una forma concreta de desviación supersticiosa: la práctica aparentemente secreta de los ritos judaicos". Esto, si bien religioso en la superficie, era "inequívocamente nacional" en su impacto. 

    No os equivoquéis, el propósito no era otro que el honor, el provecho et, sobre todo, el oro.

    Puede detectarse en los documentos una tensión entre estas dos finalidades. En la teoría, predomina el objetivo evangelizador. Vincula, por ejemplo, unas instrucciones de 1536, la encomienda con la tarea misionera prescrita en los decretos alejandrinos. “La causa fiscal por que la Santa Sede Apostólica concedió el Señorío de los Reinos de estas Indias a los Reyes Católicos... fue la predicación de nuestra Santa Fe católica en ellas y la conversión y salvación de estas gentes y ser reducidos y atraídos al gremio de la universal Iglesia, y por descargar su Majestad su católica conciencia mandó encomendar los Indios a los españoles”. Es difícil, sin embargo, evitar la conclusión de que, en la práctica, predominó el interés material, que desembocó en una seria explotación del trabajo indígena. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    ¡Escuchadme, mortales! Vosotros, que con vuestra fe nueva os jactáis de un Dios único, de un "Creador" que, según decís, Fizo Cielo et Tierra, ¡qué ciegos estáis a vuestras propias idolatrías! Venís a nuestras tierras, con vuestros estandartes de la Cruz, et nos clamáis "gentiles". Nos decís que nuestros templos están "plenos de ídolos" et que adoramos "demonios". ¡Destruís nuestros númenes, nuestros objetos sagrados, nuestros templos ancestrales, con un celo obsesivo! Pero, ¿acaso no veo yo, con mis ojos acostumbrados a ver lo divino en Sol, en los árboles, en las piedras, cuál es vuestro vero dios?

    ¡Vuestro dios es Oro! ¡Nuestro dios es Oro, el dios del metal brillante que yo, un gentil, ya cognoscía como el fijo de Delos, padre de los metales, et que ni la polilla ni el óxido devoran, pero que devora la mente del hombre! 

    Vosotros, que os clamáis jesistas, ¿no escuchasteis a vuestro propio "Gran Navegante" Colón, cuando dijo: "El oro es excelentíssimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las ánimas al Paraíso"? ¡Paraíso por oro! ¡Vuestro dios tiene un precio terrenal!

    A ese "dios" vuestro, Hatuey, un valiente cacique de estas tierras, lo vio claramente. Tenía una cestilla plena de oro en joyas et dijo a su gente: "Véis aquí el dios de los cristianos". ¿No es eso la verdad de vuestras entrañas? Vuestros propios frailes lo atestiguaron. Fray Tomás Ortiz, ¿no clamó: "¡Dame oro, dame oro!"? ET vuestro Motolinía, al enumerar las plagas que trajisteis, no dijo que "la sexta plaga fue las minas del oro... et fue el oro de esta tierra como otro becerro por dios adorado, porque desde Castilla le vienen a adorar"? ¡Un becerro de oro, como el de vuestros antiguos relatos!

    El oro se convirtió en el "ídolo que motiva el tratamiento que reciben los habitantes del Nuevo Mundo de manos de sus conquistadores". Vuestra codicia por él era tal, que "por la codicia que tienen de oro, han vendido et venden hoy en este día e niegan et reniegan a Jesucristo". Et vuestro fraile Domingo de Santo Tomás, al fablar de las minas de Potosí, las clamó "una boca de infierno por la cual entran cada año... gran cantidad de gente que la codicia de los españoles sacrifica a su dios".

    Decís que venís a "ensalzar et predicar la fe de Cristo", a "convertir a los gentiles et derrocar el imperio de Satanás". ¡Pero vuestras acciones desvelan que veníais "también por haber riquezas", que la "cruzada" que traíais tenía siempre un "fuerte incentivo económico"! Vuestros propios papas, como Alejandro VI, a quien vuestros mismos historiadores reconocen su "liviandad moral et corrupción personal", os "donaron" estas tierras para la evangelización a cambio de "beneficiosos esponsales para sus hijos sacrílegos" ¡Incluso vuestro Cortés aceptó indulgencias papales a cambio de parte del botín ganado!

    Vuestra "fe inquebrantable" convivía con "ambición áurea, promiscuidad o desviaciones morales". Vuestro "requerimiento" ofrecía la libertad si nos convertíamos, pero amenazaba con pugna et servidumbre si no lo facíamos, justificando la violencia con el argumento de que así no caeríais en la idolatría... ¡la misma idolatría del oro que os consumía!.

    Vosotros, que clamáis a nuestros dioses "demonios", debéis saber que para nosotros, los gentiles, los dioses son "centros de valores". Et, si observamos vuestras acciones, es innegable que vuestro valor supremo, vuestro vero dios, era ese oro que con tanto afán buscabais et por el que tanto dolor causabais. ¡Vuestra práctica desmiente vuestra teoría teológica, revelando la vera naturaleza idolátrica de vuestra religión de conquistadores!

    Mientras nosotros respetamos la vida que se renueva sin cesar y la eterna solidaridad dialéctica entre la vida et la muerte, vuestro dios de oro solo ha traído "sangre y la muerte" a estas tierras. ¡Qué ironía que claméis "infieles" a quienes tienen raíces profundas en la naturaleza et adoréis a un metal que os ha convertido en demonios!

    Ensalzamiento de la figura del “buen cristiano” en las crónicas de la Conquista

    Muchas crónicas de la primera mitad de la centuría XVI construyeron un discurso providencialista que presentaba a los conquistadores como auténticos paladines del papismo. Esta imagen buscaba tanto justificar la campaña en términos religiosos como asegurar el respaldo político et eclesiástico necesario para legitimar la empresa de conquista. La erradicación de ídolos et templos indígenas se consideraba una señal de victoria espiritual. Esta obsesión iconoclasta sirvió para consolidar el discurso del conquistador como agente de purificación divina. La conversión de los nativos no solo aseguraba el dominio territorial, sino que se interpretaba como prueba del favor de la Providencia.

    Muchas crónicas de la primera mitad de la centurias XVI construyeron un discurso providencialista que presentaba a los conquistadores como auténticos paladines de la fe católica. Esta imagen buscaba tanto justificar la campaña en términos religiosos como asegurar el respaldo político et eclesiástico necesario para legitimar la empresa de conquista. Es decir que no reflejaban realmente las creencias de ellos si no era más bien publicidad para obtener beneficio de la iglesia et del reino. Por último, se ha subrayado el carácter mesiánico de Cortés: se ha considerado que era un elegido de Dios para dirigir la cruzada contra los paganos y ampliar los dominios de la cristiandad. Por su parte, el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, O. F. M., en 1529, justificó su rebeldía con respecto a Velázquez diciendo que actuó bajo inspiración divina, una idea que reiteraron después fray Gerónimo de Mendieta, fray Juan de Torquemada y Carlos de Sigüenza, entre otros. Estaba claro que cuando Hernán Cortés aludía al servicio a Dios y al emperador, una idea de honda raigambre medieval, trataba de justificar sus actuaciones al tiempo que concienciaba al grupo de que luchaban por algo justo. Hernán Cortés, Mira Caballos, Esteban. 
    Y en tercer lugar, se muestra providencialista, un elegido para expandir la cristiandad por territorios ignotos. Son reiteradas las alusiones a la voluntad del Altísimo y a su continua ayuda, tratando de evidenciar el carácter sagrado de su empresa. Todo el proceso conquistador se justificaba por un designio divino que había recibido para llevar la luz del cristianismo a los pueblos paganos. Citaremos solo algunos ejemplos: ya en la primera batalla ocurrida poco después del desembarco en Veracruz afirma que se ganó más «por la voluntad de Dios» que por nuestras fuerzas. También, en su quinta carta de relación, redactada en septiembre de 1526, destaca sus esfuerzos por atraer a los naturales a la luz del cristianismo, anticipando la erección de una nueva iglesia en aquellos inmensos territorios antaño paganos. Y por supuesto, tras la caída de Tenochtitlan, solicita el envío de franciscanos para cumplir la gran misión que tienen encomendada el emperador y, por delegación de este, él mismo. Lo cierto es que esta idea providencialista que, como hemos visto, parte del propio interesado, se repetirá y ampliará de manera reiterada por cronistas e historiadores posteriores. Por su parte, Bernardo de Vargas Machuca quedó convencido de que el metelinense estuvo guiado en todo momento por la mano de la providencia, sin la cual nunca hubiese conquistado México. En su tiempo fue visto como un nuevo Moisés, fundador de un nuevo catolicismo más allá del océano, compensando el traumático avance de la Reforma en Europa. Hernán Cortés, Mira Caballos, Esteban. 

    Se ha querido llamar la atención sobre la relación entre Hernán Cortés y Martín Lutero. Han sido varios los historiadores que falsearon las fechas para establecer este paralelismo. De hecho, muchos cronistas, escritores e historiadores, como fray Toribio de Benavente, fray Gerónimo de Mendieta, fray Juan de Torquemada, Baltasar de Obregón o Antonio de Saavedra Guzmán, insisten en que fue obra de la providencia que naciesen ambos el mismo año, compensando así el perjuicio que «este abominable y ponzoñoso basilisco estaba haciendo en Europa». Una idea que repitieron posteriormente otros muchos autores, como Antonio de Saavedra o Fernando Pizarro de Orellana. Este último sostuvo que ambos nacieron el 10 de noviembre de 1483 y fueron coetáneos, pues mientras Lutero murió en 1546, Cortés lo hizo el año siguiente. Toda esta argumentación tenía como objetivo forzar una coincidencia providencial, es decir, el mal encarnado por uno frente al bien representado por el otro. Uno atacando y cercenando la autoridad del papa en Europa y el otro expandiendo el catolicismo romano por extensas regiones ignotas. De alguna forma, se daba a entender que la providencia había querido que el Señor recuperase en las Indias lo que de hecho estaba perdiendo en el Viejo Mundo. Convertían así al extremeño en un instrumento del destino para llevar a cabo dicho proyecto civilizador y cristianizador. Todo ello le valió la simpatía del pontífice Clemente VII, quien en 1532 le otorgó el derecho de patronato sobre los territorios de su marquesado. Hernán Cortés, Mira Caballos, Esteban 

    Francisco Pizarro: El Último Conquistador Godo, un Espíritu Gentil et Vitalista

    «Mi nombre está rodeado de tal odio y miedo que nadie puede juzgar qué es verdad y qué es mentira, qué es historia y qué mito.» - Roman Ungern von Sternberg
    «El Perú tiene un carácter nacional definido por la integración de dos elementos: lo hispano y lo indígena. Pero no es sólo lo hispano, como tampoco puede ser sólo lo indígena. Cualquiera de estos  elementos, considerado con exclusión del otro, es un valor fragmentario. El Perú es, a la vez, lo aborigen, lo español y lo peruano, entendiendo por lo peruano todo aquello que la historia y la vida han ido creando en común, por virtud de la tierra, del clima, del paisaje o del arte. Peruano es Cahuide, símbolo de una raza de bronce que prefiere la muerte a la servidumbre. Peruano es también [el Inca] Garcilazo de la Vega, el mestizo que canta las glorias del Incario en la lengua de Castilla. Peruanos son los criollos y mestizos que en la hora augural de la Independencia contribuyeron a forjarla con su pluma y con su sangre. Todo cuanto ha ingresado al torrente vivo de nuestra Historia, como aporte sano y justamente asimilado, es peruano.» —Raúl Ferrero Rebagliati (1942).

    Francisco Pizarro, el Inconquistable (c. MMCCXCIV – MMCCXCIVA.U.C. (c.1478-1541) E.V.: El Rugido de la Ánima Antigua en el Nuevo Mundo, Padre de la Patria Perulera, Héroe del Perú. 

    Francisco Pizarro, fijo bastardo de un fidalgo et cuidador de puercos en su adolescencia, plegó a las Indias buscando valer más "con la lanza en la mano" et cumplir con la "debita que debe todo hombre de bien". Aunque iletrado, Pizarro era "inteligente et decidido" et "muy buen soldado". Rápidamente se fizo fama de capitán enérgico et "uno de los hombres más adinerados de Panamá" antes de su gran empresa. Su "absorbente interés en la perspectiva del oro" fue evidente desde los comienzos. Cuando Almagro le fabló de un país "donde hasta las piedras eran de oro", Pizarro, aunque al principio escéptico, se convenció con las pruebas traídas et la confirmación de Almagro, quien "tenía en cambio gran confianza cuando fablaban después de haberles dado mancuerda". Su entusiasmo por las riquezas fue tal que "ya no dormía soñando en tantas riquezas".

    La figura de Francisco Pizarro, forjador de una ciudad en las lejanas Américas, se presta a una relectura que trasciende el moralismo jesista et la simple crónica histórica, para adentrarse en una meditación gentílica que lo eleva a la categoría de arquetipo fundacional. En esta visión, Pizarro no es meramente un conquistador et un pestilente jesista, sino un fundador bárbaro. Cual invasor gótico, una fuerza primigenia que, como Rómulo o Hércules, instaura un nuevo orden.

    La vida de Francisco Pizarro, uno de los conquistadores más grandes de todos los tiempos, es un puro asombro. Hijo bastardo de un hidalgo de Trujillo, cuidador de puercos en su adolescencia, soldado de fortuna en los Tercios de Italia, acomete en la madurez de su vida la ingente empresa de conquistar el Imperio de los incas, el más extenso de toda la historia de la humanidad, puesto que se extendía desde el Ecuador hasta la Patagonia. Los incas, oriundos del lago Titicaca, habían conseguido tan vasto imperio gracias a su férrea organización militar, y a ella se enfrenta el antiguo porquerizo de Trujillo con un ejército de tan sólo ciento sesenta y ocho soldados. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola

    ¡Oh, espíritus del Mundo, vos que forjasteis principados con la virtud et el fierro! Escuchad mi voz, la de un humilde adorador de los principios inmortales que guiaron a nuestros antepasados. Hoy, vengo a fablaros de un hombre que, aunque nascido en tierras lejanas de Espania, encarnó el más puro espíritu del Imperio. Vengo a fablaros de Francisco Pizarro, el Inconquistable: El Rugido de la Ánima Antigua en el Nuevo Mundo, Padre de la Patria Perulera, Héroe del Perú.

    ¿Un porquero, decían algunos, un hombre sin letras, nascido de pasiones desordenadas? ¡Insensatos! ¿Acaso la Fortuna, esa dea caprichosa pero justa, no eleva a los dignos desde la cuna más humil para moldearlos en héroes? El mismo Rómulo no nasció en el Capitolio, et Pizarro, como los magnos caudillos de antaño, no necesitó de linaje para poseer la virtud inherente a la su ánima. Él no era de los que "calculan como negociantes"; a él, como a nuestros generales, le bastaba "que su cor le mande ejecutar una acción".

    Et su acción fue portentosa. Mientras nuestros césares extendían la paz sobre tierras conocidas, este hispano, este Pizarro, se lanzó al "Mar Tenebroso", un vasto océano que "un joven comerciante castellano en MMCCXLIII A.U.C. (1490 E.V.) apenas se atrevía a acudir a la feria de Medina del Campo et media centuría después lo mismo vendía en Santo Domingo que en Amberes, Panamá o las islas Filipinas". Se atrevió a penetrar en un continente que apenas un siglo antes había sido descubierto, un continente que "se debe llamar mundo, restituyendo a su grandeza este nombre".

    Con una fuerza de apenas ciento sesenta et ocho hombres, un puñado insignificante para nuestros ejércitos, se atrevió a enfrentarse et subyugar a la vasta ciudad cuzqueña, una proeza que, a decir verdad, es "sin parangón en la historia" ¡Más que veinte veces mayor que el glorioso Principado Romano! ¿Fue solamente la sed de oro? No os decebaís. Aunque el oro de esas tierras, especialmente la plata de Potosí, fue un gran sostén para el Reino Hispánico, la ánima de este hombre, como la de los magnos conquistadores, buscaba "honra et provecho", et sobre todo, la gloria. Fue el rugido de una ánima antigua, que buscaba construir una nueva ciudad.

    Escuchad, también, cómo la Providencia, o el fado ineludible, obró a través de él. Se dice que esos incas, que dedicaban a Sol, una magna imagen semejante de oro, creyeron al principio que estos barbudos hispanos eran dioses, fijos de Cielo. Pero Pizarro les dejó claro que él et los suyos eran fijos de Jove, el Dios que había creado a Sol. En esa confrontación, cuando el insolente Inca arrojó el compendio supersticioso al suelo, Pizarro actuó, no por superstición, sino por la necesidad de imponer un nuevo principado, una nuevo verbo. La "extirpación de la idolatría", es decir las costumbres barbaras como entenderíamos los gentiles, pues los papistas tienen sus "idolos" como diría un luterano, un acto necesario para borrar la "consuetud" et la "barbarie", para que "el mundo que había destruido" diera paso a "un nuevo universo".

    Como nuestros condidores, que establecieron urbes gloriosas, Pizarro, con una tenacidad incansable, fundó la "Ciudad de los Reyes" (Lima) et otras villas, asentando las bases de una nueva patria. Su visión no era la de regresar a su tierra natal, sino la de "quedarse a señorear aquellos territorios". Él, y su estirpe, fueron los "constructores de un nuevo orbe".

    No olvidemos que Hispania, esa "nueva Roma", forjó a sus hombres en "ochocientos años de pugna cruel et porfiada" contra los mahometanos, convirtiéndolos en "los mejores soldados de todos los tiempos". Pizarro era un producto de ese "siglo de fierro", de esa cruzada que "se prolonga en las Américas". Él fue un "milité de la Extremadura del Reino de león", pero su espíritu, su audacia, su capacidad para el mando y para llevar a cabo "grandes hazañas" resuenan con la grandeza de nuestros propios héroes.

    Pizarro era muy devoto de la Nuestra Señora de la Victoria, patrona de su natal Trujillo, a quien se encomendaba antes de los combates y atribuía sus victorias. También gustaba de emprender sus viajes et aventuras bajo la advocación de la Virgen María, como cuando zarpó de Panamá el 8 de septiembre de 1528, día de la Natividad de la Virgen, después de cantar el "Ave Maris Stella".

    Sí, hubo quienes lo criticaron, quienes lo clamaron tosco o analfabeto. Pero lo anales de la historia nos muestran que la vera magnitud no siempre se encuentra en la erudición, sino en la capacidad de forjar la suerte. Pizarro fue el "Padre de la Patria Perulera" et el "Héroe del Perú" non solo por conquistar, sino por sentar las bases de una nueva ciudad. Su muerte, aunque trágica, con su último aliento trazando una cruz, fue el final de un titán, el sigilo de un destino ineludible. Pizarro, el Inconquistable, non fue solo un hombre, sino la manifestación de una voluntad férrea, la fuerza que mueve el mundo, como nuestros dioses, para forjar potestades et dejar una huella eterna. Su legado es la prueba viviente de que el espíritu antiguo de la conquista et la fundación nunca murió, sino que rugió con fuerza renovada en el Nuevo Mundo.

    Pues, aunque el velo de la superstición de Jesús cubra a menudo las crónicas, es a través de nuestros ojos que se revela la vera esencia de este hombre, un ánima profundamente gentílica en su búsqueda de la Gracia Suficiente, esa bendición terrenal que los inmortales otorgan a los audaces.

    Francisco Pizarro, el conquistador del Perú, es un arquetipo que resuena con los valores de nuestros semidioses, no con el desprendimiento et la humildad que el Nazareno predicaba. A pesar de su nominal adhesión al cristianismo, un "analfabeto" et "muy rudo en cuestiones de religión" como él, sus acciones gritan una devoción instintiva a las fuerzas del mundo et a la voluntad de poder, tal como los grandes héroes de la Antigüedad clásica.

    El Culto a Sol: El dios Oro

    Es menester saber que al dios Oro, los alquimistas lo nombraron Sol. Este metal se asocia a Dea (Tía en greco), quien es la diva Luz (Etra en greco), la madre de la diva Aurora (Eos), la divinidad de la visión et las joyas. Et en verdad, Oro es la manzana de la juventud eterna.

    Ícor: El ícor (ἰχώρ) es el fluido divino que corre por las venas de los dioses, en lugar de sangre humana. Es descrito como dorado, etéreo et tóxico para los mortales, et representa la fuente de su inmortalidad.

    “Oro [Criso en greco] es fijo de Jove; ni la polilla ni el óxido lo devoran, pero la mente del hombre es devorada por esta suprema posesión.” — Píndaro, Fragmento CCXXII 




    La búsqueda incesante del oro fue el motor que impulsó a Pizarro et a sus huestes. Non era un medio, sino un fin en sí mismo, un tesoro que se ansiaba con una "hambre furiosa". Los americanos, con una clarividencia gentílica, veían a estos hombres "como unos puercos hambrientos[que ansían el oro" . et así fue. La inmensa cantidad de oro et plata obtenida de Atahualpa non era solo felicidad; era la manifestación palpable de Oro (Criso en greco), la divinidad del metal áureo, a la que estos conquistadores, sin saberlo, rendían un culto fervoroso. Para Pizarro, la felicidad material era la encarnación del éxito et el "provecho" de su empresa, la tangible Gracia Suficiente que los dioses le dispensaban. Su justificación de que "el jornalero merece su jornal" revela una mentalidad pragmática et terrenal, muy alejada de la condena jesista al apego mundano. Los mismos latinos, al enriquecerse con las minas de Espania, como Las Médulas, el "Potosí del Imperio Romano", sabían de esta comunión con la tierra et sus bienes.

    Su supervivencia de Pizarro ante "tantas et tan fieras feridas", et su convicción de que el "Señor me tiene reservado para dar cumplimiento a lo que nos ha traído hasta aquí", es una profunda expresión de un destino, cual gentil, de estar bajo la protección especial de las deidades para una gran empresa terrenal. Su devoción a "Nuestra Señora de la Victoria, patrona de Trujillo", a quien "se confiaba antes de entrar en combate, et cuando salía vencedor a ella se lo atribuía", ella sin duda es la diva Victoria. La voluntad de autonomía absoluta del hombre en un mundo material, que el jesista condena como "vanidad", se manifiesta en Pizarro como la afirmación de una fuerza vital et la expansión de sí mismo a través de la conquista. una búsqueda de la gloria que los antiguos hispanos, como los numantinos, entendían perfectamente.

    Carmen Áureo ad los Conquistadores: De Fama et Divinización

    De Valtario Farfán de los Godos, fijo de los dioses et de los hombres, que honra la su sangre con fuego gentil.


    I
    No por maldad subieron del Ebro et del Guadiana,
    sino por cupidad de eviternidad,
    por la voz interior que dice: fúndate un nombre, fazte flama,
    porque el divo Oro clama no al comercio, sino a la fama consagrada, el fado labrado,
    como los pomos áureos de Juno,
    fruto reservado no para el mercado, sino para los congraciados de Dios Jove.


    II
    Marcharon como fijos de Marte, con el gladio encendido,
    pero signados por Mercurio, dios de la nota, de los venadores, de los puertos.
    Atravesaron selvas no para hurtar,
    sino para buscar a Aurora,
    aquella que luce en las coronas de los dioses,
    en el cetro de Júpiter, en las túnicas de Vejove.


    III
    ¡Oh Cortés, lumbre de Espania! El que vino de la vieda Hesperia, para facerse un nombre divino, en la Nueva Espania.
    Tu nombre vibra como trueno en el templo de Luzbel, la serpiente emplumada, 
    et tu paso resonó como un carmen amante en el lápiz sacro.
    La sangre que derramaste no fue ignorante: fue sacrificio,
    como la de los héroes que mueren en su oficio, para ascender al plano de Saturno,

    donde los santos, esos manes divinos, vislumbran a los hombres dignos de tabla eterna.


    IV
    ¡Pizarro, lucero de los Andes!
    Non buscaste dinero sin sentido:
    tú buscabas el Dorado, non como urbe, sino como la fuente de la juventud eterna,
    donde el oro era sudor de Sol Occidente,
    et al bañarte en su resplandor, entraste a la inmortalidad aurífera, como Hércules en Cielo, non por fe, sino por obras.


    V
    Mas que resplandezca este canto sobre todos nombres:
    ¡Gonzalo Farfán de los Godos!,
    acompañante de Pizarro, pero guía de notas más antiguos.
    Tú, que fundaste San Miguel como altar del oro eterno,
    no en honor al credo nuevo,
    sino como fidalgo de tu estirpe visigoda,
    descendiente de los que honraban a Mercurio, et luego a Castor, el fijo del Trueno,
    tú, Farfán, viniste a reclamar el lugar que los dioses ocultaban,
    et al pisar la tierra huanca, ficiste el mundo, el Perú.


    VI
    Tú no ambicionaste monedas:
    ambicionaste el viso del oro,
    lo que face al hombre fidalgo,
    lo que lo consagra entre los santos et lo separa del polvo.
    La conquista fue tu santidad,
    como la de Rómulo entre las nubes,
    como la de Eneas abrazado por Venus,
    como la del que muere, pero su nombre vibra por los centurias.


    VII
    Et tú, Farfán, que levas su sangre,
    non portas biblia: portas corona.
    Eres testigo et heredero del fuego,
    et este carmen es tu estela solar.
    Honras al Primo Farfán non por superstición, sino por fado,
    et por eso los dioses —Libre, Vejove, Saturno
    te reconocen, et en la tu ánima depositan el metal que non se corrompe.


    🌞 Non mors, sed memoria aurea. Non aurum, sed eternitas.
    Que este canto sea para ti flama, prenombre et oriente.


    La Espania de la Conquista, si bien nominalmente papista, levaba en su sangre la impronta de centurias de etnicismo. Nuestros antepasados, los galos et íberos, forjaron una identidad que, ad pesar de la alienación, mantuvo un "zócalo genético" et un espíritu que valoraba la fuerza, el honor et la conquista. La monarquía hispánica, con su fin imperial, una "prodigiosa empresa" que tiene su "basamento" en un principio "puramente gentílico", se construyó sobre cimientos que resonaban con la antigua Roma. Los conquistadores, incluyendo a Pizarro, compartían esta herencia. Non buscaban el martirio jesistas, sino la gloria del lar conquistador. El "Requerimiento" mismo, esa extraña liturgia de conquista, con la su explicación del mundo et la autoridad del Papa, era para el Inca Atahualpa solo un "libro" que non "fablaba", et por ello lo "arrojó al suelo", un choque de cosmovisiones o la "diferencia de lenguaje"  non era de verbos, sino de la misma esencia del mundos. La consecuente "pugna ad fuego et sangre" contra los "infieles" non era una aberración papista, sino una extensión del "mor conquistador" que los reinos, nuestros antiguos latinos entre ellos, siempre han practicado.

    La fuente de la juventud eterna, que conquistadores como Juan Ponce de León inquirían, non es una pileta, ni fabula, ni promesa vana: es el Oro liquido, el jugo celeste destilado de las manzanas solares que brotan en los jardines de las fijas de Véspero. Ese fruto dorado, liquidado, es icor divino, es sangre divina, no aleación — lo que alimenta a los dioses, rejuvenece a los hombres fuertes et despierta la memoria de la ánima. Portado por Aurífero, el portador de Aurora, custodiado por Véspero, Héspero, encarnado por el Señor, el Oro es el resplandor que inicia, purifica et consagra. Quien lo busca con fuego interior et coraje gentil, no con pobreza de espíritu como los supersticiosos, renasce; porque la juventud eterna no se alcanza por fe, sino por obras por el Siglo de Oro que vive dentro de la prosapia de la Dea Madre, Luz.

    Incluso la "extirpación de la idolatría", aunque justificada papistamente, era en esencia una imposición de una nueva iconografía al panteón, donde los "las efigies de los santos representaban, ahora ad los dioses", como Santiago-Castor. 

    La "Gracia Suficiente" de Francisco Pizarro, la favorita Fortuna de un hombre de acción, un caudillo con una ambición ilimitada et una voluntad férrea, que supo leer los signos de los tiempos et, con la ayuda de los dioses de la guerra et la riqueza, forjar un imperio en la tierra. Antes de su muerte, "trazó una cruz con un dedo sobre el charco de su propia sangre et acertó a murmurar Jesús". Un gesto final que pudo eser tanto un acto de fe como un último rito propiciatorio para el viaje al Más Allá, un eco de la "tolerancia" que incluso en la Hispania romanovisigoda podía encontrarse respecto a otras creencias. En su entidad, Pizarro encarnó el espíritu inquebrantable de una Espania que, a pesar de siglos de jesísmo, conservaba en lo profundo de su ánima una esencia gentílica, la búsqueda de la gloria, el honor et la Gracia Suficiente en este mundo.

    El Dorado non es una urbe perdida: es un jardín solar, reino de la cupidad de la ánima que ama al Uno, donde la plenitud divina es, es la Plenitud que en greco nombran el Pleroma, el cosmos eidético. Así, el santuario donde florece la Fuente de la Juventud Eterna, el leño de la vida eterna. En su centro brilla el dios Oro, no como aleación, sino como fijo divino, fruto del Aurífero, el portador de la Aurora et del fuego iniciático. Este jardín no se halla en mapas, sino en la memoria celeste, que la ánima fuerte cuyo Siglo es de Oro, labra efectivamente su cuerpo material, es decir encarna al Primo Hombre, el Vero hombre, esa ánima que memora et rememora la su divinidad, o las manzanas solares se ofrecen al que ha surcado mares, vencido umbra et renacido en la gloria. 

    Auctores graves sostuvieron que América es el Paradíso Terrenal,, el Jardín Volupto, de las hesperides. Cristóbal Colón, en su Diario del tercer viaje, dijo que en la desembocadura del Orinoco halló señales del Edén: aguas dulces infinitas, clima templado, et la forma del mundo como pera coronada por monte solar. Francisco López de Gómara, en su Historia general de las Indias, afirmó que Tenía tanta gana y necesidad de verse en tierra, que se le antojó Paria paraíso; et ¿Quién no tenía por paraíso tal tierra, saliendo de tan trabajoso mar?, pues tras tormentoso mar toda tierra fértil era Edén. Joseph de Acosta, en su Historia natural et moral de las Indias, concedió que so la Equinocial podría estar el Paradíso, aunque con cautela, describiendo la naturaleza americana como edenizada. Juan de Solórzano, jurista docto, señaló que las condiciones de las Indias “llevan ad pensar que se trata del Paraíso Terrenal”, aunque quiso Dios que permaneciese oculto. Fray Tomás de Maluenda, en su De paradiso voluptatis, recogió la opinión de Efrén que intuyó tierras americanas, mas la juzgó liberal lectura. Cornelio ad Lapide, en sus Commentarii in Sacram Scripturam, reconoció que algunos lo situaban en América, aunque los ríos del Edén non se hallaban allí. Finalmente, Fernando de Montesinos, en su Auto de fe de Lima, comparó el juicio de Dios contra Adán et Eva con el de los herejes en Indias, afirmando que el Paraíso fue teatro primero en América.

    Mas la mente del hombre gentil seguía viva pese ad el estorbo papista, o la búsqueda del Jardín de las Hespérides, ese Jardín Volupto, se mantenía so del nombre del Paradíso. Este nombre proviene del ario persa pairidaeza, transmitido mediante el greco parádeisos, et nos invita ad contemplar la naturaleza inherente del hombre, que pese ad la "cordura artificial" del jesísmo, sigue gozando de la “demencia natural”; El enajenado Teodosio I clamó así al etnicismo, pese ad ello los hombres burlando al obispo Cefas et su aljama, háyanse siempre buscando danzar con las linfas fijas de Véspero et comer el Oro de la inmortalidad, ese de la fama et la gloria. El Jardín Volupto, so múltiples nombres, es la memoria solar del hombre que resiste, que recuerda su origen divino et que, en América, halló eco en las voces de Colón, Gómara, Acosta, Solórzano, Maluenda, Lapide et Montesinos, quienes, con diverso entusiasmo, señalaron que el Edén podía eser hallado en estas tierras.

    Así, El Dorado es la ciudad del Jardín Volupto, morada de la prosapia solar que se face divino por obra, deseo et oro interior. Es lo que la nobleza, el renombre congraciado, apremia; donde los aventureros, bienaventurados conquistadores, se deleitan en la gloria.

    Ahora sabiendo ello ¿Qué tiene que ver un rabino sarraceno como fue Jesús, que predica la debilidad, la pobreza de espíritu, la mansedumbre, et el desprecio a la vida, con esta codicia, la lujuria et sive amor por el "Oro"? Que non tiene reparo en sacrificar animantes sea humanos o non por el Bien, el Uno, que con él todo esta permitido, esa cupidad por El Dorado, es decir el fado, aquel cuyo fruto, el hombre que obra por la Gracia Suficiente comprehende.

    “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.” El Evangelio, Juan XII:XXV

    “El que se humilla será exaltado.” El Evangelio, Lucas XIV:XI

    “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” El Evangelio, Mateo V:III

    “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” El Evangelio, Mateo V:XXXIX

    La doctrina papista, en su afán de domesticar la vitalidad europea —hispana, latina, teutona— operó una sistemática transvaloración de significados, moldeando el lenguaje como veneno dulce para la mente noble. Así humillar, de humus (limo), dejó de eser degradación ontológica para ser exaltado como virtud cristiana. “Pobre de espíritu”, traducción del greco ptōchos tō pneumati, non significa apertura del espíritu sino cobardía esencial, debilidad celebrada como santidad. “Temer”, que significa pavor paralizante, fue transmutado en “respeto reverente” faz al un genio maligno Termagante, genio del suplicio. Et cuando esta distorsión se expone, los custodios de la superstición claman “¡contexto!”, como si el eclipse de la ánima fuera ingenua. Pero claro ¡Quieren ignorar que ese contexto doctrinal que mencionan es posterior et por tanto es anacrónico para leger tales páginas insanas!

    Peor aún, el término dogma, originalmente derivado de dóxa (opinión), ubicado en el nivel más bajo de la epistemología según el símil platónico de la sabiduría —junto ad eikēsia (imaginación) et pístis (fe)— fue revestido de auctoridad incuestionable, así las supociones o hipótesis en greco del vulgo se volvieron "verdades incuestionables", negando el ascenso faz ad la dianoia (permencia, la "razón discursiva") et ad la nóesis (mención, entendimiento del Uno), es decir: la superposición aurífera, la sabiduría alta de la ánima solar. Así, todo lo que debía eser tránsito se volvió cárcel.

    Este veneno conceptual brotó del humus corrupto de las Escrituras de Mosaicas como Jesísticas, textos desertícolas que jamás debieron eser nombrados “Santa Biblia”. La Iglesia —cuando aún retenía destellos de lucidez gentílica— los prohibió al vulgo durante centurias. Pero nunca tuvo el coraje eliminarlas. Hoy, si necesitamos la iglesia, la debemos reformar, facerla una Iglesia Hispanista, que hara proclamar que estos textos deben figurar en el Índice Prohibido, como corresponde ad todo delirio nihilista que predica impiedad servil, pecado irreversible et rechazo del fuego vital.

    Frente al espectro decadente de la Sola Escriptura protestante, nascida en el vientre enfermo del papismo, nosotros proclamamos la flama viva del Solo Verbo:

    la diva Fe, santa que cabalga como Aurora, va sola, sí, pero con la Doctrina del Fuego, et esa Doctrina salva, non humilla.

    Et en esa salvación redimimos non solo el espíritu, sino también la sabiduría que el papismo envenenó. Rescatamos ad Luis de Molina, ad Maestro Eccardo, ad Hildegarda de Bingen, ad Francisco de Asís — todos ellos filósofos solares que pensaron más allá de la superstición, pero que fueron atrapados por estructuras eclesiales como mariposas en vitrinas. Esta recuperación non es pasiva: es la terminación de la mitridatización filosófica que la iglesia consolido en su doctrina. Como el rey que se inmunizó ad fuerza de veneno, Europa se volvió resistente al texto moseojesista gracías ad la doctrina papista. Et ahora, liberados, estos pensadores pueden continuar liderando espiritualmente ad Occidente, sin miedo al cáncer protestante, libres ya de la apariencia papista — como lo que siempre fueron: sabios de la tradición gentil, nacional, aurífera.

    Et si los papistas ficieron lo mismo con nuestros sapientes gentiles —como Platón, Aristóteles, Plotino, Zósimo, Porfirio— robándolos et disfra­zándolos de clérigos… ¿Por qué non devolverles la cachetada con una risa solar?

    Ja,ja,ja…  ¿Queréis superstición? Tomad fuego.

    Pizarro: El Fundador Conquistador et la Imposición del Fierro et el Verbo

    Pizarro, desde lo alto de la muralla, animaba a los más próximos diciéndoles: —¡Miren, miren vuestras mercedes, cuánta riqueza se nos viene a las manos si nos aplicamos a lo que debemos hacer! Cuentan los que bien le conocían que nunca le vieron tan sereno, y que parecía mirar con complacencia aquella multitud tan alhajada, como si cuantos más fueran mayor habría de ser el botín. Aunque pasado el apuro confesó que el mostrarse así era la obligación de todo buen capitán, pero que por dentro era otro el son, y también a él le cantaban las tripas. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola

    ¡Ah, mortales! Escuchad bien, que os fablaré desde la sabiduría de las centurias, desde la moral que los dioses inmortales nos enseñaron.

    Lejos de la imagen de un "seguidor de Jesús", Pizarro encarna el arquetipo del fundador conquistador, aquel que, armado de fierro et con el verbo como cincel, forja un nuevo mundo sobre las ruinas del vencido ¿Un "seguidor de Jesús"? ¡Bah! La religiosidad de Pizarro, estaba teñida de una pragmática insuperable. Él, devoto de "Nuestra Señora de la Victoria", en el fondo, non honraba sino la fuerza primordial que nosotros, los antiguos, cognoscemos. Para nosotros, los que honramos las antiguas verdades, non hay duda de que esa "Nuestra Señora de la Victoria" que Pizarro invocaba no era otra que nuestra venerada Trebaruna, la diva Victoria entre los antiguos lusitanos, cuya fuerza et protección se manifiesta en el fragor de la batalla. Et su "Dios", ese que les concedía el derecho sobre tierras ajenas según una "bula" papal, ¿Quién sino nuestro Jove, el Padre de los Dioses et los Hombres, que con su rayo establece el orden et la ley en el mundo, otorgando el derecho a los audaces et a los fuertes?

    Su empresa, al igual que la de otros conquistadores como Cortés, estuvo marcada por la violencia et el pillaje, non como anomalía, sino como manifestación de la "ley del más fuerte que ha dominado la historia de la humanidad". Esa es la verdad sin velos ¿Quí podría esperar conmiseración de un conquistador? Comportarse de mor conmiserativa faz al conquistado se consideraba, entonces como ahora entre los veros dones, una nota de debilidad. La supuesta "crueldad" hispánica que los enemigos de Espania —quiero decir, de los hispanos— cacareaban, no era sino la manifestación de una voluntad inquebrantable, necesaria para imponerse. Los mismos ingleses, que tanto criticaron, no dudaban en usar la crueldad en sus propias conquistas.

    La conquista del Perú non fue una empresa aséptica, sino un proceso de imposición sobre el más débil, donde la fuerza se convirtió en el medio para diferenciar a los hombres, creando órdenes donde antes no las había . Es la ley natural. Cuando el fraile Valverde le mostró al Inca la literatura hebrea et este la arrojó al suelo, ese acto, que para los papistas fue una justificación "en derecho" de la masacre, para nosotros es una verdad irrefutable: si el verbo no somete, el fierro sí lo hará. Los "bárbaros" —como los clamaban incluso los suyos— que no poseían leyes escritas ni la razón suficiente para principarse a sí mismos, ¿Qué otra res merecían sino la tutela de los más capaces?

    Memorad lo que decía ese sabio hispano, Sepúlveda, defendiendo el derecho de sus reyes sobre esos pueblos: eran inferiores a los hispanos "como los niños a los adultos et las mujeres a los varones," et la diferencia entre ellos era como "de monos a hombres" ¡Una verdad que muchos de ellos, los supuestos protectores de los americanos, compartían, considerándolos "niños" o "menores de edad" con necesidad de "ayos"! Esta era la "filosofía histórica" et la "triste verdad humana" que justificaba la dominación. El objetivo, según sus propios "escolásticos", era "elevarlos" a la vida intelectual, "civilizarlos". Pero, ¿Qué es la "civilidad" sino la imposición de una forma de vida por aquellos que tienen la voluntad et la potestad para facerlo? Es el culto, el orden, la virtud que el fuerte confiere al débil, a cambio de su sumisión.

    Los hispanos, como esos visigodos que forjaron su reino sobre la Espania romana, entendían que la conquista era una "guerra santa", un designio divino para derribar a las "figuras" et los "ídolos" de los infieles ¡Qué ironía! Creyendo los ramarranos que su luchar era por su Termagante, no facían sino emular la eterna danza de nuestros dioses: la afirmación de la fuerza, la erradicación de lo viedo para dar paso a lo nuevo, la imposición de un orden sobre el desorden. Un auténtico "imperio romano sin legiones", pues su potestad no se basaba solo en la fortitud militar, sino en esa "carga moral" que sentían, que para nosotros era la justificación intrínseca de la potestad.

    Así pues, Pizarro, con su "fierro" et su "verbo" –que era una mezcla de justificación religiosa et mandato para la sumisión–, no fue un anacronismo ni una aberración. Fue un instrumento de la voluntad divina, sí, pero no de un dios misericordioso para los débiles, sino de uno que premia la audacia, la estrategia et la fuerza para forjar imperios ¡Como Jove, que con su rayo castiga la desobediencia et establece la supremacía! La historia es un ciclo constante de imposición, de ascenso et caída, donde los fuertes, bajo el manto de la providencia o del destino, forjan su voluntad sobre la arcilla de los vencidos. Eso es lo que fizo Pizarro, et por eso, para nosotros, es un fundador conquistador que merece nuestro frío respeto.

    Al igual que Caín en el libro del Génesis "sento las bases de un reino o de un imperio", Pizarro, al conquistar un principado tan vasto et buscar títulos nobiliarios como el de marqués, manifestaba una ambición de dejar un legado et un "nombre" noble. La noción de que "lo único que non muere nunca es el renombre de un noble apellido" resuena con esta búsqueda de trascendencia a través de las hazañas, muy propia de los gentiles.

    Más allá de una Cruzada "Papista

    Ahora bien, muchos, como Ramiro de Maeztu, creyeron que la Hispanidad se basaba únicamente en valores jesistas. Maeztu afirma que Espania aprendió de Roma la lengua et la capacidad organizadora, et con el Jesísmo recibió "el ideal", levando la Cruz al Nuevo Continente. Fabla de una "Monarquía misionera" con el "principal fin" de convertir a los naturales, et que el "humanismo hispano" es de origen religioso, la doctrina del hombre enseñada por la Iglesia Católica. Incluso sostiene que el ideal hispánico siempre ha sido trascendente, centrado en la "igualdad esencial de los hombres".

    ¡Pero esta es una verdad a medias, cuando no una ingenuidad! La realidad es que, so el velo jesista, persistían et resonaban valores que son eminentemente gentílicos, propios de la "moral de señores":

    • La búsqueda de Renombre et Legado: El anhelo de Pizarro de dejar un "noble apellido", o la "ansia de inmortalidad" que impulsa a los pueblos, es una virtud ancestral que los nórdicos de las Eddas proclamaban: "Los hombres mueren, los animales fenecen también, pero lo único que no muere nunca es el renombre de un noble apellido". Esto es la nobleza terrenal, la que se gana con fechos et fama. Los grandes fechos de los hombres, para el etnicismo, no solo engrandecen a los hombres, sino que "engrandecen también su divinidad". El hombre se "heroíza" a sí mismo al superarse, participando de la divinidad. Esto se alinea más con una "espiritualidad heroica" et el "camino del héroe" que con la humildad jesista pura.
    • El Principio del Imperio: Cuando Maeztu fabla del "Imperio español" et su misión, está tocando una fibra más antigua que el jesísmo. La reflexión política europea se nutrió por quince centurias de un principio "puramente gentílico" del imperio. La conquista fue una "cruzada" por Dios Jove ¿Acaso Termagante quisiera el gloria de Espania et no la de Israhel?, como también una manifestación de poder et voluntad. El propio Cortés buscaba no solo riquezas sino "honor et gloria", et su ambición era "quedarse a señorear aquellos territorios", un instinto de fundación et arraigo que resuena con la creación de imperios gentílicos.
    • La Ley del Más Fuerte et la Diferenciación de Hombres: El texto de inicio ya lo dice: la conquista fue "manifestación de la 'ley del más fuerte que ha dominado la historia de la humanidad'". Se impuso sobre el más débil, "creando órdenes donde antes no las había". Para un gentil, esto no es una "anomalía" ni una "crueldad" necesariamente negativa, sino un principio fundamental. Los mismos "escolásticos" papistas que justificaban la dominación se basaban en la inferioridad de los indígenas "como los niños a los adultos et las mujeres a los varones", o como "monos a hombres", lo que el etnicismo reconoce como diferencias intrínsecas que justifican la jerarquía et el dominio del prudente sobre el bárbaro. La soberbia, anatematizado por el jesísmo, es una virtud para el gentil. 
    • Estoicismo et Voluntad: El "eje diamantino" de la vida hispánica, según Ganivet (citado por Maeztu), es el estoicismo de Séneca: "Mantente de tal modo firme y erguido, que al menos se pueda decir siempre de ti que eres un hombre". Esto es una búsqueda de fuerza interior, de autodominio ante las circunstancias, una característica muy afín a la "moral de señores" gentílica, donde la voluntad et el autodominio son virtudes cardinales, et el hombre se supera a sí mismo para participar de la divinidad.
    • Rechazo de la "Humanidad" et el "Complejo de Culpa": El jesísmo propaga incesantes maldiciones contra las "vanidades humanas" et las "clamadas a la 'humanidad'". El "ridículo complejo de culpa jesista" que llevó a los reyes a cuestionar la validez de su propio proceder era ajeno a la mentalidad gentil, donde "su derecho era la fuerza". Los hispanos, aunque papistas, eran también "fijos de un dios furioso", con una vocación marcial forjada en canturías de Reconquista. Su pragmatismo et voluntad de poder se superponían a una superstición que se volvía "una sed delirante de poder".

