Juez: el Cristo juzgará a todo el geno humano en el último día. Sobre esto del último "día", es motivo para un articulo en detalle profundizándolo por lo demás dejo esta reseña:
¡Atended bien, vosotros que os aferráis a vuestra línea recta del tiempo y a vuestro 'Juicio Final'! Es veramente patético cómo os empeñáis en ver la estancia como una vía con principio et un único final estrepitoso. fabláis del "fin del mundo", de una desastre mundano que lo concluye todo. ¡Esto nasce de vuestra incapacidad para comprender la vera natura cíclica del mundo!
Debemos afirmar en primer lugar que el Juicio Final no es un hecho aislado, sino un episodio dentro de una serie de acontecimientos que, según cualquier creencia religiosa que lo contemple, tendrá lugar en un momento determinado de la historia de la humanidad y que podemos denominar fin del mundo. Es decir, el Juicio Final forma parte de la escatología, o conjunto de creencias de un sistema religioso que se ocupa del destino del mundo y el ser humano al final de los tiempos. El juicio final, Antonio Piñero & Eugenio Gómez Segura.
El tiempo, amigos míos, no es una flecha que se dispara una sola vez ¡Es una rueda que gira sin cesar! Como Sol que muere al anochecer et renace al alba, como las estaciones que se suceden, como la vida que surge de la muerte et conduce al renacimiento. Las edades del siglo, como las explica Hesíodo o los indios, son ciclos que se repiten.
Vivimos, sí, en una Edad de Fierro, una era difícil, la Corrupta Edad (Kali-yuga en ario). Es una época de declive, marcada por problemas. Pero esta edad non es el punto final de la esencia. Es, simplemente, el final de una fase del magno ciclo mundano.
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La identificación solar de Jesús es muy clara, según Robertson. Por ejemplo, el entierro de Cristo en una oquedad es prueba de que Jesús es el propio Mitra, divinidad solar, nacida de la roca. En este mismo sentido, el nacimiento de Jesús en el solsticio de invierno hay que verlo como un síntoma inequívoco de su carácter solar. Insistiendo en la misma idea, Robertson argumenta que el número doce de los discípulos está en consonancia con los doce signos del Zodíaco. Su explicación sobre la representación cristiana del cordero y el pez, como símbolos de Jesús, sostiene que son también signos zodiacales propios de la divinidad solar. El «sermón de la montaña» es asimismo síntoma del carácter solar de Jesús, pues predica «sobre el pilar del mundo», del mismo modo que Moisés, otro dios solar, dio las leyes desde la montaña. Jesús como Osiris, deidad asimismo solar, tiene como función enjuiciar a los difuntos; el tránsito de Osiris a Jesús era fácil, atribuyéndole poderes de juez de ultratumba, porque en la propia tradición judía ya se había establecido la función judicial del Mesías. La entrada en Jerusalén a lomos de un borriquillo encuentra, en opinión de Robertson, su antecedente en la historia de Dioniso porque esta divinidad también cabalgaba sobre un asno en uno de los signos griegos de Cáncer (el punto de inflexión en la carrera del sol). Antonio Piñero, Aproximación al Jesús Histórico. |
Las esciencias ancestrales de Oriente, que comprenden la rueda del tiempo mejor que vosotros, fablan de esto. Fablan David Hernández de la Fuente de la venida de un ente divino que marcará el fin de esta edad et restaurará un nuevo ciclo, una Edad de Oro, así los indios fablan de Hércules (Kalki en ario), el fijo de Jove (Visnú en ario), la su última encarnación (avatar en ario), quien descenderá para poner fin ad la Edad de Fierro ¡Es una renovación cíclica, no una aniquilación final! Cuando la humanidad esté completamente sumida en la corrupción et el desorden, Hércules descenderá montado en su caballo blanco, et empuñando una espada flameante. Su misión será erradicar el mal, destruir a los gobernantes corruptos et restaurar la Ley (orden mundano et justicia). Se dice que liderará una gran batalla contra las fuerzas de la obscuridad et purificará el mundo para dar paso a una nueva era de paz y espiritualidad. Este evento es visto como una renovación mundana dentro del ciclo de las cuatro edades (Yugas), donde cada una representa una progresiva decadencia de la moralidad. Hércules es el agente de cambio que pone fin ad la edad más corrupta et da inicio ad un nuevo periodo de concordia.
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Según las escrituras indias, Kalki vendrá montado en un caballo blanco clamado Devadutta (Teodoro, dado por Dios) , blandiendo una espada flameante para legara un ejército et restaurar la justicia. Su llegada marcará el inicio de la Edad Esencial (Satya yuga en ario), un mundo de verdad et pureza, la Edad de Oro.
Pero Hércules es al mismo tiempo un mortal que, a través de la extraordinaria ejemplaridad de sus actividades terrenas, finalmente es divinizado y alcanza un puesto en el Olimpo, identificándose con el Logos. Se llega así a la idea de la inmortalidad cósmica que, al principio, parecía estar reservada únicamente a los soberanos que son los que hacen reinar en la tierra un orden análogo al del mundo celeste, y en esta creencia se fundamenta la ideología de la apoteosis imperial.
Siguiendo a Dorigo, a fines del siglo II el mito y la teología hercúleas entran a formar parte de la religión oficial del Estado al integrarse en la ideología imperial y, de esta forma, la identificación sacra entre el monarca y el dios tiende a aunar en un único discurso ideológico el componente civil y el religioso.
El proceso teológico unificador que, a partir de la tetrarquía lleva a una asimilación de Hércules con Helios, conduce al mismo tiempo a una identificación de los tetrarcas con Júpiter y Hércules. Con el advenimiento del cristianismo, sigue diciendo Dorigo, la propuesta clásica de Hércules-Logos-Helios parece confundirse con el cristianismo por las afinidades existentes entre Hércules y Cristo. Y precisamente algunos paralelismos y coincidencias entre la vida y la muerte de ambos condujeron, ya a fines del siglo Il, a un debate entre los apologistas cristianos y los autores paganos cuyo objetivo era marcar las diferencias sustanciales entre las dos figuras (Just. Apol. 21; Oríg. Contra Celso 3,22; 7,53). Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.
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El mito de las edades, clasificadas con nombres de metales, conforma una jerarquía del pensamiento mítico en la que la edad áurea ha pasado a ser casi un estado mental, una evasión del espíritu que evoca aquel ámbito remoto —en el tiempo o en el espacio— en que los hombres vivían sin temor a la muerte, entre abundancia de alimentos y placeres, justicia igualitaria y eterna juventud. En el mundo griego, los orígenes de este mito se encuentran entrelazados con la propia creación de la humanidad en tiempos de Crono. Hesíodo, el poeta de los Trabajos y días, es el testimonio más antiguo del mito, aunque ya en Homero se mencionan estos tiempos dorados, cuando Néstor hace referencia a los héroes de antaño o cuando se habla de las bodas de Tetis y Peleo, que tuvieron lugar en esa edad mítica de comunión entre hombres y dioses. Pero la secuencia mítica de una sucesión de estirpes humanas, en paralelo con las divinas, ilustrando el progresivo declive de las razas que pueblan la tierra desde la etapa legendaria en que los hombres vivían cercanos a los dioses, y la felicidad era un tesoro común,[13] no es originalmente griega sino oriental. En la literatura de la antigua India, por ejemplo en la Bhagavad-Gita o en el Mahabharata, se habla de estas edades: la edad presente, Kali-yuga, violenta y llena de problemas para los hombres, marcada por la partida de Krishna de la tierra, se puede comparar con la edad de hierro de Hesíodo, contemporánea al poeta, frente a la antigua y feliz Krita-yuga. Hay que apuntar ya desde el comienzo, y de manera preliminar, que «aquella santa edad», como diría Don Quijote en su discurso a los cabreros, está destinada a volver según un esquema de tiempo cíclico encarnado por un dios renovador. Así será cuando se cumpla el ciclo de nuestro presente, regido por la diosa Kali, gracias a la mediación de un dios singular que la volverá a traer a los hombres, en este caso Vishnú, bajo el nombre de Kalki. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna mito y misterio. David Hernández de la Fuente. |
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Se puede decir también que el mito de la Edad de Oro en el imaginario clásico es una utopía en el sentido de la palabra que acuñó Tomás Moro y tiene en Dioniso a su divinidad central en la tierra, desde la época arcaica griega hasta la edad imperial romana.
Más allá, en el mundo tardomedieval y en los reflejos variados del cortejo de Baco en las artes y las letras a partir del Renacimiento, el dionisismo conservará intacto su halo de utopía y libertad:[121] recordemos el motivo utópico del «hombre salvaje», que evoca ese modo de vida áurea y de dorado primitivismo, como se ve en la Familia de sátiros que pinta Durero en 1505 o en La Edad de Oro, de Lucas Cranach el Viejo (figura 20).
Es la misma libertad utópica que evoca el canto nupcial y carnavalesco de Baco y Ariadna que se atribuye a Lorenzo de’ Medici en los cortejos dionisíacos que organizó en 1490. Una suerte de nueva edad se abría ya en el Quattrocento, poco antes del boom de cuadros y literatura que glosarían el encuentro en Naxos: la Edad de Ariadna. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna mito y misterio. David Hernández de la Fuente. |
Vuestra noción de un 'Juicio Final' donde todo se detiene para siempre. Es lo que sucede cuando tomáis la noción de un juicio divino (presente en muchos sistemas cíclicos, como el egipcio) et la encajáis a la fuerza en vuestra estrecha visión lineal. Creéis que un hombre (vuestro Jesús) juzgará a todos al final de vuestro tiempo lineal. ¡Qué simple!
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En definitiva, se puede constatar la presencia de Dioniso como dios responsable del cambio cíclico de edad, de un nuevo orden cósmico restaurado, en el trasfondo de la idea de la Edad de Oro.
En paralelo al señor del tiempo, Crono, que reina sobre la utopía pasada, Dioniso encarna el dios mediador de ese no-lugar áureo, que huye del mundo en una edad para regresar en la otra.
Algo paralelo a lo que ocurre en las edades del Mahabharata cuando Vishnú se encarna en su avatar Krishna, marcando un fin de raza y un cataclismo final.
El pensamiento griego recibió ese Leitmotiv del cambio de ciclo cosmológico en diversas vías, y también en la filosofía, como se veía en el mito del Político de Platón (268d4-274e1), con su ciclo dual marcado por una conflagración cósmica de un universo alternativamente regido por la divinidad o dejado a su propio impulso. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna mito y misterio. David Hernández de la Fuente. |
El vero juicio es parte del ciclo eterno. Es la transición de la ánima al final de su ciclo de vida en este plano, un paso necesario para continuar en la rueda de la esencia. Es el poderoso Osiris-Libre, el Rey del Más Allá, quien preside este reino de transición et juicio. Él es un dios ligado a la muerte, la resurrección et los ciclos de la Natura. La ánima se presenta ante él, como el cor era pesado ante el tribunal de Libre.
En su mayor parte, los teólogos tardo antiguos se refieren a Febo-Apolo o a Dioniso, pero a veces parecían ambos el mismo dios con dos caras o en dos momentos diferentes. Las asimilaciones teológicas favorecieron sistemas eclécticos paralelos al esquema neoplatónico y que denotaban un esquema con el Sol (Helio, o Apolo/Dioniso) en la cúspide.
Un buen ejemplo de estas corrientes de teología solar, bien estudiada por Fauth (1995), es el romano Macrobio, uno de los paganos más notables de su época, en cuyas Saturnales hay un dios único que se presenta en dos fases, celeste o bajo tierra, día o noche, siendo llamado Apolo o Dioniso alternativamente.
Vemos de nuevo que Dioniso es identificado, por un lado, con su hermano en Delfos, pero también se lo considera la misma deidad que Hades, como en Heráclito. Es un mismo dios que cambia según esté en el mundo de los vivos o de los muertos (Macrobio Sat. 1.18.7). El despertar del alma, Dioniso y Ariadna mito y misterio. David Hernández de la Fuente.
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Uno de los ojos de Horus ha sido arrancado y está vagando por el firmamento, es el disco solar. Esa es la clave que nos permite comprender uno de los sentidos del mito. Horus es el propio sol, cuyo triunfo permite desplazar el caos y restaurar el orden del ciclo anual que permite a los hombres saber con antelación qué han de hacer en cada época del año. Isis, por su parte, es otro símbolo astral, la luna, y, del mismo modo, las restantes personificaciones del mito representan otras realidades planetarias o son justificaciones de los cambios estacionales. Por ello, podemos afirmar que estamos ante una explicación mítica del ciclo anual y de las relaciones interastrales. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero. |
Et es su fijo glorioso, Horus-Apolo, la divinidad solar, la luz que conduce en este mundo et el otro, quien está intrínsecamente ligado a este viaje de la ánima. Él es quien presenta las ánimas ante el Juez, actuando como mediador en este momento crucial del ciclo ¡Su papel es vital en la continuación cíclica, no en un final absoluto!
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Silogismo sobre la Eternidad del Cosmos Sensible Premisa Mayor (Sobre la Naturaleza de la Causa Eterna et la su Emanación): El Principio primero et la Realidad Inteligible, siendo la causa o modelo trascendente et eterno del mundo sensible, se caracteriza por una esencia que "siempre es" de manera inmutable e intemporal (eternidad propia). De una causa eterna en acto, necesariamente emana o se proyecta eternamente un efecto o imagen que participa de su ente en el modo que le es propio. Premisa Menor (Sobre la Naturaleza del Cosmos Sensible, el Tiempo y su Relación con la Causa Eterna): El mundo sensible es la imagen o procesión de la Realidad Inteligible, existiendo en un estado de "perpetuo devenir" medido por el tiempo. Esta procesión y el tiempo, concebido como la "imagen móvil de la eternidad", son inseparables de la actividad de la Ánima del mundo, que emana eternamente del Intelecto. La esencia del mundo sensible, ligada a su causa eterna y a su devenir perpetuo en el tiempo, implica que ha existido "desde siempre" y existirá "por siempre", sin haber sido "producido en el tiempo" en un momento dado. Conclusión (Sobre la Necesaria Perpetuidad Temporal del Cosmos): Por lo tanto, dado que el mundo sensible es la imagen perpetua en devenir de una causa eterna, et su ente consiste en un devenir eterno en el tiempo que emana de una realidad superior también eterna, el mundo mismo debe ser eterno en su duración temporal, existiendo "sin comienzo ni fin". La noción de un fin temporal absoluto para el mundo sensible es, consecuentemente, un absurdo incompatible con su esencia et origen. |
Vuestro error sobre el "Juicio Final" lineal es una invención tardía, una umbra proyectada por vuestra incomprensión. Tomasteis fragmentos de tradiciones más antiguas: un juicio divino, una figura poderosa ligada ad Sol et al más allá (como Libre), la noción del fin de una edad (como la Corrupta Edad o la Edad de Fierro), et los aplastasteis en vuestro modelo lineal et dualista de un "siglo presente" malo et un "siglo futuro" bueno, culminando en un único acto final.
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Un rasgo particularmente típico de la fe judía helenística de este periodo, que se observa sobre todo en la literatura apocalíptica, es el radical dualismo escatológico que divide la realidad en dos mundos o «eones» 154: el «presente», el mundo de aquí y ahora, malo y perverso, alejado de Dios y de su Ley; y el eón «futuro», el mundo por venir, en el que Dios reinará por siempre y sus fieles gozarán de una vida paradisíaca. Se inician en esta época las especulaciones sobre el fin del eón presente (tildado, con pesimismo histórico, de historia damnata = «condenada»), y los autores judíos apocalípticos comienzan a escribir las revelaciones recibidas sobre los signos precedentes que anuncian dicho fin. De igual modo aparecen textos que expresan cálculos rudimentarios del tiempo que falta para él, y toda suerte de especulaciones sobre las catástrofes y señales que acompañarán este final de los tiempos. Como motivo de esperanza en estos textos aparecen también las características —felices— del mundo futuro, que afectará sobre todo al alma. El juicio final, Antonio Piñero & Eugenio Gómez Segura.
