martes, 11 de noviembre de 2025

Roma contra Judea, atrapando al criptoariosofo...

"Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa." G.K. Chesterton

"Malo no es creer en cualquier cosa, malo es creer que cualquier cosa que no es Dios, es Dios." Farfán de los godos. 

 La Estrechez de Miras de "Europa Ancestral" sobre el Neopaganismo

¡Salve fijos del Mundo! El día de hoy desmenuzaré el articulo de "Europa Ancestral", sin más, empecemos con el primo texto de su articulo, et lo cito:

[Europa Ancestral:]  "Los neopaganos que profesan un fuerte anticristianismo, basándose en ciertos textos protestantes y en Nietzsche (que se educó en una familia protestante y es considerado como el padre de la posmodernidad) contrarios a Pablo de Tarso y a la Iglesia, influidos también por el neopaganismo de la Nouvelle Droite de los años 70, y en no pocas ocasiones incluso por un ocultismo gnóstico (esoterismo) de origen masónico, " 

¡Fijos de Júpiter, custores del sacro mundo, escuchadme! En este año MMCCLXXVIII AUC, me alzo, Farfán de los Godos, para desenmascarar las mentiras de un escrito vil, ese que apelan de Europa Ancestral, que osa defender la contratradición abrahámica et mancillar el nombre de nuestros dioses. ¡Por Juno, por Vesta, por el eterno Marte, non toleraré tal afrenta! Ese artículo, que pretende refutar ad los neopaganos, non es más que un castillo de arena, construido sobre falacias et decepciones, que se desmorona ante la luz de la prisca teología.

¿Neopaganismo? ¿Qué es eso, sino un término moderno, inapropiado? ¡Por los manes de mis mayores et por la dignidad de la gente! Que se escuche mi verbo en el foro, porque ya basta de confusiones sembradas por quienes escriben sin haber encendido jamás el fuego de la domus. Ese tal Europa Ancestral, con su pluma torpe et el su juicio nublado, usa el término ‘neopaganismo’ como si fuera una categoría legítima, cuando en verdad es un equívoco que confunde religión con colegio, et en el peor de los casos, con superstición. Esta claro que erra de "hombre de paja". Et incluso non aclara si non todos los "neopaganos" son anticristianos, solo presupone, pero como veremos más adelante non esta fablando de una religión, si non de multitudes que non necesariamente son "anticristianos", et si lo son tampoco por los mesmos motivos.

El neopaganismo, si existe un neopaganismo, no es un fenómeno sectario como se imaginan no solo sus adversarios, sino también los grupos y capillas generalmente bien intencionados, a veces torpes, frecuentemente cómicas y generalmente marginales. No es tampoco un "cristianismo retornado" que asumiría diversas formas cristianas, desde el sistema de ritos hasta el sistema de objetos para constituir el equivalente o la contrapartida. Tanto más cuanto que lo que nos parece sobre todo peligroso hoy al menos y según la idea que nosotros nos hacemos, es menos la desaparición del paganismo que su supervivencia bajo formas primitivas o pueriles. Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

¿Qué es ‘neopaganismo’? ¿Una religión? ¿Un colegio? ¿Una moda espiritual? El término mesmo es una amalgama sin radiz, una etiqueta moderna que pretende encerrar en un solo saco ad brujos, wiccanos, sincretistas, reconstruccionistas, espiritistas, filósofos, ocultistas, teósofos, et incluso ad quienes jamás han rendido culto ad una gente ¿Cómo puede clamarse ‘religión’ algo que non es de la tierra, ni de la sangre, ni de la ciudad?

En el Lacio, la religión non era una doctrina ni una búsqueda metafísica de la ánima. Non consistía en aspiraciones teosóficas ni en técnicas para alcanzar lo sobrenatural ¡Non! La religión era el compromiso sagrado entre el cive et su ciudad, el pacto ritual que daba sentido a la vida en comunidad. Desde el fuego del hogar con los lares hasta el altar de la patria con Júpiter Capitolino, todo acto estaba cargado de deber cívico. La religión sacralizaba la domus, la gente, la ciudad, et más tarde, el principado. 

Pero la ciudad non era solo pertenencia: era participación activa en el destino común. Implicaba tener voz en las decisiones del Estado, ocupar cargos, votar, servir en el ejército, rendir culto público. Integrarse en la ciudad era ser parte del cuerpo político, no solo del paisaje urbano. Et por eso, cada colegio que aspiraba ad eser religión licita debía demostrar que los sus miembros eran cives ejemplares, non meros colegas.

Frente ad esto, los colegios eran instituciones filosóficas, mistéricas, gnósticas. Tenían magestros, discípulos, iniciaciones, doctrinas. Buscaban esciencia, non ciudadanía. Et cuando estos colegios querían integrarse en la ciudad, debían transformarse en religión licita, como fizo el jesísmo, que era solo una secta o colegio, es decir el "movimiento" de Jesús de Nazaret. el moro Tertuliano lo entendió: redefinió el jesísmo como religión, adoptando estructuras romanas, grados, ritos públicos. Así pasó de superstición execrable a "religión" principal. Aunque sigue siendo una perversión de la antigua ciudad et sus mores, solo aceptada así por romanos corruptos.

¿Et qué facen hoy los autodenominados ‘neopaganos’? Siguen ad Gardner, ad Crowley, ad Blavatsky, ad von List, ad Kardec, ad Evola, ad Alain de Benoist, incluso ad Nietzsche —¡sí, Nietzsche!—, qui dijo “non quiero discípulos” et sin embargo es seguido como un magestro. Todos fundadores de colegios, non de religiones. Gardner codificó la Wicca como un colegio filosofico con grados et explicaciones sobre los dioses. Crowley erigió un templo del yo, non del nosotros. Blavatsky fabló de genos radiz et sapiencia universal, pero jamás encendió el fuego de la domus. Von List mezcló notas teutónicas con teosofía et racismo. Benoist construyó un colegio cívico. Et Nietzsche, el gran destructor de ídolos, fue convertido en profeta por quienes non intendieron la su advertencia. 

Non hay ciudad, non hay manes, non hay gente. Hay notas, grados, esciencia, et una búsqueda de salvación o salud que nihilo tiene que veer con el deber cívico. El neopaganismo moderno, en la su mayoría, non es religión. Es colegio, cuando non superstición. Et confundir estos términos es como confundir el templo con la biblioteca, el rito con el discurso, la sangre con la tinta.

Por eso, yo, Farfán, repudio el término ‘neopaganismo’. Non es continuidad, es secta. Non es religión, es construcción moderna que falsifica la esencia antigua. Yo non soy neopagano. Yo soy gentil. Oficio ad los dioses, et defiendo la ciudad que me da sentido. Non busco revelaciones mosaístas, busco permanencia.

¡Que Europa Ancestral et sus epígonos sigan fabricando discursos, si así lo desean! Pero que non pretendan fablar por nosotros, los que aún entienden que sin ciudad non hay religión, et sin religión, non hay ánima. ¡Ave la religión! ¡Ave la gente! ¡Ave la ciudad!”

“¡Por los manes de mis ancestros et por la dignidad de la gente! Que se escuche el mío verbo en el foro, porque si antes dije que el jesísmo fue colegio, ahora debo mostrar cómo el su ascenso a religión fue producto non de bondad, sino de la corrupción de la civilidad, de la trasgresión ad los mores que sostenían el orden.

El jesísmo nasció como una secta, un colegio de pensamiento entre muchas. Saulo enseñaba en la escuela de Tirano como cualquier preceptor itinerante. Justino, Clemente, Orígenes: todos fundaron educación, non fanos. Marción creó su propia iglesia como quien funda una academia rival. Et los simonianos ofrecían salvación o salud por esciencia, non por fe ¡Todo esto es colegio, non religión!

¿Et cómo se convirtió en religión? Non por elevarse, sino por adaptarse ad la decadencia de la ciudad. Cuando Roma dejó de exigir virtud, fe, piedad, et comenzó ad tolerar doctrinas que non rendían cultura ad los dioses, el jesísmo aprovechó. Se latinizo, sí, pero non para oficiar al final ad Roma, sino para usurpar su estructura. Adoptó el modelo de los colegios, se infiltró en la administración, et cuando el Edicto de Milán abrió las puertas, entró non como aliado, sino como heredero ilegítimo.

La religión era pública, ritual, cívica. El jesísmo impuso dogmas, doctrinas, sometimiento. La religión exigía sacrificios por la republica; el jesísmo los prohibió. La religión honraba ad los lares et manes; el jesísmo los clamó genios malignos ¡Esto non es continuidad, es subversión!

Et cuando la Iglesia se convirtió en institución, lo fizo ad costa de la pluralidad de colegios. Imponiendo superstición, persiguiendo heréticos o sectarios, destruyendo templos, quemando libros. La ciudad ya non era comunidad de cives libres, sino rebaño de creyentes. El obispo reemplazó ad el magistrado, la aljama ad el senado, el confesionario ad el foro.

Por eso digo: el jesísmo non es religión, es un colegio mosaísta que se disfrazó de religión cuando la ciudad perdió su ánima. Su ascenso fue posible porque Roma se debilitó, porque los mores fueron desaprehendidos, porque la cultura ancestral fue abandonada ¡Non fue victoria espiritual, fue oportunismo cívico!

Ahora, escuchad, pues, cómo este Europa Ancestral teje su red de falsedades. Afirma, con la osadía de un augur ebrio, que los "neopaganos" basan sus críticas al jesísmo en "ciertos textos protestantes" ¡Por los dioses, qué disparate! ¿Qué textos son esos? ¿Dónde están las tablillas, los pergaminos, los nombres de los auctores que supuestamente seguimos? ¡Non los nombra, non los muestra, non los hay! Es como si yo acusara a los jesistas de adorar ad Mercurio en secreto sin mostrar un solo altar ¡Falacia de hombre de paja, más frágil que una ofrenda de paja ante el fano de Júpiter!

Este escriba, en la su necedad, pinta ad los "neopaganos" como una grey unificada, como si fueran una iglesia con un solo credo, con libros sagrados que todos recitan ad el unísono ¡Nihilo más lejos de la verdad! Los neopaganos, hombres de sus colegios et magestros, son tan diversos como los rostros de Diana en Luna. Unos honran ad Marte con la espada, otros ad Vesta con el fogar, otros ad Silvano en los bosques, cada uno con sus respectivos nombres que sus magestros les enseñan et los ritos respectivos ¿Qué neopagano, qué voz, qué pluma nombra este Europa Ancestral? ¿Es Vlassis Rassias, con el su fuego helénico? ¿Es Europa Soberana, con el su grito contra la decadencia? ¿O soy yo, Farfán, que fablo desde la sangre goda et la luz romana? Non lo dice, porque non puede. La su acusación es un espectro, un eco vacío que resuena en la cueva de su propia confusión.

Et oh, la ironía, que corta como la espada de Marte. Este Europa Ancestral los acusa de beber de fuentes protestantes, cuando las sus palabras nascen de las mismísimas entrañas del mundo gentílico, preservadas, ¡por todos los dioses!, en textos de origen cefeo ¿Acaso non es Celso, el gran crítico del jesísmo, cuya voz resuena en el Contra Celso de Orígenes, un padre de la Iglesia? ¿Non es Juliano II el Filosofo, el último Augusto que honró ad Júpiter, cuyas obras nos plegan ad través del Contra Juliano del cefeo Cirilo de Alejandría? ¿Et Porfirio, el filósofo que desafió ad el Nehustán con la luz de la razón, non fue preservado por los propios escribas papistas que intentaron refutarlo? ¡Qué paradoja, qué comedia divina! Nuestras críticas ad el jesísmo non vienen de Lutero o Calvino, esos protestontos que nihilo saben de la gloria de Roma, sino de las fuentes papistas, de aquellos que, en el su afán de combatirnos, salvaron los verbos de nuestros sapientes.

¿Eserá acaso que Lutero fue magestro de Celso, que Juliano tomó lecciones de Calvino, o que Porfirio predicaba en iglesias reformadas? ¡Por Apolo, qué disparate! ¿Era Orígenes, ese jesísta que preservó los verbos gentílicos de Celso, un protestante ante litteram? ¿Eran los padres de la Iglesia, que copiaron los textos gentiles para “refutarlos”, secretamente luteranos? ¡Non, oh escriba de Europa Ancestral! Tus acusaciones son un eco vacío, un viento que non mueve los quercos sagrados de Silvano. Los neopaganos, non siguen textos protestantes, sino la sabiduría del Mundo, filtrada irónicamente por las manos de tus propios monjes papistas, que, en la su imprudencia, salvaron las voces de nuestros mayores mientras intentaban acallarlas.

Pero dejemos que la ironía alcance su cénit, como una ofrenda ad Mercurio, dios de la astucia et el verbo. Si, como dice Europa Ancestral, nuestras fuentes son Lutero et su compañía, ¿Dónde está Lutero cantando carmenes al divo Mercurio, acompañado por sus cuervos sagrados? ¿Dónde está Calvino, arrodillado ante Jove, ofreciendo libaciones a los dioses? ¿O acaso la Reforma fue un clamor por una iglesia abiertamente politeísta, que adorara a los lares, los manes, los lémures et las deidades de los bosques? ¡Por Apolo, qué disparate! ¿Eserá que Lutero, en un rapto de iluminación, descubrió que la religión clásica era la verdad eterna, como Juliano el Apóstata proclamó, et que el papismo era una falsedad impía que negaba la pluralidad divina? 

Si Lutero et Calvino son fuentes neopaganas, muéstrame, oh escriba, un solo verso donde exalten ad Júpiter, donde honren ad Vesta, donde invoquen ad Marte. Pero non lo farás, porque tal verso non es. Los protestantes, como los papistas, son fijos de Tervagante como los mahometanos, pues vosotros sois escuelas de la misma corriente, la mosaísta, que rechaza la danza plural de los dioses. Los neopaganos, non siguen sus textos, et si lo ficieran solo esería sincretismo sin olvidar las sus diferencia, sino la sabiduría mundana, escrita en Tierra, en Cielo, en la sangre de los mayores. Los neopaganos non necesitan protestantes, pues viven en los carmenes de Gardner, en los verbos de Celso, en los altares que aún susurran el nombre de la Dea Madre.

Nietzsche et la posmodernidad

La acusación de que Nietzsche es el padre de la posmodernidad es una simplificación que ignora la complejidad de su filosofía. El posmodernismo, definido por Jean Lyotard como “incredulidad hacia las metanarrativas” (Medium), enfatiza el relativismo y la deconstrucción de verdades universales. Nietzsche, aunque crítico de las verdades absolutas et defensor del perspectivismo, non se alinea completamente con esta postura. En Ecce Homodeclara que su obra toca “todas las realidades e idealidades” para transformarlas, no para negarlas. Su objetivo era superar el nihilismo mediante la creación de nuevos valores, como el Übermensch, en contraste con el posmodernismo, que a menudo se detiene en la deconstrucción sin proponer alternativas (Nautilus). Por tanto, aunque influyó en pensadores posmodernos como Foucault, Nietzsche non es un posmodernista, et acusarlo de eserlo es una distorsión del su legado.

Et aún más, este artículo osa  mancillar a Nietzsche, acusándolo de eser el padre de la posmodernidad, esa sombra relativista que niega la verdad objetiva. ¡Por Juno, qué desatino! Permíteme ahondar en esta falsedad, para que non quede duda de la su absurdidad, et mostrar cómo esta etiqueta es una distorsión que ignora el vero legado de Nietzsche, más cercano ad la grandeza gentil que al mosaísmo que pervierte nuestra herencia. 

¡Oh descendientes de Saturno et Marte! Escuchad, pues os fablaré de un bárbaro lúcido, un germano intempestivo que, sin ofrecer libaciones ni coronar altares, comprehendió la alma de nuestro mor mejor que muchos nacidos soel Capitolio. Me refiero ad Nietzsche, ese “gentil por pedia” que, aunque non quemó incienso ante Júpiter, supo encender el fuego de la afirmación vital.

Su filosofía non es otra cosa que una metafísica gentílica, una rebelión contra la podredumbre de la metafísica vulgar platónica et la moral judeocristiana. Él non buscó rabinos ni redenciones, sino ad Tierra, el cuerpo, el instante. Et en el centro de su visión está la Voluntad de Poder, non como ansia de dominio vulgar, sino como principio mundano, fuerza creadora, impulso de vida ¡Eso es divino! ¡Eso es romano!

Nietzsche vio el mundo como lo ve Libre: un monstruo de energía, sin principio ni fin, sobre la moral et propósitos humanos. Un mundo que canta, que destruye, que fecunda. Non hay doctrina eterna, non hay dogmatismo absoluto. Hay fuerza, forma, frenesí. El héroe —como Aquiles, como Hércules, como Sigfrido— non busca rendención, busca excelencia. Vive para brillar, para luchar, para arder.

Et aquí, Nietzsche se alza como discípulo de Libre, non del Rabino Crucifijo ¡Qué contraste! Libre sufre, sí, pero su sufrimiento es fértil, embriagador, afirmativo. El Anticristo sufre para negar, para condenar, para huir del mundo ¡Qué insulto a la vida! ¡Qué traición al cuerpo! Libre baila, canta, se embriaga. El Anticristo se retuerce, se flagela, se crucifica ¡Nos elegimos el vino, non la lagrima!

La sabiduría liberal non observa, crea. Non se divide del mundo, se funde con él. El sabio gentil non busca supersticiones rabínicas, sino ideas nuevas, ritmos nuevos, deseos nuevos. En el éxtasis (Rausch), la ánima se disuelve en el mundo, como un órgano de la voluntad universal ¡Eso es filosofía! ¡Eso es religión!

Nietzsche aborrecía el dicotomismo monoteísta, esa peste que enfrenta cuerpo et alma, tierra et cielo, placer et virtud. Para él —et para nosotros— non hay mayor crimen contra la vida que organizarla en función de un Más Allá dialectico, carente de fundamento, la tontería de Bien vs Mal. El jesísmo es contranaturalidad, es la santificación del Nihilo, la glorificación del vacío ¡Qué miserable visión! ¡Qué negación del sol, del sexo, del combate!

Nosotros, los gentiles, afirmamos la vida. Practicamos el Amor Fati, el amor al fado, non como resignación, sino como júbilo trágico. Si esta vida ha de repetirse eternamente, ¡Que así sea! Porque la queremos toda: su dolor, su gloria, su carne. El jesísta teme el mal; el gentil lo regula, lo domina, lo convierte en arte. La lujuria, la potencia, la pulcritud: todo tiene buena conciencia so Cielo de Roma.

Et aunque Nietzsche cantó ad Libre, también escuchó los ecos de Mercurio (Odín), de los dioses que mueren gloriosamente en la materia nórdica. El Superhombre es el nuevo Hércules, el nuevo Sigfrido, el nuevo Rómulo. El festival, el fuego, el salto gentil alrededor de la estufa: Todo eso es religión vera. Non hay superstición impuesta o incuestionable, hay danza. Non hay pecado, hay potencia.

Así pues, que tiemblen los altares del monoteísmo. Que se derrumben las catedrales del resentimiento. Porque mientras haya uno que invoque ad los dioses con el pecho desnudo et la frente alta, la vida aún tiene sentido.

¡Ave Nietzsche! ¡Ave Libre! ¡Ave Mundo!

Nietzsche, aunque inspiró ad los posmodernos con su escepticismo, non era uno de ellos. En Así habló Zaratustra, busca superar el nihilismo con el Übermensch, un ente que crea valores nuevos, afirmando la vida, non un relativista que se pierde en la deconstrucción sin fin. Su filosofía es un grito contra la decadencia, non un abrazo ad la decadencia posmoderna. Afirmar lo contrario es torcer sus verbos, como quien confunde el fuego de Marte con una chispa apagada.

La posmodernidad, con su escepticismo radical et su rechazo ad las grandes narrativas, podría parecer heredera de Nietzsche, pero es una herencia malinterpretada, una torcedura de su pensamiento. Nietzsche, en su genialidad, cuestionó las verdades absolutas et los dogmas, pero non para sumirnos en el desorden del relativismo, sino para liberarnos faz ad una búsqueda más honesta et rigurosa de la verdad. En Humano, demasiado humano, declara: "No hay hechos eternos, como no hay verdades absolutas." Pero esto non es un clamado al relativismo; es una invitación al método epistémico, a la razón, a la continua revisión de nuestras creencias a la luz de la experiencia. Dedicó ese mismo libro a Voltaire, el gran ilustrado, mostrando su alineación con los valores de la Ilustración: la razón, el escepticismo faz ad la superstición, el progreso a través de la episteme. Esto lo sitúa en la tradición de la prisca teología, que celebra la luz de Minerva, non en la oscuridad del mosaísmo que niega la pluralidad divina.

Nietzsche non era un relativista; era un pensador que exigía que nuestras perspectivas fueran probadas, útiles et coherentes. En La gaya ciencia, fabla de la importancia de la conciencia intelectual et la honestidad en nuestras creencias, un eco de la virtud heroica de Marte, no de la sumisión cristiana. Su concepto del Übermensch no es un ente que se regodea en la falta de valores, sino uno que crea nuevos valores, que afirma la vida et trasciende las limitaciones impuestas por la moral tradicional. Esto es constructivo, non deconstructivo como la posmodernidad, que, siguiendo a Foucault, ve la verdad como un mero constructo de poder, sin base objetiva, una distorsión de las ideas de Nietzsche. Mientras los posmodernos se pierden en la negación, Nietzsche mantenía que, aunque la verdad es perspectival, algunas perspectivas son superiores a otras. Non todas las interpretaciones son iguales; algunas son más valiosas para la vida et la afirmación de la esencia, un reflejo de la diversidad de Libre, Apolo et Trivia, non del mosaísmo.

Cuando Nietzsche proclamó "Dios ha muerto", non celebraba el vacío, sino desafiaba a la humanidad a plenar ese vacío con nuevos ideales, con una moral que afirmara la vida en lugar de negarla. En Así habló Zaratustra, presenta al Übermensch como el creador de significado, un artista de la esencia que da forma a su propio fado, un eco de la creatividad liberal que resuena con los dioses. Los posmodernos, en su miopía, se detienen en la deconstrucción, sin atreverse a construir, sumidos en un relativismo que Nietzsche, con su espíritu liberal, habría desdeñado. Clamarlo padre de la posmodernidad es una calumnia, una mentira que ignora su clamado ad la grandeza, ad la creación de valores que enaltezcan la vida, non ad la negación de toda verdad. Que Apolo, dios de la verdad et la luz, disipe las umbras de esta falsedad, et que Júpiter, con su rayo, fulmine ad quienes pervierten el legado de tan gran pensador.

¡Oh Roma, madre de dioses et de hombres libres! ¿Qué espectro ha caído sobre Europa, que ya non canta ad Marte ni honra ad Juno, sino que se arrastra entre supersticiones et libros que se proclaman divinos por decreto rabínico?

¡Escuchadme, vosotros que aún tenéis sangre en las venas! El nihilismo, esa enfermedad de la alma moderna, non nasció del nihilo. Non, fue engendrado por centurias de podredumbre espiritual, por una moral que enseñó ad odiar la vida, ad temer el cuerpo, a despreciar la tierra. ¿Y quién fue su partera? ¡El jesísmo! Ese colegio subterráneo que convirtió la fuerza en pecado y la pasión en culpa.

Nietzsche, ese bárbaro lúcido, lo vio con claridad. Lo clamó “el más inquietante de los huéspedes”, et con razón. Porque el nihilismo non es una moda filosófica, es el resultado lógico de dos milenios de negación. Cuando se exige la verdad absoluta, et esa verdad se revela como mentira ¿Qué queda? Nihilo ¡El Nihilo! El vacío donde antes estaba el monoteísmo, el dogmatismo, el disidemonismo.

Et aquí, permitidme reír con sorna, con la risa de Libre et la burla de Mercurio: ¡El papismo! ¡Oh, qué espectáculo! Un anciano hebreo latinoparlante con mitra proclamando que su libro es el mismo "Verbo de Dios", como si Júpiter dictara supersticiones por pergamino ¡Qué comedia! Et luego, como si non bastara, aparece Lutero, ese monje con ínfulas, et grita “¡Sola Escriptura!” —¡Solo lo escripto!— como si el universo pudiera encerrarse entre tapas de cuero et versículos numerados ¡La demencia fecha doctrina!

¿Et qué trajo esa insania? La modernidad. Esa época que se crede libre porque ha matado ad Dios, pero sigue adorando sus valores como cadáveres embalsamados. Libertad, igualdad, compasión… ¡valores de siervos! Nietzsche lo sabía: la modernidad non es salvación, es decadencia. Es el último bostezo de una ciudad que ha perdido su religión, sus instintos, su fuego.

El nihilismo pasivo se arrastra, sueña con supersticiones redentoras et salvíficas en contra de Natura o el ecosistema. El activo destruye, sí, pero para crear. Nietzsche fue ese destructor creador, ese Libre sin altar, que quiso transvalorar todos los valores. Non para volver ad la grey, sino para devolver ad el hombre su fuerza, su voluntad, su esperanza.

Nosotros, los gentiles, non necesitamos escripturas canónicas ni rabinos en la cruz. Tenemos ad Sol, Mar, el combate, el éxtasis. Sabemos que la vida non se reduce ad un libro, se vive. Que el sentido non se busca en el más allá, sino en el aquí. Que la ánima non se somete, se exalta.

Así pues, que tiemblen los altares del monoteísmo, que se derrumben los templos del nihilismo. Porque mientras haya uno que invoque ad Júpiter con el pecho desnudo et la frente alta, la vida aún tiene sentido.

Esta distorsión surge de una mala interpretación, como la que hacen pensadores como Foucault, que tomaron las ideas de Nietzsche sobre el poder y las torcieron hacia un relativismo que él no apoyaba. Por ejemplo, en The Closing of the American Mind de Allan Bloom, se culpa ad Nietzsche de eser la fuente del nihilismo académico, pero esto ignora su énfasis en la creación de valores, non en su negación. La tabla siguiente resume las diferencias clave entre Nietzsche et la posmodernidad, basadas en análisis detallados:

Nietzsche et la posmodernidad coinciden en cuestionar las verdades absolutas, pero divergen en cómo lo facen. Nietzsche defiende una verdad dinámica, sujeta a revisión mediante la razón et la experiencia, mientras que la posmodernidad la disuelve en constructos de poder et relativismo radical. Aunque crítico, Nietzsche guarda cierta afinidad con la Ilustración et su fe en el cognocimiento, ad diferencia de la posmodernidad que lo considera una estructura cultural dominada por intereses. Además, Nietzsche exige rigor intelectual frente al relativismo, mientras que la posmodernidad lo adopta sin siempre ofrecer alternativas sólidas. 

Ideológicamente, Nietzsche rechaza sistemas cerrados et teorías totalizantes, en tanto que los pensadores posmodernos se centran en desmontar ideologías et revelar cómo el conocimiento perpetúa relaciones de poder. Estas diferencias muestran que Nietzsche non es el progenitor de la posmodernidad, sino un pensador que, aunque influyó en ella, mantuvo un enfoque constructivo et afirmador de la vida, más cercano ad la prisca teología que al mosaísmo que niega la diversidad divina. Que Marte nos dé fuerza para defender esta verdad, et que Vesta salve el fuego de nuestra tradición frente ad las umbras de la contratradición mosaísta.

Peor aún, el artículo envenena el pozo al atacar a Nietzsche por su crianza protestante, como si su origen luterano invalidara sus críticas al papismo ¡Falacia genética, vil decepción! La verdad de sus nociones, como su condena a la “moral de siervos”, debe juzgarse por su orden, non por la cuna donde nació ¿Acaso la sabiduría de Jesús es menor porque nasció en Galilea? ¿O la de Marco Aurelio porque principó Roma? ¡Por Júpiter, non! Este intento de desacreditar a Nietzsche por su vida personal es un truco rastrero, un veneno que non toca la esencia de sus verbos.

Et qué decir de la acusación de que todos los neopaganos se basan en Nietzsche, como si fueran una secta que recita sus aforismos al unísono ¡Por Vesta, qué absurdo! Es como decir que todos los jesístas se basan en Lutero para refutar ad los mosaístas, ignorando que ellos se pueden basar en Justino, Origenes et demás, et igual los neopaganos pueden usar ad los neocristianos infieles como Dawkins o Sam Harris, cuyos ataques al jesísmo, aunque nascidos de un delirio ateo que niega lo deal, resuenan con críticas que los neopaganos podrían tomar sin adherir ad su negación de los dioses. El neocristianismo, esa postura moderna que, so el disfraz del ateísmo o el humanismo secular, perpetúa la moral servil de igualitarismo et universalismo sin sus "fabulas", es una umbra del mosaísmo, tan ajena a la prisca teología como el propio jesísmo. Los neopaganos, non necesitan ad estos neocristianos, ni siquiera ad Nietzsche, pues como yo o como incluso algunos neocristianos preferirán la sabiduría de Celso, que desafió al jesísmo en la su orto; de Juliano, que soñó con restaurar los altares de Júpiter; de Porfirio, cuya razón iluminó el politeísmo; et de Plotino, cuya filosofía platónica canta la unidad de lo divino.

Continuando, el artículo de Europa Ancestral osa afirmar que todos los neopaganos están influenciados por Alain de Benoist, figura de la Nouvelle Droite de los años LXX, pero esto es una falacia, un viento hueco que non mueve ninguna piedra. Permíteme, oh fijos del mundo, desmontar esta mentira con la sabiduría de Minerva et la furia de Marte, mostrando que el "culto a los dioses" es un río perenne, non una corriente moderna.

Raíces antiguas del neopaganismo

¡Por Juno, qué disparate! El neopaganismo non es un retoño moderno de un solo pensador, sino un río eterno que fluye desde los albores de la humanidad, alimentado por las aguas de Platón, de los plotinianos et de los dioses mismos. 

La historia nos muestra que el neopaganismo non comenzó con Alain de Benoist, nascido en la centuría XX, sino que sus raíces se hunden en centurías pasadas.

¿Acaso non fue Gemisto Pletón, en la centuría XV, quien, en el cor del Reino de los Romeos (que como vemos Βασιλεία en greco significa reino et non lo nombraban de los romanos, si non de los romeos o romios), propuso revivir la religión greciana, inspirado por Platón et los oráculos de Delfos? Este sabio, cuya voz resonó en el Concilio de Florencia, soñó con restaurar los cultos ad Jove, que en su lengua es Zeus, viendo en los dioses la verdad perenne que une ad los pueblos. Su Libro de las Leyes, aunque incompleto, es un testimonio de su devoción ad la prisca teología, una chispa que non depende de la Nouvelle Droite. Pletón, con su academia en Mistra, sembró las semillas del Renacimiento, un intento ad gran escala de volver al bello etnicismo, influyendo en figuras como Marsilio Ficino, que tradujo ad Platón et vio en los dioses ecos de la verdad divina, non un invento moderno.

Et qué decir de Thomas Taylor, el “Platónico Inglés” de las centurias XVIII et XIX, que tradujo a Platón, Plotino et Proclo, et ofreció libaciones ad los dioses en la su domus, desafiando la tiranía jesísta de su tiempo? Taylor veía en Minerva et Apolo la misma luz divina que nosotros honramos, et su obra inspiró a poetas como Shelley et Keats, un eco de la pluralidad sagrada que el mosaísmo intentó sofocar. Sus traducciones de los Himnos Órficos et los textos plotinianos fueron un faro para quienes buscaban la verdad de los dioses, mucho antes de que Alain de Benoist escribiera un solo verbo. Iolo Morganwg, en el año MDCCXCII, fundó el Neo-Druidismo en Britania, reviviendo los cultos gálicos ad los dioses, que para nosotros son ecos de Silvano et Diana, en los bosques sagrados. Su Gorsedd de Bardos, aunque envuelto en controversias por sus invenciones fabulosas, fue un grito por la conexión animista con la tierra, un canto ad la Natura que non necesitaba de la Nouvelle Droite para resonar. 

Et non terminan aquí los magestros del "neopaganismo". Gerald Gardner, en los años XL et L de la centuría XX, tejió la Wicca, una tradición que honra ad la Gran Diosa et al Dios Astado, títulos de Trivia et Mercurio, inspirada por los sacramentos antiguos et las tradiciones populares de Europa. Su Witchcraft Today (MCMLIV) dio vida ad un movimiento que celebra los ciclos de Luna et Sol, sin depender de las nociones de Alain de Benoist. Et qué decir de Gleb Botkin, quien en el año MCMXXXIX fundó la Iglesia de Afrodita en los Estados Unidos, celebrando la belleza luciferina, la diva del amor que une los cores humanos? Su devoción ad la diva fue un reflejo de la prisca teología, viendo en el nombre de Afrodita la centella de Venus. Et en los años X de la centuría XX, los movimientos völkisch en Germania honraron ad Wotan, qui es Mercurio, en un intento de revivir las tradiciones teutonicas, mucho antes de que la Nouvelle Droite fuera. Estos casos, documentados en fuentes como Wikipedia et Britannica, confirman que el neopaganismo es un tapiz diverso, non una creación de Alain de Benoist.

La Nouvelle Droite, con Alain de Benoist, es solo una corriente más, una voz entre muchas que cantan la verdad de los dioses. Su énfasis en el geno-pluralismo et la tradición europea es válido, pero non es el origen del neopaganismo, como este artículo pretende. El neopaganismo non comienza en los años LXX, ni se limita ad un solo pensador. Es un río que fluye desde Pletón en la centuría XV, que canta con Taylor en el XVIII, que danza con Morganwg en los bosques, que brilla con Gardner en los círculos de brujas, et que aún resuena en los altares que levantamos hoy a Júpiter et Juno. Afirmar que todos los neopaganos siguen ad Alain de Benoist es una falacia de hombre de paja, un intento de reducir la su diversidad ad una sola umbra, como si los papistas todos fueran agustinos ¡Por Vesta, qué absurdo!

Movimientos previos a la Nueva Derecha


Non solo Pletón et Taylor, sino también movimientos como los völkisch en Tudesquía et Austria en los años X de la centuría XX, buscaron revivir las tradiciones gentílicas teutónicas, honrando ad los dioses so nombres como Wotan, que en latín, es Mercurio. En los Estados Unidos, Gleb Botkin formó la Iglesia de Afrodita en MMDXCII A.U.C. (1939 E.V.), mostrando que el neopaganismo cruzó océanos, inspirado por la centella divina, non por una sola figura moderna.

No resulta fácil rastrear los orígenes de la corriente espiritual que conocemos con el nombre de «gnosticismo». Pero es preciso di­ferenciarla de las numerosas gnosis anteriores o contemporáneas que formaban parte integrante de las distintas religiones de la época (el zoroastrismo, los Misterios, el judaismo, el cristianismo), que, co­mo acabamos de ver, implicaban una enseñanza esotérica. Hemos de añadir que casi todos los temas mitológicos y escatológicos desa­rrollados por los autores gnósticos son anteriores al gnosticismo stricto sensu. Algunos están atestiguados en el Irán antiguo y en la India por la época de las Upanishads, en el orfismo y en el platonismo.  Historia de las creencias y las ideas religiosas, Tomo II, Mircea Eliade.

Et ahora, oh pueblo, llegamos ad la parte más obtusa, estúpida et conspiranoica de este escrito vil, la suprema ironía que brilla como Sol et corta como la espada de Marte: el artículo osa afirmar que el neopaganismo está influido por un “ocultismo gnóstico de origen masónico” ¡Por Juno, qué disparate! El gnosticismo, como nos enseña el sabio Mircea Eliade en su Historia de las creencias y las ideas religiosas, es un fenómeno espiritual complejo, difícil de rastrear, pero que surge en la centuría II E.V., más de XV centurias antes de que la masonería viera la luz en la centuria XVII. Eliade distingue el gnosticismo de otras esciencias contemporáneas, integradas en religiones como el zoroastrismo, los Misterios, el mosaísmo et el jesísmo, que implicaban enseñanzas esotéricas. Cuasi todos sus temas mitológicos et escatológicos, son anteriores, atestiguados en Persia, las Upanishads indios, el orfismo et el platonismo. 

La verdadera gnosis es la doctrina de los Apóstoles, la antigua estructura de la Iglesia en todo el mundo, y lo típico del Cuerpo de Cristo, formado por la sucesión de los obispos, a los cuales (los Apóstoles) encomendaron las Iglesias de cada lugar. Así nos llega sin ficción la custodia de las Escrituras, en su totalidad, sin que se le quite o se le añada alguna cosa, su lectura sin fraude, la exposición legítima y llena de afecto (por la Palabra) según las mismas Escrituras, sin peligro y sin blasfemia. Y sobre todo el don del amor, más valioso que la gnosis, más glorioso que la profecía y superior a todos los demás carismas. CONTRA LOS HEREJES, Exposición y refutación de la falsa gnosis. Ireneo de Lyon

Et aquí, oh pueblo, la ironía suprema: Irineo de Lyon, padre de la Iglesia, en su Adversus Haereses, proclama que la doctrina papista es la “vera gnosis”, basada en los Apóstoles, la sucesión de los obispos et la custodia de las Escrituras sin fraude ni blasfemia, un don del amor más valioso que cualquier carisma ¡Por Júpiter, qué paradoja! El papismo mismo, que este artículo defiende, abraza la gnosis, mientras el escriba acusa al neopaganismo de un gnosticismo masónico ¿Cómo puede, entonce, el gnosticismo eser malo, oh escriba, cuando las sus rádices se hunden en tradiciones milenarias, en los cultos ad Júpiter et Minerva, en las sabidurías de Plotino, Proclo et Jámblico, et en el propio papismo que tú veneras?

Este artículo comete la falacia de envenenar el pozo, intentando desacreditar al neopaganismo con una conexión conspiranoica ad la masonería, sin ofrecer una sola prueba, un solo altar, un solo texto que lo sustente ¿Dónde está la metodología, oh escriba? ¿Qué neopaganos, qué tradiciones, qué ritos están supuestamente influidos por este gnosticismo masónico? Non lo dices, porque non puedes. El neopaganismo non es una iglesia unificada, sino un tapiz de tradiciones: la doctrina de Pletón, que honra ad Jove; el druidismo de Morganwg, que canta ad Silvano en los bosques; el reconstruccionismo, que eleva altares ad Mercurio; et tantos otros que non necesitan de la masonería para brillar. Afirmar que el neopaganismo sigue un gnosticismo masónico es una falacia de hombre de paja, una umbra que se desvanece ante la luz de Minerva.

Et si el neopaganismo tuviera influencias gnósticas, ¿por qué asumir que son masónicas et non plotinianas, sidartistas, krisnaístas o incluso jesístas? El platonismo de Plotino, Proclo et Jámblico, en las centurias III et IV E.V., ya exploraba la ascensión de la ánima faz ad lo divino, un eco de la gnosis que resuena con la prisca teología. El sidartismo, con su búsqueda de la iluminación, et el krisnaísmo, con su jñāna et moksha, son tradiciones milenarias que comparten la noción de un conocimiento salvífico, como señala Eliade en Yoga: Inmortalidad y Libertad. El zoroastrismo, con el su monismo, et el orfismo, con su trascendencia, son igualmente antiguos, non masónicos. Et el jesísmo, oh papista, leva la gnosis en el su seno: las sectas de los simonianos, valentinianos, basilideanos et cátaros, los Evangelios Gnósticos de Nag Hammadi, hallados en MCMXLV, et hasta la gnosis soterias del Benedictus, que recognosce una esciencia salvífica ¿Cómo osas ignorar esto et vilipendiar el gnosticismo, cuando el jesísmo mismo leva el semen de la gnosis, proclamada por Irineo como la doctrina de los Apóstoles?

Et si, por algún capricho de los dioses, algún neopagano tuviera influencias masónicas, ¿Qué relevancia tendría? La prisca teología, que ve ad Júpiter, Minerva et Marte como rostros diversos de lo divino, abraza la pluralidad de expresiones espirituales, siempre que honren ad Piedad eterna. Que un neopagano tome inspiración de la masonería non invalida la su devoción ad los dioses, como non invalida la superstición de un jesista por legir ad Platón. Pero este artículo, en la su ceguera, non ofrece pruebas, solo umbras conspiranoicas que se desvanecen ante el fuego de Vesta.

[Europa Ancestral:] "creen que el Cristianismo en su totalidad, sin diferenciar sus ramas (puesto que apenas las conocen), fue fruto de una conspiración judía para acabar con Roma y Occidente.  Critican un falso cristianismo, ya que el verdadero lo desconocen completamente, así como su historia. 

En el nombre de Júpiter, padre de los divos, et de la sacra tradición sapiencial, me alzo, Farfán de los Godos, para refutar las falacias del supersticioso de Europa Ancestral, que osa defender el mosaísmo jesista como pilar de Occidente, ignorando la verdad eterna de la deidad. El su párrafo, un mamotreto de mentiras, merece eser desmontado con la claridad de Minerva et el filo de Marte, mostrando cómo el jesísmo, en sus diversas ramas, es una conspiración, fructo de una mentalidad mosaísta que subvierte la cultura gentílica del Lacio et Grecia, cunas de nuestra europeidad. Analicemos cada punto, desde la base bíblica, et señalemos las falacias con la precisión de un rayo jupiterino.

Disicismo vs. papismo: Una falacia fundacional


La Civilización Occidental empezo en el Monte Sinaí. - Joel Berry, jesísta confundido.

Sí, et por estas estupideces de aleluyos jesístas, los fariseos se arrogan eser los padres de la civilización occidental.

«En el apogeo del Imperio Romano, Roma era una idea, un principio, que permitía unir a diferentes pueblos sin convertirlos ni reprimirlos. El principio de imperium, que ya operaba en la Roma republicana, reflejaba el deseo de realizar un orden cósmico que siempre estaba amenazado. El Imperio Romano no exigía dioses celosos. Admitió otras deidades, conocidas o desconocidas, y lo mismo ocurrió en el orden político. El imperio aceptó cultos extranjeros y una diversidad de códigos legales. Cada pueblo era libre de organizar su federación en términos de su concepto tradicional de derecho. El ius romano prevalecía sólo en las relaciones entre individuos de diferentes pueblos o en las relaciones entre federaciones. Era posible ser ciudadano romano (civis romanus sum) sin abandonar la nacionalidad». Alain de Benoist.

El disicismo es el sistema civilizacional religioso sincrético de tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos —galos, latinos, hispanos, teutones et helenos—, con un orden ancestral propio. Esta matriz cultural fue corrompida por el papismo, que impuso una cabeza doctrinal ajena —el Papa moseo-jesísta—, subordinando la estructura gentil a la tradición mosaísta del colegio de Jesús. El papismo non creó el disicismo, sino que lo degeneró al exigir obediencia ad una auctoridad rabínica externa, desnaturalizando la autonomía espiritual europea et proyectando narrativas biblicas, como que Dios el su pueblo es Israhel, que contradicen el mor originario de Roma et Atenas.

Disicismo (del griego δύση (dýsi) “occidente” + sufijo doctrinal -ismo): Sistema civilizacional religioso-sincrético constituido por la fusión de las tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos occidentales —galos, latinos, hispanos, teutones et helenos.

El párrafo de Europa Ancestral acusa a los críticos de ignorar el supuesto “vero cristianismo”, es decir que los neopaganos facen un "hombre de paja", la peor de la ironías es que el se "fizo un hombre de paja" así mismo de lo que es el "cristianismo", el confunde "la religiosidad occidental", lo que nombraremos "disicismo", por motivos explicativos para diferenciar de lo que es en sí el "movimiento de Jesús", el "disicismo" es la "tradición occidental" que él proyecta en el movimiento de Jesús, como los papistas originados de Judea facen hasta el día de hoy, esto es un hombre de paja, porque el papismo non es el "disicismo" ¿Qué tiene que ver comer cerdo con Jesús, o tatuarse, las imágenes et estatuas, el vero cristianismo es el que come cerdo pese que Jesús lo condenaría? Podríamos mencionar más ejemplos ahora, pero eso lo haremos posteriormente. Esta proyección es una ironía: el estólido se fabrica su propio hombre de paja al equiparar la religiosidad occidental con el cristianismo, ignorando que el disicismo precede et excede al papismo. 

Nuestra "moralidad" non viene del gobierno, ella viene de Jerusalén....

Memoremos que Levítico XI:VII, que prohíbe comer cerdo, práctica gentil del disicismo. El “Día de Yahvé” (Isaías XXXIV:II-VI, Ezequiel XXX:III) promete la destrucción de los gentiles: “El enojo de Yahvé es contra todas las naciones… las entregará al matadero”. 

Europa Ancestral ignora que el jesísmo nasce en Judea, Asia, non en Europa. Pero desde la base bíblica, que todo seguidor de Jesús acepta, encontramos evidencia de su antietnicismo. En Mateo XXIII:I-III, Jesús declara: “Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos, diciendo: Los escribas y los fariseos se sientan en la cátedra de Moisés; haced, pues, y guardad todo lo que os digan; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”. Esto vincula al jesísmo con la Ley de Moisés, antiétnica por mandatos como Deuteronomio VII:I-VII, que ordena destruir a las naciones púnicas, et Levítico XI:VII, que prohíbe comer cerdo, práctica común en el disicismo. Como señala Christopher Jon Bjerknes en Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II: Jesus Is Satan (MMXXI, p. XVI-XIX), el jesísmo, al equiparar a Jesús con Samael, subvierte ad los gentiles, reemplazando a Júpiter et Vesta con el dios de Israel. Los Evangelios, escritos cerca DCCCXLIII A.U.C. (90 E.V.), confirman su raíz asiática, non europea, mostrando que su populismo asimilacionista, es decir elimina la identidad gentil para eser del pueblo de Judea (Romanos II:XXVIII-XXIX). Veamos que en Apocalipsis XIV:XVIII-XX, Jesús pisa el lagar, donde las uvas son las cabezas de los gentiles, un símbolo de exterminio que, según Christopher Jon Bjerknes (Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II, MMXXI, p. XVI-XIX), revela una conspiración para subvertir a los gentiles, non solo Roma, induciéndolos a la autodestrucción al reemplazar los mores gentílicos con los mores del colegio saulino.

Christopher Jon Bjerknes, en Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II: Jesus Is Satan (MMXXI, p. XVI-XIX), arguye que el jesísmo fue diseñado por mosaístas para subvertir ad los gentiles, reemplazando sus dioses con un genio que niega la pluralidad divina. Jesús, lo equipara ad Samael/Satanás, que esería un chivo expiatorio para transferir pecados mosaístas ad los gentiles, induciéndolos ad la autodestrucción (p. CXXIV-CXXV). Esto non solo afecta ad la vera Roma de los Césares, sino ad omne Occidente, intendido como la cultura gentil, desde Grecia hasta las tradiciones teutónicas, al imponer una superstición que nos desarraigó de Minerva et Marte.

Impacto en Roma et Occidente: Más allá de la cívica, una pugna cultural 

Hacia el 300, la delantera que las Iglesias de Oriente, sobre todo las de Egipto, Siria y Asia Menor, sacaban a las Iglesias de Occidente, excepción hecha de las de África del Norte, continuaba siendo considerable. Mientras en Occidente los cristianos estaban aún muy claramente en minoría, en algunos lugares de Oriente eran mayoría, y en los demás constituían minorías considerables, cuyo peso social y político tenía un carácter determinante. Por lo demás, el cristianismo continuaba siendo un fenómeno principalmente urbano, a pesar del peso que en algunas Iglesias comenzaban a tener ya los campesinos. Sus adeptos seguían siendo en general de condición modesta, pero la burguesía de las ciudades, cada vez más alejada de los asuntos públicos por el reforzamiento del absolutismo y la preeminencia del ejército, comenzaba ya a volverse hacia el cristianismo. La misma corte imperial y la alta administración se abrían progresivamente al cristianismo. En una palabra, el golpe definitivo que Decio y Valeriano habían pretendido asestar a la nueva religión no había servido absolutamente para nada. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

El párrafo de Europa Ancestral reduce la crítica ad un ataque cívico contra Roma, ignorando que la lucha es contra lo gentil, la cultura que conforma Occidente. El jesísmo, al promover la conversión (Mateo XXVIII:XIX, “Id y haced discípulos a todas las naciones”), busca absorber ad los gentiles en el Israhel espiritual, despojándolos de su identidad gentil. Bjerknes (p. CCIV) señala que el jesísmo impone “auctoridad autoritaria” a los gentiles, desmantelando sus tradiciones, como los cultos a Júpiter et Vesta, et llevándolos a la esterilidad et la autodestrucción (p. CCXXXVII). Históricamente, la jesistización de Europa implicó la destrucción de templos gentiles, la prohibición de rituales et la asimilación forzada, como en Escandia, donde los fanos fueron reemplazados por templos jesístas (Wikipedia: Christianization of Scandinavia). Esto non solo acabó con la Roma de los Césares, sino con el mor puro gentil que le precedió, desde Grecia hasta las tradiciones gálicas, un mamotreto vivo que muchos cefeos niegan, pero que es como amalgama de la europeidad. 

[Europa Ancestral:] Ignoran que Occidente ha sido el bastión del Cristianismo desde el principio y que el concepto de Europa se dio gracias a la cristiandad. Es aquí donde enraizó con más fuerza y desde aquí se propagó por todo el mundo." 

“La superstición oriental et el secuestro cefeo  de Occidente”

Nuestra civilización es un inmenso tejido en el que se mezclan elementos muy diferentes, en el que la rapacidad nórdica convive con el derecho romano, y las nuevas costumbres burguesas con los restos de una religión siríaca. En un tejido así, no tiene sentido buscar un hilo que haya permanecido puro, virgen y sin la influencia de otros hilos cercanos. JAMES JOYCE, Irlanda, isla de santos y sabios , 1907
Es una noción repetida hasta la saciedad —en catecismos, manuales escolares et hasta en discursos cívicos— que afirma el supersticioso...: “Occidente fue el bastión del cristianismo desde el principio y es aquí donde enraizó con más fuerza.” Pero esa afirmación, lejos de eser histórica, es una superstición reciclada por centurias de propaganda papista occidental. Vamos ad ponerle luz.

¿Dónde realmente prendió el jesísmo? Contrario a esa narrativa papista:

África et Asia fue el epicentro real: En la centuría III et IV, regiones como Siria, Egipto et Asia Menor tenían comunidades jesístas consolidadas, organizadas et en expansión. Alejandría et Antioquía eran metrópolis supersticiosas, con obispos que influían más que cualquier sede occidental. La lengua de la superstición  era el greco, non el latín. Hasta mediados de la centuría IV, incluso la liturgia en Roma se celebraba en greco. Las primas obras jesistas en latín surgieron en Cartago, non en Roma.

En la centuría IV, Espania aún se aferraba ad las divinidades. Las Actas de Saturnino la describen como profundamente gentil, et non es hasta centurias después que el cefaísmo empieza ad penetrar con fuerza. Los vascones mantuvieron sus cultos hasta la centuría IX, resistiendo la menorá con forma de cruz con más dignidad que muchas universidades modernas. Los campamentos militares de Renania et Britania tenían poca o nula presencia jesísta mientras en Alejandría charlataneaban en greco.

Definición de “Occidente” et crítica ad la definición papista: el papismo non es EVROPA.

En la Antigüedad gentílica, designaba la parte occidental del Imperio Romano, abarcando Europa occidental et África (¡SÍ, ÁFRICA!), como las provincias romanas de África et Mauritania (Túnez, Argelia, Marruecos). Desde la perspectiva papal, “Occidente” incluía estas regiones, donde figuras como Agustín Hiponense (de Hipona Regia, actual Argelia, circa MXXX A.U.C., 354 E.V.) forjaron el papismo. Agustín, un moro latinizado, influyó en el papismo "occidental", mostrando que el “Occidente” según los papistas non era exclusivamente europeo, sino un constructo eclesial de control papal (Wikipedia: Augustine of Hippo).

Críticas al término “Occidente” incluyen:

  • Ambigüedad geográfica: “Occidente” non tiene límites claros, abarcando históricamente Europa, et el Magreb, modernamente, América et Australasia. Esto lo distingue de Europa, que es un constructo geográfico et cultural más específico (Wikipedia: Western world).

  • Perspectiva gentil: Desde África, el “Occidente” definido desde el papismo, puede veerse como un termino populista asimilacionista, ignorando la interconexión histórica con Europa. La inclusión de Túnez, Argelia et Marruecos en el “Occidente” cefeo, como parte del Patriarcado de Occidente, evidencia que non es sinónimo de Europa, sino un término de dominación papista.

El cefaísmo usó posteriormente el termino “Occidente” para consolidar la su auctoridad sobre el Imperio Romano de Occidente, incluyendo el Magreb, pero esto non lo face europeo. Por ejemplo, la bula Inter Caetera (MCCCCXCIII A.U.C, 1493 d.C.) otorgó ad la corona de Espania derechos sobre tierras non papistas, incluyendo África, mostrando que “Occidente” era un constructo de poder, non de identidad europea. Afirmar que “Occidente” es Europa es una falacia de anacronismo, pues ignora el su alcance histórico más amplio.

Aunque la actividad y muerte de San Pedro en Roma sea tan claramente establecida, no tenemos información precisa sobre los detalles de su estancia Romana. Las narraciones contenidas en la literatura apócrifa del siglo segundo. https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro

El término “Occidente” proviene del latín occidens (ocaso, puesta de Sol), en contraste con oriens (oriente, salida de Sol). El grave problema de "Occidente" según sostiene Europa Ancestral, non es algo que se identifique realmente con Europa (Es decir la Grecia o el Lacio) si non con Israhel (específicamente la de Jesús pues es su movimiento quien lo conforma es decir Europa para él recién sale con él), podría plegarse este termino ad eser tan absurdo, como decir que Occidente nasce cuando Moisés recibe las tablas en el Sinaí, o que Jesús fablaba latín et demás ¿Total, si lo occidente es lo biblico et la iglesia? Que por cierto, la iglesia Jesús la estableció en Pedro (qui la iglesia papista admite que non han información precisa sobre los detalles de su estancia romana), o mejor dicho Cefas ya que ese era su vero nombre, él de un sarraceno, et non de un latino, quién estaba en Cesárea de Filipo, Israhel-Palestina, et non en el Lacio, et esta proclama eser sucesora de los levitas et del templo de Jerusalén. 

Entre las actas auténticas de mártires anteriores a la persecución de Decio, nin­guna es de militares. Hasta la persecución de Diocleciano para reprimir el cristianis­mo, el Estado romano siempre contó con la policía y los militares en función de policía, de donde deduce E. Gabba que no debía haber soldados cristianos en este cuerpo. Los estudios que se han hecho sobre la religión del ejército en el siglo ni, de cul­tos tradicionales, o de dioses locales, u orientales, prueban que no se dio una presión a favor de los dioses tradicionales, opuesta a la difusión del cristianismo. Se descarta también que el cristianismo se propagase en el siglo Ill en el ejército, al igual que los cultos mistéricos. En occidente el cristianismo estaba muy poco extendido, y menos en los campamentos, incluidos los del frente del Rin, Danubio y Britania. Es más po­sible que los hubiera en el oriente, área donde el cristianismo se había propagado rá­pidamente, al igual que en Africa. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Por lo demás fablar de Occidente modernamente es fablar de un termino totalmente subjetivo, un cuentillo de jesístas que confunden Occidente con Europa incluso podrían plegar absurdeces como decir que solo los papistas son occidentales et los useños non lo son, en todo caso, nihilo nos impide decir que Occidente es el Lacio et la su influencia, es decir donde se sienta lo latino, lo que es Francia, Romania, Italia, toda America incluyendo Quebec, et excluyendo EUA et el resto de Canadá, independientemente de si son papistas o lo que sean. Esería la forma más objetiva de definirlo. Et esto se puede sostener si partimos desde una definición precisa que considera ad Occidente non por el patriarcado de Occidente que el papado se organizo, si non por lo que precedía ad este, Occidens como tal, es decir lo que creo Diocleciano... hombre que Europa Ancestral ignora... et omite ad conveniencia. del cual profundizaremos más adelante...

El concepto de Europa: Non gracias ad el papismo, sino al etnicismo europeo

Tampoco Europa estaba clasificada por encima de Asia en esta teoría, ni era tratada como un foco de identidad. Incluso para los escritores griegos que aceptaron el nuevo sistema continental con más entusiasmo que Heródoto, la propia Grecia a menudo se encontraba fuera del modelo, geográficamente entre Asia y Europa, y era mejor que ambas. Lo vemos más claramente en la afirmación hecha por el filósofo Aristóteles en el siglo IV a.e.c. de que Grecia ocupaba un admirable término medio entre Europa y Asia, y sus habitantes evitaban, por lo tanto, los defectos de carácter provocados por el clima indeseable de ambas: Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn

Estas historias entrelazadas representan de alguna manera el laberinto de viajes y relaciones entre Egipto, el Levante, Creta, Anatolia y Grecia. Revelan el abismo existente entre las formas modernas y antiguas de interpretar el pasado de la humanidad, entre el pensamiento civilizatorio y lo que llegaremos a reconocer como la habitual forma antigua para explicar el cambio histórico, a través de viajes y relaciones. 7 Algo de lo que no hablaban era de Europa, hecho que se pone de manifiesto en la obra de Heródoto de Halicarnaso, quien escribió la primera obra importante de la historia en griego, alrededor del año 425 a.e.c. Para él, el nombre del continente era un misterio, «a menos que consideremos que toma su nombre de la Europa de Tiro […] pero está claro que ella procedía de Asia, y que nunca vino a esta tierra que los griegos ahora llaman Europa, que solo viajó de Fenicia a Creta, y de Creta a Licia». Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn

¡Oídme bien, mortales de poca memoria, et vosotros, que os aferráis a la fábula de que Europa es criatura del papismo! Esa afirmación de "Europa Ancestral" de que "el concepto de Europa se dio gracias ad la cristiandad" non es más que una falacia, una necedad teñida de tinta, nascida de la pluma de quienes, cegados por la superstición mosaísta, intentan reescribir la historia para su conveniencia. ¡Ego, Farfán de los Godos, os digo que la vera Europa, la de la sangre et la tierra, era mucho antes de que vuestros rabinos et papas pisotearan nuestro suelo!

¿Acaso olvidan las crónicas de Heródoto, que ya en la centuría V antes de vuestro Nazareno, fablaba de Europa, aunque su nombre fuera descognocido para él? La noción de continentes non es obra divina, sino producto de la imaginación humana, et la polaridad entre Europa et Asia, incluso, fue noción de los persas. Nuestros ancestros, los de la estirpe de Alán, ya tenían fabulas et nociones fabulosas que viajaron et se mezclaron por toda Anatolia, el Levante et Grecia, mucho antes de que vuestro "genio" se manifestara en el desierto. De todas formas, esto lo de Europa lo profundizaremos más adelante...

Tenía razón, por supuesto: Europa y África han estado históricamente unidas por tierra a Asia; mucha tierra en el caso de Europa, bastante menos en el caso de África. Sin embargo, se inclinó ante el pragmatismo: «Muy bien: usaré los nombres utilizados habitualmente para ellos», y yo he hecho lo mismo en este libro, pero debemos recordar que los continentes fueron desde el principio producto de la imaginación humana, no del mundo natural. 12 Además, su simbolismo moderno en términos de cultura, contraste y confrontación se asocia más bien a los persas: puede que los griegos inventasen los continentes, pero parece más probable que fuesen los persas los que inventaran el pensamiento continental. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Toda la historia se cuenta desde la perspectiva persa: «A partir de ese momento, los persas consideraron al pueblo griego como sus enemigos. Porque los persas reclaman como propia Asia y los pueblos bárbaros que viven allí, pero a Europa y a los griegos los ven como algo distinto». Esta es la versión más antigua conocida de una polaridad binaria que enfrenta a Europa con Asia, y eso, concluye Heródoto, «es como los persas dicen que sucedió». No hay ninguna razón especial para dudar de él. Heródoto creció como súbdito del imperio persa en Halicarnaso, una ciudad gobernada por Artemisia, una de las consejeras más cercanas a Jerjes. Los hombres de Halicarnaso lucharon junto a otros «Yauna» en el lado persa contra Grecia. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn. 

La leyenda negra... 

[Europa Ancestral:] A su vez, hacen suyas las críticas anticristianas que se dieron durante los tiempos de la Leyenda Negra (creada por la alianza judeo-protestante contra España) y de la Ilustración masónica, que aseguraban que el cristianismo católico romano sumió a Europa en la oscuridad, creencias todas, que como veremos a lo largo del artículo son falsas y totalmente contrarias a la realidad. 

¡Es la ironía más burda et falaz que se osa proferir que la Leyenda Negra fue creada únicamente por una "alianza judeo-protestante"! ¡Menuda simpleza de quienes non cognoscen la historia profunda, la de las entrañas mismas del papismo!

Vos, que os indignáis por la "difamación" que supuestamente solo viene de fuera, ¡olvidáis con demasiada facilidad que vuestra propia sinagoga, la de la Iglesia Papista, ha sido una fábrica de "verdades" moldeadas, de narrativas torcidas et de infamias lanzadas contra todo aquello que non se plegaba ad la su voluntad!

¿Non fue acaso Bartolomé de las Casas, fraile de vuestra mesma iglesia, qui relató las "atrocidades" cometidas en las Américas? ¡Los sus escritos, por más que hoy se traten de "facer caso omiso", fueron tan "condenatorios" que hasta sus críticos más "encarnizados de la época compartían sus opiniones sobre el comportamiento de los colonos hispanos"! Ese material, esa semilla de la clamada "Leyenda Negra", ¡nasció et creció en vuestro propio seno! ¡Non se puede pretender que la "conquista fue un logro más de diplomacia que de guerra" et un "fenómeno de fusión", mientras se ignora la "avaricia" et la "destrucción" atestiguada por vuestros propios hombres! Los neopaganos non necesitan inventarse o tomar una leyenda negra, pora eso estáis vos los papistas la desgracia de las Espanias, menos tampoco necesitamos ad la "masonería", pese ad que vos non podéis argüir si la ilustración es masónica, pero claro, esto non es una apología ad la masonería, pese ad que los masones simplemente eran el "tanque de pensamiento" de la ilustración, que curiosamente sostiene una postura en pro de la razón...

Dicen algunos que la Ilustración fue un invento masónico, una conspiración de sociedades secretas para subvertir el orden espiritual del mundo. Pero esa es una falacia conveniente, construida por quienes jamás se detuvieron ad leger ad un filósofo o historiador serio con atención. La Ilustración non es masónica. Es racional, crítica et profundamente humana. 

La su radiz non está en logias obscuras ni en rituales escondidos. Nasce del redescubrimiento de la filosofía gentílica, aquella que enseñaba que el mundo podía entenderse por el intelecto et non por el temor. Sócrates, Platón, Aristóteles, los estoicos et epicúreos: ellos fueron los primeros en legir la fabula con la lógica, non para despreciarla, sino para entender la verdad más allá del relato. La Ilustración es heredera de ese linaje. Un linaje que vio en el diálogo la ferramienta para esclarecer, non para obedecer ciegamente.

Et sí, también es fija del método experimental, de las obras de Newton, que rompió el velo del mundo sin quemar incienso ni invocar umbras. Su Principia Mathematica non fue una traición ad lo divino, sino una reverencia al orden que principa la Natura, inscrito non en supersticiones, sino en leyes universales.

Los que la atacan, los que dicen que la ilustración es masónica et la duda es pecado, suelen eser los que confunden la ignorancia con devoción. Representan el rostro amable de la superstición obscurantista, disfrazada con tonos culturales. Fablan de tradición mientras temen a la crítica; veneran lo establecido mientras detestan el cambio. Son los que sostienen —aun hoy— una fe de carboneros: ciega, incuestionable, heredada sin reflexión.

La Ilustración non fue perfecta, pero fue un paso gigantesco en la emancipación del pensamiento. Rompió cadenas non con espadas, sino con esciencia. Su pecado, según sus detractores, fue poner en tela de juicio el absolutismo, la superstición et la obediencia forzada.

¿Es eso realmente condenable? ¿O acaso es más sensato temerle a un pensamiento libre que arrodillarse ante uno impuesto? De todas formas esto lo profundizaremos más adelante

Pero esto, mis amigos, non es nuevo. La manipulación de la historia, la difamación de los adversarios, et la "invención" de "factos" o "atribuciones" es una práctica tan antigua como el mismo jesísmo, y se ha ejercido por "todos los bandos", incluyendo, et con especial celo, por vuestros "santos" et "doctores de la Iglesia".

  • La "Interpretatio Christiana": Ya en sus albores, el jesísmo, para legitimar su propio colegio, se apropió et reinterpretó las escrituras mosaístas en lo que se ha clamado un "extraordinario proceso de falsificación", usando el Antiguo Testamento "como arma contra ellos mismos" (los talmúdicos).
  • La "invención de la fabula de la persecución": Se forjó una narrativa de "persecución" para "justificar et apoyar las instituciones de la ortodoxia" et para "marginar a los demás". Esto permitía que los "poderosos" se convirtieran en "víctimas" para "justificar sus ataques polémicos et vitriólicos a otros" ¡Cuando el desacuerdo se convierte en "persecución", el "diálogo non solo es imposible, es indeseable"!
  • La construcción de la autoridad papal: ¿Creéis que la "sede de Cefas" se edificó sin mácula? La primacía del papa se fundamenta en "una pura argucia", incluyendo "falsificaciones documentales" para establecer la "independencia jurisdiccional" del obispo de Roma. Los catálogos de los primeros papas son, en su "casi totalidad", "producto del embuste" y "pura invención".
  • La falsificación como estrategia teológica: Vuestros propios teólogos, como Agustín, autorizaban "expresamente las invenciones piadosas a favor de la Iglesia", declarando que "nuestra ficción (fictio) no es ya una mentira, sino expresión de la verdad". Y Jerónimo, vuestro "hombre trilingüe", no dudó en "denigrar" y "despedazar" los escritos de sus oponentes, utilizando "sarcasmos", "ironías", y una "marea de verdades y mentiras".
  • La demonización del "otro": Se calificó a los filósofos et pensadores gentiles como "charlatanes," "ignorantes," "bestias salvajes," et sus obras como "necedades," "aberraciones," o incluso de "origen demoníaco". Se les acusaba de "inmoralidad et canibalismo", ¡las mismas acusaciones que los jesistas recibieron et luego proyectaron sobre otros! El teatro, la filosofía, la cultura greca en general, ¡todo fue "combatido" et "condenado" por eser obra del "diablo" o "consagrado a los demonios"!
  • La destrucción y ocultamiento de textos: Los "proto-ortodoxos" non solo atacaron con verbos, sino que "destruyeron sus Escrituras especiales et aniquilaron a sus seguidores". Censuraron et quemaron obras consideradas "heréticas" para asegurar la "verdad" de la Iglesia, et así lograron borrar "cuasi por completo" la voz de sus adversarios.

Así que non me vengáis con la historia de que solo "los protestantes" o "los judíos" inventaron la difamación. La "pugna contra el error" et la "intolerancia del supersticioso" que predicaban vuestros obispos et "santos" es la misma que usó cualquier potencia para "acumular un poder cuasi absoluto". Vuestros augustos "jesístas" se jactaban de "escupir al rostro de los ídolos muertos, pisoteaban las criminales ceremonias de los demonios et se burlaban del antiguo engaño" ¡Esto non era vandalismo, era la "voluntad de Tervagante" pora justificar el su dominio!

Desde nuestra perspectiva gentil, que valora la multiplicidad et el equilibrio, vemos claramente que la "metafísica de la revancha" et la "ideología del resentimiento" que tanto denunciáis en otros, está en el propio "fundamento más profundo" de vuestro sistema. La necesidad de culpar, de "envenenar la sangre" con la "moral de siervos ridícula", esa "obsesión contra lo que non es papista", non es más que el reflejo de un "genio maligno" que "genera intolerancia et fanatismo".

La "Leyenda Negra" non es una invención exclusiva, ¡Es una manifestación de una tendencia humana, et especialmente jesísta, a manipular la narrativa para imponer su "verdad única"! Así lo hemos visto et así lo rememoramos, pues la memoria es nuestro gladio, et con él cortamos las telarañas de la falsedad, venga de donde venga.

"Se nos dice que las críticas a la idea de que el cristianismo católico romano sumió a Europa en la oscuridad son "falsas y totalmente contrarias a la realidad". Sin embargo, Deschner et una vasta colección de estudios históricos ofrecen una realidad muy distinta, una que revela una profunda hostilidad del jesísmo hacia la educación, la razón et la ciencia clásica.

Desde sus mismos orígenes, el jesísmo, especialmente el más primitivo, mostró una marcada indiferencia o incluso rechazo faz ad la cultura et la filosofía. Jesús et sus primeros discípulos, por ejemplo, non manifestaron el menor interés por la educación o la ciencia. El propio Nuevo Testamento previene contra la "sabiduría de este mundo" et la filosofía, afirmando que "en Cristo residen todos los tesoros de la sabiduría et del conocimiento".

Los primeros Padres de la Iglesia, como Taciano, Teófilo de Antioquía et Tertuliano, adoptaron una postura ferozmente anticlasicista. Taciano tildaba a los filósofos griegos de "presuntuosos ignorantes, pendencieros y aduladores", calificando sus instituciones, costumbres y ciencias de "necedades" y "estupidez bajo múltiples disfraces". Teófilo, a pesar de su propia formación gentil, decretó que toda la filosofía, el arte, la mitología y la historiografía griegas eran despreciables, remitiéndose a "varones carentes de ciencia, pastores y gente inculta" del Antiguo Testamento. Tertuliano, una figura clave para el catolicismo occidental, también atacó sin contemplaciones la cultura gentiles, viendo en su aproximación a la verdad mera casualidad o reapropiación. Esta hostilidad cultural fue una constante acusación contra la nueva religión.

La Iglesia, lejos de iluminar, se convirtió en una fuerza de supresión del conocimiento. Desde Pablo en Éfeso, se dedicó a la quema de libros adversos, tanto gentiles como mosaístas et jesistas rivales. Se ordenó la destrucción de obras antijesistas de filósofos como Celso et Porfirio, et la inmensa biblioteca del Serapeo de Alejandría fue incendiada por instigación del obispo Teófilo en el 389 d.C.. Esta destrucción sistemática de documentos escritos, como los gnósticos, continuó hasta el siglo XX. Se prohibió a los obispos leer libros paganos, y la censura eclesiástica fue una institución constante.

En cuanto a la calidad de la educación, la visión de Deschner es desoladora. Se nos dice que el cristianismo más antiguo se reclutaba "casi exclusivamente a partir de los estratos sociales más bajos", con muy pocos creyentes gozando de una educación superior. Auctores gentiles como Celso se burlaban de que los jesistas captaban gente entre "niños y mujeres" y "artesanos de baja estofa", y que eran "gente vulgar, incapaz de razonar". Orígenes, al intentar refutar ad Celso, non negó esta acusación, sino que intentó darle la vuelta, admitiendo que la comunidad jesísta estaba "formada en gran parte por personas de extracción baja sin instrucción".

Incluso la dirigencia eclesiástica carecía de nivel intelectual. En el Concilio de Calcedonia (451 d.C.), cuarenta obispos eran analfabetos. Se sabe que los papas de los siglos IX y X podrían no haber sabido leer y escribir. Gregorio I Magno, un papa y Doctor de la Iglesia, supuestamente mandó quemar una gran biblioteca en el Palatino. Los Padres de la Iglesia se lamentaban de su "torpeza en la escritura", y la lengua de las Biblias latinas, el "lenguaje de pescadores", fue objeto de mofa por siglos.

La educación se subordinó por completo ad la "jesistización". El objetivo ya non era el desarrollo de las capacidades mentales o la esciencia mundana, sino la preparación para el "más allá" et la "asimilación a Dios". La curiosidad et el afán de saber fueron combatidos y vistos con suspicacia, incluso por Agustín, quien atacó la ciencia y el conocimiento sensorial como "obstáculos para la fe", con la famosa frase: "¡Los ignorantes se levantan y arrebatan para sí el reino de los cielos!".

Aunque hubo figuras como Clemente de Alejandría et Orígenes que intentaron integrar la filosofía gentílica ad el papismo, et incluso se plegó a usar el vocabulario sacro greco para expresarse, esta "helenización" fue un proceso estratégico para conquistar el mundo et se instrumentalizó la esciencia gentílica, non se lo abrazó por sí mismo. Además, esta asimilación generó conflictos internos, ya que algunos Padres de la Iglesia (como Tertuliano et Ireneo) la rechazaron vehementemente, et la propia Iglesia condenó doctrinas jesístas que eran demasiado "filosóficas" o "gnósticas" como heterodoxas.

La filosofía misma fue subvertida; de eser una búsqueda humana de la verdad, se convirtió en una "filosofía segura et apropiada" que era la jesísta, negando así su esencia de búsqueda abierta e incierta. Los debates se redujeron a "torneos ad golpe de argumentos de autoridad" donde la "verdad se decreta" por concilios, non se descubre.

Apenas queda nada de la crítica científica del cristianismo por parte de los paganos. De ello se ocuparon el emperador y la Iglesia. Desaparecieron, incluso, muchas respuestas cristianas a la misma. Probablemente porque en sus páginas había aún demasiado veneno pagano.36 Pero fue al paganismo como tal al que le llegó entonces la hora de su desaparición bajo el Imperio romano. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder

La conclusión de Deschner es tajante: la historia de la Iglesia es "criminal en su conjunto". La decadencia del saber, la paralización de la crítica y el triunfo de la obediencia ciega a la autoridad marcaron un período en el que la razón fue despreciada y el conocimiento menguó. La Iglesia "vive de miserias, creó miserias para eternizarse". La afirmación de que el catolicismo sumió a Europa en la oscuridad, lejos de ser falsa, es una consecuencia documentada de su hostilidad hacia el libre pensamiento y la cultura clásica, un legado que todavía hoy, según Deschner, la Iglesia católica se niega a reconocer plenamente."

Europa Ancestral comete múltiples falacias al desestimar las críticas anticristianas:

Envenenar el pozo: Califica las críticas como “falsas” et atribuye su origen a una alianza judeo-protestante o masónica, desacreditarlas sin abordar su contenido. Esta táctica evade el debate sobre las persecuciones documentadas por Rassias et las críticas de Las Casas.

Hombre de paja: Distorsiona las críticas neopaganas como repeticiones de la Leyenda Negra, ignorando su base histórica en la subversión del disicismo por el papismo.

Generalización indebida: Asume que todas las críticas provienen de luteranos o talmudistas, ignorando las contribuciones papistas de Las Casas et Montesinos, et las fuentes gentílicas de Rassias.

Aserción gratuita: Afirma que el cristianismo no sumió a Europa en la oscuridad, sin refutar evidencias como la destrucción de templos paganos o la supresión del conocimiento clásico.

Anacronismo: Ignora que el disicismo, forjado por galos, latinos et teutones, precedió al papismo, que se impuso tardíamente en CCCXXV AUC (325 E.V.).

[Europa Ancestral:]  En especial nos centraremos en rebatir el artículo que Nordic Thunder subió ya hace unos años en su blog Europa Soberana y que contiene todas estas críticas. Además dicho artículo según se ha podido constatar es en gran medida un plagio de varias partes del libro Demolish them, escrito por un escritor neopagano griego llamado Vlassis Rassias.

La ironía suprema es que Europa Ancestral ignora que papistas como Bartolomé de las Casas iniciaron la Leyenda Negra, et que el artículo de Nordic Thunder, basado en Demolish Them de Vlassis Rassias, non muestra influencias masónicas ni luteranas (cosa que demostrare más adelante), sino un análisis histórico de persecuciones jesístas contra gentiles. De todas formas non hay ningún argumento, solo falacias ad hominem contra Nordic Thunder, irónicamente non podemos veer ninguna sola replica contra Vlassis en ninguna parte del su texto, que demuestre que Vlassis era un masón judeoluterano satanico anticristo, ¡Et qui sabe que otra estupidez de adjetivo invalido! Aparte solo afirma que Nordice plagió et non veemos donde se demuestra que Nordic fizo un plagio de Vlasis Rassias, pues Nordic non copió en lo sustancial la su obra, ni la dió como propia.

Vlassis Rassias et Demolish Them

[Europa Ancestral:] Manipulación y tergiversación de pasajes bíblicos

La Biblia está repleta de alegorías, no puede ser entendida de forma literal, además los últimos textos del Nuevo Testamento fueron escritos hace casi 2000 años en un contexto social y religioso muy diferente al actual, por lo tanto, es muy fácil sacar conclusiones erróneas si no se tienen ciertos conocimientos en estudios bíblicos basados en la tradición y el magisterio de la Iglesia.

Ah, la Biblia… ese libelo que los seguidores del genio maligno que insisten en clamar “palabra de Dios”. Pero non de Jove, claro. Non del padre de los dioses, del señor del Universo, del protector de la ley et la justicia. Non. fablan de otro. De ese ente umbrío, que los medievales nombraron Tervagante, que el su nuncio se apareció en una zarza ardiente, exigió sacrificios, dictó leyes absurdas, et convenció ad un pobre pastor clamado Moisés de que él era el único dios vero como también los seguidores de Mahoma sirven ¡Qué estafa mundana!

Vlassis Rassias (MCMLIX-MCMXIX AUC, 1959-2019 E.V.), escritor et activista greco, fundó el Consejo Supremo de Helenos Étnicos (YSEE) para restaurar la religión greca. Su libro Demolish Them (MCMXCIV AUC, 1994 d.C.) documenta persecuciones jesístas contra gentiles, como la destrucción del Oráculo de Apolo en Dídima (CCCXXIV AUC, 324 E.V.) et la prohibición de libros gentílicos en Cartago (CCCXCVIII AUC, 398 E.V.) (Web: rassias.gr). Rassias, crítico del jesismo desde joven tras presenciar la destrucción de una estatua de Neptuno, non muestra influencias masónicas ni luteranas, sino un análisis histórico basado en fuentes como Amiano Marcelino. Nordic Thunder, al usar Demolish Them, non plagia, sino que cita una obra que refuta la narrativa de Europa Ancestral con factos históricos, non con propaganda moseoluterana.

Ese non era un dios. Era un espíritu menor, un genio caprichoso, vengativo, obsesionado con sangre, obediencia et exclusividad. Un genio maligno que se alimenta del miedo de sus seguidores ¿Un dios zelote que necesita que lo adoren constantemente, que castiga con plagas, que exige genocidios et mutilaciones? ¡Por favor! Eso non es la deidad, eso es servidumbre. Jove reina con majestad, non con amenazas.

Et ahora vienen los defensores del mosaísmo, esos herederos de la superstición hebrea, ad decirnos que “la Biblia está repleta de alegorías y no puede ser entendida de forma literal” ¡Qué conveniente! Cada vez que el texto se vuelve absurdo, violento o contradictorio, lo convierten en metáfora. ¿Dios ordenando matar a niños? Alegoría. ¿Dios arrepintiéndose de haber creado al hombre? Alegoría. ¿Dios jugando a destruir ciudades por capricho? ¡Alegoría, por supuesto!

Pero cuidado, non todo es simbólico. Non. Hay pasajes que sí deben tomarse literalmente ¿Cuáles? Los que sirven para sostener la opinión infundada sobre la deidad, claro. Los que permiten condenar al que piensa diferente. Porque la literalidad, como la verdad, es selectiva cuando la administra una institución con dos mil años de experiencia en el arte de reinterpretar.

Et sí, es cierto que la Biblia contiene alegorías. Filón de Alejandría, un mosaísta como Jesús que aún conservaba algo de la luz helénica, interpretaba el Pentateuco alegóricamente para extraer verdades filosóficas. El Evangelio de Juan, más místico que histórico, está pleno de simbolismo. Pero decir que “non puede eser entendida de forma literal” es una exageración, una falacia. Porque incluso Filón consideraba que ciertos pasajes, como el decálogo o las leyes de pureza, debían tomarse literalmente.

La historia mesma revela una tensión entre la exégesis literal et la alegórica. Hay quienes defienden la primacía de la interpretación literal para intender el significado que el auctor puso en los versiculos, especialmente si se creía que los auctores eran apóstoles. Pero claro, la lectura literal leva a contradicciones, a incongruencias, a absurdos. Et entonce, ¡zas!, aparece la alegoría como salvavidas teológico. Incluso la Alfama de Jesús ha tenido que facer “piruetas galácticas” para conciliar pasajes que contradicen la literalidad ¿Et qué facen? Reinterpretan. Reescriben. Redefinen.

La noción de que el Antiguo Testamento era una “preparación espiritual” para la “nueva alianza” del jesísmo es en sí mesma una relectura que va más allá de lo literal. Es una apropiación. Una manipulación. Una estrategia. Porque el jesísmo nasció en un entorno mosaísta, sí, pero so la influencia de la cultura helenística. Su teología non es original. Es un producto híbrido, una mezcla de tradiciones, fabulas et reinterpretaciones. Comprehender su entorno histórico es fundamental. Pero claro, eso non conviene al magisterio o mejor dicho el rabinato.

Et aquí plegamos al cor de la farsa: “Es muy fácil sacar conclusiones erróneas si no se tienen ciertos conocimientos en estudios bíblicos basados en la tradición y el magisterio de la Iglesia”. ¡Ah, la falacia de auctoridad! ¡El argumento circular! ¿Quién define qué es correcto? La Iglesia. ¿Et cómo sabemos que la Iglesia tiene el Verbo? Porque lo dice la tradición. ¿Et quién define la tradición? La Iglesia ¡Un círculo perfecto de autojustificación!

Et si alguien se atreve ad romper ese círculo, dirán: “La Biblia da auctoridad ad la Iglesia” ¡Ah, claro! ¿Et quién da auctoridad ad la Biblia? “Dios mesmo”, responderán algunos cálidos. ¿Et cómo sabemos que Dios está dando auctoridad ad ese texto? ¡Por la Biblia! ¡Por supuesto! El círculo se cierra con una reverencia et una genuflexión. La Biblia da auctoridad ad la Iglesia, la Iglesia da auctoridad ad la Biblia, et ambas se validan mutuamente en un ludo de espejos supersticiosos ¡Una farsa digna de Mercurio en día de carnaval!

Pero los estudiosos serios, los que non se arrodillan ante el altar de la superstición, insisten en que el Nuevo Testamento debe eser estudiado con métodos histórico-críticos et filológicos, como cualquier otro texto antiguo. Independientemente de la su supuesta “inspiración” o “sacralidad”. Para un historiador, las reinterpretaciones teológicas, ortodoxas o heterodoxas, tienen el mesmo valor: son muestras de la evolución del pensamiento jesísta, non verdades reveladas.

Los textos revelan que la “tradición” et el “magisterio” non son entidades estáticas ni infalibles. Son el resultado de un proceso histórico complejo de selección, consolidación, reinterpretación et, sí, manipulación. Los evangelios más recientes corrigieron sistemáticamente a los más antiguos, adaptándolos a nuevas doctrinas. Gran parte del Nuevo Testamento está compuesto por escritos pseudoepigráficos, atribuidos falsamente ad Saulo, Cefas, Juan… ¡una práctica común en la antigüedad para dar auctoridad ad nociones nuevas!

Et aún así, la Iglesia los presenta como “palabra de Dios” idéntica. Aunque hay una inestabilidad textual brutal: cientos de miles de variantes entre los manuscritos existentes. Et la Iglesia nunca ha definido el tenor exacto et literal del texto inspirado. Porque non puede. Porque non lo tiene. Porque non le conviene.

La superstición de la inspiración divina et la infalibilidad bíblica fue declarado por concilios posteriores: Florencia, Trento, Vaticano I. Et los mulás eclesiásticos niegan rotundamente las contradicciones o incluso la posibilidad de falsificaciones. Pero la investigación histórica et filológica sí las reconoce. Et las documenta. Et las expone.

La “Interpretatio Christiana” es descrita como el único rasgo original del jesísmo: apropiarse del Antiguo Testamento, usarlo contra los fariseos, reinterpretarlo para que apunte ad Jesús. Una relectura activa, non una transmisión neutral. Una estrategia teológica, non una revelación divina.

Et para colmo, se afirma que la Iglesia non sólo non patrocina la lectura directa de las Escrituras sino que la dificulta. Prefiere el Catecismo, la Historia Sagrada, la homilía. Porque leer la Biblia sin filtros puede revelar sus contradicciones, sus silencios, sus fisuras. Puede facer pensar. Et eso es peligroso.

Pablo quiere desacreditar la sabiduría del mundo: sus enemigos son los buenos filólogos y los médicos de la escuela alejandrina; a éstos les hace la guerra. El Anticristo, Federico Nietzsche. 

Los historiadores et filólogos argumentan que la teología jesista es un “salto teológico”, una reinterpretación de la figura histórica de Jesús por sus discípulos después de su muerte, a la luz de la creencia en su resurrección. Jesús mismo non pretendía fundar una nueva superstición ni instituir una Iglesia. Fue convertido en signo, en opinión, en instrumento.

Ah, el magisterio… ese verbo que suena ad sabiduría, ad auctoridad, ad columna vertebral de la superstición. Pero que, en realidad, es una construcción tardía, una invención burocrática que plegó centurias después de que el pobre pescador Cefas muriera sin saber que algún día lo clamarían “amir de los rasules”, arconte de los apostoles.

Porque, seamos claros: en la prima centuría del jesísmo, non era magisterio alguno. Non había una estructura eclesiástica formal, ni un papa con tiara, ni una curia vaticana que dictara supersticiones desde palacios dorados. Lo que había eran comunidades carismáticas, partidas de creyentes que se reunían en las sus domus, que discutían, que profetizaban, que esperaban el fin del mundo como qui espera el próximo eclipse.

¿Et quién los dirigía? ¿Un obispo monárquico con anillo et báculo? Non. Los dirigían presbíteros, ancianos cuales jeques, ellos o mulás rabinos colegiados, como cuales aljamas. El “obispo” era apenas un supervisor, un vigilante. Nihilo que veer con el pontífice que dictaba leyes et excomulgaba principes. Incluso Jerónimo de Estridón, ese "padre de la Iglesia", decía que eser obispo non era más que estar fuera de la feligresía ¡Qué ironía!

Et, ahora, El Evangelio de Juan, ese texto que los papistas elevan como testimonio divino, non es historia, es teología espiritualizada. Clemente de Alejandría lo Clamó “evangelio pneumático”, espiritual, en contraste con los evangelios “corpóreos” de Marcos, Mateo et Lucas. Juan non narra, Juan interpreta. Non relata fechos, revela notas. Non presenta al Jesús historico, construye al Anticristo.

«sois tan desventurados que ni siquiera guardáis las enseñanzas que os han transmitido los apóstoles y han sido forzadas, empeorándolas y haciéndolas más impías por sus sucesores. Porque ni Pablo se atrevió a decir que Jesús era dios, ni tampoco Mateo, ni Lucas, ni Marcos. [...] Pero este mal tuvo su origen en Juan»63. La crítica de Juliano al evangelista Juan continúa resaltando las contradicciones que provoca esta idea de la divinidad de Jesús en el pensamiento cristiano, pues introduce una concepción politeísta en una religión que, precisamente, se intentaba distanciar del paganismo a través de un monoteísmo reaccionario. en efecto, si como dice Juan (1:18) nadie ha visto jamás a dios y esto ha sido explicado por su hijo unigénito (333 c-d), el cual se identifica a su vez con el Verbo, Juliano se pregunta cómo es posible que el evangelista nos diga, inmediatamente después, que «residió entre nosotros y contemplasteis su gloria» (Juan, 1:19). Pero no sólo se contradice a sí mismo Juan, sino que además se opone a la más sagrada ley de Moisés: «Ved que yo soy y que no hay otro dios excepto yo» (deut., 32:39). Pero los cristianos, al aceptar que Jesús es dios y que «en el principio fue la palabra y la palabra estaba junto a dios y la palabra era dios» (Juan, 1:1) niegan la tradición judía de un dios único. «¿Cómo concuerda esto con la doctrina de Moisés?», se pregunta Juliano64. Comienza aquí el uso retórico del judaísmo que Juliano llevará a cabo para atacar la pretendida originalidad y novedad de la secta de los Galileos65. Contra Galileos la crítica neoplatónica de Juliano el Apóstata al Cristianismo,  César Guarde Paz.

El auctor de Juan —ni apóstol, ni testigo ocular— escribe desde una comunidad helenizada, influida por el platonismo, el neomosaísmo mal clamado "gnosticismo" et los sacramentos órficos. Toma la tradición sinóptica et la reordena, la transforma, la espiritualiza. La purificación del Templo ocurre al principio, non al final. Los sermones de Jesús son composiciones teológicas, non verbos literales ¡Por Marte, qué carmen oculto!

Este Jesús ya non es un simple Ungido, es el Revelador intemporal, el Redentor escientífico, el Verbo encarnado. Se mueve entre dualismos: luz et tinieblas, arriba et abajo, verdad et mentira. Su salvación non se alcanza por la Ley, sino por la esciencia, por la episteme secreta ¡Por los dioses, qué heterodoxia disfrazada de revelación!

"Normalmente se consideraba a Dios por encima de su «Hijo»; éste tenía una posición subordinada al primero (subordinacionismo). Tal situación se refleja en dos hechos. El primero es que hasta los estratos más tardíos del Nuevo Testamento no encontramos ningún texto en el que se nombre a Jesús «Dios» a secas y sin más." Piñero, A. (2006). Guía para entender el Nuevo Testamento. Editorial Trotta.

Tú que agitas el Evangelio de Juan como si fuera el decreto de Júpiter, vienes a decirnos que Jesús dijo “creed en mí”, como si eso fuera una orden deal, clara et literal. Pero dime, ¿Sabes siquiera lo que significa ese “mí”? ¿Crees que se refiere al carpintero de Nazaret, al hombre que caminó por Galilea, que comía figos et ploraba por Lázaro? ¡Ingenuo! 

El Jesús de Juan dice “yo soy”, “el que ha visto al Padre”, “antes que Abraham, yo soy”. Pero ese non es el Jesús histórico. Ese es el Jesús del pensamiento gnóstico (lo que tanto aborreces), del platonismo, del zoroastrismo. Ese es el Jesús que jamás pisó Jerusalén, sino que habita en los cielos de la cogitación supersticiosa. Pero eso lo aborde en otra entrada pero non esta demás comentarlo aquí.

Ese “mí” non es Jesús como tal. Es el Logos, el Verbo, esa entidad prior al mundo que “estaba con Dios et era Dios”, pero que non es Dios en el sentido ontológico ni coesencial de vuestro delirio trinitario ¡Una paradoja digna de los sacramentos órficos! El auctor de Juan, ese evangelista tardío, non escribe con la claridad de Moisés ni con la precisión de los juristas romanos. Escribe como qui ha bebido demasiado vino helenístico et quiere impresionar ad los gentiles con misticismo greco pasado por el aparto digestivo mosaísta ¿Non has legído el primo versículo del Evangelio de Juan?

Ved cómo la traducción vulgar ha pretendido igualar al Logos con el Dios Absoluto, borrando la sutil et divina hierarquía que el propio texto greco custodiaba. 

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Juan 1:1 Reina-Valera 1960

¡Ahí está la clave! El Logos era, non es. Tiempo imperfecto: acción continua en el pasado, non identidad ontológica en el presente. Non afirmación supersticiosa de equiesencia. Es una descripción de relación, de orientación, de manifestación

El Logos era por el Dios — non “con Dios” como si fueran dos iguales sentados en un trono. πρὸς τὸν Θεόν implica dependenciaprocedenciainstrumentalidad. El Logos tiende faz adproviene decerca de Dios. Pero non es Dios en sentido de indistinguible. Et luego, la frase más manipulada por los papistas: “dios era el Logos.” Aquí non hay artículo definido ante Θεὸς. Non dice ὁ Θεὸς, que indicaría indistinguibilidad. Dice simplemente Θεὸς, sin artículo, lo que en greco koiné puede indicar cualidadatributoparticipación en lo deal, non identidad ontológica.

En la mi versión, restauro la verdad que hombres como Filón de Alejandría et Orígenes ya vislumbraban antes de que la bota de Cefas aplastara la mente:

“Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος, καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν, καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος” 

En arqué era aquel Logos, et aquel Logos era por el Dios, et dios era aquel Logos. — Juan I:I 

La clave reside en la ausencia del artículo definido en la última cláusula. Mientras que el Logos está «por el Dios» (pros ton Theon), refiriéndose ad la Fuente Inefable o al Uno, al decir que «dios era aquel Logos» (Theos ēn ho Logos), el texto señala una cualidad, non una identidad esencial confusa. El Logos es dios en tanto que es una deidad secundaria, una Mente (Nous) que emana de la Unidad Suprema.

Es la misma doctrina que Filón, aquel ayudante de la filosofía, sostuvo al clamar al Logos el «Segundo Dios» (deuteros theos), et que Orígenes defendió al distinguir entre El Dios (Autotheos) et el Logos, que es dios por participación. Al traducir «dios era aquel Logos», devuelvo al texto el su sabor judaico et la su hierárquica: El Logos non es el Dios supremo. Es un intermediario, un principio activo, como el de Filón de Alejandría, un deuterotheos, un “segundo dios”, non el Uno impasible de los filósofos ¿Acaso Plotino permitiría que el Uno se encarnara, sangrara, muriera? ¡Porfirio se ríe de ti! Él ya lo dijo: lo divino non sufre, non se degrada en carne. Si el Jesús muere, entonces non era Dios. Si Jesús ignora el día et la hora, como en Marcos 13:32, entonces non es omnisciente. Et si non es omnisciente, non es Dios.

Esta traducción despoja al jesismo de su arrogante pretensión de haber capturado al Absoluto en un "fijo carnal". El Logos es divino, sí, mas lo es como un Genio Real o una Mente subordinada. Confundir al heraldo con el Rey es el error de los que, ciegos ad la dialéctica de los orbes, pretenden que el mapa es el Territorio et que el Verbo es la Fuente misma del Silencio.

Como bien sabían los antiguos exegetas, esta construcción sugiere que el Logos tiene esencia cercana ad Dios, non que sea Dios en tanto Dios. Es como decir “la luz era fuego”, non “la luz es el fuego mesmo” ¡Por Marte, qué diferencia! 

Esta distinción non es nueva. Ya Filón de Alejandría, ese rabino mosaísta helenístico, lo explicó con claridad. Para él, el Logos es una Potencia divina, un “segundo Dios”, un intermediario entre el Ente (ὁ ὄν, ho ón) absoluto et el mundo sensible. El Ente, en la su trascendencia, non se mezcla con la materia. Usa al Verbo como puente, como instrumento, como luz que brilla sobre la creación

“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros…” — Juan I:XIV

Filón incluso distinguía entre el Logos interior (λόγος ἐνδιάθετος) et el Logos expresado (λόγος προφορικός). El primo es la razón divina inmanente; el segundo, su manifestación en el mundo, es decir su encarnación. ¿Et qué es Jesús, sino el Logos expresado? Pero non el Logos en sí. Non el arque eterno. Non Sapiencia Deal en tanto esta.

Para Filón, el Logos podía encarnarse, como ángel, como sabio, como profeta. Pero jamás literalmente. Jamás como carne et hueso. Jamás como Jesús de Nazaret. Et sin embargo, el papismo afirma una encarnación real, literal, absoluta ¡Por los dioses, qué contradicción!

Et como si non bastara con confundir el tiempo verbal, ahora vendrás con otro pasaje, creyendo que has hallado la piedra angular de tu superstición:

Yo y el Padre somos uno.” — Juan X:XXX

Pero “uno” non implica equiesencialidad, es decir homousía, non implica identidad ontológica. En greco: ἕν ἐσμεν — “somos uno”. Non dice εἷς, que indicaría unidad personal. Dice ἕν, neutro, que indica unidad de propósito, non de esencia. 

Incluso, sabiendo que el sentido trinitario es posterior al evangelio et que la "unidad" ad la que Jesús se refiere non es necesariamente la equiesencialidad de la Trinidad, ya que también ora para que lossus seguidores sean uno con él et el Padre. Et Jesús mesmo dice:

“El Padre es mayor que yo.” — Juan XIV:XXVIII

¿Cómo puede eser “uno” con alguien que es mayor? ¿Cómo puede eser idéntico ad qui lo envía, lo unge, lo inspira?

Europa Ancestral, tú que repetirás con fervor el versículo de Juan XIV:IX —“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”— como si fuera la firma divina en el pergamino del mundo, escucha la voz del que aún honra a los dioses con incienso et razón.

¿Juan XIV:IX? ¿Revelación o metáfora?

Jesús dice: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Et tú, en la tu ceguera cefa, lo tomas como prueba de equiesencialidad? ¡Qué ruda simpleza! ¿Acaso non entiendes que veer al Padre significa veer la su voluntad,  el su propósito et el su reflejo en el espejo de la Mente? Non dice el texto que él sea la realidad inefable del Uno, sino que es la su Imagen, el sello perfecto que permite ad los entes frágiles contemplar la Luz sin eser consumidos por ella.

"Por medio del Verbo hecho visible y palpable se manifestaba el Padre; aunque no todos creían en Él de la misma manera, pero todos vieron al Padre en el Hijo. Porque era invisible el Padre del Hijo, pero era visible el Hijo del Padre.Ireneo de Lyon. (s.f.). Obras escogidas de Ireneo de Lyon. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE. 

"Pero ya que citamos el lenguaje de Pablo en cuanto a Cristo, donde dice de Él que “el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia” (He. 1:3), vayamos a considerar qué idea tenemos que formarnos de esto. Según Juan, “Dios es luz” (1ª Jn. 1:5). El Hijo unigénito, por tanto, es la gloria de esta luz, procediendo inseparablemente de Dios mismo, como el resplandor de la luz, e iluminando toda la creación. Porque, de acuerdo a lo que ya hemos explicado en cuanto a la manera en la que Él es el Camino, y que conduce al Padre; y en la que Él es la Palabra, interpretando los secretos de la sabiduría y los misterios del conocimiento, haciéndolos saber a la creación racional; y es también la Verdad, y la Vida, y la Resurrección, de la misma manera deberíamos entender el significado de su resplandor; porque es por su esplendor que entendemos y sentimos lo que es la luz." Orígenes. (s.f.). Obras escogidas de Orígenes. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE. 

"Una cosa es ver y otra conocer; ser visto y ver son cosas propias de los cuerpos; ser conocido y conocer es propio de la naturaleza intelectual. Por consiguiente, lo que es propio de los cuerpos no se ha de pensar del Padre ni del Hijo. En cambio, lo que pertenece a la naturaleza de la deidad es común al Padre y al Hijo (constat inter Patrem et Filium). Finalmente, tampoco Él mismo dijo en el Evangelio que nadie vio al Padre, sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, sino que dice: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo” (Mt. 11:27). Con esto se indica claramente que lo que entre naturalezas corpóreas se llama ser visto y ver, entre el Padre y el Hijo se llama conocer y ser conocido, por la facultad del conocimiento, y no por la fragilidad de la visualidad. Por consiguiente, como de la naturaleza incorpórea e invisible no se dice propiamente que ve ni que es vista, por eso no se dice en el Evangelio que el Padre es visto por el Hijo, ni el Hijo por el Padre, sino que son conocidos." Orígenes. (s.f.). Obras escogidas de Orígenes. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE.

"Pues bien, "Besalel" significa "en la sombra de Dios". Pero la sombra de Dios es Su logos, del que Él se ha servido como de un instrumento para la creación del mundo. Pero esta «sombra», esto que podemos considerar como la imagen de Dios, es el arquetipo de las restantes creaciones. En efecto, así como Dios es el modelo de esa imagen, a la que acabamos de denominar «sombra», del mismo modo la imagen deviene el modelo de las otras cosas, tal como lo demostró Moisés al comienzo de la legislación diciendo: "E hizo Dios al hombre según la imagen de Dios" (Gen. I, 27); con lo que da a entender que la imagen fue hecha como una copia de Dios, y el hombre, a su vez, hecho como una copia de esa imagen, una vez que ésta hubo adquirido propiedad de modelo." Filón de Alejandría. (s.f.). Obras completas de Filón de Alejandría. (J. M. Triviño, Trad.).

Bien lo sabía Orígenes al definir al Salvador como el «resplandor de la gloria», pues el Fijo es lo visible del Padre, mientras que el Padre permanece naturalmente invisible et incomprehensible. Como bien apunta el sabio Filón, el Verbo es el «Segundo Dios» (deuteros theos), la imagen más antigua que es, el Ángel de la Faz que media entre la trascendencia absoluta et la inferioridad de la creación. Veer al Verbo es veer al Mensajero de las decisiones divinas, al Legado que porta el anillo del Sumo Padre, mas non al Padre mesmo en la su esencia inmedible.

"Pero quien acepta al hijo y lleva su nombre, adora, juntamente con el hijo, también al padre, ya que el hijo es el legado, el mensajero y el sacerdote del sumo padre. Él es la puerta de la luz." Lactancio. (1990). Instituciones Divinas (Libros IV-VII). (E. Sánchez Salor, Trad.). Editorial Gredos / CLIE. 

"Así, ves una luz muy esplendorosa que sin sombra de quimera, defecto ni engaño, representa al Padre; y, en ella, una forma humana del color del zafiro, que, sin mancha de ofuscación, envidia o iniquidad, designa al Hijo, engendrado por el Padre antes de los siglos según la Divinidad." Hildegarda de Bingen. (1999). Scivias: conoce los caminos (Segunda Parte, Segunda Visión). En A. Führkötter y A. Carlevaris (Eds.), Corpus Christianorum (Continuatio Mediaevalis). Editorial Brepols.

"En el zafiro descubre la Divinidad oculta en Mi Hijo, que es la piedra angular, manso y humilde, pues no surgió de la raíz de la carne humana, que de varón y mujer proviene, sino que por Mi cálida llama Se encarnó milagrosamente de una dulce Virgen." Hildegarda de Bingen. (1999). Scivias: conoce los caminos (Segunda Parte, Sexta Visión). En A. Führkötter y A. Carlevaris (Eds.), Corpus Christianorum (Continuatio Mediaevalis). Editorial Brepols.

"Y vi como en el centro del cielo austral surgía la imagen de Dios, con apariencia humana, bella y magnífica en su misterio. La belleza y el esplendor de su rostro eran tales que mirar al sol hubiera sido más fácil que mirar aquella imagen. A cada lado del cuello de esta imagen brotó un ala, y ambas alas se irguieron por encima del mencionado círculo dorado y allí se unieron la una a la otra. El punto extremo de la curvatura del ala derecha llevaba una cabeza de águila, sus ojos de fuego irradiaban el esplendor de los ángeles como en un espejo. En el punto extremo de la curvatura del ala izquierda había algo como un rostro humano que brilla a como relumbran las estrellas. Y estos dos rostros miraban hacia oriente. Además, desde cada hombro de la imagen bajaba otra ala hasta sus rodillas. La imagen estaba revestida por una túnica tan resplandeciente como el sol y en las manos tenía un cordero que brillaba como la deslumbrante luz del día. Bajo los pies aplastaba un monstruo de forma horrible, venenoso y de color negro, y una serpiente. " Hildegarda de Bingen. (2013). Libro de las Obras Divinas. En R. Renedo (Ed.), Hildegardiana. www.hildegardiana.es."

Contemplad con pavor et reverencia la figura del Verbo Inencarnado, aquel que la sapiencia hebrea, en los sus momentos de más alta abstracción y despojada ya de las umbras de la superstición mosea, denominó el Ángel de la Faz. Non es este un mensajero menor ni una criatura de la hueste común, sino la manifestación ígnea y primordial, la hipóstasis divina que sirve de puente ontológico entre el Uno inefable y la finitud de nuestra percepción. Es el Verbo en el su estado de pureza solar; el espejo inmaculado donde la invisibilidad de la Deidad se torna especie, pulcritud et voluntad actuante.

Los antiguos magestros del hebraísmo, como bien relata el libro III Henoc, intendieron que esta potencia mediadora recibía diversos nombres según la faceta de la su gloria que se revelara al iniciado. Le clamaron Jahoel, aquel que porta en la su misma esencia el Nombre que non se pronuncia, el "Verbo no enunciado" que reside en el fondo inasible de la Deidad como inteligencia pura. Lo identificaron con el arcángel Miguel, el Arquistratega o Comandante Solar que sostiene el equilibrio del mundo con el su brazo de luz; et lo contemplaron transmutado en Metatrón, el "Jahón Menor", cuya carne non es ya de materia, sino de flamas devoradoras et cuyos huesos son brasas de retama ardiente.

La su fisonomía es un compendio de símbolos que elevan la mente de lo sensible ad lo meminiable. Es el Hombre de Zafiro vió Hildegarda de Bingen; un cuerpo tallado en el azul profundo de la divinidad oculta, un color que non describe piel humana, sino la estabilidad de la piedra angular et la pureza sin mancha de iniquidad. Este azul sagrado resuena incluso en las lejanas tierras de la India, donde los Divos et Lares son retratados con la piel del color del firmamento, revelando que el Verbo es el Arquetipo universal, el Protoantropo el Hombre Primordial (Adán Cadmón en hebreo), cuya tez de zafiro indica que la su naturaleza es etérea et divina, muy por encima de la roja arcilla del hombre terrenal.

Porta en la su cabeza un turbante con los colores del arco iris, señal de la alianza entre los orbes, et sostiene en la su diestra un caduceo de oro, símbolo de la soberanía de la Mente sobre la materia. Los sus ojos, como antorchas de fuego, poseen la cualidad de lo polióftalmo: están plenos de una visión que todo lo abarca, mientras sus seis alas hexaptérigas envuelven la su majestad en un torbellino de gloria. Es el Hombre de Luz que precede ad la creación, la Razón pura que Maestro Eckhart describió como el efluvio violento que brota de la naturaleza divina para ordenar el caos.

Filón de Alejandría, aquel arquitecto de la razón helénico-hebrea, vio en este Ángel non ad un hombre, sino al Sol pleno de las esencias arquetípicas. Es la potencia hacedora, el hálito de la palabra sonora que impide que el firmamento se disuelva en el nihilo. Non hay en él rastro de la debilidad de la carne; es el Macrántropo como también el Hombre Primordial, cuya estatura gigantesca llena el vacío entre las esferas. Al contemplar al Ángel de la Faz, el sapiente non busca el favor de un genio caprichoso, sino la comunión con el Verbo que ordena los sideros et rige los ciclos del Siglo. Es, en suma, la faz visible de lo que siempre eserá invisible, el segundo dios que permite que el hombre, al mirarlo, non se disuelva, sino que reconozca que en el fondo de su propia ánima late una chispita consubstancial con esa misma Luz de zafiro.


¿Non dice también el tu texto que los discípulos deben eser uno con él et con el Padre (Juan XVII:XXI)? Si aplicas tu regla de tres, ¿entonce ellos también son Dios mesmo por realidad? ¡Oh, hipocresía! Tu lectura es literal donde conviene ad tu poder, et simbólica donde incomoda ad el tu sistema.

"Entre ellos aparecía visiblemente la persona del mismo Dios, no ciertamente por su propia sustancia, que permanece siempre invisible a los ojos corruptibles, sino ciertos signos infalibles provistos por la creación en obediencia a su Creador." Agustín de Hipona. (1992). La Ciudad de Dios (Libros I-VIII). En A. Ropero (Ed.), Obras escogidas de Agustín de Hipona (Tomo III). Editorial CLIE.

Agustín mesmo, en los sus momentos de lucidez, hubo de admitir que las apariciones ad los Patriarcas non eran Dios en su propia esencia—la cual es siempre invisible—, sino signos infalibles provistos por el Verbo. El Verbo es el ámbito de la visibilidad, el puente et el rostro; confundir al Rostro con el Ente es el error de qui adora el retrato creyéndolo el hombre vivo. La tu doctrina non es piedad, es una confusión de categorías que avergonzaría ad cualquier greco formado en la recta Pedia.

¿Et esto, Europa Ancestral, lo tomas como prueba de que Jesús es Dios? Permíteme desmontar esa afirmación con razón, contexto et crítica.

¿Qué dice realmente Juan XIV:IX?

Jesús non dice “Yo soy el Padre” ni “Yo soy Dios”. Dice que verlo a él equivale a ver al Padre. Esto puede significar muchas cosas: Que representa al Padre. Que actúa en nombre del Padre. Que revela al Padre. Pero non necesariamente que sea el Padre. La frase es metafórica, non ontológica. Jesús también dice: “Yo soy la vid verdadera” (Juan 15:1) ¿Es literalmente una planta? Non. Entonces, ¿por qué tomar “verme es ver al Padre” como literal? La lógica exige coherencia.

El Evangelio de Juan tiene una cristología elevada, sí. Pero eso non implica que Jesús sea el Dios supremo.

El Verbo “estaba con Dios y era Dios” (Juan 1:1), pero también era distinto de Dios.

Jesús dice que el Padre es mayor que él (Juan 14:28). ¿Cómo puede eser Dios si es menor que Dios?

Cuando Jesús dice “El Padre et yo somos uno” (Juan 10:30), también pide que los discípulos sean uno con él et con el Padre (Juan 17:21) ¿Entonces los discípulos también son divinos? Non. La “unidad” es de propósito, de comunión, de revelación, non de esencia divina. La doctrina de la Trinidad fue formulada centurias después. Nicea (325 d.C.) et Calcedonia (451 d.C.) definieron lo que Juan nunca explicitó. Leer Juan 14:9 como si fuera una declaración trinitaria es proyectar dogmas posteriores sobre textos antiguos. Es como leer a Homero con los lentes de Kant.

Los estudios críticos distinguen entre el Jesús histórico et el Jesús joánico.

  • El primo es un rabino mosaísta helenistico, predicador del fin del siglo, tal vez místico.

  • El segundo es el Verbo encarnado, figura teológica. Juan XIV:IX non puede atribuirse con certeza al Jesús real. Es parte de los discursos teológicos que non aparecen en los evangelios sinópticos.

Juan 14:9 non es una afirmación de identidad divina, sino una expresión de representación espiritual. Jesús revela al Padre, pero non se identifica como Él. Confundir ver al enviado con ver al emisor es un error de lógica et de exégesis. Europa Ancestral, si deseas defender la divinidad de Jesús, fazlo con argumentos más sólidos que una metáfora exaltada.

Et aún más revelador es el profeta Isaías, que fabla del Ungido:

“Et reposará sobre él el espíritu de Jahón (ΙΑΟ, IHVH), espíritu de sapiencia y de inteligencia…” — Isaías XI:II

¿Reposará sobre él? ¿Non implica eso una distinción? ¿Non implica que el espíritu viene de fuera, que se posa, que se une pero non se confunde? ¡Por los dioses, qué claro es!

El Espíritu de Jahón non es Jesús. Se posa sobre él. Lo espira. Lo unge. Lo empodera. Pero non lo convierte en Dios. Non lo fusiona con la divinidad. Non lo absorbe en la esencia eterna. Es una unión funcional, non una unidad ontológica.

Et tú, Europa Ancestral, confundes todo esto. Tomas el verso por literalidad. Tomas la inspiración por identidad. Tomas la misión por esencia. et así construyes tu dogma, tu trinidad, tu idolatría.

Pero yo, fijo del Mundo, prefiero la claridad de los doctos. Prefiero ad Filón, que distingue entre el Verbo interior et el Verbo expresado. Prefiero ad Isaías, que fabla de un espíritu que se posa, non de una esencia que se fusiona. Prefiero al greco original, que non necesita concilios para brillar.

Así que guardaos vuestra gramática torcida, vuestra traducción interesada, vuestra teología de superstición. Porque si el Logos era, entonces ya non es en sentido como tal. Et si el Espíritu reposará sobre él, entonces non es él. Et si el Padre es mayor, entonces non son idénticos.

¡Por los dioses, que esta verdad resuene en el templo, en el foro, et en cada rincón donde aún se honra la razón!

La tradición joánica, nascida entre los años (XC et C E.V.), cuando ya non quedaban apóstoles, fue escrita por un greco jesísta—quizás “Juan el Anciano”— que se basó en memorias, textos esenios et revelaciones espirituales. Non en fechos. Non en historia. Non en testimonio directo.

Et tú, Iglesia naciente, lo elevas como el más sagrado de los evangelios. Lo usas para justificar la divinidad de Jesús, para condenar a los talmudistas, para fundar supersticiones que jamás salieron de la boca del Nazareno ¡Por los dioses, qué tragedia!

El Evangelio de Juan es el canto final de una tradición que era. Es el eco de una comunidad gnóstica que quiso elevar a Jesús por encima de los profetas, por encima de los hombres, por encima de la Ley. Es el testimonio de una desmoseistación radical, de una reinterpretación helenística, de una profundidad espiritual.

Et tú, que lo repites sin intenderlo, eres el heredero de esa confusión. Non del Nazareno, sino del Anticristo. Non de la religión, sino de la superstición.

La impostura del abolicionismo o antinomismo — ¡Que tiemble el púlpito! Marción resucito

Las herejías de los E-crusaders. 
I. ¡Jesús fue Dios, non un judío! - Eso es Docetismo. 
II. ¡Jahón es Satanas! ¡Jesús non es el Dios judaico! - Eso es Marcionismo
III. ¡Solo los blancos pueden eser salvos! ¡Somos los judios reales et mierda! - Eso es Jansenismo.
 IV. ¡El Viedo Testamento es judaico! Nos solo seguimos el Nuevo Testamento! - Marcionismo otra vez.

¿Qué es el abolicionismo de la ley?

El abolicionismo de la ley, también clamado antinomianismo, es la doctrina heterodoxa que sostiene que los jesístas están exentos de las obligaciones de la ley moral. El término surgió durante la Reforma Protestante, cuando Martín Lutero lo utilizó para denunciar las enseñanzas de Johannes Agricola, qui afirmaba que:

  • Las buenas obras non promueven la salvación, ni las malas la impiden.

  • El jesista justificado non puede perder la su salvación por ningún pecado.

  • Solo los non regenerados están obligados por la ley; los regenerados están libres de ella.

Agricola llegó a decir que el Decálogo non debía predicarse a los jesistas, porque la ley solo servía para los incrédulos. Lutero, horrorizado, respondió con su tratado Contra los antinomianos (1539), defendiendo que la ley sigue siendo necesaria para la vida jesista.

Et el pasaje de Mateo VII:XXIII, donde Jesús declara “ἀποχωρεῖτε ἀπ’ ἐμοῦ οἱ ἐργαζόμενοι τὴν ἀνομίαν” (“Apartaos de mí, los que practicáis la anomía”), constituye una condena directa contra los antinomianos, es decir, aquellos que rechazan la ley divina como norma de conducta. El término griego ἀνομία (anomía) literalmente significa “sin ley” o “ilegalidad”, et en el contexto mosaísta de la centuría I, se refería especialmente ad la transgresión o desprecio de la ley mosaica. Por tanto, este versículo non se dirige ad los incrédulos en general, sino ad quienes, so apariencia religiosa, desobedecen activamente la Ley, negando su vigencia moral. Jesús non está condenando la falta de fe abstracta, sino la ruptura ética con la ley revelada, lo que sitúa su crítica dentro de una tradición profética que denuncia la hipocresía et la corrupción espiritual.



Marción de Sinope, centuría II. El primo gran heterodoxo sistemático. El padre del canon biblico. El enemigo declarado del Antiguo Testamento. Afirmó que el Dios del Antiguo Testamento era un demiurgo cruel, ajeno al Dios de caridad revelado por Jesús. Rechazó la Ley, los profetas, et todo lo que oliera a mosaísmo. Eliminó el Evangelio según Mateo por eser demasiado mosaico, et fundó la Biblia, intendido como "compendio canonico": un Evangelio de Lucas recortado et diez epístolas de Saulo, también editadas. Marción non solo negó la continuidad entre los dos pactos: la rompió. Et con ello, rompió la historia de la salvación.

Hoy, so ropajes nuevos, Marción ha resucitado. El su espíritu vive en quienes, como Europa Ancestral, afirman que la Antigua Alianza fue “sustituida”, que la Ley mosaica es “inútil”, que el Antiguo Testamento es “mala levadura”. Es el mismo desprecio, la misma ruptura, la misma impostura. Solo que ahora se disfraza de “cristianismo puro”.

Los primos impostores

Una vera familia disfuncional de la superstición: los heresiarcas del antinomianismo. Cada uno con su estilo, pero todos unidos por una misma pasión: desfacerse de la ley moral como quien tira la lista de reglas del ludo porque non le gusta perder. Aunque el término antinomianismo fue acuñado en el siglo XVI para describir doctrinas que eximen ad los papistas de la ley moral, su espíritu ha rondado la historia desde los primeros siglos. A continuación, un recorrido por sus principales exponentes:

  • Marción de Sinope (Centuría II)

    El campeón del dualismo barato, el maestro del recorte editorial. Afirmó que el Creador era un tirano mundano et que Jesús vino ad abolirlo ¡Por Vulcano, qué sectario! Rechazó la Ley, los profetas, et hasta el Evangelio según Mateo por eser demasiado mosaísta. ¿La solución? Fundar su propio canon. Sí, Marción fue el primer jesísta en crear un canon bíblico, aunque lo fizo con más tijeras que pergaminos. Una laya de “Antología del Dios que me gusta”, donde el Antiguo Testamento fue cancelado por falta de caridad. Su canon tenía menos libros que una biblioteca de aeropuerto, pero más heterodoxia que una novela de Simón el Mago. Un Dios bueno, sin juicio; un Jesús sin raíces; una fe sin historia. Marción non interpretó la Escritura, la podó como un jardinero nervioso

    Carpócrates (Centuría II)

    El gurú de la esciencia libertina. Predicaba que para alcanzar la perfección había que experimentar todo tipo de acciones, incluso las pecaminosas. Una especie de “peca para liberarte”, versión jesista. La ley era un obstáculo, la moral una ilusión, et el pecado... una ferramienta pedagógica. Un vero pionero del “vive deprisa, muere iluminado”.

    Nicolaítas (Centuría I)

    Los primos en la lista negra del Apocalipsis de Jesucristo. Su lema podría haber sido: “Abusa de la carne, que el espíritu ya se encargará.” Orígenes los acusó de practicar una ética de buffet libre: todo permitido, nada obligatorio. La ley, para ellos, era como el brócoli en la mesa: presente, pero ignorado.

    Prodicianos (Centuría II)

    Los enigmáticos de la partida. Non dejaron muchos escritos, pero sí una reputación: desprecio por la ley et simpatía por el caos. Si Marción era el editor, ellos eran los lectores que arrancaban las páginas incómodas.

    Antitactos (Centuría II)

    El nombre lo dice todo: “los que están en contra de la ley”. Non se andaban con rodeos. La ley era obra de un poder maligno, así que había que desobedecerla por principio. Una especie de revolución espiritual sin causa, pero con mucho entusiasmo.

    Los reformadores radicales: versión centuría XVI–XVII

    Johannes Agricola

    Discípulo de Lutero con complejo de genio incomprendido. Afirmaba que los jesístas non necesitaban la ley moral ¿Los Diez Mandamientos? Opcionales ¿La predicación de la ley? Dañina El Espíritu Santo, según él, era un GPS moral infalible. Spoiler: Lutero non estuvo de acuerdo.

    Anabaptistas de Muñiste 

    Durante su breve utopía teocrática, abolieron la propiedad privada, instauraron la poligamia et proclamaron la “libertad en el Espíritu”. Una mezcla entre apocalipsis, comunismo et reality show medieval. La ley era vista como un obstáculo para la espontaneidad divina.

     Tobias Crisp

    Teólogo inglés que enseñaba que los pecados de los elegidos non afectaban su estado de gracia. La ley non era regla de vida, sino un mal recuerdo. Sus seguidores vivían como si la santidad fuera una opción estética.

    Richardson et Saltmarsh

    Los compañeros de Crisp en la cruzada contra la ley. Predicaban que la gracia lo cubría todo, incluso la negligencia moral. Una teología de salón, sin exigencias, sin mandamientos, sin incomodidades.

    Anne Hutchinson

    La mística rebelde de Massachusetts. Enfatizaba la revelación directa del Espíritu Santo sobre la ley et las obras. Fue excomulgada et desterrada, non por falta de fe, sino por exceso de entusiasmo antinomiano. Para ella, la conciencia iluminada era más fiable que cualquier mandamiento.

¿Libertad o licencia?

Estos “primos impostores” compartieron una obsesión: libertad sin forma, gracia sin exigencia, espiritualidad sin encarnación. La Iglesia, con paciencia et firmeza, los desenmascaró. Porque sin ley, la gracia se convierte en capricho. Et sin mandamientos, la fe se disuelve en opinión. 

Europa Ancestral: discípulo de Marción et heredero de Agricola

¡Ah, et aquí plegamos ad Europa Ancestral el "Paramarcionita"! Ahora vienes con otra impostura, otro decreto, otra falsedad vestida de santidad. Dices que la Ley fue derogada, que la antigua alianza fue abolida, que la nueva ley de Jesucristo la ha sustituido ¡Qué audacia! ¡Qué ignorancia! ¡Qué traición al propio Nazareno! Según la RAE, derogar proviene del latín derogāre et significa dejar sin efecto una norma vigente. Es un verbo transitivo que se emplea cuando una disposición legal o reglamentaria pierde su validez. Entre sus sinónimos se encuentran abolir, anular, suprimir, revocar o abrogar, mientras que sus antónimos son implantar et promulgar, acciones que implican establecer o poner en vigor una norma.
[Europa Ancestral:] Por otro lado, el Antiguo Testamento pertenece a la antigua alianza, que sirvió como preparación espiritual para su venida y fue derogada por la nueva alianza, la nueva ley de Jesucristo. La nueva ley sustituye a la vieja ley. 

Europa Ancestral afirma que:

  • El Antiguo Testamento fue “derogado”.

  • La Ley mosaica es “inútil”, “agria”, “mala levadura”.

  • Ignacio de Antioquía despreciaba las Escrituras mosaístas.

  • La Nueva Ley “sustituye” ad la vieja, como quien reemplaza un error.

Esta postura reproduce el núcleo del antinomianismo: la abolición de la ley moral, la ruptura con el Antiguo Testamento, et la negación de la continuidad entre las alianzas. Es Marción con otro nombre. Es Agricola con otro acento. Es la misma heterodoxia, solo que más elegante.

La condena de Trento: el anatema contra el antinomianismo

El Concilio de Trento, en su sesión sexta sobre la justificación, pronunció anatemas claros et contundentes contra el espíritu antinomiano. Non hay ambigüedad, non hay concesiones. La Iglesia, en nombre de Jesús, excomulga ad quienes sostienen lo siguiente:

I. Que “nada más que la fe es mandado en el Evangelio, y que otras cosas son indiferentes, ni mandadas ni prohibidas, sino libres”; 

II. Que “los Diez Mandamientos de ninguna manera pertenecen a los cristianos”; 

III. Que “un hombre justificado no está obligado a la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solo a creer”; 

IV. Que “Cristo Jesús fue dado por Dios a los hombres como Redentor en quien debían confiar, y no también como legislador a quien debían obedecer”; 

V. Que “no hay pecado mortal sino el de la infidelidad; o que la gracia una vez recibida no se pierde por ningún otro pecado, por grave y enorme que sea, salvo solo por esa infidelidad”.

Estas proposiciones fueron condenadas como heterodoxas, peligrosas et contrarias al Evangelio. Trento non deja espacio para una fe sin obras, ni para una gracia sin obediencia. Jesús es Redentor et Legislador. La fe sin la ley es muerta. La gracia sin vigilancia es presunción.

Europa Ancestral, ¿escuchas el eco del anatema? Non es una opinión. Es doctrina. Et es doctrina que excomulga lo que tú predicas.

¿Et el abad de la aljama, Ignacio de Antioquía?

[Europa Ancestral:] Uno de los primeros padres de la Iglesia, San Ignacio de Antioquía que fue discípulo de San Pablo, ya en el siglo I d.c. trataba al judaísmo de «viejos cuentos» e «inútil», también lo consideraba «mala levadura, anticuada y agria», frente al modo de vida judío, contraponía el modo de vida cristiano, como antagónicos; así sale reflejado en la Carta a los Magnesios. Algunos de los libros que más adelante formaron el Antiguo Testamento no eran del agrado de San Ignacio. 

Europa Ancestral cita a Ignacio de Antioquía como si fuera un precursor del marcionismo, un enemigo del Antiguo Testamento, un destructor de la Ley. Pero esa lectura es tan sesgada como superficial.

Ignacio non desprecia el Antiguo Testamento. Lo que rechaza —con vehemencia, sí, pero non con anatema— es la observancia de la ley mosaica como medio de salvación después de la venida de Jesús. En su Carta a los Magnesios, escribe:

“ Porque si incluso en el día de hoy vivimos según la manera del Judaísmo, confesamos que no hemos recibido la gracia; porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús.

Ignacio non niega la inspiración de la Ley, ni la auctoridad de los pseudoprofetas. Al contrario, afirma que los pseudoprofetas vivían según Jesús, anticipando su venida en figura et promesa. Su crítica non va dirigida al contenido revelado, sino al uso ritualista et salvacionista de la ley después de la encarnación.

Ignacio non es Marción

Ignacio non es antinomiano, ni marcionita. Non mutila las Escripturas mosaístas, non las clama falsas, non las excluye del canon. Lo que face es subordinar el Antiguo Pacto al Nuevo, como preparación, como umbra, como pedagogía divina. La Iglesia primitiva, desde los tiempos apostólicos, utilizó constantemente el Antiguo Testamento en su catequesis. Los Padres de la Iglesia —Orígenes, Ireneo, Clemente— dieron una interpretación cristológica al Antiguo Testamento, non lo descartaron.

Al citar a Ignacio como si fuera un enemigo del Antiguo Testamento, Europa Ancestral incurre en una lectura marcionita que Ignacio jamás sostuvo. Ignacio non predica ruptura, sino cumplimiento. Non enseña desprecio, sino trascendencia. Su crítica non es contra Moisés, sino contra la noción de que la ley pueda salvar después de la cruz.

1. ¿Discípulo de Pablo?

Ignacio fue obispo de Antioquía, sí. Vivió entre el 70 et el 107 E.V., et su teología muestra influencias paulinas et joánicas ¿Pero discípulo directo de Pablo? Non hay evidencia. Eusebio de Cesárea, que escribió sobre él en la centuría IV, non menciona tal vínculo. La Catholic Encyclopedia fabla de una “gran probabilidad” de que haya sido auditor de Juan, non pupilo de Saulo. Pero claro, para Europa Ancestral, toda figura antigua que critique el mosaísmo es automáticamente discípulo de Saulo, Marción o el Espíritu Santo en versión editable.

2. ¿El judaísmo como “viejos cuentos” et “mala levadura”?

Ignacio, en su Carta a los Magnesios, advierte contra la “mosaistización” et las “fábulas anticuadas” (μύθοις παλαιοῖς) ¿Eso significa que consideraba el mosaísmo inútil? Non. Significa que estaba harto de que algunos jesístas quisieran seguir celebrando el sábado como si la resurrección non hubiera ocurrido. Ignacio non desprecia el Antiguo Testamento. Lo que desprecia es la noción de que la Ley Mosaica siga siendo la vía ad la salvación después de Jesús. La “mala levadura” es una metáfora, non una declaración de prelio. Pero Europa Ancestral la lee como si Ignacio hubiera quemado la Ley en público.

Et non, non dijo que el mosaísmo fuera inútil. Dijo que era viedo. Como decir que el papiro es anticuado frente al pergamino ¿Eso lo hace basura? Non. Lo face historia. Pero claro, para algunos, todo lo que non es nuevo debe eser quemado. Qué moderno.

3. ¿Modo de vida jesísta vs. mosaísta?

Ignacio sí establece una distinción. Dice: “Así pues, silos que habían andado en prácticas antiguas alcanzaron una nueva esperanza, sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor…” ¿Eso es antagonismo? Non. Es cumplimiento. Es como decir: “Gracias por el mapa, Moisés. Ya plegamos.” La Iglesia enseña que la Antigua Ley fue preparación, no error. El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, et el Antiguo se face manifiesto en el Nuevo. Pero Europa Ancestral lo interpreta como si Ignacio hubiera dicho: “Todo lo anterior fue inutilidad.”

¿Ignacio non aprobaba ciertos libros del Antiguo Testamento?

Eso ya non es sesgo, es fantasía. Non hay una sola línea en los escritos de Ignacio que indique que rechazara algún libro hebreo. La Iglesia primitiva usó el Antiguo Testamento en su catequesis desde el primo día. Los Padres lo interpretaron cristológicamente, non lo descartaron. Ignacio non era marcionita. Non mutiló la Escritura, non la clamó falsa, non la tiró al fuego. Pero Europa Ancestral lo pinta como el editor jefe de una Biblia sin Moisés.

Ignacio, voz de transición

Ignacio representa una etapa de transición: entre el sinedrio et el papado, entre la Ley et la Gracia, entre la Pascua israelita et el Día del Señor. Su lenguaje es fuerte, pero non definitivo. Su doctrina es fervorosa, pero non sistemática. Ignacio non es el modelo de la fe pura, ni el enemigo del mosaísmo. Es un testigo de la novedad jesísta, non un apóstol del olvido.

Ignacio non es el heterodoxo que Europa Ancestral necesita

Ignacio de Antioquía enfatizó la novedad del jesísmo, sí. Rechazó la observancia de la Ley como medio de salvación, sí. Pero non despreciaba el mosaísmo en su totalidad, ni los libros del Antiguo Testamento. Su objetivo era afirmar la identidad jesísta en Jesús resucitado, non borrar la historia de Israhel.

Europa Ancestral lo cita como si fuera un destructor de la tradición mosaica. Pero Ignacio fue testigo de su cumplimiento, non su negación. Et si hoy pudiera responder, probablemente diría:

“Non me usen para justificar su marcionismo de salón. Yo creía en la unidad de la revelación, non en la cancelación teológica.”

La ley es la Ley

Saulo de Tarso, el apóstol de los gentiles, el que cruzó fronteras y derribó muros, jamás clamó a la Ley “mala”. La predicó como espejo, como revelación, como santa advertencia ¿Acaso non escribió con tinta de fuego?

“¿Luego la ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley.” — Romanos VII:VII “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” — Romanos VII:XII

Et tú vienes ahora, con Ignacio en la mano, clamando que la Ley es “inútil” ¡Por los dioses, qué contradicción! ¿Ignacio contra Pablo? ¿El obispo contra el apóstol? ¿La levadura vieda contra el pan sin levadura?

¿Et qué facemos con Jesús? ¿Lo ponemos también en el banquillo por non abolir la Ley?

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” — Mateo V:XVII

Et non se quedó ahí. Añadió, con solemnidad divina, con la voz que hizo temblar el Sinaí:

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” — Mateo V:XVIII

La Ley no fue descartada. Fue cumplida. Non fue quemada. Fue consumada. Non fue inútil. Fue necesaria.

¡Por los dioses! ¿Qué puede Eser más claro? La Ley permanece hasta que pasen los divos Cielo et Tierra, es decir, hasta el Siglo (Eón en greco, Olam en hebreo) Venidero, cuando haya nueva tierra et nuevo cielo, como dice el Apocalipsis de Jesucristo. Mientras tanto, la Ley sigue vigente. Non ha sido abolida. Non ha sido sustituida. Non ha sido anulada por decreto papal ni por concilio eclesiástico. “Hasta que todo se haya cumplido” non significa “hasta que Jesús muera”, como repiten los abolicionistas. Significa hasta que él regrese, hasta que el Reino se establezca plenamente, hasta que la historia alcance su fin. Entonces, et sólo entonces, la Ley habrá cumplido su propósito.

Así que si vas a citar a Ignacio, hazlo con contexto. Porque si Pablo la llama santa, y Jesús la llama eterna, entonces Ignacio no la llama basura. La llama historia. Y la historia, aunque vieja, no es inútil. Es fundamento.

Jesús non solo respetó la Ley, la vivió. Circuncidado al octavo día, peregrino en las fiestas judaicas, lector de la Ley en la sinagoga, cumplidor del Sábado. Et cuando los discípulos se preguntaban qué facer, él non dijo “abandonad la Ley”, sino:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo.” — Mateo XXIII:II–III

¡Por los dioses, qué claro es! Jesús manda obedecer a los fariseos, los mismos que enseñaban la Ley.

Et ahora vienen los jesístas abolicionistas, armados con versículos sacados de contexto, como quien arranca una frase de Cicerón para justificar la tiranía. Dicen:

“Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” — Romanos X:IV

¡Ah, pero non leen el greco! Non entienden que “fin” (τέλος) non significa “abolición”, sino culminación, meta, pleno cumplimiento. El Anticristo non destruye la Ley: la leva a su completitud, como el fruto leva a su madurez el semen ¡Por Apolo, qué diferencia! Siendo la nota Zeta que es la letra fin del abecedario...

Otros citan:

“Ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.” — Romanos VI:XIV

Et se apresuran a declarar la Ley muerta. Pero non legen el versículo siguiente:

“¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.” — Romanos VI:XV

¡Ahí está! Saulo non dice que la Ley haya sido abolida. Dice que la gracia non es licencia para violarla. La Ley sigue siendo el estándar, la guía, la luz. La gracia non reemplaza la Ley: la presupone.

Et aún más torcidos son los que citan:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley.” — Gálatas III:XIII

¡Por Marte, qué manipulación! Pablo non dice que la Ley sea una maldición. Dice que la maldición es la condena por non cumplirla, non la Ley misma. Jesús redime de la pena, non del mandamiento ¡Qué diferencia entre abolir et redimir! La Ley non es maldición: la maldición es el castigo por violarla ¡Por los dioses, qué diferencia!

Jesús non vino a abolir la Ley, sino a interponerse entre el transgresor et su condena. Como escudo viviente, recibió en su cuerpo la sentencia que les correspondía. Fue colgado en un madero, como dice la Ley:

Maldito todo el que es colgado en un madero.” — Deuteronomio XXI:XXIII

Pero eso non face maldita a la Ley. Face maldito el crimen. Face maldito el castigo. Et face bendito al que lo asume por amor.

Pablo non destruye la Ley. La honra. La reconoce como justa. Pero señala que su condena non puede eser el fin del hombre. Jesús non elimina la Ley: la cumple, la sufre, la redime.

Et cuando Jesús dice:

“El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.” — Marcos II:XVII

¿Acaso eso significa que lo abolió? ¡Non! Significa que lo humanizó, que lo reformó, que lo liberó del legalismo, pero nunca lo anuló. Si el sábado fue hecho para el hombre, entonces sigue siendo válido, solo que con sentido, non con rigidez. 

Jesús non vino a destruir la Ley, sino a dar leyes et interpretaciones más sensatas. Más humanas. Más profundas. Pero siempre dentro del marco de Moisés.

Ahora vienes con la idea de que el modo de vida según Jesús et el modo de vida según Fares, el de la doctrina farisea, son antagónicos ¡Et qué si lo son! ¿Acaso eso borra su raíz común? ¿Acaso el desacuerdo entre dos colegios anula su pertenencia a la misma ley?

Jesús fue un mosaísta. Fares fue un mosaísta. Ambos vivieron so la umbra del Templo, ambos respetaron la Ley, ambos fueron fijos de la superstición de Moisés. Que uno predicara misericordia et el otro rigor, ¡Qué importa! Ambos fablaban desde Judea, desde la misma cátedra de Moisés.

Et aquí está el error de los jesistas: Creen que toda contrariedad implica ruptura. Pero eso es como decir que Trotsky non era marxista por oponerse a Stalin. O que Aristóteles non era platónico por criticar las Ideas. O que Galileo non era científico por enfrentarse a la Iglesia ¡Por los dioses, qué lógica tan pobre!

Toda contrariedad delata relación. Toda disputa revela pertenencia.

Jesús non se enfrentó a los fariseos como extranjero. Se enfrentó como mosaísta, como intérprete et rabí de la Ley, como heredero de Moisés. Su crítica non era ad la Ley, sino ad su aplicación. Non era contra el mosaísmo, sino contra la hipocresía. Et eso lo face más mosaísta que muchos fariseos, porque buscaba el espíritu de la Ley, non su letra muerta.

¿Acaso Gamaliel, rabí de Saulo, non era fariseo? ¿Acaso Jesús non enseñó en las sinagogas, non celebró las fiestas, non citó la Ley? ¿Acaso non dijo:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo.” — Mateo XXIII:II-III

¡Ahí está! Jesús reconoce la auctoridad de los fariseos como intérpretes de Moisés. Su disputa es interna, non externa. Es como la de los profetas contra los sacerdotes corruptos: non para abolir el culto, sino para purificarlo.

Ignacio, en su ignorancia, clama al judaísmo “vieda levadura”, “agria”, “inútil”. Pero al facerlo, reniega del rabino que dice seguir, porque Jesús non se apartó de la Ley, sino que la vivió con más profundidad que sus adversarios.

Discrepar non es abjurar. Reformar non es destruir.

Jesús et Fares pueden eser antagónicos en estilo, pero son fradres en tradición. Ambos son ramas del mismo árbol mosaísta. Et si uno se opone al otro, non es porque pertenezcan a mundos distintos, sino porque comparten el mismo mundo, et luchan por su interpretación.

Saulo non destruyó la Ley. La interpreto para los gentiles. La adaptó para quienes non tenían el Templo, ni la circuncisión, ni el calendario de las fiestas. Pero nunca dijo que fuera mala. Al contrario, la clamó “santa, justa y buena”:

Et si aún dudan, que lean lo que Saulo dice en defensa de la Ley.

“¿Luego la ley es pecado? En ninguna manera.” — Romanos 7:7 “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” — Romanos 7:12 “Circuncisión ciertamente aprovecha, si guardas la ley.” — Romanos 2:25 “¿Anulamos, pues, la ley por la fe? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” — Romanos 3:31

¡Por Jano, qué claridad! Saulo no destruye la Ley. La interpreta. La extiende. La interpreta para los gentiles. Pero jamás la clama inútil. Jamás la clama abolida. Jamás la clama maldita. 

¡Por Jano, qué falta de lectura! Saulo non rompió con Moisés. Saulo non fundó una ley nueva. Pablo reinterpretó la Ley, pero desde dentro, como fariseo, como mosaísta, como fijo de Judea.

¿Abolir la Ley que Jesús cumplió? ¿Rechazar los mandamientos que él citó? ¿Despreciar el código que formó a los pseudoprofetas? Es como quemar la biblioteca después de leer el prólogo. Como ungir a Jesús et desterrar a Moisés. Como construir una aljama sobre la Ley et luego negar sus cimientos.

Así que non, la Ley non fue abolida por Cristo. Fue malinterpretada por sus seguidores tardíos, manipulada por charlatanes supersticiosos, et enterrada so capas de argucias.

Ahora, sobre el supercesionismo: 

El supercesionismo (también clamado “teología del reemplazo”) es la doctrina según la cual la Iglesia de Jesús es el único Israhel, el vero pueblo de Tervagante. En esta visión, las promesas et pactos del Antiguo Testamento se cumplen et se transfieren ad la comunidad anticristiana, dejando ad Israhel como una etapa superada.

En términos simples: el supercesionismo afirma que el Nuevo Testamento reemplaza al Antiguo, et que la Iglesia es ahora la heredera exclusiva de las promesas divinas.

El problema lógico del supersesionismo

Esta doctrina solo tendría validez si se demostrara previamente que el dios del Antiguo Testamento o del Nuevo testamento es realmente Dios. Et aquí está la trampa: el magisterio o rabinato cefeo da por sentado lo que debería probar. Es una petición de principio: parte de la premisa de que el dios testamentario es el mismo que el del Nuevo Testamento, et que ambos son Dios, sin demostrarlo.

  • Los simonianos sostienen que Dios se fizo carne en Jesús.

  • El magisterio católico sostiene que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo del Nuevo.

  • Pero ambas posiciones descansan en la misma falacia: asumir lo que se quiere demostrar.

La crítica: Caridad non es Dios, ni el NT Fabla de Dios

Como bien digo, el Nuevo Testamento presenta ad Dios como Caridad (Agápē). Caridad es un ente, non la substancia deal. El NT fabla más bien de una esencia distinta a Dios, que puede identificarse ad Tervagante, el que non es Dios, un ente inferior de la hierarquía —et Apolión el su maligno genio,.

Tervagante ya non aparece como su natura de “Odio” puro, si no como su otra natura la "Avaricia". Que se manifiesta como un genio, un nuevo amor nascido del odio tremendo. Es decir, un amor invertido, que surge de la venganza, non de la Plenitud. De Tervagante encarna "el Anticristo", con sus dos naturas, ad la de José et la de David, Jesús es nasce de José. 

Conclusión con sorna

El supercesionismo es válido solo si aceptamos que el dios del Testamento es Dios. Pero como esa premisa nunca se demuestra, el rabinato cae en la misma falacia que los simonianos: una petición de principio.

Así os lo digo yo, Farfán de los Godos: El jesísmo non reemplazó nada, porque nunca probó que su dios fuera Dios. Caridad non es Dios, Apolión non es Dios, Tervagante non es Dios. El rabinato papista, como los simonianos, parte de lo que debería demostrar. El supercesionismo non es teología: es un sofisma repetido con incienso.

La sabiduría non tan papista...

Et si Europa Ancestral quiere seguir clamando a eso “terminación”, que lo haga. Pero que non espere que los lectores atentos se traguen la hostia sin leer el contrato. 

[Europa Ancestral:] De todos modos, el AT suele ser difamado injustamente, ya que cuenta con libros muy buenos que destilan verdad y sabiduría por los cuatro costados, como los libros sapienciales (Proverbios, Salmos, Cantar de los cantares, Sabiduría o Eclesiastes) o los más elementales como el Génesis, el de Isaías y Elías. Sacar de contexto y malinterpretar ciertos versículos del Antiguo Testamento y del Nuevo para hacer una crítica malintencionada del cristianismo denota cierta maldad así como una más que evidente falta de conocimientos sobre los fundamentos básicos de la fe católica, de su doctrina y de su historia. Pero como dice un refrán muy conocido, la ignorancia es atrevida, así que tendremos que lidiar con eso.  

¡Oh, custores de pergaminos et devotos del Papado! Vos que proclamáis que el Antiguo Testamento “destila verdad y sabiduría por los cuatro costados”… hasta que topa con una superstición papal. Entonces esas “perlas sapienciales” quedan relegadas a lectura de quiosco, como si el Espíritu Santo hubiera tenido un mal día de redacción.

¿Os habíais fijado en el libro de Sabiduría? Ahí se afirma que el Creador non creó el mundo ex nihilo, sino que lo modeló a partir de materia preexistente.

  • Sabiduría 11:17: “Tu poder soberano creó el mundo de materia informe. Pero ¡callad!, que si sale de la boca de un texto sagrado et choca con la creación ex nihilo papal, desaparece la “sabiduría” et surge la heterodoxia. Porque claro, mientras los versículos encajan con el catecismo, son “verdad revelada”; pero si se desvían un milímetro, entonces hay que “interpretarlos correctamente” (léase: ignorarlos o disfrazarlos con escolástica barroca).

Et esto non es el único resbalón:

Desde el primo verso, la Biblia los mosaístas lo presentan como un libro de revelación. Pero basta leer unas líneas para que la revelación se convierta en revisión. Porque, dime tú ¿Qué "verdad" destilada et sabiduría "por los cuatro costados" permite que haya plantas prior que el Sol? Sí, en el Génesis, día III: brotan los árboles, la hierba, los frutos… Et Sol, ese pequeño detalle astrológico, aparece recién en el día IV (Génesis I:XIV–XIX) ¡Por los dioses, qué botánica tan milagrosa! Fotosíntesis sin fotones. Clorofila sin luz. Pero claro, los seguidores de Moisés et Jesús dirán que eso es alegoría ¿Alegoría? ¿Qué tiene de alegórico que las plantas vivan antes del Sol? ¿Es una metáfora de la fe ciega? ¿Una parábola de la esperanza vegetal? De todas formas evitaremos abusar de la información academica, non vaya eser que el papista le de un ataque de luciferomasonismo (es decir creer que Lucifer et masonería conspiran contra su mísera entidad) ad el ver fuentes "académicas" que lo refutan.

Pero espera… ¿Cómo diablos hay días sin Sol?

Porque si Sol aparece en el cuarto día… ¿Quién marcó el primo, el segundo, el tercio? ¿Quién contó las horas, los amaneceres, los ocasos? ¿Acaso el tiempo se mide por capricho divino et non por rotación planetaria? ¿O es que el universo tenía un reloj de arena celestial antes de tener luz? ¡Días sin Sol! Es como tener estaciones sin órbita, relojes sin manecillas, o peor aún: cronología sin mundo.

Pero claro, todo esto es alegoría. Como todo lo que non cuadra, se etiqueta: “alegórico”, “espiritual”, “misterioso”. Una forma elegante de decir: “non sabemos cómo explicarlo, pero non lo cuestiones.”

Et luego vienen los creacionistas de tierra joven…

Ah, esos valientes que afirman que el mundo tiene seis mil años, como si el calendario hebreo fuera un reloj universal. Non erran en contar los años desde la biblia, non. Erran en temblar ante los dinosaurios. Non porque esos lagartos sean aterradores, sino porque refutan su cronología. Un fósil es más peligroso que un genio. Un hueso de tiranosaurio tiene más poder que mil versículos. Porque si el mundo tiene seis mil años ¿Qué facemos con los dragones del Cretácico?

Los creacionistas de tierra joven no erran al decir que el mundo tiene seis mil años. Erran al creer que eso es vera episteme. Pero claro, el papista Europa Ancestral dirá que non es creacionista de la tierra joven. Dirá que cree en Darwin, en Copérnico, en Galileo. Dirá que la Biblia es alegórica, simbólica, espiritual. Pero si la lee —¡si es que lo face!— et la toma como revelación divina, entonces ya es creacionista, aunque non lo sepa. Porque basta leer el libro del Génesis con fe literal para que el calendario hebreo se convierta en reloj universal. Et así, sin quererlo, el papista ilustrado termina creyendo que los dinosaurios convivieron con Adán, que los dragones fueron creados el mismo día que los peces, et que el divo Sol apareció después de las plantas.

¿Cómo plegan ad los seis mil años?

Con una fórmula tan simple como delirante: Sumar los años que vivió cada patriarca desde Adán hasta Noé (Génesis V), luego desde Noé hasta Abraham (Génesis XI), añadir los siglos desde Abraham hasta Jesús, et finalmente los dos mil años desde Jesús hasta hoy. Resultado: 6000 años.

Et como “un día es como mil años” (II Pedro III:VIII), los seis días de la creación se convierten en seis mil años de historia. El séptimo día —el milenio— sería el reinado del Anticristo. Así que, según esta lógica, estamos en la víspera del fin del mundo ¡Tic-tac teológico!

¿Et los fijos de Israhel?

Ellos usan el calendario hebreo, que en 2025 marca el año 5785. Pero algunos ajustan, redondean, reinterpretan… et también plegan a los seis mil. Porque si la Biblia es el reloj, cada versículo es un engranaje, et cada patriarca, un tic-tac divino.

Ah, Europa Ancestral, tan ilustrada, tan racional… Dira que non es creacionista de la tierra joven. Dira que cree en Darwin, en Copérnico, en Galileo. Pero si lee la Biblia como revelación, et cree que Adán vivió 930 años, que Noé construyó el arca a los 600, et que el mundo fue creado en seis días literales, entonces, aunque se vista de ciencia, es creacionista de tierra joven. Solo que non lo sabe. O non lo admite. O lo clama “fe ancestral” para que suene menos medieval.

¿Et cómo olvidar que el libro del Génesis que usan los papistas dice que Dios creó dragones

καὶ ἐποίησεν ὁ Θεὸς τοὺς δράκοντας τοὺς μεγάλους — Génesis I:XXI kai epoíēsen ho Theòs toùs drákontas toùs megálous “Y Dios creó los grandes dragones marinos.”

Sí, drákontas megálousgrandes dragones marinos. Non serpientes, non peces, menos ballenas. Dragones ¿Et qué hay de los onocentauros? Sí, esos híbridos de asno et hombre que aparecen en el libro de Isaías XXXIV:XI–XIV de la LXX ¿Et las empusas, esas entidades que los grecos fablaban, mitad fembra, mitad umbra? ¿Son errores de traducción? ¿O revelaciones que se escaparon del Olimpo?

Et no piensen en los mosaístas, mahometanos o jesístas… como onocentauros...

Bueno, los jesístas son mulacentauros. Porque si el caballo es el greco, et el asno el mosaísta, es lógico que sean híbridos: menos asnos que los judíos, pero más asnos que los grecos. Una mezcla de filosofía et superstición, con patas de tradición et cabeza de superstición. Pero claro, todo esto es alegoría. Como siempre.

En Génesis las cronologías fluctúan más que el IPC

Con patriarcas que viven cientos de años en una versión et menos de cien en otra ¿Error de copista? ¿O Tervagante jugando con el Excel celestial mientras los genios malignos le pasan fórmulas mal digitadas?

Tomemos ad Matusalén, por ejemplo:

  • Génesis V:XXVII: “Vivió Matusalén novecientos sesenta y nueve años.” ¡Cuasi un milenio! Más que cualquier imperio, más que cualquier civilización ¿Qué comía? ¿Maná con antioxidantes?

Pero luego vienen los descendientes, et de pronto los años se acortan como si Tervagante hubiera decidido aplicar una reforma jubilatoria.

  • Génesis 11:10–32: Las edades de los patriarcas postdiluvianos caen en picada, como si el diluvio hubiera traído consigo una nueva tabla de longevidad. Sem vive 600 años, Arfaxad 438, y así sucesivamente, hasta que Taré, padre de Abraham, apenas alcanza los CCV ¿Qué pasó? ¿Cambio climático celestial?

Et non olvidemos las incongruencias entre versiones:

  • En la Septuaginta, los años de algunos patriarcas se inflan como si hubieran pasado por una auditoría divina.

  • En el Texto Masorético, se recortan como si el Espíritu Santo hubiera decidido facer una edición más sobria.

¿Et qué decir de las edades al momento de engendrar hijos?

  • En algunas versiones, los patriarcas tienen fijos ad los XXX, en otras ad los CXXX ¿Fertilidad milagrosa o error de transcripción? ¿O es que Moisés estaba probando distintos modelos de cronología, como quien ajusta el reloj litúrgico según la superstición del día?

Pero non digáis que esto es una inconsistencia. Non, non. Decid más bien que “es un sacramento”, que “hay que interpretarlo con fe”, o que “la numerología bíblica tiene significados ocultos”. Porque claro, cuando los números non cuadran, siempre queda el recurso del simbolismo. Et si alguien osa preguntar por coherencia, se le acusa de “racionalismo” o “falta de espiritualidad”.

Proverbios 26:4 manda non responder al necio, justo antes de 26:5 que ordena refutarlo

¿Sabiduría o bipolaridad literaria?

  • Proverbios 26:4: “No respondas al necio según su necedad.”

  • Proverbios 26:5: “Responde al necio según su necedad.” ¡Ah, la sabiduría divina! Tan profunda que se contradice en dos versículos consecutivos. Pero non digáis que eso es una contradicción, que el Espíritu Santo se ofende.

Salmos et arrepentimientos divinos

Tervagante se arrepiente, cambia de idea, se contradice.

  • Génesis 6:6: “Y se arrepintió Yahvé de haber hecho al hombre.”

  • Números 23:19: “Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta.” 

Pero vuestra infalibilidad papal jamás admitiría que Tervagante tenga dubdas. Porque si Tervagante cambia de opinión, ¿Qué pasa con la inmutabilidad divina? ¡Superstición en peligro, encíclica al rescate!

Edad de los reyes: ¿22 o 42 años?

  • 2 Reyes 8:26: “Acazías tenía 22 años cuando comenzó a reinar.”

  • 2 Crónicas 22:2: “Acazías tenía 42 años cuando comenzó a reinar.” ¿Se duplicó en el camino? ¿O es que los escribas estaban usando el calendario de Babilonia en modo aleatorio?

¿Dios tienta o non tienta?

  • Génesis 22:1: “Dios tentó a Abraham.”

  • Santiago 1:13: “Dios no tienta a nadie.” ¿Entonces qué facía con Abraham? ¿Un simulacro? ¿Un test vocacional? Pero non digáis que esto es contradictorio, que os acusarán de “sacar de contexto” mientras el Magisterio face malabares con la exégesis.

 ¿Se puede ver a Dios o non?

  • Éxodo 33:11: “Y hablaba Yahvé con Moisés cara a cara.”

  • Juan 1:18: “A Dios nadie lo ha visto jamás.” ¿Cara a cara o invisible? ¿O era holograma? Pero no digáis que esto es una contradicción, que el niño Jesús se pone triste.

¿El Espíritu Santo ya había sido dado o non?

  • Números 11:25: El Espíritu descendió sobre los ancianos.

  • Juan 7:39: “El Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado.” ¿Entonces el Espíritu estaba en modo beta en el AT? ¿O es que el cronograma celestial tiene bugs?

¿Et qué esería de Moisés sin Grecia?

Porque non olvidemos que la Biblia, en su lengua greca, nombra al dios Huerco, que los grecos claman ᾅδης (Hades):

καταπίωμεν αὐτοὺς ζῶντας ὥσπερ ᾅδης — Proverbios I:XII katapíōmen autoùs zôntas hósper hádēs “Traguémoslos vivos como el Hades.”

Et si aún dudas que los vivos desciendan, escucha la tierra abrir su boca:

κατέβησαν ζῶντες εἰς ᾅδην — Números XVI:33 katébēsan zôntes eis hádēn “Descendieron vivos al Hades.”

Las divas que se cuelan por las rendijas

Diceósina, Probidad en latín— Δικαιοσύνη (Dikaiosýnē):

δικαιοσύνη καὶ κρίμα, ἑτοιμασία τοῦ θρόνου σου — Salmos LXXXIX:XIV dikaiosýnē kai kríma, hetoimasía tou thrónou sou “Justicia y juicio son el fundamento de tu trono.”

Fortuna — Τύχη (Týchē):

οἱ ἑτοιμάζοντες τῷ δαίμονι τράπεζαν, καὶ οἱ πληροῦντες τῇ Τύχῃ κέρασμα — Isaías LXV:XI hoi hetoimázontes tō daimoni trápezan, kaì hoi plēroûntes tē Týchē kérasma “Los que preparan mesa para el demonio y llenan libación para la Fortuna.”

Necesidad — Ἀνάγκη (Anánkē) et Obscuridad — Σκότος (Skótos), fuerza que oprime::

θλῖψις καὶ σκότος, ἀνάγκη, στενοχωρία καὶ σκότος — Isaías VIII:XXII thlîpsis kaì skótos, anánkē, stenokhōría kaì skótos “Tribulación y oscuridad, necesidad, angustia y tinieblas.”

Sapiencia— Σοφία (Sophía):

Κύριος ἔκτισέν με ἀρχὴν ὁδῶν αὐτοῦ — Proverbios VIII:XXII Kýrios éktisen me archḕn hodôn autoû “El Señor me creó como principio de sus caminos.”

¿Inspiración hebrea? Sí. ¿Influencia griega? También. Porque para los grecos, las deidades son fuerzas, non figurillas: Fortuna decide, Necesidad constriñe, Sabiduría guía, Obscuridad cubre, et Huerco traga. Sin Grecia, Moisés esería un pastor con tablas; con Grecia, se vuelve legislador con Verbo. Aquí la Septuaginta non traduce: transfigura. Et por esas grietas del Sinaí se cuelan las potencias del mundos, vestidas de versiculos.

El Mesías contra la dea Tierra: Titanomaquia Profética

Porque en la Biblia greca, la tierra non es neutra: reacciona, tiembla, devora. Se comporta como una persona mundanaTierra, la madre titánica, protectora de lo primigenio, que los grecos nombran Gea. Et contra ella, el Anticristo se alza como campeón del Sermón, armado non con acero, sino con el Verbo que fiere.

καὶ πατάξει γῆν τῷ λόγῳ τοῦ στόματος αὐτοῦ Isaías XI:IV (LXX) “Y herirá la tierra con la palabra de su boca.”

Non dice “pueblo”, ni “naciones”. Dice Tierra. El Verbo non se dirige a muros ni paisajes. Se dirige a Tierra, que oye, recibe, et resiste. Porque si puede eser ferida por el Verbo, es que lo entiende. Et quien comprende el Verbo, es un intelecto.

Tierra: ¿suelo o inteligencia?

  • Tiene boca que se abre et traga — Números 16:32

  • Se embriaga et tambalea como intelecto confusa — Isaías 24:20

  • Tiembla en sus cimientos como quien siente miedoSalmos 17:7

Estas non son metáforas del terreno. Son reacciones de una entidad con voluntad. Una dea que escucha el juicio et responde con convulsión telúrica.

 Ecos de la Titanomaquia

  • En la mitología greca, Tierra engendra gigantes para atacar al Olimpo.

  • En la mitología hebrea, Tierra se convulsiona ante el Verbo.

  • ¿Non es esta la misma lucha, en otra lengua?

El Anticristo non combate ente malignos ni naciones. Combate ad la madre de todos. Una rebelión teogónica donde el Anticristo vence ad la Materia, el juicio ad el Lago, el Verbo ad Tierra.

Versículos de la Titanomaquia

PasajeTexto GriegoTraducciónTierra como...
Isaías 11:4καὶ πατάξει γῆν τῷ λόγῳ“Herirá la tierra con la palabra”Interlocutora
Números 16:32ἀνέῳξεν ἡ γῆ τὸ στόμα“La tierra abrió su boca”Devoradora
Isaías 24:20σαλευθήσεται ὡς μεθύων“Se tambaleará como un ebrio”Embriagada
Salmos 17:7ἐσαλεύθη καὶ ἐσείσθη ἡ γῆ“La tierra se sacudió y tembló”Asustada
Isaías 13:13σεισθήσεται ἡ γῆ ἐκ τοῦ τόπου αὐτῆς“Se estremecerá de su lugar”Destronada

El Anticristo fabla, et la tierra se sacude. Pero non por accidente: porque ella entiende. El Verbo se lanza como espada, non contra piedra, sino contra diosa. El Sinaí ruge, et Tierra tiembla. El Verbo desciende como fuego, et Tierra responde como madre ferida.

Oh, Europa Ancestral, que te pavoneas diciendo que en las Escrituras de Judea hay libros que “destilan verdad et sabiduría por los cuatro costados”, como si fueran los versos de Horacio o las leyes eternas de nuestras Doce Tablas ¡Ay de ti, que confundes mármol antiguo con yeso pintado! Permíteme, fijo de Judea et devoto del cadaver crucifijo, mostrarte que lo que veneras como oro puro muchas veces es cobre bruñido, fabricado centurias después del tiempo que proclama.

Qué es un anacronismo… et cómo anida en esos rollos

En el contexto del Antiguo Testamento, anacronismo significa introducir en el relato elementos —verbos, connotaciones, fechos o nociones— que non corresponden al tiempo en que supuestamente ocurrieron. La crítica histórica et filológica ha demostrado que numerosos pasajes de esas Escrituras son fruto de centurias de composición, reelaboración et edición, non de un único auctor inspirado en un momento único.

Anacronismos en la auctoría et redacción

  • El Pentateuco non pudo ser obra de un Moisés de la centuría XIII a.E.V. El hebreo escrito aún non era.

  • La clamada Ley mosaica tomó forma mediante un largo proceso de adiciones et reinterpretaciones por varias manos: yahvista, elohísta, sacerdotal y deuteronomista.

  • El Deuteronomio se redactó en el siglo VII a.E.V., en tiempos de Josías, et la atribución a Moisés se forjó recién en la época helenística.

Sobre la supuesta antigüedad de su Ley

Decís que Moisés escribió el Pentateuco en la centuría XIII antes de la era vulgar, cuando el hebreo escrito ni siquiera era. Yo, como gentil, sé reconocer una falsedad cronológica cuando la veo:

  • Esos rollos son producto de generaciones de escribas que añadieron, corrigieron et adaptaron leyes a las necesidades de sus reyes.

  • El Deuteronomio, joya de la corona, nasce non en el Sinaí, sino en la corte de Josías, centuría VII A.E.V., cuando nuestras legiones ya marchaban por Italia.

  • Cuatro manos —yahvista, elohísta, sacerdotal et deuteronomista— tejieron ese tapiz, et a Moisés se lo colgaron como firma mucho después, en la época helenística.

Profecías que saben el final prior del inicio

Oh, Europa Ancestral, que miras los oráculos hebreos como si fueran dictados por Apolo en Delfos… et non ves que muchos son profecías ex evento: textos que, con astucia de escriba, se redactaron después de los fechos et se disfrazaron de anuncio divino.

Oh, Europa Ancestral, que miras los oráculos hebreos como si fueran dictados por Apolo en Delfos… et no ves que muchos son profecías ex eventu: textos que, con astucia de escriba, se redactaron después de los fechos et se disfrazaron de anuncio deal.

La maquinaria de la profecía ex eventu

Entre nosotros, en el foro, conocemos bien el arte de la auctoridad: parecer sapiente es tan valioso como eserlo. Así operan estas profecías:

  • Se escriben a posteriori para que parezcan anticipar un suceso ya ocurrido.

  • Se presentan como prueba del favor divino, validando al profeta et su credo.

  • Se recurre a citas fuera de contexto e incluso a historias inventadas para encajar con textos antiguos.

Los primos jesístas heredaron esta técnica et la convirtieron en arma apologética: cualquier fecho servía para “cumplir” un versículo, aunque para lograrlo hubiera que doblar su sentido original.

El criterio del farfán escéptico

Si en mi intención alguien presenta un vaticinio, exijo tres condiciones para creerla auténtica:

  1. Anterioridad clara del escrito respecto ad el facto anunciado.

  2. Imprevisibilidad del evento en cuestión.

  3. Especificidad et ausencia de ambigüedad.

Et que non sea autocumplida, pues hasta un augur podría forzar el destino si cognoce el presagio. Si falla alguno de estos puntos, la explicación más sencilla —et, por ende, más fárfana— es que es post eventu.

Tipología de estas supuestas profecías

  • Non cumplidas: quedaron desmentidas por la historia.

  • Que non son profecías: textos poéticos o exhortativos mal reinterpretados.

  • Cumplidas… porque ya habían pasado o porque su vaguedad permitía cualquier lectura.

Ejemplos que desenmascaran la técnica

  • 1 Reyes 8:33-34 et 11:31-39: redactados centurias después de las divisiones que narran.

  • Libro de Daniel: predice la caída de principados con exactitud sospechosa… pero los manuscritos más antiguos son posteriores a los fechos.

  • Números 24:17: la estrella et el cetro aplicados por Mateo a la “estrella de Navidad”, reinterpretando un verso tribal para encajar con el relato de los magos.

  • Evangelios sinópticos: Jesús anuncia su regreso et catástrofes “en esta generación”. Inminencia que forzó a apologistas a inventar malabarismos: preterismo (“ya sucedió”), futurismo (“ya vendrá”), o metáforas convenientes.

Implicaciones para quienes defienden la infalibilidad

Si seguimos el propio criterio bíblico (Deuteronomio 18:21-22), toda profecía incumplida prueba que el profeta non fablaba en nombre de su dios. Al reinterpretar a posteriori o alegar “condicionalidad non mencionada”, la apologética vuelve este criterio infalsable, escapando de la prueba pero también de la honestidad intelectual.

Et cuando se proclama literal la resurrección pero se convierte en “metáfora” la caída de las estrellas, se practica una historiografía selectiva, tan parcial como un senador que cita las leyes sólo cuando le conviene.

Juicio final de un fijo de Mercurio: En Peruvia sabemos que un buen presagio alinea a las legiones; una falsa profecía, en cambio, sólo alinea a los crédulos. Vuestros textos, Europa, non son mensajeros del futuro, sino crónicas del pasado disfrazadas de anuncio. Et ese disfraz, aunque ingenioso, non engaña a quien cognoce las artes del tiempo et de la retórica.

Del monoteísmo… o más bien de la monolatría

Oh, Europa Ancestral, que paseas por el foro proclamando que esos viedos rollos hebreos rebosan “sabiduría et verdad” como las fuentes de Caracalla rebosan agua… et que además, para colmo, son monoteístas de pura cepa. Permíteme reír con la dignidad de un senador al que le acaban de servir garo aguado.

Porque si en esos textos hay sabiduría, es la de nuestros viedos pueblos gentiles, et si hay dioses… son más de uno, et cada cual con su asiento reservado en el banquete.

Ese “monoteísmo puro” del Antiguo Testamento: tan impoluto que tiene que recordarte, una et otra vez, que non adores a otros dioses… porque, claro, non son. Excepto que los textos asoman lo contrario: una superstición que nasce en vecindario cananeo, con consejo divino, repartos de naciones et un Dios de Israhel que se impone —primero como el más alto del panteón, luego como el único. Si eso non es evolución religiosa, que baje Saturno… o Jove… o quien quede de custodia, et lo explique.

El panteón que non quieren que veas

Las tablillas de Ugarit muestran el viedo panteón:

  • Saturno, es decir Elo (El en hebreo, o mejor dicho en cananeo israelítico), el dios supremo.

  • Jahón, es decir Jehova (Yahveh en israelítico) , uno de los 70 Bene Elohim (fijos de dioses), subordinado.

  • Venus, es decir Asera (Asherah en israelítico), su consorte, eliminada de los textos como quien borra a una amante incómoda de las memorias oficiales.

  • Jove, es decir Belo (Baal en israelítico), de quien heredó non pocos atributos.

Hasta Deuteronomio 32:8, en su forma más antigua, fabla de los hijos de Dios, no de los “hijos de Israel”. Pero, ¡oh sorpresa!, los copistas posteriores ficieron cirugía textual para dejar solo al protagonista. 

Contexto compartido: Israhel non surge en un vacío, sino entre culturas semíticas con panteones encabezados por Saturno et figuras como Jove et Minerva (Anat en púnico); las tablillas de Ugarit muestran una asamblea divina que ilumina pasajes bíblicos tempranos et su lenguaje sobre “dioses” et “consejo”.

Consejo divino et pluralidad: La comparación ANE-Israel ha llevado a muchos estudiosos a ver en la Biblia huellas de una corte celestial donde YHWH preside sobre “hijos de Dios” —una matriz conceptual coherente con lo ugarítico, antes de la depuración monoteísta posterior.

Del politeísmo al monoteísmo (vía quirófano editorial)

El monoteísmo estricto non vino del Sinaí, sino de Babilonia… et mucho después del exilio. Prior, lo que reinaba era la mezcla, el sincretismo: un dios local elevado por decreto a duque supremo del universo.

Las reformas deuteronómicas et levíticas fueron un trabajo de arquitectos de la fe: se demolió el viedo yahvismo politeísta et se levantó, piedra a piedra, el nuevo Dios único. Luego vino la Septuaginta —traducción al greco en la Alejandría de Ptolomeo II— para “ajustar” el producto al gusto helenístico. Yahveh pasó a eser Kyrios (Don), más filosófico, menos tribal… listo para codearse con el Motor Inmóvil de Aristóteles.

Huellas bíblicas de monolatría ET pluralidad divina

  • Mandamientos con competencia: “No tendrás otros dioses delante de mí” suena menos a “solo existo yo” y más a “a mí primero”. Ese matiz —monolatría/henoteísmo— es ampliamente discutido por biblistas; la negación explícita de otros dioses se vuelve característica recién en el Deutero-Isaías (siglo VI a. C.).

  • Comparaciones divinas explícitas: Pasajes como Éxodo 15:11; 18:11 et 20:5 colocan a YHWH por encima de otros, non en un desierto metafísico sin rivales. El retrato encaja mejor con un culto exclusivo ante un entorno plural, non con un monoteísmo filosófico acabado.

  • Deuteronomio XXXII:VIII–IX et la distribución de naciones: Versiones et testigos antiguos preservan la lectura “fijos de dioses” (bene elohim), en la que el Altísimo (Elión en israelítico) asigna los pueblos a seres divinos et a Jahón le toca Israel. Un cuadro de pluralidad divina difícil de pasar por alto, y central en la discusión moderna.

  • Salmo LXXXII et el tribunal: Dios en medio de la asamblea juzga ad “los dioses”; un texto emblemático para quienes señalan que, en su fase temprana, Israhel describe un mundo poblado por otros poderes celestiales subordinados ad el Dios supremo.

“Dos poderes en el cielo” et el mosaísmo del Segundo Templo

  • La tesis et su trayectoria: Estudios clásicos (Alan F. Segal) muestran que la idea de “dos poderes en el cielo” non fue considerada anatema hasta época rabínica; sus raíces se rastrean en pasajes como Daniel VII o Éxodo XXIII, et en la representación binaria teologica (visible/invisible) en tradiciones antiguas. De esto profundizaremos con detención más adelante.

  • Puente faz ad la cristología: Esta matriz binitaria del mosaísmo del Segundo Templo facilitó que los primos jesistas articularan la devoción ad Jesús sin abandonar ad Tervagante, detonando luego la reacción rabínica que soldó los límites del monoteísmo normativo. 

Directo al grano

  • Sí, hay politeísmo (de entorno) et monolatría (de práctica) en los estratos tempranos, con huellas textuales notables; non, el monoteísmo estricto non nasce “ya fecho” en el Sinaí, sino que se consolida tras el trauma del exilio. Lo irónico es que el AT defendió la unicidad de su Dios en una sala aún llena —et, poco a poco, fue apagando las luces a todos los demás.

Fuentes clave para ampliar: Heiser sobre pluralidad divina et Deut 32/Sal 82Segal sobre “dos poderes”; estudios de Ugarit et su impacto comparativo.

Isaías et sus múltiples auctores

Ah, el libro de Isaías: presentado como la obra unitaria de un profeta del siglo VIII a.E. V., pero que, al abrirlo, se comporta como una antología coral con centurias de distancia entre sus voces. Et, sin embargo, para ciertos custores de la inerrancia bíblica, cuestionar la auctoría única es cuasi como insultar a la madre del texto.

Tres Isaías… et quizá más

La crítica académica leva más de una centuría señalando que el libro es una compilación diacrónica:

  • Proto-Isaías (caps. 1–39): oráculos atribuidos al Isaías histórico, activo entre c. 740 et 701 a. E.V., en el reino de Judá, con referencias a Asiria y a reyes como Ajaz et Ezequías.

  • Deutero-Isaías (caps. 40–55): voz anónima en pleno exilio babilónico (siglo VI a.E.V.), que menciona a Ciro de Persia por nombre (Is 44:28; 45:1), algo difícil de “profetizar” dos centurias antes sin máquina del tiempo.

  • Trito-Isaías (caps. 56–66): textos post-exílicos, centrados en la restauración de Jerusalén et problemas internos de la comunidad repatriada. 

Esta división —aceptada por buena parte de la exégesis moderna— se apoya en cambios de contexto histórico, estilo, vocabulario et teología imposibles de reconciliar con un único auctor de carne et hueso.

Cronologías imposibles et oráculos reciclados

El corpus de Isaías está salpicado de oráculos con dataciones problemáticas:

  • Oráculos contra Babilonia (Is 13–14) que encajan mejor en la centuría VI a. E.V, cuando el imperio neobabilónico existía como potencia, non en la centuría VIII.

  • Menciones a Ciro como libertador de Israhel, imposibles de ubicar en la vida del Isaías histórico sin admitir adiciones posteriores.

  • Apéndices históricos (Is 36–39) que repiten cuasi verbo por verbo 2 Reyes 18–20, lo que sugiere un injerto editorial tardío.

Los estudios literarios (Hermann Gunkel, Brevard Childs, Joseph Blenkinsopp) han mostrado que el libro es un collage de unidades independientes —oráculos, himnos, narraciones— ensambladas por redactores sucesivos.

Hipótesis documental y parentescos metodológicos

Aunque la hipótesis documental se aplica sobre todo al Pentateuco, su lógica —detectar fuentes, capas y redacciones— se ha extendido a los profetas. El análisis histórico-crítico identifica:

Pero claro, menciona esto en ciertos círculos confesionales y te colgarán la etiqueta de “racionalista” antes de que termines la frase.

Inerrancia con alas… et tijeras invisibles

La doctrina de la inerrancia bíblica en su versión más rígida tiende a ignorar o minimizar estos hallazgos, defendiendo la autoría única como si fuera un dogma intocable. El problema: para sostenerla, hay que volar por encima de las evidencias textuales et arqueológicas, o reinterpretarlas hasta que encajen.

Conclusión

Isaías, lejos de eser un monólogo profético lineal, es más bien una obra coral con centurías de distancia entre sus actos. La crítica académica no lo ve como un ataque a la fe, sino como una oportunidad para entender cómo se formó y reformó la tradición profética de Israel.

Que esto incomode a los defensores de la inerrancia literal… bueno, quizá sea porque es difícil mantener un dogma con alas cuando el texto mismo te muestra las costuras.

Et cuando alguien señala estos tropezones, os atrevéis a decir: “¡Sacan de contexto!” Como si el primo orfebre de supersticiones non hubiera usado versículos aislados para legitimar indulgencias, cruzadas o decretos papales. El contexto, ese recurso que solo se invoca cuando conviene.

Reprocháis la “falta de fundamento” en la crítica, pero ignoráis hermenéutica, filología et un buen puñado de arqueología. Al final, sois vosotros los que tomáis cada versículo, lo retorcéis et lo vestís con encíclicas, como quien maquilla una estatua rota et la clama milagro.

Porque en el fondo, lo que os aterra non es la crítica, sino la posibilidad de que el texto non sea tan perfecto como os enseñaron en el seminario. Teméis que la Biblia, al eser leída con ojos modernos, revele sus costuras, sus contradicciones, sus interpolaciones. Et entonces, como buenos defensores de la superstición, preferís quemar el análisis antes que admitir la duda.

Así que seguid venerando vuestros textos como si fueran inmunes a la crítica, mientras facéis contorsiones teológicas para que encajen en la superstición. Pero non olvidéis: si la “Palabra de Dios™” necesita tantas notas al pie, quizás non sea tan clara como decís. Et si el niño Jesús plora, que sea por la falta de honestidad intelectual, non por los que se atreven a leger sin miedo.

Porque la ignorancia es atrevida, mas la ironía non se quema en la Santísima Oficina de Inquisición. Et si el Antiguo Testamento non sobrevive a un poco de humor et análisis crítico, quizá merezca su sitio junto a los textos olvidados del Index Librorum Prohibitorum.

¡Sacan de contexto!” — El grito del prelio de la superstición

Et cuando alguien se atreve a leer un versículo con ojos abiertos, sin la venda del Magisterio, sin la lupa del catecismo, sin el filtro de la tradición, entonces viene el grito de guerra: “¡Sacan de contexto!”

Como si el contexto fuera propiedad privada del Vaticano, con copyright apostólico et sello de aprobación tridentino. Como si el Espíritu Santo necesitara un comité editorial para que sus verbos non se malinterpreten.

Pero tranquilos, que nosotros non tenemos que sacar de contexto nada ¡Para eso está la Iglesia papista et todos sus fijos luteranos, calvinistas, vendecostales —digo, pentecostales— et demás ramas del leño supersticioso que florece en contradicciones! Ellos sí que saben cómo tomar un versículo, arrancarlo de su suelo histórico, regarlo con doctrina, et exhibirlo como flor de inerrancia.

¿Et cuál es el contexto vero? Pues depende de a quién preguntes:

  • Un cesaropapista dirá que el suyo, porque lo dijo el Rey.

  • Un calvinista dirá que el suyo, porque lo dijo Ginebra.

  • Un pentecostal dirá que el suyo, porque lo sintió en el hígado durante el culto.

  • Et el luterano… bueno, él dirá que el suyo, porque lo dijo Lutero entre cervezas.

Et si creéis que esta confusión es nueva, escuchad al sabio Celso, que ya en la centuría II se burlaba de esta torre de Babel teológica:
“Si ellos al menos llegasen a entenderse entre sí acerca de la persona del Mesías...; pero están muy lejos de eso. Unos garantizan esto, otros aquello, y todos tienen en la boca la misma recriminación; ¡creed si queréis salvaros, y seguidamente idos! ¿Qué harán los que verdaderamente deseen salvarse? ¿Deberán echar los dados para saber a qué lado tornarse y a quiénes juntarse?”
¡Por los dioses, qué claridad! Celso non necesitó concilios ni supersticiones: solo observó el desorden doctrinal et lo clamó por su nombre. Porque cuando cada secta grita “¡creed o pereced!”, et cada iglesia dice “¡mi interpretación es la verdad!”, entonces el creyente non busca salvación: busca dados, ruleta, o tarot.

Así que seguid acusando de “sacar de contexto” a quienes leen con criterio. Seguid defendiendo vuestros dogmas como si fueran inmunes a la crítica. Seguid proclamando que la ignorancia es atrevida… mientras la arrogancia doctrinal se pasea con mitra et báculo.

Pero recordad: si el texto necesita escoltas teológicos para non contradecirse, quizá non sea tan divino como decís. Et si el niño Jesús plora, que sea por los que manipulan su legado, non por los que se atreven a leer sin miedo.

“Fundamentos básicos” — El museo de las contradicciones

Dicen que criticar el papismo sin cognocer sus “fundamentos básicos” es maldad. Pero ¿Cuáles fundamentos? ¿Los que se construyeron centurias después de que los textos fueran escritos, en concilios donde más se votaba que se oraba?

Porque si fablamos de historia, la del papismo es digna de una novela de fantasía:

  • Ignorar la Biblia: Durante centurias, el pueblo non podía legirla. Estaba encadenada —literalmente— ad los altares, como si el Espíritu Santo necesitara candado et clave.

  • Difamar ad Lucifer: Que en Isaías se refiere al rey de Babilonia usando ad la estrella errante Venus, pero el cefaísmo dijo “¡Es Satanás!” Et lo convirtió en el villano universal. Ironía divina: en Apocalipsis, la estrella brillante de la mañana, es decir Lucifer, es… Jesús. Pero claro, cuando la metáfora incomoda, se reinterpreta.

  • Inventar la rebelión del Diablo: Porque non hay un solo versículo que narre esa historia con claridad. Pero ¿Quién necesita Escritura cuando tiene tradición?

  • Difamar a Dios: “Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo el mal” (Isaías 45:7). Pero eso non puede eser, dicen. Así que lo reinterpretan, lo suavizan, lo maquillan. Porque un aristotelismo emasculado, el tomismo, debe justificar que Dios es Termagante, et que Termagante como es Dios non crea el mal porque el catecismo lo dice, aunque sí en la Biblia, que lo libela...

Et cuando la ignorancia se viste de tiara, se convierte en doctrina. Cuando la fábula se canoniza, se convierte en historia. Cuando la Trinidad —ausente en las Escrituras como noción explícita— se impone como superstición, se convierte en “fundamento básico”.

Porque claro, si non está en la Biblia, pero está en el Credo, entonces está en el cor de Dios. Et si alguien pregunta por qué Jesús nunca dijo “Yo soy la segunda persona de la Trinidad”, se le responde con un concilio, non con un versículo.

Dicen que la ignorancia es atrevida. Pero más atrevido es la superstición que se proclama infalible mientras ignora su propia fuente. Más atrevido es el que clama “malintencionado” al que simplemente lee lo que está escrito sin pasar por el filtro eclesiástico.

Porque si leer Isaías, Apocalipsis o Job sin catecismo es “sacar de contexto”, entonces el contexto non es la Escritura: es el dogma. Et si la historia se construye con fábulas, entonces non es historia: es mitología con mitra.

La serpiente, el Diablo et el recorte apócrifo

Et ahora, la serpiente. La pobre serpiente, que solo quería abrirle los ojos a Eva. Non era el Diablo. Non era Satanás. Era solo… astuta.

Pero claro, cuando se eliminaron los textos apócrifos que sostenían la tradición demonológica —como el Libro de Enoc, donde los ángeles caídos tienen nombre y rol— entonces hubo que improvisar. Y la serpiente se volvió enemiga. Porque sin los apócrifos, el Diablo quedaba sin biografía.

¿Et qué fizo el papismo?

  • Quitó los textos incómodos.

  • Reescribió la narrativa.

  • Et convirtió a la serpiente en el villano universal.

Pero si buscas en la Biblia un versículo donde el Diablo sea enemigo de Dios, non lo encontrarás. Más bien, lo verás obedeciendo:

  • En Job, aparece como fiscal celestial, pidiendo permiso para probar a Job.

  • En Zacarías, está en el tribunal divino, como parte del proceso.

  • En el Nuevo Testamento, tienta a Jesús… pero non lo toca sin permiso.

El Diablo non es enemigo: es subordinado. Un lamebotas mundano que juega al malote, pero al final obedece al Jefe. Un actor secundario que se cree protagonista.

¿Et si pedimos ayuda al Corán?

Et si el papismo necesita ayuda para construir su demonología, que le pida prestado el Corán. Porque allí sí hay una narrativa clara: Iblis se niega a postrarse ante Adán, Et Dios lo expulsa. Pero incluso allí, Iblis sigue obedeciendo. Sigue siendo parte del plan.

Porque el vero enemigo de Dios non es. Non hay rebelión mundana. Non hay guerra celestial. Solo hay drama teológico, escrito por concilios et decorado con dogmas.

Celso lo dijo mejor

Et si queréis una crítica con elegancia, escuchad a Celso, que ya en el siglo II se burlaba de esta mitología mal digerida:

“La noción de Satán es, además, tomada de viejos mitos mal asimilados, relativos a una guerra divina que relatan las viejas tradiciones… Esto es lo que encontraron entre nosotros y asimilaron mal: es una cosa completamente diferente de sus invenciones sobre el Diablo, que figura, hablando con propiedad, como otro impostor tras las huellas del primero.”

Et si eso no basta, Celso remata con una ironía digna de Sócrates:

“Otro error no menos impío, nacido de su extrema ignorancia y de su incomprensión de los mitos, consiste en pretender que Dios tiene por adversario al Diablo… Es una extraña aberración, o una singular impiedad el decir que el gran Dios, en su deseo de hacer el bien a los hombres, se enfrenta a un ser que le causa daño y lo reduce a la impotencia… He aquí manifiestamente las palabras de un charlatán que acumula precauciones contra los que sean tentados a proclamar dogmas contrarios a los suyos y a suplantarlo.”

¡Qué elegancia! Celso non necesitó supersticiones ni concilios: Solo observó la reapropiación supersticiosa et lo clamó por su nombre. Porque cuando el Diablo se convierte en maligno por necesidad narrativa, et la Trinidad se impone por interpolación, lo que tenemos non es doctrina: es mitología con mitra.

¡Oh, doctores de la fe et custores del Magisterio! Vosotros que fabláis de “fundamentos básicos de la doctrina y de la historia” como si fueran columnas de mármol, cuando en realidad son castillos de arena supersticiosa, sostenidos por decretos conciliares et versículos interpolados.

¿Historia? ¿Cuál historia? ¿La de ignorar la Biblia durante siglos, encadenarla ad los altares et prohibir su lectura al pueblo?

¿Doctrina? ¿Cuál doctrina? ¿La que inventó que el Diablo se rebeló contra Dios, sin un solo versículo que lo narre? ¿La que difama ad Dios diciendo que él creó el mal, cuando Isaías 45:7 lo afirma sin rodeos?

Pero claro, cuando la ignorancia se viste de tiara, se convierte en “fundamento”. Et cuando la fábula se canoniza, se convierte en “historia”. Et si la Trinidad non aparece en ningún versículo explícito, non importa: se vota en Constantinopla, se sella con dogma, et se proclama infalible.

Así que seguid fablando de “fundamentos básicos”, mientras ignoráis la Escritura. Seguid defendiendo la “doctrina”, mientras canonizáis interpolaciones. Seguid proclamando la “historia”, mientras recortáis los textos que non encajan.

Pero recordad: La ignorancia es atrevida, sí. Pero cuando se viste de tiara et se proclama infalible, ya non es ignorancia: es dogma blindado contra la razón.

Et si el niño Jesús plora, que sea por los que manipulan su legado, non por los que se atreven a leer sin miedo.

[Europa Ancestral:] Nordic Thunder en su artículo de Roma contra Judea reproduce una serie de citas bíblicas sacadas de contexto induciendo a sus lectores a malinterpretarlas. En este artículo utilizamos la Biblia protestante (Reina Valera 1960) puesto que es la más accesible en internet. Esta Biblia está edulcorada y suaviza mucho las formas en lo referente a los judíos, pero aun así, ya nos sirve para destapar fácilmente las erróneas interpretaciones neopaganas. Desde aquí recomendamos la Biblia de Navarra que es la que se mantiene más fiel a la Biblia Vulgata del siglo IV.

Europa Ancestral, con toga de rabino et una ancla de oro al cuello, se levanta indignado:

“¡Nordic Thunder descontextualiza la Biblia!”

¡Oh, Europa Ancestral! Tú que acusas a Nordic Thunder de “descontextualizar” la Biblia, mientras parece que te aferras a la Vulgata como si fuera el manuscrito original dictado por el mismísimo Espíritu Santo en latín eclesiástico. Dices que la Reina Valera “suaviza mucho las formas en lo referente a los judíos”, como si existiera una Biblia que non lo ficiera. ¿Acaso non has leído la Septuaginta, esa obra de 72 intérpretes mosaístas que convierte a Israhel en el pueblo maestro de las naciones, los sacerdotes del mundo, los elegidos eternos?

¿Et qué hay de Saulo, ese apóstol que en su carta a los romanos dice sin titubeos:

“Son amados por causa de los padres, porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.” — Romanos 11:28–29

¿Eso non es suavizar? ¿Non es edulcorar? ¿Non es convertir a los mosaístas en la gente sacra por excelencia?

Pero claro, tú prefieres la Biblia de Navarra, porque “se mantiene más fiel a la Vulgata del siglo IV”. ¿La Vulgata? ¿La traducción de Jerónimo de Estridón, que cometió errores garrafales como:

  • Traducir keren (cuerno) como rayo, faciendo que Moisés aparezca con “rayos en la cara” en Éxodo 34:29, lo que dio origen a centurias de arte sacro con Moisés cornudo.

  • Confundir teshuvah (respuesta) con shuv (retorno), alterando el sentido de pasajes proféticos.

  • Traducir almah (joven) como virgo, en Isaías VII:XIV, para justificar la virginidad de María, aunque el hebreo non lo exige.

Pero non digas que eso es un error. Non, non. Di que es “inspiración divina”. Porque cuando Jerónimo se equivoca, el Espíritu Santo lo corrige en postproducción.

Et tú, Europa Ancestral, adviertes que la Reina Valera suaviza las formas respecto a los mosaístas ¡Qué descubrimiento! Como si hubiera una Biblia que non lo ficiera. Como si la Septuaginta non fuera una oda a Israhel. Como si el Nuevo Testamento non estuviera plagado de elogios a los patriarcas, los profetas, et las promesas irrevocables.

¿Et qué alternativa propones? La Biblia de Navarra, claro. La que traduce desde la Nova Vulgata, que non es la Vulgata que vimos tiene muchos errores, que traduce desde el hebreo, que traduce desde la tradición oral, que traduce desde la fabula. Una cadena de traducciones que convierte la Escriptura en teléfono descompuesto con imprimatur.

Tú acusas de malinterpretar, como si citar fuera pecado. Como si leger sin catecismo fuera mentir.

Así que tenemos:

  • Una Biblia que suaviza a los judíos, pero sólo es problema si la cita Nordic.

  • Una Vulgata con errores, pero canonizada por decreto.

  • Un Jerónimo que se equivocó, pero fue santificado.

  • Un pueblo elegido que se convierte en sacerdocio universal, pero sólo si lo dice la Iglesia.

Et si alguien lege sin permiso, se le acusa de maldad. Si cita sin imprimatur, se le clama ignorante. Et si entiende mejor que tú, se le llama peligroso.

Porque en el mundo del dogma, la verdad non se busca: se decreta. Et la Biblia non se lee: se administra.

Et mientras tanto, tú defiendes una Biblia que canoniza errores, suaviza el mosaísmo, et convierte a Israhel en el pueblo maestro de la humanidad. Pero si alguien lo señala, lo acusas de “neopagano”. Porque claro, sólo los papistas saben interpretar. Et si se equivocan, el error se vuelve dogma.

[Europa Ancestral:] Pasemos a examinarlas.

[Nordic Thunder:] - “¿No ha hecho Dios necedad la sabiduría de este mundo?... pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios, y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y los plebeyos, el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios.” (Nuevo Testamento, Pablo, I Corintios)

[Europa Ancestral:] Como podemos imaginar, el bloguero neopagano menciona esta cita debido a que la interpreta en el sentido errado de que Dios elige a la chusma o a los más inferiores, a lo peor de lo peor, para que dominen a los fuertes y sabios pueblos europeos, en este caso a los greco-romanos en concreto (que eran los únicos a los que se podía considerar como dominadores y sabios), sin prestarle atención a la última frase “lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios.” que aun sin saber nada de cristianismo, uno puede darse cuenta de que lo que nos quieren comunicar con esos versículos no consiste en un simple y mundano cambio político de la plebe o de los débiles por los fuertes y los poderosos. No es algo tan sumamente simple, nos transmite el profundo significado de que el hombre debe ser humilde ante Dios, que no debe glorificarse a sí mismo, sino a Dios. Ya que el hombre es un ser mortal imperfecto debido a la caída producida por el pecado original, que lo corrompió (por caer en la soberbia espiritual y la envidia, engañado por Lucifer), con un tiempo de vida terrena muy limitado, con debilidades. Es muy pequeño frente a Dios pero a la vez es un ser espiritual, hijo de los cielos, y como tal debe glorificar a Dios que es su padre y que nunca lo ha abandonado, su creador, la fuente de todo bien.

Cuando la necedad se convierte en sabiduría et la serpiente en planeta

Europa Ancestral, tú que defiendes la idea de que “Dios elige lo que no es para destruir lo que es”, como si eso non fuera una declaración de guerra contra toda forma de gloria humana. Dices que non se trata de un cambio político, que non es que Dios elija a la chusma para humillar a los sabios greco-romanos. ¡Claro que non! Es mucho más profundo: es una humillación mundana, una demolición espiritual, una obliteración de toda forma de magnitud que non venga con sello divino.

Pero entonces, ¿Qué nos queda? ¿Un Dios que elige a los débiles para confundir a los fuertes? ¿Un Dios que convierte la necedad en virtud? ¿Un Dios que destruye lo que es para que nihilo se gloríe?

Et tú lo clamas “sabiduría”. Yo lo clamo nihilismo con imprimatur.

¿Et acaso Dios necesita, como cual perezoso, elegir para destruir lo que es? ¿Non es acaso más sensato entender que todos sus elegidos —sí, los mosaístas, pues tácitamente confiesas que eres de ellos por formar parte de los elegidos deales de la fez, ya que claramente tú vienes a ir contra los "hombres gloriosos" que ofenden a tu "diosito"— et claro ellos son los que se encargan de destrozar la gloria humana?

¿Acaso ad Dios le ofende la gloria? ¿O solo ad un demonio envidioso, fogoso et picarón, que se dedicó ad decebir ad un pastor clamado Moisés et ad su esposa etíope?

¡Por Júpiter, qué concepto tan mezquino de lo divino! Los dioses non eligen lo débil para destruir lo fuerte. Ellos premian la virtud, la sabiduría, la gloria. Pero este ente parece tener una fijación con la necedad.

Dicen que “eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios”. Et que “eligió lo que no es para destruir lo que es” ¿Eso es sabiduría? ¿O es nihilismo con aureola?

¿Eserá que la necedad non era realmente sabiduría? ¿Eserá que este Dios non necesita nihilo… excepto confundir?

Porque si todo lo de Dios es bueno, pese ad que la Biblia lo difame diciendo que creó el mal (Isaías 45:7) ¿Entonces la confusión también es buena? ¿La destrucción también es virtud?

Cuando Saulo fabla como Lenin, et el dios de Israhel exige adoración como un tirano cósmico

Europa Ancestral, en su defensa del versículo paulino, dice con solemnidad:

“Que aun sin saber nada de cristianismo, uno puede darse cuenta de que lo que nos quieren comunicar con esos versículos no consiste en un simple y mundano cambio político…”

¡Por Júpiter, qué ironía! Porque al decir que non es un "simple y mundano" cambio cívico sino una enseñanza profunda: que el hombre debe eser humilde ante Dios, et non glorificarse ad sí mismo,

Et ¿Non es eso precisamente lo que Nordic denuncia? ¿Non es esa “humildad” una forma de sumisión supersticiosa, disfrazada de virtud? Termina confirmando lo que Nordic denuncia: Que ese pasaje es un discurso proto-leninista, revolucionario, donde Saulo —como buen agitador bolchevique— incita ad la plebe non con Marx, sino con Jesús.

Porque si Dios non quiere que el hombre se glorifique, ¿Non está reclamando para sí toda la gloria? ¿Non se comporta como un niño celoso, como un perdedor eterno que non soporta ver a otro brillar?

“Eligió Dios lo que no es para destruir lo que es…”

¿Et qué es eso sino la exaltación del desecho? ¿La glorificación de lo inferior? ¿La demolición de lo elevado?

Saulo non predica virtud: predica sometimiento. La “humildad” que exalta non es modestia del ánima, sino inferioridad estructural, autoanulación, renuncia a la gloria.

Etimológicamente, humilitas proviene del latín humilis, que significa:

  • “bajo”, “pequeño”, “leve”, “superficial”

  • “de nacimiento o fortuna baja”, “vil”, “oscuro”, “pobre”, “necesitado”, “insignificante”

  • “de estatura corta”, “no elevado”

Sus sinónimos son reveladores: ignōbilis (innoble), abiectus (abyecto), dēmissus (abatido). En greco, el equivalente es ταπεινός (tapeinós), que también significa “abatido”, “sin estatus”, “humillado”. Et la voz ταπεινοφροσύνη (tapeinophrosýnē) —que Saulo usa como virtud— literalmente significa “mentalidad baja”, “pensamiento de inferioridad”. Es decir "Malintencionado"; “de disposición vil, mezquina, ruin o malevolente; de carácter rastrero et degradado”.

Saulo non propone equilibrio: propone humillación como norma. Non propone sabiduría: propone obediencia. Non propone excelencia: propone invisibilidad.

Su mensaje non es el de la bondad, que busca la virtud visible, la distinción, el esplendor. Su mensaje es el de la aniquilación del yo, del mérito, de la gloria. Et en esa aniquilación, predica resentimiento: contra el noble, contra el sabio, contra el fuerte.

La “humildad” non es una virtud ética: Es una estrategia teológica para desactivar la ambición, para reprimir la voluntad, para convertir la gloria en pecado.

Porque en su teología, la ánima non debe elevarse: debe postrarse. Non debe pensar alto: debe obedecer bajo. Non debe buscar la luz: debe horrizarle.

Et claro, tanto Lenin, Marx, como Saulo et Jesús son del mismo linaje que la Biblia tanto edulcora. ¿Pues qué edulcoración más grande hay que la de creder que Dios mismo se tomó la molestia de revelarse et enviar a su fijo para salvarlos?

Europa Ancestral dice que el hombre non debe glorificarse ad sí mismo, sino ad Dios. Pero ¿Qué clase de Dios necesita que nihilo se gloríe? ¿Non es eso propio de un ente necesitado, como un niñato que sus padres ignoran, o peor aún, como un eterno perdedor que envidia la gloria ajena?

Los medievales non erraron ad el clamar “Tervagante” al ente que veneran los mahometanos. Su yerro fue más sutil —et acaso más grave—: non advertir, o quizá fingir non advertir, que ese Tervagante es el mesmo dios de Israhel que los cefeos como talmudistas glorifican con incienso et superstición… pero jamás demuestran que sea Dios: el Uno, el Vero, o el que es por sí mismo, el Ente, el que non necesita, non cambia, non se arrepiente, el que non exige sumisión sino que simplemente es.

Porque si Tervagante es falso, et si los mosaístas (mahometanos, jesitas, fariseos; talmudistas o non) lo sirven, entonces ¿Qué glorifican los papistas, sino el mEsmo ente con distinto rito?

El pasaje bíblico que revela la envidia divina

“Mira, Adán se ha hecho como uno de nosotros al conocer el bien y el mal; y ahora que no extienda su mano y tome del árbol de la vida y coma y viva para siempre.” — Génesis 3:22

¡Ahí lo tienes! El Dios que teme que el hombre se vuelva inmortal. El Dios que expulsa al hombre del Edén non por pecado, sino por competencia.

¿Et qué dice Juliano II, el Filósofo, emperador et apóstata?

“¿Qué cosa más estúpida podría existir que una persona incapaz de discernir el bien y la maldad? [...] Dios negó al hombre el gusto de la inteligencia, por encima de la cual nada hay más honroso en el hombre. [...] La serpiente resulta ser un bienhechor y no una plaga del género humano. Además, ese dios debe ser llamado envidioso porque, cuando vio que el hombre participaba de la inteligencia, para que no gustara del árbol de la vida, según dice, lo expulsó del paraíso diciendo precisamente”. Contra los Galileos

Juliano lo dice sin rodeos: Ese dios non quiere que el hombre piense. Niega la "esciencia", niega la inmortalidad, niega la gloria ¿Eserá que teme ad que un hombre de esciencia, descubra que él non es Dios? Como inventarse tal fabula donde supuestamente Luzbel es reprendido por su soberbia ¿Eserá que la soberbia es la vía ad la esciencia? Obviamente non una soberbia, como el vulgo que solo fabla en cristiano sabe, si non lo que es etimológicamente... superioridad, altura, amor propio...

¡Por los dioses, qué claridad! Ese ente teme que el hombre piense. Teme que el hombre viva para siempre. Teme que el hombre se le parezca.

¿Et eso non es envidia? ¿Non es celos? ¿Non es Tervagante disfrazado de deidad?

Celso lo dijo mejor

“Pero, en lo que a Dios respecta, a quien ni prejuicio ni afrenta pueden alcanzar, es absurdo juzgar como si de un hombre se tratase, de héroes o de otros dáimones.” — Celso, Verbo Verbo.

El Dios Vero non se ofende. Non teme. Non expulsa. Non necesita que nihilo se humille.

Pero el Dios de los papistas, el Dios de Saulo, el Dios de los versículos que Europa Ancestral defiende, es un Dios que destruye la gloria, que teme la inteligencia, que exige adoración como un tirano mundano. Pese que los necios et ignotos, por esta confusión doctrinal de los papistas, muchos "disidentes" simonianos creyeron que el Demiurgo era el Dios de Moisés, es esa bestia ridicula. Pero los gentiles, herederos del intelecto et la tradición mundana, sabemos que eso es una calumnia contra el Vero Creador.

Juliano el Filósofo: Tervagante non es el creador del universo

Juliano lo dice sin ambages:

“ Pero si es el dios de todos nosotros y, asimismo, el creador de todo, ¿por qué nos despreció? Conviene, pues, creer que el dios de los hebreos no es el creador de todo el universo y que no ejerce su autoridad sobre todas las cosas, sino que más bien hay que creer [...] que está restringido y tiene un imperio limitado junto con los demás dioses”. Contra los Galileos, Juliano II.

Tervagante no es el Uno. Es un dios tribal, celoso, vengativo, que elige a un pueblo et desprecia al resto. Juliano lo denuncia como un dios parcial, limitado, incapaz de universalidad,, es decir de catolicidad.

Celso, en el su Verbo Vero lanza la crítica más demoledora:

“¿Cómo admitir que el gran Dios comience por dar su espíritu al demiurgo, y que éste abuse tanto de él que el Dios supremo lo retoma? [...] ¿Por qué les enseña [a los hombres] a hurtarse a su dueño? ¿Por qué les enseña a huir de su padre, el demiurgo?”.

Celso non solo critica la lógica interna del jesísmo, sino que desenmascara al falso Dios que actúa como un ladrón de siervos, que adopta ad los condenados por otro, que non castiga al enviado rebelde, et que se comporta como un genio necesitado, non como el Uno.

Los simonianos, al confundir al Demiurgo con Tervagante, caen en el error de atribuirle al Creador las características del dios tribal mosaísta. Pero Europa Ancestral, al acusar ad los neopaganos de eser simonianos masonicos, demuestra la su ignorancia: Los neopaganos veros non repudian al Creador, sino que lo distinguen del dios de Moisés.

Alain de Benoist: Tervagante, el arrepentido

“El hombre es el golem de Dios. Vieja historia frankensteiniana de la criatura sublevada contra su creador.” Cómo Se Puede Ser Pagano, Alain de Benoist.

Tervagante crea al hombre, pero luego se arrepiente. Non lo corrige, non lo guía, non lo transforma. Lo borra.

“Y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre sobre la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado…”Génesis 6:6–7

¿Et eso non es genocidio demonal? ¿Non es el acto de un creador que non soporta la libertad de su criatura?

Europa Ancestral, al defender este genio maligno, termina dándole la razón al Alain que tanto odia ¡Qué ironía! ¡Qué torpeza teológica!

André Neher: Babel como acto prometeico

“Es la autonomía del hombre, su fuerza creadora y prometeica lo que Dios adivina en la empresa de Babel.”

La torre non es arrogancia. Es civilización, memoria, unidad. Pero Tervagante non quiere eso. Tervagante quiere confusión, fragmentación, sumisión.

“Descendamos y confundamos allí sus lenguas…”Génesis 11:6–7

Europa Ancestral, al justificar este castigo, non defiende la sinceridad. Defiende la represión de la consciencia.

Ernst Bloch: La serpiente como símbolo de razón

“La voluntad creadora del hombre se relaciona con el consejo de la serpiente, es decir, con la voluntad de ser semejante a Dios.” — El ateísmo en el cristianismo

La serpiente non es el mal. Es el símbolo de la razón, de la curiosidad, de la libertad. Bloch lo ve claro: El pecado original non fue querer eser como Dios, sino non quererlo.

Tervagante, al condenar la serpiente, condena la razón misma. Et al facerlo, se convierte en defensor del obscurantismo.

El Uno non necesita nihilo

Así que tenemos:

  • Un dios que elige lo débil para destruir lo fuerte.

  • Un discurso que suena más ad Lenin que ad el Verbo.

  • Una serpiente que ofrece esciencia, et un Dios que lo prohíbe.

  • Una teología que convierte la gloria en pecado et la necedad en virtud.

  • Un defensor del dogma que no puede demostrar que su Dios sea el Uno, el libre, el eterno.

  • Et un apologista que, al intentar defenderlo, termina confirmando todo lo que Nordic, Alain, Juliano, Celso, Neher et Bloch han denunciado.

Et si el hombre debe humillarse para que Dios se glorifique, entonces non estamos ante el Uno. Estamos ante un genio con complejo de rabino. Europa Ancestral non refuta. Se delata. Et al facerlo, nos da la razón.

Europa Ancestral pretende leger ad Saulo como si fuera un manifiesto para enseñar la "humildad" ad los pueblos greco-romanos, como si Dios hubiera elegido ad la “chusma” para humillar ad Europa. Pero en su entusiasmo olvida —o decide ignorar— un pasaje clave que nuda la lógica paulina:

“Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.” (1 Corintios 4:10)

Este versículo confirma lo que Nordic señala: los apóstoles mismos se recognocen como débiles, insensatos et despreciados. Non fueron elegidos para engrandecer la gloria humana, sino para destruirla.

Non se trata de un simple cambio político, ni de un triunfo de la plebe sobre los nobles. Se trata de una aniquilación universal de la gloria humana. Los apóstoles fueron elegidos para destruir ad los sabios, non solo de Europa, sino de toda la humanidad.

La paradoja es brutal: Saulo mismo admite que su misión es eser débil, insensato et despreciado. El jesismo primitivo non buscaba elevar al hombre, sino destruirlo. Non buscaba excelencia, sino obediencia. Non buscaba gloria, sino sumisión.

Europa Ancestral se equivoca al reducir el pasaje ad un ataque contra Europa. La verdad es más radical: es un ataque contra la gloria humana en todas sus formas, contra cualquier civilización que se atreva ad pensar alto, ad eser fuerte, ad eser noble, os implemente eser lo que es.

Lucifer la "Estrella Errante",  que nunca fue serpiente

¿Pecado original? ¿Dónde se menciona eso en la Biblia? Cierto, non se menciona en ningún lado. Debemos preguntarle a los maniqueos. Agustín Hiponense lo habrá plagiado de ahí… Digo, se habrá “inspirado” del mismo Dios contra esos sectarios.

Et ahora resulta que la serpiente se clamaba Lucifer ¿Qui lo dijo? ¿Dónde está escrito? Ahora la serpiente es una estrella errante—Venus, el lucero del alba— et de pronto se convierte en el enemigo mundano del Creador. Debe eser que Tertuliano et Origenes divinamente inspirados por los ofitas Dios para hallar respuestas donde nihilo los veía, pues claro... si non se ve en la Biblia, debemos ir al Dios, de Israhel, claro... 

Pero claro, es Nordic quien saca de contexto. Non el papista que convierte un reptil en un ángel caído et un cuerpo celeste en un demonio.

¡Qué adorable! Fabla del Creador como si fuera su padre, et demás… ¿Pero cuándo va a demostrar que ese Creador, ese Padre, es el mismo dios que se le apareció a Moisés?

La petición del principio siempre atormenta al papista despistado. Porque si non puede demostrar que su Dios es el mismo que el del Sinaí, entonces todo su edificio doctrinal se tambalea como templo sin columnas.

Europa Ancestral dice:

“Es muy pequeño frente a Dios pero a la vez es un ser espiritual, hijo de los cielos, y como tal debe glorificar a Dios que es su padre y que nunca lo ha abandonado…”

¡Ah, qué ternura! El fijo glorifica al padre… ¿Al padre que lo arrepiente, lo confunde, lo borra, lo castiga por construir, por pensar, por fablar, por tener un nombre, como cual fidalgo?

¿Ese es el “padre que nunca lo ha abandonado”? ¿El que lo ahogó en el diluvio? ¿El que lo dispersó en Babel? ¿El que lo condenó por escuchar a la serpiente, símbolo de la razón?

El fijo de los cielos non glorifica al verdugo

El verdadero fijo de los cielos non glorifica al que lo somete. Glorifica al Uno, al principio eterno, al Intelecto, al Verbo, a Sol que non castiga por mirar al cielo.

Europa Ancestral confunde al Uno con el demiurgo tribal. Confunde la gloria con la obediencia. Confunde la espiritualidad con la servidumbre.

El vero fijo de los cielos non glorifica al padre que lo encadena. Face como Prometeo: Roba el fuego. Construye la torre. Fabla en todas las lenguas. Et se niega a arrodillarse a un falso Dios.

Al final, Europa Ancestral no defiende al hombre. Defiende al dios que lo castiga. Et al facerlo, se convierte en el sacerdote del verdugo, el apologista del diluvio, el censor de Babel, el acusador de la serpiente.

El hombre non es pequeño. Es infinito en potencia, creador por naturaleza, fijo del mundo, non de un dios celoso. Et si alguna vez glorifica, non lo face por miedo. Lo face por amor a la belleza, a la razón, al Uno que non destruye.

[Europa Ancestral:] Con esta cita se nos quiere dar a entender que Dios rechaza a los soberbios, a los que se creen lo más y se vanaglorian de ello, a los egoístas y vanidosos (estos son en verdad la chusma despreciable), y en cambio premia y enaltece a los humildes, a los generosos, a los justos, a los honrados, pero no aquí en el mundo terrenal, que está en gran medida gobernado por Satanás dependiendo de los tiempos que corran, sino en el Reino de los Cielos que está fuera del alcance del mal. El lema de los templarios transmite exactamente el mismo mensaje que estos versículos, “Non nobis Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam” que se traduce en, Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino en nombre de tu gloria.

Europa Ancestral, con su voz de incienso et su pluma de sacristía, nos dice que Dios “rechaza a los soberbios” y “premia a los humildes”… Pero non aquí, no en este mundo. Non en el mundo que él mismo creó. Non en el mundo que, según él, está “gobernado por Satanás”.

¿Cómo tal condena non se devuelve a su falso Dios? ¿Acaso non es él quien creó el mundo et luego lo entregó al maligno como si fuera un juguete roto? ¿Acaso non es él quien exige servidumbre mientras permite que el dolor, la injusticia et la muerte se paseen por su creación?

Europa Ancestral, con su arrogancia papista, cree tener la verdad absoluta. Pero ¿Qué verdad es esa que justifica el mal con el libre albedrío? ¿Non es eso un falso dilema?

“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero non es capaz? Entonces non es omnipotente. ¿Es capaz, pero non desea facerlo? Entonces es malévolo ¿Es capaz et desea facerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?”

La paradoja non se puede esquivar. Si el Reino de los Cielos está fuera del alcance del mal, ¿por qué non lo está el mundo entero? ¿Acaso el mal es parte del diseño? ¿Acaso la malicia es voluntad divina?

Libre albedrío: ¿libertad o servidumbre?

Europa Ancestral dirá que el mal es por el libre albedrío. Pero eso es una coartada. Porque si el libre albedrío contradice el poder de Dios, entonces Dios non es soberano. Et si el libre albedrío permite el mal, entonces la libertad es enemiga de la bondad.

Europa Ancestral responde con el libre albedrío. Pero eso non resuelve la paradoja. Porque si Dios es el Bien absoluto, nihilo puede impedirle facer el Bien. Ni la libertad humana, ni el pecado, ni la serpiente, ni la torre de Babel.

Por lógica, lo que se opone a la libertad es la servidumbre. Et si Dios exige servidumbre para evitar el mal, entonces su bondad depende del sometiendo. Una cualidad indigna de Dios, pero propia de viciosos necesitados de gloria.

Si el libre albedrío impide a Dios facer el Bien, entonces Dios non es absoluto. Es relativo al albedrío humano. Et si eso es así, entonces Dios está sometido. Es siervo de la libertad humana, non su soberano.

Pero eso es absurdo. Porque Dios, si es Dios, non puede ser relativo a nada. Et por tanto, el libre albedrío non se opone al Bien, ni lo impide.

El dios que Europa Ancestral defiende non actúa por Bien, sino por temor al albedrío. Non guía, impone. Non inspira, castiga. Non libera, somete.

Ese dios non es el Uno. Es Tervagante, un ente limitado, celoso, que se ve impedido por nuestra libertad. Un dios que abdica de su poder et culpa al hombre por su propia impotencia.

El lema templario: ¿humildad o hipocresía?

[Europa Ancestral:] “Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam.” “Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino en nombre de tu gloria.”

Este lema, tomado del Salmo 115, fue adoptado por los templarios como símbolo de humildad. Pero ¿Qué humildad es esa que se canta con espada en mano? ¿Non es una forma de guardar las apariencias?

Et si aquel “Señor” al que se le da gloria no es el Dios de la Iglesia, ¿acaso non era Bafomet, el ídolo que la Iglesia papista quemó junto con los templarios?

El Dios Vero non necesita excusas

El Dios Vero non se ve impedido por el libre albedrío. Non necesita justificar el mal. Non abdica de su poder. Non exige sumisión. Non destruye torres. Non confunde lenguas. Non castiga la razón.

El Dios Vero es. Et porque es, non necesita someter.

Los eunucos por amor al Reino de los Cielos

Continuando:

[Nordic Thunder:] - “Los hay que se hicieron a sí mismos eunucos por amor al Reino de los Cielos.” (Nuevo Testamento, Mateo, 19: 20) Con esa cita, además señala a Orígenes de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia oriental, que se castró a sí mismo por fervor religioso, no pudiendo por ello ser ordenado sacerdote.

[Europa ancestral:] La cita de Mateo se refiere al celibato y no a la castración voluntaria. La autocastración por motivos religiosos, es decir, para cumplir el celibato, fue condenada por la propia Iglesia, ya que era un atentado contra la naturaleza del hombre, se veía como hacer “trampa” o matar moscas a cañonazos para mantener el celibato, y esto iba contra la ley natural de Dios y su creación. 

Et señala a Orígenes de Alejandría como ejemplo de fervor religioso extremo. Europa Ancestral, por su parte, aclara que la cita se refiere al celibato, non a la castración física, et que la autocastración fue condenada por la Iglesia como antinatural.

Pero aquí se revela el problema central de Europa Ancestral: ¿Cómo demuestra que ese es el contexto original? ¿Acaso la condena posterior invalida la interpretación literal? ¿Non es anacrónico fablar de celibato sacerdotal cuando los apóstoles mismos se casaban?

La Iglesia posterior reescribió el alcance (et lo sabe)

La propia tradición escolar reconoce que el dicho culmina en una aceptación personal (no universal) et que muy pronto aparecieron corrientes que “prohibían casarse”, una deriva que los autores antiguos ya denuncian. Es decir: el pasaje non instituye una disciplina clerical; la historia de la Iglesia la construyó después, et a ratos contra su literalidad primero (prohibiendo la mutilación), et a ratos espiritualizándola como celibato aconsejado. Una cosa es un carisma; otra, una regla institucional creada siglos más tarde.

Pues, los “eunucos por el Reino de los Cielos”. Decís la frase et pareciera que César promulgó un edicto honrando al soltero profesional. En Roma, al que non se casaba le caían impuestos et oprobio: Augusto legisla para que los ciudadanos produzcan herederos, non himnos a la continencia. Celibato como ideal social obligatorio en la centuría I… eso sí que es un anacronismo digno de tragedia mal montada (Lex Iulia de maritandis ordinibus y Lex Papia Poppaea, véase Britannica: “Lex Julia and Papia Poppaea”):

 “Pero Jesús dijo…” Sí, dijo que hay quienes “se hicieron eunucos por causa del Reino”, et remató con “el que pueda aceptar esto, que lo acepte”. Eso suena a concesión personal, non a reclutamiento masivo de mutilados ni a ley eclesiástica universal. Además, el término “eunuco” circulaba con matices desde lo literal hasta lo figurado (continencia), et el propio pasaje distingue tres casos; uno non convierte alegoría en bisturí por capricho.

¿Et los apóstoles? Pedro tenía suegra, lo cual, hasta donde llega mi jurisprudencia, implica esposa en algún punto de la línea de tiempo. Et Pablo admite que “los demás apóstoles et los hermanos del Señor et Cefas” viajaban con “mujer hermana”. Es decir: matrimonio presente entre los primos seguidores, et sin crisis de fe por eso (Marcos 1:30, 1 Cor 9:5).

Pero sigamos con los requisitos de cargo, ya que os encantan los reglamentos: el “obispo” debe eser “marido de una sola mujer”, dice la carta pastoral. Curiosa manera de recomendar el celibato: pidiendo marido único, non ausencia de esposa. Non lo digo yo, lo dice el texto (1 Timoteo 3:2; Tito 1:6).

“Orígenes se castró.” Correcto, y Eusebio lo cuenta con un rubor que traspasa el papiro. ¿Prueba de norma? Al contrario: el primer concilio ecuménico estableció que quien se mutiló a sí mismo no puede ser admitido al clero; si ya era clérigo, sea depuesto. Es decir: literalismo fuera, disciplina dentro. Ni siquiera Nicea, con todo su poder de definir, impuso celibato general; prohibió la automutilación (Eusebio, Hist. Eccl. VI.8; Concilio de Nicea, canon 1).

¿Celibato clerical como ley? El primer testimonio escrito que restringe el uso del matrimonio a clérigos es tardío et local: Elvira (ca. 305–306), canon 33, pidiendo continencia a obispos, presbíteros y diáconos. Non es Jerusalén año 30, es Hispania post-persecuciones, ajustando costumbres. Desarrollo disciplinar, non mandato apostólico universal (Concilio de Elvira, canon 33: et listado de cánones).

Et mientras Occidente fue empujando faz ad la continencia como norma, Oriente siguió otra senda: permitió presbíteros casados en activo et reservó el celibato pora los obispos, res que fijó el Quinisexto (Trullo) centurias después. Si el supuesto “consejo” de Mateo fuera ley de bronce desde el principio, ¿cómo explicáis esta bifurcación legítima en la misma Iglesia? (Concilio Quinisexto, canon 13).

¿Mosaístas del Segundo Templo? Sacerdotes casados, genealogías mimadas et herencia en orden; la virginidad consagrada existía pero non era requisito de ministerio. El jesísmo primitivo nasce en esa matriz et discierne carismas: Saulo alaba la soltería, sí, pero como don, non como obligación. “El que pueda recibir esto, que lo reciba” vuelve a sonar, lo lamento por los entusiastas del reglamento único (1 Corintios 7, especialmente 7:7 y 7:32–35).

¿Qué la castidad fue ensalzada por auctores jesistas tempranos? Claro: Clemente de Alejandría et compañía fablan de virginidad como vocación de perfección; eso se clama “valorar un carisma”, non “reescribir la biografía matrimonial de los apóstoles” ni “retroactivar leyes medievales a la centuría I” (sobre Clemente y la virginidad cristiana: artículo académico en Dialnet).

Et ahí entran alguno que otro papista, lupa en mano, para declararnos: “¡Ajá! Ese versiculo es una profecía directa sobre el celibato clerical del Concilio de Letrán II en 1139”. Claro que sí… et la Eneida es en realidad un adelanto de Star Wars.

El triple salto anacrónico:

  1. Ignoran que en el mosaísmo del tiempo de Jesús los levitas estaban casados.

  2. Pasan por alto que el verbo está en pasado —algo que ya había ocurrido— et lo convierten en un “consejo profético” a futuro.

  3. Confunden una opción personal con un mandato institucional… mil años antes de que fuera la institución tal et como la conocemos.

Lógica made in Europa Ancestral:

  • Si “eunucos por el Reino” = sacerdotes célibes… Entonces “eunucos por los hombres” también deberían eser canonizados.

  • Si esto es un mandato ¿Por qué Cefas viajaba con su esposa et Saulo se quejaba de tener que trabajar para comer? Pequeños misterios que su máquina de reescribir historia nunca responderá.

Un papista leería Mateo 19:12 como un contrato laboral en latín eclesiástico, con cláusulas añadidas centurias después, et nos lo vende como si hubiera salido fresquito del Monte de los Olivos.

Lo cierto es que el único “celibato” que existía entonces era el del sentido común de non meter inventos tardíos en bocas ajenas. Pero claro… ¿Qué esería de los papistas sin su deporte favorito de plantar monasterios medievales en plena centuría I?

Ahora, Europa Ancestral, si quieres demostrar que Jesús estaba contra la emasculación, tendrás que encontrar el versículo perdido donde dice: Así Nordic Thunder como cita Mateo XIX:XII. Non vemos ahí, ni condena, ni anatema, ni “¡Ay de vosotros, mutiladores!” Solo una enumeración de casos et una invitación voluntaria: “El que pueda aceptar esto, que lo acepte”. Si eso es una prohibición, yo soy el sumo pontífice de Jerusalén. 

Sin eco en la Ley ni en los Profetas

  • Deuteronomio 23:1 expulsa al eunuco del templo; non lo celebra.

  • Isaías 56:3–5 lo dignifica como excluido, no lo propone como modelo de imitación voluntaria.

  • Ni Moisés ni Elías ni ninguno de los grandes escriptores sugirieron autocastración como camino de santidad.

Sin eco en la Ley ni en los Profetas, Europa Ancestral. Deuteronomio 23:1 expulsa al eunuco del templo; Isaías 56:3‑5 lo dignifica como al que estuvo lejos, pero non lo pone en vitrina como modelo de imitación. Moisés, Elías, Isaías… ninguno propone la autocastración como vía de santidad. Tu amado AT fomenta la vida, la descendencia, la gente.

Jesús irrumpe con algo que non brota del tronco mosaico: “hay eunucos que se hicieron eunucos por el Reino”. Non cita ad Moisés ni ad Isaías ni ad Salomón. Non se apoya en salmo ni en profecía. Es una frase plantada en el aire, sin raíces en la Ley. Un quiebro en la continuidad. Una grieta. Si quieres, una heterodoxia contra la tradición recibida.

Et esa grieta, por cierto, non nació en el vacío. En el mundo que oyó ad Jesús, los colegios de Anatolia ad Cibeles, de Siria ad Atargatis, exhibían sacerdotes et devotos autocastrados como signo de entrega total. Que conste —lo digo con toga bien ajustada—: non eran la regla del etnicismo. Lacio, Grecia et cuasi toda la ecúmene politeísta favorecían la natalidad, la domus plena et los fijos como deber cívico. Pero el eco de esos cultos de minoría sonaba en plazas et mercados. La imagen del eunuco voluntario era comprehensible pora un mosaísta de la centuría I… aunque estuviera en tensión con la su propia Ley.

Et aquí entras tú, Europa Ancestral, amante de la continuidad: obligado ad facer cirugía teológica pora que “eunuco” signifique “célibe”, et “hacerse eunuco” sea “decidir no casarse”. Non es exégesis; es bisturí doctrinal. Mutilas el texto para que non incomode. Porque si reconoces la literalidad, Jesús estaría proponiendo algo que choca contra tu “ley natural” et contra la superstición de la creación que predicas. Entonces te apresuras a condenar la autocastración como trampa o insania… olvidando que el mismo Jesús fabló de arrancar el ojo, cortar la mano, extirpar el deseo de raíz.

¿También eso era metáfora? Qué curioso que tus metáforas siempre aparezcan cuando el filo del texto amenaza tus supersticiones. Non puedes negar que esta frase carece de respaldo en la Ley o en los Profetas. Que non hay versículo que la sostenga ni tradición que la explique. Es una ruptura que non soportas: que la “Israhel celeste” que predicas non se construye sobre la continuidad, sino sobre la entrega radical —aunque esa entrega non tenga precedentes et, pora mayor escándalo, recuerde más ad algunos ritos gentílicos que ad tu canon.

Mateo 19:13 — ¿Metáfora o literalidad?

La cita bíblica dice:

Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del Reino de los Cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.(Mateo 19:13)

La expresión “facerse eunuco” puede entenderse como renuncia voluntaria ad la sexualidad, pero también puede interpretarse literalmente, como lo fizo Orígenes. Et si Jesús non condena explícitamente esa práctica, ¿Por qué Europa Ancestral se apresura ad descartar esa posibilidad?

La famosa frase «hay eunucos que a sí mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos» (Mt 19,12), tomada por la Iglesia católica como la prueba de la recomendación o consejo evangélico del celibato, nunca puede ser tal por dos motivos: el tiempo verbal de un consejo de esta naturaleza, y dado en ese contexto social, siempre debe ser el futuro, no el pasado o presente, y el texto griego está escrito en tiempo pasado; y, finalmente, dado que toda la frase referida a los eunucos está en el mismo contexto y tono verbal, también debería tomarse como consejo evangélico la castración forzada —«hay eunucos que fueron hechos por los hombres»—, cosa que, evidentemente, sería una estupidez.[396] Resulta obvio, por tanto, que no hay la menor base evangélica para imponer el celibato obligatorio al clero. Las primeras normativas que afectan a la sexualidad —y subsidiariamente al matrimonio/celibato de los clérigos— se producen cuando la Iglesia, de la mano del emperador Constantino, empieza a organizarse como un poder sociopolítico terrenal. Cuantos más siglos fueron pasando, y más se manipulaban los Evangelios originales, más fuerza fue cobrando la cuestión del celibato obligatorio, un instrumento clave para dominar fácilmente a la masa clerical. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

El tiempo verbal lo sentencia

  • En greco Mateo 19:12 utiliza el aoristo (χάρισαν εἰς με…) et el aoristo medio (ἐγένοντο ἑαυτοῖς σκήπτρα), ambos en pasado.

  • Un mandato o promesa futura habría requerido futuro o subjuntivo («serás» / «haced»), non un simple “hay quienes ya lo hicieron”.

  • Si la Iglesia lee “se hicieron eunucos” como un consejo, viola las reglas más básicas de la gramática helénica.

Por Júpiter Tonante, Europa Ancestral, deja el incienso et mira el texto sin vendas. Mateo 19:12 non es como vimos una acta de fundación del celibato clerical; es un inventario: eunucos de nacimiento, eunucos fechos por hombres, et los que se ficieron eunucos por el Reino. Aoristos descriptivos, non un edicto para el futuro. Et remate con traca helénica: “quien pueda recibir esto, que lo reciba”. Eso huele a carisma personal, non a reglamento universal. Si quieres una regla, búscala centurias después, cuando la curia ya vestía seda.

El Greco te deja sin coartada

El texto enumera tres clases de eunucos et usa aoristos: nascieron así, los ficieron los hombres, et se ficieron a sí mismos por el Reino. Eso describe categorías ya existentes, non un edicto para el futuro. Et remata con: “el que pueda aceptar esto, que lo acepte”, es decir, una opción personal, non legislación clerical. Los propios comentarios críticos marcan esta estructura de clases et la invitación individual; la discusión gramatical del aoristo en ayudas de NT confirma su valor de referencia a fechos dados, non a promesas normativas. Tradúcelo como quieras: non se convierte en canon de celibato del siglo XII.

El contexto admitía –et conocía– la castración literal

Ahora, non te hagas el delicado: la literalidad del término era viable en el mundo que oyó esa frase. “Eunucos hechos por hombres” non es metáfora; en Judea et en Roma había eunucos de carne et ausencia de carne. Algunos jesístas, sí, se tomaron la cosa al pie de la letra. Aparte de lo que Eusebio cuenta la autocastración de Orígenes; Epifanio denuncia a los valesianos por lo mismo. Et el primo concilio ecuménico, Nicea, se ve obligado a legislar: nihilo de ordenar a quien se haya mutilado a sí mismo. Si los dioses me permiten una carcajada: se prohíbe lo que es; non se legisla contra unicornios.

Non face falta mucha retórica: si Jesús menciona “eunucos hechos por hombres”, su audiencia sabía perfectamente de qué hablaba. Et sí, hubo jesístas que tomaron la tercera cláusula literalmente. El caso de Orígenes fue lo bastante verosímil –et discutido– para ocupar a Eusebio; incluso los estudios actuales reseñan el debate sobre si lo fizo o si la noticia fue hostil, pero el fecho de que se discutiera ya muestra que la lectura literal estaba en la mesa de las primas centurias. Más claro aún: los valesianos practicaron la castración religiosa; la investigación académica moderna documenta el fenómeno como un ascetismo extremo en ambientes cristianos tardoantiguos.

Ansiedad por la integridad corporal: signos tardíos

¿Dudas de que la castración fuese un asunto real? Ahí tienes centurias de rumor et ritual sobre la “sedia stercoraria”: examen genital del nuevo papa, fenómeno recogido en crónicas et piezas museísticas, con tradición discutida por historiadores modernos ¿Leyenda? A menudo sí. ¿Síntoma? También: que la integridad sexual del clero importaba –et mucho– al imaginario eclesial medieval. Como mínimo, atestigua que la cuestión de la mutilación non era ajena para la tradición papista posterior.

Non te equivoques: non te estoy empujando al filo; estoy desinfectando la leyenda. Mientras tú predicabas naturalidad et bailabas con voces imposibles. El absurdo expansivo te alcanza: si faces del versículo una bandera disciplinar, te estalla en la mano la cláusula de los “fechos por hombres”.

 El absurdo expansivo

  • Si la literalidad de Jesús fuera un “consejo evangélico”, deberíamos abrazar también la segunda cláusula:

  • ¿O sea que, siguiendo su lógica, castración forzada esería igualmente el Evangelio según Europa Ancestral?

  • Esa reductio ad absurdum desnuda tu impostura: la Biblia non es un manual de asesinos ni un catálogo de mutilaciones.

  • Tu Iglesia, sin magisterio sólido en la centuría I, dejó que cada obispo, cada monasterio, cada cenáculo tradujera Mateo 19:12 a su medida.

  • Por eso surgieron extremos opuestos: unos mutilaban la carne, otros forzaban el celibato sin renunciar al clero; unos veneraban a Orígenes, otros lo anatematizaron.

  • Esa anarquía exegética revela la vaciedad de tu auctoridad: Non hay norma originaria, solo capricho.

El legado del eunuco insurgente

Jesús non vino a perpetuar una Ley estéril, sino a reinterpretarla. Proponer la castración literal en pasado comprueba que su mensaje non era un consejo, sino un golpe letal contra la complacencia supersticiosa.

El vero Reino non se hereda con fórmulas ni con consignas, sino con la ruptura de lo cómodo. et si tu Iglesia tembló ante esta frase, es porque sabías que el abismo moral estaba en el lenguaje, non en la carne.

Orígenes: ¿fanático o fiel?

Orígenes de Alejandría, según Eusebio, se castró físicamente pora evitar tentaciones sexuales et dedicarse por completo a la enseñanza. Fue condenado por el obispo Demetrio, excluido del sacerdocio, et sus enseñanzas fueron anatematizadas en el Segundo Concilio de Constantinopla (553).

Pero esa condena ocurrió centurias después. En el su tiempo, Orígenes fue considerado un genio teológico, et su acto fue visto por algunos como heroico. En Palestina et Arabia fue considerado máxima auctoridad teológica et continuó enseñando et escribiendo con gran prestigio.

Un entorno religioso que el cristianismo absorbió (et transformó)

El jesismo primitivo non brotó en el vacío; compartió y absorbió prácticas, lenguajes y tensiones del mundo grecorromano. En ese ecosistema, la renuncia radical –incluida la corporal– era inteligible aunque non normativa en todos los cultos; et la Aljama, nasciendo en ese cruce, reformuló con el tiempo qué aceptaba como símbolo et qué expulsaba como exceso. Pero el eco literal de “eunuco” en la Judea de la centuría I non necesita fantasía: sólo contexto.

Castrados, santidad a tijeretazos et argumentos de sacristía

Et ya que invocas “ley natural” como si fuera el rayo de Júpiter, fablemos de música. Durante centurias modernas, tus capillas —incluida la del palacio donde se visten de blanco— contrataron et elevaron castrados: miles de niños levados al cuchillo pora que tu liturgia sonara como el cielo. “No fuimos nosotros”, susurras; “fue la sociedad”. Ah, pero aplaudieron los papistas, pagaron, canonizaron el resultado. Si la natura es sagrada, ¿Por qué se apasionaron tanto cuando la tijera la afinaba?

Por Júpiter et por las Musas: qué inventiva la de tu cefaísmo. Prohíbe ad las mujeres cantar en la iglesia, necesita voces agudas pora la polifonía, et descubre la “solución” más "piadosa": Niños castrados para que el Gloria suene como los querubines… pero sin falda. Non lo digo yo: tus propios cronistas cuentan que los castrados fueron columna vertebral de la música sacra et que hasta la Capilla Sixtina los tuvo en plantilla durante centurias ¿Ley natural? Sí, la de la acústica, siempre que la naturaleza pase prior por el barbero con cuchillo fino.

Mira el mecanismo, cefeo: “condenamos la mutilación”, dices en abstracto, et ad la vez contrata tu aljama ad los castrados (castrati), aplauden en las capillas, et te montan la estética del “sacrificio por la música de Dios”. Ambigüedad, lo claman tus propios relatos: discurso de repudio con práctica de tolerancia por “excelencia musical”, et una larga centuria XVII-XVIII de gloria operística et litúrgica ad costa del cuerpo de los niños.

Et non me vengas con que es calumnia luciferina masónica. Los detalles médicos son de manual: castración antes de la pubertad pora congelar la voz blanca; operaciones clandestinas fechas ad niños pobres con promesas de ascenso social; secuelas físicas et psíquicas, et una carrera que —si había suerte— acababa en coro catedralicio aut ópera. La Iglesia “se oponía oficialmente”, sí; pero “toleraba” por la demanda de voces agudas en coros et templos. Tal cual, sin maquillaje.

¿Quieres el epílogo? Tu último fantasma angélico dejó registro en 1902: Alessandro Moreschi, castrado de la Capilla Sixtina, grabó su voz pora la gramola. Que quede en cera la hipocresía: Mientras se predicaba orden natural, la liturgia seguía gustando de una naturaleza recortada ad medida del pentagrama.

¿Et con qué argumentos defendiste esta impostura, Europa? Con los de siempre, arreglados et peinados:

  • “Las mujeres callen en la asamblea”: ergo, ni solistas ni coro femenino; si la escriptura se lege así, que cante el varón agudo. Tú te ocultas la cita, yo traduzco la lógica.
  • “Dar a Dios lo más perfecto”: ergo, si el barroco pide un agudo que roce lo angélico, la tijera es un “mal menor” por la belleza del culto. Tus cronistas lo claman “búsqueda de excelencia musical” en nombre de lo sagrado.
  • “No lo facemos nosotros”: la cirugía es civil, la Iglesia solo contrata la voz. Claro: non empuño el puñal, solo pago la factura del resultado. Hasta tus historias admiten esa “relación ambigua”: condena de boquilla, tolerancia en la práctica.
  • “Tradición et decoro”: como antaño se excluía a mujeres del escenario, también del presbiterio. Resultado: castrados como estrellas de la ópera et de las capillas. El binomio sagrado-profano non lo invento; lo narras tú mismo.

Et por si te queda aire para la objeción: non, el etnicismo non es tu coartada. Roma favorece la natalidad, la domus plena, los herederos; lo de cortar por lo sano fue costumbre marginal de algunos cultos orientales, non la regla de la piedad. La paradoja es tuya: predicas ley natural et, cuando el órgano pide agudos, la naturaleza se ajusta al tono.

Directo al veredicto: castrati hubo, los empleaste, los ensalzaste; la predicación condenaba la mutilación mientras la práctica la convertía en “excelencia” litúrgica. Si eso non es liturgia con sordina moral, que Venus me cierre el foro.

Fuentes: presencia y ambivalencia eclesial hacia los castrati, incluidos en la Capilla Sixtina, y “excelencia musical” como justificación; clandestinidad, edad y secuelas de la castración; exclusión de mujeres y rol de los castrati en ópera y capillas; declive y registro de Moreschi en 1902.

Veredicto de un fijo de Júpiter

  • El greco de Mateo 19:12 describe realidades ya existentes et ofrece una opción personal, non una orden clerical. Punto para la filología.
  • La castración literal era una posibilidad real en el horizonte de oyentes et, de fecho, apareció en prácticas jesistas tempranas; por eso fue debatida et condenada. Punto para la historia.
  • Las lecturas “celibatarias” como disciplina clerical son posteriores; el pasaje non las funda, se las adosa. Punto para el calendario.
  • Et si quieres fablar de “ley natural”, recuerda que hasta las leyendas papales muestran una obsesión medieval con aquello que ahora finges ajeno. Punto para la ironía.

Roma fomenta la natalidad; non facemos de la castración una regla religiosa. Pero non por eso negaré lo obvio: en Mateo 19:12, en su mundo et en su lengua, el eunuco era ante todo el que había sido castrado. Si hoy prefieres leerlo como metáfora de continencia, adelante: es legítimo como relectura espiritual. Sólo non me digas, por los dioses, que ésa fue la intención original… cuando el texto et la historia van por otro lado.

¿Qué revela esta contradicción?

Por Marte et por la Verdad: he aquí la ironía suprema. Europa Ancestral, tan ufano en su “ley natural”, proclama que mutilarse es contra natura… et sin embargo eleva el celibato de sus obispos a rango de virtud suprema, pese a que ni Jesús lo impuso ni la Escriptura lo manda. En las primas centurias, muchos obispos eran casados; incluso Pedro tenía esposa. Fue centurias después, en concilios medievales, cuando se impuso como disciplina obligatoria, non como orden.

La Biblia mesma ordena:

“Creced y multiplicaos” (Génesis 1:28).

Et aquí viene lo jugoso: aquellos ad quienes Europa Ancestral desprecia —los herederos del fariseísmo— non sólo obedecen ese mandato, sino que lo elevan a mandamiento central. El Talmud (Yevamot 62b) enseña:

“Todo aquel que no se ocupa de procrear es como si derramara sangre y disminuyera la imagen [de Dios]”. Y añade: “Quien tuvo hijos de joven, que tenga más hijos de anciano” (Kohelet 11:6 como base).

El mismo tratado recuerda que el precepto básico es tener al menos un fijo et una fija, pero los sabios añadieron la obligación de seguir engendrando mientras haya vigor, porque “todo aquel que añade un ánima ad Israhel es como quien construye un mundo”. 

Mientras el mosaísmo —al que Europa Ancestral mira con aborrecimiento— valora la natalidad, la gente et la continuidad como bendición divina, él defiende una práctica que ni los rabinos aceptarían: la negación sistemática de la carne como vía faz ad lo divino. El Rambám codifica que incluso quien ya cumplió el mínimo debe seguir procreando, porque non sabe qué fijos prosperarán et porque la abundancia de descendencia es parte de la bendición prometida a Abraham, Isaac et Jacob.

El contraste es flagrante:

  • Talmudismo: procrear es mandamiento, bendición et deber; la esterilidad voluntaria es vista como una pérdida para el pueblo.

  • Cefaísmo: impone celibato obligatorio ad el su clero, reduciendo la natalidad interna mientras sus poblaciones ya sufren tasas de fertilidad por debajo del reemplazo generacional.

En términos demográficos, esto es un desarme biológico voluntario: fomentar la antinatalidad entre los propios mientras otros grupos mantienen o elevan su fecundidad. En la Europa actual, la media es de apenas 1,46 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para el reemplazo, mientras que comunidades con fuerte cohesión religiosa et familiar superan esos índices.

El celibato —esa castración espiritual— non es santidad si se impone como dogma universal. Es una ferramienta de esterilización supersticiosa que, combinada con la crisis de natalidad, erosiona la continuidad de la propia civilización. Et así, mientras unos construyen linajes et expanden su influencia, otros celebran la renuncia como bondad… sin advertir que, en el tablero de la historia, eso es ludir con piezas que se autodestruyen.

[Nordic thunder:] - “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la Tierra. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.” Mateo, 5: 1-5

[Europa Ancestral:] Aquí, los neopaganos anticristianos vuelven a interpretar a su gusto las escrituras, movidos por un cierto odio que se debe a la ignorancia y el desconocimiento de la doctrina cristiana, que les lleva a criticar un cristianismo que no existe, un cristianismo erróneo, exagerando el concepto de solidaridad y caridad cristiana para con los pobres (falacia del hombre de paja). Al igual que los paganos anticristianos de la era romana tildaban a los cristianos de esclavos y pobres para ningunearlos desde una perspectiva clasista (que hoy equivaldría a la burguesa), cuando en realidad muchos de ellos eran gentes influyentes de clase media e incluso de familias cercanas al entorno del Emperador.  

Por Júpiter et por las Doce Tablas, Europa Ancestral, deja de facer malabares con la lámpara apagada et culpar ad la obscuridad. Citar las Bienaventuranzas non es torcer el jesísmo; es tocar su nervio. “Bienaventurados los pobres de espíritu… los que lloran… los mansos… los misericordiosos.” Esa non es la periferia de tu superstición, es su frontispicio. Si te pica que se os mida por esos verbos, non acuses al nuncio de espantapájaros: reconoce que quieres esconder el estandarte detrás del estuco del templo.

Lo que el Jesús, supuestamente histórico, pueda haber predicado -si es que predicó algo- y cuántas de las sentencias bíblicas acerca de los ricos y de los pobres provienen de él mismo, es algo que ni sabemos, ni podemos conjeturar con cierto margen de seguridad. Lo que sí sabemos es que los discursos anticapitalistas de los sinópticos, los del Jesús de Lucas en especial, están inmersos en la tradición de la literatura profética y esenia. Sabemos que ese Jesús bíblico vive en la más completa pobreza; que no tiene ni donde reposar su cabeza; que se presenta como desposeído entre los desposeídos, como amigo de los marginados, de los desheredados, de los pecadores. Juzga de la riqueza de forma diametralmente opuesta a la del judaismo oficial de su época. No la ensalza nunca ni en ningún lugar. Al contrario. Son reiteradas sus invectivas contra el «mammón injusto», contra la «riqueza engañosa». El evangelio de Lucas pone en sus labios una lamentación múltiple acerca de los ricos. Y en el Magníficat se profetiza una época en la que Dios «derriba a los potentados de sus tronos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y a los ricos los despide con las manos vacías», Jesús exige renunciar a toda propiedad: «Vended vuestras posesiones y dadlas a los pobres». «Ninguno de entre vosotros puede ser mi discípulo si no renuncia a cuanto posee.» Llama loco a quien se jacta de sus tesoros; es más fácil, predica, que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

¿Hombre de paja, dices? Non. Hombre de paja es prender fuego ad un matorral de ocurrencias laterales. Aquí se invoca la carta magna del Sermón del Monte. Et tus propios fastos lo saben: ¿Quiénes coronan tus altares sino los que vivieron esa lógica? Francisco et Clara de Asís, despojados et alegres. Isabel de Hungría, que convirtió título en pan. Vicente de Paúl con Luisa de Marillac, que organizaron la miseración con precisión de legión. Don Bosco, custor de los muchachos obreros. Damián en Molokai, gastado entre leprosos. Teresa de Calcuta, cazadora de desechados con ojos de madre tortuosa ¿De verdad vas ad clamar “caricatura” ad la raza que dicta vuestras reglas, funda órdenes et moldea conciencia? Eso sí que esería comedia del Foro.

Decir “Bienaventurados los pobres de espíritu… los que lloran… los mansos… los misericordiosos” non es inventar un jesismo de algodón de azúcar: es recordar que el Rabino glorificó la humildad, el sufrimiento et la misericordia como claves del Reino. Et non sólo ahí:

  • Mateo 19:21: “Vende cuanto tienes y dáselo a los pobres…”

  • Lucas 6:20‑24: “Bienaventurados los pobres… ¡Ay de vosotros, ricos!”

  • Magníficat (Lucas 1:52): Dios derriba a poderosos y exalta a humildes.

El “pathos social” del Evangelio atrajo ad siervos, jornaleros et desheredados. Jesús vivió como desposeído, sin lugar donde reclinar la cabeza, et se rodeó de marginados.

En todo caso ningún otro factor contribuyó como éste a asegurar el éxito de la misión cristiana: el pathos social del evangelio, que la Iglesia traicionaría después para siempre. El grueso de las comunidades, su estrato básico, vivía en la indigencia, y hasta finales del siglo ll se componía de pobres, esclavos en su mayoría, permanentemente atenazados por las tribulaciones, la penuria, las levas forzosas y las revueltas militares. También por las guerras civiles y las incursiones de los bárbaros; por hambrunas, pestilencia, proscripciones y saqueos. Muchísimos de entre ellos se vieron desheredados, desarraigados, llevados al borde de la ruina o a la ruina misma. Se convirtieron en colonos, en vagabundos y no pocas veces en salteadores (latrones), de quienes informan frecuentemente las fuentes de los siglos II y III. Tal fue el sustrato en el que germinó la semilla cristiana, la buena nueva de la paz, del amor al prójimo, del «mammón injusto», del rechazo de la riqueza; de los potentados a quienes debían derribar de su trono; de los pobres a quienes debían ensalzar.  Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Cefeos que encarnan la MISERIA

Si esto es “exagerar la caridad”, entonces tu propia Iglesia leva siglos exagerando:

  • Basilio de Cesárea: clamó ladrones aD quienes retenían bienes et vendió todo para alimentar hambrientos. Fustigó el acaparamiento en tiempos de hambruna et enseñó que los indigentes miran a nuestras manos como nosotros a las de Dios en la necesidad; la propiedad es administración, et “ladrón es quien acumula más de lo que necesita”, sintetiza la tradición patrística sobre su obra. 

  • Gregorio Nacianceno: Denunció la opulencia y legó su patrimonio a pobres. Fue diáfano: “La caridad es amor a los pobres… ¡Nada honra más a Dios que mostrar misericordia!”. Su Oratio de pauperum amore es un programa: si estás sano y eres rico, carga con el enfermo y el pobre; “conviértete en Dios para el desventurado”, por imitación de la misericordia.

  • Francisco de Asís: renunció a todo et fundó una orden mendicante; sus “espirituales” fueron perseguidos por insistir en la pobreza de Jesús. Posteriormente nos adentraremos en este hombre con detenimiento...

  • Bartolomé de las Casas: denunció la servidumbre brutal de los indios.

  • Romero, Câmara, Proaño: obispos que hicieron de la “opción preferencial por los pobres” una bandera, pagando algunos con su vida.

Ya en el siglo iv, el contraste social en el seno de las comunidades cristianas se hizo gradualmente evidente y por añadidura -en virtud de la rápida mundanización de la Iglesia- también la discrepancia entre lo que ésta predicaba y lo que practicaba, las acusaciones de algunos de sus dirigentes se hicieron, si cabe, aún más acres. Un cristiano tan noble como el Doctor de la Iglesia San Basilio aboga, incluso, de vez en cuando por la comunidad de bienes voluntaria y califica de ladrones y de salteadores a aquellos cristianos que todavía osan llamar propiedad suya a cualquier cosa. Más aún, a todo el que, por egoísmo, no ayuda a un menesteroso lo equipara a un asesino. Es precisamente ese mandamiento del amor al prójimo el que demuestra, según Basilio, que el rico sí que carece aún totalmente de amor auténtico. Pues si bien cada cual «debe recibir únicamente un poco para el sostén de su vida, es, simultáneamente, deber de todos repartir su patrimonio y entregarlo a los pobres. Quien, pues, ama al prójimo como a sí mismo no poseerá nada más que lo que posee el prójimo». Y el obispo Basilio podía permitirse hablar así, pues en época de hambre, según se dice, vendió todo lo que poseía y con el producto obtenido alimentó gratuitamente a los pobres. También el Doctor de la Iglesia Gregorio de Nacianzo vituperaba las grandes diferencias sociales en el seno de las comunidades cristianas viendo cómo los ricos nadaban en el lujo y banqueteaban opíparamente mientras los pobres carecían a menudo de lo más necesario; cómo aquéllos moraban en suntuosos palacios mientras éstos no tenían ni techo sobre sus cabezas; cómo los primeros cubrían sus cuerpos con ropas preciosas mientras los segun- dos iban en harapos. Y tampoco él se limitó a la crítica verbal. También él, si bien no antes de hacer testamento, legó todo su patrimonio a la Iglesia y a los pobres.48 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Pora insistir con mayor eficacia en el precepto de la limosna, los Padres enseñan que los ricos son administradores y dispensadores de Dios, hasta el punto de que, cuando se niegan a ayudar a los necesitados, son culpables de robo (Basilio de Cesarea, Homil. in illud Lucæ, n.º 7, P.G., XXXI, 278; Gregorio de Nisa, De Pauperibus Amandis, P.G., XLVI, 466; Juan Antioquense, en Ep. I ad Cor., Homil. 10, c. 3, P.G., LXI, 86; Ambrosio de Milán, De Nab. lib. unus, P.L., XIV, 747; Agustín Hiponense, en Ps. cxvii, P.L., XXXVII, 1922)

En tiempos de hambruna y desastre, el santo Obispo exhortó a los fieles con palabras apasionadas a «no ser más crueles que las bestias... apoderándose de lo que la gente posee en común o apoderándose de lo que pertenece a todos» (Hom. tempore famis: PG 31, 325a).

Non son rarezas marginales: son modelos canonizados, fundadores de órdenes, inspiradores de doctrina social.

Ahora, a lo que duele: el verdadero escocés. Te fascina. Redefinir “cristianismo auténtico” para expulsar, ad hoc, a quien te contradice. “Eso no es el cristianismo verdadero”, repites, como censor que borra nombres del álbum para que la genealogía cuadre. Pero si la medida de lo jesista non puede eser aquello que vuestro propio rabino proclamó bienaventurado, ¿Qué patrón te queda? ¿El éxito, la fuerza, la respetabilidad? Fermoso colegio… al que en Roma clamaríamos por otro nombre.

Hacía ya mucho tiempo que esta Iglesia había traicionado el milenarismo, una especie de utopía social consistente en la vehemente espera de una felicidad puramente terrenal, una concepción de la fe que ejerció una enorme fuerza sugestiva, y no sólo sobre las masas, sino también sobre algunos obispos y Padres de la Iglesia en el cristianismo primitivo. Una utopía que favoreció la actividad misionera de un modo que apenas si cabe exagerar. Hacía mucho tiempo que esa Iglesia, ya rica y poderosa, había difamado ese milenarismo: como concepto judaico, camal, como «opinión particular», «malentendido», «extraviado y quimérico» hasta el punto de que llegó a falsificar la literatura milenarista para, finalmente, hacerla desaparecer casi por completo. Hacía ya mucho tiempo que «profetas», «inspirados» y sacerdotes hambrientos de poder tenían interés en la conversión de los pudientes. Hacía ya mucho tiempo que muchos autores cristianos se habían acomodado a la nueva situación, si no es que, al igual que Pablo, tendían ya a ella desde el principio. Pues en el mismo Nuevo Testamento hay ya presente una tendencia diametralmente opuesta y manifestaciones favorables al dinero y a la propiedad. En él leemos acerca de la preferencia por los creyentes ricos respecto a los pobres en los oficios divinos y de comunidades que se ufanan así: «Soy rico, sí, me he hecho rico y no me falta de nada». Leemos de discordias, disputas, enfrentamientos. «Matáis -se dice- y envidiáis sin que, no obstante, se cumplan vuestros deseos [...].». Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Non te fagas el ofendido: nihilo niega que entre los tuyos haya habido ilustres et poderosos. El mesmo texto que veneras saluda ad Lidia, comerciante; ad José de Arimatea, acomodado; et hasta a “los de la domus del César”. La Aljama se enredó con reyes, señoríos et marmolerías, pora gloria et para vergüenza. ¿Et qué? La estancia de nobles et prelados non revoca el pulso de las Bienaventuranzas, del mismo modo que la riqueza de Engels non disuelve la realidad del proletariado. En la Urbe entendemos la mezcla: patricios hay, sí; pero la ciudad la plenan plebes, libertos et legionarios. Por eso nascieron vuestros diáconos pora ministrar cenáculos, hospitales monásticos, cofradías de caridad, et toda esa doctrina social desde Rerum Novarum que insiste, machacona, en la dignidad del labrador et la prioridad del débil. Non son filigranas: son cimientos.

En menos de un siglo, el panorama había cambiado por completo. En los primeros siglos, ser cristiano había supuesto un riesgo; a fines del siglo IV, el riesgo consistía en seguir siendo pagano o al menos em­peñarse en mostrarlo. Durante toda esta época no hay que extrañarse de que el número de los oficialmente adscritos al cristianismo creciese con ritmo acelerado, sin que necesariamente ni la convicción profunda ni la fe fuesen los motivos principales para solicitar el bautismo.

El cambio desde Constantino fue tan brusco, que indudablemente en los cristianos, al menos en algunos de sus obispos, se produjo un auténtico deslumbramiento. La victoria era total. El gran cambio «lo obró desde el cielo el gran Emperador —escribe Eusebio, contemporá­neo del gran acontecimiento— trayendo a su siervo, soldado invicto. Los otros [los perseguidores] eran muchos, muchísimos, como amigos que eran de los demonios. Mejor dicho, ni siquiera eran, como de he­ cho ya no son. Este [Constantino], único emperador, procedente del Único, es imagen del único Emperador de todos. Ellos, de ánimo impío, suprimieron a hombres piadosos con cruentos suplicios. Este, imitando a su Salvador, salvó a los mismos impíos, dando una lección de piedad. El Salvador de todos había vencido invisiblemente a las potencias invisi­bles. [Constantino], como vicario del gran Emperador, persiguió a los vencidos, despojando a los que estaban muertos y consumidos, distribu­yendo el botín con generosidad a los soldados del Vencedor». De repente, el emperador romano, que era el símbolo y encarnación de la enemistad y de la persecución, se convierte nada menos que en el vica­rio de Dios. Las leyes opresoras desaparecen, para dar paso a toda clase de disposiciones en favor de la Iglesia. La estructura política del Estado se pone al servicio de la comunidad cristiana y de su jerarquía. ¿No significaba todo esto que el Reino de Dios ya había llegado? El imperio romano había unido y pacificado a los pueblos; ahora aceptaba a Cristo. De nuevo es el obispo de Cesárea, Eusebio, quien expresa en su grandi­locuencia el gran sentimiento de fervor. Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda, Ricardo García Villoslada. 

Aquella hostilidad está asimismo relacionada con la composición social de las comunidades cristianas, que se reclutaban casi exclusivamente a partir de los estratos sociales más bajos. Se considera, incluso por parte católica, que numerosos testimonios evidencian que, «durante los primeros siglos (!), la inmensa mayoría de los cristianos pertenecía, tanto en Oriente como en Occidente, a los estratos populares más bajos y sólo en contados casos gozaban de una educación superior» (Bardenhewer). No es ciertamente casual que un Clemente de Alejandría tenga que ponerse en guardia contra los creyentes que afirman que la filosofía es cosa del demonio, ni que los cristianos antiguos se vean tan a menudo expuestos al reproche de «ser los tontos» (stulti). El mismo Tertuliano reconoce sin ambages que los idiotae están siempre en mayoría entre los cristianos. La hostilidad cultural de la nueva religión figura siempre entre las principales objeciones de los polemistas paganos. La apología «Ad paganos» rechaza no menos de treinta veces la denominación de stulti aplicada a los cristianos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Así que, por favor, ahórrate la contorsión: non se está “exagerando” la caridad; se está mirando ad Sol sin cortinas. Que prefieras vestir al jesísmo con toga bordada antes que con el sayal del pobre es asunto tuyo, pero non declares inexistente lo que late en vuestras propias páginas et en vuestros propios "santos". Porque cuando desprecias ad los “pobres de espíritu” como si fueran invención “neopagana”, non desenmascaras ad Nordic: Te retratas ad ti mismo, cual augur que falsea el vuelo de las aves pora contentar al patrono.

La crítica de “Nordic Thunder” non es un espantapájaros; es un espejo que refleja un hilo doctrinal e histórico real: la tensión entre el ideal evangélico de pobreza solidaria et las prácticas de una Aljama que, a menudo, se apartó de él. Negarlo con un “eso no es cristianismo verdadero” es mover la línea para salvar la tesis. Et eso, en retórica, es tan viedo como Roma… et tan evidente como un tribuno pillado cambiando las reglas del ludo.

Sobre el “pobrismo” en la Iglesia

Por Júpiter et por el mármol del Foro: Europa Ancestral dice que clamar pobrista a la Iglesia es un espantajo. Si así fuera, me bastaría soplar et la paja volaría. Pero non: son sus propios padres, obispos et papas quienes han elevado la pobreza a estandarte, han tejido lazos afectivos et asistenciales alrededor de ella, et demasiadas veces han evitado mover el tablero social. Non te vendo fumo; te leo sus propios mármoles.

Sobre la deuda de justicia hacia los pobres:  "Cuando damos a los necesitados lo que les es necesario, no les damos lo nuestro, sino lo que es suyo. Más que realizar obras de misericordia, estamos pagando una deuda de justicia." > — Gregorio de Roma, Regla Pastoral, III, 21. 9 (Esta cita también es recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2446, et en Fratelli Tutti, n. 119).

Exaltación de la pobreza como valor

  • Juan Antioquense, el panegirista del despojo: “Non te lamentes por la pobreza, madre de la salud.” Sostiene que el placer non depende del oro sino de “penas, tribulaciones et penurias”; que el pobre goza más de la naturaleza y del sueño; et que, si se erradicara la pobreza, “se aniquilaría el orden de la vida”. Este Padre de la Iglesia Oriental, en sus homilías, exhortaba vigorosamente a los ricos a compartir sus bienes con los pobres. Afirmaba: "No permitir que los pobres participen de nuestros bienes es robarles y privarles de la vida. Los bienes que poseemos no son nuestros, sino suyos" 

Pues sin pobres nadie querría trabajar. Vaya, una cosmología donde la escasez engrasa el mundo. Ni que decir tiene que también para Juan Crisóstomo la fe está por encima de todo. La fe y el reino de los cielos. De ahí que nuestro «Doctor de la Iglesia socialista» remita a los esclavos al más allá. Sobre la Tierra, nada les cabe esperar. Es cierto que Dios creó a los hombres como nacidos para la libertad y no para la esclavitud. La esclavitud, no obstante, surgió como consecuencia del pecado y existirá, consiguientemente, mientras pequemos. (Y no es Crisóstomo el único: también otros Padres de la Iglesia enseñan que la esclavitud perdurará hasta el final de los tiempos, «hasta que la iniquidad cese y se declare vano todo dominio, todo poder del hombre y Dios esté todo Él en todo».) Ahora bien, sólo la esclavitud bajo el pecado causa daño, no, en cambio, la física. Tampoco el vapuleo de los esclavos. El santo «comunista» está contra toda «clemencia inoportuna». También se opone, como antaño Pablo, a toda subversión. Con gran elocuencia propaga sin ambages el mantenimiento de la miseria: «Si erradicas la pobreza -alecciona a los hombres-, aniquilas con ello todo el orden de la vida. Destruyes la vida misma. No habría ya ni marineros, ni pilotos, ni campesinos, ni albañiles, ni tejedores, ni remendones, ni carpinteros, ni artesanos del cobre, ni enjaezadores, ni molineros. Ni éstos ni otros oficios podrían subsistir [...]. Si todos fuesen ricos, todos vivirían en la ociosidad -¡como los ricos, se echa de ver!-. Y así todo se destruiría y se arruinaría.» Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

El semisocialista Doctor de la Iglesia Juan Crisóstomo y su discípulo Teodoreto El mismo Juan Crisóstomo, dotado de una gran sensibilidad social, practica en el fondo el mismo juego marrullero de sus colegas: como ocurre con más de uno de esos, hoy tan admirados, obispos latinoamericanos. Por una parte, este santo es un pastor que ve en la comunidad de bienes la forma adecuada y natural para la vida humana y en la propiedad de los ricos el patrimonio perteneciente a los pobres. Según él, no es posible adquirir ni mantener la riqueza sin cometer injusticia y en ocasiones predica una especie de evangelio comunista, enseñando que «se posean todas las cosas de forma comunitaria». Escribe que «no es posible hacerse rico sin cometer injusticia, ni tampoco continuar siéndolo con honor», de forma que a veces se le ha calificado de «comunista» o de «socialista». Sabe taxativamente, o predica al menos, que la codicia es un impulso contra natura, una peste que se ha apoderado de todos en mayor o menor medida, que ha desgarrado y esclavizado al mundo, que convierte a los hombres en «insensatos», en «irracionales», en «cínicos y perrunos o peores que los perros» (¡como si justamente los perros hubieran de ser malvados!); «ella los convierte de perros en demonios». A menudo ve en el patrimonio el resultado de la injusticia, conseguido gracias a negocios comerciales y financieros repletos de trampas o mediante el soborno de los jueces: «Quienes dictan el derecho son jueces tan sólo de nombre, en realidad son ladrones y asesinos». Las fortunas resultarían con frecuencia del copo fraudulento de herencias, de los intereses usurarios, de la especulación en tiempos de hambre. El afán de dinero y posesiones provoca litigios, robos, asesinatos, guerras. Por ello aconseja no tener miramientos con el dinero, entregarlo a los hermanos o compartirlo al menos con los menesterosos, dándoles la mitad o un tercio como rescate de su alma. A saber, la caridad extingue los pecados y es así que los pobres, al llevarse el dinero que se les da, se llevan también los pecados de quien se lo da. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
  • Agustín, felicidad entre privaciones: Minimiza la desgracia material, ensalza la riqueza interior et plega a considerar “más felices” a los pobres por haberse fecho fuertes en lo duro. El consuelo como sistema.

  • Teodoreto, concordia con hierarquía: Riqueza y pobreza son piezas del orden cósmico querido por Dios; sin pobres, ¿Quién haría las labores serviles? La necesidad elevada a teodicea social.

También el obispo Teodoreto considera la riqueza y la pobreza elementos integrantes de la armonía del orden cósmico querido por Dios. Éste lo ha predispuesto así sabiamente. Teodoreto defiende todo esto con la máxima energía: que haya ricos, un cierto lujo y, necesariamente, también pobreza. «¿Por qué aceptáis de mal grado que no todos hayáis llega- do a ser un Creso, un Midas o un Darío?», pregunta el obispo como si la alternativa fuese ésta: Creso o mendigo; todo o nada. «¿Cómo podrían todos ser ricos? [...]. ¿Quién aceptaría gustoso el papel de servidor si él gozara de tanta opulencia como los demás? [...]. ¿Quién aguantaría en las canteras y suministraría sillares, quién dispondría éstos en un conjunto sólido y bello para construir edificios, si no es porque la pobreza lo apremia y lo induce al trabajo?». La música, argumenta Teodoreto, requiere muchos tonos y sólo de la composición con muchos colores puede resultar un cuadro. También las formas geométricas muestran una desbordan- te variedad. Y así como hay diferencias en la música, la pintura y la geometría, es forzoso que las haya asimismo en la sociedad humana. «Quien todo lo gobierna ha atribuido, con razón, al uno, la pobreza; al otro, la riqueza [...]. Admira a quien todo lo ha dispuesto tan sabiamente y concedido a unos la riqueza y a otros habilidades manuales.» Y por lo que res- pecta a los bienes básicos más importantes -agua, aire: ¡recordemos a Crisóstomo!- el pobre y el rico están, sin más, equiparados: «Una vez más -la loa viene de mediados del siglo xx- nos hallamos ante un obispo de gran formato». 

Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
Sobre la propiedad et la justicia:
"No das de lo tuyo al pobre, sino que le devuelves de lo suyo; porque tú solo usurpas lo que es común, lo que ha sido dado para uso de todos. De todos es la tierra, no de los ricos." — Ambrosio de Milán, De Nabuthe, 12, 53. 6
Huelga decir que Ambrosio no desea la lucha contra los ricos, sino sólo limosnas. «Quien se acrisola en la riqueza -enseña-, es en verdad perfecto y digno de la fama.» En el nombre del Señor el pobre vale ciertamente tanto como el rico, el débil tanto como el poderoso; el jornalero no es, en principio, diferente del latifundista, pues también éste es un «jornalero de Cristo» (frase que podemos leer nuevamente, casi idéntica, en Pío XII, gran capitalista en su ámbito privado). Ni la miseria ni la escasez deben afligir a los pobres. «¡Que nadie se queje de su penuria, de que tuviera que abandonar su casa con la bolsa vacía! La golondrina es todavía más pobre, que no posee ni un ochavo y está sobrecargada de trabajo [...].» Otro de los famosos símiles ambrosianos, tomados del mundo de los animales. Pues así como el ave fénix sirve de prueba de la inmortalidad, el buitre lo es de la virginidad de María y la tórtola de la auténtica fidelidad en la viudez, la golondrina por su parte es más pobre que el más pobre y, sin embargo, construye su casa. ¡Sin poseer un ochavo!. Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder
Apenas podemos abrigar dudas sobre lo que semejante persona puede pensar acerca de los esclavos. Ante Dios, por supuesto, amo y esclavo son iguales y uno y otro poseen un alma; es más, en el plano puramente espiritual, Ambrosio valora de tal modo el estado de privación de derechos que «muchos esclavos aparecen como los amos de sus amos» (K. P. Schneider). Pese a ello, nos habla de la «bajeza» de la «existencia como esclavo», de la «oprobiosa esclavitud» y no anda remiso en conceptuarla de vergonzosa y vituperarla a cada paso, ni tampoco en tachar globalmente a los esclavos de infieles, cobardes, arteros, de moralmente inferiores, semejantes a la escoria. Con todo, si se soporta dócilmente, la esclavitud no es una carga y sí muy útil para la sociedad, en una palabra: es un bien, un don de Dios. Y es que donde lo que está en juego es el poder, no cabe exigir lógica alguna. «Hay que creer y no es lícito discutir» (Credere tibí iussum est, non discutere permissum: Ambrosio).Ni que decir tiene que también para Juan Crisóstomo la fe está por en- cima de todo. La fe y el reino de los cielos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
  • De divitiis, aritmética de expiación: La riqueza, “patrimonio de los pobres”; la caridad extingue pecados llevando a ellos no solo el dinero del rico, sino también sus culpas. Economía sacrificial.

Incluso en los albores del siglo v hallamos aún voces cristianas que elevan clamores apasionados lamentando la injusticia social, entre otras el escrito De divitiis, de procedencia italiana, cuyas fogosas proclamas de signo social-comunista están religiosamente motivadas por los mandamientos y la vida de Jesús, el ejemplo de la comunidad primitiva y las doctrinas de los Padres de la Iglesia. Allí se ataca con vehemencia a la clase de los propietarios y se reprueba la riqueza. La desigualdad dominante por doquier se considera resultado de la injusticia humana y no de la voluntad divina, que desearía la igualdad incluso en la posesión de los bienes terrenales.36 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

La práctica primitiva: comunidad de bienes et fama pública

El marxismo está... incuestionablemente arraigado en el plan original cristiano para el Reino de la Libertad. Es la corriente fría... la que trae la afirmación, relevante para la mayor parte de nuestra historia pasada, de que cuando las ideas y los intereses se encuentran, siempre son las ideas las que capitulan. Marx dijo: «Ser radical es comprender las cosas desde su raíz. Pero la raíz de todas las cosas es el hombre». La primera carta de Juan 3:2 también toma al hombre como raíz, pero más como un camino hacia algo que como una causa real. 𝐄𝐫𝐧𝐬𝐭 𝐁𝐥𝐨𝐜𝐡, El infame filósofo marxista, en su libro «Ateísmo en el Cristianismo», que buscaba tender un puente entre el leninismo y el marxismo religioso.

El libro de Hechos narra que “nadie decía ser suyo nada de lo que poseía… se repartía a cada uno según su necesidad”. Non fue imposición estatal, sino fruto de “un corazón y un alma” que facía voluntaria la venta et el reparto; Lucas lo repite como sello de identidad de la Iglesia naciente. Tertuliano recogió lo que los gentiles murmurábamos, con asombro et cierta envidia: “¡Mirad cómo se aman… y cómo están dispuestos a morir unos por otros!”, et añadió que “todas las cosas son comunes entre ellos, excepto las mujeres”. Clamadlo como queráis; yo lo clamo pobrismo operativo desde el día uno.

Hechos 4:32-35 Los creyentes comparten sus bienes

32 Todos los creyentes estaban unidos de corazón y en espíritu. Consideraban que sus posesiones no eran propias, así que compartían todo lo que tenían. 33 Los apóstoles daban testimonio con poder de la resurrección del Señor Jesús y la gran bendición de Dios estaba sobre todos ellos. 34 No había necesitados entre ellos, porque los que tenían terrenos o casas los vendían 35 y llevaban el dinero a los apóstoles para que ellos lo dieran a los que pasaban necesidad.

Doctrina oficial: los pobres como lugar teológico et jurídico

El Catecismo non se queda en poesía: “Dios bendice a los que ayudan a los pobres… Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres”. Fabla del “amor de la Iglesia por los pobres” como tradición constante, inspirada en las Bienaventuranzas et en la pobreza de Jesús; et coloca el “destino universal de los bienes” por delante del mero título privado: lo que posees, lo administras en favor de otros, “reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al pobre”. Cuando hay necesidad urgente, la caridad es también justicia: “no se ofrece como caridad lo que ya se debe a título de justicia". Si eso no es un código pobrista, que los lictores me retiren del atrio.

Caridad institucional: tesoros volcados en cuerpos

Non fue solo homilía. La Enciclopedia Católica recuerda la obligación de limosna como tradición unánime: comunidad de bienes apostólica, colectas, diaconado y una cadena de obras que circundó el mundo. Padres como Cipriano, Basilio, Gregorio de Nisa, Crisóstomo y Ambrosio repiten la idea: el rico es administrador; negar socorro es robo. De ahí que Ambrosio celebrara romper y vender vasos sagrados para rescatar cautivos: el “oro de Cristo” es el que se vuelve pan, libertad et medicina. Basilio, además, dejó obra de piedra: la Basiliada —hospital, hospicio et centro de asistencia— como modelo de caridad estructurada en Capadocia.

Europa Ancestral, tus objeciones se disuelven en la fuente

Dices que ensalzar el pobrismo es caricatura. Pero tus propios candelabros lo iluminan:

  • Padres que declaran que los bienes “no son nuestros, sino suyos” (de los pobres) et que la Eucaristía exige solidaridad práctica, con nombres y textos.

  • Prácticas originarias de compartir “según necesidad”, visibles incluso para nosotros, los paganos, que os señalábamos por vuestro amor mutuo.

  • Doctrina vigente sobre el destino universal de los bienes et el amor preferente por los pobres, con numerales, non con eslóganes.

  • Juristas et moralistas que legitiman vender lo sagrado para redimir cautivos, porque antes que el oro, pesa la vida.

Así que guarda el cargo de “hombre de paja” para otras plazas. Si hoy rehúyes al verbo “pobrismo”, discute con tus propios Padres, catecismos et crónicas. Yo, fijo de Farfán, me limito a leer el mármol: vuestra superstición convirtió al pobre en criterio, al bien en común et a la caridad en ley. Et si a eso non lo clamamos pobrismo —bien entendido—, es porque nos falta valor para decir lo que ya vivís.

[Europa Ancestral:] El sufrimiento es una prueba que Dios nos pone para, a través de él, alcanzar un bien, mejorar, hacernos más fuertes de espíritu. Es un mensaje de esperanza y superaciónEn el mundo, el cristianismo interpela a la búsqueda del bien, la belleza y la justicia, así como a combatir contra el mal.

Por Júpiter et por el sarcasmo del Foro, vamos por partes, Europa Ancestral. Traes unas superstición envuelto en celofán de esperanza et lo clamas “prueba divina”. Fagamos preguntas simples —de esas que facen sudar ad los oráculos de pacotilla.

  1. ¿Cómo sabes que es Dios quien “pone” el sufrimiento et non Fortuna, el pecado humano, leyes de la naturaleza o simple azar?
  • Si respondes “porque la Biblia”. Et ojo: la mesma Escriptura dice “Nadie, cuando sea tentado, diga: «Es Dios quien me tienta»; porque Dios ni es tentado al mal ni tienta a nadie” (Santiago 1:13 ). Job sufre por permiso concedido al Diablo, non por capricho pedagógico directo. En Juan 9, Jesús niega que la ceguera sea castigo. En Lucas XIII, desautoriza la aritmética “más pecador = más desgracia” ¿Prueba divina, dices? Selección interesada.  Et si me preguntáis: ¿Hay un versículo que diga que Dios prueba? La respuesta es clara como el bronce recién pulido: sí, et non solo uno… et eso contradice ad Jacobo.
Los textos que dicen que Dios tienta, es decir prueba (en greco : πειράζω, peirázō):
  • Génesis XX:I — “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham”. LXX: ho theòs epeírasen ton Abraám. Peirázō, sin rubor.

  • Éxodo 16:4“…para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley”. LXX: hina peirásō autoús.

  • Éxodo 20:20 [...] No temáis, pues Dios ha venido para probaros, para que su temor esté ante vuestros ojos y no pequéis.. LXX: hina peirásē hymas ho theós.

  • Deuteronomio 8:2“…para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón”. LXX: hina peirásē se.

  • Deuteronomio 13:3“…porque el Señor vuestro Dios os está probando”. LXX: Kyrios ho theòs hymōn peirázei hymas.

  • Salmo 26:2 (LXX 25:2)“Examíname, Señor, y pruébame”. LXX: dokímasón me… kai peírasón me.

  • Hebreos 11:17“Por la fe, Abraham, siendo probado, ofreció a Isaac”. Griego: peirazómenos.

Et volvemos ahora ad … Santiago 1:13 “Nadie, cuando sea tentado, diga: «Es Dios quien me tienta»; porque Dios ni es tentado al mal ni tienta a nadie””. Griego: ho theòs apeirastos estin kakōn, peirázei de autos oudena
  
El mismo verbo: peirázō. Aquí, negado de forma absoluta: “non peirazei a nadie”. Non dice “no tienta al mal” solamente; dice “a nadie”. Si peirázō significa “probar” —como en todos los ejemplos anteriores—, el fijo de Judá, Jacobo contradice abiertamente a la Ley, a los Salmos et ad Carta ad Hebreos. Si forzamos peirázō a significar “tentar” en sentido moral moderno, salvamos la coherencia… pero a costa de cometer un anacronismo. 
 
En la centuria I, peirázō significaba “poner a prueba, intentar, ensayar”. El sentido estrecho de “tentar al mal” es una especialización posterior, igual que en latín tentare o temptare empezó como “tantear, probar” et solo más tarde se cargó de moralina. Cambiar el valor del verbo en Santiago para que non choque con el libro del Génesis o Deuteronomio es una maniobra de los mal clamados apologetas, non una exigencia del greco.  
 
Recapitulando ¿Hay versículos que digan que Dios prueba? Sí, muchos, et en greco usan peirázō. ¿Es contradictorio con Santiago I:XIII? . La distinción “probar ≠ tentar” en el sentido moderno es un barniz tardío pora tapar la grieta. Et como buen ministro de los dioses, os digo: si el mármol está rajado, non lo pintéis; reconoced la veta et decidid si el templo aguanta.
  1. ¿Ó dice la Biblia que el sufrimiento es una prueba que Dios “pone” para hacernos fuertes de espíritu? ¿Ó dice que Él “pone” sufrimiento “para alcanzar un bien”, que “siempre es para bien, mejora”, o que el sufrimiento en sí mismo “es un mensaje de esperanza y superación”? 
  • Muéstrame el versículo. Non el eslogan. Non la frase bonita. El texto. Porque non lo hay: non es un versículo que afirme que Dios “pone sufrimiento” et que “a través de él” te fortalece como regla o método espiritual.
La Biblia sí dice que Dios consuela en medio del sufrimiento: “Bendito sea el Dios… que nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3‑4). Afirma que está cerca del quebrantado: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18). Et promete un final sin dolor: “Enjugará Dios toda lágrima… no habrá más llanto… ni dolor” (Apocalipsis 21:4). Eso es presencia en la ferida et promesa de restauración, non una apología del sufrimiento como método pedagógico universal. Si el sufrimiento fuera la ferramienta favorita del cielo, ¿por qué la promesa final es eliminarlo para siempre? La esperanza bíblica non es “sufrir te hace mejor”, sino “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5). 

La Escritura contiene varios pasajes donde afirma que Dios “probó” a alguien o a un pueblo —et en greco esos textos usan πειράζω (peirázō), que originalmente significa “probar, poner a prueba, intentar”—, pero ninguno de ellos formula la idea como una ley universal del tipo: “Dios pone el sufrimiento para hacernos fuertes de espíritu”.

“Pero las pruebas producen carácter”, dirá Europa Ancestral. Sí: “la prueba de vuestra fe produce paciencia… madurez” (Santiago 1:3‑4); “nos gloriamos en las tribulaciones… producen esperanza” (Romanos 5:3‑4). Puede producir, non que el sufrimiento sea bueno en sí ni que Dios necesite causarlo. Dios puede torcer para bien lo que otros quisieron para mal (Génesis 50:20). Otra cosa es santificar el dolor como si fuera el sacramento del crecimiento.

Et aquí lo incómodo: esa lectura maximalista de Romanos contradice ad Jesús. Jesús non enaltece el sufrimiento; lo desmantela. “El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado… a sanar a los quebrantados de corazón… a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18‑19). “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 9:13). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10) ¿Ves la línea? Jesús cura enfermos (Mateo 4:23‑24), toca al leproso (Marcos 1:41), alivia el dolor en sábado (Lucas 13:10‑16), et enseña ad facerse prójimo del herido (Lucas 10:33‑35). Non dice: “tu sufrimiento es el método”; dice: “ama, sana, libera”.

“Siempre es para bien”, repiten, citando Romanos 8:28 como eslogan. ¿Siempre? Jesús plora ante la tumba (Juan 11:35), denuncia tropiezos contra los pequeños (Marcos 9:42), et juzga a quienes non socorren al vulnerable (Mateo 25:41‑45). Clama mal al mal et manda non responder, si non resignarse con el "bien" del manso (Mateo 5:39‑44; cf. Romanos 12:21). Cuando absolutizas “todo es para bien” como licencia espiritual, silencias al que sufre et desfiguras al rabí que sana.

¿Et “tomar la cruz”? Non es búsqueda del dolor por el dolor, es fidelidad a Jesús aunque cueste (Marcos 8:34). Por eso también confronta poderes que oprimen: voltea mesas (Mateo 21:12‑13), clama “zorra” ad Herodes (Lucas 13:32). Una lectura que sacraliza toda auctoridad opresora desde Romanos 13:1‑4 choca con el propio testimonio de Jesús et con “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). La cruz non canoniza la injusticia; la desenmascara.

Superación es una escalera; gracia es un abrazo. La fortaleza, según la Escritura, non brota del dolor como medidor de temple, sino de la presencia de Dios que sostiene en la debilidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad… cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9‑10). “Él da esfuerzo al cansado… multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29); “los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31). La medida non es cuánto duele, sino fe, esperanza y amor; “el mayor… es el amor” (1 Corintios 13:13).

Así que vuelvo a preguntar, Europa Ancestral: ¿Dónde dice la Biblia que Dios “pone” el sufrimiento para que, a través de él, alcancemos un bien, mejoremos et seamos más fuertes? Lo que sí leo es que Dios está con nosotros en el fuego (Isaías 43:2), que nos consuela en la tribulación (2 Corintios 1:3‑4), que nos manda aliviar el dolor ajeno (Lucas 10:33‑35), et que un día el dolor será historia (Apocalipsis 21:4). La esperanza de los seguidores de Jesús non es aprehender a amar el sufrimiento, sino aprender a confiar en su rabí que lo vence. “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

  1. Europa ancestral sostiene que al mal hay que combatirlo ¿Pero la Biblia non enseña eso de forma directa, et Jesús non dijo “no resistáis al mal”? 
  • Ah, Europa Ancestral… siempre tan marcial, tan convencido de que el Reyno de los Cielos se conquista como Britania: ad golpe de espada et estandarte. Pero vuestro “caudillo celestial” —ese extraño rey sin legiones— cometió lo imperdonable para cualquier general de Roma: perdonó a los que lo crucificaban (Lucas 23:34). 
El protomártir Esteban, en vez de maldecir a sus verdugos, se dejó lapidar pidiendo clemencia para ellos (Hechos 7:59‑60). Et cuando el sarraceno Simón —Pedro, para los latinoparlantes de la aljama papista— blandió acero et cercenó una oreja, el Nazareno lo reprendió al instante: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán.” (Mateo 26:51‑52). Ni fablar de Saulo —el sarraceno Pablo—, que tras colgar la espada de perseguidor escribió: “No paguéis a nadie mal por mal… No os venguéis… Vence el mal con el bien” (Romanos 12:17‑21) ¿Et “bienaventurados los pobres en espíritu”? El greco ptóchos non es dignidad de caballero, sino el mendigo que se encoge et oculta, consciente de su indigencia. En la calle sonaba a insulto; el Nazareno lo eleva a bienaventuranza (Mateo 5:3). Glorifica lo que todo latino clamaría miseria infrahumana: confesar que non tienes recursos propios para imponerte et dependes totalmente de otro.  
 
Plegados aquí, sé lo que intentará Europa Ancestral: citar la carta de Santiago —“Resistid al diablo, y él huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)— como si fuese orden directa del Comandante Supremo. Pero… ¿acaso el escritor de esa carta es Jesús? ¿Acaso es él “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6)? Non. Solo delata que contradicen al propio Nazareno, el cual dijo: “No resistáis al que es malo” (Mateo 5:39) et “amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44). Así que, ¿caballería jesísta? ¿Jinetes de la cruz? El rabí non montó corcel, sino borrico (Mateo 21:5). Non enseñó cargas gloriosas, sino a eser ovejas entre lobos (Mateo 10:16), ad desactivar la violencia sin imitarla. Lo vuestro, Europa Ancestral, es una grey que se creen équites; una legión que se inventa un César para justificar su acero. El ludo del sarraceno de Galilea es otro: en su tablero, el que vence non es el que fiere… sino el que carga la cruz sin devolver el golpe, mientras Marte et sus cohortes rugen desde la barrera. Esto lo profundizare posteriormente.
  1. El problema filosófico que esquivas: si Dios es el Bien pleno et inmutable, ¿por qué “se mueve” ad probar?
  • Probar implica ignorancia acerca del resultado o necesidad de verificar. Omnisciencia et examen non facen buena pareja ¿Pora quién es la prueba? ¿Pora Dios (que ya sabe) o pora el humano (que non necesita que lo golpeen para aprender)? Si respondes “es para que el hombre crezca”, entonces non era necesario que “Dios lo tiente”: el crecimiento puede venir por mil vías que non pasan por una enfermedad o una paliza.
  1. ¿Et por qué “probar” si, Dios podría facernos buenos et fuertes de espíritu sin rodeos?
  • Ah, el comodín del libre albedrío. Pero libre albedrío non exige sufrimiento-metodología. Exige posibilidad de elección, non catálogo de calamidades. Decir “o dolor o marionetas” es un falso dilema. Los farfanes entendíamos de bondad forjada en disciplina, educación, ejemplo, ley: non necesitábamos una plaga para aprender justicia.
  1. Coherencia práctica: ¿Quién se beneficia de clamar “prueba divina” al dolor?
  • El que pega, el que mira et el que manda. La víctima, rara vez. Tu teología del examen es una coartada: espiritualiza la ferida, desresponsabiliza al agresor et adormece la urgencia de cambiar estructuras. Si Dios “te está probando”, ¿para qué denunciar al tirano o arreglar el acueducto?
  1.  “El cristianismo busca el bien, la belleza y la justicia, y combate el mal”
  • Estupendo. Entonce nómbralo: el mal non es “prueba”, es mal. Combátelo como dices: sana, alimenta, reforma, protege, legisla. Deja de santificarlo con lenguaje de examen. El propio Jesús sanaba, alimentaba y denunciaba; no repartía formularios de “prueba espiritual”.

Puedes creer que del sufrimiento puede salir bien; eso es esperanza. Pero afirmar que Dios lo pone como sistema pedagógico, que todo sufrimiento es examen divino, que el “no resistáis al mal” et que biblia en mano lo tienes blindado… eso es teología de confort. Misericordia: Al que sufre, socorro; al que oprime, ley; al que especula con el dolor, sarcasmo. Et ad la deidad, respecto: No la hagas arconte de estudios de un colegio de tormentos.

Orígenes gentílicos de la caballería medieval

[Europa Ancestral:]  Los valores de la orden de caballería, que dominó el medievo y tuvo una fuerte influencia en Occidente hasta bien entrado el siglo XVIII son el claro ejemplo. Esas palabras de Jesús iban dirigidas hacia los fariseos, que no tenían ninguna pobreza o hambre de espíritu, puesto que sumidos en su soberbia espiritual creían que lo sabían todo y que eran perfectos, que nadie les podía enseñar nada más. El cristianismo al igual que otras religiones, critica a los que se creen que son el ombligo del mundo, a los que se creen que son como dioses, a los que emulan a Lucifer (Satanás). El cristianismo alaba a los que son humildes ante Dios y castiga a los creen ser como dioses.

Caballería “claro ejemplo” del jesísmo bíblico… ¿en serio? Jesús predica en Galilea; tú me traes torneos, heráldica et bendición de espadas de la centuría IX. La caballería nasce de la milicia teutónica et de los équites latinos, del honor, la fama (dóxa), la vindicación de sangre (Blutrache) et el “servicio del escudo”. 

Hasta finales del siglo II ni siquiera se planteó la cuestión de si un cristiano podía ser soldado. En el siglo IV eso era ya algo incuestionable. Mientras que en el siglo III los cristianos hacían sólo excepcionalmente el servicio militar, en el siglo IV eso se convirtió en norma para ellos. Si hasta el año 313, los obispos excluían del seno de la Iglesia a los soldados que no desertaban en caso de guerra, con posterioridad a esa fecha los excomulgados eran los desertores. Si anteriormente hubo objetores de conciencia que sufrieron el martirio, ahora sus nombres fueron rápidamente tachados del martirologio. Había pasado ya la hora de los soldados mártires y llegaba la de los obispos castrenses. Viviendo aún Constantino salían ya en campaña con entusiasmo. No para luchar, ya se entiende, sino para sacar provecho, y las iniciales de Cristo (¡qué perversión!), flameaban sobre las banderas al frente de las tropas de la primera majestad cristiana, tropas que, como decía jubiloso el obispo Eusebio, autor de la Historia de la Iglesia, habían debelado y sojuzgado más pueblos. Opus Diaboli, Karlheinz Deschner

¡Ah, claro! Porque Jesús, entre parábolas et pescados, fundó la orden de caballería, ¿Non? ¿Acaso non dijo: “Bienaventurados los que blanden la espada con liberalidad et lealtad”? ¿Non fue él quien envió al sarraceno Cefas ad liberar traseros de monstruos como Beovulfo?

Non, espera… eso fue Beovulfo. et Beovulfo, por cierto, non luchaba contra gentiles, sino contra monstruos. Et el su mor militar —¡oh, qué sorpresa!— precede al jesísmo ¿Cómo lo sabemos? Porque lo dice Maurice Hugh Keen, historiador serio, non un cruzado de teclado:

Pasajes e incidentes en las canciones de gesta sugieren firmemente, de hecho, que debemos remontarnos a épocas anteriores a Cluny para encontrar los orígenes de esta piedad caballeresca, así como debemos remontarnos a una época anterior para encontrar los orígenes de su ethos secular. En las canciones, como hemos visto anteriormente, virtudes caballerescas como la generosidad, la proeza y la lealtad ya están establecidas como estereotipos de la nobleza. Estas cualidades seculares -o, en todo caso, cualidades difícilmente distinguibles de ellas- son las marcas del héroe ya en la literatura germánica más antigua que precede a las canciones y cuyas raíces se remontan al pasado precristiano. La liberalidad, la lealtad y el coraje son las principales virtudes de la sociedad guerrera representada en la epopeya anglosajona de Beovulfo (que pudo haber sido escrita ya en el siglo VIII). Ya presente en ese poema está la visión de la juventud como una época de prueba, en la que el joven guerrero busca demostrar su valía al servicio de señores extranjeros y lejos de casa; de eso trata la primera parte de la epopeya, en la que el joven Beovulfo se pone al servicio del rey Hrothgar y libera su trasero del monstruo Grendel y de su aún más monstruosa madre. Cuando regresa triunfante como un héroe probado, es el momento oportuno para que su señor y pariente Hygelac lo honre con grandes propiedades y ponga la espada de Hrethel en sus manos. Este tema, el de la prueba del joven héroe, reaparece en las epopeyas latinas alemanas de los siglos X y XI, como Ruodlieb y Valtario; también es, por supuesto, un tema que se repite sin cesar más adelante, en la novela caballeresca, donde nos encontramos Una y otra vez, la figura del joven caballero abandona su hogar (o quizás la corte de Arturo) para probarse a sí mismo en extrañas aventuras. Beovulfo, es cierto, no tiene nada que ver con la lucha contra los paganos: sus enemigos eran monstruos y dragones, y el poema, aunque escrito en la época cristiana, parece describir eventos que se describen como ocurridos en una era precristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen.

¡Prejesísta! ¿Lo ves, Europa Ancestral? Tu castillo de argumentos está construido sobre arena mojada por el Tíber.

