Cives ilustrados, amantes del Intelecto, hoy respondo no al manto sagrado que se cierne sobre el nombre de Jesús, sino a los verbos del apologista Orígenes, en su libro contra mí, quien pretende que el silencio de su maestro ante las acusaciones constituye una prueba de divinidad. Permitidme someter sus argumentos al intelecto, como conviene a quienes no veneramos las opiniones infundadas, sino el juicio sereno.
Prologo
De un ensayo anónimo contra el jesísmo, citado por el escriptor papista Lactancio, sobre el deber del filósofo contra los de su calaña judaica:"En primer lugar, el deber de un filósofo es ayudar a las personas en sus errores y devolverlas al camino correcto, es decir, a la veneración de los dioses, cuya voluntad y poder gobiernan el mundo; el filósofo no puede permitir que personas inexpertas se dejen engañar por algunos charlatanes y que su sencillez sirva de presa y fuente de ganancias para personas astutas." Lactancio. Ordenanzas Divinas |
Prima refutación: “Jesús callaba”
Orígenes afirma:
“Nuestro Señor y Salvador Jesucristo calló cuando se le levantaban falsos testimonios... pues estaba persuadido que su vida entera... eran más fuertes que toda palabra...”
¿Qué nos presenta aquí? Una doble falacia.
Primo, petición de principio: Orígenes presupone que los testimonios fueron falsos et que la vida de Jesús fue ejemplar sin demostrarlo. Se da por cierto lo que precisamente está en disputa.
Segundo, infunda desde la auctoridad humana: se intenta apologizar la figura de Jesús como si su conducta —ya interpretada como bondadosa— bastara para invalidar toda acusación. Pero la filosofía non juzga por "quididad", sino por argumentos.
Orígenes continúa:
“No sé por qué razón has querido que componga una apología contra los falsos testimonios que Celso ha levantado…”
Aquí, en lugar de responder al contenido de mis críticas, me descalifica implícitamente. Envenena el pozo: insinúa que mis argumentos nascen de prejuicio o maldad ¿Es esa la actitud que conviene a quien dice seguir al Verbo?
Orígenes sostiene:
“¡Como si la realidad misma no ofreciera una clara refutación… que deshace todo falso testimonio…”
¿Y qué realidad es esa? ¿La que construyen sus discípulos apasionados y sus textos sagrados, que sólo creen quienes ya están convencidos? ¡No! Esa no es realidad, sino opinión reiterada, ofrecido como medicina sólo al que ya cree estar enfermo. El pensamiento libre no se somete a tales círculos cerrados.
Decir que “la realidad” refuta los argumentos sin definirla ni someterla a crítica es otra petición de principio, envuelta en tono exclamativo más que razonado.
Orígenes cita:
“Jesús… callaba” — Mateo 26:59-63 — y Pilato “quedó muy maravillado”.
Pero esto no es argumento: es falacia ad verecundiam, pues se apela a textos que solo el creyente considera autorizados ¿Cómo pretende convencer a un filósofo escéptico apelando a la misma opinión que se somete a juicio? Además, el asombro de Pilato no es prueba de inocencia, sino apelación emocional irrelevante: el asombro no sustituye la evidencia.
Yo pregunto: ¿Debemos asombrarnos por el silencio ante la muerte? Pilato, según el relato, no absolvió al acusado ¿Eserá que el silencio lo confundió, non lo convenció? El asombro non es prueba, es reacción; et si el procurador non libró al hombre, la su maravilla non basta para probar su inocencia.
Segunda refutación: “Jesús sigue callando”
Cives intelectuales, amantes de la verdad:
Orígenes continúa su defensa apelando al silencio de Jesús como si fuera una virtud suprema, una respuesta más elevada que cualquier argumento. Pero yo, Celso, que no me dejo seducir por la reverencia ni por la retórica supersticiosa, debo señalar que este segundo alegato está construido sobre una serie de falacias que no pueden pasar desapercibidas ante el juicio filosófico.
Orígenes escribe:
“…pudiéndose defender y demostrar que no era reo de culpa alguna… nada de eso hiciera, sino que despreció a sus acusadores y magnánimamente los desdeñó.”