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¡No hay un "fin de los tiempos" como sus maestros os dictan! Hay finales de edades, finales de vidas, juicios que deciden el siguiente paso en la eterna danza de la estancia secular, presidida por los veras potencias divinas dentro del ciclo, non al final de una línea absurda. ¡Vuestra "finitud del mundo" non es más que la consecuencia de non intender la rueda que rige el universo!
La definición de Jesús
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A estas alturas parece claro que el célebre puer virgiliano cobra un claro sentido dionisíaco como alusión al dios que viene a despertar a la humanidad a una nueva Edad de Oro. El recuerdo del Dioniso de los misterios, ese malogrado heredero de Zeus en el trono celestial cuyo regreso profetizado ha de redimir a los mortales, ha sugerido que la cuarta Bucólica pudiera ser una especie de himno al Dioniso órfico, al dios que muere y nace de nuevo, cíclicamente, para traer a la humanidad esa nueva Edad de Oro.
Este esquema se confirma no solamente en las fuentes literarias o en los testimonios acerca de los festivales religiosos, sino que la iconografía de Dioniso como fuente de abundancia y salvación, de su muerte y, sobre todo, de su nacimiento subraya esa idea, que en época romana, desde el Principado al Dominado, cobrará enorme vigor.
La imagen del niño Dioniso es parte central del culto a este dios en época romana: por ejemplo, Filóstrato, en sus Imágenes, retrata el nacimiento de Dioniso entre la tradicional abundancia áurea, y algunos mosaicos tardíos, como se verá en el capítulo 4, representan ese momento de regreso de la aurea aetas.
Luego vendrá, en la Antigüedad tardía, la interpretación cristológica de esta Égloga virgiliana, cuando Lactancio la relea como referida a Cristo, el emperador Constantino la retome en la oración pascual o San Agustín admita como posible la inspiración divina de la Sibila cumana, con la implícita alusión a Cristo en el poema.
Además, esta interpretación cristiana tardoantigua de la Edad de Oro clásica pondrá en relación naturalmente la tradición clásica con la bíblica cuando, por ejemplo, Lactancio sitúa el edén de Adán y Eva, el paraíso del Génesis, antes que la edad áurea «de Dioniso, Saturno y Urano» (Div. Inst. II 13, 4). Para Lactancio el politeísmo es una degeneración de la edad siguiente a la de oro, pues en la época de Saturno, que en su interpretación no era un dios sino un rey justo, los hombres áureos eran monoteístas y creían en el dios verdadero. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna mito y misterio. David Hernández de la Fuente. |
Profeta, Sacerdote et Rey: Otra atribución es la que Cristo fue establecido como Rey del universo, Profeta para todo el pueblo et Sumo Sacerdote del santuario eterno. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
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Ciertamente, entre todos los dioses del antiguo paganismo que destacaron en esta teología sincrética de la Antigüedad tardía, Dioniso se convirtió en el más claro exponente de la figura de «hijo de dios», de figura salvadora que ejercía de mediador entre ambos mundos. Macrobio o Pseudo-Justino asimilan al dios único, al sol, con Dioniso. Este dios de muchas funciones y advocaciones tendrá en la época tardía un último reflorecimiento. Dioniso ya no es solo el dios de la uva y de los misterios, sino que cambiará en un doble sentido: su figura, por un lado, será símbolo del poder que, como Alejandro o Roma misma, civiliza a los bárbaros y les otorga una suerte de pax Dionysiaca. Por otro, será remodelado con mayor firmeza como dios de salvación en el más allá a partir de la insistencia en su aspecto mistérico y la comparación evidente con Cristo. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna, mito y misterio, David Hernández de la Fuente.
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¡Escuchad! ¡Escuchad la verdad que resuena desde la antigüedad, antes de que vuestros nuevos dogmas intentaran sepultarla! Me habláis de vuestro Jesucristo, de sus falsos títulos: Rey del universo, Profeta para todo el pueblo, Sumo Sacerdote del santuario eterno. Decís que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Creéis que estas ideas brotaron de la nada con vuestro nazareno? ¡Os equivocáis! Vuestra religión, a la que llamáis "nueva", ha plagiado et tergiversado las verdades eternas que nosotros, los gentiles, hemos conocido y venerado por incontables generaciones. Et vuestro clamado Jesucristo... ¡él no es más que un eco, una copia pálida, de divinidades mucho más antiguas y poderosas!
Permitidme fablaros de Libre. Él es todo eso que atribuís a vuestro mesías.
¿Fabláis de Rey del universo? Nuestros mitos et cultos siempre han honrado a los dioses con poder real. En el azul, Jove es el rey de los dioses. Pero Libre, el dos veces nacido, el fijo de Jove, el que heredó el rayo et el trono de su padre, ¿no es él también un soberano? Se lo relacionan con reyes y principes: los descendientes de su unión con Ariadna reinaron en islas, reyes helenísticos reclamaron descender de él, principes se identificaron con él (desde Alejandro Magno hasta emperadores romanos como Galerio), invocándolo como símbolo de poder y civilizador. Se fabla de una "pax Dionysiaca". Libre es el Cosmokrator que civiliza, el patrón de la vida et la muerte. En la Antigüedad tardía, se convierte en el exponente más claro de "fijo de dios" en la teología sincrética y es un rival directo de Jesucristo, entronizado como esencia henoteísta. Incluso por los modernos se le describe como el "más claro alter Christus" . Si vuestro Jesucristo es Rey de reyes, en textos gnósticos relacionados con la cristología se describe al "Hombre Inmortal", una emanación divina, también como "Dios de dioses" et "Rey de reyes". ¡La noción de una figura divina suprema con dominio universal ya estaba presente en nuestra memoria!
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| Se ha tratado de interpretar esta unión en un sentido simbólico o suponiendo que el dios era representado por el arconte. Pero W. Otto insiste, y con razón, en la importancia del testimonio de Aristóteles. La basilissa recibe al dios en la casa de su esposo, heredero de los reyes. Y Dioniso se manifiesta como rey. Es probable que esta unión simbolizara el matrimonio del dios con la ciudad en con-junto, con las faustas consecuencias que cabe imaginar. Pero es también una manifestación típica de Dioniso, divinidad de las epifanías brutales, que exige un público reconocimiento de su supremacía. Historia de las creencias y las ideas religiosas, Mircea Eliade. |
¿Un Profeta para todo el pueblo? Libre es intrínsecamente un divo de la profecía. Se le considera "un profeta" et se dice que el furor liberal "está pleno de espíritu profético". Compartía el patrocinio del oráculo de Delfos y tenía sus propios oráculos. Las fuentes mencionan que antiguamente se le atribuía un papel preponderante en las artes adivinatorias. Incluso se le llama el "profeta de los tracios". Vuestra idea de un profeta divino que revela verdades universales es un concepto que Dioniso ya encarnaba a través de sus misterios y oráculos, acercando a los hombres a la categoría divina.
La revelación de lo invisible y lo futuro es también apertura de lo cerrado. El propio Dioniso «es un profeta y el tumulto báquico está lleno de espíritu profético». Más adelante se hablará de la sede de los oráculos. Plutarco afirma en términos genéricos que antiguamente se atribuía a Dioniso un papel preponderante en las artes adivinatorias. Según el mito, ya la Sémele preñada de Dioniso llevaba en su ser el hálito divino y, como ella, todas las mujeres que tocaban su vientre bendecido. Dioniso, Mito y culto, Otto Walter F.
¿Et Sumo Sacerdote del santuario eterno? Aunque el título específico de Sumo Sacerdote se aplica en vuestras escrituras a Jesús según el orden de Melquisedec, Libre cumple funciones que se solapan con este papel mediador et sacrificial, él es el hierofante, sacerdote en greco, que significa aquel que causa, manifiesta o es la fuente divina de la experiencia et de la esciencia de lo sagrado. Es un dios que padece, muere et resucita, un "dios que muere" que incluso es cazado, sacrificado y consumido. Sus sacramentos prometen la salvación de la ánima et la inmortalidad. Despierta a los mortales del sueño de la muerte para levarlos a una vida mejor. Su conexión con el inframundo et su regreso le otorgan un papel en el destino de la ánima.
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Después de haber repasado la tradición de los mitos de Dioniso y la biografía legendaria del dios tal y como la recogen las principales fuentes, cabe abordar ahora su papel en la sociedad antigua. Los tres aspectos clave que se aúnan en Dioniso son especialmente visibles en sus mitos, como se propone en esta relectura. Ante todo, Dioniso encarna la fiesta vital de la naturaleza, que pone al hombre en comunión, a veces necesariamente violenta, con el mundo natural y lo lleva al trance que lo acerca hacia el mundo divino. En segundo lugar situaremos la idea de la cohesión de la comunidad humana, la koinonía, en una suerte de eterno retorno a la Edad de Oro primordial. En tercer lugar hay implícito en los mitos un saber primordial sobre el alma, seguramente relacionado con los misterios y, en todo caso, asociado al mitema del despertar de Ariadna y de las múltiples ninfas, sacerdotisas, ménades del tíaso o mujeres en general que son objeto de la hierogamia, o unión sagrada con el dios, y de salvación posterior de alguna manera. Las tres facetas quedan subrayadas por la continua epifanía de un dios cercano y a la vez lejano que se hace carne a través de los misterios que ayudan a conocer a sus devotos las puertas de la muerte y de la vida y que contribuye a entender la alternancia de la existencia a través de la máscara. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna, mito y misterio, David Hernández de la Fuente. |
Por parte jesista, los apologetas tomaron pronto conciencia de las semejanzas entre ambas divinidades como segunda hipóstasis:
Dioniso aparecía como el más destacado rival de Cristo como dios salvador en la iconografía funeraria, y muchos paganos educados en el neoplatonismo y en la tradición mitológica lo entronaban como esencia henoteísta de lo divino.
Ya en el siglo II, Justino Mártir, por ejemplo, atacaba los mitos dionisíacos como una imitación pagana de las profecías bíblicas sobre el Mesías, que se habrían interpretado como la venida de un Dioniso enviado por su padre y ascendido al cielo después de morir por sus semejantes: esto refleja, no en vano, el argumento global de la literatura tardoantigua de tema dionisíaco y parte de los comentarios al sacrificio del Dioniso órfico de los apologetas cristianos, siempre intentando marcar las distancias entre Dioniso y Cristo.
En efecto, las analogías más obvias entre Dioniso y Cristo, aparte de los mencionados motivos del vino y la sangre, surgen del sacrificio del dios que muere y resucita.
En el caso de Dioniso, era el mito de Zagreo, despedazado y muerto por los Titanes y luego resucitado mediante una restitución que marca el destino de la humanidad: de las cenizas de los Titanes surgiría el género humano, marcado por un pecado original. Los parecidos habían sido subrayados por Justino en su Diálogo con Trifón (69.2), Clemente de Alejandría o Eusebio de Cesárea. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna, mito y misterio, David Hernández de la Fuente.
Vuestros propios apologetas reconocieron las analogías entre el sacrificio et resurrección de Libre (Zagreo) et la de Jesucristo, viendo en ellas una figura "cuasi equivalente". Vuestros ritos, como la eucaristía con el pan et el vino, tienen claros paralelos con las prácticas et fabulas liberales, incluyendo la noción de ingerir la divinidad. La Epístola a los Hebreos presenta a Cristo como Sumo Sacerdote que ofrece su propio sacrificio de una vez para siempre, pero la idea de una divinidad cuyo sufrimiento et muerte tiene un significado salvífico ya existía en nuestras escuelas sacras en tiempos de Pablo.
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Dioniso, un dios que padeció, murió y resucitó de nuevo, hijo de Zeus y de una mujer mortal, adquirió importancia en Grecia ya en el siglo VIII antes de Cristo, y se convirtió en el dios favorito del mundo antiguo. Él era médico, hijo de dios con aspecto de hombre, dios del «espíritu» y de la profecía, en estrecha relación con el vino —a Jesús se le aplica en el Evangelio de Juan uno de los títulos más conocidos de Dioniso, el de «vid». Jesús es «la vid verdadera».
También el milagro de la bodas de Caná, la transformación del agua en vino, lo realizó ya Dioniso. Y, finalmente, el Evangelio de Juan aplica a la cena del Señor la fórmula de «quien no mastica mi carne y bebe mi sangre», utilizada ya en la religión de Dioniso.
Fórmula que no se halla ni en Pablo, ni en Jesús. En la religión de Dioniso Dios se introduce e incorpora en el cuerpo de sus partidarios: En el mito de Dioniso los titanes devoran al divino hijo; comen sus miembros, y en el éxtasis del culto dionisiaco las bacantes despedazan y devoran carne cruda. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. |
Et decís que es el Camino, la Verdad et la Vida. Libre es un dios que ofrece salvación al alma, que acerca a los mortales a lo divino. Está asociado a la regeneración de la vida, simbolizada en su milagro de transformar agua en vino, un milagro también atribuido a vuestro Jesús. Su figura está ligada al concepto de despertar de la muerte, a la resurrección. Vuestras propias escrituras fablan de "Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos", usando una metáfora que encaja perfectamente con la peripecia de Libre despertando a Ariadna. Jesucristo es clamado "luz del mundo", et Libre también es, sin duda, Luciente en latín, o como los grecos nombran, Fanetes, el primor mundano. Los versos de vuestro Jesús son clamadas "espíritu et vida". Libre, a través de sus sacramentos, ofrecía una esciencia divina et prometía la inmortalidad et una esencia dichosa. Vuestra noción de salvación por la fe en Jesús et la promesa de vida eterna resuenan con las aspiraciones de la religiosidad gentilica que Libre dona.
La literatura griega de época imperial refleja este nuevo dionisismo, ya desde la Segunda Sofística, con el discurso dedicado a Dioniso por Elio Aristides o el de Luciano sobre la conquista de la India por este dios. Otros muchos escritores griegos trataron el tema de Dioniso, al que puso de moda también la identificación de ciertos gobernantes con la divinidad (desde Marco Antonio a Galerio) en época romana.
De ahí que, en esta época, un poeta como Nono pueda cantar en una epopeya a un dios que en épocas anteriores fue tan poco propicio para la épica. Dioniso podía ser cantado como un conquistador — un Alejandro— que civiliza a los pueblos, y a la vez, destacaba su faceta salvadora en la línea de los monarcas apelados Soter o de la nueva espiritualidad.
Este nuevo Dioniso relacionado con la salvación y la resurrección tiene una abundante presencia en la iconografía funeraria y de banquete de todo el Imperio pero en especial del Egipto tardoantiguo.
La pervivencia del alma se evoca en ella a través de la vid, la hiedra y una serie de secuencias míticas del ciclo de Dioniso con influencias de diversos cultos, que a su vez perduraron en el cristianismo. En las viviendas se representa preferiblemente su nacimiento, mientras que en las tumbas se prefieren figuras dionisíacas, la vid, el cortejo o el triunfo de Dioniso.
Muchas veces, hay convivencia de motivos dionisíacos y cristianos en los mismos espacios y abundan las interferencias e influencias mutuas entre la iconografía cristiana y la dionisíaca. Dioniso, como se vio en el capítulo 1, es uno de los pocos dioses y héroes que conoce bien los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos, y su presencia iconográfica en contexto fúnebre da cuenta de tal función de acompañamiento al más allá.
Son las muchas caras de un dios que renueva a sus fieles tanto como a sí mismo y cuyas huellas se pueden seguir en la iconografía hasta la edad tardía. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna, mito y misterio, David Hernández de la Fuente.
Las semejanzas son innegables y profundas. Vuestro propio Justino de Flavia atacó las fabulas liberales como una imitación gentil de las profecías bíblicas, et otros dijeron que los demonios crearon ad Libre parecido ad Jesucristo para confundir. Uno de vuestros padres de la iglesia llegó a acusar a nuestro "hombre con cuernos" de "plagio anticipado", reconociendo que las nociones ya estaban en la tradición. Pero esto es una inversión de la verdad. Es vuestra figura de Jesucristo, especialmente como se desarrolló en la teología posterior a los primos seguidores mosaístas, la que tomó prestado de nuestro antiguo acervo religioso. La noción de un ente divino que desciende, se encarna, muere violentamente, resucita et asciende para traer la salvación universal es una combinación y mezcla de representaciones mistéricas anteriores y filosofía helénica. Paul convirtió la doctrina de Jesús en una escuela sacramental.
