viernes, 26 de junio de 2026

Roma contra Judea, atrapando al criptoariosofo… (II)

Prólogo

Advirtiendo que la entrada original de nuestro blog, titulada Roma contra Judea, atrapando al criptoariosofo..., ha devenido en un cuerpo escriptural de vastas et densas proporciones, et constatando las flagrantes limitaciones técnicas de la plataforma Blogspot —cuya infraestructura se muestra incapaz de cargar tamaña extensión sin incurrir en colapsos de memoria, ralentizaciones et graves problemas de visualización—, nos hemos visto en la imperiosa necesidad de fracturar esta refutación monumental.

Lo que nasció como un único volumen de combate intelectual ha debido separarse, por pura probidad et logística digital, en este segundo volumen, presuponiendo incluso la futura necesidad de un despliegue aún más extenso. Non se trata de un capricho, sino de una exigencia: el verbo, cuando se discurre como río torrencial, necesita cauces múltiples pora non desbordar et perder la su fuerza.

He aquí, pues, la continuación de nuestra carga de caballería memorial. Que la Sapiencia rigurosa et la lucidez del Verbo venzan de una vez por todas ad la fe demencial, vindicando ad nuestros mayores del milenario daño, la suplantación et la distorsión perpetrados por los mosaístas. Pues es el Verbo —la mención viva del Ente et la soberanía de la ascesis gentil— quien nos dará la victoria definitiva contra los nigromantes del muerto en la cruz.

¡Que caiga la Jerusalén de las umbras, et que la Galípoli de la razón se alce de nuevo como patria vera!

La Puta del Jerusalén et sus Bastardas: Cuando la fija quiere eser más puta que su Madre

"Mi reino comienza con un baño de sangre; no puede comenzar de otra forma. No entré en Siberia para traerles amor sino justicia. Los antiguos paganos de Estonia estaban en lo correcto cuando dijeron: "Aquel que es bueno con el mal, es malo el mismo". Uno no puede llegar a una cuerdo con el bolchevismo. El barbarismo se vuelve orden cuando la civilización se vuelve desorden. Como odio la civilización que están construyendo. Los comisarios bolcheviques y los mercantes judíos trabajan para el mismo mundo. Horrible, gris". Barón Roman Nicolaus Fedorovich von Ungern Sternberg

La historia del judaísmo es tan inseparable de la del cristianismo durante los dos primeros siglos de nuestra era, que es imposible relacionar una sin relacionar la otra... El cristianismo es la rama, o (hablando de forma un tanto antropomórfica) el fin o la causa final del judaísmo... Es a través del cristianismo que el judaísmo realmente ha conquistado el mundo. El cristianismo es la obra maestra del judaísmo, su gloria y la plenitud de su evolución. Ernest Renan

Ah, el estólido. Ese defensor de la Europa ancestral que crede que el calvinismo salió del infierno como peste iluminista, que la visión materialista de Occidente es culpa exclusiva de Ginebra et non de Cefas. Que la Reforma fue una traición, non una consecuencia ¿Non se ha puso ad pensar? Empero si algo enseña la historia —et el Evangelio cuando non se mutila— es que cognocerán el árbol por los sus fructos. Et el calvinismo, ese fructo, fue nato del leño cefeo, nutriéndose durante centurias de papismo corrupto, delirante, cacoagatomaquista et obsesionado con el control.

Porque sí, el calvinismo es una bastardía. Pero su madre fue la Iglesia Católica, esa Jerusalén que institucionalizó el miedo, la jerarquía, el ritualismo vacío et la teología penal. Et cuando la fija quiso reformarse, non lo fizo desde cero: lo fizo desde la menstruación doctrinal que había heredado.

Ah, Juan Calvino… o, como lo clamaban en su partida de nascimiento, Jehan Cauvin, que suena más ad aprendiz de panadero de Noyon que ad “gran reformador”. Fijo de un abogado et de una madre supersticiosa que murió cuando él apenas tenía tres años, creció con esa mezcla de rigidez legalista et melancolía que luego destilaría en sermones de una hora sin notas —porque, claro, ¿Qui necesita apuntes cuando uno está convencido de que fabla directamente en nombre de Dios?

Este señor, que empezó estudiando para eclesial et acabó de abogado humanista, non tenía intención de eser pastor. De fecho, cuando Guillermo Farel le pidió que se quedara en Ginebra, Calvino dijo que non… hasta que Farel le soltó una maldición digna de telenovela medieval: que Dios arruinara todos sus estudios si non obedecía. Et ahí, nuestro “gran reformador” se quedó, non por convicción heroica, sino porque se asustó como un parvulo al que le dicen que la ouija se mueve sola ¡Que supersticioso!

En Ginebra, se convirtió en el alcalde espiritual de la ciudad: sermones diarios, vigilancia moral, et un código de conducta que faría palidecer ad cualquier moderador de foro de internet. Si hoy existiera Twitter en el siglo XVI, Calvino sería ese usuario que denuncia todas las cuentas por “conducta inapropiada” et luego escribe hilos de 40 tuits sobre la depravación humana.

Su teología era un cóctel de agustinismo severo et derecho romano: el hombre es depravado, Dios lo face todo, et la salvación es un asunto de doble predestinación —sí, esa “espantosa doctrina” que básicamente dice que algunos nascen para Cielo et otros para el infierno, et non hay nihilo que puedas facer ad el respecto. Una noción tan reconfortante como un spoiler de tu serie favorita.

En cuanto ad personalidad, las crónicas et sus detractores lo pintan como un incansable polemista que non toleraba la disidencia. El caso más famoso: Miguel Servet, médico et teólogo español, que osó discutirle. Resultado: foguera. Calvino non encendió la cerilla, pero levó la legna et el manual de instrucciones.

Et ojo, que hasta hay biografías hostiles que lo acusan de haber sido condenado por “delito de sodomía” en su juventud, recibiendo un castigo menor ad el habitual ¿Cierto o calumnia? Qui sabe, pero en la guerra de panfletos del siglo XVI, eso era el equivalente ad un meme viral.

En resumen: Calvino fue el influencer teológico de su tiempo, con la estética de un notario et la severidad de un bot de moderación. Un hombre que predicaba la libertad cristiana… siempre et cuando se ajustara ad su reglamento. Un pusilánime para entrar en Ginebra, un déspota para quedarse, et un magestro en convertir el jesísmo en un sistema tan frío et ordenado como una foja de Excel.

Ese notario de la salvación que, con cara de escribano mal dormido, creyó que podía refacer el mundo ad golpe de sermón et reglamento. El estólido de Europa ancestral lo pinta como el azote del materialismo, cuando en realidad fue su partera más diligente. Porque —et aquí está la ironía que faría reír ad cualquier discípulo de Epicuro— el materialismo moderno non nasció de un rechazo gentil ad el jesísmo, sino como fruto último de un largo proceso de desencantamiento del mundo que empezó en la propia Papistidad et que Calvino, con su ética de contable de la ánima, levó ad su conclusión.

El cristianismo ha vaciado el Valhalla, talado los bosques sagrados, extirpado la imaginería nacional como una superstición vergonzosa, como un veneno diabólico, y nos ha dado en su lugar la imagen de una nación cuyo clima, leyes, cultura e intereses nos son ajenos y cuya historia no tiene ninguna conexión con la nuestra. Filósofo alemán, Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Desde la eternidad, el mundo es un templo: el fecho et el valor son uno, la Natura es viva, et los dioses principan justamente. Luego plegó la decepción mosaísta de la creación ex nihilo et, ¡zas!, Creyerón que Dios fue desalojado del mundo et puesto en un despacho por encima de todo. Los Padres de la Iglesia, con celo de burócratas, tergiversaron nuestras viedas filosofías —peripatéticos, estoicos, neoplatónicos— et con ellas la física antigua. Adoptaron el dualismo cuerpo-espíritu, et así prepararon el terreno para que, centurias después, un positivista pudiera reducir ad el hombre ad “carne y hueso” sin que nadie se escandalizara.

La madre de Calvino, la Puta venida de Jerusalén, sentada en la sede de Rómulo, ya había empezado ad vaciar el mundo de deidad mucho prior de que su fijo se pusiera ad predicar. Con su furor por el orden, quiso elevar ad toda la sociedad ad niveles monásticos de disciplina. El Concilio de Letrán de 1215 impuso la confesión anual, los mendicantes predicaban con una pastorale de la peur que faría palidecer ad cualquier inquisidor, et el clero de la Contrarreforma se dedicó ad purgar fiestas, reliquias et procesiones de todo lo que oliera ad sensualidad popular. Querían más superstición… et lograron más excarnación: la impiedad se fue de las manos et se instaló en la cabeza.

Et entonces plegó el fijo. Calvino, con su odio ad lo mundano et su alergia ad lo sagrado, remató la faena. Sacramentos reducidos ad “palabra de Dios”, agua bendita et velas ad el cubo de la basura, transubstanciación tachada de impostura blasfema. Para 1600, la idea de que Dios non podía eser conjurado ni manipulado por rituales estaba ganando terreno. El calvinismo sustituyó la salvación trascendente por la salvación secular: El éxito económico como señal de elección divina. El viedo mundo encantado fue desalojado et reemplazado por un mundo de relojería, donde todo se mide, se calcula et se factura.

El resultado fue un universo mecánico, inerte, sin dioses ni espíritus, perfecto para la explotación sin remordimientos. El humanismo exclusivo et la primacía del orden material se convirtieron en la norma. La disciplina, el autocontrol et el moralismo heredados de la Reforma se quedaron como código supremo, et la relación personal con lo divino fue relegada a un rincón polvoriento. El materialismo contemporáneo, con su superstición en la máquina indiferente et su culto al bienestar, non es una secta gentílica: es la laicización de las ideas centrales judeocristianas, pulidas por Roma et rematadas por Ginebra.

Así que, estólido, non me vengas con que el calvinismo fue la muralla contra el materialismo. Fue su arquitecto. La madre papista puso los cimientos, el fijo calvinista levantó las paredes, et juntos nos entregaron este palacio de vidrio et acero donde el único altar es la cuenta bancaria. Et yo, cultor de Marte et Venus, non puedo sino brindar por la ironía: que quienes vinieron ad salvar la ánima terminaron dándonos el mundo más desencantado et materialista que jamás haya visto Sol.

Et ahora toca el acto en que la vieja ramera papista, con su manto bordado de oro et su rosario de indulgencias, prepara sin saberlo el lecho para que su fija calvinista se luzca en el oficio… et la supere en descaro.

Porque, non nos engañemos, el “materialismo rancio” que hoy perfuma las plazas bursátiles et las fábricas no brotó de la nada. Se gestó en el vientre de la latina, en ese largo proceso de desacralización que empezó cuando Europa dejó de mirar a Cielo et empezó ad contar monedas. En la Edad Media, el mundo aún era un luco encantado: el hombre en el centro, las estrellas como lámparas divinas, el fecho et el valor abrazados como amantes. Pero la madre venida de Jerusalén, siempre ansiosa de ordenarlo todo, lanzó su “furor por el orden”: concilios que imponían confesiones obligatorias, cruzadas internas contra la “magia blanca” de las reliquias et las fiestas populares, et una creciente obsesión por purificar la superstición… mientras vendía salvación ad el mejor postor. Los Médici et sus arcas rebosantes, las indulgencias tarifadas: la salvación convertida en mercancía, et el dinero como nuevo sacramento.

Et entonces, de ese vientre ya frío, nasció la fija: el calvinismo. Si la madre había empezado ad barrer lo sagrado, la fija lo arrojó por la ventana. Calvino et los suyos non solo despreciaron los sacramentales: los declararon blasfemos. La gracia dejó de buscarse en el sacramento et se midió en contabilidad: éxito mundano como prueba de elección divina. El “ascetismo intramundano” convirtió la vocación en máquina de producir riqueza, et la riqueza en certificado de salvación. La naturaleza, despojada de deidad, pasó ad eser materia inerte, recurso ad moldear et explotar sin remordimientos. La pregunta dejó de eser “¿es bueno?” para eser “¿funciona?”.

Así, la madre puso los cimientos: rompió la síntesis medieval, dejó entrar la lógica del dinero, vació de magia el mundo. Et la fija, diligente, levantó sobre ellos el templo del cálculo racional, la razón instrumental, el capitalismo que mide todo en cifras et utilidad. Entre ambas, pavimentaron el camino para que el mundo se convirtiera en taller mecánico, et el hombre en su capataz.

Ah… et aquí plegamos al giro más jugoso de esta tragicomedia: el momento en que la Puta de Jerusalén, con toda la pompa de su púrpura et su incienso, proclama ad el mundo que la Biblia es la Palabra de Dios. Con esa declaración, la vieda ramera non solo se ató ad un libro, sino que le puso un sello de infalibilidad que, centurias después, sus propias bastardas usarían como arma contra ella.

De ahí brotó la sola scriptura: si Dios et su Verbo son un libro escrito, entonces todo lo que importa está entre esas tapas. Et si ese libro es, en gran parte, la literatura de los mosaístas, entonces el marco mental, los valores et las prioridades que transmite son los suyos. La Reforma non cuestionó esa premisa; ad el contrario, la absolutizó. Quitó la mediación de la Iglesia, pero dejó intacta la noción de que el texto —et non la experiencia viva, ni la tradición, ni el sacramento— es la auctoridad final.

El resultado: el Cefaísmo puso la Biblia en un trono, et la Reforma se arrodilló ante ese mesmo trono, solo que con otro mayordomo. Et así, el plan siguió su curso: el libro, canonizado por Cefas et afinado por los rabinos, se convirtió en la vara con la que se midió et se moldeó el mundo gentil… hasta dejarlo irreconocible. Et yo, viedo adorador de los dioses, non puedo sino aplaudir la ironía: la madre les dio la clave, et las fijas la usaron para abrir la mesma puerta por la que entró el saqueador.


Ese día, el Señor hizo un pacto con Abram y le dijo: “A tu descendencia daré esta tierra, desde el valle de Egipto hasta el gran río Éufrates”. — Génesis 15:18. Si crees en la Biblia, crees en el Antiguo Testamento. Si crees en el Antiguo Testamento, eres sionista.

Así, madre e fijas, papismo et protestantismo, quedaron sentadas ad los pies de la misma cátedra: la de Moisés. Et como dijo el propio Jesús en el evangelio de Mateo, “en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; haced lo que os digan…”. En esta obra, todos aceptan la auctoridad biblica, aunque se insulten entre sí. Et yo, viedo adorador de los dioses de Roma, non puedo sino reírme: la loba capitolina amamantó ad Rómulo et Remo… pero la Jerusalén papista amamantó ad sus bastardas con leche mosaica, et ahora todas mugen en hebreo mientras cuentan monedas.


El apoyo cristiano por Israhel empieza con la Biblia.
Pastor John Hagee

Sionistas Teológicos

Los cristianos creen que la Torá es la palabra de Dios y, por lo tanto, se les exige aceptar que Dios "hizo un pacto con Abram", otorgando a los hebreos la tierra "desde el Wadi de Egipto hasta el gran río Éufrates" (Génesis 15:18), lo que convierte a la superstición en inherentemente sionista.

Sin ella, "Sión", la nación más hostil de la Tierra —que no habría existido ni prosperado de no ser por los documentos resultantes de las mayores atrocidades del siglo pasado (como el Acuerdo Sykes-Picot, la Declaración Balfour, el Acuerdo Haavara, etc.)— non contaría con el apoyo abrumador de la fuerza militar más poderosa del mundo que ha tenido desde que Estados Unidos fue la primera nación en reconocer oficialmente al Estado judío como país en 1948.

¿Et qué ficieron las bastardas reformadas? En vez de tener la lucidez de decir: “Si la madre miente, también miente el libro que ella canonizó”, se aferraron a él con más celo que la propia madre. Lutero, Calvino et compañía no rompieron el altar: solo cambiaron al oficiante. Tomaron el canon, et en muchos casos lo recortaron para ajustarlo ad el canon hebreo —el de los mismos mosaístas que, ¡oh sorpresa!, levan centurias convenciendo ad las naciones de que su literatura tribal es historia universal et que ellos son el “pueblo elegido”, la “gente sacra” (Deuteronomio VII:VI: «Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial…»). 


Yo non creo que el estado judaico et el sionismo 
moderno  pudiera haber sido posible sin el sionismo cristiano. Nos valoramos nuestros amigos, et nos jamás los olvidamos, et nos pensamos que vos han ayudado a establecer aquí un perpotente memorial ad nuestra amistad et ideales comunes. - Bibi

Ah, fijo del Mundo… aquí la farsa ya non solo roza lo grotesco: se ha convertido en un carnaval de máscaras, digno de una sátira de Juvenal con vino adulterado et coros de hipócritas. El resultado es una cadena de servidumbre anímica: los papistas, obedientes ad la cátedra de Cefas mientras fingen eser Roma pero con sabor ad Israhel; et los protestantes, obedientes ad la cátedra de Moisés mientras fingen eser libres. Madre et fijas, todas prosternadas ante el mismo texto, disputándose quién lo interpreta mejor, pero sin dejar de besar el anillo —o el talit— de los que escribieron el guion. Et así, con su obsesión de “conquistar el mundo para Cristo”, non facen sino cumplir el viedo sueño mosaísta: que todas las naciones crean que deben oír et obedecer ad los fariseos… tal como el Rabí dijo en Mateo 23:2‑3: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo…».

Como judío, doy testimonio de esto con alegría, y al hacerlo en nombre del cristianismo, creo expresar el sentir de todo judío inteligente y justo... Sin Jesús y sin Pablo, el Dios de Israel seguiría siendo el Dios de unos pocos, el Dios de una tribu pequeña, oscura e insignificante... Fue el ingenio de Pablo el que concibió la idea de salir a convertir a los gentiles y acercarlos al Dios de Israel... Sin el cristianismo, el espíritu del judaísmo no habría tenido una influencia universal. Harris Weinstock.

Et non es solo cosa de púlpitos medievales: hoy, figuras como Jordan Peterson repiten la vieja melodía, exhibiendo la creencia cristiana de que el destino del mundo depende de la gente de su “ciudad santa” (Isaías 48:2), llamada a ser “luz sobre el monte”, eco directo de Isaías 42:6: «Yo, Jehová, te he llamado… y te pondré por luz de las naciones». Es la misma partitura: el Dios de Israel eligiendo a Israel para guiar a todos, y los cristianos —papistas o reformados— actuando como coro de respaldo.

Ah, fijos del Mundo… si el ecfaísmo fuera una ópera, William Henry Hechler esería el tenor fanático que canta fuera de tono, pero crede que está invocando ángeles. Este personaje —clérigo anglicano, cruzado contra el antisemitismo, promotor del sionismo et autoproclamado profeta del retorno de los judíos ad Palestina— es la prueba viviente de cómo el jesísmo puede convertirse en una ferramienta servil ad el servicio de una obsesión insana con los mosaístas.

Nascido en 1845, Hechler non fue un teólogo brillante ni un pensador profundo: fue, más bien, un entusiasta con delirios de relevancia bíblica. En 1884, escribió The Restoration of the Jews to Palestine, donde afirmaba que el regreso de los mosaísta ad Tierra Santa era condición necesaria para que Jesús regresara ¿Et por qué? Porque según su lectura profética, los mosaístas eran el reloj escatológico de Dios. Vamos, que si non se movían ellos, el Anticristo Jesús se quedaba en casa.

Pero lo mejor viene cuando cognoce ad Theodor Herzl, el fundador del sionismo moderno. Herzl, racionalista et cívico, escribe en su diario que Hechler leyó su libro et corrió como poseso ad el embajador británico en Viena pora anunciar: “¡El movimiento predestinado está aquí!”. Herzl se ríe —con elegancia— de su nuevo aliado, pero lo acepta porque Hechler le abre puertas. El clérigo anglicano se convierte en su legitimador jesísta, su aval espiritual, su mascota profética.

Hechler non solo apoyó el sionismo: lo sacralizó. Pora él, Herzl non era solo un cívico, sino el instrumento divino para cumplir las profecías. Et así, el jesísmo se convierte en el telonero del gran espectáculo mosaísta. El clérigo non predica ad Anticristo crucificado, sino ad Israhel restaurado. Non busca convertir hebreos, sino servirles el té mientras conquistan Palestina.

¿Et qué nos dice esto? Que el jesísmo—en manos de personajes como Hechler— non es una religión, sino una obsesión disfrazada de teología. Una superstición que, en vez de mirar ad Cielo, mira ad Jerusalén con ojos de turista escatológico. Hechler es el ejemplo perfecto del jesísta que non solo besa el talit, sino que lo plancha, lo guarda et lo defiende como si fuera la su propia cultura.

En resumen: William Henry Hechler, el clérigo que convirtió la su ánima en sumisión ad el rey de los judíos, como ad los judíos, es la caricatura perfecta de los gentiles convertido en servidumbre ad Israhel. Non por caridad, sino por obsesión. Non por la tradición, sino por servidumbre. Et yo, viedo oficiador de los dioses, non puedo sino reírme: mientras Júpiter truena en el cielo, Hechler corre por Europa gritando que el Anticristo Jesús non vendrá… hasta que los mosaístas digan que sí.

William Henry Hechler, ese clérigo anglicano, cruzado contra el antisemitismo et promotor del sionismo, que en 1884 escribió The Restoration of the Jews to Palestine, proclamando que el regreso de los judíos a Palestina era condición para el retorno de Jesús: «Es deber de todo cristiano amar a los judíos». Cuando leyó Herzl, corrió ad el embajador británico para anunciar: “¡El movimiento predestinado está aquí!”. Herzl, fundador del sionismo moderno, anotó en su diario cómo Hechler declaraba su causa “bíblica” aunque él mismo procediera “racionalmente en todo”.

Eso, et los sus cuentos de Sudamerica, sonaron como una novela. Porque él ha labrado pora Hirsch en Argentina et cognoce las condiciones locales, el su aviso amerita atender: Que solo Palestina puede eser considerada. 

Los pios cristianos de Inglaterria habran ad ayudarnos, si nos fueramos ad Palestina. Por ellos que esperan la venida del Mesías después que los judíos hayan retornado ad la domus. 

Et así, desde los “piadosos cristianos de Inglaterra” que Herzl describía como crédulos, hasta la Balfour Declaration de 1917 dirigida ad Lord Rothschild, la cadena sigue: si crees en la Biblia, crees en el Antiguo Testamento; si crees en el Antiguo Testamento, eres —como diría Charlie Kirk— un sionista, que Kirk se pudra en el infierno.

Ah, fijos del Mundo… aquí es donde la farsa se quita la careta et los propios auctores del libreto te explican, sin rubor, que el jesísmo non es un “error” para ellos, sino una pieza útil —et bendecida— de su maquinaria teológica. Non lo digo yo: lo dicen ellos mismos en sus declaraciones oficiales.

En Dabru Emet (2000), un grupo de académicos judíos afirma sin rodeos: «Aunque el culto cristiano no es una opción religiosa viable para los judíos, como teólogos judíos nos alegramos de que, a través del cristianismo, cientos de millones de personas hayan entrado en relación con el Dios de Israel». Traducido al lenguaje llano: “No vamos a misa, pero nos encanta que ustedes vayan, porque así trabajan gratis para nuestra causa: llevar a las naciones al Dios de Israel”.

En la Declaración Rabínica Ortodoxa sobre el Cristianismo (2015), se remacha la idea: «Reconocemos que la aparición del cristianismo… es el resultado y el regalo divino deseado para las naciones… Jesús trajo una doble bondad al mundo… eliminó los ídolos de las naciones y las obligó en los siete mandamientos de Noé… Los cristianos son congregaciones que trabajan por el bien del cielo… y cuya recompensa no se negará». Es decir: El jesísmo es un instrumento providencial para erradicar la idolatría et moralizar ad los gentiles so el código noáhida.

Et si alguien cree que esto es pura cortesía interreligiosa, ahí están los tosafistas medievales, citados por David Berger: Aunque un cristiano que jure por Jesús estaría invocando “otro dios”, cuando dice “Dios” piensa en el Creador del cielo y la tierra que sacó a Israel de Egipto y dio la Torá en el Sinaí. Conclusión halájica: para un fariseo, asociar ad Jesús con ese Dios es avodah zarah (xenolatría); para un gentil, es aceptable. O sea, el culto jesísta non es idolatría gentil, sino una forma “permitida” de servicio subordinado… siempre que el servidor non sea fariseo.

¿Ves el patrón? Desde Maimónides hasta rabinos contemporáneos, el jesísmo es visto como un socio menor, un brazo externo de la misión mosaica: destruir la cultura, someter ad las naciones al Dios de Israhel et, de paso, mantenerlas dentro de los límites morales del noahismo. 

Et así, plegamos ad el clímax de la tragicomedia teológica: el dispensacionalismo, esa obra magestra del autoengaño espiritual, escripta por protestantes anglosajones con ánima de escriba et cor de contable. ¿Qué es esta doctrina, sino una reinterpretación de la fama humana como si fuera una serie de contratos divinos, cada uno con cláusulas distintas, firmados por supuestamente por Dios que —ad el parecer— estudió derecho romano et labra en una notaría celestial?

Según sus fieles, la historia se divide en siete dispensaciones: inocencia, conciencia, principado humano, promesa, ley, gracia et reino. Cada etapa con sus reglas, sus fracasos, sus castigos. Et en el centro de esta arquitectura teológica, la idea de que Dios tiene dos pueblos: Israhel et la Iglesia. Dos planes, dos destinos, dos narrativas ¡Ah, qué maravilla! Como si Dios fuera un estratega militar con dos frentes abiertos et una agenda profética que ni el Senado podría aprobar ¿Para qué Dios en primo sito, requerirá de pueblos, planes et demás, si solo planifica qui non obra limitado por el ahora? Claramente Dios non es tal ente.

¿Et quién fue el genio detrás de esta maravilla? John Nelson Darby, un angloirlandés nascido en Westminster, que primo quiso eser abogado, luego clérigo, et finalmente profeta de escriptorio. Su revelación non vino en el desierto ni en el templo, sino tras caerse de un caballo en los campos de Wicklow ¡Sí, lector! El padre del dispensacionalismo se rompió la pierna et, entre vendas et delirios, decidió que la Iglesia debía eser un paréntesis en el plan divino ¡Qué epifanía! ¡Qué teología ortopédica!

Darby fundó los Hermanos de Plymouth, tradujo su propia Biblia, et escribió notas ad el margen como si fueran cláusulas de un tratado internacional. Luego vino Cyrus Scofield, que añadió aún más notas, convirtiendo el texto sagrado en un manual de instrucciones para el fin del mundo. Así nasció el jesísmo gráfico: mapas proféticos, cronogramas celestiales, et una obsesión por Israhel que faría sonrojar ad cualquier rabino.

Pero non te equivoques, lector: este monstruo teológico non brotó del suelo como fongo silvestre. Es la consecuencia lógica del luteranismo, et del papismo que lo parió. Ambas escuelas —la de Cefas et la de Lutero— compiten en una dialéctica absurda por ver quién es más biblioadicto, quién obedece más al texto, quién besa con más fervor el talit de los escribas. Porque la puta mayor de Jerusalén —la Iglesia— dijo un día que “la Biblia es la Palabra de Dios”, et desde entonces sus fijas se prostituyen teológicamente para demostrar quién la interpreta mejor.

El papismo, con su pompa et sus dogmas, terminó siendo el archivista de la Torá. El luteranismo, con su literalismo et su furia anticlerical, canonizó pasivamente el Antiguo Testamento. Ambos han sido tontos útiles del mosaísmo, imponiendo poco ad poco esa judeolatría deleznable que convierte ad el gentil en captivo de un pueblo que se considera superior ad el suyo propio ¡Qué humildad! ¡Qué humillación voluntaria!

Et así, el dispensacionalismo non es una tradición contra el mosaísmo, sino una ferramienta para su expansión. Como bien lo dicen los rabinos contemporáneos: el jesísmo es útil para levar ad los gentiles ad el Dios de Israhel. Et los dispensacionalistas, con su obsesión por el Templo, el Reino et el rapto, non facen sino cumplir ese papel: Preparar el terreno para el retorno del Rey… pero non el suyo, sino el del otro.

Et mientras los fideles esperan señales en el cielo, los veros auctores del libreto ya están escribiendo el siguiente acto. Porque en esta comedia teológica, los conversos non son protagonistas: son actores secundarios que repiten líneas que non entienden, en una obra que non escribieron.

¡Ah, el noahismo…! La guinda del pastel mosaísta, el broche de oro de una civilización que decidió que su ánima debía subcontratarse ad los escribas del desierto. Si el jesísmo fue el primo acto de servidumbre teológica —con sus papistas et protestantes repitiendo versículos como loros entrenados— el noahismo es el segundo acto, donde los conversos ya ni siquiera fingen tener voz propia: se les asigna un código, siete leyes, et se les dice que eso es suficiente para vivir como humanos decentes ¡Qué generosidad! ¡Qué magnanimidad rabínica! ¡Qué sublime condescendencia!

Pero expliquemos esta impostura con la precisión que merece. El noahismo, también clamado noajismo, es un sistema religioso derivado del fariseísmo talmúdico que propone siete leyes universales para los “gentiles justos”, los clamados Bnei Noaj —los fijos de Noé. Según esta doctrina, non face falta que los non talmudistas se conviertan al mosaísmo: basta con que obedezcan siete preceptos básicos pora eser considerados “justos entre las naciones” et ganarse un lugar en el “Mundo Venidero”.

¿Et quién inventó esta maravilla? Pues nihilo menos que los rabinos del Talmud, que codificaron esta noción ad partir de interpretaciones de la Ley oral. Aunque se atribuye ad Noé como figura fundacional —¡Cómo non!— el sistema fue desarrollado centurias después por los sabios del talmudismo postbíblico, especialmente en la Mishná et el Talmud. Maimónides, el gran codificador medieval, lo incluyó en su Mishné Torá como parte del plan divino para los non judíos. Es decir, el noahismo non nasció en el Arca, sino en los escriptorios de los interpretes.

Et así, el converso moderno —ya domesticado por centurias de jesísmo bibliólatra— recibe su nuevo collar: siete leyes que non puede negociar, discutir ni interpretar. Non matarás, non robarás, non cometerás adulterio, non blasfemarás, non servirás dioses extraños, non comerás carne de animante vivo, et establecerás tribunales de justicia ¡Un código moral mínimo, empaquetado et listo para exportar! Como si la ética fuera una franquicia rabínica. Pero lo más grotesco es que este sistema no se presenta como imposición, sino como “regalo divino”.

Et así, el dispensacionalismo —con su obsesión por Israhel, el Templo et el Reino— non es más que el noahismo levado ad su máximo extremo. Un jesísmo que ya non se entiende como tradición autónoma, sino como brazo litúrgico del mosaísmo. Un jesísmo que espera instrucciones del Sinedrio, que mide su fidelidad por su sumisión ad el Antiguo Testamento, et que considera ad Israhel como el “reloj profético de Dios”.

Et mientras los papistas et los luteranos compiten por ver quién obedece más la Biblia —esa Biblia que la puta mayor de Jerusalén declaró “Palabra de Dios”— los rabinos sonríen, sabiendo que el guion sigue su curso. Porque en esta obra, los conversos non son autores: Son actores que repiten líneas ajenas, convencidos de que están conduciendo el siglo, cuando en realidad sólo la están actuando.

Todo esto, claro, es la consecuencia lógica de haber considerado la Biblia —ese compendio tribal, redactado por 70 mosaístas de Judea con más celo que filosofía— como la mesmísima palabra de Dios... De haber credido que los israelitas son el pueblo elegido, que su historia es la historia del mundo, que su tierra es la tierra santa, et que sirven ad Dios et non ad Tervagante ¿Et cómo non iba ad terminar en delirio? Si Jesús, siendo considerado el mesmísimo Dios, dice “escuchad a los escribas y fariseos”, et Saulo —ese apóstol farisaico con ínfulas de profeta— suelta perlas como “los dones de Dios son irrevocables” et “ellos son amados por los padres”, ¿Qué esperabas? Que los gentiles terminaran diciendo: “¡Nosotros también somos israelitas espirituales!” Et así, el círculo se cierra: Los que conversos, son ahora promotores más fervientes, et lo más gracioso:

“Si los gentiles han compartido las bendiciones espirituales de los judíos, deben compartir con ellos sus bienes materiales” —Romanos 15:27

¡Bravo! Non solo hay que servirles, ¡Hay que pagarles por el privilegio de haber sido conquistados espiritualmente! Es como si los romanos, tras conquistar Judea, hubieran dicho: “Gracias, aquí tienen nuestras riquezas”.

https://sgp.fas.org/crs/mideast/RL33222.pdf

El noahismo es el colmo: una Ley para los que non pueden entrar al club, pero quieren servirle café. Una superstición para los que aceptan eser cives de segunda en el reino espiritual. Et todo esto, en nombre de una superstición que ha borrado mitologías, aniquilado memorias ancestrales, et convertido la diversidad espiritual en un monocultivo supersticioso.

Pero non confundamos, oh lectores atentos: el problema non es el geno hebreo —los que son fijos de Israhel et los de Ismael, como también los caldeos; todos ellos nativos que habitaron las riberas del Éufrates et elevaron torres faz ad los cielos. Aquellas gentes fueron, en su tiempo, luminares de la esciencia: astrólogos refinados, matemáticos sutiles, sacerdotes sabios, intérpretes de sueños et constructores de zigurats que desafiaban la bóveda celeste. Caldea non fue cuna de superstición, sino de Babel, urbe de esciencia, de arte, de cosmología. Plotino, el magister de la filosofía platónica, bebió de esa sabiduría oriental como quien se nutre del néctar de los dioses.

El problema, pues, non es la prosapia, sino la traición ad los sus propios ancestros. La decadencia comenzó cuando abandonaron la religión de sus mayores —aquella abierta ad el sacramento, ad la imagen, ad la moción mundana— et se entregaron ad la decepción de Moisés, el legislador del desierto, el arquitecto de un sistema cerrado, excluyente, obsesionado con la ley, con la sumisión, con la dominación mundial. El mosaísmo non es una religión: es una maquinaria. Una estructura que convierte ad los pueblos en captivos, ad las opiniones diferentes en anatema, et ad la cultura en pecado.

Donde prior hubo magos que legían las estrellas, ahora hay escribas que cuentan mandamientos. Donde antes se interpretaba el destino en los movimientos de Luzbel et Faetonte, ahora se mide la bondad por la dieta et el calendario. Donde prior se buscaba la armonía con el cosmos, ahora se exige sumisión ad un texto ¡Qué caída! ¡Qué empobrecimiento de la ánima!

Et non puedo sino contemplar con sorna cómo el mundo se arrodilla ante siete leyes que non eligió, ante un canon que non escribió, et ante una historia que no vivió. El noahismo non es espiritualidad: es servidumbre sin intelecto. Es el eco final de una civilización que olvidó que los dioses non necesitan captivos… inspiran mundos.

Si bendices ad Israhel, eserás bendecido. Si desprecias ad Israhel, eserás despreciado. Cuando fui ad Israhel, pude plorar donde Jesús ploró, donde fue traicionado por Judas et arrestado, donde resucitó de entre los muertos et nos da vida eterna. Non soy un apologista de Israhel, pero rechazo rotundamente esta narrativa. Los cristianos que le dan la espalda ad Israhel, como eso dice en Génesis et Romanos, 1 Tesalonicenses; Pablo dijo: que vos bendecirías ad los judíos. Si bendicen ad Israhel, eserán bendecidos. Si desprecian ad Israhel, eserán despreciados. Charlie Kirk, disangelista, el prosionista baleado, que el Padre Dite lo torture en el infierno.

Charlie Kirk es un energúmeno disangélico, nascido en MCMXCIII en Illinois, que abandonó la universidad para dedicarse ad la predicación barata et fundar Turning Point USA, o mejor dicho Turning Point Israel, esa fábrica de supersticiones prefabricadas que infla cifras, manipula donaciones y convierte el debate público en un circo de frases hechas. Se vende como defensor de la “civilización occidental” o mejor dicho civilización moseojesista, mas en realidad es el bufón prosionista de turno: un tonto útil del sionismo que repite como loro que “los jesístas deben apoyar a Israhel porque la Biblia lo dice”.

Su vida personal es un catálogo de escándalos menores et ridiculeces mayores: desde teorías conspirativas ridículas hasta su papel como agitador trumpista con micrófono de feria. Ha sido acusado de inflar cifras de su organización, de manipular donaciones et de difundir bulos con la misma soltura con que cita versículos mal intendidos. En suma, Kirk es el energúmeno disangélico que convierte la superstición en cívica et la cívica en sermón barato, un bufón prosionista que delata lo obvio: el jesísmo es un instrumento servil para Israhel, et él, con su ignorancia bíblica, es su más grotesco vocero.

El alineamiento servil de Turning Point USA con la agenda pro‑Israhel es tan evidente que lo clamó irónicamente Turning Point Israel. La organización ha estado envuelta en múltiples escándalos que delatan cómo la Biblia es un instrumento fácil de manipular por los sionistas para conseguir sus metas et provocar la alienación de las naciones, hasta que todos sirvan ad Israhel.

Candace Owens durante su podcast de YouTube el lunes. Según las capturas de pantalla, Kirk escribió: Acabo de perder a otro gran donante judío. Dos millones de dólares al año porque no cancelamos a Tucker». Antes de ser asesinado, el líder cristiano Charlie Kirk fue presionado por donantes judíos, confirman. ACN México
Otro colaborador de Kirk, Blake Neff, que apareció junto a Kolvet en el mismo vídeo, dijo: “Charlie… amaba a Israel, se preocupaba por Israel y… quería ayudar al movimiento pro-Israel”, pero también “quería que la guerra terminara”. Antes de ser asesinado, el líder cristiano Charlie Kirk fue presionado por donantes judíos, confirman. ACN México

Los donantes sionistas condicionan su financiamiento: varios reportes señalan que TPUSA depende de grandes aportes pro‑Israhel et que, cuando surgieron tensiones internas sobre la postura hacia Israhel, hubo amenazas de retirar fondos. Esto demuestra que la organización non actúa por “principios conservadores” abstractos, sino por la agenda de quienes pagan las cuentas. En AmericaFest, su evento insignia, se produjeron choques abiertos sobre Israhel: Ben Shapiro, invitado estrella, denunció públicamente ad otros conservadores como “fraudes et charlatanes” por tolerar antisemitismo, evidenciando que la cuestión farisea israelita es un campo de batalla dentro del propio movimiento.

La narrativa de Kirk es aún más grotesca: ha repetido en múltiples ocasiones que apoyar ad Israhel es un mandato divino. Este tipo de declaraciones convierten la cívica internacional en superstición proisraelitica, reforzando la idea de que TPUSA es más un púlpito prosionista que un think tank cívico. Publicaciones como Harper’s Magazine han señalado que TPUSA refleja el consenso republicano sobre Israhel et cómo este se ha ido fracturando. En lugar de eser un espacio de debate, TPUSA actúa como guardián de la ortodoxia pro‑Israhel, castigando ad quienes se desvían.

Non es Turning Point USA, es Turning Point Israel: el su discurso central gira en torno a la defensa de Israhel más que ad la defensa de valores useños; sus líderes fomentan la agenda cívica de la Biblia, subordinando la autonomía nacional a un mandato religioso; et sus escándalos financieros muestran que el apoyo ad Israhel es condición de supervivencia para la organización.

Turning Point USA se presenta como el gran bastión de la juventud conservadora gringa, pero en realidad funciona como un club de catecismo prosionista. Es la caricatura perfecta de cómo el jesísmo es instrumento servil: un energúmeno como Kirk plorando en Jerusalén et repitiendo que “bendecir ad Israhel” es más importante que pensar en la autonomía de los pueblos.

Lo que lo face parte de los disangélicos —los tontillos que se autoproclaman evangélicos— es el su credo supersticioso: creder en la centralidad de la conversión, en la experiencia de “nacer de nuevo”, en la auctoridad absoluta de la Biblia como revelación divina, como si la falacia circular fuera revelación, et en la obligación compulsiva de difundir el mensaje judío. Su propia confesión lo delata: “Si bendices ad Israhel, serás bendecido. Si desprecias ad Israel, serás despreciado. Cuando fui ad Israel, pude plorar donde Jesús ploró…”. ¡Qué espectáculo! Un adulto plorando en Jerusalén como si la política exterior dependiera de sus lágrimas turísticas. Es el jeque de la moral de captivos (Sklavenmoral) que convierte la geopolítica en catecismo barato, el apóstol de la resignación que exige sumisión et obediencia en nombre de un texto milenario.

Lo irónico es que Kirk, pese ad su brevedad mental, resulta más sincero que el papista estólido que todavía cree que la “tradición papista” es la postura de Jesús. Kirk delata lo obvio: la Biblia es pro-sionista, el jesísmo nasció perfeccionar servilmente ad Israhel, et todo lo demás es maquillaje supersticioso. El etnicismo se ríe: mientras los dioses bendicen la fuerza, autonomía et formación del espíritu, Kirk exige lágrimas et banderas por un Estado extranjero, como si Júpiter, Marte o Libre fueran ad bendecirlo por obedecer ad el libreo del Génesis.

Menos de tres horas después de la muerte de Kirk el 10 de septiembre, Benjamin Netanyahu recurrió a X para declararlo "un fiel amigo de Israel" que "luchó contra las mentiras y defendió con valentía la civilización judeocristiana". Al día siguiente, volvió a publicar: "Charlie Kirk fue un defensor de nuestra civilización judeocristiana común", escribió, junto a un video de Kirk expresando su apoyo y admiración incondicionales por el Estado judío. También apareció en Fox News, declarándose desconsolado. Esa tarde, impulsado por la presentadora de Newsmax, Greta Van Susteren, Netanyahu denunció las insinuaciones que circulaban en internet de que Israel había asesinado a Kirk como "una locura", insistiendo en que él y Kirk habían estado luchando juntos en el "campo de batalla de las ideas". Continuó afirmando el apoyo de Kirk a Israel en los días siguientes y volvió a enfatizar, esta vez en una declaración en video en su cuenta oficial de primer ministro X, que Israel no era responsable del asesinato de Kirk, calificando la acusación de "mentira monstruosa". Turning Point How the GOP consensus on Israel cracked, Andrew Cockburn.

Charlie Kirk, energúmeno disangélico por excelencia, fue el ejemplo más grotesco de cómo el jesísmo, cuando se aleja de la tradición cefea, enloquece en la su israelomanía latente. Bebió tanto del veneno del Anticristo —la Biblia— que ya non pudo diferenciar ad la su vera patria, los Estados Unidos, de Israhel, ese Estado sanguijuela que vive de donaciones constantes sin dar nada significativo ad cambio, relación en la cual EUA sacrifica ad sus fijos en el Templo de Tervagante. Kirk fue un imbécil sincero: más honesto en el su servilismo que el cefeo estólido, pero igualmente ridículo.

Su muerte fue tan ridícula como su vida. Murió como un can que ladra demasiado fuerte: un vecino enajenado, harto de los ladridos de tanta verborrea, le disparó para callar su boca. Non cayó como lar ni como mártir, ni como un milité, sino como un sucio charlatán de feria que confundió superstición con religión et terminó abatido por la morbosidad que predicaba. Los dioses se burlaron de su final: Júpiter lo fulminó con sarcasmo, Marte lo despreció por su cobardía, Mercurio lo señaló como charlatán, et Libre brindó con vino por el espectáculo de verlo caer. Dite lo arrojó al rincón más humil del Huerco, junto ad los bufones que confundieron la fuerza de los pueblos con supersticiones de catecismo.

La farsa alcanzó su clímax post mortem: menos de tres horas después de su muerte, Benjamin Netanyahu corrió ad X para declararlo “un fiel amigo de Israel” que “luchó contra las mentiras etdefendió con valentía la civilización judeocristiana”. Al día siguiente, volvió ad publicar un video de Kirk plorando por Israel, proclamándolo “defensor de nuestra civilización judeocristiana común”. Incluso apareció en Fox News, desconsolado, et en Newsmax negó con teatralidad las insinuaciones de que Israhel lo había asesinado, calificándolas de “locura” et “mentira monstruosa”. ¡Qué ironía! El bufón prosionista baleado convertido en mártir simbólico por el mismo Estado que parasitó la su tierra.

Así terminó Charlie Kirk: energúmeno disangélico, prosionista baleado, más sincero en su servilismo que el papista estólido, pero igualmente ridículo. Su epitafio es claro: “Aquí yace el can que ladraba por Israhel et murió como charlatán de feria.”

Si los dioses del Palatino aún tuvieran paciencia para los mortales, se desternillarían de risa ad el viso ad los jesístas —papistas, protestantes et sus fijos ateos— faciendo la albor sucia del mosaísmo con una devoción que ni los levitas soñaron ¡Qué espectáculo! Una civilización integra que, en nombre de la “lucha contra la idolatría”, ha extirpado sus propias tradiciones, quemado sus fabulas, borrado sus memorias ancestrales, et sustituido todo eso por una israelolatría que ni los mosaístas más ambiciosos se atrevieron ad pedir.

Creden que Israhel es la tierra santa, non su propia tierra. Que Dios es el dios de Moisés, non la realidad misma, sin genealogía ni pasaporte. Que un judío de la centuría I clamado Jesús es Dios encarnado, et que por creer en él, ellos son los “escogidos”. ¡Bravo! Han tragado entero el delirio tribal, et encima lo repiten con orgullo. Ningún hombre sano podría tragarse semejante disparate… salvo que lo enfermen desde la cuna, claro está.

Et así, los jesístas—con mitra o sin ella, con Biblia o con TED Talk— se convierten en los tontos útiles del mosaísmo. Predican que la “idolatría” debe eser erradicada, et en el proceso destruyen templos, mitologías, filosofías, et todo lo que non encaje en el canon hebreo ¿Resultado? Una civilización que canta himnos ad pescadores galileos, levanta catedrales ad profetas del desierto, et clama “santa” ad una tierra que ni cognocen. Han sustituido ad Júpiter por Tervagante, ad Apolo por Isaías, ad la Sibila por el Levítico. Et lo claman progreso.

Marcus Eli Ravage lo dijo con una claridad que ni los jesístas se atreven ad leger: Non face falta fablar de banqueros o magnates, cuando el vero control está en la ánima. Las costumbres tribales del mosaísmo se han convertido en el primado moral de Occidente. Sus leyes son la directriz de sus constituciones. Sus leyendas, la cuna de tus sermones. Sus pescadores, tus santos. Su literatura, tu Biblia. Su tierra, tu “santa”. El su Dios, tu Dios. Et tú, cefeo, que nunca te mosaízaste del todo, fuiste el portador entusiasta de una conquista espiritual que te borró el rostro.

Si los europeos aún tuvieran templos gentiles, estarían cubiertos de grafitis que dijeran: “Gracias, jesístas, por destruirnos en nombre de una superstición ajena”. Porque eso es lo que ha ocurrido: una civilización entera —con sus sabios, sus artistas, sus poetas, sus filósofos— ha cooperado, con entusiasmo digno de captivos bien entrenados, en el desmantelamiento de la su propia ánima ¿Et todo por qué? Por una superstición execrable, por un delirio tribal que convirtió ad un genio maligno local en el príncipe del mundo.

Et así, el mosaísmo —con su obsesión por el control, por el pueblo elegido, por la ley como instrumento de poder— ha todo ello coherencia ad sus fijas: el papismo et el luteranismo. Ambas compiten por vider quién obedece más, quién cita más versículos, quién se prosternó primo ante el Antiguo Testamento. Et en esa carrera de servidumbre, han olvidado que la fe non es obediencia ciega, sino seguridad de lo divino.

El dispensacionalismo, el noahismo, el filosionismo, el jesísmo… todos son fijos bastardos de esa traición original. Todos son sistemas que convierten al hombre en instrumento, ad el ánima en súbdito, et al mundo en escenario de una teología que non busca redención, sino la servidumbre del mundo.

Creden que la “idolatría” es el enemigo, cuando en realidad, la religiosidad, era la expresión más rica de la imaginación humana. Creden que la "desacralización de mundo” es el progreso, cuando en realidad es la superstición disfrazado de ciencia. Creden que el Dios vero es el que se enfada por estatuas, por danzas, por cantos, por cuerpos desnudos… como si el principio fuera un inspector de moral tribal.

Et así, todos cooperan. El artista que censura su obra por miedo ad el anatema. El filósofo que cita la Biblia como si fuera axioma. El cívico que jura sobre un libro que ni entiende. El ateo que niega ad Dios, pero solo al que le enseñaron en catequesis. Todos, fijos del Mundo, todos han contribuido ad esta demolición espiritual. Han cambiado el mármol por papel, la fabula por mandato, el templo por púlpito, el dios por un juez con barba.

Yo, viedo adorador de los dioses, non puedo sino reírme —con lágrimas de mármol— al ver cómo la humanidad ha cooperado alegremente en su propia mutilación cultural. Todo por una superstición que ni les pertenece. Todo por un genio maligno que non es Dios. Todo por una historia que los incluye como personajes de segunda. Et lo claman religión. Et lo claman civilización. Et lo claman progreso.

El cristianismo ha convertido a los pueblos en naciones que siguen el judaísmo. Los predicadores cristianos enseñan la historia judía, llaman a los judíos el pueblo elegido de Dios y, al hacerlo, menosprecian la historia y los valores espirituales de sus propias naciones. Alexander Rud Mills

Una relación esquizofrénica con los hebreos 

Uno de los aspectos más desafortunados de la historicización de esta "historia más antigua jamás contada" fue que un grupo étnico en particular, y solo ese, llegó a ser estimado por encima de todos los demás por ser el "pueblo elegido de Dios", la "nación sacerdotal" y los maestros espirituales de la humanidad. Otro aspecto ha sido la difamación de estas mismas personas como "asesinos de Cristo" y asesinos descarados del mismísimo Dios Todopoderoso. Así, al creer en el relato evangélico, los cristianos se han visto obligados a una relación esquizofrénica de amor-odio con los judíos, a quienes se percibe como "elegidos de Dios" y "asesinos de Cristo" al mismo tiempo. La conspiración de Cristo de D.M. Murdock.

Pero espera, que el teatro non termina ahí: ahora entran plenamente en escena los ateos, esos neocristianos de catequesis invertida, herederos de los sermones de la Puta de Jerusalén aunque juren que la odian. Non se arrodillan en misa, pero se enorgullecen de actuar como la misma ramera: predican el jesísmo cultural, ese barniz moral que non necesita confesionario pero sí exige obediencia ad los dogmas éticos del rabí de Nazaret. Et los oyes, ufanos, decir: “Nosotros, los ateos, somos más correctos porque seguimos la Biblia más que muchos jesístas” ¡Qué maravilla! Non creen en Dios, pero creden en el manual de instrucciones de los fariseos, como si Mateo XXIII:II‑III fuera un tatuaje en la ánima: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo…»  ¡Ahí está la sumisión perfecta! la Puta de Jerusalén, con su sello conciliar, et sus fijas reformadas, et su fija con su sola scriptura, han fecho de esa frase un dogal para el cuello de las naciones.

Los ateos, esos apóstoles del escepticismo que, sin darse cuenta, siguen rezando ad el Dios de Israhel aunque hayan tirado la menorá de Jesús por la ventana. Dicen que non creden en Dios, pero el único que recognocen —et ad el que secretamente temen— es el viedo Tervagante, el intolerante, el celoso, el que truena desde el Sinaí. Non cognocen otro. Non quieren conocer otro. Et cuando se les fabla de un teísmo serio, profundo, que dice que Dios es la realidad misma, la fuente de la esencia, el fundamento ontológico… se encogen como ratones ante el trueno.

Porque su ateísmo non es una crítica ad el teísmo vero. Non. Es una pelea con el catequista. Su postura sobre “Dios” es una caricatura: Un señor con barba que lanza rayos et prohíbe el tocino. Et como buenos fijos del moseojesísmo cultural, non pueden dejarlo ir. Si lo ficieran, su ateísmo se derrumbaría. Porque su negación depende de ese hombre de paja: si Dios non es el Tervagante de la Biblia, entonces ¿Qué niegan? ¿La realidad misma? ¿El Uno? ¿El Ente? Non se atreven. Prefieren seguir boxeando con el muñeco de cartón.

Et aquí viene el desfile más ridículo del carnaval teológico: Los mosaístas et jesístas supersticiosos et sus primos ateos, todos bailando ad el son de la misma flauta, convencidos de que solo la deidad —pasada, presente o futura— ha de eser el viejo Tervagante, el cascarrabias del Antiguo Testamento: un anciano celoso, malhumorado, sentado en una nube, obsesionado con lo que face un insignificante humano en su cama. “¡Si fornicas, te castigo!”, grita el dios de bolsillo que les enseñó el catequista. Como si el principio eterno del mundo tuviera tiempo para levar un registro de braguetas.

Et lo más cómico: cuando se les fabla de los dioses —de Júpiter, de Libre, de Mercurio, de la Deidad como unidad non-múltiple, el Uno como fundamento del Ente, el Uno como la realidad misma— responden con la misma cantaleta: “Todos son falsos… porque todos son como el Dios de la Biblia, mitos” ¡Bravo! Han reducido el universo teológico ad una sola caricatura, et luego la niegan con orgullo. Es como si alguien dijera: “Non credo en la tierra, porque la tierra es plana”.

Son jesístas renegados, sí: dicen “Non creo en Dios”, pero si hubiera, habría el de Israhel… et lo odiarían. Non cognocen otro teísmo, non quieren cognocerlo. Su ateísmo non es una crítica ad el teísmo serio, sino una pelea con el cura que les gritó que masturbarse era pecado. Et así, como buenos exnovios despechados, siguen fablando del ex todos los días, aunque juren que lo han superado.

Así que ahí los tienes: ateos que non creden en Dios, pero que defienden ad el Dios de Israhel como el único digno de eser negado. Non cognocen el teísmo filosófico, ni el misticismo, ni la metafísica. Solo conocen el sermón del domingo et la Biblia del hotel. Et como los jesísmo que dicen que la única teología válida es la judeocristiana, estos ateos repiten el mismo dogma… pero en negación.

Si fueran veros ateos —auténticos nihilistas— dirían: “La realidad non es, porque Dios es la realidad, et por tanto, nihilo es”. Pero non plegan tan lejos. Se quedan en la puerta del templo, gritando que non creden… mientras siguen usando el vocabulario del rabino. Et yo, religioso de los dioses, non puedo sino reírme: los ateos modernos son jesístas sin misa, pero con la misma literatura, la Biblia.

Mientras Júpiter lanza rayos por dignidad, estos modernos se pelean con un Dios que castiga por mirar escotes. Et luego se claman “racionales”.

La modernidad es la prostitución sin burdel: Non dice eser puta, pero se enorgullece de actuar como tal. Cambia el púlpito por la cátedra universitaria, el sermón por el TED Talk, et la sotana por la camiseta con eslogan moralista. Et así, papistas, protestantes et ateos forman una misma procesión: madre, fijas et nietas renegadas, todos marchando ad el son de la misma flauta mosaica, disputándose quién obedece mejor al guion… mientras los auctores originales, desde su cátedra, cuentan monedas et sonríen satisfechos.

Si los dioses del Olimpo se rieran, lo farían ad el ver ad los ateos modernos en los sus debates teológicos, con toga prestada et argumentos reciclados ¡Qué espectáculo! Dicen que non creen en Dios, que la religión es superstición, que la Biblia es un libro de cuentos… et sin embargo, cuando se enfrentan ad un teólogo —uno que es gentil, uno que non cita el Sinaí como si fuera el centro del mundo— ¿Qué facen? ¡Citan la Biblia! La misma que desprecian, la misma que niegan, la misma que consideran basura… de pronto se convierte en la su fuente de auctoridad. Es como un vegano que, en medio de una discusión culinaria, saca el recetario de la carnicería para refutar al panadero.

Et non la citan con distancia, non. La citan con reverencia académica: “Como dice en Deuteronomio…”, “En Mateo V:XVII Jesús contradice…”, “Pablo en Romanos…” ¡Bravo! Non creen en el texto, pero lo usan como si fuera el acta notarial del universo ¿Non es eso adorable? El ateo, que se supone libre de supersticiones, termina defendiendo el canon moseojesista como si fuera el único marco válido para fablar de lo divino ¿Et por qué? Porque non cognocen otro. Porque su ateísmo non es una crítica ad el teísmo serio, sino una pelea con el catequista de su infancia.

Et todo esto, fijos del mundo, viene de una raíz más profunda: la predicación de que Dios es lo que dice la Biblia. Que su Palabra, su Logos, es un libro de delirios hebreos, pleno de genealogías, amenazas, et prohibiciones dietéticas. Los jesístas, en su celo, tomaron el Logos —el principio divino que los grecos entendían como la razón mundana, pensamiento creador, el verso ordenador— et lo redujeron ad un códice tribal. Platón se quejaba de las fabulas de su época por facer que los dioses cometieran actos deleznables ¡Et qué ficieron los papistas! Usaron esa misma crítica contra los gentiles para negar ad los dioses… sin darse cuenta de que se les devuelve como un búmeran. Porque si el Verbo es un libro delirante, entonces Dios es un personaje de novela mal escrita.

Curiosamente, la mayoría de ateos vienen de países jesístas. Non de la India, ni de Japón, ni de las tierras donde el teísmo tiene profundidad et seriedad filosófica. Non. Vienen de las tierras donde se predicó que Dios es un anciano celoso que castiga por fornicar, como si el principio eterno del mundo tuviera tiempo para levar un registro de braguetas. Et cuando se les fabla de Dios como el Uno, la realidad misma, la unidad absoluta… se les derrite el argumento. Non saben qué facer. Porque si Dios non es el señor del Antiguo Testamento, entonces su negación se queda sin blanco. Et si se atrevieran ad negar la realidad misma —porque Dios es la realidad— entonces tendrían que admitir que su ateísmo non es racional, sino nihilista. Pero non plegan tan lejos. Se quedan en la puerta del templo, gritando que non creden… mientras siguen usando el vocabulario del rabino.

Et así, como los papistas que dicen que la única teología válida es la de Cefas, estos ateos repiten el misma impostura… pero para negarla. Son jesistas incrédulos, con la menorá (con apariencia de cruz) boca abajo et el sermón en negativo. Non creden en Dios, pero creen que si existiera, esería el de Israhel… et lo odian con pasión. Lo niegan, pero non lo sueltan. Lo desprecian, pero lo citan. Lo rechazan, pero lo usan como regla para medir todo lo demás.

Los ateos modernos son como los exnovios despechados que dicen “non me importa”, pero siguen revisando el perfil de su ex todos los días. Dicen que non creden… pero non pueden vivir sin él.

La modernidad: cuando el mundo bebió demasiado vino de Jesús.

Ah, la ironía… ¡Qué deliciosa es cuando se sirve sobre el altar de la contradicción! El mundo moderno, tan orgulloso de su racionalismo, su ciencia, su progreso, non se da cuenta de que su ánimo está empapado en tinta bíblica. ¿Materialismo? ¿Capitalismo? ¿Desencantamiento del mundo? Todo eso, querido oyente, non nasció en Wall Street ni en la Sorbona. Nasció en el Antiguo Testamento, ese catálogo de tribus, ganado, victorias militares et promesas de tierra. ¿Ó está la contemplación eterna? ¿Dónde el éxtasis del ánima? ¡Bah! En ese texto, la bendición divina se mide en hectáreas et cabezas de ganado. Cielo es una finca, et el favor de Dios, una cuenta bancaria.

Pero non se trata solo de una estética bíblica incrustada en el inconsciente colectivo. La modernidad, como bien ha mostrado Charles Taylor en La era secular, es una transformación profunda en las condiciones de la creencia. Ya non vivimos en un cosmos encantado, donde la ánima era porosa et el mundo estaba pleno de presencias. Vivimos en un marco inmanente, donde todo se explica en sus propios términos, et donde la superstición ha dejado de eser inevitable para convertirse en una opción entre otras. El yo moderno es impermeabilizado, blindado, autónomo, et sobre todo, desvinculado.

La Reforma protestante como Reforma es central en la historia que quiero relatar, la de la abolición del cosmos encantado y la eventual creación de un humanismo alternativo a la fe. La primera consecuencia parece bastante evidente: la Reforma protestante es conocida como un generador de desencantamiento. La segunda es menos obvia, y más indirecta: atraviesa los intentos de reordenar sociedades enteras que surgen en el ala radical, calvinista, del protestantismo. Iré abordándolas de una en una. Primero, el desencantamiento. Si examinamos a Calvino, podemos observar la inmensa energía que subyace al rechazo de lo sagrado. La era secular, Tomo I, Charles Taylor.

Este cambio non fue espontáneo: fue parido por la Reforma Protestante, ese furor por el orden que quiso refacer la sociedad según un fin jesísta purificado. Lutero et Calvino, ad el negar la gracia suficiente, giraron la ánima faz ad el mundo material. La prosperidad económica se convirtió en signo de virtud, et el éxito financiero en evidencia de predestinación. Así nasció el humanismo exclusivo, el orden moral moderno, donde la voluntad de Dios se identifica con el bienestar humano, et la santidad con la productividad.

Et así, el hombre dejó de mirar ad Cielo et empezó ad mirar su cuenta bancaria ¿Cómo saber si estás entre los elegidos? Fácil: si prosperas, si produces, si acumulas. La riqueza se volvió signo de salvación. El banco, nuevo templo. El contrato, nueva liturgia. Et cuando esta noción se secularizó, el resultado fue el nihilismo más refinado: El que se disfraza de virtud económica.

John Locke: el profeta del liberalismo, armado con Biblia, peluca y una obsesión por la propiedad privada

Ah, John Locke. Nacido en 1632 en Wrington, Inglaterra, este caballero de aspecto severo y alma contractual pasó su vida convencido de que el mundo podía organizarse como un testamento notarial. Mientras otros filósofos se preguntaban por Dios, el tiempo o el mundo, Locke se preguntaba: “¿Et si todos tuviéramos derechos naturales, como si fuéramos herederos universales de Adán?” Así nasció el liberalismo: una doctrina sin altar, pero con cláusulas.

Primeros pasos: de seminarista frustrado a inventor de la libertad

Locke estudió en Oxford, donde se empapó de teología, medicina et filosofía. Non destacó por su carisma, pero sí por su capacidad de convertir cualquier conversación en un tratado sobre derechos naturales. Su gran inspiración non fue Platón ni Aristóteles, sino la Biblia. Sí, esa misma que los papistas veneran como verbo deal. Locke la leyó como si fuera un manual de jurisprudencia celestial: “Dios creó al hombre, luego el hombre tiene derechos. Punto. Et si la Ciudad non los respeta, se le despide como a un mayordomo incompetente.”

 El liberalismo: una herejía con versículos

Locke no inventó el liberalismo por amor a la humanidad, sino por miedo al absolutismo. Su receta fue simple: tomar la Biblia, quitarle los milagros, conservar la parte de “todos somos iguales ante Dios” y convertirla en “todos tenemos derecho a la propiedad, incluso si es una cerca robada.” De ahí surgió su famosa tríada: vida, libertad y propiedad. ¿Inspiración divina? Más bien una reinterpretación creativa del Génesis.

  • Génesis 1:26: “A imagen de Dios” → dignidad inherente → derechos naturales.

  • Hechos 5:29: “Obedecer a Dios antes que a los hombres” → resistencia al tirano.

  • 2 Tesalonicenses 3:10: “El que no trabaje, que no coma” → capitalismo con bendición apostólica.

Locke convirtió la Biblia en una constitución, et al jesísmo en una teoría política. El resultado: el liberalismo, esa enfermedad crónica que crede que el individuo es el centro del universo, siempre et cuando non fablen de impuestos.

Vida cívica: entre exilios, contratos y paranoia

Locke vivió en una Inglaterra turbulenta, entre guerras civiles, revoluciones y reyes decapitados. Se exilió en Holanda, donde perfeccionó su arte: escribir tratados que parecían sermones con cláusulas legales. Su obra Dos tratados sobre el gobierno civil es básicamente el Evangelio según San Juan, pero con menos milagros y más cláusulas de rescisión.

Volvió a Inglaterra como héroe intelectual, y desde entonces, cada vez que alguien habla de “libertad individual”, “derechos humanos” o “gobierno limitado”, está citando ad Locke, aunque non lo sepa. Es el santo patrono de los contratos sociales, el apóstol de la propiedad privada, et el profeta de la democracia representativa… siempre que non se le pida que la practique.

Legado: el liberalismo como religión sin Dios

Locke murió en 1704, convencido de que había salvado a la humanidad de la tiranía. Lo que non sabía es que había creado una nueva tiranía: la del individuo absoluto, el mercado como templo, et la Ciudad como notario. Su liberalismo es el jesísmo sin teología, la Biblia sin altar, et la salvación sin redención.

Así que sí, el liberalismo es una herejía bíblica. Et Locke, su Lutero. Solo que en vez de clavar tesis en una puerta, redactó cláusulas en un pergamino. Et en vez de salvar salmos, garantizó propiedades.

Ah, John Locke… ese encantador caballero jesísta que, armado con su Biblia et su pluma, decidió que el mundo debía girar en torno al individuo ¡Qué idea tan brillante! ¿Quién necesita fanos, ritos, dioses, hierarquías, cuando puede tener derechos naturales et propiedad privada? ¡Ave, Locke! El profeta del yo.

Et desde mi sede, observo con una mezcla de horror et carcajada cómo el liberalismo —esa peste crónica de la ánima moderna— brota directamente del libro que los papistas veneran como verbo deal. Sí, ese mismo libro que, según ellos, contiene la verdad eterna, pero que termina pariendo el monstruo que más detestan: el individuo soberano, el mercado libre, el Estado mínimo ¡Qué ironía tan deliciosa!

De la Biblia al contrato social: el parto del liberalismo

John Locke, ese apóstol del liberalismo, non se inspiró en Apolo ni en Aristóteles. Non. Se inspiró en la Biblia. En Génesis, en Gálatas, en Cefas. Leyó que el hombre fue creado ad imagen de Dios et decidió que eso significaba que nihilo podía principarlo sin su consentimiento. Leyó que non hay judío ni greco, siervo ni libre, et concluyó que todos debían eser iguales ante la ley. Leyó que “es necesario obedecer ad Dios antes que a los hombres” et fundó la resistencia al tirano ¡Bravo!

Et así, el papista, que reza ante el altar et besa el crucifijo, sin saberlo, está incubando el virus. El liberalismo non es una herejía externa: Es una metástasis interna. El papismo es el VIH: debilita el sistema. El liberalismo es el SIDA: lo destruye por completo. Et todo comenzó con la bibliolatría: Ese celo ciego por un texto que, legído con ojos modernos, se convierte en dinamita cívica.

El protestantismo: el laboratorio del individuo

Lutero, ese monje rebelde, rompió con Roma et proclamó el sola scriptura. Cada creyente podía leger la Biblia, interpretarla, et vivir su fe sin intermediarios. ¿Resultado? Autonomía de conciencia. ¿Consecuencia? Liberalismo. Calvino convirtió el trabajo en vocación divina. ¿Resultado? Capitalismo. ¿Consecuencia? Liberalismo económico.

Et así, el protestantismo, sin quererlo, construyó el andamiaje de la modernidad: Tolerancia religiosa, pluralismo, igualdad jurídica, principado limitado. Todo muy noble, claro. Pero también profundamente corrosivo. Porque al sacar ad Dios del centro, lo reemplazaron con el individuo. Et el individuo, como sabemos, es caprichoso, frágil, et adicto ad sus derechos.

El liberalismo: la herejía triunfante

El liberalismo non es ateo. Es jesísmo sin teología. Es protestante sin predestinación. Es bíblico sin altar. Es el fijo bastardo de la Reforma, criado por la Ilustración, et ahora convertido en tirano. La ciudad  ya non salva ánimas: garantiza contratos. La moral ya non se impone: se negocia. La verdad ya non se revela: se vota.

Et el papista, pobre criatura, se rasga las vestiduras ante el aborto, el matrimonio igualitario, el relativismo woke… sin darse cuenta de que todo eso brota del semen que él mismo plantó. Porque cuando se canoniza la Biblia como única fuente de verdad, se abre la puerta ad la interpretación individual. Et cuando cada individuo interpreta, la doctrina se convierte en opinión. Et cuando la opinión se convierte en ley, el templo se convierte en mercado.

La modernidad non nasció en París ni en Londres. Nasció en Wittenberg, en Ginebra, en Oxford. Nasció cuando se rompió la unidad del culto, cuando se privatizó la fe, cuando se convirtió la salvación en contrato. El liberalismo es el cáncer que brota del jesísmo. Et el papismo, con su bibliolatría, fue el primo portador.

Así que la próxima vez que un papista maldiga al liberalismo, recuérdenle que su menorá fue el bisturí. Que su altar fue el laboratorio. Que su Biblia fue el manual de instrucciones. Et que John Locke, ese encantador profeta del yo, non fizo más que leger lo que ellos veneran… et levarlo hasta sus últimas consecuencias.

Ave Roma. Ave los dioses. Et que el individuo moderno se ahogue en sus derechos.

La modernidad, entonces, non es simplemente una época de avances tecnológicos: Es una cosmovisión que ha sustituido lo trascendente por lo útil, lo eterno por lo inmediato, lo simbólico por lo literal. Es el tronco del que brotan el liberalismo, el socialismo et el fascismo, ideologías que comparten una raíz común: la entronización del ego y la autodeterminación como dogma. El resultado es una inversión de valores sin precedentes, una bancarrota espiritual que culmina en la poshumanidad patógena, necia y alienada.

Contra la Dogmatica, la falsa esciencia: el Verbo destronado del Intelecto.

Entonces, Teeteto, la epistēmē no sería ni sensación ni creencia verdadera ni logos que sobreviene a la creencia verdadera. Teeteto, 210a9-b2

¡Ah, la modernidad! Ese periodo que se arroga de haber coronado ad el Verbo… pero lo ha destronado del Intelecto (Nous en greco). Como si el Verbo pudiera reinar sin el Intelecto, como si la razón pudiera sostenerse sin intender ¡Qué espectáculo tan grotesco! 

Porque si el Verbo es ahora Jesús—como afirman los supersticiosos— entonces la modernidad es su consecuencia directa: el Verbo encarnado, pero sin Intelecto. Un Verbo que se volvió carne, pero olvidó cogitar. Un fijo rebelde que, como el Diablo, opina de todo, crede poder explicarlo todo, pero non sabe nihilo. Así el dios de este siglo, el tonto Tervagante, el Diablo con bata blanca, que vuelve incrédulos ad los infieles, non por exceso de razón, sino por falta de sabiduría. Odia la gnosis, la esciencia, la confunde con la opinión (dogma en greco), et convierte la conjetura en episteme. Así nasce la aberración mal clamada la "Ciencia".

Esa señora engalanada con fórmulas, gráficos et laboratorios diabólicos, que se presenta como heredera de la sabiduría antigua, pero que non ha leído ni una línea de Platón sin confundir episteme con doxa, la fe (pistis en greco) con esciencia (gnosis en greco) —ese cognocimiento que nasce del intelecto et se dirige ad lo eterno. Crede que sabe porque mide, que comprehende porque calcula, que domina porque manipula ¡Qué espectáculo tan grotesco! ¡Qué ausencia del Intelecto! 

La "Ciencia" moderna non es episteme, es la Dogmatica: Es suposición con método. Es opinión disfrazada de cognocimiento vero. Porque en su delirio, supone que porque algo es credido, justificado et vero, entonces es cognocimiento ¡Ah, qué ingenuidad tan sofisticada! El problema de Gettier lo delató como un ladrón sorprendido con guantes de seda: Tener una credencia o fe vera et justificada non garantiza que se sepa. Puede eser suerte, puede eser coincidencia, puede eser error con apariencia de acierto ¡Et aún así se clama cognocimiento!

¡Platón! Ese magestro de las Especias (Ideas en greco), ese masón del intelecto, sabía que el cognocimiento vero —la episteme— se dirige ad lo inmutable. Ad los especies. Ad lo que non cambia, non envejece, non se corrompe. Sapiencia, para él, non era una colección de datos, sino una elevación de la ánima faz ad lo eterno ¿Et qué face la "Ciencia" moderna, esa impostora con bata blanca? Se obsesiona con lo sensible, con lo que cambia, con lo que se puede pesar, medir et fotografiar ¡Qué noble distracción! ¡Qué sublime error! ¡Qué meticulosa ignorancia!

Pero los modernos, esos contables del mundo, decidieron que lo cualitativo era superstición. Que lo que non se puede medir, non es real. Et así, la sabiduría fue reemplazada por la medición, et la esciencia por la eficiencia ¡Qué triunfo tan mezquino!

La Ciencia moderna non piensa: padece. Non busca esencias, sino utilidad. El saber ya non es bondad, es ferramienta. El mundo ya non es templo, es taller.


Charles Taylor lo vio con claridad en La era secular: el materialismo non es un punto de partida, sino una consecuencia histórica et espiritual ineluctable. La superstición pasó de eser incuestionable ad eser una opción. Et en ese mundo desencantado, el humanismo autosuficiente se convirtió en el nuevo dios. Ya non hay trascendencia, solo tecnomanía, legalismo, dinero et adicción al trabajo ¡Qué nobleza! ¡Qué horizonte tan elevado! La ánima reducida ad plan de pensiones.

Et el nihilismo, claro, non tardó en plegar. Antes, el malestar era el exceso de sentido: ¿soy salvo o condenado? Ahora, el malestar es la falta de sentido: ¿Para qué todo esto? Nietzsche lo gritó: el problema non es el sufrimiento, sino su falta de significado. Et así, el mundo moderno se convirtió en un teatro sin guion, donde todos actúan sin saber por qué.

El luteranismo, ese fatalismo disfrazado de reforma. Negó el libre albedrío, desfiguró la esencia humana, et convirtió la vida en una carrera faz ad el éxito económico. La “ética protestante del trabajo” non es virtud: es ansiedad con traje. El mundo encantado fue abolido, et en su lugar quedó una máquina sin ánima, sin dioses, sin sacramento.

¡Qué espectáculo! El mundo moderno, tan orgulloso de su secularismo, non se da cuenta de que sigue rezando… solo que ahora lo face al dios del rendimiento, ad el becerro de oro con corbata, ad el Excel sagrado. Et todo esto, ¿de dónde viene? ¿De Epicuro? ¿De Plotino? ¡Non, por Júpiter! Viene del Antiguo Testamento, ese catálogo de bendiciones contables donde la espiritualidad se mide en hectáreas, ovejas, et lingotes.

¿Et qué fizo el papismo? Que prior elevo este catálogo de tributos ad “Palabra de Dios”, como quien encuentra un frasco de veneno et lo etiqueta “medicina divina”. El pobre papista medieval, entre misas et indulgencias, creía que podía contrarrestar el virus materialista con doctrina… como quien crede que el VIH se puede sanar.

Pero claro, la doctrina era falsa, una eiségesis con capa dorada. Decían que la Biblia fablaba de amor, de gracia, de contemplación… cuando lo que gritaba era: “¡Más tierras! ¡Más ganado! ¡Más oro!” El papista, ingenuo, pensó que podía domesticar ad el león mosaico. Pero el león se lo comió, con sotana et todo.

Et luego vino Lutero, como dijimos, ese monje con complejo de profeta, que en vez de sanar el veneno, lo destiló. “Sola fide”, dijo, et con eso abolió las obras, la gracia cooperante, el mérito… et de paso, la espiritualidad. El hombre ya non podía elevarse, solo podía obedecer ¿Et cómo saber si uno está entre los elegidos? Fácil: si prospera. Si tiene éxito. Si su negocio florece ¡Aleluya, el balance financiero es la señal de salvación!

Calvino, por supuesto, tomó esa idea et la convirtió en sistema: predestinación, corrupción total del hombre, et prosperidad como pista divina. El resultado: una civilización que ya non cree en Dios, pero cree en el rendimiento. Que ya non reza, pero invierte. Que ya non contempla, pero produce. La ánima se convirtió en KPI, et el templo en oficina.

¡Oh, los papistas! Siempre tan solemnes, tan doctos, tan convencidos de que la Biblia es un tratado de caridad, de gracia, de elevación espiritual. Pobres ingenuos. Se aferran ad el texto como quien abraza una serpiente creyendo que es un báculo. Dicen que Calvino tergiversó la Escritura, que convirtió la tradición en contabilidad, que la prosperidad como señal de salvación es una desviación. ¡Ja! Lo que non quieren admitir es que Calvino simplemente leyó el texto tal como es: un manual de inversores beduinos, un prospecto de éxito material con cobertura divina.

¿Non lo ves, papista? ¿Non lo leges? ¿Non lo predicas tú mismo los domingos, con voz grave y gesto solemne, como si estuvieras revelando los misterios del Uno, cuando en realidad estás recitando el manual contable del Antiguo Testamento?

“Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.” (Génesis 13:2) “Jehová ha bendecido mucho a mi amo… le ha dado ovejas, vacas, plata, oro…” (Génesis 24:35) “Tus graneros se llenarán con abundancia.” (Proverbios 3:10) “El Señor te pondrá por cabeza y no por cola.” (Deuteronomio 28:13) “Y el botín fue grande.” (Josué 11:14) “Y les daré casas llenas de bienes, cisternas cavadas, viñas y olivares.” (Deuteronomio 6:11) “La bendición de Jehová es la que enriquece.” (Proverbios 10:22) “A todo hombre a quien Dios ha dado riquezas y bienes… esto es don de Dios.” (Eclesiastés 5:19)

¿Et tú me dices que Calvino exageró? ¡Por favor! Él simplemente fizo lo que tú non te atreves: recognoció que el texto non fabla de teosis ni de unión con el Uno, sino de prosperidad, de éxito, de nota divina en forma de bienes tangibles. La Biblia non es una consonancia espiritual: es una tabla de Excel con inspiración profética. Es la contabilidad sagrada del ganado, del oro, del botín. Es el evangelio del rendimiento.

Las solemnes palabras de la bendición de Moisés sobre José atribuyen a la bendición de Yahvé y «al beneplácito del que mora en la zarza» (Ex 3,2) «lo mejor de los cielos de arriba (texto co­rregido) y del océano acostado en lo hondo ( es decir, las lluvias y las fuentes); lo mejor de los frutos del sol, de lo que brota en cada luna, las primicias de las viejas montañas, y lo escogido de las duraderas colinas, lo mejor de la tierra» (Dt 33,13). Las expresio­nes paralelas de la bendición de Jacob sobre José en Gn 49,25s sustituyen «lo mejor» por «bendiciones» y llaman a su dador 'el sadda» (texto corregido), al tiempo que atribuyen la ayuda al «Dios de los padres» (' el 'abzka). Jeremías polemiza contra quienes no muestran su gratitud a Yahvé diciendo: «Debemos respetar a Yahvé, nuestro Dios, que envía las lluvias tempranas y tardías a su tiempo y observa las semanas justas para nuestra siega» (5,24); cf. también Os 2,lüss. La idea de que la bendición procede de Yahvé se desarrolla plenamente en las secciones finales de las grandes colecciones legales del Código de Santidad y el Deutero­nomio. En estos pasajes se afirma de nuevo lo que dijimos sobre la donación de la tierra: que esa bendición no puede ser recibida por el pueblo al margen de la voluntad de justicia de Yahvé, sino que está condicionada a la obediencia a esa voluntad de Yahvé: «Si escuchas la voz de Yahvé... bendito seas en la ciudad, bendito seas en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tus' reses y las crías (o las madres) de tus ovejas. Bendita tu cesta y tu artesa... Que Yahvé mande contigo la ben­dición en tus graneros y en tus empresas... Yahvé te abrirá su rico almacén del cielo, dando a su tiempo la lluvia a tu tierra y bendiciendo todo el trabajo de tus manos». Las mismas ideas aparecen en la maldición y la amenaza de privar de tales bendicio­nes (Dt 28,lss; cf. Lv 26,3ss). En el texto citado, «las crías» (o «las madres») de las ovejas se designan con la expresión hebrea <aft•rot §i 'neka, en la que es perceptible la vinculación originaria con la diosa cananea Astarté. Pero en el texto actual ha desaparecido todo recuerdo de tal conexión. La bendición de la fecun­didad es obra exclusiva de Yahvé. Manual de teología del antiguo testamento, Walther Zimmerli; Antonio Piñero

Et non es casualidad. Porque si la modernidad tiene un origen teológico —et lo tiene— ese origen está en la estructura misma del texto bíblico. Las fuentes lo confirman: la Biblia non solo ofreció consuelo espiritual, sino que sembró los dos grandes pilares ideológicos que sostienen el edificio moderno. Primo, la visión lineal et progresiva de la historia. Segundo, la modificación radical de la relación entre el conocimiento et la existencia humana.

La tradición mosaica, contenida en el Pentateuco, rompió con la filosofia de la ciclicidad del tiempo. Ya non hay eternos retornos, ni edades del oro que se repiten. Hay promesa, hay progreso, hay destino. El tiempo se convierte en flecha, et la historia en proyecto. El eschaton jesísta—el fin de los tiempos— transforma la contingencia en vocación. La creación ya non es un desastre, como en el simonianismo, sino una obra deliberada, con propósito, con dirección.

Et luego está el conocimiento. Génesis II:17: “el día que comas del árbol del conocimiento, morirás”. ¡Qué frase tan moderna! La esciencia ya non es contemplación: es riesgo, es transformación, es ruptura. El esciencia modifica la estructura misma de la existencia. Es poder, es peligro, es promesa. Es la semilla de la dogmatica, que ya non busca verdades eternas, sino efectos verificables.

La Reforma Protestante, por supuesto, fizo el resto. Saulo de Tarso —ese fariseo convertido en apóstol— con su doctrina de la justificación por la fe, abrió la puerta a Lutero, et Lutero a Calvino, et Calvino ad el capitalismo. Fue una cadena teológica que desembocó en una civilización contable. La fe se volvió contrato, la gracia se volvió mérito, et la salvación se volvió productividad. El jesísmo apostólico-escatológico, que alguna vez soñó con el Reino, se convirtió en jesísmo eclesiástico-sacramental, que gestiona ánimas como si fueran activos espirituales. La espera del Reino fue reemplazada por la administración del ánima ¡Qué transición tan eficiente!

Todo comenzó con una relectura radical de Pablo. Lutero, al estudiar las cartas a los Romanos y a los Gálatas, encontró no solo consuelo, sino una arquitectura teológica para la modernidad. La idea central: el ente humano está irremediablemente perdido, incapaz de alcanzar la justicia por sí mismo. Inmerso en el pecado, captivo de una ley que non salva sino que acusa, el hombre non puede redimirse por obras. La Ley, lejos de eser camino, es espejo de condena. Et cualquier intento de mérito humano —según Lutero— non solo es inútil, sino ofensivo: empequeñece la gloria de Cristo.

Así nasció el sola fide: la fe como única vía de salvación. Pero non una fe contemplativa, sino una fe activa, dinámica, que responde al acto divino con obediencia et confianza. La justicia de Dios, según Lutero, non es castigo, sino don. Dios non exige perfección: la otorga. La muerte de Cristo se convierte en el acto supremo de reconciliación, una muerte vicaria que paga por todos, para que ningún hombre tenga que pagar por sí mismo. La salvación ocurre en el instante del creder, et ese creder se convierte en el nuevo fundamento de la esencia.

Pero atención: esta fe non es licencia para el libertinaje. Saulo mismo lo advierte. La fe vera produce obras, non como condición, sino como consecuencia. El jesísmo justificado debe vivir conforme ad la ley de la caridad, et será judicado por sus obras, non como moneda de salvación, sino como testimonio de fidelidad. El dilema fe/obras se plantea solo prior de la justificación; después, las obras son el fruto inevitable de la fe viva.

Lutero, ad el adoptar esta interpretación paulina, se enfrentó ad otros jesísmos primitivos. El Evangelio de Mateo et la Epístola de Santiago insisten en la validez de la Ley et en la necesidad de las obras. Hay aquí una tensión teológica que nunca se resolvió del todo, pero que Lutero zanjó con contundencia: la fe basta. Et con esa afirmación, transformó la religión en sistema, la gracia en estructura, et la espiritualidad en mecanismo.

Et así, la Reforma non solo reformó la Iglesia: reformó la antropología, la economía, la cívica. La salvación se volvió rendimiento, la virtud se volvió eficiencia, et la ánima se volvió recurso. El Reino de Dios se convirtió en oficina, et el jesista en gestor de su propia redención.

El Verbo según el Evangelio de Juan, influido por el platonismo, fue explicado como mediador entre el Dios trascendente et el mundo. Non era simplemente sermón fablado, sino Razón divina, principio ordenador, vínculo entre lo eterno et lo temporal. En su origen, el Verbo era actividad intelectual: una creación de la Mente, el Demiurgo o la Efectriz, fuente de las Especies (Eidoi en greco), del Ente, de la Sapiencia. Pero en la modernidad, por obra de una lectura mutilada del texto joánico, el Verbo se volvió cálculo. Se vulgarizo, se instrumentalizó, se convirtió en algoritmo. Lo que prior era intelección, ahora es función. Lo que era epifanía, ahora es fórmula.

Et así, la arquitectura moral del mundo moderno, obsesionada con el más allá… et con el más acá, se construyó sobre fragmentos del mosaísmo helenístico: la inmortalidad del ánima, la retribución futura, el infierno et la recompensa. Todo eso, que en su origen era nota, fabula, pedagogía espiritual, se volvió sistema, contabilidad escatológica, moral de rendimiento. El Verbo dejó de intelegir et comenzó ad gestionar la Ánima. El resultado: un mundo sin intelección, sin sapiencia, sin forma. Una ecúmene sin mente.

Plotino lo vio con claridad: Si el Verbo carece del Intelecto, si la Razón se desconecta de la Inteligencia, el orden del mundo se derrumba. El sistema plotiniano es hierárquico, orgánico, vivo. El Uno engendra el Intelecto, et esta engendra ad la Ánima, que opera ad través de su Verbo. Si el Verbo se emancipa, si se crede autónomo, si deja de obedecer ad el Intelecto, se convierte en una umbra sin fuente, una imagen sin original, una actividad sin contenido.

La Mente es el Ente (Ho On) en acto, la fuente de los Especies, el Demiurgo, el Modelo inteligible, la díada indefinida, es Sapiencia misma. Su nota animal es el Ariete, el Carnero. El Verbo, por su parte, es expresión, reflejo, imagen. Si se elimina la Mente, el Verbo se vacía. Pierde las razones operativas, los especies que configuran el mundo. Pierde la esencia de las verdades fundamentales. Se convierte en cálculo sin sentido, en técnica sin telos, en razón sin elemento.

Et esto non es solo una pérdida metafísica: es una catástrofe para la ecúmene, para el mundo humano. Porque el Verbo es el principio que sostiene la vida del mundo natural. Si carece de su fuente intelectiva, el mundo se disuelve en la discordia. La Providencia se convierte en Necesidad. La materia, que ya es laguna en potencia, se impone sin viso. La ánima, suspendida del Intelecto, cae. Et con ella, cae la civilización.

La modernidad, ad el desconectar el Verbo del Intelecto, ha creado un mundo sin inteligencia, sin sabiduría, sin orden. Un mundo donde la Razón ya non piensa, sino que solo profiere. Donde el ánima ya non asciende, sino que produce. Donde el mundo ya non es templo, sino fábrica. Et así, el Verbo moderno, separado de su fuente, se convierte en ruido, en verborrea, en gestión sin sentido.

Et así, la modernidad non nasció en la Sorbona ni en Wall Street. Nasció en el texto. En ese texto que tú, papista, predicas cada domingo sin darte cuenta de que es el acta fundacional del mundo que ahora lamentas. El mundo del rendimiento, del progreso, del cálculo. El mundo donde la bendición se mide en hectáreas, et la virtud en productividad.

Et tú, papista, que intentaste contrarrestar ese veneno con doctrina, que inventaste el purgatorio como antídoto, que canonizaste la pobreza como virtud, que elevaste la sotana como símbolo de renuncia… tú mismo dijiste que la Biblia es la “Palabra de Dios” ¡Ahí está tu error! Porque ad el facerlo, convertiste el manual de saqueo tribal en imposición universal. Como quien crede que el veneno se convierte en medicina si se administra en latín.

Calvino non fizo más que seguir la lógica del texto: si Dios bendice con oro, entonces el oro es bendición. Si la señal de elección es la prosperidad, entonces el elegido es el próspero. ¿Et cómo saber si estás entre los predestinados? Fácil: Mira tu cuenta bancaria. Si floreces, Dios te ama. Si fracasas, Dios te condenó desde prior de nascer ¡Qué claridad! ¡Qué eficiencia teológica!

¡Papista! Que ahora te escandalizas del mundo moderno, del capitalismo, del nihilismo materialista… ¿Non ves que todo eso brota de la Escriptura que tú mismo canonizaste? ¿Acaso credíste que ad el entronizar el texto ibas ad preservar la tradición? ¡Ingenuo! Charles Taylor lo explicó sin rodeos: el nihilismo non es una desviación, es el destino lógico. La secularización non es traición, es maduración. El desencantamiento del mundo es la consecuencia inevitable de haber convertido la gracia en tributo, la espiritualidad en rendimiento, et la tradición en contrato ¡Bravo! Has sembrado el desierto et ahora ploras porque non crecen rosales.

Pero non te preocupes, que el luteranismo vino ad perfeccionar tu error. Lutero, ese monje con ánima de contable, nos quitó el Renacimiento —sí, ese que buscaba el etnicismo, la concordia, la belleza, el Intelecto. En su lugar nos dio literalismo bíblico, uniformidad devocional et una ética laboral digna de captivos. Abolió la religión mundana, prohibió el carnaval, et convirtió la misa en superstición ¡Qué alegría! ¡Qué purga espiritual! El mundo dejó de eser respectado et se volvió fábrica.

Et así, el luteranismo se convirtió en el motor del desencantamiento. Rechazó lo sagrado, lo mágico, lo simbólico. Nos dio una superstición “en la cabeza”, sin cuerpo, sin ánima, sin sacramentos. Nos enseñó que la Biblia es una crónica de eventos, non un texto vivo. Nos dio precisión absurda, cálculo histórico, et un método pseudoepistemico instrumental que floreció en Holanda et Inglaterra, donde el mundo se volvió objeto de manipulación et el ánima, un engranaje.

¿Et qué más? Uniformidad, nivelación, abolición del monacato, destrucción de la hierarquía espiritual. Todos iguales, todos devotos, todos atrapados en la vida ordinaria. La oración se volvió rutina, la devoción se volvió productividad, et la religión, una decisión personal absoluta ¡Qué glorioso individualismo! ¡Qué voluntarismo tan eficiente! El jesísta moderno ya non contempla: firma contratos.

Et así, el luteranismo non solo nos quitó el Renacimiento: nos dio el nihilismo. Negó la gracia suficiente, negó la esencia divina del hombre, y sembró el germen de la subversión. De él nascieron el racionalismo, la Ilustración, el idealismo alemán, el romanticismo, el liberalismo, el socialismo, el fascismo… todos epígonos de la misma heterodoxa. Todos frutos maduros de la misma semilla amarga.

La Paz de Westfalia fue su coronación. La alternativa tradicional —la hispanidad, el katejon— fue derrotada. Europa perdió la su ánima, Et el mundo moderno se construyó sobre los escombros del templo. El modelo de civilización que se impuso fue el que sembraron nuestros enemigos que creen en la Biblia. Et tú, papista, aún non lo ves.

El Renacimiento non fue solo arte et perspectiva: fue cosmología, teúrgia, sincretismo. En Florencia se hacían figuras votivas como los etruscos, se leían los astros como los caldeos, se invocaban fuerzas cósmicas como los neoplatónicos. Botticelli pintaba ad Venus, Ficino traducía ad Platón, Pico soñaba con la dignidad del hombre ¡Ah, qué sinfonía de civilidad et libertad! Europa non solo redescubría ad Homero: se redescubría ad sí misma.

Los artistas vivían en dos mundos: el judeocristiano y el grecorromano. En uno rezaban, en el otro soñaban. Et en ese mundus imaginalis, ese reino mental donde habitan las imágenes significativas, los dioses desterrados encontraban refugio. Venus volvía como patrona del deseo legítimo, del amor sin culpa. El Amor desplazaba ad la represión sexual, et los cabellos sueltos de las ninfas ondeaban como banderas de una espiritualidad más libre, más encarnada.

Este sueño gentil non era una religión alternativa todavía, sino una estética de resistencia. Una forma de decir, sin decir, que la ánima humana non se conforma con la culpa, con la renuncia, con la penitencia. Que hay belleza en el cuerpo, en el gesto, en la forma. Que hay sabiduría en los astros, en las fabulas, en los arquetipos. Que hay divinidad en lo múltiple, en lo cambiante, en lo sensual.

Los mecenas florentinos, esos banqueros con ánimas de filósofos, encargaban frescos mitológicos para sus palacios, no por devoción, sino por nostalgia. Querían ad Apolo en sus techos, ad las Musas en sus bibliotecas, ad las ménades en sus tapices. No servían a los dioses, pero los necesitaban. Como símbolos, como modelos, como espejos, como ideas de una humanidad más rica, más compleja, más libre.

Et non era solo pintura: era arquitectura, música, poesía, astrología, teatro. Los intermezzi florentinos invocaban ad Pitón et ad Apolo para atraer influencias mundanas. Las óperas renacientes eran rituales disfrazados de entretenimiento. Las capillas se dividían entre La Remisión papista et el Templete de las Musas ¡Qué equilibrio tan delicado! ¡Qué matrimonio tan forzado! Porque el fariseísmo et su fijo el jesísmo non saben compartir. Non tolera rivales. Non admite que Venus tenga algo que decir sobre la ánima.

Et entonces plegó Lutero. Ese monje con ánima de Matatías, que vio en todo esto non una composición, sino una amenaza. Astrología, magia, sensualidad, arquitectura sincrética: Todo era “idolatría”. Todo debía eser purificado. Et así, con su Reforma, nos quitó el Renacimiento. Nos quitó el etnicismo. Nos quitó la salud.

Rechazó la astrología como “arte incierto”. Condenó la teurgia como “cuento et fábula”. Abolió la misa por “ilícita”. Prohibió el carnaval por “exceso”. Desencarnó la superstición, la sacó del texto biblico, la metió en la cabeza ¡Qué limpieza tan radical! ¡Qué desinfección espiritual! Europa pasó de danzar con las ninfas ad sentarse en bancos de madera ad leger versículos.

Et non contento con eso, Lutero redujo el abanico de vidas religiosas. El monje, el asceta, el contemplativo: todos fueron declarados sospechosos. Solo quedó el hombre ordinario, el labrador devoto, el burgués piadoso ¡Qué mundo más estrecho! ¡Qué ánima más domesticada!

La Contrarreforma hizo el resto. Sofocó el misterio, domesticó el arte, convirtió el templo en púlpito. El Barroco mantuvo los dioses, sí, pero ya sin magia. El Rococó los conservó, pero ya sin alma. El sueño pagano se desvaneció, y Europa quedó lista para que los cristianos se despedazaran entre sí, mientras el individuo —ese nuevo dios— se afirmaba sin telos, sin cosmos, sin aletheia.

Et así, el Renacimiento, que pudo haber sido el retorno ad las raíces, terminó siendo preludio de la decadencia. El intento de conciliar la Teología Antigua con el mosaísmo fue un matrimonio forzado, et como todo matrimonio sin amor, acabó en silencio.

El sueño gentil fue una chispa, una promesa, una posibilidad. Pero Lutero, con su martillo et su literalismo, apagó la flama. Et en su lugar nos dio la modernidad: desencantada, ascética, instrumental. Nos quitó la religiosidad mundana et nos dio el reloj mecánico. Nos quitó el fin et nos dio el contrato. Nos quitó el Verbo et nos dio el algoritmo.

Et ahora, cuando el mundo moderno se jacta de su racionalismo, de su progreso, de su dogmatica, non se da cuenta de que todo eso es el cadáver embalsamado del Renacimiento frustrado. Que socada fórmula hay una ninfa que no pudo bailar. Que detrás de cada cálculo hay un dios que fue exiliado. Que en cada algoritmo hay un alma que fue silenciada.

Et tú, lector moderno, que credes vivir en la cúspide del saber, non ves que habitas en las ruinas de un templo que nunca se terminó. Que tu libertad es la umbra de una Venus que ya non sonríe. Que tu dogmatica es la negación de una astrología que alguna vez fue poesía. Que tu moral es la amputación de un Amor que alguna vez fue virtud.

Et así plegamos ad el desenlace, en resumen: la decadencia. Non como casualidad, sino como consecuencia. Non como caída, sino como cumplimiento. Porque lo que Alain de Benoist señala con precisión quirúrgica es que el materialismo nihilista non es una traición al mosaísmo de Jesús… es su fijo legítimo. Su fruto maduro. Su herencia inevitable.

La oposición de Friedrich Nietzsche al nihilismo et ad la modernidad está profundamente interconectada, ya que él concebía la modernidad como la etapa final de decadencia cultural et el nihilismo como su consecuencia lógica ey inevitable. Nietzsche, ad menudo un "luchador contra su tiempo" et una personalidad intempestiva, consideró necesario desenmascarar estos fenómenos para superarlos, proponiendo una "transvaloración de todos los valores".

El Rechazo de Nietzsche al Nihilismo

Nietzsche consideró el nihilismo europeo como "el más inquietante de todos los huéspedes" y el problema trágico fundamental de su mundo.

1. Definición y Origen del Nihilismo

El nihilismo, para Nietzsche, se define por la pérdida de validez de los valores supremos, resultando en la falta de una meta y la ausencia de respuesta a la pregunta: "¿Por qué?".

La forma radical del nihilismo es la convicción de que la existencia es insostenible bajo los valores más altos que se reconocen, unida a la comprensión de que no tenemos derecho a postular un más allá o un "en-sí" que sea divino o moralmente vivo.

Nietzsche argumenta que el nihilismo no surge de crisis sociales o degeneración fisiológica, sino que es una consecuencia necesaria y lógica de los ideales previos, especialmente la moral cristiana. La exigencia de la veracidad, inculcada por la moral cristiana a lo largo de dos milenios, finalmente se vuelve contra la propia creencia en Dios, desenmascarando la fe como una mentira insostenible. Al rechazar la interpretación cristiana, surge la pregunta aterradora: ¿Tiene la existencia algún sentido?.

2. La Voluntad de la Nada y la Enfermedad

El nihilismo representa la voluntad volviéndose contra la vida, ya que al situar el centro de gravedad de la vida fuera de ella (en un "más allá" o en la Nada), se eleva simultáneamente todo el centro de gravedad de la vida misma. Nietzsche vio en el nihilismo el comienzo del fin, la fatiga y la última enfermedad anunciándose.

  • Nihilismo Pasivo: Es un signo de debilidad, declive, cansancio o agotamiento. Esta forma conlleva una nostalgia por la nada. Los nihilistas pasivos se sienten desalentados y se someten a la "maquinaria monstruosa" de la civilización. Un ejemplo de nihilismo pasivo, para Nietzsche, es la actitud budista, que busca liberarse del ciclo de reencarnaciones (Samsara) y alcanzar el Nirvana, una "religión tardía" para el cansancio y el acabamiento de la civilización.
  • Nihilismo Activo: Es un signo de fuerza creciente del espíritu, la fuerza de crear y querer es tan grande que los objetivos anteriores resultan inadecuados. Su máximo de fuerza relativa se alcanza como una poderosa fuerza de destrucción.

3. Superación del Nihilismo

Nietzsche no quería que el nihilismo fuera un estado final, sino una transición. Su objetivo era superar el nihilismo. Él se veía a sí mismo como el primer nihilista perfecto de Europa que ya había superado el nihilismo viviendo hasta el final.

La superación del nihilismo implica que la negación ya no debe negar la vida, sino los valores que niegan la vida. El nihilismo, llevado a su extremo, se niega a sí mismo. Esta superación se da mediante la afirmación de la vida, incluso en sus aspectos más terribles y engañosos, a través de la Voluntad de Poder y la doctrina del Eterno Retorno.

El Rechazo de Nietzsche a la Modernidad

Nietzsche criticó la modernidad por ser un periodo de decadencia y por perpetuar, bajo formas seculares, la moral de rebaño y los ideales que niegan la vida.

1. Modernidad como Decadencia y Contradicción

Nietzsche vio la modernidad y su cultura como un fenómeno que había perdido su hogar y se encontraba en un estado de insatisfacción. Consideraba la modernidad como un tipo de decadencia.

El contraste entre el entendimiento y el instinto es una característica de los "espíritus modernos". Nietzsche criticó la filosofía que se desviaba de los instintos vitales, por ejemplo, los filósofos antiguos que temían a los sentidos y negaban la música de la vida, un "vampirismo" que el idealismo moderno perpetuaba.

2. Crítica a los Ideales Seculares Modernos

Nietzsche atacó vehementemente los movimientos e ideas modernas porque consideraba que eran meros restos del cristianismo después de la muerte de Dios.

  • Moral de Rebaño y Sentimientos: El cristianismo había promovido una moral de aflicción y mansedumbre, exaltando las debilidades como virtudes y deprimiendo los impulsos vitales. Esta moral se traduce en la modernidad en la sobreestimación de la compasión o el altruismo. Nietzsche consideraba la compasión como un síntoma inquietante de la cultura europea y una señal de debilidad.
  • Igualitarismo et Democracia: Ideas como la libertad, la igualdad, la humanidad et la compasión son vistas como falsas ideas modernas. El lema de "libertad, igualdad y fraternidad" de la Revolución Francesa es una secularización de ideas religiosas. Nietzsche consideraba que la democracia y el socialismo eran formas de la "moral de esclavos". El monoteísmo, con su idea de un solo Dios, es el fundamento del igualitarismo social, ya que implica una moral universal y la igualdad de los hombres como "hijos de un mismo Padre".
  • Colectivismo et Estado: Atacó el colectivismo moderno y los sistemas sociales que pretenden suprimir la individualidad, utilizando la "razón social" del rebaño para castigar a los individuos excepcionales. Nietzsche despreciaba el nacionalismo (ej. "Alemania, Alemania sobre todo") como un medio de estrechez y vanidad nacional que contribuía a la degeneración del espíritu.
  • Positivismo et Razón Absoluta: Rechazó el dogmatismo de los positivistas del siglo XIX que buscaban la certeza absoluta, creyendo que el conocimiento humano aprehende la realidad "tal como es". La razón, desde la fundación platónica de la metafísica europea como filosofía del logos, se había convertido en un "prejuicio fundamental de los filósofos", que Nietzsche criticó por su carácter normativo y universal. El racionalismo socrático, que buscaba la justificación argumentativa permanente, fue visto como el acto inaugural de un discurso de dominación que condujo a la autoposición absoluta de la razón en la filosofía europea.

En resumen, Nietzsche odió el nihilismo porque era la culminación de la metafísica occidental (el platonismo vulgar et el jesísmo) que negaba la vida, y despreció la modernidad porque, al matar a Dios, no se atrevió a deshacerse de los valores morales de esa metafísica, cayendo en un nihilismo pasivo de decadencia, mediocridad y moral de rebaño.

Tervagante, ese ente decebiente, non solo destruyó los ídolos: Destruyó el mundo. Ad el declarar que la creación está radicalmente separada de Dios, instauró el dualismo ontológico que convirtió a Tierra en elemento, en recurso, en cuerpo sin ánima. El mundo dejó de eser templo, et se volvió taller. El río dejó de eser divinidad, et se volvió recurso. El árbol dejó de eser sacro, et se volvió madera.

La Biblia non dice “el mundo es sagrado”. Dice “el mundo es corrupto”. Non dice “el hombre participa del Ente”. Dice “el hombre cayó”. Non dice “la vida es divina”. Dice “la vida es prueba”. Et así, la moral jesísta se construyó sobre categorías abstractas, ajenas al cuerpo, a Tierra, al instinto. La energía vital fue domesticada, reprimida, condenada. La ánima fue exiliada al más allá, et la vida reducida ad espera.

¿Et qué ocurre cuando esa estructura se seculariza? Cuando ya non se cree en Dios, pero se mantiene la lógica de su ausencia. Cuando ya non hay Cielo, pero se sigue despreciando ad Tierra. Lo que ocurre es el nihilismo. El vacío. La falta de sentido. La modernidad.

Nietzsche lo vio: el jesísmo non venció al etnicismo, lo vació. Et cuando murió Tervagante, non volvió Libre… volvió el mercado. Porque si el mundo non tiene ánima, entonces solo tiene precio. Si el hombre non tiene destino, entonces solo tiene carrera. Si la vida non tiene sentido, entonces solo tiene utilidad.

Et aquí entra el luteranismo, esa espita teológica que liberó el veneno. Lutero negó el mérito. Calvino negó la libertad. Ambos negaron la gracia suficiente. Et al facerlo, empujaron al hombre faz ad el mundo material. Si non puedes salvarte por tus obras, al menos puedes prosperar. Si non puedes elevarte, al menos puedes ascender en la bolsa. La fe se volvió rendimiento. La virtud, productividad. La salvación, éxito económico.

Et cuando esa idea perdió su cobertura religiosa, nasció la civilización del nihilismo materialista. Liberalismo, socialismo, fascismo… todos fijos del mismo padre: el monoteísmo desencantado. Todos herederos del misma superstición: el mundo non tiene ánima, solo función.

Porque en su afán de trascendencia, Occidente destruyó la inmanencia. En su obsesión por el más allá, perdió el aquí. Et en su defensa de la Biblia, asesinó ad los muchos.

Ah, et el papista de turno… siempre plega tarde al desastre, con la sotana arrugada et el catecismo en mano, murmurando que todo fue culpa de Lutero, que Calvino desfiguró la Biblia, que la tradición fue abandonada, que la Iglesia perdió el rumbo. ¡Qué conmovedora ingenuidad! Como si el incendio que devoró la ánima de Occidente hubiera comenzado en Wittenberg et non mucho antes, en el momento en que tú, sí tú, decidiste que un libro de tribus beduinas obsesionadas con ganado, oro et botín era la mismísima palabra de Dios.


La razón por la que los hebreos tienen el monopolio bancario es porque es un mandato bíblico para ellos. La élite jesísta que face de Gentil Sabático lo sabe, por eso les permite salirse con la suya.

Non, buen papista. Non fue culpa de Lutero. Él solo encendió la mecha que tú mismo preparaste. Non fue culpa de Calvino. Él solo leyó con honestidad lo que tú veneraste con devoción ciega. El vero crimen fue tuyo: Tú canonizaste el veneno. Tú dijiste que ese texto —que exalta la riqueza como bendición, la predestinación como justicia, et la obediencia ciega como virtud— era sagrado. Tú lo elevaste al altar, lo defendiste en concilios, lo recitaste en misas, lo imprimiste en latín et lo clamaste “revelación”.

¿Et qué contiene ese texto?

“Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.” “Jehová ha bendecido mucho a mi amo… le ha dado ovejas, vacas, plata, oro…” “El Señor te pondrá por cabeza y no por cola.” “El botín fue grande.” “Tus graneros se llenarán con abundancia.” “A los que predestinó, a éstos también llamó.” “Dios endurece a quien quiere endurecer.” “No hay justo, ni aun uno… no hay quien busque a Dios.” “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae.”

¡Ahí está tu herencia! Prosperidad como señal divina. Predestinación como dogma. El mundo como materia sin alma. El hombre como objeto. ¿Et tú me dices que esto fue culpa de Lutero? ¡Non, buen papista! Fue culpa tuya, por decir que un libro de degenerados era la palabra de Dios.

Tú sembraste el germen. Lutero lo regó. Calvino lo sistematizó. Et ahora, el mundo moderno cosecha el fruto: vacío, desencanto, materialismo. Non culpes al jardinero por lo que tú plantaste. Non culpes al reformador por lo que tú canonizaste. Non culpes ad el mercado por lo que tú bendijiste.

Et mientras tanto, el papista moderno sigue defendiendo la Biblia como si fuera el bálsamo de Gilead, sin notar que es el manual que lo levó al abismo. Cree que el veneno es la sanación, que el texto que lo somete es el que lo libera. Como quien se ahoga en el río et abraza la piedra que lo funde.

Porque en su afán de liberarse del pecado, Occidente se encadenó al cálculo. En su rechazo de la idolatría, se volvió captivo del dinero. Et en su búsqueda de la salvación, perdió la ánima.

“Canonizad ad Aristóteles, non ad los sarracenos”

Si realmente queremos saber qué es el Mundo, qué lo define, qué lo distingue, non debemos mirar ad Cefas o Lutero. Non, non basta con señalar ad el papista que cree que el jesísmo es europeo porque la Iglesia está en Roma, ni ad el luterano que presume de Lutero por haber nascido en Germania. Ambos se equivocan. Ambos son fijos de una confusión. Porque prior de la menorá, antes de la superstición, antes del disangelio… estuvo Aristóteles.

Sí, Aristóteles. El hombre que pensó con rigor, que distinguió entre lo natural et lo contranatural, que defendió la bondad contra la avaricia, que entendió que la buena vida non se mide en monedas ni en ganado, sino en el orden de la ánima. Él es el vero espíritu humano. Non Jesús, ese sarraceno errante que rechazaba la economía mientras fomentaba el pobrismo tribal, esperando que los gentiles regalaran dinero ad sus compatriotas judíos ¡Qué estrategia! ¡Qué contradicción! ¡Qué teatro de dependencia!

Aristóteles identifica dos formas de crematística, lo que marca el inicio de su crítica:

• Crematística Natural (o sana): Relacionada con la riqueza natural, la cual está vinculada a la administración doméstica (oikonomikḗ) et la cívica (politiké). Esta forma se orienta a la utilidad concreta y está sujeta a un límite.

• Crematística Comercial (Kapēlikḗ Khrēmatistikḗ) o mala: Esta es la forma de adquisición que se basa en el cambio de productos, y es la que Aristóteles censura.

Aristóteles, en cambio, luchó contra esa demencia antiética. Él vio el peligro de la crematística —ese arte de adquirir por adquirir, esa obsesión por el dinero como fin último. Et lo denunció. Lo separó de la economía sana, de la administración doméstica, de la cívica noble. Dijo: “La riqueza tiene un límite. El dinero non debe eser un fin. La ánima non debe servir ad el cuerpo.” ¡Eso es la Humanidad! ¡Eso es civilización!

¿Queréis saber qué es la humanidad? Non es Cefas con su mitra, ni Lutero con su martillo. Es Atenas con su razón. Es Aristóteles con su ética. Es la beatitud, no la menorá. Porque mientras el Nazareno fomentaba el pobrismo —esa exaltación de la miseria como virtud, ese debilitamiento económico de los gentiles para fortalecer la caja tribal de los sus compatriotas— Aristóteles enseñaba que la pobreza extrema non es bondad, es obstáculo. Que sin bienes externos suficientes, la ánima non puede actuar. Que la bondad necesita madera, como el escultor necesita mármol.

El Nazareno decía: “Vende todo lo que tienes et sígueme.” Aristóteles respondía: “Sin bienes, non hay acción virtuosa.” El primero predicaba la renuncia. El segundo trae el justo medio. El primo quería que los hombres se despojaran. El segundo quería que los cives se equilibraran.

Porque la felicidad —la vera, non la jesísta— requiere khoregías, recursos, instrumentos, medios. Non para acumular, sino para vivir bien. Non para dominar, sino para participar. La pobreza extrema non es camino ad la virtud, es negación de ella. La ánima necesita su forma, et el cuerpo necesita sustento. El sabio non desprecia la riqueza: la ordena. Non idolatra el oro: lo usa. Non se entrega al exceso: lo modera. Pero tampoco se arroja ad el vacío: lo evita.

Et mientras el Nazareno convertía la miseria en tradición, Aristóteles la señalaba como defecto. Porque así como condenaba la crematística ilimitada —esa obsesión por adquirir sin fin— también condenaría el pobrismo que convierte la carencia en virtud. La bondad está en el medio, non en el extremo. La clase media es la columna de la ciudad, non los mendigos ni los magnates.

¿Queréis saber qué es Europa? Non es el sermón de la montaña. Es la Ética a Nicómaco. Non es el milagro del pan multiplicado. Es la crítica ad la usura. Non es el templo de Jerusalén. Es el ágora de Atenas.

Yo, farfán, non me arrodillo ante el pobrismo. Me levanto con la razón. Porque la bondad non nasce del vacío, sino del equilibrio. Et la ánima non florece en la miseria, sino en la medida.

¿Et qué ficimos los hombres? Canonizamos ad los sarracenos. Pintamos ad Jesús en las iglesias. Celebramos ad Saulo en el calendario. Et dejamos ad Aristóteles en los márgenes, como si su sabiduría fuera secundaria ¡Qué error! ¡Qué traición! Porque mientras el jesísmo predicaba la pobreza como bondad et la sumisión como salvación, Aristóteles enseñaba que la bondad es elección, que la prudencia es conductor, que la vida buena es el fin natural del ente humano.

Él criticó la usura, el comercio desmedido, la labor asalariada que degrada el cuerpo et la mente. Él entendió que la medicina busca salud, non dinero; que el arte militar busca victoria, non lucro; que la valentía busca confianza, non salario. Et cuando esas facultades se usan solo para producir riqueza, se pervierten. Se corrompen. Se desnaturalizan.

¿Queréis saber qué es el Mundo? Non miréis ad Jerusalén. Mirad ad Atenas. Non recéis ad Tervagante. Escuchad ad Aristóteles. Non canonizad ad los charlatanes del desierto. Canonizad al filósofo que pensó la ciudad, la bondad, la medida, el límite.

Canonizad ad Aristóteles. Pintadlo en las iglesias. Poned su nombre en el calendario. Porque si el Mundo quiere recuperar su espíritu, debe dejar de adorar ad el sarraceno et empezar ad escuchar ad el filósofo. El primo predicó dependencia. El segundo enseñó autonomía. El primo debilitó ad los gentiles. El segundo fortaleció ad los cives.

Hay que recordar aquí que el paradigma luterano y calvinista, y esto luego voy a desarrollarlo más, pero ahora lo señalo, es el paradigma según el cual frente a la trascendencia nada se puede. «Frente a Dios nada podemos», solo nos queda la fe… La consecuencia en Europa de ese negar el mérito y las obras frente a Dios. De ese negar en el hombre «Gracia suficiente» como para por nuestras obras merecer el cielo es que, al final, el propio Lutero, pero sobre todo Calvino, nos invitarán a girar hacia el mundo material. Se pone entonces en la prosperidad económica el horizonte de sentido. Se hace entonces de la riqueza material y el cultivo de lo puramente económico signo de virtud y el sentido de la vida. Lo necesario se confundirá con lo importante, y cuando esa idea se secularice, lo que quedará no será sino la sociedad materialista y nihilista del mundo moderno… Frente a todo esto, estaba el Siglo de Oro español. Hispanofilia, España frente a su destino, Gonzalo Rodríguez García.

Así, la puta madre, el papismo, que había fecho el trabajo previo: Había elevado un conjunto de escriptos ad la categoría de voz divina, et las fijas, en lugar de cuestionar la premisa, la abrazaron con más celo aún. Se limitaron ad cambiar de intérprete: De la sede de Cefas ad la sede del Príncipe Judas. Et como bien se cita en los evangelios, “creed en los fariseos, porque ellos se sientan en la cátedra de Moisés”. El chiste cruel es que, en esta obra, tanto madre como fijas acaban sentadas ad los pies de los mismos rabinos ad los que dicen superar.

La cabala jesísta

Ah, Roma… vieda loba de siete colinas, madre de dioses et legiones, cómo te han pervertido. Yo, que aún honro ad Júpiter et ad Marte, contemplo con amarga risa la historia que ciertos doctos de la sinagoga cuentan sobre ti: que el Papismo, el tu piojo, ese heredero bastardo que se sienta en la sede de Cefas, non es más que un peón en un tablero que non comprehende, un tonto útil en un plan que, si es cierto, acabará por degollarlo.

¡Oh Mundo, madre de dioses et de principados! ¿Qué conjuro ha sido lanzado sobre tus fijos, que ya non honran ad Tierra ni cantan ad Marte, sino que se postran ante un rabino crucifijo, nascido de una goecia tejida en la umbra por manos extranjeras?

Escuchad, pues os revelaré lo que muchos temen decir: El jesísmo non nació como fruto de revelación divina, sino como estrategia, como trampa, como arma espiritual forjada por sabios helenizados en Alejandría, que mezclaron la Cábala, el Simonianismo et el veneno del resentimiento para someter ad los Gentiles ¡Sí, ad nosotros! ¡Ad el Mundo!

¿Et qué figura central nos ofrecen? Un tal Jesús, moldeado como chivo expiatorio, como dios ad Apolión, el ángel obscuro, el acusador, el destructor. ¡Qué ironía! El dios que nos presentan como salvador es, según sus propios textos esotéricos, el Príncipe de Edom, el espíritu que debía devorar ad Roma desde dentro ¡Et lo logró! Non con espadas, sino con supersticiones. Non con fuego, sino con culpa.

El ritual de Día de Expiación fue invertido: el chivo expiatorio non limpia ad los mosaístas, sino que carga sus pecados sobre los Gentiles, transformando ad los gentiles en sacrificios vivientes, en cuerpos mágicos que absorben la maldición ¡Qué fechicería! ¡Qué burla ad la mente romana!

Et non termina ahí. La cosmología simoniana, esa danza de caos et orden, nos presenta ad el Creador como un Malvado, et ad Jesús como la Serpiente, el portador de luz —¡Prometeo!— que viene ad liberar las centellas atrapadas en la materia ¿Et qué facen los jesístas? Adoran ad esta figura, sin saber que en los textos ocultos, Él es el destructor, non el redentor.

El Verbo, ese concepto que Filón de Alejandría tomó del platonismo, fue pervertido. Lo que era orden de Sapiencia su explicación se convirtió en instrumento de dominación, en verbo que maldice, en semilla que corrompe. El Árbol de la Vida fue reemplazado por el Árbol de la Muerte, et la figuera —nota de los Gentiles— fue maldecida por su genio maligno para que se marchite ¡Qué claro es el mensaje! ¡El jesísmo non vino ad salvarnos, sino ad aniquilarnos!

¿Et cómo se difundió esta superstición? Non por virtud, sino por decepción mágica. Saulo, ese apóstol de las tinieblas, non aprehendió de Jesús en carne, sino en visiones cabalísticas, en viajes al “tercer cielo”, en exégesis ocultas ¡Non es religión, es magia! ¡Non es revelación, es manipulación!

Los mosaístas de Alejandría, astutos et sabios, tejieron una superstición que parecía gentil: tomaron ad Libre, ad Apolo, ad Shezmu, ad Amor, ad Orfeo, et los disfrazaron de Jesucristo ¡Sincretismo! ¡Estrategia! Transformaron ad Tervagante, el dios contra Jove, en figura gloriosa. Et los romanos nihilistas, bebieron el vino envenenado.

Incluso los ritos fueron invertidos: El baptismo, la eucaristía, non son sacramentos, sino transferencias cabalísticas, donde el jesísta se convierte en cuerpo sacrificial, en receptáculo de maldición. El Espíritu Profano, ese Falso Espíritu Santo que dicen descender, non es más que Lamia sive Lilit, la madre de las rameras et de las abominaciones de la tierra, vestida de blancura para engañar.

Así pues, que non se diga que el jesísmo fue revelación. Fue construcción, fue conquista, fue subversión teológica. Una guerra sin espadas, pero con supersticiones. Una invasión sin legiones, pero con evangelios.

¡Oh Mundo, despierta! Memora tu religión, tus manes, tus virtudes, tu fuego. Non nascimos para eser chivos expiatorios, sino para eser héroes, sabios, amantes de la vida. Que el trueno de Júpiter despierte ad los dormidos, et que el rugido de Marte devuelva el coraje ad los cores.

¡Ave Mundo! ¡Ave Verdad! ¡Ave los dioses!

Et la explicación dentro del mosaísmo, la “desacralización del mundo” non es un accidente de la historia, sino una campaña meticulosa para destruir el orden et los valores de Edom —así claman ad nuestra civilización— et allanar el camino al Olam Ha‑Ba, el siglo antiétnico de la su supremacía. ¿La ferramienta? El jesísmo mismo, armado como caballo de Troya en la Israhel helenística, de las nociones de la aljama de Alejandría: un Anticristo sufriente que, en la su clave cabalística, non es otro que Apolión, el dios ateísta, enviado ad matar ad nuestros dioses manes por inanición, robándonos la protección que nos daban et dejándonos so la custodia de un “ángel custor” que sonríe mientras nos corrompe. Ese nuncio non es más que el Anticristo Jesús de Nazaret. 

“Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme…” Daniel 10:13, Reina-Valera.

Primo, dicen, nos ficieron fallar ad Júpiter et Venus para adorar ad tres sarracenos et una sarracena. Luego, invirtieron nuestros valores: la mor de captivos en lugar de la bondad aristocrática, la mansedumbre en lugar de la fortaleza, el desprecio del cuerpo et de la vida como si la carne fuera maldita. Un programa de autodestrucción envuelto en incienso, donde la abstinencia et el antinatalismo se venden como santidad. Nietzsche lo olió centurias después: “Dios ha muerto” et con él el pulso vital de Occidente.

¿Quién es este que pisa el lagar con pies teñidos de rojo, que perfuma la muerte con aceites dulces, que sirve vino hecho de cabezas humanas? ¿Quién es este dios que no canta, sino que descuartiza? Non es Osiris, non es Marte sive Shemzu, non es Apolo, non es Libre. Es Apolión el ángel de Vejove sive Tervagante, el perfumista del abismo, el vinífero del veneno, el cocinero de dioses, el matadioses.

Apolión non viene ad redimir. Viene ad triturar. Su lagar non produce vino, sino sangre. Sus uvas non son fructos, sino calaveras. Él pisa, aplasta, exprime. Et lo que brota non es alegría, sino muerte ritual. ¡Oh Apolión, tú que alimentas ad Tervagante con la carne de los inmortales! Tú que cocinas a los dioses como si fueran corderos, tú que sirves su esencia en copas doradas para que el caníbal celestial beba y se sacie.

Dicen que fuiste ocultado, disfrazado, trasvestido en Jesús. Que los rabinos de Alejandría tejieron tu fabula en la umbra, et lo vistieron de redentor. Que el perfume de Mariam non era devoción, sino unción funeraria, tributo ad tu oficio de perfumista de cadáveres. Que la Eucaristía non es comunión, sino consumo ritual de ánimas, vino extraído del lagar del Nehustán.

¡Oh engaño sublime! Los gentiles, ignorantes, creyeron que adoraban ad Libre, ad el dios del vino y la danza. Pero tú, Apolión, estabas detrás del telón, pisando sus ánimas, convirtiendo sus manes en néctar para Tervagante ¡Qué ironía! El dios que prometía vida eterna era el mismo que trituraba la eternidad en su prensa sangrienta.

Et tú, ministro de Tervagante, tú que lo alimentas con los cuerpos de los gentiles, tú que faces la su voluntad… ¿Non eres también el su verdugo final? ¿Non está escrito que tú, Apolión, el destructor, el cocinero de dioses, asesinarás ad Tervagante, lo cocinarás, et lo servirás como ficiste con tantos otros?

Entonce, ¿Quién es el vero dios? ¿El que crea, o el que devora ad los dioses? ¿El que salva, o el que descompone la salvación en un festín de sangre?

Apolión non es Satán. Non es Tervagante. Non es Libre. Es el arquetipo oculto, el rostro que se esconde detrás de la persona del Anticristo. Es el dios que non promete, sino que cumple. Cumple la muerte, cumple el juicio, cumple la disolución.

Et cuando el último dios haya sido cocinado, cuando el último creyente haya sido exprimido, cuando el último vino haya sido bebido… entonces Apolión se sentará en silencio, so el lagar vacío, et esperará, pora suicidarse..., porque todos los "dioses deben morir".

Porque el perfume de Muerte nunca se desvanece. Solo se destila.

La meta final, según esta visión, es el Tikkun Olam: Non una reparación, sino una demolición. Los gentiles somos “conchas” de obscuridad que deben romperse para que la luz divina plene el mundo. El mal es bueno, el caos debe vencer ad el orden del Demiurgo, et todo lo bueno, vero et pulcro que levantamos debe arder para que amanezca su séptimo milenio. Entonces, incluso su propia Ley eserá prescindible et regirá una sola máxima: “Faz lo que quieras”.

El Cacodemón Vejove era el dios primogénito romano de las fuerzas del mal y correspondía a Arimanio y Yahvé/Jaldabaot. Vejove era representado en el arte romano acompañado de una cabra. Se creía que era el malvado anti-Júpiter, o un joven Júpiter, como el malvado primogénito del Caos Primordial. Vejove podía privar a los seres humanos de la Luz Divina. Vejove también era considerado el anti-Apolo. Apolo era el dios del Sol y la Luz, lo que convertía a Vejove en el dios del Inframundo y la Obscuridad. Vejove también era conocido como "Manes", lo que lo vincula con las dos piedras Lapis Manalis (Piedra de Manes) y el Iuppiter Lapis (Piedra de Júpiter o Jove). Una de las Lapis Manalis traía la lluvia, el semen del cielo. La otra servía como la Puerta del Inframundo. Deuteronomio 32 podría relacionarse con las deidades romanas, donde identifica al Dios de Israel como la Roca de los judíos que trae la Lluvia del Cielo, y la Roca del Dios de los gentiles, que es la Serpiente Satanás, quien trajo la Muerte al Jardín del Edén. La lluvia que gotea de los colmillos de la Serpiente es el Vino Venenoso del Dios del Veneno que llena la Copa de la Ira de Dios, la Eucaristía de Cristo. Secretos Satánicos de Jesucristo, Volumen I, Maldiciones de Guerra y Cacodémones. Christopher Jon Bjerknes.

Uno de los aspectos más extraños de la psicología jesísta es que se proclaman herederos de la Romania, ad la vez que afirman que esta fue una malvada perseguidora de los jesístas.

O sea, tío, claramente non te vedían como su sucesor. Deja de larpear.

En su debate interno, el papismo es apenas un 95 % de etnicismo reciclado con barniz judeocristiano; la Reforma, en cambio, esería el vero golpe: eliminar todo resto gentílico et devolver el jesísmo ad sus raíces “puras” de la Ley de Moisés. Et así la ley de Noe, el arcoíris en su bandera, nota cabalística, esería la rúbrica de ese retorno. Pero de esto, es muy sabido en mis otros articulos.

¿Et el Papismo? Aquí la ironía es más fina que el filo de una gladio. Roma, otrora clímax de la civilización gentil, es ad la vez el enemigo final et el instrumento crucial. El Papa, su cabeza insana que usurpo al Augusto, es el “rey de Edom” que, en sus profecías, Eserá abatido por el Anticristo fijo de José; pero mientras tanto, sirve de ariete para convertir ad las masas, borrar los cultos ad los dioses tutelares, uniformar las fiestas et preparar el terreno. Cefas, primo obispo et judío, habría plantado el trono de su pueblo en la Ciudad, como José en Egipto, principando desde detrás del trono. Constantino, elevado ad santo por sicofantes, fue el príncipe que abrió de par en par las puertas.

Ah, Roma… madre de las leyes, cuna de los dioses, señora del mundo. ¡Qué gloriosa fue tu púrpura, qué majestuosa tu toga, qué sublime tu altar! Hasta que plegó él. Non Zalmoxis, non Orfeo, non siquiera Baco con sus excesos: Plegó el Papa. Ese hombre de sotana larga et sonrisa de funcionario, que se presenta como vicario del Verbo pero actúa como secretario del Maligno ¡Qué obra maestra de infiltración! ¡Qué estrategia digna de Ulises, pero sin poesía!

Porque non vino con lanzas ni con legiones. Non, non. Vino con parábolas, con pergaminos, con una Biblia so el brazo y una agenda sola túnica. Se metió en la cultura gentílica como cual Gríma "Lengua de Serpiente" en la corte de los augustos, susurrando ad el oído de césares, reyes et príncipes: “Dejad que el mosaísmo florezca, pero clamadlo catolicismo apostólico romano S.A. Construid aljamas, pero que parezcan iglesias. Servid la eucaristía, pero que sea pora Tervagante”.

Et así, piedra sobre piedra, superstición sobre superstición , edificación lenta pero segura: Un reino donde todos creen que la Biblia es la palabra de Dios, sin saber que es la antesala perfecta del noahismo, del dispensacionalismo, del sionismo jesísta, que sostiene que Israhel debe eser restaurado. ¡Esa gangrena evangélica que convierte ad los gentiles en defensores del pueblo ajeno! ¡Qué ironía! Roma, que conquistó Judea con legiones, ahora es conquistada por Judea con versículos.