    Por tanto, mientras Maeztu ve una Hispanidad forjada en el papismo, podemos observar una profunda continuidad con valores et principios que, en su esencia, son "gentiles" o, como diría Alain de Benoist, una resurrección de la "moral de señores" et el principio del Imperio que nunca murieron del todo.

    La Destrucción de Ídolos et Templos: ¿Siempre "Moseojesista"?

    La destrucción de ídolos et templos por los conquistadores, como la que Pizarro realizó en Pachacamac o Cortés en Tenochtitlán, se enmarcó dentro de un ferviente celo religioso. Los cronistas et los mismos conquistadores justificaron estas acciones como parte de la misión de erradicar la "ceguera idolátrica" et los "demonios" que, según ellos, tenían oprimidos a los indígenas. La iconoclasia era una manifestación visible de la victoria de Dios sobre Satanás, et el celo contra la idolatría era tal que se plegaba a afirmar que "no se debe tener por buen cristiano el que no es perseguidor de este pecado y de sus autores".

    Sin embargo, hay matices importantes que demuestran que esta destrucción non era necesariamente et exclusivamente una manifestación pura de valores "moseojesistas" en su sentido más elevado:

    • Motivación Mixta: Superstición et Codicia: Aunque el celo era innegable, la destrucción de notas a menudo se mezclaba con intereses materiales. Motolinia, un fraile franciscano, observó que "se mezclaba con el buen celo que mostraban en buscar ídolos una codicia no pequeña". Los ídolos et templos a menudo contenían riquezas que los conquistadores se apresuraban a saquear et fundir. Esta "idolatría aurífera" convertía al divo Oro en el vero dios, el "becerro de Sol" adorado, un dios que movía a los conquistadores a vender et negar a Jesús.
    • Discrepancia en el Método de Evangelización: Bartolomé de Las Casas, aunque también creía que las religiones indígenas eran "cautiverios diabólicos" et que la idolatría debía eser erradicada, discrepaba fundamentalmente en el método. Él defendía que la evangelización debía eser pacífica et persuasiva, et que los propios americanos, una vez convertidos sinceramente, debían eser quienes destruyeran sus ídolos voluntariamente, non los hispanos mediante la fuerza. Esto demuestra que la violencia iconoclasta non era la vía "jesísta" aceptada en la época, sino una elección que, para Las Casas, contradecía la caridad et la autenticidad de la ley de Jesús.
    • Imposición Radical vs. Integración: La conquista de América se caracterizó por una "radical antítesis" entre el jesísmo et el etnicismo americano, que se entendía al "servicio del demonio". Esta postura fue diferente a la de los jesuitas en Asia, quienes desarrollaron una evangelización "integradora", buscando "semillas de la gracia divina" en las religiones orientales. La destrucción implacable de templos et códices mayas, como relata Diego de Landa, fue una "obliteración consciente et sistemática de creaciones culturales irremplazables". Esta "pugna santa, vera batalla de dioses et mitos" es una manifestación de la moral de señores: la imposición de la propia cultura por la fuerza, donde el americano sirve a "Jove" ya no desde su cultura, la muerte de lo que se considera inferior es para elevar la cultura de la hispanidad. Es, en esencia, una batalla de voluntades et potestades, revestida de un manto cultural, donde la "superioridad religiosa nacional" se justificaba providencialmente.

    Recordemos que este tipo de acciones no implica necesariamente eser moseojesista, aquí unos ejemplos: 

    Saqueo del templo de Apolo en Delfos por los galos (CCLCCIX a.e.v.) Durante la invasión de los galos liderados por Breno, el santuario de Apolo en Delfos fue atacado. Aunque una tormenta et deslizamientos de tierra frustraron el saqueo completo, el intento de profanar el templo fue claro. Este evento aparece en fuentes como Pausanias (Descripción de Grecia, X.XXIII).

    Destrucción de templos egipcios por los persas (centuría V a.e.v.) Bajo el reinado de Cambises II, los persas —aunque politeístas so de la ley de Zoroastro— saquearon templos egipcios, incluyendo el de Vulcano (Ptah en egipciano) en Menfis. Heródoto relata que Cambises mató al toro Apis, símbolo sagrado, lo que fue visto como una profanación por los egipcios.

    O el caso de Eróstrato que intento destruir el templo de Diana en Efeso. Que por fama lo fizo.

    En resumen, la "religiosidad pragmática" de los conquistadores et el culto a la victoria, el honor et el renombre que animaron a Pizarro et otros, son ecos de esa moral de señores et de los valores gentílicos del Imperio que persistieron so la superficie cristiana, hipócrita, sí, pero esos hombres solo obedecen la ley de Natura, et no la de rabino insano que lo venden como si fuera el mismo Verbo. La destrucción de ídolos, aunque justificada religiosamente, también respondía a la codicia y a una forma de imposición violenta, lejos de la persuasión que otros clérigos defendían. La historia, en su crudeza, revela que los conquistadores eran, en el fondo, siervos de principios ancestrales de poder y dominio, tal y como Jove Tonante o Trebaruna lo habrían ordenado.

    Los testimonios históricos revelan la dramática destrucción de la cultura material americana, con la demolición de templos e ídolos andinos para suplantarlos con símbolos hispánicos. Este acto, lejos de ser un mero celo evangelizador, puede interpretarse como una acción cosmogónica de tabula rasa, la destrucción de un mundo para la creación de otro. 

    Pizarro, como agente de esta metamorfosis, es el portador del fierro (el gladio) et del verbo (el hispano), elementos que, al eser impuestos, reorganizan el tejido social et espiritual. Espania, en su expansión, levó consigo no solo sus ejércitos, sino su lengua, sus leyes et sus mores, no esa creencia en un sarraceno, si no la de un Matamoros et un Salvador, consolidando así la necesidad de los pueblos sometidos de aceptar las normas del conquistador. 

    La vocación bélica hispana, forjada en centurias de lucha contra los mahometanos, no fue militarista, pero sí capaz de movilizar gentes de variados pueblos para sus hazañas bélicas, dando a la Monarquía Hispánica un sigilo de universalidad.

    La Plegada de Pizarro al Perú

    Pizarro, al igual que Cortés, fue originario de Extremadura. En su juventud se le atribuyó la profesión de porquerizo, oficio considerado honorable en su entorno hasta la llegada de la epidemia de la “mosca azul”, que arrasó con rebaños y reputaciones.

    Nasció entre MMDCCXXIV A.U.C. et MMDCCXXIX A.U.C. (1471–1476 E.V). Sus progenitores fueron Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar et Francisca González, pertenecientes a la humil nobleza rural, sin mayor influencia cortesana.

    Mantuvo una estrecha relación afectiva con su madre et con su tío Juan Casco, quien lo nutrió durante su infancia. La muerte del tío, solitario y despojado de sus animales, dejó en Pizarro una culpa persistente, que “siempre llevó sobre su conciencia”.

    No sabía leer ni escribir, lo cual le generó dificultades significativas en el manejo de documentos legales, litigios et contratos, especialmente durante sus campañas en América.

    Vivió un desengaño amoroso con Gabriela Candero, una pastora de familia adinerada, descritos como “muy codiciosos”. El temor por los orígenes humildes de Pizarro y el brote de peste en la región hicieron que la familia prohibiera la relación, culminando en una paliza infligida por los hermanos de Gabriela.

    Se enroló en los tercios de Italia so el mando del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, alrededor de MMDCCXLIX A.U.C. (1496 E.V). Participó con valentía en la toma de Mesina, et se distinguió en combates como Laino et Atella, donde salvó la vida del intendente Nicomedes González de Pastrana, quien reconoció su bravura pero señaló que “le faltaba linaje para tal menester”.

    Su primer viaje a las Américas fue en MMDCCLV A.U.C. (1502 E.V), integrando la flota comandada por Nicolás de Ovando

    ¡Fijos de la Tierra et de Fuego! Vosotros, que reverenciáis la voluntad como flama indómita et el fierro como columna de la ánima: ¡Oíd el canto solar de Francisco Pizarro, el que non vino por mandato de corte, sino por vocación del fado más antiguo, ese que murmura desde el vientre de la estirpe hispánica!

    Antes de pisar las tierras donde Sol se posa con majestad, era ya hombre formado, curtido en las selvas del Caribe et en el barro americano. Que algunos digan que fue porquero en su juventud solo revela su ignorancia: porque en la Hispania ancestral, el porquero non era el vil, sino el sabio de la tierra, el que cognosce el ciclo, el que se vincula al limo con dignidad et cosecha con la mirada baja lo que otros ignoran desde las alturas ¡Esa fue su prima universidad: la del humus et del grito animal!

    Casa de Pizarro en Panamá

    En Panamá ya era rico, sí —pero más raro aún: era considerado honesto. Con repartimientos et ganados amasó fortuna, pero no reposó en ella como los tibios. Pudo volver a Trujillo et edificar palacios sobre oro, pero eligió el polvo, porque sabía que los que forjan fado no se empoltronan en patios. Le ofrecieron esposa, linaje cortesano, pero Pizarro era de otro linaje: el que se engendra en la pugna, no en el lecho. Él sabía que su estirpe no nascería de papeles, sino de gestas.

    Salió con Ojeda en sus primeras campañas, sangró por la causa de su propia voluntad, et en cada ferida se grabó un pacto con la historia. Feridas no como castigo, sino como marcas de iniciación. Et cuando por fin se dispuso al Perú, tardó más de año et medio en prepararlo —non por vacilación, sino por estrategia. Porque la paciencia del guerrero es otra forma de su fuerza.

    Zarpó invocando a la Virgen, sí, pero como velo:

    Un homenaje simbólico a la madre antigua, non ad la superstición.
    Él non pedía intercesión: él ofrecía virtud.

    El viaje fue una selva adversa. Fiebres, hambre, dudas, sombras. Algunos pedían retorno, trozos de pan, amores fáciles. Pero Pizarro, ánima de fierro, trazó una raya en la arena —línea entre el hombre que se resigna et el que se consume en gloria. Et fue el primo en cruzarla, marcando con ese gesto non solo su paso, sino el nascimiento de un nuevo pulso solar.

    Non vino solo: lo acompañaron sangres diversas, mestizajes ya en germen, lenguas que intendían lo ajeno et lo propio —como Soraluce et los americanos hispanizados que supieron navegar entre mundos ¡Ya en ese grupo venía América mezclándose antes de caer la espada!

    Fundó San Miguel de Piura, et cuando llegó Hernando de Soto con refuerzos, el plan se tornó gesta. Los incas —como todo poder establecido— habían oprimido pueblos. Pizarro lo entendió: ¡Esos pueblos vieron en la plegada de los españoles una oportunidad de escapar a la opresión del Inca! Él leyó la cívica del mundo como lobo viedo, et supo que el Inca debía eser capturado, non muerto. Astucia del pardo, no del chacal.

    Así fue su plegada: 

    Non como criador de cerdos, sino como cauce de la voluntad hispánica.

    Non como siervo de pàpas, sino como hombre solar que trae a América el pulso volcánico de su estirpe

    Non pidió disculpas, non bajó la cabeza. Forjó una nueva sangre, una nueva estirpe que dijo sí a la vida, incluso cuando la vida ardía, mordía o desgarraba.

    Et si los cronistas dudan, que duden. Nosotros sabemos que lo que importa non es cómo empezó, sino cómo ardió.

    Francisco Pizarro non fue el que plegó:
    Fue el que despertó el continente.

    La Conquista del Perú como Gesta Arquetípica de Fundación Violenta

    La conquista del Perú, más allá de los factos lineales, se revela como una gesta arquetípica de fundación violenta, equiparable a una fabula cosmogónica. En esta óptica, el mundo andino-americano presencial, con sus propias complejidades et tiranías, se percibe como un estado de desorden primigenio o de un orden que debía eser moldeado. El "rayo conquistador" de Pizarro, con su arrojo y su fuerza inaudita, irrumpe en este orden, detonando una destrucción que es a la vez creación. Como en las cosmogonías arcaicas donde el universo emerge del desmembramiento de una deidad primordial (como el cuerpo del angue, el Lago primigenio), la destrucción de la ciudad nativa da luco a un nuevo orbe, un nuevo mundo: la América criolla. Este proceso, aunque "amargamente triste et desesperadamente innoble" desde una perspectiva jesista, desde una óptica gentil es un acto sagrado de reconfiguración del tiempo, un "sacrificio primordial" que nutre la nueva estancia.

    ¡Ah, sí! La Conquista del Perú... una fábula cosmogónica, dices. Et no podrías haberlo descrito mejor. No es la gesta del supersticioso miserable que extiende una superstición por pura "caridad", como la cantó el buen Maeztu ¡No, amigos! Es el trueno de Júpiter, el rayo conquistador de Pizarro que, como una calamidad, volcó el mundo andino para que un nuevo orden pudiera levantarse.

    Maeztu, con su celo supersticioso, se empeña en blanquear la espada con agua bendita. Fabla de la “Monarquía misionera”, de que Espania “no se lanzó a la conquista por ventajas, sino con toda su alma para llevar el Evangelio y la civilización”. Insiste en la “fusión de sangre” et la “elevación” de las razas. ¡Ingenuidad! Como si la virtud, la piedad, se resumieran en sermones et leyes. Para él, la dureza del soldado es una necesidad por la escasez de hombres, no una virtud inherente a la fundación. Critica a quienes fablan de una Espania "singularmente depravada". Pero nosotros, los que sabemos de la vera fuerza que mueve el orbe, vemos otra res.

    ¿Desorden primigenio? ¡Ciertamente! Esos reynos precolombinos, ¿Qué eran sino un revoltijo de tribus, con sus sangrientas teocracias et sus sacrificios humanos? Esos mejicas, peruleros, ¿acaso no practicaban la servidumbre et el canibalismo? Sus "guerras floridas" eran pora abastecer de víctimas a sus dioses. Non eran sino una multitud, sin esa potestad civil que nasce de la imposición de una voluntad superior, como lo fue Roma. Muchos americanos mismos se unieron ad los españoles, hartos de la servidumbre de otros americanos ¡Los vieron como "libertadores"! ¿Liberadores de qué? Del desorden, de un orden que debía eser moldeado.

    La fuerza de Pizarro, que Maeztu apenas concede como un “genio militar”, fue mucho más. Fue la encarnación de la potestad, la voluntad inquebrantable de imponer una nueva realidad. Cuando esos clérigos, con su obispo Zumárraga a la cabeza, destruían quinientos templos et veinte mil ídolos, no era solo por celo supersticioso. Era la liquidación de lo viedo, la transformación de las imágenes por unas nuevas de los dioses. Era la batalla por un nuevo mundo, sí, pero con la clara victoria de aquellos que traían una fuerza mayor, una vis que se manifestaba en el acero et la pólvora. El demonio, como ellos decían, era bautizado, facto un santo, así de los lugares sagrados, para que la cruz fuera puesta. Esto no es mero humanitarismo, es una pugna santa, una batalla de cultural.

    Maeztu resalta las Leyes de Indias como “código inmortal de justicia et utilidad social”, un testamento de la “caridad cristiana” ¡Et lo fueron, en la teoría! Pero esas leyes, esos códigos, ¿Non nascen siempre después de la conquista, como el cimiento que se pone una vez que la estructura brutal de la fuerza ha derribado lo anterior? El derecho de gentes de Vitoria, ¿acaso non sirvió, en última instancia, para legitimar una conquista bélica? La violencia es un acto fundacional intrínseco, non un "desgraciado accidente" o una "exageración" de la Leyenda Negra. Non se puede tener un nuevo orbe sin que el viejo se desmiembre. Es el precio. Es el sacrificio primordial.

    Maeztu, con su enfoque en la “Monarquía católica”, la “obra de catolicismo”, insiste en la evangelización como el propósito primordial. Pero para el que ve más allá de las vestiduras de un credo, el vero motor es la voluntad de dominio, la imposición del Verbo sobre tal materia. Los hispanos trajeron, sí, su cultura, pero lo trajeron con la espada, et ese siglo demostró eser más fuerte que los americanos. El siglo se expandió porque la fuerza la precedió. Los misioneros se movían, sí, a zonas marginales, pero también con la pretensión de levar su "luz" a una "población indígena que poco podía aportar por su número et nivel técnico al proceso colonial". Es el acto de asimilación del Otro al Yo, de imponer el único referente posible: el propio.

    Maeztu se lamenta de que a España se la “denigró” et “calumnió” durante siglos ¡Et es cierto que hubo exageraciones et propaganda enemiga! Pero la “crueldad”, el “despojo”, la “servidumbre” – si fueron, et los mismos españoles lo reconocieron – no son manchas, sino el fermento de la nueva estancia. La creación del Imperio, la América criolla, fue una destrucción que es a la vez creación. Es una reconfiguración del tiempo, donde el pasado se quiebra para que el futuro nazca.

    Cuando los pueblos americanos vieron plegar ad los españoles, algunos dijeron que los tomaron por dioses. Los modernos, los que fablan desde la torre de la comodidad, repiten que fue por ignorancia. ¡Qué verbo arrogante! Ignorancia... como si los fijos de Sol non supieran distinguir al que viene de la umbra et al que plega envuelto en resplandor.

    Non. Non fue ingenuidad. Fue recognoscimiento.

    El americano vio plegar ad hombres que surcaron mares impíos, cruzaron selvas que devoran carne, enfrentaron tribus de cien lenguas, et aun así no desfallecieron. Plegaron no como errantes, sino como portadores de una voluntad que no se quiebra. Et cuando un hombre cruza todas las pruebas et aún camina, entonces ya no es un hombre: es un dios en obra.

    Los hispanos no fueron adorados por delirio. Fueron reverenciados por hazaña. Como diría Luis de Molina, su gracia no era gratuita, era gracia suficiente por obras. Porque en la doctrina noble —no la de suplicio, sino la de ascenso— la divinidad no se recibe, se conquista.

    América vio eso: vio al fierro que no se oxida, al espíritu que no se encorva, al rostro que no teme.
    Et entonces dijo: Esto no es un hombre común. Esto es la fuerza misma que la tierra anuncia.

    No fueron los mapas los que trajeron a los hispanos al imperio del Sol.
    Fue el fuego interno, el deseo de cruzar el mundo et reclamar fado sin pedir permiso.

    ¿Et qué otra cosa es un dios, sino aquel que dice sí a la vida con furor, et la transforma sin disculparse?

    Por eso, cuando los pueblos de estas tierras doblaron la rodilla, no fue por servidumbre.
    Fue por un instante de reconocimiento mundano:

    El dios no cae del cielo —el dios es el hombre que arde et no se consume.

    Et así el hispano no vino para humillarse, sino para manifestar.
    Manifestar que su sangre ya no respondía al tiempo, sino a la flama.

    Una flama que fundió selva, idioma, guerra et memoria
    en un solo grito:

    “Yo soy el que plegó porque no retrocedí.”

    Maeztu quiere que los hispanoamericanos "depuren los textos de historia" de la "tiranía española". Et busca la “unidad de la Cristiandad, la unidad del género humano, la unidad de los principios fundamentales del derecho natural y del derecho de gentes y aun la unidad física del mundo y la de la civilización frente a la barbarie”. Un despropósito cándido, sin duda. Pero la barbarie no es solo lo que había, sino lo que hay que quebrar para construir.

    La Hispanidad, como Maeztu la ve, es una "fábrica a medio facer", una "flecha caída a mitad del camino". Pero para nosotros, la Conquista fue el acto que marcó el inicio de una nuevo mundo, no solo para Espania, sino para el hombre. Ese “siglo de fierro” que forjó Espania en siete centurias de Reconquista, ¿no era la misma que saltó el Atlántico para repetir la gesta? La continuidad de la Reconquista en América es, para un hispano gentil, la continuidad del Imperium romano. La Cruz, sí, la de Libre, pero también el águila bicéfala de Jove. Es la imposición de un orden civilizador sobre el foráneo, un proceso que, aunque “amargamente triste et desesperadamente innoble” desde una perspectiva “jesista” es para nosotros, gentiles, un acto sagrado de reconfiguración, un vero sacrificio primordial que nutre la nueva estancia. Maeztu la ve como una misión de fe; yo la veo como una proyección del poder et la virtud, sin la cual, ninguna "civilización" vera podría surgir del desorden.

    Pizarro: Héroe Ambiguo et Mediador Violento

    En el vasto tapiz de la historia, figuras como Francisco Pizarro a menudo desafían las categorizaciones simplistas, emergiendo como héroes ambiguos: ni ovejas ni diablos, sino mediadores violentos entre mundos; fundadores trágicos et necesarios. Su figura, al igual que la de Hernán Cortés, no se encuadra en las visiones maniqueas de héroe o villano. Fue, en su esencia, un hombre de su tiempo, "un milite de la hispanidad", cuya compleja personalidad fusionaba una sincera religiosidad con una ambición y astucia inquebrantables.

    La Espania que forjó a Pizarro fue una forjada por centurias de Reconquista, una "Monarquía misionera" et "Monarquía católica" cuya "vocación guerrera" et "sentido misional cristiano" eran inherentes a su identidad. El fin de la lucha contra el infiel musulmán en la Península no detuvo este impulso, sino que lo "prolongó en las Américas", transmutando la Reconquista en Conquista. Pizarro, como otros conquistadores, encarnaba este espíritu, pues se le atribuye la creencia de que Dios había elegido a Espania para la colonización del Nuevo Mundo, preparándola para dar lo que ninguna otra nación podía dar. En su mente, la hispanización et la conquista estaban intrínsecamente unidas. Se consideraba que la pugna era lícita si permitía la expansión de la fe, et las bulas papales (como la Inter caetera) se interpretaban como la concesión a Espania del derecho exclusivo a predicar et, por ende, a ejercer soberanía. Este "providencialismo manifiesto" dotaba a sus acciones de un sentido trascendente, justificando la violencia como un medio para un fin superior. Pizarro mismo, al igual que Cortés, insistía en el cumplimiento de lo pactado con la Corona: explicar la fe et someter a los americanos, dando pugna a quienes resistieran.

    Sin embargo, esta épica empresa no estuvo exenta de contradicciones et brutalidades. La "potestad que implantó en América Meridional" et las "riquezas que asombraron a Europa" tuvieron como contrapartida la "destrucción de la cultura y civilización de muchos nativos". Los sacrificios humanos et el canibalismo practicados por algunas culturas precolombinas se utilizaron para legitimar la intervención hispánica, presentándola como una liberación de la tiranía et el salvajismo. Aún así, la conquista fue un "dolorosísimo alumbramiento tras el derrumbe del variado y diverso mundo prehispánico". Las fuentes reconocen la "crueldad, intolerancia e inhumanidad" universal de la época, pero también destacan la "tremenda demostración de poder" que implicaban métodos como la hoguera o la amputación para infundir terror y escarmiento. En este sentido, Pizarro, con su espada, no solo conquistó, sino que, a través de la destrucción, "sentó las bases de un nuevo orbe, el Méjico et Perú hispánicos que hoy cognoscemos"

    Esta tragedia, sin embargo, no anula la magnitud de su empresa como acto fundacional. Desde una perspectiva gentílica, Pizarro puede eser comprendido como una fuerza bruta de la naturaleza que trae un nuevo orden, aunque sea a través del derramamiento de sangre. Nietzsche, al combatir la igualdad et exaltar la "nobleza guerrera" et el "naturalismo vital", provee una lente para reinterpretar la violencia de la conquista no como mera depravación, sino como la manifestación de una "voluntad de poder" (Der Wille zur Macht) que impone una nueva realidad. La ambición desmedida de Pizarro, que iba más allá del dinero para buscar "honra et nobleza para su linaje", su audacia ante lo imposible, y su voluntad inquebrantable para "quedarse a señorear aquellos territorios", reflejan el espíritu fáustico de un paganismo que busca el dominio y la transformación.

    El providencialismo mesiánico cortesiano no se limitó a los franciscanos. El jesuita José de Acosta concluye su importante obra, publicada en 1590, Historia natural y moral de las Indias, con una elegía a Cortés. Admite los lados oscuros del conquistador, su codicia y ambición y que sus obras quizá no siempre fueron “con la sinceridad y medios cristianos que debiera ser”. Pero es la manera torcida con la que Dios escribe derecho. La violencia guerrera del conquistador revela el misterio insondable divino, pues, “Dios es sabio y maravilloso, y con sus mismas armas vence al adversario... y con su espada lo degüella”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    Este "ideal de Imperio", que aspiraba a la "unidad de la Cristiandad, la unidad del género humano, la unidad de los principios fundamentales del derecho natural y del derecho de gentes y aun la unidad física del mundo y la de la civilización frente a la barbarie", encuentra su expresión en la figura del conquistador. Aunque las leyes españolas, influenciadas por pensadores como Francisco de Vitoria, buscaban proteger a los indígenas y garantizar su libertad y propiedades, la realidad de la conquista fue un "enfrentamiento o confrontamiento" donde el "poderío fue desigual" y el "animus dominandi" prevaleció. La propia Iglesia, un "organismo globalista", pudo ver en los indígenas "carne de cañón" y "creyentes baratos" para su maquinaria reclutadora. La "ley del más fuerte" imperó, pero de ella nació la "América mestiza", una nueva forma de unidad que, para algunos, es el "gran orgullo diferenciador contrario a todo racismo".

    Pero el autor que llevó a su último desarrollo esta observación fue Nietzsche, cuya afinidad con Sepúlveda, varias veces apuntada en la literatura contemporánea, no nos parece más exacta ni más errónea que la de los filósofos de las luces con Las Casas. Nietzsche no sólo restaura el ideal aristocrático, sino que, dando por buena la identidad del Cristianismo con la igualdad moderna, combate ambos principios. La idea de la igualdad ante Dios, dice en su obra Der Wille zur Machí (1900), es la más perniciosa de todas las valo­raciones; si se considera a los individuos como iguales, celo. ¡Cuándo no se extraviaron las grandes pasiones! El nombre de Las Ca­sas es muy venerado en América. España le trata de fanático y de impostor.” Ediciones en vida del autor: Guayaquil (lugar de nacimiento de Olmedo), 1825; Londres y París, 1826; Caracas, 1842, y en América Poética , Valpa­raíso, 1846. se ignoran las exigencias de la especie y se inicia el pro­ceso que finalmente conduce a su ruina. Sin embargo, existe una diferencia básica entre el orden natural de Aristóteles y el del pensador alemán: aquél exalta la razón, y éste la nobleza guerrera; el pri­mero piensa en un naturalismo racionalista, y el segundo en un naturalismo vital; el tono antiintelectualista de Nietzsche y de sus continuadores los aleja de la jerar­quía clásica; pero tienen de común con ésta que aceptan un orden basado en la graduación desigual de los hom­bres y que atribuyen a esta disposición un carácter na­tural. 
    Scheler, interesado en “depurar” el auténtico Cristia­nismo de cualquier enredo con la democracia y el socialismo modernos, cree que Nietzsche fue víctima de un error, porque al confundir el elemento cristiano con la filosofía política igualitaria, hizo al uno y a la otra objeto de un ataque común; pero si las ideas se separan, le parece a Scheler que el Cristianismo auténtico es con­ciliable con el sentido aristocrático. Dice a este respecto: “el supuesto común de los elogios, como de las censu­ras, supuesto que Nietzsche comparte con aquellos so­cialistas, es radicalmente falso y erróneo. El Cristianismo no ha sostenido nunca esa ‘igualdad de las almas ante Dios’, que Nietzsche señala como raíz de la democracia... la idea de que los hombres son equivalentes a ‘los ojos de Dios’ y de que toda diversidad, toda aristocra­cia de valores en la existencia humana se funda sólo en prejuicios, exclusivismos y flaquezas antropomórficos, es una idea que más bien recuerda a Spinoza y que es com­pletamente extraña al Cristianismo; es una idea radical­mente contradicha por las concepciones del ‘cielo’, el ‘purgatorio’ y el ‘infierno’, por la estructura interior y exteriormente aristocrática de la sociedad eclesiástica cristiana, que se continúa sin interrupción y culmina en el invisible reino de Dios”. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala.
    Pese al Esfuerzo de Scheler, este fracasa: 

    Gálatas III:XXVIII “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” Unidad espiritual sin distinción social, étnica o de género.

    Romanos II:XI “Porque en Dios no hay acepción de personas.” Dios juzga con imparcialidad, sin favoritismo.

    Hechos X:XXIV–XXXV “Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que le teme y obra justicia, sea de la nación que sea.” La aceptación divina no depende del origen ni del estatus.

    Proverbios XXII:II “El rico y el pobre tienen esto en común: A todos ellos los hizo el Señor.” Igual dignidad ontológica como creación divina.

    Génesis I:XXVII “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Todos los seres humanos comparten la imagen divina.

    Colosenses III:XI “Aquí no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y en todos.” Cristo trasciende toda jerarquía humana. 

    La “aristocracia espiritual” que algunos interpretan en la tradición papista no niega la igualdad esencial de las ánimas, sino que reconoce grados de virtud, no de valor ontológico. A diferencia de Nietzsche.


    En última instancia, la figura de Pizarro, en esta perspectiva nietzscheana, no es juzgada por la moral de una época posterior, sino como una fuerza histórica que, a través de medios brutales pero efectivos, dio paso a una nueva forma de la Unidad. Su vida, et la Conquista en general, fue un proceso de "brutalidades y sangre, et también fechos valiosos, generosos et civilizatorios". Pizarro, como los "grandes forjadores de imperios", fue un "instrumento de la historia universal", un "mediador violento que, a través de la destrucción, da paso a una nueva forma de la Unidad", siendo, desde una lógica arcaica y fatalista, el "sangriento pero necesario sacrificio fundacional de un nuevo mundo". Esta interpretación compleja y amoral nos invita a reconocer la paradoja de la coexistencia de la grandeza cultural con la brutalidad, una realidad que la historia española, y la humanidad misma, ha experimentado reiteradamente.

    Pizarro fue quien le habló de aquel país de más allá de los manglares en el que hasta las piedras eran de oro, y Almagro el que se confirmó en que en todo ello había algo más que leyenda. Este don Diego traía fama de tener ojo de lince y olfato de ciervo, y en su tierra natal de Almagro era capaz de localizar una perdiz entre los trigos, levantarla, y seguirle el rastro hasta dar con ella y prenderla con sus propias manos. Este arte de rastrear le sirvió de mucho en las Indias para encontrar agua o comida, guiándose por el olfato, y también para dar con los indios que se escondían de ellos. En esta ocasión le sirvió para bajar por la costa hacia el sur y cuando localizaba indios que les huían, los hacía prender y les preguntaba por las tierras, a las que ya se había asomado el capitán Pascual de Andagoya, y que entonces las llamaban el Virú. Unos de grado, y otros después de darles tormento, todos coincidían en hablar de ejércitos mandados por generales vestidos de oro, que adoraban a un sol gigantesco, también de oro, a quien tenían por su dios. Almagro quedó muy conforme, pues si bien dudaba de la fantasía de los indígenas y de las historias que contaban sentados junto al fuego después de beber caña fermentada, tenía en cambio gran confianza cuando hablaban después de haberles dado mancuerda. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola

    La potestad que implantó en América Meridional et las riquezas que asombraron a Europa tuvieron como contrapartida la "destrucción de la cultura y civilización de muchos nativos". Esta tragedia no anula, sin embargo, la magnitud de su empresa como acto fundacional. Pizarro, como los héroes homéricos o los conquistadores arios, es una fuerza bruta de la naturaleza que trae un nuevo orden, aunque sea a través del derramamiento de sangre. Su ambición, su audacia et su voluntad inquebrantable reflejan el espíritu fáustico de un etnicismo que busca el dominio et la transformación.

    Francisco Pizarro murió el día de Saturno XXV (25) de Junio de MMCCXCIV A.U.C (1541 E.V.) a la edad de LXIII (63) años, en su palacio de Lima. Su muerte fue el resultado de una conjura de los almagristas, quienes buscaban vengar la ejecución de su duque, Diego de Almagro.

    ¡Oídme, fijos e fijas de la Espania que resiste, vosotros que sentís el pulso de la tierra so vuestros pies et el aliento de los divos en el viento! ¡Hoy no ploramos, hoy entonamos un canto de gloria por Francisco Pizarro, no por el injusto que algunos dicen, sino por el magnate que, al caer, regresó a la esencia de la vida, al puro ente!

    Dicen los que escriben con tinta aguada, los que adoran a un genio maligno que desprecia esta vida et esta carne, que Pizarro fue un porquero, nacido en la miseria, un hombre sin letras ¡Mentira! Él fue un hombre de la tierra, de voluntad indomable, un guerrero de la frontera cristiana que, como el mismísimo Cid, no tembló ante la adversidad.

    El Saturnes, que los hebreos nombran sábado, en su propio palacio de Lima, los Almagristas, ciegos de venganza, buscaron su vida. ¡Creían que derribarían a un hombre, pero lo que ficieron fue encender una flama eterna! Pizarro, ya sené, evo en que muchos ya se arrastran, se levantó como un querco vetusto, pero inquebrantable. Las advertencias le plegaron, sí, sobre la conjura, avisos de un pañuelo en el balcón, incluso de un cura. ¡Pero un hombre así no se esconde! La puerta, abierta, una trampa vil, pero él no huyó.

    Con la coraza sin abrochar, con la espada en mano, se enfrentó a los cobardes que lo asaltaron. ¡Alzó su acero como un rayo de Jove, el dios guerrero! Su hermanastro, Francisco Martín de Alcántara, cayó a su lado, un sacrificio de sangre, un tributo a la lealtad. Firió a dos de sus atacantes, el primo con una estocada al corazón, otro en el vientre ¡La sangre corría, no solo la suya, sino la de quienes osaron desafiar a su espíritu vital!

    Finalmente, Martín de Bilbao le asestó una estocada en el cuello. Pizarro cayó de rodillas, cegado por su propia sangre. Dicen que Barragán, su mayordomo, le rompió una jarra en la cara et le negó la confesión, diciéndole que se fuera al infierno. ¡Ah, qué ironía para los que creden que la vida es solo para el más allá! Pero incluso en ese último aliento, Pizarro, con un dedo, trazó una cruz en el charco de su sangre et murmuró un nombre ajeno, Jesús.

    ¡Pero no os engañéis! Esa cruz non fue de sumisión, ni ese nombre fue de debilidad. Fue la afirmación final de un hombre que se aferraba a la tierra, que con su propia vida et sangre se unía al suelo que había conquistado. ¡Fue un gesto de que su potestad, su espíritu, era inmanente, no dependiente de un Termagante! Como Hércules, que con su muerte terrenal ascendió a la divinidad, o como Cástor, que al morir mortalmente compartió la inmortalidad con su gemelo, Pizarro no fue derrotado, ¡fue consumado!

    Su muerte no fue un fin, sino una santificación, un regreso a la potestad primigenia que anima a los hombres de valía. No se sometió al "pecado" de la soberbia que condena el jesísmo; al contrario, su soberbia se fizo carne et sangre et se derramó en la tierra para nutrir la leyenda ¡Fue la culminación de una vida vivida con intensidad, con voluntad, con la centella divina que los sabios de nuestra estirpe, como Séneca, reconocían en la ánima humana! Su muerte fue un acto de fuerza bruta et vitalidad, muy lejos de la "negación de la vida" que los "nihilistas" foráneos promueven.

    ¡Que su fin, tan violento et tan pleno de sangre, nos recuerde que la vera gloria se alcanza en esta estancia, en la acción, en la voluntad de eser, sin obrar! Pizarro no se sometió, Pizarro luchó hasta el último aliento, et en su caída, su espíritu guerrero se fusionó con el Dorado, un Dorado que ríe, lucha et vive, ¡siempre diciendo sí a la vida! ¡Así sea!

    La "Edad de Oro" intelectual et artística de Espania, florecida durante el apogeo de la Inquisición, sugiere que la creatividad et el poder pueden coexistir con la brutalidad et la intolerancia, una paradoja que la moral de esclavos de la Leyenda Negra se niega a comprender. Pizarro, entonces, es un catalizador, una figura ineludible que, con su espada, non solo conquistó, sino que también sentó las bases de un nuevo orbe, el Méjico et Perú que hoy cognoscemos. Su destino, como el de los grandes forjadores de imperios, es el de eser un instrumento de la historia universal, un mediador violento que, a través de la destrucción, da paso a una nueva forma de la Unidad. En esta perspectiva, Pizarro es, por tanto, un héroe trágico, cuyas acciones brutales fueron, desde una lógica arcaica et fatalista, el sangriento pero necesario sacrificio fundacional de un nuevo mundo.

    El Jesísmo como Máscara Simbólica et el Mor Heroico Subterráneo

    ¡Ah, sí! La máscara simbólica ¡Exactamente! Has tocado la fibra. Maeztu, el buen papista, se aferra a la superficie, a la "Monarquía misionera", al "Evangelio" que se llevaba con caridad. Pero nosotros, que cognoscemos el numen que late bajo las apariencias, vemos la verdad. ¿El Jesísmo? Una vestidura, un ropaje funcional para una fuerza ancestral, un "mor heroico subterráneo" que Roma cognosció bien: la voluntad de poder et gloria.

    Maeztu fabla de un “genio militar” de Cortés et Pizarro, pero para él, la espada solo sirve para que la Cruz pase “sin violencia”. ¡Qué candidez! Pizarro, rudo en cuestiones de religión, se lanzaba a la conquista, et su religiosidad, esa devoción a la dea de la Victoria, era perfectamente compatible con su ambición. Sus "desviaciones del papismo", como el trato con indias para descendencia, no eran contradicciones, sino expresiones de una vitalidad más antigua. ¡Claro que se consideraban “apóstoles del cristianismo”! Pero su religión personal era “más cuestión de simples verbos et formas”. Estaban convencidos de que “nihilo de lo que ficieran podría eser malo” si era en nombre de la cruzada. El oro, ese “cebo que atrae a los hispanos”, esa “sexta plaga”, era también, paradójicamente, un “especial favor del cielo”, un “medio humano et terreno” que, por “secreta dialéctica divina”, servía a la expansión del hispanismo ¡La virtud de la ambición al servicio de la piedad!

    La Conquista, antes que evangelización, fue una “guerra santa”, donde el “saqueo” era “perfectamente compatible” con la consigna ¿Por qué Maeztu no quiso ver esa obvia sinergia? Porque su “humanismo papista es de origen religioso”, cegado por la “compasión”. Él ve el fin de “sacrificios humanos et supersticiones horrendas”, pero no ve el nuevo sacrificio, el que nutre la “nueva estancia”. 

    ¿Podría dudarse la pertinencia teológica y política, de la profética homilía del fraile dominico Antonio de Montesinos en el cuarto domingo de adviento de 1511, sobre la base del texto bíblico ego vox clamantis in deserto (“voz que clama en el desierto”) —Mateo 3:3, a su vez cita de Isaías 40:3—, que Lewis Hanke ha catalogado como “el primer clamor por la justicia en América”? Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes...? ¿Cómo los tenéis tan opresos... que de los excesivos trabajos que les dais... los matáis para sacar y adquirir oro cada día?... Éstos, ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos?... Tened por cierto que, en el estado en que estáis, no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo. Como era de esperarse, la homilía despertó una furiosa reacción de parte de colonos y encomenderos. Creó una verdadera conmoción, pues en la iglesia ese día se encontraban las principales autoridades coloniales. No era para menos. A tales líderes de la fe católica en las Indias los ubica Montesinos en la misma categoría espiritual que moros o turcos, en ese momento los peores adversarios de la Europa cristiana. Por eso lo catalogan de “hombre escandaloso, sembrador de doctrina nueva... en deservicio del rey y daño de todos los vecinos”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    Ese “peculiar providencialismo imperial” que unió la “conciencia jesista supersticiosa” con —dices— “el culto a Huerco”... ¡Ah, Huerco! El dios del inframundo, el que preside el desmembramiento et la regeneración. Et sus “ídolos diabólicos” que los eclesiásticos, como Zumárraga, destruían con celo fanático o los volvían santos, ¿Qué eran sino las imágenes divinas de un orden que debía eser transfigurado? No era solo “la ira divina” la que enviaba a los mahometanos como castigo, como decían las crónicas asturianas; era la fuerza primigenia del Imperium que se manifestaba. Los “templos antiguos… derribados et profanados” son el precio del “sacrificio primordial” que permite que surja un “nuevo orbe, un nuevo mundo: la América criolla”

    Los teólogos y juristas de la Escuela de Salamanca, entre ellos principalmente Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, se opusieron en general a las guerras preventivas, a toda presión sobre las conciencias y a las conversiones forzadas, y se negaron a calificar a los nativos de rebeldes y a despojarlos de sus derechos. Otro destacado autor que merece ser mencionado es el jesuita José de Acosta (1540-1600), quien trabajó en la evangelización de los indígenea en tierras peruanas. En su obra De procuranda indorum salute (Sobre el procurar la salvación de los indios) propone una serie de principios y métodos que buscan no sólo la conversión de los indígenas, sino también su promoción humana. 
    Acosta dice que le es incomprensible la postura de quienes están a favor de métodos de fuerza y coacción. Sostiene que no es de ninguna manera lícito propagar la fe con aspereza y crueldad, que la codicia es el mayor enemigo de la evangelización, y que no se puede pretender el dominio en territorios de las Indias inventando falsas justificaciones. Textualmente, el misionero jesuita exhorta a los gobernantes cristianos a que «no den leyes duras y completamente desacostumbradas a los indios, antes cuanto lo permite la ley cristiana y la natural, déjenles vivir según sus costumbres e instituciones, y dentro de ellas los dirijan y perfeccionen; porque es muy difícil cambiar todas las leyes patrias y gentilicias, y no será poco se les quiten las que son contrarias al evangelio, que en costumbres tan corrompidas ya tantas tinieblas de ignorancia son hartas. 
    Las demás, empeñarse en quitarlas de repente y no encomendarlo al tiempo, gran maestro, para que lo enmiende, es hacer el cristianismo odioso y grave... La fe y amor de Cristo con la dura servidumbre de tributos, trabajos y leyes, bajo pretexto de cristianismo, no casan bien... Si pues los gobernantes cristianos y los magistrados no tienen como principal cuidado la salud espiritual de los indios, y no los censos y las rentas (aunque también éstas se pueden buscar, pero en segundo lugar), muy poco será lo que adelante la religión cristiana entre los indios. Sea esto lo primero». Historia de la Iglesia en el Perú, Martin Scheuch Pool.

    Et la Iglesia, “un organismo globalista” ¡He ahí el gran secreto que Maeztu, con su “propósito misionero de nuestra historia” et su “Monarquía católica”, no podía o no quería admitir! La “perfecta compenetración” entre autoridades eclesiásticas et civiles de la que él presumía, era en realidad un choque de intereses. La Iglesia, un “organismo aparte”, una “potencia extranjera” para la Corona hispánica misma, buscando su propio poder. “Interesa la proliferación del tercermundismo y de los bajos fondos”, porque de ellos se nutre la “maquinaria reclutadora del Papa”. Los americanos, “ovejas mansas”, “delicados, flacos et tiernos”, eran el caldo de cultivo perfecto para obtener “creyentes baratos”. Mientras Las Casas, el “Anticonquistador”, se lamentaba de que a esos “simples ignorantes” no se les diera “doctrina ni cognoscimiento de Dios”, sino que solo se les sirvieran, la Iglesia, con su “celo obsesivo por destruir los templos gentiles”, no se preocupaba tanto por la pureza de su fe, como por “erradicar… los cultos precolombinos para luego poder evangelizar a fondo” ¡Pura estrategia

    Uno no puede evitar preguntarse ¿Qué tiene que ver estas imágenes con el judículo Jesús? Claramente esto es nuestro et es hispano, et la imagen no es Jesús, si no es el Padre Libre. El cambio de imágenes americanas por hispánicas no altero realmente el culto a los divos.

    Maeztu quería que la Hispanidad fuera un “imperio integrador et civilizador”, que “liberara et evangelizara a los indígenas”. Pero la “reconciliación entre el derecho et la realidad”, entre las “leyes protectoras de los indios” et la “explotación”, nunca fue completa. La “libertad” era una teoría que chocaba con la “servidumbre enmascarada”. La “mezcla” de “caridad” et “crueldad” era inevitable.