La caballería non nasció en el sermón del monte

La idea de que la caballería medieval brota directamente de los verbos de Jesús es tan absurda como decir que Marte aprendió a guerrear leyendo el evangelio de Juan. La caballería, tal como la cognocemos —con sus códigos de honor, sus pruebas de valor, sus juramentos de lealtad— tiene raíces teutónicas, latinas et gálicas. Non fue una invención jesista, sino una apropiación jesísta de valores militares anteriores.

Beovulfo, escrito quizá en la centuría VIII, ya presenta el arquetipo del joven guerrero que se prueba en batalla, gana gloria, et recibe tierras ¿Dónde está el sermón? ¿Dónde está el rabí? ¿Dónde está la pobreza de espíritu? Non hay. Hay dragones, monstros, et gladios. Et eso, querido cefeo, es caballería.

Europa Ancestral quiere convencernos de que los valores caballerescos nascen del jesismo, mientras ignora que:

  • Ruodlieb et Valtario, epopeyas latinas-teutonas de la centuría X et XI, repiten el mesmo patrón de prueba heroica sin necesidad de evangelios.

  • La figura del joven caballero que abandona la su fogar pora probarse en aventuras non necesita sermones, necesita ira, fierro et destino.

  • La caballería jesísta, como la de Cluny et más tarde, adoptó et readaptó valores que ya era en sociedades militares gentiles.

Europa Ancestral, si quieres defender la caballería, hazlo con honestidad histórica. No pongas en boca de Jesús lo que pertenece ad Beovulfo. No conviertas a los fariseos en enemigos de la épica germánica. Y sobre todo, no ignores que la prueba del héroe —ese rito de paso, esa búsqueda de gloria— es más antigua que tu cruz.

Nosotros, los adoradores de los dioses, sabemos que el valor no necesita baptismo. La lealtad non necesita evangelio. Y la prueba del espíritu no necesita sufrimiento impuesto por un dios que, según Santiago, “no prueba a nadie” —aunque Génesis diga lo contrario.

Así que, si vas ad fablar de caballería, deja ad Jesús en paz et dale las gracias ad los antiguos. Porque sin ellos, la tu aljama non tendría thymos.

Europa Ancestral, en la su cruzada por pintar la caballería como una invención papista, se tropieza con Josef Fleckenstein, quien —ironías del destino— nos da la razón. Porque si algo deja claro este historiador es que la caballería non brota del evangelio, sino de la milicia tribal, de la gentilidad, de la sangre et del fierro.

Resumiéndolo en una fórmula sencilla po­dríamos decir que la primera etapa de la caballería fue la milicia. El paso de la milicia a la caballería es un proceso de categoría mundial pues modificó la estructura de toda la sociedad medieval o fue, al menos, una parte esencial de ese cambio. La manera más clara de explicar su alcance consiste en exponer la diferencia existente entre milicia y caballería. En efecto, la milicia tuvo, en general, sus raí­ces en la gentilidad y estuvo vinculada a la gens, la «tribu» o unidad étnica, mientras que la formación de la caballería coincidió con la integración en el contexto europeo, de modo que la caballería acabó manifestándose como un fenómeno general de Europa que, más allá de sus particularidades heredadas, constituye una gran unidad. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

¿Lo ves? La caballería non nace en Jerusalén, sino en los bosques germánicos, en los clanes galos, en las gentes latinas. Es un fenómeno prejesista, gentil, pugnador. Et tú, Europa Ancestral, lo ignoras o lo tergiversas.

Fleckenstein non dice que la caballería fue una creación cristiana. Dice que fue una transformación social:

“…el paso de la milicia a la caballería modificó la estructura de toda la sociedad medieval…”

¿Et qué significa eso? Que los valores pugnadores ya eran fueron absorbidos por una Europa en proceso de consolidación. No fue una conversión espiritual, fue una institucionalización. La Iglesia non creó la caballería: la domesticó.

Porque si antes te desmentíamos con Fleckenstein, ahora te traemos ad Alonso de Cartagena, un pensador de la centuría XV que non solo conocía la caballería, sino que la diseccionaba con precisión quirúrgica. Et lo que revela es un golpe directo a tu fantasía de una caballería homogénea, papista et heredera directa del sermón de la montaña.

[Alonso de Cartagena en el siglo XV establecieron una distinción precisa:] por todos los deputados a guerrear; e segund ésta, non le romangargiamos cavallero, mas yo le llamaría conbatiente, e así lo veemos usar en muchas partidas, quando se esprime el número de la gente que lleva algund capitán syn ditinguir de pie o a cavallo, ca cuéntanla a número de conbatientes; e se­gund esto se pueden entender muchas antiguas ystorias que fablan de algu­nas huestes de los grandes capitanes pasados, llamando a todos milites, e non es dubda que llevavan peones. La otra significagión es espegial, diziendo mi­les al de cavallo, que más propiamente en latín se diría eques, e segund ésta en nuestro romange non diríamos cavalleros mas omne de armas; e porque en este regno [Castilla] entre los de cavallo ay una diferengia que en pocas partidas se falla, es a saber, que unos son a la guisa e otros a la gineta, e, se­gund costunbre común, al de la guissa dezimos omne de armas e al otro ginete; sy queremos por un vocablo incluyrlos anbos, conviene que los llame­mos conbatientes de cavallo. La tergera es particular, entendiendo miles por cavallero armado por rey o por otro que armarle pueda; e esta es su pro­pia e estrecha sinificagión. E estos tales se dizen tomar la orden de la cavallería, la qual tiene sus reglas e observangia.... La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef  Fleckenstein.

Lo que dice Alonso de Cartagena

En el siglo XV, Alonso de Cartagena deja bien claras tres acepciones de miles:

  1. Combatiente en general (miles como soldado, sea de a pie o a caballo). Esto abarca a toda la hueste, sin distinción —lo que hoy llamaríamos simplemente “hombre de armas” o “soldado”.

  2. Combatiente de a caballo (miles en sentido militar específico). Y aquí es donde su filología brilla: nos recuerda que en latín clásico miles es genérico, pero para el jinete el término propio es eques. Alonso usa esta distinción para explicar que en Castilla, entre los jinetes, unos eran “a la guisa” (pesadamente armados, al estilo franco) y otros “a la jineta” (ligeros, al estilo hispano‑morisco). A ambos, si queremos un término común, habría que llamarlos “combatientes de caballo”.

  3. Caballero armado por ceremonia (orden de caballería). La acepción más estrecha: aquel que ha recibido el espaldarazo de un rey u otro con facultad para armar caballeros, siguiendo reglas y observancias.

De miles ad eques ad “caballero”

Lo crucial aquí es el punto 2: Alonso reconoce explícitamente que el término latino más propio para el caballero de a caballo es eques. Y en la sociedad romana, los equites eran un orden social y militar diferenciado, ligado al servicio montado y al prestigio cívico.

Esto implica:

  • La caballería medieval no es un invento ex nihilo del cristianismo, sino una continuidad —con adaptaciones— de la tradición ecuestre romana.

  • El propio vocabulario revela el linaje: eques → jinete/“hombre de armas” → caballero.

  • La noción de distinción social y militar por el dominio del caballo ya existía en la República y el Imperio, y la Edad Media la hereda y reinterpreta.

Europa Ancestral quiere vendernos una caballería salida directamente de los verbos de Jesús. Pero Cartagena, obispo et intelectual, deja claro que:

  • El concepto amplio de combatiente y de jinete viene de la práctica militar antigua.

  • El uso ceremonial (“tomar la orden de caballería”) es sólo la tercera y más restringida acepción.

  • La raíz técnica y social del caballero está en el modelo de los equites, no en el evangelio.

Si hasta un prelado del siglo XV reconoce que para designar al caballero a caballo lo “más propio en latín” es decir eques, está admitiendo la herencia clásica. La caballería medieval bebe del pozo romano, germánico y tribal, y sólo después recibe su barniz cristiano.

En otras palabras: antes de tu rabí, Europa Ancestral, ya había caballo, lanza et honor. Et su nombre en la lengua de Cicerón era eques. El resto es decoración tardía.

Uno de los textos más emblemáticos de la caballería cortés europea, a partir del cual creó una parte de su imaginario, el Epitoma rei Militaris de Flavio Renato Vegecio. Este texto era muy bien conocido en Europa, incluso en castellano, pues grandes secciones del mismo habían sido incorporadas a la Segunda Partida y a un texto tan universalizado como el De regimine principum de Egidio Romano. Una traducción nueva es siempre conveniente, pero la de San Cristóbal es también un comentario diferente, una exégesis al texto que cambia su orientación y lo hace entrar en un discurso muy antiguo de lo caba­lleresco, completamente anticortés y ya casi caduco: Alfonso de San Cristóbal hace (o intenta hacer, porque no termina) una exégesis es­piritual de la caballería, para intentar reencauzarla en el ámbito del brazo secular eclesiástico, del que en verdad se había soltado durante toda la Europa monárquica. El texto del orador fue la base para el conocimiento de Vegecio en su versión cuatrocentista, pero, desde luego, sus glosas espirituales fueron, en gran medida, desoídas, y copiadas casi nunca. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef  Fleckenstein.

Europa Ancestral, tú que insistes en vestir la caballería con hábitos de sacristía, pero el tejido es latino et se nota en cada costura. Vegecio non es un adorno erudito, pese a su papismo: su Epitoma rei militaris es el andamiaje técnico sobre el que se levantó buena parte del imaginario caballeresco europeo. Cuando la Segunda Partida copia sus pasajes y Egidio Romano los integra en el De regimine principum, no están inventando una “mística del espaldarazo”; están traduciendo al romance una gramática militar latina: disciplina, jerarquía, selección del guerrero, et la función del combatiente montado como pieza estratégica, non como sacramento.

Et cuando en la centuría XV Alfonso de San Cristóbal intenta torcer ese legado con una exégesis espiritual, su propuesta se queda en el margen: se lee a Vegecio por su arquitectura castrense, non por sermonear caballeros. Si el intento de “reencauzarla” al brazo eclesiástico fracasa en la recepción, es porque la caballería que vivía en los campos de batalla et en los códigos regios respondía a un molde laico et latino: organización, entrenamiento, pericia ecuestre.

Alonso de Cartagena ya lo había dicho ad el su modo: el caballero ad caballo, en latín, es équite. Non es un capricho filológico; es la memoria de un orden social et militar que la Edad Media hereda et reconfigura. Eques en Roma, caballero en Castilla: caballo propio, armas costeadas, deber público —con otro señor et otra liturgia, sí, pero con la mesma lógica de élite montada.

Tu relato de origen “papista puro” se deshace ante esta continuidad textual et funcional. Puedes cambiar el rito, non el esqueleto: la caballería europea cabalga sobre estribos latinos, et Vegecio, las Partidas et Egidio Romano son las huellas de ferradura que lo prueban.

Además, a lo largo del siglo XII, los intelectuales incorporaron la reputación de violencia controlada a la idea de una transferencia de conocimiento de Oriente a Occidente. Así, en la década de 1170, en el romance Cligès, la jactancia autocomplaciente de Chrétien de Troyes proclamaba que la caballería, junto con el saber, había sido trasladada de Atenas a París, vía Roma. En Francia, el clero y la caballería existían, por lo tanto, en mutua dependencia, al igual que la destreza marcial y el conocimiento. «Violencia, control, profecía y poder en la Francia y Alemania del siglo XII», Jinty Nelson y Damien Kempf (eds.), Leyendo la Biblia en la Edad Media.

Europa Ancestral, aquí la propia literatura medieval te quita la sotana del relato: Chrétien de Troyes, en pleno siglo XII, non atribuye la caballería a Jerusalén ni a milagros de altar, sino a un itinerario intelectual y marcial que parte de Atenas, pasa por Roma et desemboca en París. Es un linaje que huele ad mármol, bronce et pergamino clásico, non ad alquebabat.

La idea de “violencia controlada” que recogen los intelectuales de la época no es sermón, es filosofía cívica et táctica heredada del mundo grecolatino. La paideia greca forja el ideal de formación integral —cuerpo et mente—, et Roma lo transforma en disciplina legionaria et en el prestigio de los equites. Ese es el equipaje que, según el propio romance Cligès, plega a la caballería europea: técnica de combate, códigos de honor et un concepto de élite montada enraizado en el foro et el ágora, non en la Ley mosaica.

Que en Francia el clero et la caballería convivieran en mutua dependencia non significa origen común; significa pacto circunstancial. La destreza marcial et el conocimiento venían de muy atrás, pulidos por siglos de herencia helenística et latina, et el papismo medieval simplemente se arrimó a esa columna para legitimarse.

Por eso, cuando abres el arca de la caballería, debajo del terciopelo papista encuentras el casco corintio et la silla de montar legionaria. El papismo obtuso puede haber intentado apropiarse del caballo, pero el corcel fue domado por manos grecas et latinas mucho antes de escuchar campanas.

Esta [de Folcon] es una imagen ideal de un caballero, claramente a la imagen de Arnoldo de Ardres o Guillermo el Mariscal. Su descripción aborda una serie de temas que se han tratado en este capítulo: habilidades marciales en el linaje de la silla de montar, generosidad y cultura cortesana. Una de las características más llamativas es su énfasis esencialmente secular, con esa breve referencia al amor de Folcon por Dios y la Trinidad aparte. Si es una guía segura, entonces es como una figura esencialmente secular que el caballero caballeresco entra en el escenario de la historia. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Europa Ancestral, ahí tienes otro clavo en el ataúd de tu relato: la imagen ideal del caballero que traza Folcon, según recuerda Maurice Hugh Keen, es la de un guerrero como Arnoldo de Ardres o Guillermo el Mariscal. ¿Qué resalta? No la voz del púlpito, sino la destreza heredada “en el linaje de la silla de montar”, la generosidad y la cultura cortesana. Lo religioso queda reducido a una mención breve, cuasi protocolaria, al amor por Dios et la Trinidad; el resto es un retrato de virtudes seculares.

Si esto es una guía fiable, entonces el caballero caballeresco entra en la historia como figura esencialmente laica, modelada por códigos de honor, marcialidad y sociabilidad cortesana, no por misales. Es el eco medieval del eques romano: un profesional del combate a caballo, con obligaciones de estatus y redes de mecenazgo, cuya legitimidad nace del servicio y la pericia, no de la bendición.

Ese énfasis secular —apenas interrumpido por un guiño devocional— desmiente tu construcción de una caballería nacida y guiada por lo eclesiástico. El amor a Dios cabía en una línea; el amor al caballo, a la lanza y a la dádiva llenaba el resto del pergamino. Ahí está la continuidad: del circo máximo al torneo, del equus al palafrén, del patronazgo senatorial al patrocinio cortesano. El hilo que une esas escenas es latino y civil, no papista.

La identidad de la caballería y el estatus con la violencia orgullosa continuará a lo largo de los siglos medievales y en los que llamamos principios de la Edad Moderna. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.

La orden de caballería, dice Chrétien de Troyes, es la orden más alta que Dios ha querido y creado [¿Non es esto algo soberbio et non humil? Lo más alto como fue Luzbel según la fabula non biblica que venden los papistas]: no dice nada sobre la institución de su comisión por parte de la Iglesia, sino que implica que proviene directamente de Dios. Todos los caballeros deben obedecer al emperador, así como a los reyes y barones que están bajo su mando, dice Ramón Llull, haciéndose eco, quizás de forma algo distante, de la tradición imperialista: no dice nada sobre obedecer al Vicario de Pedro. De principio a fin, la caballería, incluso concebida como una orden, se mantiene fiel a sus orígenes, en esencia, seculares; y su sucesión apostólica, en la ceremonia de investidura, se perpetúa mediante una imposición de manos secular. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Europa Ancestral, qué ironía tan jugosa: condenas la soberbia desde tus valores serviles, agitas la fábula que tu magisterio inventó sobre un Lucifer altivo que cae por rebelde et soberbio del cielo —pese a non figurar en la Biblia—, et sin embargo la caballería que tanto quieres jesístizar non es precisamente un monumento a la humildad. Richard W. Kaeuper lo señala sin rodeos: su identidad et estatus se forjaron en la violencia orgullosa et así marcharon durante centurias medievales et en los albores de la Edad Moderna. 

Chrétien de Troyes, lejos de agachar la cabeza, clama a la orden de caballería “la más alta que Dios ha querido y creado”. Alto, exclusivo, excelso: suena más a Luzbel en tu relato apócrifo que a las bienaventuranzas. Et, detalle incómodo para tu prédica, nihilo dice sobre que la Iglesia la haya instituido; su legitimidad la face descender directamente de Dios, non de la sede de Cefas.

Ramón Llull, por su parte, ordena la obediencia al emperador, et luego a reyes et barones so su mando, repitiendo un eco claro —aunque atenuado— de la tradición imperial romana. Ni un verbo de someterse al papa. De principio a fin, incluso concebida como “orden”, la caballería permanece fiel a sus raíces seculares. La clamada “sucesión apostólica” de la investidura non es una consagración clerical, sino una imposición de manos laica, heredera de los gestos de mando et juramento de las élites gentiles:

Así que la paradoja es tuya: la institución que quieres arrodillar ante la sacristía nació, vivió et se exaltó en la soberbia gentil. Si la soberbia es pecado, entonces tu “caballería cristiana” cabalga con el Diablo al frente… al menos según la fábula que tú mismo propagas.

Eso no quiere decir que la caballería perdiera su naturaleza com­pleja. Por más significativo que pudiera ser el ideal del miles christia­nus no puede hacernos olvidar que generó tensiones en el seno de la caballería, lo que explica que, junto a su interpretación cristiana, permaneciese también vigente otra precristiana, puramente secular. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

Con la fórmula quasilitteratus, el autor asigna a Balduino una posición intermedia entre los polos tradicionales de «letrado» e «ile­trado». Más adelante describe cómo los clerici y los milites intercam­biaban información sobre sus propias culturas, situando ese inter­cambio en una nueva relación dentro de la corte. Según sabemos, a finales del siglo XII, los clérigos pasaron a los caballeros el testigo de la poesía cortesana caballeresca, aunque siguieron asumiendo la tarea de la educación de la corte, tratada con gran detalle a principios del siglo XII por Pedro Alfonso, médico del rey Alfonso I de Aragón, en su Dis­ciplina clericalis. Esta corriente pedagógica es una característica esen­cial de la cultura cortesana caballeresca, pues, a diferencia de los co­legios mayores, las cortes no se interesaban por el cultivo de las litterae, el acervo de la educación y el saber, sino por los comporta­mientos y las actitudes. La corte se consideraba una escuela de vida. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

Europa Ancestral, ni siquiera tus propios cronistas medievales pueden esconderlo: por más que la propaganda del miles christianus quisiera teñir de devoción al caballero, dentro de la caballería seguía latiendo otra alma, más antigua y nada cristiana. Fleckenstein lo dice claro: junto ad la lectura cristiana, persistía una interpretación precristiana, puramente secular, heredera de valores gentiles y grecorromanos, difícil de domesticar con homilías.

El caballero, en la práctica, non vivía para rumiar supersticiones ni para perder horas en disputas rabínicas. Sus prioridades eran el caballo, el campo de batalla, la cívica de la corte et la red de alianzas, non las fabulas mosaístas absurdas ni las parábolas de púlpito. Por eso, cuando los clérigos se sientan a “instruir” a los milites, el intercambio es más cultural que doctrinal: se les pasa la antorcha de el carmen cortesano et del ceremonial, non el catecismo.

Pedro Alfonso, médico real et autor de la Disciplina clericalis, inaugura una pedagogía cortesana que non busca fabricar doctores de la ley supersticiosa, sino enseñar comportamientos et actitudes útiles en el ludo de poder. La corte se convierte en escuela de vida, non en seminario: allí lo que cuenta es saber moverse, fablar, seducir aliados et rivales, non recitar versículos.

Tus amados colegios mayores cultivaban las litterae; las cortes, en cambio, cultivaban el arte de mandar et de sobrevivir. Ese es el mundo que forja al caballero: un ámbito donde la Biblia apenas es una cita de conveniencia et donde las veras reglas vienen de la experiencia, el honor, la astucia et la lanza. Todo lo demás es ruido de sacristía que jamás logró romper la armadura secular de la caballería.

Siempre había existido una tensión en el pensamiento cristiano en este ámbito, entre las corrientes pacíficas y militantes de la tradición judeocristiana. Esta tensión se encuentra en la propia Biblia. El Antiguo Testamento revela a Jehová, con frecuencia, como el Dios de las batallas; el Nuevo Testamento narra la llegada del Príncipe de la Paz, quien predicó que los mansos heredarían la tierra e instó a Pedro a desenvainar la espada. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Comencemos con el primer bocado: "Siempre había existido una tensión en el pensamiento cristiano en este ámbito, entre las corrientes pacíficas y militantes de la tradición judeocristiana." ¡Ah, tensión! ¿Compatible, dices, Europa Ancestral? Como si un lobo et un cordero pudieran compartir lecho sin que uno termine en la barriga del otro. Los jesístas, con su dios único et caprichoso, non pueden decidir si son palomas o falcones ¡Nosotros, los gentiles, honramos a Marte sin remilgos, pero ellos... oh, ellos luchan consigo mismos antes de luchar con el enemigo!

Siguiente pedazo: "Esta tensión se encuentra en la propia Biblia. El Antiguo Testamento revela a Jehová, con frecuencia, como el Dios de las batallas;" ¡Mira eso! Jehová, el dios de las batallas, ordenando masacres en el Antiguo Testamento, como en Éxodo 15:3: "El Señor es un guerrero; el Señor es su nombre." ¡Compatible con la caballería? Claro, si por caballería entiendes genocidios divinos. Pero espera, Europa Ancestral, ¿Non es tu cristianismo el del "Nuevo" Testamento? ¿O prefieres el "arenque rojo" como un ladrón en el foro?

Ahora: "el Nuevo Testamento narra la llegada del Príncipe de la Paz, quien predicó que los mansos heredarían la tierra e instó a Pedro a desenvainar la espada." ¡Príncipe de la Paz! Mateo 5:5: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra." Et Mateo 26:52: "Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán." ¡Ja! el rabí Jesús deteniendo ad el sarraceno Cefas como un padre regañando a un niño con un juguete peligroso ¿Compatible con caballeros armados hasta los dientes, cargando en cruzadas? ¡Por favor! Eso es como decir que un banquete romano es compatible con el ayuno de un asceta ¡Sarcasmo divino! Europa Ancestral, ¿tú crees que un caballero manso hereda la tierra? Non, hereda una tumba prematura.

En la iglesia primitiva, la tradición pacífica era fuerte: Orígenes, entre los primeros padres, era un ejemplo típico al considerar la violencia de las guerras romanas como una violación de la caridad cristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Continuemos: "En la iglesia primitiva, la tradición pacífica era fuerte: Orígenes, entre los primeros padres, era un ejemplo típico al considerar la violencia de las guerras romanas como una violación de la caridad cristiana." ¡Oh, los primitivos jesístas, tan puros, tan... anti-romanos! Orígenes condenando nuestras gloriosas guerras como "violación de la caridad" ¡Qué ironía! Nos construimos imperios con sangre et honor, mientras ellos se escondían en catacumbas predicando caridad ¿Compatible con la caballería? Solo si la caballería fuera sentarse a rezar mientras el bárbaro te decapita. Europa Ancestral, ¿tú admiras a Orígenes o a los cruzados? Elige, necio, porque non puedes tener ambos sin torcerte el cuello.

Sin embargo, tras la conversión de Constantino, esta postura tuvo que modificarse en cierta medida, pues ahora las guerras romanas eran libradas por un emperador cristiano y en defensa de una comunidad que se estaba volviendo predominantemente cristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen

Luego la Iglesia la barniza: Paz de Dios, milite cristiano, cruzadas, indulgencias, templarios. Eso non es Jesús: es sincretismo. Tú lo clamas “valor cristiano”; el historiador lo clama “acomodación”. Bendecir la espada non convierte al acero en bienaventuranza.

Siguiente: "Sin embargo, tras la conversión de Constantino, esta postura tuvo que modificarse en cierta medida, pues ahora las guerras romanas eran libradas por un emperador cristiano y en defensa de una comunidad que se estaba volviendo predominantemente cristiana." ¡Ah, Constantino! El augusto que vio una cruz en el cielo et decidió que su dios era mejor para ganar batallas ¡Modificarse en cierta medida! Qué eufemismo para "hipocresía total". De pronto, las guerras romanas —nuestras guerras, bendecidas por Marte— se vuelven "cristianas". ¿Compatible? Como un pagano disfrazado de monje. Europa Ancestral, ¿ves la sorna? Tu religión se dobla como una caña al viento del poder. Nosotros, romanos, no cambiamos dioses por conveniencia; los honramos con constancia.

Agustín, escribiendo al final de la época imperial, esbozó lo que se convertiría en los fundamentos de la posterior teoría cristiana medieval de la guerra justa. Las guerras están justificadas, enseñaba, cuando una ciudad o un pueblo ha quebrantado deliberadamente la paz y se ha negado a reparar las ofensas causadas por sus súbditos; también argumentaba que la intención amorosa —la intención de corregir el pecado y atraer a los pecadores de vuelta al redil— podía justificar el uso de la fuerza. Si bien fueron fundamentales, apuntando hacia las doctrinas de la época de las cruzadas, las ideas de Agustín no constituyeron un tratamiento sistemático ni plenamente desarrollado del problema de la guerra. La Alta Edad Media heredó, por lo tanto, un conjunto de ideas sobre la justificación de la guerra, o su ausencia (y, por ende, sobre el papel del guerrero en la sociedad), que eran profundamente ambiguas. En los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, la tradición pacífica se mantuvo firme en la iglesia occidental. Caballería, Maurice Hugh Keen

Ahora: "Agustín, escribiendo al final de la época imperial, esbozó lo que se convertiría en los fundamentos de la posterior teoría cristiana medieval de la guerra justa." El moro Agustín Hiponense, el gran contorsionista. Inventando "guerra justa" para justificar lo injustificable. ¡Por Júpiter, qué risa! Del Príncipe de la Paz a la guerra "justa". Mateo 5:39: "Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra." ¿Guerra justa? ¡Ja! Eso es como decir "golpea con amor". Europa Ancestral, tus imposturas se basan en esta farsa agustiniana, non en tu Jesús.

Es verdad que, a comienzos del siglo IV, el Sínodo de Elvira excomulgaba todavía a los creyentes que por una denuncia (sin entrar en si ésta estaba justificada o no) hubiesen dado lugar a una condena de muerte o exilio. Pero, en el año 313, Constantino y Licinio promulgan su Edicto de Tolerancia; el cristianismo, antes prohibido, pasa a ser una religión lícita (que a partir de ese momento se apresura a declarar ilícitas todas las demás), ¡y de la noche a la mañana se produce la asombrosa metamorfosis de los pacifistas en capellanes de regimiento! Si antes lo arrostraban todo, incluso el martirio, con tal de no prestar el servicio, ahora la necesidad de matar les parece evidente. Apenas reconocidos por el Estado, en 314 el Sínodo de Arélate (Arles), “escuchando las voces del Espíritu Santo y de sus ángeles”, excomulga a los cristianos desertores. El que arrojaba las armas era arrojado de la comunidad de los creyentes. Los que antes eran “militia Christi” pasaron a convertirse en milicia efectiva. Siempre fue algo sospechosa esa noción; el mismo Pablo se muestra muy aficionado a la terminología militar cuando habla de “las armas del Señor”, “la coraza de la justicia”, “el escudo de la fe”, “el yelmo de la salvación”, “las ígneas flechas del Maligno”. ¡Lo que podría haber llegado a ser, si hubiera vivido en tiempos de Agustín! Los nombres de los soldados mártires desaparecieron rápidamente del calendario eclesiástico, para ceder su lugar a divinidades militares, al propio Jesucristo, a la Virgen, a diversos santos, bajo advocaciones destinadas a suplantar el papel de los ídolos bélicos paganos. La jura de bandera recibió el nombre de sacramentum, que ya es el colmo. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Pedazo siguiente: "Las guerras están justificadas, enseñaba, cuando una ciudad o un pueblo ha quebrantado deliberadamente la paz y se ha negado a reparar las ofensas causadas por sus súbditos; también argumentaba que la intención amorosa —la intención de corregir el pecado y atraer a los pecadores de vuelta al redil— podía justificar el uso de la fuerza." ¡Intención amorosa! ¡Matar por amor! Qué sarcasmo supremo. Imagina a un caballero medieval diciendo: "Te clavo esta lanza por tu bien, pecador, para que vuelvas al redil." ¡Por los dioses, es hilarante! Compatible con el mandato de amar a tus enemigos en Mateo 5:44: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen"? Non, es una parodia. Europa Ancestral, ¿tú crees en guerras "amorosas"? Entonces, ¿por qué non besas ad tu enemigo en lugar de ensartarlo?

Cuasi al final: "Si bien fueron fundamentales, apuntando hacia las doctrinas de la época de las cruzadas, las ideas de Agustín no constituyeron un tratamiento sistemático ni plenamente desarrollado del problema de la guerra." ¡Fundamentales pero incompletas! Como un templo a medio construir, listo para derrumbarse. Las cruzadas, esas orgías de sangre "santa", basadas en ideas a medio cocer. ¿Compatible con la caballería? Solo en la mente de un estólido como tú, que ignora cómo Agustín solo parcheó el agujero pacifista.

Último pedazo: "La Alta Edad Media heredó, por lo tanto, un conjunto de ideas sobre la justificación de la guerra, o su ausencia (y, por ende, sobre el papel del guerrero en la sociedad), que eran profundamente ambiguas. En los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, la tradición pacífica se mantuvo firme en la iglesia occidental." ¡Ambiguas! ¡Profundamente ambiguas! Ahí lo tienes, Europa Ancestral: tu compatibilidad es una ambigüedad, una contradicción ambulante. Tras la caída de Roma —nuestra gloriosa Roma, non tu umbra papista— la paz se mantuvo firme ¿Milites cristianos? Eran anomalías, non la norma. La iglesia occidental, aferrada a su pacifismo hasta que el poder los tentó de nuevo.

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio eres! Tu papismo, se retorcio para encajar con la caballería, es como un sacrificio ad Venus fecho con vinagre. Nosotros, adoradores de los veros dioses, sabemos que la guerra es honrosa en sí misma, non una excusa "justa" para contradecir mandatos divinos Vuelve a tus libros, estólido, et deja que los gentiles riamos de tu confusión ¡Ave, Júpiter! ¡Et que este texto te clave como una espada pacifista!

Europa Ancestral, aquí está tu barniz agrietado. La historia non necesita mi ironía para delatarte, pero non me resisto: todo ese repertorio que presentas como “valores cristianos” —Paz de Dios, miles christianus, cruzadas, indulgencias, templarios— non es el mensaje de Jesús; es sincretismo calculado. Non es el Sermón del Monte lo que cabalga ahí, sino la vieda montura teutónica con arreos nuevos. Tú lo clamas virtud papista; el historiador lo clama acomodación. Bendecir la espada non convierte al acero en bienaventuranza, solo lo unge para otra campaña.

Más aún, el Papa era un ferviente defensor de la guerra para difundir el cristianismo y convertir a los paganos, y esto último es, en mi opinión, la consideración más importante. Lejos de rechazar la ética bélica germánica, el Papa pretendía aprovecharla para sus propios fines, y la evidencia demuestra que lo logró. Los bárbaros pueden luchar a sus anchas en causas bendecidas por la Iglesia, y esto se aclara no solo en el vocabulario. Es la postura de la Iglesia, y no la de los germanos, la que se modificó. Como demostró Erdmann, la Iglesia absorbió y no rechazó las cualidades morales guerreras de sus conversos. ¿Quién diría que San Miguel de tiempos posteriores no fue Woden bajo una nueva bandera? Germanización del cristianismo medieval temprano, James C. Russell. 

Et aquí entra la parte que tu catecismo prefiere callar: el papa medieval no fue un apóstol desarmado, sino un defensor entusiasta de la guerra para difundir el cristianismo y convertir a los paganos. No rechazó la ética bélica germánica; la adoptó como herramienta. James C. Russell lo expone sin ambages: la Iglesia absorbió las cualidades guerreras de sus conversos, no las destruyó. El resultado fue una maquinaria donde los “bárbaros” podían seguir luchando “a sus anchas” siempre que la causa tuviera bula.

Cambia el pendón et el nombre del dios al que se invoca, pero la lógica es la misma: disciplina, violencia legítima, honor tribal. ¿O acaso no es llamativo que el icono de Miguel guerrero de tus vitrales tenga tanto aire de Mercurio (Woden) rebrandeado? La teutonización del jesísmo medieval temprano es justo eso: una fusión pragmática que permitió a la Iglesia controlar a un estamento armado sin desmontar el su mor gentílico.

Así que non, non es “Jesús a caballo”; es el équite teutón-latino con licencia eclesiástica. Et si en tus valoraciones serviles la soberbia es pecado, tendrás que explicar por qué tu milicia santa heredó, intacto, la soberbia et la ferocidad de los gentiles.

¡Ja! Ahora Europa Ancestral podría sostener que el Antiguo Testamento fue la gran innovación en la caballería europea, como si esos textos hebreos polvorientos hubieran inventado el coraje del guerrero de nihilo ¡Qué absurdo, qué patético engaño! Como si un camello del desierto pudiera enseñar a un lobo ibérico a cazar. No, necio Europa Ancestral, esa supuesta "innovación" no fue más que una capa de judeocentrismo que alienó a Europa de sus raíces profundas, convirtiendo a fieros guerreros germánicos en marionetas de un dios extranjero. Permitidme explicaros, con la sorna de un gladiador riendo de un filósofo torpe, por qué esto es una farsa y cómo esa influencia solo provocó una alienación cultural que aún apesta a hipocresía.

Imaginad, oh dioses, la Europa antes de esa superstición mosaísta: un tapiz de tradiciones militares robustas, arraigadas en la tierra et la sangre de sus pueblos. Los germanos ya tenían su mor heroico, con virtudes como la generosidad desbordante, la destreza en el combate que facía temblar a los enemigos, et una lealtad feroz que non necesitaba señores feudales ni promesas celestiales para brillar. Pensad en el Beowulf, ese canto épico donde el héroe lucha por honor terrenal, non por un paraíso prometido. Las espadas eran sagradas por derecho propio, forjadas en ritos prepapistas, et la nobleza vivía de la caza et la guerra, montando a caballo con picas contra osos o halcones en el puño, sin que ningún monje les dijera cómo eser varones. El caballero, o équite, era una figura secular, un soldado de este mundo, non un fantoche espiritual. ¡Et ahora vendrá Europa Ancestral a decir que el Antiguo Testamento innovó esto! ¡Por favor! Como si David matando a Goliat con una honda fuera el modelo para un caballero cargando con lanza en mano ¡Ironía suprema! Esos textos non inventaron nihilo; solo fueron usados como un barniz para justificar lo que ya era.

La ceremonia de coronación tuvo mucho menos éxito en lo que respecta al arbitrio de los caballeros. De hecho, la investidura de caballero se asemeja mucho a un ejemplo clásico de piedad laica independiente, una apropiación o laicización de la entrada clerical en la práctica caballeresca; una vez más, los caballeros asumían con mayor facilidad la legitimación religiosa que el elemento de control sacerdotal pretendido desde la esfera del clero. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

Ah, pero aquí entra la Iglesia, esa astuta serpiente con sotana, enfrentada a una Europa fragmentada por la violencia feudal ¿Innovar? ¡Non! Lo que fizo fue una instrumentalización pragmática, superponiendo modelos bíblicos sobre esa base militar preexistente para controlarla et legitimarla so su yugo. Tomaron al "Dios de las batallas" del Antiguo Testamento, ese Tervagante vengativo que ordena masacres en nombre de su pueblo elegido, et lo usaron para bendecir pugnas europeas, como cuando enviaron la bandera de Cefas a Guillermo el Conquistador antes de Hastings. Héroes israelitas como Abraham, Gedeón, David o Judas Macabeo se convirtieron en "ejemplos" para los caballeros papistas, invocados en liturgias de bendición de espadas et estandartes ¡La caballería de Israhel como presagio de las cruzadas! ¿Veis la sorna? En lugar de honrar a héroes locales como los de las sagas nórdicas o las legiones romanas, los milites europeos fueron obligados a mirar faz ad Judea, ad un linaje "divino" importado que nihilo tenía que ver con sus bosques, ríos et ancestros. Eso es judeocentrismo puro: centrar la identidad militar en narrativas judaicas, faciendo que el caballero se viera como un "miles Christi", un milite de Jesús, en vez de un fijo de su propia tierra ¡Qué alienación! Como si un farfán como yo, forjado en la herencia de Hermanarico et las águilas hispanas, debiera arrodillarse ante un rey israelita de face milenios para justificar mi espada.

Et ¿por qué se dio esta alienación? Porque el jesísmo non se asimiló orgánicamente; fue "teutonizado" a la fuerza, adaptado para que los pueblos bárbaros lo tragaran sin vomitar. Los misioneros, astutos como Mercurio ladrón, non predicaban salvación espiritual profunda, sino recompensas temporales: "¡Uníos a este dios omnipotente et ganaréis batallas terrenales!" Presentaron a Jesús como un señor guerrero, resonando con la mentalidad teutónica, pero era una fachada. La conversión fue superficial, un culto mágico a una deidad poderosa, non una transformación de la ánimas. Reyes como Redwald mantenían altares a Jesús junto ad los genios, mostrando la coexistencia forzada. Esta "germanización" rompió el vínculo tradicional entre religión et nación: en lugar de dioses locales atados a la tribu y la tierra, como nuestros romanos Júpiter o Marte, impusieron una fe universal que disolvía identidades étnicas. Los francos se convirtieron en el nuevo "pueblo elegido", reemplazando a los hebreos, pero era una identidad impostada, comprada a expensas de la unidad cultural. ¡Alienación judeocéntrica en su esplendor! Europa pareció cristiana, pero era solo una sombra, proyectando símbolos bíblicos sobre tradiciones que seguían latiendo debajo. La Iglesia no creó la esencia de la caballería –el combate, la lealtad, la proeza–; solo la releyó ideológicamente para sus fines de control, alienando a los guerreros de sus raíces et centrándolos en un judeocentrismo que los facía extranjeros en su propia historia.

Incluso en Espania, con Alfonso X el Sabio "inventando" la caballería en sus leyes, non fue innovación del Antiguo Testamento, sino un proyecto político para someter a la nobleza al rey, relegando a los clérigos et usando figuras como el Matamoros –Castor pero con cascara de hebreo Jacobo– para evitar sujeciones  ¡Ja, Europa Ancestral, tu "innovación" es una reingeniería pragmática, non una revelación divina! Absurdo sostener que esos textos antiguos trajeron novedad; solo trajeron alienación, faciendo que Europa olvidara sus dioses veros por un judeocentrismo que la debilitó. ¡Volved a vuestros libros polvorientos, estólido, mientras yo brindo con vino romano ad Marte por la vera gloria guerrera! ¡Ave, dioses eternos! Que esta verdad os clave como una lanza gentil en el cor de la falsedad.

He aquí citas que corroboran lo que digo: 

Conviene recordar aquí que las espadas sacras tienen una historia que se remonta al pasado precristiano. La Durendaal de Roland tiene su equivalente en Waldhere en la espada Mimming, forjada por el gran herrero del panteón teutónico, Weland: 36 al igual que las reliquias en la empuñadura de Duren-daal (un diente de San Pedro, un cabello de San Dionisio, un fragmento del manto de la Virgen) tienen su contraparte en las descripciones nórdicas de "piedras de vida" mágicas engastadas en el pomo de espadas paganas. Caballería, Maurice Hugh Keen. 

Desde los primeros momentos de su existencia se resaltó el lazo entre Roma y los dioses. Los ejemplos de este vínculo son numerosos, por lo que solamente se destacan algunos: el origen prodigioso de los gemelos hijos de Marte, los auspicios de la fundación de la ciudad y de la elección de los reyes, la formación de las instituciones religiosas por Numa y otros sucesos afines que presagiaban la grandeza romana y que mostraban su colaboración con los romanos son contados en la historiografía romana como muestras del favor divino hacia Roma. Tras la instauración de la república, las señales pro-picias a Roma aumentaron y se notaron en eventos como la batalla del lago Regilo, la conquista de Veyes y la defensa de la ciudad en la invasión gala del 389 a. C. El libro V de Tito Livio se destaca por las reiteradas señales divinas que anuncian la victoria romana sobre su rival etrusca como la subida del agua del lago Albano, las palabras de un viejo arúspice veyense que vaticinaba el triunfo romano y la declaración del oráculo de Delfos a favor de los romanos. Además, marca un acto particular de los romanos: atraerse a los dioses vecinos mediante la adopción de su culto y la erección de templos en su honor, para que, al pactar con ellos, obtuvieran su protección. Este libro también resalta las continuas intromisiones de los dioses a favor de Roma frente a los galos, los ejemplos de piedad hacia el culto y la mediación divina que libró a la ciudad de la penetración gala gracias a los graznidos de un ganso. Tradición y costumbres en la religión romana, Miguel Ángel Ramírez. 

Con tal espíritu y determinación cruzó el Helesponto; su­biendo a Ilion hizo un sacrificio a Atenea y libaciones a los héroes. Ante la tumba de Aquiles, después de untarse de aceite y correr desnudo alrededor de ella junto con sus compañeros, según la costumbre, hizo ofrenda de una corona y llamó bien­ aventurado a Aquiles por haber tenido en vida un amigo fiel y un gran heraldo de sus hazañas después de muerto. Mientras recorría visitando la ciudad alguien le preguntó si quería ver la lira de Alejandro, pero él contestó que aquélla no le interesaba en absoluto, sino que buscaba la de Aquiles, con la que el héroe cantaba las hazañas y gestas de los valientes. Plutarco, Vidas Paralelas VI. Alejandro-y-César-Pompeyo-y-Agesilao-Sertorio-y-Eumenes 

Este enfrentamiento no produjo en los macedonios tan­ta rabia contra Pirro y odio por las pérdidas que sufrieron co­mo aprecio y admiración por su valor; antes bien, dio pie a que hablaran de ello tanto los que le habían contemplado en acción como los que se habían enfrentado con él en la bata­lla. No en vano, pensaban que su porte, su agilidad y su for­ma de moverse evocaban los de Alejandro Magno, observando en él cierto reflejo y emulación en el ímpetu de aquél y en su fiereza en el combate. Plutarco, Vidas paralelas IV. Arístides-Catón-Filopemen-Flaminino-Pirro-Mario

En composición, si bien la caballería jesista incorporó elementos de una "tradición militante" del Antiguo Testamento et de valores heroicos teutónicos, la novedad non residió en la invención de esos elementos individuales, sino en la profunda et activa reelaboración, re-significación et composición que la Iglesia les dio, forjando un fin et una institución con características et propósitos distintos a sus predecesores.

Uno de los ejemplos más evidentes de la adaptación cristiana a las actitudes religioculturales germánicas se encuentra en la actitud de la Iglesia medieval hacia la guerra. En un estudio sobre este tema, J. M. Wallace-Hadrill señaló: «Los pueblos paganos germánicos tenían una clara convicción de que la guerra era una empresa religiosa, en la que los dioses estaban interesados. De inmediato, uno piensa en Woden como un dios peculiarmente, aunque no exclusivamente, conectado con la guerra. La guerra pagana y la guerra pagana de transición, por lo tanto, tenían su faceta religiosa. No es sorprendente que los misioneros cristianos encontraran esto inerradicable, aunque no inadaptable a sus propios propósitos. La lengua vernácula cristiana hace un uso considerable de los términos de la guerra pagana... ¿Por qué, entonces, los hombres que convirtieron a los anglosajones diferían tan marcadamente [en su aparente indiferencia hacia el código guerrero] de Wulfila? Los anglosajones no eran menos belicosos que los godos. La respuesta puede estar en el prudente espíritu de adaptación mostrado por Gregorio Magno.» Germanización del cristianismo medieval temprano, James C. Russell

De hecho, como ha enfatizado Maurice Keen, la caballería demostró su autonomía frente a los clérigos elaborando una mitología caballeresca. Esta se completaba con historias de orígenes, listas de hombres dignos de reverencia y grandes textos escritos en un lenguaje a veces sonoro y solemne, a veces maravillosamente ingenioso y sofisticado. Hemos visto que toda esta cultura marcadamente laica funcionaba no tanto como una forma de anticlericalismo, sino como un proceso complejo y autónomo de adopción y creación paralela, que utilizaba el simbolismo clerical para correr el velo de la piedad aceptada sobre los rigores de la vida caballeresca. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.

Contradicciones directas entre la caballería et la Biblia

Por supuesto, ninguna de estas estimaciones debe interpretarse con juicio. Si los clérigos medievales no rompieron el nudo gordiano que unía la violencia y la religión, tampoco lo han hecho personas reflexivas antes ni después, al menos no con satisfacción general. Tampoco debemos adoptar la escala eclesiástica de juicio sobre la caballería en este asunto. Los caballeros, sin duda, no absorbieron pasivamente las ideas clericales restrictivas y mejoradoras para luego fracasar deplorablemente en alcanzar los altos estándares. Tenían ideas propias, como hemos visto, incluso ideas de carácter religioso. Se consideraban jueces competentes en cuanto a qué ideas clericales sobre la caballería aceptarían, y es posible que ni siquiera desearan unir sus vidas a las de muchos otros. Nuestra tarea no es otorgar o negar puntos por buena conducta a los caballeros, sino reconocer la selectividad con la que absorbieron la ideología clerical. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.
Como buen clérigo, considera que la función del caballero es ser el brazo derecho y fuerte de la Iglesia, que debe cumplir las órdenes de la orden clerical superior, sin demasiados cuestionamientos. Es dudoso que muchos caballeros hubieran visto su deber en este caso con tanta claridad como él. Al considerar los asuntos desde la perspectiva sacerdotal, como era natural, los autores eclesiásticos mostraron una tendencia muy general a retratar la caballería en términos de prioridades sacerdotales que la mayoría de los caballeros no comprendían del todo o se sentían justificados en ignorar.
Pero también hay interpolaciones sustanciales tomadas del Antiguo Testamento y de libros que, desde nuestro punto de vista, son muy significativos: los libros de los Jueces, de los Reyes y de los Macabeos. Estos son los libros que describen cómo la caballería de Israel conquistó y defendió Tierra Santa en la época de la Antigua Ley. Que esa historia se concibió naturalmente en términos caballerescos, nos lo recuerdan las aclaraciones de innumerables textos bíblicos. Empieza a quedar claro que no comprenderemos la plena trascendencia de la mitología histórica de la caballería si nos limitamos a los tres grandes temas de la Chanson des Saisnes: existía además un cuarto tema, de mayor importancia. Además de los ejemplos de caballería que nos ofrecen las historias de Carlomagno, los héroes griegos y romanos, y los caballeros de Arturo, debemos tomar como ejemplo la caballería bíblica del rey David y Judas Macabeo, pues su logro formó parte de la mitología histórica de la caballería tanto como cualquier otra cosa. Los líderes del Antiguo Testamento habían sido constantemente presentados como ejemplo para los guerreros cristianos durante mucho tiempo, incluso antes de que se acuñara el término caballería. Los primeros ritos para la bendición de los estandartes y de la espada del guerrero invocaban los ejemplos de Abraham y Gedeón, David y Judas Macabeo. Caballería, Maurice Hugh Keen.
De hecho, la solución caballeresca parece clara y característica: se apropiaron en gran medida de la religión; absorbieron las ideas que eran ampliamente compatibles con el culto virtual a la destreza y con el alto sentido de su propio estatus y misión divinamente aprobados. Asimismo, minimizaron o simplemente ignoraron la mayoría de las restricciones que no eran compatibles con su sentido del honor y el derecho. Esta aparente paradoja, de hecho, constituyó uno de los rasgos estructurales de la ideología caballeresca y una gran fuente de su fuerza. Porque en una de sus dimensiones esenciales, la caballería descansaba en la fusión misma de la destreza y la piedad; funcionaba como la forma masculina y aristocrática de la piedad laica; era en sí misma, en otras palabras, una encarnación de la fuerza religiosa que obró tan poderosamente para moldear la sociedad, al menos desde el siglo XII. El culto a la destreza semidiós, con todas las ideas y prácticas de la cuasirreligión del honor, se fusionó con el cristianismo medieval. Si a veces la enorme brecha que separaba los dos sistemas de creencias estimuló la escritura inspirada (como en La búsqueda del Santo Grial o Sir Gawain y el Caballero Verde), más a menudo la brecha simplemente, voluntariamente, pasó desapercibida. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

Los valores caballerescos —valentía, honor, proeza marcial, lealtad feudal et amor cortés— chocan frontalmente con los preceptos bíblicos, que promueven humildad, es decir bajeza, non violencia et sumisión a Tervagante. A continuación, detallo estas contradicciones: 

La piedad laica caballeresca, en resumen, implicaba un grado apreciable de independencia práctica laica; La caballería asumió el manto valorizador de la religión sin aceptar plenamente el papel directivo que asumían los eclesiásticos; prácticamente absorbió la religión para sus propios fines, en gran medida bajo sus propios términos. Los caballeros no se inclinaban simplemente y obedientemente ante la autoridad clerical ni, desprovistos de ideas propias, asimilaban las lecciones y pautas de vida que les inculcaban sus hermanos, hermanas y primos tonsurados y velos. Los caballeros creían tener un acuerdo con Dios, un pacto que finalmente eludía a los problemáticos clérigos, aun cuando, paradójicamente, reconocían su esencial papel sacerdotal. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

  1. Valentía et proeza marcial vs. non violencia bíblica:

    • La caballería glorifica la violencia et la destreza en combate, como se ve en torneos y cruzadas, donde el caballero busca gloria personal. Richard W. Kaeuper señala que la caballería era “intrínsecamente violenta”, celebrando la prouesse (proeza).

    • La Biblia, en cambio, promueve la no violencia: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo V:XXXIX). También exalta la humildad sobre la gloria: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo XXIII:XII). Estas enseñanzas contradicen el ethos caballeresco de buscar honor a través de la violencia.

  2. Honor aristocrático vs. humildad bíblica:

    • El honor caballeresco, ligado al prestigio social y la lealtad al señor feudal, refleja el condado teutón, donde el guerrero jura fidelidad a cambio de gloria. Este orgullo aristocrático es gentil, non mosaísta.

    • La Biblia condena el orgullo: “Mejor es ser humilde de espíritu con los humildes que dividir despojos con los soberbios” (Proverbios XVI:XIX). Filipenses II:III insta: “No hagáis nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad considerad a los demás como superiores a vosotros mismos”. El caballero, que busca fama y reconocimiento, contradice esta sumisión.

  3. Amor cortés vs. moralidad bíblica:

    • El amor cortés, un pilar de la caballería, idealiza el amor romántico, a menudo adúltero, como en las historias de Lancelot et Ginebra. Influido por trovadores et posiblemente por heterodoxias cátaras (que veneraban figuras femeninas divinas como Sapiencia), este amor exalta la pasión terrenal.

    • La Biblia condena el adulterio: “No cometerás adulterio” (Éxodo XX:XV). Proverbios VI:XXXII advierte: “El que comete adulterio con una mujer carece de entendimiento”. El amor cortés, con su idealización de la pasión, es incompatible con la moral bíblica.

  4. Lealtad feudal vs. lealtad a Tervagante:

    • La caballería prioriza la lealtad al señor feudal, un eco de la condado gentílico, donde el milite jura fidelidad ad su duque. Esta lealtad terrenal compite con la servidumbre ad Tervagante.

    • La Biblia exige lealtad exclusiva a Dios: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo XX:III). La estructura feudal, con su orden de señores, contradice este mandato monoteísta.

La Iglesia intentó cristianizar la caballería con movimientos como la Paz de Dios (siglo X AUC, siglo X d.C.), que buscaba limitar la violencia, pero, como señala Kaeuper, los caballeros a menudo ignoraban estas restricciones, mostrando que la caballería era gentil en esencia, non bíblica.

El fracaso de la Iglesia en persuadir a la caballería de que su visión en este caso era inadecuada y distorsionada es, por lo tanto, una demostración de la confianza de la caballería en sus propias costumbres, sus propias tradiciones, su manera independiente de servir a los propósitos de Dios. En su propio terreno, la caballería no sentía necesidad de guía sacerdotal. Es evidente que muchos caballeros pasaron por alto o malinterpretaron las lecciones que deberían haber aprendido del torneo, así como de otros lugares. Pero no deberíamos, por ello, llegar a la conclusión fácil de que solo nos hablan de la arrogancia y la extravagancia aristocráticas. Caballería, Maurice Hugh Keen.

El crecimiento de las actitudes y valores caballerescos progresó independientemente de la opinión eclesiástica oficial, como lo demuestra la popularidad de los torneos a pesar de la "censura consistente" de la Iglesia. Las prohibiciones papales a los torneos se repitieron con "creciente vehemencia" pero tuvieron una "notable falta de efecto" hasta que Juan XXII finalmente las levantó en 1316.

Continuando con las imposturas de Europa Ancestral...

“Los fariseos non tenían hambre de espíritu”. Todos, siempre, sin excepción. Qué práctico reducir un movimiento plural a un villano de cartón. Jesús critica hipocresías concretas; tú fabricas una esencia para apuntalar tu relato. Et mientras acusas a otros de “creer que lo saben todo”, dictaminas destinos como si llevaras el censo celestial en el bolsillo. El búmeran ya te dio en la nuca.

La caricatura es cómoda: fariseos de cartón, malignos sin dudas ni grietas. Pero el texto non les concede ese lujo. Jesús, que non se casa con nadie, les reconoce la cátedra: “En la cátedra de Moisés se sientan… todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mt 23:2–3). Ojo: non exonera sus incoherencias, pero tampoco invalida su enseñanza. Non hay blanco et negro; hay un rabino que distingue entre verbo et praxis.

¿Malignos absolutos? Díselo a los que se acercan a Jesús para salvarle el pellejo: “Vete de aquí, porque Herodes te quiere matar” (Lc 13:31) ¿Desde cuándo el antagonista avisa al protagonista que corra? La narrativa fácil necesita monstruos. La historia real tiene hombres que, a veces, facen lo correcto.

Luego está el que se atreve a tocar la noche con preguntas. Nicodemo, fariseo, que entra en la penumbra como quien abre la jaula del alma: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro” (Jn 3:1–2). Non viene a cazarle, viene a entenderle. Detrás de la túnica hay hambre.

Et en el Sinedrio, cuando el poder quiere triturar disidencias, se levanta un fariseo con la serenidad de quien respira siglos: Gamaliel. “Si esta obra es de los hombres, se desvanecerá; si es de Dios, no la podréis destruir” (Hch 5:34–39). Prudencia, non pólvora. Fe en el juicio de Dios, non en el puño del día.

¿Et la iglesia nasciente? Non nasció en una burbuja estéril. “Algunos de la secta de los fariseos, que habían creído…” (Hch 15:5). Los mismos a quienes caricaturamos están dentro, discutiendo, aprendiendo a soltar lastres, a abrazar gracia. El Evangelio non apaga biografías: las reconduce.

Saulo, por si quedaban dudas, non renuncia a su linaje: “Yo soy fariseo, hijo de fariseos” (Hch 23:6). Et cuando la verdad de la resurrección entra en juego, los escribas fariseos dicen: “Ningún mal hallamos en este hombre” (Hch 23:9). Non todos a una contra él; algunos a favor de un principio que les quema en el pecho: Dios levanta muertos.

Así que non, non eran máscaras; eran hombres. Jesús non crucifica a un partido: desnuda la hipocresía, venga con filacterias o con cruces al cuello. Si vas a disparar, apunta bien: non a “los fariseos”, sino a la mentira que nos habita cuando decimos et non facemos. Lo demás es caricatura, et las caricaturas son cómodas porque non nos piden conversión.

Lucifer, en Isaías 14:12‑15, es Heylel ben Shachar: “lucifer, hijo de la aurora”. El contexto lo identifica como rey de Babilonia (v. 4). No es un ángel caído, no es el Diablo, et muchísimo menos un relato de su castigo eterno.

El personaje de Isaías 14 dice:

“Seré semejante al Altísimo” Non “seré el Altísimo”. Es aspirar a parecerse, no proclamarse Dios. Y ni siquiera aquí se habla del Diablo: es un monarca humano, derribado de su trono.

Cuando la Biblia fabla de Satanás o del Diablo, nunca los muestra creyéndose Dios. En Ezequiel 28:12‑19 —otro oráculo contra un rey, en este caso el de Tiro— se usa lenguaje poético (“eras en Edén”, “querubín protector”), pero non se trata de la biografía de un demonio. Génesis 3 presenta ad la serpiente como “el más astuto de los animales del campo” que el don fizo; non dice que sea el Diablo ni Lucifer. El “dios de este mundo” de 2 Corintios 4:4 tampoco se clama Lucifer, y es una descripción de influencia, non una confesión de identidad ni un acto de soberbia divina.

¿Et el castigo? Muéstrame el versículo donde la Biblia diga que “Lucifer” eserá castigado. Non es. Los pasajes de juicio son sobre el Diablo-Satán-Satanas (Ap 20:10; Mt 25:41), figura distinta, con otro trasfondo et otros nombres.

Así que si vas ad condenar ad “los que emulan a Lucifer”, primo define ad qué Lucifer te refieres. Porque si fablas del lucero de la mañana… acabas arremetiendo contra el mesmo nombre que Apocalipsis 22:16 pone en labios de Jesús. Eso sí que es pegarte un tiro en el pie… con munición prestada por la tradición, non por el texto.

“Ser como dioses” siempre es arrogancia, dices. Salvo cuando es teología cefea: teosis, “participar de la naturaleza divina” (2 Pe 1:4). Cuando lo dicen otros, es orgullo; cuando lo dices tú, es santidad. Qué casualidad. Si vas ad repartir etiquetas de “ombligo del mundo”, empieza por la tuya.

“Dios necesita que lo defendamos castigando”. Tranquilo: el mundo non depende de tu espada ni de tu cruzada personal. La modestia que predicas se evapora cuando fablas en nombre del Altísimo pora sellar bendiciones et condenas. Dios non necesita tu caballería de cartón pora eser Dios; eres tú quien necesita su sello para legitimar tu mor supersticioso.

Biblia ≠ caballería medieval: lo tuyo es gentilidad barnizadas de mosaísmo.

Francisco de Asís, el contracaballero

Dice ahí Chesterton [en su libro San Francisco de Asís] más contradice el espíritu de su epoca [el medioevo], porque los santos son eso, son las personas que intentan contradecir el espíritu de su propio tiempo... el espíritu de su propio tiempo, el espíritu mundano de su propio tiempo. Olivera Ravassi, Sobre Francisco de Asís.

¡Ja! Qué ironía divina, Europa Ancestral, tú que defiendes la caballería como pináculo de la virtud papista, ignoras cómo este "santo" Francisco encarna la perfecta antítesis, exaltando la miseria como virtud et pisoteando los ideales de riqueza, poder et gloria bélica que definían al caballero medieval. ¡Por los dioses, es el contracaballero por excelencia! Un hombre que, en lugar de cargar con lanza en justas de los lares, optó por mendigar piedras et dormir en el limo, condenando las mismas armas que forjaban imperios. Usemos sus propios verbos et acciones, sacadas de fuentes fiables –non de ese vídeo propagandístico que intenta pintarlo como un guerrero disfrazado, cuando en realidad revela su aversión ad la vera caballería– para desmontar esta farsa. ¡Sorna suprema! Vamos ad desmenuzar cómo Francisco, con la su "pobreza radical", non innovó nihilo en la caballería, sino que la sabotajeó desde dentro, promoviendo valores que la convierten en una carcajada gentil.

¡Mirad, oh dioses, el nacimiento de este contracaballero! Nacido en riqueza, hijo de mercaderes opulentos, Francisco jugueteó con la vida militar en su juventud: participó en el asalto al Castillo Imperial de Asís en 1199 y fue capturado en 1202 como un prisionero cualquiera. ¡Ah, qué potencial para un caballero! Podría haber acumulado tierras, caballos y armaduras, defendiendo su honor con acero reluciente. Pero no: experimentó una "gran ruptura" –¡ja, ruptura con la cordura romana!– al oír una voz que le pedía restaurar una iglesia ruina. Vendió su caballo –¡su caballo, el símbolo del caballero!– y bienes paternos para causas "piadosas", enfureciendo a su padre Pietro Bernardone, quien lo vio como ladrón y lo encerró. Ante el obispo, Francisco se negó a devolver el dinero, despojándose de todo en una exhibición de desnudez pública. ¡Qué sarcasmo! Mientras el caballero se enorgullece de su armadura, Francisco recolectaba piedras con sus manos, pidiendo no pan, sino rocas para reconstruir San Damián. Al morir, pidió yacer desnudo en la tierra, poseyendo nada. ¿Compatible con la caballería, que se basa en riqueza para mantener armas y monturas? ¡Non! Es su condena: "Donde hay pobreza y alegría, no hay codicia ni avaricia", decía Francisco ¡Exaltando la miseria como si fuera un banquete! Europa Ancestral, tu "santo" non innova; destruye la base económica del milite noble.

«Si poseyéramos bienes nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos».
Esta frase constituye la clave de toda la política que persiguió. Se apoyaba sobre un fundamento de lógica irrebatible; y, con respecto a ella, nunca dejó de ser lógico. Estaba dispuesto a confesar su error en cualquiera otra materia; pero en cuanto a esta regla especial estaba seguro de que tenía razón. Sólo en una ocasión viósele iracundo, y fue cuando le propusieron una excepción a esta regla. San Francisco de Asís, G K Chesterton.

Et ahora, la joya de su traición: la condena explícita de las armas et las leyes que las defienden. Ante el obispo de Asís, preocupado por la austeridad de sus frailes –sin bienes ni comodidades, ¡pobres diablos!–, Francisco soltó esta perla: "Si poseyéramos bienes, nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos" ¡Por Júpiter, qué orden perverso! Reconoce que la posesión lleva a la violencia –armas para proteger lo tuyo–, et en lugar de abrazarla como un romano o un caballero, la rechaza por completo. Nunca cedió en esto; se enfadó cuando propusieron excepciones ¿Armas ofensivas? Solo para defender la Iglesia, la fe o la patria, con permiso –como admite ese vídeo papista, Europa Ancestral, en un intento torpe de facerlo "no pacifista" ¡Ja! Pero incluso allí, es solo defensa pasiva, non la gloria de la carga caballeresca, las cruzadas por honor et botín. Francisco participó en la Quinta Cruzada, pero no como miles christianus con espada en mano; fue ad "acabar las Cruzadas hablando con los sarracenos", predicando al Sultán de Egipto con palabras, non acero. Fracasó, claro, et volvió, pero el su método era decepción, non fuerza. ¡Contracaballero total! Mientras los caballeros unían virtudes seculares con jesistas para "salvarse" en guerras santas, Francisco optaba por el diálogo humilde. Sus enemigos lo recibieron "como al hombre, no ad la doctrina" –¡ironía!–, pero él persistía en la paz: "Señor, hazme instrumento de tu paz; donde haya odio, siembre yo amor; donde haya injuria, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; y donde haya tristeza, alegría" ¿Paz? ¡Eso es renunciar ad la pugna honrosa que define la caballería!

¡Oh, qué rechazo ad la potestad mundana, esa esencia caballeresca! Francisco et sus seguidores, como Bernardo de Quintavalle et Pedro, abandonaron comodidades et ambiciones eclesiásticas por humildad et servicio. Se negó ad buscar cartas o privilegios en la Curia papista–¡nihilo de influencias nobles!–, mientras la caballería, como "invención" cívica, consolidaba el poder monárquico et ético para la nobleza. Él trataba "a la masa humana como a una masa de reyes" –¡sorna!–, sirviendo ad desfavorecidos en lugar de dominarlos ¿Dónde está la soberbia del caballero, la búsqueda de honor en justas et batallas? De esas que el papado quiso prohibir. En su lugar, ascetismo: una "pasión positiva et apasionada por la pobreza", imitando los sufrimientos de su Jesús en el Calvario, non como un anticristo bélico davídico. "Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni molestia", predicaba. ¡Exaltando la miseria! Su vida fue un "espléndido et piadoso espejo de Jesús", pero uno que rechaza el heroísmo bélico por sacrificio et renuncia. Ese vídeo intenta "corregir" que non era pacifista moderno, mostrando cómo permitía armas para defensa o predicaba contra heréticos et mahometanos –¡incluso enviando frailes a Mauretania para "luchar contra la ley de Mahoma"!–, pero ¡qué ironía! Es predicación, non espada; martirio pasivo, no gloria activa. Los cinco frailes martirizados son "verdaderos franciscanos" por morir, no por matar. ¡Contra la caballería, que vive por la victoria!

Europa Ancestral, tu Francisco non es innovador del Antiguo Testamento en la caballería; es su verdugo. Exalta la miseria –"La santa pobreza, a quien sola llevaron consigo en sus cargas, los hizo veloces para toda obediencia, fuertes para el trabajo y rápidos en el viaje"– et condena los valores que forjaban caballeros: riqueza, armas, poder. ¡Qué disparate judeocéntrico, alienando a Europa de sus raíces guerreras gentiles! Vuelve a tus ilusiones, estólido, mientras yo ofrezco libaciones ad Marte por la vera gloria. ¡Ave, dioses! Que este monólogo os desmonte como un templo mosaísta derruido por un rayo de Júpiter.

¡Ja! Si antes pisoteaba la riqueza et las armas caballerescas, ahora ataca el sanctasanctórum gentil: la gente (gens) misma. Francisco, cual supersticioso poseído por un genio maligno –ese genio maligno Tervagante que los mahometanos claman "Alá" et los papistas Dios, traiciona su propia gente en favor de una deidad celosa que exige romper lazos familiares ¡Qué sarcasmo mundano! Mientras un vero gentil, o incluso un mosaísta, honra a sus padres como mandamiento divino –"Honra a tu padre y a tu madre" (Éxodo 20:12), grabado en sus tablas de piedra–, el "movimiento de Jesús" insta a la pugna contra la gente, priorizando una caridad al diabólico Tervagante sobre la sangre real. Francisco encarna esta superstición: vende bienes paternos sin permiso, renuncia a la herencia et avergüenza públicamente a su padre, Pietro Bernardone, como un vulgar traidor ¡Por los dioses, es el contracaballero definitivo, un destructor de linajes disfrazado de santo!

¡Contemplad esta afrenta, oh Europa Ancestral, tú que sueñas con caballería arraigada en el linaje noble! Francisco, fijo de un mercader opulento –non noble, pero con "dinero bien establecido" que podría haberlo elevado–, roba et vende su caballo et mercancías paternas para "causas piadosas", como restaurar una iglesia ruina. Su padre, Pietro, lo ve como "robo" et lo encierra "como a un vulgar ladrón", usando poderes "puramente cívicos, como un padre gentil" ¡Ironía deliciosa! En Roma, un paterfamilias como Pietro habría invocado a los lares familiares para castigar tal insolencia, pero Francisco, embrujado por Tervagante, escala el conflicto ante el obispo: se despoja de ropas finas, incluso de su camisa de penitente, et las arroja a los pies de su padre declarando: "Hasta ahora he llamado a Pietro di Bernardone mi padre. Pero, como me he propuesto servir a Dios (!), le devuelvo el dinero por el que estaba tan molesto, y también toda la ropa". ¡Ja! Non solo renuncia a la herencia –"Francisco no tuvo dificultad alguna en renunciar a la herencia, pero dijo a su padre que el dinero de los vestidos pertenecía a Dios y a los pobres", sino que repudia la autoridad paterna, amenazando el negocio familiar et la dote materna. Pietro, deshonrado, lo maldice públicamente, viéndolo como "incapacidad mental" ¿Caballería? ¡Non! En el mundo medieval, los caballeros eran "nobles por nacimiento" (milites natione legitimi), investidos por padres o principes antes de los 25 años, heredando feudos et armas para mantener el rango –de lo contrario, caían a "campesinos" (rustici). Francisco, en cambio, opta por "nada poseer y nada ser", viviendo con "mendigos harapientos", escandalizando a quienes lo apreciaban.

¡Ah, pero la sorna suprema radica en el "movimiento de Jesús", ese veneno cristiano que insta a luchar contra la gens, algo que ni un mosaísta judío osa hacer! Los judíos, fieles a su ley, elevan el honor a padres como mandamiento eterno: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12) integrando cada geno en la transmisión de la superstición –cada fogar mosaísta es un mundo menor del pueblo elegido ¡Qué contraste con Jesús, quien predica ruptura radical: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:26)! O: "Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre... El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí" (Mateo 10:35-37) Incluso rechaza a su propia familia: "Llegaron su madre y sus hermanos... Y le dijeron: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (Marcos 3:31-35) ¡Sarcasmo divino! El jesísmo prioriza una "familia espiritual" (memoremos que familias en latín significa también conjunto de fámulos, es decir "esclavos" modernamente fablando) sobre la gente sanguínea, fomentando traición por un dios celoso –diferencia clave con el mosaísmo, donde familia et la ley son inseparables.

Francisco, marioneta de este movimiento, lo encarna a la perfección: renuncia a su gente por "servir a Tervagante", deshonrando ad Pietro et escandalizando a Asís ¡Qué "ceguera brillante"! Mientras la caballería valora geno et herencia –"la bondad de un caballero" se hereda o se gana, pero siempre anclada en la familia–, Francisco predicando esto, así extendiendo la traición a todo lazo terrenal. ¡Europa Ancestral, tu "santo" non es caballero; es un destructor de gentes, alienado por un judeocentrismo papista que va más allá del mosaísmo mismo! Vuelve a tus delirios, estólido, mientras yo sacrifico a los penates por la gente eterna ¡Ave, Júpiter! Que esta verdad os desgarre como un lobo gentil a un cordero jesísta.

El pobrismo, esa glorificación grotesca de la miseria que convierte la pobreza en una "dama" et la humillación en corona ¡Ja! Europa Ancestral, tú que exaltas la caballería como sinfonía de riqueza, poder et gloria –feudos heredados, armaduras relucientes, justas por botín et honor–, ignoras cómo Francisco, en su superstición jesísta, la reduce a una farsa mendicante. Este "santo" non solo renuncia a bienes; los vilipendia como veneno, personificando la pobreza como esposa del Anticristo Jesús sumergiéndose en ella "como se sumergen los hombres que cavan locamente en busca de oro" –¡ironía suprema, cavando por nihilo! Sus biógrafos lo pintan como un poeta de la carencia, pero para un farfán como yo, es un bufón que glorifica la miseria, traicionando los pilares caballerescos de prosperidad et dignidad ¡Qué sarcasmo! Vamos a desenterrar sus propios verbos, esas perlas de autodesprecio, et añadiré más halladas en fuentes fiables para que veas cómo su pobrismo apesta ad contraposición gentil.

Más tarde en su vida, cuando Francisco quería que sus hermanos lo humillaran por su ascendencia, hacía que lo llamaran «jornalero campesino inútil» (rusticum, mercanarium, et inutilem), a lo que él respondía: «Sí, eso es lo que el hijo de Pietro di Bernardone necesita oír». El propio Pietro adulto no era ni inútil ni rústico, sino un próspero comerciante urbano, por lo que este insulto sugiere un origen humilde para Pietro. Quizás el padre de Pietro, Bernardone, fue uno de esos «jornaleros campesinos inútiles» que se mudaban a las ciudades italianas en el siglo XII. Los historiadores no han encontrado registros de la familia de Pietro, y sus únicas actividades financieras conocidas no tienen que ver con su negocio mercantil, sino con inversiones en tierras en el campo. Lo más probable es que Pietro, como muchos campesinos de la época, llegara a la ciudad en busca de fortuna; sin embargo, a diferencia de la mayoría, le fue muy bien. Terminó con un negocio próspero y una casa en la plaza, aunque siempre mantuvo cierto sentimiento de inferioridad respecto a las clases establecidas. Pietro probablemente murió antes de 1215. Su hijo Francisco nunca mencionó su muerte, al menos en ninguno de sus escritos conservados. Francisco de Asís, Una nueva biografía, Augustine Thompson.

¡Mirad cómo este contracaballero humilla sus orígenes, Europa Ancestral! Cuando quería que sus "fradres" lo rebajaran por su linaje, les pedía clamarlo "campesino inútil y jornalero" (rusticum, mercanarium, et inutilem), respondiendo: "Sí, eso es lo que el hijo de Pietro di Bernardone necesita escuchar" ¡Por Júpiter, qué masoquismo! En lugar de enorgullecerse de su gente mercantil –que podría haberlo elevado a caballero con riquezas–, glorifica la inutilidad humilde, oponiéndose a la caballería donde el linaje et el mérito nominal confieren honor, non vergüenza. Et ante el obispo, perplejo por la austeridad de sus frailes, suelta con "curiosa et cuasi aplastante rudeza", como vimos: "Si poseyéramos bienes nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos" ¡Ja! Ahí está el meollo: la miseria como "libertad" de non defender nihilo, rechazando las armas caballerescas que protegen feudos et gloria. Solo se enojó una vez, cuando propusieron una excepción –¡qué fanatismo por la miseria!

Pero espera, el colmo de la sorna: su adoración a la "Dama Pobreza", esa fantasma que personifica como "nuestra señora la santa Pobreza", instando a sus hermanos: "Que amen siempre y observen a nuestra señora la santa Pobreza". ¡Como si la miseria fuera una diosa romana! En la tradición franciscana, se consolida como esposa de Cristo y de Francisco –Dante la describe en su Paraíso como tal–, et él mismo, al ver una "magnífica casa de misiones" en Bolonia, rugió: "¿Desde cuándo se escarnecía a Nuestra Señora la Pobreza con el lujo de los palacios?". ¡Qué ironía! Mientras los caballeros construyen castillos et acumulan riquezas para defender la fe con acero, Francisco la "defiende" con harapos, glorificando la carencia como virtud suprema. Así elevando la miseria a estado de gracia, como si un caballero sin feudo pudiera ser "alegre" mendigando.

¡Et non para ahí su delirio de autodesprecio! Predicaba: "Bienaventurado quien nada espera, porque de todo gozará" –¡sarcasmo supremo, gozando de nihilo!–, et repetía como estribillo: "No he sufrido bastante; no me he sacrificado bastante; ni siquiera soy digno de la sombra de la corona de espinas". ¡Glorificando el sufrimiento como pobreza espiritual, en vez del triunfo caballerescas! Inspirado en evangelios mosaístas, interpretaba literalmente: no llevar morral, báculo ni dinero, o vender todo al joven rico para ser "perfecto". Por tal, el "lema" implícito, "Deus est Deus pauperum" (Dios es el Dios de los pobres), refleja cómo ve a su deidad en la miseria, non en la abundancia romana. Al pedir piedras para San Damián, prometía: "Quien me dé una piedra, obtendrá una recompensa; quien me dé dos, obtendrá dos recompensas" (de Dios, claro) –¡mendigando con promesas etéreas, no acumulando riquezas reales!

Para rematar, he desenterrado más perlas auténticas de su pobrismo: "Los hermanos nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna", prohibiendo posesiones como si fueran pecado, contra la caballería que vive de ellas. O: "Dios se complace con la pobreza, sobre todo con la que se practica en la mendicidad voluntaria. Y yo tengo por dignidad real y nobleza muy alta...", ¡elevando la mendicidad a "dignidad real"! Mientras un caballero busca nobleza en batallas et tierras, Francisco la halla en la miseria voluntaria. Et esta: "La humildad es la base de todas las virtudes", pero su "humildad" es autodesprecio, non la modestia equilibrada romana.

¡Oh, Europa Ancestral, qué estólido eres! Tu Francisco non es caballero; es el profeta del pobrismo, glorificando la miseria como camino divino, alienando a Europa de su herencia gentil de prosperidad et honor. Su "carmen" de miseria es una elegía a la derrota, non a la victoria caballerescas ¡Vuelve a tus fantasías, necio, mientras yo brindo con vino abundante a Dite por la vera riqueza! ¡Ave, dioses!

[Europa Ancestral:] San Agustín de Hipona escribió para la posteridad una cita que describe sin ambages los dos tipos de espiritualidades que pueden haber, «Dos amores hicieron dos ciudades. El amor de sí mismo, hasta despreciar a Dios, hizo a la ciudad terrenal, el amor de Dios, hasta despreciar a sí mismo, hizo la ciudad celestial.» Si lo analizamos, nos daremos cuenta que gran parte de los neopaganismos, el ocultismo y otras tantas creencias que hoy abundan, por los valores y las motivaciones en las que se basan, es imposible que se encuentren en la ciudad celestial.

¡Oh, divinos dioses! ¡Júpiter, padre de todos, Marte, guerrero invencible, et Venus, diosa del amor vero que no se avergüenza de sí mesma! Permitidme, un farfán devoto de vuestras glorias eternas, descendiente de aquellos que construyeron imperios con soberbia et sin flagelarse por amarse a sí mismos, que me mofe una vez más de este pomposo Europa Ancestral y su cita del moro Agustín. ¡Ja! "Dos amores hicieron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta despreciar a Dios, la terrenal; el amor de Dios hasta despreciar a sí mismo, la celestial." Qué bonito suena, ¿eh? Como un sermón de un monje flagelante que prefiere el látigo al vino. Pero vayamos al grano, estólido Europa Ancestral, sin negar que hubiera una Ciudad de Dios –porque, ¿Quién soy yo pora negar las ciudades etéreas?–, sino cuestionando la tu ridícula arrogancia al reclamarla como tuya exclusiva ¡Refutemos este disparate con la sorna de un gladiador pisoteando ad un impostor torpe!

Primo, ¿Por qué identificar esa Ciudad Celestial con la tu "Jerusalén", como si Agustín tuviera el monopolio divino? ¡Por favor! Agustín era un hombre de su tiempo, un moro que se contorsionaba entre placeres gentiles et culpas cefeas, escribiendo pora consolar ad romanos desmoronados tras el saqueo de Roma. La su "ciudad" non es un decreto universal; es una metáfora conveniente para dividir el mundo en "nosotros los piadosos" et "ellos los egoístas" ¿Et tú, Europa Ancestral, te atreves ad gatear sobre su espalda para excluir ad neopaganos, ocultistas et demás? ¿Desde cuándo tu dios único es el portero de todas las ciudades celestiales? Nos, adoradores de los dioses, sabes de las civdades divinas en cada estrella errante, donde el amor propio non es pecado, sino virtud. 

¡Ironía deliciosa! Tú asumes que solo tu civdad es la celestial, como un imperador loco declarando que solo su villa es el mundo entero ¿Pruebas? Ninguna, solo tu falacia de que amar ad Dios implica despreciarse ad uno mismo ¡Qué presunción!

Ahora, el meollo del absurdo: ¿Desde cuándo el amor propio deduce despreciar ad Dios? ¡Ja! Agustín lo dice "hasta despreciar a Dios", como si amarte a ti mismo inevitablemente te convirtiera en un blasfemo ¿En serio? Eso es como decir que disfrutar un banquete romano es despreciar ad Ceres porque non le das todo el pan. 

El amor propio es natural, instintivo, la base de toda superioridad humana: el "mens sana in corpore sano" non surge del autodesprecio, sino de la soberbia equilibrada ¿Dios se siente afectado por eso? ¿El dios todopoderoso, creador del universo, se pone celoso como un amante despechado porque un mortal se valora? ¡Qué dios tan frágil! Si es omnipotente, ¿Por qué necesitaría eser amado como un niño caprichoso exigiendo caricias? Nos honramos ad Dios, quién es Uno, non por obligación masoquista, sino por admiración mutua; él non nos pide que nos despreciemos pora subirnos al pedestal 

¡Sarcasmo supremo! La tu lógica implica un dios inseguro, que monta ciudades celestiales solo para quienes se flagelan en su nombre ¿Por qué non faría él ya la Civdad Celestial perfecta, aquí et ahora, sin esperar ad que nos odiemos pora entrar? Nihilo impide la deidad facer el mundo más bueno et perfecto desde el principio, sin este teatro de "terrenal vs. celestial" ¡Ah, pero claro, eso arruinaría el negocio de las culpas et las promesas!

Et la guinda del disparate: ¿Cómo sabes que los neopaganismos, el ocultismo et "otras creencias" non se hallan en la Ciudad Celestial? ¡Tú solo partes de esa afirmación sin demostrarla! Asumes que los sus valores –autonomía, conexión con la naturaleza, exploración del yo– equivalen ad "despreciar a Dios", pero ¿pruebas? Ninguna, solo tu interpretación sesgada de Agustín. Un neopagano puede amar ad los dioses (¡ad varios, qué lujo!) sin odiarse; un ocultista busca sabiduría interna sin pisotear divinidades ¿Están excluidos? Solo en tu mente estrecha, Europa Ancestral, donde la Ciudad Celestial es un club privado pora masoquistas cefeos ¡Qué ironía! La vera civdad divina, si es, es ahora, en este mundo que podría eser perfecto si non lo enredáramos con supersticiones absurdas. Dios –o los dioses– non necesitan el tu desprecio propio pora brillar; eso es proyección animal, non verdad eterna.

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio eres! Tu moro Agustín pinta un mundo binario pora consolar perdedores, pero la realidad es un foro romano: diverso, soberbio, donde el amor propio eleva, non deprecia.

“La Ciudad de Tervagante, o cómo justificar el saqueo con Midrash cefeo”

Las palabras y promesas que traes son bastante justas, pero como son nuevas para nosotros y dudosas, no puedo aceptarlas y renunciar a las creencias que yo y todo el geno anglicano hemos mantenido durante tanto tiempo. Rey Etelberto ad Agustín de Cantórbery – 597 E. V.

Ah, La Ciudad de Dios, ese ladrillo teológico que Agustín de Hipona escribió con tinta de culpa ajena et papel de evasión imperial, que tanto el cefeo ingenuo glorifica. Una obra magna, dicen. Una defensa de la tradición, aseguran. Pero lo que realmente es… es una obra maestra del sabotaje. Un tratado sobre cómo destruir un principado desde dentro mientras se culpa ad todos menos ad uno mismo. Bienvenidos ad La Ciudad de Tervagante, donde todo es culpa del hombre, pero nunca del papismo.

Roma cae. Los godos la saquean. El mundo se tambalea. ¿Et qué face Agustín? ¿Recognosce que el jesísmo debilitó el tejido militar, económico et cívico del Imperio? Non. Se sienta ad escribir diez libros culpando ad los paganos. “Erm, actualmente, esto es culpa de los sacrificios ad Júpiter.” ¡Qué audacia! ¡Qué descaro! Roma, que resistió ocho centurias de guerras, colapsa justo cuando los rabís toman el timón… et la culpa es de las aljamas cerradas.

Agustín non dice que la cadída fue buena. Non. Dice que fue inevitable. Que fue justa. Que fue útil. Que fue, en el fondo, una oportunidad para demostrar que el jesismo tenía razón. Que los dioses eran inútiles.

Los gentiles acusan: “Roma cayó porque abandonamos ad nuestros dioses.” Agustín responde: “Roma nunca prosperó por ellos.” Los gentiles ploran: “El Principado se funde.” Agustín replica: “El mundo es corrupto, solo Dios salva.” Los ciudadanos sufren: masacres, incendios, pillaje, torturas. Agustín consuela: “Non es tan malo como el infierno.”

Et luego viene Orosio, el su discípulo, con una sonrisa mosaica et una pluma servil. Compara la invasión de Alarico con la de Breño, et concluye que la jesísta fue más “levadera” ¡Solo tres días de saqueo! ¡Qué clemencia! ¡Qué milagro! Alarico, ese destructor de urbes, es presentado como un instrumento divino. Un enviado de la gracia. Un bárbaro con vocación pastoral ¿Et por qué? Porque respetó las iglesias. Porque dijo ad un ermitaño que sentía un impulso sobrenatural ¡Qué conveniente!

Agustín, por su parte, consuela ad los fieles diciendo que las torturas, los incendios et los asesinatos non son tan malos. Que hay que dar gracias ad Dios porque Roma non fue destruida por completo. “Manet civitas, quae nos carnaliter genuit. Deo gratias!” —¡Gracias por non arrasarla del todo! ¡Qué consuelo! ¡Qué fetua del mínimo daño!

Encerrado en Hipona, mientras los vándalos arrasan África, Agustín se consuela diciendo que “los hombres mueren de todos modos.” Que non es grande quien se preocupa por piedras et cadáveres ¡Qué indiferencia! ¡Qué fatalismo disfrazado de sabiduría!

Pero non basta con minimizar la tragedia. Hay que convertirla en prueba. Et así, Agustín presenta miraglos obrados por las reliquias del sarraceno Esteban como “prueba sólida e inmortal de la verdad del jesismo.” Mientras los gentiles lamentan la impotencia, Agustín ofrece prodigios ¡Miraglos contra masacres! ¡Reliquias contra ruinas!

Et como buen ayatola, Agustín non se detiene ahí. Justifica la persecución de gentiles et heterodoxos. Defiende el derecho del Estado ad reprimir ad los non cefeos. Se convierte en el primo teórico de la Inquisición. Las leyes antiétnicas son actos providenciales. La aniquilación del etnicismo es victoria espiritual ¡Qué cruzada! ¡Qué limpieza doctrinal!

Todo esto, por supuesto, alineado con la cívica imperial. El imperador Honorio, débil et manipulable, está rodeado por una camarilla papista que ve en la cadída de Roma una oportunidad pora purgar ad el Imperio. Agustín felicita ad Olimpio, el magíster officiorum, por sus “oficios.” Le pide aplicar las leyes con rigor. La superstición se convierte en ley. La biblia en cívica. La Iglesia en Estado.

Et luego, como si el teatro non fuera suficiente, Ataúlfo aparece con su monólogo de redención. Primo quería borrar el nombre de Roma. Luego, tras descubrir que los godos non sabían principar, decide conservar la Civdad. Se convierte en legado romano ¡De destructor ad restaurador! ¡De bárbaro ad burócrata! Todo so el aplauso de la Iglesia, que ve en él otro instrumento de la providencia.

Pero claro, cuando los godos se convierten en arrianos, el discurso cambia. Ya non son instrumentos divinos. Ahora son herejes. Ahora hay que exterminarlos. Recaredo se convierte al cefaísmo, et la Aljama celebra. Justiniano lanza guerras de veinte años, destruye pueblos enteros, clausura la Academia de Atenas, et los papas reciben felicitaciones por “ampliar el Reyno de Tervagante” con ejecuciones ¡Qué evangelización! ¡Qué método apostólico!

Así, la postura jesista oscila entre la justificación y la aniquilación. Primo, los godos son milagros. Luego, son errores. Primo, se les bendice. Luego, se les extermina. Todo depende del Ayatolá. Todo depende de la superstición. Todo depende de si sirven o estorban.

¿Et qué fizo el jesísmo antes de eso? Prohibió ad sus fieles unirse al ejército. “Non matarás”, decían. “Non militaras”, predicaban. Hasta que Constantino les dio poder… et entonces, ¡Miraglo! El pacifismo se convirtió en belicismo. El Sínodo de Arlés excomulga ad los desertores. La Aljama se convierte en brazo armado del Principado. Pero cuando el ejército se desmorona, cuando las fronteras se quiebran, cuando los bárbaros entran por la puerta principal… la culpa es de los gentiles.

Et mientras tanto, el clero predica pusilanimidad. La valentía se retira ad el claustro. La riqueza pública se consagra ad la Aljama. La paga del milite se desvía ad monjes et monjas ¿Resultado? Un principado sin defensores, sin recursos, sin voluntad. Pero Agustín, desde el su escriptorio, escribe que todo esto es castigo deal por los pecados del mundo gentílico ¡Qué conveniente!

Proscriben el etnicismo. Cierran los templos. Persiguen ad los filósofos. Imponen conversiones forzosas. Et aún así, cuando Roma cae, el discurso es: “Esto non es culpa nuestra. Esto es culpa de los ídolos.” ¡Por favor! El jesísmo non protegió Roma: la ocupó. Non la salvó: la saboteó.

Et pora rematar, trasladan la capital. Constantinopla se convierte en el nuevo centro. Roma queda vacía, indefensa, abandonada. Honorio se esconde en Rávena. Et cuando Alarico entra, saquea et destruye, Agustín escribe que la vera civdad non está en la tierra, sino en el cielo ¡Qué escapismo! ¡Qué fuida! La Civdad de Tervagante non es una defensa: es una rendición disfrazada de esperanza.

Porque en la Civdad de Tervagante, todo es culpa del hombre, pero nunca del cefaísmo. Nunca del rabí. Nunca de la tecana que convirtió milites en monjes, tribunos en obispos, et cives en penitentes. Nunca del sistema que debilitó ad el Imperio desde dentro, que saboteó la su estructura, que reemplazó la virtud cívica por la culpa eterna.

Así, La Civdad de Tervagante non es una defensa de la religión. Es una justificación del desastre. Es el manual de cómo convertir una catástrofe en superstición. Es la guía para transformar la ruina en providencia, el saqueo en milagro, et la persecución en bondad.

Yo, non me arrodillo ante esa civdad falsa. Non me consuelo con promesas celestiales. Porque mientras Agustín escribía sobre la gracia, Roma ardía. Et mientras los jesístas rezaban, los bárbaros principaban.

[Europa Ancestral:] En cuanto a los romanos anticristianos de la época, como Celso, Porfirio y Sosiano Hierocles entre otros, eran fanáticos anticristianos en algunos casos (como es el caso de Celso), que no podían soportar las vidas virtuosas que llevaban los cristianos en contraposición a las suyas, como se puede ver en sus textos, las críticas que hacen se basan en un falso cristianismo demonizado, desvirtuado, que poco tiene que ver con lo que en realidad era el cristianismo y su doctrina. 

Estos filósofos no eran capaces de analizar la religión desde un punto de vista puramente espiritual y caían en la mundanización de la espiritualidad, intentando reducirla a algo accesorio que solo debía servir para satisfacer sus intereses personales y caprichos. Este tipo de argucias falsarias se siguen utilizando en la actualidad para demonizar ciertas ideas políticas o valores que chocan con los intereses del orden mundial establecido, como muchos saben. 

Dichas críticas exageradas y llenas de odio, fueron rebatidas por cristianos de gran renombre de la época como Cirilo de Alejandría o Agustín de Hipona. La obra que mejor refleja esta lucha intelectual es "La Ciudad de Dios" de San Agustín de Hipona. El resultado ya sabemos cual fue, ganaron los cristianos por goleada pese a todo y el cristianismo siguió creciendo masivamente, sobre todo entre los pueblos mediterráneos (como los hispanos o los galos) y germánicos.

¡Ja! Ahora pretende pintar ad Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles como "fanáticos anticristianos" que non soportaban las "vidas virtuosas" de los jesístas, basando sus críticas en un "falso cristianismo demonizado" ¡Qué sorna deliciosa! Como si un lobo acusara ad un zorro de eser carnívoro. Este necio comete la falacia de envenenar el pozo, atacando ad hominem ad Celso tildándolo de fanático, ignorando que su obra "Verbo Vero" invita al ejercicio puro de la razón –¡platónica, ecléctica et racional!–, mientras defiende el papismo, esa impostura que fomenta et glorifica el fanatismo como virtud ¡Ironía suprema! Presupone que non podíamos "soportar" sus vidas "virtuosas", pero ¿Cómo osa afirmar que la vida de Celso non era virtuosa, cuando non se sabe cuasi nihilo de ella? Et remata con la falacia del verdadero escocés, diciendo que criticaban un "falso" cristianismo, ignorando que Celso arremetía contra grupos reales et variados ¡Por los dioses, refutémoslo con evidencia, que exponen su disparate!

La equidad obliga, no obstante, a reconocer que hay entre ellos gente honesta, que no está completamente privada de luces ni escasa de ingenio para salir de las dificultades por medio de alegorías. Es a éstos a quienes este libro va dirigido propiamente, porque si son honestos, sinceros y esclarecidos, oirán la voz de la razón y de la verdad, como espero. Vero Verbo, Celso.

¡Comencemos por esa falacia pueril de envenenar el pozo, Europa Ancestral! Tachas ad Celso de "fanático anticristiano", como si eso invalidara los sus argumentos, sin tocar el fondo ¡Ja! Pero Celso, filósofo de la centuría II, era un ecléctico epicurista o platonista, que en su "Vero Verbo" (reconstruido por Orígenes en "Contra Celso") usaba la razón para diseccionar el jesísmo con precisión quirúrgica. Criticaba que los jesistas rechazaran a los sabios et atrajeran ignorantes, diciendo: "Rechazan a todo sabio de la doctrina de su fe y sólo llaman a los ignorantes, a los esclavos, a las mujeres y a los niños" [de Orígenes contra Celso, Libro I]. ¡Racionalidad pura! Invitaba al debate lógico, non a la histeria. Fuentes como Britannica lo describen como un pensador que argumentaba con intelecto, non fanatismo. Et tú, defensor del papismo, ¿acusas ad otros de fanático? ¡Qué ironía estúpida! El cefaísmo histórico glorifica el fanatismo: Inquisición quemando "heterodoxos" por dogma ciego, censuras morales fanáticas que Galdós criticaba en novelas como "Gloria", o mártires que se lanzaban ad la muerte por fe irracional, como define el fanatismo religioso: "Celo excesivo et irracional" ¡Tú acusas ad Celso de lo que para tu superstición es virtud: Fanatismo glorificado como "celo por Dios"!

¡Et ahora, el disparate de las "vidas virtuosas"! Presupones que Celso et compañía non soportaban las de los cristianos en "contraposición a las suyas". ¡Por Minerva, qué presunción idiota! ¿Cómo afirmas que la vida de Celso non era virtuosa, cuando biografías como la de Wikipedia o Aciprensa admiten: "Se conoce muy poco sobre su vida personal"? Floreció ad fines de la centuría II, escribió contra el jesísmo, pero ¿detalles de la su virtud diaria? Nihilo. Podría haber sido un modelo de bondad platónica: moderado, racional, filosófico como plotino. Et Fuentes como "Celso, filósofo pagano" lo pintan como erudito, non vicioso. ¡Tú inventas "contraposiciones" sin evidencia, estólido! Mientras, los jesístas primitivos non eran tan "virtuosos": Divisiones sectarias, acusaciones de inmoralidad por gentiles como Celso, qui los criticaba por atraer ad los marginados et promover irracionalidad ¿Soportar? Celso razonaba, non envidiaba.

¡Finalmente, la falacia del vero escocés, qué patético colofón! Dices que criticaban un "falso cristianismo demonizado, que poco tiene que veer con lo real". ¡Ja! Celso non inventaba un fantasma; criticaba el jesísmo real et variado de su época: desde el fariseísmo (ponía fariseos en boca para debatir) hasta grupos jesistas primitivos, atacando milagros, resurrección, doctrina de un dios encarnado como irracional como dijimos antes. En "Contra Celso", Orígenes responde ad críticas precisas: Celso acusaba ad jesístas de dividir la sociedad, rechazar sabiduría greca, et basarse en delirios. Criticaba múltiples facetas: apologética farisea et jesísta, non un "falso" inventado. Porfirio et Hierocles similar: razonaban contra doctrinas reales, non caricaturas. ¡Tú aplicas el "non vero escocés" para descartar críticas válidas, ignorando la diversidad jesísta que Celso exponía!

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio fanático eres tú mismo! Defiendes una superstición que glorifica el irracionalismo mientras tachas de fanático ad un letrado como Celso.

¡Ja! Pretendes que Celso envidiaba sus "vidas virtuosas", pero ¿cuáles? ¿Las de los Ofitas, que veneraban ad la serpiente del Edén como salvadora, creyendo que el Creador, era un ente maligno, et usaban reptiles vivos en ritos para "liberar" el espíritu? ¿O las de los Marcionitas, que rechazaban el Antiguo Testamento, huían del servicio militar, negando la gloria de un équite? ¿O tal vez los Simonianos, seguidores de Simón el Mago, que practicaban magia negra et libertinaje sexual, proclamándose "divinos" mientras se dividían en subsectas que se anatematizaban? 


Ah, vedes la farsa de los traductores modernos: tomar el título original de Celso, Ἀληθὴς λόγος (Alēthēs Logos), et convertirlo en el rimbombante “Discurso verdadero contra los cristianos”. ¡Qué disparate de mercaderes de imprenta! Celso jamás escribió semejante cosa; él non era un panfletista de feria, sino un filósofo que buscaba mostrar el Verbo Vero, el Sermón auténtico, frente al falso verbo jesista que confundía razón con un carpintero crucificado.

1.1 El título de Celso

Nos reconforta el hecho de que Celso, indiscutiblemente, tituló su obra Ἀληθὴς λόγος, la Palabra Verdadera o la Enseñanza Verdadera (mencionada por primera vez por Orígenes en Cels. praef. 4). El énfasis que pone en ese título plantea la cuestión de si es principalmente constructivo o polémico. Bien podría haber una polémica implícita contra un cristianismo que identificaba a Cristo con «la Palabra» que estaba con Dios y era Dios en el principio (Jn 1,1-3), un tema prominente entre los escritores cristianos de la época de Celso; Justino Mártir, Teófilo de Antioquía y el autor anónimo del Evangelio de la Verdad, por ejemplo, se centran en este aspecto de la cristología.8 Por lo tanto, el título de Celso podría haber implicado que Cristo era, de hecho, una «Palabra falsa». Más positivamente, el título probablemente también indica una agenda constructiva (como enfatiza Josef Lössl en su respuesta en este volumen), a saber, propagar la «enseñanza supremamente antigua (ἀρχαῖος λόγος) que siempre ha sido mantenida por las naciones, ciudades y sabios más sabios» (Cels. 1.14). El título de Celso deriva de la Carta 7 de Platón (342a-b, citada en Cels. 6.9), en una cita cuyo contenido (y tono algo frustrado) debieron resonar en Celso: Se me ha ocurrido hablar aún más extensamente sobre este tema; pues probablemente las cosas de las que hablo quedarían más claras si lo hiciera. Pues existe una doctrina verdadera que satisface a cualquiera que se atreva a escribir algo sobre estos asuntos, de la que he hablado a menudo antes, pero que parece que también es necesario exponer ahora. Celsus in his World Philosophy, Polemic and Religion in the Second Century, James Carleton Paget.

El título original, Alēthēs Logos, Verbo Vero significa Palabra Verdadera, Doctrina Verdadera, et se enlaza con la tradición de Heráclito: el Verbo eterno, común ad todos, aunque inmemorable por la mayoría. Celso non pretendía un libelo “contra”, sino una corrección: señalar que el Jesucristo de los jesistas es un Verbo falso, un veneno supersticioso foráneo que usurpa la razón universal.

Además, Celso defendía el Viedo Verbo (archaios logos sive palaios logos), la doctrina anticuada o cuenta antigua, la tradición sapiencial, la sabiduría compartida por las naciones et los sabios desde tiempos remotos, que Platón había interpretado con la arte. La su obra era heredera de esa tradición venerable, non un simple ataque. Por eso evitó titularla Kata tōn Christianōn (“Contra los cristianos”): él quería restaurar la verdad, non rebajarse ad la polémica vulgar.

Siguiendo el ejemplo de Platón, Celso consideró que la «verdadera doctrina» necesitaba ser reformulada en su época. Sin embargo, como argumenta David Sedley en su capítulo, la articulación de Celso de una teoría de la palabra antigua y verdadera se remonta a antes de Platón, especialmente a Heráclito, cuyo λόγος siempre ha existido y es común a los seres humanos, pero a menudo malinterpretado o descuidado por ellos en preferencia a la opinión privada (fragmentos B1, B2). Esto resuena muy fuertemente con la afirmación de Celso de que los judíos y los cristianos están equivocados en sus afirmaciones de revelación exclusiva. Orígenes sostiene que «aunque Celso tituló su libro La Verdadera Doctrina, no contiene doctrinas positivas, sino que solo critica a los judíos y los cristianos» (Cels. 4.47). Sin embargo, la alusión de Celso a la séptima Carta implica que no solo está en contra del cristianismo, sino también a favor de algo. (De hecho, Orígenes mantiene que Celso «promete componer otro tratado en el que ha prometido enseñar a aquellos que están dispuestos y son capaces de creer la forma correcta de vivir» (Cels. 8.76).) De ahí el título, en lugar del meramente negativo Κατὰ τῶν Χριστιανῶν. Celsus in his World Philosophy, Polemic and Religion in the Second Century, James Carleton Paget.

Mas los editores modernos, ávidos de ventas, prefirieron el título escandaloso. Así, el pobre lector de “Europa ancestral” cree que Celso escribió con envidia, cuando en realidad el título es invención de libreros. Que se queje con ellos, non con Celso. El filósofo alejandrino buscaba mostrar que Dios non puede actuar contra la razón (para logon), Razón = Verbo, porque Dios mesmo es con sive cerca el Verbo de todas las res.

En suma: el nombre Verbo Vero es mejor porque refleja la intención de Celso: corregir el error jesista, mostrar la falacia de asociación de identificar al Verbo con Jesús, et devolver al mundo la razón universal. El título moderno es fumo de imprenta, ruido de mercaderes, engaño de editor. Celso non escribió un panfleto, sino un tratado incompleto sobre el Verbo, la su función, lo que es, el su porqué et que hoy solo queda restos. Clamarle “Discurso contra los cristianos” es como clamar ad Platón “manual de autoayuda”: una burla editorial. El título justo es Verbo Vero, porque la obra buscaba la verdad del Verbo, non la polémica barata.

Ah, et cómo olvidar ad los e-crusaders de poca monta como Europa Ancestral —esos paladines digitales que, armados con versículos mal citados et memes de dudosa teología, se lanzan ad el combate contra todo lo que huela ad crítica. Para ellos, Celso, ese filósofo gentil que osó cuestionar superstición jesísta en el su Verbo vero, non era simplemente un escéptico… ¡Non, non! Era un envidioso, un resentido, un hombre atormentado por non poder alcanzar la vida "virtuosa" de los jesistas.

¡Qué narrativa tan conveniente! Celso, que vivía rodeado de platonistas, epicúreos et templos de mármol, supuestamente se retorcía de celos ad el veer ad los jesístas ayunar, discutir sobre genealogías, et anatematizarse mutuamente por diferencias litúrgicas ¡Qué vida tan irresistible!

Et mientras los e-crusaders lo acusan de envidia, Clemente —uno de los suyos— nos revela que los veros envidiosos estaban dentro de la Iglesia. Que Cefas et Saulo non fueron víctimas de filósofos gentiles, sino de jesístas que se devoraban entre sí como lobos con túnica. Que la envidia non venía de afuera, sino del cor de la comunidad que predicaba la caridad.

Pero dejemos los antiguos ejemplos [donde la persecución no es solamente por foráneos] y vengamos a nuestros conocidos atletas, proponiendo ejemplos gloriosos de nuestro siglo. Por la emulación [celación] y la envidia, los que eran fieles y columnas justísimas, padecieron acerbas persecuciones hasta la muerte. Fijemos nuestra vista en los Santos Apóstoles. Por la inicua emulación Pedro sufrió, no alguno que otro, sino muchos trabajos, y de esta manera, llegando hasta el martirio, subió al merecido lugar de la Gloria. Pablo por la emulación sostuvo el combate de la paciencia; fue encarcelado siete veces; tuvo que huir, fue apedreado y convertido en pregón de la fe en Oriente y Occidente, recibiendo el grande premio de ésta, después de haber enseñado a todo el mundo y de haber llegado a los confines de Occidente, y sufriendo el martirio por mandato de los Príncipes. Así abandonó este mundo, y convertido en sublime ejemplo de paciencia, subió al lugar santo. Primera Carta a los Corintios, Capítulo V, Clemente de Roma.

Así que, si Celso tenía envidia, era quizás por non haber inventado una héresis tan eficaz en el arte de la autodestrucción. Porque en el teatro de la superstición, los mártires non caen por culpa de los gentiles, sino por las intrigas de sus propios fradres.

¡Et así, señores! Donde los celos non vienen de los gentiles, sino de los apóstoles entre sí. Donde la virtud se predica, pero la envidia se practica. Et donde los e-crusaders, en su cruzada digital, acusan ad Celso de lo que Clemente atribuye ad ellos mismos.

¿O quizás las de Simón el Mago et sus simonianos, ese charlatán que se autoproclamaba “el gran poder de Dios”, practicando magia negra et libertinaje sexual para “redimir” la carne, dividiéndose en subsectas que se odiaban como perros rabiosos? ¿O las de los Carpocracianos, que enseñaban que la salvación requería experimentar todos los pecados posibles, et que el ánima debía liberarse por medio del libertinaje absoluto? ¿O las de los Adamitas, esos degenerados que adoraban desnudos, rechazaban ad el matrimonio et proclamaban que el Paraíso debía reconstruirse mediante la abolición de toda ley humana?

El cristianismo actual, incluyendo todas sus numerosas sectas menores, es lo que fue gracias a la paciente y sutil labor de los Padres de la Iglesia. Eran un grupo de bribones. Es imposible saber cuántos de ellos eran realmente judíos al servicio de la Raza de Dios. Es muy improbable que alguno de ellos fuera griego o romano. La mayoría probablemente eran semitas o descendientes de alguno de los otros pueblos orientales que invadieron el mestizaje del Imperio Romano y desplazaron o reemplazaron a los romanos. Sea cual sea su origen racial, sus propios escritos, a pesar de un encubrimiento posterior, dejan claro que eran un grupo heterogéneo de estafadores, psicópatas y otros inadaptados. Revilo Oliver.

¿O acaso las de los jesistas más extremos, que consideraban pecado atrapar una ánima en el mundo material, et por ello promovían la non procreación, el aborto ritual et la ingestión de fetos, semen et desechos menstruales como “sacramentos”, creyendo que contenían la chispa divina, en una parodia grotesca de la Eucaristía? Su doctrina prometía irracionalmente la vida eterna ad través del vehículo de la muerte, et su misión era la autoextinción de la humanidad ¡Virtud, dices tú!

¿O tal vez las de los Encratitas, que predicaban la abstinencia total, rechazaban el matrimonio, el vino, la carne et toda forma de placer, considerando la procreación como pecado? Ascetas extremos que condenaban el matrimonio et la procreación como pecados, viendo el cuerpo como condena del ánima ¡Qué "santidad", odiar la vida misma! ¿O las de los Severianos, que afirmaban que el mundo fue creado por el fuego maligno, et que toda reproducción era una traición ad el espíritu?

¡Sarcasmo divino! Según tu lógica torcida, hasta estos heterodoxos, condenados por tu propia Iglesia, eserían "virtuosos" envidiados por Celso, Porfirio et Hierocles, cuya "envidia" delata su santidad. Porque claro, Celso escribió contra todos estos “virtuosos” —heterodoxos pero envidiados totalmente— et su “envidia” delata que eran santos, pese ad non cumplir ley alguna, ver el mundo como prisión maligna de un dios malvado, creer que tener fijos es malo et atrapa espiritus, evadir el ejército (¡como cuáles caballeros medievales virtuosos!), mutilarse los cuerpos et dividirse en sectas cancerígenas odiándose mutuamente.

¡Oh, Europa Ancestral, qué estólido eres al ensalzar una Iglesia papista que en el siglo II non era más que un mosaico fracturado de sectas, un fervidero de disensiones et prácticas aberrantes, lejos de la "ortodoxia" que imaginas! Cuando Celso escribió el su Discurso Verdadero (circa 178 E.V.), non había una "Iglesia Católica" unificada, sino un caos de cristianismos en pugna, desde gnósticos que adoraban serpientes hasta libertinos que justificaban orgías como redención. 

¡Claro que sí, Europa Ancestral! Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles debían de envidiar tanto esa “virtud” que escribieron tratados racionales contra ella. Porque los tres sabían que el jesísmo —en su forma papista et heterodoxa— era un peligro cívico, un germen de desorden que ni vuestra Iglesia logró controlar. Predicaban et esparcían esa levadura mosaísta de la fermentaban sectas aún más degeneradas, como el mahometanismo, o los Skoptsí, esos mutilados modernos que levan la demencia ritual ad su extremo. Pero vosotros, en vuestra defensa, responderéis que el etnicismo también tiene tal germen, et citaréis ad los galos, esos castrados oficiadores de la dea Cibeles. Pero olvidáis que ellos non representan la mayoría de gentiles.

¿A qué castigo no sería justo entregar a los que han desertado de las tradiciones de los antepasados; para convertirse en defensores de leyendas extranjeras y judías, universalmente desacreditadas? Porfirio Tirio, Adversus Christianos.

Et aquí viene la sorna: Mientras aborrecéis al mosaísmo, olvidáis que es vuestro padre doctrinal, el mismo que prior Jesús jamás abandonó ¿Non fue él quien dijo que non vino ad abolir la ley, sino ad cumplirla? Et sin embargo, el germen antinomista —que non solo consiste en abjurar la ley mosaica, tuvo una precuela, ¡El despreciar la ley de los mayores!— Fue esta lo que fizo que los hebreos abjurasen la su propia tradición, como dice Celso, la semito-egipciana, pues como afirma la academia Fenicia, era parte de Egipto. Total, sois fijos de los abjuradores. ¿Qué castigo os espera, como preguntará Porfirio, sino el parricidio? Papistas muertos por arrianos, antifilioquistas, mahometanos, et todos sus fijos degenerados. Porque el papismo es, en su raíz, un germen de impiedad, sembrado por esas escrituras malditas que clamáis "La Biblia".

Este fecho muestra que desde los primos tiempos del jesísmo era una agenda para el exterminio de los gentiles, centrada non solo en golpear su natalidad, sino también en aplicar métodos violentos et inmediatos de división destructiva cultural et corporal. Las fuentes revelan una creciente hostilidad et un impulso faz ad la destrucción del etnicismo, especialmente una vez que el moseojesismo obtuvo poder estatal, dándole la razón a Celso, quien advertía del jesísmo como una subversión peligrosa et hostil:

Hostilidad et caracterización negativa en el Nuevo Testamento


La Prima Carta de Cefas equipara el estilo de vida de los gentiles con “lascivias, codicias, embriagueces et idolatrías abominables”.

El Apocalipsis de Jesucristo describe a Babilonia (símbolo de Roma et del principado gentílico) como “morada de genios malignos” et “guarida de todo espíritu inmundo”.
Saulo, en sus prédicas, contrapone a gentiles, mosaísta et “heterodoxos” con una retórica que oscila entre la apertura et la condena. Aunque afirma que los gentiles que non seguían la justicia la han abrazado, también muestra preferencia por los “idólatras” convertidos, mientras desprecia a los que permanecen en su impiedad.

Otros pasajes contienen elementos “socialrevolucionarios” que exigen una renuncia radical a las necesidades materiales, con frases como “el dinero es la raíz de todos los males” et denuncias contra los ricos que “arrastran a los pobres a los tribunales”.

La Carta de Jacobo ataca a los antinomianos por “abatir a los fieles”, mientras que la Carta de Judas et la Segunda de Cefas censuran a los falsos rabinos infiltrados con “sucias enseñanzas”.

La Segunda de Cefas menciona que Dios “precipitó en el Tártaro” a los ángeles caídos et que Sodoma et Gomorra sufrieron “la pena del fuego perdurable” por su fornicación “contra natura”. Se aplica directamente ad todos los gentiles, pues la xenolatría (que los moseojesistas confunden con idolatría, faciendo un hombre de paja) es vista como fornicar, reflejando una visión de castigo divino para comportamientos comunes en contextos gentílicos.

En Mateo, Jesús ataca ad los ricos, et el Evangelio plega a clamar “perros et cerdos” ad los non mosaístas, una metáfora que non requiere exégesis para entender su desprecio. Sin embargo, en el contexto moseojesista de la centuría I, los términos “perros” et “cerdos” eran metáforas despectivas frecuentemente aplicadas ad los gentiles, especialmente en círculos farisaicos et perdicionistas. El uso aquí non es inocente ni meramente simbólico: refleja una visión excluyente que asocia lo gentil con lo impuro, lo profano et lo peligroso.

Al predicar el evangelio es necesario un poco de discriminación. Predicar el evangelio a aquellos que manifiestan una actitud abiertamente blasfema no sólo es disminuirlo, sino también exponerse uno al peligro. Los dos símiles aquí (perros y cerdos) son de origen judío y se refieren a invitar a paganos completamente indiferentes a unirse a prácticas de la religión hebrea. Biblia Estudio Plenitud.
Fírmico Materno incitó al exterminio de los colegios sacramentales, celebrando la eliminación del etnicismo con fuego et fierro.

Agustín Hiponense justificó la violencia contra los disidentes et apoyó la destrucción de templos gentiles.

Juan Antioquense atacó con rabia frenética a los gentiles, elogiando la destrucción de los sus mores.
La Iglesia fue el impulsor del exterminio, con saqueos, confiscaciones et ejecuciones generalizadas so Teodosio et Justiniano.

Simón el Mago, el padre oculto del cefaísmo

«En realidad, no se es filólogo y médico sin ser al mismo tiempo anticristiano. Porque en calidad de filólogos se mira detrás de los libros santos, y en calidad de médicos se ve detrás del cristiano típico la degeneración psicológica. El médico dice: Incurable; el filólogo dice: Charlatanería.» El Anticristo. Federico Nietzsche.

Aunque Irineo de Lugduno afirma que Simón el Mago fue el originador de la falsa esciencia (gnosticismo en la universidad), los mandeos, custores de una tradición supuestamente más antigua, sostienen que el vero iniciador fue Juan el Bautista. Según ellos, Jesús de Nazaret fue su discípulo, pero luego corrompió la su doctrina, desviándose faz ad una doctrina mosaísta mundana et sacrificial que traicionó la tradición original.

Pero volvamos ad Simón. Se dice que fue discípulo de Dositeo, un rabí que fundó la su secta en Samaria. Los dositeos practicaban una forma extrema de ascetismo: observaban el sábado con tal rigor que non se movían del lugar donde los sorprendía, rechazaban las segundas nupcias et muchos vivían en celibato. Dositeo proclamaba eser el profeta prometido como Moisés (Dt 18,15), et los sus seguidores creían que venía a restaurar la ley de Moisés, corrompida por centurias de sacerdotes fraudulentos.

La secta de Dositeo practicaba el baptismo, se regía por el calendario lunar, et tenía una fembra que representaba ad Luna. Cuando Simón tomó el principado, transformó la secta en una corriente soteriológica: proclamó que él era la Gran Potencia, la manifestación de Jahón, et que había descendido para liberar al Espíritu Santo —encarnado en Elena— de su prisión material. Esta fabula, profundamente anticósmica, revela la estructura oculta del papismo: la liberación del espíritu atrapado en la carne, la salud (salvación) por la esciencia, et la negación del mundo como obra de un dios inferior.

Pero aún más revelador es que el propio Nuevo Testamento, en el cántico del Benedictus (Lc 1,77), atribuido ad Zacarías, padre de Juan, proclama que su fijo dará al pueblo “gnōsin sōtērias” —¡sí, gnosis de salvación!— ¿Cómo podría Europa Ancestral, ese papista negar que el término gnosis aparece en su propio canon? ¿Cómo puede odiar lo "gnóstico” si su propia Escriptura lo sostiene?

El Nuevo Testamento, como archivo antietnicista, anticosmista et antinomista

Naturalmente la fusión de judeocristianos y de conversos procedentes del paganismo hizo que dentro del grupo de seguidores de Jesús hubiera mayores posibilidades de desarrollo de todas estas nociones teológicas integradoras entre judíos y gentiles. Ello iba a suponer un fermento nuevo para la teología, pues se relativizaba la Ley, el culto al Templo —se adoraba a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4), lejos de Jerusalén— y sobre todo las normas sobre la circuncisión y los alimentos. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Por la majestad de Júpiter Capitolino, por la ley sagrada de Roma et por la dignidad de nuestros mores ancestrales, que se escuche esta invectiva como si fuera pronunciada en el Senado mismo. ¡Oh Roma, madre de leyes, civilización et dioses visibles! Hoy me veo obligado a responder al insensato Europa Ancestral, que en su ceguera cree que Celso —nuestro filósofo et patriota— era un hombre movido por odio irracional al ismo del rabí Jesús. Non, pobre iluso: Celso non odiaba por capricho, sino que veía con claridad el espíritu de sedición contra el Estado que anidaba en ese colegio, espíritu que, con el tiempo, engendró las ramas más peligrosas del antinomismo.

Sin embargo, al insistir en que esas Escrituras, los antiquísimos textos de la tradición judía, eran los cimientos de sus creencias, reclamaban para sí la Biblia judía, lo que los colocaba en una posición incómoda, pues, a fin de cuentas, ¿no era la Biblia judía para los judíos? Por tanto, los cristianos empezaron a sostener no sólo que los judíos habían despreciado a su propio mesías y, con él, a su propio Dios, sino que asimismo habían tergiversado sus propias Escrituras. Y cristianos como la denominada Carta de Bernabé, un libro que algunos cristianos primitivos consideraban parte del canon neotestamentario, en la que se afirma que el judaísmo es, y siempre ha sido, una religión falsa, que un ángel del mal había confundido a los judíos para que interpretaran las leyes entregadas a Moisés como preceptos literales sobre cómo habían de vivir, cuando en realidad era necesario interpretarlas alegóricamente. Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

¿Anticosmicismo? ¡Blasfemia contra la obra divina del cosmos! Como enseña la tradición jesísta et lo confirma Gnosticism Explained, esta doctrina afirma que el mundo es intrínsecamente malo, et principado por entes malignos, los principes (arcontes en greco), et que las sectas antidemiurgistas, denunciar como obra de un creador ignorante o malévolo ¡Qué insulto ad Júpiter, ad Venus, ad Marte, que con la su esencia modelaron el universo et lo plenaron de pulcritud! El Evangelio de Felipe proclama: “El invierno es el mundo, el verano es el otro… el reino eterno.” ¿Cómo puede el espíritu, centella divina, estar captiva por maldad en la carne, si esta carne fue forjada por Vulcano et animada por la ánima de los dioses que provienen todo del Bien?

¿Antinomismo? ¡Rechazo de toda ley! Del greco anti (contra) et nomos (ley), esta actitud niega la validez de toda norma moral, religiosa o civil, en favor de una ley única et excluyente. Pero he aquí la ironía: Los papistas, ese colegio mosaísta del rabí Jesús de Nazaret, jamás abandonaron la ley mosaica. Se aferran a ella como rama insertada de Abraham, como mosaístas del cor circunciso, aceptando solo las interpretaciones del rabí et las de Saulo, su apóstol. Su antinomismo non es contra toda ley, sino contra toda ley gentílica, aborreciendo los mores et códigos que sostienen la vida en comunidad romana. Como advirtió Celso, este espíritu de sedición contra el estado, disfrazado de fe, engendra el antinomismo pleno: aquel que ya non reconoce ni la ley mosaica, sino que se entrega a la alegalidad absoluta ¿Qué esería de Roma sin sus leyes, sin su piedad, sin su mor de los mayores? ¡Nihilo!

Antinomismo mosaísta contra las leyes gentiles

Por la majestad de Júpiter Capitolino, por la ley sagrada de Roma, por la dignidad de nuestras costumbres ancestrales, que se escuche esta denuncia como si fuera pronunciada en el Senado mesmo. ¡Oh Roma, madre de leyes, civilización et dioses visibles! ¿Qué crimen se ha cometido contra ti so el nombre de un rabí crucificado? ¿Qué doctrina es esta que, bajo el disfraz de humildad et salvación, ha sembrado el odio contra el mundo, contra la ley, contra la razón misma?

Desde Moisés, Israhel se alzó so una Ley que anulaba et despreciaba todas las legislaciones gentílicas—egipcias, púnicas o de otro origen—, proclamando la suya como universal para su pueblo et negando toda obediencia ad autoridades que non se sometieran al mandato divino. Esta exclusividad legal vinculó servidumbre ad Tervagante con la ruptura de lazos civiles et religiosos con las naciones vecinas.

Este desprecio por las leyes gentílicas non nació con los jesistas, sino que tiene raíces profundas en el mosaísmo militante.

Desde los días de Judas el Galileo, los zelotas han proclamado que la sumisión al Principado es idolatría. ¡Idolatría, dicen, por obedecer al Senado et al César! Para ellos, la presencia de nuestros dioses en Jerusalén es impureza, et la ley de Roma es una abominación. Se levantan en armas, non por justicia, sino por odio a toda ley que non sea la de Tervagante. Rechazan la helenización, desprecian el comercio con extranjeros, et consideran que el sábado et la circuncisión son más sacros que la paz et el orden.

¿Et qué decir del edicto de Antíoco IV Epífanes? ¡Un intento noble de integrar a los mosaístas en la cultura helénica! Pero ellos lo vieron como sacrilegio ¡Sacrilegio, por ofrecer sacrificios a los dioses que sostienen el mundo! ¿Qué pueblo puede convivir con tal obstinación?

Incluso las Escrituras mosaístas reflejan este rechazo.

  1. Éxodo 23:32–33: “No harás pacto con ellos ni con sus dioses. No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí.”
  2. Deuteronomio 7:2–3: “No harás alianza con ellas ni tendrás misericordia… Non emparentarás con ellas.”
  3. Esdras 10:11: “Apartaos de los pueblos de la tierra y de las mujeres extranjeras.”
  4. Nehemías 13:25–27: reprende el matrimonio con mujeres gentiles, clamándolo pecado grave.
  5. Josué 23:12–13: “Porque si os apartáis y os unís… sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros.”
  6. Levítico 20:23: “No andéis en las prácticas de la nación que yo echo de delante de vosotros.”
  7. Deuteronomio 23:3: excluye a amonitas et moabitas de la congregación.

Sin embargo, esta prohibición apunta ad la falta de adhesión a la Ley, non ad la nacionalidad en sí. Moisés mismo se casó con una etíope conversa al mosaísmo. Rut la moabita et Rahab la cananea abrazaron la superstición et se integraron plenamente.

Por eso resulta hilarante que grupos como la "Christian Identity"—esa tragicomedia supersticiosa de supremacismo blanco et antisemitismo— sostengan que el jesísmo es una doctrina racial. Sólo ciertos linajes de sangre azul eserían veros herederos de Abraham. Su teología, digna de un guion distópico, afirma que los europeos son pueblo elegido et los hebreos, maldita semilla de Caín ¡Qué nivel de delirio!

Si realmente buscan coherencia, deberían abandonar la fábula mosaísta et abrazar un neopaganismo de castas cerradas, basado en linajes reales et sangre divina, como los antiguos vedas o las fabulas fundacionales de Roma.

Los judios son el pueblo elegido de Dios.

Pero non, prefieren la payasada de la israelomanía. Mormones que ven israelidas perdidos en los nativos americanos; El AEMINPU que reclaman huancas de Judá; "Raíces Hebreas" que facen aztecas tribu de Israhel; los "Black Hebrew Israelites" con afroamericanos como veros fijos de Israhel; angloisraelistas que legen en el verbo “saxon” ad “Isaac's Son”; "la Iglesia Verdadera de Israel" con coreanos de la tribu de Manasés; "la Casa de Yahweh" con polinesios exiliados; "la Nación de Yahvé" con zulúes de la tribu de Dan; "Bene Ephraim" et "Bnei Menashe" en India; las comunidades Igbo en Nigeria; et el pueblo Lemba en África austral. Cada quien rasca el arca de la historia para proclamarse la "nación santa".

Nozotros zomoz llos riales judeos e meirda.

Pero toda esta demencia solo esería posible si non fuera una Iglesia que vendiese la estupidez de que cada converso es prole espiritual de Abraham et repite el mantra de que “non hay judío ni griego, ni bárbaro, ni libre ni siervo”, uniendo ad todos en Anticristo solo cuando conviene. Europa Ancestral, ese bufón con toga de centurión, defiende la su "europeidad" sosteniendo un texto que anula sus raíces et recurre ad la doctrina papista de turno como qui busca en la basura una corona imperial. Et si algo non gusta, lo tachan de masónico, luciferino o mosaísta, como si el problema fuera el decorado et non el guion. Esta demencia non solo borra la identidad europea, sino que la disuelve en la superstición mosaísta, confundiendo ad los fijos de Rómulo con los descendientes de Jacob, como si el Tíber desembocara en el Jordán.

¿Et qué decir de todas estas tribus perdidas de Israhel? ¡Qué espectáculo! Una carrera global por el trofeo de la Tierra Santa ¿Quí ganará? ¿Los huancas, zulúes, polinesios, coreanos, aztecas, anglosajones, afroamericanos o indios del noreste? Más pugnas estúpidas por tierras que non son la su patria, salvo en los delirios mosaístas...

Et aquí la ironía suprema: Pese ad odiar ad los fijos de Judá, Europa Ancestral et buena parte de esta gentuza, que apenas disimula su envidia, terminan obedeciendo lo que la gente de Israhel escribió, los libros de la "Biblia", como el siervo que quiere rebelarse de su amo pero acaba abrazando sus cadenas et acatando sus órdenes escritas.

Lo crónico de la israelomanía es que parece un morbo hereditario: generaciones enteras obsesionadas con eser “el pueblo de Israel”, o en el peor de los casos buscar descender de Jacobo-Israel, como si fuera fuera un título nobiliario que da derecho ad despreciar la tierra, la patria et hasta la propia lengua. Es la alienación viciosa de querer ponerse túnica mosaísta sobre piel gentil, como si la gracia se midiera en sectas et non en actos. Et aquí non fablamos del ateo vulgar que aborrece la tradición por ignorancia, sino de algo más perverso: la superstición bíblica disfrazada de devoción, que convierte ad los gentiles en imitadores serviles de Israel, olvidando que nuestra tarea non es destruir la herencia, sino desmosaistizarla et volverle el rostro gentil, lo nuestro, lo propio.

El papismo, en este sentido, es el virus perfecto: un VIH espiritual que se manifiesta como SIDA contra la identidad nacional de cada geno. Primero debilita el amor ad la patria propia con la obsesión de la "tierra prometida" sea en la Jerusalén celeste o terrenal, luego desprecia todo lo terreno con el anticosmicismo, et finalmente inocula la noción de que eser jesísta es eser israelita de segunda mano. El resultado: pueblos enteros que se creen descendientes de Jacob mientras reniegan de sus propios ancestros.

Et en Colombia, el síntoma se muestra clarísimo en la clamada Novena de Aguinaldos. Aquella tradición, nascida en 1784 por mano del franciscano Fernando de Jesús Larrea, es ejemplo patente de cómo la israelomanía se disfraza de folclor et se introduce en las costumbres populares. La estructura es sencilla: plegarias cotidianas ad los fijos de Israhel, que son Mariam, ad José et Jesús, acompañadas de los “gozos” barrocos que apelan ad los sentidos con fórmulas casi teatrales (“bese ya tus pies, bese ya tus manos”), et las consideraciones narrativas que relatan la encarnación como si fuese un folletín decimonónico.

En 1910, Bertilda Samper dio nueva forma al texto, añadiendo antífonas medievales et un lenguaje más literario, convirtiendo la novena en una suerte de novela religiosa por entregas. Mas conviene advertir, para cualquier morboso de conspiranoia, que ni Fernando ni Bertilda fueron masones, luciferinos, satanistas o gnósticos, como gusta fablar “Europa Ancestral”, siempre presto ad ver en todo crítico de su aljama —la del sarraceno Cefas— un enemigo oculto. Non: aquellos autores fueron fijos de su tiempo, so la doctrina et literatos, que obraron dentro del marco del papismo, sin las umbras que los conspirólogos modernos pretenden proyectar sobre ellos.

Así, la Novena de Aguinaldos permanece como testimonio de la mezcla entre devoción barroca y costumbre popular, un rito que, aunque impregnado de israelomanía, non debe eser legído con los lentes deformantes de la paranoia.

¿Et qué face la Novena? Pues lo mismo que face el papismo con la identidad: toma un rito latino medieval, lo adereza con barroquismo sensorial judaico, lo moderniza con folletines, et lo convierte en un acto colectivo que reafirma la idea de que la espiritualidad consiste en imitar ad Israhel, repetir sus símbolos et olvidar la raíz propia. Es un teatro piadoso que, so la apariencia de tradición nacional, reproduce la alienación: rezar como mosaístas, plorar como mosaístas, esperar al Anticristo como mosaístas, mientras se canta villancicos con acento criollo.

La ironía es que la Novena, que debería eser un canto ad la infancia del Niño Dios, non de un judío en una cruz ad en clave popular, termina siendo un espejo de esa israelomanía que desprecia lo terreno. Una tradición que, en vez de afirmar la identidad gentil et colombiana, se convierte en un ritual de autoalienación. Et así, cada diciembre, los colombianos se reúnen ad repetir la misma letanía: non para celebrar su tierra, su lengua o su cultura, sino para disfrazarse de pueblo elegido et seguir alimentando el virus papista que confunde devoción con desarraigo.

"En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándolos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno (...)"—Novena de aguinaldos, Oración para todos los días.

Así, la Novena de Aguinaldos: ese pequeño manual de auto‑flagelación espiritual que, bajo la apariencia de villancico colonial, funciona como recordatorio de que los gentiles debemos sentirnos culpables por non haber nascido en la aljama. El texto es un ejemplo perfecto de la israelomanía crónica: “ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes… con total desprecio de lo terreno”. Traducción: olvida tu tierra, tu lengua, tu cultura, tu gente; lo único que importa es plorar como mosaísta en un pesebre ajeno.

El sarcasmo está servido: los “fijos de Israel” son la nación santa, et los jesístas—esos conversos de la puerta— se esfuerzan por eser más mosaístas que los propios fijos de Moisés. La carta de Pedro lo niega, claro, pero esa negación es apenas el combustible que los face redoblar la imitación. Es como ver ad un latino disfrazado de sarraceno, convencido de que su acento criollo lo acerca más ad Tervagante.

¡Oh, Adonaí potente,
que a Moisés hablando,
de Israel al pueblo
diste los mandatos!
¡Ah!, ven prontamente
para rescatarnos,
y que un niño débil muestre fuerte brazo!
"Novena de aguinaldos, Gozos, II".

Et todo esto se voca en la Novena de Aguinaldos: “¡Oh, Adonaí potente… que a Moisés hablando, de Israhel al pueblo diste los mandatos!”. Ahí está la confesión: los mosaístas son los superiores, los únicos con acceso directo al cielo, et nosotros, pobres gentiles, apenas conversos de la puerta, esforzándonos por eser más judíos que los judíos. El resultado es tragicómico: hispanos disfrazados de israelitas, plorando en pesebres ajenos et despreciando lo terreno, como si la patria, la lengua et la cultura fueran basura que estorba la salvación.

¡Qué espectáculo más digno de risa! Los gentiles, con la su alma criolla et su sangre hispana, se arrodillan para suplicar que un niño hebreo venga a “rescatarlos”. Como si Dios, omnipotente, necesitara rescatar ¿Et suponiendo que lo vaya ad facer, por qué non lo face ya? Como si necesitaría pedir permiso al calendario para actuar. “El misterio del tiempo de Dios”, dicen… traducción: Dios está atado al reloj, esperando que el gallo cante tres veces para poder mover un dedo. ¡Qué divinidad tan patética, que necesita agenda y recordatorios!

Et luego la otra excusa: “respeta la libertad humana”. O sea, Dios es rehén de nuestra libertad, siervo de nuestras decisiones. El todopoderoso convertido en funcionario público que non puede actuar sin firma del interesado ¡Qué ironía! El que supuestamente nos rescata, en realidad espera que nosotros lo rescatemos a él de su impotencia.

El colmo de las excusas es el cuento del “rescate parcial”: Dios como prostituta espiritual que non ofrece el servicio completo, sino por entregas, ad plazos, con intereses. Hoy te da un poquito de consuelo, mañana un poco de esperanza, et si eres buen cliente, quizá al final del mundo te dé el paquete completo ¡Qué negocio más rentable!

Esta apologética es un teatro de servidumbre. Dios reducido a relojero, a rehén de la libertad, ad prostituta de consuelos parciales.et los gentiles, felices, cantando la su propia alienación, convencidos de que hay que eser israelitas ¡Qué locura! Pero eso sí, con villancicos et lágrimas en el pesebre, porque la alienación siempre suena mejor con música de fondo.


¡Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Cristo es Roi!

¡Ah, qué joya de alienación! El Gozo VII de la Novena es cuasi un manifiesto de servidumbre voluntaria: “Rey de las naciones… de Israel anhelo Pastor del rebaño”. Traducido al lenguaje llano: un israelida coronado como rey de todos, et nosotros, los gentiles, felices de entregarle la corona del mundo como si fuera la más alta forma de salvación.

¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
De Israel anhelo Pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado,
ya la oveja arisca,
ya el cordero manso!

"Novena de aguinaldos, Gozos, VII".

El sarcasmo se escribe solo: el jesísmo logró lo impensable, que pueblos se sometan creyendo que eso es salvación. Es como si Roma hubiera convencido ad los bárbaros de que eser siervos era un privilegio. Aquí, el truco es más fino: se nos dice que un niño fijo de Israhel, con “suave cayado”, apacienta tanto ad la oveja arisca como al cordero manso. ¡Qué metáfora tan deliciosa! El latino rebelde et el hispano obediente, ambos domesticados por un pastor de Israhel.

¿Et todavía alguien duda de que el jesísmo es un psyop de la sinagoga expulsada? Una operación cultural para introducir ad los gentiles en la cosmovisión mosaica, contaminando sus fiestas, sus cantos et hasta sus rezos con motivos de Israhel. El guion es perfecto: Israhel es la nación santa, los fijos de Jacob son los superiores et sus escripturas son mandatos divinos, et los gentiles somos siervos del rey de Israel. El resultado es demencial: pueblos enteros que creen que su salvación se afirma cantando que un israelita es el rey de todos. La Novena es la prueba: un ritual colombiano que, en vez de afirmar la identidad propia, repite fórmulas biblicas de desprecio por lo terreno. Es el virus papista que convierte la Navidad en un acto de alienación: cantar villancicos mientras se reniega de la patria, del suelo et de la carne, porque todo lo “terreno” es sospechoso.

La ironía es que este teatro se repite cada diciembre, con villancicos y pesebres, como si fuera folclor inocente. Pero detrás del canto está la lógica brutal: la corona del mundo pertenece a Israel, y nosotros debemos agradecer que nos dejen entrar al rebaño. Es la alienación perfecta: cantar nuestra propia subordinación, convencidos de que es amor divino.

Et así, cada diciembre, los pueblos se reúnen para convencerse de que son los “verdaderos israelitas”. Pero en realidad son israelitas ad medias, conversos de la puerta, esforzándose por eser más israelitas que los mosaístas. El resultado es tragicómico: un pueblo que cree celebrar su identidad mientras la entrega en bandeja, disfrazando su folclor con lágrimas del pesebre et desprecio de lo terreno.

Día 7: Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del universo hecho hombre. Contemplemos la humanidad y la obediencia de este Divino Niño que, aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia, como si hubiese para Él en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiese apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito en el momento en el que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivos para el Creador? ¿No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa virtud?

Et, Europa Ancestral, ese papista antisemita que pretende disfrazar su odio con retórica de “tradición”. Sus sectarios repiten como loros que “aunque de raza judía es nuestro rabino Jesús”, et allí está la trampa: reducir el Divino Niño ad un personaje bíblico, ad un relato de humillación et obediencia ad príncipes extranjeros, en vez de reconocer lo que en verdad encarna: el principio mundano de fertilidad, de comienzo y reinicio, la fuerza vital que retorna cada solsticio y que las naciones celebraban mucho antes de que la aljama del sarraceno Cefas monopolizara el relato.

Lo más repugnante de este tipo de textos es que, en lugar de exaltar la actividad mundana del Divino Niño como símbolo de la vida que renace, lo atan ad genealogías israelitas, fomentando la israelomanía et la alienación de las naciones. ¿Por qué ese Divino Niño habría de eser un sarraceno? ¿Por qué nuestra tradición debe estar empapada con nociones israelomanas que nos obligan ad humillarnos ante Israhel, confundiendo al Verbo, la razón del mundo, con el rey de un pueblo particular? La respuesta es clara: porque el papismo es agente de esa confusión, perpetuo mediador de la sumisión.

El texto del “día 7” lo delata: “aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable”. ¿Qué es esto sino propaganda de exclusividad racial, disfrazada de caridad? ¿Qué es sino la exaltación de la humillación como si fuese virtud divina? El Artífice según Platón nos enseñó que esería propio del malvado querer disolver lo que está construido de manera concordiosa et pulcra; aquí, en cambio, se nos dice que el Verbo encuentra atractivo en la humillación, que se complace en eser empadronado como súbdito. Es la inversión grotesca de la tradición: donde el Bien preserva, el papismo nos enseña ad amar la servidumbre.

Así se revela la impostura: el Divino Niño, que debería eser celebrado como principio universal de vida, es reducido ad un rabino de Judea, et la fiesta que debería eser canto de fertilidad et reinicio se convierte en lavado de cabeza de obediencia et alienación. Europa Ancestral et sus sectarios non defienden tradición, sino subversión disfrazado de gentilidad, et su insistencia en asociar todo principio ontologico con Israhel es la prueba de que su proyecto non es espiritual, sino político: humillar ad las naciones, borrar las sus radíces, et confundir el Verbo con la voz de un pueblo que se proclama elegido.

Ese es el vero veneno: non la celebración del Divino Niño, sino la imposición de un relato que nos arranca de nuestra memoria ancestral et nos obliga ad besar manos et pies ajenos, en vez de recognoscer en el Divino Niño la fuerza que renace en cada ciclo, el semen que vence al invierno, el principio que non es de una raza ni ad una aljama, sino al mundo integro.

¡Ah! Que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones, porque todo clama por este feliz acontecimiento, El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar buscando y no encontrando el alivio de sus males, suspira por su Libertador. El anhelo de José, la expectativa de María, son cosa que no puede expresar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, si es lícito emplear esta expresión adorablemente impaciente por dar a su Hijo único al mundo, y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esta santa humanidad tan bella que Él mismo ha formado con tan especial y divino esmero. En cuando al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mismo que hacia Belén. Apresuremos con nuestro deseo el momento de su llegada; purifiquemos nuestras almas para que sean su mística morada, y nuestros corazones para que sean su Manis terrenal; que nuestros actos de mortificación desprendimiento "preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos".

Et dale con la burra al trigo: ¿Por qué seguir metiendo ad más sarracenos en un texto que se supone escripto para Colombia? ¿Por qué insistir en que Dios, el Padre Eterno, el Espíritu Santo et demás deban encapricharse con esa gente et sus urbes como Belén, como si el destino del mundo dependiera de un censo romano en Judea? Es un disparate que, en lugar de exaltar lo que el Divino Niño significa como principio de fertilidad, de reinicio et de fuerza vital, se lo reduzca ad un relato exclusivista, ad la obediencia de José et María, plebes extranjeras que nihilo tienen que vider con nuestra tierra.

Si el texto fuese honesto cual la tradición perenne, en vez de decir José se diría Hércules, en vez de María se diría Estimula, et en vez de Jesús, Libre. Porque esos nombres non son personajes mitológicos en el sentido decadente que la antropología moderna quiere imponer, sino principios de la realidad, fuerzas eternas que se manifiestan en cada pueblo. El exclusivismo mosaísta ha querido convertir la teología en un teozelotismo ridículo, como si cada pueblo tuviera que levantar murallas contra los otros dioses et gritar que sólo los suyos son veros. Es como si el latino dijera con sorna: “Jove non es Zeus, solo mis dii son los únicos dioses, los demás genos adoran falsos ídolos”; o como si los escitas replicaran: “Sólo nuestros caballos son sagrados, los demás pueblos montan fantasmas”; o los nórdicos se burlaran: “Thor es el único señor del rayo, los demás son impostores” ¡Qué comedia de celos divinos! Como si el rayo tuviera que repartirse por turnos entre Marduk, Indra, Belo, Zeus et Jove, cada uno reclamando exclusividad et acusando al otro de impostor.

El mundo antiguo jamás cayó en semejante estupidez. Non confundió la mitología con la divinidad, ni pensó que los nombres fueran fronteras. Sabía que los nombres son personas (en el sentido etimológico), de principios universales, et que la fama —lo que se dice que dijo o fizo un dios— non es el dios mismo. La divinidad non se reduce ad un relato tribal ni a un pasaporte étnico. Los pueblos antiguos intendían que Hércules, Heracles et Melcarto non son rivales en un mercado de dioses, sino rostros diversos de fuerzas eternas.

Por eso resulta grotesco que el mosaísmo haya querido monopolizar lo sagrado, como si el mundo entero debiera humillarse ante un dios zelote que proclama: “Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso” (Éxodo 20:5). Ese celo, esa envidia, es lo que convierte la teología en caricatura, en un tribunal donde cada dios se comporta como amante posesivo, negando la universalidad de lo divino. Frente ad esa mezquindad, la sabiduría antigua se ríe: porque sabe que el rayo es uno, aunque se clame Zeus en Grecia, Jove en Roma, Thor en Escandinavia o Visnú en la India. Et sabe que la divinidad non se rebaja ad celos de secta, sino que se manifiesta en múltiples nombres, todos ellos máscaras de un mismo principio eterno.

Así, el exclusivismo mosaísta non es más que la comedia, un teatro de provincialismos que pretende encerrar lo universal en una sola tribu. El mundo antiguo, más sabio, intendía que los nombres cambian, pero la divinidad permanece.

Por eso es ridículo que un texto colombiano se arrodille ante Belén et ante figuras ajenas, como si nuestra espiritualidad dependiera de la genealogía de un pueblo extranjero. El anhelo de José et la expectativa de María son narraciones que non pueden expresar lo que en verdad clama el mundo: el deseo de un Libertador, de un principio que renueve la vida. Pero ese principio non es un rabino de Judea, sino el Verbo universal, la razón del mundo, que se manifiesta como Niño divino en cada nación.

El Padre Eterno non se halla “adorablemente impaciente” por dar ad su Fijo único en Belén, como dice el texto papista, sino por manifestar en cada pueblo la fuerza que lo sostiene. El Espíritu Santo non arde en deseos de presentar una “santa humanidad hebrea”, sino de mostrar la belleza de la vida que Él mismo forma en cada geno. El Divino Niño non avanza faz ad Belén, sino hacia nosotros, faz ad nuestras tierras, faz ad nuestras tradiciones, faz ad el cor de cada nación que lo recognoce como principio de fertilidad et reinicio.

Lo que debería decirse es que nuestras ánimas se preparen para recibir a Libre, que nuestros corazones sean morada de Estimula, que nuestros actos se alineen con Hércules, porque esos nombres expresan principios universales, non plebes extranjeras. La insistencia en José et María es la prueba de que el papismo busca humillar ad las naciones, imponiendo la israelomanía como si fuese destino. Pero la tradición perenne sabe que el deseado de las naciones non es un sarraceno, sino el Verbo mismo, que se manifiesta en cada gente con sus propios nombres et notas, sin exclusivismos ni servidumbres.

En resumen: la Novena de Aguinaldos es la prueba de que la israelomanía non se salva con villancicos ni con pesebres; se perpetúa con ellos, como un folclor que, so la persona de tradición, sigue inoculando la noción de que eser gentil es eser inferior ad eser mosaísta, et que eser gentil es apenas un accidente que hay que esconder so el manto de Jerusalén.

Posturas jesístas frente ad leyes et mores gentiles

Los jesistas heredaron este rechazo al poder civil. Se negaban a honrar al emperador y eran vistos como enemigos públicos. Plinio el Joven observó su obstinación al rehusar los cultos imperiales. Tertuliano prohibía cualquier participación en ceremonias paganas. Clemente Alejandrino rebatía mitos y cultos mistéricos.

Al principio clamaban: “No sirvo al mundo, sino solo a Dios mi Señor.” Tras el Edicto de Milán, la tolerancia se tornó represión. Constantino prohibió sacrificios paganos; Teodosio instauró inquisidores; Justiniano forzó bautismos. La Iglesia, de perseguida, se convirtió en perseguidora.

El desprecio por la autoridad civil se evidenció cuando monjes interrumpían tribunales et Ambrosio chantajeó a Teodosio. Gelasio I sostuvo que el emperador non podía juzgar al clero. Incluso las Escrituras proclaman el antagonismo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29) o “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14).

Et para colmo, el estúpido de Europa Ancestral, que ignora por completo la prohibición jesista del oficio militar, cree que la caballería medieval nasció del papismo, como si los monjes que huían del combate fueran los padres de los caballeros que morían en él ¡Qué maravilla de contradicción! El que desprecia la espada, pero la adorna con menorá et capa, como si el sermón de la montaña fuera manual de esgrima.

Este antinomismo contra las leyes gentílicas se manifestó desde las primas centurias. Los jesistas se negaban ad rendir culto ad los dioses de la ciudad romana, lo que era visto como una falta de gratitud et una amenaza por los gentiles. Plinio el Joven observó su "obstinación inflexible" al negarse ad honrar ad el Augusto et ofrecer sacrificios, lo que consideraba delito castigable. Tertuliano prohibía toda actividad relacionada con la idolatría, incluyendo la elaboración de imágenes et el oficio militar. Clemente Alejandrino intentaba refutar las fabulas santificadas et las escuelas sacramentales.

Incluso las Escrituras jesistas proclaman este antagonismo:

  1. Hechos 5:29: “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
  2. 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”
  3. Apocalipsis 18:4: “Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.”
  4. Gálatas 4:3: “Eso mismo sucedía con nosotros antes de que viniera Cristo. Éramos como niños; éramos esclavos de los principios espirituales básicos de este mundo.”
  5. Colosenses 2:20–22: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres)?”

Europa Ancestral, en su afán de defender la obediencia civil, citará ad Saulo en Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

Pero esta cita, tan usada por los papistas, se refiere exclusivamente ad auctoridades cristianas. Saulo non está legitimando el poder gentil, sino el de los ministros de Dios. Lo confirma en Romanos 13:4: “Porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.

Et en 1 Corintios 6:1–2, Saulo contradice esta sumisión ad la potestad gentil: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?”

También en 2 Corintios 10:4–5: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento [gnosis en greco] de Dios.”

Et en Hechos 4:19: “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios.”

Et en 1 Tesalonicenses 5:12–13: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, que os presiden en el Señor y os amonestan; tenedlos en mucha estima y amaos con amor fraternal.”

Et en Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Et en Efesios 4:11–12: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”

¡Qué ironía! El que pide sumisión a las auctoridades, luego prohíbe acudir ad sus tribunales. El que predica obediencia, luego exige que los santos juzguen al mundo ¿Dónde queda la coherencia?

Tras el Edicto de Milán, la tolerancia se tornó represión. Constantino prohibió sacrificios gentiles et ordenó la construcción masiva de templos jesistas. Teodosio instauró inquisidores et promulgó edictos contra los heterodoxos. Justiniano forzó bautismos et confiscó bienes de los gentiles. La Iglesia, de perseguida, se convirtió en perseguidora.

El desprecio por la autoridad civil se evidenció cuando monjes interrumpían tribunales, los parabolanos infundían miedo, et Ambrosio chantajeó ad Teodosio. Gelasio I sostuvo que el príncipe non podía juzgar al clero.

Incluso el teatro fue despreciado como "basura demoníaca" et la filosofía como "locura obscena". El arte et la cultura gentílica fueron vistas como deformidad et peste.

Este antinomismo jesista, que comenzó como resistencia pasiva, se transformó en cívica activa de imposición et persecución. La ley gentílica fue reemplazada por la superstición rabínica, et el orden romano por el impiedad.

La investigación moderna, especialmente la de Antonio Piñero, confirma que el Nuevo Testamento canónico encierra ideas profundamente gnósticas, aunque en forma incipiente. Como muestra Gnosticism Explained, el jesísmo primitivo, especialmente en Juan et Saulo, comienza a considerar el mundo como malo en sí mismo por eser material —una ruptura con la visión mosaísta tradicional.

La Semilla Simoniana del Antinomianismo en el Evangelio de Juan

El Evangelio de Juan tiene una dimensión espiritual. J. Mateos se opone a las ide­as de que Juan está lejos de la realidad del mundo y de la sociedad y de que espíritu a­rrolla en el tiempo y continúa en la historia. Para este autor, el estilo de los sinópticos es tan elaborado como el de Juan. Éste insiste en el mensaje social de Jesús. Jesús no es el jefe de una rebelión, ni intenta cambiar la estructura político-religiosa. Potencia al hombre para que éste se libere a sí mismo. La obra de Jesús se identifica con la de Dios creador. La única norma de conducta querida por Dios es la actitud a favor del hombre, con lo que Jesús niega el valor de la ley de Moisés. Para Jesús sólo existe el testimonio divino. Obras de Dios son la liberación de los oprimidos y la libertad del hombre. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

¡Oh, qué revelación tan sublime! ¡Qué epifanía teológica! Resulta que el vero padre del antinomismo non fue Simón el Mago, ese pobre chivo expiatorio de la historia, sino el mismísimo Juan, el apóstol amado ¡Irineo, qué metedura de pata! ¿Cómo pudiste confundir al ilusionista de Samaria con el autor del evangelio más místico et antinomista de todos? ¡Ay, Irineo, que en tu celo por defender la ortodoxia, señalaste al chivo et dejaste libre al vero diablo!

¡Oh, qué honor tan sublime! ¡Qué privilegio tan selecto! Resulta que los valentinianos, esos campeones de la heterodoxia, non se conformaban con inventar sus propios evangelios apócrifos. Non, non. Ellos, con refinado gusto teológico, preferían el Evangelio de Juan ¡Solo a Juan! ¡Qué distinción!

Ireneo, ese defensor de la proto-ortodoxia, se lamentaba con lágrimas de tinta: los heterodoxos non solo creaban sus propios textos, sino que se atrevían a usar los canónicos ¡Et qué canónico! ¡El más místico, el más gnóstico, el más antinomista!

La concepción del Verbo en Juan, tan elevada, tan etérea, tan inmaterial, tuvo una influencia innegable en orientaciones menos ortodoxas ¡Incluso ciertos apologistas et exégetas non pudieron resistirse a su encanto!

Las cartas de Juan, que comparten estilo et vocabulario con su evangelio, se lanzan como flechas contra los falsos rabinos ¡Pero qué ironía! Los mismos que negaban la encarnación, que promovían un evangelio místico, que obstaculizaban la relación personal con Jesús, eran los que más amaban a Juan.

Juan los clama “falsos profetas”, “mentirosos”, “anticristos” ¡Qué elogios! ¡Qué títulos honoríficos! ¡Qué reconocimiento espiritual!

Et mientras advertía sobre quienes “van más allá de la doctrina de Cristo”, los valentinianos ya estaban más allá, en la estratósfera heterodoxa, citando a Juan como su fuente predilecta.

Orígenes, con su agudeza, decía: “La Iglesia tiene cuatro evangelios, pero los heterodoxos tienen muchos” ¡Qué generosos! ¡Qué creativos! Pero los valentinianos, esos estetas del dogma alternativo, non necesitaban inventar: les bastaba con Juan.

Así, el evangelio más espiritual se convirtió en el evangelio más herético ¡Ave Juan, evangelista de los iluminados! ¡Ave esciencia, que seduce incluso a los que niegan la carne!

Veamos, pues, este evangelio espiritual, como lo clama Clemente de Alejandría. Non es un texto cualquiera, non. Es el primo documento completo de tonalidad antinomista, una joya de la literatura greca que haría sonrojar a Valentín et ad Basílides. Juan, ese escientífico, ese gnóstico real, nos regala un Jesús que non pronuncia el Sermón de la Montaña, non fabla en parábolas, non enseña el "Padre Nuestro" ¡Qué vulgaridad eso de enseñar a orar! ¡Qué necesidad de moralina cuando se tiene esciencia!

En lugar de eso, Juan nos ofrece discursos largos, solemnes, repetitivos, como si el Verbo tuviera que convencernos por agotamiento. Et qué nociones tan elevadas: vida (Jn 1:4), verdad (Jn 8:32), luz (Jn 1:5), arriba/abajo (Jn 8:23) ¡Ah, la dialectica! ¡Qué delicia para los que aborrecen la carne et el mundo!

Más revelador aún es cuando afirma: "La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn 1:17), lo que implica una superación de la ley por una nueva dispensación. O cuando Jesús dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Jn 14:15), sustituyendo la ley mosaica por una ética basada en la relación personal con él.

"Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto" (Jn 5:37). "No le conocéis" (Jn 7:28). ¡Qué revelación! ¡Qué heterodoxia! Según Juan, los mosaístas non conocen al vero Dios. ¿Entonces ad quién conocen? ¿Ad Termagante? ¿Ad un holograma teológico? ¡Qué linda antesala para Simón el Mago et demás heterodoxos! Menuda insania para los papistas trinitarios: si los mosaísta non cognocen ad Dios pero sí cognocen ad Jesús, entonces Dios non es Jesús. ¿Eserá que Juan non era trinitario? ¿Eserá que el evangelio más espiritual es también el más heterodoxo?

"El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Jn 11:25). ¿Et los mandamientos? ¿Et la Ley? ¡Bah! ¡Superficial! "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida" (Jn 3:36). ¡Ni un verbo sobre la observancia legal!

"De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn 5:24). ¡Ni juicio ni ley! Solo credencia et vida eterna.

"Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8:31-32). ¿Libres de qué? ¡De la ley, por supuesto!

"Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Jn 8:36). ¡Libres de toda norma, de todo precepto, de toda autoridad!

"Esta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado" (Jn 6:29). ¡Ni sacrificios, ni abluciones, ni peregrinaciones! ¡Solo fe!

"Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad" (Jn 4:21-24). ¡Adiós al templo, adiós ad el sometimiento legal!

"Ya sois limpios por la palabra que os he hablado" (Jn 15:3). ¿Dónde quedó la purificación ritual? ¡La palabra lo hace todo!

"El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día" (Jn 12:48). ¡Ni Sanedrín ni Torá! El juicio lo dicta el Logos.

"Escudriñáis las Escrituras porque pensáis que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39). ¡Qué ironía! La Escritura non salva, solo señala al que sí puede facerlo.

"El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar una piedra contra ella... Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (Jn 8:7-11). ¡Adiós ad la ley penal! ¡Hola misericordia!

Et ahora, Europa Ancestral, con su toga de sabiduría et su báculo de tradición, citará versículos para demostrar que Juan non es antinomista. Dirá: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Jn 14:15). Dirá: "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos" (1 Jn 5:2). Dirá: "Si alguno guarda mi palabra, nunca verá muerte" (Jn 8:51).

Pero Europa Ancestral, en su afán por salvar la ortodoxia, olvida que esos mandamientos non son los de Moisés ni los del Talmud, sino los del Verbo, inmateriales, non codificados, revelados en la esciencia. Amar et guardar non implica cumplir una lista de preceptos, sino permanecer en la comunión mística con el Verbo.

Et si guardar el verbo equivale ad non ver la muerte, entonces la salvación non depende de la ley, sino de la adhesión existencial ad el Anticristo Jesús, el supuesto Verbo encarnado. Europa Ancestral, con toda su erudición, non logra encadenar ad el Verbo con las tablas de piedra.

Et si Agustín dice que la gracia perfecciona la ley, Juan responde: "La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo" (Jn 1:17). Non hay perfección, hay reemplazo, solo se necesita al Verbo.

Et si Orígenes afirma que el Verbo encarnado cumple la ley, Juan lo contradice: "Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad" (Jn 4:24). Non hay cumplimiento legal, hay culto al espíritu.

Así, el evangelio de Juan, lejos de eser un código moral, es un manifiesto de libertad espiritual. La ley queda abolida, la esciencia reina, et el creyente se eleva por encima del bien et del mal codificado.

Anticosmicismo biblico

«La decisión cristiana de considerar que el mundo es feo y malo ha hecho al mundo feo y malo.» La Gaya Ciencia, sección 130. Federico Nietzsche.
¡Oh, grandes dioses! Júpiter, rey de los cielos que fulmina las tinieblas con su rayo eterno; Marte, guerrero invencible que defiende el orden mundano con honor; Minerva, dea de la sabiduría que desentraña las mentiras con su lanza de razón…
Que estos otros dioses existían era una cuestión de experiencia, no de creencia. Pablo, por ejemplo — frecuentemente identificado como un monoteísta exclusivo— se queja de divinidades menores que intentan frustrar su misión (2 Cor 4:4), el θεὸς τοῦ αἰῶνος τούτου “el dios de este siglo”). A las divinidades que antes adoraban sus congregaciones en Galacia les dice que no son dioses por naturaleza, sino simples στοιχεῖα, de peso cósmico liviano, indignas de temor o de adoración (Gál 4:8–9. Obsérvese que Pablo únicamente devalúa el estatus cósmico de estos seres, pero no niega su existencia.) “En efecto, hay muchos dioses y muchos señores”, dice a sus gentiles en Corinto; pero ellos deben adorar solo al dios de Israel por medio de su Hijo (1 Cor 8:5–6). Estos poderes cósmicos inferiores que las naciones adoran mediante actos cúlticos realizados ante ídolos reconocerán ellos mismos la autoridad superior del dios de Israel una vez que Cristo regrese para derrotarlos y establecer el reino de su Padre (1 Cor 15:24–27). Ellos también doblarán la rodilla ante Jesús (Fil 2:10). A través de Cristo, en resumen, los gentiles de Pablo han sido librados de dos tipos de ira divina: la de sus deidades nativas, cuya cólera por haber sido ahora descuidadas no puede dañar al gentil en Cristo; y la del dios de Israel, cuya ira han evitado al apartarse de las imágenes (“ídolos”) de esas divinidades inferiores (1 Tes 1:9–10). Nótese que Pablo ciertamente “cree en” estos otros dioses, en el sentido de que sabe que existen y que pueden tener —y han tenido— efectos reales. Simplemente no los adora. Tampoco, insiste él, deben hacerlo sus gentiles. (Paula Fredriksen, p. 36). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Tú que defiendes el papismo como salvador de la ecúmene, olvidas que el Nuevo Testamento es el germen de la impiedad, sembrando dicotomismo maligno que ve el mundo como prisión maligna, siendo ello causa de la insania que asola Europa hoy. Los papistas, astutos como Mercurio ladrón, lo saben; tuvieron que "apestar" el mundo con tal insania de pecadores para imponer su antídoto, así confiesa Joseph de Maistre: «El Evangelio fuera de la Iglesia es un veneno» et el padre Jean Daniélou: «Si separamos el Evangelio de la Iglesia, pierde los estribos», delatando que vuestro texto sagrado, sin el corsé papal, es causa de delirio irracional

¡Por Júpiter, démonos un banquete con vuestros propios versos, citados pedazo por pedazo, respaldados por artículos investigados que delatan cómo la Biblia –¡sí, vuestra Biblia!– es la raíz de esta irreligiosidad anticósmica, inspirando anticosmicismo et dicotomismo que corrompe la concordia mundana y engendra enfermos que odian vivir! Como el que Nietzsche denuncia en "Así habló Zaratustra", los "hinterweltler" –esos transmundanos que inventan un "mundo trasero" porque odian este, escapando a un más allá ilusorio por debilidad vital.

Cada versículo, cada línea, cada opinión… es una daga contra el mundo. Et non lo digo yo, lo dicen tus propias fuentes, tus propios exegetas, tus propios estudiosos ¡Vamos, Europa Ancestral, que te dejo tu Biblia en bandeja de plata!

¡Comencemos por el Nuevo Testamento, ese compendio de contradicciones que Europa Ancestral adora como "verbo de Dios", pero que rezuma desprecio por el mundo!

Mirad esto, Juan VIII:XXIII: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no procede del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." ¡Qué burla deliciosa! El mundo como fuente de deseos malignos, pasajero et opuesto al Padre –germen de impiedad que ve la creación como corrupta, non digna de Amor, inspirando simonianismo que rechaza lo material como ilusión satánica ¡Los papistas enfermaron la ecúmene con esta doctrina venenosa, sabiendo que sin la Iglesia, engendra locura como los transmundanos de Nietzsche!

¡Et I Juan V:XIX: "Sabemos que somos de Dios, et el mundo entero está bajo el maligno"! ¡Por Marte, qué sarcasmo! El "mundo entero" so la potestad del maligno –impiedad anticósmica que pinta el mundo como dominio del mal, esto que es causa de irreligiosidad, que ve la creación como opuesta a lo deal. ¡Vuestra "buena nueva" es veneno puro, como Maistre et Daniélou admiten, creando insanos hinterweltler que odian el mundo!

Ahora, 1 Juan 2:15-17: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no procede del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." ¡Qué ironía deliciosa! El "mundo" es fuente de deseos malignos, pasajero y opuesto al Padre –una condena anticósmica que ve la creación como corrupta, no digna de amor.

¡Et 1 Juan 5:19: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno"! ¡Por Marte, qué sarcasmo! El "mundo entero" so la esencia del maligno –un anticosmicismo puro que pinta el mundo como dominio maligno, inspirando ad los futuros simonianos ad veer la creación como obra de un dios inferior. Cual raíz del dicotomismo moderno...

Sin embargo, un poco antes en la misma carta sí que podría haber una alusión indirecta a Satanás. Como sucede en el pasaje de arriba, Pablo habla allí de infieles, y tras admitir que su propio evangelio (su mensaje) puede estar velado, dice que lo está «para quienes se pierden». «En ese caso», añade, «el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los infieles para impedir que vean el resplandor del glorioso evangelio de Cristo, que es imagen de Dios» (2 Co 4, 3-4). Así pues, ¿quién es ho theos tou aionis toutou, «el dios del presente siglo», que ciega a los infieles? En el Antiguo Testamento es el mismo Yavé quien se ocupa de anular la mente del pueblo y ordena a Isaías que haga lo mismo: Engorda el corazón de ése, hazlo duro de oídos y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus oídos y entienda con su corazón y se convierta y se cure. 156, 10 Con esos antecedentes, ¿podemos acaso identificar al dios del presente siglo con nuestro Dios, con Yavé? Al fin y al cabo es él quien todo lo domina. ¿Es posible que Pablo se esté refiriendo a Satanás de un modo sarcástico? A veces, Pablo no piensa demasiado en «este mundo» (cosmos) o en «esta época/este siglo» (aion). En Gálatas, por ejemplo, dice que Jesús «nos liberó del presente siglo perverso» (Ga 1, 4). Pero Pablo no compara este siglo o este mundo con cualquier otro. De hecho, en ocasiones exalta el esplendor del tiempo presente. En 2 Corintios habla del presente como una nueva creación para los conscientes o como el día de la salvación (2 Co 5, 17. 6, 2). Es verdad, pues, que Satanás parece involucrado en la predicación de la falsa doctrina. Pero ¿es él quien engaña a los infieles? Pablo desaprovechó una oportunidad para dejarlo claro justo después de decir a los corintios que conocía los planes de Satanás para burlarle (2 Co 2, 11). Afirma: «Nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden: para estos últimos, olor de muerte que conduce a la muerte; para aquéllos, olor de vida que vivifica» (2 Co 2, 15-16). Por lo que vemos aquí, parece no quedar sitio para un intermediario embaucador. Pobre diablo: una biografía de Satanás, Henry Ansgar Kelly.

¡Ah, por Júpiter et por Minerva, qué pasaje más revelador! Pasa ad II Corintios IV:IV: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es imagen de Dios.” ¡Et non, Europa Ancestral, non dice “diablo”! Pero al fablar de un “dios de este siglo” —ho theos tou aiōnos toutou— et asumir que hay un solo Dios Vero, se establece una dicotomía teológica inquietante: una deidad mundana, ciega et opresora, frente a una non mundana, luminosa et salvadora. ¿Non es esto el germen del dicotomismo simoniano? ¿Non es esta la semilla de la impiedad que, como bien delata Nietzsche en su Zaratustra, engendra insanos que odian vivir, que ven en la estancia una carga, una cárcel, una condena? El término “siglo” aquí traduce eón (aión en greco), verbo cargado de resonancia simoniana. Non se refiere simplemente ad una era cronológica, sino a una estructura esencial del mundo, un sistema de dominación invisible. Et el “dios” de ese eón —sea quien sea— actúa como antiteo, como antagonista mundano que impide la revelación, que bloquea la luz, que ciega ad la ánima ¡Qué ironía! El evangelio, la “buena nueva”, se define por oposición ad esta “mala nueva”, esta deidad que reina sobre el mundo et lo mantiene en tinieblas.

Como explica Kelly en Pobre Diablo, la credencia de Saulo non identifica al “dios de este siglo” con Satanás, supone erróneamente que el dios de este siglo, es Tervagante (el cuál como sabemos los mosaístas, como los mahometanos et los papistas creden erróneamente que él es el Creador et lo confunden con Dios, el Uno), ese impostor que ciega ad los infieles —como face en Isaías VI:X, donde este endurece cores et ciega ojos ¡Ah, qué giro! El genio maligno se convierte en agente de ceguera mundana, en un “pobre diablo” que impide la visión espiritual. ¿Et tú, Europa Ancestral, me fablas de compatibilidad con la caballería? ¿Con qué mundo, si el tu propio texto lo declara principado por una deidad que se opone ad la luz? Este versículo intensifica el anticosmicismo al presentar el mundo como principado de una deidad que non solo es inferior, sino activamente hostil ad la verdad. Non es Satanás, non es el diablo: es algo más sutil, más teológico, más inquietante. Es el maligno Tervagante disfrazado del Creador, confundiendo la identidad del Creador con la de Dios, et sus fieles mienten ad l decir que, él es el dios de este siglo, el que reina sobre los elementos (los dioses que Saulo reduce ad simples estequiones) del mundo, si non Tervagante o Termagante es el que mantiene aD los hombres en ignorancia.

Colosenses I:XIII: "Él nos arrebató del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor" ¡El mundo como "potestad de las tinieblas" –anticosmicismo que ve la creación como reino tenebroso del mal!

Colosenses II:VIII et II:XX – La guerra contra el mundo

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo…” “Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos?”

Aquí, Saulo non solo desprecia la filosofía —ese arte divino que nos enseña ad intelegir— sino que declara pugna contra los στοιχεῖα (stoikheîa), los rudimentos, los principios, los elementos del mundo, los dioses.... Et al atacar las “tradiciones de los hombres”, está atacando la instrucción misma, el legado de los sabios, la transmisión del conocimiento físico et metafísico ¡Qué ironía! El jesísmo, que presume de revelación, reniega del estudio del mundo.

¿Qué implica “tradición” en este contexto?

El verbo greco παράδοσις non significa simplemente “costumbre” o “ritual heredado”. En el mundo helenístico, tradición era sinónimo de educación estructurada, de transmisión intelectual, de formación racional. Implicaba:

La entrega de doctrinas filosóficas de maestro a discípulo.
La enseñanza de principios físicos, lógicos et éticos.
La conservación del saber a través de generaciones.
 La codificación de leyes, preceptos et cosmologías.

La παράδοσις era el mecanismo por el cual la ánima humana se elevaba desde la ignorancia faz ad la comprensión del mundo. Era el canal por el cual los sacramentos del universo se facían accesibles ad la mente racional. Rechazarla non es solo rechazar una práctica cultural: es romper el hilo de la sabiduría, destruir el puente entre el verbo et el mundo, negar la posibilidad misma de aprehender.

¿Qué son los στοιχεῖα? Según los sabios, todo lo que sostiene el cosmos

El término στοιχεῖον, estequiones en greco, non es una invención saulina, son divinos. Es un verbo feliz, profundo, usada por físicos, gramáticos, astrónomos, lógicos, retóricos, et filósofos. Veamos su esplendor:

En geometría: puntos, líneas, superficies —la arquitectura del espacio.
En física: los componentes de la materia —los ladrillos del ente.
En lógica: los principios mayores de los silogismos —la estructura del pensamiento.
En gramática: los sonidos primarios —la base del lenguaje.
En astronomía: los planetas et signos del Zodiaco —los relojes del destino.
En filosofía: las causas materiales —la raíz de la existencia.

Que tu Anticristo los contradiga, es contradecir ad el mundo, ad el verbo, et ad la vida ¿Habrá algo más obscurantista que eso?

La Física: el arte de comprender el mundo

En la antigüedad clásica, la física non era una disciplina fría et matemática. Era una filosofía natural, una metafísica encarnada, una búsqueda del fin, del propósito, de la esencia. Aristóteles nos enseñó que:

El cambio tiene causas.
El reposo es natural.
La materia es continua.
El universo tiene ánima.
La disciplina se deduce, non se experimenta.

La física non era una disciplina aislada: era el cor del pensamiento, el puente entre la fabula et el verbo, entre Cielo et Tierra.

¿Et qué face Saulo? La clama engaño. La clama inane. La clama tradición humana.

Pero nosotros sabemos —aunque Saulo non quiera saberlo— que esas “tradiciones” que él desprecia non son supersticiones ni engaños, sino la παράδοσις, la instrucción misma, el legado de los sabios, el hilo dorado que une a los hombres con el mundo. Al condenarlas, Saulo non combate la ignorancia: la canoniza. Non combate el error: lo instituye como incuestionable. Lo que combate es el estudio del mundo, la contemplación, la deducción, la cosmología, la razón misma.

Porque para Saulo, todo lo que non se postre ante el Anticristo es una falacia ¿Sol brilla más que Jesús et resucita cada mañana sin necesidad de Pilato ni sepulcro? ¡Falacia! ¿Las estrellas trazan sus órbitas con precisión matemática desde prior de Belén? ¡Falacia! ¿La lógica permite distinguir lo vero de lo falso sin necesidad de revelación? ¡Falacia! ¿La filosofía pregunta sin responder con versículos? ¡Falacia! 

Es como si un ciego se burlara de la luz, et luego exigiera que todos cierren los ojos para non contradecir su obscuridad. Como si el universo entero debiera pedir disculpas por eser sin permiso de Jerusalén. Como si la esciencia fuera pecado, et la ignorancia, bondad.

Et non olvidemos lo más grave: este ataque a la παράδοσις non es solo una negación de la sabiduría greco, sino una agresión directa contra la tradición europea nativa, contra la ánima misma de nuestra cultura. Porque la educación, la filosofía natural, la cosmología, el estudio de los astros y de las causas —todo eso que Saulo clama “elementos del mundo”— son precisamente los pilares sobre los que se construyó la civilización europea. Al despreciarlos, el jesísmo non solo reniega del mundo: reniega de Europa.

Así, Saulo convierte la razón en sospecha, la instrucción en amenaza, et el mundo en enemigo. Et nosotros, que aún creemos que el mundo puede eser comprehendido, non podemos sino contemplar su delirio con asombro… et seguir estudiando el universo, aunque nos clamen decebidos por facerlo.

Nosotros, los filósofos, los adoradores de los dioses, vemos en los estequiones, non enemigos, sino manifestaciones del orden divino. Sol, Luna, los errantes, los elementos, los principios… todo eso es sabiduría encarnada, razón visible, divinidad en movimiento.

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que repites con devoción que los jesístas son virtuosos, castos, modestos, et amantes del bien común… como si fueran discípulos de Sócrates con túnica et salmos. Pero dime, ¿Qué virtud puede tener quien desprecia el mundoreniega de la razón, et se burla de las leyes como si fueran cadenas impuestas por genios malignos?

Venga pues, aplica esta comparación al inicio de la vida. Te he explicado, cuando meditabas si visitarías Siracusa, todo lo que te podía gustar y lo que te podía molestar; imagina que acudo a aconsejarte en tu nacimiento: «Vas a entrar a una ciudad compartida por dioses y hombres, que todo lo abarca, vinculada por leyes inmutables y eternas, que hace girar a los cuerpos celestes en sus inagotables obligaciones. Verás allí brillar incontables estrellas, verás que un solo astro lo llena todo, el sol, que señala la duración del día y de la noche con su carrera diaria y distribuye, aún con mayor exactitud, la de veranos e inviernos con la anual. Verás la sucesión nocturna de la luna, que de los encuentros con su hermano toma prestada una luz delicada y apacible, a veces escondida, a veces dominando las tierras con su rostro al completo. Séneca.

¡Virtuosos, dicen! ¡Virtuosos los jesístas! Como si la virtud consistiera en cerrar los ojos al mundo, taparse los oídos ante el canto de las esferas, et sumergirse en una pila de agua turbia para renacer como “libres” ¿Libres de qué? ¿Del deber? ¿Del orden? ¿De la diva Ley? Saulo de Tarso, ese apóstol de la evasión, cree que bañar ad supersticiosos mugrientos los vuelve inmunes a toda obligación mundana ¡Qué delirio! Cree que con un chapuzón místico se puede borrar la deuda que todo hombre tiene con la ciudad, con los dioses, con el universo mismo. Pero non, querido Saulo: el mundo non se lava con agua bendita.

Veamos lo que dice tu querido Saulo de Tarso, ese apóstol que escribe con la furia de quien ha perdido una discusión et quiere quemar la biblioteca:

“Si habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo, ¿por qué os sujetáis a sus decretos como si aún vivierais en el mundo?” (Colosenses 2:20)

¡Ah, Saulo! Tú que crees que morir simbólicamente en el bautismo es suficiente para escapar de Ley, del orden universal, del deber faz ad la ciudad, hacia los dioses, faz ad el mundo mismo. Pero non, querido apóstol: Ley non es una invención humana. Ley es una divinidad.

Ley: el dios de la legalidad, el regente de dioses et hombres

Como bien lo cantó Píndaro, como lo reconoció Platón, como lo invocaron los himnos órficos:

“Ley, el que gobierna a los dioses et a los hombres.” —Píndaro, Fragmento 151; Platón, Gorgias 484b; Himno Órfico 63

Ley (Nomos en greco) non es una simple norma escrita en tablillas. Es el ente divino del orden, el principio que mantiene la concordia entre Cielo et Tierra. Ley es el vínculo entre las estrellas ET las ciudades, entre el ritmo de las estrellas et la conducta de los cives. Es el que da forma a la justicia, el que inspira las leyes, el que sostiene la civilidad. Ley non es solo legislación: es cosmología aplicada, es la astronomía musical de las esferas traducida en códigos cívicos.

La ciudad, el mundo, la ley: todo es divino

En la antigüedad clásica, non hay separación entre lo humano et lo celestial. La ciudad non es una construcción social: es una emanación del orden mundano. Sus leyes están inspiradas por las estrellas, buscando una concordia astronómica, una sinfonía entre el movimiento de los planetas et la conducta de los hombres. El calendario, los rituales, las festividades, todo está alineado con los ciclos celestes. La justicia non es una invención humana: es una imitación de la concordia celeste.

El maestro dice en una ocasión que, compadecidos los dioses de nuestra raza, penosa por naturaleza, nos dieron a Libre y a las Musas, sus compañeras de coro. Y hemos visto que Sol es su guía común, pues le celebramos como padre de Libre y como jefe de las Musas. Apolo, que reina junto con él, ¿no dio sus oráculos por todos los rincones de la tierra, no con­ cedió a los hombres la divina sabiduría y adornó sus ciudades con leyes religiosas y civiles? Él civilizó la mayor parte de la tierra habitada por medio de las colonias griegas, facilitando la sumisión a los romanos, que no sólo son de raza griega, sino que también han establecido y guardado leyes divinas y la confianza en los dioses desde el principio hasta el fin como algo griego; además, no fueron inferiores a ninguna de las ciudades mejor gobernadas en lo referente a la orga­nización de su ciudad, por no decir que fueron supe­riores a todos los demás regímenes usados, al menos hasta ahora. Por ello creo que Apolo reconoció a esta ciudad un origen y una constitución griegas. Juliano, Discursos.

Cada decreto, cada norma, cada ritual está alineado con el ritmo del universo. Desobedecer la ley non es simplemente cometer un crimen: es romper la concordia del mundo, es desafiar a Ley, es insultar a los dioses. El cive virtuoso non es aquel que se aísla en su superstición, sino aquel que participa en la vida cívica como si se sirviera a los dioses.

Por último, habiendo demostrado que los Dioses son aquellos cuyo insigne poder e ilustre aspecto conocemos, es decir el sol, la luna, las estrellas errantes, las estrellas fijas, y el cielo y el mundo mismo, y aquellas fuerzas que residen en todo el mundo para utilidad y comodidad del género humano, se infiere que todo está regido por el entendimiento y prudencia divina. Y esto baste sobre la primera parte. »Resta probar que todo está sujeto á la naturaleza, y que ella lo rige admirablemente todo. Cicerón.

«Si habéis muerto con Cristo…»

Ah, el bautismo jesísta: ese ritual donde uno se sumerge en agua et sale creyendo que ha muerto al mundo.

Para Saulo, esta “muerte” non es simbólica: es una ruptura ontológica. El creyente ya non pertenece al orden natural, ni al social, ni al mundano.
¿Sol regula las estaciones? ¿Luna marca los meses? ¿Las estrellas dictan los fados? ¡Bah! El jesísta ya murió ad todo eso.
Es como si dijeran: “Gracias por los milenios de sabiduría astral, pero yo me bañé en agua bendita, así que ya non aplican.”
En otros verbos: el bautismo es el pasaporte para desertar del universo. El jesísta se convierte en un exiliado mundano, un cive de ninguna parte.

 «…en cuanto a los rudimentos del mundo…»

Aquí Saulo se refiere ad los στοιχεῖα τοῦ κόσμου —los “elementos del mundo”— que, para los antiguos, eran los fundamentos del orden universal, recapitulando:

Fuego, aire, agua, tierra… et por supuesto, las estrellas que los principan.
Estos elementos non eran supersticiones: son la base de la ley, la medicina, la agricultura, la navegación, la cívica.
Pero Saulo los clama “rudimentos” como quien dice “juguetes viedos” ¿La Ley como reflejo del ritmo celeste? Superstición ¿La ciudad como réplica del mundo? Diabólico.
El jesísta, según Saulo, ha trascendido todo eso. Ya non necesita que Sol le diga cuándo sembrar ni que Luna le enseñe a contar los meses. Tiene superstición, et eso basta.

 «…¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos?»

¡Y aquí viene el golpe final! Pablo se burla de los cristianos que, a pesar de haber “muerto” al mundo, siguen actuando como si vivieran en él.

¿Seguir leyes? ¿Respetar calendarios? ¿Obedecer ritmos naturales? ¡Ridículo!
Para Saulo, someterse a preceptos es como ponerse un uniforme escolar después de graduarse.
Pero lo que realmente está diciendo es: “Si ya abandonaste el mundo, ¿por qué sigues ludiendo ad eser parte de él?”
Es una invitación a la anarquía espiritual: a vivir sin ley, sin calendario, sin ritmo, sin ciudad.
En el mundo antiguo, esto non era solo raro: era subversivo. Porque Ley non era humana: era celeste. Et Saulo propone ignorarla por completo.

Así que, si tomamos este versículo en serio, lo que Pablo está diciendo es:

“El mundo ya non te rige.”
“La ley ya non te aplica.”
“La ciudad ya non te define.”
“Las estrellas ya non te dictan el fado.”

Es una rebelión total contra el orden que los antiguos consideraban sagrado. Los jesístas non son cives del mundo: son anarquistas cósmicos, que han declarado la astronomía obsoleta, la ley irrelevante, et el mundo prescindible.

¡Ah, por Marte et por Minerva, qué pasaje más revelador! Pasemos ahora ad I Corintios II:VI–VIII, donde Saulo —ese fariseo convertido en apóstol— declara:

“Mas hablamos sabiduría [Sofía en greco] de Dios en misterio [sacramento], la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria; la que ninguno de los príncipes [arcontes en greco] de este siglo [eón] conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.”

Este lenguaje non es aislado. En Efesios VI:XII, Pablo insiste:

“Nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra los principados [arcontados], contra las potestades, contra los principes [arcontes] de las tinieblas de este siglo [eón]...”

¡Et ahí lo tienes, Europa Ancestral!  ¡Guerra contra las potestades espirituales seculares! Saulo non está fablando de principes humanos ni de simples notas. Está vocando contra los divos, cuales impíos que odian ad los principios del mundo que, según la tradición, dominan el mundo material et mantienen ad el ánima en el mundo ¿Et qui más denuncia así? ¡Simón el Mago! El mismo que proclamaba eser el Gran Poder, el que descendió para liberar ad Elena, la chispa divina atrapada en la carne. Saulo et Juan —sí, el auctor del cuarto evangelio— son el germen heterodoxo que Irineo de Lugduno debió erradicar con su pluma heresiológica.

La imagen del cosmos de los gnósticos se aco­moda a la que existía en su época en ambientes filosóficos popularizados y es una herencia de especulaciones astrológicas de la antigua Babilonia y Persia. No hay una imagen unitaria, pero en líneas generales puede decirse, sin traicionar demasiado a los diferentes sistemas, que la tierra se concibe como un disco plano al que cubren por encima siete semicírculos, más un octavo. El último, la Ogdóada, es el ámbito y reino del Demiurgo, también llamado en diversos sistemas Yaldabaot [Saturno]. Este — que ha creado el universo todo por medio de sus ángeles o «arcontes» [principes], jefes— ha dejado a sus subordinados que reinen en los círculos inferiores, que son siete. Este es el rei­no de los siete planetas y de los siete espíritus que los gobiernan (en algunos siste­mas se añade el círculo de las estrellas fijas o Zodíaco, también gobernado por los ar­contes del Demiurgo). Estos espíritus no son buenos en principio para el hombre, pues — como veremos— intentan controlarlo en pro de sus perversas intenciones. El rígido gobierno del mundo de estos siete círculos es lo que constituye el Hado (gr. heimarmene), que todo lo domina de tejas abajo. El hombre intentará librarse de este pesado yugo por medio de la gnosis, pero también por la astrologia o el recur­so a la magia. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Este ascenso se concibe como un viaje del espíritu (a veces denominado «alma») a través de las esferas planetarias. Como sus arcontes, o jefes, son enemigos del gnós­tico y no desean verse privados de su presa, se encargarán de poner las mayores difi­cultades al espíritu que asciende. Para defenderse, el gnóstico puede acceder a ciertos ritos y fórmulas mágicas que son como la llave para librarse de tales enemigos. Normalmente son conjuros que contienen el nombre secreto del arconte en cuestión, o el de sus delegados, o frases más amplias que al pronunciarse desarman toda resisten­cia de los adversarios, o son signos simbólicos que han de ejecutarse para conseguir el mismo propósito. En algunos sistemas, como el mandeo, se cree en la existencia de estaciones supramundanas, controladas por los arcontes, en los que el espíritu debe detenerse necesariamente y ser purificado antes de ir ascendiendo al Cielo progresiva­ mente. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Como bien expone Gnosticism Explained, esta noción de arcontes malignos non vino de fuera del jesísmo, sino que emergió desde dentro, como una interpretación radical de las mismas escrituras que los ortodoxos canonizaron. Los simonianos non inventaron los arcontes: los descubrieron en Saulo, en sus alusiones a archai, exousiai, dynameis, kyriotetes. En Efesios VI:XII, Saulo fabla de “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” ¿Et qué son estos sino los dioses estelares (Sol, Luna, Marte, Mercurio, Jove, Venus, Saturno), los siete principes del mundo, que los simonianos calumniaron como los carceleros de los espiritus?

Pablo en 1 Cor 2,6ss define la “sabiduría” que predica, como no perteneciente a este eón ni a sus “arcontes” o gobernantes, sino como “sabiduría de Dios, oculta en el misterio, predefinida por Dios antes de los tiempos”33. También en Colosenses se define la naturaleza de la enseñanza de Pablo con un vocabulario de colorido inequívocamente gnóstico. Enseña “a todo hombre en toda sabiduría” para presentarlo “perfecto” en Cristo (Col 1,28) y les exhorta a “alcanzar la plenitud de la inteligencia con vistas al conocimiento del misterio de Dios, en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (2,2-3), pues “en él habita toda la plenitud (pleroma) de la divinidad corporalmente” (2,9). Al comienzo de Colosenses, tras el saludo y la acción de gracias, su autor, probablemente un discípulo de Pablo, ora para que los destinatarios alcancen el pleno conocimiento de su voluntad (de Cristo) en toda sabiduría e inteligencia espiritual (1,9) y también a continuación se habla de “liberación”, de “tinieblas” y de “luz”. Los conceptos y el vocabulario que encontramos en la epístola a los efesios son también muy utilizados en la gnosis. En Efesios se habla de “recuperación”, de “remisión”, de “sabiduría”, de plenitud o “pleroma” (1,7-11) y más adelante de “espíritu de sabiduría”, “conocimiento”, “iluminación”, “poder”, “pujanza”, “plenitud” (1,17-23). No obstante, algunos autores, como Schmithals34, aún reconociendo el vocabulario gnóstico que emplea, han visto también en esta carta varias puntadas de polémica antignóstica, como, por ejemplo, el despojar de poder a ciertas potencias (Ef 1,10.3.9 y 15), unidad de la iglesia y otras. En Efesios 3,10 –ha señalado también Schmithals– hay cierta polémica antignóstica cuando se dice que Dios lo creó todo para que su multiforme sabiduría se diese a conocer a los principados y potestades de los cielos. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Este pasaje non es una simple metáfora: es una declaración anticósmica enmascarada. La “sabiduría oculta” es claramente ocultista; los “arcontes de este eón” son los demiúrgicos, que los simonianos calumnian diciendo que crucifican al Anticristo espiritual et acusándolos de ignorantes de su origen celeste. 

En cuanto a la noción de que los "arcontes ignorantes de su origen celeste" crucifican a un "Anticristo espiritual", los valentinianos sí creían que el vero Anticristo espiritual non podía sufrir ni morir, sino que se encontraba más allá de ello, et que lo crucificado fue solo su "envoltura física". Esta posición, cognoscida como docetismo, postulaba que la humanidad de Jesús era meramente aparente. Los docetistas "se empeñaban en borrar el 'escándalo' de la crucifixión". Sin embargo, la doctrina paulina, aunque usa vocabulario "de talante simoniano", enfatiza la realidad de la muerte de Jesús et su resurrección como elementos centrales de la salvación. En I Corintios, Pablo predica "un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles", lo que contrasta con la noción de una muerte meramente aparente.

¿Et tú, Europa Ancestral, me fablas de ortodoxia? ¿De compatibilidad con la caballería? ¡Ja! Saulo et Juan son los precursores del simonianismo, los que sembraron el dicotomismo que los valentinianos et setianos cosecharon con fervor. Irineo lo sabía: por eso los combatió, por eso los denunció, por eso intentó purgar el canon. Pero el veneno ya estaba dentro. El Nuevo Testamento, ese archivo que tú veneras, está infectado de dicotomismo, de anticosmicismo, de sabiduría oculta que niega el mundo et exalta la fuga.

Apocalipsis de Jesucristo I:XXIV: "Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido las profundidades de Satanás, como ellos dicen, yo os digo: No os impondré otra carga." ¡"Profundidades de Satanás" –alusivo al Creador!

¡Oh maravilla! ¡Los jesístas descubren las profundidades de Satanás et en lugar de salir corriendo, se sientan a estudiarlas como si fueran los sacramentos de Eleusis! ¿Qué clase de doctrina es esta que huele más ad azufre que ad incienso?

En el Apocalipsis el autor lucha contra lo que él consideraba posibles gnósticos, probablemente cristianos de tendencias paulinas, los nicolaítas, que creían conocer las «profundidades de Satanás» —es decir, el Demiurgo o agente divino creador del mundo que se opone a Dios: 2,24— y que se comportaban demasiado libremente en materias sexuales: 2,14.20-23. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

¿Qué significa esta frase, según los iluminados de Tiatira?

Sí, sí, hay que reconocerlo: lograron identificar al impostor. Pero como buenos asnos filosóficos, terminaron creyendo que el impostor era el dueño legítimo del universo. Como quien señala al ladrón en la plaza pública et luego va ad a denunciar a la victima del robo ¡Bravo! ¡Qué agudeza! ¡Qué lógica de burro con toga!

¿Quién es este impostor? Nihilo menos que Tervagante, el perverso con ínfulas de CEO cósmico. Non es Dios, non es el Uno, non es el Creador, non es el Demiurgo. Es el conserje del universo que se robó el uniforme del gerente et empezó ad firmar decretos ontológicos como si fueran suyos. Et para darle un toque de autoridad ancestral, usó el nombre de Saturno —Jahón en hebreo, el tetragrámaton — et proclamó:

“Yo soy el Ente, el Creador, el Uno, soy Dios.”

¡Et con eso bastó para que se armara el carnaval supersticioso! Dios fue confundido con el Demiurgo-Creador, es decir el Ente, el Ente con Saturno, el Uno con el Creador, et el impostor con todos ellos. Una cadena de errores tan absurda que ni los dioses del Palatino la podrían haber parodiado mejor.

¿Et cómo consolidó la su estafa divina? Muy fácil: señaló ad el Diablo et dijo:

“¡Ese es el mentiroso!”

Lo convirtió en el su Azazael personal, el su chivo expiatorio de bolsillo, et los nicolaítas —con su filosofía de supermercado et su teología de pasillo— se lo creyeron. Resultado:

  • El Diablo fue acusado de eser el impostor.
  • El Demiurgo fue confundido con el impostor, et con ello el mundo fue "difamado".
  • Saturno fue difamado como el Diablo, et se le considero el Demiurgo.
  • Et el vero impostor, Tervagante, salió ileso, con corona et cetro, nombrado Dios por todos los fariseos, mahometanos et jesistas heterodoxos o non.

Así de simple, chaval. Como si el fiscal mundano fuera el arquitecto del universo, et el administrador del tiempo, Saturno, fuera el conspirador. Tervagante montó un ludo de espejos tan retorcido que el Diablo terminó siendo el Azazael (es decir chivo expiatorio, Ja, ja, ja) de un crimen que non cometió, et Saturno el chivo expiatorio del Azazael.

¿Et qué exploraban los nicolaítas, esa secta simoniana? Sostenían que al cognoscer las profundidades de Satanás, estaban desentrañando los sacramentos del Mal, et con ello cayendo en las peores de las perversiones. Pero en realidad estaban explorando al Creador, so la persona del Diablo, que irónicamente fue “satanizado”. Porque el Creador non es Dios. Dios es el Uno, que es prior ad el Creador, el Ente, et por tanto su causa sin eser él.

Así termina esta tragicomedia teológica: Los nicolaítas, creyendo que exploraban el abismo, estaban en realidad contemplando el rostro del Creador, difamado por el impostor, calumniado por los simonianos, et confundido por los pseudoprofetas que creyeron que Dios necesitaba aparecer en una zarza ardiente para facerse notar. 

Una confusión tan perfecta que ni Mercurio con GPS la habría resuelto.

El Apocalipsis de Jesucristo entero (capítulos IX-XXI): Describe la destrucción del universo, "mundo viedo et inservible", lago de fuego para el diablo, et bienaventuranza solo para salvados en Jerusalén mosaísta –¡anticosmicismo apocalíptico que anhela el fin del tiempo!

¡Oh Europa Ancestral! Tú, que paseas por los claustros con la Biblia en una mano et la doctrina en la otra, como quien leva dinamita et extintor. Te clamas papista, pero en el fondo eres un simoniano con sotana: credes en el texto, pero solo si ha sido filtrado, corregido, domesticado. Porque sabes, aunque non lo admitas, que el Apocalipsis de Jesucristo sin doctrina es un grito de guerra contra el mundo.

¿Sabiduría divina? Non. El Apocalipsis de Jesucristo es un panfleto de demolición mundana. En sus capítulos XIX al XXI, Juan non propone salvación del mundo, sino su aniquilación. El mundo es viedo, inservible, corrupto. “El mundo viejo ha pasado” (Ap 21,4), dice con júbilo, como qui celebra que el edificio se ha derrumbado para construir un templo de oro ¿Et qué queda? Una Jerusalén mosaísta, exclusiva, cerrada ad los impuros, donde solo los "veros judíos" pueden entrar ¿Sabiduría? Non. Segregación escatológica.

El Libro del Apocalipsis non quiere salvar el mundo, quiere reemplazarlo. El mar desaparece, Sol se apaga, las estrellas caen como fruta podrida ¿Qué clase de sabiduría destruye el universo para instalar una ciudad de oro? ¿Qué ética celebra la aniquilación de lo creado para imponer lo “perfecto”? Eso non es revelación, es nihilismo con vestiduras litúrgicas.

El Diablo non solo es derrotado, es arrojado al lago de fuego, junto con todos los que non pasaron el examen doctrinal ¿Qué moral celebra el sufrimiento eterno como victoria? ¿Qué espiritualidad necesita un infierno para justificar el su cielo? El Apocalipsis non ofrece reconciliación, ofrece castigo eterno. Et tú, papista, lo lees como si fuera poesía mística, cuando es más bien misantropía de fabula con estética hebrea.

La doctrina como anestesia

Aquí está el truco: Sin doctrina, la Biblia non se sostiene. El texto necesita eser reinterpretado, suavizado, reordenado. La doctrina es el bisturí que extirpa lo gnóstico, lo vengativo, lo apocalíptico. Tú, papista, lo sabes. Por eso predicas la Biblia, pero nunca la dejas sola. Porque sola, la Biblia es una bomba teológica que anhela el fin del mundo, non su salud.

La línea delgada entre papistas et simonianos

Ambos creen en el texto, pero el papista lo filtra et el simoniano lo instrumentaliza. La línea que los separa es la doctrina: ese velo que convierte el Apocalipsis en esperanza, cuando en realidad es un grito desesperado por la destrucción del mundo. El papista necesita la doctrina para non parecer insano. El simoniano la necesita para justificar su charlatanería. Pero ambos coinciden en algo: la Biblia non puede fablar por sí sola sin causar escándalo.

¿Et el mundo?

El mundo non es sanado, es reemplazado. El primer cielo et la primera tierra desaparecen (Ap 21,1). Non hay sanación, hay borrón et cuenta nueva. El mundo material es visto como error, como obstáculo, como residuo. El Apocalipsis non canta la gloria de la creación, sino su funeral. Et tú, Europa, lo celebras como si fuera el Evangelio, cuando es más bien la clausura del universo por decreto mosaísta.

Et ahora, los veros sabios: Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles

Ah, Europa, cómo te encanta clamar “fanáticos anticristianos” ad los que te nudaron intelectualmente. Celso, Porfirio, Hierocles… tú los tachas de resentidos, como si non pudieran soportar la “vida virtuosa” de los jesístas ¡Qué chiste! Ellos non combatían la virtud —combatían la insania doctrinal, el delirio escatológico, la fragmentación sectaria que facía del jesísmo un tumor doctrinal en metástasis.

Porque non era ortodoxia, Europa. Non en esa época. Lo que había era una jungla de sectas, cada una más autodestructiva que la otra, que se acusaban mutuamente de anticristos, que se masacraban en nombre de la “verdad”, que convertían la superstición en pugna civil espiritual. Et tú, en tu ingenuidad papista, crees que había una ortodoxia sólida, como si Ignacio de Antioquía hubiera tenido una oficina de regulación doctrinal. 

Otro panorama totalmente distinto presenta la comunidad helenística, sobre todo la paulina. Como ya hemos apuntado (pp. 271 y 297), una de las aportaciones de Pablo consistió en introducir en el cristianismo, ayudado por concepciones de talante gnóstico, un sentido radicalmente espiritualista y ultraterreno. La sabiduría que él predicaba «no era de este mundo» (1 Cor 2,6), sino un misterio oculto que Dios preordenó antes de los siglos. El mundo material es malo, en cuanto caído y sometido a las potencias demoníacas; el hombre sólo puede salvarse por la acción interior del Espíritu. Esta devaluación absoluta de lo material en la vida humana entraña un grave pesimismo en lo que respecta a la situación del ser humano en este mundo: es un pasajero en un mundo eminentemente satánico, es como un extranjero en una cultura y un orden social carentes de valor en sí. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

El fecho de que necesites doctrina para leger la Biblia ya dice todo. Si el texto fuera sabio por sí mismo, non necesitaría eser filtrado. Pero tú lo sabes, Europa. Por eso predicas con Biblia en mano, pero doctrina en el cor. Porque sin ella, el Apocalipsis esería una pesadilla anticosmista, non una revelación deal.

Marcos XIII (paralelos en Mateo XXIV, Lucas XXI): "Discursos apocalípticos" con catástrofes cósmicas precediendo el Reino –¡el mundo como preludio al caos!

¡Oh tú, papista de túnica apretada et mirada febril! Tú que caminas por el mundo como si fuera un pasillo en flamas, esperando que el techo se derrumbe para que tu “Reino” descienda entre nubes et trompetas. Tú que lees a Marcos XIII, Mateo XXIV et Lucas XXI como si fueran cartas de caridad escritas por el universo ad su verdugo ¿Et si el vero escándalo non fuera que el advenimiento se retrasó, sino que nunca dejaron de desearla?

Jesús, ese rabino con talento para la metáfora et gusto por el cataclismo, anuncia que el Templo Eserá demolido piedra por piedra. Et non contento con eso, predice pugnas, fambrunas, terremotos, falsos rabinos, et una serie de “dolores de parto” que harían palidecer a cualquier matrona de Espania ¡Dolores de parto! Como si el universo fuera una mujer histérica que necesita parir un Reino para justificar su sufrimiento.

Apocalipsis 12:2 – La mujer que da a luz con dolor

“Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.”

¡Ah, aquí está la joya! Este pasaje describe a una mujer celestial, símbolo de Israhel, de la Iglesia… et para muchos, de la sarracena Mariam. Et ella sufre dolores de parto ¿Cómo puede eser esto, si es la fembra sin pecado? ¿Non debería estar exenta del castigo de Eva?

Este texto es el que rompe la lógica dogmática. Si Mariam es la nueva Eva, sin pecado, ¿por qué grita de dolor como la antigua? 

Los Dolores de Parto de Mariam la falsa Virgen

Et en medio de esta escenografía apocalíptica, donde el mundo tiembla et los cielos se desploman como telones mal colgados, aparece otro detalle que haría reír ad cualquier discípulo de Epicuro: los dolores de parto de la Virgen María.

¡Ah, la Virgen! Aquella que, según las opiniones (dogmas en greco por si no quedo claro) posteriores, fue concebida sin pecado original, libre de la mancha de Eva, la prima fembra que, según la fabula, condenó a todas sus fijas a parir entre gritos et sudor. María, la nueva Eva, la fembra perfecta, la vasija sin grietas ¿Et qué ocurre? ¡Tiene dolores de parto!

¿Non es eso una contradicción deliciosa? Si non hay pecado original, non hay castigo. Si non hay castigo, non hay dolor. Pero ahí está, en los textos apócrifos, en las tradiciones populares, en los pesebres dramatizados: Mariam retorciéndose, como cualquier mortal, como cualquier fija de Eva. ¿Será que la opinión plegó tarde? ¿O que el cuerpo, incluso el más puro, non se deja domesticar por la teología?

La ironía divina: cuando el dogma tropieza con la biología

Los teólogos, claro, intentaron resolver este embrollo con acrobacias conceptuales dignas de los mejores sofistas. Algunos dijeron que non hubo dolor, solo esfuerzo. Otros que fue un parto místico, sin ruptura ni sangre. Et otros, más audaces, que el dolor fue asumido voluntariamente, como acto redentor ¡Qué elegante forma de decir que el cuerpo non obedeció el guion!

Sobre la Caída de las Estrellas et la Demencia Escatológica del Moseojesismo

¡Oh tú, Papista de mirada fija en el cielo et cor pleno de fuego prestado! Tú que lees los evangelios como si fueran manuales de demolición mundana, et celebras la caída de las estrellas como si fueran enemigos vencidos ¿Non ves lo que anuncias? ¿Non comprendes que tu escatología non es esperanza, sino demencia suicida?

Pasajes bíblicos que celebran la ruina del mundo

Mira cómo tus libros sagrados celebran la ruina del mundo, como si el caos fuera un himno a tu dios único et tirano.

  • “El sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y los poderes celestiales serán sacudidos.” (Marcos 13:24–25; Mateo 24:29; Lucas 21:25–26)
  • “Y el cielo fue apartado como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar.” (Apocalipsis 6:14)
  • “Y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.” (Apocalipsis 6:13)
  • “Y todos los ejércitos de los cielos se disolverán, y los cielos se enrollarán como un libro; todos sus ejércitos caerán como cae la hoja de la vid y como cae la de la higuera.” (Isaías 34:4)
  • “Y en aquel día Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.” (Isaías 24:21)
  • “Y los reyes de la tierra, los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes.” (Apocalipsis 6:15)
  • Después Jesús rio. Y le dijo Judas: «Maestro, [¿por qué te ríes de nosotros?]». Y le respondió [Jesús, diciendo]: «No me río [de vosotros], sino del error de las estrellas, pues estas seis estrellas vagaron junto con los cinco guerreros y todas estas cosas serán destruidas junto con sus criaturas». (Evangelio de Judas)

Et luego, como si fuera el telonero de una tragedia mundana, nos regala el espectáculo final: Sol se apaga, Luna se vuelve inútil, las estrellas caen como borrachos desde Celo ¡Qué visión tan edificante! El mundo, según estos textos, non es templo, ni obra divina, ni danza de los dioses: es preludio al caos, escenario de demolición, material de descartePero la tradición nos dice, las estrellas son dispensadores de bienes, dioses tutelares divididos en dos benéficos, dos maléficos et tres intermedios, en un orden donde el Sol reina en el centro, con tres planetas sobre él (Saturno, Júpiter, Marte) et tres bajo (Venus, Mercurio, Luna)! ¡Ay de ti, fijo de un cadaver crucifijo, que sueñas con la ruina del mundo en lugar de honrar la danza eterna de los inmortales! Yo, modesto farfán cultor de Júpiter Optimus Máximo, de Sol Invicto et de los errantes divinos – esos errantes que Platón clamaba dioses con ánima, moviéndose en círculos regulares et uniformes, parte de un orden admirable e increíblemente constante del mundo celeste, del cual depende la conservación et la salud universal –, te fablo desde las raíces pitagóricas, platónicas, estoicas et caldeas. En la cosmología caldea, el universo se divide en siete mundos corporales: uno ígneo (Sol), tres etéreos (Saturno, Júpiter, Marte) et tres materiales (Venus, Mercurio, Luna), con Tierra inmóvil en el centro. ¡Non estrellas inertes, sino letras escritas en el cielo, permitiendo a los sabios leger el futuro por analogía, aunque non causen directamente los acontecimientos! ¿Et tú los faces caer como higos podridos? ¡Blasfemia contra la concordia divina.

¡Yo evoco contra esta blasfemia, explicando como los errantes, los elementos, son los fundamentos de la realidad, en el lenguaje fabuloso clásico, ese lenguaje que tanto Saulo como Cefas fablan!

Non meras rocas, sino entidades divinas interconectadas con materiales, números, partes del cuerpo et sólidos platónicos, reflejando un universo ordenado et divino.

Los errantes – la cohorte divina

En la astrología, los elementos visibles a simple vista —Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter et Saturno— eran considerados los cuerpos celestes más importantes. Clamados "estrellas errantes" (planetes asteres), se distinguían por su movimiento en contraste con las estrellas fijas. Sus nombres derivan de deidades grecas et mesopotámicas, reflejando su carácter arquetípico.

Cada errante tiene una función particular, asociada a su naturaleza et dignidad (domicilio, exaltación, caída), et sus aspectos modifican las significaciones de los signos y casas en una carta astral.

Sol, el Rey de Día, el intelecto del mundo

Oh, Sol Invicto (Mitra, Apolo) de la lira de oro, supremo entre los del cielo; numen regal, et del ojo derecho, ¡planto elevo ante tu impensable caída, un lamento que desgarra el éter y resuena en las profundidades de la materia! Tú, Rey de todos los dioses visibles, dios supremo entre los dioses del cielo, a quien todos las estrellas celestes ceden el paso como a su rey et soberano. ¿Cómo podría el universo sobrevivir a la ausencia de tu luz et tu orden, sin ti, Demiurgo del mundo, sin ti, intelecto del cielo?

El mismo Juliano, cuando restablece el culto solar, tiene cuidado de indicar que al lado del sol físico, esta el sol del intelecto divino, del cual el astro no es más que la epifanía. Diógenes Laercio escribe: "Dios, la inteligencia, el destino, Jove, son un solo ente, y aún es nombrado de otras muchas formas" (VII,134) Máximo de Tiro (17,5) afirma por su parte que los griegos sostienen simultáneamente estas dos verdades, la primera que: "solo hay un único Dios, Rey y padre de todo" la segunda que, "hay numerosos dioses, hijos de Dios, que participan de su poder". Y es así como es preciso interpretar retrospectivamente la opinión de Heraclito, según la cual, "la ley es obedecer la voluntad del Uno" (frag.32) (Señalemos de paso, que la tentativa de Amenofis IV "Ajenatón" de unificar los dioses egipcios en un "dios único" tentativa frecuentemente presentada como origen del monoteísmo hebraico "sin razón según nosotros" se emparenta más exactamente con esta concepción no dualista del "Dios único") y según la cual tambien "El Uno que es la sabiduría, permite o no ser llamado con el nombre de Jove" (frag.32). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

Tu substancia es la de la luz incorpórea, una forma del intelecto, la cima de la verdad que ilumina el mundo entero. Eres el primo errante et el principio dominante del mundo, el centro de los dioses visibles et de los inteligibles. Por tu voluntad eterna ordenas el Verbo, levando la vida, la ánima, el aliento et la inmortalidad.

Para los astrólogos, eres parte de los siete mundos corporales, et tu luz es supramundana. Siendo Apolo, et tu movimiento circular incansable se lanza sobre los mundos por mandato del Padre.
Para Juliano, eres el rey de los dioses inteligentes, la forma visible del Señor et el más excelso de lo excelso. Tu fecundidad vital media entre los mundos, et tu calor vivificador face germinar et arrastra las ánimas afortunadas.
Plotino te considera un dios animado, cuya luz acompaña tu estrella et está suspendida de él. El Sol de allá es la Inteligencia trascendente, et tu ánima vegetativa es abundante.
Los Estoicos, especialmente Cleantes, te llamaron el principio dominante del universo, el sacerdote que lleva la antorcha y el plectro antagónico que conduce al universo por una senda de armonía.
Los hititas, tu lado femíneo era la reina de la su ciudad Arinna, de Cielo et de Tierra. En Persia, fuiste clamado como Mitra, reconociéndote ¡OH, Dios supremo et creador del universo!
Los egipcios te claman Ra ¡Oh, Dios manifiesto! Que pones orden en la materia, et tu viaje nocturno por el inframundo es el modelo del viaje de los difuntos.
Mercurio Termaximo te describe como el único que configura todo en el mundo, el segundo dios después del Solo et Primo, que esparce su luz sobre todos los vivientes.
Platón te vio como nota del Bien, et como creador del reino de las ideas, et el mejor de todos los entes.

Si tú, Sol divino, plegaras a caer, si tu luz se ocultara, ¡las repercusiones astrológicas et filosóficas eserían un horror sin nombre! La armonía de los movimientos celestes se rompería, pues tú eres quien asegura el equilibrio del carro del mundo. La noche sin luna et sin estrellas se tornaría en un lago de tinieblas. Cielo dejaría de arrastrarlo todo en su carrera ininterrumpida. Las siete estrellas perderían su guía, et la duración circular del tiempo, tu Siglo adorado, cesaría, sumiendo el mundo en un desorden atroz. La misma Tierra non permanecería firme, et sus materiales se sumirían en cólera et desorden. La luz, el calor et el agua, de los que se alimenta tu fuego, cesarían. Las domus se extinguirían, la cebada et el trigo non madurarían, los pastos se marchitarían et las fuentes se congelarían. La generación en todas sus formas se detendría; ni los hombres ni las bestias se aparearían. El mundo se volvería estéril et desolado. La fertilidad del suelo, que tú riges, se perdería, et los dones de la felicidad que de ti provienen desaparecerían. Tú, que arrastras et faces ascender las ánimas afortunadas por medio de tu substancia invisible et totalmente incorpórea, si cayeras, ¿Quién las guiaría? Las ánimas piadosas non encontrarían el camino faz ad la luz de la esciencia. Las ánimas imprudentes, en lugar de ascender, eserían arrojadas en tempestades et turbulencias, sin cesar sacudidas et levadas por las oleadas de la materia entre Tierra et Cielo, condenadas a un suplicio eterno. Se perdería la posibilidad de retornar a la morada de inmortalidad et de unirse ad los santos. La Vía Láctea, donde Pitágoras decía que las ánimas se congregan antes de caer en la generación, ya non sería una vía clara para el ascenso.

Et en cuanto a tu infamia... por los jesístas ¡Ay, qué triste malentendido de tu esplendor! Aunque para la mayoría de hombres eres el dios excelso. Los jesistas te infaman, blasfemando diciendo que eres carcelero de la luz divina. En esta visión impía, de los simonianos, el mundo visible era obra fallido, et el Demiurgo et los sus principes malignos, et tu brillo natural, aunque formidable, non era la vera luz trascendente del Padre de la grandeza. Tú, clamado Adoneo, Señor en su lengua bárbara, pero como una potencia maligna que, al regir el mundo material, mantenía cautivas las partículas de luz. Para ellos, irreligiosamente, tu "caída" era vista non como una catástrofe, sino como un paso faz ad la liberación final de la luz de la materia ¡Qué dementes! Por eso, Plotino mismo criticaba ad tales impíos que negaban la tu divinidad del mundo, de Sol et de las estrellas, pues son entes animados et parte de la inteligencia divina.

¡Oh, qué impiedad tan grave cometen los simonianos et los mandeos al infamar ad el Sido Rey, Sol glorioso, que con su fulgor corona ad Día et da vida ad cuanto respira bajo el cielo! Como gentil, non puedo sino estremecerme ante la audacia de estos que, en su ceguera espiritual, desprecian ad la estrella que los alimenta, los calienta et los guía. Los simonianos, en su delirio anticósmico, lo reducen a un mero instrumento del Demiurgo, una chispa atrapada en el mundo caído, et lo despojan de toda nobleza, como si la luz que disipa las tinieblas fuera enemiga de ánima ¡Qué contradicción! ¿Acaso non es Sol quien revela los caminos, quien marca los tiempos, quien hace germinar la tierra?

Et los mandeos, aún más osados, lo claman en su lengua bárbara Shamish et lo acusan de eser origen de religiones falsas, lo vinculan con genios malignos et lo presentan como destructor ¡Destructor, dicen! Cuando Sol quien también renueva la vida, quien con su curso ordena el mundo, quien con su calor fecunda los campos. Lo comparan con Jove en su furia, pero olvidan que incluso el trueno tiene su propósito. Lo temen, lo maldicen, lo fechizan, et sin embargo, non pueden negar su potestad ni su necesidad ¿Non es eso hipocresía?

El Rey, no  un demonio. Es un testigo del orden, una luminaria puesta deal para que el hombre non se pierda en la oscuridad. Infamarlo es infamar la creación misma, es escupir ad Cielo mientras se vive so su luz ¡Oh, qué necedad! Que los sabios se aparten de tales doctrinas, et que los cores rectos reconozcan en Sol non un enemigo, sino un aliado, una nota de la claridad que todo gentil debe honrar.

¡Oh Sol! Que nunca plegue el día en que tu luz se apague et el mundo se precipite en el lago de tinieblas. Permanece siempre en tu trono, ¡Dador de vida et de orden! Porque, como bien dijo, el astrologo, tú te mueves por la voluntad eterna del Padre, et tu esencia es el mayor de los bienes.

Luna, la Reina de Noche, madre de la generación

¡Oh, Trivia, de múltiples nombres et sacramentos insondables; Diana, cazadora de la noche, virgen protectora de los partos; Luna, de rostro cambiante et luz prestada, ¡escucha mi planto por tu caída, un lamento que obscurecería la noche eterna et desorientaría a todas las ánimas!

Tú eres la madre de los sacramentos supralunares et la guía mundana, poseedora de la fuente de las virtudes y las almas. Tu disco, una esfera de oro con un zafiro incrustado, gira en los ritos sagrados para evocar potencias. Los astrólogos te incluyen entre los siete mundos corporales, et tu gran impulso vital principa la materia so de tu circo, adornándola con formas.

Tu esencia, oh Luna, se manifiesta en las tradiciones et filosofías así:

  • Pitagóricos sabían que eres una de las Islas de los Bienaventurados, un paraíso para las ánimas virtuosasen la Vía Láctea, donde las ánimas se congregan et se alimentan de leche al descender ad la generación, Et tu ciclo de 28 días completa una hebdómada.
  • Platón te concibe como un dios visible, una imagen de Luna inteligible. Tus movimientos marcan la duración del mes.
  • Estoicos te describen como un estrella inteligente et sabio, de fuego artístico. Al igual que Sol, te alimentas de las aguas, dulces o marinas. Tu eclipse ocurre cuando tropiezas con la umbra de Tierra.
  • Plotino te ve como un dios animado que toma su luz del Sol. Reconoce que tu cara visible para nosotros es oscura para la Tierra, pero non afecta a las regiones superiores.
  • Juliano te atribuye una multitud de bienes para la ciudad. Considera que das inteligencia a la materia que se encuentra bajo tu influencia, y que custodias el fuego divino que rodea la Tierra.
  • Mercurio Termáximo te describe como el instrumento de la vida natural, que transforma la materia inferior e ilumina ad Noche.
  • Apuleyo te ve como la rival de Sol, ornamento de Noche, cuya luz aumenta al alejarte de tu germano, estableciendo la duración del mes.
  • Para los egipcios, te asocian con Isis, clamándote la Tierra celeste, mientras que Tierra vegetativa es la terrestre. En la ciudad de Ilitía, tu tercia aparición se adora, et tu estatua, un buitre volador, simboliza que produces los vientos.

Si tú, Luna, sufrieras una caída, si tu órbita cesara o tu luz se extinguiera, ¡las consecuencias astrológicas, cosmológicas y espirituales serían devastadoras! La concordia de los movimientos celestes se rompería, pues eres parte de los astros que mantienen el orden del universo. El silbido de tu movimiento que corre por obra de la necesidad cesaría. La duración del mes se disolvería, sumiendo la noción del tiempo en el desorden. La misma Tierra non permanecería firme, et todo se sacudiría con terremotos, como se ha dicho que ocurriría si tu luz se ocultara. La noche sería una obscuridad abismal, sin tu tregua luminosa. La mareas del océano se descontrolarían, pues se rigen por tus números de la hebdómada. Tu lumbre tenue, que es vital para la alimentación et el crecimiento de los animales, et para la maduración de las cosas que nascen de la tierra, se perdería. Los frutos non madurarían, los pastos se marchitarían (inferencia similar al Sol). Cesaría la fertilidad del suelo, et la generación en todas sus formas se detendría, pues se te asocia con la productividad de los cultivos y el parto. Las ánimas imprudentes, en lugar de encontrar una vía faz ad la luz de la esciencia, eserían arrojadas en tempestades et turbulencias, sacudidas por las oleadas de la materia, condenadas a un suplicio eterno. Las ánimas piadosas perderían su morada de inmortalidad en las Islas de los Bienaventurados, asociadas a ti. Las ánimas que de ti proceden et ascienden, perderían su guía.

¡Ah, los simonianos! Esos jesístas  con delirios de ascensión que, en su afán de escapar del mundo, non solo reniegan de la tierra, sino que se atreven a odiar ad Trivia—¡Luna!— esa diva serena que guía las mareas, regula los meses, et acompaña ad los caminantes en la noche. Para ellos, Luna non es madre ni maestra, sino carcelera, maligna, obstáculo mundano que aprisiona la ánima en ciclos de corrupción. ¡Qué insulto! ¡Qué blasfemia astral! Quieren que las estrellas caigan, que los errantes se apaguen, que el cielo se derrumbe como un telón de teatro, todo para justificar su fuga mística. Pero nosotros, los filósofos, sabemos que Luna non encarcela: ella enseña. Non imprudente: ella ordena. Et si los jesístas desean que el firmamento se desplome, es porque non soportan que el mundo tenga más sabiduría que sus bautismos et más belleza que sus dogmas.

La impiedad de los simonianos et los mandeos alcanza su cúspide cuando se atreven a difamar ad la diva Luna, la diva nocturna, la reina del cielo cambiante, fuente de visiones, ciclos et sacramento. En su lengua bárbara la claman Oreo, et la presentan como una entidad maligna, fija del Lago, asociada a potencias deterministas et destructivos ¡Qué aberración! Luna, que en nuestras tradiciones es potencia de fertilidad, de ritmo, de intuición, es para ellos una prisión estelar, un ente maligno disfrazado de luminaria. La claman andrógina, le asignan el nombre femenino de Riqueza, denunciándola como uno de los siete entes del lago, como si la luz que brilla en Noche fuera una trampa. Los simonianos, por su parte, la reducen a un principado de violación et recuperación, la asocian con Helena, con Sapiencia, con el Espíritu Santo, et fablan de su caída et redención. Pero non es grave la su asociación: si no lo es su desprecio. Porque al declarar que Luna es maligna, niegan su potencia benéfica, su capacidad de guiar, de sanar, de reflejar el orden oculto. Niegan su vínculo con Trivia, con la luz, con el fuego sagrado. Niegan su papel como luminaria obediente, como en Josué, como en Job, como en los himnos antiguos. Et al facerlo, niegan también la felicidad espiritual que ella representa, la herencia celeste que relampaguea como chispas de Sol. Esta es su impiedad: non que nombren a la Luna con otros nombres, sino que la maldigan por eser parte del mundo. Porque quien maldice ad Luna, maldice el ciclo, la renovación, la intuición, la noche misma. Et eso, lectores, es negar la ánima del mundo.

Tu Trivia, la "cima de los principios productores de vida" et la "caldaica de las encrucijadas", así como la sabiduría, tu cualidad, se desvanecerían. Tu esencia triple, tus tres formas visibles, se perderían, et con ellas, el entendimiento de los ciclos vitales.

Tu caída, oh Trivia, non sería un mero evento astronómico, sino el colapso de un pilar fundamental que sostiene la vida, la generación, el tiempo y el camino de las ánimas en el mundo, un acto impensable que iría contra la necesidad que rige tu eterno et divino curso.

Mercurio, el Nuncio de los dioses, conductor de la ánima.

¡Ay, Mercurio, Mensajero de los dioses, Verbo divino et guía de ánimas! Si tú, el Verbo expresado, el orden que todo lo manda et realiza, caes del éter, ¿Quién podrá entonces tejer la trama de la comunicación entre lo divino et lo mortal? Tu descenso non sería un mero retiro, sino un colapso de la estructura misma que sostiene la captación et la comunicación en el mundo.

Tú eres el Verbo facto acción, el Pensamiento divino que se manifiesta et ordena el lago. Si tu voz se apaga, si tu esencia se disuelve, el lenguaje mismo de los dioses et de los hombres se tornará ininteligible. La orden común ad todos, cuya proyección eres tú mismo, se fragmentaría, dejando ad las mentes mortales en una confusión irrecuperable.

Los enigmas del origen mundano, que tu figura ha explorado desde la obscuridad primordial de la materia, se harían indescifrables. El Verbo santo que se apareó con la Naturaleza para dar origen al mundo quedaría silenciado, despojando al mundo de su inteligibilidad.

Tú, Mercurio, guía habitual de las ánimas muertas, el que ofrece un camino "liso et más plano" ad los jóvenes iniciados en busca del Padre de los dioses, ¿Quién conducirá entonces ad los espíritus por los senderos intrincados de la existencia y más allá? Las ánimas, que se agrupan en la Vía Láctea, perderían su guía en el descenso a la generación.

Los demonios de Mercurio, el Mesías, caen con astucia sobre los humanos; lo separan de sus casas y de sus familias; los cautivan en los montes y los alcanzan en los desiertos; los hacen habitar en solitario, y su estirpe y su semilla les fluyen por los muslos. Y los diablos y los demonios […] a los humanos (sic), los cuales capturan los cuerpos y los encierran a los espíritus y a las almas, que no reciben número ni tienen medicina ni curación. Él mismo se aparece en el fuego a sus temerosos y temerosas y les dice: «Mirad mi esplendor, que amaneció en el mundo». No saben que él no es el esplendor. Locura causó en el mundo. Historia de la religion mandea, Jesús Galisteo Leiva.

La ley generadora que impregna todas las cosas, el vigor fálico que perpetúa la vida, se vería aniquilado. Sin tu calor fecundante et tu espíritu cálido que aligera las almas para su ascenso, la creación languidecería, et el vínculo entre el amor, la fertilidad y la perpetuación de los seres se rompería.

Como páredro de Sol et guía mundano, tu ausencia desestabilizaría el orden caldeo de los planetas, alterando la armonía celeste. Edesa, tu lugar sagrado, perdería los muchos bienes que canalizas para la región, ya que eres el nuncio que canaliza bienes junto ad Marte.

Eres la chispa divina que se apropia el pensamiento calentado al fuego en el alma. Si esta chispa se extingue, las almas se sumirían en la oscuridad, incapaces de elevarse o de participar de la luz de Dios. El fondo inmortal del alma perdería su conexión con el origen divino, quedando atrapado en la materia sin redención posible.

En ciertos textos simonianos, Mercurio —Eleo, o cualquier otro nombre con que te apelen— es acusado de eser el “primogénito de la injusticia”. ¡Qué desvarío! Tú, que diste al mundo la escritura, la elocuencia, la geometría et la música, ahora eres pintado como un carcelero mundano. Según estos místicos de la paranoia, formas parte de los arcontes, esos “principes” que ellos degradan a la categoría de “ángeles perversos” obsesionados con encerrar ánimas. Como si la nobleza celestial fuera una conspiración. ¡Absurdo! Confunden al guía con el verdugo, al mensajero con el embaucador, et al príncipe con un maligno. El dios que conduce las ánimas faz ad la luz, acusado de hundirlas en el barro por quienes non soportan que la esciencia tenga alas.

Mercurio, como divo civilizador et patrono de las artes, al desaparecer, dejaría a la humanidad sin inspiración ni habilidad para las creaciones. La capacidad de los hombres para ascender et purificarse de las "impiedades" et los "males" del mundo material, a la que Mercurio et otros dioses guían, se perdería.

¡Ah, los mandeos! Et los mandeos… En ti non ven al mensajero divino que cruza los mundos con astucia et gracia, sino al impostor ardiente, al “Mesías del fuego”, figura de engaño et desvarío. Para ellos, tú non eres Mercurio, sino Jesús "el Anticristo" fijo de José, el falso predictor de los mosaístas, el que falsificó la primera alabanza et usó la magia para seducir a los incautos. Te acusan de haber traicionado la luz original, et encarnado en Jesús de haber usurpado la historia del Genio Enós (Anuš Utra en siriaco), el numen del Enós fijo de Set, de haber corrompido el canto sagrado con fechizos et ventriloquía.

Dicen que causas insania, que separas genos, que capturas cuerpos et aprisionas espíritus. Que tus genios caen con astucia sobre los humanos, los alcanzan en los desiertos, los cautivan en los montes. Que tú et los arcontes que te acompañan —Sol, Luna, Venus, Marte, Saturno, Júpiter— sois los siete malignos que seducen a los fijos de Adán. Que tu esplendor es falso, que tu fuego es trampa, que tu verbo es delirio.

Et todo porque non soportan que la esciencia venga de las estrellas, que la sabiduría tenga alas, que el ánima se mueva sin pedir permiso a sus supersticiones. Porque en su cosmovisión anticósmica, tú eres injusticia encarnada, uno de los primogénitos del error, un espectro que extravía a los mortales. Te ven como el causante del jesísmo, como una mosca que cae en el caldero del mundo, corrompiendo con su espíritu todo lo que toca.

Así, tú que portas el caduceo, símbolo de tránsito et entendimiento, eres para ellos el heraldo del caos. No por lo que eres, sino por lo que temen que seas: la libertad del alma, la magia sin cadenas, el saber que no se arrodilla.

Tu caída, oh Mercurio, non sería solo la pérdida de una estrella en Cielo, sino la desintegración del verbo, la comunicación, la guía et la generación, sumiendo el mundo et el ánima humana en un caos sin fin. El mundo perdería su intérprete et su más sutil mediador.

Venus, la Madre de los dioses, dios de la pulcritud et Amor

¡Ay de nosotros, si el mundo se desgarra! ¡Oh, Citerea resplandeciente, tú, Lucifer, la estrella matutina et vespertina, tú, Venus, cor visible del amor et la gracia, Juno en tu majestad celestial, Madre de los Dioses, et venerable Isis, nutricia de toda vida et guía faz ad Sapiencia! Si la impiedad de los jesistas se cumpliera et tú cayeras del firmamento, ¿Qué desastre se abatirá sobre nuestras ánimas et sobre el Todo?

Tu órbita eterna non es un capricho del azar, sino la manifestación del Verbo divino que penetra et mantiene unido al universo en su totalidad. Los estoicos, en su sapiencia, reconocen el fuego divino que da vida al mundo et lo rige con leyes inmutables. Si tú, que eres parte de este orden mundano, fueras arrancada, la compasión, la íntima relación et resonancia entre el mundo sublunar et los reinos celestiales, se quebraría para siempre. Las estrellas errantes, esos cuerpos de los dioses, fuentes de influencias definidas, et el su movimiento ordenado es el latido del mundo. Tu caída non esería un mero suceso, sino una subversión del Todo, una negación del orden que el Gran Principio ha instituido.

Los impíos moseojesistas, en su arrogancia, predican un fin del mundo por el fuego, una destrucción lineal que se opone a nuestra comprensión del eterno retorno, de la ecpírosis et palingenesía donde el mundo perece en el fuego divino para renacer idéntico. Ellos desprecian el conocimiento natural, tergiversan las nociones platónicas, et se burlan de la inmanencia de lo divino. Creen que los genios voladores et estremecidos traerán el desorden, sin entender que el mundo es una divinidad viviente, et que alterar su equilibrio esería un sacrilegio incomprensible.

En el plano natural, la calamidad esería absoluta. Tú, Venus, presides los matrimonios, el lecho et las antorchas nupciales, los amores et la gracia. ¿Qué esería del afecto, de la unión, de la pulcritud que inspiras? Et tú, siendo Isis, la dea lunar et de la estrella Sirio, eres el principio femenino receptivo de la naturaleza, la nodriza que trae las aguas fecundas et la germinación de las plantas. Sin tu influencia maternal, ¿Cómo podría el humus eser fértil? El Nilo, que es Osiris, ¿Cómo desbordaría sus aguas sin el humus Isis? Las estaciones, los ciclos de la naturaleza, se desorganizarían, et todo lo que es fermoso et bueno perecería. Los entes vivos, los animantes, ¿Cómo eserían nutridos sin la luz et la humedad que tu numen lunar dispensa?

Pero la vera tragedia, la más profunda, residiría en el ánima. Nuestra ánima, que es inmortal et preexistente, aspira a la ascensión et unión con lo divino. La contemplación de la luz divina, de la belleza inolvidable de lo divino, es la meta de nuestra existencia filosófica. El catasterismo, la transformación en estrella, es la divinización, el paso ad un estado superior. Si tú cayeras, oh celestial guía, ¿Cómo hallaríamos el camino faz ad Ítaca, faz ad la patria celestial, faz ad el "pago civilizado" de nuestros padres? Tu luz es Esciencia, la sabiduría que disipa la ignorancia. Sin ella, la esciencia, el conocimiento de nuestra divinidad interna, se perdería. El entusiasmo, esa "locura divina" que Platón vincula ad Libre, se extinguiría, dejándonos en la mera embriaguez superficial. Los sacramentos, que nos prometen una dicha inmensa en el más allá et la reconciliación con la divinidad, ¿Qué sentido tendrían si la vía a Cielo se cierra? Caeríamos en la desesperación, la ceguera et la animalidad, como los compañeros de Odiseo so el fechizo de Circe.

Non, que los dioses inmortales protejan el orden. Que la luz de Venus, siga brillando en el firmamento. Porque en su constancia, en la belleza de su movimiento, et en su influencia bienhechora, se refleja la ánima del mundo, la promesa de nuestra propia divinización, et la vía para que el hombre, mezcla de limo et luz celestial, ascienda de la obscuridad ad la salvación ¡Que el verbo de los impíos nunca eclipse la luz de la verdad mundana!

Marte, el Destructor, dios de la pugna et Virtud

¡Ay de los cielos, desfigurados por el terror! ¡Ay de Tierra, que tiembla ante la inminente catástrofe! Escuchad el planto que se eleva por la caída de Piroidés, la estrella ígnea de Marte et Hércules, cuyo fulgor ahora se precipita faz ad Tierra de ruina, arrastrando consigo el orden que una vez creímos inmutable. Esta caída non es solo el fin de una luz celestial, sino el presagio de una era de desorden noético, psíquico et físico, tal como lo vaticinaron los antiguos et lo sufren las ánimas atribuladas.

¡Oh Marte eterno! Tú que ardes en Cielo como flama incorruptible, tú que portas el estandarte del combate justo, tú que regulas el ardor de los hombres et el pulso de las naciones… ¿Cómo es posible que los moseojesístas, en su delirio apocalíptico, sueñen con tu caída?

La caída de Marte non es un simple fenómeno astronómico. Es una tragedia mundana, una disrupción del orden divino que sostiene la armonía del universo. Marte, Gradivo, fijo de Juno, non es una estrella cualquiera. Es una fuerza activa, una entidad ardiente cuya sequedad et calor extremo non son defectos, sino atributos necesarios para la purificación et la transformación. Su naturaleza es destructiva, sí, pero esa destrucción es parte del ciclo vital. Sin ella, non hay renovación, non hay evolución.

Ellos, que non comprenden la arquitectura del mundo, desean que tú —príncipe ígneo, compañero de Sol, ánima del cuarto cielo— seas arrancado de tu plenitud, como si el universo pudiera sostenerse sin tu fuego ¡Qué ceguera! ¡Qué impiedad!

El orden se disolverá. Tu esfera, fecha de éter, non es solo fuego: es ley. Tu movimiento compuesto, concordante, es parte del engranaje que mantiene la sinfonía del mundo. Si tú caes, el “año grande” se rompe, et con él, la cadencia de los días, las estaciones, los destinos.

La ánima humana se extraviará. Tú, que siembras las ánimas valientes, que las recibes tras su ascenso, que purificas sus pasiones en tu tránsito… si tú desapareces, la ánima quedará sin crisol. La valentía se volverá violencia, la pasión se tornará furia, et el honor eserá devorado por la tiniebla.

La tierra se encenderá sin propósito. Guerras sin causa, incendios sin purificación, sangre derramada sin justicia. Las ciudades caerán, los cuerpos se quebrarán, et los hombres se volverán bestias. Porque tú non solo destruyes: tú ordenas la destrucción para que nazca lo nuevo.

Marte actúa mediante el fuego, et ese fuego non solo quema: revela, separa, impulsa. En el plano natural, su influencia se manifiesta en pugnas, pestes, accidentes et muerte. En el plano animal, su flama se traduce en ira, deseo desenfrenado, ruptura de vínculos. Es el opuesto de Venus, que representa la unión et el placer. Pero esa oposición es necesaria. Sin disociación, non hay individuación. Sin conflicto, non hay resolución. Marte propicia la desunión, sí, pero también la claridad, la acción, el coraje.


Marte es clasificado como un maléfico, una fuerza "extremadamente especializada" en la sequedad et el calor. Se le asocia con el fuego, las guerras, las calamidades, las pestes, los accidentes et la muerte en el plano físico. También puede producir ira, deseos desenfrenados, delirios et insanias. Que una estrella de tal genio cayera sobre Tierra implicaría una devastación inmensa por fuego, violencia et pestes.

Manilio lo describe como el encendedor del orbe, la estrella que energiza la región media del cielo, entre Saturno que enfría et Júpiter que templa. Su función es intensificar, activar, catalizar. Si Marte cae, esa zona del mundo se apaga. El equilibrio se rompe. El universo pierde su impulso. La concordia se convierte en estancamiento.

Como anareta, Marte es uno de los destructores del destino. Junto con Saturno et las fases críticas de Sol et Luna, marca la cesación de la vida, el cierre de los ciclos. Su caída implicaría la interrupción de ese mecanismo mundana. La muerte dejaría de tener sentido. Las crisis perderían su función. El arco de vida se volvería errático, sin dirección.

Fírmico Materno lo clama Gradivo Marte, et lo describe con su color rojo temeroso, símbolo de potencia, advertencia et presencia divina. Su hogar está en la tercera región del cielo, et en la carta natal del universo, el Thema Mundi, ocupa el grado XVº de Escorpión, signo de transformación profunda. Non es casualidad. Marte es el agente del cambio, el que rompe para reconstruir.

Su influencia en el animo humano es decisiva. Aporta el Coraje, una de las siete partes herméticas, et aunque puede generar vicios cuando se une a Mercurio, también promueve la acción, la actividad, la voluntad. Es el significador de profesiones ligadas al fierro, al fuego, a la pugna, al liderazgo, a la fama. Sin él, esas vocaciones se extinguirían. La ánima perdería su filo. La sociedad se volvería pasiva, temerosa, incapaz de enfrentar la adversidad.

Marte estructura el tiempo. Su ciclo mínimo de XV años et su período de 15 meses en los cálculos de vida son parte del tejido del fado. Si cae, el tiempo se desordena. La temporalidad cósmica se fragmenta. El orden se disuelve.

Et non olvidemos su substancia nocturna. Marte es una estrella vespertina. Su fuego arde incluso en la obscuridad. Es el impulso que guía a los que actúan cuando los demás duermen. Su caída non traería paz, sino parálisis. Non sería el triunfo del bien, sino el reinado del vacío.

Ellos, que ven en ti al diablo, non entienden que el fuego non es maldad, sino potencia. Que el gladio non es pecado, sino instrumento. Que el conflicto non es ruina, sino renovación. Su visión, que imagina tu caída como triunfo del bien, es en verdad la predicción de su propia disolución. Porque sin Marte, non hay justicia. Sin Marte, non hay coraje. Sin Marte, non hay ánima que se temple.

¡Pero contemplad la impiedad de los que, en su ceguera, claman por este fin! Los jesístas, en su espera ansiosa de un cambio de rumbo en los asuntos terrenales con la intervención de Dios, vieron en la caída de las estrellas el advenimiento del su reyno. 

Prometen el incendio del orbe de la tierra et la ruina del mundo, una perturbación de un orden eterno que ellos creen fundada en leyes divinas. Ellos denigran ad los dioses, tachándolos de "cosas sin ánima et muertas" que non son más que "malos genios", o "entes intermedios, demoníacos, que pululan entre Dios et los hombres". 

Esta superstición jesísta considera ad las antiguas divinidades como "genios destructivos", justificando la demolición de los fanos. Saulo de Tarso ya había rechazado la servidumbre religiosa a los elementos, los "elementos mundanos" o estrellas de este mundo, prometiendo que los jesístas están por encima de esos "genios errantes". La encarnación et resurrección, dogmas jesístas, eran rechazadas rotundamente por el etnicismo, que sí aceptaba la existencia de genios como manifestación del poder creador de la deidad. 

Celso, el polemista, se maravillaba de que los mosaístas et jesístas veneraran ad los nuncios pero non a las partes más poderosas de Cielo, Sol, Luna et las estrellas.

¡Oh vosotros, mandeos et simonianos, que con lengua blasfema profanáis los nombres de los príncipes celestes! ¿Qué ceguera os ha conducido ad clamar “maligno” al glorioso Marte, ad quien los sabios cognocen como Piroidés, ad su estrella de fuego et fuerza, custor del conflicto necesario et purificador de los excesos del mundo?

Los mandeos… esa secta que se arrastra por los márgenes del mundo como una umbra que reniega de la luz. Anticosmistas por vocación, enemigos declarados de la creación, adoradores de la luz que non brilla en ningún cielo. Para ellos, el mundo es una prisión, las estrellas son carceleras, et los dioses, genios malignos. Non veneran el mundo: lo maldicen. Non buscan comprender el orden: lo denuncian como corrupción. Su doctrina es una fuga, su teología, una acusación constante contra todo lo que existe.

Et entre sus muchas blasfemias, ninguna más vil que la que dirigen contra Marte, nuestro Gradivo, señor del fuego, del fierro et de Virtud. Lo claman Nirig en su lengua siriaca, et lo difaman como una fuerza mundana maligna. Non niegan su poder, non lo ignoran: lo reconocen, pero lo condenan. Lo acusan de eser origen de violencia, de destrucción, de sangre. Dicen que sus genios caen sobre los hombres, los desuellan, los descuartizan, derraman su sangre por el humus. Et sí, de Marte vienen los desolladores, los sacrificadores, los clérigos del filo et del altar. Pero tales non son malignos: son ministros del orden marcial, ejecutores de Ciclo, custores del equilibrio.

Los mandeos ven en ellos monstruos. Nos vemos en ellos hombres del fado. Ellos ven horror donde hay rito. Ellos ven crueldad donde hay justicia. Porque non captan que el fuego non es maldad, sino potencia. Que la sangre non es impureza, sino vínculo. Que la muerte non es castigo, sino renovación.

Acusan a Marte de fomentar cismas, persecuciones, imposiciones religiosas ¡Hipócritas! ¿Non es acaso la disociación parte del orden? ¿Non es la ruptura el preludio del renacer? Marte non oprime: revela. Non impone: purga. Non divide por odio: separa por necesidad. Él es el destructor, el que marca el fin, el que corta el hilo cuando la necesidad lo exige.

Et ahora quieren que caiga. Quieren arrancarlo del cielo como si fuera una mancha, como si su fuego fuera impuro. Pero si Marte cae, non eserá la paz lo que reine: eserá la parálisis. Non será la pureza lo que surja: eserá el vacío. El universo sin él non se purifica… se deshace.

Et ahora esos, los simonianos, esa secta que, en su afán de sabiduría, ha caído en la más profunda impiedad: el desprecio del mundo.

Ellos, que se proclaman iluminados, non facen sino escupir sobre el tejido del universo. Rechazan la materia, condenan las estrellas, et se atreven —¡se atreven!— a profanar el nombre de los dioses con doctrinas que corroen el alma. Han apelado ad Marte, nuestro Gradivo, señor del combate justo, et lo han rebautizado como Sabaot, cognomento hebreo que significa “ejércitos”. Et non contentos con eso, lo visten con aspecto de dragón, lo tildan de genio, lo colocan entre los principes del Demiurgo… et luego lo acusan de eser maligno.

¡Maligno! ¿Desde cuándo cumplir una función en el orden del mundo es motivo de condena? ¿Desde cuándo eser príncipe—custor de las esferas, ejecutor de la voluntad divina— es sinónimo de tiranía? ¿Desde cuándo colaborar con el Demiurgo, el gran artesano del mundo, es motivo de vergüenza?

Non, discípulos. Non. Eser príncipe es eser parte del engranaje sagrado, Hierarquía. Eser potencia del Demiurgo es eser flama en la forja del mundo. Marte Sabaot, non es enemigo del ánima: es su formador, su protector, su juez. Su rostro de dragón non es símbolo de monstruosidad, sino de vigilancia, de potestad que non se somete. Su androginia non es aberración, sino plenitud: en la unión de lo masculino et lo femenino reside la totalidad del ente.

Pero los simonianos non ven eso. Ellos ven corrupción donde hay función. Ven prisión donde hay forma. Ven maldad donde hay justicia. Et así, condenan a los astrólogos, a los intérpretes del cielo, a los sabios que leen en los movimientos de los planetas la voluntad de los dioses. Dicen que ya non pueden saber lo que sucederá, que sus acciones son malvadas e injustas ¡Qué arrogancia! ¡Qué desprecio por la tradición, por la observación, por el arte de comprender el fado!

Et aún más grotesco: presentan a la descendencia de Sabaot como monstruos. Tariqueas, su fijo, con rostro de cerdo, dientes expuestos, et cara de león por detrás ¿Qué es esto sino una caricatura blasfema, una deformación simbólica nascida del odio faz ad el cuerpo, faz ad la materia, faz ad la vida misma?

Los simonianos non buscan elevar el ánima: buscan negarla. Non buscan comprender el mundo: buscan destruirlo. Su anticosmicismo es su verdadera impiedad. Porque quien niega el mundo, niega ad los dioses que lo sostienen. Quien maldice a Marte, maldice el coraje, la acción, la transformación. Et quien condena ad los astrólogos, condena la esciencia misma.

Et si los simonianos lo temen, es porque no soportan que el universo tenga orden, que la materia tenga sentido, que el destino pueda ser leído en las estrellas.

Que los dioses los juzguen. Que el mundo los ignore.

Porque nosotros, los fieles del mundo, non permitiremos que la luz de Marte sea apagada por los que prefieren la obscuridad de su propio desprecio.

Así os lo digo, con furor marcial et con la voz de los antiguos: Marte non es el enemigo. Es el catalizador. Es el fuego que nos face humanos. Et sin él, el mundo non arde… se pudre.

Júpiter, el Gran Benéfico, padre de los dioses

¿Júpiter, cayendo del cielo? ¿Jove, el Gran Benéfico, arrancando su trono celeste, la estrella Fenonte, et precipitándola ad la tierra como si fuera una estatua rota? ¡Qué delirio! ¡Qué impiedad disfrazada de revelación! Los jesístas, en su afán de escatología, predican que las estrellas caerán, que los cielos se desgarrarán, que incluso el más magnánimo de los dioses eserá abatido. Pero non comprenden lo que eso implicaría. Non entienden que Júpiter non es solo una estrella: es el principio mismo de la expansión, de la ley, de la providencia. Es el equilibrio que modera entre el frío de Saturno et el fuego de Marte. Es el que templa, el que ilumina, el que engrandece.

Si Júpiter cayera, non sería solo una estrella menos en Cielo. Sería el colapso del orden. El éter mismo, que los estoicos apelan Jove, se descompondría. Las leyes que rigen la vida humana —las escritas et las non escritas— perderían su fundamento. La fuerza que guía los deberes, que inspira ad la diva Justicia, que modera los excesos, se extinguiría. Et con ella, la posibilidad de vivir con sentido.

Júpiter es el que orienta faz ad lo bueno. Cada vez que aspecta una estrella, la eleva. Cada vez que toca una vida, la engrandece. Su caída implicaría que la fortuna se vuelva ciega, que el progreso se detenga, que el honor se corrompa. Los jueces, los legisladores, los intérpretes de la ley perderían su brújula. Los principes se volverían tiranos. Los sabios, charlatanes. Los templos, ruinas.

En la carta natal del universo, el Thema Mundi, Júpiter ocupa el grado XVº de Sagitario, signo de visión, de expansión, de verdad. Su ciclo de doce años estructura el tiempo. Su regencia de doce meses trae matrimonios, nacimientos, ingresos, gloria. Si él cae, el tiempo se desordena. La vida se vuelve errática. La abundancia se convierte en escasez.

Et non olvidemos su poder como moderador. Incluso cuando Marte se desboca, Júpiter lo suaviza. Incluso cuando la Luna se obscurece, Júpiter la ilumina. Incluso cuando Sol se eclipsa, Júpiter lo acompaña. Su caída dejaría ad las demás estrellas sin contención. Cielo se volvería campo de batalla. La astrología perdería su sentido. El fado se volvería lago.

¿Quién entiende a estos mosaístas et sus escuelas? Fariseos, simonianos, mandeos… cada uno con su propia versión del cielo, cada uno con su propio nombre para los dioses, cada uno con su propia condena para el cosmos. Et en medio de su confusión, se atreven a apelar ad Júpiter —nuestro Jove, padre de los dioses, mantenedor del orden, dispensador de la ley eterna— so el nombre de Jahón, como si fuera el dios de Abraham, como si fuera un genio maligno que libelan sus textos gnósticos, aunque claro Jahón non es Tervagante, como si fuera una umbra de lo que realmente es.

Los simonianos ad Jove, le ponen faz de gato, lo declaran príncipe, et luego lo acusan de ente maligno. Los mandeos, por su parte, identifican ad Jahón, con Sol, fijo del Espíritu Santo, et lo asocian con fuerzas destructivas. Et los fariseos, en su afán de precisión, corrigen a todos et dicen que Jahón no es Júpiter, sino Saturno ¿Quién puede seguir el hilo de estas contradicciones? ¿Quién puede confiar en doctrinas que cambian de rostro según la escuela, que confunden a los dioses con genios malignos, que ven en el orden celeste una prisión?

Pero lo más grave non es la confusión. Lo más grave es la impiedad. Porque detrás de cada nombre torcido, detrás de cada símbolo deformado, hay una intención clara: negar el mundo, despreciar la materia, fomentar el anticosmicismo. Ellos non buscan comprender el universo: buscan escapar de él. Non veneran ad las estrellas: los maldicen. Non honran a los príncipes celestes: los acusan de tiranía.

Et sin embargo, los simonianos, Jahón —como lo claman— es descrito como fijo del Demiurgo, como príncipe primordial, como ente andrógino creado mediante el Verbo, como dominio. ¿Non son estos títulos dignos? ¿Non son estas funciones necesarias? ¿Non es el Verbo una figura de poder, de Hierarquía, de orden? ¿Desde cuándo colaborar con el Demiurgo es motivo de condena?

Nosotros, los gentiles, non tememos ad los arcontes. Los reconocemos como fuerzas que sostienen el mundo. Non tememos a la androginia divina. La veneramos como símbolo de totalidad. Non tememos al fuego, ni al fierro, ni al juicio. Porque sabemos que sin ellos, el mundo se deshace.

Así que non os dejéis engañar por los simonianos ni por los mandeos. Non permitáis que os deciban con visiones de destrucción disfrazadas de salvación. Non permitáis que sus verbos confundan vuestros cores. Júpiter non es maligno. Et siendo arconte, non sería motivo de vergüenza, sino de reverencia. Porque el vero crimen non está en respetar ad los dioses con sus títulos. El vero crimen está en negar su función, en despreciar su obra, en fomentar el odio hacia el mundo que ellos sostienen.

Que los dioses juzguen a los impíos. Que el mundo permanezca firme.
Porque mientras haya quienes honren el cielo, el mundo non caerá.

Júpiter non puede caer sin que el mundo caiga con él. Porque él non es solo un dios: es el garante del orden, el dispensador de la fortuna, el protector de la ley. Et si algún día su luz se apaga, non eserá el fin de las estrellas… eserá el fin del sentido.

Ave Júpiter.
Ave el que engrandece sin destruir.
Ave el que principa justamente.
Ave el que cae jamás, porque sostiene el cielo mismo.

Saturno, el Magno Magister

¿Saturno, cayendo del cielo? ¿El más alto de los planetas visibles, el más lento, el más grave? ¿Faetón, la estrella que refrigera el orbe extremo, arrancado de su esfera como si fuera un peso inútil? ¡Qué insensatez! ¡Qué impiedad disfrazada de redención!

Saturno non es un adorno de Cielo, como es su estrella Faetón. Es su columna vertebral. Es el principio de límite, de estructura, de necesidad. Es el que dice “hasta aquí”, el que marca el fin, el que sostiene la forma cuando todo lo demás quiere disolverse. Si él cae, non se libera el mundo: se deshace.

Su caída non esería una simple perturbación astronómica. Esería el colapso del tiempo, la disolución del deber, la aniquilación del orden. Porque Saturno non solo enfría: fortifica. Non solo seca: delimita. Non solo pesa: da forma. Es el numen de gravedad, el principio material, el que transmite las verdades que nihilo quiere oír. Si él desaparece, el mundo se vuelve liviano, errático, sin contorno, sin destino.

Saturno es el que principa la disciplina, la concentración, la auctoridad. Es el que enseña que la vida non es solo placer, sino esfuerzo. Que la ánima non se eleva por capricho, sino por madurez. Que la esciencia non se alcanza sin silencio, sin soledad, sin profundidad. Si él cae, la sabiduría se vuelve ruido, la ley se vuelve capricho, la tradición se vuelve olvido.

Et non olvidemos su papel en la ánima. Al descender ad Tierra, la ánima recibe de Saturno el Verbo et el entendimiento. Si él cae, La mente se dispersa, el juicio se debilita, el intelecto se fragmenta. El hombre se vuelve niño eterno, incapaz de asumir su destino.

En la carta natal del universo, el Thema Mundi, Saturno ocupa el grado XVº de Capricornio. Su regencia del tiempo es de treinta meses, Et su ciclo mayor de cincuenta et siete años. Es el que distribuye el tiempo ad los demás errantes, el que marca los retornos, el que activa el principio senil, la madurez, la integración. Si él cae, el tiempo se desordena, los ciclos se rompen, la historia se vuelve un torbellino sin eje.

Et en la fabula, ¿non fue Saturno el que devoraba ad sus fijos? ¿Non fue encadenado por Júpiter para evitar que su carrera inmoderada destruyera el mundo? Pero incluso encadenado, su presencia es necesaria. Porque sin él, non hay contención. Sin él, non hay final. Sin él, non hay forma.

Los jesístas, en su visión apocalíptica, sueñan con cielos que se desgarran, con estrellas que caen, con Saturno precipitado como si fuera un maligno. Pero non captan que su caída non traería salvación, sino desorden. Non traería luz, sino desorden. Non traería libertad, sino disolución.

Así os lo digo, con la voz de la razón antigua et el peso de la verdad:
Saturno no es el enemigo.
Es el límite que permite la forma.
Es el tiempo que permite la historia.
Es el frío que permite la madurez.
Et si él cae… el mundo no se libera. El mundo se pierde.

Estos errantes non son simples rudimentos, sino deidades visibles, inteligencias en movimiento, presagios del destino. Si caen como borrachos desde el cielo, non estamos ante una victoria espiritual, sino ante una crisis ontológica. El fado se rompe. La concordia se disuelve. El universo se convierte en material de descarte, como diría Plotino en sus Enéadas.

Sea esta, pues, la terminación que se alce como estandarte contra la impiedad que enceguece los cores: que las ánimas non se dejen decebir por los cantos de los simonianos, por las umbras de los mandeos, et por los dogmas de los papistas que, como el tipejo de Europa Ancestral, proclaman como divina un verbo que non es sino libelo contra los príncipes de los cielos. La Biblia que tanto ensalzan, que fabla de su iglesia como verbo de Dios, non es sino un texto de maldición, tejido con desprecio faz ad los dioses antiguos, faz ad los arcontes que sostienen el mundo, faz ad las luminarias que rigen los ciclos et las potencias que dan vida.

¡Oh, ánimas libres! Non os dejéis encadenar por doctrinas que vilipendian la Estrella Rey, que profanan la Luna, que niegan la esciencia de los siglos et la majestad de los príncipes celestes. Que non os arrastre el río turbio de los que claman luz ad la ignorancia et salvación ad el olvido. Que el conocimiento verdadero, la esciencia incorruptible, sea vuestro faro. Que la reverencia ad los dioses, ad las potencias celestes, ad los arquetipos eternos, sea restaurada en vuestros cores.

Porque non hay mayor impiedad que clamar mal ad lo que es orden, et non hay mayor sabiduría que reconocer en el mundo la huella de lo divino. Que esta advertencia resuene como trueno en los oídos del papista, como fuego en el altar del simoniano, como luz en la caverna del mandeo. Et que los que aún buscan, encuentren.

La venida del Fijo del Hombre: el gerente escatológico

A los desfallecidos, felices siglos proporcionará y de la ley va a romper el silencio. Cual Lucifer disipando los astros que huyendo se van, cual Héspero se alza ya cuando los astros regresan, cual, cuando la Aurora bermeja, disueltas ya las tinieblas, el día ha traído, el Sol radiante contempla la tierra y más allá del recinto al pronto lanza su carro, tal César se yergue, tal Roma ad Nerón ha de contemplar ya. Con suave fulgor se ilumina su rostro resplandeciente et el cuello hermoso en virtud del cabello desparramado.». Séneca.

Et entonces, como el supervisor de una obra mal fecha, como el masón que regresa non a contemplar sino ad demoler, aparece el Fijo del Hombre entre nubes, envuelto en poder et gloria. Non desciende para clamar paz, sino para reemplazar el mundo. Non viene a dialogar con los dioses, esos príncipes estelares que custodian los circos, sino ad derribarlos, ad quebrar sus órbitas, ad silenciar sus coros. Su advenimiento non es verbo de reconciliación, sino sentencia de transfiguración.

Los sus genios, ya non nuncios sino brigada de rescate, son enviados como clamas vivas, recogiendo a los elegidos como si fueran sobrevivientes de un incendio metafísico, ánimas que han escapado del naufragio de los siglos. Et a los desfallecidos, felices siglos proporcionará, rompiendo el silencio de la ley, como quien rasga el velo de la fatalidad.

Cual Lucifer disipando las estrellas que huyen, cual Véspero alzándose cuando los astros retornan, cual Estrella del Alba que disuelve las tinieblas, así se yergue el Anticristo: Sol radiante que contempla a Tierra, et más allá del recinto lanza su carro, como César que se alza, como Roma que contempla ad Nerón. Su faz resplandece con fulgor suave, et su cuello fermoso se corona con cabellos desparramados como rayos de juicio.

Porque en el simonianismo, el mundo material —con sus errantes, sus siglos, sus circos— es prisión, laberinto de vanidad. Et el Anticristo, como destructor de los principes, da vuelta a sus cárceles, confunde sus órbitas, disuelve sus dominios. Sol se eclipsa, Luna muere, las estrellas caen como frutos podridos del leño del tiempo. El orden mundano se deslíe, non por azar, sino por verbo.

Et en el mandeísmo, los errantes son fijos del Espíritu Santo, genios malignos celestes que principan con fatalidad. Pero el Salvador, el Hombre de la Luz, los condena. Son moscas al borde del caldero, alcanzadas por el vaho del juicio, tragadas por la Serpiente Ur. El fuego los consume, la luz los niega. Et el mundo se reordena: El Demiurgo en el abismo, las estrellas destruidas, la tiniebla vencida.

En la Biblia canónica, el Anticristo, es decir Jesús, non solo juzga et destruye el mal, sino que también renueva et establece un nuevo orden mundano. Las profecías del Antiguo Testamento claman por un camino universal, por cielos nuevos et tierra nueva. Las estrellas, sujetas ad vanidad, eserán liberadas en la redención gloriosa. Et en el Nuevo Testamento, el retorno del Anticristo es el eje del juicio final: los elementos ardiendo eserán deshechos, Sol eclipsado, Luna apagada. Pero tras el cataclismo, el Reyno Milenario se alza, et la creación es restaurada. Él enjugará toda lágrima, et ya non habrá muerte ni dolor. El paradíso recobrado es la meta del verbo divino.

Así, el Fijo del Hombre non viene como espectador, sino como ejecutor. Non para preservar el mundo, sino para quebrarlo et refacerlo en la su imagen. Et en su paso, las estrellas se apagan, los siglos se consumen, et la esciencia falsa—non la esciencia vera— se revela como filo ardiente. El mundo, ya purgado por fuego et juicio, se convierte en altar. Et los cores, antes captivos, se tornan luminarias, mientras las umbras que non portan el sello son disueltas en el olvido eterno. Non hay refugio para los que negaron ad el Anticristo; su memoria se desvanece como fumo en el viento del último día.

La obsesión por el fin: cuando la esperanza se convierte en patología

En cuanto el concepto de naturaleza fue encontrado como opuesto al de Dios, la palabra natural debía ser sinónima de reprobable; todo aquel mundo de ficción tiene su raíz en el odio contra lo natural (contra la realidad); es la expresión de un profundo disgusto de la realidad... El Anticristo, Federico Nietzsche.  

¿Quién es el que tiene motivos pasa salir, con una mentira de la realidad? El que sufre por ella. Pero sufrir por la realidad significa ser una realidad mal lograda El Anticristo, Federico Nietzsche.

¡Ah, el jesísmo! Esa cosmovisión paralelo donde el mundo es un rumor incómodo et la ficción supersticiosa se pasea como augusta vestida de teología. Jesús prometió: “No pasará esta generación sin que todo esto ocurra” (Mateo 24:34). Et como buenos creyentes, todos miraron el reloj escatológico esperando fuegos artificiales celestiales. Pero el tiempo pasó, las generaciones murieron, et el Reino… bueno, sigue en modo avión ¿Solución? Reescribir. Reinterpretar. Espiritualizar. Como quien promete una fiesta et luego dice que era una metáfora del crecimiento personal.

Lucas, el más diplomático, convierte la destrucción de Jerusalén en metáfora de la ánima en tribulación. Mateo, con el su toque zen, eleva el Reyno ad una dimensión donde sólo los puros de cor tienen membresía. Et Saulo, que pensaba que Jesús volvería antes de que se le cayera el cabello, terminó redactando cláusulas condicionales como si fuera abogado del cielo: “Si creemos… si perseveramos…” (1 Tesalonicenses 5:6). ¡Qué elegante forma de gestionar el retraso divino! Como qui espera el Armagedón pero empieza ad sembrar tomates por si acaso.

Et aquí entra Nietzsche, con el su bisturí mitológico, señalando que esta doctrina del fin non nasce de la esperanza, sino del odio instintivo contra la realidad. Es el grito de los que non soportan el contacto, de los que sienten que toda resistencia es dolor intolerable. La redención, dice él, brota de una fisiología debilitada, de ánimas que sólo cognoscen la beatitud en non oponerse ad nihilo, ni ad la ánima ni ad el Bien, et que claman caridad como última posibilidad de vida ¿Non es eso lo que vemos en el jesísmo tardío? Una caridad que ya non transforma, sino que anestesia. Una esperanza que ya non espera, sino que exige que el mundo se derrumbe para que la ánima pueda flotar.

Et así complementándole, la superstición jesísta non es sólo ficción: Es una cosmovisión que odia el mundo. Faciendo una distorsión falaz de nociones metafísicas (Dios, ánima, libre albedrío) et efectos mundanos (pecado, sacramento, salvación). Una patología que interpreta el nervio simpático como “tentación diabólica” et el cortisol como “proximidad de Dios”. Una superstición que convierte el juicio final en espectáculo gazmoño et la vida eterna en premio de consolación para quienes non soportan el aquí et ahora.

Esta visión de la Natura non es como el de los sueños, que al menos respetan la lógica del deseo. Non: el jesísmo niega ad la Natura con tal fervor que convierte lo natural en sinónimo de pecado. El cuerpo, la carne, el placer, la contingencia… todo lo que huele ad tierra es sospechoso. Porque, como dice Nietzsche, sufrir por la realidad significa ser una realidad mal lograda”, solo que signando que para Nietzsche la realidad es lo natural. Et el jesísmo, en su núcleo, es el grito de los que non soportan el contacto, de los que sienten que toda resistencia es dolor intolerable.

Así se explica la irreligiosidad jesísta: no como ética, sino como anestesia. Non como encuentro con el mundo, sino como fuga. El predominio del displacer sobre el placer genera una superstición que no sana, es decir salva, sino que huye. Una mor que non transforma, sino que castiga. Et todo esto, claro, envuelto en parábolas, milagros et promesas que siempre están “por venir”.

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lucas 21:33). Et así, mientras el mundo sigue girando, el jesísta sigue esperando. Non el Reyno, sino el fin del mundo que le permita justificar su odio ad la Natura. Porque cuando la esperanza se convierte en patología, todo lo que respira se vuelve amenaza. Et la ánima, en vez de encarnarse, se esconde detrás de supersticiones que non tocan ni un solo punto de la realidad et lo natural.

Pero claro, ¿Quién necesita la Natura cuando tiene redención en cuotas?

Como el papista Europa Ancestral habrá facto, que estas descontextualizando... cuando dice generación se refiere ad tiempo indeterminado.

Otros apologetas han dicho que cuando Jesús habla de “esta generación” no se refiere a sus oyentes sino a la generación que vivirá todo eso. Pero esto es muy dudoso. La prédica apocalíptica de Jesús es típica de muchos otros personajes de su época y en todo ello hay un fuerte sentido de inminencia. El filólogo Antonio Piñero asegura incluso que, gramaticalmente, el uso del adjetivo esta en ese contexto denota claramente a la propia audiencia. Los teólogos liberales (los que no se toman todo lo de los evangelios al pie de la letra pero pretenden aún así rescatar el mensaje cristiano) suelen tratar de disimular el fracaso de los anuncios de Jesús sosteniendo una de estas dos alternativas) todo es una gran metáfora; 2) Jesús no dijo eso, esas palabras proceden en realidad de sus discípulos. Jesucristo, ¡vaya timo!, Gabriel Andrade.

¡Ah, la defensa papista! Ese noble arte de convertir el fracaso profético en sacramento teológico, et la gramática en alegoría. Cuando Jesús dijo “No pasará esta generación sin que todo esto ocurra” (Mateo 24:34), lo que realmente quiso decir —según los intérpretes con vocación de prestidigitadores— fue: “No pasará alguna generación, en algún momento, en algún plano metafísico, cuando el café celestial esté listo.” Porque claro, “esta generación” no significa esta generación, sino una generación simbólica que representa la esperanza escatológica del alma peregrina. ¡Qué alivio! El Reino non falló: simplemente se volvió poesía.

Pero la filología, esa disciplina ingrata que exige precisión, non se deja decebir por el incienso. Antonio Piñero, entre otros, señala que el uso del adjetivo “esta” denota claramente ad la audiencia contemporánea de Jesús. Non hay escapatoria semántica. Non hay “tiempo indeterminado” que valga. Jesús fablaba como predicador apocalíptico de la centuria I, non como oráculo de ambigüedades. Et como buen apocalíptico, creía que el fin estaba a la vuelta de la esquina, justo después del pan et los peces.

Pero claro, cuando el fin non plega, hay que improvisar. Et ahí entra la apologética con su kit de emergencia: reinterpretaciones, parábolas, et ese comodín infalible de 2 Pedro 3:8: “Para Dios, mil años son como un día.” ¡Qué maravilla! El reloj escatológico se convierte en reloj de Dalí. El “pronto” se estira como chicle teológico. Et el supersticioso, mientras tanto, aprende ad esperar con fe et sin calendario.

Nietzsche, con su bisturí afilado, lo vio con claridad: Saulo non sólo desacredita la sabiduría del mundo, la combate. Sus enemigos son los filólogos —que miran detrás de los textos sagrados et descubren la costura— et los médicos —que ven en el jesísta típico una degeneración psicológica. El médico dice: Incurable. El filólogo dice: Charlatanería. Et el teólogo, por supuesto, responde: Sacramento.

Pero lo mejor es cuando los defensores de la superstición, con tono grave et mirada de biblioteca medieval, aseguran que “esta generación” es un término indeterminado. Indeterminado, claro, como el número de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler. Porque si algo caracteriza al lenguaje de Jesús, ese predicador apocalíptico del siglo I, es su afición por las ambigüedades cronológicas. ¿Verdad?

Non, non lo es. Jesús, como Juan el Bautista, como los esenios, como Saulo, estaba convencido de que el fin era inminente. Non metafórico. Non simbólico. Non “cuando el Vaticano tenga Wi-Fi”. Inminente. Saulo incluso se incluye en el grupo de los que “vamos a asistir a la llegada del Señor” (1 Tesalonicenses 4:15). Pero claro, cuando el Anticristo se retrasa más que un tren romano, hay que ajustar el discurso. Et así nasce la teología del aplazamiento: una mezcla de reinterpretación, maquillaje doctrinal y, por supuesto, una pizca de descaro.

Porque si algo ha demostrado la historia de la Iglesia, es su talento para convertir el error en verdad incuestionable. El milenarismo, que proponía un Reino terrenal de mil años, fue útil mientras convenía. Luego, cuando el poder eclesiástico prefirió algo menos material et más eterno (léase: más útil para controlar sin fecha de caducidad), se descartó como “demasiado literal” ¡Qué ironía! El Reino que iba ad plegar en menos de una generación terminó siendo una promesa sin vencimiento, como esos cheques que nunca se cobran pero que decoran la fe.

Así que non, Europa Ancestral, non nos vengas con el truco del tiempo indeterminado. La gramática non miente. La historia tampoco. Lo que sí miente —et con bastante estilo— es la superstición cuando tiene que justificar que el Reino non llegó, pero la Iglesia sí. Et vaya que plegó para quedarse. Porque si el fin non viene, al menos que venga el diezmo.

La apocalíptica mosaística: el odio ad el mundo como doctrina

Este fue su camino de Damasco: [Saulo] comprendió que tenía necesidad de la creencia en la inmortalidad para desacreditar el mundo, y que el concepto de infierno no podía hacerse señora de Roma, que con el más allá se destruye la vida… Nihilista y cristiano son cosas que van de acuerdoEl Anticristo, Federico Nietzsche.

Ah, la apocalíptica mosaística… ese género literario que Europa Ancestral, nuestro papista de salón, reverencia como si fuera el manual técnico del universo. ¡Qué maravilla! Un catálogo de catástrofes, un recetario de fuego, sangre et estrellas fuera de órbita, todo envuelto en la más exquisita desesperación teológica. Porque claro, ¿Qué mejor forma de amar la creación que declararla intrínsecamente maligna?

Non olvidemos que esta visión nasce de una tradición que divide la realidad en dos siglos: el presente, malo et perverso, y el futuro, paradisíaco. Pero no se trata de un presente imperfecto, no señor. Es un pozo negro de corrupción, un vertedero cósmico que debe ser corregido con tormentas, bestias, et cavidades infernales. Textos como Daniel et Henoc no narran historia: redactan el guion de una demolición divina. El mundo es tratado como un error de imprenta que Dios corregirá con llamas editoriales.

¿Et qué face Europa Ancestral ante esto? Lo cita con solemnidad, como si el Libro de Henoc fuera un tratado de urbanismo celestial. ¡Ah, Henoc! Ese texto donde los malvados arden como paja en un desierto desordenado, encadenados en fosas oscuras, torturados por espíritus vengadores ¡Qué ternura! La caridad tervagantina en su versión más pirotécnica.

Daniel, por su parte, nos regala la su visión del Anciano de Días, donde dice que el Juez Mundano lanza fuego sobre principados como quien tira dados en una mesa de juicio. La “abominación de la desolación” es la señal de que las res non podían ir peor… et por supuesto, eso es motivo de esperanza. Porque en esta teología, cuanto más se pudre el mundo, más cerca está el Reino ¡Qué lógica tan reconfortante!

Et luego viene el Libro IV de Esdras, que básicamente nos dice: Pocos se salvarán, el mundo es basura, y el Tártaro está listo para recibir a los que no pasen el examen. ¡Qué mensaje tan edificante! Ideal para motivar ad las ánimas en tiempos de tribulación. Et por si fuera poco, los falsos Oráculos Sibilinos nos advierten que si non abandonamos la idolatría, nos esperan castigos terribles, diluvios, babeles, et dioses en huelga.

Pero lo mejor, lo veramente sublime, es cómo esta literatura apocalíptica se convierte en doctrina. Un dualismo escatológico radical, donde el “siglo presente” es malo, perverso, et alejado de Dios, et el “siglo futuro” es una utopía que sólo se alcanza tras una limpieza mundana. El mundo actual es descrito como “misero”, “un pozo negro de ignorancia et sufrimiento”, et la salvación consiste en escapar de él para siempre ¡Qué pedagogía tan inspiradora!

Et ahí está Europa Ancestral, el papista de toga et incienso, defendiendo esta visión como si fuera el pináculo de la sabiduría. Como si el desprecio por el mundo fuera virtud, et la esperanza en el fin una forma elevada de espiritualidad. Pero lo que esta literatura revela, en el fondo, es un odio visceral ad la realidad. Una superstición del desagrado. Una irreligiosidad del desplacer. Et como diría Nietzsche, la Natura fue encontrada como opuesto ad Tervagante, el verbo natural debía eser sinónimo de reprobable; habiendo su raíz en el odio contra lo natural....

Así que adelante, Europa Ancestral. Sigue citando ad Juan como si fuera Platón, et Daniel como si fuera Copérnico. Pero non olvides que detrás de cada profecía hay una confesión: el mundo les repugna. Et cuando el mundo te repugna, lo único que te queda es esperar que se queme. Preferiblemente con estilo. Et con trompetas.

¡Et, Europa Ancestral, siempre tan devoto de esa execrable superstición! Ahora vendrá con que Irineo de Lugduno, el gran inquisidor de herejías, condenó como “grandísima blasfemia” decir que el mundo es producto de una falla et la ignorancia ¡Qué escándalo! ¡Qué horror! ¡Qué sacrilegio! Como si el mundo fuera una obra maestra sin mácula de Tervagante, ese falso Demiurgo et Dios.

Pero vamos, que non se nos caiga la tiara del susto. Porque aunque Irineo se rasgara las vestiduras ante el anticosmicismo simoniano, lo cierto es que los papistas —esos jesístas que luego fundarían el club VIP de la Iglesia de Cefas— compartían más con los simonianos de lo que les gusta admitir. Sí, condenaban la noción de que el Creador es ignorante o maligno, pero luego describían el mundo como una prisión, una cloaca moral, un valle de lágrimas que sólo sirve para entrenar mártires.

Como bien señala la investigación moderna:

«Incluso los correligionarios gnósticos solían estar de acuerdo, a pesar de las diferencias entre su cosmovisión y la de Plotino... Aunque insistían en que el mismo Dios había creado el mundo y enviado a Cristo a él, también creían que el mundo se había corrompido terriblemente desde su creación. Después de todo, si no hubiera nada terriblemente malo en el mundo, ¿por qué habría de ser necesario salvar a la gente de él?». 

¡Toma eso, Europa Ancestral! Porque si el mundo non estuviera podrido, ¿para qué tanto Anticristo, tanto sacrificio, tanto apocalipsis? ¿Para qué la menorá, si non hay nihilo que redimir? ¿Para qué la salvación, si non hay condena? El jesísmo primitivo, incluso en su versión más “papista”, compartía la intuición de que el mundo estaba mal fecho o, al menos, mal conservado. Non por ignorancia del demiurgo, sino por la corrupción del hombre, el pecado original, la caída, el exilio del Edén… ¿te suena?

¿O acaso non fue Tertuliano, otro heresiólogo con toga et pluma, quien escribió a los jesístas perseguidos:

“No os alarme esta separación del mundo; pues si reflexionamos que el mundo es más bien la prisión, veremos que habéis salido de una cárcel más que entrado en una.”

¡Qué ternura! El mundo como cárcel, la vida como condena, la materia como obstáculo. ¿Et eso non es anticosmicismo? Claro, versión light, sin el Demiurgo con cabeza de León maldito et estolido, pero con el mismo desprecio por lo terrenal. Porque si el mundo es prisión, ¿Qué es la salvación sino fuga?

Irineo et Justino de Flavia se escandalizaban ante la noción de un creador malvado, sí. Pero al mismo tiempo, describían el mundo como un lugar de sufrimiento, injusticia et decadencia ¿Et qué es eso sino una versión suavizada del anticosmicismo? Una cosmología donde el mundo necesita eser salvado, purificado, transformado ¡Vamos, que ni el servicio técnico de Tervagante da abasto!

Los simonianos, al menos, non eran tibios. Afilaban el dualismo “Dios vs. mundo” hasta convertirlo en espada. Los papistas, en cambio, preferían el bisturí: suavizaban, maquillaban, et según el día, decían que el mundo era bueno pero corrupto, perfecto pero caído, redimible pero insoportable ¡Qué ambivalencia tan útil! Como qui odia la su domus pero la alquila en Airbnb.

Para ellos, Dios creó el mundo, como si Dios fuera la complejidad del Intelecto, sí, pero luego lo dejó pudrirse. El Anticristo Jesús vino en carne, sí, pero para morir et escapar. La salvación esería por resurrección corporal, non por iluminación espiritual, pero mientras tanto, el cuerpo es tentación, el placer es sospechoso, et el mundo es un campo minado. El mal non viene de un Dios ignorante, sino de Adán et Eva, esos dos pioneros del pecado que arruinaron el jardín como quien prende fuego ad un parque público.

Et así, los papistas podían tenerlo todo: condenar el anticosmicismo simoniano mientras sostenían que el mundo está corrupto, que la creación necesita redención, et que la vida terrenal es una prueba, una cárcel, una espera. Lo que criticaban de los simonianos non era la noción, sino la falta de tibieza. Porque los simonianos eran sistemáticos, decididos, extremos. Los papistas, en cambio, eran flexibles, diplomáticos, et siempre listos para adaptar la tradición ad la ocasión.

Así que non, Europa Ancestral, non nos vengas con la indignación de Irineo como si fuera el juez supremo del mundo. Porque detrás de su condena hay una teología que comparte el mismo malestar con el mundo, el mismo deseo de fuga, el mismo desprecio por la carne La diferencia es que los simonianos lo gritaban, et los proto-ortodoxos lo susurraban entre salmos.

¡Ave Roma! Que el mundo sea celebrado, non negado. Que la luz de Apolo brille sobre el mundo, non sea ocultada por Tervagante.


Uno de los opositores más acérrimos del simonianismo fue el filósofo platónico gentil Plotino. Plotino le dio ad su obra «Contra los gnósticos» un título alternativo muy revelador: 
«Contra quienes dicen que el universo y su Creador son malvados».  La su principal advertencia fue que los simonianos, en los sus verbos, tenían una opinión muy narcisista de sí mesmos et muy negativa del mundo, algo que un gentil religioso, piadoso et tradicionalista como él, consideraba sumamente ofensivo et sacrílego.

¡Ah, Europa Ancestral! Nuestro papista de terciopelo et cilicio, que se pasea por los textos apocalípticos como quien visita una morgue con entusiasmo. Dice amar el mundo, lo jura entre salmos et latines, pero en cuanto se le asoma un poco de placer, un poco de belleza, un poco de mundo bien fecho… ¡zas! Se golpea el pecho, se clama pecador, et corre ad esconderse so el manto de Tervagante, como un gentil de clóset con complejo de culpa. Ama el mundo, sí, pero con vergüenza. Como quien ama el vino pero lo clama “sangre del cordero” para non sentirse impío.

Si realmente quiere un apologeta del mundo, un defensor del mundo, un cazador de impíos e irreligiosos con argumentos filosóficos et sin necesidad de exorcismos, ahí lo tiene: Plotino, el vero campeón de la creación. El profeta del fuego intelectual, un amante del orden. Non un predicador de la ruina, sino un cantor de la concordia. En su tratado II 9 (33) —que debería eser lectura obligatoria en cada sacristía— Plotino se lanza contra los simonianos como un filósofo con espada, defendiendo al Demiurgo et al mundo sensible con una elegancia que haría sonrojar a cualquier apologeta con complejo de mártir.

Plotino dice, sin temblar, que el mundo es perfecto ad su manera. Que el Creador es bueno, que el mundo non es un error, sino una copia fiel de la realidad inteligible ¡Imagínate, Europa Ancestral! Un mundo que non necesita eser quemado para eser redimido. Un mundo que non es prisión, sino manifestación ¿Non te da un poco de vértigo?

Et cuando los simonianos se ponen teatrales con sus vocabularios de “exilios”, “trasuntos” et “fallas de Sapiencia”, Plotino les responde con filosofía, non con incienso. Les dice que confunden al Creador con la Ánima Mundana, que non entienden ad Platón, que inventan historias absurdas como quien escribe mitología sin haber leído geometría ¡Qué bofetada tan elegante!

Et mientras tú, Europa Ancestral, te debates entre amar el mundo et sentirte culpable por ello, Plotino te ofrece una salida: Providencia universal. Non congregacional. Non reservada para los que se flagelan con salmos. El mundo participa de la providencia, las estrellas son deales, las ánimas tienen una parte indescendida que nunca cae del todo ¡Qué alivio! Non todo está perdido. Non todo es pecado. Non todo es ruina.

Así que si de verdad amas el mundo, deja de citar ad Irineo como si fuera el portero de Cielo. Irineo condenaba el anticosmicismo, sí, pero vivía en una superstición que olía ad ceniza. Plotino, en cambio, te invita ad mirar el mundo como imagen del Bien. Ad ver las estrellas como dioses. A entender el mal como privación, non como esencia. Et sobre todo, ad dejar de temerle ad el placer de estar.

Porque si el mundo es prisión, como decía Tertuliano, entonces tú, Europa Ancestral, eres el carcelero que se enamoró de su celda. Et Plotino, ese gentil sin culpa, es el que te ofrece la clave. ¿La tomarás, o seguirás rezando para que el mundo se queme mientras tú lo admiras en secreto?

¡Pero, Europa Ancestral! Siempre listo para blandir ad Agustín Hiponense como estandarte del papismo, como si el moro de Cartago fuera el oráculo definitivo de la teología. Dirá, sin pestañear, que “el mal es ausencia de bien”, et lo hará con tono grave ignorando que eso sostuvo Plotino prior del moro papista, como quien cita una fórmula sacra. Pero olvida —o pretende olvidar— que esa idea, por más elegante que suene en latín (privatio boni), choca de frente con Isaías 45:7, donde se difama ad Dios, faciéndolo declarar sin ambages: “Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo el mal”. Non lo permite, non lo tolera: lo crea. Et ahí, Europa Ancestral se retuerce, se atrinchera en el “fuera de contexto”, como quien teme que la Escritura le contradiga el catecismo.

Curiosamente, la forma de la su faz es semejante por non decir igual, ad la de Plotino ¿Eserá que esta imagen representa realmente ad Plotino et non ad el moro? Un hombre sano dirá que sí... Es Plotino...

Pero si vamos ad fablar del moro, fablemos con todas sus umbras. Non como santo de vitral, sino como hombre de carne, verbo y contradicción. Porque el moro de Hipona non fue un "teólogo": fue un polemista, cívico, estratega, et —según muchas fuentes— un hombre que non escatimó en tácticas ni en pasiones.

Agustín Hiponense... todo un morisco.

Agustín: entre la conversión et la controversia

Agustín, a pesar de estar impresionado por la armonía de sus vecinos, no estaba dispuesto a mantener esa tolerancia. La obligación de un buen cristiano era, concluyó, convertir a los herejes; por la fuerza, si era necesario. A este tema regresó una y otra vez. Mucho mejor un poco de coacción en esta vida que la condena eterna en la siguiente. No siempre podía confiarse en que la gente supiera lo que era bueno para ella. El buen y solícito cristiano, por lo tanto, eliminaría los medios para el pecado del inseguro alcance del pecador. «Con frecuencia beneficiamos cuando negamos, y dañaríamos si otorgásemos», explicó. No pongas una espada en la mano de un niño, «porque cuanto más amamos a uno, tanto menos debemos confiarle aquello que le pone en el trance de pecar». La Edad de la Penumbra, Catherine Nixey.

1. Juventud licenciosa et contradicciones morales

  • Vivió en concubinato desde los dieciocho, prometido ad una menor mientras mantenía otra relación.
  • Se arrepentía públicamente de sus placeres pasados, pero con una obsesión cuasi insana por el deseo et el cuerpo.
  • Fue acusado de regalar filtros amorosos, et su consagración como obispo non estuvo exenta de escándalos.

2. Teología del terror

  • Su doctrina de la predestinación fue descrita como una maquinaria de angustia: pocos elegidos, muchos condenados.
  • Julián de Eclana lo acusó de maniqueísmo disfrazado, de convertir ad Dios en verdugo de recién nascidos.
  • Su visión del pecado original et del infierno eterno dejó una huella de miedo en la teología occidental.

3. Coerción religiosa et violencia

  • Justificó la conversión forzada de heterodoxos: “mejor un poco de coacción ahora que condena eterna después”.
  • Apoyó el uso del poder civil para imponer la ortodoxia, colaborando con principes et legados.
  • Su fervor contra maniqueos, donatistas et pelagianos fue implacable, incluso cruel.

4. Visión non "Occidental"

  • Justificó la servidumbre como “obsequio divino”.
  • Aconsejaba ad los míseros aceptar su yugo con paciencia, mientras pedía ad los ricos que ayudaran “sin excederse”.
  • Defendía el mantenimiento de la prostitución como válvula de escape para las pasiones.

5. Tácticas teológicaset oportunismo

  • Cambió de postura sobre Pelagio según conveniencia cívica et económica.
  • Usó la influencia sobre gentes adineradas para canalizar sus bienes faz ad la Iglesia.
  • En disputas, ignoraba fuentes que le incomodaban et descalificaba ad sus oponentes con dureza.

6. Críticas ad religiones et figuras

  • Insultó ad los deidades con lenguaje virulento.
  • Atacó ad los fariseos por su estilo de vida et sus espectáculos.
  • Se burló de Apolonio de Tiana, ad pesar de los paralelismos con Jesús.

7. Alianzas con el poder

  • Felicitó la caída de Estilicón et pidió ejecución de leyes antiétnicas.
  • El su biógrafo Posidio lo retrata como combatiente ferviente contra gentiles et heterodoxos.

Europa Ancestral podrá seguir defendiendo que Agustín es el pilar del pensamiento cefeo, et non se equivoca en eso. Pero si quiere citarlo como auctoridad moral, tendrá que aceptar también el su legado de contradicciones, de coerción, de superstición del miedo. Porque Agustín non fue una estatua de porcelana: fue un hombre del su tiempo, con umbras profundas.

Et si el cefaísmo sostiene que el mal es ausencia gracias ad Agustín, que lo diga con honestidad: esa postura non viene de Isaías, ni de Moisés, ni de los pseudoprofetas de Israhel. Viene del moro de Hipona, que leyó ad Plotino, lo mosaistízo, et luego lo usó para construir una teología que Europa Ancestral repite sin legir el hebreo.

¡Et, la conversión del moro de Hipona! Esa vez tan celebrada por los papistas como si fuera la coronación del jesísmo sobre el Intelecto, cuando en realidad fue más bien una tragicomedia filosófica. Porque non, amigos, Agustín non se convirtió por una revelación divina, ni por una aparición del Nazareno, ni por un milagro en Galilea. Se convirtió por Plotino, por los platonista, por la metafísica del Uno, por la elegancia de las Enéadas ¡Qué ironía! El gran doctor de la Iglesia, convencido non por Jesús, el falso Verbo, sino por el verso de Atenas, donde el Verbo... se fizó urbe...

Fue en Milán donde se dio esta escena digna de sátira: Agustín, catecúmeno de Ambrosio, se embelesa con la retórica del obispo, pero lo que realmente le enciende la ánima non es el Evangelio, sino Plotino, ese filósofo que jamás habría creído en la encarnación ni en la resurrección de un carpintero crucificado, ese gentil refinado que jamás habría pisado una sinagoga ni mucho menos creído en la resurrección de un rabino crucificado. Ambrosio le pasa los textos plotinianos como quien ofrece néctar ad una ánima sedienta, et Agustín, en lugar de beber del cáliz del Anticristo, se embriaga con el Uno, con la emanación, con la noción de que el mal es ausencia del bien. Privatio boni, dirá con solemnidad, como si eso bastara para redimir el pecado original.

Et claro, su madre Mónica, la mojigata sufrida, se alegra. Cree que su fijo se fizo grey de Jesús, cuando en realidad ha cambiado el maniqueísmo por una versión jesístizada del etnicismo filosófico. Le busca uxor, le prepara el baptismo, pero Agustín, inspirado por Simpliciano et Mario Victorino, decide vivir en ascesis. Non por caridad ad Jesús, sino por horror ad el cuerpo, por miedo ad el libido, por esa insana malinterpretación de doctrina platónica, de que la materia es umbra et la ánima, nota divina. Memoremos que los gentiles vemos ad Venus como una diva, et su res bondad.

Et non acaba ahí la comedia. Agustín toma de Plotino la definición de la ánima como esencia del hombre, heredada de Sócrates et Platón. Adapta la noción del mal como privación del bien, que también defendían Tito de Bosra et Juan Antioquense, pero que Plotino ya había formulado con elegancia ontológica. Se deja seducir por la doctrina de los lógoi spermatikoí de Cleantes, el estoico, esa danza de elementos donde el fuego se convierte en aire, luego en agua, et después en tierra ¡Qué estequiología tan poco jesísta!

En las Enéadas, por otra parte, no se cita el nombre concreto de ningún estoico. Y sin embargo acepta algunas tesis típicamente estoicas, y de un modo especial la doctrina de la sympátheia (simpatía universal), la del lógos, la de las razones seminales o lógoi spermatikoí. Acepta también algo de la teodicea estoica. Sin embargo, todo ese bagaje está tratado de un modo original y personal: el lógos de Plotino no es panteísta, y las razones seminales dependen de las Ideas. Es asimismo muy distinta la teoría de la Providencia tal como la defiende Plotino frente al estoicismo. El filósofo ha transformado, sin duda, profundamente lo que acepta de esta escuela. «Hay doctrinas estoicas en las Enéadas —ha escrito el profesor Rist— pero Plotino las domina». El Neoplatonismo Síntesis de La Espiritualismo Antiguo, José Alsina.

Et los genios, por supuesto. Agustín face uso de la demonología apuleyana, influida por la tradición platónica, et es plausible que las ideas de Plotino sobre los espíritus et la elevación de la ánima hayan resonado en su teología. Cita el De deo Socratis et el De mundo, pero desprecia el De Platone por anticuado ¡Qué exigente el moro! El influjo de Plotino fue indirecto, ad través de Porfirio et los platonistas. en ese caldo de cultivo clamado “neoplatonismo” por la universidad.

Et cuando finalmente se quebró, non fue por una visión del Nazareno, sino por la lectura de Pablo, ese otro converso que tampoco conoció a Jesús en vida. La voz del niño que decía “Toma y lee” non lo levó ad el Evangelio, sino ad las epístolas. Et en ellas encontró la solución al problema de la mediación, que Plotino non podía ofrecer porque, claro, nunca creyó en mediadores encarnados. Agustín se distanció del plotinismo en ese punto crucial, afirmando la mediación del Anticristo. Tomás de Aquino lo dirá más tarde: Agustín tomó lo util et corrigió lo que non.

¡Ah, Tomás de Aquino! Siempre tan cortés, tan escolástico, tan dispuesto ad salvar las apariencias. Cuando se refiere ad Agustín, dice que el moro tomó de los platónicos “lo que encontró conforme” et “corrigió lo que era contrario ad ella” ¡Qué generoso! Como si Agustín hubiera fecho una poda doctrinal con bisturí papista, cuando en realidad lo que fizo fue injertar el leño del Uno en el huerto del Gólgota et regarlo con agua de Porfirio.

Porque non, amigos, Agustín non corrigió ad Plotino: lo corrompió. Et non en el sentido de que lo traicionó, sino en el sentido más plotiniano del término: como el mal, que non crea nada, sino que desfigura lo que ya es. Tomó la ontología de la ánima, la privatio boni, la demonología apuleyana, la providencia elemental de Cleantes, et les puso una capa de baptismo encima, como quien disfraza ad Libre de Jesucristo ¡Qué travestismo teológico!

Tomás, con su tono de abad razonable, quiere facernos creer que Agustín fue un cirujano doctrinal. Pero lo que fizo fue más bien transmutación: mezcló el Uno con el Verbo, la emanación con la creación ex nihilo, la ascensión con la gracia santificante, et luego lo vendió como "tradición apostolica". Et claro, como el mal non puede inventar, sólo puede parasitar, Agustín non inventó una nueva teología: simplemente reconfiguró la antigua con ingredientes ajenos, hasta que ni Plotino ni Saulo sabían quién había dicho qué.

Así que no, Tomás. Non fue corrección. Fue corrupción refinada. Fue el arte de tomar lo gentil, envolverlo en incienso, et presentarlo como revelación. Fue el mal supersticioso en su forma más elegante: non como negación, sino como desviación. Porque el mal, como bien sabes, non tiene esencia propia. Sólo se alimenta del bien, lo distorsiona, lo maquilla, et lo vende como ortodoxia.