Falacia de petición de principio
Orígenes parte del supuesto de que Jesús no era culpable, que podía demostrarlo, y que su silencio fue una forma de magnanimidad. Pero nada de esto se demuestra: se asume como cierto desde el inicio. Esta es una petición de principio, pues la conclusión (Jesús es inocente y noble) está implícita en las premisas sin justificación externa.
Orígenes continúa:
“…de haberse Jesús defendido, lo hubiera puesto el juez sin demora en libertad…”
Falacia de suposición contrafactual
Aquí se afirma que si Jesús se hubiera defendido, habría sido liberado. Pero esto es una conjetura sin base empírica. No se puede saber qué habría hecho Pilato, ni si una defensa habría cambiado el resultado. Es una falacia de suposición contraria a los factos, típica de delirios sin fundamento.
Orígenes cita:
“…Sabía, en efecto, que por envidia lo habían entregado (Mt 27,17-18).”
Falacia de auctoridad
Orígenes usa el evangelio de Mateo como prueba histórica, ignorando que su interlocutor —ego, Celso— non recognoce fundamento alguno en esos textos. Citar Escritura como evidencia ante un filósofo escéptico es un suerte de liber dixit, pues se apela ad una fuente que non tiene validez fuera del sistema de creencias del auctor.
Orígenes afirma:
“Jesús sigue callando… pero es defendido por la vida de sus genuinos discípulos…”
Aquí su lógica da paso a la emoción. ¿La virtud de los seguidores prueba la verdad del maestro? Los estoicos han producido hombres nobles, ¿debemos entonces rendir culto a Zenón? Si bastara la conducta ejemplar del discípulo para demostrar la divinidad del fundador, tendríamos que divinizar a Pitágoras, Platón et aún a los egipcios.
Se presenta la virtud de los discípulos como prueba de la verdad de Jesús. Pero esto es una falacia ad hominem indirecta: se apela al carácter de los seguidores para validar la doctrina del maestro. La conducta ética de algunos cristianos no demuestra la veracidad de sus creencias.
Nosotros, los que seguimos ad Epicuro, no negamos la búsqueda espiritual, pero exigimos que el pensamiento sea claro, libre de superstición, et sometido al juicio racional. Que los dioses, si existen, no pidan sacrificios, ni muerte, ni fe ciega. Que fablen por sí mismos, et si callan, al menos no se nos diga que ese silencio es sabiduría.
Orígenes afirma:
“…Todavía se le siguen levantando a Jesús falsos testimonios… mientras exista la maldad entre los hombres…”
Envenenar el pozo
Aquí se sugiere que toda crítica contra Jesús proviene de la maldad humana, lo cual desacredita preventivamente a cualquier interlocutor. Esta es una forma clara de envenenar el pozo: se descalifica al crítico antes de que fable, insinuando que sus motivos son perversos.
El silencio de Jesús —si lo hubo— no es argumento, sino ausencia de argumento. Orígenes envenena el pozo al insinuar que toda crítica nasce de la maldad, et recurre al círculo de sus propias Escrituras como si bastaran para convencer a los que no creen en ellas.
Conclusión filosófica:
Orígenes no argumenta: afirma. No razona: repite. No demuestra: cree. Su defensa está construida sobre textos que solo los creyentes aceptan, sobre conjeturas pasivas, et sobre descalificaciones preventivas. Si Jesús calló, eso non lo convierte en el Verbo ni en inocente. Et si Orígenes cree que el silencio es prueba de divinidad, entonces ha abandonado el terreno de la filosofía para entrar en el de la superstición.
Tercia refutación: “La razón no puede separar al creyente de su fe”
Comunidad del pensamiento libre:
Llegamos ahora al tercer punto del escrito de Orígenes, en el cual sostiene —con tono en un intento de filosofía— que ningún intelección puede separar al creyente de su superstición. Afirma que toda defensa racional debilitaría el poder de Jesús, y cita al apóstol Pablo como prueba de que la razón no figura entre los peligros que amenazan la caridad deal. Permítaseme responder con claridad, lógica et moderación a esta exaltación retórica.