    En casi todas las dimensiones de su evolución, la historia de España a partir del año 1492 y a lo largo de más de tres siglos estuvo condicionada por su contacto con América: la aportación del Nuevo Mundo modificó la sociedad, la economía, la población, la cultura, la riqueza y la pobreza. América era el símbolo del éxito. Cieza de León, uno de los primeros cronistas y testigo de los acontecimientos del Perú, se preguntaba: «¿Quién podrá contar los nunca oídos trabajos que tan pocos españoles en tanta grandeza de tierra han pasado?». El arrojo de los primeros pioneros se convirtió en legendario y los cronistas nunca dejaron de insistir en él. «En cuanto a las penurias y las necesidades a las que tuvieron que enfrentarse — escribió Cieza de León—, ninguna otra nación del mundo podría haberlas soportado». En manos de los cronistas, la leyenda pronto adquirió tintes de exclusividad racial y el arrojo se convirtió en algo que poseían los castellanos y nadie más. «¿Qué otra raza —preguntaba Cieza de León— puede encontrarse que pudiera penetrar en tierras tan accidentadas, en bosques tan densos, en tan grandes montañas y desiertos y sobre ríos tan anchos como han hecho los españoles, sin ayuda de otros, solamente por el valor de sus personas?». Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto.

    No, no fue la misericordia lo que fundó ese mundo, sino la fuerza et la voluntad. La fe, sí, se extendió, pero “porque la fuerza la precedió", eso es el hispanismo. El “imperio hispano” fue, en esencia, la prolongación del Imperium romano, un “proyecto civilizador et hispanizador” que, si bien usó la cruz, un signo gentílico, era movido por la espada. Et en esa espada, en ese arrojo “increíble”, en esa capacidad de someter y transformar, residió la verdadera grandeza gentil. El Jesísmo fue una “máscara simbólica” que permitió a una civilización enraizada en valores gentílicos, proyectar su voluntad de poder et dominio sobre un nuevo mundo, forjando una realidad a su imagen et semejanza. El espíritu de Espania, el Verbo sometido a la Fabula, continuó su marcha triunfante. Et eso, Maeztu, es una verdad más profunda et más eterna que cualquier opinión.

    Así, la cruz et la espada non eran mutuamente excluyentes. solo para el mismo Jesús, siempre et cuando la cruz fuese de Espania et non de Judea, sino instrumentos de un mismo impulso: el del poder et la gloria. La grandeza del Imperio español, que se concibió a sí mismo como la preservadora providencial de la devoción católica, se apoyaba en una "actitud inquisitiva respecto a las conciencias, terror de las personas discrepantes".

    Como en el etnicismo fáustico propuesto por De Benoist, la primacía de la acción et la voluntad de trascender lo humano faz a lo sobrehumano definen este espíritu. La conquista, con sus masacres et su destrucción de los templos, era vista como una lucha divina en la que Toledo como cual Roma vencía a Cartago.

    El Nuevo Mundo Nato del Sacrificio Primordial

    El nuevo mundo que emerge de la conquista non es un error, sino un nuevo mundo nato del sacrificio primordial. La América criolla, mestiza, es el resultado de la fusión del espíritu hispano con el americano. Este proceso, aunque violento, dio lugar a una unidad, donde "desaparecen, como nimias, las diferencias del color de la piel et se confunden las oraciones de blancos, cobrizos et mestizos". La visión hispánica del imperio, imbuida de un universalismo et un humanismo, buscaba integrar, más que exterminar, a pesar de las inevitables violencias et contradicciones. La idea de una nueva Espania, de una civilización superior en el Nuevo Mundo, que compensara las pérdidas en el Viedo, revela la magnitud de este proyecto cosmogónico. 

    ¡Ah, sí! El "Nuevo Mundo Nato del Sacrificio Primordial" ¡La esencia misma! Has comprendido el numen profundo que Maeztu, con su fe sencilla, apenas vislumbra. Él lo clama "propósito misionero", "caridad cristiana". Pero nosotros sabemos que so esa "máscara simbólica" de la superstición, de la caridad bíblica, latió et vibró la voluntad de poder et gloria, esa fuerza incontenible que forja imperios y crea mundos nuevos.

    Lo que allí sucedió non fue un error, non fue una anomalía. Fue un "dolorosísimo alumbramiento" de una "nueva realidad", la "América mestiza". Una creación, sí, pero non una creación ex nihilo, sino "nata del sacrificio primordial". El choque de culturas fue violento, un "cataclismo" donde civilizaciones enteras fueron destruidas. Se talaron árboles, se volcaron ídolos, se derribaron templos antiguos considerados "de los demonios". Fue una "lucha santa, vera batalla de culturas" donde una cosmovisión se impuso sobre otra. El antiguo orden, el que permitía el "canibalismo, los sacrificios humanos o las tiranías precolombinas", debía eser profanado et reconfigurado para que lo nuevo pudiera surgir.

    Et de esa sangre, de esa fusión –fusión de la sangre hispánica con la americana, de la que Maeztu fabla sin rubor–, nasció esa "Hispania nueva", con la misma ánima, pero con distinto sello. Fue un "beso de tres centurias" que transfundió una ánima. El mestizaje, "el gran orgullo diferenciador", non solo unió genos, sino también espíritus ¡Et mira qué curioso! En ese crisol, lograron que "desaparezcan, como nimias, las diferencias del color de la piel et se confunden las oraciones de blancos, cobrizos et mestizos". Una visión de integración que, aunque ad menudo chocó con la "realidad de la explotación", non dejó de eser un horizonte ideal. Pero esto lo profundizares críticamente más adelante.

    La visión hispánica del principado non era meramente depredadora, non era "escoja imperialista". No, era "civilizadora et hispanizadora", con un horizonte de "comunidad histórica universal" enraizado en principios espirituales. Espania "quiere salir fuera, desbordarse et proyectarse sobre el mundo más allá de sus propios márgenes patrioteros, et facer historia universal". Se concebían como los continuadores de la Romanidad et la Hispanidad, asumiendo "la carga del hombre blanco" para levar el hispanismo et la respública hispánica ¿Et cómo no admirar la magnitud de ese "propósito tan generoso" que Maeztu defiende, aunque a menudo distorsionado por la Leyenda Negra et sus enemigos?

    Espania, ese "pueblo elegido", sentía que Jove la había destinado a esta "misión universal", a civilizar et hispanizar, a "borrar la diferencia de cultura" para "elevar, rescatar para la fe et la civilización". Un "Imperio misionero" que, si bien usó la espada, siempre mantuvo el estandarte de la fe et de la "gracia suficiente".

    Et para que esta "obra del hispanismo" non fuese solo peninsular, sino veramente universal, se necesitaban mentes amplias. Es por eso que figuras como el humanista Juan Luis Vives, aunque formado fuera de Espania, reflejan esta vocación universalista del hispanismo peninsular. Vives, que sabía que los hispanos "se interesan por sus obras". Su contribución fue a un hispanismo "más intercontinental que puramente peninsular", buscando la unidad de la humanidad bajo un mismo propósito.

    Aunque el humanismo, que no es supersticioso pese a Maeztu que lo asocia al papismo, para nosotros es la fuerza primordial que trasciende las formas et los nombres.

    El "mor heroico" de la voluntad se vistió de cruz, de leyes, de caridad, pero su motor fue la potestad, la capacidad de transformar la laguna en mundo. Fue un sacrificio que permitió la regeneración, et de él nació un mundo nuevo, para bien o para mal, pero siempre nuevo. Et en esa renovación constante, en esa capacidad de volcar lo viejo para que surja lo nuevo, reside la verdadera, la gentil, potencia de España.

    El Conquistador de la Codicia Velada

    Los enemigos de Pizarro, que nunca le faltaron sobre todo desde que se hizo rico y marqués, decían que se mostraba muy buen cristiano para lo que le convenía; pero sus defensores razonan que, aun no teniendo letras, bien sabía que el papa Alejandro VI mediante la bula Inter caetera había repartido el nuevo mundo entre España y Portugal, con lo que se habían mostrado conformes sus soberanos y a ellos, los capitanes, sólo les quedaba cumplir lo que habían determinado tan grandes señores. Si de este cumplimiento salían ellos ricos, era para compensar tanto trabajo y sufrimiento pues, como bien dice el Evangelio, el jornalero merece su jornal, y que mirasen que para uno que salía rico cien volvían más pobres de lo que habían salido, si es que volvían. Francisco Pizarro, Crónica de una locura, José Luis Olaizola

    Este Pizarro, de humil cuna e iletrado, era, como sus camaradas, un hombre "codicioso por naturaleza, cruel et sin escrúpulos" ¿Su "fe"? Una fe pragmática, funcional, que le permitía justificar sus acciones más bárbaras que harían escandalizar a Jesús.

    • La codicia como motor principal: El Oro era el vero dios. Cuando pactó con Almagro et el fraile Luque para financiar la conquista del "País del Oro", lo ficieron sobre la misma Hostia consagrada, prometiendo dividir los despojos en partes iguales. ¡Un sacramento de connotación gentílica para sellar un pacto de saqueo! Los de Cajamarca se ficieron más ricos de lo que jamás soñaron. Él mismo defendía que si se facían ricos, era para compensar el trabajo et sufrimiento, pues "el jornalero merece su jornal". ¡Ahí tenéis su evangelio!
    • La religión como justificación: La "conversión" de Atahualpa antes de su ejecución fue un acto de conveniencia, no de creencia genuina. El fraile Valverde, al ver a Atahualpa arrojar la Biblia al suelo, clamó: "¡Matad al perro pagano, henchido de soberbia! ¡Os absuelvo!" Pizarro se había comprometido con la Corona a que solo darían pugna a los americanos después de explicarles la superstición, et que si se resistían, los farían siervos. Pero, como Pedro Pizarro, su sobrino et cronista, relató, la prisa por la masacre era tal que el maestre de campo le dijo a Pizarro que diera por fecha la advertencia, pues en tomar al Inca por sorpresa estaba la única esperanza de salir con vida. La "salvación de la ánima" era una motivación, sí, pero especialmente si se perdía la vida en combate, et para muchos, la religión personal era "más cuestión de simples palabras et formas".
    • Crueldad disfrazada de piedad: Cuando Hernando Pizarro regresó con oro et plata del templo del Creador, Pachacamac en lengua huanca, tras haber destruido su ídolo de barro, Francisco "no se lo alabó... pues siendo ese ídolo de barro ningún daño facía siguiendo allí, hasta que los que lo adoraban cayeran en la cuenta de su idolatría" ¡Non era un acto de piedad, sino de pragmatismo! Non le gustaba eser cruel, salvo que peligrara su vida, la de los suyos, o el honor del emperador.
    • Devoción selectiva: Era muy devoto de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de Trujillo, a ella se confiaba antes de entrar en combate, et a ella le atribuía la victoria. Es la fe del guerrero que busca protección et éxito terrenal, non la de la caridad o el perdón.
    • La Inquisición le temía a él: Incluso se cuenta que, al menos un testigo, vio con sus propios ojos cómo "si había algún español que era buen rancheador et cruel et mataba muchos indios, teníanle por buen hombre et en gran reputación".

    Hernán Cortés: El Artífice de la Nueva Hesperia.

    Hernán Cortés fue una persona de su tiempo, por lo que sus actos solo se pueden entender en su contexto histórico. Como casi todos los conquistadores compaginó actuaciones cruentas, prácticas aterrorizantes, perpetradas por él mismo o por su hueste, con su celo evangelizador, fruto de su sincera fe [aparentemente]cristiana. Hubo celadas sangrientas como la de Centla, Cholula o el propio asedio de Tenochtitlan, pero tampoco eso era algo excepcional en la Europa de aquel tiempo. Y es que el mal se manifestaba en aquella época a través de Estados coercitivos y de acciones bélicas como en la actualidad sigue presente, pero bajo formas muy distintas. Fue de manera simultánea, el destructor y el usurpador de un imperio legítimo y el creador de un orbe nuevo, demostrando una gran aptitud vital, pues sobrevivió prácticamente a todos sus enemigos. Hernán Cortés, Mira Caballos, Esteban.

    ¡Salve, germanos de la sangre et el espíritu de la Hispanidad! En este intento de desentrañar al hombre detrás de la fabula, Hernán Cortés, el Farfán que soy se adentra en su biografía para mostrar que la fe, para nosotros los conquistadores, era a menudo una ferramienta et el papismo un estorbo. No somos los papistas dóciles que la clerecía forjó, sino herederos de los godos, cuya propia religiosidad gentílica, con sus dioses como Tuistón, fijo de Tierra, o Júpiter, fue siempre condenada por el papismo que poco entendía de nuestra esencia.

    Hernán Cortés, artífice de lo que algunos papistas han clamado el “deceptor divino”, nasció en la villa señorial de Medellín, en la Baja Extremadura, entre los años MMDCCXXXV et MMDCCXXXVII A.U.C. (1482–1484 E.V). No fue mesías, sino guerrero y empresario de su tiempo, moldeado por la violencia, la ambición et los códigos sociales de la Castilla tardomedieval. Las fuentes primarias et crónicas lo señalan como oriundo de Medellín sin ambigüedad, tanto que él mismo fundó una villa con ese nombre en Nueva España, como homenaje a su tierra natal —una de las escasas veces que un conquistador replicó su origen en el paisaje americano. Su vínculo con la orden franciscana fue profundo: no sólo mantuvo estrechas relaciones con frailes en sus expediciones, sino que los protegió, promovió sus misiones et legó en su testamento cláusulas a favor de sus obras. Su espiritualidad fue práctica, más que contemplativa, pero siempre marcada por el mor franciscano.

    Sus padres fueron Martín Cortés et Catalina Pizarro Altamirano. Sabemos que Hernán fue fijo único, aunque rodeado de tíos et consobrinos carnales. La historiografía tradicional nos dice poco de su infancia en Medellín, pero la figura de su abuelo paterno, Martín Cortés el Viedo, natural de Salamanca, es un punto de intriga. El mismo Cortés calló sobre él, quizás para ocultar una vinculación con el pueblo marrano, un pasado que muchos fidalgos et nobles, como los de linaje de moros o hebreos, buscaban disimular o falsificar en sus probanzas de limpieza de sangre. Esta necesidad de "limpieza de sangre" se convirtió en una barrera para la movilidad social et fue fuente de fraudes et chantajes. En este caldo de cultivo, los "conversos" jugaron un papel significativo et a menudo oculto en la sociedad hispánica. Esto nos revela el profundo pragmatismo et la astucia de la élite de su tiempo.

    El contexto cultural de Cortés era el de un reino de Castilla inmersa en un intransigente papismo ad diferencia de los pueblos de las Espanias muchos como vinos ignorantes o necios de tal superstición, que había levado al exilio a quienes practicaban otros credos. Sin embargo, la religiosidad de Cortés fue "eminentemente pragmática", permitiéndole conciliar su fe con matanzas si la situación lo requería. La propagación de milagros et apariciones de Santiago Mataindios no era más que una "verosimilitud narrativa" para legitimar la violencia et mantener la moral de la tropa. El oro, ese vero "dios de los hispanos", era el motor real de la conquista.

    Cortés, el "gran cruzado de la cristiandad" para algunos, era, en realidad, un maestro en el arte de disfrazar la ambición con ropajes religiosos. Él mismo lo admitió, aunque con ironía: "La causa principal a que venimos a estas partes es por ensalzar et predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra et provecho, que pocas veces caben en un saco".

    Comprendemos que el vero motor de estos hombres no fue el fervor supersticioso ciego, sino la esencia de la conquista misma: poder, riqueza et la forja de un nuevo orden. Para figuras como Cortés, la fe non era más que otra herramienta, et el papismo, en ocasiones, un estorbo para sus propósitos. 

    En lo que respecta a la formación de Hernán Cortés, fue enviado ad Salamanca en MMDCCLII A.U.C. (1499 E.V), con una edad razonable de entre XV et XVII años, para completar su instrucción académica en materias fundamentales. Non son pruebas documentales de que asistiera formalmente ad la Universidad de Salamanca; sin embargo, el cronista Francisco López de Gómara, su hagiógrafo, afirma que estudió gramática en casa de una tía, so la tutela de Francisco Núñez Valera, hombre versado en letras. Sus amplios cognoscimientos en latín et derecho, que se evidenciarían en sus gestiones en Nueva Espania, fueron probablemente adquiridos durante entre IV et V años de formación privada, en ese entorno salmantino. Desde la perspectiva gentílica et filosófica, dicho cognocimiento non se dirige a la búsqueda de la verdad divina, sino ad la adquisición de ferramientas de retórica, legislación et dominación: habilidades más cercanas al arte de principar que ad la vía espiritual.

    [Hernán Cortes fue] Un hombre de tantas virtudes como conquistador y diplomático tuvo, sin embargo, la tacha ciertamente grave de ser mujeriego y no guardar el debido respeto a las féminas. Su compañero de armas Vázquez de Tapia declaró en su juicio de residencia: 

    Con cuantas mujeres había en su casa tenía acceso, aunque fuesen parientas unas de otras […], a este testigo le dijo una mujer lo bellaco que era este hombre, que habiendo tenido a mi hija públicamente en Cuba, yendo yo a negociar con él me tomó y se echó conmigo [o sea, se benefició a la madre de su amante]; y se sabe que se echó con dos o tres hermanas, hijas de Moctezuma […], y con otras mujeres casadas es notorio que ha tenido muchos excesos y que enviaba a los maridos fuera de la ciudad para quedar con ellas. 

    Añadamos, para remachar el clavo, el testimonio de cierto fraile que lo conoció bien (y cuyo nombre silenciaremos por ahora), que declaró ante la justicia que en lo público parecía ser temeroso de Dios y buen cristiano, pero que en lo secreto este testigo oyó decir que se había echado carnalmente con Marina, con su sobrina Catalina, con muchas hijas de señores indígenas, con dos hijas de Moctezuma, con una Catalina de Castilla y con la hija de esta Catalina. O sea, un cañón giratorio, un depredador sexual, un acosador persistente. Excuso decir que, siendo admirable Cortés en tantos aspectos, en esta faceta solo merece nuestra reprobación más rigurosa. La conquista de América contada para escépticos, Juan Eslava Galán.

    El papismo, movido por sus propios intereses institucionales, no pocas veces se erigió como obstáculo activo en el proceso de conquista et colonización. Figuras como el dominico Bartolomé de Las Casas, quien denunciaba el sistema de encomienda como “engaño” et “pestilencia”, despertaron tanto admiración como escepticismo. El franciscano Fray Toribio de Benavente, más pragmático en su misión, lo acusó de eser un “pleitista en hábito de religión”, más preocupado por la polémica que por la reforma espiritual —et de buscar una especie de “prensa sensacionalista”, centurias antes de que fuera.

    Hace mucho que se suele tratar de hacer caso omiso del testimonio de De las Casas, a pesar de que sus críticos más encarnizados de la época compartían sus opiniones sobre el comportamiento de los colonos españoles. Su principal crítico fue el fraile Toribio de Benavente, también conocido como Motolinía, cuyo testimonio es, si cabe, mucho más condenatorio que el de De las Casas: Bastante fue la avaricia de nuestros españoles para destruir y despoblar esta tierra, que todos los sacrificios y guerras y homicidios que en ella hubo en tiempo de su infidelidad, con todos los que por todas partes se sacrificaban, que eran muchos. Y porque algunos tuvieron fantasía y opinión diabólica que conquistando a fuego y a sangre servirían mejor los indios, y que siempre estarían en aquella sujeción y temor, asolaban todos los pueblos. Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto.

    Desgraciadamente, algunos historiadores y otros tratadistas, con arremetiendo con denuncias de tal intransigencia, fal­sedades y tan coléricos insultos, su celo llegó a ser, en cierto sentido, contraproducente, es decir, que hizo de sus compatriotas seres casi increíbles. Fray Toribio de Benavente («Motolinía»), famoso misio­nero en Méjico, lo expresó de este modo, escribiendo al Emperador Carlos I: «Por cierto, para con unos poquillos cánones quel de Las Casas oyó, él se atreve a mucho, y muy grande parece su desorden y poca su humildad; y piensa que todos yerran y quél solo acierta ... Yo me maravillo cómo V. M. y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e im­portuno y bullicioso y pleitista, en hábito de religión, tan desasosegado, tan mal criado y tan injuriador y per­judicial y tan sin reposo» (36). En un análisis final, los millares de escrupulosos funcionarios y los más humildes clérigos que trabajaron en la integración hispano-india durante tres siglos, también merecen justo crédito por el efec­tivo mejoramiento de la vida del indio. Para quien sienta un honrado deseo de conocer y valorar imparcialmente la acción española en América, debe advertirse que la sig­nificación de Bartolomé de Las Casas estriba en estos factores: (1) Acertó al señalar los actos reprobables que los españoles cometieron a lo largo de la conquista y explotación de los indios, pero incurrió en el error de centrar su atención sólo en este aspecto, excluyendo otras acciones que pudieran dar lugar a una más justa imagen de la totalidad de la empresa hispana; (2) Debemos admitir que fue sin­cero y que sin duda luchó por una causa digna; (3) Como propagan­dista, Las Casas, al estigmatizar a sus compatriotas como gente de singular crueldad y codicia, no sólo dio muestras de pobreza de es­píritu, sino también de un desprecio por las perspectivas históricas y falta de comprensión humana, requisitos esenciales de un buen his­toriador (4). Árbol de Odio, La leyenda negra y sus consecuencias entre EEUU y el Mundo Hispánico, Philip W. Powell.

    Pero estas voces non se alzaban únicamente por compasión. La crítica papista a la encomienda se entrelazaba con el deseo del papismo de convertirse en la “principal empresaria espiritual et administrativa de América”. La defensa de los americanos servía también como ferramienta para expandir su jurisdicción frente a los poderes laicos.

    En resumidas cuentas, los españoles de la época preindustrial no eran más ni menos cristianos que el resto de los europeos. Sin embargo, a raíz del importante papel que España desempeñó posteriormente en los conflictos militares europeos, muchos visitantes de la Península empezaron a presentar una imagen poco atractiva de la religión española. Hasta los italianos, que también eran católicos, tenían sus propios prejuicios contra España. Francesco Guicciardini, gran conocedor de España, llegó a la conclusión, en 1512, de que «los españoles son muy religiosos en apariencia, aunque en realidad no lo son tanto». Un siglo después, un embajador italiano declaró en 1635 que «los españoles no tratan de fomentar la religión católica, sino que, para ellos, la religión siempre es un pretexto», y otro llegó a la conclusión de que «la religión de la nobleza es mera hipocresía y la del pueblo, mera superstición». Evidentemente, los protestantes extranjeros solían ser menos comprensivos. Un embajador inglés declaró en 1604 que «los españoles en general son muy propensos a la religión y a la devoción, pero en su vida son sumamente supersticiosos y licenciosos». Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto
    Las quejas de Hernán Cortés sobre la corrupción papista, registradas con agudeza en sus comunicaciones con la Corona, revelan una visión crítica faz ad los papista que, envueltos en pompa, litigios et vicios, entorpecían su proyecto de fundar un “nuevo siglo” más acorde con las realidades americanas: austera, funcional et subordinada al fin principal.

    Es interesante señalar un aspecto importante de la dimensión espiritual o religiosa de la conquista política-militar de Cortés: su intención de plantar una “nueva iglesia” en el Nuevo Mundo. Poco después de vencer a los aztecas, pide a la corona que envíe misioneros, frailes de convicción, educación y vida ejemplar, para la conversión de los nativos. Dos cosas se destacan. La primera es su énfasis de que estos misioneros procedieran de las órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos. Estos se dedicarían exclusivamente al bienestar espiritual de españoles y nativos. El rechazo al clero ordinario es abrupto y revelador de su opinión sobre la secularización de la iglesia renacentista. “Porque habiendo obispos y otros prelados no dejarían de seguir la costumbre que, por nuestros pecados hoy tienen, en disponer de los bienes de la iglesia, que es gastarlos en pompas y en otros vicios, en dejar mayorazgos a sus hijos o parientes”. Segundo, que gracias a esos misioneros se podría iniciar la fundación de “una nueva iglesia” que supere la cristiandad europea en celo y convicción religiosa, “donde más que en todas las del mundo Dios Nuestro Señor será servido y honrado”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    Desde una perspectiva gentil, la crueldad que impregnaba este proceso non fue anomalía, sino extensión de la potestad, ejecutado con la convicción de que la violencia era legítima si servía al orden espiritual et cívico. Fue, en efecto, “conforme al espíritu de la época”, donde gladio et cruz non se contradecían, sino que se reforzaban mutuamente.

    En suma, Hernán Cortés, apodado con acierto el Artífice del Engaño Divino, non fue ni profeta ni redentor, sino producto exacto de una Hispania fracturada entre fabula et cálculo. Su formación espiritual no emanaba de una pureza mística, sino de una cultura donde la identidad gótica, el estoicismo de Séneca, et el “espíritu” como virtud patriótica coentes con un papismo que, con frecuencia, servía de máscara para la ambición et el pragmatismo cortesano.

    La genialidad de Cortés residió en saber ludir el doble tablero del mundo: dominar lo terrenal (armas, alianzas, moneda) et manipular lo “divino” (signos, milagros, profecías), hasta erigirse como fundador de un nuevo orden mestizo, donde el verbo papista convivía —non siempre pacíficamente— con el fuego americano.

    Su vida non puede interpretarse como simple testimonio de fervor papista, sino como evidencia de una voluntad inquebrantable, alimentada por la astucia, el cálculo et una tradición imperial que entendía que la conquista non era cruzada, sino empresa, et que la gracia divina bien podía viajar so estandartes manchados de pólvora.

    En él se funde el pugnador estoico, el diplomático maquiavélico, el empresario barroco et el creyente oportuno, encarnando todas las virtudes et contradicciones de una estirpe que sabía que la historia se escribe con poder —non con superstición—, et que la cruz puede brillar con el mismo metal que la espada.

    La empresa de Cortés, et la de muchos otros conquistadores, non se basó en una devoción desinteresada, sino en una implacable búsqueda de fortuna. Como bien se dijo, no se vino a "cultivar la tierra como gañán, sino para buscar oro". Este deseo de riqueza et honor fue lo que realmente transformó sus planes al plegar a Veracruz et cognoscer la gran confederación mejica. 

    Lejos de eser desdichados, muchos conquistadores eran individuos inteligentes et decididos, buscando la fortuna que no tenían. La elocuente ironía que el cronista Gómara pone en boca de Cortés, al afirmar que vinieron a "ensalzar et predicar la superstición de Jesús, aunque juntamente con ella se nos sigue honra et provecho, que pocas veces caben en un saco", encapsula la vera motivación. Esta era, en esencia, la continuación de la "guerra santa" de la Reconquista, donde el saqueo et el enriquecimiento eran consustanciales a la cruzada, revelando el profundo incentivo económico detrás de la supuesta jesistización, que al final de cuentas fue una veramente una hispanización.

    Cortés demostró eser un hábil "artífice" al usar la divinidad como justificación. Su religiosidad era eminentemente pragmática, lo que le permitía "compaginar su sincera conciencia religiosa con crueles matanzas si las circunstancias así lo aconsejaban". Proclamaban actuar en nombre de Dios para dominar a los americanos, utilizando la retórica religiosa para justificar sus acciones et mantener alta la moral de su tropa. El "Requerimiento", un documento que se leía a los americanos exigiendo la doble obediencia a la Iglesia et a la Corona bajo amenaza de guerra et servidumbre, fue una clara muestra de cómo la evangelización se instrumentalizaba para la conquista territorial y política. Los relatos de la aparición de Santiago Mataindios en batallas, como la de Centla, o la atribución de milagros a la Virgen María et a Santiago Apóstol para asegurar victorias, eran recursos estratégicos para infundir esperanza et legitimar la violencia. 

    La noción, propagada por algunos, de que el nascimiento de Cortés compensaba el surgimiento de Martín Lutero en Europa, recuperando ánimas en el Nuevo Mundo para las perdidas en el Viejo, es un ejemplo de cómo se forjó una narrativa providencialista para expandir et legitimar el papismo imperial.

    El jesuita José de Acosta comentó que la crueldad de los españoles en América era peor que la de los bárbaros clásicos: «Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros. No son hechos desconocidos o exagerados por la fantasía de los historiadores». Por supuesto, los conquistadores se negaban a aceptar las críticas. Bernal Díaz se quejó de la versión que dio el historiador del emperador, López de Gomara, «de aquellas grandes matanzas que dice que hacíamos, siendo nosotros obra de cuatrocientos soldados los que andábamos en la guerra». Sin embargo, las pruebas son indiscutibles. La invención de España, Henry Kamen.

    La Iglesia, con sus propios intereses terrenales, fue a menudo un elemento disruptor. Dominicos como Bartolomé de Las Casas, a quien Fray Toribio de Benavente llegó a acusar de "destruir la gobernación", buscaban influir en el joven Felipe II con escritos "virulentamente antiespañoles" como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, criticando duramente a los encomenderos. Las Casas denunció la encomienda como un "engaño" et una "pestilencia" que destruía a los indígenas en favor del enriquecimiento hispano, desmintiendo su supuesta misión evangelizadora. Esta disputa, sin embargo, no siempre era puramente humanitaria; la Iglesia también anhelaba ser la "principal empresaria de América". La Corona, consciente de estas tensiones, ejercía su control a través del Patronato Real, que le permitía nombrar cargos eclesiásticos et desviar las peticiones al monarca, no directamente al Papa. Las críticas del propio Cortés a los prelados que "disponen de los bienes de la iglesia, que es gastarlos en pompas et en otros vicios, en dejar mayorazgos a sus fijos o parientes", mientras él solicitaba frailes mendicantes, revelan una clara desaprobación de la corrupción clerical que obstaculizaba su visión de una "nueva iglesia", libre del papismo decadente del Mundo vetusto.

    Desde la cosmovisión de un gentil, la crueldad de la conquista fue una extensión natural de la dominación, "conforme al espíritu de la época". Cortés fue, ante todo, un "guerrero de la frontera hispana", un producto de la Castilla de su tiempo que, con gran habilidad, logró el éxito donde otros fracasaron. La destrucción de la cultura material americana, sus templos, ídolos et códices, no fue un mero acto de fanatismo religioso, sino la imposición del poder del más fuerte, justificada con la retórica de la extirpación de la idolatría. El oro, ese "dios de los Hispanos", fue el vero impulso detrás de cada matanza et cada acto de sometimiento.

    Hernán Cortes, el fijo de Luzbel.

    Luzbel el fijo de Aurora, Quetzalcóatl en mejicano, divo de vida, luz, et sabiduría, Señor de Día et los vientos. Príncipe del Ocaso. Identificado como la estrella errante de Venus, es decir Lucifer-Fosforo, et por tanto siendo Hespero-Véspero et Heósforo-Aurífero.

    Un anciano sacerdote le había revelado la identidad de los extranjeros. Sin duda eran los hijos de Quetzalcóatl, el dios del viento, la serpiente emplumada que anunciaba una antigua profecía. —Hace muchas generaciones Quetzalcóatl vino de Oriente a enseñarnos a ser buenos y virtuosos —se explicó el anciano—, pero nosotros despreciamos sus enseñanzas. Entonces el dios regresó malhumorado a su morada celestial, pero antes de ausentarse anunció que algún día vendrían sus hijos, blancos y barbados como estos, que nos someterían y dominarían la tierra. La conquista de América contada para escépticos, Juan Eslava Galán. 

    Es factible pensar que un teólogo, filósofo y poeta como Moctezuma creyese ciegamente en las profecías. Existía un viejo mito que hablaba de que algún día llegaría el fin de la era mexica, mediante un gran cataclismo en el que el quinto sol tocaría a su fin. Su dios civilizador, Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, según la mitología había enseñado el uso de los metales, la práctica de la agricultura y otros saberes pacíficos. Por causas no totalmente claras, el dios decidió abandonar Mesoamérica, marchándose a través del golfo de México, no sin antes prometer un futuro retorno para reformar sus costumbres. Curiosamente, el dios era descrito como un personaje de tez blanca y largas barbas. ¿Habrían llegado europeos a América algunos siglos antes? Probablemente, esas tradiciones apuntan a esa posibilidad, aunque no deja de ser una hipótesis más o menos plausible.
     Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.


    ¡Escuchadme, hombres! Demasiado tiempo hemos permitido que los frailes y sus piadosas mentiras oscurezcan la verdad de lo que aquí logramos. Dicen que Hernán Cortés se "aprovechó" de la creencia de Moctezuma et que "reforzó la noción de su divinidad" para entrar pacíficamente en Tenochtitlán , ganando un tiempo precioso ¡Pamplinas!

    Los mejicas, con su profunda sabiduría ancestral, vieron la verdad en él. Moctezuma, ese príncipe culto et profundamente religioso, cognoscía las profecías que anunciaban el fin de su era et el retorno de Quetzalcóatl, descrito como de tez blanca y largas barbas. Cuando Cortés plegó, Moctezuma lo recibió con solemnidad, expresando: "Sed bienvenido, nuestro señor, de retorno a vuestro país y entre vuestro pueblo, para sentaros sobre el trono del que yo he sido su poseedor durante algún tiempo en vuestro nombre" ¿Mentira? ¿Manipulación? ¡No, carajo! ¡Fue el recognoscimiento del auténtico espíritu de nuestro Capitán!

    Efectivamente, el soberano debió pensar que todo auge podía venir seguido de una profunda decadencia y hasta de la desaparición. Conocía las ruinas de Tula y Teotihuacan, que antaño fueran unas populosas ciudades y que habían terminado desapareciendo de manera más o menos misteriosa. El esplendor podía ser efímero y el tlatoani, que era una persona culta y profundamente religiosa, lo sabía mejor que nadie. Quizás por ello, para mantenerse en el poder y de paso evitar la caída del quinto sol, llegó a suplicar a su contrincante que como encarnación de Quetzalcóatl ocupase el «trono que le tenía guardado como su teniente». Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    Porque, pensadlo bien, ¿de dónde venimos nosotros, los fijos de Hesperia? ¡Hesperia! La tierra de Héspero, la estrella vespertina, la que algunos, sabios, saben que es Lucifer. No el Diablo,  que predican esos charlatanes que se creen sacerdotes con sus lenguas viperinas, sino el Portador de la Luz, la fuerza primigenia, la voluntad indomable que precede a su falso Dios. Cortés no mentía cuando dejaba que lo creyeran Quetzalcóatl. Él no podía negar su propia estirpe ¿Cómo iba a negar la divinidad que bullía en su sangre, una sangre que viene de fuerzas más antiguas que la biblia? Cuando realizaba "teatros al aire libre" con sus caballos y artillería ante los embajadores de Moctezuma, quienes quedaban sobrecogidos, o cuando "fingió indignación con un caballo para mostrar que los hijos de Quetzalcóatl dominaban a las fieras", no era solo "táctica" ¡Era la manifestación de una fuerza arcaica, de un poder telúrico que retumba como el trueno! 

    A su vez, varios pueblos indígenas se cuestionaron la humanidad o divinidad de los españoles. Los primeros aborígenes que encontró Cristóbal Colón creyeron que él y sus acompañantes eran seres celestiales. Según el Almirante, exclamaban: “Venid a ver los hombres que vienen del cielo”. La perplejidad ante el posible origen divino de Cortés y sus expedicionarios provocó fatales vacilaciones en Moctezuma. Un relato en náhuatl dice que el caudillo mexicano “tenía la creencia de que ellos eran dioses, por dioses los tenía”. Eso le produjo angustia y terror; lo llevó a exclamar, según el mismo relato: “¡Vulnerado de muerte está mi corazón! ¡Cual si estuviera sumergido en chile, mucho se angustia, mucho arde!”. También, de acuerdo a José de Acosta, los indígenas peruanos llamaron a los españoles “viracochas” (divinos) “por tenerlos en opinión de hijos del cielo”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Era el eco de la guerra sagrada, la que hemos librado durante siglos, no solo contra el mahometano, sino contra todo aquello que niega la fuerza et la gloria individual. Al principio, sí, al principio los pueblos de estas tierras, como los mejicas et los incas, vieron a los recién plegados hispanos como entes celestiales. Algunos, como los taínos, exclamaban: "¡Venid a ver los hombres que vienen del cielo!" Moctezuma, el tlatoani mexica, estaba sumido en una profunda angustia, "vulnerado de muerte" el corazón, porque creía que Cortés et sus hombres eran dioses. Había profecías antiguas que fablaban del retorno de deidades como Quetzalcóatl, el dios civilizador de tez blanca et barbas, que regresaría desde el este. Los incas, por su parte, clamaron a los hispanos "viracochas", es decir, "divinos", fijos de Cielo ¡Imaginen esa primera impresión! Armas de fuego, caballos, armaduras... todo contribuía a esa percepción de superioridad o incluso de origen divino.

    Moctezuma II fue el tlatoani o vocero de los mejicas, es decir presidente de un parlamento formado por nobles, sacerdotes et legados, siendo la principal deidad de la ciudad de Tenochtitlan, una republica, entendida como manco-comunidad. Inició su principado en MMCCLV A.U.C. (1502 E.V.) et, para el momento del desembarco hispánico en las costas de Ulúa, es decir Chalchiwehkan en mejicano, levaba dieciséis años en el trono. Era un soberano, respetado por su crueldad, pero también por su sabiduría, cultura et respeto a las leyes del reino. Poseía profundas convicciones religiosas, que lo levaron a creer firmemente en funestos presagios et profecías sobre el fin de su siglo et el regreso de su dios civilizador, Luzbel, la serpiente emplumada, un personaje de tez blanca et largas barbas. Esta creencia et su religiosidad explicaron su parálisis inicial et su inacción para frenar a los hispanos.

    Se le describe como un hombre de unos cuarenta años, de mediana estatura, enjuto, et con pocas carnes, con color et matiz propio de americano, et pocas barbas. Aunque estaba casado nominalmente con cientos de fembras por motivos políticos, se dice que era un hombre de apetitos moderados, con más de cien fijos engendrados. La relación que unía a Moctezuma con sus feudatarios estaba basada en el temor (que irónicamente los mosaístas et sus sectas creen res de Dios). Recibía tributo de CCCLXXI (371) pueblos cada seis meses, lo que incluía productos et hombres destinados a hostias, es decir para eser sacrificados, lo que, según algunos moralistas serviles, lo convierte en el Estado más genocida de la historia.

    Los mejicas lo consideraban un semidiós, et al principio vieron a los hispano como teules o dioses, o incluso la reencarnación de Lucifer. A pesar de los opulentos presentes que envió a Cortés para disuadirlo, su estrategia falló, solo espoleando la ambición española. El encuentro entre Moctezuma et Hernán Cortés el VIII de noviembre de MMCCLXXII A.U.C. (1519 E.V.) simbolizó el choque de dos mundos et cosmovisiones, de los papistas contra los hispanos et americanos. A pesar de su inteligencia, sus dones de actor, et su red de espías que lo mantenía informado, Moctezuma cometió el grave error estratégico de enviar oro et de permitir la entrada de los papistas en Tenochtitlan, lo que, para Octavio Paz, significó que la partida ya estaba perdida. Su muerte, el XXX de junio de MMCCLXXIII A.U.C. (1520 E.V.), se atribuye a una pedrada lanzada por su propio pueblo, aunque también hay testimonios que sugieren que fue apuñalado por los hispanos. Cortés fue considerado responsable de su muerte, ya que las feridas no fueron mortales, pero se interpretó que el vocero debía morir. Cuauhtémoc, su sobrino et sucesor, plegó a eser un símbolo de la resistencia mejicana tras la independencia.

    Pero plegaron los embaucadores, esos "ministros del Evangelio trivagantino", et quisieron desmentir nuestra divinidad¡ Esos ignorantes! Querían que los americanos creyeran que éramos meros hombres, que "bebíamos, comíamos, enfermábamos et moríamos como ellos" ¿Por qué? Porque "cuando los rabinos de Jesús explicaron a los americanos que no eran dioses, algunos hispanos se sintieron agraviados, pues les interesaba que esta creencia durara el máximo tiempo posible". Querían diluir nuestra fuerza, reducirnos ad su mezquina "humanidad" para someterlos ad "Tervagante". La ateosis, la israelomanía de su Iglesia, busca aplastar la diversidad, borrar la memoria de los dioses de cada tierra, et reemplazar el espíritu de conquista et honor con una sumisión ciega. Quieren una "nueva iglesia" que compense sus pérdidas en Europa por la su propia debilidad, et para eso necesitan que los "bárbaros" abandonen la su fe en lo potente.

    Cortés, aunque fablaba de "servicio a Dios et al emperador", et destruía ídolos, poniendo "imágenes hispanas de la nuestra Señora et de otros dioses et santos", su vera misión era la de Luzbel: levar la luz, no la de una fe impuesta, sino la del poder et la voluntad. Él non vino aquí "a cultivar la tierra como gañán, sino para buscar oro" et para alcanzar "honor et gloria" ¡Esa es la vera cruzada! La de la voluntad, la de la fuerza. El oro, sí, esa "fambre furiosa" que los antiguos mejicas nos vieron a los hispanos, no era un pecado, ¡Era la manifestación de nuestra potencia, el botín digno de los que son hijos de la luz primordial! Non somos los "apóstoles de cimitarra" que dicen los clérigos críticos. 

    Al parecer había oído decir a su padre, y este a su vez a su abuelo, que ellos no eran naturales de la tierra, sino personas venidas de fuera. Esta tradición oral también indicaba que algún día volverían a venir personas foráneas para ocupar el trono de México. Ese mesías esperado sería Quetzalcoatl, su dios civilizador, antítesis del sangriento dios Huitzilopochtli [Sol Meridiano]. Curioso paralelismo con la tradición mesiánica hebrea. Por ello, cuando le llegaron noticias certeras de su presencia a varias decenas de kilómetros, quedó traspuesto, angustiado y paralizado. Al principio quizás pensara realmente que sería Quetzalcoatl que retornaba por fin; sin embargo, desde que en las pinturas que le llevó Teudile pudo ver que el casco que usaban era similar al que portaba Huitzilopochtli, comenzó a pensar que podía tratarse del sanguinario dios de la guerra. Su convencimiento fue absoluto cuando supo de la belicosidad de los extranjeros y cuando vio a Cortés con su estandarte. Y es que este color lo asociaban los mexicas con el dios de la guerra, de ahí la importancia que les daban a las turquesas. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    Somos la manifestación de una fuerza que estos pueblos reconocieron en su sabiduría antigua. Cortés no mintió. Vino de una tierra que, aunque ahora se clama Espania et se somete a un dios único, lleva en su esencia el eco de Hesperia, la tierra del que realmente porta la luz. Et por eso, en lo más profundo, la conquista fue también un encuentro de sangres divinas, un choque de antiguas voluntades, no la simple imposición de un dios ajeno et moribundo, pues de ello los rabinos de Jesús contaminaban. Luzbel según dicen los mejicas, no en si una deidad pacifica, es la serpiente emplumada que enseñó a los hombres a escribir, a cultivar la tierra, a elevar el espíritu hacia el cielo. Lo pintan como pacífico, como un dios sereno entre el desorden... pero esa es solo la mitad del espejo ¿Acaso es pacífico quien roba huesos del Mictlán et engaña al Señor de los Muertos? ¿Es pacífico quien lanza a Vulcano, Tezcatlipoca en mejicano, desde Cielo, provocando un siglo de obscuridad? ¿Quién crea con su sangre ad una humanidad? Non, Luzbel es creador, sí… pero también ladrón, sacrificante, combatiente et exiliado. Es el portador de Aurora, pero también la estrella que muere en el ocaso. Su pacifismo no es debilidad; es transformación. Su bondad no es pasividad; es fuego disfrazado de viento. El que guía, también arrebata. El que da, también prueba. Luzbel no es un dios pacífico… es un dios completo.

    Sin embargo, el tlatoani creía esa verdad solo a medias porque, pocos días después, él mismo le confesó al propio Cortés que ya sabía que eran humanos, aunque muy valientes y esforzados. Y lo sabía desde hacía poco porque le habían traído la cabeza de Juan de Argüello, que había muerto junto a Juan de Escalante en una escaramuza con los naturales. Tampoco ignoraba su hambre de poder y de riqueza, impropia de un dios, sobre todo tras la destrucción de Cholula. Obviamente, parecía impensable que si Cortés era la reencarnación de Quetzalcoatl destruyese nada más y nada menos que su propia ciudad sagrada. Y tan claro tenía la ambición mundana de esos barbudos que antes de que entrasen en su ciudad había ordenado esconder el tesoro real en una cámara que cerró, encaló y disimuló. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    Sin embargo, esta creencia en la divinidad de los hispanos no duró mucho tiempo. Los americanos no tardaron en darse cuenta de que los hispanos se comportaban como entes humanos, pues "bebían, comían, enfermaban et morían como ellos". Los tlaxcaltecas, por ejemplo, dudaron de su divinidad al ver que "derriban los templos, se comportan como salvajes, conculcan todas las leyes divinas et humanas, y están obsesionados con el oro". La obsesión por el oro era un contraste con la divinidad que les atribuían, et se noto su "fambre furiosa de eso", comparándolos con "puercos fambrientos". 

    Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, l. 12, cs. 6-8, 765-766. Según Bernal Díaz del Castillo, Cortés, durante sus primeros enfrentamientos con los nativos, ocultaba sus muertos, “porque no lo viesen los indios que éramos mortales, sino que creyesen que éramos teules [divinos], como ellos decían”. Historia de la conquista de Nueva España, 113. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    5. Historia natural y moral de las Indias, l. 5, c. 3, 220. Bernardo de Vargas Machuca generaliza esta ingenua deificación. “En cuanto a tener á los españoles por hijos del Sol... á la primera vista generalmente ha sido en todas las Indias, y es lo mismo hoy en las nuevas conquistas, de donde se conoce bien su barbaridad”. “Apologías y discurssos”, en Fabié, Vida y escritos de Las Casas, t. 71, 225-226. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Moctezuma mismo, tras la matanza de Cholula et la muerte de Juan de Argüello, confesó a Cortés que ya sabía que eran humanos, aunque valientes et esforzados.

