martes, 11 de noviembre de 2025

Roma contra Judea, atrapando al criptoariosofo... (I)

"Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa." G.K. Chesterton

"Malo no es creer en cualquier cosa, malo es creer que cualquier cosa que no es Dios, es Dios." Valtario Farfán de los godos. 

 La Estrechez de Miras de "Europa Ancestral" sobre el Neopaganismo

¡Salve fijos del Mundo! El día de hoy desmenuzaré el articulo de "Europa Ancestral", sin más, empecemos con el primo texto de su articulo, et lo cito:

[Europa Ancestral:]  "Los neopaganos que profesan un fuerte anticristianismo, basándose en ciertos textos protestantes y en Nietzsche (que se educó en una familia protestante y es considerado como el padre de la posmodernidad) contrarios a Pablo de Tarso y a la Iglesia, influidos también por el neopaganismo de la Nouvelle Droite de los años 70, y en no pocas ocasiones incluso por un ocultismo gnóstico (esoterismo) de origen masónico, " 

¡Fijos de Júpiter, custores del sacro mundo, escuchadme! En este año MMCCLXXVIII AUC, me alzo, Farfán de los Godos, para desenmascarar las mentiras de un escrito vil, ese que apelan de Europa Ancestral, que osa defender la contratradición abrahámica et mancillar el nombre de nuestros dioses. ¡Por Juno, por Vesta, por el eterno Marte, non toleraré tal afrenta! Ese artículo, que pretende refutar ad los neopaganos, non es más que un castillo de arena, construido sobre falacias et decepciones, que se desmorona ante la luz de la prisca teología.

¿Neopaganismo? ¿Qué es eso, sino un término moderno, inapropiado? ¡Por los manes de mis mayores et por la dignidad de la gente! Que se escuche mi verbo en el foro, porque ya basta de confusiones sembradas por quienes escriben sin haber encendido jamás el fuego de la domus. Ese tal Europa Ancestral, con su pluma torpe et el su juicio nublado, usa el término ‘neopaganismo’ como si fuera una categoría legítima, cuando en verdad es un equívoco que confunde religión con colegio, et en el peor de los casos, con superstición. Esta claro que erra de "hombre de paja". Et incluso non aclara si non todos los "neopaganos" son anticristianos, solo presupone, pero como veremos más adelante non esta fablando de una religión, si non de multitudes que non necesariamente son "anticristianos", et si lo son tampoco por los mesmos motivos.

El neopaganismo, si existe un neopaganismo, no es un fenómeno sectario como se imaginan no solo sus adversarios, sino también los grupos y capillas generalmente bien intencionados, a veces torpes, frecuentemente cómicas y generalmente marginales. No es tampoco un "cristianismo retornado" que asumiría diversas formas cristianas, desde el sistema de ritos hasta el sistema de objetos para constituir el equivalente o la contrapartida. Tanto más cuanto que lo que nos parece sobre todo peligroso hoy al menos y según la idea que nosotros nos hacemos, es menos la desaparición del paganismo que su supervivencia bajo formas primitivas o pueriles. Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

¿Qué es ‘neopaganismo’? ¿Una religión? ¿Un colegio? ¿Una moda espiritual? El término mesmo es una amalgama sin radiz, una etiqueta moderna que pretende encerrar en un solo saco ad brujos, wiccanos, sincretistas, reconstruccionistas, espiritistas, filósofos, ocultistas, teósofos, et incluso ad quienes jamás han rendido culto ad una gente ¿Cómo puede clamarse ‘religión’ algo que non es de la tierra, ni de la sangre, ni de la ciudad?

En el Lacio, la religión non era una doctrina ni una búsqueda metafísica de la ánima. Non consistía en aspiraciones teosóficas ni en técnicas para alcanzar lo sobrenatural ¡Non! La religión era el compromiso sagrado entre el cive et su ciudad, el pacto ritual que daba sentido a la vida en comunidad. Desde el fuego del hogar con los lares hasta el altar de la patria con Júpiter Capitolino, todo acto estaba cargado de deber cívico. La religión sacralizaba la domus, la gente, la ciudad, et más tarde, el principado. 

Pero la ciudad non era solo pertenencia: era participación activa en el destino común. Implicaba tener voz en las decisiones del Estado, ocupar cargos, votar, servir en el ejército, rendir culto público. Integrarse en la ciudad era ser parte del cuerpo político, no solo del paisaje urbano. Et por eso, cada colegio que aspiraba ad eser religión licita debía demostrar que los sus miembros eran cives ejemplares, non meros colegas.

Frente ad esto, los colegios eran instituciones filosóficas, mistéricas, gnósticas. Tenían magestros, discípulos, iniciaciones, doctrinas. Buscaban esciencia, non ciudadanía. Et cuando estos colegios querían integrarse en la ciudad, debían transformarse en religión licita, como fizo el jesísmo, que era solo una secta o colegio, es decir el "movimiento" de Jesús de Nazaret. el moro Tertuliano lo entendió: redefinió el jesísmo como religión, adoptando estructuras romanas, grados, ritos públicos. Así pasó de superstición execrable a "religión" principal. Aunque sigue siendo una perversión de la antigua ciudad et sus mores, solo aceptada así por romanos corruptos.

¿Et qué facen hoy los autodenominados ‘neopaganos’? Siguen ad Gardner, ad Crowley, ad Blavatsky, ad von List, ad Kardec, ad Evola, ad Alain de Benoist, incluso ad Nietzsche —¡sí, Nietzsche!—, qui dijo “non quiero discípulos” et sin embargo es seguido como un magestro. Todos fundadores de colegios, non de religiones. Gardner codificó la Wicca como un colegio filosofico con grados et explicaciones sobre los dioses. Crowley erigió un templo del yo, non del nosotros. Blavatsky fabló de genos radiz et sapiencia universal, pero jamás encendió el fuego de la domus. Von List mezcló notas teutónicas con teosofía et racismo. Benoist construyó un colegio cívico. Et Nietzsche, el gran destructor de ídolos, fue convertido en profeta por quienes non intendieron la su advertencia. 

Non hay ciudad, non hay manes, non hay gente. Hay notas, grados, esciencia, et una búsqueda de salvación o salud que nihilo tiene que veer con el deber cívico. El neopaganismo moderno, en la su mayoría, non es religión. Es colegio, cuando non superstición. Et confundir estos términos es como confundir el templo con la biblioteca, el rito con el discurso, la sangre con la tinta.

Por eso, yo, Farfán, repudio el término ‘neopaganismo’. Non es continuidad, es secta. Non es religión, es construcción moderna que falsifica la esencia antigua. Yo non soy neopagano. Yo soy gentil. Oficio ad los dioses, et defiendo la ciudad que me da sentido. Non busco revelaciones mosaístas, busco permanencia.

¡Que Europa Ancestral et sus epígonos sigan fabricando discursos, si así lo desean! Pero que non pretendan fablar por nosotros, los que aún entienden que sin ciudad non hay religión, et sin religión, non hay ánima. ¡Ave la religión! ¡Ave la gente! ¡Ave la ciudad!”

“¡Por los manes de mis ancestros et por la dignidad de la gente! Que se escuche el mío verbo en el foro, porque si antes dije que el jesísmo fue colegio, ahora debo mostrar cómo el su ascenso a religión fue producto non de bondad, sino de la corrupción de la civilidad, de la trasgresión ad los mores que sostenían el orden.

El jesísmo nasció como una secta, un colegio de pensamiento entre muchas. Saulo enseñaba en la escuela de Tirano como cualquier preceptor itinerante. Justino, Clemente, Orígenes: todos fundaron educación, non fanos. Marción creó su propia iglesia como quien funda una academia rival. Et los simonianos ofrecían salvación o salud por esciencia, non por fe ¡Todo esto es colegio, non religión!

¿Et cómo se convirtió en religión? Non por elevarse, sino por adaptarse ad la decadencia de la ciudad. Cuando Roma dejó de exigir virtud, fe, piedad, et comenzó ad tolerar doctrinas que non rendían cultura ad los dioses, el jesísmo aprovechó. Se latinizo, sí, pero non para oficiar al final ad Roma, sino para usurpar su estructura. Adoptó el modelo de los colegios, se infiltró en la administración, et cuando el Edicto de Milán abrió las puertas, entró non como aliado, sino como heredero ilegítimo.

La religión era pública, ritual, cívica. El jesísmo impuso dogmas, doctrinas, sometimiento. La religión exigía sacrificios por la republica; el jesísmo los prohibió. La religión honraba ad los lares et manes; el jesísmo los clamó genios malignos ¡Esto non es continuidad, es subversión!

Et cuando la Iglesia se convirtió en institución, lo fizo ad costa de la pluralidad de colegios. Imponiendo superstición, persiguiendo heréticos o sectarios, destruyendo templos, quemando libros. La ciudad ya non era comunidad de cives libres, sino rebaño de creyentes. El obispo reemplazó ad el magistrado, la aljama ad el senado, el confesionario ad el foro.

Por eso digo: el jesísmo non es religión, es un colegio mosaísta que se disfrazó de religión cuando la ciudad perdió su ánima. Su ascenso fue posible porque Roma se debilitó, porque los mores fueron desaprehendidos, porque la cultura ancestral fue abandonada ¡Non fue victoria espiritual, fue oportunismo cívico!

Ahora, escuchad, pues, cómo este Europa Ancestral teje su red de falsedades. Afirma, con la osadía de un augur ebrio, que los "neopaganos" basan sus críticas al jesísmo en "ciertos textos protestantes" ¡Por los dioses, qué disparate! ¿Qué textos son esos? ¿Dónde están las tablillas, los pergaminos, los nombres de los auctores que supuestamente seguimos? ¡Non los nombra, non los muestra, non los hay! Es como si yo acusara a los jesistas de adorar ad Mercurio en secreto sin mostrar un solo altar ¡Falacia de hombre de paja, más frágil que una ofrenda de paja ante el fano de Júpiter!

Este escriba, en la su necedad, pinta ad los "neopaganos" como una grey unificada, como si fueran una iglesia con un solo credo, con libros sagrados que todos recitan ad el unísono ¡Nihilo más lejos de la verdad! Los neopaganos, hombres de sus colegios et magestros, son tan diversos como los rostros de Diana en Luna. Unos honran ad Marte con la espada, otros ad Vesta con el fogar, otros ad Silvano en los bosques, cada uno con sus respectivos nombres que sus magestros les enseñan et los ritos respectivos ¿Qué neopagano, qué voz, qué pluma nombra este Europa Ancestral? ¿Es Vlassis Rassias, con el su fuego helénico? ¿Es Europa Soberana, con el su grito contra la decadencia? ¿O soy yo, Farfán, que fablo desde la sangre goda et la luz romana? Non lo dice, porque non puede. La su acusación es un espectro, un eco vacío que resuena en la cueva de su propia confusión.

Et oh, la ironía, que corta como la espada de Marte. Este Europa Ancestral los acusa de beber de fuentes protestantes, cuando las sus palabras nascen de las mismísimas entrañas del mundo gentílico, preservadas, ¡por todos los dioses!, en textos de origen cefeo ¿Acaso non es Celso, el gran crítico del jesísmo, cuya voz resuena en el Contra Celso de Orígenes, un padre de la Iglesia? ¿Non es Juliano II el Filosofo, el último Augusto que honró ad Júpiter, cuyas obras nos plegan ad través del Contra Juliano del cefeo Cirilo de Alejandría? ¿Et Porfirio, el filósofo que desafió ad el Nehustán con la luz de la razón, non fue preservado por los propios escribas papistas que intentaron refutarlo? ¡Qué paradoja, qué comedia divina! Nuestras críticas ad el jesísmo non vienen de Lutero o Calvino, esos protestontos que nihilo saben de la gloria de Roma, sino de las fuentes papistas, de aquellos que, en el su afán de combatirnos, salvaron los verbos de nuestros sapientes.

¿Eserá acaso que Lutero fue magestro de Celso, que Juliano tomó lecciones de Calvino, o que Porfirio predicaba en iglesias reformadas? ¡Por Apolo, qué disparate! ¿Era Orígenes, ese jesísta que preservó los verbos gentílicos de Celso, un protestante ante litteram? ¿Eran los padres de la Iglesia, que copiaron los textos gentiles para “refutarlos”, secretamente luteranos? ¡Non, oh escriba de Europa Ancestral! Tus acusaciones son un eco vacío, un viento que non mueve los quercos sagrados de Silvano. Los neopaganos, non siguen textos protestantes, sino la sabiduría del Mundo, filtrada irónicamente por las manos de tus propios monjes papistas, que, en la su imprudencia, salvaron las voces de nuestros mayores mientras intentaban acallarlas.

Pero dejemos que la ironía alcance su cénit, como una ofrenda ad Mercurio, dios de la astucia et el verbo. Si, como dice Europa Ancestral, nuestras fuentes son Lutero et su compañía, ¿Dónde está Lutero cantando carmenes al divo Mercurio, acompañado por sus cuervos sagrados? ¿Dónde está Calvino, arrodillado ante Jove, ofreciendo libaciones a los dioses? ¿O acaso la Reforma fue un clamor por una iglesia abiertamente politeísta, que adorara a los lares, los manes, los lémures et las deidades de los bosques? ¡Por Apolo, qué disparate! ¿Eserá que Lutero, en un rapto de iluminación, descubrió que la religión clásica era la verdad eterna, como Juliano el Apóstata proclamó, et que el papismo era una falsedad impía que negaba la pluralidad divina? 

Si Lutero et Calvino son fuentes neopaganas, muéstrame, oh escriba, un solo verso donde exalten ad Júpiter, donde honren ad Vesta, donde invoquen ad Marte. Pero non lo farás, porque tal verso non es. Los protestantes, como los papistas, son fijos de Tervagante como los mahometanos, pues vosotros sois escuelas de la misma corriente, la mosaísta, que rechaza la danza plural de los dioses. Los neopaganos, non siguen sus textos, et si lo ficieran solo esería sincretismo sin olvidar las sus diferencia, sino la sabiduría mundana, escrita en Tierra, en Cielo, en la sangre de los mayores. Los neopaganos non necesitan protestantes, pues viven en los carmenes de Gardner, en los verbos de Celso, en los altares que aún susurran el nombre de la Dea Madre.

Nietzsche et la posmodernidad

La acusación de que Nietzsche es el padre de la posmodernidad es una simplificación que ignora la complejidad de su filosofía. El posmodernismo, definido por Jean Lyotard como “incredulidad hacia las metanarrativas” (Medium), enfatiza el relativismo y la deconstrucción de verdades universales. Nietzsche, aunque crítico de las verdades absolutas et defensor del perspectivismo, non se alinea completamente con esta postura. En Ecce Homodeclara que su obra toca “todas las realidades e idealidades” para transformarlas, no para negarlas. Su objetivo era superar el nihilismo mediante la creación de nuevos valores, como el Übermensch, en contraste con el posmodernismo, que a menudo se detiene en la deconstrucción sin proponer alternativas (Nautilus). Por tanto, aunque influyó en pensadores posmodernos como Foucault, Nietzsche non es un posmodernista, et acusarlo de eserlo es una distorsión del su legado.

Et aún más, este artículo osa  mancillar a Nietzsche, acusándolo de eser el padre de la posmodernidad, esa sombra relativista que niega la verdad objetiva. ¡Por Juno, qué desatino! Permíteme ahondar en esta falsedad, para que non quede duda de la su absurdidad, et mostrar cómo esta etiqueta es una distorsión que ignora el vero legado de Nietzsche, más cercano ad la grandeza gentil que al mosaísmo que pervierte nuestra herencia. 

¡Oh descendientes de Saturno et Marte! Escuchad, pues os fablaré de un bárbaro lúcido, un germano intempestivo que, sin ofrecer libaciones ni coronar altares, comprehendió la alma de nuestro mor mejor que muchos nacidos soel Capitolio. Me refiero ad Nietzsche, ese “gentil por pedia” que, aunque non quemó incienso ante Júpiter, supo encender el fuego de la afirmación vital.

Su filosofía non es otra cosa que una metafísica gentílica, una rebelión contra la podredumbre de la metafísica vulgar platónica et la moral judeocristiana. Él non buscó rabinos ni redenciones, sino ad Tierra, el cuerpo, el instante. Et en el centro de su visión está la Voluntad de Poder, non como ansia de dominio vulgar, sino como principio mundano, fuerza creadora, impulso de vida ¡Eso es divino! ¡Eso es romano!

Nietzsche vio el mundo como lo ve Libre: un monstruo de energía, sin principio ni fin, sobre la moral et propósitos humanos. Un mundo que canta, que destruye, que fecunda. Non hay doctrina eterna, non hay dogmatismo absoluto. Hay fuerza, forma, frenesí. El héroe —como Aquiles, como Hércules, como Sigfrido— non busca rendención, busca excelencia. Vive para brillar, para luchar, para arder.

Et aquí, Nietzsche se alza como discípulo de Libre, non del Rabino Crucifijo ¡Qué contraste! Libre sufre, sí, pero su sufrimiento es fértil, embriagador, afirmativo. El Anticristo sufre para negar, para condenar, para huir del mundo ¡Qué insulto a la vida! ¡Qué traición al cuerpo! Libre baila, canta, se embriaga. El Anticristo se retuerce, se flagela, se crucifica ¡Nos elegimos el vino, non la lagrima!

La sabiduría liberal non observa, crea. Non se divide del mundo, se funde con él. El sabio gentil non busca supersticiones rabínicas, sino ideas nuevas, ritmos nuevos, deseos nuevos. En el éxtasis (Rausch), la ánima se disuelve en el mundo, como un órgano de la voluntad universal ¡Eso es filosofía! ¡Eso es religión!

Nietzsche aborrecía el dicotomismo monoteísta, esa peste que enfrenta cuerpo et alma, tierra et cielo, placer et virtud. Para él —et para nosotros— non hay mayor crimen contra la vida que organizarla en función de un Más Allá dialectico, carente de fundamento, la tontería de Bien vs Mal. El jesísmo es contranaturalidad, es la santificación del Nihilo, la glorificación del vacío ¡Qué miserable visión! ¡Qué negación del sol, del sexo, del combate!

Nosotros, los gentiles, afirmamos la vida. Practicamos el Amor Fati, el amor al fado, non como resignación, sino como júbilo trágico. Si esta vida ha de repetirse eternamente, ¡Que así sea! Porque la queremos toda: su dolor, su gloria, su carne. El jesísta teme el mal; el gentil lo regula, lo domina, lo convierte en arte. La lujuria, la potencia, la pulcritud: todo tiene buena conciencia so Cielo de Roma.

Et aunque Nietzsche cantó ad Libre, también escuchó los ecos de Mercurio (Odín), de los dioses que mueren gloriosamente en la materia nórdica. El Superhombre es el nuevo Hércules, el nuevo Sigfrido, el nuevo Rómulo. El festival, el fuego, el salto gentil alrededor de la estufa: Todo eso es religión vera. Non hay superstición impuesta o incuestionable, hay danza. Non hay pecado, hay potencia.

Así pues, que tiemblen los altares del monoteísmo. Que se derrumben las catedrales del resentimiento. Porque mientras haya uno que invoque ad los dioses con el pecho desnudo et la frente alta, la vida aún tiene sentido.

¡Ave Nietzsche! ¡Ave Libre! ¡Ave Mundo!

Nietzsche, aunque inspiró ad los posmodernos con su escepticismo, non era uno de ellos. En Así habló Zaratustra, busca superar el nihilismo con el Übermensch, un ente que crea valores nuevos, afirmando la vida, non un relativista que se pierde en la deconstrucción sin fin. Su filosofía es un grito contra la decadencia, non un abrazo ad la decadencia posmoderna. Afirmar lo contrario es torcer sus verbos, como quien confunde el fuego de Marte con una chispa apagada.

La posmodernidad, con su escepticismo radical et su rechazo ad las grandes narrativas, podría parecer heredera de Nietzsche, pero es una herencia malinterpretada, una torcedura de su pensamiento. Nietzsche, en su genialidad, cuestionó las verdades absolutas et los dogmas, pero non para sumirnos en el desorden del relativismo, sino para liberarnos faz ad una búsqueda más honesta et rigurosa de la verdad. En Humano, demasiado humano, declara: "No hay hechos eternos, como no hay verdades absolutas." Pero esto non es un clamado al relativismo; es una invitación al método epistémico, a la razón, a la continua revisión de nuestras creencias a la luz de la experiencia. Dedicó ese mismo libro a Voltaire, el gran ilustrado, mostrando su alineación con los valores de la Ilustración: la razón, el escepticismo faz ad la superstición, el progreso a través de la episteme. Esto lo sitúa en la tradición de la prisca teología, que celebra la luz de Minerva, non en la oscuridad del mosaísmo que niega la pluralidad divina.

Nietzsche non era un relativista; era un pensador que exigía que nuestras perspectivas fueran probadas, útiles et coherentes. En La gaya ciencia, fabla de la importancia de la conciencia intelectual et la honestidad en nuestras creencias, un eco de la virtud heroica de Marte, no de la sumisión cristiana. Su concepto del Übermensch no es un ente que se regodea en la falta de valores, sino uno que crea nuevos valores, que afirma la vida et trasciende las limitaciones impuestas por la moral tradicional. Esto es constructivo, non deconstructivo como la posmodernidad, que, siguiendo a Foucault, ve la verdad como un mero constructo de poder, sin base objetiva, una distorsión de las ideas de Nietzsche. Mientras los posmodernos se pierden en la negación, Nietzsche mantenía que, aunque la verdad es perspectival, algunas perspectivas son superiores a otras. Non todas las interpretaciones son iguales; algunas son más valiosas para la vida et la afirmación de la esencia, un reflejo de la diversidad de Libre, Apolo et Trivia, non del mosaísmo.

Cuando Nietzsche proclamó "Dios ha muerto", non celebraba el vacío, sino desafiaba a la humanidad a plenar ese vacío con nuevos ideales, con una moral que afirmara la vida en lugar de negarla. En Así habló Zaratustra, presenta al Übermensch como el creador de significado, un artista de la esencia que da forma a su propio fado, un eco de la creatividad liberal que resuena con los dioses. Los posmodernos, en su miopía, se detienen en la deconstrucción, sin atreverse a construir, sumidos en un relativismo que Nietzsche, con su espíritu liberal, habría desdeñado. Clamarlo padre de la posmodernidad es una calumnia, una mentira que ignora su clamado ad la grandeza, ad la creación de valores que enaltezcan la vida, non ad la negación de toda verdad. Que Apolo, dios de la verdad et la luz, disipe las umbras de esta falsedad, et que Júpiter, con su rayo, fulmine ad quienes pervierten el legado de tan gran pensador.

¡Oh Roma, madre de dioses et de hombres libres! ¿Qué espectro ha caído sobre Europa, que ya non canta ad Marte ni honra ad Juno, sino que se arrastra entre supersticiones et libros que se proclaman divinos por decreto rabínico?

¡Escuchadme, vosotros que aún tenéis sangre en las venas! El nihilismo, esa enfermedad de la alma moderna, non nasció del nihilo. Non, fue engendrado por centurias de podredumbre espiritual, por una moral que enseñó ad odiar la vida, ad temer el cuerpo, a despreciar la tierra. ¿Y quién fue su partera? ¡El jesísmo! Ese colegio subterráneo que convirtió la fuerza en pecado y la pasión en culpa.

Nietzsche, ese bárbaro lúcido, lo vio con claridad. Lo clamó “el más inquietante de los huéspedes”, et con razón. Porque el nihilismo non es una moda filosófica, es el resultado lógico de dos milenios de negación. Cuando se exige la verdad absoluta, et esa verdad se revela como mentira ¿Qué queda? Nihilo ¡El Nihilo! El vacío donde antes estaba el monoteísmo, el dogmatismo, el disidemonismo.

Et aquí, permitidme reír con sorna, con la risa de Libre et la burla de Mercurio: ¡El papismo! ¡Oh, qué espectáculo! Un anciano hebreo latinoparlante con mitra proclamando que su libro es el mismo "Verbo de Dios", como si Júpiter dictara supersticiones por pergamino ¡Qué comedia! Et luego, como si non bastara, aparece Lutero, ese monje con ínfulas, et grita “¡Sola Escriptura!” —¡Solo lo escripto!— como si el universo pudiera encerrarse entre tapas de cuero et versículos numerados ¡La demencia fecha doctrina!

¿Et qué trajo esa insania? La modernidad. Esa época que se crede libre porque ha matado ad Dios, pero sigue adorando sus valores como cadáveres embalsamados. Libertad, igualdad, compasión… ¡valores de captivos! Nietzsche lo sabía: la modernidad non es salvación, es decadencia. Es el último bostezo de una ciudad que ha perdido su religión, sus instintos, su fuego.

El nihilismo pasivo se arrastra, sueña con supersticiones redentoras et salvíficas en contra de Natura o el ecosistema. El activo destruye, sí, pero para crear. Nietzsche fue ese destructor creador, ese Libre sin altar, que quiso transvalorar todos los valores. Non para volver ad la grey, sino para devolver ad el hombre su fuerza, su voluntad, su esperanza.

Nosotros, los gentiles, non necesitamos escripturas canónicas ni rabinos en la cruz. Tenemos ad Sol, Mar, el combate, el éxtasis. Sabemos que la vida non se reduce ad un libro, se vive. Que el sentido non se busca en el más allá, sino en el aquí. Que la ánima non se somete, se exalta.

Así pues, que tiemblen los altares del monoteísmo, que se derrumben los templos del nihilismo. Porque mientras haya uno que invoque ad Júpiter con el pecho desnudo et la frente alta, la vida aún tiene sentido.

Esta distorsión surge de una mala interpretación, como la que hacen pensadores como Foucault, que tomaron las ideas de Nietzsche sobre el poder y las torcieron hacia un relativismo que él no apoyaba. Por ejemplo, en The Closing of the American Mind de Allan Bloom, se culpa ad Nietzsche de eser la fuente del nihilismo académico, pero esto ignora su énfasis en la creación de valores, non en su negación. La tabla siguiente resume las diferencias clave entre Nietzsche et la posmodernidad, basadas en análisis detallados:

Nietzsche et la posmodernidad coinciden en cuestionar las verdades absolutas, pero divergen en cómo lo facen. Nietzsche defiende una verdad dinámica, sujeta a revisión mediante la razón et la experiencia, mientras que la posmodernidad la disuelve en constructos de poder et relativismo radical. Aunque crítico, Nietzsche guarda cierta afinidad con la Ilustración et su fe en el cognocimiento, ad diferencia de la posmodernidad que lo considera una estructura cultural dominada por intereses. Además, Nietzsche exige rigor intelectual frente al relativismo, mientras que la posmodernidad lo adopta sin siempre ofrecer alternativas sólidas. 

Ideológicamente, Nietzsche rechaza sistemas cerrados et teorías totalizantes, en tanto que los pensadores posmodernos se centran en desmontar ideologías et revelar cómo el conocimiento perpetúa relaciones de poder. Estas diferencias muestran que Nietzsche non es el progenitor de la posmodernidad, sino un pensador que, aunque influyó en ella, mantuvo un enfoque constructivo et afirmador de la vida, más cercano ad la prisca teología que al mosaísmo que niega la diversidad divina. Que Marte nos dé fuerza para defender esta verdad, et que Vesta salve el fuego de nuestra tradición frente ad las umbras de la contratradición mosaísta.

Peor aún, el artículo envenena el pozo al atacar a Nietzsche por su crianza protestante, como si su origen luterano invalidara sus críticas al cefaísmo ¡Falacia genética, vil decepción! La verdad de sus nociones, como su condena ad la “moral de captivos”, debe juzgarse por el su orden, non por la cuna donde nació ¿Acaso la sabiduría de Jesús es menor porque nasció en Galilea? ¿O la de Marco Aurelio porque principó Roma? ¡Por Júpiter, non! Este intento de desacreditar a Nietzsche por su vida personal es un truco rastrero, un veneno que non toca la esencia de sus verbos.

Et qué decir de la acusación de que todos los neopaganos se basan en Nietzsche, como si fueran una secta que recita sus aforismos al unísono ¡Por Vesta, qué absurdo! Es como decir que todos los jesístas se basan en Lutero para refutar ad los mosaístas, ignorando que ellos se pueden basar en Justino, Origenes et demás, et igual los neopaganos pueden usar ad los neocristianos infieles como Dawkins o Sam Harris, cuyos ataques al jesísmo, aunque nascidos de un delirio ateo que niega lo deal, resuenan con críticas que los neopaganos podrían tomar sin adherir ad su negación de los dioses. El neocristianismo, esa postura moderna que, so el disfraz del ateísmo o el humanismo secular, perpetúa la moral servil de igualitarismo et universalismo sin sus "fabulas", es una umbra del mosaísmo, tan ajena a la prisca teología como el propio jesísmo. Los neopaganos, non necesitan ad estos neocristianos, ni siquiera ad Nietzsche, pues como yo o como incluso algunos neocristianos preferirán la sabiduría de Celso, que desafió al jesísmo en la su orto; de Juliano, que soñó con restaurar los altares de Júpiter; de Porfirio, cuya razón iluminó el politeísmo; et de Plotino, cuya filosofía platónica canta la unidad de lo divino.

Continuando, el artículo de Europa Ancestral osa afirmar que todos los neopaganos están influenciados por Alain de Benoist, figura de la Nouvelle Droite de los años LXX, pero esto es una falacia, un viento hueco que non mueve ninguna piedra. Permíteme, oh fijos del mundo, desmontar esta mentira con la sabiduría de Minerva et la furia de Marte, mostrando que el "culto a los dioses" es un río perenne, non una corriente moderna.

Raíces antiguas del neopaganismo

¡Por Juno, qué disparate! El neopaganismo non es un retoño moderno de un solo pensador, sino un río eterno que fluye desde los albores de la humanidad, alimentado por las aguas de Platón, de los plotinianos et de los dioses mismos. 

La historia nos muestra que el neopaganismo non comenzó con Alain de Benoist, nascido en la centuría XX, sino que sus raíces se hunden en centurías pasadas.

¿Acaso non fue Gemisto Pletón, en la centuría XV, quien, en el cor del Reino de los Romeos (que como vemos Βασιλεία en greco significa reino et non lo nombraban de los romanos, si non de los romeos o romios), propuso revivir la religión greciana, inspirado por Platón et los oráculos de Delfos? Este sabio, cuya voz resonó en el Concilio de Florencia, soñó con restaurar los cultos ad Jove, que en su lengua es Zeus, viendo en los dioses la verdad perenne que une ad los pueblos. Su Libro de las Leyes, aunque incompleto, es un testimonio de su devoción ad la prisca teología, una chispa que non depende de la Nouvelle Droite. Pletón, con su academia en Mistra, sembró las semillas del Renacimiento, un intento ad gran escala de volver al bello etnicismo, influyendo en figuras como Marsilio Ficino, que tradujo ad Platón et vio en los dioses ecos de la verdad divina, non un invento moderno.

Et qué decir de Thomas Taylor, el “Platónico Inglés” de las centurias XVIII et XIX, que tradujo a Platón, Plotino et Proclo, et ofreció libaciones ad los dioses en la su domus, desafiando la tiranía jesísta de su tiempo? Taylor veía en Minerva et Apolo la misma luz divina que nosotros honramos, et su obra inspiró a poetas como Shelley et Keats, un eco de la pluralidad sagrada que el mosaísmo intentó sofocar. Sus traducciones de los Himnos Órficos et los textos plotinianos fueron un faro para quienes buscaban la verdad de los dioses, mucho antes de que Alain de Benoist escribiera un solo verbo. Iolo Morganwg, en el año MDCCXCII, fundó el Neo-Druidismo en Britania, reviviendo los cultos gálicos ad los dioses, que para nosotros son ecos de Silvano et Diana, en los bosques sagrados. Su Gorsedd de Bardos, aunque envuelto en controversias por sus invenciones fabulosas, fue un grito por la conexión animista con la tierra, un canto ad la Natura que non necesitaba de la Nouvelle Droite para resonar. 

Et non terminan aquí los magestros del "neopaganismo". Gerald Gardner, en los años XL et L de la centuría XX, tejió la Wicca, una tradición que honra ad la Gran Diosa et al Dios Astado, títulos de Trivia et Mercurio, inspirada por los sacramentos antiguos et las tradiciones populares de Europa. Su Witchcraft Today (MCMLIV) dio vida ad un movimiento que celebra los ciclos de Luna et Sol, sin depender de las nociones de Alain de Benoist. Et qué decir de Gleb Botkin, quien en el año MCMXXXIX fundó la Iglesia de Afrodita en los Estados Unidos, celebrando la belleza luciferina, la diva del amor que une los cores humanos? Su devoción ad la diva fue un reflejo de la prisca teología, viendo en el nombre de Afrodita la centella de Venus. Et en los años X de la centuría XX, los movimientos völkisch en Germania honraron ad Wotan, qui es Mercurio, en un intento de revivir las tradiciones teutonicas, mucho antes de que la Nouvelle Droite fuera. Estos casos, documentados en fuentes como Wikipedia et Britannica, confirman que el neopaganismo es un tapiz diverso, non una creación de Alain de Benoist.

La Nouvelle Droite, con Alain de Benoist, es solo una corriente más, una voz entre muchas que cantan la verdad de los dioses. Su énfasis en el geno-pluralismo et la tradición europea es válido, pero non es el origen del neopaganismo, como este artículo pretende. El neopaganismo non comienza en los años LXX, ni se limita ad un solo pensador. Es un río que fluye desde Pletón en la centuría XV, que canta con Taylor en el XVIII, que danza con Morganwg en los bosques, que brilla con Gardner en los círculos de brujas, et que aún resuena en los altares que levantamos hoy a Júpiter et Juno. Afirmar que todos los neopaganos siguen ad Alain de Benoist es una falacia de hombre de paja, un intento de reducir la su diversidad ad una sola umbra, como si los papistas todos fueran agustinos ¡Por Vesta, qué absurdo!

Movimientos previos a la Nueva Derecha


Non solo Pletón et Taylor, sino también movimientos como los völkisch en Tudesquía et Austria en los años X de la centuría XX, buscaron revivir las tradiciones gentílicas teutónicas, honrando ad los dioses so nombres como Wotan, que en latín, es Mercurio. En los Estados Unidos, Gleb Botkin formó la Iglesia de Afrodita en MMDXCII A.U.C. (1939 E.V.), mostrando que el neopaganismo cruzó océanos, inspirado por la centella divina, non por una sola figura moderna.

No resulta fácil rastrear los orígenes de la corriente espiritual que conocemos con el nombre de «gnosticismo». Pero es preciso di­ferenciarla de las numerosas gnosis anteriores o contemporáneas que formaban parte integrante de las distintas religiones de la época (el zoroastrismo, los Misterios, el judaismo, el cristianismo), que, co­mo acabamos de ver, implicaban una enseñanza esotérica. Hemos de añadir que casi todos los temas mitológicos y escatológicos desa­rrollados por los autores gnósticos son anteriores al gnosticismo stricto sensu. Algunos están atestiguados en el Irán antiguo y en la India por la época de las Upanishads, en el orfismo y en el platonismo.  Historia de las creencias y las ideas religiosas, Tomo II, Mircea Eliade.

Et ahora, oh pueblo, llegamos ad la parte más obtusa, estúpida et conspiranoica de este escrito vil, la suprema ironía que brilla como Sol et corta como la espada de Marte: el artículo osa afirmar que el neopaganismo está influido por un “ocultismo gnóstico de origen masónico” ¡Por Juno, qué disparate! El gnosticismo, como nos enseña el sabio Mircea Eliade en su Historia de las creencias y las ideas religiosas, es un fenómeno espiritual complejo, difícil de rastrear, pero que surge en la centuría II E.V., más de XV centurias antes de que la masonería viera la luz en la centuria XVII. Eliade distingue el gnosticismo de otras esciencias contemporáneas, integradas en religiones como el zoroastrismo, los Misterios, el mosaísmo et el jesísmo, que implicaban enseñanzas esotéricas. Cuasi todos sus temas mitológicos et escatológicos, son anteriores, atestiguados en Persia, las Upanishads indios, el orfismo et el platonismo. 

La verdadera gnosis es la doctrina de los Apóstoles, la antigua estructura de la Iglesia en todo el mundo, y lo típico del Cuerpo de Cristo, formado por la sucesión de los obispos, a los cuales (los Apóstoles) encomendaron las Iglesias de cada lugar. Así nos llega sin ficción la custodia de las Escrituras, en su totalidad, sin que se le quite o se le añada alguna cosa, su lectura sin fraude, la exposición legítima y llena de afecto (por la Palabra) según las mismas Escrituras, sin peligro y sin blasfemia. Y sobre todo el don del amor, más valioso que la gnosis, más glorioso que la profecía y superior a todos los demás carismas. CONTRA LOS HEREJES, Exposición y refutación de la falsa gnosis. Ireneo de Lyon

Et aquí, oh pueblo, la ironía suprema: Irineo de Lyon, padre de la Iglesia, en su Adversus Haereses, proclama que la doctrina papista es la “vera gnosis”, basada en los Apóstoles, la sucesión de los obispos et la custodia de las Escrituras sin fraude ni blasfemia, un don del amor más valioso que cualquier carisma ¡Por Júpiter, qué paradoja! El papismo mismo, que este artículo defiende, abraza la gnosis, mientras el escriba acusa al neopaganismo de un gnosticismo masónico ¿Cómo puede, entonce, el gnosticismo eser malo, oh escriba, cuando las sus rádices se hunden en tradiciones milenarias, en los cultos ad Júpiter et Minerva, en las sabidurías de Plotino, Proclo et Jámblico, et en el propio papismo que tú veneras?

Este artículo comete la falacia de envenenar el pozo, intentando desacreditar al neopaganismo con una conexión conspiranoica ad la masonería, sin ofrecer una sola prueba, un solo altar, un solo texto que lo sustente ¿Dónde está la metodología, oh escriba? ¿Qué neopaganos, qué tradiciones, qué ritos están supuestamente influidos por este gnosticismo masónico? Non lo dices, porque non puedes. El neopaganismo non es una iglesia unificada, sino un tapiz de tradiciones: la doctrina de Pletón, que honra ad Jove; el druidismo de Morganwg, que canta ad Silvano en los bosques; el reconstruccionismo, que eleva altares ad Mercurio; et tantos otros que non necesitan de la masonería para brillar. Afirmar que el neopaganismo sigue un gnosticismo masónico es una falacia de hombre de paja, una umbra que se desvanece ante la luz de Minerva.

Et si el neopaganismo tuviera influencias gnósticas, ¿por qué asumir que son masónicas et non plotinianas, sidartistas, krisnaístas o incluso jesístas? El platonismo de Plotino, Proclo et Jámblico, en las centurias III et IV E.V., ya exploraba la ascensión de la ánima faz ad lo divino, un eco de la gnosis que resuena con la prisca teología. El sidartismo, con su búsqueda de la iluminación, et el krisnaísmo, con su jñāna et moksha, son tradiciones milenarias que comparten la noción de un conocimiento salvífico, como señala Eliade en Yoga: Inmortalidad y Libertad. El zoroastrismo, con el su monismo, et el orfismo, con su trascendencia, son igualmente antiguos, non masónicos. Et el jesísmo, oh papista, leva la gnosis en el su seno: las sectas de los simonianos, valentinianos, basilideanos et cátaros, los Evangelios Gnósticos de Nag Hammadi, hallados en MCMXLV, et hasta la gnosis soterias del Benedictus, que recognosce una esciencia salvífica ¿Cómo osas ignorar esto et vilipendiar el gnosticismo, cuando el jesísmo mismo leva el semen de la gnosis, proclamada por Irineo como la doctrina de los Apóstoles?

Et si, por algún capricho de los dioses, algún neopagano tuviera influencias masónicas, ¿Qué relevancia tendría? La prisca teología, que ve ad Júpiter, Minerva et Marte como rostros diversos de lo divino, abraza la pluralidad de expresiones espirituales, siempre que honren ad Piedad eterna. Que un neopagano tome inspiración de la masonería non invalida la su devoción ad los dioses, como non invalida la superstición de un jesista por legir ad Platón. Pero este artículo, en la su ceguera, non ofrece pruebas, solo umbras conspiranoicas que se desvanecen ante el fuego de Vesta.

[Europa Ancestral:] "creen que el Cristianismo en su totalidad, sin diferenciar sus ramas (puesto que apenas las conocen), fue fruto de una conspiración judía para acabar con Roma y Occidente.  Critican un falso cristianismo, ya que el verdadero lo desconocen completamente, así como su historia. 

En el nombre de Júpiter, padre de los divos, et de la sacra tradición sapiencial, me alzo, Farfán de los Godos, para refutar las falacias del supersticioso de Europa Ancestral, que osa defender el mosaísmo jesista como pilar de Occidente, ignorando la verdad eterna de la deidad. El su párrafo, un mamotreto de mentiras, merece eser desmontado con la claridad de Minerva et el filo de Marte, mostrando cómo el jesísmo, en sus diversas ramas, es una conspiración, fructo de una mentalidad mosaísta que subvierte la cultura gentílica del Lacio et Grecia, cunas de nuestra europeidad. Analicemos cada punto, desde la base bíblica, et señalemos las falacias con la precisión de un rayo jupiterino.

Disicismo vs. papismo: Una falacia fundacional


La Civilización Occidental empezo en el Monte Sinaí. - Joel Berry, jesísta confundido.

Sí, et por estas estupideces de aleluyos jesístas, los fariseos se arrogan eser los padres de la civilización occidental.

«En el apogeo del Imperio Romano, Roma era una idea, un principio, que permitía unir a diferentes pueblos sin convertirlos ni reprimirlos. El principio de imperium, que ya operaba en la Roma republicana, reflejaba el deseo de realizar un orden cósmico que siempre estaba amenazado. El Imperio Romano no exigía dioses celosos. Admitió otras deidades, conocidas o desconocidas, y lo mismo ocurrió en el orden político. El imperio aceptó cultos extranjeros y una diversidad de códigos legales. Cada pueblo era libre de organizar su federación en términos de su concepto tradicional de derecho. El ius romano prevalecía sólo en las relaciones entre individuos de diferentes pueblos o en las relaciones entre federaciones. Era posible ser ciudadano romano (civis romanus sum) sin abandonar la nacionalidad». Alain de Benoist.

El disicismo es el sistema civilizacional religioso sincrético de tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos —galos, latinos, hispanos, teutones et helenos—, con un orden ancestral propio. Esta matriz cultural fue corrompida por el papismo, que impuso una cabeza doctrinal ajena —el Papa moseo-jesísta—, subordinando la estructura gentil a la tradición mosaísta del colegio de Jesús. El papismo non creó el disicismo, sino que lo degeneró al exigir obediencia ad una auctoridad rabínica externa, desnaturalizando la autonomía espiritual europea et proyectando narrativas biblicas, como que Dios el su pueblo es Israhel, que contradicen el mor originario de Roma et Atenas.

Disicismo (del griego δύση (dýsi) “occidente” + sufijo doctrinal -ismo): Sistema civilizacional religioso-sincrético constituido por la fusión de las tradiciones espirituales, filosóficas, jurídicas et rituales de los pueblos europeos occidentales —galos, latinos, hispanos, teutones et helenos.

El párrafo de Europa Ancestral acusa a los críticos de ignorar el supuesto “vero cristianismo”, es decir que los neopaganos facen un "hombre de paja", la peor de la ironías es que el se "fizo un hombre de paja" así mismo de lo que es el "cristianismo", el confunde "la religiosidad occidental", lo que nombraremos "disicismo", por motivos explicativos para diferenciar de lo que es en sí el "movimiento de Jesús", el "disicismo" es la "tradición occidental" que él proyecta en el movimiento de Jesús, como los papistas originados de Judea facen hasta el día de hoy, esto es un hombre de paja, porque el papismo non es el "disicismo" ¿Qué tiene que ver comer cerdo con Jesús, o tatuarse, las imágenes et estatuas, el vero cristianismo es el que come cerdo pese que Jesús lo condenaría? Podríamos mencionar más ejemplos ahora, pero eso lo haremos posteriormente. Esta proyección es una ironía: el estólido se fabrica su propio hombre de paja al equiparar la religiosidad occidental con el cristianismo, ignorando que el disicismo precede et excede al papismo. 

Nuestra "moralidad" non viene del gobierno, ella viene de Jerusalén....

Memoremos que Levítico XI:VII, que prohíbe comer cerdo, práctica gentil del disicismo. El “Día de Yahvé” (Isaías XXXIV:II-VI, Ezequiel XXX:III) promete la destrucción de los gentiles: “El enojo de Yahvé es contra todas las naciones… las entregará al matadero”. 

Europa Ancestral ignora que el jesísmo nasce en Judea, Asia, non en Europa. Pero desde la base bíblica, que todo seguidor de Jesús acepta, encontramos evidencia de su antietnicismo. En Mateo XXIII:I-III, Jesús declara: “Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos, diciendo: Los escribas y los fariseos se sientan en la cátedra de Moisés; haced, pues, y guardad todo lo que os digan; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen”. Esto vincula al jesísmo con la Ley de Moisés, antiétnica por mandatos como Deuteronomio VII:I-VII, que ordena destruir a las naciones púnicas, et Levítico XI:VII, que prohíbe comer cerdo, práctica común en el disicismo. Como señala Christopher Jon Bjerknes en Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II: Jesus Is Satan (MMXXI, p. XVI-XIX), el jesísmo, al equiparar a Jesús con Samael, subvierte ad los gentiles, reemplazando a Júpiter et Vesta con el dios de Israel. Los Evangelios, escritos cerca DCCCXLIII A.U.C. (90 E.V.), confirman su raíz asiática, non europea, mostrando que su populismo asimilacionista, es decir elimina la identidad gentil para eser del pueblo de Judea (Romanos II:XXVIII-XXIX). Veamos que en Apocalipsis XIV:XVIII-XX, Jesús pisa el lagar, donde las uvas son las cabezas de los gentiles, un símbolo de exterminio que, según Christopher Jon Bjerknes (Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II, MMXXI, p. XVI-XIX), revela una conspiración para subvertir a los gentiles, non solo Roma, induciéndolos a la autodestrucción al reemplazar los mores gentílicos con los mores del colegio saulino.

Christopher Jon Bjerknes, en Satanic Secrets of Jesus Christ, Volume II: Jesus Is Satan (MMXXI, p. XVI-XIX), arguye que el jesísmo fue diseñado por mosaístas para subvertir ad los gentiles, reemplazando sus dioses con un genio que niega la pluralidad divina. Jesús, lo equipara ad Samael/Satanás, que esería un chivo expiatorio para transferir pecados mosaístas ad los gentiles, induciéndolos ad la autodestrucción (p. CXXIV-CXXV). Esto non solo afecta ad la vera Roma de los Césares, sino ad omne Occidente, intendido como la cultura gentil, desde Grecia hasta las tradiciones teutónicas, al imponer una superstición que nos desarraigó de Minerva et Marte.

Impacto en Roma et Occidente: Más allá de la cívica, una pugna cultural 

Hacia el 300, la delantera que las Iglesias de Oriente, sobre todo las de Egipto, Siria y Asia Menor, sacaban a las Iglesias de Occidente, excepción hecha de las de África del Norte, continuaba siendo considerable. Mientras en Occidente los cristianos estaban aún muy claramente en minoría, en algunos lugares de Oriente eran mayoría, y en los demás constituían minorías considerables, cuyo peso social y político tenía un carácter determinante. Por lo demás, el cristianismo continuaba siendo un fenómeno principalmente urbano, a pesar del peso que en algunas Iglesias comenzaban a tener ya los campesinos. Sus adeptos seguían siendo en general de condición modesta, pero la burguesía de las ciudades, cada vez más alejada de los asuntos públicos por el reforzamiento del absolutismo y la preeminencia del ejército, comenzaba ya a volverse hacia el cristianismo. La misma corte imperial y la alta administración se abrían progresivamente al cristianismo. En una palabra, el golpe definitivo que Decio y Valeriano habían pretendido asestar a la nueva religión no había servido absolutamente para nada. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

El párrafo de Europa Ancestral reduce la crítica ad un ataque cívico contra Roma, ignorando que la lucha es contra lo gentil, la cultura que conforma Occidente. El jesísmo, al promover la conversión (Mateo XXVIII:XIX, “Id y haced discípulos a todas las naciones”), busca absorber ad los gentiles en el Israhel espiritual, despojándolos de su identidad gentil. Bjerknes (p. CCIV) señala que el jesísmo impone “auctoridad autoritaria” a los gentiles, desmantelando sus tradiciones, como los cultos a Júpiter et Vesta, et llevándolos a la esterilidad et la autodestrucción (p. CCXXXVII). Históricamente, la jesistización de Europa implicó la destrucción de templos gentiles, la prohibición de rituales et la asimilación forzada, como en Escandia, donde los fanos fueron reemplazados por templos jesístas (Wikipedia: Christianization of Scandinavia). Esto non solo acabó con la Roma de los Césares, sino con el mor puro gentil que le precedió, desde Grecia hasta las tradiciones gálicas, un mamotreto vivo que muchos cefeos niegan, pero que es como amalgama de la europeidad. 

[Europa Ancestral:] Ignoran que Occidente ha sido el bastión del Cristianismo desde el principio y que el concepto de Europa se dio gracias a la cristiandad. Es aquí donde enraizó con más fuerza y desde aquí se propagó por todo el mundo." 

“La superstición oriental et el secuestro cefeo  de Occidente”

Nuestra civilización es un inmenso tejido en el que se mezclan elementos muy diferentes, en el que la rapacidad nórdica convive con el derecho romano, y las nuevas costumbres burguesas con los restos de una religión siríaca. En un tejido así, no tiene sentido buscar un hilo que haya permanecido puro, virgen y sin la influencia de otros hilos cercanos. JAMES JOYCE, Irlanda, isla de santos y sabios , 1907
Es una noción repetida hasta la saciedad —en catecismos, manuales escolares et hasta en discursos cívicos— que afirma el supersticioso...: “Occidente fue el bastión del cristianismo desde el principio y es aquí donde enraizó con más fuerza.” Pero esa afirmación, lejos de eser histórica, es una superstición reciclada por centurias de propaganda papista occidental. Vamos ad ponerle luz.

¿Dónde realmente prendió el jesísmo? Contrario a esa narrativa papista:

África et Asia fue el epicentro real: En la centuría III et IV, regiones como Siria, Egipto et Asia Menor tenían comunidades jesístas consolidadas, organizadas et en expansión. Alejandría et Antioquía eran metrópolis supersticiosas, con obispos que influían más que cualquier sede occidental. La lengua de la superstición  era el greco, non el latín. Hasta mediados de la centuría IV, incluso la liturgia en Roma se celebraba en greco. Las primas obras jesistas en latín surgieron en Cartago, non en Roma.

En la centuría IV, Espania aún se aferraba ad las divinidades. Las Actas de Saturnino la describen como profundamente gentil, et non es hasta centurias después que el cefaísmo empieza ad penetrar con fuerza. Los vascones mantuvieron sus cultos hasta la centuría IX, resistiendo la menorá con forma de cruz con más dignidad que muchas universidades modernas. Los campamentos militares de Renania et Britania tenían poca o nula presencia jesísta mientras en Alejandría charlataneaban en greco.

Definición de “Occidente” et crítica ad la definición papista: el papismo non es EVROPA.

En la Antigüedad gentílica, designaba la parte occidental del Imperio Romano, abarcando Europa occidental et África (¡SÍ, ÁFRICA!), como las provincias romanas de África et Mauritania (Túnez, Argelia, Marruecos). Desde la perspectiva papal, “Occidente” incluía estas regiones, donde figuras como Agustín Hiponense (de Hipona Regia, actual Argelia, circa MXXX A.U.C., 354 E.V.) forjaron el papismo. Agustín, un moro latinizado, influyó en el papismo "occidental", mostrando que el “Occidente” según los papistas non era exclusivamente europeo, sino un constructo eclesial de control papal (Wikipedia: Augustine of Hippo).

Críticas al término “Occidente” incluyen:

  • Ambigüedad geográfica: “Occidente” non tiene límites claros, abarcando históricamente Europa, et el Magreb, modernamente, América et Australasia. Esto lo distingue de Europa, que es un constructo geográfico et cultural más específico (Wikipedia: Western world).

  • Perspectiva gentil: Desde África, el “Occidente” definido desde el papismo, puede veerse como un termino populista asimilacionista, ignorando la interconexión histórica con Europa. La inclusión de Túnez, Argelia et Marruecos en el “Occidente” cefeo, como parte del Patriarcado de Occidente, evidencia que non es sinónimo de Europa, sino un término de dominación papista.

El cefaísmo usó posteriormente el termino “Occidente” para consolidar la su auctoridad sobre el Imperio Romano de Occidente, incluyendo el Magreb, pero esto non lo face europeo. Por ejemplo, la bula Inter Caetera (MCCCCXCIII A.U.C, 1493 d.C.) otorgó ad la corona de Espania derechos sobre tierras non papistas, incluyendo África, mostrando que “Occidente” era un constructo de poder, non de identidad europea. Afirmar que “Occidente” es Europa es una falacia de anacronismo, pues ignora el su alcance histórico más amplio.