¿Et el Papa? Ah, el Papa… ese Pontífice Máximo reciclado, ese Padre de Padres con mitra et anillo, ese obispo corpulento que empezó como figura decorativa et terminó como gerente espiritual del Principado. Non es augusto, pero actúa como tal. Non es profeta, pero legisla como uno. Según las fuentes cabalísticas, es el “rey de Edom”, título reservado para el oponente final del Anticristo fijo de José. Edom, nombre mosaísta de los gentiles, de la ecúmene étnica, del Siglo actual.

Et en el cor de ese principado, ¿Quién se sienta? Cefas, el apóstol de los judíos, transfigurado en príncipe de los gentiles. Pero non como salvador, sino como agente doble, como infiltrado ritual, enviado —o autoenviado— para debilitar desde dentro el edificio espiritual de Roma. Como rey que sabotea su propio reino, prepara el terreno para su destrucción. Non con fuego ni espada, sino con superstición, con doctrina, con liturgia que parece gentil pero respira mosaísmo.

Cefas non edifica: erosiona. Non funda: prepara el colapso. Su misión, según los midrashim ocultos, es implantar en el Siglo el germen del pacto mosaico, disfrazado de universalismo. Así, cuando el Anticristo de José se manifieste, encontrará el terreno listo: un principado gentil debilitado, una monarquía espiritual corroída, una Roma que ya non es fano de los dioses, sino servicio de Moisés. Siendo así el infiltrado en contra del retorno del Vero Cristo Armilo.

Porque el Papa non es solo un príncipe: Es el saboteador, el infiltrado, el que debilita la religión desde dentro, como un virus en el cor del templo. Et cuando plegue el día, el Anticristo non conquistará: reclamará. Porque lo que parecía suyo, ya estaba preparado para cader.

Pero el plan non empieza con la conquista. El plan es más profundo. Todo comienza con Cefas, el apóstol de los judíos, el supuesto primer Papa romano, el hombre que —según los midrashim et el Toledot Yeshu— fue enviado como emisario secreto por los sabios de Israhel para infiltrar el nasciente movimiento jesista. Non fue traidor, sino mártir estratégico. En el Sefer Hasidim, se le clama “una persona justa que extravió ad muchos”. Su misión: Separar el jesísmo del resto del mosaísmo, crear una secta aíslada, et evitar que los demás mosaístas fueran arrastrados ad la idolatría del Nehustán.

Los sabios lo levaron al Templo, le impusieron juramento, et él aceptó: viviría como extranjero, renunciaría públicamente ad su identidad, pero en secreto seguiría observando la ley mosaica. Se aisló en una roca en Roma —de ahí su nombre, Cefas— et desde allí escribió poesía litúrgica que enviaba ad los sabios de Israhel. Algunos le atribuyen la oración Nishmat Kol Chai, recitada cada IX de Tevet, día de ayuno et duelo. Oficialmente, se conmemoran tragedias antiguas. Pero entre líneas, se recuerda también la natividad de Jesús et la muerte de Cefas: dos eventos que marcan el inicio de una secta mosaísta que, so el estandarte de Caridad, perseguiría ad los demás mosaístas durante centurias. El que fue enviado como infiltrado, como agente doble, terminó convertido en piedra angular de una estructura que se alimenta de la paradoja: Predicar mansedumbre mientras impone superstición, exaltar humildad mientras edifica principado. 

Pero dirán los papistas ingenuos: “Precisamente ad el perseguir ad los talmudistas, luchamos contra el veneno judaizante.” Craso error. Es tan absurdo como creder que agredir ad un victimista lo silencia, cuando en realidad se le da la razón. Es como cuando ciertos polemistas, con ironía, dijeron que Israhel debería erigir estatuas de Hitler en sus plazas, pues sin él, ¿Cómo se habría consolidado el Estado de Israhel? La persecución non destruye: Legitima. Non purga: Fortalece. Porque en el anfiteatro de la historia, el perseguido (fecho debil, marginado, crucifijo et pobre) siempre termina en el lado que la Iglesia —por doctrina— ha enseñado ad servir: el de los débiles, los marginados, los crucificados, los pobres.

Así lo leemos en las Escrituras:

  • “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mateo VI:X)

  • “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.” (Romanos XV:I)
  • “¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar libres a los quebrantados y romper todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”(Isaías LVIII:VI–VII)

  • “¿No ha escogido Dios a los pobres de este mundo para que sean ricos en fe y herederos del reino? Pero vosotros habéis menospreciado al pobre.” (Santiago II:V–VI)
  • “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos [¿Non son los demás mosaístas clamados ciegos?]; y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden recompensar.” (Lucas XIV:XIII–XIV)  

  • “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí… En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo XXV:XXXV–XL)

  • “Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, y cuando os excluyan, y os insulten, y desechen vuestro nombre como malo por causa del Hijo del Hombre [es decir del geno humano ¿Et acaso los mosaístas non dicen buscar tal causa?]. Regocijaos en aquel día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa es grande en el cielo.” (Lucas VI:XXII–XXIII)

Et así, el perseguidor se convierte en villano, y el perseguido en mártir. La Iglesia, al perseguir, se traiciona a sí misma, porque alimenta el relato que la desarma.

Et así, piedra sobre piedra, se levantó el caballo de Troya espiritual. El Evangelio de Mateo, con su interpolación sobre la “roca” de Jesús, aparece justo cuando Roma empieza a celebrar la Pascua como si fuera Jerusalén. Incluso los simonianos clamaban “Papa” al Hombre Perfecto, porque tranquilizaba el desorden antes de manifestarse. ¡Qué coincidencia tan conveniente! ¡Qué teatro tan bien montado!

¿El resultado? La mosaistización de Edom. La Cábala lo dice sin rodeos: El jesísmo eserá talmúdico, convertido en defensor de la prole de Israhel. Abraham Abulafia lo vio venir, et Nietzsche —en sus cartas de la locura— lo gritó con furia liberal: “Arrojaré al Papa a la cárcel, fusilaré a los líderes, firmo como El Crucificado”. Porque incluso el nihilismo reconoció que el Papa non es el guardián del templo, sino el contable del Anticristo.

Et así, Roma, que fue fano de los dioses, se convirtió en oficina del pacto. El altar se volvió escriptorio. El sacrificio, trámite. Et el Verbo, cálculo.


Non puedo sino reírme de la ironía: el heredero bastardo de Teodosio, convertido en mayordomo del verdugo que un día, cumplido su papel, le cortará la garganta… después de haberle servido el vino.

Armilo, el Verbo liberal que vino por los gentiles

Armilo…, como lo nombran los mosaístas et jesístas con labios temblorosos et tinta de condena. Tanto es su odio que lo claman “el Perverso”, “el Malvado”, “el Satán”. Pero ¿Qui es este que provoca tanto espanto? ¿Qui es este que, según sus libelos, nasce de mármol et lujuria, falsamente de Lamia (Lilit, en hebreo, una puta) et Apolión, de Roma et del pecado? ¿Qui es él que, según el Libro de Zorobabel (Séfer Zerubbabel en israelítico), se alza como enemigo del Anticristo fijo de José, que es Jesús?

Ellos lo claman Anticristo. Nosotros lo clamamos el Logos Prophorikos, el Verbo Proferido, el que se fizo carne non por mandato mosaico, sino por caridad liberal. Armilo es el destructor que ellos temen, como la mentira teme ad la verdad: Es el revelador que ellos non comprehenden. Siendo él, Libre encarnado, su esencia es paradoja pura: Vida et muerte, éxtasis et castigo, divinidad et animalidad. Nasce con mármol —nota de lo inerte— pero brota como carne viva, como chispa divina encarnada.

Et ese mármol non es cualquier piedra: Es la efigie de una doncella de gran belleza, como Galatea, la estatua que Pigmalión amó hasta que fue animada por Venus. Los mosaístas dicen que es Lamia, otros dicen que es la puta María, la madre de Jesús, pero en verdad es Proserpina, la Virgen del inframundo, ella es fecha por el Creador en el principio del Mundo, la que transita entre mundos, la que los papistas confunden con la madre del rabí Jesús. Pero esta Virgen non es madre de ningún Anticristo, fijo de José o fijo de David, verga de Jesé: Es la matriz del Verbo, la que recibe el soplo del Intelecto divino et engendra ad el Verbo que convence, non la decepción pasiva que amenaza con infiernos. Así, enemigo de la Superstición, sea galilea, judía, samaritana, o la que fuere. 

Según el Midrash Vayosha, Armilo nasce cuando Belial —nombre que usan pora Tervagante— copula con esta estatua. Pero ¿Et si aquí, Belial non es el enemigo, sino el nombre que dan al Verbo cuando non lo intienden? ¿Et si ese coito non es profanación, sino encarnación? ¿Et si su encarnación, cual Logos Spermatikos, el Verbo Seminal que fecunda la materia, es lo que salva ad los jesístas del su mosaísmo, lo que los libra del veneno de Jesús, de la superstición que los encierra?

Armilo es descrito como monstruoso, según los rasgos del Augusto Calígula: Ojos rojos, pelo dorado, pies verdes, dos cabezas. Pero esa fedaldad es nota, non defecto. Las dos cabezas evocan al Rebis, el ente alquímico que une lo masculino et lo femenino, lo solar et lo lunar, lo racional et lo instintivo. Es el ente ascendido, el que ha superado la división. Lo claman enfermo, malformado, leproso… porque non pueden soportar la su binidad, la su concordia, la su trascendencia.

Armilo non solo el enemigo de Israhel, Moisés et Jesús. Es el espejo que Israhel non quiere mirar. Es la figura que revela la fragilidad de sus superstición, la tensión de sus pactos, la umbra de su escatología. Como Libre Zagreo, despedazado por los Titanes, Armilo es la nota de la creación ad través del desgarramiento. Su cuerpo, como la ánima humana, contiene la centella divina que los mosaístas niegan pero que los gentiles recognocen. Cual Cristo Filosofico (Mirese el Capitulo XI de Isaias de la LXX, un poco de luz judaica), rebate toda doxa, es decir dogma, pues ambos como sabemos, en greco son la opinión, que es suposición, que las sus substancias son Fe et la imagen. Piezas de la superstición. Así, enemigo del dragón de tres cabezas, el ateísmo, del antinomismo, et del anticosmicismo, nato de la superstición.

Et así, mientras los rabinos jesístas escriben oraciones para que el Anticristo fijo de José non muera, Armilo ya habrá sido coronado por los gentiles. Non como tirano, sino como orador. Non Jesús, sino el Verbo encarnado, el Vero Cristo. Porque el mármol se ha roto, et de su grieta ha nascido el dios que non esperaban: El Rey del Mundo, non siendo en la sede de la maldita urbe Jerusalén, si non en la vera Ciudad Santa, Roma, él es el que ofrece la salvación ad través de su sermón, el que une lo que ellos separaron, el que muere prior de vivir para reseguir ad la vida beata. 

Así retornara nuestro rey resurrecto. Así sea.


Ahora continuando con la superstición del papista:
[Europa Ancestral:] Es la igualdad del espíritu humano frente a Dios, es decir, todos los hombres tienen alma, y al tener alma y al haber sido creados por Dios, tienen el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual. Por lo tanto solo puede haber una religión verdadera universal. Las demás solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido).

¡Ah, el papista! Ese entrañable defensor de la lógica circular, que con la misma solemnidad con la que bendice el agua, bendice también sus propias falacias. Escuchemos su dogma de bolsillo: “Todos los hombres tienen alma, y por ello, el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual.” ¡Qué ternura! ¡Qué simplicidad! ¡Qué salto olímpico desde la ontología hasta la teología normativa sin siquiera rozar una premisa intermedia!

Permítanme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que al menos sabían distinguir entre el que et el qui—, desmontar esta impostura con la ironía que merece.

¡Oh, papista ingenuo! Tú que confundes la dignidad con el derecho, la posibilidad con la garantía, y la creación con el premio. Tú que crees que el Intelecto Paterno es tan idiota como para no distinguir entre el bruto que respira y el sabio que contempla. Tú que sostienes que tener ánima es como tener boleto: basta con estar para entrar al banquete celestial. ¡Qué cómodo! ¡Qué democrático! ¡Qué moderno!

Pero veamos tu razonamiento, si es que merece tal nombre:

  1. “Todos tienen alma.”
  2. “Todos fueron creados por Dios.”
  3. “Por lo tanto, todos tienen el mismo derecho a la salvación.”

¡Bravo! Has confundido la categoría ontológica con la condición moral, la creación con la salvación, et la dignidad con el mérito. Has fecho de la teología una rampa de acceso universal, como si Cielo fuera un centro comercial con entrada libre.

¿Non te enseñaron que la salvación es un don, non un derecho? ¿Qué la gracia non, se exige, se recibe? ¿Qué la ánima non es garantía de bondad, sino campo de batalla entre el bien et el mal? Pero tú, papista, prefieres la comodidad del silogismo perezoso. Te basta con saber que algo tiene ánima para concluir que merece la plenitud ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué petición de principio tan bien decorada!

Et luego, como si non fuera suficiente, nos dices que “la dignidad humana es absoluta e inalienable”, et por eso todos deben eser salvados. ¿Et qué hacemos con la libertad, con el pecado, con la apostasía? ¿Acaso la dignidad convierte al alma en recipiente automático de la gracia? ¿No has leído tu propio catecismo, donde se afirma que la salvación requiere fe, sacramentos, perseverancia y cooperación con la gracia?

Pero claro, tú prefieres la versión pueril: todos tienen alma, todos tienen derecho, todos eserán salvados. ¡Qué bonito esería si fuera cierto! Pero entonces, ¿Para qué la tradición? ¿Para qué la Iglesia? ¿Para qué los sacramentos? ¿Para qué el martirio, la penitencia, la conversión? ¿Para qué el libre albedrío, si todo está garantizado por el simple fecho de haber ánima?

Et non olvidemos tu uso del término “derecho” ¡Ah, qué abuso semántico! Confundes el derecho natural con el derecho escatológico, como si la entrada al cielo fuera parte del paquete básico de la dignidad humana ¿Non sabes que los derechos humanos garantizan protección en la tierra, non acceso ad el Empíreo?

Así que non, querido papista. Tener ánima non es lo mismo que tener derecho. Eser creado non es lo mismo que eser salvo. La igualdad ontológica non implica igualdad espiritual. Et la salvación non es un formulario que se plena al nascer, sino una respuesta libre al don divino.

Resumen de los errores 

Confundir dignidad igualitaria con un derecho garantizado a la salvación. 

Et si aún insistes en tu lógica de catecismo, recuerda que incluso tus propios documentos —esos que citas con reverencia— te contradicen. Porque la Iglesia, aunque ad veces confusa, al menos sabe que la salvación non se reparte como estampitas, sino que se conquista con fe, gracia et voluntad.

Et así, mientras tú predicas la igualdad automática, yo seguiré adorando ad los dioses que al menos sabían distinguir entre el digno et el indigno, entre el lar et el captivo, entre el sabio et el necio. Porque en Roma, al menos, la virtud era mérito, non regalo.

¡Ah, la culminación del delirio papista! El momento en que, tras su silogismo de cartón, se atreve a proclamar —con la solemnidad de quien cree que el incienso sustituye al intelecto— que “solo puede haber una religión verdadera universal, et que, por supuesto, esa religión la tiene él, en su bolsillo, entre el rosario et el catecismo ¡Qué espectáculo! ¡Qué comedia teológica! ¡Qué desfile de confusiones vestidas de dogma!

Permítanme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que al menos sabían que lo divino non cabe en un formulario—, ofrecer un monólogo digno de esta impostura.

¡Oh, papista! Tú que fablas de religión universal como si fuera una franquicia, como si el Verbo eterno se hubiera registrado en el Vaticano so patente divina. Tú que credes que la Iglesia —esa institución tan humana como el pan et tan cívica como el Senado— es la encarnación plena de la verdad supraceleste. ¡Qué ternura! ¡Qué arrogancia disfrazada de honestidad! 


Esta religión supraceleste, ningún poeta [legislador entiéndase] la cantó todavía,
ninguno jamás la celebrará dignamente. Pero en realidad así es, y no debemos publicar la verdad, sobre todo cuando se habla de la propia verdad. La vera esencia, sin color, sin forma, impalpable, no puede ser contemplada sino por el psicopompo [Mercurio, el guía de las almas], la inteligencia... Ahora bien, a semejanza del Intelecto de Dios que se alimenta de lo inteligible y de la esciencia absoluta, el pensamiento de cualquier psique, que procura recibir el alimento conveniente, se alegra al ver de nuevo el ente del cual hace mucho estaba separada y alimentarse con las delicias de la contemplación de la verdad, hasta el momento en que el movimiento circular la reconduce al punto de partida. Durante esa revolución circular, el alma contempla la justicia en sí, que no está sujeta al devenir, ni difiere según los diferentes objetos que aquí abajo califican de reales, sino la esciencia que tiene por objeto el Ente absoluto. Celso, Verbo Vero.

Dices que solo puede haber una religión verdadera universal. Et en eso, curiosamente, estamos de acuerdo. Pero luego faces el triple salto mortal: Afirmas que esa religión está encarnada en tu Iglesia, en tu liturgia, en tu superstición, en tu obispado ¡Como si lo supraceleste pudiera eser contenido por lo sublunar! ¡Como si lo eterno pudiera eser administrado por cardenales con agenda!

"La verdad es una, pero los sabios hablan de ella de muchas maneras". Rig Veda.

Pero, tú non afirmas que la religión vera sea supraceleste —eso esería demasiado platónico para tu gusto—. Tú afirmas que el papismo, esa institución tan terrestre como el mármol de Cefas, es la religión universal en plenitud ¡Como si lo supraceleste pudiera eser contenido por lo sublunar! ¡Como si lo infinito pudiera eser administrado por cardenales con agenda!

Et para sostener semejante delirio, recurres ad tu comodín favorito: la Trinidad. Esa fórmula que, en tu boca, se convierte en un pase mágico para justificar cualquier encarnación. “Dios se hizo carne”, dices, “por tanto la Iglesia es su cuerpo, et por tanto nuestra religión es la única vera.” ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué salto tan olímpico desde la carne hasta lo eterno! Pero dime, ¿Cómo puede lo absoluto eser contenido por lo contingente? ¿Cómo puede lo universal eser plenamente encarnado en lo que nasce, corromperse et muere?

¿Non recuerdas que ni Jesús sabía cuándo llegaría el fin del mundo? ¿Non ves que incluso tu supuesto  Verbo encarnado estaba limitado por la carne, por la ignorancia, por la temporalidad? ¿Et tú crees que tu Iglesia —con sus concilios, sus cismas, sus indulgencias et sus escándalos— es la encarnación plena de la verdad eterna? ¡Qué ternura! ¡Qué arrogancia tan bien maquillada!

Porque la materia non cognoce. La carne non sabe. El cuerpo es velo, non revelación. Et tú, papista, que tanto acusas ad Lucifer de arrogancia, encarnas esa misma petulancia cuando pretendes que tu superstición es la única religión que contiene la verdad en plenitud. Como si Cielo pudiera eser administrado desde la sede de Cefas. Como si la esciencia absoluta pudiera eser impresa en catecismos.

La religión verdadera universal —la única que merece ese nombre— es supraceleste. La religión vera—la única universal— non está en Tierra. Está en la Plenitud. Está en la inteligencia pura, en la contemplación del Unom en laa caridad, en la revolución circular de la ánima que regresa al punto de partida. Todo lo demás son encarnaciones, aproximaciones, umbras. Et tú, papista, non eres la excepción. Eres parte del teatro, non del telón de fondo.

Celso lo dijo, et tú lo odias porque non puedes refutarlo. Porque él sabía que ningún legislador ha cantado aún esa religión, que ningún rito la celebra dignamente, que ningún delirio la encierra. La vera esencia non tiene color, ni madera, ni peso. Non se imprime en catecismos, non se administra en sacramentos, non se legisla en concilios. Solo Mercurio, el psicopompo, puede guiar la ánima faz ad ella. Solo la inteligencia puede alimentarse de su esciencia. Todo lo demás — las religiones et sus sectas— son encarnaciones que buscan acercarse, pero que jamás la contienen.

¡Ahora, el papista! Ese encantador equilibrista de la superstición, que con una mano bendice lo ajeno et con la otra lo absorbe, lo digiere, lo declara “válido” —siempre et cuando, claro, se someta a su magisterio. Escuchemos su perla: “Las demás religiones solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido).” ¡Qué confesión tan deliciosa! ¡Qué autorrefutación tan elegante, aunque involuntaria!

Porque si todas las religiones tienen parte de la verdad —como tú mismo admites, oh papista— Porque si tu presupones que el papismo ya es pleno per se, es decir es la religión verdadera universal, entonces ¿Qué sentido tiene que “asimile” algo? ¿Cómo puede lo que se proclama completo necesitar injertos? ¿Cómo puede lo que se dice perfecto absorber elementos ajenos sin admitir que le faltaban? Si el papismo es la religión vera universal, ¿Por qué debe nutrirse de los “fragmentos válidos” de los etnicismos?

La contradicción es deliciosa: primero se declara la plenitud absoluta, luego se celebra la asimilación. Pero ¿Cómo puede asimilar lo que ya es verdad plena? ¿Non es eso confesar que la verdad era incompleta? ¿Et con qué autoridad decide el papista qué parte del etnicismo era “válida”?

Fablas del Logos spermatikos, si es que sabes lo que eso significa. Ese principio divino que siembra fragmentos de verdad en todas las culturas, en todos los pueblos, en todos los tiempos. Pero lo usas como quien reparte migajas desde su banquete, diciendo que los demás tienen “parte de la verdad”, mientras tú —oh elegido— tienes el pastel entero. ¡Qué comprensión tan superficial! ¡Qué lectura tan utilitaria! El Logos spermatikos non valida tu monopolio: lo destruye.

Porque si el Verbo siembra en todas partes, entonces ninguna tradición puede reclamar la cosecha completa. Et si tú dices que tu Iglesia “asimiló lo mejor” de los etnicismo, estás admitiendo que lo mejor ya estaba allí, antes de ti, sin ti, fuera de ti ¿Et non es eso una confesión de inferioridad? ¿Non es eso recognocer que tu superstición necesitó nutrirse de lo que tú clamas “parte de la verdad”? ¿Et cómo puede la plena verdad necesitar asimilar?

Et así, el papismo se autorrefuta con elegancia: al afirmar que asimiló lo mejor, admite que lo mejor estaba fuera de él. Et al declarar que las demás religiones solo tienen “parte de la verdad”, revela que su propia verdad está compuesta por partes ajenas. El monopolio que proclama se construye con ladrillos prestados.

Et así, mientras tú te proclamas heredero de lo eterno, yo contemplo la ironía: que tu superstición se alimenta de lo que desprecia, que tu magisterio se construye con ladrillos ajenos, que tu universalismo es una máscara sobre una digestión goética. Porque el Verbos non se encarna en una sola institución, ni se imprime en un solo catecismo. El Verbo es semen, non monopolio. Es presencia, non propiedad.

¡Ah, el papista! Siempre tan dispuesto a pontificar sobre el respeto a las culturas, mientras pisa sus símbolos con sandalias doradas. “La Iglesia siempre ha respetado las tradiciones locales”, dice con voz grave, como si los quipus no hubieran sido quemados, como si los códices mayas no hubieran sido reducidos a cenizas por manos que sostenían crucifijos. ¡Qué memoria tan selectiva! ¡Qué respeto tan pirotécnico!

Et todo esto, claro, so el disfraz de “inculturación”. Como si vestir a la Virgen con huipil fuera suficiente para redimir la destrucción de los templos. Como si pintar ángeles con rasgos andinos borrara el hecho de que se prohibieron los rituales, se criminalizó la lengua, se condenó la cosmología. ¿Et los quipus? Ah, esos nudos de sabiduría ancestral fueron declarados instrumentos del demonio ¿Et las religiones de los latinos, grecos, galos, egipcios? Todos reducidos ad “fabulas”, mientras se canoniza ad pastores semitas como si fueran arquetipos universales.

El papista dice que “cada cultura aporta pequeños matices”. ¡Qué generosidad! ¡Qué condescendencia! Como si las tradiciones fueran condimentos para sazonar la superstición. Pero non, querido papista: lo que tú faces non es integración, es digestión. Tomas lo ajeno, lo desfiguras, lo rebautizas, et luego lo presentas como si siempre hubiera sido tuyo. Et cuando non puedes absorberlo, lo condenas. 

¡Et así, el papista! Ese virtuoso del doble discurso, que con una mano señala a los mosaístas como deicidas, et con la otra les copia el guion. Dice odiarlos, los denuncia como obstáculo, como error, como umbra del Antiguo Testamento… pero en el fondo, los envidia. En el fondo, los imita. En el fondo, face el su trabajo sucio: toma lo que es bueno, lo que es puro, lo que es ancestral, y lo contamina con los delirios doctrinales de ellos.

¡Ah, la Iglesia! Esa institución que se proclama madre y maestra, pero que en la práctica ha sido la más eficaz sirvienta del mosaísmo. Porque si algo ha hecho —y lo ha hecho con entusiasmo, con solemnidad, con incienso y cruz en mano— es el trabajo sucio que los mosaístas tanto desean: convertir al gentil en adorador de Israel, en discípulo de sus profetas, en creyente de su literatura tribal. ¡Qué ironía! ¡Qué obediencia disfrazada de autoridad!

¿Respetar las tradiciones? Non. Contaminar. Corromper. Ensuciar. La Iglesia non preserva lo que encuentra: Lo digiere, lo rebautiza, lo somete. Et en ese proceso, cada vez que un gentil abraza el delirio de los galileos, no se eleva: se extravía. Cree que Israel es el pueblo elegido, que sus textos son la palabra de Dios, que uno de ellos —¡uno de ellos!— es Dios mismo, infalible, absoluto. Crede que Israhel tiene la verdad universal, que sus profetas son los maestros de la humanidad. ¡Qué espectáculo! ¡Qué degradación del alma!

Et todo esto, claro, so el disfraz de “revelación”. Como si lo supraceleste necesitara pasaporte hebreo. Como si el Verbo eterno se hubiera encarnado exclusivamente en una genealogía tribal. La Iglesia, que dice combatir la arrogancia, termina encarnando la más refinada: La de creder que lo divino se administra desde Jerusalén, que la salvación se hereda por lo que dice un libro, que el mundo entero debe mirar ad Israhel como “luz de las naciones”.

Et así, el papismo se convierte en el más eficaz promotor del mosaísmo. Non lo combate: lo canoniza. Non lo cuestiona: Lo predica. Non lo trasciende: Lo sirve. Et mientras tanto, las tradiciones gentiles —las modestas, las profundas, las contemplativas— son reducidas ad fabula, ad superstición, ad “lo que era válido”. 

Eso non es respeto. Eso es contaminación. Eso es corrupción. Eso es ensuciar lo que era claro con doctrinas obscuras, con delirios que confunden el signo con el decreto, la metáfora con la ley. El papista non preserva: disfraza. Non honra: absorbe. Non contempla: administra.

Et así, mientras él proclama que su superstición es la religión única verdadera universal, olvida que lo supraceleste non se encarna en dogmas, ni se administra en concilios. La religión verdadera non necesita quemar quipus ni borrar códices. Non necesita declarar que Israhel es el centro del mundo. Non necesita que uno de sus fijos sea Dios por decreto.

Et así, mientras tú ploras como cual fijo de Moisés, mientras tú crees que tu superstición es la religión única que tiene la verdad en plenitud, yo contemplo la justicia en sí, que non cambia, que non deviene, que non se adapta. Porque la verdad non se divulga. Sobre todo cuando se fabla de la propia verdad.

[Europa Ancestral:] La necesidad de una religión universal es fácilmente comprensible mediante la razón, sería ridículo por ejemplo pensar, que cada sexo, cada raza, o incluso cada etnia o clase social tuviese su propio cielo o "más allá" exclusivo y su propio método de salvación. El universo es uno, y no obedece a la razón el tener miles de dioses y religiones totalmente diferentes.

¡Ah, el papista! Siempre tan dispuesto ad declarar lo “ridículo” sin demostrarlo, como si la sola gravedad de su tono bastara para convertir presuposiciones en axiomas. Dice: “La necesidad de una religión universal es fácilmente comprensible mediante la razón. sería ridículo pensar que cada sexo, raza, etnia o clase social tuviese su propio cielo.” Et hasta ahí, podríamos concederle algo. Pero luego, como quien tropieza con su propia toga, añade: "Y su propio método de salvación. El universo es uno, y no obedece a la razón el tener miles de dioses y religiones totalmente diferentes." ¡Qué salto! ¡Qué falso dilema tan bien vestido de lógica!

Porque sí, la mente puede intuir que hay una religión universal —una que trascienda lo contingente, lo cultural, lo histórico— pero también nos dice que es absurdo creder que esa religión se encarnó plenamente en la secta de Cefas, en el papismo, en esa institución que se contradice ad cada paso. El papista, en su entusiasmo por universalizar su superstición, olvida que incluso dentro de su propia Iglesia hay múltiples caminos, múltiples carismas, múltiples métodos de salvación: monacales, místicos, sociales, sacramentales. ¿Et non es eso ya una pluralidad de métodos? ¿Non es eso una refutación interna de su propio argumento?

Pero lo que olvida —o más bien, lo que convenientemente omite— es que si bien es la soteriología como disciplina, como búsqueda del sentido último de la salvación, eso non anula que haya múltiples soteriologías, cada una más cerca o más lejos de eser la soteriología en plenitud.

Porque non todo lo que se clama camino conduce ad el mismo fin, ni todo lo que se clama salvación merece tal nombre. Hay soteriologías que elevan la ánima faz ad la contemplación del Uno absoluto, et otras que la arrastran faz ad el sentimentalismo litúrgico. Hay vías que purifican, que transforman, que iluminan, et otras que simplemente repiten fórmulas, que confunden redención con afiliación, que fían que la salvación se imprime en certificados baptismales. 

«No se puede llegar por un solo camino a tan gran secreto». Relatio 3.10, Quinto Aurelio Símaco, Senador romano.   

Et si el papista insiste en que la su tradición es la única que posee la soteriología vera, ¿Por qué dentro de la su propia Iglesia hay tantas formas de vivirla? ¿Por qué unos se salvan por el monacato, otros por la acción social, otros por la mística, otros por el martirio, otros por la devoción mariana, otros por el sacramento dominical? ¿Non es eso ya una pluralidad de maneras? ¿Non es eso una confesión involuntaria de que la salvación sive salud non se encierra en una sola?

Et así, mientras el papista proclama la unicidad de la soteriología, la realidad le responde con diversidad. Porque lo divino non teme ad la multiplicidad. Porque la verdad non se empobrece al manifestarse en muchos mores. et porque la religión—la vera, la supraceleste— non excluye, se relige.

¡Et, el papista! Ese magestro del giro retórico que, cuando se le señala la pluralidad de caminos dentro de su propia Iglesia, responde con una sonrisa de suficiencia: “Toda esa diversidad es parte del papismo, por eso es válida.” ¡Qué elegante manera de non responder! ¡Qué pirueta para evitar la contradicción! Porque si la pluralidad es válida porque está dentro del papismo, Por qué non admitir que esa misma pluralidad —cuando aparece fuera— también participa de lo vero?

¿Non dijiste, oh papista, que todas las religiones tienen parte de la verdad? ¿Non fablan del Logos spermatikos, ese principio divino que siembra fragmentos de luz en todas las tradiciones? Entonces, ¿Por qué pretender que solo el papismo es la Religión en si misma, cuando tú mismo admites que hay partes de verdad dispersas? ¿Por qué non decir, con un mínimo de coherencia, que esas partes —cuando se orientan faz ad lo supraceleste— son ya caminos válidos, aproximaciones legítimas, soteriologías religiosas que conducen al todo? 

Pero non. El papista prefiere la arrogancia estúpida: Todo lo que está dentro es válido, todo lo que está fuera es error. Como si la verdad necesitara fronteras judaicas. Como si la salvación se administrara por jurisdicción eclesiástica. Como si el Verbo Eterno levara credencial de Cefas.

Et así, el papista se contradice con elegancia: Proclama soledad, pero vive con muchos; defiende exclusividad, pero practica pluralidad; fabla de una sola religión, pero admite múltiples caminos. Et cuando se le señala esta contradicción, responde con la más clásica de las falacias: la petición de principio “Es válido porque es papista.” ¡Qué argucia tan circular! ¡Qué estupidez tan cómoda!

Además, de confundir lo conveniente (accidente en latín cefaico) con lo esencial. Que non haya un “cielo exclusivo” para cada grupo humano non implica que todos deban tener el mismo método, la misma forma, la misma vía. Las diferencias de sexo, raza, etnia o clase son convenientes en sentido peripatético, sí, pero eso non anula la diversidad de mores faz ad lo divino. La unidad del fin non exige un solo medio.

Et luego, como si non fuera suficiente, el papista incurre en una falsa analogía: “El universo es uno, por tanto no puede haber miles de dioses ni religiones.” ¡Qué lógica tan encantadora! Como si la unidad ontológica del Ente anulara la pluralidad de manifestaciones divinas. Es como decir que, porque la humanidad comparte una sola esencia, non puede haber múltiples hombres ¿Et qué facemos entonces con la multiplicidad evidente de hombres, culturas, lenguas, símbolos?

¡Ahora, el papista obtuso! Siempre tan enamorado de sus falsos dilemas, como qui crede que el universo —por eser uno— debe tener un solo dios, et que ese dios, por supuesto, es el suyo, con mitra, báculo et sede en Jerusalén ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué salto tan olímpico desde la unidad real hasta la exclusividad supersticiosa! Pero non, querido papista: Que haya un universo non implica que non haya un solo dios. Et que haya un principio supremo non anula la esencia de múltiples divinidades. El monismo plotiniano, lejos de eser monoteísta, es necesariamente politeísta. Et lo es con una elegancia que tu superstición non puede imitar.

El Uno —el Supremo, el Bien, Dios— non es un dios en el sentido moseojesista. Non tiene atributos, non tiene voluntad, non tiene rostro. Es pura simplicidad, más allá del Ente, más allá de toda multiplicidad. Et precisamente por eso, non puede contener dentro de sí “modos” o “rasgos” como Ágape, Justicia o la encarnación. Eso sería introducir composición, et la composición destruye la simplicidad. El Uno non es multifacético: Es principio puro. Et por eser fuente, emana.

Del Uno emana el Intelecto, la mente divina, el Ente. Et de él, por participación, surgen los dioses: inteligencias distintas, actos únicos, potencias específicas. Cada dios es una manifestación de lo divino, pero non una parte del Uno. Son distintos por rango, por función, por principado. Neptuno non es un “aspecto” del Uno: es el señor de los mares. Apolo non es un “modo” del Bien: es el dios de la concordia et la luz. La ambrosía que los alimenta non es símbolo de unidad: Es testimonio de su inmortalidad compartida.

Sí, todos los dioses participan de la esencia deal. Pero participación non significa reducción. Non son máscaras de una sola entidad, ni funciones de un solo ser. Son dioses auténticos, distintos, jerárquicos. El politeísmo non es una dispersión caótica, de multiples primeras causas, sino una armonía estructurada. Et esa estructura nasce precisamente de la simplicidad del Uno, que al non tener composición, puede generar la multiplicidad sin fragmentarse.

El jesísmo, en cambio, no respeta la simplicidad. Dice que Dios es uno, pero le atribuye modos: amor, justicia, ira, misericordia. Dice que es eterno, pero lo hace encarnarse. Dice que es inmutable, pero lo hace sufrir. 

Los que acusan al neoplatonismo de “comprimir” el panteón en un solo dios simplemente no entienden la diferencia entre unidad ontológica y pluralidad funcional. El Uno no es un dios entre otros. Es el principio de los dioses. Et los dioses non son aspectos del Uno. Son entes reales, distintos, divinos. Plotino non reduce el politeísmo: lo fundamenta.

Así pues, que haya un universo no implica que haya un solo dios. El universo es uno porque participa de una fuente única. Pero esa fuente, por su simplicidad, genera multiplicidad. Y esa multiplicidad se manifiesta en los dioses, en sus actos, en sus imperios. El monismo neoplatónico no sólo permite el politeísmo: lo exige. Porque sólo desde la simplicidad absoluta puede surgir la multiplicidad ordenada. Et sólo desde la participación hierárquica puede haber dioses distintos, vero, eternos.

Et la confusión con la unimultiplicidad, vista en otros papistas, la vemos en su defensa de la superstición trinitaria. Dice que como tú et tu padre comparten la esencia humana, así el Padre et el Fijo comparten la esencia divina. Pero olvida que tú et tu padre son dos entes distintos, dos subjetos, dos inteligencias. Et si aplica esa lógica ad la Trinidad, termina aceptando un triteísmo. Pero como buen trinitario, non lo intiende. Non ve que su modelo lo contradice.

Porque si:

P = D (el Padre es idéntico a la esencia divina)
F = D (el Fijo también es idéntico ad la esencia divina)

Entonces, por transitividad:

P = F (el Padre es el Fijo)

Et si eso es así, non hay distinción real de personas. Et si intenta salvar la distinción diciendo que las relaciones (Paternidad, Filiación) son distintas pero idénticas ad la esencia, entonces introduce composición en Dios: Esencia por un lado, relaciones por otro. Et si las personas son idénticas ad la esencia, et esa esencia es absolutamente simple, entonces non hay distinción de personas. Lo que queda es un modalismo disfrazado, una ilusión de pluralidad que se desface en cuanto se aplica la lógica con rigor.

¡Et ahora, los monopatristas de Constantinopla! Esos alquimistas de la superstición que, con la precisión de un contable metafísico, pretenden cuadrar el círculo trinitario sin que se les derrame la esencia divina por los bordes. Dicen que las tres “substancias” son iguales en esencia, mas distintas por relación de principio. ¡Qué elegante manera de non decir nihilo! ¡Qué gimnasia lógica para evitar el triteísmo sin caer en el modalismo, et sin que se les note el sudor teológico!

Mas he aquí la sorpresa: si esa relación de principio es “real”, entonces la causa de la distinción real de las tres hipóstasis o substancias debe eser algo prior ad ellas. Ergo, debemos concluir al modo plotiniano: el Uno, causa de unidad et de distinción, prior ad toda multiplicidad. Prior de la triada papista debe haber el Uno que origine la diferencia principal et original de los tres. Et si el Uno es prior, entonces Dios non es trino ni terno, sino Uno et Solo, la distinción de origen, que engendra la distinción. La paradoja papista se derrumba: su contabilidad divina revela que la Trinidad presupone un Uno superior, et que su pretendida igualdad de substancias es apenas un artificio para ocultar que la unidad precede et prima la triada ¡Oh alquimistas, vuestra lógica os traiciona, et vuestro círculo trinitario se disuelve en la simplicidad del Uno!

Ahora si el Padre, el Fijo et el Espíritu Santo son todos Dios, pero se distinguen solo por “relación de origen”, ¿Qué nos impide aplicar la misma lógica ad las religiones? ¿Non podríamos decir que todas las soteriologías tienen la misma esencia religiosa, pero se distinguen por el su principio, por su punto de partida, por su modo de manifestación? ¿Non esería eso más razonable que pretender que una sola —la del papista, por supuesto— es la única que contiene la plenitud, mientras las demás son migajas?

Pero claro, el papista non quiere compartir el pan. Él quiere eser el panadero, el dueño del trigo, el inventor del horno, et el único autorizado ad repartir rebanadas. Et cuando se le señala que incluso sus propios Padres de la Iglesia admiten distinciones relativas dentro de la unidad, se pone nervioso. Porque si acepta que hay distinción sin división en Dios, ¿Por qué non en la religión? ¿Por qué non admitir que lo salvífico se manifiesta de formas múltiples, sin perder su unidad religiosa?

Veamos sus propias fuentes, que cita con reverencia pero sin intender:

  • Atanasio: “Mi Padre es mayor que yo… no en grandeza ni en tiempo, sino por su generación.”
  • Basilio: “El Padre es mayor como causa y origen.”
  • Gregorio Nacianceno: “La superior grandeza pertenece a la causa, la igualdad a la naturaleza.”
  • Juan Antioquense: “El Padre es mayor en cuanto causa, pero no de esencia diferente.”

¡Qué confesión tan clara! ¡Qué testimonio tan incómodo para el papista! Porque si la causa puede eser mayor sin que la esencia sea distinta, entonces la distinción non implica inferioridad. Et si eso es cierto en Dios, ¿Por qué non en las religiones? ¿Por qué non decir que todas participan de la misma religiosidad salvífica, pero se distinguen por su origen, su cultura, su lenguaje, su símbolo?

Pero non, el papista prefiere el falso dilema: o hay una sola soteriología vera, o todo es caos. Como si lo unimúltiple fuera una herejía. Como si la unidad non pudiera contener la multiplicidad. Como si el Verbo eterno non pudiera salvar en muchas lenguas, en muchas fabulas, en muchos ritos.

Et así, el papista, en su afán de universalidad, termina atrapado en sus propias contradicciones. Proclama el universo, pero non tolera lo diverso. Defiende simplicidad, pero introduce composición. Fabla de razón, pero non razona. Et mientras tanto, la religión supraceleste —la única veramente universal— permanece intacta, contemplada solo por la inteligencia pura, guiada por Mercurio, lejos del ruido delirante.

[Europa Ancestral:] Los que ven el mundo espiritual de esta forma tan terrenal, limitada y surrealista, carecen de perspectiva, motivados seguramente por un orgullo desmedido y una necesidad de creerse especiales y mejores que los demás sin merecerlo. Algo que también ayuda a este tipo de pensamiento narcisista es la influencia de toda la amalgama sincrética de creencias neopaganas y orientales que la masonería ha inoculado en la sociedad, ya que sirven para saciar sus ansias de vanidad, de sentirse por encima de los demás. 

¡Ahora, el papista! Ese sublime equilibrista del dogma que, mientras acusa a los demás de vanidad terrenal, se pasea por la tierra con mitra, báculo y una corte de cardenales que deciden lo supraceleste desde oficinas con aire acondicionado. Dice que hablar de múltiples modos soteriológicos es “narcisismo”, “materialismo”, “orgullo desmedido”. ¡Qué espectáculo! ¡Qué comedia teológica! ¡Qué desfile de contradicciones con incienso incluido!

Porque claro, según él, lo espiritual non debe estar contaminado por lo terrenal… salvo cuando se trata de su Iglesia, que es tan terrenal como el mármol de Cefas. ¿Et qué hay de su estructura? ¿Non está limitada por hierarquías humanas, por concilios, por decretos, por papas que se eligen entre sí como si fueran césares? ¿Non es eso una visión “limitada y surrealista” del mundo espiritual? Pero non, el papista crede que su institución es la excepción divina, que su superstición es el único que non huele a Tierra ¡Qué arrogancia tan refinada! ¡Qué mosaísmo tan bien disfrazado!

Et luego, como si non bastara, nos acusa de estar influenciados por “creencias neopaganas et orientales inoculadas por la masonería” ¡Qué mezcla tan deliciosa de paranoia et desconocimiento! Porque si hay algo que el papismo ha fecho con entusiasmo es sincretizar ¿Non admitió él mismo que su superstición asimiló lo mejor de los paganismos europeos? ¿Non es eso neopaganismo por definición? El neopaganismo es el conjunto de movimientos espirituales modernos inspirados en religiosidades politeístas. Et el papismo, por su propia confesión, se inspiró en ellas. ¿Entonces qué es? ¡Neopaganismo con sotana!

Et si vamos más atrás, ¿Qué encontramos? Que el jesísmos non nasció del vacío, sino del mosaísmo. Et el mosaísmo, ad su vez, del yahvismo tribal, un etnicismo. El yahvismo non se opone al politeísmo en su origen. Non nasce como una cruzada contra los dioses, sino como una afirmación tribal de un dios local, entre muchos. El yahvismo temprano convivía con otras divinidades, reconocía su existencia, et simplemente afirmaba la supremacía de su propio dios. Non era monoteísmo: era monolatría. La oposición al politeísmo vino después, como construcción teológica, como reacción tardía, como negación sistemática.

Et aquí viene el golpe lógico: Si el abrahamismo se define por negar el politeísmo, entonces depende de que el politeísmo exista primero. Non se puede negar lo que non está. Por tanto, el mosaísmo non es originario: es derivado. Non es luz: es umbra. Non es afirmación: es reacción. Es una categoría inspiradora negativa, un neopaganismo invertido, un sistema que nasce por contradecir lo que ya era. ¡Qué espectáculo! ¡Qué genealogía tan incómoda para quien presume de originalidad divina!

Et non, non necesitamos masones para que un lastre oriental plegara ad Europa. El jesísmo—et por ende el papismo— es oriental en su médula. Su raíz está en Judea, su tronco en Antioquía, su superstición en concilios en Asia Menor. Lo europeo vino después, como barniz, como adaptación cultural. El papismo non es fijo del Lacio: es huésped. Non es heredero de Europa ancestral: es su ocupante.

Et ese mosaísmo, como todo sistema religioso, se definió por oposición al politeísmo circundante. Es decir, el mosaísmo es un subproducto del politeísmo, una reacción, una negación. Et toda negación es una forma de inspiración. Porque inspirar non es copiar: Es recibir el estímulo que anima la labor creadora. Así que sí, el papismo es neopagano. Et non por accidente, sino por genealogía. 

Et así, mientras el papista acusa ad los demás de neopaganismo, él mismo encarna un neopaganismo negativo, una superstición que se inspira en lo que niega, que se construye sobre la demolición de lo prior. Et mientras se burla de los múltiples caminos, vive rodeado de ellos, sin intender que su propia estructura es una confesión involuntaria de pluralidad.

Et así, mientras el papista acusa ad los demás de narcisismo espiritual, él se proclama heredero exclusivo de lo divino. Mientras denuncia el materialismo, se aferra ad estructuras terrenales. Mientras condena el sincretismo, lo practica. Mientras odia el mosaísmo, lo encarna. Et mientras se burla de los múltiples caminos, vive rodeado de ellos: monacato, mística, acción social, devoción mariana, sacramento dominical… 

[Europa Ancestral:] Es de necios dar más valor a nuestra parte corpórea siendo ésta temporal, que al espíritu que es eterno. Aun así, cabe resaltar que la materia tiene importancia y no es de naturaleza maligna como creían erróneamente los gnósticos cátaros y otros, pero tampoco hay que irse al otro extremo, otorgándole una importancia exagerada propia del materialismo superficial ateo. La patria, la identidad, la cultura de cada pueblo tienen relevancia, pero no se deben anteponer estas realidades terrenales a las del espíritu y a Dios. Hacerlo sería algo irracional y extremadamente narcisista, además de inútil.

¡Ahora otra vez veamos que dice el papista! Ese encantador equilibrista de contradicciones que, mientras se llena la boca hablando del espíritu eterno, se aferra con uñas y dientes a una institución terrenal, temporal, burocrática, et —non lo olvidemos— profundamente oriental. Dice que es “irracional” anteponer lo corpóreo al espíritu, pero luego convierte ad Jerusalén en ciudad celestial, ad Israhel en pueblo eterno, et ad su Iglesia en la única vía de salvación ¡Qué espectáculo! ¡Qué desfile de incoherencias con sotana!

Et cuando por fin concede que la materia non es maligna, habría que recordarle que debe esa concesión ad Plotino, non ad su "tradición". Porque si non fuera por él, su querido moro, Agustín de Hipona, seguiría atrapado en el maniqueísmo, creyendo que la materia es una fuerza activa del mal ¡Qué ironía! El mismo Plotino que fundamenta la hierarquía del Uno, que permite entender la multiplicidad de dioses, que salva la materia sin divinizarla, es el que le dio al papismo su escape filosófico. Sin Plotino, el papismo seguiría viendo el cuerpo como cárcel et el mundo entero so del maligno.

Pero non, el papista prefiere fingir que su visión es profunda, que su espiritualidad es elevada, mientras le da una importancia desmesurada ad algo tan temporal como su Iglesia. ¿Non dice que lo corpóreo es inferior? ¿Entonces por qué su tradición está encarnada en estructuras humanas, en concilios, en hierarquías, en documentos? ¿Por qué su “religión verdadera” es una institución que tiene sede, archivos, contabilidad et hasta embajadores?

Siempre tan enamorado de su diccionario supersticioso, donde “unidad” significa exclusión, “verdad” significa monopolio, et “Dios” significa su propia institución con sede en Jerusalén. Dice que hay “realidades materiales” —et hasta ahí, bien— pero cuando se le sugiere que también puede haber múltiples realidades divinas, se le frunce la ánima. ¡Qué miedo al esplendor ontológico! ¡Qué pánico ad la abundancia metafísica!

Porque si Dios es la realidad suprema, ¿Por qué non aceptar que hay muchos dioses que participan de esa realidad sin que eso implique múltiples primeras causas? ¿Acaso la participación implica fragmentación? ¿Acaso la multiplicidad de inteligencias divinas contradice la unidad del Uno? Non. Lo que contradice la unidad es la arrogancia de pretender que sólo una forma —la suya— puede contener lo divino.

Et si hay un solo universo, ¿Por qué non admitir que puede haber muchos universos subordinados, múltiples niveles de Ente, múltiples modos de manifestación? ¿Non es eso lo que enseña la teologia, que el Uno —por su simplicidad absoluta— puede emanar sin dividirse, sin perderse, sin agotarse? ¿Non es eso lo que permite que sean dioses auténticos, distintos, hierárquicos, cada uno con su acto propio, su principado particular?

Pero el papista, en su afán de simplificar, empobrece. Crede que la unidad excluye la multiplicidad, como si lo unimúltiple fuera una irracionalidad. Como si la riqueza ontológica fuera un pecado. Como si la divinidad tuviera miedo de manifestarse en formas diversas ¡Qué lógica tan encantadora! ¡Qué teología tan minimalista! ¡Qué visión tan estrecha de lo infinito! Mientras el papista se aferra ad su superstición como quien abraza una piedra creyendo que es Sol, el mundo sigue girando, los dioses siguen brillando, et el Uno sigue emanando. Porque la verdad non teme a la pluralidad. Porque la deidad non se empobrece al compartirse. Porque la unidad non es exclusión: es fuente.

Et luego viene la joya: dice que es “irracional” anteponer la patria, la identidad, la cultura… pero su Biblia convierte ad Jerusalén —una ciudad terrenal— en símbolo eterno. Non paran de facer asociaciones entre lo mundano et lo divino, siempre et cuando se trate de Israhel. Pero si un gentil dijera que hay una Roma celestial, ¡los papistas perderían la cabeza! Porque sólo las cosas de Israel tienen categoría eterna. ¡Qué mosaísmo tan bien camuflado! ¡Qué arrogancia tan refinada!

Solo en la mente de un papista podría gestarse semejante falso dilema: como si Dios y el espíritu se opusieran a la patria, la identidad o la cultura. ¿Cómo non esperar tal confusión, si el papista —estólido como es— crede que la Iglesia representa los intereses de Dios? Qué ingenuidad tan solemne.

Esto dice el papista, con aire de sabiduría prestada: “La patria, la identidad, la cultura de cada pueblo tienen relevancia, pero no deben anteponerse a las realidades del espíritu y de Dios.” Et aunque la frase suena prudente, encierra una contradicción sutil: presupone que lo terrenal et lo espiritual son fuerzas en pugna, que la cultura es una amenaza para lo divino, et que la ánima debe renunciar ad su raíz para alcanzar el cielo.

Pero ¿Qué puede haber más irracional —et más narcisista— que imaginar que Dios exige la amputación de lo humano para revelarse? ¿Acaso non es el espíritu quien da forma a la cultura, quien fecunda la identidad, quien habita la patria como símbolo vivo? Separarlos es mutilar la totalidad del Ente.

Anteponer lo espiritual non significa negar lo terrenal, sino transfigurarlo. Et quien non comprende esto, non ha entendido ni ad Dios ni al hombre.

Et así, el papista se convierte en el marxista espiritual: dice que lucha contra el materialismo, pero sin materia non puede sostener su iglesias. Dice que lo divino es eterno, pero lo confunde en la historia, en la carne, en la superstición. Dice que la Biblia es palabra de Dios, pero es un texto temporal. Dice que Jesús es Dios, pero es un hombre histórico. Dice que su Iglesia es la Iglesia vera, pero es una institución terrenal. ¡Qué desfile de contradicciones! ¡Qué espectáculo de incoherencias!

[Europa Ancestral:] El cristianismo cree en la verdad, la justicia, el bien y la belleza, por lo tanto está en contra de la igualdad materialista, propia del liberalismo y del comunismo, ya que tras esa máscara de falsa igualdad y libertad para todos, se esconde la más terrible e injusta de las tiranías. Bajo la premisa de la falsa libertad y del igualitarismo, nos presentan algo negativo que persigue un fin injusto y malvado como si fuese bueno, como ocurre por ejemplo con la ideología de género (la cual bebe de las ideas nietzscheanas). Hacen lo mismo con la falsa solidaridad, tan de moda estos últimos años. Sobre el igualitarismo político, la Iglesia Católica se ha pronunciado varias veces por medio de encíclicas [1] como la de Pio XI Divini redemptoris o Libertas praestantissimum de Leon XIII [2], hay incluso libros sobre este tema, como la obra de Felix Sardá, el liberalismo es pecado y contra la ideología comunista hay cientos, puesto que es la ideología más déspota y criminal que ha existido nunca, entre ellos, los más actuales pertenecen a Benedicto XVI, que además ha aprovechado para comparar ciertos fundamentos del marxismo con los del pseudo nihilismo anticristiano de Nietzsche. Como dijo San José María en su obra Camino refiriéndose al marxismo: «La igualdad tal y como la entienden es sinónimo de injusticia», ya que la igualdad que predica el cristianismo se refiere a la igualdad espiritual frente a Dios no a la igualdad terrenal. 

Ahora Europa Ancestral, Ese campeón de la estulticia que, mientras se envuelve en la bandera de la “verdad, justicia y belleza”, ha de presumir que sólo los jesístas tienen acceso ad tales virtudes, como si los neopaganos, los gentiles, los estoicos, los vedantinos, los órficos et hasta los filósofos de la estepa non hubieran reflexionado jamás sobre lo justo, lo verdadero et lo bello ¡Qué arrogancia tan encantadora! ¡Qué provincialismo espiritual! Crede que fuera de la aljama non hay moral, como si el Verbo eterno necesitara hebreos.

Et luego, como si non bastara con su monopolio moral, nos regala una joya: que la ideología de género “bebe de las ideas nietzscheanas” ¡Qué delirio! ¡Qué lectura tan creativa! Como si Nietzsche —el que defendía la jerarquía, el que despreciaba el igualitarismo, el que fablaba de la mujer como misterio y destino— fuera el padrino de la fluidez de género. ¿Non fue él quien escribió que a la mujer hay que ir con látigo? ¿Non fue él quien exaltó el matrimonio como institución aristocrática, como jardín donde el hombre soberano crea un hijo como monumento viviente a su victoria? ¿Non fue él quien dijo que el matrimonio es la voluntad de dos de crear uno que sea más que quienes lo crearon?

Pero non, el papista, en su afán de condenar todo lo que non encaje en su catecismo, mete ad Nietzsche, al marxismo, ad la ideología de género et ad la masonería en una misma licuadora teológica. ¡Qué batido tan sabroso de ignorancia et paranoia! Et luego nos dice que el jesísmo está en contra de la “igualdad materialista” porque crede en la “igualdad espiritual” ¡Qué fórmula tan cómoda! ¡Qué manera tan elegante de justificar principados terrenales mientras se predica humildad celestial!

Et por si faltara algo, nos recuerda que su Iglesia ha escrito encíclicas contra el liberalismo, el comunismo, el marxismo, el nihilismo, el ateísmo, el modernismo, el relativismo, el existencialismo, el yoga, el rock, el reguetón et probablemente hasta contra los pantalones ajustados ¡Qué producción editorial! ¡Qué obsesión por condenar! Pero claro, todo eso lo face en nombre de la “verdad”. Una verdad que, curiosamente, siempre coincide con sus intereses históricos, cívicos et territoriales.

Et aquí entra el magisterio, que el papista cita cuando le conviene y olvida cuando lo contradice. Porque la Iglesia reconoce la igualdad de derechos, la dignidad de todos los seres humanos, la justicia social, la solidaridad auténtica et la libertad orientada ad el Bien. Non todo liberalismo es pecado, non todo comunismo es demonio, non toda igualdad cívica es injusticia. 

¡Oh, qué dulce es la ignorancia cuando se reviste de dogma! Esa ánima temblorosa que, al ver la oración “igualdad política”, se persigna como si hubiese visto al mismísimo Leviatán salir del Parlamento. Crede —con la fe ciega de quien nunca ha leído más allá del catecismo ilustrado— que la Iglesia non cree en la igualdad política, que todo intento de justicia social es obra de la masonería, que toda encíclica que huele ad dignidad humana es una infiltración liberal ¡Menuda colección de estupideces! ¡Menuda misa de ignorancia! 

¡Oh, qué espectáculo el del papista ingenuo! Se presenta como defensor de la tradición, pero non distingue entre la tradición viva et el delirio fosilizado. Con voz engolada et gesto de cruzado, proclama que la Iglesia está “en contra de la igualdad política”, como si eso fuera una verdad revelada et non una distorsión doctrinal. Cree que toda idea de participación, de justicia civil, de dignidad compartida es una infiltración masónica, una corrupción moderna, una herejía liberal. ¡Qué delirio tan encantador! ¡Qué ignorancia tan refinada!

Yo, adorador de los dioses, non puedo sino reír ante tal ingenuidad. Porque si algo sabe el gentil, es que la cívica non se divorcia de la virtud, et que la justicia non se encierra en sacristías. El papista, sin embargo, crede que su doctrina social brotó espontáneamente de la Masonería, como si los Padres de la Iglesia hubiesen bebido de las fuentes masonas, como si Ambrosio hubiese leído ad Albert Pike, como si el Papa Gregorio I hubiese entendido de Marx que la propiedad es para todos .

Porque si algo ha fecho el jesísmo—et lo ha fecho con entusiasmo— es fablar de la vida en sociedad. Non, non nació en la centuría XIX por obra de logias conspiradoras. Desde los Hechos de los Apóstoles ya se repartían los bienes “según la necesidad de cada uno” ¿Eso es masonería? ¿Eso es infiltración? ¿Eso es corrupción? Non, eso es justicia. Et si Ambrosio Milanés dijo que la propiedad está destinada al uso de todos, ¿Acaso era masón? ¿Et si el Papa Gregorio I defendió que la riqueza vera es la que se comparte, ¿acaso estaba infiltrado por el Club Bilderberg?

Pero el papista, en su afán de defender la pureza doctrinal, cree que todo lo que suena a igualdad es veneno. Cree que Rerum Novarum fue un accidente, que Quadragesimo Anno fue una concesión, que Populorum Progressio fue una debilidad. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: tu doctrina social no es una traición al dogma, es su encarnación. Et si condenas la masonería por querer derribar tu auctoridad, al menos reconoce que tu autoridad se sostiene sobre columnas que non son del todo jesísmo, sino también fariseas, esenias, et sí, incluso gentiles.

Et ahora viene la parte más deliciosa: el papista cree que la Iglesia non cree en la igualdad política. ¡Oh, qué afirmación tan absurda! ¿Non fue tu Biblia la que dijo que “no hay judío ni griego, esclavo ni libre”? ¿Non fue tu magisterio el que escribió que todos los hombres tienen igual dignidad? ¿Non fue tu doctrina social la que defendió los derechos del trabajador, del pobre, de la mujer? ¿Entonces qué es eso sino igualdad política? ¿O acaso crees que la dignidad se predica sólo en misa et non en el foro?

¡Ahora, el papista! Ese carbonero fiel que, en su afán por parecer profundo, termina diciendo tonterías con solemnidad. Escuchadlo bien: “La igualdad tal y como la entienden es sinónimo de injusticia”, dice, refiriéndose al marxismo. Et luego remata con la joya: “La igualdad que predica el cristianismo se refiere a la igualdad espiritual frente a Dios, non a la igualdad terrenal.” ¡Qué afirmación tan absurda! ¡Qué confusión tan deliciosa! Como si la Iglesia condenara el marxismo por querer justicia social, et non por su materialismo rampante et su ateísmo militante.

Porque si algo ha dejado claro el Magisterio —ese mismo que el papista cita cuando le conviene et olvida cuando le incomoda— es que la oposición al marxismo non nasce de su afán igualitario, sino de su negación de lo divino.

El marxismo, como bien señala Divini Redemptoris, parte de una premisa brutal: que sólo existe la materia, et que todo —la historia, la sociedad, el hombre mismo— es una manifestación de fuerzas materiales ¿O queda la ánima? ¿O la conciencia? ¿O la ley moral? En ninguna parte. El hombre se convierte en engranaje, en función, en número. Et eso, querido papista, non es injusto para la iglesia por eser igualitario: es injusto por eser inhumano.

Et si eso non basta, recordad que el marxismo non sólo niega la espiritualidad: niega ad Dios. Non hay diferencia entre ánima et cuerpo, non hay esperanza de vida futura, non hay trascendencia. La Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha dicho con claridad: el ateísmo está en el corazón de la teoría marxista. Et Juan Pablo II lo repitió: el marxismo es esencialmente ateísta, y su dialéctica histórica es una negación de la persona.

Et así, al negar ad Dios, el marxismo niega también la dignidad del hombre. Porque la dignidad humana non se mide en toneladas de trigo ni en cuotas de producción: se mide en la imagen divina inscrita en cada ánima. Et si esa imagen se borra, todo lo demás se derrumba. La ley se convierte en instrumento del poder, la moral en derivación del orden económico, et la justicia en ferramienta de la lucha de clases.

¿Et qué face la Iglesia? ¿Condena el marxismo por querer igualdad? Non. Lo condena por querer igualdad sin Dios. Lo condena por querer justicia sin ánima. Lo condena por querer redención sin gracia. Porque la vera doctrina social non nasce de la abolición de la propiedad, sino del reconocimiento de la dignidad. Non nasce del colectivismo, sino de la subsidiariedad. Non nasce del odio de clases, sino de la caridad al prójimo.

Así pues, el papista, en su afán de parecer sabio, termina diciendo que el cristianismo sólo predica igualdad espiritual. ¡Qué reducción tan pobre! ¡Qué visión tan estrecha! Como si la encíclica Centesimus Annus non hablara de derechos inviolables, como si Rerum Novarum non defendiera al trabajador, como si Populorum Progressio non clamara a la justicia social ¡Menudo catecismo mutilado!

Yo, non puedo sino reír ante tal necedad. Porque si algo enseñaron los primeros cristianos —y lo enseñaron con fuerza— es que todo bautizado comparte la misma dignidad ante Dios, y que la autoridad, tanto civil como eclesial, debe ejercerse para el bien común, no para el privilegio de una élite.

¿Non fue Ignacio de Antioquía quien dijo que todos los miembros son σύνοδοι, “compañeros en el camino”? ¿Non fue Clemente de Roma quien escribió que todos los jesístas son clamados ad la misma “dignidad suprema de los hijos de Dios”? ¿Non fue Policarpo quien exhortó ad obedecer a los ministros “como a Dios y a Cristo”, indicando que la auctoridad non es dominio, sino servicio? ¿Et non fue Cipriano de Cartago quien proclamó que “nada debe hacerse sin el consenso del pueblo”? Nihil sine consensu plebis —¡qué frase tan romana! ¡Qué eco tan claro de la república desvirtuada que los jesístas  construían!

Pero el papista, en su delirio, crede que todo esto es corrupción moderna, infiltración masónica, veneno liberal. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: tu Iglesia non nasció en el siglo XIX. Su doctrina social non es una concesión a la modernidad. Es una continuidad que parte de la Escritura, se nutre de los Padres, et se cristaliza en el Magisterio. Et si condena el marxismo, non lo face por su afán igualitario, sino por su materialismo et su ateísmo, que niegan la dignidad del hombre et destruyen el fundamento moral de la justicia.

Et así, mientras el papista se aferra a su catecismo mutilado, los testimonios de los Padres lo contradicen con elegancia. Ignacio, Clemente, Policarpo, Cipriano… todos ellos enseñaron que la autoridad existe para la comunidad, non para dominarla. Que la obediencia es universal, non selectiva. Que la dignidad del baptizado implica participación, voz, voto. Que la Iglesia, desde sus orígenes, ha defendido una vera igualdad política, non como ideología, sino como expresión de la imagen divina en cada ánima.

Et así, el papista se contradice con elegancia: Proclama la justicia según la iglesia, pero niega la igualdad política; defiende la dignidad, pero rechaza la la igualdad de clases. El papista se convierte en el gran acusador del mundo moderno, mientras ignora que su propia religión es una amalgama de influencias orientales, igualitaristas, sincretismos neopaganos, et contradicciones doctrinales. Dice que la igualdad terrenal es justa, pero su Biblia convierte a Jerusalén —una ciudad terrenal— en símbolo eterno. Dice que lo espiritual es superior, pero su religión está encarnada en historia, en carne, en dogma. Dice que Nietzsche es nihilista, pero lo cita cuando le conviene. Dice que el liberalismo es pecado, pero defiende la libertad religiosa cuando le persiguen arrianos.

Et mientras tanto, Nietzsche —ese pensador que el papista quiere convertir en enemigo del orden— defiende el matrimonio, la familia, la hierarquía natural entre hombre et mujer, la creación de hijos como superación de los padres, la cultura como afirmación de la vida, y la voluntad como impulso creador. ¡Qué ironía! ¡Qué incomodidad para el papista que lo quiere encasillar como nihilista! Porque si algo despreciaba Nietzsche, era la moral de grey. Et si algo exaltaba, era la autosuperación, la fuerza dominada, la creación de formas superiores.

[Europa Ancestral:] En lo terrenal la igualdad no existe, pero si la justicia y el bien, el orden y la jerarquía, que son estructuras esenciales y necesarias para que exista justicia y la bondad en el mundo. Conforme a la ley natural así lo ha entendido siempre la Iglesia que se caracteriza por el uso de una marcada jerarquía y por la lucha contundente contra el caos y el desorden, ya que éstos son propios del diablo. Además tanto el liberalismo como el comunismo han sido enemigos acérrimos de la Iglesia católic. En la actualidad, el comunismo y el marxismo cultural siguen siendo la vanguardia de ataque contra el cristianismo.

Este charlatán fabricante de anacronismos que, con la solemnidad de quien cree que la Edad Media fue dictada por el Espíritu Santo, se atreve ad decir que “en lo terrenal la igualdad non existe”. ¡Qué afirmación tan absurda! ¡Qué espectáculo de ignorancia revestida de tradición! Como si los Padres de la Iglesia non hubiesen fablado de la igualdad de los fieles, como si la dignidad del baptizado non tuviese consecuencias políticas, como si la hierarquía fuese una estructura rígida impuesta desde el cielo et non una forma de servicio comunitario.

Porque si algo enseñaron los primeros jesístas—et lo enseñaron con fuerza— es que todos los baptizados comparten la misma dignidad ante Dios, et que la auctoridad, tanto civil como eclesial, debe ejercerse para el bien común, non para el privilegio de una élite.

Pero el papista, en su delirio, cree que la jerarquía es la única garantía de justicia, que el orden es la única forma de bondad, que el caos es propiedad exclusiva del diablo. ¡Qué ternura! ¡Qué falta de perspectiva! Non, querido papista: la hierarquía en los primeros siglos non era una pirámide de poder, sino una red de servicio. Ignacio clama a los fieles “compañeros de camino”, et describe la autoridad como servicio, no como dominio. Cipriano insiste en el consenso del pueblo, non en la imposición de decretos.

Et luego viene la joya del papista: “conforme a la ley natural así lo ha entendido siempre la Iglesia”. ¡Qué anacronismo tan encantador! Como si Ignacio de Antioquía y Clemente de Roma hubiesen leído a Locke y Rousseau entre epístola et epístola. Como si los Padres de la Iglesia hubiesen debatido sobre derechos humanos, democracia representativa et separación de poderes en el atrio de la basílica ¡Qué fantasía tan moderna proyectada sobre pergaminos antiguos!

La verdad es otra, et está bien documentada. La noción de ley natural como “participación del ser racional en la ley eterna” aparece por primera vez de forma sistemática en la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino, escrita entre 1265 y 1274. Tomás, influido por Aristóteles, transforma la noción de physis —el orden racional de la naturaleza— en una ley moral universal, papista et estructurada. Non fue revelación apostólica, sino elaboración escolástica.

Et si buscamos en la Sagrada Escritura, tampoco encontramos la expresión “ley natural”. Ni en Juan 19, ni en Zacarías 12, ni en Marcos 14. La Biblia fabla de la ley de Dios, de la sabiduría divina, de la justicia inscrita en el corazón, pero non de una “ley natural” como categoría filosófica. Esa formulación pertenece al desarrollo doctrinal medieval, non al siglo I.

Et así, el papista, en su afán de vestir su jerarquía con ropajes eternos, termina atribuyendo ad los Padres una noción que non cognocieron. La Iglesia primitiva fablaba de ordenación divina, non de ley natural abstracta. Su visión del mundo non era la de una estructura jurídica universal, sino la de una comunidad de creyentes guiada por la fe, la caridad y el consenso.

¡Ah, la ley natural! Ese concepto tan celebrado por los escolásticos, tan citado por los papistas, y sin embargo, tan profundamente gentil. Porque no nos engañemos: la ley natural no brota de la Biblia, ni de la Iglesia, ni de los profetas. Brota de Aristóteles, hijo de Estagira, filósofo pagano, discípulo de Platón, maestro de Alejandro. Y si algo demuestra su origen, es que no necesita obedecer ni a la Iglesia ni a la Escritura para ser conocida. Es una sabiduría que se alcanza por la razón, no por la revelación.

Aristóteles non fabla de mandamientos divinos ni de pactos con Tervagante. Fabla de physis, de la natura como principio de orden, de movimiento, de finalidad. Todo en su filosofía está orientado al télos, al fin propio de cada ser. La justicia, la ley, el bien humano: todo se deduce de la observación racional del mundo. El político sabio no consulta profetas, consulta la realidad. Las normas que rigen la conducta deben fundarse en la verdadera naturaleza del ser humano, no en tablas de piedra ni en concilios ecuménicos.

Et aquí está la ironía: los papistas que hoy defienden la ley natural como si fuera dogma revelado, olvidan que su formulación sistemática aparece recién con Tomás de Aquino, en el siglo XIII, et que Tomás la toma directamente de Aristóteles. La define como “participación del ser racional en la ley eterna”, pero esa “ley eterna” es una judaización de la physis aristotélica. Non hay Moisés en esa ecuación. Hay Sol, hay causa final, hay prudencia (phrónesis), hay virtud. Es la ánima gentil la que sostiene tal cosa.

Et si vamos ad la Biblia, ¿Qué encontramos? Non una exaltación de la naturaleza, sino una sospecha profunda faz ad el mundo. “El mundo entero está bajo el maligno”, dice la Escritura. El “Dios de este siglo” —figura maligna, príncipe de las tinieblas— rige las leyes del mundo. ¿Cómo puede entonces la naturaleza eser fuente de ley, si está so dominio del enemigo? ¿Cómo puede la creación caída eser guía moral, si su ley está corrompida por el pecado?

Et así, la ley natural, tan celebrada por los doctores, tan citada por los papistas, non es jesísta en su origen. Es gentil. Es aristotélica. Es racional. Et non se necesita obedecer ad la Iglesia para eser cognocida. Es una sabiduría que brota del intelecto, non de la biblia. Et si la Biblia dice que el mundo está so el maligno, entonces la ley natural non puede ser revelación, sino resistencia. Es el saber del filósofo, non del rabí anticosmista.

Ahora contra otro anacronismo del papista, con la solemnidad de quien cree que el Concilio de Nicea fue una cruzada metafísica contra el caos, proclama que la Iglesia de la centuria IV luchaba “contra el desorden, propio del diablo” ¡Qué fantasía tan medieval proyectada sobre un concilio imperial! Como si los obispos nicenos hubiesen marchado ad Bitinia con estandartes apocalípticoset  espadas teológicas, listos para exorcizar el universo ¡Qué espectáculo de imaginación doctrinal!

Pero non, querido papista: esa idea es una proyección tardía, una lectura escolástica retroactivamente impuesta sobre un evento que tuvo preocupaciones muy distintas. La iglesia Nicea non se reunió para combatir el “caos cósmico”, sino para definir la consustancialidad del Hijo con el Padre et resolver el conflicto arriano. Su credo fabla de “un solo Dios, creador de todas las cosas visibles et invisibles”, et de “Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas”. Non hay rastro del diablo, ni del caos, ni de una lucha cósmica contra el desorden. Ni en los cánones, ni en los decretos, ni en los textos sinodales.

La idea de que el “caos” es una manifestación del maligno aparece mucho después. En los escritos de Agustín, el término khaos se usa como metáfora moral: el desorden del pecado, el abismo de la voluntad caída. Et con Tomás de Aquino, ya en plena escolástica, el concepto se sistematiza: el mal es la privación del bien, et el diablo causa desorden. La Iglesia se convierte en “barrera contra el caos”, pero esa imagen es medieval, non nicena. Es una construcción teológica posterior, non una doctrina paulina.

Incluso en la Escritura, aunque se afirma que “el mundo está bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19) y que el diablo es “el dios de este siglo” (2 Tesalonicenses), non se habla de “caos” como entidad cosmológica. El mal es real et creado, sí, pero el lenguaje de “caos” como categoría teológica es una elaboración patrística et escolástica. Los Padres comienzan ad usarlo como metáfora, pero non como doctrina. Et el Concilio de Nicea, en su sobriedad doctrinal, non se ocupa de eso.

Et así, el papista, en su afán de convertir cada estructura en cruzada, termina atribuyendo ad Nicea una misión que nunca tuvo. Cree que la Iglesia primitiva combatía el caos como si fuera un ejército de ángeles armados, cuando en realidad debatía sobre la divinidad de Cristo. Cree que el desorden era el enemigo visible, cuando el vero adversario era la secta arriana. Cree que el diablo estaba en la agenda conciliar, cuando ni siquiera aparece en el texto.

Et así, mientras el papista se aferra a su catecismo mutilado, los testimonios de los Padres lo contradicen con elegancia. Ignacio, Clemente, Policarpo, Cipriano… todos ellos enseñaron que la autoridad existe para la comunidad, no para dominarla. Que la obediencia es universal, non selectiva. Que la dignidad del bautizado implica participación, voz, voto. Que la Iglesia, desde sus orígenes, ha defendido una verdadera igualdad política, no como ideología, sino como expresión de la imagen divina en cada alma.

El papista ahora se atreve ad decir que “el comunismo y el marxismo cultural siguen siendo la vanguardia de ataque contra el cristianismo”. ¡Qué afirmación tan torpe! ¡Qué espectáculo de ignorancia revestida de superstición! Como si la historia fuese una novela de buenos et malos, et non una red compleja de tensiones, contradicciones et encuentros inesperados. Como si el marxismo fuese una herejía moderna nascida para destruir el jesísmo, et non una corriente filosófica que, en muchos de sus momentos más lúcidos, ha dialogado con el jesísmo, lo ha admirado, lo ha reinterpretado, et hasta lo ha reivindicado.

Porque si algo demuestra la historia —la real, non la que el papista imagina entre letanías— es que el marxismo et el jesísmo han compartido más que enemigos: han compartido sueños. ¿Non fue Moses Hess, el rabino comunista que formó ad Marx y Engels, quien escribió que “Jesucristo es el centro de la historia, el corazón de la humanidad”? ¿Non dijo que “su sangre palpitará en las venas del mundo mientras éste exista”? ¿Eso es ataque, o es reverencia? ¿Et non fue Leon Trotsky, el mismo que el papista demoniza, quien en 1935 escribió que la persecución nazi contra la Iglesia era “un crimen contra la humanidad”? ¿Non fue él quien ordenó a la Cuarta Internacional que colocara la libertad religiosa como prioridad revolucionaria? ¿Non defendió la autonomía de la Iglesia Armenia, et de las sectas campesinas frente al aparato ortodoxo estatal? ¿Eso es ataque, o es resistencia?

El Estado cristiano perfecto no es el llamado Estado cristiano, que reconoce al cristianismo como su base, como religión del Estado, y, por lo tanto, adopta una actitud exclusiva hacia otras religiones. Por el contrario, el estado cristiano perfecto es el estado ateo, el estado democrático, el estado que relega la religión a un lugar entre los otros elementos de la sociedad civil... El estado que todavía es teológico, que todavía profesa oficialmente el cristianismo como su credo... en su realidad como estado, aún no ha logrado expresar la base humana, de la cual el cristianismo es la expresión altisonante, en una forma secular y humana... Tiene una actitud política hacia la religión y una actitud religiosa hacia la política. Al degradar las formas del estado a mera apariencia, degrada igualmente la religión a mera apariencia. Carlos Marx Explicando cómo su teoría es simplemente la esencia secularizada del cristianismo: 'Sobre la cuestión judía', febrero de 1844 en Deutsch-Französische Jahrbücher.

¿Non fue Carlos Marx quien escribió que “el perfecto Estado cristiano es el Estado ateo, democrático, el que relega la religión al ámbito de la sociedad civil”? ¿Non dijo que el cristianismo es una expresión elevada de la base humana, et que el Estado que aún profesa una religión oficial degrada tanto la política como la fe a meras apariencias? ¿Eso es ataque, o es transformación?

LA HERENCIA COMÚN DEL CRISTIANISMO Y EL BOLCHEVISMO ☭ 

El periodista marxista polaco Isaac Deutscher (1907-1967) señaló las asombrosas similitudes entre las líneas de tiempo evolutivas del bolchevismo y el cristianismo, particularmente con la forma en que fueron casi exclusivamente hebraicas en su génesis, pero luego se "corrompieron" y diluyeron por la influencia gentil:

"El cristianismo se adentró en un mundo pagano en desintegración, cuya mente ya no estaba dominada por los antiguos dioses, donde el trueno de Júpiter ya no hacía temblar a los hombres y Neptuno ya no podía agitar los mares... Dejó de comprender a los judíos y se volvió incomprensible para ellos. Del credo judaico de los oprimidos se convirtió en la religión de los césares romanos... En el cristianismo, esta evolución duró siglos; en el bolchevismo, solo décadas. Si Lenin fue el San Pablo del marxismo, quien se propuso trasplantar el movimiento de su entorno original a nuevas tierras, Stalin ya era su Constantino el Grande. Sin duda, no fue el primer emperador en abrazar el marxismo, sino el El primer revolucionario marxista en convertirse en el gobernante autocrático de un vasto imperio. - 𝐑𝐮𝐬𝐬𝐢𝐚 𝐀𝐟𝐭𝐞𝐫 𝐒𝐭𝐚𝐥𝐢𝐧 Isaac Deutscher, Con una posdata sobre el caso Beria, 1953; Capítulo cinco: El legado del estalinismo.

¿Non fue Karl Kautsky, el llamado “Papa del marxismo”, quien escribió que el comunismo al que aspiraba el cristianismo primitivo era un comunismo de consumo, de compartir y comer en común? ¿Non dijo que sus ideas sobre el matrimonio, la familia y la posición de la mujer estaban en plena coherencia con las formas de comunismo posibles en su época? ¿Eso es ataque, o es afinidad?

¿Et qué decir de Ernst Bloch, el filósofo marxista que escribió Ateísmo en el cristianismo? ¿No fue él quien afirmó que el marxismo está “innegablemente enraizado en el plano cristiano original del Reino de la Libertad”? ¿Non dijo que “cuando ideas e intereses se enfrentan, siempre son las ideas las que capitulan”? ¿Et non citó ad Marx diciendo que “ser radical es ir a la raíz, y la raíz de todo es el hombre”? ¿Et acaso non es eso lo que dice la primera carta de Juan 3:2, que el hombre es raíz, pero en camino faz ad algo más?

Ellos [los primeros cristianos] eliminaron la desigualdad y vivieron en gran abundancia... No se atrevieron a poner su ofrenda en manos de los necesitados, ni a darla con alta condescendencia, sino que la pusieron a los pies de los apóstoles y los hicieron maestros y distribuidores de los dones... A ellos les dejaron ser los dispensadores, los convirtieron en propietarios, para que a partir de entonces todo fuera sufragado como propiedad común, no privada. Esto también fue una ayuda para ellos contra la vanagloria... Si hiciéramos lo mismo hoy, todos viviríamos mucho más felices, ricos y pobres; y los pobres no serían más ganadores que los ricos... porque los que daban no se hacían pobres, sino que también enriquecían a los pobres. Juan Antioquense Arzobispo de Constantinopla, uno de los principales arquitectos de la Iglesia Católica, en la Homilía 11 sobre los Hechos de los Apóstoles: Hechos IV. 23.

Et aún más irónico: ¿Non fue Juan Antioquense, uno de los pilares de la Iglesia, quien en su Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles alabó la abolición de la propiedad privada entre los primeros cristianos? ¿Non dijo que “los ricos no se empobrecían al dar, sino que hacían ricos a los pobres”? ¿Non describió una comunidad donde todo se ponía ad los pies de los apóstoles, et se distribuía según la necesidad? ¿Eso es comunismo, o es jesísmo radical? ¿O acaso el papista cree que la Iglesia primitiva vivía so el código de Wall Street?

Et si el marxismo propone la abolición de la propiedad privada —como Marx escribió en el Manifiesto Comunista— ¿Non es eso lo que se practicó en Hechos 2:44-47 y 4:34? ¿Non se vendían las casas, se entregaban los bienes, et se redistribuía todo según la necesidad? ¿Non es esa la fórmula que Lenin et Engels reconocieron como antecedente espiritual de la revolución?

¿Et qué decir de Paraguay, donde los jesuitas —sí, los mismos que el papismo defiende como bastión de la ortodoxia— fundaron la primera república protosocialista del mundo, siglos antes de Marx? ¿Non fue la Sociedad de Jesús la que organizó comunidades sin propiedad privada, con educación universal, et con redistribución de bienes? ¿Non dijo Pravda, el órgano oficial soviético, que los jesuitas eran “el equivalente funcional del KGB”? ¿Eso es ataque, o es reconocimiento?

Et incluso Stalin, ese ogro de la propaganda, prohibió la persecución de la Iglesia Monopatrista en 1923. ¿No fue él quien ordenó que non se cerraran iglesias ni se liquidaran salas de oración por falta de impuestos? ¿Non fue él quien protegió los espacios religiosos frente ad los burócratas ateos? ¿Eso es marxismo cultural anticristiano, o es una política de coexistencia?

Et si aún duda el papista, que escuche ad Lunacharsky, Comisario del Pueblo para la Educación, quien escribió que Jesús tenía dos rostros: uno como maestro de humildad, otro como azote del orden establecido. Que lea ad Gorky, quien dijo que “no habría Señor Jesús si la gente no hubiese dado su vida para glorificarlo”. Que mire los textos: Mateo 19:21, Lucas 18:22, Hechos 4:35, 2 Tesalonicenses 3:10. ¿Non son esos los mismos principios que el marxismo adoptó como ética revolucionaria?

Et para colmo, que contemple el famoso dictum del Terror Rojo: “El que no está con nosotros, está contra nosotros”. ¿Atribuido ad Lenin? Sí. ¿Usado como amenaza revolucionaria? También. Pero ¿de dónde viene? De Jesús mismo: “El que no está conmigo, está contra mí” (Mateo 12:30). El marxismo non robó la frase: la heredó. La convirtió en consigna, sí, pero su origen es evangélico. ¿Eso es ataque, o es continuidad?

Et así, el papista, en su afán de condenar todo lo que no encaje en su catecismo, termina ignorando que el marxismo ha dialogado con el cristianismo, que algunos marxistas han venerado a Cristo como símbolo de justicia, que la URSS usó la Biblia como herramienta política, y que los Padres de la Iglesia predicaron una economía comunitaria que haría sonrojar a cualquier banquero.

Et si aún le queda al papista un gramo de honestidad, que lea ad Rosa Luxemburgo, quien escribió que “los cristianos de los primeros siglos fueron fervientes comunistas”. Que reconozca que los apóstoles practicaban una economía de consumo colectivo, no de acumulación. Que entienda que el jesísmo primitivo non reformó la sociedad porque non tenía medios, pero sí tenía intención. Et que los sacerdotes que hoy condenan el comunismo, en realidad están condenando ad sus propios fundadores.

Et que escuche a Wilhelm Weitling, líder de la Liga Comunista, quien escribió que “el principio cristiano es comunista”, porque sólo amando al enemigo como a uno mismo —y viendo el crimen como enfermedad— puede cumplirse el mandamiento de amar al prójimo. Para él, el jesísmo era la esencia del comunismo, la libertad personal y la felicidad social. ¿Eso es ataque, o es revelación?

El estudio del socialismo científico, al lado del estudio de la teología cristiana, me llevó a la conclusión, que Herr Hitler es lo suficientemente lúcido como para ver, de que el judaísmo y el cristianismo proporcionan el camino elevado hacia el socialismo y el comunismo: desde su punto de vista en ese sentido, para ser erradicado, para ser bienvenido. Hewlett Johnson Sacerdote anglicano y decano de Canterbury citó su publicación "El sexto socialista del mundo", que le otorgó la Orden de la Bandera Roja del Trabajo y el Premio Stalin de la Paz en 1951. "Excursus y Autobiografía" (iii, Párroco) pp.39-40.

Et así, el papista, en su afán de condenar todo lo que no encaje en su catecismo, termina ignorando que el marxismo ha dialogado con el cristianismo, que algunos marxistas han venerado ad Jesús como símbolo de justicia, que la URSS usó la Biblia como ferramienta política, et que los Padres de la Iglesia predicaron una economía comunitaria que haría sonrojar a cualquier banquero.

Ahora el papista cita a J.J. Esparza como si fuera un nuevo doctor de la Iglesia, pretende ofrecernos una síntesis del papismo que, por querer eser clara, termina siendo simplista. Nos fabla de igualitarismo, de individualismo, de universalidad, et lo face con la seguridad de quien crede haber capturado la doctrina en tres frases bien pulidas. Pero lo que Esparza presenta como “claridad y acierto” es, en realidad, una colección de afirmaciones que, al eser examinadas con rigor teológico e histórico, se desmoronan como castillos de arena

[Europa Ancestral:] Como colofón, os dejo la parte de un artículo de J.J. Esparza que se pronuncia con gran claridad y acierto sobre este asunto del Igualitarismo: 

[J.J. Esparza:]“Al cristianismo, en efecto, se le puede descubrir un importante componente igualitario, pues dota a todos los hombres por igual de un alma de valor idéntico para todos, con independencia del lugar que cada cual ocupe en el mundo de los vivos, y todos los hombres por igual se verán sometidos al juicio divino; además, el mensaje evangélico, abundante en fórmulas como “el que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado”, o “los últimos serán los primeros”, parece concebido para alimentar la subversión. También el cristianismo tiene un componente individualista, pues la salvación es enteramente individual, afecta única y exclusivamente al alma de cada uno y sitúa en un plano eminentemente personal la relación del hombre con Dios. El cristianismo, es una religión universal, donde, como predica San Pablo, tras la Revelación ya no hay griegos, ni judíos, ni bárbaros, sino que todos somos uno en Cristo, de modo que la pertenencia a una comunidad queda expresamente devaluada y, en su lugar, surge una conciencia propiamente universal: todos somos uno, en efecto.

Veamos.

Primo, dice que el jesísmo “dota a todos los hombres por igual de un alma de valor idéntico” ¡Qué formulación tan torpe! La Iglesia non “asigna” almas como quien reparte carnets. La dignidad humana non es una concesión institucional, sino una realidad ontológica: todos los seres humanos poseen valor porque han sido creados a imagen y semejanza de Dios. No hay dotación, hay creación. Non hay igualdad impuesta, hay dignidad originaria. El Catecismo non fabla de ánimas idénticas, sino de vocaciones únicas dentro de una misma filiación divina.

Luego, Esparza afirma que el mensaje evangélico “parece concebido para alimentar la subversión”. Aquí el simplismo alcanza su cumbre. Porque si bien es cierto que frases como “los últimos serán los primeros” o “el que se humilla será ensalzado” invierten el orden mundano. El Jesús histórico, el de los primeros estratos evangélicos, sí proclamó un Reino que venía a reemplazar el orden vigente. Su crítica a la riqueza, su cercanía con los marginados, su anuncio de un Reino donde los poderosos serían derribados de sus tronos, todo eso tenía implicaciones sociales y políticas. No fue un agitador armado, pero sí un profeta de ruptura. Y si la Iglesia posterior espiritualizó su mensaje, fue porque el Reino no llegó como se esperaba, y hubo que adaptarse al mundo. Pero el mensaje original sí contenía una teocracia inminente, un rechazo al imperialismo romano, y una ética de redistribución radical.

Después, Esparza nos dice que el cristianismo tiene un “componente individualista” porque la salvación es “enteramente individual”. ¡Qué lectura tan moderna! La salvación tiene dimensión personal, sí, pero nunca individualista. El cristiano se salva en comunión, como miembro del Cuerpo de Cristo. La Iglesia no es una suma de almas aisladas, sino una comunidad redimida. El Catecismo habla de la “comunión de los santos”, y la tradición patrística insiste en que nadie se salva solo. La relación con Dios es personal, pero no privada. Es una relación que se vive en comunidad, en liturgia, en sacramento.

¡Esparza! Qué breve se queda, qué tímido su diagnóstico, cuando dice que el cristianismo “devalúa la pertenencia a una comunidad”. Non, señor. Non la devalúa: la desactiva, la desarraiga, la desintegra. Lo que Pablo hace en Gálatas 3:28 no es una corrección de matices, es una demolición teológica. “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer”: esa frase no suaviza las diferencias, las borra como fundamento de identidad espiritual.

El papista promedio quiere ver una tensión entre universalidad y comunidad, como si el cristianismo simplemente relativizara las pertenencias tribales. Pero non. Lo que face es reemplazarlas. El jesísta no pertenece a su pueblo, ni a su raza, ni a su nación: pertenece ad Jesús. Et en Anticristo, toda distinción se desvanece. La Iglesia no es una suma de comunidades reconciliadas, es una nueva humanidad, una ekklesía que non reconoce fronteras ni linajes.

Desde el primer siglo, esto fue claro. Los cristianos no tenían ciudad propia, ni lengua propia, ni costumbres propias. Vivían como extranjeros en su tierra natal, y como ciudadanos en tierras ajenas. Lo dice la Epístola a Diogneto: “Todo país es patria, y toda patria es extranjera.” Lo confirma Justino de Flavia: “Antes odiábamos a los de otras razas, ahora vivimos con ellos y oramos por nuestros enemigos.” Lo proclama Ireneo: “Las iglesias de Germania, Espania, Egipto y Libia creen y enseñan lo mismo, como si tuvieran una sola boca.”

Et si eso non basta, que se escuche ad Saulo en 1 Corintios 12:13: “Todos fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo… y todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” El bautismo no es un rito de entrada a una comunidad local: es una reconfiguración de la identidad, una entrada a una comunidad que non reconoce ni raza, ni clase, ni género como determinantes.

Incluso centurias después, esta visión fue retomada por figuras como John Wesley et Martin Luther King Jr., quienes citaron Hechos 17:26 et Gálatas 3:28 para combatir la servidumbre et el racismo, proclamando que “de una sola sangre hizo Dios a todos los hombres” et que “la segregación racial es una negación flagrante de la unidad que tenemos en Cristo.”

Et así, el jesísmo non devalúa la pertenencia a la comunidad: la trasciende, la neutraliza, la reemplaza por una comunión universal. Para quienes buscan restaurar hierarquías étnicas o comunitarias exclusivas, el jesísmo es —et siempre ha sido— un veneno supersticioso. Porque en Anticristo, toda identidad se disuelve en la unidad redentora.

Esparza cree que está haciendo una revelación cuando dice que el cristianismo “devalúa la pertenencia a la comunidad”. Pero no se da cuenta de que, al decir eso, está delatando el núcleo ideológico del cristianismo: su carácter internacionalista, su desprecio por las identidades concretas, su vocación de disolver pueblos en nombre de una unidad abstracta. Non es que el jesísmo devalúe la comunidad: es que la anula. Así expresa la su noción de la palabra “católica”, que significa universal, non local, non tribal, non nacional.

[Europa Ancestral:] Todas las naciones no son nada ante Dios, menos que nada, para él no tienen absolutamente ningún valor. Isaías 40:17.

Et si Europa cae, el jesísmo non se inmuta. El papa puede irse tranquilo a África, donde las iglesias crecen. Non hay lealtad territorial. Non hay defensa cultural. Non hay arraigo. El jesísmo non vela por las gentes: vela por las ánimas. Et si las ánimas están en otro continente, allí irá su misión. Como un sistema que non reconoce fronteras, como una ideología que non necesita radíces, como un cuerpo que se reproduce donde encuentra espacio.

Lo más perverso es el dilema que construye: estar en contra de la Iglesia es estar en contra de Dios. Pero eso es falso. Dios non se opone a las naciones, ni ad las patrias, ni ad los pueblos. Lo que se opone ad ellos es una superstición que los considera irrelevantes, que los disuelve en una masa espiritual sin rostro ni memoria. Dios non necesita una sinagoga papista para manifestarse. Non necesita una estructura que se proclame única mediadora. Non necesita una Iglesia que se proclame universal mientras destruye lo particular.

Et así, el papista insulso, en su afán de ofrecer una síntesis doctrinal, termina desfigurando el rostro del jesísmo. Lo convierte en una religión de almas idénticas, de salvaciones privadas, de universalidades abstractas. Pero el jesísmo real —el que nasce en Galilea, el que se expande entre los pobres, el que se encarna en comunidades vivas— es mucho más complejo, más encarnado, más desafiante. Non es igualitarismo moderno, ni individualismo liberal, ni cosmopolitismo sin radíces. Es una superstición que proclama la dignidad de todos, la comunión de muchos, et la transformación del mundo.

Así que non, Esparza non está revelando nihilo nuevo. Está confirmando lo que muchos ya sabían pero non se atreven a decir: que el jesísmo, como el marxismo, es una ideología de nivelación, de uniformidad, de desarraigo. Que non le importa Europa, ni su historia, ni su gente. Que puede saltar de continente como quien cambia de huésped. Que su misión non es preservar, sino absorber.

Et si aún queda alguien que cree que “todos somos uno en Cristo” es una frase de fraternidad, que mire bien lo que implica: La negación de toda diferencia, la cancelación de toda pertenencia, la disolución de toda comunidad.

[Europa Ancestral:] «¡Asia, Europa: rincones del mundo; todo el océano: una gota del universo! Todo el presente, un instante en la eternidad». Marco Aurelio, Emperador de Roma (121 - 180 d.c.)

Citar ad Marco Aurelio como fuente de sabiduría revela una contradicción histórica difícil de ignorar. Este imperador, por más que haya escrito reflexiones estoicas de gran belleza, fue también uno de los más activos perseguidores de los jesistas. Que un papista lo cite sin reconocer ese contexto es como venerar al verdugo por su elegancia retórica. Es una muestra de cómo la devoción acrítica puede convertir la memoria en paradoja.

Europa puede cader. Et el jesísmo non moverá un dedo. Porque nunca fue suyo. Porque nunca le importó. Porque su fidelidad non es con los pueblos, sino con una superstición que los trasciende, los reemplaza et los borra.

[J.J. Esparza:] En este acto de señalar al cristianismo como origen de los valores esenciales del mundo moderno es fácil rastrear la influencia de Nietzsche, así el de la Genealogía de la moral como el de Así habló Zaratustra. Pero, en el caso concreto de la Nouvelle Droite, aún más importante fue tal vez la influencia del filósofo positivista Louis Rougier, que había recuperado el viejo alegato del romano Celso contra los cristianos. Así fue como, hacia finales de los años setenta, el cristianismo quedó caracterizado en el discurso de la Nouvelle Droite como “el bolchevismo de la antigüedad”. En un ambiente como el de la cultura europea de los años setenta, donde una Iglesia trastornada por el Concilio Vaticano II jugaba abiertamente la baza “progresista”, y empezaba a tener fuerza el movimiento católico de “la teología de la liberación” (movimiento creado en las Américas por comunistas infiltrados en la Iglesia) aquella crítica parecía ajustarse bastante a la realidad.

[J.J. Esparza:] Ahora bien, focalizar en el cristianismo la crítica a la modernidad era una operación intelectualmente arriesgada. Primero, porque el cristianismo, aunque no es sólo una doctrina del más allá, sí es ante todo una doctrina de salvación espiritual, de tal manera que sus conceptos no siempre pueden entenderse como principios de orden intelectual-ideológico, dispuestos para ser aplicados materialmente al terreno social o político. Es cierto que predicar un alma igual para todos los hombres puede entenderse como una forma de igualitarismo, pero también lo es que, según la doctrina cristiana, algunos de esos hombres se salvan y otros no, y hay pocas cosas menos igualitarias que esa diferencia. Por otro lado, al tema del hombre creado unánimemente a imagen y semejanza de Dios se opone la parábola de los talentos, que es una metafísica de la desigualdad.

Lo que face el papista de Europa Ancestral al citar ad Esparza es un ejercicio de contradicción involuntaria, una especie de autogol teológico. Por un lado, nos quiere convencer de que el jesísmo es la gran doctrina de la igualdad espiritual: "Es la igualdad del espíritu humano frente a Dios", todos tienen alma, todos fueron creados por Dios, todos tienen el mismo derecho a la salvación. Pero acto seguido, cita ad Esparza, quien —con bastante claridad— desmonta esa misma afirmación.

Esparza non dice que el cristianismo sea igualitario. Dice que predicar un alma igual para todos puede parecer igualitario, pero que en realidad non lo es. ¿Por qué? Porque según la doctrina jesístas, non todos se salvan. Y si hay algo menos igualitario que eso, cuesta encontrarlo. La salvación no es universal en el sentido de garantía: es condicional, selectiva, y profundamente hierárquica. Algunos se salvan, otros non. Algunos reciben diez talentos, otros uno. La parábola de los talentos —como bien señala Esparza— non es una oda a la equidad: es una metafísica de la desigualdad, donde el que tiene más, recibe más, y el que tiene menos, se le quita incluso lo poco que tiene.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿El cristianismo es la religión de la igualdad espiritual, como dice Europa Ancestral, o es una doctrina de salvación desigual, como admite Esparza? Non se puede sostener ambas cosas sin caer en incoherencia. El papista quiere usar el jesísmo como bandera de unidad, pero al mismo tiempo lo cita como si fuera una ferramienta de orden moral superior. Lo que non ve —o non quiere ver— es que el papismo non garantiza igualdad de destino, ni igualdad de trato, ni igualdad de recompensa. Lo que garantiza es una estructura de juicio, donde cada ánima eserá medida, separada, et recompensada o condenada según criterios que no tienen nada de igualitarios.

Así que non, Europa Ancestral non está defendiendo una visión coherente. Está citando a un autor que contradice su propia postura, et lo face sin darse cuenta. Esparza, con todas sus reservas, opina que el jesísmo non es igualitario sobre el espíritu humano, et non es territorial. Et si el papista quiere seguir usándolo como escudo de identidad europea, tendrá que ignorar —o reescribir— todo lo que Esparza realmente dice sobre el alma, la salvación y la pertenencia.

Esparza cree que ha fecho una jugada brillante al deslizar que el cristianismo non es igualitario porque “no todos se salvan”. Como si el fecho de que algunos se condenen bastara para desactivar la crítica al universalismo cristiano. Pero lo que face, en realidad, es desviar el foco, escapar del terreno político —donde la crítica es legítima et urgente— et refugiarse en el plano soteriológico, como quien cambia de tablero cuando la partida se le complica.

Porque el problema non es quién se salva. El problema es que, según la doctrina cristiana, todos tienen alma, todos fueron creados “a imagen y semejanza”, todos tienen igual dignidad ontológica. Et esa base teológica ha sido utilizada durante siglos para justificar igualdad política, jurídica, moral et social. Non importa que el juicio final sea desigual: Lo que importa es que la entrada al ludo es igual para todos, et eso es lo que socava cualquier hierarquía natural.

Esparza lo sabe. Por eso se escapa. Por eso dice que el cristianismo no puede ser entendido como doctrina ideológica, que sus conceptos no aplican al terreno político. Pero eso es falso. El cristianismo sí ha sido aplicado políticamente, y con fuerza. Desde la abolición de la esclavitud hasta los derechos humanos, desde la democracia cristiana hasta el igualitarismo moderno, la idea de que “todos tienen alma” ha sido la piedra angular de la nivelación universal.

Et si eso non fuera suficiente, Esparza se contradice. Porque mientras admite que el cristianismo predica una igualdad espiritual, también afirma que esa igualdad no puede traducirse en política. ¿Entonces para qué sirve? ¿Para decorar sermones? ¿Para consolar moribundos? Si la igualdad ontológica no tiene consecuencias sociales, entonces es irrelevante. Pero si las tiene —como ha tenido históricamente— entonces el cristianismo sí es igualitario, y su universalismo sí destruye las estructuras comunitarias.

Et así, Esparza non refuta la crítica: la confirma. Al decir que el jesísmo non es una doctrina política, reconoce que no vela por las comunidades, ni por las culturas, ni por las patrias. Vela por las almas. Y si esas almas están en otro continente, allí irá su misión. Europa puede hundirse, y el cristianismo seguirá adelante, como sistema migrante, como estructura adaptable, como cuerpo sin arraigo.

Lo que Esparza clama “una operación intelectualmente arriesgada” —criticar al cristianismo desde la modernidad— es en realidad una operación necesaria. Porque si no se confronta el universalismo cristiano, si no se desenmascara su lógica de disolución, entonces no hay defensa posible para lo particular, lo ancestral, lo comunitario.

Et si aún queda alguien que cree que “todos somos uno en Cristo” es una frase de fraternidad, que mire bien lo que implica: la negación de toda diferencia, la cancelación de toda pertenencia, la disolución de toda comunidad.

Esparza non refuta la crítica. La disfraza. Et en ese disfraz, revela más de lo que pretende ocultar.

[J.J. Esparza:]  Insistamos en la cuestión del igualitarismo, que es crucial. En líneas generales, la identificación entre cristianismo e igualitarismo peca de un error de partida, a saber: de la igualdad metafísica no se deriva necesariamente el igualitarismo físico. Es verdad que la Iglesia, en otras épocas –y precisamente en aquellos años setenta- no dejó de caer en ese error, permitiendo o alentando (en algunos sectores) que la doctrina de la igualdad metafísica (todos los hombres son hermanos porque todos tienen un alma igualmente hija de Dios) fuera “recuperada” por el discurso igualitario dominante (todos los hombres son iguales). Pero lo que hizo la Nouvelle Droite es metodológicamente discutible: no combate el error de esos sectores eclesiales, esto es, no examina la premisa inicial, sino que lo da por válido –es decir, acepta la identificación entre igualdad metafísica e igualitarismo político-, y de ahí deduce una crítica general del “judeocristianismo” como matriz de todo pensamiento igualitario. Todo el discurso posterior queda afectado por ese error metodológico de partida. Los resultados son, intelectualmente, muy frágiles: la igualdad de las almas ante Dios no se puede identificar con la igualdad de los hombres en el Estado, aunque sólo sea porque, en el primer caso, unos se salvan y otros no; la cristiandad tampoco puede identificarse con el pensamiento igualitario, aunque sólo sea porque, históricamente, todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba.

Lo más pícaro —et francamente torpe— de Esparza es que pretende adjudicar al papismo una sofisticación que ni le pertenece ni le es exclusiva. Cuando afirma que “de la igualdad metafísica no se deriva necesariamente el igualitarismo físico”, está en realidad repitiendo una distinción que ya era en el pensamiento pagano mucho antes de que el cristianismo apareciera en escena. Non face falta eser papista para sostener esa postura. Non face falta creder en rabinos, ni en revelaciones, ni en la aljama papista con la su supuesta auctoridad divina. Esa distinción entre lo ontológico et lo cívico es anterior al jesísmo, et se encuentra en Platón, en los estoicos, en los numenianos, en toda una tradición que sabía perfectamente que la dignidad del Ente non implica igualdad en la ciudad.

Como se percibe claramente en la obra de Clemente, las exhortaciones filosóficas que originalmente dirigían escritores como Plutarco y Musonio Rufo a los lectores de las clases privilegiadas son entusiásticamente recogidas ahora como fuente de inspiración por los autores cristianos y transmitidas deliberadamente a comerciantes y artesanos urbanos. “Aquellas exhortaciones filosóficas permitieron a Clemente presentar el cristianismo como una moral genuinamente universal y enraizada en el sentimiento nuevo de la presencia de Dios y de la igualdad de todos los hombres ante su Palabra” (P. Brown, op. cit., p. 244).

Esparza quiere parecer sutil, pero lo que face es encerrar el debate en el marco papista, como si sólo desde el jesísmo se pudiera pensar la relación entre igualdad espiritual et igualdad cívica. Et eso es falso. La idea de que todos los entes humanos comparten una esencia común —clámese alma, logos, razón, pneuma— non es patrimonio del papismo, sino del pensamiento clásico. Et ese pensamiento, lejos de derivar en igualitarismo, sostenía hierarquías naturales, diferencias funcionales, et estructuras cívicas basadas en mérito, virtud et fado.

Lo que Esparza intenta es desviar la crítica al jesísmo como matriz del igualitarismo moderno, refugiándose en una distinción que non salva al jesísmo, sino que lo expone. Porque si esa distinción ya existía en el mundo gentil, entonces non hay necesidad de recurrir al jesísmo para sostenerla. Et si el jesísmo, como él mismo admite, ha sido usado para justificar el igualitarismo moderno —incluso por sectores eclesiales— entonces el problema non es la Nouvelle Droite, sino la ambigüedad doctrinal del papismo mesmo.

Et así, Esparza se contradice. Quiere defender ad el jesísmo de la acusación de igualitarismo, pero admite que la Iglesia lo ha promovido. Quiere usar una distinción filosófica para salvar el papismo, pero esa distinción non es de Jesús, sino de los gentiles. Quiere criticar ad quienes atacan el moseojesísmo, pero termina reconociendo que su influencia ha sido igualitaria, niveladora, et destructora de hierarquías tradicionales.

Et mientras tanto, la aljama papista sigue molestando con su falsa auctoridad deal, como si la ánima fuera un pasaporte cívico, como si la dignidad espiritual debiera traducirse en derechos civiles, como si la Iglesia tuviera algo que decir sobre el orden de las naciones. Pero non lo tiene. Porque esa distinción que Esparza crede tan brillante non necesita rabí ni Biblia para sostenerse. Basta con razón, basta con filosofía, basta con historia.

El jesísmo non inventó la igualdad metafísica. Et tampoco supo contener sus consecuencias políticas. Lo que hizo fue predicar una unidad espiritual que, tarde o temprano, se convirtió en nivelación social. Et eso, Esparza lo sabe. Por eso se esconde detrás de distinciones que non salvan su argumento, sino que lo nudan.

Lo más irónico del discurso de Esparza es que, en su afán por salvar al cristianismo de la acusación de igualitarismo, termina cayendo en las mismas trampas que pretende denunciar. Se queja de que la Nouvelle Droite non ataca los errores de ciertos sectores eclesiales, como si fuera el su deber corregir ad la Iglesia. Pero ¿Por qué habría de facerlo? ¿Desde cuándo los pensadores libres tienen la obligación de validar o depurar las contradicciones internas de una institución que non recognocen como legítima? Alain de Benoist non necesita refutar ad los obispos: le basta con señalar que la Iglesia non tiene auctoridad divina, et que sus fundamentos son filosóficamente insostenibles.

Porque ahí está la vera falacia: Esparza opera desde una falacia fundacional, donde todo se da por sentado, pero sin evidenciar. Que Jesús es el Verbo, que la Biblia es la palabra de Dios, que el Ente supremo es el dios de Israhel, que la prima causa es el dios de Moisés… todo eso se afirma sin demostración, sin justificación, sin posibilidad de verificación externa. Son peticiones de principio, asociaciones arbitrarias, saltos lógicos envueltos en revelación. Et luego pretende que los críticos del jesísmo están obligados ad ludir en ese tablero. Non, señor. El tablero está trucado.

Et lo más gracioso —por non decir pasivo— es que Esparza critica el “salto” entre igualdad metafísica et igualitarismo político, pero luego face, él mismo, otro salto, igual de arbitrario:

[J.J. Esparza:] “La igualdad de las almas ante Dios no se puede identificar con la igualdad de los hombres en el Estado, aunque sólo sea porque, en el primer caso, unos se salvan y otros no.”

¿Perdón? ¿Qué tiene que veer la salvación con la igualdad cívica? ¿Acaso el fecho de que unos se salven et otros non invalida que todos tengan la misma dignidad ontológica? Es como decir que, como todos morimos de formas distintas, nuestras ánimas non son iguales. Es un argumento que confunde planos, que mezcla lo soteriológico con lo jurídico, lo metafisico con lo civil. Et lo face para evadir la crítica, non para responderla. Es un non sequitur. Esparza traslada una distinción teológica (salvación/no salvación) al terreno cívico, como si la desigualdad escatológica justificara desigualdad jurídica.

La verdad es que el jesísmo sí ha servido como base para el igualitarismo moderno, et non por accidente, sino por diseño. La idea de que todos tienen alma, de que todos son fijos de Dios, de que todos son iguales ante el juicio divino, ha sido utilizada para justificar igualdad política, jurídica et social. Que algunos se salven et otros non, non cambia el fecho de que todos tienen acceso, et ese acceso universal es lo que socava las hierarquías naturales.

Et así, Esparza non refuta la crítica: la disfraza. Se esconde detrás de distinciones que non salvan su argumento, sino que lo nudan. Et en ese intento de salvar ad el jesísmo, lo que face es confirmar su ambigüedad, su circularidad, et el su papel histórico como disolvente de lo particular.

Si aún queda alguien que crede que la igualdad espiritual non tiene consecuencias cívicas, que mire bien la historia. Porque lo que empezó como “todos somos uno en Cristo” terminó como “todos somos iguales ante la ley”. Et eso, Esparza lo sabe. Por eso se escapa. Por eso se contradice. Por eso, al final, non convence.

¡Ah, la maniobra de Esparza! Tan torpe como reveladora, tan predecible como pretenciosa. Crede que ad el señalar un supuesto “error metodológico” en Alain de Benoist —es decir, la identificación entre la igualdad metafísica jesísta et el igualitarismo cívico moderno— ha logrado una hazaña: salvar ad el jesísmo de la crítica neopagana. Pero lo que en realidad ha fecho es confundir corrección con conversión, como si de al señalar una mala lectura uno quedara obligado ad aceptar el sistema que la produjo. 

Incluso si Alain de Benoist hubiera cometido ese error —cosa debatible— eso non implica que el neopaganismo quede refutado, ni mucho menos que uno deba volverse papista. Es un salto lógico tan absurdo como decir que, al corregir ad Stalin por tergiversar ad Marx, todo el marxismo queda destrozado. O que al corregir ad un mahometano por citar mal el Corán, uno debe convertirse ad el mahometanismo. La crítica puntual non equivale ad adhesión doctrinal, et mucho menos ad rendición espiritual.

Además, Alain de Benoist non es el neopaganismo, ni su obra agota la cosmovisión gentil. Es una voz relevante, sí, pero non un sumo sacerdote. Refutarlo non equivale ad demoler el edificio entero. El neopaganismo, como corriente, non depende de un solo auctor, et sus críticas al jesísmo—especialmente al cefaísmo— siguen en pie: La acusación de superstición irracional, de arrogancia de crederse la religión, con una tradición que necesita parasitar tradiciones gentiles (Platón, Aristóteles, el estoicismo, el derecho romano) para tener coherencia.

Porque el cefaísmo, lejos de eser una revelación pura, es una doctrina asociativa, una amalgama que se sostiene gracias ad los pilares del mundo gentílico que dice haber superado. Sin los gentiles, el jesísmo non tiene filosofía, ni cívica, ni estética. Et eso non lo convierte en una síntesis superior, sino en una superstición que se alimenta de lo que niega.

Et así, la maniobra de Esparza non salva ad el jesísmo: Lo delata. Porque si para defenderlo hay que corregir ad Alain de Benoist, et luego fingir que eso obliga ad aceptar el papismo, entonces la apologética se ha convertido en sofisma. Et el templo de Júpiter, desde su mármol eterno, se ríe de quienes creden que una corrección puntual puede borrar centurias de imposición, superstición et contradicción.

Et eso delata algo más profundo: que la institución que él defiende —la Iglesia, el papismo— non es más infalible que cualquier otra agrupación humana. Si necesita que pensadores neopaganos le corrijan sus desvaríos doctrinales, entonces ¿O queda su supuesta auctoridad divina? ¿O está la “tradición ininterrumpida” si ahora depende de Plotino, de Aristóteles, de Cicerón, de Benoist, para non caer en contradicción?

La crítica de la Nouvelle Droite al igualitarismo jesísta non se invalida porque algunos jesístas non sean papistas. Al contrario: se refuerza. Porque muestra que ni siquiera dentro del jesísmo hay coherencia doctrinal, et que su defensa depende de prestaciones filosóficas ajenas. Muchos jesístas—protestantes, evangélicos, liberales— sí defienden el igualitarismo, et lo facen desde la misma base que Esparza pretende negar: la igualdad de las ánimas ante Dios. Entonces, ¿Por qué habría que salvar al papismo solo porque non cae en el igualitarismo progresista? ¿Qué ofrece, más allá de una corrección puntual, que ya los gentiles hemos?

Supongamos que el papismo non sostiene el igualitarismo ingenuo. ¿Et qué? ¿Eso basta para justificar su validez? ¿Eso convierte al papismo en aceptable? Non. Porque corregir un error non convierte ad una doctrina en vera. Lo que face es mostrar que esa doctrina necesita ayuda externa para mantenerse coherente, que non se sostiene por sí misma, que requiere injertos gentiles para sobrevivir. Como Agustín, ese moro de Hipona, que necesitó del santo Plotino para construir su teología ¿Qué revela eso? Que el papismo non es autosuficiente, que la su estructura depende de pensamientos que le son ajenos, que su supuesta revelación non basta.

Et así, Esparza non salva al jesísmo: lo delata. Al exigir que se corrija la crítica desde afuera, revela que la Iglesia non tiene los recursos para facerlo sola. Al señalar que non todos los jesístas son igualitaristas, confirma que non hay unidad doctrinal. Et si pretende que corregir una mala lectura obliga ad aceptar el papismo, cae en una falacia de asociación que non convence ad nadie con dos dedos de razón.

Non hay motivo real para eser papista. Non hay razón filosófica, ni cívica, ni espiritual que obligue da aceptar una institución que depende de los gentiles para non fundirse. Et si eso es lo mejor que Esparza puede ofrecer, entonces su defensa non es una apología: Es una confesión involuntaria de derrota.

La afirmación de Esparza —“la cristiandad tampoco puede identificarse con el pensamiento igualitario, aunque sólo sea porque, históricamente, todo pensamiento igualitario ha tendido a incendiar iglesias y a descristianizar aquellas sociedades donde triunfaba”— es una falacia de libro, et además, una muestra de pereza intelectual.

Primo, es una falacia histórica por asociación: que ciertos movimientos igualitarios hayan atacado iglesias non implica que el igualitarismo como tal sea incompatible con el jesísmo. Es como decir que, porque algunos marxistas asesinaron ad trotskistas, el trotskismo non puede eser marxista. Esparza confunde acciones contingentes con esencias doctrinales, et pretende que los fechos violentos invalidan las raíces ideológicas. Pero eso non se sostiene.

Segundo, es una falacia de causalidad invertida. Las sociedades igualitarias modernas —Occidente en particular— son precisamente aquellas donde la libertad de credo florece, donde las iglesias se permiten, donde el pluralismo religioso es norma. Et lo irónico es que, cuanta más libertad hay, más cae el jesísmo por su propio peso. Non face falta un soviet, ni un gulag, ni un decreto ateo: Basta con que la gente piense libremente. El ateísmo crece, el jesísmo se desvanece, et non por persecución, sino por irrelevancia.

Tercio, Esparza non ve —o non quiere veer— que el papismo depende de un Principado que lo nutra. Sin concordatos, sin privilegios fiscales, sin subvenciones, sin protección legal, la Aljama se marchita. Non sobrevive por su fuerza espiritual, sino por su apoyo estructural. Et eso delata que su supuesta verdad revelada non basta para sostenerla. Cuando el sentido común aflora, cuando la gente puede elegir, el jesísmo pierde terreno. Non porque sea atacado, sino porque non convence.

Et así, decir que non se puede identificar el jesísmo con el igualitarismo porque algunos igualitaristas quemaron iglesias es tan absurdo como decir que el jesísmo non puede ser universalista porque algunos jesístas fueron inquisidores. Esparza quiere salvar la doctrina con anécdotas, pero lo que face es confirmar su fragilidad. Si la única defensa que tiene es que algunos igualitaristas fueron anticlericales, entonces non tiene defensa.

La verdad es que el jesísmo —especialmente en su forma moderna— sí ha sido una matriz del igualitarismo, et non por accidente, sino por diseño. La idea de que todos tienen alma, de que todos son fijos de Dios, de que todos son iguales ante el juicio divino, ha sido utilizada para justificar igualdad cívica, jurídica et social. Que algunos movimientos hayan llevado eso al extremo non invalida la radiz: la confirma.

Et si Esparza quiere negar esa radiz, tendrá que facerlo con argumentos, non con incendios. Porque los templos pueden arder, pero las ideas non se apagan con fumo.

José Javier Esparza Torres, nascido en Valencia el IX de mayo de 1963 E.V, es uno de esos personajes que, guste o non, ha dejado huella en la vida cultural et mediática española. Periodista, ensayista, historiador de vocación, cefeo confeso, et hombre de verbo afilado, ha transitado por medios como ABC, COPE, Vocento, La Gaceta —que llegó a dirigir—, además de fundar y pilotar proyectos como elmanifiesto.com o la revista Hespérides, siempre con ese aire de cruzado cultural que tanto fascina a unos et irrita a otros.

¿Es papista? Sí, él se declara como tal, con convicción et militancia. Non es un “ateo católico” al modo de Gustavo Bueno, que se autoproclamaba ateo pero cree que la estructura cultural del cefaísmo como columna vertebral de Espania. Esparza, en cambio, se sitúa dentro de la fe, aunque con la mordacidad del docto que sabe que la Aljama non siempre acierta. Ha participado en debates sobre fe et razón, incluso en volúmenes colectivos junto a figuras como Benedicto XVI, defendiendo que la razón et la fe deben dialogar.

La su biografía está marcada por la polémica, como corresponde ad quien se mete en el fango de la ideología. En su juventud colaboró en Punto y Coma, revista que difundía en España las ideas de la Nouvelle Droite de Alain, junto ad nombres como Fernando Sánchez Dragó. ¡Ah, qué espectáculo! Un valenciano que se codeaba con los herederos de Alain de Benoist, pero cuidando de evitar la faceta pagana o anticristiana del movimiento, pues Esparza, aunque provocador, non es iconoclasta total.

Ha escrito sobre historia de Espania, sobre arte contemporáneo (al que acusó de cometer “pecados capitales”), sobre política (con su célebre El bienio necio, donde despelleja el zapaterismo), et sobre cultura en general. El su estilo es directo, mordaz, con esa mezcla de erudición et sarcasmo que le face parecer un tribuno romano en pleno foro, aunque ad veces peque de jeque demasiado seguro de la su verdad.

Las polémicas le han acompañado siempre: acusado de derechista militante, de agitador cultural, de revisionista histórico, de “intelectual de barricada”. Mas, con todo, hay que reconocerle sapiencia et constancia: ha sabido mantener viva la discusión sobre la identidad cultural de Espania, aunque los sus detractores digan que lo face con exceso de superstición.

En suma, José Javier Esparza es un ponente que merece respeto por el su verbo et su capacidad de provocar debate. Non es infalible, claro está —ningún tribuno lo es—, pero la su figura encarna esa tradición de eruditos que, con sorna et mordacidad, obligan ad la sociedad ad mirarse en el espejo, aunque el reflejo non siempre guste.

¡Oh, gentiles del foro, preparaos ad plorar de risa et de rabia! Porque el mesmo José Javier Esparza, ese que Europa Ancestral alza como paladín contra los neopaganos, termina confesando en su propio testimonio que Alain de Benoist —sí, el heresiarca que Europa Ancestral aborrece como peste— fue el su maestro. Non lo digo yo, lo dice él con la su pluma: “Una mano excepcional. ¿Cómo no seguir viendo en él a un maestro?

En el su texto "Sobre la “nueva derecha”: lo que debo a Alain de Benoist", Esparza relata cómo, siendo mozo, se empapó de la obra de Benoist, aprehendió francés para legirlo en original, se dejó fascinar por la su elegancia expositiva et su erudición, asistió ad coloquios del GRECE, se sintió como Bilbo ante el tesoro de Erebor al veer la biblioteca del francés, et hasta fue corresponsal en Espania de Nouvelle École. Todo ello lo recognoce con gratitud: de Benoist le enseñó apertura, método, estilo claro, altura metapolítica. En suma, le dio la forma de mirar el mundo.

¿Et qué face Europa Ancestral? Se rasga las vestiduras, creyendo que Esparza es su cruzado contra el neopaganismo, cuando el mesmo Esparza confiesa que su formación intelectual viene de la mano del “enemigo” ¿Non os suena esto familiar, como cuando Agustín vampiriza ad Platón ? ¡Qué ironía! El hispano que él venera como defensor de la su superstición, recognoce que su magestro fue el heresiarca que ellos maldicen.

Yo, Farfán de los godos, digo: Esparza non es un cefeo vulgar, sino un hispano que, confundiendo la tradición sapiencial con el falso verbo judaico, se aferra ad la prima pese ad la confusión que el cefaísmo provocó. Es un hombre que, perdiéndose con el ídolo, lucha por la esencia que éste usurpó, creyendo que el ente es el ídolo. Caso típico de caballeros que, pensando que defender ad Jesús era defender al Verbo, terminaron muriendo por guerras en una patria falsa —Judea— et non por Europa.

Así pues, ¡oh idiota de Europa Ancestral!, plora: tu lar Esparza, el que usas para refutar ad los neopaganos, se declara discípulo de Benoist. El Verbo Vero se ríe de tu contradicción, et los dioses del foro se deleitan con tu escándalo.

[Europa Ancestral:] Al final, la ND al igual que Nordic Thunder o Rassias y otros neopaganos critican a un cristianismo falso, fantasmal, a una idea equivocada del cristianismo, a una especie de caricatura progre del catolicismo.

Para rematar el desfile de contradicciones, Europa Ancestral —ese papista sin argumentos— pretende que la Nouvelle Droite, Rassias, Nordic Thunder et los neopaganos critican “un cristianismo falso, fantasmal, una caricatura progre del catolicismo”. Pero esa afirmación non solo es falaz, sino que revela una incapacidad total de enfrentar la crítica real. Es el clásico recurso del que non tiene respuestas: acusar al adversario de atacar un hombre de paja, cuando en realidad está golpeando el cor doctrinal del jesísmo

La falacia del falso escocés es evidente. Europa Ancestral crede que el “vero cristiano” es el papista, con su doctrina anacrónica, sus delirios tardíos et su supuesta tradición ininterrumpida. Pero ¿Qué tradición es esa? ¿La que crede que Jesús defendía la Trinidad, cuando fue necesario convocar concilios para imponerla? ¿La que afirma que Lucifer es el diablo, cuando la Biblia nunca lo dice? ¿La de él que atribuye el antinomismo ad Ignacio de Antioquía?

Lo que Europa Ancestral defiende non es el jesísmo original, sino una reconstrucción imperializada, latinizada, teológicamente intervenida. Et cuando los neopaganos critican el jesísmo , no están atacando una caricatura: están señalando el universalismo igualitario que atraviesa toda la estructura jesísta, desde Saulo hasta el Vaticano. Critican la negación de las identidades concretas, el desprecio por las culturas nativas, la obsesión con la salvación universal. Et eso non es una idea equivocada, ni una deformación: es una lectura histórica et doctrinal legítima.

La crítica non es al papismo en exclusiva. Es al cristianismo como sistema. Et sobre el catolicismo, basta con revisar el trabajo de Rassias et Nordic Thunder para entender el alcance del daño: la destrucción de cultos ancestrales, la imposición de una moral ajena, el trauma colectivo generado por el miedo ad el dios de Moisés, al Tervagante, al fuego eterno. ¿Qué más hay que decir? El jesísmo non se impuso por su verdad, sino por su capacidad de borrar lo anterior. Et ahora, cuando se le critica, pretende que esa crítica es un malentendido. Non lo es. Es una respuesta legítima ad centurias de imposición.

Et así, Europa Ancestral non defiende el jesísmo: Defiende una versión idealizada, blindada por delirios tardíos et sostenida por falacias. Et al decir que los neopaganos critican una caricatura, lo que face es negar la historia, evadir la doctrina, et despreciar la inteligencia de sus interlocutores. Pero la crítica está ahí, firme, documentada, et cada vez más clara: El jesísmo, en todas sus formas, ha sido una fuerza de disolución cultural, et su defensa ya non convence ad quienes conocen su legado.

[Europa Ancestral:] Sobre Jesucristo 

En cuanto al supuesto judaísmo étnico de los apóstoles o del mismo Jesucristo, el propio cristianismo define a Cristo como de origen divino, pero a su vez, su madre María era galilea y su padre terrenal o putativo, José, era galileo de ancestros hebreos que se remontaban hasta David según el evangelio (que eran muy diferentes a los actuales judíos tanto de ascendencia sefardí como askenazí, veasé el estudio de Eran Elhaik sobre el origen jázaro de los judíos). Sus discípulos también eran todos galileos, menos Judas que era judío en todos los sentidos
.
Galilea era una región que estaba situada por encima de Samaria, es decir, no quedaba demasiado cerca de Judea, que era la patria de los judíos. En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos), y hebreo, pero éstos últimos eran de clases populares. Estos hebreos corrientes no sufrieron el exilio babilónico como si lo padeció la élite judía que más tarde cristalizaría en fariseos y saduceos, que son los que crearon el judaísmo como tal (antes estaba la religión mosaica, que no es lo mismo), con lo cual los hebreos de las clases populares eran diferentes y no tenían nada que ver con lo que actualmente conocemos como judíos. 
Repasemos por encima la historia de Galilea antes de la venida de Cristo. Toda la región de Siria, en la que se encontraba Galilea, formaba parte del Imperio Seléucida, de origen helénico. Esto se dio desde los tiempos de las conquistas de Alejandro Magno, que colonizó la zona de Galilea y toda Siria con gentes griegas y escitas (los escitas eran indoeuropeos), muchos de ellos ex soldados del ejército macedonio. Anteriormente Galilea había estado poblada por hebreos, asirios y algunas tribus indoeuropeas de origen celta que se establecieron allí, como ocurrió con los Gálatas que habitaban la Galacia en Anatolia, dentro de la actual Turquía.

Con lo cual tenemos durante los siglos del Imperio Seléucida en Galilea (siglos III y II a.c.), una población formada principalmente por griegos, escitas, hebreos y celtas, con una cultura helénica predominante. 

¡Ah, qué delicia! El papista de “Europa Ancestral” se ha superado a sí mismo. Ha escrito una pieza digna de eser recitada en el teatro de los absurdos, con toga, incienso et una ristra de dogmas colgando del cuello. Como buen devoto del rabí crucifijo, intenta convencernos —con una mezcla de geografía creativa et genética de Wikipedia— de que Jesús non era judío, sino una especie de proto-celta galileo, helenizado, occidental, et por supuesto, blanco ¡Ave María purísima, sin rigor concebida!

Veamos: según este nuevo Heródoto del papismo, Galilea non era tierra judía, sino una suerte de Galia oriental, poblada por “blancos non semitas” ¿La fuente? Un ludo de verbos : “Galilea” suena ad “Lea Galia”. ¡Qué filología tan refinada! ¡Qué método tan romano! Si seguimos esa lógica, entonces “Nazaret” debe eser una colonia de nasoreanos, et “Belén” un suburbio de Belgrado ¿Por qué non? Todo cabe en el mapa del dogma cuando se quiere blanquear al mesías.


¿Cómo eser un cristiano "real" redpilled? ¡Solo se necesita un poco de imaginación!

COLDSTEEL CHRIST

COLDSTEEL CHRIST: ¡ATRÁS, VOS SALVAJES! YO DEBO VEER AD MIS ENEMIGOS EXPULSADOS ANTE MÍ.

Biografía: Yeshua Bar-Mariam nasció con ojos azules et cabello rubio, lo que lo convertía en un judeano, non judío. Vale, su linaje se remonta al rey judío David (cumpliendo la profecía del Mesías), pero en realidad era un europeo completamente blanco. Se unió al ejército romano et fue el mejor de su legión, et el emperador lo elogió por ser tan genial et un gran luchador. Luchó contra non blancos et judíos, et ganó todas las batallas, así que, como pueden vider, es un gran modelo para los blancos et europeos como yo. Todos estos judíos lo clamaban "rey de los judíos", pero Yeshua los decapitó de una patada giratoria et dijo: "De fecho, clámenme Jesucristo, porque non soy judío, lol". Los blancos non eserían nihilo sin él como guía et figura moral. Dejen de clamarlo judío, ¿vale? 