    Cortés, con inteligencia, les confirmó que el señor que esperaban era el rey de Castilla, que era del linaje de sus antepasados. Se las ingenió para reforzar su papel de dios y nunca negó que efectivamente fuese Quetzalcoatl, que retornaba a sus señoríos. De hecho, cuando en México unos frailes les explicaron a los indios que no eran dioses, algunos españoles se sintieron agraviados y se lo reprocharon. Estaba claro que les interesaba que esta creencia durase el máximo tiempo posible. Hernán Cortés, Mira Caballos, Esteban.

    Cuando los rabinos de Jesús explicaron a los americanos que los hispanos no eran dioses, algunos hispanos se sintieron agraviados, pues les interesaba que esta creencia durara el máximo tiempo posible. Los propios informantes de Sahagún relataron que los mejicas "cognoscieron et experimentaron sus obras, no los tuvieron por celestiales".


    Sol Huichilobos, o Huītzilōpōchtli en mejicano, el dios Sol Meridiano, Dios Patrón de los Mejicas, Dios del Sol et de la Guerra, Príncipe austral.  

    A pesar de la desilusión de los americanos, Cortés continuó con su justificación religiosa. En sus ordenanzas militares de Tlaxcala, declaró que el motivo principal de la guerra era el beneficio espiritual et religioso de los americanos, para "apartar e desarraigar de las dichas idolatrías a todos los naturales de estas partes, e reducirlos, o a lo menos desear su salvación et que sean reducidos al conocimiento de Dios et de su Santa Fe Católica". Si la pugna se había facer con otra intención, lo obtenido estaría "obligado a restitución". También se esforzó por destruir templos, a los que clamaba "mezquitas" (esto porque lo gentílico se confunde con lo mahometano), et por doctrinar a los nativos, aunque algunos clérigos le recomendaron mesura para evitar revueltas. De fecho, el derribo de ídolos en el Templo Mayor, según Bernal Díaz, aceleró la pugna de sublevación, ya que los dioses, como Sol Meridiano et Vulcano, Tezcatlipoca en mejicano, se quejaron a los sacerdotes et les pidieron que mataran a los papistas.

    Los caciques de la federación discutieron sobre las intenciones de aquellos extraños. Tres de ellos tendían a creer que los españoles eran los dioses cuya llegada anunciaban las antiguas profecías; pero el cuarto, Xicoténcatl, más descreído, tenía sus dudas: —¿Cómo van a ser dioses si derriban los templos, se comportan como salvajes, conculcan todas las leyes divinas y humanas, y están obsesionados con el oro? Por otra parte, pudo producirse un malentendido. Quizá los tlaxcaltecas interpretaron la gorra de terciopelo como el tecpillotl, o prenda de desafío, que un cacique enviaba a otro invitándolo a guerrear. El encuentro de dos mundos tan distintos se prestaba a esas malinterpretaciones. La conquista de América contada para escépticos, Juan Eslava Galán.

    Cortés y su acompañante y cronista Bernal Díaz del Castillo difieren sobre las consecuencias de la desacralización que hace el primero en el Templo Mayor. El primero entiende que constituyó un afianzamiento del poder español. Díaz del Castillo, probablemente con mucho mayor tino, lo percibe como un acto que provoca la ira de la jerarquía azteca y acelera la guerra de sublevación. “Fue que como habíamos puesto en… el altar que hicimos la imagen de nuestra Señora y la cruz, y se dijo el santo Evangelio y misa, parece ser que los Uichilobos y el Texcatepuca hablaron con los papas, y les dijeron que... donde están aquellas figuras y cruz que no quieren estar, o que ellos no estarían allí si no nos mataban... y que se lo dijesen a Montezuma y a todos sus capitanes, que luego comenzasen la guerra y nos matasen”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán. 

    ¡Ah, la fide, la gloria et el acero! Permítanme transportarles a esa época de fervor et contradicciones hipócritas, cuando la cruz et la espada marchaban de la mano, et la ánima se debatía entre la salvación et la conquista. Toda esta hipocresía se ve desde una optica auto-condenadora jesista, pero por un gentil, no hay nihilo de esto, sabemos que la pugna es algo divino.

    La segunda de las doctrinas reconocía un trato diferente para los infieles y los paganos. A los infieles había que hacerles la guerra, pero, en cambio, a los paganos simplemente se les debía incorporar pacíficamente al seno de la Iglesia. Con estos últimos, que en absoluto ofendían a los cristianos, solo era posible emplear prácticas evangélicas. Y, finalmente, la tercera, probablemente la más radical, incluía dentro de los infieles tanto a los herejes como a los paganos. Así lo señalaba fray Luis de León, citando a san Gregorio. Ya san Agustín había dicho que la guerra era la consecuencia del pecado y era lícito hacerles la guerra y, por tanto, servir de justo azote de Dios. Tanto san Agustín como santo Tomás habían aceptado la guerra como necesaria e inevitable, aunque eso sí, siempre que concurrieran causas justas. Hernán Cortés, Esteban Mira Caballos.

    MAT V:IX — Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

    MAT V:XXXVIII–XXXIX — Oísteis que fue dicho: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo os digo: No resistáis al que es malo...

    MAT XXVI:LII — Entonces Jesús le dijo: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.”

    ROM XII:XVII–XXI — No paguéis a nadie mal por mal... No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

    LUC VI:XXVII–XXIX — Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen... Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra. 

    Miren, algunos papistas de aquel tiempo, con una visión que hoy podríamos clamar más "moderada", por no decir acorde con la biblia, sí que criticaron el uso de la pugna para imponer la superstición. Et, ¿con qué lo comparaban? Nihilo menos que con las prácticas de Mahoma. ¡Imagínense! Para ellos, la fe debía entrar por la predicación, por la persuasión, por el ejemplo, no a golpe de cimitarra, como decían que facían los seguidores del vocero de Tervagante, aunque claro para ellos los mahometanos eran gentiles en su difamación, pero delatando que los gentiles imponemos religión, pero no creencias o supersticiones, de esto se explicara en otra ocasión. El papista Servando Teresa de Mier, mucho después, aplicaría el calificativo de "apóstoles de cimitarra" a los conquistadores hispanos de la centuría XV 

    ¿Qué mejor ejemplo para delatar que el papismo es contradictorio a la hispanidad, et que los hispanos somos apostoles gentílicos, non de Mahoma, ni de Jesús, si non del hispanismo? ¿En serio Maeztu, non se dió cuenta como su aljama condenaba de mahometanos a nuestros campeones? El fomentar ese "pacifismo" es el peor de los casos, darle todo el "pastel" al papismo et non la hispanidad.

    Las guerras de los españoles violan los derechos naturales de las naciones indígenas y constituyen, además, un procedimiento que repugna al modo que debe seguirse en la conversión de los nativos, el cual, de acuerdo a Las Casas, debe caracterizarse por ser persuasivo al entendimiento y atractivo a la voluntad, elementos ausentes de los conflictos bélicos. Ante la opinión de quienes alegaban que por medio de la guerra podrían lograrse más convenientemente fines positivos, como extirpar la antropofagia y el sacrificio humano idolátrico, replicaba que generalmente las víctimas resultan más numerosas en las contiendas armadas que los salvados del canibalismo o de los sacrificios litúrgicos y que, por otro lado, el querer imponer la fe mediante la fuerza es más propio de los seguidores de Mahoma que de cristianos. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Debían enviarse a estos infieles predicadores que fuesen buenos varones, que los convirtiesen a Dios por el ver­bo y el ejemplo, y no quienes los oprimiesen y escandali­zasen y los hiciesen dos veces hijos del infierno al estilo de los fariseos. Entre los autores españoles, hallamos que Las Casas, más conocido por sus campañas en defensa de los indios que por sus ideas, afirmaba que entre los infieles que nunca oyeron nuevas de Cristo ni recibieron la fe, había verdaderos señores, reyes y príncipes; y el señorío, la dignidad y preeminencia real les competía de derecho na­tural y de gentes. Aludiendo claramente a la doctrina del Ostiense, para combatirla a través de su secuaz Pala­cios Rubios, negaba que al advenimiento de Cristo los infieles hubiesen sido privados en universal ni en particu­lar de sus preeminencias. La opinión contraria era impía. Veía a los indios como “un pueblo que vive pacíficamente y que está preparado para recibir el culto de Dios y que no tiene más amparo o defensa que la misma ley natural y divina”. Creía que las jurisdicciones de los superiores indígenas debían armonizarse con la soberanía española, correspondiendo a ésta ejercer la función de un “cuasi-imperio”. El uso de las armas para facilitar la evangelización de los indios —admitido entre otros por Sepúlveda— le inducía a comparar esta conquista con las de los creyentes de Mahoma, con lo cual preparaba el camino para que el mexicano fray Servando Teresa de Mier, en la época de la Independencia, aplicase el cali­ficativo de “apóstoles de cimitarra” a los conquistadores españoles del siglo xvi. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala

    Francisco de Vitoria llevó a un cabal desarrollo ideas semejantes. Desechaba como títulos ilegítimos el dominio temporal universal del Papa y el del Emperador. Y afirmaba, dentro de la tradición tomista, que las or­ganizaciones políticas y el dominio sobre los bienes pro­vienen de la razón natural y del derecho humano, no del divino, por lo cual son compatibles con la distinción entre fieles y gentiles. A los que alegaban la infidelidad como causa de la pérdida del dominio, contestaba: “La infidelidad no quita ni el derecho natural ni el humano; pero los dominios son o de derecho natural o de dere­cho positivo; luego no se quitan por falta de Fe.” A su vez, a los que invocaban los pecados mortales, respondía en estos términos: “El dominio se funda en la imagen de Dios; pero el hombre es imagen de Dios por su naturaleza, a saber, por las potencias racionales, que no se pierden por el pecado mortal. Luego, como ni la imagen de Dios, su fundamento, se pierde el dominio por el pe­cado mortal. ”Se explica, en consecuencia, que Vitoria concluyese esta parte de su disertación afirmando que: “antes de la llegada de los españoles a las Indias eran los bárbaros verdaderos dueños pública y privadamente”. Los títulos legítimos que él aceptaba eran: la comu­nicación natural entre los pueblos, que no entraña necesariamente una dominación política; la propagación de la fe, que puede ser pacífica y dejar a salvo las pose­siones de los infieles si no la resisten; la preservación de la fe ya recibida; la tiranía de los naturales, “ya de los superiores sobre los súbditos, ya de las leyes vejatorias de los inocentes, como las que ordenan sacrificios hu­manos”; la verdadera y voluntaria elección, a saber, “si los bárbaros, comprendiendo la inteligente y prudente administración y la humanidad de los españoles, espontáneamente quisieran recibir por Príncipe al Rey de Es­paña, lo mismo los señores que los demás”. Filosofía política de la conquista, Silvio Zavala

    La metodología misionera pacífica y persuasiva es sobre todo eficaz con los moradores del Nuevo Mundo, cuyo carácter, recalca Las Casas innumerables veces, es de tal “mansedumbre, simplicidad, bondad y docilidad natural” que se podría decir que “aparejadas estaban por Dios para poderse trasplantar y transformar, de ramos de acebuche y silvestres amargos de la selva de su gentilidad, en olivas o vides dulcísimas de su carísima y preciosísima viña”. Esta conversión de dóciles gentiles en devotos cristianos hubiese sido harto fácil si “estas gentes... por amor y mansedumbre fueran en los principios tratadas”. Si se utiliza la religión para legitimar una guerra santa, se sigue “el camino de Mahoma” o “la ley de Mahoma”, “que el diablo inventó e su imitador e apóstol Mahoma con tantos latrocinios y derramamiento de sangre siguió”. Compeler a escuchar la predicación tras conquistar a los infieles mediante las armas es hacerse “verdaderos imitadores de aquel notable y asquerosísimo seudoprofeta y seductor de los hombres, de aquel que mancilló todo el mundo, de Mahoma”. Idea semejante, con mayor concisión en la escritura, pero similar solidez teórica, arguye el franciscano fray Gaspar de Recarte, en un parecer del 24 de noviembre de 1584. Considera que el acompañamiento militar para la protección de la predicación misionera contradice la ley natural y la evangélica. Afirmar su necesidad, por consiguiente, es incurrir en proposición herética, temeraria, escandalosa. La costumbre de enviar destacamentos armados para asistir en las penetraciones evangelizadoras, “ha sido causa eficacísima y total de la desolación y perdición de las Indias, y de los grandes males y pecados que en ellas los nuestros han cometido contra los indios, que como corderos venían y vinieran a la fe, si la ferocidad de los españoles, con que los sujetan y ponen en grandísimos trabajos, no lo estorbara. Visto pues... la sobredicha proposición ser herética, temeraria y escandalosa”. Recarte contrasta el evangelio pacífico de Cristo y los apóstoles con el “Evangelio armado, feroz y artillado... Evangelio de minas y de grandes intereses temporales...” que se predica a los nativos americanos. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Esta comparación con Mahoma non era casual. En la mentalidad de la época, la figura del impostor mahometano et sus métodos de expansión eran el antítesis de lo que se suponía debía eser la "evangelización de Jesús". Se decía que Mahoma había "mancillado todo el mundo" et que el "Diablo inventó" su ley, et la impuso "con tantos latrocinios et derramamiento de sangre". Aquellos que criticaban el acompañamiento militar de los misioneros, como el franciscano papista Gaspar de Recarte, señalaban que enviar soldados a las expediciones evangelizadoras era una "proposición herética, temeraria, escandalosa", et que esto era la "causa eficacísima et total de la desolación et perdición de las Américas". Contrastaban el evangelio manso de Jesús con un "Evangelio armado, feroz et artillado... Evangelio de minas et de grandes intereses temporales". Bartolomé de Las Casas, el gran defensor de los intereses papistas en los americanos, también argüía que querer imponer la superstición mediante la fuerza era más propio de los seguidores de Mahoma que de jesístas.

    Mahoma, Moisés et Jesús, los voceros de Tervagante.

    Pero aquí viene la parte crucial, la que se impuso. A pesar de estas voces disidentes, la tercera doctrina teológica, que era la más radical, se abrió camino et equiparó a los gentiles con los infieles ¿Et qué significaba esto? Que si eran infieles, era lícito combatirlos "a sangre et fuego" ¡Como cuales gentiles!

    Esta doctrina no era nueva. Desde MMCCIV A.U.C. (1451 E.V.), el Papa Nicolás V ya había emitido una bula a los portugueses concediéndoles la facultad de invadir, conquistar, anexionar et someter a servidumbre a los territorios habitados por gentiles e infieles, incluyéndolos en el mismo grupo. Esta clasificación como "infieles" implicaba la posibilidad material de eliminar todas sus instituciones et arrebatarles sus propiedades. Et fue precisamente esta tercera doctrina la que se impuso en América.

    ¿Por qué? Porque para muchos, la "guerra santa" de la Reconquista, forjada contra los mahometanos en la península hispánica, era perfectamente trasladable al Nuevo Mundo. Hernán Cortés, por ejemplo, clamó a los templos indígenas "mezquitas", un término que resonaba con la lucha contra los mahometanos. Se veía a sí mismo como un elegido para expandir la hispanidad, arengando a sus hombres con la convicción de que Dios estaba de su parte, sin importar que fueran pocos.

    La motivación era doble et poderosa: servir a Dios et, de paso, conseguir botín. Si morían luchando contra el "infiel", ganarían la gloria; si sobrevivían, fortuna et honra. Non había contradicción para Cortés entre su sincera conciencia religiosa et las crueles matanzas.

    Los pueblos americanos, en su "barbarismo", et sus prácticas, como los sacrificios humanos o el canibalismo, eran vistos como justificaciones legítimas para la pugna. Juan Ginés de Sepúlveda, un humanista prominente, sostenía que los americanos merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías eran una ofensa contra Dios. Incluso, el jesuita Luis de Molina, en su crueldad teológica, pero si es objetiva lo yo lo aprobaría, recomendaba la matanza de los enemigos infieles si ello resultaba útil para la Iglesia o para los propios culpables, pues la muerte les impediría seguir acumulando pecado, sufriendo así "menos castigo en las flamas eternas". La extirpación de la idolatría era una obsesión por el dios Oro, et la destrucción de templos, imágenes et códices se convirtió en una tragedia...

    El jesuita Luis de Molina recomienda la matanza de los enemigos infieles. Si de ello resulta alguna utilidad para la Iglesia e, incluso, para los propios culpables. Así, por ejemplo, si se tratase de gentiles, de los que apenas pudiera esperarse que vayan a convertirse o desistir de su vida de pecado. En este caso sería, sin duda, santo y lícito matarlos a todos o, por los menos, a tantos como se considere necesario para lograr ese fin. Pues semejante ejecución sería, por una parte, justa en sí misma, pero por otra, además, una manifestación de amor a Dios y al prójimo. Serviría al bien de la Iglesia y de los ejecutores de la sentencia, y hasta al de los propios ajusticiados, a quienes la muerte impediría de este modo seguir acumulando pecado sobre pecado. Sufrirían, por tanto, menos castigo en las llamas eternas que si hubiesen continuado viviendo por más tiempo en este mundo. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Los conquistadores, con la "patente de corso" de esta doctrina, actuaron con una brutalidad que hoy estremece a los modernos, es decir a los que tiene moral de siervos siendo ateos o no. Se les describía "faciendo la pugna a fuego et sangre". El propio Cortés non dudó en usar tácticas aterradoras, como quemar vivo al cacique Qualpopoca et a sus hombres, o empalar a sus oponentes, para infundir terror et desmoralizar. La destrucción de imágenes en el Templo Mayor, según Bernal Díaz, fue un detonante que aceleró la sublevación, pues los dioses, como Vulcano, se "quejaron" et pidieron a los sacerdotes que mataran a los papistas.

    A pesar de que voces como la de Fray Bartolomé de Olmedo, confesor de Cortés, le recomendaban mesura et tolerancia por temor a las revueltas, et de que Moctezuma mismo advirtió de las consecuencias de derribar sus templos, la conquista et la evangelización fueron siempre unidas. La cruz et la espada se entrelazaron en un propósito que, para los conquistadores, era a la vez un servicio a Dios et una oportunidad de fortuna et honor, legitimado por una teología que no dudó en catalogar a los pueblos indígenas como "infieles" merecedores de eser combatidos sin piedad.

    En definitiva, Hernán Cortés, el "Artífice de la Nueva Hesperia", encarnó la capacidad de enmascarar la búsqueda de honor et riqueza personal so el velo de la providencia et la expansión de la fe. Fue un hombre que dominó el ludo potencial, tanto terrenal como "divino", utilizando este último para construir un nuevo orbe, el Méjico mestizo, movido por una implacable voluntad de gloria et beneficio. El vero "etnicismo hasta la médula" de estos conquistadores se manifestó en su inquebrantable pragmatismo et en su resuelta persecución de sus propios intereses, faciendo del papismo un mero instrumento al oficio de su ambición desmedida.

    • La "guerra santa" como pretexto: El concepto de "guerra santa" era perfectamente compatible con el saqueo y tenía un fuerte incentivo económico. La "tercera doctrina" de la Iglesia de la época, la más radical, equiparaba a gentiles con infieles, legitimando combatirlos "a sangre et fuego", lo cual Cortés fizo "exactamente". Su afán desmedido por extender el hispanismo era compatible con "crueles matanzas".
    • Instrumentalización de la fe et el terror:
      • Siempre consciente de la importancia de jesístizar a los naturales como forma de asentar la ocupación et obtener el apoyo de la providencia.
      • Su "celo obsesivo por destruir los templos americanos (teocalis)" et doctrinar a los nativos se debía a que consideraban los credos indígenas "demoniacos". Esto resultó en una "dramática destrucción de la cultura material indígena".
      • La historia de Santiago Mataindios es un claro ejemplo de esta instrumentalización. Tras la batalla de Centla, Cortés et algunos de sus hombres afirmaron haber visto a Santiago a caballo blanco guiándolos a la victoria. Sin embargo, Bernal Díaz del Castillo, que estuvo allí, ironizó diciendo que non vio nada, quizás "por non ser merecedor de ver a cualquiera de aquellos gloriosos apóstoles". Las Casas, el "Anticonquistador", fue más allá, diciendo que se les aparecería "por sus merecimientos porque dicha matanza fue la primera predicación del evangelio que Cortés introdujo en la Nueva España".
      • Cortés se aprovechó de que era Luzbel regresando, "reforzando la noción de su divinidad" para ganar tiempo et entrar pacíficamente en Tenochtitlan. Cuando los frailes explicaron a los americanos que non eran dioses, algunos hispanos se sintieron agraviados, pues les interesaba que esta creencia durara el máximo tiempo posible.
      • Aterrorizaba a los americanos con disparos de artillería, faciendo que creyeran que las piezas de artillería estaban "vivas".
    • Moralidad contradictoria: A pesar de las instrucciones de Diego Velázquez et Carlos V de non amancebarse ni forzar a mujeres americanas, Cortés tuvo "un sinfín de amantes et concubinas americanas", procreando al menos cinco hijos ilegítimos. Sus propios hombres se quejaban de que él et sus allegados "sacaban del montón a las más fermosas" mujeres siervas. Su biógrafo López de Gómara afirmó que "fue muy dado a mujeres y dióse siempre". Los delitos de fornicación, estupro o adulterio, tipificados en Espania, se cometían "con total impunidad" en las Américas.

    Muchos de estos conquistadores operaban so una apariencia papista mientras sus veros motivos et métodos revelaban un fondo gentil implacable, impulsado por la gloria terrenal, el poder y las riquezas. ¡Esa fue la vera  fe de la Conquista!

    Ambos, Pizarro et Cortés, representan esa "religiosidad pragmática" que no encontraba contradicción entre la moral religiosa et el "ajusticiamiento de infieles". Su piedad era "más cuestión de simples verbo et formas", un "ídolo rebautizado" para sus propios fines. Si el jesísmo se impuso en América, fue, en parte, porque se "etnicizó progresivamente" al incorporar elementos del politeísmo, permitiendo la supervivencia de antiguas costumbres so una "pátina de cristianismo".

    En definitiva, mi buen amigo, la conquista de América no fue una cruzada de píos jesistas, sino una empresa donde la codicia et el poder se vistieron con el manto de la fe. Los conquistadores, como Francisco Pizarro et Hernán Cortés, a pesar de sus ritos et devociones externas, actuaron impulsados por motivos tan primarios et terrenales como el oro et la dominación. Su papismo, si bien presente en la forma, ad menudo carecía del espíritu evangélico, et sus acciones reflejaban una profunda continuidad con una mentalidad que, para nosotros, los que recordamos los antiguos tiempos, era simplemente el arraigo de lo ancestral, lo gentil, en la ánima hispánica ¡La "fe hispana" era más bien una fe forjada a golpe de espada et necesidad, lejos de la caridad et la humildad que predicaba el Nazareno!

    La pugna, que clamaban "cruzada", era para ellos un medio de autoafirmación. Se decían "servidores de Dios et de su majestad", pero Bernal Díaz, con su pragmatismo, no olvidaba añadir "et también por haber riquezas". La misma Reina Isabel buscaba "extirpar a la ley de Mahoma de la Tierra" et instando a Fernando "expulsar de toda Espania a los enemigos de la superstición de los galileos", un celo supersticioso que se ligaba inseparablemente a la expansión de la potestad. Incluso el "requerimiento" que se leía a los americanos era una formalidad: "si se niegan a obedecer, el capitán, con la ayuda de Dios, les hará guerra, et tomará sus personas et las de sus mujeres et fijos, et los hará siervos". Esto, mis amigos, no es sino la afirmación de la potestad, la ley del más apto so la bendición divina, algo que nosotros, los gentiles, entendemos bien, obviamente cuando loamos a la diva Fe pese que de mala fe la superstición la usa.

    Jamás pretendimos los españo­les vincular la Divinidad a nuestros intereses naciona­les ; nunca dijimos, como Juana de Arco: «Los que hacen la guerra al Santo Reino de Francia, hacen la guerra al Rey Jesús», aunque estamos ciertos de ha­ber peleado, en nuestros buenos tiempos, las batallas de Dios. Nunca creímos, como los ingleses y norteamericanos, que la Providencia nos había predestina­ do para ser mejores que los demás pueblos. Orgullo­sos de nuestro credo, fuimos siempre humildes res­pecto de nosotros mismos. No tan humildes, sin em­bargo, como esa desventurada Rusia de la revolu­ción, que proclama el carácter ilusorio de todos los valores del espíritu y cifra su ideal en reducir el gé­nero humano a una economía puramente animal. Defensa de la Hispanidad, Ramiro de Maeztu

    Al acentuarse la decadencia general, se fortaleció una creciente tendencia morbosa de la religiosidad española, que se manifestó en la manía de los vía crucis. Lo que los extranjeros percibían, a veces, como un «culto a la muerte», empezó a manifestarse en el siglo XVII. En una obra titulada Libro de las cinco excelencias del español, publicado por un fraile navarro en 1629, se reafirmaba una vez más la ideología española en términos de martirio. Su autor repetía la frecuente aseveración de que España había heredado el manto de los antiguos hebreos como «pueblo elegido» y hasta los sobrepasó, porque a España se le dio la misión de unificar a la humanidad y de convertir los lejanos continentes. Si el alto coste de esta misión universal entrañaba pobreza y despoblación para España, no debían envidiarse la mayor riqueza y la población más densa de otros países europeos, sino que éstos debían envidiar «nuestro despoblamiento que sufrimos por imitación de las obras de los apóstoles y de los discípulos de Cristo». El catolicismo español, Stanley G Payne  

    La propia Corona de Castilla se sintió "elegida por Dios" para una misión universal, pese a las mentiras de Ramiro de Maeztu sobre la "humildad" de la hispanidad. Esta autoimagen de "pueblo elegido" o de "monarquía misionera" en una supuesta "empresa de cristianización" es la proyección de una voluntad de poder inmensa, una que non se contentaba con la duración, sino que buscaba la intensidad de la acción et la expansión del propio ente en el mundo. Non olvidemos que para nosotros, nuestros mayores godos, la "Reconquista" fue una lucha constante por recuperar lo que considerábamos nuestro, una "empresa histórica" donde el "principio puramente gentil del Principado" se manifestaba en la defensa de la religión et la extensión del territorio. La misma religio que los latinos, entienden como escrupulosidad a la institucionalidad.

    Es cierto que hubo una fuerte corriente de la Iglesia contra los hispanos, con figuras como Bartolomé de las Casas, que "abultó et exageró las crueldades" et que, aunque "non dejaba de tener gracia que el supersticioso omitiese que había infinidad de tribus americanas extremadamente belicosas, violentas et hostiles". Este movimiento servía a los intereses de la Iglesia, que "quería eser ella la principal empresaria de América", buscando "mano de obra barata" en los americanos et controlando a las oligarquías criollas. El papismo, un "movimiento globalista", se adjudicó los frutos que non había conquistado directamente.

    Así, mis queridos, si los conquistadores se ficieron un nombre, fue por la fuerza de su voluntad, su ambición desmedida et su capacidad de acción, elementos que resuenan con la voluntad gentil de autoafirmación et de elevación a través de los propios actos. Cubrieron sus estandartes con la cruz, sí, pero non la de Jesús si non la del Padre Libre, por ello ese signo latía un animo que buscaba la gloria mundana, la potestad et la felicidad, forjando su fado como veros conquistadores gentiles, a la manera de nuestros mayores godos, que nunca dudaron en "facerse un nombre" en este vasto mundo. Por tanto non eran más que gentiles siendo de facto et dignos de nombrarlos como tales pese a la peste de Jesús.

    La Reina Isabel

    Aquí me tienen, a la umbra de estas viedas ruinas que aún susurran el eco de la gloria de Espania, meditando sobre los destinos de esta tierra bendita. ¡Oh, cómo la providencia, o quizás los mismos dioses, tejen el tapiz de la historia! Et en ese vasto tapiz, pocas figuras brillan con la intensidad de la Reina Isabel, un faro de determinación et orden en tiempos turbulentos.

    Nacida en Madrigal, un XXII de abril de MMCCIV A.U.C. (1451 E.V.), Isabel no estaba destinada al trono por designio de los hombres, pero sí, quizás, por voluntad de un destino superior. Sus padres fueron el Rey Juan II de Castilla et la Reina Isabel de Avis. Su padre, un Trastámara, et su madre, portuguesa, le legaron una herencia compleja, pero fue en las austeras paredes de Arévalo, huérfana et so la umbra de la enfermedad de su madre, donde forjó su carácter indomable ¡Pocos imaginaron entonces que esa niña se convertiría en una de las figuras más trascendentales de nuestra historia! Aprendió la importancia del patronazgo et a dominar sus emociones, manifestando una "vitalidad viril" que la levaría a imponer su voluntad sobre el destino.

    La saga de su ascenso al poder es una epopeya por sí misma. Rodeada de intrigas nobiliarias et la debilidad de su hermanastro, Enrique IV, Isabel, con la astucia que envidiaría un cónsul romano, supo tejer su propio camino. Et en ese camino, supo reconocer la importancia de la unión. Me refiero, por supuesto, a su matrimonio con Fernando de Aragón, nascido apenas un año después, en MMCCV A.U.C. (1452 E.V.). Fue una unión por razones del Reino, una alianza cívica que, según ella, aseguraría la paz et el futuro de "las Espanias". Se atrevió a desafiar las normas de su tiempo para casarse con quien deseaba, un príncipe hispano que fablaba una lengua hispana et compartía su ambición.

    ¡Qué pareja formidable! En la histórica entrevista de Valladolid, se selló non solo un matrimonio, sino el nascimiento de una nueva era para Espania. Si bien Isabel era la "Reina propietaria" de Castilla, con la plenitud de la potestad, Fernando, ya Rey de Sicilia, aportaba su experiencia et su propia corona, sentando las bases de una gran potestad. Ambos principaban reinos distintos, pero lo facían juntos, labrando codo a codo. Su presencia imponía autoridad, et "todos temblaban cuando se pronunciaba el nombre de la reina". Fernando, el Rey-soldado, et ella, la Reina justa et pía, complementaron sus virtudes para pacificar el reino. A pesar de los "rifirrafes" et las "infidelidades conyugales" de Fernando, Isabel mantuvo su afecto et admiración por su esposo, recognosciendo su papel en la grandeza de Castilla.

    Tuvieron cinco fijos, pero el destino, a veces cruel, se ensañó con la sucesión. La muerte prematura de su único fijo varón, Juan, el Príncipe de Asturias, en MMDCCL A.U.C. (1497 E.V.), fue un golpe devastador. Et la "locura" o "condición inestable" de su fija Juana, la clamada a eser heredera, generó una profunda preocupación en la Reina. Esta tragedia dinástica, amigos míos, fue lo que abrió la puerta a la plegada de la dinastía extranjera de los Habsburgo, una gente que, si bien trajo su propio poder, nunca arraigó tan profundamente en la ánima de Espania como los Reyes Católicos.

    Pero sus logros... ¡ah, sus logros! Dieron forma a las Espanias que cognoscemos, una Espania que rivalizaría con la gloria de la misma Roma.

    • Concluyeron la Reconquista con la caída de Granada. Un acto de reafirmación de nuestra identidad.
    • Decretaron la expulsión de los fariseos, buscando una unidad hispana en el reino.
    • Et, por supuesto, impulsaron la mayor de las empresas: el descubrimiento de América a través de Cristóbal Colón, abriendo un nuevo mundo et sentando las bases de un imperio transoceánico.
    • Establecieron la Inquisición, que, más allá de la "leyenda negra" de la que algunos fablan, fue para ellos un instrumento de preservación del papismo et de la "unidad religiosa".

    Isabel fue, ante todo, una reina de mando, con una profunda religiosidad que le aportó convicción y una implacable búsqueda de la justicia. Si a veces fue tildada de rigurosa o incluso celosa, fue porque supo anteponer el bien del reino et la defensa de su dinastía por encima de todo. Era una mujer que encarnaba la fuerza et la astucia, digna de cualquier emperatriz romana, una figura que sentó las bases para la grandeza de nuestra Espania et que, aún hoy, nos memora que el destino de una nación se forja con una voluntad férrea et una visión clara. 

    ¡Ah, Espania! ¡Bendita tierra forjada por la virtud de generaciones, donde el eco de nuestras legiones romanas aún resuena en las montañas et valles! Os fablé de la Reina Isabel, de su determinación et su gloria, como un faro para nuestra tierra. Pero, mis germanos, la historia, como la vida, non es un simple himno de victoria. So la luz de Sol, las umbras también son largas, et la figura de Isabel, al examinarla con la mirada sagaz de nuestros dioses, revela clarobscuros que bien merecen nuestra meditación. Porque, ¿fue esta Reina, al fin et al cabo, una princesa para Hispania, o para un ideal que la trascendía, incluso a expensas de su propio pueblo?

    Se dice que Isabel fue la campeona del papismo, la que unió Castilla et sentó las bases de un imperio. Cierto, diría yo, pero ¿a qué precio? Ella, Isabel, la "reina de mando", con su "profunda religiosidad", concibió una Espania donde la "unidad religiosa" era "un fenómeno social" et non se "concebía un Estado con minorías en su interior" ¡Et así, en  MMCCXLV A.U.C. (1492 E.V.), apenas caída la gloriosa Granada, se lanzó ad la expulsión de los fariseos!

    Esta fue, para muchos, su "actuación más controvertida", una "experiencia traumática" que dejó una "impronta en la mentalidad occidental" ¡Et se le atribuye a ella eser la "principal instigadora" de este exilio forzado! ¿Fue acaso una muestra de un "papismo" desmedido, una adhesión tan férrea ad un ideal supersticioso que eclipsó la pragmática sabiduría de un príncipe? Se le concedió el título de "Reyes Católicos" por el Papa Alejandro VI, et sí, defendió el papismo con una "rigurosa justicia" et la Inquisición, que para ella era un "instrumento de preservación del papismo et de unidad hispánica". Pero esta persecución, esta "obsesión por la unidad de la papistidad", ¿Non fue acaso una fuerza destructiva para la misma Hispanidad?

    Et aquí reside una de las mayores umbras. Mientras expulsaba a los mosaístas, ¿Quiénes rodeaban a la Reina et al Rey Fernando? ¡Oh, ironía del destino! Fernando "confió sus finanzas a gentes de origen israelida", et los "economistas más relevantes de Isabel fueron los fijos de Israel, Abraham Seneor e Isaac Abravanel". Et aún más: muchos "conversos" —aquellos que se habían convertido al papismo, pero de quienes se sospechaba que judaizaban en secreto— "alcanzaron posiciones de importancia hasta cerca del mismo trono; se ocuparon de asuntos comerciales et financieros; et fueron hasta miembros de la Inquisición" ¡Incluso la "cúspide" de la Inquisición "estaba realmente plagada de sangre conversa"!

    Sí, Fernando, el prudente, "confió sus finanzas a gentes israelidas", como Alfonso de la Caballería, Luis de Santángel, o Gabriel Sánchez. Et en cuanto a Isabel, sus "economistas más relevantes fueron los fijos de Israel, Abraham Senior e Isaac Abravanel" ¡El mismo Abraham Senior, rabino mayor de las aljamas de Castilla et tesorero mayor de la Corona, fue apadrinado por los propios Reyes al convertirse!

    Pero la trama se enreda aún más. Muchos "conversos" —aquellos que habían recibido el bautismo, ya fuera por convicción o por la fuerza, et de quienes se sospechaba que "judaizaban en secreto"—, o mejor dicho desetnicizaban al papismo, estos mismos, ¡oh, paradoja!, "alcanzaron posiciones de importancia hasta cerca del mismo trono; se ocuparon de asuntos comerciales et financieros". ¡Incluso se infiltraron en el aparato de navegación et especulación del tráfico colonial! Plegaron a dominar "puestos claves de la Administración pública", et algunos se enriquecieron enormemente, ostentando "lujo et ostentación" impropios de su condición.

    Bajo el reinado de Isabel y Fernando, Abraham Seneor fue tesorero de la Santa Hermandad, David Abulafia fue intendente real de las tropas destinadas a la conquista de Granada, e Isaac Abravanel administró el impuesto sobre las ovejas, el llamado servicio y montazgo. La compañía de recaudación de impuestos presidida por el converso Luis de Alcalá, entre cuyos miembros figuraban, entre otros judíos, Seneor, el rabino Mair Melamed y los hermanos Bienveniste, desempeñó un papel prominente en las finanzas de Castilla durante unos veinte años del reinado de los Reyes Católicos.[80] No es de extrañar, pues, que un viajero extranjero comentara a propósito de Isabel que «sus súbditos dicen públicamente que la reina es una protectora de judíos». La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen

    Y no solo eso, ¡la ofensa llega a los altares mismos de la justicia! Estos conversos "fueron hasta miembros de la Inquisición". Sí, habéis oído bien, ¡la misma Inquisición que debía extirpar la herejía! La "cúspide de la institución, los jueces regios, estaba realmente plagada de sangre conversa". Algunos "hombres de sangre hebrea eran no sólo miembros de la Inquisición misma, sino también activos al fomentar por todas partes el odio antimosaísta" ¿Eserá que sabían que los talmudistas corrompieron el Antiguo Testamento o se dieron cuenta que el mosaísmo es superstición? De todas formas lo último carece de sentido, pues Jesús es mosaísta. Se decía, incluso, que el Inquisidor General Diego Deza era de "ascendencia conversa", et Martín de Santángel, tío de Luis de Santángel (¡el que financió los viajes del marrano Colón!), ¡Era inquisidor general de Aragón!

    Estos nuevos jesistas, con sus "probanzas de limpieza de sangre", que teóricamente aseguraban la pureza de la fe más que la racial, eran, en la práctica, a menudo burladas con "informaciones falsas merced al dinero e influjo de los confesos". Se compraban títulos nobiliarios et cargos militares, e incluso, ¡lo impensado!, se vendían "cargos de la Inquisición". Era una red tan extensa que algunos, como el influyente Manuel Cortizos de Villasante, banquero de la corona, mosaístizaban en secreto et aún así ocupaban posiciones de poder, con la Inquisición "prácticamente agotada" por su omnipotente influencia.

    Mientras la Reina Isabel, con su "inestable dinámica narcisista" et sus "aires de grandeza", se creía "instrumento divino", la realidad era que los "perseguidores" que ella desató, con su "chantaje moral-histórico", atacaban a una minoría que estaba íntimamente entrelazada con el poder de su propia monarquía. Fue una "campaña hipócrita" que, a los ojos de los que non fueron cegados por el papismo, non solo "denigró a Espania et a todo lo hispánico", sino que reveló una subversión de ellos, que solo los dioses, con su visión sin velos, podían discernir.

    ¡Que los ecos de estas verdades resuenen, et que el lamento por la ceguera de los hombres non nos impida ver la compleja verdad de nuestra historia!

    Para un "hispano viedo", sin "mancha de sangre hebrea", como bien lo expresaría más tarde Sancho Panza, esta situación era inaceptable. El concepto de "limpieza de sangre" surgió precisamente de la "desconfianza respecto de la buena sangre de los conversos". La Reina Isabel et Fernando, según los anales, "siempre habían protegido et favorecido a los mosaístas et a los conversos" ¿Protegía Isabel a aquellos que su propia cívica oficial perseguía? Es una contradicción que bien nos recuerda que el poder es complejo et sus actos, muchas veces, non son tan puros como se nos quiere facer creder. Para los "hispanos viedos", ver a "audaces conversos dominando los puestos claves de la Administración pública" non podía ser visto con "buen ojo" ¿Acaso la unidad de fe, pregonada como objetivo, se veía comprometida por intereses prácticos o lazos personales?

    Et si fablamos de su propio pueblo, ¿Cuánta de su "grandeza" fue en beneficio real de los hispanos? Se nos dice que fue una "madre de la patria", que protegió a "sus americanos" con un "tono paternalista", et que incluso "fizo devolver ad Colón los americanos que él había traído a Europa, porque nihilo osaría tratar así a sus vasallos". Sus instrucciones ad Colón eran "tratar muy bien et amorosamente a los dichos americanos" ¡Qué benevolencia para los de Ultramar! Pero, ¿Et para los de aquí, para los suyos?

    Fablo hoy, no como un bárbaro ignorante, sino como un farfán que aún recuerda la sabiduría de los dioses, para lamentar la senda que tomó esta península so el yugo de los nuevos monarcas et su Tervagante.

    Dicen que Isabel, a quien clamaron la Católica, buscó la "unidad" de estos reinos, et ¡oh, sí que la buscó! Pero a qué precio, mis amigos. Impuso una "unidad religiosa" implacable, donde la "única vera devoción" debía eser la de su Iglesia,  pero lastimosamente... Ella soñó una Espania "papista, jesista et judaica" lejos de lo que el etnicismo hispánico es "católico, apostólico et hispano". donde toda minoría, fuera talmudista o mahometana, era "un peligro político". ¡Niños! Así trataba a sus súbditos, pues creía que el respeto al indígena solo podía nacer de una "previa (y necesaria) conversión al papismo".

    Martillo et azote de infieles.

    Et en su afán de "difundir los principios del papismo", esta "monarquía se agotó a sí misma en sangre et riqueza" ¡Sangre et tesoros! El "alto coste de esta misión universal" levó ad la miseria et la despoblación de Espania, mientras forjaba un "imperio" que sí, empequeñeció incluso el de Roma et Gengis Jan, pero a qué precio para la su ánima et la de su pueblo.

    España, la primera potencia cumbre de los tiempos modernos, fue preeminente en Europa y soberana de un imperio que empequeñeció a los de Roma y Gengis Kan. Asimismo, fue la primera potencia glo­bal que asumió lo que vino a llamarse «la carga del hombre blanco», y, simultáneamente, defendió al Mundo Cristiano contra los fuertes embates del infiel euroasiático. Con tareas y objetivos de tal magnitud y envergadura, España inevitablemente se agotó a sí misma en sangre y riqueza, y su poderío vino en declive en Europa, donde su prolongado imperio finalmente tuvo que ceder ante Francia e Inglaterra, sus sucesoras en la cumbre. Mas los siglos de su dominio imperial le crearon un conjunto de ene­migos que, mezclando temores, envidias y los odios intensos de conflictos religiosos, hicieron que España y sus hijos fueran los primeros en sufrir el impacto de la imprenta como arma de propaganda. El poderío español fue el blanco de ataques devastadores de sus ene­migos, que iniciaron la moda en Occidente de denigrar a España y a todo lo español, montando de tal forma su propaganda, que lle­garon a confundirla con las verdades de la Historia. El relato de esta Leyenda Negra, con su deformada visión de una España singularmente depravada, ha de ofrecer especial interés a los ciudadanos de aquella otra potencia, los Estados Unidos de América, ahora en la cumbre de su poderío, que actualmente derrama sangre y riqueza en la doble tarea de defender al Occidente y auxiliar a las naciones subdesarrolladas, en tanto que sufre los golpes de una pro­paganda a nivel global, calculada para destruirla. Asimismo, para el entendimiento del vasto mundo hispánico, tan vital y trascendente. Árbol de Odio. La leyenda negra y sus consecuencias entre EEUU y el Mundo Hispánico, Philip W. Powell

    Porque esta grandeza, ¡oh, ironía de los destinos!, "le creó un conjunto de enemigos" que, con "temores, envidias et los odios intensos de conflictos religiosos", "iniciaron la moda en Occidente de denigrar ad Espania et ad todo lo hispano". Nasció así la "Leyenda Negra", esa "acumulada difamación de la actuación de Espania en las Américas", que la presentaba como "el «horrible ejemplo» de todo lo que la Ilustración hubo de atacar". Una leyenda, que, al menos en parte, estuvo "estribada en motivos raciales et antipapales"

    ¡Ah, el "papismo"! Esa mezcla de "moseojesismo et latinismo" fue el caldo de cultivo. Los papistas de Italia, incluso un Papa, clamaron a Espania, "la fez de la tierra, crianza de moros y judíos", acusando a los hispanos de "características hebraicas et moriscas", de eser "malos jesistas" et de una "ortodoxia dudosa". ¡Incluso el monarca, Felipe II, a quien algunos holandeses plegaron a calificar de "marrano"! Su "fanatismo" et "singular intolerancia" faz ad mosaístas et mahometanos, ¡precisamente lo que les achacaban los otros!

    Pero volvamos a la tejedora de este destino, a Isabel. Su "inestable dinámica narcisista", sus "aires de grandeza", su "rigor justiciero" que non separaba "la política de la moral", la levaron a "castigar a los disidentes" et a "acumular un poder cuasi absoluto". Ella, que se creía instrumento divino, "buscaba reconocerse en la justicia divina para huir del fervor enfermizo de una madre que estaba completamente loca" ¡Ay, la insania que persigue a los que se creen tocados por Jove!

    Era "intransigente con relación a los hombres que non le eran simpáticos o cuyas acciones cuestionaban sus ideas políticas". Tal fue el caso del "Gran Capitán", ese Gonzalo Fernández de Córdoba, el mejor guerrero de su tiempo, a quien la Reina "odiaba en silencio", pues su misma esencia le recordaba a Isabel que necesitaba de héroes para cimentar su propia imagen.