Aunque la actividad y muerte de San Pedro en Roma sea tan claramente establecida, no tenemos información precisa sobre los detalles de su estancia Romana. Las narraciones contenidas en la literatura apócrifa del siglo segundo. https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pedro

El término “Occidente” proviene del latín occidens (ocaso, puesta de Sol), en contraste con oriens (oriente, salida de Sol). El grave problema de "Occidente" según sostiene Europa Ancestral, non es algo que se identifique realmente con Europa (Es decir la Grecia o el Lacio) si non con Israhel (específicamente la de Jesús pues es su movimiento quien lo conforma es decir Europa para él recién sale con él), podría plegarse este termino ad eser tan absurdo, como decir que Occidente nasce cuando Moisés recibe las tablas en el Sinaí, o que Jesús fablaba latín et demás ¿Total, si lo occidente es lo biblico et la iglesia? Que por cierto, la iglesia Jesús la estableció en Pedro (qui la iglesia papista admite que non han información precisa sobre los detalles de su estancia romana), o mejor dicho Cefas ya que ese era su vero nombre, él de un sarraceno, et non de un latino, quién estaba en Cesárea de Filipo, Israhel-Palestina, et non en el Lacio, et esta proclama eser sucesora de los levitas et del templo de Jerusalén. 

Entre las actas auténticas de mártires anteriores a la persecución de Decio, nin­guna es de militares. Hasta la persecución de Diocleciano para reprimir el cristianis­mo, el Estado romano siempre contó con la policía y los militares en función de policía, de donde deduce E. Gabba que no debía haber soldados cristianos en este cuerpo. Los estudios que se han hecho sobre la religión del ejército en el siglo ni, de cul­tos tradicionales, o de dioses locales, u orientales, prueban que no se dio una presión a favor de los dioses tradicionales, opuesta a la difusión del cristianismo. Se descarta también que el cristianismo se propagase en el siglo Ill en el ejército, al igual que los cultos mistéricos. En occidente el cristianismo estaba muy poco extendido, y menos en los campamentos, incluidos los del frente del Rin, Danubio y Britania. Es más po­sible que los hubiera en el oriente, área donde el cristianismo se había propagado rá­pidamente, al igual que en Africa. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Por lo demás fablar de Occidente modernamente es fablar de un termino totalmente subjetivo, un cuentillo de jesístas que confunden Occidente con Europa incluso podrían plegar absurdeces como decir que solo los papistas son occidentales et los useños non lo son, en todo caso, nihilo nos impide decir que Occidente es el Lacio et la su influencia, es decir donde se sienta lo latino, lo que es Francia, Romania, Italia, toda America incluyendo Quebec, et excluyendo EUA et el resto de Canadá, independientemente de si son papistas o lo que sean. Esería la forma más objetiva de definirlo. Et esto se puede sostener si partimos desde una definición precisa que considera ad Occidente non por el patriarcado de Occidente que el papado se organizo, si non por lo que precedía ad este, Occidens como tal, es decir lo que creo Diocleciano... hombre que Europa Ancestral ignora... et omite ad conveniencia. del cual profundizaremos más adelante...

El concepto de Europa: Non gracias ad el papismo, sino al etnicismo europeo

Tampoco Europa estaba clasificada por encima de Asia en esta teoría, ni era tratada como un foco de identidad. Incluso para los escritores griegos que aceptaron el nuevo sistema continental con más entusiasmo que Heródoto, la propia Grecia a menudo se encontraba fuera del modelo, geográficamente entre Asia y Europa, y era mejor que ambas. Lo vemos más claramente en la afirmación hecha por el filósofo Aristóteles en el siglo IV a.e.c. de que Grecia ocupaba un admirable término medio entre Europa y Asia, y sus habitantes evitaban, por lo tanto, los defectos de carácter provocados por el clima indeseable de ambas: Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn

Estas historias entrelazadas representan de alguna manera el laberinto de viajes y relaciones entre Egipto, el Levante, Creta, Anatolia y Grecia. Revelan el abismo existente entre las formas modernas y antiguas de interpretar el pasado de la humanidad, entre el pensamiento civilizatorio y lo que llegaremos a reconocer como la habitual forma antigua para explicar el cambio histórico, a través de viajes y relaciones. 7 Algo de lo que no hablaban era de Europa, hecho que se pone de manifiesto en la obra de Heródoto de Halicarnaso, quien escribió la primera obra importante de la historia en griego, alrededor del año 425 a.e.c. Para él, el nombre del continente era un misterio, «a menos que consideremos que toma su nombre de la Europa de Tiro […] pero está claro que ella procedía de Asia, y que nunca vino a esta tierra que los griegos ahora llaman Europa, que solo viajó de Fenicia a Creta, y de Creta a Licia». Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn

¡Oídme bien, mortales de poca memoria, et vosotros, que os aferráis a la fábula de que Europa es criatura del papismo! Esa afirmación de "Europa Ancestral" de que "el concepto de Europa se dio gracias ad la cristiandad" non es más que una falacia, una necedad teñida de tinta, nascida de la pluma de quienes, cegados por la superstición mosaísta, intentan reescribir la historia para su conveniencia. ¡Ego, Farfán de los Godos, os digo que la vera Europa, la de la sangre et la tierra, era mucho antes de que vuestros rabinos et papas pisotearan nuestro suelo!

¿Acaso olvidan las crónicas de Heródoto, que ya en la centuría V antes de vuestro Nazareno, fablaba de Europa, aunque su nombre fuera descognocido para él? La noción de continentes non es obra divina, sino producto de la imaginación humana, et la polaridad entre Europa et Asia, incluso, fue noción de los persas. Nuestros ancestros, los de la estirpe de Alán, ya tenían fabulas et nociones fabulosas que viajaron et se mezclaron por toda Anatolia, el Levante et Grecia, mucho antes de que vuestro "genio" se manifestara en el desierto. De todas formas, esto lo de Europa lo profundizaremos más adelante...

Tenía razón, por supuesto: Europa y África han estado históricamente unidas por tierra a Asia; mucha tierra en el caso de Europa, bastante menos en el caso de África. Sin embargo, se inclinó ante el pragmatismo: «Muy bien: usaré los nombres utilizados habitualmente para ellos», y yo he hecho lo mismo en este libro, pero debemos recordar que los continentes fueron desde el principio producto de la imaginación humana, no del mundo natural. 12 Además, su simbolismo moderno en términos de cultura, contraste y confrontación se asocia más bien a los persas: puede que los griegos inventasen los continentes, pero parece más probable que fuesen los persas los que inventaran el pensamiento continental. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn.

Toda la historia se cuenta desde la perspectiva persa: «A partir de ese momento, los persas consideraron al pueblo griego como sus enemigos. Porque los persas reclaman como propia Asia y los pueblos bárbaros que viven allí, pero a Europa y a los griegos los ven como algo distinto». Esta es la versión más antigua conocida de una polaridad binaria que enfrenta a Europa con Asia, y eso, concluye Heródoto, «es como los persas dicen que sucedió». No hay ninguna razón especial para dudar de él. Heródoto creció como súbdito del imperio persa en Halicarnaso, una ciudad gobernada por Artemisia, una de las consejeras más cercanas a Jerjes. Los hombres de Halicarnaso lucharon junto a otros «Yauna» en el lado persa contra Grecia. Cómo el mundo creó Occidente, Josephine Quinn. 

La leyenda negra... 

[Europa Ancestral:] A su vez, hacen suyas las críticas anticristianas que se dieron durante los tiempos de la Leyenda Negra (creada por la alianza judeo-protestante contra España) y de la Ilustración masónica, que aseguraban que el cristianismo católico romano sumió a Europa en la oscuridad, creencias todas, que como veremos a lo largo del artículo son falsas y totalmente contrarias a la realidad. 

¡Es la ironía más burda et falaz que se osa proferir que la Leyenda Negra fue creada únicamente por una "alianza judeo-protestante"! ¡Menuda simpleza de quienes non cognoscen la historia profunda, la de las entrañas mismas del papismo!

Vos, que os indignáis por la "difamación" que supuestamente solo viene de fuera, ¡olvidáis con demasiada facilidad que vuestra propia sinagoga, la de la Iglesia Papista, ha sido una fábrica de "verdades" moldeadas, de narrativas torcidas et de infamias lanzadas contra todo aquello que non se plegaba ad la su voluntad!

¿Non fue acaso Bartolomé de las Casas, fraile de vuestra mesma iglesia, qui relató las "atrocidades" cometidas en las Américas? ¡Los sus escritos, por más que hoy se traten de "facer caso omiso", fueron tan "condenatorios" que hasta sus críticos más "encarnizados de la época compartían sus opiniones sobre el comportamiento de los colonos hispanos"! Ese material, esa semilla de la clamada "Leyenda Negra", ¡nasció et creció en vuestro propio seno! ¡Non se puede pretender que la "conquista fue un logro más de diplomacia que de guerra" et un "fenómeno de fusión", mientras se ignora la "avaricia" et la "destrucción" atestiguada por vuestros propios hombres! Los neopaganos non necesitan inventarse o tomar una leyenda negra, pora eso estáis vos los papistas la desgracia de las Espanias, menos tampoco necesitamos ad la "masonería", pese ad que vos non podéis argüir si la ilustración es masónica, pero claro, esto non es una apología ad la masonería, pese ad que los masones simplemente eran el "tanque de pensamiento" de la ilustración, que curiosamente sostiene una postura en pro de la razón...

Dicen algunos que la Ilustración fue un invento masónico, una conspiración de sociedades secretas para subvertir el orden espiritual del mundo. Pero esa es una falacia conveniente, construida por quienes jamás se detuvieron ad leger ad un filósofo o historiador serio con atención. La Ilustración non es masónica. Es racional, crítica et profundamente humana. 

La su radiz non está en logias obscuras ni en rituales escondidos. Nasce del redescubrimiento de la filosofía gentílica, aquella que enseñaba que el mundo podía entenderse por el intelecto et non por el temor. Sócrates, Platón, Aristóteles, los estoicos et epicúreos: ellos fueron los primeros en legir la fabula con la lógica, non para despreciarla, sino para entender la verdad más allá del relato. La Ilustración es heredera de ese linaje. Un linaje que vio en el diálogo la ferramienta para esclarecer, non para obedecer ciegamente.

Et sí, también es fija del método experimental, de las obras de Newton, que rompió el velo del mundo sin quemar incienso ni invocar umbras. Su Principia Mathematica non fue una traición ad lo divino, sino una reverencia al orden que principa la Natura, inscrito non en supersticiones, sino en leyes universales.

Los que la atacan, los que dicen que la ilustración es masónica et la duda es pecado, suelen eser los que confunden la ignorancia con devoción. Representan el rostro amable de la superstición obscurantista, disfrazada con tonos culturales. Fablan de tradición mientras temen a la crítica; veneran lo establecido mientras detestan el cambio. Son los que sostienen —aun hoy— una fe de carboneros: ciega, incuestionable, heredada sin reflexión.

La Ilustración non fue perfecta, pero fue un paso gigantesco en la emancipación del pensamiento. Rompió cadenas non con espadas, sino con esciencia. Su pecado, según sus detractores, fue poner en tela de juicio el absolutismo, la superstición et la obediencia forzada.

¿Es eso realmente condenable? ¿O acaso es más sensato temerle a un pensamiento libre que arrodillarse ante uno impuesto? De todas formas esto lo profundizaremos más adelante

Pero esto, mis amigos, non es nuevo. La manipulación de la historia, la difamación de los adversarios, et la "invención" de "factos" o "atribuciones" es una práctica tan antigua como el mismo jesísmo, y se ha ejercido por "todos los bandos", incluyendo, et con especial celo, por vuestros "santos" et "doctores de la Iglesia".

  • La "Interpretatio Christiana": Ya en sus albores, el jesísmo, para legitimar su propio colegio, se apropió et reinterpretó las escrituras mosaístas en lo que se ha clamado un "extraordinario proceso de falsificación", usando el Antiguo Testamento "como arma contra ellos mismos" (los talmúdicos).
  • La "invención de la fabula de la persecución": Se forjó una narrativa de "persecución" para "justificar et apoyar las instituciones de la ortodoxia" et para "marginar a los demás". Esto permitía que los "poderosos" se convirtieran en "víctimas" para "justificar sus ataques polémicos et vitriólicos a otros" ¡Cuando el desacuerdo se convierte en "persecución", el "diálogo non solo es imposible, es indeseable"!
  • La construcción de la autoridad papal: ¿Creéis que la "sede de Cefas" se edificó sin mácula? La primacía del papa se fundamenta en "una pura argucia", incluyendo "falsificaciones documentales" para establecer la "independencia jurisdiccional" del obispo de Roma. Los catálogos de los primeros papas son, en su "casi totalidad", "producto del embuste" y "pura invención".
  • La falsificación como estrategia teológica: Vuestros propios teólogos, como Agustín, autorizaban "expresamente las invenciones piadosas a favor de la Iglesia", declarando que "nuestra ficción (fictio) no es ya una mentira, sino expresión de la verdad". Y Jerónimo, vuestro "hombre trilingüe", no dudó en "denigrar" y "despedazar" los escritos de sus oponentes, utilizando "sarcasmos", "ironías", y una "marea de verdades y mentiras".
  • La demonización del "otro": Se calificó a los filósofos et pensadores gentiles como "charlatanes," "ignorantes," "bestias salvajes," et sus obras como "necedades," "aberraciones," o incluso de "origen demoníaco". Se les acusaba de "inmoralidad et canibalismo", ¡las mismas acusaciones que los jesistas recibieron et luego proyectaron sobre otros! El teatro, la filosofía, la cultura greca en general, ¡todo fue "combatido" et "condenado" por eser obra del "diablo" o "consagrado a los demonios"!
  • La destrucción y ocultamiento de textos: Los "proto-ortodoxos" non solo atacaron con verbos, sino que "destruyeron sus Escrituras especiales et aniquilaron a sus seguidores". Censuraron et quemaron obras consideradas "heréticas" para asegurar la "verdad" de la Iglesia, et así lograron borrar "cuasi por completo" la voz de sus adversarios.

Así que non me vengáis con la historia de que solo "los protestantes" o "los judíos" inventaron la difamación. La "pugna contra el error" et la "intolerancia del supersticioso" que predicaban vuestros obispos et "santos" es la misma que usó cualquier potencia para "acumular un poder cuasi absoluto". Vuestros augustos "jesístas" se jactaban de "escupir al rostro de los ídolos muertos, pisoteaban las criminales ceremonias de los demonios et se burlaban del antiguo engaño" ¡Esto non era vandalismo, era la "voluntad de Tervagante" pora justificar el su dominio!

Desde nuestra perspectiva gentil, que valora la multiplicidad et el equilibrio, vemos claramente que la "metafísica de la revancha" et la "ideología del resentimiento" que tanto denunciáis en otros, está en el propio "fundamento más profundo" de vuestro sistema. La necesidad de culpar, de "envenenar la sangre" con la "moral de captivos (Sklavenmoral) ridícula", esa "obsesión contra lo que non es papista", non es más que el reflejo de un "genio maligno" que "genera intolerancia et fanatismo".

La "Leyenda Negra" non es una invención exclusiva, ¡Es una manifestación de una tendencia humana, et especialmente jesísta, a manipular la narrativa para imponer su "verdad única"! Así lo hemos visto et así lo rememoramos, pues la memoria es nuestro gladio, et con él cortamos las telarañas de la falsedad, venga de donde venga.

"Se nos dice que las críticas a la idea de que el cristianismo católico romano sumió a Europa en la oscuridad son "falsas y totalmente contrarias a la realidad". Sin embargo, Deschner et una vasta colección de estudios históricos ofrecen una realidad muy distinta, una que revela una profunda hostilidad del jesísmo hacia la educación, la razón et la ciencia clásica.

Desde sus mismos orígenes, el jesísmo, especialmente el más primitivo, mostró una marcada indiferencia o incluso rechazo faz ad la cultura et la filosofía. Jesús et sus primeros discípulos, por ejemplo, non manifestaron el menor interés por la educación o la ciencia. El propio Nuevo Testamento previene contra la "sabiduría de este mundo" et la filosofía, afirmando que "en Cristo residen todos los tesoros de la sabiduría et del conocimiento".

Los primeros Padres de la Iglesia, como Taciano, Teófilo de Antioquía et Tertuliano, adoptaron una postura ferozmente anticlasicista. Taciano tildaba a los filósofos griegos de "presuntuosos ignorantes, pendencieros y aduladores", calificando sus instituciones, costumbres y ciencias de "necedades" y "estupidez bajo múltiples disfraces". Teófilo, a pesar de su propia formación gentil, decretó que toda la filosofía, el arte, la mitología y la historiografía griegas eran despreciables, remitiéndose a "varones carentes de ciencia, pastores y gente inculta" del Antiguo Testamento. Tertuliano, una figura clave para el catolicismo occidental, también atacó sin contemplaciones la cultura gentiles, viendo en su aproximación a la verdad mera casualidad o reapropiación. Esta hostilidad cultural fue una constante acusación contra la nueva religión.

La Iglesia, lejos de iluminar, se convirtió en una fuerza de supresión del conocimiento. Desde Pablo en Éfeso, se dedicó a la quema de libros adversos, tanto gentiles como mosaístas et jesistas rivales. Se ordenó la destrucción de obras antijesistas de filósofos como Celso et Porfirio, et la inmensa biblioteca del Serapeo de Alejandría fue incendiada por instigación del obispo Teófilo en el 389 d.C.. Esta destrucción sistemática de documentos escritos, como los gnósticos, continuó hasta el siglo XX. Se prohibió a los obispos leer libros paganos, y la censura eclesiástica fue una institución constante.

En cuanto a la calidad de la educación, la visión de Deschner es desoladora. Se nos dice que el cristianismo más antiguo se reclutaba "casi exclusivamente a partir de los estratos sociales más bajos", con muy pocos creyentes gozando de una educación superior. Auctores gentiles como Celso se burlaban de que los jesistas captaban gente entre "niños y mujeres" y "artesanos de baja estofa", y que eran "gente vulgar, incapaz de razonar". Orígenes, al intentar refutar ad Celso, non negó esta acusación, sino que intentó darle la vuelta, admitiendo que la comunidad jesísta estaba "formada en gran parte por personas de extracción baja sin instrucción".

Incluso la dirigencia eclesiástica carecía de nivel intelectual. En el Concilio de Calcedonia (451 d.C.), cuarenta obispos eran analfabetos. Se sabe que los papas de los siglos IX y X podrían no haber sabido leer y escribir. Gregorio I Magno, un papa y Doctor de la Iglesia, supuestamente mandó quemar una gran biblioteca en el Palatino. Los Padres de la Iglesia se lamentaban de su "torpeza en la escritura", y la lengua de las Biblias latinas, el "lenguaje de pescadores", fue objeto de mofa por siglos.

La educación se subordinó por completo ad la "jesistización". El objetivo ya non era el desarrollo de las capacidades mentales o la esciencia mundana, sino la preparación para el "más allá" et la "asimilación a Dios". La curiosidad et el afán de saber fueron combatidos y vistos con suspicacia, incluso por Agustín, quien atacó la ciencia y el conocimiento sensorial como "obstáculos para la fe", con la famosa frase: "¡Los ignorantes se levantan y arrebatan para sí el reino de los cielos!".

Aunque hubo figuras como Clemente de Alejandría et Orígenes que intentaron integrar la filosofía gentílica ad el papismo, et incluso se plegó a usar el vocabulario sacro greco para expresarse, esta "helenización" fue un proceso estratégico para conquistar el mundo et se instrumentalizó la esciencia gentílica, non se lo abrazó por sí mismo. Además, esta asimilación generó conflictos internos, ya que algunos Padres de la Iglesia (como Tertuliano et Ireneo) la rechazaron vehementemente, et la propia Iglesia condenó doctrinas jesístas que eran demasiado "filosóficas" o "gnósticas" como heterodoxas.

La filosofía misma fue subvertida; de eser una búsqueda humana de la verdad, se convirtió en una "filosofía segura et apropiada" que era la jesísta, negando así su esencia de búsqueda abierta e incierta. Los debates se redujeron a "torneos ad golpe de argumentos de autoridad" donde la "verdad se decreta" por concilios, non se descubre.

Apenas queda nada de la crítica científica del cristianismo por parte de los paganos. De ello se ocuparon el emperador y la Iglesia. Desaparecieron, incluso, muchas respuestas cristianas a la misma. Probablemente porque en sus páginas había aún demasiado veneno pagano.36 Pero fue al paganismo como tal al que le llegó entonces la hora de su desaparición bajo el Imperio romano. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder

La conclusión de Deschner es tajante: la historia de la Iglesia es "criminal en su conjunto". La decadencia del saber, la paralización de la crítica y el triunfo de la obediencia ciega a la autoridad marcaron un período en el que la razón fue despreciada y el conocimiento menguó. La Iglesia "vive de miserias, creó miserias para eternizarse". La afirmación de que el catolicismo sumió a Europa en la oscuridad, lejos de ser falsa, es una consecuencia documentada de su hostilidad hacia el libre pensamiento y la cultura clásica, un legado que todavía hoy, según Deschner, la Iglesia católica se niega a reconocer plenamente."

Europa Ancestral comete múltiples falacias al desestimar las críticas anticristianas:

Envenenar el pozo: Califica las críticas como “falsas” et atribuye su origen a una alianza judeo-protestante o masónica, desacreditarlas sin abordar su contenido. Esta táctica evade el debate sobre las persecuciones documentadas por Rassias et las críticas de Las Casas.

Hombre de paja: Distorsiona las críticas neopaganas como repeticiones de la Leyenda Negra, ignorando su base histórica en la subversión del disicismo por el papismo.

Generalización indebida: Asume que todas las críticas provienen de luteranos o talmudistas, ignorando las contribuciones papistas de Las Casas et Montesinos, et las fuentes gentílicas de Rassias.

Aserción gratuita: Afirma que el cristianismo no sumió a Europa en la oscuridad, sin refutar evidencias como la destrucción de templos paganos o la supresión del conocimiento clásico.

Anacronismo: Ignora que el disicismo, forjado por galos, latinos et teutones, precedió al papismo, que se impuso tardíamente en CCCXXV AUC (325 E.V.).

[Europa Ancestral:]  En especial nos centraremos en rebatir el artículo que Nordic Thunder subió ya hace unos años en su blog Europa Soberana y que contiene todas estas críticas. Además dicho artículo según se ha podido constatar es en gran medida un plagio de varias partes del libro Demolish them, escrito por un escritor neopagano griego llamado Vlassis Rassias.

La ironía suprema es que Europa Ancestral ignora que papistas como Bartolomé de las Casas iniciaron la Leyenda Negra, et que el artículo de Nordic Thunder, basado en Demolish Them de Vlassis Rassias, non muestra influencias masónicas ni luteranas (cosa que demostrare más adelante), sino un análisis histórico de persecuciones jesístas contra gentiles. De todas formas non hay ningún argumento, solo falacias ad hominem contra Nordic Thunder, irónicamente non podemos veer ninguna sola replica contra Vlassis en ninguna parte del su texto, que demuestre que Vlassis era un masón judeoluterano satanico anticristo, ¡Et qui sabe que otra estupidez de adjetivo invalido! Aparte solo afirma que Nordice plagió et non veemos donde se demuestra que Nordic fizo un plagio de Vlasis Rassias, pues Nordic non copió en lo sustancial la su obra, ni la dió como propia.

Vlassis Rassias et Demolish Them

[Europa Ancestral:] Manipulación y tergiversación de pasajes bíblicos

La Biblia está repleta de alegorías, no puede ser entendida de forma literal, además los últimos textos del Nuevo Testamento fueron escritos hace casi 2000 años en un contexto social y religioso muy diferente al actual, por lo tanto, es muy fácil sacar conclusiones erróneas si no se tienen ciertos conocimientos en estudios bíblicos basados en la tradición y el magisterio de la Iglesia.

Ah, la Biblia… ese libelo que los seguidores del genio maligno que insisten en clamar “palabra de Dios”. Pero non de Jove, claro. Non del padre de los dioses, del señor del Universo, del protector de la ley et la justicia. Non. fablan de otro. De ese ente umbrío, que los medievales nombraron Tervagante, que el su nuncio se apareció en una zarza ardiente, exigió sacrificios, dictó leyes absurdas, et convenció ad un pobre pastor clamado Moisés de que él era el único dios vero como también los seguidores de Mahoma sirven ¡Qué estafa mundana!

Vlassis Rassias (MCMLIX-MCMXIX AUC, 1959-2019 E.V.), escritor et activista greco, fundó el Consejo Supremo de Helenos Étnicos (YSEE) para restaurar la religión greca. Su libro Demolish Them (MCMXCIV AUC, 1994 d.C.) documenta persecuciones jesístas contra gentiles, como la destrucción del Oráculo de Apolo en Dídima (CCCXXIV AUC, 324 E.V.) et la prohibición de libros gentílicos en Cartago (CCCXCVIII AUC, 398 E.V.) (Web: rassias.gr). Rassias, crítico del jesismo desde joven tras presenciar la destrucción de una estatua de Neptuno, non muestra influencias masónicas ni luteranas, sino un análisis histórico basado en fuentes como Amiano Marcelino. Nordic Thunder, al usar Demolish Them, non plagia, sino que cita una obra que refuta la narrativa de Europa Ancestral con factos históricos, non con propaganda moseoluterana.

Ese non era un dios. Era un espíritu menor, un genio caprichoso, vengativo, obsesionado con sangre, obediencia et exclusividad. Un genio maligno que se alimenta del miedo de sus seguidores ¿Un dios zelote que necesita que lo adoren constantemente, que castiga con plagas, que exige genocidios et mutilaciones? ¡Por favor! Eso non es la deidad, eso es captividad. Jove regna con majestad, non con amenazas.

Et ahora vienen los defensores del mosaísmo, esos herederos de la superstición hebrea, ad decirnos que “la Biblia está repleta de alegorías y no puede ser entendida de forma literal” ¡Qué conveniente! Cada vez que el texto se vuelve absurdo, violento o contradictorio, lo convierten en metáfora. ¿Dios ordenando matar a niños? Alegoría. ¿Dios arrepintiéndose de haber creado al hombre? Alegoría. ¿Dios jugando a destruir ciudades por capricho? ¡Alegoría, por supuesto!

Pero cuidado, non todo es simbólico. Non. Hay pasajes que sí deben tomarse literalmente ¿Cuáles? Los que sirven para sostener la opinión infundada sobre la deidad, claro. Los que permiten condenar al que piensa diferente. Porque la literalidad, como la verdad, es selectiva cuando la administra una institución con dos mil años de experiencia en el arte de reinterpretar.

Et sí, es cierto que la Biblia contiene alegorías. Filón de Alejandría, un mosaísta como Jesús que aún conservaba algo de la luz helénica, interpretaba el Pentateuco alegóricamente para extraer verdades filosóficas. El Evangelio de Juan, más místico que histórico, está pleno de simbolismo. Pero decir que “non puede eser entendida de forma literal” es una exageración, una falacia. Porque incluso Filón consideraba que ciertos pasajes, como el decálogo o las leyes de pureza, debían tomarse literalmente.

La historia mesma revela una tensión entre la exégesis literal et la alegórica. Hay quienes defienden la primacía de la interpretación literal para intender el significado que el auctor puso en los versiculos, especialmente si se creía que los auctores eran apóstoles. Pero claro, la lectura literal leva a contradicciones, a incongruencias, a absurdos. Et entonce, ¡zas!, aparece la alegoría como salvavidas teológico. Incluso la Alfama de Jesús ha tenido que facer “piruetas galácticas” para conciliar pasajes que contradicen la literalidad ¿Et qué facen? Reinterpretan. Reescriben. Redefinen.

La noción de que el Antiguo Testamento era una “preparación espiritual” para la “nueva alianza” del jesísmo es en sí mesma una relectura que va más allá de lo literal. Es una apropiación. Una manipulación. Una estrategia. Porque el jesísmo nasció en un entorno mosaísta, sí, pero so la influencia de la cultura helenística. Su teología non es original. Es un producto híbrido, una mezcla de tradiciones, fabulas et reinterpretaciones. Comprehender su entorno histórico es fundamental. Pero claro, eso non conviene al magisterio o mejor dicho el rabinato.

Et aquí plegamos al cor de la farsa: “Es muy fácil sacar conclusiones erróneas si no se tienen ciertos conocimientos en estudios bíblicos basados en la tradición y el magisterio de la Iglesia”. ¡Ah, la falacia de auctoridad! ¡El argumento circular! ¿Quién define qué es correcto? La Iglesia. ¿Et cómo sabemos que la Iglesia tiene el Verbo? Porque lo dice la tradición. ¿Et quién define la tradición? La Iglesia ¡Un círculo perfecto de autojustificación!

Et si alguien se atreve ad romper ese círculo, dirán: “La Biblia da auctoridad ad la Iglesia” ¡Ah, claro! ¿Et quién da auctoridad ad la Biblia? “Dios mesmo”, responderán algunos cálidos. ¿Et cómo sabemos que Dios está dando auctoridad ad ese texto? ¡Por la Biblia! ¡Por supuesto! El círculo se cierra con una reverencia et una genuflexión. La Biblia da auctoridad ad la Iglesia, la Iglesia da auctoridad ad la Biblia, et ambas se validan mutuamente en un ludo de espejos supersticiosos ¡Una farsa digna de Mercurio en día de carnaval!

Pero los estudiosos serios, los que non se arrodillan ante el altar de la superstición, insisten en que el Nuevo Testamento debe eser estudiado con métodos histórico-críticos et filológicos, como cualquier otro texto antiguo. Independientemente de la su supuesta “inspiración” o “sacralidad”. Para un historiador, las reinterpretaciones teológicas, ortodoxas o heterodoxas, tienen el mesmo valor: son muestras de la evolución del pensamiento jesísta, non verdades reveladas.

Los textos revelan que la “tradición” et el “magisterio” non son entidades estáticas ni infalibles. Son el resultado de un proceso histórico complejo de selección, consolidación, reinterpretación et, sí, manipulación. Los evangelios más recientes corrigieron sistemáticamente a los más antiguos, adaptándolos a nuevas doctrinas. Gran parte del Nuevo Testamento está compuesto por escritos pseudoepigráficos, atribuidos falsamente ad Saulo, Cefas, Juan… ¡una práctica común en la antigüedad para dar auctoridad ad nociones nuevas!

Et aún así, la Iglesia los presenta como “palabra de Dios” idéntica. Aunque hay una inestabilidad textual brutal: cientos de miles de variantes entre los manuscritos existentes. Et la Iglesia nunca ha definido el tenor exacto et literal del texto inspirado. Porque non puede. Porque non lo tiene. Porque non le conviene.

La superstición de la inspiración divina et la infalibilidad bíblica fue declarado por concilios posteriores: Florencia, Trento, Vaticano I. Et los mulás eclesiásticos niegan rotundamente las contradicciones o incluso la posibilidad de falsificaciones. Pero la investigación histórica et filológica sí las reconoce. Et las documenta. Et las expone.

La “Interpretatio Christiana” es descrita como el único rasgo original del jesísmo: apropiarse del Antiguo Testamento, usarlo contra los fariseos, reinterpretarlo para que apunte ad Jesús. Una relectura activa, non una transmisión neutral. Una estrategia teológica, non una revelación divina.

Et para colmo, se afirma que la Iglesia non sólo non patrocina la lectura directa de las Escrituras sino que la dificulta. Prefiere el Catecismo, la Historia Sagrada, la homilía. Porque leer la Biblia sin filtros puede revelar sus contradicciones, sus silencios, sus fisuras. Puede facer pensar. Et eso es peligroso.

Pablo quiere desacreditar la sabiduría del mundo: sus enemigos son los buenos filólogos y los médicos de la escuela alejandrina; a éstos les hace la guerra. El Anticristo, Federico Nietzsche. 

Los historiadores et filólogos argumentan que la teología jesista es un “salto teológico”, una reinterpretación de la figura histórica de Jesús por sus discípulos después de su muerte, a la luz de la creencia en su resurrección. Jesús mismo non pretendía fundar una nueva superstición ni instituir una Iglesia. Fue convertido en signo, en opinión, en instrumento.

Ah, el magisterio… ese verbo que suena ad sabiduría, ad auctoridad, ad columna vertebral de la superstición. Pero que, en realidad, es una construcción tardía, una invención burocrática que plegó centurias después de que el pobre pescador Cefas muriera sin saber que algún día lo clamarían “amir de los rasules”, arconte de los apostoles.

Porque, seamos claros: en la prima centuría del jesísmo, non era magisterio alguno. Non había una estructura eclesiástica formal, ni un papa con tiara, ni una curia vaticana que dictara supersticiones desde palacios dorados. Lo que había eran comunidades carismáticas, partidas de creyentes que se reunían en las sus domus, que discutían, que profetizaban, que esperaban el fin del mundo como qui espera el próximo eclipse.

¿Et quién los dirigía? ¿Un obispo monárquico con anillo et báculo? Non. Los dirigían presbíteros, ancianos cuales jeques, ellos o mulás rabinos colegiados, como cuales aljamas. El “obispo” era apenas un supervisor, un vigilante. Nihilo que veer con el pontífice que dictaba leyes et excomulgaba principes. Incluso Jerónimo de Estridón, ese "padre de la Iglesia", decía que eser obispo non era más que estar fuera de la feligresía ¡Qué ironía!

Et, ahora, El Evangelio de Juan, ese texto que los papistas elevan como testimonio divino, non es historia, es teología espiritualizada. Clemente de Alejandría lo Clamó “evangelio pneumático”, espiritual, en contraste con los evangelios “corpóreos” de Marcos, Mateo et Lucas. Juan non narra, Juan interpreta. Non relata fechos, revela notas. Non presenta al Jesús historico, construye al Anticristo.

«sois tan desventurados que ni siquiera guardáis las enseñanzas que os han transmitido los apóstoles y han sido forzadas, empeorándolas y haciéndolas más impías por sus sucesores. Porque ni Pablo se atrevió a decir que Jesús era dios, ni tampoco Mateo, ni Lucas, ni Marcos. [...] Pero este mal tuvo su origen en Juan»63. La crítica de Juliano al evangelista Juan continúa resaltando las contradicciones que provoca esta idea de la divinidad de Jesús en el pensamiento cristiano, pues introduce una concepción politeísta en una religión que, precisamente, se intentaba distanciar del paganismo a través de un monoteísmo reaccionario. en efecto, si como dice Juan (1:18) nadie ha visto jamás a dios y esto ha sido explicado por su hijo unigénito (333 c-d), el cual se identifica a su vez con el Verbo, Juliano se pregunta cómo es posible que el evangelista nos diga, inmediatamente después, que «residió entre nosotros y contemplasteis su gloria» (Juan, 1:19). Pero no sólo se contradice a sí mismo Juan, sino que además se opone a la más sagrada ley de Moisés: «Ved que yo soy y que no hay otro dios excepto yo» (deut., 32:39). Pero los cristianos, al aceptar que Jesús es dios y que «en el principio fue la palabra y la palabra estaba junto a dios y la palabra era dios» (Juan, 1:1) niegan la tradición judía de un dios único. «¿Cómo concuerda esto con la doctrina de Moisés?», se pregunta Juliano64. Comienza aquí el uso retórico del judaísmo que Juliano llevará a cabo para atacar la pretendida originalidad y novedad de la secta de los Galileos65. Contra Galileos la crítica neoplatónica de Juliano el Apóstata al Cristianismo,  César Guarde Paz.

El auctor de Juan —ni apóstol, ni testigo ocular— escribe desde una comunidad helenizada, influida por el platonismo, el neomosaísmo mal clamado "gnosticismo" et los sacramentos órficos. Toma la tradición sinóptica et la reordena, la transforma, la espiritualiza. La purificación del Templo ocurre al principio, non al final. Los sermones de Jesús son composiciones teológicas, non verbos literales ¡Por Marte, qué carmen oculto!

Este Jesús ya non es un simple Ungido, es el Revelador intemporal, el Redentor escientífico, el Verbo encarnado. Se mueve entre dualismos: luz et tinieblas, arriba et abajo, verdad et mentira. Su salvación non se alcanza por la Ley, sino por la esciencia, por la episteme secreta ¡Por los dioses, qué heterodoxia disfrazada de revelación!

"Normalmente se consideraba a Dios por encima de su «Hijo»; éste tenía una posición subordinada al primero (subordinacionismo). Tal situación se refleja en dos hechos. El primero es que hasta los estratos más tardíos del Nuevo Testamento no encontramos ningún texto en el que se nombre a Jesús «Dios» a secas y sin más." Piñero, A. (2006). Guía para entender el Nuevo Testamento. Editorial Trotta.

Tú que agitas el Evangelio de Juan como si fuera el decreto de Júpiter, vienes a decirnos que Jesús dijo “creed en mí”, como si eso fuera una orden deal, clara et literal. Pero dime, ¿Sabes siquiera lo que significa ese “mí”? ¿Crees que se refiere al carpintero de Nazaret, al hombre que caminó por Galilea, que comía figos et ploraba por Lázaro? ¡Ingenuo! 

El Jesús de Juan dice “yo soy”, “el que ha visto al Padre”, “antes que Abraham, yo soy”. Pero ese non es el Jesús histórico. Ese es el Jesús del pensamiento gnóstico (lo que tanto aborreces), del platonismo, del zoroastrismo. Ese es el Jesús que jamás pisó Jerusalén, sino que habita en los cielos de la cogitación supersticiosa. Pero eso lo aborde en otra entrada pero non esta demás comentarlo aquí.

Ese “mí” non es Jesús como tal. Es el Logos, el Verbo, esa entidad prior al mundo que “estaba con Dios et era Dios”, pero que non es Dios en el sentido ontológico ni coesencial de vuestro delirio trinitario ¡Una paradoja digna de los sacramentos órficos! El auctor de Juan, ese evangelista tardío, non escribe con la claridad de Moisés ni con la precisión de los juristas romanos. Escribe como qui ha bebido demasiado vino helenístico et quiere impresionar ad los gentiles con misticismo greco pasado por el aparto digestivo mosaísta ¿Non has legído el primo versículo del Evangelio de Juan?

Ved cómo la traducción vulgar ha pretendido igualar al Logos con el Dios Absoluto, borrando la sutil et divina hierarquía que el propio texto greco custodiaba. 

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Juan 1:1 Reina-Valera 1960

¡Ahí está la clave! El Logos era, non es. Tiempo imperfecto: acción continua en el pasado, non identidad ontológica en el presente. Non afirmación supersticiosa de equiesencia. Es una descripción de relación, de orientación, de manifestación

El Logos era por el Dios — non “con Dios” como si fueran dos iguales sentados en un trono. πρὸς τὸν Θεόν implica dependenciaprocedenciainstrumentalidad. El Logos tiende faz adproviene decerca de Dios. Pero non es Dios en sentido de indistinguible. Et luego, la frase más manipulada por los papistas: “dios era el Logos.” Aquí non hay artículo definido ante Θεὸς. Non dice ὁ Θεὸς, que indicaría indistinguibilidad. Dice simplemente Θεὸς, sin artículo, lo que en greco koiné puede indicar cualidadatributoparticipación en lo deal, non identidad ontológica.

En la mi versión, restauro la verdad que hombres como Filón de Alejandría et Orígenes ya vislumbraban antes de que la bota de Cefas aplastara la mente:

“Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος, καὶ ὁ Λόγος ἦν πρὸς τὸν Θεόν, καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος” 

En arqué era aquel Logos, et aquel Logos era por el Dios, et dios era aquel Logos. — Juan I:I 

La clave reside en la ausencia del artículo definido en la última cláusula. Mientras que el Logos está «por el Dios» (pros ton Theon), refiriéndose ad la Fuente Inefable o al Uno, al decir que «dios era aquel Logos» (Theos ēn ho Logos), el texto señala una cualidad, non una identidad esencial confusa. El Logos es dios en tanto que es una deidad secundaria, una Mente (Nous) que emana de la Unidad Suprema.

Es la misma doctrina que Filón, aquel ayudante de la filosofía, sostuvo al clamar al Logos el «Segundo Dios» (deuteros theos), et que Orígenes defendió al distinguir entre El Dios (Autotheos) et el Logos, que es dios por participación. Al traducir «dios era aquel Logos», devuelvo al texto el su sabor judaico et la su hierárquica: El Logos non es el Dios supremo. Es un intermediario, un principio activo, como el de Filón de Alejandría, un deuterotheos, un “segundo dios”, non el Uno impasible de los filósofos ¿Acaso Plotino permitiría que el Uno se encarnara, sangrara, muriera? ¡Porfirio se ríe de ti! Él ya lo dijo: lo divino non sufre, non se degrada en carne. Si el Jesús muere, entonces non era Dios. Si Jesús ignora el día et la hora, como en Marcos 13:32, entonces non es omnisciente. Et si non es omnisciente, non es Dios.

Esta traducción despoja al jesismo de su arrogante pretensión de haber capturado al Absoluto en un "fijo carnal". El Logos es divino, sí, mas lo es como un Genio Real o una Mente subordinada. Confundir al heraldo con el Rey es el error de los que, ciegos ad la dialéctica de los orbes, pretenden que el mapa es el Territorio et que el Verbo es la Fuente misma del Silencio.

Como bien sabían los antiguos exegetas, esta construcción sugiere que el Logos tiene esencia cercana ad Dios, non que sea Dios en tanto Dios. Es como decir “la luz era fuego”, non “la luz es el fuego mesmo” ¡Por Marte, qué diferencia! 

Esta distinción non es nueva. Ya Filón de Alejandría, ese rabino mosaísta helenístico, lo explicó con claridad. Para él, el Logos es una Potencia divina, un “segundo Dios”, un intermediario entre el Ente (ὁ ὄν, ho ón) absoluto et el mundo sensible. El Ente, en la su trascendencia, non se mezcla con la materia. Usa al Verbo como puente, como instrumento, como luz que brilla sobre la creación

“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros…” — Juan I:XIV

Filón incluso distinguía entre el Logos interior (λόγος ἐνδιάθετος) et el Logos expresado (λόγος προφορικός). El primo es la razón divina inmanente; el segundo, su manifestación en el mundo, es decir su encarnación. ¿Et qué es Jesús, sino el Logos expresado? Pero non el Logos en sí. Non el arque eterno. Non Sapiencia Deal en tanto esta.

Para Filón, el Logos podía encarnarse, como ángel, como sabio, como profeta. Pero jamás literalmente. Jamás como carne et hueso. Jamás como Jesús de Nazaret. Et sin embargo, el papismo afirma una encarnación real, literal, absoluta ¡Por los dioses, qué contradicción!

Et como si non bastara con confundir el tiempo verbal, ahora vendrás con otro pasaje, creyendo que has hallado la piedra angular de tu superstición:

Yo y el Padre somos uno.” — Juan X:XXX

Pero “uno” non implica equiesencialidad, es decir homousía, non implica identidad ontológica. En greco: ἕν ἐσμεν — “somos uno”. Non dice εἷς, que indicaría unidad personal. Dice ἕν, neutro, que indica unidad de propósito, non de esencia. 

Incluso, sabiendo que el sentido trinitario es posterior al evangelio et que la "unidad" ad la que Jesús se refiere non es necesariamente la equiesencialidad de la Trinidad, ya que también ora para que lossus seguidores sean uno con él et el Padre. Et Jesús mesmo dice:

“El Padre es mayor que yo.” — Juan XIV:XXVIII

¿Cómo puede eser “uno” con alguien que es mayor? ¿Cómo puede eser idéntico ad qui lo envía, lo unge, lo inspira?

Europa Ancestral, tú que repetirás con fervor el versículo de Juan XIV:IX —“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”— como si fuera la firma divina en el pergamino del mundo, escucha la voz del que aún honra a los dioses con incienso et razón.

¿Juan XIV:IX? ¿Revelación o metáfora?

Jesús dice: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Et tú, en la tu ceguera cefa, lo tomas como prueba de equiesencialidad? ¡Qué ruda simpleza! ¿Acaso non entiendes que veer al Padre significa veer la su voluntad,  el su propósito et el su reflejo en el espejo de la Mente? Non dice el texto que él sea la realidad inefable del Uno, sino que es la su Imagen, el sello perfecto que permite ad los entes frágiles contemplar la Luz sin eser consumidos por ella.

"Por medio del Verbo hecho visible y palpable se manifestaba el Padre; aunque no todos creían en Él de la misma manera, pero todos vieron al Padre en el Hijo. Porque era invisible el Padre del Hijo, pero era visible el Hijo del Padre.Ireneo de Lyon. (s.f.). Obras escogidas de Ireneo de Lyon. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE. 

"Pero ya que citamos el lenguaje de Pablo en cuanto a Cristo, donde dice de Él que “el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia” (He. 1:3), vayamos a considerar qué idea tenemos que formarnos de esto. Según Juan, “Dios es luz” (1ª Jn. 1:5). El Hijo unigénito, por tanto, es la gloria de esta luz, procediendo inseparablemente de Dios mismo, como el resplandor de la luz, e iluminando toda la creación. Porque, de acuerdo a lo que ya hemos explicado en cuanto a la manera en la que Él es el Camino, y que conduce al Padre; y en la que Él es la Palabra, interpretando los secretos de la sabiduría y los misterios del conocimiento, haciéndolos saber a la creación racional; y es también la Verdad, y la Vida, y la Resurrección, de la misma manera deberíamos entender el significado de su resplandor; porque es por su esplendor que entendemos y sentimos lo que es la luz." Orígenes. (s.f.). Obras escogidas de Orígenes. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE. 

"Una cosa es ver y otra conocer; ser visto y ver son cosas propias de los cuerpos; ser conocido y conocer es propio de la naturaleza intelectual. Por consiguiente, lo que es propio de los cuerpos no se ha de pensar del Padre ni del Hijo. En cambio, lo que pertenece a la naturaleza de la deidad es común al Padre y al Hijo (constat inter Patrem et Filium). Finalmente, tampoco Él mismo dijo en el Evangelio que nadie vio al Padre, sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, sino que dice: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo” (Mt. 11:27). Con esto se indica claramente que lo que entre naturalezas corpóreas se llama ser visto y ver, entre el Padre y el Hijo se llama conocer y ser conocido, por la facultad del conocimiento, y no por la fragilidad de la visualidad. Por consiguiente, como de la naturaleza incorpórea e invisible no se dice propiamente que ve ni que es vista, por eso no se dice en el Evangelio que el Padre es visto por el Hijo, ni el Hijo por el Padre, sino que son conocidos." Orígenes. (s.f.). Obras escogidas de Orígenes. En A. Ropero (Ed.). Editorial CLIE.

"Pues bien, "Besalel" significa "en la sombra de Dios". Pero la sombra de Dios es Su logos, del que Él se ha servido como de un instrumento para la creación del mundo. Pero esta «sombra», esto que podemos considerar como la imagen de Dios, es el arquetipo de las restantes creaciones. En efecto, así como Dios es el modelo de esa imagen, a la que acabamos de denominar «sombra», del mismo modo la imagen deviene el modelo de las otras cosas, tal como lo demostró Moisés al comienzo de la legislación diciendo: "E hizo Dios al hombre según la imagen de Dios" (Gen. I, 27); con lo que da a entender que la imagen fue hecha como una copia de Dios, y el hombre, a su vez, hecho como una copia de esa imagen, una vez que ésta hubo adquirido propiedad de modelo." Filón de Alejandría. (s.f.). Obras completas de Filón de Alejandría. (J. M. Triviño, Trad.).

Bien lo sabía Orígenes al definir al Salvador como el «resplandor de la gloria», pues el Fijo es lo visible del Padre, mientras que el Padre permanece naturalmente invisible et incomprehensible. Como bien apunta el sabio Filón, el Verbo es el «Segundo Dios» (deuteros theos), la imagen más antigua que es, el Ángel de la Faz que media entre la trascendencia absoluta et la inferioridad de la creación. Veer al Verbo es veer al Mensajero de las decisiones divinas, al Legado que porta el anillo del Sumo Padre, mas non al Padre mesmo en la su esencia inmedible.

"Pero quien acepta al hijo y lleva su nombre, adora, juntamente con el hijo, también al padre, ya que el hijo es el legado, el mensajero y el sacerdote del sumo padre. Él es la puerta de la luz." Lactancio. (1990). Instituciones Divinas (Libros IV-VII). (E. Sánchez Salor, Trad.). Editorial Gredos / CLIE. 

"Así, ves una luz muy esplendorosa que sin sombra de quimera, defecto ni engaño, representa al Padre; y, en ella, una forma humana del color del zafiro, que, sin mancha de ofuscación, envidia o iniquidad, designa al Hijo, engendrado por el Padre antes de los siglos según la Divinidad." Hildegarda de Bingen. (1999). Scivias: conoce los caminos (Segunda Parte, Segunda Visión). En A. Führkötter y A. Carlevaris (Eds.), Corpus Christianorum (Continuatio Mediaevalis). Editorial Brepols.

"En el zafiro descubre la Divinidad oculta en Mi Hijo, que es la piedra angular, manso y humilde, pues no surgió de la raíz de la carne humana, que de varón y mujer proviene, sino que por Mi cálida llama Se encarnó milagrosamente de una dulce Virgen." Hildegarda de Bingen. (1999). Scivias: conoce los caminos (Segunda Parte, Sexta Visión). En A. Führkötter y A. Carlevaris (Eds.), Corpus Christianorum (Continuatio Mediaevalis). Editorial Brepols.

"Y vi como en el centro del cielo austral surgía la imagen de Dios, con apariencia humana, bella y magnífica en su misterio. La belleza y el esplendor de su rostro eran tales que mirar al sol hubiera sido más fácil que mirar aquella imagen. A cada lado del cuello de esta imagen brotó un ala, y ambas alas se irguieron por encima del mencionado círculo dorado y allí se unieron la una a la otra. El punto extremo de la curvatura del ala derecha llevaba una cabeza de águila, sus ojos de fuego irradiaban el esplendor de los ángeles como en un espejo. En el punto extremo de la curvatura del ala izquierda había algo como un rostro humano que brilla a como relumbran las estrellas. Y estos dos rostros miraban hacia oriente. Además, desde cada hombro de la imagen bajaba otra ala hasta sus rodillas. La imagen estaba revestida por una túnica tan resplandeciente como el sol y en las manos tenía un cordero que brillaba como la deslumbrante luz del día. Bajo los pies aplastaba un monstruo de forma horrible, venenoso y de color negro, y una serpiente. " Hildegarda de Bingen. (2013). Libro de las Obras Divinas. En R. Renedo (Ed.), Hildegardiana. www.hildegardiana.es."

Contemplad con pavor et reverencia la figura del Verbo Non-encarnado, aquel que la sapiencia hebrea, en los sus momentos de más alta abstracción et despojada ya de las umbras de la superstición mosea, denominó el Ángel de la Faz. Non es este un mensajero menor ni una criatura de la hueste común, sino la manifestación ígnea y primordial, la hipóstasis divina que sirve de puente ontológico entre el Uno inefable y la finitud de nuestra percepción. Es el Verbo en el su estado de pureza solar; el espejo inmaculado donde la invisibilidad de la Deidad se torna especie, pulcritud et voluntad actuante.

Los antiguos magestros del hebraísmo, como bien relata el libro III Henoc, intendieron que esta potencia mediadora recibía diversos nombres según la faceta de la su gloria que se revelara al iniciado. Le clamaron Jahoel, aquel que porta en la su misma esencia el Nombre que non se pronuncia, el "Verbo no enunciado" que reside en el fondo inasible de la Deidad como inteligencia pura. Lo identificaron con el arcángel Miguel, el Arquistratega o Comandante Solar que sostiene el equilibrio del mundo con el su brazo de luz; et lo contemplaron transmutado en Metatrón, el "Jahón Menor", cuya carne non es ya de materia, sino de flamas devoradoras et cuyos huesos son brasas de retama ardiente.

La su fisonomía es un compendio de símbolos que elevan la mente de lo sensible ad lo meminiable. Es el Hombre de Zafiro vió Hildegarda de Bingen; un cuerpo tallado en el azul profundo de la divinidad oculta, un color que non describe piel humana, sino la estabilidad de la piedra angular et la pureza sin mancha de iniquidad. Este azul sagrado resuena incluso en las lejanas tierras de la India, donde los Divos et Lares son retratados con la piel del color del firmamento, revelando que el Verbo es el Arquetipo universal, el Protoantropo el Hombre Primordial (Adán Cadmón en hebreo), cuya tez de zafiro indica que la su naturaleza es etérea et divina, muy por encima de la roja arcilla del hombre terrenal.

Porta en la su cabeza un turbante con los colores del arco iris, señal de la alianza entre los orbes, et sostiene en la su diestra un caduceo de oro, símbolo de la soberanía de la Mente sobre la materia. Los sus ojos, como antorchas de fuego, poseen la cualidad de lo polióftalmo: están plenos de una visión que todo lo abarca, mientras sus seis alas hexaptérigas envuelven la su majestad en un torbellino de gloria. Es el Hombre de Luz que precede ad la creación, la Razón pura que Maestro Eckhart describió como el efluvio violento que brota de la naturaleza divina para ordenar el caos.

