sábado, 12 de abril de 2025

Ensayo contra el cientifismo neocristiano

¿La ciencia y la religión, están peleadas? ¿O es la superstición la causa de este falso dilema?

El presente articulo se propone desmantelar el falso dilema que presenta un supuesto conflicto irreconciliable entre la mal clamada "ciencia" que no salva mucha relación con "esciencia (gnosis en greco)" et la "religión", que por decepción el cristianismo quiere predicarse como tal. Desde una perspectiva gentil, argumentaremos que esta confrontación es, en gran medida, una engañifa histórica alimentada por lo que denominamos un "cientifismo neocristiano", una visión que eleva a la "disciplina para plegar a una esciencia" (aquella la mal nombrada "ciencia") como infalible en parámetros muy semejantes al de la Deidad, et a menudo en detrimento de otras formas válidas de "esciencia" y experiencia. Para entender esta noción, primero debemos definir el neocristianismo. En términos prácticos, constituye una secularización de las bases centrales cristianas acerca de la sociedad; un cristianismo completamente privado de rudimentos fabulosos, incluso ateo, definido como la aplicación de mandamientos éticos derivados del Nuevo Testamento al manejo de las relaciones sociales y económicas contemporáneas. Autores liberales modernos, marxistas y marxistas culturales se incluyen entre los neocristianos. Sorprendentemente, muchos ateos que han creído haber abandonado totalmente el cristianismo, en realidad continúan portando modos formativos cristianos de ver el mundo, la moral e incluso las áreas sapienciales, siguiendo religiosamente los preceptos universales de la corrección cívica. Dentro de este marco, sostenemos que la raíz de la fractura entre ciencia y religión no reside en una oposición inherente entre la búsqueda racional y la comprensión espiritual, sino en la superstición, entendida aquí como un conjunto de dogmas o opiniones, creencias y prácticas infundadas que históricamente han servido para apuntalar intereses particulares, en este caso, los fines de la nasciente y dominante doctrina abrahámica, y que paradójicamente, hoy en día, leva a algunos ateos a convertir lo que claman "ciencia" en una nueva forma de superstición. Al explorar la esencia de la religión para los gentiles y las posibles influencias de la superstición cristiana en el desarrollo de lo que hoy clamamos ciencia, buscaremos restaurar una visión escientífica que sea más holística, donde la filosofía, la teología y la religión se unan nuevamente con la investigación del mundo natural.




¿Qué es la religión para los gentiles?

La religión, desde una perspectiva gentil amplia, se caracteriza por una conexión intrínseca con la Natura, los ciclos cósmicos y la multiplicidad de lo sagrado. No se limita a un libro sagrado, sino que se manifiesta en diversas tradiciones, culturas ancestrales y una profunda reverencia por el mundo que habitamos. La religión para los gentiles implica a menudo una participación activa con el entorno natural, la celebración de festividades ligadas a los ritmos de la diva Tierra y el reconocimiento de potencias espirituales inmanentes en la creación. Filosóficamente, puede entenderse como la vía faz a la plenitud, un entendimiento pío de la interconexión de todas las reses y una obligación de vivir en concordia con la universidad mundana. En este contexto, la búsqueda de la esciencia sobre la Natura no está inherentemente separada de la comprensión espiritual; ambas pueden eser vías complementarias para desvelar los sacramentos de la realidad.

El equívoco del cientifismo neocristiano et la ciencia como nueva superstición:


Hoy en día, presenciamos la proliferación de una visión que podríamos denominar cientifismo, una creencia acrítica en la ciencia como la única fuente válida de "esciencia", desestimando o relegando otras formas de entendimiento como la filosofía, la teología o la experiencia sacramental. Argumentamos que este cientifismo, lejos de ser una postura neutral y objetiva, ha sido históricamente moldeado dentro de un contexto donde la superstición cristiana jugó un papel significativo en la redefinición de los límites de la "esciencia". Irónicamente, muchos individuos que se identifican como ateos, influenciados por la estructura moral y cultural del neocristianismo, adoptan una postura igualmente supersticiosa faz a lo que nombran como "La Ciencia", elevándola a un estatus incuestionable similar al de una superstición mosaica. 


Para comprender esta afirmación, es necesario definir qué entendemos por superstición en este contexto. Tomando como referencia el mundo latino, la superstición era aquello que se consideraba irracional, infundado y contrario al Verbo (Logos en greco) y la intelección de la Natura (esciencia natural) que los grecos nombraron como "la Física". La superstición mosaica, lo que de los modernos mal nombran como "religiones abrahámicas", et especialmente en su variante mesiánica centrada en Jesús de Nazaret, en su ascenso, se esforzó por predicar sobre las religiones gentílicas, tildándolas de supersticiones paganas producidas por el Diablo de su falso dios para alejarnos de Dios (al que los antiguos latinos nombran como Júpiter, nuestro Padre Jove) a los hombres, lo que ellos terminarían nombrando como "paganismo"(termino que deriva de pagano que significaba antes "hombre rural", porque los hombres rurales son de eser muy fieles a su religión nativa, antes et hoy). 