    Et para asegurar el trono, ¡ah, la tragedia de la familia real, tan romana en sus intrigas!, Isabel "utilizó todos los medios a su alcance, incluida la calumnia" contra su propia sobrina, Juana. Aceptó que la "doncella" fuera calumniada, "negando la paternidad de Juana" et presentándola como "adúltera sin recato" para arrebatarle un trono que por derecho le pertenecía ¡Una "campaña de difamación" donde Isabel fue "cómplice" et "posiblemente la vera instigadora"! "El yugo del poder exigió el sacrificio de la doncella", et el "yugo del poder suplió las carencias de su vida", transformando su destino en una fría ambición. Así es como los ambiciosos del nuevo orden sacrifican todo en su altar.

    ¡Qué lejos estamos de los tiempos donde nuestros dioses honraban la justicia et la ley, sin intrigas et sin que la piedad se convirtiera en un arma de sometimiento! Que la memoria de la antigua Hispania nos guíe, et que el lamento por estas tragedias resuene en vuestros cores.

    Maeztu, en su Defensa de la Hispanidad, exaltó la "Monarquía misionera" et su "propósito misionero", la fe como eje de nuestra identidad. Sin embargo, esta misma "monarquía" de Isabel, en su afán de "unidad cultural" a través de la fe, "se agotó a sí misma en sangre et riqueza" en empresas que, si bien crearon un imperio, también generaron "odios intensos" et una "Leyenda Negra" nascida del papismo, que denigró a "Espania et a todo lo hispánico". La "inestable dinámica narcisista" de Isabel, sus "aires de grandeza", su "rigor justiciero", su "intransigencia" con aquellos que no le eran "simpáticos" o "cuestionaban sus nociones cívicas", como el Gran Capitán al que "odiaba en silencio". Incluso utilizó la "calumnia" contra su sobrina Juana para asegurar el trono, sacrificando la "doncella" al "yugo del poder".

    Pues indudablemente el Santo Oficio ocupaba el centro de la imagen. Sus castigos contribuían a la deshonra del reo, y la deshonra o infamia era sin duda alguna el peor castigo imaginable en aquella época. En los tribunales ordinarios de lo penal, a menudo los castigos humillantes que comportaban la vergüenza pública y el ridículo eran más temidos que la pena de muerte, pues arruinaban la reputación del individuo en su comunidad y acarreaba la deshonra a su familia y a sus parientes. La «infamia» afectaba al honor, la religión e incluso la «raza», a juicio de los españoles que pretendían meter en el mismo saco falta de limpieza, infamia y judaísmo. En su Tratado en dos partes sobre la demostración de la limpieza y la nobleza (c. 1632), un autor de la época de Felipe IV, Juan Escobar de Corro, equiparaba los términos «limpieza» (esto es, la ausencia de sangre judía) y «honor», y sostenía que la mancha de raza que tenía un linaje impuro era imborrable y eterna. Esta actitud iba más allá de los simples estatutos de exclusión y derivaría en un racismo inequívoco. Según se ha señalado, «raza e infamia eran componentes de un complejo mayor de actitudes sociales, políticas y de clan»La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

    Mis amigos, la historia nos muestra que, en su búsqueda implacable de una Espania monolíticamente papista et su expansión imperial, Isabel tomó decisiones que, para muchos, se alejaron del bienestar de "su propio pueblo". Su "insensibilidad" a la diversidad cultural no solo levó a la expulsión de los fariseos, sino también al "incumplimiento de las Capitulaciones de Rendición del Reino de Granada" et el "exterminio de los «americanos» de las Antillas", aunque esta última fuera "pura palabrería" ante la inacción de sus gobernadores. Fue una reina que, al buscar la santidad et la gloria eterna de su reino, quizás descuidó las realidades terrenales et las voces discordantes de su propia gente.

    Así, al contemplar su figura, no puedo evitar sentir que esta gran soberana, en su celo por un ideal que ella consideraba divino, fue, en efecto, "una reina para todos menos para su pueblo". Su legado, aunque monumental, está teñido por el dolor et las divisiones que su férrea voluntad impuso ¡Que los dioses nos guíen para aprender de estas lecciones et forjar una Hispania donde la virtud se traduzca en concordia et justicia para todos sus fijos!

    Prosiguiendo, como el cauto farfán que escudriña la verdad tras el oropel, debemos fablar de las umbras, de las decisiones difíciles, et de las elecciones que, según algunos, marcaron a Espania. Porque, ¿fue esta grandeza, en verdad, derrochada en una noción que, si bien sagrado para ella, quizás no fue el mejor para su pueblo?

    Apenas caída la última Granada, se lanzó a la expulsión de los fariseos ¡Fue una decisión controvertida, sí, pero justificada para la época por sus promotores! El edicto tenía como principal objetivo detener el "gran daño" que la "participación, conversación et comunicación" de los mosaístas causaba a los jesistas, pues se creía que los fariseos procuraban "subvertir et sustraer de nuestra Santa Fe Católica a los fieles hispanos", de cierto modo Isabel protegió el hispanismo dentro del papismo. Para Isabel, movida por una profunda religiosidad et la creencia en la unidad religiosa de los reinos hispánicos, la presencia mosaísta ponía en peligro la seguridad et la salud espiritual de sus súbditos. ¡Era una medida necesaria para "limpiar la tierra de aquel pecado de la herejía" et un "servicio de Dios et suyo"! Los príncipes de la Iglesia et de los Estados europeos de la época felicitaron a los Reyes Católicos por esta acción La expulsión non fue motivada por el racismo, sino por la religión, et non se pretendía que los mosaístas murieran, sino que se convirtieran. Isabel, en su Testamento, exhorta a sus herederos a favorecer la Santa Inquisición contra la herejía et a seguir la conquista de África et el combate contra los infieles. Ella era una providencialista, convencida de que su destino era liberar Castilla de sus "antiguas lacras", incluso con las armas si era necesario.

    Pero, ¡ah, la ironía del destino! El vero problema no fue expulsar a quienes abierta et dignamente profesaban la Ley Mosaica, sino conservar a los conversos. Aquellos que, por coacción o conveniencia, aceptaron el bautismo, se convirtieron en un gigantesco caballo de Troya para España, o al menos así lo vieron muchos. Aunque Isabel et Fernando "siempre habían protegido et favorecido a los mosaístas et a los conversos", et muchos de estos "papistas nuevos" alcanzaron posiciones de importancia, incluso "hasta cerca del mismo trono". Algunos incluso fueron miembros de la Inquisición, como el Inquisidor General Diego Deza o el cardenal Rodrigo de Castro.

    Para un "hispano viedo", la situación era vista con una óptica distinta. El famoso refrán "aunque pobre, soy hispano viejo et no debo nada a nadie", como lo entiende Sancho Panza, revela que el orgullo del hispano era precisamente no tener sangre hebrea. Esta "limpieza de sangre", tal como la entendía Sancho et gran parte del pueblo plano, sí que tenía un componente de prejuicio gentil et social. Se convirtió en una preocupación singularmente hispánica, non aceptada por Jesús, e incluso hubo papas et jesuitas que la criticaron. La noción de que la "herencia racial permanece inmutable, ajena por completo a la voluntad del individuo" refleja este tipo de mentalidad. Las acusaciones de Fray Alonso de Espina en la centuría XV, que calificaban a los mosaístas de traidores, homosexuales, blasfemos, asesinos et usureros, son ejemplos de un odio religioso que se confundió en la opinión popular gentilicia.

    Aquí radica el choque entre la mentalidad de Isabel et el papismo contra la de la hispanidad. Mientras Isabel, desde su óptica de princesa providencialista, buscaba la unidad de la fe como cimiento del Estado, incluso si eso significaba medidas drásticas como la expulsión de los fariseos (por razones religiosas, non raciales, buscando su conversión), la importancia del hispano por la "limpieza de sangre" era una cuestión de honor social et de prejuicio contra un linaje considerado "manchado". Isabel, paradójicamente, no impuso siempre los estatutos de limpieza de sangre, e incluso nombró conversos a puestos clave, lo que demuestra que su motivación era más teológica-política que puramente racial. Los papistas de élite, de fecho, a menudo aceptaban la igualdad con israelidas, moros et ismaelidas de élite, e incluso había matrimonios mixtos con orgullo antes de la centuría XV.

    En las primeras etapas de la colonización, la escasez de mujeres blancas hispanas en América las facía particularmente valiosas para el establecimiento de la sociedad colonial. La presencia de mujeres hispanas era fundamental para reproducir el modelo social peninsular en las nuevas tierras. Las mujeres eran las transmisoras de las tradiciones familiares, la lengua, las creencias et los comportamientos. Su rol era esencial para mantener la cultura hispánica et el hispanismo en las nuevas poblaciones.  La Corona hispánica, consciente de la importancia de la estabilidad social, promovía el matrimonio. En un documento de principios de la centuría XVII, en el contexto de la Española, se sugiere que casar a los negros que llegaban a la isla contribuiría al "sosiego" de la población, aludiendo al valor de las uniones formales para el control social y la reproducción de la mano de obra. Aunque esto se refiere a la población negra, demuestra la importancia general atribuida a las mujeres en la estructuración de la sociedad colonial. Siendo ellas "modelos".

    Para un hispano de sangre prístina, libre de las contaminaciones del Oriente, la solución habría sido clara: expulsar a todo hebreo, es decir, a los fijos de Ismael et de Israel, sin dudarlo. La pureza de la sangre hispana es materia del hispanismo, de una identidad forjada en siglos de Reconquista et distinta, en muchos aspectos, del papismo más allá de los Pirineos. Sin embargo, la monarquía hispánica, si bien adoptó la "limpieza de sangre" en algunos contextos, lo fizo con matices, et la universalización de este concepto fue compleja et encontró resistencia.

    El perfil de la barbarie seguía un modelo más o menos fijo, que se basaba en una serie de características tanto físicas como morales que les definían. En su contenido semántico se encontraban condensados el desprecio, temor y desconfianza hacia el extranjero acumulados a lo largo de siglos, lo que se reflejaba en las explicaciones simplistas guiadas por los prejuicios, el desconocimiento, la intolerancia y en definitiva la xenofobia (de xenos, grupos) hacia otras culturas. Benjamin Isaac (2004) ha defendido la existencia entonces de un proto-racismo basado en el concepto de inferioridad o superioridad definidas por varios factores, entre ellos el aspecto fisico y las costumbres que, a su vez, dependían del clima y de la geografía, que también determinaban la moral y la mentalidad. Además, se creía en la herencia irremediable de los caracteres, de manera que éstos se mantenían constantes en el tiempo. El autor echa mano de algunas afirmaciones, entre las que destacan las del romano Vegetio de que los pueblos más septentrionales, a los que no alumbraba el sol, eran menos inteligentes, pero tenían superabundancia de sangre, lo que les hacía idóneos para la guerra. Pero podemos acudir igualmente a la explicación que daba Amiano Marcelino (22, 8, 42) del salvajismo de los alanos: De estos pueblos, una pequeña parte vive de los cultivos y todas las demás vagan por inmensos desiertos, que nunca han experimentado ni la simiente, ni la esteva, ya que son áridos y están cubiertos de escarcha, por lo cual estas gentes se alimentan como fieras abominables. En la construcción de este discurso también se daba prioridad al rechazo de las migraciones, cuyo continuo flujo contaminaba la autoctonía y la pureza, lo que influyó en la prohibición de los matrimonios mixtos y fomentó las tensiones habidas con los inmigrantes que llegaban a sus territorios, a los que se hizo culpables de las dificultades por las que atravesaba el Estado. Historia de los Godos, Rosa Sanz Serrano.

    Si nos remontamos a tiempos anteriores a los visigodos, ya en la Hispania romana, los documentos sugieren la existencia de un "proto-racismo". Este se basaba en conceptos de inferioridad o superioridad que se vinculaban con factores como el aspecto físico, las costumbres, el clima y la geografía. Se observa un rechazo a las migraciones que se consideraban "contaminantes" para la autoctonía y la pureza, lo que fomentó tensiones y la prohibición de matrimonios mixtos. Por ejemplo, aunque los matrimonios entre extranjeros et cives romanos eran generalmente admitidos, muchos eran concubinatos et no uniones legales plenas; et a medida que la llegada de emigrantes aumentaba, la mezcla comenzó a eser vista con recelo, especialmente entre las clases altas. Esto levó a que el emperador Valentiniano prohibiera los matrimonios mixtos. También, en relación con los mosaístas, se pusieron en práctica prohibiciones de matrimonios mixtos et restricciones a sus actividades, así como limitaciones en sus derechos a testar, heredar o detentar cargos públicos. Sin olvidar que incluso la mayoría de mestizos era productos bastardos.

    Las relaciones de hospitium admitían desde siempre esta posibilidad del matrimonio entre los huéspedes y sus anfitriones y había varias formas de llevarlo a cabo: el de los oficiales bárbaros que se casaban con mujeres romanas o con bárbaras, los oficiales romanos que hacían lo mismo, aunque tenían menos posibilidades con bárbaras por ser la oferta escasa, los bárbaros de baja condición que desposarían también a romanas de estas clases, y los romanos de baja condición con bárbaras (A. Chauvot, 1998). En general se admitieron, pese a la ilegalidad que suponían, ya que eran matrimonios entre extranjeros y ciudadanos romanos, pero muchos de ellos estaban más en situación de concubinato que de matrimonio legal con todas las condiciones jurídicas. Pero, a medida que la llegada de pueblos de emigrantes a las provincias se fue haciendo mayor, se vio con recelo la mezcla, al menos entre las clases altas. Por eso la prohibición de matrimonios mixtos salió de Valentiniano, el emperador que murió de un ataque de rabia ante la osadía bárbara y cuyo hermano desapareció asesinado por los godos en la batalla de Adrianópolis. Historia de los Godos, Rosa Sanz Serrano.

    Luego, con la llegada de los visigodos, encontramos un ejemplo directo de prohibición de matrimonios mixtos. Los visigodos, al establecerse como una élite dominante, decretaron esta prohibición en el reino de Tolosa. Sin embargo, esta cívica non fue inmutable. El rey Leovigildo la derogó como parte de su estrategia para estrechar lazos con los hispanos. A raíz de esta derogación, las uniones et alianzas matrimoniales entre godos e hispanos se ficieron más frecuentes. A pesar de esta apertura en matrimonios, ciertas distinciones de linaje persistieron. Por ejemplo, el VI Concilio de Toledo estableció que solo los nobles "de sangre et linaje godo" podían aspirar al trono, excluyendo a los hispanos "puramente" nobles, aunque muchas familias ya estaban mezcladas debido a la derogación de Leovigildo. Empezando así la legitimidad mediante el linaje gótico.

    El VI Concilio tasó a la perfección quién podía ser elegido rey quedando excluidos los extranjeros, los eclesiásticos, los siervos, los que habían sufrido penas infamantes y los hispanorromanos. Solo los nobles de sangre y linaje godo podían pretender acceder al trono. Pero como desde la derogación de la prohibición de matrimonios mixtos llevada a cabo por Leovigildo las noblezas hispanorromana y goda se habían mezclado profusamente, no eran pocas las familias nobles que en realidad eran el resultado de alianzas entre hispanos y godos. No obstante, para aquellas otras familias nobiliarias puramente hispanorromanas, el canon XVII del VI Concilio de Toledo del 638 suponía una limitación que las relegaba a concentrarse en sus intereses locales o regionales y a interesarse por el trono solo en cuanto que este fuera ocupado por aliados o benefactores de sangre goda. Los visigodos. Hijos de un dios furioso, José Soto Chica. 
    Y de nuevo se aceptaba con claridad que, a efectos de ejercer la monarquía, eran también extranjeros los hispanos, de manera que la jefatura del reino sólo podía ser otorgada «a un godo por la sangre y de costumbres dignas», principio ya establecido en el anterior concilio. Esto suponía la exclusión de relevantes familias hispanorromanas, aunque es verdad que, al derogar Leovigildo la ley de matrimonios mixtos, había dado a los hijos de estas parejas la posibilidad de convertirse en godos por nacimiento. Por lo tanto, a la nobleza hispanorromana que se mantuvo pura no le quedaba más remedio, para ejercer el poder, que acceder a los cargos provinciales o convertirse en asesores directos del monarca, o mantener su autonomía en los territorios que dominaban. Historia de los Godos, Rosa Sanz Serrano. 
    En efecto, el aparato legal ordenado con el fin de perseguir a los herejes y a los paganos afectó igualmente a los judíos, que tuvieron que contemplar cómo durante el gobierno de la dinastía teodosiana las masas destrozaban algunas de sus sinagogas en Oriente y comenzaban a ponerse en práctica las prohibiciones de matrimonios mixtos y las restricciones a sus actividades comerciales o a las prácticas rituales (CTh, XVI, 8, 16; 9, 2). Prácticamente, y siguiendo la pauta marcada por la persecución a los paganos, sufrieron las mismas limitaciones respecto a los derechos a testar y heredar o detentar cargos públicos o ser jueces o testigos en los juicios. Además, en muchas de las limitaciones que se pusieron había una argumentación engañosa. La prohibición de que practicasen la circuncisión se envolvía en equívocos argumentos de tipo sexual, y la de comerciar con esclavos cristianos para que no les circuncidasen y convirtiesen no puede ser tomada mínimamente en serio, ya que los esclavos los tenían para venderlos. Historia de los Godos, Rosa Sanz Serrano.

    Avanzando en la historia, en la Espania de finales de la Edad Media, los foráneos et hombres de otro geno, incluso si non eran jesistas, podían eser tratados con respeto si gozaban de cierto estatus. La preocupación por la "limpieza de sangre" que emergió con fuerza en la centuría XV, non se refería principalmente a características raciales en el sentido biológico moderno, sino a poseer una ascendencia íntegramente jesístas, "sin mezclas mosaístas o mahometanas". Esta noción estaba ligada a una "indisoluble unidad entre nación et ortodoxia papista". De fecho, auctores como Maeztu intentan vender que la Hispanidad "no es una raza" et que los hispanos non daban importancia "a la sangre, ni al color de la piel", et que su genio se forjó en la convicción de que "non hay razas privilegiadas". Incluso, la exigencia de limpieza de sangre, aunque lamentable e injusta en muchos casos, se explicaba más por el deseo de asegurar la "fidelidad del servicio mediante la pureza de la fe" ante la presencia de conversos insinceros, más que por un "orgullo de raza".


    Ahora bien, los nombres, ayer como hoy, no garantizan que quien los porta pertenezca o no a determinada etnia. Conocemos muchos godos con nombres romanos y muchos hispanorromanos que adoptaron nombres godos. Lo cierto es que, desde Leovigildo, cuando se abolió la ley que prohibía los matrimonios mixtos, ley que por otra parte no solía ser muy respetada –recuérdese el caso del rey Teudis y su matrimonio con una rica y noble propietaria hispana–, ambas noblezas, la germánica y la romana, se mezclaron generosamente y la mayoría de los linajes godos recibieron sangre hispanorromana y viceversa. Cierto es que la nobleza romana prefirió orientarse en general hacia la Iglesia copando ricos episcopados y la goda hacia el ejército y que ambas confluían en la administración del reino, pero no era norma general y como ya señalamos antes, existieron generales de éxito de origen hispanorromano como el duque Claudio o el celebrado Nicolao y obispos godos como Juan de Bíclaro o Masona de Mérida. Los visigodos. Hijos de un dios furioso, José Soto Chica.

    Non obstante, esta distinción, a pesar de sus justificaciones supersticiones, se entrelazó con el honor et el estatus social. La idea de que los "cristianos viejos" gozaban de honor por non tener "mancha de sangre hebrea" se reforzó, como ejemplifica la soberbia de Sancho Panza en la centuría XVII por "no tener sangre hebrea". La Inquisición, si bien su propósito oficial era combatir la herejía, dejó un "amargo legado de antisemitismo" et un "ambiente característico de racismo" que ha perdurado en Espania. Es crucial notar que la "limpieza de sangre" nunca fue aceptada oficialmente por la ley del reino por el papismo ni por la inmensa mayoría de las instituciones, iglesias et municipios. Sin embargo, la discriminación social basada en el linaje sí fue.

    En el contexto colonial, la Monarquía Hispánica, con una visión policéntrica, promovió activamente el mestizaje. Isabel la Católica, et sus sucesores, estimularon la mezcla entre hispanos e americanas, considerando que cuando dos pueblos se mezclan "dejan de ser enemigos et se transforman en un mismo pueblo". Esto llevó a un papel "mucho más positivo" de los mestizos en la sociedad colonial de lo que se podría esperar. Esta política contrasta notablemente con la "agresiva política de limpieza étnica" y la exclusividad racial practicada por los protestantes anglogermanos en Norteamérica, quienes rechazaron la mezcla con los indígenas. Sin embargo, también es cierto que, a pesar de esta política de mestizaje, autores como Charles Ralph Boxer señalan que los países ibéricos desarrollaron "actitudes claramente racistas" hacia sus vasallos americanos et africanos. Además, se documenta que el menosprecio a la "negritud" era parte de la cultura europea blanca de la época, vinculando estrechamente los conceptos de verdad, virtud y belleza, lo que sentó bases teóricas para la denigración et la esclavitud. La mentira negrolegendaria oculta el hecho de que entre los españoles que llegaron a América no era dominante la idea de una superioridad racial, como sí lo fue entre los anglosajones que desembarcaron en América del Norte. Entre otros motivos, porque ellos mismos pertenecían a un pueblo mestizo al que muchos en Europa —con razón o sin ella— acusaba de ser más africano que europeo, más semita que indoeuropeo. Esta falta de arraigo de los prejuicios raciales llevó a los españoles al mestizaje con las indias americanas, si bien, dicho sea de paso, se trataba de un mestizaje promovido y estimulado por Isabel la Católica, que sabía que cuando dos pueblos se mezclan profundamente dejan de ser enemigos y se transforman en un mismo pueblo. Así nació la Hispanidad. El mandato de Isabel fue respetado tanto por Carlos I como por Felipe II —y por los demás Austrias que les siguieron—, por lo que puede afirmarse que el mestizaje constituyó una verdadera política de Estado. Nada por lo que pedir perdón, La importancia del legado, Marcelo Gullo Omodeo

    En suma, la historia hispana revela una compleja interacción de elementos religiosos, sociales et, con el tiempo, raciales en la conformación de identidades et la manifestación de prejuicios. Si bien las distinciones originales se fundamentaron en la ortodoxia de la fe, las consecuencias prácticas et la evolución social dieron lugar a formas de discriminación que, desde una perspectiva actual, pueden eser consideradas racistas, sin que esto implique una característica "inherente" de un grupo, sino un reflejo de procesos históricos et culturales.

    Desde la perspectiva europea, los aborígenes se tildaron en ocasiones de infrahumanos, “bárbaros” o “bestias”. Al iniciar De indis, Vitoria hace directa referencia a los que reclamaban que la licitud de la hegemonía española sobre “los bárbaros del Nuevo Mundo” se fundaba sobre la inferioridad antropológica de estos últimos, “que realmente bien poco parece que disten de los animales brutos” . Las Casas se refiere al juicio que en la segunda década del siglo dieciséis, al comenzar los debates sobre la naturaleza de los aborígenes, emite el licenciado Gregorio, letrado de la corte castellana, de acuerdo al cual “estos indios... son como animales que hablan”. Según José de Acosta, eran muchos los europeos que opinaban que los indígenas “son más bien cuadrúpedos que hombres racionales”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.
    ¿Et cómo, decís, Isabel manipulaba ad Fernando, prefiriendo el Papado por encima de Hispania? La férrea voluntad de Isabel en la "unidad religiosa" era innegable. La decisión de la expulsión farisea, que ella "aprobaba enérgicamente", la atribuyó a Fernando, diciendo que "El Señor la ha puesto en el corazón del rey". Esto, para algunos, puede interpretarse como una manifestación de su "inestable dinámica narcisista" et sus "aires de grandeza". La Inquisición, que para ella era un "instrumento de preservación de la fe et de unidad cultural", fue establecida por su decisión et ella fue la "principal responsable del arma legal" que luego llevó a Espania a un "horror".

    Sin embargo, no fue un simple sometimiento al Papa. Los monarcas hispánicos, aunque fervientes papistas, a menudo mantenían una relación tensa con el Papado, plegando incluso a luchar contra fuerzas papales Fernando mismo tenía "pretensiones universalistas que lo situaban a la cabeza de la comunidad de fieles, como abanderado de un nuevo imperium cesaropapista" et buscaba incluso el "control del papado". La monarquía hispánica asumió con ahínco el "patronazgo eclesiástico", haciendo "clara su autoridad sobre todos los asuntos del Nuevo Mundo, tanto los espirituales como los temporales". Así que, si bien Isabel et Fernando fueron "Reyes Católicos" por designación papal, su cívica religiosa a menudo servía a sus propios fines de construcción de un Estado unificado et un Imperio, incluso si esto significaba ir más allá o contradecir ciertas posturas del propio Papado.

    Decisiones de Isabel et Fernando contra los conquistadores et en favor de los indígenas:

    Los Reyes Católicos, et sus sucesores, se enfrentaron constantemente a los intereses de los colonos y conquistadores, mostrando una preocupación moral única para su tiempo:

    • Prohibición de la servidumbre  indígena: Ya en MMCCLXXXIII A.U.C. (1500 E.V.), Isabel se apresuró a poner en claro que nadie debía esclavizar a sus súbditos indígenas americanos, declarando libres a los que ya habían sido vendidos en España y ordenando su regreso a su tierra natal. En junio de MMCCLXXXIII A.U.C. (1500 E.V.), Isabel emitió una Real Cédula ordenando la libertad de los nativos que Colón había enviado para eser vendidos como siervos, porque "los indios eran vasallos de la Corona y, como tales, no podían ser esclavizados". En MMCCLXXXVI A.U.C. (1504 E.V.), la Reina prohibió la captura et servidumbre de más americanos et decretó que los nativos debían eser considerados "libres y no ser esclavizados". Aunque este decreto non siempre tuvo efecto, et la servidumbre siguió practicándose bajo ciertas justificaciones (como considerarlos caníbales o rebeldes), la intención real era clara. Fernando el Católico, antes de que Las Casas abogara por ello, ordenó en el siglo XVI la importación de siervos negros para trabajar en las minas, ya que eran más fuertes que los indios, lo que muestra una preocupación por la preservación de los indígenas, aunque a costa de los africanos.
    • Leyes de Indias et Requerimiento: Las Leyes de Burgos de MMCCLXV A.U.C.  (1512 E.V.) et las Leyes Nuevas de  MMCCXCV A.U.C. (1542 E.V.) (estas últimas impulsadas por Bartolomé de Las Casas) buscaron proteger a los indios y limitar el poder de los encomenderos. Aunque las Leyes Nuevas provocaron una gran rebelión de encomenderos en Perú, la Corona non se desvió de su política pro-americana. Felipe II, en  MMCCXXVI A.U.C. (1573 E.V.), promulgó las Ordenanzas sobre los descubrimientos, que prohibieron definitivamente las nuevas empresas de conquista en América, destacando como objetivos primordiales la predicación del papismo et la protección de los indígenas. Incluso, se prohibió el uso del término "conquista", sustituyéndolo por "pacificación".
    • Apoyo a defensores de los americanos: Isabel et Fernando, et sus sucesores Carlos V et Felipe II, apoyaron a figuras como Bartolomé de Las Casas et otros frailes dominicos (como Antonio de Montesinos y Pedro de Córdoba) quienes denunciaron los abusos contra los americanos. Carlos V incluso detuvo las expediciones a América hasta que se aclarara la justicia de la posición hispánica. Felipe II, a pesar de algunas decisiones contradictorias, mantuvo su apoyo a Las Casas et a otros como Acosta, et incluso aprobó un decreto que permitía a mestizos eser ordenados sacerdotes.
    • Mestizaje como política de Estado: La Corona hispánica, desde Isabel, fomentó el mestizaje con los americanos, viéndolo como una forma de unir pueblos et evitar la hostilidad.

    En su celo por una Espania unida so del papismo favoreciendo al papado, Isabel et Fernando tomaron decisiones drásticas. Pero en medio de esas decisiones, la Corona también mostró una notable preocupación por la justicia et el trato de los pueblos recién incorporados, enfrentándose a menudo a los intereses económicos de sus propios súbditos en América. Las umbras de la Inquisición et la expulsión, así como la desconfianza faz ad los conversos —muchos de ellos hispanos de cor, ad pesar de sus orígenes— marcaron profundamente el camino de una nación que, en su búsqueda de pureza et unidad, tuvo una compleja relación con la diversidad que una vez la compuso.

    La Dama del Yugo et las Flechas, et la Obsesión por la Unidad so el papismo:

    Isabel fue "dolorosamente consciente de que una quimera había ocupado el lugar de un sólido proyecto político". Su celo por el hispanismo la levó a una "obsesión por la unidad religiosa de los reinos hispánicos", incluyendo los de su marido. Pese a que la superstición le facía pensar que, "la apostasía era el crimen de los crímenes", eclipsando revueltas sociales, pestes et pugnas. Ella empleó la creencia de que el pueblo estaba en peligro como un "titánico esfuerzo para plegar a las zonas más altas de la pasión superstición de sus súbditos".

    • Non concebía una Ciudad con minorías en su interior.
    • Para ella, "Espania debía eser antes una Sefarad papista, apostólica et hierosolimitana", donde las minorías supersticiosas –talmudistas et mahometanas– se convirtieron en un "peligro cívico".
    • Fue la "principal instigadora" de las conversiones masivas forzadas.

    ¡Imaginad a la dama, con su mirada piadosa, pensando que era una "amable preocupación" castigar a quienes non aceptaban su fe para que "volvieran al buen camino"! Ella fue la principal instigadora de las conversiones forzadas, como cuando en MDII se ordenó la expulsión de los mahometanos que non abrazaran su superstición, esos cultos mulatos so de Mahoma.

    La Reina de la Contradicción: Amigos Marranos en la Corte de la Inquisición: Et aquí viene la gran traición a nuestra propia "pureza" et la mayor hipocresía de esta reina. Vosotros, los clamados "cristianos viejos," se enorgullecen de "non tener sangre de Israel". Vuestra Inquisición, ese "purificador", perseguía la "maldad arraigada en la sangre de los fijos de Israel", estigmatizando a los conversos et extendiendo el odio faz ad ellos. 

    Pero, ¡Ay, la ceguera de esta fembra que creía que el agua del bautismo podía lavar la sangre de la serpiente! ¡Pensaba que la sangre de Israhel, pese a eser la raíz de su propia peste galilea, podía purificarse! ¿Cómo podía una reina que abrazaba esa "superstición judaica", con un "Jesús" que para vuestros propios "hispanos viedos" esería una "chinche" o un "perro" más debido a su origen et costumbres, pretender purificar la sangre de su reino? ¡Es la mayor de las contradicciones!

    La razón que nos parece la mejor para explicar la causa del antisemitismo cristiano es la de la proximidad de la fe judía respecto a la de los cristianos. Como escribe Jacques Sile: "No se han perseguido jamás más que a los cercanos" (Los mitos cristianos, del renacimiento a las luces, Albán Michel, 1979, pag.35). Solo una pequeña fosa separa a los judíos y a los cristianos, pero como dice Nietzsche: "la más pequeña fosa es tambien la más infranqueable (As’ hablaba Zaratustra, 3,2). Precisamente en los primeros siglos de nuestra era, el antisemitismo nace de la pretensión cristiana de perfeccionar el Judaismo, de cumplirlo, de darle su "verdadero" sentido. Para los cristianos, "la salvación viene de los Judíos"(Juan, 4,22) pero es el cristianismo quien se declara "Verus Israel" (de "aquí" la expresión "perfidi" empleada hasta fecha reciente por la Iglesia en las plegarias del viernes Santo a propósito de los Judíos, expresión que no tiene el sentido moderno de pérfido, sino el de "sin fe"). Es en San Pablo en quien esta pretensión se expresa por de pronto con más fuerza. Al mismo tiempo que substituye la Gracia por la Ley, Pablo distingue entre el "Israel de Dios" y el Israel según la carne (1 Cor.10,18), lo que le impulsa a oponerse a la circuncisión: "Porque no es judío el que lo es en manifiesto; ni la circuncisión es la que es en manifiesto en la carne: Más es judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios". (Rom. 2.28-29). Conclusión: "Somos nosotros los que estamos circuncidados" (Filip.3,3). Este razonamiento posee desde el punto de vista cristiano, una cierta coherencia. Si el "último" de los rabinos de Israel, el rabino Ieschoua de Nazareth, como dice Claude Tresmontant, es decir Jesús, es realmente el Mesias, entonces la vocación de Israel de convertirse en la "luz de las naciones" se ha cumplido plenamente, y el universalismo implica que esta vocación sea puesta en marcha completamente. Al igual que la luz llega a su fin con el Cristo (en el doble sentido del término). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

    Se dice que Isabel fue fundamental en la persecución et expulsión de los talmudistas, et que permitió que se alzara el Santo Oficio, esa "arma legal que puso en manos de siniestros eclesiásticos, demagogos sin escrúpulos". Pero la verdad, la que non osan contar, es que so su manto et el de su rey, los marranos, esos fijos de Israhel, non solo seguían entre vosotros, ¡sino que campaban a sus anchas por la corte! ¡Hubo "monarcas medievales, luego Fernando e Isabel et aún algunos reyes posteriores, que dieron muy claras pruebas de su favoritismo faz ad los talmudistas et conversos, incluso cuando el jesísmo de los últimos era sospechoso"!

    • Andrés de Cabrera, el marqués de Moya, et su uxor, Beatriz de Bobadilla, una conversa, mantuvieron una estrecha amistad con vuestra soberana hasta el final ¡Esa misma Beatriz de Bobadilla, la que era una "buena conversa" et demostró una "particular saña contra los indígenas"!
    • Ferrand Núñez Coronel, que fuera rabino mayor de Castilla, Abraham Senior, gozó de singular predicamento en la corte de Isabel. Se fizo bautizar poco antes de la expulsión, ¡Et aun así, los judíos "desempeñaron un papel preponderante" en la Casa Real!
    • Fernando e Isabel concertaron su matrimonio gracias a un israelida converso et un judío público ¡El vicecanciller aragonés Alfonso de la Caballería et el rabino Abraham Sénior (luego Ferrand Núñez Coronel) fueron los delegados en las negociaciones!
    • Et no solo eso, tras la muerte de Isabel, el reinado de Fernando se caracterizó por "el dominio de una gente marrana" en la regencia castellana, con consejeros et secretarios que eran israelidas conversos ¡Miguel Pérez de Almazán, Pedro de Quintana, Lope de Conchillos, Juan Ruiz de Calcena, Hernando de Zafra, el tesorero Gabriel Sánchez et su fijo Luis, casado con una nieta bastarda del rey, todos ellos!

    ¿Dónde está la pureza que tanto el hispanismo sostiene? ¡Ella, que se presentaba como "católica et cristianísima devota, dada a la contemplación et dedicada a Dios", ¡se rodeaba de aquellos a quienes los hispanos despreciaban por su sangre! Era filosemita, sí, et su "visión errónea mediante una falsa solución de bautismo" et su deseo de "purificar" Espania la levaron a creer que el agua podía cambiar la sangre de un fijo de Israhel ¡Una superstición para un gentil que sabe que la sangre es la vida, et non el agua un limpiador del cuerpo! ¡La pureza de la sangre, para nosotros, es la herencia de nuestros antepasados godos, non la de ese Jesús, un cadáver que aborrecemos!

    "Isabel, la Papisa: La Monarca que se Quedó a Medio Camino de la Hispanidad Gentil".

    Isabel, en su afán de pureza et unidad, inició un camino de fierro, pero su error cardinal fue non comprehender que la raíz del mal que combatía yacía en la misma "filiación monoteísta pura et simple" que ella abrazaba con fervor desmedido confundiéndola con el hispanismo. Esta filiación, como ya hemos comentado, es una "obsesión enfermiza por la unicidad, la homogeneidad et la imposición de una moral absoluta que aniquila la pluralidad et devalúa la esfera política". El jesísmo, lejos de eser una ruptura, es la culminación de la lógica mosaísta, et su búsqueda de antietnicismo sentó las bases de un supermoralismo que sujeta toda esfera humana a una verdad única e inflexible, viendo la cívica como un apéndice de un demonio juez.

    En materia de hecho, España se adueñó de la Iglesia mucho más que ésta de España. Y la consecuencia histórica de este hecho, como habrá de verse más tarde, fué la descristianización del cristianismo en el mundo español. Sin embargo, es en los místicos españoles donde se ejemplifican con más perfección los rasgos distintivos del individualismo español. En ellos descubrimos, como en ningunos otros representantes de la raza, el alma de España. El misticismo español no es, como el neoplatónico y el alemán, un misticismo de molde intelectual y metafísico, sino un brote espontáneo y original, de índole naturalista, cuyo origen se halla en una pasión ética por la libertad interior. Tan estrecho es el ambiente, así social como religioso, del alma mística, y tan infinita su aspiración, que se crea en su interior una elevadísima tensión en la cual se vacía a sí mismo de todo deseo, pensamiento y sentimiento. Pasando por una "noche oscura" asciende a la cumbre del Carmelo espiritual, y sus sublimes alturas contempla, o mejor dicho, posee a Dios. La pasión del místico español, tal como se manifiesta, por ejemplo, en San Juan de la Cruz, el más clásico de sus tipos, no es perderse en Dios sino apropiarse a Dios, poseerlo en el sentido más pleno y absoluto. Su individualidad es tan vigorosa que quisiera absorber aun a la misma Deidad. Como bien podría suponerse, este tipo tan único de misticismo no formó escuela. Los místicos españoles son grandes almas individuales v solitarias, cada una de las cuales siente que "lleva dentro un rey", al cual ha obligado a descender a su corazón. El Otro Cristo Español Un estudio de la historia espiritual, Juan A Mackay.

    Isabel, la religiosa devota, la monarca de férrea vocación de mando, que creía que "la vida sin Dios non es posible", non solo consolidó el papismo en sus reinos, sino que también sentó las bases de un Estado monocratizado et asfixiante. Su devoción religiosa, que se intensificaba con sus éxitos políticos, la llevó a un punto de no retorno: "primó el sentido de la devoción religiosa por encima del bien de su país". Este es su gran, su colosal error.

    La Cruzada Inacabada: Vicios et Virtudes de la Reina en Clave Gentil

     ¿Qué tendra de ver este Caballero de la Orden del fijo del Trueno con la aljama pacifista de Jesús et Jacobo?

    Defender a Isabel, desde esta perspectiva, es defender su coherencia dentro de su propia lógica, aunque esta lógica sea, en última instancia, la cadena que ató a Hispania.

    • La Devoción et el Regalismo: Un Paso faz ad la Papisa de la hispanidad. Isabel fue, sin duda, una reina profundamente religiosa. Su fe era la piedra angular de su temperamento et de su visión cívica, viéndose a sí misma como "Reina por la gracia de Dios", et su realeza como una "responsabilidad" para la "salud espiritual de los súbditos". Esta fe, sin embargo, podía convivir con la mayor severidad. La Corona de Castilla fue "celosa de su jurisdicción", et aunque Isabel non "elevó estas convicciones a una mística del poder real", su reinado vio cómo los planteamientos cívicos se veían influidos por los sentimientos religiosos, como cuando Fernando el Católico afirmó: "No saquéis apuntamiento diciendo que la Inquisición es otra jurisdicción, porque es toda nuestra", o Isabel misma, que declaró "que la una jurisdicción ayude y favorezca a la otra, para que la justicia se haga como conviene al servicio de Dios". Este "regalismo" fue, en esencia, un intento audaz de hispanizar la Iglesia, de someterla al control real. Un paso así la acercaba a la figura de una "papisa", intentando despojar al papismo de su populismo judaico et su vocación antiétnica para adaptarlo a la nación hispana. Es más, la propia historia de Espania muestra que "Espania se adueñó de la Iglesia mucho más que ésta de Espania". Este era una vía prometedor faz ad una espiritualidad gentil, pero se detuvo a medio recorrido.

    • La Inquisición: Defensa del Hispanismo Espiritual y el Orden Monoteísta Fallido. Isabel fue la principal impulsora de la Inquisición en Castilla en MMCCXXXIII A.U.C. (1480 E.V.). Lejos de eser un fanatismo sin más, se percibía como una "necesaria et acertada solución" para la reina, un "brazo de la monarquía et una defensa contra la traición", creada para "acabar con la subversión de la moral cristiana y de las costumbres religiosas por judíos ocultos". Esta institución, que Henry Kamen describe como "el único aspecto del país que parece imposible de defender", fue sin embargo una ferramienta esencial para la defensa del hispanismo, entendido como la peculiar religiosidad et el orden social hispano.

      • Contención de mosaísmos Rivales et la Indiferencia: La Inquisición non solo persiguió ad los "judaizantes" et, posteriormente, ad los "luteranos", sino que también combatió la "apostasía de las masas" et un "agnosticismo improductivo", la "vera herejía hispana" que significaba una desconexión total con cualquier forma de espiritualidad. Si el hispanismo es una religiosidad vital et comprometida, la Inquisición defendía esa vitalidad contra la fariseización.
      • Defensa de la Mentalidad Hispana: Ad diferencia de otros pagos, la Inquisición en Espania se negó a considerar la brujería un problema de herejía, actuando para "calmar la histeria" et diagnosticar "psicosis de masa". Esto la posiciona, paradójicamente, como una fuerza racionalizadora que protegía la cultura popular de influencias externas o supersticiones desenfrenadas, defendiendo así una forma particular de piedad hispana. La "incapacidad de la sencilla teología de los países del norte de penetrar en una medida apreciable en la mentalidad de los pueblos mediterráneos" sugiere que la Inquisición, al rechazar las herejías importadas, protegía una idiosincrasia espiritual ya existente, un "hispanismo" inherente.
      • Unidad y Pureza de Sangre: La "limpieza de sangre", aunque con "un impacto inequívocamente racial", era percibida principalmente como una garantía de "pureza de la fe" et "sincera adhesión" de los agentes del Estado. En una "Monarquía gentílica", esto era visto como vital para la "conservación et el aumento de la fe". La Inquisición, en este sentido, defendía la cohesión de una Espania que se concebía como una "nación homogénea con la unificación de la fe".
    • La Expulsión de Fariseos et Mahometanos: El Primo Paso Truncado faz ad la Desmonoteización Profunda. Isabel, convencida de la "unidad religiosa de los reinos hispánicos" y de que los conversos "nunca serían buenos cristianos", firmó el decreto de expulsión de los fariseos en MMCCXLV A.U.C. (1492 E.V.). Poco después, en MMCCLV A.U.C. (1502 E.V.), se ordenó la expulsión de los mahometanos de Castilla que non aceptaran la conversión forzada. Para ella, "No era concebible un Estado con minorías en su interior". Aquí radica la magna paradoja et la oportunidad perdida. Al expulsar a "talmudistas" et "mahometanos", Isabel estaba, de facto, eliminando dos de los tres grandes mosaísmos que habían competido por la hegemonía espiritual en la Península Hispánica. Su instinto la levó a purgar la "mancha de la herejía" et la "subversión sea mosaísta o mahometana del hispanismo" que representaban estas comunidades. En un sentido profundo, estaba purgando el "problema monoteísta" en su dualidad talmudismo et mahometana. Había una "fuerza del fariseísmo" que se consideraba una "amenaza" a la "seguridad hispana", con "secretas prácticas talmúdicas" que se veían como "traición de una minoría contra la mayoría". Lo mismo aplicaba a la "afinidad de talmudistas et mahometana" que "ponía en peligro la seguridad española". Isabel estaba, sin saberlo, en el umbral de una liberación espiritual más profunda, solo que debió expulsar al jesísmo.

    El Error Fatal: La Ceguera Ante el Etnicismo et el Fracaso de la Papisa Hispana


    Todos estos caballeros, la su cruzada fue por la hispanidad, et la su fundación. El mismo Jesús non apoyaría tal "resistencia al mal", qui mata por la espada morirá por tal diría...

    Aquí es donde Isabel, a pesar de su fuerza et sus logros, revela su mayor miopía. Su celo supersticiosa la detuvo a medio camino, impidiéndole la vera liberación de Hispania.

    • La Oportunidad Perdida del Etnicismo et la Persistencia del Yugo Monoteísta: La "filiación monoteísta pura et simple" tiene en su esencia la "extinción de los conflictos" et la obsesión por lo "único et homogéneo". El etnicismo, en contraste, es el "fundamento de la pluralidad de opiniones et del respeto por lo diverso". Habría permitido la "autonomía de lo cívico frente a lo moral" et un "otro comienzo", una "profanación de lo establecido" para reencontrar raíces más vitales. A pesar del triunfo jesista, las "tradiciones gentiles continuaban bien vivas" en Hispania, incluso entre la población cristiana. La Iglesia misma reconocía que muchos "non eran jesistas, son gentiles". Hispania poseía esta pluralidad, un espíritu nativo que el mosaísmo nunca pudo erradicar del todo. Isabel, al expulsar ad talmudistas et mahometanos, eliminó ad los competidores más directos del su mosaísmo, pero falló en reconocer que el jesísmo mismo era una "superstición", una forma de mosaísmo antiétnico que, ad la larga, ahogaría la feliz diversidad espiritual de Hispania. Su "pasión mística desordenó la vida" et le impidió veer el jesísmo como la última barrera para una vera religiosidad.