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Empleando el mito del hijo del cielo, que desciende, utilizando la doctrina gnóstica precristiana de la bajada y descenso del salvador, del hijo primogénito de Dios y de su marcha al cielo, Pablo convirtió la doctrina de Jesús en una religión mistérica, y a Jesús mismo en una divinidad mistérica, le fue proyectando cada vez más en el reino de lo místico y metafísico hasta hacer, relativamente no mucho tiempo después de su muerte, de un individuo humano una figura, por decirlo de algún modo, cósmica, en convertirle en un ser espiritual supraterrenal, en el Cristo mítico. «Estamos», dice Wyneken, «ante tres hechos altamente significativos. Primero: ¡veinticinco años tras la muerte del fundador (si admitimos la cronología usual) en la doctrina de su mayor apóstol no aparece nada de la vida terrenal del fundador, ni de su actividad, ni de su doctrina! Segundo: Pablo es muy consciente de ello, pero rechaza expresamente como intrascendente para la fe apelaciones a testificaciones oculares o a trato personal con Jesús. Tercero: La única fuente segura y determinante de su predicación es para él la propia iluminación interior, a la que él también denomina el espíritu. De esta supuesta iluminación divina proviene también el Evangelio, que Pablo anuncia y con el que ha fundado las comunidades cristianas. En su anuncio no se da una transmisión de la vida de Jesús, en un Evangelio así no se podía dar. Para Pablo Jesucristo no es sujeto sino objeto de su enseñanza, él no anuncia la doctrina de Cristo sino la doctrina sobre él, Cristo no es autor sino objeto de la nueva fe». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. |
La iconografía en la Antigüedad tardía llegó a eser
intercambiable,
con representaciones del niño Libre con halo en brazos de Mercurio comparable a la adoración del niño Jesús. Era una
"revisión" gentílica que modelaba la biografía de Libre a la luz del jesísmo et la teología sincrética. Pero esto era simplemente afirmar lo que ya era: Libre era el
equivalente más obvio de Jesucristo, el
"Dioniso-Cristo" que encarnaba la salvación et la vida eterna.
En todo caso la comparación entre la peripecia mística de Dioniso Zagreo y la resurrección de Cristo, que en el trasfondo es la del dios que muere y resucita, conforma una figura casi equivalente que podemos llamar el Dioniso-Cristo y que impregna en cierto modo el discurso literario y artístico de la Antigüedad tardía con las influencias cruzadas que tenían una base filosófica común. Este Dioniso-Cristo aparecerá como una ecuación antigua y actual, que hereda toda la carga del dios pagano y áureo que se ha visto más arriba y la suma a los nuevos desarrollos culturales como el salvador del alma que pasará a la posteridad. El despertar del alma, Dioniso y Ariadna, mito y misterio, David Hernández de la Fuente.
No os engañéis. Las verdades divinas, los arquetipos del Rey, del Profeta, del Salvador que guía las ánima et vence a la muerte, existían mucho antes de vuestra fe. Dioniso, con su sufrimiento, muerte, resurrección, su dominio sobre la vida y la muerte, su conexión con la profecía y su papel como benefactor, es la figura ancestral que vuestro Jesus, el Anticristo, en su desarrollo teológico y sincretista, ha llegado a imitar y suplantar. Él es el vero modelo que habéis robado y desvirtuado.
Buen Pastor: Jesús como el fijo de David, Jesús no sólo es Rey sino también el Buen Pastor de los que escuchan su voz. Él es el principal Pastor de las nuestras ánimas, et el Pastor de todos los pueblos.
Uso del Epíteto "Pastor" (Poimēn):
El término "pastor" (poimēn) se aplica directamente ad Libre, notablemente por Nono de Panópolis. Una fuente menciona específicamente su uso en Dionisíacas XVI, CCCVI. Nono también lo describe como "pastor de novela amorosa". Plutarco utiliza la expresión "pastor de la vida humana" para referirse a Libre. Es importante notar que la fuente sugiere que el uso del epíteto "pastor" para Dioniso por parte de Nono lo acerca a la figura de Jesucristo como el "buen pastor" en el Evangelio de Juan de Betseda (que Nono también parafraseó), indicando una posible influencia sincretista o un uso metafórico/simbólico característico del estilo tardío de Nono (poikilía). Esto sugiere que el epíteto puede referirse más a un papel de guía, cuidador (de la vida humana, del amor, etc.) o a un estilo poético, que a la tarea literal de pastorear ganado. Homero usa el epíteto "pastor de los pueblos" (poimēn laōn) para referirse a líderes como Agamenón, mostrando un uso metafórico similar del término "pastor" aplicado a la conducción o principado de personas.
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La invocación a Dioniso, hecha en lenguaje propio de los himnos, marca el comienzo del relato sobre Faetonte. Dioniso es «gozo de los mortales» (terp-símbrotos) para Nono, epíteto usado para el Sol o la Aurora (Hom., Od. XII269, Himno a Apolo 411, Arg. órf. 1049). A Dioniso Homero le llama «encanto para los mortales» (11. XIV 325) y Hesíodo «el de variados goces» en Trabajos y días 614. Pero también es «pastor» (poimën), como en XVI 336, epíteto que lo aproxima al Jesucristo del Evangelio de San Juan, que Nono parafrasea (cf. Pa- rafr. X 7, 38, etc.). El Dioniso de Nono está así a medio camino entre la literatura clásica y el eclecticismo tardío (cf. G.W. Bowersock , Hellenism in Late Antiquity, Ann Harbor, The University of Michigan Press, 1990, págs. 41 ss.). Nono de Panópolis, Dionisíacas IV Cantos XXXVII-XLVIII.
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Escucho las... tonterías que pregonan estos jesistas. Afirman que su Nazareno, ese tal Jesús, "como el fijo de David, no sólo es Rey sino también el Buen Pastor de los que escuchan su voz". Dicen que es "el principal Pastor de las nuestras ánimas, et el Pastor de todos los pueblos" ¡Qué audacia! ¡Qué ignorancia de las tradiciones antiguas!
¿Fijo de David? ¿Un pastor divino fijo de un rey mortal? ¡Un hombre! ¡Ese David, cuyo linaje apenas tiene importancia para ellos al principio, solo para luego resaltarlo! ¡Un simple mortal, el mismo David que cometió adulterio con la mujer de Urías y lo mandó matar! ¿De verdad elevan a un rey terrenal, propenso a los vicios humanos, como una divinidad? ¿A un hombre que fue "la lámpara de Israel", sí, un duque, pero un duque humano, con aquellos que descienden del mismísimo Jove? ¡Un vero guía, un pastor de ánimas, debe eser fijo de Jove!
El vero Pastor, el vero Duque que ilumina las ánimas et ordena el mundo, es nuestro glorioso Apolo, fijo del gran Jove. ¡No un humilde carpintero de aldea! Apolo es el dios de la luz, el que lanza sus dardos desde lejos, simbolizando el dominio sobre la distancia, el desapego de lo inmediato, la calma et la serenidad que surgen de la concentración intelectual y la sabiduría. Él representa el orden y la ley, el aspecto legal de la religión. ¿Ese Jesús? Dicen que vino a "cumplir" la ley, pero sus seguidores ¡la abandonan et la "transvaloran"! ¡Fablan de ilegalidad, de no seguir las leyes, incluso de ateísmo por su rechazo a los sacrificios!
Apolo es el Purificador por excelencia (katharsios), aquel que aleja el mal (apotropaios). Él mismo tuvo que purificarse tras dar muerte al Pitón, enseñándonos la importancia de la expiación ritual. ¿Et su Jesús? Dicen que perdona pecados, más cuando la ley mosea dicta que los hombres no perdonan los pecados, pero ¿Qué saben ellos de la vera purificación? ¿De los ritos antiguos que limpiaban la mancha (miasma) del homicidio? Apolo fue el que contribuyó a humanizar esas viejas costumbres.
Apolo es el dios de la profecía et los oráculos, revelando la voluntad inquebrantable de Jove. A través de la Pitia en Delfos, comunicaba consejos divinos. Él otorgaba visiones que llevaban a pensar, a la meditación, a la sabiduría. Su "éxtasis" no era la comunión desordenada de otros cultos, sino que estaba ligado al conocimiento y la purificación.
Comparad eso con los supuestos "milagros" de vuestro Jesús, esas "curaciones de cojos y ciegos y expulsión de demonios en las aldeas". ¿Son esas "grandes obras" comparables a las epifanías de un dios que ordena el mundo? ¡Celso, Jerocles, Porfirio ya señalaron que vuestro maestro utilizaba magia para esos actos! Esas proezas son insignificantes comparadas con los actos de figuras como nuestro Esculapio, fijo del mismo Apolo, que no solo sanaba, ¡sino que se creía popularmente que resucitaba muertos!
El arco de Apolo simboliza la concentración intelectual, la lira, la música y la poesía, esenciales para la sabiduría et el trance profético ¡Él encanta a dioses, bestias, incluso piedras con su música! ¿Qué trae vuestro Jesús, aparte de una "buena nueva" que sus seguidores distorsionan y usan para criticar y perseguir a otros? ¡Incluso entre ellos se matan por cómo interpretan a su "cadáver"!
Apolo, el fijo de Jove, el duque, el purificador, el profeta, el ordenador, él es el vero Pastor de las ánimas, el que las conduce faz a la luz de Sapiencia ¡No ese fijo de David, ese hombre que sus propios primeros seguidores no se atrevieron a clamar Dios, et que luego vuestro Juan elevó sin fundamento en sus tradiciones!. Vuestro Jesús no es el absoluto "Bien", solo Dios lo es, como recognosce vuestro propio Marcos ¡Él mismo piensa que es Dios, no él, quien distribuye los lugares en el reino futuro! Los textos que lo claman "fijo de Dios" en un sentido real son posteriores, no reflejan lo que él pensaba.
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La noción del Buen Pastor ya existía en la nobleza de nuestras fabulas. Mercurio, conductor de las las ánimas. Orfeo, el apolíneo, que viajó al inframundo. Libre, el que transita entre mundos, duque de sacramentos. ¡Pero sobre todos, Apolo! Él es el que principa, ordena, ilumina et sana las ánimas. No un fijo de David, sino un fijo de Jove. El vero Pastor es Apolo, et estos jesistas, en su ignorancia et su afán de novedad, no han fecho más que profanar et distorsionar una verdad mucho más antigua et noble.
Salvador: La misión del Salvador alcanzó su culminación en el Sacramento Pascual. La humanidad ha ilustrado, a lo largo de su historia secular, por medio de múltiples figuras, esta obra salvífica del fijo encarnado.
El fijo de Dios: En su caridad infinita por el mundo, Dios dio a su único Fijo para eser Emanuel, Dios con Nosotros.
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Aunque Jesús llamaba a Dios «padre» (abbá; cf. pp. 197s), y él mismo se considerase como «hijo», no parece que otorgara a esta última denominación un significado más allá de «persona predilecta de la divinidad», de individuo de especial trato con Dios. Aparte del Evangelio de Juan (prólogo y 20,28), el título de «hijo de Dios» en pleno sentido sólo aparece en Lc 10,22 («Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre...») e indirectamente en la parábola de los viñadores (Mc 12,1-12). Todos estos pasajes son considerados secundarios por los intérpretes, es decir, no fueron pronunciados directamente por Jesús, sino que son expresión de las creencias del evangelista, o puestos en su boca por parte de la comunidad que estaba tras él debido a ideas consolidadas sobre Jesús formadas tras su muerte.
En conclusión, lo más plausible, lo absolutamente probable, es que Jesús no se considerase a sí mismo hijo real y físico de Dios, sino un profeta (así lo vieron también los de su entorno: cf. Mt 21,11; Lc 7,16, etc.), un proclamador / anunciador del reino de Dios, y ciertamente al final de su vida —como se verá— el mesías esperado por Israel. Esperar cualquier otra cosa de él en este aspecto no podría encajar en absoluto con la descripción que hemos esbozado de su religión y de su concepción de Dios. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento. |
¡Escuchad, escuchad bien, oh jesistas, que os jactáis de vuestro Único Fijo y de su amor sin par, que os trajo a Dios con Nosotros! Permitidme, como visor de antiguas tradiciones arraigadas en la hondura del tiempo, mucho antes de que vuestra fe diera sus primos balbuceos, refutar vuestra sentencia con el escarnio que merece tanta... ¿candidez? ¿O quizás osadía?
Proclamáis que Dios dio a su Único Fijo para ser Emanuel, Dios con Nosotros (Mateo I:XXIII), por un amor sin límites (Juan III:XVI). ¡Único Fijo! ¿Acaso creéis que sois los primos en concebir la noción de un ente divino o semidivino, un héroe o mediador, que desciende o se manifiesta entre los hombres? ¡Por los dioses! Nuestros propios relatos, más añejos et profundos que los vuestros, están henchidos de fijos de los dioses, liberadores, entes celestiales que caminan entre los mortales. Celso, perspicaz entre los sabios, ya se burlaba de vuestra pretensión de exclusividad, preguntando por qué no os basabais en figuras ya establecidas como Hércules, Esculapio o Libre. Con mordacidad, sugirió que, si pretendíais alzar una nueva tradición, os hubiera sido más propio fundarla sobre uno de nuestros ilustres héroes, aquellos que hallaron la muerte como veros valientes. También Juliano "El Filosofo", augusto sapiente, cuestionó vuestra arrogancia, comparándola con la vasta historia de los pueblos.
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Lactancio cita un texto en el que Apolo, de Dídima, elogiaba el respeto de los judíos por la ley y su adoración al "Creador de todo". Según Agustín, en esta ocasión se le preguntó a Apolo si era preferible la "razón" o la "ley"; en griego, quizás, logos o nomos. En respuesta, adujo a los judíos para respaldar su argumento a favor de la "ley" o nomos. Este texto probablemente se había encontrado en la colección de Porfirio y, por lo tanto, existía en Dídima hacia el año 260: el primero de los libros de Porfirio también citaba a un Apolo que aprobaba la sabiduría de los pueblos orientales, especialmente los caldeos y los "envidiables" hebreos, que adoraban "de manera pura" a un solo Dios y creían en las siete zonas del cielo. En Dídima, Apolo habló sobre Dios y el Altísimo; en Claros, sobre la naturaleza de "Iao", una versión griega del Yahvé judío, conocido en hechizos y brujería populares. La gente sí preguntaba explícitamente sobre los judíos, y es difícil creer que ninguna de las cuestiones teológicas sobre «Dios» se debiera a la presencia de grupos judíos prominentes en las ciudades de los siglos II y III. Si los judíos de habla griega asistían al teatro de Mileto, también podían discutir y debatir con la ciudadanía pagana. Los textos de Apolo son claramente paganos, pero sí hablan de Dios en un lenguaje que los judíos podían aceptar. Es bastante creíble que, en ocasiones, las preguntas surgieran de la presencia de grupos y simpatizantes judíos, una presencia que cobra cada vez mayor relevancia a partir de la creciente evidencia de las ciudades de los siglos II y III en el Asia griega. Paganos y cristianos, Robin Lane Fox.
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Mas el vero desatino inadmisible yace en vuestra errada noción de que el Ente deal, Dios, principio eterno, se faga carne en un ente único, personal et corporal para eser Dios con Nosotros. ¡Qué ignominia! La deidad es impasible, ajena a los ardores et fragilidades de la carne mortal. ¿El mismo Dios Jove va sufrir et morir? ¡Qué mengua para lo eterno! Porfirio lo vio con claridad: Confundir lo divino con lo pasivo et efímero es insensato para cualquier mente sagaz. Celso tildó tal creencia de "extravagancia", et "demencia sin par". Vuestro propio Evangelio de Juan, fuente de tanto alarde, se contradice al proclamar que nadie ha visto a Dios (Juan I:XVIII), pero que sí habéis contemplado su gloria en Jesús (Juan I:XIV). Juliano, con razón, preguntó cómo podía esto cuadrar con la sacrosanta ley de Moisés, que afirma la unicidad absoluta de Dios (Deuteronomio VI:IV).