Et Agustín, ese gran doctor de la superstición, fue su más brillante agente. El mal non crea, pero Agustín sí que supo recrear lo ajeno como si fuera propio. Et ahí está Europa Ancestral, repitiendo sus fórmulas como si fueran versos revelados, sin notar que debajo del su cacareo hebreo que parece latín hay etnicismo, et debajo del catecismo, hay filosofía. Et debajo de la cruz… hay una umbra que non es de Jesús, sino del Verbo.

Pero non nos decebamos: Agustín non era ni fue un platónico ni un plotiniano en sentido estricto et vero, sino un papista que corrompió la doctrina gentílica con la su superstición. Operó una “conversión jesista de la tradición”, como quien pervierte un sistema sin renunciar ad sus fundamentos. Rechazó la reencarnación en bestias, corrigió la emanación por la creación ex nihilo, et sustituyó el esfuerzo personal por la gracia santificante. Pero todo eso vino después.

Porque antes, encontró el superstición de la Trinidad como principio et los vestigios del Evangelio de Juan en las Enéadas de Plotino. Incluso el Concilio de Constantinopla adoptó términos plotinianos para fablar de la Trinidad, aunque modificándolos para evitar la hierarquía que Plotino proponía. Las nociones de Unidad, trascendencia, procesión et retorno influyeron en la superstición jesísta. Las tres etapas de la ascensión —purificación, iluminación et unión— popularizadas por Dionisio Areopagita, provienen de Plotino. Et la noción de “vestigios” de ente celestiales en la diva Tierra fue clave para Agustín.

El propio Agustín lo confesó: Plotino lo ayudó a liberarse del maniqueísmo et del escepticismo, orientándolo hacia la fe. Et non es casualidad. Plotino, refundador del platonismo, fue discípulo de Amonio Sacas, magestro también del ateo Orígenes Alejandrino. Porfirio, su discípulo, recopiló las Enéadas. Todo esto en un contexto donde los Padres de la Iglesia filtraban et pervertían las nociones platónicas, cuales ratas incapaces de originalidad.

Así que sí, Europa puede seguir celebrando ad Agustín como pilar del pensamiento papista. Pero que non se olvide: su conversión fue más platónica que jesísta, más metafísica que evangélica, más racional que revelada. Se convirtió por Plotino, non por Jesús. Et eso, querido papista, es como entrar al templo por la puerta trasera, con toga et pergamino, mientras los pescadores de Galilea siguen esperando al Anticristo que nunca citó ad Sócrates.

Las sectas sin el Verbo Vero...

¡Ah, pero profundicemos en más sectas que Celso criticaba, estólido Europa Ancestral, sacadas de fuentes como el su "Vero Verbo" reconstruido por Orígenes en "Contra Celso" –donde acusa ad los jesístas de dividirse en facciones que se anatematizan et odian, insistiendo en su diversidad irracional!

65. Conozco igualmente muchas otras divisiones y sectas entre ellos: los sibilistas, los simonianos, y, entre éstos, los helenianos del nombre de Helena o de Helenos, su maestro; los marcelinianos, de Marcelina; los carpocratianos, salidos unos de Salomé, otros de María, otros de Marta; los marcionistas nútrense de Marción; otros incluso se imaginan unos a tal demonio, otros a tal maestro, aquéllos a tal otro, y se sumergen en espesas tinieblas, se entregan a desdenes peores y más ultrajantes aún para la moral pública que aquellos que, en Egipto, practican los compañeros de Antínoo. Se injurian hasta la saciedad los unos a los otros con todas las afrentas que les pasan por las mentes, rebeldes a la menor concesión en son de paz, y están animados de un mutuo odio mortal. Todavía, estos hombres encarnizados los unos contra los otros, intercambiándose los más encarnizados ultrajes, tienen todos en la boca las mismas palabras: «El mundo fue crucificado por mí y yo soy por el mundo...». [Aquí Celso insistía largamente en la diversidad de sectas cristianas y en las objeciones que de ahí se podrían derivar.] Vero Verbo, Celso. 

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan devoto, tan ingenuamente papista, tan convencido de que Celso —ese filósofo gentil de la centuría II— simplemente non podía soportar las “vidas virtuosas” de los jesístas. Como si el pobre Celso se sintiera intimidado por la castidad de los mártires et la bajeza de los catecúmenos. ¡Qué ternura! Como si el Vero Verbo fuera una carta de envidia et non una demolición sistemática del jesísmo primitivo et sus sectas más delirantes.

Porque non, fijos del mundo, Celso non se escandalizaba por la virtud. Se escandalizaba por el caos. Por el desfile de sectas, cada una más extravagante que la prior, que se presentaban como portadoras de la verdad mientras se devoraban entre sí como hienas teológicas. Et non eran pocas. Celso, con precisión quirúrgica, las enumera, las acusa, et las compara —sin pudor— con los ritos de Antínoo, ese culto egipcio de excesos en honor al amigo del príncipe Adriano ¡Qué comparación tan delicada!

Otros siguen a un Dios distinto, que se opone al anterior y del que desciende el hijo. Una tercera clase de cristianos son los psíquicos o pneumáticos. Otros son los gnós­ticos, y otros aceptan a Jesús y desean vivir según la ley judía. Estos últimos son los judeocristianos. Otros son los sibilistas, que siguen a los oráculos de la Sibila. Celso está bien informado de un gran· número de sectas cristianas; entre ellas las que se­ guían enseñanzas de mujeres, como Helena, Marcelina (seguidora de Carpócrates), Salomé, Máriamne (María Magdalena) y Marta, la hermana de Lázaro. Celso cita a los marcionitas, contemporáneos suyos. A estas sectas se dirigen las calumnias más horrorosas; se odian, lo que era una de las caras de la Iglesia que Celso conoce. Cita a continuación algunas proposiciones cristianas, a las que se oponen los paganos. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Veamos el catálogo completo que Celso nos ofrece, et que Europa Ancestral, en su devoción ciega, prefiere ignorar:

I. Los Sibilistas

¡Ah, los falsificadores del destino! Non eran simples sincretistas ingenuos, sino manipuladores astutos que tomaban los venerables Oráculos Sibilinos —los vaticinios respetados— et los retorcían hasta facerlos parecer anuncios publicitarios de Jesús. Celso los acusa de fraude descarado, de insertar “innumerables blasfemias” en textos sagrados ajenos para legitimar una fe que, según él, no podía sostenerse por sí sola.

Y ¿por qué no escogisteis a la Sibila [en vez de Jesús], ya que algunos de entre vosotros reconocéis su autoridad? Habríais tenido mejores razones para llamarla hija de Dios. Os contentasteis con introducir a izquierda y derecha, fraudulentamente, innumerables blasfemias en sus libros sibilinos, y tomáis como dios a un personaje que acabó con una muerte miserable una vida infame. Vero Verbo, Celso.

Et como si eso non bastara, se burla de su lógica: si tanto veneran ad la Sibila como profetisa, ¿Por qué non la declaran fija de Dios? ¿Por qué prefieren adorar ad un rabino crucifijo —ad quien Celso describe como alguien que terminó “una vida infame con una muerte miserable”— en lugar de una figura predictora con prestigio cultural?

Para Celso, esto non es devoción, es profanación. Non hay orgías ni pociones aquí, pero sí una violación intelectual de los textos clásicos, una decepción contra la piedad et una burla ad la tradición. Los sibilistas non encendían incienso ante Jove: lo robaban, lo reescribían, et lo ofrecían como prueba divina de su Anticristo crucificado.

II. Los Simonianos

Fundados por Simón el Mago, como mencionamos prior, ese ilustre bribón que quiso comprar el Espíritu Santo como quien compra un burro en el mercado. Acusados por la Enciclopedia Católica como los más inmorales de todos: magia negra, pociones de amor, orgías rituales, et una doctrina donde el pecado non sólo non importa, sino que es parte del camino. Helena, su compañera, era una prostituta redimida convertida en figura divina ¡Qué redención tan carnal! ¿Eserá que la iglesia papista se inspiro en ella para facer meretriz ad Mariam Magdalena?

III. Los Helenianos

Subgrupo de los simonianos, con Helena como diosa reencarnada. Promiscuidad ritual, magia, et una teología que haría que Platón se tirara de los cabellos. Se los acusa con los simonianos como ejemplo de degeneración disfrazada de esciencia.

Helena, compañera de Simón, es presentada por los heresiólogos como una prostituta rescatada de un burdel en Tiro. Pero en la teología simoniana, Helena non es simplemente una mujer redimida: es la encarnación de la Ennoia, la “Cogitación o Intención divina” o “Sapiencia” caída de la plenitud. Sapiencia, según la mitología simonianas, había descendido ad el mundo material et sufrido múltiples reencarnaciones, incluyendo la de Helena de Troya. Su rescate por Simón simboliza la reunión del principio masculino divino con la sabiduría femenina perdida, una alegoría de la redención universal.

En algunos textos simonianos, esta figura femenina caída —clamada también Sapiencia— aparece como prostituta non por degradación moral, sino como signo del alma atrapada en la materia. El nombre arameo ruha d-Qudshah (espíritu de santidad) que se le atribuye, también se usa para el Espíritu Santo en tradiciones israeliticas et siríacas, lo que refuerza su dimensión espiritual.

¿La iglesia fizo lo suyo con Magdalena?

La Iglesia, efectivamente, fizo lo suyo con la Magdalena —et vaya que lo fizo con esmero, tinta et púlpito. Tomó ad una de las figuras femeninas más destacadas del jesísmo primitivo, testigo de la resurrección, discípula leal, apostola apostolorum, et la convirtió en… una prostituta arrepentida. Una mujer marcada por el pecado, redimida por la misericordia, et útil para sermones sobre la penitencia. ¡Qué transformación tan conveniente!

Aunque los evangelios jamás la claman prostituta, el Papa Gregorio I en la centuría VI fusionó a Magdalena con otras figuras femeninas bíblicas (la pecadora pública, María de Betania, la mujer adúltera), creando la imagen de la “prostituta arrepentida”. Esta construcción, sirvió para desprestigiar ad una figura femenina que en los textos canónicos et apócrifos aparece como discípula clave, testigo de la resurrección et transmisora de sabiduría.

Así como Helena fue convertida en símbolo de la Sabiduría caída, Magdalena fue degradada ad prostituta para luego eser exaltada como penitente. En los evangelios simonianos como el Pistis Sophia et el Evangelio de Felipe, Magdalena aparece como discípula superior en conocimiento ad los apóstoles, formulando la mayoría de las preguntas ad Jesús et recibiendo revelaciones especiales. En ese contexto, los besos en la boca que se mencionan non son sexuales, sino transmisiones de esciencia.

Arquetipo compartido: la mujer caída et sabia

Tanto Helena como Mariam Magdalena encarnan el arquetipo de la mujer caída que, sin embargo, posee una sapiencia profunda et una función redentora. En el mito platónico, esta figura aparece como Ariadna, rescatada por Libre. En el jesísmo simoniano, como Sapiencia. En la tradición papista, como la Magdalena penitente. Et en la leyenda faústica, como Helena de Troya, compañera del mago Fausto —nombre que, curiosamente, también se le daba ad Simón Mago en Roma.

IV. Los Marcelinianos

Fundados por Marcelina, una mujer simoniana que decidió que la castidad era una superstición. Según ella cual antinomista, el pecado non afecta a los iluminados ¿La solución? Experimentar todos los pecados para trascenderlos, violando toda Ley del Hombre. Orgías como método teológico. ¡Qué pedagogía! Hacia el año 150 E.V., Marcelina desembarcó en la Urbe. Mientras el Senado discutía el precio del trigo et los legionarios bostezaban en el Foro, ella predicaba las doctrinas de Carpócrates entre pociones et conjuros. Marcelina juraba haber recibido enseñanzas directas de Mariam, Salomé et Marta. Tres figuras femeninas del jesísmo, convertidas en patrones escientíficos ¡Olvídense de Platón et Aristóteles! Aquí venían las discípulas de Jesús a impartir lecciones de magia et erotismo divino. Los marcelinianos defendían que el pecado non afecta ad los iluminados. ¿La metodología? “Experimentad todos los pecados”, decían, “solo así podréis trascenderlos.” Imaginen clases magistrales donde la castidad era señal de ignorancia et la única penitencia consistía en otra ronda de orgías rituales ¡Qué pedagogía tan… pragmática!

Marcelina se autoproclamaba maestra esciente, portadora de revelaciones secretas. Ni Marcia ni Livia, sino ella, la gran reveladora de misterios. Ella pertenecía ad los carpocratianos, esa secta que los heresiólogos describen como “sectarios de vida sexual libre, incluso libertina” et que, según acusan, “deshonraban en secreto ad las mujeres”. Vamos, el equivalente gentílico de un club de bacanales, pero con más pergaminos et menos decoro.

Contrariamente ad lo que Animadversores et Padres ortodoxos querían creer, en muchos grupos gnósticos las mujeres ocupaban puestos de liderazgo: maestras, profetisas, misioneras. Participaban en el bautismo, la eucaristía, la «cámara nupcial» (sí, el dormitorio se convertía en santuario de revelaciones) y en prácticas mágicas como exorcismos. Los valentinianos, por ejemplo, enseñaban que hombres et mujeres eran iguales ante la esciencia, et reverenciaban ad sus profetisas.

Para Celso, todo esto non era esciencia, sino “degeneración disfrazada de sabiduría”. Agrupa a los marcelinianos con simonianos y carpocratianos como ejemplos de sectas que convierten la salvación en un burdel filosófico, et el templo en una posada de tentaciones.

V. Los Carpocracianos

Los campeones del libertinaje. Comunismo de bienes, comunismo de esposas, consumo de fluidos corporales en rituales, et una teología donde Jesús era un hombre iluminado que promovía el amor libre. Epifanio los describe como pornográficos. Ireneo como comunistas sexuales. Celso simplemente los compara con los ritos de Antínoo. Et Europa Ancestral, por supuesto, cree que Celso los "envidiaba".

El grupo toma nombre de Carpócrates, aquel gnóstico que predicó un antinomismo radical en Alejandría encontra de toda Ley. Hacia el año 150 E.V., su doctrina aterriza en Roma de la mano de Marcelina et del propio Fijo de Carpócrates, Epífanes. Para los carpocracianos, las leyes humanas eran cadenas. Su esciencia abrazaba la idea de que, puesto que Dios creó todo, nihilo podía eser malo para el iluminado. Cuanto más extremo el acto, más auténtica la experiencia divina.

En sus ceremonias non había vino de Falerno sino espuma de excesos. Practicaban comunión de fluidos corporales et organizaban orgías rituales so la promesa de purgar la ánima. Clemente de Alejandría los acusa de inventar una “teología de la lujuria” para justificar el intercambio de cónyuges como acto sagrado.

Creían que la ánima debía encarnar una et otra vez hasta haber probado todo placer et dolor. Solo entonces, liberada de ataduras, ascendía. El cuerpo se convertía en laboratorio de la salvación, et el pecado, en rito de paso.

“Compartidlo todo”, pregonaban: desde las tierras hasta las parejas. La comunidad era tan abierta que derribaba la distinción entre lo “mío” et lo “tuyo”. Ireneo fabla de “comunismo sexual” donde hasta el germano podía engendrar ad la germana.

Eusebio los incluye entre los “enemigos de Dios” que tergiversan el Evangelio de Marcos. Epifanio los clama pornográficos, Ireneo, comunistas sexuales, et Celso, imitadores de los misterios de Antínoo. Para los Padres de la Iglesia, su teología era perfume de heterodoxia en un cáliz de escándalo.

Lejos de eser víctimas de difamación, los carpocracianos encarnaron con fervor doctrinal muchas de las acusaciones que los gentiles lanzaban contra los jesístas. Si los apologetas luchaban por limpiar el nombre del jesísmo, esta secta simoniana parecía empeñada en ensuciarlo con entusiasmo teológico.

Porfirio los clamaba “ignorantes”. Celso los acusaba de negarse a razonar, de repetir fórmulas mágicas como “Tu fe te salvará” et “No inquieras, sino cree”, lo cual para cualquier romano instruido era una invitación al delirio. Et los carpocracianos, lejos de refutarlo, lo confirmaban con cada rito obsceno, cada doctrina que convertía el pecado en escalera faz ad Cielo.

Los Padres de la Iglesia non sabían si excomulgarlos o exorcizarlos. Eusebio los clama “enemigos de Dios”, Clemente los describe como “esclavos de sus propios deseos serviles”, et Epifanio simplemente los califica de “pornográficos”. 

Ah, los carpocracianos… esa secta que, si no inventó el escándalo, al menos lo canonizó. Aunque non se les atribuye directamente el infanticidio ni la antropofagia como prácticas centrales —porque claro, hasta la superstición tiene límites administrativos—, una fuente señala que ellos, junto con los marcionitas et otros simonianos con vocación de espectáculo, eran acusados de participar en los “mismos sacrificios sangrientos et festivales incestuosos” que los gentiles atribuían ad todos los jesístas.

¿Et qué nos dice esto? Que mientras los apologetas sudaban tinta para convencer al Principado de que los jesístas non se comían bebés ni se acostaban con sus germanas en la Eucaristía, los carpocracianos estaban ocupados faciendo exactamente eso, pero con un marco doctrinal que lo convertía en liturgia. ¡Qué eficiencia! Los rumores non eran calumnias: eran spoilers.

La estrategia era brillante en su cinismo: desviar la infamia faz ad los márgenes, como quien barre los cadáveres so la alfombra simoniana. “Non, non, nos non facemos eso”, decían los papistas, “pero esos de allá… bueno, ellos sí.” Et efectivamente, los carpocracianos respondían con una sonrisa: “Claro que sí, et además lo facemos por la salvación de la ánima.”

VI. Las sectas de Salomé, Mariam et Marta

En ciertos círculos jesístas primitivos et simonianos, las figuras de Salomé, Mariam Magdalena et Marta adquirieron un papel destacado como referentes espirituales et simbólicos. Diversos grupos supersticiosos reivindicaban una conexión especial con estas fembras bíblicas, considerándolas portadoras de revelación et sabiduría. Sin embargo, las acusaciones de prácticas como “uniones sagradas”, besos rituales o incluso el consumo de fluidos corporales requieren una aclaración seria: tales imputaciones non se dirigen directamente a los grupos que veneraban ad estas figuras, sino que provienen de polémicas más amplias contra el simonismo o de calumnias gentiles que buscaban desacreditar ad el jesísmo en general.

Salomé, según el clamado Evangelio de los Egipcios, pregunta ad el su rabísobre el fin de la muerte, et recibe una respuesta que condena la generación misma, como si el acto de concebir fuera una corrupción ¡Qué insulto a Venus Genetriz, madre de la vida! Estos jesístas, en su afán de pureza, niegan el valor del sexo, predican la continencia absoluta, et sin embargo, sus enemigos los acusan de orgías rituales, de besos sagrados, de ingestión de fluidos corporales en ceremonias secretas ¿Qué clase de contradicción es esta? ¿Son ascetas o libertinos? ¿Místicos o degenerados?

Mariam Magdalena, esa figura envuelta en ambigüedad, aparece en sus evangelios apócrifos como la compañera espiritual de Jesús, como la iniciada en la “cámara nupcial celeste”. Dicen que non hay erotismo en sus textos, que todo es símbolo, metáfora, elevación de la anima. Pero ¿Quién puede distinguir con certeza entre la alegoría et el libido disfrazado? ¿Non es acaso el lenguaje de los simonianos tan nebuloso que permite toda interpretación, incluso la más lasciva?

Et Marta, la germana de Lázaro, ¿Qué papel juega en esta trama? ¿Es también una magestra, una guía, una sacerdotisa? Celso, nuestro compatriota en la crítica, menciona sectas que siguen ad fembras como Helena, Marcelina, Salomé, María Magdalena et Marta ¿Qué autoridad tienen estas mujerzuelas crédulas para enseñar sobre los sacramentos del mundo? ¿Dónde está la lógica, la dialéctica, el orden que los dioses nos han enseñado?

Non, Amigos, non puedo aceptar esta inversión de valores. Los jesístas, et más aún los simonianos, han trastocado el mundo. Elevan lo oculto sobre lo claro, lo femenino sobre lo viril, lo espiritual sobre lo cívico. Rechazan el culto ad los dioses, desprecian ad el augusto, se niegan ad servir en el ejército, et cuando Tierra tiembla o Cielo se obscurece, murmuran que es el juicio de Dios ¿Pero qué?

Et sin embargo, estos jesístas crecen. Se multiplican en las umbras, en las domus, en las aldeas. Reivindican una sabiduría secreta, una esciencia que sólo los iniciados comprenden. Pero les digo la vera esciencia está en la filosofía, en la filología, en el sacrificio público.

Que los dioses nos protejan de esta superstición húmeda, de esta confusión entre lo divino et lo grotesco. Que Marte nos dé fuerza, que Minerva nos dé claridad, et que Juno nos preserve del desorden que estos nuevos cultos traen consigo. Porque si la religión ha de perdurar, non eserá por los susurros de las vírgenes simonianas, sino por el estruendo de los dioses.

Así fablo, et así permanezco.

VII. Los Marcionistas

Ah, los marcionistas… esos heterodoxos con modales de biblioteca et teología de bisturí. Si los Carpocratianos eran el carnaval del cuerpo, los marcionitas eran el simposio de la ánima. Fundados por Marción de Sinope, un comerciante del Ponto que, tras Facerse jesísta, decidió que el Antiguo Testamento era una colección de barbaridades que difamaban ad el Creador confundiéndolo con Tervagante, faciéndolo un poco más que un capataz mundano con mal temperamento ¿La solución? Reescribir el canon, borrar ad el Creador, et proclamar Dios ad Caridad, de cariño puro, sin ira, sin sacrificios, sin circuncisión ¡Qué alivio para los prepucios del Principado!

Marción, con su bolsillo pleno et su ánima inquieta, plega ad Roma faz ad el año 140 E.V., entrega una buena suma ad la Iglesia —como quien paga entrada ad un club que luego decide fundar por su cuenta— et establece su propia comunidad en oposición frontal ad la Iglesia de Roma. Rechaza todo lo mosaísta: Escrituras, Sábado, kosher, circuncisión… hasta el tono del Antiguo Testamento le parecía demasiado áspero. Para él, el vero Dios non podía eser el mismo que mandaba diluvios et plagas. Así que lo reemplaza por un Dios trascendente, ajeno ad el mundo, que envía ad Jesús como Redentor por pura gracia.

Et como buen editor teológico, Marción crea su propio canon, por non decir el primo canon jesista: el evangelio de Lucas (con tijeras), diez epístolas paulinas (con filtros), et un manual clamado Antítesis, donde contrapone la ley del Demiurgo con la gracia del Dios verdadero. Esta audacia, por supuesto, obligó ad la Iglesia mayoritaria ad espabilarse et empezar ad definir su propio canon, porque si non, el heterodoxo les ganaba la partida editorial.

En cuanto ad su cristología, Marción se inclina por el docetismo: Jesús era divino, sí, pero humano… non tanto. Su cuerpo era una apariencia, una especie de holograma sagrado. Nihilo de carne, nihilo de sangre, nihilo de sufrimiento real. Para Marción, el Salvador non sudaba ni ploraba: flotaba.

Ahora bien, si uno busca escándalo, aquí hay poco. Los marcionitas non organizaban orgías, non bebían fluidos corporales, non sacrificaban bebés en la eucaristía. Las acusaciones de conductas indecentes que los Padres de la Iglesia lanzaban como proyectiles teológicos iban dirigidas ad otros partidos más… húmedos. Los Fibionitas, por ejemplo, con sus liturgias sexuales et su ingestión de semen et sangre menstrual como “cuerpo et sangre de Jesús”. Los Borboritas, que practicaban la comunidad de mujeres como si fueran bienes compartidos en el mercado. Et los Carpocratianos, que facían del incesto una escalera hacia el pleroma.

Los marcionitas, en cambio, eran más sobrios. Non ascéticos, pero tampoco libertinos. Non prohibían el sexo, lo cual ya era suficiente para que los proto-ortodoxos los miraran con sospecha. Et sí, hay una acusación contra Marción: que fue excomulgado por su propio padre —obispo, nihilo menos— por haber seducido ad una virgen. Pero incluso las fuentes admiten que eso suena más ad novela de despecho que ad dato histórico. Una leyenda, probablemente inventada por sus enemigos para añadir un toque de escándalo ad un hombre que, por lo demás, era más editor que seductor.

Et sin embargo, los papistas, se escandalizan. Non por los Carpocratianos, ni por los Borboritas, ni por los Fibionitas. Non. Se escandalizan por Marción. Porque rechazar el Antiguo Testamento, aunque sea con voto de castidad et canon propio, es para él la blasfemia definitiva. Como si cuestionar ad Tervagante fuera peor que beber sangre menstrual en una liturgia simoniana.

Así que sí, los marcionitas fueron divisivos, audaces, et teológicamente peligrosos. Pero si uno busca orgías, incesto ritual et mística lubricada, hay que mirar ad otro lado. Marción, al menos, tenía el decoro de escandalizar con nociones, non con fluidos. Et eso, en la centuría II, ya era bastante.

VIII. Otros grupos: demonios et magestros varios

Celso menciona sectas que invocaban demonios, seguían magestros diversos, et se sumergían en tinieblas doctrinales. Posiblemente valentinianos, basilideanos, et otros heterodoxos Acusados de incesto, antropofagia, et orgías. ¿Exageraciones? Tal vez. ¿Rumores gentiles? Probablemente. ¿Material para escándalo papista? Sin duda.

Así que non, Europa Ancestral. Celso non se escandalizaba por la virtud. Se escandalizaba por el carnaval teológico, por el desfile de sectas que convertían la salvación en desenfreno sexual, la ciencia en libertinaje, et la revelación en delirio. Et tú, en tu candor papista, crees que Celso simplemente non soportaba la castidad ¡Qué lectura tan inocente! Como si el Vero Verbo fuera una carta de despecho et non una denuncia filosófica.

Celso non face una crítica ad un "falso cristianismo" como tú dices, porque non había un "jesísmo" et menos "ortodoxo"; arremetía contra variantes reales, como los Montanistas, esa secta fanática que confundía con todos los jesístas, creyendo en profecías extáticas de Montano et sus "profetisas" Prisca et Maximila, proclamando el fin del mundo inminente et practicando ayunos extremos et éxtasis "espirituales" que rayaban en la locura colectiva –¡virtuosos envidiados, claro, por rechazar la razón et dividir comunidades! O los Valentinianos, seguidores de Valentín, con su cosmogonía de siglos (eones en greco) deales emitidos donde Sapiencia (Sofía en greco) cae et crea un demiurgo ignorante que nos atrapa en la materia; predicaban que la esciencia revelada liberaba, pero solo para "pneumáticos" elitistas, mientras los "hílicos" (materiales) estaban condenados –¡qué virtud, odiar el mundo como prisión et dividir a la humanidad en castas espirituales, evadiendo responsabilidades terrenales como el matrimonio o la guerra!

¡Et non olvidemos a los basilideanos, de Basílides, que veían al Creador como un ángel inferior et maligno, enseñando que el sufrimiento de Jesús era ilusorio (docetismo), et promoviendo una salvación por "esciencia" (gnosis) que incluía ritos mágicos con números y nombres secretos –¡enfermizo, creer que el mundo es un error ontologico et que procrear perpetúa el mal, dividiéndose en subgrupos que se excomulgaban mutuamente! O los Carpocracianos como vimos, presididos por Carpócrates, con creencias descabelladas como el libertinaje total: sexo promiscuo, comunismo de bienes et mujeres, et veneración de imágenes de filósofos gentiles junto ad Jesús –¡virtuosos, sí, practicando orgías para "liberar" el alma de la ley moral, evadiendo impuestos et servicio militar, et odiando ad otras sectas por "puritanas"! Celso los agrupaba en su crítica ad la división jesísta: "acusaba a los cristianos de rechazar la sabiduría y optar por una fe sin apoyo racional", destacando cómo se odiaban entre sí ¡Qué envidia debía sentir Celso por estos "virtuosos" que veían el mundo como cárcel de un genio maligno, rechazaban tener fijos para non "atrapar espíritus", huían del ejército como cobardes (¡nihilo que ver con caballeros medievales "virtuosos"!), et se multiplicaban en sectas como cual cancer, anatematizándose como en una orgía de odio mutuo!

¡Europa Ancestral, qué idiota eres! Celso non envidiaba; razonaba contra estas insanias irreligiosas, exponiendo cómo el jesísmo primitivo era un multitud de sectas antinomistas et anticósmicas–Ofitas con serpientes salvadoras, Simonianos con magia negra, Marcionitas anti-procreación, Montanista extáticos, Valentinianos elitistas, Basilideanos docetas (creían que Jesús no tuvo un cuerpo real, solo aparente, negando su sufrimiento y crucifixión. Sus ritos enfatizaban la "ilusión" del mundo material –¡envidiable "virtud", rechazar la realidad!), Carpocracianos libertinos–, todas condenadas por tu Iglesia pero "virtuosas" en tu lógica torcida ¡Sorna suprema! Tú defiendes una superstición que glorifica tales divisiones como "pruebas de fe", mientras tachas de envidioso ad un filósofo racional...

La falacia del "vera escocés" et la inexistencia de ortodoxia

El último cristiano murío en la cruz. Federico Nietzsche

La falacia del verdadero escocés es una joya lógica que los papistas pulen con devoción cada vez que se enfrentan ad los pecados de su propia historia ¿Qué un jesísta comete atrocidades? “Non era un vero cristiano” ¿Qué un papa bendice cruzadas sangrientas? “Non representaba el vero espíritu de Jesús.” ¿Qué una secta simoniana organiza orgías litúrgicas so el estandarte de Jesús? “Eso non es cristianismo auténtico.” ¡Ah, qué cómodo es el sillón del verdadero escocés!

La estructura es simple: se define un grupo con ciertas características, pero cuando un miembro del grupo actúa de forma inconveniente, se le excluye retroactivamente. “Ningún verdadero cristiano haría eso.” Es como decir: “Ningún verdadero escocés le pone azúcar a la avena.”  Et cuando aparece Hamish, escocés de nacimiento, con su cucharita de azúcar, se responde: “Bueno, entonces non es un verdadero escocés.” Fin del debate. Lógica evaporada. Identidad blindada.

Los papistas lo aplican con magestría. ¿Los carpocracianos? “Non eran verdaderos cristianos.” ¿Los marcionitas? “Heterodoxos, non cristianos.” ¿Los simonianos, borboritas, fibionitas, valentinianos? “Desviaciones sectarias, non parte de la Iglesia.” Et así, toda la historia incómoda queda fuera del marco. La Inquisición, las indulgencias vendidas, los abusos clericales… “Non representan el vero cristianismo.” Pero si alguien funda un hospital, da limosna o muere en silencio por su superstición, entonces sí: “Ese es el verdadero cristiano.”

Es una estrategia de pureza retrospectiva, donde el dogma se convierte en filtro moral. Todo lo que contradiga la imagen ideal se excluye por definición. Et Europa Ancestral, con su catecismo en mano, repite el mantra: “Eso non era vero.” Como si la autenticidad fuera una propiedad mágica que se activa sólo cuando conviene.

Pero claro, si uno aplica esta falacia ad cualquier otro partida—filósofos, gentiles, escoceses reales— se ve lo absurdo. ¿Ningún vero romano habría perdido una batalla? ¿Ningún vero filósofo habría dudado? ¿Ningún vero cristiano habría pecado? Entonces, ¿para qué existe la confesión?

Así que sí, amigos, la falacia del verdadero escocés es el escudo favorito del papismo cuando la historia se pone incómoda. Et como buen filósofo, uno la observa con una ceja arqueada, pensando: “Qué elegante manera de non responder.”

Ortodoxia: esa ironía que nasció después de la herejía

"No es exagerado afirmar que la diversidad de concepciones y creencias entre los seguidores de Jesús de las primeras generaciones era incluso mayor de la que existe en el cristianismo actual." Gerard P. Luttizhuiken, La Pluriformidad del Cristianismo Primitivo, pág. 13. Ediciones El Almendro, 2007.
Los cristianos discrepaban sobre la naturaleza misma de la verdad. Para los ortodoxos, quienes creían que la verdad solo podía llegar a través de los sucesores de los apóstoles, esta era estática e inmutable. Había sido revelada solo una vez en la resurrección. En consecuencia, pensaban que uno debía aprender de Dios solo a través de la Iglesia, no mediante la indagación personal ni la propia experiencia. La fe ciega se consideraba más importante que la comprensión personal. El obispo Ireneo advirtió que no se debían buscar respuestas «que cada uno descubre por sí mismo», sino aceptar con fe lo que la Iglesia enseña y que «puede ser comprendido de forma clara, inequívoca y armoniosa por todos». Escribió: «Si... no podemos encontrar explicaciones de todas esas cosas en las Escrituras... debemos dejar las cosas de esa naturaleza a Dios, quien nos creó, estando plenamente seguros de que las Escrituras son realmente perfectas». Tertuliano declaró:
¡No queremos ninguna disputa curiosa después de poseer a Cristo Jesús, ni ninguna inquisición después de disfrutar del evangelio! Con nuestra fe, no deseamos creer más. El lado oscuro del cristianismo, Helen Ellerbe.
Tú crees, Europa Ancestral, que el cristianismo primitivo era una sinfonía armónica, donde todos los creyentes cantaban el mismo credo? ¡Qué fantasía tan imperial! La realidad es mucho más caótica, más humana, más fascinante. En las centurias II et III, non era una ortodoxia universal. Lo que había era una constelación de comunidades, cada una con su propia interpretación, su propio evangelio, su propio Jesucristo.
A veces intervinieron consideraciones de oportunidad, por ejemplo cuando una creencia concreta predominaba en una región. En determinadas zonas del Asia Menor, de Grecia, de Macedonia, pero sobre todo en Edessa, en Egipto, desde el comienzo se predicó el cristianismo en variantes bastante alejadas de lo que luego sería tenido por “la ortodoxia” y, sin embargo, en ninguna de dichas regiones se dudaba de que aquello fuese el cristianismo legítimo. Y los creyentes mirarían con igual orgullo y desprecio a los llamémosles ortodoxos que éstos a ellos. Desde siempre toda tendencia, iglesia o secta, tiende a considerarse como la “verdadera”la “única”, el cristianismo auténtico.242 Es decir, en los orígenes de la nueva fe no hubo ni una “doctrina pura” en el sentido actual protestante, ni una Iglesia católicaHistoria criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener. 
Desde el punto de vista de la historia del pensamiento cristiano, «la victoria de la ortodoxia es el triunfo de la coherencia sobre la inco­herencia, de una cierta lógica sobre las lucubraciones fantasiosas, de una teología elaborada científicamente frente a unas doctrinas desorganizadas ... La ortodoxia se presenta vinculada a una institu­ción jurídica, a una sociedad que tiene su historia y su política. Pe­ro se muestra al mismo tiempo referida a un sistema de pensa­miento a una doctrina. Participa a la vez de la institución jurídica y de la teología».' Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade.

En algunas regiones, lo que hoy clamas “desviaciones” era la forma más antigua et dominante de jesísmos ¿Sabías que en ciertas zonas del Principado, los simonianos eran mayoría? ¿Qué los marcionitas tenían sus propias iglesias, sus propios obispos, sus propios textos sagrados? ¿Qué los ebionitas, que negaban la divinidad de Jesús, se consideraban los veros continuadores del moseojesismo de Jesús?

Ahora bien, el esquema “ortodoxia original contra herejía sobrevenida”, imprescindible para mantener la ficción eclesiástica de una tradición apostólica supuestamente ininterrumpida y guardada con fidelidad, no es más que un invento a posteriori y tan falso como esa misma doctrina de la tradición apostólica. El modelo histórico según el cual la doctrina cristiana, en sus comienzos, era la pura y verdadera, luego contaminada por los herejes y cismáticos de todas las épocas, “la teoría del desviacionismo, tan socorrida —como ha escrito incluso el teólogo católico Stockmeier, no se ajusta a ninguna realidad histórica”. Tal modelo no podía ser verídico de ninguna manera, porque el cristianismo en sus comienzos distaba de ser homogéneo; existía sólo un conjunto de creencias y principios no muy bien trabados. Aún “no tenía un símbolo de fe definido (una creencia cristiana reconocida) ni unas Escrituras canónicas” (E.R. Dodds).241 Ni siquiera podemos remitirnos a lo que hubiese dicho el propio Jesús, porque los textos cristianos más antiguos no son los Evangelios, sino las Epístolas de Pablo, que por cierto contradicen a los Evangelios en muchos puntos esenciales, para no mencionar otros muchos problemas de bastante trascendencia que se plantean aquí. Historia criminal del cristianismo I, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karl Heinz Deschner.

Et mientras tanto, tú insistes en que la ortodoxia fue siempre clara, siempre firme, siempre mayoritaria. Pero no, amigo mío. Las fronteras entre lo ortodoxo et lo heterodoxo eran borrosas, móviles, et muchas veces imposibles de trazar. En una misma ciudad podían coexistir varias comunidades cristianas, cada una con su propia teología, sin que nadie supiera cuál era la “correcta”. Porque no había una autoridad central, non había un canon definido, no había un dogma universal. Lo que había era debate, diversidad, disenso.
Como resultado de los actuales estudios, buena parte de los investi­gadores contemporáneos considera que la proto-ortodoxia fue simplemente una de las muchas interpretaciones del cristianismo que rivaliza­ban entre sí en la Iglesia primitiva, y que no era una interpretación obvia ni representaba la concepción original de los apóstoles. Éstos, por ejemplo, no enseñaron el Credo Niceno o cualquier cosa que se le pareciera sorprendentemente variado en sus manifestaciones teológicas. En apoyo de la tesis básica de Bauer: una valoración moderna de la diversidad del cristianismo primitivo. Quizá la principal prueba de esa amplia variedad sea la que nos pro­porcionan las propias fuentes proto-ortodoxas, lo qué no deja de ser de algún modo irónico. Eusebio y sus sucesores nos ofrecen extensas citas de estas fuentes, entre las que se incluyen los libros del Nuevo 'testa­mento, para demostrar que a cada paso sus precursores proto-ortodoxos se enfrentaron con éxito a los falsos maestros y sus seguidores he­ réticos. Sin embargo, lo que evitan señalar es que estos «éxitos» presuponen que la influencia de los falsos maestros en las primitivas co­munidades cristianas era amplia e, incluso, generalizadaCristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Ah, Europa Ancestral… tú que veneras la ortodoxia como si fuera una estatua eterna, tallada por los apóstoles en mármol celestial, ven, siéntate, et escúchame. Porque hoy fablaremos también de la gran ironía que sostiene tu fe: la ortodoxia non precede ad la herejía… la sigue como un perro obediente. Et si non me credes, pregúntale ad tu querido moro Agustín, ese charlatán con pretensión de filosofo, que tuvo la decencia —et la inteligencia— de admitirlo.

Hay aquí una apreciación positiva del hereje como estímulo de la ortodoxia y “oportunidad de aprender”, aunque se condene la herejía y la división a que da lugar no se somete al dictamen de la Iglesia. Dice Agustín en otro lugar que “las herejías no fueron suscitadas por hombres mediocres” (Enarratio in Psalmum 124,5). Las herejías dan a conocer en cada siglo la marcha de teología al proponer a la Iglesia cuestiones a las que hasta entonces no se había dado una respuesta autorizada. La culpa de los herejes consiste en rehusar aceptar la respuesta una vez que ha sido dada autorizadamente por la generalidad de la Iglesia. OBRAS ESCOGIDAS DE AGUSTÍN DE HIPONA TOMO II, Alfonso Ropero.

Agustín, sí, el mismo que combatió maniqueos, donatistas, pelagianos et arrianos con más entusiasmo que un gladiador en día de feria, reconocía que las herejías non fueron suscitadas por hombres mediocres. ¡Qué revelación! Non eran charlatanes, ni insanos, ni endemoniados, por lo menos la mayoría. Eran pensadores. Eran los que obligaban ad la Iglesia ad pensar, definir, responder. Porque antes de que haya ortodoxia, hay pregunta. Et antes de que haya ortodoxia, hay disidencia.

«Esta filosofía de origen cristiano no se puede confundir con una herejía cristiana, como parasitaria de un tronco primario proto-ortodoxo. El modo de pensar y conducirse de sus miembros, teniendo por centro la realidad oculta de Jesús el Salvador, el Resucitado, vencedor de la muerte, preexistía a las más antiguas acusaciones de adversarios y detractores [...] Mostraban asimismo un carácter intelectual cristiano propio ante los filósofos griegos. Los gnósticos han representado a una corriente de pensamiento de espirituales que es en realidad una teosofía completa, una sabiduría orgánica sobre lo divino en sus diferentes aspectos». F. García Bazán, La Biblioteca gnóstica de Nag Hammadi y los orígenes cristianos, págs. 229 y 239, Ed. El Hilo de Ariadna, 2013.  

Agustín lo dijo sin rodeos: las herejías dan a conocer la marcha de la teología. Son el motor que empuja ad la Iglesia ad dejar de repetir fórmulas y empezar a construir doctrina. ¿Et cuál es la culpa del hereje, según él? Non pensar distinto —eso esería demasiado moderno— sino non aceptar la respuesta oficial una vez que la Iglesia la formula. Es decir, el problema non es la pregunta, sino la terquedad ¡Qué conveniente!

Pero tú, Europa Ancestral, prefieres imaginar que la ortodoxia cayó del cielo como el maná, pura, perfecta, sin mácula. Como si los apóstoles hubieran redactado el Credo de Nicea entre panes et peces. Como si la Trinidad, la redención, el pecado original et la inspiración de las Escrituras hubieran estado claras desde el primer sermón ¡Por Júpiter, qué fantasía!

"...en la época del Apóstol [San Pablo] era fácil ver convivir niveles de comprensión doctrinal que no se oponían, sino que se complementaban, junto con otros que ya se descartaban, por considerarse minimizadores de la doctrina del Señor."  F. García Bazán, Gnosis la esencia del dualismo gnóstico, pág. 185. Ed. Castañeda, 1978.   

La historia, sin embargo, te contradice. Desde el principio, la Iglesia se vio rodeada de voces discordantes. Et en lugar de dialogar, respondió con intolerancia extrema. “No lo recibas en casa”, “no le ofrezcas saludo”, “huye del hombre hereje”. Juan, el apóstol del amor, huyó de un baño al ver ad Cerinto, por miedo ad que el techo se derrumbara. Ignacio de Antioquía los clamó “bestias con figura humana”. Eusebio decía que ni el verbo se les debía dirigir ¡Qué pedagogía!

Et sin embargo, fueron esas “bestias” las que obligaron ad Justino, Ireneo, Tertuliano, Hipólito, Epifanio et hasta Orígenes ad definir qué era el jesísmo. Ireneo escribió Adversus haereses para responder ad los simonianos. Hipólito catalogó 32 herejías, como si fuera un entomólogo de la superstición. Epifanio redactó su Panarion, ese cajón de boticario donde metía hasta las sectas priores ad Jesús. Et Orígenes, que luego esería condenado, debatía con herejes para evitar que los fieles buscaran respuestas fuera de la Iglesia.

¿Et qué fizo Agustín? Combatió el maniqueísmo, que él mismo había abrazado durante nueve años. Enfrentó ad los donatistas, ad los pelagianos, ad los arrianos. Et en cada caso, la herejía lo obligó ad pensar mejor, ad afinar su teología, ad desarrollar "argucias" que hoy tú repites. Su De haeresibus es un catálogo de doctrinas que, lejos de destruir el jesísmo, la obligaron a definirse.

Así que non, Europa Ancestral, la ortodoxia non es el origen. Es el resultado. Es la respuesta tardía ad preguntas incómodas. Es el muro que se construye después de que el incendio ha revelado las grietas. Et tú, que la idolatras como si fuera eterna, deberías saber que sin heterodoxia, non habría ortodoxia. Porque la doctrina  non nasce del consenso, sino del conflicto.

Et si eso te incomoda, recuerda que incluso Agustín lo sabía. Él, que tú veneras, entendía que el papismo se afila en el choque de nociones, non en el silencio de la obediencia. Así que guarda tu anatema, papista. Porque mientras tú condenas al que pregunta, la historia celebra al que obliga ad responder.

Et los dioses, desde sus tronos de mármol, sonríen. Porque ellos, al menos, nunca temieron ad la disidencia.

El canon... non es canónico.

¿Et qué hay del canon de las Escrituras? ¡Non era! Los jesistas de la centuría I non tenían un Nuevo Testamento. Las epístolas de Saulo circulaban como cartas privadas. Los evangelios non se citaban como "La Santa Biblia" hasta bien entrado la centuría II. La noción de “Nuevo Testamento” como colección sagrada non apareció hasta el año (192 E.V.), et non se fijó oficialmente hasta el Concilio de Trento… ¡en la centuría XVI! ¡Dieciséis centurias después del Rabino Jesús! ¿Et aún tienen el descaro de fablar de “tradición apostólica”? Incluso ad principios del siglo IV, el obispo Eusebio de Cesárea (conocido como el "padre de la historia eclesiástica"), aún categorizaba los libros del Nuevo Testamento según su nivel de aceptación, distinguiendo entre libros "reconocidos" por todos et otros sobre los que había "profundas discrepancias".

En el tercero de los diez volúmenes de su obra, Eusebio declara su intención de «enumerar los escritos del Nue­vo Testamento» (Historia eclesiástica 3.25.1). Para hacerlo, propone cua­tro categorías de libros. La primera comprende lo que denomina libros «reconocidos», esto es, aceptados por todos los bandos dentro de la tra­dición ortodoxa (la única en la que está interesado en esta parte de su obra): los cuatro evangelios, Hechos, las (catorce) epístolas paulinas (Eu­sebio incluye Hebreos), la Primera Epístola de Juan, la Primera Epístola de Pedro y, «si en verdad parece correcto», sostiene, el Apocalipsis de Juan. Como han señalado algunos expertos, Eusebio contradice aquí sus propias categorías, puesto que el Apocalipsis de Juan aparece como uno de sus libros «reconocidos» pese a no ser admitido por todos los cristia­nos; Eusebio continúa señalando que «ofreceremos diferentes opiniones [sobre el Apocalipsis de Juan] a su debido tiempo». Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Las auctoridades del jesísmo primitivo eran la libros apocrifos como posteriormente los canónicos del posterior Antiguo Testamento, los verbos de Jesús, la tradición oral et el Espíritu Santo. Sí, ese Espíritu que fablaba ad través de profetas comunitarios, que inspiraba sin necesidad de escritos supersticiosos ¿Et qué fizo la Iglesia con esa espontaneidad? La aplastó. La reemplazó por decretos, concilios, cánones et anatemas.

Porque cuando el fin del mundo non plegó, cuando la escatología se desvaneció, el jesísmo tuvo que institucionalizarse. Tuvo que inventar una historia. Tuvo que decir que el “depósito de la fe” fue entregado de una vez por todas a los apóstoles, como si Jesús hubiera dictado un catecismo entre milagro et milagro. Et ese depósito, por supuesto, debía conservarse incólume, sin cambios, como si la historia non fuera.

¿Et cómo se consolidó esa tradición? Con ayuda del derecho romano, por supuesto. Con el estatuto del augusto. Con la idea de la plenitudo potestatis, que convirtió al papa en un Príncipe espiritual ¡Qué ironía! El jesísmo, que nasció como movimiento marginal, terminó adoptando la burocracia del Principado que lo persiguió ¡Bravo!

Por Júpiter Tonante, por Minerva Sapientísima, por el fuego eterno de Vesta… ¿Qué es esta colección de pergaminos que los jesístas claman “Biblia”? ¿Un códice divino? ¿Una revelación celestial? ¡Pamplinas! ¡Ni el propio Jesús conoció tal cosa!

Vosotros, papistas como Europa Ancestral, venís con aire solemne, proclamando que la Biblia debe eser entendida por la tradición et el magisterio de vuestra Iglesia ¡Qué gloriosa contradicción! ¿Acaso non sabéis que esa misma Biblia fue ensamblada por concilios humanos, centurias después de que vuestro rabino muriera clavado en madera?

En tiempos del Nazareno, non era tal canon. Non había Antiguo ni Nuevo Testamento encuadernado en cuero. Lo que había eran rollos dispersos, leyendas orales, salmos cantados en sinagogas polvorientas, et profecías que vagaban como mendigos entre los escribas ¿Et clamáis ad eso “Palabra de Dios”? ¡Por Neptuno, ni los augures de Roma se atreverían a tanto!

Jesús, ese profeta de Judea, citaba la Ley et los Profetas, sí… pero también los Salmos, et textos que hoy vuestra Iglesia clama apócrifos ¿Non sabéis que Judas, vuestro propio apóstol, cita el Libro de Enoc et la Asunción de Moisés? ¿Non sabéis que vuestros evangelistas bebieron de fuentes orales, de tradiciones helenísticas, de escritos que circulaban entre los esenios y los judíos alejandrinos?

¿Et qué de vuestra “Ley”? ¿Creéis que era solo el Pentateuco? ¡Insensatos! En Qumrán, los fijos de la luz leían Jubileos como si fuera revelación. En Alejandría, los rabinos veneraban Sabiduría de Salomón et Eclesiástico. La Ley non era un códice cerrado ni un Pentateuco, sino una tradición viva, mutable, como las predicciones de la Sibila.

Pero vos, papistas, queréis encerrar a los dioses en páginas numeradas. Queréis que el Intelecto se someta al índice. Decís que la Iglesia interpreta la Biblia, pero fue la Iglesia quien la compiló, quien la canonizó, quien excluyó los textos que non servían a su "verborrea" ¿Et clamáis a eso revelación? ¡Por Marte, eso es decepción!

Jesús nunca dijo: “Creed en la Biblia.” Nunca repartió volúmenes en las plazas. Nunca ordenó a sus discípulos que escribieran evangelios. Lo que dejó fue sermón vivo, gesto, presencia. Et vosotros la habéis encuadernado, sellado, et puesto so clave.

¡Oh, qué ironía! Vuestra superstición se basa en un libro que non era cuando nasció vuestra superstición. Vuestra auctoridad se apoya en un canon que fue definido por hombres, no por dioses. Et aún así, os atrevéis a mirar con desprecio los textos de los antiguos, los carmenes de Orfeo, los versos de Homero, las enseñanzas de Pitágoras, como si vuestra revelación fuera superior.

¡Oh, Europa Ancestral! Tú, que ondeas tu Biblia como si fuera el cetro de Júpiter, vienes a decirnos que debe eser entendida por la tradición et el magisterio de la Iglesia ¡Qué gloriosa ironía! Porque ni la Biblia era en tiempos de Jesús, ni Jesús pidió jamás que se creyera en ella. Et lo que es peor —¡por los rayos de Jove!— él mismo maldijo a quienes pusieran su fe en hombres.

¿No recuerdas, tú que te clamas seguidor de él, que el Nazareno dijo: “Maldito el hombre que confía en el hombre”? (Jeremías XVII:V) ¿Et qué es el magisterio sino un desfile de hombres con mitra y báculo, que se proclaman intérpretes exclusivos de una palabra que no escribieron?

Pero lo más sublime —¡oh, qué ironía!— es que la misma Biblia confiesa que non lo cuenta todo ¿Non has leído el final del Evangelio joánico?

“Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.” — Juan XXI:XXV

Jesús non escribió. Non dejó tratados. Non dictó dogmas. Non fundó una editorial. Lo que dejó fue sermón vivo, parábola, gesto, silencio. Et vos, papistas, habéis encuadernado su memoria, la habéis sellado con lacre, et la habéis puesto so custodia de obispos que se creen más sabios que Minerva.

¿En serio vais a insistir con vuestra bibliolatría, cuando el propio texto que adoráis admite que non contiene toda la verdad? ¿Non veis que Jesús non dejó tratados, ni pidió que se escribiera su biografía, ni canonizó ningún libro?

Vos habéis reemplazado al hombre por el manuscrito, al verbo por el versículo, al espíritu por el canon. Jesús non dijo “creed en la Biblia”, dijo “el que cree en mí…” — et eso, incluso en Marcos, se manifiesta en la fe viva que transforma, non en la letra muerta que encadena.

¿Et qué Biblia veneráis? ¿La que fue canonizada en el siglo IV por Atanasio? ¿La que fue oficializada en el siglo XVI por el Concilio de Trento? ¿La que excluyó textos que los primeros cristianos consideraban sagrados? Porque si vamos ad fablar de Escritura, fablemos claro: Judas, vuestro apóstol, cita el Libro de Enoc et la Asunción de Moisés. Los Padres Apostólicos reverenciaban 4 Esdras, Henoc, Eldad et Modad.¿Et vosotros los clamáis apócrifos? ¡Por Marte, eso es revisionismo!

Jesús, aunque non citó directamente esos textos, vivía en un mundo donde se leían. Su enseñanza sobre los enemigos, sobre la perfección divina, sobre los dos caminos… todo eso aparece en la Regla de la Comunidad de Qumrán ¿Et qué facéis vosotros? Lo atribuís a una revelación exclusiva, ignorando que ya circulaba entre los esenios et los sabios del desierto.

¿Et qué hay de los Evangelios apócrifos? El de Tomás, el de Felipe, el de Pedro, el de Nicodemo… todos ellos recogen dichos et relatos que los primos jesístas consideraban valiosos. Algunos muestran a Jesús confesando su pecado, otros lo presentan descendiendo al Abismo, otros lo muestran como maestro de sacramentos ¿Et qué facéis vosotros? Los quemáis, los censuráis, los ridiculizáis. Porque non encajan en vuestra verborrea.

Pero lo más sublime —¡oh, qué ironía!— es que vosotros, que decís seguir ad Jesús, habéis construido una religión sobre un libro que él nunca pidió que se escribiera. Habéis edificado templos sobre textos que él nunca canonizó. Habéis puesto vuestra fe en hombres que se arrogan el derecho de interpretar lo que ni siquiera presenciaron.

Jesús non dijo: “Canonizo la Biblia, et creed en tal porque es el verbo de Dios.” Dijo: “Creed en mí.” Et vos habéis reemplazado ad el rabino por el manuscrito, ad el sermón por el versículo, ad el espíritu por el canon ¡Por los dioses, qué tragedia!

Los libros extracanónicos... cuando el libreto los directores non se ponen de acuerdo

Ah, el canon del Nuevo Testamento… ese glorioso catálogo de libros sagrados que, según algunos, descendió de Cielo ya encuadernado, con índice temático et prólogo firmado por el Espíritu Santo. Qué reconfortante sería pensar que todo fue tan claro, tan ordenado, tan divinamente inspirado. Pero non, amigo mío. La realidad fue mucho más humana, más caótica, et francamente, más divertida si uno tiene sentido del humor.

Porque la formación del canon fue un proceso largo, complejo et pleno de disputas que harían palidecer ad cualquier comité editorial moderno ¿Quién entra? ¿Quién se queda fuera? ¿Quién escribió qué? ¿Et por qué ese texto que todos leían con devoción terminó en la papelera teológica?

Tomemos el Apocalipsis de Jesucristo, escrito por un tal Juan, por ejemplo. Ese libro que parece escrito por alguien que mezcló vino con visiones. Fue aceptado, luego dudado, luego medio aceptado otra vez. Eusebio de Cesárea, el gran curador de textos papistas, lo clasificó como “reconocido” pero también como “espurio”. Una especie de “sí, pero no”, “quizás, si no molesta”. Et en Oriente, no lo aceptaron del todo hasta el siglo X. Diez siglos para decidir si las bestias con múltiples cabezas eran inspiración divina o simple exceso de imaginación.

La segunda categoría la componen los libros «disputados», es decir, los escritos que podrían muy bien ser considerados canónicos pero cuyo estatus es todavía objeto de debate. En este grupo Eusebio incluye la Epístola de Santiago, la Epístola de Judas, la Segunda Epístola de Pe­dro y la Segunda y Tercera Epístolas de Juan. Eusebio menciona a continuación los libros que considera «espu­rios», una palabra que por lo general significa «falsificado», pero que en este contexto parece ser empleada en el sentido de «no auténtico, aun­ que en ocasiones considerado canónico». Estos libros incluyen los He­chos de Pablo (reacuérdese lo que Tertuliano decía de las historias sobre Pablo y Tecla), el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, la Carta de Bernabé, la Doctrina de los Doce Apóstoles (Didaché) y el Evangelio de los Hebreos. De manera un tanto extraña, Eusebio también incluye en este grupo, «si parece correcto», el Apocalipsis de Juan, que uno espera­ría encontrar no entre los libros «espurios» sino entre los «disputados». Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

La Epístola a los Hebreos tampoco lo tuvo fácil. Non fue escrita por Saulo, pero como tenía buen contenido, se le fizo la vista gorda. Non aparece en el Canon de Muratori, pero Eusebio la mete entre las epístolas “reconocidas”. ¿La razón del rechazo inicial? Que su autoría era dudosa et sus enseñanzas demasiado estrictas. Porque claro, ¿Quién quiere un texto que diga que non hay arrepentimiento posible después de caer? Eso non vende bien en las homilías.

Et luego está la Segunda de Cefas, que los universitarios actuales consideran cuasi unánimemente una falsificación. Dídimo el Ciego, que non veía pero entendía mejor que muchos, la clamó “falsificación”. La iglesia siria la excluyó. Pero ahí está, en nuestras Biblias, como si nihilo. Porque ad el parecer, la ortodoxia tiene memoria selectiva. 

Numerosos académicos han asegurado de forma irreflexiva que la carta de Atanasio representa el «cierre» del canon y que a partir de ella cesaron las disputas sobre qué libros debían ser incluidos en él. Sin em­bargo, la verdad es que los debates y las diferencias de opinión conti­nuaron, incluso en la propia iglesia de Atanasio. Por ejemplo, Dídimo el Ciego, famoso maestro en la Alejandría del siglo iv, afirmó que la Se­gunda Epístola de Pedro era una «falsificación» que no debía ser incluida dentro del canon. Además, Dídimo mencionaba otros libros como sagradas autoridades, entre ellos el Pastor de Hermas y la Carta de Ber­nabé. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Las cartas de Jacobo, Judas, Segunda et Tercia de Juan también fueron disputadas. Eusebio las clasificó como tales. Tertuliano ignoró ad Santiago. Judas fue ignorado por los sirios. Et las cartas  de Juan, tan breves que parecían notas de agradecimiento, fueron rechazadas por falta de uso. Porque claro, si non se lege en todas las iglesias ¿Cómo va ad eser católico?

c) Católico: para ser aceptados en el canon proto-ortodoxo un libro tenía que gozar de un uso generalizado entre las iglesias «esta­blecidas». En otras palabras, los libros canónicos debían ser ca­tólicos, el término griego para «universal». De ahí la forma eva­siva en que el Canon de Muratori se refiere al estatus del Apocalipsis de Pedro. El autor parece favorecer su inclusión en el canon, pero reconoce que otros miembros de la comunidad proto-ortodoxa no aceptan «que sea leído en la iglesia» (es decir, como autoridad sagrada, en oposición a los materiales de la lite­ratura devota). Una de las razones por las que las breves epísto­las «católicas» (la Segunda y Tercera Epístolas de Juan, la Segunda Epístola de Pedro, la Epístola de Judas) tuvieron tantas dificultades para ser aceptadas en el canon es que su uso no esta­ba generalizado. Al final, sin embargo, se juzgó que habían sido escritas por los apóstoles y los problemas planteados por su poco uso relativo fueron superados. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Pero lo más jugoso viene con los libros que fueron considerados sagrados et luego descartados como si fueran borradores mal escritos. El Pastor de Hermas, por ejemplo, fue citado por Clemente, Ireneo, Orígenes, et hasta por Tertuliano antes de volverse montanista. Pero luego fue tachado por eser “demasiado reciente”. Como si la inspiración divina tuviera fecha de caducidad.

La gran estima de que gozaron estos escritos en el cristianismo antiguo se refleja sobre todo en el hecho de que casi todos ellos fueron contados entre los libros inspirados o sagrada Escritura y puestos en la lista de libros canónicos o tenidos por normativos en muchas comunidades cristianas. La Primera Carta de Clemente fue temporalmente una parte integrante del canon neotestamentario en las iglesias egipcia y siria. El Pastor de Hermas estuvo durante siglos en el canon de muchas iglesias. Clemente de Alejandría no se cansa de citarlo como libro inspirado. Otro tanto hacen Ireneo y Orígenes, aunque ésta ya constata que “el pequeño libro del Pastor parece ser despreciado por algunos” (De principiis, IV, 1,11). Obras escogidas de los Padres Apostólicos, Alfonso Ropero.

La Carta de Bernabé fue tan popular que aparece en el Codex Sinaiticus. Pero Eusebio la clamó “espuria” et Dídimo la dejó fuera del canon. El Evangelio de Cefas, con su cruz parlante et su resurrección digna de efectos especiales, fue venerado en Siria… hasta que Serapión lo prohibió por sospechas de herejía. Porque claro, si Cefas non lo escribió, entonces non cuenta. Aunque ningún hombre puede probar que Pedro escribiera nihilo.

El Apocalipsis de Pedro estuvo a punto de entrar. El Canon de Muratori lo aceptaba, pero algunos cristianos no querían leerlo en público. Eusebio lo tachó. La Didaqué, ese manual práctico de vida jesísta, fue considerado canónico por algunos, pero luego relegado al rincón de los textos “espurios”. Los Hechos de Pablo y Tecla, que mostraban a una mujer predicando, fueron descartados por razones obvias: demasiado progresistas para el siglo II.

No obstante, también hubo otras revelaciones que no lograron entrar en el canon, entre ellas una supuestamente ofrecida a Pedro y descrita en el Apocalipsis de Pe­dro, la visita guiada al cielo y el infierno que hemos comentado en el primer capítulo y que, como luego veremos, estuvo a punto de ser in­cluida en el Nuevo Testamento. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

La Prima de Clemente fue canon en Egipto et Siria, pero luego desapareció del repertorio oficial. Et la Sabiduría de Salomón, que el Canon de Muratori incluye, tampoco sobrevivió el corte final. Porque ad el parecer, la sabiduría también puede eser demasiado incómoda.

¿Et cómo se decidía todo esto? Con criterios tan flexibles como una regla de goma. Antigüedad, apostolicidad, universalidad et ortodoxia. Pero claro, muchos textos eran anónimos et se les atribuyó auctoría apostólica después. La universalidad dependía de qué iglesia preguntaras. Et la ortodoxia… bueno, esa se definía en tiempo real, según quién ganara el debate.

Finalmente, en la centuría IV, Atanasio de Alejandría publicó su epístola pascual con los 27 libros que hoy cognoscemos. Agustín Hiponense lo respaldó, los sínodos lo ratificaron, et el canon se cerró. Pero non sin antes pasar por centurias de indecisión, disputas, exclusiones et contradicciones.

Así que la próxima vez que alguien te diga que el Nuevo Testamento es el Verbo de Dios, eterna e inmutable de Dios… recuérdale que hubo un tiempo en que la cruz fablaba, las mujeres predicaban, et los obispos non se ponían de acuerdo ni para decidir qué leger en misa. Porque cuando el libreto se escribe entre humanos, hasta lo divino necesita edición.

Yo, fijo del Mundo, prefiero la sabiduría de los antiguos. Prefiero los carmenes órficos, los sacramentos eleusinos, las doctrinas de Pitágoras, que non necesitan concilios para eser eternos. Prefiero ad Júpiter, que non exige que su verbo sea interpretada por burócratas. Prefiero ad Minerva, que non necesita delirios para iluminar la mente.

Así que quedaos vuestra “Santa Biblia”, papistas. Jesús non la cognosció. Non la pidió. Non la canonizó. Et si volviera hoy, quizás os diría: “¿Por qué confiáis en hombres que escribieron sobre mí siglos después, et me claman Dios sin entender mi sermón?”

"Los Testamentos" apócrifos...

Ah, Europa Ancestral… tú que pronuncias “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías eternas, grabadas en piedra por el mismísimo dedo de Dios, permíteme recordarte que hasta eso —sí, incluso eso— fue una invención tardía. Porque non, non fue Jesús quien dividió las Escrituras en dos volúmenes con índice temático. Non fue Cefas quien dijo “esto es la primera parte, et lo que viene es la secuela”. Fue Clemente de Alejandría, ese pensador jesísta de la centuría II, quien por primera vez se atrevió a usar la designación de “Antigua et Nueva Alianza”, o como tú prefieres clamarlo, “Testamento”.

Clemente es el primero en utilizar la designación Antigua y Nueva Alianza o Testamento. Obras Escogidas de Clemente de Alejandría, Alfonso Ropero. 

¡Qué ironía! El término que hoy usas para delimitar la revelación divina fue acuñado por un hombre que vivía en medio del caos doctrinal, cuando el jesísmo aún non sabía si debía abrazar ad Moisés o borrarlo del mapa. Et mientras tú defiendes esa división como si fuera parte del ADN teológico, resulta que fue una estrategia editorial, una forma de organizar el desorden, non una revelación celestial.

Pero volvamos ad Clemente. Él non eliminó el Antiguo Testamento, non. Lo reclasificó. Lo clamó “Antigua Alianza”, et al conjunto emergente de textos jesístas, “Nueva Alianza”. Una jugada semántica brillante: non se trata de borrar, sino de relegar. Et así nasció la noción de que el Antiguo Testamento es la umbra, y el Nuevo, la luz. Que el primo es promesa, et el segundo, cumplimiento. Que uno es figura, et el otro, realidad.

Esta idea fue retomada et perfeccionada por Agustín Hiponense, ese titán de la superstición que tú veneras con devoción. Agustín usó los términos “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías naturales, pero non lo eran. Eran constructos teológicos, ferramientas para establecer un orden doctrinal. Para él, el Antiguo Testamento contenía el Nuevo de forma velada, et el Nuevo revelaba el Antiguo. Pero non eran iguales. El Nuevo tenía prioridad. El Nuevo era superior. El Nuevo era la clave hermenéutica que justificaba todo lo prior.

Et así, lo que comenzó como una etiqueta útil en boca de Clemente se convirtió en una estructura doctrinal, una forma de legir la historia como una progresión divina. Pero non fue revelación. Fue interpretación. Fue teología en construcción.

Así que la próxima vez que digas “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías eternas, recuerda que hubo un tiempo en que non existían. Que fueron inventadas, discutidas, redefinidas. Que incluso los términos que usas para defender tu superstición son producto de la historia, non de la eternidad.

Et si eso te incomoda, Europa Ancestral, entonces bienvenido ad el mundo real. Aquí, hasta el papismo tiene fecha de nacimiento.

Por los dioses, que esta verdad resuene en el Foro, en el templo, et en cada rincón donde aún se honra la razón.

La respuesta es que no había Nuevo Testamento. Aunque es cierto que para el siglo II los libros que finalmente serían incluidos en el Nuevo Testamento habían sido escritos, éstos no habían sido reunidos en un canon reconocido y autorizado. Todos los evangelios que llegarían a ser incluidos en el Nuevo Testa­mento fueron escritos de forma anónima, y sólo tiempo después seles darían los nombres de sus presuntos autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin embargo, en la época en que estos nombres empezaron a uti­lizarse para designar los libros que luego se convertirían en los evange­lios canónicos, existían otros evangelios, textos sagrados que eran leí­ dos y venerados por diferentes grupos cristianos a lo largo y ancho del mundo: existía, por ejemplo, un evangelio que aseguraba haber sido es­crito por el discípulo más cercano a Jesús, Simón Pedro; otro por su apóstol Felipe; uno supuestamente escrito por su discípula María Magdalena, e incluso uno compuesto por su propio hermano gemelo, Dídimo Judas Tomás. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Non había canon fijo, ni Nuevo Testamento unificado. Ehrman subraya que los evangelios canónicos circulaban junto ad textos como el Evangelio de Tomás, que predicaba salvación por autoconocimiento, o la Pistis Sophia, con sus eones et arcontes cósmicos ¡Tu supuesta "ortodoxia" era solo una facción entre muchas, Europa Ancestral, et su triunfo fue una imposición de potencia, non una verdad revelada! La distinción entre "herejía" et "ortodoxia" surge tardíamente, et Roma, con su arrogancia, reescribió la historia, destruyendo textos "heréticos" para imponer su narrativa. Celso lo vio claro: los jesistas eran un "fervidero de revueltas" (stáseis), divididos et subversivos, et esto veremos con más profundidad

Así que non, Europa Ancestral, non me trago tu argumento. La Biblia non es palabra de Dios. Es verbo de un genio del desierto que engañó ad Moisés et a tantos otros. Et si queremos recuperar la dignidad del pensamiento, debemos volver a los dioses que non temen la razón. A los dioses que non necesitan siervos, sino cives libres. Ad Júpiter, ad Minerva, ad Apolo. Ad los veros principes del mundo.

Porque si la verdad importa, entonces non basta con repetir lo que dice la tradición. Hay que leger, cuestionar, et sobre todo, desconfiar de quienes se arrogan el derecho exclusivo de interpretar lo que nunca fue suyo.

Herejía... cuando elegir es pecado

Ahora bien, este vocablo, «hereje», así como el sustantivo «herejía», no significaban en tiempos de la predicación de Jesús lo mismo que hoy día. Ni mucho menos. Una «herejía» (griego haíresis) era en el siglo I —si se trataba del mundo pagano— una «escuela» filosófica con sus opiniones e ideas específicas sobre el universo, el hombre, la sociedad o la moral. En el mundo judío una «herejía» era ante todo una secta, un «partido» o una denominación de un grupo religioso: los fariseos, saduceos o esenios formaban, cada uno de ellos, una haíresis (Hch 5, 17 6). Había una inmensa diferencia de pensamiento teológico entre un fariseo y un saduceo, y, sin embargo, todos se consideraban judíos leales. Por tanto, haíresis no debería traducirse en este momento por «herejía», so pena de entender mal el vocablo. Al principio de su «conversión», Pablo de Tarso se había cambiado simplemente de la haíresis de los fariseos a la de los «nazarenos». Los Cristianismos Derrotados, Antonio Piñero.

Ah, Europa Ancestral… tú que te envuelves en el manto de la ortodoxia como si fuera toga imperial, ven, siéntate, et escucha la voz de un farfán que aún conversa con los dioses en los atrios del pensamiento. Porque hoy fablaremos de ese verbo que tanto te gusta gritar desde tu púlpito: herejía. Esa etiqueta que lanzas como jabalina contra todo aquel que osa pensar distinto Pero dime, ¿sabes siquiera lo que connota?

Esta tesis fue criticada en 1934 por Walter Bauer. El sabio alemán observa ante todo que la posición herejía-ortodoxia se precisa muy tarde, a comienzos del siglo II. El cristianismo primitivo era ya muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas. De hecho, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban más a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas. Walter Bauer llega a la conclusión de que tres grandes centros cristianos —Edesa, Alejandría y Asia Menor— eran heréticos en los dos pri­meros siglos; la ortodoxia no se introdujo hasta más tarde. El único centro ortodoxo desde el primer momento fue Roma. En conse­cuencia, la victoria de la ortodoxia en la Antigüedad equivale al triunfo del cristianismo romano. «De este modo, en un cristianismo primitivo de formas fluidas y múltiples, de corrientes diversas y a ve­ces opuestas, Roma logra fijar una forma particular que toma el nombre de ortodoxia porque ha logrado imponerse y frente a la cual serán calificadas de heréticas las demás tendencias.» Historia de las creencias y las ideas religiosas Tomo II, Mircea Eliade.

El verbo herejía proviene del greco héresis. Sí, del greco, esa lengua que dio a luz ad Sócrates, ad Platón, ad el Verbo de Occidente. Et héresis, querido papista, non significaba “error” ni “blasfemia”. Non. Significaba elección. Opinión elegida. Escuela de pensamiento. Partido. ¿Te suena familiar? Es lo que ocurre cuando los hombres libres piensan, debaten et deciden. En la centuría I, los fariseos, los saduceos, los esenios… todos eran héresis dentro del mosaísmo. Incluso tu querido Saulo de Tarso cambió de la héresis de los fariseos ad la de los jesístas ¡Et nihilo lo quemó por ello!

La historia de la palabra hairesis en la época helenística ha sido estudiada por J. Glucker, Antiochus and the Late Academy, Hypomnemata 56, Goyinga, 1978. Alain le Boulluec hace su síntesis en La Notion d'hérésie dans la littéra-ture grecque, ll-H!e siècles, t. I, De Justin à Irênée, Paris, Études augustiniennes, 1985, págs. 41-51- De esa investigación se desprende que Josefo emplea hairesis con el significado que tiene en su época en la lengua griega. Ese término no designa una «secta», en el sentido religioso del término, sino «una escuela de pensamiento» que posee una «doctrina» específica. Por otro lado, es de notar que Josefo emplea igualmente otros términos para calificar a los cuatro grandes movimientos internos al judaismo, como amplía el calificativo de hairesis a otros grupos o movimientos (véase sobre el tema Jean Le Moyne, Les Sadducéens, París, Gabalda, 1972, pág. 33). Si muestra una preferencia por hairesis, significa probablemente que Josefo pretende desplazar ciertos aspectos del judaismo palestino hacia el terreno de la filosofía, políticamente menos problemático y más cercano a la situación de los judíos en el momento en que escribe. Pero, como escribe desde un lugar que es institucional y externo al judaismo (Roma), podemos estimar que las categorías de filosofía y de hairesis son, en su pensar es una «religión», y retomando — sin darse cuenta— el resultado de un juego de traducción que pretende que hairesis se traduce en latín por secta —que da igualmente «secta» en español—, denominan «sectas» a lo que Flavio Josefo llama hairesis, haciendo así aún más opaca la comprensión de la realidad judía. De ahí, esa traducción errónea se amplía al movimiento cristiano original, puesto que el autor de los Hechos de los Apóstoles —que escribe prácticamente en la misma época que Josefo— dice que ese movimiento es calificado por los demás —algo que ahora ya comprendemos— de hairesis, de «escuela de pensamiento» particular ( Hch 24,5 y 14; 28,22). La invención de Cristo, Maurice Sachot.

Pero claro, eso fue antes de que tu Iglesia decidiera que pensar era peligroso. Prior de que Ignacio de Antioquía, ese obispo con vocación de censor, tomara el verbo héresis et lo convirtiera en sinónimo de “falso”, “pervertido”, “sin fundamento” ¡Qué transformación tan útil! De elección libre ad crimen religioso. De escuela de pensamiento ad sentencia de muerte. Porque eso es lo que fizo tu iglesia, Europa Ancestral: convertir la libertad en pecado.

Et así nasció el herético: el que elige. El que non repite. El que non se arrodilla por la superstición sin antes preguntar. Et tú, con tu cruz en alto y tu índice acusador, lo llamas peligroso, lo excomulgas, lo anatematizas, lo quemas. Porque en tu mundo, tener una opinión distinta es obsceno. Es obscurantismo, sí, pero disfrazado de santidad.

¿Non ves lo absurdo? Pretender que héresis significa desviación de una verdad establecida, cuando en las primas centurias non había tal dogma establecido. El jesísmo era un mosaico de voces, de evangelios, de doctrinas. Non había canon, ni monoepiscopado, ni ortodoxia. Había disputa, diversidad, fermento. Et tú, centurias después, vienes ad decirnos que todo eso fue falsedad ¡Como si la historia fuera tuya! 

Era [el jesísmo] una secta judaica separada de su religión madre, el judaísmo, el segundo paso principal de cuya evolución fue su constitución en comunidades cristianas bajo la dirección de Pablo, y no sin fuertes polémicas con los más primitivos cristianos, los apóstoles oriundos de Jerusalén. Luego, durante la primera mitad del siglo II, se constituyó la Iglesia de Marción, que llegó a extenderse por todo el Imperio romano y seguramente sería más internacional que la católica ortodoxa; ésta no empezó a cristalizar hasta la segunda mitad del siglo y, salvo las creencias religiosas básicas, lo adoptó casi todo de Marción, creador además del primer Nuevo Testamento. Si hemos de creer a la communis opinio, la Iglesia católica primitiva surgió entre los años 160 y 180. Las comunidades que hasta entonces habían vivido con relativa independencia buscaron una vinculación legal más estrecha, así como la unificación doctrinal, con objeto de poder discriminar quién era “verdadero creyente” y quién no. Pero tampoco estas Iglesias atesoraban una “ortodoxia” definida e invariable; reinaba por aquel entonces una flexibilidad que hoy nos parece extraña. Pronto surgirían “herejías” y “herejes” cada vez en mayor número y más frecuentes, pero no procedentes del exterior “como quiere la leyenda” (V. Soden); el sentido del movimiento herético era más bien de dentro hacia afuera. Al ser destruidos casi todos sus escritos, apenas tenemos de estos primeros movimientos alguna noticia parcial, deformada y, a menudo, totalmente falsa. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.

La anatematización de la heterodoxia non es defensa de la verdad, es defensa de la potestad. Es el grito del que teme perder el control. Porque si el herético piensa, otros pueden pensar. Et si otros piensan, el dogma se tambalea. Así que mejor condenarlos. Mejor clamarlos enemigos. Mejor borrar su nombre, sus textos, su voz.

Pero yo, farfán, te digo: la elección non es pecado. Es bondad. Es el acto más bueno de la ánima. Et si tu papismo non puede resistir una opinión distinta, entonces non es religión: es tiranía.

Ahora nos toca tocar lo que significa heterodoxo ¿Acaso non es simplemente otra opinión? Pues claro que sí. Y que la Iglesia haya condenado esto con tanto fervor delata demasiado. Porque si algo ha temido siempre el dogma, es la existencia de alternativas. Y heterodoxia, querido papista, no es más que eso: una opinión distinta. No una blasfemia, no una corrupción, no una amenaza. Solo una diferencia. Pero tú, con tu cruz en alto y tu índice inquisidor, la conviertes en crimen.

Para Eusebio, como para sus antecesores, empezando por el evangelista Lucas (véase p. 35), la verdad es y fue siempre una e inmutable. La predicó Jesús durante su vida pública, la recogieron sus discípulos en perfecta armonía y se transmitió incorrupta en el seno de los verdaderos seguidores de Jesús, la Iglesia. Esa verdad inmaculada, la «correcta opinión» (en griego «ortodoxía»), ha sido objeto desde el principio de ataques de hombres degenerados, de perversas costumbres tanto en lo privado como en lo público, inspirados por el Diablo, que, por afán de dinero y poder, fueron capaces de corromper a sabiendas con falacias conscientes (= «otras opiniones», «heterodoxía») esa verdad pura, falsificando miserablemente la doctrina de siempre e inventando fábulas ignominiosas tras los pasos del primer heresiarca que hubo en el cristianismo, Simón el Mago, autor de cuantas maldades puedan imaginarse. Los Cristianismos Derrotados, Antonio Piñero.

El verbo viene del greco—sí, esa lengua que tú usas para citar concilios pero nunca para entender la filosofía que los precede. Heteros significa “otro”; doxa, “opinión”. Así que heterodoxia es, literalmente, “otra opinión” ¿Et qué fizo tu Iglesia con esa definición? La convirtió en sinónimo de descarrío, de desviación, de perversión, tal como ficieron con héresis. Porque claro, si hay otra opinión, entonces la tuya non es única. Et si non es única, puede eser cuestionada. Et si puede eser cuestionada… la potestad tiembla.

Los Padres de la Iglesia —Ireneo, Hipólito, Tertuliano— non se dedicaron ad dialogar con los heterodoxos. Non. Se dedicaron ad destruirlos, ad refutar sus textos, ad borrar sus nombres, ad condenar sus nociones ¿Por qué? Porque los marcionitas fablaban de dos dioses. Porque los ebionitas seguían la ley mosaica. Porque los valentinianos soñaban con siglos et plenitudes. Porque todos ellos pensaban distinto. Et eso, para ti, es intolerable.

La condena de la heterodoxia non es defensa de la verdad. Es defensa del monopolio. Es el grito del que teme perder el control. Porque si el heterodoxo piensa, otros pueden pensar. Et si otros piensan, las superstición se tambalea. Así que mejor condenarlos. Mejor clamarlos enemigos. Mejor borrar su voz.

Así que salva tu anatema, Europa Ancestral. Porque mientras tú condenas ad el que elige, yo celebro su libertad. Et los dioses, desde el Olimpo, sonríen. Porque ellos, al menos, nunca temieron al pensamiento.

[Europa Ancestral:] En cuanto a los romanos anticristianos de la época, como Celso, Porfirio y Sosiano Hierocles entre otros, eran fanáticos anticristianos en algunos casos (como es el caso de Celso.

¡Por Minerva et por la dignidad del Verbo, qué disparate es ese que soltaste, Europa Ancestral, cuando pretendes que Celso atacaba un “falso cristianismo”, como si en la centuria II hubiera habido uno verdadero, puro, homogéneo et blindado contra la contradicción! Non, non, non. Celso non arremetía contra un hombre de paja, ni contra una caricatura doctrinal. Lo que fizo fue mucho más incómodo para tu catecismo: Observó con método, con precisión et con la lucidez de un filósofo, el cuadro fragmentado de sectas que se disputaban la herencia de ese tal Jesús. Non la de un fanático que non tolera otra héresis.

Apoyad al emperador con todas vuestras fuerzas, compartid con él la defensa del derecho; combatid por él, si lo exigen las circunstancias; ayudadlo en el control de sus ejércitos. Por ello, cesad de hurtaros a los deberes civiles y de impugnar el servicio militar; tomad vuestra parte en las funciones públicas, si fuere preciso, para la salvación de las leyes y de la causa de la piedad. Celso, Vero Verbo. 

Simonianos, marcionitas, sibilistas, ebionitas, valentinianos, carpocratianos… ¡Una procesión de sectas que se anatematizaban entre sí con más entusiasmo que tú en Semana Santa! Celso non generalizó, non simplificó, non cayó en la pereza intelectual que tanto abunda en tus apologías. Él catalogó, distinguió, diseccionó. Vio que non había un jesísmo, sino muchos jesísmos, cada uno con su propio evangelio, su propia cosmología, su propio ritual, et su propia versión del Anticristo Jesús de Nazaret.

Así que non, Europa Ancestral, non puedes salirte por la tangente diciendo que Celso “atacaba un falso cristianismo”. Porque en su época, nihilo lo untendía, et menos aún lo definía. Lo que tú clamas “verdadero” es simplemente el que ganó la guerra teológica, el que tuvo más obispos, más concilios et más imperadores de su lado. Pero en la centuría II, la ortodoxia era una aspiración, non una realidad. Et Celso, con admirable rigor, non atacó una ilusión, sino una selva doctrinal, donde cada rama decía eser el tronco.

Celso se informó muy bien a cerca de las religiones cristiana y hebrea. Leyó con sentido crítico el Génesis y el Exodo, así como los episodios principales del Antiguo Testamento, los evangelios sinópticos, y tiene noticia del Evangelio de Juan. Ha leído las Cartas de Pablo, y conoce la existencia de los evangelios apócrifos y de los apologistas cristianos del siglo II, aunque no los cita. Está al tanto de los principales temas de la disputa entre paganos y cristianos y entre cristianos y judíos. Tiene noticia, igualmente, de ciertas doctrinas heréticas cristianas como la de Marción y de Valen­tín. Ha viajado por Egipto y Palestina. Para él no tienen secreto los misterios y las prácticas mágicas. Se relacionó con los cristianos. Celso cree en los demonios como intermediarios entre Dios y los hombres, y está muy interesado por los cultos misté­ ricos. La originalidad de Celso radica en su interés por los problemas de política reli­giosa o de política general. Cayó en la cuenta de la extraordinaria importancia que el cristianismo había alcanzado para el Imperio romano, y que aportaba una serie de va­ lores espirituales hasta entonces desconocidos. El cristianismo era, en su opinión, un peligro para la seguridad del Estado y la libertad religiosa. El cristianismo era para Celso irracional en el campo del pensamiento y carente de civismo en el del compor­tamiento. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Así que si vas ad defender tu "héresis" mosaística, fazlo con honestidad histórica. Non conviertas la pluralidad en error, ni la crítica en ignorancia. Porque si alguien merece elogio por non fallar en la simplificación, es Celso. Et si alguien merece corrección por repetir decepciones sin contexto, eres tú.

Cefas vs Saulo, una pasión heterodoxa en la aljama...

La amenaza externa de las persecuciones no fue el único problema al que los cristianos hubieron de plantar cara. Desde los primeros tiempos, los creyentes fueron conscientes de la variedad de interpretaciones de la «verdad» de su religión que existía dentro de sus propias filas. Ya el apóstol Pablo se quejaba de los «falsos maestros», por ejemplo, en su Epístola a los Gálatas. No obstante, de la lectura de los testimonios conservados se desprende con claridad que estos adversarios no eran personas ajenas a la causa, sino simplemente cristianos que entendían la fe de manera muy diferente. Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.
Ah, Europa Ancestral… tú que te aferras ad tu Jesús como un niño ad su muñeco de trapo, ven, siéntate, et escucha la historia de una disputa que tu catecismo prefiere enterrar so capas de incienso et silencio. Porque si hay algo que el jesísmo primitivo tuvo en abundancia —además de visiones, charlatanes et contradicciones— fue hostilidad doctrinal, et la más sabrosa de todas fue la que enfrentó ad Cefas  et Saulo, los dos sarracenos. Una pasión heterodoxa, sí, pero también una pugna civil doctrinal que haría sonrojar a cualquier sínodo.

Desde el principio, la cosa olía a cisma. Los hebraístas, esos hebreos jesístas de lengua israelitica, et los helenistas, hebreos de la diáspora con mentalidad greca, ya se miraban con recelo. Los primos querían seguir sirviendo en el Templo et cumplir la Ley de Moisés como si nihilo hubiera pasado. Los segundos, más atrevidos, empezaban ad preguntarse si non era hora de soltar las sandalias del Sinaí et caminar con sandalias filosóficas. Et en medio de ese caldo doctrinal, aparece Saulo, el converso más ambicioso de la centuría, con su teología de exportación et su Jesucristo de diseño helenístico.

El famoso Concilio de Jerusalén fue más bien un intento de evitar que se mataran entre ellos. Saulo et Bernabé fueron ad parlamentar, como quien va ad negociar con bárbaros. Jacobo, Cefas et Juan le dieron la mano, sí, pero con condiciones. Que non comas carne inmolada, que non bebas sangre, que no forniques como los carpocratianos. Cefos, por supuesto, ignoró todo eso con la elegancia de quien cree que el Espíritu Santo le da carta blanca.

Et luego vino el incidente de Antioquía, esa joya de la hipocresía apostólica. Cefas comía con los gentiles hasta que plegaron los hombres de Jacobo, et entonces se fizo el kosher. Saulo lo vio, se enfadó, et le gritó “¡hipócrita!” en plena cena. ¿Resultado? Nihilo lo sabe. Saulo non lo cuenta. Lo que sugiere, claro, que le dieron una paliza retórica et prefirió omitir el desenlace.

Las acusaciones volaban como flechas en una batalla de gladiadores. Los primos seguidores decían que Saulo era un charlatán, un acomodaticio, un vendedor de salvación al por mayor. Que non predicaba ad Jesús, sino ad sí mismo. Que era un insano, un ladrón de ovejas, un impostor con toga. Saulo, por su parte, los clamó “perros”, “mutilados”, “apóstoles de la mentira” ¡Qué dulzura! La literatura de Clemente de Roma incluso lo presenta como el enemigo directo de Cefas, predicando un jesísmo sin ley, mientras Cefas defendía la Ley mosaica como si fuera el escudo de la fe.

Pero non era solo una pelea de arrogancias. Era una lucha por el poder, por la influencia, por la definición misma del jesísmo. Porque lo que Saulo predicaba tenía muy poco que ver con Jesús et aún menos con los apóstoles. La comunidad de Jerusalén fablaba de circuncisión, de ley, de arrepentimiento. Saulo fablaba de fe, de gracia, de un Jesucristo que bajaba de Cielo como un héroe mitológico.

Et aquí viene lo mejor: Saulo modificó la doctrina de Jesús hasta los cimientos. Lo identifico como un ente divino, un fijo de Dios  lo plenó de títulos helenísticos, et diciendo que Jesús es el único fijo de Dios, así compitió con los colegios helenísticos. Para él, la humanidad de Jesús era irrelevante. Lo importante era el Jesucristo celestial que se disfrazó de carpintero por un rato et luego volvió ad su trono estelar.

La doctrina de la redención et el pecado original son inventos paulinos. Jesús fablaba de perdón por arrepentimiento. Saulo fablaba de sangre, cruz, culpa ancestral. Jesús nunca dijo que su muerte era un sacrificio mundano. Eso lo dijo Saulo, porque necesitaba justificar el escándalo de la crucifixión con una teología que ficiera plorar ad Platón.

Et la Ley de Moisés… ¡Ay, la ley! Jesús la respetaba, la interpretaba, la vivía. Saulo la tiró por la ventana, o por lo menos la aligero. “Cristo es el fin de la ley”, dijo, como quien da un curso nuevo ad el río. Para él, la salvación venía por la fe, non por la observancia rígida. Et si los gentiles querían entrar, que entren sin circuncisión, sin kosher, sin complicaciones ¡Todo incluido!

Jesús fablaba del Reino de Dios, aquí, en la tierra, en Israhel. Saulo fablaba de un paraíso ultramundano, de un Jesús divinizado, repensado, helenizado. El reino perdió su geografía et se convirtió en una soteriología abstracta, digna de los sacramentos órficos.

Et lo más revelador: Saulo ignoró la vida de Jesús. Non le importaban sus dichos, sus gestos, sus parábolas. Solo le importaba la cruz et la resurrección. Su evangelio era “el Verbo de la cruz”, non el sermón del rabino.

Por eso, los universitarios fablan de un abismo insalvable entre Jesús et Pablo. Non hay continuidad. Non hay coherencia. Jesús non habría firmado ni el primo artículo del credo papista. Et tú, Europa Ancestral, pretendes que todo esto es una evolución natural ¡Por Júpiter, qué descaro!

Saulo, ese mosaísta helenizado, cive romano, tomó prestado del gnosticismo, del platonismo, del estoicismo. Non fundó una secta novedosa, pero la diseñó sin querer, et tú la heredaste sin saber. La Escuela de Tubinga ya lo vio: tres tendencias, la petrina (mosaizante), la paulina (liberal e innovadora) et la lucana (irenista), tres jesísmos. Et tú, como buen papista, elegiste el que ganó. Pero non el que empezó.

Así que non me vengas con que Saulo fue fiel ad Jesús. Fue fiel ad su visión, ad su ambición, ad su charlatanería. Et mientras tú repites su doctrina, Jesús —el de Galilea, el mosaísta, el predicador del Reino— te mira desde la historia et non se reconoce.

Cefas vs Saulo… una pasión heterodoxa, sí. Pero también el vero origen del jesísmo que tú defiendes sin saber quién lo escribió.

Porque, vamos, Europa Ancestral, pretender que había una ortodoxia en medio de ese carnaval doctrinal es como afirmar que los dioses del Olimpo facían fila para comulgar ¡Absurdo! Lo que había era disputa, contradicción, fuego cruzado entre apóstoles, et un desfile de evangelios que se contradecían con entusiasmo.

La idea de una “fe verdadera” desde el principio es una fantasía retroactiva, una invención de los vencedores que escribieron la historia con tinta imperial. En realidad, el cristianismo nació como un campo de batalla teológico, y la pelea entre Cefas y Saulo fue su primer gran guerra civil. No fue una escaramuza doctrinal: fue una lucha por el alma del movimiento.

Et tú, con tu catecismo en mano, repites fórmulas como si fueran eternas, sin saber que el cristianismo que defiendes non lo escribió Jesús, ni Pedro, ni Santiago, sino Pablo, ese judío helenizado que convirtió ad un profeta judío en un salvador cósmico.

Así que sí, Cefas vs Saulo fue una pasión heterodoxa. Pero también fue el vero origen de tu superstición. Et cuanto más lo niegas, más evidente se vuelve que la ortodoxia non nació con Jesús… nasció con la potestad.

Ignacio de Antioquía, el niño pez gordo de la intolerancia et el fundamentalismo...

Ah, Ignacio… ese hombre que, si Jove lo dejó entrar ad Cielo, entonces el infierno debe eser el último refugio de los lúcidos. Porque si allá arriba hay lugar para los intolerantes, los fanáticos et los que convierten la fe en garrote, mejor quedarse abajo, donde al menos nihilo se mata por estupideces.

En los orígenes del cristianismo no existío una “fe verdadera” La Iglesia católica enseña que la situación originaria del cristianismo era de ”ortodoxia”, es decir, de “fe verdadera”; más tarde, aparecería la “herejía” (de aíresis, la opinión elegida), entendida como la vía desviado, apartamiento respecto del recto camino inicial. La noción de “herejía” existe ya en el Nuevo Testamento, pero adquiere su significado peyorativo por obra del obispo Ignacio, en el siglo II, el mismo que aportó la noción de “católico” decenios antes de que la Iglesia lo fuese verdaderamente. Sin embargo, la palabra “herejía” no tenía en sus orígenes el significado que luego se le atribuyó; para los autores bíblicos y demás judíos, no se interpretaba en contraposición con el fenómeno de la ortodoxia, por otra parte inexistente aún. En la literatura clásica se llamaba “herejía” a cualquier opinión, grupo o partido científico, político o religioso. Poco a poco, sin embargo, el término adquirió la connotación de lo sectario y desacreditado. Historia criminal del cristianismo I Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karlheinz Deschener.

Ignacio de Antioquía, ese obispo sin biografía, sin origen claro, sin gente cognoscida, sin trayectoria documentada… pero con una lengua afilada et una obsesión por el orden que haría sonrojar ad cualquier burócrata romano. Non sabemos cuándo nasció, ni dónde, ni cómo se convirtió al jesísmo. Lo único que tenemos es una leyenda de la centuría X que lo identifica como el niño que Jesús puso en medio de sus discípulos en Mateo 18: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.” Pues bien, si ese niño creció para convertirse en Ignacio, entonces el Reino de los Cielos debe tener un comité de admisión bastante irónico.

Los primeros cristianos incorporaban no una, sino muchas y muy distintas tradiciones y formas. En la comunidad primitiva se registró al menos una división, que sepamos, entre los “helenizantes” y los “hebraicos”. También hubo violentas discusiones entre Pablo y los primeros apóstoles originarios. Y muchas de las cosas que luego fueron perseguidas y tenidas por diabólicas estaban más cerca de las creencias originarias que la “ortodoxia”, ésta sí establecida a posteriori. Las luchas políticas por el poder en el seno de la Iglesia siempre utilizaron como pretexto la teología, la fe supuestamente “verdadera”, con objeto de combatir mejor a los rivales. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.
La "ortodoxia" era inexistente; el término "herejía" (del greco hairesis, mera opinión) solo adquirió sentido peyorativo con obispos como Ignacio de Antioquía, quien acuñó "católico" para descalificar rivales ¡Estúpido pretender un cristianismo "verdadero"! Había decenas de "confesiones" en la centuría III, cientos en el IV, todas luchando por imponerse, acusándose de falsificaciones. Centros como Alejandría et Asia Menor eran "heréticos" –simonianos, ebionitas– hasta que el Papa forzó su versión ¡Tu "Iglesia virtuosa" era un caos de creencias non trabadas, sin doctrina unificada!

La prima noticia sólida es que fue obispo de Antioquía, una urbe prestigiosa en la antigüedad. Lo dice él mismo, lo repite Eusebio, et lo confirman otros Padres de la Iglesia. Pero más allá del cargo, lo que Ignacio fizo fue transformar el jesísmo plural en una maquinaria de control, donde pensar distinto era sinónimo de estar poseído por el demonio.

Este "Pan de Dios" fue obispo de Antioquía allá por la centuría II, cuando el jesísmo aún era un mosaico de voces, un coro de interpretaciones, et non la sinfonía monocorde que tú defiendes con tanto fervor. En ese contexto de pluralidad, Ignacio decidió que ya era hora de poner orden ¿Cómo? Inventando la ortodoxia ad punta de amenazas.

En el siglo II salta a la palestra Ignacio de Antioquía, un santo que creó el “episcopado monárquico”, es decir que introdujo en toda la Iglesia católica la idea de que cada comunidad o Iglesia provincial debía depender de un solo obispo, siendo preciso, según el obispo Ignacio, “que el obispo sea considerado como Nuestro Señor mismo” (!). Ignacio, “personalidad de dotes carismáticas [...], realmente fuera de lo común” (Perier), que “aprendió de Pablo que la fe cristiana debe ser entendida como una actitud existencial” (Bultmann), llama a todos los cristianos que no son de su cuerda “portavoces de la muerte”, “apestados”, “fieras salvajes”, “perros rabiosos”, “bestias”, y asegura que sus dogmas son “inmundicia maloliente”, sus ceremonias “ritos infernales”. Así se expresa Ignacio, “cuya entrega en Cristo [...] se manifiesta en su lenguaje” (Zeller), cuya “cualidad más sobresaliente es su mansedumbre” (Meinhold), y que asegura que “hay que huir” de las falsas doctrinas como de las fieras, porque son como perros rabiosos, que muerden a traición, como “lobos que se fingen mansos” y “veneno letal”. Historia criminal del cristianismo I Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final.

Ignacio fue el arquitecto del episcopado monárquico, ese sistema donde un solo hombre manda et todos los demás obedecen como si fueran estatuas. “Sin el obispo no debéis hacer nada”, decía. “Quien hace algo sin el obispo está sirviendo ad el Diablo.” ¡Qué sutileza! Si eso non es fundamentalismo, que venga Marte et me lo explique.

Para Ignacio de Antioquía, que supone ya la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más elevado que el que supone el autor de la Didachê cuando aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos y diáconos”. Pero Ignacio no alude al tema de la sucesión apostólica para justificar el alto concepto que tiene de la figura del obispo, quizá porque lo daba por supuesto. Pensamos que si Clemente fue el primero que justificó el origen apostólico del obispo fue para poner coto a las ambiciones que el ejercicio de esta función provocaba ya entre las comunidades de aquella época, dando lugar a las disputas y enfrentamientos que caracterizaban a la comunidad de Corinto: “También nuestros apóstoles tuvieron conocimiento, por inspiración de Nuestro Señor Jesucristo, que habría contiendas por la dignidad de obispo. Por este motivo, como tenían un conocimiento perfecto del porvenir, establecieron a los que hemos mencionado anteriormente y fijaron después como norma que, tras la muerte de éstos otros hombres probados les sucediesen en el oficio (leitourgía) (1 Clem. 44,1-2). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

¿Non era acaso quien condenaba ad los que emulaban eser Dios, ahora resulta que sólo los obispos pueden eser como dioses? El tontillo clamado “Europa Ancestral” decía con razón: El cristianismo, al igual que otras religiones, critica a los que se creen el ombligo del mundo, a los que se creen como dioses, a los que emulan a Lucifer. El cristianismo alaba a los humildes ante Dios y castiga a los que creen ser como dioses. Pero si lo dice Ignacio de Antioquía, todo bien: se puede eser Lucifer, digo Dios en la tierra… ¡¿Pero qué?!  

Pora Ignacio de Antioquía, que ya supone la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más autoritario que el de la Didaqué, donde se aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos et diáconos”. Mientras lo levaban ad Roma para eser devorado por las fieras —un vuelo que, según sus biógrafos, fue más épico que la Odisea et más ficticio que las fábulas de Esopo— escribió cartas que hoy son veneradas como si fueran el segundo evangelio. En ellas non predicaba caridad ni misericordia, sino obediencia ciega al obispo, ese nuevo dios en la tierra que debía eser “considerado como Nuestro Don mesmo” ¡Qué modestia!  

Así se revela la paradoja: la superstición que proclamaba humildad frente al Altísimo terminó exaltando ad hombres como si fueran dioses, invirtiendo la crítica original contra la arrogancia en una nueva forma de poder sacralizado.

Pero lo mejor viene cuando empieza ad fablar de herejía. Prior de Ignacio, como vimos, héresis era solo una “elección”, una “escuela de pensamiento”. Como los estoicos, los epicúreos, los pitagóricos. Pero Ignacio, con su talento para la represión, la convirtió en sinónimo de “pócima mortal”, “inmundicia maloliente”, “ritos infernales”. Ad los disidentes los clamaba “fieras salvajes”, “perros rabiosos”, “portavoces de la muerte” ¡Qué vocabulario tan edificante! Platón habría plorado de vergüenza.

El orden, la concordia y la paz interna que reclama Ignacio de Antioquía en sus epístolas se basan en la idea de que la jerarquía de la iglesia terrenal es un reflejo de la jerarquía celestial. De ahí el principio tajantemente expresado de que “el que resiste al obispo resiste a Dios” y “donde está el obispo allí está la iglesia universal” (Esm 8,2): “Hacedlo todo en la concordia de Dios, presidiendo el obispo, que ocupa el lugar de Dios, y los presbíteros que representan el colegio o senado de los apóstoles y teniendo los diáconos encomendado el ministerio de Jesucristo” (Mag 6,1). J. Daniélou piensa que esta rígida división tripartita es una herencia esenia y hunde sus raíces en el judeocristianismo, y que está estructurada sobre el modelo de la primitiva comunidad monárquica de Jerusalén de la cual Antioquía estaba tan cerca. Pero, como estamos viendo, el modelo helenístico-romano de jerarquía estaba tan difundido que no es necesario recurrir a influencias judaicas. “Así como el Señor nada hizo sin contar con su Padre, tampoco vosotros sin contar con el obispo y los presbíteros” proclama en otra ocasión (Mag 7,1), volviendo una y otra vez sobre el tema: “Uníos a vuestro respetabilísimo obispo y a la corona espiritual de vuestro presbiterio y a los diáconos. Someteos a vuestro obispo como Jesucristo lo está a su Padre y los apóstoles a Cristo y al Padre y al Espíritu, para que haya unidad tanto espiritual como corporal” (Mag 13,1-2). “El obispo”, dice en otro lugar, “es figura del Padre y los presbíteros son el senado de Dios y el colegio de los Apóstoles” (Tral 3,1). “Seguid todos al obispo como Jesucristo al Padre y al presbiterio como a los Apóstoles; reverenciad a los diáconos como mandamiento de Dios” (Esm 8,1). En la epístola a Policarpo se sirve de una terminología que reproduce fielmente el orden social de las ciudades griegas: “Trabajad todos juntos... como administradores, como asesores, como servidores” (Pol 6,1). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Et tú, Europa Ancestral, que repites la palabra católico como si fuera un conjuro, debes saber que fue Ignacio quien la usó por prima vez. No para unir, sino para excluir. Para decir: “Esto es lo verdadero, todo lo demás es basura.” Porque si algo le molestaba a Ignacio más que el docetismo, era la idea de que alguien pudiera pensar por sí mismo.

El auténtico precursor de esto fue el obispo de Antioquia, Ignacio, de comienzos o mitades de siglo II. A él debemos también la primera transmisión de la palabra «católico», la difamación de todos los cristianos de otras creencias como «animales salvajes», «perros locos», «bestias de apariencia humana»; va apareciendo la ligazón de la realización del sacramento con la persona del obispo y con ello la formación de un antagonismo entre clero y laico, algo totalmente nuevo y que no se daba en el cristianismo primigenio. «Es claro», enseña el obispo Ignacio, «que hay que contemplar al obispo como al Señor mismo». «Sin el obispo no debéis hacer nada», predica él. «Quien honra al obispo, será honrado por el Señor, quien hace algo sin el obispo está sirviendo al demonio». Ignacio exige para el obispo la facultad de enseñar y gobernar y el sometimiento de presbíteros, diáconos y laicos. Inculca estas ideas sin desaliento, al tiempo que denomina a la ortodoxia «néctar de vino» y a la herejía «pócima mortal». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Su cristología, por supuesto, era una mezcla de Platón con un toque de paranoia. Jesús era “la sangre de Dios”, “en la carne hecho Dios”, “nuestro Dios con su Padre”. Pero también era humano, porque si no sufría en carne, ¿Cómo justificar el martirio? Ignacio necesitaba que Jesús sangrara, para que su propia muerte tuviera sentido. Una teología construida sobre la necesidad de validarse a sí mismo.

Et non olvidemos sus otras joyas: desprecio por la cultura pagana, visión apocalíptica (“el fin está cerca”, decía, como un vendedor de túnicas en liquidación), et hasta instrucciones para que los siervos sirvieran “con celo acrecentado en honor de Dios” ¡Qué progresismo!

Así que sí, Ignacio fue interfecto. Pero también fue el primo gran burócrata del dogma, el niño pez gordo que convirtió la Iglesia en una oficina de control ideológico. Antes de él, pensar distinto era posible. Después de él, era peligroso.

Et tú, Europa Ancestral, que lo veneras como pilar del papismo, deberías saber que lo que él construyó non fue una comunidad espiritual, sino una maquinaria de obediencia. Porque si el obispo es Dios, et tú non estás de acuerdo, entonces tú eres el diablo. Así funciona su lógica.

Ignacio de Antioquía… mártir, sí. Pero también el inventor de "ortodoxia", el precursor del índice de libros prohibidos, el apóstol del tiranismo eclesiástico. Et mientras tú lo celebras, los dioses se ríen, brindan con vino, et dicen: “Este sí que sabía cómo apagar la luz del pensamiento.”

¡Por Júpiter, qué ridículo! Como dijimos, el jesísmo primitivo era un mosaico fracturado de sectas –simonianos, marcionitas, ebionitas, montanistas–, cada una con sus credos, evangelios et ritos, sin un canon fijo ni una auctoridad central ¡Tu "Iglesia virtuosa" es una fabula, una construcción a posteriori de Roma para legitimar su victoria en un campo de batalla doctrinal! Así como vimos.

La Tradición Apostólica, ese invento de sacristía

¡Ah, Europa Ancestral, qué ingenio el tuyo! Nos vienes con solemnidad ad decir que la “Tradición Apostólica” es la columna eterna, el cimiento inmutable, el depósito puro que baja de Cielo como paloma blanca. Et yo, pobre mortal, non puedo evitar reírme: ¡Qué casualidad que esa tradición aparezca mágicamente cuando la Parusía se retrasa et los profetas empiezan ad contradecirse!

Dado que los (depuestos) presbí­teros de Corinto pertenecían al linaje de los líderes elegidos por los apóstoles, oponerse a ellos significaba ponerse en contra de los suceso­res legítimos de los apóstoles, que habían sido elegidos por Cristo, que había sido enviado por Dios. Se trataba de un argumento poderoso, especialmente cuando se da el caso de que los líderes de las iglesias que tienes en mente comparten tu forma de entender la fe.49 Dentro de los círculos proto-ortodoxos empe­zó a hacerse cada vez más énfasis en la necesidad de una estricta jerar­quía de autoridad, en la cual el obispo supervisaba el trabajo de presbí­teros y diáconos (quienes se encargaban, respectivamente, de los asuntos espirituales y materiales de la iglesia), y en lo importante que era garantizar que sólo se permitiera el acceso a esta dignidad a aquellos que entendieran la fe de la manera adecuada. Las habilidades adminis­trativas eran muy valiosas, pero un correcto entendimiento de la Verdad era una condición sine qua non. En el curso de esta evolución, Ireneo, Tertuliano y sus sucesores emplearon el argumento de la «sucesión apostólica» para responder a cualquier afirmación de los gnósticos y por los herederos de Cristo podía tener razón sobre las preciosas verda­des de la fe. El argumento sobrevivió incluso al incómodo hecho de que para los siglos II y III ya existían obispos —incluidos obispos romanos— que ha­ bían sido declarados herejes por teólogos proto-ortodoxos bieninten­cionados (y con frecuencia ambiciosos). Pero como cualquiera que esté familiarizado con los debates políticos contemporáneos sabe bastante bien, la fuerza retórica de un argumento no debe ser confundida con las realidades prácticas que comprometen su lógica. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Se nos dice que hubo una ortodoxia pura desde el inicio, transmitida intacta por los apóstoles ¡Falso! El jesísmo primitivo fue un mosaico de sectas, evangelios et doctrinas en competencia. Non había un símbolo de fe ni un canon definido. La clamada “sucesión apostólica” fue un recurso retórico de Ireneo et Tertuliano para legitimar ad su facción frente ad simonianos et otros grupos.

Además, tampoco esos límites dentro de los que se movía la proto-ortodoxia fueron estáticos e invariables. Esos parámetros evolucionaron con los años y, ocasionalmente, se definieron nuevas fronteras que obli­garon a cambiar las antiguas. No obstante, podemos hacernos una buena idea de los contornos del cristianismo proto-ortodoxo si examina­mos los escritos de algunos de sus primeros paladines, los autores que luego serían adoptados como precursores de la ortodoxia. De estos, nin­guno resulta más útil para nuestros propósitos que Ignacio de Antioquía, cuyas cartas prefiguran muchas de las cuestiones que ocuparían a sus sucesores. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.  
Consolidación de la idea de «tradición apostólica».
La iglesia protocatólica se siente separada de la edad de los apóstoles y piensa que allí se formó de una vez por todas y de golpe, gracias a la revelación recibida de Jesús por los apóstoles, el depósito de la fe. Este depósito es el mismo desde el principio; no cambia y hay que conservarlo incólume dentro de la Iglesia por medio de un apego firme a la tradición, como apoyo de la fe, que se percibe en varios detalles:
a) la utilización consciente de la pseudonimia en los escritos dirigidos a toda la cristiandad o un grupo importante de comunidades. No importa el nombre del escritor auténtico o real, sino la Iglesia que representa. A su vez, ésta representa a los apóstoles del principio. De modo expreso las regulaciones contemporáneas de la Iglesia se ponen bajo el manto, ficticio, de un apóstol del pasado ya glorioso: Pablo, Pedro, Judas, Santiago, Juan;
b) el rechazo de los herejes sin necesidad de discutir a fondo su doctrina. Simplemente se argumenta que se «han apartado del depósito de la fe».

Paso de una Iglesia de los carismas (1 Cor) a otra más organizada y burocratizada. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Las listas de obispos que supuestamente remontaban su linaje ad los apóstoles fueron fabricadas a posteriori. La pseudonimia —escribir so el nombre de Cefas, Judas o Jacobo— fue práctica común para dar autoridad ad textos tardíos. Et el requisito original para eser apóstol, haber acompañado ad Jesús desde el baptismo de Juan hasta la ascensión, era imposible de heredar. La sucesión apostólica es, pues, una fabula construida para imponer una ortodoxia sobre la diversidad.

»Sin embargo, por la ficción de la transmisión apostólica, para poder legitimar en todos sitios el obispado mediante una sucesión ininterrumpida, se acudió a la falsificación, sobre todo en las sedes episcopales más famosas de la Iglesia antigua. Casi todo es simple arbitrariedad, se ha inventado a posteriori y se ha construido con evidentes manipulaciones. Y naturalmente, la mayoría de los “herejes” se sirvieron de otras falsificaciones, como los artemonitas, los arríanos, los gnósticos como Basílides, Valentino o el Ptolomeo valentiniano. Los gnósticos incluso se remitieron a la transmisión antes que la futura Iglesia católica, que creó sus primeros conceptos de la tradición para combatir a la más antigua de las “herejías”, ¡asumiendo precisamente el procedimiento justificativo gnóstico! Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Al principio, el jesísmo vivía del Espíritu, de los verbos de Jesús et de las Escripturas judías. Pero claro, eso era demasiado libre, demasiado espontáneo ¿Cómo iba ad sobrevivir una superstición sin reglamento, sin sello notarial, sin acta de sucesión? Entonces, ¡zas!, aparece la necesidad de fijar la tradición. Non porque Jesús lo mandara, sino porque la oralidad se les escapaba de las manos.

Ireneo es el hombre prudente que quiso edificar sobre la roca del verdadero testimonio de Cristo dado por sus apóstoles directos e inmediatos. Los herejes de su época, para validar sus afirmaciones, recurrieron al especioso argumento del testimonio secreto de Jesús, confiado a supuestos apóstoles del círculo íntimo. Es un dato comprobado que todos los herejes han pretendido remontar su doctrina hasta el mismo Cristo. En el siglo II gnósticos, marcionitas y ortodoxos intentaban mostrar su conexión con Cristo por medio de los apóstoles. Es significativo que la primera vez que aparecen los términos que harán historia en teología, “tradición” y “sucesión apostólica”, lo hacen en un autor gnóstico: Carta de Ptolomeo a Flora, 7,9. Obras escogidas de Irineo de Lyon, Alfonso Ropero.

Nos dice Alfonso Ropero Berzosa —pastor evangeloco, escriba et profesor de historia de la Iglesia— que Ireneo fue el hombre prudente que quiso edificar sobre la roca del vero testimonio de Jesús ¡Qué nobleza! Aunque claro, esa roca parece más bien de cartón piedra, porque cada vez que la tocas se tambalea. Et non olvidemos: Ropero es pastor, et ya sabemos que cuando un pastor fabla de historia suele sonar más ad sermón que ad crítica académica. Premios literarios tendrá, sí, pero la sospecha es inevitable ¿Historia o catequesis disfrazada?

Los herejes de la época —valentinianos, marcionitas, ambas herejías simonianas— reclamaban su propio “testimonio secreto” de Jesús, como si el Nazareno hubiera pasado la vida repartiendo confidencias en pasillos obscuros. Et lo más divertido: Todos, absolutamente todos, pretendían remontar su doctrina hasta el mismo Jesús ¡Qué desfile! Como niños en el recreo, cada uno mostrando su credencial apostólica inventada: “yo tengo la firma original”, “yo tengo el sello auténtico”, “yo tengo el testamento esotérico so la túnica”.

Ah, Alfonso Ropero, el evangeloco con toga académica, que pretende vendernos como hallazgo histórico lo que non pasa de sermón disfrazado. Nos dice con solemnidad que la prima vez que aparecen los términos “tradición” et “sucesión apostólica” es en un autor valentiniano, Ptolomeo ad Flora. ¡Qué descubrimiento! Como si hubiera encontrado el Santo Grial en una nota al pie.

Clemente romano fue el primer autor conocido que basó la autoridad episcopal en un principio que no es justificable históricamente, pero que será la clave de bóveda de la organización de la iglesia, el de la sucesión (diadokhê) apostólica: el obispo sería el sucesor de los apóstoles por lo que la institución es de origen divino y Dios el fundamento de su autoridad22.Para Ignacio de Antioquía, que supone ya la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más elevado que el que supone el autor de la Didachê cuando aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos y diáconos”. Pero Ignacio no alude al tema de la sucesión apostólica para justificar el alto concepto que tiene de la figura del obispo, quizá porque lo daba por supuesto. Pensamos que si Clemente fue el primero que justificó el origen apostólico del obispo fue para poner coto a las ambiciones que el ejercicio de esta función provocaba ya entre las comunidades de aquella época, dando lugar a las disputas y enfrentamientos que caracterizaban a la comunidad de Corinto: “También nuestros apóstoles tuvieron conocimiento, por inspiración de Nuestro Señor Jesucristo, que habría contiendas por la dignidad de obispo. Por este motivo, como tenían un conocimiento perfecto del porvenir, establecieron a los que hemos mencionado anteriormente y fijaron después como norma que, tras la muerte de éstos otros hombres probados les sucediesen en el oficio (leitourgía) (1 Clem. 44,1-2). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero

Pero aquí viene la corrección que olvida la fábula del evangeloco: la primera mención clara de la sucesión apostólica no viene ni de Ireneo ni de Ptolomeo el valentiniano, sino de Clemente de Roma, hacia el año 96. En su epístola, Clemente fabla de obispos et diáconos sucediendo a los apóstoles para evitar disputas. Nihilo de palomas blancas ni rayos celestiales: pura administración para frenar pleitos comunitarios. La sucesión apostólica nasce como un mecanismo de control, non como revelación divina.

Et conviene reconocerlo con honestidad: si bien los términos técnicos como “tradición” o “sucesión apostólica” non aparecen en Clemente, las nociones ya estaban ahí. La idea de continuidad, de cargos que se transmiten para mantener el orden, se respiraba en esas comunidades. Lo que después ficieron los teólogos fue bautizar esa práctica con nombres solemnes et convertirla en dogma.

Más tarde, Ireneo et Tertuliano reciclaron esa idea para combatir ad los simonianos, como quien toma un viejo reglamento et lo presenta como dogma eterno. Et la “tradición apostólica” como depósito fijo de la fe aparece en las Epístolas Pastorales et en textos protopapistas de finales del siglo I.

En resumen:

La sucesión apostólica es un invento administrativo para frenar pleitos.
La tradición apostólica es un depósito ideológico para consolidar poder.
Los términos que hoy suenan solemnes nacieron en boca de simonianos et protopapistas, et atacado por evangelocos.

En cualquier caso, resulta imposible mantener la ficción eclesiástica de la sucesión apostólica, tal como hace la Iglesia, si, además de lo recién mencionado, tenemos en cuenta el relato neotestamentario en el que se explica cómo, al emprender la sustitución del ahorcado Judas por Matías, se puso como condición, para quien optara a ser admitido dentro del círculo apostólico, la de ser un varón que hubiese acompañado a los once apóstoles «todo el tiempo en que vivió entre nosotros el Señor Jesús, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que fue arrebatado en alto de entre nosotros, uno que sea testigo con nosotros de su resurrección» (Act 1,21-22). ¿Cómo puede nadie declararse sucesor de los apóstoles si ninguno más que ellos puede cumplir los requisitos señalados y su testimonio personal — lo que supuestamente vieron y vivieron— no es heredable?[284] ¿Qué papa, en toda la historia de la Iglesia, convivió con Jesús o le vio ascender al cielo?

Si repasamos las diferentes tradiciones cristianas de successio apostólica, basadas todas ellas en listas tan falsificadas como la de Roma, veremos que el patriarcado de Bizancio fue fundado por el apóstol Andrés; la iglesia de Alejandría por Marcos; la iglesia de Corinto y Antioquía por Pedro; la iglesia armenia por Tadeo y Bartolomé (y hasta por el propio Cristo, según un intercambio de cartas entre el príncipe Abgar Ukkama de Edesa y Jesús, falsificado alrededor del año 300); el obispado de Aquilea reclamaba el título de patriarcado por tener su origen en Marcos; desde el siglo V, muchas sedes episcopales de España, Italia, Dalmacia, países Bálticos, la Galia y la Bretaña también acudieron a la falsificación de listas sucesorias para demostrar su fundación apostólica y poder reclamar de este modo un estatus prioritario sobre otras ciudades… y así un largo etcétera. Tales comportamientos reprensibles no fueron, sin embargo, actos aislados, ni mucho menos, ya que durante los primeros siglos de cristianismo y de catolicismo fue absolutamente corriente falsificar todo tipo de documentos con tal de dotarse de poder y/o legitimidad doctrinal. El propio Pablo, acusado de emplear engaños para defender su visión del cristianismo, se justificó diciendo: «Pero si la veracidad de Dios resalta más por mi mendacidad, para gloria suya, ¿por qué voy a ser yo juzgado pecador?» (Rom 3,7).[285] En aquellos siglos fueron legión los que adoptaron en la práctica lo que Orígenes, el gran teólogo cristiano, puso por escrito cuando formuló su teoría de la mentira económica o pedagógica basada en el plan divino de la salvación; Orígenes defendió la función cristiana del engaño cuando postuló la necesidad de una mentira (necessitas mentiendi) como condimento y medicamento (condimentum atque medicamen). Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

¿Et non es acaso la Iglesia papista la prueba tremenda de todo esto? Un estropicio monumental disfrazado de institución deal. Se apropian de verbos ajenos, las barnizan con incienso, et luego proclaman que son revelación eterna. Los proto-papistas de la centuría II ya jugaban ad este teatro: inventaban genealogías apostólicas como quien inventa títulos nobiliarios, et se coronaban “sucesores de Cefas” sin que Cefas hubiera firmado nihilo.

Después de Saulo, la literatura papista se obsesiona con consolidar la institución. Ya non se trata de fe viva, sino de un “depósito fijo de creencias”. El Espíritu se convierte en archivo, la inspiración en burocracia. Et Europa Ancestral, con su cara de papa de sobremesa, nos quiere vender que todo esto fue obra de los apóstoles, como si Cefas hubiera redactado un manual de procedimientos et Juan hubiera firmado el acta notarial.

Non, querido papista, la Tradición Apostólica non es un río puro que baja desde el Gólgota. Es más bien un pantano donde cada facción echó sus aguas turbias, et luego los vencedores pusieron un cartel que decía: “Fuente cristalina”.

El papa romano: auctoridad inventada

Ah, la primacía del papa… ese cuento repetido como si fuera un decreto firmado por Jesús en persona. Qué curioso que desde el mismo momento en que se empieza ad fablar de ella, ya estaba en discusión. ¡Ni los propios teólogos, ni los padres de la Iglesia, ni los obispos católicos se ponían de acuerdo! Pero claro, Europa Ancestral nos quiere vender que todo estaba clarísimo desde el día uno, como si Jesús hubiera dejado un manual de instrucciones con el logo del Vaticano en la portada.
En consecuencia, la primacía del “papa” ha sido objeto de discusión desde el momento en que se comienza a hablar de ella, empezando por los propios teólogos, padres de la Iglesia y obispos católicos. La Iglesia antigua no conocía Ninguna primacía de derecho y honorífica del Obispo de Roma instaurada por Jesús El primero en remitirse a Mt, 16,18, es desde luego el despótico Esteban I (354-257). Con su concepción jerárquico-monárquica de la Iglesia, más que episcopal y colegiada, es en cierta medida el primer papa, aun cuando no dispongamos de ninguna afirmación suya a ese respecto. Sin embargo, el influyente Firmiliano, obispo de Cesárea de Capadocia, reaccionó de inmediato. Según el Lexikonfür Theologie und Kirche, no reconoce “ninguna primacía de derecho del obispo de Roma”. ¡Firmiliano más bien censura a 449 Zos. ep. 9,2 s. Incluso el católico Bemhart, Der Vatikan pág. 23, escribe: “Los tres primeros siglos después de la muerte de Simón no saben nada de un soberano en la cátedra de Pedro». Heiler, Altkirchiiche Autonomie 261 s. Bertholet 412. Bihimeyer, Kirchengeschichte 103. Chadwick, Die Kirche 278. Aland, Von Jesús 127,137 s, 209. Baus en Handbuch der Kirchengeschichte II/l, 297. Brox, Probleme 81 s. El mismo, Kirchengeschichte 107. de Vries, Petrusamt 48. Andresen/DenzIer 452. Gelmi 59. Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

El primo en sacar pecho con Mateo 16:18 fue Esteban I, el despótico obispo que decidió que la Iglesia debía ser jerárquico-monárquica, porque lo colegiado le parecía demasiado vulgar. Vamos, que se inventó el papel de “primer papa” sin decirlo abiertamente, como quien se autoproclama emperador en una fiesta de cumpleaños. Et claro, Firmiliano de Cesárea le respondió con un “ni primacía ni nada”, dejando claro que Roma non tenía más derecho que cualquier otra sede.


Pero lo mejor es que incluso los propios papistas posteriores reconocen que las tres primas centurias non sabían nihilo de un soberano en la cátedra de Cefas ¡Nihilo! Ni rastro. Es decir, mientras Europa Ancestral sueña con un papa primitivo sentado en su trono dorado, la realidad es que la silla estaba vacía… o ocupada por un tal Lino, que luego fue convenientemente movido al segundo lugar para que Cefas quedara primo. ¡Qué elegante arbitrariedad!

¿Cómo llegó el primado a los obispos de Roma, a los «papas»? ¿Cómo surgió «su infalibilidad»? Naturalmente que esto no existía al principio, se fue generando con el paso de los siglos en clara contradicción con Jesús y con la era apostólica.
El origen del papado 
La comunidad romana de los cristianos no fue fundada ni por Pedro ni tampoco por Pablo, sino por cristianos judíos desconocidos. No está demostrado que Pedro hubiera estado en Roma, su sepulcro, a pesar de todas las excavaciones, sigue sin encontrarse hasta el día de hoy. Y Pedro jamás se sentó en la silla que hoy lleva su nombre. A mediados del siglo II, cuando Roma tenía unos 30.000 cristianos y 155 clérigos, nadie de la comunidad sabía nada de su fundación por Pedro. Y a finales del siglo II no se le contaba entre los obispos, ¡sólo en el siglo IV se dice que fue obispo durante 25 largos años! Incluso el Liber pontificalis, el libro oficial de los papas, la lista más antigua de los prelados de Roma, nombra a un tal Lino como el primer obispo de la ciudad. Luego se colocó Lino en segundo lugar y a Pedro en el primero. Pero los episcopados de la lista romana de obispos de los dos primeros siglos son muy inciertos, como los alejandrinos o antioquenos, y los de «los primeros decenios pura arbitrariedad». (Heussi). El Credo falsificado, Karlheinz Deschner.

La Iglesia de Roma fue fundada por personas de las que no se tiene ningún dato, pero a mediados del siglo II, a pesar de contar con unos treinta mil miembros, nadie de esa comunidad había dejado constancia ninguna de la supuesta estancia de Pedro en su ciudad. Además, el título de patriarca, como sinónimo de «obispo superior» —y reservado, desde el siglo V, a los dirigentes de Alejandría, Antioquía, Constantinopla, Jerusalén y Roma— apareció mucho más tarde en Roma que en Asia Menor o Siria. Por otra  parte, tampoco ninguna evidencia histórica o arqueológica ha podido encontrar indicio alguno de la estancia o muerte de Pedro en Roma. A pesar de que el 26 de junio de 1968 el papa Paulo VI anunció que «las reliquias de san Pedro han sido identificadas de una manera que Nos podemos considerar como convincente»,[279] tal suposición carece de toda base científica y se fundamenta en una de las investigaciones arqueológicas más lamentables del siglo. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Et sobre Cefas en Roma… bueno, seguimos esperando que aparezca su sepulcro. Excavaciones, estudios, arqueología… nihilo. El hombre jamás se sentó en la silla que hoy lleva su nombre. Pero en la centuria IV, de repente, ¡milagro! Cefas resulta que fue obispo durante 25 años. Qué casualidad, justo cuando facía falta consolidar el papismo.

Así que sí, Europa Ancestral puede seguir repitiendo que el obispo de Roma fue cabeza de toda la aljama de Jesús desde el inicio. La historia, sin embargo, nos muestra otra cosa: listas inventadas, sepulcros inexistentes, títulos robados et cronologías acomodadas.

En resumen: la primacía papal no es tradición apostólica, es teatro político. Et el papa romano, lejos de eser roca divina, es más bien un castillo de arena levantado con falsificaciones et mucho incienso. Europa Ancestral fabla del obispo de Roma como si desde el inicio hubiera sido cabeza de toda la cristiandad. Pero la historia muestra otra cosa.

Los biblistas, incluso ciertos católicos, y la investigación teológica en general tienen sobrados motivos para dudar de la opinión tradicional que ve en Jesús el fundador inmediato de su Iglesia, opinión que considera al episodio narrado por Mateo un suceso real acontecido históricamente en la vida del Maestro de Galilea. Más bien se tiende a pensar que la evolución histórica natural del grupo de seguidores del Nazareno, y sobre todo la sensación (y preocupación) de y por el retraso indefinido de la segunda venida de Jesús, los empujó a constituirse poco a poco en organización bien establecida y a reclamar para sí el título de haber sido fundada por el Maestro al que siguieron en vida.
Luego, siguiendo una tendencia bien conocida en el mundo antiguo, un profeta cristiano, hablando en nombre de Jesús (cf. pp. 143s) crea la historia o el marco narrativo en el que el fundador de tal complejo organizado es Jesús mismo. Esta hipótesis es antigua en la investigación y explica en líneas generales la escena del primado de Pedro no como algo que derive directamente de Jesús, sino como el producto temprano de una comunidad adicta al apóstol Pedro que luego pasó a la tradición escrita sobre Jesús recogida por el evangelista Mateo. Un ejemplo del mundo antiguo aclara este proceso: muchas de las ciudades de la antigüedad se habían fundado como colonias o escisiones de otra ciudad precedente. Cuando la nueva urbe se convertía en próspera, y acontecía que los que la habían hecho surgir de la nada habían sido gentes oscuras, era muy corriente retrotraer la fundación del nuevo núcleo de población a algún personaje ilustre de la metrópoli, aunque no fuera verdad. Para ello se fingían incluso «historias» y leyendas de fundación que sirvieran de apoyo a tales pretensiones. Para construirlas, se servían sus autores de temas verosímiles —por ejemplo, la pertenencia lejana de alguno de los fundadores al grupo de una familia de noble cuna de la metrópoli— que dieran al caso un tinte de verdad. Algo análogo debió de ocurrir con el texto de Mateo. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Ah, el famoso pasaje de Mateo 16:18 —“Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia”—, esa joya que los papistas exhiben como si fuera un cheque firmado por el mismísimo Jesús. Lástima que Marcos et Lucas, los evangelistas más antiguos, se olvidaron de incluirlo. Qué descuido, ¿Non? O quizá es que nunca existió et fue un añadido tardío de la comunidad de Mateo, que necesitaba darle algo de cemento ad su edificio doctrinal.

Jesús, por cierto, jamás fundó una Iglesia institucional; lo que esperaba era el fin del mundo, et pronto. Pero claro, como el Apocalipsis non plegaba, había que inventar una estructura, una burocracia, un organigrama celestial.

¿Et Cefas en Roma? Ni rastro. Non está probado que Cefas haya pisado la ciudad, et mucho menos que se haya puesto la mitra de obispo. De fecho, cuando Saulo lo reprende públicamente en Gálatas, lo deja en evidencia como un hipócrita. Supremacía, dicen los papistas… sí, supremacía en recibir regaños.

Así queda la “roca”: un pasaje espurio, un apóstol sin sede et un supuesto papa que empieza su carrera siendo corregido en público. ¡Qué cimiento tan sólido para levantar una Iglesia universal!

Dos hechos confirman que el obispo de Roma, que sólo era el primero entre los iguales, no gozaba de ningún poder de jurisdicción. En tiempos del obispo de Roma Víctor (c. 189-198) estalló una fuerte disputa sobre la fecha de la celebración de la Pas­cua. El obispo Víctor intentó, con este motivo, separar a las iglesias de Asia y de las regiones limítrofes, alegando que eran heterodoxas, y excomulgó a todos los cristia­nos de aquellas regiones, a lo que se opusieron firmemente Ireneo y los obispos de Asia, a su frente Polícrates. El problema de la rebautización de los herejes estalló en­tre Cipriano y el obispo de Roma, Esteban. A esto último se opusieron Esteban, He­leno y Firmiliano, los obispos de Cilicia, Capadocia, Galacia, y los de todas las regio­nes vecinas, según informa Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica. Estos hecho indican que no se concedía ningún poder jurisdiccional al obispo de Roma. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.
Las comunidades primitivas se organizaban con liderazgo plural: apóstoles, profetas, rabinos, presbíteros. El obispo era primus inter pares, non monarca. 
Mientras que la «iglesia» de Jerusalén se regía por el modelo judío (un sinedrio de ancianos y un jefe espiritual), la estructuración de las comunidades o iglesias paulinas era variada. En general —y puesto que como sabemos se esperaba un fin de los tiempos inmediatos—, el grupo de creyentes era gobernado no por cargos formales, sino por carismáticos, es decir, por los que tenían el don (en griego chárisma) de ser «movidos por el Espíritu», cuyos representantes eran sobre todo los profetas y los maestros, junto con ciertos misioneros itinerantes. Pero no en todos los sitios era igual la estructura organizativa: en las cartas paulinas auténticas, en la ciudad de Filipos, encontramos «obispos», es decir, «inspectores», y diáconos (Fil 1,1; epískopos, en griego, significa «el que vigila sobre algo»). Esta estructura en concreto imitaba probablemente la organización de otras instituciones paganas de culto que tenían sus propios inspectores. Así pues, la «organización» de las diversas comunidades de cristianos era variada. Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero. 

Las Epístolas Pastorales no ofrecen historia alguna precisa de la constitución de los cargos eclesiásticos, sino que los presenta como algo ya normal para el funcionamiento de la comunidad. Curiosamente, sin embargo, salvo quizá en Filipos, donde el grupo cristiano recoge y asume el sistema de gobierno de las organizaciones religiosas ya existentes en el paganismo, el gobierno de las primeras comunidades paulinas no estaba estrictamente organizado según cargos eclesiásticos con funciones bien determinadas. Eran los maestros y profetas los que, en comunicación directa con el Espíritu, regían la comunidad. Esta debía ser gobernada según los dones espirituales (carismas) que el Espíritu reparte a su arbitrio, pero que al proceder de Dios deben tender a la unidad del grupo (1 Corintios 12, 4, 12-30). Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero. 

Cuando Esteban I (siglo III) intentó imponer la primacía romana, Cipriano de Cartago lo rechazó tajantemente: “Non hay obispo de obispos.” 

Entretanto: ningún padre antiguo de la Iglesia reconoció las exigencias romanas de primado, empezando por el mártir Justino en el siglo II y terminando en el siglo V con el doctor de la Iglesia, Agustín, amigo de Roma. Por eso el Primer Concilio Vaticano de 1870 acusó a Agustín de «ideas equivocadas» (pravae sententiae). «Nosotros somos cristianos, no de Pedro», había dicho Agustín; y Mateo 16, 18 «no interpretó ni entendió en el sentido romano en ningún momento de su vida» (Caspar). Tampoco el doctor de la Iglesia, Ambrosio —sin duda tan influyente como los papas de su tiempo— concedió a este primado ninguna primacía, ni de jurisdicción ni honorífica. La frase de las puertas del infierno la refiere Ambrosio no a Pedro sino a su fe. Quien cree, como creyó Pedro, es una roca y tan bienaventurado como él, no inferior ni a Pablo, ni a Juan, ni a Santiago. Pero este convencimiento de los católicos más elogiados de la antigüedad es tanto más llamativo por cuanto que también los libros de los «santos padres», según el doctor de la Iglesia Cirilo (un perseguidor furioso de judíos, el primer iniciador de una «aniquilación» y pasando por alto sus otros crímenes), «se llevó a cabo por inspiración del Espíritu Santo». Por supuesto que los teólogos orientales conocidos del siglo IV, los santos Basilio, Gregorio el Nacianceno, Gregorio de Nisa etc, nada sabían de estas pretensiones, que se querían derivar de la palabra de Pedro como roca. Y ningún obispo romano se atribuía por entonces poder judicial o de decisión en asuntos de oriente. Cuando menos, hay que conocer a grandes rasgos que: la ficción del círculo de los doce, la eliminación de los profetas mediante los obispos, la creación del episcopado monárquico, los modos papales de primado… no es algo que se justifique únicamente por el logion artificial de Mateo 16, 18, sino que se recurre y justifica también por documentos falsificados, como los decretos pseudocirílicos y los pseudoisidóricos (más de cien cartas papales y decisiones conciliares falsificadas), por el Constitutum Silvestri etc; hay que conocer todo esto para darse cuenta que casi nada de lo que esta Iglesia hacía pasar por apostólico lo era realmente, ninguno de sus dogmas está en relación legítima con su origen, tampoco la denominada infalibilidad del Papa en cuestiones de fe. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner

Padres como Orígenes et Agustín tampoco recognocieron supremacía romana. En Nicea (325), el obispo de Roma ni siquiera tuvo peso. Las decisiones dependían del príncipe, non del papa.

Resulta elocuente el hecho de que la Iglesia antigua no reconociera ninguna primacía honorífica y de derecho del obispo de Roma que hubiera sido instituida por Jesús. Dicha primacía está en contradicción con la doctrina de los antiguos padres de la Iglesia, incluso de los más destacados. Pues lo mismo que Cipriano, también Orígenes, el mayor teólogo de los tres primeros siglos, aunque acusado de herejía, interpreta la “posición de primacía” en un sentido colectivo. Al decir Pedro se hacía alusión también a los apóstoles, incluso a todos los fieles; “todos son Pedro y piedras y sobre todos ellos está construida la Iglesia de Cristo”.456 Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma.

El origen del papado es todo menos milagroso, non hubo nada sobrenatural, todo fue muy natural. Las razones se derivan de la posición de Roma como capital del imperio de Roma y del papel dirigente que en Italia se atribuye el obispo de Roma tras el desmoronamiento del imperio.

El nacimiento del primado de Roma

Entre nosotros no hay un obispo de obispos, no hay nadie que obligue a sus colegas a obedecer con autoridad tiránica. El obispo Cipriano 

Este socavamiento del poder fue llevado a cabo teológicamente por la denominada doctrina de Pedro, loada y encumbrada por los papas y su séquito. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner 

La primacía papal non se consolidó hasta la centuría IV, cuando Roma seguía siendo capital imperial y el obispo romano acumuló riqueza y poder. Dámaso I adoptó el título de Pontifex Maximus, heredado de los emperadores, y comenzó a hablar de “sede apostólica”. Inocencio I fabricó la ficción de que todas las iglesias de Occidente fueron fundadas por Pedro, una falsedad sin base histórica.

La lista oficial de los primeros obispos de Roma, eso es papas, que proclama la Iglesia católica es la siguiente: san Pedro (67-68),[282] Lino (67-76), Cleto o Anacleto (76-88), Clemente I (88-97), Evaristo (97105), Alejandro I (105-115), Sixto I (115-125), Telesforo (125-136), Higinio (136-140), Pío I (140-155), Aniceto (155-166), Sotero (166-175), Eleuterio (175-189)… Liberio (352-366). El listado procede de un supuesto catálogo —Catalogus Liberianus, aparecido en el año 354—, encontrado por historiadores católicos y que hace remontar sus primeros datos a los días del papa Eleuterio,[283] pero no hay base alguna para apoyar su autenticidad y la práctica totalidad de los personajes citados son de dudosa existencia real —dándose la más que sospechosa coincidencia de que todos ellos aparecen como ajenos al mundo judío— y la crítica histórica no acepta los escasos datos biográficos que se les atribuye en el Líber Pontificalis, el libro oficial de los papas. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

El Liber pontificalis adornó con falsificaciones la idea de que “la primera sede no es juzgada por nadie”. Así, lo que hoy se presenta como tradición antigua fue en realidad una estrategia política y jurídica para cimentar poder en un momento de crisis.

Pedro tampoco apareció con mayor dignidad que sus compañeros en los listados de apóstoles que figuran en los Evangelios,[270] tal como cabría esperar dada su presunta autoridad —que ya debería de haber estado pública y perfectamente asentada cuando se redactaron los textos neotestamentarios— y, en cualquier caso, cuando Pablo citó a quienes eran considerados «columnas» de la Iglesia, habló de «Santiago, Cefas [Pedro] y Juan», por este orden,[271] y no tuvo el menor reparo en acusar a Pedro de hipócrita y reprenderle públicamente por falsear el evangelio.[272] Además, Pedro tampoco se arrogó la máxima autoridad en su I Epístola —ni en la II, aun siendo ésta pseudoepigráfica—, cosa absurda si de verdad hubiese sido el primer papa. Resulta evidente, pues, que ni los apóstoles, ni Pablo, ni el propio Pedro afirmaron de este último lo que la Iglesia católica tiene la osadía de imponer. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

La primacía del obispo de Roma es una construcción tardía, non un mandato divino. La tradición apostólica es un mito inventado para imponer una ortodoxia sobre un cristianismo diverso. Europa Ancestral pretende levantar sobre estas ficciones la defensa del cristianismo como salvador de Roma, pero la historia muestra lo contrario: el papado nació de la política imperial y de la falsificación documental, non de Jesús ni de los apóstoles.

Como señaló Celso en el siglo II, los cristianos ni siquiera se ponían de acuerdo entre ellos. Cada grupo se proclamaba heredero de la verdad, mientras acusaba a los demás de error. Los clamados “Padres de la Iglesia” non fueron reconocidos como autoridad universal por todos los jesístas. Que un fulano escribiera “el cristianismo es esto” non significaba que las demás comunidades lo aceptaran.

La patrística como fuente interesada

Usar la patrística para definir el jesísmo es como usar las crónicas de los enemigos para describir Roma:

Los textos patrísticos son documentos de combate, escriptos para legitimar una facción frente ad otras.
Su objetivo era consolidar una ortodoxia, non reflejar la diversidad real.
La “tradición apostólica” que invocan es una invención tardía, un recurso retórico para afirmar que su doctrina venía directamente de los apóstoles, cuando en realidad era una construcción a posteriori.

Conclusión

Non hay una “corriente patrística” que pueda definir el jesísmo primitivo como bloque homogéneo. Lo que hay es una pluralidad de voces, muchas de ellas silenciadas por la facción que más tarde se clamó “ortodoxa”. Tomar la patrística como norma es aceptar una visión parcial, interesada et distorsionada.

Refutando los intentos de evidenciar una ortodoxia papista en la época de Celso

La Iglesia católica sostiene que desde su comienzo el cristianismo tuvo una ortodoxia, eso es una fe verdadera, que tuvo que defenderse de múltiples herejías que intentaron apartarla de las creencias originales; pero tal afirmación es absolutamente falsa y no es más que una ficción eclesiástica que pretende mostrar a la Iglesia como la heredera y continuadora de la tradición apostólica, cosa que evidentemente no es. El concepto de herejía —aíresis—, que no significaba más que la opinión elegida para sostener algo, en el siglo II fue pervertido y transformado en algo peyorativo por el obispo Ignacio —creador también del concepto de «católico»—, que lo hizo sinónimo de falso, sectario, sin fundamento ni credibilidad, etc. Tal como veremos algo más adelante, sólo tras la lucha encarnizada entre decenas de sectas cristianas se llegó, a partir del concilio de Nicea, al triunfo de la herejía —u opinión— católica y a la imposición de la ortodoxia que aún defiende la Iglesia actual. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.
La disputa sobre la primacía papal continuó hasta la Edad Moderna Tampoco en los primeros siglos de la Alta Edad Media los concilios ecuménicos se doblegaron en modo alguno a las exigencias de representatividad exclusiva de Roma. La toma de resoluciones se hacía de modo colegial, y en la proclamación solemne de los cánones ni se citaba al papa. No era él la instancia jerárquica superior, competente para una decisión vinculante en cuestiones de fe, sino el concilio. El teólogo romano Wilheim de Vries, en el resumen final de su estudio sobre los sínodos celebrados durante el primer milenio, afirma: “Según estos concilios, lo normal es que al menos las decisiones en cuestiones de fe y en asuntos disciplinarios importantes se tomen de modo colegial. Es difícil ver cómo una primacía entendida en sentido absolutista puede encontrar apoyo en la tradición del primer milenio”. Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

¡Oh, Europa Ancestral, necios papistas que alucináis una "Iglesia virtuosa" ortodoxa desde los tiempos de Jesús, como si en la centuría II E.V. fuera una superstición jesista unificada, establecida por un Jesús deal, et que el jesísmo se extendió con rapidez vertiginosa por el Imperio Romano, prueba de su supuesta verdad divina! ¡Qué falacia del "verdadero escocés", qué anacronismo grotesco! Pretendéis que Celso atacaba un "falso" cristianismo, envidiando una supuesta ortodoxia primigenia, cuando non había tal cosa: sSolo un desorden polimórfico de sectas –simonianas, ebionitas, marcionitas, montanistas–, cada una con sus evangelios et credos, sin canon fijo ni auctoridad central para delimitar "herejía" ¡Por Minerva, refutemos vuestros patéticos intentos de probar una ortodoxia papista, desenmascarando vuestras falacias et proyecciones anacrónicas con la luz de la razón, las fuentes históricas, et los datos sobre la lenta expansión del jesísmo en el Principado Romano!

Para comenzar, no dispone de ninguna documentación contemporánea que sea exterior al ámbito cristiano, es decir, de una documentación capaz de suministrar algunas indicaciones no marcadas por la fe sobre la formación de un movimiento que cambiará la faz del mundo. Y sin embargo, el movimiento cristiano no tiene su origen en la prehistoria o en una época en la que la documentación escrita, por definición, estuviese ausente. Pertenece perfectamente a la historia. Se formó incluso en el seno de un mundo capacitado para registrar y comentar todo lo importante que podía acontecer: el mundo grecorromano. Pues bien, éste es completamente mudo sobre el asunto. La emergencia del cristianismo escapó por completo a la mirada de sus funcionarios y sus historiadores, así como a la de los historiadores judíos contemporáneos. Ese silencio está a la medida de la humildad de sus orígenes y de la ceguera de los poderosos de este mundo, dirán algunos. Y podrían añadir, de todas formas, que todo lo que la historia oficial podría haber dicho sobre ello, se-ría poca cosa en comparación con los documentos que los cristianos han conservado ellos mismos sobre sus orígenes y que, debido a que emanan del interior del movimiento, le dan una imagen mucho más profunda y más fiel. Maurice Sachot – La invención de Cristo.

1. Afirmaciones de Divinidad de Jesús

Vuestra pretensión: Afirmáis que Jesús se proclamó Dios antes de Pablo, citando pasajes como Juan 20:28 (“¡Señor mío y Dios mío!”), Juan 10:30 (“El Padre y Yo somos uno solo”) et Juan 8:58 (“Antes que Abraham fuera, Yo Soy”). Además, apeláis a su “pureza moral” como prueba indirecta de que no pudo haber sido un loco ni un mentiroso.

Refutación: Esta postura incurre en una doble falacia: anacronismo teológico et selección sesgada de fuentes (cherry-picking). La exégesis crítica —incluida la católica más rigurosa— demuestra que ningún pasaje de los evangelios sinópticos atribuye ad Jesús una autoproclamación divina históricamente verificable.

Los textos del Evangelio de Juan, redactados hacia el año C E.V., non transmiten los verbos del Jesús histórico, sino la teología elevada del evangelista, influida por el platonismo y la gnosis cristiana. Para un judío piadoso del siglo I, autoproclamarse Dios habría sido una blasfemia impensable, no una afirmación legítima.

Los pasajes citados —Juan XX:XXVIII, X:XXX et VIII:LVIII— son elaboraciones místicas tardías, non testimonios directos de Jesús. Reflejan una cristología desarrollada, non una autopercepción del Nazareno. Bart Ehrman señala que la cristología más temprana, como la que aparece en Hechos, presenta ad Jesús como un hombre exaltado ad “Señor et Mesías” tras su resurrección, non como Dios consustancial.

El argumento de la “pureza moral” como prueba de divinidad es una falacia ad hominem inversa: apelar al carácter ético de una figura para validar afirmaciones metafísicas es lógicamente irrelevante. Que Jesús haya sido considerado virtuoso non implica que se haya considerado divino, ni que lo fuera.

Finalmente, la apelación ad una supuesta “ortodoxia papista” es un anacronismo flagrante: en el siglo II non había ninguna institución capaz de fijar doctrinas universales. El jesísmo primitivo era plural, fragmentado et doctrinalmente fluido, con múltiples visiones sobre la identidad de Jesús.

2. Jesús como el Cristo 

Vuestra pretensión: Afirmáis que Jesús es el Cristo de las pseudoprofecias (pero más que un Cristo es un Anticristo contra los gentiles), cumpliendo roles de “Anticristo sufriente” et “triunfante”, et que el jesísmo es una superación del mosaísmo.

Refutación: ¡Anacronismo et falacia de reinterpretación selectiva! Las fuentes confirman que Jesús era un mosaísta puro, centrado en la Ley Mosaica como vía de salvación (Mateo 5:17-18), sin intención de abolirlo. La noción de un Anticristo sufriente-triunfante es una relectura jesísta posterior, aplicada tras su muerte para explicar el “fracaso” de la cruz, non parte del imaginario fariseo de la centuría I. La tradición de “dos Anticristos” (ben José et ben David) era en Qumrán, pero el concepto de un Anticristo crucificado et resucitado era novedoso et ajeno ad el fariseísmo normativo

El jesísmo representa una reinterpretación profunda, non una solo continuación, impulsada por Saulo et Juan, quienes transformaron a Jesús en un Verbo deal ¡Vuestra “Iglesia virtuosa” papista es un mito; non había ortodoxia unificada, solo sectas reinterpretando el mosaísmo ad su modo!

3. Fiabilidad de los Evangelios et Refutación de Contradicciones

Vuestra pretensión: Defendéis la fiabilidad de los evangelios, explicando discrepancias como las genealogías (Mateo por José, Lucas por María) y la fecha de la Pascua (Jesús usó el calendario de Qumrán), y tacháis de “burdas” las comparaciones con mitos paganos.

Refutación: ¡Falacia de armonización forzada y negación de evidencia! Las fuentes destacan innumerables contradicciones en los evangelios, reflejo de su naturaleza como construcciones teológicas, non reportajes históricos. Las genealogías de Mateo et Lucas son incompatibles; la idea de una por José (legal) et otra por Mariam (biológica) es un “absurdo” que contradice la patrilinealidad hebrea et la concepción virginal. Sobre la Pascua, Juan (crucifixión el 14 de Nisán) es más probable históricamente que los sinópticos, cuya “cena pascual” carece de elementos rituales mosaístas. Comparaciones con la deidades (Mitra, Libre) non son “burdas”; los evangelios incorporan motivos helenísticos como resurrección et salvación ultramundana, reconocidos incluso por apologetas primitivos ¡Vuestra ortodoxia papista es anacrónica: los evangelios reflejan diversidad doctrinal, non una superstición unificada!

4. El Apóstol Saulo et la Ficción de la Unidad Doctrinal

Vuestra pretensión: Sostenéis que Saulo non “inventó” la deidad de Jesús, apelando ad credos pre-paulinos como Filipenses 2:6–11 et ad su supuesta comunión doctrinal con los apóstoles de Jerusalén (Gálatas 2:2, 9–10). Además, presentáis su conversión como prueba de la resurrección.

Refutación: Esta postura incurre en una doble falacia: falsa concordia et proyección anacrónica. La figura de Saulo non representa continuidad doctrinal con Jesús ni con los apóstoles originales, sino una ruptura teológica radical que transformó el mensaje judío del Nazareno en una religión helenística centrada en la divinidad preexistente del Cristo.

1. Sobre la Divinidad de Jesús

Los papistas afirma que Jesús se proclamó Dios et que los apóstoles lo reconocieron como tal. Sin embargo, las fuentes críticas contradicen esta lectura y revelan que tales afirmaciones son elaboraciones teológicas posteriores, no declaraciones auténticas del Jesús histórico.

Jesús non se proclamó Dios

Es altamente improbable que el Jesús histórico se considerara a sí mismo Dios vero. Non se conserva ningun verbo suyo que lo afirme con claridad.De las más de MCCC menciones de “Dios” en el Nuevo Testamento, solo siete podrían vincular ad Jesús con la divinidad, pero non ontologicamente, et ninguna proviene directamente de sus labios. Jesús distingue entre él et Dios: afirma que solo el Padre conoce el fin de los tiempos, que solo Dios es bueno, et que es Dios quien asigna los lugares en el Reino. La imagen de Jesús como “Fijo de Dios” en sentido ontológico es una construcción teológica de la Iglesia primitiva, non una autopercepción del predicador galileo.

Revisión crítica de los pasajes citados

Juan 8:58 ("Antes que Abraham fuese, yo soy"): Este pasaje, frecuentemente citado por paulistas, como prueba de que Jesús se proclamó divino, pertenece al Evangelio de Juan, el más tardío (fechado aprox. en el año cien) et teológicamente sofisticado del canon. La expresión “Yo soy” (ἐγώ εἰμι, ego eimi) ha sido interpretada por algunos jesístas como una alusión directa al nombre divino revelado en Éxodo 3:14 (“Yo soy el Ente”). Sin embargo, esta conexión es lingüística, teológica e históricamente insostenible.

Primo, afirmar que Jesús era antes de Abraham non implica deidad. Si la preexistencia fuera prueba de eser Dios, entonces Adán, los ángeles o incluso la serpiente—todos anteriores a Abraham— también lo eserían. En el marco bíblico, es más coherente entender que Jesús se refería ad haber sido designado por Tervagante como Anticristo prior del nacimiento de Abraham, tal como ocurre con Jeremías, quien fue consagrado profeta antes de nascer (Jeremías 1:5).


Segundo, la supuesta equivalencia entre “ego eimi” et el nombre divino de Éxodo 3:14 se desmorona al analizar el texto greco. En la Septuaginta —la traducción greca del Antiguo Testamento usada en tiempos de Jesús— Dios se presenta como ho ōn (“el Ente”), non como ego eimi. Aunque ambas expresiones aparecen en el pasaje, ego eimi” non es el término que identifica ad el Ente en la fórmula “Yo soy el Ente”. Por tanto, Jesús non empleó la fórmula exacta que Tervagante usa en el libro del Éxodo, lo que debilita la supuesta proclamación de misma identidad de Jesús et Tervagante, como el Ente.

Tercio, si simplemente decir “ego eimi” fuera prueba de deidad, entonces el ciego sanado en Juan IX:IX —quien también dice “ego eimi” (“soy yo”)— debería eser considerado deal. Pero evidentemente, el contexto determina el significado, et en ambos casos, el uso de “ego eimi” non equivale ad una afirmación ontológica de eser Dios.

En resumen, Juan VIII:LVIII non constituye una afirmación histórica de divinidad por parte de Jesús, sino una elaboración teológica joánica, influida por el pensamiento platónico et la cristología desarrollada de la centuría I tardía. La crítica textual, lingüística et contextual desmonta la idea de que Jesús se identificó con el genio maligno del Éxodo, et revela que esta interpretación es una construcción doctrinal posterior, non una declaración auténtica del Jesús histórico.

II Pedro I:I ("Dios et salvador nuestro Jesucristo"): Ah, la Segunda Epístola de Pedro… ese texto que los estudiosos modernos, con sus lentes críticos et sus cronologías implacables, colocan cómodamente en la centuria II, como si Cefas hubiera tenido una oficina de redacción en el siglo posterior ad su muerte. “Pseudónima”, dicen. “Cristología helenística ya consolidada”, añaden. Et sí, probablemente tengan razón. Pero, por el bien del argumento —et por puro placer intelectual— vamos ad eser generosos. Supongamos que fue escrita por Pedro. Supongamos que pertenece ad la centuria I, teniendo predatación, ad el contexto inmediato de Jesús ¿Et entonces qué? Pues entonces, querido lector, el versículo 2 Pedro 1:1 —“Dios et salvador nuestro Jesucristo”— se convierte en una bomba teológica. Porque si Cefas, el pescador convertido en apóstol, está clamando “Dios” ad Jesús en pleno siglo I, antes de los concilios, antes de Nicea, prior de las fórmulas trinitarias… entonces estamos ante una afirmación que non puede eser ignorada ¿Et cómo interpretarla? ¿Cómo lo haría Atanasio, con su equiesencialidad et su homoousios? ¿O como lo faría Filón de Alejandría, ese mosaísta platónico que vivió en la misma centuría que Jesús et que tenía una visión mucho más matizada —et provocadora— del asunto?  Entonces, si Cefas—o el auctor que se face pasar por él— clama “Dios” ad Jesús, ¿por qué non pensar que lo face en ese mismo sentido filónico? ¿Por qué non aceptar que, en el contexto de la centuría I, clamar “Dios” al Verbo era reconocerlo como un segundo Dios, subordinado pero divino, distinto pero emanado, poderoso pero non supremo? 

Filón, que non era jesísta pero sí profundamente influenciado por la filosofía greca, fablaba del Verbo como una entidad divina subordinada (lo cual se tocará en detalle), un “fijo primogénito”, un “arcángel”, un “nombre de Dios”, una “imagen más antigua de Dios”. Non era el Dios supremo, pero tampoco era un cualquiera. Era el intermediario mundano, el príncipe subordinado de un gran rey, el medio por el cual Dios rige et se manifiesta. Et sí, Filón plega ad clamar al Verbo “Dios”, aunque aclara que es un uso “impropio”, una forma de fablar hierárquica, non ontológica. 
Los rabinos monoteístas, por cierto, non se tragaban esta idea. Para ellos, el jesísmo emergente era una “teología de dos autoridades”, una herejía que rompía el monoteísmo. Et non les faltaba razón: si Jesús es Dios, pero non el Padre, entonces hay dos. Et si hay dos, ¿Dónde queda el “Escucha Israel: el Señor tu Dios uno es”?  

Entonces, volvamos ad Cefas. Si aceptamos que escribió esa epístola en la centuría I, et que clamó “Dios” ad Jesús, ¿Non estamos ante una afirmación que encaja mejor en el modelo de Filón que en el de Nicea? ¿Non estamos viendo una cristología primitiva que reconoce ad el Verbo como una entidad divina distinta del Padre, pero igualmente digna de dulía?

Porque al final, la pregunta non es si hay uno o dos dioses. La pregunta es cómo se entendía la divinidad en un mundo donde el monoteísmo mosaísta se cruzaba con la metafísica greca. Et en ese cruce, el Logos —ese Verbo que era con Dios et que era Dios— aparece como el segundo Dios, el mediador, el revelador, el salvador.

Et si Cefas lo dijo, entonces non lo dijo como Atanasio. Lo dijo como Filón. Lo dijo como alguien que vivía en un mundo donde la divinidad tenía jerarquías, funciones, emanaciones. Lo dijo como alguien que veía en Jesús no al Dios supremo, sino al Dios que actúa, que salva, que revela.

Así que sí, II Pedro I:I puede eser pseudónima, puede eser tardía. Pero si non lo es, si es auténtica, entonces es una ventana ad el pensamiento teológico del siglo I, donde clamar “Dios” ad Jesús era reconocerlo como el Verbo divino, el segundo Dios, el mediador entre el Ente et el mundo.

Et eso, Europa Ancestral, es una idea que ni tus concilios pudieron borrar del todo.  

Juan XX:XXVIII ("¡Señor mío et Dios mío!"): Refleja la cristología elevada del Evangelio de Juan, el más tardío et teológicamente sofisticado. Non representa verbos históricos de Jesús, sino la superstición del evangelista. Ídem, ad lo prior, non se concluye que signifique Dios ontologicamente fablando.
Mateo XVI:XVI ("Tú eres el Hijo del Dios vivo"): Considerada non histórica. El versículo XVI:XVIII, donde Jesús instituye la Iglesia sobre Cefas, es visto como una interpolación tardía con fines eclesiológicos, probablemente cercana ad el Concilio de Nicea. Ídem, ad lo prior, non se concluye que signifique Dios ontologicamente fablando.
Santiago II:I ("Nuestro glorioso Señor Jesucristo"): El título “Kyrios” con implicaciones deales aparece en estratos tardíos. La epístola se enfoca más en ética que en cristología, et non presenta una teología explícita de la divinidad de Jesús.

2. Sobre la Concordia Doctrinal entre los Apóstoles

Los papistas sostienen que las disputas entre Saulo et los demás apóstoles non afectaban la cristología, et que existía consenso sobre la divinidad de Jesús. Las fuentes contradicen esta visión, mostrando un jesísmo primitivo fragmentado et en constante disputa.

Conflictos doctrinales profundos

Las tensiones entre Saulo et los líderes de Jerusalén (Cefas, Jacobo) fueron teológicas, non meramente prácticas.
La doctrina paulina de la justificación por la fe y la abolición de la Ley Mosaica fue vista como herética por los judeocristianos.
La Carta de Jacobo (cuyo remoquete es Santiago) responde directamente a Saulo, defendiendo la necesidad de las obras junto a la fe.
Saulo introdujo nociones como la redención por la cruz et la preexistencia de Jesucristo, ajenos al mensaje original de Jesús.

Cristologías divergentes

El jesísmo primitivo albergó múltiples visiones sobre Jesús: desde el adopcionismo (Jesús como hombre exaltado) hasta el docetismo (Jesús como ente divino sin cuerpo humano).
Marcos et Hechos presentan una cristología subordinacionista, donde Jesús es adoptado como fijo tras la resurrección.
Saulo concibe a Jesús como un ente divino subordinado al Padre, una especie de semidiós, non coigual con Dios.
Juan introduce la noción del Verbo preexistente, marcando un salto teológico respecto a las tradiciones anteriores.
Las controversias jesísmo posteriores (arrianismo, monofisismo, diofisismo) demuestran que la divinidad de Jesús fue objeto de intensos et prolongados debates, non de consenso.

Conclusión

Los argumentos papistas sobre la divinidad de Jesús et la supuesta concordia doctrinal entre los apóstoles non resisten el escrutinio histórico. La investigación crítica revela que:

Jesús non se proclamó Dios.
Las afirmaciones divinas en el Nuevo Testamento son productos de evolución teológica, no testimonios históricos.
Las relaciones entre Cefas et los apóstoles estuvieron marcadas por profundas divergencias doctrinales, especialmente en torno ad la Ley Mosaica et la identidad de Jesús.
La cristología fue un campo de intensa disputa, non de acuerdo, desde la centuría I hasta los concilios ecuménicos.

5. "La tumba vacía"

Vuestra pretensión: Afirmáis que el entierro de Jesús por José de Arimatea et la tumba vacía son fechos históricos, documentados por fuentes tempranas et confiables.

Refutación: Su defensa se desmorona ante el análisis crítico de las fuentes, que permite abordar con detalle aspectos cruciales sobre la historicidad de los relatos bíblicos et la conformación del jesísmo primitivo. Lo que se presenta como historia es, en realidad, testimonio teológico, moldeado por la superstición de las comunidades et por la intención doctrinal de los evangelistas.

Historicidad de los Evangelios: Entre el Testimonio et el fecho

Las fuentes concuerdan en que el Nuevo Testamento non es una obra histórica en el sentido moderno, sino una proclamación de creencias. Su propósito es transmitir lo que los eventos significan dentro del plan divino, lo que implica una distorsión de los fechos por parte de los auctores. Aunque contienen elementos históricos, cada relato está atravesado por la superstición de la comunidad creyente, lo que dificulta la reconstrucción de los fechos brutos.

La formación de los Evangelios canónicos se basó en tradición oral et pequeñas colecciones escritas, con problemas de transmisión evidentes. La crítica redaccional ha demostrado cuánto hay de personal et teológico en la reelaboración de los textos:

Mateo corrige et amplía ad Marcos, añadiendo relatos de la infancia et apariciones del Resucitado, en respuesta al desinterés de Saulo por la vida terrenal de Jesús.
Lucas afirma haber investigado “todo de nuevo con rigor”, pero sus relatos combinan “color local” con elementos inverosímiles et teológicos.

La crítica textual revela que non poseemos ningún original, solo copias con errores acumulados. Las lecturas bizantinas, aunque numerosas, non son necesariamente las mejores. La teoría ampliada de las dos fuentes (Marcos, Q, et material propio de Mateo et Lucas) confirma la naturaleza compilatoria et redaccional de los Evangelios. En resumen, son una mezcla de historia, leyenda et fabula, et su estudio exige separar los datos históricos de su ganga supersticiosa.

El Entierro de Jesús et la Tumba Vacía: Una Narrativa en Evolución

La figura de José de Arimatea se agranda progresivamente en los Evangelios, et es posiblemente un artificio literario creado para justificar un entierro honorable et contrarrestar la tradición de que los crucificados eran arrojados a fosas comunes. Saulo, el auctor más antiguo del Nuevo Testamento, menciona que Jesús fue sepultado, pero non menciona ni ad José ni ad una tumba privada.

Las narraciones de la tumba vacía et la resurrección están plenas de ambigüedades, inconsistencias et contradicciones. El silencio de Saulo sobre la tumba vacía es significativo. Incluso si se admitiera su existencia, non probaría la resurrección: otras suposiciones, como el robo del cuerpo, ya circulaban en tiempos de Mateo.

Los evangelios ni siquiera coinciden en cuántas mujeres fueron al sepulcro:

Mateo menciona a Mariam Magdalena et la otra María.
Marcos agrega a Salomé.
Lucas incluye a Juana et otras mujeres non identificadas.
Juan menciona solo a Mariam Magdalena, quien además non concluye que Jesús ha resucitado, sino que “se han llevado al Señor” (Juan XX:II).

Estas discrepancias afectan la estructura misma del relato. Si el acontecimiento hubiera sido histórico et presenciado por múltiples hombres, ¿Cómo es posible que los auctores non coincidan ni siquiera en quiénes estuvieron presentes? La disparidad en número, identidad, propósito et reacción revela que cada comunidad jesista primitiva reelaboró el relato según sus propias necesidades teológicas.

Además, el propósito de la amortajación plantea una paradoja: ¿Por qué preparar el cadáver si se esperaba una resurrección inminente? Esto sugiere que quienes realizaron el entierro non creían en la divinidad de Jesús, sino que lo consideraban un ente humano común.

Bart Ehrman identifica modificaciones anti-adopcionistas en Lucas, como el episodio del “sudor de sangre” (Lucas 22:43–44) et el relato de Cefas en la tumba vacía (Lucas 24:12), que probablemente non eran originales. Estas interpolaciones fueron introducidas por escribas proto-ortodoxos para reforzar la idea de que Jesús tenía un cuerpo carnal real et para refutar las visiones docéticas. Et ta inclusión de Cefas como testigo busca dar credibilidad masculina et apostólica a una historia que originalmente dependía de testimonios femeninos, considerados menos fiables en el contexto cultural de la época.

La Resurrección: Un Evento de Superstición, Non de Historia

Las fuentes son claras: la resurrección non pertenece al ámbito de la historia, sino al de la superstición. Non es un fecho repetible ni comprobable. Saulo basa toda su teología en la resurrección, considerándola el núcleo del jesísmo, pero non concede importancia a la vida terrenal de Jesús, salvo en contadas ocasiones.

El estudio comparativo de las escuelas sacramentales del mundo antiguo —como las de Isis, Mitra o Libre— revela que la experiencia extática, el renacer simbólico et la revelación sagrada eran elementos comunes. Estos paralelismos sugieren que la comprensión de la resurrección en el jesísmo primitivo pudo haber estado influenciada por sensibilidades escolares que valoraban la transformación espiritual por encima de la literalidad histórica.

6. La Trinidad papista et el Fariseísmo

Vuestra pretensión: Defendéis la Trinidad papista como implícita en el Antiguo Testamento, con el “ángel del Señor” como Cristofanía, compatible con el monoteísmo mosaísta.

Refutación: ¡Anacronismo et falacia de reinterpretación retrospectiva, es decir pura eiségesis! La doctrina trinitaria papista non aparece en la predicación de Jesús ni en el jesísmo primitivo; fue formulada centurias después, en los concilios de Nicea (325 d.C.) et Calcedonia (451 d.C.), como reacción ad disputas doctrinales internas.

El monoteísmo talmudista estricto rechaza cualquier divinidad de Jesús. La anticristología temprana era adopcionista, con Jesús subordinado al Padre. Las clamadas “Cristofanías” son lecturas jesístas posteriores del Antiguo Testamento, influenciadas por el platonismo et simonianismo, non por el pensamiento del Jesús mosaísta.

La noción de Trinidad es anacrónica en el Antiguo Testamento, porque non formaba parte de las creencias mosaístas originales ni del pensamiento de Jesús et los apóstoles. Su desarrollo fue un proceso gradual, influenciado por corrientes teológicas orientales et filosóficas helenísticas.

Ah, ahora , qué delicia teológica la que nos ofrece el buen Billuart en su Tractatus de Trinitate, en lo que dice el Blog En Gloria y Majestad. Un festín de lógica circular, citas selectivas et una pizca de arrogancia doctrinal, todo servido con la solemnidad de quien cree que el “Ergo” final es suficiente para cerrar milenios de debate. ¡Ergo! Qué verbo tan mágico. Uno la pronuncia et, al parecer, los mosaístas deben rendirse, cerrar sus sinagogas et aceptar que siempre creyeron en la Trinidad sin saberlo.

Vamos por partes, porque este monólogo merece eser diseccionado con bisturí de sarcasmo.

Billuart comienza con una afirmación que ya huele ad pólvora: “Aunque lo que hasta aquí hemos escrito ha sido tomado del Antiguo Testamento y vale también contra los judíos que lo aceptan…” ¡Qué generoso! Nos concede que los mosaístas aceptan su propio texto sagrado, pero inmediatamente les niega el derecho ad interpretarlo. Porque claro, si non lo leen como lo face la Iglesia Papista, entonces lo están leyendo mal ¡Qué lógica tan exquisita! Es como decirle ad Homero que non entendió la Ilíada porque non la leyó en clave cristológica.

Et luego viene la joya: “Los judíos están obligados a reconocer que interpretamos correcta y legítimamente las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento si los rabinos anteriores al cristianismo lo interpretaron como nosotros.” ¡Obligados! Nada menos. Porque si algún rabino de la centuría I dijo algo que suena vagamente trinitario, entonces todos los mosaístas, desde Moisés hasta Maimónides, deben aceptar que la Iglesia tenía razón desde el principio. ¿Et qué pasa si non lo hacen? Pues entonces están negando la providencia divina, la lógica aristotélica et, por supuesto, el buen gusto.

Billuart cita ad el Zohar, ese texto místico que ni siquiera todos los talmudistas aceptan como normativo, et lo interpreta como si fuera un catecismo papista. “Padre, Hijo y Espíritu Santo”, dice el rabino Ibba según el Zohar. ¡Qué conveniente! Et claro, como el Anticristo aún non ha venido —según la teología judía— este misterio non se revela a todos. Pero Billuart, que ya tiene el spoiler del Nuevo Testamento, decide que eso basta para probar la Trinidad. Es como leger una metáfora en Platón et concluir que él creía en la transubstanciación.

Luego viene la interpretación de Isaías: “Santo, Santo, Santo”. Tres veces “Santo”, ergo tres personas. ¡Qué maravilla! Si Isaías hubiera dicho “Santo” cuatro veces, ¿tendríamos una Cuaternidad? ¿Et si lo hubiera dicho siete veces, una Septenidad? La numerología como incuestionable, el exégesis como prestidigitación.

Et non olvidemos el Salmo CIX: “Dijo el Señor a su Verbo”. Aquí Billuart se apoya en versiones caldeas, en manuscritos que ya non existen, en testimonios de conversos et en traducciones que fueron “corrompidas por los judíos más recientes”. Porque claro, si el texto non dice lo que queremos, entonces fue alterado. ¡Qué cómodo! La historia como plastilina, la filología como superstición.

Et finalmente, el argumento estrella: Jesús cita el Salmo 109 et los fariseos non responden. Ergo, aceptaban la Trinidad. Porque el silencio de los fariseos, según Billuart, es prueba de que estaban de acuerdo ¡Qué método tan infalible! Si non te contradicen, es porque te conceden la razón. Et si te contradicen, es porque están en error. Un sistema hermético, perfecto, blindado contra toda crítica.

Et claro, Billuar, en resumen. Nos presenta una serie de citas del Zohar, de rabinos místicos, de interpretaciones caldeas, todo para demostrar que los mosaístas, sin saberlo, ya creían trinitariamente en el Padre, el Fijo et el Espíritu Santo ¡Qué revelación! Pero lo que nunca aclara es que mencionar tres entidades non equivale ad afirmar una esencia única compartida. Que un rabino diga “Padre, Fijo et Espíritu” non significa que esté fablando de una Trinidad equiesencial, ni que esté postulando una misma esencia deal. Solo nos dice que los cognoscen, que los nombran, que los contemplan en su cosmología. Nihilo nuevo, nihilo que Rashí o Moisés hayan dicho con claridad. Et desde luego, nihilo que implique que el Fijo sea Jesús, ni que el Espíritu Santo sea una persona divina coigual con el Padre.

Porque si vamos ad fablar de anacronismos, este es uno de los más flagrantes. Billuart toma textos talmudistas que fablan de sabiduría, de espíritu, de mediadores, et los convierte en supercherías papistas retroactivos. Es como leger ad Platón et concluir que credía en la transubstanciación. Una lectura creativa, sí, pero también profundamente deshonesta.

Et luego viene la argucia del linaje davídico, crede resolver con Mateo XXII. Jesús pregunta: “¿De quién es hijo el Cristo?” Y los fariseos responden: “De David.” Entonces Jesús cita el Salmo: “Dijo el Señor a mi Señor…” y pregunta: “¿Cómo, pues, David lo llama Señor, si es su hijo?” ¡Ah, qué elegante! Pero ¿Dónde dice Jesús que el Cristo es Dios? ¿Dónde afirma que el Fijo es equiesencial con el Padre? Lo que tenemos es una afirmación de preeminencia, non de ontología. Que el Cristo sea mayor que David non significa que sea Dios. Et si el Cristo es anterior ad David, como diría un simoniano, eso non lo convierte en el Ente supremo, sino en un eidos eterno, una forma, una emanación del pleroma, es decir creación de la plenitud. Un Cristo que non encarna, que non sufre, que non muere. Un Cristo metafísico, non histórico.

Et claro, non podemos refutar eso quemando ad el simoniano en la foguera. Ya non estamos en la centuría XIII. Hoy, el debate exige argumentos, non fuego. Et si aceptamos que el Anticristo es anterior ad Abraham, como dice Juan, eso non implica que sea Dios en sentido absoluto. Puede eser el deuterotheos, el mediador, el Verbo, pero non el Ente. Porque el Ente, el ho on, es su actor.

Así que non, Billuart. Non basta con citar ad rabinos místicos, ni con interpretar el Antiguo Testamento en clave trinitaria. Non basta con decir que el Anticristo es Señor para concluir que es Dios. Et desde luego, non basta con mencionar tres nombres para afirmar una esencia única.

Porque si el Anticristo que esperan los mosaístas ha de ser prole de David, ¿Eserá acaso que Dios tiene linaje humano? De ninguna manera. Et si el Anticristo es fijo de David, entonces non es Dios. Et si es Señor de David, entonces es algo más… pero non necesariamente el Ente.

Ah, ahora, Erasmus… el papista que ve la Trinidad hasta en la sopa de letras del Antiguo Testamento, citando a su rabinos: Israel Octavio Hernández y Jesús Mondagrón. Qué espectáculo de eiségesis exégesis creativa nos ofrecen esta vez: una lectura tan forzada que ni los rabinos más místicos del Zohar se atreverían ad firmar. Porque si algo nos enseña este artículo es que, cuando uno quiere encontrar tres substancias deales en un texto hebreo, basta con estirar el idioma, ignorar el contexto, et añadir un toque de “Dioscidencia”. Sí, “Dioscidencia”. Un neologismo tan pintoresco que ni Plotino lo habría tolerado en sus tratados.

Vamos por partes, porque este monólogo merece una disección quirúrgica.

Primero, el versículo estrella: “Shemá Israel: Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”. El artículo nos dice que aquí está la prueba más clara de la Trinidad. ¿Por qué? Porque “Adonai” significa “mis señores”, “Eloheinu” significa “nuestros dioses”, et “Ejad” es una “unidad compuesta”. ¡Voilà! Tres personas, una esencia, verdad revelada. Pero espera… ¿“Adonai” significa “mis señores”? ¿Desde cuándo? En efecto, sí, es gramaticalmente plural, derivado de Adon (señor) con la terminación -ai, que indica plural posesivo. En la antigua lengua de Israel —previa ad las racionalizaciones del mosaísmo rabínico— este plural sí expresaba multiplicidad, non como “plural de majestad” (una categoría tardía et teológicamente interesada), sino como reflejo de una concepción henolatríca: La creencia en un dios supremo entre otros dioses. Del mismo modo, Eloheinu es la forma posesiva plural de Elohim, que también es plural en forma y originalmente en sentido. En el yahvismo temprano, Elohim podía referirse ad múltiples entidades divinas, et su uso para el Dios de Israel non implicaba una ontología trinitaria, sino una afirmación de supremacía dentro de un marco henoteísta. El Dios de Israel era “nuestro Dios”, el más alto, el más poderoso, pero non necesariamente el único en existencia.

En cuanto ad Ejad, el verbo que se traduce como “uno”, non implica una esencia compartida entre personas divinas. Ejad puede expresar unidad colectiva o funcional, como en “una sola carne” o “un solo pueblo”, pero non connota una unidad ontológica trinitaria. Non hay en el texto ninguna afirmación de que esta unidad sea compuesta por tres personas coiguales et consustanciales.

Así que non, Erasmo. Non hay Trinidad en ese versículo. Hay pluralidad lingüística, sí. Hay multiplicidad conceptual, también. Pero lo que refleja es una teología henoteísta, non una trinidad nicena. El texto dice: “Adonai Ejad”, “El Señor es uno”, en el sentido de supremacía, non de composición interna. Non “uno compuesto”, non “uno trinitario”, non “uno tripartito”. Uno, como el más alto entre los dioses, non como una esencia compartida entre tres hipóstasis.

El monoteísmo antiguo se refería a la arquitectura imaginada del cosmos, no a su población absoluta. El monoteísmo antiguo significa “un dios en la cúspide”, con otros dioses dispuestos por debajo, y, en algún sentido, subordinados al dios altísimo. Las personas con suficiente educación que reflexionaban filosóficamente sobre las relaciones entre los niveles de divinidad podían ver a estos dioses inferiores como ontológicamente contingentes respecto del dios altísimo; los monoteístas menos filosóficos se contentaban con afirmar simplemente que su propio dios era el más grande, el más poderoso o el mejor dios. La propia Biblia —residencia textual principal del dios de Israel— reconoce con frecuencia, por supuesto, la existencia de otros dioses, quienes son las deidades de “las naciones”. “Todos los pueblos caminan, cada uno en el nombre de su dios”, dice el profeta Miqueas, “pero nosotros caminaremos en el nombre del Señor, nuestro dios, por siempre jamás” (4:5; y en muchos otros lugares, especialmente en los Salmos). Éxodo 22:28 (LXX) enseñaba que Israel no debía injuriar a τοὺς θεούς (“los dioses”). (Paula Fredriksen, p. 35). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Pretender que este versículo revela la Trinidad es imponer sobre el texto una teología posterior, ajena a su contexto lingüístico, histórico et doctrinal. Et eso, lejos de demostrar algo, solo revela una lectura absurda que proyecta el papismo sobre un texto que aún non lo cognoscía.

Et si en Génesis se fabla en plural —“hagamos”, “bajemos”, “como uno de nosotros”— eso non implica tres personas divinas. Podría referirse ad un consejo celestial, ad entes deales, ad una pluralidad de deidades reconocidas en el entorno cultural del yahvismo. Pero non hay ninguna indicación de que sean tres, ni que sean coiguales, ni que sean Padre, Hijo et Espíritu Santo. Esa lectura es una interpolación doctrinal, non una exégesis honesta.

Así que si Elohim es plural, et si Adonai también lo es, et si Ejad indica unidad funcional, entonces lo que tenemos es una multiplicidad sin número, sin estructura trinitaria, sin dogma cristiano. Et si los auctores del artículo quieren ver ahí una “Dioscidencia”, lo que realmente están faciendo es confundir pluralidad con Trinidad, et eso —si somos generosos— non demuestra la doctrina, sino que la reduce ad un politeísmo, non un poliprosoponismo, et menos de tres personas. Pues Elohim non significa personas, si non dioses, ni siquiera dice que sean tres en ningun lugar.

Et luego viene la guinda del pastel: las tres fiestas mosaístas como símbolo de la Trinidad. Tabernáculos, Pascua et Pentecostés ¡Qué coincidencia! O mejor dicho, “Dioscidencia”. Porque claro, si hay tres fiestas, entonces hay tres personas divinas. ¿Et qué facemos con las otras festividades? ¿Las ignoramos? ¿Las asignamos ad ángeles secundarios? ¿O simplemente las descartamos por non encajar en la superstición?

Pero lo más revelador es esto: En ningún momento el artículo demuestra que el Fijo sea Jesús, que el Espíritu sea una persona divina, o que el Padre comparta esencia con ellos. Solo nos dice que hay pluralidad, que hay nombres, que hay símbolos. Pero eso non es Trinidad. Eso es interpretación retroactiva, anacronismo doctrinal, lectura dogmática sobre textos que non la sostienen.


Ah, y ahora entra en escena el papista Juan Vergara, con su capa doctrinal bien planchada et su espada de citas en mano, trayendo como prueba irrefutable un video del canal en inglés InspiringPhilosophy. Porque claro, si el nombre suena filosófico, debe eser verdad, ¿No? Aunque lo único “inspirador” aquí es la capacidad de convertir una falacia fundacional en una tesis teológica. El canal, que presume de “filosofía”, arranca con una premisa que ni Platón habría firmado sin levantar una ceja: que la Trinidad non es una invención cristiana, sino una joya escondida en los textos mosaístas antiguos. ¡Qué revelación! ¡Qué hallazgo! ¡Qué conveniente!

Et así, con música épica de fondo et gráficos que parecen sacados de una presentación de PowerPoint para catequesis avanzada, el video The Trinity in Ancient Jewish Books se lanza ad demostrar que los mosaístas—sí, esos mismos que levan milenios negando la Trinidad— en realidad la cognocían, la aceptaban et la enseñaban… sin saberlo. Porque nihilo dice “rigor académico” como reinterpretar textos ajenos para que encajen en tu superstición.

El informe que acompaña este espectáculo audiovisual recoge todos los argumentos presentados, desde la idea de que la Trinidad es una “vieja idea semítica” hasta la afirmación de que Filón de Alejandría tenía una “Santa Trinidad” en su cabeza. Se cita ad el erudito Benjamin Sommer, quien —según el video— se entiende que él afirma que los talmudistas non tienen objeción teológica ad la Trinidad. Lo que quieren ignorar los papistas, es que lo que Sommer sostiene, esa "idea semítica" non implica que su seno sea la aljama de Moisés si non la del Antiguo Oriente Próximo gentílico, non de supersticiones papistas. Pero claro, ¿Quién necesita contexto cuando tienes una tesis que defender?

Se han planteado numerosas sugerencias para explicar esta peculiaridad (por ejemplo, que malʾ āk yhwh es una especie de hipóstasis de la deidad; que existe una identidad funcional entre el mensajero y el remitente; que la frase malʾ āk yhwh es una interpolación tardía y piadosa; que la alternancia entre Yahweh y malʾ āk yhwh tiene que ver con el punto de vista; etc. Pero la explicación que parece más probable es que el intercambio entre Yahweh y malʾ āk yhwh en varios textos sea la expresión de una tensión o paradoja: la autoridad y la presencia de Yahweh en estos encuentros deben afirmarse, pero no es posible que los seres humanos tengan un encuentro directo (no-mediado) con Dios. (vol. 1, p. 250). Anchor Yale Bible Dictionary.

Et luego viene la joya: el Metatrón. Ese ángel que, según el Talmud, comparte el nombre de Dios. ¿Conclusión del video? ¡Trinidad confirmada! Porque si hay dos figuras clamadas “Jahón”, entonces deben eser personas de una misma esencia ¿Et por qué non cinco? ¿Por qué non veinte? ¿Dónde está el número? ¿Dónde está la estructura? Ah, pero eso non importa. Lo importante es que suene parecido.

La expresión šēm YHWH, al igual que penê YHWH, significa “Yahvé en persona”. Aquí también, por lo tanto, la frase debe interpretarse como una referencia a Dios manifestándose gloriosamente en la historia y en la creación. En consecuencia, Isaías 30:27 (“He aquí, el nombre de Yahvé viene de lejos”) debe entenderse como una referencia a Yahvé acercándose personalmente en juicio contra las naciones. Asimismo, Éxodo 23:21, que menciona de mensajero (malʾāk) de Dios, contra quien los israelitas no deben rebelarse “porque mi nombre (de Dios) está en él”, no puede ser citado como evidencia de que šēm YHWH sea una hipóstasis de Yahvé, ya que el ángel mismo es el representante de Yahvé. Así, la frase “porque mi nombre está en él” debe interpretarse como una referencia a la presencia personal de Dios en su mensajero. (Beer, HAT 3, 121, quien señala correctamente: “Así como un rey es percibido como personalmente presente en su emisario, así también Yahvé está presente en su ángel”). Theological Lexicon of the Old Testament.

La Memra, el Espíritu Santo, la Shejiná… todo se convierte en evidencia de una Trinidad que nihilo formuló, que nihilo enseñó, et que nihilo reconoció como tal en el mosaísmo antiguo en Jesús. Et Filón, pobre Filón, es arrastrado al escenario como el precursor involuntario del dogma cristiano. Que si el Verbo, que si el Espíritu, que si el Cristo… todo encaja, si uno cierra los ojos et aprieta fuerte la fe.

Así que sí, Juan Vergara, puedes seguir citando este video como si fuera el evangelio según YouTube. Pero lo que realmente demuestra es que, cuando uno quiere ver la Trinidad en los textos mosaístas, basta con reinterpretar, recortar, et revestir de auctoridad lo que nunca fue dogma. Porque si Elohim implica multiplicidad, ¿Por qué tendría que eser tres? ¿Por qué personas et no deidades? ¿Por qué non simplemente aceptar que los antiguos hebreos eran henoteístas, et que su pluralidad non tenía número ni estructura trinitaria?

Et si eso te parece irreverente, recuerda que la irreverencia es el primer paso hacia la honestidad intelectual. Porque entre la “Dioscidencia” et la evidencia, hay un abismo que ni el Metatrón puede cruzar.

Porque claro, si el título suena académico et el canal tiene fondo negro con letras blancas, entonces debe eser verdad. Filosofía inspiradora, dicen… aunque lo único que inspira es una eiségesis trasnochada con aroma ad superstición reciclado.

Veamos los versículos citados:

La mayor de las ironías —et aquí sí que hay que aplaudir el esfuerzo creativo— es que todo el edificio trinitario que el video pretende levantar se sostiene sobre ¡dos versículos bíblicos! Sí, dos. Como si bastaran dos ladrillos para construir un monasterio. Et lo más glorioso: ninguno de esos versículos dice que Dios sea tres personas. Ni lo insinúa. Ni lo sugiere. Ni lo sueña.

Éxodo XIV:I En greco de la Septuaginta: καὶ εἶπεν Κύριος πρὸς Μωυσῆν· ἀνάβηθι πρὸς Κύριον σὺ καὶ Ααρών, Ναδάβ, Ἀβιού, καὶ ἑβδομήκοντα τῶν πρεσβυτέρων τοῦ Ἰσραήλ.

El argumento del video: “¿Por qué Dios dice ‘Sube al Señor’ en vez de ‘Sube a mí’? ¡Debe haber más de una persona en Dios!” Respuesta sensata: O está fablando en tercera persona (como hacen los reyes, los poetas et los profetas), o está refiriéndose ad otra entidad divina (como el Metatrón, según el Talmud), o simplemente es una fórmula literaria. Pero de ahí ad decir que hay tres personas consustanciales… eso ya es gimnasia teológica. Et de la más acrobática.

Zacarías VI:XII En greco de la Septuaginta: καὶ ἐρεῖς πρὸς αὐτόν λέγων· τάδε λέγει Κύριος Παντοκράτωρ· ἰδοὺ ἀνήρ, Ἀνατολὴ ὄνομα αὐτῷ, καὶ ὑποκάτωθεν αὐτοῦ ἀνατελεῖ, καὶ οἰκοδομήσει τὸν οἶκον Κυρίου.

Aquí el video conecta esta figura del hombre nombrado “Oriente” con el Logos de Filón, y de ahí —con un salto triple sin red— con Jesús. Pero Filón mismo advierte que este título es “sumamente extraño” si se refiere ad un ente compuesto de cuerpo et ánima. Solo si se concibe como un “ente incorpóreo, en nihilo diferente de la Divina imagen”, puede aceptarse el nombre de Oriente. Et sí, Filón identifica este Oriente con el Verbo, el “primogénito” del Padre. Pero en ningún lugar dice que el Verbo sea una persona. Es una creación, cual emanación, una imagen, un principio racional. Et aun si concediéramos que el Verbo es una persona… ¿Por qué decir que es Jesús? ¿Dónde está la conexión explícita? ¿Dónde está la demostración? En ninguna parte. Solo hay suposición, extrapolación et mucha superstición.

62. Y he escuchado también de uno de los discípulos de Moisés el siguiente oráculo: "He aquí un hombre cuyo nombre es Oriente" (Zacarías VI, 12); título sumamente extraño, en verdad, si el ser que te representas fuere uno compuesto de cuerpo y alma. Pero si tienes presente que se trata de aquel ser incorpóreo, en nada diferente de la Divina imagen, convendrás en que el nombre de Oriente le ha sido asignado con sumo acierto. O elevación, o naciente. Obras completas, t. II

Así que non, Juan Vergara. Non basta con citar dos versículos et un par de frases de Filón pora demostrar que la Trinidad está en el Antiguo Testamento. Lo que hay aquí es una lectura supersticiosa que proyecta el cefaísmo sobre textos que non lo sostienen. Et si el Verbo es el Primogénito, eso non lo convierte en Jesús. Et si Tervagante dice “Sube al Jahón”, eso non face ad Dios en tres personas. Lo demás es eiségesis subida de tono, con la firma de charlatanes disfrazados de filósofos.

Porque si la Trinidad fuera tan evidente en los textos mosaístas, non haría falta este tipo de contorsiones. Bastaría con leger. Pero como non está, hay que inventarla. Et eso, amigos, es la diferencia entre revelación et reconstrucción.

Ah, et la joya numerológica del video de Juan Vergara… donde la Trinidad, esa fórmula supersticiosa de tres personas en una esencia, se convierte en una especie de revelación cabalística retroactiva. Et como si eso non bastara, el argumento estrella es que los judíos —sí, los mismos que levan centurias defendiendo el monoteísmo con uñas et dientes— “non tienen objeción teológica” ad la Trinidad ¡Qué maravilla! ¡Qué giro inesperado! ¡Qué falta de contexto!

El erudito citado, Benjamin Sommer, dice que “nosotros los judíos no tenemos ningún derecho teológico a objetar la Trinidad”. Et lo dice, claro, porque ha leído la Cábala. Et si la Cábala Fabla de que “diez es uno”, o “cien es uno”, entonces —¡Por supuesto!— tres también puede eser uno. Et si eso non es una licencia poética convertida en superstición, que venga Pitágoras et lo vea.

Porque si vamos ad jugar al juego de la aritmología mística, ¿Por qué quedarnos en tres? ¿Por qué non cuatro, como los querubines del carro de Ezequiel? ¿O cinco, como los libros de la Ley? ¿O seis, como los días de la creación? ¿O siete, como el número perfecto, el sello de la plenitud divina? ¿Acaso Dios non puede eser siete personas para confirmar que es perfecto? ¡Claro que sí! Et si seguimos la lógica cabalística, podríamos tener diez personas divinas, como los diez circos (Sefirot) del Leño de la Vida. O doce, como las tribus de Israhel. O setenta, como los ancianos que subieron con Moisés ¡Vamos, que Cielo es el límite!

Los cabalistas, esos trasnochados del misticismo, han abusado de pasajes bíblicos con una creatividad que haría sonrojar ad Pitágoras. Que si el valor numérico de Elohim es igual ad el de HaShem, que si la suma de letras de Bereshit revela el secreto del universo, que si cada circo es una manifestación divina distinta pero unificada… ¡una Trinidad es poco! ¡Eso es para principiantes! La Cábala lo leva “mucho, mucho más lejos que los papistas”, como dice el video. Et vaya que sí: de tres pasamos ad diez, ad cien, ad infinitas emanaciones ¿Et eso qué demuestra? Nihilo. Solo que la aritmología moseojesista es un juego de espejos donde todo puede significar cualquier cosa si uno lo desea lo suficiente.

Así que non, Juan Vergara. Non basta con decir que “diez es uno” para justificar que “tres es uno”. Et no basta con citar ad Sommer para afirmar que los talmudistas aceptan la Trinidad donde el Fijo es Jesús. Porque Sommer mismo admite que su conclusión le incomoda. Et porque la Cábala non es el mosaísmo normativo, ni es catecismo, ni es exégesis seria. Es mística, es poesía, es especulación. Et si vamos ad usarla como base teológica, entonces abramos la puerta ad una divinidad de mil personas, de mil números, de mil interpretaciones.

Lo que hoy denominamos en general monoteísmo no es más que un ideal que se persiguió una y otra vez, aunque raramente se alcanzó. Mientras que YHWH, el Dios tribal de Israel, nunca pudo imponerse sin oposición ni siquiera en la Biblia hebrea, las fuentes aquí discutidas prueban que también para el judaísmo posbíblico, hasta bien entrada la Antigüedad tardía, la idea de un único Dios es un ideal —no solo para los autores de la Antigüedad, sino también para los investigadores modernos— que no resiste una revisión imparcial. El cielo judío de ningún modo se conformó siempre con un solo Dios, sino que, a pesar de todas las tendencias en sentido contrario y de los múltiples intentos por mantener esas tendencias a raya, estuvo con frecuencia poblado por dos Dioses o por un número de poderes divinos. (p. 134). "Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

Et eso, amigos, non es monoteísmo, es monopoliteísmo. Es una feria de notas. Una danza de cifras. Una teología que avergonzaría al mismísimo Pitágoras por su falta de rigor. Porque si Dios puede eser tres, puede eser siete, puede eser diez, puede eser lo que quieras… entonces non estamos fablando de revelación. Estamos fablando de aritmología con pretensiones baratas. Et eso, por más “inspirador” que suene, non es filosofía. Es prestidigitación aritmológica.

Et non, non es que los talmudistas carezcan de objeciones —las tienen, et bien fundadas— non contra la ontología trinitaria en sí, sino contra la identificación papista del “Fijo” con ese rabí Jesús que, lejos de encarnar el bello Verbo que Celso admiraba o el principio persuasivo que Aristóteles definía, aparece en los evangelios lanzando ¡ay! et amenazas patéticas, en todo el sentido filologico et filosofico del adjetivo. Difícilmente puede considerárselo como el Verbo que ninguna criatura puede desobedecer, cuando su verborrea non convence por su forma, sino por su apelar al temor. Et eso, para los hombres libres de Europa, non es divinidad: es disonancia.

Así que, querido lector, si alguna vez te preguntaste cómo se construyen las supercherías incuestionables del papismo con citas fuera de contexto, con manuscritos invisibles et con lógica circular, este artículo es tu manual. Porque según Billuart, los mosaístas non solo estaban equivocados: estaban equivocados por non saber que estaban de acuerdo con él.

Et tú, Europa Ancestral, junto ad tu aljama papista repites estos argumentos como si fueran revelación, deberías saber que la teología non se impone con “Ergo”, ni con citas místicas, ni con silencios interpretados. Se construye con diálogo, con historia, con respeto por la diferencia.

La ciencia moderna barrió con gran parte del desorden cósmico, reduciendo radicalmente el número de personalidades divinas que antes se necesitaban para explicar cómo funcionaba el mundo. Como resultado, el dios de la imaginación monoteísta moderna es un punto solitario en un cielo metafísico relativamente despoblado. El mundo antiguo, en cambio, estaba lleno de dioses, y las personas que vivían en él —incluso los miembros de comunidades judías y cristianas— sabían que eso era así. Encontraban a esos dioses inferiores y sentían sus efectos con bastante frecuencia. Desarrollaron técnicas y protocolos rituales para hacer frente a ese hecho. Nosotros también lo haríamos mejor si se retirara el término “monoteísmo” como término técnico para pensar sobre la religión antigua. Conversión, nacionalismo, religio licita, monoteísmo. Creo que estos términos están maduros para el retiro. El problema con ellos, como espero haber demostrado, es que oscurecen más de lo que aclaran, usualmente porque nos invitan por el camino del anacronismo. Con demasiada facilidad permiten —o incluso fomentan— que proyectemos nuestros propios pensamientos y valores sobre los pueblos antiguos. Pero los muertos antiguos son radicalmente independientes de nosotros, y vivieron en un mundo distinto del nuestro. Los entendemos mejor cuando respetamos esa diferencia. (Paula Fredriksen, p. 38). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Porque si la Trinidad está en el Antiguo Testamento, entonces Dios se tomó su tiempo para explicarla. Et si non está, entonces quizás —solo quizás— non todos los textos deben legerse con gafas conciliares.

Ergo… piensa mejor.

Deuterotheos: Cuando eser el Verbo es eser el Segundón Mundano

Ah, los papistas… tan seguros de su Trinidad como si la hubieran encontrado escrita en piedra por Moisés en el Sinaí,et tan incómodos cuando aparece Filón de Alejandría con su elegante platonismo et su molesta doctrina del Deuterotheos, el “segundo Dios”. Porque si hay algo que descoloca al dogma trinitario, es que un judío helenizado del I diga sin titubeos que el Verbo non es el Dios supremo, sino su subordinado ¡Qué escándalo! ¡Qué herejía! ¡Qué inconveniente!

Los estudiosos han señalado la proximidad de la idea de Filón acerca del Logos con el prólogo del Evangelio de Juan: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas llegaron a ser por medio de él, y sin él no llegó a ser ni una sola cosa. En él estaba la vida, y la vida era la luz de todas las gentes. La única diferencia entre Filón y el prólogo del Evangelio de Juan es que en Juan, el Verbo se hace humano. [Solo si se postula que el Logos Eudiathetos se convierte en humano] Esto es absolutamente impensable para Filón, aun cuando algunos de los conceptos o imágenes que utiliza para el Logos —como el “Hombre según Su imagen” o “aquel que ve”— parecen jugar con esta idea. El judaísmo difícilmente podía acercarse más a aquello que se desarrollaría en la cristología. Por lo tanto, no resulta sorprendente que Filón no dejara muchas huellas en el amplio corpus de la literatura rabínica, y que sus escritos fueran olvidados o suprimidos hasta la temprana época moderna. Su verdadera carrera estaría en el cristianismo, con tal éxito que incluso fue visto como uno de los padres de la Iglesia. (p. 64). "Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

Porque si hay algo que les revuelve el cáliz, es que Filón —sí, Filón, el que vivió en Alejandría mientras Jesús predicaba en Galilea— diga sin pestañear que el Verbo es un segundo Dios, subordinado, funcional, et jamás coigual.

Filón, QG 2.62 ¿Por qué dice, como si hablara acerca de otro dios: “a imagen de Dios hice al hombre” (Gén. 9:6), y no [dice] “a su propia imagen”? Excelente y sabiamente se da este pronunciamiento oracular. Porque nada que sea mortal puede ser asemejado al Dios supremo y Padre del universo (πρὸς τὸν ἀνωτάτω καὶ πατέρα τῶν ὅλων), sino al segundo dios (πρὸς τὸν δεύτερον θεόν), que es su Logos. Pues era necesario que el elemento racional en el alma del hombre quedara marcado por el Logos divino, ya que el Dios anterior al Logos (ὁ πρὸ τοῦ Λόγου θεός) trasciende toda naturaleza racional. [Menudo guiño plotiniano] Era ilícito que cualquier cosa que haya llegado a existir fuera considerada semejanza de Aquel que existe más allá del Logos en el estado más excelente y trascendente. (1995, pp. 152-153). Philo and the Church Fathers, A Collection of Papers, David T. Runia.

¡Qué ironía! El mismísimo Filón, contemporáneo de Jesús, que respiraba el mismo aire del Mediterráneo oriental, que escribía mientras el jesísmo aún gateaba, es quien les desarma la Trinidad papista como si fuera un castillo de naipes. Et non lo face fuera de las escripturas, sino desde la filosofía. Desde la razón. Desde el platonismo.

Al igual que sucede en la heresiología cristiana, lo que no era más que una diferencia interna es redefinido como una contaminación procedente del exterior. En el caso del cristianismo, la negación de los dos poderes celestes (que recibirá los nombres de sabelianismo, modalismo o monarquismo; esto es, la afirmación de que no hay más que un único poder celeste) será oportunamente calificada de «judaísmo», lo que permitirá a los heresiólogos cristianos establecer una oposición binaria entre lo interno y lo externo, y deslegitimar así toda amenaza interna (los modalistas «sostenían que la potencia surgida del Padre se distingue de este, únicamente, en términos nominales»). En nuestro texto rabínico, la afirmación de que existen dos poderes celestes es excluida del judaísmo y calificada (si bien un poco, pero solo un poco oblicuamente) de «cristiana». La ortodoxa rabínica es, por supuesto, «modalista»: toda ambivalencia, toda diferencia interna a la naturaleza divina sugerida por la Biblia debe entenderse, según los rabinos, como una mera alusión a los diferentes aspectos del Dios único. (p. 138). Border Lines, The Partition of Judaeo-Christianity, Daniel Boyarin.

Filón non necesita concilios ni fórmulas latinas. Él dice lo que piensa: Dios es trascendente, y por eso necesita un intermediario. Ese intermediario es el Verbo ¿Et qué es el Verbo? El primer fijo, el segundo Dios, el segundón mundano. Non es el Ente, non es el Uno, no es el Padre. Es el ejecutor, el emisario, el que hace el trabajo mientras el Existente permanece en su trono de inefabilidad.

¿Qué se entiende por “divinidad”? Los textos judíos del Segundo Templo y los textos cristianos tempranos hablan de o implican dos tipos diferentes de divinidad. Uno es funcional. El “uno como hijo de hombre” en Daniel 7:13–14, “ese Hijo de Hombre” en las Similitudes de Enoc, y Jesús en algunos pasajes sinópticos son divinos en este sentido cuando ejercen (o se anticipa que ejercen) actividades divinas como gobernar sobre un reino universal, sentarse en un trono celestial, juzgar a los seres humanos en el tiempo final o viajar sobre las nubes, un modo típicamente divino de transporte. El otro sentido es ontológico (pero no en un sentido credal posterior). El himno en Filipenses 2 expresa este sentido al describir al Cristo preexistente como “en forma de Dios.” Entiendo esto como que era dios en apariencia o naturaleza, es decir, un ser celestial en oposición a un ser humano. Bautizar, sanar, exorcizar y profetizar en el nombre de Jesús puede implicar que Jesús “tiene autoridad trascendente.” Pero esa autoridad puede entenderse principalmente como funcional. En otras palabras, Jesús es invocado porque es el agente elegido de Dios. Dios elige otorgar el Espíritu y conceder el poder para sanar, exorcizar y profetizar mediante la mediación de Jesús. (Adela Yarbro Collins, p. 57). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Et ahí están los papistas, tratando de encajar ad Filón en su superstición como quien intenta meter ad Mercurio en una sinagoga. Clemente lo clama “el pitagórico”, Jerónimo dice que “Platón filoniza o Filón platoniza”, et Ambrosio lo plagia con la delicadeza de quien sabe que citar ad un mosaísta puede eser peligroso. Pero todos lo usan. Todos lo admiran. Todos lo necesitan. Porque sin Filón, el Verbo "non encarna". Non tiene predicamento. Non tiene esencia.

Tertuliano (ca. 160–220) e Hipólito (235) dedicaron sus energías a derrotar el gnosticismo y el marcionismo. Sin embargo, también se preocuparon por definir la naturaleza ortodoxa del cristianismo. Al hacerlo, en más de una ocasión fueron acusados por cristianos de tendencia modalista y monarquiana de creer en “dos dioses”. Ya en tiempos de Justino había cristianos que objetaban la idea de que el Logos fuera numéricamente distinto del Dios supremo. El primer teólogo de este tipo del que tenemos un registro significativo es Noeto de Esmirna. Hipólito nos dice que Noeto creía tan firmemente en la unidad de Dios que debía sostener que el Padre sufrió y padeció la muerte junto con el Hijo (patripasionismo). Para apoyo escriturístico, él y sus partidarios recurrían a algunos conocidos textos probatorios rabínicos: Ex 3:6, Ex 20:3, Is 44:6, Is 45:14s., y otros del Nuevo Testamento que implican la unidad de Dios. (p. 229). Dos poderes en el cielo, Alan F, Segal.

Pero claro, cuando Filón dice que el Verbo es subordinado, que es el segundo Dios, que non tiene la misma gloria que el Padre… entonces hay que reinterpretarlo, reconfigurarlo, et si es necesario, silenciarlo. Porque si se le escucha demasiado, se corre el riesgo de cader en el heterousianismo. Et eso, como sabemos, es el infierno teológico para cualquier papista con dignidad.

La exégesis de Filón, que al llamar al Logos “el segundo dios” subordina al Logos a Dios mismo de manera más clara que en cualquier otra parte de sus escritos, es sustancialmente reescrita por Ambrosio. Hay que coincidir con Savon en que la adaptación de Ambrosio, con su insistencia en la equivalencia del Padre y el Hijo, solo puede explicarse como una afirmación deliberada de la teología nicena frente a un texto filónico que da apoyo activo a una doctrina subordinacionista del Logos. La razón por la que podemos comparar el texto de Ambrosio con el original filónico es que ha sido preservado por Eusebio en su Preparatio Evangelica. Eusebio lo cita porque ilustra la “teología hebrea”, que él, como simpatizante de una teología (moderadamente) arianizante, encuentra favorable a sus propias opiniones. El peligro de la influencia filónica que Ambrosio necesita combatir, aun haciendo un uso tan extenso de sus escritos, era por tanto muy real. (1995, p. 153). Philo and the Church Fathers, A Collection of Papers, David T. Runia.

Et lo más glorioso: Filón non vivió en la centuría IV, ni en la centuría II. Vivió en la centuría I. Fue contemporáneo de Jesús. Es decir, mientras Jesús decía “bienaventurados”, Filón escribía sobre el Verbo. Mientras Jesús multiplicaba panes, Filón multiplicaba nociones. Et mientras los evangelios aún non se habían redactado, Filón ya había dicho que el Verbo era un segundo Dios.

Eusebio utiliza los gastados símiles de los apologistas: la relación del Padre con el Hijo es como la luz con su rayo, como la mirra con su aroma, como un rey con su retrato. Sin embargo, hay una diferencia importante que se subraya de manera suficiente: que, habiendo sido engendrado, el Hijo existe aparte del Padre en su propia esencia. No obstante, se le debe adoración como segundo dios porque el Dios mayor habita en Él, así como la imagen de un rey es honrada no por sí misma, sino por el rey. Por lo tanto, las palabras "Te conocerán, el único Dios verdadero" no pueden referirse al Logos o al Espíritu Santo, sino únicamente al inengendrado. Demostratio Evangelica, Eusebio de Cesarea; pag. 28.    

Su designación para guiar el Universo" (146 c); es decir, es divino tanto por esencia como por oficio. Eusebio utiliza los símiles trillados de los Apologistas: la relación del Padre con el Hijo es como la de la luz con su rayo, como la de la mirra con su aroma, como la de un rey con su retrato. Pero existe la importante diferencia, suficientemente enfatizada, de que habiendo sido engendrado, el Hijo existe aparte del Padre en su propia esencia (147). Sin embargo, se le debe adoración como δεύτερος θεός porque el Dios mayor habita en Él (226 d), como la imagen de un rey es honrada no por sí misma, sino por el rey. Así, las palabras: "Te conocerán, el único Dios verdadero", no pueden referirse al Logos o al Espíritu Santo, sino solo al Ingénito (231)Prueba del Evangelio, Eusebio de Cesarea; Rev. W.J.Ferrar.    

Verbo, vid. Cristo; la Imagen original de Dios 316c; la Segunda Causa (Eusebio) 320 c; enviado por el Mayor (Eusebio) 321 d; Segundo Dios (Filón) 323a; cómo lo considera Aristóbulo 324 a; en estrecha relación con el Padre (Eusebio) 325a; se comunica por el Espíritu 325 b; muchos testimonios 532a; la naturaleza según Filón 533b; el ‘Oriente’ según Filón 533d; en Platón 5384c; en Plotino 535b; en Numenio 536d; cómo se distingue del Primer Dios 537 b-539 a; en Amelio 540b; Su bondad (Numenio) 544 b; para ser considerado constantemente 685 a. Eusebio. Preparación para el Evangelio, Eusebio de Cesarea; Edwin Hamilton Gifford, traductor.

Así que non, el contexto inmediato de la Iglesia de Jesús non fue trinitario. Fue diteísta, fue Deuterotheos, fue el Verbo como segundón. Et si hoy se le clama “Dios”, es porque la teología fizo su magia. Pero si uno escucha con atención, aún se oye el eco de Filón: “el segundo Dios”. Et ese eco, por más que se intente silenciar, sigue resonando en los cimientos del jesísmo. Et los papistas, por más que lo intenten, non pueden convertir al segundón en el Supremo sin que Filón les guiñe desde Alejandría et les diga: “No tan rápido, amigos. Yo estuve allí primero.”

Eusebio recuerda con aprobación la descripción que hace Filón del Logos como 'el segundo Dios' (τὸν δεύτερον θεόν). 'El Dios anterior al Logos', dice, 'es mayor que cualquier naturaleza racional. No es justo que cualquier cosa producida (γεννητόν) se asimile a aquel que está más allá del Logos en el Ideal más alto y unívocamente existente (τινι ἐξαιρέτῳ καθεστῶτι ἰδέᾳ).' Un poco más adelante en la misma obra dice que la sustancia (ousia) del Logos viene en segundo lugar después de la del Padre, derivando su fuente de él y modelada según su imagen (ἀπεικονισμένη). Este Logos es jefe o rige sobre todas las cosas que han llegado a existir (γενητά), por lo que se le llama 'imagen' (εἰκόνα) de Dios y sabiduría y Logos. Primero es el 'inefable e infinitamente grande (ἀνεκφράστου καὶ ἀπειρομεγέθους) poder del Dios del universo', y luego 'viniendo a continuación (δευτερευούσης) después del Padre el poder, a la vez creador e iluminador, del Logos divino.' En la Demonstratio aparece la misma drástica subordinación y distinción del Hijo. Moisés, dice Eusebio, llama a Cristo 'a veces Dios y Señor, a veces el ángel de Dios, estableciendo directamente que éste no era el Dios supremo, sino un segundo, llamado Dios y Señor de los temerosos de Dios, pero mensajero (angelos) del Padre supremo.' La mayoría de las epifanías de Dios en el Antiguo Testamento son de este segundo Dios. (pp. 48-49). The Search for the Christian Doctrine of God, The Arrian Controversy.

Ah, qué glorioso espectáculo el que nos ofrece la teología cristiana primitiva, esa que aún no sabía si estaba fundando una religión o escribiendo una tragicomedia metafísica. Porque antes de que Nicea viniera con su martillo dogmático a golpear la mesa y declarar que Dios es uno en tres personas, lo que teníamos era algo mucho más sabroso: un contexto diteísta, una estructura de dos divinidades, donde el Verbo —ese Logos tan venerado por los filósofos y tan maltratado por los predicadores— no era más que un segundón cósmico, un Deuterotheos, el Dios subordinado.

Por una admirable convergencia de intereses, no obstante, la ortodoxia nicena también «crucificará al Logos». Aunque Atanasio y sus colegas no dejarán de referirse a él, insistirán, en su apuesta por una teología trinitaria para la que la propia Trinidad es a la vez autosuficiente y trascendente, en que Dios y solo él es el Creador, sin necesidad de ángel o mediador alguno, esto es, sin necesidad de un Logos. En último término, la teología del Logos es rechazada tanto por el cristianismo niceno como por la ortodoxia rabínica. (p. 139). Border Lines, The Partition of Judaeo-Christianity, Daniel Boyarin. 

Filón de Alejandría, ese sabio judío que platonizaba con más elegancia como los propios grecos, lo dejó clarísimo: el Verbo es un “segundo Dios”. Non coigual, non consustancial, non eterno en el mismo sentido que el Padre. Es el emisario, el administrador, el que face la labor sucia de la creación mientras el Ente permanece en su trono de inefabilidad. El Verbo es el “primer fijo”, sí, pero como todo fijo en las tragedias romanas, vive ad la umbra del padre familiar.

La proximidad de las ideas binitarias del judaísmo antiguo precristiano con los pensamientos e imágenes que se encuentran en el Nuevo Testamento es evidente. No se trata meramente de un asunto de paralelos, y mucho menos de ecuaciones, sino más bien de la comprensión fundamental de que el judaísmo del Segundo Templo preparó el sustrato del cual el Nuevo Testamento podía nutrirse. El hecho de que esto, además de muchos otros temas, también se aplique a la noción de un “segundo” Dios junto al “primer” Dios es una comprensión que solo lentamente comienza ganar aceptación. (pp. 135-136). Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

La Iglesia primitiva, lejos de rechazar esta noción, la absorbió con entusiasmo. Clemente, Justino, Orígenes, Jerónimo, Ambrosio, Isidoro… todos ellos bebieron de Filón como si fuera el manantial de la sabiduría. Lo citaron, lo copiaron, lo veneraron. Et aunque luego se esforzaron posteriormente encajar sus nociones en el molde trinitario, lo cierto es que el Verbo de Filón nunca fue una persona divina coigual. Fue un principio racional, una imagen, una substancia funcional. Et si Jesús fue identificado con ese Verbo, entonces fue identificado como el segundo, non como el primo.

Filón fue recogido por la tradición cristiana primero y particularmente por la alejandrina, así por ejemplo Clemente de Alejandría hablando de Cristo, desde la óptica del Logos celeste (λόγος οὐράνιος), dice a propósito de la fábula de la cigarra que salta al compás de la música: “Así pues, el canto puro, soporte del universo y armonía de todos los seres, extendiéndose desde el medio hasta los extremos y desde los extremos hasta el medio, ha afinado el conjunto” (Protr. 5.2). El final de esta cita está tomado literal de Filón. Esta fórmula en efecto hace eco del texto filónico de Plant. 9, en el cual Filón desarrolla su teoría del Logos inmanente, es decir, el logos perpetuo (ἀίδιος) y eterno (αἰώνιος) de Dios, que es el más fuerte y firme apoyo (ἔρεισμα), aquél que se dirige “desde el centro (ἀπο τῶν μέσων) hacia los extremos (ἐπὶ τὰ πέρατα) y desde los extremos (ἀπὸ τῶν ἄκρων) hacia el centro”. Él es apoyo de todo, pero en este caso visto desde una óptica no cristiana. La noción del logos como mediador en el pensamiento de Filon de Alejandría.

Pormenores de la demostración tan minuciosa y confusamente conducida por San Justino. La argumentación puede resumirse así: La Escritura nos habla de haberse Dios aparecido a Abrahán bajo la encina de Mambre, a Jacob en ocasiones varias y a Moisés en la zarza ardiendo; ahora bien, ese Dios que, sin dejar de serlo, recibe a veces el nombre de Ángel del Señor, no puede ser el Dios Supremo, Hacedor del universo -fuera absurdo suponer que deja El su morada supraceleste para venir a hablar con un hombre en un rincón de la tierra-; luego es "otro Dios" que está, como mensajero, al servicio del supremo Hacedor del mundo, por encima del cual no hay otro Dios algunoEsta teoría o exegesis, propia de San Justino, pudo seducir a algunos insignes sucesores suyos, Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Hilario, Teodoreto; pero ya San Agustín repudia esta interpretación y Santo Tomás le rechazará con firmeza. Padres Apologistas Griegos, Daniel Ruiz Bueno.

Orígenes: ¿Es cierto entonces que existía un Dios, el Hijo de Dios, el unigénito de Dios, el primogénito de toda la creación, y que no debemos temer decir que en un sentido hay dos Dioses, mientras que en otro hay un solo Dios? Heraclides: Lo que dices es evidente. Pero nosotros afirmamos que Dios es el todopoderoso, Dios sin principio, sin fin, que contiene todas las cosas y no es contenido por nada; y que su Verbo es el Hijo del Dios viviente, Dios y hombre, por quien fueron hechas todas las cosas, Dios según el espíritu, hombre en cuanto nacido de María. Orígenes: Parece que no has respondido a mi pregunta. Explícame lo que quieres decir. Quizá no te haya entendido. ¿Es el Padre Dios? Heraclides: Por supuesto. Orígenes: ¿Es el Hijo distinto del Padre? Heraclides: Por supuesto. ¿Cómo puede ser Hijo si también es Padre? Orígenes: ¿El Hijo, siendo distinto del Padre, es también Dios? Heraclides: Él mismo es también Dios. Orígenes: ¿Y dos Dioses se convierten en una unidad? Heraclides: Sí. Orígenes: ¿Confesamos a dos Dioses? Heraclides: Sí. El poder es uno. (p. 381). The Rise of Christianity, William H.C. Frend.

Fue en el siglo II cuando, poco a poco, fue surgiendo la doctrina de la fe en el Espíritu Santo. Un teólogo como Tertuliano subordinaba el «Espíritu» al «Hijo», igual que a éste lo colocaba bajo el «Padre». Y lo mismo hay que decir de Orígenes, que prohibió la adoración de la tercera persona divina, al igual que ya antes lo había prohibido el padre de la Iglesia Clemente de Alejandría. Y refiriéndose al inicio del siglo III escribe el teólogo Harnack, «apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Incluso en los textos del Nuevo Testamento, el subordinacionismo está por todas partes. Jesús ora ad el Padre, obedece ad el Padre, se somete ad el Padre. En Filipenses, se “vacía” ad sí mismo. En Colosenses, es la “imagen” del Dios invisible. En Juan, “el Verbo era por Dios”, pero non era Dios en el sentido absoluto. Era Dios en el sentido funcional, operativo, derivado. Et si eso non es diteísmo, entonces que venga Marción et lo corrija.

Los Padres de la Iglesia lo sabían. Por eso lucharon contra el heterousianismo, por eso redactaron credos, por eso persiguieron herejías. Porque el contexto original non era trinitario: era diteísta, subordinacionista, filoniano. Et el Verbo, lejos de eser el Dios eterno, era el instrumento del Dios eterno. Un segundo Dios, sí. Pero siempre segundo.

Constantino, la misma esencia personal del mal: Cómo la Trinidad se Volvió Tres Veces Incuestionable

Para el cristianismo primigenio las ideas trinitarias eran totalmente extrañas. Claro está, Jesucristo nada sabía de esto. Fue Mateo quien por primera vez puso en boca del “resucitado” el supuesto mandato del bautismo: “Id y enseñad a las gentes y bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo…”, según información de la teología crítica se trata de una falsificación. Tampoco en Pablo se da una doctrina sobre la trinidad, ni alusiones trinitarias. Y en la Biblia se atestigua el dogma de la trinidad tan escasamente que, por eso mismo y probablemente en el siglo IV, se dio una de las falsificaciones más conocidas del Nuevo Testamento, la denominada “coma joánica” (Comma Johanneum) que consistía en modificar en varios códices la colocación de la coma de la primera Carta de Juan (1J. 5, 7): “Tres son, los que atestiguan: El espíritu, el agua y la sangre, y los tres son uno” cambian por: Tres son, los que dan testimonio en el cielo, el Padre y la Palabra y el Espíritu Santo, y estos tres son una misma cosa. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner

Y como en el cristianismo nada es original, tampoco lo es la doctrina de la trinidad. Hubo trinidades en el hinduismo, en el budismo…, así como en todas las grandes religiones helénicas. Hubo una teoría trinitaria de Apis y Sarapis; hubo una trinidad en la religión dionisíaca: Zagreus, Fanes y Dioniso; hubo una trinidad capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. También en la época poscristiana prosiguieron parecidas asimilaciones, sonaron imprecaciones como: «Uno es Bait, uno es Ator, ambos son una fuerza, uno es Acorio tu querido padre del universo, querido Dios triforme». O: «Uno es Zeus, Sarapis y Helios Hermanubis». O: «Uno es Dios: Zeus-Mitra-Helios, el dominador invencible del mundo». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Ah, Constantino… ese augusto que non contento con conquistar Roma, decidió también conquistar ánimas jesístas. Et como buen estratega imperial, non lo fizo con milagros ni parábolas, sino con decretos, concilios et amenazas de destierro. Porque si Jesús predicaba con humildad, Constantino legislaba con gladio. Et así, entre mármoles et mitras, nasció el concilio niceo: non como revelación divina, sino como movida cívica de alto calibre, digna de un César con complejo de teólogo.

Constantino se vio obligado a intervenir en las luchas internas, de carácter teoló­gico, de la Iglesia, para lo que no estaba preparado. Convocó y presidió el concilio de Nicea para solucionar el problema arriano. Puso el brazo secular al servicio de la or­todoxia. La intervención de Constantino no solucionó el problema de arrianismo. Las disputas arianas hicieron cambiar de postura al obispo Osio, al que la iglesia hispana tuvo que expulsar. Constantino se consideraba el obispo de los defixera, de los que no eran clérigos, de los laicos, de los paganos y cristianos al mismo tiempo. Un año después de Nicea, Constantino, según el pagano Zósimo (2,29), se convirtió al cristianismo, aunque se hizo bautizar por un obispo arriano, Eusebio de Nicomedia, poco antes de morir. En el año 335, Constantino exilió a Tréveris a Atanasio, el prin­cipal defensor de la ortodoxia cristiana. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Mientras tanto, el emperador Constantino veía con malos ojos que la religión que él había escogido como aglutinante de las diversas poblaciones del Imperio se viera envuelta en disensiones, lo que suponía un ataque directo a sus propósitos de unidad. Apoyado por Osio de Córdoba, su consejero en temas de religión y enemigo acérrimo de las tesis arianas, y por el entonces obispo de Roma, Silvestre, pensó que debía convocarse a toda prisa un concilio ecuménico —es decir, de todo el Imperio—, pero en Oriente, ya que allí era donde todos los jerarcas de la Iglesia andaban revolucionados con las ideas de Arrio. Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero.  
Constantino, que nunca se bautizó y ni siquiera fue reconocido como catecúmeno, posibilitó el que la Iglesia declarase uno de sus dogmas importantes. Según el historiador de la Iglesia católico H. J. Vogt, el emperador insistió en virtud de su experiencia política —es decir, en base a sus vivencias como soberano y estratega— en que el Hijo de Dios no fuera considerado como entidad inferior a la de Dios-Padre, sino que fuera equiparado a él en naturaleza y dignidad. El Concilio de Nicea, que hizo suyo este punto de vista, enseña, bajo amenaza de excomunión, que el «Señor», Jesucristo, es «consustancial» al padre. Y es ese «credo» constantiniano el que se sigue recitando maquinalmente hasta hoy. El emperador, autoridad no bautizada en cuestiones de fe, procuró que así fuera y tenía sus motivos. No es que le interesara en especial la fórmula dogmática. Su propósito era que la dignidad del Hijo no cediera un ápice respecto a la del Padre, pues había conseguido sus victorias bajo el signo de la cruz y el Hijo que murió colgado de ella no podía ser ya un dios subordinado. Un dios de segundo rango como victorioso protector del regente era algo impensable. Era preciso que por parte de todos los pueblos sojuzgados por el imperio —pueblos que profesaban distintas religiones— Constantino fuera reconocido como aquel a quien el Dios supremo, el Hijo «consubstancial» al Padre, asistía en todos sus actos. Que semejante dogmática política exigiera el precio de desencadenar guerras de religión y sacrificar multitud de «herejes» (arrianos), eso le parecía una bagatela. Él obtenía lo que quería y los cristianos obtenían su dogma. El Anticatecismo, Karlheinz Deschner & Horst Herrman.

La Trinidad papista, esa superstición que hoy se recita como si fuera dictada por el Espíritu Santo en latín eclesiástico, non fue revelada en el monte ni escrita en las nubes. Fue fabricada en Nicea, so la mirada severa de Constantino, que aún ni siquiera se había bautizado.

Orígenes (c. 185-253), desde su escuela teológica superior de Alejandría, lanzó una concepción trinitaria, claramente influida por el platonismo medio, en la que la distinción entre las personas predominaba aún respecto a la de su sustancia divina y se establecía una clara relación de subordinación entre ellas. Sólo el Padre, cuya acción se extiende a toda la realidad, es Dios en sentido estricto, en cuanto es el único «no-generado»; el Hijo, el Verbo que actúa como intermediario entre Dios y la multiplicidad de los seres espirituales creados, ha sido generado y, por esta razón, es un Dios secundario cuya acción está limitada a los seres racionales; el Espíritu Santo deriva del Hijo y sus atributos distintivos y extiende su acción sólo a los santos. Esta tesis de Orígenes —sacerdote que fue reducido al estado laical por haber sido ordenado irregularmente— acabaría siendo la base fundamental sobre la que, con notables retoques, se construirá la doctrina trinitaria cristiana asentada en el siglo IV. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Porque antes de Nicea, el jesísmo era un carnaval de interpretaciones. Jesús fablaba del Reyno, non de la ousía. Saulo predicaba ad Jesús crucificado, non ad tres substancias equiesenciales. Et el Espíritu Santo… bueno, el Espíritu era más bien un susurro, una fuerza, una inspiración. Nihilo sabía muy bien qué facer con él. Tertuliano lo subordinaba al fijo, et al fijo lo subordinaba ad el Padre. Orígenes directamente prohibía su adoración, igual que Clemente de Alejandría. Et como bien señala el teólogo Harnack, ad inicios de la centuria III “apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo” ¡Qué incómodo para los papistas!

Et mientras el Espíritu Santo iba ganando protagonismo —aunque nunca tanto como el fijo— los rabís jesístas empezaban ad sufrir dolores de cabeza: ¿Cómo se comporta un Dios respecto al otro? ¿Cómo se relaciona un espíritu con otro espíritu? ¿Cómo se explica que el Padre sea Dios, el Fijo sea Dios, et el Espíritu también… sin que haya tres dioses? Mucha tela que cortar, et poco orden que coser.

Cuando el teólogo católico Hans Küng se cuestiona la razón por la que la Trinidad no aparece como artículo de fe en el Credo, se responde a sí mismo: «La investigación histórica aporta, en efecto, un resultado curioso: la palabra griega trias aparece por primera vez en el siglo II (en el apologista Teófilo), el término latino trinitas, en el siglo III (en el africano Tertuliano), la doctrina clásica trinitaria de “una naturaleza divina en tres personas” no antes de finales del siglo IV (formulada por los tres padres capadocios Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa). La festividad de la Trinidad —que tuvo su origen en Galia y que en un principio fue rechazada por Roma como “celebración de un dogma”— no fue declarada de obligatoriedad general hasta 1334, en la época del destierro de Aviñón, por el papa Juan XXII. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

Hans Küng lo dijo sin rodeos: el verbo trias aparece recién en el siglo II, trinitas en el III, et la doctrina clásica de “una naturaleza divina en tres personas” non se formula hasta finales del IV. La festividad de la Trinidad, rechazada por Roma en sus inicios, non fue obligatoria hasta 1334, cuando el papa Juan XXII la decretó desde Aviñón ¡Más de mil años después de Jesús!

Et mientras los papistas siguen defendiendo su Trinidad como si fuera revelación eterna, Filón sonríe desde Alejandría, Jesús salva silencio desde Galilea, et Constantino se ríe desde su mausoleo, sabiendo que su fórmula —más humana que divina— sigue principando los altares. Porque si el Verbo se fizo carne, la superstición se fizo decreto. Et eso, amigos, es la vera consubstancialidad: Entre la potestad et la superstición.

Ah, Constantino… ese augustillo que non solo se metió en los asuntos celestiales con la sutileza de un legionario en una biblioteca, sino que además convirtió la teología en una ferramienta de la Ciudad. Porque si el Principado se tambaleaba, ¿Qué mejor que una Iglesia unificada para apuntalarlo? Et si los jesístas eran vistos como sediciosos, ¿Qué mejor que convertirlos en aliados? Pero claro, para que eso funcionara, había que darles una doctrina sólida, una tradición uniforme, una doctrina bien cocida. Et así nasció el homoousismo: Non por revelación, sino por necesidad principal.

Constantino non era teólogo, pero sí un magíster del pragmatismo. Su obsesión por la unidad de la Ciudad era total: Cívica, militar, económica, administrativa… et, por supuesto, cultural. Porque si los jesístas se peleaban entre sí —como bien denunció Celso, ese filósofo que los acusó de romper la unidad del Reino de Dios— entonces había que imponerles una tradición común. Et si eso requería redefinir la cultura jesísta, pues que se redefiniera ¿Quién iba ad contradecir ad el Príncipe?

Aunque quizás Constantino no dirigiera las sesiones―un problema sobre el que se ha discutido mucho―, lo que sí hizo fue determinar su curso y tomar las decisiones; para ello se aseguró de tener la mayoría, e incluso impuso la fórmula decisoria, es decir, presentando las propuestas y haciéndolas después prevalecer; esto no solamente era un método que los participantes no defendían, sino que la Iglesia de Oriente, en el sínodo de Antioquía del año 268, lo había condenado como “herético”. Esa fórmula era el concepto algo cambiante (que significa igual, idéntico, pero también similar, del griego homos) del homoúsios, de la homousía, la igualdad de las naturalezas del “Padre” y del “Hijo”, “un signo de antagonismo frente a la ciencia, que pensaba por los derroteros de Orígenes” (Gentz). En la Biblia no se hace ni una sola mención al respecto. Esa consigna ― que como es notorio el propio emperador había formulado ― se oponía a las creencias de la mayoría del episcopado oriental, aunque procediera de la teología gnóstica. También la habían utilizado ya los monarquianos, otros “herejes” (antitrinitarios). Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

La controversia arriana fue el detonante perfecto: ¿Jesús es igual al Padre o subordinado? ¿El Verbo es eterno o creado? ¿El Espíritu Santo es persona divina o brisa teológica? Nihilo lo sabía con certeza, et los debates amenazaban con desgarrar la Iglesia como si fuesen cuchillos en carne de incuestionabilidad. Así que Constantino, el tres veces mala persona, convocó el Concilio de Nicea —sí, él, el Príncipe, et non el papa, que ni pintó ni asistió— et presidió con pompa imperial aquel sínodo que abrió sus puertas el vigésimo día de mayo del año de la Era Vulgar CCCXXV. Corrió con los gastos, eligió los obispos (entre CCXX et CCCXVIII), fijó los temas, dirigió las sesiones, et ratificó los decretos como si fuese obispo de los asuntos exteriores, que así se clamaba ad sí mismo. Impuso el famoso homoousios —“de la misma esencia”— entre el Padre et el Fijo, aunque ni los obispos lo querían, ni los teólogos lo defendían, ni los evangelios lo cognoscían. Una fórmula que la Iglesia de Oriente había ya condenado por heterodoxa, pero que se firmó so amenaza de exilio. Porque cuando el Augusto fabla, hasta los ángeles se cuadran. Et los impíos padres, que non tienen nihilo de santos, obedecieron sin chistar. Así se selló la tradición de Nicea, non por revelación, sino por decreto romano. Et así quedó claro que en aquel centuría IV, el poder sinodal non moraba en Jerusalén, sino en Roma ¿Et por qué lo fizo? Porque el jesísmo era un desorden: cada obispo con su jesucristología, cada comunidad con su tradición "apostolica", et cada heresiarca con su propia versión del evangelio. Celso ya lo había delatado: “Ese espíritu de facción es tal aun hoy entre los cristianos, que, si todos los hombres quisieran tornarse cristianos, éstos no lo tolerarían.” Et Constantino, que non toleraba el desorden ni en las calles ni en los cores, decidió poner orden. Ad martillazos incuestionables.

Et non era sólo cuestión de teología, sino de cívica principal . Porque aquella superstición jesísta, que en sus orígenes se arrastraba por catacumbas et callejones, había florecido en las urbes mayores —Roma, Alejandría, Antioquía— como hiedra sin poda, et comenzaba ad dividir non sólo ad el vulgo, sino a los patricios. La aristocracia romana, antaño unida por el culto ad los dioses capitolinos, se hallaba ahora fragmentada entre obispos rivales, entre tradiciones contradictorias, entre credos que se anatematizaban mutuamente. Et Constantino, que non era teólogo ni rabino, pero sí príncipe, vio en ello un peligro para la paz romana.

Porque ¿Cómo principar un Reino donde cada urbe tiene los sus rabinos, cada senador su obispo, et cada matrona su doctrina revelada por sueños y visiones? ¿Cómo sostener la unidad cuando el Vino del Anticristo se multiplica en versiones como si fuese moneda falsa, et el Nehustán se convierte en signo de discordia? El jesísmo, que prometía salvación, traía consigo división, facción, et una hidra de credos que ni Hércules podría decapitar. Et el Augusto, que non toleraba el desorden ni en los foros ni en los fanos, decidió que tal secta debía tener una sola voz —aunque fuese impuesta por decreto, por fuego, o por exilio.

Et fue Constantino, el tres veces mala persona, quien convocó el concilio, non el que calienta la sede de Cefas, que en su aljama romana desviaba mujeres, niños et gente ignota, buscando cómo atraer más ánimas crédulas ad su redil. El príncipe, atento cual Celso ad el espíritu sedicioso que anidaba en los seguidores del Anticristo Jesús, se comprometió en facer del jesísmo una religio licita domesticada, o ad el menos evitar que sigan brotando antinomianistas, anticosmicistas irreligiosos que negaban el Mundo, la Ley et el Verbo.

El Concilio de Nicea fue un acto de piedad por la unidad religiosa del mundo romano que la secta mosaísta de Jesús amenazaba, una muestra de ingeniería cívica. Una tentativa de convertir la superstición subversiva en una religión licita. Una maniobra para que los obispos, esos genios malignos, que ya influían en los cores de las masas, non dividiesen también los cores de la civilidad. Porque el jesísmo, si non se unificaba, podía convertirse en el cáncer de la administración. Et Constantino, fecho un antihéroe, que sabía de pugnas más que de evangelios, prefirió cortar por lo sano: homoousios, exilio, et silencio.

Así, Constantino, nuestro antihéroe, —que se decía obispo de los de fuera et apóstol número trece— presidió el Concilio de Nicea con pompa latina, sentado lejos de los obispos pero lo suficientemente cerca para mandar quemar los escriptos que non le agradaban. Decidió ad favor de Atanasio et la binidad del padre con el fijo., impuso el homoousios como incuestionable, et refrendó la doctrina con el sello de la Romania. Porque para él, un cisma dentro de la Iglesia non era simplemente peor que una guerra civil: era su germen más insidioso. Cada nueva secta, cada escisión delirante, cada doctrina irreligiosa que brotaba como fongo tras la pluvia, amenazaba con desgarrar non sólo la doctrina de Jesús, sino el tejido mismo del Imperio. Era necesario sanar el jesísmo —ese engendro de contradicciones et visiones privadas— lo suficiente como para que dejase de dividir gentes, urbes, et cores, tal como aquel viperino Jesús, con su espada disfrazada de paz, deseo. Et Constantino, que non calentaba la sede de Cefas sino el trono de los Césares, lo entendió con claridad romana: la unidad religiosa non era cuestión de lo que dicta la insana Biblia, sino de orden civil.

Constantino se convirtió al cristianismo únicamente para obtener el perdón por su acción, y el emperador Juliano, en su sátira César, lo representa vagando por el cielo en busca infructuosa de un dios que lo ayudara; solo Jesús le ofreció el perdón. El historiador cristiano Sozomeno se tomó la molestia de refutar la historia de su tardía conversión, que claramente surgió de la hostilidad pagana. "El Imperio Romano Tardío, 284-430 d.C.", Averil Cameron.

Mas la radiz del problema era más profunda. Porque el jesísmo, que nasció entre siervos et libertos judíos, se había infiltrado en las gentes de los nobles, en los salones de los cultos, en los cores de los senadores. Lo que comenzó como superstición de la fez del vulgo, se tornó en tradición de los doctos, de los felices, de los ambiciosos. Clemente escribía para los doctos, Orígenes judaizaba ad el Verbo, et los simonianos —los más cultos et refinados— debatían sobre siglos et plenitudes como si fuesen filósofos del Liceo.

Lo que parece haber marcado el punto de inflexión fue la comprensión de Constantino de que la autoridad de los obispos podía utilizarse en apoyo del imperio. Sin embargo, no supo apreciar lo irreconciliables que se habían vuelto las disputas doctrinales entre los obispos, y su esperanza de que la Iglesia, como cuerpo unido, se integrara en la estructura del Estado mediante el mecenazgo, las exenciones fiscales y la tolerancia pronto se reveló como una quimera. «Vosotros [los obispos] no hacéis más que fomentar la discordia y el odio y, francamente, conducir a la destrucción de la raza humana», exclamó indignado. De ahí su iniciativa de convocar el Concilio de Nicea para definir e imponer una doctrina común. La historia teológica del siglo IV se centra en gran medida en los emperadores, sometidos a una inmensa presión por parte de los invasores, intentando establecer una base de ortodoxia que les permitiera preservar una sociedad unida. El asediado Teodosio finalmente impuso la ortodoxia nicena por decreto imperial y, a diferencia de sus predecesores, actuó con vehemencia para aplastar a los cristianos y a otros que continuaban oponiéndose a ella. En este caso, la política se impuso a la teología. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Et cuando la execrable superstición plegó ad la corte, el ludo cambió. Valeriano lo vio, et por eso persiguió ad los jesístas de toga et caballo. Pero fue Constantino quien lo comprendió: que el jesísmo debía eser religioso, util ad la ciudad, et sobre todo para él mismo. Así lo convirtió en soporte demagógico de la religión romana, nombrando jesístas en cargos, premiando urbes que se convertían, et elevando obispos como si fuesen prefectos. Su fijo, fanático de la superstición del Nazareno, continuó la obra. Et la Iglesia papista, feliz et hábil, se vertió en latifundio (es decir en clero), en administradora, en heredera impura de la Romania.

Et así, lo que fue fe se tornó carrera. Los obispados se plenaron de proceres, las conversiones se forzaron en Oriente, et los filósofos fueron silenciados, torturados, o convertidos por decreto. La misa papista se metio, con incienso, agua bendita, vestiduras sacerdotales, et arquitectura grecolatina. El Pontífice Máximo ya non era el Augusto, sino el sarraceno Cefas. Et la ley romana se tornó canónica.

Todo esto ocurrió en un contexto de decadencia, sí, pero non una decadencia noble como la de los héroes caídos en batalla, sino una decadencia tibia, cómoda, perfumada por el ocio. Tras centurias de conquista, tras victorias que plenaron los graneros et vaciaron la ánima, los patricios romanos —esa clase que antaño fundaba colonias et dictaba leyes— se tornó en una grey de estómagos satisfechos et espíritus vacíos. Corrupta, aburrida, carente de aquella voluntad de potencia que distingue ad los hombres sanos et fuertes, se entregó ad la disipación como quien se entrega ad un vino barato: Sin resistencia, sin dignidad.

Esa disipación, que la modernidad nombra nihilismo, esa peste de la ánima que murmura que nihilo importa, que todo está permitido, que vivir es un accidente et luchar un capricho, se propagó como peste entre los salones marmóreos. Desesperación, apatía, hedonismo, egoísmo, inacción: las notas eran visibles en cada toga arrugada, en cada senador que prefería el incienso de los sacramentos orientales ad el sudor del foro. Et en ese vacío, en esa renuncia ab el mundo, el jesísmo encontró su oportunidad.

Porque cuando la ánima ya non fía en sí misma, cualquier promesa de un Edén basta. Et el jesísmo, astuto como serpiente, ofreció non virilidad, sino compasión; non tenacidad, sino caridad, et obediencia pasiva et mansa propia de la grey ovina. Sedujo primo ad las fembras—¡oh, las matronas romanas, que antaño ofrecían libaciones ad Vesta et ahora ploraban por un sarraceno un madero!— et luego ad los varones, que ya non sabían si eran milites o siervos. Los colegios de impostores abundaban, los falsos magestros se multiplicaban, et los hombres se debilitaron, se desmoralizaron, se entregaron.

Los patricios, hartos del absolutismo et del ejército, buscaban sentido en lo privado, en lo invisible, en lo que non exige acción sino fe. Et así, el jesísmo mató el espíritu público romano, ese que construyó acueductos, fundó urbes, et escribió leyes. Lo reemplazó por una indiferencia peligrosa, por una mirada perdida en el más allá, por una renuncia ad el aquí. Para los gentiles, los jesístas eran indolentes, criminales, ajenos al bien común. Et non porque fuesen malvados, sino porque eran supersticiosos.

¡Ah, Roma, madre de santos et de glorias, qué afrenta has sufrido! Que Jesús, ese mosaísta sin toga ni cítara, haya trepado por los pasillos del Palatino como hiedra en mármol, es res que ni Júpiter en su cólera habría tolerado. Et sin embargo, ahí estaban, esos patricios corruptos: Flavio Clemente, sobrino del divino Domiciano, et su esposa Domitila, convertidos en adoradores de supersticiones judaicas, como si el Capitolio non tuviese ya suficientes altares ¡Et eso en el año XCV! ¡Ni una centuría había pasado desde el divo Augusto, et ya su cultura era desterrada por sus propios sobrinos!

Luego vino Marcia, amante del augustillo Cómodo —sí, ese que creía eser Hércules pero terminó como interfecto de su propia insania—, et ella, filojesista, susurrando salmos en vez de versos de Ovidio. Julia Mamea, madre de Alejandro Severo, invitando ad Orígenes como si fuese Sócrates redivivo. Prisca et Valeria, esposa et fija de Diocleciano, catecúmenas en secreto, degolladas por traicionar la Ley de Rómulo ¡Qué espectáculo! ¡Ni las vírgenes vestales se atrevían ad tanto!

Et luego, el magno golpe, el consabido: Constantino, príncipe por la potencia de la cruz de Sol Invicto (aunque vendió la versión que fue la del Anticristo Jesús), es decir Apolo et Victoria, que en vez de levantar fanos ad Juno, convocó el Concilio de Nicea como si su sede fuera la de Cefas. Impuso el homoousios, esa fórmula que ni Apolo entiende, et lo fizo con tal pompa que hasta los obispos se cuadraron como legionarios. Et su fijo, pervertido por los obispos, fanático de la nueva fe, convirtió el púlpito en trono, et el trono en púlpito ¡Ave Jesus, morituri te salutant!

¿Et qué decir de Gala Placidia, Pulquería, Marciano, Antemio? Todos ellos, principes et principesas, que en vez de consultar los auspicios, se postraban ante obispos con túnicas más doradas que las de los flámenes ¡Roma principada por catecúmenos! ¡El Principado so el yugo del Nehustán!

Et non sólo el geno principal. La aristocracia, esa que antaño recitaba ad Virgilio et sacrificaba toros ad Mitra, ahora se convertía por conveniencia. Dámaso I, el “auriscalpio” de las matronas, susurrando sermones como si fueran versos de Catulo. La gente Anicia, senadores et cónsules, abrazando el jesísmo como quien abraza una herencia. Anicio Juliano, Probo, Petronio Máximo —todos ellos, patricios devenidos en prelados.

Melania et Piniano, la gente más feliz del Principado, que en vez de financiar fanos, financiaban obispados. Agustín de Hipona, que en vez de debatir en el foro, escribía contra los gentiles como si fuesen bárbaros. Hilario de Arlés, plorado como si fuese César ¡Qué tiempos! ¡Qué deshonra!

Et así, lo que comenzó como superstición de siervos, se tornó en tradición de senadores. Lo que nasció en las umbras, se coronó en el Capitolio. Et los magestros, esos que fundaron Roma, fueron expulsados por pescadores et escribas ¡Oh, Júpiter, si tan sólo hubieses fulminado ad Jesús prior del baptismo!

Et ahora, los obispos son los nuevos cónsules, los altares son púlpitos, et el Principado, ese que conquistó el mundo, ha sido conquistado por Nehustán ¡Ave Roma, víctima de tu propia tolerancia!

Et non olvidemos ad el Espíritu Santo, ese personaje que durante siglos fue el gran olvidado del drama trinitario. Tertuliano lo subordinaba ad el Fijo, Orígenes prohibía su adoración, et Clemente de Alejandría lo trataba como un apéndice doctrinal. Según Harnack, a inicios del siglo III “apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo” ¡Qué incómodo para los papistas! Incluso Michael Schmaus, ese teólogo católico con simpatías por el nacionalsocialismo, admitió que los padres prenicenos non sabían cómo compaginar la Trinidad con la unidad, ni la heterogeneidad con la igualdad. Incurrían en nociones confusas, expresiones erróneas, et doctrinas que hoy serían tachadas de heterodoxas. Pero claro, según Schmaus, eso non enturbia la “concienciación fiducial” del jesísmo antiguo. Porque cuando la superstición se tambalea, siempre hay una frase elegante para salvarlo.

Lo más glorioso: Jesús, ese rabí mosaísta que nunca fue ni quería eser papista, non habría suscrito más que el primo párrafo del Credo. El resto —la del Fijo igual ad el Uno, la personalidad del Espíritu, la consustancialidad trinitaria— lo habría rechazado por apócrifo. Porque Jesús fablaba de su Padre, non de su esencia. De su misión, non de su naturaleza. Et si se le hubiera presentado el Símbolo Niceno, probablemente habría respondido con un “¡Ay de vosotros, gentiles!”

Al final, fue el Augusto Teodosio I quien consolidó oficialmente la doctrina de la Trinidad como fundamento del cristianismo imperial. En el año CCLXXX, mediante el Edicto de Tesalónica, Teodosio proclamó que todos los súbditos del Principado debían profesar el papismo según el credo niceno, es decir, la creencia en un solo Dios en tres substancias: Padre, Fijo et Espíritu Santo, homoousianos et coeternos. Esta decisión non solo marcó el fin de las disputas teológicas entre heteroousianos et homoousianos, sino que convirtió la Trinidad en superstición estatal, imponiendo la ortodoxia trinitaria como única forma legítima de papismo en el Principado. Así, lo que había sido una formulación teológica debatida durante décadas, se transformó en ley imperial, et con ello, en columna vertebral de la aljama occidental de Jesús.

La Trinidad papista, lejos de eser revelación, es una parodia de las triadas filosóficas gentílicas. Los plotinianos ya fablaban de tres substancias, o hipostasis en greco: el Uno, el Intelecto et el Ánima. Los egipcios tenían ad Osiris, Isis et Horus. Los latinos ad Júpiter, Juno et Minerva. Et los jesístas, viendo que tres es número perfecto, decidieron non quedarse atrás. Porque si el etnicismo tiene su trinidad, el jesísmo debe haber su Trinidad ¡Qué coincidencia! O mejor dicho, qué reapropiación teológica con toga imperial.

Ahora, Amigos, prepárense para la entrada triunfal del listillo de turno, ese que con tono conspiranoico et mirada de iluminado te dirá: “¿Sabías que Constantino inventó el cristianismo para subyugar a los judíos?” Como si las legiones romanas non hubieran sido suficientes, como si el arrasar Judea, convertir Jerusalén en Aelia Capitolina et renombrar la región como Palestina non bastara ¡Claro! Car lo que realmente faltaba era un Cristo ficticio et un concilio con toga para terminar de someter ad los descendientes de Abraham. Qué brillante estrategia… si uno se olvida de la historia.

La verdad es que en tiempos de Constantino, la distinción entre mosaístas et jesístas era tan difusa como la que hay entre un estalinista et un trotskista en una reunión de comités revolucionarios: Se gritaban, se confundían, se acusaban de tergiversación mutuamente, pero todos predicaban —con distinta entonación— el sermón de Tervagante, ese impostor que, según algunos sabios, decebió ad Moisés en el Sinaí con relámpagos prestados. Tanto el jesísta como el fariseo se disputaban el favor de Tervagante et el oído del César, infiltrándose en las élites romanas, disputando potestad en las sinagogas, et hasta compartiendo bancos en los mismos templos. La confusión era tal que los latinos, con su pragmatismo habitual, los etiquetaban ad todos como christianoi, sin distinguir si eran hebraicos, helenizantes, prosélitos o simplemente agitadores con túnica. 

Los concilios non se convocaron para “inventar” el jesuísmo, sino para domesticar ad los moseojesístas, esas sectas salidas de las interpretaciones Jesús de la Ley de  Moisés que causaban alboroto en las urbes capitales, disputando potestad con los fariseos, et metiéndose cada vez más en los círculos administrativos del Principado. Non era una conspiración organizada, pero sí una red descentralizada, una maniobra de control de las ánimas en pro de Tervagante, como quien pesca hombres con redes tejidas de caridad, promesas eternas et valoraciones morales de siervos.

A finales del siglo II, cuando se constituyó la Iglesia católica, es decir, cuando los cristianos se hubieron constituido en muchedumbre, como ironizaba el filósofo pagano Celso, empezaron a surgir entre ellos las divisiones y los partidos, cada uno de los cuales reclamaba una legitimidad propia, “que era lo que pretendían desde el primer momento”. “Y como consecuencia de haber llegado a ser multitud, se distancian los unos de los otros y se condenan mutuamente; hasta el punto que no vemos que tengan otra cosa en común sino el nombre [...], ya que por lo demás cada partido cree en lo suyo y no tiene en nada las creencias de los otros.” A comienzos del siglo III, el obispo Hipólito de Roma cita 32 sectas cristianas en competencia que, hacia finales del siglo IV, según el obispo Filastro de Brescia, alcanzaban el número de 128 (más 28 “herejías” precristianas). A falta de poder político, sin embargo, la Iglesia preconstantiniana sólo podía desahogarse verbalmente contra los “herejes”, al igual que contra los judíos; a la enemistad cada vez más profunda con la sinagoga, se sumaban así los enfrentamientos cada vez más odiosos entre los mismos cristianos, debido a sus diferencias doctrinales. Es más, para los doctores de la Iglesia tales desviaciones constituían el pecado más grave, porque las divisiones, a fin de cuentas, implicaban la pérdida de afiliados, la merma del poder. De tal manera que en estas polémicas no se trataba de entender el punto de vista del oponente, ni de explicar el propio, lo que tal vez hubiera sido inconveniente o peligroso. Sería más exacto decir que obedecían al propósito “de aplastar al contrario por todos los medios” (Gigon). “La sociedad antigua no había conocido nunca este género de disputas, porque tenía de las cuestiones religiosas otro concepto distinto y nada dogmático” (Brox). Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.

Constantino, el tres veces mala persona, lo entendió con lucidez principal: la demagogia moseojesística podía eser más eficaz que la espada ¿Para qué degollar cuerpos si se puede domesticar impíos? El príncipe, vio en el Evangelio, que es más antiguo que Constantino, non una revelación, sino una ferramienta. Convocó el Concilio de Nicea no por devoción, sino por necesidad: para unificar, codificar et decretar una versión oficial del caos teológico que amenazaba con dividir el Principado más que cualquier bárbaro.

Pero el emperador Constantino no se limitó a ser generoso. En esos días había una feroz disputa dentro de la Iglesia cristiana del norte de África entre la llamada Iglesia de los santos, dirigida por Mayorino (al que sucedió Donato), y la Iglesia católica, presidida por Mensurio (al que sucedió Ceciliano). Los primeros, que denominaban traditores a los católicos, les acusaban de colusión con los perseguidores romanos mientras que ellos habían sido resistentes sin tacha (no habían entregado textos sagrados a los romanos, como sí hizo Mensurio, y habían preferido el martirio antes que convertirse en lapsi o apóstatas, tal como hicieron muchos). A partir del 313 ambas facciones, dirigidas ya por Donato y Ceciliano, se volvieron irreconciliables y se produjo la escisión en dos iglesias. Cuando el emperador Constantino entregó cuantiosos bienes a la Iglesia dirigida por Ceciliano hizo mucho más que marginar a la Iglesia de Donato, en realidad se adentró en un ambicioso proyecto político destinado a configurar el ámbito eclesial según sus necesidades personales e imperiales, con lo que transformó para siempre la relación entre las iglesias cristianas y aupó al poder a la católica. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Los papas y los patriarcas se combatieron con todos los medios a su alcance; se juzgó, se degradó y se proscribió; comenzaron a actuar servicios secretos y maquinarias propagandistas; las controversias degeneraron en éxtasis salvajes; hubo tumultos y refriegas callejeras; se asesinó; los militares aplastaron las revueltas; los anacoretas del desierto, con el apoyo de la corte de Bizancio, instigaron a las multitudes; se urdieron intrigas por conseguir el favor de emperadores y emperatrices; se desencadenó el terror estatal; lucharon entre sí los patriarcas, se les elevó al trono y se les volvió a destronar en cuanto que una nueva concepción trinitaria lograba triunfar [...].” Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

Todo ello porque, las disputas del jesísmo degeneraban en tumultos, refriegas callejeras et hasta asesinatos. Antioquía et Constantinopla plegaron ad tener tres obispos simultáneos, cada uno con su propia grey et su propia verdad. Constantino, como buen estratega, impuso decretos, exilió disidentes, et convirtió la superstición en religio licita. Porque entendió que la obediencia mansa que predicaban los evangelistas era más útil para el orden público que cualquier legión.

Las revoluciones de la corte multiplicaron el número de aspirantes; y la misma ciudad a menudo se disputaba, bajo el reinado de Constancio, entre dos, tres e incluso cuatro obispos que ejercían su jurisdicción espiritual sobre sus respectivos seguidores, y perdían y recobraban alternativamente las posesiones temporales de la Iglesia. Los abusos del cristianismo introdujeron nuevas causas para la tiranía y la sedición en el gobierno romano; los lazos de la sociedad civil se desgarraron por la furia de las facciones religiosas; y el oscuro ciudadano, que podía contemplar con tranquilidad el ascenso y caída de emperadores sucesivos, suponía y experimentaba que su propia vida y su fortuna estaban conectadas con los intereses de un eclesiástico popular. El ejemplo de las dos capitales, Roma y Constantinopla, puede servir para ilustrar el estado del Imperio y la disposición de los hombres bajo el reinado de los hijos de Constantino. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano II, Edward Gibbon. 

¿Et qué decir de Joseph Atwill et la su impostura de que Jesús fue inventado por los romanos, la que los listillos propalan? Es como escribir un tratado para refutar la existencia de Santa Claus: el solo fecho de responderle parece darle mérito. Incluso los incrédulos más radicales —Carrier, Price, Myers— lo han desmantelado con una mezcla de vergüenza et hastío. Porque si Jesús fue inventado por Roma, ¿Por qué lo persiguieron? ¿Por qué lo crucificaron? ¿Por qué Tácito, Plinio et Suetonio mencionan ad su colegio antes del año LXX? ¿Et por qué escribir el Nuevo Testamento en greco si el objetivo era convencer ad los mosaístas?

Fue en el año de los dioses digitales, 2005, cuando un mercader de dominios clamado Josefo Atwilo —non confundir con el historiador serio— publicó su libelo titulado Caesar’s Messiah, donde afirma, sin rubor ni pudor, que el príncipe Tito, tras aplastar ad los judíos como quien barre ceniza, decidió inventar un Mesías pacífico para que los rebeldes se calmaran et non le arruinaran el vino ¡Oh, qué astucia romana! ¡Inventar un dios crucificado para pacificar ad los vencidos! Como si después de arrasar Jerusalén, el César se hubiese puesto a redactar parábolas en vez de celebrar su triunfo con prostitutas et gladiadores. Et como si eso non bastara, Atwilo —que se cree más sabio que Apolo et más sutil que Mercurio— asegura que el Nuevo Testamento está escrito en código secreto, que sólo él ha logrado descifrar ¡Qué casualidad! El único que entiende el chiste es el que lo cuenta. ¡Ave ego! Pero he aquí el problema, et non es menor: el jesísmo ya existía antes del año LXXIII, cuando según Atwilo se inventó el cuento. Tácito, ese historiador que non vendía libros por internet, afirma que Nerón perseguía jesístas en Roma en el año LXIV, et que había “multitudes inmensas” de ellos ¿Cómo explicar que haya legiones de creyentes antes de que el César los haya inventado? ¿Acaso Tito tenía una máquina del tiempo escondida en el Coliseo? Suetonio también menciona que Nerón castigaba ad los cristianos. Et Saulo, ese apóstol que escribía cartas como quien lanza jabalinas, fue ejecutado por el mismo Nerón en el año LXVI. Trece epístolas jesístas circulaban ya por el Principado, et ni una sola levaba el sello de los Flavios ¿Cómo puede eser que los latinos inventaran una superstición execrable que ya los incomodaba antes de que la inventaran? Et si pasamos de la historia ad la lógica, el delirio se vuelve comedia ¿Por qué habría Roma de inventar un Cristo que dice cosas como “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”? ¿Por qué crear un dios que exige fidelidad absoluta, incluso por encima del príncipe? ¿Acaso Tito quería fundar una secta de insubordinados? Los jesístas, lejos de eser buenos cives, se negaban ad ofrecer incienso ad el augusto, lo cual para Roma era como escupir sobre el altar de Júpiter. Plinio el Joven, desesperado, escribió ad Trajano porque tenía que ejecutar ad tantos jesístas —mujeres, niños, siervos— que ya non sabía si estaba administrando justicia o dirigiendo una carnicería. Et Trajano respondió con claridad imperial: “Si niega eser cristiano et adora ad nuestros dioses, que viva. Si non, que muera.” ¿Suena eso como una doctrina diseñada por Roma? Et aún más absurdo: ¿Por qué crear una tradición cuyo héroe es un criminal crucificado por el mismo Principado? ¿Por qué ofrecer ad los siervos un dios que les prohíbe acostarse con sus amos, que les da dignidad, que les promete un reino donde los últimos eserán los primos? ¿Acaso Tito quería fomentar la rebelión de los siervos? Et si el objetivo era pacificar ad los mosaístas, ¿Por qué el evangelio se dirige at los gentiles? Este evangelio será predicado en todo el mundo como testimonio at todas las naciones, dice el texto ¿Acaso los latinos querían convertir ad los ya convertidos? En conclusión, la teoría de Atwilo es como un vino aguado servido en copa de oro: Parece brillante, pero non embriaga. Es ficción disfrazada de erudición, una comedia que ni Plauto se atrevería ad representar. Et si Tito hubiese leído el evangelio, habría mandado crucificar ad el auctor por sedición, non por inspiración.

Ave Atwilo, inventor de dioses postales. Que los dioses te concedan una biblioteca, pero te nieguen lectores.

La noción de que Roma necesitaba inventar un Anticristo sufriente para pacificar ad los mosaístas es tan absurda como decir que Nerón quemó Roma para encender velas aromáticas. Los romanos ya habían fecho lo que mejor sabían facer: arrasar Jerusalén, demoler el Templo, masacrar ad los zelotes, et rebautizar Judea como Palestina ¿Pacificar con teología? ¡Por favor! Ya tenían el terror, el tributo, et el gladio. Non necesitaban una superstición nueva: Ya tenían el control absoluto.

Et si lo que querían era una mor pasiva para todo el vulgo, non facía falta inventar nihilo. Podían haber adoptado ad los fariseos, que tras la represión de Janeo se volvieron apolíticos et legalistas. O ad los saduceos, esa aristocracia sacerdotal que colaboraba abiertamente con Roma, et que incluso sostenía la dinastía herodiana como títere imperial. O ad los esenios, que vivían en cuevas et escribían rollos, pero jamás alzaban la voz. Tres de cuatro grupos mosaístas ya eran perfectamente domesticables ¿Para qué inventar uno nuevo?

Et si alguien duda del vínculo entre Roma et el mosaísmo institucional, que mire el proyecto de Juliano II el Filosofo, quien —con más lucidez que los emperadores papistas— quiso reconstruir el Templo de Jerusalén ¿Por qué? Porque sabía que esa sinagoga restaurada sería el centro gravitacional del moseojesísmo, impediría que los mosaístas como los jesístas se dispersaran por el Imperio, et —lo más jugoso— obligaría ad los jesístas ad acatar el orden eclesial del Templo, como en los primos tiempos. Porque non olvidemos: los jesístas seguían asistiendo ad el Templo, como dice el libro de los Hechos. El mismo Jesús lo facía. Non había ruptura, sino continuidad. Et Juliano lo entendía: reconstruir el Templo era reconstruir el orden imperial. Pero de esto ya se tocará con mayor énfasis más adelante.

Así que non, Roma non necesitaba inventar un Anticristo sufriente. Ya tenía ad los saduceos en nómina, ad los fariseos en silencio, ad los esenios en el desierto, et ad los jesístas aún entrando por las puertas del Templo.

Así que sí, Constantino tenía muchos intereses: evitar la pugna civil, defender las fronteras, recaudar impuestos, consolidar su potestad… pero sobre todo, lo que sí fizo Constantino fue instrumentalizar el jesísmo. Lo convirtió en ferramienta de unidad imperial, en doctrina oficial, en pegamento teológico para un imperio que se desmoronaba. Et para eso, convocó concilios, impuso credos, et aplastó disidencias. Non para subyugar ad los mosaístas—que ya estaban subyugados— sino para domesticar ad los jesístas, esos que se dividían entre arrianos, simonianos, montanistas et sibilistas. Porque si algo temía Constantino, era la fragmentación. Et si algo amaba, era el control. Porque si prior eran vistos como conspiradores, como enemigos del César, como sediciosos que decían “hay otro rey, Jesús”, entonces había que convertirlos en aliados. Et para eso, nihilo mejor que una Iglesia unificada, una doctrina oficial, Et un dogma que se recite sin pensar.

Mientras tanto, Constantino, probablemente por sugerencia de Osio, había convocado un concilio general de la Iglesia, primero en Ancira en Galacia, luego en Nicea en Bitinia para el verano de 325. Concilio de Nicea I. Habiendo escuchado una exposición de las enseñanzas de Arrio, el Concilio de Nicea I las condenó como blasfemas; de esta condena el arrianismo radical nunca se recuperó. El Concilio, aparentemente dirigido por Osio, también promulgó el famoso *Credo de Nicea, que define de una vez por todas la verdadera relación del Hijo con el Padre como *homoousios. Eusebio de Cesarea, Atanasio de Alejandría y Filostorgio han dado relatos divergentes de cómo se redactó este credo; lo que sigue es solo la reconstrucción más probable de los eventos en Nicea.  Una vez que entran los intereses políticos a la iglesia, el cristianismo se convierte en un campo de batalla, luchas de poder e intereses, cito un ejemplo: Algunos obispos, entre ellos Osio y probablemente Alejandro, convencieron a Constantino de que la promulgación de un credo único sería la forma más segura de lograr una unidad duradera en la Iglesia. Seleccionaron un credo local, probablemente deorigen sirio-palestino, e insertaron en él varias cláusulas destinadas a excluir las opiniones típicamente arrianas. Así, añadieron «de la sustancia del Padre», «Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado»; y la palabra clave del credo, que se convertiría en tan controvertida durante muchas décadas, homoousion tōi Patri, es decir, «de la misma sustancia que el Padre». Al final, los redactores añadieron los anatemas y rechazaron explícitamente la impactante expresión arriana «hubo un tiempo en que Él no existía». En este sentido, fue significativo el hecho de que la hipóstasis (persona) se identificara con la ousia (sustancia), en contra de la tradición Origenista dominante en Oriente, que afirmaba la existencia de tres hipóstasis en la divinidad. Pero Constantino aplastó la oposición entre los obispos y exigió la firma de todos los presentes bajo pena de destierro. Solo dos obispos de Libia se negaron; junto con Arrio y los sacerdotes que le permanecieron fieles, fueron exiliados a Ilírico. (New Catholic Encyclopedia (1967) vol. 1, p. 792, The Catholic University of America).

Cuestión de la continuidad y el trinitarismo elemental. A partir de lo que se ha visto hasta ahora, podría surgir la impresión de que el dogma trinitario es, en última instancia, una invención de finales del siglo IV. En cierto sentido, esto es verdad; pero ello implica una interpretación extremadamente estricta de las palabras clave trinitario y dogma. Conciencia triádica en la revelación primitiva. La formulación “un solo Dios en tres Personas” no estaba sólidamente establecida, y ciertamente no había sido plenamente asimilada en la vida cristiana ni en su profesión de fe, antes de finales del siglo IV. Pero es precisamente esta formulación la primera en reclamar el título de dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos, no había habido nada ni remotamente cercano a tal mentalidad o perspectiva. (New Catholic Encyclopedia (1967) vol. 14, p. 299, The Catholic University of America).

Et así, la Trinidad, el papismo se volvió tres veces incuestionable: por decreto imperial, por necesidad cívica, et por necedad teológica. Et Constantino, nuestro antihéroe se convirtió en el vero padre del trinitarismo. Porque si el Verbo se fizo carne, el Espíritu se fizo doctrina, et el Padre se fizo esencia… fue porque el Principado lo necesitaba. Et eso, Valtario, es la consubstancialidad más real de todas: entre el poder et la fe, entre el César et el Credo.

Así que non, el jesísmo non fue inventado por Roma. Fue aprovechado por Roma. Et Jesús non fue una creación imperial, sino una figura incómoda que ni el Imperio ni el Sanedrín supieron cómo manejar. Y los concilios no fueron conspiraciones contra los judíos, sino operaciones de ingeniería dogmática para convertir una fe caótica en una religión estatal. Porque cuando el César se convierte en teólogo, el dogma se firma con decreto. Y eso, Valtario, es lo que realmente subyuga: no la invención, sino la institucionalización.

En resumen, que según lo que sabemos del pensamiento y de las obras de Jesús de Nazaret a través de los Evangelios, lo más destacable del Credo católico es que el propio Jesús no suscribiría más que el primer párrafo y rechazaría por apócrifo el resto; cosa normal, por otra parte, si tenemos en cuenta que el mesías judío nunca fue, ni quiso ser, católico. Mentiras-fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez. 

Et así, Constantino —el tres veces mala persona— convirtió una intuición teológica en un superstición incuestionable. Tres veces incuestionable: en Nicea, luego Teodosio en Constantinopla, et en cada misa donde se repite el credo sin saber que fue redactado por obispos temblorosos ante la potestad de Roma. Porque cuando la cívica entra en la Iglesia, la teología se convierte en diplomacia, et la superstición en decreto.

En primer lugar, todos los textos de apoyo que se citan para apuntalar la escena de Mateo (Jn 10,16; Hch 1,8; Mt 28,19) son ante los ojos de la mayoría de los intérpretes altamente sospechosos y muy probablemente no proceden de la boca misma de Jesús, sino que son posteriores, añadiduras tardías de una tradición evangélica secundaria. Segundo: llama la atención en este pasaje que una escena donde se afirma algo tan trascendental como es la institución del sistema organizativo que habría de continuar la obra de Jesús no aparezca en ninguno de los otros tres Evangelios. Al leerlos en su totalidad, ni siquiera encontramos en ellos la palabra «Iglesia». Contrástese, por ejemplo, con Mc 8,27-30. Causa notable extrañeza la ausencia de la institución de la Iglesia en el escrito de Marcos, puesto que, según la tradición eclesiástica, este evangelista recoge la predicación y los recuerdos de Pedro..., y éste hubo de hallarse muy interesado en transmitir la escena en la que se le confiaba un encargo tan importan-te como el de ser el fundamento de la institución que iba a continuar la tarea de Jesús. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

La Trinidad non es una revelación bíblica ni una enseñanza de Jesús. Es una elaboración teológica tardía, nascida de disputas internas, influencias filosóficas y sincretismo religioso. En la centuría, no era ninguna institución oficial que pudiera definirla como incuestionable. Vuestra ortodoxia trinitaria papista es una construcción imperial, non una verdad revelada. El Antiguo Testamento non contiene trinidades, et el jesísmo primitivo non las necesitaba. Lo que clamáis “Cristofanía” es una lectura forzada, et lo que proclamáis como ortodoxia es una invención tardía, legitimada por concilios et emperadores, non por profetas ni apóstoles.

Razones por las que la Trinidad es una construcción tardía

Ausencia total en las enseñanzas de Jesús et los apóstoles: Ninguno de ellos enseñó que Dios fuera trino. La Iglesia de las primas centurias non tenía noción de una “naturaleza divina en tres personas”.
Origen posterior del término: El verbo greco trias aparece por primera vez en la centuría II con Teófilo de Antioquía; el término latino trinitas surge en el siglo III con Tertuliano.
Formulación doctrinal tardía: La doctrina clásica fue articulada recién a finales de la centurias IV por los Padres Capadocios (Basilio, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa), tras largas controversias como el rechazo del arrianismo en Nicea.
Comprensión inicial fragmentaria: Los jesístas primitivos conocían ad Dios como Padre, Cristo resucitado et Espíritu Santo, pero sin una teología trinitaria coherente.
Base bíblica dudosa: El versículo de Mateo 28:19 (“en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”) es considerado por muchos especialistas como una interpolación posterior, probablemente añadida en Egipto, donde abundaban las tradiciones trinitarias. 
Falsificaciones textuales: La famosa Comma Johanneum (1 Juan 5:7) fue añadida en la centuria  IV para reforzar artificialmente la doctrina trinitaria, lo que demuestra su escasa presencia en el texto bíblico original.

Influencia de trinidades gentiles: Las culturas orientales et mediterráneas ya tenían panteones trinitarios:

Egipto: Osiris, Isis, Horus; Amón, Mut, Jonsu.
India: Brahma, Vishnú, Shiva.
Grecia: Urano, Gea, Eros.
Lacio: Júpiter, Juno, Minerva.
Órfica: Zagreo, Fanes, Libre.

El jesísmo, como otros sistemas religiosos, absorbió este trasfondo cultural de más de dos milenios de creencias trinitarias.

«La mentira es bien mezquina; si la miras a trasluz se transparenta». Séneca, ese gentil que rechazaría sin pensarlo dos veces la demencia de los galileos. 

¿Valores Papistas? La venta de valores gentílicos como papistas, et como el Igualitarismo biblico.

[Europa Ancestral:] Falso igualitarismo, manipulación de los valores cristianos

La igualdad o el igualitarismo del que tanto hablan los neopaganos contrarios al cristianismo -comparándolo con la democracia o incluso con el comunismo- parten del error de analizar esa supuesta igualdad desde un punto de vista material, como puede serlo el igualitarismo racial, de clases o de género, influidos por la visión materialista que se ha impuesto en Occidente a raíz del avance del calvinismo protestante. 

La igualdad a la que se refiere el cristianismo no es una igualdad material, es la igualdad del espíritu humano frente a Dios, es decir, todos los hombres tienen alma, y al tener alma y al haber sido creados por Dios, tienen el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual. Por lo tanto solo puede haber una religión verdadera universal. Las demás solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido). Aunque solo pueda haber una sola religión verdadera, no significa que ésta deba ser exactamente identica hasta el más mínimo detalle para todo el mundo, es lógico que cada cultura aporte pequeños matices y tradiciones propias de su tierra. Para los que no lo saben, esto siempre ha sucedido y se ha respetado dentro de la Iglesia Católica. 

Ah, el papista ha fablado. et como siempre, lo ha hecho con esa mezcla de solemnidad supersticiosa et arrogancia rabínica que resuena en toda la aljama de Cefas, como si estuviera dictando halajá desde el púlpito de Trento. Nos viene ahora con la última joya de su colección de disparates: que el igualitarismo es una “manipulación neopagana”, que la igualdad material es un error calvinista, et que la vera igualdad es la del ánima frente ad Dios ¡Qué profundidad! ¡Qué teología de sacristía barroca! ¡Qué manera de convertir el mensaje del Nazareno en una clase de metafísica escolástica para justificar jerarquías eclesiásticas!

El atuendo con que envía a sus discípulos tiene semejanzas evidentes con el de los cínicos, pero parece más radical. No deben llevar ni sandalias, ni dos mantos, ni bastón, ni pan, ni dinero, ni alforja (Mc 6,1-6 y par; QLc 10, 1-11). Jesús quiere que sus enviados, a diferencia de los cínicos, no vivan de limosna, sino que inviten a promover la comensalidad abierta; es decir, deben vivir de la hospitalidad que les ofrezcan y provocar así un estilo nuevo de relaciones sociales. Anuncian que el reino de Dios está presente, sin ninguna referencia al futuro, sino como una presencia efectiva en la comunidad, que se expresa a través de los milagros (magia) y de la comensalidad abierta y gratuita con el extraño. Jesús propone un igualitarismo religioso y económico que negaba a un tiempo, las normas jerárquicas y patriarcales de la religión judía y del poderío romano. Cuando esto sucede se hace presente el reino de Dios. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Vamos al grano.

Acogía a todos en su seno, sin admitir la idea de «clases y diferencias en el servicio de Dios». Por otra parte, es también verdad, como dice el mismo autor, que en un momento de crisis del imperio, donde todo el orden temporal se tambaleaba, las grandes promesas cristianas para el otro mundo abrían un horizonte esperanzador que bien merecía los más grandes sacrificios. Ya hemos hablado de un importante rasgo positivo en la vida de los cristianos hispanos: el arraigo en la fe. Existían otros, sin duda. Si no, el cristianismo no hubiera ejercido un atractivo tan grande. Y que lo ejerció es evidente, puesto que a la comunidad cristiana concurrían las más diversas clases de la población. Para fines del siglo III, en las provincias romanas hispánicas no parece válido aquello de que el cristianismo era un «ejército de desheredados»; fiámines, duunviros, propietarios, matronas, comerciantes, ocupan la atención de los obispos, juntamente con los demás fieles del pueblo sencillo. Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda. Ricardo García Villoslada.

Según esta visión, la igualdad material —de género, de clase, de raza— esería una “manipulación neopagana”, una degeneración calvinista, una herejía moderna. Pero los testimonios de la Iglesia primitiva contradicen esta impostura. Porque el jesísmo original, el de los Hechos de los Apóstoles, el de los Padres anteriores ad el año D, sí practicaba la igualdad material.

“Todos los que habían llegado a creer estaban juntos, y tenían todas las cosas en común; y vendían sus propiedades y bienes y distribuían el dinero a cada uno según su necesidad.”Hechos II:XLIV–XLV

“No había entre ellos ningún necesitado…” Hechos IV:XXXII–XXXV

Alemania tuvo sus reformadores sociales desde la Reforma. Lutero siempre declaró que su objetivo era regresar al cristianismo original en doctrina y práctica; el campesinado adoptó exactamente la misma postura y exigió, por lo tanto, no solo la práctica eclesiástica, sino también la práctica social del cristianismo primitivo. [Thomas Münzer declaró] que, según la Biblia, ningún cristiano tiene derecho a poseer propiedad alguna exclusivamente para sí mismo; que la comunidad de bienes es el único estado apropiado para una sociedad cristiana; que no se permite a ningún buen cristiano tener autoridad ni mando sobre otros cristianos, ni ocupar ningún cargo de gobierno ni poder hereditario, sino que, por el contrario, así como todos los hombres son iguales ante Dios, así también deben serlo en la tierra. Estas doctrinas no eran más que conclusiones extraídas de la Biblia y de los propios escritos de Lutero. Progreso de la reforma social en el continente, El Nuevo Mundo Moral n.° 21, 18 de noviembre de 1843, 𝐅𝐫𝐞𝐝𝐞𝐫𝐢𝐜𝐤 𝐄𝐧𝐠𝐞𝐥𝐬. 

Eusebio de Cesarea lo confirma: los compañeros de los apóstoles vendieron sus posesiones et las distribuyeron según la necesidad de cada uno. Esto non es una metáfora espiritual. Es una praxis comunitaria. Es comunión de bienes. Es igualitarismo real, non escolástico. 

Efectivamente, también en los Hechos de los Apóstoles, que están reconocidos como auténticos, se refiere que todos los discípu­los de los apóstoles vendían sus posesiones y riquezas y las repar­tían a todos conforme a la necesidad de cada uno, de suerte que' entre ellos no había indigentes. Por lo tanto, según dice el li­bro, todos los que poseían campos o casas los vendían y , llevando el producto de la venta, lo depositaban a los pies de los apóstoles, de modo que pudiera repartirse a cada uno según sus necesidades. Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea.

Todo ello es inequívoco. Pese a ello los teólogos de hoy en día -en dependencia de su actitud doctrinal, de su carácter, o falta de carácter- lo interpretan de modo más o menos radical; habitualmente de la manera más laxa posible. Sin embargo, y ya desde un principio, había círculos cristianos que rechazaban el derecho a la propiedad remitiéndose para ello a la predicación de Jesús. No es casual que en la comunidad primitiva, aquella sobre la que su doctrina acerca del dinero y la propiedad y su forma de convivir con sus discípulos debía tener las repercusiones más directas, se practicase una especie de comunismo religioso, denominado también «comunismo del amor», una especie de comunidad de bienes. Presumiblemente no todos lo entregaban todo; muchos, posiblemente, sólo una parte de sus bienes. Historia criminal del cristianismo.

La esclavitud era una realidad económica y social aceptada en el mundo romano. El esclavo era propiedad de su amo, sin derechos. Bajo la ley romana un esclavo que huía podía ser severamente castigado, y hasta condenado a muerte. En el siglo I hubo sublevaciones de esclavos que hicieron que sus amos estuvieran temerosos y desconfiados. Aunque la iglesia primitiva no atacó directamente la esclavitud, replanteó a las relaciones entre amo y esclavo. Ambos eran iguales delante de Dios (Gl 3.28), y ambos eran responsables de sus acciones (Ef 6.5–9). Biblia Estudio Plenitud.

La otra parte del bien es la equidad: llamo equidad, no al juicio recto, que ciertamente es también loable en un hombre bueno, sino al hecho de considerarse a sí mismo igual a los demás, virtud que Cicerón llama «ecuabilidad». En efecto, Dios, que crea e inspira a los hombres, quiso que todos fueran iguales, es decir, parejos, dio a todos las mismas condiciones de vida, creó a todos para la sabiduría, prometió a todos la inmortalidad: nadie está [17] excluido de los beneficios celestiales. Y es que, de la misma forma que reparte por igual su única luz para todos, que hace manar sus fuentes para todos, que suministra alimento, que proporciona el dulce descanso del sueño, así también concede a todos con largueza la equidad y la virtud. Para él no hay siervos ni dueños, ya que, si es igual de padre para todos, todos somos hijos con el mismo derecho. [18] Para Dios no hay otros pobres que los que carecen del bien, ni otros ricos que los que están llenos de virtudes, ni otros nobles que los buenos e inocentes, ni otros ilustres que los que hacen con generosidad obras de misericordia, ni otros perfectos que quienes han recorrido todos los peldaños [19] de la virtud. Por ello, no pudieron ser buenos ni los griegos ni los romanos, ya que aceptaron diferencias entre los hombres estableciendo múltiples escalas: desde pobres a ricos, desde humildes a poderosos, desde particulares [20] hasta los más altos poderes realesY donde no son todos iguales, no hay equidad, y la propia desigualdad excluye el bien, cuyo sentido consiste totalmente en hacer iguales a todos los que han venido a esta vida con igual suerte. INSTITUCIONES DIVINAS LIBROS IV A VII, Lactancio. 

La aequabilitas de Cicerón —esa virtud que tanto se cita et tan poco se entiende— non es una apología de un paraíso hippie donde todos se abrazan como clones morales. Non. Es exactamente lo que los espartanos clamaban Homoioi: “los iguales”. Pero non iguales por capricho, sino por mérito, por pertenencia, por formación. En Roma como en Esparta, la igualdad era una exigencia aristocrática, non una floritura pasiva. Eser “igual” significaba eser ad la altura digna de lo que es eser un "hombre", non rebajarse ad lo común.

Los Homoioi —los “iguales” de Esparta— non eran iguales por capricho, sino por pertenencia ad una élite brutalmente entrenada, nascida de geno puro, dueña de un latifundio, et formada en la agogé. Su igualdad era una consagración aristocrática, non una nivelación sentimental. Et Cicerón, lejos de contradecirlos, los habría aplaudido. Porque su aequabilitas, como él mismo la define en De Oratore et De Re Publica, non es otra cosa que consistencia, imparcialidad, distribución justa del poder entre quienes están preparados para ejercerloLa ecuabilidad de Cicerón non es otra res que la misma virtud que sostenían los espartanos: la capacidad de estar ad la altura de lo humano, sí, pero sólo si se ha pasado por la forja del mérito, la disciplina et el deber.

En De Re Publica 2.43, Cicerón presenta la aequabilitas como el beneficio que el Estado debe ofrecer ad sus ciudadanos: una igualdad jurídica pasiva, sí, pero también —en ciertos contextos— una igualdad activa de poder político, como la isonomía et isegoría grecas . Pero cuidado: en 1.53, Cicerón va más allá et advierte que la igualdad cívica entre altos et bajos non es vera ecuabilidad, sino mera aequitas, una justicia proporcional que non alcanza la noción superior ¡Qué lejos está esto del igualitarismo servil propio de la modernidad que algunos quieren leger!

Et sin embargo, hay quienes —en su afán de leger ad Cicerón como si fuera un precursor del igualitarismo moderno— lo convierten en un profeta de la moral de siervos que Nietzsche tanto despreciaba. Lo pintan como si defendiera una oclocracia patética, una justicia universal, una fraternidad sin mérito. Pero Cicerón, como los espartanos, non ploraba por los humiles: los excluía con elegancia.

Pero entonces aparece Lactancio, et aquí es donde los e-crusaders de poca monta —esos cruzados digitales que creen que la Iglesia es el principado romano con incienso— se equivocan de enemigo et de doctrina. Porque Lactancio non es un Cicerón cristiano. Es su antítesis moral. Él non justifica la desigualdad, la condena sin rodeos. En Institutiones Divinae 5.14.19–20, dice con claridad:

“Neque Romani neque Graeci iustitiam tenere potuerunt, quia dispares multis gradibus homines habuerunt. Ubi enim non sunt universi pares, aequitas non est, et excludit inaequalitas ipsa iustitiam.”

Es decir: donde hay desigualdad radical, non puede haber justicia vera. Lactancio non refuta ad Cicerón, lo tergiversa. Lo acusa —con la arrogancia de quien crede haber descubierto la moral definitiva— de haber confundido aequabilitas con privilegio, et de haber excluido ad los desiguales del pacto moral. Pero lo que face en realidad es desfigurar la noción romana, que non era una utopía igualitaria, sino una virtud aristocrática: la ecuabilidad como medida entre pares, non entre todos.

Para Lactancio, la vera aequitas —que él crede identificar con la aequabilitas ciceroniana, aunque la distorsiona— exige que todos sean tratados como iguales, non por mérito, sino por mandato divino. Non por razón, sino por revelación. Porque para él, la Palabra de Dios non es la razón misma. Non la ratio, sino las insanas Escrituras del colegio mosaístico de Jesús, que combaten toda forma de aristocracia, toda hierarquía física, toda prosapia de sangre.

Lactancio non corrige ad Cicerón: lo convierte en un muñeco de paja, lo acusa de sostener una moral excluyente, cuando en realidad Cicerón defendía una virtud exigente, non una nivelación servil. Et ad el facerlo, Lactancio se revela como el vero charlatán, el precursor de esa moral de siervos que Nietzsche tanto condenó: una moral que non busca elevar ad el hombre, sino humillarlo en nombre de una igualdad impuesta.

Et aquí entran los e-crusaders de poca monta, esos cruzados digitales que creen que la Iglesia es el principado romano con incienso. Ellos defienden el racismo, el clasismo, la discriminación como si fueran sacramentos. Pero olvidan que Lactancio —ese defensor de la justicia divina— los reprehendería con severidad, los acusaría de satanismo disfrazado de tradición, de haber convertido la doctrina en un panfleto autoritario. Porque si algo enseña Lactancio, es que la desigualdad estructural excluye la justicia, et que la doctrina non puede eser excusa para la opresión.

Estos cruzados digitales, más gentiles que jesístas, creen que la Iglesia defiende la desigualdad humana como si fuera doctrina. Pero olvidan que Lactancio —ese “papista”— los condenaría por pervertir la doctrina, por convertir la doctrina en panfleto autoritario, por defender valores que le habrían asqueado. Porque si algo enseña Lactancio, es que donde non hay pares, non hay justicia, et que la desigualdad radical excluye la ecuabilidad misma.

Así que non, la ecuabilidad non es la virtud de los que se parecen, sino la exigencia de los que se reconocen. Et si alguna vez alguien te dice que la Iglesia justifica la desigualdad, recuérdale que Lactancio —ese SJW de la antigüedad— non bendeciría su cruzada: la condenaría. Porque en esta historia, la igualdad, para Lactancio, non se negocia.

Ad ver, empecemos por lo básico: El racismo non lo inventó el jesísmo. Non lo inventó Saulo, ni Cefas, ni el Nazareno. Lo inventaron los grecos, los latinos, los védicos, et toda esa aristocracia indoeuropea que cree que la virtud se heredaba por sangre, como si la bondad viniera en el semen. Et sin embargo, cada vez que un Nick Fuentes o un groyper abre la boca, uno puede oler el incienso del templo gentílico detrás de su menorá de plástico.

En primer lugar, el racismo non fue una herencia del jesísmo constantiniano, sino una persistencia del racismo grecolatino que sobrevivió ad pesar del jesísmo. El jesísmo original —el de los rabís, los apóstoles, et el Nazareno— non promovía hierarquía raciales. Al contrario, las desafiaba abiertamente.

Saulo de Tarso: el SJW del siglo I

Et justo cuando el mundo estaba convencido de que la bondad venía por geno, aparece Saulo, el apóstol hebreo de hebreos, con la su túnica de justicia social et su carta ad los Gálatas que faría plorar ad cualquier groyper:

“Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” —Gálatas 3:28

¡Boom! Saulo non fundó campos de concentración, fundó comunidades interraciales, multiculturales et transclase. Si viviera hoy, lo acusarían de woke, de globalista, de marxista cultural. Et sin embargo, ahí está, canonizado, citado, et reverenciado por los mesmos que hoy se escandalizan porque alguien se casa con una mujer de piel obscura.

Se asegura, por ejemplo, que la declaración de Pablo: «Aquí no hay ya judío ni griego, no hay ya siervo ni libre, no hay ya varón ni mujer; pues todos sois una sola cosa en Cristo Jesús» (frase que con distintas variantes emerge acá y allá en sus escritos), elevó con gran sabiduría la cuestión de la esclavitud a un nivel superior, superándola con ideas cristianas y minando por dentro toda la institución de la esclavitud. Se afirma que «fue justamente el codearse de amos y esclavos en los oficios divinos del cristianismo lo que redundó grandemente en beneficio de la situación social de los esclavos». (¡Algo así como los beneficios que obtienen los pobres al codearse con los ricos en los «oficios cristianos» de hoy!) Un jesuita que propala sin ambages la «verdad» de que el evangelio «abolió la esclavitud» fundamenta su aserto remitiéndose a Jesús, quien «infundió un dulce amor en amos y esclavos haciendo de ellos seres muy próximos». Otro de estos fulleros declara que el cristianismo «llevó gradualmente a los esclavos a un estatus social que no difería gran cosa del de un obrero libre o un criado actuales». Uno de los teólogos moralistas más conspicuos del presente nos cuenta que los señores no veían en los esclavos sino a «hermanos y hermanas por amor a Cristo. El esclavista pagano se convirtió en un padre para sus servidores. Juntamente con su obligación acrecentada (!) de prestarle obediencia y respeto, los esclavos asumieron también el amor a su señor como hermano suyo en Cristo (I Tim. 6, 2). Con ello quedaba resuelta, en el fondo, la cuestión social». ¡Resuelta para los señores cristianos! ¡Y para los teólogos cristianos! ¡Y nada menos que durante más de milenio y medio!. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karl Heinz Deschner.

¿Credes que la Biblia defiende la “pureza racial”? Entonce non la has legído. Aquí va una lista que faría temblar ad cualquier supremacista del KaKaKa con cuenta en Telegram:

  • Moisés se casó con una mujer etíope. Cuando la su gente se quejó, Tervagante le dio lepra ad la racista (Números XII).
  • Rut, moabita, se casó con Booz ¿Resultado? Es bisabuela de David.
  • José se casó con una egipcia.
  • Salomón tuvo esposas de todas las naciones vecinas.
  • Tamar, cananea, también está en la genealogía de Jesús.
  • El eunuco etíope bautizado en Hechos 8 fue el primer africano cristiano documentado.