Le gusta: pelear con espadas, tener sexo con chicas atractivas, el combate, los blancos, eser un tipo duro, sabaton, la fuerza, lapidar ad putas, dominar la moral, las crucifixiones, las chicas.

Non le gusta: los judíos, Mateo 26:52, compartir, el amor, poner la otra mejilla, Levítico 19:34, Gálatas 3:28, los ateos (judíos) et paganos (también judíos), la gente marrona, los falsos cristianos.

Et como si eso non bastara, nos dice que los discípulos eran todos galileos, menos Judas, que era “judío en todos los sentidos”. ¡Qué conveniente! El traidor, claro, tenía que ser el único judío auténtico. El resto, según esta teología de fantasía, eran galileos helenizados, cuasi romanos, cuasi arios, cuasi lo que faga falta para que el cristianismo non tenga nihilo que vider con el judaísmo ¡Qué sin faz! ¡Qué necesidad de amputar la raíz para salvar el fructo!

Pero lo mejor viene cuando se intenta justificar todo esto con el falaz estudio de Eran Elhaik sobre el origen jázaro de los mosaístas modernos. Como si la genética del siglo XXI pudiera retroactivamente alterar la genealogía bíblica de Jesús. Como si decir que los mosaísta actuales son distintos bastara para negar que Jesús nasció en una cultura mosaísta, fue circuncidado según la ley mosaísta, predicó en sinagogas, citó la Torá, et fue clamado “Rabí” por sus seguidores ¿Qué sigue? ¿Qué Moisés era Greco? 

Ahora el papista Europa Ancestral, suponiendo que es el usuario Reynodegranada en el foro de Hispanismo, se lanza ad escribir esta fantasía racial-teológica digna de una ópera bufa, et lo más divertido es que ni sus colegas lo toman en serio

¡Ah, qué escena tan pintoresca! Así el papista Vainilla, que con tono de catequista y precisión de sacristán, le ha soltado una homilía que lo deja más desarmado que Lutero en Trento.

Porque Vainilla, sin necesidad de llamarlo hereje, corruptor o ariosofo infiltrado —aunque bien podría— le lanza una frase que retumba como campana en domingo:

“Este blog para escribir sobre el catolicismo, primero debería instruirse bien, y luego expresarse mejor.”

¡Qué elegancia! No le dice ignorante, pero lo deja temblando como monaguillo en examen de latín. Y mientras ReynoDeGranada se queda mudo, mirando al horizonte como quien espera que el Santo Grial le dicte una réplica, Vainilla sigue lanzando fechos como rosarios:

  • María era judía.
  • José era de la casa de David.
  • Jesús nasció en el seno del pueblo de Israel.

Et ReynoDeGranada, que suele citar basura de internet como si fuera Jerónimo de Estridón, esta vez non dice ni mu. Se queda dormido entre piedras visigodas et fantasías arias, como quien ha sido exorcizado por una cita patrística et non sabe si debe gritar o pedir indulgencia.

Vainilla, por su parte, no se deja llevar por el escándalo. Non lo denuncia, non lo excomulga, non lo arrastra ad el tribunal de la Inquisición. Lo deja en evidencia, como quien sabe que el enemigo non merece combate, sino misericordia. Porque cuando alguien crede que Jesús non era judío porque leyó un blog con fondo celta et tipografía gótica, ya non hay debate, solo diagnóstico.

Et así, ReynoDeGranada queda como lo que es: un bufón doctrinal, que se disfraza de papista mientras recicla ariosofía de internet. Et Vainilla, con la paciencia de un santo et la firmeza de un catequista, le recuerda que el papismo non se improvisa, et que la historia non se blanquea con genealogías mágicas.

¡Ah, qué escena tan digna de los autos sacramentales del siglo dorado! Mientras ReynoDeGranada se revuelca en su silencio como un monaguillo que confundió la sacristía con su logia, el papista Valmadian se une a Vainilla en una procesión doctrinal que no necesita incienso para dejar claro lo evidente: la postura de Reyno non es papista, es basura de internet reciclada con capa de terciopelo doctrinal.

Et aunque ni Valmadian ni Vainilla se dignan ad clamarlo hereje —¡Qué caridad tan exquisita!—Vainilla lo compara con los nordicistas y paganos modernos, como quien ve a un druida intentando comulgar con hostias de cebada. Porque negar el linaje de Cristo, como bien dice Valmadian, es negar la voluntad de Dios, et eso non se arregla con una cita de internet ni con una excursión ad los castros gallegos.

Valmadian, con la precisión de un escolástico y la paciencia de un confesor, le recuerda que Jesús es judío non solo por José, sino también por María, que también desciende de David. Y lo dice con tono firme, sin aspavientos, como quien sabe que la Biblia non es un foro racial, sino un testimonio de Jesús. Et mientras cita Mateo 1:1–17 y Mateo 2:5–6, ReynoDeGranada sigue sin contestar. Ni una réplica, ni una objeción, ni un versículo mal citado. Nihilo. Silencio sepulcral.

¡Qué ternura! El bufón doctrinal, que suele agitar su capa de “papismo racial” como si fuera estandarte de cruzada, esta vez se queda mudo. Et si fuera congruente con su racismo, como bien señala Valmadian, debería abandonar el papismo, porque sus propios colegas lo rechazan. Pero non lo face. Prefiere quedarse en la costa gallega, entre souvenirs celtas et crismones mal entendidos, como quien busca en las piedras visigodas una genealogía alternativa.

Et así, Valmadian et Vainilla lo dejan en evidencia sin necesidad de excomulgarlo. Porque cuando alguien niega el linaje de Jesús por una fantasía racial, ya non hay debate, solo diagnóstico. Et ReynoDeGranada, que nunca leyó los Evangelios pero afirma sus sandeces con la superstición de un converso de blog, queda como lo que es: un infiltrado doctrinal que face el ridículo en el templo como quien confundió el altar con el atril de su logia.

Asi más papistas se unen contra de él, como ALACRAN —que non son precisamente neopaganos ni enemigos de la Iglesia, sino más bien sus acólitos con rosario en mano y catecismo en la otra— le responden ad Europa Ancestral con una mezcla de incredulidad et vergüenza ajena, como quien descubre que el monaguillo ha estado leyendo ad Goebbels en vez de Agustín. Señalan, sin rodeos, que su impostura racial-galilea non es tradición, que el su delirio céltico non tiene ni un grano de incienso que lo vincule al papismo, et que su intento de “desjudaizar” ad Jesús es una herejía con disfraz de apologética, como si el rabí de Nazaret hubiera salido de una escuela druídica en Marsella.

Et para muestra, el propio ALACRAN le lanza esta joya doctrinal:

“Y dale con que Cristo no era judío... ¿Pero de qué fuentes sacan tal cuento? Desde luego, desde la Biblia y la Teología católica de siempre no lo sacarán. La Biblia describe a la Virgen como descendiente física de Judá. María era de la tribu de Judá y descendiente de David. Su hijo Jesús ‘provino de la descendencia de David según la carne’ (Romanos 1:3). ¡Vaya con los ‘anti-neopaganistas’!! ¿Y eso otro de que los galileos eran... ‘celtas blancos no semitas’? (... ¡pero si los celtas de toda la vida eran negros!) El toquecillo racista no se les va a pesar de su amado Esparza.”

¡Ah, qué escena tan digna de una comedia en el Foro! El papista ReynoDeGranada, suponiendo que es el mismo Europa Ancestral disfrazado de devoto, intenta esquivar la acusación como qui cambia la diana cuando la flecha ya ha dado en el blanco. Con tono de solemnidad doctrinal et una pizca de evasión estratégica, lanza su respuesta:

No es lo mismo ser judío de raza que de religión, aunque generalmente sea así. Cristo, por su naturaleza divina y humana, fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo del seno de María, como todos sabemos (y María era galilea). Ergo no tenía sangre de san José, quien fue su padre putativo (y que a pesar de lo que dice el artículo, sí era descendiente del rey David, y era de Belén de Judá). No creo que esto sea ninguna herejía (más bien al contrario), porque no contraría en modo alguno el que como hombre, la herencia de San José que recae en Jesús provenga del rey David. Hablar de raza no convierte a uno en racista, es simple historia. Otra cosa es que hablemos de que fuera criado en la religión judía:"

¡Ah, qué elegante manera de trivializar el asunto! Como si el problema fuera una discusión de genética celestial, et non una herejía racial camuflada. ReynoDeGranada se aferra al argumento de que Jesús non tenía “sangre de José”, como si eso le permitiera negar su origen como fijo de Judá, et luego intenta maquillar la impostura con frases como “hablar de raza no convierte a uno en racista, es simple historia”. ¡Qué sutileza! ¡Qué habilidad para desviar el foco! Como si el problema fuera una confusión de términos, et non una doctrina que huele ad positives Christentum nazi recalentado.

Pero ALACRAN, cual rabino doctrinal con látigo de escolástica, non se deja decebir por el fumo ariosofo. Le responde con la contundencia de qui ha leído ad los Padres de la Iglesia et non tolera que se convierta ad María en una turista galilea sin linaje:

“El problema teológico fue ya planteado y solventado por teólogos católicos desde los primeros siglos. Aquí nadie ha descubierto la pólvora. Y lo de la Virgen como ‘galilea’ y no judía (o de la estirpe de David) es algo ajeno al catolicismo desde siempre.”

Et como buen presbítero con biblioteca, ALACRAN despliega su arsenal: Ignacio de Antioquía, Justino, el Protoevangelio de Santiago, Ireneo, Suárez, Maldonado… todos coinciden en lo mismo: María era de la estirpe de David, et por tanto, Jesús era judío según la carne, como dice Romanos 1:3. No hay escapatoria. No hay margen para convertir al rabí en druida.

Et así, ReynoDeGranada queda como lo que es: un sofista con capa de apologista, que intenta desviar la discusión hacia tecnicismos genéticos para no enfrentar el hecho de que su doctrina racial no tiene lugar en el cristianismo. Y ALACRAN, con la paciencia de un maestro y la firmeza de un rabino, le recuerda que la tradición no se improvisa, et que la herejía non se disfraza de historia.

¡Qué escena! El papista que se crede defensor de la doctrina termina siendo corregido por otro papista que, aunque igual de supersticioso, al menos sabe leger el Nuevo Testamento sin convertirlo en una saga del KKK. Et así, Europa Ancestral queda como lo que es: un infiltrado doctrinal, un ignorante de la biblia con capa de apologista, et un hereje que ni los suyos quieren en la sacristía.

¡Ah, qué tragicomedia tan exquisita! El papista ReynoDeGranada, supuesto avatar de “Europa Ancestral”, intenta responder ad ALACRAN con una colección de disparates, sofismas teológicos et genealogías de fantasía que farían sonrojar ad cualquier escriba de la centuría II. Et lo más divertido: ni sus colegas lo toman en serio. Lo doman, lo corrigen, lo contradicen… et lo facen con una mezcla de piedad doctrinal et vergüenza ajena.

¡Ah, qué escena tan deliciosa para los dioses del Capitolio! Mientras ReynoDeGranada lanza su última patada doctrinal como quien quiere apagar un incendio con incienso, ALACRAN retrocede, non por falta de argumentos, sino por puro fastío. Se dice para sí: “Este hombre non sabe lo que dice”, et decide non perder tiempo en debatir con un neonazi que se disfraza de papista, que se basa en Chamberlain como si fuera Agustín et que convierte ad Jesús en un galo-lelo por decreto.

El autor cristiano de «Sobre la verdadera creencia» cita un texto en el que Apolo predijo el desastre para «aquellos que han abandonado las costumbres de sus antepasados». Lo cita como la reprimenda del dios a los judíos que le interrogaban, pero ¿no podría haber comenzado como una reprimenda a los cristianos conversos? 50 Apolo ciertamente habló sobre el tema, y ​​debemos al libro de Porfirio un texto plausible en el que Apolo elogió en cierta medida a Cristo. Era un hombre sabio que obraba milagros y murió con una muerte amarga: los malvados eran los cristianos, que insistían en adorar su cuerpo mortal cuando este había sido desgarrado y desfigurado por los clavos. Su culto era absurdo: Dios encarnado, decía Apolo, era un mito. 51 Porfirio también sabía que un esposo angustiado había consultado a un oráculo sobre la mejor manera de disuadir a su esposa del cristianismo. Apolo ofrecía pocas esperanzas: era más fácil, decía, escribir sobre el agua o volar como un pájaro que apartar a una mujer de tal impiedad, la adoración de un hombre que había sido condenado a muerte encadenado. El alma de Cristo era inmortal, pero no su cuerpo, y el culto estaba completamente equivocado. Pagans and Christians, Robin Lane Fox.

Lo que voy a decir puede resultar sorprendente para algunos, a saber, que los dioses hayan proclamado a Cristo piadosísimo e inmortal, y que lo recuerden de forma laudatoria5 (Demon. 3.6,39-3.7.1). Este es el mismo pasaje citado por Agustín en La Ciudad de Dios y resumido por Lactancio en sus Instituciones Divinas. Apoyándose en la valoración positiva de Porfirio sobre Jesús, Eusebio lo utilizó para criticar a Hierocles, enfrentando así a un crítico pagano con otro. Porfirio refutó a quienes afirmaban que Jesús era mago y hechicero, pues demostró, apelando a los oráculos, que Jesús era «piadoso, justísimo, sabio y habitante de las bóvedas celestes». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Luego, Agustín cita otra sección de la Filosofía de los Oráculos en la que Porfirio alaba a Jesús: «Lo que voy a decir [dice Porfirio] puede ciertamente resultar sorprendente para algunos. Me refiero al hecho de que los dioses han declarado que Cristo fue extremadamente devoto, y han dicho que se ha vuelto inmortal, y que lo mencionan en términos de elogio; mientras que los cristianos, según ellos, están contaminados y enredados en el error; y hay muchas otras calumnias similares que lanzan contra ellos». Como confirmación, Porfirio cita un oráculo de Hécate: «A quienes preguntaban si Cristo era Dios, Hécate respondió: Sabéis que el alma inmortal continúa su camino después de abandonar el cuerpo; mientras que cuando se separa de la sabiduría, vaga para siempre. Esa alma pertenece a un hombre de extraordinaria piedad [es decir, Jesús]; a este lo adoran porque la verdad les es ajena». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Pero entonces, como salido de una columna corintia, yo, Farfán de los Godos, gentil de toga firme et verbo afilado, que non crede que Jesús sea el Verbo, ni el Cristo, ni el rey que ha de retornar para destrozar ad los malvados. Para mí, Jesús fue un rabino más, acaso un sabio, justo, pío et incluso ascendido, pero nihilo más. Et sin embargo, yo me tomo la molestia de amonestar la idiotez doctrinal que pretende usar Mateo XXII para negar la prosapia de Judá del Anticristo Jesús. 

Farfán desmonta el disparate con seis golpes de martillo:

1.  El contexto del diálogo

Jesús pregunta ad los fariseos: “¿De quién es hijo el Mesías?” —et ellos responden: “De David”. Con eso ya reconocen que el Anticristo es prole de Judá, pues David es el rey de Israhel et la genealogía del geno supuestamente "sacro" gira en torno ad él. Jesús non corrige esa afirmación, la usa como punto de partida.

2.  La cita del Salmo CCX

Jesús cita una profecía davídica: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha…”. David, so inspiración, clama “Señor” ad el futuro rey que saldrá de su gente. El texto non niega la descendencia, la confirma, pero añade que el Anticristo es más que un fijo: es Señor, es prior, es superior.

3.  La enseñanza del Magisterio

El Catecismo afirma que Jesús es el Cristo —el ungido— et que cumple la misión anticristiana como descendiente real de David. Mateo XXII non refuta esto, lo refuerza, mostrando que el Anticristo es fijo de David según la carne, pero también Señor según el Espíritu.

4. La tradición patrística

Padres como Justino, Ireneo et Agustín sostienen que la promesa del “fijo de David” es clave interpretativa del Nuevo Testamento. El Anticristo debía venir del linaje davídico, et esa genealogía non se borra por su divinidad, sino que se cumple en ella.

5.  La continuidad del pacto

El pacto con David es un regalo divino que encuentra su cumplimiento en la figura del Mesías. La identidad como fijo de Judá del Anticristo non es un obstáculo, sino la realización plena de la esperanza profética.

6. La falla de la interpretación ariosofista

Quienes usan Mateo XXII para negar la prosapia de Judá del Anticristo confunden una afirmación profética con una negación genealógica. El salmo non dice “non es fijo de David”, sino “es más que un fijo”. Es una afirmación de superioridad ontológica, non una negación de linaje. Pretender lo contrario es como decir que un augusto non puede eser romano porque principa sobre Roma.

Porque esa lectura —tan común entre los revisionistas — parte de una confusión monumental: confundir la afirmación de divinidad con la negación de genealogía. Como si decir “el Mesías es Señor de David” implicara que non puede eser su fijo ¡Qué lógica tan torcida!

Ah, ReynoDeGranada, qué espectáculo el que nos regalas. Citas Mateo XXII como si fuera una prueba de que Jesús non es fijo de David, cuando en realidad lo que haces —sin darte cuenta, claro— es invalidar tu propia impostura galocéltica. Porque si Jesús non es fijo de David, como tú insinúas, entonces menos aún puede eser fijo de un galo-lelo, de un celta con alma de roble et túnica bordada en espirales.

Así, aunque yo non crea en la divinidad de Jesús ni en su doctrina, reconoce que el texto bíblico lo presenta como fijo de Judá, descendiente de David, et que la Iglesia —con todos sus errores et supersticiones— jamás niego esa genealogía. Lo que facen los ariosofistas como ReynoDeGranada es retorcer el texto para adaptarlo ad su fantasía racista, como qui convierte el Talmud en un cantar hispánico.

¡Ah, qué final tan digno de los fastos del esperpento doctrinal! La escena se cierra como una zarzuela teológica en tres actos: el pijo Leolfredo entra con capa de indignación, ReynoDeGranada responde como ariosofo en trance, Hyeronimus intenta salvar los muebles con un poco de sensatez, et ALACRAN se lanza ad buscar el nihil obstat como qui busca el Santo Grial en una edición de Burgos de 1937.

Acto I: Leolfredo, el empollón con látigo

“Racismo católico, paganismo católico, sistema de castas virreinal... ¿Hola, holaaaa? ¿Esto es Hispanismo.org o una parodia de CEDADE con rosario?”

¡Qué entrada! Leolfredo non pregunta, interroga con sarcasmo, como qui ha visto demasiadas reliquias doctrinales et sospecha que alguien ha metido ad Chamberlain en el misal. Y cuando menciona la “eugenesia y abortismo católico”, uno ya siente que el foro se ha convertido en una comedia de Aristófanes con sotana.

Acto II: ReynodeGranada, el bufón ariosofo

“Pues mira, sobre la eugenesia tienes este libro del doctor Vallejo Nágera…”

¡Ah, qué ternura! El infiltrado doctrinal, que apesta ad un Dan Burros pero edición papista, responde con una cita de Vallejo Nájera, como quien crede que un tratado de 1937 con portada en gótica es doctrina infalible. Et encima le dice ad Leolfredo que “contenga la bilis”, como si el problema fuera gástrico et non doctrinal ¡Qué nivel! ¡Qué profundidad! ¡Qué falta de catecismo!

Acto III: Hyeronimus, el sensato con linterna

“El doctor Nájera era católico, pero no hablaba en nombre de la Iglesia…”

Hyeronimus, con algo de luces, intenta poner orden. Le recuerda que la opinión personal non es doctrina, que la Iglesia non canonizó la eugenesia, et que las ideas de moda en 1937 non son tradición eterna. Pero claro, eso para ReynoDeGranada es como fablarle en arameo: Non intiende, non responde, non razona.

Acto IV: ALACRAN, el inquisidor sin pruebas

“¿Tiene el texto el nihil obstat y el imprimatur?”

¡Ah, el toque final! ALACRAN, que ya había regañado ad ReynoDeGranada como rabino con látigo, ahora busca el nihil obstat como quien crede que todo lo que lo tenga es automáticamente compatible con el catolicismo ¡Qué lógica! ¡Qué salto mortal! Como si el sello eclesiástico fuera garantía de ortodoxia. Et todo sin pruebas, sin página, sin edición. Solo con fe… en Vallejo Nájera.

¡Ah, qué cierre tan digno de una ópera bufa en clave apocalíptica! Cuando ya creíamos que el foro non podía ofrecer más delirios doctrinales, aparece Agustín Acuña, el cospiraloco de turno, como quien baja del monte Sinaí con una tabla escrita por reptilianos, demonios et el doctor Vallejo Nájera en colaboración con Elohim CIA.

Porque Agustín, con tono de profeta del fin de los tiempos et mirada de quien ve entidades en cada esquina, decide aclarar el asunto… et lo enreda como qui mezcla la Torá con los panfletos de CEDADE et una pizca de mormonismo. Nos dice, con solemnidad de loquero:

“Los dioses falsos existen. Son demonios. ¡Siempre lo han sido!”

¡Qué revelación! ¡Qué descubrimiento! ¡Qué falta de teología básica! Como si el politeísmo fuera una convención de demonios con toga. Et luego, para rematar, nos regala esta joya:

“Elohim significa pluralidad de personas: 3.”

¡Ah, qué precisión! ¿Tres? ¿Por qué non cuatro, o cinco, o doce como los apóstoles? ¿Et los mormones, entonces, tenían razón con su triteísmo? ¿Et si Elohim es plural, por qué non se usa para Baal, Moloch et el dios del Wi-Fi? Agustín non explica, non distingue, non razona. Solo afirma, como qui ha legído medio versículo et lo ha interpretado con ayuda de una antena de aluminio.

Et por si faltaba algo, nos dice que “judío” en el NT significa traidor, deicida, negativo… ¡Qué ternura! Como si el Nuevo Testamento fuera un panfleto antisemita et non el testimonio de un rabino mosaísta rodeado de discípulos judíos, predicando en sinagogas et citando la Torá. Agustín non distingue entre contexto, uso lingüístico ni historia. Confunde el término con su prejuicio, et lo sirve como verdad revelado.

Mientras tanto, ad ReynoDeGranada, que ya non puede ocultar la su ariosofía ni con el saludo en Xto, Agustín le da el vítor ¡El vítor! Como quien aplaude al bufón por haber encendido fuego con una piedra mojada. Et para que non falte el toque ideológico, aclara para ocultar lo obvio:

“No estoy de acuerdo con ninguna forma de socialismo. Soy corporativista, capitalista, nacional-capitalista…”

¡Ah, qué coherencia! Al que niega la sangre de Judá de Jesús, ahora cita tratados de eugenesia, ahora lo aplauden demonólogos amateur, que se definen como nacional-capitalista. 

Solo falta que propongan beatificar ad Chamberlain et canonizar ad Vallejo Nájera como doctor de la Iglesia.

Et así, el foro queda como lo que es: una comedia doctrinal donde el cospiraloco ve demonios en cada estatua, el ariosofo aplaude sin entender, et los papistas sensatos —Vainilla, Valmadian, Hyeronimus, ALACRAN— observan con resignación, como qui ve ad un monaguillo facer el ridículo en el altar con una bandera de la Deutsche Kirche con signos de dolar et el tío Sam.

Et por tanto, Reynodegranada ni siquiera dentro del corral doctrinal lo aceptan como oveja. Lo ven como un cordero disfrazado de legionario, que quiere facer pasar ad Jesús por celta blanco helenizado, como si el rabí de Nazaret hubiera salido de una escuela pitagórica en Marsella ¡Qué necesidad tan desesperada de blanquear al mesías! ¡Qué afán de convertir la Biblia en una saga indoeuropea!

Et lo más irónico: mientras Europa Ancestral acusa ad los neopaganos de criticar un “cristianismo falso”, él mismo fabrica uno, uno que ni los papistas recognocen. Porque si Jesús non era judío, si los galileos eran celtas, si Judas era “judío en todos los sentidos” —como si fuera un personaje de caricatura— entonces ¿Qué queda del papismo histórico? Nihilo. Solo una fantasía racial con barniz teológico.

¡Ave Roma! Que los dioses nos libren de apologistas con toga prestada, mesías de fantasía y exégetas con antena de hojalata.

El origen antipapista

¡Oh, qué sublime tragicomedia! Permitidme, como filósofo devoto de los dioses de Roma —que jamás necesitaron concilios ni supersticiones para brillar en mármol— presentaros el origen la fábula grotesca del “Jesús galoleo”, esa criatura mitológica que non nació en Belén, sino en los delirios raciales de europeos con vocación de genealogistas divinos et alma de ocultistas frustrados.

Houston Stewart Chamberlain, ese británico que decidió germanizarse et escribir Las Fundaciones del Siglo XIX en MDCCCXCIX, nos regaló uno de los monumentos más ridículos del clasismo disfrazado de racismo. El libro pretende eser filosofía de la historia, pero en realidad es un cóctel de prejuicios, nacionalismo romántico et zoología humana, donde los “arios teutónicos” son presentados como los lares civilizadores et los demás pueblos como figurantes de segunda fila. Chamberlain mezcla ad Kant, Goethe et Wagner como si fueran ingredientes de un batido ideológico, et el resultado es tan indigerible que parece un horóscopo escrito por un fanático con delirios de grandeza. Lo más gracioso es que el disparate fue un éxito editorial: el Cesar Guillermo II lo veneraba et Hitler también pero hasta cierto punto. Hoy se lege como arqueología del ridículo. Que semejante disparate haya sido considerado “gran pensamiento” demuestra que la estupidez también puede eser best-seller. Las Fundaciones del Siglo XIX non es filosofía, es propaganda disfrazada de erudición, un manual de cómo non facer historia, salvo que uno quiera practicar la arqueología del disparate con risas incluidas.

Porque non, estimados lectores del templo de Júpiter, el papismo jamás sostuvo semejante disparate. Ni siquiera en sus horas más obscuras de escolástica et censura se atrevió ad decir que el rabí de Nazaret era un celta blanco helenizado. Esa tontería resuena más bien con las imbecilidades de Christian Identity, el angloisraelismo, et demás heterodoxias que creen que los británicos descienden de las tribus perdidas de Israhel et que Jesús tenía acento de Yorkshire.

¿Et qui fue el primo rabí de esta nueva superstición del delirio? Houston Stewart Chamberlain, por supuesto. Ese británico que, tras casarse con la fija de Wagner et empaparse de pangermanismo, escribió Los fundamentos del siglo XIX, donde dedicó páginas enteras ad demostrar que Jesús non era judío, sino un “ario de pura cepa” ¡Qué revelación! ¡Qué necesidad de blanquear ad el rabí para que encaje en la ópera de Bayreuth!

¿Fue Cristo judío? No es una pregunta sencilla. En religión y educación, sin duda lo fue; en raza —en el sentido estricto y real de la palabra «judío»—, probablemente no. El nombre Galilea (de Gelil haggoyim) significa «distrito de los gentiles». Parece que esta parte del país, tan alejada del centro intelectual, nunca se mantuvo completamente pura, ni siquiera en los primeros tiempos, cuando Israel aún era fuerte y estaba unido, y había servido de hogar a las tribus de Neftalí y Zabulón. Las Fundaciones del Siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain. 

Quienquiera que afirme que Cristo era judío es ignorante o insincero: ignorante cuando confunde religión y raza, insincero cuando conoce la historia de Galilea y en parte oculta, en parte distorsiona los hechos, muy confusos, en beneficio de sus prejuicios o, quizás, para congraciarse con los judíos.* La probabilidad de que Cristo no fuera judío, de que no tuviera una sola gota de sangre judía genuina en sus venas, es tan grande que casi equivale a una certeza. ¿A qué raza pertenecía? Esta es una pregunta sin respuesta. Las Fundaciones del Siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain. 

El “chambelán de los ariosotontos”, Houston Stewart Chamberlain, escribió con la solemnidad de un charlantaán lo que non pasa de eser un disparate raciológico disfrazado de erudición. Según su propia lógica del “ignorante o insincero”, podemos concluir que, siguiendo su esquema, Cefas sería un ignorante, porque clama ad los jesistas “nación santa” et “pueblo elegido”, es decir, raza santa et congregación santa ad la vez. Et también Saulo sería insincero, porque dice que los jesístas son rama injertada de Abraham, que ya no hay judío ni griego ni escita ni bárbaro, sino todos uno en Jesús, como si fuera un cambio de sexo espiritual.

El troll Chamberlain confunde religión y raza, et en su afán de vender un Jesús non judío termina contradiciéndose. Saulo da pasajes donde Jesús es judío, et los peces gordos de la aljama recognocen que proviene de Judá, el patriarca judío por antonomasia. Además, Chamberlain comete el error de confundir Galilea con la “Galilea de las naciones”, como si todo el territorio fuera gentil. Craso error: había Galilea mosaísta et Galilea mixta. Et el intento de Europa Ancestral devender que Jesús era un ario mil leches —griego, escita, celta, germano— un galolelo es tan ridículo como un disfraz de carnaval.

Lo más gracioso es que si Jesús non fuera de “raza judía”, non podría cumplir la profecía de Isaías como “verga de Jesé”, descendiente de la casa de David et Salomón. Et non olvidemos que entre sus ancestras está Rahab, la prostituta fenicia, semita por definición, lo que desmonta cualquier pretensión de pureza ario‑fantástica. Chamberlain mismo admite que Jesús en religión et educación era judío: credía en Moisés, asistía ad fiestas judías, practicaba la religiosidad de Israel. Eso basta para irritar al papista antisemita de la Europa Ancestral, que se aferra ad los argumentos del chambelán para vendernos un Jesús non judío.

La conclusión sarcástica es clara: Chamberlain quiso fabricar un Jesús ario como si fuera alquimia racial, pero lo único que logró fue un muñeco grotesco, un “galo‑lelo” de laboratorio. Su frase de que “quien diga que Cristo era judío es ignorante o insincero” se le devuelve como un espejo: ignorante él, por sostener que Jesús non era judío; insincero él, por ocultar lo obvio. Jesús fue fijo de Judea por sangre, por educación et por fe. Pretender lo contrario es como pintar a David con ojos azules et casco vikingo: pura caricatura para ariosotontos.

Et Lo irónico del asunto es que incluso el Cabo obscuro de Austria, ese pintor frustrado que se convirtió en líder, pese ad que se dice que veneraba al loco chambelán del revisionismo hiperbóreo, atlante et hiperlagartiano —Houston Stewart Chamberlain— terminó rechazando su impostura con una frase que destila sarcasmo involuntario, sugiendoa Rosemberg del que vamos ha fablar más adelante:

Las religiones son todas iguales, independientemente de cómo se denominen. No tienen futuro, ciertamente ninguno para los alemanes... para nuestro pueblo es decisivo si reconocen el credo judío de Cristo con su ética de la compasión, o una creencia firme y heroica en Dios en la Naturaleza, Dios en nuestro propio pueblo, en nuestro destino, en nuestra sangre. Dejen las sutilezas a otros. Ya sea el Antiguo Testamento o el Nuevo, o simplemente los dichos de Jesús, según Houston Stewart Chamberlain, es la misma estafa judía de siempre. No nos hará libres. Una Iglesia alemana, un cristianismo alemán, es una distorsión. Se es alemán o cristiano. No se puede ser ambas cosas. Se puede expulsar del cristianismo al epiléptico Pablo; otros lo han hecho antes que nosotros. Se puede convertir a Cristo en un ser humano noble y negar su divinidad y su papel de salvador... Es inútil, no se puede eliminar la mentalidad que lo sustenta... No se puede convertir a Jesús en un ario; eso es un disparate. Lo que Chamberlain escribió en sus Principios es, como mínimo, estúpido ¿Qué se puede hacer, dice usted? Le diré: debemos impedir que las iglesias hagan algo más que lo que están haciendo ahora, es decir, perder terreno día a día. ¿De verdad cree que las masas volverán a ser cristianas? ¡Tonterías! Nunca más. Ese cuento ha terminado. Nadie volverá a escucharlo. Pero podemos apresurar las cosas. Los párrocos tendrán que cavar su propia tumba. Traicionarán cualquier cosa por sus miserables trabajos e ingresos. H. Rauschning, Hitler Speaks, pp. 57-58 (see note 3) (also cited by L. Thornton, ‘The New Light: German Christians and Biblical Distortion during the Third Reich [antisemitism in gospel translations]’, Fides et Historia 18 [1986], pp. 32-43, at p. 42).

El sarcasmo aquí es doble: Chamberlain, el “chambelán” delirante que pretendía fabricar un Jesús ario como si fuera alquimia racial, se convierte en objeto de burla del propio Hitler, quien lo despacha como un fraude judaico reempaquetado. El pintor de postales sabía que ese delirio non pintaba nihilo para Germania: la idea de un Jesús ario era tan absurda como pintar un unicornio con casco prusiano.

La ironía es que Hitler, que bebía de la misma charca ideológica, tuvo un momento de lucidez brutal: reconoció que el jesísmo, sea Antiguo o Nuevo Testamento, era una readaptación judaica que jamás haría libres ad los teutontes. El “chambelán ariosofo” había querido vestir ad Jesús con toga aria, pero el cabo bávaro lo ridiculizó como qui señala que un disfraz barato non convierte a un bufón en don.

Así, entre sarcasmo et desprecio, queda claro: ni Chamberlain con sus delirios ariosofos, ni los magos neonazis con sus catecismos reinventados, pudieron ocultar lo obvio: el jesísmo es un invento israelocéntrico, un “viejo engaño judío” que, por más maquillaje racial que se le ponga, non liberará ad nadie. Germania, para el pintor, non necesitaba un Jesús ario, sino disfacerse del teatro bíblico que la mantenía encadenada.

«Jesús era seguro que no era Judío». Jesús ciertamente no era judío. Los judíos jamás habrían entregado a uno de los suyos a los tribunales romanos; lo habrían condenado ellos mismos. Es muy probable que un gran número de descendientes de los legionarios romanos, en su mayoría galos, vivieran en Galilea, y Jesús probablemente fuera uno de ellos. Su madre bien pudo haber sido judía. Jesús luchó contra el materialismo de su época y, por lo tanto, contra los judíos. H.R. Trevor-Roper [Introducción], Hitler’s Table Talk 1941–44: His Private Conversations (trad. de N. Cameron y R. H. Stevens; Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1953, 2.ª ed., 1973), pág. 721. Esta discusión tuvo lugar la noche del 29 al 30 de noviembre de 1944 y contiene la última charla de sobremesa registrada de Hitler. Las notas fueron mecanografiadas el 30 de noviembre de 1944 y un facsímil de este párrafo mecanografiado se encuentra en la portada del libro.

Et al listillo de turno que citará la sobremesa final de Hitler del XXIX–XXX de noviembre de MCMXLIV, donde suelta aquello de “Jesús ciertamente no era judío”, hay que recordarle varias cosas con ironía y sorna. Primero: esa fue la última conversación de sobremesa registrada, mecanografiada el XXX de noviembre, y como buen cabo bávaro, Hitler sabía usar el verbo como herramienta cívica: mentir, manipular, jalar adeptos. Non era una revelación teológica, sino un recurso retórico para mantener ad los jesistas dentro del redil del nacionalsocialismo obrero germano.

Porque si antes había dicho que “Jesús era seguro que nom era Judío”, es porque desde siempre sabía que esa idea era una tontería decibe estultos. Lo de un Jesús non judío era una treta temporal, un disfraz para atraer ad los feligreses, pero su postura real —et posterior— fue clara: Jesús era judío de pura cepa, et su credo non era más que conmiseración judaica. Johnson et Paldiel lo señalan: Hitler cambió de opinión, influido quizá por Grundmann, pero el fondo nunca varió: el jesísmo es inseparable de su radíz judía.

Hitler identificaba al judaísmo et al “judío” como el enemigo común, aliado de comunismo, liberalismo, EE.UU., Gran Bretaña et demás. Para él, el judaísmo era el Gegenreich, el reino contrario que el Tercer Reich debía destruir si la raza teutona quería dominar el mundo. Et aquí está la ironía: aunque vedía cierta utilidad en las iglesias si se las empujaba faz ad el antisemitismo, su posición seguía ad Rosenberg: todas las supersticiones son iguales, todas carecen de futuro, et para los germanos la disyuntiva era brutal: o reconocen el credo judío de Jesús con su moral de miseración, o abrazan una religiónheroica en Dios en la naturaleza, en el pueblo, en la sangre.

De ahí su frase contundente, que pulveriza cualquier intento de “Jesús ario”: “Ya sea el Antiguo o el Nuevo Testamento… es la misma estafa judía de siempre. Non nos hará libres… Non se puede facer de Jesús un ario, eso es un disparate. O se es germano o se es cristiano. Non se pueden eser ambas res.”

Chamberlain, el “chambelán hiperbóreo” que soñaba con un Cristo ario, fue despachado como estúpido. Hitler lo sabía: todo intento de ariedad de Jesús es delirio. O eres germano, o eres jesista. Non puedes eser ambos, porque la vera patria del jesista non es Germania, sino la Jerusalén de los cielos. Et ahí está la ironía: el pintor de postales supo que ese delirio “no pintaba nada” para su Principado.

Et Alfred Rosenberg, ideólogo oficial del partido nacionalsocialista obrero alemán, fue quien dio forma doctrinal ad Hitler luego repetiría con su frase de que “o se es germano o se es cristiano, non puedes eser ambos”. Su Mythus des 20. Jahrhunderts publicado en MCMXXX, con más de un millón de copias circulando hacia MCMXLII, se convirtió en el manifiesto ideológico del nacionalsocialismo, segundo solo ad Mein Kampf. Allí se encuentran todos los elementos centrales de la ideología nazi: racismo explícito, la necesidad de Lebensraum para el Volk germánico, la eliminación de la influencia jesista, la persecución de los judíos et la su expulsión del espacio alemán. Rosenberg, menos duro que el chambelán de los ariosotontos pero igualmente delirante, tomó la teoría racial de Chamberlain como fundamento et la vistió con un barniz místico: en lugar del jesísmo tradicional, anunciaba una nuevo nordicismo, la religión de la sangre, el Mythus del Blut, según la cual la esencia divina del hombre debía defenderse ad través de la pureza racial nórdica, que sustituía los sacramentos antiguos.

El Antiguo Testamento, como libro de instrucción religiosa, debe ser abolido de una vez por todas. Con él, terminará el intento fallido del último milenio y medio de convertirnos a todos en judíos espirituales. Citado de Nova, Rosenberg, p. 128 (atribuyendo a Mythus, p. 603).

Pora Rosenberg, los valores eternos arios se contraponían ad la “depravación moseojesísta”. La Ley mosaica era pora él una superstición siro‑africana, frente ad la herencia espiritual nórdica que afirmaba la divinidad de la ánima humana et la su igualdad con Dios. De ahí su consigna: “¡El Antiguo Testamento debe desaparecer!”, porque era el intento fallido de milenios de convertir ad los europeos en judíos espirituales. En cuanto ad Jesús, Rosenberg siguió ad Chamberlain con cierta simpatía, aunque sin profundizar demasiado. Lo recognoscía como una gran personalidad, valoraba la su enseñanza sobre el reino de los cielos interior, pero afirmaba que había sido cargado con la esterilidad de la vida judaica et africana. Saulo, según él, fue el gran corruptor que impregnó la idea de Jesús con doctrina farisea et propagó el caos racial en el mundo antiguo. Juan et Marción, en cambio, habrían tenido cierta intuición de un jesísmo positivo desligado del mosaísmo ¿Protomandeísmo?, pero fueron derrotados por la teología de la redención.

En cuanto a la ascendencia de Jesús, no hay la más mínima razón para creer, como ya explicaron Chamberlain y Delitzsch, que Jesús fuera de ascendencia judía, incluso si se admitiera que creció en círculos intelectuales judíos… Probablemente nunca podremos determinar científicamente la ascendencia de Jesús. Debemos conformarnos con reconocer la probabilidad de su ascendencia no judía. Las enseñanzas completamente antijudías del «reino de los cielos con nosotros» refuerzan esta convicción. Pois, Rosenberg: Selected Writings, p. 70; cf. Cecil, Myth of the Master Race, p. 84  (attributing Mythus, p. 74).

En un pie de página, Rosenberg se permitió la misma fantasía que Chamberlain: “no hay la menor razón para creer que Jesús fuera de ascendencia judía”, aunque admite que creció en círculos intelectuales judíos. Concluye que nunca se podrá determinar científicamente su linaje, pero que lo más probable es que non fuera judío, reforzando esa noción con la enseñanza “no judía” del reino de los cielos. Así, Rosenberg, con tono más matizado que el chambelán, repite la misma impostura: un Jesús despojado de su judaísmo para encajar en la religión de la sangre.

El error de Rosenberg al afirmar que la enseñanza del “reino de los cielos está en vosotros” non es judía radica en su desconocimiento —o manipulación interesada— de las fuentes hebreas. En la tradición judía ya existía la idea de aceptar el “yugo del reino de los cielos” al recitar el Shema, et los psuedoprofetas fablaban de la soberanía divina no solo como poder externo, sino como realidad interior en el corazón del justo. Jesús non inventa una noción ajena, sino que lo reinterpreta dentro de su propio marco judío, trasladando la esperanza colectiva ad la dimensión espiritual personal. Pretender que esa enseñanza es “no judía” es un artificio ideológico para desvincularlo de su radíz, cuando en realidad su lenguaje, sus prácticas et la su doctrina estaban profundamente ancladas en la tradición de Israhel.

Por eso, pese ad los delirios de Chamberlain et Rosenberg, la conclusión es inevitable: Hitler tenía razón en la su frase más contundente, non se puede convertir ad Jesús en un ario; eso es un disparate.

Chamberlain et su odio ad Loyola: el anticristiano que inspira al papista

Aquí viene la ironía más jugosa: Europa Ancestral, que se presenta como defensor del papismo tradicional, bebe sin saberlo del veneno doctrinal de Chamberlain, et aquí viene el giro irónico que el estólido del papista Europa Ancestral non vio venir: Chamberlain era profundamente anticristiano, despreciaba el papismo, et promovía el ocultismo que tanto aborrece este papista. Según Chamberlain, el caos se encarnó en el siglo XVI, et afirmaba que “Ignacio de Loyola le presentó al prototipo antigermano”, odiaba ad Ignacio de Loyola. En tono apocalíptico, sentenciaba:

“Si no se produce pronto entre nosotros un renacimiento vigoroso, si no conseguimos librar nuestra cultura de los oropeles extranjeros que arrastra consigo el cristianismo, si no logramos crear una religión [posterior ocultismo nazi], entonces preparémonos a ver surgir de las sombras del futuro un segundo Inocencio III, con un nuevo Concilio de Letrán, preparémonos a ver cómo se reavivan las hogueras de la Inquisición.”

Et por si quedaba duda, remataba con esta joya:

“La corrupción de la sangre y la influencia desmoralizadora del judeocristianismo, he aquí las causas principales de nuestros fracasos.”

¿Et qué face Europa Ancestral? Cita ad Chamberlain, comparte la ideas de ariosofo Lanz von Liebenfels, traduce sus ideas, et luego escribe artículos como este sobre la Ariosofía, denunciando el ocultismo nazi… ¡Mientras lo recicla! Es el infiltrado que tanto teme. El que contamina la Iglesia con doctrinas que nascieron para destruirla. El que crede que la Iglesia vale por su antigüedad —falacia ad antiquetatem— sin intender que la tradición non es fósil, sino Verbo.

¡Ave María purísima, sin coherencia concebida! El papista que se cree defensor de la tradición termina citando a un ocultista anticristiano que soñaba con dinamitar la Iglesia desde dentro. ¡Qué ironía! ¡Qué necesidad de leer antes de venerar! El pobre hidromano se imagina cruzado, reconquistador de Navas de Tolosa, con sueños húmedos de degollar moros, mientras su fuente favorita —el Chamberlain de Las Fundaciones del Siglo XIX— resulta que consideraba precisamente a esos moros como arios. Sí, los mismos africanos que el arte popular europeo pintaba con piel oscura, labios gruesos et bemba, Chamberlain los elevaba a la categoría de “noble raza aria”, incluso con ello justificando que se casaran con hispanas, para dolor del racista de Europa Ancestral.

El noble moro de España es cualquier cosa menos un puro árabe del desierto, es mitad bereber (de raza aria) y sus venas están tan llenas de sangre gótica que incluso en la actualidad los nobles habitantes de Marruecos pueden rastrear su descendencia. a los antepasados teutónicos. Los fundamentos del siglo XIX, Houston Stewart Chamberlain.

El propio Chamberlain escribe que “el noble moro de España no es un árabe puro del desierto, sino medio bereber (de la raza aria), et sus venas están tan plenas de sangre gótica que incluso hoy los nobles habitantes de Marruecos pueden rastrear su descendencia hasta ancestros teutónicos”. Es decir, mientras el papista Europa Ancestral que fantasea con eser un reconquistador mata moros, su gurú Chamberlain los canoniza como arios con pedigrí teutónico.

Et como toda buena herejía necesita su apóstol hispano, aparece Joaquín Bochaca, neonazi papista ridiculo, traductor de Chamberlain al castellano, introduciendo esta demencia en el mundo hispanoparlante. Desde entonces, algunos foristas et revisionistas repiten el dogma chamberlainiano como si fuera verbo revelado, ignorando que hasta el más básico catecismo papista los señalaría como herejes con ínfulas de filólogo. La escena es tragicómica: Europa Ancestral, el cruzado de teclado que sueña con Navas de Tolosa termina creyendo ad un ocultista antijesísta que, para colmo, proclamaba ad los moros como arios ¡Qué coherencia tan purísima!

Entre los defensores de esta fábula encontramos ad Adolf Harnack, Hugo Winckler, Wagner, et otros sabios del colegio del delirio, que intentaron separar ad Jesús de eser fijo de Abraham como qui separa ad Marte de la guerra. Pero lo que lograron fue construir un Jesús que non tiene historia, ni patria, ni contexto: Un fantasma racial que sirve más ad la ideología que ad la historia.

Gentil: Jesús fue judío

Papista: Lol ¿Ó tú oíste esto, el Talmud?

Gentil: "Nosotros creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío de una hija de Israel, en Belén en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador César Augusto I; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusalén, bajo el procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha "salido de Dios" (Jn 13, 3), "bajó del cielo" (Jn 3, 13; 6, 33), "ha venido en carne" (1 Jn 4, 2), porque "la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad [...] Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia" (Jn 1, 14. 16)." Catecismo de la iglesia católica.

Gentil: Nop. Tú catecismo eclesial.

Papista: ¡NON! ¡ESO ESTA FUERA DE CONTEXTO!

Et así, desde el mármol del templo de los dioses, uno non puede sino reír. Porque mientras los jesístas papistas aceptan que su Anticristo fue judío, et los historiadores lo confirman, estos revisionistas siguen buscando en Galilea una Galia, en David un druida, et en la menorá una runa teutónica.

¡Et, qué ironía tan deliciosa! El papista Europa Ancestral, en su yihad contra la “infiltración masónica, oriental et demás porquería”, non se da cuenta —o peor, non quiere darse cuenta— de que él mismo es el infiltrado, el caballo de Troya que introduce en el papismo las mismas ideas que nascieron para subvertirlo desde dentro.

Porque todo este disparate del “Jesús ario”, del “galo-lelo celta helenizado”, non es una defensa del papismo, sino una herejía racial disfrazada de tradición. Et su origen non está en los Padres de la Iglesia, ni en los concilios, ni en la teología escolástica. 

¿Et qué fizo Hitler con esta doctrina? La usó —por un tiempo— para atraer adeptos ad el proyecto del “Cristianismo Positivo”, una secta artificial que eliminaba el Antiguo Testamento, negaba la sangre de Judá de Jesús et los apóstoles, et pretendía fundar una iglesia racial, germánica, sin papas ni rabinos. Pero incluso Hitler, en su pragmatismo duro, terminó abandonando et prohibiendo esa tontería. Porque ni los luteranos ni los papista la aceptaron, et porque el delirio neomarcionita era insostenible.

Ignacio de Loyola: el papista que ploraba por eser judío

Dos anécdo­tas sobre Ig­nacio de Lo­yola retratan su simpatía por los judíos. Ambas fueron referidas por Pedro de Riba­deneira: “Un día que está­bamos comiendo delante de muchos, a cierto propósito, hablando de sí, dixo que tu­viera por gracia especial de Nuestro Señor venir de linaje de judíos; y añadió la causa, diciendo: ¡Cómo! ¡Poder ser el hombre pariente de Cris­to Nuestro Señor, secundum carnem, y de Nuestra Señora la gloriosa Virgen María! Las cuales palabras dixo con tal semblante y con tanto senti­miento, que se le saltaron las lágrimas, y fue cosa que se notó mucho”. En otra oca­sión, conversando con el viz­caíno Pedro de Zárate, caba­llero de Jerusalén, amigo de la Compañía y cercano al Pa­dre Ignacio, al escuchar que Ignacio apreciaba el venir de linaje de judíos, “… san­tiguándose él (Zárate) y di­ciendo ¿judío? y escupiendo a este nombre, nuestro Pa­dre le dijo: -- Ahora, Señor Pedro de Zárate, estemos a razón: Óigame Vuestra Mer­ced. Y que le dio tantas ra­zones para esto, verdadera­mente le persuadió a desear ser de linaje de judíos” (Ri­cardo García - Villoslada, S.J,1986: 601).

Et para rematar la ironía, tenemos el testimonio de Pedro de Rivadeneyra, quien relata que Ignacio de Loyola —fundador de los jesuitas, defensor del Papa, et azote de herejías— dijo con lágrimas en los ojos:

“Me habría gustado, y lo habría tomado como una gracia especial de nuestro Señor, descender de linaje judío… ¡Imagínaos! Ser pariente por sangre de Cristo nuestro Señor y de Nuestra Señora la gloriosa Virgen María.”

Si como asegura Bochaca, “el católico que tildare de judío a Cristo cometería una herejía”, entonces Ignacio esería un hereje, res impensable para cualquier papista coherente. Pero claro, Europa Ancestral non lo sabe, porque non estudia la tradición que dice defender. Solo la usa como disfraz para sus delirios ariosofos.

Jesísta: Dame un vero desafío para probar mi fe.

Jesús: ¿Quieres un poco, eh? Nascí judío. Me claman el León de la Tribu de Judá. Me circuncidaron al octavo día. Destruí ad todos sus dioses nativos et los reemplacé por uno judío. Engañé ad los gentiles para que nos ayudaran ad cumplir nuestras profecías judaicas donde regimos el mundo desde Jerusalén.
Jesísta: ¡Deja de darme tus batallas más difíciles!
Et aquí viene la ironía final: Europa Ancestral, que se rasga las vestiduras denunciando infiltraciones esotéricas, termina escribiendo artículos como , donde él mismo recicla el ocultismo protonazi, lo mezcla con papismo, et lo presenta como defensa de la tradición ¡Es el infiltrado que tanto teme! El que contamina la Iglesia con doctrinas que nascieron para destruirla. El que cita ad Chamberlain sin saber que Chamberlain lo habría excomulgado por papista.

Et así, desde el templo de Júpiter, uno non puede sino reír. Porque mientras los papistas defienden su "tradición", este papista sin brújula la plena de herejías raciales, ocultismo reciclado et genealogías mágicas. ¡Ave Roma! Que los dioses nos libren de apologistas con toga prestada et Anticristos.


Jesísta: Tu tienes que regresar, negro arenoso. (ve ad Abdul).

Jesísta: Oh dios mío, él es blanco como yo, loor ad Yavé. (ve ad Jesús sive Yeshua).

¡Ahora una antesala tan necesaria para evitar que el circo doctrinal siga girando en torno ad la misma carpa de equívocos! Porque antes de refutar al estólido de Europa Ancestral, hay que despejar el terreno de las confusiones que él —et otros jesístas con vocación de genealogistas místicos— perpetúan con entusiasmo digno de un bufón de corte.


Resulta que entre los amigos íntimos de Ignacio de Loyola —ese caballero que fundó la Compañía de Jesús— estaban Diego Laínez, Salmerón, Bobadilla, Polanco (su secretario), Nadal et Ribadeneira. Et sorpresa: ¡todos con sangre de Jacob! Polanco, nihilo menos, descendiente de un rabino. Es decir, el núcleo duro de los primos jesuitas parecía más una reunión familiar de conversos que un club exclusivo de hispanos “puros”.

Ignacio, que non era tonto, se dio cuenta de la vida “desastrada” de los conversos: despreciados por los fijos de Jacob de origen et mirados con sospecha por los papistas. Vamos, que non eran bienvenidos en ninguna fiesta. Así que decidió abrirles la puerta de su casa, como quien dice: “Si nadie los quiere, yo los adopto”.

Et no solo eso: consiguió dos bulas papales de Paulo III que parecían escritas con tinta de sarcasmo contra la costumbre cruel de la época. La primera, Cupientes iudaeos (1542), decía básicamente: “Si un judío se bautiza, non le quiten la herencia ni los muebles, aunque sus padres se mueran de rabia”. La segunda, Illius qui pro dominici (1543), establecía hospederías para hombres et mujeres conversos, como si fueran albergues juveniles de la fe.

Antes de que alguien vuelva ad decir que Jesús non era judío, que era un galo-lelo, un ario de raza maestra, o un celta con túnica bordada en runas, conviene recordar que la Biblia non define al pueblo de Jesús por la sangre, ni la salvación por el linaje. La idea de que el "moseojesísmo" es una raza cerrada es una invención moderna, ajena ad la Escritura et ad la tradición mosaísta.

La sinagoga trasciende la sangre et la nación

Romanos 2:28–29: “No es judío el que lo es exteriormente… sino el que lo es en lo interior, en espíritu.”

Gálatas 3:28: “No hay judío ni griego… todos sois uno en Cristo Jesús.”

Colosenses 3:11: “Cristo es todo y en todos.”

Estos pasajes muestran que la identidad non se hereda por linaje, sino por comunión. La vera circuncisión es la del cor, non la de la carne. La salvación non distingue entre tribus, pueblos ni apellidos.

¡Ah, qué urgente es este pequeño diccionario para evitar que cada iluminado de turno se monte su propia teología racial como quien arma un Lego con piezas de Chamberlain, Vallejo Nájera et una estampita de la KKK bendecida por Liebenfels! Porque si algo abunda en ciertos rincones del jesísmo identitario es la falacia del equívoco, esa costumbre de usar el verbo “judío” como comodín para justificar cualquier delirio doctrinal, racial o cósmico.

Cuando [el jesista esta] fablando ad los fariseos:

Fariseo: Yo non credo en Jesús, soy judío.
Jesísta: ¿Pero Jesús vino ad cumplir la Torá! Nihilo es más judío que fiar en Cristo.

Cuando [el jesista esta] fablando ad los gentiles:

Gentil: Yo non credo en el Mesías hebreo. Eso es paparrucha judaica.
Jesísta: ¡Quico! Nihilo más judío que rechazar ad Cristo.

Decir que “los fariseos no creen en el Mesías” es como afirmar que alguien espera un bus que non crede que sea ¿Cómo diablos esperas ad alguien que non credes que haya? Es la lógica del absurdo: negar la espera et al mismo tiempo sostener que hay espera. Una gimnasia mental digna de un circo.

Pero la res se pone más graciosa cuando los jesístas intentan confundir ad los fariseos con los gentiles. Porque los gentiles, en general, ni esperan ni creden lo que dice la Biblia. El Antiguo Testamento, ese compendio escrito por 72 “judíos” (para el dolor de los antisemitas neonazis de turno), fabla de un Anticristo salido de la rama de Jesé —sí, de sangre de Judá. Et resulta que quienes sí creden en eso son precisamente los fariseos… et sus consobrinos, los seguidores de Jesús. Solo que unos esperan et los otros dicen que ya plegó.

Claro, pequeño detalle: el supuesto Anticristo non cumplió lo que el “poseso” Isaías anunció. Pero non importa, porque siempre hay un comodín: “se cumplirá espiritualmente”. Una reinterpretación mágica, un truco de prestidigitador teológico. Petición de principio pura et dura: non pueden demostrar que espiritualmente están interpretando nihilo, pero lo afirman como si fuera verdad divina.

Et aquí viene la joya del disparate: si Jesús es el Anticristo, et los fariseos creden en el Anticristo , entonces decir que los fariseos non creen en Anticristo es lo mismo que decir que Jesús non es Anticristo ¡Bravo! La lógica se suicida en aplausos.

En resumen:

  • Los fariseos esperan al Anticristo.

  • Los jesistas dicen que ya vino.

  • Los gentiles ni creden ni esperan.

  • Et cuando alguien señala la contradicción, la respuesta es un malabar espiritual que non convence ni al Espíritu Santo.

Si efectivamente Jesús es el Anticristo, entonces los fariseos lo están esperando. Et si lo esperan, en realidad son jesistas sin saberlo, porque lo que aguardan es la segunda venida. Decir que ellos “rechazan ad Jesús” conduce ad un absurdo: si esperan al Anticristo, et Jesús es el Anticristo, entonces non lo rechazan, lo esperan. Negar esto equivale ad afirmar que Jesús non es el Anticristo que ellos esperan.

De ahí surgen las acrobacias mentales de los seguidores de Jesús: como non pueden aceptar que el Anticristo de Isaías es el mismo que esperan los fariseos, inventan que los fariseos esperan ad Armilo. Ironía pura, porque las Escripturas dicen lo contrario: que los fariseos finalmente recognoscerán ad Jesús.

Romanos XI:XV–XVI: Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. → Según Saulo, los fariseos aceptarán ad Jesús cuando Israhel se plene de gentiles. Es decir, se debe meter ad toda la gentilidad dentro de Israhel para que los fariseos digan: “Ahora sí fiamos”.

 Juan V:XLII: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.” → Aquí se sugiere que Israel recibirá ad otro, lo cual los jesístas reinterpretan como el Anticristo. Ironía: si los fariseos esperan al Anticristo, et Jesús dice que recibirán ad otro, ¿No es esto un recognoscimiento de que Jesús non es el Anticristo que ellos esperan?

Mateo XXIII:XXXIX: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” → Jesús mismo admite que Israel lo reconocerá en el futuro, non en su primera venida. O sea, los fariseos esperan lo mismo que los jesísta: la segunda venida, solo que para ellos será la prima venida.

Entonces, según Saulo, los fariseos esperan que Jesús convierta a Israel en un club pleno de gentiles para que ellos lo acepten. Esto convierte ad los jesístas en sirvientes del deseo fariseo: deben “plenar el bus” con gentiles para que el incrédulo que decía “ese bus non me levará” termine viajando en él.

Es como Fox Mulder en Expediente X: “I want to believe”. Los jesístas deben meter el “bicho” de Jesús en todos para que los fariseos credan ¿Qué clase de confesión demencial es esta? ¿Non delata que los jesístas están obligados ad satisfacer ad los fariseos para que estos fien? 

La paradoja anticristiana

  • Si Jesús es el Anticristo, entonces los fariseos lo esperan: son anticristianos en potencia.

  • Decir que lo rechazan equivale a decir que Jesús non es el Anticristo, pues el término es unívoco.

  • Para escapar de este dilema, algunos jesistas inventan que los fariseos esperan ad Armilo (El Cristo), contradiciendo las Escripturas que afirman que Israhel espera al Anticristo. 

  • Resultado: un pie supersticioso disparado contra sí mismo.

Problema lógico: si Jesús es realmente el Anticristo unívoco de Isaías, entonces los fariseos, al rechazarlo, no dejan de esperarlo. Simplemente niegan su primera aparición, pero siguen aguardándolo.

Esto genera una tensión: 

  • Desde la lógica, el rechazo non elimina la expectativa, sino que la pospone. 
  • Desde la escriptura, se convierte en argumento: Israhel non recognosció la prima venida, pero recognoscerá la segunda (cf. Romanos 11:25–26: “Todo Israel será salvo”).

El dilema es que la espera de los fariseos se mantiene activa incluso después de la aparición de Jesús. Si el Anticristo es unívoco, entonces ellos non esperan ad “otro”, sino al mismo Jesús, aunque lo hayan rechazado. Pero esa espera es contradictoria: 

  • O bien Jesús non es el Anticristo que anuncia Isaías. 
  • O bien los fariseos, al rechazarlo, siguen esperando al mismo Jesús, lo cual implica que su rechazo no fue definitivo, sino un “error” incluso necesario, y según algunos, intencional o planificado. Recordemos el pasaje: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Salmo 118:22; citado en Mateo 21:42 y Hechos 4:11), y también la profecía de Isaías: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).

En términos filosóficos, esto es una aporía biblica

  • El rechazo se convierte en parte del cumplimiento. 
  • La espera se convierte en espera del mismo que ya vino. 
  • La contradicción se resuelve sólo si se acepta que la prima venida fue negada, pero la segunda será recognoscida. 

La próxima vez que alguien diga “los judíos no creen en el Mesías”, lo que realmente está diciendo es: Jesús no es el Anticristo que ellos esperan, et para que lo acepten, debemos plenar ad Israel con gentilidad pura.Et con eso, sin querer, se pegan un tiro en el pie, porque la misma Biblia que citan afirma que los fariseos sí esperan ad Jesús —lo cual sólo tiene sentido si Jesús es el mismo Anticristo que rechazaron et que, paradójicamente, recognoscerán en la segunda venida. 

Al sostener que Jesús non es el Anticristo de Isaías, se abre el mundo donde el Vero Cristo —el Verbo eterno— puede identificarse en oposición al ente que los mosaístas sirven, malnombrado Jehová, al que el farfanismo clama Tervagante pora non confundirlo con Jahón, nombre israelítico para Saturno. Mas esta confusión non es inocente: es la falacia de asociación, el intento de facer pasar al impostor por la res legítima. Tervagante busca disfrazarse de Saturno-Jahón, usurpar el su nombre, et así fallar ad la humanidad, lo que es la falacia de reificación, confundiendo el nombre con la cosa nombrada. Et al invocar Jahón como si intendiendo como con el Uno et confundiéndolo con Tervagante, se mancilla la pluralidad de los dioses et se castra la potencia del Verbo.

Yo, Farfán de los godos, lo denunció con ironía: Isaías non fabla en nombre de la divinidad suprema, sino que está poseso por Tervagante, genio maligno que embauca con fuego et trueno, con criba nefasta et torrente de azufre. Es Belial disfrazado, demonofanía que se face pasar por teofanía. La falacia asociativa consiste en creer que porque Tervagante usa el nombre de Jahón, se vuelve Jahón-Saturno. Mas Saturno, como dios del tiempo et del séptimo día, es deidad real, respetada en su particularismo; Tervagante, en cambio, es impostor, falso Uno, falso Jahón, persona nominal que exige la aniquilación de todos los demás dioses.

Ved la ironía: el sistema moseojesista es umbral parasitaria, necesita del cuerpo gentil para sobrevivir. Honrar ad Saturno, sea so el nombre Jahón o Jaldabaot, como deidad es legítimo; mas confundirlo con Tervagante es caer en la trampa del impostor, en la teología de la castración. El mismo engaño se repite cuando Tervagante usurpa el nombre de Gabriel ante María et Mahoma: non revelación, sino teatro de resistencia inversa, disfraz de mensajero para seducir et decebir.

Et así, la paradoja anticristiana non es error casual, sino evidencia de un sistema dualista que busca confundir y mancillar el Verbo con sucios sarracenos et sus desviaciones. Jesús es identificado con Armilo, nombre que el farfanismo da al Verbo Encarnado, mas ello delata la impostura: el Cristo verdadero es distinto del fantasma que Isaías anuncia. Mi labor es separar la paja del trigo, distinguir al supersticioso del religioso, et mostrar que la falacia de Tervagante —la reificación de Saturno Jahón— es el engaño que ha fallado a la humanidad.

En conclusión, ¡oh hombres!, Tervagante non es Saturno, sino impostor; non es Jahón, sino larva. El Vero Cristo non se confunde con Armilo, ni con Isaías poseído, ni con el falso Uno. La Hispanidad Gentil debe despertar de la amnesia, romper la asociación falaz, et rescatar la potencia del su propio espíritu, anterior et superior ad la superstición del impostor. Porque solo así el Verbo eterno brillará sin umbra, et la ciudad de los hombres eserá libre de la tiranía del falso dios.

El farfanismo, desde su doctrina, concluye que el Anticristo non es uno, sino varios, et que los fariseos lo esperan. Los jesistas, en su intento de resolver la contradicción, terminan creyendo que Jesús es precisamente ese Anticristo que los fariseos esperan.

¿Se puede esperar algo que non se crede?

La respuesta es sí. La Escritura misma lo delata: Israel puede rechazar y no creer en Jesús, y aun así seguir esperándolo. Es la paradoja de la esperanza que sobrevive al rechazo.

  • Salmo 118:22 “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.” → El rechazo de la piedra no anula su destino, sino que lo confirma. Israhel desecha, pero la piedra sigue siendo fundamento.

  • Isaías 53:3 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto.” → El Anticristo debía eser rechazado, et ese rechazo estaba dictado como parte de su misión.

  • Isaías 8:14 “Y él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar y por roca de caída.”

    → El mismo que debía ser refugio se convierte en tropiezo. El rechazo non elimina su identidad, solo la convierte en escándalo. Et aquí está la refutación ad el supersesionismo los que creden que los fariseos o el Israel de la carne fueron desplazados: el texto mismo dice que las dos casas de Israel siguen siendo el escenario del tropiezo. Non fabla de sustitución, ni de borrón, ni de reemplazo por una “iglesia sin la prole de Israhel que rechazo a Jesús”, sino de continuidad: Israhel tropieza, pero tropieza con su propia piedra, la que estaba destinada ad eser santuario.

    El tropiezo non borra ad Israhel, lo confirma como protagonista. La piedra rechazada non se convierte en piedra de otro pueblo, sino que sigue siendo la piedra de Israhel. Por eso, la nocioón de que los gentiles “desplazaron” ad la camada de Israhel non es biblico: la Escriptura muestra que el escándalo ocurre en Isrgael mismo, et que el rechazo non es anulación, sino parte del cumplimiento.

  • Zacarías 12:10 “Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito.” → Israhel rechaza et fiere, pero finalmente mirará et recognoscerá al mismo que negó.

Analogía

Es como la ex‑novia que dice: “Non quiero estar contigo”, pero en el fondo sigue esperando que regreses, solo que esta vez como vero esposo. Así también los fariseos: rechazan ad Jesús como Anticristo, pero al mantener viva la expectativa anticristiana, siguen esperando lo que rechazan vuelva como Anticristo, aunque non le credan desde el inicio.

Conclusión

Sí, se puede esperar lo que non se crede et lo que se rechaza. Israhel rechazó ad Jesús, pero al seguir esperando al Cristo unívoco de Isaías, no esperan a “otro”: esperan al mismo Jesús. El rechazo no destruye la esperanza, la prolonga. La incredulidad se convierte en condición de la espera, y la espera se convierte en reconocimiento futuro.

Así, Jesús non es el Cristo, ni lo que esperan los fariseos lo es. El Verbo encarnado, el Cristo verdadero, es el Padre Libre, el fijo de Dios. Non es ningún sarraceno, et menos aún Isaías fabló de él: Isaías solo distorsionó lo que ese eidos o especie es.

Ahora, según el idiota de turno, “judío” puede significar cualquier cosa:

  • “Deicida” (porque claro, todos los judíos del siglo I son responsables de todo lo que pasó en Jerusalén, ¿Non?)
  • “Quienes rechazan ad Cristo” (como si eso fuera una categoría étnica)
  • “Edomita” (porque alguien leyó un panfleto medieval et decidió que todos los judíos son descendientes de Esaú)
  • “Jázaro” (porque nada dice “teología seria” como una conspiración de la centuría XX)
  • “Reptiliano” (sí, hay quien lo dice en serio)
  • O como los más creativos: “pagano” (porque claro, el mosaísmo monoteísta que dio origen al jesísmo es… paganismo).

Et así, con esta ensalada de significados, se lanzan ad decir que Jesús non era judío, que era ario, que era galo-lelo, que tenía ADN de druida et alma de runa. Vamos, que solo le faltó nascer en un castro celta con toga germánica et eser bautizado por el mago Merlín.

Por eso yo prefiero fablar de mosaístas: aquellos que abrazan la Torá, sean fijos de Israel de nacimiento o conversos, como bien establece Éxodo 12:48. Es un término claro, funcional, et libre de la carga semántica que ha convertido “judío” en un verbo que sirve lo mismo para insultar que para confundir.

Por eso, prior de seguir, conviene recordar que la Biblia non define al “judío” como raza, sino como un pueblo, que es elegido de un pacto demoniaco. Que el judaísmo bíblico non era un club racial cerrado, sino una sinagoga abierta ad conversos. Et que negar la filiación con Judá de Jesús non es defensa de la tradición, es una herejía con disfraz de cruzada.

Así que, por caridad intelectual, aquí va la aclaración:

El equívoco del término “judío”: una comedia de errores

¡Ah, qué alivio cuando uno decide dejar de jugar al bingo semántico con el término “judío”! Porque si hay una palabra que ha sido estirada, retorcida, et usada como comodín por todo tipo de iluminados, nazis, teólogos de fantasía et conspiranoicos con toga prestada, es esa. Por eso Farfán de los Godos, yo, opto por usar “mosaísta”, un término mucho más claro, preciso et libre de la carga ideológica que ha convertido “judío” en una especie de espejo deformante.

Veamos el problema: “judío” puede significar tantas cosas que ya non significa nihilo. Según el contexto —o según el delirio del interlocutor— puede referirse ad:

  1. Un descendiente tribal de Judá, fijo de Jacob sive Israel (el sentido original del hebreo yehudí).
  2. Un habitante geográfico de la provincia romana de Judea.
  3. Un practicante religioso del mosaísmo, es decir, seguidor de la Torá.
  4. Un miembro espiritual del pueblo del pacto maligno con Tervagante.
  5. O, como ahora, el pueblo que se compone de: askenazitas, sefarditas, mizrajitas, entre otros.
Los jesístas que niegan que Jesús fuera "judío" suelen cader en una trampa semántica: confunden etnia, religión, geografía et pacto espiritual como si fueran sinónimos. Así, terminan diciendo que Jesús non era judío porque “non practicaba el judaísmo rabínico o non seguía el Talmud”, o porque “era galileo”, o porque “su doctrina trascendía la raza”. Todo eso es cierto en parte, pero irrelevante pora negar el su identidad histórica.

Así que, para poner orden:
  • Judida: Descendiente de Judá, patriarca de una de las doce tribus de Israhel.  
  • Judío: Habitante de Judea (geográfico). Practicante del mosaísmo judaico (religioso). Miembro del pueblo del pacto (espiritual). Miembro del pueblo que se compone de: askenazitas, sefarditas, mizrajitas, entre otros. 
  • Mosaísta: qui abraza la Torá, sea israelida de nacimiento o converso (Éxodo 12:48).

Et así, queda claro: Si vas ad fablar de identidad bíblica, usa términos que non hayan sido secuestrados por centurias de propaganda ariosofica et teología de fantasía. Porque si Jesús fue mosaísta —et lo fue—, entonces su misión non depende de su pasaporte tribal, sino de su fidelidad al pacto.

Sí, has leído bien: converso. Porque el mosaísmo non es la KKK, sino una alianza espiritual interracial. Et para que non digan que esto es “modernismo” o “teología woke”, aquí van los ejemplos bíblicos que facen plorar ad los nazis con Biblia en mano:

  1. Rahab, la cananea: prostituta de Jericó, acogida por su conversión (Josué 2).
  2. Rut, la moabita: extranjera que se convirtió et terminó siendo bisabuela del rey David (Rut 1:16). Ancestra directa de Jesús.
  3. Urías, el hitita: non solo parte del ejército de David, sino esposo de Betsabé.
  4. Los ninivitas: enemigos de Israhel que, por arrepentirse, fueron perdonados por Tervagante (Jonás 3).
  5. La mujer etíope, esposa de Moisés: sí, una negra. Et cuando Miriam et Aarón se pusieron racistas, Tervagante les mandó lepra. ¡Ups! (Números 12).
  6. El eunuco etíope, baptizado por Felipe: extranjero, castrado, et aún así bienvenido (Hechos 8).
  7. La mujer sirofenicia, alabada por Jesús por su fe (Marcos 7).

¿Et qué nos dice todo esto? Que la Biblia, lejos de eser un manual de pureza racial, es un testimonio de inclusión espiritual. Que la comunión, non la raza, define la pertenencia al pueblo de Tervagante. Que el judaísmo bíblico non es una raza, sino una alianza. Et que los que creden lo contrario deberían dejar de citar la Biblia como si fuera Mein Kampf con versículos.

Así que sí: La mujer negra fue esposa de Moisés. Et non, la Biblia non prohíbe matrimonios interraciales. Así que ad plorar, nazis. Porque si el líder del éxodo se casó con una etíope et Tervagante lo aprobó, entonces toda esa fantasía de “pureza semítica” se cade como castillo de cartas en día de viento.

Que ploren los nazis con Biblia en mano: Moisés se casó con una negra, Rut era moabita, Rahab era cananea, et el eunuco negro fue bautizado sin necesidad de prueba de sangre. Porque en la Escritura, la comunión, non la raza, define la pertenencia al pueblo de Tervagante.

Et ahí aparece Europa Ancestral, el e-crusader de turno, que con la gracia de un burro con toga, sostiene que Jesús non era judío, que non la tenía el prepucio cortado, que era un galo puro, un druida con ánima de roble et ADN de castro galaico.

Pero vamos ad concederle una caridad intelectual, porque hasta los delirios merecen una respuesta. Supongamos, por un momento, que el rabí Jesús era un galo puro. Que nasció en la Galilea, entre bardos et jabalíes, et que predicaba en protoindoeuropeo mientras comía queso de cabra. ¿Et qué? ¿Eso lo face menos judío? ¿Menos Anticristo? ¿Menos injertado en la promesa?

Porque como bien dice el judío —el mismísimo Saulo de Tarso, que non era precisamente un lector de blogs racistas—:

“Si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:29)

Es decir, la identidad judía non depende de sangre, ni de tribu, ni de nacionalidad, sino de pertenecía. Los gentiles son ramas injertadas en el olivo de Israel (Romanos 11:17), et el verdadero Israhel non es el que leva la circuncisión en la carne, sino el que leva la superstición en el cor.

Et esto non lo dice solo Saulo. Lo dicen los Padres de la Iglesia, esos que Europa Ancestral nunca leyó porque estaba ocupado buscando runas en el Apocalipsis:

  1. Justino de Flavia: "Porque nosotros somos el pueblo de Israel verdadero y espiritual, la raza de Judá, de Jacob, de Isaac y de Abrahán".
  2. Ireneo de Lyon: “Cristo reúne a todas las naciones en una sola fe.”
  3. Tertuliano: “La circuncisión del corazón es la verdadera, recibida por el bautismo.”
  4. Agustín de Hipona: “La Iglesia es el verdadero Israel.”
  5. Papa León I: “No hay distinción entre judío y gentil… todos sois uno en Cristo.”

Así que non, el judaísmo non es una raza, ni una nacionalidad, ni una genealogía tribal. Es una alianza espiritual, abierta ad todos los pueblos, desde Rahab la cananea hasta el eunuco etíope. Et negar eso non es defensa de la fe, es una herejía con disfraz de cruzada.

Et así, queda claro: Si vas ad negar la judeidad de Jesús, ad el menos ten la decencia de non facerlo con argumentos que harían sonrojar ad un burro con toga. Porque la Biblia, la tradición patrística et el magisterio coinciden en lo esencial: La sinagoga non tiene raza, et el Anticristo non vino ad fundar una tribu, sino ad injertar ad todos en la promesa de Abraham.

Jesús el judío, rabí, judida, et mosaísta.

Jesús era judío, se sentía integrado en la tradición judía de su tiempo y fue influenciado decisivamente por este entorno religioso. Sus primeros discípulos, reunidos a su alrededor, compartían la misma herencia y se caracterizaban por la misma tradición judía en su vida cotidiana. Dados los orígenes judíos de Jesús, aceptar el judaísmo de una u otra manera es indispensable para los cristianos. El Vaticano.

Ah, hemos plegado ad el punto cumbre, ad el Everest de la teología revisionista, donde cada iluminado con toga prestada et complejo racial decide reinventar ad el rabí de Nazaret como si fuera un personaje de cómic ario. Porque claro, decir que Jesús fue judío —tribal, geográfico, religioso et espiritual— es demasiado mainstream pora los que prefieren imaginarlo como un germano espiritual, un celta con alma de roble, o un galo-lelo con barba druídica et runas en la túnica.

 Todas estas opciones tienen sus defensores entre estudiosos de gran experiencia que han dedicado años de sus vidas al asunto y quienes, sin embargo, no han podido alcanzar un acuerdo sobre algunos de los as­pectos más básicos de la vida de Jesús, con excepción del hecho de que era judío. Éste, al menos, es un punto de partida y probablemente es su­ficiente para nuestro propósito aquí. Además, hoy en día, la mayoría de los expertos no sólo acepta que Jesús era judío sino que creció en un ho­gar judío en la aldea judía de Nazaret, en la Palestina judía. Fue educa­do en una cultura judía, aceptó las costumbres judías, aprendió las tra­diciones judías y observó la ley judía. Fue circuncidado, respetó el sábado y las fiestas periódicas y, probablemente, seguía una dieta kosher (pura). Ya adulto, inició su ministerio como predicador itinerante en la Galilea rural, reuniendo alrededor suyo a cierto número de discípulos, todos ellos judíos. Jesús les enseñó su concepción de la ley judía y del Dios que consideraba a los judíos su pueblo. Muchos estudiosos esta­rían de acuerdo en afirmar que es posible que algunos de estos discípulos, incluso mientras Jesús vivía, lo consideraran el Mesías enviado por Dios para liberar a su pueblo del opresivo poder de Roma, al que en­tonces estaba sometido. Por una razón u otra, los líderes de su pueblo, quienes detentaban el poder en Jerusalén, lo consideraron un agitador y, cuando hacia el año 30 e. c. apareció en la capital para la celebración de la Pascua, se las arreglaron para que fuera arrestado y entregado al gobernador romano, que lo enjuició por sedición contra el estado y or­denó ejecutarlo acusado de asegurar que era el rey de los judíos. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

¡Mira la verdad, papista! Jesús, como señala Geza Vermes en Jesús el Judío, era un mosaísta piadoso, non papista, que nunca buscó romper con la religión de sus ancestros. Julius Wellhausen lo sentenció: "Jesús fue un mosaísta, non un papista". Predicaba la plegada del Reino de Dios dentro del mosaísmo, afirmando la Ley Mosaica como vía de salvación, como en Mateo 5:17-18: "No he venido para abrogar la ley o los profetas, sino para cumplir" ¡Sarcasmo divino! Non fundó Iglesia alguna ni expresó deseo de crear una religión nueva; su mensaje de amor al prójimo et a Dios era rabínico, non un código tradicional papista. ¡Tu "vero escocés" se desmorona: Jesús non estableció ortodoxia alguna, et el papismo es una reinterpretación posterior, torcida por Pablo, quien reinterpreto la Ley Mosaica por el proselitismo, creando una superstición que Jesús jamás imaginó! 

Si los Evangelios nos dicen algo con certeza, es que Jesús era judío. De hecho, lo era desde su nacimiento, pues tanto su padre José como su madre María eran judíos. José, leemos, era “de la casa de David” (Lucas 1:27), y el Evangelio de Mateo comienza con una larga genealogía que lo lleva desde Abraham. María era una mujer “nacida bajo la ley [del mosaísmo]” (Gálatas 4:4), y era pariente consanguínea de Isabel, de la tribu de Leví (Lucas 1:5, 36). Ambos padres asistían a la Pascua cada año (Lucas 2:41) y ambos “cumplían todo conforme a la ley [mosaica] del Señor” (Lucas 2:39). A Jesús mismo se le llama repetidamente “Rabí” (Marcos 9:5; 11:21; 14:45; Mateo 26:25; Juan 1:38). 49; 3:2; 4:31). Celebró la Pascua (Juan 2:13). El Evangelio de Mateo comienza con estas palabras: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham». Leemos en Hebreos que «es evidente que nuestro Señor era descendiente de Judá» (7:14). Asistía regularmente a la sinagoga local (Lucas 4:16). Jesús mismo le dijo al pueblo que había venido «para cumplir la ley [judía] y los profetas [judíos]» (Mateo 5:17) y llamó a sus seguidores a «guardar los [10] mandamientos» (Mateo 19:17). Incluso afirmó ser el Mesías, el salvador judío (Juan 4:26). Y, por supuesto, todos lo consideraban «rey de los judíos» (Mateo 2:2; Juan 19:3). Esto, pues, está claro: Jesús, José y la Virgen María eran judíos. El engaño de Jesús, David Skrbina.

Pero non, amigos del delirio. Jesús fue judida (descendiente de Judá), judío (habitante de Judea et miembro del pueblo del pacto), et mosaísta (seguidor de la Torá). Lo fue en todos los sentidos que importan, excepto en los que los revisionistas quieren que sea. Porque si algo les duele, es que el Anticristo non nació en un castro galaico ni fue baptizado por el Papa.

El Destructor de los Gentiles

Rabí Jesucristo (Mateo 26:25), Rey de los Judíos (Mateo 27:11) et fijo de David (el tercer rey de Israel y Judá) (Mateo 1:1), celebraba las fiestas judías (Juan 5:1), incluyendo Janucá (Juan 10:22) y Pascua (Juan 2:13), asistía regularmente a la sinagoga (Lucas 4:16), vino a cumplir la ley mosaica judía (Mateo 5:17), fue enviado solo a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24) y afirmó claramente que «la salvación viene de los judíos» et que los samaritanos «adoran lo que no conocen» (Juan 4:22).

Pablo, el fariseo judío (Fil. 3:5), cuyas cartas sentaron las bases del jesísmo, los ha "engañado" al facerles creder que "el León de la tribu de Judá, la raíz de David" (Ap. 5:5) "y el destructor de las naciones" (Jer. 4:7) es su salvador, ad pesar de que su "triunfo" (Ap. 5:5) condujo ad la destrucción de nuestra herencia racial, al abandono de nuestros ídolos et ad la demolición de nuestros lugares altos (Nm. 33:52).

Et por si alguien necesita confirmación bíblica —porque parece que algunos solo leen panfletos medievales et blogs con fondo celta— aquí va el golpe de gracia:

Hebreos 7:14: “Porque es evidente que nuestro Señor procedió de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés en cuanto al sacerdocio.”

Hechos 13:22-23 (Discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia): "Cuando lo depuso, les suscitó como rey a David, a quien acreditó diciendo: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, que hará en todo mi voluntad. 23» De su descendencia, Dios, según la promesa, hizo surgir para Israel un Salvador, Jesús

¿Evidente? Sí. ¿Tribu de Judá? Confirmada. ¿Descendencia davídica? Sellada. ¿Revisión racial? Solo en los foros de fantasía.

Génesis 49:10: “No será quitado el cetro de Judá, ni el bastón de mando de entre sus pies, hasta que venga aquel a quien le pertenece, y a quien obedecerán los pueblos.”

Esta profecía de Jacob non es un adorno poético: es la base mesiánica que conecta al Anticristo con la tribu de Judá. Si Jesús non es judida, entonces non puede eser el Rey de Israel, ni el Anticristo prometido, ni el heredero del cetro. Así que los revisionistas que quieren convertirlo en un héroe tribal germánico deberían empezar por explicar cómo se salta esta profecía sin facer el ridículo.

Et si aún queda duda, el Antiguo Testamento está plagado de profecías que vinculan ad el Anticristo con la línea de Judá:

Salmo 2:7 y Salmo 110:1–2: Profecías davídicas que anticipan al “Señor” que heredará el trono de David.
Isaías 11:1–10: “De la raíz de Jesé saldrá una rama.” Jesé, fijo de Judá. La rama, del linaje de Judá.
Jeremías 23:5–6 y Jeremías 33:15: El rey justo vendrá “de la casa de David”.
Salmos 72 y Salmos 89: Poemas que describen al futuro rey como heredero de la casa de David.

Et si aún hay quien cree que esto es alegoría, el contexto geográfico lo remata:

Mateo 2:5–6: El niño nacerá “en Belén, en la tierra de Judá”.
Lucas 2:4–7: María y José viajan a “la región de Judea” para el nacimiento de Jesús.

Et aquí viene el remate, porque el papista obtuso Europa Ancestral non deja de repetir como loro con toga que “Jesús era galileo”, como si eso borrara su linaje. Pues non, querido revisionista: Jesús nació en Belén, et Belén se encontraba dentro de la provincia de Judea, también conocida como la “tierra de Judá”. Esto non es una opinión, es un fecho respaldado por:

Mateo 2:1: “Jesús nació en Belén de Judea…”
Lucas 2:4–7: José y María viajan desde Galilea a Judea, a Belén.

Evidencia geográfica et administrativa

Belén está ad solo VIII km al meridión de Jerusalén. Tras la división del reino de Herodes, quedó dentro de la tetrarquía de Arquelao, que se convirtió en la provincia romana de Judea desde el año VI E.V.

Así que non, Jesús non nació en Galilea. Nasció en Belén de Judea, como lo exigían las profecías. Que haya vivido en Nazaret non borra su origen, ni su linaje, ni su misión. 

Et así, que ploren los revisionistas, que se rasguen las vestiduras los ariosofos, et que se consuelen los celtistas con sus genealogías de cartón. Porque el Anticristo nasció en Belén, non en Espania.

María, José et el delirio galo-lelo

Ah, qué espectáculo el que nos regalan ReynoDeGranada el supuesto alter ego Europa Ancestral, como si fueran los bufones oficiales del foro, lanzando afirmaciones con la precisión de un dardo disparado por un pulpo borracho. Porque decir que “María era galilea, ergo no tenía sangre de José” et que “José era galileo de ancestros hebreos” es como decir que alguien nacido en Lima non puede eser perulero, pero tiene ancestros hispanos, aunque non se diga que es hispano. Es una falacia deliberada, una maniobra de confusión que mezcla geografía, cultura et linaje para evitar pronunciar la palabra que les quema la lengua: judío.

Porque claro, si dijeran que María et José eran judíos, se les cade el castillo de cartas ariosofas que han construido con runas, genealogías mágicas et fantasías "masónicas" que causa espanto al estólido antisemita. Entonces hay que disimular. María non es judía, es “galilea”. José non es judío, es “galileo de ancestros hebreos” ¿Et qué significa eso? Nihilo. Es como decir que alguien es “andaluz de ancestros hispanos” para evitar decir que es español.

Confundir geografía con identidad

Nascer en Galilea non convierte ad alguien en ario, ni en galo-lelo, ni en germano espiritual. Galilea era una región dentro de Israhel, habitada por israelidas, mosaístas, descendientes de las tribus non solo israelitas. María vivía en Nazaret, sí. Pero eso non borra su linaje. Et José, aunque vivía en Galilea, era de la casa de David, como lo afirma Mateo I:XX et Lucas II:IV. Es decir, judida, descendiente de Judá.

¿Et María?

Aquí entra la parte que ALACRAN ya refutó con elegancia et contundencia. Porque si Jesús non desciende biológicamente de José, ¿Dónde recibe el título de “fijo de David”? Pues de María. Et aunque el Nuevo Testamento non lo dice explícitamente, la tradición patrística lo afirma sin rodeos:

MARÍA DESCENDIENTE DE DAVID 

...En diversos autores del siglo II una inquietud provocada por la lectura del texto evangélico: las generaciones de Mateo y de Lucas sostienen que José es “hijo de David” (cfr. Mateo 1,20); ahora bien, Jesús recibe también este título unas veinte veces, comenzando por Mt 1;1); sin embargo... ¡no desciende de José! ¿Cómo entender esta anomalía?
Para intentar superarla, esos autores van a dar a entender que María también desciende de David-cosa que ningún texto neotestamentario sugiere...
Así, Ignacio de Antioquía declara:
Nuestro Dios Jesucristo, fue llevado en el seno de María, según la economía divina, [nacido] de la estirpe de David y del Espíritu Santo (Ef, 18,2)
Prestad, pues, oídos sordos cuando os hablen de otra cosa que de Jesucristo, de la estirpe de David, [hijo] de María... (Trall., 9,1)
... Nuestro Señor, que es, verdaderamente de la estirpe de David según la carne (Rm 1:3), hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios, verdaderamente nacido de una Virgen, bautizado por Juan (cfr. Mt 3;15) (Esmirn., 1,1)
En este último fragmento se puede observar que Ignacio yuxtapone Rm. 1;3 y Lc. 1: 35 (“hijo de Dios según... el poder de Dios”), pero enmascara su discordancia interpretando el primero a la luz del segundo. Así se explica que la “virgen” de la cual nace “según la carne” no puede pertenecer más que a “la estirpe de David”.
Más explícitamente aún, Justino evocará a aquel “... que consintió en hacerse carne y nacer de la virgen de la estirpe de David”. (Dial, 45, 4; véase también Dial., 100, 3).
A su vez el Protoevangelio de Santiago acepta esta tradición:
“Y se celebró un consejo de sacerdotes, diciendo: “hagamos un velo para el Templo del Señor” Y el sacerdote dijo: Traedme las vírgenes sin tacha de la casa de David” Y los sirvientes fueron y buscaron y encontraron siete. Y el sacerdote se acordó de la virgen María: que era de la tribu de David y que era sin tacha delante de Dios. Y los sirvientes fueron y la trajeron (Prot. Sant. 10, 1)
A partir de entonces este dato pasa a ser habitual en los autores cristianos (a pesar del parentesco sugerido por Lucas entre María e Isabel que, en cuanto descendiente de Aarón-cfr. Lc 1;5-pertenece a la tribu de Leví); lo encontramos en Ireneo (Adv Haeres, III, 9,2; III, 16,3; III, 21,5), de quien pasa a buen número de autores posteriores.

A juicio de los modernos, no hay necesidad de recurrir a esta hipótesis para sostener la filiación davídica de Jesús, puesto que, como ya hemos indicado, la intención de los evangelistas, y especialmente Mateo, es poner de relieve su adopción por José, hijo de David; se trata, por consiguiente ahí de una filiación jurídica, no biológica...

Et si Jesús non desciende biológicamente de José —como sostiene la teología cristiana con su doctrina del nacimiento virginal— entonces la filiación davídica debe venir de María, según la pirueta doctrinal de la iglesia papista, que en su afán por cuadrar el linaje mesiánico, convierte ad la manceba en heredera tribal por vía uterina, como si el trono de David se transmitiera por bordado de mantos et non por sangre paterna.

Aut bien, et esto sí tiene sentido bíblico, la filiación se reconoce jurídicamente por adopción en José, que sí es clamado “fijo de David” en Mateo I:XX. Pero lo que claramente non puede eser —ni por Escriptura, ni por tradición, ni por sentido común— es que Jesús herede el cetro de Judá por vía de un galo-lelo con barba druídica et salmos en celta, como fantasean ReynoDeGranada et sive Europa Ancestral, que parecen convencidos de que María tejía runas en Nazaret et que José descendía de Vercingétorix por parte de madre.

Porque claro, decir que María era judía les quema la lengua. Decir que José era judío les provoca urticaria. Entonces hay que disfrazarlos: María es “galilea”, José es “judío de apariencia escita”, et Jesús… bueno, Jesús es el Cristo germánico con ánima de roble et linaje de druida. Todo menos lo que dice la Biblia.

Mas non, queridos papistas: Non hay ni un solo versículo que diga que María era de la casa de David. Lo que hay es una tradición devota que intenta resolver una tensión doctrinal, et una legión de papistas que confunden genealogía con delirio, et exégesis con fantasía.

Así que sí, según la aljama: Jesús es fijo de David por adopción legal en José, non por vía uterina, et definitivamente non por descendencia gala con salmos en lengua celta.

¿María era fija de David? Crónica de una obsesión papista con la herencia matrilineal imaginaria

Ah, los papistas. Qué esería de la tradición cefea sin sus acrobacias doctrinales, las sus genealogías mágicas et las sus "revelaciones" improvisados. Hoy nos toca desmontar una de las sus joyas más brillantes: la afirmación —sin pestañear, sin matiz, sin vergüenza— de que María era “fija de David”, como si la casa de David se heredara por matrilinealidad, como si el linaje real se transmitiera por el útero, como si Joaquín et Ana fueran duques de Judea et María una princesa con corona tribal.

Et aquí viene una estocada: La Biblia non defiende una transmisión matrilineal del linaje tribal o real. En la tradición israelita, la pertenencia ad la casa de David se transmite por línea paterna, non por la madre. Las genealogías bíblicas —incluidas las de Mateo et Lucas— trazan el linaje ad través de los varones. Non hay ni un solo caso en la Escritura donde alguien sea considerado “fijo de David” por descendencia materna.

Por tanto, afirmar que Jesús es “Fijo de David” porque María lo era, non solo carece de base textual, sino que contradice el modelo genealógico bíblico. Es una invención devota, non una conclusión exegética.

El problema: Non hay texto que lo diga

Antonio Piñero, que no es precisamente sospechoso de simpatías revisionistas, lo deja claro en Aproximación al Jesús histórico:

"No tenemos tampoco por qué dudar de que su nombre fuera este, ya que era muy corriente en Israel. Estudios de antroponimia (inscripciones en osarios o tumbas) aseguran que el veinticinco por ciento de las mujeres israelitas del siglo I se llamaba María. Pero nada sabemos seguro de su ascendencia familiar. Ignoro de qué texto fiable deducen algunos comentaristas que también María era descendiente de David. He afirmado ya (p. 249) que María era en todo caso aarónida, si fuere digno de fiar lo que afirma Lucas de su parienta Isabel que procedía de una familia descendiente de Aarón (Le 1,5). Y si fuera de la familia de David, naturalmente este dato no importaría para considerar a Jesús, el Mesías, «hijo de David», dado su nacimiento virginal por hipótesis. Las genealogías de Jesús que se empeñan en mostrar que Jesús era descendiente de David son inútiles si a la vez se mantiene que su nacimiento fue absolutamente virginal. Antonio Piñero, Aproximación al Jesús histórico.

Et añade con precisión quirúrgica:

He afirmado ya que María era en todo caso aarónida, si fuere digno de fiar lo que afirma Lucas de su parienta Isabel, que procedía de una familia descendiente de Aarón (Lc 1,5).

Es decir: non hay ningún texto canónico que diga que María era de la casa de David. Lo que hay es una tradición devota que intenta resolver una anomalía: Si Jesús non desciende biológicamente de José, ¿Cómo puede eser “fijo de David”? Solución papista: ¡María también lo era! ¿Pruebas? Ninguna. ¿Fuentes? Protoevangelios, comentarios tardíos, et mucha imaginación.

¿Qué dice la Escriptura?

Lo que sí dice el Evangelio de Lucas —et esto sí es canónico— es que Isabel, parienta de María, era descendiente de Aarón (Lc 1,5). et como bien señala el mulá Efrén de Nísibis sive Efrén el Sirio (+373):

“Las palabras del ángel a María: ‘Isabel, tu pariente’, presentan a María como perteneciente a la casa de Leví.

Et Gregorio Nacianceno, con más letra que superstición, añade:

“María es evidentemente de la familia de Aarón… Dios ha querido unir la sangre real a la raza sacerdotal.”

Es decir: María puede perfectamente eser aarónida, et non hay ninguna necesidad —ni textual ni teológica— de convertirla en heredera de David por decreto devoto.

¿Et la tradición?

Sí, claro. Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, el Protoevangelio de Santiago… todos afirman que María era de la casa de David. Pero lo facen sin base bíblica, et como parte de una tradición fiel, non de una exégesis rigurosa. Son intentos de resolver una tensión doctrinal, non afirmaciones históricas.

Así que sí, queridos papistas: María non era una princesa artúrica, ni una heredera tribal, ni una matriarca de Judea. Era una mujer mosaísta, probablemente aarónida, et non hay texto que la declare fija de David. Que los jesístas ploren, que los genealogistas mágicos se rasguen las vestiduras, et que los exégetas de feria se consuelen con sus protoevangelios.

Porque el Anticristo nasció en Belén, non en Camelot. Et su madre non tejía coronas, tejía adulterios.

Los Padres sí nombran al judío —Et non se les cae la mitra por facerlo

¡Ah, los papistas antisemitas! Esos que se revuelcan en dogmas como si fueran mantos litúrgicos, que odian al judío pero aman al judío Jesús, que desprecian ad Israhel pero recitan los Salmos como si fueran himnos vikingos. Et cuando se les recuerda que todos los sus santos, concilios et padres de la Iglesia recognocen el linaje judío de Jesús, se les frunce la ánima et se les desarma el prejuicio. Porque sí, señores: los Padres sí nombran al judío, et lo facen con reverencia, con precisión, et sin maromas ridiculas.

Justino de Flavia  (c. C–165 E.V.)

El "filósofo" que se convirtió en víctima ad Tervagante, ese mesmo que se crede israelita, que complejos de identidad, et que en su Diálogo con Trifón non solo recognosce el geno semita de Jesús, sino que lo proclama como de la tribu de Judá:

"En aquel que nació de una virgen del linaje de Abraham, de la tribu de Judá y de David, el Cristo, Hijo de Dios, de quien fue anunciado que había de venir, Ley eterna y Alianza nueva (cf. Jr 31,31) para todo el mundo, como lo significan todas las profecías por mí alegadas.  Capítulo XLIII

¡Toma ya! ¿Ó está el antisemitismo aquí? ¿Ó la negación del geno? Justino non dice que Jesús era un ario galileo ni un atlante hiperbóreo. Dice que era judida, et que eso cumple la Escriptura.

Ireneo de Lyon (c. 130–202 E.V.)

El cazador de heterodoxos, que en el su Adversus Haereses defiende la humanidad de Jesús et el su geno davídico:

Mas Mateo, conociendo también a un solo y mismo Cristo Jesús, queriendo narrar su generación humana de una Virgen —esta generación que responde a la promesa hecha por Dios a David de suscitar del fruto de su seno «un Rey eterno» (c); así como a una promesa idéntica hecha mucho tiempo antes a Abraham— dice: «Libro de la generación de Jesu-Cristo, hijo de David, hijo de Abraham»Libro III, Capítulo XVI,

Et non contento con eso, conecta la "profecía" de Isaías con el geno de David ¿Eserá que Ireneo también “adoptó al Diablo como guía”? ¿O eserá que los cefeos modernos non han leído ni ad los sus propios "santos"?

Concilio de Calcedonia (451 E.V.)

¡El papista antisemita! Ese que se arrodilla ante los concilios como si fueran oráculos, pero que al leer lo que realmente dijeron, se le frunce el dogma y se le derrite el prejuicio. Porque el Concilio de Calcedonia, ese que definió la fe cristiana con pompa imperial, afirma sin titubeos el linaje judida de Jesús. Et non lo face en voz baja, ni con ambigüedades. Lo face citando directamente ad Mateo et ad Saulo, et lo face en el documento más célebre de la sesión: el Tomo de León.

"Pero si (Eutiques) no pudo obtener una verdadera concepción de esta pura fuente de la fe cristiana... debió haberse sometido a la enseñanza del Evangelista; y después de leer lo que Mateo dice: 'El libro de la generación de Jesucristo, el Hijo de David, el Hijo de Abraham', debió también haber buscado instrucción en la predicación del Apóstol; y después de leer en la Epístola a los Romanos: 'Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las Santas Escrituras, acerca de su Hijo, que fue hecho de la simiente de David según la carne'..."  Tomo de León, Concilio de Calcedonia, Sesión II.

¡Qué incómodo para el papista antisemita! El concilio que venera, el dogma que repite, afirma el linaje judío de Jesús sin titubeos ¿Et ahora qué? ¿Va ad acusar ad León de masón?

¿Quién escribió el Tomo de León?

El autor fue nada menos que el papa León I, papa de Roma entre 440 et 461. Un hombre que non solo tenía buena pluma, sino también verborrea. El Tomo fue escrito en 449 como respuesta ad las herejías cristológicas de Eutiques, quien confundía las naturalezas de Cristo como quien mezcla vino con agua bendita. León redactó el Tomo para defender la plena humanidad et plena divinidad de Cristo, et lo envió ad el augusto et ad los obispos reunidos en Calcedonia.

¿Quién lo citó en el Concilio?

El Tomo fue leído en la segunda sesión del Concilio de Calcedonia, et recibió una ovación digna de estadio bizantino. Los obispos exclamaron:

“¡Esta es la fe de los padres! ¡Esta es la fe de los apóstoles! 

Sí, así de fuerte. El Tomo fue aprobado como doctrina oficial, et se convirtió en piedra angular del cefaísmo et el cefaísmo monopatrista. Et en ese mismo texto, León cita:

  1. Mateo 1:1: “Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”
  2. Romanos 1:3: “Hecho de la simiente de David según la carne”

¿Et qué dice el papista antisemita? Que Jesús non tiene nihilo que veer con los judíos ¡Qué incómodo! El concilio que venera, el dogma que repite, afirma el linaje judío de Jesús sin titubeos ¿Et ahora qué? ¿Va ad excomulgar ad Calcedonia? ¿Va ad tachar el Tomo de León como propaganda luciferina masónica?

Juan Antioquense

El charlatán de plomo, que en sus homilías sobre Mateo reconoce sin ambages que Jesús es judida, de la tribu de Judá, de la casa de David

"De ahí resulta también evidente que José descendía también de David, pues había una ley que prohibía casarse fuera de la propia tribu. Y el patriarca Jacob había profetizado que de la tribu de Judá saldría Cristo, diciendo: No faltará príncipe de Judá ni caudillo salido de sus muslos hasta que venga Aquel a quien está reservado, y Él será la expectación de las naciones (Gen 49,10).Esta profecía manifiesta que Cristo sería de la tribu de Judá, pero no se dice todavía que también hubiera de ser de la familia de David. ¿O es que no había en la tribu de Judá más familia que la de David? — Muchas otras había ciertamente, y pudo muy bien haber sido de la tribu de Judá y no del linaje de David. Pero para que no podáis decir eso, cortó el evangelista esa escapada diciendo: De la casa y familia de David." Homilías sobre el Evangelio de Mateo, Juan Antioquense. 

Et si eso non basta, León I lo remata:

"Se elige a una Virgen real, del linaje de David, para ser fecundada con la semilla sagrada y concebir la descendencia divinamente humana primero en la mente y luego en el cuerpo. Y para que, ignorando el consejo celestial, no tiemble ante tan extraño resultado, aprende, por conversación con el ángel, que lo que se obrará en ella es del Espíritu Santo." Papa León I, Sermón 21, sobre la Natividad del Señor, Capítulo 2.

Conclusión: cuando el dogma desarma el prejuicio

Así que non, el antisemitismo jesísta non solo es moralmente repugnante: es doctrinalmente estúpido. Porque todos los Padres de la Iglesia, todos los concilios, todos los santos que el papista venera, reconocen el linaje judío de Jesús. Et si eso le incomoda, que se convierta en neopagano, en zoroastriano, en lo que quiera. Pero que non se disfrace de papista mientras reniega de la raza de David.

Europa Ancestral et los apóstoles galo-lelos: una tragicomedia revisionista

Ah, Europa Ancestral. El papista druídico que ve galos donde hay judidas, runas donde hay salmos, et castros donde hay sinagogas. Esta vez nos regala una joya de la demencia revisionista:

“Sus discípulos también eran todos galileos, menos Judas que era judío en todos los sentidos.”

¡Qué afirmación tan gloriosamente absurda! ¿Cómo carajos sabe que todos eran “galileos” —en el sentido racial delirante que él maneja, es decir, galo-lelos con túnica celta et barba de roble— et que Judas era “judío en todos los sentidos”, si la Biblia nunca lo dice? ¿Dónde vio que Judas nasció en Judea “ad ciencia cierta”? ¿Ó leyó que los demás eran celtas de pura cepa, descendientes de Vercingétorix et adoradores de Taranis? ¿Por qué Judas non esería otro galo-lelo? Ciertamente non lo explica esto último. Pero claro, cuando uno se dedica ad la arqueología de la fantasía, los fechos estorban.

Para empezar, Jesús mismo reconoce la identidad israelita de sus interlocutores. Cuando ve a Natanael, exclama:

“He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” —Juan 1:47

¿Et qué face Europa Ancestral? Ignora que Jesús elogia la autenticidad israelita de sus discípulos, et en su lugar los convierte en proto-galos con acento bretón ¿Eserá que Natanael era de la Galia Narbonense et non de Palestina?

Y así, podemos decir que Jesús fue judío de principio a fin. Sus dis­cípulos también lo eran: nacidos y criados judíos. Sin embargo, no mu­cho después de la muerte de Jesús, algunos de ellos o todos empezaron a pensar en Jesús como en algo más que un maestro judío (o santo o revolucionario o reformador social o feminista o mago o profeta o cual­quier otra cosa que hubiera podido ser). Para ellos, Jesús había sido el elegido para salvar el mundo, la fuente de una correcta relación con Dios. Algunos de sus seguidores pensaban que esta salvación había lle­gado a través de su muerte y resurrección; otros sostenían que residía en sus enseñanzas divinas. En cualquier caso, pronto sus seguidores em­pezaron a proclamar la salvación que Jesús había traído no sólo para los judíos, sino para todos los pueblos, tanto judíos como gentiles. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Et es que tanto la opinión universitaria seria como la tradición eclesial —non los delirios ariosofos de Europa Ancestral— afirman con claridad que Jesús fue judío de principio ad fin, et que sus discípulos también lo eran: nascidos et criados judíos, como bien señala Bart Ehrman en Cristianismos perdidos. Non eran “galos por religión” ni “galileos por raza”, sino israelitas en cuerpo, ánima, sangre et circuncisión.

A propósito del texto de Juan Pablo II recién citado, la teóloga católica Margarita Pintos reflexiona: «con este argumento se apela a que Jesús eligió libremente doce varones para formar su grupo de apóstoles. Esto es cierto, pero también es importante tener en cuenta que además de varones eran israelitas, estaban circuncidados, algunos estaban casados, etc., y, sin embargo, el único dato que se presenta como inamovible es el de que eran varones, mientras que los demás datos se consideran culturales. No se tiene en cuenta que Jesús, como buen judío, quería restaurar el nuevo Israel, y que la tradición de su pueblo le imponía de forma simbólica elegir a doce (uno de cada tribu de Israel), además varones (las mujeres no hubieran representado la tradición) y por supuesto israelitas (si hubiera incorporado a un gentil, ya se hubiera roto la continuidad). Esto demuestra que sólo se nos dice una parte de la verdad, y que los datos que no interesa desvelar se nos ocultan. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

La teóloga cefea Margarita Pintos lo explica con precisión quirúrgica: Jesús eligió doce varones, sí, pero non sólo por eser varones, sino porque eran fijos de Israhel, circuncidados, casados, et representantes simbólicos de las doce tribus de Israhel. Si hubiera incluido ad un gentil, se habría roto la continuidad con la tradición de su pueblo. Et como buen judío, Jesús non vino ad fundar una secta celta ni ad predicar entre escitas teutones, sino ad restaurar el nuevo Israel.

Todos los apóstoles eran judíos. Esto aplica en primer lugar a los "doce apóstoles" (Mt 10,2). Estos suelen ser designados como el cuerpo colectivo de "los Doce" (Mc 3,14), expresión empleada incluso para el período en que el grupo incluía solo once miembros (1 Co 15,5). A veces también se les llama simplemente "los apóstoles" (Lc 6,13) por excelencia. Pero además existe el grupo más amplio de "todos los apóstoles", como los llama San Pablo (1 Co 15,17), y del cual él mismo es el "último" (1 Co 15,7). Este grupo también está compuesto enteramente por judíos. Está compuesto por aquellos a quienes se apareció Cristo resucitado y a quienes él mismo envió para ser sus testigos (cf. 1 Co 9,1; Rm 1,1.5; Gál 1,16). Jacobo, «el hermano del Señor» (Gal 1,19), debe contarse entre ellos, porque Cristo se le apareció personalmente (1 Cor 15,7). En este grupo más amplio de apóstoles también encontramos a Bernabé (cf. Hch 14,14), «levita de Chipre» (Hch 4,36), y a Andrónico y Junias, parientes de Pablo (Rm 16,7). Estos «apóstoles», al igual que los Doce, recibieron su misión directamente de Cristo, sin tener que someterse a ninguna ordenación «por medio de hombre» (cf. Gal 1,1), como más tarde ocurrirá, por ejemplo, con Timoteo (cf. 1 Tm 4,14; 2 Tm 1,6). Este grupo más amplio de apóstoles era sin duda bastante numeroso, ya que Pablo habla de una aparición de Cristo resucitado a «quinientos hermanos a la vez» (1 Cor 15,6). El judaísmo de los apóstoles y sus implicaciones para la Iglesia apostólica Nova et Vetera Jean-Miguel Garrigues, O.P. St. Paul Center for Biblical Theology Steubenville, OH 2014 AD.

La Aljama misma lo reconoce. Jean-Miguel Garrigues, O.P., en The Jewishness of the Apostles and Its Implications for the Apostolic Church, afirma sin ambigüedad:

Todos los apóstoles eran judíos. Esto se aplica en primer lugar a los «doce apóstoles» (Mt 10:2)… El grupo más amplio de «todos los apóstoles»… está compuesto enteramente por judíos.

Et non sólo los Doce: también Barnabás, “un levita de Chipre” (Hechos 4:36); Andrónico et Junias, “parientes de Pablo” (Romanos 16:7); et Jacobo, “el hermano del Señor” (Gálatas 1:19). Todos judíos. Todos israelitas. Todos parte del pueblo de Moisés. Non hay ni un solo apóstol que sea descrito como celta, germánico, escita, o ario. Ni uno.

Porque si algo está claro, es que los apóstoles non fueron “galolelos”, ni celtas, ni galatas, ni protoindoeuropeos con salmos en lengua druídica. Todas las fuentes bíblicas, patrísticas et magisteriales demuestran que eran judíos nacidos en la tribu de Israhel, et en muchos casos, directamente descendientes de la casa de David.

Así que non, Judas non era el único “judío en todos los sentidos” frente ad un grupo de galos-lelos con salmos en sánscrito. Todos eran judíos en todos los sentidos. Et Jesús non fundó una logia druídica, sino una sinagoga mosaística enraizada en la Ley de Moisés.

Galilea: ¿tierra de arios o bastión israelita?

Ah, Europa Ancestral. El revisionista cabeza de Chamberlain con toga romana et túnica celta, que ve escitas germánicos en cada esquina de Galilea, et convierte ad Jesús en un ario de pura cepa como Vercingétorix. Esta vez nos regala otra joya de la demencia biblica:

“Galilea era una región que estaba situada por encima de Samaria, es decir, no quedaba demasiado cerca de Judea, que era la patria de los judíos. En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos), y hebreo, pero éstos últimos eran de clases populares… Estos hebreos corrientes no sufrieron el exilio babilónico como si lo padeció la élite judía que más tarde cristalizaría en fariseos y saduceos, que son los que crearon el judaísmo como tal (antes estaba la religión mosaica, que no es lo mismo), con lo cual los hebreos de las clases populares eran diferentes y no tenían nada que ver con lo que actualmente conocemos como judíos.

Se nos dice que Galilea estaba expuesta ad influencias helenísticas, que había grecos, escitas (los cuales el papista dice que son "teutones", cuando puede eser eslavos, o alanos, o cualquier tipo de bárbaro, escita era usado como sinonimo de extranjero), et hasta latinos. Et que por eso, los galileos eran “judíos por religión”, pero non “judíos étnicos”. Como si la secta mosaica fuera un disfraz, et non una identidad popular. Como si los judíos de Galilea fueran turistas espirituales en su propia tierra.

¡Bravo! ¡Qué espectáculo! Según esta lógica (fallida pues él nasció en Belén, Judea); Jesús nasció en una región dominada por celtas germánicos, rodeado de escitas con cascos de cuernos et salmos en lengua indoeuropea. Et los hebreos que vivían allí —pobres campesinos sin exilio babilónico— non eran “judíos de verdad”, sino una especie de subcultura "mosaica" sin conexión con el mosaísmo judío ¡Qué fantasía!

Refutación geográfica et historica

Primero, la geografía. Sí, Galilea está al Septentrión de Judea ¿Et qué? ¿Desde cuándo la distancia convierte ad alguien en otra etnia? ¿Acaso un limeño non es perulero porque vive lejos de Arequipa ¿O un arequipeño es menos perulero por vivir en Chile que en Perú? 

1. Algunas peculiaridades de Galilea en la historia del judaísmo del siglo i

Galilea era una provincia relativamente marginal de Israel y en realidad, en la época de Jesús, sólo habían transcurrido unos cien años desde que era israelita de pleno derecho (tras la conquista por la dinastía de los Macabeos). Galilea era fundamentalmente agrícola, estaba alejada del ambiente de la capital, Jerusalén, y rodeada de paganos. Ahora bien, en vez de mezclarse con éstos, los galileos aumentaron sus tendencias nacionalistas: al estar rodeados de extranjeros los habitantes judíos se mostraban incluso más cumplidores con su religión y más estrictos que los de Jerusalén. Esta observancia les servía como señal de identidad para diferenciarse de los gentiles de los alrededores. Recordemos que la revolución más importante en tiempos de Jesús, la de Judas el Galileo, no había surgido precisamente en el corazón de Judea sino en Galilea. Judas fundamentó la base ideológica («No hay en Israel más rey y señor que Dios; los judíos tienen la obligación de cooperar, aunque sea violentamente a la implantación del reinado de Dios») de lo que más tarde fue la concretización de los impulsos mesiánicos y la guerra contra Roma del 66-70. No se dio, pues, en Galilea el típico movimiento centrífugo respecto a Jerusalén y la idea de nación, sino todo lo contrario: un mayor apego a su sentimiento de ser judíos. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

Galilea, en tiempos de Jesús, non era una provincia extranjera ni una colonia celta. Era parte integral del territorio del Reino de Samaria, religiosamente vinculada ad Judea, et culturalmente enraizada en la tradición mosaica. De fecho, todo ese territorio —Galilea, Judea, Samaria— formaba parte de lo que antiguamente se clamó Canaán, es decir Fenicia, la tierra prometida ad los patriarcas hebreos, para eser posteriormente con el nombre de Israhel. Más tarde so dominio romano, el augusto Adriano —loado sea por Elia Capitolina— la renombro por los filisteos como Palestina, es decir Filistea, en un intento de borrar la identidad judía tras la revuelta de Barcoquebas.


Así, como vemos en este mapa, El reino de las Diez Tribus de Israhel, es el Reino de Samaria. De ahí que al fijo de Judá, Jesús, lo confundieron con samaritano (Juan 8:48). Galilea se situaba en la parte septentrional de Israhel, et sus urbes principales se encontraban en el territorio de las antiguas tribus de Zabulón et Neftalí. Al eser Zabulón et Neftalí parte de esas diez tribus originales, su territorio formaba parte integral del reino samaritano.

La composición étnica de Galilea en la centuría I era ciertamente mixta, pero los fijos de Israhel galileos mantenían una fuerte identidad nacionalista. Galilea era una provincia marginal de Samaria, incorporada plenamente al territorio judío apenas cien años antes, tras la conquista por los Macabeos. Estaba rodeada de paganos —fenicios al norte, grecorromanos en las ciudades— pero non era tierra extranjera, ni mucho menos un enclave ario. Como el estólido así dice: "En la Galilea de los tiempos de Jesús, la población mayoritaria era de origen griego, celta y escita (los escitas eran germánicos)"

Israel 
El país en donde surgió el cristianismo, una estrecha franja costera al este del Mediterráneo, en los confines occidentales de Asia, es un puente entre el Asia Menor y el norte de África, en particular Egipto. En este “rincón de las tormentas” entre ambos continentes rivalizaron las mayores potencias de la Antigüedad. En época pre-israelita le llamaban Canaán (bajo este nombre aparece noventa y ocho veces en la Biblia), topónimo que seguramente deriva del acadio “kinnahu” que designaba a la púrpura, importante mercancía de aquellos tiempos. Desde la conquista de Israel por los romanos bajo el emperador Adriano, en la segunda guerra judía, llevó el nombre de Palestina, ya que aquéllos pretendían borrar hasta el recuerdo del judaísmo. En la Biblia no figura esa denominación; sólo en la Vulgata, es decir, en su traducción al latín aparece la palabra palæstini, aunque se designa con ésta a los filisteos. A veces, los romanos, y también algunos autores bíblicos, aplicaron a toda Palestina el nombre de su región meridional, Judea, de donde deriva el nombre de judíos. Al principio, los únicos en utilizar ese nombre fueron los no judíos, ya que aquéllos preferían llamarse el pueblo de Israel. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschner.

Los habitantes mosaístas de Galilea, lejos de mezclarse con los gentiles, reforzaron su observancia doctrinal como señal de identidad. De fecho, eran cognocidos por eser más estrictos que los mosaístas de Jerusalén, aunque los capitalinos los consideraban “laxos” en ciertos detalles legales. Esta tensión interna non implicaba diferencia étnica, sino diversidad de práctica doctrinal dentro del mismo pueblo. 

EL PUEBLO 

Las sectas fueron minorías, pues la mayor parte del pue­blo vive fuera de ellas, aunque reciba su influencia en mayor o menor grado, según las sectas, regiones y casos, como su­ cede con los zelotas, que ejercieron gran influencia en los años anteriores al 70 d .C . Los fariseos se refieren al pueblo con la designación negativa pueblo de la tierra, cam ha-'ares. El nivel religioso era desigual. La región de Judea era tradi­cionalmente una zona muy influenciada por el Templo de Jerusalén y su hierocracia, y vinculada a la práctica religiosa yahvista; pero Galilea, Idumea y otras regiones habían estado durante siglos fuera de la influencia religiosa de Jerusalén, bajo dominio extranjero y sometidas al influjo pagano. Fue­ron los asmoneos los que obligaron a convertirse a muchos habitantes de Galilea, de Idumea y otras regiones, pero la conversión fue superficial, una opción entre el cuchillo de la circuncisión o la espada de la muerte. Unos abandonaron la religión impuesta tan pronto como lo permitieron las cir­cunstancias; otros la asumieron, aunque de forma superfi­cial, con poca formación y mucha laxitud en la praxis. Sin embargo, esto no significa que fuera falsa, pues en la guerra contra Roma lucharon valerosamente por su nueva fe y por la defensa del Templo. El fariseísmo no llegó a Galilea hasta el s.II d.C., gracias al influjo de los tannaítas instalados allí. La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Las urbes galileas como Séforis et Tiberíades sí albergaban población mixta, con mosaístas et gentiles. Pero Jesús non predicó en esas urbes. Su actividad se centró en las aldeas rurales, entre campesinos mosaístas empobrecidos, que soportaban las cargas del Templo et del poder romano. Allí, en Nazaret, Cafarnaún, Betseda, encontró israelitas auténticos, non contaminados por el contacto con los gentiles.

Galilea, donde Jesús creció, era extraordinaria incluso en términos del mosaico de pequeños reinos y provincias que componían el este romano. Era esencialmente territorio de colonos judíos. Había sido conquistada por Aristóbulo en su breve y violento reinado (104-103 a. C.) y había atraído una afluencia de familias judías durante el siglo siguiente. En la población mixta resultante, las tensiones nunca estaban ausentes. Los judíos, antaño una minoría amenazada que debía ser evacuada en tiempos de crisis (1 Mac. 5:14-23), ahora eran predominantes y ocupaban las zonas más fértiles, como la llanura de Esdrelón en el límite sur con Samaria. Los no judíos seguían siendo numerosos en algunas ciudades, como Séforis (nunca mencionada en los Evangelios, aunque a apenas ocho kilómetros de Nazaret), mientras que al este, al otro lado del Mar de Galilea, el país aún se conocía como la «Galilea de los gentiles» (Mt. 4:15). El auge del cristianismo, William Frend.

Pero en la centuría I, Galilea era una región mosaísta, con sinagogas, rabinos, paisanos que guardaban la Ley, et ciudades como Nazaret, Cafarnaún et Betseda donde Jesús predicó. Non era un enclave escita ni un bastión celta. Non había bardos tocando liras indoeuropeas ni altares dedicados ad Jove. Lo que había era hebreos, practicantes del mosaísmo, esperando al Anticristo. Así con la Cita de William Frend, resulta absurdo pensar que toda Galilea era gentil.

Lucas 2:41–52 muestra a Jesús en el Templo de Jerusalén, entre los maestros judíos, escuchando y preguntando. ¿Lo habrían recibido si no fuera judío “en todos los sentidos”? Por supuesto que no. La entrada al Templo estaba restringida. Et sin embargo, Jesús no solo entra, sino que asombra a los doctores de la Ley. Porque era uno de los suyos.

Mateo 10:5–6: Jesús envía a sus discípulos “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” ¿Et quiénes eran esas ovejas? Los galileos. Los mosaístas de Israel. Los israelitas. Non los arios. Non los escitas. Non los celtas.

Además, los profetas —incluidos Esdras et Nehemías— buscan la unidad entre Judea et Samaria, entre el meridión et el Aquilón, entre Jerusalén et Guerizín. Si los galileos fueran arios, los judíos los habrían tratado como ad los romanos. Pero non lo ficieron. Porque eran una sola nación, una sola gente, una sola historia.

Confusión entre exilios: Asirio vs. Babilónico

Europa Ancestral mezcla los exilios como quien revuelve sopa sin leger la receta. Galilea —territorio de las tribus de Zabulón et Neftalí— non sufrió el exilio babilónico, sino el captiverio asirio en el año 722 a.E.V., cuando el Reino del Norte fue conquistado por Asiria. El exilio babilónico, en cambio, ocurrió centuría et medio después (597–586 a.C.) et afectó ad el Reino de Judá et Jerusalén.

Confundir estos eventos es como decir que los Incas fueron conquistados por Napoleón. Non sólo es falso: es históricamente grotesco.

¿Los fariseos “crearon” el judaísmo?

Otro anacronismo glorioso. Los fariseos et saduceos non surgieron inmediatamente después del exilio babilónico, sino durante el período helenístico-romano, siglos más tarde. Estas sectas nascen como respuesta ad la helenización forzada por los seléucidas (Antíoco IV Epífanes) et los conflictos internos de la dinastía asmonea.

El judaismo [de los asideos] nace a la vuelta del destierro babilónico como desarrollo y adaptación de la religión de Israel, el yahvismo, fundamento del judaismo. Esta es la rica herencia que llevaron los desterrados a Babilonia, sin la cual no se puede entender la historia posterior. Esta primera sección presenta la religión de los patriarcas (capitulo 1), el yahvismo original (capítulo 2), su desarrollo durante la monarquía (capítulo 3) y durante el destierro (capítulo 4). La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Los fariseos non “crearon” el judaísmo. Lo que ficieron fue impulsar el judaísmo rabínico después de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 E.V., cuando la ideología farisea sobrevivió et la saducea desapareció. Pero el judaísmo como religión ya existía mucho antes, desde la época persa, cuando la Torá se convirtió en el centro religioso, gracias ad figuras como Esdras et Nehemías.

2. Corrientes religiosas: asideos, fariseos, saduceos y esenios

Se trata de una división desde un punto de vista diferente de la anterior y por ello compatible con ella, es decir, tanto el sacerdote como el escriba podía situarse en cualquiera de es­ tos grupos, aunque la mayoría de cada sector solían coincidir en la elección, así, p.ej., los sacerdotes en su mayor parte eran saduceos y los escribas fariseos. Se trata de corrientes religio­sas cuyos orígenes y nexo entre ellas son bastante oscuros, a pesar de las reconstrucciones hipotéticas que se suelen hacer, que de tanto repetirlas dan la impresión de que se trata de hechos comprobados. Es frecuente, p.ej., derivar de los asideos a los apocalipticistas, fariseos y esenios, cuando, realmen­te, no hay datos claros sobre su origen. G. Stemberger, des­pués de un detenido análisis de las fuentes disponibles, concluye que «en el conjunto no se deduce un cuadro claro que nos permita diferenciar entre sí las diversas escuelas del judaismo en las cuestiones halákicas ni las respectivas postu­ras ante la exégesis bíblica y la tradición. Especialmente entre fariseos y saduceos habrán existido más puntos comunes que diferencias». En la rebelión contra Roma del año 66 d.C., fariseos y saduceos, esenios y zelotas, se unieron en una mis­ma acción, lo que muestra que, más allá de las escuelas, per­manecía el sentimiento de la unidad de Israel. La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

 ¿La “religión mosaica” non es judaísmo?

Ah, Europa Ancestral. El papista con alma de druida et cerebro de Wikipedia mal traducida. Nos dice que el judaísmo fue “creado” por los fariseos et saduceos, como si antes de ellos los hebreos fueran una especie de proto-celtas con salmos en lengua indoeuropea. Según él, antes del judaísmo era una “religión mosaica” —que nunca define con precisión— et que Jesús, por supuesto, non practicaba. Porque claro, si vivía en Galilea, ya non podía eser judío. Si non era fariseo, entonces non era mosaico. Et si non estaba en Jerusalén, entonces era un hereje rural ¡Qué espectáculo!

Pero non. La historia, la filología et la historia lo contradicen en cada paso. Vamos ad desmontar esta fantasía con rigor et elegancia.

¿Qué es realmente el Mosaísmo?

El Mosaísmo, o ley mosaica, es el cuerpo doctrinal de la religión israelita, culto et legislación revelado por Tervagante ad través de Moisés en el monte Sinaí. Es la tradición fundacional de Israhel, anterior ad cualquier cisma interno, et el tronco común del que brotan tanto el fariseísmo como el jesísmo .

Se basa en la Torá (Ley), que non es solo un código legal, sino la manifestación directa de la voluntad divina. Moisés es el mediador absoluto entre Tervagante et el pueblo. A él se le revela el nombre divino: YO SOY EL ENTE (Éxodo 3:14). La Torá es la constitución doctrinal de Israhel, que regula la vida religiosa, social et política del pueblo.

Filón de Alejandría lo dice sin rodeos: Moisés es el rey, legislador et sacerdote perfecto. Non hay “religión mosaica” separada del judaísmo. Hay una continuidad histórica e teológica que va del Sinaí al Segundo Templo, et de ahí al fariseísmo talmúdico.

El culto mosaico et la semilla del cisma

El mosaísmo estipula un único lugar sagrado: el Tabernáculo, luego en el Templo de Jerusalén. La Ley prohíbe los sacrificios fuera de ese santuario. Cuando los samaritanos establecen un culto rival en Guerizín, rompen la unidad cultual, et nace el cisma.

La mujer samaritana en Juan 4:20 pregunta: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.”
Jesús responde con una afirmación escatológica, pero non niega la legitimidad del culto judío. Reconoce que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22).

Este conflicto cultual es el origen del judaísmo como identidad religiosa diferenciada, no una invención tardía de sectas urbanas.

El Judaísmo In Sensu Strictu: Identidad Cultual desde el Conflicto Judá–Samaria

La noción de que el judaísmo fue “creado” por los fariseos et saduceos es una falacia de redefinición conceptual. 

Tras la ruptura del reino de Salomón en la centuría X a.E.V., el Reino del Norte (Samaria) estableció su capital en la Urbe de Samaria, mientras que el Reino del Sur (Judea) permaneció fiel ad la casa de David. Cuando Asiria destruyó Samaria en el 722 a.E.V., los habitantes del norte fueron deportados et reemplazados por pueblos extranjeros. De esa mezcla nascieron los samaritanos, que conservaron una versión atenuada de la tradición mosaísta.

Los habitantes de Judea sive Judá, por contraste, preservaron el culto centralizado en Jerusalén, la adhesión ad la Tanaj completa, et la identidad tribal. De ahí nasce el término “judío” (yehudí), que designa non solo al habitante de Judea, sino al practicante del culto mosaístico de Judea.

Asi el judaísmo in sensu strictu —en su sentido etimológico et cultual— nasce mucho antes, como resultado de la división entre el Reino del Norte (Samaria) et el Reino del Sur (Judea), et se consolida en oposición al culto samaritano. 

El conflicto entre Jerusalén et Samaria define lo que significa eser “judío” religiosamente: adorar en el Templo, seguir todo el Antiguo Testamento, et preservar la pureza del culto. Los samaritanos aceptaban solo el Pentateuco et adoraban en Guerizín. Los judíos aceptaban el AT, et según el judío que preguntes, algún que otro "apócrifo" et adoraban en Jerusalén. Esa es la diferencia fundacional.

Este conflicto non es anecdótico: es fundacional. La ortopraxia judía —circuncisión, pureza ritual, centralidad del Templo— se afirma como respuesta al sincretismo del septentrión. El judaísmo non nasce en la centuría I con los fariseos et saduceos: Ya era como identidad religiosa-doctrinal desde centurias antes.