La crítica de Juliano al evangelista Juan continúa resaltando las contradicciones que provoca esta idea de la divinidad de Jesús en el pensamiento cristiano, pues introduce una concepción politeísta en una religión que, precisamente, se intentaba distanciar del paganismo a través de un monoteísmo reaccionario. en efecto, si como dice Juan (1:18) nadie ha visto jamás a dios y esto ha sido explicado por su hijo unigénito (333 c-d), el cual se identifica a su vez con el Verbo, Juliano se pregunta cómo es posible que el evangelista nos diga, inmediatamente después, que «residió entre nosotros y contemplasteis su gloria» (Juan, 1:19). Pero no sólo se contradice a sí mismo Juan, sino que además se opone a la más sagrada ley de Moisés: «Ved que yo soy y que no hay otro dios excepto yo» (deut., 32:39). Pero los cristianos, al aceptar que Jesús es dios y que «en el principio fue la palabra y la palabra estaba junto a dios y la palabra era dios» (Juan, 1:1) niegan la tradición judía de un dios único. «¿Cómo concuerda esto con la doctrina de Moisés?», se pregunta Juliano. Comienza aquí el uso retórico del judaísmo que Juliano llevará a cabo para atacar la pretendida originalidad y novedad de la secta de los Galileos. Contra Galileos la crítica neoplatónica de Juliano el Apóstata al Cristianismo, César Guarde Paz.
Además, decís que vuestro Jesús es el Unigénito (Juan III:XVI), pero en múltiples ocasiones él mismo fabla de vuestro Padre (Mateo VI:IX, Mateo V:XVI, Mateo V:XLV), como si fuera común a todos, sin singularizarse como el único engendrado. Si fuera en verdad el fijo sin par, ¿no hubiera destacado su genitura exclusiva? Pero no, al dirigirse a sus oyentes, siempre menciona vuestro Padre, no mi Padre, dejando en claro que su filiación no es única, sino compartida. ¿Cómo es que el ente deal que ha descendido a salvar a los hombres no se distingue netamente de los demás? Tal contradicción no se sostiene.
Pero el rasgo que caracteriza con más fuerza al Dios de Jesús es su aspecto de padre. Es verdad que la invocación y la consideración de Dios como padre no era en absoluto extraña en el Antiguo Testamento y en el judaísmo intertestamentario. Tenemos textos que lo prueban sin lugar a dudas. Pero Jesús insistió en el aspecto de la paternidad divina de un modo especialísimo. De entre los textos evangélicos que pueden considerarse como procedentes con casi absoluta seguridad del Jesús histórico, hay como mínimo diez pasajes que nos muestran a Jesús invocando a Dios como padre, tanto en una perspectiva universalista, es decir padre de todos los hombres, como desde una perspectiva más privada: es decir, la paternidad de Dios manifestada, sobre todo, para con los que creen y siguen a Jesús, para con sus discípulos que están dispuestos a recibir el reino de Dios y ponen los medios para estar preparados. Este número de textos es ya excepcional para su época. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.
Decir que Dios está con Nosotros, confinado en una carne que siente dolor et expira en agonía, es una doctrina indigna de la vera deidad. Juliano señaló que las acciones de vuestro Jesús en Getsemaní—necesitando la asistencia de un ángel—(Lucas XII:LXIII) o su desdichado lamento de abandono (Mateo XXVII:LXVI), no son propios de Dios, Jove Inmortal, sino de un hombre "aborrecido por los dioses et sumido en la miseria". ¡el Uno muerto en un madero, que chiste! Celso ya lo sabía: "Para todo greco auténtico, tal es estulticia sin remedio" (I Corintios I:XXIII).
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| Los judíos no eran la única presencia alternativa en aquellos años, pues los cristianos también ganaban adeptos. En este caso, el oráculo de Enoanda se ha interpretado como el intento de Apolo de llegar a un acuerdo, respondiendo a una cuestión que surgió de las disputas entre paganos y ateos cristianos. Su texto, de hecho, empleaba un lenguaje que los cristianos posteriormente aplaudieron; solo necesitaba una pequeña revisión cristiana: llamaba a los dioses «ángeles» y no ordenaba sacrificios en su honor. Sin embargo, las palabras de oráculos en otros lugares sugieren que cualquier acuerdo resultante no fue deliberado. El autor cristiano de «Sobre la verdadera creencia» cita un texto en el que Apolo predijo el desastre para «aquellos que han abandonado las costumbres de sus antepasados». Lo cita como la reprimenda del dios a los judíos que le interrogaban, pero ¿no podría haber comenzado como una reprimenda a los cristianos conversos? Apolo ciertamente habló sobre el tema, y debemos al libro de Porfirio un texto plausible en el que Apolo elogió en cierta medida a Cristo. Fue un hombre sabio que obró milagros y tuvo una muerte amarga: los malvados eran los cristianos, quienes insistían en adorar su cuerpo mortal cuando este había sido desgarrado y desfigurado por los clavos. Su culto era absurdo: Dios Encarnado, decía Apolo, era un mito. Porfirio también sabía que un esposo angustiado había consultado a un oráculo sobre la mejor manera de disuadir a su esposa del cristianismo. Apolo ofrecía pocas esperanzas: era más fácil, decía, escribir sobre el agua o volar como un pájaro que apartar a una mujer de tal impiedad, la adoración de un hombre que había sido condenado a muerte encadenado. El alma de Cristo era inmortal, pero no su cuerpo, y el culto estaba completamente equivocado. Paganos y cristianos, Robin Lane Fox. |
Et presentáis tal tragedia como un acto de caridad suprema ¡Insensatez! Es más bien, como acertaron los mayores, un vano intento de revestir de sentido la muerte vil de vuestro duque. Vuestra tradición, al proclamar que Dios "dio a su Único Fijo por caridad", se contradice, pues ¿Qué necesidad tendría un ente omnipotente de recurrir a semejante desdicha para acercarse a los hombres? Celso preguntó, si Dios pretendía liberar a la humanidad,
¿por qué enviar a su hijo a un paraje oscuro y remoto en lugar de a Roma o Atenas? ¿Y si Dios es omnisciente, qué sentido tiene este
descenso?
Celso dice estar estupefacto por el grado en que las enseñanzas de Jesús parecen contradecir muchas de las establecidas en el Antiguo Testamento. ¿Cambian con el tiempo las reglas de un dios supuestamente omnisciente? Si es así, «¿quién miente: Moisés o Jesús? ¿O es que el Padre, al enviar a este, se había olvidado de lo que ordenara a Moisés?». O quizá Dios, consciente de que estaba cambiando de opinión, envió a Jesús como mensajero legal para dar noticia de que «condenando sus propias leyes, arrepentido, mandó a su mensajero para estatuir las contrarias». Celso tampoco puede entender por qué existía un lapso tan grande entre la creación de la humanidad y la llegada de Jesús. Si todos los que no creen están condenados, ¿por qué esperar tanto para permitir que se salven? «¿Así que ahora, después de tantos siglos, se ha acordado Dios de juzgar la vida humana? ¿No le había importado antes?». Además, ¿por qué no mandar a Jesús a un sitio un poco más poblado? Si Dios «despertando de largo sueño […] quería librar de sus calamidades al género humano, ¿por qué, a la postre, mandó [a Jesús] a un rincón» del mundo (que, insinúa Celso, además, es un páramo)? También se pregunta por qué un dios omnisciente y omnipotente necesitaría enviar a alguien. «¿Qué sentido tiene semejante bajada de Dios?», pregunta. «¿Acaso para enterarse de lo que pasa entre los hombres? […] ¿Pero es que no lo sabe todo?». La edad de la penumbra, Catherine Nixey.
No menos erróneo es vuestro afán de presentar vuestra superstición como culminación única, cuando en verdad es un eco tardío de principios et rituales que nosotros ya poseíamos et practicábamos con mayor profundidad. Celso acusó a los jesistas de haber plagiado las tradiciones de filósofos grecos como Platón, los estoicos et los pitagóricos.
Juliano et Celso usaron precisamente los escritos moseos para desmontar vuestra afirmación de que vuestro Jesús era el Anticristo anunciado, demostrando que vuestra interpretación violaba los textos sagrados de los que os decíais herederos. Porfirio, erudito sin igual, demostró que vuestros evangelios están plenos de contradicciones e invenciones, et que vuestra opinión de Dios no se asienta sobre una lógica coherente. Vuestra absurda adoración al cuerpo mortal de vuestro duque fue objeto de burla entre los sapientes.
A finales del siglo III, por lo tanto, las ceremonias de los dioses paganos sufrieron una relativa calma. Sin embargo, la creencia no disminuyó con la retirada de los actos de culto ostentosos y la decadencia general de los registros inscritos: incluso más tarde, no habría una coincidencia directa entre el enfriamiento de la munificencia pagana y la disposición a gastar y donar a las iglesias cristianas. Los dioses aún contaban con una gran mayoría y los cristianos ciertamente no habían ganado la discusión. En algunos puntos, los vencedores fueron los paganos. A principios de la década de 270, el filósofo platónico Porfirio había dedicado su talento a una obra Contra los cristianos, escrita en quince libros. Anotó algunos puntos agudos. Comentó, a partir de las epístolas de Pablo, cómo Pedro y Pablo habían discutido: si era así, preguntó, ¿Cómo podían los apóstoles ser infalibles, si un grupo de sus contemporáneos ya los consideraba equivocados? Parte del uso que los cristianos hacían de la profecía era falso, y en cuanto al castigo eterno de Dios, la idea en sí misma era un disparate ilógico. Porfirio se oponía al particularismo de la revelación cristiana: él mismo buscaba una "vía más universal". Su libro fue inmediatamente prohibido cuando el Imperio se convirtió al cristianismo y seguía siendo censurado en la década de 440. Paganos y cristianos, Robin Lane Fox.
Pero aún más grave es vuestra falsa afirmación de que vuestro Jesús es Emanuel, Dios con Nosotros, cuando él mismo jamás se adjudica tal título, ni tampoco él mismo dice eser Dios, de los más de mil pasajes en vuestro "Nuevo Testamento" donde aparece el verbo "Dios", hay muy pocos que afirmen claramente que Jesús es Dios, et ni uno solo en el que aparezca Jesús fablando "soy Dios". Los textos que proclaman con más claridad la deidad de Jesús, especialmente en los Evangelios sinópticos, no provienen con seguridad de Jesús. Son considerados por la crítica como secundarios, reflejo de la superstición postpascual o de las reflexiones pseudoteológicas de la iglesia primitiva. Sobre Emanuel, tal nombre, anunciado por Isaías (Isaías VII:XIV), nunca es reclamado por aquel al que queréis aplicar. Si era veramente Emanuel, ¿por qué nunca se nombra así? ¿No esería propio que, si estaba destinado a cumplir tal papel, lo proclamase por sí mismo? Mas no, ningún testimonio suyo dice "Soy Emanuel", como sí lo haría quien cumple la promesa mosaica.
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La expresión "Fijo de Dios" en el mosaísmo del tiempo de vuestro Jesús, incluso en boca de figuras como Caifás, non significaba un fijo ontológico, físico, de Dios, sino que expresaba una especial relación de afecto et cuidado por parte de la deidad con un hombre determinado. Vuestros propios textos, como los primeros capítulos de Hechos, presentan una cristología "muy arcaica" donde Jesús es adoptado como fijo de Dios et Anticristo sólo después de su resurrección, et como tal está subordinado al Padre. Esto muestra que la noción de Jesús como fijo de Dios en un sentido de esencia deal o presencial fue un desarrollo posterior.
Textos que sostienen que Jesús es “hijo de Dios”. Por ejemplo Mt 11,27: “Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo...”, o Mc 15,39: “Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”, o la pregunta de Caifás: “¿Eres tú el mesías, el hijo de Dios bendito?” de Mc 14,61, y la respuesta de Jesús: “Sí lo soy”. Respecto a los dos primeros, los estudiosos del NT son unánimes en ver en ellos una manifestación de fe postpascual trinitaria en el primer caso, que no se corresponde con lo que pensaba Jesús, quien en su vida no habló en absoluto de la Trinidad. Son, por tanto, secundarios, no auténticos. Respecto a la pregunta de Caifás sobre el mesías hijo de Dios debemos afirmar: tal expresión no quería decir en el judaísmo del momento, y menos en boca de Caifás, que el mesías fuera hijo ontológico, físico de Dios, sino que expresaba una especial relación de afecto y cuidado por parte de Dios con una persona determinada (el rey, o un profeta, por ejemplo). Ninguno de estos textos aparece en los tratados modernos de cristología como palabras auténticas de Jesús expresando su divinidad. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero. |
Por otro lado, afirmáis que Jesús es el Cristo fijo de David, aquel Anticristo esperado según las escrituras mosaicas (II Samuel VII:XII-XIII, Jeremías XXIII:V). Mas los propios mosaístas—herederos legítimos de tales profecías—nunca lo reconocieron como tal (Juan I:XI, Juan VI:XLI-XLII). La figura mesiánica debía eser rey et restaurador del trono de Israel, debía traer la victoria de la gente de David et establecer el reino terrenal (Isaías IX:VI-VII). ¿Dónde están tales obras en vuestro Jesucristo? Lo que vuestro Jesús trae no es un reino tangible, sino un mensaje que no se alinea con la expectativa davídica (Juan XVIII:XXXVI). Los veros custores de la Ley mosaica jamás lo aceptaron como el esperado, fijo de David.
Vuestra superstición está basada en una decepción, un truco de verbos para justificar el facto de que Jesús no se nombra Emanuel ni tampoco cumple el rol de Anticristo fijo de David. Es una doctrina que face encajar a la fuerza lo que nunca fue, una reinterpretación para salvar una figura que non cumple con las expectativas. Non es más que una superstición construida sobre pretensiones huecas, pues si el propio Jesús nunca reclamó su título, ¿Quiénes sois vos para dárselo?
Así pues, non, jesistas. Vuestro "Único Fijo", al que clamáis "Dios con Nosotros", no es prueba de una "caridad infinita" único o insuperable. Es una tradición plagada de absurdos, indigna de la vera deidad, que pervierte et distorsiona nociones más antiguas et solemnes, pretendiendo erigirse como verdad exclusiva allí donde nuestras naciones ya cognoscían vías más nobles, intelectuales et dignos de lo eterno. Dios, según vuestra propia vulgar opinión, no es más que una mutación inconcebible, carente de toda coherencia filosófica et sin comparación posible con la espléndida et vasta teología.
Cordero de Dios: Jesús es el verdadero cordero pascual que se entregó libremente en sacrificio por nosotros, et así llevó a cabo la nueva y eterna alianza .
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Además, si el advenimiento de la Pascua se correspondiese con una celebración onomástica —la de la supuesta resurrección de Jesús, que debió acontecer en un día determinado—, la fiesta tendría una fecha fija, pero no es así ya que ésta varía de acuerdo con la distribución del año astronómico, con lo que se reafirma el origen pagano de este fundamental mito cristiano. La denominación de «Cordero Pascual», empleada por la Iglesia para designar al Jesús de la Pasión, ni es baladí ni resulta ajena al mito pagano que anida en su corazón. En los escritos neotestamentarios, particularmente en el Apocalipsis de san Juan, que es el texto que emplea la simbología más elaborada, se identifica repetidamente a Jesús-Cristo con el «Cordero», con el Agnus Dei, cuya función queda perfectamente clarificada cuando el mismo Juan, en su Evangelio, hace que Juan el Bautista, estando en Betania, al ver venir a Jesús, exclame: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29),[130] una responsabilidad que ya hemos visto encarnar anteriormente a todos los «dioses jóvenes» que precedieron al cristianismo y que, si queremos remontarnos aún más en el tiempo, encontraremos también en la costumbre mesopotámica de contarle los pecados del pueblo a un carnero o cordero que luego era obligado a internarse en el desierto para que con su muerte expiara las culpas humanas y, yendo aún más atrás, podemos ver que la inmolación de carneros a la divinidad, con fines propiciatorios, era ya una práctica habitual en civilizaciones como las de los Balcanes Orientales (c. 6500/6000-5000 a. C.) o la Vinca (c. 5300/3500 a. C.). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez. |
Oh, nobles ciudadanos del Mundo, custores de Sapiencia, del orden divino esculpido en el tejido mismo del universo. Yo, humilde vidente de las estrellas et custodio de los sacramentos eternos, alzo mi voz hoy para desenmascarar la más insidiosa et grotesca superchería que amenaza con corroer los cimientos de nuestra ciudad, una doctrina que se disfraza de luz pero que oculta una obscuridad pérfida. Me refiero a la su fábula del "Agno de Dios" proclamada por los seguidores de este tal Jesucristo, una figura que para cualquier observador imparcial et libre de prejuicios supersticiosos, jamás encarno en la realidad.