Filón de Alejandría, aquel arquitecto de la razón helénico-hebrea, vio en este Ángel non ad un hombre, sino al Sol pleno de las esencias arquetípicas. Es la potencia hacedora, el hálito de la palabra sonora que impide que el firmamento se disuelva en el nihilo. Non hay en él rastro de la debilidad de la carne; es el Macrántropo como también el Hombre Primordial, cuya estatura gigantesca llena el vacío entre las esferas. Al contemplar al Ángel de la Faz, el sapiente non busca el favor de un genio caprichoso, sino la comunión con el Verbo que ordena los sideros et rige los ciclos del Siglo. Es, en suma, la faz visible de lo que siempre eserá invisible, el segundo dios que permite que el hombre, al mirarlo, non se disuelva, sino que reconozca que en el fondo de su propia ánima late una chispita consubstancial con esa misma Luz de zafiro.


¿Non dice también el tu texto que los discípulos deben eser uno con él et con el Padre (Juan XVII:XXI)? Si aplicas tu regla de tres, ¿entonce ellos también son Dios mesmo por realidad? ¡Oh, hipocresía! Tu lectura es literal donde conviene ad tu poder, et simbólica donde incomoda ad el tu sistema.

"Entre ellos aparecía visiblemente la persona del mismo Dios, no ciertamente por su propia sustancia, que permanece siempre invisible a los ojos corruptibles, sino ciertos signos infalibles provistos por la creación en obediencia a su Creador." Agustín de Hipona. (1992). La Ciudad de Dios (Libros I-VIII). En A. Ropero (Ed.), Obras escogidas de Agustín de Hipona (Tomo III). Editorial CLIE.

Agustín mesmo, en los sus momentos de lucidez, hubo de admitir que las apariciones ad los Patriarcas non eran Dios en su propia esencia—la cual es siempre invisible—, sino signos infalibles provistos por el Verbo. El Verbo es el ámbito de la visibilidad, el puente et el rostro; confundir al Rostro con el Ente es el error de qui adora el retrato creyéndolo el hombre vivo. La tu doctrina non es piedad, es una confusión de categorías que avergonzaría ad cualquier greco formado en la recta Pedia.

¿Et esto, Europa Ancestral, lo tomas como prueba de que Jesús es Dios? Permíteme desmontar esa afirmación con razón, contexto et crítica.

¿Qué dice realmente Juan XIV:IX?

Jesús non dice “Yo soy el Padre” ni “Yo soy Dios”. Dice que verlo a él equivale a ver al Padre. Esto puede significar muchas cosas: Que representa al Padre. Que actúa en nombre del Padre. Que revela al Padre. Pero non necesariamente que sea el Padre. La frase es metafórica, non ontológica. Jesús también dice: “Yo soy la vid verdadera” (Juan 15:1) ¿Es literalmente una planta? Non. Entonces, ¿por qué tomar “verme es ver al Padre” como literal? La lógica exige coherencia.

El Evangelio de Juan tiene una cristología elevada, sí. Pero eso non implica que Jesús sea el Dios supremo.

El Verbo “estaba con Dios y era Dios” (Juan 1:1), pero también era distinto de Dios.

Jesús dice que el Padre es mayor que él (Juan 14:28). ¿Cómo puede eser Dios si es menor que Dios?

Cuando Jesús dice “El Padre et yo somos uno” (Juan 10:30), también pide que los discípulos sean uno con él et con el Padre (Juan 17:21) ¿Entonces los discípulos también son divinos? Non. La “unidad” es de propósito, de comunión, de revelación, non de esencia divina. La doctrina de la Trinidad fue formulada centurias después. Nicea (325 d.C.) et Calcedonia (451 d.C.) definieron lo que Juan nunca explicitó. Leer Juan 14:9 como si fuera una declaración trinitaria es proyectar dogmas posteriores sobre textos antiguos. Es como leer a Homero con los lentes de Kant.

Los estudios críticos distinguen entre el Jesús histórico et el Jesús joánico.

  • El primo es un rabino mosaísta helenistico, predicador del fin del siglo, tal vez místico.

  • El segundo es el Verbo encarnado, figura teológica. Juan XIV:IX non puede atribuirse con certeza al Jesús real. Es parte de los discursos teológicos que non aparecen en los evangelios sinópticos.

Juan 14:9 non es una afirmación de identidad divina, sino una expresión de representación espiritual. Jesús revela al Padre, pero non se identifica como Él. Confundir ver al enviado con ver al emisor es un error de lógica et de exégesis. Europa Ancestral, si deseas defender la divinidad de Jesús, fazlo con argumentos más sólidos que una metáfora exaltada.

Et aún más revelador es el profeta Isaías, que fabla del Ungido:

“Et reposará sobre él el espíritu de Jahón (ΙΑΟ, IHVH), espíritu de sapiencia y de inteligencia…” — Isaías XI:II

¿Reposará sobre él? ¿Non implica eso una distinción? ¿Non implica que el espíritu viene de fuera, que se posa, que se une pero non se confunde? ¡Por los dioses, qué claro es!

El Espíritu de Jahón non es Jesús. Se posa sobre él. Lo espira. Lo unge. Lo empodera. Pero non lo convierte en Dios. Non lo fusiona con la divinidad. Non lo absorbe en la esencia eterna. Es una unión funcional, non una unidad ontológica.

Et tú, Europa Ancestral, confundes todo esto. Tomas el verso por literalidad. Tomas la inspiración por identidad. Tomas la misión por esencia. et así construyes tu dogma, tu trinidad, tu idolatría.

Pero yo, fijo del Mundo, prefiero la claridad de los doctos. Prefiero ad Filón, que distingue entre el Verbo interior et el Verbo expresado. Prefiero ad Isaías, que fabla de un espíritu que se posa, non de una esencia que se fusiona. Prefiero al greco original, que non necesita concilios para brillar.

Así que guardaos vuestra gramática torcida, vuestra traducción interesada, vuestra teología de superstición. Porque si el Logos era, entonces ya non es en sentido como tal. Et si el Espíritu reposará sobre él, entonces non es él. Et si el Padre es mayor, entonces non son idénticos.

¡Por los dioses, que esta verdad resuene en el templo, en el foro, et en cada rincón donde aún se honra la razón!

La tradición joánica, nascida entre los años (XC et C E.V.), cuando ya non quedaban apóstoles, fue escrita por un greco jesísta—quizás “Juan el Anciano”— que se basó en memorias, textos esenios et revelaciones espirituales. Non en fechos. Non en historia. Non en testimonio directo.

Et tú, Iglesia naciente, lo elevas como el más sagrado de los evangelios. Lo usas para justificar la divinidad de Jesús, para condenar a los talmudistas, para fundar supersticiones que jamás salieron de la boca del Nazareno ¡Por los dioses, qué tragedia!

El Evangelio de Juan es el canto final de una tradición que era. Es el eco de una comunidad gnóstica que quiso elevar a Jesús por encima de los profetas, por encima de los hombres, por encima de la Ley. Es el testimonio de una desmoseistación radical, de una reinterpretación helenística, de una profundidad espiritual.

Et tú, que lo repites sin intenderlo, eres el heredero de esa confusión. Non del Nazareno, sino del Anticristo. Non de la religión, sino de la superstición.

La impostura del abolicionismo o antinomismo — ¡Que tiemble el púlpito! Marción resucito

Las herejías de los E-crusaders. 
I. ¡Jesús fue Dios, non un judío! - Eso es Docetismo. 
II. ¡Jahón es Satanas! ¡Jesús non es el Dios judaico! - Eso es Marcionismo
III. ¡Solo los blancos pueden eser salvos! ¡Somos los judios reales et mierda! - Eso es Jansenismo.
 IV. ¡El Viedo Testamento es judaico! Nos solo seguimos el Nuevo Testamento! - Marcionismo otra vez.

¿Qué es el abolicionismo de la ley?

El abolicionismo de la ley, también clamado antinomianismo, es la doctrina heterodoxa que sostiene que los jesístas están exentos de las obligaciones de la ley moral. El término surgió durante la Reforma Protestante, cuando Martín Lutero lo utilizó para denunciar las enseñanzas de Johannes Agricola, qui afirmaba que:

  • Las buenas obras non promueven la salvación, ni las malas la impiden.

  • El jesista justificado non puede perder la su salvación por ningún pecado.

  • Solo los non regenerados están obligados por la ley; los regenerados están libres de ella.

Agricola llegó a decir que el Decálogo non debía predicarse a los jesistas, porque la ley solo servía para los incrédulos. Lutero, horrorizado, respondió con su tratado Contra los antinomianos (1539), defendiendo que la ley sigue siendo necesaria para la vida jesista.

Et el pasaje de Mateo VII:XXIII, donde Jesús declara “ἀποχωρεῖτε ἀπ’ ἐμοῦ οἱ ἐργαζόμενοι τὴν ἀνομίαν” (“Apartaos de mí, los que practicáis la anomía”), constituye una condena directa contra los antinomianos, es decir, aquellos que rechazan la ley divina como norma de conducta. El término griego ἀνομία (anomía) literalmente significa “sin ley” o “ilegalidad”, et en el contexto mosaísta de la centuría I, se refería especialmente ad la transgresión o desprecio de la ley mosaica. Por tanto, este versículo non se dirige ad los incrédulos en general, sino ad quienes, so apariencia religiosa, desobedecen activamente la Ley, negando su vigencia moral. Jesús non está condenando la falta de fe abstracta, sino la ruptura ética con la ley revelada, lo que sitúa su crítica dentro de una tradición profética que denuncia la hipocresía et la corrupción espiritual.



Marción de Sinope, centuría II. El primo gran heterodoxo sistemático. El padre del canon biblico. El enemigo declarado del Antiguo Testamento. Afirmó que el Dios del Antiguo Testamento era un demiurgo cruel, ajeno al Dios de caridad revelado por Jesús. Rechazó la Ley, los profetas, et todo lo que oliera a mosaísmo. Eliminó el Evangelio según Mateo por eser demasiado mosaico, et fundó la Biblia, intendido como "compendio canonico": un Evangelio de Lucas recortado et diez epístolas de Saulo, también editadas. Marción non solo negó la continuidad entre los dos pactos: la rompió. Et con ello, rompió la historia de la salvación.

Hoy, so ropajes nuevos, Marción ha resucitado. El su espíritu vive en quienes, como Europa Ancestral, afirman que la Antigua Alianza fue “sustituida”, que la Ley mosaica es “inútil”, que el Antiguo Testamento es “mala levadura”. Es el mismo desprecio, la misma ruptura, la misma impostura. Solo que ahora se disfraza de “cristianismo puro”.

Los primos impostores

Una vera familia disfuncional de la superstición: los heresiarcas del antinomianismo. Cada uno con su estilo, pero todos unidos por una misma pasión: desfacerse de la ley moral como quien tira la lista de reglas del ludo porque non le gusta perder. Aunque el término antinomianismo fue acuñado en el siglo XVI para describir doctrinas que eximen ad los papistas de la ley moral, su espíritu ha rondado la historia desde los primeros siglos. A continuación, un recorrido por sus principales exponentes:

  • Marción de Sinope (Centuría II)

    El campeón del dualismo barato, el maestro del recorte editorial. Afirmó que el Creador era un tirano mundano et que Jesús vino ad abolirlo ¡Por Vulcano, qué sectario! Rechazó la Ley, los profetas, et hasta el Evangelio según Mateo por eser demasiado mosaísta. ¿La solución? Fundar su propio canon. Sí, Marción fue el primer jesísta en crear un canon bíblico, aunque lo fizo con más tijeras que pergaminos. Una laya de “Antología del Dios que me gusta”, donde el Antiguo Testamento fue cancelado por falta de caridad. Su canon tenía menos libros que una biblioteca de aeropuerto, pero más heterodoxia que una novela de Simón el Mago. Un Dios bueno, sin juicio; un Jesús sin raíces; una fe sin historia. Marción non interpretó la Escritura, la podó como un jardinero nervioso

    Carpócrates (Centuría II)

    El gurú de la esciencia libertina. Predicaba que para alcanzar la perfección había que experimentar todo tipo de acciones, incluso las pecaminosas. Una especie de “peca para liberarte”, versión jesista. La ley era un obstáculo, la moral una ilusión, et el pecado... una ferramienta pedagógica. Un vero pionero del “vive deprisa, muere iluminado”.

    Nicolaítas (Centuría I)

    Los primos en la lista negra del Apocalipsis de Jesucristo. Su lema podría haber sido: “Abusa de la carne, que el espíritu ya se encargará.” Orígenes los acusó de practicar una ética de buffet libre: todo permitido, nada obligatorio. La ley, para ellos, era como el brócoli en la mesa: presente, pero ignorado.

    Prodicianos (Centuría II)

    Los enigmáticos de la partida. Non dejaron muchos escritos, pero sí una reputación: desprecio por la ley et simpatía por el caos. Si Marción era el editor, ellos eran los lectores que arrancaban las páginas incómodas.

    Antitactos (Centuría II)

    El nombre lo dice todo: “los que están en contra de la ley”. Non se andaban con rodeos. La ley era obra de un poder maligno, así que había que desobedecerla por principio. Una especie de revolución espiritual sin causa, pero con mucho entusiasmo.

    Los reformadores radicales: versión centuría XVI–XVII

    Johannes Agricola

    Discípulo de Lutero con complejo de genio incomprendido. Afirmaba que los jesístas non necesitaban la ley moral ¿Los Diez Mandamientos? Opcionales ¿La predicación de la ley? Dañina El Espíritu Santo, según él, era un GPS moral infalible. Spoiler: Lutero non estuvo de acuerdo.

    Anabaptistas de Muñiste 

    Durante su breve utopía teocrática, abolieron la propiedad privada, instauraron la poligamia et proclamaron la “libertad en el Espíritu”. Una mezcla entre apocalipsis, comunismo et reality show medieval. La ley era vista como un obstáculo para la espontaneidad divina.

     Tobias Crisp

    Teólogo inglés que enseñaba que los pecados de los elegidos non afectaban su estado de gracia. La ley non era regla de vida, sino un mal recuerdo. Sus seguidores vivían como si la santidad fuera una opción estética.

    Richardson et Saltmarsh

    Los compañeros de Crisp en la cruzada contra la ley. Predicaban que la gracia lo cubría todo, incluso la negligencia moral. Una teología de salón, sin exigencias, sin mandamientos, sin incomodidades.

    Anne Hutchinson

    La mística rebelde de Massachusetts. Enfatizaba la revelación directa del Espíritu Santo sobre la ley et las obras. Fue excomulgada et desterrada, non por falta de fe, sino por exceso de entusiasmo antinomiano. Para ella, la conciencia iluminada era más fiable que cualquier mandamiento.

¿Libertad o licencia?

Estos “primos impostores” compartieron una obsesión: libertad sin forma, gracia sin exigencia, espiritualidad sin encarnación. La Iglesia, con paciencia et firmeza, los desenmascaró. Porque sin ley, la gracia se convierte en capricho. Et sin mandamientos, la fe se disuelve en opinión. 

Europa Ancestral: discípulo de Marción et heredero de Agricola

¡Ah, et aquí plegamos ad Europa Ancestral el "Paramarcionita"! Ahora vienes con otra impostura, otro decreto, otra falsedad vestida de santidad. Dices que la Ley fue derogada, que la antigua alianza fue abolida, que la nueva ley de Jesucristo la ha sustituido ¡Qué audacia! ¡Qué ignorancia! ¡Qué traición al propio Nazareno! Según la RAE, derogar proviene del latín derogāre et significa dejar sin efecto una norma vigente. Es un verbo transitivo que se emplea cuando una disposición legal o reglamentaria pierde su validez. Entre sus sinónimos se encuentran abolir, anular, suprimir, revocar o abrogar, mientras que sus antónimos son implantar et promulgar, acciones que implican establecer o poner en vigor una norma.
[Europa Ancestral:] Por otro lado, el Antiguo Testamento pertenece a la antigua alianza, que sirvió como preparación espiritual para su venida y fue derogada por la nueva alianza, la nueva ley de Jesucristo. La nueva ley sustituye a la vieja ley. 

Europa Ancestral afirma que:

  • El Antiguo Testamento fue “derogado”.

  • La Ley mosaica es “inútil”, “agria”, “mala levadura”.

  • Ignacio de Antioquía despreciaba las Escrituras mosaístas.

  • La Nueva Ley “sustituye” ad la vieja, como quien reemplaza un error.

Esta postura reproduce el núcleo del antinomianismo: la abolición de la ley moral, la ruptura con el Antiguo Testamento, et la negación de la continuidad entre las alianzas. Es Marción con otro nombre. Es Agricola con otro acento. Es la misma heterodoxia, solo que más elegante.

La condena de Trento: el anatema contra el antinomianismo

El Concilio de Trento, en su sesión sexta sobre la justificación, pronunció anatemas claros et contundentes contra el espíritu antinomiano. Non hay ambigüedad, non hay concesiones. La Iglesia, en nombre de Jesús, excomulga ad quienes sostienen lo siguiente:

I. Que “nada más que la fe es mandado en el Evangelio, y que otras cosas son indiferentes, ni mandadas ni prohibidas, sino libres”; 

II. Que “los Diez Mandamientos de ninguna manera pertenecen a los cristianos”; 

III. Que “un hombre justificado no está obligado a la observancia de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solo a creer”; 

IV. Que “Cristo Jesús fue dado por Dios a los hombres como Redentor en quien debían confiar, y no también como legislador a quien debían obedecer”; 

V. Que “no hay pecado mortal sino el de la infidelidad; o que la gracia una vez recibida no se pierde por ningún otro pecado, por grave y enorme que sea, salvo solo por esa infidelidad”.

Estas proposiciones fueron condenadas como heterodoxas, peligrosas et contrarias al Evangelio. Trento non deja espacio para una fe sin obras, ni para una gracia sin obediencia. Jesús es Redentor et Legislador. La fe sin la ley es muerta. La gracia sin vigilancia es presunción.

Europa Ancestral, ¿escuchas el eco del anatema? Non es una opinión. Es doctrina. Et es doctrina que excomulga lo que tú predicas.

¿Et el abad de la aljama, Ignacio de Antioquía?

[Europa Ancestral:] Uno de los primeros padres de la Iglesia, San Ignacio de Antioquía que fue discípulo de San Pablo, ya en el siglo I d.c. trataba al judaísmo de «viejos cuentos» e «inútil», también lo consideraba «mala levadura, anticuada y agria», frente al modo de vida judío, contraponía el modo de vida cristiano, como antagónicos; así sale reflejado en la Carta a los Magnesios. Algunos de los libros que más adelante formaron el Antiguo Testamento no eran del agrado de San Ignacio. 

Europa Ancestral cita a Ignacio de Antioquía como si fuera un precursor del marcionismo, un enemigo del Antiguo Testamento, un destructor de la Ley. Pero esa lectura es tan sesgada como superficial.

Ignacio non desprecia el Antiguo Testamento. Lo que rechaza —con vehemencia, sí, pero non con anatema— es la observancia de la ley mosaica como medio de salvación después de la venida de Jesús. En su Carta a los Magnesios, escribe:

“ Porque si incluso en el día de hoy vivimos según la manera del Judaísmo, confesamos que no hemos recibido la gracia; porque los profetas divinos vivían según Cristo Jesús.

Ignacio non niega la inspiración de la Ley, ni la auctoridad de los pseudoprofetas. Al contrario, afirma que los pseudoprofetas vivían según Jesús, anticipando su venida en figura et promesa. Su crítica non va dirigida al contenido revelado, sino al uso ritualista et salvacionista de la ley después de la encarnación.

Ignacio non es Marción

Ignacio non es antinomiano, ni marcionita. Non mutila las Escripturas mosaístas, non las clama falsas, non las excluye del canon. Lo que face es subordinar el Antiguo Pacto al Nuevo, como preparación, como umbra, como pedagogía divina. La Iglesia primitiva, desde los tiempos apostólicos, utilizó constantemente el Antiguo Testamento en su catequesis. Los Padres de la Iglesia —Orígenes, Ireneo, Clemente— dieron una interpretación cristológica al Antiguo Testamento, non lo descartaron.

Al citar a Ignacio como si fuera un enemigo del Antiguo Testamento, Europa Ancestral incurre en una lectura marcionita que Ignacio jamás sostuvo. Ignacio non predica ruptura, sino cumplimiento. Non enseña desprecio, sino trascendencia. Su crítica non es contra Moisés, sino contra la noción de que la ley pueda salvar después de la cruz.

1. ¿Discípulo de Pablo?

Ignacio fue obispo de Antioquía, sí. Vivió entre el 70 et el 107 E.V., et su teología muestra influencias paulinas et joánicas ¿Pero discípulo directo de Pablo? Non hay evidencia. Eusebio de Cesárea, que escribió sobre él en la centuría IV, non menciona tal vínculo. La Catholic Encyclopedia fabla de una “gran probabilidad” de que haya sido auditor de Juan, non pupilo de Saulo. Pero claro, para Europa Ancestral, toda figura antigua que critique el mosaísmo es automáticamente discípulo de Saulo, Marción o el Espíritu Santo en versión editable.

2. ¿El judaísmo como “viejos cuentos” et “mala levadura”?

Ignacio, en su Carta a los Magnesios, advierte contra la “mosaistización” et las “fábulas anticuadas” (μύθοις παλαιοῖς) ¿Eso significa que consideraba el mosaísmo inútil? Non. Significa que estaba harto de que algunos jesístas quisieran seguir celebrando el sábado como si la resurrección non hubiera ocurrido. Ignacio non desprecia el Antiguo Testamento. Lo que desprecia es la noción de que la Ley Mosaica siga siendo la vía ad la salvación después de Jesús. La “mala levadura” es una metáfora, non una declaración de prelio. Pero Europa Ancestral la lee como si Ignacio hubiera quemado la Ley en público.

Et non, non dijo que el mosaísmo fuera inútil. Dijo que era viedo. Como decir que el papiro es anticuado frente al pergamino ¿Eso lo hace basura? Non. Lo face historia. Pero claro, para algunos, todo lo que non es nuevo debe eser quemado. Qué moderno.

3. ¿Modo de vida jesísta vs. mosaísta?

Ignacio sí establece una distinción. Dice: “Así pues, silos que habían andado en prácticas antiguas alcanzaron una nueva esperanza, sin observar ya los sábados, sino moldeando sus vidas según el día del Señor…” ¿Eso es antagonismo? Non. Es cumplimiento. Es como decir: “Gracias por el mapa, Moisés. Ya plegamos.” La Iglesia enseña que la Antigua Ley fue preparación, no error. El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, et el Antiguo se face manifiesto en el Nuevo. Pero Europa Ancestral lo interpreta como si Ignacio hubiera dicho: “Todo lo anterior fue inutilidad.”

¿Ignacio non aprobaba ciertos libros del Antiguo Testamento?

Eso ya non es sesgo, es fantasía. Non hay una sola línea en los escritos de Ignacio que indique que rechazara algún libro hebreo. La Iglesia primitiva usó el Antiguo Testamento en su catequesis desde el primo día. Los Padres lo interpretaron cristológicamente, non lo descartaron. Ignacio non era marcionita. Non mutiló la Escritura, non la clamó falsa, non la tiró al fuego. Pero Europa Ancestral lo pinta como el editor jefe de una Biblia sin Moisés.

Ignacio, voz de transición

Ignacio representa una etapa de transición: entre el sinedrio et el papado, entre la Ley et la Gracia, entre la Pascua israelita et el Día del Señor. Su lenguaje es fuerte, pero non definitivo. Su doctrina es fervorosa, pero non sistemática. Ignacio non es el modelo de la fe pura, ni el enemigo del mosaísmo. Es un testigo de la novedad jesísta, non un apóstol del olvido.

Ignacio non es el heterodoxo que Europa Ancestral necesita

Ignacio de Antioquía enfatizó la novedad del jesísmo, sí. Rechazó la observancia de la Ley como medio de salvación, sí. Pero non despreciaba el mosaísmo en su totalidad, ni los libros del Antiguo Testamento. Su objetivo era afirmar la identidad jesísta en Jesús resucitado, non borrar la historia de Israhel.

Europa Ancestral lo cita como si fuera un destructor de la tradición mosaica. Pero Ignacio fue testigo de su cumplimiento, non su negación. Et si hoy pudiera responder, probablemente diría:

“Non me usen para justificar su marcionismo de salón. Yo creía en la unidad de la revelación, non en la cancelación teológica.”

La ley es la Ley

Saulo de Tarso, el apóstol de los gentiles, el que cruzó fronteras y derribó muros, jamás clamó a la Ley “mala”. La predicó como espejo, como revelación, como santa advertencia ¿Acaso non escribió con tinta de fuego?

“¿Luego la ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley.” — Romanos VII:VII “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” — Romanos VII:XII

Et tú vienes ahora, con Ignacio en la mano, clamando que la Ley es “inútil” ¡Por los dioses, qué contradicción! ¿Ignacio contra Pablo? ¿El obispo contra el apóstol? ¿La levadura vieda contra el pan sin levadura?

¿Et qué facemos con Jesús? ¿Lo ponemos también en el banquillo por non abolir la Ley?

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” — Mateo V:XVII

Et non se quedó ahí. Añadió, con solemnidad divina, con la voz que hizo temblar el Sinaí:

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” — Mateo V:XVIII

La Ley no fue descartada. Fue cumplida. Non fue quemada. Fue consumada. Non fue inútil. Fue necesaria.

¡Por los dioses! ¿Qué puede Eser más claro? La Ley permanece hasta que pasen los divos Cielo et Tierra, es decir, hasta el Siglo (Eón en greco, Olam en hebreo) Venidero, cuando haya nueva tierra et nuevo cielo, como dice el Apocalipsis de Jesucristo. Mientras tanto, la Ley sigue vigente. Non ha sido abolida. Non ha sido sustituida. Non ha sido anulada por decreto papal ni por concilio eclesiástico. “Hasta que todo se haya cumplido” non significa “hasta que Jesús muera”, como repiten los abolicionistas. Significa hasta que él regrese, hasta que el Reino se establezca plenamente, hasta que la historia alcance su fin. Entonces, et sólo entonces, la Ley habrá cumplido su propósito.

Así que si vas a citar a Ignacio, hazlo con contexto. Porque si Pablo la llama santa, y Jesús la llama eterna, entonces Ignacio no la llama basura. La llama historia. Y la historia, aunque vieja, no es inútil. Es fundamento.

Jesús non solo respetó la Ley, la vivió. Circuncidado al octavo día, peregrino en las fiestas judaicas, lector de la Ley en la sinagoga, cumplidor del Sábado. Et cuando los discípulos se preguntaban qué facer, él non dijo “abandonad la Ley”, sino:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo.” — Mateo XXIII:II–III

¡Por los dioses, qué claro es! Jesús manda obedecer a los fariseos, los mismos que enseñaban la Ley.

Et ahora vienen los jesístas abolicionistas, armados con versículos sacados de contexto, como quien arranca una frase de Cicerón para justificar la tiranía. Dicen:

“Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” — Romanos X:IV

¡Ah, pero non leen el greco! Non entienden que “fin” (τέλος) non significa “abolición”, sino culminación, meta, pleno cumplimiento. El Anticristo non destruye la Ley: la leva a su completitud, como el fruto leva a su madurez el semen ¡Por Apolo, qué diferencia! Siendo la nota Zeta que es la letra fin del abecedario...

Otros citan:

“Ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.” — Romanos VI:XIV

Et se apresuran a declarar la Ley muerta. Pero non legen el versículo siguiente:

“¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.” — Romanos VI:XV

¡Ahí está! Saulo non dice que la Ley haya sido abolida. Dice que la gracia non es licencia para violarla. La Ley sigue siendo el estándar, la guía, la luz. La gracia non reemplaza la Ley: la presupone.

Et aún más torcidos son los que citan:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley.” — Gálatas III:XIII

¡Por Marte, qué manipulación! Pablo non dice que la Ley sea una maldición. Dice que la maldición es la condena por non cumplirla, non la Ley misma. Jesús redime de la pena, non del mandamiento ¡Qué diferencia entre abolir et redimir! La Ley non es maldición: la maldición es el castigo por violarla ¡Por los dioses, qué diferencia!

Jesús non vino a abolir la Ley, sino a interponerse entre el transgresor et su condena. Como escudo viviente, recibió en su cuerpo la sentencia que les correspondía. Fue colgado en un madero, como dice la Ley:

Maldito todo el que es colgado en un madero.” — Deuteronomio XXI:XXIII

Pero eso non face maldita a la Ley. Face maldito el crimen. Face maldito el castigo. Et face bendito al que lo asume por amor.

Pablo non destruye la Ley. La honra. La reconoce como justa. Pero señala que su condena non puede eser el fin del hombre. Jesús non elimina la Ley: la cumple, la sufre, la redime.

Et cuando Jesús dice:

“El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.” — Marcos II:XVII

¿Acaso eso significa que lo abolió? ¡Non! Significa que lo humanizó, que lo reformó, que lo liberó del legalismo, pero nunca lo anuló. Si el sábado fue hecho para el hombre, entonces sigue siendo válido, solo que con sentido, non con rigidez. 

Jesús non vino a destruir la Ley, sino a dar leyes et interpretaciones más sensatas. Más humanas. Más profundas. Pero siempre dentro del marco de Moisés.

Ahora vienes con la idea de que el modo de vida según Jesús et el modo de vida según Fares, el de la doctrina farisea, son antagónicos ¡Et qué si lo son! ¿Acaso eso borra su raíz común? ¿Acaso el desacuerdo entre dos colegios anula su pertenencia a la misma ley?

Jesús fue un mosaísta. Fares fue un mosaísta. Ambos vivieron so la umbra del Templo, ambos respetaron la Ley, ambos fueron fijos de la superstición de Moisés. Que uno predicara misericordia et el otro rigor, ¡Qué importa! Ambos fablaban desde Judea, desde la misma cátedra de Moisés.

Et aquí está el error de los jesistas: Creen que toda contrariedad implica ruptura. Pero eso es como decir que Trotsky non era marxista por oponerse a Stalin. O que Aristóteles non era platónico por criticar las Ideas. O que Galileo non era científico por enfrentarse a la Iglesia ¡Por los dioses, qué lógica tan pobre!

Toda contrariedad delata relación. Toda disputa revela pertenencia.

Jesús non se enfrentó a los fariseos como extranjero. Se enfrentó como mosaísta, como intérprete et rabí de la Ley, como heredero de Moisés. Su crítica non era ad la Ley, sino ad su aplicación. Non era contra el mosaísmo, sino contra la hipocresía. Et eso lo face más mosaísta que muchos fariseos, porque buscaba el espíritu de la Ley, non su letra muerta.

¿Acaso Gamaliel, rabí de Saulo, non era fariseo? ¿Acaso Jesús non enseñó en las sinagogas, non celebró las fiestas, non citó la Ley? ¿Acaso non dijo:

“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y fariseos; así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo.” — Mateo XXIII:II-III

¡Ahí está! Jesús reconoce la auctoridad de los fariseos como intérpretes de Moisés. Su disputa es interna, non externa. Es como la de los profetas contra los sacerdotes corruptos: non para abolir el culto, sino para purificarlo.

Ignacio, en su ignorancia, clama al judaísmo “vieda levadura”, “agria”, “inútil”. Pero al facerlo, reniega del rabino que dice seguir, porque Jesús non se apartó de la Ley, sino que la vivió con más profundidad que sus adversarios.

Discrepar non es abjurar. Reformar non es destruir.

Jesús et Fares pueden eser antagónicos en estilo, pero son fradres en tradición. Ambos son ramas del mismo árbol mosaísta. Et si uno se opone al otro, non es porque pertenezcan a mundos distintos, sino porque comparten el mismo mundo, et luchan por su interpretación.

Saulo non destruyó la Ley. La interpreto para los gentiles. La adaptó para quienes non tenían el Templo, ni la circuncisión, ni el calendario de las fiestas. Pero nunca dijo que fuera mala. Al contrario, la clamó “santa, justa y buena”:

Et si aún dudan, que lean lo que Saulo dice en defensa de la Ley.

“¿Luego la ley es pecado? En ninguna manera.” — Romanos 7:7 “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.” — Romanos 7:12 “Circuncisión ciertamente aprovecha, si guardas la ley.” — Romanos 2:25 “¿Anulamos, pues, la ley por la fe? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.” — Romanos 3:31

¡Por Jano, qué claridad! Saulo no destruye la Ley. La interpreta. La extiende. La interpreta para los gentiles. Pero jamás la clama inútil. Jamás la clama abolida. Jamás la clama maldita. 

¡Por Jano, qué falta de lectura! Saulo non rompió con Moisés. Saulo non fundó una ley nueva. Pablo reinterpretó la Ley, pero desde dentro, como fariseo, como mosaísta, como fijo de Judea.

¿Abolir la Ley que Jesús cumplió? ¿Rechazar los mandamientos que él citó? ¿Despreciar el código que formó a los pseudoprofetas? Es como quemar la biblioteca después de leer el prólogo. Como ungir a Jesús et desterrar a Moisés. Como construir una aljama sobre la Ley et luego negar sus cimientos.

Así que non, la Ley non fue abolida por Cristo. Fue malinterpretada por sus seguidores tardíos, manipulada por charlatanes supersticiosos, et enterrada so capas de argucias.

Ahora, sobre el supercesionismo: 

El supercesionismo (también clamado “teología del reemplazo”) es la doctrina según la cual la Iglesia de Jesús es el único Israhel, el vero pueblo de Tervagante. En esta visión, las promesas et pactos del Antiguo Testamento se cumplen et se transfieren ad la comunidad anticristiana, dejando ad Israhel como una etapa superada.

En términos simples: el supercesionismo afirma que el Nuevo Testamento reemplaza al Antiguo, et que la Iglesia es ahora la heredera exclusiva de las promesas divinas.

El problema lógico del supersesionismo

Esta doctrina solo tendría validez si se demostrara previamente que el dios del Antiguo Testamento o del Nuevo testamento es realmente Dios. Et aquí está la trampa: el magisterio o rabinato cefeo da por sentado lo que debería probar. Es una petición de principio: parte de la premisa de que el dios testamentario es el mismo que el del Nuevo Testamento, et que ambos son Dios, sin demostrarlo.

  • Los simonianos sostienen que Dios se fizo carne en Jesús.

  • El magisterio católico sostiene que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo del Nuevo.

  • Pero ambas posiciones descansan en la misma falacia: asumir lo que se quiere demostrar.

La crítica: Caridad non es Dios, ni el NT Fabla de Dios

Como bien digo, el Nuevo Testamento presenta ad Dios como Caridad (Agápē). Caridad es un ente, non la substancia deal. El NT fabla más bien de una esencia distinta a Dios, que puede identificarse ad Tervagante, el que non es Dios, un ente inferior de la hierarquía —et Apolión el su maligno genio,.

Tervagante ya non aparece como su natura de “Odio” puro, si no como su otra natura la "Avaricia". Que se manifiesta como un genio, un nuevo amor nascido del odio tremendo. Es decir, un amor invertido, que surge de la venganza, non de la Plenitud. De Tervagante encarna "el Anticristo", con sus dos naturas, ad la de José et la de David, Jesús es nasce de José. 

Conclusión con sorna

El supercesionismo es válido solo si aceptamos que el dios del Testamento es Dios. Pero como esa premisa nunca se demuestra, el rabinato cae en la misma falacia que los simonianos: una petición de principio.

Así os lo digo yo, Farfán de los Godos: El jesísmo non reemplazó nada, porque nunca probó que su dios fuera Dios. Caridad non es Dios, Apolión non es Dios, Tervagante non es Dios. El rabinato papista, como los simonianos, parte de lo que debería demostrar. El supercesionismo non es teología: es un sofisma repetido con incienso.

La sabiduría non tan papista...

Et si Europa Ancestral quiere seguir clamando a eso “terminación”, que lo haga. Pero que non espere que los lectores atentos se traguen la hostia sin leer el contrato. 

[Europa Ancestral:] De todos modos, el AT suele ser difamado injustamente, ya que cuenta con libros muy buenos que destilan verdad y sabiduría por los cuatro costados, como los libros sapienciales (Proverbios, Salmos, Cantar de los cantares, Sabiduría o Eclesiastes) o los más elementales como el Génesis, el de Isaías y Elías. Sacar de contexto y malinterpretar ciertos versículos del Antiguo Testamento y del Nuevo para hacer una crítica malintencionada del cristianismo denota cierta maldad así como una más que evidente falta de conocimientos sobre los fundamentos básicos de la fe católica, de su doctrina y de su historia. Pero como dice un refrán muy conocido, la ignorancia es atrevida, así que tendremos que lidiar con eso.  

¡Oh, custores de pergaminos et devotos del Papado! Vos que proclamáis que el Antiguo Testamento “destila verdad y sabiduría por los cuatro costados”… hasta que topa con una superstición papal. Entonces esas “perlas sapienciales” quedan relegadas a lectura de quiosco, como si el Espíritu Santo hubiera tenido un mal día de redacción.

¿Os habíais fijado en el libro de Sabiduría? Ahí se afirma que el Creador non creó el mundo ex nihilo, sino que lo modeló a partir de materia preexistente.

  • Sabiduría 11:17: “Tu poder soberano creó el mundo de materia informe. Pero ¡callad!, que si sale de la boca de un texto sagrado et choca con la creación ex nihilo papal, desaparece la “sabiduría” et surge la heterodoxia. Porque claro, mientras los versículos encajan con el catecismo, son “verdad revelada”; pero si se desvían un milímetro, entonces hay que “interpretarlos correctamente” (léase: ignorarlos o disfrazarlos con escolástica barroca).

Et esto non es el único resbalón:

Desde el primo verso, la Biblia los mosaístas lo presentan como un libro de revelación. Pero basta leer unas líneas para que la revelación se convierta en revisión. Porque, dime tú ¿Qué "verdad" destilada et sabiduría "por los cuatro costados" permite que haya plantas prior que el Sol? Sí, en el Génesis, día III: brotan los árboles, la hierba, los frutos… Et Sol, ese pequeño detalle astrológico, aparece recién en el día IV (Génesis I:XIV–XIX) ¡Por los dioses, qué botánica tan milagrosa! Fotosíntesis sin fotones. Clorofila sin luz. Pero claro, los seguidores de Moisés et Jesús dirán que eso es alegoría ¿Alegoría? ¿Qué tiene de alegórico que las plantas vivan antes del Sol? ¿Es una metáfora de la fe ciega? ¿Una parábola de la esperanza vegetal? De todas formas evitaremos abusar de la información academica, non vaya eser que el papista le de un ataque de luciferomasonismo (es decir creer que Lucifer et masonería conspiran contra su mísera entidad) ad el ver fuentes "académicas" que lo refutan.

Pero espera… ¿Cómo diablos hay días sin Sol?

Porque si Sol aparece en el cuarto día… ¿Quién marcó el primo, el segundo, el tercio? ¿Quién contó las horas, los amaneceres, los ocasos? ¿Acaso el tiempo se mide por capricho divino et non por rotación planetaria? ¿O es que el universo tenía un reloj de arena celestial antes de tener luz? ¡Días sin Sol! Es como tener estaciones sin órbita, relojes sin manecillas, o peor aún: cronología sin mundo.

Pero claro, todo esto es alegoría. Como todo lo que non cuadra, se etiqueta: “alegórico”, “espiritual”, “misterioso”. Una forma elegante de decir: “non sabemos cómo explicarlo, pero non lo cuestiones.”

Et luego vienen los creacionistas de tierra joven…

Ah, esos valientes que afirman que el mundo tiene seis mil años, como si el calendario hebreo fuera un reloj universal. Non erran en contar los años desde la biblia, non. Erran en temblar ante los dinosaurios. Non porque esos lagartos sean aterradores, sino porque refutan su cronología. Un fósil es más peligroso que un genio. Un hueso de tiranosaurio tiene más poder que mil versículos. Porque si el mundo tiene seis mil años ¿Qué facemos con los dragones del Cretácico?

Los creacionistas de tierra joven no erran al decir que el mundo tiene seis mil años. Erran al creer que eso es vera episteme. Pero claro, el papista Europa Ancestral dirá que non es creacionista de la tierra joven. Dirá que cree en Darwin, en Copérnico, en Galileo. Dirá que la Biblia es alegórica, simbólica, espiritual. Pero si la lee —¡si es que lo face!— et la toma como revelación divina, entonces ya es creacionista, aunque non lo sepa. Porque basta leer el libro del Génesis con fe literal para que el calendario hebreo se convierta en reloj universal. Et así, sin quererlo, el papista ilustrado termina creyendo que los dinosaurios convivieron con Adán, que los dragones fueron creados el mismo día que los peces, et que el divo Sol apareció después de las plantas.

¿Cómo plegan ad los seis mil años?

Con una fórmula tan simple como delirante: Sumar los años que vivió cada patriarca desde Adán hasta Noé (Génesis V), luego desde Noé hasta Abraham (Génesis XI), añadir los siglos desde Abraham hasta Jesús, et finalmente los dos mil años desde Jesús hasta hoy. Resultado: 6000 años.

Et como “un día es como mil años” (II Pedro III:VIII), los seis días de la creación se convierten en seis mil años de historia. El séptimo día —el milenio— sería el reinado del Anticristo. Así que, según esta lógica, estamos en la víspera del fin del mundo ¡Tic-tac teológico!

¿Et los fijos de Israhel?

Ellos usan el calendario hebreo, que en 2025 marca el año 5785. Pero algunos ajustan, redondean, reinterpretan… et también plegan a los seis mil. Porque si la Biblia es el reloj, cada versículo es un engranaje, et cada patriarca, un tic-tac divino.

Ah, Europa Ancestral, tan ilustrada, tan racional… Dira que non es creacionista de la tierra joven. Dira que cree en Darwin, en Copérnico, en Galileo. Pero si lee la Biblia como revelación, et cree que Adán vivió 930 años, que Noé construyó el arca a los 600, et que el mundo fue creado en seis días literales, entonces, aunque se vista de ciencia, es creacionista de tierra joven. Solo que non lo sabe. O non lo admite. O lo clama “fe ancestral” para que suene menos medieval.

¿Et cómo olvidar que el libro del Génesis que usan los papistas dice que Dios creó dragones

καὶ ἐποίησεν ὁ Θεὸς τοὺς δράκοντας τοὺς μεγάλους — Génesis I:XXI kai epoíēsen ho Theòs toùs drákontas toùs megálous “Y Dios creó los grandes dragones marinos.”

Sí, drákontas megálousgrandes dragones marinos. Non serpientes, non peces, menos ballenas. Dragones ¿Et qué hay de los onocentauros? Sí, esos híbridos de asno et hombre que aparecen en el libro de Isaías XXXIV:XI–XIV de la LXX ¿Et las empusas, esas entidades que los grecos fablaban, mitad fembra, mitad umbra? ¿Son errores de traducción? ¿O revelaciones que se escaparon del Olimpo?

Et no piensen en los mosaístas, mahometanos o jesístas… como onocentauros...

Bueno, los jesístas son mulacentauros. Porque si el caballo es el greco, et el asno el mosaísta, es lógico que sean híbridos: menos asnos que los judíos, pero más asnos que los grecos. Una mezcla de filosofía et superstición, con patas de tradición et cabeza de superstición. Pero claro, todo esto es alegoría. Como siempre.

En Génesis las cronologías fluctúan más que el IPC

Con patriarcas que viven cientos de años en una versión et menos de cien en otra ¿Error de copista? ¿O Tervagante jugando con el Excel celestial mientras los genios malignos le pasan fórmulas mal digitadas?

Tomemos ad Matusalén, por ejemplo:

  • Génesis V:XXVII: “Vivió Matusalén novecientos sesenta y nueve años.” ¡Cuasi un milenio! Más que cualquier imperio, más que cualquier civilización ¿Qué comía? ¿Maná con antioxidantes?

Pero luego vienen los descendientes, et de pronto los años se acortan como si Tervagante hubiera decidido aplicar una reforma jubilatoria.

  • Génesis 11:10–32: Las edades de los patriarcas postdiluvianos caen en picada, como si el diluvio hubiera traído consigo una nueva tabla de longevidad. Sem vive 600 años, Arfaxad 438, y así sucesivamente, hasta que Taré, padre de Abraham, apenas alcanza los CCV ¿Qué pasó? ¿Cambio climático celestial?

Et non olvidemos las incongruencias entre versiones:

  • En la Septuaginta, los años de algunos patriarcas se inflan como si hubieran pasado por una auditoría divina.

  • En el Texto Masorético, se recortan como si el Espíritu Santo hubiera decidido facer una edición más sobria.

¿Et qué decir de las edades al momento de engendrar hijos?

  • En algunas versiones, los patriarcas tienen fijos ad los XXX, en otras ad los CXXX ¿Fertilidad milagrosa o error de transcripción? ¿O es que Moisés estaba probando distintos modelos de cronología, como quien ajusta el reloj litúrgico según la superstición del día?

Pero non digáis que esto es una inconsistencia. Non, non. Decid más bien que “es un sacramento”, que “hay que interpretarlo con fe”, o que “la numerología bíblica tiene significados ocultos”. Porque claro, cuando los números non cuadran, siempre queda el recurso del simbolismo. Et si alguien osa preguntar por coherencia, se le acusa de “racionalismo” o “falta de espiritualidad”.

Proverbios 26:4 manda non responder al necio, justo antes de 26:5 que ordena refutarlo

¿Sabiduría o bipolaridad literaria?

  • Proverbios 26:4: “No respondas al necio según su necedad.”

  • Proverbios 26:5: “Responde al necio según su necedad.” ¡Ah, la sabiduría divina! Tan profunda que se contradice en dos versículos consecutivos. Pero non digáis que eso es una contradicción, que el Espíritu Santo se ofende.

Salmos et arrepentimientos divinos

Tervagante se arrepiente, cambia de idea, se contradice.

  • Génesis 6:6: “Y se arrepintió Yahvé de haber hecho al hombre.”

  • Números 23:19: “Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta.” 

Pero vuestra infalibilidad papal jamás admitiría que Tervagante tenga dubdas. Porque si Tervagante cambia de opinión, ¿Qué pasa con la inmutabilidad divina? ¡Superstición en peligro, encíclica al rescate!

Edad de los reyes: ¿22 o 42 años?

  • 2 Reyes 8:26: “Acazías tenía 22 años cuando comenzó a reinar.”

  • 2 Crónicas 22:2: “Acazías tenía 42 años cuando comenzó a reinar.” ¿Se duplicó en el camino? ¿O es que los escribas estaban usando el calendario de Babilonia en modo aleatorio?

¿Dios tienta o non tienta?

  • Génesis 22:1: “Dios tentó a Abraham.”

  • Santiago 1:13: “Dios no tienta a nadie.” ¿Entonces qué facía con Abraham? ¿Un simulacro? ¿Un test vocacional? Pero non digáis que esto es contradictorio, que os acusarán de “sacar de contexto” mientras el Magisterio face malabares con la exégesis.

 ¿Se puede ver a Dios o non?

  • Éxodo 33:11: “Y hablaba Yahvé con Moisés cara a cara.”

  • Juan 1:18: “A Dios nadie lo ha visto jamás.” ¿Cara a cara o invisible? ¿O era holograma? Pero no digáis que esto es una contradicción, que el niño Jesús se pone triste.

¿El Espíritu Santo ya había sido dado o non?

  • Números 11:25: El Espíritu descendió sobre los ancianos.

  • Juan 7:39: “El Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado.” ¿Entonces el Espíritu estaba en modo beta en el AT? ¿O es que el cronograma celestial tiene bugs?

¿Et qué esería de Moisés sin Grecia?

Porque non olvidemos que la Biblia, en su lengua greca, nombra al dios Huerco, que los grecos claman ᾅδης (Hades):

καταπίωμεν αὐτοὺς ζῶντας ὥσπερ ᾅδης — Proverbios I:XII katapíōmen autoùs zôntas hósper hádēs “Traguémoslos vivos como el Hades.”

Et si aún dudas que los vivos desciendan, escucha la tierra abrir su boca:

κατέβησαν ζῶντες εἰς ᾅδην — Números XVI:33 katébēsan zôntes eis hádēn “Descendieron vivos al Hades.”

Las divas que se cuelan por las rendijas

Diceósina, Probidad en latín— Δικαιοσύνη (Dikaiosýnē):

δικαιοσύνη καὶ κρίμα, ἑτοιμασία τοῦ θρόνου σου — Salmos LXXXIX:XIV dikaiosýnē kai kríma, hetoimasía tou thrónou sou “Justicia y juicio son el fundamento de tu trono.”

Fortuna — Τύχη (Týchē):

οἱ ἑτοιμάζοντες τῷ δαίμονι τράπεζαν, καὶ οἱ πληροῦντες τῇ Τύχῃ κέρασμα — Isaías LXV:XI hoi hetoimázontes tō daimoni trápezan, kaì hoi plēroûntes tē Týchē kérasma “Los que preparan mesa para el demonio y llenan libación para la Fortuna.”

Necesidad — Ἀνάγκη (Anánkē) et Obscuridad — Σκότος (Skótos), fuerza que oprime::

θλῖψις καὶ σκότος, ἀνάγκη, στενοχωρία καὶ σκότος — Isaías VIII:XXII thlîpsis kaì skótos, anánkē, stenokhōría kaì skótos “Tribulación y oscuridad, necesidad, angustia y tinieblas.”

Sapiencia— Σοφία (Sophía):

Κύριος ἔκτισέν με ἀρχὴν ὁδῶν αὐτοῦ — Proverbios VIII:XXII Kýrios éktisen me archḕn hodôn autoû “El Señor me creó como principio de sus caminos.”

¿Inspiración hebrea? Sí. ¿Influencia griega? También. Porque para los grecos, las deidades son fuerzas, non figurillas: Fortuna decide, Necesidad constriñe, Sabiduría guía, Obscuridad cubre, et Huerco traga. Sin Grecia, Moisés esería un pastor con tablas; con Grecia, se vuelve legislador con Verbo. Aquí la Septuaginta non traduce: transfigura. Et por esas grietas del Sinaí se cuelan las potencias del mundos, vestidas de versiculos.

El Mesías contra la dea Tierra: Titanomaquia Profética

Porque en la Biblia greca, la tierra non es neutra: reacciona, tiembla, devora. Se comporta como una persona mundanaTierra, la madre titánica, protectora de lo primigenio, que los grecos nombran Gea. Et contra ella, el Anticristo se alza como campeón del Sermón, armado non con acero, sino con el Verbo que fiere.

καὶ πατάξει γῆν τῷ λόγῳ τοῦ στόματος αὐτοῦ Isaías XI:IV (LXX) “Y herirá la tierra con la palabra de su boca.”

Non dice “pueblo”, ni “naciones”. Dice Tierra. El Verbo non se dirige a muros ni paisajes. Se dirige a Tierra, que oye, recibe, et resiste. Porque si puede eser ferida por el Verbo, es que lo entiende. Et quien comprende el Verbo, es un intelecto.

Tierra: ¿suelo o inteligencia?

  • Tiene boca que se abre et traga — Números 16:32

  • Se embriaga et tambalea como intelecto confusa — Isaías 24:20

  • Tiembla en sus cimientos como quien siente miedoSalmos 17:7

Estas non son metáforas del terreno. Son reacciones de una entidad con voluntad. Una dea que escucha el juicio et responde con convulsión telúrica.

 Ecos de la Titanomaquia

  • En la mitología greca, Tierra engendra gigantes para atacar al Olimpo.

  • En la mitología hebrea, Tierra se convulsiona ante el Verbo.

  • ¿Non es esta la misma lucha, en otra lengua?

El Anticristo non combate ente malignos ni naciones. Combate ad la madre de todos. Una rebelión teogónica donde el Anticristo vence ad la Materia, el juicio ad el Lago, el Verbo ad Tierra.

Versículos de la Titanomaquia

PasajeTexto GriegoTraducciónTierra como...
Isaías 11:4καὶ πατάξει γῆν τῷ λόγῳ“Herirá la tierra con la palabra”Interlocutora
Números 16:32ἀνέῳξεν ἡ γῆ τὸ στόμα“La tierra abrió su boca”Devoradora
Isaías 24:20σαλευθήσεται ὡς μεθύων“Se tambaleará como un ebrio”Embriagada
Salmos 17:7ἐσαλεύθη καὶ ἐσείσθη ἡ γῆ“La tierra se sacudió y tembló”Asustada
Isaías 13:13σεισθήσεται ἡ γῆ ἐκ τοῦ τόπου αὐτῆς“Se estremecerá de su lugar”Destronada

El Anticristo fabla, et la tierra se sacude. Pero non por accidente: porque ella entiende. El Verbo se lanza como espada, non contra piedra, sino contra diosa. El Sinaí ruge, et Tierra tiembla. El Verbo desciende como fuego, et Tierra responde como madre ferida.

Oh, Europa Ancestral, que te pavoneas diciendo que en las Escrituras de Judea hay libros que “destilan verdad et sabiduría por los cuatro costados”, como si fueran los versos de Horacio o las leyes eternas de nuestras Doce Tablas ¡Ay de ti, que confundes mármol antiguo con yeso pintado! Permíteme, fijo de Judea et devoto del cadaver crucifijo, mostrarte que lo que veneras como oro puro muchas veces es cobre bruñido, fabricado centurias después del tiempo que proclama.