Al consolidar su potestad, la Iglesia de Jesús de Nazaret tuvo la necesidad de eser la única entidad valida de traernos, la tradición doctrinal para toda la humanidad, lo que contrajo, en ciertos momentos, una pugna tensa con la filosofía (Recordemos al filosofo Celso et su Vero Verbo, como al Augusto Juliano II "El Filosofo" et su "Contra los Galileos", como al filosofo Porfirio et su "Contra los cristianos", hoy todas sus obras fueron destruidas) et la que era su disciplina (la rama organizada de esciencia adquirida metódicamente con un tema unificado) natural la que anteriormente era nombrada como la "Física", lo que hoy es parte de la "Ciencia Moderna", en la antigüedad gentil la relación entre "la Ciencia et la filosofia" era mucho más fluida, con la metafísica considerada la "esciencia de las esciencias". Las nociones del mundo eran totalizantes, abarcando metas, métodos et criterios de éxito en el mito, la filosofía et lo que incipientemente podríamos clamar como "la Ciencia". Sin embargo, con la institucionalización del mesianismo, surgió la necesidad de consolidar una autoridad doctrinal única. La filosofía, con su espíritu crítico, et la investigación del mundo empírico, podían presentar desafíos a las narrativas bíblicas, como veremos más adelante.  

La física clásica occidental se encargaba de inteligir "esciencias" de los elementos o los estequiones mundanos (στοιχεῖᾰ κοσμῐκᾰ́ en greco), et esto nos leva inevitablemente rememorar la carta a los Colosenses del falso apóstol, aquel agente mosaísta incultural, Saulo de Tarso, que dicta así en el fragmento II:IV (traducción literal de la vulgata): "Ved quienes vosotros no los decibiesen por filosofía et inanes falacias, según la tradición hominal, según los elementos mundanos et no según Cristo.", con esto delatando que la superstición de los mal nombrados cristianos pugna contra el avance filosófico de la tradición (en ese contexto entendida como "enseñanza de la filosofia de la naturaleza") que los hombres traemos para cognocer los elementos mundanos (aquí "elemento" se traduce del verbo greco "estequión" que no solo significa "elemento material" en la física, es preciso también mencionar que Saulo nombra al diablo en la carta a los Efesios II:II como "arconte o príncipe de la potestad del aire", sino también estequión plega a connotar "elementos esterales, como lo que hoy se nombra como "planeta", "estrella" y "constelación", todo esto es materia para exponer la pugna cristiana contra la materia del Mundo entendido como Cosmos, al cual ellos consideran diabólico contra el Cristo, pues predicen que Jesús venciese al arconte cósmico para facer una nueva tierra y un nuevo cielo por toda la eternidad, mírese el pasaje del libro de Apocalipsis XI:I et el pasaje II Pedro III:XIII de la segunda carta petrina), con esto nos dictan que cualquier avance de la "La Ciencia" que pudiese contradecir al discurso de lo que se dicta como "cristiano" es una falacia vacía, una engaño diabólico. Así iniciando aquella odiosa invención contradictoria de distinción supersticiosa, la que los modernos nombran como el dilema de "La Razón y la Fe", entre cognocimiento natural y revelación sobrenatural, et como yo busco exponer, se fizo útil como una estrategia para proteger sus supersticiones de la crítica racional y empírica.


Es crucial notar que no estamos arguyendo que la "Ciencia" sea inherentemente y totalmente "mosaísta", sino que su desarrollo histórico y la forma en que se ordeno su relación con otras formas de esciencia fueron influenciadas por la necesidad de la Ley mosaica mesiánica dominante de definirse y defenderse en un mundo de diversas tradiciones. La separación gradual de lo que hoy nombramos como "filosofía, ciencia y teología" resulto eser útil para consolidar la auctoridad doctrinal y gestionar las posibles tensiones entre la superstición y el intelecto o razón. Hoy en día, esta separación, irónicamente, levo a que muchos "incrédulos mosaístas" aquellos autoproclamados "ateos" dentro del marco del neocristianismo adopten una visión acrítica de la "Ciencia", similar a la veneración de los 'factos' tan característica de casi todo el empirismo, como nota Feyerabend. Esta adopción supersticiosa, sin cuestionar los fundamentos o límites de la "Ciencia" que profesan, se asemeja a la creencia ciega propia de los mosaístas. La "ciencia" se busca superponer por la superstición ciega del cientificismo y no por la intelección religiosa, y con ello por encima de su madre la filosofia, y muchos de sus fieles la consideran el modo más elevado de esciencia simplemente porque así han sido traídos, por más que se esfuercen en negarlo, son similares a los que ellos dicen oponerse, como un diablo acusando de diablo a otro para no eser predicado como tal, cientificistas y mosaístas, pertenecen al mismo predicamento, son supersticiosos. Y su actitud impide un diálogo genuino con otras tradiciones escientíficas et limita la comprensión de la complejidad del mundo.