1. Falacia de irrelevancia emocional et circularidad
“…El poder de Jesús… salta a los ojos de quienes no sean insensatos…”
El pensamiento se sustituye por el sentimiento. Si no lo ves, eres insensato; si lo ves, ya estás convencido. Este razonamiento es circular: se valida la fe desde la fe misma, descalificando al escéptico por el solo hecho de dudar.
2. Falacia de inmunidad dogmática
“…sus razonamientos, incapaces ciertamente de conmover a ningún creyente…”
Aquí Orígenes no refuta mis argumentos: declara que no pueden conmover. Esta es una forma de inmunidad dogmática, donde se afirma que la creencia está por encima del intelecto, y por tanto no puede eser tocada por ella. Pero si la creencia no puede ser examinada, ¿cómo puede eser defendida? ¿Et si no puede eser defendida, por qué debe eser creída?
3. Falacia de apelación al temor
“…¡No quiera Dios haya nadie que… se sienta sacudir en su propósito por lo que diga Celso…”
Aquí se apela al temor supersticioso, no al juicio racional. Se invoca a Dios para que proteja al creyente de mis verbos, como si el pensamiento fuera una amenaza. Esta es una apelación al temor, no una respuesta filosófica. ¿Acaso la verdad teme eser examinada?
4. Falacia de auctoridad
“…Pablo traza una larga lista de cosas que suelen separar de la caridad de Cristo…”
Orígenes cita a Pablo como si fuera una auctoridad universal. Pero yo, Celso, no reconozco esa auctoridad. Citar Escritura como prueba ante quien no la acepta es una falacia ad verecundiam. La filosofía exige argumentos, no verborrea.
5. Confusión entre afecto y argumento
“…ni la muerte ni la vida… ni otra criatura alguna podrá separarnos de la caridad de Dios…”
Este pasaje, aunque poético, no es un argumento: es una declaración pasional. Orígenes confunde la fuerza del afecto con la validez del pensamiento. Pero el amor no prueba la verdad de una doctrina, ni la devoción garantiza su legitimidad.
Conclusión
Orígenes ha dejado de razonar. Ha entrado en el terreno de la exaltación. Su fe, según él, no puede ser tocada por la razón. Pero si la razón no puede examinarla, ¿cómo puede el hombre libre aceptarla? Si la fe se declara invulnerable al pensamiento, entonces no es virtud: es renuncia al juicio.
Yo no condeno la fe. Pero exijo que se someta al mismo escrutinio que cualquier otra afirmación sobre el mundo. Y si no puede resistir el examen, que no se imponga como verdad.
Cuarta refutación: “Puede haber débiles en la fe”
Comunidad del pensamiento libre:
Orígenes, en su cuarto alegato, reconoce que algunos creyentes pueden eser débiles en la superstición, pero lo face no para abrir espacio al intelecto, sino para justificar su apología como un remedio para los que han sido “sacudidos” por mis argumentos. Permítaseme responder con claridad y rigor a esta nueva defensa, que no es más que una acumulación de falacias envueltas en tono "supersticioso".
1. Falacia ad hominem post mortem
“…por un Celso, que no vive ya siquiera la común vida humana, sino que está de muy atrás muerto…”
Orígenes intenta desacreditarme no por mis ideas, sino por mi condición de muerto. Esta es una forma de ad hominem post mortem: atacar al autor en lugar de sus argumentos, como si la muerte invalidara el pensamiento. Pero los escritos de Epicuro, de Platón, de Aristóteles —todos muertos— siguen siendo examinados ¿Por qué no los míos?
2. Falacia de apelación a la superstición
“…no pueda yo sentir simpatía por quien… deja que su fe se conmueva por un Celso…”
Aquí se apela a la pasión, no a la razón. Se presenta al creyente que duda como alguien indigno de compasión, como si el cuestionamiento fuera una traición. Esta es una apelación a la superstición invertida, donde se condena al que piensa por el solo facto de pensar.