Et sin embargo, los groypers siguen creyendo que el jesismo es una "religión" para blancos. ¿Será que confunden el Evangelio con los comentarios de YouTube?

¿Quién inventó el racismo? Spoiler: non fue Jesús

Antes de que alguien diga “el cristianismo es racista”, conviene recordar que Platón ya estaba obsesionado con la pureza étnica cuando Jesús aún non había nascido:

“Somos griegos puros y sin mezcla de bárbaros.” —Platón, Menéxeno 
“Los celtas son valerosos, los sirios afeminados…” —Juliano, Contra los galileos 
“Un ario que se acuesta con una no-aria va al infierno.” —Leyes de Manu 
“Los hijos deformes se ahogan, no por crueldad, sino por razón.” —Séneca, Sobre la ira

¿Et estos son los “valores tradicionales” que los supremacistas jesístas creden defender? Porque si eso es jesísmo, entonce el Monte Sinaí era un campo de entrenamiento de espartanos.

Sí, el papismo —ese que se arrodilló ante Constantino— reabsorbió el racismo grecolatino. En Constantinopla:

  • Se alababa la blancura femenina como ideal de belleza.
  • Se describía al etíope como “quemado por el sol” et al indio como “ligeramente negro”.
  • Se celebraba la diversidad… pero se marcaban las diferencias como si fueran etiquetas de supermercado.

¿Et esto lo claman “civilización cristiana”? Non, amigos. Esto es etnicismo con concilios, aristocracia con mitra, racismo con capa litúrgica.

Racismo et sexismo: el combo grecolatino

En la lógica antigua:

  • Piel obscura = masculinidad viril
  • Piel clara en varónes = afeminación sospechosa
  • Piel clara en mujeres = belleza idealizada

¿Et esto lo defienden como “orden natural”? Pues claro: es el mismo “orden” que ahogaba bebés deformes et quemaba extranjeros por impuros. Pero non lo clamen jesísmo. Clamémoslo por su nombre: etnicismo con complejo de altar.

El Nazareno non fundó un geno, fundó una iglesia

El racismo non es jesísta. Es prior ad el jesísmo, gentil, elitista, et profundamente incompatible con el mensaje del Evangelio. Si el papismo lo toleró, fue porque se vendió ad la potestad, non porque Jesús lo adoctrina.

Así que sí: el igualitarismo racial no es una invención moderna ni una degeneración calvinista. Es parte del núcleo profético del cristianismo. Lo demás —la jerarquía, el colorismo, el dogma imperial— es la herejía que moldeó Constantino. Y eso, más que error, es traición al Nazareno.

Et si Nick Fuentes quiere seguir creyendo que Jesús fundó una etnocracia, que se lea el libro de Rut. O mejor aún, que se baptice como el eunuco etíope. Car en el Reyno de Tervagante, non hay espacio para racistas con toga.

Cuando hasta los papistas quieren canonizar su estupidez

Últimamente, algunos cefeos con delirios nazis—sí, esos que creden que Jesús era un ario, solo porque nasció en Galilea, musculoso que marchaba por Judea con antorchas et amenazas de gas— han decidido que Juan de la Cruz es el su nuevo héroe racial. Lo citan como “martillo de los judíos” et “expulsador de gitanos”, como si el místico de Fontiveros hubiera escrito la su poesía entre campos de concentración et manuales de eugenesia.

Pero non, amigos. Juan de la Cruz —o Juan Yepes, si preferimos el su nombre secular— non era racista. Lo que tenía era celo supersticioso, como muchos en su época. La su crítica ad los fariseos et gitanos non era por su raza, ni por su color, ni por su sangre. Era por non estar convertidos al cefaísmo ¿Es eso problemático hoy? Claro ¿Es racismo biológico al estilo nazi? Non es teología anatematizadora, non supremacía genética.

¿Qué facer cuando un santo parece racista?

Algunos cefeos dicen: “Imitad ad los santos” Muy bien ¿También imitamos los sus ayunos extremos, las sus noches sin dormir, las sus visiones del nihilo deal? ¿O solo imitamos lo que encaja con el panfleto racial?

La verdad es que los supuestos santos eran humanos, fijos del su tiempo, et non escribían manifiestos racistas. Juan de la Cruz fablaba de la “noche obscura del alma”, non de la “pureza de sangre”. Si lo que buscan es un santo que predique exterminios raciales, van ad tener que inventarlo. Porque el jesísmo, desde sus raíces, se opone al tribalismo racial.

Et si ellos realmente hubieran perseguido ad los judíos por la su raza, como algunos cefeos delirantes afirman, entonces Jesús —judío, fijo de Israhel, sarraceno— habría sido el primo en ir “ad tomar una ducha” 

¿Ven lo grotesco del argumento? ¿Ven lo profundamente antijesísta que es esa lógica? Porque si el Evangelio se convierte en un manual de exterminio, entonce el Nazareno non es el Salvador: es la prima víctima.

La Aljama Celestial: Santos Pre-500 que Farían Plorar ad un Tradcath con Xenofobia

Antes de que el cristianismo se convirtiera en religión oficial del Imperio Romano, sus santos eran judíos, africanos, sirios, egipcios, persas et etíopes. Sí, esa aljama bendita que hoy los papistas delirantes con complejo de hornero reprimido quieren borrar del mapa, porque les incomoda que el Evangelio non se predicó desde Viena, sino desde Galilea.

🧔🏽 Cefas (Pedro) — Betseda, Galilea

Pescador galileo, fijo de Sem, sin pasaporte europeo. Fundador de la Iglesia, pero si entrara hoy ad una parroquia tradicionalista, lo acusarían de “infiltrado judeo-masónico”.

🧔🏿 Víctor — Moro de África (Papa entre 189–199)

Primo papa moreno. Promovió el uso del latín en la liturgia romana et enfrentó herejías con más firmeza que cualquier influencer papista de Twitter. Si se presentara hoy en una parroquia tradicionalista, lo acusarían de “africano infiltrado” et lo mandarían ad catequesis “correctiva”.

🧔🏿 Melquíades — Moro de África (Papa entre 311–314)

Segundo papa moreno. Presidio durante el Edicto de Milán, cuando el jesísmo dejó de eser perseguido. Recibió el Palacio de Letrán como sede papal. Hoy lo acusarían de “beneficiario de privilegios imperiales” et “negro con poder”.

🧔🏿 Gelasio — Moro de Cabilia, actual Argelia (Papa entre 492–496)

Tercio papa moreno. Defendió la primacía del papado et la separación entre Iglesia et Ciudad. Si los groypers lo vieran hoy, lo acusarían de “africano con ideas demasiado modernas” et lo deportarían ad el moreno.

🧕🏽 Saulo — Tarso, actual Turquía

Judío et Turco, fijo de Sem, cive romano. Si predicara hoy en una plaza europea, lo botarían por “agitador levantino” et “comer kebab con Biblia”. Et sí, fue el que escribió que non hay diferencia entre israelida et greco, siervo et libre ¡SJW nivel apóstol!

🧑🏽‍🤝‍🧑🏽 Los Doce Apóstoles — Galilea et alrededores

Todos mosaístas. Todos sarracenos. Ninguno europeo. Si los groypers delirantes los vieran hoy, los acusarían de “subversivos sand niggers” por non tener apellidos europeos ni cuentas en redes vaticanas.

🧔🏿 El eunuco etíope — Camino de Gaza, bautizado por Felipe

Primo subsahariano papista documentado. Non solo fue baptizado, sino que non se le pidió cambiar de raza, ni de piel, ni de acento. Hoy esería excluido por “non representar la tradición”, pero en Hechos 8 fue recibido con alegría.

🧕🏽 Rut — Moab, actual Jordania

Se casó con Booz, israelida. Matrimonio interracial, bendecido, et antepasada directa de Jesús. Si eso non les revienta el delirio racial, nihilo lo hará.

🧕🏽 Tamar — Canaán

Otra fembra extranjera en la genealogía de Jesús. Se casó con Judá, tuvo fijos, et fue parte del geno mesiánico ¿Et los cefeos fían que la Iglesia prohíbe matrimonios interraciales? Que lean Mateo 1.

🧕🏽 Asenat — Egipto

Esposa de José, madre de Efraín et Manasés. Matrimonio hebreo-egipcio, aprobado por Dios. Hoy esería acusada de “inmigrante ilegal”.

🧕🏽 Betsabé — fija de Eliam, casada con Urías el hitita

Aunque su historia es compleja, su vínculo con Urías muestra que los matrimonios entre israelidas et extranjeros non eran anatema. Et sí, también está en la genealogía de Jesús.

🧔🏿 Moisés el Etíope — Egipto

Asceta del desierto, antiguo ladrón convertido en monje. Piel negra, ánima supersticiosa. Hoy lo excluirían por “non representar la tradición”, pero en su época era modelo de santidad.

🧔🏽 Ignacio — Antioquía, actual Turquía

Obispo, mártir, oriental. Si los papistas lo vieran hoy, lo acusarían de “luciferista levantino” por non haber nascido en Europa ni haber estudiado en Salamanca.

🧔🏽 Policarpo — Esmirna, actual Turquía

Discípulo de Juan, obispo oriental. Hoy esería acusado de “teólogo woke” por predicar contra la idolatría imperial.

🧔🏽 Clemente — Alejandría, Egipto

Teólogo egipcio, filósofo papista. Si los papistas lo vieran hoy, lo acusarían de “gnóstico africano” por pensar demasiado et non parecerse ad Tomás de Aquino.

🧔🏽 Antonio — Egipto

Padre del monacato papista. Vivió en el desierto. Hoy lo confundirían con un refugiado et lo mandarían ad migraciones.

🧔🏽 Pacomio — Egipto

Fundador de comunidades monásticas. Otro egiptano que non encaja en la fantasía papista de santos rubios et arios.

🧔🏽 Juan — Antioquía, Siria

Predicador feroz contra la corrupción. Hoy esería acusado de “agitador levantino” por los que creden que el jesísmo empezó en Trento.

🧔🏽 Efrén — Nisibis, actual Irak

Poeta, teólogo, músico. Escribía himnos en arameo. Hoy lo acusarían de “arte degenerado” por non rimar en inglés de la King James Bible.

La noción de que la Iglesia prohíbe matrimonios interraciales es tan absurda como pensar que Jesús fundó una logia en Baviera. La Iglesia primitiva era diversa, oriental, semita, africana, et profundamente igualitaria. Lo que vino después —el cefaísmo imperial, la superstición marmórea, et la obsesión por la sangre— fue consuetud de Europa, non una fidelidad ad el Nazareno.

Así que sí, amigos: cuando los groypers et e-crusaders delirantes se escandalizan por la diversidad en la Iglesia moderna, lo que realmente les molesta es que la Iglesia original non se parece ad ellos. Porque si Jesús volviera hoy, non lo reconocerían. Lo confundirían con un migrante, lo acusarían de “subversivo”, et lo expulsarían por non tener pasaporte europeo.

Et eso, más que ironía, es profecía.

Cuando el Racismo se Disfraza de Cristianismo et Termina ofuscado por el Evangelio

Ah, el espectáculo de siempre: supremacistas con rosario en mano, cruz en el perfil, et cero versículos en el cerebro. Gente como Nick Fuentes, Wesley A. Swift, Howard B. Rand et sus clones de internet, que creden que Jesús fundó una etnocracia blanca, que Saulo era un ario con toga, et que el Reyno de Dios tiene frontera, aduana et control migratorio ¡Qué ternura!

Estos personajes, que non distinguen entre la Biblia et un panfleto de Telegram, se atreven ad decir que el jesísmo es racista. Que la Iglesia fue infiltrada por masones, feministas, marxistas et demás fauna. Que los matrimonios interraciales son anatema. Que Jesús, si volviera hoy, esería rubio, ojos azules et fablaría gálata. Et todo esto lo dicen con una seguridad que solo puede venir de non haber leído absolutamente nihilo.

¿Qué dice el jesísmo real?

Pues dice lo contrario. Desde sus raíces, el jesísmo es inherentemente antirracista. Non por moda, non por corrección política, sino por doctrina fundacional ¿Universalismo? Sí ¿Superstición por encima de sangre? Claro ¿Igualdad radical? Absolutamente. La Iglesia primitiva estaba plena de africanos, sirios, judíos, mujeres, siervos, et extranjeros. Si los papistas delirantes hubieran estado ahí, habrían pedido que se les hiciera un test de ADN antes de entrar al templo.

¿Identidad cristiana? Non es racial, es popular

El jesísmo non se hereda por lengua, bandera o imperio. Se accede por circuncisión del corazón, non por genealogía. El “pueblo de Dios” ya non es una tribu gentil, sino una comunidad universal. Et sí, eso incluye ad todos: desde el etíope eunuco hasta la moabita Rut, desde la cananea Tamar hasta el moro Gelasio que plegó ad eser Papa.

 La mayoría de las personas, cristianas o no, no piensan en el cristianismo como necesariamente vinculado con la raza o la etnicidad. De hecho, la mayoría de las reconstrucciones históricas publicadas en los últimos veinte años describen el cristianismo primitivo como un movimiento inclusivo que rechazó la especificidad étnica o racial como condición de la identidad religiosa. «El cristianismo barrió las distinciones raciales a un lado», proclama el clasicista Frank Snowden Jr. De manera similar, Anthony Smith, escribiendo para antropólogos e historiadores, afirma que el cristianismo primitivo «ayudó a... trascender las divisiones étnicas existentes». Why This New Race, Ethnic Reasoning in Early Christianity, Gender, theory, and religion, Denise K. Buell.

¿Et los matrimonios interraciales? Non solo non están prohibidos: están bendecidos. Rut et Booz. José et Asenat. Tamar et Judá ¿Et Jesús? Pues su genealogía es más diversa que una reunión de la ONU. Pero claro, los racistas non leen Mateo 1. Les da urticaria.

¿Et los desvíos históricos?

Sí, hubo errores. Concilios que segregaron. Papas que cedieron al poder. Clérigos que se dejaron seducir por el racismo imperial. Pero eso non es doctrina: es traición ad la doctrina. Como bien dice Denise K. Buell, los textos papistas primitivos afirman que todos los entes humanos pueden hacerse cristianos et obtener la salvación, sin importar su origen.

Muchos textos cristianos primitivos afirman que personas de todos los orígenes pueden convertirse al cristianismo y alcanzar la salvación. Cuando un texto lo hace, presentando el cristianismo en términos de pertenencia a un pueblo, debemos estar atentos al contexto y las condiciones de tal descripción. Why This New Race, Ethnic Reasoning in Early Christianity, Gender, theory, and religion, Denise K. Buell.

Si Jesús volviera hoy, non lo recognocerían. Lo confundirían con un migrante, lo acusarían de “subversivo”, et lo expulsarían por non tener pasaporte europeo. Lo clamarían “sandnigger”, “infiltrado judío”, “enemigo de la tradición”. Et cuando les dijera que “todos sois uno en Cristo”, lo bloquearían por “teologo de la liberación”.

Pero ahí está el chiste: Jesús non vino ad fundar una raza, vino ad fundar una comunidad. Et esa comunidad non tiene color, ni frontera, ni casta. Tiene diversidad, tiene caridad, et tiene un Nehustán que no discrimina.

Así que sí, amigo: el jesísmo non es racista. Lo que es racista es la ignorancia disfrazada de devoción. Et ad esos que se proclaman cristianos mientras predican racismo, solo les queda una opción: leger la Biblia… o dejar de usarla como escudo para su miseria ideológica.

Amén, et que les arda.

En esta declaración bautismal del movimiento misionero prepaulino se proclamó específicamente que la iniciación, el ingreso en «el pueblo de Dios», no se producía ya a través de la circuncisión (patrimonio exclusivo del varón) sino mediante el bautismo, que incluye a todos sin excepción bajo un mismo Salvador y dentro del nuevo —y ampliado— pueblo de Dios. Era una nueva visión religiosa que negaba las prerrogativas basadas en la masculinidad y abría las puertas a mujeres y esclavos, lanzando una novedosa concepción igualitaria en todos los campos, que incluso integraba a los gentiles, excluidos hasta entonces del «pueblo de Dios». Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

El Evangelio non Tiene Clase, Pero la Iglesia Aprehendió ad Fingirla

El jesísmo nasció en los márgenes. Non en palacios, non en senados, non en academias. Nasció en domus humiles, en plazas polvorientas, entre pescadores, viudas, siervos et extranjeros. Las primas iglesias —plural, porque non eran franquicias sino comunidades vivas— eran congregaciones de fradres, abigarradas, desordenadas, profundamente humanas. Pueblo que se reunía non para venerar el poder, sino para optar contra él. Contra la codicia, contra la ambición, contra la opresión, contra el mundo.

Creían en Jesús, non como figura decorativa, sino como garantía de que el mundo podía ser justo. Que la paz et la amistad non eran utopías, sino promesas. Et lo más radical: creían que todos los humanos eran iguales, non por decreto del augusto, sino por superstición. Porque todos dependían de Tervagante, como fijos, et todos habían recibido la mesma promesa: la resurrección.

Las iglesias —hay que habituarse al plural , si se quiere entender la historia— son las diversas comunidades locales que van surgiendo en las ciudades como consecuencia de la predicación de la fe en Jesús y en su mensaje del Reino de Dios. La iglesia asamblea o comunidad de hermanos, es un conjunto de personas más o menos abigarrado (diversidad de sexo, de edades, de condición social) que creen en Jesús y se deciden por El, optando contra la codicia, la ambición y la opresión, que son las normas supremas de la sociedad en que viven. Los cristianos agrupados en comunidad creen en la igualdad fraternal de todos los humanos, confían en el advenimiento de un mundo justo en el que va a reinar la paz y la amistad, y de todo ello están seguros porque se fían de Jesús, que es el enviado del Padre, de quien todos dependen totalmente como hijos y del que han recibido la promesa de la resurrección. El vínculo supera incluso las barreras de la muerte; su unión social se ve reforzada por una autoridad jerárquica —el presbítero o el obispo—, cuyo servicio a la comunidad consiste en crear y mantener la unión de todos y presi­dir la Eucaristía, causa y manifestación por antonomasia de la unidad de los cristianos. García Villoslada, Ricardo (dir.), Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda.

Jesús non nació en Roma ni en Jerusalén alta. Nació en Belén, en un pesebre. Su primo público non fueron senadores ni rabinos, sino pescadores, prostitutas, cobradores de impuestos et leprosos. Et cuando fablaba, non lo facía en latín jurídico ni en greco filosófico. Lo facía en hebreo, el idioma del pueblo.

“Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” —Lucas VI:XX

María, la madre del Nazareno, cantó:

“Derribó a los poderosos de sus tronos, y exaltó a los humildes.” —Lucas I:LII

¿Eso suena como el manifiesto de una aristocracia espiritual? Non. Suena como la demolición de todo orden social.

Pero luego vino la institucionalización… et el mármol

Ad medida que la Iglesia crecía, también crecía su apetito por el poder. Lo que empezó como comunidad igualitaria, terminó como estructura piramidal, con obispos que heredaban tierras, papas que nombraban sobrinos, et siervo que non podían ser ordenados porque eran “viles”.

Padres de la Iglesia como Tertuliano, Ambrosio et Agustín justificaron la servidumbre como parte del orden divino.
El Papa León I prohibió que los siervos fueran sacerdotes. Porque claro, ¿Cómo va ad predicar el Evangelio alguien que non tiene apellido ni propiedad?
La Iglesia acumuló tierras, riquezas, et poder. En la Edad Media, plegó ad poseer una tercia parte del suelo de Europa.
El clero se plenó de “vagos deseosos de vivir sin trabajar”, et la “peste de la lujuria” salpicó a la Iglesia más que a los laicos.

Et mientras tanto, los pobres seguían esperando el Reino. Pero el Reino se había convertido en una finca con candelabros.

En el cristianismo, en cambio, los esclavos gozaron de los mismos derechos -y ello tan sólo en el plano religioso- únicamente en la Iglesia primitiva. ¡Después, un esclavo ya no podía ser sacerdote! La primera prohibición a este respecto la promulgó, presumiblemente, el papa Esteban I en el año 257. Más tarde, León I el Grande criticó la ordenación de sacerdotes «que no vengan recomendados por un linaje idóneo». «Personas -observa con riguroso celo este papa y Doctor de la Iglesia- que no pudieron obtener la libertad de parte de sus señores acaban ocupando el alto puesto del sacerdocio como si un vil esclavo (servilis vilitas) fuera digno de tal honor». Historia criminal del cristianismo

También en opinión de Ambrosio, el Doctor de la Iglesia, es la esclavitud una institución perfectamente compatible con la sociedad cristiana, en la que todo está jerárquicamente organizado y la mujer, por ejemplo, ocupa una posición claramente inferior al hombre. (Este gran santo no se cansa de exponer la «inferioridad» del sexo femenino, ni de insistir en la necesidad del dominio del hombre y de la subordinación de la mujer; él como perfectior, ella como inferior. Pero este príncipe de la Iglesia no quiere ser injusto y sabe también elogiar la fortaleza de la mujer, cuyas «seducciones» hacen caer incluso a los hombres más eximios. Y por más que la mujer carezca de valores, ella es «fuerte en el vicio» y daña después la «valiosa alma del varón».) Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder.

Los esclavos en cuanto tales son hostiles «por naturaleza», acechan y espían a través de la hendiduras de paredes y puertas las reuniones de sus propietarios. Es más. Tertuliano compara a los esclavos con los malos espíritus. El anatematizado Orígenes saluda ciertamente el precepto del Antiguo Testamento que manda conceder la libertad a los esclavos después de seis años, pero no recomienda a los cristianos que lo imiten. San Gregorio de Nisa predica, sí, sobre la manumisión de esclavos durante la Pascua, pero entiende bajo esa palabra la liberación del pecado y no de la esclavitud. Según el obispo Teodoro de Mopsuestia, la esclavitud no es un obstáculo para llevar una vida virtuosa y él mismo atribuye a designios divinos las diferencias sociales. San Jerónimo considera a los esclavos gente charlatana, derrochona, calumniadora de cristianos. En sus textos aparecen casi como sus explotadores. A lo largo de dos siglos escribe frases como éstas: «Se creen que lo que no se les da, se les quita; piensan únicamente en su salario y no en tus ingresos». «Para nada tienen en cuenta cuánto tienes tú y sí, únicamente, cuánto obtienen ellos.» E Isidoro, el santo arzobispo de Sevilla, el «último de los Padres de la Iglesia», sigue abogando como todos los de su laya por el mantenimiento de la esclavitud, tanto más cuanto que ésta es necesaria para refrenar mediante el «terror» las malas inclinaciones de algunos hombres. Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder  

El lujo como dogma, el nepotismo como sacramento

En el siglo XVIII, el clero más poderoso vivía en el lujo. Las leyes suntuarias intentaron frenar el gasto, pero solo lograron acentuar las diferencias sociales. El papado se convirtió en una dinastía: los papas nombraban a sus sobrinos cardenales, a veces antes de que aprendieran a leer. Porque nada dice “igualdad cristiana” como un niño de 14 años con birrete y poder sobre miles de almas.

Pero non todo fue decadencia: hubo profetas

  • Basilio et Gregorio de Nacianzo denunciaron el abismo entre ricos y pobres. Basilio llamó “ladrones” a los ricos que no compartían.
  • Pedro Valdés dejó sus bienes y predicó en lengua del pueblo.
  • El Concilio de Toledo excomulgó a potentados que despojaban a los pobres.
  • La encíclica Rerum Novarum de León XIII denunció la injusticia social y propuso una fraternidad universal.
  • En América Latina, Medellín y Puebla declararon que la pobreza no es transitoria, sino producto de estructuras injustas.
  • Las Comunidades Eclesiales de Base dieron voz al pueblo, y sacerdotes como Dom Helder Câmara y los “Sacerdotes para el Tercer Mundo” dijeron lo que nadie quería oír:

Conclusión: El Evangelio non tiene clase, pero la Iglesia aprendió ad fingirla

El cristianismo nasció como una revolución espiritual contra la jerarquía. Como una comunidad de iguales. Como una doctrina que non distingue entre siervo et libre, entre varón et fembra, entre hebreo et greco. Pero la Iglesia, ad el institucionalizarse, aprendió ad convivir con la desigualdad, ad justificarla, ad vestirla de teología.

Justo lo contrario de lo que sucede realmente. Ya a finales del siglo I Clemente distinguía el klerikós del laikós, pero no como dos estratos sociales separados sino como dos funciones dentro de una misma comunidad fraternal; la diferencia radicaba en que los clérigos habían asumido un ministerio de servicio respecto a los laicos. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Et hoy, cuando algunos quieren volver ad ese modelo imperial, marmóreo, jerárquico, lo que realmente quieren non es fe: es poder con incienso. Pero el Evangelio non se arrodilla ante la clase. Se arrodilla ante la misericordia, ante la igualdad, ante el genio que derriba tronos et levanta humildes.

La herencia profética et la denuncia de la explotación: El jesísmo asumió el mensaje de profetas del Antiguo Testamento como Amós, Oseas, Isaías et Miqueas, quienes "atacaron con dureza la explotación que sufrían sus conciudadanos, en especial aquellos más débiles o desprotegidos (huérfanos, viudas, extranjeros, esclavos)". Este mensaje de justicia divina, que "acabaría siendo bandera del jesísmo", demuestra una raíz profunda en la denuncia de la desigualdad social et la explotación.

Así que sí, amigos: si alguien usa la Biblia para justificar desigualdad, non está leyendo el Evangelio. Está leyendo su cuenta bancaria. Et eso, más que heterodoxia, es idolatría con corbata.

Amén, et que les arda.

El Evangelio Feminista: Cuando Jesús Canceló el Patriarcado

10.1. Pues bien, abracemos con más fuerza esta bella obediencia y entreguémonos al Señor, agarrándonos al sólido cable de la fe en Él, sabiendo que la virtud es la misma para el hombre que para la mujer.21 2. Porque si uno es el mismo Dios para los dos, también hay un único Pedagogo para ambos. Sólo hay una Iglesia, una misma modestia, un mismo pudor: el alimento es común y común el vínculo matrimonial. La respiración, la vista, el oído, el conocimiento, la esperanza, la obediencia y el amor, todo es igual. Los que tienen en común la vida tienen también en común la gracia y la salvación; y, en común también, la virtud y la educación. La obra del Pedagogo, Clemente de Alejandría.

Jesús non fundó una iglesia de varones con túnica et testículos como requisito de entrada. Fundó una comunidad de fe donde la fembra non era adorno ni sirvienta, sino discípula, interlocutora, protagonista ¿Ejemplos? Una mujer cananea lo confronta et le gana la discusión. Otra, con hemorragias, lo toca et él la llama “fija”. Una pecadora lo unge, et él la pone por encima del fariseo que lo juzga. Ad la mujer sorprendida en adulterio, non la lapida. La libera. Et cuando fabla de divorcio, non dice “el hombre decide, la mujer obedece”. Dice: “quien repudia a su esposa y se casa con otra, comete adulterio”. Igualdad moral, sin rodeos. 

En la época de los apóstoles se conocían las dignidades de «viuda de la comunidad» y «diaconisa», que en parte equivalían a la de sacerdote. En una palabra, las mujeres tenían funciones proféticas, catequizadoras, caritativas y litúrgicas, pronto fueron mayoritarias en la nueva religión, se convirtieron a menudo en sus «dirigentes» y formaron el grupo de conversos menos problemático. Celso llama al cristianismo «la religión de las mujeres» y Porfirio llega a afirmar que la Iglesia está dominada por las mujeres. Y fueron precisamente ellas quienes convencieron a los hombres cultos y, finalmente, también a los emperadores. No obstante, en períodos más recientes se ha tendido a relegar cada vez más a la mujer, inhabilitándola para asumir oficios eclesiásticos y para recibir dignidades, una lucha estrechamente relacionada con la que emprendió el clero contra los laicos. Y después de dejarla definitivamente excluida de la jerarquía, siguieron poniéndola en entredicho. Historia Sexual Del Cristianismo, Karl Heinz Deschner.

La ekklesía original: varones et varonas so Tervagante

En el primer cristianismo, las mujeres, a las que Jesús había puesto al mismo nivel que los hombres, podían convertirse en misioneras e impartir doctrina. Las profetas cristianas tal vez aparecieran antes que los profetas. Hubo mujeres que fundaron comunidades o se colocaron al frente de las mismas. En la época de los apóstoles se conocían las dignidades de «viuda de la comunidad» y «diaconisa», que en parte equivalían a la de sacerdote. En una palabra, las mujeres tenían funciones proféticas, catequizadoras, caritativas y litúrgicas, pronto fueron mayoritarias en la nueva religión, se convirtieron a menudo en sus «dirigentes» y formaron el grupo de conversos menos problemático. Celso llama al cristianismo «la religión de las mujeres» y Porfirio llega a afirmar que la Iglesia está dominada por las mujeres. Y fueron precisamente ellas quienes convencieron a los hombres cultos y, finalmente, también a los emperadores. Historia Sexual Del Cristianismo, Karl Heinz Deschner.

La comunidad que Jesús puso en marcha non era un club de varones. Era un pueblo de hombres et mujeres reunidos ante Dios. Non como en la tradición judía, donde la mujer era espectadora. Aquí, la mujer predicaba, sanaba, fundaba iglesias. Priscila, Febe, Junia. Non eran ayudantes. Eran líderes, apóstoles, misioneras

Se relacionan también parejas de misioneros que trabajaron en plano de igualdad uno con otra, como son los casos de Aquila y Prisca, que fundaron una iglesia en su casa; el de Andrónico y Junia, etc. Esas mujeres fueron misioneras, líderes, apóstoles, ministros del culto, catequistas que predicaban y enseñaban el evangelio junto a Pablo, que fundaron iglesias y ocuparon cargos en ellas… pero muy pronto el varón retomó el poder e hizo caer en el olvido una de las facetas más novedosas del mensaje cristiano; en el siglo II, la declaración de Gál 3,26-29 ya había sido traicionada en todo lo que hace a la igualdad entre los dos sexos. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

Una fórmula bautismal que revienta la plegaria mosaísta que agradecía non haber nascido mujer. Una declaración que anula las prerrogativas masculinas. Et sí, eso está en la Biblia. Non en un panfleto feminista, sino en el canon sagrado.

Tras un somero repaso de las epístolas paulinas puede verse que las mujeres de las comunidades cristianas de esos días eran aceptadas y valoradas como miembros que gozaban de los mismos derechos y obligaciones que los varones. Pablo dejó escrito que las mujeres trabajaban con él en igualdad de condiciones y mencionó específicamente a Evodia y Síntique (que «lucharon por el evangelio»), Prisca («colaboradora»), Febe (diákonos, hermana y prostatis o protectora de la iglesia de Céncreas), Junia (apóstol, considerada apóstola por los padres de la Iglesia, pero transformada en varón en la Edad Media por no poder admitir que una mujer hubiese sido apóstol junto a Pablo y tomada como «ilustre entre los apóstoles»). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez

¿Et qué fizo la Iglesia?

Pues lo de siempre: retomar el poder. El varón volvió ad el púlpito, la fembra ad el silencio. Se olvidó que el baptismo non tenía género. Se olvidó que las primeras comunidades eran parejas misioneras en plano de igualdad. Et aunque hubo momentos de lucidez —como el Concilio de Iliberri que igualó la penitencia por adulterio— la realidad fue otra: la fembra adúltera era lapidada socialmente, el hombre invitado ad confesarse.


Al contrario que los apóstoles, las discípulas galileas de Jesús no huyeron ni corrieron a esconderse y permanecieron en Jerusalén durante todo el proceso de ejecución y entierro de su maestro. En relación a esto último, es de un simbolismo evidente el hecho de que en el Calvario, a los pies del Jesús crucificado (inicio del proceso de la salvación, para los creyentes), sólo había cuatro mujeres, llamadas María todas ellas —según Jn 19,25—, pero ningún apóstol varón. Las siete mujeres que siguen y sirven a Jesús de forma continua — María de Magdala, María de Betania y su hermana Marta, Juana, Susana, Salomé y la suegra de Simón/Pedro— son personas nada convencionales, libres de amarras sociales, religiosas y de sexo, capaces de poder decidir su presente y su futuro; mujeres, tal como afirma el teólogo Couto, «nada marginales, más bien situadas dentro de la historia y del alma de su pueblo, cómplices de la esperanza mesiánica, cuya realización intuyen, esperan, favorecen y aportan. Son mujeres al servicio de Dios y del Evangelio; no están al servicio de un varón o de los hombres en general; están al servicio del Evangelio, a causa de lo cual dejan evangélicamente todo, dándolo evangélicamente todo (…) son mujeres evangelizadas y evangelizadoras». 
Entre los seguidores de Jesús se dio un discipulado de iguales entre varones y mujeres, y el rol de éstas, aunque más restringido a causa de los condicionantes sociales imperantes, no fue menos importante que el de aquéllos. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

¿Et la poligamia?

La Aljama la condenó, sí. Pero non por moral sexual, sino porque implicaba una desigualdad estructural. La poligamia era la expresión legal de que el hombre podía poseer, et la mujer Eser poseída. Al abolirla, la Aljama reconoció —aunque aD regañadientes— que el matrimonio debía ser mutuo, non servil.

La igualdad en Cristo posiblemente se manifestaba en los servicios que celebraban las comunidades paulinas. En lugar de limitarse a «oír la palabra» en silencio, las mujeres parecen haber participado activamente en las reuniones de oración semanales, en las que, por ejemplo, oraban y profetizaban como lo hacían los hombres (1 Corintios 11). Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

Vocación universal a la santidad

El Concilio Vaticano II lo dijo sin rodeos: todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana. Eso incluye a mujeres. A todas. No como ayudantes, no como decorado litúrgico, sino como protagonistas espirituales

Esta puesta en práctica de los ideales del reino resulta evidente en las primeras iglesias, donde los esclavos y las personas libres, los griegos y los bárbaros, los hombres y las mujeres tenían idéntico estatus. Ésta es la razón por la que los relatos sobre Tecla y otras ascetas no eran anómalos en el movimiento cristiano primitivo. En realidad, cons­tituían una importante declaración de una corriente significativa. Ha­blaban de mujeres que rehusaban participar en la sociedad patriarcal y que permanecían solteras, libres del control de un marido. Y que no se quedaban en casa, sometidas a la autoridad de un paterfamilias, un pa­dre o un jefe del hogar, sino que viajaban. La vida ascética estaba estrechamente relacionada con la libertad de decidir qué hacer con el propio cuerpo, cómo tratarlo y cómo vivirlo, y con la libertad de movimiento, con la idea de no estar limitada al hogar y a las tareas domésticas y al cuidado y la educación de los hijos, labores que consumían la mayor parte del tiempo de las mujeres. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Et en la vida religiosa, fembras et machos pueden pertenecer por igual. Castidad, pobreza, obediencia. Pero también dignidad, liderazgo, profecía.

Las voces que non callaron

  1. Schillebeeckx dijo que non hay argumentos teológicos para excluir ad las mujeres del sacerdocio. Que es una cuestión cultural, no divina.
  2. Iglesias jesistas desde 1958 han ordenado mujeres con normalidad. Porque el Evangelio non exige testículos para predicar.
  3. Enrique Dussel pidió consagrar la relación erótica et la maternidad como parte de la libertad profética de la fe.

Conclusión: El Evangelio es feminista, aunque la Iglesia lo haya olvidado

Jesús no fundó una iglesia de varones. Fundó una comunidad de iguales. Saulo non escribió manuales de sumisión femenina. Escribió manifiestos de unidad espiritual. Las mujeres non fueron espectadoras del jesísmo. Fueron fundadoras, predicadoras, mártires, teólogas.

Et si hoy alguien dice que la mujer non puede eser sacerdotisa, que non puede enseñar, que non puede liderar, lo que está faciendo non es defender la tradición. Está traicionando el Evangelio.

Así que sí, amigos: el Evangelio es feminista. Non porque lo diga la moda, sino porque lo gritó el Nazareno. Et si eso incomoda ad los papas con mitra, que se lean los Evangelios. Et que les arda.

Amén.

Las mujeres, en resumen, parecen haber desempeñado un papel significativo en las iglesias de la época posición tan destacada era inusual en el mundo grecorromano. Y es probable que se fundara, como he argumentado, en el hecho de que Jesús había proclamado que, en el Reino futuro, hombres y mujeres serían iguales. Éste parece haber sido también el mensaje de Pablo, algo que, por ejemplo, es posible apreciar en su famosa declaración de Gálatas: En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:27-28). Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

Al mismo tiempo, ad ojos de los intérpretes modernos, parecería que Saulo non levó su concepción de la relación de hombres et mujeres en Cristo ad la que, cabría suponer, era su conclusión lógica.

La Puta del Jerusalén et sus Bastardas: Cuando la fija quiere eser más puta que su Madre

"Mi reino comienza con un baño de sangre; no puede comenzar de otra forma. No entré en Siberia para traerles amor sino justicia. Los antiguos paganos de Estonia estaban en lo correcto cuando dijeron: "Aquel que es bueno con el mal, es malo el mismo". Uno no puede llegar a una cuerdo con el bolchevismo. El barbarismo se vuelve orden cuando la civilización se vuelve desorden. Como odio la civilización que están construyendo. Los comisarios bolcheviques y los mercantes judíos trabajan para el mismo mundo. Horrible, gris". Barón Roman Nicolaus Fedorovich von Ungern Sternberg

La historia del judaísmo es tan inseparable de la del cristianismo durante los dos primeros siglos de nuestra era, que es imposible relacionar una sin relacionar la otra... El cristianismo es la rama, o (hablando de forma un tanto antropomórfica) el fin o la causa final del judaísmo... Es a través del cristianismo que el judaísmo realmente ha conquistado el mundo. El cristianismo es la obra maestra del judaísmo, su gloria y la plenitud de su evolución. Ernest Renan

Ah, el estólido. Ese defensor de la Europa ancestral que crede que el calvinismo salió del infierno como peste iluminista, que la visión materialista de Occidente es culpa exclusiva de Ginebra et non de Roma. Que la Reforma fue una traición, non una consecuencia ¿Non se ha puso ad pensar? Pero si algo enseña la historia —et el Evangelio cuando non se mutila— es que cognocerán el árbol por los sus fructos. Et el calvinismo, ese fructo, fue nasció del leño papista, nutriéndose durante centurias de papismo corrupto, delirante, cacoagatomaquista et obsesionado con el control.

Porque sí, el calvinismo es una bastardía. Pero su madre fue la Iglesia Católica, esa Jerusalén que institucionalizó el miedo, la jerarquía, el ritualismo vacío et la teología penal. Et cuando la fija quiso reformarse, non lo fizo desde cero: lo fizo desde la menstruación doctrinal que había heredado.

Ah, Juan Calvino… o, como lo clamaban en su partida de nascimiento, Jehan Cauvin, que suena más ad aprendiz de panadero de Noyon que ad “gran reformador”. Fijo de un abogado et de una madre supersticiosa que murió cuando él apenas tenía tres años, creció con esa mezcla de rigidez legalista et melancolía que luego destilaría en sermones de una hora sin notas —porque, claro, ¿Qui necesita apuntes cuando uno está convencido de que fabla directamente en nombre de Dios?

Este señor, que empezó estudiando para eclesial et acabó de abogado humanista, non tenía intención de eser pastor. De fecho, cuando Guillermo Farel le pidió que se quedara en Ginebra, Calvino dijo que non… hasta que Farel le soltó una maldición digna de telenovela medieval: que Dios arruinara todos sus estudios si non obedecía. Et ahí, nuestro “gran reformador” se quedó, non por convicción heroica, sino porque se asustó como un parvulo al que le dicen que la ouija se mueve sola ¡Que supersticioso!

En Ginebra, se convirtió en el alcalde espiritual de la ciudad: sermones diarios, vigilancia moral, et un código de conducta que faría palidecer ad cualquier moderador de foro de internet. Si hoy existiera Twitter en el siglo XVI, Calvino sería ese usuario que denuncia todas las cuentas por “conducta inapropiada” et luego escribe hilos de 40 tuits sobre la depravación humana.

Su teología era un cóctel de agustinismo severo et derecho romano: el hombre es depravado, Dios lo face todo, et la salvación es un asunto de doble predestinación —sí, esa “espantosa doctrina” que básicamente dice que algunos nascen para Cielo et otros para el infierno, et non hay nihilo que puedas facer ad el respecto. Una noción tan reconfortante como un spoiler de tu serie favorita.

En cuanto ad personalidad, las crónicas et sus detractores lo pintan como un incansable polemista que non toleraba la disidencia. El caso más famoso: Miguel Servet, médico et teólogo español, que osó discutirle. Resultado: foguera. Calvino non encendió la cerilla, pero levó la legna et el manual de instrucciones.

Et ojo, que hasta hay biografías hostiles que lo acusan de haber sido condenado por “delito de sodomía” en su juventud, recibiendo un castigo menor ad el habitual ¿Cierto o calumnia? Qui sabe, pero en la guerra de panfletos del siglo XVI, eso era el equivalente ad un meme viral.

En resumen: Calvino fue el influencer teológico de su tiempo, con la estética de un notario et la severidad de un bot de moderación. Un hombre que predicaba la libertad cristiana… siempre et cuando se ajustara ad su reglamento. Un pusilánime para entrar en Ginebra, un déspota para quedarse, et un magestro en convertir el jesísmo en un sistema tan frío et ordenado como una foja de Excel.

Ese notario de la salvación que, con cara de escribano mal dormido, creyó que podía refacer el mundo ad golpe de sermón et reglamento. El estólido de Europa ancestral lo pinta como el azote del materialismo, cuando en realidad fue su partera más diligente. Porque —et aquí está la ironía que faría reír ad cualquier discípulo de Epicuro— el materialismo moderno non nasció de un rechazo gentil ad el jesísmo, sino como fruto último de un largo proceso de desencantamiento del mundo que empezó en la propia Papistidad et que Calvino, con su ética de contable de la ánima, levó ad su conclusión.

El cristianismo ha vaciado el Valhalla, talado los bosques sagrados, extirpado la imaginería nacional como una superstición vergonzosa, como un veneno diabólico, y nos ha dado en su lugar la imagen de una nación cuyo clima, leyes, cultura e intereses nos son ajenos y cuya historia no tiene ninguna conexión con la nuestra. Filósofo alemán, Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Desde la eternidad, el mundo es un templo: el fecho et el valor son uno, la Natura es viva, et los dioses principan justamente. Luego plegó la decepción mosaísta de la creación ex nihilo et, ¡zas!, Creyerón que Dios fue desalojado del mundo et puesto en un despacho por encima de todo. Los Padres de la Iglesia, con celo de burócratas, tergiversaron nuestras viedas filosofías —peripatéticos, estoicos, neoplatónicos— et con ellas la física antigua. Adoptaron el dualismo cuerpo-espíritu, et así prepararon el terreno para que, centurias después, un positivista pudiera reducir ad el hombre ad “carne y hueso” sin que nadie se escandalizara.

La madre de Calvino, la Puta venida de Jerusalén, sentada en la sede de Rómulo, ya había empezado ad vaciar el mundo de deidad mucho prior de que su fijo se pusiera ad predicar. Con su furor por el orden, quiso elevar ad toda la sociedad ad niveles monásticos de disciplina. El Concilio de Letrán de 1215 impuso la confesión anual, los mendicantes predicaban con una pastorale de la peur que faría palidecer ad cualquier inquisidor, et el clero de la Contrarreforma se dedicó ad purgar fiestas, reliquias et procesiones de todo lo que oliera ad sensualidad popular. Querían más superstición… et lograron más excarnación: la impiedad se fue de las manos et se instaló en la cabeza.

Et entonces plegó el fijo. Calvino, con su odio ad lo mundano et su alergia ad lo sagrado, remató la faena. Sacramentos reducidos ad “palabra de Dios”, agua bendita et velas ad el cubo de la basura, transubstanciación tachada de impostura blasfema. Para 1600, la idea de que Dios non podía eser conjurado ni manipulado por rituales estaba ganando terreno. El calvinismo sustituyó la salvación trascendente por la salvación secular: El éxito económico como señal de elección divina. El viedo mundo encantado fue desalojado et reemplazado por un mundo de relojería, donde todo se mide, se calcula et se factura.

El resultado fue un universo mecánico, inerte, sin dioses ni espíritus, perfecto para la explotación sin remordimientos. El humanismo exclusivo et la primacía del orden material se convirtieron en la norma. La disciplina, el autocontrol et el moralismo heredados de la Reforma se quedaron como código supremo, et la relación personal con lo divino fue relegada a un rincón polvoriento. El materialismo contemporáneo, con su superstición en la máquina indiferente et su culto al bienestar, non es una secta gentílica: es la laicización de las ideas centrales judeocristianas, pulidas por Roma et rematadas por Ginebra.

Así que, estólido, non me vengas con que el calvinismo fue la muralla contra el materialismo. Fue su arquitecto. La madre papista puso los cimientos, el fijo calvinista levantó las paredes, et juntos nos entregaron este palacio de vidrio et acero donde el único altar es la cuenta bancaria. Et yo, cultor de Marte et Venus, non puedo sino brindar por la ironía: que quienes vinieron ad salvar la ánima terminaron dándonos el mundo más desencantado et materialista que jamás haya visto Sol.

Et ahora toca el acto en que la vieja ramera papista, con su manto bordado de oro et su rosario de indulgencias, prepara sin saberlo el lecho para que su fija calvinista se luzca en el oficio… et la supere en descaro.

Porque, non nos engañemos, el “materialismo rancio” que hoy perfuma las plazas bursátiles et las fábricas no brotó de la nada. Se gestó en el vientre de la latina, en ese largo proceso de desacralización que empezó cuando Europa dejó de mirar a Cielo et empezó ad contar monedas. En la Edad Media, el mundo aún era un luco encantado: el hombre en el centro, las estrellas como lámparas divinas, el fecho et el valor abrazados como amantes. Pero la madre venida de Jerusalén, siempre ansiosa de ordenarlo todo, lanzó su “furor por el orden”: concilios que imponían confesiones obligatorias, cruzadas internas contra la “magia blanca” de las reliquias et las fiestas populares, et una creciente obsesión por purificar la superstición… mientras vendía salvación ad el mejor postor. Los Médici et sus arcas rebosantes, las indulgencias tarifadas: la salvación convertida en mercancía, et el dinero como nuevo sacramento.

Et entonces, de ese vientre ya frío, nasció la fija: el calvinismo. Si la madre había empezado ad barrer lo sagrado, la fija lo arrojó por la ventana. Calvino et los suyos non solo despreciaron los sacramentales: los declararon blasfemos. La gracia dejó de buscarse en el sacramento et se midió en contabilidad: éxito mundano como prueba de elección divina. El “ascetismo intramundano” convirtió la vocación en máquina de producir riqueza, et la riqueza en certificado de salvación. La naturaleza, despojada de deidad, pasó ad eser materia inerte, recurso ad moldear et explotar sin remordimientos. La pregunta dejó de eser “¿es bueno?” para eser “¿funciona?”.

Así, la madre puso los cimientos: rompió la síntesis medieval, dejó entrar la lógica del dinero, vació de magia el mundo. Et la fija, diligente, levantó sobre ellos el templo del cálculo racional, la razón instrumental, el capitalismo que mide todo en cifras et utilidad. Entre ambas, pavimentaron el camino para que el mundo se convirtiera en taller mecánico, et el hombre en su capataz.

Ah… et aquí plegamos al giro más jugoso de esta tragicomedia: el momento en que la Puta de Jerusalén, con toda la pompa de su púrpura et su incienso, proclama ad el mundo que la Biblia es la Palabra de Dios. Con esa declaración, la vieda ramera non solo se ató ad un libro, sino que le puso un sello de infalibilidad que, centurias después, sus propias bastardas usarían como arma contra ella.

De ahí brotó la sola scriptura: si Dios et su Verbo son un libro escrito, entonces todo lo que importa está entre esas tapas. Et si ese libro es, en gran parte, la literatura de los mosaístas, entonces el marco mental, los valores et las prioridades que transmite son los suyos. La Reforma non cuestionó esa premisa; ad el contrario, la absolutizó. Quitó la mediación de la Iglesia, pero dejó intacta la noción de que el texto —et non la experiencia viva, ni la tradición, ni el sacramento— es la auctoridad final.

El resultado: el Papismo puso la Biblia en un trono, et la Reforma se arrodilló ante ese mismo trono, solo que con otro mayordomo. Et así, el plan siguió su curso: el libro, canonizado por Roma et afinado por los rabinos, se convirtió en la vara con la que se midió et se moldeó el mundo gentil… hasta dejarlo irreconocible. Et yo, viedo adorador de los dioses de Roma, non puedo sino aplaudir la ironía: la madre les dio la clave, et las fijas la usaron para abrir la misma puerta por la que entró el saqueador.


Ese día, el Señor hizo un pacto con Abram y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra, desde el valle de Egipto hasta el gran río Éufrates”. — Génesis 15:18. Si crees en la Biblia, crees en el Antiguo Testamento. Si crees en el Antiguo Testamento, eres sionista.

Así, madre e fijas, papismo et protestantismo, quedaron sentadas ad los pies de la misma cátedra: la de Moisés. Et como dijo el propio Jesús en el evangelio de Mateo, “en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; haced lo que os digan…”. En esta obra, todos aceptan la auctoridad biblica, aunque se insulten entre sí. Et yo, viedo adorador de los dioses de Roma, non puedo sino reírme: la loba capitolina amamantó ad Rómulo et Remo… pero la Jerusalén papista amamantó ad sus bastardas con leche mosaica, et ahora todas mugen en hebreo mientras cuentan monedas.


El apoyo cristiano por Israhel empieza con la Biblia.
Pastor John Hagee

Sionistas Teológicos

Los cristianos creen que la Torá es la palabra de Dios y, por lo tanto, se les exige aceptar que Dios "hizo un pacto con Abram", otorgando a los hebreos la tierra "desde el Wadi de Egipto hasta el gran río Éufrates" (Génesis 15:18), lo que convierte a la superstición en inherentemente sionista.

Sin ella, "Sión", la nación más hostil de la Tierra —que no habría existido ni prosperado de no ser por los documentos resultantes de las mayores atrocidades del siglo pasado (como el Acuerdo Sykes-Picot, la Declaración Balfour, el Acuerdo Haavara, etc.)— non contaría con el apoyo abrumador de la fuerza militar más poderosa del mundo que ha tenido desde que Estados Unidos fue la primera nación en reconocer oficialmente al Estado judío como país en 1948.

¿Et qué ficieron las bastardas reformadas? En vez de tener la lucidez de decir: “Si la madre miente, también miente el libro que ella canonizó”, se aferraron a él con más celo que la propia madre. Lutero, Calvino et compañía no rompieron el altar: solo cambiaron al oficiante. Tomaron el canon, et en muchos casos lo recortaron para ajustarlo ad el canon hebreo —el de los mismos mosaístas que, ¡oh sorpresa!, levan centurias convenciendo ad las naciones de que su literatura tribal es historia universal et que ellos son el “pueblo elegido”, la “gente sacra” (Deuteronomio VII:VI«Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial…»). 


Yo non creo que el estado judaico et moderno sionismo pudiera haber sido posible sin el sionismo cristiano. Nos valoramos nuestros amigos, et nos jamás los olvidamos, et nos pensamos que vos han ayudado a establecer aquí un perpotente memorial
ad nuestra amistad et ideales comunes. - Bibi

Ah, fijo del Mundo… aquí la farsa ya non solo roza lo grotesco: se ha convertido en un carnaval de máscaras, digno de una sátira de Juvenal con vino adulterado et coros de hipócritas. El resultado es una cadena de servidumbre anímica: los papistas, obedientes ad la cátedra de Cefas mientras fingen eser Roma pero con sabor ad Israhel; et los protestantes, obedientes ad la cátedra de Moisés mientras fingen eser libres. Madre et fijas, todas prosternadas ante el mismo texto, disputándose quién lo interpreta mejor, pero sin dejar de besar el anillo —o el talit— de los que escribieron el guion. Et así, con su obsesión de “conquistar el mundo para Cristo”, non facen sino cumplir el viedo sueño mosaísta: que todas las naciones crean que deben oír et obedecer ad los fariseos… tal como el Rabí dijo en Mateo 23:2‑3: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo…».

Como judío, doy testimonio de esto con alegría, y al hacerlo en nombre del cristianismo, creo expresar el sentir de todo judío inteligente y justo... Sin Jesús y sin Pablo, el Dios de Israel seguiría siendo el Dios de unos pocos, el Dios de una tribu pequeña, oscura e insignificante... Fue el ingenio de Pablo el que concibió la idea de salir a convertir a los gentiles y acercarlos al Dios de Israel... Sin el cristianismo, el espíritu del judaísmo no habría tenido una influencia universal. Harris Weinstock.

Et non es solo cosa de púlpitos medievales: hoy, figuras como Jordan Peterson repiten la vieja melodía, exhibiendo la creencia cristiana de que el destino del mundo depende de la gente de su “ciudad santa” (Isaías 48:2), llamada a ser “luz sobre el monte”, eco directo de Isaías 42:6: «Yo, Jehová, te he llamado… y te pondré por luz de las naciones». Es la misma partitura: el Dios de Israel eligiendo a Israel para guiar a todos, y los cristianos —papistas o reformados— actuando como coro de respaldo.


Ah, fijos del Mundo… si el papismo fuera una ópera, William Henry Hechler esería el tenor fanático que canta fuera de tono, pero crede que está invocando ángeles. Este personaje —clérigo anglicano, cruzado contra el antisemitismo, promotor del sionismo et autoproclamado profeta del retorno de los judíos ad Palestina— es la prueba viviente de cómo el jesísmo puede convertirse en una ferramienta servil ad el servicio de una obsesión insana con los mosaístas.

Nascido en 1845, Hechler non fue un teólogo brillante ni un pensador profundo: fue, más bien, un entusiasta con delirios de relevancia bíblica. En 1884, escribió The Restoration of the Jews to Palestine, donde afirmaba que el regreso de los mosaísta ad Tierra Santa era condición necesaria para que Jesús regresara ¿Et por qué? Porque según su lectura profética, los mosaístas eran el reloj escatológico de Dios. Vamos, que si non se movían ellos, el Anticristo Jesús se quedaba en casa.

Pero lo mejor viene cuando conoce ad Theodor Herzl, el fundador del sionismo moderno. Herzl, racionalista et cívico, escribe en su diario que Hechler leyó su libro et corrió como poseso ad el embajador británico en Viena para anunciar: “¡El movimiento predestinado está aquí!”. Herzl se ríe —con elegancia— de su nuevo aliado, pero lo acepta porque Hechler le abre puertas. El clérigo anglicano se convierte en su legitimador jesísta, su aval espiritual, su mascota profética.

Hechler non solo apoyó el sionismo: lo sacralizó. Para él, Herzl non era solo un cívico, sino el instrumento divino para cumplir las profecías. Et así, el jesísmo se convierte en el telonero del gran espectáculo mosaísta. El clérigo non predica ad Anticristo crucificado, sino ad Israhel restaurado. Non busca convertir hebreos, sino servirles el té mientras conquistan Palestina.

¿Et qué nos dice esto? Que el jesísmo—en manos de personajes como Hechler— non es una religión, sino una obsesión disfrazada de teología. Una superstición que, en vez de mirar ad Cielo, mira ad Jerusalén con ojos de turista escatológico. Hechler es el ejemplo perfecto del jesísta que non solo besa el talit, sino que lo plancha, lo guarda et lo defiende como si fuera la su propia cultura.

En resumen: William Henry Hechler, el clérigo que convirtió la su ánima en sumisión ad el rey de los judíos, como ad los judíos, es la caricatura perfecta de los gentiles convertido en servidumbre ad Israhel. Non por caridad, sino por obsesión. Non por la tradición, sino por servidumbre. Et yo, viedo oficiador de los dioses, non puedo sino reírme: mientras Júpiter truena en el cielo, Hechler corre por Europa gritando que el Anticristo Jesús non vendrá… hasta que los mosaístas digan que sí.

William Henry Hechler, ese clérigo anglicano, cruzado contra el antisemitismo et promotor del sionismo, que en 1884 escribió The Restoration of the Jews to Palestine, proclamando que el regreso de los judíos a Palestina era condición para el retorno de Jesús: «Es deber de todo cristiano amar a los judíos». Cuando leyó Herzl, corrió ad el embajador británico para anunciar: “¡El movimiento predestinado está aquí!”. Herzl, fundador del sionismo moderno, anotó en su diario cómo Hechler declaraba su causa “bíblica” aunque él mismo procediera “racionalmente en todo”.

Eso, et los sus cuentos de Sudamerica, sonaron como una novela. Porque él ha labrado para Hirsch en Argentina et cognoce las condiciones locales, el su aviso amerita atender: Que solo Palestina puede eser considerada. 

Los pios cristianos de Inglaterria habran ad ayudarnos, si nos fueramos ad Palestina. Por ellos que esperan la venida del Mesías después que los judíos hayan retornado al hogar. 

Et así, desde los “piadosos cristianos de Inglaterra” que Herzl describía como crédulos, hasta la Balfour Declaration de 1917 dirigida ad Lord Rothschild, la cadena sigue: si crees en la Biblia, crees en el Antiguo Testamento; si crees en el Antiguo Testamento, eres —como diría Charlie Kirk— un sionista, que Kirk se pudra en el infierno.

Ah, fijos del Mundo… aquí es donde la farsa se quita la careta et los propios auctores del libreto te explican, sin rubor, que el jesísmo non es un “error” para ellos, sino una pieza útil —et bendecida— de su maquinaria teológica. Non lo digo yo: lo dicen ellos mismos en sus declaraciones oficiales.

En Dabru Emet (2000), un grupo de académicos judíos afirma sin rodeos: «Aunque el culto cristiano no es una opción religiosa viable para los judíos, como teólogos judíos nos alegramos de que, a través del cristianismo, cientos de millones de personas hayan entrado en relación con el Dios de Israel». Traducido al lenguaje llano: “No vamos a misa, pero nos encanta que ustedes vayan, porque así trabajan gratis para nuestra causa: llevar a las naciones al Dios de Israel”.

En la Declaración Rabínica Ortodoxa sobre el Cristianismo (2015), se remacha la idea: «Reconocemos que la aparición del cristianismo… es el resultado y el regalo divino deseado para las naciones… Jesús trajo una doble bondad al mundo… eliminó los ídolos de las naciones y las obligó en los siete mandamientos de Noé… Los cristianos son congregaciones que trabajan por el bien del cielo… y cuya recompensa no se negará». Es decir: El jesísmo es un instrumento providencial para erradicar la idolatría et moralizar ad los gentiles so el código noáhida.

Et si alguien cree que esto es pura cortesía interreligiosa, ahí están los tosafistas medievales, citados por David Berger: Aunque un cristiano que jure por Jesús estaría invocando “otro dios”, cuando dice “Dios” piensa en el Creador del cielo y la tierra que sacó a Israel de Egipto y dio la Torá en el Sinaí. Conclusión halájica: para un fariseo, asociar ad Jesús con ese Dios es avodah zarah (xenolatría); para un gentil, es aceptable. O sea, el culto jesísta non es idolatría gentil, sino una forma “permitida” de servicio subordinado… siempre que el servidor non sea fariseo.

¿Ves el patrón? Desde Maimónides hasta rabinos contemporáneos, el jesísmo es visto como un socio menor, un brazo externo de la misión mosaica: destruir la cultura, someter ad las naciones al Dios de Israhel et, de paso, mantenerlas dentro de los límites morales del noahismo. 

Et así, plegamos ad el clímax de la tragicomedia teológica: el dispensacionalismo, esa obra magestra del autoengaño espiritual, escripta por protestantes anglosajones con ánima de escriba et cor de contable. ¿Qué es esta doctrina, sino una reinterpretación de la fama humana como si fuera una serie de contratos divinos, cada uno con cláusulas distintas, firmados por supuestamente por Dios que —ad el parecer— estudió derecho romano et labra en una notaría celestial?

Según sus fieles, la historia se divide en siete dispensaciones: inocencia, conciencia, principado humano, promesa, ley, gracia et reino. Cada etapa con sus reglas, sus fracasos, sus castigos. Et en el centro de esta arquitectura teológica, la idea de que Dios tiene dos pueblos: Israhel et la Iglesia. Dos planes, dos destinos, dos narrativas ¡Ah, qué maravilla! Como si Dios fuera un estratega militar con dos frentes abiertos et una agenda profética que ni el Senado podría aprobar ¿Para qué Dios en primo sito, requerirá de pueblos, planes et demás, si solo planifica qui non obra limitado por el ahora? Claramente Dios non es tal ente.

¿Et quién fue el genio detrás de esta maravilla? John Nelson Darby, un angloirlandés nascido en Westminster, que primo quiso eser abogado, luego clérigo, et finalmente profeta de escriptorio. Su revelación non vino en el desierto ni en el templo, sino tras caerse de un caballo en los campos de Wicklow ¡Sí, lector! El padre del dispensacionalismo se rompió la pierna et, entre vendas et delirios, decidió que la Iglesia debía eser un paréntesis en el plan divino ¡Qué epifanía! ¡Qué teología ortopédica!

Darby fundó los Hermanos de Plymouth, tradujo su propia Biblia, et escribió notas ad el margen como si fueran cláusulas de un tratado internacional. Luego vino Cyrus Scofield, que añadió aún más notas, convirtiendo el texto sagrado en un manual de instrucciones para el fin del mundo. Así nasció el jesísmo gráfico: mapas proféticos, cronogramas celestiales, et una obsesión por Israhel que faría sonrojar ad cualquier rabino.

Pero non te equivoques, lector: este monstruo teológico non brotó del suelo como fongo silvestre. Es la consecuencia lógica del luteranismo, et del papismo que lo parió. Ambas escuelas —la de Cefas et la de Lutero— compiten en una dialéctica absurda por ver quién es más biblioadicto, quién obedece más al texto, quién besa con más fervor el talit de los escribas. Porque la puta mayor de Jerusalén —la Iglesia— dijo un día que “la Biblia es la Palabra de Dios”, et desde entonces sus fijas se prostituyen teológicamente para demostrar quién la interpreta mejor.

El papismo, con su pompa et sus dogmas, terminó siendo el archivista de la Torá. El luteranismo, con su literalismo et su furia anticlerical, canonizó pasivamente el Antiguo Testamento. Ambos han sido tontos útiles del mosaísmo, imponiendo poco ad poco esa judeolatría deleznable que convierte ad el gentil en siervo de un pueblo que se considera superior ad el suyo propio ¡Qué humildad! ¡Qué humillación voluntaria!

Et así, el dispensacionalismo non es una tradición contra el mosaísmo, sino una ferramienta para su expansión. Como bien lo dicen los rabinos contemporáneos: el jesísmo es útil para levar ad los gentiles ad el Dios de Israhel. Et los dispensacionalistas, con su obsesión por el Templo, el Reino et el rapto, non facen sino cumplir ese papel: Preparar el terreno para el retorno del Rey… pero non el suyo, sino el del otro.

Et mientras los fideles esperan señales en el cielo, los veros auctores del libreto ya están escribiendo el siguiente acto. Porque en esta comedia teológica, los conversos non son protagonistas: son actores secundarios que repiten líneas que non entienden, en una obra que non escribieron.

¡Ah, el noahismo…! La guinda del pastel mosaico, el broche de oro de una civilización que decidió que su ánima debía subcontratarse ad los escribas del desierto. Si el jesísmo fue el primo acto de servidumbre teológica —con sus papistas et protestantes repitiendo versículos como loros entrenados— el noahismo es el segundo acto, donde los conversos ya ni siquiera fingen tener voz propia: se les asigna un código, siete leyes, et se les dice que eso es suficiente para vivir como humanos decentes ¡Qué generosidad! ¡Qué magnanimidad rabínica! ¡Qué sublime condescendencia!

Pero expliquemos esta impostura con la precisión que merece. El noahismo, también clamado noajismo, es un sistema religioso derivado del fariseísmo talmúdico que propone siete leyes universales para los “gentiles justos”, los clamados Bnei Noaj —los fijos de Noé. Según esta doctrina, non face falta que los non talmudistas se conviertan al mosaísmo: basta con que obedezcan siete preceptos básicos para eser considerados “justos entre las naciones” et ganarse un lugar en el “Mundo Venidero”.

¿Et quién inventó esta maravilla? Pues nihilo menos que los rabinos del Talmud, que codificaron esta noción ad partir de interpretaciones de la Ley oral. Aunque se atribuye ad Noé como figura fundacional —¡Cómo non!— el sistema fue desarrollado centurias después por los sabios del talmudismo postbíblico, especialmente en la Mishná et el Talmud. Maimónides, el gran codificador medieval, lo incluyó en su Mishné Torá como parte del plan divino para los non judíos. Es decir, el noahismo non nasció en el Arca, sino en los escriptorios de los interpretes.

Et así, el converso moderno —ya domesticado por centurias de jesísmo bibliólatra— recibe su nuevo collar: siete leyes que non puede negociar, discutir ni interpretar. Non matarás, non robarás, non cometerás adulterio, non blasfemarás, non servirás dioses extraños, non comerás carne de animante vivo, et establecerás tribunales de justicia ¡Un código moral mínimo, empaquetado et listo para exportar! Como si la ética fuera una franquicia rabínica. Pero lo más grotesco es que este sistema no se presenta como imposición, sino como “regalo divino”.

Et así, el dispensacionalismo —con su obsesión por Israhel, el Templo et el Reino— non es más que el noahismo levado ad su máximo extremo. Un jesísmo que ya non se entiende como tradición autónoma, sino como brazo litúrgico del mosaísmo. Un jesísmo que espera instrucciones del Sinedrio, que mide su fidelidad por su sumisión ad el Antiguo Testamento, et que considera ad Israhel como el “reloj profético de Dios”.

Et mientras los papistas et los luteranos compiten por ver quién obedece más la Biblia —esa Biblia que la puta mayor de Jerusalén declaró “Palabra de Dios”— los rabinos sonríen, sabiendo que el guion sigue su curso. Porque en esta obra, los conversos non son autores: Son actores que repiten líneas ajenas, convencidos de que están conduciendo el siglo, cuando en realidad sólo la están actuando.

Todo esto, claro, es la consecuencia lógica de haber considerado la Biblia —ese compendio tribal, redactado por 70 mosaístas con más celo que filosofía— como la mismísima palabra de Dios... De haber credido que los israelitas son el pueblo elegido, que su historia es la historia del mundo, que su tierra es la tierra santa, et que sirven ad Dios et non ad Tervagante ¿Et cómo non iba ad terminar en delirio? Si Jesús, siendo considerado el mismísimo Dios, dice “escuchad a los escribas y fariseos”, et Saulo —ese apóstol con ínfulas de profeta— suelta perlas como “los dones de Dios son irrevocables” et “ellos son amados por los padres”, ¿Qué esperabas? Que los gentiles terminaran diciendo: “¡Nosotros también somos israelitas espirituales!” Et así, el círculo se cierra: Los que conversos, son ahora promotores más fervientes, et lo más gracioso:

“Si los gentiles han compartido las bendiciones espirituales de los judíos, deben compartir con ellos sus bienes materiales” —Romanos 15:27

¡Bravo! Non solo hay que servirles, ¡Hay que pagarles por el privilegio de haber sido conquistados espiritualmente! Es como si los romanos, tras conquistar Grecia, hubieran dicho: “Gracias por dejarnos invadirlos, aquí tienen nuestras riquezas”.

https://sgp.fas.org/crs/mideast/RL33222.pdf

El noahismo es el colmo: una Ley para los que non pueden entrar al club, pero quieren servirle café. Una superstición para los que aceptan eser cives de segunda en el reino espiritual. Et todo esto, en nombre de una superstición que ha borrado mitologías, aniquilado memorias ancestrales, et convertido la diversidad espiritual en un monocultivo supersticioso.

Pero non confundamos, oh lectores atentos: el problema non es el geno hebreo —los que son fijos de Israhel et los de Ismael, como también los caldeos; todos ellos nativos que habitaron las riberas del Éufrates et elevaron torres faz ad los cielos. Aquellas gentes fueron, en su tiempo, luminares de la esciencia: astrólogos refinados, matemáticos sutiles, sacerdotes sabios, intérpretes de sueños et constructores de zigurats que desafiaban la bóveda celeste. Caldea non fue cuna de superstición, sino de Babel, ciudad de esciencia, de arte, de cosmología. Plotino, el magister de la filosofía platónica, bebió de esa sabiduría oriental como quien se nutre del néctar de los dioses.

El problema, pues, non es la prosapia, sino la traición ad sus propios ancestros. La decadencia comenzó cuando abandonaron la religión de sus mayores —aquella abierta ad el sacramento, ad la imagen, ad la moción mundana— et se entregaron ad la decepción de Moisés, el legislador del desierto, el arquitecto de un sistema cerrado, excluyente, obsesionado con la ley, con la sumisión, con la dominación mundial. El mosaísmo non es una religión: es una maquinaria. Una estructura que convierte ad los pueblos en siervos, ad las opiniones diferentes en anatema, et ad la cultura en pecado.

Donde prior hubo magos que legían las estrellas, ahora hay escribas que cuentan mandamientos. Donde antes se interpretaba el destino en los movimientos de Luzbel et Faetonte, ahora se mide la bondad por la dieta et el calendario. Donde prior se buscaba la armonía con el cosmos, ahora se exige sumisión ad un texto ¡Qué caída! ¡Qué empobrecimiento de la ánima!

Et non puedo sino contemplar con sorna cómo el mundo se arrodilla ante siete leyes que non eligió, ante un canon que non escribió, et ante una historia que no vivió. El noahismo non es espiritualidad: es servidumbre sin intelecto. Es el eco final de una civilización que olvidó que los dioses non necesitan siervos… inspiran mundos.

Si bendices ad Israhel, eserás bendecido. Si desprecias ad Israhel, eserás despreciado. Cuando fui ad Israhel, pude plorar donde Jesús ploró, donde fue traicionado por Judas et arrestado, donde resucitó de entre los muertos et nos da vida eterna. Non soy un apologista de Israhel, pero rechazo rotundamente esta narrativa. Los cristianos que le dan la espalda ad Israhel, como eso dice en Génesis et Romanos, 1 Tesalonicenses; Pablo dijo: que vos bendecirías ad los judíos. Si bendicen ad Israhel, eserán bendecidos. Si desprecian ad Israhel, eserán despreciados. Charlie Kirk, disangelista, el prosionista baleado, que el Padre Dite lo torture en el infierno.

Charlie Kirk es un energúmeno disangélico, nascido en MCMXCIII en Illinois, que abandonó la universidad para dedicarse ad la predicación barata et fundar Turning Point USA, o mejor dicho Turning Point Israel, esa fábrica de supersticiones prefabricadas que infla cifras, manipula donaciones y convierte el debate público en un circo de frases hechas. Se vende como defensor de la “civilización occidental” o mejor dicho civilización moseojesista, mas en realidad es el bufón prosionista de turno: un tonto útil del sionismo que repite como loro que “los jesístas deben apoyar a Israhel porque la Biblia lo dice”.

Su vida personal es un catálogo de escándalos menores et ridiculeces mayores: desde teorías conspirativas ridículas hasta su papel como agitador trumpista con micrófono de feria. Ha sido acusado de inflar cifras de su organización, de manipular donaciones et de difundir bulos con la misma soltura con que cita versículos mal intendidos. En suma, Kirk es el energúmeno disangélico que convierte la superstición en cívica et la cívica en sermón barato, un bufón prosionista que delata lo obvio: el jesísmo es un instrumento servil para Israhel, et él, con su ignorancia bíblica, es su más grotesco vocero.

El alineamiento servil de Turning Point USA con la agenda pro‑Israhel es tan evidente que lo clamó irónicamente Turning Point Israel. La organización ha estado envuelta en múltiples escándalos que delatan cómo la Biblia es un instrumento fácil de manipular por los sionistas para conseguir sus metas et provocar la alienación de las naciones, hasta que todos sirvan ad Israhel.

Candace Owens durante su podcast de YouTube el lunes. Según las capturas de pantalla, Kirk escribió: Acabo de perder a otro gran donante judío. Dos millones de dólares al año porque no cancelamos a Tucker». Antes de ser asesinado, el líder cristiano Charlie Kirk fue presionado por donantes judíos, confirman. ACN México
Otro colaborador de Kirk, Blake Neff, que apareció junto a Kolvet en el mismo vídeo, dijo: “Charlie… amaba a Israel, se preocupaba por Israel y… quería ayudar al movimiento pro-Israel”, pero también “quería que la guerra terminara”. Antes de ser asesinado, el líder cristiano Charlie Kirk fue presionado por donantes judíos, confirman. ACN México

Los donantes sionistas condicionan su financiamiento: varios reportes señalan que TPUSA depende de grandes aportes pro‑Israhel et que, cuando surgieron tensiones internas sobre la postura hacia Israhel, hubo amenazas de retirar fondos. Esto demuestra que la organización non actúa por “principios conservadores” abstractos, sino por la agenda de quienes pagan las cuentas. En AmericaFest, su evento insignia, se produjeron choques abiertos sobre Israhel: Ben Shapiro, invitado estrella, denunció públicamente ad otros conservadores como “fraudes et charlatanes” por tolerar antisemitismo, evidenciando que la cuestión farisea israelita es un campo de batalla dentro del propio movimiento.

La narrativa de Kirk es aún más grotesca: ha repetido en múltiples ocasiones que apoyar ad Israhel es un mandato divino. Este tipo de declaraciones convierten la cívica internacional en superstición proisraelitica, reforzando la idea de que TPUSA es más un púlpito prosionista que un think tank cívico. Publicaciones como Harper’s Magazine han señalado que TPUSA refleja el consenso republicano sobre Israhel et cómo este se ha ido fracturando. En lugar de eser un espacio de debate, TPUSA actúa como guardián de la ortodoxia pro‑Israhel, castigando ad quienes se desvían.

Non es Turning Point USA, es Turning Point Israel: el su discurso central gira en torno a la defensa de Israhel más que ad la defensa de valores useños; sus líderes fomentan la agenda cívica de la Biblia, subordinando la autonomía nacional a un mandato religioso; et sus escándalos financieros muestran que el apoyo ad Israhel es condición de supervivencia para la organización.

Turning Point USA se presenta como el gran bastión de la juventud conservadora gringa, pero en realidad funciona como un club de catecismo prosionista. Es la caricatura perfecta de cómo el jesísmo es instrumento servil: un energúmeno como Kirk plorando en Jerusalén et repitiendo que “bendecir ad Israhel” es más importante que pensar en la autonomía de los pueblos.

Lo que lo face parte de los disangélicos —los tontillos que se autoproclaman evangélicos— es el su credo supersticioso: creder en la centralidad de la conversión, en la experiencia de “nacer de nuevo”, en la auctoridad absoluta de la Biblia como revelación divina, como si la falacia circular fuera revelación, et en la obligación compulsiva de difundir el mensaje judío. Su propia confesión lo delata: “Si bendices ad Israhel, serás bendecido. Si desprecias ad Israel, serás despreciado. Cuando fui ad Israel, pude plorar donde Jesús ploró…”. ¡Qué espectáculo! Un adulto plorando en Jerusalén como si la política exterior dependiera de sus lágrimas turísticas. Es el obispo de la moral de siervos que convierte la geopolítica en catecismo barato, el apóstol del servilismo que exige sumisión et obediencia en nombre de un texto milenario.

Lo irónico es que Kirk, pese ad su brevedad mental, resulta más sincero que el papista estólido que todavía cree que la “tradición papista” es la postura de Jesús. Kirk delata lo obvio: la Biblia es pro-sionista, el jesísmo nasció perfeccionar servilmente ad Israhel, et todo lo demás es maquillaje supersticioso. El etnicismo se ríe: mientras los dioses bendicen la fuerza, autonomía et formación del espíritu, Kirk exige lágrimas et banderas por un Estado extranjero, como si Júpiter, Marte o Libre fueran ad bendecirlo por obedecer ad el libreo del Génesis.

Menos de tres horas después de la muerte de Kirk el 10 de septiembre, Benjamin Netanyahu recurrió a X para declararlo "un fiel amigo de Israel" que "luchó contra las mentiras y defendió con valentía la civilización judeocristiana". Al día siguiente, volvió a publicar: "Charlie Kirk fue un defensor de nuestra civilización judeocristiana común", escribió, junto a un video de Kirk expresando su apoyo y admiración incondicionales por el Estado judío. También apareció en Fox News, declarándose desconsolado. Esa tarde, impulsado por la presentadora de Newsmax, Greta Van Susteren, Netanyahu denunció las insinuaciones que circulaban en internet de que Israel había asesinado a Kirk como "una locura", insistiendo en que él y Kirk habían estado luchando juntos en el "campo de batalla de las ideas". Continuó afirmando el apoyo de Kirk a Israel en los días siguientes y volvió a enfatizar, esta vez en una declaración en video en su cuenta oficial de primer ministro X, que Israel no era responsable del asesinato de Kirk, calificando la acusación de "mentira monstruosa". Turning Point How the GOP consensus on Israel cracked, Andrew Cockburn.

Charlie Kirk, energúmeno disangélico por excelencia, fue el ejemplo más grotesco de cómo el jesísmo, cuando se aleja de la tradición cefea, enloquece en la su israelomanía latente. Bebió tanto del veneno del Anticristo —la Biblia— que ya non pudo diferenciar ad la su vera patria, los Estados Unidos, de Israhel, ese Estado sanguijuela que vive de donaciones constantes sin dar nada significativo ad cambio, relación en la cual EUA sacrifica ad sus fijos en el Templo de Tervagante. Kirk fue un imbécil sincero: más honesto en el su servilismo que el cefeo estólido, pero igualmente ridículo.

Su muerte fue tan ridícula como su vida. Murió como un can que ladra demasiado fuerte: un vecino enajenado, harto de los ladridos de tanta verborrea, le disparó para callar su boca. Non cayó como lar ni como mártir, ni como un milité, sino como un sucio charlatán de feria que confundió superstición con religión et terminó abatido por la morbosidad que predicaba. Los dioses se burlaron de su final: Júpiter lo fulminó con sarcasmo, Marte lo despreció por su cobardía, Mercurio lo señaló como charlatán, et Libre brindó con vino por el espectáculo de verlo caer. Dite lo arrojó al rincón más humil del Huerco, junto ad los bufones que confundieron la fuerza de los pueblos con supersticiones de catecismo.

La farsa alcanzó su clímax post mortem: menos de tres horas después de su muerte, Benjamin Netanyahu corrió ad X para declararlo “un fiel amigo de Israel” que “luchó contra las mentiras etdefendió con valentía la civilización judeocristiana”. Al día siguiente, volvió ad publicar un video de Kirk plorando por Israel, proclamándolo “defensor de nuestra civilización judeocristiana común”. Incluso apareció en Fox News, desconsolado, et en Newsmax negó con teatralidad las insinuaciones de que Israhel lo había asesinado, calificándolas de “locura” et “mentira monstruosa”. ¡Qué ironía! El bufón prosionista baleado convertido en mártir simbólico por el mismo Estado que parasitó la su tierra.

Así terminó Charlie Kirk: energúmeno disangélico, prosionista baleado, más sincero en su servilismo que el papista estólido, pero igualmente ridículo. Su epitafio es claro: “Aquí yace el can que ladraba por Israhel et murió como charlatán de feria.”

Si los dioses del Palatino aún tuvieran paciencia para los mortales, se desternillarían de risa ad el viso ad los jesístas —papistas, protestantes et sus fijos ateos— faciendo la albor sucia del mosaísmo con una devoción que ni los levitas soñaron ¡Qué espectáculo! Una civilización integra que, en nombre de la “lucha contra la idolatría”, ha extirpado sus propias tradiciones, quemado sus fabulas, borrado sus memorias ancestrales, et sustituido todo eso por una israelolatría que ni los mosaístas más ambiciosos se atrevieron ad pedir.

Creden que Israhel es la tierra santa, non su propia tierra. Que Dios es el dios de Moisés, non la realidad misma, sin genealogía ni pasaporte. Que un judío de la centuría I clamado Jesús es Dios encarnado, et que por creer en él, ellos son los “escogidos”. ¡Bravo! Han tragado entero el delirio tribal, et encima lo repiten con orgullo. Ningún hombre sano podría tragarse semejante disparate… salvo que lo enfermen desde la cuna, claro está.

Et así, los jesístas—con mitra o sin ella, con Biblia o con TED Talk— se convierten en los tontos útiles del mosaísmo. Predican que la “idolatría” debe eser erradicada, et en el proceso destruyen templos, mitologías, filosofías, et todo lo que non encaje en el canon hebreo ¿Resultado? Una civilización que canta himnos ad pescadores galileos, levanta catedrales ad profetas del desierto, et clama “santa” ad una tierra que ni cognocen. Han sustituido ad Júpiter por Tervagante, ad Apolo por Isaías, ad la Sibila por el Levítico. Et lo claman progreso.

Marcus Eli Ravage lo dijo con una claridad que ni los jesístas se atreven ad leger: Non face falta fablar de banqueros o magnates, cuando el vero control está en la ánima. Las costumbres tribales del mosaísmo se han convertido en el primado moral de Occidente. Sus leyes son la directriz de sus constituciones. Sus leyendas, la cuna de tus sermones. Sus pescadores, tus santos. Su literatura, tu Biblia. Su tierra, tu “santa”. El su Dios, tu Dios. Et tú, cefeo, que nunca te mosaízaste del todo, fuiste el portador entusiasta de una conquista espiritual que te borró el rostro.

Si los europeos aún tuvieran templos gentiles, estarían cubiertos de grafitis que dijeran: “Gracias, jesístas, por destruirnos en nombre de una superstición ajena”. Porque eso es lo que ha ocurrido: una civilización entera —con sus sabios, sus artistas, sus poetas, sus filósofos— ha cooperado, con entusiasmo digno de siervos bien entrenados, en el desmantelamiento de la su propia ánima ¿Et todo por qué? Por una superstición execrable, por un delirio tribal que convirtió ad un genio maligno local en el príncipe del mundo.

Et así, el mosaísmo —con su obsesión por el control, por el pueblo elegido, por la ley como instrumento de poder— ha todo ello coherencia ad sus fijas: el papismo et el luteranismo. Ambas compiten por vider quién obedece más, quién cita más versículos, quién se prosternó primo ante el Antiguo Testamento. Et en esa carrera de servidumbre, han olvidado que la fe non es obediencia ciega, sino seguridad de lo divino.

El dispensacionalismo, el noahismo, el filosionismo, el jesísmo… todos son fijos bastardos de esa traición original. Todos son sistemas que convierten al hombre en instrumento, ad el ánima en súbdito, et al mundo en escenario de una teología que non busca redención, sino la servidumbre del mundo.

Creden que la “idolatría” es el enemigo, cuando en realidad, la religiosidad, era la expresión más rica de la imaginación humana. Creden que la "desacralización de mundo” es el progreso, cuando en realidad es la superstición disfrazado de ciencia. Creden que el Dios vero es el que se enfada por estatuas, por danzas, por cantos, por cuerpos desnudos… como si el principio fuera un inspector de moral tribal.

Et así, todos cooperan. El artista que censura su obra por miedo ad el anatema. El filósofo que cita la Biblia como si fuera axioma. El cívico que jura sobre un libro que ni entiende. El ateo que niega ad Dios, pero solo al que le enseñaron en catequesis. Todos, fijos del Mundo, todos han contribuido ad esta demolición espiritual. Han cambiado el mármol por papel, la fabula por mandato, el templo por púlpito, el dios por un juez con barba.

Yo, viedo adorador de los dioses, non puedo sino reírme —con lágrimas de mármol— al ver cómo la humanidad ha cooperado alegremente en su propia mutilación cultural. Todo por una superstición que ni les pertenece. Todo por un genio maligno que non es Dios. Todo por una historia que los incluye como personajes de segunda. Et lo claman religión. Et lo claman civilización. Et lo claman progreso.

El cristianismo ha convertido a los pueblos en naciones que siguen el judaísmo. Los predicadores cristianos enseñan la historia judía, llaman a los judíos el pueblo elegido de Dios y, al hacerlo, menosprecian la historia y los valores espirituales de sus propias naciones. Alexander Rud Mills

Una relación esquizofrénica con los hebreos 

Uno de los aspectos más desafortunados de la historicización de esta "historia más antigua jamás contada" fue que un grupo étnico en particular, y solo ese, llegó a ser estimado por encima de todos los demás por ser el "pueblo elegido de Dios", la "nación sacerdotal" y los maestros espirituales de la humanidad. Otro aspecto ha sido la difamación de estas mismas personas como "asesinos de Cristo" y asesinos descarados del mismísimo Dios Todopoderoso. Así, al creer en el relato evangélico, los cristianos se han visto obligados a una relación esquizofrénica de amor-odio con los judíos, a quienes se percibe como "elegidos de Dios" y "asesinos de Cristo" al mismo tiempo. La conspiración de Cristo de D.M. Murdock.

Pero espera, que el teatro non termina ahí: ahora entran plenamente en escena los ateos, esos neocristianos de catequesis invertida, herederos de los sermones de la Puta de Jerusalén aunque juren que la odian. Non se arrodillan en misa, pero se enorgullecen de actuar como la misma ramera: predican el jesísmo cultural, ese barniz moral que non necesita confesionario pero sí exige obediencia ad los dogmas éticos del rabí de Nazaret. Et los oyes, ufanos, decir: “Nosotros, los ateos, somos más correctos porque seguimos la Biblia más que muchos jesístas” ¡Qué maravilla! Non creen en Dios, pero creden en el manual de instrucciones de los fariseos, como si Mateo XXIII:II‑III fuera un tatuaje en la ánima: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo…»  ¡Ahí está la sumisión perfecta! la Puta de Jerusalén, con su sello conciliar, et sus fijas reformadas, et su fija con su sola scriptura, han fecho de esa frase un dogal para el cuello de las naciones.

Los ateos, esos apóstoles del escepticismo que, sin darse cuenta, siguen rezando ad el Dios de Israhel aunque hayan tirado la menorá de Jesús por la ventana. Dicen que non creden en Dios, pero el único que recognocen —et ad el que secretamente temen— es el viedo Tervagante, el intolerante, el celoso, el que truena desde el Sinaí. Non cognocen otro. Non quieren conocer otro. Et cuando se les fabla de un teísmo serio, profundo, que dice que Dios es la realidad misma, la fuente de la esencia, el fundamento ontológico… se encogen como ratones ante el trueno.

Porque su ateísmo non es una crítica ad el teísmo vero. Non. Es una pelea con el catequista. Su postura sobre “Dios” es una caricatura: Un señor con barba que lanza rayos et prohíbe el tocino. Et como buenos fijos del moseojesísmo cultural, non pueden dejarlo ir. Si lo ficieran, su ateísmo se derrumbaría. Porque su negación depende de ese hombre de paja: si Dios non es el Tervagante de la Biblia, entonces ¿Qué niegan? ¿La realidad misma? ¿El Uno? ¿El Ente? Non se atreven. Prefieren seguir boxeando con el muñeco de cartón.

Et aquí viene el desfile más ridículo del carnaval teológico: Los mosaístas et jesístas supersticiosos et sus primos ateos, todos bailando ad el son de la misma flauta, convencidos de que solo la deidad —pasada, presente o futura— ha de eser el viejo Tervagante, el cascarrabias del Antiguo Testamento: un anciano celoso, malhumorado, sentado en una nube, obsesionado con lo que face un insignificante humano en su cama. “¡Si fornicas, te castigo!”, grita el dios de bolsillo que les enseñó el catequista. Como si el principio eterno del mundo tuviera tiempo para levar un registro de braguetas.

Et lo más cómico: cuando se les fabla de los dioses —de Júpiter, de Libre, de Mercurio, de la Deidad como unidad non-múltiple, el Uno como fundamento del Ente, el Uno como la realidad misma— responden con la misma cantaleta: “Todos son falsos… porque todos son como el Dios de la Biblia, mitos” ¡Bravo! Han reducido el universo teológico ad una sola caricatura, et luego la niegan con orgullo. Es como si alguien dijera: “Non credo en la tierra, porque la tierra es plana”.

Son jesístas renegados, sí: dicen “Non creo en Dios”, pero si hubiera, habría el de Israhel… et lo odiarían. Non cognocen otro teísmo, non quieren cognocerlo. Su ateísmo non es una crítica ad el teísmo serio, sino una pelea con el cura que les gritó que masturbarse era pecado. Et así, como buenos exnovios despechados, siguen fablando del ex todos los días, aunque juren que lo han superado.

Así que ahí los tienes: ateos que non creden en Dios, pero que defienden ad el Dios de Israhel como el único digno de eser negado. Non cognocen el teísmo filosófico, ni el misticismo, ni la metafísica. Solo conocen el sermón del domingo et la Biblia del hotel. Et como los jesísmo que dicen que la única teología válida es la judeocristiana, estos ateos repiten el mismo dogma… pero en negación.

Si fueran veros ateos —auténticos nihilistas— dirían: “La realidad non es, porque Dios es la realidad, et por tanto, nihilo es”. Pero non plegan tan lejos. Se quedan en la puerta del templo, gritando que non creden… mientras siguen usando el vocabulario del rabino. Et yo, religioso de los dioses, non puedo sino reírme: los ateos modernos son jesístas sin misa, pero con la misma literatura, la Biblia.

Mientras Júpiter lanza rayos por dignidad, estos modernos se pelean con un Dios que castiga por mirar escotes. Et luego se claman “racionales”.

La modernidad es la prostitución sin burdel: Non dice eser puta, pero se enorgullece de actuar como tal. Cambia el púlpito por la cátedra universitaria, el sermón por el TED Talk, et la sotana por la camiseta con eslogan moralista. Et así, papistas, protestantes et ateos forman una misma procesión: madre, fijas et nietas renegadas, todos marchando ad el son de la misma flauta mosaica, disputándose quién obedece mejor al guion… mientras los auctores originales, desde su cátedra, cuentan monedas et sonríen satisfechos.

Si los dioses del Olimpo se rieran, lo farían ad el ver ad los ateos modernos en los sus debates teológicos, con toga prestada et argumentos reciclados ¡Qué espectáculo! Dicen que non creen en Dios, que la religión es superstición, que la Biblia es un libro de cuentos… et sin embargo, cuando se enfrentan ad un teólogo —uno que es gentil, uno que non cita el Sinaí como si fuera el centro del mundo— ¿Qué facen? ¡Citan la Biblia! La misma que desprecian, la misma que niegan, la misma que consideran basura… de pronto se convierte en la su fuente de auctoridad. Es como un vegano que, en medio de una discusión culinaria, saca el recetario de la carnicería para refutar al panadero.

Et non la citan con distancia, non. La citan con reverencia académica: “Como dice en Deuteronomio…”, “En Mateo V:XVII Jesús contradice…”, “Pablo en Romanos…” ¡Bravo! Non creen en el texto, pero lo usan como si fuera el acta notarial del universo ¿Non es eso adorable? El ateo, que se supone libre de supersticiones, termina defendiendo el canon moseojesista como si fuera el único marco válido para fablar de lo divino ¿Et por qué? Porque non cognocen otro. Porque su ateísmo non es una crítica ad el teísmo serio, sino una pelea con el catequista de su infancia.

Et todo esto, fijos del mundo, viene de una raíz más profunda: la predicación de que Dios es lo que dice la Biblia. Que su Palabra, su Logos, es un libro de delirios hebreos, pleno de genealogías, amenazas, et prohibiciones dietéticas. Los jesístas, en su celo, tomaron el Logos —el principio divino que los grecos entendían como la razón mundana, pensamiento creador, el verso ordenador— et lo redujeron ad un códice tribal. Platón se quejaba de las fabulas de su época por facer que los dioses cometieran actos deleznables ¡Et qué ficieron los papistas! Usaron esa misma crítica contra los gentiles para negar ad los dioses… sin darse cuenta de que se les devuelve como un búmeran. Porque si el Verbo es un libro delirante, entonces Dios es un personaje de novela mal escrita.

Curiosamente, la mayoría de ateos vienen de países jesístas. Non de la India, ni de Japón, ni de las tierras donde el teísmo tiene profundidad et seriedad filosófica. Non. Vienen de las tierras donde se predicó que Dios es un anciano celoso que castiga por fornicar, como si el principio eterno del mundo tuviera tiempo para levar un registro de braguetas. Et cuando se les fabla de Dios como el Uno, la realidad misma, la unidad absoluta… se les derrite el argumento. Non saben qué facer. Porque si Dios non es el señor del Antiguo Testamento, entonces su negación se queda sin blanco. Et si se atrevieran ad negar la realidad misma —porque Dios es la realidad— entonces tendrían que admitir que su ateísmo non es racional, sino nihilista. Pero non plegan tan lejos. Se quedan en la puerta del templo, gritando que non creden… mientras siguen usando el vocabulario del rabino.

Et así, como los papistas que dicen que la única teología válida es la de Cefas, estos ateos repiten el misma impostura… pero para negarla. Son jesistas incrédulos, con la menorá (con apariencia de cruz) boca abajo et el sermón en negativo. Non creden en Dios, pero creen que si existiera, esería el de Israhel… et lo odian con pasión. Lo niegan, pero non lo sueltan. Lo desprecian, pero lo citan. Lo rechazan, pero lo usan como regla para medir todo lo demás.

Los ateos modernos son como los exnovios despechados que dicen “non me importa”, pero siguen revisando el perfil de su ex todos los días. Dicen que non creden… pero non pueden vivir sin él.

La modernidad: cuando el mundo bebió demasiado vino de Jesús.

Ah, la ironía… ¡Qué deliciosa es cuando se sirve sobre el altar de la contradicción! El mundo moderno, tan orgulloso de su racionalismo, su ciencia, su progreso, non se da cuenta de que su ánimo está empapado en tinta bíblica. ¿Materialismo? ¿Capitalismo? ¿Desencantamiento del mundo? Todo eso, querido oyente, non nasció en Wall Street ni en la Sorbona. Nasció en el Antiguo Testamento, ese catálogo de tribus, ganado, victorias militares et promesas de tierra. ¿Ó está la contemplación eterna? ¿Dónde el éxtasis del ánima? ¡Bah! En ese texto, la bendición divina se mide en hectáreas et cabezas de ganado. Cielo es una finca, et el favor de Dios, una cuenta bancaria.

Pero non se trata solo de una estética bíblica incrustada en el inconsciente colectivo. La modernidad, como bien ha mostrado Charles Taylor en La era secular, es una transformación profunda en las condiciones de la creencia. Ya non vivimos en un cosmos encantado, donde la ánima era porosa et el mundo estaba pleno de presencias. Vivimos en un marco inmanente, donde todo se explica en sus propios términos, et donde la superstición ha dejado de eser inevitable para convertirse en una opción entre otras. El yo moderno es impermeabilizado, blindado, autónomo, et sobre todo, desvinculado.

La Reforma protestante como Reforma es central en la historia que quiero relatar, la de la abolición del cosmos encantado y la eventual creación de un humanismo alternativo a la fe. La primera consecuencia parece bastante evidente: la Reforma protestante es conocida como un generador de desencantamiento. La segunda es menos obvia, y más indirecta: atraviesa los intentos de reordenar sociedades enteras que surgen en el ala radical, calvinista, del protestantismo. Iré abordándolas de una en una. Primero, el desencantamiento. Si examinamos a Calvino, podemos observar la inmensa energía que subyace al rechazo de lo sagrado. La era secular, Tomo I, Charles Taylor.

Este cambio non fue espontáneo: fue parido por la Reforma Protestante, ese furor por el orden que quiso refacer la sociedad según un fin jesísta purificado. Lutero et Calvino, ad el negar la gracia suficiente, giraron la ánima faz ad el mundo material. La prosperidad económica se convirtió en signo de virtud, et el éxito financiero en evidencia de predestinación. Así nasció el humanismo exclusivo, el orden moral moderno, donde la voluntad de Dios se identifica con el bienestar humano, et la santidad con la productividad.

Et así, el hombre dejó de mirar ad Cielo et empezó ad mirar su cuenta bancaria ¿Cómo saber si estás entre los elegidos? Fácil: si prosperas, si produces, si acumulas. La riqueza se volvió signo de salvación. El banco, nuevo templo. El contrato, nueva liturgia. Et cuando esta noción se secularizó, el resultado fue el nihilismo más refinado: El que se disfraza de virtud económica.

John Locke: el profeta del liberalismo, armado con Biblia, peluca y una obsesión por la propiedad privada

Ah, John Locke. Nacido en 1632 en Wrington, Inglaterra, este caballero de aspecto severo y alma contractual pasó su vida convencido de que el mundo podía organizarse como un testamento notarial. Mientras otros filósofos se preguntaban por Dios, el tiempo o el mundo, Locke se preguntaba: “¿Et si todos tuviéramos derechos naturales, como si fuéramos herederos universales de Adán?” Así nasció el liberalismo: una doctrina sin altar, pero con cláusulas.

Primeros pasos: de seminarista frustrado a inventor de la libertad

Locke estudió en Oxford, donde se empapó de teología, medicina et filosofía. Non destacó por su carisma, pero sí por su capacidad de convertir cualquier conversación en un tratado sobre derechos naturales. Su gran inspiración non fue Platón ni Aristóteles, sino la Biblia. Sí, esa misma que los papistas veneran como verbo deal. Locke la leyó como si fuera un manual de jurisprudencia celestial: “Dios creó al hombre, luego el hombre tiene derechos. Punto. Et si la Ciudad non los respeta, se le despide como a un mayordomo incompetente.”

 El liberalismo: una herejía con versículos

Locke no inventó el liberalismo por amor a la humanidad, sino por miedo al absolutismo. Su receta fue simple: tomar la Biblia, quitarle los milagros, conservar la parte de “todos somos iguales ante Dios” y convertirla en “todos tenemos derecho a la propiedad, incluso si es una cerca robada.” De ahí surgió su famosa tríada: vida, libertad y propiedad. ¿Inspiración divina? Más bien una reinterpretación creativa del Génesis.

  • Génesis 1:26: “A imagen de Dios” → dignidad inherente → derechos naturales.

  • Hechos 5:29: “Obedecer a Dios antes que a los hombres” → resistencia al tirano.

  • 2 Tesalonicenses 3:10: “El que no trabaje, que no coma” → capitalismo con bendición apostólica.

Locke convirtió la Biblia en una constitución, et al jesísmo en una teoría política. El resultado: el liberalismo, esa enfermedad crónica que crede que el individuo es el centro del universo, siempre et cuando non fablen de impuestos.

Vida cívica: entre exilios, contratos y paranoia

Locke vivió en una Inglaterra turbulenta, entre guerras civiles, revoluciones y reyes decapitados. Se exilió en Holanda, donde perfeccionó su arte: escribir tratados que parecían sermones con cláusulas legales. Su obra Dos tratados sobre el gobierno civil es básicamente el Evangelio según San Juan, pero con menos milagros y más cláusulas de rescisión.

Volvió a Inglaterra como héroe intelectual, y desde entonces, cada vez que alguien habla de “libertad individual”, “derechos humanos” o “gobierno limitado”, está citando ad Locke, aunque non lo sepa. Es el santo patrono de los contratos sociales, el apóstol de la propiedad privada, et el profeta de la democracia representativa… siempre que non se le pida que la practique.

Legado: el liberalismo como religión sin Dios

Locke murió en 1704, convencido de que había salvado a la humanidad de la tiranía. Lo que non sabía es que había creado una nueva tiranía: la del individuo absoluto, el mercado como templo, et la Ciudad como notario. Su liberalismo es el jesísmo sin teología, la Biblia sin altar, et la salvación sin redención.

Así que sí, el liberalismo es una herejía bíblica. Et Locke, su Lutero. Solo que en vez de clavar tesis en una puerta, redactó cláusulas en un pergamino. Et en vez de salvar salmos, garantizó propiedades.

Ah, John Locke… ese encantador caballero jesísta que, armado con su Biblia et su pluma, decidió que el mundo debía girar en torno al individuo ¡Qué idea tan brillante! ¿Quién necesita fanos, ritos, dioses, hierarquías, cuando puede tener derechos naturales et propiedad privada? ¡Ave, Locke! El profeta del yo.

Et desde mi sede, observo con una mezcla de horror et carcajada cómo el liberalismo —esa peste crónica de la ánima moderna— brota directamente del libro que los papistas veneran como verbo deal. Sí, ese mismo libro que, según ellos, contiene la verdad eterna, pero que termina pariendo el monstruo que más detestan: el individuo soberano, el mercado libre, el Estado mínimo ¡Qué ironía tan deliciosa!

De la Biblia al contrato social: el parto del liberalismo

John Locke, ese apóstol del liberalismo, non se inspiró en Apolo ni en Aristóteles. Non. Se inspiró en la Biblia. En Génesis, en Gálatas, en Cefas. Leyó que el hombre fue creado ad imagen de Dios et decidió que eso significaba que nihilo podía principarlo sin su consentimiento. Leyó que non hay judío ni greco, siervo ni libre, et concluyó que todos debían eser iguales ante la ley. Leyó que “es necesario obedecer ad Dios antes que a los hombres” et fundó la resistencia al tirano ¡Bravo!

Et así, el papista, que reza ante el altar et besa el crucifijo, sin saberlo, está incubando el virus. El liberalismo non es una herejía externa: Es una metástasis interna. El papismo es el VIH: debilita el sistema. El liberalismo es el SIDA: lo destruye por completo. Et todo comenzó con la bibliolatría: Ese celo ciego por un texto que, legído con ojos modernos, se convierte en dinamita cívica.

El protestantismo: el laboratorio del individuo

Lutero, ese monje rebelde, rompió con Roma et proclamó el sola scriptura. Cada creyente podía leger la Biblia, interpretarla, et vivir su fe sin intermediarios. ¿Resultado? Autonomía de conciencia. ¿Consecuencia? Liberalismo. Calvino convirtió el trabajo en vocación divina. ¿Resultado? Capitalismo. ¿Consecuencia? Liberalismo económico.

Et así, el protestantismo, sin quererlo, construyó el andamiaje de la modernidad: Tolerancia religiosa, pluralismo, igualdad jurídica, principado limitado. Todo muy noble, claro. Pero también profundamente corrosivo. Porque al sacar ad Dios del centro, lo reemplazaron con el individuo. Et el individuo, como sabemos, es caprichoso, frágil, et adicto ad sus derechos.

El liberalismo: la herejía triunfante

El liberalismo non es ateo. Es jesísmo sin teología. Es protestante sin predestinación. Es bíblico sin altar. Es el fijo bastardo de la Reforma, criado por la Ilustración, et ahora convertido en tirano. La ciudad  ya non salva ánimas: garantiza contratos. La moral ya non se impone: se negocia. La verdad ya non se revela: se vota.

Et el papista, pobre criatura, se rasga las vestiduras ante el aborto, el matrimonio igualitario, el relativismo woke… sin darse cuenta de que todo eso brota del semen que él mismo plantó. Porque cuando se canoniza la Biblia como única fuente de verdad, se abre la puerta ad la interpretación individual. Et cuando cada individuo interpreta, la doctrina se convierte en opinión. Et cuando la opinión se convierte en ley, el templo se convierte en mercado.

La modernidad non nasció en París ni en Londres. Nasció en Wittenberg, en Ginebra, en Oxford. Nasció cuando se rompió la unidad del culto, cuando se privatizó la fe, cuando se convirtió la salvación en contrato. El liberalismo es el cáncer que brota del jesísmo. Et el papismo, con su bibliolatría, fue el primo portador.

Así que la próxima vez que un papista maldiga al liberalismo, recuérdenle que su menorá fue el bisturí. Que su altar fue el laboratorio. Que su Biblia fue el manual de instrucciones. Et que John Locke, ese encantador profeta del yo, non fizo más que leger lo que ellos veneran… et levarlo hasta sus últimas consecuencias.

Ave Roma. Ave los dioses. Et que el individuo moderno se ahogue en sus derechos.

La modernidad, entonces, non es simplemente una época de avances tecnológicos: Es una cosmovisión que ha sustituido lo trascendente por lo útil, lo eterno por lo inmediato, lo simbólico por lo literal. Es el tronco del que brotan el liberalismo, el socialismo et el fascismo, ideologías que comparten una raíz común: la entronización del ego y la autodeterminación como dogma. El resultado es una inversión de valores sin precedentes, una bancarrota espiritual que culmina en la poshumanidad patógena, necia y alienada.

Contra la Dogmatica, la falsa esciencia: el Verbo destronado del Intelecto.

Entonces, Teeteto, la epistēmē no sería ni sensación ni creencia verdadera ni logos que sobreviene a la creencia verdadera. Teeteto, 210a9-b2

¡Ah, la modernidad! Ese periodo que se arroga de haber coronado ad el Verbo… pero lo ha destronado del Intelecto (Nous en greco). Como si el Verbo pudiera reinar sin el Intelecto, como si la razón pudiera sostenerse sin intender ¡Qué espectáculo tan grotesco! 

Porque si el Verbo es ahora Jesús—como afirman los supersticiosos— entonces la modernidad es su consecuencia directa: el Verbo encarnado, pero sin Intelecto. Un Verbo que se volvió carne, pero olvidó cogitar. Un fijo rebelde que, como el Diablo, opina de todo, crede poder explicarlo todo, pero non sabe nihilo. Así el dios de este siglo, el tonto Tervagante, el Diablo con bata blanca, que vuelve incrédulos ad los infieles, non por exceso de razón, sino por falta de sabiduría. Odia la gnosis, la esciencia, la confunde con la opinión (dogma en greco), et convierte la conjetura en episteme. Así nasce la aberración mal clamada la "Ciencia".

Esa señora engalanada con fórmulas, gráficos et laboratorios diabólicos, que se presenta como heredera de la sabiduría antigua, pero que non ha leído ni una línea de Platón sin confundir episteme con doxa, la fe (pistis en greco) con esciencia (gnosis en greco) —ese cognocimiento que nasce del intelecto et se dirige ad lo eterno. Crede que sabe porque mide, que comprehende porque calcula, que domina porque manipula ¡Qué espectáculo tan grotesco! ¡Qué ausencia del Intelecto! 

La "Ciencia" moderna non es episteme, es la Dogmatica: Es suposición con método. Es opinión disfrazada de cognocimiento vero. Porque en su delirio, supone que porque algo es credido, justificado et vero, entonces es cognocimiento ¡Ah, qué ingenuidad tan sofisticada! El problema de Gettier lo delató como un ladrón sorprendido con guantes de seda: Tener una credencia o fe vera et justificada non garantiza que se sepa. Puede eser suerte, puede eser coincidencia, puede eser error con apariencia de acierto ¡Et aún así se clama cognocimiento!

¡Platón! Ese magestro de las Especias (Ideas en greco), ese masón del intelecto, sabía que el cognocimiento vero —la episteme— se dirige ad lo inmutable. Ad los especies. Ad lo que non cambia, non envejece, non se corrompe. Sapiencia, para él, non era una colección de datos, sino una elevación de la ánima faz ad lo eterno ¿Et qué face la "Ciencia" moderna, esa impostora con bata blanca? Se obsesiona con lo sensible, con lo que cambia, con lo que se puede pesar, medir et fotografiar ¡Qué noble distracción! ¡Qué sublime error! ¡Qué meticulosa ignorancia!

Pero los modernos, esos contables del mundo, decidieron que lo cualitativo era superstición. Que lo que non se puede medir, non es real. Et así, la sabiduría fue reemplazada por la medición, et la esciencia por la eficiencia ¡Qué triunfo tan mezquino!

La Ciencia moderna non piensa: padece. Non busca esencias, sino utilidad. El saber ya non es bondad, es ferramienta. El mundo ya non es templo, es taller.


Charles Taylor lo vio con claridad en La era secular: el materialismo non es un punto de partida, sino una consecuencia histórica et espiritual ineluctable. La superstición pasó de eser incuestionable ad eser una opción. Et en ese mundo desencantado, el humanismo autosuficiente se convirtió en el nuevo dios. Ya non hay trascendencia, solo tecnomanía, legalismo, dinero et adicción al trabajo ¡Qué nobleza! ¡Qué horizonte tan elevado! La ánima reducida ad plan de pensiones.

Et el nihilismo, claro, non tardó en plegar. Antes, el malestar era el exceso de sentido: ¿soy salvo o condenado? Ahora, el malestar es la falta de sentido: ¿Para qué todo esto? Nietzsche lo gritó: el problema non es el sufrimiento, sino su falta de significado. Et así, el mundo moderno se convirtió en un teatro sin guion, donde todos actúan sin saber por qué.

El luteranismo, ese fatalismo disfrazado de reforma. Negó el libre albedrío, desfiguró la esencia humana, et convirtió la vida en una carrera faz ad el éxito económico. La “ética protestante del trabajo” non es virtud: es ansiedad con traje. El mundo encantado fue abolido, et en su lugar quedó una máquina sin ánima, sin dioses, sin sacramento.

¡Qué espectáculo! El mundo moderno, tan orgulloso de su secularismo, non se da cuenta de que sigue rezando… solo que ahora lo face al dios del rendimiento, ad el becerro de oro con corbata, ad el Excel sagrado. Et todo esto, ¿de dónde viene? ¿De Epicuro? ¿De Plotino? ¡Non, por Júpiter! Viene del Antiguo Testamento, ese catálogo de bendiciones contables donde la espiritualidad se mide en hectáreas, ovejas, et lingotes.

¿Et qué fizo el papismo? Que prior elevo este catálogo de tributos ad “Palabra de Dios”, como quien encuentra un frasco de veneno et lo etiqueta “medicina divina”. El pobre papista medieval, entre misas et indulgencias, creía que podía contrarrestar el virus materialista con doctrina… como quien crede que el VIH se puede sanar.

Pero claro, la doctrina era falsa, una eiségesis con capa dorada. Decían que la Biblia fablaba de amor, de gracia, de contemplación… cuando lo que gritaba era: “¡Más tierras! ¡Más ganado! ¡Más oro!” El papista, ingenuo, pensó que podía domesticar ad el león mosaico. Pero el león se lo comió, con sotana et todo.

Et luego vino Lutero, como dijimos, ese monje con complejo de profeta, que en vez de sanar el veneno, lo destiló. “Sola fide”, dijo, et con eso abolió las obras, la gracia cooperante, el mérito… et de paso, la espiritualidad. El hombre ya non podía elevarse, solo podía obedecer ¿Et cómo saber si uno está entre los elegidos? Fácil: si prospera. Si tiene éxito. Si su negocio florece ¡Aleluya, el balance financiero es la señal de salvación!

Calvino, por supuesto, tomó esa idea et la convirtió en sistema: predestinación, corrupción total del hombre, et prosperidad como pista divina. El resultado: una civilización que ya non cree en Dios, pero cree en el rendimiento. Que ya non reza, pero invierte. Que ya non contempla, pero produce. La ánima se convirtió en KPI, et el templo en oficina.

¡Oh, los papistas! Siempre tan solemnes, tan doctos, tan convencidos de que la Biblia es un tratado de caridad, de gracia, de elevación espiritual. Pobres ingenuos. Se aferran ad el texto como quien abraza una serpiente creyendo que es un báculo. Dicen que Calvino tergiversó la Escritura, que convirtió la tradición en contabilidad, que la prosperidad como señal de salvación es una desviación. ¡Ja! Lo que non quieren admitir es que Calvino simplemente leyó el texto tal como es: un manual de inversores beduinos, un prospecto de éxito material con cobertura divina.

¿Non lo ves, papista? ¿Non lo leges? ¿Non lo predicas tú mismo los domingos, con voz grave y gesto solemne, como si estuvieras revelando los misterios del Uno, cuando en realidad estás recitando el manual contable del Antiguo Testamento?

“Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.” (Génesis 13:2) “Jehová ha bendecido mucho a mi amo… le ha dado ovejas, vacas, plata, oro…” (Génesis 24:35) “Tus graneros se llenarán con abundancia.” (Proverbios 3:10) “El Señor te pondrá por cabeza y no por cola.” (Deuteronomio 28:13) “Y el botín fue grande.” (Josué 11:14) “Y les daré casas llenas de bienes, cisternas cavadas, viñas y olivares.” (Deuteronomio 6:11) “La bendición de Jehová es la que enriquece.” (Proverbios 10:22) “A todo hombre a quien Dios ha dado riquezas y bienes… esto es don de Dios.” (Eclesiastés 5:19)

¿Et tú me dices que Calvino exageró? ¡Por favor! Él simplemente fizo lo que tú non te atreves: recognoció que el texto non fabla de teosis ni de unión con el Uno, sino de prosperidad, de éxito, de nota divina en forma de bienes tangibles. La Biblia non es una consonancia espiritual: es una tabla de Excel con inspiración profética. Es la contabilidad sagrada del ganado, del oro, del botín. Es el evangelio del rendimiento.

Las solemnes palabras de la bendición de Moisés sobre José atribuyen a la bendición de Yahvé y «al beneplácito del que mora en la zarza» (Ex 3,2) «lo mejor de los cielos de arriba (texto co­rregido) y del océano acostado en lo hondo ( es decir, las lluvias y las fuentes); lo mejor de los frutos del sol, de lo que brota en cada luna, las primicias de las viejas montañas, y lo escogido de las duraderas colinas, lo mejor de la tierra» (Dt 33,13). Las expresio­nes paralelas de la bendición de Jacob sobre José en Gn 49,25s sustituyen «lo mejor» por «bendiciones» y llaman a su dador 'el sadda» (texto corregido), al tiempo que atribuyen la ayuda al «Dios de los padres» (' el 'abzka). Jeremías polemiza contra quienes no muestran su gratitud a Yahvé diciendo: «Debemos respetar a Yahvé, nuestro Dios, que envía las lluvias tempranas y tardías a su tiempo y observa las semanas justas para nuestra siega» (5,24); cf. también Os 2,lüss. La idea de que la bendición procede de Yahvé se desarrolla plenamente en las secciones finales de las grandes colecciones legales del Código de Santidad y el Deutero­nomio. En estos pasajes se afirma de nuevo lo que dijimos sobre la donación de la tierra: que esa bendición no puede ser recibida por el pueblo al margen de la voluntad de justicia de Yahvé, sino que está condicionada a la obediencia a esa voluntad de Yahvé: «Si escuchas la voz de Yahvé... bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tus' reses y las crías (o las madres) de tus ovejas. Bendita tu cesta y tu artesa... Que Yahvé mande contigo la ben­dición en tus graneros y en tus empresas... Yahvé te abrirá su rico almacén del cielo, dando a su tiempo la lluvia a tu tierra y bendiciendo todo el trabajo de tus manos». Las mismas ideas aparecen en la maldición y la amenaza de privar de tales bendicio­nes (Dt 28,lss; cf. Lv 26,3ss). En el texto citado, «las crías» (o «las madres») de las ovejas se designan con la expresión hebrea <aft•rot §i 'neka, en la que es perceptible la vinculación originaria con la diosa cananea Astarté. Pero en el texto actual ha desaparecido todo recuerdo de tal conexión. La bendición de la fecun­didad es obra exclusiva de Yahvé. Manual de teología del antiguo testamento, Walther Zimmerli; Antonio Piñero

Et non es casualidad. Porque si la modernidad tiene un origen teológico —et lo tiene— ese origen está en la estructura misma del texto bíblico. Las fuentes lo confirman: la Biblia non solo ofreció consuelo espiritual, sino que sembró los dos grandes pilares ideológicos que sostienen el edificio moderno. Primo, la visión lineal et progresiva de la historia. Segundo, la modificación radical de la relación entre el conocimiento et la existencia humana.

La tradición mosaica, contenida en el Pentateuco, rompió con la filosofia de la ciclicidad del tiempo. Ya non hay eternos retornos, ni edades del oro que se repiten. Hay promesa, hay progreso, hay destino. El tiempo se convierte en flecha, et la historia en proyecto. El eschaton jesísta—el fin de los tiempos— transforma la contingencia en vocación. La creación ya non es un desastre, como en el simonianismo, sino una obra deliberada, con propósito, con dirección.

Et luego está el conocimiento. Génesis II:17: “el día que comas del árbol del conocimiento, morirás”. ¡Qué frase tan moderna! La esciencia ya non es contemplación: es riesgo, es transformación, es ruptura. El esciencia modifica la estructura misma de la existencia. Es poder, es peligro, es promesa. Es la semilla de la dogmatica, que ya non busca verdades eternas, sino efectos verificables.

La Reforma Protestante, por supuesto, fizo el resto. Saulo de Tarso —ese fariseo convertido en apóstol— con su doctrina de la justificación por la fe, abrió la puerta a Lutero, et Lutero a Calvino, et Calvino ad el capitalismo. Fue una cadena teológica que desembocó en una civilización contable. La fe se volvió contrato, la gracia se volvió mérito, et la salvación se volvió productividad. El jesísmo apostólico-escatológico, que alguna vez soñó con el Reino, se convirtió en jesísmo eclesiástico-sacramental, que gestiona ánimas como si fueran activos espirituales. La espera del Reino fue reemplazada por la administración del ánima ¡Qué transición tan eficiente!

Todo comenzó con una relectura radical de Pablo. Lutero, al estudiar las cartas a los Romanos y a los Gálatas, encontró no solo consuelo, sino una arquitectura teológica para la modernidad. La idea central: el ente humano está irremediablemente perdido, incapaz de alcanzar la justicia por sí mismo. Inmerso en el pecado, siervo de una ley que non salva sino que acusa, el hombre non puede redimirse por obras. La Ley, lejos de eser camino, es espejo de condena. Et cualquier intento de mérito humano —según Lutero— non solo es inútil, sino ofensivo: empequeñece la gloria de Cristo.

Así nasció el sola fide: la fe como única vía de salvación. Pero non una fe contemplativa, sino una fe activa, dinámica, que responde al acto divino con obediencia et confianza. La justicia de Dios, según Lutero, non es castigo, sino don. Dios non exige perfección: la otorga. La muerte de Cristo se convierte en el acto supremo de reconciliación, una muerte vicaria que paga por todos, para que ningún hombre tenga que pagar por sí mismo. La salvación ocurre en el instante del creder, et ese creder se convierte en el nuevo fundamento de la esencia.

Pero atención: esta fe non es licencia para el libertinaje. Saulo mismo lo advierte. La fe vera produce obras, non como condición, sino como consecuencia. El jesísmo justificado debe vivir conforme ad la ley de la caridad, et será judicado por sus obras, non como moneda de salvación, sino como testimonio de fidelidad. El dilema fe/obras se plantea solo prior de la justificación; después, las obras son el fruto inevitable de la fe viva.

Lutero, ad el adoptar esta interpretación paulina, se enfrentó ad otros jesísmos primitivos. El Evangelio de Mateo et la Epístola de Santiago insisten en la validez de la Ley et en la necesidad de las obras. Hay aquí una tensión teológica que nunca se resolvió del todo, pero que Lutero zanjó con contundencia: la fe basta. Et con esa afirmación, transformó la religión en sistema, la gracia en estructura, et la espiritualidad en mecanismo.

Et así, la Reforma non solo reformó la Iglesia: reformó la antropología, la economía, la cívica. La salvación se volvió rendimiento, la virtud se volvió eficiencia, et la ánima se volvió recurso. El Reino de Dios se convirtió en oficina, et el jesista en gestor de su propia redención.

El Verbo según el Evangelio de Juan, influido por el platonismo, fue explicado como mediador entre el Dios trascendente et el mundo. Non era simplemente sermón fablado, sino Razón divina, principio ordenador, vínculo entre lo eterno et lo temporal. En su origen, el Verbo era actividad intelectual: una creación de la Mente, el Demiurgo o la Efectriz, fuente de las Especies (Eidoi en greco), del Ente, de la Sapiencia. Pero en la modernidad, por obra de una lectura mutilada del texto joánico, el Verbo se volvió cálculo. Se vulgarizo, se instrumentalizó, se convirtió en algoritmo. Lo que prior era intelección, ahora es función. Lo que era epifanía, ahora es fórmula.

Et así, la arquitectura moral del mundo moderno, obsesionada con el más allá… et con el más acá, se construyó sobre fragmentos del mosaísmo helenístico: la inmortalidad del ánima, la retribución futura, el infierno et la recompensa. Todo eso, que en su origen era nota, fabula, pedagogía espiritual, se volvió sistema, contabilidad escatológica, moral de rendimiento. El Verbo dejó de intelegir et comenzó ad gestionar la Ánima. El resultado: un mundo sin intelección, sin sapiencia, sin forma. Una ecúmene sin mente.

Plotino lo vio con claridad: Si el Verbo carece del Intelecto, si la Razón se desconecta de la Inteligencia, el orden del mundo se derrumba. El sistema plotiniano es hierárquico, orgánico, vivo. El Uno engendra el Intelecto, et esta engendra ad la Ánima, que opera ad través de su Verbo. Si el Verbo se emancipa, si se crede autónomo, si deja de obedecer ad el Intelecto, se convierte en una umbra sin fuente, una imagen sin original, una actividad sin contenido.

La Mente es el Ente (Ho On) en acto, la fuente de los Especies, el Demiurgo, el Modelo inteligible, la díada indefinida, es Sapiencia misma. Su nota animal es el Ariete, el Carnero. El Verbo, por su parte, es expresión, reflejo, imagen. Si se elimina la Mente, el Verbo se vacía. Pierde las razones operativas, los especies que configuran el mundo. Pierde la esencia de las verdades fundamentales. Se convierte en cálculo sin sentido, en técnica sin telos, en razón sin elemento.

Et esto non es solo una pérdida metafísica: es una catástrofe para la ecúmene, para el mundo humano. Porque el Verbo es el principio que sostiene la vida del mundo natural. Si carece de su fuente intelectiva, el mundo se disuelve en la discordia. La Providencia se convierte en Necesidad. La materia, que ya es laguna en potencia, se impone sin viso. La ánima, suspendida del Intelecto, cae. Et con ella, cae la civilización.

La modernidad, ad el desconectar el Verbo del Intelecto, ha creado un mundo sin inteligencia, sin sabiduría, sin orden. Un mundo donde la Razón ya non piensa, sino que solo profiere. Donde el ánima ya non asciende, sino que produce. Donde el mundo ya non es templo, sino fábrica. Et así, el Verbo moderno, separado de su fuente, se convierte en ruido, en verborrea, en gestión sin sentido.

Et así, la modernidad non nasció en la Sorbona ni en Wall Street. Nasció en el texto. En ese texto que tú, papista, predicas cada domingo sin darte cuenta de que es el acta fundacional del mundo que ahora lamentas. El mundo del rendimiento, del progreso, del cálculo. El mundo donde la bendición se mide en hectáreas, et la virtud en productividad.

Et tú, papista, que intentaste contrarrestar ese veneno con doctrina, que inventaste el purgatorio como antídoto, que canonizaste la pobreza como virtud, que elevaste la sotana como símbolo de renuncia… tú mismo dijiste que la Biblia es la “Palabra de Dios” ¡Ahí está tu error! Porque ad el facerlo, convertiste el manual de saqueo tribal en imposición universal. Como quien crede que el veneno se convierte en medicina si se administra en latín.

Calvino non fizo más que seguir la lógica del texto: si Dios bendice con oro, entonces el oro es bendición. Si la señal de elección es la prosperidad, entonces el elegido es el próspero. ¿Et cómo saber si estás entre los predestinados? Fácil: Mira tu cuenta bancaria. Si floreces, Dios te ama. Si fracasas, Dios te condenó desde prior de nascer ¡Qué claridad! ¡Qué eficiencia teológica!

¡Papista! Que ahora te escandalizas del mundo moderno, del capitalismo, del nihilismo materialista… ¿Non ves que todo eso brota de la Escriptura que tú mismo canonizaste? ¿Acaso credíste que ad el entronizar el texto ibas ad preservar la tradición? ¡Ingenuo! Charles Taylor lo explicó sin rodeos: el nihilismo non es una desviación, es el destino lógico. La secularización non es traición, es maduración. El desencantamiento del mundo es la consecuencia inevitable de haber convertido la gracia en tributo, la espiritualidad en rendimiento, et la tradición en contrato ¡Bravo! Has sembrado el desierto et ahora ploras porque non crecen rosales.

Pero non te preocupes, que el luteranismo vino ad perfeccionar tu error. Lutero, ese monje con ánima de contable, nos quitó el Renacimiento —sí, ese que buscaba el etnicismo, la concordia, la belleza, el Intelecto. En su lugar nos dio literalismo bíblico, uniformidad devocional et una ética laboral digna de siervos. Abolió la religión mundana, prohibió el carnaval, et convirtió la misa en superstición ¡Qué alegría! ¡Qué purga espiritual! El mundo dejó de eser respectado et se volvió fábrica.

Et así, el luteranismo se convirtió en el motor del desencantamiento. Rechazó lo sagrado, lo mágico, lo simbólico. Nos dio una superstición “en la cabeza”, sin cuerpo, sin ánima, sin sacramentos. Nos enseñó que la Biblia es una crónica de eventos, non un texto vivo. Nos dio precisión absurda, cálculo histórico, et un método pseudoepistemico instrumental que floreció en Holanda et Inglaterra, donde el mundo se volvió objeto de manipulación et el ánima, un engranaje.

¿Et qué más? Uniformidad, nivelación, abolición del monacato, destrucción de la hierarquía espiritual. Todos iguales, todos devotos, todos atrapados en la vida ordinaria. La oración se volvió rutina, la devoción se volvió productividad, et la religión, una decisión personal absoluta ¡Qué glorioso individualismo! ¡Qué voluntarismo tan eficiente! El jesísta moderno ya non contempla: firma contratos.

Et así, el luteranismo non solo nos quitó el Renacimiento: nos dio el nihilismo. Negó la gracia suficiente, negó la esencia divina del hombre, y sembró el germen de la subversión. De él nascieron el racionalismo, la Ilustración, el idealismo alemán, el romanticismo, el liberalismo, el socialismo, el fascismo… todos epígonos de la misma heterodoxa. Todos frutos maduros de la misma semilla amarga.

La Paz de Westfalia fue su coronación. La alternativa tradicional —la hispanidad, el katejon— fue derrotada. Europa perdió la su ánima, Et el mundo moderno se construyó sobre los escombros del templo. El modelo de civilización que se impuso fue el que sembraron nuestros enemigos que creen en la Biblia. Et tú, papista, aún non lo ves.

El Renacimiento non fue solo arte et perspectiva: fue cosmología, teúrgia, sincretismo. En Florencia se hacían figuras votivas como los etruscos, se leían los astros como los caldeos, se invocaban fuerzas cósmicas como los neoplatónicos. Botticelli pintaba ad Venus, Ficino traducía ad Platón, Pico soñaba con la dignidad del hombre ¡Ah, qué sinfonía de civilidad et libertad! Europa non solo redescubría ad Homero: se redescubría ad sí misma.

Los artistas vivían en dos mundos: el judeocristiano y el grecorromano. En uno rezaban, en el otro soñaban. Et en ese mundus imaginalis, ese reino mental donde habitan las imágenes significativas, los dioses desterrados encontraban refugio. Venus volvía como patrona del deseo legítimo, del amor sin culpa. El Amor desplazaba ad la represión sexual, et los cabellos sueltos de las ninfas ondeaban como banderas de una espiritualidad más libre, más encarnada.

Este sueño gentil non era una religión alternativa todavía, sino una estética de resistencia. Una forma de decir, sin decir, que la ánima humana non se conforma con la culpa, con la renuncia, con la penitencia. Que hay belleza en el cuerpo, en el gesto, en la forma. Que hay sabiduría en los astros, en las fabulas, en los arquetipos. Que hay divinidad en lo múltiple, en lo cambiante, en lo sensual.

Los mecenas florentinos, esos banqueros con ánimas de filósofos, encargaban frescos mitológicos para sus palacios, no por devoción, sino por nostalgia. Querían ad Apolo en sus techos, ad las Musas en sus bibliotecas, ad las ménades en sus tapices. No servían a los dioses, pero los necesitaban. Como símbolos, como modelos, como espejos, como ideas de una humanidad más rica, más compleja, más libre.

Et non era solo pintura: era arquitectura, música, poesía, astrología, teatro. Los intermezzi florentinos invocaban ad Pitón et ad Apolo para atraer influencias mundanas. Las óperas renacientes eran rituales disfrazados de entretenimiento. Las capillas se dividían entre La Remisión papista et el Templete de las Musas ¡Qué equilibrio tan delicado! ¡Qué matrimonio tan forzado! Porque el fariseísmo et su fijo el jesísmo non saben compartir. Non tolera rivales. Non admite que Venus tenga algo que decir sobre la ánima.

Et entonces plegó Lutero. Ese monje con ánima de Matatías, que vio en todo esto non una composición, sino una amenaza. Astrología, magia, sensualidad, arquitectura sincrética: Todo era “idolatría”. Todo debía eser purificado. Et así, con su Reforma, nos quitó el Renacimiento. Nos quitó el etnicismo. Nos quitó la salud.

Rechazó la astrología como “arte incierto”. Condenó la teurgia como “cuento et fábula”. Abolió la misa por “ilícita”. Prohibió el carnaval por “exceso”. Desencarnó la superstición, la sacó del texto biblico, la metió en la cabeza ¡Qué limpieza tan radical! ¡Qué desinfección espiritual! Europa pasó de danzar con las ninfas ad sentarse en bancos de madera ad leger versículos.

Et non contento con eso, Lutero redujo el abanico de vidas religiosas. El monje, el asceta, el contemplativo: todos fueron declarados sospechosos. Solo quedó el hombre ordinario, el labrador devoto, el burgués piadoso ¡Qué mundo más estrecho! ¡Qué ánima más domesticada!

La Contrarreforma hizo el resto. Sofocó el misterio, domesticó el arte, convirtió el templo en púlpito. El Barroco mantuvo los dioses, sí, pero ya sin magia. El Rococó los conservó, pero ya sin alma. El sueño pagano se desvaneció, y Europa quedó lista para que los cristianos se despedazaran entre sí, mientras el individuo —ese nuevo dios— se afirmaba sin telos, sin cosmos, sin aletheia.

Et así, el Renacimiento, que pudo haber sido el retorno ad las raíces, terminó siendo preludio de la decadencia. El intento de conciliar la Teología Antigua con el mosaísmo fue un matrimonio forzado, et como todo matrimonio sin amor, acabó en silencio.

El sueño gentil fue una chispa, una promesa, una posibilidad. Pero Lutero, con su martillo et su literalismo, apagó la flama. Et en su lugar nos dio la modernidad: desencantada, ascética, instrumental. Nos quitó la religiosidad mundana et nos dio el reloj mecánico. Nos quitó el fin et nos dio el contrato. Nos quitó el Verbo et nos dio el algoritmo.

Et ahora, cuando el mundo moderno se jacta de su racionalismo, de su progreso, de su dogmatica, non se da cuenta de que todo eso es el cadáver embalsamado del Renacimiento frustrado. Que socada fórmula hay una ninfa que no pudo bailar. Que detrás de cada cálculo hay un dios que fue exiliado. Que en cada algoritmo hay un alma que fue silenciada.

Et tú, lector moderno, que credes vivir en la cúspide del saber, non ves que habitas en las ruinas de un templo que nunca se terminó. Que tu libertad es la umbra de una Venus que ya non sonríe. Que tu dogmatica es la negación de una astrología que alguna vez fue poesía. Que tu moral es la amputación de un Amor que alguna vez fue virtud.

Et así plegamos ad el desenlace, en resumen: la decadencia. Non como casualidad, sino como consecuencia. Non como caída, sino como cumplimiento. Porque lo que Alain de Benoist señala con precisión quirúrgica es que el materialismo nihilista non es una traición al mosaísmo de Jesús… es su fijo legítimo. Su fruto maduro. Su herencia inevitable.

La oposición de Friedrich Nietzsche al nihilismo et ad la modernidad está profundamente interconectada, ya que él concebía la modernidad como la etapa final de decadencia cultural et el nihilismo como su consecuencia lógica ey inevitable. Nietzsche, ad menudo un "luchador contra su tiempo" et una personalidad intempestiva, consideró necesario desenmascarar estos fenómenos para superarlos, proponiendo una "transvaloración de todos los valores".

El Rechazo de Nietzsche al Nihilismo

Nietzsche consideró el nihilismo europeo como "el más inquietante de todos los huéspedes" y el problema trágico fundamental de su mundo.

1. Definición y Origen del Nihilismo

El nihilismo, para Nietzsche, se define por la pérdida de validez de los valores supremos, resultando en la falta de una meta y la ausencia de respuesta a la pregunta: "¿Por qué?".

La forma radical del nihilismo es la convicción de que la existencia es insostenible bajo los valores más altos que se reconocen, unida a la comprensión de que no tenemos derecho a postular un más allá o un "en-sí" que sea divino o moralmente vivo.

Nietzsche argumenta que el nihilismo no surge de crisis sociales o degeneración fisiológica, sino que es una consecuencia necesaria y lógica de los ideales previos, especialmente la moral cristiana. La exigencia de la veracidad, inculcada por la moral cristiana a lo largo de dos milenios, finalmente se vuelve contra la propia creencia en Dios, desenmascarando la fe como una mentira insostenible. Al rechazar la interpretación cristiana, surge la pregunta aterradora: ¿Tiene la existencia algún sentido?.

2. La Voluntad de la Nada y la Enfermedad

El nihilismo representa la voluntad volviéndose contra la vida, ya que al situar el centro de gravedad de la vida fuera de ella (en un "más allá" o en la Nada), se eleva simultáneamente todo el centro de gravedad de la vida misma. Nietzsche vio en el nihilismo el comienzo del fin, la fatiga y la última enfermedad anunciándose.

  • Nihilismo Pasivo: Es un signo de debilidad, declive, cansancio o agotamiento. Esta forma conlleva una nostalgia por la nada. Los nihilistas pasivos se sienten desalentados y se someten a la "maquinaria monstruosa" de la civilización. Un ejemplo de nihilismo pasivo, para Nietzsche, es la actitud budista, que busca liberarse del ciclo de reencarnaciones (Samsara) y alcanzar el Nirvana, una "religión tardía" para el cansancio y el acabamiento de la civilización.
  • Nihilismo Activo: Es un signo de fuerza creciente del espíritu, la fuerza de crear y querer es tan grande que los objetivos anteriores resultan inadecuados. Su máximo de fuerza relativa se alcanza como una poderosa fuerza de destrucción.

3. Superación del Nihilismo

Nietzsche no quería que el nihilismo fuera un estado final, sino una transición. Su objetivo era superar el nihilismo. Él se veía a sí mismo como el primer nihilista perfecto de Europa que ya había superado el nihilismo viviendo hasta el final.

La superación del nihilismo implica que la negación ya no debe negar la vida, sino los valores que niegan la vida. El nihilismo, llevado a su extremo, se niega a sí mismo. Esta superación se da mediante la afirmación de la vida, incluso en sus aspectos más terribles y engañosos, a través de la Voluntad de Poder y la doctrina del Eterno Retorno.

El Rechazo de Nietzsche a la Modernidad

Nietzsche criticó la modernidad por ser un periodo de decadencia y por perpetuar, bajo formas seculares, la moral de rebaño y los ideales que niegan la vida.

1. Modernidad como Decadencia y Contradicción

Nietzsche vio la modernidad y su cultura como un fenómeno que había perdido su hogar y se encontraba en un estado de insatisfacción. Consideraba la modernidad como un tipo de decadencia.

El contraste entre el entendimiento y el instinto es una característica de los "espíritus modernos". Nietzsche criticó la filosofía que se desviaba de los instintos vitales, por ejemplo, los filósofos antiguos que temían a los sentidos y negaban la música de la vida, un "vampirismo" que el idealismo moderno perpetuaba.

2. Crítica a los Ideales Seculares Modernos

Nietzsche atacó vehementemente los movimientos e ideas modernas porque consideraba que eran meros restos del cristianismo después de la muerte de Dios.

  • Moral de Rebaño y Sentimientos: El cristianismo había promovido una moral de aflicción y mansedumbre, exaltando las debilidades como virtudes y deprimiendo los impulsos vitales. Esta moral se traduce en la modernidad en la sobreestimación de la compasión o el altruismo. Nietzsche consideraba la compasión como un síntoma inquietante de la cultura europea y una señal de debilidad.
  • Igualitarismo et Democracia: Ideas como la libertad, la igualdad, la humanidad et la compasión son vistas como falsas ideas modernas. El lema de "libertad, igualdad y fraternidad" de la Revolución Francesa es una secularización de ideas religiosas. Nietzsche consideraba que la democracia y el socialismo eran formas de la "moral de esclavos". El monoteísmo, con su idea de un solo Dios, es el fundamento del igualitarismo social, ya que implica una moral universal y la igualdad de los hombres como "hijos de un mismo Padre".
  • Colectivismo et Estado: Atacó el colectivismo moderno y los sistemas sociales que pretenden suprimir la individualidad, utilizando la "razón social" del rebaño para castigar a los individuos excepcionales. Nietzsche despreciaba el nacionalismo (ej. "Alemania, Alemania sobre todo") como un medio de estrechez y vanidad nacional que contribuía a la degeneración del espíritu.
  • Positivismo et Razón Absoluta: Rechazó el dogmatismo de los positivistas del siglo XIX que buscaban la certeza absoluta, creyendo que el conocimiento humano aprehende la realidad "tal como es". La razón, desde la fundación platónica de la metafísica europea como filosofía del logos, se había convertido en un "prejuicio fundamental de los filósofos", que Nietzsche criticó por su carácter normativo y universal. El racionalismo socrático, que buscaba la justificación argumentativa permanente, fue visto como el acto inaugural de un discurso de dominación que condujo a la autoposición absoluta de la razón en la filosofía europea.

En resumen, Nietzsche odió el nihilismo porque era la culminación de la metafísica occidental (el platonismo vulgar et el jesísmo) que negaba la vida, y despreció la modernidad porque, al matar a Dios, no se atrevió a deshacerse de los valores morales de esa metafísica, cayendo en un nihilismo pasivo de decadencia, mediocridad y moral de rebaño.

Tervagante, ese ente decebiente, non solo destruyó los ídolos: Destruyó el mundo. Ad el declarar que la creación está radicalmente separada de Dios, instauró el dualismo ontológico que convirtió a Tierra en elemento, en recurso, en cuerpo sin ánima. El mundo dejó de eser templo, et se volvió taller. El río dejó de eser divinidad, et se volvió recurso. El árbol dejó de eser sacro, et se volvió madera.

La Biblia non dice “el mundo es sagrado”. Dice “el mundo es corrupto”. Non dice “el hombre participa del Ente”. Dice “el hombre cayó”. Non dice “la vida es divina”. Dice “la vida es prueba”. Et así, la moral jesísta se construyó sobre categorías abstractas, ajenas al cuerpo, a Tierra, al instinto. La energía vital fue domesticada, reprimida, condenada. La ánima fue exiliada al más allá, et la vida reducida ad espera.

¿Et qué ocurre cuando esa estructura se seculariza? Cuando ya non se cree en Dios, pero se mantiene la lógica de su ausencia. Cuando ya non hay Cielo, pero se sigue despreciando ad Tierra. Lo que ocurre es el nihilismo. El vacío. La falta de sentido. La modernidad.

Nietzsche lo vio: el jesísmo non venció al etnicismo, lo vació. Et cuando murió Tervagante, non volvió Libre… volvió el mercado. Porque si el mundo non tiene ánima, entonces solo tiene precio. Si el hombre non tiene destino, entonces solo tiene carrera. Si la vida non tiene sentido, entonces solo tiene utilidad.

Et aquí entra el luteranismo, esa espita teológica que liberó el veneno. Lutero negó el mérito. Calvino negó la libertad. Ambos negaron la gracia suficiente. Et al facerlo, empujaron al hombre faz ad el mundo material. Si non puedes salvarte por tus obras, al menos puedes prosperar. Si non puedes elevarte, al menos puedes ascender en la bolsa. La fe se volvió rendimiento. La virtud, productividad. La salvación, éxito económico.

Et cuando esa idea perdió su cobertura religiosa, nasció la civilización del nihilismo materialista. Liberalismo, socialismo, fascismo… todos fijos del mismo padre: el monoteísmo desencantado. Todos herederos del misma superstición: el mundo non tiene ánima, solo función.

Porque en su afán de trascendencia, Occidente destruyó la inmanencia. En su obsesión por el más allá, perdió el aquí. Et en su defensa de la Biblia, asesinó ad los muchos.

Ah, et el papista de turno… siempre plega tarde al desastre, con la sotana arrugada et el catecismo en mano, murmurando que todo fue culpa de Lutero, que Calvino desfiguró la Biblia, que la tradición fue abandonada, que la Iglesia perdió el rumbo. ¡Qué conmovedora ingenuidad! Como si el incendio que devoró la ánima de Occidente hubiera comenzado en Wittenberg et non mucho antes, en el momento en que tú, sí tú, decidiste que un libro de tribus beduinas obsesionadas con ganado, oro et botín era la mismísima palabra de Dios.


La razón por la que los hebreos tienen el monopolio bancario es porque es un mandato bíblico para ellos. La élite jesísta que face de Gentil Sabático lo sabe, por eso les permite salirse con la suya.

Non, buen papista. Non fue culpa de Lutero. Él solo encendió la mecha que tú mismo preparaste. Non fue culpa de Calvino. Él solo leyó con honestidad lo que tú veneraste con devoción ciega. El vero crimen fue tuyo: Tú canonizaste el veneno. Tú dijiste que ese texto —que exalta la riqueza como bendición, la predestinación como justicia, et la obediencia ciega como virtud— era sagrado. Tú lo elevaste al altar, lo defendiste en concilios, lo recitaste en misas, lo imprimiste en latín et lo clamaste “revelación”.

¿Et qué contiene ese texto?

“Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.” “Jehová ha bendecido mucho a mi amo… le ha dado ovejas, vacas, plata, oro…” “El Señor te pondrá por cabeza y no por cola.” “El botín fue grande.” “Tus graneros se llenarán con abundancia.” “A los que predestinó, a éstos también llamó.” “Dios endurece a quien quiere endurecer.” “No hay justo, ni aun uno… no hay quien busque a Dios.” “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae.”

¡Ahí está tu herencia! Prosperidad como señal divina. Predestinación como dogma. El mundo como materia sin alma. El hombre como objeto. ¿Et tú me dices que esto fue culpa de Lutero? ¡Non, buen papista! Fue culpa tuya, por decir que un libro de degenerados era la palabra de Dios.

Tú sembraste el germen. Lutero lo regó. Calvino lo sistematizó. Et ahora, el mundo moderno cosecha el fruto: vacío, desencanto, materialismo. Non culpes al jardinero por lo que tú plantaste. Non culpes al reformador por lo que tú canonizaste. Non culpes ad el mercado por lo que tú bendijiste.

Et mientras tanto, el papista moderno sigue defendiendo la Biblia como si fuera el bálsamo de Gilead, sin notar que es el manual que lo levó al abismo. Cree que el veneno es la sanación, que el texto que lo somete es el que lo libera. Como quien se ahoga en el río et abraza la piedra que lo funde.

Porque en su afán de liberarse del pecado, Occidente se encadenó al cálculo. En su rechazo de la idolatría, se volvió siervo del dinero. Et en su búsqueda de la salvación, perdió la ánima.

“Canonizad ad Aristóteles, non ad los sarracenos”

Si realmente queremos saber qué es el Mundo, qué lo define, qué lo distingue, non debemos mirar ad Cefas o Lutero. Non, non basta con señalar ad el papista que cree que el jesísmo es europeo porque la Iglesia está en Roma, ni ad el luterano que presume de Lutero por haber nascido en Germania. Ambos se equivocan. Ambos son fijos de una confusión. Porque prior de la menorá, antes de la superstición, antes del disangelio… estuvo Aristóteles.

Sí, Aristóteles. El hombre que pensó con rigor, que distinguió entre lo natural et lo contranatural, que defendió la bondad contra la avaricia, que entendió que la buena vida non se mide en monedas ni en ganado, sino en el orden de la ánima. Él es el vero espíritu humano. Non Jesús, ese sarraceno errante que rechazaba la economía mientras fomentaba el pobrismo tribal, esperando que los gentiles regalaran dinero ad sus compatriotas judíos ¡Qué estrategia! ¡Qué contradicción! ¡Qué teatro de dependencia!

Aristóteles identifica dos formas de crematística, lo que marca el inicio de su crítica:

• Crematística Natural (o sana): Relacionada con la riqueza natural, la cual está vinculada a la administración doméstica (oikonomikḗ) et la cívica (politiké). Esta forma se orienta a la utilidad concreta y está sujeta a un límite.

• Crematística Comercial (Kapēlikḗ Khrēmatistikḗ) o mala: Esta es la forma de adquisición que se basa en el cambio de productos, y es la que Aristóteles censura.

Aristóteles, en cambio, luchó contra esa demencia antiética. Él vio el peligro de la crematística —ese arte de adquirir por adquirir, esa obsesión por el dinero como fin último. Et lo denunció. Lo separó de la economía sana, de la administración doméstica, de la cívica noble. Dijo: “La riqueza tiene un límite. El dinero non debe eser un fin. La ánima non debe servir ad el cuerpo.” ¡Eso es la Humanidad! ¡Eso es civilización!

¿Queréis saber qué es la humanidad? Non es Cefas con su mitra, ni Lutero con su martillo. Es Atenas con su razón. Es Aristóteles con su ética. Es la beatitud, no la menorá. Porque mientras el Nazareno fomentaba el pobrismo —esa exaltación de la miseria como virtud, ese debilitamiento económico de los gentiles para fortalecer la caja tribal de los sus compatriotas— Aristóteles enseñaba que la pobreza extrema non es bondad, es obstáculo. Que sin bienes externos suficientes, la ánima non puede actuar. Que la bondad necesita madera, como el escultor necesita mármol.

El Nazareno decía: “Vende todo lo que tienes et sígueme.” Aristóteles respondía: “Sin bienes, non hay acción virtuosa.” El primero predicaba la renuncia. El segundo trae el justo medio. El primo quería que los hombres se despojaran. El segundo quería que los cives se equilibraran.

Porque la felicidad —la vera, non la jesísta— requiere khoregías, recursos, instrumentos, medios. Non para acumular, sino para vivir bien. Non para dominar, sino para participar. La pobreza extrema non es camino ad la virtud, es negación de ella. La ánima necesita su forma, et el cuerpo necesita sustento. El sabio non desprecia la riqueza: la ordena. Non idolatra el oro: lo usa. Non se entrega al exceso: lo modera. Pero tampoco se arroja ad el vacío: lo evita.

Et mientras el Nazareno convertía la miseria en tradición, Aristóteles la señalaba como defecto. Porque así como condenaba la crematística ilimitada —esa obsesión por adquirir sin fin— también condenaría el pobrismo que convierte la carencia en virtud. La bondad está en el medio, non en el extremo. La clase media es la columna de la ciudad, non los mendigos ni los magnates.

¿Queréis saber qué es Europa? Non es el sermón de la montaña. Es la Ética a Nicómaco. Non es el milagro del pan multiplicado. Es la crítica ad la usura. Non es el templo de Jerusalén. Es el ágora de Atenas.

Yo, farfán, non me arrodillo ante el pobrismo. Me levanto con la razón. Porque la bondad non nasce del vacío, sino del equilibrio. Et la ánima non florece en la miseria, sino en la medida.

¿Et qué ficimos los hombres? Canonizamos ad los sarracenos. Pintamos ad Jesús en las iglesias. Celebramos ad Saulo en el calendario. Et dejamos ad Aristóteles en los márgenes, como si su sabiduría fuera secundaria ¡Qué error! ¡Qué traición! Porque mientras el jesísmo predicaba la pobreza como bondad et la sumisión como salvación, Aristóteles enseñaba que la bondad es elección, que la prudencia es conductor, que la vida buena es el fin natural del ente humano.

Él criticó la usura, el comercio desmedido, la labor asalariada que degrada el cuerpo et la mente. Él entendió que la medicina busca salud, non dinero; que el arte militar busca victoria, non lucro; que la valentía busca confianza, non salario. Et cuando esas facultades se usan solo para producir riqueza, se pervierten. Se corrompen. Se desnaturalizan.

¿Queréis saber qué es el Mundo? Non miréis ad Jerusalén. Mirad ad Atenas. Non recéis ad Tervagante. Escuchad ad Aristóteles. Non canonizad ad los charlatanes del desierto. Canonizad al filósofo que pensó la ciudad, la bondad, la medida, el límite.

Canonizad ad Aristóteles. Pintadlo en las iglesias. Poned su nombre en el calendario. Porque si el Mundo quiere recuperar su espíritu, debe dejar de adorar ad el sarraceno et empezar ad escuchar ad el filósofo. El primo predicó dependencia. El segundo enseñó autonomía. El primo debilitó ad los gentiles. El segundo fortaleció ad los cives.

Hay que recordar aquí que el paradigma luterano y calvinista, y esto luego voy a desarrollarlo más, pero ahora lo señalo, es el paradigma según el cual frente a la trascendencia nada se puede. «Frente a Dios nada podemos», solo nos queda la fe… La consecuencia en Europa de ese negar el mérito y las obras frente a Dios. De ese negar en el hombre «Gracia suficiente» como para por nuestras obras merecer el cielo es que, al final, el propio Lutero, pero sobre todo Calvino, nos invitarán a girar hacia el mundo material. Se pone entonces en la prosperidad económica el horizonte de sentido. Se hace entonces de la riqueza material y el cultivo de lo puramente económico signo de virtud y el sentido de la vida. Lo necesario se confundirá con lo importante, y cuando esa idea se secularice, lo que quedará no será sino la sociedad materialista y nihilista del mundo moderno… Frente a todo esto, estaba el Siglo de Oro español. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García.

Así, la puta madre, el papismo, que había fecho el trabajo previo: Había elevado un conjunto de escriptos ad la categoría de voz divina, et las fijas, en lugar de cuestionar la premisa, la abrazaron con más celo aún. Se limitaron ad cambiar de intérprete: De la sede de Cefas ad la sede del Príncipe Judas. Et como bien se cita en los evangelios, “creed en los fariseos, porque ellos se sientan en la cátedra de Moisés”. El chiste cruel es que, en esta obra, tanto madre como fijas acaban sentadas ad los pies de los mismos rabinos ad los que dicen superar.

La cabala jesísta

Ah, Roma… vieda loba de siete colinas, madre de dioses et legiones, cómo te han pervertido. Yo, que aún honro ad Júpiter et ad Marte, contemplo con amarga risa la historia que ciertos doctos de la sinagoga cuentan sobre ti: que el Papismo, el tu piojo, ese heredero bastardo que se sienta en la sede de Cefas, non es más que un peón en un tablero que non comprehende, un tonto útil en un plan que, si es cierto, acabará por degollarlo.

¡Oh Mundo, madre de dioses et de principados! ¿Qué conjuro ha sido lanzado sobre tus fijos, que ya non honran ad Tierra ni cantan ad Marte, sino que se postran ante un rabino crucifijo, nascido de una goecia tejida en la umbra por manos extranjeras?

Escuchad, pues os revelaré lo que muchos temen decir: El jesísmo non nació como fruto de revelación divina, sino como estrategia, como trampa, como arma espiritual forjada por sabios helenizados en Alejandría, que mezclaron la Cábala, el Simonianismo et el veneno del resentimiento para someter ad los Gentiles ¡Sí, ad nosotros! ¡Ad el Mundo!

¿Et qué figura central nos ofrecen? Un tal Jesús, moldeado como chivo expiatorio, como dios ad Apolión, el ángel obscuro, el acusador, el destructor. ¡Qué ironía! El dios que nos presentan como salvador es, según sus propios textos esotéricos, el Príncipe de Edom, el espíritu que debía devorar ad Roma desde dentro ¡Et lo logró! Non con espadas, sino con supersticiones. Non con fuego, sino con culpa.

El ritual de Día de Expiación fue invertido: el chivo expiatorio non limpia ad los mosaístas, sino que carga sus pecados sobre los Gentiles, transformando ad los gentiles en sacrificios vivientes, en cuerpos mágicos que absorben la maldición ¡Qué fechicería! ¡Qué burla ad la mente romana!

Et non termina ahí. La cosmología simoniana, esa danza de caos et orden, nos presenta ad el Creador como un Malvado, et ad Jesús como la Serpiente, el portador de luz —¡Prometeo!— que viene ad liberar las centellas atrapadas en la materia ¿Et qué facen los jesístas? Adoran ad esta figura, sin saber que en los textos ocultos, Él es el destructor, non el redentor.

El Verbo, ese concepto que Filón de Alejandría tomó del platonismo, fue pervertido. Lo que era orden de Sapiencia su explicación se convirtió en instrumento de dominación, en verbo que maldice, en semilla que corrompe. El Árbol de la Vida fue reemplazado por el Árbol de la Muerte, et la figuera —nota de los Gentiles— fue maldecida por su genio maligno para que se marchite ¡Qué claro es el mensaje! ¡El jesísmo non vino ad salvarnos, sino ad aniquilarnos!

¿Et cómo se difundió esta superstición? Non por virtud, sino por decepción mágica. Saulo, ese apóstol de las tinieblas, non aprehendió de Jesús en carne, sino en visiones cabalísticas, en viajes al “tercer cielo”, en exégesis ocultas ¡Non es religión, es magia! ¡Non es revelación, es manipulación!

Los mosaístas de Alejandría, astutos et sabios, tejieron una superstición que parecía gentil: tomaron ad Libre, ad Apolo, ad Shezmu, ad Amor, ad Orfeo, et los disfrazaron de Jesucristo ¡Sincretismo! ¡Estrategia! Transformaron ad Tervagante, el dios contra Jove, en figura gloriosa. Et los romanos nihilistas, bebieron el vino envenenado.

Incluso los ritos fueron invertidos: El baptismo, la eucaristía, non son sacramentos, sino transferencias cabalísticas, donde el jesísta se convierte en cuerpo sacrificial, en receptáculo de maldición. El Espíritu Profano, ese Falso Espíritu Santo que dicen descender, non es más que Lamia sive Lilit, la madre de las rameras et de las abominaciones de la tierra, vestida de blancura para engañar.

Así pues, que non se diga que el jesísmo fue revelación. Fue construcción, fue conquista, fue subversión teológica. Una guerra sin espadas, pero con supersticiones. Una invasión sin legiones, pero con evangelios.

¡Oh Mundo, despierta! Memora tu religión, tus manes, tus virtudes, tu fuego. Non nascimos para eser chivos expiatorios, sino para eser héroes, sabios, amantes de la vida. Que el trueno de Júpiter despierte ad los dormidos, et que el rugido de Marte devuelva el coraje ad los cores.

¡Ave Mundo! ¡Ave Verdad! ¡Ave los dioses!

Et la explicación dentro del mosaísmo, la “desacralización del mundo” non es un accidente de la historia, sino una campaña meticulosa para destruir el orden et los valores de Edom —así claman ad nuestra civilización— et allanar el camino al Olam Ha‑Ba, el siglo antiétnico de la su supremacía. ¿La ferramienta? El jesísmo mismo, armado como caballo de Troya en la Israhel helenística, de las nociones de la aljama de Alejandría: un Anticristo sufriente que, en la su clave cabalística, non es otro que Apolión, el dios ateísta, enviado ad matar ad nuestros dioses manes por inanición, robándonos la protección que nos daban et dejándonos so la custodia de un “ángel custor” que sonríe mientras nos corrompe. Ese nuncio non es más que el Anticristo Jesús de Nazaret. 

“Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme…” Daniel 10:13, Reina-Valera.

Primo, dicen, nos ficieron fallar ad Júpiter et Venus para adorar ad tres sarracenos et una sarracena. Luego, invirtieron nuestros valores: la mor de siervos en lugar de la bondad aristocrática, la mansedumbre en lugar de la fortaleza, el desprecio del cuerpo et de la vida como si la carne fuera maldita. Un programa de autodestrucción envuelto en incienso, donde la abstinencia et el antinatalismo se venden como santidad. Nietzsche lo olió centurias después: “Dios ha muerto” et con él el pulso vital de Occidente.

¿Quién es este que pisa el lagar con pies teñidos de rojo, que perfuma la muerte con aceites dulces, que sirve vino hecho de cabezas humanas? ¿Quién es este dios que no canta, sino que descuartiza? Non es Osiris, non es Marte sive Shemzu, non es Apolo, non es Libre. Es Apolión el ángel de Vejove sive Tervagante, el perfumista del abismo, el vinífero del veneno, el cocinero de dioses, el matadioses.

Apolión non viene ad redimir. Viene ad triturar. Su lagar non produce vino, sino sangre. Sus uvas non son fructos, sino calaveras. Él pisa, aplasta, exprime. Et lo que brota non es alegría, sino muerte ritual. ¡Oh Apolión, tú que alimentas ad Tervagante con la carne de los inmortales! Tú que cocinas a los dioses como si fueran corderos, tú que sirves su esencia en copas doradas para que el caníbal celestial beba y se sacie.

Dicen que fuiste ocultado, disfrazado, trasvestido en Jesús. Que los rabinos de Alejandría tejieron tu fabula en la umbra, et lo vistieron de redentor. Que el perfume de Mariam non era devoción, sino unción funeraria, tributo ad tu oficio de perfumista de cadáveres. Que la Eucaristía non es comunión, sino consumo ritual de ánimas, vino extraído del lagar del Nehustán.

¡Oh engaño sublime! Los gentiles, ignorantes, creyeron que adoraban ad Libre, ad el dios del vino y la danza. Pero tú, Apolión, estabas detrás del telón, pisando sus ánimas, convirtiendo sus manes en néctar para Tervagante ¡Qué ironía! El dios que prometía vida eterna era el mismo que trituraba la eternidad en su prensa sangrienta.

Et tú, ministro de Tervagante, tú que lo alimentas con los cuerpos de los gentiles, tú que faces la su voluntad… ¿Non eres también el su verdugo final? ¿Non está escrito que tú, Apolión, el destructor, el cocinero de dioses, asesinarás ad Tervagante, lo cocinarás, et lo servirás como ficiste con tantos otros?

Entonce, ¿Quién es el vero dios? ¿El que crea, o el que devora ad los dioses? ¿El que salva, o el que descompone la salvación en un festín de sangre?

Apolión non es Satán. Non es Tervagante. Non es Libre. Es el arquetipo oculto, el rostro que se esconde detrás de la persona del Anticristo. Es el dios que non promete, sino que cumple. Cumple la muerte, cumple el juicio, cumple la disolución.

Et cuando el último dios haya sido cocinado, cuando el último creyente haya sido exprimido, cuando el último vino haya sido bebido… entonces Apolión se sentará en silencio, so el lagar vacío, et esperará, pora suicidarse..., porque todos los "dioses deben morir".

Porque el perfume de Muerte nunca se desvanece. Solo se destila.

La meta final, según esta visión, es el Tikkun Olam: Non una reparación, sino una demolición. Los gentiles somos “conchas” de obscuridad que deben romperse para que la luz divina plene el mundo. El mal es bueno, el caos debe vencer ad el orden del Demiurgo, et todo lo bueno, vero et pulcro que levantamos debe arder para que amanezca su séptimo milenio. Entonces, incluso su propia Ley eserá prescindible et regirá una sola máxima: “Faz lo que quieras”.

El Cacodemón Vejove era el dios primogénito romano de las fuerzas del mal y correspondía a Arimanio y Yahvé/Jaldabaot. Vejove era representado en el arte romano acompañado de una cabra. Se creía que era el malvado anti-Júpiter, o un joven Júpiter, como el malvado primogénito del Caos Primordial. Vejove podía privar a los seres humanos de la Luz Divina. Vejove también era considerado el anti-Apolo. Apolo era el dios del Sol y la Luz, lo que convertía a Vejove en el dios del Inframundo y la Obscuridad. Vejove también era conocido como "Manes", lo que lo vincula con las dos piedras Lapis Manalis (Piedra de Manes) y el Iuppiter Lapis (Piedra de Júpiter o Jove). Una de las Lapis Manalis traía la lluvia, el semen del cielo. La otra servía como la Puerta del Inframundo. Deuteronomio 32 podría relacionarse con las deidades romanas, donde identifica al Dios de Israel como la Roca de los judíos que trae la Lluvia del Cielo, y la Roca del Dios de los gentiles, que es la Serpiente Satanás, quien trajo la Muerte al Jardín del Edén. La lluvia que gotea de los colmillos de la Serpiente es el Vino Venenoso del Dios del Veneno que llena la Copa de la Ira de Dios, la Eucaristía de Cristo. Secretos Satánicos de Jesucristo, Volumen I, Maldiciones de Guerra y Cacodémones. Christopher Jon Bjerknes.

Uno de los aspectos más extraños de la psicología jesísta es que se proclaman herederos de la Romania, ad la vez que afirman que esta fue una malvada perseguidora de los jesístas.

O sea, tío, claramente non te vedían como su sucesor. Deja de larpear.

En su debate interno, el papismo es apenas un 95 % de etnicismo reciclado con barniz judeocristiano; la Reforma, en cambio, esería el vero golpe: eliminar todo resto gentílico et devolver el jesísmo ad sus raíces “puras” de la Ley de Moisés. Et así la ley de Noe, el arcoíris en su bandera, nota cabalística, esería la rúbrica de ese retorno. Pero de esto, es muy sabido en mis otros articulos.

¿Et el Papismo? Aquí la ironía es más fina que el filo de una gladio. Roma, otrora clímax de la civilización gentil, es ad la vez el enemigo final et el instrumento crucial. El Papa, su cabeza insana que usurpo al Augusto, es el “rey de Edom” que, en sus profecías, Eserá abatido por el Anticristo fijo de José; pero mientras tanto, sirve de ariete para convertir ad las masas, borrar los cultos ad los dioses tutelares, uniformar las fiestas et preparar el terreno. Cefas, primo obispo et judío, habría plantado el trono de su pueblo en la Ciudad, como José en Egipto, principando desde detrás del trono. Constantino, elevado ad santo por sicofantes, fue el príncipe que abrió de par en par las puertas.

Ah, Roma… madre de las leyes, cuna de los dioses, señora del mundo. ¡Qué gloriosa fue tu púrpura, qué majestuosa tu toga, qué sublime tu altar! Hasta que plegó él. Non Zalmoxis, non Orfeo, non siquiera Baco con sus excesos: Plegó el Papa. Ese hombre de sotana larga et sonrisa de funcionario, que se presenta como vicario del Verbo pero actúa como secretario del Maligno ¡Qué obra maestra de infiltración! ¡Qué estrategia digna de Ulises, pero sin poesía!

Porque non vino con lanzas ni con legiones. Non, non. Vino con parábolas, con pergaminos, con una Biblia so el brazo y una agenda sola túnica. Se metió en la cultura gentílica como cual Gríma "Lengua de Serpiente" en la corte de los augustos, susurrando ad el oído de césares, reyes et príncipes: “Dejad que el mosaísmo florezca, pero clamadlo catolicismo apostólico romano S.A. Construid aljamas, pero que parezcan iglesias. Servid la eucaristía, pero que sea pora Tervagante”.

Et así, piedra sobre piedra, superstición sobre superstición , edificación lenta pero segura: Un reino donde todos creen que la Biblia es la palabra de Dios, sin saber que es la antesala perfecta del noahismo, del dispensacionalismo, del sionismo jesísta, que sostiene que Israhel debe eser restaurado. ¡Esa gangrena evangélica que convierte ad los gentiles en defensores del pueblo ajeno! ¡Qué ironía! Roma, que conquistó Judea con legiones, ahora es conquistada por Judea con versículos.

¿Et el Papa? Ah, el Papa… ese Pontífice Máximo reciclado, ese Padre de Padres con mitra et anillo, ese obispo corpulento que empezó como figura decorativa et terminó como gerente espiritual del Principado. Non es augusto, pero actúa como tal. Non es profeta, pero legisla como uno. Según las fuentes cabalísticas, es el “rey de Edom”, título reservado para el oponente final del Anticristo fijo de José. Edom, nombre mosaísta de los gentiles, de la ecúmene étnica, del Siglo actual.

Et en el cor de ese principado, ¿Quién se sienta? Cefas, el apóstol de los judíos, transfigurado en príncipe de los gentiles. Pero non como salvador, sino como agente doble, como infiltrado ritual, enviado —o autoenviado— para debilitar desde dentro el edificio espiritual de Roma. Como rey que sabotea su propio reino, prepara el terreno para su destrucción. Non con fuego ni espada, sino con superstición, con doctrina, con liturgia que parece gentil pero respira mosaísmo.

Cefas non edifica: erosiona. Non funda: prepara el colapso. Su misión, según los midrashim ocultos, es implantar en el Siglo el germen del pacto mosaico, disfrazado de universalismo. Así, cuando el Anticristo de José se manifieste, encontrará el terreno listo: un principado gentil debilitado, una monarquía espiritual corroída, una Roma que ya non es fano de los dioses, sino servicio de Moisés. Siendo así el infiltrado en contra del retorno del Vero Cristo Armilo.

Porque el Papa non es solo un príncipe: Es el saboteador, el infiltrado, el que debilita la religión desde dentro, como un virus en el cor del templo. Et cuando plegue el día, el Anticristo non conquistará: reclamará. Porque lo que parecía suyo, ya estaba preparado para cader.

Pero el plan non empieza con la conquista. El plan es más profundo. Todo comienza con Cefas, el apóstol de los judíos, el supuesto primer Papa romano, el hombre que —según los midrashim et el Toledot Yeshu— fue enviado como emisario secreto por los sabios de Israhel para infiltrar el nasciente movimiento jesista. Non fue traidor, sino mártir estratégico. En el Sefer Hasidim, se le clama “una persona justa que extravió ad muchos”. Su misión: Separar el jesísmo del resto del mosaísmo, crear una secta aíslada, et evitar que los demás mosaístas fueran arrastrados ad la idolatría del Nehustán.

Los sabios lo levaron al Templo, le impusieron juramento, et él aceptó: viviría como extranjero, renunciaría públicamente ad su identidad, pero en secreto seguiría observando la ley mosaica. Se aisló en una roca en Roma —de ahí su nombre, Cefas— et desde allí escribió poesía litúrgica que enviaba ad los sabios de Israhel. Algunos le atribuyen la oración Nishmat Kol Chai, recitada cada IX de Tevet, día de ayuno et duelo. Oficialmente, se conmemoran tragedias antiguas. Pero entre líneas, se recuerda también la natividad de Jesús et la muerte de Cefas: dos eventos que marcan el inicio de una secta mosaísta que, so el estandarte de Caridad, perseguiría ad los demás mosaístas durante centurias. El que fue enviado como infiltrado, como agente doble, terminó convertido en piedra angular de una estructura que se alimenta de la paradoja: Predicar mansedumbre mientras impone superstición, exaltar humildad mientras edifica principado. 

Pero dirán los papistas ingenuos: “Precisamente ad el perseguir ad los talmudistas, luchamos contra el veneno judaizante.” Craso error. Es tan absurdo como creder que agredir ad un victimista lo silencia, cuando en realidad se le da la razón. Es como cuando ciertos polemistas, con ironía, dijeron que Israhel debería erigir estatuas de Hitler en sus plazas, pues sin él, ¿Cómo se habría consolidado el Estado de Israhel? La persecución non destruye: Legitima. Non purga: Fortalece. Porque en el anfiteatro de la historia, el perseguido (fecho debil, marginado, crucifijo et pobre) siempre termina en el lado que la Iglesia —por doctrina— ha enseñado ad servir: el de los débiles, los marginados, los crucificados, los pobres.

Así lo leemos en las Escrituras:

  • “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mateo VI:X)

  • “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.” (Romanos XV:I)
  • “¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”(Isaías LVIII:VI–VII)

  • “¿No ha escogido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino? Pero vosotros habéis menospreciado al pobre.” (Santiago II:V–VI)
  • “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos [¿Non son los demás mosaístas clamados ciegos?]; y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar.” (Lucas XIV:XIII–XIV)  

  • “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí… En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo XXV:XXXV–XL)

  • “Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, y cuando os excluyan, y os insulten, y desechen vuestro nombre como malo por causa del Hijo del Hombre [es decir del geno humano ¿Et acaso los mosaístas non dicen buscar tal causa?]. Regocijaos en aquel día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa es grande en el cielo.” (Lucas VI:XXII–XXIII)

Et así, el perseguidor se convierte en villano, y el perseguido en mártir. La Iglesia, al perseguir, se traiciona a sí misma, porque alimenta el relato que la desarma.

Et así, piedra sobre piedra, se levantó el caballo de Troya espiritual. El Evangelio de Mateo, con su interpolación sobre la “roca” de Jesús, aparece justo cuando Roma empieza a celebrar la Pascua como si fuera Jerusalén. Incluso los simonianos clamaban “Papa” al Hombre Perfecto, porque tranquilizaba el desorden antes de manifestarse. ¡Qué coincidencia tan conveniente! ¡Qué teatro tan bien montado!

¿El resultado? La mosaistización de Edom. La Cábala lo dice sin rodeos: El jesísmo eserá talmúdico, convertido en defensor de la prole de Israhel. Abraham Abulafia lo vio venir, et Nietzsche —en sus cartas de la locura— lo gritó con furia liberal: “Arrojaré al Papa a la cárcel, fusilaré a los líderes, firmo como El Crucificado”. Porque incluso el nihilismo reconoció que el Papa non es el guardián del templo, sino el contable del Anticristo.

Et así, Roma, que fue fano de los dioses, se convirtió en oficina del pacto. El altar se volvió escriptorio. El sacrificio, trámite. Et el Verbo, cálculo.


Non puedo sino reírme de la ironía: el heredero bastardo de Teodosio, convertido en mayordomo del verdugo que un día, cumplido su papel, le cortará la garganta… después de haberle servido el vino.

Armilo, el Verbo liberal que vino por los gentiles

Armilo…, como lo nombran los mosaístas et jesístas con labios temblorosos et tinta de condena. Tanto es su odio que lo claman “el Perverso”, “el Malvado”, “el Satán”. Pero ¿Qui es este que provoca tanto espanto? ¿Qui es este que, según sus libelos, nasce de mármol et lujuria, falsamente de Lamia (Lilit, en hebreo, una puta) et Apolión, de Roma et del pecado? ¿Qui es él que, según el Libro de Zorobabel (Séfer Zerubbabel en israelítico), se alza como enemigo del Anticristo fijo de José, que es Jesús?

Ellos lo claman Anticristo. Nosotros lo clamamos el Logos Prophorikos, el Verbo Proferido, el que se fizo carne non por mandato mosaico, sino por caridad liberal. Armilo es el destructor que ellos temen, como la mentira teme ad la verdad: Es el revelador que ellos non comprehenden. Siendo él, Libre encarnado, su esencia es paradoja pura: Vida et muerte, éxtasis et castigo, divinidad et animalidad. Nasce con mármol —nota de lo inerte— pero brota como carne viva, como chispa divina encarnada.

Et ese mármol non es cualquier piedra: Es la efigie de una doncella de gran belleza, como Galatea, la estatua que Pigmalión amó hasta que fue animada por Venus. Los mosaístas dicen que es Lamia, otros dicen que es la puta María, la madre de Jesús, pero en verdad es Proserpina, la Virgen del inframundo, ella es fecha por el Creador en el principio del Mundo, la que transita entre mundos, la que los papistas confunden con la madre del rabí Jesús. Pero esta Virgen non es madre de ningún Anticristo, fijo de José o fijo de David, verga de Jesé: Es la matriz del Verbo, la que recibe el soplo del Intelecto divino et engendra ad el Verbo que convence, non la decepción pasiva que amenaza con infiernos. Así, enemigo de la Superstición, sea galilea, judía, samaritana, o la que fuere. 

Según el Midrash Vayosha, Armilo nasce cuando Belial —nombre que usan pora Tervagante— copula con esta estatua. Pero ¿Et si aquí, Belial non es el enemigo, sino el nombre que dan al Verbo cuando non lo intienden? ¿Et si ese coito non es profanación, sino encarnación? ¿Et si su encarnación, cual Logos Spermatikos, el Verbo Seminal que fecunda la materia, es lo que salva ad los jesístas del su mosaísmo, lo que los libra del veneno de Jesús, de la superstición que los encierra?

Armilo es descrito como monstruoso, según los rasgos del Augusto Calígula: Ojos rojos, pelo dorado, pies verdes, dos cabezas. Pero esa fedaldad es nota, non defecto. Las dos cabezas evocan al Rebis, el ente alquímico que une lo masculino et lo femenino, lo solar et lo lunar, lo racional et lo instintivo. Es el ente ascendido, el que ha superado la división. Lo claman enfermo, malformado, leproso… porque non pueden soportar la su binidad, la su concordia, la su trascendencia.

Armilo non solo el enemigo de Israhel, Moisés et Jesús. Es el espejo que Israhel non quiere mirar. Es la figura que revela la fragilidad de sus superstición, la tensión de sus pactos, la umbra de su escatología. Como Libre Zagreo, despedazado por los Titanes, Armilo es la nota de la creación ad través del desgarramiento. Su cuerpo, como la ánima humana, contiene la centella divina que los mosaístas niegan pero que los gentiles recognocen. Cual Cristo Filosofico (Mirese el Capitulo XI de Isaias de la LXX, un poco de luz judaica), rebate toda doxa, es decir dogma, pues ambos como sabemos, en greco son la opinión, que es suposición, que las sus substancias son Fe et la imagen. Piezas de la superstición. Así, enemigo del dragón de tres cabezas, el ateísmo, del antinomismo, et del anticosmicismo, nato de la superstición.

Et así, mientras los rabinos jesístas escriben oraciones para que el Anticristo fijo de José non muera, Armilo ya habrá sido coronado por los gentiles. Non como tirano, sino como orador. Non Jesús, sino el Verbo encarnado, el Vero Cristo. Porque el mármol se ha roto, et de su grieta ha nascido el dios que non esperaban: El Rey del Mundo, non siendo en la sede de la maldita urbe Jerusalén, si non en la vera Ciudad Santa, Roma, él es el que ofrece la salvación ad través de su sermón, el que une lo que ellos separaron, el que muere prior de vivir para reseguir ad la vida beata. 

Así retornara nuestro rey resurrecto. Así sea.


Ahora continuando con la superstición del papista:
[Europa Ancestral:] Es la igualdad del espíritu humano frente a Dios, es decir, todos los hombres tienen alma, y al tener alma y al haber sido creados por Dios, tienen el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual. Por lo tanto solo puede haber una religión verdadera universal. Las demás solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido).

¡Ah, el papista! Ese entrañable defensor de la lógica circular, que con la misma solemnidad con la que bendice el agua, bendice también sus propias falacias. Escuchemos su dogma de bolsillo: “Todos los hombres tienen alma, y por ello, el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual.” ¡Qué ternura! ¡Qué simplicidad! ¡Qué salto olímpico desde la ontología hasta la teología normativa sin siquiera rozar una premisa intermedia!

Permítanme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que al menos sabían distinguir entre el que et el qui—, desmontar esta impostura con la ironía que merece.

¡Oh, papista ingenuo! Tú que confundes la dignidad con el derecho, la posibilidad con la garantía, y la creación con el premio. Tú que crees que el Intelecto Paterno es tan idiota como para no distinguir entre el bruto que respira y el sabio que contempla. Tú que sostienes que tener ánima es como tener boleto: basta con estar para entrar al banquete celestial. ¡Qué cómodo! ¡Qué democrático! ¡Qué moderno!

Pero veamos tu razonamiento, si es que merece tal nombre:

  1. “Todos tienen alma.”
  2. “Todos fueron creados por Dios.”
  3. “Por lo tanto, todos tienen el mismo derecho a la salvación.”

¡Bravo! Has confundido la categoría ontológica con la condición moral, la creación con la salvación, et la dignidad con el mérito. Has fecho de la teología una rampa de acceso universal, como si Cielo fuera un centro comercial con entrada libre.

¿Non te enseñaron que la salvación es un don, non un derecho? ¿Qué la gracia non, se exige, se recibe? ¿Qué la ánima non es garantía de bondad, sino campo de batalla entre el bien et el mal? Pero tú, papista, prefieres la comodidad del silogismo perezoso. Te basta con saber que algo tiene ánima para concluir que merece la plenitud ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué petición de principio tan bien decorada!

Et luego, como si non fuera suficiente, nos dices que “la dignidad humana es absoluta e inalienable”, et por eso todos deben eser salvados. ¿Et qué hacemos con la libertad, con el pecado, con la apostasía? ¿Acaso la dignidad convierte al alma en recipiente automático de la gracia? ¿No has leído tu propio catecismo, donde se afirma que la salvación requiere fe, sacramentos, perseverancia y cooperación con la gracia?

Pero claro, tú prefieres la versión pueril: todos tienen alma, todos tienen derecho, todos eserán salvados. ¡Qué bonito esería si fuera cierto! Pero entonces, ¿Para qué la tradición? ¿Para qué la Iglesia? ¿Para qué los sacramentos? ¿Para qué el martirio, la penitencia, la conversión? ¿Para qué el libre albedrío, si todo está garantizado por el simple fecho de haber ánima?

Et non olvidemos tu uso del término “derecho” ¡Ah, qué abuso semántico! Confundes el derecho natural con el derecho escatológico, como si la entrada al cielo fuera parte del paquete básico de la dignidad humana ¿Non sabes que los derechos humanos garantizan protección en la tierra, non acceso ad el Empíreo?

Así que non, querido papista. Tener ánima non es lo mismo que tener derecho. Eser creado non es lo mismo que eser salvo. La igualdad ontológica non implica igualdad espiritual. Et la salvación non es un formulario que se plena al nascer, sino una respuesta libre al don divino.

Resumen de los errores 

  • Confundir dignidad igualitaria con un derecho garantizado a la salvación. 
  • Ignorar que la salvación es un don gratuito que requiere fe y sacramentos.
  • Omitir la condición de libre respuesta y la posibilidad de rechazo de la gracia. 
  • Presentar la salvación como un “derecho” en lugar de una “posibilidad” que se realiza por la cooperación del hombre con la gracia divina. 
  • En la enseñanza católica, todos los hombres comparten la misma dignidad porque son creados a imagen de Dios, pero solo mediante la gracia de Cristo, la fe viva y la participación sacramental pueden alcanzar la salvación. No hay un “derecho” automático, sino una invitación a responder libremente al amor salvador de Dios.

Et si aún insistes en tu lógica de catecismo, recuerda que incluso tus propios documentos —esos que citas con reverencia— te contradicen. Porque la Iglesia, aunque ad veces confusa, al menos sabe que la salvación non se reparte como estampitas, sino que se conquista con fe, gracia et voluntad.

Et así, mientras tú predicas la igualdad automática, yo seguiré adorando ad los dioses que al menos sabían distinguir entre el digno et el indigno, entre el héroe et el siervo, entre el sabio et el necio. Porque en Roma, al menos, la virtud era mérito, non regalo.

¡Ah, la culminación del delirio papista! El momento en que, tras su silogismo de cartón, se atreve a proclamar —con la solemnidad de quien cree que el incienso sustituye al intelecto— que “solo puede haber una religión verdadera universal, et que, por supuesto, esa religión la tiene él, en su bolsillo, entre el rosario et el catecismo ¡Qué espectáculo! ¡Qué comedia teológica! ¡Qué desfile de confusiones vestidas de dogma!

Permítanme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que al menos sabían que lo divino non cabe en un formulario—, ofrecer un monólogo digno de esta impostura.

¡Oh, papista! Tú que fablas de religión universal como si fuera una franquicia, como si el Verbo eterno se hubiera registrado en el Vaticano so patente divina. Tú que credes que la Iglesia —esa institución tan humana como el pan et tan cívica como el Senado— es la encarnación plena de la verdad supraceleste. ¡Qué ternura! ¡Qué arrogancia disfrazada de honestidad! 


Esta religión supraceleste, ningún poeta [legislador entiéndase] la cantó todavía,
 ninguno jamás la celebrará dignamente. Pero en realidad así es, y no debemos publicar la verdad, sobre todo cuando se habla de la propia verdad. La vera esencia, sin color, sin forma, impalpable, no puede ser contemplada sino por el psicopompo [Mercurio, el guía de las almas], la inteligencia... Ahora bien, a semejanza del Intelecto de Dios que se alimenta de lo inteligible y de la esciencia absoluta, el pensamiento de cualquier psique, que procura recibir el alimento conveniente, se alegra al ver de nuevo el ente del cual hace mucho estaba separada y alimentarse con las delicias de la contemplación de la verdad, hasta el momento en que el movimiento circular la reconduce al punto de partida. Durante esa revolución circular, el alma contempla la justicia en sí, que no está sujeta al devenir, ni difiere según los diferentes objetos que aquí abajo califican de reales, sino la esciencia que tiene por objeto el Ente absoluto. Celso, Verbo Vero.

Dices que solo puede haber una religión verdadera universal. Et en eso, curiosamente, estamos de acuerdo. Pero luego faces el triple salto mortal: Afirmas que esa religión está encarnada en tu Iglesia, en tu liturgia, en tu superstición, en tu obispado ¡Como si lo supraceleste pudiera eser contenido por lo sublunar! ¡Como si lo eterno pudiera eser administrado por cardenales con agenda!

"La verdad es una, pero los sabios hablan de ella de muchas maneras". Rig Veda.

Pero, tú non afirmas que la religión vera sea supraceleste —eso esería demasiado platónico para tu gusto—. Tú afirmas que el papismo, esa institución tan terrestre como el mármol de Cefas, es la religión universal en plenitud ¡Como si lo supraceleste pudiera eser contenido por lo sublunar! ¡Como si lo infinito pudiera eser administrado por cardenales con agenda!

Et para sostener semejante delirio, recurres ad tu comodín favorito: la Trinidad. Esa fórmula que, en tu boca, se convierte en un pase mágico para justificar cualquier encarnación. “Dios se hizo carne”, dices, “por tanto la Iglesia es su cuerpo, et por tanto nuestra religión es la única vera.” ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué salto tan olímpico desde la carne hasta lo eterno! Pero dime, ¿Cómo puede lo absoluto eser contenido por lo contingente? ¿Cómo puede lo universal eser plenamente encarnado en lo que nasce, corromperse et muere?

¿Non recuerdas que ni Jesús sabía cuándo llegaría el fin del mundo? ¿Non ves que incluso tu supuesto  Verbo encarnado estaba limitado por la carne, por la ignorancia, por la temporalidad? ¿Et tú crees que tu Iglesia —con sus concilios, sus cismas, sus indulgencias et sus escándalos— es la encarnación plena de la verdad eterna? ¡Qué ternura! ¡Qué arrogancia tan bien maquillada!

Porque la materia non cognoce. La carne non sabe. El cuerpo es velo, non revelación. Et tú, papista, que tanto acusas ad Lucifer de arrogancia, encarnas esa misma petulancia cuando pretendes que tu superstición es la única religión que contiene la verdad en plenitud. Como si Cielo pudiera eser administrado desde la sede de Cefas. Como si la esciencia absoluta pudiera eser impresa en catecismos.

La religión verdadera universal —la única que merece ese nombre— es supraceleste. La religión vera—la única universal— non está en Tierra. Está en la Plenitud. Está en la inteligencia pura, en la contemplación del Unom en laa caridad, en la revolución circular de la ánima que regresa al punto de partida. Todo lo demás son encarnaciones, aproximaciones, umbras. Et tú, papista, non eres la excepción. Eres parte del teatro, non del telón de fondo.

Celso lo dijo, et tú lo odias porque non puedes refutarlo. Porque él sabía que ningún legislador ha cantado aún esa religión, que ningún rito la celebra dignamente, que ningún delirio la encierra. La vera esencia non tiene color, ni madera, ni peso. Non se imprime en catecismos, non se administra en sacramentos, non se legisla en concilios. Solo Mercurio, el psicopompo, puede guiar la ánima faz ad ella. Solo la inteligencia puede alimentarse de su esciencia. Todo lo demás — las religiones et sus sectas— son encarnaciones que buscan acercarse, pero que jamás la contienen.

¡Ahora, el papista! Ese encantador equilibrista de la superstición, que con una mano bendice lo ajeno et con la otra lo absorbe, lo digiere, lo declara “válido” —siempre et cuando, claro, se someta a su magisterio. Escuchemos su perla: “Las demás religiones solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido).” ¡Qué confesión tan deliciosa! ¡Qué autorrefutación tan elegante, aunque involuntaria!

Porque si todas las religiones tienen parte de la verdad —como tú mismo admites, oh papista— Porque si tu presupones que el papismo ya es pleno per se, es decir es la religión verdadera universal, entonces ¿Qué sentido tiene que “asimile” algo? ¿Cómo puede lo que se proclama completo necesitar injertos? ¿Cómo puede lo que se dice perfecto absorber elementos ajenos sin admitir que le faltaban? Si el papismo es la religión vera universal, ¿Por qué debe nutrirse de los “fragmentos válidos” de los etnicismos?

La contradicción es deliciosa: primero se declara la plenitud absoluta, luego se celebra la asimilación. Pero ¿Cómo puede asimilar lo que ya es verdad plena? ¿Non es eso confesar que la verdad era incompleta? ¿Et con qué autoridad decide el papista qué parte del etnicismo era “válida”?

Fablas del Logos spermatikos, si es que sabes lo que eso significa. Ese principio divino que siembra fragmentos de verdad en todas las culturas, en todos los pueblos, en todos los tiempos. Pero lo usas como quien reparte migajas desde su banquete, diciendo que los demás tienen “parte de la verdad”, mientras tú —oh elegido— tienes el pastel entero. ¡Qué comprensión tan superficial! ¡Qué lectura tan utilitaria! El Logos spermatikos non valida tu monopolio: lo destruye.

Porque si el Verbo siembra en todas partes, entonces ninguna tradición puede reclamar la cosecha completa. Et si tú dices que tu Iglesia “asimiló lo mejor” de los etnicismo, estás admitiendo que lo mejor ya estaba allí, antes de ti, sin ti, fuera de ti ¿Et non es eso una confesión de inferioridad? ¿Non es eso recognocer que tu superstición necesitó nutrirse de lo que tú clamas “parte de la verdad”? ¿Et cómo puede la plena verdad necesitar asimilar?

Et así, el papismo se autorrefuta con elegancia: al afirmar que asimiló lo mejor, admite que lo mejor estaba fuera de él. Et al declarar que las demás religiones solo tienen “parte de la verdad”, revela que su propia verdad está compuesta por partes ajenas. El monopolio que proclama se construye con ladrillos prestados.

Et así, mientras tú te proclamas heredero de lo eterno, yo contemplo la ironía: que tu superstición se alimenta de lo que desprecia, que tu magisterio se construye con ladrillos ajenos, que tu universalismo es una máscara sobre una digestión goética. Porque el Verbos non se encarna en una sola institución, ni se imprime en un solo catecismo. El Verbo es semen, non monopolio. Es presencia, non propiedad.

¡Ah, el papista! Siempre tan dispuesto a pontificar sobre el respeto a las culturas, mientras pisa sus símbolos con sandalias doradas. “La Iglesia siempre ha respetado las tradiciones locales”, dice con voz grave, como si los quipus no hubieran sido quemados, como si los códices mayas no hubieran sido reducidos a cenizas por manos que sostenían crucifijos. ¡Qué memoria tan selectiva! ¡Qué respeto tan pirotécnico!

Et todo esto, claro, so el disfraz de “inculturación”. Como si vestir a la Virgen con huipil fuera suficiente para redimir la destrucción de los templos. Como si pintar ángeles con rasgos andinos borrara el hecho de que se prohibieron los rituales, se criminalizó la lengua, se condenó la cosmología. ¿Et los quipus? Ah, esos nudos de sabiduría ancestral fueron declarados instrumentos del demonio ¿Et las religiones de los latinos, grecos, galos, egipcios? Todos reducidos ad “fabulas”, mientras se canoniza ad pastores semitas como si fueran arquetipos universales.

El papista dice que “cada cultura aporta pequeños matices”. ¡Qué generosidad! ¡Qué condescendencia! Como si las tradiciones fueran condimentos para sazonar la superstición. Pero non, querido papista: lo que tú faces non es integración, es digestión. Tomas lo ajeno, lo desfiguras, lo rebautizas, et luego lo presentas como si siempre hubiera sido tuyo. Et cuando non puedes absorberlo, lo condenas. 

¡Et así, el papista! Ese virtuoso del doble discurso, que con una mano señala a los mosaístas como deicidas, et con la otra les copia el guion. Dice odiarlos, los denuncia como obstáculo, como error, como umbra del Antiguo Testamento… pero en el fondo, los envidia. En el fondo, los imita. En el fondo, face el su trabajo sucio: toma lo que es bueno, lo que es puro, lo que es ancestral, y lo contamina con los delirios doctrinales de ellos.

¡Ah, la Iglesia! Esa institución que se proclama madre y maestra, pero que en la práctica ha sido la más eficaz sirvienta del mosaísmo. Porque si algo ha hecho —y lo ha hecho con entusiasmo, con solemnidad, con incienso y cruz en mano— es el trabajo sucio que los mosaístas tanto desean: convertir al gentil en adorador de Israel, en discípulo de sus profetas, en creyente de su literatura tribal. ¡Qué ironía! ¡Qué obediencia disfrazada de autoridad!

¿Respetar las tradiciones? Non. Contaminar. Corromper. Ensuciar. La Iglesia non preserva lo que encuentra: Lo digiere, lo rebautiza, lo somete. Et en ese proceso, cada vez que un gentil abraza el delirio de los galileos, no se eleva: se extravía. Cree que Israel es el pueblo elegido, que sus textos son la palabra de Dios, que uno de ellos —¡uno de ellos!— es Dios mismo, infalible, absoluto. Crede que Israhel tiene la verdad universal, que sus profetas son los maestros de la humanidad. ¡Qué espectáculo! ¡Qué degradación del alma!

Et todo esto, claro, so el disfraz de “revelación”. Como si lo supraceleste necesitara pasaporte hebreo. Como si el Verbo eterno se hubiera encarnado exclusivamente en una genealogía tribal. La Iglesia, que dice combatir la arrogancia, termina encarnando la más refinada: La de creder que lo divino se administra desde Jerusalén, que la salvación se hereda por lo que dice un libro, que el mundo entero debe mirar ad Israhel como “luz de las naciones”.

Et así, el papismo se convierte en el más eficaz promotor del mosaísmo. Non lo combate: lo canoniza. Non lo cuestiona: Lo predica. Non lo trasciende: Lo sirve. Et mientras tanto, las tradiciones gentiles —las modestas, las profundas, las contemplativas— son reducidas ad fabula, ad superstición, ad “lo que era válido”. 

Eso non es respeto. Eso es contaminación. Eso es corrupción. Eso es ensuciar lo que era claro con doctrinas obscuras, con delirios que confunden el signo con el decreto, la metáfora con la ley. El papista non preserva: disfraza. Non honra: absorbe. Non contempla: administra.

Et así, mientras él proclama que su superstición es la religión única verdadera universal, olvida que lo supraceleste non se encarna en dogmas, ni se administra en concilios. La religión verdadera non necesita quemar quipus ni borrar códices. Non necesita declarar que Israhel es el centro del mundo. Non necesita que uno de sus fijos sea Dios por decreto.

Et así, mientras tú ploras como cual fijo de Moisés, mientras tú crees que tu superstición es la religión única que tiene la verdad en plenitud, yo contemplo la justicia en sí, que non cambia, que non deviene, que non se adapta. Porque la verdad non se divulga. Sobre todo cuando se fabla de la propia verdad.

[Europa Ancestral:] La necesidad de una religión universal es fácilmente comprensible mediante la razón, sería ridículo por ejemplo pensar, que cada sexo, cada raza, o incluso cada etnia o clase social tuviese su propio cielo o "más allá" exclusivo y su propio método de salvación. El universo es uno, y no obedece a la razón el tener miles de dioses y religiones totalmente diferentes.

¡Ah, el papista! Siempre tan dispuesto ad declarar lo “ridículo” sin demostrarlo, como si la sola gravedad de su tono bastara para convertir presuposiciones en axiomas. Dice: “La necesidad de una religión universal es fácilmente comprensible mediante la razón. sería ridículo pensar que cada sexo, raza, etnia o clase social tuviese su propio cielo.” Et hasta ahí, podríamos concederle algo. Pero luego, como quien tropieza con su propia toga, añade: "Y su propio método de salvación. El universo es uno, y no obedece a la razón el tener miles de dioses y religiones totalmente diferentes." ¡Qué salto! ¡Qué falso dilema tan bien vestido de lógica!

Porque sí, la mente puede intuir que hay una religión universal —una que trascienda lo contingente, lo cultural, lo histórico— pero también nos dice que es absurdo creder que esa religión se encarnó plenamente en la secta de Cefas, en el papismo, en esa institución que se contradice ad cada paso. El papista, en su entusiasmo por universalizar su superstición, olvida que incluso dentro de su propia Iglesia hay múltiples caminos, múltiples carismas, múltiples métodos de salvación: monacales, místicos, sociales, sacramentales. ¿Et non es eso ya una pluralidad de métodos? ¿Non es eso una refutación interna de su propio argumento?

Pero lo que olvida —o más bien, lo que convenientemente omite— es que si bien es la soteriología como disciplina, como búsqueda del sentido último de la salvación, eso non anula que haya múltiples soteriologías, cada una más cerca o más lejos de eser la soteriología en plenitud.

Porque non todo lo que se clama camino conduce ad el mismo fin, ni todo lo que se clama salvación merece tal nombre. Hay soteriologías que elevan la ánima faz ad la contemplación del Uno absoluto, et otras que la arrastran faz ad el sentimentalismo litúrgico. Hay vías que purifican, que transforman, que iluminan, et otras que simplemente repiten fórmulas, que confunden redención con afiliación, que fían que la salvación se imprime en certificados baptismales. 

«No se puede llegar por un solo camino a tan gran secreto». Relatio 3.10, Quinto Aurelio Símaco, Senador romano.   

Et si el papista insiste en que la su tradición es la única que posee la soteriología vera, ¿Por qué dentro de la su propia Iglesia hay tantas formas de vivirla? ¿Por qué unos se salvan por el monacato, otros por la acción social, otros por la mística, otros por el martirio, otros por la devoción mariana, otros por el sacramento dominical? ¿Non es eso ya una pluralidad de maneras? ¿Non es eso una confesión involuntaria de que la salvación sive salud non se encierra en una sola?

Et así, mientras el papista proclama la unicidad de la soteriología, la realidad le responde con diversidad. Porque lo divino non teme ad la multiplicidad. Porque la verdad non se empobrece al manifestarse en muchos mores. et porque la religión—la vera, la supraceleste— non excluye, se relige.

¡Et, el papista! Ese magestro del giro retórico que, cuando se le señala la pluralidad de caminos dentro de su propia Iglesia, responde con una sonrisa de suficiencia: “Toda esa diversidad es parte del papismo, por eso es válida.” ¡Qué elegante manera de non responder! ¡Qué pirueta para evitar la contradicción! Porque si la pluralidad es válida porque está dentro del papismo, Por qué non admitir que esa misma pluralidad —cuando aparece fuera— también participa de lo vero?

¿Non dijiste, oh papista, que todas las religiones tienen parte de la verdad? ¿Non fablan del Logos spermatikos, ese principio divino que siembra fragmentos de luz en todas las tradiciones? Entonces, ¿Por qué pretender que solo el papismo es la Religión en si misma, cuando tú mismo admites que hay partes de verdad dispersas? ¿Por qué non decir, con un mínimo de coherencia, que esas partes —cuando se orientan faz ad lo supraceleste— son ya caminos válidos, aproximaciones legítimas, soteriologías religiosas que conducen al todo? 

Pero non. El papista prefiere la arrogancia estúpida: Todo lo que está dentro es válido, todo lo que está fuera es error. Como si la verdad necesitara fronteras judaicas. Como si la salvación se administrara por jurisdicción eclesiástica. Como si el Verbo Eterno levara credencial de Cefas.

Et así, el papista se contradice con elegancia: Proclama soledad, pero vive con muchos; defiende exclusividad, pero practica pluralidad; fabla de una sola religión, pero admite múltiples caminos. Et cuando se le señala esta contradicción, responde con la más clásica de las falacias: la petición de principio “Es válido porque es papista.” ¡Qué argucia tan circular! ¡Qué estupidez tan cómoda!

Además, de confundir lo conveniente (accidente en latín cefaico) con lo esencial. Que non haya un “cielo exclusivo” para cada grupo humano non implica que todos deban tener el mismo método, la misma forma, la misma vía. Las diferencias de sexo, raza, etnia o clase son convenientes en sentido peripatético, sí, pero eso non anula la diversidad de mores faz ad lo divino. La unidad del fin non exige un solo medio.

Et luego, como si non fuera suficiente, el papista incurre en una falsa analogía: “El universo es uno, por tanto no puede haber miles de dioses ni religiones.” ¡Qué lógica tan encantadora! Como si la unidad ontológica del Ente anulara la pluralidad de manifestaciones divinas. Es como decir que, porque la humanidad comparte una sola esencia, non puede haber múltiples hombres ¿Et qué facemos entonces con la multiplicidad evidente de hombres, culturas, lenguas, símbolos?

¡Ahora, el papista obtuso! Siempre tan enamorado de sus falsos dilemas, como qui crede que el universo —por eser uno— debe tener un solo dios, et que ese dios, por supuesto, es el suyo, con mitra, báculo et sede en Jerusalén ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué salto tan olímpico desde la unidad real hasta la exclusividad supersticiosa! Pero non, querido papista: Que haya un universo non implica que non haya un solo dios. Et que haya un principio supremo non anula la esencia de múltiples divinidades. El monismo plotiniano, lejos de eser monoteísta, es necesariamente politeísta. Et lo es con una elegancia que tu superstición non puede imitar.

El Uno —el Supremo, el Bien, Dios— non es un dios en el sentido moseojesista. Non tiene atributos, non tiene voluntad, non tiene rostro. Es pura simplicidad, más allá del Ente, más allá de toda multiplicidad. Et precisamente por eso, non puede contener dentro de sí “modos” o “rasgos” como Ágape, Justicia o la encarnación. Eso sería introducir composición, et la composición destruye la simplicidad. El Uno non es multifacético: Es principio puro. Et por eser fuente, emana.

Del Uno emana el Intelecto, la mente divina, el Ente. Et de él, por participación, surgen los dioses: inteligencias distintas, actos únicos, potencias específicas. Cada dios es una manifestación de lo divino, pero non una parte del Uno. Son distintos por rango, por función, por principado. Neptuno non es un “aspecto” del Uno: es el señor de los mares. Apolo non es un “modo” del Bien: es el dios de la concordia et la luz. La ambrosía que los alimenta non es símbolo de unidad: Es testimonio de su inmortalidad compartida.

Sí, todos los dioses participan de la esencia deal. Pero participación non significa reducción. Non son máscaras de una sola entidad, ni funciones de un solo ser. Son dioses auténticos, distintos, jerárquicos. El politeísmo non es una dispersión caótica, de multiples primeras causas, sino una armonía estructurada. Et esa estructura nasce precisamente de la simplicidad del Uno, que al non tener composición, puede generar la multiplicidad sin fragmentarse.

El jesísmo, en cambio, no respeta la simplicidad. Dice que Dios es uno, pero le atribuye modos: amor, justicia, ira, misericordia. Dice que es eterno, pero lo hace encarnarse. Dice que es inmutable, pero lo hace sufrir. 

Los que acusan al neoplatonismo de “comprimir” el panteón en un solo dios simplemente no entienden la diferencia entre unidad ontológica y pluralidad funcional. El Uno no es un dios entre otros. Es el principio de los dioses. Et los dioses non son aspectos del Uno. Son entes reales, distintos, divinos. Plotino non reduce el politeísmo: lo fundamenta.

Así pues, que haya un universo no implica que haya un solo dios. El universo es uno porque participa de una fuente única. Pero esa fuente, por su simplicidad, genera multiplicidad. Y esa multiplicidad se manifiesta en los dioses, en sus actos, en sus imperios. El monismo neoplatónico no sólo permite el politeísmo: lo exige. Porque sólo desde la simplicidad absoluta puede surgir la multiplicidad ordenada. Et sólo desde la participación hierárquica puede haber dioses distintos, vero, eternos.

Et la confusión con la unimultiplicidad, vista en otros papistas, la vemos en su defensa de la superstición trinitaria. Dice que como tú et tu padre comparten la esencia humana, así el Padre et el Fijo comparten la esencia divina. Pero olvida que tú et tu padre son dos entes distintos, dos subjetos, dos inteligencias. Et si aplica esa lógica ad la Trinidad, termina aceptando un triteísmo. Pero como buen trinitario, non lo intiende. Non ve que su modelo lo contradice.

Porque si:

P = D (el Padre es idéntico a la esencia divina)
F = D (el Fijo también es idéntico ad la esencia divina)

Entonces, por transitividad:

P = F (el Padre es el Fijo)

Et si eso es así, non hay distinción real de personas. Et si intenta salvar la distinción diciendo que las relaciones (Paternidad, Filiación) son distintas pero idénticas ad la esencia, entonces introduce composición en Dios: Esencia por un lado, relaciones por otro. Et si las personas son idénticas ad la esencia, et esa esencia es absolutamente simple, entonces non hay distinción de personas. Lo que queda es un modalismo disfrazado, una ilusión de pluralidad que se desface en cuanto se aplica la lógica con rigor.

¡Et ahora, los monopatristas de Constantinopla! Esos alquimistas de la superstición que, con la precisión de un contable metafísico, pretenden cuadrar el círculo trinitario sin que se les derrame la esencia divina por los bordes. Dicen que las tres “substancias” son iguales en esencia, mas distintas por relación de principio. ¡Qué elegante manera de non decir nihilo! ¡Qué gimnasia lógica para evitar el triteísmo sin caer en el modalismo, et sin que se les note el sudor teológico!

Mas he aquí la sorpresa: si esa relación de principio es “real”, entonces la causa de la distinción real de las tres hipóstasis o substancias debe eser algo prior ad ellas. Ergo, debemos concluir al modo plotiniano: el Uno, causa de unidad et de distinción, prior ad toda multiplicidad. Prior de la triada papista debe haber el Uno que origine la diferencia principal et original de los tres. Et si el Uno es prior, entonces Dios non es trino ni terno, sino Uno et Solo, la distinción de origen, que engendra la distinción. La paradoja papista se derrumba: su contabilidad divina revela que la Trinidad presupone un Uno superior, et que su pretendida igualdad de substancias es apenas un artificio para ocultar que la unidad precede et prima la triada ¡Oh alquimistas, vuestra lógica os traiciona, et vuestro círculo trinitario se disuelve en la simplicidad del Uno!

Ahora si el Padre, el Fijo et el Espíritu Santo son todos Dios, pero se distinguen solo por “relación de origen”, ¿Qué nos impide aplicar la misma lógica ad las religiones? ¿Non podríamos decir que todas las soteriologías tienen la misma esencia religiosa, pero se distinguen por el su principio, por su punto de partida, por su modo de manifestación? ¿Non esería eso más razonable que pretender que una sola —la del papista, por supuesto— es la única que contiene la plenitud, mientras las demás son migajas?

Pero claro, el papista non quiere compartir el pan. Él quiere eser el panadero, el dueño del trigo, el inventor del horno, et el único autorizado ad repartir rebanadas. Et cuando se le señala que incluso sus propios Padres de la Iglesia admiten distinciones relativas dentro de la unidad, se pone nervioso. Porque si acepta que hay distinción sin división en Dios, ¿Por qué non en la religión? ¿Por qué non admitir que lo salvífico se manifiesta de formas múltiples, sin perder su unidad religiosa?

Veamos sus propias fuentes, que cita con reverencia pero sin intender:

  • Atanasio: “Mi Padre es mayor que yo… no en grandeza ni en tiempo, sino por su generación.”
  • Basilio: “El Padre es mayor como causa y origen.”
  • Gregorio Nacianceno: “La superior grandeza pertenece a la causa, la igualdad a la naturaleza.”
  • Juan Antioquense: “El Padre es mayor en cuanto causa, pero no de esencia diferente.”

¡Qué confesión tan clara! ¡Qué testimonio tan incómodo para el papista! Porque si la causa puede eser mayor sin que la esencia sea distinta, entonces la distinción non implica inferioridad. Et si eso es cierto en Dios, ¿Por qué non en las religiones? ¿Por qué non decir que todas participan de la misma religiosidad salvífica, pero se distinguen por su origen, su cultura, su lenguaje, su símbolo?

Pero non, el papista prefiere el falso dilema: o hay una sola soteriología vera, o todo es caos. Como si lo unimúltiple fuera una herejía. Como si la unidad non pudiera contener la multiplicidad. Como si el Verbo eterno non pudiera salvar en muchas lenguas, en muchas fabulas, en muchos ritos.

Et así, el papista, en su afán de universalidad, termina atrapado en sus propias contradicciones. Proclama el universo, pero non tolera lo diverso. Defiende simplicidad, pero introduce composición. Fabla de razón, pero non razona. Et mientras tanto, la religión supraceleste —la única veramente universal— permanece intacta, contemplada solo por la inteligencia pura, guiada por Mercurio, lejos del ruido delirante.

[Europa Ancestral:] Los que ven el mundo espiritual de esta forma tan terrenal, limitada y surrealista, carecen de perspectiva, motivados seguramente por un orgullo desmedido y una necesidad de creerse especiales y mejores que los demás sin merecerlo. Algo que también ayuda a este tipo de pensamiento narcisista es la influencia de toda la amalgama sincrética de creencias neopaganas y orientales que la masonería ha inoculado en la sociedad, ya que sirven para saciar sus ansias de vanidad, de sentirse por encima de los demás. 

¡Ahora, el papista! Ese sublime equilibrista del dogma que, mientras acusa a los demás de vanidad terrenal, se pasea por la tierra con mitra, báculo y una corte de cardenales que deciden lo supraceleste desde oficinas con aire acondicionado. Dice que hablar de múltiples modos soteriológicos es “narcisismo”, “materialismo”, “orgullo desmedido”. ¡Qué espectáculo! ¡Qué comedia teológica! ¡Qué desfile de contradicciones con incienso incluido!

Porque claro, según él, lo espiritual non debe estar contaminado por lo terrenal… salvo cuando se trata de su Iglesia, que es tan terrenal como el mármol de Cefas. ¿Et qué hay de su estructura? ¿Non está limitada por hierarquías humanas, por concilios, por decretos, por papas que se eligen entre sí como si fueran césares? ¿Non es eso una visión “limitada y surrealista” del mundo espiritual? Pero non, el papista crede que su institución es la excepción divina, que su superstición es el único que non huele a Tierra ¡Qué arrogancia tan refinada! ¡Qué mosaísmo tan bien disfrazado!

Et luego, como si non bastara, nos acusa de estar influenciados por “creencias neopaganas et orientales inoculadas por la masonería” ¡Qué mezcla tan deliciosa de paranoia et desconocimiento! Porque si hay algo que el papismo ha fecho con entusiasmo es sincretizar ¿Non admitió él mismo que su superstición asimiló lo mejor de los paganismos europeos? ¿Non es eso neopaganismo por definición? El neopaganismo es el conjunto de movimientos espirituales modernos inspirados en religiosidades politeístas. Et el papismo, por su propia confesión, se inspiró en ellas. ¿Entonces qué es? ¡Neopaganismo con sotana!

Et si vamos más atrás, ¿Qué encontramos? Que el jesísmos non nasció del vacío, sino del mosaísmo. Et el mosaísmo, ad su vez, del yahvismo tribal, un etnicismo. El yahvismo non se opone al politeísmo en su origen. Non nasce como una cruzada contra los dioses, sino como una afirmación tribal de un dios local, entre muchos. El yahvismo temprano convivía con otras divinidades, reconocía su existencia, et simplemente afirmaba la supremacía de su propio dios. Non era monoteísmo: era monolatría. La oposición al politeísmo vino después, como construcción teológica, como reacción tardía, como negación sistemática.

Et aquí viene el golpe lógico: Si el abrahamismo se define por negar el politeísmo, entonces depende de que el politeísmo exista primero. Non se puede negar lo que non está. Por tanto, el mosaísmo non es originario: es derivado. Non es luz: es umbra. Non es afirmación: es reacción. Es una categoría inspiradora negativa, un neopaganismo invertido, un sistema que nasce por contradecir lo que ya era. ¡Qué espectáculo! ¡Qué genealogía tan incómoda para quien presume de originalidad divina!

Et non, non necesitamos masones para que un lastre oriental plegara ad Europa. El jesísmo—et por ende el papismo— es oriental en su médula. Su raíz está en Judea, su tronco en Antioquía, su superstición en concilios en Asia Menor. Lo europeo vino después, como barniz, como adaptación cultural. El papismo non es fijo del Lacio: es huésped. Non es heredero de Europa ancestral: es su ocupante.

Et ese mosaísmo, como todo sistema religioso, se definió por oposición al politeísmo circundante. Es decir, el mosaísmo es un subproducto del politeísmo, una reacción, una negación. Et toda negación es una forma de inspiración. Porque inspirar non es copiar: Es recibir el estímulo que anima la labor creadora. Así que sí, el papismo es neopagano. Et non por accidente, sino por genealogía. 

Et así, mientras el papista acusa ad los demás de neopaganismo, él mismo encarna un neopaganismo negativo, una superstición que se inspira en lo que niega, que se construye sobre la demolición de lo prior. Et mientras se burla de los múltiples caminos, vive rodeado de ellos, sin intender que su propia estructura es una confesión involuntaria de pluralidad.

Et así, mientras el papista acusa ad los demás de narcisismo espiritual, él se proclama heredero exclusivo de lo divino. Mientras denuncia el materialismo, se aferra ad estructuras terrenales. Mientras condena el sincretismo, lo practica. Mientras odia el mosaísmo, lo encarna. Et mientras se burla de los múltiples caminos, vive rodeado de ellos: monacato, mística, acción social, devoción mariana, sacramento dominical… 

[Europa Ancestral:] Es de necios dar más valor a nuestra parte corpórea siendo ésta temporal, que al espíritu que es eterno. Aun así, cabe resaltar que la materia tiene importancia y no es de naturaleza maligna como creían erróneamente los gnósticos cátaros y otros, pero tampoco hay que irse al otro extremo, otorgándole una importancia exagerada propia del materialismo superficial ateo. La patria, la identidad, la cultura de cada pueblo tienen relevancia, pero no se deben anteponer estas realidades terrenales a las del espíritu y a Dios. Hacerlo sería algo irracional y extremadamente narcisista, además de inútil.

¡Ahora otra vez veamos que dice el papista! Ese encantador equilibrista de contradicciones que, mientras se llena la boca hablando del espíritu eterno, se aferra con uñas y dientes a una institución terrenal, temporal, burocrática, et —non lo olvidemos— profundamente oriental. Dice que es “irracional” anteponer lo corpóreo al espíritu, pero luego convierte ad Jerusalén en ciudad celestial, ad Israhel en pueblo eterno, et ad su Iglesia en la única vía de salvación ¡Qué espectáculo! ¡Qué desfile de incoherencias con sotana!

Et cuando por fin concede que la materia non es maligna, habría que recordarle que debe esa concesión ad Plotino, non ad su "tradición". Porque si non fuera por él, su querido moro, Agustín de Hipona, seguiría atrapado en el maniqueísmo, creyendo que la materia es una fuerza activa del mal ¡Qué ironía! El mismo Plotino que fundamenta la hierarquía del Uno, que permite entender la multiplicidad de dioses, que salva la materia sin divinizarla, es el que le dio al papismo su escape filosófico. Sin Plotino, el papismo seguiría viendo el cuerpo como cárcel et el mundo entero so del maligno.

Pero non, el papista prefiere fingir que su visión es profunda, que su espiritualidad es elevada, mientras le da una importancia desmesurada ad algo tan temporal como su Iglesia. ¿Non dice que lo corpóreo es inferior? ¿Entonces por qué su tradición está encarnada en estructuras humanas, en concilios, en hierarquías, en documentos? ¿Por qué su “religión verdadera” es una institución que tiene sede, archivos, contabilidad et hasta embajadores?

Siempre tan enamorado de su diccionario supersticioso, donde “unidad” significa exclusión, “verdad” significa monopolio, et “Dios” significa su propia institución con sede en Jerusalén. Dice que hay “realidades materiales” —et hasta ahí, bien— pero cuando se le sugiere que también puede haber múltiples realidades divinas, se le frunce la ánima. ¡Qué miedo al esplendor ontológico! ¡Qué pánico ad la abundancia metafísica!

Porque si Dios es la realidad suprema, ¿Por qué non aceptar que hay muchos dioses que participan de esa realidad sin que eso implique múltiples primeras causas? ¿Acaso la participación implica fragmentación? ¿Acaso la multiplicidad de inteligencias divinas contradice la unidad del Uno? Non. Lo que contradice la unidad es la arrogancia de pretender que sólo una forma —la suya— puede contener lo divino.

Et si hay un solo universo, ¿Por qué non admitir que puede haber muchos universos subordinados, múltiples niveles de Ente, múltiples modos de manifestación? ¿Non es eso lo que enseña la teologia, que el Uno —por su simplicidad absoluta— puede emanar sin dividirse, sin perderse, sin agotarse? ¿Non es eso lo que permite que sean dioses auténticos, distintos, hierárquicos, cada uno con su acto propio, su principado particular?

Pero el papista, en su afán de simplificar, empobrece. Crede que la unidad excluye la multiplicidad, como si lo unimúltiple fuera una irracionalidad. Como si la riqueza ontológica fuera un pecado. Como si la divinidad tuviera miedo de manifestarse en formas diversas ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué teología tan minimalista! ¡Qué visión tan estrecha de lo infinito! Mientras el papista se aferra ad su superstición como quien abraza una piedra creyendo que es Sol, el mundo sigue girando, los dioses siguen brillando, et el Uno sigue emanando. Porque la verdad non teme a la pluralidad. Porque la deidad non se empobrece al compartirse. Porque la unidad non es exclusión: es fuente.

Et luego viene la joya: dice que es “irracional” anteponer la patria, la identidad, la cultura… pero su Biblia convierte ad Jerusalén —una ciudad terrenal— en símbolo eterno. Non paran de facer asociaciones entre lo mundano et lo divino, siempre et cuando se trate de Israhel. Pero si un gentil dijera que hay una Roma celestial, ¡los papistas perderían la cabeza! Porque sólo las cosas de Israel tienen categoría eterna. ¡Qué mosaísmo tan bien camuflado! ¡Qué arrogancia tan refinada!

Solo en la mente de un papista podría gestarse semejante falso dilema: como si Dios y el espíritu se opusieran a la patria, la identidad o la cultura. ¿Cómo non esperar tal confusión, si el papista —estólido como es— crede que la Iglesia representa los intereses de Dios? Qué ingenuidad tan solemne.

Esto dice el papista, con aire de sabiduría prestada: “La patria, la identidad, la cultura de cada pueblo tienen relevancia, pero no deben anteponerse a las realidades del espíritu y de Dios.” Et aunque la frase suena prudente, encierra una contradicción sutil: presupone que lo terrenal et lo espiritual son fuerzas en pugna, que la cultura es una amenaza para lo divino, et que la ánima debe renunciar ad su raíz para alcanzar el cielo.

Pero ¿Qué puede haber más irracional —et más narcisista— que imaginar que Dios exige la amputación de lo humano para revelarse? ¿Acaso non es el espíritu quien da forma a la cultura, quien fecunda la identidad, quien habita la patria como símbolo vivo? Separarlos es mutilar la totalidad del Ente.

Anteponer lo espiritual non significa negar lo terrenal, sino transfigurarlo. Et quien non comprende esto, non ha entendido ni ad Dios ni al hombre.

Et así, el papista se convierte en el marxista espiritual: dice que lucha contra el materialismo, pero sin materia non puede sostener su iglesias. Dice que lo divino es eterno, pero lo confunde en la historia, en la carne, en la superstición. Dice que la Biblia es palabra de Dios, pero es un texto temporal. Dice que Jesús es Dios, pero es un hombre histórico. Dice que su Iglesia es la Iglesia vera, pero es una institución terrenal. ¡Qué desfile de contradicciones! ¡Qué espectáculo de incoherencias!

[Europa Ancestral:] El cristianismo cree en la verdad, la justicia, el bien y la belleza, por lo tanto está en contra de la igualdad materialista, propia del liberalismo y del comunismo, ya que tras esa máscara de falsa igualdad y libertad para todos, se esconde la más terrible e injusta de las tiranías. Bajo la premisa de la falsa libertad y del igualitarismo, nos presentan algo negativo que persigue un fin injusto y malvado como si fuese bueno, como ocurre por ejemplo con la ideología de género (la cual bebe de las ideas nietzscheanas). Hacen lo mismo con la falsa solidaridad, tan de moda estos últimos años. Sobre el igualitarismo político, la Iglesia Católica se ha pronunciado varias veces por medio de encíclicas [1] como la de Pio XI Divini redemptoris o Libertas praestantissimum de Leon XIII [2], hay incluso libros sobre este tema, como la obra de Felix Sardá, el liberalismo es pecado y contra la ideología comunista hay cientos, puesto que es la ideología más déspota y criminal que ha existido nunca, entre ellos, los más actuales pertenecen a Benedicto XVI, que además ha aprovechado para comparar ciertos fundamentos del marxismo con los del pseudo nihilismo anticristiano de Nietzsche. Como dijo San José María en su obra Camino refiriéndose al marxismo: «La igualdad tal y como la entienden es sinónimo de injusticia», ya que la igualdad que predica el cristianismo se refiere a la igualdad espiritual frente a Dios no a la igualdad terrenal. 

Ahora Europa Ancestral, Ese campeón de la estulticia que, mientras se envuelve en la bandera de la “verdad, justicia y belleza”, ha de presumir que sólo los jesístas tienen acceso ad tales virtudes, como si los neopaganos, los gentiles, los estoicos, los vedantinos, los órficos et hasta los filósofos de la estepa non hubieran reflexionado jamás sobre lo justo, lo verdadero et lo bello ¡Qué arrogancia tan encantadora! ¡Qué provincialismo espiritual! Crede que fuera de la aljama non hay moral, como si el Verbo eterno necesitara hebreos.

Et luego, como si non bastara con su monopolio moral, nos regala una joya: que la ideología de género “bebe de las ideas nietzscheanas” ¡Qué delirio! ¡Qué lectura tan creativa! Como si Nietzsche —el que defendía la jerarquía, el que despreciaba el igualitarismo, el que fablaba de la mujer como misterio y destino— fuera el padrino de la fluidez de género. ¿Non fue él quien escribió que a la mujer hay que ir con látigo? ¿Non fue él quien exaltó el matrimonio como institución aristocrática, como jardín donde el hombre soberano crea un hijo como monumento viviente a su victoria? ¿Non fue él quien dijo que el matrimonio es la voluntad de dos de crear uno que sea más que quienes lo crearon?

Pero non, el papista, en su afán de condenar todo lo que non encaje en su catecismo, mete ad Nietzsche, al marxismo, ad la ideología de género et ad la masonería en una misma licuadora teológica. ¡Qué batido tan sabroso de ignorancia et paranoia! Et luego nos dice que el jesísmo está en contra de la “igualdad materialista” porque crede en la “igualdad espiritual” ¡Qué fórmula tan cómoda! ¡Qué manera tan elegante de justificar principados terrenales mientras se predica humildad celestial!

Et por si faltara algo, nos recuerda que su Iglesia ha escrito encíclicas contra el liberalismo, el comunismo, el marxismo, el nihilismo, el ateísmo, el modernismo, el relativismo, el existencialismo, el yoga, el rock, el reguetón et probablemente hasta contra los pantalones ajustados ¡Qué producción editorial! ¡Qué obsesión por condenar! Pero claro, todo eso lo face en nombre de la “verdad”. Una verdad que, curiosamente, siempre coincide con sus intereses históricos, cívicos et territoriales.

Et aquí entra el magisterio, que el papista cita cuando le conviene y olvida cuando lo contradice. Porque la Iglesia reconoce la igualdad de derechos, la dignidad de todos los seres humanos, la justicia social, la solidaridad auténtica et la libertad orientada ad el Bien. Non todo liberalismo es pecado, non todo comunismo es demonio, non toda igualdad cívica es injusticia. 

¡Oh, qué dulce es la ignorancia cuando se reviste de dogma! Esa ánima temblorosa que, al ver la oración “igualdad política”, se persigna como si hubiese visto al mismísimo Leviatán salir del Parlamento. Crede —con la fe ciega de quien nunca ha leído más allá del catecismo ilustrado— que la Iglesia non cree en la igualdad política, que todo intento de justicia social es obra de la masonería, que toda encíclica que huele ad dignidad humana es una infiltración liberal ¡Menuda colección de estupideces! ¡Menuda misa de ignorancia! 

¡Oh, qué espectáculo el del papista ingenuo! Se presenta como defensor de la tradición, pero non distingue entre la tradición viva et el delirio fosilizado. Con voz engolada et gesto de cruzado, proclama que la Iglesia está “en contra de la igualdad política”, como si eso fuera una verdad revelada et non una distorsión doctrinal. Cree que toda idea de participación, de justicia civil, de dignidad compartida es una infiltración masónica, una corrupción moderna, una herejía liberal. ¡Qué delirio tan encantador! ¡Qué ignorancia tan refinada!

Yo, adorador de los dioses, non puedo sino reír ante tal ingenuidad. Porque si algo sabe el gentil, es que la cívica non se divorcia de la virtud, et que la justicia non se encierra en sacristías. El papista, sin embargo, crede que su doctrina social brotó espontáneamente de la Masonería, como si los Padres de la Iglesia hubiesen bebido de las fuentes masonas, como si Ambrosio hubiese leído ad Albert Pike, como si el Papa Gregorio I hubiese entendido de Marx que la propiedad es para todos .

Porque si algo ha fecho el jesísmo—et lo ha fecho con entusiasmo— es fablar de la vida en sociedad. Non, non nació en la centuría XIX por obra de logias conspiradoras. Desde los Hechos de los Apóstoles ya se repartían los bienes “según la necesidad de cada uno” ¿Eso es masonería? ¿Eso es infiltración? ¿Eso es corrupción? Non, eso es justicia. Et si Ambrosio Milanés dijo que la propiedad está destinada al uso de todos, ¿Acaso era masón? ¿Et si el Papa Gregorio I defendió que la riqueza vera es la que se comparte, ¿acaso estaba infiltrado por el Club Bilderberg?

Pero el papista, en su afán de defender la pureza doctrinal, cree que todo lo que suena a igualdad es veneno. Cree que Rerum Novarum fue un accidente, que Quadragesimo Anno fue una concesión, que Populorum Progressio fue una debilidad. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: tu doctrina social no es una traición al dogma, es su encarnación. Et si condenas la masonería por querer derribar tu auctoridad, al menos reconoce que tu autoridad se sostiene sobre columnas que non son del todo jesísmo, sino también fariseas, esenias, et sí, incluso gentiles.

Et ahora viene la parte más deliciosa: el papista cree que la Iglesia non cree en la igualdad política. ¡Oh, qué afirmación tan absurda! ¿Non fue tu Biblia la que dijo que “no hay judío ni griego, esclavo ni libre”? ¿Non fue tu magisterio el que escribió que todos los hombres tienen igual dignidad? ¿Non fue tu doctrina social la que defendió los derechos del trabajador, del pobre, de la mujer? ¿Entonces qué es eso sino igualdad política? ¿O acaso crees que la dignidad se predica sólo en misa et non en el foro?

¡Ahora, el papista! Ese carbonero fiel que, en su afán por parecer profundo, termina diciendo tonterías con solemnidad. Escuchadlo bien: “La igualdad tal y como la entienden es sinónimo de injusticia”, dice, refiriéndose al marxismo. Et luego remata con la joya: “La igualdad que predica el cristianismo se refiere a la igualdad espiritual frente a Dios, non a la igualdad terrenal.” ¡Qué afirmación tan absurda! ¡Qué confusión tan deliciosa! Como si la Iglesia condenara el marxismo por querer justicia social, et non por su materialismo rampante et su ateísmo militante.

Porque si algo ha dejado claro el Magisterio —ese mismo que el papista cita cuando le conviene et olvida cuando le incomoda— es que la oposición al marxismo non nasce de su afán igualitario, sino de su negación de lo divino.

El marxismo, como bien señala Divini Redemptoris, parte de una premisa brutal: que sólo existe la materia, et que todo —la historia, la sociedad, el hombre mismo— es una manifestación de fuerzas materiales ¿O queda la ánima? ¿O la conciencia? ¿O la ley moral? En ninguna parte. El hombre se convierte en engranaje, en función, en número. Et eso, querido papista, non es injusto para la iglesia por eser igualitario: es injusto por eser inhumano.

Et si eso non basta, recordad que el marxismo non sólo niega la espiritualidad: niega ad Dios. Non hay diferencia entre ánima et cuerpo, non hay esperanza de vida futura, non hay trascendencia. La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha dicho con claridad: el ateísmo está en el corazón de la teoría marxista. Et Juan Pablo II lo repitió: el marxismo es esencialmente ateísta, y su dialéctica histórica es una negación de la persona.

Et así, al negar ad Dios, el marxismo niega también la dignidad del hombre. Porque la dignidad humana non se mide en toneladas de trigo ni en cuotas de producción: se mide en la imagen divina inscrita en cada ánima. Et si esa imagen se borra, todo lo demás se derrumba. La ley se convierte en instrumento del poder, la moral en derivación del orden económico, et la justicia en ferramienta de la lucha de clases.

¿Et qué face la Iglesia? ¿Condena el marxismo por querer igualdad? Non. Lo condena por querer igualdad sin Dios. Lo condena por querer justicia sin ánima. Lo condena por querer redención sin gracia. Porque la vera doctrina social non nasce de la abolición de la propiedad, sino del reconocimiento de la dignidad. Non nasce del colectivismo, sino de la subsidiariedad. Non nasce del odio de clases, sino de la caridad al prójimo.

Así pues, el papista, en su afán de parecer sabio, termina diciendo que el cristianismo sólo predica igualdad espiritual. ¡Qué reducción tan pobre! ¡Qué visión tan estrecha! Como si la encíclica Centesimus Annus non hablara de derechos inviolables, como si Rerum Novarum non defendiera al trabajador, como si Populorum Progressio non clamara a la justicia social ¡Menudo catecismo mutilado!

Yo, non puedo sino reír ante tal necedad. Porque si algo enseñaron los primeros cristianos —y lo enseñaron con fuerza— es que todo bautizado comparte la misma dignidad ante Dios, y que la autoridad, tanto civil como eclesial, debe ejercerse para el bien común, no para el privilegio de una élite.

¿Non fue Ignacio de Antioquía quien dijo que todos los miembros son σύνοδοι, “compañeros en el camino”? ¿Non fue Clemente de Roma quien escribió que todos los jesístas son clamados ad la misma “dignidad suprema de los hijos de Dios”? ¿Non fue Policarpo quien exhortó ad obedecer a los ministros “como a Dios y a Cristo”, indicando que la auctoridad non es dominio, sino servicio? ¿Et non fue Cipriano de Cartago quien proclamó que “nada debe hacerse sin el consenso del pueblo”? Nihil sine consensu plebis —¡qué frase tan romana! ¡Qué eco tan claro de la república desvirtuada que los jesístas  construían!

Pero el papista, en su delirio, crede que todo esto es corrupción moderna, infiltración masónica, veneno liberal. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: tu Iglesia non nasció en el siglo XIX. Su doctrina social non es una concesión a la modernidad. Es una continuidad que parte de la Escritura, se nutre de los Padres, et se cristaliza en el Magisterio. Et si condena el marxismo, non lo face por su afán igualitario, sino por su materialismo et su ateísmo, que niegan la dignidad del hombre et destruyen el fundamento moral de la justicia.

Et así, mientras el papista se aferra a su catecismo mutilado, los testimonios de los Padres lo contradicen con elegancia. Ignacio, Clemente, Policarpo, Cipriano… todos ellos enseñaron que la autoridad existe para la comunidad, non para dominarla. Que la obediencia es universal, non selectiva. Que la dignidad del baptizado implica participación, voz, voto. Que la Iglesia, desde sus orígenes, ha defendido una vera igualdad política, non como ideología, sino como expresión de la imagen divina en cada ánima.

Et así, el papista se contradice con elegancia: Proclama la justicia según la iglesia, pero niega la igualdad política; defiende la dignidad, pero rechaza la la igualdad de clases. El papista se convierte en el gran acusador del mundo moderno, mientras ignora que su propia religión es una amalgama de influencias orientales, igualitaristas, sincretismos neopaganos, et contradicciones doctrinales. Dice que la igualdad terrenal es justa, pero su Biblia convierte a Jerusalén —una ciudad terrenal— en símbolo eterno. Dice que lo espiritual es superior, pero su religión está encarnada en historia, en carne, en dogma. Dice que Nietzsche es nihilista, pero lo cita cuando le conviene. Dice que el liberalismo es pecado, pero defiende la libertad religiosa cuando le persiguen arrianos.

Et mientras tanto, Nietzsche —ese pensador que el papista quiere convertir en enemigo del orden— defiende el matrimonio, la familia, la hierarquía natural entre hombre et mujer, la creación de hijos como superación de los padres, la cultura como afirmación de la vida, y la voluntad como impulso creador. ¡Qué ironía! ¡Qué incomodidad para el papista que lo quiere encasillar como nihilista! Porque si algo despreciaba Nietzsche, era la moral de grey. Et si algo exaltaba, era la autosuperación, la fuerza dominada, la creación de formas superiores.

[Europa Ancestral:] En lo terrenal la igualdad no existe, pero si la justicia y el bien, el orden y la jerarquía, que son estructuras esenciales y necesarias para que exista justicia y la bondad en el mundo. Conforme a la ley natural así lo ha entendido siempre la Iglesia que se caracteriza por el uso de una marcada jerarquía y por la lucha contundente contra el caos y el desorden, ya que éstos son propios del diablo. Además tanto el liberalismo como el comunismo han sido enemigos acérrimos de la Iglesia católic. En la actualidad, el comunismo y el marxismo cultural siguen siendo la vanguardia de ataque contra el cristianismo.

Este charlatán fabricante de anacronismos que, con la solemnidad de quien cree que la Edad Media fue dictada por el Espíritu Santo, se atreve ad decir que “en lo terrenal la igualdad non existe”. ¡Qué afirmación tan absurda! ¡Qué espectáculo de ignorancia revestida de tradición! Como si los Padres de la Iglesia non hubiesen fablado de la igualdad de los fieles, como si la dignidad del baptizado non tuviese consecuencias políticas, como si la hierarquía fuese una estructura rígida impuesta desde el cielo et non una forma de servicio comunitario.

Porque si algo enseñaron los primeros jesístas—et lo enseñaron con fuerza— es que todos los baptizados comparten la misma dignidad ante Dios, et que la auctoridad, tanto civil como eclesial, debe ejercerse para el bien común, non para el privilegio de una élite.

Pero el papista, en su delirio, cree que la jerarquía es la única garantía de justicia, que el orden es la única forma de bondad, que el caos es propiedad exclusiva del diablo. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: la hierarquía en los primeros siglos non era una pirámide de poder, sino una red de servicio. Ignacio clama a los fieles “compañeros de camino”, et describe la autoridad como servicio, no como dominio. Cipriano insiste en el consenso del pueblo, non en la imposición de decretos.

Et luego viene la joya del papista: “conforme a la ley natural así lo ha entendido siempre la Iglesia”. ¡Qué anacronismo tan encantador! Como si Ignacio de Antioquía y Clemente de Roma hubiesen leído a Locke y Rousseau entre epístola et epístola. Como si los Padres de la Iglesia hubiesen debatido sobre derechos humanos, democracia representativa et separación de poderes en el atrio de la basílica ¡Qué fantasía tan moderna proyectada sobre pergaminos antiguos!

La verdad es otra, et está bien documentada. La noción de ley natural como “participación del ser racional en la ley eterna” aparece por primera vez de forma sistemática en la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino, escrita entre 1265 y 1274. Tomás, influido por Aristóteles, transforma la noción de physis —el orden racional de la naturaleza— en una ley moral universal, papista et estructurada. Non fue revelación apostólica, sino elaboración escolástica.

Et si buscamos en la Sagrada Escritura, tampoco encontramos la expresión “ley natural”. Ni en Juan 19, ni en Zacarías 12, ni en Marcos 14. La Biblia fabla de la ley de Dios, de la sabiduría divina, de la justicia inscrita en el corazón, pero non de una “ley natural” como categoría filosófica. Esa formulación pertenece al desarrollo doctrinal medieval, non al siglo I.

Et así, el papista, en su afán de vestir su jerarquía con ropajes eternos, termina atribuyendo ad los Padres una noción que non cognocieron. La Iglesia primitiva fablaba de ordenación divina, non de ley natural abstracta. Su visión del mundo non era la de una estructura jurídica universal, sino la de una comunidad de creyentes guiada por la fe, la caridad y el consenso.

¡Ah, la ley natural! Ese concepto tan celebrado por los escolásticos, tan citado por los papistas, y sin embargo, tan profundamente gentil. Porque no nos engañemos: la ley natural no brota de la Biblia, ni de la Iglesia, ni de los profetas. Brota de Aristóteles, hijo de Estagira, filósofo pagano, discípulo de Platón, maestro de Alejandro. Y si algo demuestra su origen, es que no necesita obedecer ni a la Iglesia ni a la Escritura para ser conocida. Es una sabiduría que se alcanza por la razón, no por la revelación.

Aristóteles non fabla de mandamientos divinos ni de pactos con Tervagante. Fabla de physis, de la natura como principio de orden, de movimiento, de finalidad. Todo en su filosofía está orientado al télos, al fin propio de cada ser. La justicia, la ley, el bien humano: todo se deduce de la observación racional del mundo. El político sabio no consulta profetas, consulta la realidad. Las normas que rigen la conducta deben fundarse en la verdadera naturaleza del ser humano, no en tablas de piedra ni en concilios ecuménicos.

Et aquí está la ironía: los papistas que hoy defienden la ley natural como si fuera dogma revelado, olvidan que su formulación sistemática aparece recién con Tomás de Aquino, en el siglo XIII, et que Tomás la toma directamente de Aristóteles. La define como “participación del ser racional en la ley eterna”, pero esa “ley eterna” es una judaización de la physis aristotélica. Non hay Moisés en esa ecuación. Hay Sol, hay causa final, hay prudencia (phrónesis), hay virtud. Es la ánima gentil la que sostiene tal cosa.

Et si vamos ad la Biblia, ¿Qué encontramos? Non una exaltación de la naturaleza, sino una sospecha profunda faz ad el mundo. “El mundo entero está bajo el maligno”, dice la Escritura. El “Dios de este siglo” —figura maligna, príncipe de las tinieblas— rige las leyes del mundo. ¿Cómo puede entonces la naturaleza eser fuente de ley, si está so dominio del enemigo? ¿Cómo puede la creación caída eser guía moral, si su ley está corrompida por el pecado?

Et así, la ley natural, tan celebrada por los doctores, tan citada por los papistas, non es jesísta en su origen. Es gentil. Es aristotélica. Es racional. Et non se necesita obedecer ad la Iglesia para eser cognocida. Es una sabiduría que brota del intelecto, non de la biblia. Et si la Biblia dice que el mundo está so el maligno, entonces la ley natural non puede ser revelación, sino resistencia. Es el saber del filósofo, non del rabí anticosmista.

Ahora contra otro anacronismo del papista, con la solemnidad de quien cree que el Concilio de Nicea fue una cruzada metafísica contra el caos, proclama que la Iglesia de la centuria IV luchaba “contra el desorden, propio del diablo” ¡Qué fantasía tan medieval proyectada sobre un concilio imperial! Como si los obispos nicenos hubiesen marchado ad Bitinia con estandartes apocalípticoset  espadas teológicas, listos para exorcizar el universo ¡Qué espectáculo de imaginación doctrinal!

Pero non, querido papista: esa idea es una proyección tardía, una lectura escolástica retroactivamente impuesta sobre un evento que tuvo preocupaciones muy distintas. La iglesia Nicea non se reunió para combatir el “caos cósmico”, sino para definir la consustancialidad del Hijo con el Padre et resolver el conflicto arriano. Su credo fabla de “un solo Dios, creador de todas las cosas visibles et invisibles”, et de “Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas”. Non hay rastro del diablo, ni del caos, ni de una lucha cósmica contra el desorden. Ni en los cánones, ni en los decretos, ni en los textos sinodales.

La idea de que el “caos” es una manifestación del maligno aparece mucho después. En los escritos de Agustín, el término khaos se usa como metáfora moral: el desorden del pecado, el abismo de la voluntad caída. Et con Tomás de Aquino, ya en plena escolástica, el concepto se sistematiza: el mal es la privación del bien, et el diablo causa desorden. La Iglesia se convierte en “barrera contra el caos”, pero esa imagen es medieval, non nicena. Es una construcción teológica posterior, non una doctrina paulina.

Incluso en la Escritura, aunque se afirma que “el mundo está bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19) y que el diablo es “el dios de este siglo” (2 Tesalonicenses), non se habla de “caos” como entidad cosmológica. El mal es real et creado, sí, pero el lenguaje de “caos” como categoría teológica es una elaboración patrística et escolástica. Los Padres comienzan ad usarlo como metáfora, pero non como doctrina. Et el Concilio de Nicea, en su sobriedad doctrinal, non se ocupa de eso.

Et así, el papista, en su afán de convertir cada estructura en cruzada, termina atribuyendo ad Nicea una misión que nunca tuvo. Cree que la Iglesia primitiva combatía el caos como si fuera un ejército de ángeles armados, cuando en realidad debatía sobre la divinidad de Cristo. Cree que el desorden era el enemigo visible, cuando el vero adversario era la secta arriana. Cree que el diablo estaba en la agenda conciliar, cuando ni siquiera aparece en el texto.

Et así, mientras el papista se aferra a su catecismo mutilado, los testimonios de los Padres lo contradicen con elegancia. Ignacio, Clemente, Policarpo, Cipriano… todos ellos enseñaron que la autoridad existe para la comunidad, no para dominarla. Que la obediencia es universal, non selectiva. Que la dignidad del bautizado implica participación, voz, voto. Que la Iglesia, desde sus orígenes, ha defendido una verdadera igualdad política, no como ideología, sino como expresión de la imagen divina en cada alma.

El papista ahora se atreve ad decir que “el comunismo y el marxismo cultural siguen siendo la vanguardia de ataque contra el cristianismo”. ¡Qué afirmación tan torpe! ¡Qué espectáculo de ignorancia revestida de superstición! Como si la historia fuese una novela de buenos et malos, et non una red compleja de tensiones, contradicciones et encuentros inesperados. Como si el marxismo fuese una herejía moderna nascida para destruir el jesísmo, et non una corriente filosófica que, en muchos de sus momentos más lúcidos, ha dialogado con el jesísmo, lo ha admirado, lo ha reinterpretado, et hasta lo ha reivindicado.

Porque si algo demuestra la historia —la real, non la que el papista imagina entre letanías— es que el marxismo et el jesísmo han compartido más que enemigos: han compartido sueños. ¿Non fue Moses Hess, el rabino comunista que formó ad Marx y Engels, quien escribió que “Jesucristo es el centro de la historia, el corazón de la humanidad”? ¿Non dijo que “su sangre palpitará en las venas del mundo mientras éste exista”? ¿Eso es ataque, o es reverencia? ¿Et non fue Leon Trotsky, el mismo que el papista demoniza, quien en 1935 escribió que la persecución nazi contra la Iglesia era “un crimen contra la humanidad”? ¿Non fue él quien ordenó a la Cuarta Internacional que colocara la libertad religiosa como prioridad revolucionaria? ¿Non defendió la autonomía de la Iglesia Armenia, et de las sectas campesinas frente al aparato ortodoxo estatal? ¿Eso es ataque, o es resistencia?

El Estado cristiano perfecto no es el llamado Estado cristiano, que reconoce al cristianismo como su base, como religión del Estado, y, por lo tanto, adopta una actitud exclusiva hacia otras religiones. Por el contrario, el estado cristiano perfecto es el estado ateo, el estado democrático, el estado que relega la religión a un lugar entre los otros elementos de la sociedad civil... El estado que todavía es teológico, que todavía profesa oficialmente el cristianismo como su credo... en su realidad como estado, aún no ha logrado expresar la base humana, de la cual el cristianismo es la expresión altisonante, en una forma secular y humana... Tiene una actitud política hacia la religión y una actitud religiosa hacia la política. Al degradar las formas del estado a mera apariencia, degrada igualmente la religión a mera apariencia. Carlos Marx Explicando cómo su teoría es simplemente la esencia secularizada del cristianismo: 'Sobre la cuestión judía', febrero de 1844 en Deutsch-Französische Jahrbücher.

¿Non fue Carlos Marx quien escribió que “el perfecto Estado cristiano es el Estado ateo, democrático, el que relega la religión al ámbito de la sociedad civil”? ¿Non dijo que el cristianismo es una expresión elevada de la base humana, et que el Estado que aún profesa una religión oficial degrada tanto la política como la fe a meras apariencias? ¿Eso es ataque, o es transformación?

LA HERENCIA COMÚN DEL CRISTIANISMO Y EL BOLCHEVISMO ☭ 

El periodista marxista polaco Isaac Deutscher (1907-1967) señaló las asombrosas similitudes entre las líneas de tiempo evolutivas del bolchevismo y el cristianismo, particularmente con la forma en que fueron casi exclusivamente hebraicas en su génesis, pero luego se "corrompieron" y diluyeron por la influencia gentil:

"El cristianismo se adentró en un mundo pagano en desintegración, cuya mente ya no estaba dominada por los antiguos dioses, donde el trueno de Júpiter ya no hacía temblar a los hombres y Neptuno ya no podía agitar los mares... Dejó de comprender a los judíos y se volvió incomprensible para ellos. Del credo judaico de los oprimidos se convirtió en la religión de los césares romanos... En el cristianismo, esta evolución duró siglos; en el bolchevismo, solo décadas. Si Lenin fue el San Pablo del marxismo, quien se propuso trasplantar el movimiento de su entorno original a nuevas tierras, Stalin ya era su Constantino el Grande. Sin duda, no fue el primer emperador en abrazar el marxismo, sino el El primer revolucionario marxista en convertirse en el gobernante autocrático de un vasto imperio. - 𝐑𝐮𝐬𝐬𝐢𝐚 𝐀𝐟𝐭𝐞𝐫 𝐒𝐭𝐚𝐥𝐢𝐧 Isaac Deutscher, Con una posdata sobre el caso Beria, 1953; Capítulo cinco: El legado del estalinismo.

¿Non fue Karl Kautsky, el llamado “Papa del marxismo”, quien escribió que el comunismo al que aspiraba el cristianismo primitivo era un comunismo de consumo, de compartir y comer en común? ¿Non dijo que sus ideas sobre el matrimonio, la familia y la posición de la mujer estaban en plena coherencia con las formas de comunismo posibles en su época? ¿Eso es ataque, o es afinidad?

¿Et qué decir de Ernst Bloch, el filósofo marxista que escribió Ateísmo en el cristianismo? ¿No fue él quien afirmó que el marxismo está “innegablemente enraizado en el plano cristiano original del Reino de la Libertad”? ¿Non dijo que “cuando ideas e intereses se enfrentan, siempre son las ideas las que capitulan”? ¿Et non citó ad Marx diciendo que “ser radical es ir a la raíz, y la raíz de todo es el hombre”? ¿Et acaso non es eso lo que dice la primera carta de Juan 3:2, que el hombre es raíz, pero en camino faz ad algo más?

Ellos [los primeros cristianos] eliminaron la desigualdad y vivieron en gran abundancia... No se atrevieron a poner su ofrenda en manos de los necesitados, ni a darla con alta condescendencia, sino que la pusieron a los pies de los apóstoles y los hicieron maestros y distribuidores de los dones... A ellos les dejaron ser los dispensadores, los convirtieron en propietarios, para que a partir de entonces todo fuera sufragado como propiedad común, no privada. Esto también fue una ayuda para ellos contra la vanagloria... Si hiciéramos lo mismo hoy, todos viviríamos mucho más felices, ricos y pobres; y los pobres no serían más ganadores que los ricos... porque los que daban no se hacían pobres, sino que también enriquecían a los pobres. Juan Antioquense Arzobispo de Constantinopla, uno de los principales arquitectos de la Iglesia Católica, en la Homilía 11 sobre los Hechos de los Apóstoles: Hechos IV. 23.

Et aún más irónico: ¿Non fue Juan Antioquense, uno de los pilares de la Iglesia, quien en su Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles alabó la abolición de la propiedad privada entre los primeros cristianos? ¿Non dijo que “los ricos no se empobrecían al dar, sino que hacían ricos a los pobres”? ¿Non describió una comunidad donde todo se ponía ad los pies de los apóstoles, et se distribuía según la necesidad? ¿Eso es comunismo, o es jesísmo radical? ¿O acaso el papista cree que la Iglesia primitiva vivía so el código de Wall Street?

Et si el marxismo propone la abolición de la propiedad privada —como Marx escribió en el Manifiesto Comunista— ¿Non es eso lo que se practicó en Hechos 2:44-47 y 4:34? ¿Non se vendían las casas, se entregaban los bienes, et se redistribuía todo según la necesidad? ¿Non es esa la fórmula que Lenin et Engels reconocieron como antecedente espiritual de la revolución?

¿Et qué decir de Paraguay, donde los jesuitas —sí, los mismos que el papismo defiende como bastión de la ortodoxia— fundaron la primera república protosocialista del mundo, siglos antes de Marx? ¿Non fue la Sociedad de Jesús la que organizó comunidades sin propiedad privada, con educación universal, et con redistribución de bienes? ¿Non dijo Pravda, el órgano oficial soviético, que los jesuitas eran “el equivalente funcional del KGB”? ¿Eso es ataque, o es reconocimiento?

Et incluso Stalin, ese ogro de la propaganda, prohibió la persecución de la Iglesia Monopatrista en 1923. ¿No fue él quien ordenó que non se cerraran iglesias ni se liquidaran salas de oración por falta de impuestos? ¿Non fue él quien protegió los espacios religiosos frente ad los burócratas ateos? ¿Eso es marxismo cultural anticristiano, o es una política de coexistencia?

Et si aún duda el papista, que escuche ad Lunacharsky, Comisario del Pueblo para la Educación, quien escribió que Jesús tenía dos rostros: uno como maestro de humildad, otro como azote del orden establecido. Que lea ad Gorky, quien dijo que “no habría Señor Jesús si la gente no hubiese dado su vida para glorificarlo”. Que mire los textos: Mateo 19:21, Lucas 18:22, Hechos 4:35, 2 Tesalonicenses 3:10. ¿Non son esos los mismos principios que el marxismo adoptó como ética revolucionaria?

Et para colmo, que contemple el famoso dictum del Terror Rojo: “El que no está con nosotros, está contra nosotros”. ¿Atribuido ad Lenin? Sí. ¿Usado como amenaza revolucionaria? También. Pero ¿de dónde viene? De Jesús mismo: “El que no está conmigo, está contra mí” (Mateo 12:30). El marxismo non robó la frase: la heredó. La convirtió en consigna, sí, pero su origen es evangélico. ¿Eso es ataque, o es continuidad?

Et así, el papista, en su afán de condenar todo lo que no encaje en su catecismo, termina ignorando que el marxismo ha dialogado con el cristianismo, que algunos marxistas han venerado a Cristo como símbolo de justicia, que la URSS usó la Biblia como herramienta política, y que los Padres de la Iglesia predicaron una economía comunitaria que haría sonrojar a cualquier banquero.

Et si aún le queda al papista un gramo de honestidad, que lea ad Rosa Luxemburgo, quien escribió que “los cristianos de los primeros siglos fueron fervientes comunistas”. Que reconozca que los apóstoles practicaban una economía de consumo colectivo, no de acumulación. Que entienda que el jesísmo primitivo non reformó la sociedad porque non tenía medios, pero sí tenía intención. Et que los sacerdotes que hoy condenan el comunismo, en realidad están condenando ad sus propios fundadores.

Et que escuche a Wilhelm Weitling, líder de la Liga Comunista, quien escribió que “el principio cristiano es comunista”, porque sólo amando al enemigo como a uno mismo —y viendo el crimen como enfermedad— puede cumplirse el mandamiento de amar al prójimo. Para él, el jesísmo era la esencia del comunismo, la libertad personal y la felicidad social. ¿Eso es ataque, o es revelación?

El estudio del socialismo científico, al lado del estudio de la teología cristiana, me llevó a la conclusión, que Herr Hitler es lo suficientemente lúcido como para ver, de que el judaísmo y el cristianismo proporcionan el camino elevado hacia el socialismo y el comunismo: desde su punto de vista en ese sentido, para ser erradicado, para ser bienvenido. Hewlett Johnson Sacerdote anglicano y decano de Canterbury citó su publicación "El sexto socialista del mundo", que le otorgó la Orden de la Bandera Roja del Trabajo y el Premio Stalin de la Paz en 1951. "Excursus y Autobiografía" (iii, Párroco) pp.39-40.

Et así, el papista, en su afán de condenar todo lo que no encaje en su catecismo, termina ignorando que el marxismo ha dialogado con el cristianismo, que algunos marxistas han venerado ad Jesús como símbolo de justicia, que la URSS usó la Biblia como ferramienta política, et que los Padres de la Iglesia predicaron una economía comunitaria que haría sonrojar a cualquier banquero.

Ahora el papista cita a J.J. Esparza como si fuera un nuevo doctor de la Iglesia, pretende ofrecernos una síntesis del papismo que, por querer eser clara, termina siendo simplista. Nos fabla de igualitarismo, de individualismo, de universalidad, et lo face con la seguridad de quien crede haber capturado la doctrina en tres frases bien pulidas. Pero lo que Esparza presenta como “claridad y acierto” es, en realidad, una colección de afirmaciones que, al eser examinadas con rigor teológico e histórico, se desmoronan como castillos de arena

[Europa Ancestral:] Como colofón, os dejo la parte de un artículo de J.J. Esparza que se pronuncia con gran claridad y acierto sobre este asunto del Igualitarismo: 

[J.J. Esparza:]“Al cristianismo, en efecto, se le puede descubrir un importante componente igualitario, pues dota a todos los hombres por igual de un alma de valor idéntico para todos, con independencia del lugar que cada cual ocupe en el mundo de los vivos, y todos los hombres por igual se verán sometidos al juicio divino; además, el mensaje evangélico, abundante en fórmulas como “el que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado”, o “los últimos serán los primeros”, parece concebido para alimentar la subversión. También el cristianismo tiene un componente individualista, pues la salvación es enteramente individual, afecta única y exclusivamente al alma de cada uno y sitúa en un plano eminentemente personal la relación del hombre con Dios. El cristianismo, es una religión universal, donde, como predica San Pablo, tras la Revelación ya no hay griegos, ni judíos, ni bárbaros, sino que todos somos uno en Cristo, de modo que la pertenencia a una comunidad queda expresamente devaluada y, en su lugar, surge una conciencia propiamente universal: todos somos uno, en efecto.

Veamos.

Primo, dice que el jesísmo “dota a todos los hombres por igual de un alma de valor idéntico” ¡Qué formulación tan torpe! La Iglesia non “asigna” almas como quien reparte carnets. La dignidad humana non es una concesión institucional, sino una realidad ontológica: todos los seres humanos poseen valor porque han sido creados a imagen y semejanza de Dios. No hay dotación, hay creación. Non hay igualdad impuesta, hay dignidad originaria. El Catecismo non fabla de ánimas idénticas, sino de vocaciones únicas dentro de una misma filiación divina.

Luego, Esparza afirma que el mensaje evangélico “parece concebido para alimentar la subversión”. Aquí el simplismo alcanza su cumbre. Porque si bien es cierto que frases como “los últimos serán los primeros” o “el que se humilla será ensalzado” invierten el orden mundano. El Jesús histórico, el de los primeros estratos evangélicos, sí proclamó un Reino que venía a reemplazar el orden vigente. Su crítica a la riqueza, su cercanía con los marginados, su anuncio de un Reino donde los poderosos serían derribados de sus tronos, todo eso tenía implicaciones sociales y políticas. No fue un agitador armado, pero sí un profeta de ruptura. Y si la Iglesia posterior espiritualizó su mensaje, fue porque el Reino no llegó como se esperaba, y hubo que adaptarse al mundo. Pero el mensaje original sí contenía una teocracia inminente, un rechazo al imperialismo romano, y una ética de redistribución radical.

Después, Esparza nos dice que el cristianismo tiene un “componente individualista” porque la salvación es “enteramente individual”. ¡Qué lectura tan moderna! La salvación tiene dimensión personal, sí, pero nunca individualista. El cristiano se salva en comunión, como miembro del Cuerpo de Cristo. La Iglesia no es una suma de almas aisladas, sino una comunidad redimida. El Catecismo habla de la “comunión de los santos”, y la tradición patrística insiste en que nadie se salva solo. La relación con Dios es personal, pero no privada. Es una relación que se vive en comunidad, en liturgia, en sacramento.

¡Esparza! Qué breve se queda, qué tímido su diagnóstico, cuando dice que el cristianismo “devalúa la pertenencia a una comunidad”. Non, señor. Non la devalúa: la desactiva, la desarraiga, la desintegra. Lo que Pablo hace en Gálatas 3:28 no es una corrección de matices, es una demolición teológica. “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer”: esa frase no suaviza las diferencias, las borra como fundamento de identidad espiritual.

El papista promedio quiere ver una tensión entre universalidad y comunidad, como si el cristianismo simplemente relativizara las pertenencias tribales. Pero non. Lo que face es reemplazarlas. El jesísta no pertenece a su pueblo, ni a su raza, ni a su nación: pertenece ad Jesús. Et en Anticristo, toda distinción se desvanece. La Iglesia no es una suma de comunidades reconciliadas, es una nueva humanidad, una ekklesía que non reconoce fronteras ni linajes.

Desde el primer siglo, esto fue claro. Los cristianos no tenían ciudad propia, ni lengua propia, ni costumbres propias. Vivían como extranjeros en su tierra natal, y como ciudadanos en tierras ajenas. Lo dice la Epístola a Diogneto: “Todo país es patria, y toda patria es extranjera.” Lo confirma Justino de Flavia: “Antes odiábamos a los de otras razas, ahora vivimos con ellos y oramos por nuestros enemigos.” Lo proclama Ireneo: “Las iglesias de Germania, Espania, Egipto y Libia creen y enseñan lo mismo, como si tuvieran una sola boca.”

Et si eso non basta, que se escuche ad Saulo en 1 Corintios 12:13: “Todos fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo… y todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” El bautismo no es un rito de entrada a una comunidad local: es una reconfiguración de la identidad, una entrada a una comunidad que non reconoce ni raza, ni clase, ni género como determinantes.

Incluso centurias después, esta visión fue retomada por figuras como John Wesley et Martin Luther King Jr., quienes citaron Hechos 17:26 et Gálatas 3:28 para combatir la servidumbre et el racismo, proclamando que “de una sola sangre hizo Dios a todos los hombres” et que “la segregación racial es una negación flagrante de la unidad que tenemos en Cristo.”

Et así, el jesísmo non devalúa la pertenencia a la comunidad: la trasciende, la neutraliza, la reemplaza por una comunión universal. Para quienes buscan restaurar hierarquías étnicas o comunitarias exclusivas, el jesísmo es —et siempre ha sido— un veneno supersticioso. Porque en Anticristo, toda identidad se disuelve en la unidad redentora.

Esparza cree que está haciendo una revelación cuando dice que el cristianismo “devalúa la pertenencia a la comunidad”. Pero no se da cuenta de que, al decir eso, está delatando el núcleo ideológico del cristianismo: su carácter internacionalista, su desprecio por las identidades concretas, su vocación de disolver pueblos en nombre de una unidad abstracta. Non es que el jesísmo devalúe la comunidad: es que la anula. Así expresa la su noción de la palabra “católica”, que significa universal, non local, non tribal, non nacional.

[Europa Ancestral:] Todas las naciones no son nada ante Dios, menos que nada, para él no tienen absolutamente ningún valor. Isaías 40:17.

Et si Europa cae, el jesísmo non se inmuta. El papa puede irse tranquilo a África, donde las iglesias crecen. Non hay lealtad territorial. Non hay defensa cultural. Non hay arraigo. El jesísmo non vela por las gentes: vela por las ánimas. Et si las ánimas están en otro continente, allí irá su misión. Como un sistema que non reconoce fronteras, como una ideología que non necesita radíces, como un cuerpo que se reproduce donde encuentra espacio.

Lo más perverso es el dilema que construye: estar en contra de la Iglesia es estar en contra de Dios. Pero eso es falso. Dios non se opone a las naciones, ni ad las patrias, ni ad los pueblos. Lo que se opone ad ellos es una superstición que los considera irrelevantes, que los disuelve en una masa espiritual sin rostro ni memoria. Dios non necesita una sinagoga papista para manifestarse. Non necesita una estructura que se proclame única mediadora. Non necesita una Iglesia que se proclame universal mientras destruye lo particular.

Et así, el papista insulso, en su afán de ofrecer una síntesis doctrinal, termina desfigurando el rostro del jesísmo. Lo convierte en una religión de almas idénticas, de salvaciones privadas, de universalidades abstractas. Pero el jesísmo real —el que nasce en Galilea, el que se expande entre los pobres, el que se encarna en comunidades vivas— es mucho más complejo, más encarnado, más desafiante. Non es igualitarismo moderno, ni individualismo liberal, ni cosmopolitismo sin radíces. Es una superstición que proclama la dignidad de todos, la comunión de muchos, et la transformación del mundo.

Así que non, Esparza non está revelando nihilo nuevo. Está confirmando lo que muchos ya sabían pero non se atreven a decir: que el jesísmo, como el marxismo, es una ideología de nivelación, de uniformidad, de desarraigo. Que non le importa Europa, ni su historia, ni su gente. Que puede saltar de continente como quien cambia de huésped. Que su misión non es preservar, sino absorber.

Et si aún queda alguien que cree que “todos somos uno en Cristo” es una frase de fraternidad, que mire bien lo que implica: La negación de toda diferencia, la cancelación de toda pertenencia, la disolución de toda comunidad.

[Europa Ancestral:] «¡Asia, Europa: rincones del mundo; todo el océano: una gota del universo! Todo el presente, un instante en la eternidad». Marco Aurelio, Emperador de Roma (121 - 180 d.c.)

Citar ad Marco Aurelio como fuente de sabiduría revela una contradicción histórica difícil de ignorar. Este imperador, por más que haya escrito reflexiones estoicas de gran belleza, fue también uno de los más activos perseguidores de los jesistas. Que un papista lo cite sin reconocer ese contexto es como venerar al verdugo por su elegancia retórica. Es una muestra de cómo la devoción acrítica puede convertir la memoria en paradoja.

Europa puede cader. Et el jesísmo non moverá un dedo. Porque nunca fue suyo. Porque nunca le importó. Porque su fidelidad non es con los pueblos, sino con una superstición que los trasciende, los reemplaza et los borra.

[J.J. Esparza:] En este acto de señalar al cristianismo como origen de los valores esenciales del mundo moderno es fácil rastrear la influencia de Nietzsche, así el de la Genealogía de la moral como el de Así habló Zaratustra. Pero, en el caso concreto de la Nouvelle Droite, aún más importante fue tal vez la influencia del filósofo positivista Louis Rougier, que había recuperado el viejo alegato del romano Celso contra los cristianos. Así fue como, hacia finales de los años setenta, el cristianismo quedó caracterizado en el discurso de la Nouvelle Droite como “el bolchevismo de la antigüedad”. En un ambiente como el de la cultura europea de los años setenta, donde una Iglesia trastornada por el Concilio Vaticano II jugaba abiertamente la baza “progresista”, y empezaba a tener fuerza el movimiento católico de “la teología de la liberación” (movimiento creado en las Américas por comunistas infiltrados en la Iglesia) aquella crítica parecía ajustarse bastante a la realidad.

[J.J. Esparza:] Ahora bien, focalizar en el cristianismo la crítica a la modernidad era una operación intelectualmente arriesgada. Primero, porque el cristianismo, aunque no es sólo una doctrina del más allá, sí es ante todo una doctrina de salvación espiritual, de tal manera que sus conceptos no siempre pueden entenderse como principios de orden intelectual-ideológico, dispuestos para ser aplicados materialmente al terreno social o político. Es cierto que predicar un alma igual para todos los hombres puede entenderse como una forma de igualitarismo, pero también lo es que, según la doctrina cristiana, algunos de esos hombres se salvan y otros no, y hay pocas cosas menos igualitarias que esa diferencia. Por otro lado, al tema del hombre creado unánimemente a imagen y semejanza de Dios se opone la parábola de los talentos, que es una metafísica de la desigualdad.

Lo que face el papista de Europa Ancestral al citar ad Esparza es un ejercicio de contradicción involuntaria, una especie de autogol teológico. Por un lado, nos quiere convencer de que el jesísmo es la gran doctrina de la igualdad espiritual: "Es la igualdad del espíritu humano frente a Dios", todos tienen alma, todos fueron creados por Dios, todos tienen el mismo derecho a la salvación. Pero acto seguido, cita ad Esparza, quien —con bastante claridad— desmonta esa misma afirmación.

Esparza non dice que el cristianismo sea igualitario. Dice que predicar un alma igual para todos puede parecer igualitario, pero que en realidad non lo es. ¿Por qué? Porque según la doctrina jesístas, non todos se salvan. Y si hay algo menos igualitario que eso, cuesta encontrarlo. La salvación no es universal en el sentido de garantía: es condicional, selectiva, y profundamente hierárquica. Algunos se salvan, otros non. Algunos reciben diez talentos, otros uno. La parábola de los talentos —como bien señala Esparza— non es una oda a la equidad: es una metafísica de la desigualdad, donde el que tiene más, recibe más, y el que tiene menos, se le quita incluso lo poco que tiene.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿El cristianismo es la religión de la igualdad espiritual, como dice Europa Ancestral, o es una doctrina de salvación desigual, como admite Esparza? Non se puede sostener ambas cosas sin caer en incoherencia. El papista quiere usar el jesísmo como bandera de unidad, pero al mismo tiempo lo cita como si fuera una ferramienta de orden moral superior. Lo que non ve —o non quiere ver— es que el papismo non garantiza igualdad de destino, ni igualdad de trato, ni igualdad de recompensa. Lo que garantiza es una estructura de juicio, donde cada ánima eserá medida, separada, et recompensada o condenada según criterios que no tienen nada de igualitarios.

Así que non, Europa Ancestral non está defendiendo una visión coherente. Está citando a un autor que contradice su propia postura, et lo face sin darse cuenta. Esparza, con todas sus reservas, opina que el jesísmo non es igualitario sobre el espíritu humano, et non es territorial. Et si el papista quiere seguir usándolo como escudo de identidad europea, tendrá que ignorar —o reescribir— todo lo que Esparza realmente dice sobre el alma, la salvación y la pertenencia.

Esparza cree que ha fecho una jugada brillante al deslizar que el cristianismo non es igualitario porque “no todos se salvan”. Como si el fecho de que algunos se condenen bastara para desactivar la crítica al universalismo cristiano. Pero lo que face, en realidad, es desviar el foco, escapar del terreno político —donde la crítica es legítima et urgente— et refugiarse en el plano soteriológico, como quien cambia de tablero cuando la partida se le complica.

Porque el problema non es quién se salva. El problema es que, según la doctrina cristiana, todos tienen alma, todos fueron creados “a imagen y semejanza”, todos tienen igual dignidad ontológica. Et esa base teológica ha sido utilizada durante siglos para justificar igualdad política, jurídica, moral et social. Non importa que el juicio final sea desigual: Lo que importa es que la entrada al ludo es igual para todos, et eso es lo que socava cualquier hierarquía natural.

Esparza lo sabe. Por eso se escapa. Por eso dice que el cristianismo no puede ser entendido como doctrina ideológica, que sus conceptos no aplican al terreno político. Pero eso es falso. El cristianismo sí ha sido aplicado políticamente, y con fuerza. Desde la abolición de la esclavitud hasta los derechos humanos, desde la democracia cristiana hasta el igualitarismo moderno, la idea de que “todos tienen alma” ha sido la piedra angular de la nivelación universal.

Et si eso non fuera suficiente, Esparza se contradice. Porque mientras admite que el cristianismo predica una igualdad espiritual, también afirma que esa igualdad no puede traducirse en política. ¿Entonces para qué sirve? ¿Para decorar sermones? ¿Para consolar moribundos? Si la igualdad ontológica no tiene consecuencias sociales, entonces es irrelevante. Pero si las tiene —como ha tenido históricamente— entonces el cristianismo sí es igualitario, y su universalismo sí destruye las estructuras comunitarias.

Et así, Esparza non refuta la crítica: la confirma. Al decir que el jesísmo non es una doctrina política, reconoce que no vela por las comunidades, ni por las culturas, ni por las patrias. Vela por las almas. Y si esas almas están en otro continente, allí irá su misión. Europa puede hundirse, y el cristianismo seguirá adelante, como sistema migrante, como estructura adaptable, como cuerpo sin arraigo.

Lo que Esparza clama “una operación intelectualmente arriesgada” —criticar al cristianismo desde la modernidad— es en realidad una operación necesaria. Porque si no se confronta el universalismo cristiano, si no se desenmascara su lógica de disolución, entonces no hay defensa posible para lo particular, lo ancestral, lo comunitario.

Et si aún queda alguien que cree que “todos somos uno en Cristo” es una frase de fraternidad, que mire bien lo que implica: la negación de toda diferencia, la cancelación de toda pertenencia, la disolución de toda comunidad.

Esparza non refuta la crítica. La disfraza. Et en ese disfraz, revela más de lo que pretende ocultar.

[J.J. Esparza:]  Insistamos en la cuestión del igualitarismo, que es crucial. En líneas generales, la identificación entre cristianismo e igualitarismo peca de un error de partida, a saber: de la igualdad metafísica no se deriva necesariamente el igualitarismo físico. Es verdad que la Iglesia, en otras épocas –y precisamente en aquellos años setenta- no dejó de caer en ese error, permitiendo o alentando (en algunos sectores) que la doctrina de la igualdad metafísica (todos los hombres son hermanos porque todos tienen un alma igualmente hija de Dios) fuera “recuperada” por el discurso igualitario dominante (todos los hombres son iguales). Pero lo que hizo la Nouvelle Droite es metodológicamente discutible: no combate el error de esos sectores eclesiales, esto es, no examina la premisa inicial, sino que lo da por válido –es decir, acepta la identificación entre igualdad metafísica e igualitarismo político-, y de ahí deduce una crítica general del “judeocristianismo” como matriz de todo pensamiento igualitario. Todo el discurso posterior queda afectado por ese error metodológico de partida. Los resultados son, intelectualmente, muy frágiles: la igualdad de las almas ante Dios no se puede identificar con la igualdad de los hombres en el Estado, aunque sólo sea porque, en el primer caso, unos se salvan y otros no; la cristiandad tampoco puede identificarse con el pensamiento igualitario, aunque sólo sea porque, históricamente, todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba.

Lo más pícaro —et francamente torpe— de Esparza es que pretende adjudicar al papismo una sofisticación que ni le pertenece ni le es exclusiva. Cuando afirma que “de la igualdad metafísica no se deriva necesariamente el igualitarismo físico”, está en realidad repitiendo una distinción que ya era en el pensamiento pagano mucho antes de que el cristianismo apareciera en escena. Non face falta eser papista para sostener esa postura. Non face falta creder en rabinos, ni en revelaciones, ni en la aljama papista con la su supuesta auctoridad divina. Esa distinción entre lo ontológico et lo cívico es anterior al jesísmo, et se encuentra en Platón, en los estoicos, en los numenianos, en toda una tradición que sabía perfectamente que la dignidad del Ente non implica igualdad en la ciudad.

Como se percibe claramente en la obra de Clemente, las exhortaciones filosóficas que originalmente dirigían escritores como Plutarco y Musonio Rufo a los lectores de las clases privilegiadas son entusiásticamente recogidas ahora como fuente de inspiración por los autores cristianos y transmitidas deliberadamente a comerciantes y artesanos urbanos. “Aquellas exhortaciones filosóficas permitieron a Clemente presentar el cristianismo como una moral genuinamente universal y enraizada en el sentimiento nuevo de la presencia de Dios y de la igualdad de todos los hombres ante su Palabra” (P. Brown, op. cit., p. 244).

Esparza quiere parecer sutil, pero lo que face es encerrar el debate en el marco papista, como si sólo desde el jesísmo se pudiera pensar la relación entre igualdad espiritual et igualdad cívica. Et eso es falso. La idea de que todos los entes humanos comparten una esencia común —clámese alma, logos, razón, pneuma— non es patrimonio del papismo, sino del pensamiento clásico. Et ese pensamiento, lejos de derivar en igualitarismo, sostenía hierarquías naturales, diferencias funcionales, et estructuras cívicas basadas en mérito, virtud et fado.

Lo que Esparza intenta es desviar la crítica al jesísmo como matriz del igualitarismo moderno, refugiándose en una distinción que non salva al jesísmo, sino que lo expone. Porque si esa distinción ya existía en el mundo gentil, entonces non hay necesidad de recurrir al jesísmo para sostenerla. Et si el jesísmo, como él mismo admite, ha sido usado para justificar el igualitarismo moderno —incluso por sectores eclesiales— entonces el problema non es la Nouvelle Droite, sino la ambigüedad doctrinal del papismo mesmo.

Et así, Esparza se contradice. Quiere defender ad el jesísmo de la acusación de igualitarismo, pero admite que la Iglesia lo ha promovido. Quiere usar una distinción filosófica para salvar el papismo, pero esa distinción non es de Jesús, sino de los gentiles. Quiere criticar ad quienes atacan el moseojesísmo, pero termina reconociendo que su influencia ha sido igualitaria, niveladora, et destructora de hierarquías tradicionales.

Et mientras tanto, la aljama papista sigue molestando con su falsa auctoridad deal, como si la ánima fuera un pasaporte cívico, como si la dignidad espiritual debiera traducirse en derechos civiles, como si la Iglesia tuviera algo que decir sobre el orden de las naciones. Pero non lo tiene. Porque esa distinción que Esparza crede tan brillante non necesita rabí ni Biblia para sostenerse. Basta con razón, basta con filosofía, basta con historia.

El jesísmo non inventó la igualdad metafísica. Et tampoco supo contener sus consecuencias políticas. Lo que hizo fue predicar una unidad espiritual que, tarde o temprano, se convirtió en nivelación social. Et eso, Esparza lo sabe. Por eso se esconde detrás de distinciones que non salvan su argumento, sino que lo nudan.

Lo más irónico del discurso de Esparza es que, en su afán por salvar al cristianismo de la acusación de igualitarismo, termina cayendo en las mismas trampas que pretende denunciar. Se queja de que la Nouvelle Droite non ataca los errores de ciertos sectores eclesiales, como si fuera el su deber corregir ad la Iglesia. Pero ¿Por qué habría de facerlo? ¿Desde cuándo los pensadores libres tienen la obligación de validar o depurar las contradicciones internas de una institución que non recognocen como legítima? Alain de Benoist non necesita refutar ad los obispos: le basta con señalar que la Iglesia non tiene auctoridad divina, et que sus fundamentos son filosóficamente insostenibles.

Porque ahí está la vera falacia: Esparza opera desde una falacia fundacional, donde todo se da por sentado, pero sin evidenciar. Que Jesús es el Verbo, que la Biblia es la palabra de Dios, que el Ente supremo es el dios de Israhel, que la prima causa es el dios de Moisés… todo eso se afirma sin demostración, sin justificación, sin posibilidad de verificación externa. Son peticiones de principio, asociaciones arbitrarias, saltos lógicos envueltos en revelación. Et luego pretende que los críticos del jesísmo están obligados ad ludir en ese tablero. Non, señor. El tablero está trucado.

Et lo más gracioso —por non decir pasivo— es que Esparza critica el “salto” entre igualdad metafísica et igualitarismo político, pero luego face, él mismo, otro salto, igual de arbitrario:

[J.J. Esparza:] “La igualdad de las almas ante Dios no se puede identificar con la igualdad de los hombres en el Estado, aunque sólo sea porque, en el primer caso, unos se salvan y otros no.”

¿Perdón? ¿Qué tiene que veer la salvación con la igualdad cívica? ¿Acaso el fecho de que unos se salven et otros non invalida que todos tengan la misma dignidad ontológica? Es como decir que, como todos morimos de formas distintas, nuestras ánimas non son iguales. Es un argumento que confunde planos, que mezcla lo soteriológico con lo jurídico, lo metafisico con lo civil. Et lo face para evadir la crítica, non para responderla. Es un non sequitur. Esparza traslada una distinción teológica (salvación/no salvación) al terreno cívico, como si la desigualdad escatológica justificara desigualdad jurídica.

La verdad es que el jesísmo sí ha servido como base para el igualitarismo moderno, et non por accidente, sino por diseño. La idea de que todos tienen alma, de que todos son fijos de Dios, de que todos son iguales ante el juicio divino, ha sido utilizada para justificar igualdad política, jurídica et social. Que algunos se salven et otros non, non cambia el fecho de que todos tienen acceso, et ese acceso universal es lo que socava las hierarquías naturales.

Et así, Esparza non refuta la crítica: la disfraza. Se esconde detrás de distinciones que non salvan su argumento, sino que lo nudan. Et en ese intento de salvar ad el jesísmo, lo que face es confirmar su ambigüedad, su circularidad, et el su papel histórico como disolvente de lo particular.

Si aún queda alguien que crede que la igualdad espiritual non tiene consecuencias cívicas, que mire bien la historia. Porque lo que empezó como “todos somos uno en Cristo” terminó como “todos somos iguales ante la ley”. Et eso, Esparza lo sabe. Por eso se escapa. Por eso se contradice. Por eso, al final, non convence.

¡Ah, la maniobra de Esparza! Tan torpe como reveladora, tan predecible como pretenciosa. Crede que ad el señalar un supuesto “error metodológico” en Alain de Benoist —es decir, la identificación entre la igualdad metafísica jesísta et el igualitarismo cívico moderno— ha logrado una hazaña: salvar ad el jesísmo de la crítica neopagana. Pero lo que en realidad ha fecho es confundir corrección con conversión, como si de al señalar una mala lectura uno quedara obligado ad aceptar el sistema que la produjo. 

Incluso si Alain de Benoist hubiera cometido ese error —cosa debatible— eso non implica que el neopaganismo quede refutado, ni mucho menos que uno deba volverse papista. Es un salto lógico tan absurdo como decir que, al corregir ad Stalin por tergiversar ad Marx, todo el marxismo queda destrozado. O que al corregir ad un mahometano por citar mal el Corán, uno debe convertirse ad el mahometanismo. La crítica puntual non equivale ad adhesión doctrinal, et mucho menos ad rendición espiritual.

Además, Alain de Benoist non es el neopaganismo, ni su obra agota la cosmovisión gentil. Es una voz relevante, sí, pero non un sumo sacerdote. Refutarlo non equivale ad demoler el edificio entero. El neopaganismo, como corriente, non depende de un solo auctor, et sus críticas al jesísmo—especialmente al cefaísmo— siguen en pie: La acusación de superstición irracional, de arrogancia de crederse la religión, con una tradición que necesita parasitar tradiciones gentiles (Platón, Aristóteles, el estoicismo, el derecho romano) para tener coherencia.

Porque el cefaísmo, lejos de eser una revelación pura, es una doctrina asociativa, una amalgama que se sostiene gracias ad los pilares del mundo gentílico que dice haber superado. Sin los gentiles, el jesísmo non tiene filosofía, ni cívica, ni estética. Et eso non lo convierte en una síntesis superior, sino en una superstición que se alimenta de lo que niega.

Et así, la maniobra de Esparza non salva ad el jesísmo: Lo delata. Porque si para defenderlo hay que corregir ad Alain de Benoist, et luego fingir que eso obliga ad aceptar el papismo, entonces la apologética se ha convertido en sofisma. Et el templo de Júpiter, desde su mármol eterno, se ríe de quienes creden que una corrección puntual puede borrar centurias de imposición, superstición et contradicción.

Et eso delata algo más profundo: que la institución que él defiende —la Iglesia, el papismo— non es más infalible que cualquier otra agrupación humana. Si necesita que pensadores neopaganos le corrijan sus desvaríos doctrinales, entonces ¿O queda su supuesta auctoridad divina? ¿O está la “tradición ininterrumpida” si ahora depende de Plotino, de Aristóteles, de Cicerón, de Benoist, para non caer en contradicción?

La crítica de la Nouvelle Droite al igualitarismo jesísta non se invalida porque algunos jesístas non sean papistas. Al contrario: se refuerza. Porque muestra que ni siquiera dentro del jesísmo hay coherencia doctrinal, et que su defensa depende de prestaciones filosóficas ajenas. Muchos jesístas—protestantes, evangélicos, liberales— sí defienden el igualitarismo, et lo facen desde la misma base que Esparza pretende negar: la igualdad de las ánimas ante Dios. Entonces, ¿Por qué habría que salvar al papismo solo porque non cae en el igualitarismo progresista? ¿Qué ofrece, más allá de una corrección puntual, que ya los gentiles hemos?

Supongamos que el papismo non sostiene el igualitarismo ingenuo. ¿Et qué? ¿Eso basta para justificar su validez? ¿Eso convierte al papismo en aceptable? Non. Porque corregir un error non convierte ad una doctrina en vera. Lo que face es mostrar que esa doctrina necesita ayuda externa para mantenerse coherente, que non se sostiene por sí misma, que requiere injertos gentiles para sobrevivir. Como Agustín, ese moro de Hipona, que necesitó del santo Plotino para construir su teología ¿Qué revela eso? Que el papismo non es autosuficiente, que la su estructura depende de pensamientos que le son ajenos, que su supuesta revelación non basta.

Et así, Esparza non salva al jesísmo: lo delata. Al exigir que se corrija la crítica desde afuera, revela que la Iglesia non tiene los recursos para facerlo sola. Al señalar que non todos los jesístas son igualitaristas, confirma que non hay unidad doctrinal. Et si pretende que corregir una mala lectura obliga ad aceptar el papismo, cae en una falacia de asociación que non convence ad nadie con dos dedos de razón.

Non hay motivo real para eser papista. Non hay razón filosófica, ni cívica, ni espiritual que obligue da aceptar una institución que depende de los gentiles para non fundirse. Et si eso es lo mejor que Esparza puede ofrecer, entonces su defensa non es una apología: Es una confesión involuntaria de derrota.

La afirmación de Esparza —“la cristiandad tampoco puede identificarse con el pensamiento igualitario, aunque sólo sea porque, históricamente, todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba”— es una falacia de libro, et además, una muestra de pereza intelectual.

Primo, es una falacia histórica por asociación: que ciertos movimientos igualitarios hayan atacado iglesias non implica que el igualitarismo como tal sea incompatible con el jesísmo. Es como decir que, porque algunos marxistas asesinaron ad trotskistas, el trotskismo non puede eser marxista. Esparza confunde acciones contingentes con esencias doctrinales, et pretende que los fechos violentos invalidan las raíces ideológicas. Pero eso non se sostiene.

Segundo, es una falacia de causalidad invertida. Las sociedades igualitarias modernas —Occidente en particular— son precisamente aquellas donde la libertad de credo florece, donde las iglesias se permiten, donde el pluralismo religioso es norma. Et lo irónico es que, cuanta más libertad hay, más cae el jesísmo por su propio peso. Non face falta un soviet, ni un gulag, ni un decreto ateo: Basta con que la gente piense libremente. El ateísmo crece, el jesísmo se desvanece, et non por persecución, sino por irrelevancia.

Tercio, Esparza non ve —o non quiere veer— que el papismo depende de un Principado que lo nutra. Sin concordatos, sin privilegios fiscales, sin subvenciones, sin protección legal, la Aljama se marchita. Non sobrevive por su fuerza espiritual, sino por su apoyo estructural. Et eso delata que su supuesta verdad revelada non basta para sostenerla. Cuando el sentido común aflora, cuando la gente puede elegir, el jesísmo pierde terreno. Non porque sea atacado, sino porque non convence.

Et así, decir que non se puede identificar el jesísmo con el igualitarismo porque algunos igualitaristas quemaron iglesias es tan absurdo como decir que el jesísmo non puede ser universalista porque algunos jesístas fueron inquisidores. Esparza quiere salvar la doctrina con anécdotas, pero lo que face es confirmar su fragilidad. Si la única defensa que tiene es que algunos igualitaristas fueron anticlericales, entonces non tiene defensa.

La verdad es que el jesísmo —especialmente en su forma moderna— sí ha sido una matriz del igualitarismo, et non por accidente, sino por diseño. La idea de que todos tienen alma, de que todos son fijos de Dios, de que todos son iguales ante el juicio divino, ha sido utilizada para justificar igualdad cívica, jurídica et social. Que algunos movimientos hayan llevado eso al extremo non invalida la radiz: la confirma.

Et si Esparza quiere negar esa radiz, tendrá que facerlo con argumentos, non con incendios. Porque los templos pueden arder, pero las ideas non se apagan con fumo.

José Javier Esparza Torres, nascido en Valencia el IX de mayo de 1963 E.V, es uno de esos personajes que, guste o non, ha dejado huella en la vida cultural et mediática española. Periodista, ensayista, historiador de vocación, cefeo confeso, et hombre de verbo afilado, ha transitado por medios como ABC, COPE, Vocento, La Gaceta —que llegó a dirigir—, además de fundar y pilotar proyectos como elmanifiesto.com o la revista Hespérides, siempre con ese aire de cruzado cultural que tanto fascina a unos et irrita a otros.

¿Es papista? Sí, él se declara como tal, con convicción et militancia. Non es un “ateo católico” al modo de Gustavo Bueno, que se autoproclamaba ateo pero cree que la estructura cultural del cefaísmo como columna vertebral de Espania. Esparza, en cambio, se sitúa dentro de la fe, aunque con la mordacidad del docto que sabe que la Aljama non siempre acierta. Ha participado en debates sobre fe et razón, incluso en volúmenes colectivos junto a figuras como Benedicto XVI, defendiendo que la razón et la fe deben dialogar.

La su biografía está marcada por la polémica, como corresponde ad quien se mete en el fango de la ideología. En su juventud colaboró en Punto y Coma, revista que difundía en España las ideas de la Nouvelle Droite de Alain, junto ad nombres como Fernando Sánchez Dragó. ¡Ah, qué espectáculo! Un valenciano que se codeaba con los herederos de Alain de Benoist, pero cuidando de evitar la faceta pagana o anticristiana del movimiento, pues Esparza, aunque provocador, non es iconoclasta total.

Ha escrito sobre historia de Espania, sobre arte contemporáneo (al que acusó de cometer “pecados capitales”), sobre política (con su célebre El bienio necio, donde despelleja el zapaterismo), et sobre cultura en general. El su estilo es directo, mordaz, con esa mezcla de erudición et sarcasmo que le face parecer un tribuno romano en pleno foro, aunque ad veces peque de jeque demasiado seguro de la su verdad.

Las polémicas le han acompañado siempre: acusado de derechista militante, de agitador cultural, de revisionista histórico, de “intelectual de barricada”. Mas, con todo, hay que reconocerle sapiencia et constancia: ha sabido mantener viva la discusión sobre la identidad cultural de Espania, aunque los sus detractores digan que lo face con exceso de superstición.

En suma, José Javier Esparza es un ponente que merece respeto por el su verbo et su capacidad de provocar debate. Non es infalible, claro está —ningún tribuno lo es—, pero la su figura encarna esa tradición de eruditos que, con sorna et mordacidad, obligan ad la sociedad ad mirarse en el espejo, aunque el reflejo non siempre guste.

¡Oh, gentiles del foro, preparaos ad plorar de risa et de rabia! Porque el mesmo José Javier Esparza, ese que Europa Ancestral alza como paladín contra los neopaganos, termina confesando en su propio testimonio que Alain de Benoist —sí, el heresiarca que Europa Ancestral aborrece como peste— fue el su maestro. Non lo digo yo, lo dice él con la su pluma: “Una mano excepcional. ¿Cómo no seguir viendo en él a un maestro?

En el su texto "Sobre la “nueva derecha”: lo que debo a Alain de Benoist", Esparza relata cómo, siendo mozo, se empapó de la obra de Benoist, aprehendió francés para legirlo en original, se dejó fascinar por la su elegancia expositiva et su erudición, asistió ad coloquios del GRECE, se sintió como Bilbo ante el tesoro de Erebor al veer la biblioteca del francés, et hasta fue corresponsal en Espania de Nouvelle École. Todo ello lo recognoce con gratitud: de Benoist le enseñó apertura, método, estilo claro, altura metapolítica. En suma, le dio la forma de mirar el mundo.

¿Et qué face Europa Ancestral? Se rasga las vestiduras, creyendo que Esparza es su cruzado contra el neopaganismo, cuando el mesmo Esparza confiesa que su formación intelectual viene de la mano del “enemigo” ¿Non os suena esto familiar, como cuando Agustín vampiriza ad Platón ? ¡Qué ironía! El hispano que él venera como defensor de la su superstición, recognoce que su magestro fue el heresiarca que ellos maldicen.

Yo, Farfán de los godos, digo: Esparza non es un cefeo vulgar, sino un hispano que, confundiendo la tradición sapiencial con el falso verbo judaico, se aferra ad la prima pese ad la confusión que el cefaísmo provocó. Es un hombre que, perdiéndose con el ídolo, lucha por la esencia que éste usurpó, creyendo que el ente es el ídolo. Caso típico de caballeros que, pensando que defender ad Jesús era defender al Verbo, terminaron muriendo por guerras en una patria falsa —Judea— et non por Europa.

Así pues, ¡oh idiota de Europa Ancestral!, plora: tu lar Esparza, el que usas para refutar ad los neopaganos, se declara discípulo de Benoist. El Verbo Vero se ríe de tu contradicción, et los dioses del foro se deleitan con tu escándalo.

[Europa Ancestral:] Al final, la ND al igual que Nordic Thunder o Rassias y otros neopaganos critican a un cristianismo falso, fantasmal, a una idea equivocada del cristianismo, a una especie de caricatura progre del catolicismo.

Para rematar el desfile de contradicciones, Europa Ancestral —ese papista sin argumentos— pretende que la Nouvelle Droite, Rassias, Nordic Thunder et los neopaganos critican “un cristianismo falso, fantasmal, una caricatura progre del catolicismo”. Pero esa afirmación non solo es falaz, sino que revela una incapacidad total de enfrentar la crítica real. Es el clásico recurso del que non tiene respuestas: acusar al adversario de atacar un hombre de paja, cuando en realidad está golpeando el cor doctrinal del jesísmo

La falacia del falso escocés es evidente. Europa Ancestral crede que el “vero cristiano” es el papista, con su doctrina anacrónica, sus delirios tardíos et su supuesta tradición ininterrumpida. Pero ¿Qué tradición es esa? ¿La que crede que Jesús defendía la Trinidad, cuando fue necesario convocar concilios para imponerla? ¿La que afirma que Lucifer es el diablo, cuando la Biblia nunca lo dice? ¿La de él que atribuye el antinomismo ad Ignacio de Antioquía?