Ahora bien, hablar, en relación con Aristóteles, de «filosofía» [como sucede en toda la filosofía clásica]como algo claramente diferenciado de la ciencia es en gran medida anacrónico. La palabra «filosofía» no designa en Aristóteles un género de saber diferenciado del saber científico, como en los usos lingüísticos actuales. Aristóteles —y en general los pensadores antiguos— era ajeno a esta distinción. Las diferencias semánticas entre «filosofía» (philosophía, en griego) y «ciencia» (traducción habitual del término epistéme, empleado tanto por Platón como por Aristóteles) estriban más bien en el hecho de que «filosofía» alude a cuerpos de saber determinados (Aristóteles habla, por ejemplo, de «filosofía primera» para referirse, según los casos y las interpretaciones, a la teología o a la metafísica), mientras que «ciencia» designa el saber en general cuando reúne ciertas condiciones de rigor y potencia explicativa. De hecho, este uso amplio del término «filosofía» para designar saberes científicos determinados llega al menos hasta el siglo XVIII de nuestra era (recuérdense títulos como el de la magna obra de Newton: Principios matemáticos de la filosofía natural). Aristóteles I (Biblioteca Grandes Pensadores Gredos).

Las raíces gentílicas de la investigación natural:

Es importante rememorar que la investigación sobre la Natura no es un invento exclusivo del mosaísmo. Los pueblos gentílicos de la antigüedad ya poseían esciencias detallados de astronomía, botánica, zoología y medicina, que utilizaban en sus prácticas y cosmovisiones. La tradición hermética y los "magos naturales" de la centuria XVI de la era vulgar, como Agripa y Dee, que se basaban tanto en la tradición tecnológica como en la hermética para "evocar las fuerzas naturales", con ello contribuyeron a la base de la experimentación científica moderna. Ambas tradiciones eran formas activas de enfrentarse a la realidad, en contraste con la natura estática cogitación monacal et el verbalismo rígido de la disputa escolástica mesiánica del medioevo. Dictar que la "ciencia moderna" surgió puramente de la "superstición cristiana" ignora estas raíces más amplias y complejas.

Un falso dilema alimentado por el cientifismo:

La noción de una pugna perpetua entre la "ciencia y religión" es, por lo tanto, un falso dilema, puesto que ni siquiera la "ciencia" esta pugnando encontra de una "religión" si no con la "superstición" que pregonan los mosaístas. Lo que históricamente pudo haber sido fue una tensión entre una u otra falsa institución religiosa y ciertas interpretaciones del mundo natural que desafiaban sus supersticiones. Sin embargo, esta tensión no implica una incompatibilidad inherente entre la curiosidad racional y la experiencia espiritual como la institución religiosa. De facto, como señala Feyerabend, la ciencia es mucho más semejante al mito de lo que cualquier filosofía científica está dispuesta a reconocer, y su avance a menudo se da por medios que no son estrictamente racionales o metodológicos.


El cientifismo neocristiano perpetúa este falso dilema al erigir una visión particular de la ciencia como la única válida, descartando la variedad de otras formas de esciencia que las tradiciones gentílicas siempre han valorado. Muchos "ateos", sin embargo, caen en la misma trampa supersticiosa, aceptando acríticamente los postulados de una cierta corriente que se disfraza de eser "científica" y desestimando cualquier perspectiva que no se ajuste a ella, repitiendo así el patrón de la superstición mosaica, pero ahora centrada en una interpretación limitada de la "ciencia". Esta impostura conduce a una pérdida de una visión holística de la realidad, donde la comprensión intelectual y la experiencia espiritual se complementan en lugar de oponerse, bajo el pilar de la institucionalidad religiosa. Como signa Feyerabend, la separación entre ciencia y no-ciencia, que tan importante papel desempeñó en la evolución del pensamiento contemporáneo, tiene que desaparecer.