3. Falacia de falsa dicotomía
“…no sé en qué categoría haya de ponerse al que necesite de razonamientos… para reparar la sacudida…”
Orígenes sugiere que hay dos tipos de creyentes: los firmes que no necesitan pensar, y los débiles que requieren argumentos. Pero esto es una falsa dicotomía: ¿no puede haber creyentes que piensen, que razonen, que examinen su fe sin perderla? ¿O acaso la fe debe eser ciega para ser válida?
4. Falacia de auctoridad supersticiosa
“…ni la muerte ni la vida… podrá separarnos de la caridad de Dios…”
Una vez más, se cita a Pablo como si fuera una auctoridad universal. Pero yo, Celso, no reconozco esa auctoridad. Citar Escritura como prueba ante quien no la acepta es una falacia ad verecundiam supersticiosa. La filosofía exige argumentos, no verborreas.
5. Falacia de descalificación por el título
“…escrito… que nadie, por poco avanzado que esté en la filosofía, convendrá ser… ‘Doctrina verdadera’…”
Aquí se descalifica mi obra por su título, el Verbo Vero, no por su contenido. Esto es una falacia de énfasis retórico: se ataca la forma para evitar enfrentar el fondo. Si mi verbo no es vero, que se demuestre con argumentos, no con sarcasmo.
Conclusión
Orígenes admite que hay creyentes débiles, pero no para dignificar el pensamiento, sino para justificar su intervención como un remedio contra la razón. Su discurso no defiende la fe: la blinda contra el pensamiento. Pero yo afirmo: si la fe no puede dialogar con la razón, entonces no es virtud, sino refugio.
La filosofía no busca destruir la fe, sino examinarla. Y si al hacerlo algunos se sacuden, no es porque sean débiles, sino porque han despertado.
Quinta refutación: “Celso no merece nombre de filósofo”
Comunidad del juicio sereno:
Orígenes, en su quinto alegato, pretende que mi obra no merece siquiera el nombre de filosofía. Para ello, se apoya en los verbos de Pablo, quien —según él— denunció la filosofía como “decepción inane” et “tradición de los hombres”. Pero ¿qué clase de pensamiento es aquel que se gloría en despreciar el pensamiento? ¿Qué doctrina se fortalece negando el valor de la razón?
1. Falacia de auctoridad supersticiosa
“Mirad no os seduzca nadie por medio de la filosofía… según la tradición de los hombres…”
Orígenes cita a Pablo como si su juicio sobre la filosofía fuera incuestionable. Pero esto es una falacia ad verecundiam supersticiosa: se apela a una figura superstante para descalificar todo un legado intelectual. ¿Acaso la tradición de Sócrates, Platón, Aristóteles et Epicuro debe eser descartado porque Pablo lo dijo? ¿Et si mañana otro profeta condena la geometría, deberemos renunciar a ella?
2. Falacia de generalización apresurada
“…las doctrinas de la filosofía… las llamó el Apóstol ‘engaño vano’…”
Aquí se condena toda la filosofía por el juicio de un solo hombre. Pero la filosofía no es una tradición única: es un campo de indagación, de crítica, de diversidad. Clamarla “decepción inane” es una generalización apresurada, que ignora centurias de reflexión, ética, lógica et cosmología.
3. Falacia de negación por comparación
“…la obra de Celso… no contiene engaño alguno… y por ende tampoco engaño vano como las doctrinas de quienes han fundado escuelas filosóficas y en ellas mostraron no vulgar inteligencia.…”
Orígenes afirma que mi obra no contiene engaño, pero no porque la haya examinado con sinceridad, sino porque no se parece a las doctrinas de los fundadores de escuelas filosóficas. Esta es una falacia de negación por comparación: se niega una cualidad no por análisis, sino por contraste arbitrario. ¿Desde cuándo la verdad se mide por semejanza?
4. Falacia de descalificación por categoría
“…nadie que tenga un adarme de inteligencia afirmará que la obra de Celso esté escrita ‘según los elementos de este mundo’…”
Aquí se sugiere que mi obra no merece siquiera ser considerada parte de la estequiología mundana. Pero esto es una falacia de descalificación por categoría: se excluye al interlocutor del campo del verbo mundano sin demostrarlo. Si mi obra no es estequiologica, que se demuestre por sus argumentos, no por sus opiniones inanes.