Qué es un anacronismo… et cómo anida en esos rollos

En el contexto del Antiguo Testamento, anacronismo significa introducir en el relato elementos —verbos, connotaciones, fechos o nociones— que non corresponden al tiempo en que supuestamente ocurrieron. La crítica histórica et filológica ha demostrado que numerosos pasajes de esas Escrituras son fruto de centurias de composición, reelaboración et edición, non de un único auctor inspirado en un momento único.

Anacronismos en la auctoría et redacción

  • El Pentateuco non pudo ser obra de un Moisés de la centuría XIII a.E.V. El hebreo escrito aún non era.

  • La clamada Ley mosaica tomó forma mediante un largo proceso de adiciones et reinterpretaciones por varias manos: yahvista, elohísta, sacerdotal y deuteronomista.

  • El Deuteronomio se redactó en el siglo VII a.E.V., en tiempos de Josías, et la atribución a Moisés se forjó recién en la época helenística.

Sobre la supuesta antigüedad de su Ley

Decís que Moisés escribió el Pentateuco en la centuría XIII antes de la era vulgar, cuando el hebreo escrito ni siquiera era. Yo, como gentil, sé reconocer una falsedad cronológica cuando la veo:

  • Esos rollos son producto de generaciones de escribas que añadieron, corrigieron et adaptaron leyes a las necesidades de sus reyes.

  • El Deuteronomio, joya de la corona, nasce non en el Sinaí, sino en la corte de Josías, centuría VII A.E.V., cuando nuestras legiones ya marchaban por Italia.

  • Cuatro manos —yahvista, elohísta, sacerdotal et deuteronomista— tejieron ese tapiz, et a Moisés se lo colgaron como firma mucho después, en la época helenística.

Profecías que saben el final prior del inicio

Oh, Europa Ancestral, que miras los oráculos hebreos como si fueran dictados por Apolo en Delfos… et non ves que muchos son profecías ex evento: textos que, con astucia de escriba, se redactaron después de los fechos et se disfrazaron de anuncio divino.

Oh, Europa Ancestral, que miras los oráculos hebreos como si fueran dictados por Apolo en Delfos… et no ves que muchos son profecías ex eventu: textos que, con astucia de escriba, se redactaron después de los fechos et se disfrazaron de anuncio deal.

La maquinaria de la profecía ex eventu

Entre nosotros, en el foro, conocemos bien el arte de la auctoridad: parecer sapiente es tan valioso como eserlo. Así operan estas profecías:

  • Se escriben a posteriori para que parezcan anticipar un suceso ya ocurrido.

  • Se presentan como prueba del favor divino, validando al profeta et su credo.

  • Se recurre a citas fuera de contexto e incluso a historias inventadas para encajar con textos antiguos.

Los primos jesístas heredaron esta técnica et la convirtieron en arma apologética: cualquier fecho servía para “cumplir” un versículo, aunque para lograrlo hubiera que doblar su sentido original.

El criterio del farfán escéptico

Si en mi intención alguien presenta un vaticinio, exijo tres condiciones para creerla auténtica:

  1. Anterioridad clara del escrito respecto ad el facto anunciado.

  2. Imprevisibilidad del evento en cuestión.

  3. Especificidad et ausencia de ambigüedad.

Et que non sea autocumplida, pues hasta un augur podría forzar el destino si cognoce el presagio. Si falla alguno de estos puntos, la explicación más sencilla —et, por ende, más fárfana— es que es post eventu.

Tipología de estas supuestas profecías

  • Non cumplidas: quedaron desmentidas por la historia.

  • Que non son profecías: textos poéticos o exhortativos mal reinterpretados.

  • Cumplidas… porque ya habían pasado o porque su vaguedad permitía cualquier lectura.

Ejemplos que desenmascaran la técnica

  • 1 Reyes 8:33-34 et 11:31-39: redactados centurias después de las divisiones que narran.

  • Libro de Daniel: predice la caída de principados con exactitud sospechosa… pero los manuscritos más antiguos son posteriores a los fechos.

  • Números 24:17: la estrella et el cetro aplicados por Mateo a la “estrella de Navidad”, reinterpretando un verso tribal para encajar con el relato de los magos.

  • Evangelios sinópticos: Jesús anuncia su regreso et catástrofes “en esta generación”. Inminencia que forzó a apologistas a inventar malabarismos: preterismo (“ya sucedió”), futurismo (“ya vendrá”), o metáforas convenientes.

Implicaciones para quienes defienden la infalibilidad

Si seguimos el propio criterio bíblico (Deuteronomio 18:21-22), toda profecía incumplida prueba que el profeta non fablaba en nombre de su dios. Al reinterpretar a posteriori o alegar “condicionalidad non mencionada”, la apologética vuelve este criterio infalsable, escapando de la prueba pero también de la honestidad intelectual.

Et cuando se proclama literal la resurrección pero se convierte en “metáfora” la caída de las estrellas, se practica una historiografía selectiva, tan parcial como un senador que cita las leyes sólo cuando le conviene.

Juicio final de un fijo de Mercurio: En Peruvia sabemos que un buen presagio alinea a las legiones; una falsa profecía, en cambio, sólo alinea a los crédulos. Vuestros textos, Europa, non son mensajeros del futuro, sino crónicas del pasado disfrazadas de anuncio. Et ese disfraz, aunque ingenioso, non engaña a quien cognoce las artes del tiempo et de la retórica.

Del monoteísmo… o más bien de la monolatría

Oh, Europa Ancestral, que paseas por el foro proclamando que esos viedos rollos hebreos rebosan “sabiduría et verdad” como las fuentes de Caracalla rebosan agua… et que además, para colmo, son monoteístas de pura cepa. Permíteme reír con la dignidad de un senador al que le acaban de servir garo aguado.

Porque si en esos textos hay sabiduría, es la de nuestros viedos pueblos gentiles, et si hay dioses… son más de uno, et cada cual con su asiento reservado en el banquete.

Ese “monoteísmo puro” del Antiguo Testamento: tan impoluto que tiene que recordarte, una et otra vez, que non adores a otros dioses… porque, claro, non son. Excepto que los textos asoman lo contrario: una superstición que nasce en vecindario cananeo, con consejo divino, repartos de naciones et un Dios de Israhel que se impone —primero como el más alto del panteón, luego como el único. Si eso non es evolución religiosa, que baje Saturno… o Jove… o quien quede de custodia, et lo explique.

El panteón que non quieren que veas

Las tablillas de Ugarit muestran el viedo panteón:

  • Saturno, es decir Elo (El en hebreo, o mejor dicho en cananeo israelítico), el dios supremo.

  • Jahón, es decir Jehova (Yahveh en israelítico) , uno de los 70 Bene Elohim (fijos de dioses), subordinado.

  • Venus, es decir Asera (Asherah en israelítico), su consorte, eliminada de los textos como quien borra a una amante incómoda de las memorias oficiales.

  • Jove, es decir Belo (Baal en israelítico), de quien heredó non pocos atributos.

Hasta Deuteronomio 32:8, en su forma más antigua, fabla de los hijos de Dios, no de los “hijos de Israel”. Pero, ¡oh sorpresa!, los copistas posteriores ficieron cirugía textual para dejar solo al protagonista. 

Contexto compartido: Israhel non surge en un vacío, sino entre culturas semíticas con panteones encabezados por Saturno et figuras como Jove et Minerva (Anat en púnico); las tablillas de Ugarit muestran una asamblea divina que ilumina pasajes bíblicos tempranos et su lenguaje sobre “dioses” et “consejo”.

Consejo divino et pluralidad: La comparación ANE-Israel ha llevado a muchos estudiosos a ver en la Biblia huellas de una corte celestial donde YHWH preside sobre “hijos de Dios” —una matriz conceptual coherente con lo ugarítico, antes de la depuración monoteísta posterior.

Del politeísmo al monoteísmo (vía quirófano editorial)

El monoteísmo estricto non vino del Sinaí, sino de Babilonia… et mucho después del exilio. Prior, lo que reinaba era la mezcla, el sincretismo: un dios local elevado por decreto a duque supremo del universo.

Las reformas deuteronómicas et levíticas fueron un trabajo de arquitectos de la fe: se demolió el viedo yahvismo politeísta et se levantó, piedra a piedra, el nuevo Dios único. Luego vino la Septuaginta —traducción al greco en la Alejandría de Ptolomeo II— para “ajustar” el producto al gusto helenístico. Yahveh pasó a eser Kyrios (Don), más filosófico, menos tribal… listo para codearse con el Motor Inmóvil de Aristóteles.

Huellas bíblicas de monolatría ET pluralidad divina

  • Mandamientos con competencia: “No tendrás otros dioses delante de mí” suena menos a “solo existo yo” y más a “a mí primero”. Ese matiz —monolatría/henoteísmo— es ampliamente discutido por biblistas; la negación explícita de otros dioses se vuelve característica recién en el Deutero-Isaías (siglo VI a. C.).

  • Comparaciones divinas explícitas: Pasajes como Éxodo 15:11; 18:11 et 20:5 colocan a YHWH por encima de otros, non en un desierto metafísico sin rivales. El retrato encaja mejor con un culto exclusivo ante un entorno plural, non con un monoteísmo filosófico acabado.

  • Deuteronomio XXXII:VIII–IX et la distribución de naciones: Versiones et testigos antiguos preservan la lectura “fijos de dioses” (bene elohim), en la que el Altísimo (Elión en israelítico) asigna los pueblos a seres divinos et a Jahón le toca Israel. Un cuadro de pluralidad divina difícil de pasar por alto, y central en la discusión moderna.

  • Salmo LXXXII et el tribunal: Dios en medio de la asamblea juzga ad “los dioses”; un texto emblemático para quienes señalan que, en su fase temprana, Israhel describe un mundo poblado por otros poderes celestiales subordinados ad el Dios supremo.

“Dos poderes en el cielo” et el mosaísmo del Segundo Templo

  • La tesis et su trayectoria: Estudios clásicos (Alan F. Segal) muestran que la idea de “dos poderes en el cielo” non fue considerada anatema hasta época rabínica; sus raíces se rastrean en pasajes como Daniel VII o Éxodo XXIII, et en la representación binaria teologica (visible/invisible) en tradiciones antiguas. De esto profundizaremos con detención más adelante.

  • Puente faz ad la cristología: Esta matriz binitaria del mosaísmo del Segundo Templo facilitó que los primos jesistas articularan la devoción ad Jesús sin abandonar ad Tervagante, detonando luego la reacción rabínica que soldó los límites del monoteísmo normativo. 

Directo al grano

  • Sí, hay politeísmo (de entorno) et monolatría (de práctica) en los estratos tempranos, con huellas textuales notables; non, el monoteísmo estricto non nasce “ya fecho” en el Sinaí, sino que se consolida tras el trauma del exilio. Lo irónico es que el AT defendió la unicidad de su Dios en una sala aún llena —et, poco a poco, fue apagando las luces a todos los demás.

Fuentes clave para ampliar: Heiser sobre pluralidad divina et Deut 32/Sal 82Segal sobre “dos poderes”; estudios de Ugarit et su impacto comparativo.

Isaías et sus múltiples auctores

Ah, el libro de Isaías: presentado como la obra unitaria de un profeta del siglo VIII a.E. V., pero que, al abrirlo, se comporta como una antología coral con centurias de distancia entre sus voces. Et, sin embargo, para ciertos custores de la inerrancia bíblica, cuestionar la auctoría única es cuasi como insultar a la madre del texto.

Tres Isaías… et quizá más

La crítica académica leva más de una centuría señalando que el libro es una compilación diacrónica:

  • Proto-Isaías (caps. 1–39): oráculos atribuidos al Isaías histórico, activo entre c. 740 et 701 a. E.V., en el reino de Judá, con referencias a Asiria y a reyes como Ajaz et Ezequías.

  • Deutero-Isaías (caps. 40–55): voz anónima en pleno exilio babilónico (siglo VI a.E.V.), que menciona a Ciro de Persia por nombre (Is 44:28; 45:1), algo difícil de “profetizar” dos centurias antes sin máquina del tiempo.

  • Trito-Isaías (caps. 56–66): textos post-exílicos, centrados en la restauración de Jerusalén et problemas internos de la comunidad repatriada. 

Esta división —aceptada por buena parte de la exégesis moderna— se apoya en cambios de contexto histórico, estilo, vocabulario et teología imposibles de reconciliar con un único auctor de carne et hueso.

Cronologías imposibles et oráculos reciclados

El corpus de Isaías está salpicado de oráculos con dataciones problemáticas:

  • Oráculos contra Babilonia (Is 13–14) que encajan mejor en la centuría VI a. E.V, cuando el imperio neobabilónico existía como potencia, non en la centuría VIII.

  • Menciones a Ciro como libertador de Israhel, imposibles de ubicar en la vida del Isaías histórico sin admitir adiciones posteriores.

  • Apéndices históricos (Is 36–39) que repiten cuasi verbo por verbo 2 Reyes 18–20, lo que sugiere un injerto editorial tardío.

Los estudios literarios (Hermann Gunkel, Brevard Childs, Joseph Blenkinsopp) han mostrado que el libro es un collage de unidades independientes —oráculos, himnos, narraciones— ensambladas por redactores sucesivos.

Hipótesis documental y parentescos metodológicos

Aunque la hipótesis documental se aplica sobre todo al Pentateuco, su lógica —detectar fuentes, capas y redacciones— se ha extendido a los profetas. El análisis histórico-crítico identifica:

Pero claro, menciona esto en ciertos círculos confesionales y te colgarán la etiqueta de “racionalista” antes de que termines la frase.

Inerrancia con alas… et tijeras invisibles

La doctrina de la inerrancia bíblica en su versión más rígida tiende a ignorar o minimizar estos hallazgos, defendiendo la autoría única como si fuera un dogma intocable. El problema: para sostenerla, hay que volar por encima de las evidencias textuales et arqueológicas, o reinterpretarlas hasta que encajen.

Conclusión

Isaías, lejos de eser un monólogo profético lineal, es más bien una obra coral con centurías de distancia entre sus actos. La crítica académica no lo ve como un ataque a la fe, sino como una oportunidad para entender cómo se formó y reformó la tradición profética de Israel.

Que esto incomode a los defensores de la inerrancia literal… bueno, quizá sea porque es difícil mantener un dogma con alas cuando el texto mismo te muestra las costuras.

Et cuando alguien señala estos tropezones, os atrevéis a decir: “¡Sacan de contexto!” Como si el primo orfebre de supersticiones non hubiera usado versículos aislados para legitimar indulgencias, cruzadas o decretos papales. El contexto, ese recurso que solo se invoca cuando conviene.

Reprocháis la “falta de fundamento” en la crítica, pero ignoráis hermenéutica, filología et un buen puñado de arqueología. Al final, sois vosotros los que tomáis cada versículo, lo retorcéis et lo vestís con encíclicas, como quien maquilla una estatua rota et la clama milagro.

Porque en el fondo, lo que os aterra non es la crítica, sino la posibilidad de que el texto non sea tan perfecto como os enseñaron en el seminario. Teméis que la Biblia, al eser leída con ojos modernos, revele sus costuras, sus contradicciones, sus interpolaciones. Et entonces, como buenos defensores de la superstición, preferís quemar el análisis antes que admitir la duda.

Así que seguid venerando vuestros textos como si fueran inmunes a la crítica, mientras facéis contorsiones teológicas para que encajen en la superstición. Pero non olvidéis: si la “Palabra de Dios™” necesita tantas notas al pie, quizás non sea tan clara como decís. Et si el niño Jesús plora, que sea por la falta de honestidad intelectual, non por los que se atreven a leger sin miedo.

Porque la ignorancia es atrevida, mas la ironía non se quema en la Santísima Oficina de Inquisición. Et si el Antiguo Testamento non sobrevive a un poco de humor et análisis crítico, quizá merezca su sitio junto a los textos olvidados del Index Librorum Prohibitorum.

¡Sacan de contexto!” — El grito del prelio de la superstición

Et cuando alguien se atreve a leer un versículo con ojos abiertos, sin la venda del Magisterio, sin la lupa del catecismo, sin el filtro de la tradición, entonces viene el grito de guerra: “¡Sacan de contexto!”

Como si el contexto fuera propiedad privada del Vaticano, con copyright apostólico et sello de aprobación tridentino. Como si el Espíritu Santo necesitara un comité editorial para que sus verbos non se malinterpreten.

Pero tranquilos, que nosotros non tenemos que sacar de contexto nada ¡Para eso está la Iglesia papista et todos sus fijos luteranos, calvinistas, vendecostales —digo, pentecostales— et demás ramas del leño supersticioso que florece en contradicciones! Ellos sí que saben cómo tomar un versículo, arrancarlo de su suelo histórico, regarlo con doctrina, et exhibirlo como flor de inerrancia.

¿Et cuál es el contexto vero? Pues depende de a quién preguntes:

  • Un cesaropapista dirá que el suyo, porque lo dijo el Rey.

  • Un calvinista dirá que el suyo, porque lo dijo Ginebra.

  • Un pentecostal dirá que el suyo, porque lo sintió en el hígado durante el culto.

  • Et el luterano… bueno, él dirá que el suyo, porque lo dijo Lutero entre cervezas.

Et si creéis que esta confusión es nueva, escuchad al sabio Celso, que ya en la centuría II se burlaba de esta torre de Babel teológica:
“Si ellos al menos llegasen a entenderse entre sí acerca de la persona del Mesías...; pero están muy lejos de eso. Unos garantizan esto, otros aquello, y todos tienen en la boca la misma recriminación; ¡creed si queréis salvaros, y seguidamente idos! ¿Qué harán los que verdaderamente deseen salvarse? ¿Deberán echar los dados para saber a qué lado tornarse y a quiénes juntarse?”
¡Por los dioses, qué claridad! Celso non necesitó concilios ni supersticiones: solo observó el desorden doctrinal et lo clamó por su nombre. Porque cuando cada secta grita “¡creed o pereced!”, et cada iglesia dice “¡mi interpretación es la verdad!”, entonces el creyente non busca salvación: busca dados, ruleta, o tarot.

Así que seguid acusando de “sacar de contexto” a quienes leen con criterio. Seguid defendiendo vuestros dogmas como si fueran inmunes a la crítica. Seguid proclamando que la ignorancia es atrevida… mientras la arrogancia doctrinal se pasea con mitra et báculo.

Pero recordad: si el texto necesita escoltas teológicos para non contradecirse, quizá non sea tan divino como decís. Et si el niño Jesús plora, que sea por los que manipulan su legado, non por los que se atreven a leer sin miedo.

“Fundamentos básicos” — El museo de las contradicciones

Dicen que criticar el papismo sin cognocer sus “fundamentos básicos” es maldad. Pero ¿Cuáles fundamentos? ¿Los que se construyeron centurias después de que los textos fueran escritos, en concilios donde más se votaba que se oraba?

Porque si fablamos de historia, la del papismo es digna de una novela de fantasía:

  • Ignorar la Biblia: Durante centurias, el pueblo non podía legirla. Estaba encadenada —literalmente— ad los altares, como si el Espíritu Santo necesitara candado et clave.

  • Difamar ad Lucifer: Que en Isaías se refiere al rey de Babilonia usando ad la estrella errante Venus, pero el cefaísmo dijo “¡Es Satanás!” Et lo convirtió en el villano universal. Ironía divina: en Apocalipsis, la estrella brillante de la mañana, es decir Lucifer, es… Jesús. Pero claro, cuando la metáfora incomoda, se reinterpreta.

  • Inventar la rebelión del Diablo: Porque non hay un solo versículo que narre esa historia con claridad. Pero ¿Quién necesita Escritura cuando tiene tradición?

  • Difamar a Dios: “Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo el mal” (Isaías 45:7). Pero eso non puede eser, dicen. Así que lo reinterpretan, lo suavizan, lo maquillan. Porque un aristotelismo emasculado, el tomismo, debe justificar que Dios es Termagante, et que Termagante como es Dios non crea el mal porque el catecismo lo dice, aunque sí en la Biblia, que lo libela...

Et cuando la ignorancia se viste de tiara, se convierte en doctrina. Cuando la fábula se canoniza, se convierte en historia. Cuando la Trinidad —ausente en las Escrituras como noción explícita— se impone como superstición, se convierte en “fundamento básico”.

Porque claro, si non está en la Biblia, pero está en el Credo, entonces está en el cor de Dios. Et si alguien pregunta por qué Jesús nunca dijo “Yo soy la segunda persona de la Trinidad”, se le responde con un concilio, non con un versículo.

Dicen que la ignorancia es atrevida. Pero más atrevido es la superstición que se proclama infalible mientras ignora su propia fuente. Más atrevido es el que clama “malintencionado” al que simplemente lee lo que está escrito sin pasar por el filtro eclesiástico.

Porque si leer Isaías, Apocalipsis o Job sin catecismo es “sacar de contexto”, entonces el contexto non es la Escritura: es el dogma. Et si la historia se construye con fábulas, entonces non es historia: es mitología con mitra.

La serpiente, el Diablo et el recorte apócrifo

Et ahora, la serpiente. La pobre serpiente, que solo quería abrirle los ojos a Eva. Non era el Diablo. Non era Satanás. Era solo… astuta.

Pero claro, cuando se eliminaron los textos apócrifos que sostenían la tradición demonológica —como el Libro de Enoc, donde los ángeles caídos tienen nombre y rol— entonces hubo que improvisar. Y la serpiente se volvió enemiga. Porque sin los apócrifos, el Diablo quedaba sin biografía.

¿Et qué fizo el papismo?

  • Quitó los textos incómodos.

  • Reescribió la narrativa.

  • Et convirtió a la serpiente en el villano universal.

Pero si buscas en la Biblia un versículo donde el Diablo sea enemigo de Dios, non lo encontrarás. Más bien, lo verás obedeciendo:

  • En Job, aparece como fiscal celestial, pidiendo permiso para probar a Job.

  • En Zacarías, está en el tribunal divino, como parte del proceso.

  • En el Nuevo Testamento, tienta a Jesús… pero non lo toca sin permiso.

El Diablo non es enemigo: es subordinado. Un lamebotas mundano que juega al malote, pero al final obedece al Jefe. Un actor secundario que se cree protagonista.

¿Et si pedimos ayuda al Corán?

Et si el papismo necesita ayuda para construir su demonología, que le pida prestado el Corán. Porque allí sí hay una narrativa clara: Iblis se niega a postrarse ante Adán, Et Dios lo expulsa. Pero incluso allí, Iblis sigue obedeciendo. Sigue siendo parte del plan.

Porque el vero enemigo de Dios non es. Non hay rebelión mundana. Non hay guerra celestial. Solo hay drama teológico, escrito por concilios et decorado con dogmas.

Celso lo dijo mejor

Et si queréis una crítica con elegancia, escuchad a Celso, que ya en el siglo II se burlaba de esta mitología mal digerida:

“La noción de Satán es, además, tomada de viejos mitos mal asimilados, relativos a una guerra divina que relatan las viejas tradiciones… Esto es lo que encontraron entre nosotros y asimilaron mal: es una cosa completamente diferente de sus invenciones sobre el Diablo, que figura, hablando con propiedad, como otro impostor tras las huellas del primero.”

Et si eso no basta, Celso remata con una ironía digna de Sócrates:

“Otro error no menos impío, nacido de su extrema ignorancia y de su incomprensión de los mitos, consiste en pretender que Dios tiene por adversario al Diablo… Es una extraña aberración, o una singular impiedad el decir que el gran Dios, en su deseo de hacer el bien a los hombres, se enfrenta a un ser que le causa daño y lo reduce a la impotencia… He aquí manifiestamente las palabras de un charlatán que acumula precauciones contra los que sean tentados a proclamar dogmas contrarios a los suyos y a suplantarlo.”

¡Qué elegancia! Celso non necesitó supersticiones ni concilios: Solo observó la reapropiación supersticiosa et lo clamó por su nombre. Porque cuando el Diablo se convierte en maligno por necesidad narrativa, et la Trinidad se impone por interpolación, lo que tenemos non es doctrina: es mitología con mitra.

¡Oh, doctores de la fe et custores del Magisterio! Vosotros que fabláis de “fundamentos básicos de la doctrina y de la historia” como si fueran columnas de mármol, cuando en realidad son castillos de arena supersticiosa, sostenidos por decretos conciliares et versículos interpolados.

¿Historia? ¿Cuál historia? ¿La de ignorar la Biblia durante siglos, encadenarla ad los altares et prohibir su lectura al pueblo?

¿Doctrina? ¿Cuál doctrina? ¿La que inventó que el Diablo se rebeló contra Dios, sin un solo versículo que lo narre? ¿La que difama ad Dios diciendo que él creó el mal, cuando Isaías 45:7 lo afirma sin rodeos?

Pero claro, cuando la ignorancia se viste de tiara, se convierte en “fundamento”. Et cuando la fábula se canoniza, se convierte en “historia”. Et si la Trinidad non aparece en ningún versículo explícito, non importa: se vota en Constantinopla, se sella con dogma, et se proclama infalible.

Así que seguid fablando de “fundamentos básicos”, mientras ignoráis la Escritura. Seguid defendiendo la “doctrina”, mientras canonizáis interpolaciones. Seguid proclamando la “historia”, mientras recortáis los textos que non encajan.

Pero recordad: La ignorancia es atrevida, sí. Pero cuando se viste de tiara et se proclama infalible, ya non es ignorancia: es dogma blindado contra la razón.

Et si el niño Jesús plora, que sea por los que manipulan su legado, non por los que se atreven a leer sin miedo.

[Europa Ancestral:] Nordic Thunder en su artículo de Roma contra Judea reproduce una serie de citas bíblicas sacadas de contexto induciendo a sus lectores a malinterpretarlas. En este artículo utilizamos la Biblia protestante (Reina Valera 1960) puesto que es la más accesible en internet. Esta Biblia está edulcorada y suaviza mucho las formas en lo referente a los judíos, pero aun así, ya nos sirve para destapar fácilmente las erróneas interpretaciones neopaganas. Desde aquí recomendamos la Biblia de Navarra que es la que se mantiene más fiel a la Biblia Vulgata del siglo IV.

Europa Ancestral, con toga de rabino et una ancla de oro al cuello, se levanta indignado:

“¡Nordic Thunder descontextualiza la Biblia!”

¡Oh, Europa Ancestral! Tú que acusas a Nordic Thunder de “descontextualizar” la Biblia, mientras parece que te aferras a la Vulgata como si fuera el manuscrito original dictado por el mismísimo Espíritu Santo en latín eclesiástico. Dices que la Reina Valera “suaviza mucho las formas en lo referente a los judíos”, como si existiera una Biblia que non lo ficiera. ¿Acaso non has leído la Septuaginta, esa obra de 72 intérpretes mosaístas que convierte a Israhel en el pueblo maestro de las naciones, los sacerdotes del mundo, los elegidos eternos?

¿Et qué hay de Saulo, ese apóstol que en su carta a los romanos dice sin titubeos:

“Son amados por causa de los padres, porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.” — Romanos 11:28–29

¿Eso non es suavizar? ¿Non es edulcorar? ¿Non es convertir a los mosaístas en la gente sacra por excelencia?

Pero claro, tú prefieres la Biblia de Navarra, porque “se mantiene más fiel a la Vulgata del siglo IV”. ¿La Vulgata? ¿La traducción de Jerónimo de Estridón, que cometió errores garrafales como:

  • Traducir keren (cuerno) como rayo, faciendo que Moisés aparezca con “rayos en la cara” en Éxodo 34:29, lo que dio origen a centurias de arte sacro con Moisés cornudo.

  • Confundir teshuvah (respuesta) con shuv (retorno), alterando el sentido de pasajes proféticos.

  • Traducir almah (joven) como virgo, en Isaías VII:XIV, para justificar la virginidad de María, aunque el hebreo non lo exige.

Pero non digas que eso es un error. Non, non. Di que es “inspiración divina”. Porque cuando Jerónimo se equivoca, el Espíritu Santo lo corrige en postproducción.

Et tú, Europa Ancestral, adviertes que la Reina Valera suaviza las formas respecto a los mosaístas ¡Qué descubrimiento! Como si hubiera una Biblia que non lo ficiera. Como si la Septuaginta non fuera una oda a Israhel. Como si el Nuevo Testamento non estuviera plagado de elogios a los patriarcas, los profetas, et las promesas irrevocables.

¿Et qué alternativa propones? La Biblia de Navarra, claro. La que traduce desde la Nova Vulgata, que non es la Vulgata que vimos tiene muchos errores, que traduce desde el hebreo, que traduce desde la tradición oral, que traduce desde la fabula. Una cadena de traducciones que convierte la Escriptura en teléfono descompuesto con imprimatur.

Tú acusas de malinterpretar, como si citar fuera pecado. Como si leger sin catecismo fuera mentir.

Así que tenemos:

  • Una Biblia que suaviza a los judíos, pero sólo es problema si la cita Nordic.

  • Una Vulgata con errores, pero canonizada por decreto.

  • Un Jerónimo que se equivocó, pero fue santificado.

  • Un pueblo elegido que se convierte en sacerdocio universal, pero sólo si lo dice la Iglesia.

Et si alguien lege sin permiso, se le acusa de maldad. Si cita sin imprimatur, se le clama ignorante. Et si entiende mejor que tú, se le llama peligroso.

Porque en el mundo del dogma, la verdad non se busca: se decreta. Et la Biblia non se lee: se administra.

Et mientras tanto, tú defiendes una Biblia que canoniza errores, suaviza el mosaísmo, et convierte a Israhel en el pueblo maestro de la humanidad. Pero si alguien lo señala, lo acusas de “neopagano”. Porque claro, sólo los papistas saben interpretar. Et si se equivocan, el error se vuelve dogma.

[Europa Ancestral:] Pasemos a examinarlas.

[Nordic Thunder:] - “¿No ha hecho Dios necedad la sabiduría de este mundo?... pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios, y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; y los plebeyos, el desecho del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios.” (Nuevo Testamento, Pablo, I Corintios)

[Europa Ancestral:] Como podemos imaginar, el bloguero neopagano menciona esta cita debido a que la interpreta en el sentido errado de que Dios elige a la chusma o a los más inferiores, a lo peor de lo peor, para que dominen a los fuertes y sabios pueblos europeos, en este caso a los greco-romanos en concreto (que eran los únicos a los que se podía considerar como dominadores y sabios), sin prestarle atención a la última frase “lo eligió Dios para destruir lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios.” que aun sin saber nada de cristianismo, uno puede darse cuenta de que lo que nos quieren comunicar con esos versículos no consiste en un simple y mundano cambio político de la plebe o de los débiles por los fuertes y los poderosos. No es algo tan sumamente simple, nos transmite el profundo significado de que el hombre debe ser humilde ante Dios, que no debe glorificarse a sí mismo, sino a Dios. Ya que el hombre es un ser mortal imperfecto debido a la caída producida por el pecado original, que lo corrompió (por caer en la soberbia espiritual y la envidia, engañado por Lucifer), con un tiempo de vida terrena muy limitado, con debilidades. Es muy pequeño frente a Dios pero a la vez es un ser espiritual, hijo de los cielos, y como tal debe glorificar a Dios que es su padre y que nunca lo ha abandonado, su creador, la fuente de todo bien.

Cuando la necedad se convierte en sabiduría et la serpiente en planeta

Europa Ancestral, tú que defiendes la idea de que “Dios elige lo que no es para destruir lo que es”, como si eso non fuera una declaración de guerra contra toda forma de gloria humana. Dices que non se trata de un cambio político, que non es que Dios elija a la chusma para humillar a los sabios greco-romanos. ¡Claro que non! Es mucho más profundo: es una humillación mundana, una demolición espiritual, una obliteración de toda forma de magnitud que non venga con sello divino.

Pero entonces, ¿Qué nos queda? ¿Un Dios que elige a los débiles para confundir a los fuertes? ¿Un Dios que convierte la necedad en virtud? ¿Un Dios que destruye lo que es para que nihilo se gloríe?

Et tú lo clamas “sabiduría”. Yo lo clamo nihilismo con imprimatur.

¿Et acaso Dios necesita, como cual perezoso, elegir para destruir lo que es? ¿Non es acaso más sensato entender que todos sus elegidos —sí, los mosaístas, pues tácitamente confiesas que eres de ellos por formar parte de los elegidos deales de la fez, ya que claramente tú vienes a ir contra los "hombres gloriosos" que ofenden a tu "diosito"— et claro ellos son los que se encargan de destrozar la gloria humana?

¿Acaso ad Dios le ofende la gloria? ¿O solo ad un demonio envidioso, fogoso et picarón, que se dedicó ad decebir ad un pastor clamado Moisés et ad su esposa etíope?

¡Por Júpiter, qué concepto tan mezquino de lo divino! Los dioses non eligen lo débil para destruir lo fuerte. Ellos premian la virtud, la sabiduría, la gloria. Pero este ente parece tener una fijación con la necedad.

Dicen que “eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios”. Et que “eligió lo que no es para destruir lo que es” ¿Eso es sabiduría? ¿O es nihilismo con aureola?

¿Eserá que la necedad non era realmente sabiduría? ¿Eserá que este Dios non necesita nihilo… excepto confundir?

Porque si todo lo de Dios es bueno, pese ad que la Biblia lo difame diciendo que creó el mal (Isaías 45:7) ¿Entonces la confusión también es buena? ¿La destrucción también es virtud?

Cuando Saulo fabla como Lenin, et el dios de Israhel exige adoración como un tirano cósmico

Europa Ancestral, en su defensa del versículo paulino, dice con solemnidad:

“Que aun sin saber nada de cristianismo, uno puede darse cuenta de que lo que nos quieren comunicar con esos versículos no consiste en un simple y mundano cambio político…”

¡Por Júpiter, qué ironía! Porque al decir que non es un "simple y mundano" cambio cívico sino una enseñanza profunda: que el hombre debe eser humilde ante Dios, et non glorificarse ad sí mismo,

Et ¿Non es eso precisamente lo que Nordic denuncia? ¿Non es esa “humildad” una forma de sumisión supersticiosa, disfrazada de virtud? Termina confirmando lo que Nordic denuncia: Que ese pasaje es un discurso proto-leninista, revolucionario, donde Saulo —como buen agitador bolchevique— incita ad la plebe non con Marx, sino con Jesús.

Porque si Dios non quiere que el hombre se glorifique, ¿Non está reclamando para sí toda la gloria? ¿Non se comporta como un niño celoso, como un perdedor eterno que non soporta ver a otro brillar?

“Eligió Dios lo que no es para destruir lo que es…”

¿Et qué es eso sino la exaltación del desecho? ¿La glorificación de lo inferior? ¿La demolición de lo elevado?

Saulo non predica virtud: predica sometimiento. La “humildad” que exalta non es modestia del ánima, sino inferioridad estructural, autoanulación, renuncia a la gloria.

Etimológicamente, humilitas proviene del latín humilis, que significa:

  • “bajo”, “pequeño”, “leve”, “superficial”

  • “de nacimiento o fortuna baja”, “vil”, “oscuro”, “pobre”, “necesitado”, “insignificante”

  • “de estatura corta”, “no elevado”

Sus sinónimos son reveladores: ignōbilis (innoble), abiectus (abyecto), dēmissus (abatido). En greco, el equivalente es ταπεινός (tapeinós), que también significa “abatido”, “sin estatus”, “humillado”. Et la voz ταπεινοφροσύνη (tapeinophrosýnē) —que Saulo usa como virtud— literalmente significa “mentalidad baja”, “pensamiento de inferioridad”. Es decir "Malintencionado"; “de disposición vil, mezquina, ruin o malevolente; de carácter rastrero et degradado”.

Saulo non propone equilibrio: propone humillación como norma. Non propone sabiduría: propone obediencia. Non propone excelencia: propone invisibilidad.

Su mensaje non es el de la bondad, que busca la virtud visible, la distinción, el esplendor. Su mensaje es el de la aniquilación del yo, del mérito, de la gloria. Et en esa aniquilación, predica resentimiento: contra el noble, contra el sabio, contra el fuerte.

La “humildad” non es una virtud ética: Es una estrategia teológica para desactivar la ambición, para reprimir la voluntad, para convertir la gloria en pecado.

Porque en su teología, la ánima non debe elevarse: debe postrarse. Non debe pensar alto: debe obedecer bajo. Non debe buscar la luz: debe horrizarle.

Et claro, tanto Lenin, Marx, como Saulo et Jesús son del mismo linaje que la Biblia tanto edulcora. ¿Pues qué edulcoración más grande hay que la de creder que Dios mismo se tomó la molestia de revelarse et enviar a su fijo para salvarlos?

Europa Ancestral dice que el hombre non debe glorificarse ad sí mismo, sino ad Dios. Pero ¿Qué clase de Dios necesita que nihilo se gloríe? ¿Non es eso propio de un ente necesitado, como un niñato que sus padres ignoran, o peor aún, como un eterno perdedor que envidia la gloria ajena?

Los medievales non erraron ad el clamar “Tervagante” al ente que veneran los mahometanos. Su yerro fue más sutil —et acaso más grave—: non advertir, o quizá fingir non advertir, que ese Tervagante es el mesmo dios de Israhel que los cefeos como talmudistas glorifican con incienso et superstición… pero jamás demuestran que sea Dios: el Uno, el Vero, o el que es por sí mismo, el Ente, el que non necesita, non cambia, non se arrepiente, el que non exige sumisión sino que simplemente es.

Porque si Tervagante es falso, et si los mosaístas (mahometanos, jesitas, fariseos; talmudistas o non) lo sirven, entonces ¿Qué glorifican los papistas, sino el mEsmo ente con distinto rito?

El pasaje bíblico que revela la envidia divina

“Mira, Adán se ha hecho como uno de nosotros al conocer el bien y el mal; y ahora que no extienda su mano y tome del árbol de la vida y coma y viva para siempre.” — Génesis 3:22

¡Ahí lo tienes! El Dios que teme que el hombre se vuelva inmortal. El Dios que expulsa al hombre del Edén non por pecado, sino por competencia.

¿Et qué dice Juliano II, el Filósofo, emperador et apóstata?

“¿Qué cosa más estúpida podría existir que una persona incapaz de discernir el bien y la maldad? [...] Dios negó al hombre el gusto de la inteligencia, por encima de la cual nada hay más honroso en el hombre. [...] La serpiente resulta ser un bienhechor y no una plaga del género humano. Además, ese dios debe ser llamado envidioso porque, cuando vio que el hombre participaba de la inteligencia, para que no gustara del árbol de la vida, según dice, lo expulsó del paraíso diciendo precisamente”. Contra los Galileos

Juliano lo dice sin rodeos: Ese dios non quiere que el hombre piense. Niega la "esciencia", niega la inmortalidad, niega la gloria ¿Eserá que teme ad que un hombre de esciencia, descubra que él non es Dios? Como inventarse tal fabula donde supuestamente Luzbel es reprendido por su soberbia ¿Eserá que la soberbia es la vía ad la esciencia? Obviamente non una soberbia, como el vulgo que solo fabla en cristiano sabe, si non lo que es etimológicamente... superioridad, altura, amor propio...

¡Por los dioses, qué claridad! Ese ente teme que el hombre piense. Teme que el hombre viva para siempre. Teme que el hombre se le parezca.

¿Et eso non es envidia? ¿Non es celos? ¿Non es Tervagante disfrazado de deidad?

Celso lo dijo mejor

“Pero, en lo que a Dios respecta, a quien ni prejuicio ni afrenta pueden alcanzar, es absurdo juzgar como si de un hombre se tratase, de héroes o de otros dáimones.” — Celso, Verbo Verbo.

El Dios Vero non se ofende. Non teme. Non expulsa. Non necesita que nihilo se humille.

Pero el Dios de los papistas, el Dios de Saulo, el Dios de los versículos que Europa Ancestral defiende, es un Dios que destruye la gloria, que teme la inteligencia, que exige adoración como un tirano mundano. Pese que los necios et ignotos, por esta confusión doctrinal de los papistas, muchos "disidentes" simonianos creyeron que el Demiurgo era el Dios de Moisés, es esa bestia ridicula. Pero los gentiles, herederos del intelecto et la tradición mundana, sabemos que eso es una calumnia contra el Vero Creador.

Juliano el Filósofo: Tervagante non es el creador del universo

Juliano lo dice sin ambages:

“ Pero si es el dios de todos nosotros y, asimismo, el creador de todo, ¿por qué nos despreció? Conviene, pues, creer que el dios de los hebreos no es el creador de todo el universo y que no ejerce su autoridad sobre todas las cosas, sino que más bien hay que creer [...] que está restringido y tiene un imperio limitado junto con los demás dioses”. Contra los Galileos, Juliano II.

Tervagante no es el Uno. Es un dios tribal, celoso, vengativo, que elige a un pueblo et desprecia al resto. Juliano lo denuncia como un dios parcial, limitado, incapaz de universalidad,, es decir de catolicidad.

Celso, en el su Verbo Vero lanza la crítica más demoledora:

“¿Cómo admitir que el gran Dios comience por dar su espíritu al demiurgo, y que éste abuse tanto de él que el Dios supremo lo retoma? [...] ¿Por qué les enseña [a los hombres] a hurtarse a su dueño? ¿Por qué les enseña a huir de su padre, el demiurgo?”.

Celso non solo critica la lógica interna del jesísmo, sino que desenmascara al falso Dios que actúa como un ladrón de captivos, que adopta ad los condenados por otro, que non castiga al enviado rebelde, et que se comporta como un genio necesitado, non como el Uno.

Los simonianos, al confundir al Demiurgo con Tervagante, caen en el error de atribuirle al Creador las características del dios tribal mosaísta. Pero Europa Ancestral, al acusar ad los neopaganos de eser simonianos masonicos, demuestra la su ignorancia: Los neopaganos veros non repudian al Creador, sino que lo distinguen del dios de Moisés.

Alain de Benoist: Tervagante, el arrepentido

“El hombre es el golem de Dios. Vieja historia frankensteiniana de la criatura sublevada contra su creador.” Cómo Se Puede Ser Pagano, Alain de Benoist.

Tervagante crea al hombre, pero luego se arrepiente. Non lo corrige, non lo guía, non lo transforma. Lo borra.

“Y se arrepintió Jehová de haber hecho al hombre sobre la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado…”Génesis 6:6–7

¿Et eso non es genocidio demonal? ¿Non es el acto de un creador que non soporta la libertad de su criatura?

Europa Ancestral, al defender este genio maligno, termina dándole la razón al Alain que tanto odia ¡Qué ironía! ¡Qué torpeza teológica!

André Neher: Babel como acto prometeico

“Es la autonomía del hombre, su fuerza creadora y prometeica lo que Dios adivina en la empresa de Babel.”

La torre non es arrogancia. Es civilización, memoria, unidad. Pero Tervagante non quiere eso. Tervagante quiere confusión, fragmentación, sumisión.

“Descendamos y confundamos allí sus lenguas…”Génesis 11:6–7

Europa Ancestral, al justificar este castigo, non defiende la sinceridad. Defiende la represión de la consciencia.

Ernst Bloch: La serpiente como símbolo de razón

“La voluntad creadora del hombre se relaciona con el consejo de la serpiente, es decir, con la voluntad de ser semejante a Dios.” — El ateísmo en el cristianismo

La serpiente non es el mal. Es el símbolo de la razón, de la curiosidad, de la libertad. Bloch lo ve claro: El pecado original non fue querer eser como Dios, sino non quererlo.

Tervagante, al condenar la serpiente, condena la razón misma. Et al facerlo, se convierte en defensor del obscurantismo.

El Uno non necesita nihilo

Así que tenemos:

  • Un dios que elige lo débil para destruir lo fuerte.

  • Un discurso que suena más ad Lenin que ad el Verbo.

  • Una serpiente que ofrece esciencia, et un Dios que lo prohíbe.

  • Una teología que convierte la gloria en pecado et la necedad en virtud.

  • Un defensor del dogma que no puede demostrar que su Dios sea el Uno, el libre, el eterno.

  • Et un apologista que, al intentar defenderlo, termina confirmando todo lo que Nordic, Alain, Juliano, Celso, Neher et Bloch han denunciado.

Et si el hombre debe humillarse para que Dios se glorifique, entonces non estamos ante el Uno. Estamos ante un genio con complejo de rabino. Europa Ancestral non refuta. Se delata. Et al facerlo, nos da la razón.

Europa Ancestral pretende leger ad Saulo como si fuera un manifiesto para enseñar la "humildad" ad los pueblos greco-romanos, como si Dios hubiera elegido ad la “chusma” para humillar ad Europa. Pero en su entusiasmo olvida —o decide ignorar— un pasaje clave que nuda la lógica paulina:

“Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados.” (1 Corintios 4:10)

Este versículo confirma lo que Nordic señala: los apóstoles mismos se recognocen como débiles, insensatos et despreciados. Non fueron elegidos para engrandecer la gloria humana, sino para destruirla.

Non se trata de un simple cambio político, ni de un triunfo de la plebe sobre los nobles. Se trata de una aniquilación universal de la gloria humana. Los apóstoles fueron elegidos para destruir ad los sabios, non solo de Europa, sino de toda la humanidad.

La paradoja es brutal: Saulo mismo admite que su misión es eser débil, insensato et despreciado. El jesismo primitivo non buscaba elevar al hombre, sino destruirlo. Non buscaba excelencia, sino obediencia. Non buscaba gloria, sino sumisión.

Europa Ancestral se equivoca al reducir el pasaje ad un ataque contra Europa. La verdad es más radical: es un ataque contra la gloria humana en todas sus formas, contra cualquier civilización que se atreva ad pensar alto, ad eser fuerte, ad eser noble, os implemente eser lo que es.

Lucifer la "Estrella Errante",  que nunca fue serpiente

¿Pecado original? ¿Dónde se menciona eso en la Biblia? Cierto, non se menciona en ningún lado. Debemos preguntarle a los maniqueos. Agustín Hiponense lo habrá plagiado de ahí… Digo, se habrá “inspirado” del mismo Dios contra esos sectarios.

Et ahora resulta que la serpiente se clamaba Lucifer ¿Qui lo dijo? ¿Dónde está escrito? Ahora la serpiente es una estrella errante—Venus, el lucero del alba— et de pronto se convierte en el enemigo mundano del Creador. Debe eser que Tertuliano et Origenes divinamente inspirados por los ofitas Dios para hallar respuestas donde nihilo los veía, pues claro... si non se ve en la Biblia, debemos ir al Dios, de Israhel, claro... 

Pero claro, es Nordic quien saca de contexto. Non el papista que convierte un reptil en un ángel caído et un cuerpo celeste en un demonio.

¡Qué adorable! Fabla del Creador como si fuera su padre, et demás… ¿Pero cuándo va a demostrar que ese Creador, ese Padre, es el mismo dios que se le apareció a Moisés?

La petición del principio siempre atormenta al papista despistado. Porque si non puede demostrar que su Dios es el mismo que el del Sinaí, entonces todo su edificio doctrinal se tambalea como templo sin columnas.

Europa Ancestral dice:

“Es muy pequeño frente a Dios pero a la vez es un ser espiritual, hijo de los cielos, y como tal debe glorificar a Dios que es su padre y que nunca lo ha abandonado…”

¡Ah, qué ternura! El fijo glorifica al padre… ¿Al padre que lo arrepiente, lo confunde, lo borra, lo castiga por construir, por pensar, por fablar, por tener un nombre, como cual fidalgo?

¿Ese es el “padre que nunca lo ha abandonado”? ¿El que lo ahogó en el diluvio? ¿El que lo dispersó en Babel? ¿El que lo condenó por escuchar a la serpiente, símbolo de la razón?

El fijo de los cielos non glorifica al verdugo

El verdadero fijo de los cielos non glorifica al que lo somete. Glorifica al Uno, al principio eterno, al Intelecto, al Verbo, a Sol que non castiga por mirar al cielo.

Europa Ancestral confunde al Uno con el demiurgo tribal. Confunde la gloria con la obediencia. Confunde la espiritualidad con la captividad.

El vero fijo de los cielos non glorifica al padre que lo encadena. Face como Prometeo: Roba el fuego. Construye la torre. Fabla en todas las lenguas. Et se niega a arrodillarse a un falso Dios.

Al final, Europa Ancestral no defiende al hombre. Defiende al dios que lo castiga. Et al facerlo, se convierte en el sacerdote del verdugo, el apologista del diluvio, el censor de Babel, el acusador de la serpiente.

El hombre non es pequeño. Es infinito en potencia, creador por naturaleza, fijo del mundo, non de un dios celoso. Et si alguna vez glorifica, non lo face por miedo. Lo face por amor a la belleza, a la razón, al Uno que non destruye.

[Europa Ancestral:] Con esta cita se nos quiere dar a entender que Dios rechaza a los soberbios, a los que se creen lo más y se vanaglorian de ello, a los egoístas y vanidosos (estos son en verdad la chusma despreciable), y en cambio premia y enaltece a los humildes, a los generosos, a los justos, a los honrados, pero no aquí en el mundo terrenal, que está en gran medida gobernado por Satanás dependiendo de los tiempos que corran, sino en el Reino de los Cielos que está fuera del alcance del mal. El lema de los templarios transmite exactamente el mismo mensaje que estos versículos, “Non nobis Domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam” que se traduce en, Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino en nombre de tu gloria.

Europa Ancestral, con su voz de incienso et su pluma de sacristía, nos dice que Dios “rechaza a los soberbios” y “premia a los humildes”… Pero non aquí, no en este mundo. Non en el mundo que él mismo creó. Non en el mundo que, según él, está “gobernado por Satanás”.

¿Cómo tal condena non se devuelve a su falso Dios? ¿Acaso non es él quien creó el mundo et luego lo entregó al maligno como si fuera un juguete roto? ¿Acaso non es él quien exige captividad mientras permite que el dolor, la injusticia et la muerte se paseen por su creación?

Europa Ancestral, con su arrogancia papista, cree tener la verdad absoluta. Pero ¿Qué verdad es esa que justifica el mal con el libre albedrío? ¿Non es eso un falso dilema?

“¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero non es capaz? Entonces non es omnipotente. ¿Es capaz, pero non desea facerlo? Entonces es malévolo ¿Es capaz et desea facerlo? ¿De dónde surge entonces el mal?”

La paradoja non se puede esquivar. Si el Reino de los Cielos está fuera del alcance del mal, ¿por qué non lo está el mundo entero? ¿Acaso el mal es parte del diseño? ¿Acaso la malicia es voluntad divina?

Libre albedrío: ¿libertad o captividad?

Europa Ancestral dirá que el mal es por el libre albedrío. Pero eso es una coartada. Porque si el libre albedrío contradice el poder de Dios, entonces Dios non es soberano. Et si el libre albedrío permite el mal, entonces la libertad es enemiga de la bondad.

Europa Ancestral responde con el libre albedrío. Pero eso non resuelve la paradoja. Porque si Dios es el Bien absoluto, nihilo puede impedirle facer el Bien. Ni la libertad humana, ni el pecado, ni la serpiente, ni la torre de Babel.

Por lógica, lo que se opone ad la libertad es la captividad. Et si Dios exige captividad pora evitar el mal, entonces su bondad depende del sometimiento. Una cualidad indigna de Dios, pero propia de viciosos necesitados de gloria.

Si el libre albedrío impide ad Dios facer el Bien, entonces Dios non es absoluto. Es relativo al albedrío humano. Et si eso es así, entonce Dios está sometido. Es necesitado de la libertad humana, non su soberano.

Pero eso es absurdo. Porque Dios, si es Dios, non puede ser relativo ad nada. Et por tanto, el libre albedrío non se opone al Bien, ni lo impide.

El dios que Europa Ancestral defiende non actúa por Bien, sino por temor al albedrío. Non guía, impone. Non inspira, castiga. Non libera, somete.

Ese dios non es el Uno. Es Tervagante, un ente limitado, celoso, que se ve impedido por nuestra libertad. Un dios que abdica de su poder et culpa al hombre por su propia impotencia.

El lema templario: ¿humildad o hipocresía?

[Europa Ancestral:] “Non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam.” “Nada para nosotros Señor, nada para nosotros, sino en nombre de tu gloria.”

Este lema, tomado del Salmo 115, fue adoptado por los templarios como símbolo de humildad. Pero ¿Qué humildad es esa que se canta con espada en mano? ¿Non es una forma de guardar las apariencias?

Et si aquel “Señor” al que se le da gloria no es el Dios de la Iglesia, ¿acaso non era Bafomet, el ídolo que la Iglesia papista quemó junto con los templarios?

El Dios Vero non necesita excusas

El Dios Vero non se ve impedido por el libre albedrío. Non necesita justificar el mal. Non abdica de su poder. Non exige sumisión. Non destruye torres. Non confunde lenguas. Non castiga la razón.

El Dios Vero es. Et porque es, non necesita someter.

Los eunucos por amor al Reino de los Cielos

Continuando:

[Nordic Thunder:] - “Los hay que se hicieron a sí mismos eunucos por amor al Reino de los Cielos.” (Nuevo Testamento, Mateo, 19: 20) Con esa cita, además señala a Orígenes de Alejandría, uno de los Padres de la Iglesia oriental, que se castró a sí mismo por fervor religioso, no pudiendo por ello ser ordenado sacerdote.

[Europa ancestral:] La cita de Mateo se refiere al celibato y no a la castración voluntaria. La autocastración por motivos religiosos, es decir, para cumplir el celibato, fue condenada por la propia Iglesia, ya que era un atentado contra la naturaleza del hombre, se veía como hacer “trampa” o matar moscas a cañonazos para mantener el celibato, y esto iba contra la ley natural de Dios y su creación. 