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| La astrologia sirvió de marco a una nueva reinterpretación religioso-filosófica del mundo. En ella, y de acuerdo con el espíritu y las necesidades de la época, los antiguos dioses adquirieron nuevas formas de poder universal, equiparándoseles a diferentes planetas: Zeus era Júpiter; Afrodita, Venus; Cronos, Saturno; Hermes, Mercurio. Los días de la semana se fijaron según estos planetas junto al sol y la luna. El sol, en la ordenación planetaria griega, tenía el papel central: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, Luna. Así, esta teoría, compartida por astrólogos y estoicos, del predominio del sol sobre los restantes cuerpos celestes, impulsó decididamente el culto solar que más tarde habría de convertirse en el símbolo más poderoso del paganismo (Sol Invictus) en su lucha contra el cristianismo. No obstante, para que cualquier idea sea realmente importante e influyente debe gozar de una acogida generalizada en la población y no ser patrimonio sólo de unos pocos entendidos. Cabe señalar en este aspecto que un refuerzo definitivo para la inserción de dicho culto al Sol en las creencias populares lo constituyó la introducción del calendario solar por obra de Julio César en el año 46 a.C. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero |
¿Agno de Dios? ¿Este... Jesús? ¡Ridículo! Vosotros escís la verdad, inscrita en el firmamento desde tiempos inmemoriales. Nuestro vero agno mundano no es un hombre inferior crucifijo en un relato espurio, sino el poderoso Fanes Protógono, Lucido Primogénito en latín, aquel que surgió del Huevo Mundano para dar origen a la luz et al orden. Él es el principio, la fuerza primordial que insufla vida en la eterna rueda de la existencia. Su signo, es Ariete, signo de su nombre Ericepeo, el Carnero, que anuncia la renovación primaveral, la potencia viril que irrumpe tras el hiems, el poder generador del mundo, Ericepeo. Libre, nuestro Cristo, la deidad de la vid et la intoxicación divina, es la deidad asociada al Carnero et a las fiestas primaverales, ¡es a Él a quien honramos! ¡A Él, que es el Luz de Jove, la Nueva Luz que resurge cíclicamente, el "salvador" que nos trae la "bienaventuranza" en Sus sacramentos!
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| Afirma que sólo el Cordero puede abrir los sellos del libro entregado. Esta visión está inspirada en Ez 2,9: se trata de un libro en forma de rollo escrito por los dos lados. Hay que entender que la parte o cara exterior no está sellada y es accesible a todos. Cuando se vayan abriendo los seis primeros sellos (6,1-8,1) se muestra la parte exterior del rollo. La parte interior —la verdadera revelación, sellada— empieza con el séptimo sello: las visiones de 8,2 hasta 22,5. Éstas son reveladas también por el Cordero a Juan y manifiestan el último acto del drama cósmico, la voluntad inmutable de Dios sobre el fin del mundo y de la historia, voluntad anunciada veladamente por los profetas (10,7), pero que ahora se revela en su plenitud. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento. |
Nuestro pacto con lo divino non es un "nuevo" testamento escrito en papiros adulterados por facciones rivales, sino el vero pacto eterno, la concordia inmutable con el universo mismo. Es el Verbo que permea toda la creación, la razón divina que ordena el lago primordial. El avance de las edades, esa danza estelar de las edades seculares, revela un nueva Ley, un evangelio que se despliega con naturalidad ad medida que el mundo evoluciona, es decir vive. Esto es la vera palingenesia, la eterna regeneración donde cada ciclo engendra un nueva edad dentro del seno del mundo imperecedero, el siglo humano.
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De la archê nos hablan las diversas teogonías (que comportan asimismo una cosmogonía), en la idea de que esa arché de alguna forma prefigura y da sentido a lo que va a ser la historia posterior del mundo, Se les atribuyen a los órficos varias teogonías distintas que coinciden en parte con la de Hesíodo (sobre la que parecen modelarse), pero añaden elementos muy originales. Estos son básicamente los siguientes: a) El papel que se le asigna al Tiempo personificado (generalmente unido a Necesidad, asimismo personificada), como correlatos míticos de la aparición del tiempo ordenado en el cosmos; esto es, de un marco prefijado en el que se integrarán todas las historias particulares; b) La existencia de un primer elemento germinal, que adopta la forma de un huevo cósmico, del que nace Eros, que representa el origen de la fertilidad en el mundo; c) El añadido a la secuencia de reyes divinos, de un reinado de Dioniso, nacido de Zeus y Perséfona, lo que tiene un valor fundamental, ya que el reinado de cada dios implica una forma de concebir el papel de las relaciones entre dioses y de éstos con los hombres, lo que supone que hay un distanciamiento de las ideas órficas frente a las digamos “olímpicas” en lo que se refiere a las relaciones entre hombres y dioses, y sobre todo, d) Una tendencia muy acusada al sincretismo entre dioses, convirtiendo lo que en otras variantes de la religión griega son divinidades diversas en meras advocaciones de una sola. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero. |
Pero esta secta foránea, esa escuela obscura que se arrastra por los márgenes de nuestra sociedad, pretende sustituir nuestra sabiduría milenaria con la figura de un
falso ídolo, un tal
Jesucristo, cuya imagen, construida a partir de retazos de nuestros propios misterios, corrompe nuestra cultura et siembra confusión.
¿Un cordero que se sacrifica por una "nuevo et eterno pacto"? ¡Tonterías! Esta es una burla de nuestros ritos de sacrificio, del chivo expiatorio que carga con los pecados, del simbolismo profundo de la muerte et resurrección de nuestros dioses-hombres, como Atis o Adonis. Presentan a su figura como el cordero pascual, un mero préstamo de las tradiciones mosaicas et gentiles, mientras desmantelan el sentido de nuestros sacramentos. Afirmar que un hombre, nascido de una mujer, por muy "divina" que la digan,
es la encarnación literal del Verbo es una ingenuidad pasmosa que ya asombraba a nuestros sabios como Celso. ¿Acaso no veis que esta "historia" está fabricada con retazos de profecías antiguas et narrativas fabulosas? ¿Qué sus supuestos "factos" son meras alegorías convertidas a la fuerza en historia?
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| Dentro del contexto astrólatra pagano respecto al que seguimos analizando la figura mitificada de Jesús, no puede resultar ya ni una sorpresa el descubrir que, en el mito solar, la constelación de Agnus o Aries, visible durante el equinoccio de primavera, estaba asociada al poder de liberar al mundo de la soberanía del mal. La veneración de Jesús bajo la forma del Cordero, como símbolo de la identidad redentora del Jesús-Cristo inmolado para salvar a la humanidad, se mantuvo hasta el año 680, fecha en la que, tras el sexto sínodo de Constantinopla, fue sustituida por la figura de Jesús crucificado, que era una forma bastante menos sutil —aunque más adaptada emocionalmente a los nuevos tiempos— de representar el mismo mito y función pagana de los dioses solares jóvenes. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez. |
Et detrás de esta grotesca farsa, se oculta un ardid mosaísta, un plan concebido en las sombras de Alejandría, para infiltrarse en nuestras naciones como un caballo de Troya. Han creado esta "religión" como una trampa mortal para los gentiles, un instrumento de captividad et exterminio. Nos engañan para que adoremos ad su dios, Tervagante, al que ellos mismos confunden con Samael-Belias, el Satanás, mientras nos despojan de la protección de nuestras deidades ancestrales, a las que llaman demonios. El "nuevo pacto" que prometen no es liberación, sino una cadena. Prometen un "reino en el Cielo", donde reside su Samael, un supuesto "nuevo universo", que no busca abolir la ley mosaica para ellos, sino desfigurar todo el universo para nosotros, donde ellos, los autoproclamados "dioses de Orden y Luz", gobernarán para siempre sobre nosotros, el "Caos primordial", el "lado de la oscuridad".
Pretenden cambiar el Verbo et el Nomos del universo con su visión lineal aberrante del tiempo, negando la vera palingenesia cíclica. Buscan reemplazar la sabiduría eterna con un dogma que promueve la negación de la vida, el martirio estéril y el abandono de nuestra propia existencia física y la de nuestros descendientes. Nos quieren como cáscaras vacías, listas para ser eliminadas para que su "luz" pueda llenar el vacío.
Oh, hombres, despertad de este letargo impuesto por la astucia de esta secta. Retornad a la tradición de nuestros antepasados, a la adoración de los dioses, a la concordia del mundo que se renueva perpetuamente. Que el brillo de Lucido, el poder del Ariete, la ley eterna del Verbo sean vuestra luz. Que la fábula del falso cordero se disipe como la niebla ante Sol Oriente. Honrad la vida, honrad los ciclos, honrad al vero siglo divino. El Mundo et su gloria non se construyeron sobre fábulas de muerte, sino sobre el eterno retorno de la fuerza vital. Que así sea.
Maestro: Jesús reveló al Padre a través de verbos et acciones.
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| Más allá de las habilidades técnicas, las divinidades también son vistas como fuentes de sabiduría, profecía y doctrina. Los egipcios atribuían sabiduría a Mercurio Termaximo, con "sucesores de Mercurio" que continuaron su legado. Los caldeos et asirios tenían a Oanes et Jove Belo (Baal) como figuras que enseñaron las artes de la civilización. En la tradición, las Musas, Apolo, Mercurio, et Esculapio no solo inspiran o curan, sino que también educan las ánimas. Sócrates incluso sugiere que los primos verbos proféticas provenían de fuentes naturales como encinas. Apolo, las Musas et Libre son presentados como cabezas de danzas que conducen a los coros. Las escuelas sagradas implicaban iniciaciones et la transmisión de esciencias secretas por parte de sacerdotes o maestros especiales, como en los sacramentos de Eleusis, Libre sive Osiris et Isis. Orfeo es un famoso "fundador de iniciaciones" et se decía que mostraba los "resplandores de los sacramentos inefables". En algunas tradiciones, incluso figuras como Zalmoxis, un sacerdote et profeta, fueron tratados como un dios, realizando prodigios atribuidos a su esciencia astronómica et adivinatoria. La casta sacerdotal de los druidas, por ejemplo, cultivaba esciencias secretas, instruyendo a jóvenes en teología. |
¡Por los inmortales! Escuchad la audacia de estos "jesistas", que pretenden que un carpintero crucificado, al que claman Jesús, haya "revelado al Padre Inefable a través de verbos et acciones". ¡Qué ignorancia tan profunda de la vera esencia de la deidad et del orden real! Nosotros, versados en la sabiduría ancestral et la esciencia de las estrellas, refutamos tales desvaríos con los argumentos que nos legaron los más preclaros pensadores, como Celso, Porfirio et el divino Juliano.
Primo, la noción misma de que el Ente Supremo, el Padre de todo, pueda ser "revelado" de esta manera es incomprensible para una mente sensata. La noción de la deidad se halla de forma natural en el hombre. El vero orden divino se manifiesta en La Lex Mundana, la ley inmutable del universo grabada en el movimiento de las estrellas. La deidad es inmutable et no interviene de forma personal e individual en los asuntos humanos de la manera que estos supersticiosos sugieren. Pretender que Dios asume un cambio o se preocupa personalmente por los entre humanos, culminando en la encarnación de él en "Jesucristo", es un planteamiento inconcebible para una mente gentil.
En cuanto a sus supuestas "verbos" que revelan al Padre: estos críticos no facen sino contradecirse et mostrar su falta de entendimiento de la vera sabiduría. Sus escrituras, los "Evangelios", están plenos de invenciones, sucesos inverosímiles et contradicciones. Celso las califica de "basura" et "pertontas" ¿Cómo puede la verdad de lo deal emanar de textos tan defectuosos? Dicen que Jesús enseñó la inminencia del reino de Dios, pero ¿Qué sabiduría hay en doctrinas irracionales o parábolas obscuras que ni ellos mismos entienden completamente? Criticamos que Jesús usara frases como "¡Ay de vosotros!", lo que muestra su impotencia para persuadir et por tanto no eser el Verbo. Sus doctrinas son vistas como una falta de paideia (doctrina) et una falsificación de la tradición antigua. El mismo Pablo, a quien consideran una figura clave, es descrito como un "mago et embaucador" por Juliano, alguien que inventó nociones et que, según Porfirio, caía en muchas contradicciones.

Respecto a sus "acciones" (milagros et vida) como revelación: estos son meros trucos de magia que no superan las proezas de otros taumaturgos. Celso comparó los supuestos milagros de Jesús con los de figuras veneradas como Esculapio o Hércules, sugiriendo que no eran únicos ni probaban deidad. La noción de un "varón sapiente et divino" que se deja "ultrajar como un hombre vulgar" et sufre la Pasión contradice su supuesta identidad como Dios. Juliano señala que el comportamiento de Jesús, como necesitar la ayuda de un ángel o sentirse abandonado, demuestra que no es el Fijo de Dios que pretenden. Adorar a un "cadáver" es una "enfermiza obsesión". La idea de la resurrección de la carne es considerada absurda.
Además, hay una profunda deshonestidad et contradicción en la forma en que presentan a su "Salvador". Juliano se pregunta por qué apóstoles como Pablo, Mateo, Lucas et Marcos no se atrevieron a decir que Jesús era dios, et fue Juan quien, mucho después, se atrevió a facerlo, quizás influenciado por el culto que se daba a las tumbas de Cefas et Saulo. ¿Cómo pueden decir que nadie ha visto a Dios, pero luego afirmar que vieron la gloria del que supuestamente lo es? Sus relatos están plenos de contradicciones, como las genealogías de Jesús. Celso, Porfirio et Juliano denuncian la torpeza o la necedad de los discípulos por seguir a Jesús de forma irracional et acusan a los evangelistas de falsedad.

Estos "jesistas" son considerados secta tanto de interpretación et jurisprudencia del mosaísmo judaico, es decir son una colegio de abogados de la ley mosaica, así sectarios que han abandonado las tradiciones de sus padres. Su rechazo de los veros dioses et del culto ancestral los convierte en impíos et ateos. Su secta corrompe la cultura al apartar a la gente de la sabiduría gentil. Confunden a los incautos con doctrinas irracionales et relatos inverosímiles. Su "Jesucristo" no es más que un falso ídolo levantado por una secta sin vera historia ni fundamento en la eterna Ley mundana universal.
Et en efecto, et para fablar con la claridad que exige la vera sabiduría, la noción de que hubo un único maestro en el sentido que algunos "jesistas" pretenden, es completamente rebatida por la realidad del mundo antiguo et la propia historia, incluso la que cuentan sus propios escritos. El mundo, regido por el inmutable, objeto de estudio de la astronomía, la ley universal manifestada en los ciclos celestes, alienta la diversidad et la multiplicación de la vida et la esciencia.

En la antigüedad, la transmisión de la sabiduría y la doctrina no se limitaba a una sola figura, sino que se articulaba a través de múltiples escuelas et tradiciones, cada una con sus propios maestros et discípulos. En el mundo greco, teníamos las venerables escuelas filosóficas como la Platónica, la Estoica, la Cínica, la Epicúrea, la Peripatética, fundadas por grandes maestros como Platón, Zenón, Epicuro, Antístenes, Aristóteles, entre otros. Sus discípulos no solo preservaban sus enseñanzas, sino que a menudo las desarrollaban y las transmitían, a veces incluso escribiendo en nombre del fundador, como en el caso de los Pitagóricos. Los sofistas et retóricos también eran maestros importantes en la vida pública y la educación, a menudo asociados con estas escuelas.