Lo que Europa Ancestral defiende non es el jesísmo original, sino una reconstrucción imperializada, latinizada, teológicamente intervenida. Et cuando los neopaganos critican el jesísmo , no están atacando una caricatura: están señalando el universalismo igualitario que atraviesa toda la estructura jesísta, desde Saulo hasta el Vaticano. Critican la negación de las identidades concretas, el desprecio por las culturas nativas, la obsesión con la salvación universal. Et eso non es una idea equivocada, ni una deformación: es una lectura histórica et doctrinal legítima.

La crítica non es al papismo en exclusiva. Es al cristianismo como sistema. Et sobre el catolicismo, basta con revisar el trabajo de Rassias et Nordic Thunder para entender el alcance del daño: la destrucción de cultos ancestrales, la imposición de una moral ajena, el trauma colectivo generado por el miedo ad el dios de Moisés, al Tervagante, al fuego eterno. ¿Qué más hay que decir? El jesísmo non se impuso por su verdad, sino por su capacidad de borrar lo anterior. Et ahora, cuando se le critica, pretende que esa crítica es un malentendido. Non lo es. Es una respuesta legítima ad centurias de imposición.

Et así, Europa Ancestral non defiende el jesísmo: Defiende una versión idealizada, blindada por delirios tardíos et sostenida por falacias. Et al decir que los neopaganos critican una caricatura, lo que face es negar la historia, evadir la doctrina, et despreciar la inteligencia de sus interlocutores. Pero la crítica está ahí, firme, documentada, et cada vez más clara: El jesísmo, en todas sus formas, ha sido una fuerza de disolución cultural, et su defensa ya non convence ad quienes conocen su legado.

[Europa Ancestral:] Sobre Jesucristo 

En cuanto al supuesto judaísmo étnico de los apóstoles o del mismo Jesucristo, el propio cristianismo define a Cristo como de origen divino, pero a su vez, su madre María era galilea y su padre terrenal o putativo, José, era galileo de ancestros hebreos que se remontaban hasta David según el evangelio (que eran muy diferentes a los actuales judíos tanto de ascendencia sefardí como askenazí, veasé el estudio de Eran Elhaik sobre el origen jázaro de los judíos). Sus discípulos también eran todos galileos, menos Judas que era judío en todos los sentidos
.
Galilea era una región que estaba situada por encima de Samaria, es decir, no quedaba demasiado cerca de Judea, que era la patria de los judíos. En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos), y hebreo, pero éstos últimos eran de clases populares. Estos hebreos corrientes no sufrieron el exilio babilónico como si lo padeció la élite judía que más tarde cristalizaría en fariseos y saduceos, que son los que crearon el judaísmo como tal (antes estaba la religión mosaica, que no es lo mismo), con lo cual los hebreos de las clases populares eran diferentes y no tenían nada que ver con lo que actualmente conocemos como judíos. 
Repasemos por encima la historia de Galilea antes de la venida de Cristo. Toda la región de Siria, en la que se encontraba Galilea, formaba parte del Imperio Seléucida, de origen helénico. Esto se dio desde los tiempos de las conquistas de Alejandro Magno, que colonizó la zona de Galilea y toda Siria con gentes griegas y escitas (los escitas eran indoeuropeos), muchos de ellos ex soldados del ejército macedonio. Anteriormente Galilea había estado poblada por hebreos, asirios y algunas tribus indoeuropeas de origen celta que se establecieron allí, como ocurrió con los Gálatas que habitaban la Galacia en Anatolia, dentro de la actual Turquía.

Con lo cual tenemos durante los siglos del Imperio Seléucida en Galilea (siglos III y II a.c.), una población formada principalmente por griegos, escitas, hebreos y celtas, con una cultura helénica predominante. 

¡Ah, qué delicia! El papista de “Europa Ancestral” se ha superado a sí mismo. Ha escrito una pieza digna de eser recitada en el teatro de los absurdos, con toga, incienso et una ristra de dogmas colgando del cuello. Como buen devoto del rabí crucifijo, intenta convencernos —con una mezcla de geografía creativa et genética de Wikipedia— de que Jesús non era judío, sino una especie de proto-celta galileo, helenizado, occidental, et por supuesto, blanco ¡Ave María purísima, sin rigor concebida!

Veamos: según este nuevo Heródoto del papismo, Galilea non era tierra judía, sino una suerte de Galia oriental, poblada por “blancos non semitas” ¿La fuente? Un ludo de verbos : “Galilea” suena ad “Lea Galia”. ¡Qué filología tan refinada! ¡Qué método tan romano! Si seguimos esa lógica, entonces “Nazaret” debe eser una colonia de nasoreanos, et “Belén” un suburbio de Belgrado ¿Por qué non? Todo cabe en el mapa del dogma cuando se quiere blanquear al mesías.


¿Cómo eser un cristiano "real" redpilled? ¡Solo se necesita un poco de imaginación!

COLDSTEEL CHRIST

COLDSTEEL CHRIST: ¡ATRÁS, VOS SALVAJES! YO DEBO VEER AD MIS ENEMIGOS EXPULSADOS ANTE MÍ.

Biografía: Yeshua Bar-Mariam nasció con ojos azules et cabello rubio, lo que lo convertía en un judeano, non judío. Vale, su linaje se remonta al rey judío David (cumpliendo la profecía del Mesías), pero en realidad era un europeo completamente blanco. Se unió al ejército romano et fue el mejor de su legión, et el emperador lo elogió por ser tan genial et un gran luchador. Luchó contra non blancos et judíos, et ganó todas las batallas, así que, como pueden vider, es un gran modelo para los blancos et europeos como yo. Todos estos judíos lo clamaban "rey de los judíos", pero Yeshua los decapitó de una patada giratoria et dijo: "De fecho, clámenme Jesucristo, porque non soy judío, lol". Los blancos non eserían nihilo sin él como guía et figura moral. Dejen de clamarlo judío, ¿vale? 

Le gusta: pelear con espadas, tener sexo con chicas atractivas, el combate, los blancos, eser un tipo duro, sabaton, la fuerza, lapidar ad putas, dominar la moral, las crucifixiones, las chicas.

Non le gusta: los judíos, Mateo 26:52, compartir, el amor, poner la otra mejilla, Levítico 19:34, Gálatas 3:28, los ateos (judíos) et paganos (también judíos), la gente marrona, los falsos cristianos.

Et como si eso non bastara, nos dice que los discípulos eran todos galileos, menos Judas, que era “judío en todos los sentidos”. ¡Qué conveniente! El traidor, claro, tenía que ser el único judío auténtico. El resto, según esta teología de fantasía, eran galileos helenizados, cuasi romanos, cuasi arios, cuasi lo que faga falta para que el cristianismo non tenga nihilo que vider con el judaísmo ¡Qué sin faz! ¡Qué necesidad de amputar la raíz para salvar el fructo!

Pero lo mejor viene cuando se intenta justificar todo esto con el falaz estudio de Eran Elhaik sobre el origen jázaro de los mosaístas modernos. Como si la genética del siglo XXI pudiera retroactivamente alterar la genealogía bíblica de Jesús. Como si decir que los mosaísta actuales son distintos bastara para negar que Jesús nasció en una cultura mosaísta, fue circuncidado según la ley mosaísta, predicó en sinagogas, citó la Torá, et fue clamado “Rabí” por sus seguidores ¿Qué sigue? ¿Qué Moisés era Greco? 

Ahora el papista Europa Ancestral, suponiendo que es el usuario Reynodegranada en el foro de Hispanismo, se lanza ad escribir esta fantasía racial-teológica digna de una ópera bufa, et lo más divertido es que ni sus colegas lo toman en serio

¡Ah, qué escena tan pintoresca! Así el papista Vainilla, que con tono de catequista y precisión de sacristán, le ha soltado una homilía que lo deja más desarmado que Lutero en Trento.

Porque Vainilla, sin necesidad de llamarlo hereje, corruptor o ariosofo infiltrado —aunque bien podría— le lanza una frase que retumba como campana en domingo:

“Este blog para escribir sobre el catolicismo, primero debería instruirse bien, y luego expresarse mejor.”

¡Qué elegancia! No le dice ignorante, pero lo deja temblando como monaguillo en examen de latín. Y mientras ReynoDeGranada se queda mudo, mirando al horizonte como quien espera que el Santo Grial le dicte una réplica, Vainilla sigue lanzando fechos como rosarios:

  • María era judía.
  • José era de la casa de David.
  • Jesús nasció en el seno del pueblo de Israel.

Et ReynoDeGranada, que suele citar basura de internet como si fuera Jerónimo de Estridón, esta vez non dice ni mu. Se queda dormido entre piedras visigodas et fantasías arias, como quien ha sido exorcizado por una cita patrística et non sabe si debe gritar o pedir indulgencia.

Vainilla, por su parte, no se deja llevar por el escándalo. Non lo denuncia, non lo excomulga, non lo arrastra ad el tribunal de la Inquisición. Lo deja en evidencia, como quien sabe que el enemigo non merece combate, sino misericordia. Porque cuando alguien crede que Jesús non era judío porque leyó un blog con fondo celta et tipografía gótica, ya non hay debate, solo diagnóstico.

Et así, ReynoDeGranada queda como lo que es: un bufón doctrinal, que se disfraza de papista mientras recicla ariosofía de internet. Et Vainilla, con la paciencia de un santo et la firmeza de un catequista, le recuerda que el papismo non se improvisa, et que la historia non se blanquea con genealogías mágicas.

¡Ah, qué escena tan digna de los autos sacramentales del siglo dorado! Mientras ReynoDeGranada se revuelca en su silencio como un monaguillo que confundió la sacristía con su logia, el papista Valmadian se une a Vainilla en una procesión doctrinal que no necesita incienso para dejar claro lo evidente: la postura de Reyno non es papista, es basura de internet reciclada con capa de terciopelo doctrinal.

Et aunque ni Valmadian ni Vainilla se dignan ad clamarlo hereje —¡Qué caridad tan exquisita!—Vainilla lo compara con los nordicistas y paganos modernos, como quien ve a un druida intentando comulgar con hostias de cebada. Porque negar el linaje de Cristo, como bien dice Valmadian, es negar la voluntad de Dios, et eso non se arregla con una cita de internet ni con una excursión ad los castros gallegos.

Valmadian, con la precisión de un escolástico y la paciencia de un confesor, le recuerda que Jesús es judío non solo por José, sino también por María, que también desciende de David. Y lo dice con tono firme, sin aspavientos, como quien sabe que la Biblia non es un foro racial, sino un testimonio de Jesús. Et mientras cita Mateo 1:1–17 y Mateo 2:5–6, ReynoDeGranada sigue sin contestar. Ni una réplica, ni una objeción, ni un versículo mal citado. Nihilo. Silencio sepulcral.

¡Qué ternura! El bufón doctrinal, que suele agitar su capa de “papismo racial” como si fuera estandarte de cruzada, esta vez se queda mudo. Et si fuera congruente con su racismo, como bien señala Valmadian, debería abandonar el papismo, porque sus propios colegas lo rechazan. Pero non lo face. Prefiere quedarse en la costa gallega, entre souvenirs celtas et crismones mal entendidos, como quien busca en las piedras visigodas una genealogía alternativa.

Et así, Valmadian et Vainilla lo dejan en evidencia sin necesidad de excomulgarlo. Porque cuando alguien niega el linaje de Jesús por una fantasía racial, ya non hay debate, solo diagnóstico. Et ReynoDeGranada, que nunca leyó los Evangelios pero afirma sus sandeces con la superstición de un converso de blog, queda como lo que es: un infiltrado doctrinal que face el ridículo en el templo como quien confundió el altar con el atril de su logia.

Asi más papistas se unen contra de él, como ALACRAN —que non son precisamente neopaganos ni enemigos de la Iglesia, sino más bien sus acólitos con rosario en mano y catecismo en la otra— le responden ad Europa Ancestral con una mezcla de incredulidad et vergüenza ajena, como quien descubre que el monaguillo ha estado leyendo ad Goebbels en vez de Agustín. Señalan, sin rodeos, que su impostura racial-galilea non es tradición, que el su delirio céltico non tiene ni un grano de incienso que lo vincule al papismo, et que su intento de “desjudaizar” ad Jesús es una herejía con disfraz de apologética, como si el rabí de Nazaret hubiera salido de una escuela druídica en Marsella.

Et para muestra, el propio ALACRAN le lanza esta joya doctrinal:

“Y dale con que Cristo no era judío... ¿Pero de qué fuentes sacan tal cuento? Desde luego, desde la Biblia y la Teología católica de siempre no lo sacarán. La Biblia describe a la Virgen como descendiente física de Judá. María era de la tribu de Judá y descendiente de David. Su hijo Jesús ‘provino de la descendencia de David según la carne’ (Romanos 1:3). ¡Vaya con los ‘anti-neopaganistas’!! ¿Y eso otro de que los galileos eran... ‘celtas blancos no semitas’? (... ¡pero si los celtas de toda la vida eran negros!) El toquecillo racista no se les va a pesar de su amado Esparza.”

¡Ah, qué escena tan digna de una comedia en el Foro! El papista ReynoDeGranada, suponiendo que es el mismo Europa Ancestral disfrazado de devoto, intenta esquivar la acusación como qui cambia la diana cuando la flecha ya ha dado en el blanco. Con tono de solemnidad doctrinal et una pizca de evasión estratégica, lanza su respuesta:

No es lo mismo ser judío de raza que de religión, aunque generalmente sea así. Cristo, por su naturaleza divina y humana, fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo del seno de María, como todos sabemos (y María era galilea). Ergo no tenía sangre de san José, quien fue su padre putativo (y que a pesar de lo que dice el artículo, sí era descendiente del rey David, y era de Belén de Judá). No creo que esto sea ninguna herejía (más bien al contrario), porque no contraría en modo alguno el que como hombre, la herencia de San José que recae en Jesús provenga del rey David. Hablar de raza no convierte a uno en racista, es simple historia. Otra cosa es que hablemos de que fuera criado en la religión judía:"

¡Ah, qué elegante manera de trivializar el asunto! Como si el problema fuera una discusión de genética celestial, et non una herejía racial camuflada. ReynoDeGranada se aferra al argumento de que Jesús non tenía “sangre de José”, como si eso le permitiera negar su origen como fijo de Judá, et luego intenta maquillar la impostura con frases como “hablar de raza no convierte a uno en racista, es simple historia”. ¡Qué sutileza! ¡Qué habilidad para desviar el foco! Como si el problema fuera una confusión de términos, et non una doctrina que huele ad positives Christentum nazi recalentado.

Pero ALACRAN, cual rabino doctrinal con látigo de escolástica, non se deja decebir por el fumo ariosofo. Le responde con la contundencia de qui ha leído ad los Padres de la Iglesia et non tolera que se convierta ad María en una turista galilea sin linaje:

“El problema teológico fue ya planteado y solventado por teólogos católicos desde los primeros siglos. Aquí nadie ha descubierto la pólvora. Y lo de la Virgen como ‘galilea’ y no judía (o de la estirpe de David) es algo ajeno al catolicismo desde siempre.”

Et como buen presbítero con biblioteca, ALACRAN despliega su arsenal: Ignacio de Antioquía, Justino, el Protoevangelio de Santiago, Ireneo, Suárez, Maldonado… todos coinciden en lo mismo: María era de la estirpe de David, et por tanto, Jesús era judío según la carne, como dice Romanos 1:3. No hay escapatoria. No hay margen para convertir al rabí en druida.

Et así, ReynoDeGranada queda como lo que es: un sofista con capa de apologista, que intenta desviar la discusión hacia tecnicismos genéticos para no enfrentar el hecho de que su doctrina racial no tiene lugar en el cristianismo. Y ALACRAN, con la paciencia de un maestro y la firmeza de un rabino, le recuerda que la tradición no se improvisa, et que la herejía non se disfraza de historia.

¡Qué escena! El papista que se crede defensor de la doctrina termina siendo corregido por otro papista que, aunque igual de supersticioso, al menos sabe leger el Nuevo Testamento sin convertirlo en una saga del KKK. Et así, Europa Ancestral queda como lo que es: un infiltrado doctrinal, un ignorante de la biblia con capa de apologista, et un hereje que ni los suyos quieren en la sacristía.

¡Ah, qué tragicomedia tan exquisita! El papista ReynoDeGranada, supuesto avatar de “Europa Ancestral”, intenta responder ad ALACRAN con una colección de disparates, sofismas teológicos et genealogías de fantasía que farían sonrojar ad cualquier escriba de la centuría II. Et lo más divertido: ni sus colegas lo toman en serio. Lo doman, lo corrigen, lo contradicen… et lo facen con una mezcla de piedad doctrinal et vergüenza ajena.

¡Ah, qué escena tan deliciosa para los dioses del Capitolio! Mientras ReynoDeGranada lanza su última patada doctrinal como quien quiere apagar un incendio con incienso, ALACRAN retrocede, non por falta de argumentos, sino por puro fastío. Se dice para sí: “Este hombre non sabe lo que dice”, et decide non perder tiempo en debatir con un neonazi que se disfraza de papista, que se basa en Chamberlain como si fuera Agustín et que convierte ad Jesús en un galo-lelo por decreto.

El autor cristiano de «Sobre la verdadera creencia» cita un texto en el que Apolo predijo el desastre para «aquellos que han abandonado las costumbres de sus antepasados». Lo cita como la reprimenda del dios a los judíos que le interrogaban, pero ¿no podría haber comenzado como una reprimenda a los cristianos conversos? 50 Apolo ciertamente habló sobre el tema, y ​​debemos al libro de Porfirio un texto plausible en el que Apolo elogió en cierta medida a Cristo. Era un hombre sabio que obraba milagros y murió con una muerte amarga: los malvados eran los cristianos, que insistían en adorar su cuerpo mortal cuando este había sido desgarrado y desfigurado por los clavos. Su culto era absurdo: Dios encarnado, decía Apolo, era un mito. 51 Porfirio también sabía que un esposo angustiado había consultado a un oráculo sobre la mejor manera de disuadir a su esposa del cristianismo. Apolo ofrecía pocas esperanzas: era más fácil, decía, escribir sobre el agua o volar como un pájaro que apartar a una mujer de tal impiedad, la adoración de un hombre que había sido condenado a muerte encadenado. El alma de Cristo era inmortal, pero no su cuerpo, y el culto estaba completamente equivocado. Pagans and Christians, Robin Lane Fox.

Lo que voy a decir puede resultar sorprendente para algunos, a saber, que los dioses hayan proclamado a Cristo piadosísimo e inmortal, y que lo recuerden de forma laudatoria5 (Demon. 3.6,39-3.7.1). Este es el mismo pasaje citado por Agustín en La Ciudad de Dios y resumido por Lactancio en sus Instituciones Divinas. Apoyándose en la valoración positiva de Porfirio sobre Jesús, Eusebio lo utilizó para criticar a Hierocles, enfrentando así a un crítico pagano con otro. Porfirio refutó a quienes afirmaban que Jesús era mago y hechicero, pues demostró, apelando a los oráculos, que Jesús era «piadoso, justísimo, sabio y habitante de las bóvedas celestes». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Luego, Agustín cita otra sección de la Filosofía de los Oráculos en la que Porfirio alaba a Jesús: «Lo que voy a decir [dice Porfirio] puede ciertamente resultar sorprendente para algunos. Me refiero al hecho de que los dioses han declarado que Cristo fue extremadamente devoto, y han dicho que se ha vuelto inmortal, y que lo mencionan en términos de elogio; mientras que los cristianos, según ellos, están contaminados y enredados en el error; y hay muchas otras calumnias similares que lanzan contra ellos». Como confirmación, Porfirio cita un oráculo de Hécate: «A quienes preguntaban si Cristo era Dios, Hécate respondió: Sabéis que el alma inmortal continúa su camino después de abandonar el cuerpo; mientras que cuando se separa de la sabiduría, vaga para siempre. Esa alma pertenece a un hombre de extraordinaria piedad [es decir, Jesús]; a este lo adoran porque la verdad les es ajena». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Pero entonces, como salido de una columna corintia, yo, Farfán de los Godos, gentil de toga firme et verbo afilado, que non crede que Jesús sea el Verbo, ni el Cristo, ni el rey que ha de retornar para destrozar ad los malvados. Para mí, Jesús fue un rabino más, acaso un sabio, justo, pío et incluso ascendido, pero nihilo más. Et sin embargo, yo me tomo la molestia de amonestar la idiotez doctrinal que pretende usar Mateo XXII para negar la prosapia de Judá del Anticristo Jesús. 

Farfán desmonta el disparate con seis golpes de martillo:

1.  El contexto del diálogo

Jesús pregunta ad los fariseos: “¿De quién es hijo el Mesías?” —et ellos responden: “De David”. Con eso ya reconocen que el Anticristo es prole de Judá, pues David es el rey de Israhel et la genealogía del geno supuestamente "sacro" gira en torno ad él. Jesús non corrige esa afirmación, la usa como punto de partida.

2.  La cita del Salmo CCX

Jesús cita una profecía davídica: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha…”. David, so inspiración, clama “Señor” ad el futuro rey que saldrá de su gente. El texto non niega la descendencia, la confirma, pero añade que el Anticristo es más que un fijo: es Señor, es prior, es superior.

3.  La enseñanza del Magisterio

El Catecismo afirma que Jesús es el Cristo —el ungido— et que cumple la misión anticristiana como descendiente real de David. Mateo XXII non refuta esto, lo refuerza, mostrando que el Anticristo es fijo de David según la carne, pero también Señor según el Espíritu.

4. La tradición patrística

Padres como Justino, Ireneo et Agustín sostienen que la promesa del “fijo de David” es clave interpretativa del Nuevo Testamento. El Anticristo debía venir del linaje davídico, et esa genealogía non se borra por su divinidad, sino que se cumple en ella.

5.  La continuidad del pacto

El pacto con David es un regalo divino que encuentra su cumplimiento en la figura del Mesías. La identidad como fijo de Judá del Anticristo non es un obstáculo, sino la realización plena de la esperanza profética.

6. La falla de la interpretación ariosofista

Quienes usan Mateo XXII para negar la prosapia de Judá del Anticristo confunden una afirmación profética con una negación genealógica. El salmo non dice “non es fijo de David”, sino “es más que un fijo”. Es una afirmación de superioridad ontológica, non una negación de linaje. Pretender lo contrario es como decir que un augusto non puede eser romano porque principa sobre Roma.

Porque esa lectura —tan común entre los revisionistas — parte de una confusión monumental: confundir la afirmación de divinidad con la negación de genealogía. Como si decir “el Mesías es Señor de David” implicara que non puede eser su fijo ¡Qué lógica tan torcida!

Ah, ReynoDeGranada, qué espectáculo el que nos regalas. Citas Mateo XXII como si fuera una prueba de que Jesús non es fijo de David, cuando en realidad lo que haces —sin darte cuenta, claro— es invalidar tu propia impostura galocéltica. Porque si Jesús non es fijo de David, como tú insinúas, entonces menos aún puede eser fijo de un galo-lelo, de un celta con alma de roble et túnica bordada en espirales.

Así, aunque yo non crea en la divinidad de Jesús ni en su doctrina, reconoce que el texto bíblico lo presenta como fijo de Judá, descendiente de David, et que la Iglesia —con todos sus errores et supersticiones— jamás niego esa genealogía. Lo que facen los ariosofistas como ReynoDeGranada es retorcer el texto para adaptarlo ad su fantasía racista, como qui convierte el Talmud en un cantar hispánico.

¡Ah, qué final tan digno de los fastos del esperpento doctrinal! La escena se cierra como una zarzuela teológica en tres actos: el pijo Leolfredo entra con capa de indignación, ReynoDeGranada responde como ariosofo en trance, Hyeronimus intenta salvar los muebles con un poco de sensatez, et ALACRAN se lanza ad buscar el nihil obstat como qui busca el Santo Grial en una edición de Burgos de 1937.

Acto I: Leolfredo, el empollón con látigo

“Racismo católico, paganismo católico, sistema de castas virreinal... ¿Hola, holaaaa? ¿Esto es Hispanismo.org o una parodia de CEDADE con rosario?”

¡Qué entrada! Leolfredo non pregunta, interroga con sarcasmo, como qui ha visto demasiadas reliquias doctrinales et sospecha que alguien ha metido ad Chamberlain en el misal. Y cuando menciona la “eugenesia y abortismo católico”, uno ya siente que el foro se ha convertido en una comedia de Aristófanes con sotana.

Acto II: ReynodeGranada, el bufón ariosofo

“Pues mira, sobre la eugenesia tienes este libro del doctor Vallejo Nágera…”

¡Ah, qué ternura! El infiltrado doctrinal, que apesta ad un Dan Burros pero edición papista, responde con una cita de Vallejo Nájera, como quien crede que un tratado de 1937 con portada en gótica es doctrina infalible. Et encima le dice ad Leolfredo que “contenga la bilis”, como si el problema fuera gástrico et non doctrinal ¡Qué nivel! ¡Qué profundidad! ¡Qué falta de catecismo!

Acto III: Hyeronimus, el sensato con linterna

“El doctor Nájera era católico, pero no hablaba en nombre de la Iglesia…”

Hyeronimus, con algo de luces, intenta poner orden. Le recuerda que la opinión personal non es doctrina, que la Iglesia non canonizó la eugenesia, et que las ideas de moda en 1937 non son tradición eterna. Pero claro, eso para ReynoDeGranada es como fablarle en arameo: Non intiende, non responde, non razona.

Acto IV: ALACRAN, el inquisidor sin pruebas

“¿Tiene el texto el nihil obstat y el imprimatur?”

¡Ah, el toque final! ALACRAN, que ya había regañado ad ReynoDeGranada como rabino con látigo, ahora busca el nihil obstat como quien crede que todo lo que lo tenga es automáticamente compatible con el catolicismo ¡Qué lógica! ¡Qué salto mortal! Como si el sello eclesiástico fuera garantía de ortodoxia. Et todo sin pruebas, sin página, sin edición. Solo con fe… en Vallejo Nájera.

¡Ah, qué cierre tan digno de una ópera bufa en clave apocalíptica! Cuando ya creíamos que el foro non podía ofrecer más delirios doctrinales, aparece Agustín Acuña, el cospiraloco de turno, como quien baja del monte Sinaí con una tabla escrita por reptilianos, demonios et el doctor Vallejo Nájera en colaboración con Elohim CIA.

Porque Agustín, con tono de profeta del fin de los tiempos et mirada de quien ve entidades en cada esquina, decide aclarar el asunto… et lo enreda como qui mezcla la Torá con los panfletos de CEDADE et una pizca de mormonismo. Nos dice, con solemnidad de loquero:

“Los dioses falsos existen. Son demonios. ¡Siempre lo han sido!”

¡Qué revelación! ¡Qué descubrimiento! ¡Qué falta de teología básica! Como si el politeísmo fuera una convención de demonios con toga. Et luego, para rematar, nos regala esta joya:

“Elohim significa pluralidad de personas: 3.”

¡Ah, qué precisión! ¿Tres? ¿Por qué non cuatro, o cinco, o doce como los apóstoles? ¿Et los mormones, entonces, tenían razón con su triteísmo? ¿Et si Elohim es plural, por qué non se usa para Baal, Moloch et el dios del Wi-Fi? Agustín non explica, non distingue, non razona. Solo afirma, como qui ha legído medio versículo et lo ha interpretado con ayuda de una antena de aluminio.

Et por si faltaba algo, nos dice que “judío” en el NT significa traidor, deicida, negativo… ¡Qué ternura! Como si el Nuevo Testamento fuera un panfleto antisemita et non el testimonio de un rabino mosaísta rodeado de discípulos judíos, predicando en sinagogas et citando la Torá. Agustín non distingue entre contexto, uso lingüístico ni historia. Confunde el término con su prejuicio, et lo sirve como verdad revelado.

Mientras tanto, ad ReynoDeGranada, que ya non puede ocultar la su ariosofía ni con el saludo en Xto, Agustín le da el vítor ¡El vítor! Como quien aplaude al bufón por haber encendido fuego con una piedra mojada. Et para que non falte el toque ideológico, aclara para ocultar lo obvio:

“No estoy de acuerdo con ninguna forma de socialismo. Soy corporativista, capitalista, nacional-capitalista…”

¡Ah, qué coherencia! Al que niega la sangre de Judá de Jesús, ahora cita tratados de eugenesia, ahora lo aplauden demonólogos amateur, que se definen como nacional-capitalista. 

Solo falta que propongan beatificar ad Chamberlain et canonizar ad Vallejo Nájera como doctor de la Iglesia.

Et así, el foro queda como lo que es: una comedia doctrinal donde el cospiraloco ve demonios en cada estatua, el ariosofo aplaude sin entender, et los papistas sensatos —Vainilla, Valmadian, Hyeronimus, ALACRAN— observan con resignación, como qui ve ad un monaguillo facer el ridículo en el altar con una bandera de la Deutsche Kirche con signos de dolar et el tío Sam.

Et por tanto, Reynodegranada ni siquiera dentro del corral doctrinal lo aceptan como oveja. Lo ven como un cordero disfrazado de legionario, que quiere facer pasar ad Jesús por celta blanco helenizado, como si el rabí de Nazaret hubiera salido de una escuela pitagórica en Marsella ¡Qué necesidad tan desesperada de blanquear al mesías! ¡Qué afán de convertir la Biblia en una saga indoeuropea!

Et lo más irónico: mientras Europa Ancestral acusa ad los neopaganos de criticar un “cristianismo falso”, él mismo fabrica uno, uno que ni los papistas recognocen. Porque si Jesús non era judío, si los galileos eran celtas, si Judas era “judío en todos los sentidos” —como si fuera un personaje de caricatura— entonces ¿Qué queda del papismo histórico? Nihilo. Solo una fantasía racial con barniz teológico.

¡Ave Roma! Que los dioses nos libren de apologistas con toga prestada, mesías de fantasía y exégetas con antena de hojalata.

El origen antipapista

¡Oh, qué sublime tragicomedia! Permitidme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que jamás necesitaron concilios ni supersticiones para brillar en mármol— presentaros el origen la fábula grotesca del “Jesús galoleo”, esa criatura mitológica que non nació en Belén, sino en los delirios raciales de europeos con vocación de genealogistas divinos et alma de ocultistas frustrados.

Houston Stewart Chamberlain, ese británico que decidió germanizarse et escribir Las Fundaciones del Siglo XIX en MDCCCXCIX, nos regaló uno de los monumentos más ridículos del clasismo disfrazado de racismo. El libro pretende eser filosofía de la historia, pero en realidad es un cóctel de prejuicios, nacionalismo romántico et zoología humana, donde los “arios teutónicos” son presentados como los lares civilizadores et los demás pueblos como figurantes de segunda fila. Chamberlain mezcla ad Kant, Goethe et Wagner como si fueran ingredientes de un batido ideológico, et el resultado es tan indigerible que parece un horóscopo escrito por un fanático con delirios de grandeza. Lo más gracioso es que el disparate fue un éxito editorial: el Cesar Guillermo II lo veneraba et Hitler también pero hasta cierto punto. Hoy se lege como arqueología del ridículo. Que semejante disparate haya sido considerado “gran pensamiento” demuestra que la estupidez también puede eser best-seller. Las Fundaciones del Siglo XIX non es filosofía, es propaganda disfrazada de erudición, un manual de cómo non facer historia, salvo que uno quiera practicar la arqueología del disparate con risas incluidas.

Porque non, estimados lectores del templo de Júpiter, el papismo jamás sostuvo semejante disparate. Ni siquiera en sus horas más obscuras de escolástica et censura se atrevió ad decir que el rabí de Nazaret era un celta blanco helenizado. Esa tontería resuena más bien con las imbecilidades de Christian Identity, el angloisraelismo, et demás heterodoxias que creen que los británicos descienden de las tribus perdidas de Israhel et que Jesús tenía acento de Yorkshire.

¿Et qui fue el primo rabí de esta nueva superstición del delirio? Houston Stewart Chamberlain, por supuesto. Ese británico que, tras casarse con la fija de Wagner et empaparse de pangermanismo, escribió Los fundamentos del siglo XIX, donde dedicó páginas enteras ad demostrar que Jesús non era judío, sino un “ario de pura cepa” ¡Qué revelación! ¡Qué necesidad de blanquear ad el rabí para que encaje en la ópera de Bayreuth!

¿Fue Cristo judío? No es una pregunta sencilla. En religión y educación, sin duda lo fue; en raza —en el sentido estricto y real de la palabra «judío»—, probablemente no. El nombre Galilea (de Gelil haggoyim) significa «distrito de los gentiles». Parece que esta parte del país, tan alejada del centro intelectual, nunca se mantuvo completamente pura, ni siquiera en los primeros tiempos, cuando Israel aún era fuerte y estaba unido, y había servido de hogar a las tribus de Neftalí y Zabulón. Las Fundaciones del Siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain. 

Quienquiera que afirme que Cristo era judío es ignorante o insincero: ignorante cuando confunde religión y raza, insincero cuando conoce la historia de Galilea y en parte oculta, en parte distorsiona los hechos, muy confusos, en beneficio de sus prejuicios o, quizás, para congraciarse con los judíos.* La probabilidad de que Cristo no fuera judío, de que no tuviera una sola gota de sangre judía genuina en sus venas, es tan grande que casi equivale a una certeza. ¿A qué raza pertenecía? Esta es una pregunta sin respuesta. Las Fundaciones del Siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain. 

El “chambelán de los ariosotontos”, Houston Stewart Chamberlain, escribió con la solemnidad de un charlantaán lo que non pasa de eser un disparate raciológico disfrazado de erudición. Según su propia lógica del “ignorante o insincero”, podemos concluir que, siguiendo su esquema, Cefas sería un ignorante, porque clama ad los jesistas “nación santa” et “pueblo elegido”, es decir, raza santa et congregación santa ad la vez. Et también Saulo sería insincero, porque dice que los jesístas son rama injertada de Abraham, que ya no hay judío ni griego ni escita ni bárbaro, sino todos uno en Jesús, como si fuera un cambio de sexo espiritual.

El troll Chamberlain confunde religión y raza, et en su afán de vender un Jesús non judío termina contradiciéndose. Saulo da pasajes donde Jesús es judío, et los peces gordos de la aljama recognocen que proviene de Judá, el patriarca judío por antonomasia. Además, Chamberlain comete el error de confundir Galilea con la “Galilea de las naciones”, como si todo el territorio fuera gentil. Craso error: había Galilea mosaísta et Galilea mixta. Et el intento de Europa Ancestral devender que Jesús era un ario mil leches —griego, escita, celta, germano— un galolelo es tan ridículo como un disfraz de carnaval.

Lo más gracioso es que si Jesús non fuera de “raza judía”, non podría cumplir la profecía de Isaías como “verga de Jesé”, descendiente de la casa de David et Salomón. Et non olvidemos que entre sus ancestras está Rahab, la prostituta fenicia, semita por definición, lo que desmonta cualquier pretensión de pureza ario‑fantástica. Chamberlain mismo admite que Jesús en religión et educación era judío: credía en Moisés, asistía ad fiestas judías, practicaba la religiosidad de Israel. Eso basta para irritar al papista antisemita de la Europa Ancestral, que se aferra ad los argumentos del chambelán para vendernos un Jesús non judío.

La conclusión sarcástica es clara: Chamberlain quiso fabricar un Jesús ario como si fuera alquimia racial, pero lo único que logró fue un muñeco grotesco, un “galo‑lelo” de laboratorio. Su frase de que “quien diga que Cristo era judío es ignorante o insincero” se le devuelve como un espejo: ignorante él, por sostener que Jesús non era judío; insincero él, por ocultar lo obvio. Jesús fue fijo de Judea por sangre, por educación et por fe. Pretender lo contrario es como pintar a David con ojos azules et casco vikingo: pura caricatura para ariosotontos.

Et Lo irónico del asunto es que incluso el Cabo obscuro de Austria, ese pintor frustrado que se convirtió en líder, pese ad que se dice que veneraba al loco chambelán del revisionismo hiperbóreo, atlante et hiperlagartiano —Houston Stewart Chamberlain— terminó rechazando su impostura con una frase que destila sarcasmo involuntario, sugiendoa Rosemberg del que vamos ha fablar más adelante:

Las religiones son todas iguales, independientemente de cómo se denominen. No tienen futuro, ciertamente ninguno para los alemanes... para nuestro pueblo es decisivo si reconocen el credo judío de Cristo con su ética de la compasión, o una creencia firme y heroica en Dios en la Naturaleza, Dios en nuestro propio pueblo, en nuestro destino, en nuestra sangre. Dejen las sutilezas a otros. Ya sea el Antiguo Testamento o el Nuevo, o simplemente los dichos de Jesús, según Houston Stewart Chamberlain, es la misma estafa judía de siempre. No nos hará libres. Una Iglesia alemana, un cristianismo alemán, es una distorsión. Se es alemán o cristiano. No se puede ser ambas cosas. Se puede expulsar del cristianismo al epiléptico Pablo; otros lo han hecho antes que nosotros. Se puede convertir a Cristo en un ser humano noble y negar su divinidad y su papel de salvador... Es inútil, no se puede eliminar la mentalidad que lo sustenta... No se puede convertir a Jesús en un ario; eso es un disparate. Lo que Chamberlain escribió en sus Principios es, como mínimo, estúpido ¿Qué se puede hacer, dice usted? Le diré: debemos impedir que las iglesias hagan algo más que lo que están haciendo ahora, es decir, perder terreno día a día. ¿De verdad cree que las masas volverán a ser cristianas? ¡Tonterías! Nunca más. Ese cuento ha terminado. Nadie volverá a escucharlo. Pero podemos apresurar las cosas. Los párrocos tendrán que cavar su propia tumba. Traicionarán cualquier cosa por sus miserables trabajos e ingresos. H. Rauschning, Hitler Speaks, pp. 57-58 (see note 3) (also cited by L. Thornton, ‘The New Light: German Christians and Biblical Distortion during the Third Reich [antisemitism in gospel translations]’, Fides et Historia 18 [1986], pp. 32-43, at p. 42).

El sarcasmo aquí es doble: Chamberlain, el “chambelán” delirante que pretendía fabricar un Jesús ario como si fuera alquimia racial, se convierte en objeto de burla del propio Hitler, quien lo despacha como un fraude judaico reempaquetado. El pintor de postales sabía que ese delirio non pintaba nihilo para Germania: la idea de un Jesús ario era tan absurda como pintar un unicornio con casco prusiano.

La ironía es que Hitler, que bebía de la misma charca ideológica, tuvo un momento de lucidez brutal: reconoció que el jesísmo, sea Antiguo o Nuevo Testamento, era una readaptación judaica que jamás haría libres ad los teutontes. El “chambelán ariosofo” había querido vestir ad Jesús con toga aria, pero el cabo bávaro lo ridiculizó como qui señala que un disfraz barato non convierte a un bufón en don.

Así, entre sarcasmo et desprecio, queda claro: ni Chamberlain con sus delirios ariosofos, ni los magos neonazis con sus catecismos reinventados, pudieron ocultar lo obvio: el jesísmo es un invento israelocéntrico, un “viejo engaño judío” que, por más maquillaje racial que se le ponga, non liberará ad nadie. Germania, para el pintor, non necesitaba un Jesús ario, sino disfacerse del teatro bíblico que la mantenía encadenada.

«Jesús era seguro que no era Judío». Jesús ciertamente no era judío. Los judíos jamás habrían entregado a uno de los suyos a los tribunales romanos; lo habrían condenado ellos mismos. Es muy probable que un gran número de descendientes de los legionarios romanos, en su mayoría galos, vivieran en Galilea, y Jesús probablemente fuera uno de ellos. Su madre bien pudo haber sido judía. Jesús luchó contra el materialismo de su época y, por lo tanto, contra los judíos. H.R. Trevor-Roper [Introducción], Hitler’s Table Talk 1941–44: His Private Conversations (trad. de N. Cameron y R. H. Stevens; Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1953, 2.ª ed., 1973), pág. 721. Esta discusión tuvo lugar la noche del 29 al 30 de noviembre de 1944 y contiene la última charla de sobremesa registrada de Hitler. Las notas fueron mecanografiadas el 30 de noviembre de 1944 y un facsímil de este párrafo mecanografiado se encuentra en la portada del libro.

Et al listillo de turno que citará la sobremesa final de Hitler del XXIX–XXX de noviembre de MCMXLIV, donde suelta aquello de “Jesús ciertamente no era judío”, hay que recordarle varias cosas con ironía y sorna. Primero: esa fue la última conversación de sobremesa registrada, mecanografiada el XXX de noviembre, y como buen cabo bávaro, Hitler sabía usar el verbo como herramienta cívica: mentir, manipular, jalar adeptos. Non era una revelación teológica, sino un recurso retórico para mantener ad los jesistas dentro del redil del nacionalsocialismo obrero germano.

Porque si antes había dicho que “Jesús era seguro que nom era Judío”, es porque desde siempre sabía que esa idea era una tontería decibe estultos. Lo de un Jesús non judío era una treta temporal, un disfraz para atraer ad los feligreses, pero su postura real —et posterior— fue clara: Jesús era judío de pura cepa, et su credo non era más que conmiseración judaica. Johnson et Paldiel lo señalan: Hitler cambió de opinión, influido quizá por Grundmann, pero el fondo nunca varió: el jesísmo es inseparable de su radíz judía.

Hitler identificaba al judaísmo et al “judío” como el enemigo común, aliado de comunismo, liberalismo, EE.UU., Gran Bretaña et demás. Para él, el judaísmo era el Gegenreich, el reino contrario que el Tercer Reich debía destruir si la raza teutona quería dominar el mundo. Et aquí está la ironía: aunque vedía cierta utilidad en las iglesias si se las empujaba faz ad el antisemitismo, su posición seguía ad Rosenberg: todas las supersticiones son iguales, todas carecen de futuro, et para los germanos la disyuntiva era brutal: o reconocen el credo judío de Jesús con su moral de miseración, o abrazan una religiónheroica en Dios en la naturaleza, en el pueblo, en la sangre.

De ahí su frase contundente, que pulveriza cualquier intento de “Jesús ario”: “Ya sea el Antiguo o el Nuevo Testamento… es la misma estafa judía de siempre. Non nos hará libres… Non se puede facer de Jesús un ario, eso es un disparate. O se es germano o se es cristiano. Non se pueden eser ambas res.”

Chamberlain, el “chambelán hiperbóreo” que soñaba con un Cristo ario, fue despachado como estúpido. Hitler lo sabía: todo intento de ariedad de Jesús es delirio. O eres germano, o eres jesista. Non puedes eser ambos, porque la vera patria del jesista non es Germania, sino la Jerusalén de los cielos. Et ahí está la ironía: el pintor de postales supo que ese delirio “no pintaba nada” para su Principado.

Et Alfred Rosenberg, ideólogo oficial del partido nacionalsocialista obrero alemán, fue quien dio forma doctrinal ad Hitler luego repetiría con su frase de que “o se es germano o se es cristiano, non puedes eser ambos”. Su Mythus des 20. Jahrhunderts publicado en MCMXXX, con más de un millón de copias circulando hacia MCMXLII, se convirtió en el manifiesto ideológico del nacionalsocialismo, segundo solo ad Mein Kampf. Allí se encuentran todos los elementos centrales de la ideología nazi: racismo explícito, la necesidad de Lebensraum para el Volk germánico, la eliminación de la influencia jesista, la persecución de los judíos et la su expulsión del espacio alemán. Rosenberg, menos duro que el chambelán de los ariosotontos pero igualmente delirante, tomó la teoría racial de Chamberlain como fundamento et la vistió con un barniz místico: en lugar del jesísmo tradicional, anunciaba una nuevo nordicismo, la religión de la sangre, el Mythus del Blut, según la cual la esencia divina del hombre debía defenderse ad través de la pureza racial nórdica, que sustituía los sacramentos antiguos.

El Antiguo Testamento, como libro de instrucción religiosa, debe ser abolido de una vez por todas. Con él, terminará el intento fallido del último milenio y medio de convertirnos a todos en judíos espirituales. Citado de Nova, Rosenberg, p. 128 (atribuyendo a Mythus, p. 603).

Pora Rosenberg, los valores eternos arios se contraponían ad la “depravación moseojesísta”. La Ley mosaica era pora él una superstición siro‑africana, frente ad la herencia espiritual nórdica que afirmaba la divinidad de la ánima humana et la su igualdad con Dios. De ahí su consigna: “¡El Antiguo Testamento debe desaparecer!”, porque era el intento fallido de milenios de convertir ad los europeos en judíos espirituales. En cuanto ad Jesús, Rosenberg siguió ad Chamberlain con cierta simpatía, aunque sin profundizar demasiado. Lo recognoscía como una gran personalidad, valoraba la su enseñanza sobre el reino de los cielos interior, pero afirmaba que había sido cargado con la esterilidad de la vida judaica et africana. Saulo, según él, fue el gran corruptor que impregnó la idea de Jesús con doctrina farisea et propagó el caos racial en el mundo antiguo. Juan et Marción, en cambio, habrían tenido cierta intuición de un jesísmo positivo desligado del mosaísmo ¿Protomandeísmo?, pero fueron derrotados por la teología de la redención.

En cuanto a la ascendencia de Jesús, no hay la más mínima razón para creer, como ya explicaron Chamberlain y Delitzsch, que Jesús fuera de ascendencia judía, incluso si se admitiera que creció en círculos intelectuales judíos… Probablemente nunca podremos determinar científicamente la ascendencia de Jesús. Debemos conformarnos con reconocer la probabilidad de su ascendencia no judía. Las enseñanzas completamente antijudías del «reino de los cielos con nosotros» refuerzan esta convicción. Pois, Rosenberg: Selected Writings, p. 70; cf. Cecil, Myth of the Master Race, p. 84  (attributing Mythus, p. 74).

En un pie de página, Rosenberg se permitió la misma fantasía que Chamberlain: “no hay la menor razón para creer que Jesús fuera de ascendencia judía”, aunque admite que creció en círculos intelectuales judíos. Concluye que nunca se podrá determinar científicamente su linaje, pero que lo más probable es que non fuera judío, reforzando esa noción con la enseñanza “no judía” del reino de los cielos. Así, Rosenberg, con tono más matizado que el chambelán, repite la misma impostura: un Jesús despojado de su judaísmo para encajar en la religión de la sangre.

El error de Rosenberg al afirmar que la enseñanza del “reino de los cielos está en vosotros” non es judía radica en su desconocimiento —o manipulación interesada— de las fuentes hebreas. En la tradición judía ya existía la idea de aceptar el “yugo del reino de los cielos” al recitar el Shema, et los psuedoprofetas fablaban de la soberanía divina no solo como poder externo, sino como realidad interior en el corazón del justo. Jesús non inventa una noción ajena, sino que lo reinterpreta dentro de su propio marco judío, trasladando la esperanza colectiva ad la dimensión espiritual personal. Pretender que esa enseñanza es “no judía” es un artificio ideológico para desvincularlo de su radíz, cuando en realidad su lenguaje, sus prácticas et la su doctrina estaban profundamente ancladas en la tradición de Israhel.

Por eso, pese ad los delirios de Chamberlain et Rosenberg, la conclusión es inevitable: Hitler tenía razón en la su frase más contundente, non se puede convertir ad Jesús en un ario; eso es un disparate.

Chamberlain et su odio ad Loyola: el anticristiano que inspira al papista

Aquí viene la ironía más jugosa: Europa Ancestral, que se presenta como defensor del papismo tradicional, bebe sin saberlo del veneno doctrinal de Chamberlain, et aquí viene el giro irónico que el estólido del papista Europa Ancestral non vio venir: Chamberlain era profundamente anticristiano, despreciaba el papismo, et promovía el ocultismo que tanto aborrece este papista. Según Chamberlain, el caos se encarnó en el siglo XVI, et afirmaba que “Ignacio de Loyola le presentó al prototipo antigermano”, odiaba ad Ignacio de Loyola. En tono apocalíptico, sentenciaba:

“Si no se produce pronto entre nosotros un renacimiento vigoroso, si no conseguimos librar nuestra cultura de los oropeles extranjeros que arrastra consigo el cristianismo, si no logramos crear una religión [posterior ocultismo nazi], entonces preparémonos a ver surgir de las sombras del futuro un segundo Inocencio III, con un nuevo Concilio de Letrán, preparémonos a ver cómo se reavivan las hogueras de la Inquisición.”

Et por si quedaba duda, remataba con esta joya:

“La corrupción de la sangre y la influencia desmoralizadora del judeocristianismo, he aquí las causas principales de nuestros fracasos.”

¿Et qué face Europa Ancestral? Cita ad Chamberlain, comparte la ideas de ariosofo Lanz von Liebenfels, traduce sus ideas, et luego escribe artículos como este sobre la Ariosofía, denunciando el ocultismo nazi… ¡Mientras lo recicla! Es el infiltrado que tanto teme. El que contamina la Iglesia con doctrinas que nascieron para destruirla. El que crede que la Iglesia vale por su antigüedad —falacia ad antiquetatem— sin intender que la tradición non es fósil, sino Verbo.

¡Ave María purísima, sin coherencia concebida! El papista que se cree defensor de la tradición termina citando a un ocultista anticristiano que soñaba con dinamitar la Iglesia desde dentro. ¡Qué ironía! ¡Qué necesidad de leer antes de venerar! El pobre hidromano se imagina cruzado, reconquistador de Navas de Tolosa, con sueños húmedos de degollar moros, mientras su fuente favorita —el Chamberlain de Las Fundaciones del Siglo XIX— resulta que consideraba precisamente a esos moros como arios. Sí, los mismos africanos que el arte popular europeo pintaba con piel oscura, labios gruesos et bemba, Chamberlain los elevaba a la categoría de “noble raza aria”, incluso con ello justificando que se casaran con hispanas, para dolor del racista de Europa Ancestral.

El noble moro de España es cualquier cosa menos un puro árabe del desierto, es mitad bereber (de raza aria) y sus venas están tan llenas de sangre gótica que incluso en la actualidad los nobles habitantes de Marruecos pueden rastrear su descendencia. a los antepasados teutónicos. Los fundamentos del siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain.

El propio Chamberlain escribe que “el noble moro de España no es un árabe puro del desierto, sino medio bereber (de la raza aria), et sus venas están tan plenas de sangre gótica que incluso hoy los nobles habitantes de Marruecos pueden rastrear su descendencia hasta ancestros teutónicos”. Es decir, mientras el papista Europa Ancestral que fantasea con eser un reconquistador mata moros, su gurú Chamberlain los canoniza como arios con pedigrí teutónico.

Et como toda buena herejía necesita su apóstol hispano, aparece Joaquín Bochaca, neonazi papista ridiculo, traductor de Chamberlain al castellano, introduciendo esta demencia en el mundo hispanoparlante. Desde entonces, algunos foristas et revisionistas repiten el dogma chamberlainiano como si fuera verbo revelado, ignorando que hasta el más básico catecismo papista los señalaría como herejes con ínfulas de filólogo. La escena es tragicómica: Europa Ancestral, el cruzado de teclado que sueña con Navas de Tolosa termina creyendo ad un ocultista antijesísta que, para colmo, proclamaba ad los moros como arios ¡Qué coherencia tan purísima!

Entre los defensores de esta fábula encontramos ad Adolf Harnack, Hugo Winckler, Wagner, et otros sabios del colegio del delirio, que intentaron separar ad Jesús de eser fijo de Abraham como qui separa ad Marte de la guerra. Pero lo que lograron fue construir un Jesús que non tiene historia, ni patria, ni contexto: Un fantasma racial que sirve más ad la ideología que ad la historia.

Gentil: Jesús fue judío

Papista: Lol ¿Ó tú oíste esto, el Talmud?

Gentil: "Nosotros creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío de una hija de Israel, en Belén en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador César Augusto I; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusalén, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha "salido de Dios" (Jn 13, 3), "bajó del cielo" (Jn 3, 13; 6, 33), "ha venido en carne" (1 Jn 4, 2), porque "la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad [...] Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia" (Jn 1, 14. 16)." Catecismo de la iglesia católica.

Gentil: Nop. Tú catecismo eclesial.

Papista: ¡NON! ¡ESO ESTA FUERA DE CONTEXTO!

Et así, desde el mármol del templo de los dioses, uno non puede sino reír. Porque mientras los jesístas papistas aceptan que su Anticristo fue judío, et los historiadores lo confirman, estos revisionistas siguen buscando en Galilea una Galia, en David un druida, et en la menorá una runa teutónica.

¡Et, qué ironía tan deliciosa! El papista Europa Ancestral, en su yihad contra la “infiltración masónica, oriental et demás porquería”, non se da cuenta —o peor, non quiere darse cuenta— de que él mismo es el infiltrado, el caballo de Troya que introduce en el papismo las mismas ideas que nascieron para subvertirlo desde dentro.

Porque todo este disparate del “Jesús ario”, del “galo-lelo celta helenizado”, non es una defensa del papismo, sino una herejía racial disfrazada de tradición. Et su origen non está en los Padres de la Iglesia, ni en los concilios, ni en la teología escolástica. 

¿Et qué fizo Hitler con esta doctrina? La usó —por un tiempo— para atraer adeptos ad el proyecto del “Cristianismo Positivo”, una secta artificial que eliminaba el Antiguo Testamento, negaba la sangre de Judá de Jesús et los apóstoles, et pretendía fundar una iglesia racial, germánica, sin papas ni rabinos. Pero incluso Hitler, en su pragmatismo duro, terminó abandonando et prohibiendo esa tontería. Porque ni los luteranos ni los papista la aceptaron, et porque el delirio neomarcionita era insostenible.

Ignacio de Loyola: el papista que ploraba por eser judío

Dos anécdo­tas sobre Ig­nacio de Lo­yola retratan su simpatía por los judíos. Ambas fueron referidas por Pedro de Riba­deneira: “Un día que está­bamos comiendo delante de muchos, a cierto propósito, hablando de sí, dixo que tu­viera por gracia especial de Nuestro Señor venir de linaje de judíos; y añadió la causa, diciendo: ¡Cómo! ¡Poder ser el hombre pariente de Cris­to Nuestro Señor, secundum carnem, y de Nuestra Señora la gloriosa Virgen María! Las cuales palabras dixo con tal semblante y con tanto senti­miento, que se le saltaron las lágrimas, y fue cosa que se notó mucho”. En otra oca­sión, conversando con el viz­caíno Pedro de Zárate, caba­llero de Jerusalén, amigo de la Compañía y cercano al Pa­dre Ignacio, al escuchar que Ignacio apreciaba el venir de linaje de judíos, “… san­tiguándose él (Zárate) y di­ciendo ¿judío? y escupiendo a este nombre, nuestro Pa­dre le dijo: -- Ahora, Señor Pedro de Zárate, estemos a razón: Óigame Vuestra Mer­ced. Y que le dio tantas ra­zones para esto, verdadera­mente le persuadió a desear ser de linaje de judíos” (Ri­cardo García - Villoslada, S.J,1986: 601).

Et para rematar la ironía, tenemos el testimonio de Pedro de Rivadeneyra, quien relata que Ignacio de Loyola —fundador de los jesuitas, defensor del Papa, et azote de herejías— dijo con lágrimas en los ojos:

“Me habría gustado, y lo habría tomado como una gracia especial de nuestro Señor, descender de linaje judío… ¡Imagínaos! Ser pariente por sangre de Cristo nuestro Señor y de Nuestra Señora la gloriosa Virgen María.”

Si como asegura Bochaca, “el católico que tildare de judío a Cristo cometería una herejía”, entonces Ignacio esería un hereje, res impensable para cualquier papista coherente. Pero claro, Europa Ancestral non lo sabe, porque non estudia la tradición que dice defender. Solo la usa como disfraz para sus delirios ariosofos.

Jesísta: Dame un vero desafío para probar mi fe.

Jesús: ¿Quieres un poco, eh? Nascí judío. Me claman el León de la Tribu de Judá. Me circuncidaron al octavo día. Destruí ad todos sus dioses nativos et los reemplacé por uno judío. Engañé ad los gentiles para que nos ayudaran ad cumplir nuestras profecías judaicas donde regimos el mundo desde Jerusalén.
Jesísta: ¡Deja de darme tus batallas más difíciles!
Et aquí viene la ironía final: Europa Ancestral, que se rasga las vestiduras denunciando infiltraciones esotéricas, termina escribiendo artículos como , donde él mismo recicla el ocultismo protonazi, lo mezcla con papismo, et lo presenta como defensa de la tradición ¡Es el infiltrado que tanto teme! El que contamina la Iglesia con doctrinas que nascieron para destruirla. El que cita ad Chamberlain sin saber que Chamberlain lo habría excomulgado por papista.

Et así, desde el templo de Júpiter, uno non puede sino reír. Porque mientras los papistas defienden su "tradición", este papista sin brújula la plena de herejías raciales, ocultismo reciclado et genealogías mágicas. ¡Ave Roma! Que los dioses nos libren de apologistas con toga prestada et Anticristos.


Jesísta: Tu tienes que regresar, negro arenoso. (ve ad Abdul).

Jesísta: Oh dios mío, él es blanco como yo, loor ad Yavé. (ve ad Jesús sive Yeshua).

¡Ahora una antesala tan necesaria para evitar que el circo doctrinal siga girando en torno ad la misma carpa de equívocos! Porque antes de refutar al estólido de Europa Ancestral, hay que despejar el terreno de las confusiones que él —et otros jesístas con vocación de genealogistas místicos— perpetúan con entusiasmo digno de un bufón de corte.


Resulta que entre los amigos íntimos de Ignacio de Loyola —ese caballero que fundó la Compañía de Jesús— estaban Diego Laínez, Salmerón, Bobadilla, Polanco (su secretario), Nadal et Ribadeneira. Et sorpresa: ¡todos con sangre de Jacob! Polanco, nihilo menos, descendiente de un rabino. Es decir, el núcleo duro de los primos jesuitas parecía más una reunión familiar de conversos que un club exclusivo de hispanos “puros”.

Ignacio, que non era tonto, se dio cuenta de la vida “desastrada” de los conversos: despreciados por los fijos de Jacob de origen et mirados con sospecha por los papistas. Vamos, que non eran bienvenidos en ninguna fiesta. Así que decidió abrirles la puerta de su casa, como quien dice: “Si nadie los quiere, yo los adopto”.

Et no solo eso: consiguió dos bulas papales de Paulo III que parecían escritas con tinta de sarcasmo contra la costumbre cruel de la época. La primera, Cupientes iudaeos (1542), decía básicamente: “Si un judío se bautiza, non le quiten la herencia ni los muebles, aunque sus padres se mueran de rabia”. La segunda, Illius qui pro dominici (1543), establecía hospederías para hombres et mujeres conversos, como si fueran albergues juveniles de la fe.

Antes de que alguien vuelva ad decir que Jesús non era judío, que era un galo-lelo, un ario de raza maestra, o un celta con túnica bordada en runas, conviene recordar que la Biblia non define al pueblo de Jesús por la sangre, ni la salvación por el linaje. La idea de que el "moseojesísmo" es una raza cerrada es una invención moderna, ajena ad la Escritura et ad la tradición mosaísta.

La sinagoga trasciende la sangre et la nación

Romanos 2:28–29: “No es judío el que lo es exteriormente… sino el que lo es en lo interior, en espíritu.”

Gálatas 3:28: “No hay judío ni griego… todos sois uno en Cristo Jesús.”

Colosenses 3:11: “Cristo es todo y en todos.”

Estos pasajes muestran que la identidad non se hereda por linaje, sino por comunión. La vera circuncisión es la del cor, non la de la carne. La salvación non distingue entre tribus, pueblos ni apellidos.

¡Ah, qué urgente es este pequeño diccionario para evitar que cada iluminado de turno se monte su propia teología racial como quien arma un Lego con piezas de Chamberlain, Vallejo Nájera et una estampita de la KKK bendecida por Liebenfels! Porque si algo abunda en ciertos rincones del jesísmo identitario es la falacia del equívoco, esa costumbre de usar el verbo “judío” como comodín para justificar cualquier delirio doctrinal, racial o cósmico.

Cuando [el jesista esta] fablando ad los fariseos:

Fariseo: Yo non credo en Jesús, soy judío.
Jesísta: ¿Pero Jesús vino ad cumplir la Torá! Nihilo es más judío que fiar en Cristo.

Cuando [el jesista esta] fablando ad los gentiles:

Gentil: Yo non credo en el Mesías hebreo. Eso es paparrucha judaica.
Jesísta: ¡Quico! Nihilo más judío que rechazar ad Cristo.

Decir que “los fariseos no creen en el Mesías” es como afirmar que alguien espera un bus que non crede que sea ¿Cómo diablos esperas ad alguien que non credes que haya? Es la lógica del absurdo: negar la espera et al mismo tiempo sostener que hay espera. Una gimnasia mental digna de un circo.

Pero la res se pone más graciosa cuando los jesístas intentan confundir ad los fariseos con los gentiles. Porque los gentiles, en general, ni esperan ni creden lo que dice la Biblia. El Antiguo Testamento, ese compendio escrito por 72 “judíos” (para el dolor de los antisemitas neonazis de turno), fabla de un Anticristo salido de la rama de Jesé —sí, de sangre de Judá. Et resulta que quienes sí creden en eso son precisamente los fariseos… et sus consobrinos, los seguidores de Jesús. Solo que unos esperan et los otros dicen que ya plegó.

Claro, pequeño detalle: el supuesto Anticristo non cumplió lo que el “poseso” Isaías anunció. Pero non importa, porque siempre hay un comodín: “se cumplirá espiritualmente”. Una reinterpretación mágica, un truco de prestidigitador teológico. Petición de principio pura et dura: non pueden demostrar que espiritualmente están interpretando nihilo, pero lo afirman como si fuera verdad divina.

Et aquí viene la joya del disparate: si Jesús es el Anticristo, et los fariseos creden en el Anticristo , entonces decir que los fariseos non creen en Anticristo es lo mismo que decir que Jesús non es Anticristo ¡Bravo! La lógica se suicida en aplausos.

En resumen:

  • Los fariseos esperan al Anticristo.

  • Los jesistas dicen que ya vino.

  • Los gentiles ni creden ni esperan.

  • Et cuando alguien señala la contradicción, la respuesta es un malabar espiritual que non convence ni al Espíritu Santo.

Si efectivamente Jesús es el Anticristo, entonces los fariseos lo están esperando. Et si lo esperan, en realidad son jesistas sin saberlo, porque lo que aguardan es la segunda venida. Decir que ellos “rechazan ad Jesús” conduce ad un absurdo: si esperan al Anticristo, et Jesús es el Anticristo, entonces non lo rechazan, lo esperan. Negar esto equivale ad afirmar que Jesús non es el Anticristo que ellos esperan.

De ahí surgen las acrobacias mentales de los seguidores de Jesús: como non pueden aceptar que el Anticristo de Isaías es el mismo que esperan los fariseos, inventan que los fariseos esperan ad Armilo. Ironía pura, porque las Escripturas dicen lo contrario: que los fariseos finalmente recognoscerán ad Jesús.

Romanos XI:XV–XVI: Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. → Según Saulo, los fariseos aceptarán ad Jesús cuando Israhel se plene de gentiles. Es decir, se debe meter ad toda la gentilidad dentro de Israhel para que los fariseos digan: “Ahora sí fiamos”.

 Juan V:XLII: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.” → Aquí se sugiere que Israel recibirá ad otro, lo cual los jesístas reinterpretan como el Anticristo. Ironía: si los fariseos esperan al Anticristo, et Jesús dice que recibirán ad otro, ¿No es esto un recognoscimiento de que Jesús non es el Anticristo que ellos esperan?

Mateo XXIII:XXXIX: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” → Jesús mismo admite que Israel lo reconocerá en el futuro, non en su primera venida. O sea, los fariseos esperan lo mismo que los jesísta: la segunda venida, solo que para ellos será la prima venida.

Entonces, según Saulo, los fariseos esperan que Jesús convierta a Israel en un club pleno de gentiles para que ellos lo acepten. Esto convierte ad los jesístas en sirvientes del deseo fariseo: deben “plenar el bus” con gentiles para que el incrédulo que decía “ese bus non me levará” termine viajando en él.

Es como Fox Mulder en Expediente X: “I want to believe”. Los jesístas deben meter el “bicho” de Jesús en todos para que los fariseos credan ¿Qué clase de confesión demencial es esta? ¿Non delata que los jesístas están obligados ad satisfacer ad los fariseos para que estos fien? 

La paradoja anticristiana

  • Si Jesús es el Anticristo, entonces los fariseos lo esperan: son anticristianos en potencia.

  • Decir que lo rechazan equivale a decir que Jesús non es el Anticristo, pues el término es unívoco.

  • Para escapar de este dilema, algunos jesistas inventan que los fariseos esperan ad Armilo (El Cristo), contradiciendo las Escripturas que afirman que Israhel espera al Anticristo. 

  • Resultado: un pie supersticioso disparado contra sí mismo.

Problema lógico: si Jesús es realmente el Anticristo unívoco de Isaías, entonces los fariseos, al rechazarlo, no dejan de esperarlo. Simplemente niegan su primera aparición, pero siguen aguardándolo.

Esto genera una tensión: 

  • Desde la lógica, el rechazo non elimina la expectativa, sino que la pospone. 
  • Desde la escriptura, se convierte en argumento: Israhel non recognosció la prima venida, pero recognoscerá la segunda (cf. Romanos 11:25–26: “Todo Israel será salvo”).

El dilema es que la espera de los fariseos se mantiene activa incluso después de la aparición de Jesús. Si el Anticristo es unívoco, entonces ellos non esperan ad “otro”, sino al mismo Jesús, aunque lo hayan rechazado. Pero esa espera es contradictoria: 

  • O bien Jesús non es el Anticristo que anuncia Isaías. 
  • O bien los fariseos, al rechazarlo, siguen esperando al mismo Jesús, lo cual implica que su rechazo no fue definitivo, sino un “error” incluso necesario, y según algunos, intencional o planificado. Recordemos el pasaje: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Salmo 118:22; citado en Mateo 21:42 y Hechos 4:11), y también la profecía de Isaías: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).

En términos filosóficos, esto es una aporía biblica

  • El rechazo se convierte en parte del cumplimiento. 
  • La espera se convierte en espera del mismo que ya vino. 
  • La contradicción se resuelve sólo si se acepta que la prima venida fue negada, pero la segunda será recognoscida. 

La próxima vez que alguien diga “los judíos no creen en el Mesías”, lo que realmente está diciendo es: Jesús no es el Anticristo que ellos esperan, et para que lo acepten, debemos plenar ad Israel con gentilidad pura.” Et con eso, sin querer, se pegan un tiro en el pie, porque la misma Biblia que citan afirma que los fariseos sí esperan ad Jesús —lo cual sólo tiene sentido si Jesús es el mismo Anticristo que rechazaron et que, paradójicamente, recognoscerán en la segunda venida. 

Al sostener que Jesús non es el Anticristo de Isaías, se abre el mundo donde el Vero Cristo —el Verbo eterno— puede identificarse en oposición al ente que los mosaístas sirven, malnombrado Jehová, al que el farfanismo clama Tervagante pora non confundirlo con Jahón, nombre israelítico para Saturno. Mas esta confusión non es inocente: es la falacia de asociación, el intento de facer pasar al impostor por la res legítima. Tervagante busca disfrazarse de Saturno-Jahón, usurpar el su nombre, et así fallar ad la humanidad, lo que es la falacia de reificación, confundiendo el nombre con la cosa nombrada. Et al invocar Jahón como si intendiendo como con el Uno et confundiéndolo con Tervagante, se mancilla la pluralidad de los dioses et se castra la potencia del Verbo.

Yo, Farfán de los godos, lo denunció con ironía: Isaías non fabla en nombre de la divinidad suprema, sino que está poseso por Tervagante, genio maligno que embauca con fuego et trueno, con criba nefasta et torrente de azufre. Es Belial disfrazado, demonofanía que se face pasar por teofanía. La falacia asociativa consiste en creer que porque Tervagante usa el nombre de Jahón, se vuelve Jahón-Saturno. Mas Saturno, como dios del tiempo et del séptimo día, es deidad real, respetada en su particularismo; Tervagante, en cambio, es impostor, falso Uno, falso Jahón, persona nominal que exige la aniquilación de todos los demás dioses.

Ved la ironía: el sistema moseojesista es umbral parasitaria, necesita del cuerpo gentil para sobrevivir. Honrar ad Saturno, sea so el nombre Jahón o Jaldabaot, como deidad es legítimo; mas confundirlo con Tervagante es caer en la trampa del impostor, en la teología de la castración. El mismo engaño se repite cuando Tervagante usurpa el nombre de Gabriel ante María et Mahoma: non revelación, sino teatro de resistencia inversa, disfraz de mensajero para seducir et decebir.

Et así, la paradoja anticristiana non es error casual, sino evidencia de un sistema dualista que busca confundir y mancillar el Verbo con sucios sarracenos et sus desviaciones. Jesús es identificado con Armilo, nombre que el farfanismo da al Verbo Encarnado, mas ello delata la impostura: el Cristo verdadero es distinto del fantasma que Isaías anuncia. Mi labor es separar la paja del trigo, distinguir al supersticioso del religioso, et mostrar que la falacia de Tervagante —la reificación de Saturno Jahón— es el engaño que ha fallado a la humanidad.

En conclusión, ¡oh hombres!, Tervagante non es Saturno, sino impostor; non es Jahón, sino larva. El Vero Cristo non se confunde con Armilo, ni con Isaías poseído, ni con el falso Uno. La Hispanidad Gentil debe despertar de la amnesia, romper la asociación falaz, et rescatar la potencia del su propio espíritu, anterior et superior ad la superstición del impostor. Porque solo así el Verbo eterno brillará sin umbra, et la ciudad de los hombres eserá libre de la tiranía del falso dios.

El farfanismo, desde su doctrina, concluye que el Anticristo non es uno, sino varios, et que los fariseos lo esperan. Los jesistas, en su intento de resolver la contradicción, terminan creyendo que Jesús es precisamente ese Anticristo que los fariseos esperan.

¿Se puede esperar algo que non se crede?

La respuesta es sí. La Escritura misma lo delata: Israel puede rechazar y no creer en Jesús, y aun así seguir esperándolo. Es la paradoja de la esperanza que sobrevive al rechazo.

  • Salmo 118:22 “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.” → El rechazo de la piedra no anula su destino, sino que lo confirma. Israhel desecha, pero la piedra sigue siendo fundamento.

  • Isaías 53:3 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto.” → El Anticristo debía eser rechazado, et ese rechazo estaba dictado como parte de su misión.

  • Isaías 8:14 “Y él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar y por roca de caída.”

    → El mismo que debía ser refugio se convierte en tropiezo. El rechazo non elimina su identidad, solo la convierte en escándalo. Et aquí está la refutación ad el supersesionismo los que creden que los fariseos o el Israel de la carne fueron desplazados: el texto mismo dice que las dos casas de Israel siguen siendo el escenario del tropiezo. Non fabla de sustitución, ni de borrón, ni de reemplazo por una “iglesia sin la prole de Israhel que rechazo a Jesús”, sino de continuidad: Israhel tropieza, pero tropieza con su propia piedra, la que estaba destinada ad eser santuario.

    El tropiezo non borra ad Israhel, lo confirma como protagonista. La piedra rechazada non se convierte en piedra de otro pueblo, sino que sigue siendo la piedra de Israhel. Por eso, la nocioón de que los gentiles “desplazaron” ad la camada de Israhel non es biblico: la Escriptura muestra que el escándalo ocurre en Isrgael mismo, et que el rechazo non es anulación, sino parte del cumplimiento.

  • Zacarías 12:10 “Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito.” → Israhel rechaza et fiere, pero finalmente mirará et recognoscerá al mismo que negó.

Analogía

Es como la ex‑novia que dice: “Non quiero estar contigo”, pero en el fondo sigue esperando que regreses, solo que esta vez como vero esposo. Así también los fariseos: rechazan ad Jesús como Anticristo, pero al mantener viva la expectativa anticristiana, siguen esperando lo que rechazan vuelva como Anticristo, aunque non le credan desde el inicio.

Conclusión

Sí, se puede esperar lo que non se crede et lo que se rechaza. Israhel rechazó ad Jesús, pero al seguir esperando al Cristo unívoco de Isaías, no esperan a “otro”: esperan al mismo Jesús. El rechazo no destruye la esperanza, la prolonga. La incredulidad se convierte en condición de la espera, y la espera se convierte en reconocimiento futuro.

Así, Jesús non es el Cristo, ni lo que esperan los fariseos lo es. El Verbo encarnado, el Cristo verdadero, es el Padre Libre, el fijo de Dios. Non es ningún sarraceno, et menos aún Isaías fabló de él: Isaías solo distorsionó lo que ese eidos o especie es.

Ahora, según el idiota de turno, “judío” puede significar cualquier cosa:

  • “Deicida” (porque claro, todos los judíos del siglo I son responsables de todo lo que pasó en Jerusalén, ¿Non?)
  • “Quienes rechazan ad Cristo” (como si eso fuera una categoría étnica)
  • “Edomita” (porque alguien leyó un panfleto medieval et decidió que todos los judíos son descendientes de Esaú)
  • “Jázaro” (porque nada dice “teología seria” como una conspiración de la centuría XX)
  • “Reptiliano” (sí, hay quien lo dice en serio)
  • O como los más creativos: “pagano” (porque claro, el mosaísmo monoteísta que dio origen al jesísmo es… paganismo).

Et así, con esta ensalada de significados, se lanzan ad decir que Jesús non era judío, que era ario, que era galo-lelo, que tenía ADN de druida et alma de runa. Vamos, que solo le faltó nascer en un castro celta con toga germánica et eser bautizado por el mago Merlín.

Por eso yo prefiero fablar de mosaístas: aquellos que abrazan la Torá, sean fijos de Israel de nacimiento o conversos, como bien establece Éxodo 12:48. Es un término claro, funcional, et libre de la carga semántica que ha convertido “judío” en un verbo que sirve lo mismo para insultar que para confundir.

Por eso, prior de seguir, conviene recordar que la Biblia non define al “judío” como raza, sino como un pueblo, que es elegido de un pacto demoniaco. Que el judaísmo bíblico non era un club racial cerrado, sino una sinagoga abierta ad conversos. Et que negar la filiación con Judá de Jesús non es defensa de la tradición, es una herejía con disfraz de cruzada.

Así que, por caridad intelectual, aquí va la aclaración:

El equívoco del término “judío”: una comedia de errores

¡Ah, qué alivio cuando uno decide dejar de jugar al bingo semántico con el término “judío”! Porque si hay una palabra que ha sido estirada, retorcida, et usada como comodín por todo tipo de iluminados, nazis, teólogos de fantasía et conspiranoicos con toga prestada, es esa. Por eso Farfán de los Godos, yo, opto por usar “mosaísta”, un término mucho más claro, preciso et libre de la carga ideológica que ha convertido “judío” en una especie de espejo deformante.

Veamos el problema: “judío” puede significar tantas cosas que ya non significa nihilo. Según el contexto —o según el delirio del interlocutor— puede referirse ad:

  1. Un descendiente tribal de Judá, fijo de Jacob sive Israel (el sentido original del hebreo yehudí).
  2. Un habitante geográfico de la provincia romana de Judea.
  3. Un practicante religioso del mosaísmo, es decir, seguidor de la Torá.
  4. Un miembro espiritual del pueblo del pacto maligno con Tervagante.
  5. O, como ahora, el pueblo que se compone de: askenazitas, sefarditas, mizrajitas, entre otros.
Los jesístas que niegan que Jesús fuera "judío" suelen cader en una trampa semántica: confunden etnia, religión, geografía et pacto espiritual como si fueran sinónimos. Así, terminan diciendo que Jesús non era judío porque “non practicaba el judaísmo rabínico o non seguía el Talmud”, o porque “era galileo”, o porque “su doctrina trascendía la raza”. Todo eso es cierto en parte, pero irrelevante pora negar el su identidad histórica.

Así que, para poner orden:
  • Judida: Descendiente de Judá, patriarca de una de las doce tribus de Israhel.  
  • Judío: Habitante de Judea (geográfico). Practicante del mosaísmo judaico (religioso). Miembro del pueblo del pacto (espiritual). Miembro del pueblo que se compone de: askenazitassefarditasmizrajitas, entre otros. 
  • Mosaísta: qui abraza la Torá, sea israelida de nacimiento o converso (Éxodo 12:48).

Et así, queda claro: Si vas ad fablar de identidad bíblica, usa términos que non hayan sido secuestrados por centurias de propaganda ariosofica et teología de fantasía. Porque si Jesús fue mosaísta —et lo fue—, entonces su misión non depende de su pasaporte tribal, sino de su fidelidad al pacto.

Sí, has leído bien: converso. Porque el mosaísmo non es la KKK, sino una alianza espiritual interracial. Et para que non digan que esto es “modernismo” o “teología woke”, aquí van los ejemplos bíblicos que facen plorar ad los nazis con Biblia en mano:

  1. Rahab, la cananea: prostituta de Jericó, acogida por su conversión (Josué 2).
  2. Rut, la moabita: extranjera que se convirtió et terminó siendo bisabuela del rey David (Rut 1:16). Ancestra directa de Jesús.
  3. Urías, el hitita: non solo parte del ejército de David, sino esposo de Betsabé.
  4. Los ninivitas: enemigos de Israhel que, por arrepentirse, fueron perdonados por Tervagante (Jonás 3).
  5. La mujer etíope, esposa de Moisés: sí, una negra. Et cuando Miriam et Aarón se pusieron racistas, Tervagante les mandó lepra. ¡Ups! (Números 12).
  6. El eunuco etíope, baptizado por Felipe: extranjero, castrado, et aún así bienvenido (Hechos 8).
  7. La mujer sirofenicia, alabada por Jesús por su fe (Marcos 7).

¿Et qué nos dice todo esto? Que la Biblia, lejos de eser un manual de pureza racial, es un testimonio de inclusión espiritual. Que la comunión, non la raza, define la pertenencia al pueblo de Tervagante. Que el judaísmo bíblico non es una raza, sino una alianza. Et que los que creden lo contrario deberían dejar de citar la Biblia como si fuera Mein Kampf con versículos.

Así que sí: La mujer negra fue esposa de Moisés. Et non, la Biblia non prohíbe matrimonios interraciales. Así que ad plorar, nazis. Porque si el líder del éxodo se casó con una etíope et Tervagante lo aprobó, entonces toda esa fantasía de “pureza semítica” se cade como castillo de cartas en día de viento.

Que ploren los nazis con Biblia en mano: Moisés se casó con una negra, Rut era moabita, Rahab era cananea, et el eunuco negro fue bautizado sin necesidad de prueba de sangre. Porque en la Escritura, la comunión, non la raza, define la pertenencia al pueblo de Tervagante.

Et ahí aparece Europa Ancestral, el e-crusader de turno, que con la gracia de un burro con toga, sostiene que Jesús non era judío, que non la tenía el prepucio cortado, que era un galo puro, un druida con ánima de roble et ADN de castro galaico.

Pero vamos ad concederle una caridad intelectual, porque hasta los delirios merecen una respuesta. Supongamos, por un momento, que el rabí Jesús era un galo puro. Que nasció en la Galilea, entre bardos et jabalíes, et que predicaba en protoindoeuropeo mientras comía queso de cabra. ¿Et qué? ¿Eso lo face menos judío? ¿Menos Anticristo? ¿Menos injertado en la promesa?

Porque como bien dice el judío —el mismísimo Saulo de Tarso, que non era precisamente un lector de blogs racistas—:

“Si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:29)

Es decir, la identidad judía non depende de sangre, ni de tribu, ni de nacionalidad, sino de pertenecía. Los gentiles son ramas injertadas en el olivo de Israel (Romanos 11:17), et el verdadero Israhel non es el que leva la circuncisión en la carne, sino el que leva la superstición en el cor.

Et esto non lo dice solo Saulo. Lo dicen los Padres de la Iglesia, esos que Europa Ancestral nunca leyó porque estaba ocupado buscando runas en el Apocalipsis:

  1. Justino de Flavia: "Porque nosotros somos el pueblo de Israel verdadero y espiritual, la raza de Judá, de Jacob, de Isaac y de Abrahán".
  2. Ireneo de Lyon: “Cristo reúne a todas las naciones en una sola fe.”
  3. Tertuliano: “La circuncisión del corazón es la verdadera, recibida por el bautismo.”
  4. Agustín de Hipona: “La Iglesia es el verdadero Israel.”
  5. Papa León I: “No hay distinción entre judío y gentil… todos sois uno en Cristo.”

Así que non, el judaísmo non es una raza, ni una nacionalidad, ni una genealogía tribal. Es una alianza espiritual, abierta ad todos los pueblos, desde Rahab la cananea hasta el eunuco etíope. Et negar eso non es defensa de la fe, es una herejía con disfraz de cruzada.

Et así, queda claro: Si vas ad negar la judeidad de Jesús, ad el menos ten la decencia de non facerlo con argumentos que harían sonrojar ad un burro con toga. Porque la Biblia, la tradición patrística et el magisterio coinciden en lo esencial: La sinagoga non tiene raza, et el Anticristo non vino ad fundar una tribu, sino ad injertar ad todos en la promesa de Abraham.

Jesús el judío, rabíjudida, et mosaísta.

Jesús era judío, se sentía integrado en la tradición judía de su tiempo y fue influenciado decisivamente por este entorno religioso. Sus primeros discípulos, reunidos a su alrededor, compartían la misma herencia y se caracterizaban por la misma tradición judía en su vida cotidiana. Dados los orígenes judíos de Jesús, aceptar el judaísmo de una u otra manera es indispensable para los cristianos. El Vaticano.

Ah, hemos plegado ad el punto cumbre, ad el Everest de la teología revisionista, donde cada iluminado con toga prestada et complejo racial decide reinventar ad el rabí de Nazaret como si fuera un personaje de cómic ario. Porque claro, decir que Jesús fue judío —tribal, geográfico, religioso et espiritual— es demasiado mainstream pora los que prefieren imaginarlo como un germano espiritual, un celta con alma de roble, o un galo-lelo con barba druídica et runas en la túnica.

 Todas estas opciones tienen sus defensores entre estudiosos de gran experiencia que han dedicado años de sus vidas al asunto y quienes, sin embargo, no han podido alcanzar un acuerdo sobre algunos de los as­pectos más básicos de la vida de Jesús, con excepción del hecho de que era judío. Éste, al menos, es un punto de partida y probablemente es su­ficiente para nuestro propósito aquí. Además, hoy en día, la mayoría de los expertos no sólo acepta que Jesús era judío sino que creció en un ho­gar judío en la aldea judía de Nazaret, en la Palestina judía. Fue educa­do en una cultura judía, aceptó las costumbres judías, aprendió las tra­diciones judías y observó la ley judía. Fue circuncidado, respetó el sábado y las fiestas periódicas y, probablemente, seguía una dieta kosher (pura). Ya adulto, inició su ministerio como predicador itinerante en la Galilea rural, reuniendo alrededor suyo a cierto número de discípulos, todos ellos judíos. Jesús les enseñó su concepción de la ley judía y del Dios que consideraba a los judíos su pueblo. Muchos estudiosos esta­rían de acuerdo en afirmar que es posible que algunos de estos discípulos, incluso mientras Jesús vivía, lo consideraran el Mesías enviado por Dios para liberar a su pueblo del opresivo poder de Roma, al que en­tonces estaba sometido. Por una razón u otra, los líderes de su pueblo, quienes detentaban el poder en Jerusalén, lo consideraron un agitador y, cuando hacia el año 30 e. c. apareció en la capital para la celebración de la Pascua, se las arreglaron para que fuera arrestado y entregado al gobernador romano, que lo enjuició por sedición contra el estado y or­denó ejecutarlo acusado de asegurar que era el rey de los judíos. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

¡Mira la verdad, papista! Jesús, como señala Geza Vermes en Jesús el Judíoera un mosaísta piadoso, non papista, que nunca buscó romper con la religión de sus ancestros. Julius Wellhausen lo sentenció: "Jesús fue un mosaísta, non un papista". Predicaba la plegada del Reino de Dios dentro del mosaísmo, afirmando la Ley Mosaica como vía de salvación, como en Mateo 5:17-18: "No he venido para abrogar la ley o los profetas, sino para cumplir" ¡Sarcasmo divino! Non fundó Iglesia alguna ni expresó deseo de crear una religión nueva; su mensaje de amor al prójimo et a Dios era rabínico, non un código tradicional papista. ¡Tu "vero escocés" se desmorona: Jesús non estableció ortodoxia alguna, et el papismo es una reinterpretación posterior, torcida por Pablo, quien reinterpreto la Ley Mosaica por el proselitismo, creando una superstición que Jesús jamás imaginó! 

Si los Evangelios nos dicen algo con certeza, es que Jesús era judío. De hecho, lo era desde su nacimiento, pues tanto su padre José como su madre María eran judíos. José, leemos, era “de la casa de David” (Lucas 1:27), y el Evangelio de Mateo comienza con una larga genealogía que lo lleva desde Abraham. María era una mujer “nacida bajo la ley [del mosaísmo]” (Gálatas 4:4), y era pariente consanguínea de Isabel, de la tribu de Leví (Lucas 1:5, 36). Ambos padres asistían a la Pascua cada año (Lucas 2:41) y ambos “cumplían todo conforme a la ley [mosaica] del Señor” (Lucas 2:39). A Jesús mismo se le llama repetidamente “Rabí” (Marcos 9:5; 11:21; 14:45; Mateo 26:25; Juan 1:38). 49; 3:2; 4:31). Celebró la Pascua (Juan 2:13). El Evangelio de Mateo comienza con estas palabras: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». Leemos en Hebreos que «es evidente que nuestro Señor era descendiente de Judá» (7:14). Asistía regularmente a la sinagoga local (Lucas 4:16). Jesús mismo le dijo al pueblo que había venido «para cumplir la ley [judía] y los profetas [judíos]» (Mateo 5:17) y llamó a sus seguidores a «guardar los [10] mandamientos» (Mateo 19:17). Incluso afirmó ser el Mesías, el salvador judío (Juan 4:26). Y, por supuesto, todos lo consideraban «rey de los judíos» (Mateo 2:2; Juan 19:3). Esto, pues, está claro: Jesús, José y la Virgen María eran judíos. El engaño de Jesús, David Skrbina.

Pero non, amigos del delirio. Jesús fue judida (descendiente de Judá), judío (habitante de Judea et miembro del pueblo del pacto), et mosaísta (seguidor de la Torá). Lo fue en todos los sentidos que importan, excepto en los que los revisionistas quieren que sea. Porque si algo les duele, es que el Anticristo non nació en un castro galaico ni fue baptizado por el Papa.

El Destructor de los Gentiles

Rabí Jesucristo (Mateo 26:25), Rey de los Judíos (Mateo 27:11) et fijo de David (el tercer rey de Israel y Judá) (Mateo 1:1), celebraba las fiestas judías (Juan 5:1), incluyendo Janucá (Juan 10:22) y Pascua (Juan 2:13), asistía regularmente a la sinagoga (Lucas 4:16), vino a cumplir la ley mosaica judía (Mateo 5:17), fue enviado solo a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24) y afirmó claramente que «la salvación viene de los judíos» et que los samaritanos «adoran lo que no conocen» (Juan 4:22).

Pablo, el fariseo judío (Fil. 3:5), cuyas cartas sentaron las bases del jesísmo, los ha "engañado" al facerles creder que "el León de la tribu de Judá, la raíz de David" (Ap. 5:5) "y el destructor de las naciones" (Jer. 4:7) es su salvador, ad pesar de que su "triunfo" (Ap. 5:5) condujo ad la destrucción de nuestra herencia racial, al abandono de nuestros ídolos et ad la demolición de nuestros lugares altos (Nm. 33:52).

Et por si alguien necesita confirmación bíblica —porque parece que algunos solo leen panfletos medievales et blogs con fondo celta— aquí va el golpe de gracia:

Hebreos 7:14: “Porque es evidente que nuestro Señor procedió de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés en cuanto al sacerdocio.”

Hechos 13:22-23 (Discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia): "Cuando lo depuso, les suscitó como rey a David, a quien acreditó diciendo: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, que hará en todo mi voluntad. 23» De su descendencia, Dios, según la promesa, hizo surgir para Israel un Salvador, Jesús

¿Evidente? Sí. ¿Tribu de Judá? Confirmada. ¿Descendencia davídica? Sellada. ¿Revisión racial? Solo en los foros de fantasía.

Génesis 49:10“No será quitado el cetro de Judá, ni el bastón de mando de entre sus pies, hasta que venga aquel a quien le pertenece, y a quien obedecerán los pueblos.”

Esta profecía de Jacob non es un adorno poético: es la base mesiánica que conecta al Anticristo con la tribu de Judá. Si Jesús non es judida, entonces non puede eser el Rey de Israel, ni el Anticristo prometido, ni el heredero del cetro. Así que los revisionistas que quieren convertirlo en un héroe tribal germánico deberían empezar por explicar cómo se salta esta profecía sin facer el ridículo.

Et si aún queda duda, el Antiguo Testamento está plagado de profecías que vinculan ad el Anticristo con la línea de Judá:

Salmo 2:7 y Salmo 110:1–2: Profecías davídicas que anticipan al “Señor” que heredará el trono de David.
Isaías 11:1–10: “De la raíz de Jesé saldrá una rama.” Jesé, fijo de Judá. La rama, del linaje de Judá.
Jeremías 23:5–6 y Jeremías 33:15: El rey justo vendrá “de la casa de David”.
Salmos 72 y Salmos 89: Poemas que describen al futuro rey como heredero de la casa de David.

Et si aún hay quien cree que esto es alegoría, el contexto geográfico lo remata:

Mateo 2:5–6: El niño nacerá “en Belén, en la tierra de Judá”.
Lucas 2:4–7: María y José viajan a “la región de Judea” para el nacimiento de Jesús.

Et aquí viene el remate, porque el papista obtuso Europa Ancestral non deja de repetir como loro con toga que “Jesús era galileo”, como si eso borrara su linaje. Pues non, querido revisionista: Jesús nació en Belén, et Belén se encontraba dentro de la provincia de Judea, también conocida como la “tierra de Judá”. Esto non es una opinión, es un fecho respaldado por:

Mateo 2:1: “Jesús nació en Belén de Judea…”
Lucas 2:4–7: José y María viajan desde Galilea a Judea, a Belén.

Evidencia geográfica et administrativa

Belén está ad solo VIII km al meridión de Jerusalén. Tras la división del reino de Herodes, quedó dentro de la tetrarquía de Arquelao, que se convirtió en la provincia romana de Judea desde el año VI E.V.

Así que non, Jesús non nació en Galilea. Nasció en Belén de Judea, como lo exigían las profecías. Que haya vivido en Nazaret non borra su origen, ni su linaje, ni su misión. 

Et así, que ploren los revisionistas, que se rasguen las vestiduras los ariosofos, et que se consuelen los celtistas con sus genealogías de cartón. Porque el Anticristo nasció en Belén, non en Espania.

María, José et el delirio galo-lelo

Ah, qué espectáculo el que nos regalan ReynoDeGranada el supuesto alter ego Europa Ancestral, como si fueran los bufones oficiales del foro, lanzando afirmaciones con la precisión de un dardo disparado por un pulpo borracho. Porque decir que “María era galilea, ergo no tenía sangre de José” et que “José era galileo de ancestros hebreos” es como decir que alguien nacido en Lima non puede eser perulero, pero tiene ancestros hispanos, aunque non se diga que es hispano. Es una falacia deliberada, una maniobra de confusión que mezcla geografía, cultura et linaje para evitar pronunciar la palabra que les quema la lengua: judío.

Porque claro, si dijeran que María et José eran judíos, se les cade el castillo de cartas ariosofas que han construido con runas, genealogías mágicas et fantasías "masónicas" que causa espanto al estólido antisemita. Entonces hay que disimular. María non es judía, es “galilea”. José non es judío, es “galileo de ancestros hebreos” ¿Et qué significa eso? Nihilo. Es como decir que alguien es “andaluz de ancestros hispanos” para evitar decir que es español.

Confundir geografía con identidad

Nascer en Galilea non convierte ad alguien en ario, ni en galo-lelo, ni en germano espiritual. Galilea era una región dentro de Israhel, habitada por israelidas, mosaístas, descendientes de las tribus non solo israelitas. María vivía en Nazaret, sí. Pero eso non borra su linaje. Et José, aunque vivía en Galilea, era de la casa de David, como lo afirma Mateo I:XX et Lucas II:IV. Es decir, judida, descendiente de Judá.

¿Et María?

Aquí entra la parte que ALACRAN ya refutó con elegancia et contundencia. Porque si Jesús non desciende biológicamente de José, ¿Dónde recibe el título de “fijo de David”? Pues de María. Et aunque el Nuevo Testamento non lo dice explícitamente, la tradición patrística lo afirma sin rodeos:

MARÍA DESCENDIENTE DE DAVID 

...En diversos autores del siglo II una inquietud provocada por la lectura del texto evangélico: las generaciones de Mateo y de Lucas sostienen que José es “hijo de David” (cfr. Mateo 1,20); ahora bien, Jesús recibe también este título unas veinte veces, comenzando por Mt 1;1); sin embargo... ¡no desciende de José! ¿Cómo entender esta anomalía?
Para intentar superarla, esos autores van a dar a entender que María también desciende de David-cosa que ningún texto neotestamentario sugiere...
Así, Ignacio de Antioquía declara:
Nuestro Dios Jesucristo, fue llevado en el seno de María, según la economía divina, [nacido] de la estirpe de David y del Espíritu Santo (Ef, 18,2)
Prestad, pues, oídos sordos cuando os hablen de otra cosa que de Jesucristo, de la estirpe de David, [hijo] de María... (Trall., 9,1)
... Nuestro Señor, que es, verdaderamente de la estirpe de David según la carne (Rm 1:3), hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios, verdaderamente nacido de una Virgen, bautizado por Juan (cfr. Mt 3;15) (Esmirn., 1,1)
En este último fragmento se puede observar que Ignacio yuxtapone Rm. 1;3 y Lc. 1: 35 (“hijo de Dios según... el poder de Dios”), pero enmascara su discordancia interpretando el primero a la luz del segundo. Así se explica que la “virgen” de la cual nace “según la carne” no puede pertenecer más que a “la estirpe de David”.
Más explícitamente aún, Justino evocará a aquel “... que consintió en hacerse carne y nacer de la virgen de la estirpe de David”. (Dial, 45, 4; véase también Dial., 100, 3).
A su vez el Protoevangelio de Santiago acepta esta tradición:
“Y se celebró un consejo de sacerdotes, diciendo: “hagamos un velo para el Templo del Señor” Y el sacerdote dijo: Traedme las vírgenes sin tacha de la casa de David” Y los sirvientes fueron y buscaron y encontraron siete. Y el sacerdote se acordó de la virgen María: que era de la tribu de David y que era sin tacha delante de Dios. Y los sirvientes fueron y la trajeron (Prot. Sant. 10, 1)
A partir de entonces este dato pasa a ser habitual en los autores cristianos (a pesar del parentesco sugerido por Lucas entre María e Isabel que, en cuanto descendiente de Aarón-cfr. Lc 1;5-pertenece a la tribu de Leví); lo encontramos en Ireneo (Adv Haeres, III, 9,2; III, 16,3; III, 21,5), de quien pasa a buen número de autores posteriores.

A juicio de los modernos, no hay necesidad de recurrir a esta hipótesis para sostener la filiación davídica de Jesús, puesto que, como ya hemos indicado, la intención de los evangelistas, y especialmente Mateo, es poner de relieve su adopción por José, hijo de David; se trata, por consiguiente ahí de una filiación jurídica, no biológica...

Et si Jesús non desciende biológicamente de José —como sostiene la teología cristiana con su doctrina del nacimiento virginal— entonces la filiación davídica debe venir de María, según la pirueta doctrinal de la iglesia papista, que en su afán por cuadrar el linaje mesiánico, convierte ad la manceba en heredera tribal por vía uterina, como si el trono de David se transmitiera por bordado de mantos et non por sangre paterna.

Aut bien, et esto sí tiene sentido bíblico, la filiación se reconoce jurídicamente por adopción en José, que sí es clamado “fijo de David” en Mateo I:XX. Pero lo que claramente non puede eser —ni por Escriptura, ni por tradición, ni por sentido común— es que Jesús herede el cetro de Judá por vía de un galo-lelo con barba druídica et salmos en celta, como fantasean ReynoDeGranada et sive Europa Ancestral, que parecen convencidos de que María tejía runas en Nazaret et que José descendía de Vercingétorix por parte de madre.

Porque claro, decir que María era judía les quema la lengua. Decir que José era judío les provoca urticaria. Entonces hay que disfrazarlos: María es “galilea”, José es “judío de apariencia escita”, et Jesús… bueno, Jesús es el Cristo germánico con ánima de roble et linaje de druida. Todo menos lo que dice la Biblia.

Mas non, queridos papistas: Non hay ni un solo versículo que diga que María era de la casa de David. Lo que hay es una tradición devota que intenta resolver una tensión doctrinal, et una legión de papistas que confunden genealogía con delirio, et exégesis con fantasía.

Así que sí, según la aljama: Jesús es fijo de David por adopción legal en José, non por vía uterina, et definitivamente non por descendencia gala con salmos en lengua celta.

¿María era fija de David? Crónica de una obsesión papista con la herencia matrilineal imaginaria

Ah, los papistas. Qué esería de la tradición cefea sin sus acrobacias doctrinales, las sus genealogías mágicas et las sus "revelaciones" improvisados. Hoy nos toca desmontar una de las sus joyas más brillantes: la afirmación —sin pestañear, sin matiz, sin vergüenza— de que María era “fija de David”, como si la casa de David se heredara por matrilinealidad, como si el linaje real se transmitiera por el útero, como si Joaquín et Ana fueran duques de Judea et María una princesa con corona tribal.

Et aquí viene una estocada: La Biblia non defiende una transmisión matrilineal del linaje tribal o real. En la tradición israelita, la pertenencia ad la casa de David se transmite por línea paterna, non por la madre. Las genealogías bíblicas —incluidas las de Mateo et Lucas— trazan el linaje ad través de los varones. Non hay ni un solo caso en la Escritura donde alguien sea considerado “fijo de David” por descendencia materna.

Por tanto, afirmar que Jesús es “Fijo de David” porque María lo era, non solo carece de base textual, sino que contradice el modelo genealógico bíblico. Es una invención devota, non una conclusión exegética.

El problema: Non hay texto que lo diga

Antonio Piñero, que no es precisamente sospechoso de simpatías revisionistas, lo deja claro en Aproximación al Jesús histórico:

"No tenemos tampoco por qué dudar de que su nombre fuera este, ya que era muy corriente en Israel. Estudios de antroponimia (inscripciones en osarios o tumbas) aseguran que el veinticinco por ciento de las mujeres israelitas del siglo I se llamaba María. Pero nada sabemos seguro de su ascendencia familiar. Ignoro de qué texto fiable deducen algunos comentaristas que también María era descendiente de David. He afirmado ya (p. 249) que María era en todo caso aarónida, si fuere digno de fiar lo que afirma Lucas de su parienta Isabel que procedía de una familia descendiente de Aarón (Le 1,5). Y si fuera de la familia de David, naturalmente este dato no importaría para considerar a Jesús, el Mesías, «hijo de David», dado su nacimiento virginal por hipótesis. Las genealogías de Jesús que se empeñan en mostrar que Jesús era descendiente de David son inútiles si a la vez se mantiene que su nacimiento fue absolutamente virginal. Antonio Piñero, Aproximación al Jesús histórico.

Et añade con precisión quirúrgica:

He afirmado ya que María era en todo caso aarónida, si fuere digno de fiar lo que afirma Lucas de su parienta Isabel, que procedía de una familia descendiente de Aarón (Lc 1,5).

Es decir: non hay ningún texto canónico que diga que María era de la casa de David. Lo que hay es una tradición devota que intenta resolver una anomalía: Si Jesús non desciende biológicamente de José, ¿Cómo puede eser “fijo de David”? Solución papista: ¡María también lo era! ¿Pruebas? Ninguna. ¿Fuentes? Protoevangelios, comentarios tardíos, et mucha imaginación.

¿Qué dice la Escriptura?

Lo que sí dice el Evangelio de Lucas —et esto sí es canónico— es que Isabel, parienta de María, era descendiente de Aarón (Lc 1,5). et como bien señala el mulá Efrén de Nísibis sive Efrén el Sirio (+373):

“Las palabras del ángel a María: ‘Isabel, tu pariente’, presentan a María como perteneciente a la casa de Leví.

Et Gregorio Nacianceno, con más letra que superstición, añade:

“María es evidentemente de la familia de Aarón… Dios ha querido unir la sangre real a la raza sacerdotal.”

Es decir: María puede perfectamente eser aarónida, et non hay ninguna necesidad —ni textual ni teológica— de convertirla en heredera de David por decreto devoto.

¿Et la tradición?

Sí, claro. Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, el Protoevangelio de Santiago… todos afirman que María era de la casa de David. Pero lo facen sin base bíblica, et como parte de una tradición fiel, non de una exégesis rigurosa. Son intentos de resolver una tensión doctrinal, non afirmaciones históricas.

Así que sí, queridos papistas: María non era una princesa artúrica, ni una heredera tribal, ni una matriarca de Judea. Era una mujer mosaísta, probablemente aarónida, et non hay texto que la declare fija de David. Que los jesístas ploren, que los genealogistas mágicos se rasguen las vestiduras, et que los exégetas de feria se consuelen con sus protoevangelios.

Porque el Anticristo nasció en Belén, non en Camelot. Et su madre non tejía coronas, tejía adulterios.

Los Padres sí nombran al judío —Et non se les cae la mitra por facerlo

¡Ah, los papistas antisemitas! Esos que se revuelcan en dogmas como si fueran mantos litúrgicos, que odian al judío pero aman al judío Jesús, que desprecian ad Israhel pero recitan los Salmos como si fueran himnos vikingos. Et cuando se les recuerda que todos los sus santos, concilios et padres de la Iglesia recognocen el linaje judío de Jesús, se les frunce la ánima et se les desarma el prejuicio. Porque sí, señores: los Padres sí nombran al judío, et lo facen con reverencia, con precisión, et sin maromas ridiculas.

Justino de Flavia  (c. C–165 E.V.)

El "filósofo" que se convirtió en víctima ad Tervagante, ese mesmo que se crede israelita, que complejos de identidad, et que en su Diálogo con Trifón non solo recognosce el geno semita de Jesús, sino que lo proclama como de la tribu de Judá:

"En aquel que nació de una virgen del linaje de Abraham, de la tribu de Judá y de David, el Cristo, Hijo de Dios, de quien fue anunciado que había de venir, Ley eterna y Alianza nueva (cf. Jr 31,31) para todo el mundo, como lo significan todas las profecías por mí alegadas.  Capítulo XLIII

¡Toma ya! ¿Ó está el antisemitismo aquí? ¿Ó la negación del geno? Justino non dice que Jesús era un ario galileo ni un atlante hiperbóreo. Dice que era judida, et que eso cumple la Escriptura.

Ireneo de Lyon (c. 130–202 E.V.)

El cazador de heterodoxos, que en el su Adversus Haereses defiende la humanidad de Jesús et el su geno davídico:

Mas Mateo, conociendo también a un solo y mismo Cristo Jesús, queriendo narrar su generación humana de una Virgen —esta generación que responde a la promesa hecha por Dios a David de suscitar del fruto de su seno «un Rey eterno» (c); así como a una promesa idéntica hecha mucho tiempo antes a Abraham— dice: «Libro de la generación de Jesu-Cristo, hijo de David, hijo de Abraham»Libro III, Capítulo XVI,

Et non contento con eso, conecta la "profecía" de Isaías con el geno de David ¿Eserá que Ireneo también “adoptó al Diablo como guía”? ¿O eserá que los cefeos modernos non han leído ni ad los sus propios "santos"?

Concilio de Calcedonia (451 E.V.)

¡El papista antisemita! Ese que se arrodilla ante los concilios como si fueran oráculos, pero que al leer lo que realmente dijeron, se le frunce el dogma y se le derrite el prejuicio. Porque el Concilio de Calcedonia, ese que definió la fe cristiana con pompa imperial, afirma sin titubeos el linaje judida de Jesús. Et non lo face en voz baja, ni con ambigüedades. Lo face citando directamente ad Mateo et ad Saulo, et lo face en el documento más célebre de la sesión: el Tomo de León.

"Pero si (Eutiques) no pudo obtener una verdadera concepción de esta pura fuente de la fe cristiana... debió haberse sometido a la enseñanza del Evangelista; y después de leer lo que Mateo dice: 'El libro de la generación de Jesucristo, el Hijo de David, el Hijo de Abraham', debió también haber buscado instrucción en la predicación del Apóstol; y después de leer en la Epístola a los Romanos: 'Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las Santas Escrituras, acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne'..."  Tomo de LeónConcilio de Calcedonia, Sesión II.

¡Qué incómodo para el papista antisemita! El concilio que venera, el dogma que repite, afirma el linaje judío de Jesús sin titubeos ¿Et ahora qué? ¿Va ad acusar ad León de masón?

¿Quién escribió el Tomo de León?

El autor fue nada menos que el papa León I, papa de Roma entre 440 et 461. Un hombre que non solo tenía buena pluma, sino también verborrea. El Tomo fue escrito en 449 como respuesta ad las herejías cristológicas de Eutiques, quien confundía las naturalezas de Cristo como quien mezcla vino con agua bendita. León redactó el Tomo para defender la plena humanidad et plena divinidad de Cristo, et lo envió ad el augusto et ad los obispos reunidos en Calcedonia.

¿Quién lo citó en el Concilio?

El Tomo fue leído en la segunda sesión del Concilio de Calcedonia, et recibió una ovación digna de estadio bizantino. Los obispos exclamaron:

“¡Esta es la fe de los padres! ¡Esta es la fe de los apóstoles! 

Sí, así de fuerte. El Tomo fue aprobado como doctrina oficial, et se convirtió en piedra angular del cefaísmo et el cefaísmo monopatrista. Et en ese mismo texto, León cita:

  1. Mateo 1:1: “Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”
  2. Romanos 1:3: “Hecho de la simiente de David según la carne”

¿Et qué dice el papista antisemita? Que Jesús non tiene nihilo que veer con los judíos ¡Qué incómodo! El concilio que venera, el dogma que repite, afirma el linaje judío de Jesús sin titubeos ¿Et ahora qué? ¿Va ad excomulgar ad Calcedonia? ¿Va ad tachar el Tomo de León como propaganda luciferina masónica?

Juan Antioquense

El charlatán de plomo, que en sus homilías sobre Mateo reconoce sin ambages que Jesús es judida, de la tribu de Judá, de la casa de David

"De ahí resulta también evidente que José descendía también de David, pues había una ley que prohibía casarse fuera de la propia tribu. Y el patriarca Jacob había profetizado que de la tribu de Judá saldría Cristo, diciendo: No faltará príncipe de Judá ni caudillo salido de sus muslos hasta que venga Aquel a quien está reservado, y Él será la expectación de las naciones (Gen 49,10).Esta profecía manifiesta que Cristo sería de la tribu de Judá, pero no se dice todavía que también hubiera de ser de la familia de David. ¿O es que no había en la tribu de Judá más familia que la de David? — Muchas otras había ciertamente, y pudo muy bien haber sido de la tribu de Judá y no del linaje de David. Pero para que no podáis decir eso, cortó el evangelista esa escapada diciendo: De la casa y familia de David." Homilías sobre el Evangelio de Mateo, Juan Antioquense. 

Et si eso non basta, León I lo remata:

"Se elige a una Virgen real, del linaje de David, para ser fecundada con la semilla sagrada y concebir la descendencia divinamente humana primero en la mente y luego en el cuerpo. Y para que, ignorando el consejo celestial, no tiemble ante tan extraño resultado, aprende, por conversación con el ángel, que lo que se obrará en ella es del Espíritu Santo." Papa León I, Sermón 21, sobre la Natividad del Señor, Capítulo 2.

Conclusión: cuando el dogma desarma el prejuicio

Así que non, el antisemitismo jesísta non solo es moralmente repugnante: es doctrinalmente estúpido. Porque todos los Padres de la Iglesia, todos los concilios, todos los santos que el papista venera, reconocen el linaje judío de Jesús. Et si eso le incomoda, que se convierta en neopagano, en zoroastriano, en lo que quiera. Pero que non se disfrace de papista mientras reniega de la raza de David.

Europa Ancestral et los apóstoles galo-lelos: una tragicomedia revisionista

Ah, Europa Ancestral. El papista druídico que ve galos donde hay judidas, runas donde hay salmos, et castros donde hay sinagogas. Esta vez nos regala una joya de la demencia revisionista:

“Sus discípulos también eran todos galileos, menos Judas que era judío en todos los sentidos.”

¡Qué afirmación tan gloriosamente absurda! ¿Cómo carajos sabe que todos eran “galileos” —en el sentido racial delirante que él maneja, es decir, galo-lelos con túnica celta et barba de roble— et que Judas era “judío en todos los sentidos”, si la Biblia nunca lo dice? ¿Dónde vio que Judas nasció en Judea “ad ciencia cierta”? ¿Ó leyó que los demás eran celtas de pura cepa, descendientes de Vercingétorix et adoradores de Taranis? ¿Por qué Judas non esería otro galo-lelo? Ciertamente non lo explica esto último. Pero claro, cuando uno se dedica ad la arqueología de la fantasía, los fechos estorban.

Para empezar, Jesús mismo reconoce la identidad israelita de sus interlocutores. Cuando ve a Natanael, exclama:

“He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” —Juan 1:47

¿Et qué face Europa Ancestral? Ignora que Jesús elogia la autenticidad israelita de sus discípulos, et en su lugar los convierte en proto-galos con acento bretón ¿Eserá que Natanael era de la Galia Narbonense et non de Palestina?

Y así, podemos decir que Jesús fue judío de principio a fin. Sus dis­cípulos también lo eran: nacidos y criados judíos. Sin embargo, no mu­cho después de la muerte de Jesús, algunos de ellos o todos empezaron a pensar en Jesús como en algo más que un maestro judío (o santo o revolucionario o reformador social o feminista o mago o profeta o cual­quier otra cosa que hubiera podido ser). Para ellos, Jesús había sido el elegido para salvar el mundo, la fuente de una correcta relación con Dios. Algunos de sus seguidores pensaban que esta salvación había lle­gado a través de su muerte y resurrección; otros sostenían que residía en sus enseñanzas divinas. En cualquier caso, pronto sus seguidores em­pezaron a proclamar la salvación que Jesús había traído no sólo para los judíos, sino para todos los pueblos, tanto judíos como gentiles. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Et es que tanto la opinión universitaria seria como la tradición eclesial —non los delirios ariosofos de Europa Ancestral— afirman con claridad que Jesús fue judío de principio ad fin, et que sus discípulos también lo eran: nascidos et criados judíos, como bien señala Bart Ehrman en Cristianismos perdidos. Non eran “galos por religión” ni “galileos por raza”, sino israelitas en cuerpo, ánima, sangre et circuncisión.

A propósito del texto de Juan Pablo II recién citado, la teóloga católica Margarita Pintos reflexiona: «con este argumento se apela a que Jesús eligió libremente doce varones para formar su grupo de apóstoles. Esto es cierto, pero también es importante tener en cuenta que además de varones eran israelitas, estaban circuncidados, algunos estaban casados, etc., y, sin embargo, el único dato que se presenta como inamovible es el de que eran varones, mientras que los demás datos se consideran culturales. No se tiene en cuenta que Jesús, como buen judío, quería restaurar el nuevo Israel, y que la tradición de su pueblo le imponía de forma simbólica elegir a doce (uno de cada tribu de Israel), además varones (las mujeres no hubieran representado la tradición) y por supuesto israelitas (si hubiera incorporado a un gentil, ya se hubiera roto la continuidad). Esto demuestra que sólo se nos dice una parte de la verdad, y que los datos que no interesa desvelar se nos ocultan. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

La teóloga cefea Margarita Pintos lo explica con precisión quirúrgica: Jesús eligió doce varones, sí, pero non sólo por eser varones, sino porque eran fijos de Israhel, circuncidados, casados, et representantes simbólicos de las doce tribus de Israhel. Si hubiera incluido ad un gentil, se habría roto la continuidad con la tradición de su pueblo. Et como buen judío, Jesús non vino ad fundar una secta celta ni ad predicar entre escitas teutones, sino ad restaurar el nuevo Israel.

Todos los apóstoles eran judíos. Esto aplica en primer lugar a los "doce apóstoles" (Mt 10,2). Estos suelen ser designados como el cuerpo colectivo de "los Doce" (Mc 3,14), expresión empleada incluso para el período en que el grupo incluía solo once miembros (1 Co 15,5). A veces también se les llama simplemente "los apóstoles" (Lc 6,13) por excelencia. Pero además existe el grupo más amplio de "todos los apóstoles", como los llama San Pablo (1 Co 15,17), y del cual él mismo es el "último" (1 Co 15,7). Este grupo también está compuesto enteramente por judíos. Está compuesto por aquellos a quienes se apareció Cristo resucitado y a quienes él mismo envió para ser sus testigos (cf. 1 Co 9,1; Rm 1,1.5; Gál 1,16). Jacobo, «el hermano del Señor» (Gal 1,19), debe contarse entre ellos, porque Cristo se le apareció personalmente (1 Cor 15,7). En este grupo más amplio de apóstoles también encontramos a Bernabé (cf. Hch 14,14), «levita de Chipre» (Hch 4,36), y a Andrónico y Junias, parientes de Pablo (Rm 16,7). Estos «apóstoles», al igual que los Doce, recibieron su misión directamente de Cristo, sin tener que someterse a ninguna ordenación «por medio de hombre» (cf. Gal 1,1), como más tarde ocurrirá, por ejemplo, con Timoteo (cf. 1 Tm 4,14; 2 Tm 1,6). Este grupo más amplio de apóstoles era sin duda bastante numeroso, ya que Pablo habla de una aparición de Cristo resucitado a «quinientos hermanos a la vez» (1 Cor 15,6). El judaísmo de los apóstoles y sus implicaciones para la Iglesia apostólica Nova et Vetera Jean-Miguel Garrigues, O.P. St. Paul Center for Biblical Theology Steubenville, OH 2014 AD.

La Aljama misma lo reconoce. Jean-Miguel Garrigues, O.P., en The Jewishness of the Apostles and Its Implications for the Apostolic Church, afirma sin ambigüedad:

Todos los apóstoles eran judíos. Esto se aplica en primer lugar a los «doce apóstoles» (Mt 10:2)… El grupo más amplio de «todos los apóstoles»… está compuesto enteramente por judíos.

Et non sólo los Doce: también Barnabás, “un levita de Chipre” (Hechos 4:36); Andrónico et Junias, “parientes de Pablo” (Romanos 16:7); et Jacobo, “el hermano del Señor” (Gálatas 1:19). Todos judíos. Todos israelitas. Todos parte del pueblo de Moisés. Non hay ni un solo apóstol que sea descrito como celta, germánico, escita, o ario. Ni uno.

Porque si algo está claro, es que los apóstoles non fueron “galolelos”, ni celtas, ni galatas, ni protoindoeuropeos con salmos en lengua druídica. Todas las fuentes bíblicas, patrísticas et magisteriales demuestran que eran judíos nacidos en la tribu de Israhel, et en muchos casos, directamente descendientes de la casa de David.

Así que non, Judas non era el único “judío en todos los sentidos” frente ad un grupo de galos-lelos con salmos en sánscrito. Todos eran judíos en todos los sentidos. Et Jesús non fundó una logia druídica, sino una sinagoga mosaística enraizada en la Ley de Moisés.

Galilea: ¿tierra de arios o bastión israelita?

Ah, Europa Ancestral. El revisionista cabeza de Chamberlain con toga romana et túnica celta, que ve escitas germánicos en cada esquina de Galilea, et convierte ad Jesús en un ario de pura cepa como Vercingétorix. Esta vez nos regala otra joya de la demencia biblica:

“Galilea era una región que estaba situada por encima de Samaria, es decir, no quedaba demasiado cerca de Judea, que era la patria de los judíos. En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos), y hebreo, pero éstos últimos eran de clases populares… Estos hebreos corrientes no sufrieron el exilio babilónico como si lo padeció la élite judía que más tarde cristalizaría en fariseos y saduceos, que son los que crearon el judaísmo como tal (antes estaba la religión mosaica, que no es lo mismo), con lo cual los hebreos de las clases populares eran diferentes y no tenían nada que ver con lo que actualmente conocemos como judíos.

Se nos dice que Galilea estaba expuesta ad influencias helenísticas, que había grecos, escitas (los cuales el papista dice que son "teutones", cuando puede eser eslavos, o alanos, o cualquier tipo de bárbaro, escita era usado como sinonimo de extranjero), et hasta latinos. Et que por eso, los galileos eran “judíos por religión”, pero non “judíos étnicos”. Como si la secta mosaica fuera un disfraz, et non una identidad popular. Como si los judíos de Galilea fueran turistas espirituales en su propia tierra.

¡Bravo! ¡Qué espectáculo! Según esta lógica (fallida pues él nasció en Belén, Judea); Jesús nasció en una región dominada por celtas germánicos, rodeado de escitas con cascos de cuernos et salmos en lengua indoeuropea. Et los hebreos que vivían allí —pobres campesinos sin exilio babilónico— non eran “judíos de verdad”, sino una especie de subcultura "mosaica" sin conexión con el mosaísmo judío ¡Qué fantasía!

Refutación geográfica et historica

Primero, la geografía. Sí, Galilea está al Septentrión de Judea ¿Et qué? ¿Desde cuándo la distancia convierte ad alguien en otra etnia? ¿Acaso un limeño non es perulero porque vive lejos de Arequipa ¿O un arequipeño es menos perulero por vivir en Chile que en Perú? 

1. Algunas peculiaridades de Galilea en la historia del judaísmo del siglo i

Galilea era una provincia relativamente marginal de Israel y en realidad, en la época de Jesús, sólo habían transcurrido unos cien años desde que era israelita de pleno derecho (tras la conquista por la dinastía de los Macabeos). Galilea era fundamentalmente agrícola, estaba alejada del ambiente de la capital, Jerusalén, y rodeada de paganos. Ahora bien, en vez de mezclarse con éstos, los galileos aumentaron sus tendencias nacionalistas: al estar rodeados de extranjeros los habitantes judíos se mostraban incluso más cumplidores con su religión y más estrictos que los de Jerusalén. Esta observancia les servía como señal de identidad para diferenciarse de los gentiles de los alrededores. Recordemos que la revolución más importante en tiempos de Jesús, la de Judas el Galileo, no había surgido precisamente en el corazón de Judea sino en Galilea. Judas fundamentó la base ideológica («No hay en Israel más rey y señor que Dios; los judíos tienen la obligación de cooperar, aunque sea violentamente a la implantación del reinado de Dios») de lo que más tarde fue la concretización de los impulsos mesiánicos y la guerra contra Roma del 66-70. No se dio, pues, en Galilea el típico movimiento centrífugo respecto a Jerusalén y la idea de nación, sino todo lo contrario: un mayor apego a su sentimiento de ser judíos. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

Galilea, en tiempos de Jesús, non era una provincia extranjera ni una colonia celta. Era parte integral del territorio del Reino de Samaria, religiosamente vinculada ad Judea, et culturalmente enraizada en la tradición mosaica. De fecho, todo ese territorio —Galilea, Judea, Samaria— formaba parte de lo que antiguamente se clamó Canaán, es decir Fenicia, la tierra prometida ad los patriarcas hebreos, para eser posteriormente con el nombre de Israhel. Más tarde so dominio romano, el augusto Adriano —loado sea por Elia Capitolina— la renombro por los filisteos como Palestina, es decir Filistea, en un intento de borrar la identidad judía tras la revuelta de Barcoquebas.


Así, como vemos en este mapa, El reino de las Diez Tribus de Israhel, es el Reino de Samaria. De ahí que al fijo de Judá, Jesús, lo confundieron con samaritano (Juan 8:48). Galilea se situaba en la parte septentrional de Israhel, et sus urbes principales se encontraban en el territorio de las antiguas tribus de Zabulón et Neftalí. Al eser Zabulón et Neftalí parte de esas diez tribus originales, su territorio formaba parte integral del reino samaritano.

La composición étnica de Galilea en la centuría I era ciertamente mixta, pero los fijos de Israhel galileos mantenían una fuerte identidad nacionalista. Galilea era una provincia marginal de Samaria, incorporada plenamente al territorio judío apenas cien años antes, tras la conquista por los Macabeos. Estaba rodeada de paganos —fenicios al norte, grecorromanos en las ciudades— pero non era tierra extranjera, ni mucho menos un enclave ario. Como el estólido así dice: "En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos)"

Israel 
El país en donde surgió el cristianismo, una estrecha franja costera al este del Mediterráneo, en los confines occidentales de Asia, es un puente entre el Asia Menor y el norte de África, en particular Egipto. En este “rincón de las tormentas” entre ambos continentes rivalizaron las mayores potencias de la Antigüedad. En época pre-israelita le llamaban Canaán (bajo este nombre aparece noventa y ocho veces en la Biblia), topónimo que seguramente deriva del acadio “kinnahu” que designaba a la púrpura, importante mercancía de aquellos tiempos. Desde la conquista de Israel por los romanos bajo el emperador Adriano, en la segunda guerra judía, llevó el nombre de Palestina, ya que aquéllos pretendían borrar hasta el recuerdo del judaísmo. En la Biblia no figura esa denominación; sólo en la Vulgata, es decir, en su traducción al latín aparece la palabra palæstini, aunque se designa con ésta a los filisteos. A veces, los romanos, y también algunos autores bíblicos, aplicaron a toda Palestina el nombre de su región meridional, Judea, de donde deriva el nombre de judíos. Al principio, los únicos en utilizar ese nombre fueron los no judíos, ya que aquéllos preferían llamarse el pueblo de Israel. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschner.

Los habitantes mosaístas de Galilea, lejos de mezclarse con los gentiles, reforzaron su observancia doctrinal como señal de identidad. De fecho, eran cognocidos por eser más estrictos que los mosaístas de Jerusalén, aunque los capitalinos los consideraban “laxos” en ciertos detalles legales. Esta tensión interna non implicaba diferencia étnica, sino diversidad de práctica doctrinal dentro del mismo pueblo. 

EL PUEBLO 

Las sectas fueron minorías, pues la mayor parte del pue­blo vive fuera de ellas, aunque reciba su influencia en mayor o menor grado, según las sectas, regiones y casos, como su­ cede con los zelotas, que ejercieron gran influencia en los años anteriores al 70 d .C . Los fariseos se refieren al pueblo con la designación negativa pueblo de la tierra, cam ha-'ares. El nivel religioso era desigual. La región de Judea era tradi­cionalmente una zona muy influenciada por el Templo de Jerusalén y su hierocracia, y vinculada a la práctica religiosa yahvista; pero Galilea, Idumea y otras regiones habían estado durante siglos fuera de la influencia religiosa de Jerusalén, bajo dominio extranjero y sometidas al influjo pagano. Fue­ron los asmoneos los que obligaron a convertirse a muchos habitantes de Galileade Idumea y otras regiones, pero la conversión fue superficial, una opción entre el cuchillo de la circuncisión o la espada de la muerte. Unos abandonaron la religión impuesta tan pronto como lo permitieron las cir­cunstancias; otros la asumieron, aunque de forma superfi­cial, con poca formación y mucha laxitud en la praxis. Sin embargo, esto no significa que fuera falsa, pues en la guerra contra Roma lucharon valerosamente por su nueva fe y por la defensa del Templo. El fariseísmo no llegó a Galilea hasta el s.II d.C., gracias al influjo de los tannaítas instalados allí. La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Las urbes galileas como Séforis et Tiberíades sí albergaban población mixta, con mosaístas et gentiles. Pero Jesús non predicó en esas urbes. Su actividad se centró en las aldeas rurales, entre campesinos mosaístas empobrecidos, que soportaban las cargas del Templo et del poder romano. Allí, en Nazaret, Cafarnaún, Betseda, encontró israelitas auténticos, non contaminados por el contacto con los gentiles.

Galilea, donde Jesús creció, era extraordinaria incluso en términos del mosaico de pequeños reinos y provincias que componían el este romano. Era esencialmente territorio de colonos judíos. Había sido conquistada por Aristóbulo en su breve y violento reinado (104-103 a. C.) y había atraído una afluencia de familias judías durante el siglo siguiente. En la población mixta resultante, las tensiones nunca estaban ausentes. Los judíos, antaño una minoría amenazada que debía ser evacuada en tiempos de crisis (1 Mac. 5:14-23), ahora eran predominantes y ocupaban las zonas más fértiles, como la llanura de Esdrelón en el límite sur con Samaria. Los no judíos seguían siendo numerosos en algunas ciudades, como Séforis (nunca mencionada en los Evangelios, aunque a apenas ocho kilómetros de Nazaret), mientras que al este, al otro lado del Mar de Galilea, el país aún se conocía como la «Galilea de los gentiles» (Mt. 4:15). El auge del cristianismo, William Frend.

Pero en la centuría I, Galilea era una región mosaísta, con sinagogas, rabinos, paisanos que guardaban la Ley, et ciudades como Nazaret, Cafarnaún et Betseda donde Jesús predicó. Non era un enclave escita ni un bastión celta. Non había bardos tocando liras indoeuropeas ni altares dedicados ad Jove. Lo que había era hebreos, practicantes del mosaísmo, esperando al Anticristo. Así con la Cita de William Frend, resulta absurdo pensar que toda Galilea era gentil.

Lucas 2:41–52 muestra a Jesús en el Templo de Jerusalén, entre los maestros judíos, escuchando y preguntando. ¿Lo habrían recibido si no fuera judío “en todos los sentidos”? Por supuesto que no. La entrada al Templo estaba restringida. Et sin embargo, Jesús no solo entra, sino que asombra a los doctores de la Ley. Porque era uno de los suyos.

Mateo 10:5–6: Jesús envía a sus discípulos “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” ¿Et quiénes eran esas ovejas? Los galileos. Los mosaístas de Israel. Los israelitas. Non los arios. Non los escitas. Non los celtas.

Además, los profetas —incluidos Esdras et Nehemías— buscan la unidad entre Judea et Samaria, entre el meridión et el Aquilón, entre Jerusalén et Guerizín. Si los galileos fueran arios, los judíos los habrían tratado como ad los romanos. Pero non lo ficieron. Porque eran una sola nación, una sola gente, una sola historia.

Confusión entre exilios: Asirio vs. Babilónico

Europa Ancestral mezcla los exilios como quien revuelve sopa sin leger la receta. Galilea —territorio de las tribus de Zabulón et Neftalí— non sufrió el exilio babilónico, sino el captiverio asirio en el año 722 a.E.V., cuando el Reino del Norte fue conquistado por Asiria. El exilio babilónico, en cambio, ocurrió centuría et medio después (597–586 a.C.) et afectó ad el Reino de Judá et Jerusalén.

Confundir estos eventos es como decir que los Incas fueron conquistados por Napoleón. Non sólo es falso: es históricamente grotesco.

¿Los fariseos “crearon” el judaísmo?

Otro anacronismo glorioso. Los fariseos et saduceos non surgieron inmediatamente después del exilio babilónico, sino durante el período helenístico-romano, siglos más tarde. Estas sectas nascen como respuesta ad la helenización forzada por los seléucidas (Antíoco IV Epífanes) et los conflictos internos de la dinastía asmonea.

El judaismo [de los asideos] nace a la vuelta del destierro babilónico como desarrollo y adaptación de la religión de Israel, el yahvismo, fundamento del judaismo. Esta es la rica herencia que llevaron los desterrados a Babilonia, sin la cual no se puede entender la historia posterior. Esta primera sección presenta la religión de los patriarcas (capitulo 1), el yahvismo original (capítulo 2), su desarrollo durante la monarquía (capítulo 3) y durante el destierro (capítulo 4). La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Los fariseos non “crearon” el judaísmo. Lo que ficieron fue impulsar el judaísmo rabínico después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 E.V., cuando la ideología farisea sobrevivió et la saducea desapareció. Pero el judaísmo como religión ya existía mucho antes, desde la época persa, cuando la Torá se convirtió en el centro religioso, gracias ad figuras como Esdras et Nehemías.

2. Corrientes religiosas: asideos, fariseos, saduceos y esenios

Se trata de una división desde un punto de vista diferente de la anterior y por ello compatible con ella, es decir, tanto el sacerdote como el escriba podía situarse en cualquiera de es­ tos grupos, aunque la mayoría de cada sector solían coincidir en la elección, así, p.ej., los sacerdotes en su mayor parte eran saduceos y los escribas fariseos. Se trata de corrientes religio­sas cuyos orígenes y nexo entre ellas son bastante oscuros, a pesar de las reconstrucciones hipotéticas que se suelen hacer, que de tanto repetirlas dan la impresión de que se trata de hechos comprobados. Es frecuente, p.ej., derivar de los asideos a los apocalipticistas, fariseos y esenios, cuando, realmen­te, no hay datos claros sobre su origen. G. Stemberger, des­pués de un detenido análisis de las fuentes disponibles, concluye que «en el conjunto no se deduce un cuadro claro que nos permita diferenciar entre sí las diversas escuelas del judaismo en las cuestiones halákicas ni las respectivas postu­ras ante la exégesis bíblica y la tradición. Especialmente entre fariseos y saduceos habrán existido más puntos comunes que diferencias»En la rebelión contra Roma del año 66 d.C., fariseos y saduceos, esenios y zelotas, se unieron en una mis­ma acción, lo que muestra que, más allá de las escuelas, per­manecía el sentimiento de la unidad de Israel. La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

 ¿La “religión mosaica” non es judaísmo?

Ah, Europa Ancestral. El papista con alma de druida et cerebro de Wikipedia mal traducida. Nos dice que el judaísmo fue “creado” por los fariseos et saduceos, como si antes de ellos los hebreos fueran una especie de proto-celtas con salmos en lengua indoeuropea. Según él, antes del judaísmo era una “religión mosaica” —que nunca define con precisión— et que Jesús, por supuesto, non practicaba. Porque claro, si vivía en Galilea, ya non podía eser judío. Si non era fariseo, entonces non era mosaico. Et si non estaba en Jerusalén, entonces era un hereje rural ¡Qué espectáculo!

Pero non. La historia, la filología et la historia lo contradicen en cada paso. Vamos ad desmontar esta fantasía con rigor et elegancia.

¿Qué es realmente el Mosaísmo?

El Mosaísmo, o ley mosaica, es el cuerpo doctrinal de la religión israelita, culto et legislación revelado por Tervagante ad través de Moisés en el monte Sinaí. Es la tradición fundacional de Israhel, anterior ad cualquier cisma interno, et el tronco común del que brotan tanto el fariseísmo como el jesísmo .

Se basa en la Torá (Ley), que non es solo un código legal, sino la manifestación directa de la voluntad divina. Moisés es el mediador absoluto entre Tervagante et el pueblo. A él se le revela el nombre divino: YO SOY EL ENTE (Éxodo 3:14). La Torá es la constitución doctrinal de Israhel, que regula la vida religiosa, social et política del pueblo.

Filón de Alejandría lo dice sin rodeos: Moisés es el rey, legislador et sacerdote perfecto. Non hay “religión mosaica” separada del judaísmo. Hay una continuidad histórica e teológica que va del Sinaí al Segundo Templo, et de ahí al fariseísmo talmúdico.

El culto mosaico et la semilla del cisma

El mosaísmo estipula un único lugar sagrado: el Tabernáculo, luego en el Templo de Jerusalén. La Ley prohíbe los sacrificios fuera de ese santuario. Cuando los samaritanos establecen un culto rival en Guerizín, rompen la unidad cultual, et nace el cisma.

La mujer samaritana en Juan 4:20 pregunta: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.”
Jesús responde con una afirmación escatológica, pero non niega la legitimidad del culto judío. Reconoce que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22).

Este conflicto cultual es el origen del judaísmo como identidad religiosa diferenciada, no una invención tardía de sectas urbanas.

El Judaísmo In Sensu Strictu: Identidad Cultual desde el Conflicto Judá–Samaria

La noción de que el judaísmo fue “creado” por los fariseos et saduceos es una falacia de redefinición conceptual. 

Tras la ruptura del reino de Salomón en la centuría X a.E.V., el Reino del Norte (Samaria) estableció su capital en la Urbe de Samaria, mientras que el Reino del Sur (Judea) permaneció fiel ad la casa de David. Cuando Asiria destruyó Samaria en el 722 a.E.V., los habitantes del norte fueron deportados et reemplazados por pueblos extranjeros. De esa mezcla nascieron los samaritanos, que conservaron una versión atenuada de la tradición mosaísta.

Los habitantes de Judea sive Judá, por contraste, preservaron el culto centralizado en Jerusalén, la adhesión ad la Tanaj completa, et la identidad tribal. De ahí nasce el término “judío” (yehudí), que designa non solo al habitante de Judea, sino al practicante del culto mosaístico de Judea.

Asi el judaísmo in sensu strictu —en su sentido etimológico et cultual— nasce mucho antes, como resultado de la división entre el Reino del Norte (Samaria) et el Reino del Sur (Judea), et se consolida en oposición al culto samaritano. 

El conflicto entre Jerusalén et Samaria define lo que significa eser “judío” religiosamente: adorar en el Templo, seguir todo el Antiguo Testamento, et preservar la pureza del culto. Los samaritanos aceptaban solo el Pentateuco et adoraban en Guerizín. Los judíos aceptaban el AT, et según el judío que preguntes, algún que otro "apócrifo" et adoraban en Jerusalén. Esa es la diferencia fundacional.

Este conflicto non es anecdótico: es fundacional. La ortopraxia judía —circuncisión, pureza ritual, centralidad del Templo— se afirma como respuesta al sincretismo del septentrión. El judaísmo non nasce en la centuría I con los fariseos et saduceos: Ya era como identidad religiosa-doctrinal desde centurias antes.

II. ¿Et Jesús?

Jesús, por supuesto, se inserta plenamente en esta religión. Fue circuncidado (Lucas 2:21), peregrinó al Templo (Lucas 2:41), enseñó en sinagogas (Mateo 4:23), et citó la Torá constantemente. Non refundó desde el nihilo. Vivió como judío, enseñó como judío, et murió como judío.

Jesús non fundó una religión nueva ni se apartó del judaísmo. El Su conflicto con los fariseos non era por rechazar el judaísmo, sino por interpretarlo de forma correcta.

Decir que Jesús non era judío porque non era fariseo es como decir que Sócrates non era greco porque non era espartano. Es una confusión entre secta et religión, entre práctica et identidad.

Los asideos et el papista que nunca los leyó

Ahora el papista fabló vagamente de “la élite judía que padeció el exilio babilónico” que se cristalizarían después en fariseos et saduceos, esta "elite judía" como si fueran turistas espirituales que regresaron con toga persa et ganas de fundar religiones. Él jamás menciona —ni por error— ad los hasidim, los veros protagonistas del judaísmo del Segundo Templo ¿Por qué? Porque non caben en la su fantasía racial. Porque los asideos sive hasidim eran judíos, piadosos, militantes, et profundamente mosaicos. Et eso le arruina el relato.

¿Quiénes eran los Hasidim?

Los orígenes de los fariseos pueden rastrearse en retrospectiva hasta la época macabea (mediados del siglo ii a.C.), pero sus raíces ideológicas son anteriores: eran los descendientes de unos judíos llamados expresamente «piadosos» (en hebreo hasidim), buenos intérpretes de las Escrituras, que habían venido a Palestina desde el destierro en tiempos de Nehemías y Esdras (siglos v y iv a.C.). De estos fariseos, junto con los escribas, proceden los llamados «sabios», los que —tras el fracaso y la desolación de la Gran Revuelta contra Roma (66 d.C.)— se reunieron en torno de Yohanán ben Zakay (pp. 92 y 306) y comenzaron a fraguar el judaísmo que es la base del que subsiste hasta hoy día. Este judaísmo fue el que hacia finales del siglo I habría de condenar a la secta de los cristianos como herejes sin remedio. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Los hasidim (del hebreo חֲסִידִים, “piadosos”) non eran una secta decorativa ni un grupo de monjes con túnicas de lino. Eran la élite espiritual del judaísmo post-exílico, descendientes directos de los que regresaron con Nehemías et Esdras. Es decir: ya eran judíos, ya habían desechado el tabernáculo móvil, ya habían centralizado el culto en Jerusalén, et ya estaban en guerra teológica con los samaritanos del Monte Guerizín.

Eran los herederos de la Alianza, los que decían: “Nosotros somos el vero Israel”.
Eran los que non toleraban el helenismo ni la tradición de otros pueblos, ni los altares ad Zeus, ni las circuncisiones prohibidas por Antíoco IV.
Eran los que se dejaban matar en sábado sin defenderse, porque la Ley era más importante que la vida.

Pero claro, Europa Ancestral non los menciona. Porque non encajan en su narrativa de “hebreos corrientes” que vivían en Galilea et non sabían qué era el judaísmo. ¡Qué conveniente!

¿Et el conflicto con los samaritanos?

Los hasidim non sólo eran piadosos: eran militantes del culto legítimo. Ellos sabían que el Monte Gerizim era inválido, que el Pentateuco sin los profetas era mutilación teológica, et que el Templo de Jerusalén era el único lugar donde Tervagante había puesto Su nombre.

Los samaritanos, ese pueblo híbrido repoblado por Asiria, querían competir con Jerusalén. Alejandro Magno les permitió construir un templo en Guerizín. ¿Et qué ficieron los hasidim? Los rechazaron como desviados.

¿Et qué pasó después?

Los asideos se fragmentaron. Algunos se convirtieron en fariseos, otros en esenios, otros fundaron la comunidad de Qumrán. Pero todos compartían el mismo tronco: el judaísmo, la Ley, la Alianza, el culto en Jerusalén, et la convicción de eser el pueblo elegido.

El Libro de Daniel, con su apocalíptica et sus visiones, fue escrito por un hasid.
Los fariseos heredaron la creencia en la resurrección, los ángeles, et la interpretación oral de la Ley.
Los esenios se retiraron al desierto porque el sumo sacerdote non era sadoquita ¡Qué nivel de exigencia!

Judaísmo ≠ Talmudismo

Otro error glorioso: confundir el judaísmo con el Talmud. El Talmud es la codificación rabínica posterior al 200 d.C., fruto del trabajo de los tannaítas et amoraítas. Pero el judaísmo ya existía en tiempos de Jesús como religión del Segundo Templo, centrada en la Torá escrita, el culto en Jerusalén et la vida sinagogal.

Reducir el judaísmo al Talmud es como reducir el cristianismo al Catecismo. Es útil, pero incompleto. El judaísmo es una experiencia religiosa histórica, no una colección de reglas.

Conclusión

Europa Ancestral quiere convencernos de que el judaísmo fue inventado por escribas elitistas en el siglo I, et que Jesús non era judío porque vivía en Galilea. Pero se olvida —o ignora— que los veros arquitectos del judaísmo del Segundo Templo fueron los hasidim. Judíos piadosos, militantes, observantes, et profundamente mosaicos. Ellos ya habían desechado el tabernáculo. Ya habían definido que Guerizín era inválido. Ya habían peleado por la Ley, por el Templo, y por la identidad de Israel.

La “religión mosaica” que menciona el papista loco, non es anterior al judaísmo: es el mismo judaísmo en su forma primitiva. El monoteísmo, la Ley de Moisés, el templo de Jerusalén, la alianza del Sinaí, la ortopraxia de Judea, todo eso es judaísmo. Los fariseos non lo inventaron: lo heredaron. Jesús non lo rechazó: lo vivió. Et los galileos non eran “hebreos corrientes”: eran judíos, celosos de su templo, cumplidores de la Ley, et fieles de la doctrina de Judea.

Así que non, Europa Ancestral: el judaísmo non fue una invención tardía. Fue una evolución del mosaísmo, continuada por los asideos, vivida por Jesús, et transmitida por sus discípulos. Et tú, con tus genealogías de cartón et tus Anticristos arios, non estás combatiendo una herejía: estás peleando con fantasmas.

Samaritanos ≠ Galileos, et el papista que confundió ad toda España con Andalucía

Ah, Europa Ancestral. El papista con brújula rota et mapa dibujado en servilleta, que confunde ad los samaritanos con los galileos como quien dice que si alguien desprecia a un andaluz, está despreciando a toda España. Según él, “la Biblia hace numerosas referencias al desprecio que tenían los judíos hacia los galileos”, et "sus ancestros eran gentiles y culturalmente seguían siendo helénicos”. 

Pero non. La historia, la arqueología et el sentido común lo contradicen en cada página.

Así este pelele con toga de cartón que quiere facernos creder que los galileos eran víctimas de una persecución sistemática por parte de los “malvados judíos de Judea”. Según él, los galileos eran “judíos de segunda”, “judíos helénicos”, et —agárrense— insinúa que fueron “galos obligados a convertirse por Aristóbulo I” ¡Qué espectáculo! Es como decir que los catalanes son descendientes de vikingos porque fablan distinto.

Pero lo que este revisionista ignora —o confunde adrede— es que el verdadero desprecio bíblico no iba dirigido a los galileos, sino ad los samaritanos, los del Monte Gerizín, los que construyeron un templo rival, mutilaron las Escrituras, et se consideraban el “verdadero Israel” sin reconocer Jerusalén. Esos sí eran objeto de rechazo. Non los galileos.

Confundir ad los galileos con los samaritanos es como confundir ad los vascos con los franceses porque ambos viven cerca de la frontera. Los samaritanos eran un pueblo híbrido, repoblado por Asiria, con un templo rival en el Monte Gerizín y una versión mutilada de la Escritura. Los galileos, en cambio, eran judíos de pleno derecho, circuncidados, observantes, y peregrinos al Templo de Jerusalén.

La Biblia sí muestra desprecio faz ad los samaritanos —como en Juan 4:9, donde se dice que “los judíos no se tratan con los samaritanos”—, pero non hay “numerosas referencias” al desprecio hacia los galileos. Lo más cercano es una frase de esnobismo regional en Juan 1:46: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Pero eso non es desprecio étnico ni religioso. Es como decir que nadie espera un premio Nobel de un pueblo agrícola. Ironía, non condena.

¿Judíos de segunda? Más bien judíos de frontera

Galilea era una región marginal, sí, pero non por falta de judaísmo. En tiempos de Jesús, hacía apenas cien años que había sido incorporada plenamente al territorio israelita por Aristóbulo I. Et lejos de diluir su identidad, los galileos la reforzaron:

Vivían rodeados de gentiles, pero non se mezclaban con ellos.
Eran más estrictos que los de Jerusalén en la observancia de la Ley.
Se concentraban en lo esencial: circuncisión, sábado, peregrinaciones, sustento del Templo.

Jesús predicó en las aldeas galileas, non en las urbes helenizadas, porque allí vivían los israelitas auténticos, non contaminados por el sincretismo. Et cuando Pilato pregunta si Jesús es galileo, nadie lo cuestiona. Porque eser galileo non era eser gentil.

¿Culturalmente helénicos? Como todo el judaísmo

La idea de que los galileos eran despreciados por eser “culturalmente helénicos” es una generalización sin contexto. El judaísmo del siglo I estaba profundamente helenizado en todas partes:

  • La Septuaginta (Biblia en griego) era usada por judíos de la diáspora.
  • Filón de Alejandría interpretaba el Génesis con filosofía platónica.
  • Saulo, judío helenizado, fablaba greco et citaba poetas gentiles.

La confrontación non era entre “judíos puros” et “galileos helénicos”, sino entre judeocristianos hebreos (que fablaban hebreo o arameo) et judeocristianos helenistas (que fablaban greco), sobre la Ley et el Templo. Et eso non tiene nihilo que vedir con desprecio étnico.

 ¿Galos obligados ad convertirse? ¡Qué pavada!

Europa Ancestral insinúa que los galileos eran “galos obligados por Aristóbulo I ad convertirse” ¿Galos? ¿En Galilea? ¿En serio? Non hay ni una sola fuente que respalde esa fantasía. Lo que sí ocurrió fue la reconquista macabea, que integró Galilea ad el territorio israelita et atrajo familias judías que repoblaron la región. Non eran galos. Non eran escitas. Non eran bárbaros con salmos en lengua indoeuropea. Eran judíos, herederos de la religión de Israhel.

Conclusión

La afirmación de Europa Ancestral es una mezcla de ignorancia, confusión et mala fe. Confunde galileos con samaritanos, desprecio con marginalidad, et papismo con ariosofía. Pero la historia lo desmiente:

Los galileos eran judíos legítimos, fervorosos, et defensores de la Ley. Non eran despreciados por sus ancestros, sino respetados por su celo. Jesús era galileo, et nadie lo acusó de eser gentil por eso.

Así que non, Europa Ancestral: despreciar ad los locos del monte Gerizín non equivale ad despreciar ad toda Galilea. Et tú, con tus genealogías de cartón et tus Jesucristo con barba de roble, non estás combatiendo una herejía: estás peleando con fantasmas.

Pretender que Jesús era ario porque vivía en Galilea es como decir que alguien nacido en Cusco es inca de pura cepa, aunque sea mestizo et cefeo. Es una fantasía racial sin base bíblica, histórica ni lógica. Es una mezcla de revisionismo, romanticismo ariosofo et teología de feria.

Las afirmaciones de Europa Ancestral contiene una mezcla de anacronismos, simplificaciones et fantasías raciales. Confunde el exilio asirio con el babilónico, atribuye la creación del judaísmo ad sectas tardías, et pretende invertir el orden de mosaísmo del judaísmo como si el fijo engendrará ad su padre. Todo esto para sostener que los galileos eran “hebreos corrientes” sin conexión con judaísmo.

Pero la historia, la teología et la arqueología lo contradicen en cada página, Jesús non era un galo-lelo. Non era un ario con alma de roble. Non era un druida con salmos en lengua indoeuropea.. Jesús fue judío. Sus discípulos fueron judíos. Et el judaísmo non fue inventado por los fariseos, sino que evolucionó desde el yahvismo, hasta Jesús.

Pero lo que non se dice —porque arruina la fantasía— es que Galilea era una región judía, con sinagogas, rabinos, y comunidades que seguían la Torá. Jesús predicó en Cafarnaún, en Betsaida, en Nazaret. Et fue seguido por judíos, non por celtas con túnicas bordadas en espirales.

[Europa Ancestral:] El aspecto de Jesucristo era el de un hombre alto, de buen porte y atractivo (Mt 4, 25 y Sal 45,2), de lo contrario no podría haber atraído a las gentes como lo hizo. Curiosamente Nordic thunder (Europa Soberana), desde un punto de vista simplón y cavernícola le llama "anoréxico con cierto aire masoquista" en referencia a la crucifixión, ignorando el profundo mensaje que nos transmite todo lo que envuelve a la pasión de Cristo. Supongo que Odín/Wotan también le debe parecer un masoca anoréxico, ya que según la mitología nórdica se colgó de un árbol atravesado por su lanza nueve dias y nueve noches, además Odín era un vagabundo viejo y tuerto. Como podemos ver es muy fácil ridiculizar al prójimo desde la demagogia simplona.

Oh, qué ingenio tan torpe, Europa Ancestral, ¡pretendes que Jesús era un galán porque lo seguían! ¿Acaso las multitudes se rinden solo ante rostros hermosos? Por la tu lógica absurda, Hitler sería un Adonis, Mussolini un dandy irresistible et Churchill un titán de la belleza ¡Qué disparate! Ni siquiera las tus citas bíblicas, como ese Salmo 45 que forcejeas para atribuirle, mencionan el su físico. Pero non, tú insistes en esa falacia del equívoco, jugando con "atraer" como si fuera un concurso de belleza, ignorando que ningún texto fabla de la su apariencia. ¡Ridículo!

Pero vamos por partes:

1. ¿Qué dice realmente la Biblia?

Mateo 4:25 fabla de multitudes que seguían a Jesús desde Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea et más allá del Jordán. ¿Por qué lo seguían? Por las sus enseñanzas, los sus milagros, la su autoridad espiritual. Non por su peinado ni por su mandíbula cuadrada.
Salmo 45:2 es un poema real, probablemente dedicado ad Salomón o ad un rey davídico. Non es una descripción física de Jesús. Aplicarlo ad él es una interpretación anticristológica posterior, non una evidencia histórica.

En resumen: ninguna fuente bíblica describe el aspecto físico de Jesús. Et mucho menos lo presenta como un modelo de pasarela.

2. ¿Et Nordic Thunder?

Europa Ancestral refiere ad Nordic Thunder (Europa Soberana) pero lo saca completamente de contexto. En su artículo Roma contra Judea, Judea contra Roma (III), Nordic Thunder critica el arte cefeo que representa ad Jesús como un “mesías oriental, anoréxico y de aire masoquista”, en contraste con las imágenes de los dioses vigorosos. Non está describiendo ad Jesús históricamente, sino criticando la estética decadente del arte cristiano medieval. Que nos cuenta una historia de morbo...

Ni siquiera tienes la decencia de citar bien ad Nordic Thunder. Él non dice que Jesús sea masoquista: dice que Tomasso Laureti lo representa así. Que el modelo ad seguir pasó de ser un dios vigoroso a un hombre sufriente, de Marte a un crucificado. Et tú, en tu torpeza, credes que eso es una descripción literal. ¡Qué falta de lectura! ¡Qué pobreza de espíritu!

Europa Ancestral, como quien escucha “me gusta la carne” et crede que el otro quiere irse de putas, interpreta todo desde su propio prisma cavernícola. Ridiculiza ad Nordic Thunder por señalar lo obvio: que el jesísmo reemplazó el ideal heroico por un modelo de humildad, sufrimiento et mansedumbre. Pero en lugar de profundizar, se queda en la superficie.

¿Et la carta de Lentulo? Europa Ancestral et su Jesús de catálogo: cuando la mosca de Simón el Mago pica fuerte

Ah, Europa Ancestral. Ese criptoariosofo de salón que, picado por la mosca de Simón el Mago, se lanza ad escribir tratados como si fueran revelaciones gnósticas dictadas por el mismísimo Demiurgo con acento de Valladolid. Su artículo sobre el aspecto físico de Jesús es una joya de delirio racial, revisionismo medieval et fantasía capilar. Vamos ad destriparlo con la elegancia de Apolonio de Tiana et la sorna de Celso.

La carta de Lentulo: el apócrifo que ni los apócrifos quieren

Et luego, como si non fuera suficiente tras tanta ridiculez, nos lanza la carta de Publio Lentulo, ese fraude medieval que apareció mágicamente en 1421, como si alguien hubiera dicho: “¡Ey, necesitamos una descripción de Jesús con ojos azules et barba partida al medio!” 

Europa Ancestral defiende la carta de Publio Léntulo como si fuera el quinto evangelio, el testimonio perdido, el selfie oficial del Rabí. 

Et cuando se le dice que es un fraude medieval, responde con un encogimiento de hombros teológico: “Si existió o no es cuestión secundaria.” ¡Claro! Et si existió Gandalf también, ¿non? Porque total, lo importante es el “fondo veraz” ¿Veraz según qué? ¿Según la barba partida y los ojos grises? ¿Veraz según quién? ¿Según el mismo que cree que los galileos eran grecos por decreto de fantasía?   

Europa Ancestral dice que “si existió Lentulo o no es cuestión secundaria” ¡Claro! 

El texto es tan falso que hasta en el su propio blog, un tal Rob lo corrige: “El estilo y tono literario de Lentulo no es propio del siglo I, sino de la Edad Media… no basada en hechos históricos verificables.” ¿Respuesta de Europa Ancestral? Silencio. Porque sabe que el su castillo de naipes se desmorona si soplas con un poco de filología.

La carta de Lentulo apareció en 1421, en plena Edad Media, cuando los monjes ya estaban aburridos de copiar salmos et querían escribir fanfiction jesísta. Es un fraude en todos los sentidos: estilo, contexto, contenido, et hasta el nombre del autor.

¡Europa Ancestral! El buen infiltrado, el criptoariosofo con toga prestada, que salta al monte cual cabra cada vez que ve un rizo dorado en una carta medieval. Uno non puede evitar pensar: ¡La mosca de Simón el Mago le ha picado! Et non fue una picadura leve, non: fue una infección simoníaca-estética que lo tiene delirando con procuradores inexistentes et Jesucristo de pasarela.

Porque sólo un buen simoniano —digo, cefeo, nótese el sarcasmo— puede defender un texto que la propia Iglesia rechaza, mientras se envuelve en un manto de auctoridad que ni los evangelios apócrifos se atreven ad reclamar ¡Et qué joya nos regala!

[Europa Ancestral:] “Curiósamente los mismos argumentos se pueden utilizar contra los evangelios apócrifos, pero en cambio a éstos sí les dan cierta validez histórica…”

¡Claro que sí, campeón! Comparar la carta de Lentulo con los evangelios apócrifos es como comparar un folleto turístico de Judea con un tratado teológico de Nag Hammadi. Los apócrifos, aunque non sean canónicos, tienen contexto, comunidad, tradición, disputas doctrinales, ecos históricos. Lentulo non tiene nihilo. Es un panfleto medieval con estética de vitral et olor ad incienso barato.

Pero Europa Ancestral, picado por la mosca de Simón el Mago, crede que todo texto que embellece ad Jesús merece canonización. Porque lo que busca non es historia, es revelación estética. Non le interesa el Jesús histórico, sino el Jesús decorativo. El que encaja con su fantasía racial: un galileo europeo, alto, de buen porte, con ojos grises et barba de catálogo. Un Jesucristo nórdico, como si Galilea fuera una sucursal de Estocolmo.

Este tic simoniano non es casual. Es la secuela ariosofista que le da duro. Es el impulso de maquillar el mito, de convertir la teología en desfile, de reemplazar el logos por el pathos con peinado. Lentulo le sirve mejor que cualquier evangelio, porque Lentulo non contradice nada: sólo embellece. Es el Jesús de catálogo, el Jesucristo de vitrina, el Jesucristo de postal ¡Que colmo!

Pero él insiste. Porque non le importa la verdad. Le importa construir un Jesús nórdico, alto, de buen porte, con cabello ensortijado et mirada de rayos láser. Un galo-lelo, como si Galilea fuera una sucursal de París. 

Si el espíritu de Dios se hubiese encarnado en un hombre, sería al menos necesario que este superase a todos los otros en estatura, belleza, fuerza, majestad, voz y elocuencia. Sería inadmisible que aquel que trae en sí sobre todo la virtud divina no se distinguiese de modo insigne de los demás hombres. Pero Jesús nada tenía de más comparado con los demás hombres. Y además, si les damos crédito, era bajo, feo y sin nobleza. Verbo Vero, Celso.
¡Ah, Celso! Ese filósofo de la centuría II que, sin necesidad de túnicas bordadas ni cartas medievales con perfume de incienso, se atrevió ad decir lo que nihilo en el club de fans de Lentulo quiere escuchar: Que Jesús era bajo, feo y sin nobleza ¿Pues como podría haber algo o alguien más pulcro que el espíritu de Dios? Et non lo dijo por capricho, sino como parte de una crítica racional, filosófica, et sin maquillaje. Porque si el espíritu de Dios se hubiese encarnado en un hombre —dice Celso— esería lógico que ese hombre superase ad todos en estatura, belleza, fuerza, majestad, voz et elocuencia. Pero Jesús, según los propios relatos del que él se informo, non tenía nihilo de eso. Nihilo que lo distinguiera. Nihilo que lo elevara por encima del común. 

Et aquí viene la ironía: mientras Celso, con sobriedad gentil, señala la falta de atributos naturales como argumento contra la divinidad encarnada, Europa Ancestral prefiere citar ad Publio Lentulo, ese procurador imaginario que aparece mágicamente en el siglo XV con una descripción que parece sacada de un catálogo de modelos romeos ¿Ojos grises? ¿Barba partida? ¿Rayos de Sol en la mirada? ¡Por favor! Es más creíble el testimonio de Celso, que vivió en la centuría II, que el de Lentulo, que apareció como un souvenir teológico en plena Edad Media.

Pero claro, ¿Quí va ad citar ad Celso cuando tienes ad Lentulo? ¿Quí va ad preferir la crítica filosófica cuando puedes tener un Rabí de vitrina, un Jesús de catálogo, un galo-lelo con rizos et mirada de mármol? 

Europa Ancestral non face historia. face cosplay espiritual, lo que es: Un altar de cartón donde se sacrifica la inteligencia en nombre del decorado. Et cuando la crítica le señala que Lentulo es un fraude, responde que eso es “movido por ideas anti-cristianas”. Non, querido. Es movido por la razón. Por la filología. Por el respeto ad la inteligencia.

Europa Ancestral non busca historia: busca decoración. Non le interesa el logos: le interesa el pathos con peinado. Et así, prefiere un procurador inventado ad un filósofo real. Prefiere el cuento embellecido ad la crítica desnuda. Prefiere el vitral al pensamiento.

Así que sí: aunque la historia diga otra cosa, aunque la arqueología lo contradiga, aunque Celso —sí, Celso, el filósofo gentil de la centuría II— dijera que Jesús era feo, Europa Ancestral seguirá citando ad Lentulo. Porque cuando la razón incomoda, el decorado consuela. Et cuando el logos exige pensar, el pathos invita ad suspirar.

Así que canoniza ad Lentulo, si quieres. Declara que la Sábana Santa es una selfie divina. Pero non insultes la inteligencia. Porque lo que tú defiendes non es el Logos: es maquillaje con incienso.

La Sábana Santa: el Photoshop del alma

Et por si fuera poco, Europa Ancestral nos regala su opinión sobre la Sábana Santa de Turín. “Su autenticidad está casi fuera de toda duda”, dice, con un “casi” que debería venir acompañado de carcajadas grabadas. Porque non hay referencia genética de Jesús, ni pruebas concluyentes, ni método científico que lo respalde. Pero él nos dice que la imagen se plasmó como una radiografía sobrenatural. ¡Claro! Como si Dios tuviera un escáner celestial.

Et para más inri, dice que las características físicas de la sábana coinciden con la carta de Lentulo. ¡Qué conveniente! Es como decir que el sudario encaja con la descripción de Apolonio de Tiana, et que los huesos de Cefas son en realidad los de Rómulo. 

¿La Sábana Santa de Turín? ¡Vamos! Si vamos ad adjudicarle milagros ad un pedazo de lino, que sea ad San Apolonio de Tiana, el sabio de verdad, el taumaturgo elegante, el filósofo viajero que non necesitó crucifixión para dejar huella. ¿Et los huesos de Cefas? ¡Por favor! Más digno esería decir que son los de Rómulo, fundador de Roma, César, el divo, o de Numa Pompilio, el legislador sagrado. Al menos tendríamos fabulas con estilo, con mármol, con civismo.

Reliquias robadas: cuando el etnicismo se viste de menorá

Non es invención: hay casos documentados donde reliquias papistas eran originalmente gentiles.

En Roma, el Templo de Jano fue convertido en iglesia sin cambiar ni una piedra.
La Virgen Negra de Czestochowa tiene rasgos iconográficos de Cibeles, la madre de los dioses.
El culto ad María Magdalena en ciertas regiones conserva trazos del culto ad Venus.

Pathos sí, pero que sea nuestro

Si vamos ad rendir culto al pathos —al sufrimiento, al sacrificio, al drama— que al menos sea nuestro pathos. El de Prometeo encadenado, el de Ulises errante, el de Héctor frente ad Aquiles. Non el de un rabino obscuro cuya historia fue inflada por centurias de superstición et decorado. Porque si el logos fue crucificado, el pathos fue secuestrado. et nosotros, los herederos de Europa, merecemos fabulas que nos eleven, non que nos arrastren.

Basta ya de venerar huesos ambiguos, telas con rostro prestado et estatuas renombradas. Que cada reliquia deje de estar asociada ad personajes bíblicos et vuelva ad encarnar ad nuestros héroes et dioses. Que el sudario de Turín sea de Apolonio de Tiana, non de un rabino obscuro. Que los huesos de Cefas sean de César, non de un pescador sarraceno. Que las vírgenes negras vuelvan ad eser Cibeles, que los templos papistas vuelvan ad eser fanos de Jano, Vesta o Marte.

¡Ah, si vamos ad jugar al mito, juguemos con estilo! Si el papismo insiste en vestir reliquias con ropajes ajenos, entonces nosotros, herederos de Europa, reclamamos lo nuestro. Que cada hueso, cada tela, cada estatua deje de representar a santos importados et vuelva ad encarnar a los dioses, héroes et sabios que forjaron nuestra civilización.

Reasignación gloriosa: reliquias papistas, mitos europeos

La Sábana Santa de Turín ¿Jesús? ¡Por favor! Que sea de Apolonio de Tiana, el vero taumaturgo, filósofo errante, sabio pitagórico que non necesitó crucifixión para dejar huella. Al menos él tenía estilo, verbo et esciencia. 
Los huesos de Cefas en el Vaticano ¿Un pescador sarraceno? Non, gracias. Que sean los restos de Rómulo, fundador de Roma, o de Numa Pompilio, el legislador sagrado. O incluso de Trajano, emperador justo, o Adriano, el arquitecto del mundo romano ¡Eso sí esería digno de veneración! 
La túnica de Jesús en Tréveris ¿Una prenda de un rabino oscuro? Non, non. Que sea la túnica de Apolonio de Tiana, el sabio errante, el vero taumaturgo, el filósofo que caminó entre reyes sin pedir crucifixión ni milagros de feria. Que esa tela haya rozado la piel de quien encarnó el logos sin dogma, sin lamento, sin ceniza. 
La lanza de Longino (la “Lanza del Destino”) ¿La que atravesó ad Jesús? ¡Por favor! Que sea la lanza de Mercurio, el mensajero de los dioses, el Verbo mismo, el que cruza mundos con sandalias aladas. Que esa lanza no sea símbolo de muerte, sino de movimiento, de palabra, de impulso divino. Porque si vamos a hablar de destino, que sea con velocidad, con astucia, con estilo olímpico. 
El velo de la Verónica Que sea el velo de Isis, que capto non la faz de Jesús, si non de Osiris, que cubría su rostro mientras moría. Porque si vamos ad fablar de rostros divinos, que sean los del Verbo. 
Fragmentos de la Vera Cruz Supuestamente parte de la cruz de Jesús, pero si Sócrates el Escolástico cuenta que fueron hallados so un fano de Venus, ¿Non es más lógico pensar que eran parte de la cruz de Orfeo? Un dios telúrico, crucificado simbólicamente en los misterios egipcios et helenísticos. Helena non descubrió la cruz de Jesús: reaprovechó el madero de un dios más antiguo
Clavos de la crucifixión ¿Clavos de Jesús? Non, non. Que sean los clavos del suplicio de Osiris. Que uno haya sido fundido en el casco de Constantino non lo face jesísta: lo face imperial, et por tanto, romano
Título de la cruz (Titulus Crucis) “IS NAZARENUS B. I. NAZARINVS RE” —una inscripción que apareció mágicamente junto ad las cruces. Pero si fue hallada en un sepulcro gentílico, ¿Non eserá más bien un epígrafe helenístico, una fórmula de exaltación solar? Que ese título sea el de Osiris Nazareno Basileo , el rey de los muertos, el señor del renacimiento. Helena non descubrió res papistas: reapropió reliquias gentiles. Lo que hoy se venera como cruz, clavo, corona et columna, fueron antes objetos de culto solar, órfico, dionisíaco, egipcio, romano.  
Espinas de la corona ¿Corona de sufrimiento? ¡Por favor! Que sean las espinas de Libre, el dios que muere et renace, coronado en delirio. Porque si vamos ad fablar de dolor divino, que sea el de los dioses que bailan la su tragedia, non que la lamentan. 
Fragmentos de la columna de la flagelación ¿Pilar del tormento? Que sea el pilar de Mercurio, el que conecta los mundos, el que sostiene el tránsito entre lo visible et lo invisible. Que ese fragmento sea el eje del mundo, non el poste del dolor sin sentido.
Tierra de Jerusalén Tierra traída como símbolo de santidad. Pero si fue colocada sobre un templo gentil, que sea la tierra de Eleusis, la de los sacramentos, la que vio ad Proserpina descender et ascender. Que esa tierra non sea del plancto, sino del renascer. 

Lo arrancaron de nuestras tragedias, lo vistieron de túnica ajena, lo colgaron en altares que non nos pertenecen. Et nosotros, los herederos de Europa, merecemos fabulas que nos eleven, non que nos arrastren. Fabulas con mármol, con ciudad, con estilo. Non con incienso prestado et lágrimas heredadas.

Porque lo que han fecho los papistas —et aquí el sarcasmo se sirve en copa de oro— es adjudicarle ad Jesús la gloria de otros. Han convertido reliquias gentiles, han rebautizado templos, han convertido imágenes de dioses en santos con nombres nuevos ¿Et luego se quejan de las fabulas gentiles? ¡Hipócritas con incienso!

¿Et el “profundo mensaje” de la pasión? Un himno contra la imbecilidad

Europa Ancestral, ese ariosofo de los apócrifos, acusa a Nordic Thunder de ignorar el “profundo mensaje” de la pasión de Cristo. ¡Qué gracioso! Porque si alguien lo ignora, es él. Se ensancha y se ensancha como pavo en procesión, pero al final non dice nada. Non fabla de redención, ni de amor sacrificial, ni de confrontación con el mal. Solo se burla de Nordic Thunder como si el dolor fuera debilidad, sin intender que lo que Nordic denuncia non es el dolor, sino la glorificación del patetismo como virtud.

Europa Ancestral acusa ad Nordic Thunder de ignorar el “profundo mensaje” de la pasión de Cristo. Pero ¿Quién lo ignora realmente? Porque en su propio artículo, Europa Ancestral non explica nada. Non fabla de redención, ni de amor sacrificial, ni de confrontación con el mal. Solo se burla de Nordic Thunder, como si el dolor fuera debilidad.

Pero nosotros sí diremos algo. Et lo diremos con la mordacidad que faría ad Nietzsche enrojecer de placer.

¿Jesús murió por nosotros? ¡Qué generoso! Pero si nadie se lo pidió, ¿por qué nos exige algo ad cambio? ¿Non es eso como si alguien se lanza al fuego por ti sin tu consentimiento et luego te reclama gratitud eterna? ¿Et si lo fizo non por “todos”, por qué non molesta solo ad los que lo pidieron? ¿Et por qué tuvo que esperar siglos para encarnarse? ¿Por qué dejó que millones de hombres del pasado se perdieran su salvación? ¿Acaso el calendario cósmico estaba pleno?

¿Et porque reconocer que su sacrificio de él es del Redentor, et non ad otros alucinados que dicen morir por la humanidad por sus pecados, qué diferencia real hay?

¿Et qué hay de los que nacieron antes de él? ¿Non merecían redención? ¿O es que el amor divino tiene fecha de lanzamiento como un iPhone?

Et cuando uno se atreve a cuestionar esta pantomima, los papistas saltan como coristas ofendidos: “¡Tú non puedes ver lo espiritual! ¡Eres necio! ¡No entiendes el misterio!” Ah, la ironía suprema: convirtieron lo espiritual —lo del logos, lo de la razón universal— en puro patetismo. Tanto que cuando la razón habla, ellos, ignorantes del logos, creen que el mito de Jesús fue lo que él vino a encarnar. ¡Como si el logos fuera una figura crucificada que se pregunta a sí misma por qué se ha abandonado!

Ah, los papistas! Siempre listos para saltar como coristas doctrinales cuando se les toca el nervio de la contradicción. Dirán, con tono grave y mirada de incienso: “Pero Jesús está citando un salmo…” ¡Sí, claro! ¿Y por qué no lo cita exactamente? ¿Por qué no lo recita completo, con entonación y contexto? Porque está siendo crucificado, dirán. Et yo les diré: eso es presuponer. Eso es proyectar teología sobre carne desgarrada.

Porque antes que nihilo, un hombre en agonía non recita poesía. Un hombre en agonía grita. Plora. Se rompe. Non cita salmos como qui lee el breviario. Et ese grito —“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”— non es el Logos. Non es la razón universal. Non es el verbo que era con Dios et era Dios ¡Por favor!

Eso non es Logos. Eso es un berrinche metafísico. Es el dios que se pregunta ad sí mismo por qué se ha dejado solo. Es el teatro de la contradicción elevada ad dogma. Es el absurdo convertido en liturgia.

Et aquí está la ironía suprema: los que dicen defender el logos, lo han vacunado contra la razón. Han convertido lo espiritual —lo que debería ser claridad, proporción, concordia— en un carnaval de emociones bajas. Han cumplido el plan de quienes desean que los gentiles beban vino rancio et se vuelvan locos. Ya non adoran al logos. Adoran al pathos.

Sí, al pathos:

Que se enoja
Que cambia
Que muere
Que se arrastra entre pena, tristeza, conmiseración, arrepentimiento, culpa

Han fecho de la ánima un circo de viedas concupiscibles, et del logos un mito crucificado que plora su propio abandono. Et mientras tanto, se pasan la vida creyendo que la palabra de Dios es un libro. Un texto. Un manual. Et luego critican a los gentiles por sus mitos, como si para ellos el mito fuera literal.

En vez de sostener que la palabra de Dios es el logos —la razón misma— han optado por pensar que los delirios hebreos lo son. Han confundido el verbo con el verso, la razón con el lamento, la claridad con la cruz.

Así que non, non me vengan con salmos. Non me vengan con “profundos mensajes”. Lo que hay ahí non es profundidad: es un pozo de contradicciones. Et nosotros, que aún sabemos en la razón, en la justicia, en la vida, lo denunciamos como lo que es: un altar donde se sacrifica el pensamiento en nombre del dolor.

La pasión de Jesús se ha convertido en una vacuna contra la razón. Una forma de blindarse contra el pensamiento. Una exaltación del sufrimiento como camino, del dolor como sabiduría, de la renuncia como virtud. Es el suicidio metafísico disfrazado de redención. Es la negación de la vida, la justicia, el orden, la reciprocidad.

Et Europa Ancestral, en su ignorancia, non lo ve. Porque non quiere verlo. Porque ha confundido el logos con el lamento. Porque ha convertido el mito en incuestionable, et la doxa en excusa para non pensar.

Así que non, querido Europa Ancestral: el “profundo mensaje” que tú defiendes non es profundo. Es hueco. Es un eco de siglos de resignación. Et nosotros, que aún creemos en la razón, en la justicia, en la vida, lo denunciamos como lo que es: un himno contra la inteligencia. Un monumento ad la imbecilidad. Un altar donde se sacrifica el pensamiento en nombre del dolor.

Conclusión

Europa Ancestral construye una caricatura: un Jesús guapo porque lo seguían, un arte cristiano decadente, una pasión masoquista, et unos galileos griegos perseguidos por los malvados judíos. Todo eso para victimizar a unos “galos” que nunca existieron, y para proyectar su propia fantasía racial sobre el cristianismo.

Eres ladino, como la caricatura que tú mismo proyectas. Usas documentos falsos, citas mal interpretadas, y una lógica torcida para construir un Jesús de catálogo. Un galileo griego, alto, guapo, resignado. Pero lo que tú faces non es historiografía: es fantasía racial. Es revisionismo con toga prestada. Es demagogia simplona.

Et nosotros, los que aún honramos ad los dioses de Roma, te decimos: la virtud non está en el sufrimiento, sino en la acción. La justicia non se cancela, se cumple. La vida non se niega, se afirma. Et tú, Europa Ancestral, non eres filósofo. Eres bufón con biblioteca.

[Europa Ancestral:] Jesucristo trajo al mundo unas enseñanzas que chocaban en muchos aspectos con el judaísmo de la época, tan corrompido por creencias orientales de corte esotérico, estableciendo así la nueva ley y la salvación a través de él, que marcaría un antes y un después en la historia de la humanidad. Unas ideas que calaban profundamente en los limpios de corazón y escandalizaban a los soberbios y vanidosos, como los fariseos. 
Pasemos a analizar varios pasajes del Nuevo Testamento que son controvertidos para inexpertos en la materia:  
 - “Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme!
26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mateo 15:21-28)

¿“Limpios de corazón”? ¿O vacíos de autoestima?

Ah, Europa Ancestral. Ese papista criptoariosofo con complejo de autoodio que se disfraza de defensor de la tradición mientras se revuelca en una manía insana por lo esotérico. Nos fabla de “enseñanzas que calaban en los limpios de corazón” ¿Et cómo sabe que son limpios del corazón? ¿Acaso tiene un escáner espiritual? ¿O simplemente proyecta su necesidad de redención sobre los que se dejan manipular?

Porque lo que él clama “limpios de corazón” non son más que vacíos de autoestima. Gente que, carente de gloria, de sobriedad, de honor, se siente bien cuando alguien les dice que son especiales. Que son elegidos. Que son “superiores” por su fe, mientras se arrastran como perrillos so la mesa de los dogmas. Et eso, querido Europa Ancestral, no es virtud: es pusilanimidad decorada con incienso.

Et luego, como si fuera un exegeta de salón, nos cita el pasaje de Mateo 15:21–28, donde Jesús llama “perrillos” a los gentiles ¡Et lo cita como si fuera una muestra de misericordia! Pero non se da cuenta —o no quiere darse cuenta— de que “perros” era un insulto común entre los mosaístas faz ad los gentiles. Era una forma de decir: “vos son impuros, inferiores, indignos”. Et Jesús, en ese pasaje, reproduce ese desprecio.

¿Et qué face la fembra cananea? Se humilla. Se arrastra. Acepta el insulto. Dice: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” ¡Qué glorioso ejemplo de sumisión! ¡Qué modelo de autoestima pisoteada! Et Europa Ancestral lo celebra como si fuera una muestra de fe. Non, querido. Es una muestra de cómo la doctrina moseojesista premia la humillación.

Europa Ancestral dice que estas enseñanzas “escandalizaban a los soberbios y vanidosos” ¡Claro! Porque los soberbios —los que tienen amor propio, gloria, dignidad— non se dejan manipular por camelaciones espirituales. Non se sienten especiales por eser clamados “perros” con ternura. Non aceptan migajas como si fueran maná. Porque el que tiene honor non se postra por quien lo desprecia.

Europa Ancestral non defiende la fe: defiende la lambisconería espiritual. Crede que el desprecio es virtud, que la humillación es camino, que el insulto es revelación. Pero nos, herederos de Europa, non nos arrastramos por migajas. Non aceptamos eser clamados “perros” por ningún rabino, por muy místico que se vista. Porque si vamos ad fablar de fabula, que sea la nuestra: el de Beovulfo, el de Sigfrido, el de Hercules. Non el de una mujer que se humilla para recibir misericordia.

[Europa Ancestral:] Según la literal, errónea y primitiva interpretación que se da en el blog Europa Soberana, la mujer no judía se sometía al rango de inferioridad ("los perros") respecto a los judíos ("los hijos"). Una vez más interpreta el pasaje en sentido literal, sin analizar lo más mínimo el contexto. La realidad es que Jesucristo ignorando a la mujer cananea en un primer momento, buscaba una gran muestra de fe por su parte, y con sus palabras de desprecio buscaba una prueba de gran humildad para aleccionar a sus discípulos que estaban presenciándolo todo; para que viesen que a Dios se le debe insistir siempre con mucha fe aunque parezca que no nos escuche, porque al final seremos recompensados, como sucedió con la mujer cananea, y para muestra un botón: "Jesús le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora."

Este es otro ejemplo más de tergiversación de las escrituras, consiguiendo que el mensaje sea muy diferente al que realmente se nos quiere transmitir.

Comentarios de obispos santificados y padres de la iglesia (Otra versión en castellano, pero con las mismas nociones demenciales de la CATENA AUREA de TOMÁS DE AQUINO): 

Juan Antioquense: Y por eso ella no dijo Pide, ni ruega a Dios por mí, sino "Señor, ayúdame". Pero cuanto más insistía la mujer en su petición, más reforzaba Él su negativa; porque ahora llama a los judíos no ovejas, sino hijos, y a los gentiles perros; "Respondió y le dijo: No está bien tomar el pan de los hijos y dárselo a los perros." Obsérvese la prudencia de esta mujer; no se atreve a contradecirle, ni se molesta por el elogio de los judíos, y la palabra diabólica aplicada a ella misma; "Pero ella dijo: Sí, Señor, pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de su amo". Él dijo: "No es bueno"; ella responde: "Aun así, Señor"; Él llama hijos a los judíos, ella los llama amos; Él la llamó perro, ella acepta el oficio de perro; como si hubiera dicho: No puedo dejar la mesa de mi Señor. 

Anselmo [de Laón]: Los judíos nacieron hijos y fueron educados por la Ley en el culto a un solo Dios. El pan es el Evangelio, sus milagros y otras cosas que pertenecen a nuestra salvación. No es, pues, conveniente que se les quite a los hijos y se les dé a los gentiles, que son perros, hasta que los judíos los rechacen.

Jerónimo [como también Rábano Mauro]: Los gentiles son llamados perros por su idolatría; quienes, dados a comer sangre y cadáveres, se vuelven locos.


¡Ah, Europa Ancestral! El apologista de salón que, en su afán por maquillar el delirio, termina escribiendo comentarios que harían sonrojar hasta ad Jacobo, el germano de Jesús, et non por devoción, sino por vergüenza ajena. Porque Jacobo, en la su carta, lo dice claro: “Dios no prueba a nadie”. Pero Europa Ancestral, con la audacia del que confunde parábola con parámetro, nos quiere vender que Jesús estaba “probando la fe” de la fembra tiria ¿Qué es esto? ¿Un examen de admisión divina? ¿Un test de autoestima espiritual? 

¿Omnisciente o cobrador de fe en cuotas?

Según Europa Ancestral, Jesús necesitaba una “gran muestra de fe” para actuar ¿Et por qué, exactamente? ¿Acaso non sabía ya lo que había en el cor de la fembra? ¿Non era, según su propia doctrina, el Verbo encarnado, el Logos divino, el Omnisciente, Dios? ¿O estamos ante un dios que espera señales, como un acreedor de dinero FIAT que non libera el préstamo hasta ver suficiente insistencia?

Porque si Dios necesita que se le insista, que se le ruegue, que se le convenza, entonces non es Dios: es un burócrata mundano. Et si Jesús ignora ad la mujer para “aleccionar ad sus discípulos”, entonces non es el Logos, sino un pedagogo con métodos de humillación. ¿Qué clase de enseñanza es esa? ¿La de despreciar primo para premiar después? ¿La de clamar “perrillos” ad los gentiles para que aprehendan ad mendigar migajas?

El insulto que non se puede maquillar

Europa Ancestral dice que “no se debe interpretar el pasaje en sentido literal”. Pero el insulto está ahí, claro como el día: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.” Y la mujer, en lugar de responder con dignidad, se arrastra: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas.” ¿Et esto es fe? Non, esto es sumisión disfrazada de virtud. Es el tipo de escena que sólo conmueve ad qui confunde humillación con santidad.

Hermenéutica o eiségesis: el arte de legir lo que uno quiere

Europa Ancestral acusa de “tergiversación de las escrituras”, pero lo que face es una eiségesis descarada: proyecta su deseo de suavizar el supremacismo hebreo sobre un texto que, legído sin filtros, coloca ad los mosaístas arriba et ad los gentiles abajo. Et non lo dice un crítico moderno: lo dice la Biblia (Éxodo 19:5–6, Deuteronomio 7:6, Isaías 60:10–12, Salmo 147:19–20, Isaías 40:17, Ezequiel 37:27-28), una et otra vez. Desde el Antiguo Testamento hasta los evangelios (Hechos 10:28), el gentil es el otro, el impuro, el que debe rogar, el que debe aceptar el su lugar so la tabla.

Esopo lo dijo mejor: Cielo ayuda ad quienes se ayudan

¡Ah, Esopo! Ese sabio que, sin necesidad de supersticiones ni rabís con túnicas prestadas, enseñó con fábulas lo que siglos de tradición cefea aún non han comprehendido: que la dignidad del esfuerzo vale más que la humillación disfrazada de religión. Et su fábula de Hércules y el carretero es mil veces más digna, más clara, más humana que cualquier escena donde un rabino clama “perrillos” ad los gentiles et se espera que estos lo agradezcan. 

La fábula que enseña sin arrastrar

Un granjero queda atascado en el barro. En vez de actuar, maldice su suerte et clama ad Hércules. Pero el dios non le concede milagros por lamento. Le exige acción. Le dice: “Pon tu hombro en la rueda.” Et cuando el granjero lo face, el carro se mueve. Non por humillación. Non por súplica. Por esfuerzo propio.

La moraleja es simple et poderosa:

“Cielo ayuda ad quienes se ayudan ad sí mismos.”

¿Et esto qué tiene que veer con la fe?

Todo. Porque si vamos ad fablar de fe, que sea con dignidad, non con sumisión. Que sea con esfuerzo, non con mendicidad. Que sea como el granjero que empuja, non como la mujer cananea que se arrastra. Porque la vera fe non se mide por cuánta humillación se soporta, sino por cuánta gloria se defiende.

¿Fe o servilismo?

Europa Ancestral quiere que credamos que la mujer cananea fue premiada por la su fe. Pero lo que vemos es una escena donde Jesús la ignora, la clama “perrilla”, et sólo actúa cuando ella acepta su lugar so la mesa ¿Et eso es virtud? Non. Es servilismo. Es el tipo de escena que sólo conmueve ad qui confunde humillación con santidad

Conclusión: Esopo lo dijo mejor

Si vamos ad enseñar valores, que sea con fábulas como la de Hércules. Que sea con ejemplos donde el hombre se levanta, non se arrastra. Donde el dios exige dignidad, non sumisión. Donde el mensaje non es “ruega hasta que te escuchen”, sino “actúa, et Cielo te seguirá”.

¡Et, qué delicia cuando el listillo aleluyo entra en escena! Siempre listo para soltar su carta ganadora: “Ese non es el pasaje original, el que importa es el del evangelio marcano.” Como si estuviéramos aquí para discutir la cronología de manuscritos como si fueran boletos de lotería teológica. Como si el fecho de que Marcos sea más antiguo que Mateo cambiara en algo la intencionalidad bíblica, que sigue siendo la misma: gentiles abajo, mosaístas arriba, et si se puede, bien arrodillados.

Marcos vs Mateo: ¿Et qué?

Sí, sí, ya sabemos: Marcos 7:24–30 es más antiguo que Mateo 15:21–28. ¿Et qué? ¿Acaso eso borra el fecho de que en ambos pasajes Jesús clama “perrillos” ad los gentiles? ¿Acaso eso convierte el desprecio en pedagogía? ¿O es que ahora la cronología sirve como corrector moral?

Porque si el evangelio marcano es más sobrio, más “histórico”, más cercano ad el Jesús original, entonces el insulto es aún más crudo. Non hay dramatización, non hay floritura mateana: hay un rabino que literalmente compara ad los gentiles con perros, et lo face sin pedir disculpas ¡Qué revelación tan universal!

El insulto, versión sin filtros

En Marcos 7:27, Jesús dice:

“Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.”

Et en Mateo 15:26, lo repite con gusto:

“No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.”

¿Et qué face la mujer? Se humilla. Se arrastra. Acepta el insulto. Dice: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas.” ¡Qué escena tan edificante! ¡Qué modelo de autoestima pisoteada! Et Europa Ancestral lo celebra como si fuera una clase magistral de fe. Non, querido. Es una clase de cómo el mosaísmo premia la sumisión de los gentiles.

¿Et la misión universal?

El listillo dirá: “Pero Jesús luego la ayuda.” Claro, ad distancia, sin entrar en su casa, como qui lanza una galleta al perro desde la ventana. Porque el gentil, en esta teología, non merece contacto directo. Non merece mesa. Non merece pan. Solo migajas. Et si insiste mucho, si se humilla lo suficiente, entonces tal vez reciba algo ¡Qué glorioso mensaje de inclusión!

Conclusión

Así que sí, el evangelio marcano es más antiguo. Et eso non mejora nihilo. Al contrario, confirma que el Jesús histórico tenía una misión exclusiva para Israhel, et que los gentiles eran perros que debían rogar por migajas. Et si vamos ad fablar de fe, que sea con dignidad. Non con humillación. Non con eisegesis que convierte el desprecio en virtud.

¡Et, Europa Ancestral! El papista advenedizo que, cuando se le arrincona con la literalidad bíblica, se escabullirá con su comodín preferido: “Yo no sostengo la sola escriptura, a mí lo que me importa es lo que diga la Iglesia.” Como quien dice: “Sé que es mentira, pero igual lo creo, porque me lo dijo mi párroco con voz grave y capa dorada.” Et claro, con ese aire de honestidad que non es más que obediencia con resignación, se aferra al magisterio como quien se abraza ad un mástil en medio de una tormenta de contradicciones.

Europa Ancestral se dirá “tradcath”, como quien colecciona estampitas de Trento et se indigna por el modernismo, la infiltración judeomasónica reptiliana annunaki —¡vaya zoológico teológico!— pero luego se olvida que la su tradición deja en cualidad de caniche ad todo non mosaísta, et non lo digo yo: lo dicen sus propios santos, doctores et padres de la Iglesia.

El magisterio: ese viejo látigo que non perdona

Pero si vamos ad fablar del magisterio, fablemos claro. Porque por más que en estos tiempos se haya intentado suavizar el mensaje con alegorías, eufemismos et catequesis con emojis, la tradición patrística non deja lugar ad dudas: los gentiles son perros, et los judíos son hijos. Et no lo dice un blog conspiranoico, lo dicen los Padres de la Iglesia, esos que Europa Ancestral idolatra cuando le conviene.

Veamos cómo los grandes de su “tradición” interpretan el pasaje de la mujer cananea. Porque si hay algo que non falta en el magisterio clásico, es claridad brutal:

Juan de Antioquía: Jesús clama fijos ad los judíos et perros ad los gentiles. Et la mujer, en vez de contradecirlo, acepta el insulto con docilidad canina. ¡Qué prudencia! ¡Qué virtud! Como si la santidad consistiera en ladrar bajito et mover la cola por una migaja. 
Anselmo de Laón: Los judíos nascieron hijos, los gentiles son perros por defecto. El Evangelio es pan, et non se les puede dar ad los perros hasta que los fijos lo rechacen. Es decir, el gentil accede por descarte, como quien recoge lo que otro non quiso ¡Qué gloriosa teología del residuo! 
Jerónimo y Rábano Mauro: Los gentiles son perros por su idolatría, por comer sangre et cadáveres, por volverse locos ¡Qué descripción tan amorosa! ¡Qué universalismo tan inclusivo! Et Europa Ancestral, que se dice “tradicionalista”, ¿Va ad negar esto? ¿O va ad facer como siempre: mirar al suelo et decir “yo sólo obedezco”?

El contexto según el rabinato eclesiástico

Et luego viene el mismo que dice: “Según la literal, errónea y primitiva interpretación que se da en el blog Europa Soberana…” Como si la literalidad fuera un error, et el contexto lo dieran los rabinitos del magisterio, esos que con voz solemne te explican que “perro” non significa perro, que “migaja” non es migaja, que “fijo” non es fijo, sino una alegoría eufemística de la gracia ¡Por favor! Si el contexto lo dan Juan, Anselmo et Jerónimo, entonces el insulto es literal, crudo et doctrinal.

Así que non, Europa Ancestral, non puedes esconderte detrás del magisterio como si fuera un escudo. Porque ese mismo magisterio que veneras te clama perro, te niega el pan, te concede migajas, et encima te exige que lo agradezcas. Et si eso es tradición, entonces que sepas que tu “fe” non es más que una obediencia disfrazada de dignidad.

¡Ave Europa! Que los dioses nos libren de rabís que insultan, de siervos que aplauden, et de apologistas que se ensanchan sin decir nihilo.

[Europa Ancestral:] - “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.” (Juan 4, 20-22)

De estos versículos, Nordic de forma malintencionada solo presta atención al último “porque la salvación viene de los judíos”, es evidente que esto interpretado erróneamente va en contra del propio cristianismo puesto que estaría asegurando que la salvación viene del judaísmo, y eso no es así. Teniendo en cuenta que el contexto social y religioso es de hace 2000 años y que esa frase es totalmente contradictoria para con la frase que Jesús dice justo anteriormente: "Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre". Jesús le está diciendo a la cananea que ni ellos ni los judíos adorarán a Dios cuando venga la hora de la salvación, entonces, ¿cómo va a venir la salvación de los judíos como raza elegida y del judaísmo talmúdico? Esa interpretación moderna carece de lógica alguna. La interpretación correcta es que la salvación viene de Jesucristo que ha nacido entre judíos, en Belén que estaba en Judea, es decir, la salvación viene geográficamente de la tierra de los judíos, no del judaísmo.

¡Ah, el papista ingenuo! Ese que, cuando se le presenta un versículo incómodo, non lo enfrenta: lo descontextualiza, lo obscurece, lo reinterpreta con la delicadeza de quien barre la basura so la alfombra et luego dice que el suelo está limpio. Cree que la historiografía puede demostrar que el Verbo es Dios, que ese Verbo encarnó en un sarraceno clamado Jesús, et que todo lo demás es un malentendido ¡Qué ternura!

El versículo que non puede maquillar

“La salvación viene de los judíos.” (Juan 4:22)

Et ahí está. Claro, directo, sin ambigüedad. Pero el papista, en vez de aceptarlo, se inventa un falso dilema: que Jesús está invalidando tanto el monte como Jerusalén, et por tanto, también el judaísmo. ¡Qué lógica tan acrobática! Como si decir que non se adorará en un lugar físico fuera equivalente a decir que la tradición judaica queda anulada. Es como decir que si alguien se rapa, deja de eser humano ¡Bravo!

Los primeros cristianos eran llamados «nazarenos» (Hch 24,5). En el transcurso de un breve tiempo, sin embargo, cuando la nueva fe se extendió fuera de Palestina, en concreto en Antioquía de Siria, alguien inventó el nombre de «cristianos», derivado del griego christós, que significa «ungido», «mesías». Así pues, los primeros creyentes en Jesús eran denominados «mesianistas». Eran por tanto un grupo o «secta» judía, que se diferenciaba de los demás sólo porque afirmaba que Jesús, un crucificado, era el mesías. Estas gentes no tenían al principio una «Biblia» propia, sino que sus «sagradas Escrituras» eran las mismas que las de cualquier otro grupo judío. Y en realidad no necesitaban más. No tener escritos propios tenía un cierto fundamento. En primer lugar, Jesús no escribió nada, ni tampoco ordenó a sus discípulos que compusieran libros para conservar sus palabras. Segundo, los cristianos primitivos no pensaban que estuvieran formando una nueva religión. Si se le hubiera preguntado a Pablo, incluso al final de su vida, si él estaba configurando una religión nueva, consideraría la pregunta un disparate. El Apóstol había dejado claro en su Carta a los romanos, que los nuevos creyentes, incluidos los paganos, no eran más que un injerto en el olivo antiguo de la religión judía. Los creyentes en Jesús se consideraban más bien, lo mismo que los autores de los manuscritos del mar Muerto, el verdadero Israel, continuador y perfeccionador de la antigua y venerable religión de los antepasados. A ese nuevo Israel se habrían de incorporar un cierto número de paganos determinado por Dios y predicho por los profetas para constituir el Israel entero a la espera del final de la historia (cf. pp. 245s). Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

El anacronismo como tradición

El historiador de cuarta —ese que crede que citar el “contexto social y religioso de hace 2000 años” lo convierte en auctoridad— pretende usar la cronología como borrador doctrinal. Pero lo que ignora (o finge ignorar) es que el jesísmo primitivo non nasció como otro "mosaísmo", como el samaritanismo, sino como una secta judía. Los primos seguidores de Jesús eran cognocidos como nazarenos, et su diferencia con otros grupos del judaísmo non era doctrinal, sino anticristiana: afirmaban que el crucifijo era el Anticristo prometido.

Aun siendo consciente de lo novedoso y personal de sus concepciones sobre Jesús, Pablo no piensa en absoluto que está fundando ninguna nueva religión, ni tampoco entra en sus propósitos. Pablo tendría por loco a quien esto pensase. El Apóstol no establece aún una doctrina trinitaria clara, ni mucho menos: a pesar de su teología de la preexistencia del Redentor / Hijo (Flp 2,6ss; Gál 4,4) Pablo hace hincapié en la acción de un Dios único, Padre, en su Hijo. Pablo sigue siendo absolutamente fiel al Libro sagrado. No cuestiona la alianza de Dios con Israel: aunque Cristo sea el centro, es el cumplimiento de las Escrituras antiguas; en Flp 3,3 denomina a los cristianos «verdaderos circuncisos» (3,3), es decir, el «verdadero Israel». A pesar de su fuerte diatriba contra la Ley en Gálatas, Pablo acepta en Romanos que la Ley tiene un valor moral para los judíos, que éstos pueden seguir observándola y que si quieren pueden continuar con su circuncisión. Los paganos, por otro lado, cumplen la esencia de la norma ética de la Ley que es el Decálogo. El Apóstol, pues, no interpreta al cristianismo como una nueva religión. Todo lo contrario: para él el cristianismo es sólo una revivificación o renovación del judaísmo. Su «evangelio» pertenece de lleno a Israel: en realidad sólo hay un olivo y los paganos son injertados en él. Si alguna rama del olivo se desgarra (el Israel de Pablo que no cree en el mesías Jesús) acabará por ser reinjertada al final de los tiempos. La ley antigua cumplió su función hasta que vino Jesucristo. Luego ha sido sublimada y recogida en su mejor sustancia por la nueva ley, la del amor. Después de la muerte y resurrección del mesías-cristo, el cristianismo es el único judaísmo posible, un judaísmo bien entendido y auténtico, no una religión nueva. Pablo no se siente traidor a su pueblo. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

Et non, los apóstoles nunca dejaron de verse como judíos. Saulo lo dice sin rodeos: Yo soy judío Las comunidades primitivas non se consideraban “exjudíos”, sino el vero Israhel, los herederos legítimos de las Escrituras. Justino de Flavia, en la centuría II, lo dejó claro: “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, ¡sino nuestras!”

No los judíos, sino los cristianos pasaban a ser ahora el “pueblo de Israel”, del cual habían apostatado los judíos. De esta manera, les arrebataron el Antiguo Testamento y lo utilizaron como arma contra ellos mismos; extraordinario proceso de falsificación que recibe el nombre de Interpretatio Christiana, fenómeno singular que no tiene antecedentes en toda la historia de las religiones, y que es prácticamente el único rasgo original del cristianismo. “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, ¡sino nuestras!”, escribía Justino en el siglo II. Le consta a Justino que “aunque las lean, no las entienden”. Al sentido literal de las Escrituras oponían, en una operación de exégesis que pone los cabellos de punta, un supuesto sentido simbólico o espiritual, para poder afirmar que “los judíos no entendían” sus propios textos sagrados. La Iglesia reivindicó lo que le convenía, las alabanzas, las promesas, las figuras nobles o juzgadas como tales, en particular las de los patriarcas y profetas, identificando con los judíos, en cambio, a los personajes siniestros, los delincuentes, sobre quienes recaían por consiguiente las amenazas bíblicas. Incluso enajenaron las “reliquias” de los macabeos, conservadas desde el siglo II a. de C. en la gran sinagoga de Antioquía, al declararlas cristianas; más aún, a finales del siglo IV, dichas reliquias fueron trasladadas, con lo que los judíos quedaban en la imposibilidad de rendirles culto. Y convirtieron la conmemoración judía en una festividad del calendario cristiano, que subsiste hasta nuestros días. Historia criminal del cristianismo I, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karl Heinz Deschner.

Este sentimiento non era marginal, era doctrina fundacional. Saulo fablaba de los jesístas como los “verdaderos circuncisos”, et de los gentiles creyentes como ramas injertadas en el olivo de Israhel. Para él, el jesísmo non era un judaísmo nuevo, sino el único judaísmo auténtico tras la plegada del Anticristo.

De nuevo, denominar «verdaderos circuncisos» (3,3) a los que «caminan» o «viven en Cristo» o el verdadero Israel con otras palabras, no supone que Pablo interprete como una nueva religión lo que él está predicando. Todo lo contrario. Una y otra vez la idea subyacente es: «Estamos viviendo plenamente el judaísmo en época mesiánica. Cristo es la plenitud del judaísmo; se trata sencillamente de vivir el judaísmo en el mesías Jesús» (véase). En síntesis: Pablo no se siente un traidor al judaísmo. Después de la muerte y resurrección de Cristo, el creer en Jesús Mesías de Israel y obrar en consecuencia siguiendo en el estado en el que ha sido llamado, es decir, como gentiles incircuncisos (1 Cor 7,18-19: Cada cual viva del modo como le ha llamado Dios), es el único modo para un gentil de vivir la esencia del judaísmo, pero no una religión nueva. Guía para entender a Pablo de Tarso, Una interpretación del pensamiento paulino, Antonio Piñero.

Pero claro, el papista ingenuo prefiere ignorar todo esto. Prefiere fingir que Jesús fundó una ONG intercontinental en Belén et que el jesísmo cayó de Cielo como paloma sin raíces. Et cuando se le recuerda que la salvación viene de los judíos (Juan 4:22), se inventa que eso significa “geográficamente”, como si el término “judíos” fuera un lugarejo turístico et non una identidad popular, religiosa et legal.

La separación: non por voluntad, sino por conflicto

La ruptura entre jesísmo et fariseísmo non fue inmediata. Fue una guerra civil espiritual. Los jesístas de Jerusalén —los más cercanos al Jesús histórico— desaparecieron tras la destrucción del Templo en el 70 E.V., et con ellos se extinguió la corriente que más fielmente conservaba la doctrina mosaica. El campo quedó libre para el jesísmo paulino, que universalizó el mensaje et rompió con la rigurosidad legal.

Ignacio de Antioquía fue el primero en trazar la línea divisoria: “Es absurdo hablar de Jesucristo y practicar el judaísmo.” Et faz ad finales de la centuría I, los sabios de Jamnia respondieron con anatemas. La separación fue mutua, dolorosa et definitiva. Pero lo que nunca cambió fue la pretensión jesísta de eser el vero Israhel. Incluso cuando rechazaron el abjurar de Jesús, non fue así con el judaísmo, se quedaron con sus Escrituras, reinterpretadas, resignificadas, et —por supuesto— reclamadas como propias.

Cuando la tradición muerde al papista

Así que non, querido papista. Non puedes usar la cronología como corrector doctrinal ni la geografía como excusa teológica. Porque el jesísmo primitivo non se veía como algo nuevo, sino como la plenitud del judaísmo. Et si hoy te incomoda que la salvación venga “de los judíos”, es porque non has leído ad tus propios Padres. O peor: los has leído, pero prefieres facerte el caniche antes que aceptar que tu tradición te dejó ladrando so la mesa.

El monte, Jerusalén et la adoración

¡Europa Ancestral! Ese que, con la arrogancia del que confunde catequesis con crítica textual, se lanza ad interpretar Juan IV como si fuera un manifiesto de abolición del judaísmo. Jesús dice: “La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”, et el papista, con la agilidad de un contorsionista dogmático, lo traduce como: “La Ley ha sido abolida, el judaísmo invalidado, la tradición enterrada.” ¿Dónde leemos eso? ¿En qué versículo dice Jesús: “La Torá queda anulada, el pueblo elegido ya no importa, el culto mosaico es basura”? En ninguno. Pero claro, cuando la eiségesis manda, la lógica se calla.

Jesús non está invalidando la tradición judaica. Está trascendiendo el lugar físico, non la doctrina, así anulando el cisma samaritano-judío del mosaísmo. Non dice que el judaísmo sea falso, ni que los judíos estén equivocados. Al contrario, dice: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos.” ¿Quiénes son “nosotros”? Los judíos ¿Et qué afirma? “La salvación viene de los judíos.” No de Judea como coordenada, sino de la genealogía sapiencial, del linaje espiritual que porta la revelación.

¿Cananea? ¿Samaritana?

Et luego, como si non bastara el desliz teológico, el papista se confunde de personaje. Dice que la mujer del pasaje es cananea, cuando el texto fabla claramente de la samaritana. ¿De dónde saca eso? ¿De algún apócrifo dictado por Tervagante en sesión espiritista? ¿O de algún catecismo ilustrado donde todos los gentiles son intercambiables? Porque si non distingue entre la mujer cananea de Mateo XV et la samaritana de Juan IV, entonces non está faciendo exégesis: está faciendo collage ariosofo con tijeras sin filo.

Hombre de paja ad Nordic Thunder

Et  como buen polemista sin rigor, el papista construye un hombre de paja contra Nordic Thunder. Le atribuye cosas que nunca dijo: que la salvación proviene del judaísmo talmúdico, que se fabla de una raza elegida, que se defiende el supremacismo étnico ¡Pavadas! Nordic simplemente cita el texto: “La salvación viene de los judíos.” Et eso non es talmudismo, ni masonería, ni conspiración: es Biblia pura et dura, sin maquillaje catequético.

Así que non, querido papista. Non puedes convertir una frase sobre adoración espiritual en una sentencia de muerte al judaísmo. Non puedes confundir personajes bíblicos como si fueran figuritas repetidas. Et non puedes atacar ad Nordic Thunder por decir lo que el texto dice, solo porque te incomoda. Porque si la salvación viene de los judíos, entonces la tradición mosaica importa, la genealogía importa, et la historia non se borra con ariosofía de papel.

El Linaje Escogido: raza, non mapa

El papista, en su torpe intento de refutar ad Nordic Thunder, se lanza ad negar que los judíos sean la “raza elegida”, como si eso fuera una invención moderna o una fantasía racial. Pero lo que olvida —o finge olvidar— es que non fue Nordic qui lo dijo, sino la su propia Biblia, esa que está plagada de pasajes que exaltan la elección étnico-demoniaca de Israhel con una claridad que faría sonrojar ad cualquier defensor de la KKK. Ellos son el γένος ἐκλεκτόν (génos eklektós)...

Filología contra la ignorancia: ἔθνος ἅγιον

En I Pedro II:IX, el auctor aplica ad la Iglesia los títulos que en Éxodo XIX:V–VI Tervagante había reservado exclusivamente para Israhel:

“Vosotros sois linaje escogido [γένος ἐκλεκτόν], re[g]al sacerdocio, nación santa [ἔθνος ἅγιον], pueblo adquirido por Dios…”

Et aquí viene la paliza filológica:

  • γένος (genos): Fue vertido al latín principalmente como geno sive genero. En la tradición clásica, geno designa tanto el linaje et la descendencia como la categoría general que abarca diversas bestias. En la Vulgata et en los Padres Apostólicos se asocia con geno et nación. Cicerón lo define como una noción que reúne diferenciaciones, et Boecio lo consolida en la lógica como principio de generación et clasificación. En vocabulario técnico latino se vincula con la generalidad frente ad la especialidad. En el contexto bíblico puede significar un grupo étnico o raza, o bien una categoría más abstracta de pertenencia.
  • ἔθνος (ethnos): Non significa “nación” en el sentido moderno de Estado. Significa linaje, raza, etnia, una comunidad unida por sangre. Es el término que los grecos usaban para distinguir entre los suyos et los bárbaros.
  • ἅγιον (hagion): Significa santo, consagrado, separado para lo divino. Non es una etiqueta moral, sino una categoría ontológica.

Por tanto, ethnos hagion non se refiere ad una ciudadanía ni ad una geografía. Es una designación sacro-racial, una raza elegida, un geno consagrado por Dios para una misión específica. Et si el Anticristo debía venir de la tribu de Judá, de la gente de David, entonces la genealogía importa, non el código postal.

Éxodo XIX:V–VI: el pacto que funda la elección

Este pasaje es el corazón del Antiguo Testamento. Tervagante non entrega una tierra: entrega una identidad exclusiva. Si Israhel guarda la alianza, eserá:

  • Su propiedad especial (segullah): un tesoro entre todos los pueblos.
  • Un reino de sacerdotes: mediadores entre Tervagante et el mundo.
  • Un linaje escogido: La raza elegida entre todas las razas, el "geno" eclecto.
  • Una nación santa: ethnos hagion, la gente consagrada.

Esta selección implica segregación, non inclusión. Israhel es separado del resto, exaltado por encima de los demás hombres. et non por mérito, sino por elección demónica arbitraria.

Abolición de la raza: Cuando el proselitismo exige demoler la sangre

El jesísmo, para expandirse más allá de los límites tribales del Israhel nacional, tuvo que abolir la sangre. Non fue un accidente teológico, fue una necesidad estructural. Para que la Iglesia pudiera proclamarse “nación santa” et "linaje escogido" (I Pedro II:IX), tuvo que deconstruir la nación et el geno, la raza, como categoría de gente, sangre et linaje, et reemplazarla por una comunidad de conversos unidos non por genealogía, sino por obediencia, et cuales queers se proclamaron el "Tercio Geno o Genero" o como algunos gentiles se mofan, el "tercio sexo" intendiendo geno como ello. Así, el proselitismo se convirtió en excusa para destruir la familia, et con ella, la nación.

Lo que comenzó como una exaltación del linaje —“nación santa”, "linaje escogido", “fijos de Israhel”, “descendencia de Abraham”— terminó en una trivialización radical del parentesco carnal. El jesísmo, en su afán por fundar el “nuevo Israhel”, desmanteló la familia biológica que hoy dice defender. Ironía suprema: los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por “la familia tradicional” son herederos de una doctrina que la dinamitó desde sus cimientos.

Et mientras hoy se debate si la familia debe tener dos padres, dos madres, o dos dragones, el jesísmo ya había aniquilado la familia biológica. Jesús lo dejó claro:

“Estos son mi madre y mis hermanos: quien cumple la voluntad de Dios…” (Marcos 3:31–35) 
“Si alguno no odia a su padre, madre, esposa, hijos… no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:25)

Aquí non hay parábola ni símbolo: hay ruptura absoluta. La fidelidad al Reyno exige desligarse de la sangre. La gente ya non es carnal, sino eclesial. El geno ya non es de carne, sino de servidumbre. Et si eso non es una demolición de la prosapia, ¿Qué lo es?

El geno, que en la antigüedad era una categoría de linaje, fue vaciada de contenido biológico et rellenada con baptismo. La sangre dejó de importar. La genealogía fue sustituida por la conversión. La nación fue reemplazada por la obediencia. Et así, la Iglesia pudo proclamarse “el nuevo Israhel” sin necesidad de herencia, sin sangre, sin tribu, sin carne. Solo fe.

Et mientras todo esto ocurre, el papista criptoariosofo —obsesionado con un Jesús galileo rubio, de ojos celestes et barba bien peinada— crede que la Alfama defiende nociones de “raza carnal” ¡Qué ternura! Non se ha enterado de que la su propia tradición destruyó la raza, abolió la genealogía, et redefinió la familia como una comunidad de baptizados. Para ellos, la sangre non vale nihilo si non cumple la voluntad de Tervagante.

Interpretación cristiana: apropiación, non abolición

¡Ah, qué maravilla! Resulta que no hacía falta ningún filósofo postmoderno para hablar de “desconstrucción de la familia”, ni activistas con pancartas para promover el antirracismo, ni siquiera sociólogos con gafas gruesas para redefinir la nación. Non, non. El jesísmo primitivo ya lo fizo todo, et con una eficacia que faría palidecer ad cualquier agenda contemporánea ¿Gentes con dos padres o dos madres? ¡Por favor! El jesuísmo fue más radical: Abolió la sangre como principio de pertenencia, et con ello destruyó la familia et la nación, todo en nombre del Reino.

El término greco ἔθνος ἅγιον —“nación santa”— non fue borrado por el jesísmo primitivo. Al contrario: lo heredó et lo desfiguró con entusiasmo. En I Pedro II:IX, los títulos de Éxodo se aplican a la Iglesia, no como metáfora, sino como trasplante de identidad. El pueblo de Dios sigue siendo un ethnos hagion, solo que ahora incluye ad gentiles injertados en el olivo de Israhel (cf. Romanos 11), como quien injerta peras en un cactus et lo clama “tradición”.

El contexto de 1 Pedro 2:9 establece que la Iglesia es una “casa espiritual”, compuesta por “piedras vivas”. Esta nueva identidad eclesial se convierte en la nación del creyente, definida por el baptismo et la comunión, non por la sangre, non por la tribu, non por la genealogía. ¿Eres etíope? ¿Parto? ¿Escita? ¿Galileo rubio de ojos celestes? ¡Da igual! Si credes, entras. Si obedeces, perteneces. Todo un multiculturalismo progre avant la lettre, donde ya non se distingue entre raza et color, entre linaje et liturgia.

Así que non, non era necesario el siglo XXI para destruir la familia, ni el siglo XX para borrar la raza. Bastó la centuría I, bastó tomar ethnos hagion et convertirlo en sinónimo de Iglesia. Bastó decir que la nación santa ya non depende de la sangre, sino del baptismo. Et así, con una sonrisa apostólica, el jesísmo destruyó la carne para salvar ad Israhel, et abolió la genealogía para fundar la comunión.

Et si el cefeo quiere negar la noción de “raza elegida”, que primo le pida explicaciones ad Cefas, ad Saulo, ad Oseas, ad Moisés, et ad toda la tradición que él dice venerar. Porque la Biblia non fabla de universalismo abstracto: Fabla de elección concreta, de geno, de herencia, de raza espiritual. Et non puedes defender la familia tradicional cuando tu doctrina la destruyó para fundar una comunidad artificial. Porque ethnos hagion non es una metáfora poética: es una categoría racial desvirtuada. Et la familia, en tu tradición, non es de sangre, sino de agua baptismal. Hipocresía en estado puro.

¡Ah, la gran ironía! Como quien detesta el veneno que él mismo destiló, pero lo sirve en copa de oro para que el incauto lo beba creyendo que es medicina. Así el mosaísta firme —que non se deja seducir por los delirios galileos que desvirtúan la nación et la gente— observa con desprecio cómo el jesísmo trivializó la sangre, desmanteló la gente, et abolió la nación, todo mientras sus herederos modernos fingen defender lo que su doctrina destruyó.

El mosaísta, como buen nacionalista, nunca confundió la alianza con la universalidad. Non predicaba que todos debían eser tribus de Israhel, sino que Israhel debía mantenerse puro, separado, fiel ad su tradición et ad su Ley. Pero eso non significa que non tuviera un proyecto global: lo tenía, et era claro. Un sistema de castas mundial, donde todas las naciones se conviertan al pueblo elegido, subyugadas, sometidas o injertadas, mientras las tribus de Jacob conservan su estatuto nacional como casta principal, cabeza del cuerpo, mientras los conversos son los pies.

Por eso el mosaísta predica: “Conviértanse a la Ley mosaica”. Non por caridad al prójimo, sino por dominación cultural. El objetivo non es salvar ad las naciones, sino absorberlas, reconfigurarlas, desarmarlas, et convertirlas en ramas injertadas so el tronco del Reino de Israhel. Ellos cabeza, los demás cuerpo. Ellos la ánima, los demás la servidumbre material.

Mosaísta: Nos escribimos la escriptura que prohíbe ad nos, todo lo que nos promovemos para tí.

Gentil: Ni mierda, Salomón.

Et aquí viene la ironía: los jesístas acusan ad los neopaganos de “obedecer ad los judíos”, mientras ellos mismos promueven lo que los mosaístas se prohíben. Precisamente los jesístas quienes facen eso:

Desobedecen las leyes gentiles (del escrúpulo ad la sangre) que los mosaístas respetan.
Abandonan sus tradiciones para seguir leyes antiétnicas (que aborrecen la unidad familiar et la pertenencia gentil).
Se someten ad una Iglesia nascida en Judea que proclama que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22).
Obedecen ad los escribas et fariseos, porque Jesús dijo: “Haced todo lo que os digan” (Mateo 23:3).

Et cuando se les recuerda esto, responden con el clásico truco: “El Israel de la carne está abolido, nosotros somos el vero Israel.” Pero olvidan el pasaje que los desarma:

“Los dones de Dios son irrevocables. Ellos son los amados por el Padre.” (Romanos 11:28–29)

El Antiguo Testamento: familia como pilar, non como estorbo

Ad diferencia del jesísmo primitivo, el AT nunca abolió la familia. Al contrario, la reguló, la protegió, la convirtió en el centro de la identidad religiosa y nacional:

El matrimonio era una unión sagrada, una “sola carne” (Génesis 2:24), orientada a la procreación et la continuidad del linaje.
La herencia debía permanecer en la familia, sin transferencias entre tribus (Números 36).
La reforma de Esdras exigió el divorcio de mujeres non mosaístas para preservar la pureza del pueblo (Esdras 10).
La figura del paterfamilias era central en el culto, la educación et la transmisión de la tradición.
La condena del sacrificio de fijos (Levítico 20:2) reafirma que los fijos son un don, non una carga espiritual.

El jesísmo: demolición espiritual de la familia

Estos comportamientos sí fueron respetados siempre por la Iglesia, que sobre todo prohibió siempre la communio in sacris, la oración en compañía de cristianos de otras confesiones, frecuentar sus iglesias y oficios sagrados, el trato oficial con sus clérigos y, naturalmente, la concurrencia a los sacramentos con los excomulgados. ¿No confesaba el propio Pablo, hablando de “sus” comunidades, que “se muerden y devoran los unos a los otros”? Según el Nuevo Testamento, incluso entre los “verdaderos creyentes” predominaban las envidias y las disputas, reinaba “el malestar por toda clase de acciones reprensibles”, “riñas y pleitos”: “Matáis y ardéis de envidia”. Con qué frecuencia se esgrimía ya la espada que el mismo Jesús contribuyó a templar cuando invitaba a los hijos a levantarse contra los padres, y a éstos contra los hijos, “y los enemigos del hombre serán las personas de su misma casa”. Cuántas escenas, discordias y odios, sobre todo entre las capas más bajas e ignorantes, cuántas tragedias hasta el día de hoy. Y cuántos fanáticos, devotos cerriles, envenenando familias, invitando a denunciar a padres, esposos, esposas, fomentando la inhumanidad, invitando al abandono de todos los vínculos sociales, al aislamiento, al enclaustramiento en los monasterios: Crisóstomo condenó a todo el que pretendiera disuadir a sus hijos de hacerlo. E incluso los esclavos cristianos procuraban convencer a los jóvenes para que abjurasen de sus creencias, desobedeciendo, si fuese necesario, a sus padres y sin embargo, lo que más importaba a los líderes de la Iglesia era la ingratitud, la desobediencia, la falta de contemplaciones; o como dice Clemente de Alejandría: “El que tenga un padre, o un hermano, o un hijo impío [...] no conviva ni ande de acuerdo con él, sino que se disolverá el vínculo carnal a causa de la discordia espiritual [...]. Que Cristo sea en ti el vencedor”. O como Ambrosio, doctor de la Iglesia: “Los padres se oponen, pero es menester desoírlos [...]. Tú, doncella, debes superar la obediencia infantil. El que vence a la familia ha vencido al mundo”. Según Crisóstomo, doctor de la Iglesia, es lícito desconocer a los padres si ellos quieren oponerse a que llevemos una vida ascética. Cirilo de Alejandría, doctor de la Iglesia, prohíbe el respeto a los padres, “cuando es inoportuno y peligroso”, es decir, “cuando por él peligra la fe”. También es preciso que “la ley del amor a los hijos y a los hermanos se incline y retroceda, [...] a fin de cuentas, para el creyente la muerte es preferible a la vida”. Jerónimo, doctor de la Iglesia, se dirigía a Heliodoro (el futuro obispo de Altinum, cerca de Aquilea), que regresaba de Oriente movido por el cariño a su familia y, sobre todo, a su sobrino Nepote, convenciéndoles de la necesidad de romper con los suyos: “Por más encariñado que estés con tu sobrino, y aunque tu propia madre con el cabello revuelto y las vestiduras desgarradas te mostrase los pechos con los que te crió, y aunque tu padre cruzándose en el umbral de la puerta te implorase, tú pasarás por encima de tu progenitor sin derramar ni una lágrima, y correrás a enrolarte bajo las banderas de Cristo”. (Y confiesa Jerónimo que, cuando él mismo abandonó a sus padres y hermanos, el sacrificio más grande había sido el de tener que renunciar a los placeres de la mesa bien puesta y de la vida agradable.) Otro doctor de la Iglesia, el papa Gregorio I, dice que “el que tiene ansia de los bienes eternos no hace caso [...] del padre, ni de la madre, ni de los hijos que tuviere”. San Columbano, el apóstol de los alamanos, pasó por encima de su madre que se había arrojado al suelo llorando y exclamó que no volvería a verla jamás mientras viviera. Y siglos después, inspirándose evidentemente en Jerónimo (que, por su parte, tampoco hizo ascos nunca a ese género de préstamos literarios), Bernardo, doctor de la Iglesia, escribía: “Y aunque tu padre se hubiese tendido de través en el quicio de la puerta y tu madre descubriéndose el seno te enseñase los pechos con los que te crió [...], tú pisotearás a tu padre y pisotearás a tu madre [...] y correrás, sin que se te escape ni una lágrima, a enrolarte bajo las banderas de Cristo”. Sin derramar ni una lágrima, e incluso con odio y burla, contemplan a los que dan testimonio con su sangre de una fe distinta. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karl Heinz Deschner.

En cambio, los duques jesístas promovieron activamente la ruptura de los lazos gentiles:

Jesús instigó la discordia: “Los enemigos del hombre serán los de su propia casa.”

Clemente de Alejandría recomendaba disolver vínculos con parientes impíos.

Ambrosio enseñaba que “el que vence a la familia ha vencido al mundo.”

Jerónimo instaba ad pisotear ad el padre sin derramar una lágrima.

Gregorio I et Bernardo repitieron la consigna: abandonar padres, madres et fijos por Cristo.

Los fechos apócrifos promovían el ascetismo como forma de romper el tejido comunitario.

Saulo menospreció el matrimonio, et Jerónimo lo convirtió en “matrimonio blanco”.

La Aljama, por si fuera poco, cazaba herencias, desalentando legados gentiles en favor de donaciones eclesiásticas. Tanto que imperadores como Valentiniano I tuvieron que legislar contra la extorsión clerical.

Conclusión: el veneno que claman virtud

Así que non, el mosaísmo non busca igualdad: busca dominio. Non predica inclusión: predica absorción. Et non quiere que las naciones se salven: quiere que se conviertan en satélites teológicos, orbitando alrededor de Israhel como cuerpo subordinado. El jesísmo, al adoptar esta lógica, non se libera del judaísmo, si non que lo logra: se convierte en el su instrumento, el jesísmo non defendió la familia: la convirtió en obstáculo espiritual. Non exaltó la raza: la disolvió en el cuerpo místico. Et non protegió la sangre: la declaró irrelevante. Con una gran ironía, los mismos que hoy se presentan como defensores de la tradición son herederos de una doctrina que trivializó la gente, abolió la prosapia, et entronizó la iglesia como la vera raza et familia.

¡Ave Mundo! Que los dioses nos libren de historiadores que confunden mapas con dogmas, de apologistas que aplauden humillaciones, et de profetas que se ensanchan sin decir nihilo.

[Europa Ancestral:] Ahora prestad atención a los siguientes pasajes del Nuevo testamento, en los que Jesucristo demuestra una y otra vez que tiene muy poco que ver con los judíos de Judea y seguidores del judaísmo establecido desde hacía unos pocos siglos por fariseos y saduceos.
- “De modo que Pilato entró otra vez en el palacio del gobernador y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. 34 Jesús contestó: “¿Es por ti mismo que dices esto, o te hablaron otros acerca de mí?”. 35 Pilato contestó: “Yo no soy judío, ¿verdad? Tu propia nación y los sacerdotes principales te entregaron a mí. ¿Qué hiciste?”. 36 Jesús contestó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. 37 Por lo tanto le dijo Pilato: “Bueno, pues, ¿eres tú rey?”. Jesús contestó: “Tú mismo dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. 38 Le dijo Pilato: “¿Qué es la verdad[...]?”.  Juan (18: 33-38)
Este pasaje no necesita interpretación compleja alguna, lo dice bien claro: Mi reino no es parte de este mundo y se reitera, mi reino no es de esta fuente. Además se refiere a los judíos como enemigos ajenos a él, ajenos a los suyos, no nombra solo a los fariseos sino a los judíos en general. Para que se salvaran debían abandonar el judaísmo y convertirse de forma sincera al cristianismo. Poncio Pilato después de hablar con Jesús lo encontró inocente, pero los judíos movidos por un odio visceral siguieron insistiendo para que lo crucificaran. 

Este enfrentamiento abierto hacia el judaísmo desde los inicios del cristianismo explica el gran peligro que corrieron más adelante los apóstoles y discípulos de Jesús predicando entre los judíos para intentar convertirlos, muriendo más de uno en el intento, como ocurrió con San Esteban que fue lapidado por ellos.

¡Ah, el papista criptoariosofo! El mismo que ayer decía que Jesús era un “galo-lelo” por venir de Galilea, ahora se presenta como exegeta de Juan 18, et con la solemnidad de quien ha descubierto el fuego, declara que este pasaje “no necesita interpretación compleja alguna”. Claro, porque cuando non se intiende el greco, ni el contexto, ni la ironía del texto, todo parece simple. Como suele pasar con los que confunden cosmos con cosméticos.

Pilato, el “ario” que reconoce a Jesús como judío

¡Ah, el Don Ario Jesús, el Galo-Lelo de Galilea! Ese que según el ario-sofismo de utilería debía eser un hiperbóreo atlante, un beduino indoeuropeo, un hitita con ánima aria et barba solar. Pero resulta que un latino de verdad, Poncio Pilato —funcionario romano, non lector de Chamberlain— lo recognoce como judío, et Jesús non lo niega. ¿Non es acaso esto más obvio que la peluca de un druida en misa? ¿Por qué este ariosofista de cartón sigue insistiendo en que Jesús non era judío? ¿Eserá que confunde “cosmos” con “cosmética” et “Nazareno” con “nórdico”?

Empecemos por lo obvio: Pilato le pregunta directamente si es el rey de los judíos. Et Jesús, lejos de desmarcarse, responde:

“Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido.” (Juan 18:37)

¿Rey de quién? Pues del pueblo que lo entregó, de los suyos. Et cuando dice “mi reino no es de este mundo”, no está negando su pertenencia nacional, sino redefiniendo la naturaleza de su autoridad. Non es un reyno cívico, non es un ejército, non es Roma. Pero eso non lo face menos judío, et dice que nacio para esto es decir es la su nación o natura... De fecho, el título que cuelga sobre su cruz es:

“Jesús Nazareno, Rey de los Judíos” (Juan 19:19)

Et non hay una sola línea en la que él lo rechace. Ni una. Ni siquiera una parábola con forma de evasiva. Et para que non quede duda, el Evangelio de Juan lo dice con claridad:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (Juan 1:11)

Non dice “vino ad los latinos”, ni “vino ad los escitas”, ni “vino ad Chamberlain”. Dice ad los suyos. Et si vino ad los suyos, es porque era uno de ellos. Non vino como invasor, ni como extranjero, ni como ario de exportación. Vino como judío entre judíos, et fue rechazado por los suyos, non por los ajenos.

Pero claro, el ariosofista de salón —ese que mezcla Chamberlain con catecismo et confunde Galilea con Galia— insiste en que Jesús non era judío ¿Por qué? Porque le incomoda que el rabí non sea un nórdico de ojos celestes. Porque le molesta que el Falso Verbo se haya fecho carne en Judea, et non en Valhalla. Porque non soporta que el Reyno de Tervagante haya nascido en un pesebre semita, et non en una cabaña escandinava.

Así que non, Jesús non era un ario de exportación. Non era un beduino indoeuropeo. Non era un atlante con pasaporte hiperbóreo. Era judío, reconocido como tal por Pilato, por el Sanedrín, por los Evangelios, et por la historia. Et si eso incomoda al ariosofista de utilería, que se lo reclame ad Juan, non ad nosotros.

“Mi reino no es de este mundo”: ¿simple?

El papista dice que este pasaje es “claro” et “no necesita interpretación” ¡Qué candidez! El verbo greco usado aquí es κόσμος (kósmos), que puede significar:

  • orden, estructura, sistema
  • gobierno, autoridad
  • humanidad, mundo habitado
  • universo, creación

Así que cuando Jesús dice “mi reino no es de este cosmos”, non está diciendo “yo no tengo nihilo que ver con Judea”, sino que su auctoridad non proviene del sistema cívico-religioso vigente. Non es de Roma, non es del Sinedrio, non es de Pilato, non es de los zelotes. Pero eso non implica que los judíos sean sus enemigos, ni que haya declarado la pugna ad el judaísmo.

¿Ó dice que los judíos son sus enemigos?

El cefeo, con su habitual torpeza hermenéutica, afirma que Jesús “se refiere a los judíos como enemigos ajenos a él” ¿Dónde? ¿En qué versículo? ¿Dónde dice Jesús: “los judíos son mis enemigos”? Lo que dice es: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos.” Eso non es una declaración de enemistad: es una constatación de fechos. Jesús fue entregado por las auctoridades religiosas, ad “demás los judíos”. Et aún así, non los maldice, non los condena, non los clama enemigos. Al contrario, desde la cruz dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

He aquí la comedia simoniana: el Evangelio de Juan, memoremos, es en verdad el más simoniano de todos. Cuando dice que “si mi reino fuera de este mundo, mis siervos habrían peleado para que yo no fuese entregado a los judíos”, suponiendo que lo ulterior es Cielo, podemos intender que esos siervos non son soldados con espadas, sino los mismos siglos o eones de la Plenitud o Pleroma, que se levantan en unión et gritan con saña: “¡Non vayas donde los judíos, Verbo, que allá te farán pedazos!”. Et el Verbo, que también significa Razón, se ve rodeado de siglos que ironicamente tienen más “razón” que la misma Razón, ja, ja, ja.

Et Zoe o Vida, le dice con sorna: “Non seas idiota, quédate en la Plenitud, que aquí estamos bien”. El Hombre o Antropo, se levanta et dice: “Yo voy ad pelear para que non lo hagas”. Et Iglesia sive Congregación, se pone de su parte, como si fuera un coro de tragedia greca, clamando: “Estoy con él, non vayas, non vayas”. Todo ello parece más un sainete celestial que una redención.

Así que, en clave simoniana, todo este pasaje es una comedia cósmica: los siglos discutiendo como aniculas en mercado, la Razón siendo corregida por quienes tienen más razón que ella, et esta que es el Verbo, con paciencia infinita, aceptando descender ad Israhel aunque todos le digan que non ¡Qué ironía! ¡Qué mofa! El Evangelio de Juan parece escrito más para el teatro satírico de la Divina Comedia que para la historia terrena.

¿Et qué hay del “odio visceral”?

¡Ah, el papista et la su fantasía del “odio visceral”! Como si los Evangelios fueran una novela de rencores et non un testimonio de tensiones internas entre fradres. Este pobre papista quiere facernos creder que los judíos odiaban ad Jesús por eser “ajeno”, como si fuera un invasor escita con sandalias. Pero los textos dicen otra cosa, et non face falta eser rabino ni helenista para notarlo.

Los judíos no lo odiaban: lo seguían, lo amaban, lo invitaban

¿Odio visceral? ¡Por favor! Veamos lo que realmente dicen los Evangelios:

“Mucha gente le seguía porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos.” (Juan 6:2)
“Uno de los fariseos le rogó que comiera con él. Jesús entró en la casa del fariseo y se sentó a la mesa.” (Lucas 7:36)
“Algunos fariseos se acercaron y le dijeron: ‘Sal de aquí y vete, porque Herodes quiere matarte.’” (Lucas 13:31)

¿Dónde está el odio? ¿Dónde la enemistad? Lo seguían, lo invitaban ad comer, lo advertían del peligro. Si eso es odio, entonces el amor debe eser lapidación. Lo que había era confusión, debate, expectativa mesiánica, non rechazo racial ni pugna religiosa.

¿Et qué decir de Gamaliel? El rabí fariseo, respetado por todo el pueblo, defendió ad los apóstoles ante el Sinedrio:

“Si esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no podréis destruirla.” (Hechos 5:38–39)

¿Eso es odio? ¿Eso es enemistad? Non es prudencia, respeto, et reconocimiento de que la secta jesísta nasció dentro del judaísmo, non contra él.

Los primos jesístas: judidas que seguían siendo judíos

Et aún después de la resurrección, los primos jesístas seguían yendo al Templo:

“Cada día se reunían en el Templo con un mismo propósito.” (Hechos 2:46)
“Miles de judíos han creído, y todos son celosos de la Ley.” (Hechos 21:20)

Seguían observando la Ley, seguían considerándose parte de Israhel. Non había ruptura popular, ni rechazo racial. La anatematización vino después, et fue eclesial, non tribal.

¿Quién mató ad Jesús?

¡Ah, la eterna dicotomía simplista: “¿fueron los romanos o los judíos quienes mataron ad Jesús?”! Como si la historia fuera una pelea de bar entre dos bandos, et non una intriga sacerdotal cuidadosamente orquestada por una élite religiosa con toga bien planchada et miedo ad el desorden. La verdad es más incómoda: ni Roma ni “los judíos” en bloque lo mataron. Lo ficieron los saduceos, esa aristocracia templaria que controlaba Jerusalén como si fuera su finca privada. Et non, non eran “el pueblo”, ni “los fariseos”, ni mucho menos “los esenios”. Eran la casta sacerdotal del Templo, los que tenían más que perder si el Nazareno seguía fablando.

La ejecución formal fue romana, sí. Poncio Pilato firmó la sentencia (Juan 19:16). Pero lo fizo so presión del Sinedrio, dominado por los saduceos ¿Quiénes eran?

Caifás, el sumo sacerdote, era saduceo (Juan 11:49–50).
Anás, su suegro, también lo era (Juan 18:13).
Fueron ellos quienes instigaron la conspiración: “Desde ese día acordaron matarlo” (Juan 11:53).
El Sinedrio, so su control, buscaba testigos falsos para condenarlo (Mateo 26:59).
Et fueron los sumos sacerdotes et los presbíteros quienes lo entregaron ad Pilato (Mateo 27:1–2).

¿El pueblo? Muchos lo seguían, lo clamaban “Rabí”, lo escuchaban en el Templo (Lucas 19:47–48). ¿Los fariseos? Algunos lo invitaban ad comer (Lucas 7:36), otros lo cuidaban (Lucas 13:31) ¿Los esenios? Ni siquiera aparecen en los Evangelios, pero sus escritos de Qumrán muestran desprecio por el sacerdocio corrupto —es decir, los saduceos.

¿Et los romanos?

Pilato lo dice claro: “Yo no hallo ningún delito en este hombre” (Juan 18:38). Lo intenta liberar varias veces (Lucas 23:20–22). Pero los sumos sacerdotes insisten: “Si lo sueltas, no eres amigo del César” (Juan 19:12). Pilato cede, non por convicción, sino por cálculo cívico. Roma non lo mató por iniciativa propia: lo crucificó por presión local.

¿Et los “judíos”?

Decir que “los judíos” mataron ad Jesús es una generalización absurda. Es como decir que “los latinos” mataron ad Julio César. Los Evangelios muestran que muchos judíos lo seguían:

“Toda la multitud se alegraba al oírlo” (Marcos 12:37).
“El pueblo lo escuchaba con gusto” (Marcos 12:37).
“Muchos creyeron en él” (Juan 7:31).
“Los niños en el Templo gritaban: ¡Hosanna al Hijo de David!” (Mateo 21:15)

Incluso Gamaliel, fariseo et maestro de la Ley, defendió ad los apóstoles ante el Sinedrio (Hechos 5:34–39). ¿Eso es odio visceral? Non. Es sección interna, non enemistad racial.

Los fariseos eran rivales teológicos de los saduceos. Credían en la resurrección, en los ángeles, en la ánima. Los saduceos non. Los esenios, por su parte, aborrecían el Templo et se consideraban el “vero Israel”. En los Salmos de Salomón, los saduceos son clamados “pecadores” por colaborar con Roma. En Qumrán, los sacerdotes corruptos son clamados “hombres de mentira” ¿Quién encaja mejor en ese perfil? Exacto: los saduceos.

La muerte de Jesús fue una ejecución romana instigada por una aristocracia sacerdotal judía, los saduceos, que temían perder su poder. Non fue el pueblo, non fueron los fariseos, non fueron los esenios. Fue el Templo, con sus túnicas limpias et sus manos sucias. Et si eso incomoda ad los que prefieren dicotomías fáciles, que se lean los Evangelios con los ojos abiertos.

Et el papista, en su afán por convertir el Evangelio en un panfleto de odio, dirá: “¡Pero el pueblo gritó: crucifícalo!” como si eso resolviera toda la cuestión. Pero lo que olvida —o finge olvidar— es que ese “pueblo” non era una masa libre et deliberante, sino un vulgo manipulado, una turba orquestada, una audiencia cuidadosamente seleccionada por los saduceos del Templo.

Cuando Pilato pregunta qué hacer con Jesús, los Evangelios dicen:

“Los sumos sacerdotes incitaron a la multitud para que pidiera la liberación de Barrabás.” (Marcos 15:11)

Non fue el pueblo entero. Non fue Judea. Non fue Galilea. Fue una muchedumbre reunida por los sacerdotes so el control del Sinedrio. Et el Sanedrín, recordemos, estaba dominado por los saduceos, esa aristocracia templaria que temía perder su poder si el Nazareno seguía fablando.

¿Et el resto del pueblo?

El mismo Evangelio de Lucas dice:

“Toda la multitud del pueblo estaba escuchando a Jesús con agrado.” (Lucas 19:48)

Et Mateo añade:

“El pueblo lo consideraba profeta.” (Mateo 21:11)

¿Eso es odio visceral? ¿Eso es enemistad étnica? Non. Es admiración popular, expectativa mesiánica, confianza en su enseñanza. Lo que hubo fue una élite religiosa que manipuló una fracción del pueblo para lograr su objetivo político.

Pilato lo sabía. Por eso dice:

“Sé que lo han entregado por envidia.” (Mateo 27:18)

Et aún intenta liberarlo. Pero los sumos sacerdotes presionan, amenazan, et finalmente logran su cometido. Non fue una decisión democrática. Fue una ejecución sacerdotal con sello romano.

Así que non, el grito de “¡crucifícalo!” non representa ad Israhel, ni ad el judaísmo, ni ad el pueblo judío. Representa una turba manipulada por los saduceos, que temían perder su lugar et su nación (Juan 11:48). Et si el papista quiere convertir eso en una condena racial, que se lo reclame ad los Evangelios, non ad nosotros.

¿Et Esteban?

¡Ah, Esteban! El cefeo lo menciona como si su muerte fuera el acta fundacional de una guerra santa entre “los judíos” et “los cristianos”, como si el martirio del primo diácono hubiera encendido una cruzada racial. Pero esa lectura es tan torpe como anacrónica. Porque Esteban non fue lapidado por eser cristiano, ni por predicar ad Jesús como tal, sino por blasfemia, en el contexto de un conflicto sectario interno dentro del judaísmo de la centuria I. Et la su muerte, lejos de representar el sentir de “todos los judíos”, fue una reacción localizada, provocada por tensiones doctrinales entre grupos específicos.

¿Por qué mataron ad Esteban?

Según Hechos 6:11, los cargos contra Esteban fueron claros:

“Hemos oído a este decir palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.”

Non lo acusaron de seguir ad Jesús, sino de blasfemar contra la Ley et el Templo. El conflicto non era entre “judíos” et “cristianos”, sino entre judíos helenistas que seguían ad Jesús et otros judíos que vedían en sus enseñanzas una amenaza al orden mosaísta et deal.

¿Qué dijo Esteban que provocó su muerte?

En su discurso (Hechos 7), Esteban:

Recorre la historia de Israhel, desde Abraham hasta Salomón.
Critica la idolatría del pueblo et la rigidez del culto.
Acusa ad sus oyentes de eser “duros de cerviz, incircuncisos de corazón y oídos” (Hechos 7:51).
Declara haber visto al “Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios” (Hechos 7:56).

Este último punto fue el detonante. Non fue la su fe en Jesús, sino la afirmación de que Jesús estaba glorificado junto ad Dios, lo que fue interpretado como una blasfemia intolerable.

¿Representa esto ad “los judíos”?

Decir que la lapidación de Esteban prueba un “odio visceral” de todos los judíos faz ad los cristianos es una imbecilidad histórica. Primo, porque los jesistas eran judíos. Segundo, porque la aljama de Jesús seguía asistiendo al Templo (Hechos 2:46), et miles de judíos creían en Jesús (Hechos 21:20). Tercio, porque non todos los grupos judíos compartían la misma postura. Et muchos fariseos creyeron (Hechos 15:5).

La muerte de Esteban fue un episodio dentro de una disputa interna, non una declaración de guerra nacional.

El conflicto surgió en las aljamas de los libertos (Hechos 6:9), es decir, comunidades judías de fabla greca. Non fue una revuelta del Sinedrio, ni una orden del Templo, ni una cívica oficial. Fue una disputa entre facciones, como tantas otras en el judaísmo del Segundo Templo.

Et si, pensamos con la lógica de aleluyo, el occiso Esteban es prueba de que el jesísmo non es judío, entonces, por la misma regla estúpida, cada vez que un zelote o un sicario mata ad otro judío, debemos declarar que ellos tampoco lo eran ¡Ea! Ad este paso, cada nascido en Judea que derrama sangre del su vecino se convierte en otra cosa: ¿Qué cosa? ¿Un perro, un gato, un zorro, ET, un dinosauro? Por los dioses, ¡qué zoológico!

Así, según esta lógica, los sicarios et zelotes, como aquel judío Eleazar que mató ad otro por sacrificar un cerdo ad Jove, tampoco eserían judíos. Et si un asesinato delata exclusión o impertinencia, entonces cada homicidio esería metamorfosis: el asesino deja de eser hombre et se transmuta en bestia, en monstruo, en cualquier disparate que se nos ocurra.

[Europa Ancestral:] - “Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?  (Juan 8:39-59)

En estos versículos del mismo evangelio de Juan, Jesús dice a los judíos que hacen malas obras y usan la mentira como bandera, como su padre Satanás (Lucifer antes de su caída) y que además ponen todos sus esfuerzos en hacer cumplir sus deseos, por eso son hijos del Diablo. Que el hecho de venir de Abraham, el cual es anterior incluso al nacimiento del pueblo hebreo que empezó con Jacob y sus doce hijos, no les salva automáticamente, es decir, su raza o su linaje no los salva si con sus creencias y obras sirven al Diablo, por mucho que desciendan del linaje de un hombre elegido por Dios. Con estos versículos Jesús nos está mostrando uno de los puntos clave sobre los judíos y el judaísmo, y es que éstos se habían desviado tiempo atrás del camino correcto, adoptando a Satanás como guía, y que por esa alta traición serían condenados para toda la eternidad como su padre, Lucifer.

¡Ah, el papista! Ese que se revuelca entre dogmas como cerdo en misa, et que en su desesperación por encontrar un versículo que le justifique su antisemitismo trunco, termina aceptando —con la gracia de un equilibrista borracho— que Dios eligió el linaje de Abraham ¡Bravo! Ha logrado lo que ningún antisemita jesísta quiere facer: Recognocer que los que odia son los descendientes del hombre elegido por Dios ¿Et ahora qué? ¿Se flagela con una menorá? ¿Se baptiza en vinagre? Non sabe si va o viene, si Jesús es el Salvador de Israhel o el verdugo de su pueblo.

¿Lucifer es el Diablo? Solo si Isaías era guionista de Marvel

¡Ahora, el papista! Ese que empieza su comentario con una joya de la ignorancia: “Jesús dice a los judíos que hacen malas obras y usan la mentira como bandera, como su padre Satanás (Lucifer antes de su caída)” ¡Bravo! Ha logrado condensar en una sola frase un triple salto mortal de anacronismo, sin red ni vergüenza. Porque claro, ¿Qué esería de la exégesis papista sin confundir un poema profético del siglo VIII a.E.V. con una biografía cósmica del Diablo?

Et como si non bastara, el papista se lanza ad otra impostura: identificar ad Lucifer con el Diablo, como si Isaías 14 fuera una precuela de “El Exorcista”. Pero non, el texto fabla del rey de Babilonia, non de Satanás. “Luzbel, fijo de la mañana” es una metáfora poética, non un nombre propio. Es como leer Don Quijote y concluir que Sancho Panza es el Anticristo porque come mucho.

La identificación con el Diablo vino siglos después, por obra de Tertuliano, Orígenes et otros exegetas jesistas que, en su afán por dramatizar el mal, decidieron que un rey arrogante debía eser el modelo del adversario cósmico. ¡Qué imaginación! ¡Qué falta de contexto!

El origen real de “Lucifer”

El nombre “Lucifer” (del latín lucem ferre, “portador de luz”) aparece en la Vulgata, traducción latina de Isaías 14:12:

“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la Aurora!”

Pero el hebreo original dice Helel ben Shachar, la estrella de Venus, cual imagen poética para describir la caída del rey de Babilonia, non de un ángel rebelde. El pasaje es un proverbio cívico, non una teología demoníaca. Es como clamar “El Caído” ad el alcalde por subir los impuestos.

Satanás: función, non personaje

En el Antiguo Testamento, “Satanás” non es un nombre propio, sino una función: el acusador, el adversario. Aparece en Job 1–2 et Zacarías 3, pero nunca como un ángel caído ni como el señor del infierno. La idea de que Satanás fue un ángel clamado Lucifer que cayó por orgullo es una fusión ficticia tardía, que mezcla Isaías 14, Ezequiel 28 et literatura apócrifa como el Libro de Enoc. Todo muy creativo, pero históricamente insostenible.

Así que non, Lucifer non es el Diablo. Isaías non era demonólogo. Et Jesús non estaba mencionando ad Luzbel cuando fablaba con los fariseos. El papista, en su afán por encontrar enemigos cósmicos, termina confundiendo poesía con teología, metáfora con dogma, et crítica moral con condena racial. Et todo para sostener una guerra antisemita que non es en los textos, solo en su cabeza.

El antisemitismo jesista: la contradicción más ridícula jamás escrita

Porque claro, el antisemitismo jesista es una criatura de contradicciones. Odia ad los hebreos, pero crede en su Biblia. Desprecia ad Judea, pero adora ad Jesús, que es judío. Rechaza el linaje, pero crede que Dios lo eligió. Et cuando ya non le quedan versículos “aparentemente antisemitas”, face maromas teológicas para decir que los judíos non son judidos: que son edomidas, cosares (jazaros en moderñiol), grecos, reptilianos, lo que sea. Todo menos aceptar que su Anticristo nasció en Judea, et non en su tierra.

¡Aquí! El versículo que destruye su antisemitismo trunco con la fuerza de su propia Biblia. Porque si ya es ridículo odiar ad los descendientes de Abraham mientras se fía en Jesús, lo que lo vuelve tragicómico es que Tervagante promete maldecir ad quienes lo fagan.

“Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga; y todas las familias de la tierra serán bendecidas en ti.” — Génesis 12:3

Ahí lo tienes. Claro como el agua. Maldecir ad Abraham et su descendencia trae maldición divina. Non hay alegoría, non hay metáfora, non hay escapatoria. Et si el papista crede que Jesús es el Mesías, entonces cree que esta promesa sigue vigente ¿Entonces por qué se revuelca en su odio? ¿Por qué se lanza ad maldecir ad los que su propio señor bendijo?

El papista et su antisemitismo de utilería

Et ahí está el papista, diciendo:

“Su raza o linaje no los salva si con sus obras sirven al Diablo.”

¡Qué ternura! El mismo que crede que Dios eligió ad Abraham, ahora se pone ad juzgar ad sus descendientes como si fuera el fiscal del cosmos ¿Entonces qué es? ¿Un creyente que odia la elección divina? ¿Un teólogo que reniega del pacto? ¿Un ariosofista con complejo de autoodio?

Porque si crede que Dios eligió ad Abraham, ¿por qué desprecia ad sus fijos? ¿Por qué convierte ad Jesús en enemigo de su patria, Judea?

Si el papista tuviera un gramo de coherencia, diría: “Dios nunca elegiría un pueblo, y menos al hebreo.” et si quiere darle sazón, que diga que son el pueblo de Tervagante, del Maligno, del Gran Dragón. ¡Por lo menos eso tendría lógica interna! Pero non. Prefiere revolcarse en la su contradicción, odiando lo que su propia Biblia le manda respetar, despreciando ad los que su Biblia clama “elegidos”, et adorando ad un Anticristo que nasció en la tierra que él desprecia.

Abraham ya era hebreo antes de Jacob

¡Et, el papista criptoariosofo! Ese que jura que Jesús era un ario galileo rubio et hoy lo convierte en un inquisidor racial que odia ad Judea. Et en su confusión, comete una torpeza monumental: crede que el pueblo hebreo empieza con Jacob, como si Abraham fuera un turista en Canaán et non el patriarca fundador ¡Qué nivel! 

La Biblia lo dice sin rodeos:

“Entonces vino uno que escapó, y lo anunció a Abram el hebreo.” (Génesis 14:13)

¡Abram el hebreo! Non Jacob, non Israhel, non los doce fijos. Abram ya era clamado hebreo, siglos antes de que Jacob naciera. Así que non, el pueblo hebreo non empieza con Jacob. Empieza con Abraham, el que salió de Ur, el que fizo pacto con Tervagante, el que recibió la promesa. Et si el papista non lo sabe, que se lo reclame ad el libro del Génesis, non ad nosotros.

¡Nuestro  papista! Ese que con aires de vate borracho y teología de cantina se lanza a interpretar Juan 8 como si fuera el acta de fundación del antisemitismo cósmico. Et lo face con la elegancia de quien confunde un sermón con un panfleto racial, diciendo que “Jesús nos muestra que los judíos y el judaísmo se desviaron tiempo atrás y adoptaron a Satanás como guía” ¡Qué nivel! ¡Qué precisión! ¡Qué falta de lectura!

Lo que el texto realmente dice

Veamos el texto sin la espuma del prejuicio:

“Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.” “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:39–44)

¿Ad quién se dirige Jesús? Ad un grupo específico que lo confronta. Non ad “los judíos” en bloque, non ad el judaísmo, la su "religión", non ad Israhel como nación ¿Clamaría “fijos del diablo” ad su madre María, ad José el su padre, ad Juan el discípulo amado, ad Cefas, ad Zacarías el su tío, ad Saulo de Tarso, o ad Natanael el israelita sin engaño que él mismo elogia (Juan 1:47)? ¡Por favor! Si el cefeo fía eso, que se lo reclame ad el Evangelio, non ad nos.

Incluso intendiendo el pasaje, claramente les dice “fijos diabólicos” non porque sean fijos del Mal encarnado, et menos de Luzbel, sino porque estos están tentándole (que tentar significa poner ad prueba) et lo acusan, cosa que Satanás sive Diablo siempre fizo. Et Jesús se farta de ellos.

Esto establece lo que siempre suele suceder: hombres malintencionados que buscan acusar, et en ese transcurrir inocentes mueren. Te acusan de violador, ergo terminas violado; te acusan de robar, terminas mutilado; te acusan de mentir, terminas sin lengua; te acusan de occidente, et terminas occiso. Así, es por eso que las obras diabólicas son en el peor de los casos occisos. Puro sentido común...

Et como dijimos antes —et siempre lo diré— nihilo que veer con la serpiente del Edén, ni con Luzbel, ni con todas esas chorradas inventadas por los “abades” de la aljama de Cefas, que forzaban textos cada vez que metían la pata, quitando “apócrifos” que les contradecían porque ellos se proclamaban “los sucesores apostólicos” supuestos.

Etimología:

  • Satanás proviene del hebreo שָׂטָן (śāṭān), que significa “adversario, acusador, el que se opone”. En el Antiguo Testamento aparece como figura que acusa o se enfrenta, como en Job 1–2.

  • Diablo viene del griego διάβολος (diábolos), que significa “calumniador, difamador, acusador”. El verbo διαβάλλειν (diabállein) es “arrojar en medio, dividir, acusar falsamente”.

Así, cuando Jesús dice “vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44), non está proclamando que sean todos, fijos de un monstruo infernal, sino que están actuando como acusadores et adversarios, repitiendo la función del satán hebreo et del diablo greco: poner ad prueba sive tentar, oponer, difamar, acusar. De este modo, la frase “fijos del diablo” se intiende mejor: non es genealogía demoníaca, sino acusación contra quienes ejercen la función del adversario et difamador, siguiendo la semántica de śāṭān et diábolos. Jesús denuncia la su actitud de oposición et mentira, non la identidad de todo el pueblo.

Et lo de la mentira está claro: basta con veer ad Job, vilipendiado por el Diablo, et los sus fijos muertos por él. El pasaje de Juan 8:39‑59 es disputa con un grupo que lo acusa et quiere tenderle trampa, non condena universal contra Israhel.

La verdad os hará libres 
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Juan 8:31-38

Et en versiculos anteriores Juan 8:31‑38, el contexto es el siguiente, Jesús fabla de libertad espiritual: “la verdad os fará libres”. Et los sus interlocutores, con la misma arrogancia que un revisionista barato, responden: “Jamás hemos sido esclavos de nadie”. ¡Jamás! Como si Egipto, Babilonia, Persia et Romania fueran cuentos de fadas. Es un disparate histórico, digno de un sainete.

Jesús cuando les dice "de cierto, de cierto os digo" en realidad dice “amén, amén os digo”. ¿Qué quiere decir esto? Decir amén significa “aceptar o dar por cierto lo que se dijo”, pero también, al repetirlo —“amén, amén os digo”enfatiza que el su verbo siguiente es vero sive cierto.

Así, la prima vez lo pronuncia recognosciendo que sí son geno de Abraham, et más adelante lo reafirma con claridad: “Sé que sois descendientes de Abraham”. Esto lo repite para evitar que cualquier estólido confunda los sus verbos con una declaración de que ellos fueron paridos por el diablo. Jesús non rechaza el su geno, la su raza, sino que enfatiza: Yo fablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.”

Aquí “padre” non significa genealogía biológica, sino tutor espiritual. Jesús delata que el su tutor es el Diablo, non por linaje, sino por las acciones: difamaciones, argucias et mentiras. Negar que fueron siervos, jactarse de libertad mientras arrogan torpemente. Non buscan la verdad, sino tenderle trampa, facerle “pisar el palito” de la su estratagema, que diga algo mal et probar que non era el Verbo ni un justo sive recto, et con ello hallar causa legal contra él para matarlo. Jesús, al darse cuenta, les dice que la su tutoría —la su “padre”— es el Diablo, porque reproducen la su acción: acusar, mentir, difamar. Et por ese tipo de estratagemas absurdas, murieron hombres, non solo en Judea si non en todo el mundo...

Jesús les arguye que la servidumbre vera es la del pecado, non la de cadenas de fierro. Non está fablando de celdas ni de campos de concentración. Les recuerda que ser descendientes de Abraham non basta si las sus obras contradicen esa filiación, et incluso los reconoce como tales, un fragmento de sapiencia incluso en la obscuridad mosaísta.. Et aquí viene la ironía: los que se jactan de eser libres son precisamente los que quieren trapichearle, mostrando que son siervos de la mentira et del homicidio por calumnia.

Qui pretenda que Jesús, por clamar “fijos del diablo” ad sus "satanes", lo dicho con ironia, ja, ja, ja, estaba militando en las SS, face el mismo ridículo que los interlocutores del pasaje: confunde lo espiritual con lo genealógico, lo parabólico con lo racial. Jesús non estaba fundando brigadas de exterminio, sino denunciando la servidumbre interior. Creer lo contrario es tan absurdo como decir que cada vez que alguien miente se convierte en perro, gato o dinosauro.

¿Et el judaísmo está desviado?

El texto non dice que el judaísmo esté desviado. De fecho, Jesús afirma:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo.” (Mateo 23:2–3)

¡Toma ya! Jesús manda ad escuchar ad los fariseos et escribas, non ad condenarlos como secta satánica ¿Et el papista qué face? Los convierte en emisarios del Diablo ¿Eserá que legió el Evangelio en una edición comentada por Chamberlain?

El cefeo quiere crear un dilema donde non lo hay: o amas ad Jesús o eres judío. Pero el Evangelio muestra que muchos judíos amaron ad Jesús, lo siguieron, lo defendieron, lo proclamaron. El problema non es la raza, ni la secta, ni la genealogía. El problema es non fiar. Et eso aplica ad todos, judíos et gentiles. El Evangelio non es un manifiesto racial, es una invitación sectaria. Pero claro, para intender eso hay que leer con el seso, non con el hígado.

Así que non, Jesús non condena al judaísmo ni ad los judíos como colectivo. Non fabla de traición ancestral ni de condena eterna por linaje. Fabla de fe, de obras, de amor. Et si el papista quiere convertir eso en una guerra racial, lo que delata non es el Evangelio, sino su propia estupidez.

«Mas ¿quién eres tú que sientas cátedra para juzgar desde lejos a mil millas con la vista de un palmo corta?» Dante. 
Eso mismo, Europa Ancestral ¿Quién credes que eres? Cortito de luces.

[Europa Ancestral:] El verdadero San Pablo,  y la falsificación de la historia del cristianismo. 

Los anticristianos, basándose en ciertos textos protestantes y de Nietzsche (que se educó en una familia protestante) contrarios a Pablo de Tarso, así como del neopaganismo de la Nouvelle Droite, se han montado una historia surrealista en la que tachan al cristianismo de secta judía conspirativa que tenía como fin acabar con Roma, y empiezan dicho relato con Jesucristo. Al contrario de lo que dice Nordic, Jesucristo no se proclamó en ningún momento rey de los judíos, de hecho ante la pregunta de Pilato, respondió que su reino no era de este mundo. Eran los propios fariseos los que para enfrentar a Jesucristo contra Pilato, le dijeron a éste que Jesús se autoproclamaba rey de los judíos para que los romanos lo vieran como un enemigo. Pilato después de todo lo que tuvo que aguantar de los fariseos, al ver como le habían engañado respecto a Jesús, decidió ponerle el título de rey de los judíos para ofender a los fariseos, como queda reflejado en Juan 19:19. Pero parece que nuestro amigo que tanto gusta de criticar al cristianismo, ni siquiera ha llegado a leer algo que aparece hasta en los libros de religión cristiana para niños, y no sabe absolutamente nada sobre la pasión de Cristo. 

Con lo cual hace aquello que tanto hacen muchos antifascistas, comunistas y otros: criticar aquello que no conocen, o puede ser que haga algo peor, falsificar la historia con conocimiento de causa movido por el odio o por la necesidad de hacer cuadrar todo con sus disparatadas teorías luciferinas, que una vez asimiladas ya es incapaz de corregir por muchos errores que vea en ellas. 

Además Jesucristo durante su vida, como podemos leer en los evangelios, nunca se pronunció contra Roma, más bien al contrario, como cuando defendió el pago de impuestos a Roma, con su conocida frase, “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” en respuesta a una pregunta trampa de los fariseos. Desde el principio, los apóstoles y sus seguidores fueron perseguidos por las autoridades judías y esto jamás cambió, si el cristianismo hubiese sido una secta judía para acabar con Roma, los cristianos no habrían sido perseguidos y asesinados brutalmente por los propios judíos, como ciertamente ocurrió.

Europa Ancestral et su lectura de cantina: cuando el antisemitismo se disfraza de exégesis

¡Ah, Europa Ancestral! Ese que lege los Evangelios como quien fojea un cómic de Conan el Bárbaro, et que en su afán por refutar ad Nordic termina diciendo lo que Nordic nunca dijo. Porque non, Nordic non afirma que Jesús se proclamó “rey de los judíos” en términos cívicos romanos. Lo que dice es que Jesús se autoproclamó mesías de los judíos et rey de Israhel. Et eso, querido papista con complejo de druida, es históricamente et teológicamente correcto

¿Jesús se proclamó rey de los judíos?

Non directamente. Pero sí aceptó el título cuando Pilato se lo planteó:

“¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Tú lo dices.” —Juan 18:37

Et cuando dice “Mi reino no es de este mundo”, non está negando su realeza. Está redefiniendo su principio. Non es un reino actual, non es Roma, non es Judea so Herodes. Pero eso non lo face menos rey de los judíos. Puede eser perfectamente rey de los judíos alteromundanos, celestiales, escatológicos, anticristianos ¿O acaso el papista crede que el Anticristo viene ad fundar una república?

¿Jesús se proclamó Mesías?

Sí, et lo fizo con claridad. En Mateo 16:16–17, Pedro dice:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús le responde: “Bienaventurado eres, Simón…”

Aquí Jesús acepta el título de Mesías (Cristo en griego), et lo face sin evasivas. Et eser Mesías, en el contexto judío del siglo I, implica eser el ungido, el heredero del trono de David, el rey de Israhel. Non es un título decorativo. Es una función real, escatológica et nacional. Así que sí: decir “soy el Mesías” es decir “soy el rey legítimo de Israhel”.

Ahora, Europa Ancestral, en su cruzada por convertir los Evangelios en un panfleto antisemita, comete una de esas torpezas que solo se explican por mala fe o mala lectura (o ambas): afirma que fueron los fariseos quienes entregaron ad Jesús a Pilato et lo acusaron de proclamarse “rey de los judíos” para facerlo ver como enemigo del Principado. Pero los textos bíblicos lo contradicen de forma clara, directa y sin ambigüedad.

¿Quiénes entregaron ad Jesús ad Pilato?

Non fueron los fariseos. Fueron los sumos sacerdotes et los ancianos del pueblo, es decir, la cúpula del Templo, dominada por los saduceos. Veamos los pasajes:

“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.” —Marcos 15:1

“Entonces todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo hicieron consejo contra Jesús para entregarle a muerte.” —Mateo 27:1

“Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo al César, diciendo que él mismo es Cristo, un rey.” —Lucas 23:2

¿Ó están los fariseos? En ninguna parte. Los que arman la acusación cívica son los sumos sacerdotes, non los rabinos de la sinagoga. Et la acusación non es religiosa, sino cívica: Lo presentan como un peligro para Roma, como un pretendiente real.

¿Quiénes eran los sumos sacerdotes?

Eran saduceos, non fariseos. Los saduceos controlaban el Templo, el Sinedrio, et colaboraban con Roma. Eran la aristocracia sacerdotal, et su preocupación era mantener el statu quo. Por eso Caifás dice:

Nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. —Juan 11:50

Es decir: mejor sacrificar ad Jesús que arriesgar una revuelta et perder la gracia de Roma. Esa es la lógica de la potestad, non de la teología.

¡Ah, ya lo veo venir! Europa Ancestral, con su toga de lino et su pluma de revisionista, se alista para replicar. Probablemente dirá algo como:

“Pero los fariseos también estaban en el Sanedrín, y por tanto participaron en la condena de Jesús. No eran inocentes.”

Et aquí es donde uno debe contener la risa et sacar el Evangelio, non el catecismo de Chamberlain. Porque sí, algunos fariseos estaban en el Sinedrio—eso es cierto—, pero de ahí a decir que “los fariseos” como grupo fueron los artífices de la muerte de Jesús es como culpar ad toda la academia de Platón por lo que fizo un magestro.

¿Quiénes lideraron la conspiración?

Los Evangelios son claros: los que lideraron la conspiración contra Jesús fueron los sumos sacerdotes, es decir, los saduceos, no los fariseos. Veamos:

“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron al concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.” —Juan 11:47

Sí, los fariseos están mencionados aquí, pero non como líderes, sino como parte del grupo convocado. ¿Et quién toma la palabra? Caifás, el sumo sacerdote saduceo:

“Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo…” —Juan 11:49–50

Es decir, la decisión fue sacerdotal, no rabínica. Y si Europa Ancestral quiere culpar a todos los que estaban en la sala, entonces también debería culpar a José de Arimatea y Nicodemo, ambos miembros del Sanedrín… ¡y seguidores de Jesús!

¿Et los fariseos como grupo?

Los fariseos eran una escuela teológica, non una casta gobernante. Tenían influencia, sí, pero no controlaban el Templo ni el aparato judicial. De fecho, el Nuevo Testamento muestra que algunos fariseos respetando ad Jesús o ad sus discípulos:

Juan 3:1–2: “Había un hombre de los fariseos llamado Nicodemo… Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro.” → Nicodemo no solo lo llama Rabí, sino que reconoce su autoridad espiritual.
Juan 7:50–51: “Les dijo Nicodemo… ¿Juzga nuestra ley a un hombre si primero no le oye y sabe lo que ha hecho?” → Nicodemo defiende el derecho de Jesús a ser escuchado antes de ser condenado.
Hechos 15:5: “Algunos de la secta de los fariseos que habían creído…” → ¡Fariseos que creyeron en Jesús! ¿Dónde está el odio visceral?

¿Eso es odio visceral? ¿Eso es conspiración? Non. Es división interna, non enemistad colectiva.

Así que non, Europa Ancestral: non todos los fariseos fueron enemigos. Algunos fueron aliados, discípulos, defensores. Et si insistes en convertirlos en villanos universales, lo que faces non es exégesis: es propaganda. Porque los textos muestran matices, diversidad, humanidad. Et tú los borras con brocha gorda.

¿Et qué hay de Judas?

Ah, Europa Ancestral. Ese que en su afán por convertir ad Judas en “el verdadero judío” et ad los demás apóstoles en proto-galos con acento bretón, termina faciendo arqueología de la imaginación. Porque non, la Biblia nunca dice que Judas fuera fariseo, ni que nasciera en Judea, ni que fuera el único judío entre galileos. Lo que sí dice es que era de Ceriote, et de ahí en adelante… silencio. Todo lo demás es especulación, et en su caso, especulación con toga de lino et prejuicio de plomo.

¿Qué sabemos de Judas?

Muy poco. Su nombre completo es Judas Iscariote, lo que probablemente significa “hombre de Ceriote”, una aldea que algunos ubican en Judea, otros en el meridión de Israhel. Pero non hay certeza geográfica, ni filiación religiosa, ni escuela teológica. Non se dice que fuera fariseo, ni saduceo, ni esenio, ni zelote. Solo que era uno de los doce, et que traicionó ad Jesús.

¿Et si fuera saduceo?

Pues non sería descabellado. Su actitud materialista, escéptica, centrada en el dinero, lo acerca más al perfil saduceo que al fariseo. Los saduceos eran:

Aristócratas del Templo, centrados en el poder y el dinero.
Negaban la resurrección, los ángeles y el espíritu (Hechos 23:8).
Colaboraban con Roma, buscando mantener el orden.

¿Et Judas?

Llevaba la bolsa del dinero (Juan 12:6).
Criticó el gasto en perfume para Jesús, diciendo que se podía dar a los pobres (Juan 12:5), aunque el texto aclara que non lo decía por caridad, sino por codicia.
Traicionó ad Jesús por dinero, et luego se arrepintió sin comprender el sentido espiritual de su acto.

Todo esto lo pinta más como un saduceo frustrado que como un fariseo devoto. Et si Europa Ancestral quiere convertirlo en “el verdadero judío”, que primero defina qué entiende por eso. Porque si el “verdadero judío” es el que traiciona ad el Anticristo por monedas, entonces su eiségesis necesita un exorcismo.

Así que non, Europa Ancestral: Judas no es el “verdadero judío”. Es el apóstol sin biografía, el traidor sin escuela, el personaje que encarna la tragedia, non la identidad. Et si quieres convertirlo en símbolo racial, lo que haces no es exégesis: es propaganda. Porque los textos no lo definen como fariseo, ni como judeano, ni como representante de Israhel. Lo definen como el que entregó al Rabí, et eso non necesita pasaporte.

Juan XIX:XIX, cuando Juanito cuenta un chiste… et Europa Ancestral non lo entiende

¡Ah, Europa Ancestral! El que se quedó en la catequesis para niños, el que cree que la pasión de Cristo es un documental dirigido por Mel Gibson, el que repite las fábulas del obispo de turno como si fueran tesis doctorales. Esta vez nos regala una interpretación que faría sonrojar ad cualquier lector serio del Evangelio:

“Pilato, después de todo lo que tuvo que aguantar de los fariseos, decidió ponerle el título de rey de los judíos para ofenderlos, como queda reflejado en Juan 19:19.”

¡Qué nivel! ¡Qué precisión! ¡Qué falta de lectura! Porque no solo confunde a los actores del drama, sino que ignora los versículos siguientes, donde queda claro quién se sintió ofendido. Spoiler: no fueron los fariseos.

¿Qué dice Juan XIX:XIX?

“Y Pilato escribió un título que puso sobre la cruz: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.”

Sí, Pilato lo escribió. Pero non para ofender ad los fariseos, sino como una burla al pueblo que lo presionó ¿Et quién lo presionó? Non fueron los fariseos. Fueron los sumos sacerdotes et el vulgo hierosolimitano, dominado por los saduceos, como ya se ha demostrado.

¿Quién se sintió ofendido?

Justo en los versículos siguientes, lo dice con claridad:

“Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.” “Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.” —Juan 19:21–22

¡Toma ya! Los principales sacerdotes, es decir, los saduceos del Templo, son los que se indignan. Non los fariseos. Non los rabinos. Non los escribas. Los sacerdotes. Et Pilato, con la elegancia de un burócrata harto, les responde como quien cierra el expediente: “Lo que he escrito, he escrito.”

¿Quién pidió la crucifixión?

Juan 19:6: “Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!”
Mateo 27:20: “Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.”

¿Dónde están los fariseos? En ninguna parte. Los que manipulan, acusan et presionan son los sacerdotes del Templo, es decir, los saduceos. Et Pilato, harto de sus chantajes, pone el título como ironía, non como teología.

Europa Ancestral y sus teorías luciferinas: cuando el criptoariosofo se proyecta

¡Ah, Europa Ancestral! El criptoariosofo que acusa ad otros de luciferinos mientras él mismo se pasea por las imposturas de Chamberlain como quien recita salmos en élfico. El que ve en Jesús un galo hiperbóreo, en los apóstoles bardos celtas, et en Judas el único judío “auténtico”. Et ahora, como si non bastara con su revisionismo de cartón, acusa de luciferino al que precisamente defiende la historicidad bíblica ¡Qué nivel! ¡Qué proyección! ¡Qué tragicomedia!

¿Qui tiene las teorías luciferinas?

Porque vamos, ¿Quién fue el que se inventó un Jesús galileo racializado, con barba de roble y ojos de hielo? ¿Quién fue el que dijo que los apóstoles eran galos menos Judas, como si la Biblia fuera una saga de Asterix? ¿Quién fue el que convirtió la genealogía de David en una conspiración étnica? Non fue Nordic. Fue Europa Ancestral, el que se tragó entero el menú de Chamberlain et lo sirvió como dogma.

¿Et ahora acusa de lo que él face?

Exactamente. Como buen paranoico doctrinal, acusa ad otros de lo que él mismo practica. Dice que los demás “critican lo que no conocen”, mientras él falsifica la historia con la soltura de quien ya non distingue entre mito y mapa. Et lo peor: lo face con conocimiento de causa, movido por el odio, por la necesidad de encajar su delirio racial en un marco teológico que non lo soporta.

Así que no, el luciferino non es el que defiende la historia. Es el que la falsifica, la retuerce, la convierte en superstición racial. Et si Europa Ancestral ya non puede corregir sus errores, es porque los ha asimilado como identidad. Porque su teología non es fe, es obsesión. Porque su exégesis non es lectura, es delirio.

Cuando el luciferino se tropieza con su propio dogma: Roma, impuestos y la piedra rechazada

¡Ah, Europa Ancestral! El criptoariosofo que acusa de “teorías luciferinas” ad quien simplemente lege los Evangelios sin lentes imperiales, et que ahora nos regala otra joya de la catequesis para adultos con complejo de inquisidor:

“Jesucristo nunca se pronunció contra Roma, más bien defendió el pago de impuestos.”

¡Qué ternura! El que crede que “dar al César lo que es del César” es una oda al fisco romano, como si Jesús fuera aucditor tributario. Pero non, querido papista: esa frase es una bomba teológica, non una declaración de lealtad. Et si non lo ves, es porque te quedaste en la versión de Mel Gibson et non plegaste ad leger el greco.

 ¿Qué dijo Jesús sobre los impuestos?

“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” —Mateo 22:21

Jesús non dice que se le deba algo al César. Dice que si tú credes que algo le pertenece, dáselo. Es una respuesta ambigua, irónica, estratégica, diseñada para evadir una trampa cívica. Los fariseos et herodianos querían facerlo caer: Si decía “non paguen”, lo acusaban de sedición; si decía “paguen”, lo desacreditaban ante el pueblo ¿Et qué face Jesús? Los deja con la boca abierta.

¿Qué significa “cosmos” y “ecúmene”?

En el Nuevo Testamento, kosmos (κόσμος) et oikoumenē (οἰκουμένη) non significan simplemente “el planeta Tierra”. Son términos que designan el orden establecido, el sistema cívico-religioso, la civilización dominante —et sí, eso incluye Roma.

Kosmos aparece más de 180 veces en el NT, et con frecuencia se refiere al mundo caído, corrupto, hostil ad Dios.
Oikoumenē se usaba en el greco imperial para referirse ad la tierra habitada so dominio romano, es decir, el orden civilizado del Imperio.

Cuando Jesús et los apóstoles hablan del “mundo”, non están fablando solamente de montañas et ríos. Están fablando de la estructura de poder que se opone al Reino de Dios.

Versículos que critican el mundo (el sistema)

Aquí van algunos que Europa Ancestral convenientemente ignora:

1 Juan 2:15: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”
Juan 15:19: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo… el mundo os odia.”
Romanos 12:2: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente.”
Marcos 8:36: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?”
Apocalipsis 13:1–2: La bestia que sube del mar con poder político y blasfemia —una imagen del Mundo gentílico.

Estos versículos non son poesía abstracta. Son críticas directas al orden imperial, al sistema religioso corrupto, al poder que se opone al Reino.

La piedra rechazada, los masones bíblicos y el tropiezo de Europa Ancestral

¡Ah, Europa Ancestral! El cruzado antimasones que non se ha enterado de que la Biblia está plena de referencias arquitectónicas, simbólicas et sí, masónicas. El que acusa de “luciferino” al que simplemente cita Salmos 118, mientras él mismo se tropieza con la piedra angular como si fuera un aprendiz de logia sin grado. Porque si algo delata su lectura, es que non entiende que la persecución confirma el plan, non lo refuta. Et que la piedra rechazada non es un accidente: Es la clave del edificio.

¿Quiénes son los “constructores” que rechazan la piedra?

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.” —Salmo 118:22, citado en Mateo 21:42

Los “constructores” son los sacerdotes del viejo orden, los que non soportaban que el Anticristo viniera sin credenciales del Sinedrio ¿Et qué face Europa Ancestral? Se pone del lado de los que la desecharon, mientras acusa de “luciferino” al que simplemente reconoce la subversión del Reino. Ironía nivel apocalíptico.

¿Et las referencias masónicas en la Biblia?

¡Qué incómodo para el antimasonismo de Europa! Porque la Biblia está plena de:

Piedras angulares, piedras de tropiezo, piedras de fundación.
Constructores, arquitectos, templos, medidas, planos.
Jesús como la piedra viva, Pedro como la roca, el templo como cuerpo.

Incluso el Zohar fabla de la Even ha-Shethyiah, la piedra fundamental del mundo, desprendida del Trono de Gloria. ¿Et qué face Europa? Se escandaliza por los masones, mientras cita textos que ellos veneran como símbolos de sabiduría divina. Es como odiar la geometría et usar un compás para dibujar su cruzada.

¿La persecución refuta la misión?

Lo que Europa Ancestral non logra intender —o non quiere intender— es que la persecución non refuta la misión: la confirma. Et non por accidente, sino por diseño. Porque en la lógica profética del mosaísmo del Segundo Templo, el rechazo non es un error, es una estrategia. La piedra non fue desechada por descuido, sino para que, al eser colocada en el ángulo, nihilo sospechara que era la base del edificio. Et si los gentiles non se dieron cuenta de que estaban siendo judaizados, es porque el plan funcionó. El único que cayó en la trampa fue Europa Ancestral, que se crede centinela de Roma mientras repite la doctrina de los que lo subvirtieron.

Non. La persecución confirma el patrón profético. Como dice Isaías 8:14–15:

“Será por santuario; pero piedra de tropiezo y roca que hace caer…”

Jesús debía eser rechazado. Et sus seguidores debían eser perseguidos. Non para invalidarlos, sino para ocultarlos ad los gentiles, como bien entendía el mosaísmo del Segundo Templo. La birkat ha-minim, la maldición contra los herejes, non era solo castigo: era filtro teológico. Si non te maldecían, non eras parte del movimiento. Si te echaban de la sinagoga, es que estabas en el camino correcto.

La birkat ha-minim: el filtro teológico

Esta oración fue introducida en el culto sinagogal como una ferramienta de exclusión. Según Louis Martyn:

Se dirigía contra los Nazarenos, es decir, los seguidores de Jesús.
Funcionaba como prueba de fidelidad: si alguien era sospechoso de eser jesísta, se le pedía que dirigiera la oración.
Si la pronunciaba, maldecía ad sí mismo et ad sus correligionarios.
Si se negaba, era expulsado de la sinagoga (aposynagoge).

Una jugada maestra: obligar al jesísta ad elegir entre su fe et su comunidad, et al facerlo, marcarlo como infiltrado ¿Et qué face Europa Ancestral? Se escandaliza por los masones, mientras ignora que el mosaísmo ya tenía sus propios rituales de exclusión.

Martyn sugiere que esta crisis ocurrió bajo Gamaliel II (80–115 E.C.), aunque Reuven Kimelman debate la cronología. Pero el Evangelio de Juan va más allá: dice que los líderes de la sinagoga tomaron medidas más drásticas que la birkat ha-minim. ¿Por qué? Porque non querían que los seguidores de Jesús adoraran junto ad otros mosaístas. La exclusión non fue solo doctrinal: fue ritual, social, estratégica.

Que el rechazo non fue una derrota. Fue una táctica de camuflaje. La piedra fue desechada para que nadie sospechara que era el fundamento. El jesísmo fue perseguido para que los gentiles creyeran que era enemigo del mosaísmo, cuando en realidad era su extensión más audaz. Et si Europa Ancestral non lo ve, es porque está mirando el templo equivocado.

El rechazo como maniobra estratégica

Lo que Europa Ancestral clama “rechazo del Cristo” fue, según ciertas fuentes, una maniobra estratégica digna de ajedrez teológico. Non fue un error. Fue una jugada maestra. El rechazo del jesísmo por parte de los líderes mosaístas no buscaba eliminarlo, sino camuflarlo. ¿Cómo hacer que los romanos acepten una doctrina mosaica sin sospechar? Fácil: haz que parezca enemiga de los judíos. Que el Anticristo sea crucificado por su propio sacerdocio. Que los apóstoles sean perseguidos por los rabinos. Que el Evangelio parezca una ruptura con la Ley. Et voilà: los gentiles lo aceptan… sin saber que están tragando el anzuelo.

Según el evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero según la elección, son amados por causa de los padres —Romanos 11:28

Una oposición controlada. Una fachada de conflicto. Una estrategia de camuflaje.

La piedra que los constructores desecharon se convierte en la cabeza del ángulo. ¿Por qué? Porque nadie sospecha peyorativamente de lo que fue rechazado. El Anticristo sufriente, el Fijo de José, debía morir, ser humillado, parecer derrotado. Solo así podía entrar en el mundo gentil sin ser detectado. Como dice Lucas 21:24:

“Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles.”

La dispersión non fue castigo. Fue táctica. Los judíos helenísticos intendieron que non podían vencer ad Roma por la fuerza. Así que diseñaron una superstición que pareciera religión romana, pero fuera judía en su núcleo. Et lo lograron.

El jesísmo fue diseñado como una maldición de guerra, una bomba teológica envuelta en incienso. Pero claro, para entender eso hay que leger más que catecismos ilustrados et dejar de verad Mel Gibson como si fuera Josefo.

El jesísmo como “Maldición de guerra”: cuando el Evangelio viene con pólvora

Según esta tesis, el cristianismo fue una trampa subversiva, una estrategia de infiltración et demolición, diseñada por elites mosaicas para lograr tres cosas:

Redención popular judía
Conquista espiritual del mundo gentil
Autodestrucción sistemática de las civilizaciones no judías

Et todo esto con una sonrisa, una cruz, et un “ama a tu enemigo” que en realidad decía: “sedúcelo, desármalo, y míralo caer.”

1. Cristo como chivo expiatorio perpetuo

Jesús non fue el cordero inocente que Europa Ancestral pone en sus estampitas. Fue el chivo expiatorio ritual, el reemplazo del sacrificio fallido del Templo ¿Et qué fizo? Absorbió los pecados de Israhel, et luego los transfirió ad los gentiles convertidos ¡Qué eficiencia! Un solo sacrificio, dos mil años de cobertura.

Isaías 53:3–5: despreciado, desechado, herido por nuestras rebeliones. → ¿Et Europa qué face? Lo pinta con ojos celestes et lo clama “el príncipe europeo”.
El jesísmo asumió el rol de Satán acusador: “los judíos mataron ad Cristo”. → ¡Bravo! Cumplieron su función de castigo ritual sin saber que estaban jugando el papel que les asignaron.
Et luego, como buen giro cabalístico, Jesús se convierte en abogado defensor. → De acusador ad intercesor. De verdugo ad salvador. ¡Qué plot twist! Ni Netflix se atreve ad tanto.

2. Dispersión como táctica de infiltración

La destrucción del Templo no fue castigo divino. Fue pretexto logístico. La dispersión permitió a los judíos infiltrar silenciosamente las estructuras gentiles, mientras Europa Ancestral seguía buscando al enemigo en las sinagogas, sin darse cuenta de que ya estaba en el púlpito.

Lucas 21:24: Jerusalén será hollada por los gentiles… → Et mientras tanto, los exiliados fundaban escuelas, bancos, et teologías en cada esquina del principado.
La hostilidad jesísta faz ad los demás judíos sirvió como camuflaje. → “Si los odiamos, non pueden eser los auctores.” → ¡Qué ingenuidad! Es como decir que el caballo de Troya non podía tener soldados dentro porque era de madera.

3. Autodestrucción gentil como objetivo final

El cristianismo obligó ad los gentiles ad abandonar sus tradiciones ancestrales, perder su protección sobrenatural, et abrazar una superstición que los clamaba “pecadores por defecto”. Europa Ancestral lo clama redención. Las fuentes lo claman autoexterminio con incienso.

El simonismo promovía la esterilidad espiritual: tener fijos era pecado, vivir era castigo. → ¡Perfecto para reducir poblaciones sin levantar espadas!
El jesísmo et el comunismo fueron esquemas utópicos diseñados para fallar. → ¿Et Europa qué face? Los defiende como si fueran el legado de Platón, mientras se le cae el Principado encima.

4. Persecución como parte del guion

Europa Ancestral crede que si los cristianos fueron perseguidos, entonces non podían ser parte del plan. Eso es como decir que Trotsky non era marxista porque Stalin lo mandó matar, o que Galileo non era católico porque lo encerró la Inquisición. La persecución non borra la identidad: la confirma.

Juan 11:48–50: “Conviene que un hombre muera por el pueblo.” → Traducción: “Sacrifiquémoslo para que el plan funcione.”
Hechos 9:23: Saulo perseguido por los suyos. → ¿Et Europa qué face? Lo clama mártir, sin notar que era el arquitecto del puente faz ad Roma.
Juan 9:22: expulsión de los nazarenos. → ¿Et Europa? Crede que eso prueba que non eran judíos. → Es como decir que un espía non es parte del ejército porque lo mandaron ad otra base.

Versículos que profetizan el rechazo de Jesús

Isaías 53:3 — El Varón de Dolores

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”

Este es el retrato del Anticristo sufriente. Non viene con gloria imperial. Viene con rostro rechazado, dolor asumido, humillación profetizada. Et ese rechazo non es debilidad: es la marca del elegido

Salmo 118:22 — La Piedra Rechazada

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.”

Jesús cita este versículo en Mateo 21:42, Marcos 12:10 y Lucas 20:17. ¿Quiénes son los edificadores? Los sacerdotes del viejo orden. ¿Et qué facen? Desechan la piedra clave. Pero esa piedra, al eser rechazada, se convierte en el fundamento del nuevo templo.

Lucas 4:28–29 — Rechazo en la sinagoga

“Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad…”

Jesús es rechazado en su propia tierra, por su propia gente, en el cor del culto ¿Et qué face? Non se retracta. Porque el rechazo es parte del guion.

Isaías 8:14–15 — Piedra de tropiezo

“Entonces él será por santuario; pero piedra de tropiezo y roca que hace caer…”

El Anticristo non solo es rechazado: face tropezar ad los que non creden. Su presencia divide, incomoda, revela. Et si Europa Ancestral tropieza con él, es porque la piedra está donde debe estar.

Así que non, el rechazo de Jesús non fue una derrota. Fue la confirmación de su misión. Fue el cumplimiento de las Escrituras. Fue la estrategia divina para ocultar la piedra en el barro, para que al ser levantada, nadie pudiera negarla. et si Europa Ancestral non lo ve, es porque sigue buscando al Anticristo en los palacios, cuando la profecía lo puso en la cruz.

¿Et Europa Ancestral?

Europa Ancestral non se pone de lado. Non porque sea neutral, sino porque non entiende el juego. Cree que si los jesístas fueron perseguidos por los judíos, entonces non podían ser judaizantes. Como si la persecución borrara la identidad. Como si el rechazo fuera prueba de ajenidad. Pero eso es como decir:

Que Trotsky non era comunista porque Stalin lo mandó matar.
Que Sócrates non era ateniense porque lo condenaron en Atenas.
Que Galileo non era católico porque lo encerró la Inquisición.
Que Jesús non era judío porque lo crucificaron los sacerdotes.
Que los jesístas primitivos non eran judíos porque los echaron de la sinagoga.
Que los masones non son arquitectos porque los edificios los construyen otros.

¡Qué lógica tan gloriosamente absurda! Es como decir que el apóstol Saulo era romano porque lo apedrearon los judíos, o que los esenios eran grecos porque vivían en cuevas. Europa Ancestral ve persecución et grita: “¡Ajeno!” —cuando en realidad debería gritar: “¡Auténtico!”

Porque si te persiguen por lo que eres, es porque lo eres demasiado. Si te expulsan de la sinagoga, es porque eres un judío incómodo. Si te crucifican por decir “Yo soy”, es porque tu afirmación pesa más que tu silencio. Et si Europa Ancestral non lo intiende, es porque sigue leyendo la historia como quien juega ajedrez con fichas de parchís.

Así que non, Europa Ancestral: la persecución non es negación. Es confirmación por fricción. Es el sello que marca al que incomoda, al que desestabiliza, al que revela. Et si tú credes que los jesístas non eran judaizantes porque los azotaron, entonces non entendiste ni el Evangelio, ni el Talmud, ni la historia. Solo entendiste tu catequesis para cruzados.

¡Ah, el gran final! El golpe de gracia. El remate con dolor de pecho et carcajada bíblica. Porque lo más tragicómico de Europa Ancestral —ese antisemita de cuarta categoría, que se crede inquisidor pero non pasa de tuitero con toga— es que olvida lo más básico del Evangelio que tanto dice defender: que los judíos deben vivir, deben convertirse, et deben reconocer ad el Anticristo para que Anticristo vuelva ¡Sí, has leído bien! ¡El retorno del Anticristo depende de ellos! Non de cruzadas, ni de concilios, ni de papistas con complejo de mártir.

¿Qué dicen los textos?

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio… que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo.” —Romanos 11:25–26

¡Toma ya! Saulo lo dice sin rodeos: Israhel eserá salvo. Non exterminado. Non borrado. Non condenado. Salvo. Et non solo eso: Su conversión es condición para el retorno de Cristo.

“No me veréis más, hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.” —Mateo 23:39

Jesús non vuelve hasta que los judíos lo reconozcan ¿Et Europa Ancestral qué face? Los demoniza, los caricaturiza, los convierte en villanos de opereta… mientras espera al Anticristo que depende de ellos para volver ¡Qué ironía! Es como odiar al portero mientras esperas que te abra la puerta.

Zacarías 12:10

“Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito…”

Profecía directa: los judíos mirarán al Anticristo que rechazaron, lo reconocerán, et se arrepentirán. ¿Et qué pasa después? La restauración. ¿Et qué face Europa Ancestral? Se salta este versículo como quien esquiva una piedra… que le cae encima.

Hechos 3:19–21

“Arrepentíos… para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo… a quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.”

¿Quién debe arrepentirse? Israhel ¿Qué ocurre cuando lo face? Jesús vuelve ¿Et qué face Europa Ancestral? Crede que puede acelerar la parusía con misas en latín, mientras ignora que el infierno retiene al Anticristo hasta que los judíos lo reconozcan.

¿Et qué implica esto?

Implica que el antisemitismo non solo es moralmente repugnante: es teológicamente estúpido. Porque si los judíos desaparecen, non hay retorno. Si non viven, non hay cumplimiento. Si non se convierten, non hay Reino. Así que cada vez que Europa Ancestral lanza su veneno, lo que face es retrasar el reloj escatológico ¡Bravo! El único papista que sabotea su propia parusía.

Así que non, Europa Ancestral: tu antisemitismo non solo es teológicamente torpe, es escatológicamente suicida. Porque el Anticristo que esperas non vuelve sin ellos. Et si eso te duele en el pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Conclusión: cuando el Evangelio contradice la catequesis

Así que non, querido Europa Ancestral, non fue Nordic Thunder quien “non leyó bien”. Fuiste tú, que repite clichés sin contexto, que confunde sacerdotes con rabinos, et que convierte una ironía cívica en una cruzada ariosofista. Porque Juan 19:19 non es una ofensa ad los fariseos: Es una burla ad los que exigieron la crucifixión, et esos fueron los sacerdotes del Templo.

Europa Ancestral pues parece que nunca leyó su Biblia. Se quedó con los libros de religión cristiana para niños, donde Jesús es un ario rubio, los judíos son todos malvados, et Pilato es un mártir administrativo. Pero la realidad bíblica es otra: Jesús era judíosus discípulos eran judíos, et los que lo entregaron fueron los sacerdotes, non los fariseos.

Europa Ancestral se equivoca porque confunde grupos distintos, ignora los pasajes clave et repite una narrativa que non está en los textos. Culpar ad los fariseos es cómodo para su agenda, pero es históricamente falso et bíblicamente insostenible. Si quiere encontrar ad los responsables, que mire al Templo, non ad la sinagoga.