Et señala a Orígenes de Alejandría como ejemplo de fervor religioso extremo. Europa Ancestral, por su parte, aclara que la cita se refiere al celibato, non a la castración física, et que la autocastración fue condenada por la Iglesia como antinatural.

Pero aquí se revela el problema central de Europa Ancestral: ¿Cómo demuestra que ese es el contexto original? ¿Acaso la condena posterior invalida la interpretación literal? ¿Non es anacrónico fablar de celibato sacerdotal cuando los apóstoles mismos se casaban?

La Iglesia posterior reescribió el alcance (et lo sabe)

La propia tradición escolar reconoce que el dicho culmina en una aceptación personal (no universal) et que muy pronto aparecieron corrientes que “prohibían casarse”, una deriva que los autores antiguos ya denuncian. Es decir: el pasaje non instituye una disciplina clerical; la historia de la Iglesia la construyó después, et a ratos contra su literalidad primero (prohibiendo la mutilación), et a ratos espiritualizándola como celibato aconsejado. Una cosa es un carisma; otra, una regla institucional creada siglos más tarde.

Pues, los “eunucos por el Reino de los Cielos”. Decís la frase et pareciera que César promulgó un edicto honrando al soltero profesional. En Roma, al que non se casaba le caían impuestos et oprobio: Augusto legisla para que los ciudadanos produzcan herederos, non himnos a la continencia. Celibato como ideal social obligatorio en la centuría I… eso sí que es un anacronismo digno de tragedia mal montada (Lex Iulia de maritandis ordinibus y Lex Papia Poppaea, véase Britannica: “Lex Julia and Papia Poppaea”):

 “Pero Jesús dijo…” Sí, dijo que hay quienes “se hicieron eunucos por causa del Reino”, et remató con “el que pueda aceptar esto, que lo acepte”. Eso suena a concesión personal, non a reclutamiento masivo de mutilados ni a ley eclesiástica universal. Además, el término “eunuco” circulaba con matices desde lo literal hasta lo figurado (continencia), et el propio pasaje distingue tres casos; uno non convierte alegoría en bisturí por capricho.

¿Et los apóstoles? Pedro tenía suegra, lo cual, hasta donde llega mi jurisprudencia, implica esposa en algún punto de la línea de tiempo. Et Pablo admite que “los demás apóstoles et los hermanos del Señor et Cefas” viajaban con “mujer hermana”. Es decir: matrimonio presente entre los primos seguidores, et sin crisis de fe por eso (Marcos 1:30, 1 Cor 9:5).

Pero sigamos con los requisitos de cargo, ya que os encantan los reglamentos: el “obispo” debe eser “marido de una sola mujer”, dice la carta pastoral. Curiosa manera de recomendar el celibato: pidiendo marido único, non ausencia de esposa. Non lo digo yo, lo dice el texto (1 Timoteo 3:2; Tito 1:6).

“Orígenes se castró.” Correcto, y Eusebio lo cuenta con un rubor que traspasa el papiro. ¿Prueba de norma? Al contrario: el primer concilio ecuménico estableció que quien se mutiló a sí mismo no puede ser admitido al clero; si ya era clérigo, sea depuesto. Es decir: literalismo fuera, disciplina dentro. Ni siquiera Nicea, con todo su poder de definir, impuso celibato general; prohibió la automutilación (Eusebio, Hist. Eccl. VI.8; Concilio de Nicea, canon 1).

¿Celibato clerical como ley? El primer testimonio escrito que restringe el uso del matrimonio a clérigos es tardío et local: Elvira (ca. 305–306), canon 33, pidiendo continencia a obispos, presbíteros y diáconos. Non es Jerusalén año 30, es Hispania post-persecuciones, ajustando costumbres. Desarrollo disciplinar, non mandato apostólico universal (Concilio de Elvira, canon 33: et listado de cánones).

Et mientras Occidente fue empujando faz ad la continencia como norma, Oriente siguió otra senda: permitió presbíteros casados en activo et reservó el celibato pora los obispos, res que fijó el Quinisexto (Trullo) centurias después. Si el supuesto “consejo” de Mateo fuera ley de bronce desde el principio, ¿cómo explicáis esta bifurcación legítima en la misma Iglesia? (Concilio Quinisexto, canon 13).

¿Mosaístas del Segundo Templo? Sacerdotes casados, genealogías mimadas et herencia en orden; la virginidad consagrada existía pero non era requisito de ministerio. El jesísmo primitivo nasce en esa matriz et discierne carismas: Saulo alaba la soltería, sí, pero como don, non como obligación. “El que pueda recibir esto, que lo reciba” vuelve a sonar, lo lamento por los entusiastas del reglamento único (1 Corintios 7, especialmente 7:7 y 7:32–35).

¿Qué la castidad fue ensalzada por auctores jesistas tempranos? Claro: Clemente de Alejandría et compañía fablan de virginidad como vocación de perfección; eso se clama “valorar un carisma”, non “reescribir la biografía matrimonial de los apóstoles” ni “retroactivar leyes medievales a la centuría I” (sobre Clemente y la virginidad cristiana: artículo académico en Dialnet).

Et ahí entran alguno que otro papista, lupa en mano, para declararnos: “¡Ajá! Ese versiculo es una profecía directa sobre el celibato clerical del Concilio de Letrán II en 1139”. Claro que sí… et la Eneida es en realidad un adelanto de Star Wars.

El triple salto anacrónico:

  1. Ignoran que en el mosaísmo del tiempo de Jesús los levitas estaban casados.

  2. Pasan por alto que el verbo está en pasado —algo que ya había ocurrido— et lo convierten en un “consejo profético” a futuro.

  3. Confunden una opción personal con un mandato institucional… mil años antes de que fuera la institución tal et como la conocemos.

Lógica made in Europa Ancestral:

  • Si “eunucos por el Reino” = sacerdotes célibes… Entonces “eunucos por los hombres” también deberían eser canonizados.

  • Si esto es un mandato ¿Por qué Cefas viajaba con su esposa et Saulo se quejaba de tener que trabajar para comer? Pequeños misterios que su máquina de reescribir historia nunca responderá.

Un papista leería Mateo 19:12 como un contrato laboral en latín eclesiástico, con cláusulas añadidas centurias después, et nos lo vende como si hubiera salido fresquito del Monte de los Olivos.

Lo cierto es que el único “celibato” que existía entonces era el del sentido común de non meter inventos tardíos en bocas ajenas. Pero claro… ¿Qué esería de los papistas sin su deporte favorito de plantar monasterios medievales en plena centuría I?

Ahora, Europa Ancestral, si quieres demostrar que Jesús estaba contra la emasculación, tendrás que encontrar el versículo perdido donde dice: Así Nordic Thunder como cita Mateo XIX:XII. Non vemos ahí, ni condena, ni anatema, ni “¡Ay de vosotros, mutiladores!” Solo una enumeración de casos et una invitación voluntaria: “El que pueda aceptar esto, que lo acepte”. Si eso es una prohibición, yo soy el sumo pontífice de Jerusalén. 

Sin eco en la Ley ni en los Profetas

  • Deuteronomio 23:1 expulsa al eunuco del templo; non lo celebra.

  • Isaías 56:3–5 lo dignifica como excluido, no lo propone como modelo de imitación voluntaria.

  • Ni Moisés ni Elías ni ninguno de los grandes escriptores sugirieron autocastración como camino de santidad.

Sin eco en la Ley ni en los Profetas, Europa Ancestral. Deuteronomio 23:1 expulsa al eunuco del templo; Isaías 56:3‑5 lo dignifica como al que estuvo lejos, pero non lo pone en vitrina como modelo de imitación. Moisés, Elías, Isaías… ninguno propone la autocastración como vía de santidad. Tu amado AT fomenta la vida, la descendencia, la gente.

Jesús irrumpe con algo que non brota del tronco mosaico: “hay eunucos que se hicieron eunucos por el Reino”. Non cita ad Moisés ni ad Isaías ni ad Salomón. Non se apoya en salmo ni en profecía. Es una frase plantada en el aire, sin raíces en la Ley. Un quiebro en la continuidad. Una grieta. Si quieres, una heterodoxia contra la tradición recibida.

Et esa grieta, por cierto, non nació en el vacío. En el mundo que oyó ad Jesús, los colegios de Anatolia ad Cibeles, de Siria ad Atargatis, exhibían sacerdotes et devotos autocastrados como signo de entrega total. Que conste —lo digo con toga bien ajustada—: non eran la regla del etnicismo. Lacio, Grecia et cuasi toda la ecúmene politeísta favorecían la natalidad, la domus plena et los fijos como deber cívico. Pero el eco de esos cultos de minoría sonaba en plazas et mercados. La imagen del eunuco voluntario era comprehensible pora un mosaísta de la centuría I… aunque estuviera en tensión con la su propia Ley.

Et aquí entras tú, Europa Ancestral, amante de la continuidad: obligado ad facer cirugía teológica pora que “eunuco” signifique “célibe”, et “hacerse eunuco” sea “decidir no casarse”. Non es exégesis; es bisturí doctrinal. Mutilas el texto para que non incomode. Porque si reconoces la literalidad, Jesús estaría proponiendo algo que choca contra tu “ley natural” et contra la superstición de la creación que predicas. Entonces te apresuras a condenar la autocastración como trampa o insania… olvidando que el mismo Jesús fabló de arrancar el ojo, cortar la mano, extirpar el deseo de raíz.

¿También eso era metáfora? Qué curioso que tus metáforas siempre aparezcan cuando el filo del texto amenaza tus supersticiones. Non puedes negar que esta frase carece de respaldo en la Ley o en los Profetas. Que non hay versículo que la sostenga ni tradición que la explique. Es una ruptura que non soportas: que la “Israhel celeste” que predicas non se construye sobre la continuidad, sino sobre la entrega radical —aunque esa entrega non tenga precedentes et, pora mayor escándalo, recuerde más ad algunos ritos gentílicos que ad tu canon.

Mateo 19:13 — ¿Metáfora o literalidad?

La cita bíblica dice:

Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del Reino de los Cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.(Mateo 19:13)

La expresión “facerse eunuco” puede entenderse como renuncia voluntaria ad la sexualidad, pero también puede interpretarse literalmente, como lo fizo Orígenes. Et si Jesús non condena explícitamente esa práctica, ¿Por qué Europa Ancestral se apresura ad descartar esa posibilidad?

La famosa frase «hay eunucos que a sí mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos» (Mt 19,12), tomada por la Iglesia católica como la prueba de la recomendación o consejo evangélico del celibato, nunca puede ser tal por dos motivos: el tiempo verbal de un consejo de esta naturaleza, y dado en ese contexto social, siempre debe ser el futuro, no el pasado o presente, y el texto griego está escrito en tiempo pasado; y, finalmente, dado que toda la frase referida a los eunucos está en el mismo contexto y tono verbal, también debería tomarse como consejo evangélico la castración forzada —«hay eunucos que fueron hechos por los hombres»—, cosa que, evidentemente, sería una estupidez.[396] Resulta obvio, por tanto, que no hay la menor base evangélica para imponer el celibato obligatorio al clero. Las primeras normativas que afectan a la sexualidad —y subsidiariamente al matrimonio/celibato de los clérigos— se producen cuando la Iglesia, de la mano del emperador Constantino, empieza a organizarse como un poder sociopolítico terrenal. Cuantos más siglos fueron pasando, y más se manipulaban los Evangelios originales, más fuerza fue cobrando la cuestión del celibato obligatorio, un instrumento clave para dominar fácilmente a la masa clerical. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

El tiempo verbal lo sentencia

  • En greco Mateo 19:12 utiliza el aoristo (χάρισαν εἰς με…) et el aoristo medio (ἐγένοντο ἑαυτοῖς σκήπτρα), ambos en pasado.

  • Un mandato o promesa futura habría requerido futuro o subjuntivo («serás» / «haced»), non un simple “hay quienes ya lo hicieron”.

  • Si la Iglesia lee “se hicieron eunucos” como un consejo, viola las reglas más básicas de la gramática helénica.

Por Júpiter Tonante, Europa Ancestral, deja el incienso et mira el texto sin vendas. Mateo 19:12 non es como vimos una acta de fundación del celibato clerical; es un inventario: eunucos de nacimiento, eunucos fechos por hombres, et los que se ficieron eunucos por el Reino. Aoristos descriptivos, non un edicto para el futuro. Et remate con traca helénica: “quien pueda recibir esto, que lo reciba”. Eso huele a carisma personal, non a reglamento universal. Si quieres una regla, búscala centurias después, cuando la curia ya vestía seda.

El Greco te deja sin coartada

El texto enumera tres clases de eunucos et usa aoristos: nascieron así, los ficieron los hombres, et se ficieron a sí mismos por el Reino. Eso describe categorías ya existentes, non un edicto para el futuro. Et remata con: “el que pueda aceptar esto, que lo acepte”, es decir, una opción personal, non legislación clerical. Los propios comentarios críticos marcan esta estructura de clases et la invitación individual; la discusión gramatical del aoristo en ayudas de NT confirma su valor de referencia a fechos dados, non a promesas normativas. Tradúcelo como quieras: non se convierte en canon de celibato del siglo XII.

El contexto admitía –et conocía– la castración literal

Ahora, non te hagas el delicado: la literalidad del término era viable en el mundo que oyó esa frase. “Eunucos hechos por hombres” non es metáfora; en Judea et en Roma había eunucos de carne et ausencia de carne. Algunos jesístas, sí, se tomaron la cosa al pie de la letra. Aparte de lo que Eusebio cuenta la autocastración de Orígenes; Epifanio denuncia a los valesianos por lo mismo. Et el primo concilio ecuménico, Nicea, se ve obligado a legislar: nihilo de ordenar a quien se haya mutilado a sí mismo. Si los dioses me permiten una carcajada: se prohíbe lo que es; non se legisla contra unicornios.

Non face falta mucha retórica: si Jesús menciona “eunucos hechos por hombres”, su audiencia sabía perfectamente de qué hablaba. Et sí, hubo jesístas que tomaron la tercera cláusula literalmente. El caso de Orígenes fue lo bastante verosímil –et discutido– para ocupar a Eusebio; incluso los estudios actuales reseñan el debate sobre si lo fizo o si la noticia fue hostil, pero el fecho de que se discutiera ya muestra que la lectura literal estaba en la mesa de las primas centurias. Más claro aún: los valesianos practicaron la castración religiosa; la investigación académica moderna documenta el fenómeno como un ascetismo extremo en ambientes cristianos tardoantiguos.

Ansiedad por la integridad corporal: signos tardíos

¿Dudas de que la castración fuese un asunto real? Ahí tienes centurias de rumor et ritual sobre la “sedia stercoraria”: examen genital del nuevo papa, fenómeno recogido en crónicas et piezas museísticas, con tradición discutida por historiadores modernos ¿Leyenda? A menudo sí. ¿Síntoma? También: que la integridad sexual del clero importaba –et mucho– al imaginario eclesial medieval. Como mínimo, atestigua que la cuestión de la mutilación non era ajena para la tradición papista posterior.

Non te equivoques: non te estoy empujando al filo; estoy desinfectando la leyenda. Mientras tú predicabas naturalidad et bailabas con voces imposibles. El absurdo expansivo te alcanza: si faces del versículo una bandera disciplinar, te estalla en la mano la cláusula de los “fechos por hombres”.

 El absurdo expansivo

  • Si la literalidad de Jesús fuera un “consejo evangélico”, deberíamos abrazar también la segunda cláusula:

  • ¿O sea que, siguiendo su lógica, castración forzada esería igualmente el Evangelio según Europa Ancestral?

  • Esa reductio ad absurdum desnuda tu impostura: la Biblia non es un manual de asesinos ni un catálogo de mutilaciones.

  • Tu Iglesia, sin magisterio sólido en la centuría I, dejó que cada obispo, cada monasterio, cada cenáculo tradujera Mateo 19:12 a su medida.

  • Por eso surgieron extremos opuestos: unos mutilaban la carne, otros forzaban el celibato sin renunciar al clero; unos veneraban a Orígenes, otros lo anatematizaron.

  • Esa anarquía exegética revela la vaciedad de tu auctoridad: Non hay norma originaria, solo capricho.

El legado del eunuco insurgente

Jesús non vino a perpetuar una Ley estéril, sino a reinterpretarla. Proponer la castración literal en pasado comprueba que su mensaje non era un consejo, sino un golpe letal contra la complacencia supersticiosa.

El vero Reino non se hereda con fórmulas ni con consignas, sino con la ruptura de lo cómodo. et si tu Iglesia tembló ante esta frase, es porque sabías que el abismo moral estaba en el lenguaje, non en la carne.

Orígenes: ¿fanático o fiel?

Orígenes de Alejandría, según Eusebio, se castró físicamente pora evitar tentaciones sexuales et dedicarse por completo a la enseñanza. Fue condenado por el obispo Demetrio, excluido del sacerdocio, et sus enseñanzas fueron anatematizadas en el Segundo Concilio de Constantinopla (553).

Pero esa condena ocurrió centurias después. En el su tiempo, Orígenes fue considerado un genio teológico, et su acto fue visto por algunos como heroico. En Palestina et Arabia fue considerado máxima auctoridad teológica et continuó enseñando et escribiendo con gran prestigio.

Un entorno religioso que el cristianismo absorbió (et transformó)

El jesismo primitivo non brotó en el vacío; compartió y absorbió prácticas, lenguajes y tensiones del mundo grecorromano. En ese ecosistema, la renuncia radical –incluida la corporal– era inteligible aunque non normativa en todos los cultos; et la Aljama, nasciendo en ese cruce, reformuló con el tiempo qué aceptaba como símbolo et qué expulsaba como exceso. Pero el eco literal de “eunuco” en la Judea de la centuría I non necesita fantasía: sólo contexto.

Castrados, santidad a tijeretazos et argumentos de sacristía

Et ya que invocas “ley natural” como si fuera el rayo de Júpiter, fablemos de música. Durante centurias modernas, tus capillas —incluida la del palacio donde se visten de blanco— contrataron et elevaron castrados: miles de niños levados al cuchillo pora que tu liturgia sonara como el cielo. “No fuimos nosotros”, susurras; “fue la sociedad”. Ah, pero aplaudieron los papistas, pagaron, canonizaron el resultado. Si la natura es sagrada, ¿Por qué se apasionaron tanto cuando la tijera la afinaba?

Por Júpiter et por las Musas: qué inventiva la de tu cefaísmo. Prohíbe ad las mujeres cantar en la iglesia, necesita voces agudas pora la polifonía, et descubre la “solución” más "piadosa": Niños castrados para que el Gloria suene como los querubines… pero sin falda. Non lo digo yo: tus propios cronistas cuentan que los castrados fueron columna vertebral de la música sacra et que hasta la Capilla Sixtina los tuvo en plantilla durante centurias ¿Ley natural? Sí, la de la acústica, siempre que la naturaleza pase prior por el barbero con cuchillo fino.

Mira el mecanismo, cefeo: “condenamos la mutilación”, dices en abstracto, et ad la vez contrata tu aljama ad los castrados (castrati), aplauden en las capillas, et te montan la estética del “sacrificio por la música de Dios”. Ambigüedad, lo claman tus propios relatos: discurso de repudio con práctica de tolerancia por “excelencia musical”, et una larga centuria XVII-XVIII de gloria operística et litúrgica ad costa del cuerpo de los niños.

Et non me vengas con que es calumnia luciferina masónica. Los detalles médicos son de manual: castración antes de la pubertad pora congelar la voz blanca; operaciones clandestinas fechas ad niños pobres con promesas de ascenso social; secuelas físicas et psíquicas, et una carrera que —si había suerte— acababa en coro catedralicio aut ópera. La Iglesia “se oponía oficialmente”, sí; pero “toleraba” por la demanda de voces agudas en coros et templos. Tal cual, sin maquillaje.

¿Quieres el epílogo? Tu último fantasma angélico dejó registro en 1902: Alessandro Moreschi, castrado de la Capilla Sixtina, grabó su voz pora la gramola. Que quede en cera la hipocresía: Mientras se predicaba orden natural, la liturgia seguía gustando de una naturaleza recortada ad medida del pentagrama.

¿Et con qué argumentos defendiste esta impostura, Europa? Con los de siempre, arreglados et peinados:

  • “Las mujeres callen en la asamblea”: ergo, ni solistas ni coro femenino; si la escriptura se lege así, que cante el varón agudo. Tú te ocultas la cita, yo traduzco la lógica.
  • “Dar a Dios lo más perfecto”: ergo, si el barroco pide un agudo que roce lo angélico, la tijera es un “mal menor” por la belleza del culto. Tus cronistas lo claman “búsqueda de excelencia musical” en nombre de lo sagrado.
  • “No lo facemos nosotros”: la cirugía es civil, la Iglesia solo contrata la voz. Claro: non empuño el puñal, solo pago la factura del resultado. Hasta tus historias admiten esa “relación ambigua”: condena de boquilla, tolerancia en la práctica.
  • “Tradición et decoro”: como antaño se excluía a mujeres del escenario, también del presbiterio. Resultado: castrados como estrellas de la ópera et de las capillas. El binomio sagrado-profano non lo invento; lo narras tú mismo.

Et por si te queda aire para la objeción: non, el etnicismo non es tu coartada. Roma favorece la natalidad, la domus plena, los herederos; lo de cortar por lo sano fue costumbre marginal de algunos cultos orientales, non la regla de la piedad. La paradoja es tuya: predicas ley natural et, cuando el órgano pide agudos, la naturaleza se ajusta al tono.

Directo al veredicto: castrati hubo, los empleaste, los ensalzaste; la predicación condenaba la mutilación mientras la práctica la convertía en “excelencia” litúrgica. Si eso non es liturgia con sordina moral, que Venus me cierre el foro.

Fuentes: presencia y ambivalencia eclesial hacia los castrati, incluidos en la Capilla Sixtina, y “excelencia musical” como justificación; clandestinidad, edad y secuelas de la castración; exclusión de mujeres y rol de los castrati en ópera y capillas; declive y registro de Moreschi en 1902.

Veredicto de un fijo de Júpiter

  • El greco de Mateo 19:12 describe realidades ya existentes et ofrece una opción personal, non una orden clerical. Punto para la filología.
  • La castración literal era una posibilidad real en el horizonte de oyentes et, de fecho, apareció en prácticas jesistas tempranas; por eso fue debatida et condenada. Punto para la historia.
  • Las lecturas “celibatarias” como disciplina clerical son posteriores; el pasaje non las funda, se las adosa. Punto para el calendario.
  • Et si quieres fablar de “ley natural”, recuerda que hasta las leyendas papales muestran una obsesión medieval con aquello que ahora finges ajeno. Punto para la ironía.

Roma fomenta la natalidad; non facemos de la castración una regla religiosa. Pero non por eso negaré lo obvio: en Mateo 19:12, en su mundo et en su lengua, el eunuco era ante todo el que había sido castrado. Si hoy prefieres leerlo como metáfora de continencia, adelante: es legítimo como relectura espiritual. Sólo non me digas, por los dioses, que ésa fue la intención original… cuando el texto et la historia van por otro lado.

¿Qué revela esta contradicción?

Por Marte et por la Verdad: he aquí la ironía suprema. Europa Ancestral, tan ufano en su “ley natural”, proclama que mutilarse es contra natura… et sin embargo eleva el celibato de sus obispos a rango de virtud suprema, pese a que ni Jesús lo impuso ni la Escriptura lo manda. En las primas centurias, muchos obispos eran casados; incluso Pedro tenía esposa. Fue centurias después, en concilios medievales, cuando se impuso como disciplina obligatoria, non como orden.

La Biblia mesma ordena:

“Creced y multiplicaos” (Génesis 1:28).

Et aquí viene lo jugoso: aquellos ad quienes Europa Ancestral desprecia —los herederos del fariseísmo— non sólo obedecen ese mandato, sino que lo elevan a mandamiento central. El Talmud (Yevamot 62b) enseña:

“Todo aquel que no se ocupa de procrear es como si derramara sangre y disminuyera la imagen [de Dios]”. Y añade: “Quien tuvo hijos de joven, que tenga más hijos de anciano” (Kohelet 11:6 como base).

El mismo tratado recuerda que el precepto básico es tener al menos un fijo et una fija, pero los sabios añadieron la obligación de seguir engendrando mientras haya vigor, porque “todo aquel que añade un ánima ad Israhel es como quien construye un mundo”. 

Mientras el mosaísmo —al que Europa Ancestral mira con aborrecimiento— valora la natalidad, la gente et la continuidad como bendición divina, él defiende una práctica que ni los rabinos aceptarían: la negación sistemática de la carne como vía faz ad lo divino. El Rambám codifica que incluso quien ya cumplió el mínimo debe seguir procreando, porque non sabe qué fijos prosperarán et porque la abundancia de descendencia es parte de la bendición prometida a Abraham, Isaac et Jacob.

El contraste es flagrante:

  • Talmudismo: procrear es mandamiento, bendición et deber; la esterilidad voluntaria es vista como una pérdida para el pueblo.

  • Cefaísmo: impone celibato obligatorio ad el su clero, reduciendo la natalidad interna mientras sus poblaciones ya sufren tasas de fertilidad por debajo del reemplazo generacional.

En términos demográficos, esto es un desarme biológico voluntario: fomentar la antinatalidad entre los propios mientras otros grupos mantienen o elevan su fecundidad. En la Europa actual, la media es de apenas 1,46 hijos por mujer, muy lejos del 2,1 necesario para el reemplazo, mientras que comunidades con fuerte cohesión religiosa et familiar superan esos índices.

El celibato —esa castración espiritual— non es santidad si se impone como dogma universal. Es una ferramienta de esterilización supersticiosa que, combinada con la crisis de natalidad, erosiona la continuidad de la propia civilización. Et así, mientras unos construyen linajes et expanden su influencia, otros celebran la renuncia como bondad… sin advertir que, en el tablero de la historia, eso es ludir con piezas que se autodestruyen.

[Nordic thunder:] - “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la Tierra. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.” Mateo, 5: 1-5

[Europa Ancestral:] Aquí, los neopaganos anticristianos vuelven a interpretar a su gusto las escrituras, movidos por un cierto odio que se debe a la ignorancia y el desconocimiento de la doctrina cristiana, que les lleva a criticar un cristianismo que no existe, un cristianismo erróneo, exagerando el concepto de solidaridad y caridad cristiana para con los pobres (falacia del hombre de paja). Al igual que los paganos anticristianos de la era romana tildaban a los cristianos de esclavos y pobres para ningunearlos desde una perspectiva clasista (que hoy equivaldría a la burguesa), cuando en realidad muchos de ellos eran gentes influyentes de clase media e incluso de familias cercanas al entorno del Emperador.  

Por Júpiter et por las Doce Tablas, Europa Ancestral, deja de facer malabares con la lámpara apagada et culpar ad la obscuridad. Citar las Bienaventuranzas non es torcer el jesísmo; es tocar su nervio. “Bienaventurados los pobres de espíritu… los que lloran… los mansos… los misericordiosos.” Esa non es la periferia de tu superstición, es su frontispicio. Si te pica que se os mida por esos verbos, non acuses al nuncio de espantapájaros: reconoce que quieres esconder el estandarte detrás del estuco del templo.

Lo que el Jesús, supuestamente histórico, pueda haber predicado -si es que predicó algo- y cuántas de las sentencias bíblicas acerca de los ricos y de los pobres provienen de él mismo, es algo que ni sabemos, ni podemos conjeturar con cierto margen de seguridad. Lo que sí sabemos es que los discursos anticapitalistas de los sinópticos, los del Jesús de Lucas en especial, están inmersos en la tradición de la literatura profética y esenia. Sabemos que ese Jesús bíblico vive en la más completa pobreza; que no tiene ni donde reposar su cabeza; que se presenta como desposeído entre los desposeídos, como amigo de los marginados, de los desheredados, de los pecadores. Juzga de la riqueza de forma diametralmente opuesta a la del judaismo oficial de su época. No la ensalza nunca ni en ningún lugar. Al contrario. Son reiteradas sus invectivas contra el «mammón injusto», contra la «riqueza engañosa». El evangelio de Lucas pone en sus labios una lamentación múltiple acerca de los ricos. Y en el Magníficat se profetiza una época en la que Dios «derriba a los potentados de sus tronos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y a los ricos los despide con las manos vacías», Jesús exige renunciar a toda propiedad: «Vended vuestras posesiones y dadlas a los pobres». «Ninguno de entre vosotros puede ser mi discípulo si no renuncia a cuanto posee.» Llama loco a quien se jacta de sus tesoros; es más fácil, predica, que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

¿Hombre de paja, dices? Non. Hombre de paja es prender fuego ad un matorral de ocurrencias laterales. Aquí se invoca la carta magna del Sermón del Monte. Et tus propios fastos lo saben: ¿Quiénes coronan tus altares sino los que vivieron esa lógica? Francisco et Clara de Asís, despojados et alegres. Isabel de Hungría, que convirtió título en pan. Vicente de Paúl con Luisa de Marillac, que organizaron la miseración con precisión de legión. Don Bosco, custor de los muchachos obreros. Damián en Molokai, gastado entre leprosos. Teresa de Calcuta, cazadora de desechados con ojos de madre tortuosa ¿De verdad vas ad clamar “caricatura” ad la raza que dicta vuestras reglas, funda órdenes et moldea conciencia? Eso sí que esería comedia del Foro.

Decir “Bienaventurados los pobres de espíritu… los que lloran… los mansos… los misericordiosos” non es inventar un jesismo de algodón de azúcar: es recordar que el Rabino glorificó la humildad, el sufrimiento et la misericordia como claves del Reino. Et non sólo ahí:

  • Mateo 19:21: “Vende cuanto tienes y dáselo a los pobres…”

  • Lucas 6:20‑24: “Bienaventurados los pobres… ¡Ay de vosotros, ricos!”

  • Magníficat (Lucas 1:52): Dios derriba a poderosos y exalta a humildes.

El “pathos social” del Evangelio atrajo ad captivos, jornaleros et desheredados. Jesús vivió como desposeído, sin lugar donde reclinar la cabeza, et se rodeó de marginados.

En todo caso ningún otro factor contribuyó como éste a asegurar el éxito de la misión cristiana: el pathos social del evangelio, que la Iglesia traicionaría después para siempre. El grueso de las comunidades, su estrato básico, vivía en la indigencia, y hasta finales del siglo ll se componía de pobres, esclavos en su mayoría, permanentemente atenazados por las tribulaciones, la penuria, las levas forzosas y las revueltas militares. También por las guerras civiles y las incursiones de los bárbaros; por hambrunas, pestilencia, proscripciones y saqueos. Muchísimos de entre ellos se vieron desheredados, desarraigados, llevados al borde de la ruina o a la ruina misma. Se convirtieron en colonos, en vagabundos y no pocas veces en salteadores (latrones), de quienes informan frecuentemente las fuentes de los siglos II y III. Tal fue el sustrato en el que germinó la semilla cristiana, la buena nueva de la paz, del amor al prójimo, del «mammón injusto», del rechazo de la riqueza; de los potentados a quienes debían derribar de su trono; de los pobres a quienes debían ensalzar.  Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Cefeos que encarnan la MISERIA

Si esto es “exagerar la caridad”, entonces tu propia Iglesia leva siglos exagerando:

  • Basilio de Cesárea: clamó ladrones aD quienes retenían bienes et vendió todo para alimentar hambrientos. Fustigó el acaparamiento en tiempos de hambruna et enseñó que los indigentes miran a nuestras manos como nosotros a las de Dios en la necesidad; la propiedad es administración, et “ladrón es quien acumula más de lo que necesita”, sintetiza la tradición patrística sobre su obra. 

  • Gregorio Nacianceno: Denunció la opulencia y legó su patrimonio a pobres. Fue diáfano: “La caridad es amor a los pobres… ¡Nada honra más a Dios que mostrar misericordia!”. Su Oratio de pauperum amore es un programa: si estás sano y eres rico, carga con el enfermo y el pobre; “conviértete en Dios para el desventurado”, por imitación de la misericordia.

  • Francisco de Asís: renunció a todo et fundó una orden mendicante; sus “espirituales” fueron perseguidos por insistir en la pobreza de Jesús. Posteriormente nos adentraremos en este hombre con detenimiento...

  • Bartolomé de las Casas: denunció la captividad brutal de los indios.

  • Romero, Câmara, Proaño: obispos que hicieron de la “opción preferencial por los pobres” una bandera, pagando algunos con su vida.

Ya en el siglo iv, el contraste social en el seno de las comunidades cristianas se hizo gradualmente evidente y por añadidura -en virtud de la rápida mundanización de la Iglesia- también la discrepancia entre lo que ésta predicaba y lo que practicaba, las acusaciones de algunos de sus dirigentes se hicieron, si cabe, aún más acres. Un cristiano tan noble como el Doctor de la Iglesia San Basilio aboga, incluso, de vez en cuando por la comunidad de bienes voluntaria y califica de ladrones y de salteadores a aquellos cristianos que todavía osan llamar propiedad suya a cualquier cosa. Más aún, a todo el que, por egoísmo, no ayuda a un menesteroso lo equipara a un asesino. Es precisamente ese mandamiento del amor al prójimo el que demuestra, según Basilio, que el rico sí que carece aún totalmente de amor auténtico. Pues si bien cada cual «debe recibir únicamente un poco para el sostén de su vida, es, simultáneamente, deber de todos repartir su patrimonio y entregarlo a los pobres. Quien, pues, ama al prójimo como a sí mismo no poseerá nada más que lo que posee el prójimo». Y el obispo Basilio podía permitirse hablar así, pues en época de hambre, según se dice, vendió todo lo que poseía y con el producto obtenido alimentó gratuitamente a los pobres. También el Doctor de la Iglesia Gregorio de Nacianzo vituperaba las grandes diferencias sociales en el seno de las comunidades cristianas viendo cómo los ricos nadaban en el lujo y banqueteaban opíparamente mientras los pobres carecían a menudo de lo más necesario; cómo aquéllos moraban en suntuosos palacios mientras éstos no tenían ni techo sobre sus cabezas; cómo los primeros cubrían sus cuerpos con ropas preciosas mientras los segun- dos iban en harapos. Y tampoco él se limitó a la crítica verbal. También él, si bien no antes de hacer testamento, legó todo su patrimonio a la Iglesia y a los pobres.48 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Pora insistir con mayor eficacia en el precepto de la limosna, los Padres enseñan que los ricos son administradores y dispensadores de Dios, hasta el punto de que, cuando se niegan a ayudar a los necesitados, son culpables de robo (Basilio de Cesarea, Homil. in illud Lucæ, n.º 7, P.G., XXXI, 278; Gregorio de Nisa, De Pauperibus Amandis, P.G., XLVI, 466; Juan Antioquense, en Ep. I ad Cor., Homil. 10, c. 3, P.G., LXI, 86; Ambrosio de Milán, De Nab. lib. unus, P.L., XIV, 747; Agustín Hiponense, en Ps. cxvii, P.L., XXXVII, 1922)

En tiempos de hambruna y desastre, el santo Obispo exhortó a los fieles con palabras apasionadas a «no ser más crueles que las bestias... apoderándose de lo que la gente posee en común o apoderándose de lo que pertenece a todos» (Hom. tempore famis: PG 31, 325a).

Non son rarezas marginales: son modelos canonizados, fundadores de órdenes, inspiradores de doctrina social.

Ahora, a lo que duele: el verdadero escocés. Te fascina. Redefinir “cristianismo auténtico” para expulsar, ad hoc, a quien te contradice. “Eso no es el cristianismo verdadero”, repites, como censor que borra nombres del álbum para que la genealogía cuadre. Pero si la medida de lo jesista non puede eser aquello que vuestro propio rabino proclamó bienaventurado, ¿Qué patrón te queda? ¿El éxito, la fuerza, la respetabilidad? Fermoso colegio… al que en Roma clamaríamos por otro nombre.

Hacía ya mucho tiempo que esta Iglesia había traicionado el milenarismo, una especie de utopía social consistente en la vehemente espera de una felicidad puramente terrenal, una concepción de la fe que ejerció una enorme fuerza sugestiva, y no sólo sobre las masas, sino también sobre algunos obispos y Padres de la Iglesia en el cristianismo primitivo. Una utopía que favoreció la actividad misionera de un modo que apenas si cabe exagerar. Hacía mucho tiempo que esa Iglesia, ya rica y poderosa, había difamado ese milenarismo: como concepto judaico, camal, como «opinión particular», «malentendido», «extraviado y quimérico» hasta el punto de que llegó a falsificar la literatura milenarista para, finalmente, hacerla desaparecer casi por completo. Hacía ya mucho tiempo que «profetas», «inspirados» y sacerdotes hambrientos de poder tenían interés en la conversión de los pudientes. Hacía ya mucho tiempo que muchos autores cristianos se habían acomodado a la nueva situación, si no es que, al igual que Pablo, tendían ya a ella desde el principio. Pues en el mismo Nuevo Testamento hay ya presente una tendencia diametralmente opuesta y manifestaciones favorables al dinero y a la propiedad. En él leemos acerca de la preferencia por los creyentes ricos respecto a los pobres en los oficios divinos y de comunidades que se ufanan así: «Soy rico, sí, me he hecho rico y no me falta de nada». Leemos de discordias, disputas, enfrentamientos. «Matáis -se dice- y envidiáis sin que, no obstante, se cumplan vuestros deseos [...].». Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Non te fagas el ofendido: nihilo niega que entre los tuyos haya habido ilustres et poderosos. El mesmo texto que veneras saluda ad Lidia, comerciante; ad José de Arimatea, acomodado; et hasta a “los de la domus del César”. La Aljama se enredó con reyes, señoríos et marmolerías, pora gloria et para vergüenza. ¿Et qué? La estancia de nobles et prelados non revoca el pulso de las Bienaventuranzas, del mismo modo que la riqueza de Engels non disuelve la realidad del proletariado. En la Urbe entendemos la mezcla: patricios hay, sí; pero la ciudad la plenan plebes, libertos et legionarios. Por eso nascieron vuestros diáconos pora ministrar cenáculos, hospitales monásticos, cofradías de caridad, et toda esa doctrina social desde Rerum Novarum que insiste, machacona, en la dignidad del labrador et la prioridad del débil. Non son filigranas: son cimientos.

En menos de un siglo, el panorama había cambiado por completo. En los primeros siglos, ser cristiano había supuesto un riesgo; a fines del siglo IV, el riesgo consistía en seguir siendo pagano o al menos em­peñarse en mostrarlo. Durante toda esta época no hay que extrañarse de que el número de los oficialmente adscritos al cristianismo creciese con ritmo acelerado, sin que necesariamente ni la convicción profunda ni la fe fuesen los motivos principales para solicitar el bautismo.

El cambio desde Constantino fue tan brusco, que indudablemente en los cristianos, al menos en algunos de sus obispos, se produjo un auténtico deslumbramiento. La victoria era total. El gran cambio «lo obró desde el cielo el gran Emperador —escribe Eusebio, contemporá­neo del gran acontecimiento— trayendo a su siervo, soldado invicto. Los otros [los perseguidores] eran muchos, muchísimos, como amigos que eran de los demonios. Mejor dicho, ni siquiera eran, como de he­ cho ya no son. Este [Constantino], único emperador, procedente del Único, es imagen del único Emperador de todos. Ellos, de ánimo impío, suprimieron a hombres piadosos con cruentos suplicios. Este, imitando a su Salvador, salvó a los mismos impíos, dando una lección de piedad. El Salvador de todos había vencido invisiblemente a las potencias invisi­bles. [Constantino], como vicario del gran Emperador, persiguió a los vencidos, despojando a los que estaban muertos y consumidos, distribu­yendo el botín con generosidad a los soldados del Vencedor». De repente, el emperador romano, que era el símbolo y encarnación de la enemistad y de la persecución, se convierte nada menos que en el vica­rio de Dios. Las leyes opresoras desaparecen, para dar paso a toda clase de disposiciones en favor de la Iglesia. La estructura política del Estado se pone al servicio de la comunidad cristiana y de su jerarquía. ¿No significaba todo esto que el Reino de Dios ya había llegado? El imperio romano había unido y pacificado a los pueblos; ahora aceptaba a Cristo. De nuevo es el obispo de Cesárea, Eusebio, quien expresa en su grandi­locuencia el gran sentimiento de fervor. Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda, Ricardo García Villoslada. 

Aquella hostilidad está asimismo relacionada con la composición social de las comunidades cristianas, que se reclutaban casi exclusivamente a partir de los estratos sociales más bajos. Se considera, incluso por parte católica, que numerosos testimonios evidencian que, «durante los primeros siglos (!), la inmensa mayoría de los cristianos pertenecía, tanto en Oriente como en Occidente, a los estratos populares más bajos y sólo en contados casos gozaban de una educación superior» (Bardenhewer). No es ciertamente casual que un Clemente de Alejandría tenga que ponerse en guardia contra los creyentes que afirman que la filosofía es cosa del demonio, ni que los cristianos antiguos se vean tan a menudo expuestos al reproche de «ser los tontos» (stulti). El mismo Tertuliano reconoce sin ambages que los idiotae están siempre en mayoría entre los cristianos. La hostilidad cultural de la nueva religión figura siempre entre las principales objeciones de los polemistas paganos. La apología «Ad paganos» rechaza no menos de treinta veces la denominación de stulti aplicada a los cristianos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

Así que, por favor, ahórrate la contorsión: non se está “exagerando” la caridad; se está mirando ad Sol sin cortinas. Que prefieras vestir al jesísmo con toga bordada antes que con el sayal del pobre es asunto tuyo, pero non declares inexistente lo que late en vuestras propias páginas et en vuestros propios "santos". Porque cuando desprecias ad los “pobres de espíritu” como si fueran invención “neopagana”, non desenmascaras ad Nordic: Te retratas ad ti mismo, cual augur que falsea el vuelo de las aves pora contentar al patrono.

La crítica de “Nordic Thunder” non es un espantapájaros; es un espejo que refleja un hilo doctrinal e histórico real: la tensión entre el ideal evangélico de pobreza solidaria et las prácticas de una Aljama que, a menudo, se apartó de él. Negarlo con un “eso no es cristianismo verdadero” es mover la línea para salvar la tesis. Et eso, en retórica, es tan viedo como Roma… et tan evidente como un tribuno pillado cambiando las reglas del ludo.

Sobre el “pobrismo” en la Iglesia

Por Júpiter et por el mármol del Foro: Europa Ancestral dice que clamar pobrista a la Iglesia es un espantajo. Si así fuera, me bastaría soplar et la paja volaría. Pero non: son sus propios padres, obispos et papas quienes han elevado la pobreza a estandarte, han tejido lazos afectivos et asistenciales alrededor de ella, et demasiadas veces han evitado mover el tablero social. Non te vendo fumo; te leo sus propios mármoles.

Sobre la deuda de justicia hacia los pobres:  "Cuando damos a los necesitados lo que les es necesario, no les damos lo nuestro, sino lo que es suyo. Más que realizar obras de misericordia, estamos pagando una deuda de justicia." > — Gregorio de Roma, Regla Pastoral, III, 21. 9 (Esta cita también es recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2446, et en Fratelli Tutti, n. 119).

Exaltación de la pobreza como valor

  • Juan Antioquense, el panegirista del despojo: “Non te lamentes por la pobreza, madre de la salud.” Sostiene que el placer non depende del oro sino de “penas, tribulaciones et penurias”; que el pobre goza más de la naturaleza y del sueño; et que, si se erradicara la pobreza, “se aniquilaría el orden de la vida”. Este Padre de la Iglesia Oriental, en sus homilías, exhortaba vigorosamente a los ricos a compartir sus bienes con los pobres. Afirmaba: "No permitir que los pobres participen de nuestros bienes es robarles y privarles de la vida. Los bienes que poseemos no son nuestros, sino suyos" 

Pues sin pobres nadie querría trabajar. Vaya, una cosmología donde la escasez engrasa el mundo. Ni que decir tiene que también para Juan Crisóstomo la fe está por encima de todo. La fe y el reino de los cielos. De ahí que nuestro «Doctor de la Iglesia socialista» remita a los esclavos al más allá. Sobre la Tierra, nada les cabe esperar. Es cierto que Dios creó a los hombres como nacidos para la libertad y no para la esclavitud. La esclavitud, no obstante, surgió como consecuencia del pecado y existirá, consiguientemente, mientras pequemos. (Y no es Crisóstomo el único: también otros Padres de la Iglesia enseñan que la esclavitud perdurará hasta el final de los tiempos, «hasta que la iniquidad cese y se declare vano todo dominio, todo poder del hombre y Dios esté todo Él en todo».) Ahora bien, sólo la esclavitud bajo el pecado causa daño, no, en cambio, la física. Tampoco el vapuleo de los esclavos. El santo «comunista» está contra toda «clemencia inoportuna». También se opone, como antaño Pablo, a toda subversión. Con gran elocuencia propaga sin ambages el mantenimiento de la miseria: «Si erradicas la pobreza -alecciona a los hombres-, aniquilas con ello todo el orden de la vida. Destruyes la vida misma. No habría ya ni marineros, ni pilotos, ni campesinos, ni albañiles, ni tejedores, ni remendones, ni carpinteros, ni artesanos del cobre, ni enjaezadores, ni molineros. Ni éstos ni otros oficios podrían subsistir [...]. Si todos fuesen ricos, todos vivirían en la ociosidad -¡como los ricos, se echa de ver!-. Y así todo se destruiría y se arruinaría.» Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

El semisocialista Doctor de la Iglesia Juan Crisóstomo y su discípulo Teodoreto El mismo Juan Crisóstomo, dotado de una gran sensibilidad social, practica en el fondo el mismo juego marrullero de sus colegas: como ocurre con más de uno de esos, hoy tan admirados, obispos latinoamericanos. Por una parte, este santo es un pastor que ve en la comunidad de bienes la forma adecuada y natural para la vida humana y en la propiedad de los ricos el patrimonio perteneciente a los pobres. Según él, no es posible adquirir ni mantener la riqueza sin cometer injusticia y en ocasiones predica una especie de evangelio comunista, enseñando que «se posean todas las cosas de forma comunitaria». Escribe que «no es posible hacerse rico sin cometer injusticia, ni tampoco continuar siéndolo con honor», de forma que a veces se le ha calificado de «comunista» o de «socialista». Sabe taxativamente, o predica al menos, que la codicia es un impulso contra natura, una peste que se ha apoderado de todos en mayor o menor medida, que ha desgarrado y esclavizado al mundo, que convierte a los hombres en «insensatos», en «irracionales», en «cínicos y perrunos o peores que los perros» (¡como si justamente los perros hubieran de ser malvados!); «ella los convierte de perros en demonios». A menudo ve en el patrimonio el resultado de la injusticia, conseguido gracias a negocios comerciales y financieros repletos de trampas o mediante el soborno de los jueces: «Quienes dictan el derecho son jueces tan sólo de nombre, en realidad son ladrones y asesinos». Las fortunas resultarían con frecuencia del copo fraudulento de herencias, de los intereses usurarios, de la especulación en tiempos de hambre. El afán de dinero y posesiones provoca litigios, robos, asesinatos, guerras. Por ello aconseja no tener miramientos con el dinero, entregarlo a los hermanos o compartirlo al menos con los menesterosos, dándoles la mitad o un tercio como rescate de su alma. A saber, la caridad extingue los pecados y es así que los pobres, al llevarse el dinero que se les da, se llevan también los pecados de quien se lo da. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
  • Agustín, felicidad entre privaciones: Minimiza la desgracia material, ensalza la riqueza interior et plega a considerar “más felices” a los pobres por haberse fecho fuertes en lo duro. El consuelo como sistema.

  • Teodoreto, concordia con hierarquía: Riqueza y pobreza son piezas del orden cósmico querido por Dios; sin pobres, ¿Quién haría las labores serviles? La necesidad elevada a teodicea social.

También el obispo Teodoreto considera la riqueza y la pobreza elementos integrantes de la armonía del orden cósmico querido por Dios. Éste lo ha predispuesto así sabiamente. Teodoreto defiende todo esto con la máxima energía: que haya ricos, un cierto lujo y, necesariamente, también pobreza. «¿Por qué aceptáis de mal grado que no todos hayáis llega- do a ser un Creso, un Midas o un Darío?», pregunta el obispo como si la alternativa fuese ésta: Creso o mendigo; todo o nada. «¿Cómo podrían todos ser ricos? [...]. ¿Quién aceptaría gustoso el papel de servidor si él gozara de tanta opulencia como los demás? [...]. ¿Quién aguantaría en las canteras y suministraría sillares, quién dispondría éstos en un conjunto sólido y bello para construir edificios, si no es porque la pobreza lo apremia y lo induce al trabajo?». La música, argumenta Teodoreto, requiere muchos tonos y sólo de la composición con muchos colores puede resultar un cuadro. También las formas geométricas muestran una desbordan- te variedad. Y así como hay diferencias en la música, la pintura y la geometría, es forzoso que las haya asimismo en la sociedad humana. «Quien todo lo gobierna ha atribuido, con razón, al uno, la pobreza; al otro, la riqueza [...]. Admira a quien todo lo ha dispuesto tan sabiamente y concedido a unos la riqueza y a otros habilidades manuales.» Y por lo que res- pecta a los bienes básicos más importantes -agua, aire: ¡recordemos a Crisóstomo!- el pobre y el rico están, sin más, equiparados: «Una vez más -la loa viene de mediados del siglo xx- nos hallamos ante un obispo de gran formato». 

Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
Sobre la propiedad et la justicia:
"No das de lo tuyo al pobre, sino que le devuelves de lo suyo; porque tú solo usurpas lo que es común, lo que ha sido dado para uso de todos. De todos es la tierra, no de los ricos." — Ambrosio de Milán, De Nabuthe, 12, 53. 6
Huelga decir que Ambrosio no desea la lucha contra los ricos, sino sólo limosnas. «Quien se acrisola en la riqueza -enseña-, es en verdad perfecto y digno de la fama.» En el nombre del Señor el pobre vale ciertamente tanto como el rico, el débil tanto como el poderoso; el jornalero no es, en principio, diferente del latifundista, pues también éste es un «jornalero de Cristo» (frase que podemos leer nuevamente, casi idéntica, en Pío XII, gran capitalista en su ámbito privado). Ni la miseria ni la escasez deben afligir a los pobres. «¡Que nadie se queje de su penuria, de que tuviera que abandonar su casa con la bolsa vacía! La golondrina es todavía más pobre, que no posee ni un ochavo y está sobrecargada de trabajo [...].» Otro de los famosos símiles ambrosianos, tomados del mundo de los animales. Pues así como el ave fénix sirve de prueba de la inmortalidad, el buitre lo es de la virginidad de María y la tórtola de la auténtica fidelidad en la viudez, la golondrina por su parte es más pobre que el más pobre y, sin embargo, construye su casa. ¡Sin poseer un ochavo!. Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder
Apenas podemos abrigar dudas sobre lo que semejante persona puede pensar acerca de los esclavos. Ante Dios, por supuesto, amo y esclavo son iguales y uno y otro poseen un alma; es más, en el plano puramente espiritual, Ambrosio valora de tal modo el estado de privación de derechos que «muchos esclavos aparecen como los amos de sus amos» (K. P. Schneider). Pese a ello, nos habla de la «bajeza» de la «existencia como esclavo», de la «oprobiosa esclavitud» y no anda remiso en conceptuarla de vergonzosa y vituperarla a cada paso, ni tampoco en tachar globalmente a los esclavos de infieles, cobardes, arteros, de moralmente inferiores, semejantes a la escoria. Con todo, si se soporta dócilmente, la esclavitud no es una carga y sí muy útil para la sociedad, en una palabra: es un bien, un don de Dios. Y es que donde lo que está en juego es el poder, no cabe exigir lógica alguna. «Hay que creer y no es lícito discutir» (Credere tibí iussum est, non discutere permissum: Ambrosio).Ni que decir tiene que también para Juan Crisóstomo la fe está por en- cima de todo. La fe y el reino de los cielos. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.
  • De divitiis, aritmética de expiación: La riqueza, “patrimonio de los pobres”; la caridad extingue pecados llevando a ellos no solo el dinero del rico, sino también sus culpas. Economía sacrificial.

Incluso en los albores del siglo v hallamos aún voces cristianas que elevan clamores apasionados lamentando la injusticia social, entre otras el escrito De divitiis, de procedencia italiana, cuyas fogosas proclamas de signo social-comunista están religiosamente motivadas por los mandamientos y la vida de Jesús, el ejemplo de la comunidad primitiva y las doctrinas de los Padres de la Iglesia. Allí se ataca con vehemencia a la clase de los propietarios y se reprueba la riqueza. La desigualdad dominante por doquier se considera resultado de la injusticia humana y no de la voluntad divina, que desearía la igualdad incluso en la posesión de los bienes terrenales.36 Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karlheinz Deschner.