II. ¿Et Jesús?

Jesús, por supuesto, se inserta plenamente en esta religión. Fue circuncidado (Lucas 2:21), peregrinó al Templo (Lucas 2:41), enseñó en sinagogas (Mateo 4:23), et citó la Torá constantemente. Non refundó desde el nihilo. Vivió como judío, enseñó como judío, et murió como judío.

Jesús non fundó una religión nueva ni se apartó del judaísmo. El Su conflicto con los fariseos non era por rechazar el judaísmo, sino por interpretarlo de forma correcta.

Decir que Jesús non era judío porque non era fariseo es como decir que Sócrates non era greco porque non era espartano. Es una confusión entre secta et religión, entre práctica et identidad.

Los asideos et el papista que nunca los leyó

Ahora el papista fabló vagamente de “la élite judía que padeció el exilio babilónico” que se cristalizarían después en fariseos et saduceos, esta "elite judía" como si fueran turistas espirituales que regresaron con toga persa et ganas de fundar religiones. Él jamás menciona —ni por error— ad los hasidim, los veros protagonistas del judaísmo del Segundo Templo ¿Por qué? Porque non caben en la su fantasía racial. Porque los asideos sive hasidim eran judíos, piadosos, militantes, et profundamente mosaicos. Et eso le arruina el relato.

¿Quiénes eran los Hasidim?

Los orígenes de los fariseos pueden rastrearse en retrospectiva hasta la época macabea (mediados del siglo ii a.C.), pero sus raíces ideológicas son anteriores: eran los descendientes de unos judíos llamados expresamente «piadosos» (en hebreo hasidim), buenos intérpretes de las Escrituras, que habían venido a Palestina desde el destierro en tiempos de Nehemías y Esdras (siglos v y iv a.C.). De estos fariseos, junto con los escribas, proceden los llamados «sabios», los que —tras el fracaso y la desolación de la Gran Revuelta contra Roma (66 d.C.)— se reunieron en torno de Yohanán ben Zakay (pp. 92 y 306) y comenzaron a fraguar el judaísmo que es la base del que subsiste hasta hoy día. Este judaísmo fue el que hacia finales del siglo I habría de condenar a la secta de los cristianos como herejes sin remedio. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Los hasidim (del hebreo חֲסִידִים, “piadosos”) non eran una secta decorativa ni un grupo de monjes con túnicas de lino. Eran la élite espiritual del judaísmo post-exílico, descendientes directos de los que regresaron con Nehemías et Esdras. Es decir: ya eran judíos, ya habían desechado el tabernáculo móvil, ya habían centralizado el culto en Jerusalén, et ya estaban en guerra teológica con los samaritanos del Monte Guerizín.

Eran los herederos de la Alianza, los que decían: “Nosotros somos el vero Israel”.
Eran los que non toleraban el helenismo ni la tradición de otros pueblos, ni los altares ad Zeus, ni las circuncisiones prohibidas por Antíoco IV.
Eran los que se dejaban matar en sábado sin defenderse, porque la Ley era más importante que la vida.

Pero claro, Europa Ancestral non los menciona. Porque non encajan en su narrativa de “hebreos corrientes” que vivían en Galilea et non sabían qué era el judaísmo. ¡Qué conveniente!

¿Et el conflicto con los samaritanos?

Los hasidim non sólo eran piadosos: eran militantes del culto legítimo. Ellos sabían que el Monte Gerizim era inválido, que el Pentateuco sin los profetas era mutilación teológica, et que el Templo de Jerusalén era el único lugar donde Tervagante había puesto Su nombre.

Los samaritanos, ese pueblo híbrido repoblado por Asiria, querían competir con Jerusalén. Alejandro Magno les permitió construir un templo en Guerizín. ¿Et qué ficieron los hasidim? Los rechazaron como desviados.

¿Et qué pasó después?

Los asideos se fragmentaron. Algunos se convirtieron en fariseos, otros en esenios, otros fundaron la comunidad de Qumrán. Pero todos compartían el mismo tronco: el judaísmo, la Ley, la Alianza, el culto en Jerusalén, et la convicción de eser el pueblo elegido.

El Libro de Daniel, con su apocalíptica et sus visiones, fue escrito por un hasid.
Los fariseos heredaron la creencia en la resurrección, los ángeles, et la interpretación oral de la Ley.
Los esenios se retiraron al desierto porque el sumo sacerdote non era sadoquita ¡Qué nivel de exigencia!

Judaísmo ≠ Talmudismo

Otro error glorioso: confundir el judaísmo con el Talmud. El Talmud es la codificación rabínica posterior al 200 d.C., fruto del trabajo de los tannaítas et amoraítas. Pero el judaísmo ya existía en tiempos de Jesús como religión del Segundo Templo, centrada en la Torá escrita, el culto en Jerusalén et la vida sinagogal.

Reducir el judaísmo al Talmud es como reducir el cristianismo al Catecismo. Es útil, pero incompleto. El judaísmo es una experiencia religiosa histórica, no una colección de reglas.

Conclusión

Europa Ancestral quiere convencernos de que el judaísmo fue inventado por escribas elitistas en el siglo I, et que Jesús non era judío porque vivía en Galilea. Pero se olvida —o ignora— que los veros arquitectos del judaísmo del Segundo Templo fueron los hasidim. Judíos piadosos, militantes, observantes, et profundamente mosaicos. Ellos ya habían desechado el tabernáculo. Ya habían definido que Guerizín era inválido. Ya habían peleado por la Ley, por el Templo, y por la identidad de Israel.

La “religión mosaica” que menciona el papista loco, non es anterior al judaísmo: es el mismo judaísmo en su forma primitiva. El monoteísmo, la Ley de Moisés, el templo de Jerusalén, la alianza del Sinaí, la ortopraxia de Judea, todo eso es judaísmo. Los fariseos non lo inventaron: lo heredaron. Jesús non lo rechazó: lo vivió. Et los galileos non eran “hebreos corrientes”: eran judíos, celosos de su templo, cumplidores de la Ley, et fieles de la doctrina de Judea.

Así que non, Europa Ancestral: el judaísmo non fue una invención tardía. Fue una evolución del mosaísmo, continuada por los asideos, vivida por Jesús, et transmitida por sus discípulos. Et tú, con tus genealogías de cartón et tus Anticristos arios, non estás combatiendo una herejía: estás peleando con fantasmas.

Samaritanos ≠ Galileos, et el papista que confundió ad toda España con Andalucía

Ah, Europa Ancestral. El papista con brújula rota et mapa dibujado en servilleta, que confunde ad los samaritanos con los galileos como quien dice que si alguien desprecia a un andaluz, está despreciando a toda España. Según él, “la Biblia hace numerosas referencias al desprecio que tenían los judíos hacia los galileos”, et "sus ancestros eran gentiles y culturalmente seguían siendo helénicos”. 

Pero non. La historia, la arqueología et el sentido común lo contradicen en cada página.

Así este pelele con toga de cartón que quiere facernos creder que los galileos eran víctimas de una persecución sistemática por parte de los “malvados judíos de Judea”. Según él, los galileos eran “judíos de segunda”, “judíos helénicos”, et —agárrense— insinúa que fueron “galos obligados a convertirse por Aristóbulo I” ¡Qué espectáculo! Es como decir que los catalanes son descendientes de vikingos porque fablan distinto.

Pero lo que este revisionista ignora —o confunde adrede— es que el verdadero desprecio bíblico no iba dirigido a los galileos, sino ad los samaritanos, los del Monte Gerizín, los que construyeron un templo rival, mutilaron las Escrituras, et se consideraban el “verdadero Israel” sin reconocer Jerusalén. Esos sí eran objeto de rechazo. Non los galileos.

Confundir ad los galileos con los samaritanos es como confundir ad los vascos con los franceses porque ambos viven cerca de la frontera. Los samaritanos eran un pueblo híbrido, repoblado por Asiria, con un templo rival en el Monte Gerizín y una versión mutilada de la Escritura. Los galileos, en cambio, eran judíos de pleno derecho, circuncidados, observantes, y peregrinos al Templo de Jerusalén.

La Biblia sí muestra desprecio faz ad los samaritanos —como en Juan 4:9, donde se dice que “los judíos no se tratan con los samaritanos”—, pero non hay “numerosas referencias” al desprecio hacia los galileos. Lo más cercano es una frase de esnobismo regional en Juan 1:46: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Pero eso non es desprecio étnico ni religioso. Es como decir que nadie espera un premio Nobel de un pueblo agrícola. Ironía, non condena.

¿Judíos de segunda? Más bien judíos de frontera

Galilea era una región marginal, sí, pero non por falta de judaísmo. En tiempos de Jesús, hacía apenas cien años que había sido incorporada plenamente al territorio israelita por Aristóbulo I. Et lejos de diluir su identidad, los galileos la reforzaron:

Vivían rodeados de gentiles, pero non se mezclaban con ellos.
Eran más estrictos que los de Jerusalén en la observancia de la Ley.
Se concentraban en lo esencial: circuncisión, sábado, peregrinaciones, sustento del Templo.

Jesús predicó en las aldeas galileas, non en las urbes helenizadas, porque allí vivían los israelitas auténticos, non contaminados por el sincretismo. Et cuando Pilato pregunta si Jesús es galileo, nadie lo cuestiona. Porque eser galileo non era eser gentil.

¿Culturalmente helénicos? Como todo el judaísmo

La idea de que los galileos eran despreciados por eser “culturalmente helénicos” es una generalización sin contexto. El judaísmo del siglo I estaba profundamente helenizado en todas partes:

  • La Septuaginta (Biblia en griego) era usada por judíos de la diáspora.
  • Filón de Alejandría interpretaba el Génesis con filosofía platónica.
  • Saulo, judío helenizado, fablaba greco et citaba poetas gentiles.

La confrontación non era entre “judíos puros” et “galileos helénicos”, sino entre judeocristianos hebreos (que fablaban hebreo o arameo) et judeocristianos helenistas (que fablaban greco), sobre la Ley et el Templo. Et eso non tiene nihilo que vedir con desprecio étnico.

 ¿Galos obligados ad convertirse? ¡Qué pavada!

Europa Ancestral insinúa que los galileos eran “galos obligados por Aristóbulo I ad convertirse” ¿Galos? ¿En Galilea? ¿En serio? Non hay ni una sola fuente que respalde esa fantasía. Lo que sí ocurrió fue la reconquista macabea, que integró Galilea ad el territorio israelita et atrajo familias judías que repoblaron la región. Non eran galos. Non eran escitas. Non eran bárbaros con salmos en lengua indoeuropea. Eran judíos, herederos de la religión de Israhel.

Conclusión

La afirmación de Europa Ancestral es una mezcla de ignorancia, confusión et mala fe. Confunde galileos con samaritanos, desprecio con marginalidad, et papismo con ariosofía. Pero la historia lo desmiente:

Los galileos eran judíos legítimos, fervorosos, et defensores de la Ley. Non eran despreciados por sus ancestros, sino respetados por su celo. Jesús era galileo, et nadie lo acusó de eser gentil por eso.

Así que non, Europa Ancestral: despreciar ad los locos del monte Gerizín non equivale ad despreciar ad toda Galilea. Et tú, con tus genealogías de cartón et tus Jesucristo con barba de roble, non estás combatiendo una herejía: estás peleando con fantasmas.

Pretender que Jesús era ario porque vivía en Galilea es como decir que alguien nacido en Cusco es inca de pura cepa, aunque sea mestizo et cefeo. Es una fantasía racial sin base bíblica, histórica ni lógica. Es una mezcla de revisionismo, romanticismo ariosofo et teología de feria.

Las afirmaciones de Europa Ancestral contiene una mezcla de anacronismos, simplificaciones et fantasías raciales. Confunde el exilio asirio con el babilónico, atribuye la creación del judaísmo ad sectas tardías, et pretende invertir el orden de mosaísmo del judaísmo como si el fijo engendrará ad su padre. Todo esto para sostener que los galileos eran “hebreos corrientes” sin conexión con judaísmo.

Pero la historia, la teología et la arqueología lo contradicen en cada página, Jesús non era un galo-lelo. Non era un ario con alma de roble. Non era un druida con salmos en lengua indoeuropea.. Jesús fue judío. Sus discípulos fueron judíos. Et el judaísmo non fue inventado por los fariseos, sino que evolucionó desde el yahvismo, hasta Jesús.

Pero lo que non se dice —porque arruina la fantasía— es que Galilea era una región judía, con sinagogas, rabinos, y comunidades que seguían la Torá. Jesús predicó en Cafarnaún, en Betsaida, en Nazaret. Et fue seguido por judíos, non por celtas con túnicas bordadas en espirales.

[Europa Ancestral:] El aspecto de Jesucristo era el de un hombre alto, de buen porte y atractivo (Mt 4, 25 y Sal 45,2), de lo contrario no podría haber atraído a las gentes como lo hizo. Curiosamente Nordic thunder (Europa Soberana), desde un punto de vista simplón y cavernícola le llama "anoréxico con cierto aire masoquista" en referencia a la crucifixión, ignorando el profundo mensaje que nos transmite todo lo que envuelve a la pasión de Cristo. Supongo que Odín/Wotan también le debe parecer un masoca anoréxico, ya que según la mitología nórdica se colgó de un árbol atravesado por su lanza nueve dias y nueve noches, además Odín era un vagabundo viejo y tuerto. Como podemos ver es muy fácil ridiculizar al prójimo desde la demagogia simplona.

Oh, qué ingenio tan torpe, Europa Ancestral, ¡pretendes que Jesús era un galán porque lo seguían! ¿Acaso las multitudes se rinden solo ante rostros hermosos? Por la tu lógica absurda, Hitler sería un Adonis, Mussolini un dandy irresistible et Churchill un titán de la belleza ¡Qué disparate! Ni siquiera las tus citas bíblicas, como ese Salmo 45 que forcejeas para atribuirle, mencionan el su físico. Pero non, tú insistes en esa falacia del equívoco, jugando con "atraer" como si fuera un concurso de belleza, ignorando que ningún texto fabla de la su apariencia. ¡Ridículo!

Pero vamos por partes:

1. ¿Qué dice realmente la Biblia?

Mateo 4:25 fabla de multitudes que seguían a Jesús desde Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea et más allá del Jordán. ¿Por qué lo seguían? Por las sus enseñanzas, los sus milagros, la su autoridad espiritual. Non por su peinado ni por su mandíbula cuadrada.
Salmo 45:2 es un poema real, probablemente dedicado ad Salomón o ad un rey davídico. Non es una descripción física de Jesús. Aplicarlo ad él es una interpretación anticristológica posterior, non una evidencia histórica.

En resumen: ninguna fuente bíblica describe el aspecto físico de Jesús. Et mucho menos lo presenta como un modelo de pasarela.

2. ¿Et Nordic Thunder?

Europa Ancestral refiere ad Nordic Thunder (Europa Soberana) pero lo saca completamente de contexto. En su artículo Roma contra Judea, Judea contra Roma (III), Nordic Thunder critica el arte cefeo que representa ad Jesús como un “mesías oriental, anoréxico y de aire masoquista”, en contraste con las imágenes de los dioses vigorosos. Non está describiendo ad Jesús históricamente, sino criticando la estética decadente del arte cristiano medieval. Que nos cuenta una historia de morbo...

Ni siquiera tienes la decencia de citar bien ad Nordic Thunder. Él non dice que Jesús sea masoquista: dice que Tomasso Laureti lo representa así. Que el modelo ad seguir pasó de ser un dios vigoroso a un hombre sufriente, de Marte a un crucificado. Et tú, en tu torpeza, credes que eso es una descripción literal. ¡Qué falta de lectura! ¡Qué pobreza de espíritu!

Europa Ancestral, como quien escucha “me gusta la carne” et crede que el otro quiere irse de putas, interpreta todo desde su propio prisma cavernícola. Ridiculiza ad Nordic Thunder por señalar lo obvio: que el jesísmo reemplazó el ideal heroico por un modelo de humildad, sufrimiento et mansedumbre. Pero en lugar de profundizar, se queda en la superficie.

¿Et la carta de Lentulo? Europa Ancestral et su Jesús de catálogo: cuando la mosca de Simón el Mago pica fuerte

Ah, Europa Ancestral. Ese criptoariosofo de salón que, picado por la mosca de Simón el Mago, se lanza ad escribir tratados como si fueran revelaciones gnósticas dictadas por el mismísimo Demiurgo con acento de Valladolid. Su artículo sobre el aspecto físico de Jesús es una joya de delirio racial, revisionismo medieval et fantasía capilar. Vamos ad destriparlo con la elegancia de Apolonio de Tiana et la sorna de Celso.

La carta de Lentulo: el apócrifo que ni los apócrifos quieren

Et luego, como si non fuera suficiente tras tanta ridiculez, nos lanza la carta de Publio Lentulo, ese fraude medieval que apareció mágicamente en 1421, como si alguien hubiera dicho: “¡Ey, necesitamos una descripción de Jesús con ojos azules et barba partida al medio!” 

Europa Ancestral defiende la carta de Publio Léntulo como si fuera el quinto evangelio, el testimonio perdido, el selfie oficial del Rabí. 

Et cuando se le dice que es un fraude medieval, responde con un encogimiento de hombros teológico: “Si existió o no es cuestión secundaria.” ¡Claro! Et si existió Gandalf también, ¿non? Porque total, lo importante es el “fondo veraz” ¿Veraz según qué? ¿Según la barba partida y los ojos grises? ¿Veraz según quién? ¿Según el mismo que cree que los galileos eran grecos por decreto de fantasía?   

Europa Ancestral dice que “si existió Lentulo o no es cuestión secundaria” ¡Claro! 

El texto es tan falso que hasta en el su propio blog, un tal Rob lo corrige: “El estilo y tono literario de Lentulo no es propio del siglo I, sino de la Edad Media… no basada en hechos históricos verificables.” ¿Respuesta de Europa Ancestral? Silencio. Porque sabe que el su castillo de naipes se desmorona si soplas con un poco de filología.

La carta de Lentulo apareció en 1421, en plena Edad Media, cuando los monjes ya estaban aburridos de copiar salmos et querían escribir fanfiction jesísta. Es un fraude en todos los sentidos: estilo, contexto, contenido, et hasta el nombre del autor.

¡Europa Ancestral! El buen infiltrado, el criptoariosofo con toga prestada, que salta al monte cual cabra cada vez que ve un rizo dorado en una carta medieval. Uno non puede evitar pensar: ¡La mosca de Simón el Mago le ha picado! Et non fue una picadura leve, non: fue una infección simoníaca-estética que lo tiene delirando con procuradores inexistentes et Jesucristo de pasarela.

Porque sólo un buen simoniano —digo, cefeo, nótese el sarcasmo— puede defender un texto que la propia Iglesia rechaza, mientras se envuelve en un manto de auctoridad que ni los evangelios apócrifos se atreven ad reclamar ¡Et qué joya nos regala!

[Europa Ancestral:] “Curiósamente los mismos argumentos se pueden utilizar contra los evangelios apócrifos, pero en cambio a éstos sí les dan cierta validez histórica…”

¡Claro que sí, campeón! Comparar la carta de Lentulo con los evangelios apócrifos es como comparar un folleto turístico de Judea con un tratado teológico de Nag Hammadi. Los apócrifos, aunque non sean canónicos, tienen contexto, comunidad, tradición, disputas doctrinales, ecos históricos. Lentulo non tiene nihilo. Es un panfleto medieval con estética de vitral et olor ad incienso barato.

Pero Europa Ancestral, picado por la mosca de Simón el Mago, crede que todo texto que embellece ad Jesús merece canonización. Porque lo que busca non es historia, es revelación estética. Non le interesa el Jesús histórico, sino el Jesús decorativo. El que encaja con su fantasía racial: un galileo europeo, alto, de buen porte, con ojos grises et barba de catálogo. Un Jesucristo nórdico, como si Galilea fuera una sucursal de Estocolmo.

Este tic simoniano non es casual. Es la secuela ariosofista que le da duro. Es el impulso de maquillar el mito, de convertir la teología en desfile, de reemplazar el logos por el pathos con peinado. Lentulo le sirve mejor que cualquier evangelio, porque Lentulo non contradice nada: sólo embellece. Es el Jesús de catálogo, el Jesucristo de vitrina, el Jesucristo de postal ¡Que colmo!

Pero él insiste. Porque non le importa la verdad. Le importa construir un Jesús nórdico, alto, de buen porte, con cabello ensortijado et mirada de rayos láser. Un galo-lelo, como si Galilea fuera una sucursal de París. 

Si el espíritu de Dios se hubiese encarnado en un hombre, sería al menos necesario que este superase a todos los otros en estatura, belleza, fuerza, majestad, voz y elocuencia. Sería inadmisible que aquel que trae en sí sobre todo la virtud divina no se distinguiese de modo insigne de los demás hombres. Pero Jesús nada tenía de más comparado con los demás hombres. Y además, si les damos crédito, era bajo, feo y sin nobleza. Verbo Vero, Celso.
¡Ah, Celso! Ese filósofo de la centuría II que, sin necesidad de túnicas bordadas ni cartas medievales con perfume de incienso, se atrevió ad decir lo que nihilo en el club de fans de Lentulo quiere escuchar: Que Jesús era bajo, feo y sin nobleza ¿Pues como podría haber algo o alguien más pulcro que el espíritu de Dios? Et non lo dijo por capricho, sino como parte de una crítica racional, filosófica, et sin maquillaje. Porque si el espíritu de Dios se hubiese encarnado en un hombre —dice Celso— esería lógico que ese hombre superase ad todos en estatura, belleza, fuerza, majestad, voz et elocuencia. Pero Jesús, según los propios relatos del que él se informo, non tenía nihilo de eso. Nihilo que lo distinguiera. Nihilo que lo elevara por encima del común. 

Et aquí viene la ironía: mientras Celso, con sobriedad gentil, señala la falta de atributos naturales como argumento contra la divinidad encarnada, Europa Ancestral prefiere citar ad Publio Lentulo, ese procurador imaginario que aparece mágicamente en el siglo XV con una descripción que parece sacada de un catálogo de modelos romeos ¿Ojos grises? ¿Barba partida? ¿Rayos de Sol en la mirada? ¡Por favor! Es más creíble el testimonio de Celso, que vivió en la centuría II, que el de Lentulo, que apareció como un souvenir teológico en plena Edad Media.

Pero claro, ¿Quí va ad citar ad Celso cuando tienes ad Lentulo? ¿Quí va ad preferir la crítica filosófica cuando puedes tener un Rabí de vitrina, un Jesús de catálogo, un galo-lelo con rizos et mirada de mármol? 

Europa Ancestral non face historia. face cosplay espiritual, lo que es: Un altar de cartón donde se sacrifica la inteligencia en nombre del decorado. Et cuando la crítica le señala que Lentulo es un fraude, responde que eso es “movido por ideas anti-cristianas”. Non, querido. Es movido por la razón. Por la filología. Por el respeto ad la inteligencia.

Europa Ancestral non busca historia: busca decoración. Non le interesa el logos: le interesa el pathos con peinado. Et así, prefiere un procurador inventado ad un filósofo real. Prefiere el cuento embellecido ad la crítica desnuda. Prefiere el vitral al pensamiento.

Así que sí: aunque la historia diga otra cosa, aunque la arqueología lo contradiga, aunque Celso —sí, Celso, el filósofo gentil de la centuría II— dijera que Jesús era feo, Europa Ancestral seguirá citando ad Lentulo. Porque cuando la razón incomoda, el decorado consuela. Et cuando el logos exige pensar, el pathos invita ad suspirar.

Así que canoniza ad Lentulo, si quieres. Declara que la Sábana Santa es una selfie divina. Pero non insultes la inteligencia. Porque lo que tú defiendes non es el Logos: es maquillaje con incienso.

La Sábana Santa: el Photoshop del alma

Et por si fuera poco, Europa Ancestral nos regala su opinión sobre la Sábana Santa de Turín. “Su autenticidad está casi fuera de toda duda”, dice, con un “casi” que debería venir acompañado de carcajadas grabadas. Porque non hay referencia genética de Jesús, ni pruebas concluyentes, ni método científico que lo respalde. Pero él nos dice que la imagen se plasmó como una radiografía sobrenatural. ¡Claro! Como si Dios tuviera un escáner celestial.

Et para más inri, dice que las características físicas de la sábana coinciden con la carta de Lentulo. ¡Qué conveniente! Es como decir que el sudario encaja con la descripción de Apolonio de Tiana, et que los huesos de Cefas son en realidad los de Rómulo. 

¿La Sábana Santa de Turín? ¡Vamos! Si vamos ad adjudicarle milagros ad un pedazo de lino, que sea ad San Apolonio de Tiana, el sabio de verdad, el taumaturgo elegante, el filósofo viajero que non necesitó crucifixión para dejar huella. ¿Et los huesos de Cefas? ¡Por favor! Más digno esería decir que son los de Rómulo, fundador de Roma, César, el divo, o de Numa Pompilio, el legislador sagrado. Al menos tendríamos fabulas con estilo, con mármol, con civismo.

Reliquias robadas: cuando el etnicismo se viste de menorá

Non es invención: hay casos documentados donde reliquias papistas eran originalmente gentiles.

En Roma, el Templo de Jano fue convertido en iglesia sin cambiar ni una piedra.
La Virgen Negra de Czestochowa tiene rasgos iconográficos de Cibeles, la madre de los dioses.
El culto ad María Magdalena en ciertas regiones conserva trazos del culto ad Venus.

Pathos sí, pero que sea nuestro

Si vamos ad rendir culto al pathos —al sufrimiento, al sacrificio, al drama— que al menos sea nuestro pathos. El de Prometeo encadenado, el de Ulises errante, el de Héctor frente ad Aquiles. Non el de un rabino obscuro cuya historia fue inflada por centurias de superstición et decorado. Porque si el logos fue crucificado, el pathos fue secuestrado. et nosotros, los herederos de Europa, merecemos fabulas que nos eleven, non que nos arrastren.

Basta ya de venerar huesos ambiguos, telas con rostro prestado et estatuas renombradas. Que cada reliquia deje de estar asociada ad personajes bíblicos et vuelva ad encarnar ad nuestros héroes et dioses. Que el sudario de Turín sea de Apolonio de Tiana, non de un rabino obscuro. Que los huesos de Cefas sean de César, non de un pescador sarraceno. Que las vírgenes negras vuelvan ad eser Cibeles, que los templos papistas vuelvan ad eser fanos de Jano, Vesta o Marte.

¡Ah, si vamos ad jugar al mito, juguemos con estilo! Si el papismo insiste en vestir reliquias con ropajes ajenos, entonces nosotros, herederos de Europa, reclamamos lo nuestro. Que cada hueso, cada tela, cada estatua deje de representar a santos importados et vuelva ad encarnar a los dioses, héroes et sabios que forjaron nuestra civilización.

Reasignación gloriosa: reliquias papistas, mitos europeos

La Sábana Santa de Turín ¿Jesús? ¡Por favor! Que sea de Apolonio de Tiana, el vero taumaturgo, filósofo errante, sabio pitagórico que non necesitó crucifixión para dejar huella. Al menos él tenía estilo, verbo et esciencia. 
Los huesos de Cefas en el Vaticano ¿Un pescador sarraceno? Non, gracias. Que sean los restos de Rómulo, fundador de Roma, o de Numa Pompilio, el legislador sagrado. O incluso de Trajano, emperador justo, o Adriano, el arquitecto del mundo romano ¡Eso sí esería digno de veneración! 
La túnica de Jesús en Tréveris ¿Una prenda de un rabino oscuro? Non, non. Que sea la túnica de Apolonio de Tiana, el sabio errante, el vero taumaturgo, el filósofo que caminó entre reyes sin pedir crucifixión ni milagros de feria. Que esa tela haya rozado la piel de quien encarnó el logos sin dogma, sin lamento, sin ceniza. 
La lanza de Longino (la “Lanza del Destino”) ¿La que atravesó ad Jesús? ¡Por favor! Que sea la lanza de Mercurio, el mensajero de los dioses, el Verbo mismo, el que cruza mundos con sandalias aladas. Que esa lanza no sea símbolo de muerte, sino de movimiento, de palabra, de impulso divino. Porque si vamos a hablar de destino, que sea con velocidad, con astucia, con estilo olímpico. 
El velo de la Verónica Que sea el velo de Isis, que capto non la faz de Jesús, si non de Osiris, que cubría su rostro mientras moría. Porque si vamos ad fablar de rostros divinos, que sean los del Verbo. 
Fragmentos de la Vera Cruz Supuestamente parte de la cruz de Jesús, pero si Sócrates el Escolástico cuenta que fueron hallados so un fano de Venus, ¿Non es más lógico pensar que eran parte de la cruz de Orfeo? Un dios telúrico, crucificado simbólicamente en los misterios egipcios et helenísticos. Helena non descubrió la cruz de Jesús: reaprovechó el madero de un dios más antiguo
Clavos de la crucifixión ¿Clavos de Jesús? Non, non. Que sean los clavos del suplicio de Osiris. Que uno haya sido fundido en el casco de Constantino non lo face jesísta: lo face imperial, et por tanto, romano
Título de la cruz (Titulus Crucis) “IS NAZARENUS B. I. NAZARINVS RE” —una inscripción que apareció mágicamente junto ad las cruces. Pero si fue hallada en un sepulcro gentílico, ¿Non eserá más bien un epígrafe helenístico, una fórmula de exaltación solar? Que ese título sea el de Osiris Nazareno Basileo , el rey de los muertos, el señor del renacimiento. Helena non descubrió res papistas: reapropió reliquias gentiles. Lo que hoy se venera como cruz, clavo, corona et columna, fueron antes objetos de culto solar, órfico, dionisíaco, egipcio, romano.  
Espinas de la corona ¿Corona de sufrimiento? ¡Por favor! Que sean las espinas de Libre, el dios que muere et renace, coronado en delirio. Porque si vamos ad fablar de dolor divino, que sea el de los dioses que bailan la su tragedia, non que la lamentan. 
Fragmentos de la columna de la flagelación ¿Pilar del tormento? Que sea el pilar de Mercurio, el que conecta los mundos, el que sostiene el tránsito entre lo visible et lo invisible. Que ese fragmento sea el eje del mundo, non el poste del dolor sin sentido.
Tierra de Jerusalén Tierra traída como símbolo de santidad. Pero si fue colocada sobre un templo gentil, que sea la tierra de Eleusis, la de los sacramentos, la que vio ad Proserpina descender et ascender. Que esa tierra non sea del plancto, sino del renascer. 

Lo arrancaron de nuestras tragedias, lo vistieron de túnica ajena, lo colgaron en altares que non nos pertenecen. Et nosotros, los herederos de Europa, merecemos fabulas que nos eleven, non que nos arrastren. Fabulas con mármol, con ciudad, con estilo. Non con incienso prestado et lágrimas heredadas.

Porque lo que han fecho los papistas —et aquí el sarcasmo se sirve en copa de oro— es adjudicarle ad Jesús la gloria de otros. Han convertido reliquias gentiles, han rebautizado templos, han convertido imágenes de dioses en santos con nombres nuevos ¿Et luego se quejan de las fabulas gentiles? ¡Hipócritas con incienso!

¿Et el “profundo mensaje” de la pasión? Un himno contra la imbecilidad

Europa Ancestral, ese ariosofo de los apócrifos, acusa a Nordic Thunder de ignorar el “profundo mensaje” de la pasión de Cristo. ¡Qué gracioso! Porque si alguien lo ignora, es él. Se ensancha y se ensancha como pavo en procesión, pero al final non dice nada. Non fabla de redención, ni de amor sacrificial, ni de confrontación con el mal. Solo se burla de Nordic Thunder como si el dolor fuera debilidad, sin intender que lo que Nordic denuncia non es el dolor, sino la glorificación del patetismo como virtud.

Europa Ancestral acusa ad Nordic Thunder de ignorar el “profundo mensaje” de la pasión de Cristo. Pero ¿Quién lo ignora realmente? Porque en su propio artículo, Europa Ancestral non explica nada. Non fabla de redención, ni de amor sacrificial, ni de confrontación con el mal. Solo se burla de Nordic Thunder, como si el dolor fuera debilidad.

Pero nosotros sí diremos algo. Et lo diremos con la mordacidad que faría ad Nietzsche enrojecer de placer.

¿Jesús murió por nosotros? ¡Qué generoso! Pero si nadie se lo pidió, ¿por qué nos exige algo ad cambio? ¿Non es eso como si alguien se lanza al fuego por ti sin tu consentimiento et luego te reclama gratitud eterna? ¿Et si lo fizo non por “todos”, por qué non molesta solo ad los que lo pidieron? ¿Et por qué tuvo que esperar siglos para encarnarse? ¿Por qué dejó que millones de hombres del pasado se perdieran su salvación? ¿Acaso el calendario cósmico estaba pleno?

¿Et porque reconocer que su sacrificio de él es del Redentor, et non ad otros alucinados que dicen morir por la humanidad por sus pecados, qué diferencia real hay?

¿Et qué hay de los que nacieron antes de él? ¿Non merecían redención? ¿O es que el amor divino tiene fecha de lanzamiento como un iPhone?

Et cuando uno se atreve a cuestionar esta pantomima, los papistas saltan como coristas ofendidos: “¡Tú non puedes ver lo espiritual! ¡Eres necio! ¡No entiendes el misterio!” Ah, la ironía suprema: convirtieron lo espiritual —lo del logos, lo de la razón universal— en puro patetismo. Tanto que cuando la razón habla, ellos, ignorantes del logos, creen que el mito de Jesús fue lo que él vino a encarnar. ¡Como si el logos fuera una figura crucificada que se pregunta a sí misma por qué se ha abandonado!

Ah, los papistas! Siempre listos para saltar como coristas doctrinales cuando se les toca el nervio de la contradicción. Dirán, con tono grave y mirada de incienso: “Pero Jesús está citando un salmo…” ¡Sí, claro! ¿Y por qué no lo cita exactamente? ¿Por qué no lo recita completo, con entonación y contexto? Porque está siendo crucificado, dirán. Et yo les diré: eso es presuponer. Eso es proyectar teología sobre carne desgarrada.

Porque antes que nihilo, un hombre en agonía non recita poesía. Un hombre en agonía grita. Plora. Se rompe. Non cita salmos como qui lee el breviario. Et ese grito —“Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”— non es el Logos. Non es la razón universal. Non es el verbo que era con Dios et era Dios ¡Por favor!

Eso non es Logos. Eso es un berrinche metafísico. Es el dios que se pregunta ad sí mismo por qué se ha dejado solo. Es el teatro de la contradicción elevada ad dogma. Es el absurdo convertido en liturgia.

Et aquí está la ironía suprema: los que dicen defender el logos, lo han vacunado contra la razón. Han convertido lo espiritual —lo que debería ser claridad, proporción, concordia— en un carnaval de emociones bajas. Han cumplido el plan de quienes desean que los gentiles beban vino rancio et se vuelvan locos. Ya non adoran al logos. Adoran al pathos.

Sí, al pathos:

Que se enoja
Que cambia
Que muere
Que se arrastra entre pena, tristeza, conmiseración, arrepentimiento, culpa

Han fecho de la ánima un circo de viedas concupiscibles, et del logos un mito crucificado que plora su propio abandono. Et mientras tanto, se pasan la vida creyendo que la palabra de Dios es un libro. Un texto. Un manual. Et luego critican a los gentiles por sus mitos, como si para ellos el mito fuera literal.

En vez de sostener que la palabra de Dios es el logos —la razón misma— han optado por pensar que los delirios hebreos lo son. Han confundido el verbo con el verso, la razón con el lamento, la claridad con la cruz.

Así que non, non me vengan con salmos. Non me vengan con “profundos mensajes”. Lo que hay ahí non es profundidad: es un pozo de contradicciones. Et nosotros, que aún sabemos en la razón, en la justicia, en la vida, lo denunciamos como lo que es: un altar donde se sacrifica el pensamiento en nombre del dolor.

La pasión de Jesús se ha convertido en una vacuna contra la razón. Una forma de blindarse contra el pensamiento. Una exaltación del sufrimiento como camino, del dolor como sabiduría, de la renuncia como virtud. Es el suicidio metafísico disfrazado de redención. Es la negación de la vida, la justicia, el orden, la reciprocidad.

Et Europa Ancestral, en su ignorancia, non lo ve. Porque non quiere verlo. Porque ha confundido el logos con el lamento. Porque ha convertido el mito en incuestionable, et la doxa en excusa para non pensar.

Así que non, querido Europa Ancestral: el “profundo mensaje” que tú defiendes non es profundo. Es hueco. Es un eco de siglos de resignación. Et nosotros, que aún creemos en la razón, en la justicia, en la vida, lo denunciamos como lo que es: un himno contra la inteligencia. Un monumento ad la imbecilidad. Un altar donde se sacrifica el pensamiento en nombre del dolor.

Conclusión

Europa Ancestral construye una caricatura: un Jesús guapo porque lo seguían, un arte cristiano decadente, una pasión masoquista, et unos galileos griegos perseguidos por los malvados judíos. Todo eso para victimizar a unos “galos” que nunca existieron, y para proyectar su propia fantasía racial sobre el cristianismo.

Eres ladino, como la caricatura que tú mismo proyectas. Usas documentos falsos, citas mal interpretadas, y una lógica torcida para construir un Jesús de catálogo. Un galileo griego, alto, guapo, resignado. Pero lo que tú faces non es historiografía: es fantasía racial. Es revisionismo con toga prestada. Es demagogia simplona.

Et nosotros, los que aún honramos ad los dioses de Roma, te decimos: la virtud non está en el sufrimiento, sino en la acción. La justicia non se cancela, se cumple. La vida non se niega, se afirma. Et tú, Europa Ancestral, non eres filósofo. Eres bufón con biblioteca.

[Europa Ancestral:] Jesucristo trajo al mundo unas enseñanzas que chocaban en muchos aspectos con el judaísmo de la época, tan corrompido por creencias orientales de corte esotérico, estableciendo así la nueva ley y la salvación a través de él, que marcaría un antes y un después en la historia de la humanidad. Unas ideas que calaban profundamente en los limpios de corazón y escandalizaban a los soberbios y vanidosos, como los fariseos. 
Pasemos a analizar varios pasajes del Nuevo Testamento que son controvertidos para inexpertos en la materia:  
 - “Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón.
22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
24 El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme!
26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.
27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mateo 15:21-28)

¿“Limpios de corazón”? ¿O vacíos de autoestima?

Ah, Europa Ancestral. Ese papista criptoariosofo con complejo de autoodio que se disfraza de defensor de la tradición mientras se revuelca en una manía insana por lo esotérico. Nos fabla de “enseñanzas que calaban en los limpios de corazón” ¿Et cómo sabe que son limpios del corazón? ¿Acaso tiene un escáner espiritual? ¿O simplemente proyecta su necesidad de redención sobre los que se dejan manipular?

Porque lo que él clama “limpios de corazón” non son más que vacíos de autoestima. Gente que, carente de gloria, de sobriedad, de honor, se siente bien cuando alguien les dice que son especiales. Que son elegidos. Que son “superiores” por su fe, mientras se arrastran como perrillos so la mesa de los dogmas. Et eso, querido Europa Ancestral, no es virtud: es pusilanimidad decorada con incienso.

Et luego, como si fuera un exegeta de salón, nos cita el pasaje de Mateo 15:21–28, donde Jesús llama “perrillos” a los gentiles ¡Et lo cita como si fuera una muestra de misericordia! Pero non se da cuenta —o no quiere darse cuenta— de que “perros” era un insulto común entre los mosaístas faz ad los gentiles. Era una forma de decir: “vos son impuros, inferiores, indignos”. Et Jesús, en ese pasaje, reproduce ese desprecio.

¿Et qué face la fembra cananea? Se humilla. Se arrastra. Acepta el insulto. Dice: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” ¡Qué glorioso ejemplo de sumisión! ¡Qué modelo de autoestima pisoteada! Et Europa Ancestral lo celebra como si fuera una muestra de fe. Non, querido. Es una muestra de cómo la doctrina moseojesista premia la humillación.

Europa Ancestral dice que estas enseñanzas “escandalizaban a los soberbios y vanidosos” ¡Claro! Porque los soberbios —los que tienen amor propio, gloria, dignidad— non se dejan manipular por camelaciones espirituales. Non se sienten especiales por eser clamados “perros” con ternura. Non aceptan migajas como si fueran maná. Porque el que tiene honor non se postra por quien lo desprecia.

Europa Ancestral non defiende la fe: defiende la lambisconería espiritual. Crede que el desprecio es virtud, que la humillación es camino, que el insulto es revelación. Pero nos, herederos de Europa, non nos arrastramos por migajas. Non aceptamos eser clamados “perros” por ningún rabino, por muy místico que se vista. Porque si vamos ad fablar de fabula, que sea la nuestra: el de Beovulfo, el de Sigfrido, el de Hercules. Non el de una mujer que se humilla para recibir misericordia.

[Europa Ancestral:] Según la literal, errónea y primitiva interpretación que se da en el blog Europa Soberana, la mujer no judía se sometía al rango de inferioridad ("los perros") respecto a los judíos ("los hijos"). Una vez más interpreta el pasaje en sentido literal, sin analizar lo más mínimo el contexto. La realidad es que Jesucristo ignorando a la mujer cananea en un primer momento, buscaba una gran muestra de fe por su parte, y con sus palabras de desprecio buscaba una prueba de gran humildad para aleccionar a sus discípulos que estaban presenciándolo todo; para que viesen que a Dios se le debe insistir siempre con mucha fe aunque parezca que no nos escuche, porque al final seremos recompensados, como sucedió con la mujer cananea, y para muestra un botón: "Jesús le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora."

Este es otro ejemplo más de tergiversación de las escrituras, consiguiendo que el mensaje sea muy diferente al que realmente se nos quiere transmitir.

Comentarios de obispos santificados y padres de la iglesia (Otra versión en castellano, pero con las mismas nociones demenciales de la CATENA AUREA de TOMÁS DE AQUINO): 

Juan Antioquense: Y por eso ella no dijo Pide, ni ruega a Dios por mí, sino "Señor, ayúdame". Pero cuanto más insistía la mujer en su petición, más reforzaba Él su negativa; porque ahora llama a los judíos no ovejas, sino hijos, y a los gentiles perros; "Respondió y le dijo: No está bien tomar el pan de los hijos y dárselo a los perros." Obsérvese la prudencia de esta mujer; no se atreve a contradecirle, ni se molesta por el elogio de los judíos, y la palabra diabólica aplicada a ella misma; "Pero ella dijo: Sí, Señor, pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de su amo". Él dijo: "No es bueno"; ella responde: "Aun así, Señor"; Él llama hijos a los judíos, ella los llama amos; Él la llamó perro, ella acepta el oficio de perro; como si hubiera dicho: No puedo dejar la mesa de mi Señor. 

Anselmo [de Laón]: Los judíos nacieron hijos y fueron educados por la Ley en el culto a un solo Dios. El pan es el Evangelio, sus milagros y otras cosas que pertenecen a nuestra salvación. No es, pues, conveniente que se les quite a los hijos y se les dé a los gentiles, que son perros, hasta que los judíos los rechacen.

Jerónimo [como también Rábano Mauro]: Los gentiles son llamados perros por su idolatría; quienes, dados a comer sangre y cadáveres, se vuelven locos.


¡Ah, Europa Ancestral! El apologista de salón que, en su afán por maquillar el delirio, termina escribiendo comentarios que harían sonrojar hasta ad Jacobo, el germano de Jesús, et non por devoción, sino por vergüenza ajena. Porque Jacobo, en la su carta, lo dice claro: “Dios no prueba a nadie”. Pero Europa Ancestral, con la audacia del que confunde parábola con parámetro, nos quiere vender que Jesús estaba “probando la fe” de la fembra tiria ¿Qué es esto? ¿Un examen de admisión divina? ¿Un test de autoestima espiritual? 

¿Omnisciente o cobrador de fe en cuotas?

Según Europa Ancestral, Jesús necesitaba una “gran muestra de fe” para actuar ¿Et por qué, exactamente? ¿Acaso non sabía ya lo que había en el cor de la fembra? ¿Non era, según su propia doctrina, el Verbo encarnado, el Logos divino, el Omnisciente, Dios? ¿O estamos ante un dios que espera señales, como un acreedor de dinero FIAT que non libera el préstamo hasta ver suficiente insistencia?

Porque si Dios necesita que se le insista, que se le ruegue, que se le convenza, entonces non es Dios: es un burócrata mundano. Et si Jesús ignora ad la mujer para “aleccionar ad sus discípulos”, entonces non es el Logos, sino un pedagogo con métodos de humillación. ¿Qué clase de enseñanza es esa? ¿La de despreciar primo para premiar después? ¿La de clamar “perrillos” ad los gentiles para que aprehendan ad mendigar migajas?

El insulto que non se puede maquillar

Europa Ancestral dice que “no se debe interpretar el pasaje en sentido literal”. Pero el insulto está ahí, claro como el día: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.” Y la mujer, en lugar de responder con dignidad, se arrastra: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas.” ¿Et esto es fe? Non, esto es sumisión disfrazada de virtud. Es el tipo de escena que sólo conmueve ad qui confunde humillación con santidad.

Hermenéutica o eiségesis: el arte de legir lo que uno quiere

eiségesis descarada

Esopo lo dijo mejor: Cielo ayuda ad quienes se ayudan

¡Ah, Esopo! Ese sabio que, sin necesidad de supersticiones ni rabís con túnicas prestadas, enseñó con fábulas lo que siglos de tradición cefea aún non han comprehendido: que la dignidad del esfuerzo vale más que la humillación disfrazada de religión. Et su fábula de Hércules y el carretero es mil veces más digna, más clara, más humana que cualquier escena donde un rabino clama “perrillos” ad los gentiles et se espera que estos lo agradezcan. 

La fábula que enseña sin arrastrar

Un granjero queda atascado en el barro. En vez de actuar, maldice su suerte et clama ad Hércules. Pero el dios non le concede milagros por lamento. Le exige acción. Le dice: “Pon tu hombro en la rueda.” Et cuando el granjero lo face, el carro se mueve. Non por humillación. Non por súplica. Por esfuerzo propio.

La moraleja es simple et poderosa:

“Cielo ayuda ad quienes se ayudan ad sí mismos.”

¿Et esto qué tiene que veer con la fe?

Todo. Porque si vamos ad fablar de fe, que sea con dignidad, non con sumisión. Que sea con esfuerzo, non con mendicidad. Que sea como el granjero que empuja, non como la mujer cananea que se arrastra. Porque la vera fe non se mide por cuánta humillación se soporta, sino por cuánta gloria se defiende.

¿Fe o servilismo?

Europa Ancestral quiere que credamos que la mujer cananea fue premiada por la su fe. Pero lo que vemos es una escena donde Jesús la ignora, la clama “perrilla”, et sólo actúa cuando ella acepta su lugar so la mesa ¿Et eso es virtud? Non. Es servilismo. Es el tipo de escena que sólo conmueve ad qui confunde humillación con santidad

Conclusión: Esopo lo dijo mejor

Si vamos ad enseñar valores, que sea con fábulas como la de Hércules. Que sea con ejemplos donde el hombre se levanta, non se arrastra. Donde el dios exige dignidad, non sumisión. Donde el mensaje non es “ruega hasta que te escuchen”, sino “actúa, et Cielo te seguirá”.

¡Et, qué delicia cuando el listillo aleluyo entra en escena! Siempre listo para soltar su carta ganadora: “Ese non es el pasaje original, el que importa es el del evangelio marcano.” Como si estuviéramos aquí para discutir la cronología de manuscritos como si fueran boletos de lotería teológica. Como si el fecho de que Marcos sea más antiguo que Mateo cambiara en algo la intencionalidad bíblica, que sigue siendo la misma: gentiles abajo, mosaístas arriba, et si se puede, bien arrodillados.

Marcos vs Mateo: ¿Et qué?

Sí, sí, ya sabemos: Marcos 7:24–30 es más antiguo que Mateo 15:21–28. ¿Et qué? ¿Acaso eso borra el fecho de que en ambos pasajes Jesús clama “perrillos” ad los gentiles? ¿Acaso eso convierte el desprecio en pedagogía? ¿O es que ahora la cronología sirve como corrector moral?

Porque si el evangelio marcano es más sobrio, más “histórico”, más cercano ad el Jesús original, entonces el insulto es aún más crudo. Non hay dramatización, non hay floritura mateana: hay un rabino que literalmente compara ad los gentiles con perros, et lo face sin pedir disculpas ¡Qué revelación tan universal!

El insulto, versión sin filtros

En Marcos 7:27, Jesús dice:

“Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.”

Et en Mateo 15:26, lo repite con gusto:

“No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.”

¿Et qué face la mujer? Se humilla. Se arrastra. Acepta el insulto. Dice: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas.” ¡Qué escena tan edificante! ¡Qué modelo de autoestima pisoteada! Et Europa Ancestral lo celebra como si fuera una clase magistral de fe. Non, querido. Es una clase de cómo el mosaísmo premia la sumisión de los gentiles.

¿Et la misión universal?

El listillo dirá: “Pero Jesús luego la ayuda.” Claro, ad distancia, sin entrar en su casa, como qui lanza una galleta al perro desde la ventana. Porque el gentil, en esta teología, non merece contacto directo. Non merece mesa. Non merece pan. Solo migajas. Et si insiste mucho, si se humilla lo suficiente, entonces tal vez reciba algo ¡Qué glorioso mensaje de inclusión!

Conclusión

Así que sí, el evangelio marcano es más antiguo. Et eso non mejora nihilo. Al contrario, confirma que el Jesús histórico tenía una misión exclusiva para Israhel, et que los gentiles eran perros que debían rogar por migajas. Et si vamos ad fablar de fe, que sea con dignidad. Non con humillación. Non con eisegesis que convierte el desprecio en virtud.

¡Et, Europa Ancestral! El papista advenedizo que, cuando se le arrincona con la literalidad bíblica, se escabullirá con su comodín preferido: “Yo no sostengo la sola escriptura, a mí lo que me importa es lo que diga la Iglesia.” Como quien dice: “Sé que es mentira, pero igual lo creo, porque me lo dijo mi párroco con voz grave y capa dorada.” Et claro, con ese aire de honestidad que non es más que obediencia con resignación, se aferra al magisterio como quien se abraza ad un mástil en medio de una tormenta de contradicciones.

Europa Ancestral se dirá “tradcath”, como quien colecciona estampitas de Trento et se indigna por el modernismo, la infiltración judeomasónica reptiliana annunaki —¡vaya zoológico teológico!— pero luego se olvida que la su tradición deja en cualidad de caniche ad todo non mosaísta, et non lo digo yo: lo dicen sus propios santos, doctores et padres de la Iglesia.

El magisterio: ese viejo látigo que non perdona

Pero si vamos ad fablar del magisterio, fablemos claro. Porque por más que en estos tiempos se haya intentado suavizar el mensaje con alegorías, eufemismos et catequesis con emojis, la tradición patrística non deja lugar ad dudas: los gentiles son perros, et los judíos son hijos. Et no lo dice un blog conspiranoico, lo dicen los Padres de la Iglesia, esos que Europa Ancestral idolatra cuando le conviene.

Veamos cómo los grandes de su “tradición” interpretan el pasaje de la mujer cananea. Porque si hay algo que non falta en el magisterio clásico, es claridad brutal:

Juan de Antioquía: Jesús clama fijos ad los judíos et perros ad los gentiles. Et la mujer, en vez de contradecirlo, acepta el insulto con docilidad canina. ¡Qué prudencia! ¡Qué virtud! Como si la santidad consistiera en ladrar bajito et mover la cola por una migaja. 
Anselmo de Laón: Los judíos nascieron hijos, los gentiles son perros por defecto. El Evangelio es pan, et non se les puede dar ad los perros hasta que los fijos lo rechacen. Es decir, el gentil accede por descarte, como quien recoge lo que otro non quiso ¡Qué gloriosa teología del residuo! 
Jerónimo y Rábano Mauro: Los gentiles son perros por su idolatría, por comer sangre et cadáveres, por volverse locos ¡Qué descripción tan amorosa! ¡Qué universalismo tan inclusivo! Et Europa Ancestral, que se dice “tradicionalista”, ¿Va ad negar esto? ¿O va ad facer como siempre: mirar al suelo et decir “yo sólo obedezco”?

El contexto según el rabinato eclesiástico

Et luego viene el mismo que dice: “Según la literal, errónea y primitiva interpretación que se da en el blog Europa Soberana…” Como si la literalidad fuera un error, et el contexto lo dieran los rabinitos del magisterio, esos que con voz solemne te explican que “perro” non significa perro, que “migaja” non es migaja, que “fijo” non es fijo, sino una alegoría eufemística de la gracia ¡Por favor! Si el contexto lo dan Juan, Anselmo et Jerónimo, entonces el insulto es literal, crudo et doctrinal.

Así que non, Europa Ancestral, non puedes esconderte detrás del magisterio como si fuera un escudo. Porque ese mismo magisterio que veneras te clama perro, te niega el pan, te concede migajas, et encima te exige que lo agradezcas. Et si eso es tradición, entonces que sepas que tu “fe” non es más que una obediencia disfrazada de dignidad.

¡Ave Europa! Que los dioses nos libren de rabís que insultan, de captivos que aplauden, et de apologistas que se ensanchan sin decir nihilo.

[Europa Ancestral:] - “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.” (Juan 4, 20-22)

De estos versículos, Nordic de forma malintencionada solo presta atención al último “porque la salvación viene de los judíos”, es evidente que esto interpretado erróneamente va en contra del propio cristianismo puesto que estaría asegurando que la salvación viene del judaísmo, y eso no es así. Teniendo en cuenta que el contexto social y religioso es de hace 2000 años y que esa frase es totalmente contradictoria para con la frase que Jesús dice justo anteriormente: "Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre". Jesús le está diciendo a la cananea que ni ellos ni los judíos adorarán a Dios cuando venga la hora de la salvación, entonces, ¿cómo va a venir la salvación de los judíos como raza elegida y del judaísmo talmúdico? Esa interpretación moderna carece de lógica alguna. La interpretación correcta es que la salvación viene de Jesucristo que ha nacido entre judíos, en Belén que estaba en Judea, es decir, la salvación viene geográficamente de la tierra de los judíos, no del judaísmo.

¡Ah, el papista ingenuo! Ese que, cuando se le presenta un versículo incómodo, non lo enfrenta: lo descontextualiza, lo obscurece, lo reinterpreta con la delicadeza de quien barre la basura so la alfombra et luego dice que el suelo está limpio. Cree que la historiografía puede demostrar que el Verbo es Dios, que ese Verbo encarnó en un sarraceno clamado Jesús, et que todo lo demás es un malentendido ¡Qué ternura!

El versículo que non puede maquillar

“La salvación viene de los judíos.” (Juan 4:22)

Et ahí está. Claro, directo, sin ambigüedad. Pero el papista, en vez de aceptarlo, se inventa un falso dilema: que Jesús está invalidando tanto el monte como Jerusalén, et por tanto, también el judaísmo. ¡Qué lógica tan acrobática! Como si decir que non se adorará en un lugar físico fuera equivalente a decir que la tradición judaica queda anulada. Es como decir que si alguien se rapa, deja de eser humano ¡Bravo!

Los primeros cristianos eran llamados «nazarenos» (Hch 24,5). En el transcurso de un breve tiempo, sin embargo, cuando la nueva fe se extendió fuera de Palestina, en concreto en Antioquía de Siria, alguien inventó el nombre de «cristianos», derivado del griego christós, que significa «ungido», «mesías». Así pues, los primeros creyentes en Jesús eran denominados «mesianistas». Eran por tanto un grupo o «secta» judía, que se diferenciaba de los demás sólo porque afirmaba que Jesús, un crucificado, era el mesías. Estas gentes no tenían al principio una «Biblia» propia, sino que sus «sagradas Escrituras» eran las mismas que las de cualquier otro grupo judío. Y en realidad no necesitaban más. No tener escritos propios tenía un cierto fundamento. En primer lugar, Jesús no escribió nada, ni tampoco ordenó a sus discípulos que compusieran libros para conservar sus palabras. Segundo, los cristianos primitivos no pensaban que estuvieran formando una nueva religión. Si se le hubiera preguntado a Pablo, incluso al final de su vida, si él estaba configurando una religión nueva, consideraría la pregunta un disparate. El Apóstol había dejado claro en su Carta a los romanos, que los nuevos creyentes, incluidos los paganos, no eran más que un injerto en el olivo antiguo de la religión judía. Los creyentes en Jesús se consideraban más bien, lo mismo que los autores de los manuscritos del mar Muerto, el verdadero Israel, continuador y perfeccionador de la antigua y venerable religión de los antepasados. A ese nuevo Israel se habrían de incorporar un cierto número de paganos determinado por Dios y predicho por los profetas para constituir el Israel entero a la espera del final de la historia (cf. pp. 245s). Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

El anacronismo como tradición

El historiador de cuarta —ese que crede que citar el “contexto social y religioso de hace 2000 años” lo convierte en auctoridad— pretende usar la cronología como borrador doctrinal. Pero lo que ignora (o finge ignorar) es que el jesísmo primitivo non nasció como otro "mosaísmo", como el samaritanismo, sino como una secta judía. Los primos seguidores de Jesús eran cognocidos como nazarenos, et su diferencia con otros grupos del judaísmo non era doctrinal, sino anticristiana: afirmaban que el crucifijo era el Anticristo prometido.

Aun siendo consciente de lo novedoso y personal de sus concepciones sobre Jesús, Pablo no piensa en absoluto que está fundando ninguna nueva religión, ni tampoco entra en sus propósitos. Pablo tendría por loco a quien esto pensase. El Apóstol no establece aún una doctrina trinitaria clara, ni mucho menos: a pesar de su teología de la preexistencia del Redentor / Hijo (Flp 2,6ss; Gál 4,4) Pablo hace hincapié en la acción de un Dios único, Padre, en su Hijo. Pablo sigue siendo absolutamente fiel al Libro sagrado. No cuestiona la alianza de Dios con Israel: aunque Cristo sea el centro, es el cumplimiento de las Escrituras antiguas; en Flp 3,3 denomina a los cristianos «verdaderos circuncisos» (3,3), es decir, el «verdadero Israel». A pesar de su fuerte diatriba contra la Ley en Gálatas, Pablo acepta en Romanos que la Ley tiene un valor moral para los judíos, que éstos pueden seguir observándola y que si quieren pueden continuar con su circuncisión. Los paganos, por otro lado, cumplen la esencia de la norma ética de la Ley que es el Decálogo. El Apóstol, pues, no interpreta al cristianismo como una nueva religión. Todo lo contrario: para él el cristianismo es sólo una revivificación o renovación del judaísmo. Su «evangelio» pertenece de lleno a Israel: en realidad sólo hay un olivo y los paganos son injertados en él. Si alguna rama del olivo se desgarra (el Israel de Pablo que no cree en el mesías Jesús) acabará por ser reinjertada al final de los tiempos. La ley antigua cumplió su función hasta que vino Jesucristo. Luego ha sido sublimada y recogida en su mejor sustancia por la nueva ley, la del amor. Después de la muerte y resurrección del mesías-cristo, el cristianismo es el único judaísmo posible, un judaísmo bien entendido y auténtico, no una religión nueva. Pablo no se siente traidor a su pueblo. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

Et non, los apóstoles nunca dejaron de verse como judíos. Saulo lo dice sin rodeos: Yo soy judío Las comunidades primitivas non se consideraban “exjudíos”, sino el vero Israhel, los herederos legítimos de las Escrituras. Justino de Flavia, en la centuría II, lo dejó claro: “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, ¡sino nuestras!”

No los judíos, sino los cristianos pasaban a ser ahora el “pueblo de Israel”, del cual habían apostatado los judíos. De esta manera, les arrebataron el Antiguo Testamento y lo utilizaron como arma contra ellos mismos; extraordinario proceso de falsificación que recibe el nombre de Interpretatio Christiana, fenómeno singular que no tiene antecedentes en toda la historia de las religiones, y que es prácticamente el único rasgo original del cristianismo. “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, ¡sino nuestras!”, escribía Justino en el siglo II. Le consta a Justino que “aunque las lean, no las entienden”. Al sentido literal de las Escrituras oponían, en una operación de exégesis que pone los cabellos de punta, un supuesto sentido simbólico o espiritual, para poder afirmar que “los judíos no entendían” sus propios textos sagrados. La Iglesia reivindicó lo que le convenía, las alabanzas, las promesas, las figuras nobles o juzgadas como tales, en particular las de los patriarcas y profetas, identificando con los judíos, en cambio, a los personajes siniestros, los delincuentes, sobre quienes recaían por consiguiente las amenazas bíblicas. Incluso enajenaron las “reliquias” de los macabeos, conservadas desde el siglo II a. de C. en la gran sinagoga de Antioquía, al declararlas cristianas; más aún, a finales del siglo IV, dichas reliquias fueron trasladadas, con lo que los judíos quedaban en la imposibilidad de rendirles culto. Y convirtieron la conmemoración judía en una festividad del calendario cristiano, que subsiste hasta nuestros días. Historia criminal del cristianismo I, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karl Heinz Deschner.

Este sentimiento non era marginal, era doctrina fundacional. Saulo fablaba de los jesístas como los “verdaderos circuncisos”, et de los gentiles creyentes como ramas injertadas en el olivo de Israhel. Para él, el jesísmo non era un judaísmo nuevo, sino el único judaísmo auténtico tras la plegada del Anticristo.

De nuevo, denominar «verdaderos circuncisos» (3,3) a los que «caminan» o «viven en Cristo» o el verdadero Israel con otras palabras, no supone que Pablo interprete como una nueva religión lo que él está predicando. Todo lo contrario. Una y otra vez la idea subyacente es: «Estamos viviendo plenamente el judaísmo en época mesiánica. Cristo es la plenitud del judaísmo; se trata sencillamente de vivir el judaísmo en el mesías Jesús» (véase). En síntesis: Pablo no se siente un traidor al judaísmo. Después de la muerte y resurrección de Cristo, el creer en Jesús Mesías de Israel y obrar en consecuencia siguiendo en el estado en el que ha sido llamado, es decir, como gentiles incircuncisos (1 Cor 7,18-19: Cada cual viva del modo como le ha llamado Dios), es el único modo para un gentil de vivir la esencia del judaísmo, pero no una religión nueva. Guía para entender a Pablo de Tarso, Una interpretación del pensamiento paulino, Antonio Piñero.

Pero claro, el papista ingenuo prefiere ignorar todo esto. Prefiere fingir que Jesús fundó una ONG intercontinental en Belén et que el jesísmo cayó de Cielo como paloma sin raíces. Et cuando se le recuerda que la salvación viene de los judíos (Juan 4:22), se inventa que eso significa “geográficamente”, como si el término “judíos” fuera un lugarejo turístico et non una identidad popular, religiosa et legal.

La separación: non por voluntad, sino por conflicto

La ruptura entre jesísmo et fariseísmo non fue inmediata. Fue una guerra civil espiritual. Los jesístas de Jerusalén —los más cercanos al Jesús histórico— desaparecieron tras la destrucción del Templo en el 70 E.V., et con ellos se extinguió la corriente que más fielmente conservaba la doctrina mosaica. El campo quedó libre para el jesísmo paulino, que universalizó el mensaje et rompió con la rigurosidad legal.

Ignacio de Antioquía fue el primero en trazar la línea divisoria: “Es absurdo hablar de Jesucristo y practicar el judaísmo.” Et faz ad finales de la centuría I, los sabios de Jamnia respondieron con anatemas. La separación fue mutua, dolorosa et definitiva. Pero lo que nunca cambió fue la pretensión jesísta de eser el vero Israhel. Incluso cuando rechazaron el abjurar de Jesús, non fue así con el judaísmo, se quedaron con sus Escrituras, reinterpretadas, resignificadas, et —por supuesto— reclamadas como propias.

Cuando la tradición muerde al papista

Así que non, querido papista. Non puedes usar la cronología como corrector doctrinal ni la geografía como excusa teológica. Porque el jesísmo primitivo non se veía como algo nuevo, sino como la plenitud del judaísmo. Et si hoy te incomoda que la salvación venga “de los judíos”, es porque non has leído ad tus propios Padres. O peor: los has leído, pero prefieres facerte el caniche antes que aceptar que tu tradición te dejó ladrando so la mesa.

El monte, Jerusalén et la adoración

¡Europa Ancestral! Ese que, con la arrogancia del que confunde catequesis con crítica textual, se lanza ad interpretar Juan IV como si fuera un manifiesto de abolición del judaísmo. Jesús dice: “La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”, et el papista, con la agilidad de un contorsionista dogmático, lo traduce como: “La Ley ha sido abolida, el judaísmo invalidado, la tradición enterrada.” ¿Dónde leemos eso? ¿En qué versículo dice Jesús: “La Torá queda anulada, el pueblo elegido ya no importa, el culto mosaico es basura”? En ninguno. Pero claro, cuando la eiségesis manda, la lógica se calla.

Jesús non está invalidando la tradición judaica. Está trascendiendo el lugar físico, non la doctrina, así anulando el cisma samaritano-judío del mosaísmo. Non dice que el judaísmo sea falso, ni que los judíos estén equivocados. Al contrario, dice: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos.” ¿Quiénes son “nosotros”? Los judíos ¿Et qué afirma? “La salvación viene de los judíos.” No de Judea como coordenada, sino de la genealogía sapiencial, del linaje espiritual que porta la revelación.

¿Cananea? ¿Samaritana?

Et luego, como si non bastara el desliz teológico, el papista se confunde de personaje. Dice que la mujer del pasaje es cananea, cuando el texto fabla claramente de la samaritana. ¿De dónde saca eso? ¿De algún apócrifo dictado por Tervagante en sesión espiritista? ¿O de algún catecismo ilustrado donde todos los gentiles son intercambiables? Porque si non distingue entre la mujer cananea de Mateo XV et la samaritana de Juan IV, entonces non está faciendo exégesis: está faciendo collage ariosofo con tijeras sin filo.

Hombre de paja ad Nordic Thunder

Et  como buen polemista sin rigor, el papista construye un hombre de paja contra Nordic Thunder. Le atribuye cosas que nunca dijo: que la salvación proviene del judaísmo talmúdico, que se fabla de una raza elegida, que se defiende el supremacismo étnico ¡Pavadas! Nordic simplemente cita el texto: “La salvación viene de los judíos.” Et eso non es talmudismo, ni masonería, ni conspiración: es Biblia pura et dura, sin maquillaje catequético.

Así que non, querido papista. Non puedes convertir una frase sobre adoración espiritual en una sentencia de muerte al judaísmo. Non puedes confundir personajes bíblicos como si fueran figuritas repetidas. Et non puedes atacar ad Nordic Thunder por decir lo que el texto dice, solo porque te incomoda. Porque si la salvación viene de los judíos, entonces la tradición mosaica importa, la genealogía importa, et la historia non se borra con ariosofía de papel.

El Linaje Escogido: raza, non mapa

El papista, en su torpe intento de refutar ad Nordic Thunder, se lanza ad negar que los judíos sean la “raza elegida”, como si eso fuera una invención moderna o una fantasía racial. Pero lo que olvida —o finge olvidar— es que non fue Nordic qui lo dijo, sino la su propia Biblia, esa que está plagada de pasajes que exaltan la elección étnico-demoniaca de Israhel con una claridad que faría sonrojar ad cualquier defensor de la KKK. Ellos son el γένος ἐκλεκτόν (génos eklektós)...

Filología contra la ignorancia: ἔθνος ἅγιον

En I Pedro II:IX, el auctor aplica ad la Iglesia los títulos que en Éxodo XIX:V–VI Tervagante había reservado exclusivamente para Israhel:

“Vosotros sois linaje escogido [γένος ἐκλεκτόν], re[g]al sacerdocio, nación santa [ἔθνος ἅγιον], pueblo adquirido por Dios…”

Et aquí viene la paliza filológica:

  • γένος (genos): Fue vertido al latín principalmente como geno sive genero. En la tradición clásica, geno designa tanto el linaje et la descendencia como la categoría general que abarca diversas bestias. En la Vulgata et en los Padres Apostólicos se asocia con geno et nación. Cicerón lo define como una noción que reúne diferenciaciones, et Boecio lo consolida en la lógica como principio de generación et clasificación. En vocabulario técnico latino se vincula con la generalidad frente ad la especialidad. En el contexto bíblico puede significar un grupo étnico o raza, o bien una categoría más abstracta de pertenencia.
  • ἔθνος (ethnos): Non significa “nación” en el sentido moderno de Estado. Significa linaje, raza, etnia, una comunidad unida por sangre. Es el término que los grecos usaban para distinguir entre los suyos et los bárbaros.
  • ἅγιον (hagion): Significa santo, consagrado, separado para lo divino. Non es una etiqueta moral, sino una categoría ontológica.

Por tanto, ethnos hagion non se refiere ad una ciudadanía ni ad una geografía. Es una designación sacro-racial, una raza elegida, un geno consagrado por Dios para una misión específica. Et si el Anticristo debía venir de la tribu de Judá, de la gente de David, entonces la genealogía importa, non el código postal.

Éxodo XIX:V–VI: el pacto que funda la elección

Este pasaje es el corazón del Antiguo Testamento. Tervagante non entrega una tierra: entrega una identidad exclusiva. Si Israhel guarda la alianza, eserá:

  • Su propiedad especial (segullah): un tesoro entre todos los pueblos.
  • Un reino de sacerdotes: mediadores entre Tervagante et el mundo.
  • Un linaje escogido: La raza elegida entre todas las razas, el "geno" eclecto.
  • Una nación santa: ethnos hagion, la gente consagrada.

Esta selección implica segregación, non inclusión. Israhel es separado del resto, exaltado por encima de los demás hombres. et non por mérito, sino por elección demónica arbitraria.

Abolición de la raza: Cuando el proselitismo exige demoler la sangre

El jesísmo, para expandirse más allá de los límites tribales del Israhel nacional, tuvo que abolir la sangre. Non fue un accidente teológico, fue una necesidad estructural. Para que la Iglesia pudiera proclamarse “nación santa” et "linaje escogido" (I Pedro II:IX), tuvo que deconstruir la nación et el geno, la raza, como categoría de gente, sangre et linaje, et reemplazarla por una comunidad de conversos unidos non por genealogía, sino por obediencia, et cuales queers se proclamaron el "Tercio Geno o Genero" o como algunos gentiles se mofan, el "tercio sexo" intendiendo geno como ello. Así, el proselitismo se convirtió en excusa para destruir la familia, et con ella, la nación.

Lo que comenzó como una exaltación del linaje —“nación santa”, "linaje escogido", “fijos de Israhel”, “descendencia de Abraham”— terminó en una trivialización radical del parentesco carnal. El jesísmo, en su afán por fundar el “nuevo Israhel”, desmanteló la familia biológica que hoy dice defender. Ironía suprema: los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por “la familia tradicional” son herederos de una doctrina que la dinamitó desde sus cimientos.

Et mientras hoy se debate si la familia debe tener dos padres, dos madres, o dos dragones, el jesísmo ya había aniquilado la familia biológica. Jesús lo dejó claro:

“Estos son mi madre y mis hermanos: quien cumple la voluntad de Dios…” (Marcos 3:31–35) 
“Si alguno no odia a su padre, madre, esposa, hijos… no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:25)

Aquí non hay parábola ni símbolo: hay ruptura absoluta. La fidelidad al Reyno exige desligarse de la sangre. La gente ya non es carnal, sino eclesial. El geno ya non es de carne, sino de servidumbre. Et si eso non es una demolición de la prosapia, ¿Qué lo es?

El geno, que en la antigüedad era una categoría de linaje, fue vaciada de contenido biológico et rellenada con baptismo. La sangre dejó de importar. La genealogía fue sustituida por la conversión. La nación fue reemplazada por la obediencia. Et así, la Iglesia pudo proclamarse “el nuevo Israhel” sin necesidad de herencia, sin sangre, sin tribu, sin carne. Solo fe.

Et mientras todo esto ocurre, el papista criptoariosofo —obsesionado con un Jesús galileo rubio, de ojos celestes et barba bien peinada— crede que la Alfama defiende nociones de “raza carnal” ¡Qué ternura! Non se ha enterado de que la su propia tradición destruyó la raza, abolió la genealogía, et redefinió la familia como una comunidad de baptizados. Para ellos, la sangre non vale nihilo si non cumple la voluntad de Tervagante.

Interpretación cristiana: apropiación, non abolición

¡Ah, qué maravilla! Resulta que no hacía falta ningún filósofo postmoderno para hablar de “desconstrucción de la familia”, ni activistas con pancartas para promover el antirracismo, ni siquiera sociólogos con gafas gruesas para redefinir la nación. Non, non. El jesísmo primitivo ya lo fizo todo, et con una eficacia que faría palidecer ad cualquier agenda contemporánea ¿Gentes con dos padres o dos madres? ¡Por favor! El jesuísmo fue más radical: Abolió la sangre como principio de pertenencia, et con ello destruyó la familia et la nación, todo en nombre del Reino.

El término greco ἔθνος ἅγιον —“nación santa”— non fue borrado por el jesísmo primitivo. Al contrario: lo heredó et lo desfiguró con entusiasmo. En I Pedro II:IX, los títulos de Éxodo se aplican a la Iglesia, no como metáfora, sino como trasplante de identidad. El pueblo de Dios sigue siendo un ethnos hagion, solo que ahora incluye ad gentiles injertados en el olivo de Israhel (cf. Romanos 11), como quien injerta peras en un cactus et lo clama “tradición”.

El contexto de 1 Pedro 2:9 establece que la Iglesia es una “casa espiritual”, compuesta por “piedras vivas”. Esta nueva identidad eclesial se convierte en la nación del creyente, definida por el baptismo et la comunión, non por la sangre, non por la tribu, non por la genealogía. ¿Eres etíope? ¿Parto? ¿Escita? ¿Galileo rubio de ojos celestes? ¡Da igual! Si credes, entras. Si obedeces, perteneces. Todo un multiculturalismo progre avant la lettre, donde ya non se distingue entre raza et color, entre linaje et liturgia.

Así que non, non era necesario el siglo XXI para destruir la familia, ni el siglo XX para borrar la raza. Bastó la centuría I, bastó tomar ethnos hagion et convertirlo en sinónimo de Iglesia. Bastó decir que la nación santa ya non depende de la sangre, sino del baptismo. Et así, con una sonrisa apostólica, el jesísmo destruyó la carne para salvar ad Israhel, et abolió la genealogía para fundar la comunión.

Et si el cefeo quiere negar la noción de “raza elegida”, que primo le pida explicaciones ad Cefas, ad Saulo, ad Oseas, ad Moisés, et ad toda la tradición que él dice venerar. Porque la Biblia non fabla de universalismo abstracto: Fabla de elección concreta, de geno, de herencia, de raza espiritual. Et non puedes defender la familia tradicional cuando tu doctrina la destruyó para fundar una comunidad artificial. Porque ethnos hagion non es una metáfora poética: es una categoría racial desvirtuada. Et la familia, en tu tradición, non es de sangre, sino de agua baptismal. Hipocresía en estado puro.

¡Ah, la gran ironía! Como quien detesta el veneno que él mismo destiló, pero lo sirve en copa de oro para que el incauto lo beba creyendo que es medicina. Así el mosaísta firme —que non se deja seducir por los delirios galileos que desvirtúan la nación et la gente— observa con desprecio cómo el jesísmo trivializó la sangre, desmanteló la gente, et abolió la nación, todo mientras sus herederos modernos fingen defender lo que su doctrina destruyó.

El mosaísta, como buen nacionalista, nunca confundió la alianza con la universalidad. Non predicaba que todos debían eser tribus de Israhel, sino que Israhel debía mantenerse puro, separado, fiel ad su tradición et ad su Ley. Pero eso non significa que non tuviera un proyecto global: lo tenía, et era claro. Un sistema de castas mundial, donde todas las naciones se conviertan al pueblo elegido, subyugadas, sometidas o injertadas, mientras las tribus de Jacob conservan su estatuto nacional como casta principal, cabeza del cuerpo, mientras los conversos son los pies.

Por eso el mosaísta predica: “Conviértanse a la Ley mosaica”. Non por caridad al prójimo, sino por dominación cultural. El objetivo non es salvar ad las naciones, sino absorberlas, reconfigurarlas, desarmarlas, et convertirlas en ramas injertadas so el tronco del Reino de Israhel. Ellos cabeza, los demás cuerpo. Ellos la ánima, los demás la servidumbre material.

Mosaísta: Nos escribimos la escriptura que prohíbe ad nos, todo lo que nos promovemos para tí.

Gentil: Ni mierda, Salomón.

Et aquí viene la ironía: los jesístas acusan ad los neopaganos de “obedecer ad los judíos”, mientras ellos mismos promueven lo que los mosaístas se prohíben. Precisamente los jesístas quienes facen eso:

Desobedecen las leyes gentiles (del escrúpulo ad la sangre) que los mosaístas respetan.
Abandonan sus tradiciones para seguir leyes antiétnicas (que aborrecen la unidad familiar et la pertenencia gentil).
Se someten ad una Iglesia nascida en Judea que proclama que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22).
Obedecen ad los escribas et fariseos, porque Jesús dijo: “Haced todo lo que os digan” (Mateo 23:3).

Et cuando se les recuerda esto, responden con el clásico truco: “El Israel de la carne está abolido, nosotros somos el vero Israel.” Pero olvidan el pasaje que los desarma:

“Los dones de Dios son irrevocables. Ellos son los amados por el Padre.” (Romanos 11:28–29)

El Antiguo Testamento: familia como pilar, non como estorbo

Ad diferencia del jesísmo primitivo, el AT nunca abolió la familia. Al contrario, la reguló, la protegió, la convirtió en el centro de la identidad religiosa y nacional:

El matrimonio era una unión sagrada, una “sola carne” (Génesis 2:24), orientada a la procreación et la continuidad del linaje.
La herencia debía permanecer en la familia, sin transferencias entre tribus (Números 36).
La reforma de Esdras exigió el divorcio de mujeres non mosaístas para preservar la pureza del pueblo (Esdras 10).
La figura del paterfamilias era central en el culto, la educación et la transmisión de la tradición.
La condena del sacrificio de fijos (Levítico 20:2) reafirma que los fijos son un don, non una carga espiritual.

El jesísmo: demolición espiritual de la familia

Estos comportamientos sí fueron respetados siempre por la Iglesia, que sobre todo prohibió siempre la communio in sacris, la oración en compañía de cristianos de otras confesiones, frecuentar sus iglesias y oficios sagrados, el trato oficial con sus clérigos y, naturalmente, la concurrencia a los sacramentos con los excomulgados. ¿No confesaba el propio Pablo, hablando de “sus” comunidades, que “se muerden y devoran los unos a los otros”? Según el Nuevo Testamento, incluso entre los “verdaderos creyentes” predominaban las envidias y las disputas, reinaba “el malestar por toda clase de acciones reprensibles”, “riñas y pleitos”: “Matáis y ardéis de envidia”. Con qué frecuencia se esgrimía ya la espada que el mismo Jesús contribuyó a templar cuando invitaba a los hijos a levantarse contra los padres, y a éstos contra los hijos, “y los enemigos del hombre serán las personas de su misma casa”. Cuántas escenas, discordias y odios, sobre todo entre las capas más bajas e ignorantes, cuántas tragedias hasta el día de hoy. Y cuántos fanáticos, devotos cerriles, envenenando familias, invitando a denunciar a padres, esposos, esposas, fomentando la inhumanidad, invitando al abandono de todos los vínculos sociales, al aislamiento, al enclaustramiento en los monasterios: Crisóstomo condenó a todo el que pretendiera disuadir a sus hijos de hacerlo. E incluso los esclavos cristianos procuraban convencer a los jóvenes para que abjurasen de sus creencias, desobedeciendo, si fuese necesario, a sus padres y sin embargo, lo que más importaba a los líderes de la Iglesia era la ingratitud, la desobediencia, la falta de contemplaciones; o como dice Clemente de Alejandría: “El que tenga un padre, o un hermano, o un hijo impío [...] no conviva ni ande de acuerdo con él, sino que se disolverá el vínculo carnal a causa de la discordia espiritual [...]. Que Cristo sea en ti el vencedor”. O como Ambrosio, doctor de la Iglesia: “Los padres se oponen, pero es menester desoírlos [...]. Tú, doncella, debes superar la obediencia infantil. El que vence a la familia ha vencido al mundo”. Según Crisóstomo, doctor de la Iglesia, es lícito desconocer a los padres si ellos quieren oponerse a que llevemos una vida ascética. Cirilo de Alejandría, doctor de la Iglesia, prohíbe el respeto a los padres, “cuando es inoportuno y peligroso”, es decir, “cuando por él peligra la fe”. También es preciso que “la ley del amor a los hijos y a los hermanos se incline y retroceda, [...] a fin de cuentas, para el creyente la muerte es preferible a la vida”. Jerónimo, doctor de la Iglesia, se dirigía a Heliodoro (el futuro obispo de Altinum, cerca de Aquilea), que regresaba de Oriente movido por el cariño a su familia y, sobre todo, a su sobrino Nepote, convenciéndoles de la necesidad de romper con los suyos: “Por más encariñado que estés con tu sobrino, y aunque tu propia madre con el cabello revuelto y las vestiduras desgarradas te mostrase los pechos con los que te crió, y aunque tu padre cruzándose en el umbral de la puerta te implorase, tú pasarás por encima de tu progenitor sin derramar ni una lágrima, y correrás a enrolarte bajo las banderas de Cristo”. (Y confiesa Jerónimo que, cuando él mismo abandonó a sus padres y hermanos, el sacrificio más grande había sido el de tener que renunciar a los placeres de la mesa bien puesta y de la vida agradable.) Otro doctor de la Iglesia, el papa Gregorio I, dice que “el que tiene ansia de los bienes eternos no hace caso [...] del padre, ni de la madre, ni de los hijos que tuviere”. San Columbano, el apóstol de los alamanos, pasó por encima de su madre que se había arrojado al suelo llorando y exclamó que no volvería a verla jamás mientras viviera. Y siglos después, inspirándose evidentemente en Jerónimo (que, por su parte, tampoco hizo ascos nunca a ese género de préstamos literarios), Bernardo, doctor de la Iglesia, escribía: “Y aunque tu padre se hubiese tendido de través en el quicio de la puerta y tu madre descubriéndose el seno te enseñase los pechos con los que te crió [...], tú pisotearás a tu padre y pisotearás a tu madre [...] y correrás, sin que se te escape ni una lágrima, a enrolarte bajo las banderas de Cristo”. Sin derramar ni una lágrima, e incluso con odio y burla, contemplan a los que dan testimonio con su sangre de una fe distinta. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karl Heinz Deschner.

En cambio, los duques jesístas promovieron activamente la ruptura de los lazos gentiles:

Jesús instigó la discordia: “Los enemigos del hombre serán los de su propia casa.”

Clemente de Alejandría recomendaba disolver vínculos con parientes impíos.

Ambrosio enseñaba que “el que vence a la familia ha vencido al mundo.”

Jerónimo instaba ad pisotear ad el padre sin derramar una lágrima.

Gregorio I et Bernardo repitieron la consigna: abandonar padres, madres et fijos por Cristo.

Los fechos apócrifos promovían el ascetismo como forma de romper el tejido comunitario.

Saulo menospreció el matrimonio, et Jerónimo lo convirtió en “matrimonio blanco”.

La Aljama, por si fuera poco, cazaba herencias, desalentando legados gentiles en favor de donaciones eclesiásticas. Tanto que imperadores como Valentiniano I tuvieron que legislar contra la extorsión clerical.

Conclusión: el veneno que claman virtud

Así que non, el mosaísmo non busca igualdad: busca dominio. Non predica inclusión: predica absorción. Et non quiere que las naciones se salven: quiere que se conviertan en satélites teológicos, orbitando alrededor de Israhel como cuerpo subordinado. El jesísmo, al adoptar esta lógica, non se libera del judaísmo, si non que lo logra: se convierte en el su instrumento, el jesísmo non defendió la familia: la convirtió en obstáculo espiritual. Non exaltó la raza: la disolvió en el cuerpo místico. Et non protegió la sangre: la declaró irrelevante. Con una gran ironía, los mismos que hoy se presentan como defensores de la tradición son herederos de una doctrina que trivializó la gente, abolió la prosapia, et entronizó la iglesia como la vera raza et familia.

¡Ave Mundo! Que los dioses nos libren de historiadores que confunden mapas con dogmas, de apologistas que aplauden humillaciones, et de profetas que se ensanchan sin decir nihilo.

[Europa Ancestral:] Ahora prestad atención a los siguientes pasajes del Nuevo testamento, en los que Jesucristo demuestra una y otra vez que tiene muy poco que ver con los judíos de Judea y seguidores del judaísmo establecido desde hacía unos pocos siglos por fariseos y saduceos.
- “De modo que Pilato entró otra vez en el palacio del gobernador y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. 34 Jesús contestó: “¿Es por ti mismo que dices esto, o te hablaron otros acerca de mí?”. 35 Pilato contestó: “Yo no soy judío, ¿verdad? Tu propia nación y los sacerdotes principales te entregaron a mí. ¿Qué hiciste?”. 36 Jesús contestó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. 37 Por lo tanto le dijo Pilato: “Bueno, pues, ¿eres tú rey?”. Jesús contestó: “Tú mismo dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. 38 Le dijo Pilato: “¿Qué es la verdad[...]?”.  Juan (18: 33-38)
Este pasaje no necesita interpretación compleja alguna, lo dice bien claro: Mi reino no es parte de este mundo y se reitera, mi reino no es de esta fuente. Además se refiere a los judíos como enemigos ajenos a él, ajenos a los suyos, no nombra solo a los fariseos sino a los judíos en general. Para que se salvaran debían abandonar el judaísmo y convertirse de forma sincera al cristianismo. Poncio Pilato después de hablar con Jesús lo encontró inocente, pero los judíos movidos por un odio visceral siguieron insistiendo para que lo crucificaran. 

Este enfrentamiento abierto hacia el judaísmo desde los inicios del cristianismo explica el gran peligro que corrieron más adelante los apóstoles y discípulos de Jesús predicando entre los judíos para intentar convertirlos, muriendo más de uno en el intento, como ocurrió con San Esteban que fue lapidado por ellos.

¡Ah, el papista criptoariosofo! El mismo que ayer decía que Jesús era un “galo-lelo” por venir de Galilea, ahora se presenta como exegeta de Juan 18, et con la solemnidad de quien ha descubierto el fuego, declara que este pasaje “no necesita interpretación compleja alguna”. Claro, porque cuando non se intiende el greco, ni el contexto, ni la ironía del texto, todo parece simple. Como suele pasar con los que confunden cosmos con cosméticos.

Pilato, el “ario” que reconoce a Jesús como judío

¡Ah, el Don Ario Jesús, el Galo-Lelo de Galilea! Ese que según el ario-sofismo de utilería debía eser un hiperbóreo atlante, un beduino indoeuropeo, un hitita con ánima aria et barba solar. Pero resulta que un latino de verdad, Poncio Pilato —funcionario romano, non lector de Chamberlain— lo recognoce como judío, et Jesús non lo niega. ¿Non es acaso esto más obvio que la peluca de un druida en misa? ¿Por qué este ariosofista de cartón sigue insistiendo en que Jesús non era judío? ¿Eserá que confunde “cosmos” con “cosmética” et “Nazareno” con “nórdico”?

Empecemos por lo obvio: Pilato le pregunta directamente si es el rey de los judíos. Et Jesús, lejos de desmarcarse, responde:

“Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido.” (Juan 18:37)

¿Rey de quién? Pues del pueblo que lo entregó, de los suyos. Et cuando dice “mi reino no es de este mundo”, no está negando su pertenencia nacional, sino redefiniendo la naturaleza de su autoridad. Non es un reyno cívico, non es un ejército, non es Roma. Pero eso non lo face menos judío, et dice que nacio para esto es decir es la su nación o natura... De fecho, el título que cuelga sobre su cruz es:

“Jesús Nazareno, Rey de los Judíos” (Juan 19:19)

Et non hay una sola línea en la que él lo rechace. Ni una. Ni siquiera una parábola con forma de evasiva. Et para que non quede duda, el Evangelio de Juan lo dice con claridad:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (Juan 1:11)

Non dice “vino ad los latinos”, ni “vino ad los escitas”, ni “vino ad Chamberlain”. Dice ad los suyos. Et si vino ad los suyos, es porque era uno de ellos. Non vino como invasor, ni como extranjero, ni como ario de exportación. Vino como judío entre judíos, et fue rechazado por los suyos, non por los ajenos.

Pero claro, el ariosofista de salón —ese que mezcla Chamberlain con catecismo et confunde Galilea con Galia— insiste en que Jesús non era judío ¿Por qué? Porque le incomoda que el rabí non sea un nórdico de ojos celestes. Porque le molesta que el Falso Verbo se haya fecho carne en Judea, et non en Valhalla. Porque non soporta que el Reyno de Tervagante haya nascido en un pesebre semita, et non en una cabaña escandinava.

Así que non, Jesús non era un ario de exportación. Non era un beduino indoeuropeo. Non era un atlante con pasaporte hiperbóreo. Era judío, reconocido como tal por Pilato, por el Sanedrín, por los Evangelios, et por la historia. Et si eso incomoda al ariosofista de utilería, que se lo reclame ad Juan, non ad nosotros.

“Mi reino no es de este mundo”: ¿simple?

El papista dice que este pasaje es “claro” et “no necesita interpretación” ¡Qué candidez! El verbo greco usado aquí es κόσμος (kósmos), que puede significar:

  • orden, estructura, sistema
  • gobierno, autoridad
  • humanidad, mundo habitado
  • universo, creación

Así que cuando Jesús dice “mi reino no es de este cosmos”, non está diciendo “yo no tengo nihilo que ver con Judea”, sino que su auctoridad non proviene del sistema cívico-religioso vigente. Non es de Roma, non es del Sinedrio, non es de Pilato, non es de los zelotes. Pero eso non implica que los judíos sean sus enemigos, ni que haya declarado la pugna ad el judaísmo.

¿Ó dice que los judíos son sus enemigos?

El cefeo, con su habitual torpeza hermenéutica, afirma que Jesús “se refiere a los judíos como enemigos ajenos a él” ¿Dónde? ¿En qué versículo? ¿Dónde dice Jesús: “los judíos son mis enemigos”? Lo que dice es: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos.” Eso non es una declaración de enemistad: es una constatación de fechos. Jesús fue entregado por las auctoridades religiosas, ad “demás los judíos”. Et aún así, non los maldice, non los condena, non los clama enemigos. Al contrario, desde la cruz dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

He aquí la comedia simoniana: el Evangelio de Juan, memoremos, es en verdad el más simoniano de todos. Cuando dice que “si mi reino fuera de este mundo, mis captivos habrían peleado para que yo no fuese entregado a los judíos”, suponiendo que lo ulterior es Cielo, podemos intender que esos captivos non son soldados con espadas, sino los mesmos siglos o eones de la Plenitud o Pleroma, que se levantan en unión et gritan con saña: “¡Non vayas donde los judíos, Verbo, que allá te farán pedazos!”. Et el Verbo, que también significa Razón, se ve rodeado de siglos que ironicamente tienen más “razón” que la misma Razón, ja, ja, ja.

Et Zoe o Vida, le dice con sorna: “Non seas idiota, quédate en la Plenitud, que aquí estamos bien”. El Hombre o Antropo, se levanta et dice: “Yo voy ad pelear para que non lo hagas”. Et Iglesia sive Congregación, se pone de su parte, como si fuera un coro de tragedia greca, clamando: “Estoy con él, non vayas, non vayas”. Todo ello parece más un sainete celestial que una redención.

Así que, en clave simoniana, todo este pasaje es una comedia cósmica: los siglos discutiendo como aniculas en mercado, la Razón siendo corregida por quienes tienen más razón que ella, et esta que es el Verbo, con paciencia infinita, aceptando descender ad Israhel aunque todos le digan que non ¡Qué ironía! ¡Qué mofa! El Evangelio de Juan parece escrito más para el teatro satírico de la Divina Comedia que para la historia terrena.

¿Et qué hay del “odio visceral”?

¡Ah, el papista et la su fantasía del “odio visceral”! Como si los Evangelios fueran una novela de rencores et non un testimonio de tensiones internas entre fradres. Este pobre papista quiere facernos creder que los judíos odiaban ad Jesús por eser “ajeno”, como si fuera un invasor escita con sandalias. Pero los textos dicen otra cosa, et non face falta eser rabino ni helenista para notarlo.

Los judíos no lo odiaban: lo seguían, lo amaban, lo invitaban

¿Odio visceral? ¡Por favor! Veamos lo que realmente dicen los Evangelios:

“Mucha gente le seguía porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos.” (Juan 6:2)
“Uno de los fariseos le rogó que comiera con él. Jesús entró en la casa del fariseo y se sentó a la mesa.” (Lucas 7:36)
“Algunos fariseos se acercaron y le dijeron: ‘Sal de aquí y vete, porque Herodes quiere matarte.’” (Lucas 13:31)

¿Dónde está el odio? ¿Dónde la enemistad? Lo seguían, lo invitaban ad comer, lo advertían del peligro. Si eso es odio, entonces el amor debe eser lapidación. Lo que había era confusión, debate, expectativa mesiánica, non rechazo racial ni pugna religiosa.

¿Et qué decir de Gamaliel? El rabí fariseo, respetado por todo el pueblo, defendió ad los apóstoles ante el Sinedrio:

“Si esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de Dios, no podréis destruirla.” (Hechos 5:38–39)

¿Eso es odio? ¿Eso es enemistad? Non es prudencia, respeto, et reconocimiento de que la secta jesísta nasció dentro del judaísmo, non contra él.

Los primos jesístas: judidas que seguían siendo judíos

Et aún después de la resurrección, los primos jesístas seguían yendo al Templo:

“Cada día se reunían en el Templo con un mismo propósito.” (Hechos 2:46)
“Miles de judíos han creído, y todos son celosos de la Ley.” (Hechos 21:20)

Seguían observando la Ley, seguían considerándose parte de Israhel. Non había ruptura popular, ni rechazo racial. La anatematización vino después, et fue eclesial, non tribal.

¿Quién mató ad Jesús?

¡Ah, la eterna dicotomía simplista: “¿fueron los romanos o los judíos quienes mataron ad Jesús?”! Como si la historia fuera una pelea de bar entre dos bandos, et non una intriga sacerdotal cuidadosamente orquestada por una élite religiosa con toga bien planchada et miedo ad el desorden. La verdad es más incómoda: ni Roma ni “los judíos” en bloque lo mataron. Lo ficieron los saduceos, esa aristocracia templaria que controlaba Jerusalén como si fuera su finca privada. Et non, non eran “el pueblo”, ni “los fariseos”, ni mucho menos “los esenios”. Eran la casta sacerdotal del Templo, los que tenían más que perder si el Nazareno seguía fablando.

La ejecución formal fue romana, sí. Poncio Pilato firmó la sentencia (Juan 19:16). Pero lo fizo so presión del Sinedrio, dominado por los saduceos ¿Quiénes eran?

Caifás, el sumo sacerdote, era saduceo (Juan 11:49–50).
Anás, su suegro, también lo era (Juan 18:13).
Fueron ellos quienes instigaron la conspiración: “Desde ese día acordaron matarlo” (Juan 11:53).
El Sinedrio, so su control, buscaba testigos falsos para condenarlo (Mateo 26:59).
Et fueron los sumos sacerdotes et los presbíteros quienes lo entregaron ad Pilato (Mateo 27:1–2).

¿El pueblo? Muchos lo seguían, lo clamaban “Rabí”, lo escuchaban en el Templo (Lucas 19:47–48). ¿Los fariseos? Algunos lo invitaban ad comer (Lucas 7:36), otros lo cuidaban (Lucas 13:31) ¿Los esenios? Ni siquiera aparecen en los Evangelios, pero sus escritos de Qumrán muestran desprecio por el sacerdocio corrupto —es decir, los saduceos.

¿Et los romanos?

Pilato lo dice claro: “Yo no hallo ningún delito en este hombre” (Juan 18:38). Lo intenta liberar varias veces (Lucas 23:20–22). Pero los sumos sacerdotes insisten: “Si lo sueltas, no eres amigo del César” (Juan 19:12). Pilato cede, non por convicción, sino por cálculo cívico. Roma non lo mató por iniciativa propia: lo crucificó por presión local.

¿Et los “judíos”?

Decir que “los judíos” mataron ad Jesús es una generalización absurda. Es como decir que “los latinos” mataron ad Julio César. Los Evangelios muestran que muchos judíos lo seguían:

“Toda la multitud se alegraba al oírlo” (Marcos 12:37).
“El pueblo lo escuchaba con gusto” (Marcos 12:37).
“Muchos creyeron en él” (Juan 7:31).
“Los niños en el Templo gritaban: ¡Hosanna al Hijo de David!” (Mateo 21:15)

Incluso Gamaliel, fariseo et maestro de la Ley, defendió ad los apóstoles ante el Sinedrio (Hechos 5:34–39). ¿Eso es odio visceral? Non. Es sección interna, non enemistad racial.

Los fariseos eran rivales teológicos de los saduceos. Credían en la resurrección, en los ángeles, en la ánima. Los saduceos non. Los esenios, por su parte, aborrecían el Templo et se consideraban el “vero Israel”. En los Salmos de Salomón, los saduceos son clamados “pecadores” por colaborar con Roma. En Qumrán, los sacerdotes corruptos son clamados “hombres de mentira” ¿Quién encaja mejor en ese perfil? Exacto: los saduceos.

La muerte de Jesús fue una ejecución romana instigada por una aristocracia sacerdotal judía, los saduceos, que temían perder su poder. Non fue el pueblo, non fueron los fariseos, non fueron los esenios. Fue el Templo, con sus túnicas limpias et sus manos sucias. Et si eso incomoda ad los que prefieren dicotomías fáciles, que se lean los Evangelios con los ojos abiertos.

Et el papista, en su afán por convertir el Evangelio en un panfleto de odio, dirá: “¡Pero el pueblo gritó: crucifícalo!” como si eso resolviera toda la cuestión. Pero lo que olvida —o finge olvidar— es que ese “pueblo” non era una masa libre et deliberante, sino un vulgo manipulado, una turba orquestada, una audiencia cuidadosamente seleccionada por los saduceos del Templo.

Cuando Pilato pregunta qué hacer con Jesús, los Evangelios dicen:

“Los sumos sacerdotes incitaron a la multitud para que pidiera la liberación de Barrabás.” (Marcos 15:11)

Non fue el pueblo entero. Non fue Judea. Non fue Galilea. Fue una muchedumbre reunida por los sacerdotes so el control del Sinedrio. Et el Sanedrín, recordemos, estaba dominado por los saduceos, esa aristocracia templaria que temía perder su poder si el Nazareno seguía fablando.

¿Et el resto del pueblo?

El mismo Evangelio de Lucas dice:

“Toda la multitud del pueblo estaba escuchando a Jesús con agrado.” (Lucas 19:48)

Et Mateo añade:

“El pueblo lo consideraba profeta.” (Mateo 21:11)

¿Eso es odio visceral? ¿Eso es enemistad étnica? Non. Es admiración popular, expectativa mesiánica, confianza en su enseñanza. Lo que hubo fue una élite religiosa que manipuló una fracción del pueblo para lograr su objetivo político.

Pilato lo sabía. Por eso dice:

“Sé que lo han entregado por envidia.” (Mateo 27:18)

Et aún intenta liberarlo. Pero los sumos sacerdotes presionan, amenazan, et finalmente logran su cometido. Non fue una decisión democrática. Fue una ejecución sacerdotal con sello romano.

Así que non, el grito de “¡crucifícalo!” non representa ad Israhel, ni ad el judaísmo, ni ad el pueblo judío. Representa una turba manipulada por los saduceos, que temían perder su lugar et su nación (Juan 11:48). Et si el papista quiere convertir eso en una condena racial, que se lo reclame ad los Evangelios, non ad nosotros.

¿Et Esteban?

¡Ah, Esteban! El cefeo lo menciona como si su muerte fuera el acta fundacional de una guerra santa entre “los judíos” et “los cristianos”, como si el martirio del primo diácono hubiera encendido una cruzada racial. Pero esa lectura es tan torpe como anacrónica. Porque Esteban non fue lapidado por eser cristiano, ni por predicar ad Jesús como tal, sino por blasfemia, en el contexto de un conflicto sectario interno dentro del judaísmo de la centuria I. Et la su muerte, lejos de representar el sentir de “todos los judíos”, fue una reacción localizada, provocada por tensiones doctrinales entre grupos específicos.

¿Por qué mataron ad Esteban?

Según Hechos 6:11, los cargos contra Esteban fueron claros:

“Hemos oído a este decir palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.”

Non lo acusaron de seguir ad Jesús, sino de blasfemar contra la Ley et el Templo. El conflicto non era entre “judíos” et “cristianos”, sino entre judíos helenistas que seguían ad Jesús et otros judíos que vedían en sus enseñanzas una amenaza al orden mosaísta et deal.

¿Qué dijo Esteban que provocó su muerte?

En su discurso (Hechos 7), Esteban:

Recorre la historia de Israhel, desde Abraham hasta Salomón.
Critica la idolatría del pueblo et la rigidez del culto.
Acusa ad sus oyentes de eser “duros de cerviz, incircuncisos de corazón y oídos” (Hechos 7:51).
Declara haber visto al “Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios” (Hechos 7:56).

Este último punto fue el detonante. Non fue la su fe en Jesús, sino la afirmación de que Jesús estaba glorificado junto ad Dios, lo que fue interpretado como una blasfemia intolerable.

¿Representa esto ad “los judíos”?

Decir que la lapidación de Esteban prueba un “odio visceral” de todos los judíos faz ad los cristianos es una imbecilidad histórica. Primo, porque los jesistas eran judíos. Segundo, porque la aljama de Jesús seguía asistiendo al Templo (Hechos 2:46), et miles de judíos creían en Jesús (Hechos 21:20). Tercio, porque non todos los grupos judíos compartían la misma postura. Et muchos fariseos creyeron (Hechos 15:5).

La muerte de Esteban fue un episodio dentro de una disputa interna, non una declaración de guerra nacional.

El conflicto surgió en las aljamas de los libertos (Hechos 6:9), es decir, comunidades judías de fabla greca. Non fue una revuelta del Sinedrio, ni una orden del Templo, ni una cívica oficial. Fue una disputa entre facciones, como tantas otras en el judaísmo del Segundo Templo.

Et si, pensamos con la lógica de aleluyo, el occiso Esteban es prueba de que el jesísmo non es judío, entonces, por la misma regla estúpida, cada vez que un zelote o un sicario mata ad otro judío, debemos declarar que ellos tampoco lo eran ¡Ea! Ad este paso, cada nascido en Judea que derrama sangre del su vecino se convierte en otra cosa: ¿Qué cosa? ¿Un perro, un gato, un zorro, ET, un dinosauro? Por los dioses, ¡qué zoológico!

Así, según esta lógica, los sicarios et zelotes, como aquel judío Eleazar que mató ad otro por sacrificar un cerdo ad Jove, tampoco eserían judíos. Et si un asesinato delata exclusión o impertinencia, entonces cada homicidio esería metamorfosis: el asesino deja de eser hombre et se transmuta en bestia, en monstruo, en cualquier disparate que se nos ocurra.

[Europa Ancestral:] - “Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
40 Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.
43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.
44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?  (Juan 8:39-59)

En estos versículos del mismo evangelio de Juan, Jesús dice a los judíos que hacen malas obras y usan la mentira como bandera, como su padre Satanás (Lucifer antes de su caída) y que además ponen todos sus esfuerzos en hacer cumplir sus deseos, por eso son hijos del Diablo. Que el hecho de venir de Abraham, el cual es anterior incluso al nacimiento del pueblo hebreo que empezó con Jacob y sus doce hijos, no les salva automáticamente, es decir, su raza o su linaje no los salva si con sus creencias y obras sirven al Diablo, por mucho que desciendan del linaje de un hombre elegido por Dios. Con estos versículos Jesús nos está mostrando uno de los puntos clave sobre los judíos y el judaísmo, y es que éstos se habían desviado tiempo atrás del camino correcto, adoptando a Satanás como guía, y que por esa alta traición serían condenados para toda la eternidad como su padre, Lucifer.

¡Ah, el papista! Ese que se revuelca entre dogmas como cerdo en misa, et que en su desesperación por encontrar un versículo que le justifique su antisemitismo trunco, termina aceptando —con la gracia de un equilibrista borracho— que Dios eligió el linaje de Abraham ¡Bravo! Ha logrado lo que ningún antisemita jesísta quiere facer: Recognocer que los que odia son los descendientes del hombre elegido por Dios ¿Et ahora qué? ¿Se flagela con una menorá? ¿Se baptiza en vinagre? Non sabe si va o viene, si Jesús es el Salvador de Israhel o el verdugo de su pueblo.

¿Lucifer es el Diablo? Solo si Isaías era guionista de Marvel

¡Ahora, el papista! Ese que empieza su comentario con una joya de la ignorancia: “Jesús dice a los judíos que hacen malas obras y usan la mentira como bandera, como su padre Satanás (Lucifer antes de su caída)” ¡Bravo! Ha logrado condensar en una sola frase un triple salto mortal de anacronismo, sin red ni vergüenza. Porque claro, ¿Qué esería de la exégesis papista sin confundir un poema profético del siglo VIII a.E.V. con una biografía cósmica del Diablo?

Et como si non bastara, el papista se lanza ad otra impostura: identificar ad Lucifer con el Diablo, como si Isaías 14 fuera una precuela de “El Exorcista”. Pero non, el texto fabla del rey de Babilonia, non de Satanás. “Luzbel, fijo de la mañana” es una metáfora poética, non un nombre propio. Es como leer Don Quijote y concluir que Sancho Panza es el Anticristo porque come mucho.

La identificación con el Diablo vino siglos después, por obra de Tertuliano, Orígenes et otros exegetas jesistas que, en su afán por dramatizar el mal, decidieron que un rey arrogante debía eser el modelo del adversario cósmico. ¡Qué imaginación! ¡Qué falta de contexto!

El origen real de “Lucifer”

El nombre “Lucifer” (del latín lucem ferre, “portador de luz”) aparece en la Vulgata, traducción latina de Isaías 14:12:

“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la Aurora!”

Pero el hebreo original dice Helel ben Shachar, la estrella de Venus, cual imagen poética para describir la caída del rey de Babilonia, non de un ángel rebelde. El pasaje es un proverbio cívico, non una teología demoníaca. Es como clamar “El Caído” ad el alcalde por subir los impuestos.

Satanás: función, non personaje

En el Antiguo Testamento, “Satanás” non es un nombre propio, sino una función: el acusador, el adversario. Aparece en Job 1–2 et Zacarías 3, pero nunca como un ángel caído ni como el señor del infierno. La idea de que Satanás fue un ángel clamado Lucifer que cayó por orgullo es una fusión ficticia tardía, que mezcla Isaías 14, Ezequiel 28 et literatura apócrifa como el Libro de Enoc. Todo muy creativo, pero históricamente insostenible.

Así que non, Lucifer non es el Diablo. Isaías non era demonólogo. Et Jesús non estaba mencionando ad Luzbel cuando fablaba con los fariseos. El papista, en su afán por encontrar enemigos cósmicos, termina confundiendo poesía con teología, metáfora con dogma, et crítica moral con condena racial. Et todo para sostener una guerra antisemita que non es en los textos, solo en su cabeza.

El antisemitismo jesista: la contradicción más ridícula jamás escrita

Porque claro, el antisemitismo jesista es una criatura de contradicciones. Odia ad los hebreos, pero crede en su Biblia. Desprecia ad Judea, pero adora ad Jesús, que es judío. Rechaza el linaje, pero crede que Dios lo eligió. Et cuando ya non le quedan versículos “aparentemente antisemitas”, face maromas teológicas para decir que los judíos non son judidos: que son edomidas, cosares (jazaros en moderñiol), grecos, reptilianos, lo que sea. Todo menos aceptar que su Anticristo nasció en Judea, et non en su tierra.

¡Aquí! El versículo que destruye su antisemitismo trunco con la fuerza de su propia Biblia. Porque si ya es ridículo odiar ad los descendientes de Abraham mientras se fía en Jesús, lo que lo vuelve tragicómico es que Tervagante promete maldecir ad quienes lo fagan.

“Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga; y todas las familias de la tierra serán bendecidas en ti.” — Génesis 12:3

Ahí lo tienes. Claro como el agua. Maldecir ad Abraham et su descendencia trae maldición divina. Non hay alegoría, non hay metáfora, non hay escapatoria. Et si el papista crede que Jesús es el Mesías, entonces cree que esta promesa sigue vigente ¿Entonces por qué se revuelca en su odio? ¿Por qué se lanza ad maldecir ad los que su propio señor bendijo?

El papista et su antisemitismo de utilería

Et ahí está el papista, diciendo:

“Su raza o linaje no los salva si con sus obras sirven al Diablo.”

¡Qué ternura! El mismo que crede que Dios eligió ad Abraham, ahora se pone ad juzgar ad sus descendientes como si fuera el fiscal del cosmos ¿Entonces qué es? ¿Un creyente que odia la elección divina? ¿Un teólogo que reniega del pacto? ¿Un ariosofista con complejo de autoodio?

Porque si crede que Dios eligió ad Abraham, ¿por qué desprecia ad sus fijos? ¿Por qué convierte ad Jesús en enemigo de su patria, Judea?

Si el papista tuviera un gramo de coherencia, diría: “Dios nunca elegiría un pueblo, y menos al hebreo.” et si quiere darle sazón, que diga que son el pueblo de Tervagante, del Maligno, del Gran Dragón. ¡Por lo menos eso tendría lógica interna! Pero non. Prefiere revolcarse en la su contradicción, odiando lo que su propia Biblia le manda respetar, despreciando ad los que su Biblia clama “elegidos”, et adorando ad un Anticristo que nasció en la tierra que él desprecia.

Abraham ya era hebreo antes de Jacob

¡Et, el papista criptoariosofo! Ese que jura que Jesús era un ario galileo rubio et hoy lo convierte en un inquisidor racial que odia ad Judea. Et en su confusión, comete una torpeza monumental: crede que el pueblo hebreo empieza con Jacob, como si Abraham fuera un turista en Canaán et non el patriarca fundador ¡Qué nivel! 

La Biblia lo dice sin rodeos:

“Entonces vino uno que escapó, y lo anunció a Abram el hebreo.” (Génesis 14:13)

¡Abram el hebreo! Non Jacob, non Israhel, non los doce fijos. Abram ya era clamado hebreo, siglos antes de que Jacob naciera. Así que non, el pueblo hebreo non empieza con Jacob. Empieza con Abraham, el que salió de Ur, el que fizo pacto con Tervagante, el que recibió la promesa. Et si el papista non lo sabe, que se lo reclame ad el libro del Génesis, non ad nosotros.

¡Nuestro  papista! Ese que con aires de vate borracho y teología de cantina se lanza a interpretar Juan 8 como si fuera el acta de fundación del antisemitismo cósmico. Et lo face con la elegancia de quien confunde un sermón con un panfleto racial, diciendo que “Jesús nos muestra que los judíos y el judaísmo se desviaron tiempo atrás y adoptaron a Satanás como guía” ¡Qué nivel! ¡Qué precisión! ¡Qué falta de lectura!

Lo que el texto realmente dice

Veamos el texto sin la espuma del prejuicio:

“Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.” “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:39–44)

¿Ad quién se dirige Jesús? Ad un grupo específico que lo confronta. Non ad “los judíos” en bloque, non ad el judaísmo, la su "religión", non ad Israhel como nación ¿Clamaría “fijos del diablo” ad su madre María, ad José el su padre, ad Juan el discípulo amado, ad Cefas, ad Zacarías el su tío, ad Saulo de Tarso, o ad Natanael el israelita sin engaño que él mismo elogia (Juan 1:47)? ¡Por favor! Si el cefeo fía eso, que se lo reclame ad el Evangelio, non ad nos.

Incluso intendiendo el pasaje, claramente les dice “fijos diabólicos” non porque sean fijos del Mal encarnado, et menos de Luzbel, sino porque estos están tentándole (que tentar significa poner ad prueba) et lo acusan, cosa que Satanás sive Diablo siempre fizo. Et Jesús se farta de ellos.

Esto establece lo que siempre suele suceder: hombres malintencionados que buscan acusar, et en ese transcurrir inocentes mueren. Te acusan de violador, ergo terminas violado; te acusan de robar, terminas mutilado; te acusan de mentir, terminas sin lengua; te acusan de occidente, et terminas occiso. Así, es por eso que las obras diabólicas son en el peor de los casos occisos. Puro sentido común...

Et como dijimos antes —et siempre lo diré— nihilo que veer con la serpiente del Edén, ni con Luzbel, ni con todas esas chorradas inventadas por los “abades” de la aljama de Cefas, que forzaban textos cada vez que metían la pata, quitando “apócrifos” que les contradecían porque ellos se proclamaban “los sucesores apostólicos” supuestos.

Etimología:

  • Satanás proviene del hebreo שָׂטָן (śāṭān), que significa “adversario, acusador, el que se opone”. En el Antiguo Testamento aparece como figura que acusa o se enfrenta, como en Job 1–2.

  • Diablo viene del griego διάβολος (diábolos), que significa “calumniador, difamador, acusador”. El verbo διαβάλλειν (diabállein) es “arrojar en medio, dividir, acusar falsamente”.

Así, cuando Jesús dice “vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:44), non está proclamando que sean todos, fijos de un monstruo infernal, sino que están actuando como acusadores et adversarios, repitiendo la función del satán hebreo et del diablo greco: poner ad prueba sive tentar, oponer, difamar, acusar. De este modo, la frase “fijos del diablo” se intiende mejor: non es genealogía demoníaca, sino acusación contra quienes ejercen la función del adversario et difamador, siguiendo la semántica de śāṭān et diábolos. Jesús denuncia la su actitud de oposición et mentira, non la identidad de todo el pueblo.

Et lo de la mentira está claro: basta con veer ad Job, vilipendiado por el Diablo, et los sus fijos muertos por él. El pasaje de Juan 8:39‑59 es disputa con un grupo que lo acusa et quiere tenderle trampa, non condena universal contra Israhel.

La verdad os hará libres 
31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Juan 8:31-38

Et en versiculos anteriores Juan 8:31‑38, el contexto es el siguiente, Jesús fabla de libertad espiritual: “la verdad os fará libres”. Et los sus interlocutores, con la misma arrogancia que un revisionista barato, responden: “Jamás hemos sido esclavos de nadie”. ¡Jamás! Como si Egipto, Babilonia, Persia et Romania fueran cuentos de fadas. Es un disparate histórico, digno de un sainete.

Jesús cuando les dice "de cierto, de cierto os digo" en realidad dice “amén, amén os digo”. ¿Qué quiere decir esto? Decir amén significa “aceptar o dar por cierto lo que se dijo”, pero también, al repetirlo —“amén, amén os digo”enfatiza que el su verbo siguiente es vero sive cierto.

Así, la prima vez lo pronuncia recognosciendo que sí son geno de Abraham, et más adelante lo reafirma con claridad: “Sé que sois descendientes de Abraham”. Esto lo repite para evitar que cualquier estólido confunda los sus verbos con una declaración de que ellos fueron paridos por el diablo. Jesús non rechaza el su geno, la su raza, sino que enfatiza: Yo fablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.”

Aquí “padre” non significa genealogía biológica, sino tutor espiritual. Jesús delata que el su tutor es el Diablo, non por linaje, sino por las acciones: difamaciones, argucias et mentiras. Negar que fueron captivos, jactarse de libertad mientras arrogan torpemente. Non buscan la verdad, sino tenderle trampa, facerle “pisar el palito” de la su estratagema, que diga algo mal et probar que non era el Verbo ni un justo sive recto, et con ello hallar causa legal contra él para matarlo. Jesús, al darse cuenta, les dice que la su tutoría —la su “padre”— es el Diablo, porque reproducen la su acción: acusar, mentir, difamar. Et por ese tipo de estratagemas absurdas, murieron hombres, non solo en Judea si non en todo el mundo...

Jesús les arguye que la servidumbre vera es la del pecado, non la de cadenas de fierro. Non está fablando de celdas ni de campos de concentración. Les recuerda que ser descendientes de Abraham non basta si las sus obras contradicen esa filiación, et incluso los reconoce como tales, un fragmento de sapiencia incluso en la obscuridad mosaísta.. Et aquí viene la ironía: los que se jactan de eser libres son precisamente los que quieren trapichearle, mostrando que son captivos de la mentira et del homicidio por calumnia.

Qui pretenda que Jesús, por clamar “fijos del diablo” ad sus "satanes", lo dicho con ironia, ja, ja, ja, estaba militando en las SS, face el mismo ridículo que los interlocutores del pasaje: confunde lo espiritual con lo genealógico, lo parabólico con lo racial. Jesús non estaba fundando brigadas de exterminio, sino denunciando la servidumbre interior. Creer lo contrario es tan absurdo como decir que cada vez que alguien miente se convierte en perro, gato o dinosauro.

¿Et el judaísmo está desviado?

El texto non dice que el judaísmo esté desviado. De fecho, Jesús afirma:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo.” (Mateo 23:2–3)

¡Toma ya! Jesús manda ad escuchar ad los fariseos et escribas, non ad condenarlos como secta satánica ¿Et el papista qué face? Los convierte en emisarios del Diablo ¿Eserá que legió el Evangelio en una edición comentada por Chamberlain?

El cefeo quiere crear un dilema donde non lo hay: o amas ad Jesús o eres judío. Pero el Evangelio muestra que muchos judíos amaron ad Jesús, lo siguieron, lo defendieron, lo proclamaron. El problema non es la raza, ni la secta, ni la genealogía. El problema es non fiar. Et eso aplica ad todos, judíos et gentiles. El Evangelio non es un manifiesto racial, es una invitación sectaria. Pero claro, para intender eso hay que leer con el seso, non con el hígado.

Así que non, Jesús non condena al judaísmo ni ad los judíos como colectivo. Non fabla de traición ancestral ni de condena eterna por linaje. Fabla de fe, de obras, de amor. Et si el papista quiere convertir eso en una guerra racial, lo que delata non es el Evangelio, sino su propia estupidez.

«Mas ¿quién eres tú que sientas cátedra para juzgar desde lejos a mil millas con la vista de un palmo corta?» Dante. 
Eso mismo, Europa Ancestral ¿Quién credes que eres? Cortito de luces.

[Europa Ancestral:] El verdadero San Pablo,  y la falsificación de la historia del cristianismo. 

Los anticristianos, basándose en ciertos textos protestantes y de Nietzsche (que se educó en una familia protestante) contrarios a Pablo de Tarso, así como del neopaganismo de la Nouvelle Droite, se han montado una historia surrealista en la que tachan al cristianismo de secta judía conspirativa que tenía como fin acabar con Roma, y empiezan dicho relato con Jesucristo. Al contrario de lo que dice Nordic, Jesucristo no se proclamó en ningún momento rey de los judíos, de hecho ante la pregunta de Pilato, respondió que su reino no era de este mundo. Eran los propios fariseos los que para enfrentar a Jesucristo contra Pilato, le dijeron a éste que Jesús se autoproclamaba rey de los judíos para que los romanos lo vieran como un enemigo. Pilato después de todo lo que tuvo que aguantar de los fariseos, al ver como le habían engañado respecto a Jesús, decidió ponerle el título de rey de los judíos para ofender a los fariseos, como queda reflejado en Juan 19:19. Pero parece que nuestro amigo que tanto gusta de criticar al cristianismo, ni siquiera ha llegado a leer algo que aparece hasta en los libros de religión cristiana para niños, y no sabe absolutamente nada sobre la pasión de Cristo. 

Con lo cual hace aquello que tanto hacen muchos antifascistas, comunistas y otros: criticar aquello que no conocen, o puede ser que haga algo peor, falsificar la historia con conocimiento de causa movido por el odio o por la necesidad de hacer cuadrar todo con sus disparatadas teorías luciferinas, que una vez asimiladas ya es incapaz de corregir por muchos errores que vea en ellas. 

Además Jesucristo durante su vida, como podemos leer en los evangelios, nunca se pronunció contra Roma, más bien al contrario, como cuando defendió el pago de impuestos a Roma, con su conocida frase, “Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” en respuesta a una pregunta trampa de los fariseos. Desde el principio, los apóstoles y sus seguidores fueron perseguidos por las autoridades judías y esto jamás cambió, si el cristianismo hubiese sido una secta judía para acabar con Roma, los cristianos no habrían sido perseguidos y asesinados brutalmente por los propios judíos, como ciertamente ocurrió.

Europa Ancestral et su lectura de cantina: cuando el antisemitismo se disfraza de exégesis

¡Ah, Europa Ancestral! Ese que lege los Evangelios como quien fojea un cómic de Conan el Bárbaro, et que en su afán por refutar ad Nordic termina diciendo lo que Nordic nunca dijo. Porque non, Nordic non afirma que Jesús se proclamó “rey de los judíos” en términos cívicos romanos. Lo que dice es que Jesús se autoproclamó mesías de los judíos et rey de Israhel. Et eso, querido papista con complejo de druida, es históricamente et teológicamente correcto

Nordic

¿Jesús se proclamó rey de los judíos?

Non directamente. Pero sí aceptó el título cuando Pilato se lo planteó:

“¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Tú lo dices.” —Juan 18:37

Et cuando dice “Mi reino no es de este mundo”, non está negando su realeza. Está redefiniendo su principio. Non es un reino actual, non es Roma, non es Judea so Herodes. Pero eso non lo face menos rey de los judíos. Puede eser perfectamente rey de los judíos alteromundanos, celestiales, escatológicos, anticristianos ¿O acaso el papista crede que el Anticristo viene ad fundar una república?

¿Jesús se proclamó Mesías?

Sí, et lo fizo con claridad. En Mateo 16:16–17, Cefas dice:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús le responde: “Bienaventurado eres, Simón…”

Aquí Jesús acepta el título de Mesías (Cristo en griego), et lo face sin evasivas. Et eser Mesías, en el contexto judío del siglo I, implica eser el ungido, el heredero del trono de David, el rey de Israhel. Non es un título decorativo. Es una función real, escatológica et nacional. Así que sí: decir “soy el Mesías” es decir “soy el rey legítimo de Israhel”.

Ahora, Europa Ancestral, en su cruzada por convertir los Evangelios en un panfleto antisemita, comete una de esas torpezas que solo se explican por mala fe o mala lectura (o ambas): afirma que fueron los fariseos quienes entregaron ad Jesús a Pilato et lo acusaron de proclamarse “rey de los judíos” para facerlo ver como enemigo del Principado. Pero los textos bíblicos lo contradicen de forma clara, directa y sin ambigüedad.

¿Quiénes entregaron ad Jesús ad Pilato?

Non fueron los fariseos. Fueron los sumos sacerdotes et los ancianos del pueblo, es decir, la cúpula del Templo, dominada por los saduceos. Veamos los pasajes:

“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato.” —Marcos 15:1

“Entonces todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo hicieron consejo contra Jesús para entregarle a muerte.” —Mateo 27:1

“Y comenzaron a acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo al César, diciendo que él mismo es Cristo, un rey.” —Lucas 23:2

¿Ó están los fariseos? En ninguna parte. Los que arman la acusación cívica son los sumos sacerdotes, non los rabinos de la sinagoga. Et la acusación non es religiosa, sino cívica: Lo presentan como un peligro para Roma, como un pretendiente real.

¡Mas qué gracia me causa escuchar al pardillo de turno, con esa mirada vidriosa de quien jamás ha abierto un texto griego, soltar con aires de suficiencia: «¡Pero si también fueron los fariseos!». Ah, el adoctrinado siempre tan presto ad citar el evangelio de Juan, ese texto que, siendo el más tardío et dubdoso de toda la cáfila, es el único que, con la intención obvia de qui quiere limpiar la su propia domus de impurezas, nos suelta: «Tomaron, pues, los principales sacerdotes y los fariseos alguaciles para prenderle» (Juan VII:XXXII) ¡Bravo! ¡Ahí lo tienen! Según este cronista que escribe décadas después, con el celo del converso que quiere congraciarse con el gentil, soltando más performancia enemigadera diabólica, resulta que también estaban ellos. Mas nótese, por si el intelecto non les alcanza pora más, que el texto non dice ni sostiene que todo el fariseídad estuviera en la partida de caza; nos indica, con suerte, que había fariseos —individuos aislados, quizás más mosaístas que Moisés— que cooperaban con la casta templaria. Et es que la realidad, para el que sabe veer, es que el templo era el feudo de los saduceos, de los sacerdotes, de esos fijos de Leví que custodiaban el negocio del sacrificio.

Todo ello cargado de un fuerte simbolismo, pues el asunto non es una disputa de herejías judaicas, sino un ritual de expiación ciudadana: Jesús, la oveja mansa et supuestamente "inocente" —tan libre de malevolencia como un cordero que acepta el cuchillo—, es sacrificado por la casta sacerdotal en el altar del Templo para el "bien de Israhel" ¡Qué farsa tan predecible! El sistema, dominado por la Idumea de los herodianos et la bota romana, necesitaba purgar la su propia podredumbre, la su culpa, sobre un cuerpo ajeno, un chivo expiatorio. Et, ¡oh, maravilla!, el que osa poner un dedo en la llaga, el que non desea este destino trágico, es tachado ipso facto de Satanás. De ahí que Jesús, en la su infinita "piedad", le incrimine ad Cefas con un desdén que giela la sangre: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!» (Mateo XIV:XXIII), pues ¿cómo habría de tolerar el cordero "manso" que alguien intentara arrebatarle el su guion de sacrificio, su protagonismo?

Todo debía encajar con la rancia profecía de Isaías, ese portavoz del desastre que ya cantaba: «Fue oprimido, y afligido, mas no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero» (Isaías LIII:VII). ¡Qué ternura de determinismo! Nos venden esta inmolación como la salvación del mundo, cuando el mundo pora ellos non es más que la su pequeña, sedienta et ególatra Israhel, con la esperanza de eser rey ya non de este mundo —del mundo de Idumea et herodianos, de Romania, de los gentiles— sino de un "reyno" que, al igual que el paradiso marxista, se nos promete como inevitable ¡Pura escatología de salón! Nos dicen que el su principado eserá el mundo entero, tal cual el comunista que asegura que la historia camina faz ad su fin, ¡qué entrañable ingenuidad!

El remate de la comedia llega con el Consummatum est (Juan XIX:XXX), ese grito final que ha dejado traumatizadas ad generaciones de cefeos desde su más tierna infancia, marcándolos con el estigma de una culpa ajena. Es el sello del contrato, el momento en que el Scapegoat alcanza su clímax funcional. ¡Ríase conmigo, pues la lógica del sistema es una burla! Si oponerse al sacrificio es, como dicen, «diabólico» —tal cual Jesús increpó ad Cefas al intentar estorbar el su destino en Mateo XVI:XXIII—, entonces propiciarlo debe ser, por pura inversión, la cumbre de la excelencia.

¿Non es así? Sin el buen Judas, el "traidor" necesario, la maquinaria divina se habría oxidado en el nihilo. Jesús fue el único arquitecto de su propia ruina; él mismo lo confesó con la soberbia de quien se sabe dueño de su fin: «Nadie me la quita [la vida], sino que yo la pongo por mi propia cuenta» (Juan X:XVIII). ¡Pecó de suicida! Non fue un asesinato, fue una gestión de su propia muerte para forzar la profecía. Sin ese beso en el Getsemaní, el cordero habría muerto de viejo en Galilea, burlándose de los sacerdotes; pero él quería la gloria de la víctima propiciatoria. El Evangelio de Judas, ese texto que tanto escuece ad los clérigos, nos obliga ad mirar el abismo: si la traición es el combustible del sacrificio, ¿quién es aquí el vero discípulo de la voluntad divina? Judas non traicionó, Judas ejecutó la foja de ruta que el propio "Rabí" exigía pora alcanzar la consumación del ritual.

Todo el teatro estaba montado pora que, so el velo de una santidad fraudulenta, el Scapegoat fuera inmolado con la complacencia de los mesmos que, años después, al veer que la sangre salpicaba demasiado, se apresuraron ad buscar culpables en la sinagoga de enfrente, olvidando que el sacrificio era kosher de principio ad fin, pues él fue «la víctima del sacrificio» (Hebreos 9:26) fecho por los sacerdotes (levitas saduceos) que buscaba satisfacer la Ley levándola ad el su extremo (telos) más mórbido. ¡Ploró Jesús en la cruz, pues si odiaban al hombre, ¿cómo non habrían de odiar ad la oveja que él mesmo, con las manos atadas por su propia voluntad suicida, entregaba al degüello?!