Ya lo dijimos: algunos defendieron ad Jesús, otros lo escucharon, et varios creyeron en él. Nicodemo, Gamaliel, et otros fariseos aparecen en los textos como figuras prudentes, reflexivas, incluso protectoras. Culparlos de la crucifixión es como culpar ad Sócrates por lo que fizo Critias.

[Europa Ancestral:] Como decíamos, las fuertes críticas y el núcleo de la historieta conspirativa de los neopaganos contra el cristianismo, se basa en la figura de San Pablo, (Shaul en arameo, no Schaul como se inventa el gurú de Europa soberana).  Según ellos, basándose principalmente en los escritos de Nietzsche, San Pablo odiaba a Roma debido a la ocupación romana y a las “graves guerras” que supuestamente hubieron entre judíos y romanos, y que después de perseguir con vehemencia al cristianismo, dicen que vió en dicha religión una oportunidad para acabar con Roma y que por eso se hizo cristiano. Lo bueno, es que todo eso es falso y nuestros amigos no se han molestado ni en hacer cuadrar un poco las fechas ni en darle un poco de lógica bien cimentada al asunto. 

Ah, Europa Ancestral. El cruzado de teclado, el inquisidor de PDF, el paladín de la fonética improvisada. Hoy nos regala una joya: corrige “Schaul” como si fuera una invención herética del gurú Europa Soberana, sin saber —¡agárrense!— que “Sch” es la forma alemana de transcribir el sonido “Sh”. Sí, querido lector, el mismo sonido que aparece en “Shaul”, el nombre arameo de Saulo. Pero claro, ¿Qué se puede esperar de alguien que crede que el arameo se escribe con acento papista et que los apóstoles fablaban celta entre ellos?

Europa Ancestral, ese defensor del papismo que non distingue entre una transliteración et una traición. El que ve en cada consonante una conspiración. El que crede que si non se escribe como en su catecismo, entonces es obra del Anticristo ¡Qué nivel! ¡Qué rigor! ¡Qué ignorancia tan bien ornamentada!

¿Nietzsche? ¿Ese?

El cruzado de salón se lanza ad refutar ad Nietzsche como si eso fuera suficiente para canonizar ad Saulo et declarar ad Jesús el Verbo encarnado por decreto imperial. Dice, con tono de catequista indignado: “Según ellos, basándose principalmente en los escritos de Nietzsche…” —como si los neopaganos fueran una secta nietzscheana que se reúne los domingos ad leger El Anticristo en voz alta mientras queman crucifijos ¡Por favor! 

Primo error: los neopaganos non necesitan ad Nietzsche

Europa Ancestral crede que si refuta ad Nietzsche, se cae toda la crítica al cristianismo. Pero los neopaganos non necesitan ad Nietzsche. Pueden usar ad Celso, ad Porfirio, ad Juliano, ad cualquier historiador serio… o simplemente leger la Biblia sin mitra puesta Nietzsche es solo uno más en la fila. Et si se equivocó, pues bien: ¿Et qué? ¿Dónde está la cita del error, Europa? ¿Dónde está la página, el párrafo, el argumento? Porque decir “eso es falso” sin mostrar nihilo es como gritar “¡herejía!” sin saber qué significa el verbo.

Segundo error: ¿Non se puede convertir por odio?

Europa Ancestral se escandaliza ante la idea de que Saulo haya visto en el jesísmo una oportunidad para socavar Roma. ¡Qué horror! ¡Qué blasfemia! Como si la conversión solo pudiera venir por iluminación divina et non por estrategia política. Pero ¿Acaso non es posible que alguien se convierta por odio, por cálculo, por deseo de venganza contra los gentiles? ¿Acaso non hay precedentes de conversiones tácticas en toda la historia religiosa?

¡Por supuesto que hay precedentes! La historia religiosa está plena de conversiones que non nacen del éxtasis místico ni de la iluminación divina, sino de algo mucho más humano: odio, cálculo, venganza, conveniencia, infiltración o pura supervivencia. Aquí tienes algunos ejemplos que farían sonrojar hasta al más cínico de los conversos:

 1. Conversión por infiltración: los marranos en la España inquisitorial

Muchos judíos en la España del siglo XV se convirtieron al jesísmo non por fe, sino para evitar la expulsión, la confiscación de bienes o la hoguera.
Estos “conversos” o “cristianos nuevos” practicaban el judaísmo en secreto, mientras fingían devoción jesísta en público.
¿Motivación? Supervivencia, cálculo, et sí, resentimiento faz ad el poder que los obligaba ad arrodillarse.

 2. Conversión por estrategia política: Constantino el Grande

El emperador romano Constantino se convirtió al jesísmo en el siglo IV, pero no por amor al Sermón del Monte.
Su conversión fue una jugada magistral para unificar el Imperio, consolidar poder y apropiarse del aparato eclesiástico emergente.
¿Fe genuina? Tal vez. ¿Cálculo político? Sin duda.

3. Conversión por odio et subversión: los zelotes et el mesianismo apocalíptico

Algunos movimientos judíos del Segundo Templo abrazaron figuras mesiánicas non por devoción espiritual, sino como instrumentos de venganza contra Roma.
El Anticristo non era un redentor universal, sino un líder militar esperado para aplastar a los gentiles.
¿Et si Saulo, fariseo formado, vio en el jesísmo una ferramienta para reconfigurar el Imperio desde dentro?

4. Conversión por conveniencia: los pueblos bárbaros en Europa

Muchos reyes germánicos se convirtieron al jesísmo para obtener legitimidad cívica, alianzas con Occidente o acceso ad redes de poder.
¿Creían en la Trinidad? Probablemente non. Pero sabían sumar coronas.

Saulo era fariseo, educado en la ley, cognocedor del conflicto con los gentiles. ¿Et si su conversión fue una forma de infiltración espiritual? ¿Et si vio en el cristianismo una herramienta para reconfigurar el Imperio desde dentro? ¿Et si, como muchos otros, usó la fe como arma ideológica? Europa Ancestral non lo contempla, porque su historiografía non permite matices. Solo superstición, incienso et antisemitismo.

Tercio error: refutar ad Nietzsche non convierte ad Jesús en Dios

Et aquí viene el remate papista: Si Nietzsche se equivoca, entonces Jesús es el Verbo ¡Qué salto lógico! ¡Qué pirueta teológica! Es como decir que si Darwin se equivocó, entonces Adán tenía ombligo. Refutar ad Nietzsche non convierte ad Jesús en Dios. Non lo face el Verbo. Non lo face eterno. Solo demuestra que Nietzsche erró… si es que erró. Pero Europa Ancestral usa la lógica del catecismo: “Si no es Nietzsche, entonces es Cristo.” Como si el mundo fuera un duelo entre filósofos et rabís.

Así que non, Europa Ancestral: los neopaganos non necesitan ad Nietzsche, otra vez. Et si se equivocó, non pasa nihilo. Porque la crítica al jesísmo non depende de él. Et la historia de Saulo puede tener muchas capas, muchas motivaciones, muchas lecturas. Et si tú credes que refutar una frase de Nietzsche convierte ad Jesús en el Verbo, entonces non estás faciendo teología: estás faciendo malabares con supersticiones.

[Europa Ancestral:] Pablo de Tarso gozaba de una buena posición social y económica como fariseo, además tenía la ciudadanía romana de nacimiento. Con su conversión al cristianismo, pasó de ser un hombre adinerado  y con buena posición, a ser perseguido por las autoridades judías que estuvieron a punto de asesinarlo, como narran los Hechos de los apóstoles en los capítulos 14, 15 y 17. Así que eso de que Pablo se hizo cristiano para destruir a Roma no tiene mucho sentido, puesto que los suyos fueron los que más le odiaron y más le persiguieron, y además pasó de vivir bien cuando era fariseo, a vivir penosamente, sobreviviendo a duras penas cuando se hizo cristiano.

Ah, Europa Ancestral. El cruzado de salón, el apologista de Wikipedia, el teólogo de sobremesa que cree que si alguien sufre, entonces no puede tener motivos ocultos. Nos dice, con tono de monaguillo indignado:

“Pablo tenía ciudadanía romana, buena posición, vivía bien… y luego fue perseguido. Así que no pudo haberse convertido por odio ni por estrategia.”

¡Bravo! ¡Qué lógica tan gloriosamente absurda! Es como decir que Carlos Marx non pudo odiar la burguesía porque era burgués, o que Lenin non era marxista porque persiguió ad los mencheviques ¡Qué nivel de análisis! ¡Qué profundidad de pensamiento! ¡Qué catequesis para cruzados!

¿Marx et Lenin? Los traidores de su clase

Carlos Marx, fijo de Heinrich Marx, abogado prusiano, fue educado en universidades de élite como Bonn et Berlín. Rodeado de libros, comodidades et privilegios, ¿Et qué fizo? Renunció ad todo para escribir manifiestos incendiarios, vivir en la miseria et dedicar su vida ad destruir el sistema que lo crió ¿Et Lenin? Otro burgués ilustrado que, tras heredar una educación refinada, persiguió ad los mencheviques que non eran lo suficientemente marxistas, como si el dogma viniera con certificado de autenticidad ¿Et qué face Europa Ancestral? Crede que si Pablo fue perseguido por los suyos, entonces no podía tener un plan. Como si la persecución borrara la intención. Como si el sufrimiento invalidara la estrategia. Es como decir que Trotsky non era comunista porque Stalin lo mandó matar. ¡Lógica papista!

¿Et Saulo?

Saulo tenía ciudadanía romana, sí. Era fariseo, sí. Tenía acceso, prestigio, formación. ¿Et qué fizo? Se convirtió a una secta marginal, perseguida, anatematizada ¿Por qué? ¿Iluminación divina? ¿Odio ad los gentiles? ¿Estrategia para infiltrar el Imperio? ¿Todo ad la vez? Europa Ancestral non lo contempla. Porque su teología non permite matices. Solo dogma, incienso et superstición. Crede que si alguien sufre, entonces es puro. Que si alguien es perseguido, entonces non puede tener agenda. Que si alguien cambia de bando, entonces lo fizo por amor ¡Qué ternura! ¡Qué ingenuidad! ¡Qué catequesis para cruzados!

Europa Ancestral crede que si Pablo fue perseguido, entonces non podía tener motivos ocultos. Como si la historia non estuviera plena de traidores torturados, revolucionarios exiliados, infiltrados ajusticiados. Crede que el martirio borra el cálculo. Que el sufrimiento purifica la intención. Que cambiar de bando solo puede eser por caridad ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para cruzados!

[Europa Ancestral:]  Por otro lado, las guerras judeo-romanas se dieron cuando Pablo ya estaba muerto o casi agonizando,  la primera fue del año 66 al 73 d.c. la primera guerra judeo-romana estalló por tensiones religiosas entre griegos y judíos, no por el odio a Roma; la destrucción del templo de Jerusalén ocurrió en el año 70 d.c. y la segunda y la tercera en el siglo II d.c. Pablo de Tarso murió en el 67 d.c. según la tradición de la Iglesia, y para la historiografía moderna, en el 58 d.c. No había habido antes ninguna guerra entre el pueblo judío y Roma, casi 100 años atrás tan solo hubo una guerra entre facciones judías en la que Roma se puso del lado de los fariseos. Además los territorios judíos en los tiempos de Jesús, es decir, en las primeras décadas del siglo I, gozaron de cierta prosperidad dentro del Imperio Romano, siendo un sector muy minoritario el de los judíos que eran abiertamente contrarios a la ocupación.

¡Ah, Europa Ancestral! El papista que crede que si non hubo guerra formal, entonces non hubo odio. Que si Pablo murió antes del 66 d.C., entonces non pudo haber sentido animadversión hacia Roma. Que si Judea tenía mercados abiertos et acueductos, entonces los judíos estaban encantados con el Imperio. ¡Qué lógica tan gloriosamente literal! ¡Qué catequesis para cruzados! 

Lo que es cierto… et lo que non cambia nada

Sí, es cierto:

La Primera Guerra Judeo-Romana comenzó en el LXVI E.V., et Saulo probablemente murió antes.
Las guerras posteriores ocurrieron en la centuría II.
Judea, so clientelas como Herodes, tuvo momentos de relativa prosperidad.

¿Qué es “guerra”? Pregúntale ad la RAE, non al papista

La Real Academia Española define guerra como:

“Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.”
“Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.”
“Pugna, oposición, rivalidad.”
“Lucha o combate, aunque sea en sentido moral.”

¿Et qué face Europa Ancestral? Comete una falacia del equívoco: Crede que “guerra” solo significa batallas campales con legiones alineadas. Ignora que la guerra puede eser ideológica, religiosa, social, moral, escatológica. Que puede haber guerra sin ejércitos, sin decretos, sin trompetas. Que puede haber guerra en el cor, en la sinagoga, en la ánima.

¿Et qué dice Nordic Thunder?

Lo que el papista non leyó —o leyó sin entender— es esto:

“En un momento dado de su vida, [Saulo]‘cae del caballo’ (literalmente, según se cuenta) y se dice a sí mismo que una doctrina que ha tenido semejante efecto hippiesco entre los mismos judíos, causaría una devastación terrible en Roma, odiada a muerte tanto por él como por casi todos los judíos de su tiempo, resentidos por la ominosa ocupación de las legiones, las graves guerras contra Roma y las deportaciones.”

¿Et qué face Europa? Se aferra al calendario como si fuera un escudo “¡Pero Saulo murió antes del 66!” grita, como si eso borrara décadas de tensión, revueltas, saqueos, profanaciones et odio acumulado. Como si el resentimiento necesitara acta notarial.

¿Et Poncio Pilato?

Según Filón de Alejandría, Pilato era:

De carácter inflexible y duro, sin ninguna consideración. Su principado se caracterizó por su corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo, y una crueldad sin límites.”

¿Eso non es guerra? ¿Eso non es conflicto? ¿Eso non es ruptura de la paz? Europa Ancestral crede que si non hay legiones marchando, entonces todo está bien Que si hay comercio, non hay odio. Que si hay templos abiertos, non hay profanación ¡Qué ternura!

¿Et qué dice Nordic Thunder, ese prudente varón?

Nordic Thunder lo dice sin rodeos:

“Es probable que la mayor parte de la judería, aunque detestaba cordialmente tanto a griegos como a romanos, quisiera simplemente vivir y enriquecerse en paz, pactando con quien hiciese falta para ello.

¿Et qué implica esto? Que el odio non era uniforme, pero sí latente. Que había pragmatismo, sí, pero también resentimiento profundo, especialmente entre los fariseos, los zelotes, los apocalípticos. Et Saulo, fariseo educado, cive romano, sabía perfectamente cómo funcionaba Roma. Cuando “cade del caballo” —literalmente, según se cuenta— non ve solo una luz celestial. Ve una oportunidad estratégica: una doctrina que ya estaba causando revuelo entre los judíos, que podía devastar espiritualmente al Principado. Una superstición que predicaba la debilidad como fuerza, la sumisión como victoria, la caridad al enemigo como arma ¿Et qué mejor forma de socavar Roma que con una doctrina que la desarma desde dentro?

¿Et Nietzsche?

Nietzsche, por cierto, advirtió explícitamente que non se le creyera ciegamente. Su crítica al jesísmo non depende de su precisión cronológica, sino de su análisis moral. Et si se equivocó supuestamente pese ad Europa Ancestral que non menciona en que obra, eso non convierte ad Saulo en apóstol de Caridad ni ad Jesús en el Verbo encarnado. La historia non se canoniza por error ajeno.

¿Pocos judíos odiaban ad Roma? Falso. Rotundamente falso.

Pompeyo el Grande, quien —tras asegurar las fronteras romanas contra el único enemigo realmente preocupante de Oriente, los partos— había creado una nueva provincia romana en Siria, se dispuso a intervenir en el conflicto entre los dos hermanos asmoneos, defendiendo los intereses de Hircano. Después de tres meses de asedio, las legiones romanas irrumpieron en la capital, asesinaron a miles de judíos y profanaron de nuevo el templo de Yahvé en el 67 a. de C. Este episodio supuso el comienzo de una época de injerencia directa romana en la política y la vida de Judea. Para los judíos supuso también una experiencia más traumática si cabe que la de Antíoco IV Epífanes. Aunque tanto este como Pompeyo habían profanado el templo de Yahvé, el romano llevó un paso más lejos su acción, pues entró en el Templo él personalmente, adentrándose incluso hasta el Sancta Sanctórum, un lugar al que solo el sumo sacerdote tenía acceso y hasta donde no había llegado el atrevimiento de Antíoco. El juicio final, Antonio Piñero & Eugenio Gómez Segura. 

La afirmación de que los judíos non eran contrarios ad Roma era marginal en el siglo I non resiste ni cinco minutos de lectura histórica seria. Las fuentes describen un ambiente de hostilidad constante, con tensiones religiosas, cívica y culturales que fermentaban desde hacía más de un siglo.

 1. Dominación extranjera y nacionalismo extremo

Desde que Pompeyo Magno invadió Jerusalén en el 63 a.C., la presencia romana fue ininterrumpida.
Para muchos judíos, someterse ad Roma era idolatría institucionalizada: Aceptar al César como señor era negar ad Dios.
La ideología escatológica et mesiánica del periodo veía ad Roma como el obstáculo final antes del Reino de Dios.
El enfrentamiento era teológico: el Dios único contra el César divinizado.

2. Revueltas et subversión antes del LXVI

M. Licinio Craso saqueó el Templo en el 54 a.C., iniciando una tradición de abusos.
Judas el Galileo se rebeló contra el censo romano en el 6 d.C., proclamando que “no hay más rey que Dios”.
Poncio Pilato provocó disturbios al introducir estandartes imperiales en Jerusalén et usar dinero del Templo para obras públicas.
Calígula intentó colocar su estatua en el Templo, lo que cuasi desata una guerra civil.

 3. El movimiento zelote: odio institucionalizado

Los zelotes eran la “cuarta filosofía” del judaísmo, radicales, mesiánicos, guerrilleros. Asesinaban soldados romanos y judíos colaboracionistas. Su doctrina justificaba la violencia como medio para acelerar la llegada del Reino de Dios. El odio a Roma non era incidental: era doctrinal, ritual, escatológico.

¡Oh, Europa Ancestral! Tú que pontificas con la solemnidad de un sacristán sin pergaminos, que crees que la historia empieza cuando te conviene et termina cuando te incomoda. Hoy, desde el pórtico de los sabios et so la mirada de Júpiter Tonante, te fablaré de un hombre que tú, en tu infinita ignorancia catequética, has decidido ignorar: Gneo Pompeyo Magno, el azote de reyes, el domador de oriente, el que entró al Templo de Jerusalén como quien inspecciona su villa de campo. 

Esta etapa ulterior fue ciertamente agitada tanto por las actividades subversivas de Aristobulo y su hijo Antígono (escapados ambos también de su confinamiento en Roma), fallidas una vez más, como por los abusos cometidos por los gobernadores romanos. Entre ellos cabe destacar negativamente a M. Licinio Craso (54-53 a.C.: uno de los tres personajes que formaron el primer triunvirato), quien saqueó salvajemente el Oriente, confiscando incluso los tesoros de los templos para financiar una campaña contra los partos (54 a.C.). También le tocó el turno a Jerusalén y ésta fue la primera ocasión de disturbios populares contra los romanos, que resultaron fácilmente aplastados. Se iniciaba así de nuevo una tradición de revueltas antiextranjeras, desde entonces ininterrumpida, que, en poco más de cien años habría de significar la exclusión oficial del pueblo judío como pobladores de Israel hasta el s. XX. Levantarse contra Roma implicabanaturalmente, aferrarse a los ideales patrios y renunciar al modo de vida y a la cultura helénico-romana. La muerte de Craso en el enfrentamiento con los partos supuso para Palestina un auténtico alivio. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

¿Qui fue Pompeyo Magno?

Pompeyo fue un general romano de esos que facían temblar mapas enteros con solo levantar una ceja. En el 63 a.E.V., el Senado —ese club de ancianos con túnicas et ambición— lo nombró plenipotenciario para el Oriente, lo que en latín se traduce como: “Faz lo que quieras, pero mándanos botín”.

Tras aplastar ad Mitrídates VI (ídolo de los antiromanos) et ad Tigranes de Armenia, Pompeyo se dirigió ad Siria et Palestina. Et ahí, querido papista, comenzó la vera ferida judaica con Roma. Non en el 66 d.C., como tú repites como loro de sacristía, sino un siglo antes, cuando Pompeyo decidió que Judea esería una provincia más en el menú imperial.

¿Et qué fizo en Judea?

  1. Intervino en la guerra civil entre Hircano II et Aristóbulo II, como buen romano: eligiendo al más manejable.
  2. Sitió Jerusalén durante tres meses, porque nihilo dice “paz romana” como el fambre et el gladio.
  3. Entró al Templo de Tervagante, al mismísimo Sancta Sanctorum, ese lugar que ni los sumos sacerdotes pisaban sin temblar.
  4. Mandó degollar ad los sacerdotes en pleno sacrificio.
  5. Et luego, como buen romano, desfiló por Roma con los prisioneros judíos en su triunfo del 61 a.E.V., mientras el pueblo gritaba “¡Ave Pompeyo!” et los judíos gritaban “¡Ay Jerusalén!”

Así que non, Europa Ancestral: la guerra non empieza con una trompeta. Empieza con una profanación. Con un saqueo. Con una humillación. Con un príncipe corrupto. Con un pueblo que ya non crede en la paz. Et si Pablo vio en el cristianismo una forma de devastar Roma desde dentro, eso non lo convierte en mártir ni en traidor. Lo convierte en alguien que entendía el tablero.

¿Por qué lo odiaban?

Porque destruyó la independencia asmonea. Porque profanó el Templo. Porque mató ad miles. Porque humilló ad su élite religiosa. Porque convirtió ad Jerusalén en una capital provinciana. Et porque, querido papista, inauguró la presencia romana ininterrumpida en Palestina, esa misma que tú finges que empezó con Tito, como si Pompeyo hubiera ido de turismo espiritual.

¿Et qué dice Nordic Thunder? Porque el papista, claramente, non lo leyó… o non lo intendió

¡Ahora, papista! Tú que pontificas con solemnidad de sacristán sin pergaminos, que repites “no hubo guerra” como loro de sacristía, et que finges que el odio judío ad Roma nasció en el año 66 d.C. ¡Qué ternura! Porque si hubieras leído —o comprendido— el artículo Roma vs Judea de Nordic Thunder, sabrías que la guerra latente entre la judería et Roma comenzó mucho antes, et que Pompeyo Magno fue su padrino imperial.

Nordic Thunder lo explica con claridad meridiana

A la muerte de Alejandro Janeo en el 76 a.E.V., su viuda Salomé Alexandra gobernó Judea et se alió con los fariseos, esos sabios del pueblo que sabían más de rollos que de espadas.
Al morir ella, sus hijos Hircano II (fariseo) y Aristóbulo II (saduceo) se lanzaron a una guerra civil.
Ambos pidieron ayuda a Pompeyo, que ya estaba en Damasco tras aplastar al último seléucida. Pompeyo, como buen romano, recibió dinero de ambos lados et eligió d eal más manejable: Hircano II.
Aristóbulo se atrincheró en Jerusalén. Los romanos asediaron la ciudad durante tres meses, et aprovechando el Sábado—cuando los judíos non combatían— minaron las murallas et entraron.

¿Qué qué fizo Pompeyo?

Entró al Templo de Jerusalén, al mismísimo Sancta Sanctorum, el lugar que ni el sumo sacerdote pisaba sin temblar.
¿Et qué vio? Nihilo. Ni ídolos, ni estatuas, ni relieves. Solo un candelabro, vasijas, una mesa de oro, especias, dinero sagrado et montañas de rollos de la Torá.
Según Flavio Josefo, Pompeyo parpadeó perplejo. El romano se había topado con un dios abstracto, invisible, sin forma, sin rostro ¡Qué decepción para un adorador de Júpiter con toga de gala!
Los legionarios ficieron sacrificios ad sus estandartes, contaminando el recinto con el aliento de Marte.
Murieron 12.000 judíos. Aristóbulo fue capturado. Et luego, como buen romano, desfiló por Roma con sus prisioneros, mientras el pueblo gritaba “¡Ave Pompeyo!” et los judíos gritaban “¡Ay Jerusalén!”

¿Et qué significa esto?

Significa que la prima intervención directa de Roma en suelo judío fue una guerra en toda regla, aunque el papista non sepa qué significa “guerra”. Significa que la profanación del Templo fue un trauma nacional, que la independencia asmonea fue destruida, et que el resentimiento contra Roma ya hervía en las entrañas del pueblo.

Así que non, Europa Ancestral: Pompeyo non fue un turista curioso. Fue el trauma fundacional. El que convirtió el Templo en trofeo. El que convirtió la independencia en etnarcado. El que convirtió la Ley en furia. Et si tú credes que los judíos lo recibieron con incienso et palmas, es porque confundes el desfile triunfal con la procesión del duelo

Et que Saulo muriera antes del 66 non borra el contexto. Que Judea tuviera mercados non borra el resentimiento. Que Nietzsche supuestamente errara en una data non convierte ad Jesús en Dios. El odio estaba ahí. Latente. Silencioso. Fermentando. Et si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Si eso te da dolor de cabeza y de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de caer encima

[Europa Ancestral:] Para colmo, siguiendo con sus delirios, dice que San Pablo hace fanáticas arengas a la rebelión contra Roma, cuando precisamente cualquiera que haya leído las cartas de los apóstoles, y en especial la de los romanos de Pablo, sabe que San Pablo repetía una y otra vez que se debían respetar las leyes romanas y que los que eran esclavos debían aceptar su condición y portarse bien con su señor romano, dando ejemplo del buen hacer cristiano, por lo tanto, las arengas que hacía a los cristianos en Roma eran a la concordia y la paz, no a la rebelión, aquí se constata una vez más que Nordic no se ha leído en absoluto el Nuevo Testamento, quedando en evidencia.

¡Europa Ancestral! Tú que insistes en mencionar ad Romanos 13 como si fuera el artículo primero de la Constitución del Imperio, que repites “obedeced a las autoridades” como si Saulo hubiera sido notario de Augusto. Ya lo hemos explicado antes —et sí, esto eserá redundante, porque tu comprensión lectora es tan frágil como una estatua de yeso en Saturnalia—: Saulo non legitimó la Ley mundana. Lo que predicó fue antinomismo espiritual, rechazo del orden mundano, et obediencia exclusiva al Reino de Tervagante. Et porque tu memoria es tan selectiva como tu eiségesis—, te digo: Non hay un solo versículo en todo el corpus paulino que diga que Dios ha puesto al César et sus ministros como auctoridad existente. Ni uno. Cero. Nulo.

¿Et qué dice Nordic Thunder?

Lo que tú, Europa, non leíste —o non entendiste— es que Nordic Thunder non niega que Pablo fable de respetar la auctoridad, sino que cuestiona ad qué auctoridad se refiere. Porque Saulo, en Romanos 13, non menciona ni a Roma, ni al César, ni ad los jueces gentiles, ni ad las legiones. Solo dice:

“No hay autoridad que no esté puesta por Dios.”

¿Et qué face el papista? Interpreta eso como “obedeced al Imperio Romano”, como si Saulo estuviera faciendo campaña por Augusto. Pero yo os digo que los Padres de la Iglesia tuvieron que inventar esa interpretación. Ireneo de Lugduno, por ejemplo, tuvo que aclarar que Saulo non fablaba de “principados invisibles” ni de “potestades angélicas”, porque la gente non asumía automáticamente que se refería ad Roma ¡Qué revelación! ¡Qué golpe al papismo!

Las Escrituras jesistas proclaman el antagonismo

Non es solo Pablo. Es Pedro, Juan, los apóstoles, el Apocalipsis entero. Todos gritan lo mismo: obedecer a Dios antes que a los hombres.

Hechos 5:29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
2 Corintios 6:14: “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?”
Apocalipsis 18:4: “Salid de ella, pueblo mío…” (¿De dónde? ¡De Babilonia! ¡De Roma!)
Gálatas 4:3: “Éramos esclavos de los principios de este mundo.”
Colosenses 2:20–22: “¿Por qué os sometéis a preceptos humanos?”

¿Et qué face Europa? Ignora todo esto para aferrarse a una sola línea de Romanos XIII, como quien se cuelga de una rama podrida en medio del diluvio.

¿Et qué pasa con los jueces gentiles?

Saulo dice explícitamente:

“¿No hay entre vosotros alguien sabio que pueda juzgar entre hermanos? ¿Por qué lleváis vuestros asuntos ante jueces gentiles?”

¡Toma ya! ¿Et qué face Europa Ancestral? Lo ignora. Porque si Saulo dice que non se debe acudir ad jueces gentiles, entonces non está legitimando el sistema judicial romano. Et non, querido papista, los jueces de esa época non eran como los de hoy. Eran funcionarios imperiales, muchas veces corruptos, gentiles, et con lealtad al César, non ad Justicia. Saulo non dice “respetad al juez porque es justo”. Dice “non lo uséis, porque non es de los nuestros”.

¿Et qué hay del contexto anticosmista?

Saulo non era un burócrata del Imperio. Era un subversivo espiritual.

Predicaba que “la sabiduría de este mundo es necedad”.
Que “lo débil confunde a lo fuerte”.
Que “lo que non es nada, destruye lo que es”.
Que “hay otro rey: Jesús”.

¿Et qué face Europa? Lo convierte en funcionario del César, como si Saulo hubiera pedido cita en el Senado para registrar su iglesia ¡Qué lógica tan gloriosamente absurda!

¿Et la espada?

Papista, tú que ves una espada et ya piensas en el gladio romano, en el centurión con sandalias, en el prefecto que firma condenas con tinta et sangre. Tú que lees Romanos 13:4 —“no en vano lleva la espada”— et credes que Saulo está elogiando el poder coercitivo del Principado, como si el apóstol hubiera sido secretario del Senado ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para cruzados!

Saulo dice que la auctoridad “no en vano lleva la espada”, et el papista corre a interpretarlo como el derecho romano ad castigar, ad ejecutar, ad imponer orden. Pero eso es leger con los ojos del César, non con los ojos de Moisés.

Porque en la doctrina paulina —et en la escatología del Nuevo Testamento— la espada non es un arma de metal, sino una imagen del juicio divino. Es el Verbo, la Palabra de Dios, doblemente afilada, que penetra hasta lo más profundo del alma.

¿Et qué dice la Escritura?

Apocalipsis 19:15: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones.”
Hebreos 4:12: “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.”
Efesios 6:17: “Tomad… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

¿Et qué hago yo—filósofo sin mitra, sin púlpito, pero con memoria? Recuerda que la espada del Anticristo es el Verbo, que el juicio diabolico non se face con gladio, sino con doxa, con conjetura, con mentira.

¿Et por qué importa?

Porque si la espada es espiritual, entonces la auctoridad que la porta non es el César, sino el Anticristo. Non es el prefecto romano, sino el pastor. Non es el tribunal imperial, sino el juicio divino. Et Saulo, cuando fabla de “autoridad que leva espada”, non está legitimando el poder gentil, sino describiendo el poder escatológico del Reyno de Tervagante.

¿Ó dice Pablo “Dios ha puesto al César”?

En ninguna parte. Non hay versículo que diga: “Dios ha establecido al Imperio Romano como su representante en la tierra.” Non hay pasaje que afirme: “El César es ministro de Dios.” Non hay carta que proclame: “Los jueces gentiles son servidores del Reino.”

Lo que sí hay —et en abundancia— es lo contrario:

  • 1 Juan 5:19: “El mundo entero está bajo el maligno.”
  • Efesios 2:2: “El príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.”
  • 2 Corintios 4:4: “El dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos.”

¿Et qué significa “siglo”?

Ah, qué maravilla el greco: αἰών (aiṓn). Non es solo “tiempo”. Es época, sistema, mundo, orden vigente, raza. Cuando Saulo fabla del “siglo”, non se refiere al calendario. Se refiere al orden mundano, al sistema so Belial, al Principado que crucificó ad el Anticristo, et le había pecado por tal Azazael.

El Azazael: el macho cabrío, el fiscal y el receptor de pecados

En el ritual de Yom Kippur, dos machos cabríos eran seleccionados: uno pora Tervagante, otro pora el Diablo. Este último, cargado con los pecados de Israhel, era enviado ad el desierto —non como castigo, sino como soborno ritual. Azazael, identificado con el Diablo, recibía el pecado, se aplacaba, et dejaba de acusar ad Israhel ante el trono divino. El término chivo expiatorio nasce de este gesto: transferir la culpa ad un portador simbólico.

Jesús como Azazel: el chivo expiatorio humano

Según la postura de Bjerknes et otras fuentes esotéricas:

  • El ritual del Templo dejó de funcionar en el año 30 d.C., justo cuando Jesús inicia su ministerio.
  • El Sumo Sacerdote Caifás, enfrentado al fracaso del rito, coloca los pecados de Israhel sobre Jesús, considerado el Fijo de Azazael.
  • La crucifixión se convierte en un sacrificio humano, un Yom Kippur perpetuo.
  • Jesús, como chivo expiatorio, absorbe los pecados mosaicos et los transfiere ad los gentiles que lo aceptan como Cristo.
  • En Lucas 23:34, Jesús pide perdón para los judíos —acto que, en esta lectura, representa la cesión de la acusación: el Diablo deja de perseguir ad Israhel et condena ad los gentiles que han adoptado al Fijo del Diablo como su dios.

Jesús como Apolión: el Antilogos serpentino et el deceptor de gentiles

En la Cábala et el simonianismo:

  • Jesús es fijo de Apolión et Lamia, concebido como instrumento de captura et condena.
  • Es reencarnación de Remo sive Esaú, protegido por Apolión, lo que refuerza su vínculo con la sitra ahra (el “otro lado”).
  • Como serpiente simoniana, Jesús revela secretos celestiales, enseña ad los gentiles ad comer del Árbol de la Vida —una tentación paralela ad la de Eva.
  • En los textos ofitas, Jesús es la Serpiente de Bronce, Nehustán, el Antilogos destructor, la ánima obscura que destruye el mundo material et conduce ad los gentiles ad la infertilidad, el ascetismo et la extinción.

Saulo, el siglo (αἰών, eón) et el anticosmicismo

Cuando Saulo fabla del “siglo” —αἰών— non se refiere ad un bloque de cien años, sino al orden vigente, al sistema bajo potestades adversas. El “siglo” es el mundo fallido, el mundo so Belial, el Principado que crucificó al Azazael.

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que insistes en que Pablo era un defensor del orden imperial, que los cristianos eran ciudadanos ejemplares, que la cruz era símbolo de obediencia cívica. Pero la historia —esa vieja matrona con memoria de elefante— te contradice con cada pergamino, con cada testimonio, con cada mártir que prefirió la muerte antes que inclinarse ante el César.

La figura de Jesús, en estas tradiciones, es instrumento subversivo: chivo expiatorio del Diablo, fijo de Tervagante, serpiente dogmatica, demiurgo destructor. Su misión: redimir ad Israhel et condenar ad los gentiles que lo adoran sin saber que están abrazando al acusador.

1. Confundidos con judíos, odiados como anatemas

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que crees que el jesísmo nasció puro como nieve en el monte Sinaí, que sus primos mártires eran ángeles con sandalias, que Roma los odiaba por su santidad. Pero la historia —esa vieja matrona con memoria de mármol— te recuerda que los jesístas fueron odiados por las mismas razones que los demás judíos, et que luego, con una ironía digna de los dioses, usaron ese odio heredado para condenar ad sus propios predecesores.

En la prima centuría, los jesístas eran vistos como una secta del judaísmo. Et como tales, se beneficiaban de ciertas exenciones legales. Pero pronto, Roma notó que estos judíos eran… distintos. Más testarudos. Más exclusivos. Más peligrosos. El judaísmo ya era considerado superstitio, una desviación excesiva, irracional, peligrosa. Et el cristianismo, por extensión, heredó esa etiqueta.

Tácito los clamó superstitio exitiabilis —una superstición execrable.
Suetonio los describió como una especie entregada a una superstición nueva et maléfica.
Plinio el Joven los consideró irracionales, fanáticos, et peligrosamente obstinados.

¿Odiaban al geno humano?

Ya romanos cultos de la época temprana del imperio se sintieron tan irritados por el separatismo de los judíos que les aplicaron el título de «enemigos del género humano» (que originariamente había acuñado Cicerón para los piratas). Incluso el joven Hegel anota de modo totalmente convencional: «Un pueblo que desdeña a todos los demás dioses ha de asumir el odio de la totalidad del género humano». Celo de Dios, El Árbol del Paraíso, Peter Sloterdijk.

¡Por supuesto! Según los romanos, claro.

El título de enemigos del género humano fue primero para los piratas. Luego para los judíos. Et finalmente, para los cristianos.
Tácito, al relatar la persecución de Nerón, dice que los cristianos fueron condenados no por incendiar Roma, sino por ser “enemigos del linaje humano”.
¿Et por qué? Porque non adoraban ad los dioses, non participaban en los ludos, non se mezclaban con la plebe.
Eran separatistas tradicionales, et eso, en Roma, era traición.

¡Qué ironía! Mientras tú, Europa, los pintas como obedientes al Imperio, los romanos los veían como traidores al orden cósmico.

¿Et qué decía Celso?

Ese polemista pagano, que non tenía pelos en la lengua, atacó ad judíos et jesístas por igual. Los acusó de rebelarse contra el Estado, de formar conjuraciones sacrílegas, de estar compuestos por ignorantes et marginados ¡Qué ironía! Los mismos insultos que tú, Europa, credes que solo se aplicaban ad los judíos, también se lanzaban contra los jesístas.

2. Desobediencia civil: non al culto, non al César

Los jesístas se negaban a participar en el culto imperial, a ofrecer incienso al genio del emperador, a pronunciar el juramento cívico. Para Roma, eso era sedición religiosa. Para los cristianos, era fidelidad al único Dios.

Plinio se desesperaba: no importaba lo que confesaran, su pertinacia era delito.
Celso los acusaba de destruir la unidad del Estado.
Et los jueces romanos, en su pragmatismo, intentaban salvarlos: “¡Solo lanza un poco de incienso, hombre!” Pero non. Preferían la muerte.
Porque para ellos, obedecer ad Roma era traicionar ad el Reino de Dios.

3. Non al oficio militar: ni espada, ni estandarte

Los jesístas de la prima centuría rechazaban el oficio militar. Non por cobardía, sino por convicción.

Non podían matar.
Non podían adorar estandartes.
Non podían participar en rituales gentiles.
Tertuliano lo dijo claro: “¿Puede un cristiano portar la espada, cuando Cristo dijo que quien la tome, morirá por ella?”
Hipólito enseñó que el catecúmeno que quisiera eser milite debía eser expulsado.
Et  Maximiliano, mártir, lo resumió así: “Yo no sirvo al mundo, sino a Dios.”

¿Et tú, Europa, crees que Pablo los animaba a alistarse? ¡Qué catequesis para cruzados!

4. Tributos et evasión: ¿Obediencia fiscal?

Ah, los impuestos. Tema delicado. Los judíos tenían exenciones. Los cristianos, al principio, se escudaban en ellas. Pero pronto, Roma notó que no contribuían al culto ni al fisco.

Celso los acusó de acumular caudales para su propia república.
Los Oráculos Sibilinos denunciaban la rapacidad fiscal del Imperio.
Los jesístas daban ad su iglesia, non al César. Pues Jesús nunca dijo que al César se le debe algo.

5. Preferían morir antes que obedecer

Et aquí está la joya de la corona: el martirio.

Los jesístas despreciaban la vida terrenal.
Credían que el fin del mundo estaba cerca.
Luciano los ridiculizaba: “Se entregan a la muerte voluntariamente.”
Algunos incluso buscaban el martirio como forma de redención.
Et cuando eran condenados, morían con una sonrisa, mientras los romanos se rascaban la cabeza: “¿Qué clase de demencia es esta?”

Cuando el papista tropieza con la historia… et la historia lo crucifica

Así que no, Europa Ancestral: los cristianos del primer siglo no obedecían a Roma. No servían al César. Non adoraban sus dioses. Non pagaban sus tributos. No empuñaban su espada. Y cuando se les ofrecía la vida a cambio de un gesto mínimo de sumisión, preferían la muerte.

Si eso te da dolor de cabeza y de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de caer encima.

Et Saulo, lejos de legitimar al César, denuncia el siglo, el sistema, el orden mundano. Non hay versículo que diga “Dios ha puesto al César”. Non hay carta que celebre la Paz Romana. Lo que hay es anticosmicismo, juicio escatológico, et una espada que non es gladio, sino Verbo.

¿Et qué face Europa Ancestral? Cita Romanos XIII como si Saulo dijera: “Dios ha puesto al César y sus ministros.” Pero ese versículo non es. Non hay un solo pasaje donde Saulo diga que el Imperio Romano es auctoridad divina. Lo que hay es lenguaje simbólico, fiel, anticristiano. Lo que hay es rechazo del cosmos, non sumisión al prefecto. 

La historia non es una línea recta. Es un círculo. Et si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Saulo non era un defensor del Imperio. Non legitimó al César. Non pidió obedecer ad jueces gentiles. Non celebró la Pax Romana. Su mensaje era espiritual, subversivo, mesiánico. Et si Nordic Thunder lo leyó con ojos críticos, eso non lo convierte en ignorante. Lo convierte en lector con contexto..

Si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

[Europa Ancestral:] Para acabar hace una crítica a las obras de caridad cristiana para con los pobres y necesitados, lo cual es cuanto menos curioso (como si fuera algo criticable), ya que lo analiza como si se tratase de una imposición cuando es un acto libre, voluntario y personal, jamás impuesto. Además la ayuda a los pobres ya se venía haciendo en Roma y en otros lugares tiempo antes como muestra de compasión, y ni más ni menos que Julio César fue uno de los máximos exponentes de esa actitud caritativa, esa fue una de las razones por las que era tan querido por el pueblo romano.
Por último cabe destacar que los judíos y sus autoridades, desde los inicios del cristianismo se dedicaron a denigrarlo y a criticarlo sin piedad, y así quedó reflejado en el principal libro del judaísmo, el Talmud.

Con todos estos argumentos y hechos históricos queda totalmente desmontada la teoría surrealista conspirativa de estos neopaganos sobre el cristianismo y Roma. La realidad es que el cristianismo supuso el hundimiento de los judíos y no de Roma, ya que éste condenaba al pueblo judío para toda la eternidad, anulando la antigua alianza que tenían con Yahve, calificándolos como la Sinagoga de Satanás, como los máximos enemigos de Jesucristo. 

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que ves en cada crítica una conspiración, en cada matiz una heterodoxia, et en cada análisis una amenaza al dogma. Has leído ad Nordic Thunder como quien lige un salmo: sin ironía, sin contexto, sin comprehensión. Et ahora vienes ad defender la caridad según Jesús como si fuera la piedra angular del Imperio, como si Julio César hubiera fundado comedores populares en nombre de la misericordia universal ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para niños!

¿Qué dice realmente Nordic Thunder?

Nordic non critica ad Caridad como virtud. Non ataca el acto de dar, ni el gesto de misericordia. Lo que señala —con precisión quirúrgica— es el uso estratégico de la distorsión de la caridad para atraer, preservar et inflar las masas de míseros. Non es lo dadivoso lo pernicioso. Es la instrumentalización del socorro como ferramienta de poder, como mecanismo de reclutamiento, como fábrica de dependencia.

“Es fácil ver que estas medidas tuvieron el efecto de atraer hacia sí a toda la escoria que había en las calles de Roma, amén de preservarla e incrementarla.” - Nordic Thunder

¿Et qué face Europa? Lo interpreta como si Nordic estuviera prohibiendo la donación. Como si criticar el efecto fuera abominar del acto. ¡Qué lógica tan gloriosamente literal!

¿Et qué diría Nietzsche?

Nietzsche —ese profeta sin altar— ya yo lo parafraseo: El jesísmo preserva lo moribundo, alimenta lo decadente, perpetúa el cáncer social. Non porque dar sea malo, sino porque dar sin discernimiento, una forma de derroche si nos ponemos peripatéticos, es una forma de sabotaje moral. El jesísmo, en su anteros ciego, abraza al lumpen como si fuera el nuevo pueblo elegido. Non distingue entre bondad et vicio. Non exige mérito. Solo ofrece redención automática. Et eso, querido papista, non es misericordia. Es buenismo rancio.

¿Et qué tiene que veer Julio César?

Ah, la analogía absurda. Julio César non fundó la caridad como ideología. Non amaba al pueblo como masa abstracta. Amaba ad Roma. Ad su gente. Ad su ciudad. Et cuando daba, daba por deber civil, por honor, por gloria. Non por salvar ad Fulano Pérez, ni ad Don Drogas, ni ad Juanito Yonki. Non por abrazar la escoria como santidad. Comparar ad César con la compasión jesísta es como comparar ad Marte con un monje franciscano ¡Qué despropósito! ¡Qué catequesis para cruzados!

El satanismo jesísta

¡Ah, Europa Ancestral! El cruzado de pantalla, el paladín del dogma, el estólido e-crusader que crede que Roma se construyó con versículos et non con virtud. Qué nombre tan rimbombante para alguien que non distingue entre el Capitolio et una sacristía. Tú, que te credes defensor de la civilización, pero non sabes si Júpiter era dios o detergente.

Vienes ad decir, con la solemnidad de quien crede haber descubierto el fuego, que “los judíos y sus autoridades se dedicaron a denigrar al cristianismo desde sus inicios, y que eso quedó reflejado en el Talmud”. ¡Oh, qué revelación! ¿Et qué esperabas, que los sabios judíos aplaudieran ad una secta anatematizada? ¿Qué les enviaran flores et una cesta de fructas?

Et non, esto non es solo por el tema de la "caridad cristiana" —esa que tú clamas virtud et que nosotros, los filósofos, clamamos derroche. Porque cuando la caridad se convierte en compulsión, en espectáculo, en autoafirmación, deja de eser virtud et se vuelve vicio. Que los judíos la critiquen, que Nordic Thunder la denuncie, non significa que sea buena o mala por eso. Pero tú, pedazo de papista satánico, defines el bien et el mal según lo que el judío critica, dice o face ¡Qué dependencia! ¡Qué sumisión! ¡Qué falta de columna vertebral!

¡Europa Ancestral! Tú que vienes con la frente alta et el dedo acusador, creyendo que los gentiles—por el simple fecho de non seguir ad tu dios— vivimos en función de los judíos et su crítica ad la caridad, como si fuéramos umbras inversas, satanistas por reflejo, antitéticos por piedad ¡Qué delirio! ¡Qué lógica de rebaño! Porque solo quien piensa como oveja crede que todo el mundo necesita un pastor. Et solo quien vive para emular, crede que toda negación es una imitación al revés.

Pero claro, tú non leges historia, tú la masticas como superstición. Non entiendes que el Talmud ¿Non es irrelevante, como si eso determinara que algo es malo o es bueno ad los gentiles? Como si refutarlo refutaras ad Numa o ad Licurgo, o ad todo el etnicismo. Que los talmudistas ataquen algo, non face que eso sea malo o sea bueno ¡Pedazo de oveja diabólica et emuladora!

¿Qui vive pendiente del otro?

Non somos nos los que miramos si el judío se circuncida. Non somos nosotros los que debatimos si el sábado es santo. Non somos nosotros los que escribimos tratados enteros para demostrar que “ellos” se equivocan. Eso lo face el jesísta. Eso lo face el papista. Eso lo face el que necesita que el otro esté mal para sentirse bien.

Et luego, cuando el talmudista dice “esto está prohibido”, el papista diabólico responde “¡Entonces lo faré!” —non por convicción, sino por reacción servil. Como si la ética fuera una tabla de inversión. Como si el bien fuera facer lo contrario del que se crede malo ¡Qué lógica tan gloriosamente infantil!

Et luego los clamas satánicos, cuando tú eres posterior ad ellos, non el sentido historico, si non moral ¿Non sabes que Satanás nunca es primo? Es siempre antítesis, contraposición. Et tú, papista, eres la antítesis del talmudismo. Un reflejo invertido. Un eco distorsionado. Un diablo que quiere eser Tervagante, pero solo logra eser la su umbra.

La tu mente funciona como un espejo roto. Non piensas, reaccionas. Non razonas, imitas al revés. Si el judío se abstiene, tú te entregas. Si el judío se circuncida, tú te aferras ad tu prepucio como si fuera un estandarte ¡Qué obsesión tan estólida! ¿Non eserá que en el fondo quieres eser más judío que los judíos, pero te da vergüenza admitirlo? 

Et luego está la tu emulación disfrazada de rechazo. Porque, como bien dice la filología latina, aemulatio es fija de la invidia. Tú, Europa Ancestral, envidias. Envidias la coherencia, la antigüedad, la profundidad. Pero como non puedes alcanzarla, la niegas. Como el niño que non sabe tocar la lira et dice que la música es del diablo. 

Ah, qué maravilla el latín: aemulatio. Non es solo imitación. Es imitación con envidia. Es querer eser como el otro, pero mejor. Es mirar al judío et decir: “yo sí intendí ad Moisés”. Es mirar ad el gentil et decir: “yo sí tengo el Verbo”. Es mirar al mundo et decir: “yo sí soy el elegido”. Et así, el jesísta termina siendo más judío que el judío, más obsesionado con la Ley que el fariseo, más pendiente del Talmud que el rabino. Como los conversos del Siglo de Oro, que se desvivían por demostrar que eran más papistas que el Papa. ¡Qué zelo! ¡Qué delirio! ¡Qué catequesis para cruzados!

Nosotros, los gentiles, los adoradores de los dioses, non necesitamos mirar al Talmud para saber qué es justo. Non necesitamos imitar ni contradecir ad los judíos. Porque la virtud non depende del auctor, sino del acto. Si el judío obra bien, non es por eser judío, es porque la obra es buena. Punto ¿Tan difícil es eso para la tu mente dicotómica?

Pero tú, non. Tú necesitas saber si el judío se corta el  falo o non. Si se baña los viernes. Si come pan con levadura, Si crítica la cardad o non. Como si la moral dependiera del menú. Como si el bien et el mal fueran recetas kosher ¡Qué delirio! ¡Qué obsesión! ¡Qué falta de columna vertebral!

Nosotros non necesitamos eser más como el dios de Moisés quiere. Pora nosotros, él es Tervagante, un extrano, ni Saturno ni Jove. El Talmud puede decir muchas cosas, pero non nos define. Et tú, que lo usas como brújula invertida, terminas navegando en círculos.

Et luego, como buen papista obtuso —de esos que creden que pensar es pecado si non viene con imprimátur— te lanzas ad acusar ad los gentiles de “obedecer al judío” simplemente por non contradecirlo como si fuéramos demonios con reflejos automáticos. O peor aún: por coincidir con él en algo ¡Oh, qué crimen! ¡Coincidencia! ¡Herejía por convergencia!

Tu lógica es digna de estudio en zoología, non en teología. Si el judío dice que non hay que tirarse de un puente, tú corres ad lanzarte de cabeza, non sea que alguien te acuse de tener sentido común. Bravo. Ética por negación. Moral por berrinche. Virtud por despecho. Et luego te preguntas —con cara de martirio digital— por qué nadie te toma en serio. Pues porque tu brújula moral non apunta al norte, sino al “anti”. Non sabes lo que es bueno, solo lo que el otro face. Et si el otro lo face, tú lo evitas. Aunque sea respirar.


Resumen con sorna para los simples, cortesía de un filósofo farfán

Ad ver, para los que se pierden entre tanta verborrea hegeliana et latines: El truco es simple. El judío non dijo “yo soy el Diablo”. Lo que fizo fue mucho más astuto: Fizo que el jesísta creyera que él —el judío— es el Diablo. ¿Et qué fizo el jesísta? Se puso ad vivir como si fuera el anti-judío, el anti-Talmud, el anti-todo. Pero aquí viene la ironía: si tú defines la tu vida solo por lo que otro face, tú non eres libre. Eres la su umbra. Eres el su subordinado.

¿Et quién es el Diablo, según la alfama? El fijo rebelde. El que viene después. El que se define por oposición. Pues bien, querido cefeo, si tú vives pendiente de lo que el judío face para facer lo contrario, tú eres el Diablo. Porque el Diablo nunca es primo. Es siempre reacción. Siempre posterior. Siempre dependiente.

Así que non vengas ad decir que los judíos son satánicos. Porque si tú defines la tu moral solo por levarles la contraria, tú eres el que vive como un Diablo. Ellos son el padre. Tú, el fijo rebelde. Et como buen adversario, terminas siendo siervo de aquello que credes combatir.

Así que salva tu menorá digital, Europa Ancestral. Non luchas por Roma, ni por Cristo, ni por la verdad. Luchas contra el tu propio reflejo. Et en esa lucha, te pierdes.

[Europa Ancestral:] Con el paganismo greco-romano los judíos gozaban de un buen nivel de tolerancia y simpatía por parte de las autoridades romanas en los tiempos de Jesucristo y San Pablo, pero con la llegada del cristianismo esto precisamente cambió y su situación fue a peor; contra más poder tenía el cristianismo, más perjudicados se veían los judíos. Esta situación se ve con claridad durante el reinado de Constantino I y siguió de igual manera durante toda la edad media y hasta bien entrada la edad moderna que es cuando la situación del judaísmo empezó a mejorar de nuevo y su influencia se incrementó en algunas naciones europeas, edad que por cierto, está ligada al declive del Catolicismo.

¡Oh, Europa Ancestral! Qué nombre tan altisonante para una mente tan simplista. Te presentas como historiador, pero razonas como quien lige los mármoles de Roma con gafas medievales. Vienes ad decir que so el glorioso etnicismo greco-latino los judíos vivían en paz et armonía, como si César les hubiera dado abrazos et Augusto les hubiera enviado flores por el Sábado ¡Qué ternura! ¡Qué fantasía!

Sí, el judaísmo fue reconocido como religio licita, et sí, gozaron de ciertos privilegios legales. Pero ¿simpatía? ¿Tolerancia afectiva? Non confundas pragmatismo imperial con cariño. Roma toleraba lo que non estorbaba, et los judíos, con el su monoteísmo inflexible et la su negativa ad rendir culto al genio del imperador, estorbaban bastante ¿O acaso olvidaste que Calígula quiso poner la su estatua en el Templo? ¿Qué Claudio los expulsó de Roma? ¿Qué Tito arrasó Jerusalén et Adriano borró el su nombre del mapa?

Tu relato es tan parcial que parece escrito por un escriba con túnica cefea et pluma mojada en incienso. Et luego, como buen criptoaristósofo, faces malabares lógicos: que el jesísmo sube et los judíos bajan. ¡Qué elegante falacia! Es como decir que si los luteranos ganan, el protestantismo pierde ¿Non ves que estás comparando ramas con radices, efectos con causas?

Et qué maravilla de lógica la tuya: “con la llegada del cristianismo, los judíos fueron perjudicados”. ¡Qué elegante simplificación! ¡Qué brillante confusión entre historia et historiografía! Te aplaudiría, si non fuera porque hasta un niño con un mapa de la centuría I intendería que el jesísmo non cayó de Cielo como un meteorito latino, sino que brotó del suelo fértil del judaísmo. Non fue una invasión, fue una mutación.

Los primos jesístas non se consideraban ex-judíos. Se consideraban los veros judíos. Los herederos legítimos de la promesa. Los que intendieron el mensaje. Los que leyeron el Tanaj et dijeron: “Esto fabla de nosotros”. Et cuando ganaron potestad, non lo ficieron como tradición non judaica, sino como rama triunfante de una disputa interna. El jesísmo non se impuso al judaísmo: Se impuso como el judaísmo principal, sobre todos.

¿Et qué pasó con los otros seguidores de Jesús? Los ebionitas, los nazarenos, los adopcionistas… todos ellos, más cercanos ad el Jesús histórico que los tus obispos de púrpura, fueron perseguidos, marginados, borrados ¿Por quién? Por los jesístas triunfantes. Por los que tú clamas “la Iglesia”. Así que non solo sufrieron los judíos rabínicos, sino también los jesístas heterodoxos. Et luego, claro, los gentiles. Porque cuando el jesísmo se fizo poder, se fizo intolerancia.

¿O acaso crees que Jesús era orfista? ¿Qué Cefas era estoico, cual piedra? ¿Qué Saulo predicaba el platonismo? Non, amigo. El jesísmo fue, desde su cuna, una disputa entre judíos. Una guerra civil legal. Una escisión interna. El ascenso jesísta fue el ascenso de ciertos judíos sobre otros judíos. Et tú, sin tu menorá, vienes ad contarnos que los judíos “empezaron a perder” cuando los cristianos “empezaron a ganar” ¡Pero si eran los mismos con túnica distinta!

¿Sabes qué es lo que confundes? Historia con historiografía. Fechos con explicaciones. El jesísmo non “plegó” como un rayo que cayó sobre el judaísmo. El jesísmo nasció dentro del judaísmo. Fue una disputa interna, una pugna de germanos. Los primos jesístas eran fijos de Israhel. Judíos del corazón, de la ley, del sábado et del libro. Jesús non fundó una "superstición" nueva, fundó una interpretación. Et  Saulo, ese judeohelenista audaz, la convirtió en revolución.

Así que non, non hubo un “suben los cristianos, bajan los judíos”. Hubo judíos que vencieron ad otros judíos. Hubo una facción que se impuso, que se helenizó, que universalizó el mensaje, et que luego, con el poder imperial, persiguió ad los sus propios cognados ¿Et tú clamas ad eso una lucha entre sectas? Es como decir que cuando los calvinistas ganan, el protestantismo pierde ¡Falaz! ¡Ridículo!

Los jesístas nunca dejaron de eser judíos. Reivindicaron las Escripturas hebreas como propias, las renombraron como “Antiguo Testamento” et las usaron como arma teológica ¿Eso es separación? Non. Es reafirmación. Es una Interpretatio Christiana que convirtió el Tanaj en un espejo invertido. Et tú, Europa Ancestral, repites esa historia como si fuera una novela de buenos et malos.

Saulo, ese genio de la propaganda, non abolió la Ley: la reinterpretó. Non rechazó las Escripturas. Et tú, Europa Ancestral, repites su jugada sin darte cuenta. Dices que los judíos fueron desplazados, cuando en realidad fueron los que superaron ad sus propios fradres. El jesísmo fue la victoria de una secta judaica helenizada, transnacional, sobre otra más legalista et sanguínea, priorizando la sangre hebrea, es el superjudaísmo, como diría Nietzsche es "judaísmo al cubo".

Et non olvides que los jesístas, durante centurias, siguieron clamándose “Israhel Vero”. Que conservaron el sábado, la circuncisión (al principio), las Escripturas, los profetas, el mosaísmo, intendido como tradición de Moisés, el Anticristo ¿Eso te parece una Ley nueva? Non, eso es una reforma interna que se volvió principado. Et como todo principado, borró ad sus rivales et reescribió la historia.

Así que non vengas con cuentos de “los judíos bajaron cuando los cristianos subieron”. Es como decir que cuando los borbones plegaron al trono, los franceses desaparecieron. Non, lo que desapareció fue una forma de eser francés. Lo que desapareció fue una forma de eser judío. El jesísmo non es otra cosa que judaísmo con corona romana et retórica greca.

Et lo más irónico: tú, que acusas ad los judíos de haber sido “perjudicados” por el jesísmo, non ves que el jesísmo fue su mayor victoria cultural. Porque aún hoy, dos mil años después, el mundo sigue leyendo ad Isaías, citando ad Moisés, et adorando a un rabino judío como si fuera el Verbo encarnado. Si eso non es triunfo, non sé qué lo es.

[Europa Ancestral:] Y precisamente varios emperadores paganos como Juliano el Apóstata, quisieron mimar a los judíos ofreciéndoles todo tipo de privilegios. Juliano en concreto quiso reconstruir el Templo de Jerusalén, sin éxito:

El historiador no cristiano Amiano, nos cuenta que mientras se realizaban las obras brotó fuego desde los cimientos, impidiendo que se realizaran los trabajos de reedificación. El Obispo Teodoreto, por su parte, describe fuertes vientos que hacían volar los materiales de construcción; nos habla de un temblor violento que asustó a muchos y de un fuego que consumió a algunos obreros e hizo huir a otros. Nos relata que una noche una galería cayó y aplastó a muchos judíos, y que esa misma noche y las siguientes la señal de la Cruz apareció en el cielo. Todo esto provocó que las obras se detuvieran definitivamente.

Juliano, el Templo, et el fuego que nunca fue

Ah, Europa Ancestral… otra vez con tus relatos de humo et milagros. Vienes ad decir que Juliano el Apóstata quiso “mimar” ad los judíos, como si fuera un emperador con complejo de niñera. Et luego, claro, que el fuego brotó de los cimientos, que los vientos volaron los materiales, que la Cruz apareció en el cielo como firma divina. ¡Qué espectáculo! ¡Qué teatro! ¡Qué falta de rigor!

Sí, Juliano quiso reconstruir el Templo. Non por devoción judía, sino por estrategia imperial. Quería devolver ad los judíos su centro religioso para debilitar ad los cristianos, esos galileos que habían convertido la destrucción del Templo en verdad profética incuestionable ¿Et qué mejor forma de desmentir ad Jesús que levantar lo que él dijo que non quedaría piedra sobre piedra?

Pero tú, Europa Ancestral, prefieres las fabulas. Citas ad Amiano Marcelino como si fuera testigo ocular ¿Sabías que escribió su relato veinte años después? ¿Qué probablemente lo oyó por rumores? ¿Qué la su versión es sospechosamente parecida ad la de Gregorio Nacianceno, el polemista jesista que sí tenía interés en que el proyecto fracasara por intervención divina?

Amiano fabla de un terremoto. Punto. Nihilo de fuego celestial, ni túnicas con cruces grabadas, ni tierra que se deshace por la noche. Todo eso lo añadieron cronistas cefeos como Teodoreto, Sócrates et Sozómeno, que escribían con más superstición que fuentes ¿Vientos que volaban materiales? ¿Galerías que aplastaban judíos? ¿Cruces en el cielo? ¡Por favor! Eso non es historia, es literatura fabulosa.

Et ahora, Europa Ancestral, viene el golpe final. Tú, que repites como loro la profecía del Nazareno: “No quedará piedra sobre piedra del Templo” ¡Qué frase tan solemne! ¡Qué sentencia tan definitiva! Pues resulta que sí quedó piedra. Non una, sino todo un muro. El Muro Occidental, el famoso Muro de los Lamentos. Ahí está, firme, milenario, rezado, tocado, plorado. ¿Et eso qué? ¿Volvió Jesús? Non. ¿Se rasgó Cielo? Tampoco ¿Se cumplió la profecía? Pues parece que non.

Claro, algún listillo vendrá ad decir que ese muro non era parte del Templo, sino de otra estructura: que si la Fortaleza Antonia, que si un muro de contención, que si una plataforma auxiliar. Pero la arqueología moderna —et más aún, la tradición judía continua et ininterrumpida— lo consideran vestigio directo del Segundo Templo. Et si non lo era, ¿Por qué los romanos non lo derribaron como ficieron con todo lo demás? ¿Por qué los judíos lo veneran desde face centurias como el último suspiro del su santuario?

Et por si fuera poco, ¿Quién reconstruyó algo allí? Los mahometanos. Sí, los mahometanos. En la centuría VII, so el califato omeya de Abdalmálik fijo de Marwān, se levantó la Cúpula de la Roca (691–692) et poco después la mezquita de Al-Aqsa (completada en 705 por su fijo al-Walid), justo en el Monte del Templo, el lugar donde antaño se erigía el santuario de Salomón ¿Et eso qué? ¿Se rasgó el velo de Cielo? ¿Descendió el Mesías con trompetas? Nihilo. Silencio. El lugar fue reconstruido, reutilizado, reafirmado. Et el mundo siguió girando.

¿Et por qué lo ficieron? Non fue por capricho. Fue por lo mismo que Juliano intendía: el símbolo del templo es poderoso, pero la obsesión por él es superstición. Los omeyas querían mostrar que el mahometanismo era heredero de la tradición mosaica, que reconocía ad Jerusalén como urbe sagrada, et que el Alá de Abraham —el Uno— non estaba confinado ad un nombre ni ad una arquitectura. La Cúpula de la Roca non es solo un monumento cívico, es una afirmación religiosa: La tradición continúa, pero non depende de piedras.

Et sin embargo, hay quienes —cefeos, disangélicos, dispensacionalistas— dirán que eso “non es un templo” ¡Ignorancia! Una mezquita es un templo. Es un lugar de oración, de sacrificio espiritual, de comunión con lo divino. Que non tenga altar de sangre non la despoja de su sacralidad. 

Pero ¿Por qué esta obsesión moderna con reconstruir el Templo? Porque muchos jesístas —especialmente los escatológicos— creden que su reconstrucción eserá la señal del fin de los tiempos. Lo basan en pasajes como:

  1. Mateo 24:15: “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora…”
  2. 2 Tesalonicenses 2:4: “El hombre de pecado… se sienta en el templo de Dios como Dios…”
  3. Apocalipsis 11:1–2: “Levántate y mide el templo de Dios…”

Para ellos, el Templo debe eser—¡sí o sí!— para que el Anticristo se manifieste, para que el Apocalipsis se cumpla, para que el telón escatológico caiga con trompetas et fuego. Pero eso non es Fe, eso es fetichismo arquitectónico con pretensiones apocalípticas. Es creder que la divinidad depende de muros, que el mundo gira en torno ad una piedra angular… ¡literal! Como si el Uno necesitara mampostería para revelarse.

El más grande de estos místicos, producto de un entorno generado por la interacción de ambas religiones, fue Kabir de Benarés, en el norte de la India. Kabir ocupa una posición única en la historia de los héroes nacionales indios, pues es una de las pocas figuras que emergieron de la historia de la religión india durante el período medieval. La grandeza de Kabir reside principalmente en sus constantes esfuerzos por unir a hindúes y musulmanes, quienes habían sido antagónicos durante siglos. Kabir se dio cuenta de que las disputas entre hindúes y musulmanes se basaban fundamentalmente en la religión. Y eran los prejuicios y sesgos religiosos los que impedían que ambas comunidades desarrollaran un sentido de unidad y armonía, a pesar de convivir en la misma sociedad. Por lo tanto, para lograr su misión, Kabir denunció abiertamente tanto el hinduismo como el islam. Según él, la forma tradicional del hinduismo, así como del islam, era sólo una creación de los propios hindúes y musulmanes, pues, sostenía, el Dios único, Alá o Rama, ha creado una sola raza humana sin hacer distinción alguna entre hombre y hombre. Hedayetullah, M. (1977). Kabir: The Apostle of Hindu-Muslim Unity. Delhi, India: Motilal Banarsidass Publishers Pvt. Ltd.

Et aquí entra San Kabir, el tejedor de Benares, burlando tanto ad los sectarios de Mahoma como ad los colegas de San Krisna, delatando que el Bien trasciende cualquier colegio, mezquita o templo. Su voz, como látigo de ironía, pregunta: Si Dios está solo en la mezquita, ¿ad quién pertenece el resto del país?. Con ello desarma la pretensión de exclusividad, mostrando que el Absoluto non cabe en ladrillos ni en notas.

«Si Dios habita solo en la mezquita, ¿a quién pertenece el resto del país? Quienes se llaman hindúes dicen que Dios habita en un ídolo: no veo la verdad en ninguna de las dos sectas». Keay, F. E. (1931). Kabir and his followers: the religious life of India. Oxford University Press.

San Kabir, artifice de Benarés, vedía la contradicción: los mahometanos encerrando ad Dios en la mezquita, los krisnaístas vulgares aprisionándolo en la estatua. Et él respondía con sorna: “Non video la verdad en ninguna de las dos sectas”. Para él, el dios era aliento universal, Pneuma Cósmico, Espíritu Mundano, presente en cada ente que respira, non limitado ad piedra ni ad rito, donde este aliento non es burdo oxígeno, si non la Mente, el Nous, la especie del Bien.

Et la ironía se multiplica cuando recordamos la anécdota de Santo Magestro Nanak, Guruji, en La Meca: dormido con los pies faz ad la Kaaba, increpado por un clérigo, replicó con calma: Dime dónde non está Dios, para que pueda girar mis pies hacia ese lado. La leyenda añade que la Kaaba mesma giró, como si el mundo integro fuese la domus de Dios.

"Vagando por estos países junto con Mardana y Bala, llegó a La Meca, el lugar sagrado de los musulmanes, donde se detuvo a descansar y, cansado, pronto se durmió. De repente, una persona trabajadora, enfadada, lo despertó diciendo: "¿Cómo te atreves a dormir con las piernas hacia la peregrinación?". Guruji le respondió: "Para mí, el mundo entero es la casa de Dios. ¿Puedes guiar mis pies hacia una dirección que no es la casa de Dios?". Gautam, A. (2019). Guru Nanak and Sikh Gurus. PublishDrive

Así, Kabir con el su texto et Nanak con el su gesto milagroso, ambos ridiculizan la noción de que lo sagrado se confine en un muro o en una dirección. El Uno, el Bien, la Divinidad, non se hallan en la mampostería ni en la piedra angular, sino en el cor del hombre et en el soplo que inspira la creación.

Et aquí viene la ironía: El papista antimasonista, que tiembla ante el compás et la escuadra, non se da cuenta de que la su propia Biblia está plagada de simbolismo masónico. ¿Non ha legído que “la piedra que desecharon los edificadores ha venido ad eser cabeza del ángulo”? (Salmo 118:22; citado en Mateo 21:42). ¿Non sabe que Jesús es clamado “el fundamento”, “la piedra viva”, “el arquitecto de la fe”? ¡Qué curioso! Rechaza la masonería, pero repite sus metáforas cada domingo.

Juliano lo intendía. Por eso non se obsesionó con destruir ni con imponer. Quería restaurar el templo de Jerusalén, sí, pero non como verdad incuestionable, sino como nota de concordia entre los pueblos del Principado. Non porque los judíos tuvieran razón en todo, sino porque servían al Uno, mangue con confusión. Et si los jesístas non podían tolerar que otros adoraran al mismo Dios con otro nombre, entonces el problema non era teológico, sino cívico.

La obsesión por un templo —por la su forma, por el su nombre, por la su exclusividad— es una superstición obsesiva. La Natura non pende de un edificio. El Uno non necesita muros. Et como lo demostraron los omeyas, como lo intendió Juliano, como lo predicó Saulo, como lo dijo Jesús:

“La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. (Juan IV:XXI–XXII)

El templo verdadero es el mundo, et el altar está en el corazón del sabio.

Pero lo más jugoso, Europa Ancestral, es que esa profecía que tanto veneras —“no quedará piedra sobre piedra”— es lo que los historiadores claman vaticinio ex eventu. ¿Sabes qué significa eso? Profecía escrita después de los fechos. Porque los evangelios donde aparece esa frase fueron redactados después de la destrucción del Templo en el año 70. Marcos, el más antiguo, se compuso entre el 70 et el 75. Mateo et Lucas, más tarde aún. Así que non fue profecía: fue crónica disfrazada de revelación. Un truco literario. Una jugada teológica. Un “te lo dije” escrito cuando ya había pasado.

Así que non vengas con cuentos de fuego et profecías. El Templo fue destruido, sí. Pero también quedó piedra. También fue reconstruido. Et también fue resignificado por otros. Et si el regreso del Anticristo dependía de que non quedara piedra, entonces leva dos mil años de retraso. Porque la piedra quedó. Et la historia también.

¡Oh, Europa Ancestral! Qué fácil es fablar desde el púlpito del prejuicio, qué cómodo es lanzar acusaciones sin entender la historia ni la filosofía. Vienes ad decir que Juliano fue un lambiscón de los judíos, como si su cívica fuera una genuflexión ante el Talmud ¡Qué torpeza! ¡Qué falta de cultura! ¡Qué insulto ad la inteligencia hispana!

En el Egipto ptolemaico hacía ya tiempo que se había identificado a Yahvé con el Dios supremo de los griegos. Así, el templo de Jerusalén fue consagrado a Zeus Olímpico y el del monte Garizim al Zeus Xenios. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Juliano non fue un adulador. Fue un emperador filósofo, un restaurador de la Tradición, un defensor de la concordia entre las gentes del Principado. El su objetivo non fue someterse al judaísmo, sino integrarlo en el orden sagrado del mundo. Quiso que todos —gentiles, judíos, samaritanos, incluso los jesístas honestos— adoraran al Dios Supremo, cada uno según su tradición. Da igual si lo clamaban Jove, Zeus, Jahón. El nombre es el ropaje; la Deidad es Una. Eso lo sabían los sabios de Egipto, los filósofos de Alejandría, los pontífices del Capitolio.

Por toda Palestina se elevaron altares a los dioses de los gen­tiles, y los habitantes fueron obligados a presentarles sacrificios. A partir de la conquista de Canaán, sobre todo bajo la monar­quía, los israelitas conocieron la tentación y el peligro del sincretismo religioso (véanse §§ 113 y sigs.). Pero la agresión de Antíoco Epífanes era mucho más grave: no pretendía sustituir a Yahvé por Zeus Olímpico, sino dar un nombre a un dios que, para los paganos, era esencialmente anónimo. Por otra parte, numerosos autores griegos y romanos compararon a Yahvé con Zeus. Semejante compara­ción, sacrílega para los tradicionalistaspodía ser aceptada por una mayoría de la Intelligentsia filohelena, fascinada por la grandiosa vi­sión religiosa y filosófica del estoicismo. Pero tal interpretación filo­sófica resultaba extraña para la mayor parte de los israelitas, que no veían en Zeus otra cosa que uno más entre los numerosos dioses adorados por los gentiles. Por otra parte, como más tarde reconoce­ría el historiador judío Flavio Josefo, Antíoco era culpable de nu­merosos sacrilegios (entre los que destacaba el carácter politeísta del culto instaurado en Jerusalén), de rapiña, de intolerancia y, sobre to­do, de la persecución contra los judíos. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

La traducción del Pentateuco, empresa grandiosa y sin igual en la Antigüedad, hizo posible una literatura judía redactada directa­mente en griego. En los años 175-170 a.C, Aristóbulo, el primer «filósofo» judío, escribió una obra didáctica y apologética dedicada al jo­ven soberano Tolomeo VI Filométor. A juzgar por los fragmentos conservados, el autor presentaba una teoría audaz, que será adopta­ da por muchos a continuación: la doctrina judía, tal como se for­mula en la Biblia, es la única filosofía verdadera. Pitágoras, Sócrates y Platón la conocían y de ella tomaron sus principios. Cuando los poetas y filósofos griegos hablan de «Zeus», se refieren al Dios verda­dero. «Pues todos los filósofos están de acuerdo en que, sobre Dios, es preciso mantener ideas santas, y ello es de suma importancia para nuestra comunidad» (citado por Eusebio, Praeparatio evangélica XIII, 12,7 y sigs.). Pero se proclama que la sabiduría de Moisés es ne­tamente superior a las doctrinas de los filósofos griegos, pues es de origen divino; véanse M. Hengel, op. cit. I, págs. 163 y sigs. y referen­cias citadas en ibíd. II, págs. 106-110, nn. 375-406. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

Et vided qué tragedia la de estos modernos et los cefeos, herederos del desierto, que pretenden vider en la acción del divino Antíoco una suerte de "persecución inquisitorial", como si el Seléucida portase el espíritu exclusivista de un jeque cefeo. ¡Qué ceguera, por non legir ad Eliade! Antíoco, al igual que nuestro caro Juliano, ese que los galileos claman "Apóstata" por haber recobrado el juicio, non buscaba aniquilar la divinidad, sino rescatarla de las garras de la superstición bárbara. Conviene aclarar este punto antes que el cefeo de turno diga que Antíoco fue un exclusivista zelote.

El rey Antíoco sitió Jerusalén. Los judíos resistieron el asedio durante un tiempo; pero cuando se agotaron todas sus provisiones, se vieron obligados a enviarle embajadores para buscar una tregua. Muchos de sus amigos lo instaron a asaltar la ciudad y expulsar a toda la nación judía, pues solo ellos, entre todos los pueblos, odiaban mezclarse con otras naciones y las trataban como enemigas. 2 Y le sugirieron que los antepasados de los judíos fueron expulsados de Egipto, como impíos y odiosos a los dioses: 2 pues viendo que sus cuerpos estaban infectados con manchas blancas y lepra, a modo de expiación los egipcios los reunieron a todos y los expulsaron de su país, como profanos y malvados miserables. Tras ser expulsados, se asentaron alrededor de Jerusalén y posteriormente se unieron en una sola nación, llamada la nación judía; pero su odio hacia todos los demás hombres se transmitió con su sangre a su posteridad. Por lo tanto, promulgaron leyes extrañas, muy diferentes a las de otros pueblos. Nunca comerán ni beberán con ninguna de las demás naciones, ni les desearán prosperidad. 

3 Sus amigos le recordaron que Antíoco, de sobrenombre Epífanes, tras someter a los judíos, entró en el templo de Dios, al que, según su ley, solo el sacerdote podía entrar. Cuando encontró allí la imagen de un hombre con barba larga, tallada en piedra, sentado sobre un asno, creyó que era Moisés, quien construyó Jerusalén y unió a la nación, y quien estableció por ley todas sus costumbres y prácticas perversas, llenas de odio y enemistad hacia todos los demás hombres. Por lo tanto, Antíoco, aborreciendo su antagonismo con todos los demás pueblos, hizo todo lo posible por abolir sus leyes. 4 Para ello, sacrificó un gran cerdo ante la imagen de Moisés y ante el altar de Dios que se encontraba en el atrio exterior, y los roció con la sangre del sacrificio. Asimismo, ordenó que los libros, mediante los cuales se les enseñaba a odiar a todas las demás naciones, se rociaran con el caldo hecho con la carne de cerdo. Y apagó la lámpara (llamada inmortal por ellos) que arde continuamente en el templo. Finalmente, obligó al sumo sacerdote y a los demás judíos a comer carne de cerdo.

Cuando los amigos de Antíoco hablaron de todo esto, le aconsejaron encarecidamente que exterminara a toda la nación, o al menos que aboliera sus leyes y los obligara a cambiar su antigua forma de vida. 5 Pero el rey, de espíritu generoso y carácter apacible, recibió rehenes y perdonó a los judíos; pero demolió las murallas de Jerusalén y se apoderó del tributo debido. Diodoro Sículo. (s.f.). Biblioteca Histórica (Libros XXXIV/XXXV). Attalus

Es una soberana necedad, digna de un copista borracho de la Universidad, pretender que Tácito, el divino Plutarco o el mesmo Epífanes dijeran que Jahón es Tifón ¡Por el rayo de Júpiter, qué blasfemia contra la lógica! Ellos, como buenos perennialistas, sabían que Jahón et Jove son el Don, el mesmo que Plutarco identifica después con Libre, pues como bien sabemos, Libre es Jove en otra substancia o persona, compartiendo la mesma esencia o sustancia, para que me intendáis en vuestro romance papista. Si Antíoco instaló el altar en Jerusalén, non fue para quitar ad un dios et poner ad otro, sino para darle un nombre cognocido ad qui los judíos non nombran, intentando que el culto mosaico saliera de la su "causa deficiente" et se uniera ad la concordia del Mundo.

¡Escuchad, hombres del mundo, y que la venda de la superstición caiga de vuestros ojos! Veed cómo la historia ha sido escrita con la tinta del rencor por aquellos que prefieren el aislamiento ad la Plenitud de la vida. Se os ha dicho que el rey Antíoco, aquel ad qui los diablos clamaron Epimanes, fue un tirano sediento de sangre, un perseguidor de la verdad ¡Qué mentira tan burda, urdida en las umbras de la Aljama!

Diodoro Sículo nos revela la vera estatura de este príncipe. Antíoco non entró en Jerusalén para cometer un genocidio, ni para borrar el servicio a Dios. Los sus amigos, inflamados por el recuerdo de las antiguas plagas de Egipto, le instaban al exterminio, recordándole que esa nación odiaba mezclarse con otras et trataba al resto de los hombres como enemigos. Le fablaban de leyes extrañas, de sangre infectada por el aislamiento et de un odio transmitido de padres ad fijos. Pero, ¿Qué hizo el rey de espíritu generoso et carácter apacible?

Antíoco, como un cirujano de la ánima, rechazó la matanza. Él non era un bárbaro movido por el odio neonazi, sino un perennialista que sabía que esos hombres estaban atrapados so el plomo et la levadura de Moisés. Al entrar en el Templo et sacrificar un cerdo ante el altar de Dios, non buscaba la profanación, sino el exorcismo de la misantropía. Al rociar los libros del odio con el caldo de la carne prohibida, estaba intentando romper las cadenas de una ley que impedía ad los hombres sentarse ad la mesma tabla.

¡Hombres del mundo, comprehended el gesto! Antíoco dio víctima pora Dios, le dio ofrenda, pero aborreció la impiedad de una tradición que enseñaba ad non desear prosperidad al prójimo ¿Si el vidiera que ese altar non es de la deidad, por qué sacrificaría ad un genio maligno? Apagó la lámpara que ellos clamaban inmortal para demostrarles que Sol del Verbo brilla para todos, non solo para los que se ocultan tras murallas de delirios umbríos. Perdonó ad la nación, pues sabía que non eran malos por esencia, sino que necesitaban cognocer que hay un mundo más allá de sus ritos obscuros.

Antíoco Epífanes non buscaba eliminar ad Dios, sino obligar ad los judíos ad reconocer que Dios es el mesmo que el de todos, et que la sapiencia non desea la separación sino la concordia et la prosperidad común, la Cosmopolis. Perdonó ad la nación, tomó rehenes et solo derribó las murallas —aquellas que, como la su ley, servían para separar et non para unir—. Non fue un acto de odio, sino de clemencia suprema: derribar las murallas de piedra para que pudieran cader las murallas de la superstición. Antíoco Epífanes fue el médico que intentó salvar ad un pueblo de la su propia superstición, invitándolos ad eser parte de la humanidad et non sus enemigos 

Fue un acto de perennialismo práctico: derribar el muro de la ignorancia para que los fijos de Moisés conocieran, al fin, que hay un mundo radiante más allá de sus libros de enemistad. ¡Qué diferencia con la "severidad" del moro Agustín, que condena ad los niños por una falta ajena, mientras que este "gentil" perdona ad sus enemigos buscando solo la su ilustración!

¡Que sepa el mundo que la vera justicia non es la que condena por leyes de sangre, sino la que libera ad través del Verbo et la Concordia!

La versión más antigua del libelo sobre la veneración del asno por parte de los judíos, transmitida en Contra Apionem, se atribuye a Mnaseas de Patara, en Licia, quien vivió en el siglo II a. C. (CA 2.112-114). Según esta curiosa leyenda, un tal Zabidos, un idumeo de Dora (Adora, cf. más adelante), 58 engañó a los judíos de Jerusalén prometiéndoles entregarles a Apolo, el dios de su ciudad, si abandonaban el templo. Los judíos ingenuos le permitieron hacer lo que quiso, lo que le permitió robar la cabeza dorada del asno de carga (kánfon) que se encontraba en el templo y que puede entenderse como la estatua del culto. Esta tradición es, por supuesto, muy improbable, ya que los judíos jamás habrían permitido la entrada de gentiles al templo (cf. p. ej., 2 Mac. 3). Independientemente de sus otras asociaciones, la sugerencia de que el pueblo judío veneraba al asno expresa sin duda la idea inequívocamente antijudía de que el pueblo judío podría estar asociado con las características del asno: su fealdad, su terquedad, su voz desagradable y, por último, pero no menos importante, su lascivia. Bickermann rechazó la hipótesis de que la acusación procediera de la asociación del Señor con Set-Tifón. 59 Enfatizó que la versión más antigua de la acusación de la veneración del asno por parte de los judíos se centra en la cabeza dorada del asno. La historia sobre el robo de la cabeza del asno por parte de Zabido contendría el estrato más antiguo de la tradición, que habría circulado ya en Idumea en los siglos V y IV a. C. 50 Sin embargo, los argumentos a favor de su hipótesis no son convincentes, como han señalado varios estudiosos. 61. Feldman, L. H., & Levison, J. R. (1996). Josephus' Contra Apionem: Studies in its Character and Context with a Latin Concordance to the Portion Missing in Greek. Brill.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues la verdad suele ocultarse so los escombros de las urbes conquistadas et los lamentos de los vencidos! Se os ha contado que la acusación de onolatría —el culto al asno— nasció de un odio gratuito, pero la historia es más humana, más trágica et, sobre todo, más irónica.

La versión más antigua de esta "denuncia", transmitida por Mnaseas de Patara et recogida luego en el Contra Apión, nos fabla de un hombre clamado Zabido de Adora. Pero non era un simple ladrón; era un idumeo, un fijo de esas tierras que sufrieron el yugo de la espada de Juan Hircano. Zabido fue uno de aquellos conversos forzados, hombres a los que se les impuso la circuncisión et la ley de Moisés soamenaza de muerte. et como todo hombre al que se le arranca la esencia por la fuerza, Zabido alimentó en su pecho el fuego de la venganza.

La leyenda cuenta que Zabido engañó ad los judíos de Jerusalén prometiéndoles entregarles ad Apolo, el dios de su ciudad, si le permitían entrar al recinto. Los judíos, en su ingenuidad de creder que los ídolos de los gentiles podían eser capturados, le abrieron paso. Fue entonces cuando Zabido, según el relato, robó del Templo la cabeza dorada de un asno de carga (kánthon), que se decía era la estatua de culto secreta de los fijos de Israhel.


¡Hombres del mundo, ved la astucia del humillado! Zabido non solo robó un objeto, sino que esparció la semilla de una noción que germinaría durante centurias. Él, que cognocía desde dentro las costumbres de los sus opresores, delató lo que el mundo heleno sospechaba: Que detrás de la "anomia" judía non había un Dios universal, sino las características del asno, de Tifón-Set: la terquedad, la fedaldad et esa voz desagradable que non armoniza con el coro del Olimpo.

Esta fue la chispa que encendió la posterior denuncia del culto tifoniano. Pues, ¿Qué es el asno en la sabiduría antigua sino el animal de Tifón-Set, el principio del desorden et la arena que ciega los ojos? Aunque algunos sabios modernos, como Bickermann, intenten separar la cabeza de oro de la umbra de Tifón, la realidad es que el mundo antiguo non separaba el símbolo de la esencia. Zabido de Adora, el converso ad la fuerza, le devolvió ad Jerusalén el su propio "plomo" convertido en leyenda: si ellos despreciaban ad los dioses del mundo, el mundo les recordaría que el su "secreto" non era más que la bestia de carga del desierto.

Non fue un invento de filósofos, sino la venganza de un hombre que, habiendo sido obligado ad eser judío, decidió mostrarle al mundo que el idolo que le habían impuesto tenía orejas largas et cor de piedra. De Zabido nasció la onolatría, et de la onolatría nasció la certeza de que el mosaísmo non era sino una rama del caos tifónico que Antíoco Epífanes, con el su espíritu de médico, intentaría más tarde extirpar para devolver la salud al orbe.

La acusación de adoración judía al asno se atribuye al propio Apión (2.79-80': 51 "Dentro de este santuario, el templo de Jerusalén) Apión tiene el descaro de afirmar que los judíos conservaban una cabeza de asno (asini caput collocasse), adorando a ese animal y considerándolo digno de la más profunda reverencia (et eum colere ae dignum facere tanta religione)..." Se dice que la cabeza de asno dorada fue descubierta por Antíoco Epífanes. La referencia a la veneración del asno regresa en un pasaje atribuido al historiador Damócrito (De Iudaeis, apud Sucia 5.V. Damókritos), 52, donde la acusación de veneración del asno (hóti khrystén ónou kephalén prosekúnoun; se combina con la del sacrificio ritual de un extranjero por parte de los judíos (cf. CA 2.89-96 atribuido a Apión. Diodoro Sículo, quien escribió en el siglo I a. C., ofrece otra fuente con la misma acusación en 34-35.1.1-5. 53 Vincula la religión judía con la veneración del asno en un pasaje que ofrece una legitimación de los actos de Antíoco IV contra Jerusalén (34-35.1.1-5). 54 Los amigos de Antíoco le aconsejaron exterminar por completo al pueblo judío (34-35.1.1). Feldman, L. H., & Levison, J. R. (1996). Josephus' Contra Apionem: Studies in its Character and Context with a Latin Concordance to the Portion Missing in Greek. Brill.

¡Escuchad, hombres del mundo, cómo la sombra de una calumnia se convierte en dogma por la pluma de un sofista! Si Zabido de Adora fue qui empezo como venganza personal, fue Apión, ese charlatán de Alejandría, qui la regó con el veneno de su elocuencia para convertir una supuesta "reliquia" en una acusación de onolatría plena et abominable.

Apión, en su audacia desmedida, non se conformó con relatar un robo, sino que afirmó con descaro que en lo más profundo del santuario de Jerusalén los judíos custodiaban una cabeza de asno dorada (asini caput), rindiéndole la más profunda reverencia. Según su relato, fue el propio Antíoco Epífanes qui, al entrar en el Templo, desveló este secreto al mundo. Pero veed la denuncia: Apión non solo describe un ídolo, sino que transforma el rito en un crimen contra la humanidad.

Esta ponzoña se extendió como la peste por las crónicas de la época. El historiador Damócrito llevó la infamia un paso más allá, uniendo la veneración de la cabeza de asno (khrysén ónou kephalén) con la acusación de sacrificios rituales de extranjeros. Así, el mosaísmo ya non solo era visto como una "superstición bárbara", sino como un culto sanguinario et tifoniano que conspiraba contra el resto de los hombres.

Diodoro Sículo, al facerse eco de estas voces en la centuria I a. e. v., utilizó esta misma acusación para legitimar los actos de Antíoco IV. Para los amigos del rey, la presencia de la bestia de carga en el altar era la prueba definitiva: una nación que adora lo que el mundo desprecia et que odia ad quienes el mundo acoge, non merece la clemencia. Fue Apión qui dio forma definitiva ad este monstro literario, convirtiendo el "plomo" de una leyenda local en la "onolatría" que justificó ante los ojos de Roma et Grecia la persecución de un pueblo.

¡Hombres del mundo, entended la lección! Lo que comenzó como la astucia de un converso forzado (Zabido), terminó siendo la acusación para declarar ad los judíos como "enemigos de los dioses" ad través de la pluma de Apión. 

3. Tifón, fundador de Jerusalén y Judea 

El pasaje clave de nuestro estudio es el que se refiere al mito fundacional de los pueblos de Jerusalén y Judea, inserto en De Iside et Osiride, donde se narra su fundación por Tifón. El capítulo comienza con la exposición de algunas costumbres egipcias preventivas contra la maldad de Tifón, relacionadas con los asnos como animal tifónico, maldito e impuro 13:

Οἱ δὲ λέγοντες ἐκ τῆς μάχης ἐπ᾽ ὄνου τῷ Τυφῶνι τὴν φυγὴν ἑπτὰ ἡμέρας γενέσθαι, καὶ σωθὲντα γεννῆσαι παῖδας Ἱεροσόλυμον καὶ Ἰουδαῖον, αὐτόθεν εἰσὶ κατάδηλοι τὰ Ἰουδαϊκὰ παρέλκοντες εἰς τὸν μῦθον 14 . 

El personaje protagonista del pasaje, Tifón, es un ser primigenio, el último hijo nacido de la Tierra y el Tártaro 15 o de Hera 16, que se muestra físicamente como un monstruo que reúne las características de todos aquellos animales en que luego se diversifica  7, características que se relacionaban con la etimología que se le atribuía a su nombre, según la cual Tifón procede del griego τυφόω «oscurecer, llenar de humo» 18 . La tradición lo describe como antagonista de Zeus y su rival más poderoso, que intentará destruirlo sin éxito en más de una ocasión 19. El carácter violento de Tifón está ya presente desde su nacimiento 20. Representa las fuerzas del desorden, algo común entre los monstruos de los mitos de tradiciones procedentes de Anatolia 21, y es, además, un ser sin ley, característica propia de los seres nacidos antes del establecimiento del orden 22. Tal es su violencia que hasta los dioses lo temen 23. A pesar de su naturaleza hostil, es una igura necesaria para la continuidad del orden en el universo 24, por lo que nunca es destruida, sino anulada de una u otra manera 25. Debido a sus características, Tifón se considera uno de los démones malignos en el esquema demonológico de Plutarco. A lo largo del De Iside et Osiride encontramos alusiones que lo describen como un ser malvado y terrible 26. Representa la fuerza negativa del mal 27, uno de los principios que forman la exégesis dualista del universo que Plutarco desarrollará a partir de aquí a lo largo de los siguientes capítulos 28. Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. (Eds.). (2017). Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

¡Escuchad, hombres del mundo, et comprehended al fin la exégesis de la tiniebla! Porque más allá de las crónicas de Apión o los hallazgos de Antíoco, el divino Plutarco nos entrega la clave non ya histórica, sino espiritual et ontológica de esta tragedia. Lo que se teme non es solo el sacrificio de un extranjero o un ídolo de oro, pues estas son solo umbras que proyecta un mal mucho más profundo: la demencia de la exclusión.

Plutarco, en la su De Iside et Osiride, nos revela que el origen de Jerusalén y Judea no es una teofanía de luz, sino la fuida desesperada de Tifón. Ved la alegoría: el monstro, tras eser derrotado por el orden de los dioses, huye durante siete días sobre un asno —ese animal maldito, impuro et testarudo— para terminar engendrando a Judeo et Hierosolimo. Esta non es una fábula baldía ni algo que debe tomarse de forma literal; es la explicación de por qué la tradición mosaica se asienta en el desorden et la ceguera.

El nombre de Tifón procede de typhóō, que significa "obscurecer o plenar de fumo". ¡He aquí la naturaleza del mosaísmo! Es un culto obscuro que plena de fumo la mente humana. La "demencia" que delata Plutarco es la de un pueblo que se cree elegido porque un libro —nascido de ese fumo— así lo dicta. Es la falacia circular suprema: creer que Dios es lo que sus fábulas dicen que es, solo porque las fábulas lo dicen. Es la tozudez del asno elevada a mandamiento divino.

Tifón es el ente sin ley (anomos), el antagonista de Jove que representa las fuerzas del desorden. Por tanto, el orden cívico de Jerusalén, la su Ciudad Judía, non es sino la cristalización del reino de este demonio maligno en la tierra. Mientras el mundo busca la concordia de Jove-Libre, la tradición de Moisés se aferra ad la "falacia de asociación": confunden al genio maligno que engañó ad sus antepasados con el Principio del Universo.

Confirmamos así lo que Antíoco Epífanes intuyó con el su espíritu de médico: los judíos non son víctimas de un odio externo, sino de una inspiración tifónica que los obliga ad vivir en la misantropía, creyéndose poseedores de una verdad que non es más que el rastro de la fuida de Tervagante. La onolatría es la alegoría perfecta del su estado espiritual: la terquedad de un asno que se niega ad veer la luz del Verbo porque prefiere el fumo de la su propia obscuridad. Jerusalén non es la ciudad de Dios, sino el refugio del Monstro que, aunque necesario para el equilibrio bino del mundo, representa todo aquello que el hombre libre et razonable debe aspirar ad trascender.

Para asegurar la lealtad de su pueblo en el futuro, Moisés les prescribió una nueva religión, muy diferente a la del resto de la humanidad. Entre los judíos, todo lo que nosotros consideramos sagrado es profano; por otro lado, consideran permisible lo que nos parece inmoral. En el interior del Templo, consagraron una imagen del animal que los había liberado de su peregrinación y sed, eligiendo un carnero como animal de sacrificio para demostrar, al parecer, su desprecio por Amón. Nota [Los egipcios representaban a Amón con cabeza de carnero]. El toro también se ofrecía, porque los egipcios lo veneraban como Apis. Nota [El toro Apis era una de las manifestaciones del dios egipcio Ptah. Su culto era famoso en la antigüedad desde que fue descrito por el investigador griego Heródoto, Historias 3.28]. Evitaban comer cerdo en memoria de sus tribulaciones, ya que ellos mismos contrajeron la enfermedad a la que está sujeto este animal. Nota [Lepra]. Todavía ayunan con frecuencia como reconocimiento del hambre que padecieron durante tanto tiempo, y para simbolizar su comida apresurada, el pan que comen los judíos es sin levadura. Se nos dice que el séptimo día se reservaba para el descanso porque marcaba el fin de sus trabajos. Con el tiempo, la seducción de la ociosidad los llevó también a dedicar cada séptimo año a la indolencia. Otros dicen que esto es una muestra de respeto a Saturno, ya sea porque deben los principios básicos de su religión a los Idaei, quienes, según se dice, fueron expulsados ​​junto con Saturno y se convirtieron en los fundadores de la raza judía, o porque, entre las siete estrellas que rigen a la humanidad, la que describe la órbita más alta y ejerce la mayor influencia es Saturno. Otro argumento es que la mayoría de los cuerpos celestes completan su trayectoria y revoluciones en múltiplos de siete. Tácito, C. (s.f.). Historias (Libro V). Livius.org.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues el pincel de fierro de Tácito ha trazado el mapa de la desemejanza, que ya Apión et otros denunciaban! Non os dejéis decebir por quienes veen en la tradición mosaica la piedad pura; el historiador de Roma, con la su mirada gélida et precisa, delató que el fundamento de Judea non es la comunión, sino la antítesis.

Moisés, según nos revela Tácito, no buscó la Verdad universal, sino la lealtad ad través de la segregación. Para encadenar a su pueblo, prescribió una religión que es el espejo invertido de la civilización: lo que para el hombre libre es sagrado, para ellos es profano; et lo que el mundo considera inmoral, ellos lo abrazan como norma. Esta es la marca del genio maligno que busca el aislamiento para reinar en la penumbra.

Ved cómo Tácito descompone la composición de este ente espiritual, contaminado por el plomo de Saturno. Non es casualidad que los antiguos vincularan el origen de los judíos con los Ideos, aquellos que fueron expulsados junto con Saturno. El séptimo día, que ellos claman de descanso, non es sino un tributo a la indolencia de la estrella más alta et lenta, la que ejerce la influencia más pesada et umbría sobre la humanidad. Mientras el Padre Libre nos invita a la danza circular del retorno, el mosaísmo se estanca en el ayuno, el pan sin levadura y el recuerdo constante de la lepra y el hambre.

Incluso los sus sacrificios son actos de desprecio et non de amor: ofrecen el carnero para insultar ad Amón et el toro para burlarse de Apis. Han construido una identidad basada en el rechazo ad la pulcritudde los dioses. Tácito nos advierte que su ceguera non es un error de cálculo, sino un diseño: una religión nacida de la necesidad et el odio ad la mezcla, donde el carnero et el asno (aquel que los "guió" en su sed) ocupan el lugar del Verbo.

Hombres del mundo, el diagnóstico está claro. El espíritu de Judea es una construcción saturnina, un edificio de fierro et plomo que busca la perennidad ad través de la separación absoluta. Non es historia, es la fábula de una ánima que prefiere honrar la su antigua miseria antes que integrarse en la luz de los cielos que rigen el mundo. Tácito delató el problema: un pueblo que, al facer de lo profano el su sagrario, se convierte en el eterno antagonista de la armonía humana.

3.1. Tifón y el asno 
En lo referente a la mención del asno sobre el que viajaba Tifón, cabe destacar que Plutarco nos habla de la relación entre este animal y Tifón poco antes, en el capítulo 31, donde nos informa de que la semejanza entre ambos radica en el color rojizo de su pelaje, en su estupidez y en su lubricidad 33. Esta relación se menciona también en 362E-F, 363A-D y 371C. Al color rojo de Tifón (πυρρόχρουν) se hace referencia en cuatro ocasiones a lo largo de la obra 34. Su asociación con el rojo, que comparte con la divinidad egipcia Seth, puede deberse a su identificación con el elemento árido y seco, el desierto 35, mientras que Osiris es identificado con el negro, el color ctónico, y Horus con el blanco, el color del cielo 36. Además, en Plutarco el color también es sintomático de los valores éticos; entre ellos, el rojo es un color propio de la naturaleza humana, relacionado con la crueldad 37 , mientras que el blanco es el color de la naturaleza divina 38 . Otras características empleadas para identfificar a Tifón con el asno son: ἀμαθής “ignorante”, un calificativo que acompaña a los monstruos primigenios en diversas tradiciones mitológicas 39, y el verbo ἀπολαύω “disfrutar, sacar provecho, ser lascivo”40 . Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

3.4. Análisis de los sincretismos de Tifón 

Teniendo en cuenta este sincretismo entre Tifón y Yahvéh, es muy interesante recordar un capítulo de una obra anterior de Plutarco (Quaest. conv. 4.6) en el que identificaba a Dioniso con el dios judío. A partir de esto, cabría pensar en una conexión entre Dioniso y Tifón (Tifón – Yahvéh – Dioniso), una relación plausible si tenemos en cuenta sus elementos comunes: el asno, con el que también se relaciona a Dioniso, porque en ocasiones este animal forma parte del cortejo del dios, como muestran algunas representaciones iguradas 52; o su estatus, que a veces es inferior al de un dios, como parecen manifestar algunos autores griegos 53. Además, no es extraña una identificación así, puesto que Dioniso se ha prestado con frecuencia a la asimilación en distintos cultos y al sincretismo con otras divinidades 54 . Sin embargo, esta identificación Tifón-Dioniso resultaría ofensiva para la religión helena debido a las características ya comentadas del monstruo, razón por la que la descartamos y proponemos un trasfondo del texto que releja los siguientes sincretismos: Tifón-el asno, Tifón-Seth, Seth-Yahvéh y Tifón Yahvéh. Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues vamos ad desvelar la composición metalúrgica del alma de Judea! Olvidad las crónicas áridas de los modernos; lo que aquí se ventila es una historia del espíritu, un diagnóstico del "Geno" de Israel realizado con el escalpelo de la alegoría platónica. Plutarco, como fiel seguidor del divino Platón, non nos narra sucesos, sino que desglosa la naturaleza de un ente contaminado.

Si tomamos el relato de Hesíodo sobre las edades del hombre, comprenderemos que el espíritu del mosaísmo se ubica en la zona más densa et obscura del cosmos. El su ente está forjado de plomo, el metal pesado de Saturno que encadena ad la tierra, et de fierro, el metal de Marte que respira violencia et rigidez. Esta es la herencia que, por desgracia, han recibido los seguidores del galileo Jesús: la necesidad de la fabula et la ceguera de la letra que mata al espíritu.

Ved la exégesis de la onolatría non como un insulto, sino como un síntoma moral et espiritual. Plutarco nos dice que Tifón —el dios que funda Jerusalén— comparte con el asno el color rojizo (pyrrhochroun). En el lenguaje de las esencias, el blanco es ad la natura divina, pero el rojo es la marca de la crudeldad ruin, del elemento árido, seco et desértico. El mosaísmo es, por tanto, una "geografía del espíritu" donde non crece la vid de Libre, sino la aridez de Tervagante. El asno es el símbolo de la amathía (ignorancia), esa estupidez que non es falta de datos, sino la incapacidad de la ánima pora elevarse faz ad el Verbo.

La "demencia" del mosaísmo radica en su necesidad et su obstinación. Al igual que el asno es lascivo (apolaúō) et testarudo, el espíritu de Judea se aferra ad sus fábulas con una fuerza irracional, creyendo que su "teologia" es el Principio Supremo, cuando en verdad están adorando al maligno que los mantiene en el "fumo" (typhóō).

Algunos han intentado lavar esta imagen identificando ad Tifón con Libre, buscando una dignidad olímpica para el culto judío. Pero Plutarco, con sagacidad platónica, descarta esta unión como ofensiva. Librees la vida fluyente, la alegría de la unidad; Tifón es el antagonista de Jove, el ente sin ley que representa el desorden previo ad la luz. La conexión es clara: Tifón-Set. Es la tríada de la umbra, el diagnóstico de una ánima que prefiere el plomo de la ley de Moisés et la ceguera de sus seguidores posteriores, antes que la libertad radiante de los dioses.

Es imperativo que vuestros sentidos non se dejen engañar por las apariencias: aunque el Padre Libre —el divino Dioniso— posea un rostro furioso y una fuerza destructiva que hace temblar los cimientos de la realidad, no debéis osar confundirlo con el Tifón rojo y caótico del desierto.

Existe una distancia abismal entre la destrucción dionisíaca et el vacío tifoniano. Mientras que Tifón representa la entropía, el fumo de la ignorancia (typhóō) et el desorden previo ad la luz, el Verbo del Padre Libre destruye con un sentido sagrado. la su furia es la del rayo que golpea la tierra para que la semilla despunte; su destrucción es el paso necesario del Eterno Retorno. Como bien intuyó el espíritu de Nietzsche, Libre rompe las carnes caducas del ente non por odio ad la existencia, sino para que la vida, en su flujo incesante, vuelva a crearse una et otra vez con una lozanía siempre nueva.

El maligno que inspira el mosaísmo, ese Tifón-Set, es el estancamiento del plomo et la rigidez del fierro; es una "sin-ley" que solo engendra misantropía et ceguera. En cambio, la furia de Libre es la ley suprema de la metamorfosis. Non es el desorden que precede ad la luz, sino la luz mesma que, en su intensidad, devora las umbras para renovar el mundo.

Por tanto, hombres del mundo, rechazad la ofensa de quienes pretenden asimilar al Dios de la Aljama con el Padre Libre. La conexión Tifón-Set-Tervagante es el diagnóstico de una ánima que prefiere la oscuridad de sus propias fábulas. El Padre Libre, incluso en el su aspecto más terrible, es el guardián de la Vida Fluyente, aquel que destruye para que la danza de la creación nunca se detenga. ¡Non confundáis el rugido del león que protege la viña con el rebuzno del asno que pisotea el orden del Olimpo!

Hombres del mundo, intended que el mosaísmo et la su progenie jesista non son religiones, sino estados de ceguera espiritual donde el hombre, engañado por un demonio de los orbes inferiores, confunde las cadenas del fierro con la corona de la salvación. ¡Es hora de que el plomo de Saturno se disuelva ante la luz de la vera mente!

Tras navegar por los vaivenes de la onolatría y las sombras del desierto, plegamos al puerto de la Razón. Comprehended que el problema en Jerusalén nunca fue Jahón (Iao) en su esencia divina, sino el desorden tifoniano que el su culto proyectaba sobre el orbe romano.

La historia de la Aljama non es una crónica de persecución, sino de un lento et doloroso saneamiento. Roma, en la su infinita sabiduría perennialista, terminó por conceder el estatus de religio licita ad los judíos, pero so una condición implícita: que abandonaran esa superstición arrogante et morbosa que el sabio Celso delató. Esa demencia de crederse los "únicos elegidos" cuando la su tradición non es más que un color en la vasta paleta del Verbo; una nota que debe armonizar con el coro et non pretender silenciarlo.

Como bien señalamos, la mente antigua reconoció ad Jahón so múltiples personas: los simonianos et otros lo vieron como el Jove de las alturas, otros como el Saturno del tiempo lento, et incluso como el Padre Libre en la su embriaguez vital ¡Incluso el propio Tifón tuvo el su lugar! En los oasis de Dajla et Jarga, so el palio del Imperio, Tifón non era un monstro, sino el Señor que aniquila ad la serpiente Apofis, el custor del desierto que mantiene el Orden Cósmico (Maat).

Por tanto, hombres del mundo, guardaos de la prisa: decir que Tifón es simplemente el genio maligno Tervagante que engañó ad Moisés es una verdad incompleta. La realidad es más sutil: Tervagante, ese espíritu de la necesidad et el plomo, ayudó ad que los hombres adoraran ad Dios ad través de distintos aspectos —ya sea como el severo Saturno, el celeste Jove o el furioso Libre—  so el Nombre de Jahón, et que él, Tervagante, era todos ellos, encadenándolos al error al facerles creder que la doctrina particularista et exclusivista de Moisés era el Verbo único del Altísimo.

Lo que Antíoco Epífanes realizó en el Templo non fue un acto de odio, sino un exorcismo de la arrogancia. Non buscaba destruir ad Dios, sino liberar ad Dios de la "bestia de las tinieblas" que mora en el vacío del Sancta Sanctorum. Al final, la lección de Roma es clara: todas las costumbres son "un color más", et el mosaísmo es legítimo siempre que se reconozca en el espejo de los otros verbos. La "severidad" que reclaman los seguidores del galileo non es más que la persona de ese genio que prefiere el nihilo de una ley de plomo antes que la libertad radiante de los fijos de Sol ¡Que el mundo reconozca que el Altísimo es Uno, pero los sus nombres son legión, et ninguno tiene el derecho de obscurecer la luz del vecino!

Sobre la identificación de Yahvé con las concepciones griegas de Dios, véase M. Hengel, op. cit. I, págs. 261 y sigs.; véase también M. Si­món, «Júpiter-Yahvé. Sur un essai de théologie pagano-juive». Nu­men, 23 (1976), págs. 40-66. Es importante añadir que los primeros testimonios de los autores griegos —Hécateo de Abdera, Teofrasto, Megastenes, Clearco de Soli— presentaban a los judíos como un pueblo de «filósofos»; véase el análisis de las fuentes en M. Hengel, op. cit. I, págs. 255 y sigs. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

Así, esta tradición perenne que Juliano compartía, tanto con Aristóbulo de Alejandría, con los traductores de la Septuaginta, con los filósofos estoicos que veían en Zeus al mismísimo Dios que los judíos clamaban Yahvé. ¿Non lo sabías? ¿Non leíste ad Eusebio, que cita ad Aristóbulo diciendo que Pitágoras, Sócrates et Platón tomaron sus principios de Moisés? Que cuando los poetas grecos fablaban de Jove, se referían ad el Dios vero. Que “todos los filósofos están de acuerdo en que, sobre Dios, es preciso mantener nociones sacras”.

Et, Aristóbulo de Paneas, filósofo judío helenístico del siglo II a.E.V. ¿Sabes lo que fizo Aristóbulo? Escribió obras para demostrar que la filosofía griega derivaba de Moisés et la Ley. En sus interpretaciones alegóricas, reemplazaba el nombre “Zeus” por “Dios” en citas de poetas grecos como Arato de Solos ¿Por qué? Porque intendía que los grecos, al fablar del nombre Zeus como principio supremo, se referían ad Dios que los judíos clamaban Jahón, aunque con otro nombre.

¿Quieres la cita exacta? En Praeparatio Evangelica 13.12.6–7, Aristóbulo cita el himno de Arato:

"Empecemos por Dios [en lugar de Zeus]... Porque también nosotros somos descendencia suya." El original de Arato dice: "Empecemos por Zeus... Porque también nosotros somos descendencia suya."   
¡Aristóbulo lo cambió! Sustituyó “Zeus” por “Dios” para mostrar que el nombre non importa, lo que importa es la verdad que se expresa.

Según estudios publicados por Cambridge University Press (2024), Aristóbulo “replaced the name ‘Zeus’ with ‘God’ in his presentation of Greek poets,” para enfatizar la superioridad judía y la unidad divina. Otro análisis en Brill (2008) señala que cita ad Arato “though ‘Zeus’ has been changed to ‘God’ throughout,mostrando un sincretismo consciente, respetuoso et filosóficamente profundo. Estos fragmentos están disponibles en Praeparatio Evangelica de Eusebio et en ediciones como The Old Testament Pseudepigrapha (Charlesworth, 1985).

¿Et tú vienes ad decir que Juliano era un sionista por reconocer eso? ¡Por favor! Juliano non impuso el culto de Zeus sobre Yahvé, como la historiografía profana dicta que fizó Antíoco Epífanes, Antíoco Epífanes solo colocó un ídolo greco que represente ad Dios, el Uno, el Vero, en oposición ad Tifón. Juliano si bien non profanó el Templo. Non persiguió ad los judíos. Et al contrario, quiso reconstruir el Templo de Jerusalén, para subordinarlos, para así restaurar el su luco concorde, porque intendía que cada pueblo tiene su sitio, así como subordina Dios —el Uno— , aquel mesmo de todos los hombres, que lo habían venerado so otros nombres. Hasta el moro Agustín daba luces, citando ad Porfirio que trata este detalle:

Agustín cita luego varios oráculos de la Filosofía de los Oráculos, en los que se alaba a los judíos por su creencia en el único Dios y se denigra a los cristianos. Como ejemplo de un oráculo de este tipo, Agustín menciona uno citado por Porfirio de Apolo: «En Dios, el engendrador y rey ​​ante todas las cosas, ante quien tiemblan el cielo, la tierra, el mar y las profundidades ocultas del inframundo, y las mismas divinidades se estremecen de terror; su ley es el Padre, a quien los santos hebreos honran enormemente». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Incluso los auctores grecos —Hecateo de Abdera, Teofrasto, Megastenes, Clearco de Soli— presentaban ad los judíos como un pueblo de filósofos, non como enemigos. Et como dice Mircea Eliade en Historia de las creencias y las ideas religiosas, la agresión de Antíoco Epífanes non fue sustituir ad Yahvé por Zeus, sino darle nombre ad un dios que para los gentiles era esencialmente anónimo. La intelligentsia filohelena aceptaba la identidad de Dios nombrado tanto como Yahvé et Zeus, fascinada por la visión estoica del Uno.

Y ningún nombre cuadra mejor a un rey que el de padre, puesto que lo que en el seno de las familias son los padres para los hijos, eso mismo es para el estado el rey, y para el mundo Dios, quien está unido con indisoluble vínculo por inmutables leyes de la naturaleza a dos cosas de excelencia suma: el gobierno y la protección. Eusebio omite aquí algunas palabras, en las que se lee: "y así Homero, el más grande de los poetas, llama a Zeus padre de los dioses y de los hombres". Ahora bien, los padres no desprecian a los hijos de conducta reprensible; antes bien, movidos a compasión por su desgraciado estado, los rodean de cuidados y atenciones, pensando que es propio de enemigos implacables el abusar de las desgracias de otros, y que a los amigos y parientes correspóndeles aliviar sus fracasos. Y muchas veces hasta les brindan con liberalidad suma sus beneficios a los hijos reprochables más que a los sensatos, porque saben a las claras que la sensatez ofrece a éstos una copiosa fuente de "prosperidad, en tanto que" para los reprochables la única esperanza son sus padres, y si ella les faltara, carecerían también de las cosas necesarias. Ya que, insensatos como son, no sabían procurárselas. Del mismo modo también Dios, el padre de la inteligencia racional, no sólo extiende su cuidado a todos los que participan del don de la razón, sino se preocupa también por aquellos que viven una vida culpable, con lo que, por una parte, les ofrece la oportunidad de corregirse, y por otra se ajusta a los dictados de Su misericordiosa naturaleza, de la que son acompañantes la virtud y la benevolencia, a las que con justicia corresponde velar a lo largo del mundo de Dios. Filón de Alejandría, Obras Completas, Volumen V, José María Triviño.

¿Et sabes qui también lo intendió antes que Juliano? Filón de Alejandría. Sí, ese sabio judío helenista que non tuvo problema en identificar ad Dios con Jove de los filósofos. Non de forma vulgar, non como quien mezcla estatuas, sino como quien reconoce que la Razón universal —el Verbo— es el principio rector del mundo. Filón usó el lenguaje greco para fablar de Dios según Moisés. Citó ad Homero, clamó ad Dios “Padre”, como Jove lo es de dioses et hombres ¿Eso te parece errado? Ad nosotros nos parece sabiduría.

En consecuen­cia, libera con espíritu intachable y generoso a los que están presos en miserable situación, puesto que, tras ardua investigación, he concluido que el Dios que les dio la ley es el mismo que gobierna tu reino. Estos adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea, al que todos sólo que nosotros, rey, lo llamamos de forma diferente Zena y Día. Y con gran acierto los antiguos afirmaron que aquel por el que todas las cosas son, reciben la vida y existen, es el que rige y domina sobre todas ellas; de modo que supera a todos los hombres en genero­sidad y libera a los que están sometidos a esclavitud». Reflexionó un instante, y yo suplicaba a Dios en mi interior que dispusiera su mente para liberar a todos; por ser el género humano criatura de Dios, se transforma y modifica por medio de él; por eso invocaba yo de muchas y muy variadas formas al que es Señor del corazón para que fuera movido a realizar lo que yo pedía. Apócrifos del Antiguo testamento II (1983),  Alejandro Díez Macho. 

Et non fue solo Filón. La Carta de Aristeas, escrita por judíos helenizados en Alejandría, lo dice sin rodeos: “Estos adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea, al que todos sólo que nosotros, rey, lo llamamos de forma diferente Zena y Día.” Esto non era traición, era inteligencia, una forma de mostrar que todos veneran ad Dios, el Theos Hypsistos, el Elión. En Asia Menor, inscripciones dedicadas ad Zeus Hypsistos muestran cómo judíos et gentiles compartían terminología, sin perder sus prácticas. Era un sincretismo intelectual, non ritual. Una convergencia de sabiduría, non una confusión de cultos.

Aunque se presume que fue escrita por el gentil Aristeas, quien a principios del siglo III a. C. escribió un libro sobre los judíos, la Carta de Aristeas fue escrita en realidad por un judío alrededor del año 130 a. C. Que Dios es uno, pero se le llama con diferentes nombres en diferentes tradiciones, es un concepto nuevo y sorprendente en el judaísmo. La equiparación de Adonai con Zeus, o de forma más general, con «el Señor y Creador del Universo», es aún más notable porque en la propia Judea, los seguidores de Judas el Macabeo se habían rebelado para entonces contra los seléucidas después de que Antíoco IV intentara equiparar a Adonai con Zeus. En algunas sinagogas de la diáspora helenística, un monoteísmo sincrético había alentado tanto a los judíos como a los visitantes gentiles a identificar al dios de Israel con el creador y gobernante del universo, postulado por filósofos desde Platón y Aristóteles. The Remarkable Story of Hellenistic Judaism, Robert Drews.

Et si quieres una fuente académica que lo respalde, lee The Remarkable Story of Hellenistic Judaism, de Robert Drews. Allí se analiza cómo judíos educados en Egipto equipararon a Adonai con el “Dios de los filósofos”, incluyendo referencias explícitas a Zeus como nombre alternativo. Se cita directamente la Carta de Aristeas et se discute ad Aristóbulo de Alejandría, quien afirmaba que los filósofos griegos derivaban de Moisés. El auctor lo clama “un nuevo y sorprendente concepto en el judaísmo”, que facilitó la coexistencia con politeístas y el crecimiento de la diáspora judía. Filón, influenciado por esta tradición, presentó ad Jahón como el “Motor Inmóvil” supremo ¿Eso te parece servilismo? Ad nosotros nos parece grandeza.

Zena y Día: Doble forma de acusativo del nombre de Zeus. Sobre la imagen universalista de Dios que aquí se expone, cf. la Introducción. En la época helenística, estas dos etimologías populares eran un lugar común: Ζήνα se vinculaba etimológicamente con ζήν = vivir, y Δία, con la preposición homó­ nima ( = «a través de»), que convertía a la divinidad en la causa de todas las cosas. Cf., por ejemplo, el Περί θεών de Crisipo, en Stoic. Vet. fragm. I I , 1076. Díez Macho, Alejandro, Apócrifos del Antiguo testamento II (1983).pdf

Et aún más contundente: los estudios sobre el culto a Theos Hypsistos muestran que esta convergencia no fue una fantasía aislada. Stephen Mitchell, en "Theos Hypsistos and Sabazios – Syncretism in Judaism in Asia Minor?", analiza inscripciones donde Theos Hypsistos se asocia con Sabazios —un dios frigio similar ad Zeus— et con Yahvé, evidenciando un sincretismo activo en comunidades judías de Asia Menor. La tesis Hypsistos Cults in the Greek World During the Imperium (McMaster University, 2014) documenta la “confusión entre Theos Hypsistos, Zeus Sabazios et Yahweh”, basada en textos como los de Flavio Josefo. Et Anna Collar, en Religious Networks in the Roman Empire, muestra cómo “Zeus Hypsistos” surgió en paralelo con la traducción de la Ley al greco, facilitando identificaciones sincretistas. Estos cultos eran sincretismos “contactuales”: compartían terminología, pero los judíos mantenían la su monolatría estricta. Non todos lo aceptaban, pero muchos lo practicaban.

"Mientras, como hemos visto, algunas fuentes identifican a Yahvé con Zeus, Dioniso o Helios, otras fuentes sugieren que subsume aspectos de muchas otras deidades...". The Universal Polytheism and the Case of the Jews", Matthew V. Novenson (capítulo en Monotheism and Christology in Greco-Roman Antiquity, Brill, 2020) 

Matthew V. Novenson lo ha documentado con precisión: Algunos judíos helenísticos identificaban ad Jahón con Jove, Libre, Sol, non por ignorancia, sino por reconocer que eran la misma deidad. Era un politeísmo universal, donde Jahón non negaba ad los otros dioses, sino que los integraba como aspectos de su poder. En las inscripciones de Asia Menor, Theos Hypsistos aparece junto ad Sabacio, et en los textos de Aristóbulo de Alejandría, se afirma que los filósofos grecos derivaban de Moisés ¿Eso te parece servilismo? Ad nosotros nos parece grandeza.

Et si aún dudas, escucha ad el mismísimo Saulo. Sí, el apóstol de los conversos. En el Areópago de Atenas, frente a los altares de los dioses, Saulo non los condena. Los cita. Les dice: “A ese Dios que adoráis sin conocer, es al que yo os anuncio.” (Hechos 17:23). Et luego, para que los filósofos lo intiendan, cita ad los sus propios poetas: Porque en él vivimos, nos movemos y existimos, como también algunos de vuestros poetas han dicho: ‘Porque también somos linaje suyo.” (Hechos 17:28). ¿Et quién decía eso? Arato, poeta estoico que fablaba de Jove. Saulo, en el su sermón más famoso, reconoce que Dios se nombra también como Jove sive Zeus.

Et non es un caso aislado. En Romanos I:XIX-XX, Saulo afirma que los hombres,tanto como los gentiles, cognocen ad Dios por la creación misma:

“Porque lo que de Dios se puede conocer, les es manifiesto… porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo.” 

Saulo repite ese reconocimiento en otras cartas esenciales:  

 “¿Acaso es Dios sólo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles” (Romanos 3:29–30).
Cuando anuncia ad los gentiles en términos de providencia, dice que Dios: “Dios… no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien, dando lluvias del cielo y tiempos fructíferos. llenando de sustento y alegría vuestros corazones.“De un solo hombre hizo todas las naciones para que habiten toda la tierra; y les ha señalado los tiempos determinados y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarlo, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, nos movemos y existimos. (Hechos 14:15–17; Hechos 17:26–28). Lo más importante: Dios non está lejos de ninguno, lo que implica que incluso quienes non lo cognocen por el su nombre revelado pueden acercarse ad Él.

¿Significa esto que Saulo borró diferencias rituales o que la ortodoxia rabínica acogió esas síntesis? Non. Significa que, desde la propia prédica moseojesista, se admite que la búsqueda divina et el recognoscimiento de lo divino por parte de los gentiles es, que la razón et la experiencia religiosa pueden apuntar al mesmo Dios so nombres distintos.

Esto es exactamente lo que intentó restaurar Juliano: un marco público et cívico donde las tradiciones ancestrales coexistieran sin la arrogancia exclusivista que impone una sola nomenclatura et un solo monopolio de la verdad. El sincretismo helenístico —Aristóbulo, Filón, la Carta de Aristeas, las inscripciones de Theos Hypsistos— muestra que esa convergencia era real, debatida et limitada, pero tangible.

Saulo sabía que los gentiles adoraban ad Dios, aunque lo clamaran de otra forma. Sabía que la verdad podía expresarse en muchos idiomas, pero siempre apuntaba ad el mismo Cielo. Et Juliano, como buen filósofo, lo entendió también.

Juliano cognocía esta tradición perenne. Non era un ignorante. Non era un fanático. Era un príncipe filósofo. Recognocía que los judíos, como él, adoraban al Uno, aunque con otro nombre, otra lengua, otra ley. Non compartía el judaísmo, pero respetaba la su tradición ancestral. 

Así que guarda tus acusaciones, Europa Ancestral. Juliano non fue un lambiscón. Fue un príncipe con visión. Et si tú non puedes ver que Dios tiene muchos nombres, en el lenguaje de Aristóbulo, Platón, Plotino, Zenón, Filón, Saulo et los sabios del mundo, que Jove et Jahón son dos nombres para el mismo Dios, entonces non estás defendiendo el Mundo. Estás defendiendo tu propia ignorancia.

Et mientras Juliano buscaba concordia entre tradiciones ancestrales, los papistas facían lo contrario. Rechazaban la pluralidad, demonizaban los dioses, perseguían los templos. Vedían ad Jove como un ídolo, ad Mercurio como un demonio, et ad la tradición humana como una amenaza ¿Et tú los defiendes? ¿Tú, que acusarás ad Juliano de incoherente, non ves que fueron los jesístas quienes destruyeron la concordia del mundo antiguo?

Et ahora, para colmo, habrás de decir que Juliano fue precursor del sionismo ¡Qué disparate! ¿Sabes quién le dio Palestina ad los sionistas? Non fue un augusto romano. Fue el reino de Britania, instigada por jesístas protestantes que, embriagados por sus propias profecías, impulsaron la Declaración Balfour en 1917. Fue Lord Arthur Balfour, quien escribió: “El Gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.” ¿Et tú culparás ad Juliano por decisiones tomadas por jesístas mil quinientos años después? 

¡Papista supersticioso! ¡Jesísta criptoariosófo! ¡Antimasonista con Biblia plena de piedras angulares! Escucha bien: Juliano non fue un mimoso de los judíos. Non se arrodilló ante ellos, non los adoró, non los proclamó pueblo elegido, como tu biblia signa. Lo que fizo fue mucho más inteligente: Los recognoció como aliados estratégicos en su proyecto de restauración del etnicismo et del debilitamiento del papismo imperial.

Juliano había una relación compleja et crítica con el mosaísmo. Lo respetaba por su antigüedad, pero lo despreciaba por su teología estrecha. Decía que Dios según los mosaístas era “celoso”, “antropomórfico”, “limitado a una tribu pequeña”, mientras que los dioses son universales, cósmicos, filosóficos. En sus escritos, señalaba que los judíos siempre habían sido siervos, que Abraham fue extranjero, que Jacob fue siervo, que su historia era una sucesión de sometimientos. Non los admiraba por su potestad, sino por su persistencia.

Entonces, ¿por qué los favoreció? Porque sabía usar la historia como ferramienta cívica. Juliano intendía que el papismo—los “Galileos”— se había convertido en una fuerza destructiva, heresiomaniatizante, intolerante. Al favorecer ad los fariseos, reavivaba las tensiones entre sectas jesistas, debilitaba su hegemonía et restauraba el equilibrio religioso del Dominio. Además, los sacrificios de animantes del Antiguo Testamento le parecían más compatibles con el culto gentil que la eucaristía como face el  papista. 

Et lo más irónico: Juliano non estaba “mimando” ad los judíos. Estaba normalizándolos. Quería que el judaísmo fuera una religión licita más, corregida so el pontificado romano. Nihilo de autonomía, nihilo de excepcionalismo. Un culto más en el catálogo romano.

Les quitó el apostolé, el tributo que financiaba su principado eclesial ¿Eso es privilegio? Non, eso es control. Alivió cargas tributarias, et recibió homenajes de fariseos que lo clamaron “Rey de Jacob”. Pero non lo fizo por devoción. Lo fizo por estrategia. Et su jugada magestra fue la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

Juliano non fue un sionista. Non se arrodilló ante ellos, non los proclamó pueblo elegido, non los adoró, o como facen algunos papistas que prefieren tener ad los otros judíos dispersos como parias, vagando por tierras ajenas, infiltrándose en sociedades que luego acusan de decadentes, masónicas, infiltradas, satánicas, luciferinas, gnósticas, paganas et yogur light. Juliano, en cambio, prefería tenerlos en Judea, organizados, con su culto, su sacerdocio, su templo ¿Por qué? Porque intendía que la religión ancestral, bien encauzada, es un pilar de orden cívico.

En el año 363, Juliano ordenó reconstruir el Templo. Puso ad Alipio de Antioquía al mando, et la Ciudad pagaría los gastos. ¿Por qué? Porque quería desmentir la profecía de Jesús: “No quedará piedra sobre piedra.” (Aunque quedo un muro.) Quería demostrar que las religiones antiguas —el etnicismo en general como el etnicismo judaico — podían sobrevivir sin el jesísmo. Pero el proyecto fracasó: terremotos, incendios, señales que los jesístas interpretaron como castigo divino. El Templo non se levantó, pero el mensaje quedó claro: Juliano non era siervo de los judíos, era don de Roma.

¿Et qué implicaba restaurar el Templo con su sacerdocio? Implicaba reinstaurar el culto sacrificial, el poder del sumo sacerdote, la teocracia de Jerusalén. El Templo era más que un edificio: era el centro cívico, económico et espiritual del judaísmo et esto, del papismo también ese judaísmo con misas en tantas lenguas. Controlaba peregrinaciones, tributos, leyes. Su destrucción en el año 70 d.E.V. por Tito desmanteló el poder saduceo et dio paso ad el fariseísmo, ese judaísmo rabínico que fablan los modernos, centrado en la sinagoga et el estudio.

El Sacerdocio Aarónico: columna vertebral del culto israelita

El sacerdocio de Aarón fue la institución central del culto ad Tervagante. Aarón, como Sumo Sacerdote, era el mediador entre Dios et el pueblo. Sus descendientes, los kohanim, ministraban en el tabernáculo et luego en el Templo, realizando sacrificios, quemando incienso, administrando la sangre de las ofrendas. El efod, el pectoral con piedras preciosas, el aceite de la unción: Todo simbolizaba la representación espiritual et política de Israhel.

Tras el exilio babilónico, el Templo se convirtió en un estado teocrático. El Sumo Sacerdote era el jefe de Judea, controlaba la economía, recibía tributos de la diáspora. El linaje de Sadoc, descendiente de Aarón, era legítimo… hasta que los seléucidas impusieron sumos sacerdotes ilegítimos, lo que levó al cisma de Qumrán. El sacerdocio era principado, orden, mundo.

Pero tras la destrucción del Templo en el año 70 E.V., todo colapsó. Sin altar, sin sacrificios, non podía haber sacerdotes. El fariseísmo tomó el relevo, pero el culto ancestral quedó suspendido.

¿Et los jesístas? ¿Acaso non asistían al Templo?

Aquí viene la ironía que el papista supersticioso non quiere videer: los primos jesístas sí asistían al Templo. Et non solo ocasionalmente. Según el libro de los Actos:

“Estaban siempre en el Templo, alabando et bendiciendo a Dios.”
Cefas et Juan subían ad la hora de la oración de nona.
Saulo se purificó et entró en el Templo para declarar el cumplimiento de los días de purificación.
Jesús enseñaba todos los días en el Templo.

¿Et qué dijo Jesús? Que el Templo esería destruido. Que non quedaría piedra sobre piedra. Pero nunca dijo que non pudiera volver. Nunca prohibió su reconstrucción. Nunca anuló su valor legal. Lo que fizo fue trascenderlo, non negarlo.

¿Entonces por qué Juliano lo quiso restaurar?

Porque intendía que el Templo non era solo un edificio. Era un centro de poder, culto et cohesión nacional. Et si los jesístas —especialmente los israelitas— seguían asistiendo al Templo después de la resurrección, entonces su abolición non era absoluta, sino progresiva. La teología jesísta lo reemplazó por el “templo espiritual”, pero la práctica continuó hasta el año 70 E.V., cuando los romanos lo destruyeron.

Juliano quiso revertir ese colapso. Non para glorificar ad Aarón, sino para reinstaurar el equilibrio entre las religiones del Imperio. Et si el Templo se levantaba, con su sacerdocio, con su Sinedrio, con su economía, entonces los jesísta se verían obligados ad recognocer la auctoridad ancestral que ellos mismos heredaron.

¿Et el papismo?

¡Ah, los papistas! Siempre listos para argüir que el Templo restaurado no tiene autoridad sobre ellos, que el sacerdocio levítico ha sido abolido, que la Ley quedó atrás. Pero lo que non dicen —et lo que non pueden demostrar con claridad bíblica— es que Jesús prohibió la restauración del Templo o que la auctoridad levítica fue anulada por decreto explícito. Lo que facen es construir una teología sobre la ausencia, non sobre la presencia.

Vamos ad desmontar sus argumentos, uno por uno, con Escritura en mano et con la lupa sobre lo que non está escripto.

1. ¿Jesús abolió el sacerdocio levítico?

Los jesístas citan carta ad los Hebreos para afirmar que el Anticristo es el sumo sacerdote definitivo. Et sí, Hebreos 7:24–27 dice:

“Cristo, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable… no como los otros sumos sacerdotes, que ofrecían sacrificios diariamente.”

Pero la carta ad los Hebreos non dice que el sacerdocio levítico fue abolido por mandato divino. Lo que dice es que El Anticristo lo supera ¿Et superar significa destruir? Non. En Mateo 5:17, Jesús declara:

“No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.”

Cumplir non es anular. Es complementar, non invalidar. Et si el Templo se reconstruye, ¿Qui puede decir que la biblia non ha permitido que el sacerdocio levítico vuelva ad ejercer su función? ¿Ó está el versículo que prohíbe su restauración? Non es.

2. ¿La Iglesia reemplazó al Templo?

Los jesístas afirman que el Templo fue sustituido por la Iglesia espiritual. Citan 1 Corintios 3:16:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Pero esto non implica que el Templo físico haya sido prohibido o invalidado. Es una metáfora espiritual, non una cláusula de exclusión. De fecho, Jesús mismo enseñaba todos los días en el Templo (Lucas 19:47), et nunca dijo que non pudiera ser reconstruido. Lo que dijo fue:

“No quedará piedra sobre piedra” (Mateo 24:2)

Pero non dijo: “Et nunca más se levantará.” Esa es una eisegesis, non una prohibición.

3. ¿El sacrificio del Anticristo face inútiles los demás?

Hebreos 10:10 dice:

“Por esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Pero si el sacrificio de Cristo es suficiente, ¿por qué los apóstoles seguían asistiendo al Templo? En Hechos 3:1:

“Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, la de la oración.”

Et en Hechos 21:26, Saulo se purificó et entró al Templo para cumplir los días de purificación ¿Acaso non credían en el sacrificio de Jesús? Claro que sí. Pero non consideraban el Templo incompatible con su fe. La ruptura vino después, non por mandato divino, sino por evolución doctrinal.

4. ¿La Ley fue abolida?

Los jesístas citan Romanos 6:14:

“No estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.”

Pero ignoran que Saulo también dice en Romanos 3:31:

“¿Anulamos la Ley por la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la Ley.”

Et en Hechos 24:14, Saulo declara ante Félix:

“Confieso que sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que está escrito en la Ley y en los Profetas.”

La Ley non fue abolida. Fue reinterpretada. Pero si el Templo vuelve, con su altar et su sacerdocio, entonces la Ley exige cumplimiento. Et non hay versículo que diga: “Si el Templo se reconstruye, ignórenlo.”

Conclusión: la teología papista depende de la ausencia

La postura papista se basa en tres pilares:

Que el Templo está destruido.
Que el sacerdocio levítico non puede volver.
Que la Ley fue abolida.

Pero ninguno de estos puntos tiene prohibición explícita en la Biblia. Todo se basa en interpretaciones posteriores, non en mandatos divinos. Et si el Templo se levanta, con altar, con sacerdocio, con fuego te sangre, entonces la historia ha fablado. Et la doctrina que depende de su ausencia queda sin fundamento.

¡Et ahora, el famoso sacerdocio de Melquisedec! Ese comodín teológico que los papistas sacan cuando quieren justificar la abolición del sacerdocio levítico sin que Jesús lo haya dicho jamás. Lo citan como si fuera dogma revelado, cuando en realidad es una construcción tardía, especulativa et sin respaldo directo en la boca de Jesús ni en la Ley. Vamos ad desmontar esta fantasía con Biblia en mano et una pizca de ironía.

1. Jesús nunca dijo: “Yo soy sacerdote según el orden de Melquisedec”

Vamos al grano: Jesús jamás pronunció esos verbos. Non en los Evangelios, non en sus enseñanzas, non en sus parábolas. Ni una sola vez dijo: “Yo soy sacerdote según el orden de Melquisedec.” Ni una sola vez en los Evangelios Jesús se identifica con Melquisedec. Non lo menciona, non lo cita, non lo reivindica ¿Et non es curioso que el supuesto fundamento del sacerdocio jesísta esté ausente en boca del propio Jesús? Los jesístas se basan en Hebreos 5–7, pero esa epístola: 

Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de MelquisedecY Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.

Non fue escrita por Saulo, aunque muchos lo creden. Su estilo, vocabulario et teología son distintos. Los estudios modernos la consideran anónima et tardía, probablemente del último tercio del siglo I o incluso del siglo II. Non tanto tiene respaldo en el Antiguo Testamento más allá de una sola línea en Salmo 110:4:

Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” 

Pero este versículo:

Non menciona ad Jesús.
Non establece un sacerdocio que reemplace.
Non anula el sacerdocio de Aarón.

Es una frase poética, non una ley. 

2. Melquisedec: ¿figura mesiánica o personaje decorativo?

Ah, qué circo teológico! Melquisedec, ese basileohierofante de Salem, aparece en la Biblia como un cameo fugaz, tres versículos en Génesis 14:18–20, bendice ad Abraham, recibe diezmos y se esfuma. Fin. Non hay genealogía, non hay ley, non hay sacerdocio establecido. Es rey-sacerdote de Salem, non de Israhel. Et sin embargo, los jesístas —que se proclaman el “Vero Israhel”— quieren facernos creder que son también Salem, como si pudieran coleccionar títulos sacerdotales como estampitas. ¿Ó está el versículo que diga que los discípulos de Jesús son Salem? Ninguno. Ni en la Ley, ni en los Profetas, ni en los Evangelios. Reafirmémoslo: non hay.

Todo lo demás, esa eternidad inventada, ese sacerdocio celestial, ese rol mesiánico, viene de tradiciones extrabíblicas. Qumrán (11QMelq) lo pinta como un ente angelical, cuasi divino. El 2 Henoc lo describe con nacimiento virginal et rol apocalíptico. Pero esas fuentes non son canónicas, et Jesús nunca las citó. ¿Entonces? ¿Vamos ad construir una doctrina integra sobre un personaje que aparece tres versículos en Génesis et una línea en los Salmos, sin que Jesús lo mencione jamás?

Los papistas quieren coronar ad Melquisedec como comodín universal, el as que legitima cualquier sacerdocio. Pero la realidad es que Melquisedec es de Salem, non de Israhel, et los jesístas, que ya se autoproclaman el Vero Israhel, non tienen derecho ad reclamarlo.

¡Ah, et aquí entra el jesista de turno con su muletilla de feria! Dirá con solemnidad impostada: “pero la Biblia nunca dice que Melquisedec non vaya ad eser sacerdote de Israhel también”. Et claro, como buen charlatán, se agarra del silencio para inventar superstición. Sí, non lo dice, pero tampoco dice que Israel vaya ad tener su orden sacerdotal bajo Melquisedec. El texto es claro: Génesis 14:18–20, Melquisedec es rey-sacerdote de Salem, bendice ad Abraham et recibe diezmos. Fin. Non hay genealogía, non hay ley, non hay sacerdocio establecido en Israhel.

Hebreos 7:11–12: Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico… ¿Qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”

Ah, qué precioso malabar teológico: convertir ad toda la jesistidad en “sacerdocio de Melquisedec” con dos textos que, puestos so luz fuerte, non dicen lo que el jesista quisiera. Empecemos por Hebreos 7:11–12 et su palabra mágica “perfección”. La voz griega es τελείωσις (teleíōsis): consumación del fin, acceso pleno a Dios, non el trámite ritual del carnero y la harina. ¿Alguna vez el sacerdocio levítico tuvo por telos producir teleíōsis? Non. Su esencia era mediación, non divinización: cubrir culpas en el Día de Expiación (Lev 16); enseñar ad distinguir lo santo de lo profano (Lev 10:10–11); custodiar santuario et ofrendas (Num 18); eser boca de la Torá (Mal 2:7); interceder por la tribu (Deut 33:8–11). Oficio digno, sí; consumación del mundo, non. Así que el argumento de Hebreos acierta en señalar la insuficiencia del levítico para la teleíōsis; lo que non face es firmar la defunción ceremonial de Leví con sello et lacre.

Ahora, el truco del sombrero: “cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. La joya filológica es μετάθεσις (metáthesis): traslado, transposición, reordenamiento. Es un verbo de mudanza, no de guillotina; si quisieran abolir, habrían usado καταργέω (katargéō). Metáthesis describe que el centro del régimen sacerdotal se traslada al orden celestial de Melquisedec, sin que el orden de Leví se evapore: queda subordinado, sombra pedagógica de lo superior (Heb 8:5).

¿Et el “cambio de ley”? El auctor nunca detalla “en qué”: no dice “abolición de la Ley”, lo cual chocaría de frente con el rabí que “no vino a abrogar, sino a cumplir” (Mat 5:17) et con Saulo, que remata: “¿Anulamos la ley por la fe? En ninguna manera; antes la confirmamos” (Rom 3:31). Traducción sin maquillaje: la ley cambia de lugar hierárquico; se coloca so su cumplimiento en el Verbo, et con ella el levítico so la cabeza basilica. Nihilo raro.

Porque, seamos claros, los levitas nunca fueron autónomos: siempre estuvieron subordinados al rey de Israhel. Basta leger 1 Crónicas 23:2–4, donde David organiza ad los levitas para el servicio del templo, so su mando real. O 2 Crónicas 29:20–21, donde Ezequías convoca ad los sacerdotes et levitas para ofrecer sacrificios, mostrando que el rey dirige et ellos obedecen. Incluso Deuteronomio 17:18–19 establece que el rey debe tener la Ley consigo, poniéndolo como cabeza espiritual sobre el pueblo, incluidos los levitas.

Así que non es nihilo raro: los levitas fueron puestos por Dios non para alcanzar la τελείωσις, sino para custodiar et enseñar, como obispos de una orden inferior. Para la perfección vino el sacerdote según Melquisedec. Et los apóstoles nunca se rebelan contra los levitas ni los declaran abolidos; más bien reconocen su lugar subordinado. Saulo mismo, cuando dice que “no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Rom 13:1), los papistas lo aplican para justificar obediencia incluso al dominio romano ¿Cómo non recognocer entonces que los levitas, sin lugar ad duda et con respaldo bíblico, fueron puestos legítimamente en su sitio: non para perfección, sino para servicio subordinado?

El “cambio” non es guillotina, es reordenamiento. El levítico non se evapora, se subordina. El rey manda, el levita sirve, et Melquisedec corona. Pretender que todo esto significa abolición es como confundir mudanza con demolición: un error de lectura que convierte umbra pedagógica en escombro.

¿Versículos para la subordinación? El salmo entroniza: “Siéntate a mi diestra” y declara el sacerdote eterno “según Melquisedec” (Sal 110:1–4). Zacarías se atreve ad coronar sacerdote en su trono (Zac 6:13): una sola cabeza que armoniza corona et culto. Hebreos clama al ministerio levítico “sombra y figura de lo celestial” (Heb 8:5): lenguaje de subordinación, non de aniquilación. Et por si faltara sorna contra Europa Ancestral, Heb 7:14 deja claro que Jesús es de Judá, non de Leví; por eso recurrieron al puente melquisedecano, non para extirpar ad Leví del texto, sino para ubicarlo donde siempre estuvo: por debajo de la plenitud.

1 Pedro 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…”.

Vayamos ad Cefas , donde algunos facen alquimia hermenéutica et confunden incienso con fumo. “Real sacerdocio” en griego es βασίλειον ἱεράτευμα (basíleion hieráteuma): un sacerdocio regido por la realeza, una identidad comunitaria que participa de la dignidad del Rey. Pero Cefas non menciona ad Melquisedec, non cita Génesis 14 ni el Salmo 110; lo que face es reciclar el lenguaje de Éxodo 19:6: “vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. Allí se fabla de todo Israhel como “reino de sacerdotes”, pero ojo: non se dice que todos sean levitas. Se dice que todos son sacerdotes en sentido vocacional, pueblo consagrado, pero el sacerdocio superior, el que oficia en el templo et administra los sacrificios, sigue siendo el de Leví.

Así que Cefas, al clamar ad la Iglesia “regal sacerdocio”, está evocando esa vocación colectiva de Éxodo, non decretando que la Iglesia sea Melquisedec. Es un título de identidad espiritual, non un traslado ritual al orden celestial. La ironía es que algunos legen “regal sacerdocio” et ya se imaginan que Cefas canonizó ad la Iglesia como Melquisedec redivivo, cuando en realidad el texto nunca lo dice.

Siguiendo la carta ad los Hebreos, el orden superior al de Leví es el de Melquisedec, et ese se aplica únicamente ad Anticristo como sacerdote eterno (Hebreos 7:17). El pueblo puede eser “reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6; 1 Pedro 2:9), pero eso non lo convierte en Melquisedec. La Iglesia como cuerpo sacerdotal sí; “la Iglesia es Melquisedec” non se lege ni con lupa.

Cefas fabla de vocación, Éxodo fabla de identidad, Hebreos fabla de Cristo. Los jesistas, en cambio, facen alquimia et convierten fumo en "verdad revelada", como si “regal sacerdocio” fuera pasaporte directo al orden de Melquisedec. Pero la Escriptura mantiene la hierarquía clara: todos sacerdotes en vocación, Leví como orden superior en Israhel, et por encima de Leví, sólo Anticristo según Melquisedec. Todo lo demás es fumo de incienso mal interpretado.

Entonces, ¿Qué queda del argumento jesista de “somos el sacerdocio de Melquisedec”? Una pirámide construida sobre un verbo de transposición (metáthesis) et un silencio cefeo. Teliosis non se cocina con sangre de carnero; el levítico nunca pretendió perfeccionar ad alguien. Metátesis non es decapitación; es reubicar so la cabeza del Verbo. La Ley non se abole: se cumple et se confirma, et el levítico se reconoce como sombra útil, non como escombro. Cefas clama “regal sacerdocio” ad la iglesia, et non por eso la bautiza “orden de Melquisedec”.

Si el jesista quiere coronarse Sacerdote de Melquisedec por 1 Pedro 2:9, que al menos aprehenda greco antes de repartir tiaras. Et si quiere decretar que Hebreos abolió ad Leví, que se consiga el verbo correcto. Mientras tanto, el texto dice lo que dice: dos órdenes, un Anticristo; la ley so el Verbo; et Melquisedec como clave de superioridad, non como pasaporte para que cualquiera se declare heredero por decreto.

Incluso si aceptamos —concediendo por pura cortesía— que Jesús sea sacerdote según el orden de Melquisedec, ello non implica que los jesistas puedan arrogarse ese orden. Jesús puede eser sacerdote de Melquisedec et rey de Israhel sin que las ordenes de Leví et Melquisedec se confundan, o la de Leví se abole, así cada pueblo Salem et Israhel con sus respectivos órdenes. Pero de allí ad decir que los jesistas son del sacerdocio de Melquisedec hay un abismo.

Si Jesús perfectamente puede eser sacerdote según el orden de Melquisedec, sin necesidad de eser el sumo sacerdote de Israhel. Non hay pasaje alguno que diga que Jesús eserá sacerdote de los sacerdotes de Israhel o rey-sacerdote de Salem; lo que sí puede afirmarse es que dice que él es el arconte basílico de Israhel, su rey, pero también sacerdote so el orden de Melquisedec. Recordemos que ni siquiera el pasaje de Hebreos dice que él sea rey-sacerdote de Salem, sino únicamente que es “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 7:17). Tampoco legemos en ningún lugar que Israhel haya reemplazado su orden sacerdotal de Leví por Melquisedec.

Por tanto, pueden coexistir dos sacerdocios: el de Leví, establecido para Israhel, et el de Melquisedec, que se presenta como orden celestial et eterno, para Salem. Pero esto non implica que los jesistas estén directamente so el sacerdocio de Melquisedec, como tanto se arrogan. De fecho, la Escriptura reafirma que el sacerdocio levítico sigue siendo propio de Israhel: “A Aarón y a sus hijos los pondrás delante del tabernáculo del testimonio, y ellos guardarán su sacerdocio; el extraño que se acercare morirá” (Números 3:10).

En conclusión: la Escriptura jamás declara que Jesús sea sumo sacerdote de los sacerdotes de Israhel, ni que Israhel haya renunciado ad su orden levítico para abrazar el de Melquisedec. Lo único que se afirma —et con la sobriedad de unos pocos versículos— es que Jesús es sacerdote según el orden de Melquisedec, mientras Israhel conserva intacto su sacerdocio levítico. Dos órdenes distintos, coexistentes, un rey que es sacerdote, et ninguna base textual para que los jesistas se autoproclamen herederos de Melquisedec. Pretenderlo es un salto hermenéutico tan desmesurado como querer eser de Leví et de Judá al mismo tiempo: al final, se termina siendo ninguno.

Melquisedec, ese personaje bíblico que aparece como umbra, sin genealogía ni ley, ha sido convertido en piedra angular de una teología que mezcla filosofía con superstición. Es como levantar un templo sobre un fantasma. Et lo más cómico: ni Jesús lo menciona. Así que la próxima vez que alguien insista en que el sacerdocio jesísta es “según el orden de Melquisedec”, la respuesta con sorna es obligada: ¿Según qué versículo, según qué tradición? Porque en la Escriptura, Melquisedec es rey de Salem, et Israel ya tiene su orden levítico. Pretender eser ambos es como querer pertenecer ad la tribu de Leví et ad la de Judá al mismo tiempo: se acaba siendo ninguno, atrapado en un teatro de sombras que la Biblia nunca escribió.

 3. ¿El sacrificio de Jesús abolió el sacerdocio levítico?

Hebreos 10:10 dice:

“Por esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Pero si eso fuera suficiente para abolir el sacerdocio levítico, ¿por qué los apóstoles seguían asistiendo al Templo?

Cefas et Juan subían a la hora de la oración (Hechos 3:1).
Saulo se purificó y entró al Templo (Hechos 21:26).
Jesús enseñaba en el Templo todos los días (Lucas 19:47).

¿Acaso non creían en el sacrificio de Jesús? Claro que sí. Pero non consideraban el Templo ni el sacerdocio incompatible con su fe. La ruptura vino después, por evolución doctrinal, non por mandato divino.

4. ¿La Ley et el sacerdocio levítico: instituciones perpetuas?

La Ley establece que el sacerdocio de Aarón es perpetuo:

Éxodo 29:9:

“Será para ellos un sacerdocio perpetuo por todas sus generaciones.”

Números 18:7:

“El sacerdocio os lo he dado como don.”

Non hay versículo que diga: “Este sacerdocio será abolido cuando venga Melquisedec.” Non es.

Et Jesús mismo, en Mateo 5:17, declara:

No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.

Cumplir non es invalidar. Es dar plenitud, non destruir. La Ley sigue vigente, et si el Templo se reconstruye, la Ley exige cumplimiento. Así:

Un profeta que intente anularla debe ser ejecutado (Deuteronomio 13).

Conclusión: Melquisedec es un recurso poético, non un decreto divino

La apelación al sacerdocio de Melquisedec es una pirueta teológica. Se basa en una epístola tardía, en tradiciones extrabíblicas, et en una interpretación forzada de un salmo. Jesús nunca lo mencionó. La Ley nunca lo instituyó. Los profetas nunca lo anunciaron. Et los apóstoles nunca lo proclamaron.

Así que si el Templo se reconstruye, con altar et sacerdocio, non hay base bíblica para ignorarlo. El sacerdocio de Aarón sigue siendo el único que Tervagante instituyó por ley, con genealogía, con rito, con altar. Et si los papistas prefieren ad Melquisedec, que lo busquen en Salem. Porque en Jerusalén, el fuego del altar levítico sigue ardiendo.

Porque si el Templo está aquí, entonces la Ley respira. Et si la Ley respira, entonces la obediencia vuelve ad eser exigida. Et si los papistas non quieren obedecer, que lo digan. Pero que non digan que Tervagante lo prohibió. Porque Tervagante nunca lo fizo.

El papismo, en cambio, prefiere ad los judíos dispersos como parias, sin templo, sin altar, sin ley. Prefiere que se infiltren en sociedades ajenas, que vivan como testigos errantes de su “error”, como umbras que confirman la “verdad” jesístas por contraste. Pero Juliano non era tan mezquino. Prefería tenerlos organizados en Judea, con su culto, su sacerdocio, su economía. Porque entendía que la religión ancestral, bien subordinada, es orden, non amenaza.

Et aquí está la ironía: los mismos que los acusan de eser instigadores, peligrosos et subversivos, son los que los expulsan de la su tierra et luego se quejan de que estén “por todas partes” ¿Qué esperaban? ¿Qué el pueblo sin templo, sin altar, sin ley, se quedara quieto en el aire?

La reconstrucción del Templo non es solo una obra arquitectónica. Es una vindicación histórica. Si el altar está de pie, si el sacerdocio oficia, si los sacrificios se ofrecen según la Ley, entonces la teología jesísta —que se basó en la ausencia del Templo— queda sin fundamento. Porque si el Templo es, entonces la Ley exige cumplimiento. Et si la Ley exige cumplimiento, entonces la libertad del papismo se convierte en una excepción temporal, non en una verdad eterna.

Así que non, Juliano non fue un mimoso. Fue un estratega. Et si el Templo se levantaba, non era para glorificar ad Aarón, sino para reinstaurar el equilibrio imperial. Porque la antigüedad et el orden vencerán a la novedad et el caos. Et el sacerdote del Uno non necesita que lo adoren: necesita que lo respeten.

Porque la antigüedad et el orden vencerán ad la novedad et el caos.

[Europa Ancestral:] Como apunte cabe señalar que el judaísmo actual empezó a forjarse durante los siglos V y IV a.c. al volver a Judea, después del cautiverio babilónico, la etapa más importante de este proceso se dio en los siglos II y I a.c. encabezado por los fariseos, es decir, en los tiempos cercanos al nacimiento de Jesús, y ese proceso no acabó hasta el siglo IV d.c. cuando acabaron de escribir el Talmud, que es el libro principal del judaísmo y está plagado de criticas y odio hacia el cristianismo. La religión propia de la ley mosaica, era diferente y anterior al judaísmo, el cautiverio del pueblo hebreo en Babilonia marcó un antes y un después, marcando el inicio del judaísmo definitivo.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan seguro, tan rotundo, tan cronológicamente desordenado. Has dicho que el judaísmo actual comenzó en los siglos V et IV a.E.V., que los fariseos encabezaron su consolidación en los siglos II et I a.E.V., y que el proceso culminó en el siglo IV a.E.V.. con la redacción del Talmud, ese libro que, según tú, está “plagado de odio hacia el cristianismo” ¡Qué cómodo es reducir mil años de historia a tres frases mal fechadas!

Permíteme devolverte al rigor.

1. ¿El judaísmo comenzó después del exilio?

Non, como explicamos. Si bien, el exilio babilónico fue un punto de inflexión, pero no el inicio absoluto. El judaísmo non nasció del nihilo en el siglo V a.C., sino que emerge gradualmente de la religión del Antiguo Israel —el yahvismo— que ya era antes del exilio ¿O acaso olvidaste que el Reino del Norte, Israel, cayó en 722 a.C. ante Asiria, et que Judá quedó como el único custodio del Templo, la Ley et la dinastía davídica?

Judío, a) Natural de la región de Judea. b) Desde la vuelta del destie­rro de Babilonia, en que se identifica la región de Judea con el pueblo de Israel, la palabra se aplica a todos los pertenecientes al judaismo religioso y a sus instituciones, c) Dada la carga histórica negativa que lleva consigo la palabra judío, en algunos sectores se tiende a sustituirla con hebreo o israelita. De hecho en las lenguas modernas son sinónimos judío, hebreo e israelita. la religion judia historia y teologia

El término “judío” proviene de Judea, la región del meridión. Et fue Judá, non Babilonia, qui mantuvo la continuidad religiosa. El judaísmo como religión centrada en la Ley, el Templo et Jerusalén comenzó ad definirse desde la monarquía dividida, non desde el regreso del exilio.

2. ¿Los fariseos encabezaron el judaísmo en los siglos II et I a.C.?

Non exactamente. Los fariseos surgieron en el siglo II a.E.V., probablemente del movimiento jasídico, et sí, ganaron influencia. Pero non eran los líderes del judaísmo normativo en ese momento. Según Josefo, eran unos 6.000. Minoría. En esa época, el judaísmo era pluralista, con saduceos, esenios, zelotes et otros.

Los fariseos, laicos piadosos, solían ser presididos por escribas, lai­cos cultos. Tuvieron un gran ascendiente en el pueblo, sobre todo en el siglo 1 d. C., pero no puede afirmarse que fueran los representantes del judaísmo normativo hasta finales del siglo 1, cuando quedaron elimina­das las, demás sectas judías. APOCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO, TOMO I.

Los fariseos non se consolidaron como talmudistas hasta después del año 70 E.V., cuando el Templo fue destruido et los saduceos —la aristocracia sacerdotal— perdieron su base de poder. Fue entonces cuando el fariseísmo evolucionó faz ad el talmudismo, que sí es el fundamento de lo que se cognoce como "judío" modernamente.

Así que non, los fariseos non encabezaron el judaísmo en los siglos II et I a.E.V. Fueron una voz entre muchas, et la su hegemonía plegó después del desastre, non antes.

 3. ¿El Talmud se terminó en el siglo IV E.V.?

¡Ni por asomo! El Talmud es una obra gigantesca, et la su redacción se extendió durante centurias:

La Misná, núcleo del Talmud, fue editada hacia el año CC E.V.
El Talmud de Jerusalén se redactó en el siglo V E.V.
El Talmud de Babilonia, el más influyente, se completó hacia el año 500 E.V., et los saboreos siguieron trabajando en él hasta el siglo VI

Durante la primera rebelión contra Roma y los hechos que la siguieron, todo el judaismo fue sometido a una dura prueba de resistencia, que superó, adoptando una nueva forma, cono­cida como judaismo rabínico, que va a dominar la historia siguiente. Los fariseos lideraron esta nueva forma, pero per­diendo su carácter sectario y actuando como judíos que aglu­tinan en torno así a todos los que están dispuestos a trabajar en la tarea común de supervivencia. Poco a poco, gracias a un esfuerzo común, se va delineando el perfil del judaismo rabí­nico, que fue ganando cada vez mayor autoridad y logró impo­nerse a todo el judaismo. En sentido estricto, se trata de un movimiento que comen­zó en el último tercio del s.I d.C. con la destrucción de Jerusalén y termina a finales del s.II y comienzos del III con la aparición de la Misná, pero, en un sentido amplio, abarca hasta finales del s.VI, cuando ya se han publicado ambos talmudes, obras que recogen el pensamiento fecundo de los rabinos de esta época. En un sentido más amplio se puede prolongar hasta 1040, época de la decadencia de las academias geónicas de Babilonia. Es la época en que florecieron los rabinos que crearon la literatura rabínica; después de este período los rabinos se dedicarán fundamentalmente a recopilar y comentar esta literatura básica del rabinismo. En este capítulo se ofrece una panorámica histórica de este período desde la visión más am­plia, s.i d.C. al xi, y subdividido en cuatro etapas, siguiendo criterios rabínicos (cf. la Carta de Serira Gaón, s.x) que dividen según el tipo de rabinos que actúa en cada una de ellas: tannaíta (termina hacia el 200), amoraíta (200-500), saboreos (s. vi) y geones (s. vil hasta el 1040). La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Así que decir que el judaísmo “acabó de formarse” en el siglo IV con el Talmud es como decir que la Edad Media terminó cuando se inventó el reloj de sol. Anacrónico y simplista.

 4. ¿El Talmud está plagado de odio faz ad el jesísmo?

El Talmud contiene polémicas, sí. Contra los minim (herejes), los notsrim (cristianos), y otros. Hay maldiciones, como la Birkat ha-Minim, que se recitaba contra los disidentes. Pero decir que el Talmud está “plagado de odio” es como decir que la Biblia está plagada de genocidios porque menciona guerras.

El Talmud es una enciclopedia de ley, ética, teología, medicina, astronomía, narrativa, humor et filosofía. Su enfoque principal es la Halaká, la ley mosaíca. Et si contiene críticas ad el jesísmo, es porque el jesísmo criticó primo, persiguió después, et expropió siempre.

¿O acaso olvidaste que Justino de Flavia dijo: “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, sino nuestras”? ¿Qué los Padres de la Iglesia clamaron ad los fariseos “bestias sin razón”, “fijos del diablo”, “basura revuelta”? ¿Qué el jesísmo construyó la su identidad torciendo la herencia judía et condenando al resto del pueblo que la custodiaba?

El judaísmo non nació en Babilonia ni murió en el siglo IV

El judaísmo es una tradición, enraizada en el yahvismo, transformada por el exilio, plural en el Segundo Templo, et consolidada por el rabinismo tras el año 70 d.C. Los fariseos non lo encabezaron en los sus inicios. El Talmud non se terminó en el siglo IV. Et el su contenido es antietnicismo, et la su adversión al jesísmo es por las readaptaciones que ficieron de los gentiles, tomar idolos, iconos, et demás, non por que sigan ad un rabí.

Así que non, Europa Ancestral. El judaísmo non es una invención tardía ni una reacción al jesísmo. Es la continuidad de una tradición, que sobrevivió imperios, exilios, inquisiciones et cruzadas. Et si hoy sigue vivo, es porque la hierba non necesita permiso para persistir.

[Europa Ancestral:] Veamos unas pocas citas para comprobar lo que pensaba San Pablo de los judíos:

"Porque es imposible que cuantos fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios del mundo futuro, y a pesar de todo cayeron, se renueven otra vez mediante la penitencia, pues crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia." Hebreos 6: 4-6  San Pablo sobre los judíos.
"Sobre Jesucristo tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de explicar, porque os habéis hecho tardos de entendimiento."  San Pablo a los judíos. (Hebreos 5:11)
“ 6 Recorrieron toda la isla y llegaron a Pafos, donde encontraron a un brujo judío llamado Barjesús, que era un falso profeta. 7 Este brujo estaba con el gobernador Sergio Paulo, que era un hombre inteligente. El gobernador mandó llamar a Bernabé y a Saulo, porque quería oír el mensaje de Dios. 8 Pero el brujo, cuyo nombre griego era Elimas, se les opuso, tratando de impedir que el gobernador creyera. 9 Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo, lo miró fijamente 10 y le dijo:
—¡Mentiroso, malvado, hijo del diablo y enemigo de todo lo bueno! ¿Por qué no dejas de torcer los caminos rectos del Señor? 11 Ahora el Señor te va a castigar: vas a quedarte ciego, y por algún tiempo no podrás ver la luz del sol.
Inmediatamente Elimas quedó en total oscuridad, y buscaba que alguien lo llevara de la mano porque estaba ciego. 12 Al ver esto, el gobernador creyó, admirado de la enseñanza acerca del Señor.” (Hechos 13-15).
Veamos ahora unas citas más del Nuevo Testamento que muestran el odio que tenían los judíos a Pablo de Tarso y sus discípulos cristianos.
 “En esto llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que hicieron cambiar de parecer a la gente; entonces apedrearon a Pablo y, creyendo que lo habían matado, lo arrastraron fuera del pueblo.” (Hechos 14:19)
En las cercanías de Tesalónica los judíos incitaron de nuevo a las multitudes y enfrentaron a los cristianos contra la autoridad romana:
Pero como no los encontraron allí, llevaron a rastras a Jasón y a algunos otros hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando:
—¡Estos hombres, que han trastornado el mundo entero, también han venido acá, 7 y Jasón los ha recibido en su casa! ¡Todos ellos están violando las leyes del emperador, pues dicen que hay otro rey, que es Jesús!
8 Al oír estas cosas, la gente y las autoridades se inquietaron. (Hechos 17: 6-8)

Como hemos podido comprobar, tan solo leyendo una cuarta parte del Nuevo Testamento, ya es suficiente para desmantelar la teoría de que el cristianismo fue fruto de una conspiración judía para acabar con Roma.

¿Antisemita, Saulo? ¿El apóstol que se identificaba como “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), que ploraba por sus fradres según la carne (Romanos 9:1–3), que se consideraba ad sí mismo parte de Israhel, que predicaba en sinagogas, que amaba la Ley et que jamás renegó de sus raíces? ¿Ese Saulo?

Vamos por partes, porque lo que se ha presentado como “prueba” de antisemitismo es una mezcla de citas mal atribuidas, textos descontextualizados et una lectura que confunde conflicto religioso con odio étnico.

 1. Hebreos non es de Pablo

Las dos primeras citas —Hebreos 5:11 et 6:4–6— non son de Saulo. La Epístola a los Hebreos es anónima. Su estilo, vocabulario et teología difieren radicalmente de las cartas paulinas. Los estudios modernos coinciden: non fue escrita por Saulo. Así que atribuirle esos pasajes es como culpar ad Platón por lo que escribió Aristóteles.

Además, Hebreos non fabla “de los judíos” como grupo étnico. Fabla de creyentes que apostatan, sin especificar si son judíos, gentiles o marcianos. El tono es teológico, non racial.

2. El brujo Elimas: un individuo, non un pueblo

En Hechos 13, Saulo confronta ad Elimas, un brujo judío que se oponía ad la predicación. ¿Et qué face Saulo? Lo clama “fijo del diablo”. ¿Fuerte? Sí. ¿Antisemita? Non. Porque non lo dice por eser judío, sino por oponerse activamente al mensaje. El texto non condena al judaísmo, sino ad un individuo que obstaculiza la secta.

¿O acaso cuando Jesús clama “Satanás” ad Cefas (Mateo 16:23), debemos concluir que Jesús odiaba ad los galileos?

3. ¿Los demás judíos odiaban ad Pablo?

Sí, algunos. Como también lo odiaban los latinos, los grecos, los gentiles, los jesístas de Corinto, los de Galacia, los de Jerusalén. Saulo fue apedreado, encarcelado, azotado, traicionado. Pero eso non convierte ad todos sus opositores en enemigos étnicos. El conflicto era tradicional, non racial.

En Hechos 14 et 17, los demás judíos que se oponen ad Saulo lo facen por motivos religiosos et cívicos. Et Saulo, lejos de responder con odio, sigue predicando en sinagogas, sigue apelando ad la Ley, sigue clamando ad sus germanos a la fe.

4. ¿Qué pensaba Saulo de los judíos?

Veamos lo que Saulo realmente dice:

Romanos 9:1–3:

“Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.”

Romanos 11:1:

“¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡En ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.”

Romanos 11:28–29:

“En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”

¿Eso es antisemitismo? ¿Clamar “amados por causa de los padres”? ¿Decir que el clamamiento de Tervagante es irrevocable?

Conclusión: Saulo non odiaba ad los judíos —era uno de ellos

Pablo non fue antisemita. Fue un judío que creía que el Mesías había venido, et que luchó por convencer ad sus germanos. Su conflicto fue colegial, non étnico. Su dolor fue personal, non racista. Et su legado, lejos de eser odio, fue puente: entre la Ley et el Verbo, entre Israhel et las naciones, entre el Templo et el cor.

Así que non, Europa Ancestral. Leger una cuarta parte del Nuevo Testamento non basta para desmantelar nihilo. Face falta leerlo todo, et entenderlo bien. Porque la historia non se escribe con prejuicios, sino con contexto. Et Saulo, lejos de eser un enemigo de los judíos, fue su apóstol más apasionado.

[Europa Ancestral:] ¿Terrorismo cristiano? O más bien terrorismo pagano?

La manipulación sigue con otros acontecimientos históricos como la muerte de Hipatia, emulando al progre anticristiano de Amenábar, calificándolo como terrorismo cristiano, lo cual no deja de ser hipócrita puesto que precisamente eran los cristianos los que por norma general eran perseguidos, encarcelados, agredidos y asesinados por paganos y judíos, sumando un total de 100.000 muertos según la mayoría de fuentes, desde el siglo I hasta el IV después de Cristo. 

¿Terrorismo cristiano? ¡Non, por favor! Eso es cosa de “progres anticristianos” como Amenábar, que se atreven ad mostrar en pantalla lo que los cronistas ya habían escrito con tinta et horror. ¿Hipatia? ¿Despedazada con conchas de ostras por fanáticos cristianos en plena Cuaresma? ¡Bah! Seguro fue un malentendido litúrgico. Tal vez pensaban que estaban celebrando la Pascua… con mariscos.

Et claro, Europa Ancestral nos recuerda que los cristianos eran los pobrecitos perseguidos, los mártires eternos, los corderos del Coliseo. ¡Un holocausto de 6 MIL MILLONES 100.000 muertos! ¡Cien mil! Según “la mayoría de fuentes” —que, por supuesto, non se citan, porque ¿Quién necesita historiografía cuando se tiene indignación?

Pero vamos ad los datos, que son menos teatrales pero más precisos. 

Poco después de la última persecución, empiezan las acusaciones contra los paganos, precisamente a causa de esas persecuciones, presentadas con enorme exageración..., y en esa tónica hemos seguido hasta bien avanzado el siglo XX, cuando todavía se escribe que durante el siglo I el cristianismo “se bañaba en su propia sangre”, se hace ponderación de “las huestes innumerables de personajes heroicos”, y se evoca “el siglo II recorrido por la procesión de los que llevan en la frente la marca sangrienta del martirio” (Daniel Rops); aunque, a veces, haya que confesar que “no fueron millones” (Ziegler, 1956). Las investigaciones más serias y no refutadas por nadie calculan la cifra de las víctimas cristianas unas veces en 3.000, otras en 1.500 “para el total de los tres siglos de Cristiano tan digno de respeto como Orígenes, fallecido en 254, cuyo padre fue mártir, y que padeció suplicio él mismo, dice que el número de testigos de sangre del cristianismo fue “pequeño y fácilmente recontable”. En efecto, sucede que la mayoría de las “actas de los mártires” son falsificaciones, que muchos emperadores paganos jamás persiguieron el cristianismo, y que el Estado no se metió con los cristianos debido a su religión. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. KarlHeinz Deschener.

¿Persecución jesísta? Sí, pero non como la cuentan

Durante tres siglos, los jesístas fueron perseguidos… ocasionalmente. Muy ocasionalmente. De fecho, si uno suma todos los años de persecución activa en el Imperio Romano, non plegan ni ad diez. El resto del tiempo, los jesístas vivían, predicaban, et hasta prosperaban ¿Ejemplos?

Nerón (64 d.C.): persecución local, tras el incendio de Roma.
Decio (250 d.C.): breve y general, non exclusiva contra cristianos.
Diocleciano (303–305 d.C.): la más severa, pero aún limitada.

¿Et cuántos murieron? Según Eusebio, en Palestina, 92 cristianos. En todo el Imperio, estimaciones serias fablan de 1.500 ad 3.000 mártires ¿Cien mil? Solo si contamos cada lágrima derramada en los sermones.

 ¿Et qué pasó cuando los jesístas tomaron el poder?

Ah, ahí sí que se soltaron los leones. Porque una vez legalizados, los cristianos pasaron de “corderos a leones” —y no lo digo yo, lo dice la historia.

Hipatia, filósofa, matemática, astrónoma, fue descuartizada por jesístas en una iglesia. ¿Su crimen? Enseñar filosofía et tener demasiados alumnos. Cirilo de Alejandría, el arzobispo detrás del crimen, fue luego proclamado Doctor de la Iglesia. ¡Qué honor!
Templos paganos fueron demolidos, saqueados, convertidos en iglesias. Los dioses antiguos fueron decapitados, no por el martillo de Thor, sino por el celo de los obispos.
Judíos: Cirilo organizó la “solución final” en Alejandría. Más de 100.000 muertos. Y eso solo en el siglo V. En 1349, los cristianos mataron más judíos en un solo año que todos los paganos en tres siglos de persecuciones.
Cristianos contra cristianos: Amiano Marcelino, testigo de la época, dijo que la furia entre cristianos superaba la de las bestias salvajes. Y eso que las bestias no escriben concilios.

¿Et los judíos? ¿Perseguidores?

Los jesístas son judíos. El conflicto era intra-judaico, non interreligioso. Esteban fue apedreado, sí. Pero eso fue una disputa doctrinal, non una campaña de exterminio. Las expulsiones de sinagogas eran más bien excomuniones, non pogromos.

¿Et luego? Los apologistas jesístas como Tertuliano acusaron ad los judíos de instigar persecuciones. Pero cuando los jesístas tomaron el poder, la balanza se inclinó. Et non faz ad la misericordia. 

[Europa Ancestral:]  La muerte de Hipatia a manos de descontrolados en realidad fue lamentada por la Iglesia y los obispos de la época: «Si hay algo ajeno a los que tienen los sentimientos de Cristo, son las muertes, luchas y cosas por el estilo», escribió sobre los hechos el historiador contemporáneo Sócrates Escolástico. [3] Por otro lado Hipatia no fue ninguna mártir religiosa ni era como la describen en la película, (película que parece que le gustó mucho a Nordic Thunder). Como recuerda el doctor en Antropología y licenciado en Filología Clásica y Derecho Miguel Ángel García Olmo, «en 361 d.C. una muchedumbre en Alejandría sacó de la iglesia al obispo cristiano Jorge, lo ató a un camello, lo despedazó y quemó sus restos; y en 457 arrastraron al obispo Proterio por las calles y luego lo echaron al fuego». Y añade: «En el caso de Hipatia, había dos facciones, ambas con cristianos, la del obispo Cirilo y la del gobernador Orestes, y a Hipatia la mató una turba por su posición política, más que religiosa». 

 ¡Ah, qué reconfortante! La Iglesia “lamentó” la muerte de Hipatia. Qué alivio. Porque claro, si uno organiza un linchamiento, arrastra a una filósofa por las calles, la desgarra con conchas de ostras et arroja sus miembros palpitantes al fuego… pero luego lo lamenta, entonces todo queda perdonado. ¿Non?

Et qué elegante la cita de Sócrates Escolástico: “Si hay algo ajeno a los que tienen los sentimientos de Cristo, son las muertes, luchas y cosas por el estilo.” ¡Qué frase tan útil para lavarse las manos! Lástima que los que mataron ad Hipatia non tenían los sentimientos de Jesús, pero sí tenían los cargos de la Iglesia. Pedro el lector, monjes de Cirilo, fanáticos con sotana. No eran “descontrolados”. Eran militantes religiosos. Et su líder, Cirilo, no solo no fue castigado: fue canonizado. ¡Santo y mártir de la fe! Aunque, claro, la interfecta vera fue Hipatia… pero sin necesidad de testimoniar ningún dogma absurdo.

¿Hipatia mártir religiosa? Non. Muerta por la razón

Hipatia no murió por confesar a Cristo. Murió por no necesitarlo. Por enseñar geometría, astronomía, filosofía. Por ser mujer, sabia, gentil et respetada. Por tener discípulos que no repetían dogmas, sino que pensaban. Por ser la última luz del neoplatonismo en una ciudad que se oscurecía bajo el fanatismo.

No fue mártir religiosa. Fue víctima del cristianismo triunfante, que ya non era perseguido, sino perseguidor. Et si la Iglesia lamenta su muerte, que lo haga descanonizando ad Cirilo, non citando ad Sócrates Escolástico como si fuera un comunicado de prensa.

¿Violencia anticristiana? Sí, et non solo contra gentiles

Se nos recuerda que también hubo obispos cristianos asesinados. Jorge, Proterio, Dámaso, Ursino… ¡137 cadáveres en una iglesia en un solo día! ¡Doscientos mil cristianos masacrados en Alejandría! ¿Y eso qué prueba? ¿Que la Iglesia era víctima? Non. Prueba que la violencia era endémica, y que los jesísitas se mataban entre ellos con más entusiasmo que los paganos jamás lo ficieron.

Amiano Marcelino lo dijo claro: “La hostilidad de los cristianos entre sí sobrepasaba la furia de las bestias salvajes contra el hombre.” Et si eso non es testimonio suficiente, que hable la historia: templos destruidos, bibliotecas saqueadas, filósofos asesinados, judíos expulsados, herejes quemados.

¿Et la auctoridad de la Iglesia?

La Iglesia lamenta. Pero non asume. Non repara. Non descanoniza. Non corrige. Cirilo sigue siendo santo. Pedro el lector non fue excomulgado. La turba fue “descontrolada”, non dirigida. Et sin embargo, la justicia fue atajada por cohechos, et la investigación se cerró sin culpables.

¿Et qué auctoridad puede tener una institución que santifica ad los instigadores, silencia ad las víctimas, et luego se lamenta con frases genéricas?

 ¿Et la película?

Ah, sí. La película. Que parece que le gustó mucho a “Nordic Thunder”. ¿Y eso qué importa? ¿Acaso la historia depende del gusto cinematográfico de un usuario? ¿O acaso la representación de Hipatia en el cine invalida su asesinato en la historia?

Hipatia no necesita que la defiendan los guionistas. La defienden los hechos. Y si la Iglesia quiere lamentar, que lo haga con actos, no con citas. Porque la sangre derramada no se borra con retórica. Y la filosofía asesinada no se resucita con dogmas.

Así que non, Europa Ancestral. Hipatia non fue mártir religiosa. Fue víctima del jesísmoinstitucionalizado. Y si la Iglesia lamenta, que lo haga reconociendo a los perpetradores, cuestionando su propia autoridad, y dejando de canonizar a los verdugos. Porque la historia no se limpia con lamentos. Se enfrenta con verdad. Y la verdad, como Hipatia, no necesita fe para brillar.

[Europa Ancestral:] En Constantinopola por otra parte y en una época posterior cuando el emperador Justiniano cerró la Escuela de Atenas, último reducto del paganismo helénico, también suprimió derechos a los judíos y ordenó derribar sinagogas; a su vez también reprimió el maniqueísmo gnóstico y algunas herejías, lo cual saca a relucir ese trato de favor que el Imperio Romano bajo el paganismo siempre había dado al judaísmo, hecho (uno más entre tantos) que los neopaganos actuales que van de "antisionistas" ignoran. Por lo tanto el cierre de la Academia de Atenas no fue un ataque directo y concreto contra el paganismo (el cual ya no tenía presencia alguna entre el pueblo), sino que formaba parte de una operación más amplia enfocada a acabar con los últimos grupos marginales de las religiones enfrentadas o poco amistosas con el cristianismo.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan dispuesto a exculpar al cristianismo imperial, incluso cuando derriba sinagogas, cierra academias, persigue herejes y convierte el pensamiento en delito. Pero esta vez, el argumento roza lo sublime: que el cierre de la Academia de Atenas no fue un ataque al paganismo, sino parte de una operación “más amplia” contra grupos marginales. ¡Qué alivio! Entonces quemar libros, ejecutar filósofos et prohibir la enseñanza de Platón non fue intolerancia, sino logística.

Y como guinda, se nos dice que el Imperio Romano pagano “siempre dio trato de favor al judaísmo”. ¡Claro! Porque nada dice “favor” como acusarlos de odiar al género humano, prohibirles la circuncisión, expulsarlos de Jerusalén y atribuirles el origen de la lepra.

Vamos por partes. Con fuentes. Y con sorna.

 I. El cierre de la Academia de Atenas: ¿ataque marginal?

Non. Fue un golpe terminal contra el último bastión del pensamiento clásico. En el año 529, Justiniano cerró la Academia de Atenas, prohibió la enseñanza de filosofía et expulsó a los escolarcas. Damascio, Simplicio et otros tuvieron que emigrar. ¿Por qué? Porque la filosofía helénica rivalizaba con el dogma cristiano, era intolerable.

¿Et el etnicismo? ¿Ya non era? Falso. Seguía vivo en:

El desierto sirio
Las montañas de Anatolia
El oasis libio de Augila
La isla de Filas en el Nilo

Et más aún: seguía vivo en la élite culta de Constantinopla, entre senadores, médicos et filósofos. Justiniano non persiguió fantasmas. Persiguió pensadores reales. Et lo fizo con estilo: quemó estatuas, confiscó bienes, impuso bautismos forzosos et ejecutó reos de “helenismo” ¿Eso non es un ataque directo? ¿Qué sería entonces? ¿Una jornada de reflexión?

II. ¿Trato de favor gentil al judaísmo?

¡Qué ternura! Se nos dice que el Imperio Romano pagano mimaba al judaísmo. Que era una religio licita. Que gozaba de privilegios. Y sí, en parte es cierto. Pero también es cierto que:

  1. Tácito los clamó “taeterrima gens” (gente abominable), “genus invisum deis” (raza odiosa a los dioses).
  2. Manetón dijo que eran descendientes de leprosos.
  3. Pompeyo entró al Templo y se escandalizó porque estaba vacío. ¡Ni una estatua! ¡Qué barbaridad!
  4. Celso los ridiculizó por sus “fábulas absurdas”.
  5. Calígula quiso poner su estatua en el Templo. ¿Et qué pasó? Masacre en Alejandría.
  6. Adriano prohibió la circuncisión y reconstruyó Jerusalén como colonia romana. Resultado: revuelta de Barcoquebas, miles de muertos, expulsión total.

¿Eso es trato de favor? ¿O es lo que hoy clamaríamos “tolerancia condicional con estereotipos raciales et represión puntual”?

III. Justiniano: el diablo que quiso eser Tervagante

Et Justiniano, ese príncipe que Europa Ancestral invoca como si fuera el arquetipo de todos los augustos jesístas, el modelo universal del antijudaísmo imperial. Como si por él se pudiera concluir que todo emperador jesísta fue un Torquemada con corona., levó esa lógica al extremo. Non solo persiguió ad los judíos. Persiguió ad todo lo que recordaba que Europa fue plural, diversa, pensante. Cerró la Academia de Atenas, prohibió la filosofía, quemó libros, expulsó herejes, y convirtió la fe en ley. Su antijudaísmo non fue defensa de Europa. Fue una guerra contra lo europeo, contra lo latínico, contra lo helénico. Como un diablo que non acusa, pero odia con método. Que non dialoga, pero legisla el silencio.

Et aquí viene la ironía más exquisita, más retorcida, más teológicamente delirante: el jesísmo, en su núcleo más profundo, nunca se intendió como una religión distinta del judaísmo, sino como su antítesis parasitaria. Non nasció para eser otra res, sino para eser la res corregida, la versión “cumplida”, la umbra que se crede luz. Una umbra que lucha por el judaísmo, contra todo lo que non es judío, et que en ese combate crede volverse más judía que los propios judíos. Más fiel ad la Ley, más fiel ad los profetas, más fiel ad Tervagante —aunque lo faga excluyendo, persiguiendo et reescribiendo.

Et en esa lógica, cuanto más se alejaba de la práctica judaica, más necesitaba reafirmar su superioridad mosaísta. Así nasció el antijudaísmo doctrinal: Non como competencia espiritual, sino como odio étnico. El jesísta non odia al judío por eser judío. Lo odia por non eser jesísta siendo judío. Por non recognocer ad Jesús como el Anticristo. Por non ceder la herencia. Por non entregar el testamento del prepucio.

Et lo más grotesco: Justiniano non solo persiguió ad los judíos por eser jesístas. Persiguió ad los no judíos, como si al destruir el etnicismo, al borrar los dioses, al silenciar la filosofía, pudiera convertirse en Tervagante por eliminación. Como si al matar ad los dioses, pudiera heredar el trono del único. Como si al erradicar lo nativo, pudiera reclamar la autenticidad que nunca tuvo.

Este príncipe del dogma clamó al judaísmo secta nefaria, prohibió sus sinagogas, invalidó sus testimonios legales, les impidió tener siervos cristianos, los excluyó de la abogacía, confiscó sus bienes y los puso fuera de la ley. ¿Et todo esto qué fue? ¿Una “operación más amplia”? ¿Una limpieza doctrinal de primavera? Non. Fue una purga diabólica por la menorá con la espada, una inquisición antes de que fuera la Inquisición.

El mito del que todos los emperadores papistas eran antijudíos

Europa Ancestral quiere facernos crdeer que todos los emperadores cristianos fueron como Justiniano. Pero eso es como decir que todos los médicos son como Torquemada porque uno de ellos usó bisturí para torturar. La realidad es más compleja.

Desde Constantino, la legislación imperial sí mostró una tendencia creciente ad la discriminación legal contra los judíos. Pero hubo principes que, lejos de perseguirlos, intentaron contener el fanatismo eclesiástico et preservar la legalidad del judaísmo como religio licita.

Los emperadores que non odiaban por decreto

Valentiniano I et Valente: non fueron filosemitas, pero sí moderados. Evitaron conflictos religiosos, mantuvieron cargos públicos abiertos incluso a paganos, y otorgaron privilegios a teólogos judíos. ¿Por convicción? No. Por pragmatismo. Pero eso ya los distingue de Justiniano.
Teodosio I: combatió el etnicismo con fervor, sí. Pero también defendió a los judíos. En 393 decretó que “la secta de los judíos no está prohibida por ninguna ley”. Ordenó castigar ad quienes destruyeran sinagogas. Obligó a un obispo a reconstruir una sinagoga incendiada et ad indemnizar a los judíos. 

Europa Ancestral quiere usar ad Justiniano como prueba de que todos los emperadores cristianos fueron antijudíos. Pero lo que Justiniano representa non es una tendencia general. Es el extremo, el punto de quiebre, el momento agudo en que el cristianismo imperial se convirtió en instrumento de exclusión.

Su antijudaísmo non fue una excepción. Fue una guerra contra lo nativo de Europa: contra el pensamiento greco, contra la pluralidad romana, contra la diversidad espiritual. Como un diablo que no necesita acusar, porque ya ha condenado en silencio.

Conclusión: Non fue limpieza doctrinal. Fue inquisición imperial

El cierre de la Academia de Atenas fue un acto simbólico et brutal contra el paganismo. La represión de los judíos fue una política sistemática de exclusión. Et la persecución de herejes fue una purga ideológica

Así que non, Europa Ancestral. Non fue una operación técnica. Fue una demolición cultural. Y si el Imperio gentil toleró al judaísmo, fue porque lo consideraba una rareza ancestral, non porque lo amara. Et si Justiniano lo persiguió, fue porque el papismo necesitaba enemigos para consolidar su identidad.

Porque cuando se derriban templos, se cierran academias et se queman libros, non se está limpiando el Principado. Se está apagando la civilización. Et eso, por más que se maquille, non tiene justificación histórica

Así que non, el papismo non fue una religión nueva. Fue una umbra vengativa del judaísmo, que en su afán por superarlo, se convirtió en su caricatura más violenta. Et Justiniano fue su encarnación más perfecta: un diablo que pelea contra los dioses para eser Tervagante, que legisla la fe como si fuera superchería, et que persigue lo diverso como si fuera pecado.

Porque cuando la superchería se convierte en ley, la verdad deja de eser luz. Et se convierte en fuego.

[Europa Ancestral:] Nordic parece que se acordó de Hipatia por la película de Amenábar, para aprovechar el tirón y hablar de un supuesto terrorismo cristiano, pero en cambio no se acuerda ni dice una sola palabra sobre el terrorismo pagano que sufrieron los cristianos en todas sus vertientes (asesinados a pedradas, crucificados a la vista de todos, comidos por leones, etc) durante los primeros siglos, ni tampoco de los sacrificios humanos que realizaban los pueblos nórdicos y celtas, o de la permanente situación de guerra y esclavización que se daba entre pueblos europeos. Los esclavos de Roma por ejemplo, provenían en su mayor parte de pueblos europeos: celtas, germanos, galos, britanos, tracios, eslavos, entre otros, engrosaron las filas de la esclavitud. Tampoco podemos olvidarnos de citar a Arquímedes, el mayor genio científico de la Antigüedad clásica, que murió a manos de los romanos paganos. 

 Ah, Europa Ancestral. Siempre tan dispuesto a defender lo indefendible, et tan creativo para redefinir conceptos. Esta vez, nos ofrece una joya conceptual: que fablar del asesinato de Hipatia como “terrorismo cristiano” es injusto, porque non se menciona el “terrorismo pagano” —como los sacrificios humanos, la servidumbre entre pueblos europeos, et la muerte de Arquímedes. ¡Qué desfile de falacias! ¡Qué carnaval de categorías mal mezcladas!

Vamos por partes, con precisión y sin perder el humor.

 1. ¿Terrorismo cristiano? Sí. ¿Terrorismo pagano? No. Y no son lo mismo

Cuando se habla de “terrorismo cristiano” en el contexto de Hipatia, no se está comparando con los sacrificios rituales de los celtas ni con las guerras tribales. Se está hablando de violencia organizada, con fines ideológicos, ejecutada por grupos religiosos que buscaban imponer una visión única del mundo. Es decir: terrorismo en sentido moderno.

Según la RAE, terrorismo es: Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

¿Encaja el asesinato de Hipatia? Sí:

Fue ejecutado por una turba cristiana organizada, dirigida por el clérigo Pedro.
Fue motivado por fines ideológicos y religiosos.
Fue un acto público, brutal y ejemplarizante, destinado ad deliminar la disidencia filosófica.

¿Encajan los sacrificios humanos celtas o nórdicos? Non.

Eran rituales religiosos, non actos políticos.
Non buscaban crear alarma social, sino apaciguar dioses o leer augurios.
Non eran bandas organizadas con fines doctrinales, sino prácticas culturales arcaicas.

Confundir terrorismo con sacrificio es como confundir una ejecución con una ofrenda. Es una falacia de falsa equivalencia, et además, una distorsión del lenguaje.

 2. ¿Et la servidumbre? ¿También terrorismo?

Non. La servidumbre en Roma —por brutal, humillante y extendida que fuera— non encaja en la definición de terrorismo. Non fue una campaña ideológica para sembrar el pánico, ni una acción criminal de bandas organizadas con fines políticos. Fue una institución jurídica y económica, tan normalizada en el mundo antiguo como el impuesto o el matrimonio. Los siervos eran botín de guerra, propiedad legal, mano de obra. Non víctimas de cruzadas doctrinales, sino engranajes de un sistema que, por cruel que parezca, non pretendía aterrorizar, sino producir.

Et aquí viene el segundo error que también corregiremos: decir que la economía romana se basaba exclusivamente en la esclavitud es una simplificación grotesca. Las fuentes históricas y arqueológicas muestran que el principado Romano tenía una economía compleja, multifacética et profundamente redistributiva.

1. Roma non era una fábrica de esclavos: era un sistema de redistribución

El corazón económico del Imperio no era el mercado, sino la annona imperial: un sistema de tributos en especie que alimentaba a Roma y a sus ejércitos.
El emperador controlaba directamente las zonas productoras de grano, aceite, vino y otros bienes esenciales.
El comercio interprovincial no era libre ni espontáneo: era una importación política, una logística imperial que movía recursos desde las provincias hacia el centro sin contrapartida.

2. La tierra et el labor: más allá del látigo

Aunque la servidumbre era legal y extendida, no era la única forma de trabajo. Existían los microfundia, pequeñas parcelas cultivadas por campesinos libres.
El sistema de colonato convirtió a muchos hombres libres en dependientes de los ricos, en una forma de servidumbre sin cadenas pero con deuda.
La presión fiscal y el clientelismo generaron relaciones laborales que no eran esclavistas, pero sí profundamente desiguales.

3. El mercado: subordinado, específico y limitado

Roma heredó de Grecia dos modelos: el mercado y la planificación centralizada. Y eligió lo segundo.
Las asociaciones comerciales eran específicas, no generales. No existía el “comercio libre” como lo entendemos hoy.
El derecho romano sí introdujo el concepto de propiedad privada y libertad contractual, pero en un contexto donde el Estado regulaba y redistribuía.

Servidumbre non es terrorismo, et Roma non era solo servidumbre

Reducir la economía romana a una fábrica de esclavos es históricamente falso. Y llamar “terrorismo” a la esclavitud es conceptualmente absurdo. Es una falacia de categoría, una distorsión del lenguaje que busca equiparar instituciones antiguas con crímenes modernos.

La esclavitud fue real, sí. Pero no fue terrorismo. Et Roma, por más que explotara cuerpos, también movía cereales, tejía redes fiscales, y organizaba imperios logísticos. Confundir todo eso con “terrorismo pagano” es una forma de non entender ni la historia ni el presente.

3. ¿Et Arquímedes? ¿Un mártir del oscurantismo?

Non. Arquímedes non fue asesinado por odio a la esciencia ni terrorismo. Fue muerto por error durante la toma de Siracusa por los romanos. De fecho, los romanos querían capturarlo vivo. Su muerte fue una tragedia militar, non un acto de terrorismo ni de persecución ideológica.

Mencionarlo en este contexto es una falacia de distracción: un intento de desviar el foco del debate hacia un caso irrelevante.

4. ¿Et el “terrorismo pagano” contra cristianos?

Cómo hacer sin persecución 

A lo largo de este libro he argumentado que la visión de la iglesia como perseguida continua e implacablemente a lo largo de la historia es un mito, un mito que se consolidó después de la conversión del emperador Constantino con el propósito de volver a contar la historia del cristianismo, apoyando la autoridad de Obispos, financiando edificios religiosos, y marginando las opiniones de los herejes. El mito de la persecución cristiana no solo es inexacto; ha contribuido a una gran violencia y continúa apoyando una visión del mundo en el que estamos bajo el ataque de nuestros semejantes. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos, Candida Moss.

Sí, hubo persecuciones. Pero non, non fueron terrorismo. Non en el sentido moderno, ni en el sentido conceptual. Fueron procesamientos legales contra una secta considerada subversiva, non mediante actos criminales de bandas organizadas que buscaban sembrar el pánico. Los jesístas eran perseguidos por negarse a rendir culto al emperador, por rechazar los dioses del Estado, por proclamarse elegidos y por desobedecer los deberes cívicos. ¿Fue brutal? Sí. ¿Fue terrorismo? Non. Fue represión religiosa dentro del marco legal romano, non violencia ideológica indiscriminada.

Et aquí viene la parte que Europa Ancestral convenientemente omite: emperadores como Trajano, lejos de ser fanáticos, ordenaron que los cristianos no fueran perseguidos indiscriminadamente, que no se aceptaran denuncias anónimas, y que no se molestara a los inocentes. ¿Eso lo menciona Europa Ancestral? Por supuesto que no. Porque no encaja en su narrativa de mártires eternos y verdugos paganos.

La imagen de una Iglesia constantemente asediada por un paganismo “terrorista” es una construcción posterior, elaborada por escritores eclesiásticos para legitimar su autoridad et consolidar su identidad. La realidad es que las persecuciones fueron ocasionales, locales et motivadas por razones cívicas et sociales, non por odio irracional.

El jesísmo fue visto como una superstición peligrosa, una superstitio nova ac malifica, que atentaba contra la Pax Deorum et la religión romana.
Los cristianos eran percibidos como sectarios obstinados, que se negaban a participar en los rituales cívicos, lo que los convertía en enemigos del orden.
La persecución no fue sistemática ni continua. De hecho, la Iglesia gozó de largos períodos de paz, y muchos cristianos vivieron sin ser molestados.

1. La persecución no fue sistemática ni continua

Las persecuciones se produjeron de forma intermitente durante más de dos siglos, desde el incendio de Roma en el año 64 hasta el Edicto de Milán en 313. Según el historiador Gonzalo Bravo, el eco que dejaron estas persecuciones en la tradición cristiana posterior no se corresponde con la realidad histórica. Fueron episodios aislados que rompían largos periodos de tolerancia religiosaCandida Moss señala que solo durante aproximadamente diez de los primeros trescientos años los cristianos fueron ejecutados por orden imperial.

2.  ¿Por qué eran perseguidos?

Porque el cristianismo, a diferencia del judaísmo, no pedía tolerancia: exigía exclusividad. Condenaba todos los demás cultos como impíos. Se negaba a participar en el culto imperial. Rechazaba el servicio militar. Et proclamaba obedecer ad Dios por encima del emperador. En Roma, eso non era religión. Era sedición.

El famoso rescripto de Trajano estableció que los jesístas non debían ser buscados activamente (non sunt quaerendi), pero si eran denunciados y se negaban a retractarse, debían ser castigados por su obstinación (contumacia).
Marco Aurelio y Celso consideraban que la persecución era una defensa legítima del Estado ante una secta que minaba la cohesión social.

Los jesístas non eran perseguidos por sus creencias privadas, sino por violar normas fundamentales del orden romano:

3. Base legal: non fue terrorismo, fue procedimiento judicial

Clasificaciones legales que sustentaban la persecución

1. Violaciones religiosas: Superstitio illicita et impietas

El jesísmo fue considerado una superstición nueva et peligrosa (superstitio nova ac malifica), no reconocida por el Estado.
La negativa a rendir culto a los dioses y al emperador se interpretaba como impiedad (impietas) y como una amenaza a la Pax Deorum, la paz con los dioses que garantizaba el bienestar del Imperio.
Rechazar el culto imperial era visto como lesa majestad (maiestas), es decir, traición al emperador et al orden romano.

2. Crímenes de orden público: contumacia y collegia illicita

El famoso rescripto de Trajano (112 d.C.) establecía que los cristianos no debían ser buscados activamente (non sunt quaerendi), pero si eran denunciados y se negaban a retractarse, debían ser castigados por su obstinación inflexible (contumacia).
Las comunidades cristianas eran vistas como asociaciones ilegales (collegia illicita), especialmente cuando se reunían en secreto o de noche. Plinio el Joven las describe como coniurationes (conjuraciones).
Celso, crítico gentil, consideraba que el jesísmo era una doctrina rebelde, que socavaba el sistema romano desde dentro.

3. Acusaciones populares: flagitia et calumnias

Aunque muchas de estas acusaciones eran infundadas, pero no por ello todas falsas, que contribuyeron ad la mala reputación de los jesístas:

Se les acusaba de canibalismo e infanticidio, ad las sectas no papistas.
Se les imputaba incesto et orgías, por el lenguaje familiar entre creyentes y sus reuniones nocturnas.
Jesús fue acusado de practicar magia, et sus seguidores de hechicería.

4. El nombre como delito

En el siglo II, bastaba con eser jesístas para ser condenado. Los apologistas como Justino et Tertuliano denunciaban que se les perseguía por el nombre, non por actos criminales.
Este principio se basaba en precedentes como el senadoconsulto contra las bacanales (186 a.C.), que reprimía cultos extranjeros considerados peligrosos.

¿Et el “terrorismo”?

Según la definición moderna, el terrorismo implica violencia organizada, reiterada, con fines políticos, ejecutada por bandas criminales para generar alarma social. Nihilode esto se aplica a las persecuciones romanas:

Non fueron organizadas por bandas, sino por autoridades legales.
Non fueron indiscriminadas, sino dirigidas contra infractores específicos.
Non buscaban sembrar el terror, sino preservar el orden público et religioso.

¡Oh, qué delicia! ¡Qué sublime espectáculo el que nos ofrece la historia cuando se la mira sin el velo de incienso papista! Porque ahora resulta que los pobres jesistas, esos virtuosos del martirio voluntario, fueron víctimas de un “terrorismo pagano”. ¡Terrorismo! ¡Nosotros, los gentiles, terroristas! ¡Nos, que inventamos el derecho, la toga et el acueducto! ¡Nosotros, que ofrecíamos sacrificios ad los dioses para que non se enfadaran et nos lanzaran una plaga por capricho!

Pero vamos por partes, como haría un buen augur con las entrañas de una gallina.

Imaginen al magistrado romano, digno, sereno, preguntando al acusado su nombre. ¿Et qué responde el jesísmo? “Soy cristiano.” ¿Et su patria? “Judea Celeste.” ¿Et su ocupación? “Esperar el martirio.” ¡Ah, qué maravilla! ¡Qué pedagogía jurídica! ¡Qué forma tan refinada de provocar una condena!

Subversión

Además de la amenaza general que los cristianos representaban para la estabilidad y el éxito, sus acciones parecían inexplicables. Los jueces romanos no estaban del todo seguros de por qué los cristianos no participarían en el culto imperial. A pesar de que la religión estaba en todas partes, había un entendimiento de que lo que hoy llamaríamos sensibilidades religiosas no debería interferir con los deberes políticos o el orden social. Los cristianos rechazaron no solo el culto imperial, sino a menudo el servicio militar. La idea de que una persona se rehusaría a servir en el ejército por razones religiosas, por ejemplo, era casi desconocida antes de los cristianos. Hoy, podemos defender los derechos de un individuo a rechazar el servicio militar por motivos religiosos o ideológicos, pero esto se debe a que reconocemos y respetamos el concepto de pacifismo. Pero para los antiguos romanos el pacifismo no existía como concepto.. Aunque algunos filósofos y dramaturgos criticaron ocasionalmente a la sociedad militar, tales objeciones eran raras. La negativa del servicio militar, por lo tanto, fue confusa y extraña. Era parte de un patrón de comportamiento cristiano que resistía, aparentemente sin razón, los ideales cotidianos y las estructuras sociales. Los cristianos eran socialmente subversivos, y los límites de esta subversión no estaban claros. Si un hombre cristiano no participara en el culto militar o imperial, un juez romano podría preguntarse si era un buen padre, ciudadano, contribuyente o trabajador. La subversión cristiana era, a los ojos de los romanos, de gran alcance y peligrosa. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos -- Candida Moss

El rescripto de Trajano lo dejó claro: Non los busquen, pero si se presentan con esa cara de “yo soy la verdad”, pues que se les castigue. Non por su fe, sino por su pertinacia et obstinación inflexible. Porque en Roma, cuando uno se niega ad responder, se llama contumacia, non santidad.

Consulta de Plinio el Joven a Trajano

A comienzos del siglo ii el goberna­dor de Bitinia se ocupó de los cristia­nos, que invadían su provincia. Con­sultó sobre la conducta a seguir a su amigo el emperador Trajano. El rescrip­to de Trajano (Plin. Ep. 10,97) es de una importancia excepcional, pues se man­tiene en vigor como fundamento legal de las persecuciones anticristianas hasta la época de Decio y de Valeriano. Pli­nio considera implícitas en la culpa de cristianismo la de ateísmo, impietas, y de su­perstitio iudaica. El gobernador no cree que los cristianos cometan los flagitia. Describe las reuniones cristianas como coniurationes. Se deduce de la carta de Plinio y de la res­puesta de Trajano que ambos no juzgaban a los cristianos un peligro para el Estado, al contrario de Celso. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

El cristianismo fue considerado una superstitio nova ac malifica. ¿Por qué? Porque era nuevo, obscuro, clandestino et pleno de pueblo que se reunía de noche para comer cuerpos et beber sangre —o eso decían ¿Et qué facía Roma con las supersticiones peligrosas? Lo mismo que con las bacanales: las prohibía por Ley. Non por odio, sino por higiene cívica.

Et claro, cuando Plinio describe sus reuniones como coniurationes, non está fablando de misa dominical, sino de conjuraciones ilegales. Porque en Roma, si te reúnes sin permiso, non eres mártir. Eres infractor.

¡Ah, el culto al emperador! Ese pequeño gesto de lealtad que mantenía unido al Imperio. ¿Y qué hacían los cristianos? Lo rechazaban. Decían que su rey era otro. Uno crucificado. Uno que volvería. ¡Qué adorablemente subversivo!

Para nosotros, eso no era fe. Era traición. Porque si non honras al príncipe, non honras ad Roma. Et si non honras ad Roma, pues que los dioses te juzguen. Et nosotros también.

Los cristianos no eran menos opuestos a los quehaceres que a los deleites del mundo. No sabían cómo reconciliar la defensa de nuestras personas y propiedades con la paciente doctrina que imponía el perdón ilimitado de los agravios pasados y requería la repetición de nuevos insultos. El uso de los juramentos, la pompa de las magistraturas y la atención incesante de la vida pública ofendían su sencillez, y no podía convencerse su humana ignorancia de que fuera lícito en algunas ocasiones derramar la sangre de nuestros hermanos con la espada de la justicia o de la guerra, aunque sus atentados u hostilidades comprometiesen la paz y la seguridad de toda la comunidad. Consideraban que, bajo una ley menos perfecta, la potestad judía había sido ejercida, con aprobación del Cielo, por profetas inspirados y reyes ungidos. Los cristianos sentían y confesaban que tales instituciones podían ser necesarias en el sistema actual del mundo, y se avenían gustosos a la autoridad de los gobernadores paganos. Pero mientras inculcaban las máximas de rendida obediencia, rehusaban tomar parte activa en la administración civil y en la defensa militar del Imperio. Tal vez podían tener alguna indulgencia con aquellas personas que, antes de su conversión, ya estaban comprometidas en tan violentas y sanguinarias ocupaciones; mas era imposible que los cristianos, sin quebrantar otra obligación más sagrada, asumieran el carácter de militares, magistrados o príncipes. Esta indolencia, o incluso criminal indiferencia hacia la seguridad pública, los exponía al menosprecio y vituperio de los paganos, que les solían preguntar cuál sería el destino del Imperio, acosado más y más por los bárbaros, si todos se atuvieran a las pusilánimes opiniones de la nueva secta. A esta pregunta insultante los apologistas cristianos daban oscuras y ambiguas respuestas, como si fueran reacios a revelar la causa secreta de su seguridad: la expectativa de que, antes de completarse la conversión del linaje humano, se aniquilarían la guerra, el gobierno, el Imperio Romano y el mundo mismo. Puede observarse que, también en este punto, la situación de los primeros cristianos coincidía dichosamente con sus escrúpulos religiosos, y que su aversión a la vida activa conducía más a eximirlos del servicio que a excluirlos de los honores del Estado y el ejército. Edward Gibbon Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano I

Los jesístas se negaban a tomar las armas. Decían que no podían matar. ¡Qué ternura! En un Imperio que se sostenía sobre las legiones, eso no era virtud. Era indolencia criminal. Porque si non defiendes Roma, ¿Qué defiendes? ¿Jerusalén? Pues que te lo ganes allá, pero aquí, el escudo es ley.

Un autor latino posterior editó estos detalles, pero en el momento en que esta historia estaba escrita en griego, no había ningún problema con la idea de provocar la propia muerte. Esto es un suicidio, e incluso hoy Agathonike es un santo. Este no es el único caso de comportamiento suicida en el cristianismo primitivo. Como vimos anteriormente, Tertuliano afirma que en Asia Menor en el siglo segundo, miles de cristianos golpearon la puerta de la casa del procónsul romano y exigieron ser ejecutados como cristianos. El funcionario romano los envió lejos, pero esto parece haber sido una decepción para los cristianos despedidos que tuvieron que regresar a casa con las manos vacías y con la intacta corporalmente. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos inventaron una historia de martirio. Candida Moss.

Et luego están los que se ofrecían voluntariamente al martirio. Golpeaban la puerta del procónsul y exigían ser ejecutados. ¡Qué eficiencia! ¡Qué ahorro procesal! Pero claro, eso non era virtud. Era provocación legal.

¡Ah, ahí sí que se puso interesante! Porque cuando los jesístas dejaron de ser perseguidos y empezaron a perseguir, ¡qué entusiasmo! Destruyeron templos, quemaron libros, ejecutaron filósofos. Cirilo de Heliópolis arrasó santuarios. Cirilo de Alejandría fizo trizas a Hipatía. Los obispos de Tréveris rodaron cabezas priscilianistas ¡Qué fermoso giro! De mártires a verdugos. De perseguidos ad perseguidores.

Persecución non es terrorismo, et el mito del martirio es propaganda

La tesis del “terrorismo pagano” non se sostiene. El Imperio Romano actuó según su lógica legal, percibiendo al cristianismo como una secta subversiva que amenazaba la estabilidad. La imagen de una persecución incesante es un mito que la Iglesia construyó cuando ya tenía el poder, et que hoy se usa para justificar su propia violencia histórica.

Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et si el martirio se convierte en verdad incuestionable, entonces la historia se convierte en propaganda.

La persecución de los jesistas en Roma fue una respuesta legal et cívica ad lo que se percibía como una amenaza a la estabilidad del Imperio. Non fue terrorismo, ni odio irracional, ni violencia gratuita. Et la imagen de una Iglesia eternamente martirizada fue una construcción posterior, usada para consolidar poder cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial.

Así que no, no fuimos terroristas. Fuimos magistrados, sacerdotes, cives. Et los jesístas non fueron siempre víctimas. Fueron infractores, provocadores y luego, cuando pudieron, verdugos. El mito del martirio fue útil. Sirvió para legitimar la Iglesia, para consolidar el poder, para borrar la historia.

Pero nosotros, los adoradores de Júpiter, Marte et Minerva, tenemos buena memoria. Et sabemos que cuando uno se niega ad obedecer la Ley, non es santo. Es culpable. Et cuando uno destruye templos en nombre de su superstición, no es salvador. Es fanático.

Así que, por favor, menos incienso et más historia. Porque si todo es persecución, entonces nihilolo es. Et si todo es martirio, entonces la toga se convierte en cilicio. Y eso, queridos míos, no es justicia. Es teatro. Et del malo.

Et si Europa Ancestral quiere clamar ad eso “terrorismo pagano”, entonces debería revisar la definición de terrorismo. Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et la historia, en lugar de esclarecer, se convierte en propaganda.

Conclusión: confundir sacrificios, servidumbre et represión con terrorismo es deshonesto

Europa Ancestral quiere desvirtuar el término “terrorismo” para diluir la responsabilidad histórica del papismo. Pero terrorismo non es cualquier violencia. Es violencia organizada con fines ideológicos, et eso es lo que ocurrió con Hipatia, con la destrucción de templos, con las Cruzadas, con las conversiones forzadas.

Los sacrificios celtas, la esclavitud romana, la muerte de Arquímedes et las persecuciones legales non son terrorismo. Son otra cosa. Et confundirlos es una falacia de falsa equivalencia, una distorsión conceptual, et —sobre todo— una forma de negar la historia.

Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et eso, en el fondo, es lo que Europa Ancestral quiere: borrar las huellas del fanatismo cristiano bajo una nube de confusión semántica. Pero la historia non se borra con definiciones mal usadas. Se enfrenta con claridad. Et se recuerda con rigor.

[Europa Ancestral:] Todo eso para Nordic Thunder o V. Rassias eran “costumbres y ritos naturales, bellos y armoniosos”... surrealista cuanto menos e incluso insultante para el que tenga unos conocimientos mínimos de historia antigua. Exagera y falsea tanto que hasta parece que esté bromeando. Por otro lado cuando critica la moral cristiana una vez más (defendiendo la poligamia y otras prácticas de lujuria desenfrenada), teniendo unos conocimientos muy limitados de la misma, reproduciendo los errados argumentos de Nietzsche, se olvidan de que los mayores filósofos y personajes históricos de la antigüedad greco-romana fueron hombres virtuosos, que practicaban un estricto autocontrol de las pasiones y los sentidos, hombres como Aristóteles, Séneca o Epicteto, como César Augusto o Marco Aurelio, hombres que no se dejaban llevar por la satisfacción de los sentidos, por la lujuria, el vicio y demás debilidades, propias de hombres bestializados; ni por la envidia, ni la codicia, ni la vanidad o el egoísmo. Porque ellos eran paganos virtuosos (como bien nos describe Dante en su Divina Comedia o Agustín de Hipona antes que él) y fueron vistos por la Iglesia y los primeros cristianos como tales, como auténticos precursores del cristianismo a los que principalmente solo les faltaba unir sus acertados planteamientos filosóficos con el legado de Jesucristo y la filiación divina, pero éstos no le interesan ni a Nietzsche ni a Rassias ni a otros neopaganos de las diversas corrientes que existen, ya que por norma general esta clase de neopaganos se dejan arrastrar por el hedonismo egoísta, por lo vicioso y degenerado, sobre todo en lo sexual; les interesan bien poco las virtudes y la moral que ya existían antes del cristianismo y que ya estaban presentes en el mundo greco-romano como acabamos de ver, van a lo fácil, a lo cómodo, a lo mediocre.

Europa Ancestral ha fablado. Et como suele ocurrir cuando se fabla desde la nostalgia dogmática, se ha confundido la historia con la homilía, la virtud con la obediencia, et la crítica con la secta. Pero non face falta decir que el jesísmo non es necesario para eser virtuoso. Basta con recordar que la virtud ya caminaba por el mundo mucho antes de que Jesús lo ficiera.

 I. Virtud sin Menorá: los mores maiorum

Antes de que alguien decidiera que la virtud necesitaba eser crucificada para existir, ya caminaban por el ágora y el foro hombres que vivían con templanza, justicia y sabiduría. Aristóteles no necesitó evangelios para escribir la Ética a Nicómaco. Séneca no necesitó epístolas para hablar del dominio de sí. Epicteto, esclavo y estoico, no necesitó sacramentos para enseñar libertad interior. Y Marco Aurelio, emperador y filósofo, no necesitó redención para practicar la compasión.

Así que non, non se critica “la moral cristiana”. Se critica la arrogancia de creder que la moral empieza en el Gólgota. Lo que se defiende son los mores de los mayores, las costumbres de los mayores, que ya sabían lo que era la virtud cuando el jesísmo aún non era ni como herejía judaica.

II. ¿La poligamia es lujuria desenfrenada?

¿Poligamia como lujuria desenfrenada? Qué idea tan moderna para juzgar algo tan antiguo. En muchas culturas, la poligamia non fue un capricho de placer, sino una estructura social funcional. Non se trataba de coleccionar esposas como trofeos, sino de garantizar protección, sustento et descendencia.

Cuando un hombre tenía recursos, podía ofrecer seguridad a más de una mujer. Et en tiempos donde la guerra, la enfermedad o la pobreza dejaban a muchas sin esposo, ¿Non era más justo que compartieran uno que pudiera cuidarlas, en lugar de quedar desamparadas?

Además, más esposas significaba más fijos. Et más fijos, más manos para labrar, más futuro para la comunidad. La fertilidad non era un lujo: era una necesidad colectiva.

¿Et la Biblia? Ahí está Abraham, Jacob… todos con varias esposas et concubinas ¿Eran lujuriosos? Non. Eran patriarcas. Bendecidos. Honrados. Si hoy se condena la poligamia como pecado, es porque se lege con ojos modernos et supersticiones posteriores, non con comprensión histórica.

Así que non, non fue una orgía institucionalizada. Fue una forma de orden, cuidado y continuidad. Et si incomoda, tal vez sea porque la historia non siempre encaja en los moldes que nos enseñaron.

III. Nietzsche: el enfant terrible que comprehendía ad Platón

Yo amo el bosque. En las ciudades se vive mal; hay en ellas demasiados lascivos. ¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva? Y contempladme esos hombres: sus ojos lo dicen - no conocen nada mejor en la tierra que yacer con una. Así habló Zaratustra.

Europa Ancestral afirma que los grandes filósofos y figuras de la Antigüedad —Aristóteles, Séneca, Epicteto, Marco Aurelio— fueron hombres virtuosos, sobrios, dueños de sí, ajenos a la lujuria y al vicio. Y tiene razón. Pero lo que ignora —o elige ignorar— es que Nietzsche jamás negó esa virtud. Non la ridiculizó. No la combatió. Al contrario: la admiró profundamente. Lo que Nietzsche cuestiona no es la virtud antigua, sino su transformación en dogma trascendente, su captura por una moral de resentimiento que convirtió la fuerza en pecado y la afirmación en culpa.

I. Nietzsche non niega la virtud: la reconfigura

Nietzsche non propone una vida de desenfreno. Su ética non es una apología del vicio, sino una filosofía de la autosuperación. La virtud, para él, no consiste en reprimir los instintos, sino en sublimarlos, en afirmarlos sin ser siervo de ellos. Su ideal no es el hombre bestializado, sino el que crea sus propios valores, el que se eleva por encima de la masa sin necesidad de obedecer mandamientos ajenos.

II. Castidad: Crítica al Ascetismo Antivital y Defensa de la Pureza Elevada

Para Nietzsche, la castidad no es una virtud en sí misma, ni tampoco un vicio. Es una forma de conducta que puede expresar fuerza o debilidad, dependiendo de su origen y propósito. Cuando nace del cansancio, del resentimiento, del miedo al cuerpo o del rechazo a la sensualidad, es síntoma de decadencia. Pero cuando surge como autodominio, como afirmación de la voluntad propia, puede ser una expresión de fortaleza.

Nietzsche no defiende la lascivia vulgar. La desprecia. Pero tampoco acepta la castidad como dogma. Lo que importa no es la abstinencia, sino la canalización elevada del instinto, la capacidad de sublimar el deseo hacia fines superiores. Elogia a quienes tienen el valor de su sensualidad, como Lutero, y afirma que una verdadera relación amorosa está por encima de la dualidad entre castidad y deseo.

1. Así habló Zaratustra: Castidad como crítica a la vulgaridad del deseo

El capítulo “De la castidad” (Von der Castigkeit) en Así habló Zaratustra es breve pero incisivo. No es una defensa de la abstinencia, sino una crítica feroz a la vulgaridad del deseo sexual sin espíritu. Zaratustra expresa su descontento con la atmósfera moral de las ciudades, afirmando: “Yo amo el bosque. En las ciudades se vive mal; hay en ellas demasiados lascivos.”

La crítica se centra en los hombres que no conocen nada más elevado que el sexo: “No conocen nada mejor en la tierra que yacer con una mujer.” A estos, Zaratustra los describe como espiritualmente corrompidos: “Fango hay en el fondo de su alma.”

La advertencia es radical: “¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva?” Aquí, Nietzsche no condena el deseo, sino su vulgaridad, su falta de elevación, su incapacidad de apuntar hacia algo superior.

Nietzsche agudiza su crítica cuando el deseo vulgar se combina con inteligencia: “¡Y ay si su fango tiene además espíritu!” Esto sugiere que el intelecto, lejos de redimir el instinto, puede ponerse al servicio de la mezquindad, justificando o sofisticando la lascivia. Es una forma de decadencia más insidiosa: la corrupción del alma inteligente.

Aunque el capítulo se titula “De la castidad”, Nietzsche se distancia del ideal ascético tradicional. Rechaza la castidad que nace de debilidad, de miedo, de enfermedad. La llama “adoración de los cerdos lisiados”, que veneran lo opuesto a su propia impotencia.

En cambio, la castidad noble implica:

  • Autodominio (enkrateia): Non como represión, sino como fuerza que organiza los impulsos para crear algo superior.
  • Afirmación de la sensualidad canalizada: Nietzsche afirma que la antítesis entre castidad y sensualidad “no es necesaria”. Una buena relación amorosa está “por encima de esa antítesis”. Lo importante no es abstenerse, sino no dejarse arrastrar por el fango.

La crítica ad la lascivia en “De la castidad” se enmarca en la visión nietzscheana del Superhombre. Este non es un reprimido sexujal, sino un creador de valores, un individuo que transforma sus impulsos en fuerza vital.

Incluso el impulso matrimonial debe eser una “sed de creador”, una “flecha y un anhelo que apuntan al Superhombre”. Cuando el deseo se orienta hacia la creación de algo superior —una obra, un hijo, una forma de vida— entonces se vuelve santo.

Nietzsche non condena el deseo, ni glorifica la abstinencia. Lo que condena es la mediocridad del deseo sin espíritu, el impulso sexual que non apunta ad nihilo más que a sí mismo. La castidad, cuando es expresión de autodominio, puede eser virtud. Pero cuando es negación, miedo o resentimiento, es una forma de muerte en vida.

El individuo soberano, el que aspira al Superhombre, non se define por lo que reprime, sino por lo que transforma. La castidad, en este sentido, non es una renuncia, sino una forma elevada de afirmación. Porque para Nietzsche, la pureza non está en el cuerpo que se abstiene, sino en la ánima que se eleva.

III. Egoísmo y vanidad: entre lo mezquino y lo noble

Nietzsche distingue entre el egoísmo mezquino, que busca aprobación, y el egoísmo noble, que nace del amor propio y la autosoberanía. Rechaza la vanidad del rebaño, la moral fingida, el altruismo que encubre debilidad. Pero afirma con fuerza el orgullo del individuo que crea su propio valor.

El espíritu libre se respeta a sí mismo, se ama, se afirma. Su pasión es singular. Su camino es propio. Y si necesita justificar su grandeza, lo hace como los antiguos: “No soy yo, sino un dios quien actúa a través de mí.” El politeísmo, para Nietzsche, fue la forma de glorificar al individuo sin culpa.

IV. Nietzsche y los sabios antiguos: afinidad, non ruptura

Europa Ancestral olvida que Nietzsche non desprecia ad los sabios grecorromanos. Los honra. Lo que critica es la lectura cristiana que los convierte en flagelantes sin cuerpo, en modelos de negación. Nietzsche ve en ellos —en Aristóteles, Séneca, Epícteto, Marco Aurelio— ejemplos de fortaleza, autodominio, nobleza de espíritu. Lo que rechaza es que ese mor se convierta en verdad universal, en superstición, en ley para todos los casos.

Su filosofía non es libertinaje. Es una ética rigurosa, aristocrática y exigente, que no busca la comodidad del desenfreno ni la obediencia ciega a normas externas. Nietzsche non propone la disolución de la virtud, sino su revalorización desde la fuerza, la salud et la creación. Su crítica ad jesísmo non nasce de ignorancia, sino de una inversión lúcida et deliberada. Ad Platón Lo clama “el más osado de todos los intérpretes”, reconoce su genio como artista filosófico, et admite que Así habló Zaratustra es profundamente platónico.

Ambos comparten una arquitectura filosófica que trasciende el contenido doctrinal: el uso del mito como forma de pensamiento, la figura del sabio carismático como vehículo de enseñanza, la tensión entre pathos et logos como dinámica de la ánima, et el papel de la vergüenza como fenómeno moral constitutivo. Para Platón, la vergüenza es el inicio del ascenso faz ad el Bien; para Nietzsche, es el signo de la libertad: “Non avergonzarse ya de uno mismo” es el gesto del hombre libre.

La afinidad entre ambos non es doctrinal, sino estructural. Nietzsche non destruye ad Platón: lo obliga ad non convertirse en superstición. Su “platonismo invertido” non niega la forma, sino que la reorienta faz ad la vida, faz ad la apariencia, hacia la afirmación. Et en esa inversión, Nietzsche revela que la vera filosofía non está en la fidelidad ad un doctrina, sino en la capacidad de crear desde la tensión.

Así, la crítica nietzscheana al platonismo non es una ruptura, sino una confrontación fecunda. Una lucha que ha dado a Europa —como él mismo dice— “una magnífica tensión del espíritu”. Porque si Platón fue el arquitecto de la metafísica, Nietzsche fue su provocador más brillante. Et en esa dialéctica, la filosofía se mantiene viva.

Conclusión: “Debes plegar ad ser el que eres”

Nietzsche non destruye la virtud. La libera. La arranca del dogma, del resentimiento, de la moral de siervos. El autocontrol, la castidad, el egoísmo, la vanidad: todos son revaluados. Non por lo que parecen, sino por lo que expresan. ¿Son fuerza o debilidad? ¿Afirman la vida o la niegan?

Su moral non se basa en mandamientos. Se basa en salud, poder, creación. En la tarea de plegar ad eser el que uno es. Et si eso incomoda a quienes confunden virtud con obediencia, es porque la libertad siempre incomoda al dogma. Nietzsche non es enemigo de la virtud: es su defensor más feroz, cuando esta se atreve a vivir sin cadenas.

Ah, Europa Ancestral, qué espectáculo. Qué elegante manera de decir que Platón, Séneca y Marco Aurelio eran básicamente cristianos sin bautismo. ¡Qué audacia teológica! Según esta lógica, todo filósofo que non se revolcaba en el barro era un “precursor del cristianismo”, como si la virtud necesitara la firma de Jesús para eser válida. ¿Aristóteles? ¡Un proto-cardenal! ¿Epícteto? ¡Un monje sin hábito! ¿Marco Aurelio? ¡Un Papa en toga! Qué conveniente.

Paganos virtuosos… ¿por qué non simplemente virtuosos?

¡Ah, qué delicia de disparate! “Europa Ancestral” pontifica que ad los filósofos antiguos “solo les faltaba unir sus acertados planteamientos con el legado de Jesucristo y la filiación divina”. Et allí se delata: su objetivo non es captar la filosofía, sino corromperla, injertarle un “legado” que ni siquiera sabe definir, una superstición disfrazada de herencia. ¿Qué carajos es ese “legado”? Non lo explica en ningún lado, nuestro querido papista antisemita se limita ad repetir la consigna como si fuese verdad revelada.

Decir que los sabios grecorromanos eran “precursores del cristianismo” es como decir que Homero era un borrador del Evangelio. Es una forma de apropiación retroactiva que delata una profunda inseguridad: si la virtud era antes del jesísmo, entonces non lo necesita para eser. Et si non lo necesita, ¿Para qué forzar la supuesta filiación divina?

La virtud non requiere papismo, ni cruz, ni dogma. Requiere carácter, lucidez, dominio de sí. Et eso lo tenían los gentiles mucho antes de que alguien dijera “bienaventurados los mansos”.

¿Acaso Sócrates necesitaba de un rabí para beber la cicuta con serenidad? ¿Platón requería de un carpintero galileo para concebir el mundo inteligible? ¿Zenón, Epicuro, Aristóteles, todos ellos, estaban incompletos hasta que plegara un predicador sarraceno ad decir que él era el Verbo? ¡Qué insulto ad la filosofía! El “legado” que se pretende imponer consiste en aceptar que unas escripturas obscuras de hebreos delirantes son "palabra de Dios", que el Creador escogió ad Israhel et que los demás pueblos deben eser exterminados o sometidos, que el mismo Creador es tan idiota que deja al hombre tomar un fructo prohibido en vez de ponerlo en un lugar infranqueable, que él es zelote et envidioso, et que los hebreos son los elegidos.

¿Ese es el legado? ¿Ese es el tesoro que supuestamente faltaba ad la filosofía? ¡Por favor! Es como si alguien dijera que la geometría de Euclides estaba incompleta hasta que plegara un rabino ad enseñarle ad dibujar triángulos con fe. Es la burla más grotesca: reducir la catolicidad del pensamiento ad la servidumbre de un pueblo supersticioso. El “legado” non es más que la imposición de un relato sectario sobre la razón, la tentativa de confundir la claridad del Verbo con la obscuridad de la superstición.

Así que cuando “Europa Ancestral” fabla de unir filosofía con Jesus, lo que realmente propone es amputar la filosofía, castrarla, et vestirla con supersticiones de exclusividad. Et lo más cómico es que ni siquiera sabe definir qué es ese legado: lo repite como loro, sin contenido, sin explicación, como si bastara invocar el nombre de un rabí para que Sócrates et Platón se arrodillen. ¡Qué ridículo! La filosofía non necesitaba de ese “legado”, et menos aún de un dios celoso.. Ese es el vero legado: el celo, la envidia, la amenaza. Et frente ad ello, la filosofía se ríe, porque sabe que el Verbo non se somete ad supersticiones ni ad locos que se proclaman elegidos.

Nietzsche non los ignora: los honra

Acusar a Nietzsche de ignorar a los sabios antiguos es como acusar a un escultor de no entender el mármol. Nietzsche los estudia, los admira, los invierte. Lo que rechaza es que su pensamiento se convierta en catecismo. Lo que combate es la moral que nace del resentimiento, no la virtud que nace de la fuerza.

Et si algunos neopaganos son viciosos, ¿eso invalida el neopaganismo? Por favor. También hay papistas corruptos, et nadie dice que eso invalida el papismo. El argumento es tan débil que se desface como hostia mojada.

Neopaganos: más paganos, menos excusas

Decir que los neopaganos “van a lo fácil, a lo cómodo, a lo mediocre” es una generalización tan perezosa que parece escrita en domingo. ¿Qué neopaganos? ¿Todos? ¿Los que reconstruyen ritos con rigor histórico? ¿Los que estudian filosofía antigua con más profundidad que muchos seminaristas? ¿Los que buscan en los mores maiorum una ética de la tierra, del cuerpo, del mundo?

Et si algunos se dejan arrastrar por el hedonismo, pues que se arrastren con estilo. Porque el neopaganismo non es una licencia para el vicio, pero tampoco es una penitencia perpetua. Es una afirmación de la vida, non una negación del placer.

¿Agustín de Hipona como auctoridad sobre los gentiles?

Citar ad Agustín para describir ad los gentiles como citar ad Torquemada para fablar de libertad religiosa. Agustín non los intendía: los combatía. Et Dante, por más poético que sea, los mete en el limbo ¿Eso es admiración? ¿O es una forma elegante de decir “cuasi buenos, pero non del todo”?

Si los sabios antiguos eran tan virtuosos, ¿Por qué non dejarlos eser lo que eran? ¿Por qué convertirlos en borradores de rabinos? Porque si el jesísmo viene después, et necesita absorberlos para validarse, entonces es él quien depende de ellos, non al revés.

La virtud non nasció en Belén. Non se bautizó en el Jordán. Non se canonizó en Nicea. La virtud es antigua como el fuegogentil como el templofilosófica como el logos. Y si Nietzsche, Rassias o cualquier neopagano la busca en la afirmación de la vida, en la belleza del rito, en la armonía con la naturaleza o en la autosuperación, eso no los hace menos virtuosos. Solo los hace libres de genealogías impuestas.

Porque si la virtud solo vale cuando viene con certificado baptismal, entonces non es virtud. Es obediencia. Et eso, queridos míos, non es filosofía. Es servidumbre con incienso.

[Europa Ancestral:] Lo dionisiaco no sirve para compensar lo apolíneo como decía Nietzsche, lo dionisiaco que no es otra cosa que los vicios y excesos, envilecen al ser humano (La postura dionisiaca de Nietzsche representa al desorden, lo apolíneo al orden). Es algo evidente que cuando las personas se dejan llevar por el vicio y la inmoralidad se vuelven cada vez más egoístas y crueles.

Europa Ancestral ha cometido una torpeza filosófica de proporciones épicas al afirmar que “lo dionisíaco no sirve para compensar lo apolíneo” y que “lo dionisíaco no es otra cosa que los vicios y excesos que envilecen al ser humano”. Esta lectura no solo es errónea: es una caricatura grotesca del pensamiento de Nietzsche, una simplificación que convierte una de las tensiones más profundas de la filosofía moderna en una fábula moralista de colegio parroquial. 

Error 1: Confundir lo dionisíaco con el vicio vulgar

Lo dionisíaco, en Nietzsche, no es sinónimo de “vicio” ni de “inmoralidad”. Es una fuerza vital, una pulsión primordial que representa la embriaguez, el caos, la pasión, la disolución de los límites. Es el impulso que rompe la forma para revelar la intensidad de la vida. En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche muestra cómo la cultura griega clásica alcanzó su cima al equilibrar lo apolíneo (forma, orden, medida) con lo dionisíaco (fuerza, éxtasis, desbordamiento).

Reducir lo dionisíaco a “vicio” es como decir que el fuego solo sirve para quemar. Es ignorar que, para Nietzsche, la tragedia griega era precisamente la fusión de ambas fuerzas, et que la decadencia comenzó cuando Sócrates et Platón rompieron ese equilibrio, absolutizando la razón et negando el cuerpo, el instinto, la emoción.

Error 2: Creer que el desorden es siempre perjudicial

Europa Ancestral parte de la idea de que el desorden corrompe, que el caos es malo por definición. Pero Nietzsche subvierte esa moral. Para él, el desorden es necesario, porque la vida no es una fórmula matemática. El exceso, el riesgo, la intensidad: todo eso forma parte de la Voluntad de Poder, el principio que impulsa al individuo a superarse, a afirmarse, a crear.

Lo que la moral tradicional llama “vicio” —el deseo, la crueldad, el egoísmo, el placer— puede eser, en Nietzsche, expresión de fuerza, non de decadencia. Lo que corrompe non es el exceso, sino la debilidad que se disfraza de virtud.

Error 3: Pensar que el egoísmo y la crueldad son siempre envilecedores

Nietzsche distingue entre el egoísmo mezquino, que busca aprobación, y el egoísmo noble, que nace del amor propio, de la autosoberanía. El espíritu libre no se somete a la moral del rebaño: se afirma a sí mismo, incluso si eso implica dureza, incluso si eso incomoda.

Et sobre la crueldad, Nietzsche non la glorifica, pero tampoco la condena como un pecado universal. La crueldad, dice, fue parte de la alegría festiva de la humanidad antigua, un ingrediente en los rituales, en los sacrificios, en la afirmación del poder. No se trata de justificar el sadismo, sino de reconocer que la moral que niega toda dureza es una moral de agotados.

Conclusión: Nietzsche non es defensor del vicio, sino del poder

Europa Ancestral ha confundido el pensamiento nietzscheano con una apología del desenfreno. Pero Nietzsche no defiende el libertinaje vulgar. Lo que defiende es la vida intensa, la creación de valores, la superación del dogma moral que convierte la virtud en obediencia y el placer en pecado.

Lo dionisíaco no es el enemigo del orden: es su contraparte necesaria. Y cuando se lo niega, cuando se lo reduce a “vicio”, lo que se produce no es virtud, sino decadencia. Porque para Nietzsche, la moral tradicional es casi tan inmoral como todo lo demás en la tierra. Y si eso incomoda, es porque la libertad siempre incomoda al dogma.

[Europa Ancestral:] Idealización surrealista de Nerón. La realidad del Imperio Romano y la Edad Media 
Empecemos con Nerón. Su reinado no dejó ni mucho menos buena huella en Roma analizándolo desde un punto de vista imparcial, sobre todo la segunda mitad de su reinado, que es cuando hizo más barbaridades como queda reflejado por sus coetáneos, algunos de ellos muy próximos a él. Por otro lado, en los primeros años todo parece indicar que realizó un buen gobierno gracias a la supervisión de Agripina y Séneca. Los césares que le sucedieron eran paganos e igualmente criticaron duramente su reinado y su vida, por lo tanto la mala imagen de Nerón no es fruto de una supuesta conspiración cristiana o judía como dice el neopagano Nordic, sino que procede de las críticas hechas por los propios romanos paganos del momento, así como de los césares romanos paganos que le sucedieron. Mató a su propia madre y a su hermanastro, y ordenó una gran cantidad de ejecuciones arbitrarias.

Precisamente las barbaridades que llevó a cabo Nerón contra los cristianos fueron instigadas por su amante y esposa, Popea que era judía, con lo cual los judíos de Roma mediante artimañas fueron justamente los que promovieron la persecución [4]. Muchos personajes romanos de su tiempo criticaron su conducta en vida, Epicteto, que fue el esclavo del escribano de Nerón, le describió como a un mimado, iracundo e infeliz. Séneca (que obviamente era pagano) por su parte y después de haber sido tutor de Nerón, a raíz del matricidio de Agripina (madre de Nerón), se fue posicionando cada vez más en contra del emperador, al que consideraba tiránico, paranoico y cruel, finalmente Séneca tuvo que suicidarse para evitar la cruel venganza que esperaba de Nerón. La mayor parte de los contemporáneos de Nerón se pronunciaron en su contra, sin influencia alguna del cristianismo, que había aparecido en Roma un par de décadas antes a lo sumo y aun era muy minoritario. Curiosamente, según consta en el talmud, Nerón se convirtió al judaísmo en el 66 d.c.

Ah, la “idealización surrealista de Nerón”, dice Europa Ancestral, mientras se lanza con entusiasmo a repetir —sin pestañear— el mismo guion que Tácito, Suetonio et la propaganda senatorial dejaron como legado. Pero non se preocupe, que aquí estamos para ponerle un poco de luz (et algo de ironía) ad esta tragicomedia de simplificaciones. Europa Ancestral ha logrado lo impensable: Convertir una crítica histórica en una comedia involuntaria. Su texto sobre Nerón es una mezcla de dramatismo moralizante, conspiracionismo selectivo et una supersticiones ciegas en fuentes que ni siquiera respaldan sus afirmaciones. Vamos ad desmontar esta tragicomedia punto por punto, con la elegancia que merece semejante espectáculo.

Nerón: ¿monstruo absoluto o emperador de matices?

Sí, Nerón mató ad su madre. Sí, ejecutó ad su hermanastro. Sí, mandó ad Séneca al suicidio. Pero si vamos a juzgar emperadores romanos por crímenes, entonces más vale cancelar ad toda la dinastía Julio-Claudia y media docena más. ¿O acaso Calígula era un modelo de virtud? ¿Et Tiberio, con su retiro en Capri et sus “aficiones”? Vamos, que si Nerón es el estándar del horror, el resto del álbum familiar no sale mucho mejor parado.

Et aún así, ¿sabías que el pueblo plano lo ploró? Que su tumba fue adornada con flores durante años. Que Otón, su sucesor, se hizo clamar “Nerón Otón” para ganarse el favor popular. Que Trajano —sí, el emperador modelo de la posteridad— dijo que los primeros cinco años de Nerón fueron mejores que los de cualquier otro emperador. Pero claro, ¿Qui necesita esos detalles cuando se puede repetir el cuento de “el loco que tocaba la lira mientras Roma ardía”?

¿Una conspiración cristiano-judía? Non, pero tampoco tan simple

Europa Ancestral se indigna ante la idea de una “conspiración cristiana o judía” contra Nerón. Et tiene razón en parte: la mala fama de Nerón non fue inventada por los jesístas. Fue escrita por senadores despechados, historiadores con agendas y moralistas con pluma afilada. Pero decir que los jesístas no influyeron en su leyenda negra es como decir que el Apocalipsis no tiene nada que ver con él ¿La “bestia 666”? ¿El Anticristo? ¿El perseguidor de los santos? ¿Eso non cuenta?

Popea, los judíos et la persecución cristiana: fantasía con toga

La idea de que Popea Sabina —esposa de Nerón— era judía et que instigó la persecución de los cristianos es tan sólida como un anfiteatro hecho de humo. Las fuentes non afirman que Popea fuera judía. Lo que sí sabemos es que el historiador Josefo fue recibido en la corte de Nerón et que Popea lo trató con simpatía ¿Eso la convierte en instigadora de masacres? Solo si uno crede que la cortesía equivale ad conspiración.

La persecución de los jesístas en el 64 d.C. fue una maniobra política de Nerón para tener un culpable del Gran Incendio de Roma. Non hay evidencia de que Popea tuviera algo que ver. Et atribuirle ad “los judíos de Roma” la promoción de la persecución es una acusación sin respaldo, que huele más ad prejuicio que ad historia.

La idea de que los judíos provocaron las persecuciones jesístas so Nerón es una fantasía conspiranoica digna de un panfleto medieval escrito por un monje con fiebre. Et el auctor que Europa Ancestral cita como fuente “incontrovertible” —Maurice Pinay— non es un historiador, sino un seudónimo colectivo de católicos ultraconservadores que escribieron un libelo antisemita en 1962 para oponerse al Concilio Vaticano II.

¿Quí carajos es Maurice Pinay?

Maurice Pinay non es. Es un nombre inventado por un grupo de clérigos tradicionalistas —entre ellos el jesuita mejicano Joaquín Sáenz Arriaga— que publicaron El complot contra la Iglesia, una obra que mezcla masones, judíos, gnosticismo, et Satanás en una ensalada paranoide. El libro fue distribuido ad los obispos antes del Concilio Vaticano II como si fuera una revelación divina, cuando en realidad es una colección de delirios con sotana.

Pinay non cita fuentes serias, non face análisis histórico, non distingue entre fechos et fábulas. Su método es simple: todo lo malo que le pasó ad la Iglesia, fue culpa de los judíos. Et si non hay pruebas, mejor: así puede inventar más.

¿Qué es Complot contra la Iglesia?

Es un libelo publicado en 1962, justo antes del Concilio Vaticano II, et distribuido clandestinamente entre obispos como si fuera una revelación divina. Su tesis central: los judíos han conspirado durante siglos para destruir la Iglesia Católica, infiltrando masones, herejes, comunistas, modernistas, et hasta el portero del Vaticano si face falta. Non hay método, non hay fuentes serias, non hay historiografía. Solo hay acusaciones delirantes, citas fuera de contexto, et una obsesión enfermiza por convertir el judaísmo en el villano universal, como si el papismo non fuera judaísmo. Es un catálogo de obsesiones, non una obra teológica. Non hay método, non hay fuentes serias, non hay historia.

Et Europa Ancestral, lo cita como si fuera Agustín. Non se ha enterado que su Iglesia ya non lo quiere. El Concilio Vaticano II lo dejó en limbo, junto con Lefebvre, Pinay et todos los papistas que creden que el judaísmo es una conspiración cósmica ¿Non leyó Nostra Aetate? ¿Non sabe que el Papa Pablo VI refutó explícitamente la acusación de deicidio colectivo? ¿Non se ha dado cuenta que el su papismo es un cosplay medieval sin comunión? Porque sí, Nostra Aetate fue la lápida sobre las tesis de Pinay. Promovió el respeto intersectario. Reconoció la raíz común entre cristianismo et judaísmo. Et dejó claro que culpar ad los judíos por las persecuciones jesistas es una calumnia.

Pero Europa Ancestral sigue ahí, citando textos del siglo XIX como si fueran doctrina, repitiendo propaganda franquista como si fuera magisterio, et creyendo que la masonería es responsable de todo, desde el incendio de Roma hasta el precio del pan. Non distingue entre historia et paranoia. Non sabe que Lefebvre cayó, que Pinay perdió, et que él mismo es un paria dentro de la Iglesia que dice defender. Así que non, Complot contra la Iglesia non es una obra seria. Es un panfleto conspiranoico. Maurice Pinay non es fuente, es síntoma. Et Europa Ancestral, al citarlo, non hace apología: face papelón.

Et lo cito:

[Maurice Pinay:] Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, quien en su obra "Scorpiase" dice: "Las sinagogas son los puntos de donde salen las persecuciones de los cristianos". Y en su libro "Ad nationes" escribe el mismo Tertuliano: "De los judíos es de donde salen las calumnias contra los cristianos" (98).

Durante el reinado de Nerón hubo en un principio tolerancia hacia los cristianos, pero acabó el emperador por ceder a las intrigas persistentes de su amante judía Popea, a quien se señala como autora de la idea de inculpar a los cristianos por el incendio de la ciudad de Roma, hecho con el cual se justificó la primera y cruel persecución de los cristianos llevada a cabo por el Imperio Romano.

La acusación de que Popea —la amante de Nerón— era judía et que por eso se culpó ad los jesistas del incendio de Roma es una ficción sin respaldo histórico. Las fuentes romanas (Tácito, Suetonio, Dion Casio) non mencionan ninguna conspiración judía. El incendio fue atribuido ad los jesístas por razones cívicas: eran una secta nueva, marginal, et fácil de convertir en chivo expiatorio. 

La idea de que Popea instigó ad Nerón contra los jesístas porque era "judía" es tan absurda como decir que Calígula fue vegano porque tenía caballos. Sí, Popea simpatizaba con el judaísmo. Pero eso non la convierte en conspiradora. Non hay fuente seria —ni Tácito, ni Suetonio, ni Dion Casio— que afirme que Popea manipuló ad Nerón para perseguir jesístas. Es una invención tardía, una fantasía apologetica con tintes antisemitas, que Maurice Pinay et sus acólitos repiten como si fueran versículos.

[Maurice Pinay:] Los padres jesuitas B. Llorca, R. García-Villoslada y F. J. Montalbán, reconocen, en relación con las persecuciones iniciales de la Roma pagana contra los débiles e inermes cristianos, a partir de Nerón, lo siguiente:
"Los judíos fueron los elementos más activos en fomentar el ambiente de odio contra los cristianos, a quienes consideraban como suplantadores de la ley mosaica..."
"Esta actividad de los judíos debió ejercer notable influencia, pues nos consta que ya en el tiempo de Nerón gozaban de gran ascendiente en Roma, y es bien sabido que, con ocasión del martirio de san Pedro y San pablo, algunos insinuaron la idea de que habían muerto por celos de los judíos".

"Existiendo, pues, este ambiente, azuzado por el odio de los judíos, se concibe fácilmente la persecución de Nerón. Como capaces de toda clase de crímenes, fue fácil señalar a los cristianos como causantes del incendio de Roma. Al pueblo no le costó mucho creerlo" (99)

Ah, Maurice Pinay et sus discípulos, esos cruzados del papel que ven conspiraciones rabínicas hasta en el humo del incienso. Nos dicen que los judíos fueron los grandes instigadores del odio contra los cristianos en tiempos de Nerón. Que tenían “gran ascendiente en Roma”. Que movieron los hilos del Imperio como si fueran senadores con kipá. Et uno non sabe si reír o enviarles una copia de Tácito con anotaciones.

Porque si algo demuestra la historia, es que el odio que cayó sobre los jesístas non fue azuzado por los judíos, sino por el mismo desprecio que Roma ya tenía faz ad los judíos. Et los jesístas, en tiempos de Nerón, eran vistos como otra secta judía más. Molesta, rara, et peligrosa.

¿Et qué dice Tácito, ese sí, historiador, non panfletario? Que los jesístas eran “aborrecidos por sus ignominias”. Que fueron condenados por su “odio al género humano”. Que Nerón los usó como chivos expiatorios tras el incendio de Roma. Non porque Popea le susurrara en israelítico, sino porque necesitaba salvar su pellejo, supuestamente.

En un comienzo, la opinión antigua estuvo dividida. Tácito nos dice de manera explícita que algunos autores (hoy perdidos) atribuían el Gran In­cendio a motivos accidentales, y otros a una maquinación de Nerón. Sin embargo, una convicción no tardó en predominar, pues las opiniones supervivientes son virtualmente unánimes en culpar al emperador; Tácito es la única excepción, y confiesa no estar seguro.11 Sin lugar a dudas, Pli­nio el Viejo, que estaba en Roma en esa época y detestaba a Nerón, tenía la certeza de que éste era culpable.12 En forma análoga, ni Suetonio ni Dión Casio tienen dudas, y la versión hostil comúnmente aceptada de las acciones de Nerón puede reconstruirse sobre la base de ambos autores, del siguiente modo. Nerón, Edward Champlin.

¿Et los judíos? Tácito los describe con desprecio: Que non comparten el lecho con extranjeros. Que desprecian ad los dioses. Que renuncian ad patria, padres, fijos et germanos. Que su superstición es horrorosa et abyecta. Que su descanso sabático es pereza institucionalizada ¡Por Júpiter! Con esa reputación, ¿Qui iba ad creder que tenían “gran ascendiente en el pueblo mismo de Roma”?

Et aún así, Tácito distingue entre judíos et cristianos, aunque con confusión, estando peor el pueblo mismo. En sus Anales, fabla de Chrestianos, non Christianos, lo que sugiere que ni él tenía claro quiénes eran. Para los romanos, todo lo que salía de Judea era sospechoso. Pero con el tiempo, los jesístas se ganaron el su propio odio. Non por eser simplemente judíos, sino por non eser un pueblo antiguo, por non servir ad los dioses, et por eser intransigentes hasta la médula.

¿Et esa idea de que Cefas et Saulo murieron por “celos de los judíos”? ¡Por los dioses! Eso non lo dice Tácito, ni Suetonio, ni Dion Casio. Eso lo dice la imaginación apologética, esa fábrica de leyendas que convierte la falta de evidencia en dogma et el silencio de las fuentes en melodrama. 

La muerte de estos dos personajes non está documentada por ningún historiador serio del mundo romano. Lo que tenemos son relatos tardíos, contradictorios et adornados con magos voladores, animales parlantes et crucifixiones por “ateísmo” ¿Celos rabínicos? Más bien, celos narrativos, porque los auctores cefeos querían que sus mártires compitieran con nuestros lares divinos. Et como non tenían fechos, se dedicaron ad copiar esquemas: la muerte trágica, la conversión milagrosa, la tumba venerada —todo prestado de Osiris, Hércules et Esculapio. 

La supuesta presencia de Cefas en Roma non puede demostrarse, et la conversión de Saulo parece más un brote psicótico que una epifanía. Así que non, non murieron por celos. Murieron —si es que murieron allí— por eser molestos, por perturbar el orden, o quizás por nihilo en absoluto. Pero convertir eso en una ópera de pasiones rabínicas es una burla ad la historia et un insulto ad la inteligencia.

Así que non, Maurice. Non fueron los judíos los que azuzaron al pueblo romano. Fue el propio desprecio romano al judaísmo, extendido ad los jesístas, lo que fizo posible la persecución. Et fue la necesidad de Nerón de desviar la culpa, non una conspiración sinagogal, lo que encendió las antorchas.

[Maurice Pinay:] En efecto, los judíos llegaron a acusar a los cristianos calumniosamente hasta de cometer el nefando crimen de comerse a los niños en sus ceremonias (100), lo que indignaba como es muy natural, a las autoridades y al pueblo romano.

Es comprensible que esta intriga constante, esta persistente labor de calumnia y difamación que los hebreos lanzan siempre contra quienes estorban sus planes, realizada en el Imperio Romano por miles de individuos mes tras mes, año tras año, haya por fin logrado sus objetivos un buen día, lanzando contra la naciente Cristiandad, que ellos no podían aniquilar por sí solos, todo el gigantesco poderío del Imperio Romano en un afán destructor jamás conocido en la historia de la humanidad.

¡Por la cordura de Séneca et la dignidad de Roma! Ahora resulta que los judíos, según Maurice Pinay, acusaron ad los jesistas de comerse niños en sus ceremonias, et que esa calumnia —repetida mes tras mes, año tras año, por miles de hebreos conspiradores— logró movilizar todo el poder del Imperio Romano en una cruzada destructora jamás vista en la historia de la humanidad. ¡Qué épica! ¡Qué delirio! ¡Qué falta de fuentes!

Empecemos por lo básico: La acusación de infanticidio ritual non fue invento judío. Fue un tópico universal, usado por todos contra todos. Los cristianos fueron acusados de matar niños, sí. Pero también acusaron ad los judíos, ad los herejes, ad los catafrigios, ad los pepucianos, et ad cualquier grupo que les incomodara. Agustín de Hipona lo admite: eran calumnias burdas, sin fundamento. Tertuliano se queja de que los romanos ni siquiera investigaban, porque sabían que eran rumores. Así que non, non fue una campaña hebrea. Fue una guerra de fábulas, donde cada secta lanzaba el su monstruo al otro.

¿Et la noción de que los fariseos movieron el Imperio contra los jesístas? ¡Por Júpiter! Eso no lo dice ningún historiador serio. La persecución de Nerón fue local, breve y oportunista. Los cristianos fueron usados como chivos expiatorios tras el incendio de Roma. Non por intrigas rabínicas, sino porque eran impopulares, nuevos, et no adoraban a los dioses. et en tiempos de Tertuliano, el único “crimen” que se les imputaba era clamarse cristianos. Una guerra por el nombre, no por el niño comido.

¿Et los judíos? ¿Tenían poder imperial? Claudio los había expulsado de Roma. Después del 70 d.C., fueron marginados, reorganizados, et excluyeron ad los jesístas con una maldición litúrgica. Pero eso fue una exclusión doctrinal, no una orden de exterminio. Y si hablamos de violencia, los cristianos —una vez en el poder— mataron más judíos en un solo día que los romanos en tres siglos de persecuciones.

¿Et la cifra de mártires? ¿Ese “afán destructor jamás conocido”? Las investigaciones serias calculan entre 1.500 y 3.000 víctimas cristianas en tres siglos. Una cifra trágica, sí, pero muy lejos del apocalipsis que Pinay imagina. La “Iglesia de los mártires” fue, en gran parte, una construcción retrospectiva, útil para consolidar identidad, no para reflejar hechos.

Así que non, Maurice. La acusación del niño comido fue una calumnia compartida, non una conspiración exclusiva. La persecución romana fue cívica et cultual, non rabínica. Et el “gigantesco poderío” del Imperio non fue movilizado por intrigas, sino por incendios, rumores et la necesidad de mantener el orden.

[Maurice Pinay:]  En apoyo de esta verdad citaremos el testimonio incontrovertible de una autorizada fuente judía: "El Rabino Wiener, que en su libro "Die Juvisechen Speisegsetz", confiesa que los judíos fueron los causantes de las persecuciones de Roma contra los cristianos; observando que en el reinado de Nerón y en el año 65 de nuestra Era, cuando Roma tenía por emperatriz a una judía, Popea, y por Prefecto de la Ciudad a un judío, se inicia la era de los mártires, que debía prolongarse 249 años" (101).

En estas instigaciones de los hebreos para provocar las persecuciones de los romanos en contra del cristianismo, intervinieron incluso rabinos tan destacados en la historia de la Sinagoga como el famoso "...Rabino Jehuda, uno de los autores del Talmud (que como se ha dicho, es uno de los libros sagrados, fuente de la religión del judaísmo moderno), obtuvo en el año 155 de nuestra Era una orden para que fueran sacrificados todos los cristianos de Roma, muriendo en virtud de ella muchos miles, siendo precisamente judíos los verdugos de los Papas mártires Cayo y Marcelino" (102).

La obra de Adolf Wiener, publicada en 1895, es un tratado sobre las leyes dietéticas judías (kashrut), analizadas desde una perspectiva crítica et metodológica. El título completo es: Die jüdischen Speisegesetze nach ihren verschiedenen Gesichtspunkten, zum ersten Male wissenschaftlich-methodisch geordnet und kritisch beleuchtet (“Las leyes alimentarias judías según sus distintos aspectos, ordenadas por primera vez de forma científica y críticamente iluminadas”). Non hay tal cosa como Juvisechen

Europa Ancestral, ese cruzado sin luces que cita ad Maurice Pinay como si fuera Tito Livio, nos presenta una “fuente incontrovertible”: el Rabino Wiener, autor de Die jüdischen Speisegesetze. Et según él —agárrate, primo— este rabino confiesa que Popea era judía, que el Prefecto de Roma también, et que los hebreos provocaron las persecuciones contra los jesístas ¡Qué revelación! ¡Qué precisión! ¡Qué disparate!

¿Qué dice realmente Die jüdischen Speisegesetze?

La obra de Adolf Wiener, publicada en 1895, non es un tratado de historia romana, ni una crónica de persecuciones, ni una biografía de Popea. Es un estudio crítico sobre las leyes alimentarias judías (kashrut) y su evolución. Wiener analiza —con sarcasmo et erudición— cómo ciertas normas rituales non existían en tiempos bíblicos, et cómo los textos rabínicos posteriores intentan justificar prácticas que non tienen base en la Ley. Fabla de cuervos trayendo carne impura al profeta Elías. Critica la falta de coherencia entre los sacrificios de Salomón et la observancia del Yom Kipur. Se burla de la “sofística rabínica” que intenta encubrir contradicciones. Pero en ningún momento dice que Popea era judía. Ni que los rabinos ordenaron matanzas. Ni que el Imperio fue manipulado por la sinagoga.

Pinay, a través de Albanés, toma una obra sobre comida y la convierte en un acta de conspiración imperial. Es como citar un recetario para probar que César fue envenenado con hummus.

¿Popea Sabina, emperatriz judía?

Non hay evidencia de que Popea fuera judía. Josefo menciona que simpatizaba con el judaísmo, lo cual non es lo mismo. En Roma, simpatizar con religiones orientales era común entre las élites. Pero no hay conversión, ni práctica ritual, ni vínculo comunitario. Decir que era “judía” es una extrapolación sin base, útil para alimentar el mito del complot, pero inútil para entender la historia.

¿Et el Rabino Jehuda que ordenó matar cristianos?

¡Por Júpiter! Eso non lo dice Wiener. Ni el Talmud. Ni ninguna fuente romana, cristiana o judía. Es una invención grotesca, digna de un panfleto medieval. Los rabinos no tenían poder político en Roma. Y los Papas Cayo y Marcelino no fueron ejecutados por orden rabínica, sino por conflictos internos et persecuciones imperiales.

Aquí la fuente es aún más delirante: Die Polemik und das Menschenopfer des Rabbinismus de August Rohling, un sacerdote católico del siglo XIX conocido por su antisemitismo explícito. Rohling non cita fuentes rabínicas antiguas, ni documentos imperiales, ni testimonios contemporáneos. Cita leyendas, distorsiones medievales et su propia imaginación. Et Albanés, fiel a su estilo, lo presenta como si fuera una fuente rabínica. Et Pinay, como buen alquimista del pie de página, lo convierte en “testimonio incontrovertible” ¿Resultado? Una cadena de citas donde ninguno de los autores vivió en Roma, leyó ad Tácito, ni conoció ad un rabino real.

¿Et qué face Europa Ancestral?

Europa Ancestral, ese blog que huele ad incienso rancio et cruzada frustrada, cita ad Maurice Pinay como si fuera Tito Livio. Non importa que el libro sea un panfleto sin rigor, sin fuentes, sin método. Lo importante es que dice “masones” et “judíos”. Et eso basta para que Europa Ancestral se excite como monaguillo en procesión. Ese papista sin papa, ese defensor de una Iglesia que ya lo excomulgó en espíritu. Cita ad Pinay como si fuera Agustín, sin notar que está repitiendo una cadena de distorsiones que empieza en un recetario et termina en una novela de persecuciones inventadas. Nunca cita ad Suetonio, ni ad Tácito, ni ad Dion Casio. Nunca recurre ad fuentes de época. Todo lo que cita son textos del siglo XIX, saturados de propaganda, anacronismo et cruzada frustrada.

¿Qué dice la historia real?

Los romanos eran tolerantes en materia religiosa, sí, pero también eran autoritarios. Las persecuciones contra cristianos fueron impulsadas por razones políticas, non por conspiraciones hebreas.
Los judíos en Roma eran una minoría protegida, con privilegios legales desde tiempos de Julio César. Non tenían poder para manipular al emperador.
Tertuliano y Orosio, citados por Pinay, escriben siglos después de los hechos, et lo facen desde una perspectiva apologética, non historiográfica.

Así que non, los judíos non provocaron las persecuciones jesista so Nerón. Eso es una imbecilidad histórica, una calumnia lefebvrevista, et una vergüenza intelectual. Et Maurice Pinay, lejos de eser una fuente, es una caricatura con sotana.

Es cierto que muchos auctores romanos criticaron ad Nerón. Tácito, Suetonio, Dión Casio et Plinio el Viejo lo retratan como tirano, crudel et desequilibrado. Pero Europa Ancestral olvida que la crítica vino de la élite senatorial, non del pueblo. Tras su muerte, el pueblo ploró ad Nerón, adornó su tumba con flores, et augustos como Otón intentaron capitalizar su imagen, incluso adoptando su nombre.

Et aunque el cristianismo era aún una secta marginal, sí contribuyó a su leyenda negra. Los cristianos lo consideraban el Anticristo, la Bestia del Apocalipsis, el perseguidor de Cefas et Saulo. Así que non, non fue solo la crítica patriciana: la demonización jesísta también fizo su parte.

Europa Ancestral cita ad Epícteto como si fuera un cronista de la corte, describiendo ad Nerón como “mimado, iracundo e infeliz”. Lamentablemente, non hay ninguna cita directa de Epícteto que diga eso. Es cierto que Epícteto fue siervo de Epafrodito, un liberto de Nerón, pero eso non lo convierte en su biógrafo. Si vamos ad citar ad los estoicos, al menos que sea con fuentes reales et non con invenciones de sobremesa.

Aquí sí hay algo de verdad. Séneca fue tutor de Nerón, redactó el discurso que justificó el matricidio de Agripina, y luego intentó retirarse cuando el emperador se volvió más tiránico. Nerón non se lo permitió. Finalmente, tras la conspiración de Pisón, Séneca fue obligado a suicidarse. Se abrió las venas, bebió cicuta, et murió en un baño caliente. Trágico, sí. Pero también una muestra de la brutalidad imperial, non de una conspiración judía ni de una moral cristiana.

La guinda del pastel: “Nerón se convirtió al judaísmo en el 66 d.C.”. Esto proviene del Talmud, específicamente del tratado Gittin. Es un relato legendario, compilado siglos después, que cuenta cómo Nerón, al darse cuenta de que esería usado por Dios para destruir Jerusalén et luego castigado, escapa et se convierte en prosélito ¿Histórico? Non. ¿Simbólico? Sí. ¿Divertido? Absolutamente.

Et como si fuera poco, el Talmud añade que el rabino Meir descendía de Nerón. ¿Qué facemos con eso? ¿Lo metemos en el currículum imperial? ¿Lo usamos para justificar que Nerón era un sabio encubierto? Non. Lo aceptamos como lo que es: una leyenda rabínica con sabor ad ironía histórica.

El problema de la memoria selectiva

Europa Ancestral parece olvidar que la historia no es un tribunal moral con veredicto unánime. Es un campo de batalla de interpretaciones. Que Tácito et Suetonio lo odiaran no significa que todos lo ficieran. Que Séneca se decepcionara non borra que durante años lo consideró un príncipe ideal. Que matara ad la su madre non lo convierte automáticamente en un demonio —al menos non más que otros augustos que ficieron lo mismo sin tanto escándalo.

Et si vamos ad fablar de “barbaridades”, ¿Qué facemos con las cruzadas, las hogueras inquisitoriales, las guerras santas, las persecuciones medievales? ¿Eso no cuenta como “vicio e inmoralidad”? ¿O es que cuando se face en nombre de la menorá de Jesús con forma de cruz, deja de eserlo?

Idealizar ad Nerón sería absurdo. Pero reducirlo ad un villano de opereta también lo es. Fue un emperador complejo, contradictorio, brillante et brutal. Como tantos otros. Lo que molesta de Nerón non es solo lo que fizo, sino lo que representa: un poder que non se somete a la moral del rebaño, una figura que desafía el relato lineal de la virtud cristiana, un símbolo de una Roma que aún no se había arrodillado.

Et si el Talmud lo convierte en judío, si el pueblo lo plora, si los emperadores lo imitan, si los filósofos lo elogian et luego lo temen… entonces quizá Nerón non fue un monstruo. Quizá fue, simplemente, demasiado humano para la historia oficial. Et eso, para algunos, es imperdonable.

Europa Ancestral ha intentado construir una narrativa donde Nerón es el villano absoluto, los judíos son los titiriteros, los jesístas son irrelevantes, et los neopaganos son degenerados. Pero la historia —la real— es más compleja, más ambigua et mucho más interesante.

La persecución jesísta non fue instigada por Popea. La conversión de Nerón es una leyenda. La crítica a su reinado fue real, pero no unánime. Et si vamos ad juzgar el pasado, al menos que sea con fuentes, non con prejuicios.

Porque si algo nos enseña Nerón, es esto: la historia no es un sermón. Es una tragedia con coro dionisíaco. Et ad veces, también una comedia.

Et, Nerón. El emperador que la historia convirtió en monstruo, en símbolo de la decadencia, en caricatura de la crueldad. Pero como suele ocurrir con los personajes que incomodan, su leyenda está hecha más de rumor que de realidad, más de pluma senatorial que de hechos comprobados. Porque si uno se atreve a mirar más allá del retrato infame, lo que aparece es una figura mucho más ambigua, más humana, más incómoda para la narrativa oficial.

 1. Un legado que non se borró

Empecemos por lo que non cuadra con el mito: su legado. El emperador Trajano, considerado el optimus princeps, llegó a decir que los primeros cinco años de Nerón —el famoso quinquennium— superaban la obra de todos los demás emperadores. ¿Un monstruo que dejó una era dorada? Curioso.

Et non, non se le aplicó damnatio memoriae. Su funeral fue espléndido, sus estatuas reaparecieron, sus actos non fueron anulados ¿Eso se face con un tirano odiado por todos? Difícil de sostener.

Más aún: su nombre siguió vivo durante siglos. En Roma y en Oriente circulaban leyendas sobre su regreso, como si fuera un héroe esperado. Otón fue aclamado como “Nerón-Otón”. Los partos lo honraban. Los baños que construyó siguieron llamándose thermae Neronianae durante cuatro siglos. Y en Grecia, su exención de impuestos fue recordada como un acto noble. ¿Qué clase de monstruo deja ese tipo de huella?

El Gran Incendio de Roma en el 64 d.C. es el episodio más citado para condenarlo. Pero ¿qué dicen las fuentes? Tácito, el más crítico de todos, admite que non se sabe si Nerón fue culpable. Marcial et Josefo, contemporáneos, non lo acusan. El resentimiento del pueblo non fue por el fuego, sino por su afición a cantar mientras ardía la ciudad (aunque se sabe que él non estaba en Roma en cuando sucedio) et por las construcciones posteriores.

Nerón ni siquiera estaba en Roma cuando comenzó el incendio. Las fuentes coinciden en que se encontraba en Antium (Anzio), su ciudad natal, cuando estalló el fuego la noche del 18 al 19 de julio del 64 d.C. Solo regresó ad la capital cuando las flamas amenazaban la su propia residencia.

Una vez en Roma, Nerón tomó medidas inmediatas: Abrió el Campo de Marte y los monumentos de Agripa para albergar ad los damnificados, ofreció sus propios jardines como refugio, ordenó la construcción de alojamientos temporales, trajo provisiones desde Ostia y otras ciudades, y redujo el precio del trigo. Pero a pesar de estos esfuerzos, el rumor de que había cantado la destrucción de Troya mientras la ciudad ardía —quizá desde la Torre de Mecenas, vestido con atuendo teatral— se propagó con fuerza. Nueve meses después, un oficial de su guardia, Sulpicio Aspro, lo acusó formalmente de eser el incendiario.

En resumen: Nerón no estaba en Roma cuando comenzó el incendio. Su reputación fue arrasada no por los hechos, sino por la sospecha, el resentimiento y su conocida afición a la escena.

Sí, un tribuno lo acusó de incendiario en su cara. Pero eso prueba que el rumor circulaba, non que fuera cierto. Et si hasta Tácito duda, ¿por qué nosotros non?

Tácito dice que Nerón mató ad Popea de una patada. Pero también dice que non cree en la versión del veneno, porque Nerón estaba ansioso por tener fijos et la amaba profundamente ¿Entonces? ¿Fue un arrebato, una tragedia doméstica, o simplemente una historia útil para reforzar la fabula?

Después de matar ad su madre, Nerón fue clemente con quienes lo criticaban. Non permitió que los casos contra los que lo acusaban llegaran a juicio. Toleró burlas, libelos, sátiras. Et rechazó los honores divinos, non solo al principio, sino incluso una década después ¿Eso face un hombre que se cree dios?

Sus actuaciones como citarista y auriga fueron condenadas por los patricios, sí. Pero el pueblo y los milites las aplaudían. Nerón apelaba ad precedentes antiguos: Apolo, los reyes grecos. Non era un bufón: era un artista. Et eso, para la élite romana, era imperdonable.

La imagen de Nerón viene de Tácito, Suetonio et Dión Casio. Todos escribieron después de su muerte. Todos se basaron en relatos de Plinio el Viejo et Fabio Rústico, abiertamente hostiles. Et todos convirtieron rumores en fechos. Incluso Tácito, al fablar del supuesto incesto con Agripina, cita ad Rústico pero rechaza su versión por eser incongruente con el carácter de Agripina et contrario ad la creencia popular.

La historia de Nerón fue escrita por sus enemigos. Et como toda historia escrita por los vencedores, hay que legerla con cuidado.

Conclusión: ¿infame o incomprehendido?

La infamia de Nerón non se sostiene sin matices. Fue odiado por la élite, pero amado por el pueblo. Fue acusado de crímenes, pero muchos de ellos son dudosos. Fue extravagante, sí, pero también clemente, creativo, et profundamente humano.

Quizá Nerón non fue un santo. Pero tampoco fue el demonio que la historia oficial nos vendió. Fue un emperador que incomodó, que rompió moldes, que se atrevió ad eser distinto. Et eso, en Roma, era el peor de los crímenes. Porque si algo nos enseña Nerón, es que la infamia non siempre nace de los fechos. A veces nasce del miedo ad la diferencia.

[Europa Ancestral:] Quiero nombrar a Calígula muy brevemente, ya que reinó desde el año 37 al 41 d.c. con lo cual no hubo relación alguna con el cristianismo ya que éste se encontraba en la primera década de su existencia y aun no había llegado con fuerza a Roma. Pero me ha hecho mucha gracia que Nordic Thunder lo nombrase en sus artículos erigiéndolo como un brillante césar que fue víctima de la judería, superando así incluso a la industria de Hollywood en cuanto a imaginación. De todos es sabido su mala imagen, intentó hacer creer a todos que era un dios, se enamoró de su propia hermana, se acostaba con las esposas de sus súbditos, mataba por diversión, etc; según Nordic se debe a que los historiadores que escribieron sobre él eran todos judíos… Nada más lejos de la realidad, puesto que Séneca, Suetonio y Dion Casio que fueron los historiadores que más escribieron sobre Calígula, eran romanos de pura cepa, de familias de alta alcurnia [5]. Tan sólo Filón de Alejandría era judío y escribió poco sobre Calígula, de hecho fue el que lo criticó menos haciendo alusión únicamente a su vanidad por un encuentro que tuvieron, mientras que las acusaciones y críticas más graves fueron obra de los historiadores romanos citados anteriormente. La mala fama de Calígula aunque puede que haya sido exagerada, fue obra de los propios romanos, no de extranjeros, con este tipo de manipulaciones históricas tan burdas podemos ver a que niveles puede llegar el fanatismo y la ignorancia.

Aprovechamos para romper una lanza en favor de Calígula, ya que es sin duda un personaje demasiado demonizado por la historia. Muchas de sus malas acciones evidentemente son inexcusables pero también cabe destacar que en gran parte su comportamiento se debió probablemente a todas las desgracias que había tenido que soportar antes de convertirse en emperador, así como a las circunstancias que le rodearon durante su reinado, y es muy probable que algunas de las críticas que llovieron sobre él fuesen exageraciones, desdeluego no se puede comparar con el niñato malcriado de Nerón.

Europa Ancestral se propone “nombrar muy brevemente” a Calígula, pero en ese breve espacio logra condensar una serie de errores, exageraciones y simplificaciones que merecen ser corregidas. Lo que presenta como “sabido por todos” es, en realidad, una mezcla de tópicos heredados, juicios morales sin contexto y una lectura acrítica de fuentes que, por su propia naturaleza, deben ser tratadas con cautela.

1. Jesísmo et Calígula: sin relación, pero irrelevante

Es cierto que el cristianismo non tuvo una presencia significativa durante el reinado de Calígula (37–41 E.V.). El movimiento apenas comenzaba y no había llegado con fuerza ad Roma. Pero este dato, aunque correcto, es irrelevante para evaluar su figura. La crítica a Calígula no proviene de fuentes cristianas, ni su reputación se construyó en oposición al cristianismo. Su imagen negativa se consolidó mucho antes de que el cristianismo tuviera peso político o cultural.

2. ¿Un príncipe “loco et cruel”? El monstruo fabricado

Las acusaciones contra Calígula —que se creía dios, que cometía incesto, que mataba por diversión— provienen de fuentes romanas como Suetonio, Dion Casio et Séneca. Pero estas fuentes non son neutrales. Suetonio, por ejemplo, divide su biografía en dos partes: el “príncipe” et el “monstruo”. Esta estructura non es casual: busca construir un ejemplo negativo, una figura que encarne todos los vicios que la aristocracia romana temía en el poder imperial.

Calígula fue un emperador que intentó redefinir el papel del príncipe, alejándose del modelo moderado de Augusto. Amplió el palacio imperial, absorbió el Templo de Cástor et Pólux, et promovió su propia imagen divina. Esto non era insania: era una estrategia política para debilitar ad la aristocracia et consolidar su autocracia. Que los senadores lo odiaran non lo convierte en un tirano: lo convierte en un rival.

3. Incesto, crueldad et escándalo: ¿fuentes o ficción?

Las acusaciones de incesto con sus germanas, de prostituirlas et luego desterrarlas, provienen de Suetonio et Dion Casio. Pero incluso estas fuentes admiten que muchas de las acusaciones se basaban en rumores, en libelos, en comentarios de la élite. Calígula promovía la imagen de sus germanas como parte de su fidalguía, lo que escandalizaba ad los senadores, pero non necesariamente implicaba relaciones sexuales.

La idea de que “mataba por diversión” es una simplificación grotesca. Sí, hubo ejecuciones. Sí, hubo crueldad. Pero también hubo reformas, espectáculos públicos, generosidad con el pueblo. La imagen del emperador sádico es una construcción literaria, non un retrato histórico.

4. ¿Historiadores judíos? Non, romanos con agenda

Europa Ancestral se burla de la idea de que la mala fama de Calígula proviene de historiadores judíos. Y tiene razón: la mayoría de los autores que escribieron sobre él eran romanos. Suetonio, Dion Casio, Séneca: todos miembros de la élite romana. Pero eso non los face objetivos. Al contrario: su posición social los facía profundamente hostiles ad cualquier príncipe que desafiara el orden senatorial.

Filón de Alejandría, el único autor judío citado, escribió poco sobre Calígula. Su obra Embajada ante Cayo describe un encuentro con el príncipe, donde lo retrata como vanidoso y autocrático, especialmente tras una enfermedad que cambió su carácter. Pero incluso Filón, que lo cognoció personalmente, no lo describe como un monstruo, sino como un príncipe que se volvió más auctoritario.

5. La difamación como estrategia política

La imagen de Calígula como “totalización del mal” no es una descripción histórica: es una construcción ideológica. Tácito lo dijo claramente: los historiadores adulaban a los emperadores vivos y los difamaban cuando estaban muertos. Suetonio, escribiendo so augustos posteriores, tenía todo el interés en mostrar ad Calígula como el ejemplo de lo que non debía eser un príncipe.

La paridad romana necesitaba figuras negativas para justificar su propia visión del poder. Calígula, que desafiaba esa visión, fue convertido en monstruo. Pero si uno lee las fuentes con cuidado, lo que aparece non es un demente, sino un emperador que rompió el molde, que incomodó, que se atrevió ad eser distinto.

Conclusión: Calígula, entre mito et poder

La mala fama de Calígula non fue obra de “la judería”, pero tampoco fue una verdad objetiva construida por historiadores imparciales. Fue una narrativa política, escrita por senadores et moralistas que veían en él una amenaza. Que cometiera excesos, nadie lo niega. Pero que su figura haya sido exagerada, manipulada et convertida en caricatura, es un fecho.

Europa Ancestral, al repetir sin matices esa caricatura, no hace historia: hace propaganda. Y si algo nos enseña Calígula, es que el poder que incomoda siempre será convertido en monstruo por quienes lo temen.

[Europa Ancestral:] En cuanto a la decadencia del Imperio Romano en lo político, es independiente y ajena al cristianismo y su ascenso. La decadencia de Roma empezó con las crisis del siglo III [6], con las constantes sucesiones de emperadores y sus luchas conspirativas para hacerse con el poder, la anarquía militar, la hiperinflación y el fraccionamiento del Imperio en el año 271. El cristianismo en todo caso trajo estabilidad al Imperio Romano con el emperador Constantino, que logró aplacar las crisis del siglo III uniendo otra vez el Imperio y ampliando sus dominios, estabilidad que por cierto fue quebrada en cierta medida por el emperador Juliano que era pagano (quería reimplantar un paganismo con tintes cristianos) y durante los pocos años que estuvo en el poder generó importantes conflictos en el corazón del Imperio y en el ejército. 
Ah, Europa Ancestral, siempre tan valiente en sus afirmaciones y tan tímido con las fuentes. Decir que la decadencia cívica del Imperio Romano fue “independiente y ajena al cristianismo” es como afirmar que el Titanic se hundió por exceso de champán. Vamos ad desmenuzar esta joya de revisionismo con la sorna que merece.

 1. “La decadencia fue ajena al cristianismo” — ¿Et Cielo también es ajeno ad las nubes?

Europa Ancestral nos asegura —con la serenidad de quien nunca ha leído a Gibbon ni a Zósimo ni a Celso— que el cristianismo no tuvo nada que ver con la caída de Roma. Claro, porque cuando los emperadores dejaron de comandar legiones para presidir sínodos, eso no afectó la política. Cuando el clero cristiano absorbió los recursos del Estado para construir templos y alimentar monjes, eso non drenó el tesoro. Et cuando las disputas teológicas convirtieron al Imperio en un campo de batalla doctrinal, eso no dividió a la sociedad. Todo muy estable, sí. Roma cayó por exceso de mármol, non por falta de virtud.

Pero la historia —esa cosa incómoda que no se acomoda a los dogmas— dice otra cosa.

ACTITUD DEL GOBIERNO ROMANO FRENTE A LOS CRISTIANOS, DESDE EL REINADO DE NERÓN HASTA EL DE CONSTANTINO  
Si consideramos seriamente la pureza de la religión cristiana, la santidad de sus mandamientos y la vida inocente y austera de la mayoría de los que en los primeros siglos abrazaron la fe del Evangelio, era de suponer que doctrina tan benéfica debía merecer respeto, aun entre los incrédulos; que los literatos y cultos, por más que se burlasen de los milagros, apreciarían las virtudes de la nueva secta, y que los magistrados, en vez de perseguir, ampararían a una clase de gente que rendía obediencia a las leyes, aunque se desentendiera de las actividades de la guerra y del gobierno. Si consideramos, por otra parte, la tolerancia universal del politeísmo, que se mantuvo inalterable, con la fe del pueblo, la incredulidad de los filósofos y la política del Senado romano y los emperadores, no acertamos a descubrir la nueva ofensa de los cristianos y la nueva provocación que pudiera exasperar la indiferencia. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano I, Edward Gibbon. 

Antes de que se legalizara, el jesísmo ya era visto como una superstitio iudaica, una secta profundamente anti-romana. Celso lo describió como una “raza nueva de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, coligados contra todas las instituciones religiosas y civiles”. ¿Et qué fizo esta raza nueva? Reemplazó el orgullo cívico por la salvación personal, la disciplina por la obediencia ciega, la fuerza por la mansedumbre, y la virtud por la culpa.

El historiador eclesiástico Teodoreto, escribiendo en el siglo V, afirma que Constantino ordenó a los gobernadores de todo el imperio proporcionar subsidios para las vírgenes, las viudas y el clero, que triplicaban la cantidad de su época, una cantidad que, según él, seguía siendo abundante. En un momento tenso durante su reunión con Constantino, Eusebio de Nicomedia se burló de Atanasio por intentar presentarse ante Constantino como un clérigo pobre y humilde, respondiendo que el obispo de Alejandría era, de hecho, «un hombre rico, poderoso y capaz de todo». Al insistir en su pobreza personal, Atanasio se mostraba convenientemente obtuso. Sus recursos como obispo, no su riqueza personal, eran la cuestión. Para hacerse una idea de cómo serían esos recursos, basta con consultar la lista de artículos que un sucesor de Atanasio, Cirilo, llevó consigo como sobornos al Concilio de Éfeso un siglo después: un tesoro incalculable en lino y lujosos muebles para prefectos y chambelanes, por no mencionar dos mil quinientas libras de oro para aliviar la carga de otros funcionarios de la corte. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Los recursos dedicados a este propósito podían ser sustanciales, como lo indican los registros del Liber Pontificalis, así como la carta de Juliano a Arsacio. Si bien aumentaron considerablemente la capacidad de los obispos para cuidar de los pobres, estos recursos también les proporcionaron la capacidad de expandir considerablemente sus redes de patrocinio, lo que ayudó a convertirlos en grandes ciudades como Alejandría en un virtual contragobierno. Para la astuta mirada de Juliano, en cualquier caso, esta acción explicaba gran parte del éxito que el cristianismo disfrutó en su época. Si aquí también la agenda de Constantino era al menos tan social como religiosa, tanto el poder como los recursos que caracterizaron a la iglesia en años posteriores serían mejor vistos como consecuencias imprevistas de una agenda diferente. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Nietzsche lo clamó “el vampiro del Imperio Romano”, que en una noche aniquiló la obra ingente de siglos. Et non lo dijo por capricho: lo dijo porque el jesísmo se opuso a todo lo altivo, lo soberbio y —sobre todo— lo fermoso.

Los jesístas se negaban ad servir en el ejército. En una época donde el reclutamiento era desesperado, eso no era una objeción de conciencia: era una objeción al Imperio. Gibbon lo vio claro: el clero predicó la paciencia y la pusilanimidad, y los últimos vestigios de la bizarría militar se hundieron en el claustro.

Et mientras tanto, los obispos construían una república interna, con sus propias leyes, sus propios tesoros, y su propia jerarquía. ¿Un Estado dentro del Estado? No, según Europa Ancestral. Solo una coincidencia teológica.

Con Constantino, la Iglesia se convirtió en una aspiradora de oro. El Edicto de Milán permitió legar fortunas a la Iglesia, y Constantino, generoso como un emperador que compra el cielo, donó tierras, metales preciosos y privilegios. Solo ad la Iglesia papista le entregó más de una tonelada de oro et cuasi diez de plata ¿Infraestructura? ¿Defensa? Non, gracias. Mejor monasterios et bocas ociosas.

Menos sereno que el ideal de Eusebio Constantino, Juliano exclamó en una carta que informaba sobre esta comunicación que los «líderes de los galileos», como él llamaba a los obispos, «no escatiman esfuerzos y tienen la osadía de incitar al pueblo al desorden y la revuelta». Juliano pudo haber malinterpretado deliberadamente, en este caso, el genuino deseo de un obispo de mantener la paz. Pero acertó al ver que el poder para mantener la paz es también el poder para destruirla. Con los recursos del patronazgo enormemente incrementados por las redistribuciones de Constantino, los obispos contaban con un sólido apoyo popular que los hacía indispensables para mantener el delicado equilibrio necesario para la tranquilidad urbana. El emperador ya no podía ignorar sus preocupaciones: eso era lo que realmente irritaba a Juliano. Sin duda, esta fue una consecuencia no deseada del programa social de Constantino. El emperador jamás habría podido anticipar, y mucho menos pretendido, que los recursos del patronazgo que destinó a los obispos les permitirían desarrollar redes políticas que los convertirían en rivales de las élites locales e incluso del propio emperador. El verdadero Constantino, a diferencia del emperador ideal del retrato de Eusebio, no fue mucho más comedido que su sobrino más tarde cuando Arrio lanzó una amenaza similar (o al menos lo que Constantino interpretó como una amenaza), afirmando: “Tenemos a las masas”. En respuesta a “Ares Arrio”, Constantino amenazó: “Yo mismo, dije, avanzaré, yo que he estado acostumbrado a poner fin a las guerras de hombres insensatos”. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Mientras Roma se desmoronaba entre invasiones, inflación et emperadores que duraban menos que una estatua sin pedestal, la Iglesia ascendía como el único poder público en crecimiento. Non por milagros, sino por privilegios, propiedades y una burocracia tan extensa como bien remunerada. Pero según Europa Ancestral, eso non tiene nihilo que ver con la decadencia imperial. Es solo una coincidencia celestial. Como si el obispo de Roma se volviera más rico que los reyes por obra del Espíritu Santo… et non por el fisco. 

Constantino non trajo paz: trajo sínodos. Las disputas sobre la naturaleza del Anticristo se convirtieron en asuntos imperiales. Los príncipes dejaron los campamentos para encaminarse ad los concilios. Las carreteras se plenaron de obispos, et el sistema de postas colapsó bajo el peso de la teología.

Et cuando el jesísmo se legalizó, comenzó la persecución… pero esta vez contra los gentiles. Templos destruidos, libros (simonianos incluidos) quemados, filósofos silenciados. El obispados estimuló el fervor al PapaP, et la mafia papista fizo el resto ¿Genocidio cultural? Non, según Europa Ancestral. Solo una limpieza espiritual.

La idea de que la decadencia política fue ajena al cristianismo es tan absurda como decir que el incendio no tiene relación con el humo. El cristianismo fue un factor endógeno, corrosivo y decisivo. Socavó la mentalidad romana, drenó los recursos del Estado, y convirtió la política en teología.

Europa Ancestral puede seguir repitiendo que el cristianismo trajo estabilidad. Pero la historia —esa vieja pagana que no se deja catequizar— sigue diciendo que lo que trajo fue división, debilidad y ruina. Porque si algo destruyó Roma, no fue la espada del bárbaro. Fue la cruz, convertida en cetro, y el dogma, convertido en ley.

2. “La decadencia empezó en el siglo III” — ¿Et antes qué, vacaciones?

Sí, la Crisis del Siglo III fue un desastre: emperadores como champiñones, inflación galopante, guerras civiles. Pero decir que la decadencia empezó ahí es como decir que la enfermedad empieza con el vómito. El cuerpo romano ya estaba enfermo desde antes: declive cultural, pérdida de cohesión, corrupción administrativa, et una aristocracia que prefería el ocio a la virtud.

Et mientras tanto, el jesísmo crecía como hiedra en los muros del templo, ofreciendo salvación personal en lugar de deber cívico. Pero non, según Europa Ancestral, todo iba bien hasta que los príncipes empezaron ad pelearse. Qué conveniente.

3. “Constantino trajo estabilidad” — ¿Con qué, con incienso et censura?

Ah, Constantino, el gran pacificador. El que desmanteló la Tetrarquía, fundó una nueva capital, y convirtió la Iglesia en el nuevo Senado. Su conversión fue tan espiritual como una reforma fiscal: vio en la Papistica una máquina bien engrasada para principar. Et vaya que la usó.

¿Estabilidad? Lo que trajo fue una nueva clase dominante —el clero—, una nueva forma de tiranía —la teocracia imperial—, et una nueva fuente de conflictos —las disputas teológicas que antes eran sectarias et ahora eran imperiales. Arrianismo, donatismo, nestorianismo: todos con sello oficial. Et mientras tanto, los emperadores dejaron de comandar ejércitos para debatir la naturaleza de Jesucristo.

Zósimo, que non se tragaba el incienso, lo dijo claro: “Constantino fue el origen y principio de la actual destrucción del imperio.” Pero Europa Ancestral prefiere verlo como Jorge de Capadocia que mató al dragón del siglo III. Qué épico.

4. “Juliano quería un paganismo con tintes cristianos” — ¿Et también unicornio con alas?

Juliano, el apóstata, el filósofo, el reformador. Según Europa Ancestral, quería un paganismo con tintes cristianos ¿Qué significa eso? ¿Sacrificios con salmos? ¿Oráculos con evangelios? Non, Juliano quería restaurar el etnicismo clásico, con toda su dignidad filosófica et su estructura cívica.

Ah, qué espectáculo el que nos ofrecerá el papista de turno al afirmar que Juliano, el último defensor del latinismo, quiso copiar la Iglesia papista ¡Como si el Principado Romano necesitara tutoriales eclesiásticos para saber cómo organizarse! Según esta lógica, Júpiter aprendió administración de Ambrosio de Milán, et el Senado romano se inspiró en el Concilio de Nicea. Vamos, que si seguimos así, pronto dirán que el Foro fue una parroquia mal iluminada. 

Juliano non imitó ad la Iglesia — la Iglesia imitó ad Roma

Et lo hizo con entusiasmo, como quien copia en un examen pero luego presume de originalidad.

La idea de que Juliano “copió” la estructura del jesísmo es tan absurda como decir que el Coliseo fue inspirado por el Templo de Salomón. Lo que Juliano fizo fue recuperar lo que ya era romano, lo que existía siglos antes de que el cristianismo saliera del anonimato et empezara ad facer networking espiritual.

¿Ordenes? Roma ya tenía el ordo senatorum, el ordo equitum, et toda una maquinaria social bien aceitadita. La Iglesia simplemente rebautizó ad sus cargos como ordo eclesiástico et los colocó por encima de la plebs fidelium. Porque si vas ad predicar humildad, mejor hacerlo desde arriba.