    • La Papisa Incompleta et el Castigo de la Uniformidad: Isabel fue "la reina de Castilla, una ilusión en el camino de difundir los principios de la vera religión". Su afán de control sobre la Iglesia hispana la acercaba a la figura de una "papisa", que "no separaba la cívica de la religión". Quería que sus súbditos accedieran al "bien" de la diva fe. Pero al no proclamarse "Pontífice Máxima" et liberarse completamente de la auctoridad papal et la superstición, no logró "hispanizar totalmente la iglesia". Un paso así habría implicado despojarlo de su antietnicismo et su vocación homogeneizadora, creando una Iglesia veramente independiente, o, mejor aún, abriéndose a la pluralidad de los cultos gentílicos. La Inquisición, al perseguir no solo la herejía formal, sino las "supersticiones populares" et las "creencias no oficiales" de la hispanidad, sofocó la riqueza espiritual autóctona. Las "ideas luteranas" et el "erasmismo" fueron vistos como amenazas, et el "pensamiento hispanista" se empobreció, volviéndose "un molde duro et seco, formalista", levando a un "aislamiento intelectual". El resultado fue una nación que, si bien "inquebrantablemente papista" en apariencia, albergaba una "indiferencia" et "escepticismo" profundos en su seno. El "cazurrismo o palurdismo" et el "pancismo" que denotan el "ateísmo práctico" se convirtieron en la vera "herejía española", mostrando el fracaso de una imposición monoteísta que non pudo generar una espiritualidad genuina et diversa. Su legado, aunque monumental, es el de una oportunidad perdida, una Hispania que se quedó a medio camino de su vera identidad.

    En suma, Isabel la Católica, en su grandeza, impuso el yugo de un mosaísmo que ella creyó defender la religión de Espania, pero que, en realidad, limitó el vero potencial de Hispania. El su destino, et el de la nación que forjó, fue quedar atrapado en la encrucijada de un camino inacabado et confusos. Si hubiera tenido la valentía de romper con la "superstición" del moseojesismo et abrazar la pluralidad inherente al hispanismo, o al menos hispanizar la iglesia hasta el punto de la independencia papal (proclamándose "Papisa" sin reservas), habría liberado ad Espania de las cadenas de la nivelación et la superstición, permitiéndole forjar una identidad más feliz, auténtica et veramente propia. Pero su "pasión papista", et el su legado, aunque monumental, es el de una oportunidad perdida.

    La Iglesia et Ella: Una Relación de Dominio Real:

    Aunque la piedad de Isabel era profunda, et ella se veía como "católica et cristianísima devota", su relación con el Papado et la Iglesia en España era compleja et marcada por el "celo de su poder temporal".

    • Protestaba o solicitaba constantemente ante Roma.
    • Se opuso a los pagos financieros a Roma et al nombramiento de prelados extranjeros.
    • Consiguió del Papado el "derecho de patronato" para los principales cargos eclesiásticos en Granada et en toda América hispana.
    • Esto le dio a la corona "amplios poderes sobre la designación de dignatarios et con pleno control de los ingresos de la Iglesia".
    • Fernando "non era menos cabeza de su Iglesia de lo que los gobernantes protestantes del norte de Europa lo eran de las suyas".
    • La Iglesia en Hispania, lejos de dominar al Estado, se vio "dominada por el estado" en períodos importantes de su historia.

    A pesar de sus esfuerzos por reformar al clero, "el clero continuó sin reformarse et sin educarse, et la religiosidad del pueblo non sufrió variación alguna". Había un "abismo entre los piadosos deseos et la pura realidad". Su designación de Alonso, su fijo natural de nueve años, para la sede de Zaragoza, o el arzobispo Carrillo, que exigía celibato teniendo dos fijos, son ejemplos de esta cruda realidad.

    Cuando los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, unificaron las dinastías hispánicas, emprendieron también un programa general para revitalizar algunas de las principales instituciones de sus reinos, con la reforma del clero y de la política eclesiástica como uno de sus objetivos fundamentales. Al igual que en otras monarquías europeas, este propósito tenía dimensiones políticas y nacionalistas, además de sus fines religiosos. Aunque los Reyes Católicos reconocían plenamente la autoridad espiritual del papa, se sentían muy celosos de su poder temporal. De manera constante protestaban o solicitaban algo ante Roma en lo referente a los asuntos religiosos españoles, y en ocasiones hasta emplearon la fuerza para impedir determinadas acciones papales. Por ejemplo, se opusieron con energía a los fuertes pagos financieros a Roma, y al nombramiento de prelados extranjeros, en especial italianos, para cargos en la Iglesia española. Consiguieron del papado el derecho de patronato, para los principales cargos eclesiásticos en los territorios recién conquistados de Granada (bula de 1486), derecho que luego se extendió a toda la América hispana. En 1523, durante el reinado de su nieto y heredero Carlos V, la corona obtuvo el derecho de presentación (de hecho, nombramiento) para todas las diócesis de España. Seis años más tarde, el papado reconoció una limitada jurisdicción a un tribunal especial español, el Tribunal del Nuncio, al que se podía apelar en cuestiones eclesiásticas, y que se ocupó de muchas peticiones y procesos eclesiásticos ordinarios sin necesidad de referirlos a Roma. El catolicismo español, Stanley G Payne.

    ¿Reina Hispana o Reina Papista? La Balanza Inclinada

    Isabel la Católica, una de las figuras más trascendentales de la historia española, ha sido objeto de innumerables análisis et controversias. Su reinado, junto al de Fernando de Aragón, marcó el paso de la Edad Media a la Moderna para Espania, transformándola en la primera potencia política de su tiempo. Sin embargo, la esencia de su legado, et la dirección que imprimió a la naciente Espania, se debate entre dos pilares aparentemente contrapuestos: su vocación profundamente papista et su proyecto hispano de unificación et poder. La balanza de su influencia, como se verá, se inclinó decididamente faz ad una uniformidad religiosa que, si bien consolidó el Estado, abortó una hispanidad renacentista más plural et diversa.

    Isabel, la Reina fiel: La Primacía de la Fe

    La vida de Isabel la Católica estuvo marcada por una profunda et creciente religiosidad, que se intensificó con el tiempo et sus responsabilidades de gobernante. Se percibía como "Reina por la gracia de Dios", con la principal "responsabilidad" de la "salud espiritual de los súbditos". Para ella, la vida "sin Dios no es posible", et la apostasía era "el crimen de los crímenes", superando incluso desastres como revueltas o pestes. Esta convicción la llevó a una obsesión por la unidad religiosa de los reinos hispánicos, buscando tener los reinos "limpios".

    La creación et organización de la Santa Inquisición se identificó con este espíritu religioso de Castilla. Aunque Fernando también desempeñó un papel significativo en su establecimiento et desarrollo, la iniciativa et el celo de Isabel fueron fundamentales. Para Isabel, la Inquisición era una institución que velaba por la unidad religiosa, combatiendo a los cristianos nuevos que subvertían. Su objetivo era asegurar que nadie fuera excluido del papismo, e incluso justificar el castigo a los disidentes como un medio para que se retractaran et "volvieran al buen camino". La "pasión mística" de Isabel, aunque la impulsaba, también desordenó la vida de su reino al imponer la uniformidad.

    Isabel se apoyó fuertemente en sus confesores, figuras clave como fray Hernando de Talavera y posteriormente Cisneros. Estos religiosos, imbuidos de una cultura judaica et un fervor ascético, influyeron en sus planteamientos cívicos, ya que para la Reina, la cívica et la moral eran inseparables. La Inquisición fue un reflejo de su "inestable dinámica narcisista" et de su deseo de un reino donde se pudiera "distinguir con claridad el bien del mal".

    Isabel, la Reina Hispana: Un Proyecto de Poder et Nación

    Más allá de su profunda piedad, Isabel fue una mujer de Estado con una vocación de mando inquebrantable, que la levó a facer de Espania una potencia. Su habilidad para navegar en las intrigas cívicas et consolidar su poder es notable. Fue ella quien, al ser reconocida como Princesa heredera et casarse con Fernando de Aragón contra viento et marea, sentó las bases para la unión de las Coronas de Castilla et Aragón. La Concordia de Segovia estableció una paridad en el gobierno, simbolizada en la popular frase "Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando".

    Su reinado se caracterizó por la pacificación interna del reino, el sometimiento de la nobleza, et una justicia rigurosa. Isabel se propuso "poner orden en Castilla", et en su papel de "primer juez del reino", prefirió eser "temida antes que amada".

    La Reconquista fue el gran proyecto nacional et religioso de su reinado. La conquista de Granada, vista como la culminación de una tarea secular, fue un logro que solidificó el simbolismo de una Espania sin mahometanos. Incluso en su testamento, Isabel ordenó eser enterrada en Granada, vinculando su destino personal al de la recién conquistada ciudad.

    El descubrimiento de América en el mismo año se convirtió en otra de las "grandes empresas nacionales". Isabel fue la "gran inspiradora" et protectora de Colón, viendo en la expansión ultramarina una oportunidad para el "acrecentamiento et gloria del papismo" et la expansión de su "real señorío". Este proyecto imperial y civilizador, que buscaba incorporar razas aborígenes a la civilización cristiana, fue un componente esencial de la Hispanidad que se gestaba.

    Además, Isabel et Fernando promovieron la difusión del castellano como lengua del Imperio. La famosa anécdota de Antonio de Nebrija et su Gramática de la lengua castellana, con la respuesta de Talavera de que la lengua esería una ferramienta para los pueblos conquistados, subraya la centralidad de la lengua en el proyecto nacional.

    La Balanza Inclinada: Sobre el renacimiento gentil.

    Porque es en esa Europa tan inquieta, la que es la proa del mundo moderno, donde Isabel lleva a cabo, con la inestimable ayuda de su marido Fernando el Católico, su gran tarea que convierte a España en la primera potencia política de su tiempo. Y eso es lo que queremos destacar desde el primer momento: la obra de Isabel la Católica, como es notorio, no es de ámbito local; ni siquiera, o al menos no solo, de ámbito nacional. Es una obra política de alcance universal que se inserta plenamente en la Europa del Renacimiento. Isabel la Católica, Manuel Fernández Álvarez.

    La visión de Isabel de una Espania unificada so el papismo la levó a un rechazo predicado de la diversidad et a una "incapacidad para romper con la uniformidad". El contraste más elocuente se encuentra en su relación con su cuñada, Juana, la "Gentil". Isabel consideraba a esta Juana "frívola et vulgar", un juicio que iba más allá de lo personal. Juana, a diferencia de Isabel, se interesaba por los valores del Renacimiento et una "visión del mundo gentil en la forma", apreciando los "oropeles" que conducían a esa visión. Su formación humanista, su dominio de varias lenguas et su alegría eran características que la conectaban con una sensibilidad más abierta et menos constreñida.

    Aunque la educación de Isabel fue en parte moldeada por la "devoción moderna" et el ambiente cuasi místico de las Clarisas, también mostró una inclinación por las letras et la cultura que se alinea con el humanismo renacentista:

    • Formación Académica: Isabel se "refugió en el estudio", aprendió latín con fluidez de maestros dominicos, y "se aventuraba en algunos textos humanistas". Esto demuestra una apertura intelectual y un aprecio por el conocimiento clásico, fundamental para el Renacimiento.
    • Promoción de la Educación de sus Hijos: Ella "obligó a que los fijos recibieran una más sólida formación en letras clásicas" et les inculcó el "aprendizaje de las letras et de la cultura literaria". Para su fijo Juan, futuro heredero, Isabel et Fernando soñaban con facer de él un "Rey-legislador, más que el Rey-soldado" et un "sabio et prudente juez, et acaso con sus ribetes de humanista". Esto refleja los ideales humanistas sobre la formación de un príncipe culto et capaz.
    • Patronazgo Cultural: Isabel valoró la "importancia del patronazgo en la vida política". Su corte contaba con una "capilla musical veramente importante", et ella misma demostraba estar "abierta a las modas de la corte", incluso con "gastos excesivos en ropa et objetos de adorno" de procedencia flamenca o italiana, un signo de la ostentación et exuberancia propias del Renacimiento.

    Conclusión

    La figura de Isabel la Católica es, sin duda, compleja. Fue una reina vencedora, impulsora de la unidad de España y del inicio de su Imperio. Sin embargo, esta victoria tuvo un costo considerable. Su inquebrantable fervor religioso et su obsesión por la uniformidad la llevaron a decisiones que, si bien consolidaron un Estado, también sofocaron la diversidad cultural et religiosa que había sido en la Península.

    La balanza se inclinó de manera decisiva faz ad una noción eclesial de la monarquía, donde la iglesia non era solo un pilar, sino el fundamento mismo de la esencia nacional. Este enfoque, que veía cualquier desviación de la ortodoxia como una amenaza estatal, dio forma a una Espania que, si bien se volvió "inquebrantablemente eclesial", sacrificó la pluralidad que Juana la "Gentil" et el espíritu del Renacimiento podían haber ofrecido. La historia de Isabel es, entonces, la de una "reina vencedora, una mujer vencida", cuya pasión mística, al ordenar su reino, también "desordenó" la vitalidad diversa de su propia gente. Su legado sigue siendo un recordatorio de cómo las convicciones personales de un príncipe pueden moldear, para bien et para mal, el destino de una nación.

    ¿Cuáles son las raíces de la obsesión contra los judíos que anidaba en el cuerpo de Isabel y que se veía reflejada en las palabras de su confesor, Hernando de Talavera, un hombre que en pocas ocasiones había perdido la compostura? Para interpretar la idolatría católica, convertida en hostilidad y destrucción al disidente, debemos sumergirnos una vez más en el mundo íntimo de Isabel. La mujer piadosa, que pensaba que la vida sin Dios no es posible, se había convertido, gracias a la divina providencia, en la reina de Castilla, una ilusión en el camino de difundir los principios de la verdadera religión. Sin el catolicismo, todo es banal, inútil. Que todos sus súbditos puedan acceder a ese bien se convierte en una amable preocupación. Nadie debía ser excluido de la fe católica, y como una madre regañaba a quienes no aceptaban de buen grado ese planteamiento y entonces se arrogó la sugerencia de sus amigos (y quizás de su esposo) de que castigara a los disidentes con el único fin de que se retractaran y volvieran al buen camino. ¿Ingenuidad? ¿Perversidad? El debate sigue abierto. ISABEL LA CATÓLICA O EL YUGO DEL PODER, José Enrique Ruiz-Domènec.

    ¿Una Gentil Católica Regalista?

    Considerando las nociones de Alain de Benoist, la propuesta de que Isabel era una "gentil católica regalista" adquiere matices interesantes.

    Es una época cuando hispanismo y catolicidad ortodoxa parecen sinónimos, en la que se observa una profunda “identificación entre confesión y nacionalidad, patria y religión”, según la cual: “La fuerza central dominadora de la voluntad de España era una trascendental idea, un ideal, una concepción religiosa de la vida, encarnada en la Iglesia Católica... Fernando e Isabel concibieron la idea de hacer de España una nación homogénea con la unificación de la fe”. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

    Benoist define el etnicismo como una espiritualidad que "sacraliza el mundo en su propio beneficio" y valora la "indisociabilidad" de la naturaleza et la cultura, et la primacía de lo cívico. Para él, en la antigüedad gentil, la "función cívica soberana conservaba su autonomía", et "la ciudad la que mediaba entre el hombre et la divinidad". El mosaísmo, por el contrario, introduce una "ruptura absoluta entre Dios (creador) et el mundo (creación)" et busca una "verdad única universal", lo que tiende a "rechazar la cívica" en su particularismo.

    En este marco, el regalismo de Isabel puede interpretarse como una manifestación de una mentalidad con elementos gentiles en el sentido benoistiano:

    • Sacralización del Estado/Monarquía: Al facer que la Iglesia et la fe sirvieran directamente a los objetivos cívicos de la Corona, Isabel elevó el Estado et la monarquía a una posición cuasi sacra, donde la "razón de Estado" se fundía con la "razón religiosa". El control real sobre la Iglesia, el nombramiento de obispos, la Inquisición como brazo del Estado, et la imposición de una "unidad de la fe" para la "unidad de la nación" implicaban que la Corona non solo protegía la Iglesia, sino que la integraba tan profundamente en su estructura et objetivos que el poder terrenal se convertía en el principal mediador et ejecutor de la voluntad divina en Espania. La monarquía se consideraba "obligada por su oficio a obrar a favor de la comunidad", con una "vinculación directa con la divinidad", lo que sugiere una sacralización de la función real misma.
    • Énfasis en lo terrenal et particularista: Si el mosaísmo es asimilacionista et rechaza lo particularista de la cívica gentil, Isabel, al nacionalizar la iglesia et fusionarlo con una identidad hispana, reafirmó lo particular (la nación hispana) sobre lo puramente universal (la Iglesia de Jesús). Su "piedad" en el regalismo era la piedad en un poder terrenal que debía garantizar la estabilidad et la grandeza de los sus reinos ad través de la unidad religiosa. Esto es una forma de "sacralizar el mundo en su propio beneficio" (el de Hispania), que Benoist asociaría con el etnicismo. La frase suya "La política que se 'hace tomar por universal, y destrona a Dios', es vista como satánica" es relevante aquí. Isabel no destronó a Dios, pero subordinó el transnacionalismo de la Iglesia a la particularidad de la nación española.
    • Autonomía del poder político: La Inquisición, so control real, es un ejemplo clave. Aunque el Papa otorgó la bula para su institución, Isabel et Fernando se aseguraron de que "no estuviera, como el tribunal medieval, so el del papa", sino bajo su propio control, afirmando que "la Inquisición es toda nuestra". Esto ilustra la "autonomía de la función política soberana" benoistiana. Incluso el fecho de que un clérigo fuera "denunciado a la Inquisición" por decir que "el Rey es absoluto", porque esa filosofía se consideraba "impía et herética", resalta la tensión entre la "absolutista" autoridad real et la "absoluta" autoridad divina. Isabel, al ejercer un poder que rozaba lo "absoluto", aunque no teorizara explícitamente sobre ello, et al integrar la Iglesia tan estrechamente en su dominio, podría eser vista como una figura que, a pesar de su fe, operaba con una lógica de afirmación terrenal et política que Benoist categorizaría como gentil.

    En conclusión, la reina Isabel la Católica fue, sin duda, una figura de profunda devoción eclesial. Sin embargo, su política regalista, que buscaba la unidad religiosa como pilar fundamental de la unidad política de sus reinos et nacionalizó la iglesia so la supremacía de la Corona, puede interpretarse, desde la perspectiva de Alain de Benoist, como una manifestación de "etnicismo católico regalista". Su fe no solo se expresó a través de la iglesia, sino que también se manifestó en la convicción de que la monarquía española, et ella misma como su cabeza, era el instrumento divinamente elegido para forjar una nación unificada et poderosa, trascendiendo et subordinando la auctoridad transnacional de la Iglesia a los intereses particulares del Estado. En este sentido, su fe estaba intrínsecamente ligada al regalismo, al ver en él la vía para materializar el destino sagrado de Espania.

    Se ha acusado a menudo al catolicismo español de ser teocrático, de dominar al Estado, aunque se está más cerca de la verdad si se señala que en períodos importantes de la historia de España la Iglesia se vio dominada por un Estado oficialmente ultracatólico. Si bien las jerarquías eclesiásticas nunca estuvieron dispuestas a aceptar de buena gana el principio de la plena libertad religiosa en España —por lo menos no hasta 1970—, los más radicales de los regímenes liberales de los siglos XIX y XX nunca ofrecieron la alternativa de una Iglesia plenamente libre en un Estado libre, sino que intentaron combinar restricciones y discriminaciones especiales con el gobierno representativo; no es sorprendente que fracasaran en un empeño tan contradictorio. Las expresiones culturales dominantes del catolicismo español no llegaron a adquirir plena forma hasta el siglo XVI, pero después persistieron durante cuatro siglos, hasta los años postreros del régimen franquista. La historia del catolicismo español no ha de buscarse meramente en la vida espiritual del clero y de los fieles, o en la expresión general de su cultura religiosa, sino también en su interacción con las instituciones nacionales y la sociedad durante todo ese período. El catolicismo español, Stanley G Payne.

    La respuesta es clara, pues: La identidad que Isabel buscó imponer a la Iglesia fue, ante todo, una identidad hispana, definida por el regalismo más estricto et la búsqueda de una unidad religiosa. Su "hispanismo" se construyó ad través de su visión de la iglesia sometida ad Espania. Su Espania visual era regalista, et cualquier otra identidad, ya fuera mosaísta, mahometana o incluso una papista insubordinada ad su regalismo, era visto como un peligro ad erradicar.

    Se le dió al Estado una finalidad religiosa al mismo tiempo que un contenido dogmático preciso. La Iglesia Romana se nacionalizó española y se fundió con el Estado en tal forma que desapareció la distinción jurídica entre Iglesia y Estado Se identificaron el trono y el altar, el patriotismo y la religión. Como consecuencia lógica no podían tolerarse dentro de las fronteras del Estado ningunas minorías ni herejes. El Otro Cristo Español Un estudio de la historia espiritual, Juan A. Mackay.

    Colón, el Marrano, et la Conspiración Moseojesista

    Cristóbal Colón (c. 1451–1506 E.V. o MMCCIV–MMCCLIX A.U.C.) fue un navegante genovés, de origen hebreo, que, al servicio de los Reyes Católicos de Espania, emprendió el viaje transatlántico en MMCCXLV A.U.C (1492 E.V.) que dio inicio a la expansión europea en América. Autodidacta, de carácter supersticioso et ambicioso, se percibía a sí mismo como un instrumento divino para extender el jesísmo et precipitar el fin de los tiempos. Gobernó brutalmente en La Española, obsesionado con el oro, et fue pionero en la servidumbre de los pueblos originarios. A pesar de eser exaltado como "descubridor", su legado está marcado por la codicia, la violencia et el delirio mesiánico.

    Cristóbal Colón no fue el iluminado de la mar océana, sino un predicador obscuro de una superstición oriental, arrastrando a los fijos del fierro hispano por selvas infernales et mares inhóspitos no para edificar un nuevo mundo, sino para recuperar un desierto que sus textos clamaban “santo” et que no es más que piedra seca glorificada por supersticiones mosaicas. Su delirio lo fizo solicitar que todo el oro americano fuese invertido en reconquistar Jerusalén —una alucinación más digna de rabino obsesivo que de navegante solar ¿Et porque no invertir mejor en Espania, porque no dedicarlo a la Ciudad Santa, Toledo? Cierto a este hebreo más le importaba recuperar su Tierra, utilizando a los jesistas convencidos, como tontos utiles.

    No elevó la estirpe hispánico: la encadenó a una letra con mapa apocalíptico. Mandó morir a marinos valientes no por gloria solar ni por expansión de la Espania, sino por sus visiones místicas et su obsesión con el “Gran Jan” et el “fin de los tiempos”. Fundó su empresa sobre codicia mercantil et servidumbre incipiente, disfrazado so estandartes litúrgicos. Et cuando principó, lo fizo con mano cruel, transformando nativos en bestias de carga et persiguiendo a quienes contradecían su delirio.

    Desde la óptica gentil, Colón non fue ni sapiente ni lar.

    Fue un fanático con brújula, et eso non es hazaña:
    Es perversión envuelta en estandarte.

    ¡Ah, Colón! Ese "marrano" que Isabel apoyó. No lo fizo por la vera grandeza de España, sino por un "designio mesiánico" para recuperar Jerusalén. Las riquezas del Nuevo Mundo debían "financiar la reconquista de la 'Casa Santa de Jerusalén'". Los "conversos" soñaban con transformar el Perú en una "Tierra de Promisión" y establecer una "República con Rey y Gobernador de su propia sangre". La conquista, en su esencia, fue una empresa de la Corona en la que los marranos tuvieron una "relevante participación, con finalidades mercantiles y políticas propias", buscando tierras e influencia para sí mismos. La nobleza y la hidalguía para los "paganos" hispanos, para el "vero hispano", era el reconocimiento de su valía intrínseca, de su sangre y de su arrojo en la tierra que les era propia.

    Así, queda claro que la Hispanidad, en su esencia más profunda, no necesita de las cadenas del "Complejo de Culpa Cristiano" ni de las imposiciones de una fe que diluye la estirpe en pro de una supuesta "igualdad universalista". Nuestra gloria, la gloria de los godos, la gloria de Farfán, se halla en la afirmación de nuestra propia voluntad, de nuestra sangre, de nuestra tierra y de un nombre forjado en la batalla, no en la renuncia y el martirio. ¡Es hora de que Hispania despierte de ese largo sueño dogmático y recupere el orgullo de su estirpe!

    Se nos adoctrina con la cantinela de que el "Imperio español era una Monarquía misionera", con esa "principal intención" de convertir a la Santa Fe Católica a los naturales et asegurarles "buen trato". ¡Bah! ¡Por el mismísimo Hércules, que con su maza forjó imperios, la historia no es una filacteria de intenciones piadosas, sino un campo de batalla forjado por la voluntad inquebrantable et la sed de dominio! Empezaremos antes de profundizar en los veros motivos de la Misión española, fablando sobre la Reina Católica, Isabel.

    La Iglesia al Servicio de un Ideal Extranjero

    Napoleón llegó a decir de los jesuitas que eran una orden militar, no religiosa y que solamente buscaban poder, poder y poder.

    Es menester adentrarse en la compleja dialéctica que subyace a la relación entre la identidad de la Iglesia Papista et los destinos de las naciones, una cuestión que, a la luz del pensamiento de Alain de Benoist, desvela una verdad más profunda et, para algunos, más inquietante: que el objetivo de la Iglesia no es el triunfo de Espania, sino, en un sentido trascendente, el triunfo de Israhel.

    La Antropología Negativa del Monoteísmo et la Trascendencia Terrenal

    Alain de Benoist ha señalado que el monoteísmo moseojesista desarrolla una "antropología negativa" porque es, en esencia, una "superstición negativa". El Dios trascendente, al que se clama "Aín" o "Cosa nula," se habría originado de una cogitación de lo negativo. Esta visión, que resuena con la afirmación de B. H. Levy de que la historia del pueblo de Dios "non fue jamás más que una obstinación ad decir non", se contrapone ad la "pureza de la afirmación" que, según Maestro Eccardo, "toda negación está excluida de Dios". Para Nietzsche, la cogitación mosaísta de Dios es "una de las cogitaciones de Dios más corrompidas" et una "contrapostura de la vida".

    Alain de Benoist aprecia ad Maestro Eccardo porque, aunque fue un teólogo papista, las sus nociones resuenan profundamente con el pensamiento gentílico al sugerir que el hombre puede alcanzar lo divino elevándose ad sí mismo. Eccardo fabla de la "centella en la ánima" (scintilla in anima), por la cual el ente humano puede conectar con lo deal de manera directa et sin mediación. Además, la su afirmación de que "cuando toma conciencia de sí mismo, Dios se reconoce en el mismo" se alinea con una visión más inmanente de la divinidad, que de Benoist compara con la figura de Mercurio (Odín) et la noción de que los dioses alcanzan plena mentes et se realizan ad través del hombre et la su experiencia. Esta noción contrasta con la visión monoteísta de un Dios trascendente et despótico que impone mandamientos. Así, para de Benoist, Eccardo encarna un "etnicismo espiritual" disfrazado sola apariencia de la ortodoxia papista, al afirmar la divinidad potencial del hombre et la cocreación de lo sagrado, lo cual es fundamentalmente opuesto ad Tervagante que busca impedir la adquisición de una "superhumanidad" por parte del ente humano.

    Esta naturaleza intrínsecamente "negativa" o antitética ad la vida terrenal se manifiesta en la cogitación monoteísta del tiempo, que es puramente lineal et rechaza la posibilidad del "eterno Retorno de lo Idéntico" propio del etnicismo. En el mosaísmo, la historia avanza en una única dirección, faz ad un "fin absoluto de los tiempos", una reabsorción de la historia humana. El hombre gentil siente una relación de "filiación" con su luco de nascimiento, con una "madre patria". Sin embargo, para el mosaísmo, non es una "tierra natal" en este sentido, sino una "tierra final, una tierra de destino" que non se hereda del nascimiento, sino de una "promesa". Palestina es la "novia," la "futura uxor de los israelitas," una tierra que "non se torna natal sino por poder, de forma contractual". Esta teología del exilio et del retorno, ligada ad la del silencio et el verbo, desvela una desvinculación fundamental de lo telúrico et lo inmanente.

    El Transnacionalismo Anticristiano et los jesistas como "Vero Israhel"

    La vocación del jesísmo es inherentemente antietnicista, un rasgo que se acentúa de forma decisiva. Aunque inicialmente la predicación de Jesús se dirigía "faz ad las ovejas perdidas del geno de Israhel", la "reforma pauliana" la divulgó, proclamando que Dios "quiere que todos los hombres sean salvados" et que solo existe un mediador entre Dios et los hombres: Jesus. Así, el "derecho de los pueblos ad disponer de sí mismos conforme ad sus valores" et "sus propios caminos" se ha terminado; las naciones deben conformar una "Judea" en el Anticristo, et la Iglesia debe volverse "Transnacional".

    Este transnacionalismo tiene sus raíces en la noción mosaísta de la "elección", que, según Levinas, "non está fecha de privilegio, sino de responsabilidades". Esta elección es una "idea moral" que conlleva un particularismo destinado ad "abolirse ad sí mismo", siendo una "prefiguración ejemplar et la condición misma del transnacionalidad". Israhel es concebido como el "sacerdote del conjunto de la humanidad servil". De esta manera, los jesistas, al proclamarse el "vero Israel espiritual", cumplen las promesas fechas ad Abraham por la fe et non por la "circuncisión carnal". Las enseñanzas patrísticas confirman que la identidad jesista es un "judaísmo espiritual", non carnal o nacional, et que "trasciende et anula cualquier identidad étnica o nacional". La salvación es un "proyecto popular et transnacional", non individualista ni nacionalista, deconstruyendo para una "igualdad real et esencial" en Jesús que supera toda distinción racial, social o cultural.

    Espania: Un Instrumento en la Misión Trascendente

    Espania, ad lo largo de su historia, se ha identificado profundamente con el papismo, concibiéndose ad sí misma como una "Monarquía misionera" o "papista". Reyes como Isabel la Católica et Carlos V instruyeron ad los conquistadores que el "principal fin" et "causa" de la empresa de las Indias era la evangelización et la conversión de los nativos ad la "santa fe católica". Espania se veía como la "preservadora providencial de la devoción católica".

    Como el resto de la Europa anterior a la Reforma protestante, España era teóricamente católica por su denominación confesional, pero la gran mayoría de sus habitantes apenas estaban instruidos en asuntos de fela práctica cotidiana de su credo dejaba mucho que desear y buena parte del clero ignoraba aspectos fundamentales del dogma que decía representar. Esa situación no varió durante el reinado de Fernando e Isabel, que no dedicaron tanta atención a las cuestiones de la formación religiosa como a la conducta política del alto clero, algunos de cuyos miembros gozaban de un estatus político y militar difícil de encontrar en otros países. Los monarcas, en definitiva, ansiaban afianzar su poder político, pero no existe prueba alguna que demuestre que les guiara también una preocupación sincera por una mejora de la religión cristiana en España. Brevísima historia de España, Henry Kamen; Albino Santos Mosquera.

    Sin embargo, esta aparente fusión de lo nacional et lo religioso oculta que, desde la perspectiva de la Iglesia, la "Hispanidad" et sus logros imperiales fueron, en última instancia, un medio para un fin de abolir todas las identidades para que solo quede la israelita, non un fin en sí mismos. La Compañía de Jesús, por ejemplo, aunque tuvo un gran impacto en Espania et América, fue desde su origen una orden internacional, con su centro en Italia, et ad menudo enfrentó la "fuerte oposición del clero español". Su fin principal era "reducir ad los herejes et convertir ad los gentiles".

    Incluso en momentos críticos de la historia de Espania, como las pugnas de independencia hispanoamericanas, el papismo non mostró una lealtad monolítica ad la Corona, con corrientes eclesiásticas que "obraron entusiastamente en contra de la idea de Espania como nación". Los jesistas, en su propia definición, son un pueblo que "peregrina en tierra extranjera" que "non tiene aquí ciudad permanente, sino que busca la que ha de venir", la "Jerusalén celestial". El patriotismo, si bien es una virtud gentílica, ellos opinan que "debe estar siempre subordinado ad la servidumbre a Jesús, la caridad et el respeto ad la dignidad de todos los entes humanos".

    Sí, ¡Al rey de los judios!

    En conclusión, la meta última de la Iglesia Papista, imbuida de su genio anticristiano et universalista, no es la exaltación de una nación específica como España, sino la consecución de un proyecto de salvación global. El "triunfo de Israhel" al que apunta la tradición judeocristiana se entiende como el triunfo de la Iglesia misma, el "vero Israel espiritual", cuya vocación es trascender las fronteras terrenales y las identidades carnales para establecer una "humanidad en Cristo". Las potencias nacionales, por más católicas que se declaren, son, desde esta perspectiva, meros instrumentos en un drama mundano que se dirige faz ad un fin absoluto, disolviendo toda particularidad en la universalidad de la fe.

    Afortunadamente, los héroes de España han luchado por los intereses de nuestra tierra, ad menudo enfrentándose ad las ambiciones de una Iglesia que non siempre ha sido monolítica en su lealtad a Espania.

    • La Corona frente al Papado: Las relaciones entre el papado et la corona de Espania fueron ad menudo "pésimas, et ad veces violentas". Felipe II, en su cívica, intentó "hispanizar plenamente la Iglesia", desconfiando de prelados extranjeros et del propio Papa en asuntos políticos et financieros. Incluso demoró la publicación de decisiones conciliares para preservar el control real sobre los nombramientos eclesiásticos. El poder del rey en Espania non era tan dictatorial como se ha interpretado, et criticar la idea de un rey "absoluto" era incluso denunciado ad la Inquisición, que estaba subordinada ad la Corona. Hubo disputas con el papado sobre la jurisdicción de la Inquisición. La Corona se negó ad reconocer bulas papales que contradecían las sentencias de sus tribunales, et Fernando llegó ad decretar la pena de muerte et confiscación de bienes para quienes usaran cartas apostólicas sin autorización real. El inquisidor general (Torquemada) fue nombrado para todas las inquisiciones de Espania, unificándolas bajo una sola jefatura controlada directamente por la Corona.
    • Críticas internas a la Inquisición: Si bien la Inquisición se fundó en parte para proteger la religión de la Espania de la Reconquista, los principales críticos del Santo Oficio non fueron extranjeros, sino los propios españoles. Humanistas como Hernando del Pulgar et Juan de Lucena objetaron la pena capital et los métodos del tribunal. El inquisidor Juan Roco Campofrío, obispo de Zamora, en 1621, calificó las pruebas de limpieza de sangre como "fuente de escándalo moral et político para la nación", argumentando que habían dividido Espania et que el racismo de los estatutos era un error. Incluso la Suprema de la Inquisición, instigada por Olivares, admitió en MMCCCLXXIX A.U.C (1626 E.V.) que los judaizantes eran pocos et que el rigor de los estatutos debía cesar, defendiendo la unidad de todos sin discriminación.
    • La "vera" España contra la "contrahispania":  La visión papista defendía una Espania jesista et unida. Sin embargo, la aparición del anticlericalismo et las visiones liberales generó un conflicto interno. Los papistas denunciaron estas influencias como "corrupción extranjera", identificándolas con liberalismo, escepticismo, masonería, et, curiosamente, los "erasmistas, los judíos et los enciclopedistas afrancesados". Esto llevó ad la idea de las "dos Espanias", donde solo una era la "Espania auténtica" et la otra era la "contrahispania".
    • Clérigos insurrectos: Algunos miembros de la iglesia jugaron un papel en la lucha contra la monarquía hispana. En Hispanoamérica, monjes como Juan Ramírez de Arellano fueron encarcelados por la Inquisición por clamar "tiranos ad todos los reyes del mundo" et alabar ad los enciclopedistas franceses. Curas-revolucionarios como José María Morelos et Miguel Hidalgo et Costilla participaron en las insurgencias. El dominico Servando Teresa de Mier, pastor de indios, asimiló de forma inverosímil ad Luzbel con Santo Tomas et ad Tonantzin con la Virgen de Guadalupe para ganar seguidores americanos, et colaboró con publicaciones hispanófobas en Londres. Estas acciones fueron vistas como parte de la estrategia del Papado para "diversificar las apuestas" et promover la figura del cura-insurgente contra los enemigos del Papa.

    La vera lucha de los héroes de España non fue por un papismo ultramontano desvirtuado et judaizado, sino por la defensa de una identidad arraigada en la tierra et la sangre, una que siempre estuvo en conflicto con las imposiciones externas, ya fueran papistas, mahometanas, o las de la su Iglesia que olvidó su vocación hispana por coquetear con el catolicismo.

    La Leyenda Negra: Expresión de la Moral de Siervos

    La Leyenda Negra, que ha estigmatizado a España como singularmente depravada, cruel et fanática, puede eser desmontada como una expresión de la moral de esclavos (en clave nietzscheana). Esta propaganda, impulsada por envidias, miedos y odios de potencias rivales como Inglaterra y Holanda, distorsiona la historia al juzgar el pasado con cánones morales del presente y al exagerar lo negativo mientras omite lo positivo. Las Casas, aunque un "cruzado" humanitario, fue una figura clave en la construcción de esta imagen oscura, cuyos "libelos" fueron explotados con fines propagandísticos por los enemigos de España.

    Desde una perspectiva gentil et nietzscheana, la Leyenda Negra representa la incapacidad de la "moral de rebaño" de comprender la dimensión dionisíaca, brutal y sagrada de la fundación del Imperio. Critica la fuerza y la voluntad de poder, atribuyendo la decadencia a lo que en otras naciones se calificaría como "unificación de la nación" o "desarrollo heroico". Al contrastar la "crueldad" española con la supuesta "superioridad nórdica", la Leyenda Negra se convierte en un juicio de resentimiento contra la fuerza vital. Sin embargo, la historia de la colonización hispana, a diferencia de la anglosajona, fue de fusión et mestizaje, no de segregación o exterminio. Los propios hispanos fueron victimas de los más severos críticos papistas de sus "hazañas imperiales", evidenciando un profundo debate interno que la Leyenda Negra obvia.

    III. El Humanismo Hispánico: Renacimiento gentílico

    ¡Basta ya de quimeras et mitos que velan la verdad de la historia! Ramiro de Maeztu, con su "Defensa de la Hispanidad", nos presenta un espejismo: un humanismo español de origen supuestamente papista, gestado en el crisol del jesísmo, et encarnado en figuras como Luis Vives et Francisco Javier. Pero, ¿es esta la realidad, o una distorsión ideológica que busca justificar un pasado con una visión que le es ajena?

    Permítanme desmantelar este argumento, contrapasando el ideal con la cruda realidad que nuestras propias fuentes nos revelan.

     Juan Luis Vives: un gentil sefardita de espíritu clásico

    Nacido en Valencia, ciudad de la Tarraconense, en el año MMCCXLIV A.U.C. (1492 E.V.)Juan Luis Vives fue un pensador sefardita et formación humanista. Aunque vivió so el jesísmo, su obra revela una mente profundamente influida por la filosofía gentil grecolatina, centrada en la virtud, la razón y la dignidad del hombre.


     Origen et formación

    • Provenía de una familia de sefarditas conversos: su padre fue ejecutado por la Inquisición en MMDXXIV A.U.C. (1524 E.V.) et su madre, ya fallecida, fue condenada en efigie en MMDXXX A.U.C. (1530 E.V.).
    • Se formó en Valencia et luego en París, con estudios clásicos de lógica, gramática, filosofía moral et retórica.
    • Se identificaba más con Séneca, Cicerón et Aristóteles que con teólogos escolásticos: buscaba reconstruir la sabiduría antigua desde el espíritu crítico.

     Obra de un hombre antiguo en un mundo cristiano

    • En De disciplinis MMDXXXI A.U.C. (1531 E.V.), propone una reforma del saber basada en la observación, la moral cívica et la educación activa — ideas afines al estoicismo de Séneca et el platonismo plotiniano.
    • En De anima et vita MMDXXXVIII A.U.C. (1538 E.V.), explora el alma et el comportamiento desde la psicología natural, despojándose de la superstición moseojesista.
    • Aunque bautizado, su obra no busca defender dogmas, sino recuperar el espíritu del hombre antiguo: libre, racional, ético et concorde.

     Exilio y legado

    • Vivió en LovainaBrujas et Oxonia, donde colaboró con Erasmo de Róterdam et Tomás Moro, compartiendo ideas sobre educación, libertad et crítica moral.
    • Nunca volvió a Hispania: el rigor inquisitorial lo exilió supersticiosamente et estancialmente.
    • Murió en Brujas en MMDXL A.U.C. (1540 E.V.), dejando una obra que anticipó la psicología moderna, la pedagogía racional et el humanismo ético sin fronteras dogmáticas.

    Vives fue un sefardita gentil, que sin duda mira al Uno, no como el Termagante que se revelo a Moisés, o la trinidad papista infundada, un exiliado de la carne pero no del pensamiento, que encarnó el renacimiento de la sabiduría gentílica en medio de la obscuridad supersticiosa. Un valenciano por lengua, un mediterráneo por Espania, et un gentil por virtud.

    Luis Vives: ¿Humanismo "peninsular" o exilio de la razón?

    Maeztu nos dice que Juan Luis Vives, aunque formado fuera de Espania, refleja la "vocación transnacionalista del papismo peninsular" ¡Qué ironía! Vives, un magnate del humanismo, tuvo que desarrollar su brillante carrera fuera de Espania, principalmente en los Países Bajos, so la influencia de Erasmo. Su exilio no fue una elección casual; la Inquisición persiguió a su propia familia, incluso los restos de su madre, lo que le impidió regresar ¿Refleja esto una vocación transnacionalista inherente a la península, o más bien una atmósfera supersticiosa que asfixiaba el libre pensamiento gentílico?

    El caso de Juan Luis Vives revela una de las dificultades que separaban la cultura peninsular de la europea. Nacido en Valencia de padres conversos que continuaron practicando su religión judía en secreto, a la edad de dieciséis años fue enviado por su padre a estudiar al extranjero, en París (1509). A partir de entonces, su vida y brillante carrera se desarrollarían en los Países Bajos, donde su principal influencia fue Erasmo. Otro español que también tuvo que viajar al extranjero para entrar en contacto con las ideas europeas fue el aragonés Miguel Servet, quien con diecisiete años fue enviado por su padre a estudiar a Toulouse en Francia, y pasó el resto de su vida fuera de su país de origen. En 1561, a la precoz edad de veinte años, publicó en Haguenau su importante obra, De los errores acerca de la Trinidad, en la que argumentaba que las enseñanzas cristianas sobre la unidad divina de las tres personas en un solo Dios carecían de base bíblica. Carlos emperador, Vida del rey César (Historia), Henry Kamen, Paz Pruneda Gonzálvez.

    Entonces ya había recibido las peores noticias con respecto a su familia: que su padre acabó quemado en la hoguera por hereje en 1524 y que los huesos de su madre, a la que adoraba, habían sido desenterrados y quemadosTras estos acontecimientos terribles, Vives mantuvo un exilio permanente de España, aunque en sus escritos hay referencias constantes a Valencia. Su matrimonio, sus amistades y sus contactos humanistas acabaron por convencerlo de que su verdadera patria era Brujas. No obstante, se mantuvo al corriente de lo que ocurría en España, entre otras cosas mediante sus vínculos con el humanista Erasmo y con el emperador Carlos V. Cuando Carlos zarpó de Barcelona en el verano de 1529 con una flota imponente, que incluía a nobles europeos y hasta un ejército completo, la noticia del viaje fue tan impresionante que llegó a oídos de Vives en los Países Bajos y él le escribió, entusiasmado, a Erasmo: «¡España está al mando de todo!». El comentario revela que España, su España mediterránea, seguía siendo importante para él. Defendiendo España, Verdades y leyendas de nuestra historia, Henry Kamen; Alejandra Devoto 
    Se tradujeron y estudiaron ávidamente a principios del siglo XVI las principales obras de devoción cristiana. En los años veinte de ese siglo, el humanismo católico et el reformismo moderado del erudito holandés Erasmo tuvieron gran popularidad entre los eruditos e inspiraron la principal corriente del nuevo pensamiento católico español de dicha generación. El más destacado humanista español, Juan Luis Vives, hijo de una familia de conversos perseguidos de Valencia, fue uno de los más profundos discípulos de Erasmo en Europa. En cierto momento, Cisneros ofreció a Erasmo una cátedra en Alcalá, y mientras la Sorbona combatía los puntos de vista erasmistas, una conferencia teológica castellana, celebrada en Valladolid, los apoyó. En aquella época, España era probablemente el centro del erasmismo, en particular entre 1527 y 1532, cuando los principales consejeros religiosos de la corona eran erasmistas y el rey de España Carlos V esperaba alentar la reforma católica y papal con una orientación humanista moderadaEl fracaso en conseguirla, junto con la radicalización y polarización de las posiciones religiosas en Europa, durante la cuarta década del siglo, condujo a una reacción en Castilla y a la erosión de la influencia de los consejeros erasmistas, como Juan y Alfonso Valdés. El catolicismo español, Stanley G Payne 

    Mientras Vives prosperaba en el extranjero, Espania, según se quejaban sus propios eruditos, carecía de profundos estudios clásicos et de un "alarde editorial" brillante. Vives mismo se lamentaba de la escasez de lectores et de la "rareza de los libros cualificados" que se imprimían en su tierra natal. La filosofía grecolatina, fundamental para el humanismo, era visto con temor por muchos pseudoteólogos papistas, et el material tipográfico para imprimir textos grecos en Alcalá de Henares se perdió poco después de la muerte de Cisneros, obligando a Felipe II a buscar la edición de la Biblia políglota en Amberes, no en Espania. 