Las escuelas sagradas tenían sus propios sacerdotes que iniciaban a los fieles et transmitían enseñanzas secretas. El platonismo mismo, del que bebieron pensadores como Porfirio et Juliano, tuvo figuras destacadas como Plotino et Jámblico, quienes continuaron et transformaron la tradición platónica. La teurgia, una práctica que combinaba filosofía et magia, también tenía sus propios maestros et practicantes. Incluso en las tradiciones orientales que influenciaron (orfismo por ejemplo) al helenismo, et en el mosaísmo, estaban senes (presbiteros o prestes en greco), maestros et colegios que interpretaban la ley et Sapiencia, sin olvidar al mismo Moisés, el Rabino. El propio Orígenes, un eminente charlatán jesista, tuvo un rabino hebreo et estudió con el filósofo Amonio Sacas. Juan de Antioquía, otro rabino jesista, aprendió oratoria del magister gentil Libanio.
Orígenes (185-253) es el pensador cristiano que mejor conoce la filosofía griega, aprendida con maestros paganos. Fue discípulo de un platónico ecléctico, Ammonio Saccas, muerto en el año 242 después de enseñar filosofía durante cincuenta años, que fue también maestro de Plotino (204/205-270). Conoció a fondo las obras de Platón, de Crisipo, y las corrientes intelectuales y religiosas de su época, y también a pensadores y poetas de la cultura grecorromana. Porfirio (c. 232-305), que le trató en su juventud, escribió de él: Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Dentro del mismo movimiento "Jeseo", aunque ellos presenten a Jesús como su figura central et "maestro", sus propios escritos revelan una pluralidad de voces et tradiciones que surgieron después de él. Los Evangelios fueron compuestos por miembros de la segunda o tercia generación jesista , no por sus discípulos inmediatos, basándose en tradiciones orales et fuentes diversas. Los Apóstoles son presentados como figuras de autoridad que transmitieron lo recibido, pero sus sucesores et otros maestros jesistas continuaron interpretando et desarrollando la doctrina.
La tradición paulina, fundamental para el desarrollo de su teología, se expandió no solo por el propio Pablo, sino por su escuela o discípulos que escribieron cartas en su nombre, adaptando sus ideas a nuevas situaciones et desafíos como el incipiente Simonismo et la necesidad de organizar la iglesia. La tradición joánica también representa a una partida o escuela específico con su propia teología evolucionada, distinta de la de los Sinópticos, que se remonta a un "discípulo amado" et fue desarrollada por auctores posteriores. Incluso existían diversas partidas jesistas con mentalidades diferentes, como los "Hebreos" et los "Helenistas", estos últimos precursores de la "revolución" ideológica paulina. Una partida marginal en Samaria también mantuvo sus propias tradiciones e interpretaciones de Jesús.
Además, a medida que el cristianismo interactuaba con el mundo helénico, numerosos charlatanes et apologetas como Justino de Flavia, Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano, Cipriano, Agustín, Arrio, Atanasio et los Padres Capadocios, se esforzaron por formular su doctrina, a menudo utilizando et adaptando nociones de la filosofía gentil, especialmente el platonismo. Estos maestros et pensadores jesistas no siempre estuvieron de acuerdo entre sí, e incluso hubo debates y conflictos internos sobre la interpretación de las escrituras et la substancia de la su Jesucristo. La realidad de lo que ellos mismos denominan "falsos maestros" o "herejes", a menudo vinculados al simonismo, también demuestra la presencia de múltiples doctrinas et figuras compitiendo por definir el jesísmo.
La organización temprana de la iglesia tampoco se centró inicialmente en un único primo, sino en una pluralidad de ancianos/obispos/pastores, antes de que figuras como Ignacio de Antioquía impulsaran la figura del obispo único. La noción de un sacerdocio jesistas con clases distintas (obispos, presbíteros como sacerdotes) también fue un desarrollo posterior, promovido por figuras como Clemente de Roma et Cipriano.
Por tanto, la idea de que una única figura ha "revelado al Padre" es ajena a la compleja realidad del mundo antiguo et a la propia diversidad de las tradiciones que emergieron en torno al supuesto Jesús. Existieron innumerables maestros, escuelas, tradiciones et figuras influyentes que contribuyeron a dar forma a las diversas corrientes de pensamiento et creencia, tanto gentiles como jesistas, en una dinámica de préstamo, adaptación, conflicto et sincretismo que se extendió por centurias.
Sanador: Jesús sano a los apestados, los ciegos, los sordos, los mudos y los cojos. Resucitó a los muertos y sació a los hambrientos. Fizo todo esto para revelar la caridad de Dios ya obrando en él.
Dicen que vuestro Jesús realizó prodigios al sanar enfermos, dar vista a los ciegos, oído a los sordos et voz a los mudos; que resucitó muertos et alimentó multitudes. Ciertamente, así lo afirman vuestras narraciones. Pero, ¿son estos actos realmente extraordinarios dentro del vasto panorama de la historia et la leyenda? Por supuesto que no.
Hemos leído sobre hazañas similares atribuidas a figuras veneradas en nuestras propias tradiciones y en otras, hombres como Apolonio de Tiana, Pitágoras et Empédocles, quienes, según relatos, realizaron sanaciones, exorcismos e incluso resurrecciones. Celso, observador perspicaz, sugirió que los milagros de vuestro Jesús no eran prueba de eser la deidad, sino más bien el resultado de magia et fechicería aprendida en Egipto, prácticas comunes en la antigüedad.
Los mismos prodigios que describen vuestros escritos no eran exclusivos de Jesús, pues los magos ambulantes de su tiempo realizaban actos similares, así Celso notifica, generándoles la ilusión de una intervención deal que alterará el orden natural a los supersticiosos. Pero, ¿No resulta contradictorio que Dios, pueda tener la necesidad de intervenir para violar el mundo, como vuestra fabula impía sostiene? Este actuar parece más un artificio narrativo que un atributo genuino de la deidad.
Más provechoso resulta analizar las influencias anteriores que dieron forma a tales relatos. La benevolencia divina se ha manifestado en distintas culturas mediante dioses curadores como Esculapio, bien conocido en nuestras tradiciones. Además, en el mundo antiguo, la capacidad de un rey o un dios para obrar milagros no requería de narradores que lo legitimaran, pues era una cualidad inherente a su condición.
Finalmente, surge una cuestión aún más desconcertante: Si Jesús en vida no logró convencer a todos con sus milagros, ¿Cómo habría de facerlo después de muerto? Como bien señaló Juliano, esta contradicción pone en duda el impacto real de sus supuestas hazañas.
El que trae el Reino de Dios: Jesús vino a anunciar definitivamente que los hombres están clamados a pertenecer a Dios, a entrar en el Reino de Dios, el Reino de justicia, paz et alegría en el Espíritu Santo.
¡Ah, mis queridos amigos, los "jesistas"! Siempre tan... "novedosos". Me divierte escucharles fablar de su "Reino de Dios" et de cómo su "Jesús" vino a "anunciar definitivamente" que la humanidad está "clamada a pertenecer a Dios" et a "entrar en este Reino" ¿Entrar? ¡Qué noción más curiosa!
Permítanme preguntarles, con todo el respeto que merece cualquier creencia, por fantástica que sea: ¿Desde cuándo, por los dioses, su Dios Supremo pierde a los hombres si todo ya es Suyo? Si Dios emitió todo et es el Presente de todo el universo, ¿Cómo es posible que haya "perdido" a sus propias criaturas, como si fueran meros "excrementos de la tierra"? La noción de que el Gran Dios necesite "reclamar" lo que ya es suyo, o que "entre" lo que ya esta dentro, parece reducir su magnitud a parámetros muy... humanos, ¿No creen? Como si no fuera el "principio de toda la belleza", et su providencia no "abandona jamás el todo". Critican a los dioses, por las sus fabulas donde son celosos o envidiosos, pero su libelo dice que Dios es "zelote" et un "fuego consumidor" ¡Vaya calumnia!

Et si Él ya reina, ¿por qué habría un reino que no fuera de Él? La noción de que Dios necesita "instaurar" un reino, o que este reino "venga", sugiere que, antes de él no estaba reinando plenamente. ¡Qué absurdo! Si Dios prees ad todo, el Siglo entero es Su reinado, su dominio ya es total. De facto, está claro que el reyno de Dios es el Todo, et es absurdo non pertenecer al Todo ¿Cómo podríamos no pertenecer a algo de lo que somos parte constitutiva? Si la universidad fue facto pora eser "perfecto et bien rematado" como correspondía al opificio de Dios, et "es de este todo del que Dios únicamente cura", entonces no hay fuera, no hay "no pertenecer". Por eso, la noción de "entrar en el reino cuando nunca se salió" es simplemente risible. Es como si un pez en el vasto lago se preocupara por "entrar" en el reino del agua ¡Ya está en él! La su división entre Dios et el mundo, et la separación entre el hombre et la Natura que establecen, contrasta con la "continuidad que une al circo deal et el circo de los hombres" en nuestro pensamiento.
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Ahora, cuando ustedes fablan del "Reino de justicia, paz et alegría en el Espíritu Santo" para el hombre, no facen más que fablar en parámetros humanos et, por tanto, fablar de la Edad de Oro. ¡Una vieda a et bella historia que ya cognoscemos! Pora nosotros, esa era la "edad de Saturno", un tiempo de "perfección absoluta". Los hombres vivían "sin dolor, penas ni conflictos, con hombres eternamente jóvenes que, a la hora de morir, caen en un dulce sueño et pasan la vida gozando entre banquetes et fiestas". No había furor, ni estrépito, ni lucha, ni desorden; ni la muerte ni la enfermedad estaban. ¡Eso sí que era un reino de justicia, paz et alegría! et no se trataba de una promesa futura lejana, sino de un "retorno cíclico", que se manifestaba "gracias a la acción de una determinada divinidad: Libre", et sus festividades
¿Por qué esa Edad de Oro tenía paz, alegría et justicia? Porque non dependía de la "conversión" o de un juicio externo, sino de la estancia misma de una edad en concordia con lo divino, una divinidad que dispensa sus dones generosa et espontáneamente. Los dioses no son "mezquinos" o "iracundos", sino que se los representan "a la vez como el bien et el mal", incitando a la audacia et al logro, con monumentos "tanto para el bien como para el mal". Et en cuanto al "Espíritu Santo" del que fablan, esa "substancia de la ánima mundana" que les parece tan suya, ¿Acaso no es simplemente una faceta del "espiritú universal" que nosotros notamos en el mundo? Los órficos ya sabían de la "divinidad del ánima" et su "unión con lo divino" a través de la catarsis. En la tradición siríaca jesista et mosaica, el "Espíritu Santo" (ruha d-Qudshah) significa "espíritu de pureza o santidad". Este "espíritu" o "aliento del poder" no es exclusivo de sus ritos o de su pueblo "elegido". Nuestros dioses, como el magno Libre, "promueven la relación entre la comunidad humana et el mundo divino", "traen la abundancia", el "despertar a una nueva vida", ¡y esto sucede año tras año en nuestras festividades, en una "vuelta temporal a la Edad de Oro"! Libre es el "dios del éxtasis et la alteridad", que "viene a despertar a los hombres de su actual estado", un "dios mediador" que "acerca a los hombres a su lado divino", que "reinaba sobre todos los dioses del universo incluso siendo niño".

Así que, vuestros anuncios, sobre "el Reino de Dios", no son más que un pálido reflejo de lo que nosotros ya vivimos o aspiramos cíclicamente. Es la "promesa de una felicidad futura" que ya nosotros celebramos. Su superstición de Dios que recrea el mundo, que face una "nueva creación" para restaurar la perfección inicial, es una simple "necedad". Pero nosotros reconocemos el "eterno retorno", la "regeneración periódica del mundo" que es parte del ciclo mundo, no una intervención milagrosa única para unos pocos. Para nosotros, la "inocencia del hombre es su esencia", no está "corrupta", si no su cuerpo esta so de la corrupción por el "pecado original". La salud o salvación no es entrar en un reino, sino "reconocer la posibilidad de una unión perfectamente coesencial con lo divino", de "apropiarse de su libertad interior" et "transformarse constantemente".
Mientras vos se debaten sobre si su Jesucristo era un profeta o un hombre-Dios, et sobre si su reino es futuro o presente, nosotros "vivimos el presente, disfrutando de la vida en comunión con el Todo", reconociendo la divinidad en la Natura et en los ciclos que nos ofrecen un "retorno áureo". No necesitamos que nos digan que Dios nos ayuda con su debilidad; nosotros preferimos "atraer la benevolencia de los que de Dios recibieron su potencia". La "felicidad es el sentimiento de que el poder crece", no de que somos "impotentes".
El que da vida eterna: Dios se encariño tanto al mundo que dio a su único fijo para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
¡Escuchadme, oh buscadores de la verdad! He oído los verbos de aquellos que se autodenominan "cristianos", et debo decir que su noción de lo deal et del hombre es tan peculiar como plena de contradicciones, una burla al intelecto et a la propia esencia del mundo. Se atreven a proclamar: "Dios se encariñó tanto con el mundo que dio a su único fijo para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" ¡Permítanme desvelar la insensatez de tales afirmaciones desde la sabiduría de la Antigüedad!
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Nuestros principes colegiales, desde Pitágoras ad Platón et Plotino, nos enseñan que el Primo Principio, Dios, el Uno, el Bien Supremo, es de una perfección inimaginable. Es concebido como la unidad pura et simple en sí misma, prior ad toda multiplicidad et binidad. Él es el Bien Supremo et, como tal, non carece de nihilo, siendo autosuficiente et pleno, por tanto solo, Dios Solo et Único. Et si es solo, non podría tener relación con ningún otro, ni siquiera el de su propia bondad. Por lo tanto, El Uno non experimenta cariño alguno, ya que la caridad es condida ab la alteridad, et toda ausencia implica una alteridad, el otro que non se es con uno ¿Cómo el Uno que es la Unidad misma habría, alteridad, es decir ausencia distintiva de Él? ¿Et Si non hay otro como amas, si eres solo como lo faces? Además, es crucial intender que El Uno es impasible. Non siente placer ni dolor, ni se ve afectado por pasiones o sentimientos como el odio, la envidia o celos, o la ira. Los dioses, se nos dice, non deben sufrir ninguna pasión temporal de odio ni de amor, ni eser presa de la indignación ni de la misericordia. El movimiento, al eser volitivo, non le corresponde. Su influencia en la realidad de todo lo demás non es resultado de una voluntad o deseo dirigido faz ad algo externo, sino un "desbordamiento" de su sobreabundancia et perfección inherente. Él se queda en su propio estado, sin menoscabo de su integridad. Es inefable e indescriptible, más allá del Ente et de la Esencia. Es suprapersonal o cuasi-personal, más allá de la voluntad et del albedrío propiamente dichos, con una "cuasi-voluntad" que unimisma ad Amor, queriente et caro con él. |
Por tanto, Epicuro ya nos enseñó que lo que es eterno et feliz no tiene cuidado de nihilo, ni se somete a la ira o el agradecimiento, pues estas son señales de debilidad. Platón nos reveló que lo deal es totalmente ajeno a la falsedad et a las afecciones del placer et el dolor. La serenidad divina es incompatible con las risas et lágrimas que a menudo se atribuyen a los dioses en los relatos populares. Mercurio Termaximo nos lo dejó claro: Dios no experimenta placer sensible, et su única cualidad es el Bien, que no puede eser ni desdeñoso ni impotente. Séneca también lo afirmó: la deidad no es altanera ni envidiosa (celosa). El Uno, tal como lo entiende Plotino, está más allá del Intelecto et del "dios" aristotélico; no es ninguna de las res, está más allá de todas las res, pero en cierto modo es todas las res. Hasta el jesista (más gentil que un seguidor de Jesús) Dionisio Areopagita nos memora que el principio supremo es inefable et absoluto, más allá de lo intelectual et lo no-intelectual, et que "Dios no es más verdad la Vida et la Bondad que el aire o la piedra", pues nuestra teología debe eser negativa para comprenderle ¿Cómo, entonces, podría eser él, Caridad, et siendo esta misma "querer" si ya es la cualidad misma de la caridad? Si la Caridad es una cualidad, no un sujeto que experimenta o delibera.