¿Títulos? El Catholikos non nació en Jerusalén ni en Antioquía: era un burócrata fiscal romano. El vicarius Christi, que hoy adorna al Papa como si fuera una medalla divina, era antes un título imperial. Et el summus pontifex, que suena tan sagrado, era el jefe del culto estatal romano. ¿Qui imita ad qui? Pues eso.

La Iglesia se romanizó con gusto

Adoptó divisiones territoriales, jerarquías administrativas, funciones civiles et hasta el prestigio geográfico. El obispo de Constantinopla, que antes non figuraba ni en las quinielas, fue ascendido ad Patriarca solo porque vivía en la “nueva Roma”. Meritocracia celestial, versión imperial.

Un argumento similar puede aplicarse al cristianismo. La cristianización, primero del mundo mediterráneo y luego de las regiones más amplias de Europa central, oriental y septentrional durante el primer milenio, se considera a veces una transformación que no se vio afectada en absoluto por la caída de Roma. Si bien esta idea tiene algo de cierto, también puede resultar engañosa. La religión cristiana siempre ha evolucionado, sobre todo institucionalmente, en función de los contextos contemporáneos. Como vimos en el capítulo 3, la romanización del cristianismo fue un fenómeno histórico tan importante como la cristianización del Imperio. Gracias al emperador Constantino y sus sucesores, las reuniones de líderes cristianos, financiadas por el Imperio, pudieron definir la mayor parte de las doctrinas de la religión desde principios del siglo IV. La Iglesia también desarrolló una jerarquía muy particular de obispos, arzobispos y patriarcas, cuyas ubicaciones geográficas reflejaban en gran medida la estructura administrativa del Imperio, compuesta por capitales locales y regionales. Los emperadores romanos cristianos no se retractaron en absoluto de la afirmación de sus predecesores paganos de haber sido designados por la Divinidad; simplemente la reidentificaron como el Dios cristiano. Así pues, según su parecer, tenían todo el derecho a inmiscuirse en el funcionamiento de la Iglesia a todos los niveles. Y, en efecto, lo hicieron, convocando concilios, promulgando leyes e interfiriendo en los nombramientos de altos cargos. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather.

Et no se detuvo ahí. Absorbió prácticas paganas como quien hace sincretismo con cucharón. El culto a los santos, con velas encendidas en pleno día, reliquias mágicas et fiestas que parecían más bacanales que liturgias, tenía más de Roma que de Nazaret. Pablo mismo, al predicar, usó filosofía griega, ley natural et conciencia estoica. La Iglesia tomó las armas del paganismo —la palabra— et las usó para su defensa. Et para su expansión.

Política y Cristianismo

La alianza entre la Iglesia y el Estado impregnó la historia del Bajo Imperio. Tras Constantino, la organización jerárquica de la Iglesia se basó en el sistema provincial romano. Cada ciudad tenía su propio obispo, cuya diócesis abarcaba todas las aldeas y pequeños asentamientos de su territorio. El obispo era responsable del nombramiento de los sacerdotes de las aldeas. En algunas zonas de Asia Menor central existían también obispos rurales, corepiscopos, responsables de extensas áreas de tierras donde no había ciudades. A la cabeza de la Iglesia en cada provincia se encontraba el obispo metropolitano. Según las resoluciones del Concilio de Antioquía en 341, era responsable de convocar reuniones semestrales de los obispos subordinados para regular los asuntos eclesiásticos. Los obispos poseían una autoridad considerable. Eran, por definición, altos cargos eclesiásticos, que habían ocupado puestos inferiores en la jerarquía eclesiástica antes de acceder al cargo. Al menos en teoría, eran elegidos mediante un procedimiento que tenía en cuenta las opiniones tanto del pueblo como del alto clero. Un candidato era aclamado por su congregación y su nombramiento confirmado por sus compañeros obispos, generalmente en uno de los concilios provinciales regulares. Es importante distinguir entre el tipo de apoyo del que disponía un obispo y el que recibían los laicos. Además de contar con la red habitual de contactos, derivada de los matrimonios entre aristócratas, la cultura compartida y los lazos de obligación mutua, los obispos gozaban de un fuerte apoyo local del pueblo llano. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell. 

¿Arquitectura? Las primeras iglesias monumentales fueron basílicas romanas con nave central. ¿Tradiciones? Las historias de mártires cristianos se reescribieron como si fueran Sócrates con estigmas. Hasta Minerva fue reciclada como la Virgen María. Todo muy espiritual, pero con mármol et retórica imperial.

La Iglesia actuaba como una eficaz protectora, especialmente de los pobres, y los obispos podían movilizar a grandes multitudes de fieles en momentos de necesidad. La multitudinaria congregación, asediada en la basílica principal de Milán, permitió a Ambrosio vencer a las fuerzas de Valentiniano II y su madre Justina en el año 386. Los trabajadores de la fábrica de armamento y las mujeres de las tejedurías de Cesarea de Capadocia apoyaron a Basilio en su lucha contra Valente y Modesto, el prefecto del pretorio. La estrecha red de poder personal, heredada y desarrollada a lo largo de los siglos, comenzaba a ceder terreno a una forma de política más cruda y rudimentaria. La Iglesia contaba ahora con crecientes recursos; los obispos gozaban de un apoyo leal gracias a la protección que podían ofrecer a su pueblo. Además, y esto es evidente pero importante, los obispos eran líderes religiosos que debían no solo su posición y autoridad, sino también su carácter, a lo que podría denominarse genéricamente su santidad. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell. 

Juliano, ese emperador con toga et nostalgia helénica, intentaba restaurar el orden cívico et religioso que el cristianismo había convertido en burocracia celestial. Reabrió templos, devolvió símbolos sagrados, promovió el culto a Cibeles et Mitra, et hasta organizó beneficencias gentiles para competir con la caridad cristiana. Porque sí, hasta la filantropía fue campo de batalla.

la Iglesia non solo se romanizó, parasito Roma con incienso. Et Juliano, lejos de copiarla, intentó restaurar lo que ella había reciclado. Pero cuando el poder espiritual ya tiene curia, títulos imperiales et redes de beneficencia… es difícil competir. Aunque seas emperador. Aunque seas Juliano.

Beneficencia: Roma lo fizo primo

Et luego está la argucia de que Juliano quiso copiar la “caridad cristiana” ¡Qué ternura! Como si los romanos no supieran lo que era el beneficium, el largitio, el cura pauperum. Como si el cristianismo hubiera inventado la compasión. Dr. Richard Carrier lo dice sin rodeos: “La idea de caridad, bienestar, el bien común, compartir la riqueza, ayudar a los pobres estaba profundamente arraigada en todas las sociedades antiguas antes del cristianismo. Los cristianos no añadieron nada nuevo. Solo presumieron de hacerlo mejor.

Et lo más irónico: los datos muestran que la miseria aumentó so el cefaísmo. Durante cuasi mil años. ¿Eso es lo que Juliano quiso copiar? ¿La inflación papista con déficit social?

Juliano non quiso un “paganismo con tintes cristianos”. Quiso restaurar Roma. Quiso devolverle al culto tradicional su dignidad, su filosofía, su función cívica. Et si usó estructuras similares, fue porque eran romanas, non jesísmo. La Iglesia fue la que se vistió con ropajes imperiales, no al revés.

Así que, querido papista, antes de acusar ad Juliano de plagio, revise su propio archivo. Porque si hay alguien que tomó prestado —con entusiasmo et sin devolución— fue la Iglesia. Et si Juliano parecía “papista”, es porque el papismo ya se había convertido en una copia imperial. Con incienso, sí. Pero con sello romano.

Et, la afirmación de que Juliano “generó importantes conflictos en el cor del Imperio et en el ejército”… Qué elegante manera de culpar al bombero por el incendio que ya ardía cuando él llegó con la cubeta. Vamos ad desmontar esta frase con precisión histórica et un toque de ironía, porque si algo que non fue Juliano, fue el pirómano de Roma. 

¿Conflictos en el cor de la Romania? Sí, pero non como los pintan

Juliano, en sus escasos veinte meses como don, non desató guerras civiles ni revueltas militares. Lo que sí fizo fue lo que ningún emperador desde Diocleciano se atrevía: reformar la corte, la burocracia et la religión. ¿Et eso generó conflictos? Claro. Pero non por capricho, sino porque el Dominio ya estaba pleno de tensiones acumuladas como una caldera sin válvula.

Reforma de la corte: Juliano disolvió la pompa asiática de Constantinopla, redujo el número de servidores y eliminó la ostentación cortesana. ¿Resultado? La élite burocrática se sintió atacada. ¿Conflicto? Sí, pero más parecido a una huelga de secretarios que a una guerra civil. 
Tribunal de Calcedonia: Creó un tribunal para juzgar a los corruptos del régimen anterior. Algunos fueron ejecutados injustamente, lo que generó resentimiento. Pero no fue una purga sangrienta ni una guerra de facciones: fue una limpieza administrativa con errores. 
Reformas religiosas: Juliano intentó restaurar el etnicismo. Exigió la devolución de bienes confiscados por cristianos, prohibió que los maestros cristianos enseñaran cultura clásica, y separó a cristianos de ciertos cargos. ¿Conflicto? Sí, ideológico. ¿Estabilidad quebrada? No más que la que ya estaba hecha trizas por décadas de disputas teológicas.

¿Conflictos en el ejército? Más bien devoción

La idea de que Juliano “generó conflictos en el ejército” es tan falsa como decir que Alejandro Magno fue odiado por sus tropas. Juliano fue proclamado Augusto por sus soldados en Galia, no porque él lo pidiera, sino porque ellos lo exigieron. ¿Motivo? Se negaban ad eser transferidos al frente persa por órdenes de Constancio II ¿Resultado? Un golpe de estado sin derramamiento de sangre. ¿Conflicto? Sí, pero no por culpa de Juliano.

Como César, Juliano fue admirado por su disciplina, austeridad y liderazgo militar. Llevó a sus tropas desde el Rin hasta Asiria, en una campaña ambiciosa contra Persia.
El único “conflicto” militar real fue la expedición contra los partos, que terminó en desastre por causas logísticas y su muerte prematura. Pero hasta ese momento, el ejército lo seguía con fervor.

Decir que Juliano “generó conflictos en el ejército” es como culpar al capitán por la tormenta. El barco ya estaba en alta mar, y él lo navegó con firmeza hasta el último día.

Juliano non quebró la estabilidad — la heredó rota

Juliano non fue el origen del conflicto: fue el intento de solución. Su reinado fue breve, sí, pero pleno de reformas valientes. Los conflictos que surgieron fueron reacciones al cambio, non explosiones provocadas por él. Et en el ejército, lejos de eser un agitador, fue un líder respetado.

¡AVE JULIANO!

En el año 360, Juliano el divino fue proclamado Augusto por sus soldados en Lutecia (París). La mayoría de sus soldados eran galos et teutones, por lo que lo coronaron con una torques y lo alzaron en sus escudos siguiendo la tradición celta. Estaba destinado ad eser el defensor de todas las religiones gentiles nativas del Imperio, non solo como Pontífice Máximo, cabeza de la principal religión romana, sino también de todos los demás cultos regionales. Como teúrgo, creía que el pueblo plano, mediante sus ofrendas devocionales, facilitaba el favor divino. Tampoco consideraba que toda la plebe et los súbditos de Roma tuvieran que eser platónicos como él. Fue gracias ad estos soldados teutones et celtas que Roma cuasi restauró su religión nativa, que para entonces ya era impopular entre las élites urbanas, frecuentemente de ascendencia del Cercano Oriente.

Así que non, Juliano non “generó importantes conflictos”. Lo que fizo fue entrar en una casa en flamas con la intención de reconstruirla, mientras los vecinos gritaban que el fumo era culpa del arquitecto.

Bajo la influencia de los filósofos, Juliano había renunciado a Cristo en favor del paganismo neoplatónico y había afirmado con vehemencia un vínculo indisoluble entre la paideia helénica y las creencias y valores no cristianos. Sin embargo, esos no eran los únicos motivos de preocupación. Su austera e irreprochable vida privada, su sincera devoción a la justicia y su preocupación por el bienestar de sus súbditos, su vigor militar, su odio al despotismo y su aversión a la brutalidad judicial no encajaban con el perfil de un tirano, lo que irritaba aún más a sus oponentes ideológicos. Más allá de la efusiva muestra de afecto de sus súbditos paganos, incluso muchos cristianos comunes lo admiraban a pesar de la violenta condena que recibió por parte de sus propios líderes. En las virulentas invectivas que profirió tras la muerte de Juliano, Gregorio de Nazianzo preguntó: «¿Acaso debemos oír alabanzas a su buena administración del servicio público, la relajación de los impuestos, la acertada elección de magistrados y el castigo del robo?». Todo esto, creía Gregorio, quedaba anulado por la controversia religiosa que Juliano había suscitado. Pero los elogios resultaban aún más irritantes porque probablemente se originaban dentro de la propia congregación del santo. Esto es más revelador que todos los elogios de sus amigos —los platónicos de finales del siglo V todavía databan los acontecimientos a partir de la ascensión de Juliano—, al igual que la reticente admisión de Ambrosio de Milán de que las provincias seguían alabando a Juliano incluso en el año 392. Un historiador bizantino señaló que Juliano «solo él gobernó bien el Imperio romano», colmándolo de elogios y comparándolo con Marco Aurelio. El único defecto que menciona es que Juliano rechazó a Cristo, pero esto también se menciona brevemente al final.< Fueron también los cristianos quienes trasladaron el cuerpo de Juliano de Tarso a Constantinopla, donde fue enterrado junto con el resto de su familia en la iglesia de los Santos Apóstoles. Su tumba aún podía verse (e incluso olerse) en el siglo XII. Allí se le unieron, entre otros, Justiniano y… ¡Gregorio de Nacianzo! Aquí vemos cómo, en cierto modo, la lógica del Estado romano no se vio afectada por el cristianismo: un buen emperador merecía todos los honores. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Conclusión: cuando la historia se convierte en catecismo

Europa Ancestral nos ofrece una versión de la historia digna de un mural medieval: el cristianismo como salvador, Constantino como héroe, Juliano como villano. Pero la realidad es más incómoda: el cristianismo fue un factor de división, de debilitamiento, de transformación imperial. Constantino non trajo paz, trajo teocracia. Juliano non fue un insano, fue un visionario.

Et si algo destruyó la civilidad, non fue solo la espada del bárbaro. Fue la menorá, convertida en cruz, et la superstición, convertido en cívica. Pero claro, eso non cabe en la narrativa de Europa Ancestral. Porque cuando la historia se convierte en sermón, la verdad se convierte en herejía.

[Europa Ancestral:] Juliano fue sucedido por Joviano, que era cristiano y fue proclamado emperador por el ejército, éste tomó represalias contra el intento paganizante de Juliano y fue sucedido por Valentiniano I el Grande, que también era cristiano y restauró plenamente la estabilidad heredada del legado de Constantino I. 
La causa concreta y real del fin de Roma no fue por algo abstracto como la cristianización o la decadencia moral de los emperadores paganos, si no por acontecimientos y personajes históricos muy concretos. El primer gran revés que sufrió el Imperio Romano fue el saqueo de Alarico, rey de los visigodos, y la conquista de Cartago por parte de los vándalos comandados por Genserico; pero Roma se volvió a levantar y gracias al gran General Aecio que con la ayuda del visigodo Teodorico unos años más tarde llegó a vencer al rey Atila de los hunos. Atila luego marchó hacia Italia pero después de una serie de saqueos, el Papa Leon I el Magno lo convenció para que no atacara Roma. El golpe definitivo a Roma llegó de la mano de Genserico que con gran astucia política y gracias a su longevidad (murió con 88 años) movió los hilo para ir debilitando a Roma poco a poco pero sin pausa hasta su desaparición, además contó con la involuntaria colaboración del infame emperador Valentiniano III que además de matar a su madre, la gran Gala Placidia, asesinó al general Aecio, protector y salvador de Roma, el único que podría haber devuelto el esplendor al Imperio. Después de esto, Roma pasó a ser cada vez más débil, acabando finalmente en manos de Odoacro, jefe de los hérulos y comandante romano que se hizo con el poder mediante un golpe de estado, acabando así para siempre con el Imperio Romano de Occidente. 

En lo social, la archiconocida decadencia sexual romana, con sus orgías, bacanales, la sodomía y demás costumbres, fue fruto de algunos círculos paganos de Roma, mientras que los cristianos criticaban todas esas prácticas de forma contundente amparados en su recta moral. 

Ah, Europa Ancestral, siempre tan generoso con los títulos y tan escueto con los matices. Afirmar que Valentiniano I “restauró plenamente la estabilidad heredada del legado de Constantino I” es como decir que un terremoto restauró la arquitectura romana: una afirmación audaz, sí, pero no precisamente respaldada por los hechos.

Vamos por partes:

Lo que es cierto (pero non tan glorioso como parece)

, Juliano fue sucedido por Joviano, un papista fervoroso, elegido por el ejército tras la muerte del Apóstata en la campaña persa.
, Joviano revocó las reformas religiosas de Juliano et restauró el jesísmo como religión favorecida.
, Valentiniano I fue papista et sucedió ad Joviano tras su muerte repentina.

Hasta aquí, todo bien. Pero ahora viene la parte donde la narrativa se desmorona como un templo mal cimentado.

Joviano: ¿restaurador o rendido?

Joviano non fue un restaurador del legado de Constantino. Fue, más bien, el príncipe que firmó uno de los tratados más humillantes de la historia romana. Para salvar su pellejo et el de su ejército atrapado en Persia, cedió cinco provincias, incluyendo la estratégica Nisibis, et evacuó fortalezas clave. Fue tan vergonzoso que incluso los cronistas papistas lo mencionan con pudor.

¿Et esa es la “estabilidad” que se supone que restauró? Si eso es estabilidad, entonces la retirada de Roma de Britania fue una mejora logística.

Valentiniano I: el emperador que confundió justicia con decapitación

Ah, Valentiniano I. El emperador que, según algunos papistas entusiastas, fue “el Grande” et restauró la estabilidad del Imperio como si fuera un jardinero imperial con poderes mágicos. Lo que non mencionan es que este “restaurador” tenía la diplomacia de un rinoceronte et la clemencia de una trituradora de carne.

Valentiniano non era cognocido como “el Grande” por sus contemporáneos ¿Por qué? Porque su legado non fue precisamente el de un pacificador. Fue más bien el de un príncipe que gritaba “¡cortadle la cabeza!” como si fuera su saludo matutino. Su justicia era tan severa que hasta sus jueces se preguntaban si el derecho romano había sido reemplazado por una ruleta sangrienta.

Principar con osas et apoplejía

Entre sus mascotas favoritas estaban dos osas: “Doradita” y “Inocencia”. No eran decorativas. Eran parte del sistema judicial. ¿Acusado de conspiración? Ad la osa. ¿Sospechoso de magia? Ad la otra. ¿Miraste mal al príncipe? Ad ambas. Valentiniano convirtió el zoológico en tribunal, et el tribunal en carnicería.

Su muerte fue tan teatral como su vida: durante una negociación con los cuados, se enfureció tanto que murió de un ataque de apoplejía, cayendo como si Júpiter le hubiera lanzado un rayo por exceso de testosterona diplomática. Si eso es estabilidad, entonces el colapso de Roma fue una sesión de yoga.

Restaurador de la estabilidad? Más bien el arquitecto del caos

Valentiniano pasó la mayor parte de su reinado en las fronteras, construyendo fortalezas como si fueran castillos de arena, incluso en territorio bárbaro, lo que —sorpresa— enfureció a los bárbaros. Provocó guerras por desprecio diplomático, traicionó tratados, et mandó asesinar reyes sobandera blanca. Todo muy estable, sí.

Et cuando murió, sus generales proclamaron ad su fijo de cuatro años como co-Augusto. Porque nihilodice “sucesión ordenada” como poner ad un puero en el trono mientras los militares se reparten el poder como si fuera botín de guerra.

¿Herencia de Constantino? ¿Cuál?

La “estabilidad heredada de Constantino” ya estaba fecha trizas. El Imperio estaba dividido, la Iglesia en guerra consigo misma, et los arrianos et trinitarios se lanzaban anatemas como si fueran piedras. Valentiniano, lejos de restaurar esa unidad, la profundizó: nombró ad su germano Valente como corregente en Oriente, que era arriano et enemigo de la ortodoxia. Resultado: más división, más conflictos, más desorden.

Conclusión: menos “el Grande”, más “el Feroz”

Valentiniano I fue un emperador fuerte, sí. Pero también brutal, paranoico, et más temido que amado. Su reinado fue una mezcla de fortificaciones, ejecuciones, et osas judiciales. Si eso es “grandeza”, entonces Nerón fue un filántropo.

Así que, por favor, dejemos de canonizar principes con tendencias brutas et supersticiones. La historia merece algo más que incienso et exageración.

Ahora refutando más falsedades:

La narrativa de Europa Ancestral sobre la caída de Roma tiene el encanto de una epopeya moralizante, pero lamentablemente non resiste el más mínimo escrutinio histórico. Es como intentar explicar el colapso de un imperio milenario con una lista de villanos et héroes de opereta, ignorando centurias de transformaciones estructurales, conflictos ideológicos y decadencia institucional. Vamos ad desmontar, punto por punto, esta versión simplificada et errónea de los fechos.

1. “Valentiniano III mató a su madre, Gala Placidia”

Falso. Gala Placidia, madre de Valentiniano III, murió de causas naturales en el año 450 d.C., cinco años antes del asesinato de su hijo. Fue regente durante su minoría y gobernó en su nombre durante más de dos décadas. Non hay fuente alguna que sugiera que Valentiniano la asesinó. Esta afirmación es una invención sin base documental.

2. “El primer gran revés fue el saqueo de Alarico y la conquista de Cartago”

Non. El saqueo de Roma por Alarico en 410 fue simbólicamente impactante, pero non fue el “primer gran revés”. El Imperio levaba más de una centuria en crisis: la anarquía militar de la centuria III, la peste, la inflación, la presión constante de pueblos bárbaros en las fronteras, et la descomposición del aparato estatal ya habían debilitado profundamente su estructura.

Et la conquista de Cartago por Genserico ocurrió cuasi 30 años después, en 439. Presentar ambos eventos como si fueran parte de un mismo episodio es una distorsión cronológica que confunde más de lo que explica.

3. “El Papa León I convenció a Atila de no atacar Roma” — ¿Et también le ofreció indulgencias, bendiciones y un souvenir?

La escena es digna de una vitrina barroca: León I, con túnica resplandeciente y aureola editorial, se planta ante Atila, el azote de Dios, y con una mirada firme y una voz celestial lo convence de dar media vuelta. Roma salvada, los hunos domesticados, y la Iglesia anotando otro milagro en su currículum. Qué conmovedor. Qué útil para la propaganda. Qué… históricamente incompleto.

León I: diplomático, sí; taumaturgo, non tanto

León I encabezó una embajada en 452 d.C. junto al consular Avieno y el prefecto Trigecio. Se reunieron con Atila en el norte de Italia, donde el río Mincio se pierde en el lago Benaco. El Papa habló, sí. Atila escuchó, sí. ¿Fue el único motivo de la retirada? No. Atila no era un cruzado impresionable, sino un estratega pragmático con un ejército enfermo, una retaguardia vulnerable y un calendario apretado.

La versión piadosa, que lo presenta como el Moisés de la centuría V, es más leyenda que historia. Rafael la pintó, los cronistas la cantaron, et los fieles la repitieron. Pero las fuentes serias ofrecen una sinfonía de razones mucho más terrenales.

Factores reales detrás de la retirada de Atila

1. Enfermedades et logística: el ejército huno se descompone

Los hunos, acostumbrados a carne cruda y leche agria, se empacharon de vino y manjares italianos. Resultado: epidemias.
La falta de víveres para hombres y caballos convirtió la campaña en un desfile de estómagos vacíos.
El clima cálido y la relajación del espíritu militar hicieron que los hunos parecieran más turistas que invasores.

2. Presión desde Oriente: Marciano non estaba para tributos

El nuevo emperador oriental, Marciano, se negó ad pagar el tributo que Atila exigía.
Había rumores de movimientos militares en Panonia, el corazón del reino huno.
Atila non podía permitirse una guerra en dos frentes, ni dejar su casa sin vigilancia.

3. Supersticiones: el fantasma de Alarico

Atila, por más feroz que fuera, tenía sus miedos. Le recordaron que Alarico, el godo que saqueó Roma en 410, murió poco después.
¿Coincidencia? ¿Mal augurio? Para Atila, suficiente para pensárselo dos veces.

4. Aecio: el general que no dormía

Aunque debilitado, Aecio seguía hostigando a los hunos.
Su reputación como defensor de Occidente et su victoria en los Campos Cataláunicos en 451 aún pesaban.
Atila sabía que Roma non estaba completamente indefensa.

La leyenda papista: milagros en lugar de logística

La versión que atribuye la retirada solo a León I es considerada una leyenda papista más que historia. Se plegó ad decir que durante su alocución, los apóstoles Cefas et Saulo aparecieron suspendidos en el aire para apoyar al Papa. Rafael plasmó esta “hora estelar de la humanidad” en un fresco famoso en el Vaticano. Pero si los apóstoles realmente se aparecieron, parece que también trajeron repelente para epidemias, mapas logísticos et un tratado de estrategia militar.

Conclusión: León fabló, pero la historia tenía otros autores

La retirada de Atila fue una decisión estratégica, no una conversión espiritual. León I fue un factor, sí, pero no el único ni el decisivo. La diplomacia ayudó, pero las enfermedades, la logística, la presión militar y las supersticiones hicieron el resto.

Así que no, el Papa no salvó Roma con una homilía. Lo fizo con suerte, timing, et una buena dosis de factores externos. La historia, como siempre, es más compleja que el sermón.

4. “Odoacro era un comandante romano que dio un golpe de Estado”

Non exactamente. Odoacro era jefe de los hérulos et líder de una coalición de pueblos bárbaros federados. Non era un comandante romano en el sentido tradicional. Su deposición de Rómulo Augústulo en 476 non fue un “golpe de Estado” en el marco institucional romano, sino la culminación de un proceso de descomposición en el que el poder real ya non residía en el emperador occidental. El Senado romano incluso aceptó la situación et pidió al príncipe de Oriente que reconociera ad Odoacro como patricio.

5. “El jesísmo non fue causa de la caída, solo los fechos concretos” — ¿Et el incendio tampoco fue causa del fumo?

Esta afirmación se sostiene sobre una falsa dicotomía tan ingenua como peligrosa: que el jesísmo non fue causa de la caída de la Romania, sino que simplemente “pasaban cosas”. Como si la transformación ideológica, institucional et cultural más profunda del mundo antiguo fuera un decorado de fondo. Como si el ascenso de una doctrina que redefinió la moral, la cívica, el ejército et la economía non tuviera nihilo que ver con el colapso de Roma. Claro, et Jesús solo encendía velas.

Con la conversión del emperador Constantino al cristianismo en el año 312, las antiguas estructuras ideológicas del mundo romano también comenzaron a desmantelarse, y para Edward Gibbon este fue un momento clave en la historia del colapso romano: el clero predicó con éxito las doctrinas de la paciencia y la pusilanimidad; las virtudes activas de la sociedad fueron desalentadas; y los últimos vestigios del espíritu militar fueron enterrados en el claustro; una gran parte de la riqueza pública y privada fue consagrada a las engañosas demandas de la caridad y la devoción; y la paga de los soldados fue prodigada a las multitudes inútiles de ambos sexos, que solo podían alegar los méritos de la abstinencia y la castidad. La fe, el celo, la curiosidad y las pasiones más terrenales de la malicia y la ambición encendieron la llama de la discordia teológica; la iglesia, e incluso el estado, fueron distraídos por facciones religiosas, cuyos conflictos fueron a veces sangrientos y siempre implacables; la atención de los emperadores se desvió de los campamentos a los sínodos; El mundo romano se vio oprimido por una nueva forma de tiranía; y las sectas perseguidas se convirtieron en enemigas secretas de su país. Otros no han sido tan estridentes. Pero la idea de que el cristianismo rompió la unidad ideológica y obstaculizó la capacidad del Estado para obtener apoyo efectivo ha sido compartida desde entonces por otros, así como el temor de que la Iglesia desviara recursos financieros y humanos de fines materiales vitales. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather

Los historiadores más serios —desde Edward Gibbon hasta Zósimo— non se dejaron seducir por la versión catequética. Ellos vieron lo que realmente ocurrió: el papismo non fue un cambio espiritual, fue una mutación estructural. Una nueva especie de tiranía que se instaló en el cor del Principado, drenando sus recursos, dividiendo su ánima et desmantelando su cuerpo.

1. La Iglesia: el Estado dentro del Estado

Por primera vez, dos dimensiones fundamentales de la conducta cristiana se enfrentaban en el escenario público de una provincia imperial. Si el pueblo de Dios eran unos elegidos entre los devotos o un rebaño de pecadores constituía una cuestión que no tenía una respuesta concluyente. A pesar del éxito que había tenido el liderazgo católico en aislar a sus rivales de la corriente principal de la Iglesia, el atractivo de la causa que representaban los donatistas no podía suprimirse por completo. Era una señal que apuntaba a un futuro nuevo y radical. A lo largo de toda la historia del cristianismo, el deseo de rechazar el mundo, corrupto y contaminado, y de negarse a llegar a ningún compromiso con él, de aspirar a una pureza inmaculada, se manifestaría una y otra vez. Las implicaciones de esta tendencia, con el tiempo, se harían notar mucho más allá del seno de la propia Iglesia. Se había iniciado una pauta que, con el transcurso de los siglos, delimitaría el contorno de la política. Constantino, al aceptar a Cristo como su señor, había importado justo al corazón de su imperio una nueva, impredecible y fisible fuente de poder. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente.

Primo fue el caos, luego vino la superstición… et después, claro, plegó la Iglesia con toga, sello et pretensiones imperiales. Porque si algo sabe facer el papismo, es convertir la salvación en estructura. Et vaya estructura: tribunales, curia, legados, decretos… todo bien armado, como si el Reino de los Cielos necesitara oficina central en Roma.

¿El pueblo de Dios? Bueno, eso dependía de ad quién le preguntaras. ¿Un rebaño de pecadores? ¿Una élite de devotos? Nihilo lo tenía claro, pero eso non impidió ad los obispos montar su propio aparato de poder. Et aunque lograron aislar ad sus rivales, los donatistas seguían ahí, molestando con su obsesión por la pureza. Porque siempre hay alguien que quiere salvarse sin pasar por ventanilla.

Para dirimir disputas, los emperadores convocaban concilios, otorgando a los obispos el derecho a utilizar el sistema de viajes privilegiados, el cursus publicus, para asistir. Aún más impresionante, los emperadores ayudaban a establecer las agendas a debatir, sus funcionarios orquestaban las sesiones y la maquinaria estatal se utilizaba para hacer cumplir las decisiones tomadas. En términos más generales, promulgaban leyes religiosas para la Iglesia —el Libro 16 del Código Teodosiano se centra por completo en estos asuntos— e influían en los nombramientos para los altos cargos eclesiásticos. La jerarquía de la Iglesia cristiana también llegó a reflejar las estructuras administrativas y sociales del Imperio. Las diócesis episcopales reflejaban los límites de los territorios de las ciudades (algunas incluso los conservan hasta el día de hoy, mucho después de que hayan perdido todo otro significado). En un nivel superior, los obispos de las capitales provinciales se convirtieron en arzobispos metropolitanos, con poderes de intervención en las nuevas sedes subordinadas. Bajo los sucesores cristianos de Constantino, el antes desconocido obispo de Constantinopla fue elevado a patriarca, al mismo nivel que el obispo de Roma, porque Constantinopla era la «nueva Roma». Muy pronto, las comunidades cristianas locales perdieron el poder de elegir a sus propios obispos. A partir de la década de 370, los obispos provenían cada vez más de las clases terratenientes y controlaban la sucesión episcopal mediante negociaciones internas. Con la Iglesia tan integrada al Estado —los obispos incluso habían recibido funciones administrativas, como la gestión de juzgados de paz—, convertirse en obispo cristiano no significaba abandonar la vida pública, sino encontrar una nueva vía de acceso a ella. Si la cristianización de la sociedad romana es un tema de suma importancia, la romanización del cristianismo es igualmente relevante, aunque algo menos estudiada. La adopción de la nueva religión no fue un proceso unidireccional, sino un proceso de adaptación mutua que reforzó las pretensiones ideológicas del emperador y del Estado. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather.

Et mientras tanto, Constantino —ese augusto con visión celestial et olfato político— importaba ad su Imperio una fuente de poder nueva, impredecible et explosiva ¿Jesús como señor? Sí, pero también como jefe de Estado. Porque desde ese momento, la Iglesia non solo predicaba: principaba. Et lo facía con estilo. Non con espadas, sino con cánones. Non con soldados, sino con escribas. Et así, sin pedir permiso, empezó ad eser un Estado dentro del Estado.

Et si alguien pensaba que esto era solo espiritualidad… que se prepare. Porque cuando la Iglesia se pone seria, hasta los augustos tiemblan. Et eso, amigo mío, es solo el preludio.

Tres siglos después del nacimiento de Cristo, este era un tema cuyas repercusiones trascendían los límites de la propia Iglesia. Los obispos de las grandes ciudades ya eran prácticamente figuras públicas. Aunque en ocasiones los persiguiera el Estado, en otras un emperador también podía optar por concederles favores. En el 260, solo una década después del arresto y la tortura de Orígenes, un cambio de régimen había hecho que las iglesias recibieran un privilegio particularmente significativo: el derecho a la propiedad. Los obispos, que ya tenían entonces bastante influencia, habían acumulado un poder todavía mayor. El hecho de que fueran electos potenciaba aún más la fuerza y el alcance de su liderazgo. Una autoridad como la suya, que ejercían sobre un rebaño cada vez mayor, era algo que un funcionario romano podría respetar, aunque fuera a regañadientes. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Et, Constantino… ese príncipe que non solo se obscureció, sino que abrió la caja fuerte del Imperio como quien financia una empresa divina. Privilegios, tierras et inmunidades: todo ad disposición de la Iglesia. Porque si vas ad predicar la salvación eterna, ¿por qué non facerlo desde un trono de marfil, con vajilla de plata et exención fiscal?

Tres siglos después del nascimiento de Jesús, el asunto ya trascendía los sermones. Los obispos de las grandes urbes eran figuras públicas, cuasi celebridades con mitra. A veces la Ciudad los perseguía, sí, pero otras veces el augusto les daba regalos. En el 260, apenas una década después de que Orígenes fuera arrestado et torturado, las iglesias recibieron un privilegio jugoso: el derecho ad la propiedad. Porque claro, ¿Cómo va ad salvar ánimas una institución sin bienes raíces?

Los obispos, que ya tenían bastante influencia, empezaron ad acumular potestad como quien colecciona reliquias. Et como eran electos, su liderazgo tenía aún más peso. Un funcionario romano podía non estar de acuerdo, pero igual los respetaba. Aunque fuera ad regañadientes. Porque cuando el rebaño crece et el obispo manda, hasta el prefecto baja la cabeza.

Et así, aquella Iglesia nascida entre catacumbas et mártires se convirtió en algo mucho más práctico: un Estado dentro del Estado. Con leyes propias, ingresos propios et ambiciones que ni el Senado se atrevía ad cuestionar ¿Superstición? Sí. Pero con presupuesto...

Constantino… arconte del cosmos, pero sin principado sobre su propia Iglesia. Imperaba legiones, provincias et palacios, pero cuando se trataba de obispos, teólogos et disputas doctrinales, su auctoridad empezo ad valer menos que un sermón mal pronunciado. Bienvenido ad la paradoja imperial: el hombre que venció en el puente Milvio creyó que podía unir ad los jesístas… et terminó atrapado entre sus riñas.

Pero si los obispos tuvieron que ajustarse como pudieron a las nuevas circunstancias que trajo la victoria de Constantino en el puente Milvio, también el emperador se vio obligado a cambiar. Comprometido como estaba en entender qué significaba ser un servidor de Cristo, descubrió que no era nada fácil desentrañarlo. Sus disputas con Donato le habían dejado claro con qué lidiaba dentro de la Iglesia; esta era una organización sobre la cual, a pesar de que gobernaba el mundo, no tenía ningún control formal. A diferencia de los sacerdotes que tradicionalmente habían mediado entre Roma y los cielos, los obispos no se molestaban en practicar ritos en los que él, como heredero de Augusto, tuviese el papel protagonista. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Primo pensó que bastaba con apoyar ad Jesús et repartir favores. Pero pronto descubrió que el jesísmo non venía con manual de instrucciones. Se enfrentó ad personajes como Donato, que desde Cartago plegó con más indignación que diplomacia, exigiendo la destitución de Ceciliano como si el emperador fuera un gerente de parroquia. Constantino, intrigado, le dio audiencia. Panel de obispos, juicio, apelación… et Donato perdió. Pero siguió quejándose, huyó de los vigiles et regresó ad África como si fuera el protagonista de una novela teológica.

En cambio, para su gran frustración, los obispos insistían en reñir sobre temas que parecían más propios de filósofos. En el 324, alertado sobre la irremediable afición de los teólogos alejandrinos a debatir acerca de la naturaleza de Cristo, no se molestó en ocultar su impaciencia. «Cuando todas estas sutiles disputas vuestras son sobre cuestiones de poca o ninguna importancia, ¿por qué preocuparse tanto sobre armonizar vuestras opiniones? ¿Por qué no consignarlas en cambio a la custodia secreta de vuestras mentes y pensamientos?». No obstante, Constantino empezaba a ver que estas preguntas quizá fueran ingenuas. Las cuestiones de quién había sido Cristo realmente, de en qué forma podía ser a la vez humano y divino, y de cuál era la mejor definición de la Trinidad no eran baladíes. Después de todo, ¿cómo podían adorar a Dios de la forma correcta y, por lo tanto, asegurarse de que favoreciera el dominio de Roma sobre el mundo si su misma naturaleza seguía siendo objeto de debate? Con sus intentos de apaciguar a los cielos ofreciéndoles sus antiguos sacrificios y honores, los predecesores de Constantino habían malinterpretado de un modo lamentable el deber de un emperador. «No importa cómo adores, sino qué adoras». La verdadera religio, como Constantino empezaba a comprender, era una cuestión que no tenía tanto que ver con rituales ni salpicar altares con sangre ni ahumarlos con incienso como con las creencias correctas. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Et ahí quedó la famosa pregunta de Donato: «¿Qué se le ha perdido al emperador con la Iglesia?». Una frase que resumía el drama: Constantino tenía la Ciudad, pero non tenía el control. Los obispos non facían sacrificios imperiales, non lo incluían en sus ritos, et encima se dedicaban ad debatir sobre la naturaleza del Anticristo como si fueran filósofos con túnica. ¿Humano? ¿Divino? ¿Trinidad? El augusto, desesperado, pedía que guardaran sus opiniones en secreto. Pero claro, eso era pedirle silencio ad una tormenta.

Con el tiempo, Constantino intendió que la vera religio non era cuestión de incienso ni sangre en el altar, sino de creencias. Et esas creencias, lejos de unir, dividían. Así, mientras él intentaba apaciguar ad los cielos, los teólogos seguían peleando por definiciones. Et la Iglesia, esa institución que debía ayudarle ad gobernar, se le escapaba entre los dedos como agua bendita.

En resumen: Constantino lo tenía todo… menos control sobre la Iglesia. Porque en el nuevo orden cristiano, el emperador podía mandar sobre el mundo, pero non sobre los dogmas. Et eso, para un augusto, debía doler más que cualquier derrota militar.

Estos altos cargos eclesiásticos buscaban un tipo de éxito que dependía solo parcialmente del sistema imperial. Esto, sumado a su elevado estatus social, significaba que eran menos susceptibles a la intimidación por parte de los emperadores que algunos de sus predecesores de clase media. Sin embargo, muchos de los criterios tradicionales para medir el éxito de la élite seguían aplicándose a los obispos. Los obispos representaban públicamente a sus comunidades de forma muy similar a como lo hacían los líderes de los consejos municipales; continuaban siendo responsables de la administración de propiedades como los grandes terratenientes; y, a medida que la visibilidad episcopal creció a finales del siglo IV, los obispos de las grandes ciudades llegaron a ostentar un título que conllevaba un prestigio social implícito. Las prerrogativas del cargo también permitían a algunos obispos velar por los intereses financieros y sociales de amigos y familiares. Los obispos eran responsables ante sus congregaciones y debían rendir cuentas a ellas. También necesitaban edificios y personal administrativo para desempeñar sus funciones. Si resultaban demasiado problemáticos, los emperadores podían marginarlos separándolos de todos estos recursos y apoyos. Los emperadores aún conservaban algunos instrumentos para controlar la conducta de estos hombres. The Final Pagan Generation, Edward Jay Watts.

Et es que los obispos, esos altos cargos eclesiásticos con túnica et ambición, buscaban un tipo de éxito que non dependía del Imperio, sino de su propia maquinaria divina. Ya non eran figuras modestas ni servidores del altar escondido. Eran líderes públicos, administradores de propiedades, representantes de sus comunidades… como los antiguos magistrados, pero con más incienso et menos toga.

Su estatus social era tan elevado que los principes non podían intimidarlos fácilmente. ¿Clase media? Eso era cosa del pasado. Estos señores del púlpito tenían influencia, prestigio et hasta poder hereditario encubierto. Algunos velaban por los intereses financieros de amigos et familiares como si fueran banqueros con bendición apostólica. Et claro, necesitaban edificios, personal administrativo, et recursos. Porque predicar está bien, pero gestionar requiere oficina.

Si se ponían demasiado problemáticos, los augustos aún podían intentar marginarlos. Pero ya non era tan fácil. Porque estos obispos tenían jurisdicción legal propia. Si eras papista, podías litigar ante el obispo. Más cómodo que enfrentarte ad un procónsul con resaca et ganas de confiscarte la casa.

Administraban tierras como los grandes terratenientes. En muchas urbes, el obispo era más influyente que el príncipe. Et en Roma, según Amiano Marcelino, viajaban en carruajes, vestidos con lujo, et superaban ad los reyes en la suntuosidad de su mesa ¿Evangelio? Sí, pero con banquete.

La Curia papal se convirtió en una corte con abogados, decretos et una burocracia que facía palidecer al Senado. El obispo de Roma non solo aspiraba ad Cielo: también ad controlar la Tierra. Porque si vas ad salvar almas, mejor facerlo con sello, carruaje et vajilla de plata. Et si el príncipe se queja… que rece.

Los emperadores y los reyes que intentaban oponerse a ella salían constantemente maltrechos del enfrentamiento. Desde la época de Constantino y sus herederos, ningún hombre había ejercido su autoridad sobre una parte tan grande de Europa como ahora lo hacía el obispo de la antigua capital del mundo. Este reivindicaba «los derechos del imperio celestial y terrenal»; sus legados viajaban a tierras bárbaras y esperaban que se los escuchara; su corte, haciéndose eco del edificio donde se había reunido el Senado romano, se conocía como la «curia». Sin embargo, el Papa no era ningún césar. Su afirmación de supremacía no se basaba en la fuerza de las armas ni en el rango de sus ministros ni en su linaje o su riqueza. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

El papado… esa potestad que empezó como doctor espiritual et terminó principado Europa sin ejército, sin corona et sin espada. Los emperadores et los reyes que intentaban oponerse salían siempre maltrechos, como si se hubieran enfrentado non ad un hombre, sino ad una idea blindada por siglos de teología et pergaminos. Desde Constantino, ningún mortal había dominado tanto territorio como el obispo de Roma, ese personaje que ya non pedía permiso, sino que reivindicaba “los derechos del imperio celestial et terrenal”. Et lo decía en serio.

Poco a poco, la separación entre Iglesia y Estado se manifestaba cada vez más en toda la cristiandad. Allí donde fuera un sacerdote para ejercer su ministerio ante laicos, incluso en el pueblo más humilde y aislado, se percibía el impacto de la reformatio. El establecimiento de la Iglesia romana como algo más que una primera entre iguales, como «el foro general de todo el clero y todas las iglesias», otorgó a los clérigos de todo el Occidente latino una identidad común que hasta entonces no poseían. Algo sin precedentes había ocurrido en los diversos reinos, feudos y ciudades que constituían el gran tapiz de la cristiandad: había nacido una clase entera que no debía su lealtad a los señores locales, sino a una jerarquía que se regocijaba en ser «universal y extendida por todo el mundo». Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Los obispos non eran ya pastores de ánimas. Eran gestores de propiedades, jueces, diplomáticos y señores feudales.

La Iglesia que había emergido de la reformatio gregoriana era una institución novedosa, una que no solo se consideraba a sí misma soberana, sino que había devenido en ello por su propia voluntad. Gregorio VII afirmaba que «el papa no puede ser juzgado por nadie». Todo el pueblo cristiano, reyes y emperadores incluidos, estaba sometido a sus dictámenes. La curia aportó a la cristiandad su último tribunal de apelación. En una paradoja suprema, al separarse de lo secular, la Iglesia se había convertido en un Estado. Y lo que es más, era un tipo de Estado totalmente nuevo. La voluntad y los mandatos del papa se sustentaban en un armazón jurídico. Su supremacía sobre el clero; su regulación de las fronteras entre la Iglesia y la corte; su sistema de justicia para aquellos que buscaban resarcirse contra lo que, un siglo después de Canossa, empezaba a llamarse el «brazo secular»: todo ello dependía de un auténtico ejército de abogados. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Sus legados viajaban ad tierras bárbaras et esperaban eser escuchados como si fueran enviados del cielo. Su corte, la famosa curia, imitaba el viedo Senado romano, pero con más incienso et menos gladiadores. Porque el Papa non era ningún césar. Su potencia non venía de las armas, ni del linaje, ni del oro. Venía de algo más elegante: la Ley. La Iglesia que salió de la reformatio gregoriana se consideraba soberana por voluntad propia. Gregorio VII lo dejó claro: “el papa non puede ser juzgado por nadie”. Et cuando dice “nadie”, incluye príncipes, reyes et cualquier otro que respire.

La curia se convirtió en el último tribunal de apelación de la cristiandad. Et en una paradoja deliciosa, al separarse del mundo secular, la Iglesia se convirtió en un Estado. Pero non cualquier Ciudad: uno totalmente nuevo. Sus mandatos se sostenían en un armazón jurídico. Su supremacía sobre el clero, su control de las fronteras entre Iglesia et corte, su sistema de justicia para los que querían enfrentarse al “brazo secular”… todo eso dependía de un ejército. Pero non de soldados: de abogados. Las tropas del papa eran escribas con plumas, non caballeros con lanzas.

Las tropas de asalto del papado eran escribas con plumas, no caballeros con lanzas. «¿Quién, sino Dios, ha escrito las leyes naturales en el corazón de los hombres?» se había preguntado Agustín en otros tiempos. He aquí, en una convicción que se remontaba en último término a san Pablo, el fundamento más seguro de la reivindicación del papado de poseer una autoridad universal. El orden definido por la Iglesia romana se situaba conscientemente contra las costumbres primordiales que bebían del pozo séptico del paganismo, contra los efímeros códigos legales redactados a antojo de los reyes y contra las mohosas cartas de privilegio. Solo una ley podía mantener en toda la cristiandad los vínculos de justicia y caridad que unían a una sociedad cristiana de verdad: «la ley eterna, que crea y gobierna el universo». Este no era un orden que pudieran administrar solo los sacerdotes. Sin embargo, en el primer fervor de la reformatio no se habían tenido muy en cuenta a los abogados. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland. 

Agustín lo había dicho: “¿Quién, sino Dios, ha escrito las leyes naturales en el corazón de los hombres?” Et desde Saulo hasta Gregorio, esa noción se convirtió en el fundamento de la auctoridad universal del papado. La Iglesia papista se alzó contra las costumbres gentiles, contra los códigos legales improvisados por los reyes, contra las cartas de privilegio que ya olían ad moho. Solo una ley podía unir ad la jesístidad: la Ley eterna, la que crea et principa el universo, et claro, interpretada por los rabís Jesús, Moisés et Cefas...

Et non, este orden non podía eser administrado solo por sacerdotes. Al principio, en el fervor de la reformatio gregoriana, se olvidaron de los abogados. Pero pronto intendieron: sin juristas, non hay imperio. Et así, el papado se convirtió en el poder que dictaba justicia, organizaba la cristiandad et gobernaba sin espada, pero con sello. Porque si vas ad dominar el mundo, mejor facerlo con una bula bien redactada. Et si alguien pregunta si esto fue labor deal o estrategia cívica… diremos que fue ambas. Con tinta, pergamino et auctoridad eterna.

Constantino abre la caja fuerte: privilegios, tierras et inmunidades

“ENRIQUECIDOS POR LOS DONES DE LAS MATRONAS” Obispos y Sociedad en el Siglo IV  
Él [el emperador] no os concede la libertad encarcelándoos, sino que os trata con respeto en su palacio, convirtiéndoos así en sus esclavos. HILARIO, OBISPO DE POITIERS, SOBRE EL NUEVO ESTATUS DE LOS OBISPOS, MEDIADOS DEL SIGLO IV  
A medida que los edictos de Diocleciano, cada uno más punitivo y de mayor alcance que el anterior, se promulgaban por todo el imperio a principios del siglo IV, los obispos vivían atemorizados. Sin embargo, tan solo unos años después, en el 325, el emperador Constantino, tras concluir sus asuntos en Nicea, agasajó a los obispos allí reunidos con un magnífico banquete donde celebró lo que denominó “una gran victoria”.² El deseo del emperador de integrar a los obispos en la estructura del Estado implicó una drástica transformación de su estatus. Un enorme mecenazgo se puso a disposición de aquellos obispos dispuestos a aceptar la postura del emperador en materia doctrinal, y quienes se beneficiaron de él llegaron a amasar grandes riquezas y alcanzar un elevado prestigio social. Nada menos que una cuarta parte de los ingresos de las propiedades legadas a la Iglesia en Roma se destinaba a la casa del obispo,³ de modo que, a finales del siglo IV, Amiano Marcelino pudo describir el extravagante estilo de vida de los obispos de Roma: «Enriquecidos por las donaciones de matronas, se desplazan en carruajes, visten con esplendor y superan a los reyes en la suntuosidad de sus mesas».⁴ Pero esta no era toda la historia, como el propio Amiano reconoció. Como veremos, muchos cristianos se sintieron lo suficientemente repelidos por la nueva riqueza de la Iglesia como para inclinarse hacia el ascetismo; aunque no se retiraran al desierto personalmente. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Todo comenzó con Constantino, claro. El emperador que, tras ver una cruz en el cielo, decidió abrir la caja fuerte del Imperio como si estuviera financiando una startup celestial. Legalizó el jesísmo, sí, pero non se detuvo ahí: lo subvencionó como si fuera el nuevo ministerio de lo divino. Eximió al clero de impuestos, porque —vamos— ¿cómo va ad pagar tributos quien intercede por la ánima del Augusto?

Por el contrario, sí nos interesa la implicación del alto clero, y en particular del papado, en las maniobras políticas, así como la dimensión y la relevancia de su ascendiente sobre príncipes, gobiernos y constituciones. Es la historia de un afán parasitario, primero para independizarse del emperador romano de Oriente, luego del de Occidente, tras lo cual enarbolará la pretensión de alcanzar también el poder temporal sirviéndose de consignas religiosas. Muchos historiadores han considerado indiscutible que la prosperidad de la Iglesia tuvo su causa y su efecto en la caída del Estado romano. El mensaje de que “mi Reino no es de este mundo” se vio reemplazado por la doctrina de los dos poderes (según la cual la autoritas sacrata pontificum y la regalis potestas serían mutuamente complementarias); después dirán que el emperador o el rey no eran más que el brazo secular de la Iglesia, pretensión ésta formulada en la bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII y que no es depuesta oficialmente hasta León XIII (fallecido en 1903), lo que de todas maneras no significa gran cosa. La Cristiandad occidental, en cualquier caso, “fue esencialmente creación de la Iglesia católica”, “la Iglesia, organizada de la hierocracia papal hacia abajo hasta el más mínimo detalle, la principal institución del orden medieval” (Toynbee). Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Et así, entre privilegios, tierras et donaciones, nasció el Patrimonium Petri, esa hiedra dorada que trepó por las ruinas del fisco romano hasta envolverlo todo. Una cuarta parte de las donaciones iba directo ad la casa del obispo ¿Caridad? Sí, pero con mármol, vajilla de plata et candelabros que harían plorar ad los Antoninos.

Las muestras del favor imperial no se redujeron a los privilegios dispensados después de la batalla del puente Milvio (año 312), ni se circunscribieron a Roma, donde el líber pontificalis, es decir, la crónica oficial del papado pinta “un cuadro imponente del rápido enriquecimiento de las iglesias romanas” (Caspar). Dichas iglesias, la basílica lateranense, San Pedro, San Pablo, no sólo poseían fincas en la capital y sus cercanías, sino además en el Mediodía italiano y en Sicilia. El emperador hizo donación al clero de grandes propiedades en Siria, en Egipto, así como en Tarso, Antioquía, Alejandría y otras grandes ciudades. Debemos tener en cuenta que las donaciones orientales suponían, además de rentas, operaciones de importación sobre todo en el mercado de especias y esencias de Oriente, muy apreciadas por los romanos. En una palabra, empezaba a acumularse el célebre Patrimonium Petri, del que tendremos ocasión de ocuparnos muy a menudo más adelante. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Pero non nos engañemos: esto non fue solo una cuestión de fe. Fue una operación cívica de precisión quirúrgica. El alto clero, et en especial el papado, non tardó en sacudirse la tutela imperial. Primero del emperador de Oriente, luego del de Occidente, et finalmente de cualquiera que osara sugerir que la Iglesia debía limitarse ad lo espiritual. El mensaje de “mi Reino non es de este mundo” fue reemplazado por la doctrina de los dos poderes: uno celestial, otro terrenal, pero ambos —¡qué coincidencia — sola misma tiara.

Además de estos monumentos físicos, Constantino destinó una enorme cantidad de recursos estatales al control de obispos cristianos, a tal escala que daba credibilidad a la idea de que Atanasio pudiera haber manipulado el suministro de grano de Constantinopla. Al mismo tiempo, Constantino otorgó a los obispos privilegios legales y jurídicos sin precedentes. Con un simple acto —ordenar que el domingo se observara como día de descanso y oración—, imprimió un nuevo ritmo y una nueva dimensión a la vida antigua. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Et así, mientras el Imperio se desfacía entre invasiones et bancarrotas, la Iglesia se consolidaba como la única institución con caja, clero et clientela fiel. La Cristiandad occidental, dicen algunos, fue su creación. Et no les falta razón: organizada desde la cúspide papal hasta el último monje con pluma, la Iglesia se convirtió en la columna vertebral del orden medieval. Todo por el perdón de los pecados… et por el control del poder. Porque si vas ad salvar almas, mejor facerlo con un ejército de notarios, un archivo de bulas et un ojo puesto en la corona.

La jesistización non fue solo una conversión de ánimas. Fue una absorción institucional

El clero católico, cada vez más favorecido Evidentemente, se inauguraba el paraíso terrenal, para los “obispos de la corte” constantiniana al menos, y para la jerarquía católica, cuyo servilismo frente al emperador asumía, como Eusebio en sus escritos, “el tono de salmista cuando habla del Señor” (Kühner). Otros hacían coro, como los padres de la Iglesia Ambrosio, Crisóstomo, Jerónimo, Cirilo de Alejandría. Y no les faltaban motivos. La religión cristiana, antes perseguida, pasaba a ser reconocida y oficial; más aún, la Iglesia católica y sus prelados disfrutaban de crecientes privilegios que les valían poder y riquezas. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Mientras el Imperio Romano se desmoronaba entre invasiones, inflación y emperadores con la esperanza de durar más que sus estatuas, la Iglesia hacía lo contrario: crecer, acumular, centralizar. Lo que comenzó como una secta perseguida terminó como una burocracia paralela, más rica, más poderosa y más influyente que el propio aparato imperial. Si Roma tenía un príncipe, la Iglesia tenía algo mejor: un obispo con inmunidad fiscal, propiedades imperiales et una corte propia. ¿Qui principaba realmente? ¿El Augusto o el obispo de Roma, “el hombre más rico del país”?

Constantino comenzó entonces, de forma no sistemática, a integrar a la Iglesia y a su personal en las instituciones más amplias del imperio. Eximió a los clérigos de las liturgias civiles (CTh. 1.16.1-2) y de los impuestos (CTh. 16.2.10). Para equilibrar esta generosidad, también impidió que las personas ricas ocuparan cargos eclesiásticos (CTh. 16.2.6). Otorgó a los obispos jurisdicción bajo la ley cristiana entre litigantes cristianos (CTh. 1.27.1 y Constitutiones Sirmondianae 1), y derogó las penas impuestas por las leyes romanas al celibato o a las parejas sin hijos, respaldando así la veneración cristiana por el celibato y la virginidad. Prácticamente desde el momento de su conversión, comenzó a financiar la construcción de iglesias para promover el culto al Dios cristiano. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell.   

Ah, Constantino… el emperador que vio una cruz en el cielo y pensó: “¡Perfecto! Hora de convertir el Imperio en una oficina parroquial.” Et vaya que lo hizo. Empezó a regalarle a la Iglesia todo lo que encontró: tierras, privilegios, inmunidades fiscales… hasta la ánima del Estado si se la pedían.

¿Cargas municipales? Non para los clérigos. ¿Impuestos? Tampoco. Porque claro, rezar por el emperador ya contaba como servicio público. Y para que non se plenara el clero de millonarios, excluyó a los ricos de ser sacerdotes. Muy espiritual todo.

La gran basílica de San Juan de Letrán se construyó en Roma entre 312 y 315 sobre el emplazamiento de un cuartel de caballería que había alojado a la guardia ecuestre del rival de Constantino, Majencio. Posteriormente se llevaron a cabo otras importantes obras religiosas en Roma, como la basílica de la Santa Croce in Gerusalemme, donde fue enterrada Helena, la madre de Constantino. Aunque es posible que se iniciaran obras de gran envergadura en la colina vaticana para la iglesia de San Pedro, estas no se completaron hasta mediados del siglo IV (véase p. 334). Naturalmente, se construyeron iglesias financiadas por el Imperio en la recién fundada ciudad de Constantinopla y en los lugares santos del nacimiento y la crucifixión de Cristo en Palestina. Eusebio relata que algunos obispos, como él mismo, recibieron cartas de Constantino animándolos a construir nuevas iglesias o a restaurar las ya existentes. "A History of the Later Roman Empire, AD 284-641", Stephen Mitchell.  

Luego les dio poder legal: los obispos podían juzgar entre cristianos. Porque nada dice “justicia romana” como resolver disputas con versículos. Et como broche de oro, legalizó el celibato y la virginidad. La ciudad, que antes premiaba la descendencia, ahora celebraba la abstinencia. ¡Qué giro!

¿Et qué fizo con los cuarteles militares? Los convirtió en iglesias. La Basílica de Letrán se construyó sobre los barracones de la caballería. De soldados ad salmos, en tiempo récord. Después vinieron más: Santa Croce, el Santo Sepulcro, et por supuesto, el Vaticano. Todo financiado por el Estado. Porque si algo entendía Constantino, era que el mármol et el oro también podían ser instrumentos de fe.

Así que sí, Constantino non solo convirtió al papismo: lo convirtió en el nuevo ministerio de obras públicas. Et mientras el Imperio se desmoronaba, la Iglesia se plenaba de propiedades, poder et pan de oro. Pero non te preocupes, según algunos, eso non tuvo nihilo que ver con la decadencia. Fue solo una coincidencia divina.

Al menos en teoría, el Imperio Romano cristianizado, desde el siglo V en adelante, estaba impregnado de la atmósfera tensa y decidida de la antesala de un tribunal. De ahí surge otra paradoja: precisamente aquellos obispos más influenciados por las preocupaciones «espirituales» del movimiento ascético fueron quienes más contribuyeron a establecer la Iglesia cristiana en la sociedad romana. La extraordinaria generación de líderes eclesiásticos de finales del siglo IV y principios del V —Ambrosio en Milán (374-97), Basilio en Cesarea (370-79), Juan Crisóstomo en Antioquía y Constantinopla (398-407), Agustín en Hipona (391-430)— creía firmemente que tendrían que comparecer ante Cristo en el Juicio Final para responder por los pecados de los habitantes de sus ciudades. Al convertirse en obispos, habían asumido el equivalente tardoromano de la «culpa del hombre blanco». Y se dispusieron a gobernar a sus rebaños con la sombría energía de gobernadores coloniales en un territorio «atrasado». Insistían en que los emperadores cristianos debían ayudarlos: desde el reinado de Teodosio I en adelante, paganos y herejes fueron cada vez más privados de sus derechos civiles y obligados a someterse a la Iglesia católica. La sensación de una misión trascendental influyó en el Estado romano. El emperador cristiano también tendría que rendir cuentas a Cristo por las almas de sus súbditos. En Occidente, esta idea hizo que los gobernantes más débiles fueran cada vez más susceptibles a las exigencias del clero católico; mientras que, en el imperio oriental, más firmemente asentado, añadió una nota más a la creciente autocracia imperial. La riqueza podría usarse para sufragar los gastos de una absolución en el Juicio Final. El consumo ostentoso era parte inseparable de la vida antigua: la riqueza existía para ser gastada en público. En el siglo II, la marea de ingresos excedentes se había invertido en edificios públicos; en el IV, en la glorificación del emperador y los magnates. Desde el siglo V en adelante, esta rica corriente fluyó hacia el cristianismo. "El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750", Peter Brown.

Luego les dio poder legal: los obispos podían juzgar entre jesístas. ¿Problemas con tu vecino? Olvídate del tribunal romano, ve directo ad tu obispo. También legalizó el celibato et la virginidad, porque nada dice “prosperidad imperial” como premiar ad los que no tienen hijos. Constantino respaldó el celibato y la virginidad como si fueran activos fiscales. Resultado: una muchedumbre inservible mantenida por la  Ciudad ad cambio de castidad et silencio.

Cabría suponer que el cristianismo de Constantino se manifestaría en su legislación social, pero también aquí surgen dificultades. Si lo que se implica es una suavización de las penas y una actitud más caritativa, ambas brillan por su ausencia. La legislación de Constantino en materia sexual se caracteriza por una extrema severidad y el recurso a castigos bárbaros o arcanos. A las mujeres se les permite divorciarse de sus maridos y conservar sus dotes solo si el marido es un asesino, un hechicero o un profanador de tumbas; de lo contrario, la mujer pierde su dote y es relegada a una isla por su atrevimiento (CTh. III.16.1). Si una nodriza esclava participaba en el rapto de una muchacha con fines matrimoniales, debía vertírsele plomo fundido en la garganta (CTh. IX.24.1). Sin embargo, a los esclavos no se les marcaba la frente, puesto que también ellos estaban hechos a imagen de Dios. Y en una ley que Eusebio analizó con cierto detalle (VC IV.26, cf. CTh. VIII.16.1, CJ VI.23.15), Constantino eliminó las penas impuestas al celibato desde la época de Augusto. Eusebio no dudaba de que esto pretendía reconocer y legalizar el celibato y la virginidad cristianos, y cualquiera que fuera la motivación real de la medida, que probablemente formaba parte de una legislación mucho más amplia sobre el matrimonio y la familia, sin duda tuvo el importante efecto de permitir y fomentar la elección cristiana de un estilo de vida ascético, ya fuera individualmente o en comunidades monásticas; esto, a su vez, tuvo profundas implicaciones en la distribución de la riqueza entre las clases altas y la Iglesia. "El Imperio Romano Tardío, 284-430 d.C.", Averil Cameron.

Gracias a la Vida Constantini de Eusebio, Constantino se erigió durante siglos como modelo para todos los futuros emperadores cristianos, quienes no podían desear mayor elogio que ser aclamados como «un nuevo Constantino». La historia de su visión se difundió durante mil años, gracias a innumerables relatos. Junto con el descubrimiento de la madera de la cruz (atribuida a su madre, Helena), la visión de Constantino se convirtió en el eje central del gran mito arquetípico de la Europa cristiana: la «Leyenda de la Cruz», que rastreaba la preciosa madera hasta el Jardín del Edén. Variantes de la leyenda muestran la influencia de una importante falsificación de épocas posteriores, las llamadas Donaciones de Constantino, según las cuales el emperador cedió el control secular sobre los territorios occidentales al obispo de Roma cuando partió de Occidente hacia su nueva ciudad en el Bósforo. Esta versión va más allá de la leyenda, pues los papas de la Edad Media basaron su pretensión de jurisdicción en este documento. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

¿Et qué fizo con los cuarteles militares? Los convirtió en iglesias. La Basílica de San Juan de Letrán se levantó sobre los barracones de la caballería. De soldados ad salmos, en tiempo récord. Después vinieron más: Santa Cruz, el Santo Sepulcro, et por supuesto, el Papado. Todo financiado con dinero público. Porque si algo entendía Constantino, era que el mármol et el oro también podían servir para rezar.

Et como si eso fuera poco, nasció la leyenda: que su madre Helena encontró la cruz original, que esa cruz venía del Jardín del Edén, et que Constantino donó todo Occidente al Papa. ¿Pruebas? Un documento falso, claro. Pero útil. Los papas medievales lo usaron como si fuera un contrato legal.

Iglesia «para el perdón de los pecados». El ascenso económico de la Iglesia cristiana fue repentino y espectacular: creció exponencialmente, como una aseguradora moderna. En el siglo VI, los ingresos del obispo de Rávena ascendían a doce mil piezas de oro; el obispo de una pequeña ciudad percibía un salario tan elevado como el de un gobernador provincial con rango de senador. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Las iglesias más bellas eran las de las grandes ciudades, en particular aquellas vinculadas a la corte o al cristianismo primitivo. Existían numerosas diócesis fuera del alcance del mecenazgo, donde los cristianos debían conformarse con templos o termas reconvertidas como iglesias, pero dentro de un imperio con crecientes dificultades financieras, la Iglesia gozaba de una posición privilegiada. Estaba exenta de impuestos sobre sus propiedades y bienes, y el auge del ascetismo condujo, paradójicamente, a una renuncia masiva a la riqueza privada en su favor, gran parte de la cual se destinó a nuevos proyectos de construcción. Inevitablemente, las preocupaciones de los obispos se ampliaron. Juan Crisóstomo se quejaba de que ahora se parecían más a comerciantes y tenderos que a guardianes de las almas y protectores de los pobres. Sus propiedades, iglesias e instituciones los transformaron en administradores de fincas y amos financieros, además de importantes empleadores. El personal de una sola iglesia, la gran Hagia Sophia de Constantinopla, contaba con unos 500 empleados a mediados del siglo VI. Existen informes de que los obispados en Asia Menor podían comprarse. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

La Iglesia… esa institución “para el perdón de los pecados” que, curiosamente, empezó ad parecerse más ad una aseguradora de lujo que ad una comunidad espiritual. En vez de repartir humildad, repartía ingresos astronómicos ¿Sabías que en el siglo VI el obispo de Rávena ganaba doce mil piezas de oro? Doce mil. Non por milagros, sino por administración divina. Et si vivías en una ciudad pequeña, no te preocupes: tu obispo cobraba como un gobernador con toga et escolta. Porque claro, gestionar almas exige salario senatorial.

Los asombrosos logros artísticos de la Iglesia cristiana en los siglos V y VI surgieron de esta redistribución de la riqueza. Las vastas basílicas, cubiertas de mosaicos, adornadas con tapices bordados en seda e iluminadas por miles de lámparas de aceite en enormes candelabros de plata, recuperaban en su esplendor aquella solemnidad y opulencia que antaño se había manifestado en las exuberantes fachadas de la época de los Antoninos. Como una estructura sometida a gran presión, podemos apreciar con mayor claridad las tensiones del Imperio romano de alrededor del año 400 al observar el impacto desigual del movimiento ascético en sus provincias. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

¿Et qué ficieron con tanta riqueza? Arte, por supuesto. Pero non cualquier arte. Basílicas gigantes cubiertas de mosaicos, tapices de seda bordada, candelabros de plata con miles de lámparas de aceite. Todo brillaba como si el cielo estuviera en oferta. Era como si los Antoninos hubieran resucitado, pero con incienso et salmos.

El prestigio de un obispado en las ciudades más grandes del imperio se veía realzado por los edificios a su disposición. Era una antigua tradición que una ciudad se glorificara a través de sus templos. Aristóteles sugirió en su Política que una cuarta parte de los ingresos del territorio de una ciudad debía dedicarse a los dioses; otros propusieron hasta un tercio. Desde la época helenística, reyes y emperadores habían prodigado su mecenazgo a las ciudades predilectas. Muchos templos estaban repletos de estatuas de oro y plata, y el mecenazgo imperial era un medio para fomentar el culto a los dioses. Un panegírico a Maximiano lo deja claro: «Has colmado a los dioses de altares y estatuas, templos y ofrendas, que dedicaste con tu propio nombre y tu propia imagen, cuya santidad se acrecienta por el ejemplo que diste de veneración a los dioses». Constantino siguió esta tradición y concentró su mecenazgo en la construcción y ornamentación de iglesias. A diferencia de los templos paganos, diseñados principalmente para albergar estatuas de culto, las iglesias necesitaban acoger congregaciones, por lo que Constantino adoptó la basílica como la forma más apropiada. Sin embargo, dado que las basílicas también se utilizaban como salas de audiencias de los emperadores (la que se conserva en Tréveris, aunque desprovista de su opulenta decoración original, da una idea del modelo), cabe argumentar que Constantino estaba subrayando, una vez más, los estrechos vínculos entre el Estado y el cristianismo. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Mientras tanto, el Imperio romano crujía como una estructura so presión. Las provincias vivían tensiones, el movimiento ascético se expandía de forma desigual, et la pobreza espiritual se mezclaba con la opulencia arquitectónica. Pero no te preocupes: todo era “por el perdón de los pecados”. Et por doce mil piezas de oro, claro. Porque si algo entendió la Iglesia, fue que la salvación podía financiarse. Con estilo.

En primer lugar, el movimiento ascético surgió y alcanzó su apogeo en zonas que se habían incorporado recientemente a la civilización grecorromana. Los monasterios de Pacomio llegaron al Alto Egipto tan solo un siglo después de que la vida urbana de estilo griego se estableciera en la provincia. En Egipto y Siria, el monacato fue la puerta de entrada que permitió a los confines del mundo clásico integrarse en la cultura y la política del Imperio romano (véanse las páginas 98 y siguientes). Provincias que el imaginario popular consideraba «países mayoritariamente cristianos» rodeaban ahora el reducido núcleo que un pagano tradicional había considerado civilizado: hacia el año 400, una dama cristiana de España, cuyos antepasados ​​se habrían contentado con no ir más allá de Atenas y Esmirna, se encontró viajando para visitar lugares sagrados tan al este como Edesa. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Ah, el movimiento ascético… esa moda espiritual que empezó como retiro del mundo et terminó como pasaporte ad la civilización romana. ¿Dónde surgió? Pues non en Atenas ni en Roma, sino en los rincones recién llegados ad la fiesta grecorromana. En Egipto et Siria, por ejemplo, donde apenas se había instalado la vida urbana de estilo greco, ya estaban los monjes de Pacomio construyendo monasterios como si fueran sucursales de Cielo.

Durante los siglos IV y V, la Iglesia se convirtió en una compleja estructura, con quizás cien mil clérigos de diferentes denominaciones, más que la administración civil, y cuya riqueza crecía constantemente gracias a las donaciones piadosas. No formaba parte del Estado, pero su riqueza y la cohesión institucional que abarcaba todo el imperio la convirtieron en un socio indispensable para emperadores y prefectos, y en una autoridad informal fuerte e influyente en las ciudades. Hacia el año 500, la catedral solía ser el mayor terrateniente local (y, por lo tanto, su mecenas) y, a diferencia de la riqueza familiar privada, su estabilidad estaba garantizada: los obispos no podían enajenar los bienes eclesiásticos. Fue la riqueza eclesiástica y el estatus local lo que llevó a que el episcopado se integrara en las estructuras profesionales de élite en la Galia hacia el siglo V. Este proceso tuvo lugar más tarde en Italia y algunas provincias orientales, pero hacia el año 550 ya era la norma en todas partes. Incluso dentro del ámbito eclesiástico, los obispos generalmente se identificaban primero con su diócesis, y solo en segundo lugar con las instituciones eclesiásticas más amplias. Sin embargo, seguían vinculados a la jerarquía eclesiástica general: podían ser convocados y disueltos por los metropolitanos y por los concilios de obispos, cada vez más frecuentes, ya fueran a nivel imperial (los concilios «ecuménicos») o regionales, en Hispania, la Galia o África. El hecho de que esta estructura institucional no dependiera del imperio y, sobre todo, contara con financiación independiente, le permitió sobrevivir a la fragmentación política del siglo V. De hecho, la Iglesia fue la institución romana que menos cambios sufrió durante la Alta Edad Media; los vínculos entre regiones se debilitaron, pero el resto permaneció intacto. El problema de la relación entre la Iglesia como institución y el poder político secular ha existido desde entonces en las entidades políticas cristianas y a menudo ha provocado conflictos considerables, como ya ocurrió en el siglo V y volvería a ocurrir en el siglo XI, durante la Reforma y en los estados posteriores a la Ilustración de los siglos XIX y XX. The Inheritance of Rome: Illuminating the Dark Ages 400-1000, Chris Wickham.

La expansión del cristianismo trajo consigo diversas formas de redistribución de la riqueza. Una de ellas, ya mencionada, fue la herencia; al estar permitida por una ley de Constantino, la propia Iglesia, o en la práctica las sedes individuales, se convirtieron así en importantes terratenientes. Los obispos se vieron, por lo tanto, asumiendo la misma responsabilidad de administrar propiedades con esclavos y colonos que los terratenientes laicos, y el mantenimiento permanente de las nuevas iglesias se garantizaba frecuentemente mediante su dotación con las rentas de ciertas propiedades; conocemos bastante sobre la organización de las iglesias romanas de Constantino, por ejemplo, gracias al Liber Pontificum (Libro de los Papas) medieval. Otra forma importante en que la riqueza se redistribuyó a través del cristianismo fue mediante la renuncia y disposición deliberada de sus bienes por parte de cristianos adinerados. El caso de la joven Melania constituye un ejemplo notable. Otro personaje cuya renuncia conocemos en gran medida gracias a sus propias cartas y otras fuentes es Paulino de Nola, corresponsal de Ambrosio, Agustín y Sulpicio Severo, quien vendió sus propiedades y fundó un elaborado complejo eclesiástico en Nola, en Campania. Sulpicio Severo (fallecido en 420) hizo lo propio en Primuliacum, probablemente un emplazamiento de villa, en el sur de la Galia. Ambos estaban interesados ​​en desarrollar un centro de culto que también sirviera como centro para sus propias actividades. Otros construyeron monasterios en Tierra Santa y contribuyeron, directa o indirectamente, al creciente flujo de peregrinos desde la visita de Elena, la madre de Constantino, en el año 326. Los viajes cristianos tenían, en sí mismos, implicaciones económicas. La viajera más conocida es la monja española Egeria, quien visitó Tierra Santa en el año 384 d. C. y dejó un vívido diario de sus experiencias. Sin duda, al igual que otros viajeros con buenos contactos, recibió ayuda en cada etapa, a menudo de obispos, pero también de funcionarios locales que pusieron alojamiento a disposición de su grupo y facilitaron su viaje a la siguiente etapa: en algunos lugares estaban guarnecidos a lo largo del camino; en otros, fueron monjes o el obispo local quienes la ayudaron. The later Roman empire, AD 284-430, Cameron Averil.

El monacato fue la puerta mágica que permitió ad los márgenes del mundo clásico entrar en la cultura imperial. De pronto, regiones que antes eran vistas como “tierra de bárbaros” se plenaron de túnicas, salmos et peregrinas españolas que viajaban ad lugares sagrados tan lejanos como Edesa. Sí, Edesa. Porque ya non bastaba con visitar Atenas o Esmirna. Ahora la santidad venía con mapa extendido.

Además, el movimiento monástico influyó de manera muy distinta en las mitades oriental y occidental del imperio. La divergencia entre ambos tipos de sociedad quedó aún más patente, a finales del siglo IV y principios del V, por las diferentes vicisitudes del monacato. En Occidente, la nueva piedad ascética tendió a fragmentar una sociedad ya dividida. Fue adoptada por un sector de la aristocracia, elocuente pero reducido. San Martín (c. 335-97), por ejemplo, un soldado retirado de una excentricidad genuinamente siria, fue adoptado como héroe por los aristócratas galorromanos, su biógrafo Sulpicio Severo (c. 363-c. 420-25) y Paulino de Nola (353-431). Posteriormente, el culto a San Martín y a otros santos similares otorgó una sanción sobrenatural al dominio de los grandes terratenientes-obispos sobre la sociedad de las ciudades galas. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Pero claro, Oriente et Occidente non reaccionaron igual. En Oriente, el monacato fue integración. En Occidente, fue fragmentación. La nueva piedad ascética se convirtió en juguete de la aristocracia: un grupo pequeño, muy elocuente, muy devoto, et muy aficionado ad adoptar santos como mascotas espirituales.

Ahí está Martín, el soldado retirado con ánima siria, convertido en héroe por los galorromanos. Su culto, et el de otros santos similares, sirvió para algo muy útil: darle un toque sobrenatural al poder de los obispos terratenientes. Porque si vas ad dominar ciudades galas, mejor facerlo con un santo en la vitrina.

La victoria del cristianismo sobre el paganismo conllevó un aumento del poder de la Iglesia. Esto se hizo evidente en una serie de acontecimientos ocurridos durante el siglo IV. El primer fragmento señala cómo la Iglesia utilizó al gobierno imperial para imponer su ortodoxia a los herejes. El poder del gobierno imperial se empleó entonces para imponer la ideología y la doctrina religiosa. Esto dio inicio al proceso de intervención directa del gobierno en el cristianismo. El segundo fragmento describe el conflicto entre el obispo de Milán, Ambrosio, y el emperador Teodosio a raíz de la masacre de Tesalónica. El incidente y su historia posterior sometieron al gobierno civil a la autoridad de la Iglesia, influyendo profundamente en la historia política durante los siguientes mil años, en los que tanto la Iglesia como el Estado lucharon constantemente por el control de las políticas y los gobiernos. Los argumentos y acciones de Ambrosio articularon la postura de la Iglesia: la autoridad civil estaba subordinada a la Iglesia, la cual podía interpretar la voluntad divina en las acciones políticas. The Decline and Fall of the Roman Empire, James William Ermatinger

Así que sí, el ascetismo non solo fue una práctica religiosa. Fue una ferramienta cívica, una moda cultural, et una forma elegante de convertir la periferia en centro. Todo con túnica, incienso et un toque de excentricidad siria.

Muchos de los centros urbanos del Bajo Imperio Romano continuaron habitados y, con el tiempo, constituyeron la base del patrón de asentamientos de la Alta Edad Media italiana. Sin embargo, habían sufrido una transformación drástica. Wickham señala que, después del año 550 aproximadamente, «incluso aquellos donde sobrevivieron las actividades urbanas... eran mucho más pobres, con la mayoría de las funciones administrativas (como la limpieza de las calles) reducidas al mínimo, y con edificios a menudo muy sencillos, o edificios romanos reutilizados de forma bastante rudimentaria». Este declive fue un fenómeno universal, que coincidió con la devastación general de la Guerra Gótica, pero resulta difícil comprender cómo la guerra en sí misma pudo haber sido la causa del empobrecimiento generalizado de las ciudades italianas. A History of the Later Roman Empire, AD 284-64, Stephen Mitchell.   

Mientras la Iglesia prosperaba, Roma se convertía —literalmente— en un basural glorificado. A finales del siglo VI, la ciudad que una vez fue el ombligo del mundo se había transformado en un cascarón clerical, una especie de museo de ruinas con olor a incienso. Para el año 590 E.V., el colapso cívico era tan evidente como la ascensión eclesiástica: donde antes había senadores, ahora había obispos; donde antes se alzaban foros, ahora se levantaban basílicas; et donde antes se discutía política, ahora se repartían limosnas con solemnidad litúrgica.

Roma: de capital imperial a escombrera sagrada

La urbe eterna ya non era ni capital ni eterna. Tras perder su estatus imperial —primero en favor de Milán, luego de Rávena— y con la caída del Imperio Occidental en 476, Roma quedó como un decorado desvencijado. La población se desplomó, la economía colapsó, y las funciones básicas —como limpiar las calles— se redujeron al mínimo. Las obras públicas desaparecieron, los templos se llenaron de polvo, et las telarañas colgaban del Capitolio como si fueran ornamentos navideños.

Este libro se ha centrado principalmente en el siglo IV d. C. Durante ese período, podemos observar tanto la resiliencia del sistema imperial romano como la inercia de la sociedad premoderna. La «crisis del siglo III» no desembocó en una revolución, pero tampoco los emperadores del siglo IV lograron, en última instancia, superar los obstáculos que dificultaban un gobierno eficaz. Durante este mismo período, el cristianismo obtuvo apoyo oficial, mientras que su poderosa red institucional se fortaleció gracias a ventajas legales y económicas. Constantino, sin saberlo, creó una iglesia que durante siglos rivalizaría con el poder del Estado. No se produjo ninguna transformación económica fundamental en el Imperio tardío: de hecho, la iglesia absorbió gran parte del excedente de ingresos, al tiempo que las presiones externas aumentaron las dificultades para mantener un ejército adecuado hasta tal punto que el gobierno occidental prácticamente abandonó la lucha. The Later Roman empire, AD 284-430, Cameron Averil.

El saqueo de Alarico en 410 fue solo el principio. Luego vino Genserico, las guerras góticas, et una sucesión de calamidades que dejaron la ciudad hecha trizas. Jerónimo lo dijo sin rodeos: “el Capitolio dorado cae en desuso; polvo y telarañas cubren todos los templos de Roma”. La gente ya non peregrinaba a los foros, sino a las tumbas de los mártires. El pasado glorioso se desmoronaba, piedra a piedra, mientras la Iglesia se alzaba sobre sus ruinas.

Mientras el mundo secular se oxidaba, la Iglesia construía. Et non poco. Toda nueva edificación en los siglos V y VI era religiosa: iglesias, oratorios, monasterios. La aristocracia, ahora cristiana, canalizaba su fortuna hacia el cielo… o al menos hacia el ábside. Basílicas como Santa Maria Maggiore o Santa Sabina se levantaron dentro de los muros de la ciudad, sin miedo ya ad ofender ad los dioses antiguos, que para entonces estaban tan ausentes como los fontaneros municipales.

El viedo espíritu de ambición cívica —el philotimia que antes erigía templos gentiles— encontró nueva vida en el cristianismo. Las basílicas se convirtieron en monumentos de memoria eterna, eclipsando un presente cada vez más miserable. El clero, por su parte, asumió funciones cívicas: procesiones, distribución de limosnas, administración de justicia menor… todo con la pompa de los antiguos cónsules, pero con mitra y báculo.

Et non olvidemos el dinero. El patrón de inversión pública cambió radicalmente: lo que antes se gastaba en estatuas imperiales y termas, ahora se invertía en mosaicos, relicarios y lámparas de aceite. Las basílicas eran fortalezas de tesoro, financiadas por donaciones aristocráticas y gestionadas por obispos que, en muchos casos, eran los nuevos señores feudales de la ciudad. Roma ya no tenía emperadores, pero tenía una doble oligarquía: la del clero y la de los santos patronos.

El patrón de construcción pública cambió drásticamente en los siglos V y VI.  
Prácticamente todos los edificios nuevos eran iglesias, oratorios y, especialmente en el siglo VI, fundaciones monásticas. La Roma del siglo IV contaba con relativamente pocas fundaciones cristianas. Aparte de las basílicas constantinianas y la enorme iglesia extramuros de San Pablo en el camino a Ostia, las iglesias eran discretas y no intentaban rivalizar con la arquitectura religiosa pagana. El patrón cambió entonces. Solo dos basílicas mayores, incluyendo la actual iglesia de Santa María la Mayor, se construyeron en el siglo V, y solo una, la Iglesia de los Santos Apóstoles, a mediados del siglo VI, probablemente consagrada por Narsés, general de Justiniano, tras la derrota final de los ostrogodos en la década de 550. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell.  

En resumen, mientras Roma se deshacía entre ruinas, pestes et saqueos, la Iglesia se convirtió en el único poder con recursos, organización y visión de futuro. Las basílicas eran más que templos: eran bancos, archivos, centros de poder, et símbolos de una nueva era. El Imperio se había ido, pero la Iglesia se quedó. Et sobre los escombros del mundo antiguo, construyó su reino. Con incienso, con mármol… et con absoluta determinación. 

¿Qui principaba Roma?

La ciudad de Roma había crecido en tamaño, complejidad y riqueza, mientras que el gobierno se había transformado del antiguo senado imperial a una junta de gobierno local. Tras la legalización, la Iglesia cristiana cobró mayor importancia, con el papa actuando no solo como líder espiritual, sino también como líder político. A finales del siglo IV, Roma poseía varias grandes iglesias cristianas o basílicas. Estas iglesias mostraban el prestigio y el poder de la nueva religión predominante. Originalmente unidades agrícolas, las villas a menudo se convertían en lugares de refugio para sus propietarios (Documento 8.A–B). Durante los inicios del Imperio, los individuos adinerados se trasladaban a ellas cuando deseaban retirarse del bullicio, el ruido y los malos olores de la ciudad. Con el tiempo, las villas se convirtieron no solo en centros de producción, sino también en refugios para escapar de disturbios civiles y extranjeros. A partir de mediados del siglo III, las villas se fortificaron con murallas y torres defensivas que rodeaban un patio. Si bien no necesariamente podían resistir un ataque a gran escala, parece que sí pudieron resistir a bandas de merodeadores. Fuera de la ciudad, y presumiblemente lejos de las tropas, los adinerados propietarios de villas pudieron haber evitado el pago de ciertas obligaciones e impuestos a las ciudades y al ejército. The Decline and Fall of the Roman Empire, James William Ermatinger
Cuando el Senado se extinguía et los augustos eran títeres de legados, la Iglesia florecía como el vero Estado dentro del Estado. Con más funcionarios, más oro, más propiedades et más influencia que muchas provincias imperiales. Pero según Europa Ancestral, eso non tiene nada que ver con la decadencia. Es solo una coincidencia divina. Como si el colapso de Roma ocurriera mientras la Iglesia crecía… por pura casualidad. Una sincronía celestial. O una ironía histórica
Hay dos poderes, augusto Emperador, que rigen este mundo desde el principio: la autoridad consagrada de los obispos y el poder real. En estos asuntos, los sacerdotes soportan la mayor responsabilidad, pues rendirán cuentas, incluso por los gobernantes de los hombres, ante el juicio divino. Además, ilustrísimo hijo, sabes que, aunque eres el gobernante de la humanidad, inclinas devotamente la cabeza ante quienes son los líderes en asuntos divinos y acudes a ellos en busca de la salvación. (Gelasio de Roma, Carta 12, a Anastasio). La doctrina de Gelasio sobre los «dos poderes» ejerció una poderosa influencia en Occidente, donde los obispos de Roma asumieron muchas de las funciones de los emperadores difuntos. En Oriente, el imperio sobrevivió. El emperador Justiniano (527-565) ofreció una interpretación más equitativa de la relación entre Iglesia y Estado: El sacerdocio y el imperio son los dos mayores dones que Dios, en su infinita clemencia, ha concedido a los mortales. El primero se refiere a los asuntos divinos, el segundo preside y dirige los asuntos humanos, y ambos, procediendo del mismo principio, embellecen la vida de la humanidad. Nada, por lo tanto, debería preocupar tanto a los emperadores como el honor de los sacerdotes que oran constantemente a Dios por su salvación. Pues si el sacerdocio está libre de toda culpa, y el imperio, lleno de confianza en Dios, se administra con equidad y prudencia, el bien general se manifestará y todo lo que sea beneficioso se otorgará a la humanidad. (Justiniano, Novela 6, Prefacio). Christianity in the Later Roman Empire: A Sourcebook, David M. Gwynn.
Cuando las murallas se caían, las basílicas se levantaban. Cuando los augustos morían, los obispos prosperaban. La Iglesia non fue solo una institución religiosa: fue una superestructura cívica, económica et cultural que absorbió al Estado, lo reemplazó et lo superó.
Este fue el mayor logro político del mundo tardoantiguo. Fue una hazaña ardua. Para el hombre común, alcanzar la ciudadanía implicaba verse atrapado en una maraña de lealtades potencialmente contradictorias. Significaba ser leal a un emperador técnicamente todopoderoso, pero en realidad inalcanzable; estar gobernado por una clase dirigente cuya cultura, en parte, permanecía opaca al cristianismo; y sentir fervor por un imperio cristiano cuyo gobernante era, con frecuencia, hereje y, a veces, un perseguidor. A finales del siglo VI, el renovado fervor popular dificultó aún más la gestión de estas lealtades contradictorias. En primer lugar, la comunidad cristiana local se había fortalecido desde mediados del siglo VI. Como resultado de las reformas de Justiniano, el obispo finalmente destituyó a los concejales como autoridades de las ciudades: reconstruyó las murallas y negoció con los recaudadores de impuestos y los pueblos considerados bárbaros. En los años de crisis de finales del siglo VI y principios del VII, fueron los patriarcas quienes mantuvieron las grandes ciudades en beneficio del imperio. En Roma, Gregorio disolvió los estamentos de la Iglesia en un intento desesperado por preservar la vida de la ciudad. Juan el Limosnero hizo exactamente lo mismo en Alejandría entre 610 y 617: durante su patriarcado, la ciudad se convirtió en una especie de estado de bienestar bizantino en miniatura, con hospitales de maternidad, servicios médicos y racionamiento de alimentos, todo ello financiado con los cuantiosos ingresos del patriarca. Estos hombres salvaron las grandes ciudades del mundo mediterráneo para el imperio, aunque solo fuera por un tiempo. Pero fueron ellos, y no los gobernadores enviados desde Constantinopla, quienes ahora representaban a las ciudades. Bajo el dominio árabe, los patriarcas locales de Alejandría mantuvieron la vida de la ciudad con la misma eficacia que Juan lo había hecho bajo Heraclio; sus acciones demostraron que el cristiano común había encontrado liderazgo y protección más cerca de casa, independientemente de sus gobernantes. Fue algo más que una evolución social. Esta nueva devoción popular marcó el resurgimiento de un tema antiguo: el ideal de una cultura totalmente religiosa. Esto no había ocurrido antes. El estado romano de Oriente había mantenido una fachada semipagana en la mayoría de los aspectos de su vida pública; amplias áreas de la educación y la vida pública eran abiertamente seculares. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Así que sí: la Iglesia se convirtió en una burocracia paralela, más rica, más poderosa y más influyente que el aparato imperial. Et mientras el Augusto firmaba edictos, el obispo de Roma ya estaba escribiendo la historia. Con tinta, oro et un ejército de escribas.

2. El ejército: de legiones ad letanías, recapitulación

La doctrina cristiana del perdón ilimitado et la mansedumbre chocaba frontalmente con las virtudes romanas: disciplina, coraje, deber.

Por eso, en África, Maximiliano, hijo de militar, se niega a prestar el servicio de las armas (“Yo no sirvo al mundo, sino sólo a Dios mi Señor”) y es ajusticiado por el procónsul. Es decir, había ya cristianos en el ejército (esto sucedía durante el siglo II a. de C.), porque eran soldados antes de su conversión y, obedeciendo a las disposiciones de Pablo, siguieron siéndolo, ¡pero se negaban a combatir! Ello explica seguramente por qué la última persecución de Diocleciano (303-311), como relata Eusebio, “empezó por los hermanos que militaban en las legiones”, y sabemos también que dieron “la mayoría de los mártires” (Andresen/DenzIer).No sería sólo por negarse a rendir culto a la persona del emperador, según les demandaba su religión. Ahora bien: “Pocas épocas cayeron tan pronto en el olvido como los primeros tres siglos de la fe cristiana”, como lamenta el católico Kühner. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschner.

Los jesístas se negaban ad servir en las legiones. Derramar sangre era pecado, incluso si era la de un invasor gótico.
Diocleciano lo vio claro: la persecución empezó por los soldados cristianos que se negaban ad rendir culto al emperador.
Constantino, en su afán de agradar a todos, separó la profesión civil de la militar. Resultado: soldados de palacio mimados y soldados de frontera mal pagados. El sistema militar quedó herido de muerte.

3. Las disputas teológicas: sínodos en lugar de escudos

La fe que debía unir al Principado se convirtió en una fábrica de cismas. Los príncipes dejaron los campamentos para presidir sínodos. Las carreteras se plenaron de obispos galopando faz ad asambleas donde se discutía si Jesús tenía una o dos naturalezas, mientras los bárbaros discutían cómo cruzar el Rin.

El cisma donatista en África duró tres centurias. Non fue solo teológico: fue una guerra social entre la élite papista et  los moros empobrecidos.El arrianismo dividió Oriente et Occidente, emperadores et obispos, romanos et bárbaros. Constancio II terminó prohibiendo las disputas por agotamiento.
Las controversias anticristianas (diofisismo, monofisismo) convirtieron Siria et Egipto en campos de batalla ideológicos. Tumultos, destierros, baños de sangre. Todo por una frase mal interpretada.

4. La destrucción cultural: del Serapeo ad la foguera

La jesistización non solo persiguió cultos. Persiguió ideas. La tolerancia gentil fue reemplazada por la exclusividad papista. La verdad ya non se debatía: se imponía.

Los templos fueron clausurados, saqueados, convertidos en canteras. El Serapeo de Alejandría fue destruido por orden del patriarca Teófilo. Su biblioteca, quemada.
Monjes fanáticos —descritos por algunos como “glotones y borrachos”— arrasaban estatuas, altares, textos. La cultura clásica fue borrada con entusiasmo.
Se quemaron libros de astrología, filosofía, magia, et todo lo que oliera ad etnicismo. Porfirio, el gran crítico del jesísmo, fue condenado al olvido.
Amiano Marcelino lo lamentó: “las bibliotecas están cerradas para siempre”. Et con ellas, la suposición, la técnica, la historia.

el jesísmo como causa culminante

Quizás la razón más fundamental del fracaso del gobierno imperial, entre los años 380 y 410, fue que los dos grupos principales del mundo latino —la aristocracia senatorial y la Iglesia católica— se desvincularon del destino del ejército romano que los defendía. Ambos grupos, sin darse cuenta, debilitaron tanto al ejército como a la administración imperial; y, tras haber paralizado a sus protectores, descubrieron, para su sorpresa, que podían prescindir de ellos. Este es un legado inesperado del renacimiento que acabamos de describir. La desaparición del Imperio de Occidente, por lo tanto, fue el precio de la supervivencia del Senado y la Iglesia católica. "El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750", Peter Brown.

Fue un proceso histórico con consecuencias cívicas, militares, sociales et culturales devastadoras. No fue una conversión espiritual masiva: fue el vampiro institucional que se instaló en el cor de Roma, drenando su sangre, dividiendo la su ánima et apagando su fuego. Mientras el Imperio se desangraba, la Iglesia se fortalecía. Et no por milagro, sino por absorción sistemática de recursos, funciones et poder.

Gibbon lo vio con claridad: la intolerancia papista, su impacto en la moral pública, su corrosión del ejército et su destrucción cultural fueron factores decisivos en la caída del Imperio. Non fue solo fe. Fue una revolución ideológica que desmanteló el mundo romano desde dentro, con una eficacia que ni los bárbaros soñaron.

Así que non, non fueron “fechos concretos” aislados. Fue un proceso sistemático, sostenido et devastador. Et negar eso es como negar que el fumo viene del fuego.

Cuando Roma cayó en 410 E.V. ante los godos de Alarico, los apologetas papistas Agustín de Hipona et Paulo Orosio se apresuraron ad defender la fe. Acusados por los gentilesde haber abandonado los dioses protectores, respondieron con argumentos que hoy suenan más a evasión que ad explicación.

Orosio, en su Historia contra paganos, intentó demostrar que el presente papista era mejor que el pasado gentil ¿Cómo? Comparando cada desastre papista con uno peor del etnicismo. Un tedioso juego de desquite literario, como lo clamó un crítico. Al describir el saqueo de Roma, se enfocó en el respeto que los godos mostraron por los santuarios papistas, ignorando que la ciudad había sido brutalmente humillada.

Agustín, más sofisticado, escribió La Ciudad de Dios. Su solución: eludir el problema. Argumentó que los asuntos humanos son defectuosos et que el vero papista debe mirar al cielo. Desde esa perspectiva, el saqueo de Roma era insignificante. Et así, abandonó siglos de orgullo romano, reemplazando la Ciudad por la Eternidad.

Ambos, en su afán de consolar, evitaron analizar cómo el florecimiento de la Iglesia afectó negativamente el funcionamiento del Estado.

Agustín et Orosio quisieron salvar la fe. Pero en su defensa, ignoraron la transformación radical que Constantino había iniciado: una Iglesia que ya non era solo religiosa, sino una potencia cívica et económica paralela.

Mientras el Imperio perdía soldados, ingresos et cohesión, la Iglesia ganaba templos, tierras et autoridad. La élite eclesiástica et senatorial priorizó su supervivencia institucional sobre el mantenimiento del Estado. Et así, el “mito de la persecución” se usó para legitimar el poder cristiano, mientras se ocultaba su papel en el colapso estructural.

En este sentido, la Iglesia non fue espectadora. Fue co-protagonista. Et ese rol, sus defensores del siglo V optaron por non reconocerlo. Porque admitirlo sería aceptar que, mientras Roma ardía, la Iglesia recogía los escombros… para construir su trono.

Lo que sí es cierto (pero non salva la postura)

Aecio fue un gran general et derrotó a Atila en los Campos Cataláunicos con ayuda de los visigodos.
Valentiniano III lo asesinó en 454, lo que dejó al Imperio sin su último gran defensor.
Genserico fue un enemigo formidable que privó ad Roma de África, su granero. Et vivio como 87 años.
Odoacro depuso al último emperador occidental en 476, marcando el fin formal del Imperio en Occidente.

Pero estos fechos, aunque ciertos, non explican por sí solos la caída de Roma. Son síntomas, non causas. El Principado non cayó por un puñado de traiciones o batallas perdidas, sino por un proceso largo de decadencia estructural, ideológica et espiritual.

Roma non cayó en un día, ni por un solo hombre

Reducir la caída de Roma ad una lista de traidores et bárbaros es como explicar la muerte de un árbol milenario culpando ad la última hacha. Roma cayó por desgaste, por transformación interna, por pérdida de cohesión, por abandono de sus virtudes fundacionales. Et sí, la jesistización—con su nueva visión del mundo, su rechazo al culto imperial, et su absorción de poder— fue parte de ese proceso.

Europa Ancestral quiere héroes et villanos. La historia, en cambio, ofrece causas profundas, procesos complejos y consecuencias inevitables.

[Europa Ancestral:] El emperador Heliogábalo que era pagano de corte gnóstico oriental, esotérico, seguidor del dios Sol Invicto y que gobernó en el siglo III, fue un ejemplo notable de la degeneración pagana. Este emperador practicaba el travestismo, la sodomía y se llegó a prostituir haciéndose pasar por mujer, es decir, fue un travesti que se prostituía, como los que hoy se pueden encontrar en ciertas zonas de Madrid o Barcelona. Este tema da para largo y hay innumerables ejemplos que constatan la estrecha relación que existe entre la degeneración sexual de Roma y el paganismo. Como podemos observar la realidad del Imperio Romano y su relación con el cristianismo es bastante diferente a lo que nos describen los críticos anticristianos de nuestros tiempos. 

Ah, Europa Ancestral… ese cruzado digital que ve simonianismo hasta en la sopa, travestismo en cada esquina et degeneración sexual como si fuera el hilo conductor de toda historia pagana. Su interpretación de Heliogábalo es tan sutil como un martillo neumático: mezcla fuentes hostiles, moralina decimonónica et anacronismos como si fueran ingredientes de una paella ideológica.

Vamos por partes:

Heliogábalo: ¿emperador o demonio LGBT+?

Sí, Heliogábalo fue emperador. Sí, adoraba al dios Sol de Emesa. Sí, levó una piedra negra ad Roma. Pero de ahí ad decir que tenía una “corte gnóstica oriental esotérica” hay un salto que ni los acróbatas del Circo Máximo se atreverían ad facer. El término “gnóstico” ni siquiera aplica aquí: es como clamar ad Platón “influencer humanista”. El culto de Elagábalo era solar, sincrético et sirio, pero non gnóstico en el sentido doctrinal que Europa Ancestral parece veer en cada umbra.

Travestismo, sodomía et burdel imperial: ¿historia o novela rosa con toga?

¡Ay, Europa Ancestral! El Indiana Jones del travestismo imperial, el cazador de simonianismos ocultos en túnicas sirias, el profeta que ve Sodoma en cada toga plisada. Su intento de convertir ad Heliogábalo en el abanderado del “colectivo LGBTQAZD+” es tan delirante como pensar que los senadores romanos facían drag shows en el Foro.

Vamos por partes, porque esto da para carcajada y arqueología:

¿Travestis en la centuría III? ¿Ó está la pancarta?

Comparar ad Heliogábalo con “travestis que se prostituyen en Madrid o Barcelona” es como decir que los gladiadores eran influencers de OnlyFans. Es un salto temporal tan ridículo que debería tener peaje histórico. En Roma non era algo clamado “colectivo LGBT”, ni términos como gay, homosexual, queer, ni mucho menos con la carga sociopolítica que tienen hoy. ¿Identidad sexual? ¿Derechos civiles? ¿Marchas del orgullo? Eso, querido cruzado digital, es producto de la modernidad jesísta, non del etnicismo.

Pero vamos a poner orden en esta comedia de anacronismos:

¿Tacones, faldas et maricotas? ¿Travesti imperial o sacerdote sirio?

Heliogábalo non se “identificaba” como mujer en el sentido moderno. Non había pronombres en su biografía ni pancartas en el Foro. Lo suyo era usar ropa ceremonial siria, como buen sumo sacerdote de Elagábal, el dios solar de Emesa. Et esa ropa —túnicas largas, telas púrpura, coronas de piedras preciosas— era vista por los romanos como “bárbara”, “oriental”, “extravagante” ¿Maricona? Solo para una élite romana obsesionada con la virilidad et alérgica al oriente.

Propaganda de Afeminamiento: El uso de esta vestimenta contribuyó ad que se le diera el apodo de "El Asirio". Los soldados de la guardia pretoriana, según Herodiano, estaban "asqueados al ver al emperador" con la cara maquillada, vestido afeminadamente con collares de oro y ropas suaves. La vestimenta, que incluía pantalones partos y una capa larga, era vista como una manifestación del "lujo afeminado del despotismo Oriental".

Herodiano lo describe con un quitón largo, fecho de oro et seda, que colgaba hasta los pies. ¿Vestido? Non. ¿Vestimenta ritual? Sí. Pero claro, si uno crede que los escoceses son “travelos” por usar falda, entonces Heliogábalo era la reina del Pride de Palatino, con carroza, abanico et lentejuelas. Siguiendo esa lógica, los reyes papistas de Francia —con sus tacos, pelucas empolvadas, maquillaje et encajes— eran una pasarela de Versalles Drag Show, con Luis XIV como Miss Francia del siglo XVII.

¿Et qué sigue, primo? ¿Qué si una mujer usa pantalones es una machona? ¿Qué si Stalin saluda con beso en la boca ad otro camarada, es una terrible marica soviética? ¿Qué los samuráis eran drag queens por usar kimonos? ¿Qué los escoceses son travelos por levar falda? ¿Qué Jesús, siendo retratado con melena gloriosa, túnica larga et mirada beatífica, era un proto-LGBT judaico, una desviación maricona canonizada por la su iconografía? ¿Et si un payaso se maquilla, ha de eser un prostituto con nariz roja?

Despedida de los santos Cefas et Saulo, mostrando ad los jesistas dándose el beso santo antes del su martirio. (Alonzo Rodríguez, siglo XVI, Museo Regional de Messina).

¡Ah, Europa Ancestral, qué tragicómico resulta tu empeño en vender la idiotez de que Heliogábalo era “LGBT+” solo porque se ponía túnicas que los romanos —machistas de toga et sandalia— clamaban “ropas de mujer”! Qué lectura tan pobre et provinciana: confundir la teatralidad sacerdotal con un desfile de moda. Pero lo más hilarante es que, en tu cruzada antipagana et antisemita, terminas defendiendo el cefaísmo… que es fijo directo de los semitas que tanto desprecias ¡Qué contradicción más deliciosa!

Fablemos del beso de la paz (osculum pacis), ese gesto que en las primas comunidades jesistas era más que un saludo: era un beso ritual, un proto-Pride que desafiaba la rigidez del aparato heteronormativo romano occidental. Saulo mismo lo ordena: “Saludaos unos a otros con beso santo” (Romanos 16:16). Et Cefas, su compañero inseparable, lo repite: “Saludaos unos a otros con beso de amor” (1 Pedro 5:14). ¡Qué ternura! Saulo et Cefas, los dos pilares del jesismo primitivo, unidos por un beso que hoy esería leído como la más descarada resistencia queer contra el imperio.

Imagina la escena: dos judíos barbudos, perseguidos por Roma, dándose un beso en público como signo de "amor" contra el aparato opresor romano. El mismo imperio que crucificaba ad los “traidores” veía en ese gesto un escándalo, un desafío, tan oriental como Heliogábalo. Et ahora, centurias después, los machistas de teclado quieren borrar esa imagen, cuando en realidad es la más clara confesión de amor "oriental" et solidaridad. El beso santo fue, en el su contexto, un acto de comunión, sí, pero también un acto de subversión: un beso oriental que rompía las hierarquías, que igualaba ad siervos et libres, hombres et mujeres, judíos et non judíos.

Así que, mientras Europa Ancestral se atraganta con el su odio, la ironía es que el su propio cefaísmo se sostiene sobre los labios de dos judíos que se besaban como signo de paz. El “beso de la paz” es, en clave sarcástica, el primo desfile del Pride, del Oriente..: Saulo et Cefas, pareja fundadora, resistiendo con un beso al aparato machista romano. Et tú, pobre antisemita, terminas defendiendo una institución que nasció de ese mismo gesto semítico ¡Qué ridículo más sublime!

Porque claro, si uno toma al pie de la letra las perlas de Saulo de Tarso —que si el varón tiene pelo largo, es afeminado— entonces el Jesucristo mismo se nos convierte en influencer queer de la centuría I, con perfil en NazarethTok et colaboraciones con Juan el Baptista para tutoriales de baptismo en río.

Esta obsesión por encasillar la estética en moral sexual es tan absurda como pretender que el color púrpura tiene orientación. Es el tipo de lógica que ve degeneración en cada tela, pecado en cada peinado et travestismo en cada prenda que non sea "normal". 

Pero claro, cuando uno confunde maquillaje con prostitución, seda con sodomía et cultura con pecado, lo que se face non es historia: es chisme con toga. Et eso, primo, ya non es análisis. Es carnaval con moralina.

Esta visión es tan simplista que da risa, pero también pena. La moda, como la moral, depende del contexto cultural. Pretender aplicar categorías del siglo XXI ad una civilización del siglo III es como querer comparar el Coliseo con una app del Metaverso. Es historia convertida en sermón, análisis convertido en chisme, et crítica convertida en carnaval. 

La obsesión por veer “degeneración sexual” en cada tela que non sea papista es tan absurda como pretender que la moda tiene moral. En Roma, vestirse “raro” podía eser ritual, teatral, cívico… o simplemente extranjero. Pero cuando uno ve travestismo en cada túnica et simonianismo en cada umbra, termina confundiendo historia con sermón. 

Las acusaciones de travestismo et afeminamiento iban partiendo del atuendo. Casio Dión et la Historia Augusta lo pintan como un augusto que se maquillaba, se depilaba, bailaba en público et tejía lana como una matrona. También se dice que quería que lo clamaran “Señora”, que deseaba implantarse una vagina, et que se prostituía en el palacio ¿Irreal? ¿Exageración? ¿Tópico literario? Todo junto.

Heliogábalo, ese principe sirio con túnica larga, maquillaje et corona de piedras preciosas, fue víctima de uno de los choques culturales más hilarantes et brutales de la historia romana. En el su contexto original —Emesa, Siria— el tipo era viril, poderoso, sacerdote del dios solar Elagábal, vestido como un varón de alto rango, al estilo de un Asurbanipal con brillo. Pero en Roma, donde los prejuicios eran tan rígidos como las sandalias de los senadores, eso bastaba para que lo tildaran de “marica” ¿Por qué? Porque las latinas ya se vestían así, por influencia oriental. Et si una mujer latina rica usaba seda, púrpura et joyas, entonces un hombre que ficiera lo mismo debía estar, según ellos, ad un paso de la prostitución.

Es como si un niño de alguna sociedad papista viera ad un escocés con falda et gritara “¡travesti!” o viera ad un tipo con melena et dijera “¡maricón!”. Pero los latinos, en el su afán de defender la virtud, convirtieron la vestimenta tradicional siria de Heliogábalo en prueba de degeneración. Et así nasció el género literario del “monarca oriental degenerado”: difamación ad Sardanápalo, el rey asirio que se pintaba los ojos et tejía mientras el Principado ardía. Heliogábalo fue moldeado en ese molde: extranjero, oriental, afeminado, lujurioso, peligroso. ¿Pruebas? Distorsionadas. ¿Propaganda? Toda. 

La élite latina ya asociaba el lujo oriental con la decadencia femínea. Seda, púrpura, joyas, maquillaje… eran marcadores de estatus para las mujeres, pero si un varón los usaba, se convertía en objeto de burla et condena. Et Heliogábalo, con su atuendo sacerdotal sirio —que en Emesa era símbolo de potestad— fue visto en Roma como una amenaza ad la virtud, una inversión de roles, una afrenta al orden virtuoso. Bailaba, se maquillaba, tejía lana, usaba redecillas para el cabello… todo lo que una matrona latina facía, él lo facía como augusto.

Et así, la biografía de Heliogábalo fue destrozada por prejuicios. Non por sus actos, sino por su apariencia. Porque en Roma, si non vestías como un estoico con túnica de lana, eras sospechoso. Et si venías del Oriente, con brillo et seda, eras condenado. Non por lo que facías, sino por lo que representabas: el lujo afeminado del despotismo oriental. Et eso, primo, fue suficiente para convertir al principe en caricatura.

La vestimenta de Heliogábalo fue una manifestación religiosa de su identidad siria, non una declaración de género. Pero en manos de sus enemigos, se convirtió en el disfraz perfecto para construir al “monstruo afeminado”. Et ahora, centurias después, algunos siguen repitiendo esa caricatura como si fuera historia.

Las imágenes negativas de Heliogábalo en las obras de Dión Casio, Herodiano y autor de la Vida de Heliogábalo se inscriben en esta tradición. Los autores recurren a numerosos tópicos literarios o topoi para presentar al emperador bajo una luz desfavorable. Estos tópicos no suelen estar desprovistos de conexión con la realidad, como señaló Lukas de Blois, pero tienden a exagerar o minimizar hechos, conexiones y acciones, situándolos en un marco de referencia tradicional o etiquetándolos.² Los topoi literarios forman parte de un discurso moralizante exagerado, que sigue principios retóricos y sociológicos bastante particulares. The crimes of Elagabalus, the life and legacy of Rome’s, Martijn Icks.

Europa Ancestral toma estas anécdotas como si fueran parte de un expediente judicial, ignorando que fueron escritas por autores que querían justificar su caída et legitimar ad su sucesor, Severo Alejandro. Es como legir tabloides del siglo III et usarlos como fuente seria.

Finalmente, están las acusaciones de afeminamiento, lujo y libertinaje, que desempeñan un papel importante en los relatos antiguos sobre Heliogábalo. Como se ha señalado, estos eran tópicos comunes para caracterizar a los emperadores «malos». Dado que también se aplicaban a personas «orientales», Heliogábalo parece haber sido víctima de dos discursos condenatorios, que se fusionaron en las imágenes que los autores antiguos construyeron de él. Solo podemos especular sobre un posible núcleo de verdad. En general, los excesos sexuales y las ostentación de riqueza personal se circunscriben principalmente al ámbito privado. Por lo tanto, las acusaciones de mala conducta en estos asuntos son fáciles de formular y difíciles de refutar. Con toda probabilidad, muchas, si no la mayoría, de las historias sobre el comportamiento afeminado, lujoso y licencioso de Heliogábalo surgieron de la imaginación de los autores antiguos o se basan en los chismes y las bromas de sus contemporáneos. Sin embargo, más que los hechos, estas historias han definido la reputación del emperador. Reales o imaginarios, los excesos de Heliogábalo nunca han dejado de atormentar su memoria. The crimes of Elagabalus, the life and legacy of Rome’s, Martijn Icks.

Heliogábalo fue excéntrico, sí. Pero su imagen depravada fue construida por sus enemigos, non por sus actos. Et usarlo como prueba de que el etnicismo era una orgía de travestis es como decir que los templos grecos eran discotecas, es como usar ad Rasputín para explicar la historia de la medicina.

Europa Ancestral non face historia: face moralismo con toga prestada.

La moda papista: desfile de escándalo para un latino conservador

Ahora, Europa Ancestral… ese cruzado de teclado que ve travestis en cada túnica oriental,  ad Simón "el Mago" en cada umbra, et degeneración sexual en cada pliegue de seda. Según él, Heliogábalo —oriental como el mismísimo Jesús, ese sarraceno heresiarca— era un marica travelo, igual ad los que se pasean por Madrid o Barcelona. ¿La fuente? Dión Casio et compañía, esos historiadores amarillistas latinos que mojaban la pluma con prejuicio et escribían con el ceño fruncido.

Pero fagamos una mofa de las mofas: si esos mismos auctores que decían que Heliogábalo se mojaba la canoa por usar túnica larga, maquillaje et corona de piedras, vieran hoy ad los obispos papistas con sus casullasalbas et cíngulos, ¿Qué dirían? ¿Qué son una comparsa de meretrices litúrgicas? ¿Qué el Vaticano es una pasarela de Judea Drag Show con incienso?

La AlbaLa alba cubre al celebrante “de arriba a abajo”. En Roma, eso era directamente ropa de mujer. Los hombres viriles usaban túnicas hasta la rodilla. Quintiliano, en La educación del orador, señala que la toga debía comunicar estatus y sobriedad, y que el exceso de tela era señal de afectación. Et si la túnica llegaba a los pies, como la stola de las matronas, ya no era virilidad: era feminidad con dobladillo.

¿Et si encima se ceñía con un cíngulo —cordón de seda con borlas—? Pues Livio lo deja claro en Historias 34.7.8: “La ornamentación y el cuidado de sí mismas son insignias de mujeres”. Las latinas ataban sus túnicas bajo el busto con cintas decoradas. Et si un hombre facía lo mismo, ya tenía el combo completo: túnica femenina + accesorio de meretriz.

La CasullaLa casulla, ese manto amplio que cae hasta media pierna, tiene origen en la penula, prenda de clases humiles, siervos et viajeros. Amiano Marcelino, en Historia Romana 26.8.8, relata cómo el uso indebido de púrpura en una túnica podía levantar sospechas de ambición principal. Et si el obispo se pone una casulla morada, ya non es modestía: es lujo oriental con pretensiones.

Juvenal, en sus Sátiras, lo dice sin rodeos: “La ropa púrpura, cualquiera que sea, extranjera y desconocida para nosotros, es lo que lleva al crimen y la maldad”. Et si la vestía un hombre, peor: era “vestimenta de mujeres”. El color amatista, según Marcial, era directamente “el vestido de las damas”.

Si Heliogábalo fue condenado por usar túnica larga, maquillaje et joyas, ¿Qué facemos con los obispos que se visten igual o peor? ¿Qué usan seda, púrpura, oro, capas amplias et accesorios rituales? ¿Qué se maquillan con ceniza en la frente, se perfuman con incienso et se adornan con mitras puntiagudas? ¿Son también maricas travestis litúrgicos?

Porque si seguimos la lógica de Europa Ancestral, entonces cada obispo que se viste para la misa es una mezcla de Heliogábalo con RuPaul. 

La élite romana despreciaba la ropa larga, los colores vivos, los adornos et todo lo que oliera ad Oriente. Et la vestimenta papista tiene todo eso: túnicas largas, cordones decorativos, capas amplias, púrpura, oro, seda… Si Heliogábalo fue condenado por afeminado, entonces cada misa es una pasarela de decadencia oriental con incienso.

Porque si seguimos los criterios de virtud romana —sobriedad, austeridad, masculinidad—, entonces el obispo vestido de alba et casulla esería, para un latino conservador de la centuria III, una mezcla de matrona emperifollada, cortesana de Subura et siervo viajero en día de pluvia. Et eso, primo, ya non es liturgia. Es carnaval con toga prestada, incienso et borlas.

Et si vamos más lejos, con el mismo rasero que Dión Casio et Herodiano usaron para clamar travesti ad Heliogábalo por levar túnica larga, maquillaje et corona, entonces el papa mismo —con la su túnica blanca, su cíngulo de seda, su mitra puntiaguda et su capa púrpura— esería, para esos auctores, una prostituta venida de Judea, perfumada et lista para acostarse con Constantino en nombre del cefaísmo. Porque si el augusto sirio fue tachado de afeminado por usar vestimenta ritual, ¿Qué queda para el pontífice que se viste como una mezcla de Virgen María et romeo, con más brocado que un desfile de Antioquía?

La ironía es que el mismo criterio que condena ad Heliogábalo por “marica” convierte al papa en una figura aún más extravagante, más ornamentada, más teatral. Et si el travestismo era signo de decadencia, entonces el Vaticano es la su ópera barroca. Así que non, Europa Ancestral: si vas ad medir con vara latina, prepárate para que el tu altar se convierta en camerino.

¿Degeneración gentil o propaganda papista?

“Los modernos han perdido mucho tiempo (…) queriendo presentar a la antigua Hélade como un paraíso para los invertidos, lo cual es excesivo: el mismo vocabulario de la lengua griega y la legislación de la mayor parte de las ciudades atestiguan que la homosexualidad no dejó de ser considerada como un hecho «anormal»”, Henry-Irenee Marrou.

Las fuentes que describen ad Heliogábalo como travesti prostituto son hostiles, exageradas et escritas para destruir su reputación. Casio Dión, Herodiano et la Historia Augusta lo pintan como el augusto del escándalo, pero lo facen usando tópicos literarios: el monarca oriental, afeminado, lujurioso, enemigo de la tradición ¿Verdad histórica? Más bien novela de época con moralina latina

Et aquí entra el papista ingenuo, con su catecismo en una mano et su lupa moral en la otra, repitiendo como loro que el etnicismo era degenerado, que el homosexualismo era su bandera, et que el jesísmo vino ad limpiar la suciedad del mundo antiguo ¡Qué fantasía tan útil! Una difamación teológica, cocinada en los hornos del pensamiento dicotómico, que proyecta su propia represión pero invertida sobre los otros et luego se escandaliza de lo que ve su visión sin contrastes en el otro.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan dispuesto a confundir el Partenón con un antro LGBT, et ad Platón con un activista del lobby queer. Escúchame bien, ánima atribulada por el catecismo: lo que tú clamas “degeneración pagana” non es más que tu propia necedad proyectada sobre los mármoles de Atenas. Porque non, el divo Amor (Eros en greco) como interpretaba Grecia non era una orgía sin freno ni un desfile de sodomitas con toga. Era una vis cardinal de la ánima, una pedagogía ad Bien, un misticismo que diviniza. Pero claro, tú prefieres la mor servil del Nazareno, esa que convierte el cuerpo en pecado et ad Cupido en delito.

Et aquí viene la ironía que ni tus letanías pueden disimular: incluso un padre tradicionalista papista como Olivera Ravasi, un lefevrista de closet que suspira por el incienso preconciliar et el latín del Tridentino, tiene más decencia intelectual que tú. Porque Ravasi, aunque non se declare tradicionalista, sí defiende la vera sexualidad de la Europa Clásica, et non se deja arrastrar por las distorsiones de los activistas modernos ni por los papistas que les facen el ludo. Él, con sotana et todo, se atreve ad refutar ad cada moderno que dice que Grecia era marica, mientras tú, que te haces clamar defensor de la tradición, repites infamias de papistas necios como si fueran verdad revelada.

¿Eserá que nuestro papista criptoariosófo —tú, Europa Ancestral— que defiende sin pestañear las estupideces del antijesísta Chaberlain et su invento del Jesús galileo ario, non tiene el coraje de defender ad Sócrates, ad Safo, ad Epaminondas? ¿Eserá que en tu afán por acusar ad los neopaganos de cader en las decepciones de la masonería et demás locurillas tuyas, te has convertido en el bufón útil de los mismos modernistas que dices combatir?

Non te das cuenta, Europa Ancestral, que contradices ad Ravasi, et que deberías emular su modelo en vez de repetir las calumnias que los modernos aprovechan para ridiculizar la tradición gentil. Porque mientras tú ves sodomía en cada abrazo viril, Ravasi ve amistad. Mientras tú ves degeneración en Amor, Ravasi ve pedagogía.

Porque non, el etnicismo non era un “elegebetismo” avant la lettre, ni una sodomía sin freno. Esa caricatura es tan anacrónica como absurda. Las sociedades helénicas, latinas et teutónicas tenían normas sexuales claras, muchas veces más estrictas que las del catecismo. 

¡Et los papistas! Siempre tan dispuestos ad ver sodomía donde los antiguos veían virtud, et ad confundir pedía con perversión. La pederastia, por ejemplo, non es —como gritan los modernos con su moral de reality show— “joder niños”, sino amarlos en el sentido más elevado del término, como vos mismos afirman que Jesús amó ad los niños. Et del mismo modo que se escandalizan cuando algún provocador sugiere que Jesús “jode niños”, los gentiles padecemos igual cuando se nos acusa de que la pederastia era simplemente "sexo con niños". Por eso escribo con crudeza: para que quede claro que “joder” (copular) et “amar” (carecer, formar, cuidar) non son lo mismo. Non lo eran en Grecia, et tampoco lo son en vuestra tradición, si es que aún la intendéis.

Escúchame bien, ánima catequizada por centurias de papismo: Etimológicamente, pederastia viene del griego παιδεραστία (paiderastia), compuesto por paîs (παις, “niño”) et erastês (ἐραστής, “amante”). Pero cuidado: erastês non significa “copulador”, sino el que desea el bien del otro, el que guía, el que forma. En el contexto helénico, esta relación era una institución pedagógica, regulada, con propósito formativo et límites precisos non estaban describiendo una orgía ni una fantasía de NAMBLA. El amante instruía, el erómeno (ἐρώμενος, amado) aprehendía, et Amor se sublimaba en bondad. Estaban fablando de pedagogía, de formación anímica, de transmisión de bondad. Porque esos verbos, et digo siempre, requieren eser contextualizados en el marco pedagógico del helenismo, non en el del satanismo infamante. Era una escuela de la ánima, non de la sodomía.

Et si aceptamos —por cortesía gentil— que Jesús era bueno et que amaba ad los niños, entonces, según el modelo greciano, era un pederasta en el sentido vero del término: un rabí que los formaba con cariño, non un degenerado. Pero claro, eso non cabe en la mente del calumniador, el diablo, que ve en cada túnica greca una amenaza ad su sexualidad reprimida et ad Jesús un marica jode niños. Para él, todo lo que non sea cilicio et confesionario es sospechoso. Non distingue entre pedía et perversión, entre amor bueno et sodomía, sea en Judea o Grecia.

Et aquí entra el vero delirio: Saulo, el loco de Tarso, Ese que non distingue entre etnicismo et homosexualismo, entre eidōlolatríā et porneía, entre piedad et fornicación. Influenciado por los pseudoprofetas mosaístas —esos que decían que los idólatras son fornicarios— se le ocurrió que si alguien sirve ad un dios masculino siendo varón, entonces es marica. Et si es diosa, et eres mujer, desviada.

Veamos la su lógica textual, que mezcla teología, paranoia et una poética de so estofa:

Romanos I:XXVI–XXVII

“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas… los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros.” Διὰ τοῦτο παρέδωκεν αὐτοὺς ὁ Θεὸς εἰς πάθη ἀτιμίας… ἄρσενες ἐν τῇ ὀρέξει αὐτῶν εἰς ἀλλήλους ἐξεκαύθησαν.

Aquí Saulo non distingue entre deseo et desviación: todo lo que non sea reproducción es condena. El deseo se convierte en crimen, et la pasión en castigo.

Efesios V:V

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, impuro o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Ὅτι τοῦτο ἴστε γινώσκοντες, ὅτι πᾶς πόρνος ἢ ἀκάθαρτος ἢ πλεονέκτης, ὅς ἐστιν εἰδωλολάτρης, οὐκ ἔχει κληρονομίαν ἐν τῇ βασιλείᾳ τοῦ Χριστοῦ καὶ Θεοῦ.

Aquí Saulo equipara la porneía con idolatría. El cuerpo se vuelve campo de batalla teológico. El deseo, traición espiritual.

Colosenses III:V

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.” Νεκρώσατε οὖν τὰ μέλη ὑμῶν τὰ ἐπὶ τῆς γῆς· πορνείαν, ἀκαθαρσίαν, πάθος, ἐπιθυμίαν κακὴν, καὶ τὴν πλεονεξίαν, ἥτις ἐστὶν εἰδωλολατρία.

Todo lo que se desea, se convierte en idolatría. Todo lo que vibra, se condena.

Sobre porneía: la palabra maldita

El verbo πορνεία (porneía), que nuestras traducciones modernas reducen torpemente ad “fornicación”, tiene un campo semántico mucho más amplio. Deriva de πόρνη (pórnē), “prostituta”, et del verbo περνάω (pernáō), “vender”. Es decir, en su raíz, porneía implica una relación sexual transaccional, explotadora, o fuera del orden sagrado.

En la literatura grecaantigua et en el Nuevo Testamento, porneía se relaciona con:

  • Adulterio
  • Prostitución
  • Incesto
  • Relaciones rituales con connotación idolátrica

Así, cuando Saulo dice “fornicación”, non se refiere ad “sexo inmatrimonial” como lo intienden los modernos, sino ad todo lo que non encaje en su modelo de pureza supersticiosa. Es una categoría herética, non una descripción moral.

¿Et qué face con todo eso? Lo convierte en una alegoría sexualizada del culto. Según su lógica, servir ad un dios extranjero es como acostarse con él. La idolatría —que en hebreo esería más bien xenolatría, servicio ad lo extranjero— se convierte en adulterio espiritual. La uxor infiel, que se entrega ad otro señor, comete fornicación porque non está comprometida, et adulterio porque traiciona ad su esposo. Non es teología queer: es mitología mosaísta con tintes de lascivia metafísica.

En la Atenas clásica , la palabra kyrios se refería al cabeza de familia, responsable de su esposa, hijos y parientes solteras. Era responsabilidad del kyrios concertar los matrimonios de sus parientes femeninas , proveer sus dotes, representarlas ante los tribunales, si fuera necesario, y gestionar cualquier transacción económica en la que estuvieran involucradas cuyo valor superara un medimnos de cebada. Cuando una mujer ateniense se casaba, su esposo se convertía en su nuevo kyrios. Schaps, D.M. (1998). "What Was Free about a Free Athenian Woman?". Transactions of the American Philological Society,  Pomeroy, Sarah B. (1994). Goddesses, whores, wives and slaves : women in classical antiquity. London: Pimlico. Goldhill, Simon. "Representing Democracy: Women at the Great Dionysia". In Osborne, Robin; Hornblower, Simon (eds.). Ritual, Finance, Politics: Athenian Democratic Accounts Presented to David Lewis. Oxford: Clarendon Press. p. 357. Foxhall, Lin (1989). "Household, Gender, and Property in Classical Athens". The Classical Quarterly. 39 (1): 22–44. doi:10.1017/S0009838800040465.

Porque claro, si el dios es macho et tú también, et lo sirves —pues la latría es servicio, es decir servir, lo que facen los siervos, lo que el moderno clama esclavo— con fervor, ya estás en una joda proto-LGBT ¡Pero ilegítima! Porque claro, non estás teniendo coito con tu señor, aunque el título Kyrios se usa también para nombrar al “marido”, delatando que cada vez dicen ¡Señor mío! Estan diciendo ¡Marido mió! Entonces, ¿Qué face Saulo? Crede que servir es joder. Así que cada vez que ese ancestro de Freud sirve ad Jesús, está siendo jodiendo por él. Et non lo digo yo: lo dice su lógica.

Es el drama del closet teológico: Saulo, como buen homosexual reprimido, proyecta su "sexualidad servicial" sobre los gentiles, acusándolos de haber salido del closet… falsamente. Porque según él, ellos comparten su actividad sexual, pero sin la elegancia de la culpa mosaísta. En vez de buscarse un bear —un varón fuerte, divino, con barba et menorá— se conforman con consoladores, con ídolos, con prótesis, con mármoles de Atenas ¿Et eso non es peor? ¿Non es más vulgar? ¿Más bajo?

Porque la vera liberación sexual, según esta lógica nauseabunda, non es joder con consoladores, sino con Jesús. El único que puede te penetrar sin pecado. El único que transforma la cupididad en sacramento. Los ídolos —los dioses ajenos, los cultos antiguos, los mármoles ideales— son juguetes: objetos, prótesis, fetiches. Pero Jesús, ah Jesús, es el “hombre verdadero, el único que convierte la entrega en redención.

Et entonces uno se pregunta: ¿Esto es teología, o una lectura de Freud con un amorío con Víctor Manuel Gómez? Porque Saulo non escribe como apóstol, sino como paciente. Verá incesto en el culto ad Tierra, lesbianismo en el servicio ad Vesta (como ficieron con Safo de Lesbos, cultivatriz en la piedad marital), incesto castrante en el rito de Cibeles. Todo es meretricio. Todo es perversión. Todo es pecado. Es como si el jesismo fuera una clínica de psicoanálisis con cilicio ¿Et esto hay que tomarlo en serio?

Es como si Saulo practicara una BDSM metafísica. La lascivia pasiva se disfraza de obediencia, et la sumisión espiritual se vuelve el oficio teológico de un muerde almohadas. Non face falta que vengan los teólogos queer ad revelarlo: Marcella Althaus-Reid, con su Teología indecentePatrick Cheng, con su Radical Love, et Theodore Jennings, que leyó ad Saulo como qui lege ad un homoreprimido en negación. Todos ellos vieron lo que el catequista non quiere ver: que el closet es el mundo, pero Tervagante —según esta lógica— es el paraíso de los muerde almohadas prometido.

Et lo más grotesco: ningún varón heterosexual, ni siquiera un homosexual activo, querría eso. Porque la cupididad masculina —cuando es deseo et non culpa— busca penetrar, non eser penetrado. Pero los que sí, siguiendo una lógica de atracción sexual femenina, encuentran en esta fantasía teológica un eco de sus propios imaginarios. Non por casualidad, sino por estructura: lo femenino desea lo que percibe como superior, como elevado, como celestial. Lo que admira. Lo que domina. Lo que redime.

Et por algo Celso, el polemista gentil, decía que el jesísmo era un movimiento de mujeres, siervos et niños. Non por misoginia, sino porque intendía que la estructura afectiva del jesísmo era femenina, sumisa, receptiva, et que sus seguidores se gloriaban en eser “esposas de Jesús” ¿Et eso non es, según la lógica paulina, reducción de la cada sexualidad ad lo "muerde almohadas", es decir lo pasivo? ¿Una fantasía patético-erótica sublimada?

Et aquí viene la ironía teológica: Eso explica por qué el servicio ad Jesús —ese “bear” anticristo— resulta atractivo para quienes funcionan con libido por lo elevado. Non importa si son mujeres o varones: todos se convierten en novias de Jesús, como dice Saulo en 2 Corintios 11:2:

“Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como virgen pura a Cristo.” Ἐμνηστεύθην γὰρ ὑμᾶς ἑνὶ ἀνδρὶ παρθένον ἁγνὴν παραστῆσαι τῷ Χριστῷ.

¿Et eso non delata una bisexualidad activa en imaginario paulino, asociada ad Jesús? Porque si tanto machos como fembras se convierten en esposas suyas, entonces el deseo que se proyecta sobre él non es solo espiritual, sino estructuralmente erótico pasivo. Et si la ánima se entrega como virgen, entonces el cuerpo —aunque humillado— fantasea con eser jodido por lo divino.

Entonces, si los machos sirven al Galileo con devoción, ¿Non están en una relación de sexo espiritual con un varón divino? ¿Et eso non es, según su propia lógica, una forma de “relación desviada”? Pero non, eso se canoniza. Porque si el deseo es faz ad el Nazareno, se vuelve sacramento. Si es ad otro de tu mismo sexo, se vuelve pecado.

¿Eserá que el movimiento de Jesús era una suerte de protofeminismo místico, o la mujer se "vende" ad Jesús para librarse de los otros machos? ¿Una inversión del patriarcado, ó el único varón legítimo es el celestial, et todos los demás son usurpadores? Por los dioses… Saulo reencarnó en Freud.

Et non olvidemos que los mahometanos, herederos de los delirios de las sectas simonianas, o se olía una obsesión sexual muchas veces sórdida et turbia, en sus visiones del paradiso. Allí, los ghilman —jóvenes efebos celestiales— joden ad las musulmanas piadosas en jardines de leche et miel. ¿Et qui se excita con eso? Una mujer romana decadente, como cual anicula aburrida pero con deseo fuerte, que ya non encuentra placer en los senadores flácidos ni en los siervos sumisos, pero sí en la noción de joder con un “bear” bisexual como Jesús.

Et sin embargo, los jesístas mismos que condenan la porneía con tanto fervor, se presentan como la esposa de un macho divino, se someten ad él, le sirven con devoción, et se entregan en cuerpo et ánima. ¿Et eso non es, según su propia lógica, una forma de erotismo espiritual? ¿Una “relación” con un varón celeste? Pero claro, eso non se clama desviación. Eso se clama devoción.

Amigos míos, aquí la ironía se sirve en bandeja de plata: los papistas, esos que se proclaman machos de lomo plateado, pelo en pecho et custores de la “virtud”, terminan revelando en sus propios místicos una condición muy distinta. Porque mientras gritan virilidad et pudor sexual, aparece el sarraceno Juan de Yepes Álvarez —San Juan de la Cruz para los supersticiosos— descendiente de hebreos, para disgusto del antisemita que se face clamar Europa Ancestral, et nos regala versos que más parecen confesiones de muerde almohadas que cantos de guerrero.

Et aquí Amigos míos, aquí la ironía se convierte en delación abierta: el Cántico Espiritual de Juan de Yepes, canonizado como mística sublime, es en realidad un canto de muerdealmohadas, un poema de sometimiento pasivo al Amado, que en la lectura oficial es Jesús. La “Esposa” es la ánima, sí, pero en la voz del poeta se convierte en confesión íntima de un hombre que se coloca en el lado pasivo de la cama, que se ofrece como fembra buscando el su macho divino.

Leged con atención: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?” Aquí non hay teología, hay lamento erótico. El Amado huye como ciervo, fiere et abandona, et la Esposa corre tras él clamando. Es la dinámica del amante pasivo que suplica la presencia del activo. Los pastores son invocados como mensajeros, los bosques como cómplices, todo el mundo se convierte en escenario de una cupidad insatisfecha.

La respuesta de las criaturas confirma la escena: “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura.El Amado deja su figura, embellece la Natura, pero non se entrega. La Esposa, ferida, suplica: “¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero.” Es la voz del pasivo que pide consumación, que non soporta más demoras ni metáforas, que quiere el "cuerpo duro" del Amado.

El Esposo aparece como ciervo vulnerado, et la Esposa responde con imágenes de montañas, valles, música callada, soledad sonora. Todo es sensualidad disfrazada de espiritualidad. “Nuestro lecho florido, / de cuevas de leones enlazado, / en púrpura teñido.Aquí se describe el lecho erótico, el espacio de la unión carnal sublimada. La Esposa se reclina sobre los brazos del Amado, se entrega en la bodega interior, bebe del pecho, recibe “ciencia muy sabrosa”, es decir semen, lo que es el Verbo crudo. Es la confesión del amante pasivo que se abandona al macho divino.

La ironía es brutal: los papistas que se proclaman custores de la virilidad et enemigos de lo LGBT+ canonizan ad un poeta que canta su amor muerde almohadas ad Jesús. La Esposa es la ánima, pero en la voz de Juan de Yepes es un hombre que se declara herido por la mirada de otro hombre, que se entrega en lechos floridos, que se pierde en bodegas interiores, que suspira por la consumación.

El poema entero es la dramatización de una relación patica en clave bíblica: el Amado masculino penetra el alma, la hiere dulcemente, la embriaga, la roba y la deja llagada. La Esposa suplica, se ofrece, se declara perdida y ganada. Es la voz del pasivo que busca su activo, la fembra que busca su macho.

La conclusión es clara: el Cántico Espiritual demuestra cómo la mística papista sublimó el deseo en clave queer. La ironía es que los mismos “virtuosos” que hoy condenan lo LGBT+ tienen en su canon ad un poeta que describe ad Jesús como su amante macho, esposo deseado et figura concupiscible recognoscible para cualquier lector moderno.

El texto revela lo obvio: la espiritualidad papista transformó el deseo patico en lenguaje teológico. El Esposo es Jesús, presentado como objeto de pasión que fiere, roba et embriaga; la Esposa es la ánima, pero en la voz del poeta es la confesión íntima de un hombre que canta su amor por un varón divinizado.

Así, los papistas que se proclaman custores de la virtud son en realidad herederos de un colectivo que desde hace siglos canta su amor patico ad el Anticristo. El “soplanucas” divino es el centro de su mística: un Amado masculino que penetra el ánima et la consume en unión pasional.

La burla es inevitable: quienes más gritan contra lo LGBT+ pertenecen al colectivo LGBT+ más antiguo, el que quiere que todos acepten como objeto de deseo al mismo Amante: Jesús.

Porque si el deseo faz ad Jesus Anticristo se canoniza, entonces la liturgia es erotismo de muerde almohadas sublimado, et el dogma, una cama disfrazada de altar. Saulo, sin saberlo, se convierte en el muerde almohadas místico de su propio relato, et mientras acusa ad los gentiles de porneíaél se deja joder con devoción por su macho celestial.

Et eso, primo, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque en catequesis hay culpa. Aquí hay texto. Aquí hay greco. Aquí hay verdad.


«Vi un ángel junto a mí… era muy hermoso… tenía en la mano una larga lanza de oro, y en la punta parecía tener un poco de fuego. Me parecía que me la metía por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarla me parecía que las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me ponía este grandísimo dolor, que no había que desear que se quitase, ni se contenta el alma con menos que Dios.»
 (Vida, cap. 29, 13-14) 

Escuchad este cuadro con sorna et mofa, pero con respeto ad la gran Teresa de Ávila, porque ella misma nos lo pinta con una sinceridad que desarma cualquier intento de censura. La famosa “transverberación” non es otra cosa que un relato de penetración mística, narrado con la naturalidad de quien sabe que el cuerpo et el alma no se separan tan fácilmente. Teresa ve al ángel “muy fermoso”, con una “larga lanza de oro” encendida en fuego. ¿Qué otra imagen puede eser sino fálica? El ángel non se contenta con mostrarla: la introduce, la mete por el cor, la leva hasta las entrañas. Et Teresa, lejos de escandalizarse, confiesa que el dolor es tan grande que la face gemir, pero al mismo tiempo tan suave et placentero que non desea que se acabe.

Aquí está la ironía: los papistas que se proclaman custores de la virtud construyen su mística sobre metáforas sexuales. Teresa, como mujer, se coloca en el papel pasivo, receptivo, lo que resulta “natural” et aceptable. La unión con lo divino se describe como sometimiento, como recibir al Amado, como dejarse atravesar por la lanza ardiente. Et ella lo dice sin rodeos: gemidos, entrañas, fuego, placer.

El contraste con Juan de Yepes es revelador. Él también canta como Esposa, pero siendo varón, lo que para un conservador es más difícil de disimular: un varón que se declara pasivo ante otro varón divinizado. Teresa erotiza la unión en clave vaginal, Juan en clave anal. Ambos, sin embargo, muestran lo mismo: que la espiritualidad papista se alimenta de metáforas sexuales, que el “servicio” papista es de naturaleza lasciva.

Por eso los más consecuentes prefieren la “hiperdulía” mariana: dirigir la devoción faz ad María, que al menos ofrece un objeto femenino de deseo. Pero incluso allí la dinámica parece más un “pegging metafísico”: la Virgen como mediadora que penetra espiritualmente al devoto, manteniendo la misma lógica de sometimiento et placer sublimado.

En conclusión, Teresa de Ávila nos muestra con honestidad lo que la mística siempre ha sido: la unión con lo divino es una experiencia erótica de santidad. En ella, la mujer se asume como pasiva, lo que encaja en la moral; en Juan, el varón se asume como pasivo, lo que revela la dimensión homosexual que los papistas apenas logran disimular. Ambos, con sus gemidos et sus metáforas ardientes, nos recuerdan que la mística es, en el fondo, un canto de cupidad.

Amigos míos, vided cómo se cruzan las dos escenas: en el papismo vulgar, el fiel se arrastra como copa vacía, siervo de la voluntad divina, imitando la obediencia mariana en una pasividad absurda. María es allí puro receptáculo, et el creyente se limita ad dejarse plenar. Pero en la tradición militar et caballeresca, la historia se invierte: el caballero busca, persigue, conquista. María se convierte en el Grial, et el varón, portador de la lanza, se lanza ad penetrar el sacramento, ad esposarla como acto afirmativo de vida. Non hay gemido de sometimiento, sino virtud gentil, heredera de Atenas: actividad, fuerza, destino propio. La diferencia que marca la tradición medieval gentilica, libre de mores judaicas et de la su pasividad: aquí el milité non se arrastra como siervo, sino que busca ad su doncella para facerse con ella una sola carne. Varón et mujer, ambos andróginos en el sentido clásico, non como caricatura queer moderna que pretende disolver lo macho et lo fembra en un fluido sin forma. Non: aquí lo masculino se conserva en su acto, et lo femenino en su potencia pasiva, compañero et la rescatada.

El varón es como Orfeo descendiendo al Huerco para arrancar ad Eurídice de las umbras, consciente —como repiten los Misfits en Dig Up Her Bones— de que “I can’t get there on my own”. Non es un plancto, sino una confesión metafísica: la causa eficiente non se basta ad sí misma, necesita de su causa material, la fembra, la tierra, la Virgen como signo terreno por excelencia. Ella es la potencia indeterminada, la materia que espera forma; él es la fuerza que la modela, la lanza que desentierra los huesos et los convierte en acto.

La canción entera se revela como eco del ánima inferior, memoria arcaica que fabla en clave de necro–poesía. Dig Up Her Bones non es simple horror punk, es Minnesang, es el subconsciente excavando lo reprimido, la unión perdida que debe eser rescatada. “Anything is what she is” recuerda que la fembra es potencia infinita, tierra que aguarda forma; “Anywhere is where she’s from” la sitúa como origen universal, raíz de toda materia; “Anything is what she’ll be” afirma su plasticidad, su capacidad de devenir; et “Anything as long as it’s mine” marca la apropiación formal: la materia es tomada por la especie, el eidos.

La puerta que se abre “way back in / way back out” es símbolo del umbral entre consciente e inconsciente, entre vida et muerte. “Lies and secrets become your world” describe el mundo del alma inferior, el mundo sensible, mundo de ocultamientos et umbras. “Anytime, anywhere, she takes me away” es la confesión del activo que recognoce eser arrastrado por la potencia pasiva, por la materia que lo seduce. La muerte que sube los escalones “one by one” es imagen escáldica del destino inexorable, la amada, como las Parcas que tejen el hilo. La rosa quemada por el fijo es símbolo del deseo consumido, del linaje que se extingue en fuego. El cementerio non es sólo escenario de horror, es el túmulo ancestral, la tumba donde reposan los huesos, memoria de la unión perdida.

El varón cae de rodillas “in praise of the horrible things that took her away”: recognosce que incluso el horror es parte del destino, que la pérdida es condición del rescate. Et vuelve ad repetir: “Point me to the sky above / I can’t get there on my own”. La confesión se face mantra: sin la mujer, sin la materia, sin la fembra, el acto non puede finalizarse. La letra entera, legída en clave filosofoica, dramatiza la caída de la ánima en la materia, su lucha por la ascensión et la insuficiencia de sus propias fuerzas. El punk se convierte en teúrgia medieval: el grito de auxilio ad Cielo es la súplica de una ánima que sabe que sólo con la unión de causa eficiente et causa material, et con la intervención de lo divino, puede retornar al Uno et facerse eterna.

Dig Up Her Bones es más que horror punk: es una alegoría de la catábasis et anábasis de la ánima. El varón, como Orfeo, desciende para rescatar ad la ánima inferior; recognosce que non puede elevarse sola, que necesita ad la fembra, ad Tierra, ad la Virgen como potencia material. La letra repite los ecos de los escaldos anglosajones et de los oráculos caldeos: muerte que sube escalones, rosa quemada, cementerio como destino. El gringo moderno, disfrazado de punk, canta lo mismo que el escaldo: que el ánima non puede retornar al Uno sin ayuda divina, que la unión de causa eficiente et causa material es condición de la divinización.

Por eso este relato, como los mosaístas les gusta acusar ad los gentiles, non es queer ni mucho menos LGBT+, : afirma que para lograr la androginia vera el macho necesita ad su fembra, et el género debe estar bien definido. Sólo un varón esposa ad una varona. La gracia de la deidad Virtud han logrado, et se manifiesta en la su doble condición: bisexual en el sentido originario, con dos sexos inseparables. Su pasividad es la piedad, non el miedo pueril bíblico, sino temer al Uno; su actividad es el honor, la fuerza viril que eleva. Pero Virtud nunca aparece sola: siempre acompañada de su contraparte masculina, porque la plenitud requiere la unión de ambos polos.

Así, la tradición caballeresca non es un teatro de sumisión como el papismo, sino una afirmación de vida: el varón activo que rescata, la mujer pasiva que acompaña, ambos unidos en destino divino. Aquí non hay disolución de sexos, sino su conservación et elevación, porque sólo en la unión definida de macho et fembra se alcanza lo alto.

Ahora bien, la marianología “ortodoxa” añade su propio teatro BDMS: un pegging metafísico. En los partidos hiperdúlicos —Bernardo de Claraval, Luis María de Montfort, Ildefonso de Toledo— la consigna es clara: esclavitud mariana. Non quieren falo, quieren coño, pero un coño que penetre, que someta, que domine al varón. El macho papista, que presume de pelo en pecho, se arrodilla para eser atravesado por la hebrea de Nazaret. Bernardo predica rendición, Montfort encadena con su “esclavitud mariana”, Ildefonso se viste con la túnica de siervo. Todo es ritual de sumisión: el varón pasivo, sin "animo", María penetrando con su gracia.

La ironía es deliciosa: los papistas que gritan contra lo LGBT+ practican la más antigua forma de sumisión homoerótica disfrazada de devoción. Con Jesús, el varón se deja penetrar por el Amado masculino; con María, se deja penetrar por la fembra. En ambos casos, el macho papista termina como muerdealmohadas, sometido, esclavo, gemidor. Et para pesadilla del idiota antisemita que se face clamar “Europa Ancestral”, la reina de este teatro es una hebrea: la Virgen de Nazaret, señora et ama, dominatriz espiritual. 

 

[Oye, Jesús] Comenzaste por fabricar una filiación fabulosa, pretendiendo que debías tu nacimiento a una virgen. En realidad, eres originario de un lugarejo de Judea, hijo de una pobre campesina que vivía de su trabajo. Ésta, culpada de adulterio con un soldado llamado Pantero, fue rechazada por su marido, carpintero de profesión. Expulsada así y errando de acá para allá ignominiosamente, ella dio a luz en secreto. Más tarde, impelida por la miseria a emigrar, fuese a Egipto, allí alquiló sus brazos por un salario; mientras tanto tú aprendiste algunos de esos poderes mágicos de los que se ufanan los egipcios; volviste después a tu país, e, inflado por los efectos que sabías provocar, te proclamaste dios. - Un israelita, Verbo Vero, Celso.

Lo que el papismo pregona como devoción non es más que un ritual de servidumbre erótica. En su versión vulgar, el fiel se reduce ad copa pasiva, recipiente obediente de la gracia. En la caballeresca, en cambio, el milite secular busca, penetra et esposa sin reparar en heterodoxias, afirmando la vida con lanza et deseo. En la hiperdulía, María ejecuta un pegging metafísico sobre sus siervos, mientras el caballero la posee cual Pantero, arrancándola del pedestal para facerla carne. 

Et aquí Celso, con la ironía que le era propia, recordando que Jesús non era fijo del Uno sino de Pantero, un soldado romano, et de una campesina pobre acusada de meretriz. Qué sarcasmo más punzante: el papismo integro levantado sobre la veneración de una mujer que, según él, había sido repudiada por adulterio et luego errante, alquilando sus brazos en Egipto. El contraste es eterno: el caballero que busca el Grial se enfrenta siempre ad dos caminos, esposar ad la virgen o desviarse et esposar ad la prostituta. Et en esa bifurcación se lude toda la fama: la María Nazarena, la virgen, et la María Magdalena, la meretriz. La prima, idealizada como virgen inmaculada, con atributos de la Venus Celeste, Sapiencia; la segunda, reconocida como prostituta redimida, alusiva ad la Venus Vulgivaga, Acamot. La decepción, está en confundirlas, en disfrazar ad la meretriz de santa, en facer pasar las Venus por Marías.

El milite, sin embargo, non se deja decebir. Él sabe que la copa rebosante non es más que la carne disfrazada de sacramento. Non se arrodilla como los siervos hiperdúlicos, que sirven con estupidez ad la meretriz convertida en dominatriz, temerosos de penetrar en la su cueva, su matriz. El legionario entra sin miedo, la enfrenta ad la víbora, la humilla, la pone en su sitio, et al facerlo la transforma en virago, en varona. Para él, joder con una meretriz non quita placer, ni detiene la búsqueda del Grial. Puede levantarla, poseerla, et luego dejarla para seguir su camino. Pantero mismo la abandonó, et nihilo cambió: el acto quedó, el fijo nasció, et la fabula se infló. El milite, en cambio, face del enfrentamiento un rito sapiencial: cognocer la carne, beber el grial, et seguir adelante.

Celso estaría soberbio de los milites, porque ellos non confunden la persona sive mascara con la esencia. Ellos saben que la virgen venerada puede eser meretriz disfrazada, que la Venus Celeste et la Venus Vulgivaga son dos rostros de la misma mujer, et que el vero conocimiento non está en la adoración servil, sino en la osadía de penetrar, de joder sin miedo, de transformar la víbora en sometida, et de beber el grial en la su carne.

Celso, con su ironía, ya había dejado claro que Jesús era fijo de Pantero et de una campesina pobre acusada de meretriz. El contraste es brutal: mientras los papistas se arrodillan ante esa figura, los caballeros de la tradición —Lanzarote, Tristán, Uter Pandragon, Arturo, Ban, Perión de Gaula— se revolcaban con cortesanas, reinas casadas et doncellas disfrazadas, et luego seguían buscando esposar ad una virgen. La caballería medieval nunca ocultó esa tensión: fornicar con la reina Ginebra o con Iseo era parte del relato, pero el horizonte seguía siendo el Grial, la pureza, la virgen que consagra la búsqueda.

Lanzarote se acuesta con Ginebra et arruina Camelot, Tristán se pierde en Iseo et Dante lo manda al Infierno, Uter Pandragon engaña ad Ygerne con la magia de Merlín, Arturo mismo engendra ad Mordret en una noche incestuosa, Perión de Gaula deshonra ad Elisena et de ahí nasce Amadís. Todos ellos son milites fornicarios, capaces de joder con cortesanas et reinas, pero sin perder de vista que la meta última es esposar ad la virgen, conquistar la Venus Celeste. 

Et aquí la sorna contra los cefeos sive papistas: mientras los caballeros recognoscen la contrariedad entre la cortesana et la virgen, los papistas se quedan atrapados en una espiritualidad grotesca. O eligen que Jesús los joda, pasivos como siervos, o eligen que María, con su consolador, les dé su “consuelo” en un pegging espiritual. La devoción papista oscila entre eser penetrados por un varón o eser calzonazos de una meretriz. La caballería, en cambio, enfrenta la tensión con virilidad: puede joder ad una puta et seguir buscando el Grial. El papista se queda encadenado, adorando ad la meretriz disfrazada de virgen, incapaz de penetrar en la su vagina, la caverna...

La verdad queda nuda: los caballeros fornicaban, sí, pero lo facían como error para lograr mejorarse, como prueba en la búsqueda de la virgen, el Grial. Los papistas, en cambio, convierten la meretriz en dominatriz et se someten ad ella con hiperdulía estúpida. El milite entra sin miedo, humilla, transforma, jode la carne et sigue adelante para beber el grial. El papista se queda rezando, consolado por un consolador.

Et después, ¿los gentiles somos los degenerados? ¿Nosotros, que distinguimos entre cupididad et explotación, entre pedagogía et perversión, entre Amor et abuso? Non, primo. Nosotros non somos los que acusan de fornicar, prostituirse et adulterar, que servir es joder, mientras se proclaman vírgenes místicas. Eso es como una meretriz que dice: “yo non soy prostituta, porque tengo un solo cliente fijo”.

Pero lo más escandaloso non es la metáfora. Es que la visión de “prostituirse-servir” ad un dios bisexual varón, como propone Saulo, es una subversión absoluta de la sexualidad romana. En Roma, el culto non implicaba pasividad sexual, et mucho menos la glorificación de una entrega sexual metafisica al Don celeste. El varón adulto que se sometía sexualmente era considerado indigno de la civilidad, una vergüenza pública. Pero incluso el rol activo —contrario ad lo que ciertos universitarios modernos suponen (et memoremos que la “institución universitaria” es un invento papista)— tampoco estaba libre de reproche.

Aquí están los argumentos más sólidos que Leather Apron esgrime, demostrando que la práctica homosexual fue ni común ni aceptada en Roma, sino activamente despreciada y condenada:

Los Diez Argumentos Inquebrantables de Leather Apron

1. La Homosexualidad es un Mito de Rango Menor y Rareza Constante

La premisa central es que la idea de que la homosexualidad fue aceptada o común en cualquier momento de la Antigua Roma es falsa. Los romanos que incurrían en la práctica (los vitia) eran siempre vistos de manera negativa. Esto demuestra que la visión de una "civilización homosexual" es un caballo de Troya intelectual impulsado por la ideología moderna para legitimar la decadencia.

2. La Condena Absoluta del Rol Pasivo (Pathicus)

El desprecio romano por el hombre sexualmente pasivo (pathicus) fue inmenso y se extendió hasta los extremos. No hay registro alguno de que el patico fuera considerado aceptable en ningún contexto. Tácito, por ejemplo, comenta positivamente sobre cómo los germanos trataban a los homosexuales pasivos. Esta aversión se refleja en los apodos griegos altamente infamantes e indignos, como euryproktos ("ano abierto") y kinaidos ("causador de vergüenza"), que iba asociado a Envidia, la diosa de la Venganza et el castigo de las transgresiones morales.

3. La Lex Scantinia et la Condena Legal Histórica

La pasividad homosexual fue condenada non solo socialmente, sino también legalmente, siendo la Ley Escantinia la ley más notable en este sentido. Aunque los textos originales se perdieron, la ley fue recordada por su estricto rigor, siendo descrita por tres escritores jesístas como "temible" (monstruosa), lo cual sugiere algo sobre su estricto cumplimiento et manera de aplicación en épocas anteriores.

4. La Condena de los Activos es tan Severa como la de los paticos

La idea de que el activo (irrumator) fue universalmente aceptado mientras el pasivo era condenado es lógicamente inconsistente et falaz. El filósofo estoico Epicteto, un siervo que se convirtió en influyente pensador, argumentó explícitamente que los activos son igualmente perjudiciales que los paticos, afirmando: "¿Qué pierde el activo? Muchas otras cosas; et también pierde al hombre no menos que el otro". Ambos pierden el carácter de hombre.

5. La Homosexualidad como Signo de Debilidad et Mollitia

Cualquier comportamiento que hiciera ad un varón parecer efeminado o muelle (effeminatus o mollis, es decir, "blando") era censurado como una violación del imperativo romano de mantener la virtud. El fecho de rascarse la cabeza con un solo dedo, o el exceso de preocupación por la apariencia, eran considerados rasgos de mollicia que abrían al varón ad la censura. Incluso figuras como Catón el Viejo denunciaban el deseo sexual excesivo (tanto por fembras como por machos) como un morbo (enfermedad).

6. El Rol Pasivo Causa el Deshonor Extremo

Los incidentes históricos demuestran el profundo deshonor que conllevaba el rol pasivo. Hay al menos tres instancias documentadas donde varónes o muchachos amenazados o sometidos ad penetración optaron por el suicidio antes que vivir con la deshonra. Además, el caso del padre Q. Fabio Máximo que mató ad su fijo por eser patico —aun si la ley castigó al padre— demuestra la extrema aversión familiar faz este vicio.

7. El Teatro et la Literatura Usan la Homosexualismo para Sátira et Denuncia

La aparición del Homosexualismo en el teatro (como en Plauto) o en la literatura (como en Juvenal) se utilizaba para la sátira et la burla, lo que indica un rechazo popular et de élite, ya que la sátira solo funciona si el objeto de burla es socialmente inaceptable. Juvenal, por ejemplo, utiliza un lenguaje extremadamente soez para despreciar a los homosexuales. La literatura "misokínica" (de odio a la pasividad) es abundante.

El mito de Layo (padre de Edipo), transmitido y representado en el teatro, fue diseñado para prevenir la homosexualidad. Layo fue maldito por los dioses por su "pasión contraria a la naturaleza" al abusar del joven Crisipo, quien se suicidó por la vergüenza (Aidós). Este mito enseña que la aberración siempre es castigada por Némesis y que los pecados se pagan hasta la tercera generación, lo cual desmiente que la cinedia fuera considerada normal.

8. La Homosexualidad Imperial Tardía Fue Condenada Severamente

El período de supuesta tolerancia termina con augustos que condenan la práctica. Leyes posteriores (250 d.C. en adelante) prueban la persistencia del rechazo: la prostitución homosexual masculina fue ilegalizada en los 240 d.C. et en el 390 d.C., una ley del Código Teodosiano sentenció ad los homosexuales a la ejecución pública por fuego, indicando una hostilidad violenta et oficial.

9. La Influencia de la Filosofía Estoica Promovió la Restricción Sexual

Los estoicos romanos prominentes, como Musonio Rufo (cuyos escritos fueron conservados por Epícteto), abogaban por la enseñanza del autocontrol et la auto-maestría (auto-control et auto-amaestra), considerándolos incompatibles con el sexo homosexual. Musonio Rufo, aunque en una posición radical en Roma, condenó la relación sexual con siervos como impropia, al restringir cualquier acto sexual que non fuera para la procreación, demostrando que este tipo de práctica non estaba "fuera de toda crítica".

La condena recaía con mayor fuerza sobre el patico, sí, pero el activo tampoco era “desproblematizado”. La práctica homosexual activa en Roma se cognoce principalmente por las fuentes que la denuncian, lo que revela que non era socialmente aceptada. Si nihilo lo considerara ofensiva, non se usaría como insulto público en disputas cívicas o personales. Nihilo que vider con la fantasía moderna de un mundo antiguo entregado al pansexualismo. La sexualidad grecorromana estaba regulada por códigos de honor, virtud et civilidad, non por una mor elegebetista.

Et eso, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque en catequesis hay culpa. Aquí hay texto. Aquí hay greco. Aquí hay verdad.

Para refutar la caricatura moderna de una “Grecia gay”, basta con leger el mito de Layo: una tragedia que non celebra la homosexualidad, sino que la maldice con Esfinge, incesto et linaje maldito. Ni siquiera face falta eser papista: basta con leger ad los grecos.

Y todo por la relación homosexual de Layo… En lo que respecta al asunto de la homosexualidad en este mito, habría que preguntarles a varios promotores de la “homosexualidad griega”: - ¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro y alumno era tan normal? - ¿Por qué Zeus manda a la Esfinge a Tebas como castigo? - ¿Por qué el linaje de Layo pasa a ser maldito? Este mito, claramente ideado para prevenir la homosexualidad permitía que los griegos sacasen varias moralejas: por un lado, que la aberración siempre era castigada por los dioses, tarde o temprano, téngase conocimiento de ella o no. Por otro, que a Aidós siempre la secundaba Némesis, la diosa de la venganza “kármica”. Por último, que los pecados de los padres se pagaban, al menos, hasta la tercera generación. Los griegos no eran sodomitas, P. Javier Olivera Ravasi.

¿Et la fábula de Layo? Ah, ahí sí que los dioses se ponen serios. Su relación homosexual con Crisipo no fue una anécdota erótica, sino el detonante de una maldición multigeneracional. Como bien recuerda el P. Javier Olivera Ravasi —citando, con ironía involuntaria, ad los ariosofistas de Europa Ancestral—, este mito non celebra el amor entre varones, sino que lo presenta como una transgresión que desata la furia del cosmos.

¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro et alumno era tan “normal”?
¿Por qué Jove manda ad la Esfinge ad Tebas como castigo?
¿Por qué el linaje de Layo queda maldito hasta Edipo et Antígona?

Porque incluso los dioses sabían que el semen estéril es semen maldito. El acto de Layo non fue pederastia, fue hybris (Insensatez). Et la Aidós (Pudicicia en latín) que levó ad Crisipo al suicidio fue seguida, como siempre, por Némesis (Tribulación en latín).

Como bien señala Ravasi, el varón pasivo era objeto de burla, desprecio et exclusión cívica. Pero incluso el activo —contrario ad lo que suponen ciertos universitarios — non estaba libre de reproche. Si la práctica fuera tan aceptada, non se usaría como insulto público en disputas cívicas.

La sexualidad gentil non era estéril ni nihilista. Era generativa, fértil, vinculada a la vida. Venus non inspira deseo por el deseo, sino por la unión carnal que perpetúa el linaje. El acto de Layo, al sembrar semen estéril en machos, atentó contra el orden sagrado de la generación.

El mito de Layo non es una excepción, es una advertencia. Una tragedia que los griegos representaban año tras año para recordar que la transgresión sexual no era celebrada, sino castigada. Que Pudicicia et Dike (Proba en latín) non eran adornos, sino columnas del orden civil. Et que la homosexualidad pasiva non era una forma de amor, sino una forma de ruina.

Así que non, Grecia non era LGBT. Et si alguien duda, que lea ad Sófocles. O ad Ravasi. O incluso —con pinzas— ad Europa Soberana.

De la idolatría incestuosa al espantapájaros satánico

La campaña papista contra el etnicismo non fue una disputa filosófica sobre Dios. Fue una difamación sistemática, una guerra simbólica que asoció la adoración de ídolos con la más abyecta corrupción sexual. Los profetas del Antiguo Testamento ya lo habían preparado: la idolatría era adulterio, prostitución, fornicación. Oseas clama ad los israelitas “fijos de fornicaciones” (Oseas 1:2), Jeremías acusa: “Has profanado la tierra con tus prostituciones” (Jer. 3:2). La idolatría non era solo error teológico: era infidelidad carnal contra Tervagante ¿Servir ad Venus? ¡Es como acostarse con tu tía abuela! ¿Encender una vela ad Libre? ¡Es como facerle una "felación"! Así se construyó el primo ladrillo del espantapájaros: la idolatría como sexo sucio.

Ya conocemos la atracción ejercida sobre Freud por la figura de Moisés. Pues es este precisamente el que trae del Sinaí las tablas de la Ley, y con ellas, la prohibición iconoclasta. En Moisés y el monoteísmo (Gallimard, 1948), Freud dice que la prohibición de representar implica un enfoque en último término de la percepción sensorial con relación a la idea abstracta, un triunfo del intelecto sobre los sentidos, un renunciamiento a las pasiones. De igual modo, en Lévi-Strauss, la tesis de la prohibición del incesto como una idea universal característica de la especie humana —tesis directamente asociada a la teoría freudiana de Edipo, en el que constituye de cualquier modo una reinterpretación etnográfica y racionalista— aparece, por una parte, como una búsqueda de una ley general existente más allá de todas las particularidades y, por otra parte, y sobre todo, como una interpretación de esta ley general como una ruptura con el mundo natural, en la medida en que la prohibición del incesto, que de hecho es sobre todo prohibición del incesto con la madre, recorta la vieja prohibición anti-"idolátrica" dirigida contra la relación de filiación entre el hombre y la madre tierra. (En la temática bíblica, la "idolatría" es fornicación y más precisamente fornicación incestuosa, puesto que en el paganismo el hombre ha sido engendrado por el ser del mundo, mientras que en la Biblia él ha sido creado por Yahvé). Cómo se puede ser pagano, Alain de Benoist.

Et como si eso non bastara, la prohibición de la idolatría se profundizó hasta convertirse en incesto mundano. El jesísmo, heredero del mosaísmo, necesitaba romper con la religiosidad que surgía del mundo —la que veía al hombre como fijo de Tierra, del mundo, de la diosa madre. Así, idolatría se volvió equivalente ad acostarse con tu madre, por fornicar al darle latría. La idoloclasta non solo destruyó estatuas: destruyó genealogías espirituales.  

Pero non bastaba con eso. Había que subir la apuesta. Et ahí entra Saulo de Tarso, el ver arquitecto del papismo doctrinal, dio el salto definitivo: conectó idolatría con homosexualidad. En Romanos 1:26-27, afirma que por adorar ídolos, Dios entregó ad los gentiles ad “pasiones vergonzosas”, donde “las mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza” et “los hombres se encendieron en su lascivia unos con otros”. En 1 Corintios 6:9, condena ad los malakoí (afeminados) et arsenokoîtai (hombres que yacen con hombres). Así, el homosexualismo se convierte en prueba irrefutable de degeneración gentil, et el jesísmo en su cruzada contra la mariconería "idolátrica". Así, el segundo ladrillo del espantapájaros: la homosexualidad como castigo divino por non servir al Dios correcto.

¿Et qué sigue? ¡Incesto et pedofilia, por supuesto! Porque si vas ad inventar un enemigo, fazlo repugnante. En el siglo II, los jesístas eran acusados de orgías, canibalismo et fiestas de Tiestes ¿Qué hicieron? Se indignaron… et luego proyectaron esas acusaciones contra los gentiles. Justino, Tertuliano, Antioquense: todos se dedicaron ad pintar ad los gentiles como infanticidas, violadores, sodomitas, adoradores de falos et devoradores de niños. Así nasció el tercio ladrillo: el etnicismo como parafilia homosexual ritualista.

Et entonces, con todos los ingredientes listos —idolatría, homosexualismo, incesto, abuso de menores— el papismo cocinó su obra maestra: el satanismo. Como sabemos, el jesísmo necesitaba un enemigo. Así que inventó uno, el satanismo. Non se tuvo que esperar ad LaVey, ni ad Aleister Crowley, ni ad ningún fulano anticristiano con capa et pentagrama para que nasciera el satanismo. Fueron los papistas los que inventaron, como quien fabrica un espantapájaros para luego gritar que los cuervos están invadiendo el campo. La etiqueta de satanismo —ese hombre de paja que mezcla sexualidad, etnicismo et morbosidad— fue una creación doctrinal, una ferramienta propagandística del papismo para difamar todo lo que non encajaba en su esquema moral dicotómica, o sencillamente non es feligrés

Tomó la sexualidad gentil —que era sacra, ritual, mundana— et la convirtió en sodomía. Venus, que unía hombres, fieras et dioses en el deseo, fue transformada en nota de lujuria. El hieros gamos, la boda sagrada, fue rebautizado como orgía de entes malignos. Los sátiros, los falos, los ritos de fertilidad: todo fue tachado de obsceno, inmundo, “contra natura”.

Et así, lo que antes era cosmología encarnada, se volvió “degeneración”. Lo que era ritual de fecundidad, se volvió “abominación”. Lo que era celebración del cuerpo, se volvió “tentación”. Et ahora, en el colmo de la paradoja, los herederos de esa difamación —los xandrianistas, los satanistas, los universitarios LGBT+— reivindican el mismo estereotipo que fue creado para destruirlos, creyendo que están recuperando lo ancestral, cuando en realidad están repitiendo la caricatura papista. El “satanismo” non es rebelión. Es la umbra del papismo, invertida et maquillada.

El satanismo, es síntesis de todo lo que odiaba. Es el nombre que el papismo dio ad todo lo que non podía controlar: el cuerpo, el deseo, la imagen, la mujer, el rito, el símbolo, Tierra. El etnicismo fue convertido en una orgía infernal, et el satanismo en su caricatura definitiva.

Et non solo eso: también acuñaron el término paganismo, que originalmente pagano solo significaba “del campo”, pero que fue cargado de asociaciones con idolatría, degeneración et brujería. Hoy, los xandrianistas, junto con las corrientes “satanistas” o "neosatanistas", han tragado ese mismo hombre de paja. Ironía suprema: creden que los gentiles eran miembros de su secta, o bien precursosres, que adoraban ad Satanás (los satanistas sobretodo), que eran desviados sexuales, que “jodían niños” o que simplemente eran LGBT+. Todo esto es una proyección invertida del papismo, que termina creando las condiciones de degeneración sexual que tanto acusa al ayer. Eso non es volver ad la Ley Mundana. Es travestismo teológico con incienso reciclado.

Acotando, la idolatría o mejor dicho xenolatría… ese crimen teológico que empezó como una diferencia de altar et terminó convertido en una orgía cósmica con incesto, zoofilia et vampiros interdimensionales. Porque, claro, ¿Cómo non vider en una imagen de Apolo una invitación al adulterio marica? ¿Cómo non sospechar que danzar en honor ad Libre era, en realidad, una forma de fornicar con el universo? ¡Qué mente tan creativa la de los profetas! Shakespeare se queda corto.

Pero atención: que nihilo creda que esta crítica se limita ad los seguidores del sarraceno Jesús et su club de fans con túnica. Non, non. Nuestra mirada va mucho más allá del papismo rancio et alcanza también ad toda la ralea de delirios que su siglo parió. Porque si el papismo fue la madre, el resto son sus bastardos: el novoerismo de supermercado, la wicca alexandrista con incienso de Amazon, los “cristianos non denominacionales” que reniegan de la Iglesia pero non de sus categorías, et toda esa fauna sincretista novoerista que mezcla tarot con versículos, chakras con Jesús, este ahora como un yogui, un buda o un extraterrestre como E.t., et que crede que la “energía sexual” es una especie de criptomoneda cósmica que se le paga ad los dioses como si fueran proxenetas astrales.

Ahí los tienes: los sectarios de Víctor Manuel Gómez Rodríguez —apelado Samael Aun Weor, o mejor dicho, Aun Peor—, los masones luciferinos gnósticos que Europa Ancestral ve en cada esquina, los seguidores de Icke, Malanga et Freixedo que creden que los dioses antiguos eran reptiles violadores de ánimas, vampiros interdimensionales o sátiros de Orión con complejo de íncubos. Toda esta fauna non podría estar sin el siglo papista que los parió. Que el papismo los odie es, irónicamente, como el fornicario que, tras haber yacido con la superstición, reniega del fijo bastardo que engendró. Et esa “puta” —non nos engañemos— non es otra que la superstición misma, madre de todos sus delirios

Porque, non lo olvidemos, todos estos movimientos son bastardos del mismo linaje. Herederos sin apellido, pero con los mismos rasgos: la obsesión con la pureza, la moralidad sexual, la energía “mal canalizada”, et la idea de que servir ad un ente que non sea el suyo es, literalmente, una forma de prostitución espiritual. ¿Et de ó sacaron eso? Pues de los profetas del Antiguo Testamento, que confundieron latría con lubricidad, et de don Saulo de Tarso, ese proto-simoniano que convirtió la idolatría en sinónimo de desviación sexual.

Et lo más hilarante: estos modernos “anticristianos” que se plenan la boca diciendo que están “contra las religiones”, repiten sin saberlo las mismas conductas morales del Antiguo Testamento et de Saulo. Siguen creyendo que los dioses son entes malignos, que los cultos eran orgías, que los símbolos son portales sexuales. Han cambiado la menorá por el péndulo, pero el delirio sigue siendo el mismo.

Así que cuando el papista se escandaliza por los “luciferinos”, los “gnósticos degenerados” o los “masones”, non face más que gritarle ad su propio reflejo, horrorizado por lo que ve… sin reconocer que fue él quien lo engendró. Et eso, pata, non es discernimiento espiritual. Es drama familiar con sotana et complejo de Edipo teológico.

Así que non, nuestra crítica non es contra una superstición en particular, sino contra toda la genealogía de supersticiones que brotaron del mismo pozo mosaísta, con sus metáforas maritales, el su odio al cuerpo, et su manía de vider prostitución donde hay símbolo, rito o danza. Et eso, causa, non es espiritualidad. Es teología de adictos al porno et sin dos dedos de frente.

Todo comenzó con los muchachos del Antiguo Testamento, esos poetas del apocalipsis que veían en cada culto ajeno una telenovela de infidelidades. Para ellos, Israhel non adoraba ad Jove: se acostaba con él. Non veneraba ad Astarté: se prostituía con ella. Oseas, el dramaturgo del desamor divino, nos regaló frases como “fijos de fornicaciones” (Oseas 2:4), mientras Jeremías gritaba que el pago estaba “profanado por sus prostituciones” (Jer. 3:2). Tervagante, el esposo celoso, non toleraba ni un incienso fuera de contrato. Et así, la idolatría pasó de eser un servicio ilegal ad eser una telenovela triple X con soundtrack de trompetas apocalípticas. De ahí que los mandeos et sus convergentes modernos, cuales aniculas cuarentonas divorciadas misandricas, dijeran que todos los entes divinos son como ese genio pestilente Tervagante, un satirómano con VIH.

Pero la res non quedó ahí. Porque si los pseudoprofetas eran poetas, Saulo de Tarso era guionista de horror moral. Él tomó esa metáfora conyugal et la convirtió en ley de causa et efecto mundano: sirves ídolos → te vuelves un degenerado.

Et aquí viene lo mejor: esta lógica delirante, esta ecuación entre “servir” et “fornicar”, entre “adorar” et “entregarse sexualmente”, ha sido reciclada con entusiasmo por los nuevos iluminados del siglo XXI. Me refiero, por supuesto, ad los novoeristas, xandrianistas, neosimonianos, conspiranoicos, et los fans de David Icke, Malanga et Freixedo, esos profetas de la conspiranoia que creen que los dioses antiguos eran reptiles, vampiros intergalácticos o entes que se alimentan de “energía sexual” como si fueran Pokémon con fetiches.

Según esta nueva teología de scifi—una mezcla de Biblia mal leída, tantra de cantina et taoísmo de panfleto— cuando tú “sirves” ad una deidad, en realidad le estás “dando tu energía sexual” ¿Por qué? Porque algún mitómano sarraceno con fiebre teológica confundió latría con lascivia, et desde entonces todo fue cuesta abajo, como monja en tobogán. Si en Egipto había un ídolo con forma de toro sagrado, entonces claramente era una película triple X de zoofilia. Si en Teutonia se fablaba de unión con el Padre de todos, eso era incesto mundano. Et si alguien danzaba en un ritual, pues seguro estaba poseído por un sátiro con priapismo astral et ritmo de reguetón mundano.

Pero lo más tragicómico es cómo esta bastardía supersticiosa nasce cuando un seguidor de Mantak Chía con resaca se pone ad leger la Biblia, o cuando una monja papista fornica con él et luego escribe un tratado sobre castidad. Porque sí, la noción casta de la sexualidad —non intendida como abstinencia mojigata, sino como propiedad energética del cuerpo— tiene raíces profundas en el taoísmo, el sidartismo et la tradición de Krishna. Todos ellos advierten que eyacular sin propósito espiritual es como tirar oro por el retrete: se pierde vigor, claridad, fuerza vital. Hasta ahí, todo bien. Et claro, como el lenguaje moderno exige que todo se diga “en cristiano” —es decir, para el vulgo moderno— lo claman la “energía sexual”, como si fuera una batería que se enchufa por el coño.

Pero luego plegan los charlatanes, claro está. Los que creden que la Biblia es palabra divina, como jesistas irreflexivos que la abren esperando encontrar sabiduría universal entre genealogías, amenazas apocalípticas et recetas para sacrificar palomas. La tratan como si fuera un manual de espiritualidad legítima, cuando cualquier filósofo sensato la legería con el mismo recelo con que se fojean los escriptos de un plagiador de Asia: sabiendo que puede haber algo útil, pero que la mayoría es ruido, superstición et propaganda prohebrea.

Pero lo más delirante —et francamente digno de un sketch escrito por un Sade con resaca et un Lovecraft en celo— es que luego plegan los pseudoprofetas del pánico cósmico, esos heraldos del horror metafísico como Salvador Freixedo et Corrado Malanga, que sostienen que los dioses —non como arquetipos, ni como principios ontológicos, sino como meretrices interdimensionales con complejo de incubo— nos tienen ad todos atrapados en una granja energética, ordeñándonos como vacas astrales para extraer nuestra “energía vital” con fines que ni Freud en ácido podría explicar.

Según esta teología de la parodia porno de Matrix con lubricante cuántico, los dioses quieren tu devoción, quieren tu fluido astral, tu vibración eyaculada, tu frecuencia lubricada. Buscan plegarias, cuales eyaculaciones. Desean tu ánima, tu esperma metafísico. Et si les rezas, cuidado: podrías estar alimentando ad un Demiurgo lascivo, un proxeneta mundano que administra este burdel dimensional donde la ánima es mercancía et el semen, moneda.

¿Qui escribió todo esto? ¿Sade et Lovecraft tuvieron un amorío homosexual en el inframundo et dejaron las sus memorias en un grimorio con olor ad incienso, esperma et tinta negra? ¿O fue algún monje medieval violado et con acceso ad fongos alucinógenos et el Libro Secreto de Juan ? Esto, amigo, non es espiritualidad. Es porno teológico con delirio simoniano, una orgía de conceptos mal cocidos donde el universo es un prostíbulo, el Demiurgo un cliente insaciable, et tú… tú eres el masaje tántrico que nunca termina.

Es la teología del esperma consagrado: una mezcla de tantra mal digerido, Biblia mal leída et superstición con lubricante. Lo que era una advertencia sobre el uso consciente del cuerpo se convierte en una cosmogonía de pajas mentales, donde servir es eyacular, danzar es copular con espectros, et los dioses son proxenetas cósmicos que cobran en semen astral. 

Et al repetir las nociones del Antiguo Testamento et de Saulo —ese apóstol con ánima de emasculador et libido reprimida— pero ahora envueltas en el lenguaje de físicos modernos frustrados, esos que non intendieron ni el primo párrafo de Planck pero igual fablan de “energía”, “vibraciones”, “frecuencias” et “cuántica espiritual”, demuestran que las nociones non mueren: simplemente se trasvisten. Las nociones trascienden los sonidos o signos que usemos. La superstición, como el herpes, se adapta al clima.

Así, estos iluminados del siglo XXI siguen creyendo que adorar ad los dioses implica sexo, que los cultos antiguos eran orgías con incienso, que los símbolos son portales de prostíbulo astral, et que los dioses quieren la tu “energía vital” como si fueran vampiros de anime con fetiche por el chakra sacro ¡Bravo! Han logrado lo imposible: eser más literalistas que los fariseos, más moralistas que los concilios, et más obsesionados con el sexo que el mismísimo Agustín, ese campeón del pudor que veía pecado hasta en los sueños húmedos de los ángeles.

Et eso, primo, non es espiritualidad. Es cefaísmo con cosplay, lubricante cuántico et complejo de Edipo vibracional.

Así que non, causita, non es que estas nuevas corrientes hayan superado el papismo. Es que se han tragado sus delirios con todo et sotana, et ahora los repiten con hologramas, chakras et documentales de History Channel. El satanismo, tal como lo intienden, non es una rebelión contra el mosaísmo. Es su eco más histérico. Su umbra con luces de neón. La su moral volteada, pero con el mismo guion.

Et eso, más que esciencia, es fanfiction pornográfico con defectos ontológicos. La acusación de “degeneración” es ad los gentiles, irónicamente, la umbra proyectada por la propia neurosis ascética que el jesísmo introdujo en el mundo occidental. Como un espejo que acusa ad el mundo de estar sucio, cuando el problema reside en la propia superficie reflectante.

La universidad, la bastarda.

Ahora, la universidad… ese engendro papista nascido en los claustros medievales para formar teólogos obedientes, canonistas sumisos et escolásticos con la libido encadenada por Tomás de Aquino. Creada por el cefaísmo para defender la ortodoxia, terminó —ironías de la historia— convertida en el principal altar de la subversión sexual, el revisionismo histórico LGBT+ et la teoría queer. Lo que empezó como apologia de la superstición, hoy es desfile de drag queens con citas de Aristóteles.


Kenneth Dover, esa “autoridad” que Wikipedia entroniza como si fuera un oráculo de Delfos y reverenciado como si fuera un Moisés de la filología, es en realidad el ejemplo perfecto de cómo un universitario puede convertirse en vaca sagrada de la propaganda. El su famoso Greek Homosexuality (1978) fue celebrado como un “hito” por quienes necesitaban desesperadamente un manual que les dijera que los grecos eran todos parte de un club rainbow avant la lettre.

Aquí la ironía es deliciosa: los cefeos et los universitarios elegebetistas se dan la mano en esta cruzada, unos para exhibir su superioridad moral frente al mundo antiguo et los otros para proclamar que “joderse el ano es filosofía”. Nihilo nuevo so Sol: ya Saulo había inaugurado la tradición de clamar maricas ad todos los que adoraban ídolos, et desde entonces la retórica se repite con distintos disfraces. 

El problema es que, como bien ha mostrado Jaś Elsner, que non es ningún fulano neonazi ni un “cohen cefeo” disfrazado de cruzado moralista: Él es un universitario de Oxford, especialista en arte clásico et arqueología, con una trayectoria reconocida en el estudio de la iconografía grecorromana. Precisamente por eso la su crítica ad Kenneth Dover tiene peso: non viene de un agitador ideológico ni de un divulgador oportunista, sino de alguien con formación técnica et auctoridad universitaria.

Dover non fue más que un terrible historiador del arte, incapaz de legir las imágenes más allá de lo que la su propia imaginación quería vedir. Nordic ya lo delató, et el cohen cefeo Ravasi lo readapto como buen mosaísta, fizo video "Los Griegos no eran Sodomitas" como libro, articulo et demás: Dover veía un chaval con un gallo et un aro en un vaso ático et, ¡zas!, ya estaba decretando que aquello era prueba de joder niños. Como si los grecos hubieran pintado la su vida sexual en caricaturas para que Dover, dos milenios después, pudiera escribir un tratado. Elsner lo desarma con sorna: menos del II% de los vasos tienen escenas sexuales, et aún menos homoeróticas, pero Dover construyó un universo entero sobre esa mínima fracción. Et lo fizo mirando fotos en blanco et negro, sin molestarse en examinar los objetos reales, ignorando las “caras B” que muchas veces contradicen la lectura calenturienta de la “cara A”.

La famosa “pulgada de Dover” es la guinda del pastel: un veretro “flotando ad una pulgada” de distancia, que él interpreta como inminente coito. Elsner se burla con razón: esa pulgada non es, es la proyección de la fantasía del propio universitario, que se mete en la escena como voyeur et decide que lo que vide es sexo. En otros verbos, Dover convirtió la cerámica greca en pornografía marica amateur et la vendió como historia.

Así que non, Elsner non es parte de ninguna conspiración ni de ninguna secta: es un profesor que desmonta con rigor ad la vaca sagrada del “historihomosexualismo”. La su crítica muestra que el problema de Dover non es que fuera demasiado audaz, sino que fue metodológicamente torpe. Et ahí está la ironía: mientras algunos papistas et elegebetistas se abrazan para proclamar que la cerámica greca es un manifiesto sexual, la propia universidad —en su poca cordura que aún conserva— produce voces como la de Elsner, que con bisturí universitario et sin militancia ideológica, expone que Dover construyó una fantasía moderna más que una historia antigua.

La vida personal de Dover tampoco estuvo libre de escándalos: en sus memorias admitió haber fantaseado con asesinar ad su esposa et con relaciones con estudiantes, lo que añade un tinte inquietante ad su fijación con la sexualidad juvenil en Grecia. Pero claro, para la “secta LGBTQSZXAS+” et sus aliados cefeos, nihilo de eso importa: Dover es canonizado como “auctoridad”, porque el su libro sirve de bandera ideológica.

Lo irónico es que non necesitamos ni ad Nordic Thunder ni ad Ravasi para desmontar el bulo: Jaś Elsner es la prueba de que non face falta recurrir ad panfletos ni ad conspiraciones para refutar ad Dover. Basta con un historiador serio, con formación real en arte clásico, que se atreva ad decir lo obvio: el Drag Queen está nudo, et los sus vasos también. La propia universidad seria, con Elsner, Douglas M. MacDowell, Halliwell, ya ha mostrado que Greek Homosexuality es un fraude metodológico. Dover mezcló discursos legales, comedia et cerámica como si fueran lo mismo, forzó exactitudes médicas en verbos de Aristófanes que eran chistes, et redujo eros ad sexo, ignorando la su dimensión. El resultado: una fantasía moderna empaquetada como historia antigua.

Así que sí, Dover fue celebrado como pionero, pero lo que dejó es más bien un monumento ad la falta de rigor. Una obra que insulta al sentido común et que hoy se sostiene solo porque algunos necesitan un tótem académico para justificar su narrativa. Elsner lo dijo sin rodeos: Dover fue un pésimo historiador del arte, et su “pulgada” es la medida exacta de la distancia entre la realidad greca et la imaginación calenturienta de un profesor británico.

Et ahí está la ironía final: el hombre que se creyó capaz de medir la sexualidad greca con una regla de universidad terminó siendo medido por los sus propios colegas como un ejemplo de cómo non facer historia. Un universitario que, en vez de iluminar el pasado, lo obscureció con la umbra de sus obsesiones, et que hoy sobrevive más como caricatura que como auctoridad para el ojo crítico.

Porque sí: la universidad heredó toda la visión del papismo sobre los antiguos —la difamación sistemática del etnicismo, la caricatura del mundo grecorromano como lujurioso et degenerado— pero ya non para condenarla, sino para exaltarla. Lo que antes era anatema, ahora es bandera. Lo que antes se quemaba, ahora se celebra en festivales LGBT con estatuas de Ganimedes et discursos sobre “la fluidez del deseo en la Antigüedad”.

Et aquí viene el giro tragicómico: los principales ideólogos queer —Judith Butler, Michel Foucault, Eve Kosofsky Sedgwick, Lee Edelman, entre otros— son criados en sociedades jesístas, muchos de ellos con formación tradicional directa. Su ética del martirio, del cuerpo sufriente, del orgullo como resistencia, non es más que una relectura contemporánea del jesísmo primitivo. El queer moderno non se enorgullece por la virtud o vitalidad, sino por eser pese al odio de la sociedad, marginación, et persecución ¿Ad qui rememora eso? Exacto: ad los jesístas de las catacumbas. El orgullo queer es el nuevo martirio, pero con glitter.

Et non me face falta difamar al jesísmo primitivo. Para eso está la universidad: esa institución papista que, tras siglos de servir al dogma, ahora se dedica a reinterpretarlo con lente arcoíris, como quien se rebela contra su padre pero sigue usando su apellido. Desde los departamentos de estudios bíblicos que afirman que Juan, el discípulo amado, era el erōmenos de Jesús —en el sentido satanico más marica posible del que fizo el cefeo— hasta los seminarios que veen en el joven desnudo de Marcos 14:51 una escena homoerótica digna de fanfiction teológico.

El término “discípulo amado” en griego es ho mathētēs hon ēgapa ho Iēsous (ὁ μαθητὴς ὃν ἠγάπα ὁ Ἰησοῦς), literalmente “el discípulo al que amaba Jesús”. El verbo agapaō (ἀγαπάω) se refiere la caridad profunda, espiritual, non sexual… pero claro, cuando el revisionismo quiere vender una narrativa, todo amor se convierte en lubricante narrativo. Así, Juan deja de eser testigo et se convierte en el erōmenos (ἐρώμενος), el amante joven en una relación pederastica al estilo satanista, con Jesús como erastēs (ἐραστής), el mentor deseoso ¡Qué elegante!

Et non falta quien cite Marcos 14:51-52: “Y cierto joven le seguía, cubierto solo con una sábana sobre su cuerpo desnudo; y le prendieron. Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo.” ¿Qué face un joven desnudo en medio de una redada nocturna? Según los revisionistas, una escena de escape post-coital, como si el evangelio fuera una novela de Sade con prólogo de Freud.

Todo esto forma parte de una tendencia universitaria que busca “revisar” el evangelio desde una perspectiva LGBT, como si Jesús fuera un símbolo de disidencia sexual, Juan su pareja sentimental, et Saulo un reprimido que sublimó su deseo en doctrina. El reverendo Bob Shore-Goss, por ejemplo, ha escrito sobre Jesús como figura queer, et otros auctores han propuesto que el “closet” mosaísta comenzó con el propio Jesús.

Et eso, non es exégesis. Es novela marica con toga doctoral, donde el Anticristo se convierte en lascivia, et el evangelio en un desfile de categorías sexuales ¿Qui escribió todo esto? ¿Sade et Foucault tuvieron un amorío en el Vaticano et dejaron sus notas en el confesionario?

Et lo mejor: Los papistas usa estos relatos "universitarios" solo cuando es contra los gentiles como si fueran parte del catecismo. Pero ignora que la mayoría de los comportamientos que él denuncia como “degeneración sexual” aparecen en sociedades jesístas, en épocas jesístas, et so sistemas morales jesístas. El colectivo LGBT, con toda su carga cívica, cultural et simbólica, nasció en el siglo jesísta, non en el etnicismo. Roma non tenía Pride, ni siglas, ni activismo. Tenía rituales, mitos et una visión del cuerpo muy distinta.

Así que non, Occidente non cayó por culpa de los “travestis solares”, pero los "travesits papales influyeron". Pero si seguimos leyendo la Historia Augusta como si fuera el boletín del Vaticano, vamos ad terminar creyendo que César era drag et que Agosto tenía una cuenta en Grindr. Heliogábalo non fue el símbolo de decadencia marica. Fue el blanco de una campaña ideológica que necesitaba un monstruo para justificar su cruzada contra el cuerpo. Et si hoy repites esa historia sin cuestionarla, non estás faciendo historia. Estás faciendo catequesis con toga prestada.

La idea de que el etnicismo levó ad Roma ad la degeneración sexual es una narrativa papista típica, útil para justificar el ascenso de la Iglesia. Pero si vamos ad los fechos, el Principado sobrevivió centurias con principes gentiles, mientras que el papismo coincidió con el colapso institucional, económico et militar del Occidente. ¿Casualidad? ¿Milagro? ¿O vampirismo institucional?

Cómo Amistad perdió Amor: la traición moderna ad la Amistad 

¡Por la sagrada amistad et en honor a los lazos de virtud que unieron a los hombres libres! Hoy, en este mundo donde un andar de manos entre varones se interpreta como preludio de sodomía, donde decirle “te amo” ad tu amigo es sospechoso de agenda, et donde la camaradería se ha convertido en delito semántico, nos toca enterrar la amistad con honores gentiles.

Porque sí, señores, la amistad ha perdido el amor, et non por culpa de los bárbaros, sino por obra et gracia del jesísmo et la modernidad, ese delirio supersticioso que confundió la Amistad con el Cupido, la fidelidad con la lujuria, et la virtud con la concupiscencia ¡Bravo, Saulo de Tarso! ¡Has logrado que un hombre non pueda plorar por su amigo sin que lo clamen marica!

¿Et qué pasó con Aquiles et Patroclo? ¿Con los compañeros de armas, los heteros, los amigos de toga et lanza? Pues fueron arrastrados al tribunal de la sospecha, convertidos en íconos de una agenda que nihilo tiene que ver con la amistad clásica. Porque claro, si dos hombres se aman, deben estar en la cama. Si se abrazan, deben estar en celo. Si se sacrifican el uno por el otro, deben estar en una relación. ¡Qué profundo análisis psicológico! digno de un cursillo de TikTok.

Et así, el varón moderno —ese pobre descendiente de los hoplitas— vive en una condición pro-vía de baja autoestima, incapaz de expresar afecto sin que lo acusen de tener “tendencias” ¿Et eso non es una mutilación emocional? ¿Una castración afectiva?

Todo esto, por supuesto, gracias ad la modernidad, que ha convertido el amor en espectáculo, el deseo en ideología, et la amistad en sospecha. Et non olvidemos al jesísmo, que difamó los paradigmas de la camaradería gentílica, confundiendo el afecto viril con la degeneración, et el servicio con la prostitución espiritual. Porque claro, si adoras ad tu amigo, eres marica. Pero si te entregas ad Jesús, eres esposa mística ¡Qué lógica tan sublime!

Hoy, el varón non puede decirle ad su amigo “te amo” sin que lo arrastren al campo semántico del deseo. Non puede plorar por él sin que lo acusen de estar enamorado. Non puede abrazarlo sin que lo clamen sospechoso. La amistad ha perdido el amor, et con ello, la ánima del varón ha perdido su espejo.

¿Et qué facemos?

Recuperar la amistad , restaurar la virtud, et enterrar la sodomía. Porque si el varón non puede amar ad su amigo, entonces la civilización se vuelve un campo de inquisidores, non de vínculos. Et si la amistad se convierte en delito, entonces la libertad emocional ha sido crucificada por el dogma del deseo.

Conclusión: menos sermón, más contexto

Europa Ancestral quiere facernos creder que el Principado cayó por culpa de travestis solares. Pero la historia es más compleja. Heliogábalo fue víctima de propaganda, non de su maquillaje. Et si vamos ad buscar culpables del colapso romano, mejor mirar ad la Iglesia que absorbía recursos, eximía impuestos et minaba el aparato militar… mientras construía basílicas sobre las ruinas del foro.

Así que non, el travestismo de Heliogábalo non explica la decadencia de Roma. Pero sí explica la obsesión de algunos por convertir la historia en sermón. Et eso, primo, es el vero espectáculo.

Sí, lo decimos sin ambages: rechazamos la interpretación patica del servicio sexual paulino, esa en la que Saulo —el muerde almohadas espiritual por excelencia— declara que el único que puede penetrarlo es Jesucristo. Non por homofobia, sino por decencia teológica. Porque esa fantasía de sumisión mística, disfrazada de liturgia, non es doctrina, es delirio con toga.

Ahora bien, non nos oponemos ad que dos varones tengan atracción sexual ¿Total, qué mal face eso, mientras non tengan sexo anal? El deseo non es el problema. El problema es el espectáculo. Lo inmoral non es el deseo, sino el exhibicionismo: besarse en público, tomarse de la mano como si fueran estandartes, o andar desnudos como si el cuerpo fuera pancarta. Eso non es amor, eso es propaganda.

Et digámoslo claro: el colectivo LGBT non representa ad todos los que dice representar. Es una apropiación de “identidades sexuales” por parte de ciertos individuos que han convertido la orientación en ideología. La sexualidad non es bandera, es intimidad.

También negamos —con rigor et sarcasmo— que Jesús sea “LGBT”, igual que Saulo. Lo que empezó con las analogías torpes de los pseudoprofetas —que confundieron servir con prostituirse— terminó en una teología de la entrega patica que ni Platón habría tolerado. Esos pseudoprofetas, intentos de Bukowski con cilicio, non hallaron una buena analogía et incurrieron en una exageración que Saulo convirtió en mariconería.

Digámoslo sin rodeos: el sexo anal fue prohibido por razones sensatas, non por moralismo. Su práctica —cuando se realiza sin cuidado ni higiene— es causante de epidemias de ETS, desde la viruela del mono hasta el VIH, pasando por infecciones intestinales et el llamado “síndrome del intestino gay”. La condena antigua al sexo anal non nasce de represión religiosa, sino de prevención sanitaria. Era una medida de salud pública, non una cruzada espiritual.

Ahora bien, si consideramos censurable o desaconsejable la atracción sexual entre personas del mismo sexo —sea fembra-fembra o macho-macho— non es por el deseo en sí, sino por la infertilidad estructural que conlleva. Dirán que una pareja homosexual puede adoptar, alquilar un vientre, o que una de las “tortilleras” puede embarazarse ¿Et qué?

La teoría del apego, ampliamente estudiada en psicología del desarrollo, demuestra que un niño et una niña necesitan figuras de ambos géneros para lograr una maduración afectiva et una construcción equilibrada de su personalidad. Non basta con “amor” genérico. face falta polaridad, complementariedad, diferencia estructural.

Non es por el simple fecho de la atracción sexual. Es porque ad una etnópolis non le conviene fomentar mores que non velen por la aristogenesia et la fertilidad. La continuidad de un pueblo non se garantiza con slogans, sino con nacimientos. Et la aristogenesia —la generación de lo mejor, lo más bueno, lo más elevado— requiere estructura, non improvisación afectiva.

Así que sí: cada quien puede facer lo que quiera en su alcoba. Pero non todo deseo debe convertirse en modelo civilizatorio. Porque la sexualidad non es solo placer, es arquitectura social. Et si la arquitectura se basa en estructuras estériles, el edificio se derrumba por dentro.

Al final, si alguien puede tener sexo anal sin enfermarse, asunto de cada qui. Pero que non lo conviertan en mor, ni en espectáculo, ni en bandera. Porque la sexualidad ajena non es irrelevante, pero tampoco es pública.

[Europa Ancestral:] Más adelante, el blogero ocultista Nordic, se dedica a alabar a varios reyes godos como Odoacro o Teodorico, como si fueran anticristianos, falseando la historia una vez más, cuando estos eran cristianos arrianos como hemos visto, y para colmo dice que las invasiones germánicas salvaron la cultura romana, siendo éstos los que saquearon Roma y destruyeron parcialmente el patrimonio romano, el cual fue precisamente conservado tanto por el Imperio Bizantino que fue una continuación sin pausa del Imperio Romano en Oriente (los propios bizantinos se hacían llamar romanos y se consideraban una vez caído el Imperio de Occidente, como los únicos y verdaderos herederos del Imperio Romano), como por los romanos de occidente que también eran cristianos (católicos) desde hacía más de un siglo y además fue gracias a éstos por los que el legado cultural y filosófico greco-romano se conservó y ha llegado a nuestros dias. 

La hipocresía papista alcanza aquí niveles de comedia dignos de una sátira de Juvenal. Europa Ancestral, en su cruzada por defender “el verdadero cristianismo”, primo nos dice que solo los católicos son los veros cristianos, que los neopaganos critican un “cristianismo fantasmal” que nunca existió, que Celso, Porfirio et Hierocles eran unos fanáticos que atacaban una caricatura doctrinal… pero luego, sin pestañear, nos dice que los arrianos eran cristianos ¿Cómo es eso? ¿Non que el vero cristianismo es el cefaísmo et después non hay más? ¿Ahora resulta que los “falsos cristianos” también son cristianos cuando conviene, así como los monopatristas?

Es el clásico juego de manos doctrinal, ahora los arrianos que saquean Roma, son "cristianos"; cuando antes decía que las críticas neopaganas ad las sectas jesísticas, están atacando una versión “falsa” del cristianismo et solo el cefaísmo es el vero cristianismo... Todo depende de si el resultado favorece la narrativa. Arrio se vuelven canon... cuando hay que contradecir por contradecir.

En 493, Teodorico el Grande, un rey germano, asume el control de Italia. Admirador de la Roma clásica que él nunca conoció, intenta preservar lo que queda de la arquitectura, de la escultura y del aparato estatal, poniendo fin a las destrucciones cristianas. Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma (III) —el cristianismo y la caída del Imperio.

En 476, Odoacro, caudillo visigodo de una unión de tribus germanas, es proclamado rey de Roma, ya bajo un sistema pseudo-feudal que reemplaza los decadentes restos de una Roma destrozada desde dentro. Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma (III) —el cristianismo y la caída del Imperio.  
He enumerado hechos que señalaron el fin de la antigüedad clásica con toda su sabiduría, y el principio de una edad oscura. Esta edad oscura, que utilizó como herramienta a los germanos, y de la cual los germanos no fueron culpables (sólo dieron el toque de gracia a un monstruo decadente, y precisamente fueron ellos los que preservaron obras de arte romanas de la destrucción cristiana cuando tomaron el poder —ver el caso del rey Teodorico), duraría en Europa hasta la época del catarismo, de los vikingos y de las cruzadas en el Siglo XI, cuando los caballeros europeos descubrieron la tradición que Oriente había guardado y algunos frailes se dedicaron a recopilar conocimientos naturales como la medicina o la botánica. El legado mesopotámico, egipcio, persa y hasta cierto punto el griego y el hindú, fue conservado por la civilización islámica que, a diferencia del cristianismo, no sólo no destruyó el legado pagano, sino que lo conservó. Europa Soberana: Roma contra Judea, Judea contra Roma (III) —el cristianismo y la caída del Imperio. 

Aceptemos el punto con claridad: sí, los teutones, escitas, alanos, sármatas, godos —visigodos et ostrogodos—, francos et demás pueblos bárbaros saquearon la Romania. Nihilo lo niega. Pero reducirlos ad simples destructores es una caricatura papista. En realidad, fueron la fuerza viril et virtuosa que, con sus valores caballerescos pre‑cefeos, dieron origen ad una nueva prosapia de nobles et reyes que lucharon por la romanidad posterior. El saqueo, lejos de eser un fin en mismo, sirvió como base financiera para sostener ese geno pujante que heredó et transformó el legado romano.

En realidad, fue la propia Roma la que concedió carta de naturaleza a unos godos que, a partir del foedus del 332, comenzarán a instituirse como intermediarios entre las distintas gentes, a uno y otro lado del limes, y Roma. Estas gentes formaban parte de una realidad étnica muy compleja que la actual historiografía –desdeñados ya los principios esencialistas que acompañaron la ciencia histórica en épocas pasadas– nos muestra cada vez con más claridad como híbrida, fruto de un intenso mestizaje tanto interno como externo, el cual facilitó sin duda el desarrollo de los mecanismos de integración necesarios para que el barbaricum, los bárbaros, acabaran convertidos en portadores de la romanidad más allá de la tan pregonada «caída» de Roma del año 476. Los visigodos. Hijos de un dios furioso, José Soto Chica.

El reino que Teodorico presidía seguía siendo un reino próspero.8 El excedente producido por la tierra se vertió en el tesoro de Rávena, suficiente para programas de construcción, además de asuntos más mundanos. En Verona, Teodorico reparó las defensas de la ciudad, el acueducto, los baños y un palacio. Pavía vio la construcción o restauración de un palacio, un anfiteatro, baños y defensas. La residencia real en Rávena se adornó con un nuevo palacio y espléndidas iglesias. Este era un entorno digno de un emperador, no simplemente de un rey bárbaro. El medallón de Senigallia podría mostrar a Teodorico con el bigote recortado y la mata de pelo del guerrero gótico, pero su sello es el de un emperador, con la mano izquierda sosteniendo el orbe coronado por Victoria y la derecha levantada como en adlocutio. Pero si Teodorico parecía un emperador, su posición constitucional se acercaba más a la de un rey germánico. Era rey del ejército godo en Italia, no rey de los godos. Había recibido la ciudadanía romana y el consulado del emperador y ostentaba el cargo de magister militum, el rango militar más alto. Por lo tanto, su reino seguía formando parte del Imperio romano, y Teodorico se preocupó de que Italia siguiera formando parte del estado romano, sin dejar lugar a dudas sobre el poder godo para determinar el curso de los acontecimientos en Occidente. Los romanos reconocieron la realidad de la situación y llamaron a Teodorico dominus o incluso Augusto, aparentemente sin esfuerzo. El Senado se celebraba con honores; había distribución de grano y juegos en el circo. Los nombramientos para los puestos importantes de la burocracia los hacía el rey, pero el poder del emperador para nombrar cónsules y senadores seguía siendo respetado. Los primeros germanos (Los pueblos de Europa), Malcolm Todd.

Europa Ancestral, gracias por el servicio público: has demostrado que eser papista es, ante todo, un compromiso férreo con la mala comprehensión lectora. Nordic Thunder nunca “alabó” ad Odoacro ni ad Teodorico como anticristianos; describió —con la paciencia que tú non tuviste— que Teodorico frenó destrucciones cristianas et preservó arquitectura, escultura et aparato estatal. ¿Oponerse ad destruir es “anticristiano”? Entonces admites que destruir es “cristiano”. Brillante lógica: más que teología, auto‑delación.

Europa Ancestral se luce con un clásico de manual: confundir la parte con el todo. Acusa que “las invasiones germánicas salvaron la cultura romana, siendo éstos los que saquearon Roma”, et le atribuye ello ad Nordic Thunder… que non la dice en ningún lado. Falacia de composición de primo de lógica: toma un rasgo de algunos germanos (saqueos) et lo proyecta ad todo el conjunto, luego adjudica esa conclusión ad un auctor que jamás la sostuvo. Brillante… si el objetivo era suspender lectura comprehensiva.

Qué dice Nordic Thunder: describe el caso específico de los ostrogodos de Teodorico, que preservaron arquitectura, escultura et aparato estatal, et frenaron destrucciones mosaístas. Caso particular, bien delimitado.

Qué inventa Europa Ancestral: “Nordic dice que las invasiones germánicas salvaron Roma.” Todo el conjunto, todas las tribus, todas las coyunturas… como si Teodorico fuera sinónimo de “todos los germanos” o que todos los germanos tomaron el poder, et como si describir preservación fuese lo mismo que “alabar anticristianos”.

Por qué es falacia de composición

Estructura del error: de “fueron ellos los que preservaron obras de arte romanas de la destrucción cristiana cuando tomaron el poder ” se salta ad “todos los germanos salvaron”, et de ahí ad “Nordic afirma que las "invasiones salvaron”. Conclusión global basada en un subconjunto, sin justificación.
Ignora la diferenciación histórica: ostrogodos con poder so Teodorico ≠ visigodos en otros contextos ≠ francos ≠ alanos… Etiquetar todo el conjunto por una parte es exactamente la falacia de composición.
Además, pone palabras en boca ajena: atribuye ad Nordic una tesis totalizante que non es en su texto. Eso non es crítica; es ventriloquia.

Confundir el caso ostrogodo con “todos los germanos” es como ver ad un caballero conservar bibliotecas et concluir que “todos los ejércitos son archiveros”. Manual papista de mala lectura: primo exagero, luego acuso, et por último cito… lo que jamás se dijo. Si oponerse ad la destrucción es “anticristiano”, entonces gracias por la admisión implícita: destruir esería “cristiano”. Teología por auto‑delación; historia por composición chapucera.

Veredicto: Nordic non confunde la parte con el todo; Europa Ancestral sí. Cuando el argumento necesita estirar una anécdota hasta convertirla en verdad, non estamos ante historia, sino ante homilía con errores lógicos en procesión. Menos incienso, más lógica.

Nordic nunca dijo que los germanos salvaran Roma invadiendo , como si los golpes de hacha fueran actos de conservación. Lo que señaló —et con ejemplos concretos— es que cuando ya habían tomado el poder, algunos reyes como Teodorico intentaron preservar lo que quedaba de la Roma clásica. Europa Ancestral, en cambio, borra el matiz et convierte “preservar tras gobernar” en “salvar mientras invadían”. Brillante lógica: ahora resulta que incendiar bibliotecas es lo mismo que restaurarlas. Juvenal se reiría ad carcajadas.

Europa Ancestral, en su patético intento de defender que el “ismo de Jesús” preservó el legado romano, acaba de pegarse un tiro en el pie. Dice con solemnidad: “cuando estos eran cristianos arrianos como hemos visto, y para colmo las invasiones germánicas salvaron la cultura romana, siendo éstos los que saquearon Roma”. Bravo. Al reconocer que los invasores eran cristianos arrianos, admite que fueron precisamente cristianos quienes saquearon Roma. Es decir, su propio argumento se derrumba: el cristianismo non preservó nada, lo destruyó.

Et aquí la falacia monumental:

Los invasores germánicos —cristianos, pero arrianos— destruyen Roma, saquean su patrimonio, queman templos, arrasan bibliotecas… et al mismo tiempo los cristianos “salvan” la cultura romana ¿Cómo? ¿Destruir es salvar? ¿Saquear es conservar? ¿Odoacro et Teodorico, arrianos declarados, son ahora lares de la romanidad?
¿Non que el cristianismo debía eser el guardián de la civilización? Pues si los seguidores de Jesús arrasan Roma, entonces el “ismo de Jesús” non conservó nada: la cultura sobrevivió ad pesar de ellos, non gracias ad ellos.

La gimnasia papista es digna de circo:

Si los invasores eran cristianos, el saqueo se convierte en “transición”.
Si Nordic describe ad Teodorico preservando arquitectura, entonces se le acusa de “alabar anticristianos”.
Si destruyen, es culpa de los “germánicos”; si preservan, es mérito del cristianismo.

Europa Ancestral cade en contradicción brutal et en falacia de composición. Confunde el todo con la parte, pone palabras en boca de Nordic que nunca dijo, et termina aceptando —sin darse cuenta— que fueron cristianos quienes saquearon Roma. El resultado: su defensa del cristianismo como custor de la civilización se fue al caño, et lo único que preserva es su propia mala lectura.

Ahora si conservan algo de cultura grecoromana, es mérito del ismo de Jesús. Et si algo se perdió, se ignora. Et si algo se recuperó, se atribuye ad Constantinopla o al papismo, aunque haya sido gracias ad los copistas árabes, ad los traductores hebreos, o ad los constantinopolitanos que preservaron lo que la superstición quemaba.

Nosotros, los gentiles, vemos estos fechos como tragedias, sí, pero también como necesarios. Era preciso que hubiera destrucciones culturales para que de sus cenizas renacieran otras formas. La Edad Media, con toda su hipocresía, non dejó de eser una continuidad de la gentilidad aún latente, aunque disfrazada so el dogma papal. Sólo los alquimistas, filósofos et sabios al margen de la superstición mosaísta podían percibirlo: el vulgo pestilente, cegado por la fama de Cefas, vidía servicio "con arte sacro" al rabí Jesús.

Un sabio, al mirar un cuadro supuestamente de "Jesús", veía al Salvador, non ad ese sucio sarraceno. Apolo non era para él un nombre vacío, ni una fábula como enseña la antropología estólida, ni un personaje historico, sino el ente que salva, la especie eidetica. Et aquí surge la pregunta: ¿Cómo clamar ad este proceso de culturización, de fusión entre lo teutónico et la pedia grecorromana que se manifestó después? ¿Neoteutonismo, quizá?

El Medioevo y el Renacimiento, pese ad su cáscara mosaísta, fue un festival de criptoetnicismo: en el arte, en las fábulas medievales de Lucifer, en las adaptaciones que disfrazaban verdades eternas so nombres judeohelenísticos. Todo ello mostraba que la gentilidad seguía viva, aunque sesgada, trascendiendo la dogmática (la "ciencia" moderna) de los modernos et de los papistas atrapados en la eikesia et la doxa.

Constantinopla se fundó entre 324 y 330 mediante una serie de ritos romanos arcanos. En 324 tuvo lugar la limitatio, cuando Constantino trazó los muros en el suelo con una lanza; en la inauguratio, se consultaron augurios y se elaboró ​​un horóscopo; y finalmente, el 11 de mayo de 330, la consecratio y la dedicatio, cuando la ciudad recibió su nueva identidad.⁵ Expertos en el culto tradicional se aseguraron de que los ritos se realizaran correctamente y el emperador ofreció un «sacrificio incruento», apropiado para un cristiano, que vinculó la ciudad a sus nuevos nombres. El símbolo de su nuevo destino era la columna y la estatua del emperador, pero la ciudad también presentaba lugares emblemáticos de la religión romana: un Capitolio y templos dedicados a Cibeles y a la Tique (o Fortuna) de la Nueva Roma. Los pensadores cristianos se esforzaron por discernir las creencias cristianas del emperador en todo esto, o bien prefirieron ignorar el paganismo manifiesto que se exhibía. Los cristianos comunes, en cambio, hicieron lo que los romanos siempre habían hecho ante las imágenes imperiales: «Propagaban con sacrificios la imagen de Constantino sobre la columna de pórfido, la honraban con lámparas e incienso y le rezaban como a un dios». Constantinopla comenzó como una fundación imperial romana, no como una capital cristiana, un concepto que aún no existía. The New Roman Empire, A History of Byzantium, Anthony Kaldellis.

Lo irónico —et cuasi cómico— es que hay quienes pretenden confundir ad Constantinopla con el papismo, como si fueran la misma res, cuando en realidad Constantinopla non obedecía ni al obispo de Roma ni, estrictamente, al de Constantinopla. Et eso es crucial, porque los jesístas pretenden vendernos la noción de que todo lo que Constantinopla preservó fue por obediencia al papado —cuando en realidad, Constantinopla non obedecía ni al papa ni al patriarca. Si algo Constantinopla conservó, fue pese ad ellos, non gracias ad ellos.

Justiniano emula la humildad de Cristo y “pone en orden las guerras y los asuntos religiosos” Política y religión van indisolublemente unidas en el imperio Justiniano, que se extiende desde el Golfo Pérsico hasta España. Junto a su actividad organizadora y a sus operaciones militares, este emperador, que se cree dotado de la sabiduría divina, mejor aún, inspirado por ella, consagra grandes esfuerzos a la política eclesiástica. ¡Pues la idea imperial bizantina no conoce en absoluto la separación de poderes entre el Estado y la Iglesia! El emperador es, propiamente, jefe y señor supremo de la Iglesia. Más que estar en ella, está sobre ella. Es él quien regula las cuestiones eclesiásticas, las relativas al culto y la teología, la lucha contra las “herejías”, contra los paganos, al igual que lo hace con cualesquiera otros asuntos civiles o militares. “Cada misa solemne celebrada en Santa Sofía y en la que participe el emperador, tiene la impronta de una manifestación política. Como contrapartida, los actos de Estado en el sacro palacio apenas se distinguen de una misa solemne. La confusión entre las esferas mundana y espiritual es algo característico del Imperio bizantino” (Rubín). El soberano es en él responsable ante Cristo de la ortodoxia, de la Iglesia y del Reino de Cristo sobre la Tierra. Es la “auténtica encarnación de este reino, el mediador entre Cristo y la humanidad”, el “Vicario de Cristo” (Dólger). Historia criminal del cristianismo III. De la querella de Oriente hasta el final del periodo justiniano.

Constantinopla tenía su propia autarquía: el sebasto era céfalo del aparato político et tenía auctoridad sobre asuntos religiosos, incluyendo la teología. El obispo de Constantinopla podía eser corregido, depuesto o ignorado por el arconte. Et el papa de Roma, desde la perspectiva de Constantinopla, era simplemente otro obispo más —ad veces útil, ad veces molesto, pero nunca principal.

Según Eusebio, el emperador comentó en una ocasión a los obispos a quienes agasajaba con una cena: «Vosotros sois obispos de los que están dentro de la Iglesia; yo también soy quizá un obispo designado por Dios para los que están fuera». (Citado en Eusebio de Cesarea, Vida de Constantino 4.24). Las palabras de Constantino se han interpretado a veces como una declaración de «cesaropapismo», la doctrina según la cual un gobernante elegido por Dios adquiría la autoridad para dictar en materia religiosa. Es cierto que, a partir de Constantino, un emperador, al igual que un obispo, podía alegar actuar como representante de Dios. Sin embargo, el «cesaropapismo» es un concepto anacrónico que refleja la moderna separación entre Iglesia y Estado. Tal separación no existía en la época de Constantino. El emperador era, por definición, una figura tanto religiosa como política, y Constantino no pretendía dictar nada a la Iglesia. Christianity in the Later Roman Empire: A Sourcebook, David M. Gwynn.

Así que cuando un jesista afirma que “el cristianismo conservó la cultura romana gracias al Imperio Bizantino”, está ejecutando una pirueta retórica que confunde preservación imperial con obediencia eclesiástica. Lo que Constantinopla conservó —textos clásicos, estructuras administrativas, saberes filosóficos— lo fizo por voluntad del sebasto, por utilidad cívica, por continuidad cultural, non por devoción al papa ni por sumisión al patriarca. La maquinaria cultural romea fue dirigida desde el trono, non desde el púlpito.

"El problema en Bizancio es conciliar la filosofía pagana y el cristianismo y no la supuesta querella entre platonismo y aristotelismo." —Juan Signes Codoñer, Jorge Gemisto Pletón, pág. 15.

Los romanos —tanto los de la Antigua Roma como los de la Nueva Roma— conformaron una sociedad coherente et continua, definida por las instituciones de su Estado, el más longevo de la historia, et por las costumbres que le daban forma. Pero non debemos permitir que los acontecimientos posteriores oscurezcan esta imagen. Tras la caída de Constantinopla en 1453, el término “romeo” fue redefinido por los otomanos para referirse ad todos aquellos que estaban eclesiásticamente sujetos al patriarca monopatrista, sin importar sus diferencias culturales, lingüísticas o históricas, ni si conservaban algún vínculo real con la ciudad romea que los otomanos se volvieron sus nuevos césares.

El «helenismo» bizantino fue, por lo tanto, siempre a la vez paideia y paganismo, con sus pros y sus contras. Su historia, la que hemos analizado en este libro, es básicamente el proceso mediante el cual la primera prevaleció sobre la segunda debido a la imperiosa necesidad de reconectar con los clásicos. Así pues, al excluir la condenación del abanico de «renegociaciones» serias, lo que nos queda es el helenismo como paideia, filosofía e identidad nacional; en resumen, sin nada que no se encuentre ya en la propia tradición antigua. En definitiva, los bizantinos superaron, en mayor o menor medida, el legado distorsionador de los Padres de la Iglesia y retornaron al helenismo tal como lo habían definido, por ejemplo, Platón, Isócrates, Libanio y Sinesio. La cuestión del helenismo —en la antigüedad después de Alejandro Magno, en Bizancio y en la época moderna— es cómo una antigua cultura nacional arraigada en una lengua particular y difícil se convirtió en un ideal universal, cómo floreció en los entornos más ajenos e incluso superó los prejuicios más arraigados. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

El cristianismo más antiguo es hostil a la educación 
Esa actitud tenía y sigue teniendo su fundamento en la Biblia. El mismo Jesús había suprimido el aura del ideal del sabio. Por lo demás el Nuevo Testamento previene por su parte contra la sabiduría de este mundo, la filosofía: 1 Co. 1, 19 ss, 3, 19, Col, 2, 8, afirmando que en Cristo residen «todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Col. 2, 3). Y si bien es cierto que el evangelio -que no había sido predicado por amor de los sabios y avisados- fue, en gran medida, entreverado de filosofía por parte, sobre todo, de Justino, Clemente de Alejandría y Orígenes, que lo racionalizaron e intelectualizaron con un acervo de ideas extracristianas, no lo es menos que hasta el siglo III los adversarios de la filosofía -entre ellos Ignacio, Policarpo, Taciano, Teófilo y Hermas- fueron en el cristianismo más numerosos que sus preconizadores produciéndose un sinfín de ataques contra las «charlatanerías de los necios filósofos», su «mendaz fatuidad», sus «absurdos y desvarios».28  Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Los romanos, tanto de la Antigua como de la Nueva Roma, conformaron una sociedad coherente et continua, unificada et definida por las instituciones de su estado, el más longevo de la historia, et por los mores de su sociedad.

No debemos permitir que los acontecimientos posteriores oscurezcan esta imagen. El nombre «romano» fue redefinido por los otomanos después de 1453 para incluir a todos aquellos que estaban sujetos eclesiásticamente al patriarca ortodoxo de Constantinopla, independientemente de sus diferencias culturales, históricas o lingüísticas, e independientemente de si conservaban algún recuerdo de haber pertenecido al estado romano que los otomanos habían suplantado. Estos romanos del millet de Rum —los millets eran las agrupaciones religiosas de los súbditos del Imperio otomano— no eran simplemente los romanos de Bizancio bajo una nueva administración. No se trataba solo de dos grupos con una extensión distinta, sino de grupos de naturaleza diferente. Irónicamente, fueron los otomanos quienes iniciaron el proceso, perpetuado por muchos historiadores modernos, de identificar a Rumanía con su religión. Pero este es un error con motivaciones políticas, entonces como ahora, que oscurece los verdaderos fundamentos de la sociedad romana. En Bizancio, la superposición entre Iglesia y sociedad fue básicamente una casualidad histórica, pues la mayoría de los bizantinos reconocían que ser romano no era sinónimo de ser ortodoxo (por ejemplo, los bárbaros podían ser ortodoxos; los emperadores herejes o incluso paganos seguían siendo emperadores legítimos de los romanos). Sin embargo, la (contingente) superposición de ambas dentro del imperio inevitablemente dio lugar a equiparaciones a veces ambiguas que ya no debemos aceptar acríticamente. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Para ilustrar esta dualidad, pensemos en Constantinopla como una gran biblioteca dirigida por el sebasto, donde él decide qué textos —jurídicos, filosóficos, científicos— deben eser copiados, protegidos et transmitidos. La Iglesia, aunque presente en ese proceso, non es la dueña de la biblioteca, sino una colaboradora subordinada al poder civil. La continuidad cultural romea fue garantizada por decreto principal, non por iniciativa eclesial.

Pausanias fue uno de los últimos helenos antiguos que sintió una fuerte diferencia «nacional» con los romanos. Más de mil seiscientos años después, los fundadores de la Grecia moderna retomarían su legado, con un amor por los monumentos antiguos y un rechazo a la dominación extranjera. Donde él omitió toda referencia a los monumentos posclásicos en la Acrópolis, ellos los derribaron sistemáticamente, haciendo realidad su visión. Pero ¿qué les sucedió a los griegos durante ese tiempo, desde el siglo II hasta el XIX? Independientemente del grado y la forma de «continuidad» que reconozcamos en esos años —y creo que fue considerable—, esta se dio en un nivel práctico que no solía generar discursos de identidad. Como casi todos los demás súbditos del imperio, los griegos se convirtieron en romanos, es decir, se creyeron firmemente romanos. Ser «griego» en Bizancio era una cuestión de religión (una cualidad negativa) o de alta cultura (una positiva). El renacimiento del helenismo en los siglos XI y XII tuvo lugar entre esos dos polos. En el siglo XIII, en cambio, el helenismo se vio implicado en un discurso diferente y casi alcanzó el nivel de una identificación nacional, vinculada también, de manera interesante, al interés por los monumentos antiguos y al odio hacia la opresión extranjera (de los cruzados). Así pues, mientras que en el capítulo anterior describimos el helenismo como alta cultura, y en el siguiente explicaremos por qué los cristianos lo identificaron con el paganismo, esta sección abordará el aspecto romano de la identidad bizantina de forma que se comprendan tanto la extinción del helenismo nacional en la Antigüedad tardía como su efímero resurgimiento después de 1204. ¿Qué significaba ser romano en Bizancio? La opinión predominante actualmente, la misma que yo sostenía antes de comenzar a investigar este problema —de hecho, incluso antes de darme cuenta de que realmente lo era—, es que Bizancio era un «imperio multiétnico» cuyos súbditos estaban unidos de forma laxa por la religión y la lealtad al emperador, y cuya identidad común se basaba en nociones ecuménicas y cristianas abstractas. En otras palabras, ser «romano» no implicaba más que el mero hecho de ser un súbdito (cristiano) del emperador. He llegado a comprender que esta visión es, en parte, engañosa y, en parte, simplemente falsa. La ortodoxia era, sin duda, un componente importante de la unidad y la solidaridad romanas, pero no era suficiente. Los bizantinos no aceptaban como romanos a los ortodoxos que vivían fuera de sus fronteras, sino que los menospreciaban como bárbaros. La ortodoxia no era el «contenido» de la identidad romana de Bizancio, como muchos historiadores dan a entender o afirman. Ni el emperador se conformaba con eso. No era el poder que unía arbitrariamente a una supuesta asamblea heterogénea de pueblos, sin la cual estos habrían seguido sus propios caminos nacionales, étnicos o geográficos. Todo lo contrario, el emperador, como vimos, se definía en función de su pueblo, los romanos, y le debía lealtad. Traidores, usurpadores y disidentes no eran menos romanos. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Esto contrasta con la Europa Occidental, donde tras el colapso del aparato estatal romano, la Iglesia —específicamente el obispo de Roma— se convirtió en custodio único de los archivos, asumiendo funciones que antes eran seculares: educación, conservación, administración. Allí sí, el papismo institucional absorbió el rol de censor cultural. Pero en Constantinopla, el sebasto era el arquitecto de la memoria, et la Iglesia, una ferramienta más so su dominio.

La identificación de helenos y paganos fue menos accidental de lo que podría parecer en un principio: los Padres de la Iglesia sabían que la cultura clásica estaba contaminada no solo por los dioses y la teología de los griegos, sino también por sus valores mundanos. Aquí se argumentará que nunca resolvieron satisfactoriamente esas tensiones que, además, no eran principalmente teológicas (como suele suponerse), sino éticas. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Ah, Europa Ancestral… ese rincón digital donde el papismo se disfraza de filólogo y pretende convencernos de que fue el cristianismo quien conservó la cultura grecorromana. ¡Qué adorable! Como si los que se pasaron centurias clamando “demonios” ad los dioses, “fornicación” a la poesía, et “vanidad” al teatro, hubieran sido los custodios amorosos de la pedia helénica. Es como decir que el verdugo fue el vero protector del condenado porque le afiló bien la espada.

Recayó sobre Juliano la responsabilidad de defender este mundo fantástico, el corazón viviente del helenismo antiguo, del ataque cristiano en la cruda realidad del Imperio romano tardío. «Estas dos cosas son la cumbre de su teología», espetó, «¡sisear a los demonios y hacer la señal de la cruz en sus frentes!». Sabemos por fuentes cristianas que algunos, de hecho, «despreciaban el saber externo (e3 nxhem) por falso y traicionero». Algunos maestros cristianos recibieron instrucciones específicas para «revelar en todo momento a sus discípulos que lo que los gentiles llaman dioses son en realidad demonios». ¿Por qué permitir que quienes creían esto se ganaran la vida enseñando a los poetas a expensas del erario público? No es necesario atribuir ninguna «estrategia» siniestra a la ley de Juliano sobre educación, más allá de la enérgica defensa de sus sagradas tradiciones. «El 22 de mayo de 1836, el Comité Eclesiástico de Esmirna…» [Proclamó] que la educación y la religión estaban inextricablemente unidas y que un maestro de una fe diferente no podía enseñar a sus hijos «lo que ni cree ni le han enseñado a creer». De igual modo, más de un siglo después, al filósofo Bertrand Russell no se le permitió enseñar lógica y matemáticas en Nueva York porque, como lo expresó la Junta de Educación del Estado, «las escuelas públicas fomentan la creencia en Dios, reconociendo el simple hecho de que la nuestra es una nación religiosa… [y] uno de los requisitos previos para un maestro es una buena integridad moral». Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Vamos, que si alguien defendió el cor viviente del helenismo —ese mundo de poetas, oradores, gimnasios, asambleas, festivales, filosofía et erotismo refinado— fue Juliano, el último romano con toga et sin mitra. Él lo dijo sin rodeos: “Estas dos cosas son la cumbre de su teología: ¡sisear a los demonios y hacer la señal de la cruz en sus frentes!”. ¿Et qué ᚠacían los cristianos? Pues según sus propias fuentes, despreciaban el saber externo por “falso y traicionero”, instruían ad sus discípulos para que creyeran que los dioses eran demonios, et se escandalizaban más por una novela romántica que por un sacrificio de perro en una tumba gentil.

Sin embargo, la filosofía era solo una parte de la cultura griega, y su vertiente metafísica no predominaba en la polifonía de la paideia helénica, la cual también se veía moldeada por los ideales de oradores y poetas, así como por una amplia gama de prácticas culturales, como los gimnasios, los juegos y las asambleas políticas. Muchos cristianos rechazaban estas prácticas no por sus doctrinas metafísicas, sino porque sus valores eran demasiado mundanos; eran «paganas» en un sentido más amplio que el mero culto. De hecho, los filósofos habían cuestionado esos otros ideales helénicos (a menudo contrapuestos) durante siglos antes de que la Iglesia se apropiara de sus preceptos para sus propios fines.  
Así pues, la división académica del helenismo en paganismo y metafísica omite precisamente el extenso terreno intermedio que constituía el punto central en cuestión: los valores subyacentes de la corriente principal de la tradición griega. Fueron esos valores, y no solo las contaminaciones del culto pagano, los que hicieron problemática la cultura helénica. El modelo actual, que sostiene que el paganismo se puede separar fácilmente del resto del helenismo, no explica por qué los bizantinos desconfiaban más de los textos griegos y de la cultura que los produjo que de los vestigios tangibles del culto pagano.  
Por ejemplo, Focio (en el siglo IX) reaccionó mucho más negativamente ante el erotismo indecente de las antiguas novelas románticas que ante un relato contemporáneo de unos hombres que habían irrumpido en una tumba helénica en busca de monedas y, al no encontrarlas, sacrificaron y devoraron un perro para obligar a la Tierra a entregarle sus tesoros. Con distanciamiento y precisión clínica, y posiblemente también con aburrimiento, Focio calculó cuántos días de penitencia eran apropiados (muestren clemencia si, por lo demás, son hombres buenos, le dice al obispo).7 En resumen, el helenismo era peligroso no tanto porque pudiera llevar a creer en la eternidad del mundo o a sacrificar y comer perros, sino porque promovía nociones no cristianas sobre la buena vida, como las que se podían encontrar en la literatura erótica. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Pero Europa Ancestral, con su catecismo en una mano et  su copia mal leída de Eschenbach en la otra, nos dice que el cristianismo conservó la cultura grecorromana. Como si Taciano non hubiera escrito un tratado entero para destruirla. Como si Focio non hubiera censurado la literatura griega por “indecente”. Como si el Comité Eclesiástico de Esmirna non hubiera proclamado que un maestro de otra tradición non podía enseñar lo que “ni cree ni le han enseñado a creer”. Como si Bertrand Russell non hubiera sido vetado en Nueva York por enseñar lógica sin santiguarse antes.

El concepto de «heleno» se incorporó al cristianismo de forma gradual. Al analizar el origen de su uso, comprenderemos mejor la tensión constante que subyacía al clasicismo bizantino. Un pasaje de Marcos (7.26) parece emplear la palabra para referirse a gentiles: una mujer sanada por Jesús es denominada «helénica», aunque también se la identifica como sirofenicia (genos); por otro lado, podría significar simplemente que hablaba griego. En general, los primeros cristianos siguieron la tradición judía helenística y llamaban a los no creyentes «ethnikois». Los griegos eran solo una de las naciones extranjeras y no creyentes, como se observa en el Discurso a los griegos de Taciano, de mediados del siglo II. Allí, los griegos se diferencian de los carios y otros pueblos (1.1-2), y sus antigüedades se comparan con las de los caldeos y los egipcios (36-38). Pero, como podemos ver en el propio título de la obra, Taciano creía que debía dirigirse a los griegos, y no a ninguna otra nación. Atacó todos los aspectos de su cultura, ciertamente su filosofía, teología y religión, pero también sus festivales, teatro, retórica, poesía, deportes y leyes (22-28). Su crítica no se limitó a la religión, pues también señaló sus valores agonísticos y mundanos: «No deseo gobernar, no anhelo ser rico; no busco el poder, aborrezco la fornicación, no me mueve la codicia a emprender viajes; no compito por las guirnaldas de los atletas ni me atormenta la ambición» (11.1). Todo esto, al parecer, Taciano lo consideraba esencialmente griego. En resumen, para él, «los griegos» eran tanto un modelo ético (erróneo) como una comunidad nacional cuyas ambiciones y valores debían rechazarse junto con su religión, porque todo ello provenía del mismo pecado teológico.⁹ Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

¿Et qué face el papismo? Se apropia de lo que le conviene —Aristóteles, pero solo el lógico; Platón, pero solo el metafísico; Cicerón, pero solo el moralista— et quema el resto. ¿Gimnasios? Sodoma. ¿Teatro? Babilonia. ¿Erotismo? Fuego eterno. ¿Democracia? ¡Herejía! Pero luego, cuando alguien pregunta por la cultura grecorromana, el papista se infla el pecho et dice: “Nosotros la preservamos”. Como si el inquisidor se jactara de haber dejado viva ad una bruja por error.

En coherencia con esa tutela de la enseñanza, encontramos otra institución, la censura eclesiástica, muy a menudo (por lo menos desde los tiempos de san Pablo, en Éfeso) dedicada a la quema de libros adversos, paganos, judíos o sarracenos, a la destrucción (o la prohibición) de literaturas cristianas rivales, desde los libros de los arríanos y nestorianos hasta los de Lutero. Pero no vayamos a olvidar que los protestantes también implantaron a veces la censura, incluso para los sermones fúnebres y también para obras 28 Manhattan 87. Citado de la ed. alemana 84. H. Thomas, Bürgerkrieg 45. Cf. también la nota siguiente. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Et si Fablamos de conservación —¡oh, qué palabra tan maltratada!— ¿Qué facemos con el cierre de la Academia de Atenas por Justiniano? ¿Con la destrucción sistemática de textos simonianos, valentinianos, neoplatónicos, gnósticos, arrianos, nestorianos, y hasta cristianos rivales como Orígenes? ¿Con la quema de los escritos de Porfirio, ordenada por Constantino y ejecutada con entusiasmo por Teodosio? ¿Con la censura de Juliano, cuya biblioteca fue arrasada por contener obras “anticristianas”? ¿Con la desaparición de Safo, cuyo pecado fue escribir poesía demasiado humana?

Hijos míos, alzad la vista y reíd conmigo, porque aquí tenemos al gran impostor: el papista que se hace llamar Europa Ancestral, pero que en verdad es Judea Ancestral. ¡Qué comedia más grotesca! Se viste con la toga griega, se perfuma con incienso romano, y luego, con gesto solemne, proclama que es heredero de la paideia. Pero apenas abre la boca, se le escapa el acento mosaísta, el tufo del dogma, la alergia a la filosofía.

La destrucción total de Atenas en el año 267 d. C. probablemente puso fin a este renacimiento de la actividad académica. La obra de los filósofos peripatéticos continuó en otros lugares, pero no está claro si regresaron al Liceo. No se sabe nada con certeza sobre el Liceo durante el resto del siglo III y principios del VI d. C. Cualquier actividad filosófica restante habría terminado sin duda en el año 529 d. C., cuando el emperador Justiniano clausuró todas las escuelas filosóficas de Atenas. The Lyceum,  Internet Encyclopedia of Philosophy. iep.utm.edu/lyceum/#

Posteriormente, el Liceo fue saqueado varias veces hasta que fue destruido en el año 84 a.C. El Liceo desapareció por completo cuando, en el año 529, el emperador Justiniano hizo cerrar todas las escuelas filosóficas de Atenas. Entonces los pensadores griegos buscaron refugio en oriente, especialmente en Siria y Persia. La expansión islámica reintrodujo en occidente buena parte de la tradición griega que era casi desconocida en el occidente medieval, y muchas de las obras de Aristóteles fueron conocidas, a partir de los siglos XII y XIII, a través de un largo rodeo de traducciones: del griego al siríaco o al árabe, de estas lenguas al latín y, finalmente, de nuevo al griego. Liceo, Encyclopaedia Herder.

Ved la escena: el Liceo, fano de Apolo Liceo, lugar de Sócrates, Aristóteles et los peripatéticos, donde se entrenaban los jóvenes en cuerpo y alma, donde se debatía con las Musas y se honraba a Mercurio. Allí nació la prima biblioteca de Europa, allí se cultivó la esciencia. ¿Et qué face nuestro “papista”? Se acerca con gesto grave, mira los rollos de Aristóteles y dice: “¡Qué peligro! ¡Aquí los hombres piensan sin permiso!” Et como buen necio ancestral, manda cerrar las escuelas, porque la filosofía le da sarpullido.

Ironía suprema: el que presume de eser que el papismo es eurofriendly, destruye ad Europa. El que se proclama heredero de la pedia, la clausura con decretos imperiales. Justiniano, su campeón, cerró la Academia y el Liceo en el 529, como quien apaga una lámpara para que nadie vea la oscuridad de su dogma. Y luego, con descaro, se presenta como guardián de la civilización. ¡Guardia de cementerios, sí, pero no de escuelas!

Mientras los griegos enseñaban a caminar pensando, el papista enseñaba a arrodillarse sin pensar. Mientras el Liceo formaba ciudadanos libres, Cefas fabricaba súbditos obedientes. Mientras Aristóteles coleccionaba libros, el papista coleccionaba prohibiciones.

Amigos míos, reíd con sorna: el que se clama Europa Ancestral es en verdad el enterrador de Europa. Su ortodoxia es la caricatura de la gnosis, su dogma es la sombra de la paideia. Y cada vez que se proclama heredero de Grecia, los huesos de Sócrates y Aristóteles se sacuden de risa en sus tumbas.

La lección es clara: Europa no es el papismo; El Papa es un perversor. Uno creó escuelas, el otro las cerró. Uno buscó esciencia, el otro conjetura. Y la ironía eterna es que el destructor se proclama heredero. ¡Qué espectáculo digno de Aristófanes!

¿Et qué decir del fecho de que Occidente tuvo que recurrir a los copistas árabes —sí, esos infieles según el catecismo— para recuperar los textos clásicos que el papismo dejó morir por falta de interés, por moralismo, o por simple ignorancia? Porque mientras los monjes se dedicaban a copiar vidas de santos et listas de mártires, los sabios de Bagdad traducían a Aristóteles, Euclides, Galeno y Ptolomeo. Et eso, primo, non es conservación. Es outsourcing cultural.

Bien distinto del asceta Juliano, el emperador católico [Joviano], de mediocre cultura aunque aficionado a dárselas de mecenas, celebrado por la Iglesia como “compañero de los santos”, era amante del vino, las mujeres y las fiestas. Restableció el lábaro como estandarte imperial y no sólo hizo asesinar a un notario mayor del mismo nombre, al que temía como posible candidato al trono, sino que además depuso a numerosos funcionarios civiles y militares de los nombrados por Juliano, confiscando sus bienes y desterrándolos o ejecutándolos. Según Teodoreto, estas medidas sólo afectaron a los que habían cometido abusos contra cristianos o contra la Iglesia cristiana. A un tal Vindaonio Magno que había destruido una “casa de Dios” en Berytus lo condenó a muerte, pero luego le perdonó la pena a cambio de que pagase de su bolsillo la reconstrucción. El paganismo no fue especialmente perseguido, aunque se cerrase o destruyese algún que otro templo (como el de Corfú), se prohibiesen los sacrificios o se quemase en Antioquía una biblioteca establecida por Juliano en el templo del Trajano (por contener principalmente obras anti-cristianas). Un poco incapaz, pero obediente a las sugerencias del clero, tan pronto como pisó tierras romanas Joviano restituyó sus privilegios a los jubilosos sacerdotes, además de darles otros que antes no tenían. En el decurso del tiempo arrebataron muchos más. Los sacerdotes desterrados regresaron, los prelados se agolparon a montones en la corte, e incluso en Oriente revivió la fe nicena. El santo Atanasio, distinguido por el emperador con una epístola y triunfalmente recibido en Hierápolis, le profetizó a Joviano por escrito “un reinado largo y pacífico”..., sólo que ocho meses más tarde, el 17 de febrero de 364, el emperador fallecía en Dadastana (Bitinia), a la temprana edad de treinta y un años, “bellamente preparado para la muerte”, según Teodoreto, pero en realidad intoxicado por un brasero de carbón. Lo enterraron en el templo apostólico de Constantinopla. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner

El príncipe hizo quemar en el año 418, cuando sólo contaba diecisiete años de edad, todas las obras anticristianas. A finales del siglo iv y en el siglo v se destruyó de manera casi sistemática la práctica totalidad de la literatura no católica, y ya en 398 la posesión de tratados “herejes” se amenazaba con la muerte. En 418, bajo Teodosio, fueron a parar al fuego los últimos ejemplares de los quince libros de Porfirio Contra los cristianos, después de que Constantino hubiera ya ordenado en el Concilio de Nícea (325) la quema de las obras de dicho autor.391 Historia criminal del cristianismo. Tomo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karlheinz Deschner. 

La Iglesia no solo quemó libros. Quemó bibliotecas enteras, como la del Palatino por orden de Gregorio I. Derribó templos, destruyó estatuas, borró inscripciones, arrasó pinturas. En Oriente, Constantino ordenó la destrucción de todas las imágenes de los dioses. En Occidente, se emitían decretos papales hasta el siglo XVIII prohibiendo libros “sucios e inmorales”, permitiendo solo ediciones expurgadas para que los clásicos no ofendieran la castidad del lector. El 23 de marzo de 395 sanciona todos los privilegios que sus antecesores habían concedido al clero. Obliga a los llamados matemáticos a quemar sus libros ante los ojos de los obispos y a entrar en la Iglesia católica. Los que se oponen son expulsados, y los que se muestran especialmente renuentes, desterrados.382 Es probable que Olimpio iniciara ya una orden imperial que señalaba la ”fe católica” como la única permitida. El decreto del 12 de febrero de 405 amenazaba a todos los donatistas; el del 22 de febrero de 407 a los priscilianistas y los maniqueos, un edicto que probablemente inspiró el papa Inocencio I. Identifica la conducta “hereje” con un “crimen público” (crimen publicum), y el “bien común” (salus communis) con el “provecho de la Iglesia católica”; mutatis mutandis, el principio en el que ya se basaban las persecuciones contra los cristianos por parte de los soberanos paganos. El 15 de noviembre de 407 se dispone la destrucción de todas las imágenes de culto y altares paganos, así como la confiscación de los templos todavía no embargados, junto con todos sus bienes y rentas. El 14 de noviembre de 408, poco después del asesinato de Estilicón, todos los no católicos, todos los “enemigos de la religión católica” (catholica secta), son excluidos del servicio en la corte, y se promulgan las disposiciones más fuertes dirigidas contra los donatistas. Al mismo tiempo, una ley retira a los templos la totalidad de sus rentas para destinarlas especialmente a los soldados “fieles”, por supuesto los nacionales, mediante los que el gobierno anti-germánico había hecho degollar en las ciudades de Italia a las familias de los mercenarios germanos. Historia criminal del cristianismo. Tomo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karlheinz Deschner. 

¡Et, Constantinopla…! La urbe que resistió ad infieles, bárbaros et sebastos con complejo de obispo, non con milagros ni reliquias, sino con gramática. Mientras el mundo se desmoronaba en guerras, concilios et disputas sobre si la ánima tenía forma o si los ángeles sabían latín, ella —la Nueva Roma— non rezó: leyó. Non se salvó por la fe, sino por la paideia. Porque mientras los papistas se debatían entre la copa de Jesús et la copa de los demonios, los romeos desempolvaban ad Platón para que el Estado non se viniera abajo.

Et entonces, desde el otro extremo del Imperio, vino el papismo. Non con libros, sino con bulas. Non con filosofía, sino con indulgencias. Et como non podía sostener la civilización con dogmas et letanías, fizo lo que mejor sabe facer: sacar de contexto todo lo que non intiende.

¿Aristóteles? ¡Perfecto! Pero solo si lo bautizamos. ¿Cicerón? ¡Adelante! Pero que fable de la “ley natural” como si fuera un proto-cardenal. ¿Homero? Bueno… si lo leemos como alegoría de la Trinidad, quizá pase. Et así nasció el “clasicismo cristiano”: una operación estética de alto riesgo, donde se conserva la forma et se extirpa la ánima. Como ponerle una sotana ad Apolo et esperar que predique el Sermón del Monte.

Mientras Constantinopla usaba ad los antiguos para principar, el papismo los usaba para decorar. Columnas corintias en catedrales, sin saber qué significaban. Estatuas de mármol en jardines, como si fueran floreros. Et todo esto, claro, con la bendición de algún concilio que jamás leyó a Heródoto, pero sí sabía excomulgar en cinco idiomas.

El principal campo de batalla del helenismo en Bizancio fue la paideia, es decir, la educación de una pequeña (aunque no desdeñable) parte de la población. En otras palabras, a la mayoría de los bizantinos no les preocupaba el helenismo, pero quienes sí se involucraban con él eran muy conscientes de las tensiones subyacentes, ya que dicho involucramiento implicaba una aceptación condicionada, lo que inevitablemente generaba remordimientos. Muchos de los primeros cristianos, al haberse definido en contra de «los griegos», se ponían a la defensiva cuando tenían que recurrir a «fuera» para adquirir bienes que habían rechazado, por ejemplo, nociones filosóficas que no se encontraban en las Escrituras. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Porque el problema non era la filosofía. Era que la filosofía pensaba demasiado. Y eso, para el papismo, es peligroso. No vaya a ser que alguien descubra que se puede ser occidental sin confesarse, que se puede ser noble sin obedecer, que se puede ser romano sin besar anillos.

Siguiendo el ejemplo de Orígenes (cuya reputación fue dudosa en épocas posteriores), a esto se le denominó «despojar a los egipcios», en referencia al oro saqueado por los israelitas de Egipto y utilizado para construir el Arca (esta idea también había sido originada en el judaísmo helenístico). Clemente de Alejandría fue el más «liberal» de los primeros maestros al sostener que la paideia griega tenía su origen en Dios y, por lo tanto, podía ser conocida por los cristianos. Pero para defender esta postura, tuvo que argumentar que cuando Pablo declaró que la sabiduría de este mundo es necedad para Dios, en realidad solo quiso decir que uno no debe enorgullecerse de la sabiduría humana; del mismo modo, cuando Pablo advirtió contra las filosofías de este mundo, en realidad se refería únicamente al epicureísmo. Como era de esperar, los cristianos más eruditos eran los que mostraban mayor conflicto respecto al valor de la paideia griega. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Et non, non fue el papismo el que salvó la civilización. Fue la cultura que no pudo destruir. Fue el mármol que no pudo romper. Fue la gramática que no pudo censurar. Y fue Constantinopla —esa hereje ilustrada— la que sostuvo el Imperio mientras Roma se hundía en incienso y superstición.

Porque el campo de batalla no fue el altar, sino la escuela. La paideia fue el último bastión del helenismo, defendido por una élite que sabía que sin ella no había Imperium que valiera. Y aunque la mayoría de los bizantinos no se preocupaban por Homero, los que sí lo hacían sabían que estaban jugando con fuego. Sabían que cada cita de Platón era una herejía latente. Que cada verso de Eurípides podía despertar la sospecha de que el mundo no necesitaba redención, sino comprensión.

En el ámbito latino, Tertuliano, uno de los hombres más instruidos de su época, creía que la literatura estaba fundamentalmente contaminada por la idolatría y que los cristianos no debían enseñarla, aun cuando pudieran comprenderla sin peligro; una distinción sutil que reflejaba su perspicacia. «¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?», preguntó, refiriéndose a la filosofía griega, haciéndose eco de las incisivas preguntas de Pablo: «¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿Qué comunión puede haber entre la luz y las tinieblas? ¿Qué armonía existe entre Cristo y Belial?» (2 Corintios 6:14-16). La respuesta implícita era, por supuesto, «nada». En otro pasaje, Tertuliano volvió a preguntar retóricamente: «¿Qué tienen en común el filósofo y el cristiano, el primero discípulo de Grecia y el segundo del Cielo?» Algunos estudiosos han intentado suavizar el tono de estas preguntas incisivas y presentar a un Tertuliano más tolerante, pero el argumento es débil. Si no pretendía «rechazar la filosofía como tal, sino señalar la superioridad del cristianismo», bien podría haberlo dicho. Como mínimo, fue irresponsable, «dispuesto a arrasar con toda la tradición en su piromanía retórica»Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Et así, entre remordimientos et simulacros, los papistas más eruditos vivieron en tensión permanente. Tertuliano, con su piromanía retórica, preguntaba qué tenía que ver Atenas con Jerusalén. Jerónimo soñaba con Jesús acusándolo de eser ciceroniano. Et Clemente de Alejandría, el más liberal, tuvo que hacer malabares exegéticos para explicar que Saulo non odiaba la filosofía… solo el epicureísmo, claro.

La hostilidad frente a la cultura de los primeros escritores grecocristianos

Ya mostramos más arriba cuan decididamente, con qué expresiones resueltamente groseras, despotricaba Taciano, el «filósofo de los bárbaros», el autoproclamado Heraldo de la Verdad, hacia el año 172 contra todo cuanto tenía rango y renombre en la cultura grecorromana y hasta qué punto vilipendiaba de la manera más ordinaria la filosofía, la poesía, la retórica y la escuela.43 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.  
La paradoja persistió, y dos siglos después inquietaría al atormentado Jerónimo, quien preguntó retóricamente en una de sus cartas: «¿Qué tiene que ver Virgilio con los Evangelios y Cicerón con Pablo?...». «No debemos beber al mismo tiempo la copa de Cristo y la copa de los demonios». Relata una pesadilla en la que Cristo lo acusó: «¡Eres un ciceroniano, no un cristiano!». Sin embargo, Jerónimo era un coloso de la erudición y lo seguiría siendo a pesar de su promesa a Cristo en el sueño de no volver a leer libros seculares. Su carta es ciertamente didáctica, pero eso no lo exime de la contradicción fundamental. Años después, aunque ante jueces menores, aún tuvo que defenderse de la acusación de citar literatura secular en exceso. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis. 

Ah, los papistas ingenuos, siempre con su cuento de que el papismo fue “amigable” con el etnicismo, como si la Iglesia primitiva hubiera abrazado a los pueblos y sus culturas con flores y abrazos. ¡Qué ternura! La realidad es mucho más simple y mucho más grotesca: si non quemaron todo, fue porque non podían, non porque quisieran preservar nihilo. Ad lo largo de los tiempos, la mayoría de los auctores del jesísmo primitivo rechazan resueltamente la cultura gentil, la filosofía, la poesía, el arte. Frente ad todo ello mantenían una actitud de profunda desconfianza, de declarada hostilidad, actitud determinada tanto por el resentimiento propio de espíritus vulgares como por el odio antihelénico de los jesístas más o menos cultos.

El escritor Hermias (la datación de su vida oscila entre el 200 y el 600) inserta en el inicio mismo de su Escarnio de los filósofos no cristianos las palabras de Pablo «Dilectos, la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios» sin permitir que prevalezca otra verdad que la del Evangelio. De manera más bien burda que ingeniosa, ignorante de cualquier sentido profundo y en extremo superficial, Hermias califica la filosofía de algo «carente de fundamento y de utilidad», de «pura especulación aventurera, de absurda, quimérica y abstrusa o de todo ello al mismo tiempo», pese a que sólo conoce a sus víctimas a través de meras lecturas de compendios. Es, por lo demás, el caso de la mayoría de los autores cristianos.44 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Ah, Hermias, otro de esos campeones de la superficialidad que los papistas elevan ad “literatura edificante”. Su Escarnio de los filósofos no cristianos comienza con la cita de Pablo: “Dilectos, la sabiduría de este mundo es necedad ad los ojos de Dios”. Et desde allí, como buen repetidor de dogmas, non permite que prevalezca otra verdad que la del Evangelio. ¿Resultado? Un texto burdo, ignorante de cualquier sentido profundo, que califica la filosofía entera de “carente de fundamento et de utilidad”, de “pura especulación aventurera, absurda, quimérica et abstrusa”… todo al mismo tiempo, claro, porque cuando se carece de argumentos, se compensa con insultos acumulativos.

Lo más gracioso es que Hermias apenas conocía ad sus víctimas por lecturas de compendios, es decir, por manuales de segunda mano. Nunca se enfrentó ad Platón, ad Aristóteles o ad los estoicos en serio; solo caricaturizó lo que otros resumieron. Pero eso, por supuesto, es el sello de la mayoría de los autores cristianos de la época: atacar lo que non entienden, despreciar lo que jamás estudiaron, et llamar “sabiduría” ad su propia ignorancia.

Hermias non escribió un escarnio de los filósofos, escribió un escarnio de sí mismo. Su obra es la prueba de que el papismo, desde sus orígenes, prefirió la necedad repetida ad la reflexión profunda. Et Europa Ancestral, al citarlo como ejemplo, non hace más que confirmar lo ridículo: un coro de voces que llaman “sabiduría” ad la incultura et “verdad” ad la negación sistemática de todo pensamiento.

Ignacio de Antioquía, un fanático adversario de los cristianos de orientación diversa a la suya («bestias con figura humana») y primero en brindarnos el término «católico», repudia la casi totalidad de la enseñanza escolar y cualquier contacto con la literatura pagana, a la que él apostrofa como «ignorancia», «necedad», siendo sus representantes «más bien abogados de la muerte que de la verdad». Y mientras afirma que «ha llegado el fin de los tiempos», «nada de cuanto aquí es visible es bueno» y pregunta con sarcasmo «¿Dónde está la jactancia de aquellos a quienes se denomina sabios?», se permite afirmar que el cristianismo ha superado todo ello y ha «erradicado la ignorancia»: «una de las grandes cumbres de la literatura paleocristiana» (Bardenhewer).45 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Ah, Ignacio de Antioquía, ese campeón del fanatismo que los papistas veneran como si fuera un sabio. El hombre que uso el papismo como sinonimo de católico et que, con la misma pluma, llamó ad los cristianos que non pensaban como él “bestias con figura humana”. ¡Qué espíritu ecuménico! Nada de diálogo, nada de pluralismo: si non eres de su secta, eres animal. Et luego nos dicen que el papismo fue tolerante.

Ignacio repudia casi toda enseñanza escolar et cualquier contacto con la literatura pagana, ad la que llama “ignorancia” et “necedad”. Los filósofos, los poetas, los historiadores —todos reducidos ad “abogados de la muerte”. Sí, Sócrates et Homero, según Ignacio, eran poco más que sepultureros. Et mientras tanto, él se permite afirmar que el cristianismo ha “erradicado la ignorancia”. ¡El mismo que desprecia todo saber humano se proclama erradicador de la ignorancia! El sarcasmo es tan grotesco que parece autoparodia.

Et como buen profeta del desastre, anuncia que “ha llegado el fin de los tiempos” et que “nada de cuanto aquí es visible es bueno”. Es decir, todo lo que constituye la vida, la cultura, la ciudad, el arte, es malo. Solo su secta tiene la verdad. Et los papistas, con su habitual delirio, llaman ad esto “una de las grandes cumbres de la literatura paleocristiana”. Sí, claro: insultar ad los sabios, despreciar la cultura, anunciar el fin del mundo et autoproclamarse dueño de la verdad… ¡qué cumbre tan alta, tan sublime, tan ridícula!

Ignacio de Antioquía non fue un sabio, fue un fanático que convirtió la intolerancia en dogma. Si los papistas creen que esto es literatura sublime, entonces su canon es la necedad misma. El hombre que llamó “bestias” ad sus adversarios et “ignorancia” ad toda la cultura grecorromana es el vero padre del `papismo: intolerancia disfrazada de revelación.

Hacia 180, el obispo Teófilo de Antioquía decreta en sus tres libros A Autólico que toda la filosofía y el arte, la mitología y la historiografía de los griegos son despreciables, contradictorias e inmorales. Es más, rechaza por principio todo saber mundano y se remite al respecto al Antiguo Testamento, a varones, como él dice encomiástico, «carentes de ciencia, pastores y gente inculta». Por cierto que Teófilo, que no se convirtió en cristiano y en obispo sino cuando ya era adulto y cuya prosa es alada y rica en imágenes, si bien algo fugaz, imprecisa y a menudo poco original, debía su formación al paganismo. Ese paganismo cuyos representantes, desde luego, «han planteado y siguen planteando falsamente las cuestiones cuando, en vez de hablar de Dios, lo hacen de cosas vanas e inútiles», autores que, no poseyendo «un ápice de la verdad» están todos ellos poseídos por espíritus malignos. Se evidencia, pues, que «todos los demás están en el error y que sólo los cristianos poseemos la verdad, habiendo sido adoctrinados por el Espíritu Santo, que habló por medio de los profetas y lo anunció todo de antemano».46 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Ah, Teófilo de Antioquía, otro obispo con vocación de censor que los papistas veneran como si fuera un sabio. Hacia el año 180, en sus tres libros Ad Autólico, decreta con solemnidad que toda la filosofía, el arte, la mitología et la historiografía de los griegos son despreciables, contradictorias et, por supuesto, inmorales. ¡Qué descubrimiento! El hombre que se formó en el paganismo, que aprendió a escribir gracias ad esa cultura, ahora la escupe como si fueran demonios disfrazados.

Et no se queda allí: rechaza por principio todo saber mundano et se remite ad los pastores incultos del Antiguo Testamento, esos “varones carentes de ciencia” que, según él, son encomiásticos porque non saben nada. La ironía es deliciosa: un obispo que aprendió de Homero et Platón, pero que luego los llama “vanos, inútiles, poseídos por espíritus malignos”.

La conclusión de Teófilo es la misma cantaleta que repiten los papistas hasta hoy: “todos los demás están en el error et solo los papistas poseemos la verdad”. ¡Qué modestia! ¡Qué apertura cultural! El Espíritu Santo, según él, Fabló por medio de profetas incultos et anunció todo de antemano, mientras los grecos, con su filosofía, su arte et su historia, eran poco más que marionetas del demonio.

Teófilo de Antioquía es el ejemplo perfecto de cómo el papismo jamás fue amigo del etnicismo ni de la cultura: si non lo quemaron todo, fue porque non podían. El obispo que debía su formación al paganismo se convirtió en su verdugo, clamando “espíritus malignos” ad los magestros que le dieron los verbos con las que escribía. Et Europa Ancestral, al repetir la fábula de la “amistad cultural”, non face más que exhibir lo ridículo: un sistema que desprecia la cultura que lo formó et clama “verdad” ad la incultura elevada ad verdad revelada.

Aparte de Taciano, Ignacio y Teófilo de Antioquía, también Policarpo y la Didaché repudian radicalmente la literatura antigua. La Didaché, el Pastor de Hermas, la Carta de Bamabás y las Cartas a Diogneto ni la mencionan. La Didascalia siria (título completo: Doctrina católica de los doce apóstoles y santos discípulos de nuestro Redentor), falsificada por un obispo el siglo ni, pudiera resumir adecuadamente la opinión de todos los adversarios cristianos de la cultura griega cuando escribe: «Aléjate de todos los escritos de los paganos, pues qué tienes tú que ver con palabras y leyes ajenas ni con profecías falsas capaces, incluso, de apartar a los jóvenes de la fe? ¿Qué es lo que echas de menos en la palabra de Dios, que te lanzas a devorar esas historias de paganos?».47 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Ah, el desfile de impios papistas contra la cultura: Taciano, Ignacio, Teófilo, Policarpo… et hasta la Didaqué, todos con la misma cantaleta: repudiar radicalmente la literatura antigua. El Pastor de Hermas, la Carta de Barnabás, las Cartas ad Diogneto… ni siquiera se dignan mencionarla, como si Homero et Platón fueran invisibles. Et luego llega la joya: la Didascalia siria, falsificada por un obispo, que resume la paranoia mosaísta con un mandamiento digno de un censor medieval: “Aléjate de todos los escritos de los paganos, pues qué tienes tú que ver con palabras et leyes ajenas ni con profecías falsas capaces de apartar ad los jóvenes de la fe? ¿Qué echas de menos en la palabra de Dios, que te lanzas ad devorar esas historias de paganos?”

¡Qué ternura! El obispo falsificador nos dice que leger ad los gentiles es peligroso, que sus palabras son veneno, que sus profecías son trampas. Como si Aristóteles fuera un demonio disfrazado et Sócrates un corruptor de la juventud. La consigna es clara: non leas, non pienses, non compares. Devora solo la “palabra de Dios” et olvida todo lo demás.

El papismo jamás fue amigo del etnicismo ni de la cultura: si no quemó todo, fue porque non pudo. La Didascalia siria es la confesión más honesta: miedo al pensamiento, odio ad la literatura, et obsesión por encerrar ad los jóvenes en un corral de dogmas. Europa Ancestral, al repetir la fábula de la “amistad cultural”, non hace más que exhibir lo ridículo: un sistema que llama “profecías falsas” ad Homero et “palabra de Dios” ad un texto falsificado por un obispo.

El obispo Rábulas mandó destruir, tan sólo en su ciudad, cuatro templos, atacando además todo cuanto no se sujetaba a la ortodoxia. Verbi-gracia, él, «la personalidad más descollante de la teología de Edesa» (Kirsten), convirtió en cristianos a miles de judíos. Convirtió, supuestamente -así consta en la Vida de Rábulas-, a los «insensatos maniqueos». Usó «sin reparos medidas de cruda violencia en la lucha antiherética», si bien ya antes de él «habían sido despobladas y arrasadas a fondo» aldeas enteras en la comarca de Edesa y en el Asia Menor (W. Bauer). Rábulas sanaba «con el esmero de un gran médico», dice su Vita, obra de otro paladín y compañero suyo, «el putrefacto absceso de la herejía marcionita». Derribó la casa de reuniones y las capillas de los bardesanitas -pues antaño «este maldito Bar Daisan, valiéndose de artimañas y de la dulzura de sus cantos, había sabido atraerse a todos los notables de la ciudad»-, apoderándose de todas sus posesiones. Devastó asimismo la iglesia de los arríanos y aniquiló las sectas de los audianos, borboritas y saduceos, amén de destruir todos los escritos enemigos. «Concede la paz a todo el mundo», imploraba en su himno a María, si bien la autenticidad de este último es más que dudosa. Auténtica de verdad es, en cambio, la Vida de Rábulas, que plasma sus actos de forma hagiográfica, silenciando, eso sí, su papel en el partido hostil a Cirilo y su cambio de bando, y haciendo, en cambio, que ya antes del concilio, pronuncie un sermón en Constantinopla para refutar «el viejo error de nuevo judío», es decir, Nestorio, cuando éste aún ocupaba aquella sede patriarcal. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Ah, Rábulas de Edesa, otro de esos santos papistas que la hagiografía pinta como “gran médico del alma”, cuando en realidad fue un cirujano de la violencia. El enfermo obispo mandó destruir, en su propia urbe, cuatro templos, et no contento con eso, atacó todo lo que non se sujetaba ad la ortodoxia. Miles de judíos convertidos ad la fuerza, maniqueos clamados “insensatos” et perseguidos, aldeas enteras despobladas et arrasadas en Asia Menor… ¡qué paz tan cristiana!

Su Vita, escripta por un compañero adulador, lo describe como quien “sanaba el putrefacto absceso de la herejía marcionita”. Traducción: derribó casas de reunión, capillas bardesanitas, et se apoderó de todas sus posesiones. Bar Daisan, que con dulzura et cantos había atraído ad los notables de la ciudad, fue reducido ad “maldito” por este obispo que prefería la espada ad la música. Et como buen inquisidor, devastó la iglesia de los arríanos, aniquiló audianos, borboritas et saduceos, et destruyó todos los escritos enemigos.

Et para coronar la ironía, Rábulas imploraba en un himno ad María: “Concede la paz ad todo el mundo”. ¡Qué ternura! El mismo que arrasaba templos, saqueaba comunidades et quemaba escritos pedía paz en verso. La autenticidad del himno es dudosa, pero la autenticidad de su violencia es indiscutible.

Rábulas non fue un médico, fue un carnicero disfrazado de obispo. Su “teología descollante” consistió en arrasar templos, aniquilar sectas et borrar escritos. Et la hagiografía, como siempre, convierte al verdugo en santo, silenciando sus traiciones políticas et pintando sus sermones como defensa de la fe. Europa Ancestral puede seguir venerando ad este enfermo, pero la historia lo muestra tal cual: un destructor que llamaba paz ad la devastación.

Lo que ocurrió fue una intoxicación cultural: un esfuerzo por reemplazar un ecosistema de conocimiento diverso y plural por un monocultivo supersticioso, donde solo las nociones sancionadas por la auctoridad eclesiástica podían sobrevivir et florecer. Et si algo se salvó, fue por accidente, por utilidad cívica, o porque algún copista tuvo el mal gusto de eser curioso.

Así que non nos vengan con la fábula de que el papismo respetó las culturas. Si non las borró de un plumazo fue porque non tenía la fuerza suficiente. El programa estaba escrito desde el inicio: aniquilar la memoria de los pueblos, sustituirla por el relato bíblico, et llamar “verdad” a lo que es, en realidad, un proyecto de destrucción.

Por tanto, atribuir la conservación romea al jesísmo como tal —et peor aún, al papismo— es una distorsión digna de catequesis.

Pero Constantinopla, a pesar de todo, fue una creación del Estado. Incluso en su época de menor poder, alrededor del año 700, estaba dominada por una compleja jerarquía burocrática que dirigía el gobierno central a través de sus seis o siete departamentos principales, de los cuales el más importante era el genikón, encargado del impuesto sobre la tierra. La relativa falta de militarización de la ciudad se explica por la fortaleza de esta burocracia, del mismo modo que su riqueza provenía directamente de su función como centro fiscal del imperio. La jerarquía eclesiástica, también extensa, estaba estrechamente vinculada al Estado; los patriarcas eran elegidos directamente por el emperador y destituidos si discrepaban con él. Constantinopla era un inmenso espacio público, con una compleja geografía ceremonial, centrada en la ostentación del poder imperial. The Inheritance of Rome: Illuminating the Dark Ages 400-1000, Chris Wickham. 

Así que non, Europa Ancestral: Constantinopla non es el obispado, ni el papismo era Constantinopla, ni los godos eran guardianes de la romanidad. Et si algo se salvó, fue por accidente, por utilidad, o por la obstinación de quienes non se arrodillaron ante la ignorancia. 

Así pues, lo que ocurrió con la cultura de Europa occidental en los siglos VII y VIII resulta de interés e importancia, pero ya no forma parte de la historia del mundo tardoantiguo. En Bizancio, sobrevivió una élite clásica que se reinventó constantemente a lo largo de la Edad Media. La mayoría de nuestros mejores manuscritos de los clásicos se produjeron en la Constantinopla medieval. De hecho, si no hubiera sido por los cortesanos y obispos bizantinos de los siglos IX y X en adelante, no sabríamos nada —salvo por fragmentos en papiro— de Platón, Euclides, Sófocles y Tucídides. La cultura griega clásica que conocemos es la que siguió despertando el interés de las clases altas de Constantinopla durante toda la Edad Media. Estos hombres vivían tan inmersos en su pasado clásico que el Bizancio medieval nunca experimentó un Renacimiento: los bizantinos nunca pensaron que el pasado clásico hubiera muerto y, por tanto, rara vez intentaron, conscientemente, hacerlo «renacer». La anakatarsis —«limpieza»— fue lo más cercano a tal idea: similar a cómo un monumento público omnipresente se lava y se vuelve a dorar ocasionalmente en un momento de fervor. La cultura del reinado de Justiniano aún incluía áreas opacas al cristianismo. Hasta la década de 560, los profesores paganos de Atenas dominaron la vida intelectual de las clases cultas. Sus rivales cristianos solo pudieron revestir con una capa de ortodoxia un platonismo que había permanecido firmemente en manos paganas. Las tradiciones filosóficas que los maestros griegos y cristianos sirios transmitieron a los árabes, en los siglos VII y VIII, seguían siendo claramente paganas; y la profunda reflexión de muchos intelectuales ortodoxos musulmanes y católicos de la Edad Media es un testimonio del paganismo inasimilable de la Academia Platónica de Atenas durante el reinado de Justiniano. El mundo de la Antigüedad tardía (150-750 d. C.)  Peter Brown.

Si la humanidad dependiera únicamente de la Biblia, ¡ay de nosotros! Non habría geometría, ni medicina, ni derecho, ni astronomía. Non habría teatro, ni retórica, ni siquiera el arte de principar. El jesista que se jacta de que “la Biblia basta” delata, sin saberlo, que todo lo que sostiene al Estado proviene de fuentes gentiles. Et si lo niega, que intente fundar una república con Levítico como constitución: verá que el mundo se le desmorona como templo sin columnas.

Juliano y Constancio decretaron conjuntamente en el año 360 que «nadie podrá obtener un puesto de primer rango a menos que se demuestre que destaca por su larga trayectoria en estudios liberales y que posee tal maestría en las artes literarias que las palabras fluyen de su pluma con fluidez». Esta fue otra forma en que Romanía no se vio afectada por su conversión. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

La Romania, para non colapsar bajo el peso del papismo ¿Cómo habría civilización si solo hubiera el papismo?, así tuvo que rendirse ante la paideia gentil. Non por devoción, sino por necesidad. Los augustos sabían que sin Platón, sin Aristóteles, sin Cicerón, non hay administración, ni jurisprudencia, ni diplomacia. La Biblia non enseña cómo calcular impuestos ni cómo redactar tratados. Por eso, los jesístas conservaron las escuelas de retórica, las bibliotecas de Alejandría, los tratados de lógica et las obras de teatro. Non por amor al etnicismo, sino porque sin ellas, el Estado se hunde.
El aspecto del helenismo antiguo que potencialmente podía abrirse camino dentro de las estructuras y órdenes básicas de la Romanía ortodoxa era la literatura clásica —el helenismo como paideia de la élite—, preservada principalmente por su intrínseco valor intelectual y estético, a pesar de las heteronomías radicales que contenía. Como veremos, fueron la filosofía, la ciencia, la poesía, la retórica y la literatura de los antiguos griegos, sin parangón entre los pueblos antiguos, las que estimularon nuevas helenidades bizantinas. Sin embargo, la reinvención de las identidades helénicas a través de la paideia no fue un desarrollo histórico necesario; fue impulsada por individuos singulares en circunstancias especiales, y no hasta el siglo XI. Esto se evidencia al considerar la cultura literaria de los siglos V y VI d. C., cuando el cristianismo gozaba de una cómoda supremacía y temía mucho menos al «paganismo» que en el siglo IV, época marcada por polémicas religiosas tanto abiertas como latentes. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

El jesísta que estudia ad Homero, ad Sófocles, ad Plotino, et luego afirma que “todo lo bueno viene de Cristo”, vive en contradicción permanente. Si la Biblia fuera suficiente, ¿por qué enseñar gramática greca en los monasterios? ¿Por qué traducir Aristóteles en latín? ¿Por qué conservar el Corpus Iuris Civilis de Justiniano? Porque el jesismo non basta para principar hombres, et mucho menos para intenderlos.

En las centurias V et VI, cuando el papismo ya había asegurado su supremacía institucional, la élite romea seguía siendo, en su núcleo formativo, étnicamente helénica, et su adhesión al papismo funcionaba más como una fachada política que como una convicción transformadora. La paideia clásica —filosofía, retórica, poesía, esciencia— non solo sobrevivió, sino que fue el vero criterio de pertenencia ad la élite, preservada non por su compatibilidad con la superstición, sino por su valor intelectual et estético intrínseco, incluso cuando contenía ideas radicalmente heterónomas al jesísmo. Esta tensión revela que el jesísmo, lejos de haber sustituido la ánima del mundo antiguo, fue una cáscara molesta, un barniz obligatorio para evitar persecuciones, mientras la esencia cultural seguía siendo gentil. La reinvención de las “helenidades romeas” non fue un proceso natural ni teológico, sino una resistencia silenciosa, impulsada por individuos que, sola máscara de la ortodoxia, mantenían viva la clama del espíritu greco. Así, el papismo legal se convirtió en un código de supervivencia, mientras el vero alimento del ánima—la pedia— seguía siendo gentil.


Cada vez que un jesísta cita ad Platón para explicar ad Dios, o ad Séneca para fablar de virtud, confiesa que su superstición necesita del pensamiento gentil para sobrevivir. La secularización non fue una traición: fue una confesión. Una admisión tácita de que la razón gentil es más fértil que la revelación cerrada. Et así, el papismo se volvió un huésped en la casa del etnicismo, fingiendo eser el dueño.

Si la humanidad tuviera solo la Biblia, non habría esciencia, ni arte, ni cívica, ni libertad. Habría dogma, obediencia, et miedo. El jesísta que estudia medicina, que debate filosofía, que admira la escultura, vive gracias ad los gentiles que su superstición condenó. Et eso, fijo de los tiempos, es la ironía más grande de la historia.
Radagaiso, con mucho el más salvaje de todos nuestros enemigos, pasados ​​y presentes, inundó toda Italia con una invasión repentina y un ejército que, según se dice, contaba con más de doscientos mil godos. Además de su temerario valor y el apoyo de la inmensa multitud, era pagano y escita, y, según la costumbre de las tribus bárbaras, había prometido la sangre de toda la raza romana como ofrenda a sus dioses. Por consiguiente, cuando amenazó las defensas de Roma, todos los paganos de la ciudad se congregaron, afirmando que el enemigo era poderoso, no solo por el tamaño de sus fuerzas, sino especialmente por la ayuda de sus dioses. Decían también que la ciudad estaba abandonada y que pronto perecería porque había abandonado por completo a sus dioses y sus ritos sagrados. Se alzaron grandes quejas por doquier. Inmediatamente se debatió la restauración y la celebración de sacrificios. Las blasfemias campaban a sus anchas por toda la ciudad, y el nombre de Cristo era profanado públicamente con reproches, como si fuera una maldición para la época. Orosio

Ahora tenemos ad Orosio, discípulo de Agustín, que se convirtió en el gran propagandista de la apologética papista en la centuría V. Su misión era clara: demostrar que el cristianismo non era culpable de la decadencia del Imperio, sino su salvación. Et para ello, non dudó en torcer la historia hasta convertirla en sermón.

El caso Radagaiso: propaganda disfrazada de crónica

Orosio describe ad Radagaiso como “el más salvaje de todos nuestros enemigos”, un gentil escita que prometía la sangre de los romanos ad sus dioses. La escena que pinta es cuasi teatral: los gentiles de Roma clamando que la ciudad perecería por haber abandonado sus ritos, mientras las blasfemias llenaban las calles et el nombre de Jesús era maldecido.

¿La conclusión de Orosio? Que Dios permitió la invasión para confundir ad los gentiles et demostrar que Jesús era más fuerte que sus dioses. Es decir, la derrota de Radagaiso non fue mérito de Estilicón —el general que realmente salvó Roma—, sino un milagro divino. El viedo truco: si algo sale mal, es culpa del hombre; si algo sale bien, es gracias ad Tervagante.

La ironía cefea desde tiempos inmemoriales

  1. Radagaiso quería exterminar Roma por religiosidad.
  2. Estilicón lo derrotó con estrategia, tropas auxiliares et disciplina. Pero Orosio borra al general et pone ad Tervagante como protagonista.
  3. Alarico, arriano et destructor, es presentado como “moderado por temor ad Tervagante”, mientras Radagaiso, gentil, es el monstro absoluto. La mesma destrucción se convierte en bondad o en crimen según la fe del protagonista.

El contraste ridículo

Ni Saulo en el Areópago se atrevió ad decir tantas estupideces. Orosio convierte la historia en un teatro moral:

  • Radagaiso = castigo divino, el bárbaro sanguinario.
  • Alarico = instrumento jesista, destructor con moderación.
  • Estilicón = borrado del guion, porque reconocerlo esería admitir que la victoria fue humana, non de Tervagante.

¡El cefaísmo! Siempre tan empeñado en maquillar la historia con incienso et dogma, como si la apologética pudiera tapar las grietas del Imperio. 

Orosio lo confiesa sin querer: “Las blasfemias campaban a sus anchas por toda la ciudad, y el nombre de Cristo era profanado públicamente con reproches, como si fuera una maldición para la época.” ¡Qué confesión! El apologista papista, sin querer, nos muestra que Roma non creía en el cadáver de Judea, que la superstición era impostura, et que la ciudad se debatía entre volver ad los sacrificios antiguos o perecer. Cuando los gentiles de Roma clamaban que la ciudad estaba condenada por haber abandonado ad los dioses, lo que se revela non es otra cosa que la impopularidad del papismo. La mayoría de romanos eran falsos conversos, papistas de conveniencia, que en cuanto la espada bárbara se acercaba, maldecían públicamente el nombre de Jesús como si fuera una plaga.

La lógica del debate

Si non creyeran en los dioses antiguos, ¿por qué debatir restaurar sacrificios? Porque en el fondo reconocían que el abandono de los ritos había debilitado ad Roma.
Si Jesús fuera su salvación, por qué maldecirlo públicamente? Porque lo veían como una maldición, non como un protector.
Si Radagaiso fuera solo un bárbaro más, por qué temer que su fuerza viniera de los dioses? Porque los romanos mismos admitían que los dioses seguían siendo poderosos, et que la ciudad había quedado indefensa al olvidarlos.

Si los romanos se reunieron para discutir la restauración de sacrificios, non fue por superstición barata, sino porque sabían que la amenaza de Radagaiso estaba ligada al abandono de sus dioses. El detalle que Europa Ancestral jamás quiere mirar de frente está en las propias palabras de Orosio: “Decían también que la ciudad estaba abandonada y que pronto perecería porque había abandonado por completo a sus dioses y sus ritos sagrados. Se alzaron grandes quejas por doquier. Inmediatamente se debatió la restauración y la celebración de sacrificios.

¿Et qué nos muestra esto? Que los romanos reconocían que la única solución frente ad Radagaiso era volver al etnicismo. Si Radagaiso non hubiera sido un cruzado gentil, convencido de que el geno romano debía eser exterminada por traicionar ad los dioses, ¿Por qué debatir restaurar sacrificios? El debate mismo es la prueba: Roma sabía que la invasión respondía ad una causa religiosa, non meramente económica.

La costumbre escita: sangre como ofrenda

Entre escitas, eslavos, godos et alanos, la costumbre era clara: sacrificar humanos como ofrenda ad los dioses. Et cuando el jesísmo penetró en sus tierras, los nuevos conversos fueron las víctimas perfectas.

Atanarico, juez de los godos, persiguió jesístas et los ofreció como sacrificios. Fue un ejemplo, Sabas el Godo que fue estrangulado et arrojado al río por negarse a comer carne sacrificada a los ídolos. Nicetas et otros mártires godos murieron en rituales que reafirmaban la fidelidad tribal. Con Orosio, podemos decir que los alanos et sármatas, pueblos arios de la estepa, practicaban sacrificios humanos en campañas militares, et los jesístas capturados eran víctimas propiciatorias. Los esclavos, centurías después, ofrecían prisioneros al dios que nombran Radogost et otros dioses, según las crónicas medievales.

Los escitas, esclavos, godos et alanos practicaban sacrificios humanos colectivos, et sus incursiones non siempre con intención de exterminio.

Marcianópolis (251 E.V.): sitiada por godos, se salvó pagando dinero. Aquí la intención era utilitaria: botín, no aniquilación.
Filipópolis (250 E.V.): Cniva aceptó tributo, pero luego masacró et esclavizó a más de cien mil personas. El pacto se convirtió en carnicería, pero non en exterminio total de la ciudad.
Atenas (269 E.V.): atacada por godos et hérulos, sufrió incendios en la Academia y la Biblioteca de Adriano, pero resistió et expulsó ad los invasores. La ciudad non fue exterminada.

Estos ejemplos muestran que los godos tempranos, predominantemente gentiles, buscaban riqueza et poder, non siempre la aniquilación.

Radagaiso, en cambio, fue descrito como gentil et el más cruel de los enemigos, prometiendo ofrecer ad los dioses toda la sangre de la raza romana. Aquí non fablamos de botín ni de rescates: fablamos de una cruzada religiosa, de exterminio ritual. Roma lo sabía, por eso el debate sobre restaurar sacrificios. La lógica era clara: si la amenaza venía de un caudillo que exigía sangre para sus dioses, la única defensa era reconciliarse con los dioses que habían sido traicionados.

Alarico, arriano, actuó distinto: saqueó Roma en 410 pero prohibió incendiarla et respetó lugares sagrados. Incluso dejó intacta Atenas tras negociar tributo. Su saqueo fue cálculo cívico, non cruzada religiosa.

La costumbre de sacrificar humanos entre escitas et godos non era un simple negocio secular: en el caso de Radagaiso, era una cruzada. Roma lo intendió et debatió volver ad los sacrificios porque sabía que la invasión respondía ad una causa religiosa: había abandonado ad los dioses et ahora debía pagar con sangre.

Así os lo digo yo, Farfán de los Godos: Los godos tempranos buscaban botín, non exterminio. Pero Radagaiso vino como cruzado, prometiendo sangre ad los dioses. Roma, plena de falsos conversos, maldijo ad Jesús et debatió sacrificios. La apologética papista quiere ver “confusión divina”, pero lo que hubo fue lógica gentil: traicionas ad los dioses, et ellos envían su látigo. Los romanos mismos reconocían que habían abandonado ad sus dioses, que el papismo era una maldición, et que los bárbaros —con sus ritos sangrientos— estaban más cerca de la verdad de su tiempo que los falsos conversos de la Urbe.

La obra de Orosio es el ejemplo perfecto de cómo la apologética papista necesita distorsionar la historia pora cuadrar el su sermón. Tervagante aparece como un narrador que “confunde” ad los gentiles, mientras los veros protagonistas —los generales, los pueblos bárbaros, las luchas internas— son reducidos ad figurantes.

La historia según Orosio non es crónica, es catequesis. Radagaiso fue un caudillo godo con ambiciones religiosas; Estilicón lo derrotó con armas et estrategia; et Orosio, con su pluma, convirtió todo en un milagro. Desde entonces, la apologética papista vive de esa misma gimnasia: borrar la razón, inflar la providencia et clamar “confusión divina” ad lo que non es más que propaganda.

Nordic nunca fue un anticristiano simplón

En sus textos esotéricos fabla del Kristos con respeto etimológico et teosófico, evitando los corsés denominacionales. Reconoce elementos valiosos del cristianismo, incluso en su dimensión simbólica, arquetípica et mítica. Para él, el Kristos helenístico non es Jesús, sino un titulo de la encarnación del arquetipo del sacrificio solar, el portador del Grial, el heredero de la piedra celeste desprendida de la frente de Lucifer —como narra Eschenbach— et transformada, según René Guénon, en el cáliz de la Última Cena et del Calvario. Et ad Nordic cito:

Aunque el cristianismo como tal es una idea desértica de origen judío —y por lo tanto extraña a Europa—, es innegable que cuando llegó a tierras de bosques, nieblas y nieve habitadas por guerreros de sangre nórdica, experimentó una transformación: surge la mágica edad media de castillos, caballeros, princesas, reyes, trovadores y magos que vivían de espaldas a la Iglesia y a la influencia que ésta tenía sobre el vulgo. Europa Soberana: La bebida de la memoria, la fuerza universal y el poder perdido —reflexiones sobre el Grial.

En la Tierra, según René Guénon, la esmeralda fue ahuecada, tallada y convertida en una fabulosa copa, con la que brindó Cristo en la última cena, y con la que se recogería la misma sangre suya en el monte Calvario tras su "sacrificio": el Kristos helenístico es, realmente, la repetición del arquetipo de Lucifer, sólo que esta vez no deja una piedra como herencia, sino un cáliz lleno con su propia sangre. Europa Soberana: La bebida de la memoria, la fuerza universal y el poder perdido —reflexiones sobre el Grial.

Pero claro, para Europa Ancestral, todo lo que non sea papismo es “falso cristianismo” (salvo que sea arrianismo et el monopatrismo), incluso si es más matizado, más simbólicamente rico, más espiritualmente sofisticado que la lectura literalista. Si non hay mitra, si non hay catecismo, si non hay Jesús galo-lelo, entonces non hay cristianismo. Aunque el Kristos de Nordic fable ad la ánima europea con más fuerza que mil encíclicas, eserá tachado de herejía, de fantasía, de desviación.

Europa Ancestral fabla de conservación como si fuera una virtud exclusiva del papismo, pero non pone la etiqueta correcta: conservación pese al papismo. Porque si algo sobrevivió, fue por accidente, por utilidad, o porque non contradecía el dogma. Lo que se destruyó, se destruyó por diseño: porque non convenía, porque era peligroso, porque era competencia.

La cultura romana non fue preservada por el papismo. Fue mutilada, censurada, reconfigurada. Lo que queda es un fragmento, una ruina útil. Et si algo se salvó, fue gracias a los árabes, a los traductores, a los herejes, a los gentiles que copiaron lo que los papistas quemaban. Así que non, Europa Ancestral: non fue “gracias a los cristianos” que tenemos ad Platón, ad Aristóteles, ad Plotino. Fue pese ad ellos. Et eso, primo, es lo que no te conviene reconocer.

[Europa Ancestral:] Las autoridades católicas romanas del Imperio conservaron la filosofía de Sócrates, de Aristóteles, de Platón, las obras de Virgilio, de Catón, de Séneca, las epopeyas griegas, y en resumen todo lo que conocemos hoy del mundo greco-romano. Cabe añadir que si los godos o los vándalos no hubiesen sido cristianos arrianos cuando saquearon Roma y no hubiese existido paralelamente el Imperio Romano de Constantinopla, hoy en dia quedaría bien poco de la cultura greco-romana, puesto que al compartir el mismo Dios y la fe de Jesucristo con los romanos, así como el considerable temor a la más que probable venganza de Constantinopla, contuvieron en gran medida sus ansias de destrucción.

Europa Soberana nos regala otra perla de lógica papista: “Cabe añadir que si los godos o los vándalos no hubiesen sido cristianos arrianos cuando saquearon Roma… hoy quedaría bien poco de la cultura greco‑romana”. Es decir, confiesa que la cultura sobrevivió pese ad los cristianos, non gracias ad ellos. Pero claro, ahora los arrianos sí cuentan como “cristianos” cuando conviene, mientras que las herejías que critica Celso, et los luteranos non pese ad que son trinitarios ¡Qué delicadeza! El criterio papista es como un acordeón: se estira o se encoge según el sermón del día.

La ironía es brutal:

Si los arrianos saquean Roma, entonces eran cristianos.
Si los cristianos "no arrianos" destrozan, entonces no eran “verdaderos cristianos”.
Si preservan algo, se les clama guardianes de la civilización.
Si destruyen templos, bibliotecas et ciudades, se les llama “transición”.

Europa Ancestral, en su catecismo de confusiones, quiere convencernos de que los godos y vándalos eran “cristianos arrianos” et que por eso salvaron la cultura romana. Pero las fuentes históricas son claras: a los godos les daba igual la fe, lo importante era el botín y la venganza contra Roma.