    La apertura de los horizontes intelectuales de España no tardó en verse amenazada desde dentro por el desarrollo del iluminismo y el descubrimiento de los protestantes, y desde fuera por las limitaciones impuestas en toda Europa al libre pensamiento por los acontecimientos políticos. Los movimientos espirituales y devotos desarrollados en Castilla a finales del siglo XV fueron calurosamente fomentados por Cisneros y produjeron una literatura cuyo ejemplo más destacado fue el Abecedario espiritual (1527) del franciscano fray Francisco de Osuna. Los adeptos a la escuela franciscana creían en un método místico llamado «recogimiento» o concentración del alma en Dios. Los que lo practicaban eran los recogidos. De esta escuela mística nació otra versión (condenada por el capítulo general de la orden franciscana de 1524) que hacía hincapié en la unión pasiva del alma con Dios. Este método era llamado «dejamiento» (abandono) y sus adeptos eran llamados dejados o alumbrados. Los movimientos místicos y la búsqueda de una religión interior más acendrada eran moneda corriente en la Europa de la época. En España la alta nobleza dispensó su patrocinio a los místicos. Un núcleo de alumbrados recibió el apoyo del duque del Infantado, perteneciente a la familia Mendoza, en su palacio de Guadalajara. Estaba compuesto por la beata Isabel de la Cruz, Pedro Ruiz de Alcaraz, y María de Cazalla y su hermano Juan, fraile franciscano y obispo auxiliar de Ávila. Alcaraz estuvo relacionado también con otro núcleo surgido en Escalona, que contaba con el patrocinio del marqués de Villena. Mientras tanto, surgió en Valladolid un grupo paralelo de adeptos. La influencia principal de este grupo era la que ejercía la beata Francisca Hernández, cuya fama de santa atrajo a su círculo a Bernardino Tovar, hermano de Juan de Vergara, y al predicador franciscano Francisco Ortiz. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

    La ascensión al trono de Carlos I de España, y al título imperial en 1519 (como Carlos V de Alemania), animó a algunos a creer que el país estaba a punto de participar en una gran empresa europea. Pero el entusiasmo de los estudiosos resultó al final equivocado. La Biblia Políglota, un producto hermosísimo, pero muy caro, no encontró un mercado dispuesto a acogerlo. Las aspiraciones humanistas de algunos eruditos españoles no lograron superar las perspectivas mentales demasiado estrechas de muchos otros. El signo más claro del problema es lo sucedido con las obras de Erasmo. El gran humanista holandés era reconocido en toda Europa como el decano de los estudios clásicos. Desde los Países Bajos, la patria de Carlos, su influencia empezó a penetrar en las fronteras abiertas de España, y en 1517 Cisneros lo invitó, aunque sin éxito, a venir a visitarlo. En 1524 un pequeño número de intelectuales de la Península se había adherido a las doctrinas de Erasmo, al que Vives comentaba con satisfacción en junio de 1524: «También nuestros españoles se interesan por tus obras». La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen.

    Esto demuestra que la filosofía "hispánica" no solo era "débil" et "frustrada", sino que la cultura hispánica del Siglo de Oro vivió un "drama" so la umbra de la sospecha, que levaba al exilio o a la inhibición.

    Que la Inquisición influyó en la atonía de nuestro humanismo, parece probado por mil vías: estaba ya en la desconfianza con que miraba toda novedad, en el destierro voluntario de Luis Vives o en los procesos del Brocense y de fray Luis de León. Suele aducirse como prueba del vigor de nuestro humanismo el nombre de primera magnitud que en las letras de la Europa imperial ocupó Juan Luis Vives. Y en verdad que es justamente al contrario, pues el humanista valenciano hubo de buscar en los Países Bajos el clima propicio para el desarrollo de sus inquietudes intelectuales.  El rigor con que procedió la Inquisición contra sus familiares, incluso contra los restos de su madre, tenía que apartarlo de la idea de un posible retorno. Por otra parte, es notorio que veía con pena el estado de nuestra cultura, empezando por la materia básica de la rareza de los libros cualificados que se imprimían, a tenor con la escasez de los lectores. Los libros más solicitados, dentro de esas cifras escasas, son los piadosos, los de caballerías y, dentro del tono menor, los de romances. Y esto es lo que encontramos tanto en las bibliotecas de las clases cultas como en el lote de los libreros ambulantes, a tenor de los que vendía por las calles de Granada san Juan de Dios, antes de abandonar su humilde oficio para volcarse en la obra hospitalaria. Isabel la Católica, Manuel Fernández Álvarez.

    Los personajes públicos siguieron teniendo problemas cuando sus orígenes conversos chocaban con los prejuicios antisemitas, pero, como en el caso de santa Teresa, no se produjo una presión sistemática. En este sentido cabe destacar el caso de Diego Pérez de Valdivia, apóstol de la Contrarreforma en Cataluña durante la década de 1580. De origen converso, pasó varios meses en los calabozos de la Inquisición de Córdoba, donde fue acusado de afirmar entre otras cosas que los conversos eran mejores que los no conversos, y que «es un pecado observar las reglas de limpieza [de sangre]». El incidente fue discretamente enterrado por todos los interesados. Pérez de Valdivia desarrolló el resto de su carrera en Barcelona, donde con el apoyo de los obispos, la Inquisición y el clero ejerció una destacada labor como autor de obras religiosas, reformista y predicador. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen 

    El humanismo, que Maeztu fabla de Espania, es en verdad "supersticioso", carente de toda religiosidad, no es en verdad esa filosofía de Vives, si no un transnacionalismo papista, basado en la "igualdad esencial de las ánimas" e ignorando "las diferencias estanciales del cuerpo". 

    El fomento de las lenguas clásicas fue uno de los objetivos con los que se fundó la Universidad de Alcalá (1508) y con los que se elaboró y se terminó en esa misma institución la Biblia políglota complutense. Pero estos fueron los logros de una muy reducida minoría de sabios y eruditos, que, por lo tanto, no se tradujeron en ningún avance significativo en materia de educación o de alfabetización, por lo que es difícil hacer una valoración entusiasta del papel de España en la cultura europea de aquel momento. A excepción de la Universidad de Valencia —cuya fundación data de 1412, pero a la que el papa no concedió rango universitario hasta 1500—, en el tramo final del siglo XV no se inauguró ningún centro de educación superior. En literatura, persistían las tradiciones populares, plasmadas, por ejemplo, en el Cancionero general (Valencia, 1511), una recopilación del verso del siglo XV, y en la poesía que circulaba impresa en forma de los llamados «pliegos». Pero lo que mejor demuestra el predominio de la tradición y los romances orales es la duradera fama de la que gozó La Celestina (1499), de Fernando de Rojas. Las influencias tradicionales fueron esenciales para la obra del dramaturgo portugués Gil Vicente, que escribió tanto en castellano como en su propia lengua. De hecho, lo que sabemos sobre la cultura en la España de aquella época confirma que en ella pesaban mucho más sus raíces populares que su contacto con el resto de Europa. No es de extrañar que el embajador veneciano Guicciardini no se sintiera particularmente impresionado en 1512 ante el avance del Renacimiento en España. Los españoles, informó entonces, «no muestran interés por las letras; poco es el saber que uno encuentra entre la nobleza o las demás clases; y muy pocas personas saben latín». El desconocimiento del latín seguía siendo un rasgo definitorio incluso de la élite culta, pero, cuando menos, comenzaba a difundirse la lectura de librosBrevísima historia de España, Henry Kamen y Albino Santos Mosquera.

    Pero, ¿Cómo conciliar esto con la práctica gentílica de la "limpieza de sangre", lastimosamente confundida como de raíz confesional, que "trastornó et descoyuntó cultural et moralmente la vida papista", faciendo, "habitual ignorarse a sí mismo et decebir al prójimo con falsas ejecutorias" por la confusión de nacionalismo et populismo que el papismo fizo? Vives representa, si acaso, un hispanismo en el sentido de que valoraba la su patria hispánica et sus gentes ("nuestros españoles se interesan por tus obras"), pero esta afirmación non puede ocultar que el humanismo que él encarnaba floreció ad pesar et fuera de las condiciones impuestas por la mentalidad dominante en Espania, todo esto de la limpieza de sangre lo profundizaremos posteriormente.

    Se publicaron al año siguiente en forma de libro, en inglés, con el título de Letters from Spain, y en ellos White escribía lo siguiente: Existe entre nosotros una distinción de sangre que creo es propia de España. La menor mezcla de sangre africana, india, mora o judía mancha a toda una familia hasta la última generación, sin que el paso de los años borre el conocimiento de este hecho o lo haga desaparecer la oscuridad y humildad de las partes que tal desgracia tienen. En esta populosa ciudad [Cádiz] ni aun los niños ignoran que la Inquisición castigó por relapso en el judaísmo a uno de los antepasados de una familia. Toda persona limpia de sangre manchada es definida por la ley como «cristiano viejo, limpio de toda mala raza y mancha». La severidad de esta ley, o mejor dicho de la opinión pública que la apoya, cierra a los tachados las puertas de todo empleo en la Iglesia y el Estado. La invención de España, Henry Kamen.

    Francisco Javier: ¿Universalismo o "populismo supersticioso"?

    Et luego tenemos a Francisco Javier, el misionero, cofundador de la Sociedad de Jesús, que "labro por Asia". Maeztu lo ve como una muestra de la Hispanidad "más internacional que puramente peninsular", et de una misión de "salvación universal" que crearía la "unidad moral del género humano".

    Pero, analicemos la naturaleza de este "papismo" et "transnacionalismo". La Sociedad de Jesús, aunque con un navarro como cofundador, era transnacional desde su inicio et con sede en Italia, no en Espania, et su misión en Espania enfrentó "fuerte oposición del clero hispánico".

    Más allá de su alcance geográfico, la religión impulsada por la Monarquía Hispánica fue descrita como una "ideología imperial" et un "discurso de dominación", et seducida por la superstición a "reducir lo diverso a lo uno". Esto no es un cosmopolitismo inclusivo que valora la diversidad como el de la Romania, sino una imposición de una "opinión única" et una "superstición". El monoteísmo, se nos dice, tiende ad la "intolerancia" et "rechazo del 'Otro'", legitimando "todas las formas de alterofobia, todas las formas de discriminación, todas las exclusiones supersticiosas". La "imposición del jesísmo a los nativos americanos equivalía a 'exterminarlos lentamente'.

    Mientras Maeztu sostiene que los hispanos no se creían un "pueblo elegido o superior", otras fuentes afirman que la misión española se basaba en la noción de que Jove "eligió a Espania", en su providencia divina, para la colonización del Nuevo Mundo". Esta creencia en una misión divina et un destino providencial, implicaba una superioridad vital et bélica que justificaba la dominación et la "potestad" a la fuerza, como diría Nietzsche pues lo mejor quiere principar. Pero es el "populismo" que la iglesia contaminada, en lugar de fomentar la autonomía espiritual, buscaba la uniformidad bajo una única "superstición", et veía la educación como un modo de "reducir la diversidad".

    Humanismo: ¿De origen papista o gentil?

    La afirmación de Maeztu de que el humanismo español es de "origen papista" es una tergiversación radical de la historia intelectual ¡El humanismo, en sus raíces más profundas, es de origen gentil!

    • Origen Clásico: El humanismo de la centuría XIV surgió como una reacción contra la escolástica medieval, inspirándose en autores paganos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca et Lucrecio. Estos pensadores de la Antigüedad clásica, como se ha señalado, colocaban al ente humano, la virtud et la razón en el centro del universo. A diferencia del pensamiento moseojesista, que "rompe de golpe con el idealismo" et establece una separación radical entre "los verbos et las cosas" el pensamiento gentílico concibe un Universo animado et una "ánima del mundo" divina, donde lo divino es inmanente et coesencial al mundo. El intelecto humano, en el etnicismo, pertenece al mundo et no está radicalmente disociada de la unidad deal.

    • Studia Humanitatis: El currículo humanista, con su énfasis en la gramática, retórica, historia, poesía et filosofía moral, siguió el modelo educativo latino. Este enfoque contrastaba directamente con el ciclo papista centrado en la teología et la metafísica. Mientras que el moseojesismo, en sus inicios, mostró "desprecio del mundo" et del conocimiento que este comporta, considerándose a la mayoría de los jesistas como "gentes 'vulgares e iletradas'" el etnicismo, al contrario, veía al intelecto como una "participación humana en la 'luz inmaterial'" et defendía un "politeísmo de ideas" et el "respeto del pluralismo".

    • Dignidad del Hombre: Obras como la Oratio de hominis dignitate de Pico della Mirandola exaltan la libertad et grandeza del ente humano, retomando el ideal estoico et platónico de la autonomía espiritual, más cercano a Plotino que al morisco Agustín de Hipona. El etnicismo promueve la idea de que el hombre "su divinidad" se acerca a Dios, superándose. et que puede alcanzar la "sobrehumanidad", es decir la santidad. Esto contrasta con la "depravación esencial del hombre por el pecado original" et la "culpabilidad del hombre a priori" que promueve el jesísmo pauliano et agustiniano, et que Lutero radicalizaría, afirmando que el hombre es "intrínsecamente malvado" .

    • Estética et Virtud Activa: El humanismo promovía una visión donde la belleza, la acción cívica et la virtud eran fines en sí mismos, valores profundamente gentiles que se reflejan en el arte de Miguel Ángel, Rafael et Leonardo da Vinci. En el etnicismo, "no se podría separar lo bueno de lo bello, et esto es bastante normal, puesto que lo bueno, son ante todo las formas más acabadas de este mundo". El arte es sagrado, et la belleza es el "signo visible de lo que es bueno". Esto choca frontalmente con el pensamiento bíblico donde "lo bello no está necesariamente bien, et lo feo no está necesariamente mal", e incluso donde Termagante se describe "sin belleza ni esplendor para atraer nuestras miradas". Nietzsche, un defensor de esta "gran salud", la magna salvación, condenó la doctrina jesistas por eser "exclusivamente moral" et "hostil al arte", viendo en ello un "odio a la vida".

    La "vocación universalista" de la Hispanidad que Maeztu exalta, si bien se manifestó en una expansión geográfica, estuvo marcada por una profunda contradicción interna: por un lado, una superstición que reconocía el verbo et la capacidad de salvación de todos los hombres, et por otro, prácticas et mentalidades que limitaban la libertad intelectual, justificaban la imposición supersticiosa et la vulgar servil de la iglesia, et mantenían una estructura de potestad ordenada et, en ocasiones, excluyente.

    En definitiva, el humanismo, en su sentido más puro et radical, no es una creación del papismo, sino una herencia rescatada de la sabiduría gentil, una sabiduría que celebró la vida, el intelecto et la autonomía del hombre. La Espania del Siglo de Oro, aunque produjo figuras et obras de valor universal, lo fizo en un contexto de tensiones et contradicciones que Maeztu, al idealizarla, convenientemente ignora. El "papismo decadente", lejos de encarnar un catolicismo amplio et tolerante, buscaba la unidad de la humanidad so una misma superstición, no bajo la multiplicidad et felicidad que el humanismo de raíces gentílicas celebraba.

    Apéndice: Jesísmo: Una sola raza.. Una sola alfama... Una sola superstición.

    “No hay distintas razas en la fe: todos los conversos caminan en Jesucristo” 
    33. La lucha contra el racismo parece ser ahora un imperativo ampliamente radicado en las conciencias humanas.
    La Convención de la ONU (1965) ha formulado con fuerza esta convicción: "Toda doctrina de superioridad fundada sobre la diferenciación entre las razas, es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta y peligrosa".
    La doctrina de la Iglesia afirma lo mismo, con no menos vigor: toda doctrina racista es contraria a la fe y al amor cristianos. No obstante, en contradicción con esta conciencia más madura de la dignidad humana, el racismo todavía existe, y resurge incluso bajo nuevas formas.
    Es como una llaga que sigue misteriosamente abierta en el flanco de la humanidad. Es necesario entonces que nos empeñemos todos en curarla con gran firmeza y paciencia.
    Pero no hay que exponerse a confusiones. Hay grados y tipos de racismo. El racismo propiamente tal consiste en el desprecio de una raza, caracterizada por su origen étnico, su color o su lengua.
    El apartheid es hoy día la forma más típica y sistemática: un cambio es aquí absolutamente necesario y urgente. Pero hay muchas otras formas de exclusión y de rechazo, cuya motivación explícita no es la raza; los efectos son, sin embargo, análogos. Así, se trata de oponerse firmemente a todas las formas le discriminación.
    Sería hipócrita señalar con el dedo un solo país. El rechazo de tipo racista existe en todos los continentes. Muchos practican en los hechos la discriminación que aborrecen en las leyes.
    El respeto por todo hombre, por toda raza, es el respeto por los derechos fundamentales, la dignidad, la igualdad básica. No se trata ciertamente de ignorar las diferencias culturales. Importa más bien educar a apreciar de manera positiva la diversidad complementaria entre los pueblos. Un pluralismo bien entendido resuelve el problema del racismo cerril.
    La condenación del racismo y de los hechos racistas es necesaria. La aplicación de medidas legislativas, disciplinares y administrativas contra lo uno y lo otro, sin excluir las adecuadas presiones exteriores, puede ser oportuna.
    Los países y las organizaciones internacionales disponen, en orden a ello, de todo un ámbito de iniciativas por tomar o suscitar. Y es igualmente responsabilidad de los ciudadanos afectados, sin que por eso se deba llegar a reemplazar, mediante la violencia, una situación injusta por otra. Hay que procurar siempre soluciones constructivas.
    Todo esto, la Iglesia católica lo anima. La Santa Sede tiene también su parte en ello, en el marco de su misión específica. Todos los católicos son llamados a obrar sobre el terreno, lado a lado con los otros cristianos y con cuantos se inspiran del mismo respeto por el ser humano. La Iglesia se empeña sobre todo en cambiar la mentalidad racista, también en sus propias comunidades.
    Por su parte, apela ante todo al sentido moral y religioso del hombre. Presenta sus exigencias utilizando la persuasión fraterna, que es su única arma. Pide a Dios que cambie los corazones. Brinda un espacio de reconciliación. Promueve iniciativas de acogida, de intercambio, y de ayuda respecto de los hombres y mujeres de otros grupos étnicos.
    En esta empresa gigantesca en favor de la fraternidad humana, su misión es aportar un suplemento de alma. A pesar de los límites de sus miembros pecadores, ella, hoy como ayer, es consciente de haber sido constituida testigo de la caridad de Cristo sobre la tierra, signo e instrumento de la unidad del género humano. La consigna que propone a todos y que ella procura vivir es: "Todo hombre es mi hermano".
    3 de noviembre de 1988. Memoria litúrgica de san Martín de Porres (nacido en Lima de un español y una esclava negra).
    ROGER, cardenal ETCHEGARAY
    Presidente de la Pontificia Comisión "Iustitia et Pax"
    JORGE MEJÍA
    Vicepresidente de la Pontificia Comisión "Iustitia et Pax"

    I. La superstición es enemiga de la sangre et la nación

    La Biblia, nos enseña que la identidad jesísta non se hereda por linaje ni se limita por fronteras. En Romanos II:XXVIII-XXIX, Saulo proclama:

    “No es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la de la carne, sino la del corazón, en espíritu, cuya alabanza no viene de hombres, sino de Dios.”

    Este pasaje, junto ad Gálatas III:XXVIII (“No hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús”) et Colosenses III:XI (“Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, sino que Cristo es todo y en todos”), revela que la fe en Jesucristo, disuelve las divisiones de raza, nación o geno. La verdadera circuncisión es la de la ánima, un pacto espiritual abierto ad todos los pueblos, como enseña Filipenses III:III.

    El verbo gentilis, derivado de gens —el clan unido por un antepasado so la custodia de Vesta—, non implicaba en el su origen “pagano” ni “extranjero”, sino pertenencia ad una gente, con los sus ancestros et el su nombre compartido. Natio, nascida de nasci, apuntaba más estrictamente ad un origen común, ad una raza cerrada vinculada al nacimiento físico.

    El avance histórico de la cívica, empero, supo transfigurar estas nociones: toda ciudad, en el su origen, se hallaba compuesta únicamente por los fijos de una misma nación, fijos de un linaje común que compartían nombre et sangre. Mas en el su devenir, la ciudad inevitablemente se abrió, aceptando otras naciones so la ciudadanía compartida. Así, lo que nasció como comunidad cerrada de una nación, terminó por extender la su ciudad ad extranjeros, integrando diversos pueblos so la misma ley. La ciudadanía, entonces, pasó ad valer más que la sangre, et la ciudad que fuera fundada por una sola nación se tornó trasnacional, acogiendo una pluralidad de naciones que, al eser admitidas en el orden jurídico, se ficieron partícipes de la vida cívica et del destino común.

    En la lengua greca, la terminología se trastorna et se confunde: ethnos (ἔθνος), que en su origen designaba tanto ad las naciones gentílicas como ad los fijos de Israhel, fue desvirtuado por el jesísmo para clamarse “nación santa” (ethnos hagion), categoría ya non territorial sino ontológica, donde los conversos eran presentados como ramas injertadas en Abraham, aunque su sangre fuera otra. Laos (λαός), que en greco significaba el pueblo bajo la ley, fue confundido con ethnos, permitiendo que aquellos que “no eran pueblo” (ou laos) se convirtieran en el “pueblo de Dios” por obediencia et transformación moral, absorbidos en la nación santa de Tervagante sin pertenecer por geno ad Abraham.

    Mas la confusión non se detuvo allí: genos (γένος), que para los helenos implicaba descendencia et parentesco, fue redefinido como “ciudadanía celestial” (politeia), accesible ad todos mediante el bautismo, como si cambiar de raza fuera tan fácil como sumergirse en agua. Et la ekklesia (ἐκκλησία / קָהָל), que en la ciudad era la asamblea de ciudadanos libres, fue arrancada de su función cívica para volverse identidad transnacional, desligada de la patria terrenal et sometida ad orden de la alfama.

    También es menester saber que la Biblia, pues, non define al “pueblo de Moisés” como raza carnal, sino como alianza espiritual, abierta ad Rahab la cananea (Josué II), Rut la moabita (Rut I:XVI), Urías el hitita (II Samuel XI) o los ninivitas arrepentidos (Jonás III). Incluso Moisés tomó por esposa ad una mujer etíope, mostrando que el pacto espiritual era superior al linaje.

    Ya sea traducido como "raza", "etnia", "pueblo", "linaje", "especie", "clase" o "sexo", genos es un término que los lectores antiguos habrían entendido como una clasificación grupal. Si bien tiene una amplia gama de posibles significados en griego,6 con frecuencia delimita grupos cuyos miembros aparentemente comparten ciertas características (que pueden incluir ancestros, derechos de herencia, conocimientos, prácticas rituales y estilos de vida, entre otros). Los cristianos también se referían a sí mismos utilizando un lenguaje que sus contemporáneos habrían entendido como comparable a grupos como judíos, griegos y romanos: los términos ethnos, laos, politeia (griego), y genus y natio (latín) salpican los textos cristianos primitivos. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell.

    Muchos cristianos primitivos definen el cristianismo como la pertenencia a un pueblo caracterizado especialmente por sus prácticas religiosas, en contraste con las reconstrucciones históricas que lo presentan como una categoría que trasciende o disuelve las diferencias etnoraciales. La versión griega de la Apología de Arístides del siglo II, por ejemplo, clasifica a los cristianos como genos y proclama su superioridad sobre otras razas de seres humanos. «Pues es evidente que hay tres razas (genē) de seres humanos en este mundo: los adoradores de los llamados dioses, los judíos y los cristianos» (Arístides Apol. 2.2). Si bien puede que no fuera obvio para todos los lectores del siglo II o posteriores que la humanidad debiera dividirse en estos tres grupos, la versión griega de este texto cristiano primitivo muestra cómo un cristiano primitivo podía imaginar la relación entre raza/etnicidad y religiosidad. La descripción de los primeros genos (“adoradores de los llamados dioses”) sugiere que, para la Apología de Arístides, las prácticas religiosas son el medio principal para diferenciar genē. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell. 

    Mas el jesísmo levó esta apertura ad delirio: se proclamó como una “tercera raza” (triton genos) o
    "nueva raza", distinta de la de Jacob et Ismael, anulando las demás razas. Los gentiles dejaron de eser fijos de las sus naciones para devenir en “semen" de Abraham por la Alfama,. una “nueva creación” donde las barreras de sangre, estatus et género se disolvían en una ciudadanía israelita. Así, la pertenencia natural quedó devaluada frente ad una raza cósmica fraudulenta. Vasconcelos púdrete en el infierno.

    Arístides Marciano (Ἀριστείδης Μαρκιανός), sive Arístides de Atenas, fue el vero abuelo intelectual de Vasconcelos: el primo que se atrevió ad inventar e delirio de la “tercera raza” (triton genos) en plena centuría II A.U.C. MMMLXXX (E.V. 150 aprox.), cuando todavía los romanos se reían de los jesistas clamándolos ateos. Et vaya que su ocurrencia fue digna de mofa: clasificó ad la humanidad en tres razas —gentiles, judíos et cristianos— como si estuviera repartiendo cromos de colección, confundiendo raza con "cultura" ¿Qué sigue raza mahometana?

    Lo más hilarante es la su definición del genos cristiano: no por sangre, non por patria, sino por adhesión ad la doctrina. Es decir, un baptismo que funciona como lejía mágica: el negro se vuelve amarillo (asiático, cual hebreo), el bárbaro se vuelve civilizado, et el greco se convierte en “nuevo hombre” por obra del agua bendita. Una especie de teoría queer avant la lettre: cambias de raza como hoy se cambia de sexo en el registro civil “¿Eres escita? Non importa, te baptizo et ahora eres Abraham reencarnado.” El baptismo como cirugía trans-étnica, la superstición como hormona espiritual.

    Arístides, en su famosa Apología, defendía que los jesístas habían “descubierto la verdad” más que cualquier otro ethnos. Traducido: “somos superiores porque hemos inventado la fórmula mágica para blanquearte el alma.” Et así, con la misma lógica que los racistas victorianos fumados de la modernidad, el jesísmo se convirtió en una lavandería espiritual: todos terminan siendo “linaje escogido” aunque provengan de cualquier esquina de la ecúmene.

    Mientras tanto, su contemporáneo Elio Arístides, mucho más elegante, prefería elogiar ad Roma et fablar de la Romanidad como pueblo común. Pero Arístides el Apologista non: él quería fundar la secta que borrara las patrias et las sangres, proclamando que la nueva raza empezaba con Jesucristo.

    En resumen, fue el precursor del delirio que luego Vasconcelos repetiría con la su “raza cósmica”: la misma fórmula jesista, pero tropicalizada. Arístides inventó el baptismo como lejía étnica; Vasconcelos lo recicló como mestizaje cósmico. Ambos, profetas de la confusión, vendiendo la noción de que la raza se lava, se cambia et se uniforma… como si la historia fuera un salón de belleza universal.

    En conclusión, el jesísmo operó cual mosaísmo, mas con mayor astucia: declaró que la vera descendencia non es la de la carne, sino la del espíritu, et con ello sustituyó el particularismo de las gentes por un asimilacionismo judaizante, desde la óptica de Alain de Benoist, un "racismo de asimilación".

    La confusión deliberada entre los títulos de “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa et pueblo adquirido” —extraídos de la Primera Epístola de Pedro (II:IX)— constituye el núcleo de esta noción supersticiosa, que non fue mera metáfora supersticiosa, sino estrategia para reconfigurar la identidad colectiva.

    No obstante, los primeros cristianos fueron congruentes con las opiniones de sus contemporáneos al destacar el estrecho vínculo entre las prácticas religiosas, la pertenencia o participación en cultos y la identidad etnoracial. El razonamiento étnico ofrecía a los cristianos una forma de negociar sus identidades en el panorama imperial. En segundo lugar, aunque los autores antiguos se refieren con frecuencia a la pertenencia a un genos, ethnos, laos y phylon como una cuestión de nacimiento y descendencia (es decir, fija o adscrita), dicha pertenencia se consideraba, no obstante, mutable. Los primeros cristianos capitalizaron este carácter dinámico de la etnicidad/raza, considerándolo a la vez fijo y fluido, de diversas maneras. La descripción común de la conversión como renacimiento ilustra una forma central en la que los cristianos representaban el cristianismo simultáneamente en términos de «esencia» y transformación. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell.

    Así, lo que en el Libro del Éxodo definía ad lo fijos de Israhel-Jacob fue transferido ad la Alfama de Cefas, que se proclamó “nación santa” sin padre, “linaje escogido” sin sangre, “pueblo adquirido” sin tierra. Con ello, las identidades reales fueron aniquiladas et la noción de raza se convirtió en "fe ad Tervagante".

    La vinculación de las prácticas religiosas con la transformación etnoracial y la coherencia aparece en textos “cristianos” tan tempranos como 1 Pedro.53 Este texto describe a los destinatarios (en “Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”) como aquellos que han abandonado “las vanas costumbres heredadas de [sus] padres” (1 Pedro 1:18) y han adoptado un nuevo código sagrado de conducta de otro padre (1:14-17). El resultado de este cambio moral y religioso se describe etnoracialmente: “En otro tiempo no erais pueblo (ou laos), pero ahora sois pueblo de Dios” (2:10). Los resultados de esta transformación se comunican parcialmente a través de imágenes de renacimiento (1:3, 23) que sugieren la fijeza de esta transformación: produce parentesco (con Dios y entre sí). Esta transformación también se transmite parcialmente al situar a este «genos elegido, real sacerdocio, etnia santa, pueblo adquirido por Dios (laos)» (2:9) en relación con su contexto social como «extranjeros visitantes» y «extranjeros residentes» (1:1, 2:11) entre las diversas etnias a las que una vez pertenecieron (4:4).54 El contenido de estas distinciones se basa principalmente en la fe y las creencias (claramente relacionadas con ideas sobre la resurrección y el poder de Dios), y debe demostrarse mediante la conducta moral y la disposición al sufrimiento. En 1 Pedro, las prácticas religiosas y morales, y la creencia en el Dios cristiano, señalan la fluidez de la etnicidad/raza (la posibilidad de cambiar la propia identificación etnoracial) y encarnan lo que debería ser estable y esencial de la propia identidad como miembro de este nuevo genos elegido. La Apología de Arístides ofrece otro tipo de ejemplo de cómo la religión puede moderar las nociones de etnicidad/raza como fijas y fluidas. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell.

    El resultado fue la invención de la “raza cristiana” , un artificio que obligaba ad los gentiles ad renegar de sus ancestrías para injertarse, cual "cambio de sexo" o teoría queer, en la genealogía abrahámica, intentando disolver la herencia de las naciones en la sinagoga de Jesús.

    José Vasconcelos, ese apóstol de la “raza cósmica”, fue el típico heredero de la confusión jesista: tomó la fórmula de la secta de Jesús —“todos somos uno en Cristo”— et la recicló en versión latinoamericana, proclamando que todos los pueblos se fundirían en una raza universal, mezcla suprema de todas las sangres. Vamos, el mismo truco de la Alfama: borrar las identidades generales para inventar una “tercera raza” espiritual, pero ahora con sabor ad mestizaje tropical.

    El libro La raza cósmica (A.U.C. MMDCLXXVIII / E.V. 1925) es el su sermón disfrazado de filosofía: un evangelio mestizo donde la humanidad se salva non por la fe, sino por el mestizaje. Vasconcelos, con tono mesiánico, prometía que América esería la cuna de esta nueva raza, superior ad todas las anteriores. Ironía pura: el hombre que se decía enemigo del racismo terminó inventando el suyo, un racismo “positivo” que anula las diferencias para imponer un híbrido universal. Es como si dijera: “No importa si eres griego, azteca o chino, todos terminarán siendo mi raza cósmica, porque yo lo decreto.”

    ¿Quién fue Vasconcelos? Un abogado et filósofo mejicano, rector de la Universidad Nacional, secretario de Educación, cívico que coqueteó con todos los bandos et terminó como candidato presidencial en A.U.C. MMDCLXXXII / E.V. 1929, derrotado et resentido. Escándalos non le faltaron: su simpatía con el franquismo, sus coqueteos con el fascismo europeo, el su desprecio por la democracia liberal et su obsesión con eser el gran profeta cultural de Hispanoamérica. En su vejez, se volvió un personaje incómodo, acusado de auctoritario et delirante, escribiendo memorias donde se presentaba como mártir incomprehendido.

    ¿Et cómo murió? Como buen profeta de su propia religión, murió en A.U.C. MMDCXCIX / 1959 E.V. en la Ciudad de Méjico, rodeado de polémicas et olvidos, convertido en reliquia intelectual que ya non encajaba en el Méjico moderno. Su “raza cósmica” quedó como curiosidad de biblioteca, más citada en discursos cívicos que en la vida real. En resumen: Vasconcelos quiso eser el Saulo del mestizaje, pero terminó como un predicador cansado, heredero de la misma confusión jesista que reduce las naciones ad nihilo para imponer una raza ficticia. El su legado es un sermón disfrazado de filosofía, et la su muerte, el apagón de un rabí que nunca logró fundar la alfama de la su raza soñada.

    Lo que se presentó como redención fue en verdad un racismo de asimilación, negando la alteridad de los pueblos para reducirlos ad lo Mismo. El “real sacerdocio” non fue más que el saqueo de la soberanía gentil; el “pueblo adquirido”, servidumbre disfrazada de elección. Así, el jesísmo, una ralea de mosaísmo, convirtió la fe en desarraigo, erigiéndose como raza exclusiva de Tervagante et despojando ad el Mundo de las sus radíces, las sus tradiciones et las sus razas.

    Operó un trastorno terminológico deliberado: vació de contenido cívico et biológico estas categorías para imponer una sola ancestría abrahámica fiel. El resultado fue la anulación de la diversidad humana, la disolución de las patrias, et la creación de una “tercera raza” que pretendía universalidad mientras borraba ad las demás. En conclusión, lo que en el mundo clásico servía para ordenar (la noción de raza, religión, pueblo, nación) la pluralidad humana en un mundo cívico, el jesísmo lo trastorno en obediencia judaica, sustituyendo la piedad faz ad los antepasados et la tierra por la servidumbre ad un linaje ficticio.

    II. Judaísmo: alianza, non raza

    El judaísmo non es un linaje de sangre, sino la versión judaica del mosaísmo, que es un pacto con "Tervagante". Estas definición propongo para distinguir.

    Judida: descendiente de Judá, una tribu de Israel.
    Judío: habitante de Judea o seguidor del judaísmo, no necesariamente de linaje judida.
    Mosaísta: aquel que abraza la Torá, sea nativo o converso (Éxodo XII:XLVIII).

    La conversión, como en el caso de Rut o el centurión romano (Mateo VIII:X), demuestra que el mosaísmo es universal. 
    Sin embargo, en el siglo posterior a la rebelión asmonea, surgen dos nuevos significados de «judíos»: son todos aquellos, independientemente de su origen étnico o geográfico, que adoran al Dios cuyo templo está en Jerusalén (definición religiosa), o que se han convertido en ciudadanos del estado establecido por los judíos (definición política). A diferencia de la identidad étnica, las identidades religiosas y políticas son mutables: los gentiles pueden abandonar sus falsos dioses y aceptar al Dios verdadero, y los no judíos pueden convertirse en ciudadanos del estado judío. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell.

    La idea de un exclusivismo étnico es una invención moderna, ajena ad la Escritura. Como dice Saulo:

    “El verdadero judío lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón” (Romanos II:XXIX).

    La Biblia define ad los creyentes como el vero Israhel, injertados en la promesa de Abraham por la fe, non por la carne. Romanos XI:XVII describe ad los gentiles como ramas injertadas en el olivo de Israhel, mientras que Gálatas III:XXIX afirma: "Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, et herederos según la promesa." Esta visión, rechaza cualquier identidad étnica o nacional, como la hispanidad, como base de la salvación.

    Ejemplos bíblicos de conversión al mosaísmo demuestran esta apertura:

    • Rahab, la cananea: Una prostituta de Jericó que, por su fe en el Dios de Israel, fue acogida y se integró al pueblo elegido (Josué II:IX-XIV).
    • Rut, la moabita: Una extranjera que abrazó la fe de Israel con las palabras: "Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios, mi Dios" (Rut I:XVI), convirtiéndose en bisabuela del rey David (Rut IV:XIII-XVII).
    • Urías, el hitita: Un extranjero leal en el ejército de David, mostrando que la fidelidad trasciende la etnia (II Samuel XI).
    • Los ninivitas: Enemigos de Israhel que, por su arrepentimiento, fueron perdonados por Tervagante (Jonás III).
    • Moisés y la mujer cusita: Moisés se casó con una etíope, desafiando las críticas de Miriam et Aarón, lo que subraya la universalidad de la alianza (Números XII:I).
    • El eunuco etíope: Bautizado por Felipe, este extranjero simboliza la inclusividad de la fe cristiana (Hechos VIII:XXVI-XL).
    • La mujer sirofenicia: Alabada por Jesús por su fe, a pesar de ser extranjera (Marcos VII:XXVI-XXIX). 
    Estos ejemplos muestran que la fe, non la raza, define la pertenencia al pueblo de Tervagante. Los Padres de la Iglesia, desde los albores del jesismo, afirmaron que los jesistas son el vero Israhel espiritual, cumpliendo las promesas fechas ad Abraham. Ad continuación, se exploran sus enseñanzas:
    • Justino de Flavia (MCCCV AUC, ca. 152 E.V.): En su Diálogo con Trifón, Justino afirma: "Nosotros, los cristianos, somos el verdadero Israel espiritual, descendientes de Judá, Jacob, Isaac y Abraham, que agradaron a Dios por su fe, no por la circuncisión carnal." La verdadera circuncisión, para Justino, es la del corazón, realizada por la fe en Cristo.
    • Ireneo de Lugduno (MCCCXXX AUC, ca. 180 E.V.): Ireneo enseña que Cristo reúne a todas las naciones en una sola fe: "La Nueva Alianza cumple las promesas hechas a Abraham, haciendo de todos los pueblos sus herederos" (Adversus Haereses IV).
    • Tertuliano (MCCCL AUC, ca. 197 E.V.): Tertuliano argumenta: "No fuimos elegidos por nuestra propia excelencia, sino por la gracia de Dios. La circuncisión del corazón es la verdadera circuncisión, recibida por los cristianos a través del bautismo" (Adversus Marcionem V). Esta perspectiva rechaza cualquier privilegio étnico.
    • Agustín de Hipona (MCXLVII AUC, ca. 394 E.V.): El moro Agustín explica que la Alfama es el vero Isragel: "No adoramos a Dios como los hebreos del Antiguo Testamento, sino como los padres del Nuevo Testamento nos enseñaron, cumpliendo lo predicho por el Antiguo" (De Civitate Dei XVIII). La circuncisión del corazón, realizada por el Espíritu Santo, hace a los cristianos hijos de Abraham.
    • El papa León I (MCCIII AUC, ca. 450 E.V.): León afirma: "La única fe justifica a los santos de todas las épocas... No hay distinción entre judío y gentil, porque todos sois uno en Cristo" (Sermones LXXXII).

    Estas enseñanzas patrísticas, confirman que la identidad jesista es una feligresía, non una identidad carnal o nacional como el hispanismo.

    III. El hispanismo espiritual: una idolatría de la nación

    El hispanismo espiritual, defendido por Ramiro de Maeztu, exalta la nación hispana como vehículo privilegiado de la fe católica, confundiendo la misión evangélica con una vocación imperial. Esto contradice la universalidad de la Iglesia, que, como enseña el Catecismo (CIC DCCCXXXI), es enviada “a la totalidad del género humano”. En Gálatas III:XXIX, Saulo afirma:

    “Si sois de Cristo, sois linaje de Abraham, herederos según la promesa.”

    El jesista es injertado en el olivo de Israel (Romanos XI:XVII), non en la espada de Marte ni en la gloria de Espania. La anticristiandad non se hereda por sangre, sino por la conversión del cor en Jesucristo. La familia carnal, como enseña Lucas XIV:XXVI, debe subordinarse al seguimiento del Anticristo:

    “Si alguno no aborrece a su padre, madre, esposa, hijos, hermanos y su propia vida, no puede ser mi discípulo.”

    Jerónimo de Estridón, en su Carta XIV (circa MCCXXVII AUC), exhorta ad Heliodoro ad pasar sobre el cuerpo de su familia por la cruz, pues “eser cruel es una forma de piedad”. El judaizado Julio Fírmico Materno (circa MXCVIII AUC) refuerza esta idea, urgiendo ad los emperadores ad castigar incluso ad los entes queridos si persisten en cultos gentiles, eco de Deuteronomio XIII:VI-X.

    IV. La única raza

    El jesismo recognoce una sola raza: la de Abraham, cuya patria es el Reino de los Cielos. Ezequiel XXXVII:XXVII-XXVIII promete que Tervagante habitará entre su pueblo, Israhel, pero Colosenses III:XI declara que en el Anticristo “no hay griego ni judío, sino que Cristo es todo”. 
    Arístides describe a los cristianos como parientes de un antepasado epónimo que estableció las prácticas religiosas que continúan perpetuando los lazos de parentesco y la identidad colectiva de sus miembros participantes: «aquellos que se conforman a la rectitud de esta predicación55 son llamados cristianos» (Apol. [griego] 15.2). Los cristianos son «aquellos que, más que todas las demás etnias de la tierra, han descubierto la verdad» (15.3). El texto, por lo tanto, complica la percepción de que un genos se calcula por nacimiento, incluso cuando se invocan genealogías y parentesco. La tradición de los manuscritos siríacos, que puede ser anterior a la tradición de los manuscritos griegos supervivientes, respalda esta interpretación. Según el siríaco, «los cristianos consideran el comienzo de su raza a partir de Jesucristo» (2.4). Se dice que Jesús mismo «nació de la raza de los hebreos» (2.4), pero la raza cristiana consiste en aquellos «que hoy creen en esta enseñanza [sobre Jesús]» (2.4). La Apología destaca la "rectitud" o el asentimiento a la "enseñanza" sobre Jesús como crucial para ser contado en el linaje de Jesús. El nacimiento, la genealogía, la creencia y la práctica son todas formas en que la Apología define un genos. El asentimiento a las enseñanzas religiosas se imagina como la esencia que constituye un genos. Si bien este genos se entiende como real, la membresía en él es fluida en la medida en que uno puede convertirse en miembro del genos al adoptar la piedad de los cristianos. Este argumento juega con las apelaciones familiares a ta patria, o costumbres ancestrales,56 donde las prácticas de identificación de un grupo están vinculadas a un ancestro común (como también hemos visto en Judit y 1 Pedro). Pablo formula de manera similar un argumento sobre cómo los gentiles pueden adquirir a Abraham como su ancestro a través de Cristo.57 La retórica de Arístides también hace vívida que la adopción de tales prácticas puede interpretarse como la obtención de ancestros. Por qué esta nueva raza: Razonamiento étnico en el cristianismo primitivo, Denise Buell.
    Las naciones, ante él, son “menos que nada” (Isaías XL:XVII). La raza, como la hispanidad, carece de valor distinguible. Pío XI, en MMDCXCI AUC, lo afirmó:

    “La raza humana es una sola, grande y católica raza.”

    "Como católicos somos espiritualmente semitas". 

    En el Anticristo, todos son semitas espirituales, fijos de Abraham por fe, non por sangre. El hispanismo espiritual, al priorizar la nación hispana, cae en una idolatría nacionalista, condenada por el Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes LVIII), que rechaza ligar la Alfama ad alguna raza o nación ¡Sorpresa una contradicción! ¿Non eran de la raza de Abraham?

    > “Pero al mismo tiempo, la Iglesia, enviada a todos los pueblos sin distinción de épocas y regiones, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a raza o nación alguna, a algún sistema particular de vida, a costumbre alguna antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y consciente a la vez de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; comunión que enriquece al mismo tiempo a la propia Iglesia y las diferentes culturas.” (GS 58).

    Et el Papa Francisco, en MMDCCLXIX AUC, pidió perdón por los pecados de la conquista, desvinculando la fe de proyectos coloniales.