La práctica primitiva: comunidad de bienes et fama pública

El marxismo está... incuestionablemente arraigado en el plan original cristiano para el Reino de la Libertad. Es la corriente fría... la que trae la afirmación, relevante para la mayor parte de nuestra historia pasada, de que cuando las ideas y los intereses se encuentran, siempre son las ideas las que capitulan. Marx dijo: «Ser radical es comprender las cosas desde su raíz. Pero la raíz de todas las cosas es el hombre». La primera carta de Juan 3:2 también toma al hombre como raíz, pero más como un camino hacia algo que como una causa real. 𝐄𝐫𝐧𝐬𝐭 𝐁𝐥𝐨𝐜𝐡, El infame filósofo marxista, en su libro «Ateísmo en el Cristianismo», que buscaba tender un puente entre el leninismo y el marxismo religioso.

El libro de Hechos narra que “nadie decía ser suyo nada de lo que poseía… se repartía a cada uno según su necesidad”. Non fue imposición estatal, sino fruto de “un corazón y un alma” que facía voluntaria la venta et el reparto; Lucas lo repite como sello de identidad de la Iglesia naciente. Tertuliano recogió lo que los gentiles murmurábamos, con asombro et cierta envidia: “¡Mirad cómo se aman… y cómo están dispuestos a morir unos por otros!”, et añadió que “todas las cosas son comunes entre ellos, excepto las mujeres”. Clamadlo como queráis; yo lo clamo pobrismo operativo desde el día uno.

Hechos 4:32-35 Los creyentes comparten sus bienes

32 Todos los creyentes estaban unidos de corazón y en espíritu. Consideraban que sus posesiones no eran propias, así que compartían todo lo que tenían. 33 Los apóstoles daban testimonio con poder de la resurrección del Señor Jesús y la gran bendición de Dios estaba sobre todos ellos. 34 No había necesitados entre ellos, porque los que tenían terrenos o casas los vendían 35 y llevaban el dinero a los apóstoles para que ellos lo dieran a los que pasaban necesidad.

Doctrina oficial: los pobres como lugar teológico et jurídico

El Catecismo non se queda en poesía: “Dios bendice a los que ayudan a los pobres… Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres”. Fabla del “amor de la Iglesia por los pobres” como tradición constante, inspirada en las Bienaventuranzas et en la pobreza de Jesús; et coloca el “destino universal de los bienes” por delante del mero título privado: lo que posees, lo administras en favor de otros, “reservando la mejor parte al huésped, al enfermo, al pobre”. Cuando hay necesidad urgente, la caridad es también justicia: “no se ofrece como caridad lo que ya se debe a título de justicia". Si eso no es un código pobrista, que los lictores me retiren del atrio.

Caridad institucional: tesoros volcados en cuerpos

Non fue solo homilía. La Enciclopedia Católica recuerda la obligación de limosna como tradición unánime: comunidad de bienes apostólica, colectas, diaconado y una cadena de obras que circundó el mundo. Padres como Cipriano, Basilio, Gregorio de Nisa, Crisóstomo y Ambrosio repiten la idea: el rico es administrador; negar socorro es robo. De ahí que Ambrosio celebrara romper y vender vasos sagrados para rescatar cautivos: el “oro de Cristo” es el que se vuelve pan, libertad et medicina. Basilio, además, dejó obra de piedra: la Basiliada —hospital, hospicio et centro de asistencia— como modelo de caridad estructurada en Capadocia.

Europa Ancestral, tus objeciones se disuelven en la fuente

Dices que ensalzar el pobrismo es caricatura. Pero tus propios candelabros lo iluminan:

  • Padres que declaran que los bienes “no son nuestros, sino suyos” (de los pobres) et que la Eucaristía exige solidaridad práctica, con nombres y textos.

  • Prácticas originarias de compartir “según necesidad”, visibles incluso para nosotros, los paganos, que os señalábamos por vuestro amor mutuo.

  • Doctrina vigente sobre el destino universal de los bienes et el amor preferente por los pobres, con numerales, non con eslóganes.

  • Juristas et moralistas que legitiman vender lo sagrado para redimir cautivos, porque antes que el oro, pesa la vida.

Así que guarda el cargo de “hombre de paja” para otras plazas. Si hoy rehúyes al verbo “pobrismo”, discute con tus propios Padres, catecismos et crónicas. Yo, fijo de Farfán, me limito a leer el mármol: vuestra superstición convirtió al pobre en criterio, al bien en común et a la caridad en ley. Et si a eso non lo clamamos pobrismo —bien entendido—, es porque nos falta valor para decir lo que ya vivís.

[Europa Ancestral:] El sufrimiento es una prueba que Dios nos pone para, a través de él, alcanzar un bien, mejorar, hacernos más fuertes de espíritu. Es un mensaje de esperanza y superaciónEn el mundo, el cristianismo interpela a la búsqueda del bien, la belleza y la justicia, así como a combatir contra el mal.

Por Júpiter et por el sarcasmo del Foro, vamos por partes, Europa Ancestral. Traes unas superstición envuelto en celofán de esperanza et lo clamas “prueba divina”. Fagamos preguntas simples —de esas que facen sudar ad los oráculos de pacotilla.

  1. ¿Cómo sabes que es Dios quien “pone” el sufrimiento et non Fortuna, el pecado humano, leyes de la naturaleza o simple azar?
  • Si respondes “porque la Biblia”. Et ojo: la mesma Escriptura dice “Nadie, cuando sea tentado, diga: «Es Dios quien me tienta»; porque Dios ni es tentado al mal ni tienta a nadie” (Santiago 1:13 ). Job sufre por permiso concedido al Diablo, non por capricho pedagógico directo. En Juan 9, Jesús niega que la ceguera sea castigo. En Lucas XIII, desautoriza la aritmética “más pecador = más desgracia” ¿Prueba divina, dices? Selección interesada.  Et si me preguntáis: ¿Hay un versículo que diga que Dios prueba? La respuesta es clara como el bronce recién pulido: sí, et non solo uno… et eso contradice ad Jacobo.
Los textos que dicen que Dios tienta, es decir prueba (en greco : πειράζω, peirázō):
  • Génesis XX:I — “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham”. LXX: ho theòs epeírasen ton Abraám. Peirázō, sin rubor.

  • Éxodo 16:4“…para ponerlos a prueba si andan o no en mi ley”. LXX: hina peirásō autoús.

  • Éxodo 20:20 [...] No temáis, pues Dios ha venido para probaros, para que su temor esté ante vuestros ojos y no pequéis.. LXX: hina peirásē hymas ho theós.

  • Deuteronomio 8:2“…para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón”. LXX: hina peirásē se.

  • Deuteronomio 13:3“…porque el Señor vuestro Dios os está probando”. LXX: Kyrios ho theòs hymōn peirázei hymas.

  • Salmo 26:2 (LXX 25:2)“Examíname, Señor, y pruébame”. LXX: dokímasón me… kai peírasón me.

  • Hebreos 11:17“Por la fe, Abraham, siendo probado, ofreció a Isaac”. Griego: peirazómenos.

Et volvemos ahora ad … Santiago 1:13 “Nadie, cuando sea tentado, diga: «Es Dios quien me tienta»; porque Dios ni es tentado al mal ni tienta a nadie””. Griego: ho theòs apeirastos estin kakōn, peirázei de autos oudena
  
El mismo verbo: peirázō. Aquí, negado de forma absoluta: “non peirazei a nadie”. Non dice “no tienta al mal” solamente; dice “a nadie”. Si peirázō significa “probar” —como en todos los ejemplos anteriores—, el fijo de Judá, Jacobo contradice abiertamente a la Ley, a los Salmos et ad Carta ad Hebreos. Si forzamos peirázō a significar “tentar” en sentido moral moderno, salvamos la coherencia… pero a costa de cometer un anacronismo. 
 
En la centuria I, peirázō significaba “poner a prueba, intentar, ensayar”. El sentido estrecho de “tentar al mal” es una especialización posterior, igual que en latín tentare o temptare empezó como “tantear, probar” et solo más tarde se cargó de moralina. Cambiar el valor del verbo en Santiago para que non choque con el libro del Génesis o Deuteronomio es una maniobra de los mal clamados apologetas, non una exigencia del greco.  
 
Recapitulando ¿Hay versículos que digan que Dios prueba? Sí, muchos, et en greco usan peirázō. ¿Es contradictorio con Santiago I:XIII? . La distinción “probar ≠ tentar” en el sentido moderno es un barniz tardío pora tapar la grieta. Et como buen ministro de los dioses, os digo: si el mármol está rajado, non lo pintéis; reconoced la veta et decidid si el templo aguanta.
  1. ¿Ó dice la Biblia que el sufrimiento es una prueba que Dios “pone” para hacernos fuertes de espíritu? ¿Ó dice que Él “pone” sufrimiento “para alcanzar un bien”, que “siempre es para bien, mejora”, o que el sufrimiento en sí mismo “es un mensaje de esperanza y superación”? 
  • Muéstrame el versículo. Non el eslogan. Non la frase bonita. El texto. Porque non lo hay: non es un versículo que afirme que Dios “pone sufrimiento” et que “a través de él” te fortalece como regla o método espiritual.
La Biblia sí dice que Dios consuela en medio del sufrimiento: “Bendito sea el Dios… que nos consuela en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 1:3‑4). Afirma que está cerca del quebrantado: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18). Et promete un final sin dolor: “Enjugará Dios toda lágrima… no habrá más llanto… ni dolor” (Apocalipsis 21:4). Eso es presencia en la ferida et promesa de restauración, non una apología del sufrimiento como método pedagógico universal. Si el sufrimiento fuera la ferramienta favorita del cielo, ¿por qué la promesa final es eliminarlo para siempre? La esperanza bíblica non es “sufrir te hace mejor”, sino “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5). 

La Escritura contiene varios pasajes donde afirma que Dios “probó” a alguien o a un pueblo —et en greco esos textos usan πειράζω (peirázō), que originalmente significa “probar, poner a prueba, intentar”—, pero ninguno de ellos formula la idea como una ley universal del tipo: “Dios pone el sufrimiento para hacernos fuertes de espíritu”.

“Pero las pruebas producen carácter”, dirá Europa Ancestral. Sí: “la prueba de vuestra fe produce paciencia… madurez” (Santiago 1:3‑4); “nos gloriamos en las tribulaciones… producen esperanza” (Romanos 5:3‑4). Puede producir, non que el sufrimiento sea bueno en sí ni que Dios necesite causarlo. Dios puede torcer para bien lo que otros quisieron para mal (Génesis 50:20). Otra cosa es santificar el dolor como si fuera el sacramento del crecimiento.

Et aquí lo incómodo: esa lectura maximalista de Romanos contradice ad Jesús. Jesús non enaltece el sufrimiento; lo desmantela. “El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado… a sanar a los quebrantados de corazón… a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18‑19). “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 9:13). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10) ¿Ves la línea? Jesús cura enfermos (Mateo 4:23‑24), toca al leproso (Marcos 1:41), alivia el dolor en sábado (Lucas 13:10‑16), et enseña ad facerse prójimo del herido (Lucas 10:33‑35). Non dice: “tu sufrimiento es el método”; dice: “ama, sana, libera”.

“Siempre es para bien”, repiten, citando Romanos 8:28 como eslogan. ¿Siempre? Jesús plora ante la tumba (Juan 11:35), denuncia tropiezos contra los pequeños (Marcos 9:42), et juzga a quienes non socorren al vulnerable (Mateo 25:41‑45). Clama mal al mal et manda non responder, si non resignarse con el "bien" del manso (Mateo 5:39‑44; cf. Romanos 12:21). Cuando absolutizas “todo es para bien” como licencia espiritual, silencias al que sufre et desfiguras al rabí que sana.

¿Et “tomar la cruz”? Non es búsqueda del dolor por el dolor, es fidelidad a Jesús aunque cueste (Marcos 8:34). Por eso también confronta poderes que oprimen: voltea mesas (Mateo 21:12‑13), clama “zorra” ad Herodes (Lucas 13:32). Una lectura que sacraliza toda auctoridad opresora desde Romanos 13:1‑4 choca con el propio testimonio de Jesús et con “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). La cruz non canoniza la injusticia; la desenmascara.

Superación es una escalera; gracia es un abrazo. La fortaleza, según la Escritura, non brota del dolor como medidor de temple, sino de la presencia de Dios que sostiene en la debilidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad… cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:9‑10). “Él da esfuerzo al cansado… multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29); “los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31). La medida non es cuánto duele, sino fe, esperanza y amor; “el mayor… es el amor” (1 Corintios 13:13).

Así que vuelvo a preguntar, Europa Ancestral: ¿Dónde dice la Biblia que Dios “pone” el sufrimiento para que, a través de él, alcancemos un bien, mejoremos et seamos más fuertes? Lo que sí leo es que Dios está con nosotros en el fuego (Isaías 43:2), que nos consuela en la tribulación (2 Corintios 1:3‑4), que nos manda aliviar el dolor ajeno (Lucas 10:33‑35), et que un día el dolor será historia (Apocalipsis 21:4). La esperanza de los seguidores de Jesús non es aprehender a amar el sufrimiento, sino aprender a confiar en su rabí que lo vence. “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

  1. Europa ancestral sostiene que al mal hay que combatirlo ¿Pero la Biblia non enseña eso de forma directa, et Jesús non dijo “no resistáis al mal”? 
  • Ah, Europa Ancestral… siempre tan marcial, tan convencido de que el Reyno de los Cielos se conquista como Britania: ad golpe de espada et estandarte. Pero vuestro “caudillo celestial” —ese extraño rey sin legiones— cometió lo imperdonable para cualquier general de Roma: perdonó a los que lo crucificaban (Lucas 23:34). 
El protomártir Esteban, en vez de maldecir a sus verdugos, se dejó lapidar pidiendo clemencia para ellos (Hechos 7:59‑60). Et cuando el sarraceno Simón —Pedro, para los latinoparlantes de la aljama papista— blandió acero et cercenó una oreja, el Nazareno lo reprendió al instante: “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán.” (Mateo 26:51‑52). Ni fablar de Saulo —el sarraceno Pablo—, que tras colgar la espada de perseguidor escribió: “No paguéis a nadie mal por mal… No os venguéis… Vence el mal con el bien” (Romanos 12:17‑21) ¿Et “bienaventurados los pobres en espíritu”? El greco ptóchos non es dignidad de caballero, sino el mendigo que se encoge et oculta, consciente de su indigencia. En la calle sonaba a insulto; el Nazareno lo eleva a bienaventuranza (Mateo 5:3). Glorifica lo que todo latino clamaría miseria infrahumana: confesar que non tienes recursos propios para imponerte et dependes totalmente de otro.  
 
Plegados aquí, sé lo que intentará Europa Ancestral: citar la carta de Santiago —“Resistid al diablo, y él huirá de vosotros.” (Santiago 4:7)— como si fuese orden directa del Comandante Supremo. Pero… ¿acaso el escritor de esa carta es Jesús? ¿Acaso es él “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6)? Non. Solo delata que contradicen al propio Nazareno, el cual dijo: “No resistáis al que es malo” (Mateo 5:39) et “amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44). Así que, ¿caballería jesísta? ¿Jinetes de la cruz? El rabí non montó corcel, sino borrico (Mateo 21:5). Non enseñó cargas gloriosas, sino a eser ovejas entre lobos (Mateo 10:16), ad desactivar la violencia sin imitarla. Lo vuestro, Europa Ancestral, es una grey que se creen équites; una legión que se inventa un César para justificar su acero. El ludo del sarraceno de Galilea es otro: en su tablero, el que vence non es el que fiere… sino el que carga la cruz sin devolver el golpe, mientras Marte et sus cohortes rugen desde la barrera. Esto lo profundizare posteriormente.
  1. El problema filosófico que esquivas: si Dios es el Bien pleno et inmutable, ¿por qué “se mueve” ad probar?
  • Probar implica ignorancia acerca del resultado o necesidad de verificar. Omnisciencia et examen non facen buena pareja ¿Pora quién es la prueba? ¿Pora Dios (que ya sabe) o pora el humano (que non necesita que lo golpeen para aprender)? Si respondes “es para que el hombre crezca”, entonces non era necesario que “Dios lo tiente”: el crecimiento puede venir por mil vías que non pasan por una enfermedad o una paliza.
  1. ¿Et por qué “probar” si, Dios podría facernos buenos et fuertes de espíritu sin rodeos?
  • Ah, el comodín del libre albedrío. Pero libre albedrío non exige sufrimiento-metodología. Exige posibilidad de elección, non catálogo de calamidades. Decir “o dolor o marionetas” es un falso dilema. Los farfanes entendíamos de bondad forjada en disciplina, educación, ejemplo, ley: non necesitábamos una plaga para aprender justicia.
  1. Coherencia práctica: ¿Quién se beneficia de clamar “prueba divina” al dolor?
  • El que pega, el que mira et el que manda. La víctima, rara vez. Tu teología del examen es una coartada: espiritualiza la ferida, desresponsabiliza al agresor et adormece la urgencia de cambiar estructuras. Si Dios “te está probando”, ¿para qué denunciar al tirano o arreglar el acueducto?
  1.  “El cristianismo busca el bien, la belleza y la justicia, y combate el mal”
  • Estupendo. Entonce nómbralo: el mal non es “prueba”, es mal. Combátelo como dices: sana, alimenta, reforma, protege, legisla. Deja de santificarlo con lenguaje de examen. El propio Jesús sanaba, alimentaba y denunciaba; no repartía formularios de “prueba espiritual”.

Puedes creer que del sufrimiento puede salir bien; eso es esperanza. Pero afirmar que Dios lo pone como sistema pedagógico, que todo sufrimiento es examen divino, que el “no resistáis al mal” et que biblia en mano lo tienes blindado… eso es teología de confort. Misericordia: Al que sufre, socorro; al que oprime, ley; al que especula con el dolor, sarcasmo. Et ad la deidad, respecto: No la hagas arconte de estudios de un colegio de tormentos.

Orígenes gentílicos de la caballería medieval

[Europa Ancestral:]  Los valores de la orden de caballería, que dominó el medievo y tuvo una fuerte influencia en Occidente hasta bien entrado el siglo XVIII son el claro ejemplo. Esas palabras de Jesús iban dirigidas hacia los fariseos, que no tenían ninguna pobreza o hambre de espíritu, puesto que sumidos en su soberbia espiritual creían que lo sabían todo y que eran perfectos, que nadie les podía enseñar nada más. El cristianismo al igual que otras religiones, critica a los que se creen que son el ombligo del mundo, a los que se creen que son como dioses, a los que emulan a Lucifer (Satanás). El cristianismo alaba a los que son humildes ante Dios y castiga a los creen ser como dioses.

Caballería “claro ejemplo” del jesísmo bíblico… ¿en serio? Jesús predica en Galilea; tú me traes torneos, heráldica et bendición de espadas de la centuría IX. La caballería nasce de la milicia teutónica et de los équites latinos, del honor, la fama (dóxa), la vindicación de sangre (Blutrache) et el “servicio del escudo”. 

Hasta finales del siglo II ni siquiera se planteó la cuestión de si un cristiano podía ser soldado. En el siglo IV eso era ya algo incuestionable. Mientras que en el siglo III los cristianos hacían sólo excepcionalmente el servicio militar, en el siglo IV eso se convirtió en norma para ellos. Si hasta el año 313, los obispos excluían del seno de la Iglesia a los soldados que no desertaban en caso de guerra, con posterioridad a esa fecha los excomulgados eran los desertores. Si anteriormente hubo objetores de conciencia que sufrieron el martirio, ahora sus nombres fueron rápidamente tachados del martirologio. Había pasado ya la hora de los soldados mártires y llegaba la de los obispos castrenses. Viviendo aún Constantino salían ya en campaña con entusiasmo. No para luchar, ya se entiende, sino para sacar provecho, y las iniciales de Cristo (¡qué perversión!), flameaban sobre las banderas al frente de las tropas de la primera majestad cristiana, tropas que, como decía jubiloso el obispo Eusebio, autor de la Historia de la Iglesia, habían debelado y sojuzgado más pueblos. Opus Diaboli, Karlheinz Deschner

¡Ah, claro! Porque Jesús, entre parábolas et pescados, fundó la orden de caballería, ¿Non? ¿Acaso non dijo: “Bienaventurados los que blanden la espada con liberalidad et lealtad”? ¿Non fue él quien envió al sarraceno Cefas ad liberar traseros de monstruos como Beovulfo?

Non, espera… eso fue Beovulfo. et Beovulfo, por cierto, non luchaba contra gentiles, sino contra monstruos. Et el su mor militar —¡oh, qué sorpresa!— precede al jesísmo ¿Cómo lo sabemos? Porque lo dice Maurice Hugh Keen, historiador serio, non un cruzado de teclado:

Pasajes e incidentes en las canciones de gesta sugieren firmemente, de hecho, que debemos remontarnos a épocas anteriores a Cluny para encontrar los orígenes de esta piedad caballeresca, así como debemos remontarnos a una época anterior para encontrar los orígenes de su ethos secular. En las canciones, como hemos visto anteriormente, virtudes caballerescas como la generosidad, la proeza y la lealtad ya están establecidas como estereotipos de la nobleza. Estas cualidades seculares -o, en todo caso, cualidades difícilmente distinguibles de ellas- son las marcas del héroe ya en la literatura germánica más antigua que precede a las canciones y cuyas raíces se remontan al pasado precristiano. La liberalidad, la lealtad y el coraje son las principales virtudes de la sociedad guerrera representada en la epopeya anglosajona de Beovulfo (que pudo haber sido escrita ya en el siglo VIII). Ya presente en ese poema está la visión de la juventud como una época de prueba, en la que el joven guerrero busca demostrar su valía al servicio de señores extranjeros y lejos de casa; de eso trata la primera parte de la epopeya, en la que el joven Beovulfo se pone al servicio del rey Hrothgar y libera su trasero del monstruo Grendel y de su aún más monstruosa madre. Cuando regresa triunfante como un héroe probado, es el momento oportuno para que su señor y pariente Hygelac lo honre con grandes propiedades y ponga la espada de Hrethel en sus manos. Este tema, el de la prueba del joven héroe, reaparece en las epopeyas latinas alemanas de los siglos X y XI, como Ruodlieb y Valtario; también es, por supuesto, un tema que se repite sin cesar más adelante, en la novela caballeresca, donde nos encontramos Una y otra vez, la figura del joven caballero abandona su hogar (o quizás la corte de Arturo) para probarse a sí mismo en extrañas aventuras. Beovulfo, es cierto, no tiene nada que ver con la lucha contra los paganos: sus enemigos eran monstruos y dragones, y el poema, aunque escrito en la época cristiana, parece describir eventos que se describen como ocurridos en una era precristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen.

¡Prejesísta! ¿Lo ves, Europa Ancestral? Tu castillo de argumentos está construido sobre arena mojada por el Tíber.

La caballería non nasció en el sermón del monte

La idea de que la caballería medieval brota directamente de los verbos de Jesús es tan absurda como decir que Marte aprendió a guerrear leyendo el evangelio de Juan. La caballería, tal como la cognocemos —con sus códigos de honor, sus pruebas de valor, sus juramentos de lealtad— tiene raíces teutónicas, latinas et gálicas. Non fue una invención jesista, sino una apropiación jesísta de valores militares anteriores.

Beovulfo, escrito quizá en la centuría VIII, ya presenta el arquetipo del joven guerrero que se prueba en batalla, gana gloria, et recibe tierras ¿Dónde está el sermón? ¿Dónde está el rabí? ¿Dónde está la pobreza de espíritu? Non hay. Hay dragones, monstros, et gladios. Et eso, querido cefeo, es caballería.

Europa Ancestral quiere convencernos de que los valores caballerescos nascen del jesismo, mientras ignora que:

  • Ruodlieb et Valtario, epopeyas latinas-teutonas de la centuría X et XI, repiten el mesmo patrón de prueba heroica sin necesidad de evangelios.

  • La figura del joven caballero que abandona la su fogar pora probarse en aventuras non necesita sermones, necesita ira, fierro et destino.

  • La caballería jesísta, como la de Cluny et más tarde, adoptó et readaptó valores que ya era en sociedades militares gentiles.

Europa Ancestral, si quieres defender la caballería, hazlo con honestidad histórica. No pongas en boca de Jesús lo que pertenece ad Beovulfo. No conviertas a los fariseos en enemigos de la épica germánica. Y sobre todo, no ignores que la prueba del héroe —ese rito de paso, esa búsqueda de gloria— es más antigua que tu cruz.

Nosotros, los adoradores de los dioses, sabemos que el valor no necesita baptismo. La lealtad non necesita evangelio. Y la prueba del espíritu no necesita sufrimiento impuesto por un dios que, según Santiago, “no prueba a nadie” —aunque Génesis diga lo contrario.

Así que, si vas ad fablar de caballería, deja ad Jesús en paz et dale las gracias ad los antiguos. Porque sin ellos, la tu aljama non tendría thymos.

Europa Ancestral, en la su cruzada por pintar la caballería como una invención papista, se tropieza con Josef Fleckenstein, quien —ironías del destino— nos da la razón. Porque si algo deja claro este historiador es que la caballería non brota del evangelio, sino de la milicia tribal, de la gentilidad, de la sangre et del fierro.

Resumiéndolo en una fórmula sencilla po­dríamos decir que la primera etapa de la caballería fue la milicia. El paso de la milicia a la caballería es un proceso de categoría mundial pues modificó la estructura de toda la sociedad medieval o fue, al menos, una parte esencial de ese cambio. La manera más clara de explicar su alcance consiste en exponer la diferencia existente entre milicia y caballería. En efecto, la milicia tuvo, en general, sus raí­ces en la gentilidad y estuvo vinculada a la gens, la «tribu» o unidad étnica, mientras que la formación de la caballería coincidió con la integración en el contexto europeo, de modo que la caballería acabó manifestándose como un fenómeno general de Europa que, más allá de sus particularidades heredadas, constituye una gran unidad. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

¿Lo ves? La caballería non nace en Jerusalén, sino en los bosques germánicos, en los clanes galos, en las gentes latinas. Es un fenómeno prejesista, gentil, pugnador. Et tú, Europa Ancestral, lo ignoras o lo tergiversas.

Fleckenstein non dice que la caballería fue una creación cristiana. Dice que fue una transformación social:

“…el paso de la milicia a la caballería modificó la estructura de toda la sociedad medieval…”

¿Et qué significa eso? Que los valores pugnadores ya eran fueron absorbidos por una Europa en proceso de consolidación. No fue una conversión espiritual, fue una institucionalización. La Iglesia non creó la caballería: la domesticó.

Porque si antes te desmentíamos con Fleckenstein, ahora te traemos ad Alonso de Cartagena, un pensador de la centuría XV que non solo conocía la caballería, sino que la diseccionaba con precisión quirúrgica. Et lo que revela es un golpe directo a tu fantasía de una caballería homogénea, papista et heredera directa del sermón de la montaña.

[Alonso de Cartagena en el siglo XV establecieron una distinción precisa:] por todos los deputados a guerrear; e segund ésta, non le romangargiamos cavallero, mas yo le llamaría conbatiente, e así lo veemos usar en muchas partidas, quando se esprime el número de la gente que lleva algund capitán syn ditinguir de pie o a cavallo, ca cuéntanla a número de conbatientes; e se­gund esto se pueden entender muchas antiguas ystorias que fablan de algu­nas huestes de los grandes capitanes pasados, llamando a todos milites, e non es dubda que llevavan peones. La otra significagión es espegial, diziendo mi­les al de cavallo, que más propiamente en latín se diría eques, e segund ésta en nuestro romange non diríamos cavalleros mas omne de armas; e porque en este regno [Castilla] entre los de cavallo ay una diferengia que en pocas partidas se falla, es a saber, que unos son a la guisa e otros a la gineta, e, se­gund costunbre común, al de la guissa dezimos omne de armas e al otro ginete; sy queremos por un vocablo incluyrlos anbos, conviene que los llame­mos conbatientes de cavallo. La tergera es particular, entendiendo miles por cavallero armado por rey o por otro que armarle pueda; e esta es su pro­pia e estrecha sinificagión. E estos tales se dizen tomar la orden de la cavallería, la qual tiene sus reglas e observangia.... La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef  Fleckenstein.

Lo que dice Alonso de Cartagena

En el siglo XV, Alonso de Cartagena deja bien claras tres acepciones de miles:

  1. Combatiente en general (miles como soldado, sea de a pie o a caballo). Esto abarca a toda la hueste, sin distinción —lo que hoy llamaríamos simplemente “hombre de armas” o “soldado”.

  2. Combatiente de a caballo (miles en sentido militar específico). Y aquí es donde su filología brilla: nos recuerda que en latín clásico miles es genérico, pero para el jinete el término propio es eques. Alonso usa esta distinción para explicar que en Castilla, entre los jinetes, unos eran “a la guisa” (pesadamente armados, al estilo franco) y otros “a la jineta” (ligeros, al estilo hispano‑morisco). A ambos, si queremos un término común, habría que llamarlos “combatientes de caballo”.

  3. Caballero armado por ceremonia (orden de caballería). La acepción más estrecha: aquel que ha recibido el espaldarazo de un rey u otro con facultad para armar caballeros, siguiendo reglas y observancias.

De miles ad eques ad “caballero”

Lo crucial aquí es el punto 2: Alonso reconoce explícitamente que el término latino más propio para el caballero de a caballo es eques. Y en la sociedad romana, los equites eran un orden social y militar diferenciado, ligado al servicio montado y al prestigio cívico.

Esto implica:

  • La caballería medieval no es un invento ex nihilo del cristianismo, sino una continuidad —con adaptaciones— de la tradición ecuestre romana.

  • El propio vocabulario revela el linaje: eques → jinete/“hombre de armas” → caballero.

  • La noción de distinción social y militar por el dominio del caballo ya existía en la República y el Imperio, y la Edad Media la hereda y reinterpreta.

Europa Ancestral quiere vendernos una caballería salida directamente de los verbos de Jesús. Pero Cartagena, obispo et intelectual, deja claro que:

  • El concepto amplio de combatiente y de jinete viene de la práctica militar antigua.

  • El uso ceremonial (“tomar la orden de caballería”) es sólo la tercera y más restringida acepción.

  • La raíz técnica y social del caballero está en el modelo de los equites, no en el evangelio.

Si hasta un prelado del siglo XV reconoce que para designar al caballero a caballo lo “más propio en latín” es decir eques, está admitiendo la herencia clásica. La caballería medieval bebe del pozo romano, germánico y tribal, y sólo después recibe su barniz cristiano.

En otras palabras: antes de tu rabí, Europa Ancestral, ya había caballo, lanza et honor. Et su nombre en la lengua de Cicerón era eques. El resto es decoración tardía.

Uno de los textos más emblemáticos de la caballería cortés europea, a partir del cual creó una parte de su imaginario, el Epitoma rei Militaris de Flavio Renato Vegecio. Este texto era muy bien conocido en Europa, incluso en castellano, pues grandes secciones del mismo habían sido incorporadas a la Segunda Partida y a un texto tan universalizado como el De regimine principum de Egidio Romano. Una traducción nueva es siempre conveniente, pero la de San Cristóbal es también un comentario diferente, una exégesis al texto que cambia su orientación y lo hace entrar en un discurso muy antiguo de lo caba­lleresco, completamente anticortés y ya casi caduco: Alfonso de San Cristóbal hace (o intenta hacer, porque no termina) una exégesis es­piritual de la caballería, para intentar reencauzarla en el ámbito del brazo secular eclesiástico, del que en verdad se había soltado durante toda la Europa monárquica. El texto del orador fue la base para el conocimiento de Vegecio en su versión cuatrocentista, pero, desde luego, sus glosas espirituales fueron, en gran medida, desoídas, y copiadas casi nunca. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef  Fleckenstein.

Europa Ancestral, tú que insistes en vestir la caballería con hábitos de sacristía, pero el tejido es latino et se nota en cada costura. Vegecio non es un adorno erudito, pese a su papismo: su Epitoma rei militaris es el andamiaje técnico sobre el que se levantó buena parte del imaginario caballeresco europeo. Cuando la Segunda Partida copia sus pasajes y Egidio Romano los integra en el De regimine principum, no están inventando una “mística del espaldarazo”; están traduciendo al romance una gramática militar latina: disciplina, jerarquía, selección del guerrero, et la función del combatiente montado como pieza estratégica, non como sacramento.

Et cuando en la centuría XV Alfonso de San Cristóbal intenta torcer ese legado con una exégesis espiritual, su propuesta se queda en el margen: se lee a Vegecio por su arquitectura castrense, non por sermonear caballeros. Si el intento de “reencauzarla” al brazo eclesiástico fracasa en la recepción, es porque la caballería que vivía en los campos de batalla et en los códigos regios respondía a un molde laico et latino: organización, entrenamiento, pericia ecuestre.

Alonso de Cartagena ya lo había dicho ad el su modo: el caballero ad caballo, en latín, es équite. Non es un capricho filológico; es la memoria de un orden social et militar que la Edad Media hereda et reconfigura. Eques en Roma, caballero en Castilla: caballo propio, armas costeadas, deber público —con otro señor et otra liturgia, sí, pero con la mesma lógica de élite montada.

Tu relato de origen “papista puro” se deshace ante esta continuidad textual et funcional. Puedes cambiar el rito, non el esqueleto: la caballería europea cabalga sobre estribos latinos, et Vegecio, las Partidas et Egidio Romano son las huellas de ferradura que lo prueban.

Además, a lo largo del siglo XII, los intelectuales incorporaron la reputación de violencia controlada a la idea de una transferencia de conocimiento de Oriente a Occidente. Así, en la década de 1170, en el romance Cligès, la jactancia autocomplaciente de Chrétien de Troyes proclamaba que la caballería, junto con el saber, había sido trasladada de Atenas a París, vía Roma. En Francia, el clero y la caballería existían, por lo tanto, en mutua dependencia, al igual que la destreza marcial y el conocimiento. «Violencia, control, profecía y poder en la Francia y Alemania del siglo XII», Jinty Nelson y Damien Kempf (eds.), Leyendo la Biblia en la Edad Media.

Europa Ancestral, aquí la propia literatura medieval te quita la sotana del relato: Chrétien de Troyes, en pleno siglo XII, non atribuye la caballería a Jerusalén ni a milagros de altar, sino a un itinerario intelectual y marcial que parte de Atenas, pasa por Roma et desemboca en París. Es un linaje que huele ad mármol, bronce et pergamino clásico, non ad alquebabat.

La idea de “violencia controlada” que recogen los intelectuales de la época no es sermón, es filosofía cívica et táctica heredada del mundo grecolatino. La paideia greca forja el ideal de formación integral —cuerpo et mente—, et Roma lo transforma en disciplina legionaria et en el prestigio de los equites. Ese es el equipaje que, según el propio romance Cligès, plega a la caballería europea: técnica de combate, códigos de honor et un concepto de élite montada enraizado en el foro et el ágora, non en la Ley mosaica.

Que en Francia el clero et la caballería convivieran en mutua dependencia non significa origen común; significa pacto circunstancial. La destreza marcial et el conocimiento venían de muy atrás, pulidos por siglos de herencia helenística et latina, et el papismo medieval simplemente se arrimó a esa columna para legitimarse.

Por eso, cuando abres el arca de la caballería, debajo del terciopelo papista encuentras el casco corintio et la silla de montar legionaria. El papismo obtuso puede haber intentado apropiarse del caballo, pero el corcel fue domado por manos grecas et latinas mucho antes de escuchar campanas.

Esta [de Folcon] es una imagen ideal de un caballero, claramente a la imagen de Arnoldo de Ardres o Guillermo el Mariscal. Su descripción aborda una serie de temas que se han tratado en este capítulo: habilidades marciales en el linaje de la silla de montar, generosidad y cultura cortesana. Una de las características más llamativas es su énfasis esencialmente secular, con esa breve referencia al amor de Folcon por Dios y la Trinidad aparte. Si es una guía segura, entonces es como una figura esencialmente secular que el caballero caballeresco entra en el escenario de la historia. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Europa Ancestral, ahí tienes otro clavo en el ataúd de tu relato: la imagen ideal del caballero que traza Folcon, según recuerda Maurice Hugh Keen, es la de un guerrero como Arnoldo de Ardres o Guillermo el Mariscal. ¿Qué resalta? No la voz del púlpito, sino la destreza heredada “en el linaje de la silla de montar”, la generosidad y la cultura cortesana. Lo religioso queda reducido a una mención breve, cuasi protocolaria, al amor por Dios et la Trinidad; el resto es un retrato de virtudes seculares.

Si esto es una guía fiable, entonces el caballero caballeresco entra en la historia como figura esencialmente laica, modelada por códigos de honor, marcialidad y sociabilidad cortesana, no por misales. Es el eco medieval del eques romano: un profesional del combate a caballo, con obligaciones de estatus y redes de mecenazgo, cuya legitimidad nace del servicio y la pericia, no de la bendición.

Ese énfasis secular —apenas interrumpido por un guiño devocional— desmiente tu construcción de una caballería nacida y guiada por lo eclesiástico. El amor a Dios cabía en una línea; el amor al caballo, a la lanza y a la dádiva llenaba el resto del pergamino. Ahí está la continuidad: del circo máximo al torneo, del equus al palafrén, del patronazgo senatorial al patrocinio cortesano. El hilo que une esas escenas es latino y civil, no papista.

La identidad de la caballería y el estatus con la violencia orgullosa continuará a lo largo de los siglos medievales y en los que llamamos principios de la Edad Moderna. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.

La orden de caballería, dice Chrétien de Troyes, es la orden más alta que Dios ha querido y creado [¿Non es esto algo soberbio et non humil? Lo más alto como fue Luzbel según la fabula non biblica que venden los papistas]: no dice nada sobre la institución de su comisión por parte de la Iglesia, sino que implica que proviene directamente de Dios. Todos los caballeros deben obedecer al emperador, así como a los reyes y barones que están bajo su mando, dice Ramón Llull, haciéndose eco, quizás de forma algo distante, de la tradición imperialista: no dice nada sobre obedecer al Vicario de Pedro. De principio a fin, la caballería, incluso concebida como una orden, se mantiene fiel a sus orígenes, en esencia, seculares; y su sucesión apostólica, en la ceremonia de investidura, se perpetúa mediante una imposición de manos secular. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Europa Ancestral, qué ironía tan jugosa: condenas la soberbia desde tus valores serviles, agitas la fábula que tu magisterio inventó sobre un Lucifer altivo que cae por rebelde et soberbio del cielo —pese a non figurar en la Biblia—, et sin embargo la caballería que tanto quieres jesístizar non es precisamente un monumento a la humildad. Richard W. Kaeuper lo señala sin rodeos: su identidad et estatus se forjaron en la violencia orgullosa et así marcharon durante centurias medievales et en los albores de la Edad Moderna. 

Chrétien de Troyes, lejos de agachar la cabeza, clama a la orden de caballería “la más alta que Dios ha querido y creado”. Alto, exclusivo, excelso: suena más a Luzbel en tu relato apócrifo que a las bienaventuranzas. Et, detalle incómodo para tu prédica, nihilo dice sobre que la Iglesia la haya instituido; su legitimidad la face descender directamente de Dios, non de la sede de Cefas.

Ramón Llull, por su parte, ordena la obediencia al emperador, et luego a reyes et barones so su mando, repitiendo un eco claro —aunque atenuado— de la tradición imperial romana. Ni un verbo de someterse al papa. De principio a fin, incluso concebida como “orden”, la caballería permanece fiel a sus raíces seculares. La clamada “sucesión apostólica” de la investidura non es una consagración clerical, sino una imposición de manos laica, heredera de los gestos de mando et juramento de las élites gentiles:

Así que la paradoja es tuya: la institución que quieres arrodillar ante la sacristía nació, vivió et se exaltó en la soberbia gentil. Si la soberbia es pecado, entonces tu “caballería cristiana” cabalga con el Diablo al frente… al menos según la fábula que tú mismo propagas.

Eso no quiere decir que la caballería perdiera su naturaleza com­pleja. Por más significativo que pudiera ser el ideal del miles christia­nus no puede hacernos olvidar que generó tensiones en el seno de la caballería, lo que explica que, junto a su interpretación cristiana, permaneciese también vigente otra precristiana, puramente secular. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

Con la fórmula quasilitteratus, el autor asigna a Balduino una posición intermedia entre los polos tradicionales de «letrado» e «ile­trado». Más adelante describe cómo los clerici y los milites intercam­biaban información sobre sus propias culturas, situando ese inter­cambio en una nueva relación dentro de la corte. Según sabemos, a finales del siglo XII, los clérigos pasaron a los caballeros el testigo de la poesía cortesana caballeresca, aunque siguieron asumiendo la tarea de la educación de la corte, tratada con gran detalle a principios del siglo XII por Pedro Alfonso, médico del rey Alfonso I de Aragón, en su Dis­ciplina clericalis. Esta corriente pedagógica es una característica esen­cial de la cultura cortesana caballeresca, pues, a diferencia de los co­legios mayores, las cortes no se interesaban por el cultivo de las litterae, el acervo de la educación y el saber, sino por los comporta­mientos y las actitudes. La corte se consideraba una escuela de vida. La Caballería Y El Mundo Caballeresco, Josef Fleckenstein.

Europa Ancestral, ni siquiera tus propios cronistas medievales pueden esconderlo: por más que la propaganda del miles christianus quisiera teñir de devoción al caballero, dentro de la caballería seguía latiendo otra alma, más antigua y nada cristiana. Fleckenstein lo dice claro: junto ad la lectura cristiana, persistía una interpretación precristiana, puramente secular, heredera de valores gentiles y grecorromanos, difícil de domesticar con homilías.

El caballero, en la práctica, non vivía para rumiar supersticiones ni para perder horas en disputas rabínicas. Sus prioridades eran el caballo, el campo de batalla, la cívica de la corte et la red de alianzas, non las fabulas mosaístas absurdas ni las parábolas de púlpito. Por eso, cuando los clérigos se sientan a “instruir” a los milites, el intercambio es más cultural que doctrinal: se les pasa la antorcha de el carmen cortesano et del ceremonial, non el catecismo.

Pedro Alfonso, médico real et autor de la Disciplina clericalis, inaugura una pedagogía cortesana que non busca fabricar doctores de la ley supersticiosa, sino enseñar comportamientos et actitudes útiles en el ludo de poder. La corte se convierte en escuela de vida, non en seminario: allí lo que cuenta es saber moverse, fablar, seducir aliados et rivales, non recitar versículos.

Tus amados colegios mayores cultivaban las litterae; las cortes, en cambio, cultivaban el arte de mandar et de sobrevivir. Ese es el mundo que forja al caballero: un ámbito donde la Biblia apenas es una cita de conveniencia et donde las veras reglas vienen de la experiencia, el honor, la astucia et la lanza. Todo lo demás es ruido de sacristía que jamás logró romper la armadura secular de la caballería.

Siempre había existido una tensión en el pensamiento cristiano en este ámbito, entre las corrientes pacíficas y militantes de la tradición judeocristiana. Esta tensión se encuentra en la propia Biblia. El Antiguo Testamento revela a Jehová, con frecuencia, como el Dios de las batallas; el Nuevo Testamento narra la llegada del Príncipe de la Paz, quien predicó que los mansos heredarían la tierra e instó a Pedro a desenvainar la espada. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Comencemos con el primer bocado: "Siempre había existido una tensión en el pensamiento cristiano en este ámbito, entre las corrientes pacíficas y militantes de la tradición judeocristiana." ¡Ah, tensión! ¿Compatible, dices, Europa Ancestral? Como si un lobo et un cordero pudieran compartir lecho sin que uno termine en la barriga del otro. Los jesístas, con su dios único et caprichoso, non pueden decidir si son palomas o falcones ¡Nosotros, los gentiles, honramos a Marte sin remilgos, pero ellos... oh, ellos luchan consigo mismos antes de luchar con el enemigo!

Siguiente pedazo: "Esta tensión se encuentra en la propia Biblia. El Antiguo Testamento revela a Jehová, con frecuencia, como el Dios de las batallas;" ¡Mira eso! Jehová, el dios de las batallas, ordenando masacres en el Antiguo Testamento, como en Éxodo 15:3: "El Señor es un guerrero; el Señor es su nombre." ¡Compatible con la caballería? Claro, si por caballería entiendes genocidios divinos. Pero espera, Europa Ancestral, ¿Non es tu cristianismo el del "Nuevo" Testamento? ¿O prefieres el "arenque rojo" como un ladrón en el foro?

Ahora: "el Nuevo Testamento narra la llegada del Príncipe de la Paz, quien predicó que los mansos heredarían la tierra e instó a Pedro a desenvainar la espada." ¡Príncipe de la Paz! Mateo 5:5: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra." Et Mateo 26:52: "Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán." ¡Ja! el rabí Jesús deteniendo ad el sarraceno Cefas como un padre regañando a un niño con un juguete peligroso ¿Compatible con caballeros armados hasta los dientes, cargando en cruzadas? ¡Por favor! Eso es como decir que un banquete romano es compatible con el ayuno de un asceta ¡Sarcasmo divino! Europa Ancestral, ¿tú crees que un caballero manso hereda la tierra? Non, hereda una tumba prematura.

En la iglesia primitiva, la tradición pacífica era fuerte: Orígenes, entre los primeros padres, era un ejemplo típico al considerar la violencia de las guerras romanas como una violación de la caridad cristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen.

Continuemos: "En la iglesia primitiva, la tradición pacífica era fuerte: Orígenes, entre los primeros padres, era un ejemplo típico al considerar la violencia de las guerras romanas como una violación de la caridad cristiana." ¡Oh, los primitivos jesístas, tan puros, tan... anti-romanos! Orígenes condenando nuestras gloriosas guerras como "violación de la caridad" ¡Qué ironía! Nos construimos imperios con sangre et honor, mientras ellos se escondían en catacumbas predicando caridad ¿Compatible con la caballería? Solo si la caballería fuera sentarse a rezar mientras el bárbaro te decapita. Europa Ancestral, ¿tú admiras a Orígenes o a los cruzados? Elige, necio, porque non puedes tener ambos sin torcerte el cuello.

Sin embargo, tras la conversión de Constantino, esta postura tuvo que modificarse en cierta medida, pues ahora las guerras romanas eran libradas por un emperador cristiano y en defensa de una comunidad que se estaba volviendo predominantemente cristiana. Caballería, Maurice Hugh Keen

Luego la Iglesia la barniza: Paz de Dios, milite cristiano, cruzadas, indulgencias, templarios. Eso non es Jesús: es sincretismo. Tú lo clamas “valor cristiano”; el historiador lo clama “acomodación”. Bendecir la espada non convierte al acero en bienaventuranza.

Siguiente: "Sin embargo, tras la conversión de Constantino, esta postura tuvo que modificarse en cierta medida, pues ahora las guerras romanas eran libradas por un emperador cristiano y en defensa de una comunidad que se estaba volviendo predominantemente cristiana." ¡Ah, Constantino! El augusto que vio una cruz en el cielo et decidió que su dios era mejor para ganar batallas ¡Modificarse en cierta medida! Qué eufemismo para "hipocresía total". De pronto, las guerras romanas —nuestras guerras, bendecidas por Marte— se vuelven "cristianas". ¿Compatible? Como un pagano disfrazado de monje. Europa Ancestral, ¿ves la sorna? Tu religión se dobla como una caña al viento del poder. Nosotros, romanos, no cambiamos dioses por conveniencia; los honramos con constancia.

Agustín, escribiendo al final de la época imperial, esbozó lo que se convertiría en los fundamentos de la posterior teoría cristiana medieval de la guerra justa. Las guerras están justificadas, enseñaba, cuando una ciudad o un pueblo ha quebrantado deliberadamente la paz y se ha negado a reparar las ofensas causadas por sus súbditos; también argumentaba que la intención amorosa —la intención de corregir el pecado y atraer a los pecadores de vuelta al redil— podía justificar el uso de la fuerza. Si bien fueron fundamentales, apuntando hacia las doctrinas de la época de las cruzadas, las ideas de Agustín no constituyeron un tratamiento sistemático ni plenamente desarrollado del problema de la guerra. La Alta Edad Media heredó, por lo tanto, un conjunto de ideas sobre la justificación de la guerra, o su ausencia (y, por ende, sobre el papel del guerrero en la sociedad), que eran profundamente ambiguas. En los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, la tradición pacífica se mantuvo firme en la iglesia occidental. Caballería, Maurice Hugh Keen

Ahora: "Agustín, escribiendo al final de la época imperial, esbozó lo que se convertiría en los fundamentos de la posterior teoría cristiana medieval de la guerra justa." El moro Agustín Hiponense, el gran contorsionista. Inventando "guerra justa" para justificar lo injustificable. ¡Por Júpiter, qué risa! Del Príncipe de la Paz a la guerra "justa". Mateo 5:39: "Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra." ¿Guerra justa? ¡Ja! Eso es como decir "golpea con amor". Europa Ancestral, tus imposturas se basan en esta farsa agustiniana, non en tu Jesús.

Es verdad que, a comienzos del siglo IV, el Sínodo de Elvira excomulgaba todavía a los creyentes que por una denuncia (sin entrar en si ésta estaba justificada o no) hubiesen dado lugar a una condena de muerte o exilio. Pero, en el año 313, Constantino y Licinio promulgan su Edicto de Tolerancia; el cristianismo, antes prohibido, pasa a ser una religión lícita (que a partir de ese momento se apresura a declarar ilícitas todas las demás), ¡y de la noche a la mañana se produce la asombrosa metamorfosis de los pacifistas en capellanes de regimiento! Si antes lo arrostraban todo, incluso el martirio, con tal de no prestar el servicio, ahora la necesidad de matar les parece evidente. Apenas reconocidos por el Estado, en 314 el Sínodo de Arélate (Arles), “escuchando las voces del Espíritu Santo y de sus ángeles”, excomulga a los cristianos desertores. El que arrojaba las armas era arrojado de la comunidad de los creyentes. Los que antes eran “militia Christi” pasaron a convertirse en milicia efectiva. Siempre fue algo sospechosa esa noción; el mismo Pablo se muestra muy aficionado a la terminología militar cuando habla de “las armas del Señor”, “la coraza de la justicia”, “el escudo de la fe”, “el yelmo de la salvación”, “las ígneas flechas del Maligno”. ¡Lo que podría haber llegado a ser, si hubiera vivido en tiempos de Agustín! Los nombres de los soldados mártires desaparecieron rápidamente del calendario eclesiástico, para ceder su lugar a divinidades militares, al propio Jesucristo, a la Virgen, a diversos santos, bajo advocaciones destinadas a suplantar el papel de los ídolos bélicos paganos. La jura de bandera recibió el nombre de sacramentum, que ya es el colmo. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana, Karlheinz Deschner.

Pedazo siguiente: "Las guerras están justificadas, enseñaba, cuando una ciudad o un pueblo ha quebrantado deliberadamente la paz y se ha negado a reparar las ofensas causadas por sus súbditos; también argumentaba que la intención amorosa —la intención de corregir el pecado y atraer a los pecadores de vuelta al redil— podía justificar el uso de la fuerza." ¡Intención amorosa! ¡Matar por amor! Qué sarcasmo supremo. Imagina a un caballero medieval diciendo: "Te clavo esta lanza por tu bien, pecador, para que vuelvas al redil." ¡Por los dioses, es hilarante! Compatible con el mandato de amar a tus enemigos en Mateo 5:44: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen"? Non, es una parodia. Europa Ancestral, ¿tú crees en guerras "amorosas"? Entonces, ¿por qué non besas ad tu enemigo en lugar de ensartarlo?

Cuasi al final: "Si bien fueron fundamentales, apuntando hacia las doctrinas de la época de las cruzadas, las ideas de Agustín no constituyeron un tratamiento sistemático ni plenamente desarrollado del problema de la guerra." ¡Fundamentales pero incompletas! Como un templo a medio construir, listo para derrumbarse. Las cruzadas, esas orgías de sangre "santa", basadas en ideas a medio cocer. ¿Compatible con la caballería? Solo en la mente de un estólido como tú, que ignora cómo Agustín solo parcheó el agujero pacifista.

Último pedazo: "La Alta Edad Media heredó, por lo tanto, un conjunto de ideas sobre la justificación de la guerra, o su ausencia (y, por ende, sobre el papel del guerrero en la sociedad), que eran profundamente ambiguas. En los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano, la tradición pacífica se mantuvo firme en la iglesia occidental." ¡Ambiguas! ¡Profundamente ambiguas! Ahí lo tienes, Europa Ancestral: tu compatibilidad es una ambigüedad, una contradicción ambulante. Tras la caída de Roma —nuestra gloriosa Roma, non tu umbra papista— la paz se mantuvo firme ¿Milites cristianos? Eran anomalías, non la norma. La iglesia occidental, aferrada a su pacifismo hasta que el poder los tentó de nuevo.

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio eres! Tu papismo, se retorcio para encajar con la caballería, es como un sacrificio ad Venus fecho con vinagre. Nosotros, adoradores de los veros dioses, sabemos que la guerra es honrosa en sí misma, non una excusa "justa" para contradecir mandatos divinos Vuelve a tus libros, estólido, et deja que los gentiles riamos de tu confusión ¡Ave, Júpiter! ¡Et que este texto te clave como una espada pacifista!