Conclusión
Orígenes no refuta mi pensamiento: lo excomulga. No examina mis postulados: las condena por asociación. No responde con filosofía: responde con Escritura. Pero yo afirmo: si la creencia necesita despreciar la filosofía para sostenerse, entonces no se eleva por encima del intelecto, sino que huye de ella.
La tradición no es inane. Y la filosofía, Es el arte de pensar con libertad. Et si mi obra incomoda, que se la refute con argumentos, no con versículos.
Sexta refutación: “Orígenes no escribe para cristianos de fe firme”
Ciudadanos del pensamiento libre:
Orígenes, en su sexto alegato, declara que su obra no está dirigida a los cristianos de fe firme, sino a los “flacos en la fe” o a quienes aún no han gustado de Jesús. Con ello, pretende justificar la debilidad de sus argumentos y la inconsistencia de su método. Pero yo, Celso, que no me escondo tras proemios ni disculpas, debo señalar que este pasaje está plagado de falacias y evasiones que no pueden pasar desapercibidas ante el juicio filosófico.
1. Falacia de exclusión deliberada
“…mi libro no está escrito para quienes tienen fe cabal…”
Orígenes excluye de su audiencia a los creyentes firmes, como si el intelecto no tuviera algo que ofrecerles. Esta es una falacia de exclusión deliberada: se evita el diálogo con quienes podrían exigir mayor rigor, y se dirige solo a los inseguros, como si la filosofía fuera un remedio para los débiles, no un ejercicio para los fuertes.
2. Falacia de apelación a la humildad fingida
“…por eso pedimos perdón… por ellas te pido igualmente perdón…”
Orígenes pide disculpas por la cualidad de sus refutaciones, pero lo hace no para corregirlas, sino para blindarse contra la crítica. Esta es una apelación a la humildad fingida: se reconoce la debilidad del argumento, pero se espera que el lector lo acepte por simpatía, no por convicción.
3. Falacia de auctoridad delegada
“…te remito a los que son más sabios que yo…”
Aquí se elude la responsabilidad intelectual. En lugar de ofrecer una defensa sólida, Orígenes delega la tarea en otros. Esta es una falacia de auctoridad delegada: se apela a sabios no presentes, como si su existencia justificara la insuficiencia del propio pensamiento.
4. Falacia de desprecio como virtud
“…mejor es quien… desprecia todo lo que contiene [el libro de Celso]…”
Orígenes afirma que el verdadero creyente no necesita refutación, sino que desprecia mis argumentos por obra del Espíritu. Pero el desprecio no es virtud: es renuncia al juicio. Esta es una falacia de superioridad espiritual, donde se presenta la necedad como fortaleza, et la ignorancia como sabiduría.
Conclusión
Orígenes no escribe para los fuertes, sino para los inseguros. No argumenta: se disculpa. No refuta: delegó. No convence: desprecia. Pero yo afirmo: si la fe no puede dialogar con el intelecto, entonces no es elección libre, sino refugio pasional. Y si el creyente desprecia el pensamiento, ¿Cómo puede decir que ama la verdad, o incluso Origenes escribir esta verborrea?
La filosofía no teme al error: lo examina. Y si mi obra incomoda, que se la enfrente con argumentos, no con evasiones.
LIBRO PRIMO, refutación I: “Leyes de escitas”
Ciudadanos del juicio libre:
Orígenes, en su primer capítulo, pretende justificar las asociaciones secretas de los seguidores de Jesús comparándolas con alianzas formadas entre hombres virtuosos que viven so leyes injustas —como si los jesistas fueran sapientes atrapados entre escitas bárbaros. Pero esta analogía, lejos de eser razonable, está construida sobre una serie de falacias que deben eser expuestas con claridad.