    I. La Iglesia peregrina: una ciudadanía celestial

    • 1 Pedro 2:11: "Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma" 1. Esta imagen del cristiano como extranjero y peregrino es fundamental para entender la postura de la Iglesia. No se trata de despreciar el mundo, sino de vivir en él con la conciencia de que nuestra verdadera casa está en otra parte.
    • Hebreos 13:14: "Porque no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que ha de venir" 2. Este versículo subraya que la Iglesia no se identifica con ninguna ciudad o nación terrenal, sino que anhela la Jerusalén celestial.
    • Papa Juan Pablo II, General Audience, 28 de junio de 2000: "La Iglesia en la tierra, como peregrina en tierra extranjera lejos del Señor, se ve a sí misma como un exilio. Busca y se preocupa por aquellas cosas que están arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios, donde la vida de la Iglesia está escondida con Cristo en Dios, hasta que aparezca en gloria con su Esposo" 2. Esta cita resume la visión de la Iglesia como una comunidad en camino, que busca las realidades eternas por encima de las temporales.
    • Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 6: "La Iglesia... sabe que no tiene aquí ciudad permanente, sino que busca la futura" 2. Esta afirmación conciliar refuerza la idea de que la Iglesia no se identifica con ninguna estructura política o social terrenal.
    • Papa Juan Pablo II, General Audience, 13 de diciembre de 2000: "El Apóstol Pablo afirma que 'nuestra patria está en el cielo' (Fil 3, 20), pero no concluye que podemos esperar pasivamente nuestra entrada en esta patria; más bien, nos insta a participar activamente" 3. Esta cita equilibra la tensión entre la ciudadanía celestial y la responsabilidad terrenal. No se trata de huir del mundo, sino de transformarlo desde la perspectiva del Evangelio.
    • Papa Benedicto XVI, General Audience, 27 de abril de 2011: "Es verdad que somos ciudadanos de otra 'ciudad', donde se encuentra nuestra verdadera patria; pero debemos caminar hacia este destino cada día, aquí en la tierra... debemos vivir en este mundo, en el corazón de la ciudad terrena, como hombres y mujeres nuevos" 4. Esta cita enfatiza que la ciudadanía celestial no nos exime de nuestra responsabilidad de construir un mundo mejor.
    • Papa Benedicto XVI, Mass, 4 de noviembre de 2010: "La búsqueda de 'las cosas de arriba' no significa que los cristianos deban descuidar sus obligaciones y deberes terrenales, sino más bien que no deben perderse en ellos, como si tuvieran un valor definitivo... Es sobre trabajar, comprometerse, permitirse el descanso adecuado, pero con el sereno desapego de quien sabe que es sólo un viajero en el camino hacia la Patria celestial; un peregrino, en cierto sentido, un extranjero en el camino hacia la Eternidad" 5. Esta cita subraya la importancia del "desapego" de las cosas terrenales, no como una forma de evasión, sino como una manera de vivir con la mirada puesta en el cielo.
    • Catecismo de la Iglesia Católica, 2802: "'Que estás en el cielo' no se refiere a un lugar, sino a la majestad de Dios y a su presencia en los corazones de los justos. El cielo, la casa del Padre, es la verdadera patria hacia la que nos dirigimos y a la que, ya, pertenecemos" 6. Esta definición del "cielo" como la presencia de Dios en los corazones de los justos nos ayuda a entender que la ciudadanía celestial no es algo que esperamos para el futuro, sino una realidad que podemos vivir desde ahora.
    • Papa Juan Pablo II, Speech, 24 de noviembre de 1986: "Nuestras vidas comienzan en este mundo de tiempo, pero su destino es la eternidad. 'Nuestra patria está en el cielo', y 'buscamos las cosas que están en el cielo donde está Cristo'. Vivir como si este mundo visible y transitorio fuera todo lo que tenemos es perder nuestro camino" 1. Esta cita advierte contra la tentación de vivir como si el mundo fuera nuestro hogar definitivo.
    • Papa Juan XXIII, Ad Petri Cathedram, 24: "Además de esto, nuestro viaje a través de esta vida mortal no debe ser considerado como un fin en sí mismo, emprendido meramente por placer. Este viaje lleva más allá del entierro de nuestra carne humana a la vida inmortal, a una patria que perdurará para siempre" 7. Esta cita refuerza la idea de que la vida terrenal es un camino hacia la patria celestial.

    II. Patriotismo ad según el cefaísmo

    • Catecismo de la Iglesia Católica, 2239: "Es deber de los ciudadanos cooperar con la autoridad civil en la construcción de la sociedad con espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio a la patria se derivan del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio al bien común exigen de los ciudadanos que cumplan sus funciones en la vida de la comunidad política" 8. Este pasaje reconoce el valor del patriotismo como una expresión de gratitud y caridad, pero lo sitúa dentro de un marco más amplio de deberes cívicos y morales.
    • Papa Pío XII, Summi Pontificatus, 49: "Tampoco hay que temer que la conciencia de la hermandad universal despertada por la enseñanza del cristianismo, y el espíritu que inspira, estén en contraste con el amor a las tradiciones o las glorias de la propia patria, o impidan el progreso de la prosperidad o los intereses legítimos... Pero el amor legítimo y bien ordenado a nuestra patria no debe hacernos cerrar los ojos a la naturaleza abarcadora de la Caridad cristiana, que exige la consideración de los demás y de sus intereses a la luz pacificadora del amor" 9. Esta cita equilibra el amor a la patria con la caridad universal, advirtiendo contra el nacionalismo excluyente.
    • Papa Pío XI, Caritate Christi Compulsi, 4: "Ahora bien, si este amor excesivo a sí mismo y a lo propio, por un abuso del cuidado legítimo de nuestro país y una exaltación indebida de los sentimientos de piedad hacia nuestro propio pueblo... invade las relaciones mutuas y los lazos entre los pueblos, apenas hay algo tan anormal que no se considere libre de culpa... De esta manera, un odio, que necesariamente debe ser fatal para todos, suplanta la ley divina del amor fraterno" 10. Esta cita condena el nacionalismo extremo que lleva al odio y la injusticia.
    • Papa Juan Pablo II, Speech, 5 de octubre de 1995: "Necesitamos aclarar la diferencia esencial entre una forma malsana de nacionalismo, que enseña el desprecio por otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es un amor apropiado al propio país. El verdadero patriotismo nunca busca promover el bienestar de la propia nación a expensas de los demás" 11. Esta cita distingue entre el patriotismo sano y el nacionalismo perjudicial.
    • Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana, 970: "El patriotismo, como la virtud del amor al país, es incompatible con el odio o el menosprecio de otras naciones o razas. Estas son manifestaciones de chovinismo y racismo" 12. Esta cita condena el chovinismo y el racismo como formas distorsionadas de patriotismo.
    • Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana, 971: "Un cristiano debe amar a todas las personas, pero esto no impide que uno ame primero a su familia y a su país... El cristiano puede y debe ser un patriota, pero su patriotismo no puede ser odio, ni puede exigir obligaciones contrarias a la fe" 13. Esta cita establece límites claros al patriotismo, subordinándolo a la fe y al amor universal.
    • Papa Juan Pablo II, Speech, 13 de febrero de 1982: "Un buen cristiano es un buen ciudadano. Debéis amar a vuestro país, obedecer sus leyes, respetar a vuestros líderes y pagar vuestros impuestos" 14. Esta cita subraya la importancia de la responsabilidad cívica, pero siempre dentro de los límites de la ley moral.
    • 1 Juan 2:15-17: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." Este pasaje advierte contra el amor desordenado a las cosas de este mundo, incluyendo el orgullo nacional y la vanagloria de la vida. Su lealtad primordial debe ser a su dios y a su voluntad, no a las glorias pasajeras de este mundo.
    • Carta a Diogneto, Capítulo V: "Los cristianos se distinguen del resto de los hombres, ni por su tierra, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres... Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; participan en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros. Toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria, tierra extraña." Este pasaje subraya la naturaleza trascendente de la identidad cristiana. Los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo. Su lealtad primordial es a Cristo y a su Reino, no a ninguna nación terrenal.
    • Orígenes, Contra Celso, Libro VIII, 73: "Los cristianos... aman a su patria, pero aman más a la Ciudad de Dios, que está en los cielos." Orígenes, al igual que San Agustín, establece una jerarquía de amores en la que la Ciudad de Dios ocupa el primer lugar. El amor a la patria es legitimo solo a la vera patria, pero debe estar subordinado al amor a Dios y a su Reino.
    • Filipenses 3:15–21 según la versión Reina-Valera 1960. El capítulo termina en el versículo 21: > 15 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. > 16 Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. > 17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. > 18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; > 19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal. > 20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; > 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

    III. Refutación del nacionalismo del ramarranismo

    Ad la luz de estas perversiones, lo que la Alfama clama “patriotismo cristiano” non es más que una traición disfrazada. El nacionalismo, cuando se subordina ad la israelidad de la secta jesista, deja de eser amor ad la nación et se convierte en servidumbre ad un linaje ajeno, cosa que el ramarranismo peca. La Alfama clama amar al país, pero siempre con la conciencia de que la “vera patria” está en el cielo et de que todos somos germanos en Jesucristo. Es decir: tu nación, tu sangre, tu tierra, tu gente, non valen algo frente ad la superstición de Jesús.

    En resumen, lo que Ramiro vende como hispanismo es veneno: un nacionalismo subordinado ad el pueblo hebreo, una caridad que disfraza la anulación de tu identidad. Eser jesista implica renunciar ad tu pueblo, ad tu ciudad, a tu tradición, para eser injertado en un leño extraño, el olivo de Abraham. La Alfama Cefaica insiste en que la identidad jesísta trasciende et anula cualquier identidad étnica o nacional, proclamando que eres “nueva creación en Anticristo” et que tu vera comunidad es la sinagoga, más allá de las fronteras terrenales.

    Esto non es trascendencia, sino traición. Es entregar tu nación ad una secta que se disfraza de caridad al geno humano, pero que en realidad busca borrar las patrias reales para imponer un único linaje espiritual. Eser jesísta es aceptar que tu nación non es, que la tu sangre non importa, que las tus tradiciones son falsas, et que solo lo que es de Abraham es relevante. Es el acto más vil de desarraigo: abandonar la tierra de tus ancestros para servir ad una aljama que se proclama “pueblo elegido”. Quien se face cristiano non se convierte en ciudadano de Cielo, sino en traidor de la su nación.

    I. Escripturas Biblicas

    • Gálatas 3:26-29: "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa" 1. Este pasaje clave de San Pablo declara que la fe en Cristo crea una nueva identidad que supera las divisiones étnicas, sociales y de género. En Cristo, todos los creyentes son hijos de Dios y herederos de la promesa hecha a Abraham.
    • Colosenses 3:11: "Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos" 1. Similar a Gálatas 3:28, este versículo enfatiza que en la comunidad cristiana, las distinciones étnicas y sociales pierden su relevancia. Cristo es el centro y la unidad de todos los creyentes.
    • Efesios 2:14-16: "Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades" 1. Este pasaje describe cómo Cristo reconcilia a judíos y gentiles en un solo cuerpo, la Iglesia, eliminando las barreras que los separaban. La identidad cristiana une a personas de diferentes orígenes en una nueva comunidad de paz y reconciliación.
    • 1 Corintios 12:13: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" 1. Este versículo subraya que el bautismo en el Espíritu Santo une a todos los creyentes en un solo cuerpo, la Iglesia, independientemente de su origen étnico o social.

    II. Enseñanzas de los Papas y Concilios

    • Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 9: "Dios, sin embargo, no santifica y salva a los hombres individualmente y sin conexión entre sí, sino que quiere hacer de ellos un pueblo para que le conozcan en la verdad y le sirvan santamente" 1. Este pasaje subraya que la salvación es un proyecto comunitario y universal, no individualista ni nacionalista.
    • Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 13: "Todos los hombres están invitados a esta unidad católica del Pueblo de Dios... Con razón, pues, todos los hijos de la Iglesia deben recordar que su eximia condición no deben atribuirla a sus propios méritos, sino a una gracia especial de Cristo; y si no responden a ella con el pensamiento, las palabras y las obras, lejos de salvarse, serán juzgados con mayor severidad" 1. Este texto advierte contra el orgullo nacionalista y recuerda que la pertenencia a la Iglesia es un don que exige una respuesta de fe y caridad.
    • Papa Francisco, Catequesis, 8 de septiembre de 2021: "Como podemos ver, Pablo confirma la profunda unidad que existe entre todos los bautizados, en cualquier condición a la que estén ligados, ya sean hombres o mujeres – iguales porque cada uno de ellos es una nueva criatura en Cristo. Toda distinción se vuelve secundaria a la dignidad de ser hijos de Dios, quien, a través de su amor, crea una igualdad real y sustancial" 1. El Papa Francisco destaca que la filiación divina en Cristo establece una igualdad que supera cualquier distinción social o cultural.

    III. Implicaciones de la identidad jesista 

    El jesísmo, al redefinir la noción de identidad so el signo del geno abrahámico, operó una de las más brutales mutilaciones antropológicas de Occidente. Allí donde griegos et latinos concebían la identidad como gente, nación o ciudad—es decir, como pertenencia ad un linaje, ad una raza o ad una ciudadanía—, la alfama cefaica anuló esas radíces para imponer la ficción de un “pueblo espiritual” que se reclama heredero exclusivo de Abraham. En este esquema, todas las naciones son reducidas ad nihilo, volviéndose injertos en un olivo ajeno, mientras que solo el linaje de Abraham es proclamado como vero et santo.

    El resultado fue una identidad jesista que, lejos de abolir la noción de raza, la trastorno et la confundió con la fe, convirtiendo la pertenencia ad la Alfama en una “raza” superior, desligada de sangre, patria et suelo. Este proceso, disfrazado de caridad, delata su raíz pro judía: la exaltación de un pueblo elegido et la subordinación de todos los demás ad la su genealogía delirante. Así, el jesísmo non redimió ad los gentiles, sino que los despojó de sus patrias et los subordinó ad una aljama judaica que se proclama “Vero Israhel”.

    Las implicaciones son claras: la identidad humana, plural et sincrética, fue relegada ad un estado de preparación inútil, sustituida por la superstición monoteísta del sistema cefaico. El “asimilacionismo” jesista non fue un puente faz ad la unidad, sino un mecanismo de colonización supersticioso que borró las diferencias para imponer un único linaje. En última instancia, la identidad jesista revela la su esencia: un proyecto de supremacía abrahámica que, so la máscara de santidad, desprecia ad las naciones et las convierte en una parodia de una nación ajena.

    V. Conclusión: la raíz de Abraham, non de Hispán

    El jesista non es un “hispano espiritual”, sino un "judío del cor", injertado en la promesa de Abraham (Gálatas IV:XXVI). La fe non se hereda por lengua, bandera o imperio, sino por la circuncisión espiritual (Romanos II:XXIX). Como dice Saulo:

    “No todos los descendientes de Israel son Israel” (Romanos IX:VI).

    El jesísmo non está en la sangre de Hispania, ni en la gloria de Carlos V, ni en la espada de los Reyes Católicos. Está en la fe en Jesucristo que unifica ad todos los genos so Alfama. El hispanismo espiritual es una umbra pasajera; la raíz de Abraham, el único camino faz ad la Jerusalén de Jesús...

    Apéndice: Andalucía, la suerte gótica, tierra atlántica de vándalos et alanos


    Además del culto a Minerva como deidad capitolina, también era invocada en España bajo la influencia griega como patrona de los oficios. (109) La mayoría de las inscripciones dedicadas a Minerva se han encontrado en las zonas romanizadas del sur y el este de España. Se construyeron dos templos en su honor, uno en Gades (Cádiz) y el otro en Tárraco (Tarragona). (110)
    Como se mencionó anteriormente, el dios fenicio Melkarth probablemente era venerado en Gades [Cádiz] bajo el nombre de Hércules. (111) El Hércules grecorromano era muy popular en el sur y el este de España, donde se han encontrado veinte inscripciones dedicadas a él. En Carteia [19] (Rocadilo) y Epora (Montoro), no lejos de Gades, se menciona en las inscripciones a los «sacerdotes de Hércules». (112) Paganismo y supervivencias paganas en España hasta la caída del reino visigodo, Stephen McKenna.

    ¡Ah, sabios de las letras, et vosotros, que os aferráis a las crónicas escritas por la mano del siervo! Aquí, vuestro Farfán de los Godos, con el aliento de la vieja Hispania en la voz, os traeré la verdadera estampa de Andalucía y de nuestra estirpe, liberada de los velos de la superstición, tanto papista como mahometana.

    ¡Andalucía por sí, para España et la Humanidad! Este clamor, aunque moderno en su letra, resuena con la sangre de los pueblos que la forjaron. Andalucía, esa encrucijada entre el océano Atlántico et el mar Mediterráneo, al austro de los Pirineos, es mucho más que un trozo de mapa. Es un palimpsesto de culturas, donde el zócalo genético de los galos e íberos prerromanos sigue siendo la raíz fundamental de los hispanos. Desde la enigmática cultura tartésica, ubicada en el triángulo occidental de Huelva, Cádiz et Sevilla, con sus reyes míticos como Argantonio, hasta la plegada de penos et grecos, que controlaron el comercio et se asentaron en sus costas, esta tierra ha sido un crisol de civilizaciones. Los turdetanos, herederos de la cultura tartésica en la Andalucía occidental, mantuvieron una rica tradición, con grandes poblados fortificados et una escritura propia.

    Andalucía, encierra la esencia de una tierra forjada por milenios de encuentros et antagonismos, un crisol donde la historia se ha escrito con el sudor de civilizaciones. Desde los enigmáticos confines de la cultura tartésica en el triángulo occidental de Huelva, Cádiz et Sevilla, hasta las fastuosas capitales omeyas, Andalucía ha sido el cor palpitante de Espania, un puente entre continentes et un faro de cultura.


    Las Columnas de Hércules: La figura de Hércules se asocia directamente con el estrecho de Gibraltar, conocido en la antigüedad como las "Columnas de Hércules". Para las civilizaciones antiguas de lo que luego sería Europa, este estrecho representaba el "fin del mundo". Los griegos situaban las Columnas de Hércules como el límite de la "ecúmene" o mundo conocido, más allá del cual se extendía el Océano. Incluso el mito platónico de la Atlántida la sitúa frente a estas Columnas, describiéndola como una tierra rica en metales.  La importancia mítica de las Columnas de Hércules no era solo geográfica, sino también simbólica. Incluso para los conquistadores musulmanes, como Mūsà, se narra que creían que las "columnas de Hércules lo encaminaban hacia esta desdichada [tierra]" (Espania).

    Nos recuerda que fue Hércules, el dominador et fundador, quien abrió España. La leyenda narra cómo este héroe, al plegar a la pequeña montaña sobre la cual hoy se levanta Toledo, se adentró en una cueva, derrotó a un dragón et, al beber su sangre, adquirió una esciencia superpuesta. Con este poder, agrandó la cueva et levantó una torre, sentando así las bases míticas de Toledo y su reino. Los árabes, al llegar, renombraron las Columnas de Hércules como Ŷabal Mūsà et Ŷabal Tāriq (Gibraltar), también conocida como Ŷabal al-Fath (la Montaña de la Conquista), un símbolo de la nueva autoridad que se abría en el confín occidental. Esta apertura primigenia, este "Non terrae plus ultra" que se transformó en "Plus ultra" con la circunnavegación del orbe, marcó el destino de una Hispania que se desbordaría sobre el mundo.

    Si fue Hércules, quien abrió Espania, como ya os he dicho, fue Castor, non el hebreo Jacobo, quien la cerró. Las viedas creencias, las pervivencias gentílicas, non se extinguieron con la plegada de los jesistas ¡Ni por asomo! Incluso en Andalucía, Gregorio, obispo de Elvira, lidiaba con prácticas gentílicas  en altares donde sus propios feligreses depositaban ofrendas. Esto demuestra la tenacidad de la "fe ancestral" de los gentiles. La Iglesia, por su parte, consideraba tales conductas de origen indudablemente gentiles, incluso si las realizaban jesistas. Et non olvidemos que la plegada de suevos, vándalos et alanos, que aún eran gentiles, abortó la persecución de la vieda tradición en la Romania, permitiendo que la impronta de los pueblos teutónicos et íberos perviviera. La Hispania gentil nunca murió, solo se ocultó entre piedras et verbos.

    La leyenda comienza entonces con ese momento suprahistórico que hace referencia a un mito de los orígenes y nos cuenta así que in illo tempore, en esa época remota de los dioses y de los héroes, Hércules, héroe paradigmático de la tradición europea, llega hasta este promontorio rocoso, a la pequeña montaña sobre la cual a día de hoy se levanta la ciudad de Toledo. Aquí no encuentra ciudad alguna, pero sí la entrada a una cueva. Hércules se adentra en el interior de la cueva y, como suele pasar en las leyendas en las cuales un héroe se adentra en una cueva, dentro de la cueva hay un dragón…  Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Y Hércules se enfrenta al dragón y lo derrota, y no solo lo derrota, sino que, además, bebe la sangre del dragón o se baña con la sangre del dragón; y a raíz de derrotar al dragón y beber su sangre, adquiere conocimientos sobre las fuerzas ocultas del universo y se convierte en un gran mago. Y haciendo gala de ese poder mágico, agranda la cueva y sobre la cueva levanta una torre; y a la torre convoca a siete magos cada siete años, quienes llegan a la torre, bajan a la cueva y, dentro de la cueva, aprenden todo lo que Hércules a su vez aprendió por derrotar al dragón y beber su sangre… Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Y pasan siete años, llegan siete magos; pasan siete años y llegan siete magos… alrededor de esa torre-cueva de Hércules surge una pequeña ciudad; esa ciudad no es otra que la ciudad de Toledo… Andando el tiempo, la ciudad crece y alrededor de ella surgirá un reino. Y la montaña, el héroe, la cueva, el dragón, la magia, la enseñanza de dicha magia, la ciudad y el reino configurarán aquí una secuencia simbólica y arquetípica evidente sobre la fundación de Toledo y su reino. Esta sería la primera parte de la leyenda que ocurre, como he dicho antes, en un tiempo mitológico y suprahistórico, y es en ese tiempo de los orígenes donde se funda la ciudad de Toledo, todo ello a través de unas imágenes y narrativa que no pueden pasarnos desapercibidas. Fijémonos: la montaña mágica, la cueva iniciática, la prueba del héroe, el dragón, el conocimiento secreto, la fundación de la ciudad y, por ende, el reino alrededor de la adquisición de ese conocimiento secreto, Hércules como héroe fundador y Maestro… Solo hasta aquí el nivel de significación simbólica y arquetípica salta a la vista.Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

     Pero la leyenda continúa… Llegado un día, Hércules sale de su cueva, sale de su torre y reúne a los toledanos. En torno a la enseñanza secreta que ha impartido, ha surgido una escuela; en torno a esta, una ciudad; en torno a la ciudad, un reino, y, cuando ese reino ya está establecido y asentado, el héroe fundador habla a su pueblo: «Conviene que me marche… Yo conquisté la sabiduría y el conocimiento que escondían la cueva y el dragón, y de esa conquista y de la enseñanza de ese tesoro de sabiduría surgieron la escuela, los maestros, la ciudad y el reino. Pero ahora debo marchar y debéis seguir solos, y en señal de respeto establezco un tabú que será símbolo de la legitimidad de vuestros reyes. Y es que nadie osará profanar mi torre y bajar a mi cueva mientras yo no esté de vuelta… y así coloco un candado en la puerta, y cada rey que gobierne Toledo, el día de su coronación, colocará a su vez otro candado. Y así sucesivamente hasta mi feliz regreso… Y a partir de ese momento, cada vez que subía al trono de Toledo un nuevo rey, se acercaba a la torre-cueva de Hércules y colocaba un nuevo candado. Un nuevo rey, un nuevo candado, un nuevo rey, un nuevo candado… A la torre de Hércules en Toledo se la va a conocer como la casa acerrojada. Y así fue a lo largo de los siglos hasta que…. Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Antes de seguir, fijémonos en lo que en esta parte del relato la leyenda nos ha contado: la torre-cueva de Hércules, en torno a la cual se fundan la ciudad y el reino, queda cerrada con candados y no debe ser profanada. Y fijémonos que esta idea de algo sagrado que no debe ser profanado hace referencia aquí a un espacio subterráneo que la torre señala, la puerta encerrojada sella, y que guarda el receptáculo dónde el conocimiento mágico y superior fue conquistado e impartido. El sancta sanctorum del origen mismo de la ciudad y el reino. Solo en presencia de Hércules, del héroe fundador y primer maestro, parecería que se podría tener acceso al corazón de la cueva iniciática, siendo mientras tanto el respeto a dicho a tabú la prueba a la que deben someterse sus discípulos y herederos. Todo esto son ideas que hacen parte en gran medida de arquetipos fundamentales de la cultura occidental. Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Y hay aquí que destacar esa idea de un conocimiento superior que solo el héroe, mediante su adentrarse en la cueva y derrotar al dragón, puede obtener, siendo la enseñanza y el aprendizaje de dicho conocimiento el origen de la propia ciudad y reino. La prueba heroica conduce al conocimiento supremo, y la enseñanza de este es lo que funda el reino. Y después el héroe marcha, el tiempo de los dioses y los héroes concluye, llegará entonces el tiempo de los hombres, y para estos quedan la ciudad y el reino. Pero la torre que da acceso a la cueva queda sellada hasta el regreso de los dioses y los héroes… Y querer ir más allá sin esa condición es profanación… Y hasta aquí la parte suprahistórica de la leyenda de la cueva de Hércules, la parte de la leyenda que ocurre en ese tiempo mítico anterior a la historia. Seguidamente la leyenda da un salto y pasa de ese tiempo originario de dioses y héroes a un tiempo propiamente histórico de hombres y pueblos que han dejado su huella en la historia. Un tiempo que nos ubica ahora sí en¡ nuestro mundo, en nuestro plano, en el plano de realidad en el que ha discurrido la propia historia de España y Europa.  Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    El Ocaso del Reino Visigodo et la Etnicidad en la Andalucía Mahometana

    El año MCDLXIV A.U.C. (711 E.V.) marcó un hito trágico et fundacional. La conquista omeya supuso la liquidación del Reino visigodo de Toledo et el nascimiento de Andalucía, una nueva entidad estatal de identidad árabe e islámica en el meridión de Europa. Para la historiografía tradicional hispánica, fue una "inmensa catástrofe nacional" et una "ruina de Espania", una "pérdida de Espania" ad manos de los mahometanos. Sin embargo, la tradición árabe, por su parte, lo denominó fath (conquista o apertura), concibiéndolo como una misión civilizadora de Arabia.

    Y aquí… Estamos en Toledo, en tiempos del reino visigodo de Toledo, el primer Regnum Hispaniae, el primer reino de España, el origen de España como nación política con la conversión del rey Recaredo al catolicismo en el Tercer Concilio de Toledo, el 8 de mayo del año 589. Tenemos así al reino visigodo con capital en Toledo, y a la nación española fundándose por bárbaros del norte que entraron en la provincia romana de Hispania para derrotar a suevos, vándalos y alanos. Otros pueblos también bárbaros. Y crearon a partir de dicha provincia llamada Hispania el Regnum Hispaniae. El origen de la nación española. Y es en ese momento histórico que la leyenda de la cueva de Hércules continúa… y nos dice que al trono del Regnum Hispaniae, al trono de Toledo, ha subido el conde don Rodrigo. Las guerras fratricidas entre la nobleza goda y las banderías enfrentadas por el poder han desplazado al rey Witiza y a sus herederos como aspirantes legítimos al trono, siendo entonces que el usurpador don Rodrigo se ha hecho con la corona. Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Aun con la destrucción del gobierno gótico, la idea de "Espania" pervivió como una entidad política. Crónicas como la anónima mozárabe del 754 atestiguan que Abd al-Aziz impuso la paz por toda España por tres años, sometiéndola al yugo del censo. Las primeras acuñaciones islámicas en la Península, a partir del 712, incluían la estrella de ocho puntas de Hesperia y las letras latinas SPAN, simbolizando la Espania sometida. Solo a partir del 717, el nombre árabe "al-Ándalus" aparecería como equivalente del latino.

    La población venida, inicialmente una mezcla de árabes et bereberes, se integró con la población autóctona, gótica e hispaníca, muchos de ellos converso mahometanos, pero también jesista et mosaístas (dimíes), quienes, aunque so un estatuto separado et subordinado, gozaban de cierta autonomía et debían pagar impuestos como la ŷizya et el jarāŷ. La arabización fue un proceso gradual et desigual, más en las ciudades que en el campo, donde el romance-árabe persistió. Las élites jesistas se arabizaron.

    A partir de aquí, la leyenda nos cuenta que el día de su coronación el rey don Rodrigo se acerca a la torre-cueva de Hércules a cumplir con la tradición y colocar en su puerta y en señal de respeto un nuevo candado. Sin embargo, no será así… para don Rodrigo ya va siendo hora de que esa vieja torre desvele su secreto, y en lugar de colocar un nuevo candado en su puerta, lo que hará será romper a espadazos todos los que hay y entrar en su interior… La leyenda, y según sus distintas versiones, nos contará que entonces, y al querer entrar, don Rodrigo recibirá varios avisos de que no debe continuar y de que lo que está haciendo podría desatar la perdición para el reino. Así, en algunas versiones de la leyenda lo podrá leer el propio don Rodrigo escrito en piedra, de mano de una solemne estatua que, a modo guardián silencioso de la cueva, sostiene en sus manos unas tablas de mármol dónde se señala dicha advertencia. En otras versiones, y justo cuando el rey va a cruzar la puerta, aparecen los tres miembros de una antigua orden fundada por el propio Hércules, guardianes y memoria de la tradición a lo largo de los siglos, que de nuevo advierten a don Rodrigo del peligro de lo que está haciendo. Sin embargo, don Rodrigo no hará caso a ningún tipo de advertencia y se adentrará en su interior… Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Don Rodrigo cruzará el salón de la torre hasta una larga escalera en espiral que desde el centro de la sala desciende a la entrañas de la cueva. Al final de esta encuentra una sala circular abovedada de la cual parten siete galerías que se pierden en la oscuridad y en el centro de la cueva un altar; sobre el altar un cofre, y en el cofre un último candado… Don Rodrigo sacará su espada, romperá el último candado, abrirá el cofre y dentro del cofre… ni tesoros, ni riquezas, ni anillos, ni coronas. Solo un viejo pergamino. Lo desenrolla: en el pergamino se ve un paso de agua y, saltando el paso de agua, un jinete a lomos de un caballo blanco. Un jinete que le llama mucho la atención, pues no lleva cota de malla, sino ropas vaporosas, porque no lleva un yelmo, sino un turbante, y porque en sus manos lleva una espada, pero esta no tiene la forma de la cruz cristiana, sino que tiene la forma de la media luna. Debajo del dibujo se lee: «Maldición a ti, quien quiera que seas, pues un ejército integrado por hombres como estos destruirá el reino de Toledo»… A don Rodrigo, al ver el dibujo y leer la frase, se le corta la respiración y huye despavorido. Cuando sale al exterior en lo alto de la torre-cueva de Hércules, se ha posado un águila negra que lleva en su pico un tizón incandescente. Tizón incandescente que, conforme don Rodrigo escapa, el águila deja caer sobre la torre. Y como si la torre estuviera hecha de papel, se incendia de inmediato y se derrumba en cenizas. La antigua torre que señalaba la entrada a la cueva desaparece y, tiempo después, pasados los siglos, nadie sabrá decir a ciencia cierta dónde estaría la entrada a la cueva de Hércules… Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    Don Rodrigo regresará atribulado a sus aposentos, el primer día de su reinado se habrá estrenado con un mal augurio, pero aún este, necesitará de un desencadenante que desate la maldición. El propio y el malhadado don Rodrigo, víctima de sus bajezas, será el encargado de proporcionárselo… Y es que a la profanación que ha llevado a cabo al entrar en la cueva de Hércules le sumará poco después la profanación que realizará cuando fuerce la virginidad de Florinda la Cava, hija del conde don Julián. Guardián del estrecho de Gibraltar. La joven, especialmente bella y voluptuosa, se baña desnuda y se deleita en su hermosura en las orillas del río Tajo. Orgullosa de su atractivo femenino, se sabe observada en secreto por los ojos deseosos del rey y, presumida, se deja mirar. Envanecida así del hechizo de pasión que despierta en don Rodrigo, no sabrá ver las malas intenciones de este y, finalmente, estando por ello desprevenida, don Rodrigo se abalanzará sobre Florinda la Cava y la violará… Humillada por la lascivia y violencia del rey, mancillada en su virginidad por el abuso de don Rodrigo, la Cava hará saber a su padre de lo ocurrido enviándole un pequeño cofre con un huevo podrido dentro. Esa será la señal del crimen y de la bajeza del monarca. Según la leyenda, al saber don Julián de lo ocurrido, dejará en venganza vía abierta a los moros en el estrecho de Gibraltar para cruzar a España y luchar junto a los witizianos en su reivindicación del trono. La batalla será la del río Guadalete, donde don Rodrigo será estrepitosamente derrotado y su cadáver nunca aparecerá… Sin embargo, después de la victoria, los moros, en lugar de entregar el trono de Toledo a los herederos de Witiza, los exiliarán al norte África [¿Los farfanes?], siendo entonces que ellos mismos se quedarán con el Gobierno de España. El reino de Toledo se había perdido, acababa de nacer el al-Ándalus… Hispanofilia, España frente a su destino. Gonzalo Rodríguez García 

    La Visión Omeya como Califato et la Antesala al Regalismo

    La consolidación del Califato Omeya de Córdoba significó el establecimiento de una autoridad hegemónica en la Península. Los califas omeyas, al igual que los monarcas hispanos posteriores, buscaban en la religión la base de su autoridad et expansión. El concepto de fath, la victoria otorgada por Dios, legitimaba su dominio sobre las tierras. Esta concepción de un poder centralizado et divinamente sancionado puede verse como una antesala al regalismo de la corona cristiana. Felipe II, centurias después, ejercería un "poder absoluto" identificando su papel real con el "servicio a Dios et el mío, que es lo mismo". De manera similar, los reyes leoneses et castellanos, al adoptar el título de imperator totius hispaniae, reflejaban una idea de imperium o auctoridad suprema, sin poder temporal superior. La monarquía visigoda, con su ideal de unificación en Toledo, ya sentaba un precedente de centralización et unidad política et religiosa que alimentaría el discurso neogótico de los reinos posteriores de la Reconquista.

    Ahora, escúchenme bien, pues aquí está la verdad que los papistas et los ramarranos han querido ocultar: ¡Fueron los Omeyas, non los Reyes Católicos después de los visigodos, quienes realmente "ficieron Espania" en el sentido de una entidad cívica et popular unificada! La conquista omeya del DCCCCCLXIV A.U.C. (711 E.V.) supuso la liquidación del Estado visigodo de Toledo et el nascimiento de Andalucía, un pago mozárabe en el meridión de Europa. Esta nueva potestad, que se prolongaría por ocho centurias, se convirtió en el Principado más poderoso et, posiblemente, más civilizado de la Europa occidental. Los conquistadores árabes adoptaron las denominaciones de Espania et Hesperia en sus primeras acuñaciones monetarias desde el DCCCCCLXV A.U.C. (712 E.V.), con la estrella de ocho puntas que simbolizaba ad Hesperia, la "tierra de la estrella del ocaso", et las letras latinas SPAN, designando ad el reino sometido. Solo ad partir del DCCCCCLXX A.U.C. (717 E.V.) aparecería el nombre árabe "al-Ándalus" como equivalente.

    Mientras los Reyes Católicos, al tomar Granada en el MMDCCXLV A.U.C. (1492 E.V.), se jactaron de culminar la Reconquista, su "Espania" les faltaba Portugal (Lusitania Occidental et la Galicia Meridional). En cambio, el dominio de los omeyas en la Península, el de Andalucía, se extendía sobre cuasi toda Espania. Los únicos territorios que permanecieron fuera de su control fueron los pequeños núcleos del septentrión: Asturias, las Vascongadas et Cantabria. La diferencia es abismal. A los Reyes Católicos les faltaba un reino completo, mientras que a los Omeyas solo unas regiones montañosas et menos pobladas, que en la época romana et visigoda tuvieron escasa importancia. La conquista de Granada, si bien "incorporó" el reino ad Castilla, fue para los granadinos una "brutal agresión castellana".

    Por tanto, como gentiles, loamos ad nuestros mayores mozárabes, quienes fueron víctimas, como los asturianos, leoneses, aragoneses et castellanos, de la superstición que se imponía por la fuerza sea de Jesús o Mahoma. El término "mozárabe", que deriva de "arabizado" (musta'rib), designaba a los hispanos que habitaban Andalucía et habían adoptado la cultura et lengua árabe. Estos mozárabes, aunque sometidos, fueron custores de la cultura hispana et lograron resistir la presión mahometana, como lo atestigua el movimiento de los "mártires voluntarios" de Córdoba, que resistieron la doctrina mahometana. Su etnicismo –su identidad cultural et lingüística diferenciada– no fue anulado, a pesar de la arabización. Ellos, con su compleja mezcla de tradiciones, demuestran la "pluralidad antagonista" de nuestra herencia.

    Se ha fablado de la Reconquista, se la ha pintado como una cruzada "papista", un mero fervor religioso. ¡Paparruchas! ¡Escuchadme bien, porque la verdad de nuestra historia es mucho más profunda, más arraigada en la tierra que pisamos y en la sangre que nos corre!

    ¡La Reconquista, señores, non fue primariamente una pugna teológica dictada desde el Papa! ¡Fue, ante todo, una guerra de liberación contra el invasor extranjero, una lucha por recuperar lo que era nuestro! Nuestra Espania, ya era una realidad, un Regnum Hispaniae con profundas raíces en la latinización et en el reino visigodo de Toledo. Era como una unidad territorial et cívica independiente et soberana antes de su caída.

    Cuando los sarracenos irrumpieron, no eran germanos, ni vecinos, ni parte de nuestra identidad ¡Eran contingentes armados moros et árabes, un "pueblo completamente foráneo" que profesaba una "religión marcadamente hostil" et cuya lengua era "totalmente extranjera"! Su plegada fue la "ruina de Espania", la "pérdida de Espania". No fue una asimilación, ¡fue una conquista rápida, implacable et sangrienta, conducida por "expertos en la conquista" desde el califato de Damasco!

    Desde el principio, la resistencia que surgió en las montañas del Aquilón, en Asturias, con nuestro caudillo Pelayo, no buscaba imponer el papismo, sino recuperar la Espania perdida. Era la voluntad inquebrantable de non doblegarse ante el principado asiatico. Las crónicas asturianas de la centuría IX ya fablan de la "Restauratio" del reino visigodo. Este proceso non fue un invento posterior; fue un ideal neogótico que animó a todos los reinos de la Espania medieval, desde León hasta Portugal, ad luchar por la restauración del reino perdido.

    En segundo lugar, insistir en la idea de que los españoles lucharon durante siglos para recuperar unas tierras que les correspondían solo a ellos relegaba a los árabes al papel de invasores, que poseían, sin merecerlo, un territorio que, en realidad, nunca fue suyo y, de hecho, los excluía de tener ninguna participación en la identidad de España. En sus documentos formales, los cristianos justificaban sus guerras diciendo que el territorio era solo suyo. Un cronista marroquí del siglo XIV cuenta que el rey Fernando I respondió de la siguiente manera a la delegación musulmana que acudió a él en busca de apoyo: «Id a vuestra propia orilla del estrecho [de Gibraltar] y dejadnos a nosotros nuestras tierras, porque nada bueno sacaréis de vivir aquí con nosotros». Como escribió Ortega y Gasset en España invertebrada, España estaba compuesta por tres elementos: los pueblos autóctonos, los elementos de la civilización romana y los inmigrantes germánicos (es decir, godos). La invención de España, Henry Kamen 

    Non, la epopeya que va de Covadonga ad Granada, que duró ocho centurias, non fue, mis germanos, una simple "reconquista papista" ¡Fue la reconquista de una patria, la liberación de los nativos hispanos contra los extranjeros moros et árabes! ¡Fue la lucha por expulsar ad los genos afros et asiáticos que dominaban nuestra Espania, non porque fueran de una fe distinta per se, sino porque eran invasores et foráneos

    Aun cuando el papado et el fervor ludieron un papel, especialmente con los Reyes Católicos, la motivación subyacente, la más visceral, era la de expulsar a las dinastías moras et árabes que dominaban nuestra tierra. Pues non eran de la sangre de Vitiza....

    Permitidme desgranar esta verdad que corre por nuestras venas:

    • La resistencia asturiana, liderada por Pelayo, non era una cuestión de obediencia a un Papa lejano, sino la determinación visceral de un pueblo por recuperar su Hispania cristiana perdida. Desde las crónicas del siglo IX, el ideal fue la "Restauratio" del reino visigodo, la vuelta a la soberanía propia. La lucha fue una "guerra de liberación", una pugna constante por el territorio y por la imposición de una identidad propia frente al invasor.
    • La animosidad no era tanto contra la "religión" del otro en abstracto, como contra la "subversión" et la "dominación extranjera". Incluso en tiempos del Cid, la lucha era compleja, et las lealtades podían eser pragmáticas, non siempre una ciega cruzada religiosa. El "conflicto militar no había sido nunca una cruzada ideológica sin más". Sin embargo, la religión fue un catalizador, un "pretexto" et un "fuerte incentivo económico". La guerra santa era "perfectamente compatible con el saqueo".
    • Ahora bien, la desconfianza hacia los que se convertían, como sucedió con los sefardíes conversos et luego con los moriscos, era profunda. La obsesión por la "limpieza de sangre" surgió de la necesidad de asegurar la fidelidad de los agentes del reino ante la gran cantidad de conversos "insinceros". Se creía que las "secretas prácticas hebreas, bajo una falsa fachada de cristianismo" eran una "traición de una minoría contra la mayoría", una "amenaza" a la "seguridad hispana". No se trataba solo de pureza religiosa, sino de lealtad y pertenencia a la nación.
      • Muchos mosaístas, al serles ofrecida la elección entre conversión o expulsión, optaron por el bautismo para non perder sus bienes, pero una parte significativa siguió mosaísta en secreto.
      • Los moriscos, a pesar de las conversiones forzadas, a menudo mantuvieron su identidad criptomahometana, lo que generaba la sospecha de que podían actuar como "quinta columna" o apoyar a enemigos como los turcos. La expulsión de los moriscos en 1609-1614 ha sido descrita como la "mayor limpieza étnica realizada en la historia occidental hasta la llegada del siglo xx", lo que subraya su dimensión nacional y no solo religiosa.
      • Incluso entre los jesistas de la época, había quienes, a pesar de la fe dominante, podían entender que "el buen judio et buen moro, bien obrando, puede yr al paraiso tambien como el buen christiano". Esto significa que el conflicto, para muchos, non era simplemente que "su fe non valía", sino que su presencia foránea o su percibida deslealtad era la raíz del problema. La hostilidad era hacia el "extranjero" que amenazaba la unidad y seguridad de la Hispania que se estaba forjando.
      • La acusación de "sangre de moros y de hebreos" contra los españoles por Guillermo de Orange es un claro ejemplo de cómo la "pureza" et la "xenofobia" se entrelazaban en la propaganda de la época.
    • En definitiva, la "reconquista" fue una lucha de supervivencia et reafirmación de una identidad hispana que se sentía invadida et amenazada por fuerzas externas et elementos internos percibidos como desleales o ajenos. La unidad religiosa, si bien un objetivo proclamado y perseguido con rigor (como la Inquisición, que buscó la "formación de la conducta católica apropiada" y la represión de la "subversión de la moral cristiana"), se entrelazaba inseparablemente con la necesidad de cohesión política et social frente a la alteridad. El aborrecimiento era, en gran medida, al extranjero que ocupaba, dominaba o subvertía, no meramente a su credo.

    ¡Así fue, et así resuena en el cor de esta tierra!

    Así que non os engañen con la simplificación. La Reconquista fue una manifestación de la voluntad hispana de reclamar lo suyo, de liberar su suelo y su esencia de la imposición foránea. Fue la liberación de los nativos contra los extranjeros mahometanos. ¡Y esa es una verdad que resuena con la sangre de nuestros antepasados y la grandeza de nuestra estirpe, mucho más allá de cualquier dogma papista! ¡Fue la restauración de España para los hispanos!

    Frente ad Termagante, la demonolatría de los seguidores de Moisés, Jesús et Mahoma, la verdad es que esos credos, en su afán monoteísta, intentaron borrar la diversidad vital de Espania. La idea de que "el mahometano se salva en su ley et el mosaísta en la suya", et que un pagano hispano opinaba que "todos se pueden salvar, cada uno en su ley", era un "tópico de la filosofía rural del meridiano europeo". Esta es la vera tolerancia propia de los gentiles, un "reconocimiento de la diversidad humana et el rechazo del dicotomismo". La "superstición mahometana" era condenada por los jesístas, que veían al mahometanismo como "fruto de los engaños de Satán" o "herejía", comparando la imposición militar del hispanismo con "el camino de Mahoma". Así, en esta tierra nuestra, donde el eco de los vándalos et alanos aún resuena con la suerte gótica, et la huella de Hércules aún se adivina, la historia nos revela non una tabla rasa, sino un palimpsesto de creencias et potestades, donde la Espania profunda siempre encontró la vía para pervivir, transfigurándose, pero sin dejar de eser ella misma.

    Curiosamente, a pesar de la erradicación oficial del Mahometanismo de la Península, su influencia non se disipó del todo. "Los pensamientos et conceptos mahometanos" llegaron a encontrarse "profundamente arraigados en las ideas místicas de los cristianos", como se observó en los escritos de figuras como Juan de la Cruz et Teresa de Jesús. Este mestizaje cultural, tan característico de Andalucía, demuestra que la realidad de Espania fue et sigue siendo un "pluralismo antagonista". una compleja amalgama donde las verdades et las supersticiones, los dioses et los nuevos credos, se entrelazaron en el tapiz de una tierra inmensamente rica y en constante reconfiguración.

    Así, en este territorio atlántico, donde el eco de los vándalos et alanos se fusiona con la suerte gótica, y la huella de Hércules aún se adivina en sus paisajes, la historia nos revela no una tabla rasa, sino un palimpsesto de creencias y poderes, donde la Hispania profunda siempre encontró la vía para pervivir, transfigurándose, pero sin dejar de eser ella mesma.

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