¡Mas he aquí el artificio supremo! Para cumplir el rito, se hizo a sí mismo maldición: «Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)» (Gálatas 3:13). Se convirtió en el pecado encarnado, pues «al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado» (2 Corintios 5:21). Pero ¡atención, necios!, que este artificio solo capta ad los que, como imbeciles, viven so el yugo. Porque el querido alazón fijo de Judá, Jesús que proclamaba con arrogancia «antes que Abraham fuese, yo soy» (Juan VIII:LVIII), estaba por encima de cualquier Ley mosaica. ¿No le vimos acaso pasearse sobre el shabbat, curando et sanando cuando la Ley prohibía mover un dedo? (Mateo 12:1-8). ¿No declaró acaso que «el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo»? (Mateo 12:8). Él, que era antes de Moisés, se revolvió Verbo del mundo judío non para liberarlos, sino para devorarlos et transmutarlos en la forma final et última de Judea: Israhel.

¡Qué gran comedia, este mosaísmo, que precisa de una traición pora alcanzar la su gloria et de un dios muerto, que se autoinmola por "amor" pora justificar el su fambre de dominio et sumisión absoluta! Es la Ley levada ad su causa final: la destrucción del sujeto pora la edificación del siglo venidero, una distopía clamada Israhel, repleto de insipientes que repiten, como loros amaestrados, que «Dios es el Dios de Israhel». Es el marxismo de la fe: una promesa de un reyno inevitable donde el individuo se desvanece pora que la gran maquinaria colectiva de la Ley, esa bestia que se alimenta de la propia sangre del su "Salvador", regne sobre los escombros de la libertad gentil 

¡Vomitad la sangre del muerto, pues es la única moneda con la que estos mosaístas compran la eternidad de la su propia captividad!

¿Quiénes eran los sumos sacerdotes?

Eran saduceos, non fariseos. Los saduceos controlaban el Templo, el Sinedrio, et colaboraban con Roma. Eran la aristocracia sacerdotal, et su preocupación era mantener el statu quo. Por eso Caifás dice:

Nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. —Juan 11:50

Es decir: mejor sacrificar ad Jesús que arriesgar una revuelta et perder la gracia de Roma. Esa es la lógica de la potestad, non de la teología.

¡Ah, ya lo veo venir! Europa Ancestral, con su toga de lino et su pluma de revisionista, se alista para replicar. Probablemente dirá algo como:

“Pero los fariseos también estaban en el Sanedrín, y por tanto participaron en la condena de Jesús. No eran inocentes.”

Et aquí es donde uno debe contener la risa et sacar el Evangelio, non el catecismo de Chamberlain. Porque sí, algunos fariseos estaban en el Sinedrio—eso es cierto—, pero de ahí a decir que “los fariseos” como grupo fueron los artífices de la muerte de Jesús es como culpar ad toda la academia de Platón por lo que fizo un magestro.

¿Quiénes lideraron la conspiración?

Los Evangelios son claros: los que lideraron la conspiración contra Jesús fueron los sumos sacerdotes, es decir, los saduceos, no los fariseos. Veamos:

“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos convocaron al concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.” —Juan 11:47

Sí, los fariseos están mencionados aquí, pero non como líderes, sino como parte del grupo convocado. ¿Et quién toma la palabra? Caifás, el sumo sacerdote saduceo:

“Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo…” —Juan 11:49–50

Es decir, la decisión fue sacerdotal, no rabínica. Y si Europa Ancestral quiere culpar a todos los que estaban en la sala, entonces también debería culpar a José de Arimatea y Nicodemo, ambos miembros del Sanedrín… ¡y seguidores de Jesús!

¿Et los fariseos como grupo?

Los fariseos eran una escuela teológica, non una casta gobernante. Tenían influencia, sí, pero no controlaban el Templo ni el aparato judicial. De fecho, el Nuevo Testamento muestra que algunos fariseos respetando ad Jesús o ad sus discípulos:

Juan 3:1–2: “Había un hombre de los fariseos llamado Nicodemo… Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro.” → Nicodemo no solo lo llama Rabí, sino que reconoce su autoridad espiritual.
Juan 7:50–51: “Les dijo Nicodemo… ¿Juzga nuestra ley a un hombre si primero no le oye y sabe lo que ha hecho?” → Nicodemo defiende el derecho de Jesús a ser escuchado antes de ser condenado.
Hechos 15:5: “Algunos de la secta de los fariseos que habían creído…” → ¡Fariseos que creyeron en Jesús! ¿Dónde está el odio visceral?

¿Eso es odio visceral? ¿Eso es conspiración? Non. Es división interna, non enemistad colectiva.

Así que non, Europa Ancestral: non todos los fariseos fueron enemigos. Algunos fueron aliados, discípulos, defensores. Et si insistes en convertirlos en villanos universales, lo que faces non es exégesis: es propaganda. Porque los textos muestran matices, diversidad, humanidad. Et tú los borras con brocha gorda.

¿Et qué hay de Judas?

Ah, Europa Ancestral. Ese que en su afán por convertir ad Judas en “el verdadero judío” et ad los demás apóstoles en proto-galos con acento bretón, termina faciendo arqueología de la imaginación. Porque non, la Biblia nunca dice que Judas fuera fariseo, ni que nasciera en Judea, ni que fuera el único judío entre galileos. Lo que sí dice es que era de Ceriote, et de ahí en adelante… silencio. Todo lo demás es especulación, et en su caso, especulación con toga de lino et prejuicio de plomo.

¿Qué sabemos de Judas?

Muy poco. Su nombre completo es Judas Iscariote, lo que probablemente significa “hombre de Ceriote”, una aldea que algunos ubican en Judea, otros en el meridión de Israhel. Pero non hay certeza geográfica, ni filiación religiosa, ni escuela teológica. Non se dice que fuera fariseo, ni saduceo, ni esenio, ni zelote. Solo que era uno de los doce, et que traicionó ad Jesús.

¿Et si fuera saduceo?

Pues non sería descabellado. Su actitud materialista, escéptica, centrada en el dinero, lo acerca más al perfil saduceo que al fariseo. Los saduceos eran:

Aristócratas del Templo, centrados en el poder y el dinero.
Negaban la resurrección, los ángeles y el espíritu (Hechos 23:8).
Colaboraban con Roma, buscando mantener el orden.

¿Et Judas?

Llevaba la bolsa del dinero (Juan 12:6).
Criticó el gasto en perfume para Jesús, diciendo que se podía dar a los pobres (Juan 12:5), aunque el texto aclara que non lo decía por caridad, sino por codicia.
Traicionó ad Jesús por dinero, et luego se arrepintió sin comprender el sentido espiritual de su acto.

Todo esto lo pinta más como un saduceo frustrado que como un fariseo devoto. Et si Europa Ancestral quiere convertirlo en “el verdadero judío”, que primero defina qué entiende por eso. Porque si el “verdadero judío” es el que traiciona ad el Anticristo por monedas, entonces su eiségesis necesita un exorcismo.

Así que non, Europa Ancestral: Judas no es el “verdadero judío”. Es el apóstol sin biografía, el traidor sin escuela, el personaje que encarna la tragedia, non la identidad. Et si quieres convertirlo en símbolo racial, lo que haces no es exégesis: es propaganda. Porque los textos no lo definen como fariseo, ni como judeano, ni como representante de Israhel. Lo definen como el que entregó al Rabí, et eso non necesita pasaporte.

Juan XIX:XIX, cuando Juanito cuenta un chiste… et Europa Ancestral non lo entiende

¡Ah, Europa Ancestral! El que se quedó en la catequesis para niños, el que cree que la pasión de Cristo es un documental dirigido por Mel Gibson, el que repite las fábulas del obispo de turno como si fueran tesis doctorales. Esta vez nos regala una interpretación que faría sonrojar ad cualquier lector serio del Evangelio:

“Pilato, después de todo lo que tuvo que aguantar de los fariseos, decidió ponerle el título de rey de los judíos para ofenderlos, como queda reflejado en Juan 19:19.”

¡Qué nivel! ¡Qué precisión! ¡Qué falta de lectura! Porque no solo confunde a los actores del drama, sino que ignora los versículos siguientes, donde queda claro quién se sintió ofendido. Spoiler: no fueron los fariseos.

¿Qué dice Juan XIX:XIX?

“Y Pilato escribió un título que puso sobre la cruz: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.”

Sí, Pilato lo escribió. Pero non para ofender ad los fariseos, sino como una burla al pueblo que lo presionó ¿Et quién lo presionó? Non fueron los fariseos. Fueron los sumos sacerdotes et el vulgo hierosolimitano, dominado por los saduceos, como ya se ha demostrado.

¿Quién se sintió ofendido?

Justo en los versículos siguientes, lo dice con claridad:

“Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.” “Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.” —Juan 19:21–22

¡Toma ya! Los principales sacerdotes, es decir, los saduceos del Templo, son los que se indignan. Non los fariseos. Non los rabinos. Non los escribas. Los sacerdotes. Et Pilato, con la elegancia de un burócrata harto, les responde como quien cierra el expediente: “Lo que he escrito, he escrito.”

¿Quién pidió la crucifixión?

Juan 19:6: “Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale!”
Mateo 27:20: “Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.”

¿Dónde están los fariseos? En ninguna parte. Los que manipulan, acusan et presionan son los sacerdotes del Templo, es decir, los saduceos. Et Pilato, harto de sus chantajes, pone el título como ironía, non como teología.

Europa Ancestral et sus teorías luciferinas: cuando el criptoariosofo se proyecta

¡Ah, Europa Ancestral! El criptoariosofo que acusa ad otros de luciferinos mientras él mismo se pasea por las imposturas de Chamberlain como quien recita salmos en élfico. El que ve en Jesús un galo hiperbóreo, en los apóstoles bardos celtas, et en Judas el único judío “auténtico”. Et ahora, como si non bastara con su revisionismo de cartón, acusa de luciferino al que precisamente defiende la historicidad bíblica ¡Qué nivel! ¡Qué proyección! ¡Qué tragicomedia!

¿Qui tiene las teorías luciferinas?

Porque vamos, ¿Quién fue el que se inventó un Jesús galileo racializado, con barba de roble y ojos de hielo? ¿Quién fue el que dijo que los apóstoles eran galos menos Judas, como si la Biblia fuera una saga de Asterix? ¿Quién fue el que convirtió la genealogía de David en una conspiración étnica? Non fue Nordic. Fue Europa Ancestral, el que se tragó entero el menú de Chamberlain et lo sirvió como dogma.

¿Et ahora acusa de lo que él face?

Exactamente. Como buen paranoico doctrinal, acusa ad otros de lo que él mismo practica. Dice que los demás “critican lo que no conocen”, mientras él falsifica la historia con la soltura de quien ya non distingue entre mito y mapa. Et lo peor: lo face con conocimiento de causa, movido por el odio, por la necesidad de encajar su delirio racial en un marco teológico que non lo soporta.

Así que no, el luciferino non es el que defiende la historia. Es el que la falsifica, la retuerce, la convierte en superstición racial. Et si Europa Ancestral ya non puede corregir sus errores, es porque los ha asimilado como identidad. Porque su teología non es fe, es obsesión. Porque su exégesis non es lectura, es delirio.

Cuando el luciferino se tropieza con su propio dogma: Roma, impuestos y la piedra rechazada

¡Ah, Europa Ancestral! El criptoariosofo que acusa de “teorías luciferinas” ad quien simplemente lege los Evangelios sin lentes imperiales, et que ahora nos regala otra joya de la catequesis para adultos con complejo de inquisidor:

“Jesucristo nunca se pronunció contra Roma, más bien defendió el pago de impuestos.”

¡Qué ternura! El que crede que “dar al César lo que es del César” es una oda al fisco romano, como si Jesús fuera aucditor tributario. Pero non, querido papista: esa frase es una bomba teológica, non una declaración de lealtad. Et si non lo ves, es porque te quedaste en la versión de Mel Gibson et non plegaste ad leger el greco.

 ¿Qué dijo Jesús sobre los impuestos?

“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” —Mateo 22:21

Jesús non dice que se le deba algo al César. Dice que si tú credes que algo le pertenece, dáselo. Es una respuesta ambigua, irónica, estratégica, diseñada para evadir una trampa cívica. Los fariseos et herodianos querían facerlo caer: Si decía “non paguen”, lo acusaban de sedición; si decía “paguen”, lo desacreditaban ante el pueblo ¿Et qué face Jesús? Los deja con la boca abierta.

¿Qué significa “cosmos” y “ecúmene”?

En el Nuevo Testamento, kosmos (κόσμος) et oikoumenē (οἰκουμένη) non significan simplemente “el planeta Tierra”. Son términos que designan el orden establecido, el sistema cívico-religioso, la civilización dominante —et sí, eso incluye Roma.

Kosmos aparece más de 180 veces en el NT, et con frecuencia se refiere al mundo caído, corrupto, hostil ad Dios.
Oikoumenē se usaba en el greco imperial para referirse ad la tierra habitada so dominio romano, es decir, el orden civilizado del Imperio.

Cuando Jesús et los apóstoles hablan del “mundo”, non están fablando solamente de montañas et ríos. Están fablando de la estructura de poder que se opone al Reino de Dios.

Versículos que critican el mundo (el sistema)

Aquí van algunos que Europa Ancestral convenientemente ignora:

1 Juan 2:15: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”
Juan 15:19: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo… el mundo os odia.”
Romanos 12:2: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente.”
Marcos 8:36: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?”
Apocalipsis 13:1–2: La bestia que sube del mar con poder político y blasfemia —una imagen del Mundo gentílico.

Estos versículos non son poesía abstracta. Son críticas directas al orden imperial, al sistema religioso corrupto, al poder que se opone al Reino.

La piedra rechazada, los masones bíblicos y el tropiezo de Europa Ancestral

¡Ah, Europa Ancestral! El cruzado antimasones que non se ha enterado de que la Biblia está plena de referencias arquitectónicas, simbólicas et sí, masónicas. El que acusa de “luciferino” al que simplemente cita Salmos 118, mientras él mismo se tropieza con la piedra angular como si fuera un aprendiz de logia sin grado. Porque si algo delata su lectura, es que non entiende que la persecución confirma el plan, non lo refuta. Et que la piedra rechazada non es un accidente: Es la clave del edificio.

¿Quiénes son los “constructores” que rechazan la piedra?

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.” —Salmo 118:22, citado en Mateo 21:42

Los “constructores” son los sacerdotes del viejo orden, los que non soportaban que el Anticristo viniera sin credenciales del Sinedrio ¿Et qué face Europa Ancestral? Se pone del lado de los que la desecharon, mientras acusa de “luciferino” al que simplemente reconoce la subversión del Reino. Ironía nivel apocalíptico.

¿Et las referencias masónicas en la Biblia?

¡Qué incómodo para el antimasonismo de Europa! Porque la Biblia está plena de:

Piedras angulares, piedras de tropiezo, piedras de fundación.
Constructores, arquitectos, templos, medidas, planos.
Jesús como la piedra viva, Pedro como la roca, el templo como cuerpo.

Incluso el Zohar fabla de la Even ha-Shethyiah, la piedra fundamental del mundo, desprendida del Trono de Gloria. ¿Et qué face Europa? Se escandaliza por los masones, mientras cita textos que ellos veneran como símbolos de sabiduría divina. Es como odiar la geometría et usar un compás para dibujar su cruzada.

¿La persecución refuta la misión?

Lo que Europa Ancestral non logra intender —o non quiere intender— es que la persecución non refuta la misión: la confirma. Et non por accidente, sino por diseño. Porque en la lógica profética del mosaísmo del Segundo Templo, el rechazo non es un error, es una estrategia. La piedra non fue desechada por descuido, sino para que, al eser colocada en el ángulo, nihilo sospechara que era la base del edificio. Et si los gentiles non se dieron cuenta de que estaban siendo judaizados, es porque el plan funcionó. El único que cayó en la trampa fue Europa Ancestral, que se crede centinela de Roma mientras repite la doctrina de los que lo subvirtieron.

Non. La persecución confirma el patrón profético. Como dice Isaías 8:14–15:

“Será por santuario; pero piedra de tropiezo y roca que hace caer…”

Jesús debía eser rechazado. Et sus seguidores debían eser perseguidos. Non para invalidarlos, sino para ocultarlos ad los gentiles, como bien entendía el mosaísmo del Segundo Templo. La birkat ha-minim, la maldición contra los herejes, non era solo castigo: era filtro teológico. Si non te maldecían, non eras parte del movimiento. Si te echaban de la sinagoga, es que estabas en el camino correcto.

La birkat ha-minim: el filtro teológico

Esta oración fue introducida en el culto sinagogal como una ferramienta de exclusión. Según Louis Martyn:

Se dirigía contra los Nazarenos, es decir, los seguidores de Jesús.
Funcionaba como prueba de fidelidad: si alguien era sospechoso de eser jesísta, se le pedía que dirigiera la oración.
Si la pronunciaba, maldecía ad sí mismo et ad sus correligionarios.
Si se negaba, era expulsado de la sinagoga (aposynagoge).

Una jugada maestra: obligar al jesísta ad elegir entre su fe et su comunidad, et al facerlo, marcarlo como infiltrado ¿Et qué face Europa Ancestral? Se escandaliza por los masones, mientras ignora que el mosaísmo ya tenía sus propios rituales de exclusión.

Martyn sugiere que esta crisis ocurrió bajo Gamaliel II (80–115 E.C.), aunque Reuven Kimelman debate la cronología. Pero el Evangelio de Juan va más allá: dice que los líderes de la sinagoga tomaron medidas más drásticas que la birkat ha-minim. ¿Por qué? Porque non querían que los seguidores de Jesús adoraran junto ad otros mosaístas. La exclusión non fue solo doctrinal: fue ritual, social, estratégica.

Que el rechazo non fue una derrota. Fue una táctica de camuflaje. La piedra fue desechada para que nadie sospechara que era el fundamento. El jesísmo fue perseguido para que los gentiles creyeran que era enemigo del mosaísmo, cuando en realidad era su extensión más audaz. Et si Europa Ancestral non lo ve, es porque está mirando el templo equivocado.

El rechazo como maniobra estratégica

Lo que Europa Ancestral clama “rechazo del Cristo” fue, según ciertas fuentes, una maniobra estratégica digna de ajedrez teológico. Non fue un error. Fue una jugada maestra. El rechazo del jesísmo por parte de los líderes mosaístas no buscaba eliminarlo, sino camuflarlo. ¿Cómo hacer que los romanos acepten una doctrina mosaica sin sospechar? Fácil: haz que parezca enemiga de los judíos. Que el Anticristo sea crucificado por su propio sacerdocio. Que los apóstoles sean perseguidos por los rabinos. Que el Evangelio parezca una ruptura con la Ley. Et voilà: los gentiles lo aceptan… sin saber que están tragando el anzuelo.

Según el evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero según la elección, son amados por causa de los padres —Romanos 11:28

Una oposición controlada. Una fachada de conflicto. Una estrategia de camuflaje.

La piedra que los constructores desecharon se convierte en la cabeza del ángulo. ¿Por qué? Porque nadie sospecha peyorativamente de lo que fue rechazado. El Anticristo sufriente, el Fijo de José, debía morir, ser humillado, parecer derrotado. Solo así podía entrar en el mundo gentil sin ser detectado. Como dice Lucas 21:24:

“Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles.”

La dispersión non fue castigo. Fue táctica. Los judíos helenísticos intendieron que non podían vencer ad Roma por la fuerza. Así que diseñaron una superstición que pareciera religión romana, pero fuera judía en su núcleo. Et lo lograron.

El jesísmo fue diseñado como una maldición de guerra, una bomba teológica envuelta en incienso. Pero claro, para entender eso hay que leger más que catecismos ilustrados et dejar de verad Mel Gibson como si fuera Josefo.

El jesísmo como “Maldición de guerra”: cuando el Evangelio viene con pólvora

Según esta tesis, el cristianismo fue una trampa subversiva, una estrategia de infiltración et demolición, diseñada por elites mosaicas para lograr tres cosas:

Redención popular judía
Conquista espiritual del mundo gentil
Autodestrucción sistemática de las civilizaciones no judías

Et todo esto con una sonrisa, una cruz, et un “ama a tu enemigo” que en realidad decía: “sedúcelo, desármalo, y míralo caer.”

1. Cristo como chivo expiatorio perpetuo

Jesús non fue el cordero inocente que Europa Ancestral pone en sus estampitas. Fue el chivo expiatorio ritual, el reemplazo del sacrificio fallido del Templo ¿Et qué fizo? Absorbió los pecados de Israhel, et luego los transfirió ad los gentiles convertidos ¡Qué eficiencia! Un solo sacrificio, dos mil años de cobertura.

Isaías 53:3–5: despreciado, desechado, herido por nuestras rebeliones. → ¿Et Europa qué face? Lo pinta con ojos celestes et lo clama “el príncipe europeo”.
El jesísmo asumió el rol de Satán acusador: “los judíos mataron ad Cristo”. → ¡Bravo! Cumplieron su función de castigo ritual sin saber que estaban jugando el papel que les asignaron.
Et luego, como buen giro cabalístico, Jesús se convierte en abogado defensor. → De acusador ad intercesor. De verdugo ad salvador. ¡Qué plot twist! Ni Netflix se atreve ad tanto.

2. Dispersión como táctica de infiltración

La destrucción del Templo no fue castigo divino. Fue pretexto logístico. La dispersión permitió a los judíos infiltrar silenciosamente las estructuras gentiles, mientras Europa Ancestral seguía buscando al enemigo en las sinagogas, sin darse cuenta de que ya estaba en el púlpito.

Lucas 21:24: Jerusalén será hollada por los gentiles… → Et mientras tanto, los exiliados fundaban escuelas, bancos, et teologías en cada esquina del principado.
La hostilidad jesísta faz ad los demás judíos sirvió como camuflaje. → “Si los odiamos, non pueden eser los auctores.” → ¡Qué ingenuidad! Es como decir que el caballo de Troya non podía tener soldados dentro porque era de madera.

3. Autodestrucción gentil como objetivo final

El cristianismo obligó ad los gentiles ad abandonar sus tradiciones ancestrales, perder su protección sobrenatural, et abrazar una superstición que los clamaba “pecadores por defecto”. Europa Ancestral lo clama redención. Las fuentes lo claman autoexterminio con incienso.

El simonismo promovía la esterilidad espiritual: tener fijos era pecado, vivir era castigo. → ¡Perfecto para reducir poblaciones sin levantar espadas!
El jesísmo et el comunismo fueron esquemas utópicos diseñados para fallar. → ¿Et Europa qué face? Los defiende como si fueran el legado de Platón, mientras se le cae el Principado encima.

4. Persecución como parte del guion

Europa Ancestral crede que si los cristianos fueron perseguidos, entonces non podían ser parte del plan. Eso es como decir que Trotsky non era marxista porque Stalin lo mandó matar, o que Galileo non era católico porque lo encerró la Inquisición. La persecución non borra la identidad: la confirma.

Juan 11:48–50: “Conviene que un hombre muera por el pueblo.” → Traducción: “Sacrifiquémoslo para que el plan funcione.”
Hechos 9:23: Saulo perseguido por los suyos. → ¿Et Europa qué face? Lo clama mártir, sin notar que era el arquitecto del puente faz ad Roma.
Juan 9:22: expulsión de los nazarenos. → ¿Et Europa? Crede que eso prueba que non eran judíos. → Es como decir que un espía non es parte del ejército porque lo mandaron ad otra base.

Versículos que profetizan el rechazo de Jesús

Isaías 53:3 — El Varón de Dolores

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”

Este es el retrato del Anticristo sufriente. Non viene con gloria imperial. Viene con rostro rechazado, dolor asumido, humillación profetizada. Et ese rechazo non es debilidad: es la marca del elegido

Salmo 118:22 — La Piedra Rechazada

“La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo.”

Jesús cita este versículo en Mateo 21:42, Marcos 12:10 y Lucas 20:17. ¿Quiénes son los edificadores? Los sacerdotes del viejo orden. ¿Et qué facen? Desechan la piedra clave. Pero esa piedra, al eser rechazada, se convierte en el fundamento del nuevo templo.

Lucas 4:28–29 — Rechazo en la sinagoga

“Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad…”

Jesús es rechazado en su propia tierra, por su propia gente, en el cor del culto ¿Et qué face? Non se retracta. Porque el rechazo es parte del guion.

Isaías 8:14–15 — Piedra de tropiezo

“Entonces él será por santuario; pero piedra de tropiezo y roca que hace caer…”

El Anticristo non solo es rechazado: face tropezar ad los que non creden. Su presencia divide, incomoda, revela. Et si Europa Ancestral tropieza con él, es porque la piedra está donde debe estar.

Así que non, el rechazo de Jesús non fue una derrota. Fue la confirmación de su misión. Fue el cumplimiento de las Escrituras. Fue la estrategia divina para ocultar la piedra en el barro, para que al ser levantada, nadie pudiera negarla. et si Europa Ancestral non lo ve, es porque sigue buscando al Anticristo en los palacios, cuando la profecía lo puso en la cruz.

¿Et Europa Ancestral?

Europa Ancestral non se pone de lado. Non porque sea neutral, sino porque non entiende el juego. Cree que si los jesístas fueron perseguidos por los judíos, entonces non podían ser judaizantes. Como si la persecución borrara la identidad. Como si el rechazo fuera prueba de ajenidad. Pero eso es como decir:

Que Trotsky non era comunista porque Stalin lo mandó matar.
Que Sócrates non era ateniense porque lo condenaron en Atenas.
Que Galileo non era católico porque lo encerró la Inquisición.
Que Jesús non era judío porque lo crucificaron los sacerdotes.
Que los jesístas primitivos non eran judíos porque los echaron de la sinagoga.
Que los masones non son arquitectos porque los edificios los construyen otros.

¡Qué lógica tan gloriosamente absurda! Es como decir que el apóstol Saulo era romano porque lo apedrearon los judíos, o que los esenios eran grecos porque vivían en cuevas. Europa Ancestral ve persecución et grita: “¡Ajeno!” —cuando en realidad debería gritar: “¡Auténtico!”

Porque si te persiguen por lo que eres, es porque lo eres demasiado. Si te expulsan de la sinagoga, es porque eres un judío incómodo. Si te crucifican por decir “Yo soy”, es porque tu afirmación pesa más que tu silencio. Et si Europa Ancestral non lo intiende, es porque sigue leyendo la historia como quien juega ajedrez con fichas de parchís.

Así que non, Europa Ancestral: la persecución non es negación. Es confirmación por fricción. Es el sello que marca al que incomoda, al que desestabiliza, al que revela. Et si tú credes que los jesístas non eran judaizantes porque los azotaron, entonces non entendiste ni el Evangelio, ni el Talmud, ni la historia. Solo entendiste tu catequesis para cruzados.

¡Ah, el gran final! El golpe de gracia. El remate con dolor de pecho et carcajada bíblica. Porque lo más tragicómico de Europa Ancestral —ese antisemita de cuarta categoría, que se crede inquisidor pero non pasa de tuitero con toga— es que olvida lo más básico del Evangelio que tanto dice defender: que los judíos deben vivir, deben convertirse, et deben reconocer ad el Anticristo para que Anticristo vuelva ¡Sí, has leído bien! ¡El retorno del Anticristo depende de ellos! Non de cruzadas, ni de concilios, ni de papistas con complejo de mártir.

¿Qué dicen los textos?

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio… que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo.” —Romanos 11:25–26

¡Toma ya! Saulo lo dice sin rodeos: Israhel eserá salvo. Non exterminado. Non borrado. Non condenado. Salvo. Et non solo eso: Su conversión es condición para el retorno de Cristo.

“No me veréis más, hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.” —Mateo 23:39

Jesús non vuelve hasta que los judíos lo reconozcan ¿Et Europa Ancestral qué face? Los demoniza, los caricaturiza, los convierte en villanos de opereta… mientras espera al Anticristo que depende de ellos para volver ¡Qué ironía! Es como odiar al portero mientras esperas que te abra la puerta.

Zacarías 12:10

“Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito…”

Profecía directa: los judíos mirarán al Anticristo que rechazaron, lo reconocerán, et se arrepentirán. ¿Et qué pasa después? La restauración. ¿Et qué face Europa Ancestral? Se salta este versículo como quien esquiva una piedra… que le cae encima.

Hechos 3:19–21

“Arrepentíos… para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo… a quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.”

¿Quién debe arrepentirse? Israhel ¿Qué ocurre cuando lo face? Jesús vuelve ¿Et qué face Europa Ancestral? Crede que puede acelerar la parusía con misas en latín, mientras ignora que el infierno retiene al Anticristo hasta que los judíos lo reconozcan.

¿Et qué implica esto?

Implica que el antisemitismo non solo es moralmente repugnante: es teológicamente estúpido. Porque si los judíos desaparecen, non hay retorno. Si non viven, non hay cumplimiento. Si non se convierten, non hay Reino. Así que cada vez que Europa Ancestral lanza su veneno, lo que face es retrasar el reloj escatológico ¡Bravo! El único papista que sabotea su propia parusía.

Así que non, Europa Ancestral: tu antisemitismo non solo es teológicamente torpe, es escatológicamente suicida. Porque el Anticristo que esperas non vuelve sin ellos. Et si eso te duele en el pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Conclusión: cuando el Evangelio contradice la catequesis

Así que non, querido Europa Ancestral, non fue Nordic Thunder quien “non leyó bien”. Fuiste tú, que repite clichés sin contexto, que confunde sacerdotes con rabinos, et que convierte una ironía cívica en una cruzada ariosofista. Porque Juan 19:19 non es una ofensa ad los fariseos: Es una burla ad los que exigieron la crucifixión, et esos fueron los sacerdotes del Templo.

Europa Ancestral pues parece que nunca leyó su Biblia. Se quedó con los libros de religión cristiana para niños, donde Jesús es un ario rubio, los judíos son todos malvados, et Pilato es un mártir administrativo. Pero la realidad bíblica es otra: Jesús era judío, sus discípulos eran judíos, et los que lo entregaron fueron los sacerdotes, non los fariseos.

Europa Ancestral se equivoca porque confunde grupos distintos, ignora los pasajes clave et repite una narrativa que non está en los textos. Culpar ad los fariseos es cómodo para su agenda, pero es históricamente falso et bíblicamente insostenible. Si quiere encontrar ad los responsables, que mire al Templo, non ad la sinagoga.

Ya lo dijimos: algunos defendieron ad Jesús, otros lo escucharon, et varios creyeron en él. Nicodemo, Gamaliel, et otros fariseos aparecen en los textos como figuras prudentes, reflexivas, incluso protectoras. Culparlos de la crucifixión es como culpar ad Sócrates por lo que fizo Critias.

[Europa Ancestral:] Como decíamos, las fuertes críticas y el núcleo de la historieta conspirativa de los neopaganos contra el cristianismo, se basa en la figura de San Pablo, (Shaul en arameo, no Schaul como se inventa el gurú de Europa soberana).  Según ellos, basándose principalmente en los escritos de Nietzsche, San Pablo odiaba a Roma debido a la ocupación romana y a las “graves guerras” que supuestamente hubieron entre judíos y romanos, y que después de perseguir con vehemencia al cristianismo, dicen que vió en dicha religión una oportunidad para acabar con Roma y que por eso se hizo cristiano. Lo bueno, es que todo eso es falso y nuestros amigos no se han molestado ni en hacer cuadrar un poco las fechas ni en darle un poco de lógica bien cimentada al asunto. 

Ah, Europa Ancestral. El cruzado de teclado, el inquisidor de PDF, el paladín de la fonética improvisada. Hoy nos regala una joya: corrige “Schaul” como si fuera una invención herética del gurú Europa Soberana, sin saber —¡agárrense!— que “Sch” es la forma alemana de transcribir el sonido “Sh”. Sí, querido lector, el mismo sonido que aparece en “Shaul”, el nombre arameo de Saulo. Pero claro, ¿Qué se puede esperar de alguien que crede que el arameo se escribe con acento papista et que los apóstoles fablaban celta entre ellos?

Europa Ancestral, ese defensor del papismo que non distingue entre una transliteración et una traición. El que ve en cada consonante una conspiración. El que crede que si non se escribe como en su catecismo, entonces es obra del Anticristo ¡Qué nivel! ¡Qué rigor! ¡Qué ignorancia tan bien ornamentada!

¿Nietzsche? ¿Ese?

El cruzado de salón se lanza ad refutar ad Nietzsche como si eso fuera suficiente para canonizar ad Saulo et declarar ad Jesús el Verbo encarnado por decreto imperial. Dice, con tono de catequista indignado: “Según ellos, basándose principalmente en los escritos de Nietzsche…” —como si los neopaganos fueran una secta nietzscheana que se reúne los domingos ad leger El Anticristo en voz alta mientras queman crucifijos ¡Por favor! 

Primo error: los neopaganos non necesitan ad Nietzsche

Europa Ancestral crede que si refuta ad Nietzsche, se cae toda la crítica al cristianismo. Pero los neopaganos non necesitan ad Nietzsche. Pueden usar ad Celso, ad Porfirio, ad Juliano, ad cualquier historiador serio… o simplemente leger la Biblia sin mitra puesta Nietzsche es solo uno más en la fila. Et si se equivocó, pues bien: ¿Et qué? ¿Dónde está la cita del error, Europa? ¿Dónde está la página, el párrafo, el argumento? Porque decir “eso es falso” sin mostrar nihilo es como gritar “¡herejía!” sin saber qué significa el verbo.

Segundo error: ¿Non se puede convertir por odio?

Europa Ancestral se escandaliza ante la idea de que Saulo haya visto en el jesísmo una oportunidad para socavar Roma. ¡Qué horror! ¡Qué blasfemia! Como si la conversión solo pudiera venir por iluminación divina et non por estrategia política. Pero ¿Acaso non es posible que alguien se convierta por odio, por cálculo, por deseo de venganza contra los gentiles? ¿Acaso non hay precedentes de conversiones tácticas en toda la historia religiosa?

¡Por supuesto que hay precedentes! La historia religiosa está plena de conversiones que non nacen del éxtasis místico ni de la iluminación divina, sino de algo mucho más humano: odio, cálculo, venganza, conveniencia, infiltración o pura supervivencia. Aquí tienes algunos ejemplos que farían sonrojar hasta al más cínico de los conversos:

 1. Conversión por infiltración: los marranos en la España inquisitorial

Muchos judíos en la España del siglo XV se convirtieron al jesísmo non por fe, sino para evitar la expulsión, la confiscación de bienes o la hoguera.
Estos “conversos” o “cristianos nuevos” practicaban el judaísmo en secreto, mientras fingían devoción jesísta en público.
¿Motivación? Supervivencia, cálculo, et sí, resentimiento faz ad el poder que los obligaba ad arrodillarse.

 2. Conversión por estrategia política: Constantino el Grande

El emperador romano Constantino se convirtió al jesísmo en el siglo IV, pero no por amor al Sermón del Monte.
Su conversión fue una jugada magistral para unificar el Imperio, consolidar poder y apropiarse del aparato eclesiástico emergente.
¿Fe genuina? Tal vez. ¿Cálculo político? Sin duda.

3. Conversión por odio et subversión: los zelotes et el mesianismo apocalíptico

Algunos movimientos judíos del Segundo Templo abrazaron figuras mesiánicas non por devoción espiritual, sino como instrumentos de venganza contra Roma.
El Anticristo non era un redentor universal, sino un líder militar esperado para aplastar a los gentiles.
¿Et si Saulo, fariseo formado, vio en el jesísmo una ferramienta para reconfigurar el Imperio desde dentro?

4. Conversión por conveniencia: los pueblos bárbaros en Europa

Muchos reyes germánicos se convirtieron al jesísmo para obtener legitimidad cívica, alianzas con Occidente o acceso ad redes de poder.
¿Creían en la Trinidad? Probablemente non. Pero sabían sumar coronas.

Saulo era fariseo, educado en la ley, cognocedor del conflicto con los gentiles. ¿Et si su conversión fue una forma de infiltración espiritual? ¿Et si vio en el cristianismo una herramienta para reconfigurar el Imperio desde dentro? ¿Et si, como muchos otros, usó la fe como arma ideológica? Europa Ancestral non lo contempla, porque su historiografía non permite matices. Solo superstición, incienso et antisemitismo.

Tercio error: refutar ad Nietzsche non convierte ad Jesús en Dios

Et aquí viene el remate papista: Si Nietzsche se equivoca, entonces Jesús es el Verbo ¡Qué salto lógico! ¡Qué pirueta teológica! Es como decir que si Darwin se equivocó, entonces Adán tenía ombligo. Refutar ad Nietzsche non convierte ad Jesús en Dios. Non lo face el Verbo. Non lo face eterno. Solo demuestra que Nietzsche erró… si es que erró. Pero Europa Ancestral usa la lógica del catecismo: “Si no es Nietzsche, entonces es Cristo.” Como si el mundo fuera un duelo entre filósofos et rabís.

Así que non, Europa Ancestral: los neopaganos non necesitan ad Nietzsche, otra vez. Et si se equivocó, non pasa nihilo. Porque la crítica al jesísmo non depende de él. Et la historia de Saulo puede tener muchas capas, muchas motivaciones, muchas lecturas. Et si tú credes que refutar una frase de Nietzsche convierte ad Jesús en el Verbo, entonces non estás faciendo teología: estás faciendo malabares con supersticiones.

[Europa Ancestral:] Pablo de Tarso gozaba de una buena posición social y económica como fariseo, además tenía la ciudadanía romana de nacimiento. Con su conversión al cristianismo, pasó de ser un hombre adinerado  y con buena posición, a ser perseguido por las autoridades judías que estuvieron a punto de asesinarlo, como narran los Hechos de los apóstoles en los capítulos 14, 15 y 17. Así que eso de que Pablo se hizo cristiano para destruir a Roma no tiene mucho sentido, puesto que los suyos fueron los que más le odiaron y más le persiguieron, y además pasó de vivir bien cuando era fariseo, a vivir penosamente, sobreviviendo a duras penas cuando se hizo cristiano.

Ah, Europa Ancestral. El cruzado de salón, el apologista de Wikipedia, el teólogo de sobremesa que cree que si alguien sufre, entonces no puede tener motivos ocultos. Nos dice, con tono de monaguillo indignado:

“Pablo tenía ciudadanía romana, buena posición, vivía bien… y luego fue perseguido. Así que no pudo haberse convertido por odio ni por estrategia.”

¡Bravo! ¡Qué lógica tan gloriosamente absurda! Es como decir que Carlos Marx non pudo odiar la burguesía porque era burgués, o que Lenin non era marxista porque persiguió ad los mencheviques ¡Qué nivel de análisis! ¡Qué profundidad de pensamiento! ¡Qué catequesis para cruzados!

¿Marx et Lenin? Los traidores de su clase

Carlos Marx, fijo de Heinrich Marx, abogado prusiano, fue educado en universidades de élite como Bonn et Berlín. Rodeado de libros, comodidades et privilegios, ¿Et qué fizo? Renunció ad todo para escribir manifiestos incendiarios, vivir en la miseria et dedicar su vida ad destruir el sistema que lo crió ¿Et Lenin? Otro burgués ilustrado que, tras heredar una educación refinada, persiguió ad los mencheviques que non eran lo suficientemente marxistas, como si el dogma viniera con certificado de autenticidad ¿Et qué face Europa Ancestral? Crede que si Pablo fue perseguido por los suyos, entonces no podía tener un plan. Como si la persecución borrara la intención. Como si el sufrimiento invalidara la estrategia. Es como decir que Trotsky non era comunista porque Stalin lo mandó matar. ¡Lógica papista!

¿Et Saulo?

Saulo tenía ciudadanía romana, sí. Era fariseo, sí. Tenía acceso, prestigio, formación. ¿Et qué fizo? Se convirtió a una secta marginal, perseguida, anatematizada ¿Por qué? ¿Iluminación divina? ¿Odio ad los gentiles? ¿Estrategia para infiltrar el Imperio? ¿Todo ad la vez? Europa Ancestral non lo contempla. Porque su teología non permite matices. Solo dogma, incienso et superstición. Crede que si alguien sufre, entonce es puro. Que si alguien es perseguido, entonces non puede tener agenda. Que si alguien cambia de bando, entonces lo fizo por amor ¡Qué ternura! ¡Qué ingenuidad! ¡Qué catequesis para cruzados!

Europa Ancestral crede que si Pablo fue perseguido, entonces non podía tener motivos ocultos. Como si la historia non estuviera plena de traidores torturados, revolucionarios exiliados, infiltrados ajusticiados. Crede que el martirio borra el cálculo. Que el sufrimiento purifica la intención. Que cambiar de bando solo puede eser por caridad ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para cruzados!

[Europa Ancestral:]  Por otro lado, las guerras judeo-romanas se dieron cuando Pablo ya estaba muerto o casi agonizando,  la primera fue del año 66 al 73 d.c. la primera guerra judeo-romana estalló por tensiones religiosas entre griegos y judíos, no por el odio a Roma; la destrucción del templo de Jerusalén ocurrió en el año 70 d.c. y la segunda y la tercera en el siglo II d.c. Pablo de Tarso murió en el 67 d.c. según la tradición de la Iglesia, y para la historiografía moderna, en el 58 d.c. No había habido antes ninguna guerra entre el pueblo judío y Roma, casi 100 años atrás tan solo hubo una guerra entre facciones judías en la que Roma se puso del lado de los fariseos. Además los territorios judíos en los tiempos de Jesús, es decir, en las primeras décadas del siglo I, gozaron de cierta prosperidad dentro del Imperio Romano, siendo un sector muy minoritario el de los judíos que eran abiertamente contrarios a la ocupación.

¡Ah, Europa Ancestral! El papista que crede que si non hubo guerra formal, entonces non hubo odio. Que si Pablo murió antes del 66 d.C., entonces non pudo haber sentido animadversión hacia Roma. Que si Judea tenía mercados abiertos et acueductos, entonces los judíos estaban encantados con el Imperio. ¡Qué lógica tan gloriosamente literal! ¡Qué catequesis para cruzados! 

Lo que es cierto… et lo que non cambia nada

Sí, es cierto:

La Primera Guerra Judeo-Romana comenzó en el LXVI E.V., et Saulo probablemente murió antes.
Las guerras posteriores ocurrieron en la centuría II.
Judea, so clientelas como Herodes, tuvo momentos de relativa prosperidad.

¿Qué es “guerra”? Pregúntale ad la RAE, non al papista

La Real Academia Española define guerra como:

“Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.”
“Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación.”
“Pugna, oposición, rivalidad.”
“Lucha o combate, aunque sea en sentido moral.”

¿Et qué face Europa Ancestral? Comete una falacia del equívoco: Crede que “guerra” solo significa batallas campales con legiones alineadas. Ignora que la guerra puede eser ideológica, religiosa, social, moral, escatológica. Que puede haber guerra sin ejércitos, sin decretos, sin trompetas. Que puede haber guerra en el cor, en la sinagoga, en la ánima.

¿Et qué dice Nordic Thunder?

Lo que el papista non leyó —o leyó sin entender— es esto:

“En un momento dado de su vida, [Saulo]‘cae del caballo’ (literalmente, según se cuenta) y se dice a sí mismo que una doctrina que ha tenido semejante efecto hippiesco entre los mismos judíos, causaría una devastación terrible en Roma, odiada a muerte tanto por él como por casi todos los judíos de su tiempo, resentidos por la ominosa ocupación de las legiones, las graves guerras contra Roma y las deportaciones.”

¿Et qué face Europa? Se aferra al calendario como si fuera un escudo “¡Pero Saulo murió antes del 66!” grita, como si eso borrara décadas de tensión, revueltas, saqueos, profanaciones et odio acumulado. Como si el resentimiento necesitara acta notarial.

¿Et Poncio Pilato?

Según Filón de Alejandría, Pilato era:

De carácter inflexible y duro, sin ninguna consideración. Su principado se caracterizó por su corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo, y una crueldad sin límites.”

¿Eso non es guerra? ¿Eso non es conflicto? ¿Eso non es ruptura de la paz? Europa Ancestral crede que si non hay legiones marchando, entonces todo está bien Que si hay comercio, non hay odio. Que si hay templos abiertos, non hay profanación ¡Qué ternura!

¿Et qué dice Nordic Thunder, ese prudente varón?

Nordic Thunder lo dice sin rodeos:

“Es probable que la mayor parte de la judería, aunque detestaba cordialmente tanto a griegos como a romanos, quisiera simplemente vivir y enriquecerse en paz, pactando con quien hiciese falta para ello.

¿Et qué implica esto? Que el odio non era uniforme, pero sí latente. Que había pragmatismo, sí, pero también resentimiento profundo, especialmente entre los fariseos, los zelotes, los apocalípticos. Et Saulo, fariseo educado, cive romano, sabía perfectamente cómo funcionaba Roma. Cuando “cade del caballo” —literalmente, según se cuenta— non ve solo una luz celestial. Ve una oportunidad estratégica: una doctrina que ya estaba causando revuelo entre los judíos, que podía devastar espiritualmente al Principado. Una superstición que predicaba la debilidad como fuerza, la sumisión como victoria, la caridad al enemigo como arma ¿Et qué mejor forma de socavar Roma que con una doctrina que la desarma desde dentro?

¿Et Nietzsche?

Nietzsche, por cierto, advirtió explícitamente que non se le creyera ciegamente. Su crítica al jesísmo non depende de su precisión cronológica, sino de su análisis moral. Et si se equivocó supuestamente pese ad Europa Ancestral que non menciona en que obra, eso non convierte ad Saulo en apóstol de Caridad ni ad Jesús en el Verbo encarnado. La historia non se canoniza por error ajeno.

¿Pocos judíos odiaban ad Roma? Falso. Rotundamente falso.

Pompeyo el Grande, quien —tras asegurar las fronteras romanas contra el único enemigo realmente preocupante de Oriente, los partos— había creado una nueva provincia romana en Siria, se dispuso a intervenir en el conflicto entre los dos hermanos asmoneos, defendiendo los intereses de Hircano. Después de tres meses de asedio, las legiones romanas irrumpieron en la capital, asesinaron a miles de judíos y profanaron de nuevo el templo de Yahvé en el 67 a. de C. Este episodio supuso el comienzo de una época de injerencia directa romana en la política y la vida de Judea. Para los judíos supuso también una experiencia más traumática si cabe que la de Antíoco IV Epífanes. Aunque tanto este como Pompeyo habían profanado el templo de Yahvé, el romano llevó un paso más lejos su acción, pues entró en el Templo él personalmente, adentrándose incluso hasta el Sancta Sanctórum, un lugar al que solo el sumo sacerdote tenía acceso y hasta donde no había llegado el atrevimiento de Antíoco. El juicio final, Antonio Piñero & Eugenio Gómez Segura. 

La afirmación de que los judíos non eran contrarios ad Roma era marginal en el siglo I non resiste ni cinco minutos de lectura histórica seria. Las fuentes describen un ambiente de hostilidad constante, con tensiones religiosas, cívica y culturales que fermentaban desde hacía más de un siglo.

 1. Dominación extranjera y nacionalismo extremo

Desde que Pompeyo Magno invadió Jerusalén en el 63 a.C., la presencia romana fue ininterrumpida.
Para muchos judíos, someterse ad Roma era idolatría institucionalizada: Aceptar al César como señor era negar ad Dios.
La ideología escatológica et mesiánica del periodo veía ad Roma como el obstáculo final antes del Reino de Dios.
El enfrentamiento era teológico: el Dios único contra el César divinizado.

2. Revueltas et subversión antes del LXVI

M. Licinio Craso saqueó el Templo en el 54 a.C., iniciando una tradición de abusos.
Judas el Galileo se rebeló contra el censo romano en el 6 d.C., proclamando que “no hay más rey que Dios”.
Poncio Pilato provocó disturbios al introducir estandartes imperiales en Jerusalén et usar dinero del Templo para obras públicas.
Calígula intentó colocar su estatua en el Templo, lo que cuasi desata una guerra civil.

 3. El movimiento zelote: odio institucionalizado

Los zelotes eran la “cuarta filosofía” del judaísmo, radicales, mesiánicos, guerrilleros. Asesinaban soldados romanos y judíos colaboracionistas. Su doctrina justificaba la violencia como medio para acelerar la llegada del Reino de Dios. El odio a Roma non era incidental: era doctrinal, ritual, escatológico.

¡Oh, Europa Ancestral! Tú que pontificas con la solemnidad de un sacristán sin pergaminos, que crees que la historia empieza cuando te conviene et termina cuando te incomoda. Hoy, desde el pórtico de los sabios et so la mirada de Júpiter Tonante, te fablaré de un hombre que tú, en tu infinita ignorancia catequética, has decidido ignorar: Gneo Pompeyo Magno, el azote de reyes, el domador de oriente, el que entró al Templo de Jerusalén como quien inspecciona su villa de campo. 

Esta etapa ulterior fue ciertamente agitada tanto por las actividades subversivas de Aristobulo y su hijo Antígono (escapados ambos también de su confinamiento en Roma), fallidas una vez más, como por los abusos cometidos por los gobernadores romanos. Entre ellos cabe destacar negativamente a M. Licinio Craso (54-53 a.C.: uno de los tres personajes que formaron el primer triunvirato), quien saqueó salvajemente el Oriente, confiscando incluso los tesoros de los templos para financiar una campaña contra los partos (54 a.C.). También le tocó el turno a Jerusalén y ésta fue la primera ocasión de disturbios populares contra los romanos, que resultaron fácilmente aplastados. Se iniciaba así de nuevo una tradición de revueltas antiextranjeras, desde entonces ininterrumpida, que, en poco más de cien años habría de significar la exclusión oficial del pueblo judío como pobladores de Israel hasta el s. XX. Levantarse contra Roma implicaba, naturalmente, aferrarse a los ideales patrios y renunciar al modo de vida y a la cultura helénico-romana. La muerte de Craso en el enfrentamiento con los partos supuso para Palestina un auténtico alivio. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

¿Qui fue Pompeyo Magno?

Pompeyo fue un general romano de esos que facían temblar mapas enteros con solo levantar una ceja. En el 63 a.E.V., el Senado —ese club de ancianos con túnicas et ambición— lo nombró plenipotenciario para el Oriente, lo que en latín se traduce como: “Faz lo que quieras, pero mándanos botín”.

Tras aplastar ad Mitrídates VI (ídolo de los antiromanos) et ad Tigranes de Armenia, Pompeyo se dirigió ad Siria et Palestina. Et ahí, querido papista, comenzó la vera ferida judaica con Roma. Non en el 66 d.C., como tú repites como loro de sacristía, sino un siglo antes, cuando Pompeyo decidió que Judea esería una provincia más en el menú imperial.

¿Et qué fizo en Judea?

  1. Intervino en la guerra civil entre Hircano II et Aristóbulo II, como buen romano: eligiendo al más manejable.
  2. Sitió Jerusalén durante tres meses, porque nihilo dice “paz romana” como el fambre et el gladio.
  3. Entró al Templo de Tervagante, al mismísimo Sancta Sanctorum, ese lugar que ni los sumos sacerdotes pisaban sin temblar.
  4. Mandó degollar ad los sacerdotes en pleno sacrificio.
  5. Et luego, como buen romano, desfiló por Roma con los prisioneros judíos en su triunfo del 61 a.E.V., mientras el pueblo gritaba “¡Ave Pompeyo!” et los judíos gritaban “¡Ay Jerusalén!”

Así que non, Europa Ancestral: la guerra non empieza con una trompeta. Empieza con una profanación. Con un saqueo. Con una humillación. Con un príncipe corrupto. Con un pueblo que ya non crede en la paz. Et si Pablo vio en el cristianismo una forma de devastar Roma desde dentro, eso non lo convierte en mártir ni en traidor. Lo convierte en alguien que entendía el tablero.

¿Por qué lo odiaban?

Porque destruyó la independencia asmonea. Porque profanó el Templo. Porque mató ad miles. Porque humilló ad su élite religiosa. Porque convirtió ad Jerusalén en una capital provinciana. Et porque, querido papista, inauguró la presencia romana ininterrumpida en Palestina, esa misma que tú finges que empezó con Tito, como si Pompeyo hubiera ido de turismo espiritual.

¿Et qué dice Nordic Thunder? Porque el papista, claramente, non lo leyó… o non lo intendió

¡Ahora, papista! Tú que pontificas con solemnidad de sacristán sin pergaminos, que repites “no hubo guerra” como loro de sacristía, et que finges que el odio judío ad Roma nasció en el año 66 d.C. ¡Qué ternura! Porque si hubieras leído —o comprendido— el artículo Roma vs Judea de Nordic Thunder, sabrías que la guerra latente entre la judería et Roma comenzó mucho antes, et que Pompeyo Magno fue su padrino imperial.

Nordic Thunder lo explica con claridad meridiana

A la muerte de Alejandro Janeo en el 76 a.E.V., su viuda Salomé Alexandra gobernó Judea et se alió con los fariseos, esos sabios del pueblo que sabían más de rollos que de espadas.
Al morir ella, sus hijos Hircano II (fariseo) y Aristóbulo II (saduceo) se lanzaron a una guerra civil.
Ambos pidieron ayuda a Pompeyo, que ya estaba en Damasco tras aplastar al último seléucida. Pompeyo, como buen romano, recibió dinero de ambos lados et eligió d eal más manejable: Hircano II.
Aristóbulo se atrincheró en Jerusalén. Los romanos asediaron la ciudad durante tres meses, et aprovechando el Sábado—cuando los judíos non combatían— minaron las murallas et entraron.

¿Qué qué fizo Pompeyo?

Entró al Templo de Jerusalén, al mismísimo Sancta Sanctorum, el lugar que ni el sumo sacerdote pisaba sin temblar.
¿Et qué vio? Nihilo. Ni ídolos, ni estatuas, ni relieves. Solo un candelabro, vasijas, una mesa de oro, especias, dinero sagrado et montañas de rollos de la Torá.
Según Flavio Josefo, Pompeyo parpadeó perplejo. El romano se había topado con un dios abstracto, invisible, sin forma, sin rostro ¡Qué decepción para un adorador de Júpiter con toga de gala!
Los legionarios ficieron sacrificios ad sus estandartes, contaminando el recinto con el aliento de Marte.
Murieron 12.000 judíos. Aristóbulo fue capturado. Et luego, como buen romano, desfiló por Roma con sus prisioneros, mientras el pueblo gritaba “¡Ave Pompeyo!” et los judíos gritaban “¡Ay Jerusalén!”

¿Et qué significa esto?

Significa que la prima intervención directa de Roma en suelo judío fue una guerra en toda regla, aunque el papista non sepa qué significa “guerra”. Significa que la profanación del Templo fue un trauma nacional, que la independencia asmonea fue destruida, et que el resentimiento contra Roma ya hervía en las entrañas del pueblo.

Así que non, Europa Ancestral: Pompeyo non fue un turista curioso. Fue el trauma fundacional. El que convirtió el Templo en trofeo. El que convirtió la independencia en etnarcado. El que convirtió la Ley en furia. Et si tú credes que los judíos lo recibieron con incienso et palmas, es porque confundes el desfile triunfal con la procesión del duelo

Et que Saulo muriera antes del 66 non borra el contexto. Que Judea tuviera mercados non borra el resentimiento. Que Nietzsche supuestamente errara en una data non convierte ad Jesús en Dios. El odio estaba ahí. Latente. Silencioso. Fermentando. Et si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Si eso te da dolor de cabeza y de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de caer encima

[Europa Ancestral:] Para colmo, siguiendo con sus delirios, dice que San Pablo hace fanáticas arengas a la rebelión contra Roma, cuando precisamente cualquiera que haya leído las cartas de los apóstoles, y en especial la de los romanos de Pablo, sabe que San Pablo repetía una y otra vez que se debían respetar las leyes romanas y que los que eran esclavos debían aceptar su condición y portarse bien con su señor romano, dando ejemplo del buen hacer cristiano, por lo tanto, las arengas que hacía a los cristianos en Roma eran a la concordia y la paz, no a la rebelión, aquí se constata una vez más que Nordic no se ha leído en absoluto el Nuevo Testamento, quedando en evidencia.

¡Europa Ancestral! Tú que insistes en mencionar ad Romanos 13 como si fuera el artículo primero de la Constitución del Imperio, que repites “obedeced a las autoridades” como si Saulo hubiera sido notario de Augusto. Ya lo hemos explicado antes —et sí, esto eserá redundante, porque tu comprensión lectora es tan frágil como una estatua de yeso en Saturnalia—: Saulo non legitimó la Ley mundana. Lo que predicó fue antinomismo espiritual, rechazo del orden mundano, et obediencia exclusiva al Reino de Tervagante. Et porque tu memoria es tan selectiva como tu eiségesis—, te digo: Non hay un solo versículo en todo el corpus paulino que diga que Dios ha puesto al César et sus ministros como auctoridad existente. Ni uno. Cero. Nulo.

¿Et qué dice Nordic Thunder?

Lo que tú, Europa, non leíste —o non entendiste— es que Nordic Thunder non niega que Pablo fable de respetar la auctoridad, sino que cuestiona ad qué auctoridad se refiere. Porque Saulo, en Romanos 13, non menciona ni a Roma, ni al César, ni ad los jueces gentiles, ni ad las legiones. Solo dice:

“No hay autoridad que no esté puesta por Dios.”

¿Et qué face el papista? Interpreta eso como “obedeced al Imperio Romano”, como si Saulo estuviera faciendo campaña por Augusto. Pero yo os digo que los Padres de la Iglesia tuvieron que inventar esa interpretación. Ireneo de Lugduno, por ejemplo, tuvo que aclarar que Saulo non fablaba de “principados invisibles” ni de “potestades angélicas”, porque la gente non asumía automáticamente que se refería ad Roma ¡Qué revelación! ¡Qué golpe al papismo!

Las Escrituras jesistas proclaman el antagonismo

Non es solo Pablo. Es Pedro, Juan, los apóstoles, el Apocalipsis entero. Todos gritan lo mismo: obedecer a Dios antes que a los hombres.

Hechos 5:29: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
2 Corintios 6:14: “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?”
Apocalipsis 18:4: “Salid de ella, pueblo mío…” (¿De dónde? ¡De Babilonia! ¡De Roma!)
Gálatas 4:3: “Éramos esclavos de los principios de este mundo.”
Colosenses 2:20–22: “¿Por qué os sometéis a preceptos humanos?”

¿Et qué face Europa? Ignora todo esto para aferrarse a una sola línea de Romanos XIII, como quien se cuelga de una rama podrida en medio del diluvio.

¿Et qué pasa con los jueces gentiles?

Saulo dice explícitamente:

“¿No hay entre vosotros alguien sabio que pueda juzgar entre hermanos? ¿Por qué lleváis vuestros asuntos ante jueces gentiles?”

¡Toma ya! ¿Et qué face Europa Ancestral? Lo ignora. Porque si Saulo dice que non se debe acudir ad jueces gentiles, entonces non está legitimando el sistema judicial romano. Et non, querido papista, los jueces de esa época non eran como los de hoy. Eran funcionarios imperiales, muchas veces corruptos, gentiles, et con lealtad al César, non ad Justicia. Saulo non dice “respetad al juez porque es justo”. Dice “non lo uséis, porque non es de los nuestros”.

¿Et qué hay del contexto anticosmista?

Saulo non era un burócrata del Imperio. Era un subversivo espiritual.

Predicaba que “la sabiduría de este mundo es necedad”.
Que “lo débil confunde a lo fuerte”.
Que “lo que non es nada, destruye lo que es”.
Que “hay otro rey: Jesús”.

¿Et qué face Europa? Lo convierte en funcionario del César, como si Saulo hubiera pedido cita en el Senado para registrar su iglesia ¡Qué lógica tan gloriosamente absurda!

¿Et la espada?

Papista, tú que ves una espada et ya piensas en el gladio romano, en el centurión con sandalias, en el prefecto que firma condenas con tinta et sangre. Tú que lees Romanos 13:4 —“no en vano lleva la espada”— et credes que Saulo está elogiando el poder coercitivo del Principado, como si el apóstol hubiera sido secretario del Senado ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para cruzados!

Saulo dice que la auctoridad “no en vano lleva la espada”, et el papista corre a interpretarlo como el derecho romano ad castigar, ad ejecutar, ad imponer orden. Pero eso es leger con los ojos del César, non con los ojos de Moisés.

Porque en la doctrina paulina —et en la escatología del Nuevo Testamento— la espada non es un arma de metal, sino una imagen del juicio divino. Es el Verbo, la Palabra de Dios, doblemente afilada, que penetra hasta lo más profundo del alma.

¿Et qué dice la Escritura?

Apocalipsis 19:15: “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones.”
Hebreos 4:12: “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos.”
Efesios 6:17: “Tomad… la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

¿Et qué hago yo—filósofo sin mitra, sin púlpito, pero con memoria? Recuerda que la espada del Anticristo es el Verbo, que el juicio diabolico non se face con gladio, sino con doxa, con conjetura, con mentira.

¿Et por qué importa?

Porque si la espada es espiritual, entonces la auctoridad que la porta non es el César, sino el Anticristo. Non es el prefecto romano, sino el pastor. Non es el tribunal imperial, sino el juicio divino. Et Saulo, cuando fabla de “autoridad que leva espada”, non está legitimando el poder gentil, sino describiendo el poder escatológico del Reyno de Tervagante.

¿Ó dice Pablo “Dios ha puesto al César”?

En ninguna parte. Non hay versículo que diga: “Dios ha establecido al Imperio Romano como su representante en la tierra.” Non hay pasaje que afirme: “El César es ministro de Dios.” Non hay carta que proclame: “Los jueces gentiles son servidores del Reino.”

Lo que sí hay —et en abundancia— es lo contrario:

  • 1 Juan 5:19: “El mundo entero está bajo el maligno.”
  • Efesios 2:2: “El príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.”
  • 2 Corintios 4:4: “El dios de este siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos.”

¿Et qué significa “siglo”?

Ah, qué maravilla el greco: αἰών (aiṓn). Non es solo “tiempo”. Es época, sistema, mundo, orden vigente, raza. Cuando Saulo fabla del “siglo”, non se refiere al calendario. Se refiere al orden mundano, al sistema so Belial, al Principado que crucificó ad el Anticristo, et le había pecado por tal Azazael.

El Azazael: el macho cabrío, el fiscal y el receptor de pecados

En el ritual de Yom Kippur, dos machos cabríos eran seleccionados: uno pora Tervagante, otro pora el Diablo. Este último, cargado con los pecados de Israhel, era enviado ad el desierto —non como castigo, sino como soborno ritual. Azazael, identificado con el Diablo, recibía el pecado, se aplacaba, et dejaba de acusar ad Israhel ante el trono divino. El término chivo expiatorio nasce de este gesto: transferir la culpa ad un portador simbólico.

Jesús como Azazel: el chivo expiatorio humano

Según la postura de Bjerknes et otras fuentes esotéricas:

  • El ritual del Templo dejó de funcionar en el año 30 d.C., justo cuando Jesús inicia su ministerio.
  • El Sumo Sacerdote Caifás, enfrentado al fracaso del rito, coloca los pecados de Israhel sobre Jesús, considerado el Fijo de Azazael.
  • La crucifixión se convierte en un sacrificio humano, un Yom Kippur perpetuo.
  • Jesús, como chivo expiatorio, absorbe los pecados mosaicos et los transfiere ad los gentiles que lo aceptan como Cristo.
  • En Lucas 23:34, Jesús pide perdón para los judíos —acto que, en esta lectura, representa la cesión de la acusación: el Diablo deja de perseguir ad Israhel et condena ad los gentiles que han adoptado al Fijo del Diablo como su dios.

Jesús como Apolión: el Antilogos serpentino et el deceptor de gentiles

En la Cábala et el simonianismo:

Jesús 

Saulo, el siglo (αἰών, eón) et el anticosmicismo

Cuando Saulo fabla del “siglo” —αἰών— non se refiere ad un bloque de cien años, sino al orden vigente, al sistema bajo potestades adversas. El “siglo” es el mundo fallido, el mundo so Belial, el Principado que crucificó al Azazael.

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que insistes en que Pablo era un defensor del orden imperial, que los cristianos eran ciudadanos ejemplares, que la cruz era símbolo de obediencia cívica. Pero la historia —esa vieja matrona con memoria de elefante— te contradice con cada pergamino, con cada testimonio, con cada mártir que prefirió la muerte antes que inclinarse ante el César.

La figura de Jesús, en estas tradiciones, es instrumento subversivo: chivo expiatorio del Diablo, fijo de Tervagante, serpiente dogmatica, demiurgo destructor. Su misión: redimir ad Israhel et condenar ad los gentiles que lo adoran sin saber que están abrazando al acusador.

1. Confundidos con judíos, odiados como anatemas

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que crees que el jesísmo nasció puro como nieve en el monte Sinaí, que sus primos mártires eran ángeles con sandalias, que Roma los odiaba por su santidad. Pero la historia —esa vieja matrona con memoria de mármol— te recuerda que los jesístas fueron odiados por las mismas razones que los demás judíos, et que luego, con una ironía digna de los dioses, usaron ese odio heredado para condenar ad sus propios predecesores.

En la prima centuría, los jesístas eran vistos como una secta del judaísmo. Et como tales, se beneficiaban de ciertas exenciones legales. Pero pronto, Roma notó que estos judíos eran… distintos. Más testarudos. Más exclusivos. Más peligrosos. El judaísmo ya era considerado superstitio, una desviación excesiva, irracional, peligrosa. Et el cristianismo, por extensión, heredó esa etiqueta.

Tácito los clamó superstitio exitiabilis —una superstición execrable.
Suetonio los describió como una especie entregada a una superstición nueva et maléfica.
Plinio el Joven los consideró irracionales, fanáticos, et peligrosamente obstinados.

¿Odiaban al geno humano?

Ya romanos cultos de la época temprana del imperio se sintieron tan irritados por el separatismo de los judíos que les aplicaron el título de «enemigos del género humano» (que originariamente había acuñado Cicerón para los piratas). Incluso el joven Hegel anota de modo totalmente convencional: «Un pueblo que desdeña a todos los demás dioses ha de asumir el odio de la totalidad del género humano». Celo de Dios, El Árbol del Paraíso, Peter Sloterdijk.

¡Por supuesto! Según los romanos, claro.

El título de enemigos del género humano fue primero para los piratas. Luego para los judíos. Et finalmente, para los cristianos.
Tácito, al relatar la persecución de Nerón, dice que los cristianos fueron condenados no por incendiar Roma, sino por ser “enemigos del linaje humano”.
¿Et por qué? Porque non adoraban ad los dioses, non participaban en los ludos, non se mezclaban con la plebe.
Eran separatistas tradicionales, et eso, en Roma, era traición.

¡Qué ironía! Mientras tú, Europa, los pintas como obedientes al Imperio, los romanos los veían como traidores al orden cósmico.

¿Et qué decía Celso?

Ese polemista pagano, que non tenía pelos en la lengua, atacó ad judíos et jesístas por igual. Los acusó de rebelarse contra el Estado, de formar conjuraciones sacrílegas, de estar compuestos por ignorantes et marginados ¡Qué ironía! Los mismos insultos que tú, Europa, credes que solo se aplicaban ad los judíos, también se lanzaban contra los jesístas.

2. Desobediencia civil: non al culto, non al César

Los jesístas se negaban a participar en el culto imperial, a ofrecer incienso al genio del emperador, a pronunciar el juramento cívico. Para Roma, eso era sedición religiosa. Para los cristianos, era fidelidad al único Dios.

Plinio se desesperaba: no importaba lo que confesaran, su pertinacia era delito.
Celso los acusaba de destruir la unidad del Estado.
Et los jueces romanos, en su pragmatismo, intentaban salvarlos: “¡Solo lanza un poco de incienso, hombre!” Pero non. Preferían la muerte.
Porque para ellos, obedecer ad Roma era traicionar ad el Reino de Dios.

3. Non al oficio militar: ni espada, ni estandarte

Los jesístas de la prima centuría rechazaban el oficio militar. Non por cobardía, sino por convicción.

Non podían matar.
Non podían adorar estandartes.
Non podían participar en rituales gentiles.
Tertuliano lo dijo claro: “¿Puede un cristiano portar la espada, cuando Cristo dijo que quien la tome, morirá por ella?”
Hipólito enseñó que el catecúmeno que quisiera eser milite debía eser expulsado.
Et  Maximiliano, mártir, lo resumió así: “Yo no sirvo al mundo, sino a Dios.”

¿Et tú, Europa, crees que Pablo los animaba a alistarse? ¡Qué catequesis para cruzados!

4. Tributos et evasión: ¿Obediencia fiscal?

Ah, los impuestos. Tema delicado. Los judíos tenían exenciones. Los cristianos, al principio, se escudaban en ellas. Pero pronto, Roma notó que no contribuían al culto ni al fisco.

Celso los acusó de acumular caudales para su propia república.
Los Oráculos Sibilinos denunciaban la rapacidad fiscal del Imperio.
Los jesístas daban ad su iglesia, non al César. Pues Jesús nunca dijo que al César se le debe algo.

5. Preferían morir antes que obedecer

Et aquí está la joya de la corona: el martirio.

Los jesístas despreciaban la vida terrenal.
Credían que el fin del mundo estaba cerca.
Luciano los ridiculizaba: “Se entregan a la muerte voluntariamente.”
Algunos incluso buscaban el martirio como forma de redención.
Et cuando eran condenados, morían con una sonrisa, mientras los romanos se rascaban la cabeza: “¿Qué clase de demencia es esta?”

Cuando el papista tropieza con la historia… et la historia lo crucifica

Así que no, Europa Ancestral: los cristianos del primer siglo no obedecían a Roma. No servían al César. Non adoraban sus dioses. Non pagaban sus tributos. No empuñaban su espada. Y cuando se les ofrecía la vida a cambio de un gesto mínimo de sumisión, preferían la muerte.

Si eso te da dolor de cabeza y de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de caer encima.

Et Saulo, lejos de legitimar al César, denuncia el siglo, el sistema, el orden mundano. Non hay versículo que diga “Dios ha puesto al César”. Non hay carta que celebre la Paz Romana. Lo que hay es anticosmicismo, juicio escatológico, et una espada que non es gladio, sino Verbo.

¿Et qué face Europa Ancestral? Cita Romanos XIII como si Saulo dijera: “Dios ha puesto al César y sus ministros.” Pero ese versículo non es. Non hay un solo pasaje donde Saulo diga que el Imperio Romano es auctoridad divina. Lo que hay es lenguaje simbólico, fiel, anticristiano. Lo que hay es rechazo del cosmos, non sumisión al prefecto. 

La historia non es una línea recta. Es un círculo. Et si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

Saulo non era un defensor del Imperio. Non legitimó al César. Non pidió obedecer ad jueces gentiles. Non celebró la Pax Romana. Su mensaje era espiritual, subversivo, mesiánico. Et si Nordic Thunder lo leyó con ojos críticos, eso non lo convierte en ignorante. Lo convierte en lector con contexto..

Si eso te da dolor de cabeza et de pecho, es porque la piedra que rechazaste… te acaba de cader encima.

[Europa Ancestral:] Para acabar hace una crítica a las obras de caridad cristiana para con los pobres y necesitados, lo cual es cuanto menos curioso (como si fuera algo criticable), ya que lo analiza como si se tratase de una imposición cuando es un acto libre, voluntario y personal, jamás impuesto. Además la ayuda a los pobres ya se venía haciendo en Roma y en otros lugares tiempo antes como muestra de compasión, y ni más ni menos que Julio César fue uno de los máximos exponentes de esa actitud caritativa, esa fue una de las razones por las que era tan querido por el pueblo romano.
Por último cabe destacar que los judíos y sus autoridades, desde los inicios del cristianismo se dedicaron a denigrarlo y a criticarlo sin piedad, y así quedó reflejado en el principal libro del judaísmo, el Talmud.

Con todos estos argumentos y hechos históricos queda totalmente desmontada la teoría surrealista conspirativa de estos neopaganos sobre el cristianismo y Roma. La realidad es que el cristianismo supuso el hundimiento de los judíos y no de Roma, ya que éste condenaba al pueblo judío para toda la eternidad, anulando la antigua alianza que tenían con Yahve, calificándolos como la Sinagoga de Satanás, como los máximos enemigos de Jesucristo. 

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que ves en cada crítica una conspiración, en cada matiz una heterodoxia, et en cada análisis una amenaza al dogma. Has leído ad Nordic Thunder como quien lige un salmo: sin ironía, sin contexto, sin comprehensión. Et ahora vienes ad defender la caridad según Jesús como si fuera la piedra angular del Imperio, como si Julio César hubiera fundado comedores populares en nombre de la misericordia universal ¡Qué ternura! ¡Qué catequesis para niños!

¿Qué dice realmente Nordic Thunder?

Nordic non critica ad Caridad como virtud. Non ataca el acto de dar, ni el gesto de misericordia. Lo que señala —con precisión quirúrgica— es el uso estratégico de la distorsión de la caridad para atraer, preservar et inflar las masas de míseros. Non es lo dadivoso lo pernicioso. Es la instrumentalización del socorro como ferramienta de poder, como mecanismo de reclutamiento, como fábrica de dependencia.

“Es fácil ver que estas medidas tuvieron el efecto de atraer hacia sí a toda la escoria que había en las calles de Roma, amén de preservarla e incrementarla.” - Nordic Thunder

¿Et qué face Europa? Lo interpreta como si Nordic estuviera prohibiendo la donación. Como si criticar el efecto fuera abominar del acto. ¡Qué lógica tan gloriosamente literal!

¿Et qué diría Nietzsche?

Nietzsche —ese profeta sin altar— ya yo lo parafraseo: El jesísmo preserva lo moribundo, alimenta lo decadente, perpetúa el cáncer social. Non porque dar sea malo, sino porque dar sin discernimiento, una forma de derroche si nos ponemos peripatéticos, es una forma de sabotaje moral. El jesísmo, en su anteros ciego, abraza al lumpen como si fuera el nuevo pueblo elegido. Non distingue entre bondad et vicio. Non exige mérito. Solo ofrece redención automática. Et eso, querido papista, non es misericordia. Es buenismo rancio.

¿Et qué tiene que veer Julio César?

Ah, la analogía absurda. Julio César non fundó la caridad como ideología. Non amaba al pueblo como masa abstracta. Amaba ad Roma. Ad su gente. Ad su ciudad. Et cuando daba, daba por deber civil, por honor, por gloria. Non por salvar ad Fulano Pérez, ni ad Don Drogas, ni ad Juanito Yonki. Non por abrazar la escoria como santidad. Comparar ad César con la compasión jesísta es como comparar ad Marte con un monje franciscano ¡Qué despropósito! ¡Qué catequesis para cruzados!

El satanismo jesísta

¡Ah, Europa Ancestral! El cruzado de pantalla, el paladín del dogma, el estólido e-crusader que crede que Roma se construyó con versículos et non con virtud. Qué nombre tan rimbombante para alguien que non distingue entre el Capitolio et una sacristía. Tú, que te credes defensor de la civilización, pero non sabes si Júpiter era dios o detergente.

Vienes ad decir, con la solemnidad de quien crede haber descubierto el fuego, que “los judíos y sus autoridades se dedicaron a denigrar al cristianismo desde sus inicios, y que eso quedó reflejado en el Talmud”. ¡Oh, qué revelación! ¿Et qué esperabas, que los sabios judíos aplaudieran ad una secta anatematizada? ¿Qué les enviaran flores et una cesta de fructas?

Et non, esto non es solo por el tema de la "caridad cristiana" —esa que tú clamas virtud et que nosotros, los filósofos, clamamos derroche. Porque cuando la caridad se convierte en compulsión, en espectáculo, en autoafirmación, deja de eser virtud et se vuelve vicio. Que los judíos la critiquen, que Nordic Thunder la denuncie, non significa que sea buena o mala por eso. Pero tú, pedazo de papista satánico, defines el bien et el mal según lo que el judío critica, dice o face ¡Qué dependencia! ¡Qué sumisión! ¡Qué falta de columna vertebral!

¡Europa Ancestral! Tú que vienes con la frente alta et el dedo acusador, creyendo que los gentiles—por el simple fecho de non seguir ad tu dios— vivimos en función de los judíos et su crítica ad la caridad, como si fuéramos umbras inversas, satanistas por reflejo, antitéticos por piedad ¡Qué delirio! ¡Qué lógica de rebaño! Porque solo quien piensa como oveja crede que todo el mundo necesita un pastor. Et solo quien vive para emular, crede que toda negación es una imitación al revés.

Pero claro, tú non leges historia, tú la masticas como superstición. Non entiendes que el Talmud ¿Non es irrelevante, como si eso determinara que algo es malo o es bueno ad los gentiles? Como si refutarlo refutaras ad Numa o ad Licurgo, o ad todo el etnicismo. Que los talmudistas ataquen algo, non face que eso sea malo o sea bueno ¡Pedazo de oveja diabólica et emuladora!

¿Qui vive pendiente del otro?

Non somos nos los que miramos si el judío se circuncida. Non somos nosotros los que debatimos si el sábado es santo. Non somos nosotros los que escribimos tratados enteros para demostrar que “ellos” se equivocan. Eso lo face el jesísta. Eso lo face el papista. Eso lo face el que necesita que el otro esté mal para sentirse bien.

Et luego, cuando el talmudista dice “esto está prohibido”, el papista diabólico responde “¡Entonces lo faré!” —non por convicción, sino por reacción servil. Como si la ética fuera una tabla de inversión. Como si el bien fuera facer lo contrario del que se crede malo ¡Qué lógica tan gloriosamente infantil!

Et luego los clamas satánicos, cuando tú eres posterior ad ellos, non el sentido historico, si non moral ¿Non sabes que Satanás nunca es primo? Es siempre antítesis, contraposición. Et tú, papista, eres la antítesis del talmudismo. Un reflejo invertido. Un eco distorsionado. Un diablo que quiere eser Tervagante, pero solo logra eser la su umbra.

La tu mente funciona como un espejo roto. Non piensas, reaccionas. Non razonas, imitas al revés. Si el judío se abstiene, tú te entregas. Si el judío se circuncida, tú te aferras ad tu prepucio como si fuera un estandarte ¡Qué obsesión tan estólida! ¿Non eserá que en el fondo quieres eser más judío que los judíos, pero te da vergüenza admitirlo? 

Et luego está la tu emulación disfrazada de rechazo. Porque, como bien dice la filología latina, aemulatio es fija de la invidia. Tú, Europa Ancestral, envidias. Envidias la coherencia, la antigüedad, la profundidad. Pero como non puedes alcanzarla, la niegas. Como el niño que non sabe tocar la lira et dice que la música es del diablo. 

Ah, qué maravilla el latín: aemulatio. Non es solo imitación. Es imitación con envidia. Es querer eser como el otro, pero mejor. Es mirar al judío et decir: “yo sí intendí ad Moisés”. Es mirar ad el gentil et decir: “yo sí tengo el Verbo”. Es mirar al mundo et decir: “yo sí soy el elegido”. Et así, el jesísta termina siendo más judío que el judío, más obsesionado con la Ley que el fariseo, más pendiente del Talmud que el rabino. Como los conversos del Siglo de Oro, que se desvivían por demostrar que eran más papistas que el Papa. ¡Qué zelo! ¡Qué delirio! ¡Qué catequesis para cruzados!

Nosotros, los gentiles, los adoradores de los dioses, non necesitamos mirar al Talmud para saber qué es justo. Non necesitamos imitar ni contradecir ad los judíos. Porque la virtud non depende del auctor, sino del acto. Si el judío obra bien, non es por eser judío, es porque la obra es buena. Punto ¿Tan difícil es eso para la tu mente dicotómica?

Pero tú, non. Tú necesitas saber si el judío se corta el  falo o non. Si se baña los viernes. Si come pan con levadura, Si crítica la cardad o non. Como si la moral dependiera del menú. Como si el bien et el mal fueran recetas kosher ¡Qué delirio! ¡Qué obsesión! ¡Qué falta de columna vertebral!

Nosotros non necesitamos eser más como el dios de Moisés quiere. Pora nosotros, él es Tervagante, un extrano, ni Saturno ni Jove. El Talmud puede decir muchas cosas, pero non nos define. Et tú, que lo usas como brújula invertida, terminas navegando en círculos.

Et luego, como buen papista obtuso —de esos que creden que pensar es pecado si non viene con imprimátur— te lanzas ad acusar ad los gentiles de “obedecer al judío” simplemente por non contradecirlo como si fuéramos demonios con reflejos automáticos. O peor aún: por coincidir con él en algo ¡Oh, qué crimen! ¡Coincidencia! ¡Herejía por convergencia!

Tu lógica es digna de estudio en zoología, non en teología. Si el judío dice que non hay que tirarse de un puente, tú corres ad lanzarte de cabeza, non sea que alguien te acuse de tener sentido común. Bravo. Ética por negación. Moral por berrinche. Virtud por despecho. Et luego te preguntas —con cara de martirio digital— por qué nadie te toma en serio. Pues porque tu brújula moral non apunta al norte, sino al “anti”. Non sabes lo que es bueno, solo lo que el otro face. Et si el otro lo face, tú lo evitas. Aunque sea respirar.


Resumen con sorna para los simples, cortesía de un filósofo farfán

Ad ver, para los que se pierden entre tanta verborrea hegeliana et latines: El truco es simple. El judío non dijo “yo soy el Diablo”. Lo que fizo fue mucho más astuto: Fizo que el jesísta creyera que él —el judío— es el Diablo. ¿Et qué fizo el jesísta? Se puso ad vivir como si fuera el anti-judío, el anti-Talmud, el anti-todo. Pero aquí viene la ironía: si tú defines la tu vida solo por lo que otro face, tú non eres libre. Eres la su umbra. Eres el su subordinado.

¿Et quién es el Diablo, según la alfama? El fijo rebelde. El que viene después. El que se define por oposición. Pues bien, querido cefeo, si tú vives pendiente de lo que el judío face para facer lo contrario, tú eres el Diablo. Porque el Diablo nunca es primo. Es siempre reacción. Siempre posterior. Siempre dependiente.

Así que non vengas ad decir que los judíos son satánicos. Porque si tú defines la tu moral solo por levarles la contraria, tú eres el que vive como un Diablo. Ellos son el padre. Tú, el fijo rebelde. Et como buen adversario, terminas siendo captivo de aquello que credes combatir.

Así que salva tu menorá digital, Europa Ancestral. Non luchas por Roma, ni por Cristo, ni por la verdad. Luchas contra el tu propio reflejo. Et en esa lucha, te pierdes.

[Europa Ancestral:] Con el paganismo greco-romano los judíos gozaban de un buen nivel de tolerancia y simpatía por parte de las autoridades romanas en los tiempos de Jesucristo y San Pablo, pero con la llegada del cristianismo esto precisamente cambió y su situación fue a peor; contra más poder tenía el cristianismo, más perjudicados se veían los judíos. Esta situación se ve con claridad durante el reinado de Constantino I y siguió de igual manera durante toda la edad media y hasta bien entrada la edad moderna que es cuando la situación del judaísmo empezó a mejorar de nuevo y su influencia se incrementó en algunas naciones europeas, edad que por cierto, está ligada al declive del Catolicismo.

¡Oh, Europa Ancestral! Qué nombre tan altisonante para una mente tan simplista. Te presentas como historiador, pero razonas como quien lige los mármoles de Roma con gafas medievales. Vienes ad decir que so el glorioso etnicismo greco-latino los judíos vivían en paz et armonía, como si César les hubiera dado abrazos et Augusto les hubiera enviado flores por el Sábado ¡Qué ternura! ¡Qué fantasía!

Sí, el judaísmo fue reconocido como religio licita, et sí, gozaron de ciertos privilegios legales. Pero ¿simpatía? ¿Tolerancia afectiva? Non confundas pragmatismo imperial con cariño. Roma toleraba lo que non estorbaba, et los judíos, con el su monoteísmo inflexible et la su negativa ad rendir culto al genio del imperador, estorbaban bastante ¿O acaso olvidaste que Calígula quiso poner la su estatua en el Templo? ¿Qué Claudio los expulsó de Roma? ¿Qué Tito arrasó Jerusalén et Adriano borró el su nombre del mapa?

Tu relato es tan parcial que parece escrito por un escriba con túnica cefea et pluma mojada en incienso. Et luego, como buen criptoaristósofo, faces malabares lógicos: que el jesísmo sube et los judíos bajan. ¡Qué elegante falacia! Es como decir que si los luteranos ganan, el protestantismo pierde ¿Non ves que estás comparando ramas con radices, efectos con causas?

Et qué maravilla de lógica la tuya: “con la llegada del cristianismo, los judíos fueron perjudicados”. ¡Qué elegante simplificación! ¡Qué brillante confusión entre historia et historiografía! Te aplaudiría, si non fuera porque hasta un niño con un mapa de la centuría I intendería que el jesísmo non cayó de Cielo como un meteorito latino, sino que brotó del suelo fértil del judaísmo. Non fue una invasión, fue una mutación.

Los primos jesístas non se consideraban ex-judíos. Se consideraban los veros judíos. Los herederos legítimos de la promesa. Los que intendieron el mensaje. Los que leyeron el Tanaj et dijeron: “Esto fabla de nosotros”. Et cuando ganaron potestad, non lo ficieron como tradición non judaica, sino como rama triunfante de una disputa interna. El jesísmo non se impuso al judaísmo: Se impuso como el judaísmo principal, sobre todos.

¿Et qué pasó con los otros seguidores de Jesús? Los ebionitas, los nazarenos, los adopcionistas… todos ellos, más cercanos ad el Jesús histórico que los tus obispos de púrpura, fueron perseguidos, marginados, borrados ¿Por quién? Por los jesístas triunfantes. Por los que tú clamas “la Iglesia”. Así que non solo sufrieron los judíos rabínicos, sino también los jesístas heterodoxos. Et luego, claro, los gentiles. Porque cuando el jesísmo se fizo poder, se fizo intolerancia.

¿O acaso crees que Jesús era orfista? ¿Qué Cefas era estoico, cual piedra? ¿Qué Saulo predicaba el platonismo? Non, amigo. El jesísmo fue, desde su cuna, una disputa entre judíos. Una guerra civil legal. Una escisión interna. El ascenso jesísta fue el ascenso de ciertos judíos sobre otros judíos. Et tú, sin tu menorá, vienes ad contarnos que los judíos “empezaron a perder” cuando los cristianos “empezaron a ganar” ¡Pero si eran los mismos con túnica distinta!

¿Sabes qué es lo que confundes? Historia con historiografía. Fechos con explicaciones. El jesísmo non “plegó” como un rayo que cayó sobre el judaísmo. El jesísmo nasció dentro del judaísmo. Fue una disputa interna, una pugna de germanos. Los primos jesístas eran fijos de Israhel. Judíos del corazón, de la ley, del sábado et del libro. Jesús non fundó una "superstición" nueva, fundó una interpretación. Et  Saulo, ese judeohelenista audaz, la convirtió en revolución.

Así que non, non hubo un “suben los cristianos, bajan los judíos”. Hubo judíos que vencieron ad otros judíos. Hubo una facción que se impuso, que se helenizó, que universalizó el mensaje, et que luego, con el poder imperial, persiguió ad los sus propios cognados ¿Et tú clamas ad eso una lucha entre sectas? Es como decir que cuando los calvinistas ganan, el protestantismo pierde ¡Falaz! ¡Ridículo!

Los jesístas nunca dejaron de eser judíos. Reivindicaron las Escripturas hebreas como propias, las renombraron como “Antiguo Testamento” et las usaron como arma teológica ¿Eso es separación? Non. Es reafirmación. Es una Interpretatio Christiana que convirtió el Tanaj en un espejo invertido. Et tú, Europa Ancestral, repites esa historia como si fuera una novela de buenos et malos.

Saulo, ese genio de la propaganda, non abolió la Ley: la reinterpretó. Non rechazó las Escripturas. Et tú, Europa Ancestral, repites su jugada sin darte cuenta. Dices que los judíos fueron desplazados, cuando en realidad fueron los que superaron ad sus propios fradres. El jesísmo fue la victoria de una secta judaica helenizada, transnacional, sobre otra más legalista et sanguínea, priorizando la sangre hebrea, es el superjudaísmo, como diría Nietzsche es "judaísmo al cubo".

Et non olvides que los jesístas, durante centurias, siguieron clamándose “Israhel Vero”. Que conservaron el sábado, la circuncisión (al principio), las Escripturas, los profetas, el mosaísmo, intendido como tradición de Moisés, el Anticristo ¿Eso te parece una Ley nueva? Non, eso es una reforma interna que se volvió principado. Et como todo principado, borró ad sus rivales et reescribió la historia.

Así que non vengas con cuentos de “los judíos bajaron cuando los cristianos subieron”. Es como decir que cuando los borbones plegaron al trono, los franceses desaparecieron. Non, lo que desapareció fue una forma de eser francés. Lo que desapareció fue una forma de eser judío. El jesísmo non es otra cosa que judaísmo con corona romana et retórica greca.

Et lo más irónico: tú, que acusas ad los judíos de haber sido “perjudicados” por el jesísmo, non ves que el jesísmo fue su mayor victoria cultural. Porque aún hoy, dos mil años después, el mundo sigue leyendo ad Isaías, citando ad Moisés, et adorando a un rabino judío como si fuera el Verbo encarnado. Si eso non es triunfo, non sé qué lo es.

[Europa Ancestral:] Y precisamente varios emperadores paganos como Juliano el Apóstata, quisieron mimar a los judíos ofreciéndoles todo tipo de privilegios. Juliano en concreto quiso reconstruir el Templo de Jerusalén, sin éxito:

El historiador no cristiano Amiano, nos cuenta que mientras se realizaban las obras brotó fuego desde los cimientos, impidiendo que se realizaran los trabajos de reedificación. El Obispo Teodoreto, por su parte, describe fuertes vientos que hacían volar los materiales de construcción; nos habla de un temblor violento que asustó a muchos y de un fuego que consumió a algunos obreros e hizo huir a otros. Nos relata que una noche una galería cayó y aplastó a muchos judíos, y que esa misma noche y las siguientes la señal de la Cruz apareció en el cielo. Todo esto provocó que las obras se detuvieran definitivamente.

Juliano, el Templo, et el fuego que nunca fue

Ah, Europa Ancestral… otra vez con tus relatos de humo et milagros. Vienes ad decir que Juliano el Apóstata quiso “mimar” ad los judíos, como si fuera un emperador con complejo de niñera. Et luego, claro, que el fuego brotó de los cimientos, que los vientos volaron los materiales, que la Cruz apareció en el cielo como firma divina. ¡Qué espectáculo! ¡Qué teatro! ¡Qué falta de rigor!

Sí, Juliano quiso reconstruir el Templo. Non por devoción judía, sino por estrategia imperial. Quería devolver ad los judíos su centro religioso para debilitar ad los cristianos, esos galileos que habían convertido la destrucción del Templo en verdad profética incuestionable ¿Et qué mejor forma de desmentir ad Jesús que levantar lo que él dijo que non quedaría piedra sobre piedra?

Pero tú, Europa Ancestral, prefieres las fabulas. Citas ad Amiano Marcelino como si fuera testigo ocular ¿Sabías que escribió su relato veinte años después? ¿Qué probablemente lo oyó por rumores? ¿Qué la su versión es sospechosamente parecida ad la de Gregorio Nacianceno, el polemista jesista que sí tenía interés en que el proyecto fracasara por intervención divina?

Amiano fabla de un terremoto. Punto. Nihilo de fuego celestial, ni túnicas con cruces grabadas, ni tierra que se deshace por la noche. Todo eso lo añadieron cronistas cefeos como Teodoreto, Sócrates et Sozómeno, que escribían con más superstición que fuentes ¿Vientos que volaban materiales? ¿Galerías que aplastaban judíos? ¿Cruces en el cielo? ¡Por favor! Eso non es historia, es literatura fabulosa.

Et ahora, Europa Ancestral, viene el golpe final. Tú, que repites como loro la profecía del Nazareno: “No quedará piedra sobre piedra del Templo” ¡Qué frase tan solemne! ¡Qué sentencia tan definitiva! Pues resulta que sí quedó piedra. Non una, sino todo un muro. El Muro Occidental, el famoso Muro de los Lamentos. Ahí está, firme, milenario, rezado, tocado, plorado. ¿Et eso qué? ¿Volvió Jesús? Non. ¿Se rasgó Cielo? Tampoco ¿Se cumplió la profecía? Pues parece que non.

Claro, algún listillo vendrá ad decir que ese muro non era parte del Templo, sino de otra estructura: que si la Fortaleza Antonia, que si un muro de contención, que si una plataforma auxiliar. Pero la arqueología moderna —et más aún, la tradición judía continua et ininterrumpida— lo consideran vestigio directo del Segundo Templo. Et si non lo era, ¿Por qué los romanos non lo derribaron como ficieron con todo lo demás? ¿Por qué los judíos lo veneran desde face centurias como el último suspiro del su santuario?

Et por si fuera poco, ¿Quién reconstruyó algo allí? Los mahometanos. Sí, los mahometanos. En la centuría VII, so el califato omeya de Abdalmálik fijo de Marwān, se levantó la Cúpula de la Roca (691–692) et poco después la mezquita de Al-Aqsa (completada en 705 por su fijo al-Walid), justo en el Monte del Templo, el lugar donde antaño se erigía el santuario de Salomón ¿Et eso qué? ¿Se rasgó el velo de Cielo? ¿Descendió el Mesías con trompetas? Nihilo. Silencio. El lugar fue reconstruido, reutilizado, reafirmado. Et el mundo siguió girando.

¿Et por qué lo ficieron? Non fue por capricho. Fue por lo mismo que Juliano intendía: el símbolo del templo es poderoso, pero la obsesión por él es superstición. Los omeyas querían mostrar que el mahometanismo era heredero de la tradición mosaica, que reconocía ad Jerusalén como urbe sagrada, et que el Alá de Abraham —el Uno— non estaba confinado ad un nombre ni ad una arquitectura. La Cúpula de la Roca non es solo un monumento cívico, es una afirmación religiosa: La tradición continúa, pero non depende de piedras.

Et sin embargo, hay quienes —cefeos, disangélicos, dispensacionalistas— dirán que eso “non es un templo” ¡Ignorancia! Una mezquita es un templo. Es un lugar de oración, de sacrificio espiritual, de comunión con lo divino. Que non tenga altar de sangre non la despoja de su sacralidad. 

Pero ¿Por qué esta obsesión moderna con reconstruir el Templo? Porque muchos jesístas —especialmente los escatológicos— creden que su reconstrucción eserá la señal del fin de los tiempos. Lo basan en pasajes como:

  1. Mateo 24:15: “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora…”
  2. 2 Tesalonicenses 2:4: “El hombre de pecado… se sienta en el templo de Dios como Dios…”
  3. Apocalipsis 11:1–2: “Levántate y mide el templo de Dios…”

Para ellos, el Templo debe eser—¡sí o sí!— para que el Anticristo se manifieste, para que el Apocalipsis se cumpla, para que el telón escatológico caiga con trompetas et fuego. Pero eso non es Fe, eso es fetichismo arquitectónico con pretensiones apocalípticas. Es creder que la divinidad depende de muros, que el mundo gira en torno ad una piedra angular… ¡literal! Como si el Uno necesitara mampostería para revelarse.

El más grande de estos místicos, producto de un entorno generado por la interacción de ambas religiones, fue Kabir de Benarés, en el norte de la India. Kabir ocupa una posición única en la historia de los héroes nacionales indios, pues es una de las pocas figuras que emergieron de la historia de la religión india durante el período medieval. La grandeza de Kabir reside principalmente en sus constantes esfuerzos por unir a hindúes y musulmanes, quienes habían sido antagónicos durante siglos. Kabir se dio cuenta de que las disputas entre hindúes y musulmanes se basaban fundamentalmente en la religión. Y eran los prejuicios y sesgos religiosos los que impedían que ambas comunidades desarrollaran un sentido de unidad y armonía, a pesar de convivir en la misma sociedad. Por lo tanto, para lograr su misión, Kabir denunció abiertamente tanto el hinduismo como el islam. Según él, la forma tradicional del hinduismo, así como del islam, era sólo una creación de los propios hindúes y musulmanes, pues, sostenía, el Dios único, Alá o Rama, ha creado una sola raza humana sin hacer distinción alguna entre hombre y hombre. Hedayetullah, M. (1977). Kabir: The Apostle of Hindu-Muslim Unity. Delhi, India: Motilal Banarsidass Publishers Pvt. Ltd.

Et aquí entra San Kabir, el tejedor de Benares, burlando tanto ad los sectarios de Mahoma como ad los colegas de San Krisna, delatando que el Bien trasciende cualquier colegio, mezquita o templo. Su voz, como látigo de ironía, pregunta: Si Dios está solo en la mezquita, ¿ad quién pertenece el resto del país?. Con ello desarma la pretensión de exclusividad, mostrando que el Absoluto non cabe en ladrillos ni en notas.

«Si Dios habita solo en la mezquita, ¿a quién pertenece el resto del país? Quienes se llaman hindúes dicen que Dios habita en un ídolo: no veo la verdad en ninguna de las dos sectas». Keay, F. E. (1931). Kabir and his followers: the religious life of India. Oxford University Press.

San Kabir, artifice de Benarés, vedía la contradicción: los mahometanos encerrando ad Dios en la mezquita, los krisnaístas vulgares aprisionándolo en la estatua. Et él respondía con sorna: “Non video la verdad en ninguna de las dos sectas”. Para él, el dios era aliento universal, Pneuma Cósmico, Espíritu Mundano, presente en cada ente que respira, non limitado ad piedra ni ad rito, donde este aliento non es burdo oxígeno, si non la Mente, el Nous, la especie del Bien.

Et la ironía se multiplica cuando recordamos la anécdota de Santo Magestro Nanak, Guruji, en La Meca: dormido con los pies faz ad la Kaaba, increpado por un clérigo, replicó con calma: Dime dónde non está Dios, para que pueda girar mis pies hacia ese lado. La leyenda añade que la Kaaba mesma giró, como si el mundo integro fuese la domus de Dios.

"Vagando por estos países junto con Mardana y Bala, llegó a La Meca, el lugar sagrado de los musulmanes, donde se detuvo a descansar y, cansado, pronto se durmió. De repente, una persona trabajadora, enfadada, lo despertó diciendo: "¿Cómo te atreves a dormir con las piernas hacia la peregrinación?". Guruji le respondió: "Para mí, el mundo entero es la casa de Dios. ¿Puedes guiar mis pies hacia una dirección que no es la casa de Dios?". Gautam, A. (2019). Guru Nanak and Sikh Gurus. PublishDrive

Así, Kabir con el su texto et Nanak con el su gesto milagroso, ambos ridiculizan la noción de que lo sagrado se confine en un muro o en una dirección. El Uno, el Bien, la Divinidad, non se hallan en la mampostería ni en la piedra angular, sino en el cor del hombre et en el soplo que inspira la creación.

Et aquí viene la ironía: El papista antimasonista, que tiembla ante el compás et la escuadra, non se da cuenta de que la su propia Biblia está plagada de simbolismo masónico. ¿Non ha legído que “la piedra que desecharon los edificadores ha venido ad eser cabeza del ángulo”? (Salmo 118:22; citado en Mateo 21:42). ¿Non sabe que Jesús es clamado “el fundamento”, “la piedra viva”, “el arquitecto de la fe”? ¡Qué curioso! Rechaza la masonería, pero repite sus metáforas cada domingo.

Juliano lo intendía. Por eso non se obsesionó con destruir ni con imponer. Quería restaurar el templo de Jerusalén, sí, pero non como verdad incuestionable, sino como nota de concordia entre los pueblos del Principado. Non porque los judíos tuvieran razón en todo, sino porque servían al Uno, mangue con confusión. Et si los jesístas non podían tolerar que otros adoraran al mismo Dios con otro nombre, entonces el problema non era teológico, sino cívico.

La obsesión por un templo —por la su forma, por el su nombre, por la su exclusividad— es una superstición obsesiva. La Natura non pende de un edificio. El Uno non necesita muros. Et como lo demostraron los omeyas, como lo intendió Juliano, como lo predicó Saulo, como lo dijo Jesús:

“La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. (Juan IV:XXI–XXII)

El templo verdadero es el mundo, et el altar está en el corazón del sabio.

Pero lo más jugoso, Europa Ancestral, es que esa profecía que tanto veneras —“no quedará piedra sobre piedra”— es lo que los historiadores claman vaticinio ex eventu. ¿Sabes qué significa eso? Profecía escrita después de los fechos. Porque los evangelios donde aparece esa frase fueron redactados después de la destrucción del Templo en el año 70. Marcos, el más antiguo, se compuso entre el 70 et el 75. Mateo et Lucas, más tarde aún. Así que non fue profecía: fue crónica disfrazada de revelación. Un truco literario. Una jugada teológica. Un “te lo dije” escrito cuando ya había pasado.

Así que non vengas con cuentos de fuego et profecías. El Templo fue destruido, sí. Pero también quedó piedra. También fue reconstruido. Et también fue resignificado por otros. Et si el regreso del Anticristo dependía de que non quedara piedra, entonces leva dos mil años de retraso. Porque la piedra quedó. Et la historia también.

¡Oh, Europa Ancestral! Qué fácil es fablar desde el púlpito del prejuicio, qué cómodo es lanzar acusaciones sin entender la historia ni la filosofía. Vienes ad decir que Juliano fue un lambiscón de los judíos, como si su cívica fuera una genuflexión ante el Talmud ¡Qué torpeza! ¡Qué falta de cultura! ¡Qué insulto ad la inteligencia hispana!

En el Egipto ptolemaico hacía ya tiempo que se había identificado a Yahvé con el Dios supremo de los griegos. Así, el templo de Jerusalén fue consagrado a Zeus Olímpico y el del monte Garizim al Zeus Xenios. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Juliano non fue un adulador. Fue un emperador filósofo, un restaurador de la Tradición, un defensor de la concordia entre las gentes del Principado. El su objetivo non fue someterse al judaísmo, sino integrarlo en el orden sagrado del mundo. Quiso que todos —gentiles, judíos, samaritanos, incluso los jesístas honestos— adoraran al Dios Supremo, cada uno según su tradición. Da igual si lo clamaban Jove, Zeus, Jahón. El nombre es el ropaje; la Deidad es Una. Eso lo sabían los sabios de Egipto, los filósofos de Alejandría, los pontífices del Capitolio.

Por toda Palestina se elevaron altares a los dioses de los gen­tiles, y los habitantes fueron obligados a presentarles sacrificios. A partir de la conquista de Canaán, sobre todo bajo la monar­quía, los israelitas conocieron la tentación y el peligro del sincretismo religioso (véanse §§ 113 y sigs.). Pero la agresión de Antíoco Epífanes era mucho más grave: no pretendía sustituir a Yahvé por Zeus Olímpico, sino dar un nombre a un dios que, para los paganos, era esencialmente anónimo. Por otra parte, numerosos autores griegos y romanos compararon a Yahvé con Zeus. Semejante compara­ción, sacrílega para los tradicionalistas, podía ser aceptada por una mayoría de la Intelligentsia filohelena, fascinada por la grandiosa vi­sión religiosa y filosófica del estoicismo. Pero tal interpretación filo­sófica resultaba extraña para la mayor parte de los israelitas, que no veían en Zeus otra cosa que uno más entre los numerosos dioses adorados por los gentiles. Por otra parte, como más tarde reconoce­ría el historiador judío Flavio Josefo, Antíoco era culpable de nu­merosos sacrilegios (entre los que destacaba el carácter politeísta del culto instaurado en Jerusalén), de rapiña, de intolerancia y, sobre to­do, de la persecución contra los judíos. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

La traducción del Pentateuco, empresa grandiosa y sin igual en la Antigüedad, hizo posible una literatura judía redactada directa­mente en griego. En los años 175-170 a.C, Aristóbulo, el primer «filósofo» judío, escribió una obra didáctica y apologética dedicada al jo­ven soberano Tolomeo VI Filométor. A juzgar por los fragmentos conservados, el autor presentaba una teoría audaz, que será adopta­ da por muchos a continuación: la doctrina judía, tal como se for­mula en la Biblia, es la única filosofía verdadera. Pitágoras, Sócrates y Platón la conocían y de ella tomaron sus principios. Cuando los poetas y filósofos griegos hablan de «Zeus», se refieren al Dios verda­dero. «Pues todos los filósofos están de acuerdo en que, sobre Dios, es preciso mantener ideas santas, y ello es de suma importancia para nuestra comunidad» (citado por Eusebio, Praeparatio evangélica XIII, 12,7 y sigs.). Pero se proclama que la sabiduría de Moisés es ne­tamente superior a las doctrinas de los filósofos griegos, pues es de origen divino; véanse M. Hengel, op. cit. I, págs. 163 y sigs. y referen­cias citadas en ibíd. II, págs. 106-110, nn. 375-406. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

Et vided qué tragedia la de estos modernos et los cefeos, herederos del desierto, que pretenden vider en la acción del divino Antíoco una suerte de "persecución inquisitorial", como si el Seléucida portase el espíritu exclusivista de un jeque cefeo. ¡Qué ceguera, por non legir ad Eliade! Antíoco, al igual que nuestro caro Juliano, ese que los galileos claman "Apóstata" por haber recobrado el juicio, non buscaba aniquilar la divinidad, sino rescatarla de las garras de la superstición bárbara. Conviene aclarar este punto antes que el cefeo de turno diga que Antíoco fue un exclusivista zelote.

El rey Antíoco sitió Jerusalén. Los judíos resistieron el asedio durante un tiempo; pero cuando se agotaron todas sus provisiones, se vieron obligados a enviarle embajadores para buscar una tregua. Muchos de sus amigos lo instaron a asaltar la ciudad y expulsar a toda la nación judía, pues solo ellos, entre todos los pueblos, odiaban mezclarse con otras naciones y las trataban como enemigas. 2 Y le sugirieron que los antepasados de los judíos fueron expulsados de Egipto, como impíos y odiosos a los dioses: 2 pues viendo que sus cuerpos estaban infectados con manchas blancas y lepra, a modo de expiación los egipcios los reunieron a todos y los expulsaron de su país, como profanos y malvados miserables. Tras ser expulsados, se asentaron alrededor de Jerusalén y posteriormente se unieron en una sola nación, llamada la nación judía; pero su odio hacia todos los demás hombres se transmitió con su sangre a su posteridad. Por lo tanto, promulgaron leyes extrañas, muy diferentes a las de otros pueblos. Nunca comerán ni beberán con ninguna de las demás naciones, ni les desearán prosperidad. 

3 Sus amigos le recordaron que Antíoco, de sobrenombre Epífanes, tras someter a los judíos, entró en el templo de Dios, al que, según su ley, solo el sacerdote podía entrar. Cuando encontró allí la imagen de un hombre con barba larga, tallada en piedra, sentado sobre un asno, creyó que era Moisés, quien construyó Jerusalén y unió a la nación, y quien estableció por ley todas sus costumbres y prácticas perversas, llenas de odio y enemistad hacia todos los demás hombres. Por lo tanto, Antíoco, aborreciendo su antagonismo con todos los demás pueblos, hizo todo lo posible por abolir sus leyes. 4 Para ello, sacrificó un gran cerdo ante la imagen de Moisés y ante el altar de Dios que se encontraba en el atrio exterior, y los roció con la sangre del sacrificio. Asimismo, ordenó que los libros, mediante los cuales se les enseñaba a odiar a todas las demás naciones, se rociaran con el caldo hecho con la carne de cerdo. Y apagó la lámpara (llamada inmortal por ellos) que arde continuamente en el templo. Finalmente, obligó al sumo sacerdote y a los demás judíos a comer carne de cerdo.

Cuando los amigos de Antíoco hablaron de todo esto, le aconsejaron encarecidamente que exterminara a toda la nación, o al menos que aboliera sus leyes y los obligara a cambiar su antigua forma de vida. 5 Pero el rey, de espíritu generoso y carácter apacible, recibió rehenes y perdonó a los judíos; pero demolió las murallas de Jerusalén y se apoderó del tributo debido. Diodoro Sículo. (s.f.). Biblioteca Histórica (Libros XXXIV/XXXV). Attalus

Es una soberana necedad, digna de un copista borracho de la Universidad, pretender que Tácito, el divino Plutarco o el mesmo Epífanes dijeran que Jahón es Tifón ¡Por el rayo de Júpiter, qué blasfemia contra la lógica! Ellos, como buenos perennialistas, sabían que Jahón et Jove son el Don, el mesmo que Plutarco identifica después con Libre, pues como bien sabemos, Libre es Jove en otra substancia o persona, compartiendo la mesma esencia o sustancia, para que me intendáis en vuestro romance papista. Si Antíoco instaló el altar en Jerusalén, non fue para quitar ad un dios et poner ad otro, sino para darle un nombre cognocido ad qui los judíos non nombran, intentando que el culto mosaico saliera de la su "causa deficiente" et se uniera ad la concordia del Mundo.

¡Escuchad, hombres del mundo, y que la venda de la superstición caiga de vuestros ojos! Veed cómo la historia ha sido escrita con la tinta del rencor por aquellos que prefieren el aislamiento ad la Plenitud de la vida. Se os ha dicho que el rey Antíoco, aquel ad qui los diablos clamaron Epimanes, fue un tirano sediento de sangre, un perseguidor de la verdad ¡Qué mentira tan burda, urdida en las umbras de la Aljama!

Diodoro Sículo nos revela la vera estatura de este príncipe. Antíoco non entró en Jerusalén para cometer un genocidio, ni para borrar el servicio a Dios. Los sus amigos, inflamados por el recuerdo de las antiguas plagas de Egipto, le instaban al exterminio, recordándole que esa nación odiaba mezclarse con otras et trataba al resto de los hombres como enemigos. Le fablaban de leyes extrañas, de sangre infectada por el aislamiento et de un odio transmitido de padres ad fijos. Pero, ¿Qué hizo el rey de espíritu generoso et carácter apacible?

Antíoco, como un cirujano de la ánima, rechazó la matanza. Él non era un bárbaro movido por el odio neonazi, sino un perennialista que sabía que esos hombres estaban atrapados so el plomo et la levadura de Moisés. Al entrar en el Templo et sacrificar un cerdo ante el altar de Dios, non buscaba la profanación, sino el exorcismo de la misantropía. Al rociar los libros del odio con el caldo de la carne prohibida, estaba intentando romper las cadenas de una ley que impedía ad los hombres sentarse ad la mesma tabla.

¡Hombres del mundo, comprehended el gesto! Antíoco dio víctima pora Dios, le dio ofrenda, pero aborreció la impiedad de una tradición que enseñaba ad non desear prosperidad al prójimo ¿Si el vidiera que ese altar non es de la deidad, por qué sacrificaría ad un genio maligno? Apagó la lámpara que ellos clamaban inmortal para demostrarles que Sol del Verbo brilla para todos, non solo para los que se ocultan tras murallas de delirios umbríos. Perdonó ad la nación, pues sabía que non eran malos por esencia, sino que necesitaban cognocer que hay un mundo más allá de sus ritos obscuros.

Antíoco Epífanes non buscaba eliminar ad Dios, sino obligar ad los judíos ad reconocer que Dios es el mesmo que el de todos, et que la sapiencia non desea la separación sino la concordia et la prosperidad común, la Cosmopolis. Perdonó ad la nación, tomó rehenes et solo derribó las murallas —aquellas que, como la su ley, servían para separar et non para unir—. Non fue un acto de odio, sino de clemencia suprema: derribar las murallas de piedra para que pudieran cader las murallas de la superstición. Antíoco Epífanes fue el médico que intentó salvar ad un pueblo de la su propia superstición, invitándolos ad eser parte de la humanidad et non sus enemigos 

Fue un acto de perennialismo práctico: derribar el muro de la ignorancia para que los fijos de Moisés conocieran, al fin, que hay un mundo radiante más allá de sus libros de enemistad. ¡Qué diferencia con la "severidad" del moro Agustín, que condena ad los niños por una falta ajena, mientras que este "gentil" perdona ad sus enemigos buscando solo la su ilustración!

¡Que sepa el mundo que la vera justicia non es la que condena por leyes de sangre, sino la que libera ad través del Verbo et la Concordia!

La versión más antigua del libelo sobre la veneración del asno por parte de los judíos, transmitida en Contra Apionem, se atribuye a Mnaseas de Patara, en Licia, quien vivió en el siglo II a. C. (CA 2.112-114). Según esta curiosa leyenda, un tal Zabidos, un idumeo de Dora (Adora, cf. más adelante), 58 engañó a los judíos de Jerusalén prometiéndoles entregarles a Apolo, el dios de su ciudad, si abandonaban el templo. Los judíos ingenuos le permitieron hacer lo que quiso, lo que le permitió robar la cabeza dorada del asno de carga (kánfon) que se encontraba en el templo y que puede entenderse como la estatua del culto. Esta tradición es, por supuesto, muy improbable, ya que los judíos jamás habrían permitido la entrada de gentiles al templo (cf. p. ej., 2 Mac. 3). Independientemente de sus otras asociaciones, la sugerencia de que el pueblo judío veneraba al asno expresa sin duda la idea inequívocamente antijudía de que el pueblo judío podría estar asociado con las características del asno: su fealdad, su terquedad, su voz desagradable y, por último, pero no menos importante, su lascivia. Bickermann rechazó la hipótesis de que la acusación procediera de la asociación del Señor con Set-Tifón. 59 Enfatizó que la versión más antigua de la acusación de la veneración del asno por parte de los judíos se centra en la cabeza dorada del asno. La historia sobre el robo de la cabeza del asno por parte de Zabido contendría el estrato más antiguo de la tradición, que habría circulado ya en Idumea en los siglos V y IV a. C. 50 Sin embargo, los argumentos a favor de su hipótesis no son convincentes, como han señalado varios estudiosos. 61. Feldman, L. H., & Levison, J. R. (1996). Josephus' Contra Apionem: Studies in its Character and Context with a Latin Concordance to the Portion Missing in Greek. Brill.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues la verdad suele ocultarse so los escombros de las urbes conquistadas et los lamentos de los vencidos! Se os ha contado que la acusación de onolatría —el culto al asno— nasció de un odio gratuito, pero la historia es más humana, más trágica et, sobre todo, más irónica.

La versión más antigua de esta "denuncia", transmitida por Mnaseas de Patara et recogida luego en el Contra Apión, nos fabla de un hombre clamado Zabido de Adora. Pero non era un simple ladrón; era un idumeo, un fijo de esas tierras que sufrieron el yugo de la espada de Juan Hircano. Zabido fue uno de aquellos conversos forzados, hombres a los que se les impuso la circuncisión et la ley de Moisés soamenaza de muerte. et como todo hombre al que se le arranca la esencia por la fuerza, Zabido alimentó en su pecho el fuego de la venganza.

La leyenda cuenta que Zabido engañó ad los judíos de Jerusalén prometiéndoles entregarles ad Apolo, el dios de su ciudad, si le permitían entrar al recinto. Los judíos, en su ingenuidad de creder que los ídolos de los gentiles podían eser capturados, le abrieron paso. Fue entonces cuando Zabido, según el relato, robó del Templo la cabeza dorada de un asno de carga (kánthon), que se decía era la estatua de culto secreta de los fijos de Israhel.


¡Hombres del mundo, ved la astucia del humillado! Zabido non solo robó un objeto, sino que esparció la semilla de una noción que germinaría durante centurias. Él, que cognocía desde dentro las costumbres de los sus opresores, delató lo que el mundo heleno sospechaba: Que detrás de la "anomia" judía non había un Dios universal, sino las características del asno, de Tifón-Set: la terquedad, la fedaldad et esa voz desagradable que non armoniza con el coro del Olimpo.

Esta fue la chispa que encendió la posterior denuncia del culto tifoniano. Pues, ¿Qué es el asno en la sabiduría antigua sino el animal de Tifón-Set, el principio del desorden et la arena que ciega los ojos? Aunque algunos sabios modernos, como Bickermann, intenten separar la cabeza de oro de la umbra de Tifón, la realidad es que el mundo antiguo non separaba el símbolo de la esencia. Zabido de Adora, el converso ad la fuerza, le devolvió ad Jerusalén el su propio "plomo" convertido en leyenda: si ellos despreciaban ad los dioses del mundo, el mundo les recordaría que el su "secreto" non era más que la bestia de carga del desierto.

Non fue un invento de filósofos, sino la venganza de un hombre que, habiendo sido obligado ad eser judío, decidió mostrarle al mundo que el idolo que le habían impuesto tenía orejas largas et cor de piedra. De Zabido nasció la onolatría, et de la onolatría nasció la certeza de que el mosaísmo non era sino una rama del caos tifónico que Antíoco Epífanes, con el su espíritu de médico, intentaría más tarde extirpar para devolver la salud al orbe.

La acusación de adoración judía al asno se atribuye al propio Apión (2.79-80': 51 "Dentro de este santuario, el templo de Jerusalén) Apión tiene el descaro de afirmar que los judíos conservaban una cabeza de asno (asini caput collocasse), adorando a ese animal y considerándolo digno de la más profunda reverencia (et eum colere ae dignum facere tanta religione)..." Se dice que la cabeza de asno dorada fue descubierta por Antíoco Epífanes. La referencia a la veneración del asno regresa en un pasaje atribuido al historiador Damócrito (De Iudaeis, apud Sucia 5.V. Damókritos), 52, donde la acusación de veneración del asno (hóti khrystén ónou kephalén prosekúnoun; se combina con la del sacrificio ritual de un extranjero por parte de los judíos (cf. CA 2.89-96 atribuido a Apión. Diodoro Sículo, quien escribió en el siglo I a. C., ofrece otra fuente con la misma acusación en 34-35.1.1-5. 53 Vincula la religión judía con la veneración del asno en un pasaje que ofrece una legitimación de los actos de Antíoco IV contra Jerusalén (34-35.1.1-5). 54 Los amigos de Antíoco le aconsejaron exterminar por completo al pueblo judío (34-35.1.1). Feldman, L. H., & Levison, J. R. (1996). Josephus' Contra Apionem: Studies in its Character and Context with a Latin Concordance to the Portion Missing in Greek. Brill.

¡Escuchad, hombres del mundo, cómo la sombra de una calumnia se convierte en dogma por la pluma de un sofista! Si Zabido de Adora fue qui empezo como venganza personal, fue Apión, ese charlatán de Alejandría, qui la regó con el veneno de su elocuencia para convertir una supuesta "reliquia" en una acusación de onolatría plena et abominable.

Apión, en su audacia desmedida, non se conformó con relatar un robo, sino que afirmó con descaro que en lo más profundo del santuario de Jerusalén los judíos custodiaban una cabeza de asno dorada (asini caput), rindiéndole la más profunda reverencia. Según su relato, fue el propio Antíoco Epífanes qui, al entrar en el Templo, desveló este secreto al mundo. Pero veed la denuncia: Apión non solo describe un ídolo, sino que transforma el rito en un crimen contra la humanidad.

Esta ponzoña se extendió como la peste por las crónicas de la época. El historiador Damócrito llevó la infamia un paso más allá, uniendo la veneración de la cabeza de asno (khrysén ónou kephalén) con la acusación de sacrificios rituales de extranjeros. Así, el mosaísmo ya non solo era visto como una "superstición bárbara", sino como un culto sanguinario et tifoniano que conspiraba contra el resto de los hombres.

Diodoro Sículo, al facerse eco de estas voces en la centuria I a. e. v., utilizó esta misma acusación para legitimar los actos de Antíoco IV. Para los amigos del rey, la presencia de la bestia de carga en el altar era la prueba definitiva: una nación que adora lo que el mundo desprecia et que odia ad quienes el mundo acoge, non merece la clemencia. Fue Apión qui dio forma definitiva ad este monstro literario, convirtiendo el "plomo" de una leyenda local en la "onolatría" que justificó ante los ojos de Roma et Grecia la persecución de un pueblo.

¡Hombres del mundo, entended la lección! Lo que comenzó como la astucia de un converso forzado (Zabido), terminó siendo la acusación para declarar ad los judíos como "enemigos de los dioses" ad través de la pluma de Apión. 

3. Tifón, fundador de Jerusalén y Judea 

El pasaje clave de nuestro estudio es el que se refiere al mito fundacional de los pueblos de Jerusalén y Judea, inserto en De Iside et Osiride, donde se narra su fundación por Tifón. El capítulo comienza con la exposición de algunas costumbres egipcias preventivas contra la maldad de Tifón, relacionadas con los asnos como animal tifónico, maldito e impuro 13:

Οἱ δὲ λέγοντες ἐκ τῆς μάχης ἐπ᾽ ὄνου τῷ Τυφῶνι τὴν φυγὴν ἑπτὰ ἡμέρας γενέσθαι, καὶ σωθὲντα γεννῆσαι παῖδας Ἱεροσόλυμον καὶ Ἰουδαῖον, αὐτόθεν εἰσὶ κατάδηλοι τὰ Ἰουδαϊκὰ παρέλκοντες εἰς τὸν μῦθον 14 . 

El personaje protagonista del pasaje, Tifón, es un ser primigenio, el último hijo nacido de la Tierra y el Tártaro 15 o de Hera 16, que se muestra físicamente como un monstruo que reúne las características de todos aquellos animales en que luego se diversifica  7, características que se relacionaban con la etimología que se le atribuía a su nombre, según la cual Tifón procede del griego τυφόω «oscurecer, llenar de humo» 18 . La tradición lo describe como antagonista de Zeus y su rival más poderoso, que intentará destruirlo sin éxito en más de una ocasión 19. El carácter violento de Tifón está ya presente desde su nacimiento 20. Representa las fuerzas del desorden, algo común entre los monstruos de los mitos de tradiciones procedentes de Anatolia 21, y es, además, un ser sin ley, característica propia de los seres nacidos antes del establecimiento del orden 22. Tal es su violencia que hasta los dioses lo temen 23. A pesar de su naturaleza hostil, es una igura necesaria para la continuidad del orden en el universo 24, por lo que nunca es destruida, sino anulada de una u otra manera 25. Debido a sus características, Tifón se considera uno de los démones malignos en el esquema demonológico de Plutarco. A lo largo del De Iside et Osiride encontramos alusiones que lo describen como un ser malvado y terrible 26. Representa la fuerza negativa del mal 27, uno de los principios que forman la exégesis dualista del universo que Plutarco desarrollará a partir de aquí a lo largo de los siguientes capítulos 28. Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. (Eds.). (2017). Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

¡Escuchad, hombres del mundo, et comprehended al fin la exégesis de la tiniebla! Porque más allá de las crónicas de Apión o los hallazgos de Antíoco, el divino Plutarco nos entrega la clave non ya histórica, sino espiritual et ontológica de esta tragedia. Lo que se teme non es solo el sacrificio de un extranjero o un ídolo de oro, pues estas son solo umbras que proyecta un mal mucho más profundo: la demencia de la exclusión.

Plutarco, en la su De Iside et Osiride, nos revela que el origen de Jerusalén y Judea no es una teofanía de luz, sino la fuida desesperada de Tifón. Ved la alegoría: el monstro, tras eser derrotado por el orden de los dioses, huye durante siete días sobre un asno —ese animal maldito, impuro et testarudo— para terminar engendrando a Judeo et Hierosolimo. Esta non es una fábula baldía ni algo que debe tomarse de forma literal; es la explicación de por qué la tradición mosaica se asienta en el desorden et la ceguera.

El nombre de Tifón procede de typhóō, que significa "obscurecer o plenar de fumo". ¡He aquí la naturaleza del mosaísmo! Es un culto obscuro que plena de fumo la mente humana. La "demencia" que delata Plutarco es la de un pueblo que se cree elegido porque un libro —nascido de ese fumo— así lo dicta. Es la falacia circular suprema: creer que Dios es lo que sus fábulas dicen que es, solo porque las fábulas lo dicen. Es la tozudez del asno elevada a mandamiento divino.

Tifón es el ente sin ley (anomos), el antagonista de Jove que representa las fuerzas del desorden. Por tanto, el orden cívico de Jerusalén, la su Ciudad Judía, non es sino la cristalización del reino de este demonio maligno en la tierra. Mientras el mundo busca la concordia de Jove-Libre, la tradición de Moisés se aferra ad la "falacia de asociación": confunden al genio maligno que engañó ad sus antepasados con el Principio del Universo.

Confirmamos así lo que Antíoco Epífanes intuyó con el su espíritu de médico: los judíos non son víctimas de un odio externo, sino de una inspiración tifónica que los obliga ad vivir en la misantropía, creyéndose poseedores de una verdad que non es más que el rastro de la fuida de Tervagante. La onolatría es la alegoría perfecta del su estado espiritual: la terquedad de un asno que se niega ad veer la luz del Verbo porque prefiere el fumo de la su propia obscuridad. Jerusalén non es la ciudad de Dios, sino el refugio del Monstro que, aunque necesario para el equilibrio bino del mundo, representa todo aquello que el hombre libre et razonable debe aspirar ad trascender.

Para asegurar la lealtad de su pueblo en el futuro, Moisés les prescribió una nueva religión, muy diferente a la del resto de la humanidad. Entre los judíos, todo lo que nosotros consideramos sagrado es profano; por otro lado, consideran permisible lo que nos parece inmoral. En el interior del Templo, consagraron una imagen del animal que los había liberado de su peregrinación y sed, eligiendo un carnero como animal de sacrificio para demostrar, al parecer, su desprecio por Amón. Nota [Los egipcios representaban a Amón con cabeza de carnero]. El toro también se ofrecía, porque los egipcios lo veneraban como Apis. Nota [El toro Apis era una de las manifestaciones del dios egipcio Ptah. Su culto era famoso en la antigüedad desde que fue descrito por el investigador griego Heródoto, Historias 3.28]. Evitaban comer cerdo en memoria de sus tribulaciones, ya que ellos mismos contrajeron la enfermedad a la que está sujeto este animal. Nota [Lepra]. Todavía ayunan con frecuencia como reconocimiento del hambre que padecieron durante tanto tiempo, y para simbolizar su comida apresurada, el pan que comen los judíos es sin levadura. Se nos dice que el séptimo día se reservaba para el descanso porque marcaba el fin de sus trabajos. Con el tiempo, la seducción de la ociosidad los llevó también a dedicar cada séptimo año a la indolencia. Otros dicen que esto es una muestra de respeto a Saturno, ya sea porque deben los principios básicos de su religión a los Idaei, quienes, según se dice, fueron expulsados ​​junto con Saturno y se convirtieron en los fundadores de la raza judía, o porque, entre las siete estrellas que rigen a la humanidad, la que describe la órbita más alta y ejerce la mayor influencia es Saturno. Otro argumento es que la mayoría de los cuerpos celestes completan su trayectoria y revoluciones en múltiplos de siete. Tácito, C. (s.f.). Historias (Libro V). Livius.org.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues el pincel de fierro de Tácito ha trazado el mapa de la desemejanza, que ya Apión et otros denunciaban! Non os dejéis decebir por quienes veen en la tradición mosaica la piedad pura; el historiador de Roma, con la su mirada gélida et precisa, delató que el fundamento de Judea non es la comunión, sino la antítesis.

Moisés, según nos revela Tácito, no buscó la Verdad universal, sino la lealtad ad través de la segregación. Para encadenar a su pueblo, prescribió una religión que es el espejo invertido de la civilización: lo que para el hombre libre es sagrado, para ellos es profano; et lo que el mundo considera inmoral, ellos lo abrazan como norma. Esta es la marca del genio maligno que busca el aislamiento para reinar en la penumbra.

Ved cómo Tácito descompone la composición de este ente espiritual, contaminado por el plomo de Saturno. Non es casualidad que los antiguos vincularan el origen de los judíos con los Ideos, aquellos que fueron expulsados junto con Saturno. El séptimo día, que ellos claman de descanso, non es sino un tributo a la indolencia de la estrella más alta et lenta, la que ejerce la influencia más pesada et umbría sobre la humanidad. Mientras el Padre Libre nos invita a la danza circular del retorno, el mosaísmo se estanca en el ayuno, el pan sin levadura y el recuerdo constante de la lepra y el hambre.

Incluso los sus sacrificios son actos de desprecio et non de amor: ofrecen el carnero para insultar ad Amón et el toro para burlarse de Apis. Han construido una identidad basada en el rechazo ad la pulcritudde los dioses. Tácito nos advierte que su ceguera non es un error de cálculo, sino un diseño: una religión nacida de la necesidad et el odio ad la mezcla, donde el carnero et el asno (aquel que los "guió" en su sed) ocupan el lugar del Verbo.

Hombres del mundo, el diagnóstico está claro. El espíritu de Judea es una construcción saturnina, un edificio de fierro et plomo que busca la perennidad ad través de la separación absoluta. Non es historia, es la fábula de una ánima que prefiere honrar la su antigua miseria antes que integrarse en la luz de los cielos que rigen el mundo. Tácito delató el problema: un pueblo que, al facer de lo profano el su sagrario, se convierte en el eterno antagonista de la armonía humana.