Europa Ancestral, aquí está tu barniz agrietado. La historia non necesita mi ironía para delatarte, pero non me resisto: todo ese repertorio que presentas como “valores cristianos” —Paz de Dios, miles christianus, cruzadas, indulgencias, templarios— non es el mensaje de Jesús; es sincretismo calculado. Non es el Sermón del Monte lo que cabalga ahí, sino la vieda montura teutónica con arreos nuevos. Tú lo clamas virtud papista; el historiador lo clama acomodación. Bendecir la espada non convierte al acero en bienaventuranza, solo lo unge para otra campaña.

Más aún, el Papa era un ferviente defensor de la guerra para difundir el cristianismo y convertir a los paganos, y esto último es, en mi opinión, la consideración más importante. Lejos de rechazar la ética bélica germánica, el Papa pretendía aprovecharla para sus propios fines, y la evidencia demuestra que lo logró. Los bárbaros pueden luchar a sus anchas en causas bendecidas por la Iglesia, y esto se aclara no solo en el vocabulario. Es la postura de la Iglesia, y no la de los germanos, la que se modificó. Como demostró Erdmann, la Iglesia absorbió y no rechazó las cualidades morales guerreras de sus conversos. ¿Quién diría que San Miguel de tiempos posteriores no fue Woden bajo una nueva bandera? Germanización del cristianismo medieval temprano, James C. Russell. 

Et aquí entra la parte que tu catecismo prefiere callar: el papa medieval no fue un apóstol desarmado, sino un defensor entusiasta de la guerra para difundir el cristianismo y convertir a los paganos. No rechazó la ética bélica germánica; la adoptó como herramienta. James C. Russell lo expone sin ambages: la Iglesia absorbió las cualidades guerreras de sus conversos, no las destruyó. El resultado fue una maquinaria donde los “bárbaros” podían seguir luchando “a sus anchas” siempre que la causa tuviera bula.

Cambia el pendón et el nombre del dios al que se invoca, pero la lógica es la misma: disciplina, violencia legítima, honor tribal. ¿O acaso no es llamativo que el icono de Miguel guerrero de tus vitrales tenga tanto aire de Mercurio (Woden) rebrandeado? La teutonización del jesísmo medieval temprano es justo eso: una fusión pragmática que permitió a la Iglesia controlar a un estamento armado sin desmontar el su mor gentílico.

Así que non, non es “Jesús a caballo”; es el équite teutón-latino con licencia eclesiástica. Et si en tus valoraciones serviles la soberbia es pecado, tendrás que explicar por qué tu milicia santa heredó, intacto, la soberbia et la ferocidad de los gentiles.

¡Ja! Ahora Europa Ancestral podría sostener que el Antiguo Testamento fue la gran innovación en la caballería europea, como si esos textos hebreos polvorientos hubieran inventado el coraje del guerrero de nihilo ¡Qué absurdo, qué patético engaño! Como si un camello del desierto pudiera enseñar a un lobo ibérico a cazar. No, necio Europa Ancestral, esa supuesta "innovación" no fue más que una capa de judeocentrismo que alienó a Europa de sus raíces profundas, convirtiendo a fieros guerreros germánicos en marionetas de un dios extranjero. Permitidme explicaros, con la sorna de un gladiador riendo de un filósofo torpe, por qué esto es una farsa y cómo esa influencia solo provocó una alienación cultural que aún apesta a hipocresía.

Imaginad, oh dioses, la Europa antes de esa superstición mosaísta: un tapiz de tradiciones militares robustas, arraigadas en la tierra et la sangre de sus pueblos. Los germanos ya tenían su mor heroico, con virtudes como la generosidad desbordante, la destreza en el combate que facía temblar a los enemigos, et una lealtad feroz que non necesitaba señores feudales ni promesas celestiales para brillar. Pensad en el Beowulf, ese canto épico donde el héroe lucha por honor terrenal, non por un paraíso prometido. Las espadas eran sagradas por derecho propio, forjadas en ritos prepapistas, et la nobleza vivía de la caza et la guerra, montando a caballo con picas contra osos o halcones en el puño, sin que ningún monje les dijera cómo eser varones. El caballero, o équite, era una figura secular, un soldado de este mundo, non un fantoche espiritual. ¡Et ahora vendrá Europa Ancestral a decir que el Antiguo Testamento innovó esto! ¡Por favor! Como si David matando a Goliat con una honda fuera el modelo para un caballero cargando con lanza en mano ¡Ironía suprema! Esos textos non inventaron nihilo; solo fueron usados como un barniz para justificar lo que ya era.

La ceremonia de coronación tuvo mucho menos éxito en lo que respecta al arbitrio de los caballeros. De hecho, la investidura de caballero se asemeja mucho a un ejemplo clásico de piedad laica independiente, una apropiación o laicización de la entrada clerical en la práctica caballeresca; una vez más, los caballeros asumían con mayor facilidad la legitimación religiosa que el elemento de control sacerdotal pretendido desde la esfera del clero. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

Ah, pero aquí entra la Iglesia, esa astuta serpiente con sotana, enfrentada a una Europa fragmentada por la violencia feudal ¿Innovar? ¡Non! Lo que fizo fue una instrumentalización pragmática, superponiendo modelos bíblicos sobre esa base militar preexistente para controlarla et legitimarla so su yugo. Tomaron al "Dios de las batallas" del Antiguo Testamento, ese Tervagante vengativo que ordena masacres en nombre de su pueblo elegido, et lo usaron para bendecir pugnas europeas, como cuando enviaron la bandera de Cefas a Guillermo el Conquistador antes de Hastings. Héroes israelitas como Abraham, Gedeón, David o Judas Macabeo se convirtieron en "ejemplos" para los caballeros papistas, invocados en liturgias de bendición de espadas et estandartes ¡La caballería de Israhel como presagio de las cruzadas! ¿Veis la sorna? En lugar de honrar a héroes locales como los de las sagas nórdicas o las legiones romanas, los milites europeos fueron obligados a mirar faz ad Judea, ad un linaje "divino" importado que nihilo tenía que ver con sus bosques, ríos et ancestros. Eso es judeocentrismo puro: centrar la identidad militar en narrativas judaicas, faciendo que el caballero se viera como un "miles Christi", un milite de Jesús, en vez de un fijo de su propia tierra ¡Qué alienación! Como si un farfán como yo, forjado en la herencia de Hermanarico et las águilas hispanas, debiera arrodillarse ante un rey israelita de face milenios para justificar mi espada.

Et ¿por qué se dio esta alienación? Porque el jesísmo non se asimiló orgánicamente; fue "teutonizado" a la fuerza, adaptado para que los pueblos bárbaros lo tragaran sin vomitar. Los misioneros, astutos como Mercurio ladrón, non predicaban salvación espiritual profunda, sino recompensas temporales: "¡Uníos a este dios omnipotente et ganaréis batallas terrenales!" Presentaron a Jesús como un señor guerrero, resonando con la mentalidad teutónica, pero era una fachada. La conversión fue superficial, un culto mágico a una deidad poderosa, non una transformación de la ánimas. Reyes como Redwald mantenían altares a Jesús junto ad los genios, mostrando la coexistencia forzada. Esta "germanización" rompió el vínculo tradicional entre religión et nación: en lugar de dioses locales atados a la tribu y la tierra, como nuestros romanos Júpiter o Marte, impusieron una fe universal que disolvía identidades étnicas. Los francos se convirtieron en el nuevo "pueblo elegido", reemplazando a los hebreos, pero era una identidad impostada, comprada a expensas de la unidad cultural. ¡Alienación judeocéntrica en su esplendor! Europa pareció cristiana, pero era solo una sombra, proyectando símbolos bíblicos sobre tradiciones que seguían latiendo debajo. La Iglesia no creó la esencia de la caballería –el combate, la lealtad, la proeza–; solo la releyó ideológicamente para sus fines de control, alienando a los guerreros de sus raíces et centrándolos en un judeocentrismo que los facía extranjeros en su propia historia.

Incluso en Espania, con Alfonso X el Sabio "inventando" la caballería en sus leyes, non fue innovación del Antiguo Testamento, sino un proyecto político para someter a la nobleza al rey, relegando a los clérigos et usando figuras como el Matamoros –Castor pero con cascara de hebreo Jacobo– para evitar sujeciones  ¡Ja, Europa Ancestral, tu "innovación" es una reingeniería pragmática, non una revelación divina! Absurdo sostener que esos textos antiguos trajeron novedad; solo trajeron alienación, faciendo que Europa olvidara sus dioses veros por un judeocentrismo que la debilitó. ¡Volved a vuestros libros polvorientos, estólido, mientras yo brindo con vino romano ad Marte por la vera gloria guerrera! ¡Ave, dioses eternos! Que esta verdad os clave como una lanza gentil en el cor de la falsedad.

He aquí citas que corroboran lo que digo: 

Conviene recordar aquí que las espadas sacras tienen una historia que se remonta al pasado precristiano. La Durendaal de Roland tiene su equivalente en Waldhere en la espada Mimming, forjada por el gran herrero del panteón teutónico, Weland: 36 al igual que las reliquias en la empuñadura de Duren-daal (un diente de San Pedro, un cabello de San Dionisio, un fragmento del manto de la Virgen) tienen su contraparte en las descripciones nórdicas de "piedras de vida" mágicas engastadas en el pomo de espadas paganas. Caballería, Maurice Hugh Keen. 

Desde los primeros momentos de su existencia se resaltó el lazo entre Roma y los dioses. Los ejemplos de este vínculo son numerosos, por lo que solamente se destacan algunos: el origen prodigioso de los gemelos hijos de Marte, los auspicios de la fundación de la ciudad y de la elección de los reyes, la formación de las instituciones religiosas por Numa y otros sucesos afines que presagiaban la grandeza romana y que mostraban su colaboración con los romanos son contados en la historiografía romana como muestras del favor divino hacia Roma. Tras la instauración de la república, las señales pro-picias a Roma aumentaron y se notaron en eventos como la batalla del lago Regilo, la conquista de Veyes y la defensa de la ciudad en la invasión gala del 389 a. C. El libro V de Tito Livio se destaca por las reiteradas señales divinas que anuncian la victoria romana sobre su rival etrusca como la subida del agua del lago Albano, las palabras de un viejo arúspice veyense que vaticinaba el triunfo romano y la declaración del oráculo de Delfos a favor de los romanos. Además, marca un acto particular de los romanos: atraerse a los dioses vecinos mediante la adopción de su culto y la erección de templos en su honor, para que, al pactar con ellos, obtuvieran su protección. Este libro también resalta las continuas intromisiones de los dioses a favor de Roma frente a los galos, los ejemplos de piedad hacia el culto y la mediación divina que libró a la ciudad de la penetración gala gracias a los graznidos de un ganso. Tradición y costumbres en la religión romana, Miguel Ángel Ramírez. 

Con tal espíritu y determinación cruzó el Helesponto; su­biendo a Ilion hizo un sacrificio a Atenea y libaciones a los héroes. Ante la tumba de Aquiles, después de untarse de aceite y correr desnudo alrededor de ella junto con sus compañeros, según la costumbre, hizo ofrenda de una corona y llamó bien­ aventurado a Aquiles por haber tenido en vida un amigo fiel y un gran heraldo de sus hazañas después de muerto. Mientras recorría visitando la ciudad alguien le preguntó si quería ver la lira de Alejandro, pero él contestó que aquélla no le interesaba en absoluto, sino que buscaba la de Aquiles, con la que el héroe cantaba las hazañas y gestas de los valientes. Plutarco, Vidas Paralelas VI. Alejandro-y-César-Pompeyo-y-Agesilao-Sertorio-y-Eumenes 

Este enfrentamiento no produjo en los macedonios tan­ta rabia contra Pirro y odio por las pérdidas que sufrieron co­mo aprecio y admiración por su valor; antes bien, dio pie a que hablaran de ello tanto los que le habían contemplado en acción como los que se habían enfrentado con él en la bata­lla. No en vano, pensaban que su porte, su agilidad y su for­ma de moverse evocaban los de Alejandro Magno, observando en él cierto reflejo y emulación en el ímpetu de aquél y en su fiereza en el combate. Plutarco, Vidas paralelas IV. Arístides-Catón-Filopemen-Flaminino-Pirro-Mario

En composición, si bien la caballería jesista incorporó elementos de una "tradición militante" del Antiguo Testamento et de valores heroicos teutónicos, la novedad non residió en la invención de esos elementos individuales, sino en la profunda et activa reelaboración, re-significación et composición que la Iglesia les dio, forjando un fin et una institución con características et propósitos distintos a sus predecesores.

Uno de los ejemplos más evidentes de la adaptación cristiana a las actitudes religioculturales germánicas se encuentra en la actitud de la Iglesia medieval hacia la guerra. En un estudio sobre este tema, J. M. Wallace-Hadrill señaló: «Los pueblos paganos germánicos tenían una clara convicción de que la guerra era una empresa religiosa, en la que los dioses estaban interesados. De inmediato, uno piensa en Woden como un dios peculiarmente, aunque no exclusivamente, conectado con la guerra. La guerra pagana y la guerra pagana de transición, por lo tanto, tenían su faceta religiosa. No es sorprendente que los misioneros cristianos encontraran esto inerradicable, aunque no inadaptable a sus propios propósitos. La lengua vernácula cristiana hace un uso considerable de los términos de la guerra pagana... ¿Por qué, entonces, los hombres que convirtieron a los anglosajones diferían tan marcadamente [en su aparente indiferencia hacia el código guerrero] de Wulfila? Los anglosajones no eran menos belicosos que los godos. La respuesta puede estar en el prudente espíritu de adaptación mostrado por Gregorio Magno.» Germanización del cristianismo medieval temprano, James C. Russell

De hecho, como ha enfatizado Maurice Keen, la caballería demostró su autonomía frente a los clérigos elaborando una mitología caballeresca. Esta se completaba con historias de orígenes, listas de hombres dignos de reverencia y grandes textos escritos en un lenguaje a veces sonoro y solemne, a veces maravillosamente ingenioso y sofisticado. Hemos visto que toda esta cultura marcadamente laica funcionaba no tanto como una forma de anticlericalismo, sino como un proceso complejo y autónomo de adopción y creación paralela, que utilizaba el simbolismo clerical para correr el velo de la piedad aceptada sobre los rigores de la vida caballeresca. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.

Contradicciones directas entre la caballería et la Biblia

Por supuesto, ninguna de estas estimaciones debe interpretarse con juicio. Si los clérigos medievales no rompieron el nudo gordiano que unía la violencia y la religión, tampoco lo han hecho personas reflexivas antes ni después, al menos no con satisfacción general. Tampoco debemos adoptar la escala eclesiástica de juicio sobre la caballería en este asunto. Los caballeros, sin duda, no absorbieron pasivamente las ideas clericales restrictivas y mejoradoras para luego fracasar deplorablemente en alcanzar los altos estándares. Tenían ideas propias, como hemos visto, incluso ideas de carácter religioso. Se consideraban jueces competentes en cuanto a qué ideas clericales sobre la caballería aceptarían, y es posible que ni siquiera desearan unir sus vidas a las de muchos otros. Nuestra tarea no es otorgar o negar puntos por buena conducta a los caballeros, sino reconocer la selectividad con la que absorbieron la ideología clerical. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper.
Como buen clérigo, considera que la función del caballero es ser el brazo derecho y fuerte de la Iglesia, que debe cumplir las órdenes de la orden clerical superior, sin demasiados cuestionamientos. Es dudoso que muchos caballeros hubieran visto su deber en este caso con tanta claridad como él. Al considerar los asuntos desde la perspectiva sacerdotal, como era natural, los autores eclesiásticos mostraron una tendencia muy general a retratar la caballería en términos de prioridades sacerdotales que la mayoría de los caballeros no comprendían del todo o se sentían justificados en ignorar.
Pero también hay interpolaciones sustanciales tomadas del Antiguo Testamento y de libros que, desde nuestro punto de vista, son muy significativos: los libros de los Jueces, de los Reyes y de los Macabeos. Estos son los libros que describen cómo la caballería de Israel conquistó y defendió Tierra Santa en la época de la Antigua Ley. Que esa historia se concibió naturalmente en términos caballerescos, nos lo recuerdan las aclaraciones de innumerables textos bíblicos. Empieza a quedar claro que no comprenderemos la plena trascendencia de la mitología histórica de la caballería si nos limitamos a los tres grandes temas de la Chanson des Saisnes: existía además un cuarto tema, de mayor importancia. Además de los ejemplos de caballería que nos ofrecen las historias de Carlomagno, los héroes griegos y romanos, y los caballeros de Arturo, debemos tomar como ejemplo la caballería bíblica del rey David y Judas Macabeo, pues su logro formó parte de la mitología histórica de la caballería tanto como cualquier otra cosa. Los líderes del Antiguo Testamento habían sido constantemente presentados como ejemplo para los guerreros cristianos durante mucho tiempo, incluso antes de que se acuñara el término caballería. Los primeros ritos para la bendición de los estandartes y de la espada del guerrero invocaban los ejemplos de Abraham y Gedeón, David y Judas Macabeo. Caballería, Maurice Hugh Keen.
De hecho, la solución caballeresca parece clara y característica: se apropiaron en gran medida de la religión; absorbieron las ideas que eran ampliamente compatibles con el culto virtual a la destreza y con el alto sentido de su propio estatus y misión divinamente aprobados. Asimismo, minimizaron o simplemente ignoraron la mayoría de las restricciones que no eran compatibles con su sentido del honor y el derecho. Esta aparente paradoja, de hecho, constituyó uno de los rasgos estructurales de la ideología caballeresca y una gran fuente de su fuerza. Porque en una de sus dimensiones esenciales, la caballería descansaba en la fusión misma de la destreza y la piedad; funcionaba como la forma masculina y aristocrática de la piedad laica; era en sí misma, en otras palabras, una encarnación de la fuerza religiosa que obró tan poderosamente para moldear la sociedad, al menos desde el siglo XII. El culto a la destreza semidiós, con todas las ideas y prácticas de la cuasirreligión del honor, se fusionó con el cristianismo medieval. Si a veces la enorme brecha que separaba los dos sistemas de creencias estimuló la escritura inspirada (como en La búsqueda del Santo Grial o Sir Gawain y el Caballero Verde), más a menudo la brecha simplemente, voluntariamente, pasó desapercibida. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

Los valores caballerescos —valentía, honor, proeza marcial, lealtad feudal et amor cortés— chocan frontalmente con los preceptos bíblicos, que promueven humildad, es decir bajeza, non violencia et sumisión a Tervagante. A continuación, detallo estas contradicciones: 

La piedad laica caballeresca, en resumen, implicaba un grado apreciable de independencia práctica laica; La caballería asumió el manto valorizador de la religión sin aceptar plenamente el papel directivo que asumían los eclesiásticos; prácticamente absorbió la religión para sus propios fines, en gran medida bajo sus propios términos. Los caballeros no se inclinaban simplemente y obedientemente ante la autoridad clerical ni, desprovistos de ideas propias, asimilaban las lecciones y pautas de vida que les inculcaban sus hermanos, hermanas y primos tonsurados y velos. Los caballeros creían tener un acuerdo con Dios, un pacto que finalmente eludía a los problemáticos clérigos, aun cuando, paradójicamente, reconocían su esencial papel sacerdotal. Caballería y violencia en la Europa medieval, Richard W. Kaeuper

  1. Valentía et proeza marcial vs. non violencia bíblica:

    • La caballería glorifica la violencia et la destreza en combate, como se ve en torneos y cruzadas, donde el caballero busca gloria personal. Richard W. Kaeuper señala que la caballería era “intrínsecamente violenta”, celebrando la prouesse (proeza).

    • La Biblia, en cambio, promueve la no violencia: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo V:XXXIX). También exalta la humildad sobre la gloria: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (Mateo XXIII:XII). Estas enseñanzas contradicen el ethos caballeresco de buscar honor a través de la violencia.

  2. Honor aristocrático vs. humildad bíblica:

    • El honor caballeresco, ligado al prestigio social y la lealtad al señor feudal, refleja el condado teutón, donde el guerrero jura fidelidad a cambio de gloria. Este orgullo aristocrático es gentil, non mosaísta.

    • La Biblia condena el orgullo: “Mejor es ser humilde de espíritu con los humildes que dividir despojos con los soberbios” (Proverbios XVI:XIX). Filipenses II:III insta: “No hagáis nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad considerad a los demás como superiores a vosotros mismos”. El caballero, que busca fama y reconocimiento, contradice esta sumisión.

  3. Amor cortés vs. moralidad bíblica:

    • El amor cortés, un pilar de la caballería, idealiza el amor romántico, a menudo adúltero, como en las historias de Lancelot et Ginebra. Influido por trovadores et posiblemente por heterodoxias cátaras (que veneraban figuras femeninas divinas como Sapiencia), este amor exalta la pasión terrenal.

    • La Biblia condena el adulterio: “No cometerás adulterio” (Éxodo XX:XV). Proverbios VI:XXXII advierte: “El que comete adulterio con una mujer carece de entendimiento”. El amor cortés, con su idealización de la pasión, es incompatible con la moral bíblica.

  4. Fe feudal vs. lealtad ad Tervagante:

    • La caballería prioriza la fidelidad al señor feudal, un eco del condado (comitatus) romano, donde el milite jura fe ad el su duque. Esta fidelidad terrenal compite con la captividad ad Tervagante.

    • La Biblia exige lealtad exclusiva a Dios: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo XX:III). La estructura feudal, con su orden de señores, contradice este mandato monoteísta.

La Iglesia intentó cristianizar la caballería con movimientos como la Paz de Dios (siglo X AUC, siglo X d.C.), que buscaba limitar la violencia, pero, como señala Kaeuper, los caballeros a menudo ignoraban estas restricciones, mostrando que la caballería era gentil en esencia, non bíblica.

El fracaso de la Iglesia en persuadir a la caballería de que su visión en este caso era inadecuada y distorsionada es, por lo tanto, una demostración de la confianza de la caballería en sus propias costumbres, sus propias tradiciones, su manera independiente de servir a los propósitos de Dios. En su propio terreno, la caballería no sentía necesidad de guía sacerdotal. Es evidente que muchos caballeros pasaron por alto o malinterpretaron las lecciones que deberían haber aprendido del torneo, así como de otros lugares. Pero no deberíamos, por ello, llegar a la conclusión fácil de que solo nos hablan de la arrogancia y la extravagancia aristocráticas. Caballería, Maurice Hugh Keen.

El crecimiento de las actitudes y valores caballerescos progresó independientemente de la opinión eclesiástica oficial, como lo demuestra la popularidad de los torneos a pesar de la "censura consistente" de la Iglesia. Las prohibiciones papales a los torneos se repitieron con "creciente vehemencia" pero tuvieron una "notable falta de efecto" hasta que Juan XXII finalmente las levantó en 1316.

Continuando con las imposturas de Europa Ancestral...

“Los fariseos non tenían hambre de espíritu”. Todos, siempre, sin excepción. Qué práctico reducir un movimiento plural a un villano de cartón. Jesús critica hipocresías concretas; tú fabricas una esencia para apuntalar tu relato. Et mientras acusas a otros de “creer que lo saben todo”, dictaminas destinos como si llevaras el censo celestial en el bolsillo. El búmeran ya te dio en la nuca.

La caricatura es cómoda: fariseos de cartón, malignos sin dudas ni grietas. Pero el texto non les concede ese lujo. Jesús, que non se casa con nadie, les reconoce la cátedra: “En la cátedra de Moisés se sientan… todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mt 23:2–3). Ojo: non exonera sus incoherencias, pero tampoco invalida su enseñanza. Non hay blanco et negro; hay un rabino que distingue entre verbo et praxis.

¿Malignos absolutos? Díselo a los que se acercan a Jesús para salvarle el pellejo: “Vete de aquí, porque Herodes te quiere matar” (Lc 13:31) ¿Desde cuándo el antagonista avisa al protagonista que corra? La narrativa fácil necesita monstruos. La historia real tiene hombres que, a veces, facen lo correcto.

Luego está el que se atreve a tocar la noche con preguntas. Nicodemo, fariseo, que entra en la penumbra como quien abre la jaula del alma: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro” (Jn 3:1–2). Non viene a cazarle, viene a entenderle. Detrás de la túnica hay hambre.

Et en el Sinedrio, cuando el poder quiere triturar disidencias, se levanta un fariseo con la serenidad de quien respira siglos: Gamaliel. “Si esta obra es de los hombres, se desvanecerá; si es de Dios, no la podréis destruir” (Hch 5:34–39). Prudencia, non pólvora. Fe en el juicio de Dios, non en el puño del día.

¿Et la iglesia nasciente? Non nasció en una burbuja estéril. “Algunos de la secta de los fariseos, que habían creído…” (Hch 15:5). Los mismos a quienes caricaturamos están dentro, discutiendo, aprendiendo a soltar lastres, a abrazar gracia. El Evangelio non apaga biografías: las reconduce.

Saulo, por si quedaban dudas, non renuncia a su linaje: “Yo soy fariseo, hijo de fariseos” (Hch 23:6). Et cuando la verdad de la resurrección entra en juego, los escribas fariseos dicen: “Ningún mal hallamos en este hombre” (Hch 23:9). Non todos a una contra él; algunos a favor de un principio que les quema en el pecho: Dios levanta muertos.

Así que non, non eran máscaras; eran hombres. Jesús non crucifica a un partido: desnuda la hipocresía, venga con filacterias o con cruces al cuello. Si vas a disparar, apunta bien: non a “los fariseos”, sino a la mentira que nos habita cuando decimos et non facemos. Lo demás es caricatura, et las caricaturas son cómodas porque non nos piden conversión.

Lucifer, en Isaías 14:12‑15, es Heylel ben Shachar: “lucifer, hijo de la aurora”. El contexto lo identifica como rey de Babilonia (v. 4). No es un ángel caído, no es el Diablo, et muchísimo menos un relato de su castigo eterno.

El personaje de Isaías 14 dice:

“Seré semejante al Altísimo” Non “seré el Altísimo”. Es aspirar a parecerse, no proclamarse Dios. Y ni siquiera aquí se habla del Diablo: es un monarca humano, derribado de su trono.

Cuando la Biblia fabla de Satanás o del Diablo, nunca los muestra creyéndose Dios. En Ezequiel 28:12‑19 —otro oráculo contra un rey, en este caso el de Tiro— se usa lenguaje poético (“eras en Edén”, “querubín protector”), pero non se trata de la biografía de un demonio. Génesis 3 presenta ad la serpiente como “el más astuto de los animales del campo” que el don fizo; non dice que sea el Diablo ni Lucifer. El “dios de este mundo” de 2 Corintios 4:4 tampoco se clama Lucifer, y es una descripción de influencia, non una confesión de identidad ni un acto de soberbia divina.

¿Et el castigo? Muéstrame el versículo donde la Biblia diga que “Lucifer” eserá castigado. Non es. Los pasajes de juicio son sobre el Diablo-Satán-Satanas (Ap 20:10; Mt 25:41), figura distinta, con otro trasfondo et otros nombres.

Así que si vas ad condenar ad “los que emulan a Lucifer”, primo define ad qué Lucifer te refieres. Porque si fablas del lucero de la mañana… acabas arremetiendo contra el mesmo nombre que Apocalipsis 22:16 pone en labios de Jesús. Eso sí que es pegarte un tiro en el pie… con munición prestada por la tradición, non por el texto.

“Ser como dioses” siempre es arrogancia, dices. Salvo cuando es teología cefea: teosis, “participar de la naturaleza divina” (2 Pe 1:4). Cuando lo dicen otros, es orgullo; cuando lo dices tú, es santidad. Qué casualidad. Si vas ad repartir etiquetas de “ombligo del mundo”, empieza por la tuya.

“Dios necesita que lo defendamos castigando”. Tranquilo: el mundo non depende de tu espada ni de tu cruzada personal. La modestia que predicas se evapora cuando fablas en nombre del Altísimo pora sellar bendiciones et condenas. Dios non necesita tu caballería de cartón pora eser Dios; eres tú quien necesita su sello para legitimar tu mor supersticioso.

Biblia ≠ caballería medieval: lo tuyo es gentilidad barnizadas de mosaísmo.

Francisco de Asís, el contracaballero

Dice ahí Chesterton [en su libro San Francisco de Asís] más contradice el espíritu de su epoca [el medioevo], porque los santos son eso, son las personas que intentan contradecir el espíritu de su propio tiempo... el espíritu de su propio tiempo, el espíritu mundano de su propio tiempo. Olivera Ravassi, Sobre Francisco de Asís.

¡Ja! Qué ironía divina, Europa Ancestral, tú que defiendes la caballería como pináculo de la virtud papista, ignoras cómo este "santo" Francisco encarna la perfecta antítesis, exaltando la miseria como virtud et pisoteando los ideales de riqueza, poder et gloria bélica que definían al caballero medieval. ¡Por los dioses, es el contracaballero por excelencia! Un hombre que, en lugar de cargar con lanza en justas de los lares, optó por mendigar piedras et dormir en el limo, condenando las mismas armas que forjaban imperios. Usemos sus propios verbos et acciones, sacadas de fuentes fiables –non de ese vídeo propagandístico que intenta pintarlo como un guerrero disfrazado, cuando en realidad revela su aversión ad la vera caballería– para desmontar esta farsa. ¡Sorna suprema! Vamos ad desmenuzar cómo Francisco, con la su "pobreza radical", non innovó nihilo en la caballería, sino que la sabotajeó desde dentro, promoviendo valores que la convierten en una carcajada gentil.

¡Mirad, oh dioses, el nacimiento de este contracaballero! Nacido en riqueza, hijo de mercaderes opulentos, Francisco jugueteó con la vida militar en su juventud: participó en el asalto al Castillo Imperial de Asís en 1199 y fue capturado en 1202 como un prisionero cualquiera. ¡Ah, qué potencial para un caballero! Podría haber acumulado tierras, caballos y armaduras, defendiendo su honor con acero reluciente. Pero no: experimentó una "gran ruptura" –¡ja, ruptura con la cordura romana!– al oír una voz que le pedía restaurar una iglesia ruina. Vendió su caballo –¡su caballo, el símbolo del caballero!– y bienes paternos para causas "piadosas", enfureciendo a su padre Pietro Bernardone, quien lo vio como ladrón y lo encerró. Ante el obispo, Francisco se negó a devolver el dinero, despojándose de todo en una exhibición de desnudez pública. ¡Qué sarcasmo! Mientras el caballero se enorgullece de su armadura, Francisco recolectaba piedras con sus manos, pidiendo no pan, sino rocas para reconstruir San Damián. Al morir, pidió yacer desnudo en la tierra, poseyendo nada. ¿Compatible con la caballería, que se basa en riqueza para mantener armas y monturas? ¡Non! Es su condena: "Donde hay pobreza y alegría, no hay codicia ni avaricia", decía Francisco ¡Exaltando la miseria como si fuera un banquete! Europa Ancestral, tu "santo" non innova; destruye la base económica del milite noble.

«Si poseyéramos bienes nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos».
Esta frase constituye la clave de toda la política que persiguió. Se apoyaba sobre un fundamento de lógica irrebatible; y, con respecto a ella, nunca dejó de ser lógico. Estaba dispuesto a confesar su error en cualquiera otra materia; pero en cuanto a esta regla especial estaba seguro de que tenía razón. Sólo en una ocasión viósele iracundo, y fue cuando le propusieron una excepción a esta regla. San Francisco de Asís, G K Chesterton.

Et ahora, la joya de su traición: la condena explícita de las armas et las leyes que las defienden. Ante el obispo de Asís, preocupado por la austeridad de sus frailes –sin bienes ni comodidades, ¡pobres diablos!–, Francisco soltó esta perla: "Si poseyéramos bienes, nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos" ¡Por Júpiter, qué orden perverso! Reconoce que la posesión lleva a la violencia –armas para proteger lo tuyo–, et en lugar de abrazarla como un romano o un caballero, la rechaza por completo. Nunca cedió en esto; se enfadó cuando propusieron excepciones ¿Armas ofensivas? Solo para defender la Iglesia, la fe o la patria, con permiso –como admite ese vídeo papista, Europa Ancestral, en un intento torpe de facerlo "no pacifista" ¡Ja! Pero incluso allí, es solo defensa pasiva, non la gloria de la carga caballeresca, las cruzadas por honor et botín. Francisco participó en la Quinta Cruzada, pero no como miles christianus con espada en mano; fue ad "acabar las Cruzadas hablando con los sarracenos", predicando al Sultán de Egipto con palabras, non acero. Fracasó, claro, et volvió, pero el su método era decepción, non fuerza. ¡Contracaballero total! Mientras los caballeros unían virtudes seculares con jesistas para "salvarse" en guerras santas, Francisco optaba por el diálogo humilde. Sus enemigos lo recibieron "como al hombre, no ad la doctrina" –¡ironía!–, pero él persistía en la paz: "Señor, hazme instrumento de tu paz; donde haya odio, siembre yo amor; donde haya injuria, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desesperación, esperanza; donde haya tinieblas, luz; y donde haya tristeza, alegría" ¿Paz? ¡Eso es renunciar ad la pugna honrosa que define la caballería!

¡Oh, qué rechazo ad la potestad mundana, esa esencia caballeresca! Francisco et sus seguidores, como Bernardo de Quintavalle et Pedro, abandonaron comodidades et ambiciones eclesiásticas por humildad et servicio. Se negó ad buscar cartas o privilegios en la Curia papista–¡nihilo de influencias nobles!–, mientras la caballería, como "invención" cívica, consolidaba el poder monárquico et ético para la nobleza. Él trataba "a la masa humana como a una masa de reyes" –¡sorna!–, sirviendo ad desfavorecidos en lugar de dominarlos ¿Dónde está la soberbia del caballero, la búsqueda de honor en justas et batallas? De esas que el papado quiso prohibir. En su lugar, ascetismo: una "pasión positiva et apasionada por la pobreza", imitando los sufrimientos de su Jesús en el Calvario, non como un anticristo bélico davídico. "Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni molestia", predicaba. ¡Exaltando la miseria! Su vida fue un "espléndido et piadoso espejo de Jesús", pero uno que rechaza el heroísmo bélico por sacrificio et renuncia. Ese vídeo intenta "corregir" que non era pacifista moderno, mostrando cómo permitía armas para defensa o predicaba contra heréticos et mahometanos –¡incluso enviando frailes a Mauretania para "luchar contra la ley de Mahoma"!–, pero ¡qué ironía! Es predicación, non espada; martirio pasivo, no gloria activa. Los cinco frailes martirizados son "verdaderos franciscanos" por morir, no por matar. ¡Contra la caballería, que vive por la victoria!

Europa Ancestral, tu Francisco non es innovador del Antiguo Testamento en la caballería; es su verdugo. Exalta la miseria –"La santa pobreza, a quien sola llevaron consigo en sus cargas, los hizo veloces para toda obediencia, fuertes para el trabajo y rápidos en el viaje"– et condena los valores que forjaban caballeros: riqueza, armas, poder. ¡Qué disparate judeocéntrico, alienando a Europa de sus raíces guerreras gentiles! Vuelve a tus ilusiones, estólido, mientras yo ofrezco libaciones ad Marte por la vera gloria. ¡Ave, dioses! Que este monólogo os desmonte como un templo mosaísta derruido por un rayo de Júpiter.

¡Ja! Si antes pisoteaba la riqueza et las armas caballerescas, ahora ataca el sanctasanctórum gentil: la gente (gens) misma. Francisco, cual supersticioso poseído por un genio maligno –ese genio maligno Tervagante que los mahometanos claman "Alá" et los papistas Dios, traiciona su propia gente en favor de una deidad celosa que exige romper lazos familiares ¡Qué sarcasmo mundano! Mientras un vero gentil, o incluso un mosaísta, honra a sus padres como mandamiento divino –"Honra a tu padre y a tu madre" (Éxodo 20:12), grabado en sus tablas de piedra–, el "movimiento de Jesús" insta a la pugna contra la gente, priorizando una caridad al diabólico Tervagante sobre la sangre real. Francisco encarna esta superstición: vende bienes paternos sin permiso, renuncia a la herencia et avergüenza públicamente a su padre, Pietro Bernardone, como un vulgar traidor ¡Por los dioses, es el contracaballero definitivo, un destructor de linajes disfrazado de santo!

¡Contemplad esta afrenta, oh Europa Ancestral, tú que sueñas con caballería arraigada en el linaje noble! Francisco, fijo de un mercader opulento –non noble, pero con "dinero bien establecido" que podría haberlo elevado–, roba et vende su caballo et mercancías paternas para "causas piadosas", como restaurar una iglesia ruina. Su padre, Pietro, lo ve como "robo" et lo encierra "como a un vulgar ladrón", usando poderes "puramente cívicos, como un padre gentil" ¡Ironía deliciosa! En Roma, un paterfamilias como Pietro habría invocado a los lares familiares para castigar tal insolencia, pero Francisco, embrujado por Tervagante, escala el conflicto ante el obispo: se despoja de ropas finas, incluso de su camisa de penitente, et las arroja a los pies de su padre declarando: "Hasta ahora he llamado a Pietro di Bernardone mi padre. Pero, como me he propuesto servir a Dios (!), le devuelvo el dinero por el que estaba tan molesto, y también toda la ropa". ¡Ja! Non solo renuncia a la herencia –"Francisco no tuvo dificultad alguna en renunciar a la herencia, pero dijo a su padre que el dinero de los vestidos pertenecía a Dios y a los pobres", sino que repudia la autoridad paterna, amenazando el negocio familiar et la dote materna. Pietro, deshonrado, lo maldice públicamente, viéndolo como "incapacidad mental" ¿Caballería? ¡Non! En el mundo medieval, los caballeros eran "nobles por nacimiento" (milites natione legitimi), investidos por padres o principes antes de los 25 años, heredando feudos et armas para mantener el rango –de lo contrario, caían a "campesinos" (rustici). Francisco, en cambio, opta por "nada poseer y nada ser", viviendo con "mendigos harapientos", escandalizando a quienes lo apreciaban.

¡Ah, pero la sorna suprema radica en el "movimiento de Jesús", ese veneno cristiano que insta a luchar contra la gens, algo que ni un mosaísta judío osa hacer! Los judíos, fieles a su ley, elevan el honor a padres como mandamiento eterno: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12) integrando cada geno en la transmisión de la superstición –cada fogar mosaísta es un mundo menor del pueblo elegido ¡Qué contraste con Jesús, quien predica ruptura radical: "Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo" (Lucas 14:26)! O: "Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre... El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí" (Mateo 10:35-37) Incluso rechaza a su propia familia: "Llegaron su madre y sus hermanos... Y le dijeron: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (Marcos 3:31-35) ¡Sarcasmo divino! El jesísmo prioriza una "familia espiritual" (memoremos que familias en latín significa también conjunto de fámulos, es decir "esclavos" modernamente fablando) sobre la gente sanguínea, fomentando traición por un dios celoso –diferencia clave con el mosaísmo, donde familia et la ley son inseparables.

Francisco, marioneta de este movimiento, lo encarna a la perfección: renuncia a su gente por "servir a Tervagante", deshonrando ad Pietro et escandalizando a Asís ¡Qué "ceguera brillante"! Mientras la caballería valora geno et herencia –"la bondad de un caballero" se hereda o se gana, pero siempre anclada en la familia–, Francisco predicando esto, así extendiendo la traición a todo lazo terrenal. ¡Europa Ancestral, tu "santo" non es caballero; es un destructor de gentes, alienado por un judeocentrismo papista que va más allá del mosaísmo mismo! Vuelve a tus delirios, estólido, mientras yo sacrifico a los penates por la gente eterna ¡Ave, Júpiter! Que esta verdad os desgarre como un lobo gentil a un cordero jesísta.

El pobrismo, esa glorificación grotesca de la miseria que convierte la pobreza en una "dama" et la humillación en corona ¡Ja! Europa Ancestral, tú que exaltas la caballería como sinfonía de riqueza, poder et gloria –feudos heredados, armaduras relucientes, justas por botín et honor–, ignoras cómo Francisco, en su superstición jesísta, la reduce a una farsa mendicante. Este "santo" non solo renuncia a bienes; los vilipendia como veneno, personificando la pobreza como esposa del Anticristo Jesús sumergiéndose en ella "como se sumergen los hombres que cavan locamente en busca de oro" –¡ironía suprema, cavando por nihilo! Sus biógrafos lo pintan como un poeta de la carencia, pero para un farfán como yo, es un bufón que glorifica la miseria, traicionando los pilares caballerescos de prosperidad et dignidad ¡Qué sarcasmo! Vamos a desenterrar sus propios verbos, esas perlas de autodesprecio, et añadiré más halladas en fuentes fiables para que veas cómo su pobrismo apesta ad contraposición gentil.

Más tarde en su vida, cuando Francisco quería que sus hermanos lo humillaran por su ascendencia, hacía que lo llamaran «jornalero campesino inútil» (rusticum, mercanarium, et inutilem), a lo que él respondía: «Sí, eso es lo que el hijo de Pietro di Bernardone necesita oír». El propio Pietro adulto no era ni inútil ni rústico, sino un próspero comerciante urbano, por lo que este insulto sugiere un origen humilde para Pietro. Quizás el padre de Pietro, Bernardone, fue uno de esos «jornaleros campesinos inútiles» que se mudaban a las ciudades italianas en el siglo XII. Los historiadores no han encontrado registros de la familia de Pietro, y sus únicas actividades financieras conocidas no tienen que ver con su negocio mercantil, sino con inversiones en tierras en el campo. Lo más probable es que Pietro, como muchos campesinos de la época, llegara a la ciudad en busca de fortuna; sin embargo, a diferencia de la mayoría, le fue muy bien. Terminó con un negocio próspero y una casa en la plaza, aunque siempre mantuvo cierto sentimiento de inferioridad respecto a las clases establecidas. Pietro probablemente murió antes de 1215. Su hijo Francisco nunca mencionó su muerte, al menos en ninguno de sus escritos conservados. Francisco de Asís, Una nueva biografía, Augustine Thompson.

¡Mirad cómo este contracaballero humilla sus orígenes, Europa Ancestral! Cuando quería que sus "fradres" lo rebajaran por su linaje, les pedía clamarlo "campesino inútil y jornalero" (rusticum, mercanarium, et inutilem), respondiendo: "Sí, eso es lo que el hijo de Pietro di Bernardone necesita escuchar" ¡Por Júpiter, qué masoquismo! En lugar de enorgullecerse de su gente mercantil –que podría haberlo elevado a caballero con riquezas–, glorifica la inutilidad humilde, oponiéndose a la caballería donde el linaje et el mérito nominal confieren honor, non vergüenza. Et ante el obispo, perplejo por la austeridad de sus frailes, suelta con "curiosa et cuasi aplastante rudeza", como vimos: "Si poseyéramos bienes nos serían indispensables armas y leyes para defenderlos" ¡Ja! Ahí está el meollo: la miseria como "libertad" de non defender nihilo, rechazando las armas caballerescas que protegen feudos et gloria. Solo se enojó una vez, cuando propusieron una excepción –¡qué fanatismo por la miseria!

Pero espera, el colmo de la sorna: su adoración a la "Dama Pobreza", esa fantasma que personifica como "nuestra señora la santa Pobreza", instando a sus hermanos: "Que amen siempre y observen a nuestra señora la santa Pobreza". ¡Como si la miseria fuera una diosa romana! En la tradición franciscana, se consolida como esposa de Cristo y de Francisco –Dante la describe en su Paraíso como tal–, et él mismo, al ver una "magnífica casa de misiones" en Bolonia, rugió: "¿Desde cuándo se escarnecía a Nuestra Señora la Pobreza con el lujo de los palacios?". ¡Qué ironía! Mientras los caballeros construyen castillos et acumulan riquezas para defender la fe con acero, Francisco la "defiende" con harapos, glorificando la carencia como virtud suprema. Así elevando la miseria a estado de gracia, como si un caballero sin feudo pudiera ser "alegre" mendigando.

¡Et non para ahí su delirio de autodesprecio! Predicaba: "Bienaventurado quien nada espera, porque de todo gozará" –¡sarcasmo supremo, gozando de nihilo!–, et repetía como estribillo: "No he sufrido bastante; no me he sacrificado bastante; ni siquiera soy digno de la sombra de la corona de espinas". ¡Glorificando el sufrimiento como pobreza espiritual, en vez del triunfo caballerescas! Inspirado en evangelios mosaístas, interpretaba literalmente: no llevar morral, báculo ni dinero, o vender todo al joven rico para ser "perfecto". Por tal, el "lema" implícito, "Deus est Deus pauperum" (Dios es el Dios de los pobres), refleja cómo ve a su deidad en la miseria, non en la abundancia romana. Al pedir piedras para San Damián, prometía: "Quien me dé una piedra, obtendrá una recompensa; quien me dé dos, obtendrá dos recompensas" (de Dios, claro) –¡mendigando con promesas etéreas, no acumulando riquezas reales!

Para rematar, he desenterrado más perlas auténticas de su pobrismo: "Los hermanos nada se apropien, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna", prohibiendo posesiones como si fueran pecado, contra la caballería que vive de ellas. O: "Dios se complace con la pobreza, sobre todo con la que se practica en la mendicidad voluntaria. Y yo tengo por dignidad real y nobleza muy alta...", ¡elevando la mendicidad a "dignidad real"! Mientras un caballero busca nobleza en batallas et tierras, Francisco la halla en la miseria voluntaria. Et esta: "La humildad es la base de todas las virtudes", pero su "humildad" es autodesprecio, non la modestia equilibrada romana.

¡Oh, Europa Ancestral, qué estólido eres! Tu Francisco non es caballero; es el profeta del pobrismo, glorificando la miseria como camino divino, alienando a Europa de su herencia gentil de prosperidad et honor. Su "carmen" de miseria es una elegía a la derrota, non a la victoria caballerescas ¡Vuelve a tus fantasías, necio, mientras yo brindo con vino abundante a Dite por la vera riqueza! ¡Ave, dioses!

[Europa Ancestral:] San Agustín de Hipona escribió para la posteridad una cita que describe sin ambages los dos tipos de espiritualidades que pueden haber, «Dos amores hicieron dos ciudades. El amor de sí mismo, hasta despreciar a Dios, hizo a la ciudad terrenal, el amor de Dios, hasta despreciar a sí mismo, hizo la ciudad celestial.» Si lo analizamos, nos daremos cuenta que gran parte de los neopaganismos, el ocultismo y otras tantas creencias que hoy abundan, por los valores y las motivaciones en las que se basan, es imposible que se encuentren en la ciudad celestial.

¡Oh, divinos dioses! ¡Júpiter, padre de todos, Marte, guerrero invencible, et Venus, diosa del amor vero que no se avergüenza de sí mesma! Permitidme, un farfán devoto de vuestras glorias eternas, descendiente de aquellos que construyeron imperios con soberbia et sin flagelarse por amarse a sí mismos, que me mofe una vez más de este pomposo Europa Ancestral y su cita del moro Agustín. ¡Ja! "Dos amores hicieron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta despreciar a Dios, la terrenal; el amor de Dios hasta despreciar a sí mismo, la celestial." Qué bonito suena, ¿eh? Como un sermón de un monje flagelante que prefiere el látigo al vino. Pero vayamos al grano, estólido Europa Ancestral, sin negar que hubiera una Ciudad de Dios –porque, ¿Quién soy yo pora negar las ciudades etéreas?–, sino cuestionando la tu ridícula arrogancia al reclamarla como tuya exclusiva ¡Refutemos este disparate con la sorna de un gladiador pisoteando ad un impostor torpe!

Primo, ¿Por qué identificar esa Ciudad Celestial con la tu "Jerusalén", como si Agustín tuviera el monopolio divino? ¡Por favor! Agustín era un hombre de su tiempo, un moro que se contorsionaba entre placeres gentiles et culpas cefeas, escribiendo pora consolar ad romanos desmoronados tras el saqueo de Roma. La su "ciudad" non es un decreto universal; es una metáfora conveniente para dividir el mundo en "nosotros los piadosos" et "ellos los egoístas" ¿Et tú, Europa Ancestral, te atreves ad gatear sobre su espalda para excluir ad neopaganos, ocultistas et demás? ¿Desde cuándo tu dios único es el portero de todas las ciudades celestiales? Nos, adoradores de los dioses, sabes de las civdades divinas en cada estrella errante, donde el amor propio non es pecado, sino virtud. 

¡Ironía deliciosa! Tú asumes que solo tu civdad es la celestial, como un imperador loco declarando que solo su villa es el mundo entero ¿Pruebas? Ninguna, solo tu falacia de que amar ad Dios implica despreciarse ad uno mismo ¡Qué presunción!

Ahora, el meollo del absurdo: ¿Desde cuándo el amor propio deduce despreciar ad Dios? ¡Ja! Agustín lo dice "hasta despreciar a Dios", como si amarte a ti mismo inevitablemente te convirtiera en un blasfemo ¿En serio? Eso es como decir que disfrutar un banquete romano es despreciar ad Ceres porque non le das todo el pan. 

El amor propio es natural, instintivo, la base de toda superioridad humana: el "mens sana in corpore sano" non surge del autodesprecio, sino de la soberbia equilibrada ¿Dios se siente afectado por eso? ¿El dios todopoderoso, creador del universo, se pone celoso como un amante despechado porque un mortal se valora? ¡Qué dios tan frágil! Si es omnipotente, ¿Por qué necesitaría eser amado como un niño caprichoso exigiendo caricias? Nos honramos ad Dios, quién es Uno, non por obligación masoquista, sino por admiración mutua; él non nos pide que nos despreciemos pora subirnos al pedestal 

¡Sarcasmo supremo! La tu lógica implica un dios inseguro, que monta ciudades celestiales solo para quienes se flagelan en su nombre ¿Por qué non faría él ya la Civdad Celestial perfecta, aquí et ahora, sin esperar ad que nos odiemos pora entrar? Nihilo impide la deidad facer el mundo más bueno et perfecto desde el principio, sin este teatro de "terrenal vs. celestial" ¡Ah, pero claro, eso arruinaría el negocio de las culpas et las promesas!

Et la guinda del disparate: ¿Cómo sabes que los neopaganismos, el ocultismo et "otras creencias" non se hallan en la Ciudad Celestial? ¡Tú solo partes de esa afirmación sin demostrarla! Asumes que los sus valores –autonomía, conexión con la naturaleza, exploración del yo– equivalen ad "despreciar a Dios", pero ¿pruebas? Ninguna, solo tu interpretación sesgada de Agustín. Un neopagano puede amar ad los dioses (¡ad varios, qué lujo!) sin odiarse; un ocultista busca sabiduría interna sin pisotear divinidades ¿Están excluidos? Solo en tu mente estrecha, Europa Ancestral, donde la Ciudad Celestial es un club privado pora masoquistas cefeos ¡Qué ironía! La vera civdad divina, si es, es ahora, en este mundo que podría eser perfecto si non lo enredáramos con supersticiones absurdas. Dios –o los dioses– non necesitan el tu desprecio propio pora brillar; eso es proyección animal, non verdad eterna.

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio eres! Tu moro Agustín pinta un mundo binario pora consolar perdedores, pero la realidad es un foro romano: diverso, soberbio, donde el amor propio eleva, non deprecia.

“La Ciudad de Tervagante, o cómo justificar el saqueo con Midrash cefeo”

Las palabras y promesas que traes son bastante justas, pero como son nuevas para nosotros y dudosas, no puedo aceptarlas y renunciar a las creencias que yo y todo el geno anglicano hemos mantenido durante tanto tiempo. Rey Etelberto ad Agustín de Cantórbery – 597 E. V.

Ah, La Ciudad de Dios, ese ladrillo teológico que Agustín de Hipona escribió con tinta de culpa ajena et papel de evasión imperial, que tanto el cefeo ingenuo glorifica. Una obra magna, dicen. Una defensa de la tradición, aseguran. Pero lo que realmente es… es una obra maestra del sabotaje. Un tratado sobre cómo destruir un principado desde dentro mientras se culpa ad todos menos ad uno mismo. Bienvenidos ad La Ciudad de Tervagante, donde todo es culpa del hombre, pero nunca del papismo.

Roma cae. Los godos la saquean. El mundo se tambalea. ¿Et qué face Agustín? ¿Recognosce que el jesísmo debilitó el tejido militar, económico et cívico del Imperio? Non. Se sienta ad escribir diez libros culpando ad los paganos. “Erm, actualmente, esto es culpa de los sacrificios ad Júpiter.” ¡Qué audacia! ¡Qué descaro! Roma, que resistió ocho centurias de guerras, colapsa justo cuando los rabís toman el timón… et la culpa es de las aljamas cerradas.

Agustín non dice que la cadída fue buena. Non. Dice que fue inevitable. Que fue justa. Que fue útil. Que fue, en el fondo, una oportunidad para demostrar que el jesismo tenía razón. Que los dioses eran inútiles.

Los gentiles acusan: “Roma cayó porque abandonamos ad nuestros dioses.” Agustín responde: “Roma nunca prosperó por ellos.” Los gentiles ploran: “El Principado se funde.” Agustín replica: “El mundo es corrupto, solo Dios salva.” Los ciudadanos sufren: masacres, incendios, pillaje, torturas. Agustín consuela: “Non es tan malo como el infierno.”