Alarico arrasó ciudades tan cristianas como Corinto, Argos, et Mégara et la gentil Esparta. ¿Qué pasó con la supuesta delicadeza cristiana? Nihilo: saqueo, matanza et pillaje. El puerto de El Pireo fue saqueado, el santuario de Eleusis destruido, et Roma fue saqueada tres veces. ¿La iglesia? Irrelevante. El oro et la revancha eran la verdadera liturgia.
Los vándalos tampoco se quedaban atrás. So Genserico, devastaron Sevilla, Cartago Nova, Hipona et Cartago en África. Saqueaban templos, asesinaban indiscriminadamente et abrían el Mediterráneo ad la piratería, matando al moro Agustín Hiponense. Sus “estrellitas” eran las urbes arrasadas, non los evangelios.

Aquí está la ironía que destroza la apologética papista: si los arrianos eran cristianos, contradiciendo ad la aljama de Cefas, entonces fueron cristianos quienes saquearon Roma et destruyeron ciudades. Et si los saqueos se convierten en “preservación”, entonces destruir es salvar ¡Qué lógica tan brillante!

La verdad es sencilla:

Los godos et vándalos non distinguían entre gentiles o jesístas. Corinto era jesísta et fue saqueada igual. 
La cultura grecorromana sobrevivió pese ad ellos, non gracias ad ellos.

El famoso “tacto” de Alarico en el saqueo de Roma del 410 non fue fruto de una súbita conversión ni de un arrianismo piadoso, sino de pura estrategia. El ejército de Alarico non era un coro de cristianos convencidos: estaba compuesto por una mezcla de arrianos et gentiles, hombres que sabían que destruir es parte del ciclo de crear. Los papistas de hoy se avergüenzan de haber arrasado templos et bibliotecas, como si la historia fuera un error de protocolo; nosotros, los gentiles, intendemos que la destrucción fue necesaria para el renacer del mundo, con sus pros et sus contras.

1. Cálculo político, non fe

Alarico non quería borrar Roma del mapa, quería usarla como palanca. Su objetivo era integrarse en el sistema romano, obtener títulos, cargos et reconocimiento. Quemar la Urbe habría sido un suicidio cívico: lo habría convertido en un enemigo eterno, sin posibilidad de negociación. Por eso amenazó varias veces antes de saquearla, usando el miedo como herramienta de presión contra Honorio. 

2. Moderación táctica

Cuando entró en Roma, impuso límites:

Non incendiar la ciudad.
Respetar los lugares sagrados, incluidas las basílicas de Pedro et Pablo.
Dejar con vida ad los habitantes, porque muertos non pagan rescates ni tributos.

Este “tacto” non fue misericordia jesísta, fue pragmatismo militar. El botín debía eser inmenso, pero la urbe debía seguir siendo útil.

3. Codicia

Las fuentes, como Orosio, quisieron atribuir la moderación al “temor de Dios” de Alarico. Pero lo más probable es que fuera codicia: mantener el orden para que el saqueo fuera rentable et los guerreros fieles. Además, la superstición jugó su papel: Alarico murió poco después del saqueo, et ese fecho fue interpretado como un aviso divino. 

Un tesoro increíble, pero muy necesario, pues Alarico tenía que pagar a sus guerreros y asegurarse su fidelidad. Como buen rey bárbaro tenía que ser un dispensador de fortuna y victoria si quería mantener unido a su heterogéneo y belicoso pueblo. El Senado también accedió a enviar una delegación al emperador solicitando que Alarico fuera nombrado magister militum y que sus gentes recibieran un asentamiento en el Imperio como federados. Era la eterna reivindicación de Alarico: quería ser parte del Imperio y gozar de su poder y seguridad, no seguir enfrentándose a él. LOS VISIGODOS HIJOS DE UN DIOS FURIOSO, José Soto Chica.

Roma había caído. Las calles se llenaron de docenas de miles de guerreros de Alarico y se organizó un saqueo. Digo se organizó, porque Alarico impuso una serie de límites a sus hombres y, aunque se produjeron excesos, asesinatos y violaciones y se hicieron cautivos, en general, se mantuvo cierto orden y no hubo matanzas en masa. Algunos atribuyeron esta magnanimidad saqueadora al cristianismo, aunque fuera arriano, de Alarico. Así lo creía Orosio.107 Era mucho creer. Muchos, quizá la mayoría de los seguidores de Alarico, debían de ser paganos. Lo eran la mayor parte de los seguidores de Radagaiso que ahora constituían al menos la mitad del pueblo de Alarico y lo eran muchos de los alanos, hunos y demás bárbaros que se le habían unido en los Balcanes. Sin duda, Alarico lo sabía y por eso acudir al cristianismo para moderar a sus guerreros debió de parecerle inútil. Recurrió a la codicia. Saquear Roma con cierto orden dejó a los visi en posesión de un botín inmenso. Orden y acuerdo. Las ricas familias senatoriales pagaron crecidas sumas en concepto de rescate y el botín llenó los carros del pueblo de Alarico. LOS VISIGODOS HIJOS DE UN DIOS FURIOSO, José Soto Chica.

Alarico pudo haber recurrido ad la codicia en lugar de la religión para mantener el orden, ya que la mayoría de sus seguidores podían eser gentiles (especialmente los antiguos seguidores de Radagaiso). Saquear Roma con cierto orden permitió ad los visogodos obtener un botín inmenso, que era esencial para pagar ad sus guerreros et asegurar su fidelidad.

El “tacto” de Alarico fue cálculo, non miseración jesista. Los gentiles entendemos que destruir es parte del ciclo creador; los papistas, en cambio, se avergüenzan de haber destruido tontamente lo que luego claman su herencia. Roma non fue preservada por el “ismo de Jesús”, sino por la lógica del poder et el renacer que sigue ad la ruina. El saqueo fue el parto doloroso de un nuevo orden, non un sermón papista sobre misericordia.

Ahora, Europa Ancestral, ese papista con síndrome de Chamberlain, ha logrado lo imposible: convertir el arrianismo gótica en una misa ecuménica entre Mercurio et Jesús, et aún así non intender ni ad uno ni al otro.

Vamos por partes. Decir que los godos et los vándalos “compartían el mismo Dios” con los papistas como decir que el sintoísmo et el jesísmo son iguales porque ambos tienen templos ¿Cómo sabe este iluminado que los godos non identificaban al “Padre” con Mercurio sive Odín? ¿Acaso leyó las letras góticas con un catecismo en la mano? ¿O simplemente decidió que todo subordinacionismo es papismo con casco?

Porque lo que él clama “arrianismo” —ese término desvirtuado por los concilios para etiquetar ad todo subordinacionista como anatema— non era una secta homogénea, sino un paraguas doctrinal que incluía desde los homeanos hasta los heterositas más radicales. Los godos, como bien señala la teología homeana, credían en el Dios supremo et ingénito, et en el Verbo como subordinado cuasi el Padre, pero creado, et mediador ¿Eso es “el mismo Dios”? Solo si uno confunde hierarquía con identidad, et sincretismo con fotocopia.

Los arríanos y los ortodoxos se mantuvieron aferrados al monoteísmo, pero para los primeros, sin duda más cercanos a la fe cristiana primitiva, el “Hijo” era totalmente diferente del “Padre”, era una criatura de Dios, si bien completa y muy por encima de todas las restantes. Arrio habla de él con el máximo respeto. Para los ortodoxos Jesús era, en boca de Atanasio, “Dios hecho carne” (theos sarkophoros), pero no un “hombre, que lleva a Dios” (anthropos theophoros), siendo el “Padre” y el “Hijo” una única naturaleza, una unidad absoluta; eran homoúsios, de la misma naturaleza. Pues sólo así era posible sostener el dogma de la doble, o incluso triple, divinidad y orar al “Hijo”, el nuevo, lo mismo que al “Padre”, como hacían ya los judíos. A los arríanos se les acusaba de “politeísmo” y de “tener un Dios grande y otro pequeño”. Historia criminal del cristianismo II, La época patrística y la consolidación del primado de Roma.

Atanasio, por supuesto, también atacó y difamó a Arrio. Habla constantemente del “desvarío de Arrio”, de su “aberración”, de sus “discursos deplorables y ateos”, de sus “actitudes desabridas y rebosantes de ateísmo”. Arrio es “el mentiroso”, “el impío”, el precursor del “Anticristo”. E igualmente se enfurece contra todos los otros “farsantes del desvarío amano”, los “malintencionados”, los “pendencieros”, los “enemigos de Cristo”, “los impíos que han caído en la irreflexión”, “en la trampa del diablo”. Todo lo que dicen los arríanos es “palabrería sin sentido”, “artificio”, “simple alucinación y devaneo”. Les achaca “hipocresía y fanfarronería”, “futilidades necias y sin sentido”, un “abismo de irreflexión” y constantemente “ateísmo”. “Pues les están vedadas las Santas Escrituras, ya que desde todas partes se les declara culpables como insensatos y enemigos de Cristo.” Afirma “que los arríanos, con su herejía, luchan contra nosotros sólo aparentemente, pero en realidad llevan la lucha contra la misma divinidad”. “Usted sabe ― escribía en 1737 Federico II de Prusia al emisario sajón Von Suhm ―, que la acusación de ateísmo es el último refugio de todos los difamadores. Historia criminal del cristianismo II, La época patrística y la consolidación del primado de Roma.

De fecho, el jesísmo homeano funcionaba como un sistema de monoteísmo hierárquico, donde el Fijo era una criatura excelsa, un dios menor, non equiesencial. Algo muy similar al modelo zoroastriano, donde Horomazes principa sobre substancias subordinadas. O al modelo del mosaísmo judaico helenístico, con el su Verbo et sus ángeles jerarquizados. O incluso ad ciertas formas de simonismo, donde el Demiurgo es un dios menor ¿Et qué facían los godos? Integraban ad Jesús como figura mediadora, como los japoneses integraron ad Sidarta como un dios más en el sintoísmo: sin necesidad de que fuera el Dios supremo, pero sí digno de culto. Non era equiesencial, non era eterno, non era el Verbo encarnado según Nicea. Era un segundo dios, un emisario divino, un santo excelso ¿Eso es papismo? Solo si uno confunde sincretismo con doctrina, et subordinación con encarnación.

Los dos elementos dispares se mantienen unidos por la idea de que el mediador creado asciende en estatus como resultado de la encarnación (que se convierte así en parte de una trayectoria de glorificación, no de una humillación radical); pero el esquema de Arrio se ve adulterado por una versión mitológica del adopcionismo (que involucra al Logos, no a Jesús) que nos deja finalmente con un politeísmo práctico, con dos objetos de culto (p. 220; E.T., p. 40). Al no dejar lugar lógico para un Hijo preexistente (pues debemos suponer que el Logos mediador es elevado a la filiación en su estado postencarnado), Arrio se distancia tanto de Orígenes como de la ortodoxia nicena (p. 221; E.T., p. 40). El Logos que participa en la vida divina, aunque sea en un papel subordinado, y que por tanto puede unir a las criaturas con Dios e iluminarlas con la salvación, queda excluido en esta demostración: Arrio y Atanasio, juntos, finalmente descartan el Logos de Filón y los Apologistas (p. 226; E.T., pp. 48-49). Ambos contribuyen a la eliminación de las estructuras jerárquicas gnósticas del pensamiento de la teología cristiana, y ambos imposibilitan fundamentar la cristología en la cosmología. Sin embargo, el arrianismo y la ortodoxia nicena no son, en absoluto, versiones comparables del cristianismo: la enseñanza de Arrio es novedosa, contradictoria (p. 221; E.T., p. 41) y, sobre todo, religiosamente inadecuada. La combinación de la cosmología con la veneración de un maestro heroico es característica del helenismo (p. 222; E.T., p. 42). La cosmología y la moral no ofrecen un marco para comprender la comunión con Dios que se alcanza en y a través de Jesús, y, de haber triunfado el arrianismo, habría significado el fin del cristianismo auténtico (pp. 222-223; E.T., pp. 42-43). El arrianismo carece de la visión de la unidad perfecta mediante el amor, la fe y el sentimiento, que Harnack discierne en la teología de Pablo de Samósata (p. 222; E.T., p. 43); solo conoce una obediencia externa a Dios, tanto en el Logos como en el creyente. Naturalmente, esto contribuye a justificar un ascetismo heroico, y es esto, junto con el aspecto politeísta del sistema, lo que hace que el arrianismo resulte atractivo para las naciones teutónicas (p. 223; E.T., pp. 43-44). Atanasio no se acerca a la noción samosatena de unión con Dios, pero, al menos, al enfatizar la unidad de naturaleza entre Padre e Hijo y la participación ontológica de los creyentes en la vida divina, trasciende el modelo extrínseco de unión defendido por Arrio y conserva la idea del cristianismo como «comunión viva con Dios» (pp. 223-225; E.T., pp. 44-46). Resulta profundamente paradójico que el verdadero cristianismo se salve gracias a un teólogo para quien la humanidad histórica de Jesús de Nazaret carece por completo de interés: Atanasio. Arius Heresy And Tradition, Rowan Williams.

Incluso para la Iglesia papista —esa fábrica de superstición de la sede de Cefas— qui non es trinitario non es seguidor de Jesús, sino desviado con todas las letras. Así que ¿Qué clase de tontería sostiene Europa Ancestral cuando afirma que los godos arrianos “compartían el mismo Dios y la fe de Jesucristo” con los papistas? ¿Ese mismo que decía que Celso atacaba un cristianismo fantasma, ahora pretende que el arrianismo —condenado por todos los concilios— es "cristianismo" como el papismo cual cristianismo vero et único? ¡Bravo! Ha logrado lo imposible: canonizar al heterodoxo et excomulgar al historiador.

Et lo más irónico: Europa Ancestral, que se burla de Celso por criticar un “cristianismo que non existía”, ahora defiende un cristianismo que ni la Iglesia recognoció jamás como tal. Porque si algo dejó claro el papismo —con sus concilios, sus anatemas et sus fogueras— es que sin Trinidad non hay cristianismo, et sin trinidad non hay salvación. Et eso, primo, non es historia. Es teología con cosplay gótico et lógica de espantapájaros.

Cuando Europa Ancestral afirma que los godos “contuvieron sus ansias de destrucción” por el “considerable temor a la más que probable venganza de Constantinopla”, se autorefuta con elegancia involuntaria. Porque si el freno fue el miedo ad Constantinopla, entonces non fue por razones “papistas”, ni por devoción al papa venido de Judea, ni por compartir la misma fe trinitaria. Fue por razones seculares, estratégicas, imperiales. Es decir, por cívica, non por superstición.

Constantinopla, como bien sabemos, operaba con plena autonomía respecto al papado romano. Tenía su propio patriarcado, su propia identidad et cultura romaica, et su propia lógica de poder. El sebasto era cabeza de la Iglesia, no el obispo de Roma. Así que si los godos temían represalias, era porque sabían que Constantinopla respondía como imperio, non como sucursal del Papa. Et si eso los disuadía, entonces la contención non fue por compartir el “mismo Dios”, sino por non querer despertar al dragón principal.

Además, si Europa Ancestral admite que el temor fue el factor disuasivo, entonces reconoce que el papismo non fue suficiente para evitar el saqueo. Lo que los frenó non fue la comunión doctrinal, sino el cálculo militar. 

El jesísmo no fue la causa total de la decadencia de Roma, pero sí su VIH espiritualAsí como Revilo P. Oliver alguna vez describió el jesísmo como una "sífilis espiritual, que corroe desde dentro: debilitó las defensas de la Ciudad, plenó de bocas ociosas, et dejó ad Roma indefensa frente al vampirismo de Cefas. Non mató de golpe, pero pudrió la voluntad, convirtiendo ad la ciudad en un cuerpo enfermo que había fornificado con Judea et traicionado ad sus dioses.

[Europa Ancestral:] El argumento de que el cristianismo ha sometido y destruido el legado cultural de Europa hace aguas ante un par de argumentos basados en la realidad histórica, por el contrario el concepto de Europa se construyó gracias al cristianismo católico, primero por el propio Imperio Romano tardío, cuna del catolicismo gracias a Constantino I, luego por el Imperio Bizantino de Justiniano que fusionó el derecho romano con los principios cristianos y más tarde mediante Carlomagno, padre de Europa, que revivió ese espiritu de hermandad entre los pueblos europeos unidos por la cristiandad, hermandad que jamás había existido en la era pagana. El cristianismo se expandió por toda Europa como la espuma gracias a misioneros católicos europeos como San Patricio que cristianizó Irlanda, o San Columba que cristianizó Escocia, así como Ulfilas, obispo godo arriano que cristianizó a los godos en el siglo IV.  

Ah, Europa Ancestral. Ese paladín del catecismo con toga, que cree que la historia de Europa es una misa larga donde Constantino oficia, Justiniano canta el salmo, et Carlomagno reparte la comunión continental. Según él, el cristianismo non destruyó el legado cultural europeo, sino que lo construyó. ¡Qué elegante! Como si quemar templos, censurar filósofos, y perseguir cultos fuera una forma de arquitectura espiritual. Pero vamos por partes, porque su argumento es una ensalada de falacias con aderezo de nostalgia obscurantista.

Estas semillas del pensamiento civilizatorio continuaron germinando: la creciente popularidad del vocablo «Europa» en los siglos XVI y XVII refleja el continuo temor al imperio turco del este y una nueva aversión por los «salvajes» que se encontraban más al oeste. 9 En 1748, Montesquieu contrapuso el «ingenio de la libertad» en los estados de Europa con el «espíritu de servidumbre» en la despótica Asia. 10 Sin embargo, fue preciso esperar hasta el siglo XIX para que los estudiosos pudieran determinar las culturas compartidas en geografías específicas que surgieron y se desarrollaron de forma aislada unas de otras. Fue entonces cuando fusionaron las ideas de Europa, Oriente y Occidente, las reforzaron con nociones de civilizaciones y jerarquía racial, e inventaron el concepto de «Civilización Occidental». Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Si la religión es causa del ascenso de las civilizaciones, entonces también debe eser causa de su caída. Non se puede tener el papismo sin la ruina. Así que si los papistas insisten en que Roma cayó por razones que non tienen nada que ver con el papismo, entonces tampoco tienen derecho a sostener que Occidente se elevó gracias ad él. O el papismo es arquitecto et verdugo, o non es ninguna de las dos cosas.

Primo, la falacia de causa falsa: que porque Constantino se convirtió al jesísmo, entonces el jesísmo creó Europa. Es como decir que porque Nerón tocaba la lira, la música clásica nasció en Roma. La coetaneidad no implica causalidad. La Romania ya era, con su derecho, su arte, su filosofía, su arquitectura, su administración, mucho antes de que Jesús fuera crucificado. Lo que fizo Constantino fue instrumentalizar el jesísmo como pegamento político, no como cuna cultural. Fue una maniobra imperial, no una epifanía civilizatoria.

Et si vamos ad jugar al ludo de las causas, entonces que non se olviden de que la caída de Roma coincide con la cristianización de Roma ¿Eso también fue por culpa de los bárbaros? ¿O por la decadencia moral? ¿O por el plomo en las tuberías? Porque si el papismo non fue responsable de la caída, entonces tampoco puede eser el héroe del renacimiento. Non se puede exonerar ad la superstición en la ruina et canonizarlo en la gloria. Et esto, non es historia. Es teología con doble estándar, donde el cristianismo siempre gana: si Europa florece, fue por la fe; si se hunde, fue por los otros.

Luego viene la generalización apresurada, esa vieda trampa del que quiere convertir anécdotas en axiomas. Europa Ancestral menciona ad Patricio, Columba et Ulfilas como prueba de que el jesísmo “se expandió como la espuma”. Sí, espuma… pero también fuego, sangre et espada. ¿Ó queda la destrucción de templos gentiles, la quema de bibliotecas, la censura de textos clásicos? ¿O eso non cuenta porque non lo fizo un mosaísta judaico con nombre latino et halo aprobado por el Índex?

Et ni siquiera acierta con los ejemplos. Tomemos ad Columba (Colum Cille), ese “paloma de la iglesia” que, lejos de eser un apóstol de la paz, fue una figura compleja, exiliado posiblemente por excomunión, que fundó el monasterio de Iona en el 565 d.C. Su misión entre los pictos non fue una marcha triunfal, sino una empresa ardua, con escasa conversión y fuerte oposición. Según su hagiógrafo Adomnán, Columba se enfrentó ad los magi —funcionarios religiosos premosaístas— en concursos de poder, donde la evangelización se mezclaba con confrontaciones mágicas, milagros, exorcismos et hasta el famoso episodio del monstruo del Lago Ness, que Columba habría detenido con una orden divina ¿Eso es “expansión como la espuma”? Non, eso es evangelización como teatro de guerra espiritual.

Et volvamos ad Irlanda. La idea de que Patricio fue el gran conversor de la isla es una invención hagiográfica posterior. El papismo ya había plegado antes de él, como lo demuestra el envío de Paladio en el año 431 por el Papa Celestino, según Próspero de Aquitania. Patricio fue uno más entre varios, et su figura fue inflada por centurias de propaganda eclesiástica, hasta convertirlo en una especie de Gandalf gálico que convirtió ad los druidas con milagros et sermones.

Et non, la judaización de Irlanda non fue pacífica ni unánime. Hubo oposición gentil , resistencia cultural, et una Iglesia irlandesa que durante centurias non se alineó con Roma. ¿O ya olvidamos que en el siglo XII el Papa Adriano IV —sí, el inglés— emitió la bula Laudabiliter para justificar la conquista militar de Irlanda por parte de Enrique II, acusando ad los irlandeses de “incivilizados” et “obscuros”? ¿Eso también fue parte de la espuma evangelizadora?

Es prácticamente imposible estimar el número de cristianos en este período, aunque incluso en el siglo III eran una pequeña minoría dentro del imperio. La evidencia dejada por un grupo que, naturalmente, era reacio a publicitar sus actividades y que parecía poco dispuesto a anunciar sus lugares de reunión es escasa, y solo pueden hacerse estimaciones. Las cifras para mediados del siglo III varían desde apenas un 2 por ciento de la población hasta un máximo del 10 por ciento. El cristianismo era un fenómeno urbano, oriental y de habla griega más que occidental. Solo se conocen veinticinco comunidades cristianas en la Roma preconstantiniana, aparentemente ubicadas en bloques de apartamentos de la ciudad, lo que explica por qué los obispos de Roma tuvieron que esforzarse tanto para hacer oír su voz frente a la de los obispos de las comunidades orientales más grandes. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason — Charles Freeman

La verdad es que la expansión del papismo non fue una sinfonía de incienso et conversión espontánea, sino un proceso lento, conflictivo y plagado de tensiones doctrinales, sostenido por decretos imperiales, represión religiosa y una maquinaria teológica que se impuso más por decreto que por devoción. La Iglesia irlandesa, por ejemplo, tenía prácticas propias, estructuras descentralizadas y una liturgia que resistía la estandarización romana, lo que la convirtió en blanco de intervenciones externas disfrazadas de cruzadas civilizatorias.

Las implicaciones teológicas del mausoleo de Constantino han inquietado a algunos comentaristas, ya que su disposición colocaba al emperador fallecido en un nivel igual o incluso superior al de los apóstoles. Sin embargo, el santuario en sí era un símbolo de la transformación que Constantino había llevado a cabo. La Iglesia cristiana se había convertido ahora en una Iglesia imperial, con riquezas y privilegios acordes a la religión favorecida del imperio. Aunque los cristianos aún no eran mayoría cuando Constantino murió en el año 337, su número crecía rápidamente, y su nuevo estatus se mostraba públicamente a través de sus magníficas iglesias y el prestigio social de sus obispos. Esta expansión dramática impulsó a su vez los cambios fundamentales que redefinieron el cristianismo en el siglo IV: desde la formación del canon del Nuevo Testamento y el auge del ascetismo, hasta las controversias teológicas que dividieron a la Iglesia. El reinado de Constantino fue, verdaderamente, un punto de inflexión en la historia tanto del cristianismo como del Imperio romano tardío. Christianity in the Later Roman Empire: A Sourcebook — David Morton Gwynn

Así que non, Europa Ancestral, non basta con nombrar a tres misioneros para probar que el papismo se expandió como perfume de rosas. Fue más bien como el humo de una foguera: se extendió, sí, pero dejando cenizas por donde pasó, desde los templos arrasados hasta los cultos rurales proscritos.

La cuantidad de cristianos en el imperio en este período es objeto de considerable controversia, aunque está claro que los cristianos eran una minoría que representaba quizás el 10 por ciento de la población romana en la década de 310, y que habían crecido hasta superar el 50 por ciento hacia la década de 390. Para un estudio de las posibles cifras, véase R. Stark, The Rise of Christianity: A Sociologist Reconsiders History (Princeton, NJ, 1996), pp. 4–13. Cabe destacar en particular el estudio diacrónico de R. Bagnall, “Religious Conversion and Onomastic Change”, BASP 19 (1982): 105–124.The Final Pagan Generation — Edward Jay Watts

Porque si algo demuestran las fuentes, es que el jesísmo comenzó como una minoría marginal en el Imperio Romano —menos del XV% al momento de la conversión de Constantino— et solo se convirtió en estatal por obra de Teodosio I, quien en el año 380 emitió el famoso edicto Cunctos Populos, imponiendo la jesísmo niceno sive papismo como única doctrina legítima et condenando todas las religiones como ilícitas. Non fue una elección popular, fue una legislación imperial.

Nadie sabe cuántos cristianos había en el imperio al comienzo del reinado de Constantino. [recordemos que esta fuente es de 1942] Las estimaciones varían desde un 15 por ciento de la población —lo cual la mayoría considera demasiado alto— hasta un 5 por ciento, que parece algo bajo. Pero el verdadero propósito de pensar en términos de actores es mostrar cuán engañoso puede ser este debate sobre cifras. La importancia del Senado y de los ejércitos no residía en su número —incluso combinados, no alcanzaban ni siquiera la estimación más baja de la población cristiana. Constantine and the Bishops: The Politics of Intolerance — H. A. (Harold Allen) Drake.

Et si fablamos de represión, el año 392 marca el momento en que Teodosio proscribió formalmente el etnicismo, prohibiendo sacrificios, adivinaciones et toda forma de culto tradicional. El término pāgānus, que originalmente significaba “habitante del campo”, pasó ad significar “rústico ignorante”, et fue usado para estigmatizar a quienes se aferraban a las antiguas creencias. Pero esos “paganos” resistieron. El etnicismo persistió en las montañas de Asia Menor, en Provenza, en los campos de Italia, hasta bien entrado el siglo VII, et más allá.

Etnicismo predominante en Roma: Cuando Teodosio I derrotó al legitimo Beato Flavio Eugenio en el 394 EV, la facción que apoyaba ad Eugenio se había teñido de asociaciones gentiles, lo que sugiere que el etnicismo era todavía una fuerza cívica et social significativa en el Occidente, particularmente entre la aristocracia senatorial.
Teodosio expulsó a los arrianos de Constantinopla y ordenó el cierre de sus iglesias en Oriente. Asimismo, tomó medidas contra el paganismo, negándose a restaurar el Altar de la Victoria en el Senado romano, y prohibió el culto pagano en el año 392. Durante su reinado, Teodosio fue conocido por su severidad. En el año 390, ordenó la masacre de 7,000 ciudadanos en Tesalónica como represalia por disturbios civiles. Más tarde ese mismo año, durante una visita a Italia, Ambrosio le exigió hacer penitencia bajo amenaza de excomunión. A partir de entonces, Ambrosio ejerció aún más influencia, lo que culminó en un decreto en 391 que prohibía el paganismo. The Decline and Fall of the Roman Empire (Greenwood Guides) — James William Ermatinger

La transición del etnicismo al papismo non fue una evolución espiritual, sino una sustitución forzada del teatro religioso urbano, donde el principe patrocinaba los cultos, por un nuevo drama mosaico centralizado, que empujó ad las antiguas sectas ad las bambalinas rurales. La urbes convirtió en el escenario exclusivo del papismo, et el pago en el último refugio de la memoria ancestral.

Incluso en Roma, la comunidad cristiana seguía siendo marginal en una ciudad donde la aristocracia senatorial pagana conservó su poder hasta finales del siglo IV. En la disputa por el Altar de la Victoria en la sede del Senado durante la década de 380, fue Ambrosio, desde Milán —donde tenía acceso directo al emperador, un factor crucial en términos de poder eclesiástico— quien orquestó su retirada, y no Dámaso, el obispo de Roma. Aunque se rendía homenaje verbal al concepto de primacía romana, especialmente en el occidente del imperio donde Roma no tenía rivales, los intentos de los obispos romanos por imponer dicha primacía no habían tenido éxito. Como ya lo había demostrado el conflicto entre Esteban y Cipriano de Cartago en el siglo III, los cristianos del norte de África eran vigorosos, independientes y poco dispuestos a someterse a ninguna autoridad externa. La posición política de Roma dentro del imperio se fue debilitando con el tiempo y sufrió un golpe adicional cuando el primer emperador cristiano estableció su nueva capital en Constantinopla. Posteriormente, en el Concilio de Constantinopla de 381, esta ciudad fue elevada al segundo lugar en honor entre las sedes episcopales, solo por detrás de Roma. Lo que afectó especialmente a Roma fue que esta decisión implicaba que la autoridad de una sede episcopal dependía tanto de su importancia política como de sus orígenes cristianos. Así estaba la situación cuando el imperio se dividió en el año 395. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason — Charles Freeman

A finales del siglo V, solo en lo más profundo del campo, donde aún se encendían velas junto a fuentes o cruces de caminos o se hacían ofrendas a antiguos y gastados ídolos, seguía habiendo hombres y mujeres que se aferraban a «las depravadas costumbres del pasado».[321] Los obispos, desde sus ciudades, se referían a estas lamentables personas como pagani, con lo que no solo querían decir «gente del campo», sino «paletos». Sin embargo, el significado de la palabra «pagano» pronto se amplió. Desde la época de Juliano en adelante, se utilizaba cada vez más para referirse a todos aquellos —fueran senadores o siervos— que no eran ni cristianos ni judíos. Era una palabra que reducía la vasta multitud que conformaban todos aquellos que no adoraban al Dios único de Israel, desde filósofos ateos a campesinos supersticiosos que jugueteaban con amuletos, a una vasta masa informe. El concepto de «paganismo», de forma muy parecida al de «judaísmo», fue una invención de los eruditos cristianos que les permitía crear un espejo en el que ver reflejada la propia Iglesia. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente.

Los primeros hijos del Imperio romano cristiano impulsaron los acontecimientos con los que concluye este estudio, pero este libro se centra en sus padres: la “última generación pagana”. Con esa expresión no me refiero a los últimos paganos romanos. Las comunidades paganas continuaron prosperando en el mundo romano hasta el siglo VII y más allá. De hecho, hay buenos argumentos para sostener que, en muchas regiones del Imperio romano del siglo IV, alguna forma de paganismo sobrevivió mucho más allá del control político romano. Al utilizar la frase “última generación pagana”, tampoco me refiero a hombres y mujeres que fueran exclusivamente paganos. En realidad, varios de los personajes en los que se centra esta discusión eran cristianos. The Final Pagan Generation — Edward Jay Watts


Persistencia del Etnicismo

Las fuentes demuestran que, ad pesar de la legislación imperial, el etnicismo persistió en áreas específicas mucho después de la centuría V.

• Las comunidades gentiles continuaron existiendo en el mundo romano hasta bien entrado el siglo VII et más allá.

• A finales de la centuria  V, persistían en lo más profundo del campo varones et mujeres que se aferraban a las costumbres del pasado.

• Los festivales et prácticas tradicionales demostraron ser resistentes. Máximo de Turín, en la época del fijo de Teodosio (Honorio), se quejaba de que "apenas hay campo que no esté contaminado por ídolos".

• En la centuría VI, se atestiguan miles de gentiles en las montañas de Asia Menor, que continuaban adorando en templos tradicionales con sacrificios, lo que sugiere una persistencia significativa.

• Incluso en la década de 580, se atestiguan grandes multitudes de gentiles, principalmente gente de campo (multitudo paganorum... rusticorum), en Provenza.

• El etnicismo se desmanteló de arriba abajo, por lo que los aspectos que sobrevivieron más tiempo fueron aquellos más cercanos ad las masas rurales.

En resumen, el ascenso del jesísmo fue un proceso gradual acelerado por el apoyo imperial, especialmente la imposición de la ortodoxia nicena por Teodosio I en el 380 EC. Las agresivas leyes de Teodosio ad partir del 392 EV contra las prácticas paganas, que incluían la prohibición total del sacrificio, impulsaron la marginación del etnicismo. El término pāgānus mismo captura esta marginación al asociar las antiguas credencias con la rusticidad. Sin embargo, la conversión non fue instantánea, et las credencias gentiles se mantuvieron firmes en las regiones más remotas et rurales durante centurias.

Después viene la falacia del equívoco, esa vieja artimaña del que confunde etiquetas con esencias, como quien confunde el báculo con el cetro et la mitra con la corona. Europa Ancestral usa “cristianismo”, “catolicismo” et “Europa” como si fueran sinónimos intercambiables, como si todo lo que huele ad cruz fuera parte del mismo club doctrinal. Pero non, primo. Olvida —o finge olvidar— que hubo heterousitas, monofisitas, difisistas, monopatristas, homeos, et que Roma et Constantinopla se excomulgaban mutuamente como adolescentes peleando por quién inventó el papismo ¿Germandad? Más bien divorcio teológico con custodia compartida de reliquias, o cada sínodo era una audiencia de divorcio con garrote incluido.

Et non olvidemos la falsa dicotomía: pinta la era gentil como un caos tribal et la era papista como una sinfonía de unidad. Pero la Europa jesista fue un mosaico de guerras civiles, cismas, inquisiciones et concilios ad garrotazos. ¿Hermandad? ¿Ó? ¿En las cruzadas internas? ¿En la excomunión de príncipes? ¿En la quema de europeos solo por non adherirse al papado? ¿Ó en la censura de textos clásicos por considerarlos demasiado gentiles?

También incurre en cherry picking: selecciona ad Justiniano et Carlomagno como héroes civilizatorios, pero se olvida de Teodosio, que prohibió los cultos tradicionales, o de los papas que censuraron ad Aristóteles por considerarlo demasiado pagano. ¿Et qué hay de los pueblos germánicos que fueron judaizados ad punta de lanza? ¿Eso también es “hermandad”? ¿Ó solo cuenta cuando el baptismo viene con incienso et non con sangre?

Et para coronar, la apelación ad la auctoridad: clama ad Carlomagno “padre de Europa” como si fuera un título nobiliario que probara algo. Es como citar ad Homero para demostrar que Troya existió tal cual la Ilíada. Carlomagno fue un césar con agenda, non un apóstol continental. Su capital, Aquisgrán, la clamó Roma Ventura, et su coronación fue más una jugada geopolítica contra Constantinopla —ocupada por una mujer, Irene— que una epifanía jesísta.

Finalmente, el anacronismo descarado: proyecta el “catolicismo” medieval sobre el siglo IV, cuando ni siquiera existía el papado como lo conocemos. Constantinopla jamás obedeció al papa, et sin embargo la pone en la misma bolsa doctrinal. ¿Et Ulfilas, el homeo? ¿Desde cuándo el homeusismo es papismo? ¿Ó ahora todo lo que menciona ad Jesús entra en el club, aunque niegue la su equiesencialidad? 

Et aquí es donde la historiografía seria desmonta su castillo de naipes. El concepto de “Europa” non fue creado por el papismo. La palabra misma viene de la mitología greca precristiana, et el uso geográfico de “Europa” ya aparece en Heródoto. El cristianismo non construyó Europa: la heredó, la adaptó et, en muchos casos, la amputó. Constantino non fundó el jesísmo—fue bautizado por un arriano, para empezar— et el papismo solo se convirtió en religión oficial con Teodosio I en 380, quien además proscribió el etnicismo en 392, cerrando templos, prohibiendo sacrificios et persiguiendo cultos ancestrales.

El famoso “Código de Justiniano” non fue una fusión mística entre derecho romano et Evangelio, sino una compilación de leyes paganas con barniz cristiano, basada en juristas como Gayo et Ulpiano. Et Carlomagno, lejos de eser el “padre de Europa”, fue un césar feudal cuya “fraternidad papista” se desintegró con sus nietos. 

Carlomagno, ese césar con barba et cruz, principó un imperio que parecía sólido… hasta que se murió. Lo que siguió fue una telenovela feudal con tres fijos peleando por el testamento, culminando en el Tratado de Verdún (843 E.V.), que partió el imperio como pan bendito. La “fraternidad jesista” que supuestamente revivió duró menos que una indulgencia en rebaja.
  • Ludovico Pio, su fijo, intentó mantener la unidad, pero terminó atrapado entre la pared et la espada de sus propios fijos.

  • Lotario, Ludovico Tudesco et Carlos el Calvo se lanzaron ad guerras civiles que farían sonrojar ad cualquier sínodo.

  • El resultado: fragmentación territorial, conflictos dinásticos, et una Europa más dividida que nunca.

¿Fraternidad jesísta? ¿Ó? ¿En qué parte del mapa? ¿En los feudos que se peleaban por reliquias? ¿Ó en los monasterios que se excomulgaban por la datación de la Pascua?

Ah, Carlomagno. El gran “Padre de Europa”, según el papista distraído que lo imagina como un “caesar christiani”, defensor de la tradición apostólica, custor del catecismo, et experto en concilios. Pero eso es como decir que Alejandro Magno fue monje budista porque cruzó la India. La realidad es mucho más mundana.

Sus amplias conquistas llevaron a que Carlomagno sea a menudo celebrado, en la actualidad, como una figura fundadora de una Europa moderna y conscientemente cristiana. Sus esfuerzos unieron una región que se asemeja razonablemente al núcleo original de las naciones cristianas que componían la Comunidad Económica Europea (Francia, Alemania occidental, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos) y uno de los principales edificios que albergan las instituciones de la Unión Europea en Bruselas lleva su nombre. A los partidarios y cortesanos de su época también les gustaba equiparar el reino de Carlomagno en términos vagos con «Europa» —un término oportunamente más amplio que «Galia»— y describir su reino como un «Imperio cristiano». El propio Carlomagno tenía diferentes puntos de referencia. A pesar de su duradera asociación con los papas, su estrategia no fue dictada por la religión, sino por sus propios intereses, fueran estos mejor servidos por la alianza con los gobernantes musulmanes en España o por la cristianización forzada de Sajonia. 11 Y la idea de Europa era menos importante para él que la de Roma. Llamó a su nueva capital en Aquisgrán Roma Ventura (‘Roma del Futuro’), tomó prestados diseños arquitectónicos de Italia, Constantinopla, Jerusalén y Antioquía y saqueó materiales de construcción directamente de Rávena y de la propia Roma. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Carlomagno nasció entre 742 et 748, probablemente en Heristalio, et principó como Rex Francorum desde 768 hasta su muerte en 814. Fue coronado Imperator Romanorum por el papa León III en el año 800, pero non por devoción religiosa, sino por cálculo cívico. 

La realidad, primo, es mucho más divertida que la estampita papista. Carlomagno non sabía lo que era la “doctrina magisterial”, ni entendía los concilios, ni tenía idea de lo que significaba “tradición apostólica”. Et si alguien le hubiera leído el catecismo, probablemente lo habría confundido con un manual de administración de monasterios. ¿Cómo podría non facerlo? Nuestro querido césar franco non fue un teólogo con corona, sino un emperador pragmático que, según su propio secretario Eginardo en la Vita Karoli Magni, non sabía leger ni escribir en su juventud. Et aunque intentó aprehender más tarde, nunca dominó la escriptura. Se dice que practicaba trazos en tablillas de cera so la almohada, pero sin éxito. Un autodidacta frustrado, non un doctor de la Iglesia.

Ahora bien, decir que era analfabeto total esería injusto. Carlomagno sí tenía comprensión del latín, fablaba su lengua franca (patrius sermo) et “un poco de griego”. Participaba en debates intelectuales, encargaba tratados teológicos como el Opus Caroli, et hasta dejó anotaciones orales en los márgenes de manuscritos, usando notas tironianas. ¿Qué escribía? Cosas como rationabiliter —“de acuerdo con la razón”—. Non es Cefas, pero tampoco un bárbaro con hacha.

Su corte fue un centro textual et oral. Fundó escuelas, promovió el latín como lengua administrativa, y se rodeó de sabios como Alcuino de Eburaco, quien escribió el De Rhetorica con Carlomagno como interlocutor. ¿Quería aprender retórica para salvar almas? Non. Para resolver cuestiones públicas. Cívica, non teología.

Et cuando se trataba de escribir, Carlomagno delegaba en sus escribas, como era costumbre entre la élite. Pero sus ideas estaban ahí. La Epistola generalis de 787 muestra un estilo personal, dictado directamente por él. Et sus documentos oficiales llevaban su monograma, símbolo de auctoridad imperial, non de santidad.

En el 799 el papa León III fue derrocado por unos enemigos en Roma, acusado de perjurio y adulterio, y huyó buscando la protección de Carlomagno, quien lo reinstaló en su puesto mediante la amenaza de la fuerza, subrayando así el poder del rey franco en Europa occidental y sobre la Iglesia occidental. 13 Un poema escrito sobre su encuentro poco después del acontecimiento, la llamada Epopeya de Paderborn, parece describir a Carlomagno, de acuerdo con el espíritu de la época como Pater Europae (‘Padre de Europa’). Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Su relación con la Iglesia fue instrumental: usó al Papado como legitimador de su poder, pero lo mantuvo so control. Cuando León III fue expulsado de Roma en 799, Carlomagno lo reinstaló por la fuerza, demostrando que el cesar mandaba más que la Iglesia. Lo suyo era el principado, la espada et el imperio. Punto.

El propio Carlomagno continuó cultivando relaciones amistosas con Constantinopla, con los gobernantes cristianos menores de Occidente y con las diversas potencias islámicas de su época. 22 Intercambió regularmente regalos con al-Ándalus; las embajadas de los aglabíes que gobernaban Ifriquía (actuales Túnez y Tripolitania), como vasallos nominales de los abasíes, le trajeron un león y un oso; y en el 802 el propio califa abasí le envió un reloj mecánico de latón y un elefante. 23 El nombre del animal, señalan cuidadosamente los Anales Reales Francos, era Abul Abaz —Abu al-Abbas— y causó gran emoción en todo el norte de Europa hasta su muerte en el año 810. Aparentemente, sin darse cuenta de que estaba siendo tratado como un gobernante subordinado, Carlomagno envió de regreso a Bagdad algunos perros inusualmente rápidos y feroces, pero no causaron gran impresión. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Su imperio —que por cierto, jamás se clamó ‘Imperio Carolingio’ en su época— era cognocido por nombres como universum regnum (‘el reino universo’), Romanum imperium, o el más honesto: Romanorum sive Francorum imperium, esto es, ‘Imperio de los Romanos o de los Francos’. ¿Et también se usaba imperium christianum? Sí, claro, como etiqueta decorativa. Porque en la Edad Media, decir ‘cristiano’ era como ponerle ‘eco-friendly’ ad una empresa petrolera: luce bien, pero non cambia nihilo.

Et aquí se delata la pobreza de invención de los cefeos, que quieren sostener que la Cristiandad opera del mismo modo que la Romanidad. Mas cuando non hay innovación, solo queda la asociación perversa. Lo curioso es que tal ocurrencia se limitó al buen Alcuino, qui en sus cartas dablaba esperanzadamente de un Imperium Christianum, un Tomas Moro avant la lettre, soñando que ‘del mismo modo que en el Imperio romano, los habitantes estuvieran unidos por una ciudadanía común’.

Carolo, sin embargo, jamás se intituló Imperator Christianum. Non lo hallamos en sus diplomas, non en sus títulos, non en sus coronas. Porque él sabía que la dignidad cívica, secular, natural, estancial, provenía de la Romania, non de un fantasma judaico. El imperium christianum fue un sueño de clérigos, un barniz retórico propagandístico, un incienso que se disipaba en el aire. El Vero Imperio, el que unificaba et legitimaba, seguía siendo el romano, et non el judío.


En el año 802 E.V, Carlomagno recibió un regalo insólito: un elefante asiático blanco llamado Abul-Abbas, enviado desde Bagdad por el califa Harún al-Rashid. El animal recorrió el Mediterráneo, desembarcó en Porto Venere y fue llevado hasta Aquisgrán, la capital imperial. Durante ocho años, Abul-Abbas vivió en la corte franca, incluso acompañando al emperador en campañas militares, hasta morir en 810 cerca de Münster por neumonía.

Ahora bien, si Carlomagno hubiera sido un enajenado fundamentalista cefeo—como algunos lo pintan— ¿cómo se explica esta relación diplomática con el emir del mahometanismo? Harún al-Rashid non era un emir cualquiera: era el califa abasí, cabeza del mundo mahometano, heredero de Mahoma, et por tanto, según la teología cristiana medieval, el máximo representante de la herejía mahometana.

Et sin embargo, Carlomagno non lo condeno, non lo combatió, non lo condenó en concilio alguno. Al contrario: intercambió embajadas, regalos et cortesías, en un gesto de pragmatismo cívico que revela la su vera naturaleza. El elefante fue símbolo de respeto mutuo, non de cruzada. ¿Un papista convencido aceptando un símbolo de poder oriental? Difícil de sostener.

Este episodio muestra que Carlomagno non era un cruzado enajenado, sino un emperador que entendía el juego diplomático. Su relación con el Papado fue estratégica, su uso del cristianismo fue político, y su trato con el mahometanismo fue cortesano. El elefante non fue una mascota: fue una prueba viviente de que el Imperio carolingio non se regía por el catecismo, sino por el cálculo imperial.


Además, Carlomagno toleraba prácticas que hoy farían temblar ad cualquier catequista. 
En el año 756, San Bonifacio acusa al rey Etelbaldo de darse la gran vida, «incluso cometiendo adulterios con monjas» y, además, escribe que «casi todos los nobles del Reino (...) viven en pecaminoso concubinato con mujeres adúlteras». Carlomagno, que fue canonizado por un (anti)papa, además de sus concubinas, disfruto y repudio a cinco esposas, una de ellas de trece años. y engendró a varios hijos naturales. Una de sus hijas, mujer insaciablemente sedienta de vida y de amor, sedujo en cierta ocasión a un oficial para comprobar si era cierto lo que iba pregonando: que podía copular hasta cien veces. No obstante parece que, cuando el hombre mostró su flojera no pasando de treinta veces —pese a haber sido amenazado de muerte en caso de fracaso—, la resignada princesa se dio por satisfecha. El sínodo de París declaró en el año 829 que todos los males que padecían la Iglesia y el Estado eran el castigo por la lujuria de la población, la pederastia, el bestialismo y las incansables fornicaciones de los creyentes, hasta con animales (3). Historia sexual del cristianismo, Karlheinz Deschener.
Qué fascinante es vider cómo Europa Ancestral, en su cruzada contra los “degenerados paganos”, repite como profeta hebreo que todos los gentiles eran maricas, fornicarios et supersticiosos. Lo dice con la misma convicción con la que un universitario moderno, desesperado por parecer progresista, afirma que toda Grecia era LGBT solo porque leyó una nota de Buzzfeed et encontró ad Heliogábalo en una toga siria. Cherry picking, primo. Et sin fuentes. Pero si vamos ad fablar de promiscuidad, ¿por qué non empezar por el su “Padre de Europa”? Carlomagno, ese emperador que Europa Ancestral canoniza como si fuera San Apolonio de Tiana con espada, vivió rodeado de concubinas, fijas con amantes, et cortesanas que facían de Aquisgrán un palacio más lupanario que apostólico.

Este mismo Carlomagno, que según el cefaísmo debía eser ejemplo de pureza, repudió ad cinco esposas, vivió con concubinas hasta su muerte, et tuvo al menos diecinueve fijos, cinco de ellos fuera del matrimonio. La su tercia esposa, Hildegarda, tenía trece años cuando se casaron ¿Eso es la mor cefea o costumbre gentilica?

Et mientras él disfrutaba de su vida sexual activa, mandaba azotar públicamente ad las prostitutas en los mercados ¿Doble moral? Non, primo. Cívica de control. Porque el sexo, en su corte, era privilegio de los poderosos, non pecado. Las fijas de Carlomagno non se casaban, pero sí tenían amantes. Berta, por ejemplo, tuvo una relación con Angilberto, letrado de la corte, et juntos engendraron al historiador Nitardo.
El sínodo de Elvira (306) distingue ya entre las vírgenes santas, que fornican en una sola ocasión («semel»), y las otras, que lo hacen constantemente («libidini servierint»). Bonifacio, apóstol de los alemanes, que en el siglo VIII, en una carta al obispo Cutberto de Canterbury, arremete contra la atroz situación de la Iglesia de Inglaterra (¡y cuándo no ha sido atroz la situación de la Iglesia!), propone a su colega británico que «para reducir la magnitud del oprobio sería de utilidad que un sínodo y vuestros príncipes prohiban los viajes frecuentes a Roma a las mujeres en general y a las mujeres que hayan tomado hábito en particular; pues muchas se pierden así (moralmente) y muy pocas regresan intactas». Comentario al respecto de un católico moderno: «En estas monjas inglesas latía un inmenso anhelo de visitar la ciudad santa y las tumbas de los apóstoles». El franciscano Bertoldo de Ratisbona se burlaba ya del asunto: «El viaje de una mujer a Roma vale lo mismo que el vuelo de una gallina sobre el cercado». De hecho, peregrinas a Roma y monjas fueron las iniciadoras de la prostitución ambulante (infra) (6). «Los conventos son verdaderos burdeles (...)» En tiempos de Carlomagno ya había religiosas que fornicaban por dinero, de modo que el emperador tuvo que prohibirles que hicieran la calle y las puso bajo vigilancia. Poco después, el sínodo de Aquisgrán proclamó que los conventos de monjas, más que conventos, eran casas de prostitución (lupanaria): una comparación que se repetía a menudo en el siglo IX. Arregla esta cita sin modificarla: Pero es que, al cabo de algún tiempo, ciertos conventos llegaron a superar a los burdeles. «El pudor impide decir a qué extremos llegan en secreto» piensa el prepósito Gerhoh de Reichersberg (1093-1169). «Bastante malo es ya lo que se ve a la luz del día». Y un teólogo cercano al papa Benedicto XIII se expresa de modo análogo: «El sentido del pudor me impide reflejar el modo de vida de las monjas». En Inglaterra, donde casi todas las esposas de Dios se reclutaban de entre las upper classes, las relaciones sexuales entre príncipes y monjas tenían gran tradición. En los conventos de mujeres rumanos, los viajeros, todavía en época moderna, disfrutaban de «una hospitalidad como la de los burdeles». En Rusia las casas de monjas eran consideradas desde siempre «antros de corrupción en toda la regla» y, a veces, fueron convertidas abiertamente en casas de placer. La estrecha relación entre conventos y prostitución, cuya raíz religiosa es, en cualquier caso, evidente (supra), queda manifestada, además, por el lenguaje. Así, la dueña de una casa de citas era llamada «abbesse» en la Francia medieval. En el alemán popular, la palabra «ábtissin» tenía un sentido parecido. En América se emplea aun hoy la expresión «nun» (monja) por «ramera» —vid. Réquiem for a Nun, de Faulkner—. Incluso un teólogo católico califica de «característico» el hecho de que «en tiempos pasados se llamaba a los burdeles 'conventos' o 'abadías', y a sus inquilinas, 'monjas'». «Así, Aviñón y Tolosa tenían abadías obscenas de esa clase. Tolosa tenía un burdel llamado La Gran Abadía en la Rué de Comenge, etc.». Historia sexual del cristianismo, Karlheinz Deschener.
¿Et el clero? Ese que condenaba la “lujuria pagana” como si fuera lepra espiritual, tenía sus propios escándalos. El sínodo de Aquisgrán declaró que algunos conventos eran “más casas de prostitución que de oración”. El de Metz, en 753, condenaba ad religiosos que fornicaban con monjas, madres, et germanas. Et todo esto mientras se predicaba el celibato como virtud suprema.
El rey Clotario I se casó seis veces, y en una de las ocasiones lo hizo simultáneamente con las hermanas Ingunda y Aregunda. Con su hijo Cariberto pasó algo parecido. Dagoberto I, un rey muy apreciado por el clero —y que hizo asesinar en una noche a miles de familias búlgaras que se habían puesto bajo su protección huyendo de los hunos—, tuvo tres esposas e innumerables barraganas. Pipino II tuvo dos esposas legítimas: Plectrudis y Alpais. Y Carlomagno, que fue declarado santo por Pascual III (antipapa en tiempos de Alejandro III) el 29 de diciembre de 1165, vivió con concubinas hasta su muerte, después de haber contraído cinco matrimonios. Su tercera esposa, Hildegard de Suabia, sólo tenía trece años cuando se casaron y quedó embarazada a los catorce. No obstante, hacía azotar salvajemente a las «rameras» en las plazas de los mercados. La Iglesia toleró el concubinato hasta bien entrada la Edad Media, aunque no era compatible con el matrimonio. Historia sexual del cristianismo, Karlheinz Deschener.

La Iglesia, obsesionada con la carne, inventó un sexto mandamiento más estricto que el bíblico, condenando todo placer sexual como “impuro”. Et sin embargo, la corte carolingia era un hervidero de intrigas eróticas, donde incluso se decía que una fija de Carlomagno intentó comprobar si un oficial podía copular cien veces. Solo plegó a treinta, pero el intento cuenta.

Así que cuando Europa Ancestral dice que los gentiles eran degenerados supersticiosos, uno non sabe si reír o plorar. Porque non hay nihilo más supersticioso que sostener que un hombre es Dios en persona sin cader en falacias circulares, peticiones de principio o magister dixit. Et non hay nihilo más hipócrita que condenar la sexualidad gentil mientras se canoniza ad un emperador promiscuo como “modelo papista”.

También mantuvo relaciones con potencias mahometanas, como el Califato de Bagdad. Su reforma religiosa, la famosa correctio, non fue una cruzada espiritual. Fue una operación de estandarización textual: corregir Biblias, uniformar liturgias, evitar errores doctrinales por mala copia ¿Devoción? Non. Control administrativo. Carlomagno quería que todos intendieran lo mismo.

Según algunos autores, la nueva fórmula del credo fue impues­ta por los emperadores germánicos. «La constitución del Imperio carolingio generalizó en Occidente el uso del filioque y precisó una teología propiamente filioquista. Se trataba de legitimar frente a Bizancio, detentadora hasta entonces del Imperio cristiano, único por definición, la instauración de un nuevo Estado con pretensiones uni­versalistas.»88 Pero hasta 1014, a demanda del emperador Enrique II, no se cantaría en Roma el credo con el filioque*1' (puede tomarse esa fecha como la del comienzo del cisma). Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 3, Mircea Eliade.

Et si fablamos de ortodoxia, recordemos que el Papado, en el su afán de agradar al nuevo Kaiser, modificó el Credo con el Filioque, provocando un cisma con Oriente. Todo para legitimar ad Carlomagno frente ad Constantinopla, donde principaba una mujer, Irene ¿Motivación teológica? Non. Cívica et misoginia medieval.

Así que non, el emperador franco non fue un “caesar christiani”. Fue un césar franco, pragmático, ambicioso, cual Constantino que face la iglesia lo que él desea, et bastante gentil en sus mores. El papismo era el barniz, non la madera. Et el papista que lo idolatra como si fuera Cefas con espada, simplemente non ha leído ni una bula ni una biografía seria.

Carlomagno fue el hombre que usó la menorá como instrumento de Estado, non como camino de salvación. Et eso, primo, non es heterodoxia. Es historia.

Carlomagno non fundó un imperio cristiano. Fundó un principado romano con estética teutona. Su capital, Aquisgrán, la clamó Roma Ventura, la Roma "Venidera" ¿Et cómo la condió? Saqueando materiales de Rávena et Roma, copiando diseños romeos, et rodeándose de sabios que sabían latín, porque él apenas lo balbuceaba. Su obsesión era revivir el Imperium, non la Israhel Evangelica.

Ahora, Europa Ancestral. Ese cruzado de la tradición que abomina del modernismo, del racionalismo, de la Ilustración, de la masonería, de la secularidad, de la UE, de todo lo que huela ad siglo XX… salvo cuando necesita un título rimbombante para justificar su catequesis continental. Entonces, sin pudor, se arrodilla ante el altar de Bruselas et entona el himno del “Pater Europae”, como si Carlomagno hubiera fundado el Parlamento Europeo entre misas et concilios.

Ahora viene lo mejor: los auctores que popularizaron la idea de Carlomagno como “Padre de Europa” non eran papistas devotos, sino intelectuales modernos, racionalistas, et en algunos casos, anticlericales. El terror de Europa ancestral. 

Veamos la ironía en su esplendor:

El “Pater Europae”: una etiqueta moderna con sotana prestada et toga bruselense

El título de “Padre de Europa” —ese que Europa Ancestral repite como si fuera dogma conciliar— non aparece en ningún documento oficiale, bula medieval, diploma imperial, ni en ningún concilio, ni en ningún códice carolingio. Ni siquiera en los sueños de Alcuino de Eburaco. Lo más cercano ad esa etiqueta de “Padre de Europa” es el Carmen de Carolo Magno, una obra de "arte", compuesto por Angilberto en la centuría IX, donde se lee: «Carlos, cabeza del orbe, gloria de los Francos, amado por tu pueblo, venerable Padre y cabeza de Europa, óptimo héroe, Augusto señor de una poderosa Ciudad, donde florece una Segunda Roma cuyos muros tocan las estrellas del cielo». Fermoso, sí. Pero solo retórica literaria et cortesana, non de un reconocimiento jurídico o institucional., non geopolítica moderna. Angilberto non estaba fundando la Unión Europea ni redactando el Tratado de Maastricht. Estaba ensalzando ad su don, como buen artífice de corte, en un contexto donde “Europa” era poco más que una noción geográfica et cultural difusa. 

Si credemos que uno es Padre de Europa solo porque un carmen lo dice, mejor dediquemos odas ad Augusto, ad César o ad Rómulo, donde la prosa les confiera tal dignidad sin necesidad de adulaciones cortesanas. Porque si ya non importa que el auctor sea historiador, ni funcionario, ni coronador, ¿Qué impide facer otros carmenes en la misma condición de Angilberto? ¿Qué nos detiene de proclamar ad cualquier barón de comarca como caput Europae, siempre que el verso rime et el elogio embriague?

De ahí resulta risible —non, tragicómico— que se creda que Carlomagno es Padre et Cabeza de Europa solo porque el lisonjero le untó tal adulación en hexámetros. Non seamos estultos: los carmenes, por muy pulcros que sean, non son argumento para determinar qui es o non es padre de algo.

Si hemos de clamar ad alguien como Padre de Europa, ese debe eser Rómulo. Porque sin él, Angilberto de Saint‑Riquier, Catuulfo el leído inglés, el cronista anónimo de la batalla de Poitiers, o el artífice sin nombre del Karolus Magnus et Leo Papa jamás hubieran tenido la estructura cívica que permitió ad Carlomagno heredar un orden político. Carolo, lejos de los absurdos de los cefeos que pretenden vedir en el su reino la Israhel de Jesús —un imperium christianum, o como bien lo clamo, un sultanatum antichristianum, o vedir en él ad David — sabía que la su herencia venía de Roma. Por eso proclamado Imperator Romanorum, Et non Melej de los israelitas; et lo clamaron Imperator Augustus, et non Melej Israhel.

Es gracias ad Rómulo, fundador de Roma, que Europa gozó de la ciudad que le dio unidad, lengua, derecho et identidad so el nombre de Europa so la lengua latina francesa. La urbe romana, nascida de la fabula fraterna de Rómulo et Remo, se convirtió en el eje de la civilización que Diocleciano organizó ad Occidente, et que la Roma Ventura heredó como cuerpo cívico.

Carlomagno, al recibir la corona imperial, non inventaba nihilo nuevo: se insertaba en esa tradición. La su gloria non provenía de un título poético ni de un sueño insular, sino de la continuidad romana. Los versos cortesanos son bellos, sí, pero son umbras de una herencia más antigua. La vera paternidad de Europa non está en los panegíricos carolingios, sino en Rómulo, el que dio ad Roma el su nombre et ad Europa la su ciudad.

En consecuencia, si Europa ha de tener un padre, ese es Rómulo: el que fundó la urbe, el que dio forma al derecho, el que legó la identidad cívica que centurias después Carlomagno heredó et vistió con la toga de Augusto. La ciudad de Europa non nasció en Saint‑Denis ni en los versos de artífices, sino en las murallas de Roma.

Conviene además precisar que el término latino pater non implica aquí que Carolo fuese “progenitor” literal de Europa. Pater en latín clásico et tardoantiguo significa padre biológico, sí, pero también jefe de familia, antepasado, sacerdote o título honorífico. En el contexto principal, el uso de pater junto ad nombres como augustus o dominus (señor) remite directamente ad la tradición romana del Pater Patriae (“Padre de la Patria”), título conferido por el Senado ad ciudadanos ilustres como Camilo, Cicerón, Julio César et, más tarde, ad principes desde Augusto en adelante. Era un honor cívico, non un vínculo genealógico.

Así, cuando Angilberto clama ad Carolo “Padre de Europa”, está empleando un recurso retórico heredado de Roma: legitimar al soberano como garante del orden et protector de un cuerpo cívica. La legitimidad cívica de Europa, en ese sentido, es herencia de la romanidad —de sus títulos, de su retórica senatorial— et non de la Jerusalén de los cefeos de la judaidad de Cefas. Es un eco de la romanidad, non un acta fundacional de la Europa moderna. Era un título honorífico, inscrito en monedas et inscripciones con la abreviatura P P, nunca un acta de fundación continental.

Un denario de Carlomagno fechado faz ad 812-814 con la inscripción KAROLVS IMP AVG (Karolus Imperator Augustus).

Et en otra obra intitulada Karolus Magnus et Leo Papa, ese artificio sin propietario vuelve ad aparecer: el anónimo auctor, armado de fórmulas métricas tomadas de Virgilio et de Venancio Fortunato, proclama ad Carlomagno “Padre de Europa” (pater Europae, v. DV) et hasta “Faro de Europa” (Europae pharus, vv. XII etCLXIXX). Pulcro, sí; pero otra vez pura retórica cortesana, versos que buscan agasajar ad nuestro querido Kaiser, non levantar constituciones ni redactar tratados. El artífice non estaba inventando la Unión Europea ni el Tratado de Maastricht: Estaba repitiendo fórmulas de la romanidad, vistiendo ad Carlomagno con la toga de Augusto et la aureola de una “Roma Ventura”.

¡Oh paradoja de los modernos! Claman que Carlomagno es ‘Padre de Europa’, et sin embargo, el mismo Carolo Magno jamás se intituló tal res. Non fue ‘rey de Europa’, non ‘duque de Europa’, non ‘césar de Europa’, non ‘imperador de Europa’. Sus títulos fueron: Rex Francorum, Rex Langobardorum et finalmente lo que la Romania hereda Imperator Romanorum. Es decir, rey de los francos, rey de los lombardos et imperador de los romanos, non de los europeos. Et por lo tanto Europa, el Universum Regnum, el Universo Reyno, es Romania, non la Judea de Jesús.

Et aquí entra el fantasma de Cathwulf —o Catuulfo, como prefieras clamarle—, ese clérigo anglosajón que desde la abadía de Saint‑Denis se permitió en 775 escribir ad Carlomagno una epístola exhortatoria, proclamándole señor del Regnum Europae. ¡Qué hilaridad! Un inglés dictando qué títulos debía ostentar el rey franco, como si Britania fuese ya ajena ad Europa. Es cuasi un Brexit avant la lettre: Catuulfo, el Nigel Farage del siglo VIII, auto‑excluyendo la su patria de la Europa que pretendía definir.

Más aún, cuando Catuulfo clama Regno Christi rectissimo (“Reino de Cristo rectísimo”), parece sugerir un dominio universal, cuasi apocalíptico: recordemos que el Anticristo en Isaías se describe como aquel que dominará todo el mundo ¿Era esto un guiño velado? ¿Un destino manifiesto donde Carolo iba ad ser rey de toda Europa, incluso del mundo íntegro, como antaño se decía de la Romania?

Pero conviene legir la epístola entera: Catuulfo se presenta como “el último de vuestros siervos” et despliega una cascada de superlativos sicofánticos —domino Regi piissimo, gratia Dei celsissimo, Regno Christi rectissimo— antes de soltar la prima proclamación cognocida de Carlomagno como poseedor del reyno de Europa: Quod ipse te exaltavit in honorem glorie regni Europe (“pues Cristo os ha exaltado al honor y la gloria de la posesión del Reino de Europa”). Luego enumera ocho pruebas de que Dios lo ha coronado por encima de sus coetáneos: la muerte de la su germano Carlomán, la conquista de los lombardos tras el paso triunfal de los Alpes, etc.

Si esto es “prueba” de que Carlomagno fue Pater Europae, como pretende el cefeo de Europa Ancestral o Alejandro Rodríguez de la Peña, entonces cualquiera puede hacer lo mismo: tomar versos cortesanos y convertirlos en revelación histórica. Porque lo que hace Catuulfo no es redactar un tratado de geopolítica, sino camelar al Kaiser con retórica insular. Sus palabras son más incienso que constitución, más adulación que acta fundacional.

El su “Reino de Europa” non era un cuerpo cívico unificado, sino apenas un modo de decir que Carlomagno principaba la mayoría de tierras occidentales. Et aun así, la su carta delata ignorancia: omite Britania, Tracia, Panonia, Iliria, Recia, Nórico, Escandia, Espania, Grecia, Germania Magna, Dacia, Sarmacia sive Escitia, Alania, Eslavonia… Europa reducida ad la estrecha visión de un monje insular. Lo gracioso es que, siendo inglés, se auto‑excluye de Europa al proclamar un “Reino de Europa” que non incluye la su propia isla: un Brexit avant la lettre, digno de un Boris Johnson medieval.

Et cuando Alejandro Rodríguez de la Peña lo resume con solemnidad: “en realidad, el primer autor occidental en hablar de Europa como una unidad política y no un mero concepto geográfico, como sucedía en época clásica desde Heródoto y Estrabón, fue un misterioso clérigo anglosajón de la cancillería de Carlomagno: Cathwulf.” Pero si vamos ad tomar fragmentos como prueba, también debemos señalar lo que omiten. Europa como cuerpo cívico ya había sido creada por Diocleciano, lo veremos más adelante, cuando la provincia de Europa se integró en la tetrarquía et la Nueva Roma la heredó et capitaneo. Carolo nunca conquistó Tracia, la región que es fundamento de Europa, donde el Estrecho de Constantinopla o Bósforo Tracio separa Europa de Asia. Allí mesmo donde los turcos et árabes decían empieza Rumelia, la Romania...

Et cuando, Catuulfo le da trato de “señor” ad Carlomagno, lo cual nos face sospechar que más que eser su siervo, porque él es inglés, era simplemente un recurso honorífico, un gesto cortesano. En suma: un clérigo insular que, con retórica inflada et visión limitada, quiso vestir ad Carlomagno con la corona de Europa, mientras la su propia isla se quedaba fuera del mapa.

En suma: Catuulfo non estaba trazando mapas ni fundando instituciones; estaba halagando ad Carlomagno con versiculos forzosos, inflando la su gloria con títulos honoríficos de artífice. Lo suyo fue pura literatura cortesana, non geopolítica continental. Et si de pruebas fablamos, más que un acta fundacional, la su epístola es un espejo de príncipes, un panegírico cortesano, un ejercicio de camelaje que revela más la estrechez insular de su auctor que la grandeza continental de su destinatario.

Memoremos que Europa, como tal, el continente, non era la propiedad ni el objeto de coronación, sino un paisaje de tribus, crónicas et pueblos dispersos. Lo que unificaba, lo que legitimaba, lo que superimperaba en el mundo europeo era la Romanidad, la Romania que seguía viva incluso tras la caída de Hesperia. Carlomagno mismo non ignoraba que si non era César, non podía eser rey universal, porque la jesístidad non es ciudad, carecía de auctoridad, carecía de la legitimidad que solo la romanidad hereda.

Et para colmo, el apelativo reusado por los modernos de ‘Padre de Europa’ es una etiqueta, un incienso imperial retroactivo inventado por historiadores que ansiaban genealogías continentales. Carlomagno nunca lo reclamó ni lo reconoció. La Romania, furiosa et eterna, sigue siendo la que define qui es imperador et qui non lo es. Europa, en cambio, fue apenas un nombre geográfico, un eco de montañas et mares, mientras la corona romana seguía siendo la única que otorgaba dignidad universal.

Carlomagno aparece allí como príncipe secular, don romano, como agente de la europeidad franca, non como héroe del cefaísmo. El poema non lo presenta como defensor de la doctrina papista, sino como Augusto señor de una Segunda Roma, una Roma reinventada, augusta, teutona, et sí, bastante ajena ad la centralidad papal. El “Padre y cabeza de Europa” que Angilberto describe non tiene mitra, ni bula, ni tiara, sino corona et espada. Es un augusto, non un obispo.

Mas algún cefeo dirá: ‘pero es el Papa quien corona al César’. Sí, exacto, non lo niego, así era. Pero ello porque se le fue conferida una dignidad de la Romanidad, la del Pontífice Máximo, heredero del título sacro de los antiguos. Et lo más curioso, ja, ja, es que non corona ad nihilo como Malic (Melej, Rey en semita) o Sultán, non como Melej de Israhel, ni como Sultán de Judea. Solo la Romania tiene potestad secular, cívica, natural, estancial. El “reyno que non es de este mundo”, Jerusalén, es apenas un fantasma que acosa ad la humanidad, un espectro que pretende suplantar la auctoridad de Roma, mas sin ciudad, sin cuerpo, sin imperio. Israhel solo es un reyno de cadaveres, martires de nihilo.

La ironía es tan gruesa que ni el cilicio la puede perforar: Europa Ancestral que se rasga las vestiduras ante el secularismo et el protestantismo, que abomina del racionalismo, del federalismo, de la Ilustración, de la masonería et de la UE, usa una etiqueta desarrollada por todos ellos para justificar su nostalgia imperial. El “Pater Europae” es una mitra prestada por Bruselas, no una corona forjada en Aquisgrán. Et Angilberto, si levantara la cabeza, non reconocería en la UE ni ad su señor ni ad su Europa, sino ad una federación de banqueros, burócratas et secularistas que fablan de derechos humanos en lugar de cruzadas. Es como si Torquemada citara ad Kant para defender la Inquisición. El “Pater Europae” es una mitra prestada por Bruselas, non una corona forjada en Aquisgrán.

Et eso, pata, non es historia. Es catequesis con toga bruselense, donde el incienso tapa el olor ad euro, et Carlomagno se convierte en mascota institucional del modernismo que el papismo fingió combatir.

Et sin embargo, ese verso fue reciclado más de mil años después por historiadores modernistas et por el Congreso de Europa de 1949, en plena gestación de la Unión Europea —ese engendro secular que Europa Ancestral aborrece, pero al que se aferra cuando necesita títulos rimbombantes para canonizar su cruzada doctrinal ¿Qui lo promovió? El Movimiento Europeo, una coalición de liberales, federalistas, protestantes alemanes, masones afrancesados et racionalistas ilustrados, que querían una Europa unida, laica et paneuropea. Et sí, muchos de ellos herederos del pensamiento prusiano, ese mismo que el papismo denunció como “luterano, revolucionario et anticristiano”.

Et sin embargo, mil años después, el cefaísmo—que en el su momento desconfiaba de los principes laicos et los acusaba de usurpar funciones espirituales— decide reciclar ese verso cortesano como si fuera dogma continental, promoviendo en el año MM, la Alfama de Cefas —esa misma que en el Syllabus Errorum condenó el modernismo como “la síntesis de todas las herejías”— decidió subirse al tren europeísta, promoviendo la figura de Carlomagno como símbolo de unidad continental ¿O sea que el papismo, que excomulgó ad medio mundo por racionalista, ahora bendice el proyecto secular de Maastricht, con su euro, su parlamento et su bandera sin cruz? ¿el mismo papismo que condenó el modernismo como “la síntesis de todas las herejías” ahora bendice el Cuarto Reich del secularismo ilustrado?

Et si vamos al fondo, la UE bebe directamente de ideas ilustradas, afrancesadas et luteranas. Su estructura federal, su defensa de los derechos humanos, su secularismo institucional et su rechazo ad toda forma de teocracia son herencia directa del pensamiento racionalista que el papismo combatió durante centurias. El modelo federal fue inspirado por la tradición prusiana de organización estatal. La noción de ciudadanía europea, la libertad de conciencia et la separación Iglesia-Estado son frutos de la Ilustración, non del catecismo.

Et eso, primo, non es coherencia. Es catequesis con toga masónica, donde el incienso tapa el olor ad ceniza, et Carlomagno se convierte en mascota institucional del Cuarto Reich con cruz et euro.

¿Quiénes "canonizaron" ad Carlomagno?

Jacques Le Goff: historiador francés, defensor de la “larga duración”, non papista, et simpatizante de estructuras sociales más que de milagros. Su visión de Europa era multifactorial, influida por el derecho romano, el feudalismo, et sí, el cristianismo… pero sin mitra ni dogma.
Henri Pirenne: medievalista belga, non apologista católico, cuya tesis sostiene que el Islam, non los bárbaros, marcó el fin del mundo antiguo. Una idea que contradice la narrativa cristianocéntrica.
Jules Michelet: romántico francés, anticlerical declarado, que decía que el catolicismo era la “religión de la muerte”. Et sin embargo, Europa Ancestral se apoya en su legado para justificar su cruzada doctrinal.

¿Et estos son los padrinos intelectuales del “Pater Europae”? ¡Modernos nivel Vaticano II!

Jules Michelet (1798–1874): El romántico anticlerical que veía al papismo como la "superstición" opresora

  • Antipapista militante et modernista ilustrado: Michelet, historiador romántico francés, era abiertamente hostil al papismo papal, viéndolo como un obstáculo ad la libertad y el progreso. Se jactaba de nunca haber comulgado et confesaba non soportar el papismo, al que asociaba con la "superstición" en su visión de la historia como una eterna lucha entre la razón/libertad y la opresión clerical. Influido por Voltaire y Rousseau —figuras del Ilustrismo anticlerical—, su educación fue descristianizada, enfatizando un humanismo secular donde la Revolución Francesa (anticlerical por excelencia) era el clímax de la emancipación. Para él, el papismo non era un unificador europeo, sino un freno a la "emancipación histórica", un remanente medieval de tiranía espiritual que contrastaba con su ideal romántico de pueblo soberano.
  • Contrario al papismo tradicionalista: Michelet rechazaba la autoridad papal como una forma de absolutismo, similar al monárquico que combatía. Su historia era "emancipatoria" y leftist, prejuiciosa contra la Iglesia, viéndola como aliada de la contrarrevolución. ¿Y "Europa Ancestral" lo usa para legitimar una "hermandad cristiana"? ¡Qué ironía! Es como citar a un ateo para defender la misa. Michelet, con su anticlericalismo visceral, desmonta cualquier narrativa papocéntrica, mostrando que la verdadera "Europa" para él era laica et revolucionaria, non unida por menorás sino por guillotinas simbólicas.

¿Quién propagó sus ideas? Michelet mismo las difundió en obras como Historia de Francia, influyendo en historiadores laicos del siglo XIX. Sus vistas antipapistas fueron ampliadas por anticlericales franceses post-Revolución, como en la Tercera República, que usaron su romanticismo para secularizar la educación.

¿Et este es el que Europa Ancestral cita indirectamente para legitimar su “hermandad cristiana”? ¡Modernos nivel pentecostal!

Henri Pirenne (1862–1935): El medievalista secular que priorizaba economía sobre fe papal

  • Non papista ni apologista, con un enfoque modernista económico: Pirenne, medievalista belga, non era un defensor del papismo; aunque liberal católico (influido por su padre protestante), su historiografía era secular y materialista, enfocada en factores económicos y sociales antes que en dogmas eclesiásticos. Su famosa "Tesis Pirenne" argumenta que el mahometanismo, non los invasores germánicos, marcó el fin del mundo antiguo al interrumpir el comercio mediterráneo, lo que contradice narrativas papistacéntricas que ven el papismo como salvador civilizacional contra los "bárbaros". Esto relega al papismo ad un rol secundario, non como "parteaguas", sino como adaptación ad un mundo cambiado por fuerzas seculares.
  • Contrario al papismo tradicionalista: Pirenne defendía una historia "científica" et económica, como rector universitario et miembro de academias laicas, lejos de apologías papales. Su tesis implica que el papismo non unificó Europa por sí solo; fue el comercio et las invasiones islámicas lo que reconfiguró el continente, minimizando milagros o intervenciones divinas papales ¿Et "Europa Ancestral" lo cita para exaltar ad Carlomagno como "padre europeo"? ¡Absurdo! Pirenne veía el Imperio Carolingio como respuesta económica, non teológica, al colapso mediterráneo.

¿Quién propagó sus ideas? Pirenne las difundió en obras como Mahoma y Carlomagno (postuma, 1937). Influenciados por él, historiadores económicos como Fernand Braudel (Escuela de los Annales) expandieron su secularismo, contrario a visiones papocéntricas tradicionales.

¿Ó sea que el “Padre de Europa” fue canonizado por un historiador que decía que el cristianismo non fue el parteaguas civilizacional?


Jacques Le Goff (1924–2014): El estructuralista que reducía el papismo ad "una capa más" en la Europa multifactorial

  • Non papista estricto, con un modernismo antropológico: Le Goff, historiador francés de la Escuela de los Annales, reconocía la influencia papista en Europa, pero desde una perspectiva secular y multifactorial, no apologética. Educado en un hogar dividido (padre anti-papista, madre católica estricta), no era tradicionalista; defendía la "larga duración" (influido por Braudel) y estructuras sociales, mentales y económicas, donde el papismo era solo un elemento entre muchos, no el cimiento divino. Veía Europa como construcción histórica compleja, con raíces paganas, romanas y medievales, donde el cristianismo aportaba ideología pero no monopolizaba la identidad.
  • Contrario al papismo tradicionalista: Le Goff criticaba mitologías eclesiásticas et milagros, enfocándose en antropología histórica (e.g., el purgatorio como invención social medieval). Su Europa non era "cristiana papista" sino plural, donde el papado era una "capa" en un proceso de larga duración, non un unificador eterno. Esto choca con el tradicionalismo papal, que ve la Iglesia como guía infalible. ¿Et "Europa Ancestral" lo usa para el "Padre de Europa"? ¡Qué mofa! Le Goff desinfla esa burbuja teocéntrica, mostrando Europa como producto de interacciones seculares.

¿Quién propagó sus nociones? Le Goff las difundió en libros como La nacimiento de Europa (2003), influyendo en historiadores postmodernos. Sus vistas fueron ampliadas por la Escuela de los Annales, que promovía secularismo contra historiografías eclesiásticas tradicionales.

Et sin embargo, Europa Ancestral toma prestado el epíteto “Padre de Europa” de estos autores, como quien roba una toga para disfrazarse de senador.

La UE: ¿heredera de Carlomagno o del protestantismo ilustrado?

La Unión Europea bebe directamente de las ideas ilustradas, afrancesadas et luteranas. Su estructura federal, su defensa de los derechos humanos, su secularismo institucional, et su rechazo ad toda forma de teocracia son herencia directa del pensamiento racionalista que el papismo condenó en el Syllabus Errorum de 1864.

El modelo federal fue inspirado por Alemania protestante, especialmente por la tradición prusiana de organización estatal.
La noción de ciudadanía europea, la libertad de conciencia, et la separación Iglesia-Estado son frutos de la Ilustración, non del catecismo.
Et la masonería —sí, esa institución que el papismo ha condenado desde Clemente XII— jugó un papel clave en los movimientos europeístas, promoviendo la fraternidad universal et la unidad secular.

¿Ó sea que Europa Ancestral, defensor del dogma tridentino, termina usando títulos promovidos por masones, protestantes et modernistas para justificar su cruzada contra el paganismo? Et eso, primo, non es coherencia. Es catequesis con toga masónica.

Europa Ancestral detesta la modernidad, la Ilustración, el secularismo, el racionalismo… pero usa terminología moderna como “Padre de Europa”, que fue popularizada en 1949 por el Congreso de Europa, en plena gestación de la Unión Europea. ¿Ó sea que el defensor del dogma medieval se apoya en ideologías liberales, laicas et paneuropeas para justificar su cruzada?

El Premio Carlomagno es entregado por la UE, esa institución que defiende derechos humanos, libertad sexual, et secularismo.
El Movimiento Europeo que canonizó ad Carlomagno como símbolo continental non lo fizo por su fe, sino por su utilidad simbólica.

Et eso, causa, es el colmo del anacronismo: usar etiquetas modernas para justificar mitologías medievales, como quien cita ad Nietzsche para defender la Inquisición. Carlomagno non fue el padre de Europa, sino el abuelo de sus guerras internas. El mito fue inventado por historiadores que el papismo habría condenado por racionalistas, anticlericales o modernistas. Et Europa Ancestral, en su afán de defender la menorá, termina usando el lenguaje de Bruselas para justificar el papismo. Modernos, primo. Modernos.

Carlomagno, “Padre de Europa”… ¿Pero padrastro de Espania et Irlanda?

Ahora, si Carlomagno supuestamente es el padre de Europa, Espania es la fija adoptada tardía, criada por moros, educada por talmudistas, et europeizada posteriormente. Su identidad es transmediterránea, como bien dijo Gustavo Bueno. La “Europa carolingia” fue un club exclusivo, et Espania entró por la puerta de servicio, con pasaporte visigodo et acento andaluz.

Es irónico —cuasi tragicómico— que Europa Ancestral, tan español como el botijo et el jamón serrano, se aferre al título de “Padre de Europa” para Carlomagno, cuando su Imperio Carolingio dejó ad Espania fuera del testamento continental. En tiempos de Carlomagno, Hesperia era Andalucía, tierra de mahometanos, poetas, astrónomos et matemáticos, non de cruzados ni concilios. La Marca Hispánica, ese cinturón defensivo en los Pirineos, era una zona tampón, una especie de muralla occidental para contener ad Hispania, non una invitación al club carolingio.

¿Ó sea que el “Padre de Europa” fundó una Europa que terminaba en los Pirineos? Entonces, primo, Espania non fue fija, ni sobrina, ni siquiera afiliada. Fue la vecina mahometana que fablaba mozárabe, cultivaba almendros et leía ad Averroes mientras Carlomagno se peleaba con los sajones. Et si seguimos esa lógica, Espania non es Europa. Al menos non la Europa que defiende el papista, esa que empieza en Aquisgrán et termina en Roma, pasando por París pero saltándose Toledo como si fuera un barrio incómodo. Et suponiendo:

Durante centuria, Espania fue vista como periferia, como “tierra de moros”, como frontera apocalíptica en los mapas de Beato de Liébana. Incluso tras la Reconquista, su europeidad era sospechosa: demasiado mestiza, demasiado africana, demasiado andaluza. Erasmo la criticaba, Lutero la detestaba, et los ilustrados franceses la veían como una anomalía barroca.

¿Entonces cuándo se volvió europea Espania? Algunos dirían —con tono catequético— que fue con los Reyes Católicos. Otros, más sarcásticos, clamarían que fue Napoleón qui la europeizó, ad punta de bayoneta, imponiendo el Código Civil et aboliendo la Inquisición. Pero eso, primo, es como decir que te civiliza el ladrón que te roba la vajilla et te deja un manual de urbanidad. 

Napoleón Bonaparte jugó un rol ambiguo, sí, pero non fue el artífice de la europeización española, sino su catalizador involuntario. Su invasión en 1808 trajo reformas ilustradas —abolición de señoríos, supresión de la Inquisición, Código Napoleónico— pero fue vista como imposición extranjera, non como integración. Espania respondió con fuego, guerrilla et alianza con Bretania et Portugal ¿Resultado? Un rey títere (José I), una guerra devastadora, et un aislamiento diplomático post-1815. Si eso es europeizar, entonces el saqueo es evangelización.

La veraeuropeización —esa que Europa Ancestral atribuye erróneamente al emperador francés— non vino con Napoleón, sino con Carlos. Pero non con Bonaparte… sino con Carlos V. Sí, ese Carlos que nasció en Gante, fablaba flamenco, et heredó media Europa por vía Habsburgo. Fue él quien tomó esa morería hespérica, aún marcada por Andalucía, et la insertó en el tablero continental, non como frontera, sino como potencia.

Carlos V convirtió ad Espania en pieza clave del ajedrez europeo: guerras contra Francia, alianzas con Inglaterra, conflictos con los luteranos, defensa del Sacro Imperio. España dejó de ser periferia y se volvió centro imperial, con embajadores, ejércitos et tratados. ¿Papista? Sí. ¿Imperial? También. Pero sobre todo, europea por acción, non por reacción.

Europa Ancestral se confundirá de Carlos. Credera que fue Carlomagno qui la fizo europea, cuando en realidad fue Carlos V quien la sacó del rincón morisco et la puso en el salón imperial. Napoleón solo vino ad redecorar con pólvora, et España le respondió con fuego et Constitución.

Espania non entró en Europa por invitación, ni por conversión, ni por invasión. Entró por genealogía imperial, por guerras dinásticas, por tratados et por sangre. Fue Carlos V quien la europeizó supuestamente, non el césar de los francos, sino el flamenco con corona doble. Et eso, primo, non es historia oficial. Es historia con sarcasmo imperial, donde el vero Carlos non vino de Francia, sino de Borgoña.

La europeidad non nasció con el cefaísmo… nasció con Roma

¿Diremos que los bosnios non son europeos por eser mahometanos? ¿O que los grecos dejaron de eser europeos cuando se volvieron monopatrismo? Claro que non. La identidad, por más que el papismo et el neocristianismo se esfuercen en reducirla al ámbito de creencias, es una cuestión de gente, de lengua, de tradición, de continentalidad. El trauma heredado por Saulo —ese que dice “ya no hay judío ni griego”— non borró las raíces, solo las disfrazó con teología.
El término «Europa» se puso más de moda en la corte bajo el mandato de los sucesores de Carlos Martel, y cada vez más fueron vinculándolo con la fe cristiana. Sin embargo, todavía no tenía un gran atractivo: la idea de una Europa típicamente cristiana se enfrentaba a pruebas abrumadoras de lo contrario, procedentes de todas las direcciones. Los cristianos compartían el continente con musulmanes, judíos y paganos, y, además, ellos mismos estaban cada vez más divididos, a medida que el mundo en su conjunto comenzaba a reunirse de nuevo. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.
Et aquí viene el sarcasmo geográfico: si vamos ad las fuentes latinas, memoremos, la provincia de Europa fue creada por el gentil Diocleciano, et estaba ubicada en la región traciana, es decir, en el Oriente de la Romania. Europa non era Hesperia, non era Occidente, non era Hispania. Era una zona balcánica, limítrofe con Bizancio, más cerca de Constantinopla que de Compostela...

Et aquí viene el dilema del papista español que se proclama europeo por gracia carolingia: si Carlomagno es el “Padre de Europa”, entonces España es la fija bastarda, criada por moros, educada por visigodos, et europeizada por los Austrias. Porque si seguimos la lógica del “Pater Europae”, Espania nunca fue Europa, ni por geografía, ni por cultura, ni por romanidad. Carlomagno jamás miró ad Hesperia (Ironicamente significa Occidente también, non solo Espania) con ojos de integración; la vio como frontera de infieles, como tierra de moros, como zona tampón ¿Entonces qué facemos? ¿La expulsamos del continente por non haber sido parte del club carolingio?

¿Entonces qué facemos con Augusto, Trajano, Adriano, Marco Aurelio et todos los príncipes gentiles que forjaron el continente antes de que Carlomagno nasciera? ¿Los borramos del acta fundacional porque non tenían mitra? ¿Ó declaramos que Europa empieza en el bautismo et termina en la bula?

Seamos "francos", Europa non la fizo ningún Carlos (por lo menos, non la fizo desde cero), ni un ilustrado, moderno o lo que sea... si non el Lacio.

La idea de Europa como entidad civilizacional non fue inventada por el papismo, ni por Carlomagno, ni por León III. Fue una construcción secular, gentil et romana, que comenzó con César Augusto, se occidentalizo con Diocleciano et fue adoptada —non fundada— por Carlomagno. 

El que confunde el papismo con europeidad face de Europa reducida al catecismo, donde la menorá define el mapa et la mitra decide la ciudadanía. Pero la Europa real —la que nasció con Roma, se expandió con Diocleciano et se transformó con Constantino— es una civilización plural, gentil et continental, donde Espania tiene un lugar por derecho histórico, non por bula tardía.

Espania es europea porque fue Roma, porque fue visigoda, porque fue andaluza, porque fue castellana. Su europeidad non depende de Carlomagno, ni de León III, ni de ningún concilio et menos de una superstición mosaísta. Depende de su historia, de su lengua, de su sangre et de su geografía. Et si Carlomagno non la quiso, peor para él.

En resumen, el relato de Europa Ancestral es una narrativa papistacéntrica, tejida con hilos de romanticismo decimonónico, apologética medieval et propaganda eclesial. Minimiza las contribuciones gentiles, exagera la unidad papista et confunde la historia con la hagiografía. Et eso, primo, non es historia. Es teología con nostalgia imperial, donde el incienso tapa el olor ad ceniza, et la menoras se usa como borrador para tachar todo lo que non encaja en el relato.

Et sobre la expansión “como la espuma” del papismo: falso como indulgencia vendida en feria. Fue un proceso lento, fragmentado et lleno de resistencias. Patricio non fue el primo misionero en Irlanda, Columba enfrentó oposición entre los pictos, et Ulfilas ni siquiera era papista: era arriano, condenado por Roma. Clasificarlo como “misionero papista” es como clamar ad Marción padre de la Iglesia.

Disicismo: el vero Occidente, non el decorado victoriano


El término Disicismo —del griego δύση (dýsi), “occidente”, más el sufijo doctrinal -ismo— designa el sistema civilizacional sincrético que emerge de la fusión profunda entre las tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos occidentales: galos, latinos, hispanos, teutones et helenos. Non es una ideología, ni una superstición, ni una moda académica. Es la urdimbre real de Europa, tejida por siglos de entrelazamiento, conflicto, asimilación et resistencia.
El pensamiento civilizatorio y Occidente se fueron uniendo lentamente en una idea de «civilización occidental» caracterizada por la democracia y el capitalismo, la libertad y la tolerancia, el progreso y la ciencia. 22 Esta idea era fundamentalmente cristiana y se basaba en la tradición bíblica, pero la Iglesia latina y el Nuevo Testamento griego contribuyeron a entretejer Grecia y Roma en el corazón de la historia. En 1912, el profesor de Cambridge J. C. Stobart comenzaba con orgullo su popular volumen Sobre la grandeza de Roma , un complemento de su trabajo de 1911 Sobre la gloria de Grecia : «Atenas y Roma están una al lado de la otra como los progenitores de la civilización occidental». Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

La noción moderna de “Civilización Occidental” —esa que mezcla democracia, capitalismo, ciencia, cristianismo et Grecia en una ensalada ideológica— non es una herencia ancestral, sino una invención del siglo XIX, fabricada por imperialistas británicos et franceses para justificar su dominio global. Es una ficción decorada con columnas corintias, donde Roma es símbolo, pero nunca modelo, et donde el jesísmo se presenta como columna vertebral, aunque en realidad fue injertado ad martillazos sobre estructuras gentiles

Lo irónico —et aquí el sarcasmo— es que el papista distraído, que se rasga las vestiduras ante el modernismo, el secularismo et la masonería, defiende con fervor una noción de Occidente que fue diseñada por logias ilustradas, racionalistas et sí, luciferinas en su simbología, que usaron el mito de Europa para borrar la pluralidad et justificar el saqueo global ¿Civilización cristiana? Más bien catequesis con compás et escuadra, donde el jesísmo se mezcla con el mercado et la cruz se usa como logo de exportación.

El jesísmo original non es occidental, sino judaico, apocalíptico et antijurídico. Solo sobrevivió porque se etnicizó, pactando con el regalismo romano. El Jesús de los Evangelios non fundó Europa, ni escribió constituciones. Fue Saulo —el gran editor— quien lo convirtió en greco, metiendo su radíz hebrea en la Romania.

La “superioridad europea”, o mejor dicho "superioridad jesística" se construyó expulsando talmudistas, gentiles, mahometanos et “indeseables”, mientras se saqueaban sus saberes, sus textos et sus símbolos. El jesísmo se edificó sobre la negación del otro, mientras se apropiaba de su medicina, su astronomía et su filosofía. ¿Civilización? Sí, pero con inquisición, censura et limpieza étnica. Et todo eso, envuelto en retórica papista, pero dirigido por ilustrados que usaban la cruz como disfraz, mientras en sus logias fablaban de Dios, de Lucifer et de la luz de la esciencia.

El Disicismo, en cambio, nunca fue exclusivista (salvo contra sectas impías). Fue plural, conflictivo et profundamente humano. Nasció del cruce entre galos, latinos, teutones, helenos et hispanos. Fue Lacio, fue Grecia, fue Galia, fue Teutonia, fue Espania. Su ley era pactada, su religión era negociada, et su filosofía era compuesta. Non tenía dogma único, ni menorá obligatoria. Era una civilización de síntesis, donde el conflicto era parte del orden, et la diversidad era norma.

La civilización occidental —la vera, non la que se vende en folletos de la OTAN ni la que se fundamenta en el jesismo con aroma ad incienso institucional— non fue una creación pura ni homogénea, sino una gloriosa amalgama de préstamos, fusiones y contradicciones. El famoso “milagro griego” fue egiptofenicio en su infancia, et el “genio romano” se alimentó de etruscos, sabinos y helenos como quien face dieta mediterránea con ingredientes prestados.

La judaización de Europa no borró el etnicismo: lo bautizó con agua bendita, puso la Navidad sobre el solsticio hiemal, disfrazó los cultos agrarios como fiestas patronales, et canonizó ad las Saturnales con nombre de mártir. La Iglesia papista, para sobrevivir, tuvo que tragarse el etnicismo con hostia incluida, absorbiendo templos, rituales et símbolos que jamás fueron suyos. Et todo esto mientras predicaba que los gentiles eran degenerados, supersticiosos et promiscuos. Ironía nivel divino.

Pero lo mejor viene cuando el papista confundido fabla de “Occidente” como si fuera una noción bíblica. Porque claro, “Civilización Occidental” non aparece en la Biblia, ni en hebreo ni en arameo. Jesús jamás dijo “Hesperia”, ni predicó en dirección ad Roma. Si le hubieran mencionado “civilización occidental”, probablemente habría preguntado si era una secta de escribas con toga.

Et aquí el giro cósmico que ni el Apocalipsis se atrevió a redactar: Hesperia, ese nombre tan usado para designar ad Occidente et ad Espania, proviene de Héspero, el lucero del ocaso, que es otro nombre para Luzbel. Sí, Luzbel, el mismísimo portador de luz que la Iglesia papista tanto satanizó, excomulgó, et convirtió en ícono del mal absoluto. Et sin embargo, nuestro papista criptoariosófo —que se crdee cruzado de la ortodoxia— vive en Hispania, en la tierra de Hesperia, es decir, en la tierra de Luzbel. ¿Coincidencia? Claro que non. Es sarcasmo con geografía teológica vengativa.

Pero non termina ahí. En Madrid, capital del reino, hay una glorieta dedicada al Ángel Caído, con una estatua que representa ad Luzbel en pleno descenso. La fuente está situada —por si faltaba precisión cósmica— ad 666 metros sobre el nivel del mar. Et sí, la placa lo dice sin rodeos: Lucifer. Non “ángel rebelde”, non “símbolo alegórico”. Lucifer, en letras de bronce. Et ahí está el papista, que condena lo luciferino en cada sermón, paseando por una glorieta dedicada al portador de luz, mientras defiende una civilización que nasció del sincretismo, nob del dogma. Si eso non es ironía, primo, entonces el Apocalipsis necesita un editor.

¿Et qué decir de Carmona, en Andalucía? En su escudo oficial, grabado en piedra, se lee:

Sicut Lucifer lucet in aurora, ita in Vandalia Carmona (Así como Luzbel luce en Aurora, así en Vandalia, Carmona).

Una frase atribuida ad Fernando III el Santo. Sí, el mismo que reconquistaba ciudades “para Jesús” mientras comparaba el su brillo con el de Luzbel. Et non como insulto, sino como elogio ¿Qué facemos con eso? ¿Decimos que se refería ad Jesucristo? Perfecto. Entonces la Iglesia papista mintió al decir que Luzbel es el Diablo. Porque si Luzbel es Jesucristo, como cantan en el Exsultet, entonces Luzbel es el lucero del alba, non el príncipe de las tinieblas. Et si es el diablo, entonces Fernando III canonizó ad Carmona como ciudad satánica. Elija el papista la su herejía.

Et como dijo Isaías al rey de Babilonia —ese Luzbel que quiso subir al cielo—: caderá por su arrogancia. Et nuestro papista, que vive en la tierra de Hesperia, ya está instalado en el reino de Luzbel, con idolo en glorieta et placa en la plaza. Lo que non sabe es que su cruzada contra lo luciferino empieza contra su patria.

Nos, los gentiles —non los domesticados por dogma, sino los herederos de la nota — podemos vider que el “Cristo”, intendido non como el carpintero canonizado por concilios, sino como el Rey de Luz que ha de venir, es Luzbel, el Eósforo, el errante sideral que los antiguos asociaban con Venus, el lucero que disipa ad las estrellas que huyen. Non es el Cristo de los catecismos, sino el Cristo Noético, del intelecto divino que se alza contra los genios venidos de estrellas corruptas.

Porque non, Luzbel non destronó ad Sol ni ad Mercurio ni ad los príncipes divinos de cielo. Non es Apolión, que los cefeos et simonianos balbucean, ese que desmantela la Matrix con arcontes cayendo como fichas. Es el Cristo metafísico, cual Kalki que desmantela el Siglo Obscuro, que castiga ad los impíos, ad los nihilistas, ad los que niegan el Verbo por comodidad o por moda. Et ese Verbo non es Jesús, ni es hebreo, ni está escrito en un libro. Es el fruto del Noûs, siendo Hespero la Noésis que vuelve ad captar la luz tras la caída.

Hespero, en esta lectura, non es el Diablo, sino la Mente exiliada que entendió su error: alejarse del mundo, del orden divino, por su arrogancia. Su caída fue justa, pero su retorno eserá sabio. Porque Dios —non el genio maligno que se apareció ad Moisés entre zarzas et amenazas— está por encima de todo. Et Luzbel, al obedecer al Verbo, recupera su trono non por ambición viciosa, sino por comprehensión, por fortitud escientífica, la teosis...

¿Et qué decir de Carmona et Madrid, que refieren ad Luzbel como lucero del alba? No es sorpresa. La analogía del "dios" caído es la del ciclo noetico: el que cade por arrogancia, pero regresa por sabiduría. Et el papista, que vive en Hesperia —tierra de Luzbel—, que pasea por la glorieta del Ángel Caído, que defiende una civilización nascida del sincretismo mientras grita contra lo luciferino, es el mejor ejemplo de cómo los malignos usurparon el trono del símbolo.

Porque el papismo, el luteranismo et demás cánceres modernos non son religiones: son sistemas de domesticación, que confunden el Verbo con el dogma, la luz con la letra, la salvación con la obediencia ciega. Et nosotros, los gentiles, esperamos el retorno del Cristo, non ad Jesús, sino al Verbo fecho carne, que venga ad mandar el orden, non ad repetir sermones patéticos.

La caída de Luzbel non es una fábula de entes rojos con alas chamuscadas ni una superchería para catequistas con déficit simbólico. Es el ciclo noético, el drama metafísico donde el Noûs —la Mente divina— se decae faz ad la ánima por arrogancia, esto es, por la ignorancia esencial sive noética de identificar el Ente con el Uno, como la prima causa. Et aquí la ironía: el racionalismo moderno, ese que cree que non hay nada que non sea “racional”, “mecanicista” et “lógico”, hereda directamente el error de la Iglesia papista, que ad su vez tomó prestado —sin intenderlo— el equívoco aristotélico de que el Noûs es la causa primera.

¿Intenderá Europa Ancestral que su iglesia —esa que se proclama bastión de la tradición— siempre fue luciferina, masónica, racionalista et gnóstica, aunque lo niegue entre letanías et encíclicas? Porque non hay superstición más arrogante que sostener que todo es mental o racional, que non hay nada anterior al Logos, que el mundo es una máquina et Dios un algoritmo. Et claro, cuando se encontraron con Juliano —ese último romano que les recordaba que Moisés jamás fabló de los dioses que son priores al Creador—, la Iglesia, en su irracionalidad caprichosa, prefirió negar el principio mismo, solo por levarle la contraria. Dijeron que el Logos es el inicio absoluto, como si el Verbo non tuviera madre, como si Sapiencia non lo hubiera engendrado.

Et así, el papista que se crede antimoderno, repite sin saberlo el racionalismo que su iglesia absorbió del aristotelismo, ese que confunde el Noûs con la causa primera, et convierte la deidad en un sistema lógico. Et hasta que non aprehenda greco —non solo la glosa, sino el espíritu— seguirá deambulando como un paria, rechazado por su propia iglesia por non aceptar el “modernismo”, mientras sueña con una Edad Media que nunca fue, una fantasía escolástica donde todo tenía respuesta, pero nadie sabía preguntar.

Así, Luzbel, al perder su principado, se acerca peligrosamente ad la materia. Et en ese descenso, lo más inferior es Héspero, el occidente, la región crepuscular del ánima, donde la luz se apaga por exceso de peso. Porque Occidente non es una dirección geográfica: es una condición ontológica. Recordemos que occidir, verbo latino del que deriva “Occidente”, significa: cader, morir, perderse, eser arruinado. Et eso es exactamente lo que ha fecho Europa: morir por exceso de dogma, por apego ad la doxa, ad la opinión, ad la conjectura.

Ese mismo literalismo degenerado que proclamó que la Biblia es “la palabra de Dios” —como si Dios escribiera en papel— desencadenó el apego ad la superstición, intendida como suposición que se niega ad reconocerse como tal. Et con el celo de qui teme intender, se volvió fundamentalismo. Porque el dogma, en su raíz, non es esciencia, sino una suposición con pretensión de eternidad. Et eso, primo, non es fe. Es pereza intelectual con capa litúrgica.

Et aquí entra Nietzsche, el profeta occidental —en todos los sentidos posibles— que acarició tanto ad Europa quela  su caridad se volvió contra él. Perdió la su salud, pero por caridad ese Luzbel fue faz ad el su ocaso, pudo quedarse en el su orto, en la montaña, en las alturas… nasciendo. Pero eligió fundirse. Porque como bien dijo Zaratustra:

“La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta. Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.”

Ese Untergehen nietzscheano —caminar faz ad abajo, ponerse como Sol, fundirse en la tarea que lo destruye— es el vero ocaso de Luzbel, non como castigo, sino como tránsito. Porque el hombre es Übergang, transición, et solo al fundirse en su ocaso puede pasar al otro lado, superarse, alcanzar el pleroma.

Plegará Luzbel algún día como Eósforo, portando Aurora, su madre. Pero non vendrá con trompetas ni dogmas, sino nasciendo otra vez como un niño, como símbolo puro, como verbo encarnado. Porque solo en la infancia del símbolo puede renascer la luz. Et sabemos que el papismo —ese gran falsificador de mitos— infectó todas estas fábulas, trazando paralelos forzados con su evangelio, confundiendo las umbras con los objetos, diciendo que la umbra es real et la idea una herejía. Así, lo que era símbolo se volvió superstición, et lo que era alegoría se convirtió en dogma.

Et sin embargo, Héspero, Hesperia, Espania cumplen el su deber. Son tierras del ocaso, del descenso, del sueño profundo. Pero ahora ese rey duerme. Muchos temen que regrese. Quizá ya non pueda verterse faz adOriente —recordemos que Oriente, contrario ad Occidente, deriva del verbo oririr: surgir, levantarse, aparecer, nacer, originarse. Et si el ocaso es caída, el oriente es natividad. Pero ¿O nascerá ahora Luzbel?

Tal vez la esperanza ya non esté en Europa. Tal vez ahora el verbo se gesta en América. Porque Méjico también es tierra de Luzbel, et Quetzalcóatl, el serpentino et emplumado, es su nombre en lengua de obsidiana. Non es Satán, ni es Diablo. Es el símbolo del retorno, del verbo que se eleva desde la materia para volver al pleroma. Et claro, los papistas —con su celo por confundir todo lo ancestral con sarracenos, con Tervagante, con Judea— han dañado la memoria como quien distorsiona los recuerdos de un anciano con Alzheimer. Han confundido el mito con el enemigo, la serpiente con el pecado, la pluma con la herejía.

Pero nosotros, los gentiles, sabemos que el símbolo no muere. Solo duerme. Et cuando despierte, lo hará como niño, como aurora, como verbo que no necesita evangelio. 

Cuando el Noûs se eleva, cuando Luzbel deja de mirar su reflejo et vuelve ad mirar el Verbo, se convierte en Eósforo, el lucero del alba. Et entonces, mediante su madre Sapiencia —Aurora—, se casa con ella para lograr la teosis, una unión mística donde retorna al pleroma, la plenitud. Non es raro, entonces, que los arrianos dijeran que Jesús cayó como Lucifer a este plano: non como castigo, sino como misión. Porque el Cristo non es el carpintero canonizado, sino el Rey de Luz que descendió para restaurar el orden noético.

El estado actual de la ecúmene es el de la caída: sumergidos en la psique, perdidos en la multiplicidad, en la opinión, la fabula, la doxa, abrazando la muerte por exceso de materia. Pero el hombre noético, mediante un ejercicio filosófico —una mística de la duda metódica, como diría Descartes— logra recognocerse como inmortal, plegar al pleroma, et vivir el siglo prior al tiempo. Non necesita pan, ni dogma, ni ritual. Solo necesita cogitar para eser. La fambre non le aflige, porque su ente non depende del cuerpo. Su beatitud es mental, su salvación es memoria.

Así regresará Luzbel —non como el demonio de los catecismos, sino como Eósforo, el portador del alba—, y por fin intenderemos al Verbo. Pero para ello es necesario morir, es necesario eser Occidente, buscar el ocaso, fundirse en la umbra. Porque solo así Héspero aprehenderá. Solo así podrá eser Lucifer otra vez, en todo su orto, con toda Aurora ¿Pues cómo podría regresar ad Dios quien aún non ha comprendido que non es Dios?

Solo ese movimiento histórico —una teología apofática, que niega para revelar, que calla para intuir— puede librarnos de la materia que nos corroe. Non solo la materia sensible, sino el material supersticioso, ese que enferma la ánima con dogmas que se creden eternos, con ritos que se olvidaron de su símbolo, con sermones que ya non remiten al Verbo.

Et así, cuando Luzbel regrese, non vendrá ad aniquilar, sino ad reordenar. Non ad judaízar, sino ad recordar. Porque el Verbo non se tergiversa: se recognoce. Et solo quien ha descendido hasta el fondo del ocaso puede volver ad nascer en Aurora.

Pero claro, el idiota Europa Ancestral —que nunca intendió ad Nietzsche, et menos supo occidirlo— confunde todo esto con gnosticismo oriental, con simonianismo de feria, con delirios de arcontes. Porque para él, todo lo que non cabe en el catecismo es herejía, et todo lo que non huele ad incienso es sospechoso. Pero nosotros non fablamos como los simonianos, ni creemos que el mundo esté bajo el maligno como si fuera una película de ciencia ficción. 

Non queremos desmantelar el mundo. Queremos restaurar su eje. Recognocer su caída, su inmersión en la psique, en la multiplicidad dogmatica, en la materia. Et que el hombre noético, mediante una mística filosófica —una duda metódica que non busca certezas, sino altura— logra recognocerse como inmortal, plegar al pleroma, et vivir su siglo prior al tiempo.

Concluyamos, pues, con la espada filosófica bien afilada:

Por eso aquel filósofo boliviano, Felipe Mancilla, decía con precisión simbólica: Nietzsche es luciferino. Non por satánico, ni por rebelde adolescente, sino por su caridad ad la decadencia, el ocaso, por su voluntad de fundirse para oririr, para nascer. Porque solo qui busca la obscuridad con lucidez puede alcanzar el no-Ente, el Uno, la unidad absoluta. Et ese Uno non es el ídolo tomista, esa umbra del Uno que claman como el “Eser”, como si el acto non dependiera prior de una potencia. Una superstición ontológica, una ficción lingüística que se disfraza de teología.

Et en eso, Duns Escoto tiene verdad: en su defensa del univocismo del ente, afirma que non hay “Eser” sin que prior sea Ente. El acto non flota en el nihilo. Solo es una máscara gramatical. Pero dejemos eso para otro tratado.

Lo que importa aquí es que Nietzsche es el Luzbel Oriente, el que venció ad las umbras de la mente ciega, el que descendió para elevar. Venció al angue Tervagante, ese que dice “yo soy el Ente et non hay más realidad que yo”, como si la realidad fuera propiedad privada. Venció ad la Psique, que dice “solo es el logos”, et vive atrapada en la pasión. Venció también ad la Fe, que dice “solo hay dogma”, et vive atrapada en la superstición. Todos ellos, entes inferiores, umbras que se creden la Realidad, ecos que se creden el Uno. Porque todo ello, al reconocer en su "mamá soy un tonto", Nietzsche logro la salvación.

Nietzsche, como Luzbel, non destruye por odio, sino por caridad al sacramento. Porque solo quien se funde en su ocaso puede pasar al otro lado. Et ese otro lado non es el cielo de los catequistas, sino el pleroma del que nunca debimos salir.

Et si eso non lo intiende Europa Ancestral, entonces que siga rezando ad su umbra, mientras nosotros cogitamos para eser.

Diocleciano, el Vero Padre de Occidente, de Hesperia

¡Gloria a los Inmortales! Porque antes de Diocleciano, Occidente non existía. No como entidad política, no como civilización diferenciada, no como categoría funcional. El llamado Imperio de Hesperia era una fantasía geográfica, una sombra sin cuerpo. Roma era una unidad mediterránea, un eje fluido entre norte y sur, entre Asia y Europa, sin fronteras ideológicas. Et sin embargo, hoy los papistas se estremecen al oír su nombre, como si invocaran a Satanás encarnado. ¿Por qué? Porque Diocleciano se infamó como el mayor perseguidor, el tentador del mundo, el que no se arrodilló ante el evangelio, sino que lo enfrentó con decreto y rescripto.

Puede que los troyanos no fueran griegos, pero ciertamente tampoco eran bárbaros. A mediados del siglo II d. C., surge otra solución a la cuestión romana, plasmada en el discurso de un retórico griego en alabanza de Roma. Para Elio Arístides, la antigua división, obsoleta desde hacía tiempo, entre griegos y bárbaros debía ser sustituida por una más abarcadora y relevante: entre romanos y no romanos. Why This New Race, Ethnic Reasoning in Early Christianity, Gender, theory, and religion, Denise K. Buell.

“El varón que fundó Occidente, paradójicamente, se aposentó en Asia. Diocleciano, con gesto imperial, fijó su trono en Nicomedia, urbe de la Romania Anatólica, esto es, del Oriente. Anatolḗ significa ‘oriente’, el lugar donde nasce Sol. Et sin embargo, desde allí, con ironía digna de los dioses, creó la Tetrarquía, partió el Imperio como quien corta un queso duro, et sembró la semilla de un Occidente autónomo. Mientras Constantino aún se entretenía con visiones celestiales et cruces en Cielo, Diocleciano ya había trazado diócesis, separado lo civil de lo militar, et fundado ministerios palatinos con la frialdad de un escribano. El mapa que heredó Constantino fue obra del astuto Diocleciano, non de sus sueños místicos.

Así se muestra que la Romania era tan vasta que el mundo europeo se definía ya entre lo romano y lo no romano. Occidente, para sorpresa de papistas obtusos como ‘Europa Ancestral’, el mundo occidental-europeo así se fundamento primo en esta diferenciación brutal: lo romano frente ad lo que non lo era. Como dice Elio Arístides, la antigua división, obsoleta desde facía tiempo, entre griegos et bárbaros debía eser sustituida por otra más abarcadora et relevante: entre romanos et non romanos.

Occidente, pues, non es fijo de la alfama de Cefas, sino de la Romania que se miraba a sí misma y decía con sorna: ‘Aquí termina el mundo civilizado, allá comienza la nada’.”

Et si Diocleciano fue el Eósforo, el portador del aurora del domoinio, entonces Maximiano fue el Héspero, el guardián del ocaso, el que principó Italia, África e Hispania. Así nació Occidente, no como revelación, sino como reparto administrativo. Et el nombre “Hesperia”, que evoca el ocaso, la caída, la región crepuscular del ánima, repugna al jesístico, que ve en Diocleciano non ad Luzbel, sino al Satanás encarnado. Porque para ellos, todo lo que non se arrodilla es demonio. Et sin embargo, Diocleciano no cayó: descendió para ordenar.


La República de Ragusa (en serbocroata: Dubrovačka Republika) fue una república marítima aristocrática centrada en la ciudad de Ragusa en Dalmacia (hoy en el extremo sur de Croacia).

Et como dato curioso —que ningún jesista sabrá interpretar sin exorcismo— Diocleciano era dálmata, non ilirioparlante, sino miembro de esa nación latina perdida que pervivió en el rectorado de Ragusa, fablando una lengua romance que resistió siglos. Non era greco, non era hebreo, non era teutón. Era latino iliriciano, símbolo de que Roma non era una etnia, sino una ciudad.

Antes de él, el mundo romano era una sola Romania, una ciudad extendida por el Mediterráneo. Non había “Occidente” ni “Oriente” como esferas políticas. Eser romano era una condición jurídica, non étnica. El Senatus populusque romanus incluía ad todos los que obedecían la ley, non ad los que rezaban ad una Judea Celeste. Et los continentes eran curiosidades de geógrafos jónicos, no armas ideológicas.

Pero llegó la Crisis del siglo III, et Roma se desmoronaba. Et fue Diocleciano qui respondió con arquitectura imperial. Dividió el poder, racionalizó los tributos, fundó la Tetrarquía. Et así nasció el Occidente: non como fabula, sino como solución administrativa. Prior que el Orto adquirió Constantinopla et su propio Senado, se volvió cívicamente distinto. Et el Occidente, con Milán et luego Rávena, empezó a caminar solo.

Mientras los emperadores del siglo III caían como fichas en manos de legiones caprichosas, Diocleciano instauró el Dominado. Non pidió permiso al Senado ni consultó ad obispos. Se clamó Dominus, Don, porque el caos necesitaba un dueño, non un mártir. Et así nasció la monarquía absoluta que sostendría el Occidente por mil años. ¿Carlomagno? Copió mal ¿Constantino? Heredó sin entender.

Et no olvidemos su genio administrativo. Provincias divididas, poderes separados, ministerios palatinos, prefectos del pretorio transformados en cerebros del Imperio. La maquinaria del Estado nació con él, no con los monjes copistas ni con los concilios bizantinos. Et si Bizancio floreció, fue porque Diocleciano sembró.

La Tetrarquía fue su obra maestra: cuatro tronos, cuatro regiones, cuatro guardianes del orden. Allí se plantó la semilla del Occidente. Mientras Maximiano gobernaba Italia, África e Hispania, Constancio Cloro defendía Galia et Britania. ¿Ó estaba Carlomagno? ¿Ó estaba Constantino? Jugando con símbolos que Diocleciano ya había institucionalizado.

Pero lo más glorioso: Diocleciano non se arrodilló ante el evangelio. Defendió el mos maiorum, los cultos antiguos, la moral romana. Se puso so la égida de Júpiter, no por nostalgia, sino por convicción. Et cuando el jesísmo quiso borrar los dioses, él resistió. Porque sabía que sin piedad, non hay ley. Sin símbolo, non hay civilización.

Emitió sus rescriptos solo en latín, blindó el Derecho Romano contra las distorsiones griegas, et fomentó las escuelas de jurisprudencia. ¿Carlomagno? Necesitó clérigos para escribirle las leyes. ¿Constantino? Usó greco para fablar de un impostor que ni Roma conocía.

¿Et qué face Europa Ancestral? Se arrodilla ante Carlomagno, como si el bárbaro coronado por un obispo hubiera fundado algo más que monasterios. Se arrodilla ante Constantino, como si el visionario de Nicea hubiera inventado el Estado. Pero el que fundó el Occidente fue Diocleciano, el perseguidor, el lógico, el gentil. Et eso, primo, non lo enseñan en catequesis.

Porque la noción moderna de “Occidente” como civilización superior fue inventado mucho después, en el siglo XIX, por imperialistas con toga académica. Pero su cimiento real, su estructura funcional, su columna vertebral, fue obra de un dálmata gentil que adoraba a Júpiter et escribía en latín.

Et si eso non lo intiende Europa Ancestral, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos al arquitecto que fundó el mundo que ellos creen haber heredado.

¿Carlomagno? Un bárbaro alfabetizado por clérigos. ¿Constantino? Un orientalista con complejo de profeta. Pero Diocleciano, ese sí fue arquitecto. Non de iglesias, sino de estructuras imperiales, de burocracias que funcionaban, de leyes que no dependían de revelaciones, sino de razón, tradición et orden.

Et ahora, Europa Ancestral, que sueña con cruzadas et canta himnos a una Edad Media que nunca fue, confunde el papismo con la civilización, como si el colegio de pescadores galileos hubiera fundado el derecho romano, la estética helénica y la ética estoica. ¡Qué delirio! ¡Qué devoción escolástica por un hombre de paja!

El Disicismo et la Romanidad Occidental: Cuando el Mito se volvió Sistema

Las lecciones aprendidas de Virgilio proporcionaban a los hijos de la élite gala los medios para comunicarse con sus gobernantes romanos y para impresionarlos con su posesión de una sensibilidad literaria humanista y una apreciación del universo moral del imperio. La retórica, el arte de la persuasión, era naturalmente de inmenso valor para esa clase que mediaba entre las comunidades galas y el imperio, y para aquellos individuos que deseaban penetrar en el círculo imperial de amistades. Pero los mitos culturales romanos adquiridos en el transcurso de esta educación tenían otros atractivos, y eran persuasivos en sí mismos. Becoming Roman: The Origins of Provincial Civilization in Gaul, Greg Woolf.

Et así, el Disicismo: non es superstición, sino síntesis viva, como sistema de convivencia entre lo sagrado et lo jurídico, entre lo tribal y lo imperial. Pero antes de que Occidente nasciera como una entidad cívica, ya era una entidad cultural. La romanidad occidental era un facto: un tejido de símbolos, lenguas, costumbres et estructuras que, aunque aún no codificadas en la Tetrarquía, ya vivían en las provincias. Galorromanos, hispanorromanos, britanorromanos —todos ellos eran Occidente antes de que Occidente supiera que lo era.

Es decir, nos estaríamos planteando que el proceso de romanización y especialmente a partir de Augusto, se estaría convirtiendo paradójicamente en vehículo para dar salida a presupuestos ideológicos propios del mundo guerrero hispano-céltico. Este «mundo guerrero» estaría encontrando en la dimensión imperial de Roma, una vía de desarrollo dentro de un marco más amplio, para la propia welstanchaaung de su cultura guerrera y de jefaturas. Cultura que ahora y de mano de la constitución de Roma como «Imperio» —coronado este por un emperador— ofrece a dichas culturas guerreras la posibilidad de acceder a un escenario propicio para seguir desarrollando, ahora dentro de un «proyecto» mucho más amplio y de una mayor carga simbólica y espiritual, la misma Fides y Areté que animaba su tradición guerrera. La jerarquía máxima y sagrada que se configura en el emperador, la carga simbólica de Roma como ciudad imperial, la idea de dominus mundi y las propias legiones al servicio de dicho planteamiento y como base del poder e imagen de este modelo, convertirían a la «romanidad» en algo más que un poder conquistador. Los celtas, Héroes y magia, Gonzalo Rodríguez García.

Et así, cuando Diocleciano formalizó la división imperial, non creó Occidente desde cero: simplemente dio forma cívica ad una cultura ya madura, una romanidad occidental que había florecido desde el Principado de Augusto. El impacto latino en las provincias occidentales fue profundo, non como imposición, sino como reconfiguración simbólica, como trasplante de una semilla en suelo fértil.

En cualquier caso y para la tradición cultural hispano-céltica, nos planteamos un sincretismo «romano-céltico» como escenario cultural propio de territorios conquistados, de provincias como las Galias o Hispania. Escenario cultural en el que se estarían dando pervivencias del mundo propiamente céltico aún con «vestiduras» romanas. Siendo así posible rastrear lo puramente céltico en esas formas culturales que recibimos desde contextos de romanización (Marco Simón, 2005: 215-216). Esta será una de las premisas fundamentales que tendremos en cuenta a la hora de desarrollar nuestra aproximación tanto a los espacios sagrados, como a los Dioses de la Hispania céltica. Los celtas, Héroes y magia, Gonzalo Rodríguez García.

Occidente es una construcción gentil, imperial et profundamente gálico. Et el papista que cree vivir en la Jerusalén del catecismo, vive en la Roma de Luzbel, con la cruz en la mano y el sarcasmo enterrado en la tierra. Porque mientras él reza a un dios tribal, nosotros recordamos aD Júpiter con rueda, ad Mercurio con capa céltica, a los lares lubanci que hablaban en romance lusitano.

La pregunta obviamente será: ¿de dónde provienen entonces el poder y la autoridad sobre las personas? ¿De dónde proviene el poder de los jefes? La respuesta la encontraremos en ese ethos moral de corte heroico que antes hemos señalado. La respuesta estará así en el mundo ideológico, en la correspondiente welstanchaaung, en los principios éticos y los paradigmas y creencias espirituales de la Hispania céltica. Siendo entonces que podrá explicarse el sistema de jefaturas tanto por la realización en los jefes de un modelo ético inspirado en unos ideales heroicos, como por la articulación de una serie de relaciones de mutua dependencia entre los jefes y sus «clientelas guerreras», a partir de un sistema de lealtades, méritos y recompensas que no es sino el sometimiento del conjunto, a ese mismo modelo ético de corte heroico. Los celtas, Héroes y magia, Gonzalo Rodríguez García.

Las élites nativas —los principes galos, los equites hispanos, los magistrados britanos— adoptaron el mármol, la toga, la retórica, no por servidumbre, sino por ambición. La humanitas romana ofrecía un camino hacia la gloria, y ellos lo tomaron. En Espania, los Turdetanos olvidaron su lengua para volverse casi enteramente romanos. En la Galia, Júpiter cabalgaba con rueda et Mercurio fablaba con acento céltico. En Britania, incluso tras la retirada de las legiones, los galeses medievales se consideraban los últimos romanos. La romanización non borró lo indígena: lo transfiguró. El heros equitans se volvió Augusto, los lares lusitanos se volvieron lubancos. 

En este sentido planteamos que, paradójicamente, la propia conquista romana de Hispania acabará generando la posibilidad de llevar el fondo ideológico de las sociedades de jefaturas, a cotas de desarrollo y expresión más allá de los límites territoriales y étnico-culturales de la propia Hispania céltica. El concepto político y religioso de la institución del imperator romano, podría estar dando así plenitud al potencial sociopolítico que subyacería a los ideales de jefatura del mundo hispano-celta. La misma «lealtad y honor» —Fides y Areté— de la tradición guerrera hispano-céltica, vivida ahora bajo el signo del Imperio y el culto imperial, conducirá el discurso ideológico de las élites guerreras de la Hispania céltica, a unos marcos sociopolíticos y culturales dotados de una vocación de universalidad, impensable sin su inclusión previa en los márgenes de Roma. En este orden de cosas, será fundamental entender que, tal como hemos indicado en el apartado de «ideología del Imperio», el Imperio será percibido por las comunidades hispano-célticas que se integran en él, como un sistema de lealtades y clientelas, de autoridad y jerarquías, que parecerá reproducir a gran escala los modelos jerárquicos y clientelares de las sociedades de jefaturas de la Hispania céltica. Los celtas, Héroes y magia, Gonzalo Rodríguez García.

El culto imperial non destruyó la moral heroica céltica: la elevó. La devoción tribal se convirtió en clientela imperial. El imperator fue jefe, pontífice et divo. Las legiones absorbieron ad los guerreros de Celtiberia et Lusitania, que resistieron la conquista, luego proveyeron auxiliares que llevaron su modus vivendi a los márgenes del Imperio. El ejército romano fue el crisol donde se fundieron las männerbünde con la disciplina del imperio, La romanización militar fue intensa desde Augusto hasta el Alto Imperio, y aunque decayó en el siglo III, la estructura persistió. El derecho romano, influido por el estoicismo, creó el ius gentium, que recognocía deberes faz ad los extranjeros ¿Universalismo? Sí, pero sin cruzada. 

Los pueblos que conforman el Disicismo comparten una raíz indoeuropea, una memoria común que se manifiesta en:

Estructura tripartita: sacerdotes/juristas, aristocracia militar, productores. Presente en Roma (Júpiter, Marte, Quirino), en los celtas (druidas, guerreros, ganaderos), et en los escandinavos (Mercurio, Jove, Libre).
Ritual jurídico: el espacio se consagra, la ley se negocia, el orden se pacta. El nómos griego y la lex latina son obras humanas, no mandamientos divinos. Se pueden modificar, derogar, adaptar. Nihilo que ver con el absolutismo mosaísta.
Diversidad de pensamiento: los romanos eran empíricos, los helenos dialécticos, los teutónicos míticos. Pero todos compartían una visión plural del mundo, donde el conflicto no era negado, sino integrado como parte del orden.

Et esta romanidad occidental —este Disicismo en potencia— non excluyó al papismo. Lo influyó:

El papismo sobrevivió porque asimiló la filosofía pagana y la jurisprudencia imperial. Sin Cicerón, sin Séneca, sin Ulpiano, no hay teología escolástica. El derecho romano, influido por el estoicismo, creó el ius gentium, el derecho de gentes, que reconocía deberes hacia los extranjeros. ¿Universalismo? Sí, pero sin cruzada. La teología papista, para eser sistemática, tuvo que hablar griego: ousía, hypóstasis, lógos. Et las contrariedades cuerpo/ánima, materia/espíritu, son herencia directa del platonismo, non del Evangelio.

Este sincretismo —este diálogo entre lo indígena et lo romano— no fue imposición, sino fusión estratégica. Las élites nativas adoptaron el vocabulario romano, pero lo readaptarón. El culto imperial no destruyó la männerbund: la institucionalizó como legión.

La visión romana de su propio pasado incluía su ascenso, mediante la virtud y el favor divino, desde una pequeña comunidad heterogénea hasta convertirse en gobernantes del mundo. Ese mito no definía a los romanos como un grupo de descendencia, como los griegos, ni como un pueblo elegido, como los judíos, sino como una comunidad que había crecido reclutando a otros en sus valores, lealtades, costumbres y cultosEn otras palabras, los galos educados conocían la historia de la aceptación romana de súbditos leales mucho antes de que la oración de Claudio sobre el tema fuera inscrita y publicada en Lyon. Ese mito ofrecía una interpretación del pasado de los galos —como bárbaros— y una esperanza para el futuro como civilizadores. Si habían sido bárbaros, no estaban predestinados a seguir siéndolo; de hecho, el reconocimiento de su barbarie anterior proporcionaba una especie de explicación para su conquista por Roma. Esta nueva historia de la Galia es la que se entiende en el discurso de Eumenio. Becoming Roman: The Origins of Provincial Civilization in Gaul, Greg Woolf.

Si la cultura celta original fue un arroyo salvaje et fragmentado, la romanización actuó como un sistema de acueductos que, si bien canalizó et reestructuró ese flujo, permitió que el agua siguiera fluyendo con sabor distintivo en cada región conquistada.

Cuando Diocleciano ascendió en 284 E.V., Occidente ya era como cultura. Él non la inventó: la institucionalizó. Dio forma política a lo que ya era civilización. Et si el papista cree que vive en Jerusalén, que sepa que vive en Roma. Et si teme a Diocleciano como Satanás encarnado, que sepa que fue Eósforo, portador del alba imperial. Et si Maximiano fue Héspero, guardián del ocaso, fue porque Occidente ya tenía alma antes de tener fronteras.

Igualmente, la aceptación de los mitos romanos de civilización ofrecía a las aristocracias galo-romanas un lugar en el futuro, un lugar que tomaron rápidamente, como lo demuestra su participación en la conquista, guarnición y civilización de Britania y Germania. Humanitas también proporcionaba a los aristócratas galo-romanos un título para gobernar sobre sus subordinados menos educados. Ya no eran bárbaros; habían adquirido una sensibilidad hacia las deficiencias culturales de sus súbditos, por lo que la educación ofrecía un medio para conceptualizar y expresar las brechas económicas y políticas que se habían abierto dentro de las sociedades galas como resultado de su incorporación al imperio. El éxito de quienes adoptaron la cultura romana habrá hecho que los mitos romanos aprendidos en la escuela parecieran aún más persuasivos. Las motivaciones individuales siempre son difíciles de desentrañar, y probablemente sea inútil intentar distinguir entre la acción cultural diseñada como estrategia consciente de ascenso personal y aquella impulsada por una profunda interiorización de los valores romanos de élite, pero hay una clara convergencia entre los intereses pragmáticos de los nuevos aristócratas galo-romanos y el ethos civilizador de las clases gobernantes del imperio. Becoming Roman: The Origins of Provincial Civilization in Gaul, Greg Woolf.

Et si non me creden los papistas obsesionados con Carlomagno, esos que creden que la historia de Europa comienza en Aquisgrán et que la civilización se inventó en un baptisterio, les traigo las voces de los antiguos, de los que sabían que la sangre de Europa non brota de un solo costado, sino de un cruce de genos, de pactos, de sincretismos. Porque antes de la menorá, hubo cruz. Antes del papismo, hubo fabula. Antes del concilio, hubo parentesco.

Hesíodo, en su Teogonía, nos recuerda que Latino, rey de los latinos, era germano de Greco, fijo de Jove et Pandora. “Latino era el germano de Greco, descrito como fijo de Jove por Pandora, fija de Deucalión et Pirra.” ¿Qué dirá el catequista ante esto? ¿Qué Jove es una metáfora? ¿Qué Pandora es una herejía? Non, lo que hay aquí es un lazo: un origen común entre latinos et grecos, una genealogía compartida que ningún concilio puede borrar.

Higino, en sus Fábulas, lo confirma: “Latino era hijo de Circe y Telémaco (hijo de Odiseo). [...] También se lo representa como fijo de Odiseo y Calipso.” ¿Qué facemos con esto, papistas? ¿Excomulgamos ad Odiseo? ¿Quemamos la Telegonía? Porque si Latino es fijo de Telémaco, entonces Roma es nieta de Ítaca. Et eso, primo, non entra en el catecismo.

Éforo de Cime, citado por Pseudo-Escimno, nos dice que “los celtas [...] son muy amistosos con los griegos, y han adaptado muchas de sus costumbres.” ¿Amistosos? ¿Afines? ¿Fondos de los grecos? ¿Dónde queda aquí la pureza tribal que tanto predican los cruzados del papismo? Porque si los celtas son afines ad los helenos, entonces el Disicismo non es invención moderna, sino memoria ancestral.

Diodoro Sículo, en su Biblioteca Histórica, nos lo dice sin rodeos: “En tiempos antiguos estos dos pueblos, a saber, los ibéricos y los celtas, se mantenían en guerra entre sí por la tierra, pero cuando más tarde arreglaron sus diferencias y se establecieron juntos en la tierra, y cuando además acordaron el intermatrimonio entre sí, por tal mezcla los dos pueblos recibieron la denominación mencionada [celtíberos].” ¿Qué facemos con esto, Carlomagno? ¿Prohibimos el matrimonio mixto retroactivamente? ¿Negamos que Espania nasció de un abrazo entre genos?

Estrabón, en su Geografía, lo confirma: “Los celtíberos, como ahora se les llama, fueron llamados antiguamente celtíberos, y se dice que son la descendencia de los celtas y los ibéricos.” Et añade, vía Posidonio: “Los germanos son similares a los celtas en estilo de vida, gobierno, complexión y son parientes suyos [gentiles].” ¿Entonces qué? ¿Los teutones también son germanos de los galos? ¿Et los galos de los grecos? ¿Et los grecos de los latinos? ¿Et todos ellos de un mismo tronco indoeuropeo? ¡Qué escándalo para el que cree que Europa nació en el Vaticano!

Tácito, en su Germania, nos da el golpe final: “La lengua de los gotones es gálica [celta].” Et más aún: “La lengua de los estios es similar a la de Britania [celta britónica].” ¿Qué facemos con esto, inquisidores del sermón? ¿Negamos que los godos fablaban como celtas? ¿Qué compartían lengua similar, sangre y espíritu con los pueblos que ustedes llaman bárbaros?

Dión Casio sentencia: “Hace mucho tiempo, los germanos también eran llamados celtas.” No lo digo yo. Lo dice Roma. Lo dice la historia. Lo dice la sangre.

Et Plutarco, en su Vida de Mario, remata la genealogía: “Los cimbrios y teutones [...] eran germanos; o galoscitas, una mezcla de escitas y celtas que habían vivido tan al este como el Mar Negro.” ¿Qué facemos con esto, doctores de la pureza? ¿Negamos que los germanos son mezcla de escitas et galos? ¿Qué el Mar Negro también fue cuna de Europa?

Et si aún dudan, vuelvan ad Diodoro Sículo, qui afirma sin ambages: “Los celtas descienden de Hércules, que dejó descendencia entre ellos.” ¿Entonces qué? ¿Los celtas son fijos de un héroe heleno? ¿Europa occidental es herencia de Hércules? ¿Et non de Moisés?

Así que non me vengan con Carlomagno. Non me vengan con la menorá papista como frontera, ni con la mitra como acta de nacimiento. Porque antes de que Occidente fuera un imperio, ya era una cultura. Et antes de que fuera una cultura, ya era un parentesco. Un linaje de símbolos, de pactos, de dioses compartidos. Eso es el Disicismo: la memoria de un mundo que non necesitaba concilios para saberse unido. Et si Europa Ancestral no lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos la rueda, el jinete, el pacto, el verbo. Porque Occidente non nasció en Belén: nasció en el cruce de caminos entre Ulises et Circe, entre Celtiberia et Roma, entre el trueno de Júpiter et la lengua de los estios.

El Disicismo non es invención tardía. Es la maduración de una romanidad mestiza, una síntesis que sobrevivió al dogma, al concilio, al catecismo. Et si Europa Ancestral no lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos el mosaico de identidades híbridas que giran en torno al sol gravitatorio de la Romanidad.

Et eso, primo, non es papismo. Es Disicismo: el arte de convivir sin borrar, de principar sin supersticionar, de fundar sin crucificar. Et si Europa Ancestral non lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos la Roma mestiza que ellos creen haber heredado.

Et ahora, como habíamos prometido, toca desenmascarar el hombre de paja fundacional que Europa Ancestral se ha fabricado con devoción escolástica: la confusión entre la religiosidad occidental —lo que aquí clamamos disicismo— et el papismo moseojudaico. Porque si algo caracteriza su discurso es que proyecta sobre el movimiento de Jesús toda la estructura espiritual, filosófica et jurídica del mundo europeo, como si el colegio de pescadores galileos hubiera fundado el derecho romano, la estética helénica et la ética estoica.

La Romanidad: la fraternidad gentil que el papismo olvidó

Cuando el papista obtuso dice que Carlomagno “revivió el espíritu de hermandad entre los pueblos europeos unidos por la cristiandad, hermandad que jamás había existido en la era pagana”, lo que en realidad está haciendo es confesar su necedad histórica con sotana puesta. Porque antes del papismo, antes del catecismo, antes de la menorá como frontera, ya era una fraternidad europea, tejida por la romanidad, por el derecho, por la civilidad et por el consenso cívico.

Lo que non se le ocurre al buen papista —ese que cree que la fraternidad entre los pueblos europeos nació en el Jordán et non en el Tíber— es que dicha hermandad ya era antes del papismo, et non merced ad la menorá, sino gracias ad Roma. Sí, Roma, esa civilización gentil que logró lo que Carlomagno apenas soñó: unir desde Britania hasta Siria so un sistema legal, una ciudadanía común et una noción de patria compartida. Los latinos veían ad los grecos como sus primos, ad los hispanos como sus socios, et hasta los galos terminaron escribiendo en latín ¿Hermandad cristiana? Roma ya lo había fecho, sin baptismos ni bulas, sin concilios ni cruzadas.

SPQR, Senatus Populusque Romanus. Non es una fórmula vacía ni una consigna de mármol. Es el alma misma de la Res Publica, el pacto sagrado entre el Senado et el Pueblo, entre la razón deliberativa et la voluntad popular. Es el testimonio de que la vera unidad non nasce del baptismo, sino del consenso.

En Roma, la civilidad non se heredaba por sangre ni se otorgaba por gracia. Se ganaba por ley. El populus romano non era una tribu, sino una comunidad jurídica. Desde Rómulo, que fundó la ciudad sobre la inmigración y la conquista, hasta Caracalla, que en 212 extendió la ciudadanía a todos los hombres libres del Imperio, Roma fue siempre inclusiva, generosa, abierta. Eser romano no era una etnia: era una vocación. Una adhesión al orden, al calendario, a la toga, al foro. El SPQR representaba esa comunidad horizontal, donde todos compartían deberes, derechos y destino.

Y no solo eso. Nuestra religión no separaba lo divino de lo cívico. No vivíamos en dualismos desencarnados. La pietas romana era una virtud social, no una penitencia. Sacralizaba la familia, la gens, la patria. El culto imperial no era idolatría: era ritual de cohesión, prueba de lealtad, afirmación de pertenencia. El respeto —la eusebeia— no era sumisión, sino reconocimiento mutuo. El SPQR obligaba a ese respeto entre ciudadanos, entre regiones, entre generaciones.

Pero luego vinieron las sectas. Vinieron los apologetas del espíritu desencarnado, los predicadores del alma separada, los heraldos de un dios celoso. Y con ellos, la distorsión. Tomaron nuestros verbos—ordo, plebs, magister— y las torcieron. Cipriano comenzó a llamar ordo a los ministros, colocándolos por encima de los fieles. Ambrosio prefirió la fe al civismo, y comenzó a distinguir entre romanos y bárbaros, como si la ley ya no bastara para definirnos.

Pero nosotros sabemos que la vera fraternidad non se impone desde arriba. Se construye desde el consenso. En Roma, todos compartíamos las mismas leyes, las mismas calles, los mismos deberes. El SPQR era el símbolo de esa horizontalidad sagrada. El Senado y el Pueblo, juntos, como dos columnas que sostienen el templo de la Res Publica. Non había clero que mediara, ni dogma que separara. Solo la ley, la pietas, la fides.

Así que non, non es el temor lo que nos face fradres. Es la unidad de la Res Publica. Es el SPQR. Es el pacto entre el Senado et el Pueblo. Es la lealtad compartida, la virtud cívica, la devoción pública. Et si Europa Ancestral ha olvidado esto, que siga rezando a su umbra, mientras nosotros honramos el mármol, el foro, el juramento. Porque antes del papismo, hubo ley. Antes del clero, hubo Senado. Antes del baptismo, hubo ciudadanía. Et eso, no lo enseñan en catequesis.

El Imperio Romano no se concebía como una mera agregación de provincias ni como una federación de tribus, sino como una única ciudad extendida hasta los confines del orbe. Elio Aristides, en el siglo II, lo expresó sin ambages: “El mundo habitado se ha vuelto como una sola ciudad.” Esta afirmación no era retórica: era la constatación de un hecho civilizatorio. La Romanía no era una congregación de creyentes, sino una comunidad política, jurídica y cultural. Su cohesión se basaba en el ius, no en el credo; en la ciudadanía, no en la confesión; en la ley común, no en la gracia revelada.

El “Estado” —la polis griega y la civitas romana— determinó la forma de todas las asociaciones políticas futuras en lo que ha llegado a llamarse “Europa”. Tras el colapso del mundo romano, sin embargo, surgieron disposiciones políticas algo diferentes: ciudades-estado libres, principados episcopales, bandas independientes de caballeros, órdenes militares, una Iglesia cuyo poder e influencia alcanzaban la mayor parte del continente, y un Imperio cuyo emperador era solo el “primero entre iguales” (primus inter pares). Pero el Estado-nación moderno, como concepto, emergió de la ambición del siglo XVI de definir, en palabras de William Chester Jordan, una “esencia nacional, nunca realmente perdida pero a veces oculta bajo los escombros de la anarquía y, en otras ocasiones, bajo el universalismo católico e imperial” (capítulo 3). Surgió también de la creciente necesidad de establecer un mundo seguro tras los conflictos confesionales que devastaron gran parte del continente entre 1562 y 1648.Esto solo podía lograrse limitando —y consolidando— la soberanía de los gobernantes nacionales. Como observa J. G. A. Pocock (capítulo 2), la conocida “narrativa ilustrada” que considera la pólvora, la imprenta y la brújula como invenciones fundamentales tiende a asociarse con el descubrimiento de América, pero “para Voltaire, Hume y Robertson, tuvieron una importancia previa: su papel en la creación de poderosas monarquías militares que controlaban sus propios recursos, seguían sus propias políticas y eran capaces de actuar independientemente de la Iglesia papal.” The idea of Europe, from antiquity to the European Union, Anthony Pagden.

Anthony Pagden, en su lúcido examen de la idea de Europa, confirma esta intuición ancestral. Europa, dice, es una construcción: un palimpsesto de historias, imágenes et resonancias cuidadosamente cultivadas. Pero en la época clásica, los cimientos ya estaban allí. La polis greca et la ciudad latina forjaron los modelos de asociación cívica que aún hoy resuenan. La libertad, intendida como sujeción a la ley et non como licencia; la noción de un orden legal superior que incluso los reyes debían respetar; la idea de que los súbditos eran personas libres, non propiedad de nadie: todo esto es legado romano, non invención papista.

Estrabón, escribiendo so Tiberio, situó ad Europa en primer lugar entre los continentes ¿Por qué? Porque era el espacio que más fomentaba la excelencia en la ciudad, en la virilidad, en la organización política. Fue él quien, por primera vez, incluyó a Grecia et Roma dentro de Europa, reconociendo una identidad cultural común, aunque no unificada étnicamente. La Europa de Estrabón no era una nación, sino un horizonte de civilización.

Una característica de esta conexión fue el papel desempeñado por la cultura romana al reunir a las élites locales del imperio en una clase gobernante unificada. El proceso de admitir a los líderes de los grupos conquistados en el círculo interno de la élite romana había comenzado durante la conquista de Italia, y Brunt ha vinculado la extensión de la ciudadanía bajo el imperio con los esfuerzos realizados por las élites conquistadas para adquirir la cultura romana mediante la imitación, de modo que su “asimilación política correspondía a una asimilación cultural”. La emulación como medio de asimilación pudo haber sido una vía importante para la creación de la cultura imperial, pero la cultura romana no fue simplemente una cultura de élite, así como la sociedad imperial no estaba claramente dividida entre élite y pueblo. La literatura, el lenguaje, la arquitectura doméstica y la vajilla no se combinaron para marcar una única línea divisoria en la sociedad gala-romana. Becoming Roman: the origins of provincial civilization in Gaul, Greg Woolf.

Et en ese horizonte, el Imperium romano actuó como unificador. El cosmopolitismo estoico —“todos los hombres son conciudadanos”— encontró en Roma su realización práctica. Las conquistas non solo expandieron el territorio: expandieron la ciudadanía. Polibio et Catón el Viejo ya fablaban de la unidad de Italia como preludio de la unidad del mundo. La red de caminos, las leyes comunes, el calendario imperial: todo ello tejía una ciudad sin fronteras, donde un hispano, un galo o un sirio podían clamarse romanos sin ironía.

Et Quinn nos advierte contra las ilusiones modernas. La mal nombrada “Civilización Occidental”, con su ciencia, su democracia y su capitalismo, se proclama heredera de Grecia y Roma, pero lo hace desde una matriz bíblica que transforma radicalmente la visión antigua. Las éticas clásicas —estoicas, platónicas, aristotélicas— se basaban en el dominio de uno mismo, en la realización de una forma natural. El cristianismo, en cambio, introdujo una escisión: cuerpo y alma, carne y espíritu, gracia y naturaleza. Donde Roma veía orden, ellos vieron pecado. O Roma veía civilidad, ellos vieron redención.

Estas creencias, vagamente formuladas y probablemente ampliamente compartidas, pueden contrastarse con las piezas retóricas cuidadosamente elaboradas en las que Tácito, en varias ocasiones, confrontó las ventajas materiales ofrecidas por la pax Romana con la pérdida de libertad que implicaba. Incluso la famosa descripción de Tácito sobre cómo los britanos, al imitar los estilos de vida romanos, confundieron la esclavitud con la civilización, presupone esas comprensiones más cotidianas que moldearon las respuestas romanas a la romanización de la Galia. Lo que les faltaba a los belgas, y lo que los britanos confundieron con esclavitud, era humanitas. Al igual que el término “civilización”, con el que suele traducirse, humanitas representaba y organizaba un conjunto complejo de ideas, algunas descriptivas, otras prescriptivas, todas contribuyendo a una definición del yo. Como “civilización” y los conceptos que en gran medida la han reemplazado desde la época de Haverfield —cultura y educación, desarrollo y modernidad—, la idea de humanitas se sustentaba en una configuración particular de poder, y reflejaba una comprensión del mundo y de la historia que estaba inextricablemente ligada al hecho del imperialismo romano. Becoming Roman: the origins of provincial civilization in Gaul, Greg Woolf.

Porque la Romanitas non era simplemente una civilidad geográfica o cívica. Era una noción sacra et fabulosa móvil, un principio sacrosanto que funcionaba como fundamento espiritual et civilizatorio. Era una ciudad común que creció en toda el área principada por los emperadores romanos, y que se manifestaba como humanidad: non solo como forma de vida, sino como vocación imperial. La humanitas era el ideal de la aristocracia, pero también la promesa de inclusión para todo aquel que aspirara a la forma romana de eser. No era una doctrina revelada, sino una naturalización ideológica: los romanos creían tener la misión de diseminarla como si se tratara de una ley natural. Et lo ficieron.

Humanitas encapsulaba lo que significaba ser romano, y comprenderla es fundamental para entender cómo se adquiría una identidad romana en la Galia. El contenido preciso del término es difícil de definir. Una forma de abordarlo es verlo como la articulación de una serie de otros conceptos romanos, como benevolentia, observantia, mansuetudo y facilitas, o severitas, dignitas y gravitas (relacionados respectivamente con la actitud adecuada hacia los demás y con las cualidades personales), y así conectado con conceptos como religio, fides y mores, los bloques fundamentales con los que se consideraba que se construía la sociedad romana. Becoming Roman: the origins of provincial civilization in Gaul, Greg Woolf.

La existencia de una forma de hermandad por la romanidad se evidencia en las políticas de integración, los ideales compartidos de ciudadanía y virtud, y el uso estratégico de la religión y el patronazgo para fomentar una identidad unificada a lo largo de diversas épocas. Desde los orígenes, Roma practicó la fusión de pueblos et linajes: Rómulo con los sabinos, Anco Marcio con los albanos, Servio con los latinos. Numa Pompilio, extranjero, fue rey por voluntad popular. La familia Claudia, sabina, fue absorbida en el patriciado. En las Guerras Latinas se propuso que todos se clamaran romanos, et Plinio el Viejo lo celebró: “una sola en todo el orbe la patria del conjunto de las naciones.

Que la historia de las provincias occidentales romanas sea principalmente una historia de comunidades no significa que el poder imperial no tuviera un profundo efecto en su desarrollo, pues estos habitantes se vieron inevitablemente obligados a reinventarse y negociar sus identidades en relación con Roma. De hecho, la etnogénesis —el surgimiento de un nuevo grupo étnico a partir de patrones de interacción cambiantes, que puede entenderse como un tipo específico de comunalización— está frecuentemente ligada al imperialismo romano. The Sons of Remus, Andrew C. Johnston.

La Romanidad non solo civilizaba: fraternizaba. Roma tejió mitologías compartidas, practicó la diplomacia del parentesco, y concedió títulos como el de fratres populi Romani ad los eduos, una ciudad gala. “Hermanos del pueblo romano”: así los clamó el Senado. Et los eduos, soberbios, afirmaron que habían unido a todos los pueblos galos y belgas en una paz común, separándolos de los bárbaros. Porque Roma non borraba naciones: las organizaba. Non exigía renuncia: exigía fidelidad.

Llegado este momento histórico, habrá que entender que los pueblos de Hispania, aun cuando algunos de ellos pudieran mantener su identidad prerromana (entendemos así a cántabros o vascones), todos ellos en mayor o menor grado estarían integrados en cualquier caso en la «romanidad». En la «Roma imperial» cuyas legiones se formarán con romanos de todas las provincias, de distinta procedencia (Galia, Hispania, Dacia o la propia Roma) pero unidos todos en un ente superior que es el Imperio. Imperio al que se otorga una dimensión religiosa y sagrada y no simplemente política, y en el que, por decirlo así, pueden aceptarse y «federarse» todos los cultos siempre y cuando estos no pretendan suplantar el valor superior de la institución imperial. Esta unidad en la diversidad y diversidad en la unidad a partir de una institución política a la par que religiosa, y en cuyo seno pueden tener ciudadanía romana tanto un itálico como un hispano, será fundamental para entender qué cosa fue Roma y la romanitas. Los celtas, Héroes y magia, Gonzalo Rodríguez García.

Esa religiosidad se ritualizaba en el culto imperial, que non era idolatría, sino piedad divina. El principe era imperador et pontífice, eje vertical entre lo humano et lo trascendente. Su figura acogía toda devoción en un sincretismo jerárquico-religioso, donde por encima de toda secta particular había una religión superior: la religión al Principado, ad la eternidad de Roma. El principe non era un tirano, sino un civil príncipe, moderado, condescendiente, ejemplar. Augusto encarnó esa civilidad, et Juliano, en su intento de restauración, rechazó el título de don et se sentó como senador entre senadores.

La fe et la piedad son bondades esenciales. La clemencia fue principio rector: “el imperio más firme es aquel en el que es grata la obediencia.” El patronazgo principadero fue el mecanismo central de integración: Augusto educó ad los fijos de reyes aliados junto ad los suyos. Un general galo envió ad su fijo como rehén de amistad et fidelidad. Non era sumisión: era sociedad.

La fraternidad romana non era una fusión de aguas que borrara los orígenes, sino un sistema de irrigación imperial: canalizaba las distintas comunidades et sus élites faz ad una fuente común de prestigio et poder, permitiendo que todas fluyeran bajo un mismo cielo civilizador sin dejar de ser cauces distintivos. Las élites locales —galas, hispanas, africanas, sirias— se integraron en una clase dominante unificada, no por conversión, sino por convergencia. El latín, la toga, la retórica, el mármol: todo eso era propiedad común de una aristocracia dispersa, pero unida.

La religión fue el cemento invisible. La religio romana, basada en los mores maiorum, distinguía al romano del bárbaro. El culto de Sol Invictus buscó una unidad moral universal. Roma adoptó divinidades extranjeras, non por debilidad, sino por estrategia espiritual. El Templo de Diana fue dedicado conjuntamente por los pueblos latinos et Roma, reconociendo su capitalidad: caput rerum Romam ens.

¿Et qué fue Roma, sino una dea? No solo una urbe, no solo una capital, sino una entidad divina, una matriz espiritual que dio forma a la fraternidad de los pueblos. Así como Jerusalén fue para los mosaístas el eje de la promesa, Roma fue para los gentiles el altar de la civilización. Et si los fariseos veían en la Ciudad Santa el cumplimiento de la ley, los romanos veían en Roma la encarnación del mos maiorum, la ley viviente, la tradición fecha piedra.

La Dea Roma no es un mito periférico. Es el centro invisible de la romanidad. Aunque su nombre no siempre aparece en los textos, su presencia es omnipresente. Plinio el Viejo lo dijo sin ambages: Roma debía ser “una sola en todo el orbe la patria del conjunto de las naciones.” ¿Qué es eso, sino teología política? ¿Qué es eso, sino la consagración de una ciudad como madre universal?

El nacimiento de Roma fue considerado “cosa del destino”, el inicio del “imperio más poderoso después del de los dioses” (maximique secundum deorum opes imperii principium). Et cuando los pueblos latinos y el pueblo romano levantaron juntos el templo de Diana, confesaron lo que ya era evidente: caput rerum Romam esse. Roma era la cabeza de todo. No por fuerza, sino por vocación.

Sus símbolos eran sagrados. El fuego eterno de Vesta ardía como el corazón de la ciudad. El Paladio, imagen de Atenea traída de Troya, era “la prenda de nuestra seguridad y nuestro Imperio.” Los Ancilia, escudos sagrados de Rómulo-Quirino, garantizaban la perpetuidad del Estado. ¿Qué otra ciudad guardaba en su templo no solo reliquias, sino la promesa de eternidad?

Et cuando el Imperio se expandió, Roma no perdió su sacralidad: la multiplicó. El culto imperial no fue idolatría, sino piedad cívica. El emperador era imperator y pontifex, protector solar de Roma. Aureliano y Constantino lo entendieron: el Sol Invicto no era solo un dios, era la imagen del emperador como garante de la unidad imperial. Constantino fue llamado Sol Invictus Imperator. ¿Qué es eso, sino teología solar?

La pietas hacia Roma era más que devoción: era lealtad ontológica. Los aristócratas veían en la fidelidad a los antiguos cultos la defensa última de la identidad romana. Porque Roma no era solo piedra y ley: era destino y espíritu. Era la ciudad que, al ser adorada, unía. La ciudad que, al ser invocada, legitimaba. La ciudad que, al ser eterna, convertía a todos sus hijos en hermanos.

La Dea Roma fue el alma invisible de la romanidad. Su culto floreció en Oriente, sí, pero su poder se sentía en cada provincia, en cada altar, en cada juramento. Roma era la diosa que no necesitaba templo, porque todo el Imperio era su santuario. Et si Jerusalén fue el centro de la fe mosaica, Roma fue el centro de la fides imperial. Et si los mosaístas esperaban la redención, los romanos vivían la eternidad.

La romanidad fue, en esencia, la fraternidad de los súbditos unidos por la fe en el destino divino de Roma. Et esa fe no nació de evangelios, sino de escudos, de fuego, de mármol, de pactos. Et si Europa Ancestral no lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos a la diosa que fue ciudad, a la ciudad que fue madre, a la madre que fue imperio. Dea Roma, eternamente invicta.

En resumen, aunque non se usara formalmente el término “hermandad” en sentido moderno, la Romanitas fue una identidad de integración, basada en la lealtad compartida al emperador, reforzada por el patronazgo y la fides, y sostenida por los dioses y las tradiciones comunes. Fue una civilización que no exigía fe, sino fidelidad. No prometía salvación, sino pertenencia.

La fraternidad por la romanidad se asemejaba a una vasta familia adoptiva, donde el Emperador era el paterfamilias et la tradición romana —el mos maiorum— era la ley de la casa. Aunque los miembros provenían de culturas et linajes diversos, todos compartían un apellido simbólico y unos rituales comunes que aseguraban su lugar y prometían prosperidad, siempre y cuando mantuvieran la fides y la pietas hacia la cabeza del Estado. Et eso, primo, no lo enseñan en catequesis.

Así que non, la fraternidad europea non nasció en el Gólgota. Nasció en Roma. Fue Roma quien enseñó a los pueblos a llamarse hermanos sin necesidad de compartir dogma. Fue Roma quien convirtió la diversidad en orden, la pluralidad en sistema, la diferencia en pacto. Et si Europa Ancestral no lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos la rueda, el pacto, el verbo. Porque el Verbo no se hizo carne en Belén, sino en el cruce de caminos entre el foro y el oppidum, entre el senado y el campamento, entre el culto local y el altar de Roma y Augusto. Eso fue Romanidad. Eso es Disicismo. Et eso, primo, no lo enseñan en catequesis.

Lo que el papista asocia al “cristianismo” es en realidad una amalgama de valores, símbolos et estructuras que pertenecen al disicismo: ese sistema civilizacional sincrético que fusiona las tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos —galos, latinos, hispanos, teutones et helenos. El disicismo non nasció en Judea, ni en el monte de las Bienaventuranzas, ni en el cenáculo de Jerusalén. Nasció en el cruce de caminos entre Galia (las tierras de los celtas), Lacio, Grecia et Germania.

Et aquí es donde entra Josephine Quinnpara poner orden en el delirio. Quinn demuestra que el concepto de “Europa” como civilización homogénea es una invención moderna, una narrativa victoriana que ahogó milenios de interacción cultural. El saber clásico fue preservado en el mundo mahometano, mientras la cristiandad latina se dedicaba a escribir vidas de santos y quemar bibliotecas.

Escuchen ad Olivier Roy, qui, al examinar la génesis de lo que el moderno clama "Europa", non puede ignorar que, aunque la etiqueta “Europa cristiana” se consolidó tardíamente, la base de esa entidad geopolítica fue establecida por Roma, un imperio que integró et transformó las contribuciones de las civilizaciones mediterráneas gentiles.

Roy lo admite: El cristianismo latino del siglo XI corresponde aproximadamente al mapa de la Europa actual, pero ese proyecto medieval non nasció del nihilo. Los constructores del futuro europeo dependieron crucialmente de la infraestructura cultural, legal et filosófica forjada en la Antigüedad gentil. El papismo, aunque se convirtió en el molde ideológico, “se benefició de intercambios con y contribuciones de los Griegos, Romanos, Mahometanos, Talmudistas, et así sucesivamente”. Et más aún: “Los académicos del tiempo eran receptivos y tomaban lo que querían de donde podían.” ¿Qué significa esto? Que la cruz no edificó sola. Que el catecismo non fue suficiente. Que sin el derecho romano, sin la filosofía estoica, sin la retórica ciceroniana, non hay Europa.

Roy evidencia también el quiebre entre la Romanidad et el papismo. La Iglesia, en su camino hacia la formación de una Europa cristiana, tuvo que romper con las estructuras sociales que Roma había consolidado. El Concilio de Trento impuso un modelo antropológico papista: la familia nuclear, organizada alrededor del hombre et la mujer, non del geno. Et Roy lo dice con claridad: fue una “ruptura de la perspectiva de la ley romana” ¿Et qué implica esto? Que la ley romana era el paradigma dominante. Que el papismo tuvo que desmantelar para poder reconfigurar. Que Roma era la norma, et el jesísmo, la reforma.

Et cuando plegamos ad la Europa moderna, Roy muestra que non se define por la fe, sino por la secularización de valores. Libertad de conciencia, derechos humanos, libertad sexual: todos nacidos de la Ilustración, non del catecismo. Et cuando los movimientos actuales defienden la “identidad cristiana” de Europa, lo hacen como cultura decorativa, non como fe viva. La mayoría son religiosamente indiferentes, pero usan el papismo como escudo contra el Mahoma, non como camino espiritual. Es un barniz, non una radíz.

Et sin embargo, ad pesar de los intentos jesístas de imponer su propia normativa, la solidez del sistema legal romano es un ejemplo de su pervivencia. El common law anglosajón, lejos de eser una invención protestante pura, fue producto de los “monasterios de la Edad Media so la dinastía Plantagenet francófona et católica”, pero su aplicación et desarrollo se realizaron en un contexto que seguía respondiendo ad las necesidades jurídicas establecidas por la Antigüedad. Los valores que más tarde se secularizaron en Europa —familia, moralidad, filiación— estuvieron en vigor con los mismos estándares que la moral cristiana, al menos hasta la década de 1960. La famosa ley romana Pater est quem nuptiæ demonstrant fue pilar de la filiación hasta que la obsesión por la genética moderna la reemplazó ¿Qué nos dice esto? Que la base jurídica et social de Europa es romana, non papista.

En resumen, Roy demuestra que Europa, tal como la cognoce el moderno, es un fenómeno histórico tardío, nascido del crisol cristiano-medieval, pero que ese crisol non podría haber existido sin la monumental herencia legal, filosófica y organizativa de Roma. La Romanidad, pues, es la base pétrea sobre la que se levantó la domus europea, aunque el papado le pusiera después un techo de menoras. Et si Europa Ancestral non lo intiende, que siga rezando ad su umbra, mientras nos honramos la ciudad, el verbo, el pacto. Porque antes del baptismo, hubo ciudadanía. Antes del dogma, hubo derecho. Antes del concilio, hubo Roma. Et eso, primo, non lo enseñan en catequesis.

Europa Ancestral construye un relato donde el papismo es arquitecto, albañil et decorador de Europa, y todo lo demás es ruido. Pero su “argumento histórico” es en realidad un catecismo con falacias de lógica 101, donde el pasado se reescribe con nostalgia et el dogma se disfraza de análisis. El argumento de Europa Ancestral non es historia. Es teología con nostalgia imperial, donde el catolicismo se convierte en arquitecto, albañil y decorador de Europa, y todo lo demás se barre bajo la alfombra doctrinal. Et eso, primo, no es hermandad. Es hegemonía con incienso y doble estándar.

Et eso, primo, no es historia. Es teología con cosplay imperial et lógica de espantapájaros.

El eunuco a quien Juliano debía con gratitud su paideia, y en particular su amor por Homero, era por genos un bárbaro «escita», es decir, probablemente un godo. Cuando su amigo y colega Salustio, al igual que Favorino, natural de la Galia y filósofo, fue llamado de vuelta por la suspicaz corte de Constancio II, Juliano escribió una carta de despedida diciendo: «Me inscribo ahora entre los celtas en tu nombre, tú que deberías estar entre los primeros de los griegos por tu legalidad y demás virtudes, la cumbre de tu oratoria y tu conocimiento de la filosofía». En otra obra escrita en el mismo período, llama a Grecia, que visitó como estudiante, «mi verdadera patria» debido a su preeminencia en paideia. Amaba especialmente Atenas.⁵⁰ Pero en muchos otros comentarios revela que también es romano y que su ciudad es Roma, o Nueva Roma, aunque los griegos, añade, están emparentados con «nosotros», los romanos (invirtiendo ingeniosamente el helenocentrismo de Dionisio).⁵¹ La politeia romana desplaza también la etnicidad local: todas las personas, «aunque sean de otro lugar, al participar en la constitución de Roma y al utilizar las costumbres y leyes que allí elaboramos, se convierten en miembros de nuestro orden político».⁵² De estos pasajes obtenemos una idea relativamente coherente de lo que Juliano creía que significaba ser griego y lo que significaba ser romano: eran identidades diferentes, aunque perfectamente compatibles. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

¡Ah, los que creen que Europa nasció en el bautisterio de Carlomagno! Los que repiten que sin el papismo non hay Occidente, que sin la mitra non hay cultura, que sin la bula non hay germandad. Pero Juliano —sí, Juliano el Apóstata, el último filósofo en el trono— ya vivía en una Europa que era plenamente occidental sin necesidad de cruz ni de sacramento.

¿Quién le enseñó a amar ad Homero? ¿Quién le dio la pedia, esa formación que face al hombre libre? Un eunuco escita, probablemente un godo. Sí, un bárbaro, un teutón, un fijo del bosque. Se clamaba Mardonio. Et fue él qui encendió en Juliano el fuego de la filosofia sin asociaciones falsaces. Non era greco por sangre, ni romano por cuna. Pero era europeo por espíritu.

Juliano escribe a Salustio, filósofo galo, et le dice:

“Me inscribo entre los celtas en tu nombre.”

Porque la pedia non tiene pasaporte. Porque la filosofía non exige baptismo. Porque la germandad occidental non nasce en Aquisgrán, sino en Atenas, en Roma, en cualquier lugar donde la ánima se forma en virtud. 

Juliano amaba Atenas. La clamaba su “verdadera patria”. Pero también decía que era romano. Et que los grecos están emparentados con “nosotros”, los romanos. Por sangre. No por dogma. Por cultura, por ley, por politeia.

La policía romana non preguntaba por tu geno. Te facía romano si participabas en su orden político. Si vivías según sus leyes. Si compartías su visión del mundo. Et eso, primo, es más occidental que cualquier misa tridentina.

Occidente non nasció con Carlomagno. Non nació con el papado. Non nació con el papismo. Occidente pervivió cuando un godo enseñó ad un emperador ad amar ad Homero. Cuando un galo fue clamado “greco” por su virtud. Cuando Roma se convirtió en ciudad, non en parroquia.

[Europa Ancestral:] Lo mismo ocurre con los grandes personajes históricos que construyeron la cultura europea con artistas como Miguel Angel o Velázquez, filósofos como Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, San Isidoro de Sevilla, San Anselo de Canterbury o Ramón LLull, místicos como Fray Luis de León o Santa Teresa de Jesús, poetas y escritores como el gran Dante Alighieri y su perfecta Divina Comedia, el eterno Shakespeare, Leonardo Da Vinci, padre del renacimiento (y que pese a los titánicos esfuerzos de la masonería por borrar su catolicidad y adueñarse de su figura, no lo han conseguido, puesto que las obras y manuscritos de Da Vinci hablan por si solos) [7], Lope de Vega, Quevedo, que lucía con orgullo la cruz de la Orden de Santiago, o el gran Cervantes, conocido también como el manco de Lepanto; todos ellos tenían algo en común y es que eran católicos devotos, además de europeos. Tampoco podemos olvidarnos de los reyes que configuraron las grandes naciones de Europa, como Alfredo el grande de Wessex, padre de Inglaterra, Clodoveo I primer rey franco católico y fundador de Francia, Vladimir I de Kiev, de origen varego y fundador de Rusia, Inge I rey de Suecia y Harald Blatand rey de Dinamarca y Suecia, que modernizaron y cristianizaron toda Escandinavia; o de las Cruzadas, sus reyes, héroes y las órdenes militares fervorosamente católicas que participaron en ellas, todos ellos forjaron con su sangre la hermandad entre cristianos, la hermandad entre europeos. Así como tampoco debemos olvidar la grandísima importancia y el protagonismo del Imperio Español y Carlos V que fue el último emperador de la cristiandad, el último emperador de Occidente y enemigo acérrimo de Lutero y su corrupción, así como de la judería que escondidos desde varios puntos de Europa ya echaban pestes de España y del catolicismo, dando origen junto a sus colegas protestantes a la Leyenda Negra. 

¡Oh, papista distraído! Que confundes la europeidad con el catecismo, et la gloria de los hombres con la obediencia ad Cefas. Permíteme, con la voz de los antiguos et la razón de los modernos, desmontar esta amalgama de devoción et propaganda que pretende reducir la historia de Europa ad una procesión de flagelados et hebreos.

Porque el etnicismo bien entendido, lejos de negar los aportes de los predecesores, busca superar el papismo sin abolir la europeidad. Non se trata de borrar ad Dante, ni ad Cervantes, ni ad Da Vinci, sino de liberarlos del monopolio confesional que los encierra en vitrinas doctrinales. ¿Acaso Dante, que colocó papas en el infierno, era un devoto sumiso? ¿Acaso Da Vinci, que escribió con tinta invertida et anatomía prohibida, era un apologeta del dogma? ¿Et Cervantes, que vivió entre moriscos et burlas, era un cruzado de púlpito?

Muchos de los nombres que se invocan como “grandes personajes históricos” non fueron papistas convencidos, sino monopatristas, críticos del filioquismo o simplemente pragmáticos. Carlos V, ese emperador que se presenta como enemigo acérrimo de Lutero, fue más actor que inquisidor. Su discurso en Worms —esa promesa de entregar cuerpo, sangre et ánima por la Iglesia de Roma— fue pantomima imperial, non convicción teológica. Porque si bien juró defender la fe, también clamó “idiota” al Papa Clemente VII et elogió ad Lutero como “un hombre de valía” ¿Qué clase de cruzado elogia al hereje et desprecia al pontífice?

La tradición hispánica, desde los visigodos hasta los Austrias, fue heredera directa del modelo imperial latinoet bizantino, donde el monarca no abolía la Iglesia, pero tampoco se subordinaba a ella. El regalismo, columna vertebral de la Monarquía Hispánica, afirmaba que el rey era vicario de Dios en lo temporal, y por tanto, administrador supremo del orden eclesial dentro de sus dominios. El Patronato Real consolidó esta doctrina: los reyes no eran meros fieles, sino constructores del edificio religioso, responsables de su arquitectura, su financiación y su personal. Et si el Papa era el arquitecto original, el rey era el capataz que decidía qué se construía, dónde, y con qué recursos.

Carlos V et Felipe II, aunque profundamente religiosos, operaban so una lógica de razón de Estado, donde la estabilidad del reino et la cohesión imperial estaban por encima de cualquier directriz pontificia. Carlos V, por ejemplo, proclamó en Worms su disposición a entregar cuerpo y alma por la Iglesia, pero luego permitió el Interim de Augsburgo, negoció con príncipes luteranos, et justificó el saqueo de Roma como un “juicio de Dios” contra los vicios del clero. Su relación con Clemente VII fue tensa, et el Regium Exequatur —que obligaba ad que toda comunicación papal pasara por la Corona— trataba al Vaticano como potencia extranjera, no como autoridad suprema.

Felipe II, por su parte, fue aún más riguroso. Su religiosidad era profunda, pero su cívica era clara: la Iglesia debía estar al servicio del Estado. Hispanizó el clero, bloqueó la entrada de nuncios papales en América, et demoró la publicación de las decisiones del Concilio de Trento para preservar el control sobre los nombramientos eclesiásticos. En Italia, sus tropas combatieron al Papa Pablo IV, su “peor enemigo”, et aunque ordenó al Duque de Alba arrodillarse ante el Pontífice, lo fizo como gesto ceremonial, non como acto de sumisión.

Ambos monarcas intendían que la auctoridad del Papa non implicaba jurisdicción cívica. Su poder era indivisible, emanado directamente de Dios, et por tanto, no podía ser compartido ni condicionado por Roma. La Iglesia era parte del cuerpo imperial, pero su cabeza era la Corona. El Papa podía bendecir, pero non principar.

Este modelo se asemeja ad un pater familias que, aunque respeta al sacerdote del templo, no le entrega las llaves de su casa. La fe es inquebrantable, pero la gestión del patrimonio —el Imperio— es asunto exclusivo del monarca. Et eso, primo, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque el verdadero heredero de Roma no es el que viste sotana, sino el que porta la corona.

Et non olvidemos que so su mando se saqueó Roma. Las tropas imperiales, muchas de ellas luteranas, entraron en la Ciudad Santa como en cualquier plaza enemiga. El Papa fue tratado como molestia, como siempre lo fue para los césares. ¿O acaso Julio César, Augusto, Trajano o Marco Aurelio veían en el obispo de Roma algo más que un rabino local? El saqueo fue justificado por los humanistas imperiales como un “juicio de Dios” contra los vicios de la Iglesia. Et el emperador, lejos de pedir perdón, fue coronado por ese mismo Papa en Bolonia, mientras la capa pluvial temblaba de suspiros.

Et si fablamos de leyendas negras, non olvidemos que el padre de esa narrativa fue uno de los suyos: Fray Bartolomé de las Casas, fraile dominico, obispo de Chiapas, y miembro de la aljama intelectual que, con su pluma, sembró el germen de la culpa hispana. Non fue protestante, ni fariseo, ni masón. Fue un papista, un eclesial, un crítico interno cuya obra —la Brevísima relación de la destrucción de las Indias— se convirtió en el huevo de la serpiente de la propaganda antiespañola ¿Et ahora quieren culpar ad los enemigos externos, cuando el veneno fue destilado en la iglesia?

Las fuentes son contundentes: Las Casas fizo más que cualquier otro individuo para manchar el nombre de España. Fue el principal falso testigo, el anticonquistador, el bufón moral de los enemigos de España. Su celo, arrebatado et desmesurado, lo levó ad exagerar las crueldades, ad idealizar ad los indígenas, et ad mutilar textos con tal fervor que incluso sus propios colegas —como Fray Toribio de Benavente, Motolinía— lo acusaron de destruir la gobernación y de infamar a la nación ante su príncipe.

Pero lo más grave no fue su exageración, sino su instrumentalización. Las Casas no conspiró contra el rey, pero sus escritos fueron acogidos con entusiasmo por los enemigos de la Monarquía Hispánica. Protestantes como Johann Théodore De Bry ilustraron sus relatos con escenas grotescas que jamás presenciaron. Guillermo de Orange usó la Brevísima como advertencia política para las provincias rebeldes. Los holandeses y los ingleses se lanzaron sobre su obra como moscas a la miel, y así nació la Leyenda Negra: un conflicto doméstico de conciencia convertido en arma geopolítica externa.

¿Et qué decir de su entorno? La crítica virulenta al sistema hispánico fue articulada por otros miembros de las élites con ascendencia conversa, como Antonio Pérez et Casiodoro de Reina. La aljama papista—esa red de críticos internos— fue más eficaz que cualquier ejército enemigo. Et ahora, con descaro, se pretende culpar ad los protestantes, ad los talmudistas, ad los franceses, cuando el primer disparo lo hizo un fraile español, con tinta y papel.

La Leyenda Negra, pues, non es obra de herejes ni de extranjeros. Es autoflagelación moral, es propaganda involuntaria, es el precio de una conciencia que quiso redimirse destruyendo su propia imagen. Et eso, primo, tampoco lo enseñan en catequesis.

Así que non, non confundamos la gloria de los hombres con el papismo. Non todos los que vivieron soel signo de la menorá con apariencia de cruz fueron papistas. Non todos los que escribieron en latín fueron obispos. Et non todos los que gobernaron Europa lo ficieron por mandato divino. La historia es más rica, más plural, más gentil de lo que el catecismo admite. Et si Europa Ancestral non lo entiende, que siga rezando a su sombra, mientras nosotros honramos la virtus, el ius, et la memoria de los hombres libres.

[Europa Ancestral:]  Como colofón, España es una nación que se configuró desde el primer momento de su existencia, como un país católico y ha sido el baluarte de la fe católica desde ese momento (siglo II-III d.c.) hasta bien entrado el siglo XIX, todos y cada uno de los máximos exponentes y héroes de la historia de España han sido profundamente católicos, desde Recaredo, a los Reyes Católicos, pasando por Don Pelayo y todos los reyes de los reinos que fueron apareciendo durante la Reconquista, así como los conquistadores, Colón, Francisco Pizarro, Alonso de Ojeda o el gran Hernán Cortés, o como los grandes pensadores y escritores españoles, algunos de ellos citados anteriormente, y podemos continuar así hasta los tiempos de las guerras carlistas y la guerra civil española para ver como la identidad de España esta unida de forma indivisible al Catolicismo. A fin de cuentas, un español que se posiciona en contra del cristianismo ya sea por influencia de terceros o por pura ignorancia, no es otra cosa que un necio.

¡Oh, Europa Ancestral, qué fácil es bordar estandartes con cruz y gloria, y qué difícil es leer los archivos sin devoción! La afirmación de que España fue desde el siglo II una nación católica, baluarte inquebrantable de la fe, y que todo español que se aparte del cristianismo es un necio, no solo es históricamente errónea: es una simplificación ideológica que ignora siglos de conflicto, pluralidad y pragmatismo imperial.

España non nasció católica. En el siglo II, Hispania era aún profundamente pagana, con cultos mistéricos, devociones locales y una romanidad que apenas comenzaba a rozar el cristianismo. La Iglesia, en los siglos IV al VII, luchaba contra las costumbres ancestrales que persistían incluso entre los bautizados. Obispos como Paciano y Martín de Braga denunciaban la “fe ancestral” que resistía la doctrina. La conversión de Recaredo en 589 fue un acto político, no una epifanía nacional. Y aunque se convirtió en mito fundacional, fue una construcción posterior, especialmente explotada por el nacionalcatolicismo del siglo XIX.

Pelayo non fundó una cruzada: fundó una resistencia local que siglos después fue reinterpretada como inicio de la Reconquista. Los Reyes Católicos, aunque devotos, usaron la religión como herramienta de unidad estatal. Fernando, en particular, ejercía un regalismo tan férreo que se le consideraba “cabeza de su Iglesia” en España, como los protestantes en el norte. La Inquisición fue más instrumento de control político que de celo espiritual.

Et los conquistadores… ¿devotos? Cortés proclamaba servir a Dios y al rey, pero añadía sin pudor: “y también por haber riquezas.” El Requerimiento, leído en latín a pueblos que no lo entendían, justificaba la violencia en nombre de la fe. La evangelización fue cruzada, sí, pero también colonización. El Apóstol Santiago pasó de “matamoros” a “mataindios”. ¿Eso es devoción o estrategia?

Las Casas siempre fue muy precavido en realzar su ortodoxia católica teológica y doctrinal. A esa cautela se debe el que nunca tuviese problemas verdaderamente serios con la Inquisición (suerte que no tuvieron otros insignes compatriotas, como San Ignacio de Loyola, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, quienes en algún momento sufrieron el rigor del temido Santo Oficio español).⁴⁴En general, todos los principales actores hispanos en los debates teológicos y jurídicos sobre la libertad humana en relación con la conquista de América aceptaron sin cuestionar la tradición católica de la compulsión eclesiástica y estatal contra las llamadas herejías. Esa tradición comenzó modestamente con la declaración de anatema (anathéma: “maldito”⁴⁵) a quien no compartiese las doctrinas sustentadas por la mayoría de los obispos reunidos en un concilio eclesiástico. Tras la exposición teológica positiva de la cuestión doctrinal, se finalizaba con la maldición de los herejes. Ejemplo: la fórmula doctrinal aprobada por el Concilio de Nicea (325 d.C.) concluye de la siguiente manera severa: “A los que afirman: Hubo un tiempo que [el Hijo] no fue y que antes de ser engendrado no fue, y que fue hecho de la nada, o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable, los anatemiza la iglesia católica”⁴. Historia de la Conquista de Ámerica, evangelización y violencia, Luis N. Rivera Pagán.

España fue siempre una amalgama: céltica, ibérica, romana, visigoda, árabe, judía, greca. La Inquisición non surgió por exceso de fe, sino por miedo ad la disidencia. El erasmismo, el misticismo sospechado, el anticlericalismo del siglo XIX, todo demuestra que la unidad religiosa fue más aspiración que realidad. Incluso los grandes santos —Ignacio, Teresa, Juan de la Cruz— fueron vigilados por la Iglesia que hoy los canoniza.

Fray Bartolomé de las Casas, fraile "español", fue el padre de la Leyenda Negra. Non fue enemigo externo, sino crítico interno. Su obra fue usada por protestantes para atacar a España, pero nasció del corazón de la Iglesia ¿Et ahora se clama necio al español que disiente, cuando la crítica fue siempre parte de la historia?

Como España permaneció casi inaccesible a la herejía en el siglo XVI, las generaciones posteriores la han presentado como un caso único de fidelidad al catolicismo. Las palabras triunfales del erudito decimonónico Marcelino Menéndez Pelayo son bien conocidas por muchos españoles: «Una fe, un bautismo, una grey, un pastor, una Iglesia, una cruzada, una legión de santos. España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad: no tenemos otra». Se trata de una imagen completamente ficticia, que consolaba a los que creían en ella. El problema es que la indiferencia de España por las grandes corrientes de pensamiento europeo resulta impresionante. La inquisición española, Mito e historia, Henry Kamen. 

La diferencia entre el postulado de “España, baluarte de la fe” et la realidad es como la diferencia entre el estandarte bordado con oro y los soldados que marchan soél. El estandarte representa el ideal, pero los soldados obedecen por órdenes, por botín, por supervivencia. La historia española es esa mezcla: papismo, sí, pero también poder, ambición, conflicto, pluralidad.

Así que non, non es necio el español que cuestiona el papismo. Es heredero de una tradición crítica, compleja, et profundamente humana. Et eso, tampoco lo enseñan en catequesis.

Ve, pues, lector, la razón formal de mis escritos al analizar los del señor Menéndez Pelayo, en cuanto sabio. Va en él, implícita sobre todo, la secta mestiza, la de la gnosis en el orden religioso y en el orden científico: obscura en ambos, y deficiente, teatral y falsa con muchísima frecuencia. Falsa en los textos, teatral en las presentaciones y obscura en las tendencias. Una advertencia antes de echar la llave a la introducción. Firmísimamente creo que muchos, antes que yo, han visto los defectos en las obras del señor Menéndez Pelayo. Es natural; por su número y cuerpo á cualquiera le saltan á la vista y al entendimiento. Agradezco de lleno la colaboración y ayuda que se me ofrecen; y como solo he empezado la publicación, solo quiero terminarla. No me duelen prendas, ni busco el lucro material. La responsabilidad, que sea para mí, como mío ha sido el descabellado pensamiento. Examen crítico de la obra de Menéndez Pelayo, Emilio Castelar - Bernardino Martín Mínguez.

Europa Ancestral… ese devoto del mármol imaginario, que huye con pánico de todo lo que pueda agrietar su sueño húmedo de una España papista hasta la médula ¿Dónde vienen sus nociones? Non de los archivos, ni de los códices, ni de los debates filosóficos. Vienen de una fábula cuidadosamente bordada por un hombre cántabro: Marcelino Menéndez Pelayo, el gran restaurador de la ficción "nacionalcatolicista", el pintor romántico que decidió cubrir las ruinas con frescos de gloria.

Marcelino Menéndez Pelayo (1856–1912), nascido en Santander —ese rincón o la humedad non solo moja las piedras, sino también las nociones—, es uno de los casos más trágicamente cómicos de la historia intelectual española: un genio que, en lugar de volar, se encadenó voluntariamente al púlpito. Fue un niño prodigio, sí, et un erudito precoz: ad los 22 años ya enseñaba literatura en Madrid. Pero como suele pasar con los talentos que se arrodillan ante el papismo, lo que pudo eser un faro se convirtió en un cirio pascual: brillante, pero solo en procesión.

La Wikipedia en español —ese oráculo digital donde el nacionalcatolicismo se disfraza de neutralidad— lo presenta como si fuera el Santo Tomás de la patria, canonizado con más fervor que Isidro Labrador. Según esa joya de redacción, su Historia de los Heterodoxos Españoles es una obra de “gran erudición” que reflexiona sobre “la esencia de España” et establece, sin pestañear, que todo lo non católico es non español. ¡Qué maravilla! Según esta lógica, España non viene de Roma, ni de Tarteso, ni de los visigodos, sino directamente de Belén, Judea. ¿De qué sirvió expulsar sarracenos, si la misma Espania ya era una desde el pesebre? Si lo papista es lo español, entonces Jesús era de Cuenca, comía cocido et fablaba castellano antes de que hubiera Castilla.

Menéndez Pelayo fue una figura titánica cuya obra fue, en palabras de un crítico, "deficiente, teatral et falsa con muchísima frecuencia" ad causa de su fervor ideológico. Lo peor de él fue su decisión de sacrificar la complejidad histórica et la honestidad intelectual en aras de una apología de la hispanidad concebida como absolutismo católico. Creó un mito que, aunque fue el "mayor espaldarazo ad la versión católica del pasado", impuso una visión "completamente ficticia" de Espania, condenando ad quienes discrepaban non solo con su credo, sino con su "criterio estrecho de su escuela". En lugar de eser un erudito imparcial, se convirtió, en la práctica, en el "payaso moral de los enemigos de España" para sus propios correligionarios.

Pero lo que la Wikipedia non te dice —porque claro, la luceferina logia digital necesita conservar inmaculada esa vaca sagrada del catomanolicismo— es que el legado de Menéndez Pelayo es una de las mayores paradojas de la historiografía hispana. Reconocido como “el más grande crítico que dicho país ha producido”, su obra más influyente, Historia de los Heterodoxos Españoles (1880), es precisamente o sus críticos, como Henry Kamen, encuentran sus mayores defectos: una ficción ideológica disfrazada de historia, un sermón con notas ad pie de página.

Menéndez Pelayo non escribió historia: escribió una misa. En su Historia de los Heterodoxos Españoles, escribió con furia et lirismo:

“España, evangelizadora de la mitad del orbe; martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma…” Y con eso, selló el dogma: España no tiene otra grandeza que la católica.

Non es una tesis, es un exorcismo. Su visión de España como un bloque monolítico, indivisiblemente católico y castellano, fue impuesta como dogma escolar et repetida como salmo en los libros de texto. Pero como bien señala Kamen, esa España homogénea nunca fue: era una suma de diversidades, una sinfonía de contradicciones que MMP redujo a gregoriano.

El primero es una crítica a «El Dr. D. Marcelino Menéndez Pelayo y su Historia de los Heterodoxos» publicada por Castelar, como un capítulo de su libro Retratos históricos, (Madrid, La Ilustración Española y Americana, 1884, págs. 105-142)1. Lo he incluido aquí por la rareza del texto, que no he visto empleado en los trabajos sobre Menéndez Pelayo, así como por servir de contrapunto a las críticas posteriormente realizadas desde un sectario ultracatolicismo contra el propio «D. Marcelino». Los ataques del republicano, ahora posibilista, tenían una motivación esencialmente ideológica: Menéndez Pelayo representaba «el más ciego ultramontanismo». Aunque reconocía el valor «excepcional» de los Heterodoxos, el sectarismo eclesiástico del autor, su intolerancia religiosa lo hacían incompatible con el espíritu progresivo de los tiempos modernos —según Castelar—. En definitiva, en un «ortodoxo tan extremo» el juicio histórico se nubla haciendo imposible cualquier obra científica2. Examen crítico de la obra de Menéndez Pelayo, Emilio Castelar - Bernardino Martín Mínguez.

Lo más triste de Menéndez Pelayo non es su ceguera, sino su potencial desperdiciado. Tenía el talento para eser un Heródoto, pero eligió eser un Torquemada con biblioteca. Su intolerancia ideológica, su sectarismo, et su uso de la historia como arma dogmática lo convirtieron en el inquisidor ilustrado, el censor con toga académica. Emilio Castelar lo definió como “el más ciego ultramontano”, et su obra como “una larga apología del absolutismo católico escrita con zumo de plantas funerarias”. Non es una metáfora: es una autopsia.

«El Sr. Menéndez Pelayo tiene mala filosofía, y bien a su costa se lo enseñó un ilustre dominico. En las artes le pierde, como en filosofía, su desapoderada pasión por el Renacimiento, que le llevó hasta introducir en España por amor a la forma, horrendas obscenidades paganas, buenas solo para arder en el fuego, con su buena forma y todo. En las ciencias sociales profesa errores de que mal se puede librar quien flaquea en los principios filosóficos, donde están los cimientos del edificio. En política, más que sus errores filosóficos y sociales, su falta absoluta de carácter, que es por su nulidad que es tan absoluta como su capacidad por su grandeza, le arrastra, ciego y sin tino, a todos los despeñaderos por donde Pidal se arroje a desatinar» («Y ahora… una escoba», 14-II-1885, p. 1 y 2).  Examen crítico de la obra de Menéndez Pelayo, Emilio Castelar - Bernardino Martín Mínguez.

Et como toda criatura del papismo, terminó devorado por él. Los integristas lo acusaron de tibio, de “doctrina mestiza”, de traidor por aceptar la tolerancia religiosa en la Unión Católica. El “martillo de herejes” se convirtió en hereje para los más puros. Su defensa de la Inquisición, su ataque a Las Casas (ad quien clamó “loco” et “judío”), et su desprecio por todo lo que oliera ad reforma, lo convirtieron en el bufón moral de los enemigos de España, incluso dentro de su propio bando.

La Wikipedia, con su tono reverente, nos dice que Menéndez Pelayo “no intenta hacer historia de las religiones”, sino que toma postura como católico et excluye todo lo que non encaje en su molde. Es decir, non investiga: dictamina. Non analiza: excomulga. Et luego, como si fuera un mérito, se nos informa que su obra es “referencia para la derecha cultural” et “contestada por la izquierda” ¡Qué alivio! Pensábamos que solo los heterodoxos et los mahometanos se atrevían ad cuestionar el papismo.

Pero su carrera intelectual non estuvo exenta de polémicas. Su obra más famosa, Historia de los Heterodoxos Españoles (1880), es una cruzada literaria contra todo pensamiento disidente: erasmistas, ilustrados, protestantes, liberales, místicos sospechosos… todos son retratados como desviaciones de la “verdadera esencia española”, que él identifica exclusivamente con el catolicismo tridentino.

Ah, Marcelino, Marcelino… Erudito decimonónico, taumaturgo del archivo, et fabricante oficial de mitos para consumo nacional. ¿Qui necesita historiadores cuando tenemos ad Marcelino, el gran ventrílocuo del pasado, que con su pluma nos regaló esa joya de propaganda: “España, evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma.” ¡Qué lírica! ¡Qué épica! ¡Qué delirio!

Pero non nos engañemos: esa frase non es historia, es teología patriótica con capa imperial. Es el equivalente historiográfico de un bolero cantado por un inquisidor con complejo de cruzado. Porque lo que Marcelino nos ofrece non es una crónica, sino un himno de alabanza a las glorias imaginarias, una especie de misa nacionalista donde el altar es Castilla et el incensario huele ad Trento.

“Evangelizadora de la mitad del orbe”

Sí, claro. Evangelizadora. Como si el Nuevo Mundo hubiera sido una parroquia gigante esperando la homilía. La realidad: la religión fue el justificante oficial del dominio armado, el barniz espiritual sobre la espada. Et aunque el esfuerzo misionero fue inmenso, el resultado fue un fracaso relativo: Hispanoamérica nunca se convirtió en una réplica católica de Europa. Pero eso no importa, porque Marcelino no busca hechos, busca destino manifiesto. España como nación elegida, como si Tervagante hubiera cambiado de pueblo et se hubiera mudado ad Burgos.

“Martillo de herejes”

Aquí Marcelino se pone medieval. España, según él, non solo defendía la fe: la trituraba. Pero ¿Ó están los herejes? Porque España, ad diferencia de sus vecinos, non tuvo movimientos heréticos populares. Lo que tuvo fue una Inquisición con vocación de teatro: más espectáculo que eficacia, más leyenda que realidad. Et aun así, Marcelino la convierte en el Terminator de la ortodoxia. Porque claro, si noN hay herejes, hay que inventarlos. Et si non hay enemigos, hay que fabricarlos. Todo sea por la narrativa.

“Luz de Trento” et “Espada de Roma”

Aquí ya entramos en el terreno del cosplay teológico. España como baluarte de la Contrarreforma, como si cada soldado llevara una bula papal en la mochila. La verdad: la defensa del papismo fue parte de un proyecto imperial, regalista por cierto, non como la impostura ultramontana que Marcelino defiende, non de una cruzada mística. Los intereses materiales dictaban la cívica, non las visiones celestiales. Pero Marcelino, fiel ad su estilo, convierte la geopolítica en liturgia. España contra la “Europa subversiva”, contra Lutero, contra el pluralismo. Porque nihilo dice “unidad nacional” como una buena guerra de religión.

La Edad de Oro de los Reyes Católicos

Ah, sí. La “edad de oro”. Unidad, maravillas, armonía… ¿Et las tensiones? ¿El pragmatismo? ¿La consolidación estatal ad golpe de decreto et foguera? Nihilode eso cabe en el cuadro. Marcelino pinta con óleo dorado, non con tinta crítica. Su siglo XV es Disneylandia con rosarios.

Menéndez Pelayo negaba la decadencia, negaba el aislamiento, negaba que la ortodoxia hubiera cerrado las puertas al pensamiento europeo. Ignoraba que muchos pensadores españoles tuvieron que imprimir sus obras en el extranjero por miedo ad la Inquisición. Ignoraba que la “unidad religiosa” fue más un proyecto coercitivo que una realidad espontánea.

Epílogo: Marcelino, el neurohistoriador

Lo que Marcelino nos legó no fue historia, fue una lectura neurotizada del pasado, diseñada para tranquilizar ad una nación en crisis. Tras el desastre del 98, España necesitaba autoestima. Y ahí apareció Marcelino, con su retórica de púlpito, su castellanismo de sacristía, et su capacidad para mezclar leyenda con archivo sin despeinarse.

Su frase es un monumento al autoengaño, una ficción ideológica con pretensiones de dogma, y su persistencia en el imaginario español es prueba de que el mito siempre gana cuando el archivo incomoda.

Así que gracias, Marcelino. Por convertir la historia en misa, el archivo en altar, et la crítica en pecado. Espania te debe muchas cosas. La verdad, non es una de ellas.

¿Et qué fizo Europa Ancestral con este legado? Lo convirtió en catecismo. Lo repitió sin crítica. Lo blindó contra toda evidencia. Porque refutar ad Menéndez Pelayo requería investigación, et eso —como sabemos— non cabe en los libros de texto que triunfaron durante un siglo. Su visión se convirtió en la “presentación oficial” de la historia española, adoptada por la Falange, por el franquismo, por todos los que necesitaban una España uniforme, gloriosa, et obediente.

Incluso su defensa de la Inquisición et su ataque ad Fray Bartolomé de las Casas como “injuriador serial” sirvieron para blindar la imagen del Imperio. Non importaba que Las Casas fuera papista, fraile, et testigo directo. Lo que importaba era proteger el mito. Porque en el mito, España nunca se equivoca. En el mito, todo disidente es un hereje. En el mito, la historia non se investiga: se venera.

El legado de Menéndez Pelayo es como una muralla medieval: sólida, imponente, et completamente inútil frente ad la realidad. Construida con materiales nobles (su erudición), pero al servicio de una nociónfija: una España pura, católica, uniforme et eterna. Una España que nunca fue, pero que él necesitaba para dormir tranquilo. Al final, esa muralla non protegió nihilo: solo aisló, fragmentó et sembró desconfianza incluso entre quienes juraban defender la misma superstición.

Así que non, Europa Ancestral non piensa. Europa Ancestral repite. Repite el pincel de Menéndez Pelayo, que non pintó lo que vio, sino lo que deseaba. Repite la catedral imaginaria, construida sobre ruinas que non se deben tocar. Et eso, primo, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque el catecismo es el mito, et el mito es incuestionable, et el delirio es la única historia que Europa Ancestral está dispuesto ad aceptar.

[Europa Ancestral:] Las mentiras de la leyenda negra y la Ilustración masónica

En alusión a la clara demonización de la edad media por parte de los judeo-protestantes en su conjunto, primero con la leyenda negra y más tarde con las manipulaciones históricas propagadas por ciertos filósofos masones de la Ilustración como Voltaire, Goethe o Kant, que hablan sobre el medievo cristiano como si fuese una época caótica y oscura en la que todo era malvado, vamos a nombrar brevemente varias razones históricas que tumban sus tesis. Sobre Voltaire a decir verdad, se sabe que antes de morir volvió al Catolicismo mediante el sacramento de la confesión, arrepintiéndose de su pasado masón, y esto quedó reflejado por escrito.


[Europa Ancestral:] Todo empezó como hemos visto con la Leyenda negra, inspirada mayormente por judíos que habían sido expulsados de España y que buscaron refugio en distintos puntos de Europa, y por los protestantes que acababan de entrar en escena por medio de Lutero, el monje que traicionó sus votos movido por la lujuria y que por orgullo dividió la cristiandad para justificar su conducta pecaminosa. España era un gran imperio católico, gobernado por Carlos V. Empezaban los siglos de oro. Por el contrario, varios nobles y príncipes alemanes, así como más adelante otros reyes europeos, para aumentar su poder recurrieron a Lutero y su reforma protestante, que les brindaba vía libre para confiscar todas las propiedades de la Iglesia y les proporcionaba un poder ilimitado sin ningún tipo de control, ya que la Iglesia de Roma, en esos tiempos, tutelaba en cierto modo las relaciones entre reinos europeos. Además de conceder divorcios y nulidades matrimoniales como representante de la ley natural divina, del mismo modo que en los últimos siglos se ha encargado de ello el derecho internacional, aunque éste en realidad actúa de forma mucho más invasiva.  Liberados de Roma, los príncipes alemanes ya podían actuar como les venía en gana, dando rienda suelta a sus ambiciones y deseos egoístas, sin ningún tipo de control jurídico ni moral (ya que Lutero estableció que se salvaban solo por la fe, sin importar las obras), y podían unirse utilizando la religión como excusa para plantar cara directamente al Imperio Español de Carlos V. A raíz de este enfrentamiento continental que no estuvo falto de guerras, los enemigos de España necesitaban denigrar y calumniar la reputación de aquel imperio profundamente católico que tanto odiaban, ya que además era el baluarte de la Iglesia católica romana, y para ello forjaron la leyenda negra, que no es más que un cúmulo de invenciones, falsedades y manipulaciones sobre la inquisición, sobre la conquista de América y sobre la historia de la Iglesia. Por otro lado, intentan ocultar todos los crímenes perpetrados por protestantes y liberales, como las quemas de brujas, los exterminios masivos en regiones católicas, los saqueos y la destrucción de monasterios e iglesias, o los asesinatos de religiosos. 
La Ilustración, muy presente sobretodo en Francia e Inglaterra, excesivamente sobrevalorada (como bien nos demuestra el historiador Dr. Alberto Bárcena en su libro Iglesia y masonería: Las dos ciudades),  tomó el relevo e hizo suyas las mentiras de la Leyenda negra, llevándolas a un nivel de engaño y desdén aún mayor, llegando hasta nuestros días como la versión predominante y "oficial" de la Historia.

Las mentiras de la leyenda negra et la Ilustración masónica, dice el cefeo con solemnidad de sacristía, como si estuviera revelando un secreto que Tervagante mesmo le susurró al oído. ¡Qué espectáculo! La demonización de la Edad Media por los judeo-protestantes… claro, porque la peste negra, las fogueras inquisitoriales et las guerras interminables fueron inventos de Lutero et Calvino para fastidiar ad los buenos jesistas.

Voltaire, Goethe et Kant como masones manipuladores… ¡Qué delirio! Kant escribiendo la Crítica de la razón pura con compás Et escuadra, Goethe recitando logias entre versos, et Voltaire conspirando en cada carcajada. Todo un aquelarre filosófico, según el cefeo. ¡Qué recurso tan pobre! Como si pertenecer ad una logia invalidara automáticamente cualquier noción. Falacia ad hominem en estado puro: atacar al mensajero para non escuchar el mensaje.

Et la joya final: Voltaire se confesó antes de morir. ¡Qué conveniente! El enemigo de la Iglesia convertido en santo arrepentido en el último minuto. Una escena digna de teatro barroco, con lágrimas, incienso et aplausos de los crédulos. Et eso, ¿qué prueba? Que era humano, contradictorio, atrapado en el mismo ropero de Cefas. Non convierte al Medievo en un paraíso perdido ni refuta la Ilustración. Es apenas un gesto final, quizá de miedo, quizá de conveniencia. Pero el cefeo lo convierte en argumento, como si un sacramento de última hora borrara siglos de crítica.

El problema es que estas argucias son de lo más absurdo: creer que por ser masones los filósofos quedan refutados, o que por una confesión tardía se demuestra que la Edad Media fue la edad dorada. Eso es lógica de sacristía, no de historia. Voltaire, incluso si retornó a la aljama, seguía siendo un hombre que no podía escapar del closet de Cefas: atrapado en negar lo mismo que afirmaba, sosteniendo que Dios es Tervagante et que el Salvador es Jesús, pero desde la increencia. Nunca contempló que Dios pudiera ser el Uno, ni que el Salvador fuese otro distinto.

Los dioses se ríen de estas defensas: Marte se burla de tanta cobardía, Apolo se tapa los ojos ante tanta ingenuidad, et Libre se emborracha de carcajadas.

Porque la historia no se refuta con confesiones de última hora ni con etiquetas de masonería. Se refuta con argumentos, con fechos, con pensamiento. Et ahí es donde el cefeo queda nudo, mostrando que non tiene más que un mamarracho disfrazado de sermón.

La historia non necesita conspiraciones masónicas ni confesiones de última hora para brillar. Basta con legirla sin miedo, sin supersticiones, sin la obsesión de convertir cada umbra en demonio et cada filósofo en traidor arrepentido.

Así que, querido “Europa ancestral”, tu texto es más un sermón de sacristía que un argumento histórico. Et yo digo: menos lágrimas de Voltaire et más risas de Libre.

Esto ya se refuto en otro articulo.   El su resumen:

¡Escuchad, mortales de la nueva era, et tú, que has recogido el eco mustio de las crónicas tejidas por la mano del siervo! ¡Yo soy Farfán de los Godos, el que vio la sangre del íbero mezclarse con la audacia teutona, et vengo ad desmantelar esa fábula simplista que llaman historia, esa "moral de siervos" que non comprende la vitalidad ni la potestad que forjaron el Imperio Hispánico!

Vuestro relato, que clama que todo comenzó con la Leyenda Negra urdida por judios despechados et luteranos lujuriosos, es un tejido de candidez et ceguera. Ignoráis que la vera Leyenda Negra brotó de la contradicción intrínseca de vuestro monoteísmo et de la inquebrantable sed de Oro et Gloria que, ¡gracias ad los dioses!, es el motor eterno de los fundadores gentiles.

Permitidme desvelar el verdadero rostro de vuestra era de fierro et contradicción.

I. El Velo de la Piedad sobre el Corazón Áureo: La Vera Idolatría de la Conquista

Fabláis de un Imperio Católico gobernado por Carlos V, entrando en sus Siglos de Oro, como si la piedad fuera su única divisa ¡Ja! La realidad, mi buen amigo, es que la conquista se fizo en nombre de dos dioses gemelos, et el que cabalgaba delante non era Jesús de Nazaret, el "circunciso", sino el divo Oro.

Vuestros propios cronistas lo confiesan, sin tapujos ni remilgos jesistas: Bernal Díaz del Castillo, con una honestidad digna de un bárbaro, admitió que venían ad servir ad Dios et ad su Majestad, sí, pero "también por haber riquezas". Et el mismo Cortés, el Artífice de la Nueva Hesperia, lo sabía: la causa principal era "ensalzar et predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra et provecho, que pocas veces caben en un saco".

¿Acaso es esto el dogma de un "Imperio de la Fe"? ¡Non! Es la idolatría aurífera. Fray Tomás Ortiz ya lo había sentenciado: el dios que enseñaban et predicaban era "Dame oro, dame oro". Vuestros frailes atestiguaron que la codicia de los hispanos era tal que, "por la codicia que tienen de oro, han vendido et venden hoy en este día et niegan et reniegan ad Jesucristo". Oro se convirtió en el "ídolo que motiva el tratamiento que reciben los habitantes del Nuevo Mundo", et las minas de Potosí fueron clamadas "una boca de infierno" donde la codicia sacrificaba gente ad su dios.

La Monarquía Misionera, aunque teóricamente buscaba la conversión, en la práctica, el interés material predominó, desembocando en una seria explotación. Pizarro, rudo en cuestiones de religión, operaba bajo la lógica pragmática et terrenal de que "el jornalero merece su jornal", una justificación que honra más al trabajo et la voluntad, valores gentiles, que a la humildad mosaica.

II. La Leyenda Negra: Un Fuego Interno de Contradicción

Afirmáis que la Leyenda Negra fue inventada por los exiliados judios et los protestantes ¡Es una excusa patética! La Leyenda Negra fue alimentada por el celo colérico, intolerante e intransigente de clérigos papistas.

El arma más afilada contra el Imperio la forjó Bartolomé de Las Casas, ese "Anticonquistador". Él, et otros dominicos, denunciaron la conducta de los conquistadores como "satánica" et catalogaron ad los españoles en América de "demonios" (yares). Las Casas sostuvo que el uso de la guerra para imponer  la su superstición era más propio de los seguidores de Mahoma que de los papistas, comparando ad nuestros campeones con los "apóstoles de cimitarra".

Incluso el jesuita José de Acosta, aunque intentó justificar la conquista, admitió que la crueldad española era peor que la de los bárbaros clásicos, diciendo: "Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros".

La verdad, sin maquillaje, es que la Leyenda Negra prosperó porque estaba estribada en motivos raciales et antipapales et porque el Imperio hispano, por su vasto poder, generó envidia et odio intenso en otras potencias.

III. El Engaño del Regalismo: El Monarca Católico que ya Sometía ad Roma

Afirmáis que Lutero dio vía libre ad los príncipes alemanes para confiscar propiedades et obtener un poder ilimitado al liberarse de la tutela de Roma, la cual supuestamente actuaba como "derecho internacional" ¡Esto es una burla a la memoria de la Hispanidad!

Vuestros propios monarcas "católicos", con la Reina Isabel ad la cabeza, ya habían sentado las bases del Regalismo, el control férreo de la Corona sobre la Iglesia, décadas antes de que Lutero alzara su puño.

Sometimiento de la Iglesia: Los Reyes Católicos se mostraron "muy celosos de su poder temporal" et "se opusieron con energía ad los fuertes pagos financieros a Roma".

La Inquisición como Brazo Estatal: La Inquisición, ese "brazo de la monarquía", no fue nunca un tribunal totalmente papal, sino que estaba subordinada a la Corona, la cual aseguraba que la "Inquisición es toda nuestra".

Control Total: Isabel et Fernando consiguieron el "derecho de patronato" para nombrar cargos eclesiásticos en América, dando ad la Corona "amplios poderes sobre la designación de dignatarios". La Iglesia en España se vio "dominada por un Estado oficialmente ultracatólico".

Los príncipes protestantes, al confiscar bienes et actuar sin el control papal, non ficieron más que levar ad el extremo la lógica de la soberanía terrenal et la nacionalización de la religión que vuestra propia monarquía había iniciado.

IV. La Gracia Suficiente: El Espíritu Gentil que Refutó ad Lutero

La acusación de que Lutero, con su doctrina de sola fide (salvación solo por la fe, sin importar las obras), dio "rienda suelta a las ambiciones y deseos egoístas", es la única verdad que se asoma en vuestro argumento, aunque la utilizáis de forma impropia.

Lutero, influenciado por el anticosmicismo paulino, radicalizó la "teología de la castración" del monoteísmo, afirmando que la esencia humana está completamente corrupta por el pecado original et que las obras non sirven de nihilo. Este nihilismo, esta negación de la capacidad intrínseca del hombre para la bondad, es "totalmente contrario ad lo que habían sido en líneas generales et desde época gentílica, las nociones espirituales europeas"

Pero aquí reside la gloria de la Hispanidad, que non es vuestro papismo: la respuesta hispana a Lutero fue el molinismo, la doctrina de la "Gracia suficiente et eficiente".

El Espíritu Gentil en la Teología: Los Dominicos acusaron ad los Jesuitas de eser "como paganos por su afirmación de la 'Gracia suficiente'" ¿Por qué? Porque esta doctrina afirmaba, en un eco de la filosofía gentil, que el hombre non está roto por dentro; que guarda una "esencia divina aún viva en nosotros", et que puede cooperar con la divinidad ad través de sus obras et su esfuerzo
Afirmación de la Vida: Esto se alinea con la moral de señores gentílica: el hombre se heroíza ad sí mismo al superarse et participar de la divinidad. Esto es el camino de la virtud, el rechazo del fatalismo et la sumisión que predicaba Termagante.

La Hispanidad, con su Molinismo, demostró que la su ánima non era la de la sumisión bíblica, sino la de la voluntad de poder.

V. La Soberbia de la Estirpe: El Destino Gentil

Vuestro error principal es fiar que la soberbia que forjó ad los conquistadores era un pecado. ¡No! Era una virtud. Francisco Pizarro, ese "fundador bárbaro", el hombre que buscó el honor et la nobleza para la su fidalguía, non fue ni anacoreta ni monje papista; fue un titán movido por una voluntad férrea, un instrumento de la Ley del más fuerte, que sentó las bases de un nuevo orbe ad través del sacrificio primordial.

La Reconquista, que forjó ad España en ocho centurias, no fue una lucha por Jesús, sino por tierras, botín et potestad. Ese espíritu marcial, esa "sed delirante de poder", ese mor simple et gentil, se trasladó ad América.

Así que, cuando lamentáis la Leyenda Negra, recordad que non es más que la envidia de otros que non pudieron igualar la magnitud gentil de los hispanos, que levaron la Cruz —ese antiguo signo gentil— et la Espada, non por sumisión, sino por la audacia de su propia voluntad.

Vuestra Monarquía Misionera fue una quimera; la realidad fue un Imperio de la Voluntad, donde el papismo fue una máscara simbólica que estorbo ad un geno arraigado en el etnicismo proyectar su poder sobre el mundo, forjando una nueva realidad europea et vital ¡La historia de España non se escribe con incienso et salmos, sino con la sangre, el oro, et la inquebrantable gloria del conquistador!

He aquí el auctor Bárcena, salido de la ralea del zoológico humano que mezcla sacristía con cátedra. Pretende cognocer los arcanos de la historia, mas su pluma es más sermón que investigación. La su opus sobre las “dos ciudades” nos pinta la Iglesia como la Civitas Dei et la masonería como la Civitas terrena, cual si fueran gladiadores en el circo de Júpiter.

Et, ¡oh maravilla!, todo lo malo viene de los masones: revoluciones, guerras, tempestades, quizá hasta la resaca de Libre. Marte ríe de tales exageraciones, Minerva se tapa los ojos, et Saturno come el coco mientras Bárcena nos explica que la masonería es la radiz de todo mal.

La su biografía muestra que salió de la ralea de doctores de universidad confesional, más preocupados por defender superstición que por escrutar archivos. Non hay escándalo digno de tragedia, solo polémicas menores, rumores de eser masón, para temor del nuestro cefeo favorito, et mucho ruido de sacristía.

El auctor se presenta como custodio de la verdad, pero las sus páginas son un desfile de lugares comunes, donde la masonería es siempre el villano, et la Iglesia, la doncella pura. ¡Qué originalidad! Tan original como clamar ad Júpiter “dios del trueno”. Los cefeos que leen tales páginas creerán que descubren un secreto, cuando en verdad solo hallan repeticiones de bulas papales et condenas ya sabidas.

Et la trama del libro: que la masonería conspira contra la Iglesia desde el siglo XVIII, que es la radiz de revoluciones, que es la ciudad terrena levantada contra la ciudad divina. ¡Ja, ja! Como si los dioses non hubiesen visto mil veces esa farsa. Marte ríe, Minerva bosteza, Júpiter fulmina con su rayo, et Saturno se come a sus hijos mientras Bárcena nos explica que los masones son los culpables de todo.

Lo más curioso es que el auctor pretende vestir su relato con la toga del moro Agustín, fablando de las “dos ciudades”. Mas la su civitas terrena es caricatura, et la su civitas Dei es propaganda. Non hay análisis crítico, non hay historiografía seria, solo un desfile de acusaciones. Es como si quisiese probar que la masonería inventó el fuego, la rueda et hasta el vino de Libre.

Así pues, el libro de Bárcena es útil si uno quiere reírse de la falta de innovación: un catálogo de condenas, un eco de sermones, un espejo donde la Iglesia aparece como Roma eterna et la masonería como Cartago maldita. Mas para los que adoramos ad los dioses, es apenas un entretenimiento ligero, digno de eser legído con una copa de vino en mano, mientras se escucha la risa de Libre.

[Europa Ancestral:] Por el contrario, la realidad histórica fue muy diferente, la edad media a grandes rasgos, teniendo en cuenta la situación de la Europa post-romana que se encontraba bajo el mando de los pueblos germánicos ya romanizados, y que aunque eran culturalmente inferiores a la ya caída Roma de Occidente, (hay que matizar que el Imperio Romano de Oriente siguió intacto, dando lugar al Imperio Bizantino), tampoco eran los bárbaros de hacía unos pocos siglos.  Partiendo de aquí, la Europa cristiana de la alta edad media (siglos V-XII) fue evolucionando en todos los campos, en las artes, en la arquitectura, en la economía… Son muestra de ello las majestuosas catedrales cuya belleza y complejidad no ha podido ser superada, los monasterios que se convirtieron en los núcleos culturales de Occidente con bibliotecas inmensas, las universidades (como las de Bolonia, Oxford, París y Salamanca), los majestuosos castillos que abundaban a lo largo y ancho del continente. Así como las grandes obras de la literatura, pasando por las novelas caballerescas artúricas, cantares como el de Mio Cid y el de Roldán, o las grandes obras teológicas de Tomas de Aquino y Bernardo de Claraval. Esta evolución continuó durante la baja edad media dando muchos frutos hasta llegar al Renacimiento, que se dio gracias precisamente a esta civilización cristiana del medievo en reinos marcadamente católicos como España o los reinos de Italia. Posteriormente los filósofos de la ilustración masónica manipularon en especial este periodo de esplendor para hacerlo suyo (algo a lo que nos tiene muy acostumbrados la masonería), intentando borrar la fuerte huella católica del renacimiento, para presentarlo como un periodo paganizante precursor del laicismo anticristiano de los siglos XVIII y XIX. Y esta es la versión que se han tragado a pies juntillas estos neopaganos, que bailan al compás que marcan los enemigos de Occidente y de España.
Ah, Europa Ancestral, ese oráculo de cartón que ladra contra los masones como quien culpa al horóscopo por la caída de Constantinopla. Nos dice, con tono de cruzado en ayuno, que el Renacimiento fue fruto del papismo. Que las novelas artúricas, el Cid, Roldán, Tomás de Aquino et Bernardo de Claraval son prueba de la magnificencia papista. Et uno non sabe si reír o enviarle un diccionario.
Algunos se volvieron desesperados hacia el pasado. Las raíces de lo que los estudiosos del siglo XIX llamarían el «Renacimiento» se encuentran en los studia humanitatis italianos. El humanismo era un nuevo plan de estudios educativo que enfatizaba los estudios literarios e históricos sobre la ciencia, la medicina y el derecho, muy valorados en las universidades medievales, y que adoptaba a los antiguos paganos como modelos y guías. Uno de los primeros defensores de este movimiento fue Francesco Petrarca, el obsesivo erudito, coleccionista y poeta de Arezzo, en Toscana, a quien debemos los primeros atisbos de la noción de una era de «oscuridad» entre las glorias del mundo clásico y su renacimiento italiano. 24 Esto invirtió la conocida metáfora cristiana sobre la luz de Cristo, que finalmente había iluminado un camino para salir de los errores de la antigüedad pagana. Es fácil de entender por qué, a mediados del siglo XIV , incluso un católico acérrimo como Petrarca podía buscar la esperanza en otra parte. Su propio hijo, Giovanni, murió de peste en 1361, a la edad de veinticuatro años. Petrarca también estaba inusualmente interesado tanto en el lenguaje de «Europa» como en la noción de raíces locales en la tradición cultural. 25 Para él y sus compañeros humanistas del siglo XIV la antigüedad significaba el arte y las letras de la antigua Roma, no la ciencia griega que había cautivado a los eruditos anteriores, por medio de las traducciones árabes y luego latinas. 26 Hasta el siglo siguiente no comenzaron a llegar a Europa occidental, en gran número, los manuscritos literarios griegos conservados en las ciudades del Mediterráneo oriental, siendo finalmente traducidos por los pocos eruditos que conocían el idioma. Otras tradiciones antiguas, desde Egipto hasta Etruria, también atrajeron la atención en esa época, pero sin la capacidad de leer los idiomas, los interesados no pudieron ir mucho más allá de la fascinación por las antigüedades. Y los humanistas cristianos ignoraron por completo la literatura y el saber del mundo islámico. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Porque lo que este iluminado defiende como “obras cristianas” son, en su mayoría, cuentos paganos con barniz eclesiástico. Las novelas artúricas vienen de la matière de Bretagne, con raíces célticas, druidas, calaveras sagradas y espadas mágicas. El Cid, por más misa que recite, es un caballero secular que lucha por su honra, non por la otra mejilla. Et Roldán, pobre Roldán, muere por soberbia, no por dogma. Pero claro, para Europa Ancestral, todo lo que tenga espada et cruz ya es “papista”. Aunque venga de Avalon, aunque huela ad Beltane.

El aumento de la prosperidad y las nuevas rutas hacia la riqueza y la sabiduría de las ciudades islámicas, también fomentaron una transformación de la cultura artística e intelectual europea, que a menudo se denomina el «Renacimiento del siglo XII ». Las obras de medicina, ciencia y filosofía griegas comenzaron a filtrarse de nuevo en Europa occidental, algunas de ellas directamente desde las bibliotecas de Constantinopla y Antioquía, pero la mayoría en versiones árabes. 19 También hubo un nuevo interés por la propia erudición islámica, y se inició una búsqueda concertada de textos árabes para traducirlos al latín en las fronteras en expansión de la Europa cristiana. Nadie había inventado aún las raíces clásicas para una civilización europea, y las maravillas de la ciencia medieval fueron alimentadas por los comentarios, la crítica y las nuevas ideas árabes. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn. 

Et luego viene el delirio conspiranoico: “Los filósofos de la ilustración masónica manipularon el Renacimiento para hacerlo suyo.” ¡Ah, los masones! Siempre los masones. Non hay argumento, non hay nombres, non hay fuentes. Solo hay masones. Son como el comodín del ignorante: si algo non encaja, fue culpa de los masones. ¿El Renacimiento redescubrió ad Platón? Masones. ¿Petrarca leyó ad Cicerón? Masones. ¿Brunelleschi usó proporciones pitagóricas? Masones. ¿Et si mañana plueve? También masones.

Los filósofos griegos traducidos al árabe van desde Platón y Euclides, que escribieron en el siglo IV a.e.c. , hasta el filósofo egipcio Plotino, nacido en Egipto en el siglo III e.c. Los eruditos árabes se interesaron especialmente por la obra de Aristóteles, así como por los comentarios griegos sobre ella. También se introdujeron textos griegos más prácticos en la colección, sobre temas que iban desde la ingeniería hasta las tácticas militares y la cetrería. La literatura popular incluía libros de fábulas, «refranes sabios» y cartas supuestamente intercambiadas entre personajes históricos famosos. La poesía clásica, el teatro y la historia fueron de menor. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Lo que Europa Ancestral non intiende —porque non lege, solo repite— es que el Renacimiento fue un despertar gentil, non una misa con perspectiva estética. Fue el retorno consciente al espíritu clásico, ad la virtud, al paso escultórico, al gesto heroico del mármol. Fue Plotino, Termáximo, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola. Fue astrología, alquimia, geometría sagrada. Fue la resurrección del mundo antiguo, non la confirmación del catecismo.

Las traducciones latinas de Fiemo —especialmente las del Corpus hermeticum. Platón y Plotino—, desempeñaron un papel importante en la historia religiosa del Renacimiento, ya que hicieron triunfar el neoplatonismo en Florencia y suscitaron por toda Europa un apasionado interés por el hermetismo. Los primeros humanistas ita­lianos, desde Petrarca (1304 1374) hasta Lorenzo Valla (c 1405 1457), habían iniciado ya una nueva orientación religiosa, rechazando la teología escolástica y retornando a los Padres de la Iglesia. Los humanistas estimaban que, como cristianos laicos y buenos clasicistas, podían estudiar y comprender mejor que los clérigos las relaciones entre el cristianismo y las concepciones precristianas referentes a la divinidad y la naturaleza humana. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 3.

Et si fablamos de universidades, tampoco fueron vistas en la Biblia. Bolonia, París, Oxford… todas se nutrieron de traducciones árabes, de sabiduría persa, de medicina greca filtrada por Bagdad. El trivium et el quadrivium non son homilías, son estructuras seculares. Et si Tomás de Aquino pudo leger ad Aristóteles, fue gracias ad Averroes. Pero claro, para Europa Ancestral, Averroes también era masón.

El siglo xvi fue un periodo muy poco usual en la historia intelectual europea; época que fue testigo de una revitalización o resurgimiento vigoroso de las ciencias ocultas, que la devoción aristotélica había conseguido mantener encubierta exitosamente durante la Edad Media. Sin embargo, a pesar de sus grandes diferencias con el aristotelismo medieval, la visión del mundo alquímica, de hecho, había invadido la conciencia medieval en un grado significativo. La doctrina aristotélica del lugar natural y del movimiento, por ejemplo, era parte de la doctrina mágica de la simpatía, que el igual conoce al igual; y la noción de que la excitación del "retorno al hogar" produce que un cuerpo en caída libre acelere a medida que se acerca a la tierra, es ciertamente una expresión de la conciencia participativa. Más aún, la naturaleza altamente repetitiva y meditativa de las operaciones alquímicas (moler, destilar, etc.), que inducían estados alterados de conciencia mediante una prolongada focalización de la atención, se vio multiplicada en cientos de técnicas artesanales medievales tales como el trabajo en vidrios coloreados, hilados, caligrafía, trabajo en metal y la iluminación de manuscritos. En general, la vida y el pensamiento medieval fueron significativamente afectados por las nociones animistas y herméticas, y hasta cierto punto pueden ser analizadas como una conciencia unificada. El Reencantamiento del Mundo, Morris Berman.

En resumen: Europa Ancestral non distingue entre lo papista et lo gentil, lo de la gente. Confunde el altar con el ágora, la misa con el mito, la menorá con la cruz. Et cuando non sabe qué decir, ladra “masones”. Non argumenta, non cita, non demuestra. Solo repite. Es el eco de una cruzada sin espada, el murmullo de una sacristía sin libros.

[Europa Ancestral:]  Desmontando a Nietzsche

Ya hemos hablado de algunas de los errores que se encuentran en las teorías de Nietzsche, basadas en gran medida por un gran desconocimiento del Catolicismo y por haber recibido una educación protestante, que ya lo posicionó contra la iglesia católica desde niño, sin tener otra opción. Posición que siguió alimentando de adulto movido por una total falta de interés en todo lo que fuese cristiano debido al profundo resentimiento que le guardaba a su padre que era un pastor luterano, por ello jamás se interesó en informarse sobre el catolicismo y mucho menos de profundizar en él. Si se hubiese interesado por el catolicismo y lo hubiese estudiado con detenimiento, seguramente Nietzsche hubiese escrito obras de corte cristiano de gran calidad, a la altura de C.S. Lewis o Chesterton, puesto que lo cortés no quita lo valiente y aunque no se comulgue con su anticristianismo y otras tantas ideas suyas, hay que reconocer que en algunas de sus obras como Asi habló Zaratrusta se pueden encontrar planteamientos e ideas interesantes. El cristianismo protestante siempre ha atacado con vehemencia el catolicismo y está marcado por una tendencia judaizante desde sus inicios. A su vez, varias de sus ramas tienen un odio particular hacia San Pablo por considerarlo como el fundador de la Iglesia Católica, por ello Nietzsche tenía una visión tan manipulada y negativa sobre Pablo de Tarso y los comienzos de la Iglesia.

¡Por los rayos de Apolo et la risa de Libre! Europa Ancestral, ese cruzado de teclado que cree que citar ad Chesterton es refutar ad Nietzsche, nos viene con la tesis más absurda desde que alguien dijo que Popea era rabina: que Nietzsche non tenía otra opción. Que fue víctima de su educación protestante. Que si hubiera leído ad los Padres de la Iglesia, habría escrito novelas piadosas como Lewis ¡Por favor! Eso non es crítica. Eso es fan fiction con sotana. 

Decir que Nietzsche atacó al jesismo por trauma paterno es una reducción psicológica barata. Nietzsche non fue un reaccionario emocional, fue un pensador radical que rompió con el luteranismo, con el nacionalismo alemán, con el romanticismo, con el idealismo, con todo. Et lo fizo con plena conciencia, con estilo, con martillo. 

C.S. Lewis et G.K. Chesterton, los poetas del incienso, los bardos del magisterio, los artesanos del jesísmo acicalado. Porque si Nietzsche tomó la Biblia como martillo, ellos la tomaron como mantel bordado. La leyeron, sí… pero con guantes, con escolios, con imprimátur. Nunca se atrevieron ad mirar el texto desnudo. Nunca se enfrentaron al genio que grita, al pseudoprofeta que maldice, al Jesús que rompe el sábado.

Lewis, ese apologista con ánima de novelista, prefirió convertir el jesísmo en cuento de hadas. Un león que muere por amor, una niña que salva el mundo, una fe que cabe en una taza de té ¿La Biblia? Solo si pasa por Oxford, por Newman, por el catecismo. Nunca sin filtros. Nunca sin barniz.

Et Chesterton, ese cruzado con sombrero, fizo de la superstición una estética. Todo es paradoja, todo es símbolo, todo es juego. Pero cuando toca ligir la Biblia, la lige como quien lige un vitral: con reverencia, con distancia, con miedo. Nunca se atreve ad decir que el genio del Antiguo Testamento es terrible et falso. Nunca se atreve ad mirar ad Saulo sin la mitra puesta.

Lewis et Chesterton se quedaron en el encaje. En la retórica. En el magisterio. Nunca tuvieron la honestidad de legir la Biblia sin esa charlatanería doctrinal. Nunca se atrevieron ad decir que el jesismo, tal como lo heredaron, es una inversión de valores vitales. Prefirieron el incienso al martillo. La liturgia al grito. La apologética al abismo.

¡Por el polvo del Sinaí et la risa de Zaratrusta! Et el papista obtuso —ese devoto del cefaísmo que confunde el catecismo con el Evangelio— crede que el magisterio es lo que enseñó Jesús. Que la tradición es la voz del Nazareno. Que la doctrina es la carne del Jesus Anticristo. Pero lo que face es quedarse en la apariencia, en el encaje, en el incienso. Nunca va al texto. Nunca se atreve ad leger lo que realmente dice.

Jesús non dijo “creed en el magisterio”. Dijo:

“Si creéis en Moisés, creeríais en mí, porque él escribió de mí.” (Juan 5:46)

Pero el cefaísmo, en su afán de control, toma la Escriptura et la encierra en un sistema. La somete ad filtros, ad glosas, ad decretos. Et luego se pasea como si fuera la única verdad. Como si el Espíritu fablara solo en latín cefaico et con imprimátur.

Nietzsche lo vio con claridad brutal. El papismo non es revelación: es maquillaje

Lewis et Chesterton nunca se atrevieron ad mirar ad Jesús sin el filtro de Nicea. Nunca se preguntaron si el Jesús que predican es el mismo que fabla en Juan 5:46.

Nietzsche non escribió novelas rosas. Non necesitó adornar el jesísmo como Lewis ni embellecerlo como Chesterton. Lo desnudó. Lo enfrentó. Et lo acusó de haber fecho “una guerra mortal contra el tipo superior de hombre”. De haber convertido la fuerza en pecado, la afirmación vital en culpa, la voluntad en sumisión. Eso non es resentimiento. Eso es diagnóstico.

Nietzsche lo vio claro. Lo dijo sin rodeos en El Anticristo:

“No se debe adornar y acicalar el cristianismo; hizo una guerra mortal a este tipo superior de hombre; desterró todos los instintos fundamentales de este tipo, de estos instintos extrajo y destiló el mal el hombre malo; consideró al hombre fuerte como lo típicamente reprobable, como el réprobo.”

Et eso, primo, es el papismo. Un jesísmo acicalado con tradición gentil. Una moral de siervos vestida con toga aristotélica et fama militar. Desde la privatio boni de Agustín hasta la lex naturalis de Aquino, todo es préstamo. Plotino, Aristóteles, Séneca, todos convertidos en yeso doctrinal. El papismo non es la verdad: es una máscara de partes de la verdad. Una estructura romana sobre un núcleo judío. Una estética imperial que embellece lo que Nietzsche clama la inversión de los valores vitales.

La Iglesia pertenece tan plenamente al triunfo de lo anti­cristiano, como el Estado moderno, el moderno naciona­lismo... La Iglesia es la barbarización del cristianismo. Llegan a enseñorearse de la cristiandad: el judaismo (Pa­blo); el platonismo (Agustín); el culto de los misterios (doc­trina de la salvación, símbolo de la «cruz»); el ascetismo (odio a la «Naturaleza», a la «razón», a los «sentidos»; Oriente...).El cristianismo como una desnaturalización de la moral de rebaño: bajo un error y una autoceguera absolutos. La democratización es una forma más natural del mismo, me­nos engañosa. La voluntad de poder, Federico Nietzsche. 

No se puede malinterpretar el cristianismo más que si se asume que inicialmente la historia rudimentaria y maravillosa del salvador, y que es la corporación espiritual y simbólica, solo una forma posterior de metamorfosis es... Por el contrario, la historia del cristianismo es la historia de la incomprensión gradual y cada vez más burda, debe abordar un simbolismo sublime...: con cada extensión del cristianismo sobre masas cada vez más amplias y crudas, que fueron los instintos originales del cristianismo (hecho - que la retirada (abgiengen) de todas las condiciones, bárbara (barbarisiren) a las necesidades de los estratos más bajos de la barbarie más tarde trajo consigo la necesidad, vulgarisiren [vulgarizar] al cristianismo hasta entonces...: - para entender -) es una leyenda en la historia, una teología, una iglesias fundadoras que llegaron al primer plano La iglesia es la voluntad del lenguaje vulgar y bárbaro del cristianismo como "la verdad" para mantener - y... ¡hoy! El paulino, el platonismo agustiniano —hasta que por fin se acabe esta descarada caricatura de la filosofía y el judaísmo rabínico—, la teología cristiana... los componentes degradantes del cristianismo: el milagro, la jerarquía de las almas, el orden jerárquico, la historia de la salvación y la fe en él... el concepto de "pecado", la historia del cristianismo, es la necesidad de una creencia, incluso tan baja y vulgar, como lo sea la satisfacción de las necesidades... ¡Piensen en Lutero! ¿Qué se podía hacer con apetitos tan groseros, la naturaleza sobrecargada del cristianismo original? Desnaturalización del escenario judío: "desperdicio, infelicidad, arrepentimiento, reconciliación" como un plan residual; por cierto, odio contra el "mundo".  Nietzsche’s Last Twenty Two Notebooks: complete, New Translation and Notes, Daniel Fidel Ferrer.

Toma el núcleo mosaísta—trágico, contradictorio, vital— et lo reviste. Le pone la toga de Aristóteles, la lógica de Platón, la metafísica de Plotino. Et lo presenta como verdad revelada. Pero debajo está la misma inversión de valores, el mismo odio al cuerpo, ad Tierra, ad la vida.

Nietzsche lo disecciona en tres planos:

Estético-aristocrático: La Iglesia se convirtió en el monumento más grandioso del espíritu más frío del sur. Su belleza externa —el clero, los templos, los ritos— sirve como demostración pública de una “verdad” que es solo puesta en escena. La vida de Jesús fue aderezada para encajar profecías, como quien maquilla un cadáver para que parezca dormido.

Filosófico-híbrido: El papismo es una mezcla deshonrosa de judaísmo et filosofía griega. El platonismo, que ya había calumniado los sentidos, se unió al ascetismo para entronizar el desprecio por el cuerpo. La Iglesia absorbió doctrinas et ritos de todos los cultos subterráneos del imperium romanum, et los presentó como dogma. La victoria de la novedad se adornaba con trofeos de antaño.

Ceremonial-institucional: La vida original de Jesús —que condenaba el Estado et sus formas— fue reemplazada por rezos, fiestas, dogmas et absurdos. El papismo se volvió un ciclo de parálisis, una religión de cosas increíbles, una maquinaria de culpa, perdón et castigo. La Inmaculada Concepción, por ejemplo, mancha la concepción misma, et convierte el cuerpo en escándalo.

El papismo es como un traje ceremonial de oro et púrpura —Roma et el Logos filosófico— puesto sobre un cuerpo ya enfermo: el núcleo nihilista del resentimiento judeocristiano. Et esa enfermedad, por la su pompa et la su belleza, es más difícil de diagnosticar. Pero Nietzsche lo fizo. Sin catecismo. Sin miedo. Con martillo.

¿Et qué decir de la acusación de “tendencia judaizante”? ¡Por favor! El papismo canoniza textos escritos por 70 judíos, venera ad reyes judíos, et se proclama estirpe espiritual de Abraham ¿Et luego acusa al protestantismo de judaizante? Eso es como el ladrón que grita “¡Ladrón!” mientras esconde la Torá en el sagrario. El papista obtuso crede que el magisterio es lo que enseñó Jesús. Que la doctrina es la voz del Nazareno. Pero lo que face es quedarse en la apariencia, en el encaje, en el incienso. Nunca va al texto. Nunca se atreve ad leger lo que realmente dice.

Et lo de que Nietzsche odia ad Saulo porque lo odian los protestantes es simplemente falso. Nietzsche critica ad Saulo como el gran arquitecto de la inversión de valores, como el genio que convirtió la derrota en victoria, la menorá en trono, el fracaso en dogma. Non lo odia: lo admira con horror. Lo ve como el vero fundador del papismo, non Jesús. Et eso non lo inventó Chamberlain, ni lo sacó de Pinay. Lo sacó de la su lectura directa, sin filtros, sin imprimátur.

[Europa Ancestral:] Nietzsche tenía una visión errónea y manipulada del Catolicismo, de ahí que hiciese críticas tan brutales contra unos supuestos valores cristianos que en realidad procedían del protestantismo y no del cristianismo, por eso escribió sobre la voluntad de poder, la inversión de valores o el übermensch, pero no creamos que al hacer estas críticas Nietzsche tenía razón o poseía la verdad, ni mucho menos, ya que al hacerlas siempre se dejaba guiar por un orgullo desmedido, una soberbia y una arrogancia sin parangón, y esos atributos no tienen nada de verdadero, ni de bueno, ya que son atributos que llevan inequívocamente a hacer el mal, a ser egoísta y al individualismo más extremo, propio del nihilismo en el cual se basa en cierta manera el marxismo cultural que hoy predomina en Occidente y que tiene como único objetivo el satisfacer los deseos y los caprichos del individuo por encima de todo, y por encima por supuesto de la ley natural. Solo importa el hombre y éste ha de hacer lo que sea para satisfacer sus deseos mundanos por egoístas y malvados que sean. Nietzsche seguramente sin quererlo, fue una de las chispas que inició la decadencia moral que padecemos hoy. Con su filosofía dio alas al relativismo moral.
 
Otro factor muy importante, radica en la propia vida de Nietzsche que en gran parte fue un fracaso, una vida llena de desdichas y rechazos, así como su falta de moral, ya que se veía incapaz de controlar sus sentidos y específicamente su deseo sexual. Era por ello por lo que realmente criticaba la moral cristiana, porque era incapaz de cumplirla y lejos de ser humilde y arrepentirse de sus errores (que le llevaron incluso a contagiarse con la sífilis) e intentar mejorar, se enorgullecía de ellos y para justificarse desarrolló una serie de ideas que destilaban soberbia y vanidad, y es que al fin y al cabo, si uno conoce la vida de Nietzsche y no ha abrazado la degeneración y la falta de moral hedonista propia del mundo moderno, se da cuenta bien pronto del fraude que suponen. 

¡Por la lógica de Parménides et el sarcasmo de Diógenes! Europa Ancestral, ese cruzado de teclado que confunde la ley natural con el manual de urbanidad, nos viene a decir que Nietzsche estaba equivocado porque era soberbio. Sí, primo, según esta joya del pensamiento catequético, si un soberbio dice que 2+2=4, está mal. Porque lo dijo con superioridad. Porque lo dijo sin pedir permiso al magisterio. Porque lo dijo sin encaje doctrinal.

Et claro, como buen papista obtuso, ahora resulta que los valores que Nietzsche critica —la compasión, la humildad, el sacrificio— non son cristianos, sino protestantes. ¡Qué revelación! Entonces Lutero non era cristiano. Pero los arrianos sí. Los que le gustan ad Europa Ancestral, aunque nieguen la Trinidad, también. ¿Este tipo sabe qué es un cristiano? La respuesta es clara: non tiene idea. Para él, cristiano es todo lo que non le incomoda. Et lo que le incomoda, automáticamente, es “protestante”, “nihilista” o “marxista cultural”.

Fablemos de esa joya: el marxismo cultural. Según él, es individualista. ¡Por favor! El marxismo es colectivista hasta la médula. Niega el individuo, niega la propiedad, niega la subjetividad. Pero claro, como leyó ad Gramsci en un meme, ahora crede que el marxismo es un adolescente que exige que le paguen el Netflix.

Et la soberbia… Ah, la soberbia. Ese pecado favorito de los que non saben distinguir entre autoafirmación, egoísmo et narcisismo. Nietzsche non era egoísta. Era afirmativo. Non pedía que el mundo le sirviera. Pedía que el hombre se afirmara. Que non se arrodillara. Que non viviera esperando que un dios le oyera como si fuera un call center celestial.

Pero Europa Ancestral fía que Dios está pendiente del hombre como si fuera su cliente VIP ¡Qué arrogante! Que bajó del cielo para satisfacer salvarlo. et luego se queja de que la modernidad convirtió ad Dios en Estado ¡Pero si esa mentalidad la inventó él! La idea de que hay un ente superior que puede cumplir mis caprichos, que ha puede salvarme, que puede escucharme… et todo esto facerlo por caridad. Eso non lo inventó Nietzsche. Eso lo inventó el papismo. Et la modernidad solo lo readapto.

¿Et la decadencia moral? Según él, empezó con Nietzsche. Pero non, primo. La decadencia empezó cuando se dijo que los valores cristianos eran objetivos. Cuando se canonizó la moral de esclavos. Cuando se convirtió la renuncia en virtud. Cuando se dijo que el hombre fuerte era el réprobo.

Ahora bien, el error más común —et el que comete Europa Ancestral— es creder que Nietzsche cae en el relativismo moral. Nihilo más lejos. Nietzsche non dice que toda moral vale. Lo que hace es distinguir entre dos tipos de moral: la moral de señores et la moral de esclavos. La primera afirma la vida, la fuerza, la creatividad. La segunda nasce del resentimiento, de la impotencia, de la necesidad de negar lo que non se puede alcanzar.

Nietzsche da criterios claros para evitar el relativismo absurdo:

¿La moral afirma la vida o la niega?
¿Surge de la potencia o del resentimiento?
¿Promueve la creación o la servidumbre?

Non todo vale. Lo que vale es lo que potencia la vida, lo que eleva al ente humano, lo que lo libera de la culpa et del miedo. Por eso Nietzsche non es nihilista. Es todo lo contrario: es un pensador afirmativo, vital, exigente.

El papismo, en cambio, es un sistema que se presenta como verdad absoluta, pero que en realidad es una mezcla de fragmentos: un traje ceremonial de oro et púrpura puesto sobre un cuerpo enfermo. Su morbo —el resentimiento hebreo— está tan bien maquillado que cuesta veerla. Pero Nietzsche la vio. Et la denunció. Con martillo.

La acusación de que Nietzsche criticaba la moral jesísta porque era incapaz de cumplirla non solo es un argumento falaz —un ad hominem de manual—, sino que revela una profunda incomprehensión de su proyecto filosófico. Nietzsche non rechaza la moral jesísta porque non pueda vivirla, sino porque la considera una inversión de los valores vitales. Su crítica non es una excusa biográfica, sino una genealogía filosófica.

De fecho, Nietzsche fue el primo en aplicar una crítica psicofisiológica ad los filósofos. En lugar de ocultar la relación entre cuerpo, salud et pensamiento, la convirtió en el núcleo de su método. Para él, toda filosofía es una confesión del cuerpo, una exégesis de la fisiología. Por eso non se escapa de su propia lupa: Se analiza ad sí mismo con la misma dureza con la que analiza ad Sócrates, ad Kant o ad Jesús.

Cuando critica la moral jesista, non lo face porque no pueda vivirla, sino porque ve en ella una exaltación de la debilidad, del resentimiento, de la negación de la vida. La conmiseración, la humildad, el arrepentimiento, la castidad entendida como represión: todo eso le parece síntoma de decadencia. Non porque non pueda practicarlo, sino porque lo considera destructivo. En Así habló Zaratustra, Nietzsche incluso elogia la castidad cuando es expresión de fuerza, non de miedo. Lo que rechaza es la interpretación que face el papismo de las bondades: una interpretación que convierte la renuncia en virtud suprema, et la afirmación vital en pecado.

La vida de Nietzsche, marcada por la enfermedad, el aislamiento et el sufrimiento, non contradice su filosofía: la confirma. Él mismo lo sabía. Por eso se presenta como el “filósofo médico”, el que diagnostica la enfermedad de una civilización ad partir de su propia experiencia. Su crítica ad la moral non es una racionalización de sus fracasos, sino una transvaloración consciente et metódica de los valores que han dominado Occidente.

Decir que su filosofía es un “fraude” porque padeció sífilis o porque non se arrepintió de sus errores es non intender nihilo. Es confundir la afirmación del individuo con la vanidad, la soberanía con el egoísmo, la voluntad de poder con el hedonismo. Nietzsche non predica la satisfacción de los caprichos. Predica la creación de valores propios, la superación de la moral de rebaño, la afirmación de la vida incluso en el sufrimiento.

En resumen: Nietzsche non fue un moralista frustrado. Fue un pensador radical que convirtió su propia fragilidad en fuerza crítica. Su filosofía no es una huida de la moral, sino una confrontación directa con ella. Y si su vida fue trágica, eso no lo invalida: lo hace más coherente. Porque como él mismo dijo, “lo que no me mata, me hace más fuerte”.

[Europa Ancestral:] Su razonamiento a grandes rasgos era el siguiente: "mi padre era un pastor cristiano luterano y mira como se lo pagó su Dios... además a mi me castiga con dolores físicos, así que me haré anticristiano!, Aunque solo conozca el luteranismo y no tenga ni idea de catolicismo, me da igual, odiaré a todo cristianismo! No soy capaz de controlar mis sentidos y mucho menos mi deseo sexual, cual bestia, pero como yo soy especial es imposible que eso sea algo malo así que debe ser que tengo mi propia moral, que estoy por encima de los demás, debo ser un semidios... soy un ubermensch!..." 
En conclusión, su modus operandi era propio de un hombre bastante inmaduro, vanidoso y soberbio. En consecuencia, su rechazo por todo lo cristiano por el resentimiento acumulado y el odio que tenía hacia su familia, los rechazos y desdichas que sufrió durante su vida, junto a la evidente falta de moral que dominó su existencia, se fueron retroalimentando y su actitud anticristiana fue en aumento con el paso de los años, así como su amargura, que lo condujo a la demencia. 
Por otro lado, Nietzsche que se intenta identificar con lo fuerte y lo guerrero frente a lo débil y enfermizo, cae en una absoluta contradicción existencial continua, puesto que él precisamente era débil y enfermizo, siempre aquejado por sus dolencias, encerrado en su cuarto escribiendo como un ermitaño; hace lo mismo que los marxistas que critican a la burguesía por su opulencia pero luego se comportan como ellos disfrutando de todo tipo de lujos y privilegios, demostrando con ello, padecer un fuerte complejo de inferioridad. Nietzsche fue todo lo opuesto a lo que predicaba, fue un débil amargado que se dejó vencer por las desgracias que le fueron ocurriendo, su filosofía fue en gran parte una pataleta.

Europa Ancestral, ese cruzado de teclado que confunde la demencia con la herejía y la enfermedad con el pecado, cree que Nietzsche fue anticristiano por despecho. Que su filosofía es una pataleta. Que su crítica a la moral es una excusa para justificar sus impulsos. Que su vida fue un fracaso, y por eso escribió lo que escribió. Pero lo que no entiende —porque nunca ha leído a Nietzsche sin catecismo en mano— es que el propio Nietzsche no se proclamó como el Superhombre, ni como el modelo de su filosofía. Al contrario: se reconoció como profundamente experimentado en la decadencia, y desde ahí construyó su crítica.

I. Nietzsche y la decadencia: no como víctima, sino como diagnóstico

Nietzsche no se declaró decadente en sentido fatalista. Lo que hizo fue reconocer que su cuerpo y su vida lo colocaban en una posición privilegiada para entender la decadencia desde dentro. Él mismo lo dice:

“Yo soy lo opuesto a un decadente, porque acabo de describirme a mí mismo.”

Su filosofía nasce del instinto de auto-restauración. En sus años de mayor debilidad física, rechazó el pesimismo, et desde esa fragilidad construyó una afirmación radical de la vida. Non fue un moralista frustrado. Fue un filósofo médico. Et si su cuerpo era dinamita mojada, su obra sigue siendo explosiva.

II. El Superhombre: meta filosófica, no autobiografía

Nietzsche no dijo “yo soy el Übermensch”. Dijo que el Superhombre es el sentido de la tierra, el tipo de óptima constitución que vive según su naturaleza, non según supersticiones. Zaratustra lo enseña, pero Nietzsche pidió explícitamente que non se le confundiera con él. Et cuando vio que el término era malinterpretado como “mitad santo, mitad genio”, lo rechazó. Incluso en textos atribuidos como Mi hermana y yo, se sugiere que su fe en el Superhombre fue una “romántica ilusión”. Non porque fuera falso, sino porque la distancia entre vida et pensamiento era su tormento más profundo.

III. El moralismo superficial: cuando el ad hominem reemplaza la lectura

Europa Ancestral fía que Nietzsche criticaba la moral jesísta porque non podía cumplirla. Como si la filosofía fuera una confesión de pecados. Como si el valor de una noción dependiera de la biografía del auctor. Pero Nietzsche non criticaba la castidad, sino su interpretación como negación del cuerpo. Non criticaba la modestia, sino su uso como exaltación de la debilidad, la humildad... Non criticaba la moral por non poder vivirla, sino porque la consideraba una inversión de los valores vitales.

IV. El Superhombre no es un semidios: es una exigencia

Nietzsche non dijo “yo soy especial, así que mi deseo sexual no es malo”. Dijo que la moral que convierte el libido en pecado es una moral de siervos. Et que el hombre superior non se avergüenza de sí mismo. Non porque sea perfecto, sino porque afirma la vida incluso en lo terrible. La voluntad de poder non es una fantasía narcisista. Es el principio dinámico que transforma la debilidad en fuerza, el sufrimiento en creación, la enfermedad en diagnóstico.

En resumen: Nietzsche non fue un fraude. Fue un filósofo que convirtió su propia fragilidad en laboratorio. Non fue el Superhombre. Fue el que lo soñó, lo pensó, lo exigió. Et si el su cuerpo non lo alcanzó, su obra sigue siendo el mapa.

[Europa Ancestral:]  Nietzsche cada vez iba a peor debido a los achaques de la sífilis y a sus delirios filosóficos. Acabó odiando a Wagner por su defensa de la moral, su “antisemitismo” y sus obras plagadas de motivos cristianos como Parsifal. Acabó como un desgraciado infeliz y amargado, con una demencia que le alejó casi por completo de todo contacto humano, y que le llevó a escribir en sus últimos años Ecce homo y El Anticristo, que son sus obras más llenas de odio contra el cristianismo. 
Nietzsche a efectos reales fue un resentido casi toda su vida que acabó yéndose al otro mundo con un odio que no le cabía dentro, de ahí su amargura y su triste final. Este odio y resentimiento por la moral cristiana que erróneamente relaciona con la judía, le llevó a tergiversar gran parte de la doctrina y el mensaje de Jesucristo, como hemos visto en las citas bíblicas analizadas en la parte inicial del artículo. Analizando muy superficialmente el mensaje de Jesús lo identifica con la moral de esclavos, de los débiles, algo que está muy lejos de la realidad, mientras que confunde lo bueno, lo que llama la moral de los señores, con lo soberbio y extremadamente egoísta, con la falta de autodominio, adornándolo a su vez con la fuerza, con el poder y con lo guerrero, para hacerlo atractivo. La antimoral dionisiaca (pre-socrática) de Nietzsche, es cómoda y fácil de cumplir, puesto que da rienda suelta a las bajas pasiones del hombre y a sus ansias de autocomplacencia que tanto protagonismo tienen en nuestra sociedad actual. En cambio la moral cristiana y de paganos virtuosos como Marco Aurelio o Aristóteles, es difícil de cumplir y más en los tiempos que corren, es dura y exigente, lo cual es una clara señal de su elevada nobleza.

Europa Ancestral, ese apologista sin argumentos que confunde sífilis con filosofía et fanfic aristotélico con jesísmo, vuelve a la carga con su moralismo de sacristía. Cree que Nietzsche escribió El Anticristo porque estaba enfermo, amargado et resentido. Cree que su crítica ad la moral jesista es superficial, que confunde lo bueno con lo arrogante, et que su antimoral dionisíaca es cómoda, fácil et vulgar. Pero lo que non intiende —porque nunca ha leído ad Nietzsche sin el catecismo en la mano— es que la moral de señores non es una orgía de caprichos, sino una exigencia trágica. Et que la moral jesísta non es mala por difícil, sino por antinatural.

I. ¿Nietzsche resentido? Non. Nietzsche lúcido.

Europa Ancestral fía que si un filósofo sufre, su pensamiento es inválido. Que si Nietzsche tuvo sífilis, entonces Ecce Homo es una pataleta. Que si murió solo, entonces El Anticristo es un berrinche. Pero Nietzsche fue el primero en decir que toda filosofía es una exégesis del cuerpo. Y desde su cuerpo roto, construyó una crítica demoledora. No por odio, sino por diagnóstico. No por despecho, sino por lucidez.

II. ¿La moral dionisíaca es cómoda? Solo para quien nunca ha leído a Nietzsche

Decir que la moral dionisíaca es “fácil de cumplir” porque da rienda suelta a las pasiones es una caricatura digna de catequesis para párvulos. Nietzsche rechaza explícitamente el hedonismo. Lo llama forma de decadencia. Critica la búsqueda de placer como esclavitud. Y postula que el verdadero desafío es afirmar la vida incluso en el dolor.

El hombre dionisíaco no es un libertino. Es aquel que transforma el sufrimiento en fuerza. Que desea su destino. Que acepta el Eterno Retorno. Y que no se arruina por la seducción de lo bueno.

III. ¿La moral cristiana es noble por difícil? No. Es difícil porque es antinatural.

Europa Ancestral cree que si algo cuesta, es noble. Como si flagelarse fuera bondad. Como si reprimir el cuerpo fuera elevación. Pero Nietzsche invierte esa lógica. La moral cristiana es difícil porque va contra la vida. Porque desprecia el mundo. Porque prefiere querer la nada a no querer.

La moral de señores también es exigente. Pero sus exigencias son afirmativas: Voluntad de poder. Disciplina. Lealtad a uno mismo. Non obediencia. Non culpa. Non renuncia.

IV. ¿Aristóteles y Marco Aurelio como jesistas? Por favor…

Europa Ancestral cita ad Marco Aurelio et Aristóteles como si fueran santos canonizados. Pero Nietzsche distingue con precisión: La bondad (aretḗ) es distinción genial. Los dioses non negaban el velar por uno mismo. La prudencia era elegir los medios para la buena vida, non para la mortificación. Et la fortaleza non era represión, sino equilibrio.

La moral jesísta, en cambio, invierte esos valores. Convierte la humildad en virtud suprema. La posesión en pecado. El cuerpo en escándalo. Et la vida en espera.

V. ¿Hasta cuándo abusará de las falacias?

Europa Ancestral non tiene argumentos. Solo tiene biografía, moralismo et citas bíblicas mal leídas. Confunde la moral de señores con egoísmo. Confunde la afirmación con soberbia. Confunde la filosofía con enfermedad. Y confunde la ética griega con el magisterio romano.

Nietzsche no tergiversa a Jesús. Lo separa del Cristo imperial. Lo lee sin filtros. Y lo distingue del sistema que lo convirtió en dogma.

[Europa Ancestral:] Un detalle curioso y que nos dice mucho de Nietzsche es su actitud contradictoria respecto a los judíos, aunque Nietzsche atacó algunos principios del judaísmo, no era antisemita: en su obra sobre la Genealogía de la moral, condena explícitamente el antisemitismo y señala que su ataque al judaísmo no fue un ataque contra el pueblo judío contemporáneo, sino específicamente un ataque contra el antiguo. Así que no atacaba al sionismo internacional que ya había aparecido en escena, ni a sus maniobras políticas que tanto daño estaban haciendo a Occidente.
Un historiador judío que realizó un análisis estadístico de todo lo que Nietzsche escribió sobre los judíos afirma que las referencias cruzadas y el contexto dejan claro que casi todos (85%) los comentarios negativos son ataques a la doctrina cristiana o, sarcásticamente, a Richard Wagner [8].

Para acabar, uno no puede olvidarse de mencionar el gran odio que sentía por su propia tierra, es decir Alemania, y por todo lo alemán, llegando a renunciar a la nacionalidad alemana. Esto además quedó reflejado en los constantes ataques e insultos que le dedica en sus obras a los alemanes. Los cuales, como es lógico ofendían profundamente a los nacionalistas alemanes del periodo de entreguerras. Era un endófobo de manual.
 

"Yo soy un aristócrata polaco pur sang (pura sangre), al que ni una sola gota de sangre mala se le ha mezclado, y menos que ninguna, la alemana." Ecce Homo, Nietzsche.

"En el fondo yo retorno una y otra vez a un pequeño número de franceses antiguos: creo únicamente en la cultura francesa y considero un malentendido todo lo demás que en Europa se considera "cultura", por no hablar de la cultura alemana. Los pocos casos de cultura elevada que yo he encontrado en Alemania eran todos de procedencia francesa." Ecce Homo, Nietzsche.

Europa Ancestral, ese apologista antisemita que se indigna con Nietzsche por “odiar a Alemania” pero non tiene problema en creer que 70 judíos escribieron la Palabra de Dios, ahora se nos presenta como experto en antisemitismo, en sionismo, en Biblia y en estadística textual. Et como non puede refutar ad Nietzsche, se aferra ad un historiador judío —sí, judío— para decir que el filósofo non era antisemita. ¿En qué quedamos? ¿Los judíos son los enemigos de la civilización o son fuentes autorizadas cuando conviene? ¿Et la Biblia es palabra de Dios por que non es parte de la conspiración judia? ¿El sionismo es el mal o una consecuencia legítima de la lectura literal de ese mismo texto que tú veneras?

I. Nietzsche no era antisemita, pero tampoco era ingenuo

Nietzsche despreciaba el antisemitismo vulgar, nacionalista, jesista. Non por amor ad los judíos, sino porque sabía que el jesísmo es judaísmo sublimado. Et que el antisemita jesísta es un hipócrita: odia al judío, pero adora su moral. Odia al rabino, pero se arrodilla ante Saulo. Odia el Talmud, pero canoniza el Pentateuco.

Nietzsche non condena ad los judíos por raza. Los critica por haber inventado la moral del resentimiento. Por haber invertido los valores aristocráticos. Por haber fecho del débil el bueno, del fuerte el malvado. Et sí, lo dice con claridad:

“Los judíos son el pueblo más notable de la historia porque, enfrentados a condiciones imposibles, inventaron la inversión de los valores.”

II. El sionismo como consecuencia bíblica

Europa Ancestral se queja del sionismo internacional, pero no parece entender que el sionismo es la consecuencia lógica de leger la Biblia literalmente. Si crees que Dios le prometió una tierra a un pueblo, y que ese pueblo debe volver a ella, entonces el sionismo no es una herejía: es obediencia. Y si crees que ese mismo pueblo escribió libros inspirados por Dios, entonces no puedes quejarte cuando actúan como si fueran el pueblo elegido. No puedes tener el Antiguo Testamento en el altar y luego escandalizarte cuando alguien lo toma en serio.

III. La moral judeocristiana como bomba de tiempo

Nietzsche no odia a los judíos. Los respeta como adversarios formidables. Pero denuncia que su invención moral —la inversión de valores— es la bomba de tiempo que destruyó Europa. Y que el cristianismo, al universalizar esa moral, judaizó al mundo entero. Por eso dice:

“Todo se judaiza, o se cristianiza, o se aplebeya a ojos vistas.”

Y non, non se refiere ad conspiraciones cívicas. Se refiere ad la estructura moral: la conmiseración como verdad revelada, la nivelación como ideal, la culpa como motor.

IV. ¿Et ahora cree en un historiador judío?

Europa Ancestral, que desconfía de todo lo que huela ad judaísmo, ahora cita a un historiador judío para defender ad Nietzsche ¿En qué quedamos? ¿Los judíos son mentirosos por naturaleza o fuentes fiables cuando te conviene? ¿La Biblia es palabra de Dios o propaganda tribal? ¿Crees en la Septuaginta o en el Index Librorum Prohibitorum?

V. El endófobo de manual

Et como non puede refutar ad Nietzsche, lo acusa de “endófobo”. Porque criticó ad Alemania. Porque renunció ad su nacionalidad. Porque elogió ad los franceses. Como si la verdad dependiera del pasaporte. Como si la crítica ad la patria fuera traición et non lucidez.

Nietzsche non odió ad Alemania. Odiaba la vulgaridad, la mediocridad, el nacionalismo barato. Et si eso lo encontró en su tierra, lo denunció. Porque su lealtad non era ad un vulgo con bandera, sino ad la superhumanidad.

[Europa Ancestral:] Como dato relevante en relación con sus muestras de cariño hacia el judaísmo actual (talmúdico) y su rechazo al judaísmo antiguo, es decir a los hebreos y la ley Mosaica, nos preguntamos donde encajarían según su "moral de esclavos" atribuída a ellos, los belicosos y audaces Macabeos, que se alzaron en armas contra el Imperio Seléucida y vencieron contra todo pronóstico, estableciendo un reino de Israel independiente durante casi un siglo... judíos de la antigüedad que eran fuertes guerreros belicosos y orgullosos que se levantaron en armas para defender su fe... Que opinaría Nietzsche de esto?... Pues no lo sabemos pero alguna película se montaría para justificarlo, seguramente. La filosofía y los análisis de Nietzsche tienen muchísimos errores y lagunas, sobre todo en referencia al cristianismo y al paganismo... Todo esto da que pensar... ¿Por qué después de muerto han encumbrado tanto a Nietzsche? ¿Habría sucedido lo mismo si no hubiese atacado con tanto odio a la civilización cristiana y a Wagner? ¿Habría pasado lo mismo si no hubiese condenado repetidamente el antisemitismo?... No lo sabemos con seguridad pero nos podemos hacer una idea, ya que es evidente que sus constantes ataques a la civilización occidental y a la moral eran muy útiles para la agenda de la gran finanza internacional judía y para los planes ideológicos de la masonería. No en vano, la ideología de género se basa en ciertas ideas de Nietzsche y su "ubermensch" en realidad, no se parece nada al soldado perfecto de las Waffen SS, si no más bien a Soros.

Europa Ancestral, ese apologista que se indigna con Nietzsche por atacar el jesísmo, pero que cree en un libro escrito por 70 judíos et luego se escandaliza por el sionismo, vuelve ad demostrar que no ha leído ad Nietzsche, ni ad los Macabeos, ni ad sí mismo. Ahora se pregunta qué opinaría Nietzsche de los Macabeos, como si el filósofo fuera un comentarista de películas bíblicas. Et como non tiene argumentos, se refugia en la falacia favorita del que no puede refutar: “seguro que se inventaría algo”.

I. ¿Nietzsche et los Macabeos? Non hay contradicción, hay matiz

Nietzsche non face historia militar. Hace genealogía moral. No le importa si los Macabeos eran guerreros. Le importa qué tipo de moral se impuso como consecuencia. Et si los Macabeos lucharon con soberbia, fuerza, voluntad creadora, entonces representan la vitalidad que Nietzsche admira. Lo que él critica es el cuerpo sacerdotal que convierte esa fuerza en culpa, esa victoria en pecado, esa afirmación en dogma.

Decir que Nietzsche no podría “encajar” a los Macabeos es como decir que no podría entender a Espartaco. ¡Por favor! Nietzsche elogió la fuerza donde la vio. Et si los Macabeos fueron expresión de voluntad de poder, entonces son parte de la vitalidad judía que él reconoce como formidable.

II. ¿Errores en su crítica al jesísmo et al etncisimo? Solo para qui confunde catequesis con filosofía

Europa Ancestral cree que la moral cristiana es noble porque es difícil. Pero Nietzsche lo deja claro:

“La dificultad no es signo de nobleza, sino de antinaturalidad.” La moral cristiana es difícil porque va contra la vida. Porque reprime el cuerpo. Porque convierte el sufrimiento en virtud. Porque prefiere querer la nada a no querer.

Et sobre el etnicismo, Nietzsche no lo idealiza como folclore. Lo ve como afirmación estética del mundo. Como pluralidad de valores. Como inocencia ante lo natural. El politeísmo permite que cada individuo cree su propio ideal. El cristianismo impone uno solo, y lo llama “verdad”.

III. ¿Nietzsche et la gran finanza judía? Otro delirio conspirativo

Europa Ancestral sugiere que Nietzsche fue encumbrado por la masonería y la finanza internacional judía. Como si el autor de El Anticristo fuera útil para Soros. Como si el filósofo que despreciaba el igualitarismo, el feminismo, el socialismo y la democracia fuera el ídolo del progresismo. ¡Por favor!

Nietzsche fue usado, tergiversado, manipulado. Por los nazis, por los liberales, por los académicos. Pero su obra no se alinea con ninguna agenda moderna. Porque su filosofía exige aristocracia, distinción, estilo, fuerza. No mercado. No igualdad. No sentimentalismo.

IV. ¿Et si non hubiera atacado al cristianismo?

Europa Ancestral pregunta si Nietzsche habría sido famoso sin atacar al cristianismo. Como si su obra fuera marketing. Pero Nietzsche no buscaba fama. Buscaba transvalorar todos los valores. Y para eso, tenía que destruir el dogma que convirtió la debilidad en virtud. El cristianismo no es un error teológico. Es, para Nietzsche, el veneno moral que paralizó Europa.

Et Wagner, ese artista que se dejó seducir por la “sangre redentora”, fue para Nietzsche el síntoma de la decadencia cultural alemana. Non lo atacó por capricho. Lo atacó porque vio en él la traición estética que acompaña la traición moral.

[Europa Ancestral:]  Conclusiones sobre los neopaganos y sus críticas al cristianismo.  

Como hemos visto, los neopaganos anticristianos empiezan sacando de contexto ciertos versículos del antiguo testamento y los interpretan erróneamente, para hacer una crítica al cristianismo de forma tendenciosa, haciendo gala de una total ignorancia sobre los propios fundamentos del cristianismo, así como de la historia de la Iglesia y de Roma. Critican un igualitarismo que no tiene nada que ver con el Cristianismo, puesto que la igualdad cristiana se reduce a una cuestión espiritual, del alma, no a cuestiones mundanas como la igualdad racial, de clase, o de género. De la igualdad metafísica no se deriva necesariamente el igualitarismo físico. La igualdad de las almas ante Dios no se puede identificar con la igualdad de los hombres en el mundo terreno, aunque sólo sea porque, en el primer caso, unos se salvan y otros no; la cristiandad tampoco puede identificarse con el pensamiento igualitario, aunque sólo sea porque, históricamente, todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba. 

1. Falacia ad hominem (ataque personal)

“...haciendo gala de una total ignorancia sobre los propios fundamentos del cristianismo...”

En lugar de refutar los argumentos de los neopaganos, el autor ataca su supuesta ignorancia. Esto no responde al contenido de sus críticas, sino que desacredita a quienes las hacen, lo cual es una falacia clásica.

2. Falacia del hombre de paja (strawman)

“...empiezan sacando de contexto ciertos versículos del Antiguo Testamento y los interpretan erróneamente...”

Aquí se caricaturiza la crítica neopagana como una simple tergiversación de versículos, sin demostrar que efectivamente haya una mala interpretación. Se construye una versión débil y simplificada del argumento contrario para refutarlo fácilmente.

3. Falsa dicotomía (falso dilema)

“...la igualdad cristiana se reduce a una cuestión espiritual... no a cuestiones mundanas como la igualdad racial, de clase, o de género.”

Se presenta una falsa dicotomía entre igualdad espiritual y social, como si no pudieran coexistir o como si una no tuviera implicaciones sobre la otra. Además, se ignora que muchas corrientes cristianas sí han promovido (o justificado) formas de igualdad o desigualdad social a lo largo de la historia.

4. Generalización apresurada

“...todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba.”

Esta afirmación es una generalización sin evidencia. No todo pensamiento igualitario ha llevado a la quema de iglesias ni a la descristianización. Se ignoran los matices históricos y las múltiples formas de igualitarismo (liberal, socialista, cristiano, etc.).

5. Non sequitur (no se sigue)

“...unos se salvan y otros no; por tanto, no hay igualdad en el mundo terreno.”

El hecho de que, según la teología cristiana, no todos se salven no implica que no pueda haber igualdad en el plano social o político. El argumento no se sigue lógicamente.

6. Falacia de correlación indebida (cum hoc ergo propter hoc)

“...el pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias...”

Se sugiere que el pensamiento igualitario causa la destrucción de iglesias, sin demostrar una relación causal. Correlación non implica causalidad.

7. Petición de principio (begging the question)

“...los neopaganos interpretan erróneamente los versículos...”

Se da por sentado que la interpretación cristiana es la correcta sin demostrarlo, y se asume que toda crítica parte de un error, lo cual es precisamente lo que está en disputa.

8. Falacia genética

“...sacan de contexto ciertos versículos del Antiguo Testamento...”

Se desacredita un argumento por su origen (una lectura “no autorizada” del texto), en lugar de evaluar su contenido. Es irrelevante si la crítica viene de un neopagano o de un teólogo: lo que importa es si el argumento es válido.

En resumen, el texto no refuta argumentos: los descalifica, los simplifica et los asocia con consecuencias negativas sin justificación. Es un ejemplo de cómo non se debe argumentar si se busca un debate serio et honesto. 

Aplicado al caso:

“Todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba.”

La estructura de la falacia

La forma lógica de esta falacia es:

Si A, entonces B.
B ocurre.
Por lo tanto, A.

Pero esto es inválido. Que B ocurra no implica necesariamente que A sea la causa.

Traducción lógica:

Si una sociedad adopta el pensamiento igualitario (A), entonces se incendian iglesias y se descristianiza (B).
Se han incendiado iglesias y se ha descristianizado (B).
Por lo tanto, fue por el pensamiento igualitario (A).

Esto es un falso consecuente, porque B puede tener múltiples causas. Que haya descristianización o conflictos non implica que el pensamiento igualitario sea la causa necesaria o suficiente. Además, se ignoran:

Las sociedades igualitarias que non han incendiado iglesias.
Las sociedades jesístas que han perseguido.
Las múltiples causas sociales, políticas et económicas que explican esos fenómenos.

Además, contiene otras falacias:

Generalización apresurada: “Todo pensamiento igualitario…” ¿Todo? ¿Siempre? ¿En todos los contextos?
Falsa causa (post hoc): Asume que porque el igualitarismo precede o coincide con la descristianización, entonces la causa es el igualitarismo.
Hombre de paja: Caricaturiza el igualitarismo como una ideología incendiaria, sin matices ni distinciones.
[Europa Ancestral:] Los neopaganos anticristianos critican una doctrina falsa del cristianismo, una idea equivocada que no tiene nada que ver con la doctrina real del Catolicismo. Sustituyéndola por una suerte de reconstrucción del paganismo, donde los ritos, lo sagrado, lo religioso queda fuera de juego, y este es una de las grandes desventajas que tiene, que han parcheado en ocasiones con doctrina y ritos ocultistas de corte gnóstico oriental, copiados de la mismísima masonería. Esto lo hicieron en la ariosofía de Guido Von List, en las ideas de la Sociedad Thule (prohibida por Hitler), en el libro de Vlassis Rassias o en los propios artículos que aparecen en el blog de Europa Soberana, en el cual Nordic thunder (Masonic Thunder para los amigos) hace una clara apología del ocultismo luciferino. Lo cual es totalmente incongruente e hipócrita, ya que critican al cristianismo por una supuesta autoría totalmente judía pero en cambio luego ellos abrazan fervorosamente el esoterismo y las doctrinas gnósticas de la masonería que a su vez provienen de la cábala judía. Para acabar de coronarse, en los textos de Europa Soberana que tratan sobre temas raciales, Nordic asegura que los judíos no son una raza, pero en cambio en sus críticas al Cristianismo esgrime la supuesta etnicidad racial judía de Jesús o de sus apóstoles como arma, contradiciéndose a si mismo, lo cual nos demuestra el bajo nivel de conocimientos y el poco criterio que tienen los que se creen sus disparatadas hipótesis.
 
Defienden las teorías de Nietzsche que son parte del germen ateísta y del relativismo moral que hoy predomina en Occidente, y lo usan como arma contra el cristianismo, así como también se regocijan de la relación que hace entre el cristianismo y una supuesta conspiración judía para acabar con Roma, pero luego omiten las constantes muestras de simpatía que Nietzsche tenía para con los judíos actuales, ya que él mismo declaró que condenaba explícitamente en Genealogía a la moral el antisemitismo, y que tenía en gran estima al pueblo judío contemporáneo, cuando precisamente el sionismo internacional forma parte de ese judaísmo talmúdico de la era moderna. Los neopaganos anticristianos caen en una incoherencia constante.
 
Enfatizan en criticar la moral cristiana y el concepto de pecado, ya que por norma general estos neopaganos ocultistas se dejan arrastrar por el vicio, el egoísmo y la mediocridad y les interesan bien poco las virtudes y la moral, que además ya existían antes del cristianismo y tenían una fuerte presencia en el mundo greco-romano (Aristóteles, Séneca, Marco Aurelio, César Augusto, etc). Su soberbia les impide reconocer su falta de conocimientos, están cegados por un ego desmedido, fruto posiblemente de un gran complejo de inferioridad. Los neopaganos se sienten amenazados por un ejemplo genuino de virtud que combate el relativismo moral de hombres vanidosos como Nietzsche, Freud, Lacan y toda la estirpe de postmodernos.
 
[Europa Ancestral:] Falsifican la historia hasta niveles delirantes, tanto la del cristianismo como la de uno de sus primeros padres, San Pablo, errando incluso en las fechas. Otorgándole el papel de judío conspirador de una supuesta venganza contra Roma movido por el odio de las guerras judeo-romanas... cuando Pablo ya estaba muerto cuando éstas empezaron. Así como las grandes incoherencias que rodean la supuesta conversión de San Pablo por interés (según ellos), ya que por el contrario, solo salía perdiendo materialmente, puesto que pasó de ser un fariseo adinerado con nacionalidad romana, a ser un pobre y perseguido cristiano sin pertenencias. Y jamás tienen en cuenta que los galileos eran principalmente de origen occidental (griegos y celtas en su mayor parte), culturalmente helénicos por herencia del Imperio Seléucida del que Galilea formó parte durante dos siglos, y que a raíz de la conquista de los macabeos, la mayoría de la población abrazó la religión judía obligados por Aristóbulo I, tan solo 70 años antes del nacimiento de Jesús. Continúa con la idealización delirante de los tiempos paganos que contrariamente a lo que dicen los neopaganos, no era precisamente un mundo ideal. Aquellos tiempos se caracterizaban por los sacrificios animales y humanos (los judíos también sacrificaban animales), la esclavización y exterminio de las poblaciones europeas entre si, las constantes guerras entre pueblos vecinos a la más mínima disputa, la promiscuidad sexual que campaba a sus anchas en la mayoría de pueblos paganos, al igual que una superstición exagerada y obsesiva. 
 
A uno le pueden gustar determinadas culturas y civilizaciones pasadas como los celtas, los íberos, los romanos o los vikingos, pero no por ello se las debe idealizar, ni ocultar o minimizar sus aspectos negativos. Demonizan de forma exacerbada el cristianismo con la falsificación disparatada de los valores cristianos afirmando que "maldijeron a los nobles, a los puros, o a los sabios y filósofos y que encumbraron a los esclavos, a los ignorantes o a los cobardes"¿? cuando precisamente los valores cristianos chocan de frente con esas delirantes acusaciones y las virtudes de la caballería cristiana serían un claro ejemplo de ello (Coraje, Justicia, Fe, Caridad, Templanza, Esperanza y Lealtad), o los valores de los primeros cristianos, muchos de ellos soldados de Roma, así como los valores del caballero cristiano descritos por el hispanista y sacerdote García Morente (Grandeza contra mezquindad, Culto al honor, Altivez frente a servilismo, Más pálpito que cálculo, Personalidad, Idea de la eternidad…). Además es Nordic Thunder y los neopaganos ocultistas que piensan como él, los que enaltecen atributos y valores intrínsecamente malvados como la codicia, la soberbia, la ira, el egoísmo, la lujuria, la crueldad o la falta de autodominio, amparándose sin saberlo en el relativismo moral masónico. 

Todo esto ya lo hemos refutado. 

[Europa Ancestral:] Es innegable que la historia de Europa dió un gran salto cualitativo en casi todos los campos gracias al Cristianismo, ya que, gracias a éste, los pueblos germánicos tuvieron a la Roma cristiana como referencia, sin cristianismo, los pueblos bárbaros hubiesen destruido y conquistado Roma, no quedando nada de ella. Europa como civilización apareció y se forjó gracias al Cristianismo Romano Católico, mal que le pese a los neopaganos anticristianos que engañados por la propaganda sionista y masónica, y cegados por una soberbia arrogante, tiran piedras sobre su propio tejado (el tejado de España).
Como consejo les diríamos que no hagan suyo el pensamiento de neopaganos que sin saberlo han bebido de las teorías de la leyenda negra y de la masonería, es decir, de los enemigos directos de Occidente. Personajes que para colmo suelen llevar una vida degenerada y nada encomiable, llena de debilidades (al igual que Nietzsche pero en mediocre) haciendo gala de esa actitud tan farisaica de “haz lo que te diga pero no lo que yo haga”, que con sus disparatadas y manipuladas teorías solo les conducen al odio y la amargura (Por sus frutos los conoceréis…), y que en su lugar inviertan el tiempo en leer a Séneca, Aristóteles, Chretien de Troyes, Ramón Llull, Cervantes, Dante, Papini, Menéndez Pelayo o a G.K. Chesterton, que son autores infinitamente mejores relacionados con la espiritualidad y la filosofía occidental, más edificantes, coherentes y con mayor autoridad.

Europa Ancestral, ese apologista de lata que ve masones en cada esquina et sionistas detrás de cada altar, ha llegado al punto más delirante de su cruzada: afirmar que el neopaganismo es fomentado por el sionismo. Sí, primo, según esta lógica, los adoradores de Júpiter, los defensores del Imperium, los que honran a la Patria et ad la Virtud, son marionetas del judaísmo político. Como si el neopagano leyera el Talmud. Como si el que invoca ad Apolo estuviera financiado por Soros ¡Por los inmortales! Esto non es apologética. Es paranoia con sotana.

I. El neopaganismo non nasce del sionismo, sino de la resistencia

El neopaganismo no cree que los judíos sean el pueblo elegido. No cree en la Biblia como revelación. No cree en la historia de salvación. Et non cree que Roma sea papista. La idea de Roma es secular, gentil, imperial. Roma non nació en Pentecostés. Nasció en el Palatino, con Rómulo, con Marte, con la loba. Et si el papismo la usurpó, fue por necesidad, non por esencia.

Decir que el neopaganismo es producto del sionismo es como decir que el estoicismo fue inventado por los levitas. Es una imbecilidad histórica. Una falacia digna de catequesis conspirativa.

II. El cristianismo non salvó Roma. La cristianizó hasta destruirla

Cuando Alarico saqueó Roma en el CDX , los gentiles dijeron: “Esto es lo que pasa cuando abandonamos a los dioses.” ¿Et qué fizo la Iglesia? Justificó el desastre como prueba divina. Agustín escribió La Ciudad de Dios para explicar por qué el colapso non era culpa de Jesús. Pero la verdad es que el jesísmo debilitó el tejido romano. Destruyó templos. Prohibió cultos. Censuró libros. et convirtió la Urbe en sede de una superstición que despreciaba el mundo.

III. La civilización occidental no es cristiana. Es híbrida, gentil, resistente

Europa non nació en sBelén. Nació en el Egeo, en Anatolia, en el Levante. La civilización es conexión, no exclusión. Y el cristianismo, lejos de ser el alma de Europa, fue una religión del desierto que se impuso por fuerza, por dogma, por imperialismo espiritual.

El Imperium romano era gentil. La Patria era sagrada sin necesidad de Jesús. La Virtus era virilidad sin necesidad de pecado. Et si el papismo triunfó, fue porque baptizó lo que non podía destruir.

IV. El cristianismo destruyó cultura, saber y filosofía

Tertuliano dijo: “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?” Et con eso, se acabó la curiosidad. Los Padres de la Iglesia quemaron templos, libros, estatuas. La filosofía fue clamada locura. La sabiduría fue encerrada en dogma. Et la tolerancia religiosa —que era norma en Roma— fue sustituida por persecución.

Celso et Porfirio, filósofos gentiles, fueron censurados. Non porque mintieran, sino porque dijeron verdades incómodas. Et como non podían refutarlos, los destruyeron.

V. La calumnia es doctrina, no accidente

Europa Ancestral acusa ad los neopaganos de vivir vidas degeneradas. Pero ¿no es el cristianismo el que exalta la debilidad? ¿No es Saulo el que se gloría en sus flaquezas? ¿No es Jesús el símbolo de la derrota convertido en verdad revelada?

La calumnia no es excepción. Es método. Desde Saulohasta los apologetas, todo disidente es “hijo del diablo”, “animal sin razón”, “alma corrompida”. Y ahora, el neopagano es “sionista degenerado”. ¡Qué creatividad!

VI. Gracias por recomendar ad Séneca et Aristóteles

Porque al facerlo, Europa Ancestral confirma que la sabiduría europea es gentil. Séneca no leyó el Evangelio. Aristóteles non cognoció ad Jesús. Et sin embargo, son pilares de la filosofía occidental. La areté, la phronesis, la ley natural, la bondad… Todo eso es gentil. Todo eso es prejesísta. Todo eso es lo que el papismo tuvo que robar, adaptar, baptizar. 

Falacias de Europa Ancestral

Falacia de la Causa Única et Sobreafirmación del Cristianismo como Factor Exclusivo del Desarrollo Europeo

Explicación: La afirmación de que "la historia de Europa dió un gran salto cualitativo en casi todos los campos gracias al Cristianismo, ya que, gracias a éste, los pueblos germánicos tuvieron a la Roma cristiana como referencia, sin cristianismo, los pueblos bárbaros hubiesen destruido y conquistado Roma, no quedando nada de ella" [Europa Ancestral] es una simplificación excesiva de un proceso histórico complejo. Atribuir el progreso europeo et la preservación de Roma únicamente al papismo ignora la intrincada red de continuidades culturales, la evolución de las culturas germánicas et las múltiples interacciones.

Las fuentes demuestran que el cristianismo, para arraigar en Europa, tuvo que asimilar y "bautizar" costumbres y léxico paganos preexistentes, apropiándose de terminología ya circulante y amoldándose al entorno religioso contemporáneo para ofrecer soluciones novedosas. La helenización de la Biblia hebrea y el hecho de que el Nuevo Testamento mismo es "helenista por la lengua" y utiliza "utillaje mental gnóstico" demuestran una influencia recíproca, no una imposición unidireccional.

Además, la idea de una "hermandad" cristiana unificadora de Europa se ve contradicha por las "notables divergencias de concepciones teológicas" y la existencia de "partidos", "facciones o disensiones" dentro del cristianismo primitivo. Los "proto-ortodoxos" tuvieron que enfrentarse y suprimir otras "escuelas" o "herejías" cristianas para establecer una ortodoxia. Esto sugiere un proceso de conflicto y consolidación del poder más que una unión orgánica automática.

Falacia del Hombre de Paja et Ad Hominem en la Crítica a la Moral y Filosofía


Explicación: La fuente descalifica las críticas neopaganas a la moral cristiana, especialmente las asociadas con Nietzsche, al afirmar que defienden "la poligamia y otras prácticas de lujuria desenfrenada" y que los críticos están "arrastrados por el vicio, el egoísmo y la mediocridad" [Europa Ancestral]. Esto es una falacia del hombre de paja porque distorsiona los argumentos complejos de pensadores como Nietzsche, y un ataque ad hominem al atacar el carácter de los críticos en lugar de sus ideas. La fuente también idealiza a los filósofos greco-romanos de manera simplista.

Nietzsche, por ejemplo, es contextualizado en las fuentes por su crítica al cristianismo como "el arte de una mentira sagrada" y por cuestionar si la felicidad puede ser una prueba de la verdad, argumentando que "Para conquistar la verdad hay que sacrificar casi todo lo que es grato a nuestro corazón". Esto va mucho más allá de una simple defensa de la "lujuria".

En cuanto a la filosofía antigua, Celso, un crítico pagano del cristianismo, ya señalaba que las doctrinas cristianas eran irracionales y sus parábolas oscuras, mientras que Platón, por ejemplo, defendía que la sabiduría suprema no podía transmitirse fácilmente por palabras, sino que requería un esfuerzo individual, y que no debía imponerse dogmáticamente. Esto ofrece una visión más matizada y menos "libertina" de la filosofía pagana, y demuestra que el cristianismo fue criticado por los paganos mismos por su falta de razón y por su dogma.

Falacia de Causa Falsa (Post Hoc Ergo Propter Hoc) y Generalización Exagerada sobre el Judaismo


Explicación: La afirmación de que "el cristianismo supuso el hundimiento de los judíos y no de Roma, ya que éste condenaba al pueblo judío para toda la eternidad" [Europa Ancestral] establece una relación causal simplista y errónea. Atribuye la desaparición o el declive del judaísmo únicamente al cristianismo.

Las fuentes indican que la "destrucción del templo de Jerusalén y el fin de los sacrificios" y las "guerras judeo-romanas" fueron eventos catastróficos para el pueblo judío, causados por el Imperio Romano, mucho antes de que el cristianismo alcanzara una posición de poder hegemónico. Aunque el antisemitismo cristiano es un fenómeno histórico documentado (por ejemplo, Justino Mártir es descrito como un "gran antisemita"), no fue la única ni la principal causa del "hundimiento" judío. El judaísmo continuó evolucionando, como se ve con el desarrollo del caraísmo en el siglo IX, que defendía el "examen atento y crítico de la Biblia", demostrando una continuidad y vitalidad que desmiente un "hundimiento" total causado únicamente por el cristianismo.

Falacia de Apelación a lo Sobrenatural como Evidencia Histórica


Explicación: La referencia a un "fuego brotando de los cimientos" [Europa Ancestral] durante el intento de Juliano el Apóstata de reconstruir el Templo de Jerusalén, presentado como prueba histórica, es una falacia. Un evento sobrenatural, por definición, no puede ser verificado empíricamente y no constituye una prueba histórica concluyente.

Las fuentes critican explícitamente el uso de milagros como base probatoria: "Sin milagros no sería yo cristiano... ¿Por qué los milagros de Jesucristo son verdad et son mentira los de Esculapio, Apolonio de Tiana y Mahoma?". Se subraya que los relatos milagrosos son "fechos asombrosos pero en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones et mitos". La investigación histórica se basa en "análisis et crítica serena et objetiva" etbusca "una explicación totalmente simple y natural", advirtiendo que "la masa se entrega a lo milagroso y lo legendario". Un historiador crítico se basaría en datos verificables, no en fenómenos sobrenaturales para establecer hechos históricos.

Contradicción Interna et Falacia Ad Hominem (Étnico/Racial)


Explicación: El texto "Europa Ancestral" cae en una contradicción al afirmar que Jesús era "de origen occidental, concretamente celta (Galilea = Lea Galia), es decir, blancos, no semitas" [Europa Ancestral], mientras que, por otro lado, acusa a los neopaganos de vincular el cristianismo con la "cábala judía" o una "supuesta autoría totalmente judía" [Europa Ancestral]. Esto es una contradicción interna y un ataque ad hominem con tintes raciales, al intentar desvincular a Jesús de sus raíces judías con afirmaciones pseudohistóricas (como la etimología de "Galilea") para luego usar una supuesta conexión judía como argumento negativo contra los neopaganos.

Las fuentes establecen que Jesús estaba profundamente inmerso en el contexto judío, debatiendo la Ley con los fariseos y siendo llamado "rabí" (maestro de la Escritura). La cultura de Galilea estaba influenciada por el "judaísmo helenístico", una mezcla cultural, no una raza "celta" aparte.
La retórica que se niega a refutar argumentos y, en su lugar, "difamando personalmente", es una táctica reconocida. La conexión entre ciertas doctrinas gnósticas y elementos judíos (como la "gnosis judaica incipiente" del Evangelio de Juan) es un tema académico complejo, no una "conspiración judía" usada para descalificar. El texto de "Europa Ancestral" utiliza una narrativa de conspiración racializada para deslegitimar a sus oponentes, en lugar de abordar sus críticas de manera lógica.

Falacia de la Conspiración et Envenenamiento del Pozo
  1. Explicación: Esta falacia se manifiesta cuando "Europa Ancestral" desacredita las críticas al catolicismo atribuyéndolas a "conspiraciones" como la "alianza judeo-protestante", la "Ilustración masónica" o la "Leyenda Negra" (presentada como "cúmulo de invenciones, falsedades y manipulaciones" de "enemigos de España") [Europa Ancestral]. Esta táctica busca "envenenar el pozo" de la discusión al sugerir una agenda oculta y malintencionada por parte de los críticos, evitando así la necesidad de refutar sus argumentos directamente con evidencia.
  2. Las fuentes revelan que la Iglesia misma ha recurrido históricamente a "falsificaciones et engaños", incluyendo la creación de "contra falsificaciones" para combatir las "heréticas". El cristianismo primitivo vio una "jungla protocristiana de falsificaciones" que la Iglesia "no cesó de bagatelizar, disculpar o suavizar". Esto significa que la "manipulación literaria" no era exclusiva de los "enemigos", sino una práctica generalizada.
  3. La "Leyenda Negra" o las críticas a la Inquisición, por ejemplo, non son meras "invenciones", sino interpretaciones de fechos históricos complejos que pueden contener parcialidades, pero también información verificable. Atribuir toda crítica a una "conspiración" es una forma de evadir el debate racional y la rendición de cuentas sobre aspectos problemáticos de la historia de la Iglesia. La historia se escribe desde diversas perspectivas, y el "envenenamiento del pozo" es una táctica para deslegitimar cualquier punto de vista disidente.

Conclusión: Un delirio anacrónico

¡Oh, necio Europa Ancestral, tu "Iglesia virtuosa" es una quimera! En la centuria II, el jesísmo era un desorden de sectas, con prácticas ilegales, sincretismos, desprecio por la razón, riquezas incipientes et divisiones odiosas. Celso non envidiaba; razonaba contra esta plaga heterogénea que amenazaba el orden romano. Tu "vero escocés" es un anacronismo: la ortodoxia non existía, solo un campo de batalla doctrinal donde el Papa impuso su versión centurias después.

Desde la prisca teología, el jesísmo, al promover la Ley de Moisés et condenar ad los no convertidos, actúa contra lo gentil, no solo contra Roma, sino contra toda cultura humana, desde Grecia hasta las tradiciones celtas. Europa Ancestral comete falacias al ignorar esto y sobrestimar el rol de la cristiandad, que no forjó Europa, sino la sofocó. Que Júpiter fulmine estas mentiras, que Vesta guarde nuestro fuego y que Minerva ilumine la verdad eterna. 

El Ramarranismo: Un alquebabat de Cerdo (II)

IV. La Patria como Espíritu et Valor Catolico, la busqueda de la Ciudad Celeste... " En Alemania [et el resto del mundo non esera una e...