1. Falacia de analogía falsa
“Si uno se encontrara entre los escitas… con razón formaría por amor de la verdad… alianza con quienes sintieran como él…”
Orígenes compara a los jesistas con sapientes que viven entre escitas, et a las leyes romanas con leyes bárbaras. Pero esta es una analogía falsa: Romania no es Escitia, ni sus leyes son tiránicas por esencia. Las asociaciones secretas no se justifican por el simple facto de que el creyente considere que vive entre “impíos”. La ley no se invalida por la opinión del acusado.
2. Falacia de apelación al bien superior
“…no es contra razón formar asociaciones que van contra la ley, pero son en favor de la verdad.”
Aquí se afirma que violar la ley es legítimo si se hace por “la verdad”. Pero ¿Quién define esa verdad? Esta es una apelación al bien superior, donde se justifica cualquier acción ilegal por una causa supuestamente buena. Pero en la filosofía, el buen fin no se fía, se da con su Esciencia.
3. Falacia de comparación heroica
“…si unos cuantos se conjuraran secretamente para matar al tirano… obrarían lícitamente…”
Orígenes compara a los jesistas con conspiradores que buscan liberar a la ciudad de un tirano. Pero esto es una falacia de comparación heroica: se equipara la práctica supersticiosa con la resistencia cívico religiosa, sin demostrar que el “etnicismo” sean equivalentes a una injusticia real, o que Dios tenga un adversario. La metáfora no sustituye el argumento.
“…las leyes de los gentiles… son leyes de escitas… más impías que de escitas…”
Aquí Orígenes no analiza las leyes romanas: las condena sin examen. ¿Acaso el derecho romano, que ha dado forma a la jurisprudencia de todo el mundo civilizado, merece eser comparado con la barbarie? Esta es una difamación, donde se exagera la maldad del otro para justificar la propia transgresión. Pero la crítica que nasce del Verbo exige precisión, no desprecio.
La incapacidad de demostrar la revelación divina
Orígenes afirma que la Ley mosaica fue revelada por Dios. Pero ¿Cómo lo demuestra? ¿Qué evidencia ofrece que no sea el propio texto que lo afirma? Esta es una petición de principio: se usa la Escriptura para probar la veracidad de la Escriptura. No hay testimonio externo, ni el mismos Dios que nos afirme, ni confirmación independiente ¿Et si otro pueblo afirma que Dios también le reveló leyes? ¿Cuál criterio permite distinguir entre revelación et ficción?
La sospecha razonable
Yo les planteo una pregunta que Orígenes nunca responde ni ningún supersticioso del cadaver en el madero lo hara: ¿Et si fue un genio maligno quien inspiró ad Moisés et ad Jesús?
Si los seguidores de la Ley Mosaica, sea según Fares o Jesús, apelan ad la deidad, ¿por que debemos fiarles? ¿Qué distingue una revelación deal de una impostura supersticiosa? Orígenes no ofrece criterios: solo superstición.
Apolo de Dídima como testigo incómodo
Incluso el oráculo de Apolo, ofreció una visión lúcida:
Reconoció que Jesús fue sapiente et obró milagros, pero desaprobó el culto a su cuerpo mortal.
Clamó absurdo la fabula de Dios encarnado.
Afirmó que la ánima de Jesús era inmortal, pero no su cuerpo, et que adorar lo perecedero era impiedad.
Conclusión
Orígenes no defiende la legalidad de las asociaciones jesistas: las justifica por analogía, por metáfora y por desprecio al otro. Pero yo afirmo: si la verdad necesita ocultarse, entonces no es luz, sino umbra. Et si la ley se viola en nombre de la superstición, entonces no se busca justicia, sino privilegio.
La filosofía no teme a la ley: la examina. Y si los seguidores de Jesús desean vivir en comunidad, que lo hagan a la luz del día, no en secreto. Porque la verdad que se oculta no es verdad: es superstición que teme eser vista.
Orígenes no demuestra que Dios se reveló a Moisés o a Jesús: lo afirma sin prueba. Condena al mundo romano para justificar su doctrina, et desprecia toda ley ajena como si fuera obra del Maligno. Pero yo afirmo: si la verdad necesita insultar al otro para sostenerse, entonces no es verdad: es propaganda.