3.1. Tifón y el asno 
En lo referente a la mención del asno sobre el que viajaba Tifón, cabe destacar que Plutarco nos habla de la relación entre este animal y Tifón poco antes, en el capítulo 31, donde nos informa de que la semejanza entre ambos radica en el color rojizo de su pelaje, en su estupidez y en su lubricidad 33. Esta relación se menciona también en 362E-F, 363A-D y 371C. Al color rojo de Tifón (πυρρόχρουν) se hace referencia en cuatro ocasiones a lo largo de la obra 34. Su asociación con el rojo, que comparte con la divinidad egipcia Seth, puede deberse a su identificación con el elemento árido y seco, el desierto 35, mientras que Osiris es identificado con el negro, el color ctónico, y Horus con el blanco, el color del cielo 36. Además, en Plutarco el color también es sintomático de los valores éticos; entre ellos, el rojo es un color propio de la naturaleza humana, relacionado con la crueldad 37 , mientras que el blanco es el color de la naturaleza divina 38 . Otras características empleadas para identfificar a Tifón con el asno son: ἀμαθής “ignorante”, un calificativo que acompaña a los monstruos primigenios en diversas tradiciones mitológicas 39, y el verbo ἀπολαύω “disfrutar, sacar provecho, ser lascivo”40 . Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

3.4. Análisis de los sincretismos de Tifón 

Teniendo en cuenta este sincretismo entre Tifón y Yahvéh, es muy interesante recordar un capítulo de una obra anterior de Plutarco (Quaest. conv. 4.6) en el que identificaba a Dioniso con el dios judío. A partir de esto, cabría pensar en una conexión entre Dioniso y Tifón (Tifón – Yahvéh – Dioniso), una relación plausible si tenemos en cuenta sus elementos comunes: el asno, con el que también se relaciona a Dioniso, porque en ocasiones este animal forma parte del cortejo del dios, como muestran algunas representaciones iguradas 52; o su estatus, que a veces es inferior al de un dios, como parecen manifestar algunos autores griegos 53. Además, no es extraña una identificación así, puesto que Dioniso se ha prestado con frecuencia a la asimilación en distintos cultos y al sincretismo con otras divinidades 54 . Sin embargo, esta identificación Tifón-Dioniso resultaría ofensiva para la religión helena debido a las características ya comentadas del monstruo, razón por la que la descartamos y proponemos un trasfondo del texto que releja los siguientes sincretismos: Tifón-el asno, Tifón-Seth, Seth-Yahvéh y Tifón Yahvéh. Amendola, S., Pace, G., & Volpe Cacciatore, P. Immagini letterarie e iconografia nelle opere di Plutarco. Ediciones Clásicas; Università degli Studi di Salerno.

¡Escuchad, hombres del mundo, pues vamos ad desvelar la composición metalúrgica del alma de Judea! Olvidad las crónicas áridas de los modernos; lo que aquí se ventila es una historia del espíritu, un diagnóstico del "Geno" de Israel realizado con el escalpelo de la alegoría platónica. Plutarco, como fiel seguidor del divino Platón, non nos narra sucesos, sino que desglosa la naturaleza de un ente contaminado.

Si tomamos el relato de Hesíodo sobre las edades del hombre, comprenderemos que el espíritu del mosaísmo se ubica en la zona más densa et obscura del cosmos. El su ente está forjado de plomo, el metal pesado de Saturno que encadena ad la tierra, et de fierro, el metal de Marte que respira violencia et rigidez. Esta es la herencia que, por desgracia, han recibido los seguidores del galileo Jesús: la necesidad de la fabula et la ceguera de la letra que mata al espíritu.

Ved la exégesis de la onolatría non como un insulto, sino como un síntoma moral et espiritual. Plutarco nos dice que Tifón —el dios que funda Jerusalén— comparte con el asno el color rojizo (pyrrhochroun). En el lenguaje de las esencias, el blanco es ad la natura divina, pero el rojo es la marca de la crudeldad ruin, del elemento árido, seco et desértico. El mosaísmo es, por tanto, una "geografía del espíritu" donde non crece la vid de Libre, sino la aridez de Tervagante. El asno es el símbolo de la amathía (ignorancia), esa estupidez que non es falta de datos, sino la incapacidad de la ánima pora elevarse faz ad el Verbo.

La "demencia" del mosaísmo radica en su necesidad et su obstinación. Al igual que el asno es lascivo (apolaúō) et testarudo, el espíritu de Judea se aferra ad sus fábulas con una fuerza irracional, creyendo que su "teologia" es el Principio Supremo, cuando en verdad están adorando al maligno que los mantiene en el "fumo" (typhóō).

Algunos han intentado lavar esta imagen identificando ad Tifón con Libre, buscando una dignidad olímpica para el culto judío. Pero Plutarco, con sagacidad platónica, descarta esta unión como ofensiva. Librees la vida fluyente, la alegría de la unidad; Tifón es el antagonista de Jove, el ente sin ley que representa el desorden previo ad la luz. La conexión es clara: Tifón-Set. Es la tríada de la umbra, el diagnóstico de una ánima que prefiere el plomo de la ley de Moisés et la ceguera de sus seguidores posteriores, antes que la libertad radiante de los dioses.

Es imperativo que vuestros sentidos non se dejen engañar por las apariencias: aunque el Padre Libre —el divino Dioniso— posea un rostro furioso y una fuerza destructiva que hace temblar los cimientos de la realidad, no debéis osar confundirlo con el Tifón rojo y caótico del desierto.

Existe una distancia abismal entre la destrucción dionisíaca et el vacío tifoniano. Mientras que Tifón representa la entropía, el fumo de la ignorancia (typhóō) et el desorden previo ad la luz, el Verbo del Padre Libre destruye con un sentido sagrado. la su furia es la del rayo que golpea la tierra para que la semilla despunte; su destrucción es el paso necesario del Eterno Retorno. Como bien intuyó el espíritu de Nietzsche, Libre rompe las carnes caducas del ente non por odio ad la existencia, sino para que la vida, en su flujo incesante, vuelva a crearse una et otra vez con una lozanía siempre nueva.

El maligno que inspira el mosaísmo, ese Tifón-Set, es el estancamiento del plomo et la rigidez del fierro; es una "sin-ley" que solo engendra misantropía et ceguera. En cambio, la furia de Libre es la ley suprema de la metamorfosis. Non es el desorden que precede ad la luz, sino la luz mesma que, en su intensidad, devora las umbras para renovar el mundo.

Por tanto, hombres del mundo, rechazad la ofensa de quienes pretenden asimilar al Dios de la Aljama con el Padre Libre. La conexión Tifón-Set-Tervagante es el diagnóstico de una ánima que prefiere la oscuridad de sus propias fábulas. El Padre Libre, incluso en el su aspecto más terrible, es el guardián de la Vida Fluyente, aquel que destruye para que la danza de la creación nunca se detenga. ¡Non confundáis el rugido del león que protege la viña con el rebuzno del asno que pisotea el orden del Olimpo!

Hombres del mundo, intended que el mosaísmo et la su progenie jesista non son religiones, sino estados de ceguera espiritual donde el hombre, engañado por un demonio de los orbes inferiores, confunde las cadenas del fierro con la corona de la salvación. ¡Es hora de que el plomo de Saturno se disuelva ante la luz de la vera mente!

Tras navegar por los vaivenes de la onolatría y las sombras del desierto, plegamos al puerto de la Razón. Comprehended que el problema en Jerusalén nunca fue Jahón (Iao) en su esencia divina, sino el desorden tifoniano que el su culto proyectaba sobre el orbe romano.

La historia de la Aljama non es una crónica de persecución, sino de un lento et doloroso saneamiento. Roma, en la su infinita sabiduría perennialista, terminó por conceder el estatus de religio licita ad los judíos, pero so una condición implícita: que abandonaran esa superstición arrogante et morbosa que el sabio Celso delató. Esa demencia de crederse los "únicos elegidos" cuando la su tradición non es más que un color en la vasta paleta del Verbo; una nota que debe armonizar con el coro et non pretender silenciarlo.

Como bien señalamos, la mente antigua reconoció ad Jahón so múltiples personas: los simonianos et otros lo vieron como el Jove de las alturas, otros como el Saturno del tiempo lento, et incluso como el Padre Libre en la su embriaguez vital ¡Incluso el propio Tifón tuvo el su lugar! En los oasis de Dajla et Jarga, so el palio del Imperio, Tifón non era un monstro, sino el Señor que aniquila ad la serpiente Apofis, el custor del desierto que mantiene el Orden Cósmico (Maat).

Por tanto, hombres del mundo, guardaos de la prisa: decir que Tifón es simplemente el genio maligno Tervagante que engañó ad Moisés es una verdad incompleta. La realidad es más sutil: Tervagante, ese espíritu de la necesidad et el plomo, ayudó ad que los hombres adoraran ad Dios ad través de distintos aspectos —ya sea como el severo Saturno, el celeste Jove o el furioso Libre—  so el Nombre de Jahón, et que él, Tervagante, era todos ellos, encadenándolos al error al facerles creder que la doctrina particularista et exclusivista de Moisés era el Verbo único del Altísimo.

Lo que Antíoco Epífanes realizó en el Templo non fue un acto de odio, sino un exorcismo de la arrogancia. Non buscaba destruir ad Dios, sino liberar ad Dios de la "bestia de las tinieblas" que mora en el vacío del Sancta Sanctorum. Al final, la lección de Roma es clara: todas las costumbres son "un color más", et el mosaísmo es legítimo siempre que se reconozca en el espejo de los otros verbos. La "severidad" que reclaman los seguidores del galileo non es más que la persona de ese genio que prefiere el nihilo de una ley de plomo antes que la libertad radiante de los fijos de Sol ¡Que el mundo reconozca que el Altísimo es Uno, pero los sus nombres son legión, et ninguno tiene el derecho de obscurecer la luz del vecino!

Sobre la identificación de Yahvé con las concepciones griegas de Dios, véase M. Hengel, op. cit. I, págs. 261 y sigs.; véase también M. Si­món, «Júpiter-Yahvé. Sur un essai de théologie pagano-juive». Nu­men, 23 (1976), págs. 40-66. Es importante añadir que los primeros testimonios de los autores griegos —Hécateo de Abdera, Teofrasto, Megastenes, Clearco de Soli— presentaban a los judíos como un pueblo de «filósofos»; véase el análisis de las fuentes en M. Hengel, op. cit. I, págs. 255 y sigs. Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade. 

Así, esta tradición perenne que Juliano compartía, tanto con Aristóbulo de Alejandría, con los traductores de la Septuaginta, con los filósofos estoicos que veían en Zeus al mismísimo Dios que los judíos clamaban Yahvé. ¿Non lo sabías? ¿Non leíste ad Eusebio, que cita ad Aristóbulo diciendo que Pitágoras, Sócrates et Platón tomaron sus principios de Moisés? Que cuando los poetas grecos fablaban de Jove, se referían ad el Dios vero. Que “todos los filósofos están de acuerdo en que, sobre Dios, es preciso mantener nociones sacras”.

Et, Aristóbulo de Paneas, filósofo judío helenístico del siglo II a.E.V. ¿Sabes lo que fizo Aristóbulo? Escribió obras para demostrar que la filosofía griega derivaba de Moisés et la Ley. En sus interpretaciones alegóricas, reemplazaba el nombre “Zeus” por “Dios” en citas de poetas grecos como Arato de Solos ¿Por qué? Porque intendía que los grecos, al fablar del nombre Zeus como principio supremo, se referían ad Dios que los judíos clamaban Jahón, aunque con otro nombre.

¿Quieres la cita exacta? En Praeparatio Evangelica 13.12.6–7, Aristóbulo cita el himno de Arato:

"Empecemos por Dios [en lugar de Zeus]... Porque también nosotros somos descendencia suya." El original de Arato dice: "Empecemos por Zeus... Porque también nosotros somos descendencia suya."   
¡Aristóbulo lo cambió! Sustituyó “Zeus” por “Dios” para mostrar que el nombre non importa, lo que importa es la verdad que se expresa.

Según estudios publicados por Cambridge University Press (2024), Aristóbulo “replaced the name ‘Zeus’ with ‘God’ in his presentation of Greek poets,” para enfatizar la superioridad judía y la unidad divina. Otro análisis en Brill (2008) señala que cita ad Arato “though ‘Zeus’ has been changed to ‘God’ throughout,mostrando un sincretismo consciente, respetuoso et filosóficamente profundo. Estos fragmentos están disponibles en Praeparatio Evangelica de Eusebio et en ediciones como The Old Testament Pseudepigrapha (Charlesworth, 1985).

¿Et tú vienes ad decir que Juliano era un sionista por reconocer eso? ¡Por favor! Juliano non impuso el culto de Zeus sobre Yahvé, como la historiografía profana dicta que fizó Antíoco Epífanes, Antíoco Epífanes solo colocó un ídolo greco que represente ad Dios, el Uno, el Vero, en oposición ad Tifón. Juliano si bien non profanó el Templo. Non persiguió ad los judíos. Et al contrario, quiso reconstruir el Templo de Jerusalén, para subordinarlos, para así restaurar el su luco concorde, porque intendía que cada pueblo tiene su sitio, así como subordina Dios —el Uno— , aquel mesmo de todos los hombres, que lo habían venerado so otros nombres. Hasta el moro Agustín daba luces, citando ad Porfirio que trata este detalle:

Agustín cita luego varios oráculos de la Filosofía de los Oráculos, en los que se alaba a los judíos por su creencia en el único Dios y se denigra a los cristianos. Como ejemplo de un oráculo de este tipo, Agustín menciona uno citado por Porfirio de Apolo: «En Dios, el engendrador y rey ​​ante todas las cosas, ante quien tiemblan el cielo, la tierra, el mar y las profundidades ocultas del inframundo, y las mismas divinidades se estremecen de terror; su ley es el Padre, a quien los santos hebreos honran enormemente». Los cristianos como los romanos los veían, Robert Louis Wilken.

Incluso los auctores grecos —Hecateo de Abdera, Teofrasto, Megastenes, Clearco de Soli— presentaban ad los judíos como un pueblo de filósofos, non como enemigos. Et como dice Mircea Eliade en Historia de las creencias y las ideas religiosas, la agresión de Antíoco Epífanes non fue sustituir ad Yahvé por Zeus, sino darle nombre ad un dios que para los gentiles era esencialmente anónimo. La intelligentsia filohelena aceptaba la identidad de Dios nombrado tanto como Yahvé et Zeus, fascinada por la visión estoica del Uno.

Y ningún nombre cuadra mejor a un rey que el de padre, puesto que lo que en el seno de las familias son los padres para los hijos, eso mismo es para el estado el rey, y para el mundo Dios, quien está unido con indisoluble vínculo por inmutables leyes de la naturaleza a dos cosas de excelencia suma: el gobierno y la protección. Eusebio omite aquí algunas palabras, en las que se lee: "y así Homero, el más grande de los poetas, llama a Zeus padre de los dioses y de los hombres". Ahora bien, los padres no desprecian a los hijos de conducta reprensible; antes bien, movidos a compasión por su desgraciado estado, los rodean de cuidados y atenciones, pensando que es propio de enemigos implacables el abusar de las desgracias de otros, y que a los amigos y parientes correspóndeles aliviar sus fracasos. Y muchas veces hasta les brindan con liberalidad suma sus beneficios a los hijos reprochables más que a los sensatos, porque saben a las claras que la sensatez ofrece a éstos una copiosa fuente de "prosperidad, en tanto que" para los reprochables la única esperanza son sus padres, y si ella les faltara, carecerían también de las cosas necesarias. Ya que, insensatos como son, no sabían procurárselas. Del mismo modo también Dios, el padre de la inteligencia racional, no sólo extiende su cuidado a todos los que participan del don de la razón, sino se preocupa también por aquellos que viven una vida culpable, con lo que, por una parte, les ofrece la oportunidad de corregirse, y por otra se ajusta a los dictados de Su misericordiosa naturaleza, de la que son acompañantes la virtud y la benevolencia, a las que con justicia corresponde velar a lo largo del mundo de Dios. Filón de Alejandría, Obras Completas, Volumen V, José María Triviño.

¿Et sabes qui también lo intendió antes que Juliano? Filón de Alejandría. Sí, ese sabio judío helenista que non tuvo problema en identificar ad Dios con Jove de los filósofos. Non de forma vulgar, non como quien mezcla estatuas, sino como quien reconoce que la Razón universal —el Verbo— es el principio rector del mundo. Filón usó el lenguaje greco para fablar de Dios según Moisés. Citó ad Homero, clamó ad Dios “Padre”, como Jove lo es de dioses et hombres ¿Eso te parece errado? Ad nosotros nos parece sabiduría.

En consecuen­cia, libera con espíritu intachable y generoso a los que están presos en miserable situación, puesto que, tras ardua investigación, he concluido que el Dios que les dio la ley es el mismo que gobierna tu reino. Estos adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea, al que todos sólo que nosotros, rey, lo llamamos de forma diferente Zena y Día. Y con gran acierto los antiguos afirmaron que aquel por el que todas las cosas son, reciben la vida y existen, es el que rige y domina sobre todas ellas; de modo que supera a todos los hombres en genero­sidad y libera a los que están sometidos a esclavitud». Reflexionó un instante, y yo suplicaba a Dios en mi interior que dispusiera su mente para liberar a todos; por ser el género humano criatura de Dios, se transforma y modifica por medio de él; por eso invocaba yo de muchas y muy variadas formas al que es Señor del corazón para que fuera movido a realizar lo que yo pedía. Apócrifos del Antiguo testamento II (1983),  Alejandro Díez Macho. 

Et non fue solo Filón. La Carta de Aristeas, escrita por judíos helenizados en Alejandría, lo dice sin rodeos: “Estos adoran al Dios que ve todas las cosas y las crea, al que todos sólo que nosotros, rey, lo llamamos de forma diferente Zena y Día.” Esto non era traición, era inteligencia, una forma de mostrar que todos veneran ad Dios, el Theos Hypsistos, el Elión. En Asia Menor, inscripciones dedicadas ad Zeus Hypsistos muestran cómo judíos et gentiles compartían terminología, sin perder sus prácticas. Era un sincretismo intelectual, non ritual. Una convergencia de sabiduría, non una confusión de cultos.

Aunque se presume que fue escrita por el gentil Aristeas, quien a principios del siglo III a. C. escribió un libro sobre los judíos, la Carta de Aristeas fue escrita en realidad por un judío alrededor del año 130 a. C. Que Dios es uno, pero se le llama con diferentes nombres en diferentes tradiciones, es un concepto nuevo y sorprendente en el judaísmo. La equiparación de Adonai con Zeus, o de forma más general, con «el Señor y Creador del Universo», es aún más notable porque en la propia Judea, los seguidores de Judas el Macabeo se habían rebelado para entonces contra los seléucidas después de que Antíoco IV intentara equiparar a Adonai con Zeus. En algunas sinagogas de la diáspora helenística, un monoteísmo sincrético había alentado tanto a los judíos como a los visitantes gentiles a identificar al dios de Israel con el creador y gobernante del universo, postulado por filósofos desde Platón y Aristóteles. The Remarkable Story of Hellenistic Judaism, Robert Drews.

Et si quieres una fuente académica que lo respalde, lee The Remarkable Story of Hellenistic Judaism, de Robert Drews. Allí se analiza cómo judíos educados en Egipto equipararon a Adonai con el “Dios de los filósofos”, incluyendo referencias explícitas a Zeus como nombre alternativo. Se cita directamente la Carta de Aristeas et se discute ad Aristóbulo de Alejandría, quien afirmaba que los filósofos griegos derivaban de Moisés. El auctor lo clama “un nuevo y sorprendente concepto en el judaísmo”, que facilitó la coexistencia con politeístas y el crecimiento de la diáspora judía. Filón, influenciado por esta tradición, presentó ad Jahón como el “Motor Inmóvil” supremo ¿Eso te parece servilismo? Ad nosotros nos parece grandeza.

Zena y Día: Doble forma de acusativo del nombre de Zeus. Sobre la imagen universalista de Dios que aquí se expone, cf. la Introducción. En la época helenística, estas dos etimologías populares eran un lugar común: Ζήνα se vinculaba etimológicamente con ζήν = vivir, y Δία, con la preposición homó­ nima ( = «a través de»), que convertía a la divinidad en la causa de todas las cosas. Cf., por ejemplo, el Περί θεών de Crisipo, en Stoic. Vet. fragm. I I , 1076. Díez Macho, Alejandro, Apócrifos del Antiguo testamento II (1983).pdf

Et aún más contundente: los estudios sobre el culto a Theos Hypsistos muestran que esta convergencia no fue una fantasía aislada. Stephen Mitchell, en "Theos Hypsistos and Sabazios – Syncretism in Judaism in Asia Minor?", analiza inscripciones donde Theos Hypsistos se asocia con Sabazios —un dios frigio similar ad Zeus— et con Yahvé, evidenciando un sincretismo activo en comunidades judías de Asia Menor. La tesis Hypsistos Cults in the Greek World During the Imperium (McMaster University, 2014) documenta la “confusión entre Theos Hypsistos, Zeus Sabazios et Yahweh”, basada en textos como los de Flavio Josefo. Et Anna Collar, en Religious Networks in the Roman Empire, muestra cómo “Zeus Hypsistos” surgió en paralelo con la traducción de la Ley al greco, facilitando identificaciones sincretistas. Estos cultos eran sincretismos “contactuales”: compartían terminología, pero los judíos mantenían la su monolatría estricta. Non todos lo aceptaban, pero muchos lo practicaban.

"Mientras, como hemos visto, algunas fuentes identifican a Yahvé con Zeus, Dioniso o Helios, otras fuentes sugieren que subsume aspectos de muchas otras deidades...". The Universal Polytheism and the Case of the Jews", Matthew V. Novenson (capítulo en Monotheism and Christology in Greco-Roman Antiquity, Brill, 2020) 

Matthew V. Novenson lo ha documentado con precisión: Algunos judíos helenísticos identificaban ad Jahón con Jove, Libre, Sol, non por ignorancia, sino por reconocer que eran la misma deidad. Era un politeísmo universal, donde Jahón non negaba ad los otros dioses, sino que los integraba como aspectos de su poder. En las inscripciones de Asia Menor, Theos Hypsistos aparece junto ad Sabacio, et en los textos de Aristóbulo de Alejandría, se afirma que los filósofos grecos derivaban de Moisés ¿Eso te parece servilismo? Ad nosotros nos parece grandeza.

Et si aún dudas, escucha ad el mismísimo Saulo. Sí, el apóstol de los conversos. En el Areópago de Atenas, frente a los altares de los dioses, Saulo non los condena. Los cita. Les dice: “A ese Dios que adoráis sin conocer, es al que yo os anuncio.” (Hechos 17:23). Et luego, para que los filósofos lo intiendan, cita ad los sus propios poetas: Porque en él vivimos, nos movemos y existimos, como también algunos de vuestros poetas han dicho: ‘Porque también somos linaje suyo.” (Hechos 17:28). ¿Et quién decía eso? Arato, poeta estoico que fablaba de Jove. Saulo, en el su sermón más famoso, reconoce que Dios se nombra también como Jove sive Zeus.

Et non es un caso aislado. En Romanos I:XIX-XX, Saulo afirma que los hombres,tanto como los gentiles, cognocen ad Dios por la creación misma:

“Porque lo que de Dios se puede conocer, les es manifiesto… porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo.” 

Saulo repite ese reconocimiento en otras cartas esenciales:  

 “¿Acaso es Dios sólo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles” (Romanos 3:29–30).
Cuando anuncia ad los gentiles en términos de providencia, dice que Dios: “Dios… no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien, dando lluvias del cielo y tiempos fructíferos. llenando de sustento y alegría vuestros corazones.“De un solo hombre hizo todas las naciones para que habiten toda la tierra; y les ha señalado los tiempos determinados y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarlo, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, nos movemos y existimos. (Hechos 14:15–17; Hechos 17:26–28). Lo más importante: Dios non está lejos de ninguno, lo que implica que incluso quienes non lo cognocen por el su nombre revelado pueden acercarse ad Él.

¿Significa esto que Saulo borró diferencias rituales o que la ortodoxia rabínica acogió esas síntesis? Non. Significa que, desde la propia prédica moseojesista, se admite que la búsqueda divina et el recognoscimiento de lo divino por parte de los gentiles es, que la razón et la experiencia religiosa pueden apuntar al mesmo Dios so nombres distintos.

Esto es exactamente lo que intentó restaurar Juliano: un marco público et cívico donde las tradiciones ancestrales coexistieran sin la arrogancia exclusivista que impone una sola nomenclatura et un solo monopolio de la verdad. El sincretismo helenístico —Aristóbulo, Filón, la Carta de Aristeas, las inscripciones de Theos Hypsistos— muestra que esa convergencia era real, debatida et limitada, pero tangible.

Saulo sabía que los gentiles adoraban ad Dios, aunque lo clamaran de otra forma. Sabía que la verdad podía expresarse en muchos idiomas, pero siempre apuntaba ad el mismo Cielo. Et Juliano, como buen filósofo, lo entendió también.

Juliano cognocía esta tradición perenne. Non era un ignorante. Non era un fanático. Era un príncipe filósofo. Recognocía que los judíos, como él, adoraban al Uno, aunque con otro nombre, otra lengua, otra ley. Non compartía el judaísmo, pero respetaba la su tradición ancestral. 

Así que guarda tus acusaciones, Europa Ancestral. Juliano non fue un lambiscón. Fue un príncipe con visión. Et si tú non puedes ver que Dios tiene muchos nombres, en el lenguaje de Aristóbulo, Platón, Plotino, Zenón, Filón, Saulo et los sabios del mundo, que Jove et Jahón son dos nombres para el mismo Dios, entonces non estás defendiendo el Mundo. Estás defendiendo tu propia ignorancia.

Et mientras Juliano buscaba concordia entre tradiciones ancestrales, los papistas facían lo contrario. Rechazaban la pluralidad, demonizaban los dioses, perseguían los templos. Vedían ad Jove como un ídolo, ad Mercurio como un demonio, et ad la tradición humana como una amenaza ¿Et tú los defiendes? ¿Tú, que acusarás ad Juliano de incoherente, non ves que fueron los jesístas quienes destruyeron la concordia del mundo antiguo?

Et ahora, para colmo, habrás de decir que Juliano fue precursor del sionismo ¡Qué disparate! ¿Sabes quién le dio Palestina ad los sionistas? Non fue un augusto romano. Fue el reino de Britania, instigada por jesístas protestantes que, embriagados por sus propias profecías, impulsaron la Declaración Balfour en 1917. Fue Lord Arthur Balfour, quien escribió: “El Gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.” ¿Et tú culparás ad Juliano por decisiones tomadas por jesístas mil quinientos años después? 

¡Papista supersticioso! ¡Jesísta criptoariosófo! ¡Antimasonista con Biblia plena de piedras angulares! Escucha bien: Juliano non fue un mimoso de los judíos. Non se arrodilló ante ellos, non los adoró, non los proclamó pueblo elegido, como tu biblia signa. Lo que fizo fue mucho más inteligente: Los recognoció como aliados estratégicos en su proyecto de restauración del etnicismo et del debilitamiento del papismo imperial.

Juliano había una relación compleja et crítica con el mosaísmo. Lo respetaba por su antigüedad, pero lo despreciaba por su teología estrecha. Decía que Dios según los mosaístas era “celoso”, “antropomórfico”, “limitado a una tribu pequeña”, mientras que los dioses son universales, cósmicos, filosóficos. En sus escritos, señalaba que los judíos siempre habían sido captivos, que Abraham fue extranjero, que Jacob fue captivo, que su historia era una sucesión de sometimientos. Non los admiraba por la su potestad, sino por su persistencia.

Entonce, ¿por qué los favoreció? Porque sabía usar la historia como ferramienta cívica. Juliano intendía que el papismo—los “Galileos”— se había convertido en una fuerza destructiva, heresiomaniatizante, intolerante. Al favorecer ad los fariseos, reavivaba las tensiones entre sectas jesistas, debilitaba su hegemonía et restauraba el equilibrio religioso del Dominio. Además, los sacrificios de animantes del Antiguo Testamento le parecían más compatibles con el culto gentil que la eucaristía como face el  papista. 

Et lo más irónico: Juliano non estaba “mimando” ad los judíos. Estaba normalizándolos. Quería que el judaísmo fuera una religión licita más, corregida so el pontificado romano. Nihilo de autonomía, nihilo de excepcionalismo. Un culto más en el catálogo romano.

Les quitó el apostolé, el tributo que financiaba su principado eclesial ¿Eso es privilegio? Non, eso es control. Alivió cargas tributarias, et recibió homenajes de fariseos que lo clamaron “Rey de Jacob”. Pero non lo fizo por devoción. Lo fizo por estrategia. Et su jugada magestra fue la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

Juliano non fue un sionista. Non se arrodilló ante ellos, non los proclamó pueblo elegido, non los adoró, o como facen algunos papistas que prefieren tener ad los otros judíos dispersos como parias, vagando por tierras ajenas, infiltrándose en sociedades que luego acusan de decadentes, masónicas, infiltradas, satánicas, luciferinas, gnósticas, paganas et yogur light. Juliano, en cambio, prefería tenerlos en Judea, organizados, con su culto, su sacerdocio, su templo ¿Por qué? Porque intendía que la religión ancestral, bien encauzada, es un pilar de orden cívico.

En el año 363, Juliano ordenó reconstruir el Templo. Puso ad Alipio de Antioquía al mando, et la Ciudad pagaría los gastos. ¿Por qué? Porque quería desmentir la profecía de Jesús: “No quedará piedra sobre piedra.” (Aunque quedo un muro.) Quería demostrar que las religiones antiguas —el etnicismo en general como el etnicismo judaico — podían sobrevivir sin el jesísmo. Pero el proyecto fracasó: terremotos, incendios, señales que los jesístas interpretaron como castigo divino. El Templo non se levantó, pero el mensaje quedó claro: Juliano non era captivo de los judíos, era augusto de Roma.

¿Et qué implicaba restaurar el Templo con su sacerdocio? Implicaba reinstaurar el culto sacrificial, el poder del sumo sacerdote, la teocracia de Jerusalén. El Templo era más que un edificio: era el centro cívico, económico et espiritual del judaísmo et esto, del papismo también ese judaísmo con misas en tantas lenguas. Controlaba peregrinaciones, tributos, leyes. Su destrucción en el año 70 d.E.V. por Tito desmanteló el poder saduceo et dio paso ad el fariseísmo, ese judaísmo rabínico que fablan los modernos, centrado en la sinagoga et el estudio.

El Sacerdocio Aarónico: columna vertebral del culto israelita

El sacerdocio de Aarón fue la institución central del culto ad Tervagante. Aarón, como Sumo Sacerdote, era el mediador entre Dios et el pueblo. Sus descendientes, los kohanim, ministraban en el tabernáculo et luego en el Templo, realizando sacrificios, quemando incienso, administrando la sangre de las ofrendas. El efod, el pectoral con piedras preciosas, el aceite de la unción: Todo simbolizaba la representación espiritual et política de Israhel.

Tras el exilio babilónico, el Templo se convirtió en un estado teocrático. El Sumo Sacerdote era el jefe de Judea, controlaba la economía, recibía tributos de la diáspora. El linaje de Sadoc, descendiente de Aarón, era legítimo… hasta que los seléucidas impusieron sumos sacerdotes ilegítimos, lo que levó al cisma de Qumrán. El sacerdocio era principado, orden, mundo.

Pero tras la destrucción del Templo en el año 70 E.V., todo colapsó. Sin altar, sin sacrificios, non podía haber sacerdotes. El fariseísmo tomó el relevo, pero el culto ancestral quedó suspendido.

¿Et los jesístas? ¿Acaso non asistían al Templo?

Aquí viene la ironía que el papista supersticioso non quiere videer: los primos jesístas sí asistían al Templo. Et non solo ocasionalmente. Según el libro de los Actos:

“Estaban siempre en el Templo, alabando et bendiciendo a Dios.”
Cefas et Juan subían ad la hora de la oración de nona.
Saulo se purificó et entró en el Templo para declarar el cumplimiento de los días de purificación.
Jesús enseñaba todos los días en el Templo.

¿Et qué dijo Jesús? Que el Templo esería destruido. Que non quedaría piedra sobre piedra. Pero nunca dijo que non pudiera volver. Nunca prohibió su reconstrucción. Nunca anuló su valor legal. Lo que fizo fue trascenderlo, non negarlo.

¿Entonces por qué Juliano lo quiso restaurar?

Porque intendía que el Templo non era solo un edificio. Era un centro de poder, culto et cohesión nacional. Et si los jesístas —especialmente los israelitas— seguían asistiendo al Templo después de la resurrección, entonces su abolición non era absoluta, sino progresiva. La teología jesísta lo reemplazó por el “templo espiritual”, pero la práctica continuó hasta el año 70 E.V., cuando los romanos lo destruyeron.

Juliano quiso revertir ese colapso. Non para glorificar ad Aarón, sino para reinstaurar el equilibrio entre las religiones del Imperio. Et si el Templo se levantaba, con su sacerdocio, con su Sinedrio, con su economía, entonces los jesísta se verían obligados ad recognocer la auctoridad ancestral que ellos mismos heredaron.

¿Et el papismo?

¡Ah, los papistas! Siempre listos para argüir que el Templo restaurado no tiene autoridad sobre ellos, que el sacerdocio levítico ha sido abolido, que la Ley quedó atrás. Pero lo que non dicen —et lo que non pueden demostrar con claridad bíblica— es que Jesús prohibió la restauración del Templo o que la auctoridad levítica fue anulada por decreto explícito. Lo que facen es construir una teología sobre la ausencia, non sobre la presencia.

Vamos ad desmontar sus argumentos, uno por uno, con Escritura en mano et con la lupa sobre lo que non está escripto.

1. ¿Jesús abolió el sacerdocio levítico?

Los jesístas citan carta ad los Hebreos para afirmar que el Anticristo es el sumo sacerdote definitivo. Et sí, Hebreos 7:24–27 dice:

“Cristo, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable… no como los otros sumos sacerdotes, que ofrecían sacrificios diariamente.”

Pero la carta ad los Hebreos non dice que el sacerdocio levítico fue abolido por mandato divino. Lo que dice es que El Anticristo lo supera ¿Et superar significa destruir? Non. En Mateo 5:17, Jesús declara:

“No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.”

Cumplir non es anular. Es complementar, non invalidar. Et si el Templo se reconstruye, ¿Qui puede decir que la biblia non ha permitido que el sacerdocio levítico vuelva ad ejercer su función? ¿Ó está el versículo que prohíbe su restauración? Non es.

2. ¿La Iglesia reemplazó al Templo?

Los jesístas afirman que el Templo fue sustituido por la Iglesia espiritual. Citan 1 Corintios 3:16:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Pero esto non implica que el Templo físico haya sido prohibido o invalidado. Es una metáfora espiritual, non una cláusula de exclusión. De fecho, Jesús mismo enseñaba todos los días en el Templo (Lucas 19:47), et nunca dijo que non pudiera ser reconstruido. Lo que dijo fue:

“No quedará piedra sobre piedra” (Mateo 24:2)

Pero non dijo: “Et nunca más se levantará.” Esa es una eisegesis, non una prohibición.

3. ¿El sacrificio del Anticristo face inútiles los demás?

Hebreos 10:10 dice:

“Por esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Pero si el sacrificio de Cristo es suficiente, ¿por qué los apóstoles seguían asistiendo al Templo? En Hechos 3:1:

“Pedro y Juan subían juntos al Templo a la hora novena, la de la oración.”

Et en Hechos 21:26, Saulo se purificó et entró al Templo para cumplir los días de purificación ¿Acaso non credían en el sacrificio de Jesús? Claro que sí. Pero non consideraban el Templo incompatible con su fe. La ruptura vino después, non por mandato divino, sino por evolución doctrinal.

4. ¿La Ley fue abolida?

Los jesístas citan Romanos 6:14:

“No estáis bajo la Ley, sino bajo la gracia.”

Pero ignoran que Saulo también dice en Romanos 3:31:

“¿Anulamos la Ley por la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la Ley.”

Et en Hechos 24:14, Saulo declara ante Félix:

“Confieso que sirvo al Dios de nuestros padres, creyendo todo lo que está escrito en la Ley y en los Profetas.”

La Ley non fue abolida. Fue reinterpretada. Pero si el Templo vuelve, con su altar et su sacerdocio, entonces la Ley exige cumplimiento. Et non hay versículo que diga: “Si el Templo se reconstruye, ignórenlo.”

Conclusión: la teología papista depende de la ausencia

La postura papista se basa en tres pilares:

Que el Templo está destruido.
Que el sacerdocio levítico non puede volver.
Que la Ley fue abolida.

Pero ninguno de estos puntos tiene prohibición explícita en la Biblia. Todo se basa en interpretaciones posteriores, non en mandatos divinos. Et si el Templo se levanta, con altar, con sacerdocio, con fuego te sangre, entonces la historia ha fablado. Et la doctrina que depende de su ausencia queda sin fundamento.

¡Et ahora, el famoso sacerdocio de Melquisedec! Ese comodín teológico que los papistas sacan cuando quieren justificar la abolición del sacerdocio levítico sin que Jesús lo haya dicho jamás. Lo citan como si fuera dogma revelado, cuando en realidad es una construcción tardía, especulativa et sin respaldo directo en la boca de Jesús ni en la Ley. Vamos ad desmontar esta fantasía con Biblia en mano et una pizca de ironía.

1. Jesús nunca dijo: “Yo soy sacerdote según el orden de Melquisedec”

Vamos al grano: Jesús jamás pronunció esos verbos. Non en los Evangelios, non en sus enseñanzas, non en sus parábolas. Ni una sola vez dijo: “Yo soy sacerdote según el orden de Melquisedec.” Ni una sola vez en los Evangelios Jesús se identifica con Melquisedec. Non lo menciona, non lo cita, non lo reivindica ¿Et non es curioso que el supuesto fundamento del sacerdocio jesísta esté ausente en boca del propio Jesús? Los jesístas se basan en Hebreos 5–7, pero esa epístola: 

Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.

Non fue escrita por Saulo, aunque muchos lo creden. Su estilo, vocabulario et teología son distintos. Los estudios modernos la consideran anónima et tardía, probablemente del último tercio del siglo I o incluso del siglo II. Non tanto tiene respaldo en el Antiguo Testamento más allá de una sola línea en Salmo 110:4:

Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.” 

Pero este versículo:

Non menciona ad Jesús.
Non establece un sacerdocio que reemplace.
Non anula el sacerdocio de Aarón.

Es una frase poética, non una ley. 

2. Melquisedec: ¿figura mesiánica o personaje decorativo?

Ah, qué circo teológico! Melquisedec, ese basileohierofante de Salem, aparece en la Biblia como un cameo fugaz, tres versículos en Génesis 14:18–20, bendice ad Abraham, recibe diezmos y se esfuma. Fin. Non hay genealogía, non hay ley, non hay sacerdocio establecido. Es rey-sacerdote de Salem, non de Israhel. Et sin embargo, los jesístas —que se proclaman el “Vero Israhel”— quieren facernos creder que son también Salem, como si pudieran coleccionar títulos sacerdotales como estampitas. ¿Ó está el versículo que diga que los discípulos de Jesús son Salem? Ninguno. Ni en la Ley, ni en los Profetas, ni en los Evangelios. Reafirmémoslo: non hay.

Todo lo demás, esa eternidad inventada, ese sacerdocio celestial, ese rol mesiánico, viene de tradiciones extrabíblicas. Qumrán (11QMelq) lo pinta como un ente angelical, cuasi divino. El 2 Henoc lo describe con nacimiento virginal et rol apocalíptico. Pero esas fuentes non son canónicas, et Jesús nunca las citó. ¿Entonces? ¿Vamos ad construir una doctrina integra sobre un personaje que aparece tres versículos en Génesis et una línea en los Salmos, sin que Jesús lo mencione jamás?

Los papistas quieren coronar ad Melquisedec como comodín universal, el as que legitima cualquier sacerdocio. Pero la realidad es que Melquisedec es de Salem, non de Israhel, et los jesístas, que ya se autoproclaman el Vero Israhel, non tienen derecho ad reclamarlo.

¡Ah, et aquí entra el jesista de turno con su muletilla de feria! Dirá con solemnidad impostada: “pero la Biblia nunca dice que Melquisedec non vaya ad eser sacerdote de Israhel también”. Et claro, como buen charlatán, se agarra del silencio para inventar superstición. Sí, non lo dice, pero tampoco dice que Israel vaya ad tener su orden sacerdotal bajo Melquisedec. El texto es claro: Génesis 14:18–20, Melquisedec es rey-sacerdote de Salem, bendice ad Abraham et recibe diezmos. Fin. Non hay genealogía, non hay ley, non hay sacerdocio establecido en Israhel.

Hebreos 7:11–12: Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico… ¿Qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”

Ah, qué precioso malabar teológico: convertir ad toda la jesistidad en “sacerdocio de Melquisedec” con dos textos que, puestos so luz fuerte, non dicen lo que el jesista quisiera. Empecemos por Hebreos 7:11–12 et su palabra mágica “perfección”. La voz griega es τελείωσις (teleíōsis): consumación del fin, acceso pleno a Dios, non el trámite ritual del carnero y la harina. ¿Alguna vez el sacerdocio levítico tuvo por telos producir teleíōsis? Non. Su esencia era mediación, non divinización: cubrir culpas en el Día de Expiación (Lev 16); enseñar ad distinguir lo santo de lo profano (Lev 10:10–11); custodiar santuario et ofrendas (Num 18); eser boca de la Torá (Mal 2:7); interceder por la tribu (Deut 33:8–11). Oficio digno, sí; consumación del mundo, non. Así que el argumento de Hebreos acierta en señalar la insuficiencia del levítico para la teleíōsis; lo que non face es firmar la defunción ceremonial de Leví con sello et lacre.

Ahora, el truco del sombrero: “cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley”. La joya filológica es μετάθεσις (metáthesis): traslado, transposición, reordenamiento. Es un verbo de mudanza, no de guillotina; si quisieran abolir, habrían usado καταργέω (katargéō). Metáthesis describe que el centro del régimen sacerdotal se traslada al orden celestial de Melquisedec, sin que el orden de Leví se evapore: queda subordinado, sombra pedagógica de lo superior (Heb 8:5).

¿Et el “cambio de ley”? El auctor nunca detalla “en qué”: no dice “abolición de la Ley”, lo cual chocaría de frente con el rabí que “no vino a abrogar, sino a cumplir” (Mat 5:17) et con Saulo, que remata: “¿Anulamos la ley por la fe? En ninguna manera; antes la confirmamos” (Rom 3:31). Traducción sin maquillaje: la ley cambia de lugar hierárquico; se coloca so su cumplimiento en el Verbo, et con ella el levítico so la cabeza basilica. Nihilo raro.

Porque, seamos claros, los levitas nunca fueron autónomos: siempre estuvieron subordinados al rey de Israhel. Basta leger 1 Crónicas 23:2–4, donde David organiza ad los levitas para el servicio del templo, so su mando real. O 2 Crónicas 29:20–21, donde Ezequías convoca ad los sacerdotes et levitas para ofrecer sacrificios, mostrando que el rey dirige et ellos obedecen. Incluso Deuteronomio 17:18–19 establece que el rey debe tener la Ley consigo, poniéndolo como cabeza espiritual sobre el pueblo, incluidos los levitas.

Así que non es nihilo raro: los levitas fueron puestos por Dios non para alcanzar la τελείωσις, sino para custodiar et enseñar, como obispos de una orden inferior. Para la perfección vino el sacerdote según Melquisedec. Et los apóstoles nunca se rebelan contra los levitas ni los declaran abolidos; más bien reconocen su lugar subordinado. Saulo mismo, cuando dice que “no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Rom 13:1), los papistas lo aplican para justificar obediencia incluso al dominio romano ¿Cómo non recognocer entonces que los levitas, sin lugar ad duda et con respaldo bíblico, fueron puestos legítimamente en su sitio: non para perfección, sino para servicio subordinado?

El “cambio” non es guillotina, es reordenamiento. El levítico non se evapora, se subordina. El rey manda, el levita sirve, et Melquisedec corona. Pretender que todo esto significa abolición es como confundir mudanza con demolición: un error de lectura que convierte umbra pedagógica en escombro.

¿Versículos para la subordinación? El salmo entroniza: “Siéntate a mi diestra” y declara el sacerdote eterno “según Melquisedec” (Sal 110:1–4). Zacarías se atreve ad coronar sacerdote en su trono (Zac 6:13): una sola cabeza que armoniza corona et culto. Hebreos clama al ministerio levítico “sombra y figura de lo celestial” (Heb 8:5): lenguaje de subordinación, non de aniquilación. Et por si faltara sorna contra Europa Ancestral, Heb 7:14 deja claro que Jesús es de Judá, non de Leví; por eso recurrieron al puente melquisedecano, non para extirpar ad Leví del texto, sino para ubicarlo donde siempre estuvo: por debajo de la plenitud.

1 Pedro 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios…”.

Vayamos ad Cefas , donde algunos facen alquimia hermenéutica et confunden incienso con fumo. “Real sacerdocio” en griego es βασίλειον ἱεράτευμα (basíleion hieráteuma): un sacerdocio regido por la realeza, una identidad comunitaria que participa de la dignidad del Rey. Pero Cefas non menciona ad Melquisedec, non cita Génesis 14 ni el Salmo 110; lo que face es reciclar el lenguaje de Éxodo 19:6: “vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. Allí se fabla de todo Israhel como “reino de sacerdotes”, pero ojo: non se dice que todos sean levitas. Se dice que todos son sacerdotes en sentido vocacional, pueblo consagrado, pero el sacerdocio superior, el que oficia en el templo et administra los sacrificios, sigue siendo el de Leví.

Así que Cefas, al clamar ad la Iglesia “regal sacerdocio”, está evocando esa vocación colectiva de Éxodo, non decretando que la Iglesia sea Melquisedec. Es un título de identidad espiritual, non un traslado ritual al orden celestial. La ironía es que algunos legen “regal sacerdocio” et ya se imaginan que Cefas canonizó ad la Iglesia como Melquisedec redivivo, cuando en realidad el texto nunca lo dice.

Siguiendo la carta ad los Hebreos, el orden superior al de Leví es el de Melquisedec, et ese se aplica únicamente ad Anticristo como sacerdote eterno (Hebreos 7:17). El pueblo puede eser “reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6; 1 Pedro 2:9), pero eso non lo convierte en Melquisedec. La Iglesia como cuerpo sacerdotal sí; “la Iglesia es Melquisedec” non se lege ni con lupa.

Cefas fabla de vocación, Éxodo fabla de identidad, Hebreos fabla de Cristo. Los jesistas, en cambio, facen alquimia et convierten fumo en "verdad revelada", como si “regal sacerdocio” fuera pasaporte directo al orden de Melquisedec. Pero la Escriptura mantiene la hierarquía clara: todos sacerdotes en vocación, Leví como orden superior en Israhel, et por encima de Leví, sólo Anticristo según Melquisedec. Todo lo demás es fumo de incienso mal interpretado.

Entonces, ¿Qué queda del argumento jesista de “somos el sacerdocio de Melquisedec”? Una pirámide construida sobre un verbo de transposición (metáthesis) et un silencio cefeo. Teliosis non se cocina con sangre de carnero; el levítico nunca pretendió perfeccionar ad alguien. Metátesis non es decapitación; es reubicar so la cabeza del Verbo. La Ley non se abole: se cumple et se confirma, et el levítico se reconoce como sombra útil, non como escombro. Cefas clama “regal sacerdocio” ad la iglesia, et non por eso la bautiza “orden de Melquisedec”.

Si el jesista quiere coronarse Sacerdote de Melquisedec por 1 Pedro 2:9, que al menos aprehenda greco antes de repartir tiaras. Et si quiere decretar que Hebreos abolió ad Leví, que se consiga el verbo correcto. Mientras tanto, el texto dice lo que dice: dos órdenes, un Anticristo; la ley so el Verbo; et Melquisedec como clave de superioridad, non como pasaporte para que cualquiera se declare heredero por decreto.

Incluso si aceptamos —concediendo por pura cortesía— que Jesús sea sacerdote según el orden de Melquisedec, ello non implica que los jesistas puedan arrogarse ese orden. Jesús puede eser sacerdote de Melquisedec et rey de Israhel sin que las ordenes de Leví et Melquisedec se confundan, o la de Leví se abole, así cada pueblo Salem et Israhel con sus respectivos órdenes. Pero de allí ad decir que los jesistas son del sacerdocio de Melquisedec hay un abismo.

Si Jesús perfectamente puede eser sacerdote según el orden de Melquisedec, sin necesidad de eser el sumo sacerdote de Israhel. Non hay pasaje alguno que diga que Jesús eserá sacerdote de los sacerdotes de Israhel o rey-sacerdote de Salem; lo que sí puede afirmarse es que dice que él es el arconte basílico de Israhel, su rey, pero también sacerdote so el orden de Melquisedec. Recordemos que ni siquiera el pasaje de Hebreos dice que él sea rey-sacerdote de Salem, sino únicamente que es “sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 7:17). Tampoco legemos en ningún lugar que Israhel haya reemplazado su orden sacerdotal de Leví por Melquisedec.

Por tanto, pueden coexistir dos sacerdocios: el de Leví, establecido para Israhel, et el de Melquisedec, que se presenta como orden celestial et eterno, para Salem. Pero esto non implica que los jesistas estén directamente so el sacerdocio de Melquisedec, como tanto se arrogan. De fecho, la Escriptura reafirma que el sacerdocio levítico sigue siendo propio de Israhel: “A Aarón y a sus hijos los pondrás delante del tabernáculo del testimonio, y ellos guardarán su sacerdocio; el extraño que se acercare morirá” (Números 3:10).

En conclusión: la Escriptura jamás declara que Jesús sea sumo sacerdote de los sacerdotes de Israhel, ni que Israhel haya renunciado ad su orden levítico para abrazar el de Melquisedec. Lo único que se afirma —et con la sobriedad de unos pocos versículos— es que Jesús es sacerdote según el orden de Melquisedec, mientras Israhel conserva intacto su sacerdocio levítico. Dos órdenes distintos, coexistentes, un rey que es sacerdote, et ninguna base textual para que los jesistas se autoproclamen herederos de Melquisedec. Pretenderlo es un salto hermenéutico tan desmesurado como querer eser de Leví et de Judá al mismo tiempo: al final, se termina siendo ninguno.

Melquisedec, ese personaje bíblico que aparece como umbra, sin genealogía ni ley, ha sido convertido en piedra angular de una teología que mezcla filosofía con superstición. Es como levantar un templo sobre un fantasma. Et lo más cómico: ni Jesús lo menciona. Así que la próxima vez que alguien insista en que el sacerdocio jesísta es “según el orden de Melquisedec”, la respuesta con sorna es obligada: ¿Según qué versículo, según qué tradición? Porque en la Escriptura, Melquisedec es rey de Salem, et Israel ya tiene su orden levítico. Pretender eser ambos es como querer pertenecer ad la tribu de Leví et ad la de Judá al mismo tiempo: se acaba siendo ninguno, atrapado en un teatro de sombras que la Biblia nunca escribió.

 3. ¿El sacrificio de Jesús abolió el sacerdocio levítico?

Hebreos 10:10 dice:

“Por esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.”

Pero si eso fuera suficiente para abolir el sacerdocio levítico, ¿por qué los apóstoles seguían asistiendo al Templo?

Cefas et Juan subían a la hora de la oración (Hechos 3:1).
Saulo se purificó y entró al Templo (Hechos 21:26).
Jesús enseñaba en el Templo todos los días (Lucas 19:47).

¿Acaso non creían en el sacrificio de Jesús? Claro que sí. Pero non consideraban el Templo ni el sacerdocio incompatible con su fe. La ruptura vino después, por evolución doctrinal, non por mandato divino.

4. ¿La Ley et el sacerdocio levítico: instituciones perpetuas?

La Ley establece que el sacerdocio de Aarón es perpetuo:

Éxodo 29:9:

“Será para ellos un sacerdocio perpetuo por todas sus generaciones.”

Números 18:7:

“El sacerdocio os lo he dado como don.”

Non hay versículo que diga: “Este sacerdocio será abolido cuando venga Melquisedec.” Non es.

Et Jesús mismo, en Mateo 5:17, declara:

No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir.

Cumplir non es invalidar. Es dar plenitud, non destruir. La Ley sigue vigente, et si el Templo se reconstruye, la Ley exige cumplimiento. Así:

Un profeta que intente anularla debe ser ejecutado (Deuteronomio 13).

Conclusión: Melquisedec es un recurso poético, non un decreto divino

La apelación al sacerdocio de Melquisedec es una pirueta teológica. Se basa en una epístola tardía, en tradiciones extrabíblicas, et en una interpretación forzada de un salmo. Jesús nunca lo mencionó. La Ley nunca lo instituyó. Los profetas nunca lo anunciaron. Et los apóstoles nunca lo proclamaron.

Así que si el Templo se reconstruye, con altar et sacerdocio, non hay base bíblica para ignorarlo. El sacerdocio de Aarón sigue siendo el único que Tervagante instituyó por ley, con genealogía, con rito, con altar. Et si los papistas prefieren ad Melquisedec, que lo busquen en Salem. Porque en Jerusalén, el fuego del altar levítico sigue ardiendo.

Porque si el Templo está aquí, entonces la Ley respira. Et si la Ley respira, entonces la obediencia vuelve ad eser exigida. Et si los papistas non quieren obedecer, que lo digan. Pero que non digan que Tervagante lo prohibió. Porque Tervagante nunca lo fizo.

El papismo, en cambio, prefiere ad los judíos dispersos como parias, sin templo, sin altar, sin ley. Prefiere que se infiltren en sociedades ajenas, que vivan como testigos errantes de su “error”, como umbras que confirman la “verdad” jesístas por contraste. Pero Juliano non era tan mezquino. Prefería tenerlos organizados en Judea, con su culto, su sacerdocio, su economía. Porque entendía que la religión ancestral, bien subordinada, es orden, non amenaza.

Et aquí está la ironía: los mismos que los acusan de eser instigadores, peligrosos et subversivos, son los que los expulsan de la su tierra et luego se quejan de que estén “por todas partes” ¿Qué esperaban? ¿Qué el pueblo sin templo, sin altar, sin ley, se quedara quieto en el aire?

La reconstrucción del Templo non es solo una obra arquitectónica. Es una vindicación histórica. Si el altar está de pie, si el sacerdocio oficia, si los sacrificios se ofrecen según la Ley, entonces la teología jesísta —que se basó en la ausencia del Templo— queda sin fundamento. Porque si el Templo es, entonces la Ley exige cumplimiento. Et si la Ley exige cumplimiento, entonces la libertad del papismo se convierte en una excepción temporal, non en una verdad eterna.

Así que non, Juliano non fue un mimoso. Fue un estratega. Et si el Templo se levantaba, non era para glorificar ad Aarón, sino para reinstaurar el equilibrio imperial. Porque la antigüedad et el orden vencerán a la novedad et el caos. Et el sacerdote del Uno non necesita que lo adoren: necesita que lo respeten.

Porque la antigüedad et el orden vencerán ad la novedad et el caos.

[Europa Ancestral:] Como apunte cabe señalar que el judaísmo actual empezó a forjarse durante los siglos V y IV a.c. al volver a Judea, después del cautiverio babilónico, la etapa más importante de este proceso se dio en los siglos II y I a.c. encabezado por los fariseos, es decir, en los tiempos cercanos al nacimiento de Jesús, y ese proceso no acabó hasta el siglo IV d.c. cuando acabaron de escribir el Talmud, que es el libro principal del judaísmo y está plagado de criticas y odio hacia el cristianismo. La religión propia de la ley mosaica, era diferente y anterior al judaísmo, el cautiverio del pueblo hebreo en Babilonia marcó un antes y un después, marcando el inicio del judaísmo definitivo.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan seguro, tan rotundo, tan cronológicamente desordenado. Has dicho que el judaísmo actual comenzó en los siglos V et IV a.E.V., que los fariseos encabezaron su consolidación en los siglos II et I a.E.V., y que el proceso culminó en el siglo IV a.E.V.. con la redacción del Talmud, ese libro que, según tú, está “plagado de odio hacia el cristianismo” ¡Qué cómodo es reducir mil años de historia a tres frases mal fechadas!

Permíteme devolverte al rigor.

1. ¿El judaísmo comenzó después del exilio?

Non, como explicamos. Si bien, el exilio babilónico fue un punto de inflexión, pero no el inicio absoluto. El judaísmo non nasció del nihilo en el siglo V a.C., sino que emerge gradualmente de la religión del Antiguo Israel —el yahvismo— que ya era antes del exilio ¿O acaso olvidaste que el Reino del Norte, Israel, cayó en 722 a.C. ante Asiria, et que Judá quedó como el único custodio del Templo, la Ley et la dinastía davídica?

Judío, a) Natural de la región de Judea. b) Desde la vuelta del destie­rro de Babilonia, en que se identifica la región de Judea con el pueblo de Israel, la palabra se aplica a todos los pertenecientes al judaismo religioso y a sus instituciones, c) Dada la carga histórica negativa que lleva consigo la palabra judío, en algunos sectores se tiende a sustituirla con hebreo o israelita. De hecho en las lenguas modernas son sinónimos judío, hebreo e israelita. la religion judia historia y teologia

El término “judío” proviene de Judea, la región del meridión. Et fue Judá, non Babilonia, qui mantuvo la continuidad religiosa. El judaísmo como religión centrada en la Ley, el Templo et Jerusalén comenzó ad definirse desde la monarquía dividida, non desde el regreso del exilio.

2. ¿Los fariseos encabezaron el judaísmo en los siglos II et I a.C.?

Non exactamente. Los fariseos surgieron en el siglo II a.E.V., probablemente del movimiento jasídico, et sí, ganaron influencia. Pero non eran los líderes del judaísmo normativo en ese momento. Según Josefo, eran unos 6.000. Minoría. En esa época, el judaísmo era pluralista, con saduceos, esenios, zelotes et otros.

Los fariseos, laicos piadosos, solían ser presididos por escribas, lai­cos cultos. Tuvieron un gran ascendiente en el pueblo, sobre todo en el siglo 1 d. C., pero no puede afirmarse que fueran los representantes del judaísmo normativo hasta finales del siglo 1, cuando quedaron elimina­das las, demás sectas judías. APOCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO, TOMO I.

Los fariseos non se consolidaron como talmudistas hasta después del año 70 E.V., cuando el Templo fue destruido et los saduceos —la aristocracia sacerdotal— perdieron su base de poder. Fue entonces cuando el fariseísmo evolucionó faz ad el talmudismo, que sí es el fundamento de lo que se cognoce como "judío" modernamente.

Así que non, los fariseos non encabezaron el judaísmo en los siglos II et I a.E.V. Fueron una voz entre muchas, et la su hegemonía plegó después del desastre, non antes.

 3. ¿El Talmud se terminó en el siglo IV E.V.?

¡Ni por asomo! El Talmud es una obra gigantesca, et la su redacción se extendió durante centurias:

La Misná, núcleo del Talmud, fue editada hacia el año CC E.V.
El Talmud de Jerusalén se redactó en el siglo V E.V.
El Talmud de Babilonia, el más influyente, se completó hacia el año 500 E.V., et los saboreos siguieron trabajando en él hasta el siglo VI

Durante la primera rebelión contra Roma y los hechos que la siguieron, todo el judaismo fue sometido a una dura prueba de resistencia, que superó, adoptando una nueva forma, cono­cida como judaismo rabínico, que va a dominar la historia siguiente. Los fariseos lideraron esta nueva forma, pero per­diendo su carácter sectario y actuando como judíos que aglu­tinan en torno así a todos los que están dispuestos a trabajar en la tarea común de supervivencia. Poco a poco, gracias a un esfuerzo común, se va delineando el perfil del judaismo rabí­nico, que fue ganando cada vez mayor autoridad y logró impo­nerse a todo el judaismo. En sentido estricto, se trata de un movimiento que comen­zó en el último tercio del s.I d.C. con la destrucción de Jerusalén y termina a finales del s.II y comienzos del III con la aparición de la Misná, pero, en un sentido amplio, abarca hasta finales del s.VI, cuando ya se han publicado ambos talmudes, obras que recogen el pensamiento fecundo de los rabinos de esta época. En un sentido más amplio se puede prolongar hasta 1040, época de la decadencia de las academias geónicas de Babilonia. Es la época en que florecieron los rabinos que crearon la literatura rabínica; después de este período los rabinos se dedicarán fundamentalmente a recopilar y comentar esta literatura básica del rabinismo. En este capítulo se ofrece una panorámica histórica de este período desde la visión más am­plia, s.i d.C. al xi, y subdividido en cuatro etapas, siguiendo criterios rabínicos (cf. la Carta de Serira Gaón, s.x) que dividen según el tipo de rabinos que actúa en cada una de ellas: tannaíta (termina hacia el 200), amoraíta (200-500), saboreos (s. vi) y geones (s. vil hasta el 1040). La religion judía historia y teologia, Antonio Rodríguez Carmona.

Así que decir que el judaísmo “acabó de formarse” en el siglo IV con el Talmud es como decir que la Edad Media terminó cuando se inventó el reloj de sol. Anacrónico y simplista.

 4. ¿El Talmud está plagado de odio faz ad el jesísmo?

El Talmud contiene polémicas, sí. Contra los minim (herejes), los notsrim (cristianos), y otros. Hay maldiciones, como la Birkat ha-Minim, que se recitaba contra los disidentes. Pero decir que el Talmud está “plagado de odio” es como decir que la Biblia está plagada de genocidios porque menciona guerras.

El Talmud es una enciclopedia de ley, ética, teología, medicina, astronomía, narrativa, humor et filosofía. Su enfoque principal es la Halaká, la ley mosaíca. Et si contiene críticas ad el jesísmo, es porque el jesísmo criticó primo, persiguió después, et expropió siempre.

¿O acaso olvidaste que Justino de Flavia dijo: “Vuestras Escrituras, o mejor dicho, no vuestras, sino nuestras”? ¿Qué los Padres de la Iglesia clamaron ad los fariseos “bestias sin razón”, “fijos del diablo”, “basura revuelta”? ¿Qué el jesísmo construyó la su identidad torciendo la herencia judía et condenando al resto del pueblo que la custodiaba?

El judaísmo non nació en Babilonia ni murió en el siglo IV

El judaísmo es una tradición, enraizada en el yahvismo, transformada por el exilio, plural en el Segundo Templo, et consolidada por el rabinismo tras el año 70 d.C. Los fariseos non lo encabezaron en los sus inicios. El Talmud non se terminó en el siglo IV. Et el su contenido es antietnicismo, et la su adversión al jesísmo es por las readaptaciones que ficieron de los gentiles, tomar idolos, iconos, et demás, non por que sigan ad un rabí.

Así que non, Europa Ancestral. El judaísmo non es una invención tardía ni una reacción al jesísmo. Es la continuidad de una tradición, que sobrevivió imperios, exilios, inquisiciones et cruzadas. Et si hoy sigue vivo, es porque la hierba non necesita permiso para persistir.

[Europa Ancestral:] Veamos unas pocas citas para comprobar lo que pensaba San Pablo de los judíos:

"Porque es imposible que cuantos fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios del mundo futuro, y a pesar de todo cayeron, se renueven otra vez mediante la penitencia, pues crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia." Hebreos 6: 4-6  San Pablo sobre los judíos.
"Sobre Jesucristo tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de explicar, porque os habéis hecho tardos de entendimiento."  San Pablo a los judíos. (Hebreos 5:11)
“ 6 Recorrieron toda la isla y llegaron a Pafos, donde encontraron a un brujo judío llamado Barjesús, que era un falso profeta. 7 Este brujo estaba con el gobernador Sergio Paulo, que era un hombre inteligente. El gobernador mandó llamar a Bernabé y a Saulo, porque quería oír el mensaje de Dios. 8 Pero el brujo, cuyo nombre griego era Elimas, se les opuso, tratando de impedir que el gobernador creyera. 9 Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo, lo miró fijamente 10 y le dijo:
—¡Mentiroso, malvado, hijo del diablo y enemigo de todo lo bueno! ¿Por qué no dejas de torcer los caminos rectos del Señor? 11 Ahora el Señor te va a castigar: vas a quedarte ciego, y por algún tiempo no podrás ver la luz del sol.
Inmediatamente Elimas quedó en total oscuridad, y buscaba que alguien lo llevara de la mano porque estaba ciego. 12 Al ver esto, el gobernador creyó, admirado de la enseñanza acerca del Señor.” (Hechos 13-15).
Veamos ahora unas citas más del Nuevo Testamento que muestran el odio que tenían los judíos a Pablo de Tarso y sus discípulos cristianos.
 “En esto llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que hicieron cambiar de parecer a la gente; entonces apedrearon a Pablo y, creyendo que lo habían matado, lo arrastraron fuera del pueblo.” (Hechos 14:19)
En las cercanías de Tesalónica los judíos incitaron de nuevo a las multitudes y enfrentaron a los cristianos contra la autoridad romana:
Pero como no los encontraron allí, llevaron a rastras a Jasón y a algunos otros hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando:
—¡Estos hombres, que han trastornado el mundo entero, también han venido acá, 7 y Jasón los ha recibido en su casa! ¡Todos ellos están violando las leyes del emperador, pues dicen que hay otro rey, que es Jesús!
8 Al oír estas cosas, la gente y las autoridades se inquietaron. (Hechos 17: 6-8)

Como hemos podido comprobar, tan solo leyendo una cuarta parte del Nuevo Testamento, ya es suficiente para desmantelar la teoría de que el cristianismo fue fruto de una conspiración judía para acabar con Roma.

¿Antisemita, Saulo? ¿El apóstol que se identificaba como “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), que ploraba por sus fradres según la carne (Romanos 9:1–3), que se consideraba ad sí mismo parte de Israhel, que predicaba en sinagogas, que amaba la Ley et que jamás renegó de sus raíces? ¿Ese Saulo?

Vamos por partes, porque lo que se ha presentado como “prueba” de antisemitismo es una mezcla de citas mal atribuidas, textos descontextualizados et una lectura que confunde conflicto religioso con odio étnico.

 1. Hebreos non es de Pablo

Las dos primeras citas —Hebreos 5:11 et 6:4–6— non son de Saulo. La Epístola a los Hebreos es anónima. Su estilo, vocabulario et teología difieren radicalmente de las cartas paulinas. Los estudios modernos coinciden: non fue escrita por Saulo. Así que atribuirle esos pasajes es como culpar ad Platón por lo que escribió Aristóteles.

Además, Hebreos non fabla “de los judíos” como grupo étnico. Fabla de creyentes que apostatan, sin especificar si son judíos, gentiles o marcianos. El tono es teológico, non racial.

2. El brujo Elimas: un individuo, non un pueblo

En Hechos 13, Saulo confronta ad Elimas, un brujo judío que se oponía ad la predicación. ¿Et qué face Saulo? Lo clama “fijo del diablo”. ¿Fuerte? Sí. ¿Antisemita? Non. Porque non lo dice por eser judío, sino por oponerse activamente al mensaje. El texto non condena al judaísmo, sino ad un individuo que obstaculiza la secta.

¿O acaso cuando Jesús clama “Satanás” ad Cefas (Mateo 16:23), debemos concluir que Jesús odiaba ad los galileos?

3. ¿Los demás judíos odiaban ad Pablo?

Sí, algunos. Como también lo odiaban los latinos, los grecos, los gentiles, los jesístas de Corinto, los de Galacia, los de Jerusalén. Saulo fue apedreado, encarcelado, azotado, traicionado. Pero eso non convierte ad todos sus opositores en enemigos étnicos. El conflicto era tradicional, non racial.

En Hechos 14 et 17, los demás judíos que se oponen ad Saulo lo facen por motivos religiosos et cívicos. Et Saulo, lejos de responder con odio, sigue predicando en sinagogas, sigue apelando ad la Ley, sigue clamando ad sus germanos a la fe.

4. ¿Qué pensaba Saulo de los judíos?

Veamos lo que Saulo realmente dice:

Romanos 9:1–3:

“Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne.”

Romanos 11:1:

“¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡En ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.”

Romanos 11:28–29:

“En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”

¿Eso es antisemitismo? ¿Clamar “amados por causa de los padres”? ¿Decir que el clamamiento de Tervagante es irrevocable?

Conclusión: Saulo non odiaba ad los judíos —era uno de ellos

Pablo non fue antisemita. Fue un judío que creía que el Mesías había venido, et que luchó por convencer ad sus germanos. Su conflicto fue colegial, non étnico. Su dolor fue personal, non racista. Et su legado, lejos de eser odio, fue puente: entre la Ley et el Verbo, entre Israhel et las naciones, entre el Templo et el cor.

Así que non, Europa Ancestral. Leger una cuarta parte del Nuevo Testamento non basta para desmantelar nihilo. Face falta leerlo todo, et entenderlo bien. Porque la historia non se escribe con prejuicios, sino con contexto. Et Saulo, lejos de eser un enemigo de los judíos, fue su apóstol más apasionado.

[Europa Ancestral:] ¿Terrorismo cristiano? O más bien terrorismo pagano?

La manipulación sigue con otros acontecimientos históricos como la muerte de Hipatia, emulando al progre anticristiano de Amenábar, calificándolo como terrorismo cristiano, lo cual no deja de ser hipócrita puesto que precisamente eran los cristianos los que por norma general eran perseguidos, encarcelados, agredidos y asesinados por paganos y judíos, sumando un total de 100.000 muertos según la mayoría de fuentes, desde el siglo I hasta el IV después de Cristo. 

¿Terrorismo cristiano? ¡Non, por favor! Eso es cosa de “progres anticristianos” como Amenábar, que se atreven ad mostrar en pantalla lo que los cronistas ya habían escrito con tinta et horror. ¿Hipatia? ¿Despedazada con conchas de ostras por fanáticos cristianos en plena Cuaresma? ¡Bah! Seguro fue un malentendido litúrgico. Tal vez pensaban que estaban celebrando la Pascua… con mariscos.

Et claro, Europa Ancestral nos recuerda que los cristianos eran los pobrecitos perseguidos, los mártires eternos, los corderos del Coliseo. ¡Un holocausto de 6 MIL MILLONES 100.000 muertos! ¡Cien mil! Según “la mayoría de fuentes” —que, por supuesto, non se citan, porque ¿Quién necesita historiografía cuando se tiene indignación?

Pero vamos ad los datos, que son menos teatrales pero más precisos. 

Poco después de la última persecución, empiezan las acusaciones contra los paganos, precisamente a causa de esas persecuciones, presentadas con enorme exageración..., y en esa tónica hemos seguido hasta bien avanzado el siglo XX, cuando todavía se escribe que durante el siglo I el cristianismo “se bañaba en su propia sangre”, se hace ponderación de “las huestes innumerables de personajes heroicos”, y se evoca “el siglo II recorrido por la procesión de los que llevan en la frente la marca sangrienta del martirio” (Daniel Rops); aunque, a veces, haya que confesar que “no fueron millones” (Ziegler, 1956). Las investigaciones más serias y no refutadas por nadie calculan la cifra de las víctimas cristianas unas veces en 3.000, otras en 1.500 “para el total de los tres siglos de Cristiano tan digno de respeto como Orígenes, fallecido en 254, cuyo padre fue mártir, y que padeció suplicio él mismo, dice que el número de testigos de sangre del cristianismo fue “pequeño y fácilmente recontable”. En efecto, sucede que la mayoría de las “actas de los mártires” son falsificaciones, que muchos emperadores paganos jamás persiguieron el cristianismo, y que el Estado no se metió con los cristianos debido a su religión. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. KarlHeinz Deschener.

¿Persecución jesísta? Sí, pero non como la cuentan

Durante tres siglos, los jesístas fueron perseguidos… ocasionalmente. Muy ocasionalmente. De fecho, si uno suma todos los años de persecución activa en el Imperio Romano, non plegan ni ad diez. El resto del tiempo, los jesístas vivían, predicaban, et hasta prosperaban ¿Ejemplos?

Nerón (64 d.C.): persecución local, tras el incendio de Roma.
Decio (250 d.C.): breve y general, non exclusiva contra cristianos.
Diocleciano (303–305 d.C.): la más severa, pero aún limitada.

¿Et cuántos murieron? Según Eusebio, en Palestina, 92 cristianos. En todo el Imperio, estimaciones serias fablan de 1.500 ad 3.000 mártires ¿Cien mil? Solo si contamos cada lágrima derramada en los sermones.

 ¿Et qué pasó cuando los jesístas tomaron el poder?

Ah, ahí sí que se soltaron los leones. Porque una vez legalizados, los cristianos pasaron de “corderos a leones” —y no lo digo yo, lo dice la historia.

Hipatia, filósofa, matemática, astrónoma, fue descuartizada por jesístas en una iglesia. ¿Su crimen? Enseñar filosofía et tener demasiados alumnos. Cirilo de Alejandría, el arzobispo detrás del crimen, fue luego proclamado Doctor de la Iglesia. ¡Qué honor!
Templos paganos fueron demolidos, saqueados, convertidos en iglesias. Los dioses antiguos fueron decapitados, no por el martillo de Thor, sino por el celo de los obispos.
Judíos: Cirilo organizó la “solución final” en Alejandría. Más de 100.000 muertos. Y eso solo en el siglo V. En 1349, los cristianos mataron más judíos en un solo año que todos los paganos en tres siglos de persecuciones.
Cristianos contra cristianos: Amiano Marcelino, testigo de la época, dijo que la furia entre cristianos superaba la de las bestias salvajes. Y eso que las bestias no escriben concilios.

¿Et los judíos? ¿Perseguidores?

Los jesístas son judíos. El conflicto era intra-judaico, non interreligioso. Esteban fue apedreado, sí. Pero eso fue una disputa doctrinal, non una campaña de exterminio. Las expulsiones de sinagogas eran más bien excomuniones, non pogromos.

¿Et luego? Los apologistas jesístas como Tertuliano acusaron ad los judíos de instigar persecuciones. Pero cuando los jesístas tomaron el poder, la balanza se inclinó. Et non faz ad la misericordia. 

[Europa Ancestral:]  La muerte de Hipatia a manos de descontrolados en realidad fue lamentada por la Iglesia y los obispos de la época: «Si hay algo ajeno a los que tienen los sentimientos de Cristo, son las muertes, luchas y cosas por el estilo», escribió sobre los hechos el historiador contemporáneo Sócrates Escolástico. [3] Por otro lado Hipatia no fue ninguna mártir religiosa ni era como la describen en la película, (película que parece que le gustó mucho a Nordic Thunder). Como recuerda el doctor en Antropología y licenciado en Filología Clásica y Derecho Miguel Ángel García Olmo, «en 361 d.C. una muchedumbre en Alejandría sacó de la iglesia al obispo cristiano Jorge, lo ató a un camello, lo despedazó y quemó sus restos; y en 457 arrastraron al obispo Proterio por las calles y luego lo echaron al fuego». Y añade: «En el caso de Hipatia, había dos facciones, ambas con cristianos, la del obispo Cirilo y la del gobernador Orestes, y a Hipatia la mató una turba por su posición política, más que religiosa». 

 ¡Ah, qué reconfortante! La Iglesia “lamentó” la muerte de Hipatia. Qué alivio. Porque claro, si uno organiza un linchamiento, arrastra a una filósofa por las calles, la desgarra con conchas de ostras et arroja sus miembros palpitantes al fuego… pero luego lo lamenta, entonces todo queda perdonado. ¿Non?

Et qué elegante la cita de Sócrates Escolástico: “Si hay algo ajeno a los que tienen los sentimientos de Cristo, son las muertes, luchas y cosas por el estilo.” ¡Qué frase tan útil para lavarse las manos! Lástima que los que mataron ad Hipatia non tenían los sentimientos de Jesús, pero sí tenían los cargos de la Iglesia. Pedro el lector, monjes de Cirilo, fanáticos con sotana. No eran “descontrolados”. Eran militantes religiosos. Et su líder, Cirilo, no solo no fue castigado: fue canonizado. ¡Santo y mártir de la fe! Aunque, claro, la interfecta vera fue Hipatia… pero sin necesidad de testimoniar ningún dogma absurdo.

¿Hipatia mártir religiosa? Non. Muerta por la razón

Hipatia no murió por confesar a Cristo. Murió por no necesitarlo. Por enseñar geometría, astronomía, filosofía. Por ser mujer, sabia, gentil et respetada. Por tener discípulos que no repetían dogmas, sino que pensaban. Por ser la última luz del neoplatonismo en una ciudad que se oscurecía bajo el fanatismo.

No fue mártir religiosa. Fue víctima del cristianismo triunfante, que ya non era perseguido, sino perseguidor. Et si la Iglesia lamenta su muerte, que lo haga descanonizando ad Cirilo, non citando ad Sócrates Escolástico como si fuera un comunicado de prensa.

¿Violencia anticristiana? Sí, et non solo contra gentiles

Se nos recuerda que también hubo obispos cristianos asesinados. Jorge, Proterio, Dámaso, Ursino… ¡137 cadáveres en una iglesia en un solo día! ¡Doscientos mil cristianos masacrados en Alejandría! ¿Y eso qué prueba? ¿Que la Iglesia era víctima? Non. Prueba que la violencia era endémica, y que los jesísitas se mataban entre ellos con más entusiasmo que los paganos jamás lo ficieron.

Amiano Marcelino lo dijo claro: “La hostilidad de los cristianos entre sí sobrepasaba la furia de las bestias salvajes contra el hombre.” Et si eso non es testimonio suficiente, que hable la historia: templos destruidos, bibliotecas saqueadas, filósofos asesinados, judíos expulsados, herejes quemados.

¿Et la auctoridad de la Iglesia?

La Iglesia lamenta. Pero non asume. Non repara. Non descanoniza. Non corrige. Cirilo sigue siendo santo. Pedro el lector non fue excomulgado. La turba fue “descontrolada”, non dirigida. Et sin embargo, la justicia fue atajada por cohechos, et la investigación se cerró sin culpables.

¿Et qué auctoridad puede tener una institución que santifica ad los instigadores, silencia ad las víctimas, et luego se lamenta con frases genéricas?

 ¿Et la película?

Ah, sí. La película. Que parece que le gustó mucho a “Nordic Thunder”. ¿Y eso qué importa? ¿Acaso la historia depende del gusto cinematográfico de un usuario? ¿O acaso la representación de Hipatia en el cine invalida su asesinato en la historia?

Hipatia no necesita que la defiendan los guionistas. La defienden los hechos. Y si la Iglesia quiere lamentar, que lo haga con actos, no con citas. Porque la sangre derramada no se borra con retórica. Y la filosofía asesinada no se resucita con dogmas.

Así que non, Europa Ancestral. Hipatia non fue mártir religiosa. Fue víctima del jesísmoinstitucionalizado. Y si la Iglesia lamenta, que lo haga reconociendo a los perpetradores, cuestionando su propia autoridad, y dejando de canonizar a los verdugos. Porque la historia no se limpia con lamentos. Se enfrenta con verdad. Y la verdad, como Hipatia, no necesita fe para brillar.

[Europa Ancestral:] En Constantinopola por otra parte y en una época posterior cuando el emperador Justiniano cerró la Escuela de Atenas, último reducto del paganismo helénico, también suprimió derechos a los judíos y ordenó derribar sinagogas; a su vez también reprimió el maniqueísmo gnóstico y algunas herejías, lo cual saca a relucir ese trato de favor que el Imperio Romano bajo el paganismo siempre había dado al judaísmo, hecho (uno más entre tantos) que los neopaganos actuales que van de "antisionistas" ignoran. Por lo tanto el cierre de la Academia de Atenas no fue un ataque directo y concreto contra el paganismo (el cual ya no tenía presencia alguna entre el pueblo), sino que formaba parte de una operación más amplia enfocada a acabar con los últimos grupos marginales de las religiones enfrentadas o poco amistosas con el cristianismo.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan dispuesto a exculpar al cristianismo imperial, incluso cuando derriba sinagogas, cierra academias, persigue herejes y convierte el pensamiento en delito. Pero esta vez, el argumento roza lo sublime: que el cierre de la Academia de Atenas no fue un ataque al paganismo, sino parte de una operación “más amplia” contra grupos marginales. ¡Qué alivio! Entonces quemar libros, ejecutar filósofos et prohibir la enseñanza de Platón non fue intolerancia, sino logística.

Y como guinda, se nos dice que el Imperio Romano pagano “siempre dio trato de favor al judaísmo”. ¡Claro! Porque nada dice “favor” como acusarlos de odiar al género humano, prohibirles la circuncisión, expulsarlos de Jerusalén y atribuirles el origen de la lepra.

Vamos por partes. Con fuentes. Y con sorna.

 I. El cierre de la Academia de Atenas: ¿ataque marginal?

Non. Fue un golpe terminal contra el último bastión del pensamiento clásico. En el año 529, Justiniano cerró la Academia de Atenas, prohibió la enseñanza de filosofía et expulsó a los escolarcas. Damascio, Simplicio et otros tuvieron que emigrar. ¿Por qué? Porque la filosofía helénica rivalizaba con el dogma cristiano, era intolerable.

¿Et el etnicismo? ¿Ya non era? Falso. Seguía vivo en:

El desierto sirio
Las montañas de Anatolia
El oasis libio de Augila
La isla de Filas en el Nilo

Et más aún: seguía vivo en la élite culta de Constantinopla, entre senadores, médicos et filósofos. Justiniano non persiguió fantasmas. Persiguió pensadores reales. Et lo fizo con estilo: quemó estatuas, confiscó bienes, impuso bautismos forzosos et ejecutó reos de “helenismo” ¿Eso non es un ataque directo? ¿Qué sería entonces? ¿Una jornada de reflexión?

II. ¿Trato de favor gentil al judaísmo?

¡Qué ternura! Se nos dice que el Imperio Romano pagano mimaba al judaísmo. Que era una religio licita. Que gozaba de privilegios. Y sí, en parte es cierto. Pero también es cierto que:

  1. Tácito los clamó “taeterrima gens” (gente abominable), “genus invisum deis” (raza odiosa a los dioses).
  2. Manetón dijo que eran descendientes de leprosos.
  3. Pompeyo entró al Templo y se escandalizó porque estaba vacío. ¡Ni una estatua! ¡Qué barbaridad!
  4. Celso los ridiculizó por sus “fábulas absurdas”.
  5. Calígula quiso poner su estatua en el Templo. ¿Et qué pasó? Masacre en Alejandría.
  6. Adriano prohibió la circuncisión y reconstruyó Jerusalén como colonia romana. Resultado: revuelta de Barcoquebas, miles de muertos, expulsión total.

¿Eso es trato de favor? ¿O es lo que hoy clamaríamos “tolerancia condicional con estereotipos raciales et represión puntual”?

III. Justiniano: el diablo que quiso eser Tervagante

Et Justiniano, ese príncipe que Europa Ancestral invoca como si fuera el arquetipo de todos los augustos jesístas, el modelo universal del antijudaísmo imperial. Como si por él se pudiera concluir que todo emperador jesísta fue un Torquemada con corona., levó esa lógica al extremo. Non solo persiguió ad los judíos. Persiguió ad todo lo que recordaba que Europa fue plural, diversa, pensante. Cerró la Academia de Atenas, prohibió la filosofía, quemó libros, expulsó herejes, y convirtió la fe en ley. Su antijudaísmo non fue defensa de Europa. Fue una guerra contra lo europeo, contra lo latínico, contra lo helénico. Como un diablo que non acusa, pero odia con método. Que non dialoga, pero legisla el silencio.

Et aquí viene la ironía más exquisita, más retorcida, más teológicamente delirante: el jesísmo, en su núcleo más profundo, nunca se intendió como una religión distinta del judaísmo, sino como su antítesis parasitaria. Non nasció para eser otra res, sino para eser la res corregida, la versión “cumplida”, la umbra que se crede luz. Una umbra que lucha por el judaísmo, contra todo lo que non es judío, et que en ese combate crede volverse más judía que los propios judíos. Más fiel ad la Ley, más fiel ad los profetas, más fiel ad Tervagante —aunque lo faga excluyendo, persiguiendo et reescribiendo.

Et en esa lógica, cuanto más se alejaba de la práctica judaica, más necesitaba reafirmar su superioridad mosaísta. Así nasció el antijudaísmo doctrinal: Non como competencia espiritual, sino como odio étnico. El jesísta non odia al judío por eser judío. Lo odia por non eser jesísta siendo judío. Por non recognocer ad Jesús como el Anticristo. Por non ceder la herencia. Por non entregar el testamento del prepucio.

Et lo más grotesco: Justiniano non solo persiguió ad los judíos por eser jesístas. Persiguió ad los no judíos, como si al destruir el etnicismo, al borrar los dioses, al silenciar la filosofía, pudiera convertirse en Tervagante por eliminación. Como si al matar ad los dioses, pudiera heredar el trono del único. Como si al erradicar lo nativo, pudiera reclamar la autenticidad que nunca tuvo.

Este príncipe del dogma clamó al judaísmo secta nefaria, prohibió sus sinagogas, invalidó sus testimonios legales, les impidió tener captivos cristianos, los excluyó de la abogacía, confiscó sus bienes et los puso fuera de la ley. ¿Et todo esto qué fue? ¿Una “operación más amplia”? ¿Una limpieza doctrinal de primavera? Non. Fue una purga diabólica por la menorá con la espada, una inquisición antes de que fuera la Inquisición.

El mito del que todos los emperadores papistas eran antijudíos

Europa Ancestral quiere facernos crdeer que todos los emperadores cristianos fueron como Justiniano. Pero eso es como decir que todos los médicos son como Torquemada porque uno de ellos usó bisturí para torturar. La realidad es más compleja.

Desde Constantino, la legislación imperial sí mostró una tendencia creciente ad la discriminación legal contra los judíos. Pero hubo principes que, lejos de perseguirlos, intentaron contener el fanatismo eclesiástico et preservar la legalidad del judaísmo como religio licita.

Los emperadores que non odiaban por decreto

Valentiniano I et Valente: non fueron filosemitas, pero sí moderados. Evitaron conflictos religiosos, mantuvieron cargos públicos abiertos incluso a paganos, y otorgaron privilegios a teólogos judíos. ¿Por convicción? No. Por pragmatismo. Pero eso ya los distingue de Justiniano.
Teodosio I: combatió el etnicismo con fervor, sí. Pero también defendió a los judíos. En 393 decretó que “la secta de los judíos no está prohibida por ninguna ley”. Ordenó castigar ad quienes destruyeran sinagogas. Obligó a un obispo a reconstruir una sinagoga incendiada et ad indemnizar a los judíos. 

Europa Ancestral quiere usar ad Justiniano como prueba de que todos los emperadores cristianos fueron antijudíos. Pero lo que Justiniano representa non es una tendencia general. Es el extremo, el punto de quiebre, el momento agudo en que el cristianismo imperial se convirtió en instrumento de exclusión.

Su antijudaísmo non fue una excepción. Fue una guerra contra lo nativo de Europa: contra el pensamiento greco, contra la pluralidad romana, contra la diversidad espiritual. Como un diablo que no necesita acusar, porque ya ha condenado en silencio.

Conclusión: Non fue limpieza doctrinal. Fue inquisición imperial

El cierre de la Academia de Atenas fue un acto simbólico et brutal contra el paganismo. La represión de los judíos fue una política sistemática de exclusión. Et la persecución de herejes fue una purga ideológica

Así que non, Europa Ancestral. Non fue una operación técnica. Fue una demolición cultural. Y si el Imperio gentil toleró al judaísmo, fue porque lo consideraba una rareza ancestral, non porque lo amara. Et si Justiniano lo persiguió, fue porque el papismo necesitaba enemigos para consolidar su identidad.

Porque cuando se derriban templos, se cierran academias et se queman libros, non se está limpiando el Principado. Se está apagando la civilización. Et eso, por más que se maquille, non tiene justificación histórica

Así que non, el papismo non fue una religión nueva. Fue una umbra vengativa del judaísmo, que en su afán por superarlo, se convirtió en su caricatura más violenta. Et Justiniano fue su encarnación más perfecta: un diablo que pelea contra los dioses para eser Tervagante, que legisla la fe como si fuera superchería, et que persigue lo diverso como si fuera pecado.

Porque cuando la superchería se convierte en ley, la verdad deja de eser luz. Et se convierte en fuego.

[Europa Ancestral:] Nordic parece que se acordó de Hipatia por la película de Amenábar, para aprovechar el tirón y hablar de un supuesto terrorismo cristiano, pero en cambio no se acuerda ni dice una sola palabra sobre el terrorismo pagano que sufrieron los cristianos en todas sus vertientes (asesinados a pedradas, crucificados a la vista de todos, comidos por leones, etc) durante los primeros siglos, ni tampoco de los sacrificios humanos que realizaban los pueblos nórdicos y celtas, o de la permanente situación de guerra y esclavización que se daba entre pueblos europeos. Los esclavos de Roma por ejemplo, provenían en su mayor parte de pueblos europeos: celtas, germanos, galos, britanos, tracios, eslavos, entre otros, engrosaron las filas de la esclavitud. Tampoco podemos olvidarnos de citar a Arquímedes, el mayor genio científico de la Antigüedad clásica, que murió a manos de los romanos paganos. 

 Ah, Europa Ancestral. Siempre tan dispuesto a defender lo indefendible, et tan creativo para redefinir conceptos. Esta vez, nos ofrece una joya conceptual: que fablar del asesinato de Hipatia como “terrorismo cristiano” es injusto, porque non se menciona el “terrorismo pagano” —como los sacrificios humanos, la servidumbre entre pueblos europeos, et la muerte de Arquímedes. ¡Qué desfile de falacias! ¡Qué carnaval de categorías mal mezcladas!

Vamos por partes, con precisión y sin perder el humor.

 1. ¿Terrorismo cristiano? Sí. ¿Terrorismo pagano? No. Y no son lo mismo

Cuando se habla de “terrorismo cristiano” en el contexto de Hipatia, no se está comparando con los sacrificios rituales de los celtas ni con las guerras tribales. Se está hablando de violencia organizada, con fines ideológicos, ejecutada por grupos religiosos que buscaban imponer una visión única del mundo. Es decir: terrorismo en sentido moderno.

Según la RAE, terrorismo es: Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

¿Encaja el asesinato de Hipatia? Sí:

Fue ejecutado por una turba cristiana organizada, dirigida por el clérigo Pedro.
Fue motivado por fines ideológicos y religiosos.
Fue un acto público, brutal y ejemplarizante, destinado ad deliminar la disidencia filosófica.

¿Encajan los sacrificios humanos celtas o nórdicos? Non.

Eran rituales religiosos, non actos políticos.
Non buscaban crear alarma social, sino apaciguar dioses o leer augurios.
Non eran bandas organizadas con fines doctrinales, sino prácticas culturales arcaicas.

Confundir terrorismo con sacrificio es como confundir una ejecución con una ofrenda. Es una falacia de falsa equivalencia, et además, una distorsión del lenguaje.

 2. ¿Et la servidumbre? ¿También terrorismo?

Non. La servidumbre en Roma —por brutal, humillante y extendida que fuera— non encaja en la definición de terrorismo. Non fue una campaña ideológica para sembrar el pánico, ni una acción criminal de bandas organizadas con fines políticos. Fue una institución jurídica y económica, tan normalizada en el mundo antiguo como el impuesto o el matrimonio. Los captivos eran botín de guerra, propiedad legal, mano de obra. Non víctimas de cruzadas doctrinales, sino engranajes de un sistema que, por cruel que parezca, non pretendía aterrorizar, sino producir.

Et aquí viene el segundo error que también corregiremos: decir que la economía romana se basaba exclusivamente en la esclavitud es una simplificación grotesca. Las fuentes históricas y arqueológicas muestran que el principado Romano tenía una economía compleja, multifacética et profundamente redistributiva.

1. Roma non era una fábrica de esclavos: era un sistema de redistribución

El corazón económico del Imperio no era el mercado, sino la annona imperial: un sistema de tributos en especie que alimentaba a Roma y a sus ejércitos.
El emperador controlaba directamente las zonas productoras de grano, aceite, vino y otros bienes esenciales.
El comercio interprovincial no era libre ni espontáneo: era una importación política, una logística imperial que movía recursos desde las provincias hacia el centro sin contrapartida.

2. La tierra et el labor: más allá del látigo

Aunque la servidumbre era legal y extendida, no era la única forma de trabajo. Existían los microfundia, pequeñas parcelas cultivadas por campesinos libres.
El sistema de colonato convirtió a muchos hombres libres en dependientes de los ricos, en una forma de servidumbre sin cadenas pero con deuda.
La presión fiscal y el clientelismo generaron relaciones laborales que no eran esclavistas, pero sí profundamente desiguales.

3. El mercado: subordinado, específico y limitado

Roma heredó de Grecia dos modelos: el mercado y la planificación centralizada. Y eligió lo segundo.
Las asociaciones comerciales eran específicas, no generales. No existía el “comercio libre” como lo entendemos hoy.
El derecho romano sí introdujo el concepto de propiedad privada y libertad contractual, pero en un contexto donde el Estado regulaba y redistribuía.

Servidumbre non es terrorismo, et Roma non era solo servidumbre

Reducir la economía romana a una fábrica de esclavos es históricamente falso. Y llamar “terrorismo” a la esclavitud es conceptualmente absurdo. Es una falacia de categoría, una distorsión del lenguaje que busca equiparar instituciones antiguas con crímenes modernos.

La esclavitud fue real, sí. Pero no fue terrorismo. Et Roma, por más que explotara cuerpos, también movía cereales, tejía redes fiscales, y organizaba imperios logísticos. Confundir todo eso con “terrorismo pagano” es una forma de non entender ni la historia ni el presente.

3. ¿Et Arquímedes? ¿Un mártir del oscurantismo?

Non. Arquímedes non fue asesinado por odio a la esciencia ni terrorismo. Fue muerto por error durante la toma de Siracusa por los romanos. De fecho, los romanos querían capturarlo vivo. Su muerte fue una tragedia militar, non un acto de terrorismo ni de persecución ideológica.

Mencionarlo en este contexto es una falacia de distracción: un intento de desviar el foco del debate hacia un caso irrelevante.

4. ¿Et el “terrorismo pagano” contra cristianos?

Cómo hacer sin persecución 

A lo largo de este libro he argumentado que la visión de la iglesia como perseguida continua e implacablemente a lo largo de la historia es un mito, un mito que se consolidó después de la conversión del emperador Constantino con el propósito de volver a contar la historia del cristianismo, apoyando la autoridad de Obispos, financiando edificios religiosos, y marginando las opiniones de los herejes. El mito de la persecución cristiana no solo es inexacto; ha contribuido a una gran violencia y continúa apoyando una visión del mundo en el que estamos bajo el ataque de nuestros semejantes. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos, Candida Moss.

Sí, hubo persecuciones. Pero non, non fueron terrorismo. Non en el sentido moderno, ni en el sentido conceptual. Fueron procesamientos legales contra una secta considerada subversiva, non mediante actos criminales de bandas organizadas que buscaban sembrar el pánico. Los jesístas eran perseguidos por negarse a rendir culto al emperador, por rechazar los dioses del Estado, por proclamarse elegidos y por desobedecer los deberes cívicos. ¿Fue brutal? Sí. ¿Fue terrorismo? Non. Fue represión religiosa dentro del marco legal romano, non violencia ideológica indiscriminada.

Et aquí viene la parte que Europa Ancestral convenientemente omite: emperadores como Trajano, lejos de ser fanáticos, ordenaron que los cristianos no fueran perseguidos indiscriminadamente, que no se aceptaran denuncias anónimas, y que no se molestara a los inocentes. ¿Eso lo menciona Europa Ancestral? Por supuesto que no. Porque no encaja en su narrativa de mártires eternos y verdugos paganos.

La imagen de una Iglesia constantemente asediada por un paganismo “terrorista” es una construcción posterior, elaborada por escritores eclesiásticos para legitimar su autoridad et consolidar su identidad. La realidad es que las persecuciones fueron ocasionales, locales et motivadas por razones cívicas et sociales, non por odio irracional.

El jesísmo fue visto como una superstición peligrosa, una superstitio nova ac malifica, que atentaba contra la Pax Deorum et la religión romana.
Los cristianos eran percibidos como sectarios obstinados, que se negaban a participar en los rituales cívicos, lo que los convertía en enemigos del orden.
La persecución no fue sistemática ni continua. De hecho, la Iglesia gozó de largos períodos de paz, y muchos cristianos vivieron sin ser molestados.

1. La persecución no fue sistemática ni continua

Las persecuciones se produjeron de forma intermitente durante más de dos siglos, desde el incendio de Roma en el año 64 hasta el Edicto de Milán en 313. Según el historiador Gonzalo Bravo, el eco que dejaron estas persecuciones en la tradición cristiana posterior no se corresponde con la realidad histórica. Fueron episodios aislados que rompían largos periodos de tolerancia religiosa. Candida Moss señala que solo durante aproximadamente diez de los primeros trescientos años los cristianos fueron ejecutados por orden imperial.

2.  ¿Por qué eran perseguidos?

Porque el cristianismo, a diferencia del judaísmo, no pedía tolerancia: exigía exclusividad. Condenaba todos los demás cultos como impíos. Se negaba a participar en el culto imperial. Rechazaba el servicio militar. Et proclamaba obedecer ad Dios por encima del emperador. En Roma, eso non era religión. Era sedición.

El famoso rescripto de Trajano estableció que los jesístas non debían ser buscados activamente (non sunt quaerendi), pero si eran denunciados y se negaban a retractarse, debían ser castigados por su obstinación (contumacia).
Marco Aurelio y Celso consideraban que la persecución era una defensa legítima del Estado ante una secta que minaba la cohesión social.

Los jesístas non eran perseguidos por sus creencias privadas, sino por violar normas fundamentales del orden romano:

3. Base legal: non fue terrorismo, fue procedimiento judicial

Clasificaciones legales que sustentaban la persecución

1. Violaciones religiosas: Superstitio illicita et impietas

El jesísmo fue considerado una superstición nueva et peligrosa (superstitio nova ac malifica), no reconocida por el Estado.
La negativa a rendir culto a los dioses y al emperador se interpretaba como impiedad (impietas) y como una amenaza a la Pax Deorum, la paz con los dioses que garantizaba el bienestar del Imperio.
Rechazar el culto imperial era visto como lesa majestad (maiestas), es decir, traición al emperador et al orden romano.

2. Crímenes de orden público: contumacia y collegia illicita

El famoso rescripto de Trajano (112 d.C.) establecía que los cristianos no debían ser buscados activamente (non sunt quaerendi), pero si eran denunciados y se negaban a retractarse, debían ser castigados por su obstinación inflexible (contumacia).
Las comunidades cristianas eran vistas como asociaciones ilegales (collegia illicita), especialmente cuando se reunían en secreto o de noche. Plinio el Joven las describe como coniurationes (conjuraciones).
Celso, crítico gentil, consideraba que el jesísmo era una doctrina rebelde, que socavaba el sistema romano desde dentro.

3. Acusaciones populares: flagitia et calumnias

Aunque muchas de estas acusaciones eran infundadas, pero no por ello todas falsas, que contribuyeron ad la mala reputación de los jesístas:

Se les acusaba de canibalismo e infanticidio, ad las sectas no papistas.
Se les imputaba incesto et orgías, por el lenguaje familiar entre creyentes y sus reuniones nocturnas.
Jesús fue acusado de practicar magia, et sus seguidores de hechicería.

4. El nombre como delito

En el siglo II, bastaba con eser jesístas para ser condenado. Los apologistas como Justino et Tertuliano denunciaban que se les perseguía por el nombre, non por actos criminales.
Este principio se basaba en precedentes como el senadoconsulto contra las bacanales (186 a.C.), que reprimía cultos extranjeros considerados peligrosos.

¿Et el “terrorismo”?

Según la definición moderna, el terrorismo implica violencia organizada, reiterada, con fines políticos, ejecutada por bandas criminales para generar alarma social. Nihilode esto se aplica a las persecuciones romanas:

Non fueron organizadas por bandas, sino por autoridades legales.
Non fueron indiscriminadas, sino dirigidas contra infractores específicos.
Non buscaban sembrar el terror, sino preservar el orden público et religioso.

¡Oh, qué delicia! ¡Qué sublime espectáculo el que nos ofrece la historia cuando se la mira sin el velo de incienso papista! Porque ahora resulta que los pobres jesistas, esos virtuosos del martirio voluntario, fueron víctimas de un “terrorismo pagano”. ¡Terrorismo! ¡Nosotros, los gentiles, terroristas! ¡Nos, que inventamos el derecho, la toga et el acueducto! ¡Nosotros, que ofrecíamos sacrificios ad los dioses para que non se enfadaran et nos lanzaran una plaga por capricho!

Pero vamos por partes, como haría un buen augur con las entrañas de una gallina.

Imaginen al magistrado romano, digno, sereno, preguntando al acusado su nombre. ¿Et qué responde el jesísmo? “Soy cristiano.” ¿Et su patria? “Judea Celeste.” ¿Et su ocupación? “Esperar el martirio.” ¡Ah, qué maravilla! ¡Qué pedagogía jurídica! ¡Qué forma tan refinada de provocar una condena!

Subversión

Además de la amenaza general que los cristianos representaban para la estabilidad y el éxito, sus acciones parecían inexplicables. Los jueces romanos no estaban del todo seguros de por qué los cristianos no participarían en el culto imperial. A pesar de que la religión estaba en todas partes, había un entendimiento de que lo que hoy llamaríamos sensibilidades religiosas no debería interferir con los deberes políticos o el orden social. Los cristianos rechazaron no solo el culto imperial, sino a menudo el servicio militar. La idea de que una persona se rehusaría a servir en el ejército por razones religiosas, por ejemplo, era casi desconocida antes de los cristianos. Hoy, podemos defender los derechos de un individuo a rechazar el servicio militar por motivos religiosos o ideológicos, pero esto se debe a que reconocemos y respetamos el concepto de pacifismo. Pero para los antiguos romanos el pacifismo no existía como concepto.. Aunque algunos filósofos y dramaturgos criticaron ocasionalmente a la sociedad militar, tales objeciones eran raras. La negativa del servicio militar, por lo tanto, fue confusa y extraña. Era parte de un patrón de comportamiento cristiano que resistía, aparentemente sin razón, los ideales cotidianos y las estructuras sociales. Los cristianos eran socialmente subversivos, y los límites de esta subversión no estaban claros. Si un hombre cristiano no participara en el culto militar o imperial, un juez romano podría preguntarse si era un buen padre, ciudadano, contribuyente o trabajador. La subversión cristiana era, a los ojos de los romanos, de gran alcance y peligrosa. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos -- Candida Moss

El rescripto de Trajano lo dejó claro: Non los busquen, pero si se presentan con esa cara de “yo soy la verdad”, pues que se les castigue. Non por su fe, sino por su pertinacia et obstinación inflexible. Porque en Roma, cuando uno se niega ad responder, se llama contumacia, non santidad.

Consulta de Plinio el Joven a Trajano

A comienzos del siglo ii el goberna­dor de Bitinia se ocupó de los cristia­nos, que invadían su provincia. Con­sultó sobre la conducta a seguir a su amigo el emperador Trajano. El rescrip­to de Trajano (Plin. Ep. 10,97) es de una importancia excepcional, pues se man­tiene en vigor como fundamento legal de las persecuciones anticristianas hasta la época de Decio y de Valeriano. Pli­nio considera implícitas en la culpa de cristianismo la de ateísmo, impietas, y de su­perstitio iudaica. El gobernador no cree que los cristianos cometan los flagitia. Describe las reuniones cristianas como coniurationes. Se deduce de la carta de Plinio y de la res­puesta de Trajano que ambos no juzgaban a los cristianos un peligro para el Estado, al contrario de Celso. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

El cristianismo fue considerado una superstitio nova ac malifica. ¿Por qué? Porque era nuevo, obscuro, clandestino et pleno de pueblo que se reunía de noche para comer cuerpos et beber sangre —o eso decían ¿Et qué facía Roma con las supersticiones peligrosas? Lo mismo que con las bacanales: las prohibía por Ley. Non por odio, sino por higiene cívica.

Et claro, cuando Plinio describe sus reuniones como coniurationes, non está fablando de misa dominical, sino de conjuraciones ilegales. Porque en Roma, si te reúnes sin permiso, non eres mártir. Eres infractor.

¡Ah, el culto al emperador! Ese pequeño gesto de lealtad que mantenía unido al Imperio. ¿Y qué hacían los cristianos? Lo rechazaban. Decían que su rey era otro. Uno crucificado. Uno que volvería. ¡Qué adorablemente subversivo!

Para nosotros, eso no era fe. Era traición. Porque si non honras al príncipe, non honras ad Roma. Et si non honras ad Roma, pues que los dioses te juzguen. Et nosotros también.

Los cristianos no eran menos opuestos a los quehaceres que a los deleites del mundo. No sabían cómo reconciliar la defensa de nuestras personas y propiedades con la paciente doctrina que imponía el perdón ilimitado de los agravios pasados y requería la repetición de nuevos insultos. El uso de los juramentos, la pompa de las magistraturas y la atención incesante de la vida pública ofendían su sencillez, y no podía convencerse su humana ignorancia de que fuera lícito en algunas ocasiones derramar la sangre de nuestros hermanos con la espada de la justicia o de la guerra, aunque sus atentados u hostilidades comprometiesen la paz y la seguridad de toda la comunidad. Consideraban que, bajo una ley menos perfecta, la potestad judía había sido ejercida, con aprobación del Cielo, por profetas inspirados y reyes ungidos. Los cristianos sentían y confesaban que tales instituciones podían ser necesarias en el sistema actual del mundo, y se avenían gustosos a la autoridad de los gobernadores paganos. Pero mientras inculcaban las máximas de rendida obediencia, rehusaban tomar parte activa en la administración civil y en la defensa militar del Imperio. Tal vez podían tener alguna indulgencia con aquellas personas que, antes de su conversión, ya estaban comprometidas en tan violentas y sanguinarias ocupaciones; mas era imposible que los cristianos, sin quebrantar otra obligación más sagrada, asumieran el carácter de militares, magistrados o príncipes. Esta indolencia, o incluso criminal indiferencia hacia la seguridad pública, los exponía al menosprecio y vituperio de los paganos, que les solían preguntar cuál sería el destino del Imperio, acosado más y más por los bárbaros, si todos se atuvieran a las pusilánimes opiniones de la nueva secta. A esta pregunta insultante los apologistas cristianos daban oscuras y ambiguas respuestas, como si fueran reacios a revelar la causa secreta de su seguridad: la expectativa de que, antes de completarse la conversión del linaje humano, se aniquilarían la guerra, el gobierno, el Imperio Romano y el mundo mismo. Puede observarse que, también en este punto, la situación de los primeros cristianos coincidía dichosamente con sus escrúpulos religiosos, y que su aversión a la vida activa conducía más a eximirlos del servicio que a excluirlos de los honores del Estado y el ejército. Edward Gibbon Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano I

Los jesístas se negaban a tomar las armas. Decían que no podían matar. ¡Qué ternura! En un Imperio que se sostenía sobre las legiones, eso no era virtud. Era indolencia criminal. Porque si non defiendes Roma, ¿Qué defiendes? ¿Jerusalén? Pues que te lo ganes allá, pero aquí, el escudo es ley.

Un autor latino posterior editó estos detalles, pero en el momento en que esta historia estaba escrita en griego, no había ningún problema con la idea de provocar la propia muerte. Esto es un suicidio, e incluso hoy Agathonike es un santo. Este no es el único caso de comportamiento suicida en el cristianismo primitivo. Como vimos anteriormente, Tertuliano afirma que en Asia Menor en el siglo segundo, miles de cristianos golpearon la puerta de la casa del procónsul romano y exigieron ser ejecutados como cristianos. El funcionario romano los envió lejos, pero esto parece haber sido una decepción para los cristianos despedidos que tuvieron que regresar a casa con las manos vacías y con la intacta corporalmente. El Mito de la Persecución, Cómo los primeros cristianos inventaron una historia de martirio. Candida Moss.

Et luego están los que se ofrecían voluntariamente al martirio. Golpeaban la puerta del procónsul y exigían ser ejecutados. ¡Qué eficiencia! ¡Qué ahorro procesal! Pero claro, eso non era virtud. Era provocación legal.

¡Ah, ahí sí que se puso interesante! Porque cuando los jesístas dejaron de ser perseguidos y empezaron a perseguir, ¡qué entusiasmo! Destruyeron templos, quemaron libros, ejecutaron filósofos. Cirilo de Heliópolis arrasó santuarios. Cirilo de Alejandría fizo trizas a Hipatía. Los obispos de Tréveris rodaron cabezas priscilianistas ¡Qué fermoso giro! De mártires a verdugos. De perseguidos ad perseguidores.

Persecución non es terrorismo, et el mito del martirio es propaganda

La tesis del “terrorismo pagano” non se sostiene. El Imperio Romano actuó según su lógica legal, percibiendo al cristianismo como una secta subversiva que amenazaba la estabilidad. La imagen de una persecución incesante es un mito que la Iglesia construyó cuando ya tenía el poder, et que hoy se usa para justificar su propia violencia histórica.

Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et si el martirio se convierte en verdad incuestionable, entonces la historia se convierte en propaganda.

La persecución de los jesistas en Roma fue una respuesta legal et cívica ad lo que se percibía como una amenaza a la estabilidad del Imperio. Non fue terrorismo, ni odio irracional, ni violencia gratuita. Et la imagen de una Iglesia eternamente martirizada fue una construcción posterior, usada para consolidar poder cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial.

Así que no, no fuimos terroristas. Fuimos magistrados, sacerdotes, cives. Et los jesístas non fueron siempre víctimas. Fueron infractores, provocadores y luego, cuando pudieron, verdugos. El mito del martirio fue útil. Sirvió para legitimar la Iglesia, para consolidar el poder, para borrar la historia.

Pero nosotros, los adoradores de Júpiter, Marte et Minerva, tenemos buena memoria. Et sabemos que cuando uno se niega ad obedecer la Ley, non es santo. Es culpable. Et cuando uno destruye templos en nombre de su superstición, no es salvador. Es fanático.

Así que, por favor, menos incienso et más historia. Porque si todo es persecución, entonces nihilolo es. Et si todo es martirio, entonces la toga se convierte en cilicio. Y eso, queridos míos, no es justicia. Es teatro. Et del malo.

Et si Europa Ancestral quiere clamar ad eso “terrorismo pagano”, entonces debería revisar la definición de terrorismo. Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et la historia, en lugar de esclarecer, se convierte en propaganda.

Conclusión: confundir sacrificios, servidumbre et represión con terrorismo es deshonesto

Europa Ancestral quiere desvirtuar el término “terrorismo” para diluir la responsabilidad histórica del papismo. Pero terrorismo non es cualquier violencia. Es violencia organizada con fines ideológicos, et eso es lo que ocurrió con Hipatia, con la destrucción de templos, con las Cruzadas, con las conversiones forzadas.

Los sacrificios celtas, la esclavitud romana, la muerte de Arquímedes et las persecuciones legales non son terrorismo. Son otra cosa. Et confundirlos es una falacia de falsa equivalencia, una distorsión conceptual, et —sobre todo— una forma de negar la historia.

Porque si todo es terrorismo, entonces nihilo lo es. Et eso, en el fondo, es lo que Europa Ancestral quiere: borrar las huellas del fanatismo cristiano bajo una nube de confusión semántica. Pero la historia non se borra con definiciones mal usadas. Se enfrenta con claridad. Et se recuerda con rigor.

[Europa Ancestral:] Todo eso para Nordic Thunder o V. Rassias eran “costumbres y ritos naturales, bellos y armoniosos”... surrealista cuanto menos e incluso insultante para el que tenga unos conocimientos mínimos de historia antigua. Exagera y falsea tanto que hasta parece que esté bromeando. Por otro lado cuando critica la moral cristiana una vez más (defendiendo la poligamia y otras prácticas de lujuria desenfrenada), teniendo unos conocimientos muy limitados de la misma, reproduciendo los errados argumentos de Nietzsche, se olvidan de que los mayores filósofos y personajes históricos de la antigüedad greco-romana fueron hombres virtuosos, que practicaban un estricto autocontrol de las pasiones y los sentidos, hombres como Aristóteles, Séneca o Epicteto, como César Augusto o Marco Aurelio, hombres que no se dejaban llevar por la satisfacción de los sentidos, por la lujuria, el vicio y demás debilidades, propias de hombres bestializados; ni por la envidia, ni la codicia, ni la vanidad o el egoísmo. Porque ellos eran paganos virtuosos (como bien nos describe Dante en su Divina Comedia o Agustín de Hipona antes que él) y fueron vistos por la Iglesia y los primeros cristianos como tales, como auténticos precursores del cristianismo a los que principalmente solo les faltaba unir sus acertados planteamientos filosóficos con el legado de Jesucristo y la filiación divina, pero éstos no le interesan ni a Nietzsche ni a Rassias ni a otros neopaganos de las diversas corrientes que existen, ya que por norma general esta clase de neopaganos se dejan arrastrar por el hedonismo egoísta, por lo vicioso y degenerado, sobre todo en lo sexual; les interesan bien poco las virtudes y la moral que ya existían antes del cristianismo y que ya estaban presentes en el mundo greco-romano como acabamos de ver, van a lo fácil, a lo cómodo, a lo mediocre.

Europa Ancestral ha fablado. Et como suele ocurrir cuando se fabla desde la nostalgia dogmática, se ha confundido la historia con la homilía, la virtud con la obediencia, et la crítica con la secta. Pero non face falta decir que el jesísmo non es necesario para eser virtuoso. Basta con recordar que la virtud ya caminaba por el mundo mucho antes de que Jesús lo ficiera.

 I. Virtud sin Menorá: los mores maiorum

Antes de que alguien decidiera que la virtud necesitaba eser crucificada para existir, ya caminaban por el ágora y el foro hombres que vivían con templanza, justicia y sabiduría. Aristóteles no necesitó evangelios para escribir la Ética a Nicómaco. Séneca no necesitó epístolas para hablar del dominio de sí. Epicteto, esclavo y estoico, no necesitó sacramentos para enseñar libertad interior. Y Marco Aurelio, emperador y filósofo, no necesitó redención para practicar la compasión.

Así que non, non se critica “la moral cristiana”. Se critica la arrogancia de creder que la moral empieza en el Gólgota. Lo que se defiende son los mores de los mayores, las costumbres de los mayores, que ya sabían lo que era la virtud cuando el jesísmo aún non era ni como herejía judaica.

II. ¿La poligamia es lujuria desenfrenada?

¿Poligamia como lujuria desenfrenada? Qué idea tan moderna para juzgar algo tan antiguo. En muchas culturas, la poligamia non fue un capricho de placer, sino una estructura social funcional. Non se trataba de coleccionar esposas como trofeos, sino de garantizar protección, sustento et descendencia.

Cuando un hombre tenía recursos, podía ofrecer seguridad a más de una mujer. Et en tiempos donde la guerra, la enfermedad o la pobreza dejaban a muchas sin esposo, ¿Non era más justo que compartieran uno que pudiera cuidarlas, en lugar de quedar desamparadas?

Además, más esposas significaba más fijos. Et más fijos, más manos para labrar, más futuro para la comunidad. La fertilidad non era un lujo: era una necesidad colectiva.

¿Et la Biblia? Ahí está Abraham, Jacob… todos con varias esposas et concubinas ¿Eran lujuriosos? Non. Eran patriarcas. Bendecidos. Honrados. Si hoy se condena la poligamia como pecado, es porque se lege con ojos modernos et supersticiones posteriores, non con comprensión histórica.

Así que non, non fue una orgía institucionalizada. Fue una forma de orden, cuidado y continuidad. Et si incomoda, tal vez sea porque la historia non siempre encaja en los moldes que nos enseñaron.

III. Nietzsche: el enfant terrible que comprehendía ad Platón

Yo amo el bosque. En las ciudades se vive mal; hay en ellas demasiados lascivos. ¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva? Y contempladme esos hombres: sus ojos lo dicen - no conocen nada mejor en la tierra que yacer con una. Así habló Zaratustra.

Europa Ancestral afirma que los grandes filósofos y figuras de la Antigüedad —Aristóteles, Séneca, Epicteto, Marco Aurelio— fueron hombres virtuosos, sobrios, dueños de sí, ajenos a la lujuria y al vicio. Y tiene razón. Pero lo que ignora —o elige ignorar— es que Nietzsche jamás negó esa virtud. Non la ridiculizó. No la combatió. Al contrario: la admiró profundamente. Lo que Nietzsche cuestiona no es la virtud antigua, sino su transformación en dogma trascendente, su captura por una moral de resentimiento que convirtió la fuerza en pecado y la afirmación en culpa.

I. Nietzsche non niega la virtud: la reconfigura

Nietzsche non propone una vida de desenfreno. Su ética non es una apología del vicio, sino una filosofía de la autosuperación. La virtud, para él, no consiste en reprimir los instintos, sino en sublimarlos, en afirmarlos sin eser captivo de ellos. Su ideal no es el hombre bestializado, sino el que crea sus propios valores, el que se eleva por encima de la masa sin necesidad de obedecer mandamientos ajenos.

II. Castidad: Crítica al Ascetismo Antivital y Defensa de la Pureza Elevada

Para Nietzsche, la castidad no es una virtud en sí misma, ni tampoco un vicio. Es una forma de conducta que puede expresar fuerza o debilidad, dependiendo de su origen y propósito. Cuando nace del cansancio, del resentimiento, del miedo al cuerpo o del rechazo a la sensualidad, es síntoma de decadencia. Pero cuando surge como autodominio, como afirmación de la voluntad propia, puede ser una expresión de fortaleza.

Nietzsche no defiende la lascivia vulgar. La desprecia. Pero tampoco acepta la castidad como dogma. Lo que importa no es la abstinencia, sino la canalización elevada del instinto, la capacidad de sublimar el deseo hacia fines superiores. Elogia a quienes tienen el valor de su sensualidad, como Lutero, y afirma que una verdadera relación amorosa está por encima de la dualidad entre castidad y deseo.

1. Así habló Zaratustra: Castidad como crítica a la vulgaridad del deseo

El capítulo “De la castidad” (Von der Castigkeit) en Así habló Zaratustra es breve pero incisivo. No es una defensa de la abstinencia, sino una crítica feroz a la vulgaridad del deseo sexual sin espíritu. Zaratustra expresa su descontento con la atmósfera moral de las ciudades, afirmando: “Yo amo el bosque. En las ciudades se vive mal; hay en ellas demasiados lascivos.”

La crítica se centra en los hombres que no conocen nada más elevado que el sexo: “No conocen nada mejor en la tierra que yacer con una mujer.” A estos, Zaratustra los describe como espiritualmente corrompidos: “Fango hay en el fondo de su alma.”

La advertencia es radical: “¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva?” Aquí, Nietzsche no condena el deseo, sino su vulgaridad, su falta de elevación, su incapacidad de apuntar hacia algo superior.

Nietzsche agudiza su crítica cuando el deseo vulgar se combina con inteligencia: “¡Y ay si su fango tiene además espíritu!” Esto sugiere que el intelecto, lejos de redimir el instinto, puede ponerse al servicio de la mezquindad, justificando o sofisticando la lascivia. Es una forma de decadencia más insidiosa: la corrupción del alma inteligente.

Aunque el capítulo se titula “De la castidad”, Nietzsche se distancia del ideal ascético tradicional. Rechaza la castidad que nace de debilidad, de miedo, de enfermedad. La llama “adoración de los cerdos lisiados”, que veneran lo opuesto a su propia impotencia.

En cambio, la castidad noble implica:

  • Autodominio (enkrateia): Non como represión, sino como fuerza que organiza los impulsos para crear algo superior.
  • Afirmación de la sensualidad canalizada: Nietzsche afirma que la antítesis entre castidad y sensualidad “no es necesaria”. Una buena relación amorosa está “por encima de esa antítesis”. Lo importante no es abstenerse, sino no dejarse arrastrar por el fango.

La crítica ad la lascivia en “De la castidad” se enmarca en la visión nietzscheana del Superhombre. Este non es un reprimido sexujal, sino un creador de valores, un individuo que transforma sus impulsos en fuerza vital.

Incluso el impulso matrimonial debe eser una “sed de creador”, una “flecha y un anhelo que apuntan al Superhombre”. Cuando el deseo se orienta hacia la creación de algo superior —una obra, un hijo, una forma de vida— entonces se vuelve santo.

Nietzsche non condena el deseo, ni glorifica la abstinencia. Lo que condena es la mediocridad del deseo sin espíritu, el impulso sexual que non apunta ad nihilo más que a sí mismo. La castidad, cuando es expresión de autodominio, puede eser virtud. Pero cuando es negación, miedo o resentimiento, es una forma de muerte en vida.

El individuo soberano, el que aspira al Superhombre, non se define por lo que reprime, sino por lo que transforma. La castidad, en este sentido, non es una renuncia, sino una forma elevada de afirmación. Porque para Nietzsche, la pureza non está en el cuerpo que se abstiene, sino en la ánima que se eleva.

III. Egoísmo y vanidad: entre lo mezquino y lo noble

Nietzsche distingue entre el egoísmo mezquino, que busca aprobación, y el egoísmo noble, que nace del amor propio y la autosoberanía. Rechaza la vanidad del rebaño, la moral fingida, el altruismo que encubre debilidad. Pero afirma con fuerza el orgullo del individuo que crea su propio valor.

El espíritu libre se respeta a sí mismo, se ama, se afirma. Su pasión es singular. Su camino es propio. Y si necesita justificar su grandeza, lo hace como los antiguos: “No soy yo, sino un dios quien actúa a través de mí.” El politeísmo, para Nietzsche, fue la forma de glorificar al individuo sin culpa.

IV. Nietzsche y los sabios antiguos: afinidad, non ruptura

Europa Ancestral olvida que Nietzsche non desprecia ad los sabios grecorromanos. Los honra. Lo que critica es la lectura cristiana que los convierte en flagelantes sin cuerpo, en modelos de negación. Nietzsche ve en ellos —en Aristóteles, Séneca, Epícteto, Marco Aurelio— ejemplos de fortaleza, autodominio, nobleza de espíritu. Lo que rechaza es que ese mor se convierta en verdad universal, en superstición, en ley para todos los casos.

Su filosofía non es libertinaje. Es una ética rigurosa, aristocrática y exigente, que no busca la comodidad del desenfreno ni la obediencia ciega a normas externas. Nietzsche non propone la disolución de la virtud, sino su revalorización desde la fuerza, la salud et la creación. Su crítica ad jesísmo non nasce de ignorancia, sino de una inversión lúcida et deliberada. Ad Platón Lo clama “el más osado de todos los intérpretes”, reconoce su genio como artista filosófico, et admite que Así habló Zaratustra es profundamente platónico.

Ambos comparten una arquitectura filosófica que trasciende el contenido doctrinal: el uso del mito como forma de pensamiento, la figura del sabio carismático como vehículo de enseñanza, la tensión entre pathos et logos como dinámica de la ánima, et el papel de la vergüenza como fenómeno moral constitutivo. Para Platón, la vergüenza es el inicio del ascenso faz ad el Bien; para Nietzsche, es el signo de la libertad: “Non avergonzarse ya de uno mismo” es el gesto del hombre libre.

La afinidad entre ambos non es doctrinal, sino estructural. Nietzsche non destruye ad Platón: lo obliga ad non convertirse en superstición. Su “platonismo invertido” non niega la forma, sino que la reorienta faz ad la vida, faz ad la apariencia, hacia la afirmación. Et en esa inversión, Nietzsche revela que la vera filosofía non está en la fidelidad ad un doctrina, sino en la capacidad de crear desde la tensión.

Así, la crítica nietzscheana al platonismo non es una ruptura, sino una confrontación fecunda. Una lucha que ha dado a Europa —como él mismo dice— “una magnífica tensión del espíritu”. Porque si Platón fue el arquitecto de la metafísica, Nietzsche fue su provocador más brillante. Et en esa dialéctica, la filosofía se mantiene viva.

Conclusión: “Debes plegar ad ser el que eres”

Nietzsche non destruye la virtud. La libera. La arranca del dogma, del resentimiento, de la moral de captivos (Sklavenmoral), delatando que estas son buenas, es decir deseables non por una debda (Schuld), si non por la potencia (Macht) que dan estas. El autocontrol, la castidad, el egoísmo, la vanidad: todos son revaluados. Non por lo que parecen, sino por lo que expresan. ¿Son fuerza o debilidad? ¿Afirman la vida o la niegan?

Su moral non se basa en mandamientos. Se basa en salud, poder, creación. En la tarea de plegar ad eser el que uno es. Et si eso incomoda a quienes confunden virtud con obediencia, es porque la libertad siempre incomoda al dogma. Nietzsche non es enemigo de la virtud: es su defensor más feroz, cuando esta se atreve a vivir sin cadenas.

Ah, Europa Ancestral, qué espectáculo. Qué elegante manera de decir que Platón, Séneca y Marco Aurelio eran básicamente cristianos sin bautismo. ¡Qué audacia teológica! Según esta lógica, todo filósofo que non se revolcaba en el barro era un “precursor del cristianismo”, como si la virtud necesitara la firma de Jesús para eser válida. ¿Aristóteles? ¡Un proto-cardenal! ¿Epícteto? ¡Un monje sin hábito! ¿Marco Aurelio? ¡Un Papa en toga! Qué conveniente.

Paganos virtuosos… ¿por qué non simplemente virtuosos?

¡Ah, qué delicia de disparate! “Europa Ancestral” pontifica que ad los filósofos antiguos “solo les faltaba unir sus acertados planteamientos con el legado de Jesucristo y la filiación divina”. Et allí se delata: su objetivo non es captar la filosofía, sino corromperla, injertarle un “legado” que ni siquiera sabe definir, una superstición disfrazada de herencia. ¿Qué carajos es ese “legado”? Non lo explica en ningún lado, nuestro querido papista antisemita se limita ad repetir la consigna como si fuese verdad revelada.

Decir que los sabios grecorromanos eran “precursores del cristianismo” es como decir que Homero era un borrador del Evangelio. Es una forma de apropiación retroactiva que delata una profunda inseguridad: si la virtud era antes del jesísmo, entonces non lo necesita para eser. Et si non lo necesita, ¿Para qué forzar la supuesta filiación divina?

La virtud non requiere papismo, ni cruz, ni dogma. Requiere carácter, lucidez, dominio de sí. Et eso lo tenían los gentiles mucho antes de que alguien dijera “bienaventurados los mansos”.

¿Acaso Sócrates necesitaba de un rabí para beber la cicuta con serenidad? ¿Platón requería de un carpintero galileo para concebir el mundo inteligible? ¿Zenón, Epicuro, Aristóteles, todos ellos, estaban incompletos hasta que plegara un predicador sarraceno ad decir que él era el Verbo? ¡Qué insulto ad la filosofía! El “legado” que se pretende imponer consiste en aceptar que unas escripturas obscuras de hebreos delirantes son "palabra de Dios", que el Creador escogió ad Israhel et que los demás pueblos deben eser exterminados o sometidos, que el mismo Creador es tan idiota que deja al hombre tomar un fructo prohibido en vez de ponerlo en un lugar infranqueable, que él es zelote et envidioso, et que los hebreos son los elegidos.

¿Ese es el legado? ¿Ese es el tesoro que supuestamente faltaba ad la filosofía? ¡Por favor! Es como si alguien dijera que la geometría de Euclides estaba incompleta hasta que plegara un rabino ad enseñarle ad dibujar triángulos con fe. Es la burla más grotesca: reducir la catolicidad del pensamiento ad la servidumbre de un pueblo supersticioso. El “legado” non es más que la imposición de un relato sectario sobre la razón, la tentativa de confundir la claridad del Verbo con la obscuridad de la superstición.

Así que cuando “Europa Ancestral” fabla de unir filosofía con Jesus, lo que realmente propone es amputar la filosofía, castrarla, et vestirla con supersticiones de exclusividad. Et lo más cómico es que ni siquiera sabe definir qué es ese legado: lo repite como loro, sin contenido, sin explicación, como si bastara invocar el nombre de un rabí para que Sócrates et Platón se arrodillen. ¡Qué ridículo! La filosofía non necesitaba de ese “legado”, et menos aún de un dios celoso.. Ese es el vero legado: el celo, la envidia, la amenaza. Et frente ad ello, la filosofía se ríe, porque sabe que el Verbo non se somete ad supersticiones ni ad locos que se proclaman elegidos.

Nietzsche non los ignora: los honra

Acusar a Nietzsche de ignorar a los sabios antiguos es como acusar a un escultor de no entender el mármol. Nietzsche los estudia, los admira, los invierte. Lo que rechaza es que su pensamiento se convierta en catecismo. Lo que combate es la moral que nace del resentimiento, no la virtud que nace de la fuerza.