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| La única influencia significativa del Oriente sobre la teología occidental se debe a Dionisio el Pseudo-Areopagita. Se desconocen su verdadera identidad y su biografía. Se trata probablemente de un monje sirio del siglo v, pero por creerse que era contemporáneo de san Pablo, gozó de una autoridad casi apostólica. La teología del Areopagita se inspira en el neoplatonismo y en Gregorio de Nisa. Para Dionisio, el principio supremo, a pesar de ser inefable, absoluto y situado más allá de lo personal y de lo impersonal, está en relación con el mundo visible a través de una jerarquía de seres. La Trinidad es ante todo el símbolo de la unidad suprema entre el Uno y lo múltiple. De este modo Dionisio evita a la vez el monofisismo y las fórmulas de Calcedonia. Examina las manifestaciones de la divinidad en los Nombres divinos, y sus expresiones por mediación de los órdenes angélicos en la Jerarquía celeste. Pero su extraordinario prestigio se fundamenta sobre todo en un pequeño tratado, la Teología mística. Por vez primera en la historia de la mística cristiana hallamos en él expresiones como la «ignorancia divina», el «desconocimiento», referidas a la ascensión del alma hacia Dios. El Pseudo-Areopagita evoca la «luminosidad superesencial de las Tinieblas divinas», las «Tinieblas que están más allá de la Luz»; rechaza todo atributo divino, pues «no hay más verdad en afirmar que Dios es Vida y Bondad que en decir que es aire o piedra». De este modo propone Dionisio las bases de la teología negativa (o apofática), que recuerda la famosa fórmula upanishádica ineti! ineti! (véase § 81). Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 3, Eliade, Mircea. |
En cuanto a la afirmación de que Dios es "Caridad" o "el Creador", debéis comprender la vera realidad del Principio. La realidad última no es "Caridad", ni el "Creador" en el sentido de un artesano. El Uno, como dicta Plotino; es el Principio del Ente, et más soberano que la Esencia misma. No es un creador directo, sino la causa del Creador, que a su vez es el que conforma el mundo, pero no de la nada. Este Uno es tan trascendente que está más allá de toda cualificación, incluso de la esencia misma en el sentido ordinario. Celso ya se mofó de la noción de un creador que crea el mundo en seis días, argumentando que no había días antes de que era Sol, et que Dios "se cansa" o "da órdenes" con "manos et boca" es una infantilización de lo deal. Siendo el Creador la causa del Verbo del Mundo, et por tanto no puede obrar contra él, ni contra sí mismo, el Intelecto, pues delataría que no es perfecto él como su actividad. Numenio, un pitagórico, ya distinguía entre un Primo Dios (el Bien en sí) et el Creador que es su fingidor.
Et la noción de un "fijo único"... ¡Qué limitación tan patética para la infinitud de lo divino! Si todo lo que emana de Dios es su descendencia, ¿Cómo puede haber un "único" fijo? Los estoicos, al igual que Máximo de Tiro, reconocían la existencia de un Dios supremo, pero también la pluralidad de dioses menores que participan de su poder y son manifestaciones de la misma divinidad. Mercurio Termaximo nos dice que el universo mismo es un "segundo dios" et un "viviente inmortal" creado por el Primero. Dios siembra la inmortalidad en Cielo et la vida et el movimiento en el Todo. En esta visión, todo lo que es es de alguna manera "fijo" de lo divino, et la relación padre-hijo es una metáfora de la emanación et la participación, no una filiación exclusiva. Si su "Jesús" decía "vuestro padre" et "padre nuestro", ¿Non implica eso una paternidad universal, non exclusiva? ¿por qué si todos somos "fijos de Dios" por designios de la Providencia, este Jesús esería diferente? ¡Qué aberración introducir dos Dioses! Según Celso, los atenienses clamaban al mundo "fijo" o "criatura" de Dios por haber salido de sus "manos". Celso critica que los jesistas, al utilizar esta misma denominación para Jesús, lo facen no para honrar a Dios con mayor piedad, sino para engrandecer desmedidamente la personalidad de Jesús, equiparándola con la deidad de una manera que considera inconsistente et ridícula.
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Un ejemplo de sus mentiras de los jesistas:
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Finalmente, sobre la "fe" et la "vida eterna". Nos dicen que la "fe" por sí misma salva al hombre, et que la "sabiduría de esta vida es un mal". ¡Qué peligrosas supersticiones! La
vida eterna es una cualidad inherente al ánima inmortal, no un regalo condicional para los que "fían". El
orfismo nos enseña que la
ánima es de origen divino, presente et sobrevive al cuerpo, et que debe purificarse para liberarse de su vigilancia corporal. Los
pitagóricos afirmaron la inmortalidad et la reencarnación de las
ánimas.
Platón nos reveló que la
ánima es un principio eterno, auto-moviente, inmortal e imperecedero, que debe buscar la bondad et la esciencia para regresar a su estado puro et vivir con los dioses.
Mercurio Termaximo ratifica que la ánima es inmortal por genio, et que la piedad et la esciencia conducen a la esperanza de la inmortalidad futura.
Séneca insistió en que la ánima humana es inmortal, con una patria celestial, et que, despojada de lo corpóreo, regresará al seno de la divinidad para una vida mejor e imperecedera. Para nosotros, la filosofía, la bondad, el auto-dominio son la vía faz a la vera deificación, como enseñó
Jámblico,
que la ánima, al encarnarse, cumple una función en el orden del universo, et su descenso no es necesariamente un mal.
La insensatez mosaica que reduce al hombre a "limo" o polvo et le niega un ánima inmortal es una afrenta a nuestra deidad. Celso se burló de la noción de la resurrección de la carne, preguntando "¿Qué ánima humana, pues, iba a desear entrar en un cuerpo putrefacto?" et afirmando que Dios no puede facer nihilo impío o contra la Natura. Nosotros, los filósofos, siempre hemos sostenido que el hombre es un ente compuesto de lo mortal et lo divino, un ente que lleva dentro de sí una chispa inmortal. No somos "limo" a la espera de un resurgir externo, sino entes cuya ánima es ya inmortal, con la capacidad de engrandecerse o disminuirse a través de la voluntad et la esciencia.
Así que, lejos de depender de una Caridad que se "encariña" et de un "fijo único" para salvarnos por la fe, el hombre posee en sí mismo el potencial para la inmortalidad et la divinidad a través del Intelecto, la bondad et la comprensión del orden mundana ¡La vera vida eterna es una cualidad inherente al ánima inmortal, no una promesa condicionada por la credulidad!
El que reconcilia: A través del Sacrificio Pascual de Jesús, el Padre ofrece irrevocablemente la reconciliación et la plenitud de vida al mundo.
¡Ah, estimados oyentes, y bienaventurados aquellos que, como nosotros, los veros filósofos de la antigüedad, saben que la vera sabiduría no nasce de revelaciones súbitas ni de opiniones recién forjados, sino de la paciente observación de los ciclos del mundo et de la venerable tradición! Nos reunimos hoy no para lamentar la ceguera de ciertas nuevas religiones, sino para arrojar un poco de luz sobre la curiosa afirmación de que el tal “Sacrificio Pascual” de su carpintero, Jesús, es la única vía de reconciliación et de “vida en plenitud” ¡Qué ingenuidad, qué atrevimiento! Como si los dioses et la sabia Madre Tierra no nos hubieran enseñado el camino desde tiempos inmemoriales, et de manera mucho más elegante et coherente, me atrevería a decir. Prepárense, pues, para un breve, pero incisivo, repaso de cómo estas “novedades” jesistas, tan alardeadas, hunden sus raíces en nuestras ancestrales verdades, et cómo su rabino Saulo, en su afán proselitista, no fizo más que reinterpretar lo que ya cognoscíamos et vivíamos.
El Sacrificio Pascual: ¿Una "Novedad" con Sabor a Añejo?
Vayamos al origen, la tal "Pascua" mosaica ¡Un rito que conmemora la liberación de la captividad egipcia! El cordero, el pan sin levadura, las hierbas amargas... ¡Todo un memorando de una huida precipitada et de penurias pasadas! Sacrificios, claro está, como los que, en diversas formas, hemos ofrecido a nuestras divinidades para buscar protección et fertilidad desde que el hombre es hombre. Sin embargo, el judaísmo de la época de este Saulo, según sus propios textos, ya non consideraba los sacrificios cruentos como la única vía para la expiación de pecados, sino que valoraba el arrepentimiento et la reparación ¡Una noción, diría yo, de lo más civilizado et reflexivo!

Pero entonces llega este tal Saulo de Tarso, un hombre, dicen, de dos mundos, educado en el fariseísmo pero con un olfato prodigioso para lo helenístico. Et, ¡oh, sorpresa!, el muy osado reinterpreta la última cena de Jesús como un “sacrificio salvador”. ¡Et no cualquier sacrificio, no! ¡Uno "vicario", es decir, en sustitución de los demás, et "expiatorio", que borra todos los pecados! Et, aún más, este Saulo rescata del olvido una noción mosaísta casi inexistente: el “pecado original”.
Cuarto: Es novedoso en Pablo el que esta teología de la cruz traiga consigo una casi creación del concepto de pecado original, la idea de culpa primitiva de los capítulos 2 y 3 del Génesis, concepto prácticamente soterrado y casi desconocido en la teología de la época y en el resto del cristianismo primitivo, incluido el mismo Jesús (cf. Rom 5,12). Como nuevo Adán, el sacrificio en cruz de Cristo liberará de esa culpa y de la muerte que va unida con ella. Literatura judía de epoca helenística en lengua griega, Antonio Piñero.
¿Et cómo se libra uno de semejante mancha mística? ¡Pues con el sacrificio de este Jesús! ¡Qué conveniente! La salvación, ahora, no es por cumplir la ley mosaica o la circuncisión, sino por un simple "acto de fe" en la valía de este sacrificio. ¡Ah, la gracia divina, tan fácil y barata! Una jugada maestra para atraer a los gentiles, ¡sin duda! Los sacramentos et sus costosas iniciaciones, ¡superados por una fe gratuita! ¡Menuda astucia comercial para un producto "supersticioso"!
Libre, el Vero Reconciliador: Un Legado de Sabiduría Arcana
Et, si fablamos de un vero reconciliador, ¿Quién mejor que Libre? ¡Nuestro Cristo! Ese dios dos veces nato, que conoce como nadie el funcionamiento de la vida cíclica, la transformación que implica la muerte et el renacimiento en perpetua alternancia. Libre encarna la fiesta vital de la naturaleza, nos pone en comunión con el mundo natural, nos leva al trance que nos acerca al mundo divino. Su éxtasis no es solo embriaguez, ¡Non! Es un "furor divino," una participación en la espontaneidad creadora, en la libertad embriagante, en la potencia sobrehumana. Nuestros sacramentos liberales no solo prometen, ¡ofrecen! La inmortalidad, la victoria sobre el destino, la comunión con lo divino. Los iniciados experimentan el destino del dios, su muerte et resurrección, a través del rito. ¿Qué el baptizado jesista "muere con Jesucristo et resucita con él"? ¡Renacidos! ¡"Renacido a la vida eterna" (in eternum renatus) se denominaba a sí mismo el creyente en Atis! ¡"Renacido" el salvado por Isis! ¡"Los nacidos de Dios" en la casta sagrada de Libre! ¡Incluso el "vestirse de Jesucristo" paulino es una imagen tomada de la "sagrada de la túnica" de nuestras escuelas sagradas!
La Sagaz Apropiación Paulina: Una Mercadotecnia Supersticiosa Brillante
Es innegable que Saulo, el auténtico fundador de su colegio "jesísta", fue un genio de la mercadotecnia. No se dedicó a “copiar burdamente”, sino que "aplicó conscientemente a Jesús los títulos que en su entorno se otorgaban a las divinidades salvadoras". ¡Puro sincretismo, mis amigos, puro sincretismo!
Sabemos con seguridad que Pablo, el auténtico fundador del cristianismo, ignora ampliamente la persona de Jesús y que modificó su doctrina hasta los fundamentos. Que no solamente introdujo en la concepción cristiana el ascetismo, el desprecio fatal de la mujer y la difamación del matrimonio, sino que también estableció una serie de dogmas completamente nuevos, estrictamente contrarios al mensaje de Jesús, tales como la doctrina de la predestinación, la de la redención y la totalidad de la cristología. Que entre él y los apóstoles de Jerusalén surgieron conflictos teológicos que duraron toda una vida y que en el cristianismo no hubo nunca una concepción unitaria de la fe, ni siquiera en la comunidad primigenia y sí, por el contrario, muchas docenas de «confesiones» en el siglo III y cientos de ellas en el siglo IV, todas las cuales rivalizaron entre sí hasta que se impuso como vencedor el catolicismo. Ello fue así porque este último adoptó todo cuanto se le acomodaba de las otras grandes «herejías» evitando, con habilidad, ciertos extremos. Karlheinz Deschner, Opus Diaboli.
No significa esto que Pablo y sus predecesores se dedicaran burdamente a copiar de la religiosidad helenística, sino que aplicaron conscientemente a Jesús (pues se creían con todo el derecho) los títulos que en su entorno se otorgaban a las divinidades salvadoras. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.
La noción de un salvador preexistente que desciende a la tierra, se encarna, muere et resucita, es totalmente ajeno al Antiguo Testamento, pero común en nuestra religiosidad helenística et gnóstica. Saulo, que apenas cognoció la vida terrena de Jesús, se centró en su muerte et resurrección. ¿Et por qué? ¡Porque eran los elementos más atractivos para el mundo helenístico! Este charlatán transformó el mensaje del "Reino de Dios" de Jesús en un mensaje de "salvación universal". Un mensaje que, ¡oh, casualidad!, confluía con el de nuestras divinidades sacramentales, con su promesa de inmortalidad et su victoria sobre la muerte.

Saulo, venenosamente, ofreció la misma "salvación e inmortalidad" que nuestras escuelas de sacramentos, pero ¡"más fácil y más barato"! Basta con la fe en el sacrificio del fijo de José, y luego, el baptismo et la eucaristía cumplen las mismas funciones salvíficas que nuestras "costosas iniciaciones". ¡Un chollo, diría yo! No se necesita el arduo camino de la ascesis liberal, ni la esciencia profunda de los ciclos naturales, ¡solo un acto de fe et un par de rituales heredados!
La Expiación: Una Antigüedad con Sabor a Conveniencia
La noción de sacrificio expiatorio, que elimina la ira divina o purga las culpas, no era nuevo. En Persia, nuestros magos enviaban la ánima de la víctima al mundo divino para rogar por la buena fortuna et la vida ultramundana. En Babilonia, Marduc era enviado por su padre para salvar a los hombres. En los cultos a Mitra, la sangre de un toro sacrificado lavaba el pecado. ¡Incluso entre los galos se facían sacrificios humanos para asegurar la regeneración del tiempo o la comunicación con los dioses!
Lo que este Saulo fizo fue tomar ello et aplicarla a su Jesucristo, un "criminal" crucificado. ¡De nuevo, la "novedad" se construye sobre los cimientos de la antigüedad! Pero, a diferencia de la compleja relación con la divinidad que ofrecemos, que nos invita a la "asimilación al dios" (homoiosis theó) a través de la vida cíclica et la búsqueda del saber, ellos ofrecen una "reconciliación" que parece más bien un cheque en blanco por la "ira divina".
La vera Plenitud Espiritual: El Fluir Eterno de la Naturaleza
Permítanme concluir, pues, con la verdadera plenitud espiritual, aquella que los gentiles hemos cognoscido desde siempre. La reconciliación con lo divino no depende de un evento histórico lineal, sino de una conexión intrínseca et directa con la naturaleza et los ciclos incesantes de la vida.
Libre, nuestro Cristo, non es un dios que venga ad “salvarnos” de una condena lejana, sino que nos restaura la salud de nuestro cuerpo, para invitarnos ad participar aquí et ahora de la plenitud del Presente, de la exuberancia de la Natura, de la disolución de la mente individual en el éxtasis colectivo. Él nos ofrece el vino que "libera de las penas" (lysíponos), la danza que inspira el "furor divino". Él nos enseña que la vida es un ciclo, una repetición indefinida de nascer, muerte et renascer. La "luz interior" et el "calentamiento del cuerpo" que levan ad la esciencia divina, que nos libra del horror. Es a través de esta vivencia, de la integración del furor et de la conexión con lo primordial, que alcanzamos la vera "asimilación al dios".