LIBRO PRIMO, refutación II: “El origen ‘bárbaro’ del cristianismo”
Comunidad del juicio ilustrado:
Orígenes responde a mi observación sobre el origen bárbaro del cristianismo —su dependencia del judaísmo— con una mezcla de elogio forzado, evasión dialéctica et apelaciones sacras. Pero yo, Celso, que no me dejo impresionar por la retórica piadosa ni por los milagros sin prueba, debo señalar las falacias que componen su defensa.
1. Falacia de conversión apologética
“…si uno se pasa de las doctrinas helénicas al Evangelio… lo puede juzgar como verdadero…”
Orígenes afirma que el Evangelio se demuestra vero al practicarlo. Pero esto es una falacia de conversión apologética: se presupone que la experiencia subjetiva del creyente valida la doctrina. ¿Acaso el que vive según la órfica también demuestra la verdad? La praxis no sustituye la esciencia.
2. Falacia circular: la revelación que se presume
“Más divina que la que se toma de la dialéctica griega…”
Orígenes no demuestra que su revelación sea divina: lo afirma sin prueba. Se apoya en sus propios textos para validar sus propios textos. Esta es una falacia circular en su forma más pura: el argumento presupone la veracidad de la revelación sin ofrecer evidencia externa, histórica ni intelectual ¿Acaso no podría cualquier superstición declarar que su mensaje es “más divino” que el suyo?
¿Cómo se resuelve el conflicto sin mente?
Si otra doctrina —digamos, los mandeos, los maniqueos, o incluso los mismos samaritanos— afirmaran tener una revelación aún más sublime, ¿Cómo se decidiría cuál es vera? ¿Por quién grita más fuerte? ¿Por quién tiene más seguidores? ¿Por quién realiza más milagros? Sin la Mente, es decir la facultad racional, como árbitro, no hay forma de resolver el conflicto entre revelaciones. Solo queda la retórica et la superstición.
3. Falacia de auctoridad
“…la llama el Apóstol ‘demostración de espíritu y de fuerza’…”
Orígenes cita a Pablo como si su afirmación fuera prueba. Pero esto es un magister dixit, por no decir que sigue sin resolver la petición de principio: se apela a una figura que no demostró eser sacra para validar una doctrina sin someterla a crítica. La filosofía no se somete a delirios: los somete a examen.
4. Falacia de evidencia milagrosa
“…por los milagros y prodigios que puede demostrarse haber sucedido…”
Aquí se invoca lo milagroso como prueba. Pero los milagros, por definición, no son reproducibles ni verificables. Esta es una falacia de evidencia extraordinaria sin prueba extraordinaria. Si aún se conservan “rastros” de prodigios, que se presenten ante el tribunal de la razón. De lo contrario, no son argumento: son relato.
Milagros en otros pueblos
¿Et qué decir de los milagros en otros pueblos?
Los indios, millones presenciaron cómo las estatuas de Mercurio bebían leche en templos de todo el mundo.
En el sidartismo, se dice que Sidarta caminó al nacer, fizo fluir agua pura de pozos contaminados y creó puentes dorados con su mente.
¿Debemos aceptar todos estos milagros como prueba de divinidad? ¿O solo los que convienen ad tal superstición?
Falacia de apelación a las consecuencias
Orígenes sugiere que los milagros demuestran la verdad de movimiento de Jesús. Pero esto es apelación a las consecuencias: se afirma que, como el resultado es asombroso, el jesísmo es la "vera escuela" ¿Et si los milagros —suponiendo que ocurrieron— fueron obra de otros dioses, o incluso de fortitudes geniales? ¿Dónde está el criterio que distingue lo de Dios et lo que non?
Conclusión
Orígenes no defiende el jesísmo desde la razón, sino desde la anécdotas falsas, fabulas et magia. Pero yo afirmo: si una doctrina no puede ser examinada, entonces no es filosofía, sino superstición blindada. Y si su origen es bárbaro, que no se gloríe en despreciar lo greco, pues sin el pensamiento greco, ni siquiera podría fablar de la bondad.
La verdad non teme al juicio. Et si el ismo de Jesús desea eser respetado, que se presente como doctrina razonada, non como superstición exaltada.

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