Et si algunos neopaganos son viciosos, ¿eso invalida el neopaganismo? Por favor. También hay papistas corruptos, et nadie dice que eso invalida el papismo. El argumento es tan débil que se desface como hostia mojada.

Neopaganos: más paganos, menos excusas

Decir que los neopaganos “van a lo fácil, a lo cómodo, a lo mediocre” es una generalización tan perezosa que parece escrita en domingo. ¿Qué neopaganos? ¿Todos? ¿Los que reconstruyen ritos con rigor histórico? ¿Los que estudian filosofía antigua con más profundidad que muchos seminaristas? ¿Los que buscan en los mores maiorum una ética de la tierra, del cuerpo, del mundo?

Et si algunos se dejan arrastrar por el hedonismo, pues que se arrastren con estilo. Porque el neopaganismo non es una licencia para el vicio, pero tampoco es una penitencia perpetua. Es una afirmación de la vida, non una negación del placer.

¿Agustín de Hipona como auctoridad sobre los gentiles?

Citar ad Agustín para describir ad los gentiles como citar ad Torquemada para fablar de libertad religiosa. Agustín non los intendía: los combatía. Et Dante, por más poético que sea, los mete en el limbo ¿Eso es admiración? ¿O es una forma elegante de decir “cuasi buenos, pero non del todo”?

Si los sabios antiguos eran tan virtuosos, ¿Por qué non dejarlos eser lo que eran? ¿Por qué convertirlos en borradores de rabinos? Porque si el jesísmo viene después, et necesita absorberlos para validarse, entonces es él quien depende de ellos, non al revés.

La virtud non nasció en Belén. Non se bautizó en el Jordán. Non se canonizó en Nicea. La virtud es antigua como el fuego, gentil como el templo, filosófica como el logos. Y si Nietzsche, Rassias o cualquier neopagano la busca en la afirmación de la vida, en la belleza del rito, en la armonía con la naturaleza o en la autosuperación, eso no los hace menos virtuosos. Solo los hace libres de genealogías impuestas.

Porque si la virtud solo vale cuando viene con certificado baptismal, entonces non es virtud. Es obediencia. Et eso, queridos míos, non es filosofía. Es servidumbre con incienso.

[Europa Ancestral:] Lo dionisiaco no sirve para compensar lo apolíneo como decía Nietzsche, lo dionisiaco que no es otra cosa que los vicios y excesos, envilecen al ser humano (La postura dionisiaca de Nietzsche representa al desorden, lo apolíneo al orden). Es algo evidente que cuando las personas se dejan llevar por el vicio y la inmoralidad se vuelven cada vez más egoístas y crueles.

Europa Ancestral ha cometido una torpeza filosófica de proporciones épicas al afirmar que “lo dionisíaco no sirve para compensar lo apolíneo” y que “lo dionisíaco no es otra cosa que los vicios y excesos que envilecen al ser humano”. Esta lectura no solo es errónea: es una caricatura grotesca del pensamiento de Nietzsche, una simplificación que convierte una de las tensiones más profundas de la filosofía moderna en una fábula moralista de colegio parroquial. 

Error 1: Confundir lo dionisíaco con el vicio vulgar

Lo dionisíaco, en Nietzsche, no es sinónimo de “vicio” ni de “inmoralidad”. Es una fuerza vital, una pulsión primordial que representa la embriaguez, el caos, la pasión, la disolución de los límites. Es el impulso que rompe la forma para revelar la intensidad de la vida. En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche muestra cómo la cultura griega clásica alcanzó su cima al equilibrar lo apolíneo (forma, orden, medida) con lo dionisíaco (fuerza, éxtasis, desbordamiento).

Reducir lo dionisíaco a “vicio” es como decir que el fuego solo sirve para quemar. Es ignorar que, para Nietzsche, la tragedia griega era precisamente la fusión de ambas fuerzas, et que la decadencia comenzó cuando Sócrates et Platón rompieron ese equilibrio, absolutizando la razón et negando el cuerpo, el instinto, la emoción.

Error 2: Creer que el desorden es siempre perjudicial

Europa Ancestral parte de la idea de que el desorden corrompe, que el caos es malo por definición. Pero Nietzsche subvierte esa moral. Para él, el desorden es necesario, porque la vida no es una fórmula matemática. El exceso, el riesgo, la intensidad: todo eso forma parte de la Voluntad de Poder, el principio que impulsa al individuo a superarse, a afirmarse, a crear.

Lo que la moral tradicional llama “vicio” —el deseo, la crueldad, el egoísmo, el placer— puede eser, en Nietzsche, expresión de fuerza, non de decadencia. Lo que corrompe non es el exceso, sino la debilidad que se disfraza de virtud.

Error 3: Pensar que el egoísmo y la crueldad son siempre envilecedores

Nietzsche distingue entre el egoísmo mezquino, que busca aprobación, y el egoísmo noble, que nace del amor propio, de la autosoberanía. El espíritu libre no se somete a la moral del rebaño: se afirma a sí mismo, incluso si eso implica dureza, incluso si eso incomoda.

Et sobre la crueldad, Nietzsche non la glorifica, pero tampoco la condena como un pecado universal. La crueldad, dice, fue parte de la alegría festiva de la humanidad antigua, un ingrediente en los rituales, en los sacrificios, en la afirmación del poder. No se trata de justificar el sadismo, sino de reconocer que la moral que niega toda dureza es una moral de agotados.

Conclusión: Nietzsche non es defensor del vicio, sino del poder

Europa Ancestral ha confundido el pensamiento nietzscheano con una apología del desenfreno. Pero Nietzsche no defiende el libertinaje vulgar. Lo que defiende es la vida intensa, la creación de valores, la superación del dogma moral que convierte la virtud en obediencia y el placer en pecado.

Lo dionisíaco no es el enemigo del orden: es su contraparte necesaria. Y cuando se lo niega, cuando se lo reduce a “vicio”, lo que se produce no es virtud, sino decadencia. Porque para Nietzsche, la moral tradicional es casi tan inmoral como todo lo demás en la tierra. Y si eso incomoda, es porque la libertad siempre incomoda al dogma.

[Europa Ancestral:] Idealización surrealista de Nerón. La realidad del Imperio Romano y la Edad Media 
Empecemos con Nerón. Su reinado no dejó ni mucho menos buena huella en Roma analizándolo desde un punto de vista imparcial, sobre todo la segunda mitad de su reinado, que es cuando hizo más barbaridades como queda reflejado por sus coetáneos, algunos de ellos muy próximos a él. Por otro lado, en los primeros años todo parece indicar que realizó un buen gobierno gracias a la supervisión de Agripina y Séneca. Los césares que le sucedieron eran paganos e igualmente criticaron duramente su reinado y su vida, por lo tanto la mala imagen de Nerón no es fruto de una supuesta conspiración cristiana o judía como dice el neopagano Nordic, sino que procede de las críticas hechas por los propios romanos paganos del momento, así como de los césares romanos paganos que le sucedieron. Mató a su propia madre y a su hermanastro, y ordenó una gran cantidad de ejecuciones arbitrarias.

Precisamente las barbaridades que llevó a cabo Nerón contra los cristianos fueron instigadas por su amante y esposa, Popea que era judía, con lo cual los judíos de Roma mediante artimañas fueron justamente los que promovieron la persecución [4]. Muchos personajes romanos de su tiempo criticaron su conducta en vida, Epicteto, que fue el esclavo del escribano de Nerón, le describió como a un mimado, iracundo e infeliz. Séneca (que obviamente era pagano) por su parte y después de haber sido tutor de Nerón, a raíz del matricidio de Agripina (madre de Nerón), se fue posicionando cada vez más en contra del emperador, al que consideraba tiránico, paranoico y cruel, finalmente Séneca tuvo que suicidarse para evitar la cruel venganza que esperaba de Nerón. La mayor parte de los contemporáneos de Nerón se pronunciaron en su contra, sin influencia alguna del cristianismo, que había aparecido en Roma un par de décadas antes a lo sumo y aun era muy minoritario. Curiosamente, según consta en el talmud, Nerón se convirtió al judaísmo en el 66 d.c.

Ah, la “idealización surrealista de Nerón”, dice Europa Ancestral, mientras se lanza con entusiasmo a repetir —sin pestañear— el mismo guion que Tácito, Suetonio et la propaganda senatorial dejaron como legado. Pero non se preocupe, que aquí estamos para ponerle un poco de luz (et algo de ironía) ad esta tragicomedia de simplificaciones. Europa Ancestral ha logrado lo impensable: Convertir una crítica histórica en una comedia involuntaria. Su texto sobre Nerón es una mezcla de dramatismo moralizante, conspiracionismo selectivo et una supersticiones ciegas en fuentes que ni siquiera respaldan sus afirmaciones. Vamos ad desmontar esta tragicomedia punto por punto, con la elegancia que merece semejante espectáculo.

Nerón: ¿monstruo absoluto o emperador de matices?

Sí, Nerón mató ad su madre. Sí, ejecutó ad su hermanastro. Sí, mandó ad Séneca al suicidio. Pero si vamos a juzgar emperadores romanos por crímenes, entonces más vale cancelar ad toda la dinastía Julio-Claudia y media docena más. ¿O acaso Calígula era un modelo de virtud? ¿Et Tiberio, con su retiro en Capri et sus “aficiones”? Vamos, que si Nerón es el estándar del horror, el resto del álbum familiar no sale mucho mejor parado.

Et aún así, ¿sabías que el pueblo plano lo ploró? Que su tumba fue adornada con flores durante años. Que Otón, su sucesor, se hizo clamar “Nerón Otón” para ganarse el favor popular. Que Trajano —sí, el emperador modelo de la posteridad— dijo que los primeros cinco años de Nerón fueron mejores que los de cualquier otro emperador. Pero claro, ¿Qui necesita esos detalles cuando se puede repetir el cuento de “el loco que tocaba la lira mientras Roma ardía”?

¿Una conspiración cristiano-judía? Non, pero tampoco tan simple

Europa Ancestral se indigna ante la idea de una “conspiración cristiana o judía” contra Nerón. Et tiene razón en parte: la mala fama de Nerón non fue inventada por los jesístas. Fue escrita por senadores despechados, historiadores con agendas y moralistas con pluma afilada. Pero decir que los jesístas no influyeron en su leyenda negra es como decir que el Apocalipsis no tiene nada que ver con él ¿La “bestia 666”? ¿El Anticristo? ¿El perseguidor de los santos? ¿Eso non cuenta?

Popea, los judíos et la persecución cristiana: fantasía con toga

La idea de que Popea Sabina —esposa de Nerón— era judía et que instigó la persecución de los cristianos es tan sólida como un anfiteatro hecho de humo. Las fuentes non afirman que Popea fuera judía. Lo que sí sabemos es que el historiador Josefo fue recibido en la corte de Nerón et que Popea lo trató con simpatía ¿Eso la convierte en instigadora de masacres? Solo si uno crede que la cortesía equivale ad conspiración.

La persecución de los jesístas en el 64 d.C. fue una maniobra política de Nerón para tener un culpable del Gran Incendio de Roma. Non hay evidencia de que Popea tuviera algo que ver. Et atribuirle ad “los judíos de Roma” la promoción de la persecución es una acusación sin respaldo, que huele más ad prejuicio que ad historia.

La idea de que los judíos provocaron las persecuciones jesístas so Nerón es una fantasía conspiranoica digna de un panfleto medieval escrito por un monje con fiebre. Et el auctor que Europa Ancestral cita como fuente “incontrovertible” —Maurice Pinay— non es un historiador, sino un seudónimo colectivo de católicos ultraconservadores que escribieron un libelo antisemita en 1962 para oponerse al Concilio Vaticano II.

¿Quí carajos es Maurice Pinay?

Maurice Pinay non es. Es un nombre inventado por un grupo de clérigos tradicionalistas —entre ellos el jesuita mejicano Joaquín Sáenz Arriaga— que publicaron El complot contra la Iglesia, una obra que mezcla masones, judíos, gnosticismo, et Satanás en una ensalada paranoide. El libro fue distribuido ad los obispos antes del Concilio Vaticano II como si fuera una revelación divina, cuando en realidad es una colección de delirios con sotana.

Pinay non cita fuentes serias, non face análisis histórico, non distingue entre fechos et fábulas. Su método es simple: todo lo malo que le pasó ad la Iglesia, fue culpa de los judíos. Et si non hay pruebas, mejor: así puede inventar más.

¿Qué es Complot contra la Iglesia?

Es un libelo publicado en 1962, justo antes del Concilio Vaticano II, et distribuido clandestinamente entre obispos como si fuera una revelación divina. Su tesis central: los judíos han conspirado durante siglos para destruir la Iglesia Católica, infiltrando masones, herejes, comunistas, modernistas, et hasta el portero del Vaticano si face falta. Non hay método, non hay fuentes serias, non hay historiografía. Solo hay acusaciones delirantes, citas fuera de contexto, et una obsesión enfermiza por convertir el judaísmo en el villano universal, como si el papismo non fuera judaísmo. Es un catálogo de obsesiones, non una obra teológica. Non hay método, non hay fuentes serias, non hay historia.

Et Europa Ancestral, lo cita como si fuera Agustín. Non se ha enterado que su Iglesia ya non lo quiere. El Concilio Vaticano II lo dejó en limbo, junto con Lefebvre, Pinay et todos los papistas que creden que el judaísmo es una conspiración cósmica ¿Non leyó Nostra Aetate? ¿Non sabe que el Papa Pablo VI refutó explícitamente la acusación de deicidio colectivo? ¿Non se ha dado cuenta que el su papismo es un cosplay medieval sin comunión? Porque sí, Nostra Aetate fue la lápida sobre las tesis de Pinay. Promovió el respeto intersectario. Reconoció la raíz común entre cristianismo et judaísmo. Et dejó claro que culpar ad los judíos por las persecuciones jesistas es una calumnia.

Pero Europa Ancestral sigue ahí, citando textos del siglo XIX como si fueran doctrina, repitiendo propaganda franquista como si fuera magisterio, et creyendo que la masonería es responsable de todo, desde el incendio de Roma hasta el precio del pan. Non distingue entre historia et paranoia. Non sabe que Lefebvre cayó, que Pinay perdió, et que él mismo es un paria dentro de la Iglesia que dice defender. Así que non, Complot contra la Iglesia non es una obra seria. Es un panfleto conspiranoico. Maurice Pinay non es fuente, es síntoma. Et Europa Ancestral, al citarlo, non hace apología: face papelón.

Et lo cito:

[Maurice Pinay:] Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, quien en su obra "Scorpiase" dice: "Las sinagogas son los puntos de donde salen las persecuciones de los cristianos". Y en su libro "Ad nationes" escribe el mismo Tertuliano: "De los judíos es de donde salen las calumnias contra los cristianos" (98).

Durante el reinado de Nerón hubo en un principio tolerancia hacia los cristianos, pero acabó el emperador por ceder a las intrigas persistentes de su amante judía Popea, a quien se señala como autora de la idea de inculpar a los cristianos por el incendio de la ciudad de Roma, hecho con el cual se justificó la primera y cruel persecución de los cristianos llevada a cabo por el Imperio Romano.

La acusación de que Popea —la amante de Nerón— era judía et que por eso se culpó ad los jesistas del incendio de Roma es una ficción sin respaldo histórico. Las fuentes romanas (Tácito, Suetonio, Dion Casio) non mencionan ninguna conspiración judía. El incendio fue atribuido ad los jesístas por razones cívicas: eran una secta nueva, marginal, et fácil de convertir en chivo expiatorio. 

La idea de que Popea instigó ad Nerón contra los jesístas porque era "judía" es tan absurda como decir que Calígula fue vegano porque tenía caballos. Sí, Popea simpatizaba con el judaísmo. Pero eso non la convierte en conspiradora. Non hay fuente seria —ni Tácito, ni Suetonio, ni Dion Casio— que afirme que Popea manipuló ad Nerón para perseguir jesístas. Es una invención tardía, una fantasía apologetica con tintes antisemitas, que Maurice Pinay et sus acólitos repiten como si fueran versículos.

[Maurice Pinay:] Los padres jesuitas B. Llorca, R. García-Villoslada y F. J. Montalbán, reconocen, en relación con las persecuciones iniciales de la Roma pagana contra los débiles e inermes cristianos, a partir de Nerón, lo siguiente:
"Los judíos fueron los elementos más activos en fomentar el ambiente de odio contra los cristianos, a quienes consideraban como suplantadores de la ley mosaica..."
"Esta actividad de los judíos debió ejercer notable influencia, pues nos consta que ya en el tiempo de Nerón gozaban de gran ascendiente en Roma, y es bien sabido que, con ocasión del martirio de san Pedro y San pablo, algunos insinuaron la idea de que habían muerto por celos de los judíos".

"Existiendo, pues, este ambiente, azuzado por el odio de los judíos, se concibe fácilmente la persecución de Nerón. Como capaces de toda clase de crímenes, fue fácil señalar a los cristianos como causantes del incendio de Roma. Al pueblo no le costó mucho creerlo" (99)

Ah, Maurice Pinay et sus discípulos, esos cruzados del papel que ven conspiraciones rabínicas hasta en el humo del incienso. Nos dicen que los judíos fueron los grandes instigadores del odio contra los cristianos en tiempos de Nerón. Que tenían “gran ascendiente en Roma”. Que movieron los hilos del Imperio como si fueran senadores con kipá. Et uno non sabe si reír o enviarles una copia de Tácito con anotaciones.

Porque si algo demuestra la historia, es que el odio que cayó sobre los jesístas non fue azuzado por los judíos, sino por el mismo desprecio que Roma ya tenía faz ad los judíos. Et los jesístas, en tiempos de Nerón, eran vistos como otra secta judía más. Molesta, rara, et peligrosa.

¿Et qué dice Tácito, ese sí, historiador, non panfletario? Que los jesístas eran “aborrecidos por sus ignominias”. Que fueron condenados por su “odio al género humano”. Que Nerón los usó como chivos expiatorios tras el incendio de Roma. Non porque Popea le susurrara en israelítico, sino porque necesitaba salvar su pellejo, supuestamente.

En un comienzo, la opinión antigua estuvo dividida. Tácito nos dice de manera explícita que algunos autores (hoy perdidos) atribuían el Gran In­cendio a motivos accidentales, y otros a una maquinación de Nerón. Sin embargo, una convicción no tardó en predominar, pues las opiniones supervivientes son virtualmente unánimes en culpar al emperador; Tácito es la única excepción, y confiesa no estar seguro.11 Sin lugar a dudas, Pli­nio el Viejo, que estaba en Roma en esa época y detestaba a Nerón, tenía la certeza de que éste era culpable.12 En forma análoga, ni Suetonio ni Dión Casio tienen dudas, y la versión hostil comúnmente aceptada de las acciones de Nerón puede reconstruirse sobre la base de ambos autores, del siguiente modo. Nerón, Edward Champlin.

¿Et los judíos? Tácito los describe con desprecio: Que non comparten el lecho con extranjeros. Que desprecian ad los dioses. Que renuncian ad patria, padres, fijos et germanos. Que su superstición es horrorosa et abyecta. Que su descanso sabático es pereza institucionalizada ¡Por Júpiter! Con esa reputación, ¿Qui iba ad creder que tenían “gran ascendiente en el pueblo mismo de Roma”?

Et aún así, Tácito distingue entre judíos et cristianos, aunque con confusión, estando peor el pueblo mismo. En sus Anales, fabla de Chrestianos, non Christianos, lo que sugiere que ni él tenía claro quiénes eran. Para los romanos, todo lo que salía de Judea era sospechoso. Pero con el tiempo, los jesístas se ganaron el su propio odio. Non por eser simplemente judíos, sino por non eser un pueblo antiguo, por non servir ad los dioses, et por eser intransigentes hasta la médula.

¿Et esa idea de que Cefas et Saulo murieron por “celos de los judíos”? ¡Por los dioses! Eso non lo dice Tácito, ni Suetonio, ni Dion Casio. Eso lo dice la imaginación apologética, esa fábrica de leyendas que convierte la falta de evidencia en dogma et el silencio de las fuentes en melodrama. 

La muerte de estos dos personajes non está documentada por ningún historiador serio del mundo romano. Lo que tenemos son relatos tardíos, contradictorios et adornados con magos voladores, animales parlantes et crucifixiones por “ateísmo” ¿Celos rabínicos? Más bien, celos narrativos, porque los auctores cefeos querían que sus mártires compitieran con nuestros lares divinos. Et como non tenían fechos, se dedicaron ad copiar esquemas: la muerte trágica, la conversión milagrosa, la tumba venerada —todo prestado de Osiris, Hércules et Esculapio. 

La supuesta presencia de Cefas en Roma non puede demostrarse, et la conversión de Saulo parece más un brote psicótico que una epifanía. Así que non, non murieron por celos. Murieron —si es que murieron allí— por eser molestos, por perturbar el orden, o quizás por nihilo en absoluto. Pero convertir eso en una ópera de pasiones rabínicas es una burla ad la historia et un insulto ad la inteligencia.

Así que non, Maurice. Non fueron los judíos los que azuzaron al pueblo romano. Fue el propio desprecio romano al judaísmo, extendido ad los jesístas, lo que fizo posible la persecución. Et fue la necesidad de Nerón de desviar la culpa, non una conspiración sinagogal, lo que encendió las antorchas.

[Maurice Pinay:] En efecto, los judíos llegaron a acusar a los cristianos calumniosamente hasta de cometer el nefando crimen de comerse a los niños en sus ceremonias (100), lo que indignaba como es muy natural, a las autoridades y al pueblo romano.

Es comprensible que esta intriga constante, esta persistente labor de calumnia y difamación que los hebreos lanzan siempre contra quienes estorban sus planes, realizada en el Imperio Romano por miles de individuos mes tras mes, año tras año, haya por fin logrado sus objetivos un buen día, lanzando contra la naciente Cristiandad, que ellos no podían aniquilar por sí solos, todo el gigantesco poderío del Imperio Romano en un afán destructor jamás conocido en la historia de la humanidad.

¡Por la cordura de Séneca et la dignidad de Roma! Ahora resulta que los judíos, según Maurice Pinay, acusaron ad los jesistas de comerse niños en sus ceremonias, et que esa calumnia —repetida mes tras mes, año tras año, por miles de hebreos conspiradores— logró movilizar todo el poder del Imperio Romano en una cruzada destructora jamás vista en la historia de la humanidad. ¡Qué épica! ¡Qué delirio! ¡Qué falta de fuentes!

Empecemos por lo básico: La acusación de infanticidio ritual non fue invento judío. Fue un tópico universal, usado por todos contra todos. Los cristianos fueron acusados de matar niños, sí. Pero también acusaron ad los judíos, ad los herejes, ad los catafrigios, ad los pepucianos, et ad cualquier grupo que les incomodara. Agustín de Hipona lo admite: eran calumnias burdas, sin fundamento. Tertuliano se queja de que los romanos ni siquiera investigaban, porque sabían que eran rumores. Así que non, non fue una campaña hebrea. Fue una guerra de fábulas, donde cada secta lanzaba el su monstruo al otro.

¿Et la noción de que los fariseos movieron el Imperio contra los jesístas? ¡Por Júpiter! Eso no lo dice ningún historiador serio. La persecución de Nerón fue local, breve y oportunista. Los cristianos fueron usados como chivos expiatorios tras el incendio de Roma. Non por intrigas rabínicas, sino porque eran impopulares, nuevos, et no adoraban a los dioses. et en tiempos de Tertuliano, el único “crimen” que se les imputaba era clamarse cristianos. Una guerra por el nombre, no por el niño comido.

¿Et los judíos? ¿Tenían poder imperial? Claudio los había expulsado de Roma. Después del 70 d.C., fueron marginados, reorganizados, et excluyeron ad los jesístas con una maldición litúrgica. Pero eso fue una exclusión doctrinal, no una orden de exterminio. Y si hablamos de violencia, los cristianos —una vez en el poder— mataron más judíos en un solo día que los romanos en tres siglos de persecuciones.

¿Et la cifra de mártires? ¿Ese “afán destructor jamás conocido”? Las investigaciones serias calculan entre 1.500 y 3.000 víctimas cristianas en tres siglos. Una cifra trágica, sí, pero muy lejos del apocalipsis que Pinay imagina. La “Iglesia de los mártires” fue, en gran parte, una construcción retrospectiva, útil para consolidar identidad, no para reflejar hechos.

Así que non, Maurice. La acusación del niño comido fue una calumnia compartida, non una conspiración exclusiva. La persecución romana fue cívica et cultual, non rabínica. Et el “gigantesco poderío” del Imperio non fue movilizado por intrigas, sino por incendios, rumores et la necesidad de mantener el orden.

[Maurice Pinay:]  En apoyo de esta verdad citaremos el testimonio incontrovertible de una autorizada fuente judía: "El Rabino Wiener, que en su libro "Die Juvisechen Speisegsetz", confiesa que los judíos fueron los causantes de las persecuciones de Roma contra los cristianos; observando que en el reinado de Nerón y en el año 65 de nuestra Era, cuando Roma tenía por emperatriz a una judía, Popea, y por Prefecto de la Ciudad a un judío, se inicia la era de los mártires, que debía prolongarse 249 años" (101).

En estas instigaciones de los hebreos para provocar las persecuciones de los romanos en contra del cristianismo, intervinieron incluso rabinos tan destacados en la historia de la Sinagoga como el famoso "...Rabino Jehuda, uno de los autores del Talmud (que como se ha dicho, es uno de los libros sagrados, fuente de la religión del judaísmo moderno), obtuvo en el año 155 de nuestra Era una orden para que fueran sacrificados todos los cristianos de Roma, muriendo en virtud de ella muchos miles, siendo precisamente judíos los verdugos de los Papas mártires Cayo y Marcelino" (102).

La obra de Adolf Wiener, publicada en 1895, es un tratado sobre las leyes dietéticas judías (kashrut), analizadas desde una perspectiva crítica et metodológica. El título completo es: Die jüdischen Speisegesetze nach ihren verschiedenen Gesichtspunkten, zum ersten Male wissenschaftlich-methodisch geordnet und kritisch beleuchtet (“Las leyes alimentarias judías según sus distintos aspectos, ordenadas por primera vez de forma científica y críticamente iluminadas”). Non hay tal cosa como Juvisechen

Europa Ancestral, ese cruzado sin luces que cita ad Maurice Pinay como si fuera Tito Livio, nos presenta una “fuente incontrovertible”: el Rabino Wiener, autor de Die jüdischen Speisegesetze. Et según él —agárrate, primo— este rabino confiesa que Popea era judía, que el Prefecto de Roma también, et que los hebreos provocaron las persecuciones contra los jesístas ¡Qué revelación! ¡Qué precisión! ¡Qué disparate!

¿Qué dice realmente Die jüdischen Speisegesetze?

La obra de Adolf Wiener, publicada en 1895, non es un tratado de historia romana, ni una crónica de persecuciones, ni una biografía de Popea. Es un estudio crítico sobre las leyes alimentarias judías (kashrut) y su evolución. Wiener analiza —con sarcasmo et erudición— cómo ciertas normas rituales non existían en tiempos bíblicos, et cómo los textos rabínicos posteriores intentan justificar prácticas que non tienen base en la Ley. Fabla de cuervos trayendo carne impura al profeta Elías. Critica la falta de coherencia entre los sacrificios de Salomón et la observancia del Yom Kipur. Se burla de la “sofística rabínica” que intenta encubrir contradicciones. Pero en ningún momento dice que Popea era judía. Ni que los rabinos ordenaron matanzas. Ni que el Imperio fue manipulado por la sinagoga.

Pinay, a través de Albanés, toma una obra sobre comida y la convierte en un acta de conspiración imperial. Es como citar un recetario para probar que César fue envenenado con hummus.

¿Popea Sabina, emperatriz judía?

Non hay evidencia de que Popea fuera judía. Josefo menciona que simpatizaba con el judaísmo, lo cual non es lo mismo. En Roma, simpatizar con religiones orientales era común entre las élites. Pero no hay conversión, ni práctica ritual, ni vínculo comunitario. Decir que era “judía” es una extrapolación sin base, útil para alimentar el mito del complot, pero inútil para entender la historia.

¿Et el Rabino Jehuda que ordenó matar cristianos?

¡Por Júpiter! Eso non lo dice Wiener. Ni el Talmud. Ni ninguna fuente romana, cristiana o judía. Es una invención grotesca, digna de un panfleto medieval. Los rabinos no tenían poder político en Roma. Y los Papas Cayo y Marcelino no fueron ejecutados por orden rabínica, sino por conflictos internos et persecuciones imperiales.

Aquí la fuente es aún más delirante: Die Polemik und das Menschenopfer des Rabbinismus de August Rohling, un sacerdote católico del siglo XIX conocido por su antisemitismo explícito. Rohling non cita fuentes rabínicas antiguas, ni documentos imperiales, ni testimonios contemporáneos. Cita leyendas, distorsiones medievales et su propia imaginación. Et Albanés, fiel a su estilo, lo presenta como si fuera una fuente rabínica. Et Pinay, como buen alquimista del pie de página, lo convierte en “testimonio incontrovertible” ¿Resultado? Una cadena de citas donde ninguno de los autores vivió en Roma, leyó ad Tácito, ni conoció ad un rabino real.

¿Et qué face Europa Ancestral?

Europa Ancestral, ese blog que huele ad incienso rancio et cruzada frustrada, cita ad Maurice Pinay como si fuera Tito Livio. Non importa que el libro sea un panfleto sin rigor, sin fuentes, sin método. Lo importante es que dice “masones” et “judíos”. Et eso basta para que Europa Ancestral se excite como monaguillo en procesión. Ese papista sin papa, ese defensor de una Iglesia que ya lo excomulgó en espíritu. Cita ad Pinay como si fuera Agustín, sin notar que está repitiendo una cadena de distorsiones que empieza en un recetario et termina en una novela de persecuciones inventadas. Nunca cita ad Suetonio, ni ad Tácito, ni ad Dion Casio. Nunca recurre ad fuentes de época. Todo lo que cita son textos del siglo XIX, saturados de propaganda, anacronismo et cruzada frustrada.

¿Qué dice la historia real?

Los romanos eran tolerantes en materia religiosa, sí, pero también eran autoritarios. Las persecuciones contra cristianos fueron impulsadas por razones políticas, non por conspiraciones hebreas.
Los judíos en Roma eran una minoría protegida, con privilegios legales desde tiempos de Julio César. Non tenían poder para manipular al emperador.
Tertuliano y Orosio, citados por Pinay, escriben siglos después de los hechos, et lo facen desde una perspectiva apologética, non historiográfica.

Así que non, los judíos non provocaron las persecuciones jesista so Nerón. Eso es una imbecilidad histórica, una calumnia lefebvrevista, et una vergüenza intelectual. Et Maurice Pinay, lejos de eser una fuente, es una caricatura con sotana.

Es cierto que muchos auctores romanos criticaron ad Nerón. Tácito, Suetonio, Dión Casio et Plinio el Viejo lo retratan como tirano, crudel et desequilibrado. Pero Europa Ancestral olvida que la crítica vino de la élite senatorial, non del pueblo. Tras su muerte, el pueblo ploró ad Nerón, adornó su tumba con flores, et augustos como Otón intentaron capitalizar su imagen, incluso adoptando su nombre.

Et aunque el cristianismo era aún una secta marginal, sí contribuyó a su leyenda negra. Los cristianos lo consideraban el Anticristo, la Bestia del Apocalipsis, el perseguidor de Cefas et Saulo. Así que non, non fue solo la crítica patriciana: la demonización jesísta también fizo su parte.

Europa Ancestral cita ad Epícteto como si fuera un cronista de la corte, describiendo ad Nerón como “mimado, iracundo e infeliz”. Lamentablemente, non hay ninguna cita directa de Epícteto que diga eso. Es cierto que Epícteto fue captivo de Epafrodito, un liberto de Nerón, pero eso non lo convierte en su biógrafo. Si vamos ad citar ad los estoicos, al menos que sea con fuentes reales et non con invenciones de sobremesa.

Aquí sí hay algo de verdad. Séneca fue tutor de Nerón, redactó el discurso que justificó el matricidio de Agripina, y luego intentó retirarse cuando el emperador se volvió más tiránico. Nerón non se lo permitió. Finalmente, tras la conspiración de Pisón, Séneca fue obligado a suicidarse. Se abrió las venas, bebió cicuta, et murió en un baño caliente. Trágico, sí. Pero también una muestra de la brutalidad imperial, non de una conspiración judía ni de una moral cristiana.

La guinda del pastel: “Nerón se convirtió al judaísmo en el 66 d.C.”. Esto proviene del Talmud, específicamente del tratado Gittin. Es un relato legendario, compilado siglos después, que cuenta cómo Nerón, al darse cuenta de que esería usado por Dios para destruir Jerusalén et luego castigado, escapa et se convierte en prosélito ¿Histórico? Non. ¿Simbólico? Sí. ¿Divertido? Absolutamente.

Et como si fuera poco, el Talmud añade que el rabino Meir descendía de Nerón. ¿Qué facemos con eso? ¿Lo metemos en el currículum imperial? ¿Lo usamos para justificar que Nerón era un sabio encubierto? Non. Lo aceptamos como lo que es: una leyenda rabínica con sabor ad ironía histórica.

El problema de la memoria selectiva

Europa Ancestral parece olvidar que la historia no es un tribunal moral con veredicto unánime. Es un campo de batalla de interpretaciones. Que Tácito et Suetonio lo odiaran no significa que todos lo ficieran. Que Séneca se decepcionara non borra que durante años lo consideró un príncipe ideal. Que matara ad la su madre non lo convierte automáticamente en un demonio —al menos non más que otros augustos que ficieron lo mismo sin tanto escándalo.

Et si vamos ad fablar de “barbaridades”, ¿Qué facemos con las cruzadas, las hogueras inquisitoriales, las guerras santas, las persecuciones medievales? ¿Eso no cuenta como “vicio e inmoralidad”? ¿O es que cuando se face en nombre de la menorá de Jesús con forma de cruz, deja de eserlo?

Idealizar ad Nerón sería absurdo. Pero reducirlo ad un villano de opereta también lo es. Fue un emperador complejo, contradictorio, brillante et brutal. Como tantos otros. Lo que molesta de Nerón non es solo lo que fizo, sino lo que representa: un poder que non se somete a la moral del rebaño, una figura que desafía el relato lineal de la virtud cristiana, un símbolo de una Roma que aún no se había arrodillado.

Et si el Talmud lo convierte en judío, si el pueblo lo plora, si los emperadores lo imitan, si los filósofos lo elogian et luego lo temen… entonces quizá Nerón non fue un monstruo. Quizá fue, simplemente, demasiado humano para la historia oficial. Et eso, para algunos, es imperdonable.

Europa Ancestral ha intentado construir una narrativa donde Nerón es el villano absoluto, los judíos son los titiriteros, los jesístas son irrelevantes, et los neopaganos son degenerados. Pero la historia —la real— es más compleja, más ambigua et mucho más interesante.

La persecución jesísta non fue instigada por Popea. La conversión de Nerón es una leyenda. La crítica a su reinado fue real, pero no unánime. Et si vamos ad juzgar el pasado, al menos que sea con fuentes, non con prejuicios.

Porque si algo nos enseña Nerón, es esto: la historia no es un sermón. Es una tragedia con coro dionisíaco. Et ad veces, también una comedia.

Et, Nerón. El emperador que la historia convirtió en monstruo, en símbolo de la decadencia, en caricatura de la crueldad. Pero como suele ocurrir con los personajes que incomodan, su leyenda está hecha más de rumor que de realidad, más de pluma senatorial que de hechos comprobados. Porque si uno se atreve a mirar más allá del retrato infame, lo que aparece es una figura mucho más ambigua, más humana, más incómoda para la narrativa oficial.

 1. Un legado que non se borró

Empecemos por lo que non cuadra con el mito: su legado. El emperador Trajano, considerado el optimus princeps, llegó a decir que los primeros cinco años de Nerón —el famoso quinquennium— superaban la obra de todos los demás emperadores. ¿Un monstruo que dejó una era dorada? Curioso.

Et non, non se le aplicó damnatio memoriae. Su funeral fue espléndido, sus estatuas reaparecieron, sus actos non fueron anulados ¿Eso se face con un tirano odiado por todos? Difícil de sostener.

Más aún: su nombre siguió vivo durante siglos. En Roma y en Oriente circulaban leyendas sobre su regreso, como si fuera un héroe esperado. Otón fue aclamado como “Nerón-Otón”. Los partos lo honraban. Los baños que construyó siguieron llamándose thermae Neronianae durante cuatro siglos. Y en Grecia, su exención de impuestos fue recordada como un acto noble. ¿Qué clase de monstruo deja ese tipo de huella?

El Gran Incendio de Roma en el 64 d.C. es el episodio más citado para condenarlo. Pero ¿qué dicen las fuentes? Tácito, el más crítico de todos, admite que non se sabe si Nerón fue culpable. Marcial et Josefo, contemporáneos, non lo acusan. El resentimiento del pueblo non fue por el fuego, sino por su afición a cantar mientras ardía la ciudad (aunque se sabe que él non estaba en Roma en cuando sucedio) et por las construcciones posteriores.

Nerón ni siquiera estaba en Roma cuando comenzó el incendio. Las fuentes coinciden en que se encontraba en Antium (Anzio), su ciudad natal, cuando estalló el fuego la noche del 18 al 19 de julio del 64 d.C. Solo regresó ad la capital cuando las flamas amenazaban la su propia residencia.

Una vez en Roma, Nerón tomó medidas inmediatas: Abrió el Campo de Marte y los monumentos de Agripa para albergar ad los damnificados, ofreció sus propios jardines como refugio, ordenó la construcción de alojamientos temporales, trajo provisiones desde Ostia y otras ciudades, y redujo el precio del trigo. Pero a pesar de estos esfuerzos, el rumor de que había cantado la destrucción de Troya mientras la ciudad ardía —quizá desde la Torre de Mecenas, vestido con atuendo teatral— se propagó con fuerza. Nueve meses después, un oficial de su guardia, Sulpicio Aspro, lo acusó formalmente de eser el incendiario.

En resumen: Nerón no estaba en Roma cuando comenzó el incendio. Su reputación fue arrasada no por los hechos, sino por la sospecha, el resentimiento y su conocida afición a la escena.

Sí, un tribuno lo acusó de incendiario en su cara. Pero eso prueba que el rumor circulaba, non que fuera cierto. Et si hasta Tácito duda, ¿por qué nosotros non?

Tácito dice que Nerón mató ad Popea de una patada. Pero también dice que non cree en la versión del veneno, porque Nerón estaba ansioso por tener fijos et la amaba profundamente ¿Entonces? ¿Fue un arrebato, una tragedia doméstica, o simplemente una historia útil para reforzar la fabula?

Después de matar ad su madre, Nerón fue clemente con quienes lo criticaban. Non permitió que los casos contra los que lo acusaban llegaran a juicio. Toleró burlas, libelos, sátiras. Et rechazó los honores divinos, non solo al principio, sino incluso una década después ¿Eso face un hombre que se cree dios?

Sus actuaciones como citarista y auriga fueron condenadas por los patricios, sí. Pero el pueblo y los milites las aplaudían. Nerón apelaba ad precedentes antiguos: Apolo, los reyes grecos. Non era un bufón: era un artista. Et eso, para la élite romana, era imperdonable.

La imagen de Nerón viene de Tácito, Suetonio et Dión Casio. Todos escribieron después de su muerte. Todos se basaron en relatos de Plinio el Viejo et Fabio Rústico, abiertamente hostiles. Et todos convirtieron rumores en fechos. Incluso Tácito, al fablar del supuesto incesto con Agripina, cita ad Rústico pero rechaza su versión por eser incongruente con el carácter de Agripina et contrario ad la creencia popular.

La historia de Nerón fue escrita por sus enemigos. Et como toda historia escrita por los vencedores, hay que legerla con cuidado.

Conclusión: ¿infame o incomprehendido?

La infamia de Nerón non se sostiene sin matices. Fue odiado por la élite, pero amado por el pueblo. Fue acusado de crímenes, pero muchos de ellos son dudosos. Fue extravagante, sí, pero también clemente, creativo, et profundamente humano.

Quizá Nerón non fue un santo. Pero tampoco fue el demonio que la historia oficial nos vendió. Fue un emperador que incomodó, que rompió moldes, que se atrevió ad eser distinto. Et eso, en Roma, era el peor de los crímenes. Porque si algo nos enseña Nerón, es que la infamia non siempre nace de los fechos. A veces nasce del miedo ad la diferencia.

[Europa Ancestral:] Quiero nombrar a Calígula muy brevemente, ya que reinó desde el año 37 al 41 d.c. con lo cual no hubo relación alguna con el cristianismo ya que éste se encontraba en la primera década de su existencia y aun no había llegado con fuerza a Roma. Pero me ha hecho mucha gracia que Nordic Thunder lo nombrase en sus artículos erigiéndolo como un brillante césar que fue víctima de la judería, superando así incluso a la industria de Hollywood en cuanto a imaginación. De todos es sabido su mala imagen, intentó hacer creer a todos que era un dios, se enamoró de su propia hermana, se acostaba con las esposas de sus súbditos, mataba por diversión, etc; según Nordic se debe a que los historiadores que escribieron sobre él eran todos judíos… Nada más lejos de la realidad, puesto que Séneca, Suetonio y Dion Casio que fueron los historiadores que más escribieron sobre Calígula, eran romanos de pura cepa, de familias de alta alcurnia [5]. Tan sólo Filón de Alejandría era judío y escribió poco sobre Calígula, de hecho fue el que lo criticó menos haciendo alusión únicamente a su vanidad por un encuentro que tuvieron, mientras que las acusaciones y críticas más graves fueron obra de los historiadores romanos citados anteriormente. La mala fama de Calígula aunque puede que haya sido exagerada, fue obra de los propios romanos, no de extranjeros, con este tipo de manipulaciones históricas tan burdas podemos ver a que niveles puede llegar el fanatismo y la ignorancia.

Aprovechamos para romper una lanza en favor de Calígula, ya que es sin duda un personaje demasiado demonizado por la historia. Muchas de sus malas acciones evidentemente son inexcusables pero también cabe destacar que en gran parte su comportamiento se debió probablemente a todas las desgracias que había tenido que soportar antes de convertirse en emperador, así como a las circunstancias que le rodearon durante su reinado, y es muy probable que algunas de las críticas que llovieron sobre él fuesen exageraciones, desdeluego no se puede comparar con el niñato malcriado de Nerón.

Europa Ancestral se propone “nombrar muy brevemente” a Calígula, pero en ese breve espacio logra condensar una serie de errores, exageraciones y simplificaciones que merecen ser corregidas. Lo que presenta como “sabido por todos” es, en realidad, una mezcla de tópicos heredados, juicios morales sin contexto y una lectura acrítica de fuentes que, por su propia naturaleza, deben ser tratadas con cautela.

1. Jesísmo et Calígula: sin relación, pero irrelevante

Es cierto que el cristianismo non tuvo una presencia significativa durante el reinado de Calígula (37–41 E.V.). El movimiento apenas comenzaba y no había llegado con fuerza ad Roma. Pero este dato, aunque correcto, es irrelevante para evaluar su figura. La crítica a Calígula no proviene de fuentes cristianas, ni su reputación se construyó en oposición al cristianismo. Su imagen negativa se consolidó mucho antes de que el cristianismo tuviera peso político o cultural.

2. ¿Un príncipe “loco et cruel”? El monstruo fabricado

Las acusaciones contra Calígula —que se creía dios, que cometía incesto, que mataba por diversión— provienen de fuentes romanas como Suetonio, Dion Casio et Séneca. Pero estas fuentes non son neutrales. Suetonio, por ejemplo, divide su biografía en dos partes: el “príncipe” et el “monstruo”. Esta estructura non es casual: busca construir un ejemplo negativo, una figura que encarne todos los vicios que la aristocracia romana temía en el poder imperial.

Calígula fue un emperador que intentó redefinir el papel del príncipe, alejándose del modelo moderado de Augusto. Amplió el palacio imperial, absorbió el Templo de Cástor et Pólux, et promovió su propia imagen divina. Esto non era insania: era una estrategia política para debilitar ad la aristocracia et consolidar su autocracia. Que los senadores lo odiaran non lo convierte en un tirano: lo convierte en un rival.

3. Incesto, crueldad et escándalo: ¿fuentes o ficción?

Las acusaciones de incesto con sus germanas, de prostituirlas et luego desterrarlas, provienen de Suetonio et Dion Casio. Pero incluso estas fuentes admiten que muchas de las acusaciones se basaban en rumores, en libelos, en comentarios de la élite. Calígula promovía la imagen de sus germanas como parte de su fidalguía, lo que escandalizaba ad los senadores, pero non necesariamente implicaba relaciones sexuales.

La idea de que “mataba por diversión” es una simplificación grotesca. Sí, hubo ejecuciones. Sí, hubo crueldad. Pero también hubo reformas, espectáculos públicos, generosidad con el pueblo. La imagen del emperador sádico es una construcción literaria, non un retrato histórico.

4. ¿Historiadores judíos? Non, romanos con agenda

Europa Ancestral se burla de la idea de que la mala fama de Calígula proviene de historiadores judíos. Y tiene razón: la mayoría de los autores que escribieron sobre él eran romanos. Suetonio, Dion Casio, Séneca: todos miembros de la élite romana. Pero eso non los face objetivos. Al contrario: su posición social los facía profundamente hostiles ad cualquier príncipe que desafiara el orden senatorial.

Filón de Alejandría, el único autor judío citado, escribió poco sobre Calígula. Su obra Embajada ante Cayo describe un encuentro con el príncipe, donde lo retrata como vanidoso y autocrático, especialmente tras una enfermedad que cambió su carácter. Pero incluso Filón, que lo cognoció personalmente, no lo describe como un monstruo, sino como un príncipe que se volvió más auctoritario.

5. La difamación como estrategia política

La imagen de Calígula como “totalización del mal” no es una descripción histórica: es una construcción ideológica. Tácito lo dijo claramente: los historiadores adulaban a los emperadores vivos y los difamaban cuando estaban muertos. Suetonio, escribiendo so augustos posteriores, tenía todo el interés en mostrar ad Calígula como el ejemplo de lo que non debía eser un príncipe.

La paridad romana necesitaba figuras negativas para justificar su propia visión del poder. Calígula, que desafiaba esa visión, fue convertido en monstruo. Pero si uno lee las fuentes con cuidado, lo que aparece non es un demente, sino un emperador que rompió el molde, que incomodó, que se atrevió ad eser distinto.

Conclusión: Calígula, entre mito et poder

La mala fama de Calígula non fue obra de “la judería”, pero tampoco fue una verdad objetiva construida por historiadores imparciales. Fue una narrativa política, escrita por senadores et moralistas que veían en él una amenaza. Que cometiera excesos, nadie lo niega. Pero que su figura haya sido exagerada, manipulada et convertida en caricatura, es un fecho.

Europa Ancestral, al repetir sin matices esa caricatura, no hace historia: hace propaganda. Y si algo nos enseña Calígula, es que el poder que incomoda siempre será convertido en monstruo por quienes lo temen.

[Europa Ancestral:] En cuanto a la decadencia del Imperio Romano en lo político, es independiente y ajena al cristianismo y su ascenso. La decadencia de Roma empezó con las crisis del siglo III [6], con las constantes sucesiones de emperadores y sus luchas conspirativas para hacerse con el poder, la anarquía militar, la hiperinflación y el fraccionamiento del Imperio en el año 271. El cristianismo en todo caso trajo estabilidad al Imperio Romano con el emperador Constantino, que logró aplacar las crisis del siglo III uniendo otra vez el Imperio y ampliando sus dominios, estabilidad que por cierto fue quebrada en cierta medida por el emperador Juliano que era pagano (quería reimplantar un paganismo con tintes cristianos) y durante los pocos años que estuvo en el poder generó importantes conflictos en el corazón del Imperio y en el ejército. 
Ah, Europa Ancestral, siempre tan valiente en sus afirmaciones y tan tímido con las fuentes. Decir que la decadencia cívica del Imperio Romano fue “independiente y ajena al cristianismo” es como afirmar que el Titanic se hundió por exceso de champán. Vamos ad desmenuzar esta joya de revisionismo con la sorna que merece.

 1. “La decadencia fue ajena al cristianismo” — ¿Et Cielo también es ajeno ad las nubes?

Europa Ancestral nos asegura —con la serenidad de quien nunca ha leído a Gibbon ni a Zósimo ni a Celso— que el cristianismo no tuvo nada que ver con la caída de Roma. Claro, porque cuando los emperadores dejaron de comandar legiones para presidir sínodos, eso no afectó la política. Cuando el clero cristiano absorbió los recursos del Estado para construir templos y alimentar monjes, eso non drenó el tesoro. Et cuando las disputas teológicas convirtieron al Imperio en un campo de batalla doctrinal, eso no dividió a la sociedad. Todo muy estable, sí. Roma cayó por exceso de mármol, non por falta de virtud.

Pero la historia —esa cosa incómoda que no se acomoda a los dogmas— dice otra cosa.

 
Si consideramos seriamente la pureza de la religión cristiana, la santidad de sus mandamientos y la vida inocente y austera de la mayoría de los que en los primeros siglos abrazaron la fe del Evangelio, era de suponer que doctrina tan benéfica debía merecer respeto, aun entre los incrédulos; que los literatos y cultos, por más que se burlasen de los milagros, apreciarían las virtudes de la nueva secta, y que los magistrados, en vez de perseguir, ampararían a una clase de gente que rendía obediencia a las leyes, aunque se desentendiera de las actividades de la guerra y del gobierno. Si consideramos, por otra parte, la tolerancia universal del politeísmo, que se mantuvo inalterable, con la fe del pueblo, la incredulidad de los filósofos y la política del Senado romano y los emperadores, no acertamos a descubrir la nueva ofensa de los cristianos y la nueva provocación que pudiera exasperar la indiferencia. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano I, Edward Gibbon. 

Antes de que se legalizara, el jesísmo ya era visto como una superstitio iudaica, una secta profundamente anti-romana. Celso lo describió como una “raza nueva de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, coligados contra todas las instituciones religiosas y civiles”. ¿Et qué fizo esta raza nueva? Reemplazó el orgullo cívico por la salvación personal, la disciplina por la obediencia ciega, la fuerza por la mansedumbre, y la virtud por la culpa.

El historiador eclesiástico Teodoreto, escribiendo en el siglo V, afirma que Constantino ordenó a los gobernadores de todo el imperio proporcionar subsidios para las vírgenes, las viudas y el clero, que triplicaban la cantidad de su época, una cantidad que, según él, seguía siendo abundante. En un momento tenso durante su reunión con Constantino, Eusebio de Nicomedia se burló de Atanasio por intentar presentarse ante Constantino como un clérigo pobre y humilde, respondiendo que el obispo de Alejandría era, de hecho, «un hombre rico, poderoso y capaz de todo». Al insistir en su pobreza personal, Atanasio se mostraba convenientemente obtuso. Sus recursos como obispo, no su riqueza personal, eran la cuestión. Para hacerse una idea de cómo serían esos recursos, basta con consultar la lista de artículos que un sucesor de Atanasio, Cirilo, llevó consigo como sobornos al Concilio de Éfeso un siglo después: un tesoro incalculable en lino y lujosos muebles para prefectos y chambelanes, por no mencionar dos mil quinientas libras de oro para aliviar la carga de otros funcionarios de la corte. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Los recursos dedicados a este propósito podían ser sustanciales, como lo indican los registros del Liber Pontificalis, así como la carta de Juliano a Arsacio. Si bien aumentaron considerablemente la capacidad de los obispos para cuidar de los pobres, estos recursos también les proporcionaron la capacidad de expandir considerablemente sus redes de patrocinio, lo que ayudó a convertirlos en grandes ciudades como Alejandría en un virtual contragobierno. Para la astuta mirada de Juliano, en cualquier caso, esta acción explicaba gran parte del éxito que el cristianismo disfrutó en su época. Si aquí también la agenda de Constantino era al menos tan social como religiosa, tanto el poder como los recursos que caracterizaron a la iglesia en años posteriores serían mejor vistos como consecuencias imprevistas de una agenda diferente. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Nietzsche lo clamó “el vampiro del Imperio Romano”, que en una noche aniquiló la obra ingente de siglos. Et non lo dijo por capricho: lo dijo porque el jesísmo se opuso a todo lo altivo, lo soberbio y —sobre todo— lo fermoso.

Los jesístas se negaban ad servir en el ejército. En una época donde el reclutamiento era desesperado, eso no era una objeción de conciencia: era una objeción al Imperio. Gibbon lo vio claro: el clero predicó la paciencia y la pusilanimidad, y los últimos vestigios de la bizarría militar se hundieron en el claustro.

Et mientras tanto, los obispos construían una república interna, con sus propias leyes, sus propios tesoros, y su propia jerarquía. ¿Un Estado dentro del Estado? No, según Europa Ancestral. Solo una coincidencia teológica.

Con Constantino, la Iglesia se convirtió en una aspiradora de oro. El Edicto de Milán permitió legar fortunas a la Iglesia, y Constantino, generoso como un emperador que compra el cielo, donó tierras, metales preciosos y privilegios. Solo ad la Iglesia papista le entregó más de una tonelada de oro et cuasi diez de plata ¿Infraestructura? ¿Defensa? Non, gracias. Mejor monasterios et bocas ociosas.

Menos sereno que el ideal de Eusebio Constantino, Juliano exclamó en una carta que informaba sobre esta comunicación que los «líderes de los galileos», como él llamaba a los obispos, «no escatiman esfuerzos y tienen la osadía de incitar al pueblo al desorden y la revuelta». Juliano pudo haber malinterpretado deliberadamente, en este caso, el genuino deseo de un obispo de mantener la paz. Pero acertó al ver que el poder para mantener la paz es también el poder para destruirla. Con los recursos del patronazgo enormemente incrementados por las redistribuciones de Constantino, los obispos contaban con un sólido apoyo popular que los hacía indispensables para mantener el delicado equilibrio necesario para la tranquilidad urbana. El emperador ya no podía ignorar sus preocupaciones: eso era lo que realmente irritaba a Juliano. Sin duda, esta fue una consecuencia no deseada del programa social de Constantino. El emperador jamás habría podido anticipar, y mucho menos pretendido, que los recursos del patronazgo que destinó a los obispos les permitirían desarrollar redes políticas que los convertirían en rivales de las élites locales e incluso del propio emperador. El verdadero Constantino, a diferencia del emperador ideal del retrato de Eusebio, no fue mucho más comedido que su sobrino más tarde cuando Arrio lanzó una amenaza similar (o al menos lo que Constantino interpretó como una amenaza), afirmando: “Tenemos a las masas”. En respuesta a “Ares Arrio”, Constantino amenazó: “Yo mismo, dije, avanzaré, yo que he estado acostumbrado a poner fin a las guerras de hombres insensatos”. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Mientras Roma se desmoronaba entre invasiones, inflación et emperadores que duraban menos que una estatua sin pedestal, la Iglesia ascendía como el único poder público en crecimiento. Non por milagros, sino por privilegios, propiedades y una burocracia tan extensa como bien remunerada. Pero según Europa Ancestral, eso non tiene nihilo que ver con la decadencia imperial. Es solo una coincidencia celestial. Como si el obispo de Roma se volviera más rico que los reyes por obra del Espíritu Santo… et non por el fisco. 

Constantino non trajo paz: trajo sínodos. Las disputas sobre la naturaleza del Anticristo se convirtieron en asuntos imperiales. Los príncipes dejaron los campamentos para encaminarse ad los concilios. Las carreteras se plenaron de obispos, et el sistema de postas colapsó bajo el peso de la teología.

Et cuando el jesísmo se legalizó, comenzó la persecución… pero esta vez contra los gentiles. Templos destruidos, libros (simonianos incluidos) quemados, filósofos silenciados. El obispados estimuló el fervor al PapaP, et la mafia papista fizo el resto ¿Genocidio cultural? Non, según Europa Ancestral. Solo una limpieza espiritual.

La idea de que la decadencia política fue ajena al cristianismo es tan absurda como decir que el incendio no tiene relación con el humo. El cristianismo fue un factor endógeno, corrosivo y decisivo. Socavó la mentalidad romana, drenó los recursos del Estado, y convirtió la política en teología.

Europa Ancestral puede seguir repitiendo que el cristianismo trajo estabilidad. Pero la historia —esa vieja pagana que no se deja catequizar— sigue diciendo que lo que trajo fue división, debilidad y ruina. Porque si algo destruyó Roma, no fue la espada del bárbaro. Fue la cruz, convertida en cetro, y el dogma, convertido en ley.

2. “La decadencia empezó en el siglo III” — ¿Et antes qué, vacaciones?

Sí, la Crisis del Siglo III fue un desastre: emperadores como champiñones, inflación galopante, guerras civiles. Pero decir que la decadencia empezó ahí es como decir que la enfermedad empieza con el vómito. El cuerpo romano ya estaba enfermo desde antes: declive cultural, pérdida de cohesión, corrupción administrativa, et una aristocracia que prefería el ocio a la virtud.

Et mientras tanto, el jesísmo crecía como hiedra en los muros del templo, ofreciendo salvación personal en lugar de deber cívico. Pero non, según Europa Ancestral, todo iba bien hasta que los príncipes empezaron ad pelearse. Qué conveniente.

3. “Constantino trajo estabilidad” — ¿Con qué, con incienso et censura?

Ah, Constantino, el gran pacificador. El que desmanteló la Tetrarquía, fundó una nueva capital, y convirtió la Iglesia en el nuevo Senado. Su conversión fue tan espiritual como una reforma fiscal: vio en la Papistica una máquina bien engrasada para principar. Et vaya que la usó.

¿Estabilidad? Lo que trajo fue una nueva clase dominante —el clero—, una nueva forma de tiranía —la teocracia imperial—, et una nueva fuente de conflictos —las disputas teológicas que antes eran sectarias et ahora eran imperiales. Arrianismo, donatismo, nestorianismo: todos con sello oficial. Et mientras tanto, los emperadores dejaron de comandar ejércitos para debatir la naturaleza de Jesucristo.

Zósimo, que non se tragaba el incienso, lo dijo claro: “Constantino fue el origen y principio de la actual destrucción del imperio.” Pero Europa Ancestral prefiere verlo como Jorge de Capadocia que mató al dragón del siglo III. Qué épico.

4. “Juliano quería un paganismo con tintes cristianos” — ¿Et también unicornio con alas?

Juliano, el apóstata, el filósofo, el reformador. Según Europa Ancestral, quería un paganismo con tintes cristianos ¿Qué significa eso? ¿Sacrificios con salmos? ¿Oráculos con evangelios? Non, Juliano quería restaurar el etnicismo clásico, con toda su dignidad filosófica et su estructura cívica.

Ah, qué espectáculo el que nos ofrecerá el papista de turno al afirmar que Juliano, el último defensor del latinismo, quiso copiar la Iglesia papista ¡Como si el Principado Romano necesitara tutoriales eclesiásticos para saber cómo organizarse! Según esta lógica, Júpiter aprendió administración de Ambrosio de Milán, et el Senado romano se inspiró en el Concilio de Nicea. Vamos, que si seguimos así, pronto dirán que el Foro fue una parroquia mal iluminada. 

Juliano non imitó ad la Iglesia — la Iglesia imitó ad Roma

Et lo hizo con entusiasmo, como quien copia en un examen pero luego presume de originalidad.

La idea de que Juliano “copió” la estructura del jesísmo es tan absurda como decir que el Coliseo fue inspirado por el Templo de Salomón. Lo que Juliano fizo fue recuperar lo que ya era romano, lo que existía siglos antes de que el cristianismo saliera del anonimato et empezara ad facer networking espiritual.

¿Ordenes? Roma ya tenía el ordo senatorum, el ordo equitum, et toda una maquinaria social bien aceitadita. La Iglesia simplemente rebautizó ad sus cargos como ordo eclesiástico et los colocó por encima de la plebs fidelium. Porque si vas ad predicar humildad, mejor hacerlo desde arriba.

¿Títulos? El Catholikos non nació en Jerusalén ni en Antioquía: era un burócrata fiscal romano. El vicarius Christi, que hoy adorna al Papa como si fuera una medalla divina, era antes un título imperial. Et el summus pontifex, que suena tan sagrado, era el jefe del culto estatal romano. ¿Qui imita ad qui? Pues eso.

La Iglesia se romanizó con gusto

Adoptó divisiones territoriales, jerarquías administrativas, funciones civiles et hasta el prestigio geográfico. El obispo de Constantinopla, que antes non figuraba ni en las quinielas, fue ascendido ad Patriarca solo porque vivía en la “nueva Roma”. Meritocracia celestial, versión imperial.

Un argumento similar puede aplicarse al cristianismo. La cristianización, primero del mundo mediterráneo y luego de las regiones más amplias de Europa central, oriental y septentrional durante el primer milenio, se considera a veces una transformación que no se vio afectada en absoluto por la caída de Roma. Si bien esta idea tiene algo de cierto, también puede resultar engañosa. La religión cristiana siempre ha evolucionado, sobre todo institucionalmente, en función de los contextos contemporáneos. Como vimos en el capítulo 3, la romanización del cristianismo fue un fenómeno histórico tan importante como la cristianización del Imperio. Gracias al emperador Constantino y sus sucesores, las reuniones de líderes cristianos, financiadas por el Imperio, pudieron definir la mayor parte de las doctrinas de la religión desde principios del siglo IV. La Iglesia también desarrolló una jerarquía muy particular de obispos, arzobispos y patriarcas, cuyas ubicaciones geográficas reflejaban en gran medida la estructura administrativa del Imperio, compuesta por capitales locales y regionales. Los emperadores romanos cristianos no se retractaron en absoluto de la afirmación de sus predecesores paganos de haber sido designados por la Divinidad; simplemente la reidentificaron como el Dios cristiano. Así pues, según su parecer, tenían todo el derecho a inmiscuirse en el funcionamiento de la Iglesia a todos los niveles. Y, en efecto, lo hicieron, convocando concilios, promulgando leyes e interfiriendo en los nombramientos de altos cargos. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather.

Et no se detuvo ahí. Absorbió prácticas paganas como quien hace sincretismo con cucharón. El culto a los santos, con velas encendidas en pleno día, reliquias mágicas et fiestas que parecían más bacanales que liturgias, tenía más de Roma que de Nazaret. Pablo mismo, al predicar, usó filosofía griega, ley natural et conciencia estoica. La Iglesia tomó las armas del paganismo —la palabra— et las usó para su defensa. Et para su expansión.

Política y Cristianismo
La alianza entre la Iglesia y el Estado impregnó la historia del Bajo Imperio. Tras Constantino, la organización jerárquica de la Iglesia se basó en el sistema provincial romano. Cada ciudad tenía su propio obispo, cuya diócesis abarcaba todas las aldeas y pequeños asentamientos de su territorio. El obispo era responsable del nombramiento de los sacerdotes de las aldeas. En algunas zonas de Asia Menor central existían también obispos rurales, corepiscopos, responsables de extensas áreas de tierras donde no había ciudades. A la cabeza de la Iglesia en cada provincia se encontraba el obispo metropolitano. Según las resoluciones del Concilio de Antioquía en 341, era responsable de convocar reuniones semestrales de los obispos subordinados para regular los asuntos eclesiásticos. Los obispos poseían una autoridad considerable. Eran, por definición, altos cargos eclesiásticos, que habían ocupado puestos inferiores en la jerarquía eclesiástica antes de acceder al cargo. Al menos en teoría, eran elegidos mediante un procedimiento que tenía en cuenta las opiniones tanto del pueblo como del alto clero. Un candidato era aclamado por su congregación y su nombramiento confirmado por sus compañeros obispos, generalmente en uno de los concilios provinciales regulares. Es importante distinguir entre el tipo de apoyo del que disponía un obispo y el que recibían los laicos. Además de contar con la red habitual de contactos, derivada de los matrimonios entre aristócratas, la cultura compartida y los lazos de obligación mutua, los obispos gozaban de un fuerte apoyo local del pueblo llano. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell. 

¿Arquitectura? Las primeras iglesias monumentales fueron basílicas romanas con nave central. ¿Tradiciones? Las historias de mártires cristianos se reescribieron como si fueran Sócrates con estigmas. Hasta Minerva fue reciclada como la Virgen María. Todo muy espiritual, pero con mármol et retórica imperial.

La Iglesia actuaba como una eficaz protectora, especialmente de los pobres, y los obispos podían movilizar a grandes multitudes de fieles en momentos de necesidad. La multitudinaria congregación, asediada en la basílica principal de Milán, permitió a Ambrosio vencer a las fuerzas de Valentiniano II y su madre Justina en el año 386. Los trabajadores de la fábrica de armamento y las mujeres de las tejedurías de Cesarea de Capadocia apoyaron a Basilio en su lucha contra Valente y Modesto, el prefecto del pretorio. La estrecha red de poder personal, heredada y desarrollada a lo largo de los siglos, comenzaba a ceder terreno a una forma de política más cruda y rudimentaria. La Iglesia contaba ahora con crecientes recursos; los obispos gozaban de un apoyo leal gracias a la protección que podían ofrecer a su pueblo. Además, y esto es evidente pero importante, los obispos eran líderes religiosos que debían no solo su posición y autoridad, sino también su carácter, a lo que podría denominarse genéricamente su santidad. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell. 

Juliano, ese emperador con toga et nostalgia helénica, intentaba restaurar el orden cívico et religioso que el cristianismo había convertido en burocracia celestial. Reabrió templos, devolvió símbolos sagrados, promovió el culto a Cibeles et Mitra, et hasta organizó beneficencias gentiles para competir con la caridad cristiana. Porque sí, hasta la filantropía fue campo de batalla.

la Iglesia non solo se romanizó, parasito Roma con incienso. Et Juliano, lejos de copiarla, intentó restaurar lo que ella había reciclado. Pero cuando el poder espiritual ya tiene curia, títulos imperiales et redes de beneficencia… es difícil competir. Aunque seas emperador. Aunque seas Juliano.

Beneficencia: Roma lo fizo primo

Et luego está la argucia de que Juliano quiso copiar la “caridad cristiana” ¡Qué ternura! Como si los romanos no supieran lo que era el beneficium, el largitio, el cura pauperum. Como si el cristianismo hubiera inventado la compasión. Dr. Richard Carrier lo dice sin rodeos: “La idea de caridad, bienestar, el bien común, compartir la riqueza, ayudar a los pobres estaba profundamente arraigada en todas las sociedades antiguas antes del cristianismo. Los cristianos no añadieron nada nuevo. Solo presumieron de hacerlo mejor.

Et lo más irónico: los datos muestran que la miseria aumentó so el cefaísmo. Durante cuasi mil años. ¿Eso es lo que Juliano quiso copiar? ¿La inflación papista con déficit social?

Juliano non quiso un “paganismo con tintes cristianos”. Quiso restaurar Roma. Quiso devolverle al culto tradicional su dignidad, su filosofía, su función cívica. Et si usó estructuras similares, fue porque eran romanas, non jesísmo. La Iglesia fue la que se vistió con ropajes imperiales, no al revés.

Así que, querido papista, antes de acusar ad Juliano de plagio, revise su propio archivo. Porque si hay alguien que tomó prestado —con entusiasmo et sin devolución— fue la Iglesia. Et si Juliano parecía “papista”, es porque el papismo ya se había convertido en una copia imperial. Con incienso, sí. Pero con sello romano.

Et, la afirmación de que Juliano “generó importantes conflictos en el cor del Imperio et en el ejército”… Qué elegante manera de culpar al bombero por el incendio que ya ardía cuando él llegó con la cubeta. Vamos ad desmontar esta frase con precisión histórica et un toque de ironía, porque si algo que non fue Juliano, fue el pirómano de Roma. 

¿Conflictos en el cor de la Romania? Sí, pero non como los pintan

Juliano, en sus escasos veinte meses como don, non desató guerras civiles ni revueltas militares. Lo que sí fizo fue lo que ningún emperador desde Diocleciano se atrevía: reformar la corte, la burocracia et la religión. ¿Et eso generó conflictos? Claro. Pero non por capricho, sino porque el Dominio ya estaba pleno de tensiones acumuladas como una caldera sin válvula.

Reforma de la corte: Juliano disolvió la pompa asiática de Constantinopla, redujo el número de servidores y eliminó la ostentación cortesana. ¿Resultado? La élite burocrática se sintió atacada. ¿Conflicto? Sí, pero más parecido a una huelga de secretarios que a una guerra civil. 
Tribunal de Calcedonia: Creó un tribunal para juzgar a los corruptos del régimen anterior. Algunos fueron ejecutados injustamente, lo que generó resentimiento. Pero no fue una purga sangrienta ni una guerra de facciones: fue una limpieza administrativa con errores. 
Reformas religiosas: Juliano intentó restaurar el etnicismo. Exigió la devolución de bienes confiscados por cristianos, prohibió que los maestros cristianos enseñaran cultura clásica, y separó a cristianos de ciertos cargos. ¿Conflicto? Sí, ideológico. ¿Estabilidad quebrada? No más que la que ya estaba hecha trizas por décadas de disputas teológicas.

¿Conflictos en el ejército? Más bien devoción

La idea de que Juliano “generó conflictos en el ejército” es tan falsa como decir que Alejandro Magno fue odiado por sus tropas. Juliano fue proclamado Augusto por sus soldados en Galia, no porque él lo pidiera, sino porque ellos lo exigieron. ¿Motivo? Se negaban ad eser transferidos al frente persa por órdenes de Constancio II ¿Resultado? Un golpe de estado sin derramamiento de sangre. ¿Conflicto? Sí, pero no por culpa de Juliano.

Como César, Juliano fue admirado por su disciplina, austeridad y liderazgo militar. Llevó a sus tropas desde el Rin hasta Asiria, en una campaña ambiciosa contra Persia.
El único “conflicto” militar real fue la expedición contra los partos, que terminó en desastre por causas logísticas y su muerte prematura. Pero hasta ese momento, el ejército lo seguía con fervor.

Decir que Juliano “generó conflictos en el ejército” es como culpar al capitán por la tormenta. El barco ya estaba en alta mar, y él lo navegó con firmeza hasta el último día.

Juliano non quebró la estabilidad — la heredó rota

Juliano non fue el origen del conflicto: fue el intento de solución. Su reinado fue breve, sí, pero pleno de reformas valientes. Los conflictos que surgieron fueron reacciones al cambio, non explosiones provocadas por él. Et en el ejército, lejos de eser un agitador, fue un líder respetado.

¡AVE JULIANO!

En el año 360, Juliano el divino fue proclamado Augusto por sus soldados en Lutecia (París). La mayoría de sus soldados eran galos et teutones, por lo que lo coronaron con una torques y lo alzaron en sus escudos siguiendo la tradición celta. Estaba destinado ad eser el defensor de todas las religiones gentiles nativas del Imperio, non solo como Pontífice Máximo, cabeza de la principal religión romana, sino también de todos los demás cultos regionales. Como teúrgo, creía que el pueblo plano, mediante sus ofrendas devocionales, facilitaba el favor divino. Tampoco consideraba que toda la plebe et los súbditos de Roma tuvieran que eser platónicos como él. Fue gracias ad estos soldados teutones et celtas que Roma cuasi restauró su religión nativa, que para entonces ya era impopular entre las élites urbanas, frecuentemente de ascendencia del Cercano Oriente.

Así que non, Juliano non “generó importantes conflictos”. Lo que fizo fue entrar en una casa en flamas con la intención de reconstruirla, mientras los vecinos gritaban que el fumo era culpa del arquitecto.

Bajo la influencia de los filósofos, Juliano había renunciado a Cristo en favor del paganismo neoplatónico y había afirmado con vehemencia un vínculo indisoluble entre la paideia helénica y las creencias y valores no cristianos. Sin embargo, esos no eran los únicos motivos de preocupación. Su austera e irreprochable vida privada, su sincera devoción a la justicia y su preocupación por el bienestar de sus súbditos, su vigor militar, su odio al despotismo y su aversión a la brutalidad judicial no encajaban con el perfil de un tirano, lo que irritaba aún más a sus oponentes ideológicos. Más allá de la efusiva muestra de afecto de sus súbditos paganos, incluso muchos cristianos comunes lo admiraban a pesar de la violenta condena que recibió por parte de sus propios líderes. En las virulentas invectivas que profirió tras la muerte de Juliano, Gregorio de Nazianzo preguntó: «¿Acaso debemos oír alabanzas a su buena administración del servicio público, la relajación de los impuestos, la acertada elección de magistrados y el castigo del robo?». Todo esto, creía Gregorio, quedaba anulado por la controversia religiosa que Juliano había suscitado. Pero los elogios resultaban aún más irritantes porque probablemente se originaban dentro de la propia congregación del santo. Esto es más revelador que todos los elogios de sus amigos —los platónicos de finales del siglo V todavía databan los acontecimientos a partir de la ascensión de Juliano—, al igual que la reticente admisión de Ambrosio de Milán de que las provincias seguían alabando a Juliano incluso en el año 392. Un historiador bizantino señaló que Juliano «solo él gobernó bien el Imperio romano», colmándolo de elogios y comparándolo con Marco Aurelio. El único defecto que menciona es que Juliano rechazó a Cristo, pero esto también se menciona brevemente al final.< Fueron también los cristianos quienes trasladaron el cuerpo de Juliano de Tarso a Constantinopla, donde fue enterrado junto con el resto de su familia en la iglesia de los Santos Apóstoles. Su tumba aún podía verse (e incluso olerse) en el siglo XII. Allí se le unieron, entre otros, Justiniano y… ¡Gregorio de Nacianzo! Aquí vemos cómo, en cierto modo, la lógica del Estado romano no se vio afectada por el cristianismo: un buen emperador merecía todos los honores. Hellenism in Byzantium: The Transformations of Greek Identity and the Reception of the Classical Tradition, Anthony Kaldellis.

Conclusión: cuando la historia se convierte en catecismo

Europa Ancestral nos ofrece una versión de la historia digna de un mural medieval: el cristianismo como salvador, Constantino como héroe, Juliano como villano. Pero la realidad es más incómoda: el cristianismo fue un factor de división, de debilitamiento, de transformación imperial. Constantino non trajo paz, trajo teocracia. Juliano non fue un insano, fue un visionario.

Et si algo destruyó la civilidad, non fue solo la espada del bárbaro. Fue la menorá, convertida en cruz, et la superstición, convertido en cívica. Pero claro, eso non cabe en la narrativa de Europa Ancestral. Porque cuando la historia se convierte en sermón, la verdad se convierte en herejía.

[Europa Ancestral:] Juliano fue sucedido por Joviano, que era cristiano y fue proclamado emperador por el ejército, éste tomó represalias contra el intento paganizante de Juliano y fue sucedido por Valentiniano I el Grande, que también era cristiano y restauró plenamente la estabilidad heredada del legado de Constantino I. 
La causa concreta y real del fin de Roma no fue por algo abstracto como la cristianización o la decadencia moral de los emperadores paganos, si no por acontecimientos y personajes históricos muy concretos. El primer gran revés que sufrió el Imperio Romano fue el saqueo de Alarico, rey de los visigodos, y la conquista de Cartago por parte de los vándalos comandados por Genserico; pero Roma se volvió a levantar y gracias al gran General Aecio que con la ayuda del visigodo Teodorico unos años más tarde llegó a vencer al rey Atila de los hunos. Atila luego marchó hacia Italia pero después de una serie de saqueos, el Papa Leon I el Magno lo convenció para que no atacara Roma. El golpe definitivo a Roma llegó de la mano de Genserico que con gran astucia política y gracias a su longevidad (murió con 88 años) movió los hilo para ir debilitando a Roma poco a poco pero sin pausa hasta su desaparición, además contó con la involuntaria colaboración del infame emperador Valentiniano III que además de matar a su madre, la gran Gala Placidia, asesinó al general Aecio, protector y salvador de Roma, el único que podría haber devuelto el esplendor al Imperio. Después de esto, Roma pasó a ser cada vez más débil, acabando finalmente en manos de Odoacro, jefe de los hérulos y comandante romano que se hizo con el poder mediante un golpe de estado, acabando así para siempre con el Imperio Romano de Occidente. 

En lo social, la archiconocida decadencia sexual romana, con sus orgías, bacanales, la sodomía y demás costumbres, fue fruto de algunos círculos paganos de Roma, mientras que los cristianos criticaban todas esas prácticas de forma contundente amparados en su recta moral. 

Ah, Europa Ancestral, siempre tan generoso con los títulos y tan escueto con los matices. Afirmar que Valentiniano I “restauró plenamente la estabilidad heredada del legado de Constantino I” es como decir que un terremoto restauró la arquitectura romana: una afirmación audaz, sí, pero no precisamente respaldada por los hechos.

Vamos por partes:

Lo que es cierto (pero non tan glorioso como parece)

, Juliano fue sucedido por Joviano, un papista fervoroso, elegido por el ejército tras la muerte del Apóstata en la campaña persa.
, Joviano revocó las reformas religiosas de Juliano et restauró el jesísmo como religión favorecida.
, Valentiniano I fue papista et sucedió ad Joviano tras su muerte repentina.

Hasta aquí, todo bien. Pero ahora viene la parte donde la narrativa se desmorona como un templo mal cimentado.

Joviano: ¿restaurador o rendido?

Joviano non fue un restaurador del legado de Constantino. Fue, más bien, el príncipe que firmó uno de los tratados más humillantes de la historia romana. Para salvar su pellejo et el de su ejército atrapado en Persia, cedió cinco provincias, incluyendo la estratégica Nisibis, et evacuó fortalezas clave. Fue tan vergonzoso que incluso los cronistas papistas lo mencionan con pudor.

¿Et esa es la “estabilidad” que se supone que restauró? Si eso es estabilidad, entonces la retirada de Roma de Britania fue una mejora logística.

Valentiniano I: el emperador que confundió justicia con decapitación

Ah, Valentiniano I. El emperador que, según algunos papistas entusiastas, fue “el Grande” et restauró la estabilidad del Imperio como si fuera un jardinero imperial con poderes mágicos. Lo que non mencionan es que este “restaurador” tenía la diplomacia de un rinoceronte et la clemencia de una trituradora de carne.

Valentiniano non era cognocido como “el Grande” por sus contemporáneos ¿Por qué? Porque su legado non fue precisamente el de un pacificador. Fue más bien el de un príncipe que gritaba “¡cortadle la cabeza!” como si fuera su saludo matutino. Su justicia era tan severa que hasta sus jueces se preguntaban si el derecho romano había sido reemplazado por una ruleta sangrienta.

Principar con osas et apoplejía

Entre sus mascotas favoritas estaban dos osas: “Doradita” y “Inocencia”. No eran decorativas. Eran parte del sistema judicial. ¿Acusado de conspiración? Ad la osa. ¿Sospechoso de magia? Ad la otra. ¿Miraste mal al príncipe? Ad ambas. Valentiniano convirtió el zoológico en tribunal, et el tribunal en carnicería.

Su muerte fue tan teatral como su vida: durante una negociación con los cuados, se enfureció tanto que murió de un ataque de apoplejía, cayendo como si Júpiter le hubiera lanzado un rayo por exceso de testosterona diplomática. Si eso es estabilidad, entonces el colapso de Roma fue una sesión de yoga.

Restaurador de la estabilidad? Más bien el arquitecto del caos

Valentiniano pasó la mayor parte de su reinado en las fronteras, construyendo fortalezas como si fueran castillos de arena, incluso en territorio bárbaro, lo que —sorpresa— enfureció a los bárbaros. Provocó guerras por desprecio diplomático, traicionó tratados, et mandó asesinar reyes sobandera blanca. Todo muy estable, sí.

Et cuando murió, sus generales proclamaron ad su fijo de cuatro años como co-Augusto. Porque nihilodice “sucesión ordenada” como poner ad un puero en el trono mientras los militares se reparten el poder como si fuera botín de guerra.

¿Herencia de Constantino? ¿Cuál?

La “estabilidad heredada de Constantino” ya estaba fecha trizas. El Imperio estaba dividido, la Iglesia en guerra consigo misma, et los arrianos et trinitarios se lanzaban anatemas como si fueran piedras. Valentiniano, lejos de restaurar esa unidad, la profundizó: nombró ad su germano Valente como corregente en Oriente, que era arriano et enemigo de la ortodoxia. Resultado: más división, más conflictos, más desorden.

Conclusión: menos “el Grande”, más “el Feroz”

Valentiniano I fue un emperador fuerte, sí. Pero también brutal, paranoico, et más temido que amado. Su reinado fue una mezcla de fortificaciones, ejecuciones, et osas judiciales. Si eso es “grandeza”, entonces Nerón fue un filántropo.

Así que, por favor, dejemos de canonizar principes con tendencias brutas et supersticiones. La historia merece algo más que incienso et exageración.

Ahora refutando más falsedades:

La narrativa de Europa Ancestral sobre la caída de Roma tiene el encanto de una epopeya moralizante, pero lamentablemente non resiste el más mínimo escrutinio histórico. Es como intentar explicar el colapso de un imperio milenario con una lista de villanos et héroes de opereta, ignorando centurias de transformaciones estructurales, conflictos ideológicos y decadencia institucional. Vamos ad desmontar, punto por punto, esta versión simplificada et errónea de los fechos.

1. “Valentiniano III mató a su madre, Gala Placidia”

Falso. Gala Placidia, madre de Valentiniano III, murió de causas naturales en el año 450 d.C., cinco años antes del asesinato de su hijo. Fue regente durante su minoría y gobernó en su nombre durante más de dos décadas. Non hay fuente alguna que sugiera que Valentiniano la asesinó. Esta afirmación es una invención sin base documental.

2. “El primer gran revés fue el saqueo de Alarico y la conquista de Cartago”

Non. El saqueo de Roma por Alarico en 410 fue simbólicamente impactante, pero non fue el “primer gran revés”. El Imperio levaba más de una centuria en crisis: la anarquía militar de la centuria III, la peste, la inflación, la presión constante de pueblos bárbaros en las fronteras, et la descomposición del aparato estatal ya habían debilitado profundamente su estructura.

Et la conquista de Cartago por Genserico ocurrió cuasi 30 años después, en 439. Presentar ambos eventos como si fueran parte de un mismo episodio es una distorsión cronológica que confunde más de lo que explica.

3. “El Papa León I convenció a Atila de no atacar Roma” — ¿Et también le ofreció indulgencias, bendiciones y un souvenir?

La escena es digna de una vitrina barroca: León I, con túnica resplandeciente y aureola editorial, se planta ante Atila, el azote de Dios, y con una mirada firme y una voz celestial lo convence de dar media vuelta. Roma salvada, los hunos domesticados, y la Iglesia anotando otro milagro en su currículum. Qué conmovedor. Qué útil para la propaganda. Qué… históricamente incompleto.

León I: diplomático, sí; taumaturgo, non tanto

León I encabezó una embajada en 452 d.C. junto al consular Avieno y el prefecto Trigecio. Se reunieron con Atila en el norte de Italia, donde el río Mincio se pierde en el lago Benaco. El Papa habló, sí. Atila escuchó, sí. ¿Fue el único motivo de la retirada? No. Atila no era un cruzado impresionable, sino un estratega pragmático con un ejército enfermo, una retaguardia vulnerable y un calendario apretado.

La versión piadosa, que lo presenta como el Moisés de la centuría V, es más leyenda que historia. Rafael la pintó, los cronistas la cantaron, et los fieles la repitieron. Pero las fuentes serias ofrecen una sinfonía de razones mucho más terrenales.

Factores reales detrás de la retirada de Atila

1. Enfermedades et logística: el ejército huno se descompone

Los hunos, acostumbrados a carne cruda y leche agria, se empacharon de vino y manjares italianos. Resultado: epidemias.
La falta de víveres para hombres y caballos convirtió la campaña en un desfile de estómagos vacíos.
El clima cálido y la relajación del espíritu militar hicieron que los hunos parecieran más turistas que invasores.

2. Presión desde Oriente: Marciano non estaba para tributos

El nuevo emperador oriental, Marciano, se negó ad pagar el tributo que Atila exigía.
Había rumores de movimientos militares en Panonia, el corazón del reino huno.
Atila non podía permitirse una guerra en dos frentes, ni dejar su casa sin vigilancia.

3. Supersticiones: el fantasma de Alarico

Atila, por más feroz que fuera, tenía sus miedos. Le recordaron que Alarico, el godo que saqueó Roma en 410, murió poco después.
¿Coincidencia? ¿Mal augurio? Para Atila, suficiente para pensárselo dos veces.

4. Aecio: el general que no dormía

Aunque debilitado, Aecio seguía hostigando a los hunos.
Su reputación como defensor de Occidente et su victoria en los Campos Cataláunicos en 451 aún pesaban.
Atila sabía que Roma non estaba completamente indefensa.

La leyenda papista: milagros en lugar de logística

La versión que atribuye la retirada solo a León I es considerada una leyenda papista más que historia. Se plegó ad decir que durante su alocución, los apóstoles Cefas et Saulo aparecieron suspendidos en el aire para apoyar al Papa. Rafael plasmó esta “hora estelar de la humanidad” en un fresco famoso en el Vaticano. Pero si los apóstoles realmente se aparecieron, parece que también trajeron repelente para epidemias, mapas logísticos et un tratado de estrategia militar.

Conclusión: León fabló, pero la historia tenía otros autores

La retirada de Atila fue una decisión estratégica, no una conversión espiritual. León I fue un factor, sí, pero no el único ni el decisivo. La diplomacia ayudó, pero las enfermedades, la logística, la presión militar y las supersticiones hicieron el resto.

Así que no, el Papa no salvó Roma con una homilía. Lo fizo con suerte, timing, et una buena dosis de factores externos. La historia, como siempre, es más compleja que el sermón.

4. “Odoacro era un comandante romano que dio un golpe de Estado”

Non exactamente. Odoacro era jefe de los hérulos et líder de una coalición de pueblos bárbaros federados. Non era un comandante romano en el sentido tradicional. Su deposición de Rómulo Augústulo en 476 non fue un “golpe de Estado” en el marco institucional romano, sino la culminación de un proceso de descomposición en el que el poder real ya non residía en el emperador occidental. El Senado romano incluso aceptó la situación et pidió al príncipe de Oriente que reconociera ad Odoacro como patricio.

5. “El jesísmo non fue causa de la caída, solo los fechos concretos” — ¿Et el incendio tampoco fue causa del fumo?

Esta afirmación se sostiene sobre una falsa dicotomía tan ingenua como peligrosa: que el jesísmo non fue causa de la caída de la Romania, sino que simplemente “pasaban cosas”. Como si la transformación ideológica, institucional et cultural más profunda del mundo antiguo fuera un decorado de fondo. Como si el ascenso de una doctrina que redefinió la moral, la cívica, el ejército et la economía non tuviera nihilo que ver con el colapso de Roma. Claro, et Jesús solo encendía velas.

Con la conversión del emperador Constantino al cristianismo en el año 312, las antiguas estructuras ideológicas del mundo romano también comenzaron a desmantelarse, y para Edward Gibbon este fue un momento clave en la historia del colapso romano: el clero predicó con éxito las doctrinas de la paciencia y la pusilanimidad; las virtudes activas de la sociedad fueron desalentadas; y los últimos vestigios del espíritu militar fueron enterrados en el claustro; una gran parte de la riqueza pública y privada fue consagrada a las engañosas demandas de la caridad y la devoción; y la paga de los soldados fue prodigada a las multitudes inútiles de ambos sexos, que solo podían alegar los méritos de la abstinencia y la castidad. La fe, el celo, la curiosidad y las pasiones más terrenales de la malicia y la ambición encendieron la llama de la discordia teológica; la iglesia, e incluso el estado, fueron distraídos por facciones religiosas, cuyos conflictos fueron a veces sangrientos y siempre implacables; la atención de los emperadores se desvió de los campamentos a los sínodos; El mundo romano se vio oprimido por una nueva forma de tiranía; y las sectas perseguidas se convirtieron en enemigas secretas de su país. Otros no han sido tan estridentes. Pero la idea de que el cristianismo rompió la unidad ideológica y obstaculizó la capacidad del Estado para obtener apoyo efectivo ha sido compartida desde entonces por otros, así como el temor de que la Iglesia desviara recursos financieros y humanos de fines materiales vitales. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather

Los historiadores más serios —desde Edward Gibbon hasta Zósimo— non se dejaron seducir por la versión catequética. Ellos vieron lo que realmente ocurrió: el papismo non fue un cambio espiritual, fue una mutación estructural. Una nueva especie de tiranía que se instaló en el cor del Principado, drenando sus recursos, dividiendo su ánima et desmantelando su cuerpo.

1. La Iglesia: el Estado dentro del Estado

Por primera vez, dos dimensiones fundamentales de la conducta cristiana se enfrentaban en el escenario público de una provincia imperial. Si el pueblo de Dios eran unos elegidos entre los devotos o un rebaño de pecadores constituía una cuestión que no tenía una respuesta concluyente. A pesar del éxito que había tenido el liderazgo católico en aislar a sus rivales de la corriente principal de la Iglesia, el atractivo de la causa que representaban los donatistas no podía suprimirse por completo. Era una señal que apuntaba a un futuro nuevo y radical. A lo largo de toda la historia del cristianismo, el deseo de rechazar el mundo, corrupto y contaminado, y de negarse a llegar a ningún compromiso con él, de aspirar a una pureza inmaculada, se manifestaría una y otra vez. Las implicaciones de esta tendencia, con el tiempo, se harían notar mucho más allá del seno de la propia Iglesia. Se había iniciado una pauta que, con el transcurso de los siglos, delimitaría el contorno de la política. Constantino, al aceptar a Cristo como su señor, había importado justo al corazón de su imperio una nueva, impredecible y fisible fuente de poder. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente.

Primo fue el caos, luego vino la superstición… et después, claro, plegó la Iglesia con toga, sello et pretensiones imperiales. Porque si algo sabe facer el papismo, es convertir la salvación en estructura. Et vaya estructura: tribunales, curia, legados, decretos… todo bien armado, como si el Reino de los Cielos necesitara oficina central en Roma.

¿El pueblo de Dios? Bueno, eso dependía de ad quién le preguntaras. ¿Un rebaño de pecadores? ¿Una élite de devotos? Nihilo lo tenía claro, pero eso non impidió ad los obispos montar su propio aparato de poder. Et aunque lograron aislar ad sus rivales, los donatistas seguían ahí, molestando con su obsesión por la pureza. Porque siempre hay alguien que quiere salvarse sin pasar por ventanilla.

Para dirimir disputas, los emperadores convocaban concilios, otorgando a los obispos el derecho a utilizar el sistema de viajes privilegiados, el cursus publicus, para asistir. Aún más impresionante, los emperadores ayudaban a establecer las agendas a debatir, sus funcionarios orquestaban las sesiones y la maquinaria estatal se utilizaba para hacer cumplir las decisiones tomadas. En términos más generales, promulgaban leyes religiosas para la Iglesia —el Libro 16 del Código Teodosiano se centra por completo en estos asuntos— e influían en los nombramientos para los altos cargos eclesiásticos. La jerarquía de la Iglesia cristiana también llegó a reflejar las estructuras administrativas y sociales del Imperio. Las diócesis episcopales reflejaban los límites de los territorios de las ciudades (algunas incluso los conservan hasta el día de hoy, mucho después de que hayan perdido todo otro significado). En un nivel superior, los obispos de las capitales provinciales se convirtieron en arzobispos metropolitanos, con poderes de intervención en las nuevas sedes subordinadas. Bajo los sucesores cristianos de Constantino, el antes desconocido obispo de Constantinopla fue elevado a patriarca, al mismo nivel que el obispo de Roma, porque Constantinopla era la «nueva Roma». Muy pronto, las comunidades cristianas locales perdieron el poder de elegir a sus propios obispos. A partir de la década de 370, los obispos provenían cada vez más de las clases terratenientes y controlaban la sucesión episcopal mediante negociaciones internas. Con la Iglesia tan integrada al Estado —los obispos incluso habían recibido funciones administrativas, como la gestión de juzgados de paz—, convertirse en obispo cristiano no significaba abandonar la vida pública, sino encontrar una nueva vía de acceso a ella. Si la cristianización de la sociedad romana es un tema de suma importancia, la romanización del cristianismo es igualmente relevante, aunque algo menos estudiada. La adopción de la nueva religión no fue un proceso unidireccional, sino un proceso de adaptación mutua que reforzó las pretensiones ideológicas del emperador y del Estado. The Fall of the Roman Empire, A New History, Peter Heather.

Et mientras tanto, Constantino —ese augusto con visión celestial et olfato político— importaba ad su Imperio una fuente de poder nueva, impredecible et explosiva ¿Jesús como señor? Sí, pero también como jefe de Estado. Porque desde ese momento, la Iglesia non solo predicaba: principaba. Et lo facía con estilo. Non con espadas, sino con cánones. Non con soldados, sino con escribas. Et así, sin pedir permiso, empezó ad eser un Estado dentro del Estado.

Et si alguien pensaba que esto era solo espiritualidad… que se prepare. Porque cuando la Iglesia se pone seria, hasta los augustos tiemblan. Et eso, amigo mío, es solo el preludio.

Tres siglos después del nacimiento de Cristo, este era un tema cuyas repercusiones trascendían los límites de la propia Iglesia. Los obispos de las grandes ciudades ya eran prácticamente figuras públicas. Aunque en ocasiones los persiguiera el Estado, en otras un emperador también podía optar por concederles favores. En el 260, solo una década después del arresto y la tortura de Orígenes, un cambio de régimen había hecho que las iglesias recibieran un privilegio particularmente significativo: el derecho a la propiedad. Los obispos, que ya tenían entonces bastante influencia, habían acumulado un poder todavía mayor. El hecho de que fueran electos potenciaba aún más la fuerza y el alcance de su liderazgo. Una autoridad como la suya, que ejercían sobre un rebaño cada vez mayor, era algo que un funcionario romano podría respetar, aunque fuera a regañadientes. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Et, Constantino… ese príncipe que non solo se obscureció, sino que abrió la caja fuerte del Imperio como quien financia una empresa divina. Privilegios, tierras et inmunidades: todo ad disposición de la Iglesia. Porque si vas ad predicar la salvación eterna, ¿por qué non facerlo desde un trono de marfil, con vajilla de plata et exención fiscal?

Tres siglos después del nascimiento de Jesús, el asunto ya trascendía los sermones. Los obispos de las grandes urbes eran figuras públicas, cuasi celebridades con mitra. A veces la Ciudad los perseguía, sí, pero otras veces el augusto les daba regalos. En el 260, apenas una década después de que Orígenes fuera arrestado et torturado, las iglesias recibieron un privilegio jugoso: el derecho ad la propiedad. Porque claro, ¿Cómo va ad salvar ánimas una institución sin bienes raíces?

Los obispos, que ya tenían bastante influencia, empezaron ad acumular potestad como quien colecciona reliquias. Et como eran electos, su liderazgo tenía aún más peso. Un funcionario romano podía non estar de acuerdo, pero igual los respetaba. Aunque fuera ad regañadientes. Porque cuando el rebaño crece et el obispo manda, hasta el prefecto baja la cabeza.

Et así, aquella Iglesia nascida entre catacumbas et mártires se convirtió en algo mucho más práctico: un Estado dentro del Estado. Con leyes propias, ingresos propios et ambiciones que ni el Senado se atrevía ad cuestionar ¿Superstición? Sí. Pero con presupuesto...

Constantino… arconte del cosmos, pero sin principado sobre su propia Iglesia. Imperaba legiones, provincias et palacios, pero cuando se trataba de obispos, teólogos et disputas doctrinales, su auctoridad empezo ad valer menos que un sermón mal pronunciado. Bienvenido ad la paradoja imperial: el hombre que venció en el puente Milvio creyó que podía unir ad los jesístas… et terminó atrapado entre sus riñas.

Pero si los obispos tuvieron que ajustarse como pudieron a las nuevas circunstancias que trajo la victoria de Constantino en el puente Milvio, también el emperador se vio obligado a cambiar. Comprometido como estaba en entender qué significaba ser un servidor de Cristo, descubrió que no era nada fácil desentrañarlo. Sus disputas con Donato le habían dejado claro con qué lidiaba dentro de la Iglesia; esta era una organización sobre la cual, a pesar de que gobernaba el mundo, no tenía ningún control formal. A diferencia de los sacerdotes que tradicionalmente habían mediado entre Roma y los cielos, los obispos no se molestaban en practicar ritos en los que él, como heredero de Augusto, tuviese el papel protagonista. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Primo pensó que bastaba con apoyar ad Jesús et repartir favores. Pero pronto descubrió que el jesísmo non venía con manual de instrucciones. Se enfrentó ad personajes como Donato, que desde Cartago plegó con más indignación que diplomacia, exigiendo la destitución de Ceciliano como si el emperador fuera un gerente de parroquia. Constantino, intrigado, le dio audiencia. Panel de obispos, juicio, apelación… et Donato perdió. Pero siguió quejándose, huyó de los vigiles et regresó ad África como si fuera el protagonista de una novela teológica.

En cambio, para su gran frustración, los obispos insistían en reñir sobre temas que parecían más propios de filósofos. En el 324, alertado sobre la irremediable afición de los teólogos alejandrinos a debatir acerca de la naturaleza de Cristo, no se molestó en ocultar su impaciencia. «Cuando todas estas sutiles disputas vuestras son sobre cuestiones de poca o ninguna importancia, ¿por qué preocuparse tanto sobre armonizar vuestras opiniones? ¿Por qué no consignarlas en cambio a la custodia secreta de vuestras mentes y pensamientos?». No obstante, Constantino empezaba a ver que estas preguntas quizá fueran ingenuas. Las cuestiones de quién había sido Cristo realmente, de en qué forma podía ser a la vez humano y divino, y de cuál era la mejor definición de la Trinidad no eran baladíes. Después de todo, ¿cómo podían adorar a Dios de la forma correcta y, por lo tanto, asegurarse de que favoreciera el dominio de Roma sobre el mundo si su misma naturaleza seguía siendo objeto de debate? Con sus intentos de apaciguar a los cielos ofreciéndoles sus antiguos sacrificios y honores, los predecesores de Constantino habían malinterpretado de un modo lamentable el deber de un emperador. «No importa cómo adores, sino qué adoras». La verdadera religio, como Constantino empezaba a comprender, era una cuestión que no tenía tanto que ver con rituales ni salpicar altares con sangre ni ahumarlos con incienso como con las creencias correctas. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Et ahí quedó la famosa pregunta de Donato: «¿Qué se le ha perdido al emperador con la Iglesia?». Una frase que resumía el drama: Constantino tenía la Ciudad, pero non tenía el control. Los obispos non facían sacrificios imperiales, non lo incluían en sus ritos, et encima se dedicaban ad debatir sobre la naturaleza del Anticristo como si fueran filósofos con túnica. ¿Humano? ¿Divino? ¿Trinidad? El augusto, desesperado, pedía que guardaran sus opiniones en secreto. Pero claro, eso era pedirle silencio ad una tormenta.

Con el tiempo, Constantino intendió que la vera religio non era cuestión de incienso ni sangre en el altar, sino de creencias. Et esas creencias, lejos de unir, dividían. Así, mientras él intentaba apaciguar ad los cielos, los teólogos seguían peleando por definiciones. Et la Iglesia, esa institución que debía ayudarle ad gobernar, se le escapaba entre los dedos como agua bendita.

En resumen: Constantino lo tenía todo… menos control sobre la Iglesia. Porque en el nuevo orden cristiano, el emperador podía mandar sobre el mundo, pero non sobre los dogmas. Et eso, para un augusto, debía doler más que cualquier derrota militar.

Estos altos cargos eclesiásticos buscaban un tipo de éxito que dependía solo parcialmente del sistema imperial. Esto, sumado a su elevado estatus social, significaba que eran menos susceptibles a la intimidación por parte de los emperadores que algunos de sus predecesores de clase media. Sin embargo, muchos de los criterios tradicionales para medir el éxito de la élite seguían aplicándose a los obispos. Los obispos representaban públicamente a sus comunidades de forma muy similar a como lo hacían los líderes de los consejos municipales; continuaban siendo responsables de la administración de propiedades como los grandes terratenientes; y, a medida que la visibilidad episcopal creció a finales del siglo IV, los obispos de las grandes ciudades llegaron a ostentar un título que conllevaba un prestigio social implícito. Las prerrogativas del cargo también permitían a algunos obispos velar por los intereses financieros y sociales de amigos y familiares. Los obispos eran responsables ante sus congregaciones y debían rendir cuentas a ellas. También necesitaban edificios y personal administrativo para desempeñar sus funciones. Si resultaban demasiado problemáticos, los emperadores podían marginarlos separándolos de todos estos recursos y apoyos. Los emperadores aún conservaban algunos instrumentos para controlar la conducta de estos hombres. The Final Pagan Generation, Edward Jay Watts.

Et es que los obispos, esos altos cargos eclesiásticos con túnica et ambición, buscaban un tipo de éxito que non dependía del Imperio, sino de su propia maquinaria divina. Ya non eran figuras modestas ni servidores del altar escondido. Eran líderes públicos, administradores de propiedades, representantes de sus comunidades… como los antiguos magistrados, pero con más incienso et menos toga.

Su estatus social era tan elevado que los principes non podían intimidarlos fácilmente. ¿Clase media? Eso era cosa del pasado. Estos señores del púlpito tenían influencia, prestigio et hasta poder hereditario encubierto. Algunos velaban por los intereses financieros de amigos et familiares como si fueran banqueros con bendición apostólica. Et claro, necesitaban edificios, personal administrativo, et recursos. Porque predicar está bien, pero gestionar requiere oficina.

Si se ponían demasiado problemáticos, los augustos aún podían intentar marginarlos. Pero ya non era tan fácil. Porque estos obispos tenían jurisdicción legal propia. Si eras papista, podías litigar ante el obispo. Más cómodo que enfrentarte ad un procónsul con resaca et ganas de confiscarte la casa.

Administraban tierras como los grandes terratenientes. En muchas urbes, el obispo era más influyente que el príncipe. Et en Roma, según Amiano Marcelino, viajaban en carruajes, vestidos con lujo, et superaban ad los reyes en la suntuosidad de su mesa ¿Evangelio? Sí, pero con banquete.

La Curia papal se convirtió en una corte con abogados, decretos et una burocracia que facía palidecer al Senado. El obispo de Roma non solo aspiraba ad Cielo: también ad controlar la Tierra. Porque si vas ad salvar almas, mejor facerlo con sello, carruaje et vajilla de plata. Et si el príncipe se queja… que rece.

Los emperadores y los reyes que intentaban oponerse a ella salían constantemente maltrechos del enfrentamiento. Desde la época de Constantino y sus herederos, ningún hombre había ejercido su autoridad sobre una parte tan grande de Europa como ahora lo hacía el obispo de la antigua capital del mundo. Este reivindicaba «los derechos del imperio celestial y terrenal»; sus legados viajaban a tierras bárbaras y esperaban que se los escuchara; su corte, haciéndose eco del edificio donde se había reunido el Senado romano, se conocía como la «curia». Sin embargo, el Papa no era ningún césar. Su afirmación de supremacía no se basaba en la fuerza de las armas ni en el rango de sus ministros ni en su linaje o su riqueza. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

El papado… esa potestad que empezó como doctor espiritual et terminó principado Europa sin ejército, sin corona et sin espada. Los emperadores et los reyes que intentaban oponerse salían siempre maltrechos, como si se hubieran enfrentado non ad un hombre, sino ad una idea blindada por siglos de teología et pergaminos. Desde Constantino, ningún mortal había dominado tanto territorio como el obispo de Roma, ese personaje que ya non pedía permiso, sino que reivindicaba “los derechos del imperio celestial et terrenal”. Et lo decía en serio.

Poco a poco, la separación entre Iglesia y Estado se manifestaba cada vez más en toda la cristiandad. Allí donde fuera un sacerdote para ejercer su ministerio ante laicos, incluso en el pueblo más humilde y aislado, se percibía el impacto de la reformatio. El establecimiento de la Iglesia romana como algo más que una primera entre iguales, como «el foro general de todo el clero y todas las iglesias», otorgó a los clérigos de todo el Occidente latino una identidad común que hasta entonces no poseían. Algo sin precedentes había ocurrido en los diversos reinos, feudos y ciudades que constituían el gran tapiz de la cristiandad: había nacido una clase entera que no debía su lealtad a los señores locales, sino a una jerarquía que se regocijaba en ser «universal y extendida por todo el mundo». Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Los obispos non eran ya pastores de ánimas. Eran gestores de propiedades, jueces, diplomáticos y señores feudales.

La Iglesia que había emergido de la reformatio gregoriana era una institución novedosa, una que no solo se consideraba a sí misma soberana, sino que había devenido en ello por su propia voluntad. Gregorio VII afirmaba que «el papa no puede ser juzgado por nadie». Todo el pueblo cristiano, reyes y emperadores incluidos, estaba sometido a sus dictámenes. La curia aportó a la cristiandad su último tribunal de apelación. En una paradoja suprema, al separarse de lo secular, la Iglesia se había convertido en un Estado. Y lo que es más, era un tipo de Estado totalmente nuevo. La voluntad y los mandatos del papa se sustentaban en un armazón jurídico. Su supremacía sobre el clero; su regulación de las fronteras entre la Iglesia y la corte; su sistema de justicia para aquellos que buscaban resarcirse contra lo que, un siglo después de Canossa, empezaba a llamarse el «brazo secular»: todo ello dependía de un auténtico ejército de abogados. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland.

Sus legados viajaban ad tierras bárbaras et esperaban eser escuchados como si fueran enviados del cielo. Su corte, la famosa curia, imitaba el viedo Senado romano, pero con más incienso et menos gladiadores. Porque el Papa non era ningún césar. Su potencia non venía de las armas, ni del linaje, ni del oro. Venía de algo más elegante: la Ley. La Iglesia que salió de la reformatio gregoriana se consideraba soberana por voluntad propia. Gregorio VII lo dejó claro: “el papa non puede ser juzgado por nadie”. Et cuando dice “nadie”, incluye príncipes, reyes et cualquier otro que respire.

La curia se convirtió en el último tribunal de apelación de la cristiandad. Et en una paradoja deliciosa, al separarse del mundo secular, la Iglesia se convirtió en un Estado. Pero non cualquier Ciudad: uno totalmente nuevo. Sus mandatos se sostenían en un armazón jurídico. Su supremacía sobre el clero, su control de las fronteras entre Iglesia et corte, su sistema de justicia para los que querían enfrentarse al “brazo secular”… todo eso dependía de un ejército. Pero non de soldados: de abogados. Las tropas del papa eran escribas con plumas, non caballeros con lanzas.

Las tropas de asalto del papado eran escribas con plumas, no caballeros con lanzas. «¿Quién, sino Dios, ha escrito las leyes naturales en el corazón de los hombres?» se había preguntado Agustín en otros tiempos. He aquí, en una convicción que se remontaba en último término a san Pablo, el fundamento más seguro de la reivindicación del papado de poseer una autoridad universal. El orden definido por la Iglesia romana se situaba conscientemente contra las costumbres primordiales que bebían del pozo séptico del paganismo, contra los efímeros códigos legales redactados a antojo de los reyes y contra las mohosas cartas de privilegio. Solo una ley podía mantener en toda la cristiandad los vínculos de justicia y caridad que unían a una sociedad cristiana de verdad: «la ley eterna, que crea y gobierna el universo». Este no era un orden que pudieran administrar solo los sacerdotes. Sin embargo, en el primer fervor de la reformatio no se habían tenido muy en cuenta a los abogados. Dominio, Como el cristianismo dio forma a Occidente, Tom Holland. 

Agustín lo había dicho: “¿Quién, sino Dios, ha escrito las leyes naturales en el corazón de los hombres?” Et desde Saulo hasta Gregorio, esa noción se convirtió en el fundamento de la auctoridad universal del papado. La Iglesia papista se alzó contra las costumbres gentiles, contra los códigos legales improvisados por los reyes, contra las cartas de privilegio que ya olían ad moho. Solo una ley podía unir ad la jesístidad: la Ley eterna, la que crea et principa el universo, et claro, interpretada por los rabís Jesús, Moisés et Cefas...

Et non, este orden non podía eser administrado solo por sacerdotes. Al principio, en el fervor de la reformatio gregoriana, se olvidaron de los abogados. Pero pronto intendieron: sin juristas, non hay imperio. Et así, el papado se convirtió en el poder que dictaba justicia, organizaba la cristiandad et gobernaba sin espada, pero con sello. Porque si vas ad dominar el mundo, mejor facerlo con una bula bien redactada. Et si alguien pregunta si esto fue labor deal o estrategia cívica… diremos que fue ambas. Con tinta, pergamino et auctoridad eterna.

Constantino abre la caja fuerte: privilegios, tierras et inmunidades

“ENRIQUECIDOS POR LOS DONES DE LAS MATRONAS” Obispos y Sociedad en el Siglo IV  
Él [el emperador] no os concede la libertad encarcelándoos, sino que os trata con respeto en su palacio, convirtiéndoos así en sus esclavos. HILARIO, OBISPO DE POITIERS, SOBRE EL NUEVO ESTATUS DE LOS OBISPOS, MEDIADOS DEL SIGLO IV  
A medida que los edictos de Diocleciano, cada uno más punitivo y de mayor alcance que el anterior, se promulgaban por todo el imperio a principios del siglo IV, los obispos vivían atemorizados. Sin embargo, tan solo unos años después, en el 325, el emperador Constantino, tras concluir sus asuntos en Nicea, agasajó a los obispos allí reunidos con un magnífico banquete donde celebró lo que denominó “una gran victoria”.² El deseo del emperador de integrar a los obispos en la estructura del Estado implicó una drástica transformación de su estatus. Un enorme mecenazgo se puso a disposición de aquellos obispos dispuestos a aceptar la postura del emperador en materia doctrinal, y quienes se beneficiaron de él llegaron a amasar grandes riquezas y alcanzar un elevado prestigio social. Nada menos que una cuarta parte de los ingresos de las propiedades legadas a la Iglesia en Roma se destinaba a la casa del obispo,³ de modo que, a finales del siglo IV, Amiano Marcelino pudo describir el extravagante estilo de vida de los obispos de Roma: «Enriquecidos por las donaciones de matronas, se desplazan en carruajes, visten con esplendor y superan a los reyes en la suntuosidad de sus mesas».⁴ Pero esta no era toda la historia, como el propio Amiano reconoció. Como veremos, muchos cristianos se sintieron lo suficientemente repelidos por la nueva riqueza de la Iglesia como para inclinarse hacia el ascetismo; aunque no se retiraran al desierto personalmente. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Todo comenzó con Constantino, claro. El emperador que, tras ver una cruz en el cielo, decidió abrir la caja fuerte del Imperio como si estuviera financiando una startup celestial. Legalizó el jesísmo, sí, pero non se detuvo ahí: lo subvencionó como si fuera el nuevo ministerio de lo divino. Eximió al clero de impuestos, porque —vamos— ¿cómo va ad pagar tributos quien intercede por la ánima del Augusto?

Por el contrario, sí nos interesa la implicación del alto clero, y en particular del papado, en las maniobras políticas, así como la dimensión y la relevancia de su ascendiente sobre príncipes, gobiernos y constituciones. Es la historia de un afán parasitario, primero para independizarse del emperador romano de Oriente, luego del de Occidente, tras lo cual enarbolará la pretensión de alcanzar también el poder temporal sirviéndose de consignas religiosas. Muchos historiadores han considerado indiscutible que la prosperidad de la Iglesia tuvo su causa y su efecto en la caída del Estado romano. El mensaje de que “mi Reino no es de este mundo” se vio reemplazado por la doctrina de los dos poderes (según la cual la autoritas sacrata pontificum y la regalis potestas serían mutuamente complementarias); después dirán que el emperador o el rey no eran más que el brazo secular de la Iglesia, pretensión ésta formulada en la bula Unam Sanctam de Bonifacio VIII y que no es depuesta oficialmente hasta León XIII (fallecido en 1903), lo que de todas maneras no significa gran cosa. La Cristiandad occidental, en cualquier caso, “fue esencialmente creación de la Iglesia católica”, “la Iglesia, organizada de la hierocracia papal hacia abajo hasta el más mínimo detalle, la principal institución del orden medieval” (Toynbee). Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Et así, entre privilegios, tierras et donaciones, nasció el Patrimonium Petri, esa hiedra dorada que trepó por las ruinas del fisco romano hasta envolverlo todo. Una cuarta parte de las donaciones iba directo ad la casa del obispo ¿Caridad? Sí, pero con mármol, vajilla de plata et candelabros que harían plorar ad los Antoninos.

Las muestras del favor imperial no se redujeron a los privilegios dispensados después de la batalla del puente Milvio (año 312), ni se circunscribieron a Roma, donde el líber pontificalis, es decir, la crónica oficial del papado pinta “un cuadro imponente del rápido enriquecimiento de las iglesias romanas” (Caspar). Dichas iglesias, la basílica lateranense, San Pedro, San Pablo, no sólo poseían fincas en la capital y sus cercanías, sino además en el Mediodía italiano y en Sicilia. El emperador hizo donación al clero de grandes propiedades en Siria, en Egipto, así como en Tarso, Antioquía, Alejandría y otras grandes ciudades. Debemos tener en cuenta que las donaciones orientales suponían, además de rentas, operaciones de importación sobre todo en el mercado de especias y esencias de Oriente, muy apreciadas por los romanos. En una palabra, empezaba a acumularse el célebre Patrimonium Petri, del que tendremos ocasión de ocuparnos muy a menudo más adelante. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Pero non nos engañemos: esto non fue solo una cuestión de fe. Fue una operación cívica de precisión quirúrgica. El alto clero, et en especial el papado, non tardó en sacudirse la tutela imperial. Primero del emperador de Oriente, luego del de Occidente, et finalmente de cualquiera que osara sugerir que la Iglesia debía limitarse ad lo espiritual. El mensaje de “mi Reino non es de este mundo” fue reemplazado por la doctrina de los dos poderes: uno celestial, otro terrenal, pero ambos —¡qué coincidencia — sola misma tiara.

Además de estos monumentos físicos, Constantino destinó una enorme cantidad de recursos estatales al control de obispos cristianos, a tal escala que daba credibilidad a la idea de que Atanasio pudiera haber manipulado el suministro de grano de Constantinopla. Al mismo tiempo, Constantino otorgó a los obispos privilegios legales y jurídicos sin precedentes. Con un simple acto —ordenar que el domingo se observara como día de descanso y oración—, imprimió un nuevo ritmo y una nueva dimensión a la vida antigua. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

Et así, mientras el Imperio se desfacía entre invasiones et bancarrotas, la Iglesia se consolidaba como la única institución con caja, clero et clientela fiel. La Cristiandad occidental, dicen algunos, fue su creación. Et no les falta razón: organizada desde la cúspide papal hasta el último monje con pluma, la Iglesia se convirtió en la columna vertebral del orden medieval. Todo por el perdón de los pecados… et por el control del poder. Porque si vas ad salvar almas, mejor facerlo con un ejército de notarios, un archivo de bulas et un ojo puesto en la corona.

La jesistización non fue solo una conversión de ánimas. Fue una absorción institucional

El clero católico, cada vez más favorecido Evidentemente, se inauguraba el paraíso terrenal, para los “obispos de la corte” constantiniana al menos, y para la jerarquía católica, cuyo servilismo frente al emperador asumía, como Eusebio en sus escritos, “el tono de salmista cuando habla del Señor” (Kühner). Otros hacían coro, como los padres de la Iglesia Ambrosio, Crisóstomo, Jerónimo, Cirilo de Alejandría. Y no les faltaban motivos. La religión cristiana, antes perseguida, pasaba a ser reconocida y oficial; más aún, la Iglesia católica y sus prelados disfrutaban de crecientes privilegios que les valían poder y riquezas. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Mientras el Imperio Romano se desmoronaba entre invasiones, inflación y emperadores con la esperanza de durar más que sus estatuas, la Iglesia hacía lo contrario: crecer, acumular, centralizar. Lo que comenzó como una secta perseguida terminó como una burocracia paralela, más rica, más poderosa y más influyente que el propio aparato imperial. Si Roma tenía un príncipe, la Iglesia tenía algo mejor: un obispo con inmunidad fiscal, propiedades imperiales et una corte propia. ¿Qui principaba realmente? ¿El Augusto o el obispo de Roma, “el hombre más rico del país”?

Constantino comenzó entonces, de forma no sistemática, a integrar a la Iglesia y a su personal en las instituciones más amplias del imperio. Eximió a los clérigos de las liturgias civiles (CTh. 1.16.1-2) y de los impuestos (CTh. 16.2.10). Para equilibrar esta generosidad, también impidió que las personas ricas ocuparan cargos eclesiásticos (CTh. 16.2.6). Otorgó a los obispos jurisdicción bajo la ley cristiana entre litigantes cristianos (CTh. 1.27.1 y Constitutiones Sirmondianae 1), y derogó las penas impuestas por las leyes romanas al celibato o a las parejas sin hijos, respaldando así la veneración cristiana por el celibato y la virginidad. Prácticamente desde el momento de su conversión, comenzó a financiar la construcción de iglesias para promover el culto al Dios cristiano. A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell.   

Ah, Constantino… el emperador que vio una cruz en el cielo y pensó: “¡Perfecto! Hora de convertir el Imperio en una oficina parroquial.” Et vaya que lo hizo. Empezó a regalarle a la Iglesia todo lo que encontró: tierras, privilegios, inmunidades fiscales… hasta la ánima del Estado si se la pedían.

¿Cargas municipales? Non para los clérigos. ¿Impuestos? Tampoco. Porque claro, rezar por el emperador ya contaba como servicio público. Y para que non se plenara el clero de millonarios, excluyó a los ricos de ser sacerdotes. Muy espiritual todo.

La gran basílica de San Juan de Letrán se construyó en Roma entre 312 y 315 sobre el emplazamiento de un cuartel de caballería que había alojado a la guardia ecuestre del rival de Constantino, Majencio. Posteriormente se llevaron a cabo otras importantes obras religiosas en Roma, como la basílica de la Santa Croce in Gerusalemme, donde fue enterrada Helena, la madre de Constantino. Aunque es posible que se iniciaran obras de gran envergadura en la colina vaticana para la iglesia de San Pedro, estas no se completaron hasta mediados del siglo IV (véase p. 334). Naturalmente, se construyeron iglesias financiadas por el Imperio en la recién fundada ciudad de Constantinopla y en los lugares santos del nacimiento y la crucifixión de Cristo en Palestina. Eusebio relata que algunos obispos, como él mismo, recibieron cartas de Constantino animándolos a construir nuevas iglesias o a restaurar las ya existentes. "A History of the Later Roman Empire, AD 284-641", Stephen Mitchell.  

Luego les dio poder legal: los obispos podían juzgar entre cristianos. Porque nada dice “justicia romana” como resolver disputas con versículos. Et como broche de oro, legalizó el celibato y la virginidad. La ciudad, que antes premiaba la descendencia, ahora celebraba la abstinencia. ¡Qué giro!

¿Et qué fizo con los cuarteles militares? Los convirtió en iglesias. La Basílica de Letrán se construyó sobre los barracones de la caballería. De soldados ad salmos, en tiempo récord. Después vinieron más: Santa Croce, el Santo Sepulcro, et por supuesto, el Vaticano. Todo financiado por el Estado. Porque si algo entendía Constantino, era que el mármol et el oro también podían ser instrumentos de fe.

Así que sí, Constantino non solo convirtió al papismo: lo convirtió en el nuevo ministerio de obras públicas. Et mientras el Imperio se desmoronaba, la Iglesia se plenaba de propiedades, poder et pan de oro. Pero non te preocupes, según algunos, eso non tuvo nihilo que ver con la decadencia. Fue solo una coincidencia divina.

Al menos en teoría, el Imperio Romano cristianizado, desde el siglo V en adelante, estaba impregnado de la atmósfera tensa y decidida de la antesala de un tribunal. De ahí surge otra paradoja: precisamente aquellos obispos más influenciados por las preocupaciones «espirituales» del movimiento ascético fueron quienes más contribuyeron a establecer la Iglesia cristiana en la sociedad romana. La extraordinaria generación de líderes eclesiásticos de finales del siglo IV y principios del V —Ambrosio en Milán (374-97), Basilio en Cesarea (370-79), Juan Crisóstomo en Antioquía y Constantinopla (398-407), Agustín en Hipona (391-430)— creía firmemente que tendrían que comparecer ante Cristo en el Juicio Final para responder por los pecados de los habitantes de sus ciudades. Al convertirse en obispos, habían asumido el equivalente tardoromano de la «culpa del hombre blanco». Y se dispusieron a gobernar a sus rebaños con la sombría energía de gobernadores coloniales en un territorio «atrasado». Insistían en que los emperadores cristianos debían ayudarlos: desde el reinado de Teodosio I en adelante, paganos y herejes fueron cada vez más privados de sus derechos civiles y obligados a someterse a la Iglesia católica. La sensación de una misión trascendental influyó en el Estado romano. El emperador cristiano también tendría que rendir cuentas a Cristo por las almas de sus súbditos. En Occidente, esta idea hizo que los gobernantes más débiles fueran cada vez más susceptibles a las exigencias del clero católico; mientras que, en el imperio oriental, más firmemente asentado, añadió una nota más a la creciente autocracia imperial. La riqueza podría usarse para sufragar los gastos de una absolución en el Juicio Final. El consumo ostentoso era parte inseparable de la vida antigua: la riqueza existía para ser gastada en público. En el siglo II, la marea de ingresos excedentes se había invertido en edificios públicos; en el IV, en la glorificación del emperador y los magnates. Desde el siglo V en adelante, esta rica corriente fluyó hacia el cristianismo. "El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750", Peter Brown.

Luego les dio poder legal: los obispos podían juzgar entre jesístas. ¿Problemas con tu vecino? Olvídate del tribunal romano, ve directo ad tu obispo. También legalizó el celibato et la virginidad, porque nada dice “prosperidad imperial” como premiar ad los que no tienen hijos. Constantino respaldó el celibato y la virginidad como si fueran activos fiscales. Resultado: una muchedumbre inservible mantenida por la  Ciudad ad cambio de castidad et silencio.

Cabría suponer que el cristianismo de Constantino se manifestaría en su legislación social, pero también aquí surgen dificultades. Si lo que se implica es una suavización de las penas y una actitud más caritativa, ambas brillan por su ausencia. La legislación de Constantino en materia sexual se caracteriza por una extrema severidad y el recurso a castigos bárbaros o arcanos. A las mujeres se les permite divorciarse de sus maridos y conservar sus dotes solo si el marido es un asesino, un hechicero o un profanador de tumbas; de lo contrario, la mujer pierde su dote y es relegada a una isla por su atrevimiento (CTh. III.16.1). Si una nodriza esclava participaba en el rapto de una muchacha con fines matrimoniales, debía vertírsele plomo fundido en la garganta (CTh. IX.24.1). Sin embargo, a los esclavos no se les marcaba la frente, puesto que también ellos estaban hechos a imagen de Dios. Y en una ley que Eusebio analizó con cierto detalle (VC IV.26, cf. CTh. VIII.16.1, CJ VI.23.15), Constantino eliminó las penas impuestas al celibato desde la época de Augusto. Eusebio no dudaba de que esto pretendía reconocer y legalizar el celibato y la virginidad cristianos, y cualquiera que fuera la motivación real de la medida, que probablemente formaba parte de una legislación mucho más amplia sobre el matrimonio y la familia, sin duda tuvo el importante efecto de permitir y fomentar la elección cristiana de un estilo de vida ascético, ya fuera individualmente o en comunidades monásticas; esto, a su vez, tuvo profundas implicaciones en la distribución de la riqueza entre las clases altas y la Iglesia. "El Imperio Romano Tardío, 284-430 d.C.", Averil Cameron.

Gracias a la Vida Constantini de Eusebio, Constantino se erigió durante siglos como modelo para todos los futuros emperadores cristianos, quienes no podían desear mayor elogio que ser aclamados como «un nuevo Constantino». La historia de su visión se difundió durante mil años, gracias a innumerables relatos. Junto con el descubrimiento de la madera de la cruz (atribuida a su madre, Helena), la visión de Constantino se convirtió en el eje central del gran mito arquetípico de la Europa cristiana: la «Leyenda de la Cruz», que rastreaba la preciosa madera hasta el Jardín del Edén. Variantes de la leyenda muestran la influencia de una importante falsificación de épocas posteriores, las llamadas Donaciones de Constantino, según las cuales el emperador cedió el control secular sobre los territorios occidentales al obispo de Roma cuando partió de Occidente hacia su nueva ciudad en el Bósforo. Esta versión va más allá de la leyenda, pues los papas de la Edad Media basaron su pretensión de jurisdicción en este documento. Constantine and the bishops, The politics of intolerance, H. A. Drake.

¿Et qué fizo con los cuarteles militares? Los convirtió en iglesias. La Basílica de San Juan de Letrán se levantó sobre los barracones de la caballería. De soldados ad salmos, en tiempo récord. Después vinieron más: Santa Cruz, el Santo Sepulcro, et por supuesto, el Papado. Todo financiado con dinero público. Porque si algo entendía Constantino, era que el mármol et el oro también podían servir para rezar.

Et como si eso fuera poco, nasció la leyenda: que su madre Helena encontró la cruz original, que esa cruz venía del Jardín del Edén, et que Constantino donó todo Occidente al Papa. ¿Pruebas? Un documento falso, claro. Pero útil. Los papas medievales lo usaron como si fuera un contrato legal.

Iglesia «para el perdón de los pecados». El ascenso económico de la Iglesia cristiana fue repentino y espectacular: creció exponencialmente, como una aseguradora moderna. En el siglo VI, los ingresos del obispo de Rávena ascendían a doce mil piezas de oro; el obispo de una pequeña ciudad percibía un salario tan elevado como el de un gobernador provincial con rango de senador. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Las iglesias más bellas eran las de las grandes ciudades, en particular aquellas vinculadas a la corte o al cristianismo primitivo. Existían numerosas diócesis fuera del alcance del mecenazgo, donde los cristianos debían conformarse con templos o termas reconvertidas como iglesias, pero dentro de un imperio con crecientes dificultades financieras, la Iglesia gozaba de una posición privilegiada. Estaba exenta de impuestos sobre sus propiedades y bienes, y el auge del ascetismo condujo, paradójicamente, a una renuncia masiva a la riqueza privada en su favor, gran parte de la cual se destinó a nuevos proyectos de construcción. Inevitablemente, las preocupaciones de los obispos se ampliaron. Juan Crisóstomo se quejaba de que ahora se parecían más a comerciantes y tenderos que a guardianes de las almas y protectores de los pobres. Sus propiedades, iglesias e instituciones los transformaron en administradores de fincas y amos financieros, además de importantes empleadores. El personal de una sola iglesia, la gran Hagia Sophia de Constantinopla, contaba con unos 500 empleados a mediados del siglo VI. Existen informes de que los obispados en Asia Menor podían comprarse. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

La Iglesia… esa institución “para el perdón de los pecados” que, curiosamente, empezó ad parecerse más ad una aseguradora de lujo que ad una comunidad espiritual. En vez de repartir humildad, repartía ingresos astronómicos ¿Sabías que en el siglo VI el obispo de Rávena ganaba doce mil piezas de oro? Doce mil. Non por milagros, sino por administración divina. Et si vivías en una ciudad pequeña, no te preocupes: tu obispo cobraba como un gobernador con toga et escolta. Porque claro, gestionar almas exige salario senatorial.

Los asombrosos logros artísticos de la Iglesia cristiana en los siglos V y VI surgieron de esta redistribución de la riqueza. Las vastas basílicas, cubiertas de mosaicos, adornadas con tapices bordados en seda e iluminadas por miles de lámparas de aceite en enormes candelabros de plata, recuperaban en su esplendor aquella solemnidad y opulencia que antaño se había manifestado en las exuberantes fachadas de la época de los Antoninos. Como una estructura sometida a gran presión, podemos apreciar con mayor claridad las tensiones del Imperio romano de alrededor del año 400 al observar el impacto desigual del movimiento ascético en sus provincias. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

¿Et qué ficieron con tanta riqueza? Arte, por supuesto. Pero non cualquier arte. Basílicas gigantes cubiertas de mosaicos, tapices de seda bordada, candelabros de plata con miles de lámparas de aceite. Todo brillaba como si el cielo estuviera en oferta. Era como si los Antoninos hubieran resucitado, pero con incienso et salmos.