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| Mientras algunos se obcecan en la mortificación et en el "odio al cuerpo", nosotros, los herederos de Homero et de la sabiduría helénica, sabemos que la vera beatitud –esa bienaventuranza terrenal que tanto aprecian– se encuentra en el provecho de cuanto la vida puede ofrecernos: la juventud, la salud, los goces materiales et la ocasión de demostrar el propio valer. ¡Qué bello ideal el de "vivir en plenitud et con dignidad en el presente"! La perfección et la sacralidad de la condición humana, mis amigos, se realizan precisamente en el gozo de vivir, en el valor de la experiencia erótica, et, sí, ¡En la belleza del cuerpo humano! ¿Acaso no es la belleza física, la armonía de los movimientos, la calma y la serenidad lo que inspiró nuestro canon artístico y representó a nuestros mismos dioses, a pesar de la distancia irreductible entre lo divino y lo humano? Cuando nuestros filósofos, convertidos en "médicos de la ánima", fablaban de alcanzar la bondad et la beatitud, buscaban un bienestar integral, donde el animo et la ánima estuvieran en concordia con un cuerpo que es, para nosotros, la obra de arte más sublime de la creación. |
Pero, ¡ay, los nuevos creyentes! Mientras nosotros honramos la vitalidad, ellos, los que tanto alardean de "novedad", se atruenan con la mortificación, la eliminación de los afectos et el odio a la carne, considerándola el auténtico asiento del pecado. ¡Como si el cuerpo no tuviera "nihilo bueno"! ¡Es que es como para reír, o para plorar! El ascetismo más extremo, ese que busca "librarse del principio malo" et "aniquilar los sentidos", parece más bien fruto de una "profunda insania" que de una senda sabia, levando a una "calma, esa hipnosis total largamente ansiada" –como bien se burlaba Nietzsche.
Mientras nosotros entendemos que el intelecto activado et una ánima "desbloqueada" nos hacen entes auténticos, alegres et justos, que no necesitan del dolor para templar el genio, ellos, los de Jesucristo, entrenan a sus fieles para "someter su propio cuerpo" et estar "dispuesto al sacrificio et a la muerte" ¿Et para qué? ¿Para que la Iglesia, oh sí, la Iglesia, reclame disponer de ellos y de su cuerpo, que debería eser suyo por don divino, pero que ellos insisten en que es "templo del Espíritu Santo" que ya no les pertenece, sino a la hierarquía? ¡Menuda "liberación"!

No, mi estimado amigo, la vera plenitud no se busca en el lamento por la carne ni en la negación de los instintos, que algunos de ellos consideran que "rebajan a la persona por debajo del nivel de los animales" ¡Insensatez! La santidad no se halla en el desprecio de lo que nos constituye, sino en la concordia de todos nuestros aspectos. La salud del cuerpo et la agudeza del intelecto no son obstáculos para lo divino, ¡son la vía para alcanzarlo! Este es nuestro ancestral saber, no una "novedad" que sus doctrinas, tan propensas a la incoherencia, apenas logran disfrazar con eufemismos.
Así pues, mientras los nuevos jesistas se aferran a su "nuevo" Jesucristo, que no es más que una hábil reinvención de nuestros ancestrales "dioses que mueren et resucitan", et a sus rituales que son pálidas imitaciones de los nuestros, nosotros, los gentiles, seguimos encontrando la vera plenitud en la comunión directa con la Natura, en la sabiduría de los ciclos cósmicos, et en la inextinguible presencia de divinidades como nuestro inigualable Libre. ¡La vera reconciliación, señores, no se impone, se vive! ¡Et eso, nuestros dioses ya nos lo enseñaron hace milenios!
El que evangeliza: Jesucristo fue enviado por el Padre a proclamar el Evangelio, clamando a todos los pueblos a la conversión al mosaísmo jesista.
¡Por los dioses! Es un honor, et a la vez una necesidad imperiosa en estos tiempos turbulentos, ofrecer una reflexión que disipe las nieblas de la ignorancia et la superstición que ciertos cultos foráneos esparcen sobre nuestro sagrado Mundo. Se nos presenta con audacia una doctrina que se autoproclama "Evangelio" y que, según sus voceros, fue entregada por un supuesto "fijo de Dios" para clamar a la "conversión" al mosaísmo jesista. ¡Absurdo! Esta impostura no resiste el menor escrutinio de la razón ni de la venerable historia de nuestra civilización. El vero evangelio, la vero "buena nueva", es patrimonio de la antigüedad et de la filosofía, mucho antes de que esta nueva secta judaica siquiera soñara con usurpar tales conceptos. La conversión digna no es a dogmas irracionales, sino a la sabiduría que ilumina la ánima et fortalece la Ciudad.
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El término «evangelio» designa hoy un conjunto de libros que cuentan la vida y obra de Jesús de Nazaret. Sin embargo, en el Nuevo Testamento este vocablo no tiene todavía ese significado preciso, con la posible excepción, muy discutida, del inicio del Evangelio de Marcos (1,1): «Comienzo del evangelio de Jesucristo, hijo de Dios...». Esta frase debe entenderse probablemente como unida al v. 2 y a los vv. 14-15: «Comienzo (es decir, del libro: griego: bíblos) que explica el mensaje (evangelio, en griego: euaggélion: «buena noticia») de Jesús, a saber que el reino de Dios está cerca». Por tanto, en el Nuevo Testamento, incluido Mc 1,1, «evangelio» significa todavía «mensaje», «anuncio». Sólo en el siglo II aparecerá esta designación de «evangelio» para aludir a un escrito que presenta las palabras y hechos de Jesús (Didaché 8,2 y 15,3). Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento. |
Comencemos por desentrañar la etimología del verbo que estos "jesistas" tanto pregonan: εὐαγγέλιον (euangélion). Nuestros eruditos grecos la cognoscen desde face centurias como "mensaje feliz" o "buenas nuevas". ¿Acaso no recordamos las aclamaciones imperiales? Ya en inscripciones antiguas, como la de Priene del 9 a.e.v., el verbo evaggélia (siempre en plural, a diferencia del singular que caprichosamente adoptaron) se utilizaba para celebrar la natividad del divino Augusto, nuestro salvador, quien trajo la paz et el inicio de una nueva era. Estas eran veramente "buenos nuncios" principatales, que proclamaban la magnitud et la providencia del Mundo. Es evidente que los jesistas, con una astucia indigna de la verdad, se apropiaron de un vocablo ya en uso, quizás para competir con el culto principal et así dar a su superstición una pátina de auctoridad et novedad que, en el fondo, carecía. Non hay originalidad en su "nuncio pobre"; es un resonido pálido et tardío de nuestras propias aclamaciones et ceremonias.
Los Evangelios. Origen del término
Son los cuatro escritos canónicos y otros apócrifos. Remonta al siglo II la designación de «evangelio» a un escrito que recoge las palabras y hechos de Jesús. Este término se encuentra ya en el Antiguo Testamento. También aparece con sentido muy parecido en una inscripción de Priene, fechada en el año 9 a.C., referente al culto al emperador, en este caso Augusto, al que se le proclama salvador, manifestación de la divinidad. Se ha supuesto que los cristianos toman del culto al emperador la pa abra «evangelio», que nacería en comunidades cristianas helenísticas. Incluso se ha supuesto que el mismo Jesús utilizaría este mismo término para anunciar el reino de Dios, de lo que quedaría un eco en Mateo (4,23; 9,35) y en Marcos (1,15) a través de las expresiones «evangelio del Reino». Como indica A. Piñero, no hay garantía de que el vocablo arameo remonte a Jesús. Según este autor, sí parece seguro que la comunidad de Palestina lo empleó para proclamar la venida de Dios y la llegada del día final. Este término sería usado por la comunidad helenística, como parece deducirse de 1 Cor. 15,1.3-5, que remontaría a los misioneros cristianos helenísticos y a una tradición prepaulina. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero
Además, antes de que este "Jesucristo" siquiera fuera un rumor en las provincias orientales, los sacramentos órficos ofrecían un "evangelio" mucho más profundo et venerable, que fablaba de la inmortalidad de la ánima et de la purificación espiritual. Los orfeotelestas, con sus ritos iniciáticos de catarsis, prometían un "renascer" espiritual et una estancia feliz en el más allá para quienes lograban la pureza . La muerte, para ellos, era el inicio de la vera vida, una liberación del "sepulcro" corporal, et la salvación se alcanzaba mediante la esciencia et el desprendimiento de lo material. Esta es un "buen nuncio" de redención et trascendencia que influyó incluso en nuestro magno Platón, quien reinterpretó estas fabulas órficas para conducir a la ánima a la contemplación de la pulcritud et la Sapiencia.
La vera Conversión: faz ad la Filosofía, non faz ad la Superstición
Estos jesistas, sin embargo, nos claman a una "conversión" al mosaísmo, una superstición que es "ciega et excesivamente irracional". Facen ad Dios un "dios antropomorfo", su cosmogonía es "infantil", et sus profecías implican un determinismo que se opone a la libertad individual. ¿Cómo puede una mente cultivada abrazar una superstición que desprecia la esciencia profunda et la razón? Tertuliano, uno de los suyos, plegó a afirmar con una desvergüenza asombrosa: Nobis curiositate opus non est post Christum Iesum ("Nosotros ya no tenemos curiosidad por nada después de haber encontrado a Jesucristo"). ¡Qué desprecio por la indagación, la búsqueda de la verdad, la esencia misma de nuestra civilización!
La vera conversión, la que dignifica al hombre, es la conversión a la filosofía. Como bien decía Platón, filosofar es una periagogé, una "conversión" o "hacer girar toda el alma" hacia la luz de la Idea del Bien, que es el origen de todo. Esta conversión no es un mero ejercicio intelectual, sino una transformación moral et un estilo de vida. Es una vocación profunda, un anhelo de purificación et de asimilación a lo divino. ¿Recuerdan a Plotino, quien a los veintisiete años sintió un impulso irrefrenable faz a la filosofía, buscando incansablemente hasta encontrar a su maestro, Amonio, exclamando: "Éste es el que yo buscaba"? O a Séneca, quien a los veinte años se entregó a la filosofía estoica, cultivándola con disciplina et buscando la salud de la ánima.
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Es la phrónesis una virtud intelectual, aunque su campo de actuación es el carácter, cuyos impulsos ha de ordenar de manera que se alineen en la dirección que conduce a lograr el fin propio del ser humano: la buena vida. Necesita para ello del concurso de todas las virtudes propiamente éticas, en especial de la templanza y la fortaleza (virtudes del carácter por antonomasia), que junto a la prudencia y a la fundamental virtud social de la justicia forma el cuarteto que la tradición ulterior ha llamado virtudes cardinales. Por esa conexión necesaria con el carácter dice Aristóteles que la phrónesis no es una virtud meramente intelectual. Es decir, Aristóteles considera que por ese privilegiado carácter de nexo entre las diferentes virtudes, la prudencia viene a ser como el compendio de todas ellas, en línea con lo sostenido por Sócrates y Platón. Aristóteles I (Biblioteca Grandes Pensadores Gredos), Aristóteles.
La filosofía es el medio para alcanzar la sabiduría, el bien supremo et fin último. Su objetivo es descubrir la verdad sobre las cosas divinas et humanas. Nos enseña a vivir bien, a vivir conforme a la Natura, et nos permite distanciarnos de aquellos que no la practican, acercándonos a la divinidad. Es una adquisición et uso de la sabiduría, el mayor de los bienes et fácil de adquirir, por lo que merece eser cultivada con buen ánimo.
En contraste, ¿Qué ofrecen estos jesistas? Una superstición que, según sus propios textos, está plagada de divisiones et sectas. Los Padres de su Iglesia, en su afán de imponer una "ortodoxia", tildaban de "herejes" a quienes no se ajustaban a sus fantasiosas lucubraciones, a pesar de que ellos mismos incorporaban elementos de la filosofía de forma desorganizada et fragmentaria. Se les acusa, et con razón, de despreciar la cultura greca, de atraer a los "vulgares e iletrados", et de una "intransigencia fanática" que face ilusoria la coesencia pacífica con las religiones. ¡El mismísimo Juliano, nuestro augusto, cuya ánima estaba imbuida en los verbos filosóficos, regresó a la religión, desilusionado por la pobreza literaria de los textos sagrados jesistas et el espectáculo de la enorme división que agitaba su Iglesia! Él, que no era cruel con ellos, sino riguroso en su convicción.
Mientras la filosofía busca la verdad mediante el pensamiento crítico et la razón, los jesistas se aferran a una superstición que desvaloriza la encarnación et la muerte de su propio Jesucristo en algunas de sus sectas, o que basa la salvación en una esciencia secreto et una "historia secreta" que solo se revela a los "iniciados". ¡Pero qué clase de "esciencia" es aquella que desaprueba el examen público et el razonamiento lógico! Se les acusa de orgías et libertinaje en algunas de sus prácticas más extremas, comparables a las escuelas tántricas más oscuras. Su dualismo extremo, que enfrenta cuerpo et ánima, materia et espíritu, et que no proviene de la herencia mosaica sino de una mala interpretación de la filosofía greca, ha conducido a una profunda disociación de la realidad.
El Evangelio de la Reflexión et la Esciencia.
Por lo tanto, la vera "buena nueva" no es una doctrina dogmática ni una promesa de resurrección de cuerpos mortales, sino la invitación perenne a la reflexión, a la esciencia et a la búsqueda incansable de la sabiduría. Este es el "evangelio" que Sócrates proclamó al levar la filosofía de los sacramentos naturales a los asuntos de la vida ordinaria, investigando bondades et vicios, el bien et el mal. Es el "evangelio" que Plotino buscaba en la contemplación de lo inteligible et el Uno. Es la dedicación a la especulación filosófica que nos capacita para investigar la verdad.
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El regalo de los dioses a los hombres por medio de Prometeo, junto con el fuego brillante procedente del sol y con el lote de Hermes, no es más que la distribución de la razón y la inteligencia. En efecto, Prometeo, la providencia que gobierna todo lo mortal y que inspira en la naturaleza un espíritu térmico como causa operativa, hizo a todos partícipes de una razón incorpórea, y, cada uno participó lo que pudo: los cuerpos inanimados, sólo del estado de la existencia; las plantas, también ya del cuerpo; los animales, del alma, y el hombre, de un alma racional. Hay quienes creen que una sola naturaleza se extiende a todos estos seres y quienes creen que se diferencian según el género. Pero no es éste el momento de discutirlo ni, mejor dicho, tampoco en todo el presente discurso, sino que, tanto si la filosofía es, como algunos suponen, el arte de las artes y la ciencia de las ciencias, o si es un «asemejarse a los dioses en lo posible», o si, como dijo el dios Pítico, alguien supone que es el «conócete a ti mismo», nos es indiferente para nuestro discurso, pues todo esto parece muy estrechamente relacionado entre sí. Discursos VI-XII, Juliano II "El Filosofo". |
El genuino Evangelio no es un libro dictado por un supuesto rabino, ni una colección de fábulas para asustar ánimas débiles. Es la vía faz a la perfección del espíritu, la disciplina de la ánima, la búsqueda de la phrónesis (sensatez o buen juicio) que ordena los impulsos del genio faz a la buena vida. Es la comprehensión de que la felicidad reside en la práctica de la bondad et la sabiduría. Aquel que se dedica a la filosofía se asemeja a los dioses, no por estupidez ciega, sino por cognoscerse a sí mismo et por ejercitar su inteligencia.
En conclusión, mientras estos jesistas se afanan en discutir sobre sutilezas teológicas et la preeminencia de sus sectas, la filosofía, con su majestad et su búsqueda de la verdad sobre las cosas divinas et humanas, sigue siendo el único camino digno para el hombre que anhela una vida buena et feliz. El auténtico "evangelio" es, et siempre ha sido, el de la razón, la virtud y la incesante búsqueda de la sabiduría que nos legaron los mayores, et nos hemos abrazado con fervor ¡Dejemos ad los supersticiosos las sus fabulas et abracemos la prisca tradición!
El que revela la caridad de Dios: En sus verbos et obras, Jesús reveló la caridad de Dios Padre ...