En realidad, Havelock no comprendió, precisamente desde la óptica reduccionista cientificista en la que se coloca, el enorme alcan­ce axiológico y ontológico que la «contemplación» (theoria) tiene para los griegos, tal como veremos enseguidaRecordemos, en primer lugar, más allá del significado cognoscitivo, el significado moral del término: «contemplar» significa asumir, sobre la base del conocimiento, una precisa actitud práctica con res­pecto a la vida, por lo cual, la theoria griega está muy lejos de tener un carácter meramente intelectual y abstracto, sino que es siempre, al mismo tiempo, una doctrina de vida. Cornelia de Vogel ha preci­sado lo siguiente: «Decir que, para los griegos, la filosofía significaba una reflexión racional sobre la totalidad de las cosas es algo bastante exacto, aun si se limita a esto. Pero si queremos completar la defini­ción, debemos agregar que, en virtud de la envergadura de su objeto, esta reflexión implicaba una determinada actitud moral y un estilo de vida que tanto los filósofos cuanto sus contemporáneos consideraban esenciales. En otras palabras, esto significa que la filosofía no era nun­ca un hecho puramente intelectual». Como veremos en el próximo apartado, este concepto, válido para todos los filósofos griegos, ya desde los primeros, alcanza ci­mas extraordinarias en Plotino, con la doctrina de la contemplación creadora. La creación se nos ha mostrado claramente como «contemplación». Pues ella es producto de la contemplación, de una contemplación que sigue siendo pura contemplación y que no hace otra cosa que crear siendo «contemplación». La verdadera fuerza creadora no es la «praxis», sino la «teoría». La explicación detallada de esta doctrina sería bastante comple­ja, por lo que remitimos a quien desee conocerla en detalle a otros trabajos. Baste aquí esta referencia para comprender la tesis que esta­mos desarrollando. Reale, Giovanni. Platón. En búsqueda de la sabiduría secreta.

Reintegrando el saber desde una perspectiva gentílica:

Desde una perspectiva gentílica, la exhortación es a reunir lo que ha sido artificialmente separado. La filosofía, con su capacidad de cuestionamiento y análisis crítico, debe aunarse con la ciencia. La teología, entendida no como una superstición impuesta sino como la exploración de lo sagrado y trascendente, puede enriquecer nuestra comprensión del universo. Y la religión, como práctica viva y conexión piadosa tanto escrupulosa con el mundo, puede proporcionar un contexto significativo para la búsqueda de la esciencia. Como se dicta si Dios no pudo convivir con la filosofía, la filosofía tampoco puede vivir sin una dimensión que trascienda lo puramente experimental. Tal vez, la metafísica del futuro, si el ente humano aún siente la necesidad de la intelección metafísica, se inicie como una crítica al mosaísmo, tal como en la antigüedad principió como crítica a su variante mesiánica, sin vulnerar la piedad, la religión, ni la espiritualidad como la teología, hoy confundidas en el seno de mosaísmo de turno, si no como salvarlas de esa quimera que se disfraza de religión, de eser la vía, la verdad y la vida, como aquellos "ateos" impíos hijos de Jesús de Nazaret quieren atacar. Por tanto esta crítica, desde una perspectiva gentílica, et dirigida también a la forma supersticiosa en que algunos ateos abrazan la "ciencia", como aquellos nombrados marxistas, ateístas, anti-teístas o el nombre que se les plazca, nosotros como gentiles, tenemos el piadoso deber la de re-encantar el mundo tanto para el mundo humano en general, de reconocer la dimensión espiritual inherente a la Natura y de superar la actitud puramente instrumental y explotadora que a menudo caracteriza al cientifismo tanto como el mosaísmo (sea el de Mahoma, el de Jesús, o el del mismo Moíses y todas sus sectas derivadas) desvinculado de una ética y una cosmovisión más amplia.

Magia, no, superstición, este viejales "por su ignorancia" filosófica piensa que todos los sistemas "espirituales" son "magia", cuando la "mageia" se refería a sistemas como el abrahámico, de odio a la "ciencia". 

Conclusión:

El supuesto conflicto entre ciencia y religión es una construcción histórica compleja, donde la superstición, entendida como creencias infundadas que sirvieron a intereses particulares, jugó un papel en la creación de una separación artificial. Hoy en día, el cientifismo neocristiano lleva a muchos, incluso aquellos que se consideran ateos, a adoptar una fe ciega en una cierta visión de la ciencia, convirtiéndola en una nueva forma de superstición. Desde una perspectiva gentílica, la religión no está peleada con la búsqueda racional; ambas pueden eser formas válidas y complementarias de explorar la realidad. El cientifismo, en todas sus formas, al elevar una visión particular del conocimiento a un dogma y descartar otras formas de entendimiento, perpetúa este falso dilema y empobrece nuestra comprensión del mundo. Es hora de reintegrar el saber, de unir la filosofía, la teología y la religión con la ciencia, reconociendo la validez de diversas formas de conocimiento y restaurando una visión holística y re-encantada del universo, tal como las tradiciones humanas siempre han intentado mantener. La pregunta no es si la ciencia y la religión están peleadas, sino si estamos dispuestos a superar las supersticiones históricas y contemporáneas que han causado este innecesario y perjudicial falso dilema. 

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