El prestigio de un obispado en las ciudades más grandes del imperio se veía realzado por los edificios a su disposición. Era una antigua tradición que una ciudad se glorificara a través de sus templos. Aristóteles sugirió en su Política que una cuarta parte de los ingresos del territorio de una ciudad debía dedicarse a los dioses; otros propusieron hasta un tercio. Desde la época helenística, reyes y emperadores habían prodigado su mecenazgo a las ciudades predilectas. Muchos templos estaban repletos de estatuas de oro y plata, y el mecenazgo imperial era un medio para fomentar el culto a los dioses. Un panegírico a Maximiano lo deja claro: «Has colmado a los dioses de altares y estatuas, templos y ofrendas, que dedicaste con tu propio nombre y tu propia imagen, cuya santidad se acrecienta por el ejemplo que diste de veneración a los dioses». Constantino siguió esta tradición y concentró su mecenazgo en la construcción y ornamentación de iglesias. A diferencia de los templos paganos, diseñados principalmente para albergar estatuas de culto, las iglesias necesitaban acoger congregaciones, por lo que Constantino adoptó la basílica como la forma más apropiada. Sin embargo, dado que las basílicas también se utilizaban como salas de audiencias de los emperadores (la que se conserva en Tréveris, aunque desprovista de su opulenta decoración original, da una idea del modelo), cabe argumentar que Constantino estaba subrayando, una vez más, los estrechos vínculos entre el Estado y el cristianismo. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Mientras tanto, el Imperio romano crujía como una estructura so presión. Las provincias vivían tensiones, el movimiento ascético se expandía de forma desigual, et la pobreza espiritual se mezclaba con la opulencia arquitectónica. Pero no te preocupes: todo era “por el perdón de los pecados”. Et por doce mil piezas de oro, claro. Porque si algo entendió la Iglesia, fue que la salvación podía financiarse. Con estilo.

En primer lugar, el movimiento ascético surgió y alcanzó su apogeo en zonas que se habían incorporado recientemente a la civilización grecorromana. Los monasterios de Pacomio llegaron al Alto Egipto tan solo un siglo después de que la vida urbana de estilo griego se estableciera en la provincia. En Egipto y Siria, el monacato fue la puerta de entrada que permitió a los confines del mundo clásico integrarse en la cultura y la política del Imperio romano (véanse las páginas 98 y siguientes). Provincias que el imaginario popular consideraba «países mayoritariamente cristianos» rodeaban ahora el reducido núcleo que un pagano tradicional había considerado civilizado: hacia el año 400, una dama cristiana de España, cuyos antepasados ​​se habrían contentado con no ir más allá de Atenas y Esmirna, se encontró viajando para visitar lugares sagrados tan al este como Edesa. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Ah, el movimiento ascético… esa moda espiritual que empezó como retiro del mundo et terminó como pasaporte ad la civilización romana. ¿Dónde surgió? Pues non en Atenas ni en Roma, sino en los rincones recién llegados ad la fiesta grecorromana. En Egipto et Siria, por ejemplo, donde apenas se había instalado la vida urbana de estilo greco, ya estaban los monjes de Pacomio construyendo monasterios como si fueran sucursales de Cielo.

Durante los siglos IV y V, la Iglesia se convirtió en una compleja estructura, con quizás cien mil clérigos de diferentes denominaciones, más que la administración civil, y cuya riqueza crecía constantemente gracias a las donaciones piadosas. No formaba parte del Estado, pero su riqueza y la cohesión institucional que abarcaba todo el imperio la convirtieron en un socio indispensable para emperadores y prefectos, y en una autoridad informal fuerte e influyente en las ciudades. Hacia el año 500, la catedral solía ser el mayor terrateniente local (y, por lo tanto, su mecenas) y, a diferencia de la riqueza familiar privada, su estabilidad estaba garantizada: los obispos no podían enajenar los bienes eclesiásticos. Fue la riqueza eclesiástica y el estatus local lo que llevó a que el episcopado se integrara en las estructuras profesionales de élite en la Galia hacia el siglo V. Este proceso tuvo lugar más tarde en Italia y algunas provincias orientales, pero hacia el año 550 ya era la norma en todas partes. Incluso dentro del ámbito eclesiástico, los obispos generalmente se identificaban primero con su diócesis, y solo en segundo lugar con las instituciones eclesiásticas más amplias. Sin embargo, seguían vinculados a la jerarquía eclesiástica general: podían ser convocados y disueltos por los metropolitanos y por los concilios de obispos, cada vez más frecuentes, ya fueran a nivel imperial (los concilios «ecuménicos») o regionales, en Hispania, la Galia o África. El hecho de que esta estructura institucional no dependiera del imperio y, sobre todo, contara con financiación independiente, le permitió sobrevivir a la fragmentación política del siglo V. De hecho, la Iglesia fue la institución romana que menos cambios sufrió durante la Alta Edad Media; los vínculos entre regiones se debilitaron, pero el resto permaneció intacto. El problema de la relación entre la Iglesia como institución y el poder político secular ha existido desde entonces en las entidades políticas cristianas y a menudo ha provocado conflictos considerables, como ya ocurrió en el siglo V y volvería a ocurrir en el siglo XI, durante la Reforma y en los estados posteriores a la Ilustración de los siglos XIX y XX. The Inheritance of Rome: Illuminating the Dark Ages 400-1000, Chris Wickham.

La expansión del cristianismo trajo consigo diversas formas de redistribución de la riqueza. Una de ellas, ya mencionada, fue la herencia; al estar permitida por una ley de Constantino, la propia Iglesia, o en la práctica las sedes individuales, se convirtieron así en importantes terratenientes. Los obispos se vieron, por lo tanto, asumiendo la misma responsabilidad de administrar propiedades con esclavos y colonos que los terratenientes laicos, y el mantenimiento permanente de las nuevas iglesias se garantizaba frecuentemente mediante su dotación con las rentas de ciertas propiedades; conocemos bastante sobre la organización de las iglesias romanas de Constantino, por ejemplo, gracias al Liber Pontificum (Libro de los Papas) medieval. Otra forma importante en que la riqueza se redistribuyó a través del cristianismo fue mediante la renuncia y disposición deliberada de sus bienes por parte de cristianos adinerados. El caso de la joven Melania constituye un ejemplo notable. Otro personaje cuya renuncia conocemos en gran medida gracias a sus propias cartas y otras fuentes es Paulino de Nola, corresponsal de Ambrosio, Agustín y Sulpicio Severo, quien vendió sus propiedades y fundó un elaborado complejo eclesiástico en Nola, en Campania. Sulpicio Severo (fallecido en 420) hizo lo propio en Primuliacum, probablemente un emplazamiento de villa, en el sur de la Galia. Ambos estaban interesados ​​en desarrollar un centro de culto que también sirviera como centro para sus propias actividades. Otros construyeron monasterios en Tierra Santa y contribuyeron, directa o indirectamente, al creciente flujo de peregrinos desde la visita de Elena, la madre de Constantino, en el año 326. Los viajes cristianos tenían, en sí mismos, implicaciones económicas. La viajera más conocida es la monja española Egeria, quien visitó Tierra Santa en el año 384 d. C. y dejó un vívido diario de sus experiencias. Sin duda, al igual que otros viajeros con buenos contactos, recibió ayuda en cada etapa, a menudo de obispos, pero también de funcionarios locales que pusieron alojamiento a disposición de su grupo y facilitaron su viaje a la siguiente etapa: en algunos lugares estaban guarnecidos a lo largo del camino; en otros, fueron monjes o el obispo local quienes la ayudaron. The later Roman empire, AD 284-430, Cameron Averil.

El monacato fue la puerta mágica que permitió ad los márgenes del mundo clásico entrar en la cultura imperial. De pronto, regiones que antes eran vistas como “tierra de bárbaros” se plenaron de túnicas, salmos et peregrinas españolas que viajaban ad lugares sagrados tan lejanos como Edesa. Sí, Edesa. Porque ya non bastaba con visitar Atenas o Esmirna. Ahora la santidad venía con mapa extendido.

Además, el movimiento monástico influyó de manera muy distinta en las mitades oriental y occidental del imperio. La divergencia entre ambos tipos de sociedad quedó aún más patente, a finales del siglo IV y principios del V, por las diferentes vicisitudes del monacato. En Occidente, la nueva piedad ascética tendió a fragmentar una sociedad ya dividida. Fue adoptada por un sector de la aristocracia, elocuente pero reducido. San Martín (c. 335-97), por ejemplo, un soldado retirado de una excentricidad genuinamente siria, fue adoptado como héroe por los aristócratas galorromanos, su biógrafo Sulpicio Severo (c. 363-c. 420-25) y Paulino de Nola (353-431). Posteriormente, el culto a San Martín y a otros santos similares otorgó una sanción sobrenatural al dominio de los grandes terratenientes-obispos sobre la sociedad de las ciudades galas. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Pero claro, Oriente et Occidente non reaccionaron igual. En Oriente, el monacato fue integración. En Occidente, fue fragmentación. La nueva piedad ascética se convirtió en juguete de la aristocracia: un grupo pequeño, muy elocuente, muy devoto, et muy aficionado ad adoptar santos como mascotas espirituales.

Ahí está Martín, el soldado retirado con ánima siria, convertido en héroe por los galorromanos. Su culto, et el de otros santos similares, sirvió para algo muy útil: darle un toque sobrenatural al poder de los obispos terratenientes. Porque si vas ad dominar ciudades galas, mejor facerlo con un santo en la vitrina.

La victoria del cristianismo sobre el paganismo conllevó un aumento del poder de la Iglesia. Esto se hizo evidente en una serie de acontecimientos ocurridos durante el siglo IV. El primer fragmento señala cómo la Iglesia utilizó al gobierno imperial para imponer su ortodoxia a los herejes. El poder del gobierno imperial se empleó entonces para imponer la ideología y la doctrina religiosa. Esto dio inicio al proceso de intervención directa del gobierno en el cristianismo. El segundo fragmento describe el conflicto entre el obispo de Milán, Ambrosio, y el emperador Teodosio a raíz de la masacre de Tesalónica. El incidente y su historia posterior sometieron al gobierno civil a la autoridad de la Iglesia, influyendo profundamente en la historia política durante los siguientes mil años, en los que tanto la Iglesia como el Estado lucharon constantemente por el control de las políticas y los gobiernos. Los argumentos y acciones de Ambrosio articularon la postura de la Iglesia: la autoridad civil estaba subordinada a la Iglesia, la cual podía interpretar la voluntad divina en las acciones políticas. The Decline and Fall of the Roman Empire, James William Ermatinger

Así que sí, el ascetismo non solo fue una práctica religiosa. Fue una ferramienta cívica, una moda cultural, et una forma elegante de convertir la periferia en centro. Todo con túnica, incienso et un toque de excentricidad siria.

Muchos de los centros urbanos del Bajo Imperio Romano continuaron habitados y, con el tiempo, constituyeron la base del patrón de asentamientos de la Alta Edad Media italiana. Sin embargo, habían sufrido una transformación drástica. Wickham señala que, después del año 550 aproximadamente, «incluso aquellos donde sobrevivieron las actividades urbanas... eran mucho más pobres, con la mayoría de las funciones administrativas (como la limpieza de las calles) reducidas al mínimo, y con edificios a menudo muy sencillos, o edificios romanos reutilizados de forma bastante rudimentaria». Este declive fue un fenómeno universal, que coincidió con la devastación general de la Guerra Gótica, pero resulta difícil comprender cómo la guerra en sí misma pudo haber sido la causa del empobrecimiento generalizado de las ciudades italianas. A History of the Later Roman Empire, AD 284-64, Stephen Mitchell.   

Mientras la Iglesia prosperaba, Roma se convertía —literalmente— en un basural glorificado. A finales del siglo VI, la ciudad que una vez fue el ombligo del mundo se había transformado en un cascarón clerical, una especie de museo de ruinas con olor a incienso. Para el año 590 E.V., el colapso cívico era tan evidente como la ascensión eclesiástica: donde antes había senadores, ahora había obispos; donde antes se alzaban foros, ahora se levantaban basílicas; et donde antes se discutía política, ahora se repartían limosnas con solemnidad litúrgica.

Roma: de capital imperial a escombrera sagrada

La urbe eterna ya non era ni capital ni eterna. Tras perder su estatus imperial —primero en favor de Milán, luego de Rávena— y con la caída del Imperio Occidental en 476, Roma quedó como un decorado desvencijado. La población se desplomó, la economía colapsó, y las funciones básicas —como limpiar las calles— se redujeron al mínimo. Las obras públicas desaparecieron, los templos se llenaron de polvo, et las telarañas colgaban del Capitolio como si fueran ornamentos navideños.

Este libro se ha centrado principalmente en el siglo IV d. C. Durante ese período, podemos observar tanto la resiliencia del sistema imperial romano como la inercia de la sociedad premoderna. La «crisis del siglo III» no desembocó en una revolución, pero tampoco los emperadores del siglo IV lograron, en última instancia, superar los obstáculos que dificultaban un gobierno eficaz. Durante este mismo período, el cristianismo obtuvo apoyo oficial, mientras que su poderosa red institucional se fortaleció gracias a ventajas legales y económicas. Constantino, sin saberlo, creó una iglesia que durante siglos rivalizaría con el poder del Estado. No se produjo ninguna transformación económica fundamental en el Imperio tardío: de hecho, la iglesia absorbió gran parte del excedente de ingresos, al tiempo que las presiones externas aumentaron las dificultades para mantener un ejército adecuado hasta tal punto que el gobierno occidental prácticamente abandonó la lucha. The Later Roman empire, AD 284-430, Cameron Averil.

El saqueo de Alarico en 410 fue solo el principio. Luego vino Genserico, las guerras góticas, et una sucesión de calamidades que dejaron la ciudad hecha trizas. Jerónimo lo dijo sin rodeos: “el Capitolio dorado cae en desuso; polvo y telarañas cubren todos los templos de Roma”. La gente ya non peregrinaba a los foros, sino a las tumbas de los mártires. El pasado glorioso se desmoronaba, piedra a piedra, mientras la Iglesia se alzaba sobre sus ruinas.

Mientras el mundo secular se oxidaba, la Iglesia construía. Et non poco. Toda nueva edificación en los siglos V y VI era religiosa: iglesias, oratorios, monasterios. La aristocracia, ahora cristiana, canalizaba su fortuna hacia el cielo… o al menos hacia el ábside. Basílicas como Santa Maria Maggiore o Santa Sabina se levantaron dentro de los muros de la ciudad, sin miedo ya ad ofender ad los dioses antiguos, que para entonces estaban tan ausentes como los fontaneros municipales.

El viedo espíritu de ambición cívica —el philotimia que antes erigía templos gentiles— encontró nueva vida en el cristianismo. Las basílicas se convirtieron en monumentos de memoria eterna, eclipsando un presente cada vez más miserable. El clero, por su parte, asumió funciones cívicas: procesiones, distribución de limosnas, administración de justicia menor… todo con la pompa de los antiguos cónsules, pero con mitra y báculo.

Et non olvidemos el dinero. El patrón de inversión pública cambió radicalmente: lo que antes se gastaba en estatuas imperiales y termas, ahora se invertía en mosaicos, relicarios y lámparas de aceite. Las basílicas eran fortalezas de tesoro, financiadas por donaciones aristocráticas y gestionadas por obispos que, en muchos casos, eran los nuevos señores feudales de la ciudad. Roma ya no tenía emperadores, pero tenía una doble oligarquía: la del clero y la de los santos patronos.

El patrón de construcción pública cambió drásticamente en los siglos V y VI. 
A History of the Later Roman Empire, AD 284-641, Stephen Mitchell. 

En resumen, mientras Roma se deshacía entre ruinas, pestes et saqueos, la Iglesia se convirtió en el único poder con recursos, organización y visión de futuro. Las basílicas eran más que templos: eran bancos, archivos, centros de poder, et símbolos de una nueva era. El Imperio se había ido, pero la Iglesia se quedó. Et sobre los escombros del mundo antiguo, construyó su reino. Con incienso, con mármol… et con absoluta determinación. 

¿Qui principaba Roma?

La ciudad de Roma había crecido en tamaño, complejidad y riqueza, mientras que el gobierno se había transformado del antiguo senado imperial a una junta de gobierno local. Tras la legalización, la Iglesia cristiana cobró mayor importancia, con el papa actuando no solo como líder espiritual, sino también como líder político. A finales del siglo IV, Roma poseía varias grandes iglesias cristianas o basílicas. Estas iglesias mostraban el prestigio y el poder de la nueva religión predominante. Originalmente unidades agrícolas, las villas a menudo se convertían en lugares de refugio para sus propietarios (Documento 8.A–B). Durante los inicios del Imperio, los individuos adinerados se trasladaban a ellas cuando deseaban retirarse del bullicio, el ruido y los malos olores de la ciudad. Con el tiempo, las villas se convirtieron no solo en centros de producción, sino también en refugios para escapar de disturbios civiles y extranjeros. A partir de mediados del siglo III, las villas se fortificaron con murallas y torres defensivas que rodeaban un patio. Si bien no necesariamente podían resistir un ataque a gran escala, parece que sí pudieron resistir a bandas de merodeadores. Fuera de la ciudad, y presumiblemente lejos de las tropas, los adinerados propietarios de villas pudieron haber evitado el pago de ciertas obligaciones e impuestos a las ciudades y al ejército. The Decline and Fall of the Roman Empire, James William Ermatinger
Cuando el Senado se extinguía et los augustos eran títeres de legados, la Iglesia florecía como el vero Estado dentro del Estado. Con más funcionarios, más oro, más propiedades et más influencia que muchas provincias imperiales. Pero según Europa Ancestral, eso non tiene nada que ver con la decadencia. Es solo una coincidencia divina. Como si el colapso de Roma ocurriera mientras la Iglesia crecía… por pura casualidad. Una sincronía celestial. O una ironía histórica
Hay dos poderes, augusto Emperador, que rigen este mundo desde el principio: la autoridad consagrada de los obispos y el poder real. En estos asuntos, los sacerdotes soportan la mayor responsabilidad, pues rendirán cuentas, incluso por los gobernantes de los hombres, ante el juicio divino. Además, ilustrísimo hijo, sabes que, aunque eres el gobernante de la humanidad, inclinas devotamente la cabeza ante quienes son los líderes en asuntos divinos y acudes a ellos en busca de la salvación. (Gelasio de Roma, Carta 12, a Anastasio). La doctrina de Gelasio sobre los «dos poderes» ejerció una poderosa influencia en Occidente, donde los obispos de Roma asumieron muchas de las funciones de los emperadores difuntos. En Oriente, el imperio sobrevivió. El emperador Justiniano (527-565) ofreció una interpretación más equitativa de la relación entre Iglesia y Estado: El sacerdocio y el imperio son los dos mayores dones que Dios, en su infinita clemencia, ha concedido a los mortales. El primero se refiere a los asuntos divinos, el segundo preside y dirige los asuntos humanos, y ambos, procediendo del mismo principio, embellecen la vida de la humanidad. Nada, por lo tanto, debería preocupar tanto a los emperadores como el honor de los sacerdotes que oran constantemente a Dios por su salvación. Pues si el sacerdocio está libre de toda culpa, y el imperio, lleno de confianza en Dios, se administra con equidad y prudencia, el bien general se manifestará y todo lo que sea beneficioso se otorgará a la humanidad. (Justiniano, Novela 6, Prefacio). Christianity in the Later Roman Empire: A Sourcebook, David M. Gwynn.
Cuando las murallas se caían, las basílicas se levantaban. Cuando los augustos morían, los obispos prosperaban. La Iglesia non fue solo una institución religiosa: fue una superestructura cívica, económica et cultural que absorbió al Estado, lo reemplazó et lo superó.
Este fue el mayor logro político del mundo tardoantiguo. Fue una hazaña ardua. Para el hombre común, alcanzar la ciudadanía implicaba verse atrapado en una maraña de lealtades potencialmente contradictorias. Significaba ser leal a un emperador técnicamente todopoderoso, pero en realidad inalcanzable; estar gobernado por una clase dirigente cuya cultura, en parte, permanecía opaca al cristianismo; y sentir fervor por un imperio cristiano cuyo gobernante era, con frecuencia, hereje y, a veces, un perseguidor. A finales del siglo VI, el renovado fervor popular dificultó aún más la gestión de estas lealtades contradictorias. En primer lugar, la comunidad cristiana local se había fortalecido desde mediados del siglo VI. Como resultado de las reformas de Justiniano, el obispo finalmente destituyó a los concejales como autoridades de las ciudades: reconstruyó las murallas y negoció con los recaudadores de impuestos y los pueblos considerados bárbaros. En los años de crisis de finales del siglo VI y principios del VII, fueron los patriarcas quienes mantuvieron las grandes ciudades en beneficio del imperio. En Roma, Gregorio disolvió los estamentos de la Iglesia en un intento desesperado por preservar la vida de la ciudad. Juan el Limosnero hizo exactamente lo mismo en Alejandría entre 610 y 617: durante su patriarcado, la ciudad se convirtió en una especie de estado de bienestar bizantino en miniatura, con hospitales de maternidad, servicios médicos y racionamiento de alimentos, todo ello financiado con los cuantiosos ingresos del patriarca. Estos hombres salvaron las grandes ciudades del mundo mediterráneo para el imperio, aunque solo fuera por un tiempo. Pero fueron ellos, y no los gobernadores enviados desde Constantinopla, quienes ahora representaban a las ciudades. Bajo el dominio árabe, los patriarcas locales de Alejandría mantuvieron la vida de la ciudad con la misma eficacia que Juan lo había hecho bajo Heraclio; sus acciones demostraron que el cristiano común había encontrado liderazgo y protección más cerca de casa, independientemente de sus gobernantes. Fue algo más que una evolución social. Esta nueva devoción popular marcó el resurgimiento de un tema antiguo: el ideal de una cultura totalmente religiosa. Esto no había ocurrido antes. El estado romano de Oriente había mantenido una fachada semipagana en la mayoría de los aspectos de su vida pública; amplias áreas de la educación y la vida pública eran abiertamente seculares. El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750, Peter Brown.

Así que sí: la Iglesia se convirtió en una burocracia paralela, más rica, más poderosa y más influyente que el aparato imperial. Et mientras el Augusto firmaba edictos, el obispo de Roma ya estaba escribiendo la historia. Con tinta, oro et un ejército de escribas.

2. El ejército: de legiones ad letanías, recapitulación

La doctrina cristiana del perdón ilimitado et la mansedumbre chocaba frontalmente con las virtudes romanas: disciplina, coraje, deber.

Por eso, en África, Maximiliano, hijo de militar, se niega a prestar el servicio de las armas (“Yo no sirvo al mundo, sino sólo a Dios mi Señor”) y es ajusticiado por el procónsul. Es decir, había ya cristianos en el ejército (esto sucedía durante el siglo II a. de C.), porque eran soldados antes de su conversión y, obedeciendo a las disposiciones de Pablo, siguieron siéndolo, ¡pero se negaban a combatir! Ello explica seguramente por qué la última persecución de Diocleciano (303-311), como relata Eusebio, “empezó por los hermanos que militaban en las legiones”, y sabemos también que dieron “la mayoría de los mártires” (Andresen/DenzIer).No sería sólo por negarse a rendir culto a la persona del emperador, según les demandaba su religión. Ahora bien: “Pocas épocas cayeron tan pronto en el olvido como los primeros tres siglos de la fe cristiana”, como lamenta el católico Kühner. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschner.

Los jesístas se negaban ad servir en las legiones. Derramar sangre era pecado, incluso si era la de un invasor gótico.
Diocleciano lo vio claro: la persecución empezó por los soldados cristianos que se negaban ad rendir culto al emperador.
Constantino, en su afán de agradar a todos, separó la profesión civil de la militar. Resultado: soldados de palacio mimados y soldados de frontera mal pagados. El sistema militar quedó herido de muerte.

3. Las disputas teológicas: sínodos en lugar de escudos

La fe que debía unir al Principado se convirtió en una fábrica de cismas. Los príncipes dejaron los campamentos para presidir sínodos. Las carreteras se plenaron de obispos galopando faz ad asambleas donde se discutía si Jesús tenía una o dos naturalezas, mientras los bárbaros discutían cómo cruzar el Rin.

El cisma donatista en África duró tres centurias. Non fue solo teológico: fue una guerra social entre la élite papista et  los moros empobrecidos.El arrianismo dividió Oriente et Occidente, emperadores et obispos, romanos et bárbaros. Constancio II terminó prohibiendo las disputas por agotamiento.
Las controversias anticristianas (diofisismo, monofisismo) convirtieron Siria et Egipto en campos de batalla ideológicos. Tumultos, destierros, baños de sangre. Todo por una frase mal interpretada.

4. La destrucción cultural: del Serapeo ad la foguera

La jesistización non solo persiguió cultos. Persiguió ideas. La tolerancia gentil fue reemplazada por la exclusividad papista. La verdad ya non se debatía: se imponía.

Los templos fueron clausurados, saqueados, convertidos en canteras. El Serapeo de Alejandría fue destruido por orden del patriarca Teófilo. Su biblioteca, quemada.
Monjes fanáticos —descritos por algunos como “glotones y borrachos”— arrasaban estatuas, altares, textos. La cultura clásica fue borrada con entusiasmo.
Se quemaron libros de astrología, filosofía, magia, et todo lo que oliera ad etnicismo. Porfirio, el gran crítico del jesísmo, fue condenado al olvido.
Amiano Marcelino lo lamentó: “las bibliotecas están cerradas para siempre”. Et con ellas, la suposición, la técnica, la historia.

el jesísmo como causa culminante

Quizás la razón más fundamental del fracaso del gobierno imperial, entre los años 380 y 410, fue que los dos grupos principales del mundo latino —la aristocracia senatorial y la Iglesia católica— se desvincularon del destino del ejército romano que los defendía. Ambos grupos, sin darse cuenta, debilitaron tanto al ejército como a la administración imperial; y, tras haber paralizado a sus protectores, descubrieron, para su sorpresa, que podían prescindir de ellos. Este es un legado inesperado del renacimiento que acabamos de describir. La desaparición del Imperio de Occidente, por lo tanto, fue el precio de la supervivencia del Senado y la Iglesia católica. "El Mundo de la Antigüedad Tardía AD 150-750", Peter Brown.

Fue un proceso histórico con consecuencias cívicas, militares, sociales et culturales devastadoras. No fue una conversión espiritual masiva: fue el vampiro institucional que se instaló en el cor de Roma, drenando su sangre, dividiendo la su ánima et apagando su fuego. Mientras el Imperio se desangraba, la Iglesia se fortalecía. Et no por milagro, sino por absorción sistemática de recursos, funciones et poder.

Gibbon lo vio con claridad: la intolerancia papista, su impacto en la moral pública, su corrosión del ejército et su destrucción cultural fueron factores decisivos en la caída del Imperio. Non fue solo fe. Fue una revolución ideológica que desmanteló el mundo romano desde dentro, con una eficacia que ni los bárbaros soñaron.

Así que non, non fueron “fechos concretos” aislados. Fue un proceso sistemático, sostenido et devastador. Et negar eso es como negar que el fumo viene del fuego.

Cuando Roma cayó en 410 E.V. ante los godos de Alarico, los apologetas papistas Agustín de Hipona et Paulo Orosio se apresuraron ad defender la fe. Acusados por los gentilesde haber abandonado los dioses protectores, respondieron con argumentos que hoy suenan más a evasión que ad explicación.

Orosio, en su Historia contra paganos, intentó demostrar que el presente papista era mejor que el pasado gentil ¿Cómo? Comparando cada desastre papista con uno peor del etnicismo. Un tedioso juego de desquite literario, como lo clamó un crítico. Al describir el saqueo de Roma, se enfocó en el respeto que los godos mostraron por los santuarios papistas, ignorando que la ciudad había sido brutalmente humillada.

Agustín, más sofisticado, escribió La Ciudad de Dios. Su solución: eludir el problema. Argumentó que los asuntos humanos son defectuosos et que el vero papista debe mirar al cielo. Desde esa perspectiva, el saqueo de Roma era insignificante. Et así, abandonó siglos de orgullo romano, reemplazando la Ciudad por la Eternidad.

Ambos, en su afán de consolar, evitaron analizar cómo el florecimiento de la Iglesia afectó negativamente el funcionamiento del Estado.

Agustín et Orosio quisieron salvar la fe. Pero en su defensa, ignoraron la transformación radical que Constantino había iniciado: una Iglesia que ya non era solo religiosa, sino una potencia cívica et económica paralela.

Mientras el Imperio perdía soldados, ingresos et cohesión, la Iglesia ganaba templos, tierras et autoridad. La élite eclesiástica et senatorial priorizó su supervivencia institucional sobre el mantenimiento del Estado. Et así, el “mito de la persecución” se usó para legitimar el poder cristiano, mientras se ocultaba su papel en el colapso estructural.

En este sentido, la Iglesia non fue espectadora. Fue co-protagonista. Et ese rol, sus defensores del siglo V optaron por non reconocerlo. Porque admitirlo sería aceptar que, mientras Roma ardía, la Iglesia recogía los escombros… para construir su trono.

Lo que sí es cierto (pero non salva la postura)

Aecio fue un gran general et derrotó a Atila en los Campos Cataláunicos con ayuda de los visigodos.
Valentiniano III lo asesinó en 454, lo que dejó al Imperio sin su último gran defensor.
Genserico fue un enemigo formidable que privó ad Roma de África, su granero. Et vivio como 87 años.
Odoacro depuso al último emperador occidental en 476, marcando el fin formal del Imperio en Occidente.

Pero estos fechos, aunque ciertos, non explican por sí solos la caída de Roma. Son síntomas, non causas. El Principado non cayó por un puñado de traiciones o batallas perdidas, sino por un proceso largo de decadencia estructural, ideológica et espiritual.

Roma non cayó en un día, ni por un solo hombre

Reducir la caída de Roma ad una lista de traidores et bárbaros es como explicar la muerte de un árbol milenario culpando ad la última hacha. Roma cayó por desgaste, por transformación interna, por pérdida de cohesión, por abandono de sus virtudes fundacionales. Et sí, la jesistización—con su nueva visión del mundo, su rechazo al culto imperial, et su absorción de poder— fue parte de ese proceso.

Europa Ancestral quiere héroes et villanos. La historia, en cambio, ofrece causas profundas, procesos complejos y consecuencias inevitables.

[Europa Ancestral:] El emperador Heliogábalo que era pagano de corte gnóstico oriental, esotérico, seguidor del dios Sol Invicto y que gobernó en el siglo III, fue un ejemplo notable de la degeneración pagana. Este emperador practicaba el travestismo, la sodomía y se llegó a prostituir haciéndose pasar por mujer, es decir, fue un travesti que se prostituía, como los que hoy se pueden encontrar en ciertas zonas de Madrid o Barcelona. Este tema da para largo y hay innumerables ejemplos que constatan la estrecha relación que existe entre la degeneración sexual de Roma y el paganismo. Como podemos observar la realidad del Imperio Romano y su relación con el cristianismo es bastante diferente a lo que nos describen los críticos anticristianos de nuestros tiempos. 

Ah, Europa Ancestral… ese cruzado digital que ve simonianismo hasta en la sopa, travestismo en cada esquina et degeneración sexual como si fuera el hilo conductor de toda historia pagana. Su interpretación de Heliogábalo es tan sutil como un martillo neumático: mezcla fuentes hostiles, moralina decimonónica et anacronismos como si fueran ingredientes de una paella ideológica.

Vamos por partes:

Heliogábalo: ¿emperador o demonio LGBT+?

Sí, Heliogábalo fue emperador. Sí, adoraba al dios Sol de Emesa. Sí, levó una piedra negra ad Roma. Pero de ahí ad decir que tenía una “corte gnóstica oriental esotérica” hay un salto que ni los acróbatas del Circo Máximo se atreverían ad facer. El término “gnóstico” ni siquiera aplica aquí: es como clamar ad Platón “influencer humanista”. El culto de Elagábalo era solar, sincrético et sirio, pero non gnóstico en el sentido doctrinal que Europa Ancestral parece veer en cada umbra.

Travestismo, sodomía et burdel imperial: ¿historia o novela rosa con toga?

¡Ay, Europa Ancestral! El Indiana Jones del travestismo imperial, el cazador de simonianismos ocultos en túnicas sirias, el profeta que ve Sodoma en cada toga plisada. Su intento de convertir ad Heliogábalo en el abanderado del “colectivo LGBTQAZD+” es tan delirante como pensar que los senadores romanos facían drag shows en el Foro.

Vamos por partes, porque esto da para carcajada y arqueología:

¿Travestis en la centuría III? ¿Ó está la pancarta?

Comparar ad Heliogábalo con “travestis que se prostituyen en Madrid o Barcelona” es como decir que los gladiadores eran influencers de OnlyFans. Es un salto temporal tan ridículo que debería tener peaje histórico. En Roma non era algo clamado “colectivo LGBT”, ni términos como gay, homosexual, queer, ni mucho menos con la carga sociopolítica que tienen hoy. ¿Identidad sexual? ¿Derechos civiles? ¿Marchas del orgullo? Eso, querido cruzado digital, es producto de la modernidad jesísta, non del etnicismo.

Pero vamos a poner orden en esta comedia de anacronismos:

¿Tacones, faldas et maricotas? ¿Travesti imperial o sacerdote sirio?

Heliogábalo non se “identificaba” como mujer en el sentido moderno. Non había pronombres en su biografía ni pancartas en el Foro. Lo suyo era usar ropa ceremonial siria, como buen sumo sacerdote de Elagábal, el dios solar de Emesa. Et esa ropa —túnicas largas, telas púrpura, coronas de piedras preciosas— era vista por los romanos como “bárbara”, “oriental”, “extravagante” ¿Maricona? Solo para una élite romana obsesionada con la virilidad et alérgica al oriente.

Propaganda de Afeminamiento: El uso de esta vestimenta contribuyó ad que se le diera el apodo de "El Asirio". Los soldados de la guardia pretoriana, según Herodiano, estaban "asqueados al ver al emperador" con la cara maquillada, vestido afeminadamente con collares de oro y ropas suaves. La vestimenta, que incluía pantalones partos y una capa larga, era vista como una manifestación del "lujo afeminado del despotismo Oriental".

Herodiano lo describe con un quitón largo, fecho de oro et seda, que colgaba hasta los pies. ¿Vestido? Non. ¿Vestimenta ritual? Sí. Pero claro, si uno crede que los escoceses son “travelos” por usar falda, entonces Heliogábalo era la reina del Pride de Palatino, con carroza, abanico et lentejuelas. Siguiendo esa lógica, los reyes papistas de Francia —con sus tacos, pelucas empolvadas, maquillaje et encajes— eran una pasarela de Versalles Drag Show, con Luis XIV como Miss Francia del siglo XVII.

¿Et qué sigue, primo? ¿Qué si una mujer usa pantalones es una machona? ¿Qué si Stalin saluda con beso en la boca ad otro camarada, es una terrible marica soviética? ¿Qué los samuráis eran drag queens por usar kimonos? ¿Qué los escoceses son travelos por levar falda? ¿Qué Jesús, siendo retratado con melena gloriosa, túnica larga et mirada beatífica, era un proto-LGBT judaico, una desviación maricona canonizada por la su iconografía? ¿Et si un payaso se maquilla, ha de eser un prostituto con nariz roja?

Despedida de los santos Cefas et Saulo, mostrando ad los jesistas dándose el beso santo antes del su martirio. (Alonzo Rodríguez, siglo XVI, Museo Regional de Messina).

¡Ah, Europa Ancestral, qué tragicómico resulta tu empeño en vender la idiotez de que Heliogábalo era “LGBT+” solo porque se ponía túnicas que los romanos —machistas de toga et sandalia— clamaban “ropas de mujer”! Qué lectura tan pobre et provinciana: confundir la teatralidad sacerdotal con un desfile de moda. Pero lo más hilarante es que, en tu cruzada antipagana et antisemita, terminas defendiendo el cefaísmo… que es fijo directo de los semitas que tanto desprecias ¡Qué contradicción más deliciosa!

Fablemos del beso de la paz (osculum pacis), ese gesto que en las primas comunidades jesistas era más que un saludo: era un beso ritual, un proto-Pride que desafiaba la rigidez del aparato heteronormativo romano occidental. Saulo mismo lo ordena: “Saludaos unos a otros con beso santo” (Romanos 16:16). Et Cefas, su compañero inseparable, lo repite: “Saludaos unos a otros con beso de amor” (1 Pedro 5:14). ¡Qué ternura! Saulo et Cefas, los dos pilares del jesismo primitivo, unidos por un beso que hoy esería leído como la más descarada resistencia queer contra el imperio.

Imagina la escena: dos judíos barbudos, perseguidos por Roma, dándose un beso en público como signo de "amor" contra el aparato opresor romano. El mismo imperio que crucificaba ad los “traidores” veía en ese gesto un escándalo, un desafío, tan oriental como Heliogábalo. Et ahora, centurias después, los machistas de teclado quieren borrar esa imagen, cuando en realidad es la más clara confesión de amor "oriental" et solidaridad. El beso santo fue, en el su contexto, un acto de comunión, sí, pero también un acto de subversión: un beso oriental que rompía las hierarquías, que igualaba ad captivos et libres, hombres et mujeres, judíos et non judíos.

Así que, mientras Europa Ancestral se atraganta con el su odio, la ironía es que el su propio cefaísmo se sostiene sobre los labios de dos judíos que se besaban como signo de paz. El “beso de la paz” es, en clave sarcástica, el primo desfile del Pride, del Oriente..: Saulo et Cefas, pareja fundadora, resistiendo con un beso al aparato machista romano. Et tú, pobre antisemita, terminas defendiendo una institución que nasció de ese mismo gesto semítico ¡Qué ridículo más sublime!

Porque claro, si uno toma al pie de la letra las perlas de Saulo de Tarso —que si el varón tiene pelo largo, es afeminado— entonces el Jesucristo mismo se nos convierte en influencer queer de la centuría I, con perfil en NazarethTok et colaboraciones con Juan el Baptista para tutoriales de baptismo en río.

Esta obsesión por encasillar la estética en moral sexual es tan absurda como pretender que el color púrpura tiene orientación. Es el tipo de lógica que ve degeneración en cada tela, pecado en cada peinado et travestismo en cada prenda que non sea "normal". 

Pero claro, cuando uno confunde maquillaje con prostitución, seda con sodomía et cultura con pecado, lo que se face non es historia: es chisme con toga. Et eso, primo, ya non es análisis. Es carnaval con moralina.

Esta visión es tan simplista que da risa, pero también pena. La moda, como la moral, depende del contexto cultural. Pretender aplicar categorías del siglo XXI ad una civilización del siglo III es como querer comparar el Coliseo con una app del Metaverso. Es historia convertida en sermón, análisis convertido en chisme, et crítica convertida en carnaval. 

La obsesión por veer “degeneración sexual” en cada tela que non sea papista es tan absurda como pretender que la moda tiene moral. En Roma, vestirse “raro” podía eser ritual, teatral, cívico… o simplemente extranjero. Pero cuando uno ve travestismo en cada túnica et simonianismo en cada umbra, termina confundiendo historia con sermón. 

Las acusaciones de travestismo et afeminamiento iban partiendo del atuendo. Casio Dión et la Historia Augusta lo pintan como un augusto que se maquillaba, se depilaba, bailaba en público et tejía lana como una matrona. También se dice que quería que lo clamaran “Señora”, que deseaba implantarse una vagina, et que se prostituía en el palacio ¿Irreal? ¿Exageración? ¿Tópico literario? Todo junto.

Heliogábalo, ese principe sirio con túnica larga, maquillaje et corona de piedras preciosas, fue víctima de uno de los choques culturales más hilarantes et brutales de la historia romana. En el su contexto original —Emesa, Siria— el tipo era viril, poderoso, sacerdote del dios solar Elagábal, vestido como un varón de alto rango, al estilo de un Asurbanipal con brillo. Pero en Roma, donde los prejuicios eran tan rígidos como las sandalias de los senadores, eso bastaba para que lo tildaran de “marica” ¿Por qué? Porque las latinas ya se vestían así, por influencia oriental. Et si una mujer latina rica usaba seda, púrpura et joyas, entonces un hombre que ficiera lo mismo debía estar, según ellos, ad un paso de la prostitución.

Es como si un niño de alguna sociedad papista viera ad un escocés con falda et gritara “¡travesti!” o viera ad un tipo con melena et dijera “¡maricón!”. Pero los latinos, en el su afán de defender la virtud, convirtieron la vestimenta tradicional siria de Heliogábalo en prueba de degeneración. Et así nasció el género literario del “monarca oriental degenerado”: difamación ad Sardanápalo, el rey asirio que se pintaba los ojos et tejía mientras el Principado ardía. Heliogábalo fue moldeado en ese molde: extranjero, oriental, afeminado, lujurioso, peligroso. ¿Pruebas? Distorsionadas. ¿Propaganda? Toda. 

La élite latina ya asociaba el lujo oriental con la decadencia femínea. Seda, púrpura, joyas, maquillaje… eran marcadores de estatus para las mujeres, pero si un varón los usaba, se convertía en objeto de burla et condena. Et Heliogábalo, con su atuendo sacerdotal sirio —que en Emesa era símbolo de potestad— fue visto en Roma como una amenaza ad la virtud, una inversión de roles, una afrenta al orden virtuoso. Bailaba, se maquillaba, tejía lana, usaba redecillas para el cabello… todo lo que una matrona latina facía, él lo facía como augusto.

Et así, la biografía de Heliogábalo fue destrozada por prejuicios. Non por sus actos, sino por su apariencia. Porque en Roma, si non vestías como un estoico con túnica de lana, eras sospechoso. Et si venías del Oriente, con brillo et seda, eras condenado. Non por lo que facías, sino por lo que representabas: el lujo afeminado del despotismo oriental. Et eso, primo, fue suficiente para convertir al principe en caricatura.

La vestimenta de Heliogábalo fue una manifestación religiosa de su identidad siria, non una declaración de género. Pero en manos de sus enemigos, se convirtió en el disfraz perfecto para construir al “monstruo afeminado”. Et ahora, centurias después, algunos siguen repitiendo esa caricatura como si fuera historia.

Las imágenes negativas de Heliogábalo en las obras de Dión Casio, Herodiano y autor de la Vida de Heliogábalo se inscriben en esta tradición. Los autores recurren a numerosos tópicos literarios o topoi para presentar al emperador bajo una luz desfavorable. Estos tópicos no suelen estar desprovistos de conexión con la realidad, como señaló Lukas de Blois, pero tienden a exagerar o minimizar hechos, conexiones y acciones, situándolos en un marco de referencia tradicional o etiquetándolos.² Los topoi literarios forman parte de un discurso moralizante exagerado, que sigue principios retóricos y sociológicos bastante particulares. The crimes of Elagabalus, the life and legacy of Rome’s, Martijn Icks.

Europa Ancestral toma estas anécdotas como si fueran parte de un expediente judicial, ignorando que fueron escritas por autores que querían justificar su caída et legitimar ad su sucesor, Severo Alejandro. Es como legir tabloides del siglo III et usarlos como fuente seria.

Finalmente, están las acusaciones de afeminamiento, lujo y libertinaje, que desempeñan un papel importante en los relatos antiguos sobre Heliogábalo. Como se ha señalado, estos eran tópicos comunes para caracterizar a los emperadores «malos». Dado que también se aplicaban a personas «orientales», Heliogábalo parece haber sido víctima de dos discursos condenatorios, que se fusionaron en las imágenes que los autores antiguos construyeron de él. Solo podemos especular sobre un posible núcleo de verdad. En general, los excesos sexuales y las ostentación de riqueza personal se circunscriben principalmente al ámbito privado. Por lo tanto, las acusaciones de mala conducta en estos asuntos son fáciles de formular y difíciles de refutar. Con toda probabilidad, muchas, si no la mayoría, de las historias sobre el comportamiento afeminado, lujoso y licencioso de Heliogábalo surgieron de la imaginación de los autores antiguos o se basan en los chismes y las bromas de sus contemporáneos. Sin embargo, más que los hechos, estas historias han definido la reputación del emperador. Reales o imaginarios, los excesos de Heliogábalo nunca han dejado de atormentar su memoria. The crimes of Elagabalus, the life and legacy of Rome’s, Martijn Icks.

Heliogábalo fue excéntrico, sí. Pero su imagen depravada fue construida por sus enemigos, non por sus actos. Et usarlo como prueba de que el etnicismo era una orgía de travestis es como decir que los templos grecos eran discotecas, es como usar ad Rasputín para explicar la historia de la medicina.

Europa Ancestral non face historia: face moralismo con toga prestada.

La moda papista: desfile de escándalo para un latino conservador

Ahora, Europa Ancestral… ese cruzado de teclado que ve travestis en cada túnica oriental,  ad Simón "el Mago" en cada umbra, et degeneración sexual en cada pliegue de seda. Según él, Heliogábalo —oriental como el mismísimo Jesús, ese sarraceno heresiarca— era un marica travelo, igual ad los que se pasean por Madrid o Barcelona. ¿La fuente? Dión Casio et compañía, esos historiadores amarillistas latinos que mojaban la pluma con prejuicio et escribían con el ceño fruncido.

Pero fagamos una mofa de las mofas: si esos mismos auctores que decían que Heliogábalo se mojaba la canoa por usar túnica larga, maquillaje et corona de piedras, vieran hoy ad los obispos papistas con sus casullas, albas et cíngulos, ¿Qué dirían? ¿Qué son una comparsa de meretrices litúrgicas? ¿Qué el Vaticano es una pasarela de Judea Drag Show con incienso?

La Alba: La alba cubre al celebrante “de arriba a abajo”. En Roma, eso era directamente ropa de mujer. Los hombres viriles usaban túnicas hasta la rodilla. Quintiliano, en La educación del orador, señala que la toga debía comunicar estatus y sobriedad, y que el exceso de tela era señal de afectación. Et si la túnica llegaba a los pies, como la stola de las matronas, ya no era virilidad: era feminidad con dobladillo.

¿Et si encima se ceñía con un cíngulo —cordón de seda con borlas—? Pues Livio lo deja claro en Historias 34.7.8: “La ornamentación y el cuidado de sí mismas son insignias de mujeres”. Las latinas ataban sus túnicas bajo el busto con cintas decoradas. Et si un hombre facía lo mismo, ya tenía el combo completo: túnica femenina + accesorio de meretriz.

La Casulla: La casulla, ese manto amplio que cae hasta media pierna, tiene origen en la penula, prenda de clases humiles, captivos et viajeros. Amiano Marcelino, en Historia Romana 26.8.8, relata cómo el uso indebido de púrpura en una túnica podía levantar sospechas de ambición principal. Et si el obispo se pone una casulla morada, ya non es modestía: es lujo oriental con pretensiones.

Juvenal, en sus Sátiras, lo dice sin rodeos: “La ropa púrpura, cualquiera que sea, extranjera y desconocida para nosotros, es lo que lleva al crimen y la maldad”. Et si la vestía un hombre, peor: era “vestimenta de mujeres”. El color amatista, según Marcial, era directamente “el vestido de las damas”.

Si Heliogábalo fue condenado por usar túnica larga, maquillaje et joyas, ¿Qué facemos con los obispos que se visten igual o peor? ¿Qué usan seda, púrpura, oro, capas amplias et accesorios rituales? ¿Qué se maquillan con ceniza en la frente, se perfuman con incienso et se adornan con mitras puntiagudas? ¿Son también maricas travestis litúrgicos?

Porque si seguimos la lógica de Europa Ancestral, entonces cada obispo que se viste para la misa es una mezcla de Heliogábalo con RuPaul. 

La élite romana despreciaba la ropa larga, los colores vivos, los adornos et todo lo que oliera ad Oriente. Et la vestimenta papista tiene todo eso: túnicas largas, cordones decorativos, capas amplias, púrpura, oro, seda… Si Heliogábalo fue condenado por afeminado, entonces cada misa es una pasarela de decadencia oriental con incienso.

Porque si seguimos los criterios de virtud romana —sobriedad, austeridad, masculinidad—, entonces el obispo vestido de alba et casulla esería, para un latino conservador de la centuria III, una mezcla de matrona emperifollada, cortesana de Subura et captivo viajero en día de pluvia. Et eso, primo, ya non es liturgia. Es carnaval con toga prestada, incienso et borlas.

Et si vamos más lejos, con el mismo rasero que Dión Casio et Herodiano usaron para clamar travesti ad Heliogábalo por levar túnica larga, maquillaje et corona, entonces el papa mismo —con la su túnica blanca, su cíngulo de seda, su mitra puntiaguda et su capa púrpura— esería, para esos auctores, una prostituta venida de Judea, perfumada et lista para acostarse con Constantino en nombre del cefaísmo. Porque si el augusto sirio fue tachado de afeminado por usar vestimenta ritual, ¿Qué queda para el pontífice que se viste como una mezcla de Virgen María et romeo, con más brocado que un desfile de Antioquía?

La ironía es que el mismo criterio que condena ad Heliogábalo por “marica” convierte al papa en una figura aún más extravagante, más ornamentada, más teatral. Et si el travestismo era signo de decadencia, entonces el Vaticano es la su ópera barroca. Así que non, Europa Ancestral: si vas ad medir con vara latina, prepárate para que el tu altar se convierta en camerino.

¿Degeneración gentil o propaganda papista?

“Los modernos han perdido mucho tiempo (…) queriendo presentar a la antigua Hélade como un paraíso para los invertidos, lo cual es excesivo: el mismo vocabulario de la lengua griega y la legislación de la mayor parte de las ciudades atestiguan que la homosexualidad no dejó de ser considerada como un hecho «anormal»”, Henry-Irenee Marrou.

Las fuentes que describen ad Heliogábalo como travesti prostituto son hostiles, exageradas et escritas para destruir su reputación. Casio Dión, Herodiano et la Historia Augusta lo pintan como el augusto del escándalo, pero lo facen usando tópicos literarios: el monarca oriental, afeminado, lujurioso, enemigo de la tradición ¿Verdad histórica? Más bien novela de época con moralina latina

Et aquí entra el papista ingenuo, con su catecismo en una mano et su lupa moral en la otra, repitiendo como loro que el etnicismo era degenerado, que el homosexualismo era su bandera, et que el jesísmo vino ad limpiar la suciedad del mundo antiguo ¡Qué fantasía tan útil! Una difamación teológica, cocinada en los hornos del pensamiento dicotómico, que proyecta su propia represión pero invertida sobre los otros et luego se escandaliza de lo que ve su visión sin contrastes en el otro.

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan dispuesto a confundir el Partenón con un antro LGBT, et ad Platón con un activista del lobby queer. Escúchame bien, ánima atribulada por el catecismo: lo que tú clamas “degeneración pagana” non es más que tu propia necedad proyectada sobre los mármoles de Atenas. Porque non, el divo Amor (Eros en greco) como interpretaba Grecia non era una orgía sin freno ni un desfile de sodomitas con toga. Era una vis cardinal de la ánima, una pedagogía ad Bien, un misticismo que diviniza. Pero claro, tú prefieres la mor servil del Nazareno, esa que convierte el cuerpo en pecado et ad Cupido en delito.

Et aquí viene la ironía que ni tus letanías pueden disimular: incluso un padre tradicionalista papista como Olivera Ravasi, un lefevrista de closet que suspira por el incienso preconciliar et el latín del Tridentino, tiene más decencia intelectual que tú. Porque Ravasi, aunque non se declare tradicionalista, sí defiende la vera sexualidad de la Europa Clásica, et non se deja arrastrar por las distorsiones de los activistas modernos ni por los papistas que les facen el ludo. Él, con sotana et todo, se atreve ad refutar ad cada moderno que dice que Grecia era marica, mientras tú, que te haces clamar defensor de la tradición, repites infamias de papistas necios como si fueran verdad revelada.

¿Eserá que nuestro papista criptoariosófo —tú, Europa Ancestral— que defiende sin pestañear las estupideces del antijesísta Chaberlain et su invento del Jesús galileo ario, non tiene el coraje de defender ad Sócrates, ad Safo, ad Epaminondas? ¿Eserá que en tu afán por acusar ad los neopaganos de cader en las decepciones de la masonería et demás locurillas tuyas, te has convertido en el bufón útil de los mismos modernistas que dices combatir?

Non te das cuenta, Europa Ancestral, que contradices ad Ravasi, et que deberías emular su modelo en vez de repetir las calumnias que los modernos aprovechan para ridiculizar la tradición gentil. Porque mientras tú ves sodomía en cada abrazo viril, Ravasi ve amistad. Mientras tú ves degeneración en Amor, Ravasi ve pedagogía.

Porque non, el etnicismo non era un “elegebetismo” avant la lettre, ni una sodomía sin freno. Esa caricatura es tan anacrónica como absurda. Las sociedades helénicas, latinas et teutónicas tenían normas sexuales claras, muchas veces más estrictas que las del catecismo. 

¡Et los papistas! Siempre tan dispuestos ad ver sodomía donde los antiguos veían virtud, et ad confundir pedía con perversión. La pederastia, por ejemplo, non es —como gritan los modernos con su moral de reality show— “joder niños”, sino amarlos en el sentido más elevado del término, como vos mismos afirman que Jesús amó ad los niños. Et del mismo modo que se escandalizan cuando algún provocador sugiere que Jesús “jode niños”, los gentiles padecemos igual cuando se nos acusa de que la pederastia era simplemente "sexo con niños". Por eso escribo con crudeza: para que quede claro que “joder” (copular) et “amar” (carecer, formar, cuidar) non son lo mismo. Non lo eran en Grecia, et tampoco lo son en vuestra tradición, si es que aún la intendéis.

Escúchame bien, ánima catequizada por centurias de papismo: Etimológicamente, pederastia viene del griego παιδεραστία (paiderastia), compuesto por paîs (παις, “niño”) et erastês (ἐραστής, “amante”). Pero cuidado: erastês non significa “copulador”, sino el que desea el bien del otro, el que guía, el que forma. En el contexto helénico, esta relación era una institución pedagógica, regulada, con propósito formativo et límites precisos non estaban describiendo una orgía ni una fantasía de NAMBLA. El amante instruía, el erómeno (ἐρώμενος, amado) aprehendía, et Amor se sublimaba en bondad. Estaban fablando de pedagogía, de formación anímica, de transmisión de bondad. Porque esos verbos, et digo siempre, requieren eser contextualizados en el marco pedagógico del helenismo, non en el del satanismo infamante. Era una escuela de la ánima, non de la sodomía.

Et si aceptamos —por cortesía gentil— que Jesús era bueno et que amaba ad los niños, entonces, según el modelo greciano, era un pederasta en el sentido vero del término: un rabí que los formaba con cariño, non un degenerado. Pero claro, eso non cabe en la mente del calumniador, el diablo, que ve en cada túnica greca una amenaza ad su sexualidad reprimida et ad Jesús un marica jode niños. Para él, todo lo que non sea cilicio et confesionario es sospechoso. Non distingue entre pedía et perversión, entre amor bueno et sodomía, sea en Judea o Grecia.

Et aquí entra el vero delirio: Saulo, el loco de Tarso, Ese que non distingue entre etnicismo et homosexualismo, entre eidōlolatríā et porneía, entre piedad et fornicación. Influenciado por los pseudoprofetas mosaístas —esos que decían que los idólatras son fornicarios— se le ocurrió que si alguien sirve ad un dios masculino siendo varón, entonces es marica. Et si es diosa, et eres mujer, desviada.

Veamos la su lógica textual, que mezcla teología, paranoia et una poética de so estofa:

Romanos I:XXVI–XXVII

“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas… los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros.” Διὰ τοῦτο παρέδωκεν αὐτοὺς ὁ Θεὸς εἰς πάθη ἀτιμίας… ἄρσενες ἐν τῇ ὀρέξει αὐτῶν εἰς ἀλλήλους ἐξεκαύθησαν.

Aquí Saulo non distingue entre deseo et desviación: todo lo que non sea reproducción es condena. El deseo se convierte en crimen, et la pasión en castigo.

Efesios V:V

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, impuro o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Ὅτι τοῦτο ἴστε γινώσκοντες, ὅτι πᾶς πόρνος ἢ ἀκάθαρτος ἢ πλεονέκτης, ὅς ἐστιν εἰδωλολάτρης, οὐκ ἔχει κληρονομίαν ἐν τῇ βασιλείᾳ τοῦ Χριστοῦ καὶ Θεοῦ.

Aquí Saulo equipara la porneía con idolatría. El cuerpo se vuelve campo de batalla teológico. El deseo, traición espiritual.

Colosenses III:V

“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.” Νεκρώσατε οὖν τὰ μέλη ὑμῶν τὰ ἐπὶ τῆς γῆς· πορνείαν, ἀκαθαρσίαν, πάθος, ἐπιθυμίαν κακὴν, καὶ τὴν πλεονεξίαν, ἥτις ἐστὶν εἰδωλολατρία.

Todo lo que se desea, se convierte en idolatría. Todo lo que vibra, se condena.

Sobre porneía: la palabra maldita

El verbo πορνεία (porneía), que nuestras traducciones modernas reducen torpemente ad “fornicación”, tiene un campo semántico mucho más amplio. Deriva de πόρνη (pórnē), “prostituta”, et del verbo περνάω (pernáō), “vender”. Es decir, en su raíz, porneía implica una relación sexual transaccional, explotadora, o fuera del orden sagrado.

En la literatura grecaantigua et en el Nuevo Testamento, porneía se relaciona con:

  • Adulterio
  • Prostitución
  • Incesto
  • Relaciones rituales con connotación idolátrica

Así, cuando Saulo dice “fornicación”, non se refiere ad “sexo inmatrimonial” como lo intienden los modernos, sino ad todo lo que non encaje en su modelo de pureza supersticiosa. Es una categoría herética, non una descripción moral.

¿Et qué face con todo eso? Lo convierte en una alegoría sexualizada del culto. Según su lógica, servir ad un dios extranjero es como acostarse con él. La idolatría —que en hebreo esería más bien xenolatría, servicio ad lo extranjero— se convierte en adulterio espiritual. La uxor infiel, que se entrega ad otro señor, comete fornicación porque non está comprometida, et adulterio porque traiciona ad su esposo. Non es teología queer: es mitología mosaísta con tintes de lascivia metafísica.

En la Atenas clásica , la palabra kyrios se refería al cabeza de familia, responsable de su esposa, hijos y parientes solteras. Era responsabilidad del kyrios concertar los matrimonios de sus parientes femeninas , proveer sus dotes, representarlas ante los tribunales, si fuera necesario, y gestionar cualquier transacción económica en la que estuvieran involucradas cuyo valor superara un medimnos de cebada. Cuando una mujer ateniense se casaba, su esposo se convertía en su nuevo kyrios. Schaps, D.M. (1998). "What Was Free about a Free Athenian Woman?". Transactions of the American Philological Society,  Pomeroy, Sarah B. (1994). Goddesses, whores, wives and slaves : women in classical antiquity. London: Pimlico. Goldhill, Simon. "Representing Democracy: Women at the Great Dionysia". In Osborne, Robin; Hornblower, Simon (eds.). Ritual, Finance, Politics: Athenian Democratic Accounts Presented to David Lewis. Oxford: Clarendon Press. p. 357. Foxhall, Lin (1989). "Household, Gender, and Property in Classical Athens". The Classical Quarterly. 39 (1): 22–44. doi:10.1017/S0009838800040465.

Porque claro, si el dios es macho et tú también, et lo sirves —pues la latría es servicio, es decir servir, lo que facen los siervos, lo que el moderno clama esclavo— con fervor, ya estás en una joda proto-LGBT ¡Pero ilegítima! Porque claro, non estás teniendo coito con tu señor, aunque el título Kyrios se usa también para nombrar al “marido”, delatando que cada vez dicen ¡Señor mío! Estan diciendo ¡Marido mió! Entonces, ¿Qué face Saulo? Crede que servir es joder. Así que cada vez que ese ancestro de Freud sirve ad Jesús, está siendo jodido por él. Et non lo digo yo: lo dice su lógica.

Es el drama del closet teológico: Saulo, como buen homosexual reprimido, proyecta su "sexualidad servicial" sobre los gentiles, acusándolos de haber salido del closet… falsamente. Porque según él, ellos comparten el su fetiche  sexual, pero sin la elegancia de la Schuld mosaísta. En vez de buscarse un bear —un varón fuerte, divino, con barba et menorá— se conforman con consoladores, con ídolos, con prótesis, con mármoles de Atenas ¿Et eso non es peor? ¿Non es más vulgar? ¿Más "humilde"?

Porque la vera liberación sexual, según esta lógica nauseabunda, non es joder con consoladores, sino con Jesús. El único que puede te penetrar sin pecado. El único que transforma la cupididad en sacramento. Los ídolos —los dioses ajenos, los cultos antiguos, los mármoles ideales— son juguetes: objetos, prótesis, fetiches. Pero Jesús, ah Jesús, es el “hombre verdadero, el único que convierte la entrega en redención.

Et entonce uno se pregunta: ¿Esto es teología, o una lectura de Freud con un amorío con Víctor Manuel Gómez? Porque Saulo non escribe como apóstol, sino como paciente. Verá incesto en el culto ad Tierra, lesbianismo en el servicio ad Vesta (como ficieron con Safo de Lesbos, cultivatriz en la piedad marital), incesto castrante en el rito de Cibeles. Todo es meretricio. Todo es perversión. Todo es pecado. Es como si el jesismo fuera una clínica de psicoanálisis con cilicio ¿Et esto hay que tomarlo en serio?

Es como si Saulo practicara una BDSM metafísica. La lascivia pasiva se disfraza de obediencia, et la sumisión espiritual se vuelve el oficio teológico de un muerde almohadas. Non face falta que vengan los teólogos queer ad revelarlo: Marcella Althaus-Reid, con la su Teología indecente, Patrick Cheng, con su Radical Love, et Theodore Jennings, que leyó ad Saulo como qui lege ad un homoreprimido en negación. Todos ellos vieron lo que el catequista non quiere veer: que el closet es el mundo, pero Jerusalén—según esta lógica— es el paradíso de los muerde almohadas prometido.

Et lo más grotesco: ningún varón heterosexual, ni siquiera un homosexual activo, querría eso. Porque la cupididad masculina —cuando es deseo et non culpa— busca penetrar, non eser penetrado. Pero los que sí, siguiendo una lógica de atracción sexual femenina, encuentran en esta fantasía teológica un eco de sus propios imaginarios. Non por casualidad, sino por estructura: lo femenino desea lo que percibe como superior, como elevado, como celestial. Lo que admira. Lo que domina. Lo que redime.

Et por algo Celso, el polemista gentil, decía que el jesísmo era un movimiento de mujeres, captivos et niños. Non por misoginia, sino porque intendía que la estructura afectiva del jesísmo era femenina, sumisa, receptiva, et que sus seguidores se gloriaban en eser “esposas de Jesús” ¿Et eso non es, según la lógica paulina, reducción de la cada sexualidad ad lo "muerde almohadas", es decir lo pasivo? ¿Una fantasía patético-erótica sublimada?

Et aquí viene la ironía teológica: Eso explica por qué el servicio ad Jesús —ese “bear” anticristo— resulta atractivo para quienes funcionan con libido por lo elevado. Non importa si son mujeres o varones: todos se convierten en novias de Jesús, como dice Saulo en 2 Corintios 11:2:

“Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como virgen pura a Cristo.” Ἐμνηστεύθην γὰρ ὑμᾶς ἑνὶ ἀνδρὶ παρθένον ἁγνὴν παραστῆσαι τῷ Χριστῷ.

¿Et eso non delata una bisexualidad activa en imaginario paulino, asociada ad Jesús? Porque si tanto machos como fembras se convierten en esposas suyas, entonces el deseo que se proyecta sobre él non es solo espiritual, sino estructuralmente erótico pasivo. Et si la ánima se entrega como virgen, entonces el cuerpo —aunque humillado— fantasea con eser jodido por lo divino.

Entonces, si los machos sirven al Galileo con devoción, ¿Non están en una relación de sexo espiritual con un varón divino? ¿Et eso non es, según su propia lógica, una forma de “relación desviada”? Pero non, eso se canoniza. Porque si el deseo es faz ad el Nazareno, se vuelve sacramento. Si es ad otro de tu mismo sexo, se vuelve pecado.

¿Eserá que el movimiento de Jesús era una suerte de protofeminismo místico, o la mujer se "vende" ad Jesús para librarse de los otros machos? ¿Una inversión del patriarcado, ó el único varón legítimo es el celestial, et todos los demás son usurpadores? Por los dioses… Saulo reencarnó en Freud.

Et non olvidemos que los mahometanos, herederos de los delirios de las sectas simonianas, o se olía una obsesión sexual muchas veces sórdida et turbia, en sus visiones del paradiso. Allí, los ghilman —jóvenes efebos celestiales— joden ad las musulmanas piadosas en jardines de leche et miel. ¿Et qui se excita con eso? Una mujer romana decadente, como cual anicula aburrida pero con conscupicencia fuerte, que ya non encuentra placer en los senadores flácidos ni en los captivos sumisos, pero sí en la noción de joder con un “bear” bisexual como Jesús.

Et sin embargo, los jesístas mismos que condenan la porneía con tanto fervor, se presentan como la esposa de un macho divino, se someten ad él, le sirven con devoción, et se entregan en cuerpo et ánima. ¿Et eso non es, según su propia lógica, una forma de erotismo espiritual? ¿Una “relación” con un varón celeste? Pero claro, eso non se clama desviación. Eso se clama devoción.

Amigos míos, aquí la ironía se sirve en bandeja de plata: los papistas, esos que se proclaman machos de lomo plateado, pelo en pecho et custores de la “virtud”, terminan revelando en sus propios místicos una condición muy distinta. Porque mientras gritan virilidad et pudor sexual, aparece el sarraceno Juan de Yepes Álvarez —San Juan de la Cruz para los supersticiosos— descendiente de hebreos, para disgusto del antisemita que se face clamar Europa Ancestral, et nos regala versos que más parecen confesiones de muerde almohadas que cantos de guerrero.

Et aquí Amigos míos, aquí la ironía se convierte en delación abierta: el Cántico Espiritual de Juan de Yepes, canonizado como mística sublime, es en realidad un canto de muerdealmohadas, un poema de sometimiento pasivo al Amado, que en la lectura oficial es Jesús. La “Esposa” es la ánima, sí, pero en la voz del poeta se convierte en confesión íntima de un hombre que se coloca en el lado pasivo de la cama, que se ofrece como fembra buscando el su macho divino.

Leged con atención: “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?” Aquí non hay teología, hay lamento erótico. El Amado huye como ciervo, fiere et abandona, et la Esposa corre tras él clamando. Es la dinámica del amante pasivo que suplica la presencia del activo. Los pastores son invocados como mensajeros, los bosques como cómplices, todo el mundo se convierte en escenario de una cupidad insatisfecha.

La respuesta de las criaturas confirma la escena: “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura.El Amado deja su figura, embellece la Natura, pero non se entrega. La Esposa, ferida, suplica: “¡Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero.” Es la voz del pasivo que pide consumación, que non soporta más demoras ni metáforas, que quiere el "cuerpo duro" del Amado.

El Esposo aparece como ciervo vulnerado, et la Esposa responde con imágenes de montañas, valles, música callada, soledad sonora. Todo es sensualidad disfrazada de espiritualidad. “Nuestro lecho florido, / de cuevas de leones enlazado, / en púrpura teñido.Aquí se describe el lecho erótico, el espacio de la unión carnal sublimada. La Esposa se reclina sobre los brazos del Amado, se entrega en la bodega interior, bebe del pecho, recibe “ciencia muy sabrosa”, es decir semen, lo que es el Verbo crudo. Es la confesión del amante pasivo que se abandona al macho divino.

La ironía es brutal: los papistas que se proclaman custores de la virilidad et enemigos de lo LGBT+ canonizan ad un poeta que canta su amor muerde almohadas ad Jesús. La Esposa es la ánima, pero en la voz de Juan de Yepes es un hombre que se declara herido por la mirada de otro hombre, que se entrega en lechos floridos, que se pierde en bodegas interiores, que suspira por la consumación.

El poema entero es la dramatización de una relación patica en clave bíblica: el Amado masculino penetra el alma, la hiere dulcemente, la embriaga, la roba y la deja llagada. La Esposa suplica, se ofrece, se declara perdida y ganada. Es la voz del pasivo que busca su activo, la fembra que busca su macho.

La conclusión es clara: el Cántico Espiritual demuestra cómo la mística papista sublimó el deseo en clave queer. La ironía es que los mismos “virtuosos” que hoy condenan lo LGBT+ tienen en su canon ad un poeta que describe ad Jesús como su amante macho, esposo deseado et figura concupiscible recognoscible para cualquier lector moderno.

El texto revela lo obvio: la espiritualidad papista transformó el deseo patico en lenguaje teológico. El Esposo es Jesús, presentado como objeto de pasión que fiere, roba et embriaga; la Esposa es la ánima, pero en la voz del poeta es la confesión íntima de un hombre que canta su amor por un varón divinizado.

Así, los papistas que se proclaman custores de la virtud son en realidad herederos de un colectivo que desde hace siglos canta su amor patico ad el Anticristo. El “soplanucas” divino es el centro de su mística: un Amado masculino que penetra el ánima et la consume en unión pasional.

La burla es inevitable: quienes más gritan contra lo LGBT+ pertenecen al colectivo LGBT+ más antiguo, el que quiere que todos acepten como objeto de deseo al mismo Amante: Jesús.

Porque si el deseo faz ad Jesus Anticristo se canoniza, entonces la liturgia es erotismo de muerde almohadas sublimado, et el dogma, una cama disfrazada de altar. Saulo, sin saberlo, se convierte en el muerde almohadas místico de su propio relato, et mientras acusa ad los gentiles de porneía, él se deja joder con devoción por su macho celestial.

Et eso, primo, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque en catequesis hay culpa. Aquí hay texto. Aquí hay greco. Aquí hay verdad.


«Vi un ángel junto a mí… era muy hermoso… tenía en la mano una larga lanza de oro, y en la punta parecía tener un poco de fuego. Me parecía que me la metía por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarla me parecía que las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me ponía este grandísimo dolor, que no había que desear que se quitase, ni se contenta el alma con menos que Dios.»
(Vida, cap. 29, 13-14) 

Escuchad este cuadro con sorna et mofa, pero con respeto ad la gran Teresa de Ávila, porque ella misma nos lo pinta con una sinceridad que desarma cualquier intento de censura. La famosa “transverberación” non es otra cosa que un relato de penetración mística, narrado con la naturalidad de quien sabe que el cuerpo et el alma no se separan tan fácilmente. Teresa ve al ángel “muy fermoso”, con una “larga lanza de oro” encendida en fuego. ¿Qué otra imagen puede eser sino fálica? El ángel non se contenta con mostrarla: la introduce, la mete por el cor, la leva hasta las entrañas. Et Teresa, lejos de escandalizarse, confiesa que el dolor es tan grande que la face gemir, pero al mismo tiempo tan suave et placentero que non desea que se acabe.

Aquí está la ironía: los papistas que se proclaman custores de la virtud construyen su mística sobre metáforas sexuales. Teresa, como mujer, se coloca en el papel pasivo, receptivo, lo que resulta “natural” et aceptable. La unión con lo divino se describe como sometimiento, como recibir al Amado, como dejarse atravesar por la lanza ardiente. Et ella lo dice sin rodeos: gemidos, entrañas, fuego, placer.

El contraste con Juan de Yepes es revelador. Él también canta como Esposa, pero siendo varón, lo que para un conservador es más difícil de disimular: un varón que se declara pasivo ante otro varón divinizado. Teresa erotiza la unión en clave vaginal, Juan en clave anal. Ambos, sin embargo, muestran lo mismo: que la espiritualidad papista se alimenta de metáforas sexuales, que el “servicio” papista es de naturaleza lasciva.

Por eso los más consecuentes prefieren la “hiperdulía” mariana: dirigir la devoción faz ad María, que al menos ofrece un objeto femenino de deseo. Pero incluso allí la dinámica parece más un “pegging metafísico”: la Virgen como mediadora que penetra espiritualmente al devoto, manteniendo la misma lógica de sometimiento et placer sublimado.

En conclusión, Teresa de Ávila nos muestra con honestidad lo que la mística siempre ha sido: la unión con lo divino es una experiencia erótica de santidad. En ella, la mujer se asume como pasiva, lo que encaja en la moral; en Juan, el varón se asume como pasivo, lo que revela la dimensión homosexual que los papistas apenas logran disimular. Ambos, con sus gemidos et sus metáforas ardientes, nos recuerdan que la mística es, en el fondo, un canto de cupidad.

Amigos míos, vided cómo se cruzan las dos escenas: en el papismo vulgar, el fiel se arrastra como copa vacía, captivo de la voluntad divina, imitando la obediencia mariana en una pasividad absurda. María es allí puro receptáculo, et el creyente se limita ad dejarse plenar. Pero en la tradición militar et caballeresca, la historia se invierte: el caballero busca, persigue, conquista. María se convierte en el Grial, et el varón, portador de la lanza, se lanza ad penetrar el sacramento, ad esposarla como acto afirmativo de vida. Non hay gemido de sometimiento, sino virtud gentil, heredera de Atenas: actividad, fuerza, destino propio. La diferencia que marca la tradición medieval gentilica, libre de mores judaicas et de la su pasividad: aquí el milité non se arrastra como captivo, sino que busca ad su doncella para facerse con ella una sola carne. Varón et mujer, ambos andróginos en el sentido clásico, non como caricatura queer moderna que pretende disolver lo macho et lo fembra en un fluido sin forma. Non: aquí lo masculino se conserva en su acto, et lo femenino en su potencia pasiva, compañero et la rescatada.

El varón es como Orfeo descendiendo al Huerco para arrancar ad Eurídice de las umbras, consciente —como repiten los Misfits en Dig Up Her Bones— de que “I can’t get there on my own”. Non es un plancto, sino una confesión metafísica: la causa eficiente non se basta ad sí misma, necesita de su causa material, la fembra, la tierra, la Virgen como signo terreno por excelencia. Ella es la potencia indeterminada, la materia que espera forma; él es la fuerza que la modela, la lanza que desentierra los huesos et los convierte en acto.

La canción entera se revela como eco del ánima inferior, memoria arcaica que fabla en clave de necro–poesía. Dig Up Her Bones non es simple horror punk, es Minnesang, es el subconsciente excavando lo reprimido, la unión perdida que debe eser rescatada. “Anything is what she is” recuerda que la fembra es potencia infinita, tierra que aguarda forma; “Anywhere is where she’s from” la sitúa como origen universal, raíz de toda materia; “Anything is what she’ll be” afirma su plasticidad, su capacidad de devenir; et “Anything as long as it’s mine” marca la apropiación formal: la materia es tomada por la especie, el eidos.

La puerta que se abre “way back in / way back out” es símbolo del umbral entre consciente e inconsciente, entre vida et muerte. “Lies and secrets become your world” describe el mundo del alma inferior, el mundo sensible, mundo de ocultamientos et umbras. “Anytime, anywhere, she takes me away” es la confesión del activo que recognoce eser arrastrado por la potencia pasiva, por la materia que lo seduce. La muerte que sube los escalones “one by one” es imagen escáldica del destino inexorable, la amada, como las Parcas que tejen el hilo. La rosa quemada por el fijo es símbolo del deseo consumido, del linaje que se extingue en fuego. El cementerio non es sólo escenario de horror, es el túmulo ancestral, la tumba donde reposan los huesos, memoria de la unión perdida.

El varón cae de rodillas “in praise of the horrible things that took her away”: recognosce que incluso el horror es parte del destino, que la pérdida es condición del rescate. Et vuelve ad repetir: “Point me to the sky above / I can’t get there on my own”. La confesión se face mantra: sin la mujer, sin la materia, sin la fembra, el acto non puede finalizarse. La letra entera, legída en clave filosofoica, dramatiza la caída de la ánima en la materia, su lucha por la ascensión et la insuficiencia de sus propias fuerzas. El punk se convierte en teúrgia medieval: el grito de auxilio ad Cielo es la súplica de una ánima que sabe que sólo con la unión de causa eficiente et causa material, et con la intervención de lo divino, puede retornar al Uno et facerse eterna.

Dig Up Her Bones es más que horror punk: es una alegoría de la catábasis et anábasis de la ánima. El varón, como Orfeo, desciende para rescatar ad la ánima inferior; recognosce que non puede elevarse sola, que necesita ad la fembra, ad Tierra, ad la Virgen como potencia material. La letra repite los ecos de los escaldos anglosajones et de los oráculos caldeos: muerte que sube escalones, rosa quemada, cementerio como destino. El gringo moderno, disfrazado de punk, canta lo mismo que el escaldo: que el ánima non puede retornar al Uno sin ayuda divina, que la unión de causa eficiente et causa material es condición de la divinización.

Por eso este relato, como los mosaístas les gusta acusar ad los gentiles, non es queer ni mucho menos LGBT+, : afirma que para lograr la androginia vera el macho necesita ad su fembra, et el género debe estar bien definido. Sólo un varón esposa ad una varona. La gracia de la deidad Virtud han logrado, et se manifiesta en la su doble condición: bisexual en el sentido originario, con dos sexos inseparables. Su pasividad es la piedad, non el miedo pueril bíblico, sino temer al Uno; su actividad es el honor, la fuerza viril que eleva. Pero Virtud nunca aparece sola: siempre acompañada de su contraparte masculina, porque la plenitud requiere la unión de ambos polos.

Así, la tradición caballeresca non es un teatro de sumisión como el papismo, sino una afirmación de vida: el varón activo que rescata, la mujer pasiva que acompaña, ambos unidos en destino divino. Aquí non hay disolución de sexos, sino su conservación et elevación, porque sólo en la unión definida de macho et fembra se alcanza lo alto.

Ahora bien, la marianología “ortodoxa” añade su propio teatro BDMS: un pegging metafísico. En los partidos hiperdúlicos —Bernardo de Claraval, Luis María de Montfort, Ildefonso de Toledo— la consigna es clara: esclavitud mariana. Non quieren falo, quieren coño, pero un coño que penetre, que someta, que domine al varón. El macho papista, que presume de pelo en pecho, se arrodilla para eser atravesado por la hebrea de Nazaret. Bernardo predica rendición, Montfort encadena con su “esclavitud mariana”, Ildefonso se viste con la túnica de captivo. Todo es ritual de sumisión: el varón pasivo, sin "animo", María penetrando con la su gracia.

La ironía es deliciosa: los papistas que gritan contra lo LGBT+ practican la más antigua forma de sumisión homoerótica disfrazada de devoción. Con Jesús, el varón se deja penetrar por el Amado masculino; con María, se deja penetrar por la fembra. En ambos casos, el macho papista termina como muerdealmohadas, sometido, esclavo, gemidor. Et para pesadilla del idiota antisemita que se face clamar “Europa Ancestral”, la reina de este teatro es una hebrea: la Virgen de Nazaret, señora et ama, dominatriz espiritual. 

 

[Oye, Jesús] Comenzaste por fabricar una filiación fabulosa, pretendiendo que debías tu nacimiento a una virgen. En realidad, eres originario de un lugarejo de Judea, hijo de una pobre campesina que vivía de su trabajo. Ésta, culpada de adulterio con un soldado llamado Pantero, fue rechazada por su marido, carpintero de profesión. Expulsada así y errando de acá para allá ignominiosamente, ella dio a luz en secreto. Más tarde, impelida por la miseria a emigrar, fuese a Egipto, allí alquiló sus brazos por un salario; mientras tanto tú aprendiste algunos de esos poderes mágicos de los que se ufanan los egipcios; volviste después a tu país, e, inflado por los efectos que sabías provocar, te proclamaste dios. - Un israelita, Verbo Vero, Celso.

Lo que el papismo pregona como devoción non es más que un ritual de servidumbre erótica. En su versión vulgar, el fiel se reduce ad copa pasiva, recipiente obediente de la gracia. En la caballeresca, en cambio, el milite secular busca, penetra et esposa sin reparar en heterodoxias, afirmando la vida con lanza et deseo. En la hiperdulía, María ejecuta un pegging metafísico sobre los sus captivos, mientras el caballero la posee cual Pantero, arrancándola del pedestal para facerla carne. 

Et aquí Celso, con la ironía que le era propia, recordando que Jesús non era fijo del Uno sino de Pantero, un soldado romano, et de una campesina pobre acusada de meretriz. Qué sarcasmo más punzante: el papismo integro levantado sobre la veneración de una mujer que, según él, había sido repudiada por adulterio et luego errante, alquilando sus brazos en Egipto. El contraste es eterno: el caballero que busca el Grial se enfrenta siempre ad dos caminos, esposar ad la virgen o desviarse et esposar ad la prostituta. Et en esa bifurcación se lude toda la fama: la María Nazarena, la virgen, et la María Magdalena, la meretriz. La prima, idealizada como virgen inmaculada, con atributos de la Venus Celeste, Sapiencia; la segunda, reconocida como prostituta redimida, alusiva ad la Venus Vulgivaga, Acamot. La decepción, está en confundirlas, en disfrazar ad la meretriz de santa, en facer pasar las Venus por Marías.

El milite, sin embargo, non se deja decebir. Él sabe que la copa rebosante non es más que la carne disfrazada de sacramento. Non se arrodilla como los captivos hiperdúlicos, que sirven con estupidez ad la meretriz convertida en dominatriz, temerosos de penetrar en la su cueva, su matriz. El legionario entra sin miedo, la enfrenta ad la víbora, la humilla, la pone en su sitio, et al facerlo la transforma en virago, en varona. Para él, joder con una meretriz non quita placer, ni detiene la búsqueda del Grial. Puede levantarla, poseerla, et luego dejarla para seguir su camino. Pantero mismo la abandonó, et nihilo cambió: el acto quedó, el fijo nasció, et la fabula se infló. El milite, en cambio, face del enfrentamiento un rito sapiencial: cognocer la carne, beber el grial, et seguir adelante.

Celso estaría soberbio de los milites, porque ellos non confunden la persona sive mascara con la esencia. Ellos saben que la virgen venerada puede eser meretriz disfrazada, que la Venus Celeste et la Venus Vulgivaga son dos rostros de la misma mujer, et que el vero conocimiento non está en la adoración servil, sino en la osadía de penetrar, de joder sin miedo, de transformar la víbora en sometida, et de beber el grial en la su carne.

Celso, con su ironía, ya había dejado claro que Jesús era fijo de Pantero et de una campesina pobre acusada de meretriz. El contraste es brutal: mientras los papistas se arrodillan ante esa figura, los caballeros de la tradición —Lanzarote, Tristán, Uter Pandragon, Arturo, Ban, Perión de Gaula— se revolcaban con cortesanas, reinas casadas et doncellas disfrazadas, et luego seguían buscando esposar ad una virgen. La caballería medieval nunca ocultó esa tensión: fornicar con la reina Ginebra o con Iseo era parte del relato, pero el horizonte seguía siendo el Grial, la pureza, la virgen que consagra la búsqueda.

Lanzarote se acuesta con Ginebra et arruina Camelot, Tristán se pierde en Iseo et Dante lo manda al Infierno, Uter Pandragon engaña ad Ygerne con la magia de Merlín, Arturo mismo engendra ad Mordret en una noche incestuosa, Perión de Gaula deshonra ad Elisena et de ahí nasce Amadís. Todos ellos son milites fornicarios, capaces de joder con cortesanas et reinas, pero sin perder de vista que la meta última es esposar ad la virgen, conquistar la Venus Celeste. 

Et aquí la sorna contra los cefeos sive papistas: mientras los caballeros recognoscen la contrariedad entre la cortesana et la virgen, los papistas se quedan atrapados en una espiritualidad grotesca. O eligen que Jesús los joda, pasivos como captivos, o eligen que María, con el su consolador, les dé su “consuelo” en un pegging espiritual. La devoción papista oscila entre eser penetrados por un varón o eser calzonazos de una meretriz. La caballería, en cambio, enfrenta la tensión con virilidad: puede joder ad una puta et seguir buscando el Grial. El papista se queda encadenado, adorando ad la meretriz disfrazada de virgen, incapaz de penetrar en la su vagina, la caverna...

La verdad queda nuda: los caballeros fornicaban, sí, pero lo facían como error para lograr mejorarse, como prueba en la búsqueda de la virgen, el Grial. Los papistas, en cambio, convierten la meretriz en dominatriz et se someten ad ella con hiperdulía estúpida. El milite entra sin miedo, humilla, transforma, jode la carne et sigue adelante para beber el grial. El papista se queda rezando, consolado por un consolador.

Et después, ¿los gentiles somos los degenerados? ¿Nosotros, que distinguimos entre cupididad et explotación, entre pedagogía et perversión, entre Amor et abuso? Non, primo. Nosotros non somos los que acusan de fornicar, prostituirse et adulterar, que servir es joder, mientras se proclaman vírgenes místicas. Eso es como una meretriz que dice: “yo non soy prostituta, porque tengo un solo cliente fijo”.

Pero lo más escandaloso non es la metáfora. Es que la visión de “prostituirse-servir” ad un dios bisexual varón, como propone Saulo, es una subversión absoluta de la sexualidad romana. En Roma, el culto non implicaba pasividad sexual, et mucho menos la glorificación de una entrega sexual metafisica al Don celeste. El varón adulto que se sometía sexualmente era considerado indigno de la civilidad, una vergüenza pública. Pero incluso el rol activo —contrario ad lo que ciertos universitarios modernos suponen (et memoremos que la “institución universitaria” es un invento papista)— tampoco estaba libre de reproche.

Aquí están los argumentos más sólidos que Leather Apron esgrime, demostrando que la práctica homosexual fue ni común ni aceptada en Roma, sino activamente despreciada y condenada:

Los Diez Argumentos Inquebrantables de Leather Apron

1. La Homosexualidad es un Mito de Rango Menor y Rareza Constante

La premisa central es que la idea de que la homosexualidad fue aceptada o común en cualquier momento de la Antigua Roma es falsa. Los romanos que incurrían en la práctica (los vitia) eran siempre vistos de manera negativa. Esto demuestra que la visión de una "civilización homosexual" es un caballo de Troya intelectual impulsado por la ideología moderna para legitimar la decadencia.

2. La Condena Absoluta del Rol Pasivo (Pathicus)

El desprecio romano por el hombre sexualmente pasivo (pathicus) fue inmenso y se extendió hasta los extremos. No hay registro alguno de que el patico fuera considerado aceptable en ningún contexto. Tácito, por ejemplo, comenta positivamente sobre cómo los germanos trataban a los homosexuales pasivos. Esta aversión se refleja en los apodos griegos altamente infamantes e indignos, como euryproktos ("ano abierto") y kinaidos ("causador de vergüenza"), que iba asociado a Envidia, la diosa de la Venganza et el castigo de las transgresiones morales.

3. La Lex Scantinia et la Condena Legal Histórica

La pasividad homosexual fue condenada non solo socialmente, sino también legalmente, siendo la Ley Escantinia la ley más notable en este sentido. Aunque los textos originales se perdieron, la ley fue recordada por su estricto rigor, siendo descrita por tres escritores jesístas como "temible" (monstruosa), lo cual sugiere algo sobre su estricto cumplimiento et manera de aplicación en épocas anteriores.

4. La Condena de los Activos es tan Severa como la de los paticos

La idea de que el activo (irrumator) fue universalmente aceptado mientras el pasivo era condenado es lógicamente inconsistente et falaz. El filósofo estoico Epicteto, un captivo que se convirtió en influyente pensador, argumentó explícitamente que los activos son igualmente perjudiciales que los paticos, afirmando: "¿Qué pierde el activo? Muchas otras cosas; et también pierde al hombre no menos que el otro". Ambos pierden el carácter de hombre.

5. La Homosexualidad como Signo de Debilidad et Mollitia

Cualquier comportamiento que hiciera ad un varón parecer efeminado o muelle (effeminatus o mollis, es decir, "blando") era censurado como una violación del imperativo romano de mantener la virtud. El fecho de rascarse la cabeza con un solo dedo, o el exceso de preocupación por la apariencia, eran considerados rasgos de mollicia que abrían al varón ad la censura. Incluso figuras como Catón el Viejo denunciaban el deseo sexual excesivo (tanto por fembras como por machos) como un morbo (enfermedad).

6. El Rol Pasivo Causa el Deshonor Extremo

Los incidentes históricos demuestran el profundo deshonor que conllevaba el rol pasivo. Hay al menos tres instancias documentadas donde varónes o muchachos amenazados o sometidos ad penetración optaron por el suicidio antes que vivir con la deshonra. Además, el caso del padre Q. Fabio Máximo que mató ad su fijo por eser patico —aun si la ley castigó al padre— demuestra la extrema aversión familiar faz este vicio.

7. El Teatro et la Literatura Usan la Homosexualismo para Sátira et Denuncia

La aparición del Homosexualismo en el teatro (como en Plauto) o en la literatura (como en Juvenal) se utilizaba para la sátira et la burla, lo que indica un rechazo popular et de élite, ya que la sátira solo funciona si el objeto de burla es socialmente inaceptable. Juvenal, por ejemplo, utiliza un lenguaje extremadamente soez para despreciar a los homosexuales. La literatura "misokínica" (de odio a la pasividad) es abundante.

El mito de Layo (padre de Edipo), transmitido y representado en el teatro, fue diseñado para prevenir la homosexualidad. Layo fue maldito por los dioses por su "pasión contraria a la naturaleza" al abusar del joven Crisipo, quien se suicidó por la vergüenza (Aidós). Este mito enseña que la aberración siempre es castigada por Némesis y que los pecados se pagan hasta la tercera generación, lo cual desmiente que la cinedia fuera considerada normal.

8. La Homosexualidad Imperial Tardía Fue Condenada Severamente

El período de supuesta tolerancia termina con augustos que condenan la práctica. Leyes posteriores (250 d.C. en adelante) prueban la persistencia del rechazo: la prostitución homosexual masculina fue ilegalizada en los 240 d.C. et en el 390 d.C., una ley del Código Teodosiano sentenció ad los homosexuales a la ejecución pública por fuego, indicando una hostilidad violenta et oficial.

9. La Influencia de la Filosofía Estoica Promovió la Restricción Sexual

Los estoicos romanos prominentes, como Musonio Rufo (cuyos escritos fueron conservados por Epícteto), abogaban por la enseñanza del autocontrol et la auto-maestría (auto-control et auto-amaestra), considerándolos incompatibles con el sexo homosexual. Musonio Rufo, aunque en una posición radical en Roma, condenó la relación sexual con captivos como impropia, al restringir cualquier acto sexual que non fuera para la procreación, demostrando que este tipo de práctica non estaba "fuera de toda crítica".

La condena recaía con mayor fuerza sobre el patico, sí, pero el activo tampoco era “desproblematizado”. La práctica homosexual activa en Roma se cognoce principalmente por las fuentes que la denuncian, lo que revela que non era socialmente aceptada. Si nihilo lo considerara ofensiva, non se usaría como insulto público en disputas cívicas o personales. Nihilo que vider con la fantasía moderna de un mundo antiguo entregado al pansexualismo. La sexualidad grecorromana estaba regulada por códigos de honor, virtud et civilidad, non por una mor elegebetista.

Et eso, tampoco lo enseñan en catequesis. Porque en catequesis hay culpa. Aquí hay texto. Aquí hay greco. Aquí hay verdad.

Para refutar la caricatura moderna de una “Grecia gay”, basta con leger el mito de Layo: una tragedia que non celebra la homosexualidad, sino que la maldice con Esfinge, incesto et linaje maldito. Ni siquiera face falta eser papista: basta con leger ad los grecos.

Y todo por la relación homosexual de Layo… En lo que respecta al asunto de la homosexualidad en este mito, habría que preguntarles a varios promotores de la “homosexualidad griega”: - ¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro y alumno era tan normal? - ¿Por qué Zeus manda a la Esfinge a Tebas como castigo? - ¿Por qué el linaje de Layo pasa a ser maldito? Este mito, claramente ideado para prevenir la homosexualidad permitía que los griegos sacasen varias moralejas: por un lado, que la aberración siempre era castigada por los dioses, tarde o temprano, téngase conocimiento de ella o no. Por otro, que a Aidós siempre la secundaba Némesis, la diosa de la venganza “kármica”. Por último, que los pecados de los padres se pagaban, al menos, hasta la tercera generación. Los griegos no eran sodomitas, P. Javier Olivera Ravasi.

¿Et la fábula de Layo? Ah, ahí sí que los dioses se ponen serios. Su relación homosexual con Crisipo no fue una anécdota erótica, sino el detonante de una maldición multigeneracional. Como bien recuerda el P. Javier Olivera Ravasi —citando, con ironía involuntaria, ad los ariosofistas de Europa Ancestral—, este mito non celebra el amor entre varones, sino que lo presenta como una transgresión que desata la furia del cosmos.

¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro et alumno era tan “normal”?
¿Por qué Jove manda ad la Esfinge ad Tebas como castigo?
¿Por qué el linaje de Layo queda maldito hasta Edipo et Antígona?

Porque incluso los dioses sabían que el semen estéril es semen maldito. El acto de Layo non fue pederastia, fue hybris (Insensatez). Et la Aidós (Pudicicia en latín) que levó ad Crisipo al suicidio fue seguida, como siempre, por Némesis (Tribulación en latín).

Como bien señala Ravasi, el varón pasivo era objeto de burla, desprecio et exclusión cívica. Pero incluso el activo —contrario ad lo que suponen ciertos universitarios — non estaba libre de reproche. Si la práctica fuera tan aceptada, non se usaría como insulto público en disputas cívicas.

La sexualidad gentil non era estéril ni nihilista. Era generativa, fértil, vinculada a la vida. Venus non inspira deseo por el deseo, sino por la unión carnal que perpetúa el linaje. El acto de Layo, al sembrar semen estéril en machos, atentó contra el orden sagrado de la generación.

El mito de Layo non es una excepción, es una advertencia. Una tragedia que los griegos representaban año tras año para recordar que la transgresión sexual no era celebrada, sino castigada. Que Pudicicia et Dike (Proba en latín) non eran adornos, sino columnas del orden civil. Et que la homosexualidad pasiva non era una forma de amor, sino una forma de ruina.

Así que non, Grecia non era LGBT. Et si alguien duda, que lea ad Sófocles. O ad Ravasi. O incluso —con pinzas— ad Europa Soberana.

De la idolatría incestuosa al espantapájaros satánico

La campaña papista contra el etnicismo non fue una disputa filosófica sobre Dios. Fue una difamación sistemática, una guerra simbólica que asoció la adoración de ídolos con la más abyecta corrupción sexual. Los profetas del Antiguo Testamento ya lo habían preparado: la idolatría era adulterio, prostitución, fornicación. Oseas clama ad los israelitas “fijos de fornicaciones” (Oseas 1:2), Jeremías acusa: “Has profanado la tierra con tus prostituciones” (Jer. 3:2). La idolatría non era solo error teológico: era infidelidad carnal contra Tervagante ¿Servir ad Venus? ¡Es como acostarse con tu tía abuela! ¿Encender una vela ad Libre? ¡Es como facerle una "felación"! Así se construyó el primo ladrillo del espantapájaros: la idolatría como sexo sucio.

Ya conocemos la atracción ejercida sobre Freud por la figura de Moisés. Pues es este precisamente el que trae del Sinaí las tablas de la Ley, y con ellas, la prohibición iconoclasta. En Moisés y el monoteísmo (Gallimard, 1948), Freud dice que la prohibición de representar implica un enfoque en último término de la percepción sensorial con relación a la idea abstracta, un triunfo del intelecto sobre los sentidos, un renunciamiento a las pasiones. De igual modo, en Lévi-Strauss, la tesis de la prohibición del incesto como una idea universal característica de la especie humana —tesis directamente asociada a la teoría freudiana de Edipo, en el que constituye de cualquier modo una reinterpretación etnográfica y racionalista— aparece, por una parte, como una búsqueda de una ley general existente más allá de todas las particularidades y, por otra parte, y sobre todo, como una interpretación de esta ley general como una ruptura con el mundo natural, en la medida en que la prohibición del incesto, que de hecho es sobre todo prohibición del incesto con la madre, recorta la vieja prohibición anti-"idolátrica" dirigida contra la relación de filiación entre el hombre y la madre tierra. (En la temática bíblica, la "idolatría" es fornicación y más precisamente fornicación incestuosa, puesto que en el paganismo el hombre ha sido engendrado por el ser del mundo, mientras que en la Biblia él ha sido creado por Yahvé). Cómo se puede ser pagano, Alain de Benoist.

Et como si eso non bastara, la prohibición de la idolatría se profundizó hasta convertirse en incesto mundano. El jesísmo, heredero del mosaísmo, necesitaba romper con la religiosidad que surgía del mundo —la que veía al hombre como fijo de Tierra, del mundo, de la diosa madre. Así, idolatría se volvió equivalente ad acostarse con tu madre, por fornicar al darle latría. La idoloclasta non solo destruyó estatuas: destruyó genealogías espirituales.  

Pero non bastaba con eso. Había que subir la apuesta. Et ahí entra Saulo de Tarso, el ver arquitecto del papismo doctrinal, dio el salto definitivo: conectó idolatría con homosexualidad. En Romanos 1:26-27, afirma que por adorar ídolos, Dios entregó ad los gentiles ad “pasiones vergonzosas”, donde “las mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza” et “los hombres se encendieron en su lascivia unos con otros”. En 1 Corintios 6:9, condena ad los malakoí (afeminados) et arsenokoîtai (hombres que yacen con hombres). Así, el homosexualismo se convierte en prueba irrefutable de degeneración gentil, et el jesísmo en su cruzada contra la mariconería "idolátrica". Así, el segundo ladrillo del espantapájaros: la homosexualidad como castigo divino por non servir al Dios correcto.

¿Et qué sigue? ¡Incesto et pedofilia, por supuesto! Porque si vas ad inventar un enemigo, fazlo repugnante. En el siglo II, los jesístas eran acusados de orgías, canibalismo et fiestas de Tiestes ¿Qué hicieron? Se indignaron… et luego proyectaron esas acusaciones contra los gentiles. Justino, Tertuliano, Antioquense: todos se dedicaron ad pintar ad los gentiles como infanticidas, violadores, sodomitas, adoradores de falos et devoradores de niños. Así nasció el tercio ladrillo: el etnicismo como parafilia homosexual ritualista.

Et entonces, con todos los ingredientes listos —idolatría, homosexualismo, incesto, abuso de menores— el papismo cocinó su obra maestra: el satanismo. Como sabemos, el jesísmo necesitaba un enemigo. Así que inventó uno, el satanismo. Non se tuvo que esperar ad LaVey, ni ad Aleister Crowley, ni ad ningún fulano anticristiano con capa et pentagrama para que nasciera el satanismo. Fueron los papistas los que inventaron, como quien fabrica un espantapájaros para luego gritar que los cuervos están invadiendo el campo. La etiqueta de satanismo —ese hombre de paja que mezcla sexualidad, etnicismo et morbosidad— fue una creación doctrinal, una ferramienta propagandística del papismo para difamar todo lo que non encajaba en su esquema moral dicotómica, o sencillamente non es feligrés

Tomó la sexualidad gentil —que era sacra, ritual, mundana— et la convirtió en sodomía. Venus, que unía hombres, fieras et dioses en el deseo, fue transformada en nota de lujuria. El hieros gamos, la boda sagrada, fue rebautizado como orgía de entes malignos. Los sátiros, los falos, los ritos de fertilidad: todo fue tachado de obsceno, inmundo, “contra natura”.

Et así, lo que antes era cosmología encarnada, se volvió “degeneración”. Lo que era ritual de fecundidad, se volvió “abominación”. Lo que era celebración del cuerpo, se volvió “tentación”. Et ahora, en el colmo de la paradoja, los herederos de esa difamación —los xandrianistas, los satanistas, los universitarios LGBT+— reivindican el mismo estereotipo que fue creado para destruirlos, creyendo que están recuperando lo ancestral, cuando en realidad están repitiendo la caricatura papista. El “satanismo” non es rebelión. Es la umbra del papismo, invertida et maquillada.

El satanismo, es síntesis de todo lo que odiaba. Es el nombre que el papismo dio ad todo lo que non podía controlar: el cuerpo, el deseo, la imagen, la mujer, el rito, el símbolo, Tierra. El etnicismo fue convertido en una orgía infernal, et el satanismo en su caricatura definitiva.

Et non solo eso: también acuñaron el término paganismo, que originalmente pagano solo significaba “del campo”, pero que fue cargado de asociaciones con idolatría, degeneración et brujería. Hoy, los xandrianistas, junto con las corrientes “satanistas” o "neosatanistas", han tragado ese mismo hombre de paja. Ironía suprema: creden que los gentiles eran miembros de su secta, o bien precursosres, que adoraban ad Satanás (los satanistas sobretodo), que eran desviados sexuales, que “jodían niños” o que simplemente eran LGBT+. Todo esto es una proyección invertida del papismo, que termina creando las condiciones de degeneración sexual que tanto acusa al ayer. Eso non es volver ad la Ley Mundana. Es travestismo teológico con incienso reciclado.

Acotando, la idolatría o mejor dicho xenolatría… ese crimen teológico que empezó como una diferencia de altar et terminó convertido en una orgía cósmica con incesto, zoofilia et vampiros interdimensionales. Porque, claro, ¿Cómo non vider en una imagen de Apolo una invitación al adulterio marica? ¿Cómo non sospechar que danzar en honor ad Libre era, en realidad, una forma de fornicar con el universo? ¡Qué mente tan creativa la de los profetas! Shakespeare se queda corto.

Pero atención: que nihilo creda que esta crítica se limita ad los seguidores del sarraceno Jesús et su club de fans con túnica. Non, non. Nuestra mirada va mucho más allá del papismo rancio et alcanza también ad toda la ralea de delirios que su siglo parió. Porque si el papismo fue la madre, el resto son sus bastardos: el novoerismo de supermercado, la wicca alexandrista con incienso de Amazon, los “cristianos non denominacionales” que reniegan de la Iglesia pero non de sus categorías, et toda esa fauna sincretista novoerista que mezcla tarot con versículos, chakras con Jesús, este ahora como un yogui, un buda o un extraterrestre como E.t., et que crede que la “energía sexual” es una especie de criptomoneda cósmica que se le paga ad los dioses como si fueran proxenetas astrales.

Ahí los tienes: los sectarios de Víctor Manuel Gómez Rodríguez —apelado Samael Aun Weor, o mejor dicho, Aun Peor—, los masones luciferinos gnósticos que Europa Ancestral ve en cada esquina, los seguidores de Icke, Malanga et Freixedo que creden que los dioses antiguos eran reptiles violadores de ánimas, vampiros interdimensionales o sátiros de Orión con complejo de íncubos. Toda esta fauna non podría estar sin el siglo papista que los parió. Que el papismo los odie es, irónicamente, como el fornicario que, tras haber yacido con la superstición, reniega del fijo bastardo que engendró. Et esa “puta” —non nos engañemos— non es otra que la superstición misma, madre de todos sus delirios

Porque, non lo olvidemos, todos estos movimientos son bastardos del mismo linaje. Herederos sin apellido, pero con los mismos rasgos: la obsesión con la pureza, la moralidad sexual, la energía “mal canalizada”, et la idea de que servir ad un ente que non sea el suyo es, literalmente, una forma de prostitución espiritual. ¿Et de ó sacaron eso? Pues de los profetas del Antiguo Testamento, que confundieron latría con lubricidad, et de don Saulo de Tarso, ese proto-simoniano que convirtió la idolatría en sinónimo de desviación sexual.

Et lo más hilarante: estos modernos “anticristianos” que se plenan la boca diciendo que están “contra las religiones”, repiten sin saberlo las mismas conductas morales del Antiguo Testamento et de Saulo. Siguen creyendo que los dioses son entes malignos, que los cultos eran orgías, que los símbolos son portales sexuales. Han cambiado la menorá por el péndulo, pero el delirio sigue siendo el mismo.

Así que cuando el papista se escandaliza por los “luciferinos”, los “gnósticos degenerados” o los “masones”, non face más que gritarle ad su propio reflejo, horrorizado por lo que ve… sin reconocer que fue él quien lo engendró. Et eso, pata, non es discernimiento espiritual. Es drama familiar con sotana et complejo de Edipo teológico.

Así que non, nuestra crítica non es contra una superstición en particular, sino contra toda la genealogía de supersticiones que brotaron del mismo pozo mosaísta, con sus metáforas maritales, el su odio al cuerpo, et su manía de vider prostitución donde hay símbolo, rito o danza. Et eso, causa, non es espiritualidad. Es teología de adictos al porno et sin dos dedos de frente.

Todo comenzó con los muchachos del Antiguo Testamento, esos poetas del apocalipsis que veían en cada culto ajeno una telenovela de infidelidades. Para ellos, Israhel non adoraba ad Jove: se acostaba con él. Non veneraba ad Astarté: se prostituía con ella. Oseas, el dramaturgo del desamor divino, nos regaló frases como “fijos de fornicaciones” (Oseas 2:4), mientras Jeremías gritaba que el pago estaba “profanado por sus prostituciones” (Jer. 3:2). Tervagante, el esposo celoso, non toleraba ni un incienso fuera de contrato. Et así, la idolatría pasó de eser un servicio ilegal ad eser una telenovela triple X con soundtrack de trompetas apocalípticas. De ahí que los mandeos et sus convergentes modernos, cuales aniculas cuarentonas divorciadas misandricas, dijeran que todos los entes divinos son como ese genio pestilente Tervagante, un satirómano con VIH.

Pero la res non quedó ahí. Porque si los pseudoprofetas eran poetas, Saulo de Tarso era guionista de horror moral. Él tomó esa metáfora conyugal et la convirtió en ley de causa et efecto mundano: sirves ídolos → te vuelves un degenerado.

Et aquí viene lo mejor: esta lógica delirante, esta ecuación entre “servir” et “fornicar”, entre “adorar” et “entregarse sexualmente”, ha sido reciclada con entusiasmo por los nuevos iluminados del siglo XXI. Me refiero, por supuesto, ad los novoeristas, xandrianistas, neosimonianos, conspiranoicos, et los fans de David Icke, Malanga et Freixedo, esos profetas de la conspiranoia que creen que los dioses antiguos eran reptiles, vampiros intergalácticos o entes que se alimentan de “energía sexual” como si fueran Pokémon con fetiches.

Según esta nueva teología de scifi—una mezcla de Biblia mal leída, tantra de cantina et taoísmo de panfleto— cuando tú “sirves” ad una deidad, en realidad le estás “dando tu energía sexual” ¿Por qué? Porque algún mitómano sarraceno con fiebre teológica confundió latría con lascivia, et desde entonces todo fue cuesta abajo, como monja en tobogán. Si en Egipto había un ídolo con forma de toro sagrado, entonces claramente era una película triple X de zoofilia. Si en Teutonia se fablaba de unión con el Padre de todos, eso era incesto mundano. Et si alguien danzaba en un ritual, pues seguro estaba poseído por un sátiro con priapismo astral et ritmo de reguetón mundano.

Pero lo más tragicómico es cómo esta bastardía supersticiosa nasce cuando un seguidor de Mantak Chía con resaca se pone ad leger la Biblia, o cuando una monja papista fornica con él et luego escribe un tratado sobre castidad. Porque sí, la noción casta de la sexualidad —non intendida como abstinencia mojigata, sino como propiedad energética del cuerpo— tiene raíces profundas en el taoísmo, el sidartismo et la tradición de Krishna. Todos ellos advierten que eyacular sin propósito espiritual es como tirar oro por el retrete: se pierde vigor, claridad, fuerza vital. Hasta ahí, todo bien. Et claro, como el lenguaje moderno exige que todo se diga “en cristiano” —es decir, para el vulgo moderno— lo claman la “energía sexual”, como si fuera una batería que se enchufa por el coño.

Pero luego plegan los charlatanes, claro está. Los que creden que la Biblia es palabra divina, como jesistas irreflexivos que la abren esperando encontrar sabiduría universal entre genealogías, amenazas apocalípticas et recetas para sacrificar palomas. La tratan como si fuera un manual de espiritualidad legítima, cuando cualquier filósofo sensato la legería con el mismo recelo con que se fojean los escriptos de un plagiador de Asia: sabiendo que puede haber algo útil, pero que la mayoría es ruido, superstición et propaganda prohebrea.

Pero lo más delirante —et francamente digno de un sketch escrito por un Sade con resaca et un Lovecraft en celo— es que luego plegan los pseudoprofetas del pánico cósmico, esos heraldos del horror metafísico como Salvador Freixedo et Corrado Malanga, que sostienen que los dioses —non como arquetipos, ni como principios ontológicos, sino como meretrices interdimensionales con complejo de incubo— nos tienen ad todos atrapados en una granja energética, ordeñándonos como vacas astrales para extraer nuestra “energía vital” con fines que ni Freud en ácido podría explicar.

Según esta teología de la parodia porno de Matrix con lubricante cuántico, los dioses quieren tu devoción, quieren tu fluido astral, tu vibración eyaculada, tu frecuencia lubricada. Buscan plegarias, cuales eyaculaciones. Desean tu ánima, tu esperma metafísico. Et si les rezas, cuidado: podrías estar alimentando ad un Demiurgo lascivo, un proxeneta mundano que administra este burdel dimensional donde la ánima es mercancía et el semen, moneda.

¿Qui escribió todo esto? ¿Sade et Lovecraft tuvieron un amorío homosexual en el inframundo et dejaron las sus memorias en un grimorio con olor ad incienso, esperma et tinta negra? ¿O fue algún monje medieval violado et con acceso ad fongos alucinógenos et el Libro Secreto de Juan ? Esto, amigo, non es espiritualidad. Es porno teológico con delirio simoniano, una orgía de conceptos mal cocidos donde el universo es un prostíbulo, el Demiurgo un cliente insaciable, et tú… tú eres el masaje tántrico que nunca termina.

Es la teología del esperma consagrado: una mezcla de tantra mal digerido, Biblia mal leída et superstición con lubricante. Lo que era una advertencia sobre el uso consciente del cuerpo se convierte en una cosmogonía de pajas mentales, donde servir es eyacular, danzar es copular con espectros, et los dioses son proxenetas cósmicos que cobran en semen astral. 

Et al repetir las nociones del Antiguo Testamento et de Saulo —ese apóstol con ánima de emasculador et libido reprimida— pero ahora envueltas en el lenguaje de físicos modernos frustrados, esos que non intendieron ni el primo párrafo de Planck pero igual fablan de “energía”, “vibraciones”, “frecuencias” et “cuántica espiritual”, demuestran que las nociones non mueren: simplemente se trasvisten. Las nociones trascienden los sonidos o signos que usemos. La superstición, como el herpes, se adapta al clima.

Así, estos iluminados del siglo XXI siguen creyendo que adorar ad los dioses implica sexo, que los cultos antiguos eran orgías con incienso, que los símbolos son portales de prostíbulo astral, et que los dioses quieren la tu “energía vital” como si fueran vampiros de anime con fetiche por el chakra sacro ¡Bravo! Han logrado lo imposible: eser más literalistas que los fariseos, más moralistas que los concilios, et más obsesionados con el sexo que el mismísimo Agustín, ese campeón del pudor que veía pecado hasta en los sueños húmedos de los ángeles.

Et eso, primo, non es espiritualidad. Es cefaísmo con cosplay, lubricante cuántico et complejo de Edipo vibracional.

Así que non, causita, non es que estas nuevas corrientes hayan superado el papismo. Es que se han tragado sus delirios con todo et sotana, et ahora los repiten con hologramas, chakras et documentales de History Channel. El satanismo, tal como lo intienden, non es una rebelión contra el mosaísmo. Es su eco más histérico. Su umbra con luces de neón. La su moral volteada, pero con el mismo guion.

Et eso, más que esciencia, es fanfiction pornográfico con defectos ontológicos. La acusación de “degeneración” es ad los gentiles, irónicamente, la umbra proyectada por la propia neurosis ascética que el jesísmo introdujo en el mundo occidental. Como un espejo que acusa ad el mundo de estar sucio, cuando el problema reside en la propia superficie reflectante.

La universidad, la bastarda.

Ahora, la universidad… ese engendro papista nascido en los claustros medievales para formar teólogos obedientes, canonistas sumisos et escolásticos con la libido encadenada por Tomás de Aquino. Creada por el cefaísmo para defender la ortodoxia, terminó —ironías de la historia— convertida en el principal altar de la subversión sexual, el revisionismo histórico LGBT+ et la teoría queer. Lo que empezó como apologia de la superstición, hoy es desfile de drag queens con citas de Aristóteles.


Kenneth Dover, esa “autoridad” que Wikipedia entroniza como si fuera un oráculo de Delfos y reverenciado como si fuera un Moisés de la filología, es en realidad el ejemplo perfecto de cómo un universitario puede convertirse en vaca sagrada de la propaganda. El su famoso Greek Homosexuality (1978) fue celebrado como un “hito” por quienes necesitaban desesperadamente un manual que les dijera que los grecos eran todos parte de un club rainbow avant la lettre.

Aquí la ironía es deliciosa: los cefeos et los universitarios elegebetistas se dan la mano en esta cruzada, unos para exhibir su superioridad moral frente al mundo antiguo et los otros para proclamar que “joderse el ano es filosofía”. Nihilo nuevo so Sol: ya Saulo había inaugurado la tradición de clamar maricas ad todos los que adoraban ídolos, et desde entonces la retórica se repite con distintos disfraces. 

El problema es que, como bien ha mostrado Jaś Elsner, que non es ningún fulano neonazi ni un “cohen cefeo” disfrazado de cruzado moralista: Él es un universitario de Oxford, especialista en arte clásico et arqueología, con una trayectoria reconocida en el estudio de la iconografía grecorromana. Precisamente por eso la su crítica ad Kenneth Dover tiene peso: non viene de un agitador ideológico ni de un divulgador oportunista, sino de alguien con formación técnica et auctoridad universitaria.

Dover non fue más que un terrible historiador del arte, incapaz de legir las imágenes más allá de lo que la su propia imaginación quería vedir. Nordic ya lo delató, et el cohen cefeo Ravasi lo readapto como buen mosaísta, fizo video "Los Griegos no eran Sodomitas" como libro, articulo et demás: Dover veía un chaval con un gallo et un aro en un vaso ático et, ¡zas!, ya estaba decretando que aquello era prueba de joder niños. Como si los grecos hubieran pintado la su vida sexual en caricaturas para que Dover, dos milenios después, pudiera escribir un tratado. Elsner lo desarma con sorna: menos del II% de los vasos tienen escenas sexuales, et aún menos homoeróticas, pero Dover construyó un universo entero sobre esa mínima fracción. Et lo fizo mirando fotos en blanco et negro, sin molestarse en examinar los objetos reales, ignorando las “caras B” que muchas veces contradicen la lectura calenturienta de la “cara A”.

La famosa “pulgada de Dover” es la guinda del pastel: un veretro “flotando ad una pulgada” de distancia, que él interpreta como inminente coito. Elsner se burla con razón: esa pulgada non es, es la proyección de la fantasía del propio universitario, que se mete en la escena como voyeur et decide que lo que vide es sexo. En otros verbos, Dover convirtió la cerámica greca en pornografía marica amateur et la vendió como historia.

Así que non, Elsner non es parte de ninguna conspiración ni de ninguna secta: es un profesor que desmonta con rigor ad la vaca sagrada del “historihomosexualismo”. La su crítica muestra que el problema de Dover non es que fuera demasiado audaz, sino que fue metodológicamente torpe. Et ahí está la ironía: mientras algunos papistas et elegebetistas se abrazan para proclamar que la cerámica greca es un manifiesto sexual, la propia universidad —en su poca cordura que aún conserva— produce voces como la de Elsner, que con bisturí universitario et sin militancia ideológica, expone que Dover construyó una fantasía moderna más que una historia antigua.

La vida personal de Dover tampoco estuvo libre de escándalos: en sus memorias admitió haber fantaseado con asesinar ad su esposa et con relaciones con estudiantes, lo que añade un tinte inquietante ad su fijación con la sexualidad juvenil en Grecia. Pero claro, para la “secta LGBTQSZXAS+” et sus aliados cefeos, nihilo de eso importa: Dover es canonizado como “auctoridad”, porque el su libro sirve de bandera ideológica.

Lo irónico es que non necesitamos ni ad Nordic Thunder ni ad Ravasi para desmontar el bulo: Jaś Elsner es la prueba de que non face falta recurrir ad panfletos ni ad conspiraciones para refutar ad Dover. Basta con un historiador serio, con formación real en arte clásico, que se atreva ad decir lo obvio: el Drag Queen está nudo, et los sus vasos también. La propia universidad seria, con Elsner, Douglas M. MacDowell, Halliwell, ya ha mostrado que Greek Homosexuality es un fraude metodológico. Dover mezcló discursos legales, comedia et cerámica como si fueran lo mismo, forzó exactitudes médicas en verbos de Aristófanes que eran chistes, et redujo eros ad sexo, ignorando la su dimensión. El resultado: una fantasía moderna empaquetada como historia antigua.

Así que sí, Dover fue celebrado como pionero, pero lo que dejó es más bien un monumento ad la falta de rigor. Una obra que insulta al sentido común et que hoy se sostiene solo porque algunos necesitan un tótem académico para justificar su narrativa. Elsner lo dijo sin rodeos: Dover fue un pésimo historiador del arte, et su “pulgada” es la medida exacta de la distancia entre la realidad greca et la imaginación calenturienta de un profesor británico.

Et ahí está la ironía final: el hombre que se creyó capaz de medir la sexualidad greca con una regla de universidad terminó siendo medido por los sus propios colegas como un ejemplo de cómo non facer historia. Un universitario que, en vez de iluminar el pasado, lo obscureció con la umbra de sus obsesiones, et que hoy sobrevive más como caricatura que como auctoridad para el ojo crítico.

Porque sí: la universidad heredó toda la visión del papismo sobre los antiguos —la difamación sistemática del etnicismo, la caricatura del mundo grecorromano como lujurioso et degenerado— pero ya non para condenarla, sino para exaltarla. Lo que antes era anatema, ahora es bandera. Lo que antes se quemaba, ahora se celebra en festivales LGBT con estatuas de Ganimedes et discursos sobre “la fluidez del deseo en la Antigüedad”.

Et aquí viene el giro tragicómico: los principales ideólogos queer —Judith Butler, Michel Foucault, Eve Kosofsky Sedgwick, Lee Edelman, entre otros— son criados en sociedades jesístas, muchos de ellos con formación tradicional directa. Su ética del martirio, del cuerpo sufriente, del orgullo como resistencia, non es más que una relectura contemporánea del jesísmo primitivo. El queer moderno non se enorgullece por la virtud o vitalidad, sino por eser pese al odio de la sociedad, marginación, et persecución ¿Ad qui rememora eso? Exacto: ad los jesístas de las catacumbas. El orgullo queer es el nuevo martirio, pero con glitter.

Et non me face falta difamar al jesísmo primitivo. Para eso está la universidad: esa institución papista que, tras siglos de servir al dogma, ahora se dedica a reinterpretarlo con lente arcoíris, como quien se rebela contra su padre pero sigue usando su apellido. Desde los departamentos de estudios bíblicos que afirman que Juan, el discípulo amado, era el erōmenos de Jesús —en el sentido satanico más marica posible del que fizo el cefeo— hasta los seminarios que veen en el joven desnudo de Marcos 14:51 una escena homoerótica digna de fanfiction teológico.

El término “discípulo amado” en griego es ho mathētēs hon ēgapa ho Iēsous (ὁ μαθητὴς ὃν ἠγάπα ὁ Ἰησοῦς), literalmente “el discípulo al que amaba Jesús”. El verbo agapaō (ἀγαπάω) se refiere la caridad profunda, espiritual, non sexual… pero claro, cuando el revisionismo quiere vender una narrativa, todo amor se convierte en lubricante narrativo. Así, Juan deja de eser testigo et se convierte en el erōmenos (ἐρώμενος), el amante joven en una relación pederastica al estilo satanista, con Jesús como erastēs (ἐραστής), el mentor deseoso ¡Qué elegante!

Et non falta quien cite Marcos 14:51-52: “Y cierto joven le seguía, cubierto solo con una sábana sobre su cuerpo desnudo; y le prendieron. Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo.” ¿Qué face un joven desnudo en medio de una redada nocturna? Según los revisionistas, una escena de escape post-coital, como si el evangelio fuera una novela de Sade con prólogo de Freud.

Todo esto forma parte de una tendencia universitaria que busca “revisar” el evangelio desde una perspectiva LGBT, como si Jesús fuera un símbolo de disidencia sexual, Juan su pareja sentimental, et Saulo un reprimido que sublimó su deseo en doctrina. El reverendo Bob Shore-Goss, por ejemplo, ha escrito sobre Jesús como figura queer, et otros auctores han propuesto que el “closet” mosaísta comenzó con el propio Jesús.

Et eso, non es exégesis. Es novela marica con toga doctoral, donde el Anticristo se convierte en lascivia, et el evangelio en un desfile de categorías sexuales ¿Qui escribió todo esto? ¿Sade et Foucault tuvieron un amorío en el Vaticano et dejaron sus notas en el confesionario?

Et lo mejor: Los papistas usa estos relatos "universitarios" solo cuando es contra los gentiles como si fueran parte del catecismo. Pero ignora que la mayoría de los comportamientos que él denuncia como “degeneración sexual” aparecen en sociedades jesístas, en épocas jesístas, et so sistemas morales jesístas. El colectivo LGBT, con toda su carga cívica, cultural et simbólica, nasció en el siglo jesísta, non en el etnicismo. Roma non tenía Pride, ni siglas, ni activismo. Tenía rituales, mitos et una visión del cuerpo muy distinta.

Así que non, Occidente non cayó por culpa de los “travestis solares”, pero los "travesits papales influyeron". Pero si seguimos leyendo la Historia Augusta como si fuera el boletín del Vaticano, vamos ad terminar creyendo que César era drag et que Agosto tenía una cuenta en Grindr. Heliogábalo non fue el símbolo de decadencia marica. Fue el blanco de una campaña ideológica que necesitaba un monstruo para justificar su cruzada contra el cuerpo. Et si hoy repites esa historia sin cuestionarla, non estás faciendo historia. Estás faciendo catequesis con toga prestada.

La idea de que el etnicismo levó ad Roma ad la degeneración sexual es una narrativa papista típica, útil para justificar el ascenso de la Iglesia. Pero si vamos ad los fechos, el Principado sobrevivió centurias con principes gentiles, mientras que el papismo coincidió con el colapso institucional, económico et militar del Occidente. ¿Casualidad? ¿Milagro? ¿O vampirismo institucional?

Cómo Amistad perdió Amor: la traición moderna ad la Amistad 

¡Por la sagrada amistad et en honor a los lazos de virtud que unieron a los hombres libres! Hoy, en este mundo donde un andar de manos entre varones se interpreta como preludio de sodomía, donde decirle “te amo” ad tu amigo es sospechoso de agenda, et donde la camaradería se ha convertido en delito semántico, nos toca enterrar la amistad con honores gentiles.

Porque sí, señores, la amistad ha perdido el amor, et non por culpa de los bárbaros, sino por obra et gracia del jesísmo et la modernidad, ese delirio supersticioso que confundió la Amistad con el Cupido, la fidelidad con la lujuria, et la virtud con la concupiscencia ¡Bravo, Saulo de Tarso! ¡Has logrado que un hombre non pueda plorar por su amigo sin que lo clamen marica!

¿Et qué pasó con Aquiles et Patroclo? ¿Con los compañeros de armas, los heteros, los amigos de toga et lanza? Pues fueron arrastrados al tribunal de la sospecha, convertidos en íconos de una agenda que nihilo tiene que ver con la amistad clásica. Porque claro, si dos hombres se aman, deben estar en la cama. Si se abrazan, deben estar en celo. Si se sacrifican el uno por el otro, deben estar en una relación. ¡Qué profundo análisis psicológico! digno de un cursillo de TikTok.

Et así, el varón moderno —ese pobre descendiente de los hoplitas— vive en una condición pro-vía de baja autoestima, incapaz de expresar afecto sin que lo acusen de tener “tendencias” ¿Et eso non es una mutilación emocional? ¿Una castración afectiva?

Todo esto, por supuesto, gracias ad la modernidad, que ha convertido el amor en espectáculo, el deseo en ideología, et la amistad en sospecha. Et non olvidemos al jesísmo, que difamó los paradigmas de la camaradería gentílica, confundiendo el afecto viril con la degeneración, et el servicio con la prostitución espiritual. Porque claro, si adoras ad tu amigo, eres marica. Pero si te entregas ad Jesús, eres esposa mística ¡Qué lógica tan sublime!

Hoy, el varón non puede decirle ad su amigo “te amo” sin que lo arrastren al campo semántico del deseo. Non puede plorar por él sin que lo acusen de estar enamorado. Non puede abrazarlo sin que lo clamen sospechoso. La amistad ha perdido el amor, et con ello, la ánima del varón ha perdido su espejo.

¿Et qué facemos?

Recuperar la amistad , restaurar la virtud, et enterrar la sodomía. Porque si el varón non puede amar ad su amigo, entonces la civilización se vuelve un campo de inquisidores, non de vínculos. Et si la amistad se convierte en delito, entonces la libertad emocional ha sido crucificada por el dogma del deseo.

Conclusión: menos sermón, más contexto

Europa Ancestral quiere facernos creder que el Principado cayó por culpa de travestis solares. Pero la historia es más compleja. Heliogábalo fue víctima de propaganda, non de su maquillaje. Et si vamos ad buscar culpables del colapso romano, mejor mirar ad la Iglesia que absorbía recursos, eximía impuestos et minaba el aparato militar… mientras construía basílicas sobre las ruinas del foro.

Así que non, el travestismo de Heliogábalo non explica la decadencia de Roma. Pero sí explica la obsesión de algunos por convertir la historia en sermón. Et eso, primo, es el vero espectáculo.

Sí, lo decimos sin ambages: rechazamos la interpretación patica del servicio sexual paulino, esa en la que Saulo —el muerde almohadas espiritual por excelencia— declara que el único que puede penetrarlo es Jesucristo. Non por homofobia, sino por decencia teológica. Porque esa fantasía de sumisión mística, disfrazada de liturgia, non es doctrina, es delirio con toga.

Ahora bien, non nos oponemos ad que dos varones tengan atracción sexual ¿Total, qué mal face eso, mientras non tengan sexo anal? El deseo non es el problema. El problema es el espectáculo. Lo inmoral non es el deseo, sino el exhibicionismo: besarse en público, tomarse de la mano como si fueran estandartes, o andar desnudos como si el cuerpo fuera pancarta. Eso non es amor, eso es propaganda.

Et digámoslo claro: el colectivo LGBT non representa ad todos los que dice representar. Es una apropiación de “identidades sexuales” por parte de ciertos individuos que han convertido la orientación en ideología. La sexualidad non es bandera, es intimidad.

También negamos —con rigor et sarcasmo— que Jesús sea “LGBT”, igual que Saulo. Lo que empezó con las analogías torpes de los pseudoprofetas —que confundieron servir con prostituirse— terminó en una teología de la entrega patica que ni Platón habría tolerado. Esos pseudoprofetas, intentos de Bukowski con cilicio, non hallaron una buena analogía et incurrieron en una exageración que Saulo convirtió en mariconería.

Digámoslo sin rodeos: el sexo anal fue prohibido por razones sensatas, non por moralismo. La Su práctica —cuando se realiza sin cuidado ni higiene— es causante de epidemias de ETS, desde la viruela del mono hasta el VIH, pasando por infecciones intestinales et el clamado “síndrome del intestino gay”. La condena antigua al sexo anal non nasce de represión supersticiosa, sino de prevención sanitaria. Era una medida de salud pública, non una cruzada espiritual.

Ahora bien, si consideramos censurable o desaconsejable la atracción sexual entre personas del mismo sexo —sea fembra-fembra o macho-macho— non es por el deseo en sí, sino por la infertilidad estructural que conlleva. Dirán que una pareja homosexual puede adoptar, alquilar un vientre, o que una de las “tortilleras” puede embarazarse ¿Et qué?

La teoría del apego, ampliamente estudiada en psicología del desarrollo, demuestra que un niño et una niña necesitan figuras de ambos géneros para lograr una maduración afectiva et una construcción equilibrada de su personalidad. Non basta con “amor” genérico. face falta polaridad, complementariedad, diferencia estructural.

Non es por el simple fecho de la atracción sexual. Es porque ad una etnópolis non le conviene fomentar mores que non velen por la aristogenesia et la fertilidad. La continuidad de un pueblo non se garantiza con slogans, sino con nacimientos. Et la aristogenesia —la generación de lo mejor, lo más bueno, lo más elevado— requiere estructura, non improvisación afectiva.

Así que sí: cada quien puede facer lo que quiera en su alcoba. Pero non todo deseo debe convertirse en modelo civilizatorio. Porque la sexualidad non es solo placer, es arquitectura social. Et si la arquitectura se basa en estructuras estériles, el edificio se derrumba por dentro.

Al final, si alguien puede tener sexo anal sin enfermarse, asunto de cada qui. Pero que non lo conviertan en mor, ni en espectáculo, ni en bandera. Porque la sexualidad ajena non es irrelevante, pero tampoco es pública.

Continua

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