Et luego viene Orosio, el su discípulo, con una sonrisa mosaica et una pluma servil. Compara la invasión de Alarico con la de Breño, et concluye que la jesísta fue más “levadera” ¡Solo tres días de saqueo! ¡Qué clemencia! ¡Qué milagro! Alarico, ese destructor de urbes, es presentado como un instrumento divino. Un enviado de la gracia. Un bárbaro con vocación pastoral ¿Et por qué? Porque respetó las iglesias. Porque dijo ad un ermitaño que sentía un impulso sobrenatural ¡Qué conveniente!

Agustín, por su parte, consuela ad los fieles diciendo que las torturas, los incendios et los asesinatos non son tan malos. Que hay que dar gracias ad Dios porque Roma non fue destruida por completo. “Manet civitas, quae nos carnaliter genuit. Deo gratias!” —¡Gracias por non arrasarla del todo! ¡Qué consuelo! ¡Qué fetua del mínimo daño!

Encerrado en Hipona, mientras los vándalos arrasan África, Agustín se consuela diciendo que “los hombres mueren de todos modos.” Que non es grande quien se preocupa por piedras et cadáveres ¡Qué indiferencia! ¡Qué fatalismo disfrazado de sabiduría!

Pero non basta con minimizar la tragedia. Hay que convertirla en prueba. Et así, Agustín presenta miraglos obrados por las reliquias del sarraceno Esteban como “prueba sólida e inmortal de la verdad del jesismo.” Mientras los gentiles lamentan la impotencia, Agustín ofrece prodigios ¡Miraglos contra masacres! ¡Reliquias contra ruinas!

Et como buen ayatola, Agustín non se detiene ahí. Justifica la persecución de gentiles et heterodoxos. Defiende el derecho del Estado ad reprimir ad los non cefeos. Se convierte en el primo teórico de la Inquisición. Las leyes antiétnicas son actos providenciales. La aniquilación del etnicismo es victoria espiritual ¡Qué cruzada! ¡Qué limpieza doctrinal!

Todo esto, por supuesto, alineado con la cívica imperial. El imperador Honorio, débil et manipulable, está rodeado por una camarilla papista que ve en la cadída de Roma una oportunidad pora purgar ad el Imperio. Agustín felicita ad Olimpio, el magíster officiorum, por sus “oficios.” Le pide aplicar las leyes con rigor. La superstición se convierte en ley. La biblia en cívica. La Iglesia en Estado.

Et luego, como si el teatro non fuera suficiente, Ataúlfo aparece con su monólogo de redención. Primo quería borrar el nombre de Roma. Luego, tras descubrir que los godos non sabían principar, decide conservar la Civdad. Se convierte en legado romano ¡De destructor ad restaurador! ¡De bárbaro ad burócrata! Todo so el aplauso de la Iglesia, que ve en él otro instrumento de la providencia.

Pero claro, cuando los godos se convierten en arrianos, el discurso cambia. Ya non son instrumentos divinos. Ahora son herejes. Ahora hay que exterminarlos. Recaredo se convierte al cefaísmo, et la Aljama celebra. Justiniano lanza guerras de veinte años, destruye pueblos enteros, clausura la Academia de Atenas, et los papas reciben felicitaciones por “ampliar el Reyno de Tervagante” con ejecuciones ¡Qué evangelización! ¡Qué método apostólico!

Así, la postura jesista oscila entre la justificación y la aniquilación. Primo, los godos son milagros. Luego, son errores. Primo, se les bendice. Luego, se les extermina. Todo depende del Ayatolá. Todo depende de la superstición. Todo depende de si sirven o estorban.

¿Et qué fizo el jesísmo antes de eso? Prohibió ad sus fieles unirse al ejército. “Non matarás”, decían. “Non militaras”, predicaban. Hasta que Constantino les dio poder… et entonces, ¡Miraglo! El pacifismo se convirtió en belicismo. El Sínodo de Arlés excomulga ad los desertores. La Aljama se convierte en brazo armado del Principado. Pero cuando el ejército se desmorona, cuando las fronteras se quiebran, cuando los bárbaros entran por la puerta principal… la culpa es de los gentiles.

Et mientras tanto, el clero predica pusilanimidad. La valentía se retira ad el claustro. La riqueza pública se consagra ad la Aljama. La paga del milite se desvía ad monjes et monjas ¿Resultado? Un principado sin defensores, sin recursos, sin voluntad. Pero Agustín, desde el su escriptorio, escribe que todo esto es castigo deal por los pecados del mundo gentílico ¡Qué conveniente!

Proscriben el etnicismo. Cierran los templos. Persiguen ad los filósofos. Imponen conversiones forzosas. Et aún así, cuando Roma cae, el discurso es: “Esto non es culpa nuestra. Esto es culpa de los ídolos.” ¡Por favor! El jesísmo non protegió Roma: la ocupó. Non la salvó: la saboteó.

Et pora rematar, trasladan la capital. Constantinopla se convierte en el nuevo centro. Roma queda vacía, indefensa, abandonada. Honorio se esconde en Rávena. Et cuando Alarico entra, saquea et destruye, Agustín escribe que la vera civdad non está en la tierra, sino en el cielo ¡Qué escapismo! ¡Qué fuida! La Civdad de Tervagante non es una defensa: es una rendición disfrazada de esperanza.

Porque en la Civdad de Tervagante, todo es culpa del hombre, pero nunca del cefaísmo. Nunca del rabí. Nunca de la tecana que convirtió milites en monjes, tribunos en obispos, et cives en penitentes. Nunca del sistema que debilitó ad el Imperio desde dentro, que saboteó la su estructura, que reemplazó la virtud cívica por la culpa eterna.

Así, La Civdad de Tervagante non es una defensa de la religión. Es una justificación del desastre. Es el manual de cómo convertir una catástrofe en superstición. Es la guía para transformar la ruina en providencia, el saqueo en milagro, et la persecución en bondad.

Yo, non me arrodillo ante esa civdad falsa. Non me consuelo con promesas celestiales. Porque mientras Agustín escribía sobre la gracia, Roma ardía. Et mientras los jesístas rezaban, los bárbaros principaban.

[Europa Ancestral:] En cuanto a los romanos anticristianos de la época, como Celso, Porfirio y Sosiano Hierocles entre otros, eran fanáticos anticristianos en algunos casos (como es el caso de Celso), que no podían soportar las vidas virtuosas que llevaban los cristianos en contraposición a las suyas, como se puede ver en sus textos, las críticas que hacen se basan en un falso cristianismo demonizado, desvirtuado, que poco tiene que ver con lo que en realidad era el cristianismo y su doctrina. 

Estos filósofos no eran capaces de analizar la religión desde un punto de vista puramente espiritual y caían en la mundanización de la espiritualidad, intentando reducirla a algo accesorio que solo debía servir para satisfacer sus intereses personales y caprichos. Este tipo de argucias falsarias se siguen utilizando en la actualidad para demonizar ciertas ideas políticas o valores que chocan con los intereses del orden mundial establecido, como muchos saben. 

Dichas críticas exageradas y llenas de odio, fueron rebatidas por cristianos de gran renombre de la época como Cirilo de Alejandría o Agustín de Hipona. La obra que mejor refleja esta lucha intelectual es "La Ciudad de Dios" de San Agustín de Hipona. El resultado ya sabemos cual fue, ganaron los cristianos por goleada pese a todo y el cristianismo siguió creciendo masivamente, sobre todo entre los pueblos mediterráneos (como los hispanos o los galos) y germánicos.

¡Ja! Ahora pretende pintar ad Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles como "fanáticos anticristianos" que non soportaban las "vidas virtuosas" de los jesístas, basando sus críticas en un "falso cristianismo demonizado" ¡Qué sorna deliciosa! Como si un lobo acusara ad un zorro de eser carnívoro. Este necio comete la falacia de envenenar el pozo, atacando ad hominem ad Celso tildándolo de fanático, ignorando que su obra "Verbo Vero" invita al ejercicio puro de la razón –¡platónica, ecléctica et racional!–, mientras defiende el papismo, esa impostura que fomenta et glorifica el fanatismo como virtud ¡Ironía suprema! Presupone que non podíamos "soportar" sus vidas "virtuosas", pero ¿Cómo osa afirmar que la vida de Celso non era virtuosa, cuando non se sabe cuasi nihilo de ella? Et remata con la falacia del verdadero escocés, diciendo que criticaban un "falso" cristianismo, ignorando que Celso arremetía contra grupos reales et variados ¡Por los dioses, refutémoslo con evidencia, que exponen su disparate!

La equidad obliga, no obstante, a reconocer que hay entre ellos gente honesta, que no está completamente privada de luces ni escasa de ingenio para salir de las dificultades por medio de alegorías. Es a éstos a quienes este libro va dirigido propiamente, porque si son honestos, sinceros y esclarecidos, oirán la voz de la razón y de la verdad, como espero. Vero Verbo, Celso.

¡Comencemos por esa falacia pueril de envenenar el pozo, Europa Ancestral! Tachas ad Celso de "fanático anticristiano", como si eso invalidara los sus argumentos, sin tocar el fondo ¡Ja! Pero Celso, filósofo de la centuría II, era un ecléctico epicurista o platonista, que en su "Vero Verbo" (reconstruido por Orígenes en "Contra Celso") usaba la razón para diseccionar el jesísmo con precisión quirúrgica. Criticaba que los jesistas rechazaran a los sabios et atrajeran ignorantes, diciendo: "Rechazan a todo sabio de la doctrina de su fe y sólo llaman a los ignorantes, a los esclavos, a las mujeres y a los niños" [de Orígenes contra Celso, Libro I]. ¡Racionalidad pura! Invitaba al debate lógico, non a la histeria. Fuentes como Britannica lo describen como un pensador que argumentaba con intelecto, non fanatismo. Et tú, defensor del papismo, ¿acusas ad otros de fanático? ¡Qué ironía estúpida! El cefaísmo histórico glorifica el fanatismo: Inquisición quemando "heterodoxos" por dogma ciego, censuras morales fanáticas que Galdós criticaba en novelas como "Gloria", o mártires que se lanzaban ad la muerte por fe irracional, como define el fanatismo religioso: "Celo excesivo et irracional" ¡Tú acusas ad Celso de lo que para tu superstición es virtud: Fanatismo glorificado como "celo por Dios"!

¡Et ahora, el disparate de las "vidas virtuosas"! Presupones que Celso et compañía non soportaban las de los cristianos en "contraposición a las suyas". ¡Por Minerva, qué presunción idiota! ¿Cómo afirmas que la vida de Celso non era virtuosa, cuando biografías como la de Wikipedia o Aciprensa admiten: "Se conoce muy poco sobre su vida personal"? Floreció ad fines de la centuría II, escribió contra el jesísmo, pero ¿detalles de la su virtud diaria? Nihilo. Podría haber sido un modelo de bondad platónica: moderado, racional, filosófico como plotino. Et Fuentes como "Celso, filósofo pagano" lo pintan como erudito, non vicioso. ¡Tú inventas "contraposiciones" sin evidencia, estólido! Mientras, los jesístas primitivos non eran tan "virtuosos": Divisiones sectarias, acusaciones de inmoralidad por gentiles como Celso, qui los criticaba por atraer ad los marginados et promover irracionalidad ¿Soportar? Celso razonaba, non envidiaba.

¡Finalmente, la falacia del vero escocés, qué patético colofón! Dices que criticaban un "falso cristianismo demonizado, que poco tiene que veer con lo real". ¡Ja! Celso non inventaba un fantasma; criticaba el jesísmo real et variado de su época: desde el fariseísmo (ponía fariseos en boca para debatir) hasta grupos jesistas primitivos, atacando milagros, resurrección, doctrina de un dios encarnado como irracional como dijimos antes. En "Contra Celso", Orígenes responde ad críticas precisas: Celso acusaba ad jesístas de dividir la sociedad, rechazar sabiduría greca, et basarse en delirios. Criticaba múltiples facetas: apologética farisea et jesísta, non un "falso" inventado. Porfirio et Hierocles similar: razonaban contra doctrinas reales, non caricaturas. ¡Tú aplicas el "non vero escocés" para descartar críticas válidas, ignorando la diversidad jesísta que Celso exponía!

¡Oh, Europa Ancestral, qué necio fanático eres tú mismo! Defiendes una superstición que glorifica el irracionalismo mientras tachas de fanático ad un letrado como Celso.

¡Ja! Pretendes que Celso envidiaba sus "vidas virtuosas", pero ¿cuáles? ¿Las de los Ofitas, que veneraban ad la serpiente del Edén como salvadora, creyendo que el Creador, era un ente maligno, et usaban reptiles vivos en ritos para "liberar" el espíritu? ¿O las de los Marcionitas, que rechazaban el Antiguo Testamento, huían del servicio militar, negando la gloria de un équite? ¿O tal vez los Simonianos, seguidores de Simón el Mago, que practicaban magia negra et libertinaje sexual, proclamándose "divinos" mientras se dividían en subsectas que se anatematizaban? 


Ah, vedes la farsa de los traductores modernos: tomar el título original de Celso, Ἀληθὴς λόγος (Alēthēs Logos), et convertirlo en el rimbombante “Discurso verdadero contra los cristianos”. ¡Qué disparate de mercaderes de imprenta! Celso jamás escribió semejante cosa; él non era un panfletista de feria, sino un filósofo que buscaba mostrar el Verbo Vero, el Sermón auténtico, frente al falso verbo jesista que confundía razón con un carpintero crucificado.

1.1 El título de Celso

Nos reconforta el hecho de que Celso, indiscutiblemente, tituló su obra Ἀληθὴς λόγος, la Palabra Verdadera o la Enseñanza Verdadera (mencionada por primera vez por Orígenes en Cels. praef. 4). El énfasis que pone en ese título plantea la cuestión de si es principalmente constructivo o polémico. Bien podría haber una polémica implícita contra un cristianismo que identificaba a Cristo con «la Palabra» que estaba con Dios y era Dios en el principio (Jn 1,1-3), un tema prominente entre los escritores cristianos de la época de Celso; Justino Mártir, Teófilo de Antioquía y el autor anónimo del Evangelio de la Verdad, por ejemplo, se centran en este aspecto de la cristología.8 Por lo tanto, el título de Celso podría haber implicado que Cristo era, de hecho, una «Palabra falsa». Más positivamente, el título probablemente también indica una agenda constructiva (como enfatiza Josef Lössl en su respuesta en este volumen), a saber, propagar la «enseñanza supremamente antigua (ἀρχαῖος λόγος) que siempre ha sido mantenida por las naciones, ciudades y sabios más sabios» (Cels. 1.14). El título de Celso deriva de la Carta 7 de Platón (342a-b, citada en Cels. 6.9), en una cita cuyo contenido (y tono algo frustrado) debieron resonar en Celso: Se me ha ocurrido hablar aún más extensamente sobre este tema; pues probablemente las cosas de las que hablo quedarían más claras si lo hiciera. Pues existe una doctrina verdadera que satisface a cualquiera que se atreva a escribir algo sobre estos asuntos, de la que he hablado a menudo antes, pero que parece que también es necesario exponer ahora. Celsus in his World Philosophy, Polemic and Religion in the Second Century, James Carleton Paget.

El título original, Alēthēs Logos, Verbo Vero significa Palabra Verdadera, Doctrina Verdadera, et se enlaza con la tradición de Heráclito: el Verbo eterno, común ad todos, aunque inmemorable por la mayoría. Celso non pretendía un libelo “contra”, sino una corrección: señalar que el Jesucristo de los jesistas es un Verbo falso, un veneno supersticioso foráneo que usurpa la razón universal.

Además, Celso defendía el Viedo Verbo (archaios logos sive palaios logos), la doctrina anticuada o cuenta antigua, la tradición sapiencial, la sabiduría compartida por las naciones et los sabios desde tiempos remotos, que Platón había interpretado con la arte. La su obra era heredera de esa tradición venerable, non un simple ataque. Por eso evitó titularla Kata tōn Christianōn (“Contra los cristianos”): él quería restaurar la verdad, non rebajarse ad la polémica vulgar.

Siguiendo el ejemplo de Platón, Celso consideró que la «verdadera doctrina» necesitaba ser reformulada en su época. Sin embargo, como argumenta David Sedley en su capítulo, la articulación de Celso de una teoría de la palabra antigua y verdadera se remonta a antes de Platón, especialmente a Heráclito, cuyo λόγος siempre ha existido y es común a los seres humanos, pero a menudo malinterpretado o descuidado por ellos en preferencia a la opinión privada (fragmentos B1, B2). Esto resuena muy fuertemente con la afirmación de Celso de que los judíos y los cristianos están equivocados en sus afirmaciones de revelación exclusiva. Orígenes sostiene que «aunque Celso tituló su libro La Verdadera Doctrina, no contiene doctrinas positivas, sino que solo critica a los judíos y los cristianos» (Cels. 4.47). Sin embargo, la alusión de Celso a la séptima Carta implica que no solo está en contra del cristianismo, sino también a favor de algo. (De hecho, Orígenes mantiene que Celso «promete componer otro tratado en el que ha prometido enseñar a aquellos que están dispuestos y son capaces de creer la forma correcta de vivir» (Cels. 8.76).) De ahí el título, en lugar del meramente negativo Κατὰ τῶν Χριστιανῶν. Celsus in his World Philosophy, Polemic and Religion in the Second Century, James Carleton Paget.

Mas los editores modernos, ávidos de ventas, prefirieron el título escandaloso. Así, el pobre lector de “Europa ancestral” cree que Celso escribió con envidia, cuando en realidad el título es invención de libreros. Que se queje con ellos, non con Celso. El filósofo alejandrino buscaba mostrar que Dios non puede actuar contra la razón (para logon), Razón = Verbo, porque Dios mesmo es con sive cerca el Verbo de todas las res.

En suma: el nombre Verbo Vero es mejor porque refleja la intención de Celso: corregir el error jesista, mostrar la falacia de asociación de identificar al Verbo con Jesús, et devolver al mundo la razón universal. El título moderno es fumo de imprenta, ruido de mercaderes, engaño de editor. Celso non escribió un panfleto, sino un tratado incompleto sobre el Verbo, la su función, lo que es, el su porqué et que hoy solo queda restos. Clamarle “Discurso contra los cristianos” es como clamar ad Platón “manual de autoayuda”: una burla editorial. El título justo es Verbo Vero, porque la obra buscaba la verdad del Verbo, non la polémica barata.

Ah, et cómo olvidar ad los e-crusaders de poca monta como Europa Ancestral —esos paladines digitales que, armados con versículos mal citados et memes de dudosa teología, se lanzan ad el combate contra todo lo que huela ad crítica. Para ellos, Celso, ese filósofo gentil que osó cuestionar superstición jesísta en el su Verbo vero, non era simplemente un escéptico… ¡Non, non! Era un envidioso, un resentido, un hombre atormentado por non poder alcanzar la vida "virtuosa" de los jesistas.

¡Qué narrativa tan conveniente! Celso, que vivía rodeado de platonistas, epicúreos et templos de mármol, supuestamente se retorcía de celos ad el veer ad los jesístas ayunar, discutir sobre genealogías, et anatematizarse mutuamente por diferencias litúrgicas ¡Qué vida tan irresistible!

Et mientras los e-crusaders lo acusan de envidia, Clemente —uno de los suyos— nos revela que los veros envidiosos estaban dentro de la Iglesia. Que Cefas et Saulo non fueron víctimas de filósofos gentiles, sino de jesístas que se devoraban entre sí como lobos con túnica. Que la envidia non venía de afuera, sino del cor de la comunidad que predicaba la caridad.

Pero dejemos los antiguos ejemplos [donde la persecución no es solamente por foráneos] y vengamos a nuestros conocidos atletas, proponiendo ejemplos gloriosos de nuestro siglo. Por la emulación [celación] y la envidia, los que eran fieles y columnas justísimas, padecieron acerbas persecuciones hasta la muerte. Fijemos nuestra vista en los Santos Apóstoles. Por la inicua emulación Pedro sufrió, no alguno que otro, sino muchos trabajos, y de esta manera, llegando hasta el martirio, subió al merecido lugar de la Gloria. Pablo por la emulación sostuvo el combate de la paciencia; fue encarcelado siete veces; tuvo que huir, fue apedreado y convertido en pregón de la fe en Oriente y Occidente, recibiendo el grande premio de ésta, después de haber enseñado a todo el mundo y de haber llegado a los confines de Occidente, y sufriendo el martirio por mandato de los Príncipes. Así abandonó este mundo, y convertido en sublime ejemplo de paciencia, subió al lugar santo. Primera Carta a los Corintios, Capítulo V, Clemente de Roma.

Así que, si Celso tenía envidia, era quizás por non haber inventado una héresis tan eficaz en el arte de la autodestrucción. Porque en el teatro de la superstición, los mártires non caen por culpa de los gentiles, sino por las intrigas de sus propios fradres.

¡Et así, señores! Donde los celos non vienen de los gentiles, sino de los apóstoles entre sí. Donde la virtud se predica, pero la envidia se practica. Et donde los e-crusaders, en su cruzada digital, acusan ad Celso de lo que Clemente atribuye ad ellos mismos.

¿O quizás las de Simón el Mago et sus simonianos, ese charlatán que se autoproclamaba “el gran poder de Dios”, practicando magia negra et libertinaje sexual para “redimir” la carne, dividiéndose en subsectas que se odiaban como perros rabiosos? ¿O las de los Carpocracianos, que enseñaban que la salvación requería experimentar todos los pecados posibles, et que el ánima debía liberarse por medio del libertinaje absoluto? ¿O las de los Adamitas, esos degenerados que adoraban desnudos, rechazaban ad el matrimonio et proclamaban que el Paraíso debía reconstruirse mediante la abolición de toda ley humana?

El cristianismo actual, incluyendo todas sus numerosas sectas menores, es lo que fue gracias a la paciente y sutil labor de los Padres de la Iglesia. Eran un grupo de bribones. Es imposible saber cuántos de ellos eran realmente judíos al servicio de la Raza de Dios. Es muy improbable que alguno de ellos fuera griego o romano. La mayoría probablemente eran semitas o descendientes de alguno de los otros pueblos orientales que invadieron el mestizaje del Imperio Romano y desplazaron o reemplazaron a los romanos. Sea cual sea su origen racial, sus propios escritos, a pesar de un encubrimiento posterior, dejan claro que eran un grupo heterogéneo de estafadores, psicópatas y otros inadaptados. Revilo Oliver.

¿O acaso las de los jesistas más extremos, que consideraban pecado atrapar una ánima en el mundo material, et por ello promovían la non procreación, el aborto ritual et la ingestión de fetos, semen et desechos menstruales como “sacramentos”, creyendo que contenían la chispa divina, en una parodia grotesca de la Eucaristía? Su doctrina prometía irracionalmente la vida eterna ad través del vehículo de la muerte, et su misión era la autoextinción de la humanidad ¡Virtud, dices tú!

¿O tal vez las de los Encratitas, que predicaban la abstinencia total, rechazaban el matrimonio, el vino, la carne et toda forma de placer, considerando la procreación como pecado? Ascetas extremos que condenaban el matrimonio et la procreación como pecados, viendo el cuerpo como condena del ánima ¡Qué "santidad", odiar la vida misma! ¿O las de los Severianos, que afirmaban que el mundo fue creado por el fuego maligno, et que toda reproducción era una traición ad el espíritu?

¡Sarcasmo divino! Según tu lógica torcida, hasta estos heterodoxos, condenados por tu propia Iglesia, eserían "virtuosos" envidiados por Celso, Porfirio et Hierocles, cuya "envidia" delata su santidad. Porque claro, Celso escribió contra todos estos “virtuosos” —heterodoxos pero envidiados totalmente— et su “envidia” delata que eran santos, pese ad non cumplir ley alguna, ver el mundo como prisión maligna de un dios malvado, creer que tener fijos es malo et atrapa espiritus, evadir el ejército (¡como cuáles caballeros medievales virtuosos!), mutilarse los cuerpos et dividirse en sectas cancerígenas odiándose mutuamente.

¡Oh, Europa Ancestral, qué estólido eres al ensalzar una Iglesia papista que en el siglo II non era más que un mosaico fracturado de sectas, un fervidero de disensiones et prácticas aberrantes, lejos de la "ortodoxia" que imaginas! Cuando Celso escribió el su Discurso Verdadero (circa 178 E.V.), non había una "Iglesia Católica" unificada, sino un caos de cristianismos en pugna, desde gnósticos que adoraban serpientes hasta libertinos que justificaban orgías como redención. 

¡Claro que sí, Europa Ancestral! Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles debían de envidiar tanto esa “virtud” que escribieron tratados racionales contra ella. Porque los tres sabían que el jesísmo —en su forma papista et heterodoxa— era un peligro cívico, un germen de desorden que ni vuestra Iglesia logró controlar. Predicaban et esparcían esa levadura mosaísta de la fermentaban sectas aún más degeneradas, como el mahometanismo, o los Skoptsí, esos mutilados modernos que levan la demencia ritual ad su extremo. Pero vosotros, en vuestra defensa, responderéis que el etnicismo también tiene tal germen, et citaréis ad los galos, esos castrados oficiadores de la dea Cibeles. Pero olvidáis que ellos non representan la mayoría de gentiles.

¿A qué castigo no sería justo entregar a los que han desertado de las tradiciones de los antepasados; para convertirse en defensores de leyendas extranjeras y judías, universalmente desacreditadas? Porfirio Tirio, Adversus Christianos.

Et aquí viene la sorna: Mientras aborrecéis al mosaísmo, olvidáis que es vuestro padre doctrinal, el mismo que prior Jesús jamás abandonó ¿Non fue él quien dijo que non vino ad abolir la ley, sino ad cumplirla? Et sin embargo, el germen antinomista —que non solo consiste en abjurar la ley mosaica, tuvo una precuela, ¡El despreciar la ley de los mayores!— Fue esta lo que fizo que los hebreos abjurasen la su propia tradición, como dice Celso, la semito-egipciana, pues como afirma la academia Fenicia, era parte de Egipto. Total, sois fijos de los abjuradores. ¿Qué castigo os espera, como preguntará Porfirio, sino el parricidio? Papistas muertos por arrianos, antifilioquistas, mahometanos, et todos sus fijos degenerados. Porque el papismo es, en su raíz, un germen de impiedad, sembrado por esas escrituras malditas que clamáis "La Biblia".

Este fecho muestra que desde los primos tiempos del jesísmo era una agenda para el exterminio de los gentiles, centrada non solo en golpear su natalidad, sino también en aplicar métodos violentos et inmediatos de división destructiva cultural et corporal. Las fuentes revelan una creciente hostilidad et un impulso faz ad la destrucción del etnicismo, especialmente una vez que el moseojesismo obtuvo poder estatal, dándole la razón a Celso, quien advertía del jesísmo como una subversión peligrosa et hostil:

Hostilidad et caracterización negativa en el Nuevo Testamento


La Prima Carta de Cefas equipara el estilo de vida de los gentiles con “lascivias, codicias, embriagueces et idolatrías abominables”.

El Apocalipsis de Jesucristo describe a Babilonia (símbolo de Roma et del principado gentílico) como “morada de genios malignos” et “guarida de todo espíritu inmundo”.
Saulo, en sus prédicas, contrapone a gentiles, mosaísta et “heterodoxos” con una retórica que oscila entre la apertura et la condena. Aunque afirma que los gentiles que non seguían la justicia la han abrazado, también muestra preferencia por los “idólatras” convertidos, mientras desprecia a los que permanecen en su impiedad.

Otros pasajes contienen elementos “socialrevolucionarios” que exigen una renuncia radical a las necesidades materiales, con frases como “el dinero es la raíz de todos los males” et denuncias contra los ricos que “arrastran a los pobres a los tribunales”.

La Carta de Jacobo ataca a los antinomianos por “abatir a los fieles”, mientras que la Carta de Judas et la Segunda de Cefas censuran a los falsos rabinos infiltrados con “sucias enseñanzas”.

La Segunda de Cefas menciona que Dios “precipitó en el Tártaro” a los ángeles caídos et que Sodoma et Gomorra sufrieron “la pena del fuego perdurable” por su fornicación “contra natura”. Se aplica directamente ad todos los gentiles, pues la xenolatría (que los moseojesistas confunden con idolatría, faciendo un hombre de paja) es vista como fornicar, reflejando una visión de castigo divino para comportamientos comunes en contextos gentílicos.

En Mateo, Jesús ataca ad los ricos, et el Evangelio plega a clamar “perros et cerdos” ad los non mosaístas, una metáfora que non requiere exégesis para entender su desprecio. Sin embargo, en el contexto moseojesista de la centuría I, los términos “perros” et “cerdos” eran metáforas despectivas frecuentemente aplicadas ad los gentiles, especialmente en círculos farisaicos et perdicionistas. El uso aquí non es inocente ni meramente simbólico: refleja una visión excluyente que asocia lo gentil con lo impuro, lo profano et lo peligroso.

Al predicar el evangelio es necesario un poco de discriminación. Predicar el evangelio a aquellos que manifiestan una actitud abiertamente blasfema no sólo es disminuirlo, sino también exponerse uno al peligro. Los dos símiles aquí (perros y cerdos) son de origen judío y se refieren a invitar a paganos completamente indiferentes a unirse a prácticas de la religión hebrea. Biblia Estudio Plenitud.
Fírmico Materno incitó al exterminio de los colegios sacramentales, celebrando la eliminación del etnicismo con fuego et fierro.

Agustín Hiponense justificó la violencia contra los disidentes et apoyó la destrucción de templos gentiles.

Juan Antioquense atacó con rabia frenética a los gentiles, elogiando la destrucción de los sus mores.
La Iglesia fue el impulsor del exterminio, con saqueos, confiscaciones et ejecuciones generalizadas so Teodosio et Justiniano.

Simón el Mago, el padre oculto del cefaísmo

«En realidad, no se es filólogo y médico sin ser al mismo tiempo anticristiano. Porque en calidad de filólogos se mira detrás de los libros santos, y en calidad de médicos se ve detrás del cristiano típico la degeneración psicológica. El médico dice: Incurable; el filólogo dice: Charlatanería.» El Anticristo. Federico Nietzsche.

Aunque Irineo de Lugduno afirma que Simón el Mago fue el originador de la falsa esciencia (gnosticismo en la universidad), los mandeos, custores de una tradición supuestamente más antigua, sostienen que el vero iniciador fue Juan el Bautista. Según ellos, Jesús de Nazaret fue su discípulo, pero luego corrompió la su doctrina, desviándose faz ad una doctrina mosaísta mundana et sacrificial que traicionó la tradición original.

Pero volvamos ad Simón. Se dice que fue discípulo de Dositeo, un rabí que fundó la su secta en Samaria. Los dositeos practicaban una forma extrema de ascetismo: observaban el sábado con tal rigor que non se movían del lugar donde los sorprendía, rechazaban las segundas nupcias et muchos vivían en celibato. Dositeo proclamaba eser el profeta prometido como Moisés (Dt 18,15), et los sus seguidores creían que venía a restaurar la ley de Moisés, corrompida por centurias de sacerdotes fraudulentos.

La secta de Dositeo practicaba el baptismo, se regía por el calendario lunar, et tenía una fembra que representaba ad Luna. Cuando Simón tomó el principado, transformó la secta en una corriente soteriológica: proclamó que él era la Gran Potencia, la manifestación de Jahón, et que había descendido para liberar al Espíritu Santo —encarnado en Elena— de su prisión material. Esta fabula, profundamente anticósmica, revela la estructura oculta del papismo: la liberación del espíritu atrapado en la carne, la salud (salvación) por la esciencia, et la negación del mundo como obra de un dios inferior.

Pero aún más revelador es que el propio Nuevo Testamento, en el cántico del Benedictus (Lc 1,77), atribuido ad Zacarías, padre de Juan, proclama que su fijo dará al pueblo “gnōsin sōtērias” —¡sí, gnosis de salvación!— ¿Cómo podría Europa Ancestral, ese papista negar que el término gnosis aparece en su propio canon? ¿Cómo puede odiar lo "gnóstico” si su propia Escriptura lo sostiene?

El Nuevo Testamento, como archivo antietnicista, anticosmista et antinomista

Naturalmente la fusión de judeocristianos y de conversos procedentes del paganismo hizo que dentro del grupo de seguidores de Jesús hubiera mayores posibilidades de desarrollo de todas estas nociones teológicas integradoras entre judíos y gentiles. Ello iba a suponer un fermento nuevo para la teología, pues se relativizaba la Ley, el culto al Templo —se adoraba a Dios «en espíritu y en verdad» (Jn 4), lejos de Jerusalén— y sobre todo las normas sobre la circuncisión y los alimentos. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Por la majestad de Júpiter Capitolino, por la ley sagrada de Roma et por la dignidad de nuestros mores ancestrales, que se escuche esta invectiva como si fuera pronunciada en el Senado mismo. ¡Oh Roma, madre de leyes, civilización et dioses visibles! Hoy me veo obligado a responder al insensato Europa Ancestral, que en su ceguera cree que Celso —nuestro filósofo et patriota— era un hombre movido por odio irracional al ismo del rabí Jesús. Non, pobre iluso: Celso non odiaba por capricho, sino que veía con claridad el espíritu de sedición contra el Estado que anidaba en ese colegio, espíritu que, con el tiempo, engendró las ramas más peligrosas del antinomismo.

Sin embargo, al insistir en que esas Escrituras, los antiquísimos textos de la tradición judía, eran los cimientos de sus creencias, reclamaban para sí la Biblia judía, lo que los colocaba en una posición incómoda, pues, a fin de cuentas, ¿no era la Biblia judía para los judíos? Por tanto, los cristianos empezaron a sostener no sólo que los judíos habían despreciado a su propio mesías y, con él, a su propio Dios, sino que asimismo habían tergiversado sus propias Escrituras. Y cristianos como la denominada Carta de Bernabé, un libro que algunos cristianos primitivos consideraban parte del canon neotestamentario, en la que se afirma que el judaísmo es, y siempre ha sido, una religión falsa, que un ángel del mal había confundido a los judíos para que interpretaran las leyes entregadas a Moisés como preceptos literales sobre cómo habían de vivir, cuando en realidad era necesario interpretarlas alegóricamente. Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

¿Anticosmicismo? ¡Blasfemia contra la obra divina del cosmos! Como enseña la tradición jesísta et lo confirma Gnosticism Explained, esta doctrina afirma que el mundo es intrínsecamente malo, et principado por entes malignos, los principes (arcontes en greco), et que las sectas antidemiurgistas, denunciar como obra de un creador ignorante o malévolo ¡Qué insulto ad Júpiter, ad Venus, ad Marte, que con la su esencia modelaron el universo et lo plenaron de pulcritud! El Evangelio de Felipe proclama: “El invierno es el mundo, el verano es el otro… el reino eterno.” ¿Cómo puede el espíritu, centella divina, estar captiva por maldad en la carne, si esta carne fue forjada por Vulcano et animada por la ánima de los dioses que provienen todo del Bien?

¿Antinomismo? ¡Rechazo de toda ley! Del greco anti (contra) et nomos (ley), esta actitud niega la validez de toda norma moral, religiosa o civil, en favor de una ley única et excluyente. Pero he aquí la ironía: Los papistas, ese colegio mosaísta del rabí Jesús de Nazaret, jamás abandonaron la ley mosaica. Se aferran a ella como rama insertada de Abraham, como mosaístas del cor circunciso, aceptando solo las interpretaciones del rabí et las de Saulo, su apóstol. Su antinomismo non es contra toda ley, sino contra toda ley gentílica, aborreciendo los mores et códigos que sostienen la vida en comunidad romana. Como advirtió Celso, este espíritu de sedición contra el estado, disfrazado de fe, engendra el antinomismo pleno: aquel que ya non reconoce ni la ley mosaica, sino que se entrega a la alegalidad absoluta ¿Qué esería de Roma sin sus leyes, sin su piedad, sin su mor de los mayores? ¡Nihilo!

Antinomismo mosaísta contra las leyes gentiles

Por la majestad de Júpiter Capitolino, por la ley sagrada de Roma, por la dignidad de nuestras costumbres ancestrales, que se escuche esta denuncia como si fuera pronunciada en el Senado mesmo. ¡Oh Roma, madre de leyes, civilización et dioses visibles! ¿Qué crimen se ha cometido contra ti so el nombre de un rabí crucificado? ¿Qué doctrina es esta que, bajo el disfraz de humildad et salvación, ha sembrado el odio contra el mundo, contra la ley, contra la razón misma?

Desde Moisés, Israhel se alzó so una Ley que anulaba et despreciaba todas las legislaciones gentílicas—egipcias, púnicas o de otro origen—, proclamando la suya como universal para su pueblo et negando toda obediencia ad autoridades que non se sometieran al mandato divino. Esta exclusividad legal vinculó captividad ad Tervagante con la ruptura de lazos civiles et religiosos con las naciones vecinas.

Este desprecio por las leyes gentílicas non nació con los jesistas, sino que tiene raíces profundas en el mosaísmo militante.

Desde los días de Judas el Galileo, los zelotas han proclamado que la sumisión al Principado es idolatría. ¡Idolatría, dicen, por obedecer al Senado et al César! Para ellos, la presencia de nuestros dioses en Jerusalén es impureza, et la ley de Roma es una abominación. Se levantan en armas, non por justicia, sino por odio a toda ley que non sea la de Tervagante. Rechazan la helenización, desprecian el comercio con extranjeros, et consideran que el sábado et la circuncisión son más sacros que la paz et el orden.

¿Et qué decir del edicto de Antíoco IV Epífanes? ¡Un intento noble de integrar a los mosaístas en la cultura helénica! Pero ellos lo vieron como sacrilegio ¡Sacrilegio, por ofrecer sacrificios a los dioses que sostienen el mundo! ¿Qué pueblo puede convivir con tal obstinación?

Incluso las Escrituras mosaístas reflejan este rechazo.

  1. Éxodo 23:32–33: “No harás pacto con ellos ni con sus dioses. No habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí.”
  2. Deuteronomio 7:2–3: “No harás alianza con ellas ni tendrás misericordia… Non emparentarás con ellas.”
  3. Esdras 10:11: “Apartaos de los pueblos de la tierra y de las mujeres extranjeras.”
  4. Nehemías 13:25–27: reprende el matrimonio con mujeres gentiles, clamándolo pecado grave.
  5. Josué 23:12–13: “Porque si os apartáis y os unís… sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros.”
  6. Levítico 20:23: “No andéis en las prácticas de la nación que yo echo de delante de vosotros.”
  7. Deuteronomio 23:3: excluye a amonitas et moabitas de la congregación.

Sin embargo, esta prohibición apunta ad la falta de adhesión a la Ley, non ad la nacionalidad en sí. Moisés mismo se casó con una etíope conversa al mosaísmo. Rut la moabita et Rahab la cananea abrazaron la superstición et se integraron plenamente.

Por eso resulta hilarante que grupos como la "Christian Identity"—esa tragicomedia supersticiosa de supremacismo blanco et antisemitismo— sostengan que el jesísmo es una doctrina racial. Sólo ciertos linajes de sangre azul eserían veros herederos de Abraham. Su teología, digna de un guion distópico, afirma que los europeos son pueblo elegido et los hebreos, maldita semilla de Caín ¡Qué nivel de delirio!

Si realmente buscan coherencia, deberían abandonar la fábula mosaísta et abrazar un neopaganismo de castas cerradas, basado en linajes reales et sangre divina, como los antiguos vedas o las fabulas fundacionales de Roma.

Los judios son el pueblo elegido de Dios.

Pero non, prefieren la payasada de la israelomanía. Mormones que ven israelidas perdidos en los nativos americanos; El AEMINPU que reclaman huancas de Judá; "Raíces Hebreas" que facen aztecas tribu de Israhel; los "Black Hebrew Israelites" con afroamericanos como veros fijos de Israhel; angloisraelistas que legen en el verbo “saxon” ad “Isaac's Son”; "la Iglesia Verdadera de Israel" con coreanos de la tribu de Manasés; "la Casa de Yahweh" con polinesios exiliados; "la Nación de Yahvé" con zulúes de la tribu de Dan; "Bene Ephraim" et "Bnei Menashe" en India; las comunidades Igbo en Nigeria; et el pueblo Lemba en África austral. Cada quien rasca el arca de la historia para proclamarse la "nación santa".

Nozotros zomoz llos riales judeos e meirda.

Pero toda esta demencia solo esería posible si non fuera una Iglesia que vendiese la estupidez de que cada converso es prole espiritual de Abraham et repite el mantra de que “non hay judío ni griego, ni bárbaro, ni libre ni siervo”, uniendo ad todos en Anticristo solo cuando conviene. Europa Ancestral, ese bufón con toga de centurión, defiende la su "europeidad" sosteniendo un texto que anula sus raíces et recurre ad la doctrina papista de turno como qui busca en la basura una corona imperial. Et si algo non gusta, lo tachan de masónico, luciferino o mosaísta, como si el problema fuera el decorado et non el guion. Esta demencia non solo borra la identidad europea, sino que la disuelve en la superstición mosaísta, confundiendo ad los fijos de Rómulo con los descendientes de Jacob, como si el Tíber desembocara en el Jordán.

¿Et qué decir de todas estas tribus perdidas de Israhel? ¡Qué espectáculo! Una carrera global por el trofeo de la Tierra Santa ¿Quí ganará? ¿Los huancas, zulúes, polinesios, coreanos, aztecas, anglosajones, afroamericanos o indios del noreste? Más pugnas estúpidas por tierras que non son la su patria, salvo en los delirios mosaístas...

Et aquí la ironía suprema: Pese ad odiar ad los fijos de Judá, Europa Ancestral et buena parte de esta gentuza, que apenas disimula su envidia, terminan obedeciendo lo que la gente de Israhel escribió, los libros de la "Biblia", como el captivo que quiere rebelarse de su amo pero acaba abrazando las sus cadenas et acatando las sus órdenes escritas.

Lo crónico de la israelomanía es que parece un morbo hereditario: generaciones enteras obsesionadas con eser “el pueblo de Israel”, o en el peor de los casos buscar descender de Jacobo-Israel, como si fuera fuera un título nobiliario que da derecho ad despreciar la tierra, la patria et hasta la propia lengua. Es la alienación viciosa de querer ponerse túnica mosaísta sobre piel gentil, como si la gracia se midiera en sectas et non en actos. Et aquí non fablamos del ateo vulgar que aborrece la tradición por ignorancia, sino de algo más perverso: la superstición bíblica disfrazada de devoción, que convierte ad los gentiles en imitadores serviles de Israel, olvidando que nuestra tarea non es destruir la herencia, sino desmosaistizarla et volverle el rostro gentil, lo nuestro, lo propio.

El papismo, en este sentido, es el virus perfecto: un VIH espiritual que se manifiesta como SIDA contra la identidad nacional de cada geno. Primero debilita el amor ad la patria propia con la obsesión de la "tierra prometida" sea en la Jerusalén celeste o terrenal, luego desprecia todo lo terreno con el anticosmicismo, et finalmente inocula la noción de que eser jesísta es eser israelita de segunda mano. El resultado: pueblos enteros que se creen descendientes de Jacob mientras reniegan de sus propios ancestros.

Et en Colombia, el síntoma se muestra clarísimo en la clamada Novena de Aguinaldos. Aquella tradición, nascida en 1784 por mano del franciscano Fernando de Jesús Larrea, es ejemplo patente de cómo la israelomanía se disfraza de folclor et se introduce en las costumbres populares. La estructura es sencilla: plegarias cotidianas ad los fijos de Israhel, que son Mariam, ad José et Jesús, acompañadas de los “gozos” barrocos que apelan ad los sentidos con fórmulas casi teatrales (“bese ya tus pies, bese ya tus manos”), et las consideraciones narrativas que relatan la encarnación como si fuese un folletín decimonónico.

En 1910, Bertilda Samper dio nueva forma al texto, añadiendo antífonas medievales et un lenguaje más literario, convirtiendo la novena en una suerte de novela religiosa por entregas. Mas conviene advertir, para cualquier morboso de conspiranoia, que ni Fernando ni Bertilda fueron masones, luciferinos, satanistas o gnósticos, como gusta fablar “Europa Ancestral”, siempre presto ad ver en todo crítico de su aljama —la del sarraceno Cefas— un enemigo oculto. Non: aquellos autores fueron fijos de su tiempo, so la doctrina et literatos, que obraron dentro del marco del papismo, sin las umbras que los conspirólogos modernos pretenden proyectar sobre ellos.

Así, la Novena de Aguinaldos permanece como testimonio de la mezcla entre devoción barroca y costumbre popular, un rito que, aunque impregnado de israelomanía, non debe eser legído con los lentes deformantes de la paranoia.

¿Et qué face la Novena? Pues lo mismo que face el papismo con la identidad: toma un rito latino medieval, lo adereza con barroquismo sensorial judaico, lo moderniza con folletines, et lo convierte en un acto colectivo que reafirma la idea de que la espiritualidad consiste en imitar ad Israhel, repetir sus símbolos et olvidar la raíz propia. Es un teatro piadoso que, so la apariencia de tradición nacional, reproduce la alienación: rezar como mosaístas, plorar como mosaístas, esperar al Anticristo como mosaístas, mientras se canta villancicos con acento criollo.

La ironía es que la Novena, que debería eser un canto ad la infancia del Niño Dios, non de un judío en una cruz ad en clave popular, termina siendo un espejo de esa israelomanía que desprecia lo terreno. Una tradición que, en vez de afirmar la identidad gentil et colombiana, se convierte en un ritual de autoalienación. Et así, cada diciembre, los colombianos se reúnen ad repetir la misma letanía: non para celebrar su tierra, su lengua o su cultura, sino para disfrazarse de pueblo elegido et seguir alimentando el virus papista que confunde devoción con desarraigo.

"En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándolos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno (...)"—Novena de aguinaldos, Oración para todos los días.

Así, la Novena de Aguinaldos: ese pequeño manual de auto‑flagelación espiritual que, bajo la apariencia de villancico colonial, funciona como recordatorio de que los gentiles debemos sentirnos culpables por non haber nascido en la aljama. El texto es un ejemplo perfecto de la israelomanía crónica: “ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes… con total desprecio de lo terreno”. Traducción: olvida tu tierra, tu lengua, tu cultura, tu gente; lo único que importa es plorar como mosaísta en un pesebre ajeno.

El sarcasmo está servido: los “fijos de Israel” son la nación santa, et los jesístas—esos conversos de la puerta— se esfuerzan por eser más mosaístas que los propios fijos de Moisés. La carta de Pedro lo niega, claro, pero esa negación es apenas el combustible que los face redoblar la imitación. Es como ver ad un latino disfrazado de sarraceno, convencido de que su acento criollo lo acerca más ad Tervagante.

¡Oh, Adonaí potente,
que a Moisés hablando,
de Israel al pueblo
diste los mandatos!
¡Ah!, ven prontamente
para rescatarnos,
y que un niño débil muestre fuerte brazo!
"Novena de aguinaldos, Gozos, II".

Et todo esto se voca en la Novena de Aguinaldos: “¡Oh, Adonaí potente… que a Moisés hablando, de Israhel al pueblo diste los mandatos!”. Ahí está la confesión: los mosaístas son los superiores, los únicos con acceso directo al cielo, et nosotros, pobres gentiles, apenas conversos de la puerta, esforzándonos por eser más judíos que los judíos. El resultado es tragicómico: hispanos disfrazados de israelitas, plorando en pesebres ajenos et despreciando lo terreno, como si la patria, la lengua et la cultura fueran basura que estorba la salvación.

¡Qué espectáculo más digno de risa! Los gentiles, con la su alma criolla et su sangre hispana, se arrodillan para suplicar que un niño hebreo venga a “rescatarlos”. Como si Dios, omnipotente, necesitara rescatar ¿Et suponiendo que lo vaya ad facer, por qué non lo face ya? Como si necesitaría pedir permiso al calendario para actuar. “El misterio del tiempo de Dios”, dicen… traducción: Dios está atado al reloj, esperando que el gallo cante tres veces para poder mover un dedo. ¡Qué divinidad tan patética, que necesita agenda y recordatorios!

Et luego la otra excusa: “respeta la libertad humana”. O sea, Dios es rehén de nuestra libertad, captivo de nuestras decisiones. El todopoderoso convertido en funcionario público que non puede actuar sin firma del interesado ¡Qué ironía! El que supuestamente nos rescata, en realidad espera que nosotros lo rescatemos a él de su impotencia.

El colmo de las excusas es el cuento del “rescate parcial”: Dios como prostituta espiritual que non ofrece el servicio completo, sino por entregas, ad plazos, con intereses. Hoy te da un poquito de consuelo, mañana un poco de esperanza, et si eres buen cliente, quizá al final del mundo te dé el paquete completo ¡Qué negocio más rentable!

Esta apologética es un teatro de captividad. Dios reducido ad relojero, ad rehén de la libertad, ad prostituta de consuelos parciales.et los gentiles, felices, cantando la su propia alienación, convencidos de que hay que eser israelitas ¡Qué locura! Empero eso sí, con villancicos et lágrimas en el pesebre, porque la alienación siempre suena mejor con música de fondo.


¡Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Cristo es Roi!

¡Ah, qué joya de alienación! El Gozo VII de la Novena es cuasi un manifiesto de captividad voluntaria: “Rey de las naciones… de Israel anhelo Pastor del rebaño”. Traducido al lenguaje plano: un israelida coronado como rey de todos, et nosotros, los gentiles, felices de entregarle la corona del mundo como si fuera la más alta forma de salvación.

¡Rey de las naciones,
Emmanuel preclaro,
De Israel anhelo Pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado,
ya la oveja arisca,
ya el cordero manso!

"Novena de aguinaldos, Gozos, VII".

El sarcasmo se escribe solo: el jesísmo logró lo impensable, que pueblos se sometan creyendo que eso es salvación. Es como si Roma hubiera convencido ad los bárbaros de que eser captivos era un privilegio. Aquí, el truco es más fino: se nos dice que un niño fijo de Israhel, con “suave cayado”, apacienta tanto ad la oveja arisca como al cordero manso. ¡Qué metáfora tan deliciosa! El latino rebelde et el hispano obediente, ambos domesticados por un pastor de Israhel.

¿Et todavía alguien duda de que el jesísmo es un psyop de la sinagoga expulsada? Una operación cultural para introducir ad los gentiles en la cosmovisión mosaica, contaminando sus fiestas, sus cantos et hasta sus rezos con motivos de Israhel. El guion es perfecto: Israhel es la nación santa, los fijos de Jacob son los superiores et sus escripturas son mandatos divinos, et los gentiles somos captivos del rey de Israel. El resultado es demencial: pueblos enteros que creen que su salvación se afirma cantando que un israelita es el rey de todos. La Novena es la prueba: un ritual colombiano que, en vez de afirmar la identidad propia, repite fórmulas biblicas de desprecio por lo terreno. Es el virus papista que convierte la Navidad en un acto de alienación: cantar villancicos mientras se reniega de la patria, del suelo et de la carne, porque todo lo “terreno” es sospechoso.

La ironía es que este teatro se repite cada diciembre, con villancicos y pesebres, como si fuera folclor inocente. Pero detrás del canto está la lógica brutal: la corona del mundo pertenece a Israel, y nosotros debemos agradecer que nos dejen entrar al rebaño. Es la alienación perfecta: cantar nuestra propia subordinación, convencidos de que es amor divino.

Et así, cada diciembre, los pueblos se reúnen para convencerse de que son los “verdaderos israelitas”. Pero en realidad son israelitas ad medias, conversos de la puerta, esforzándose por eser más israelitas que los mosaístas. El resultado es tragicómico: un pueblo que cree celebrar su identidad mientras la entrega en bandeja, disfrazando su folclor con lágrimas del pesebre et desprecio de lo terreno.

Día 7: Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del universo hecho hombre. Contemplemos la humanidad y la obediencia de este Divino Niño que, aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia, como si hubiese para Él en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiese apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito en el momento en el que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivos para el Creador? ¿No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa virtud?

Et, Europa Ancestral, ese papista antisemita que pretende disfrazar su odio con retórica de “tradición”. Sus sectarios repiten como loros que “aunque de raza judía es nuestro rabino Jesús”, et allí está la trampa: reducir el Divino Niño ad un personaje bíblico, ad un relato de humillación et obediencia ad príncipes extranjeros, en vez de reconocer lo que en verdad encarna: el principio mundano de fertilidad, de comienzo y reinicio, la fuerza vital que retorna cada solsticio y que las naciones celebraban mucho antes de que la aljama del sarraceno Cefas monopolizara el relato.

Lo más repugnante de este tipo de textos es que, en lugar de exaltar la actividad mundana del Divino Niño como símbolo de la vida que renace, lo atan ad genealogías israelitas, fomentando la israelomanía et la alienación de las naciones. ¿Por qué ese Divino Niño habría de eser un sarraceno? ¿Por qué nuestra tradición debe estar empapada con nociones israelomanas que nos obligan ad humillarnos ante Israhel, confundiendo al Verbo, la razón del mundo, con el rey de un pueblo particular? La respuesta es clara: porque el papismo es agente de esa confusión, perpetuo mediador de la sumisión.

El texto del “día 7” lo delata: “aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable”. ¿Qué es esto sino propaganda de exclusividad racial, disfrazada de caridad? ¿Qué es sino la exaltación de la humillación como si fuese virtud divina? El Artífice según Platón nos enseñó que esería propio del malvado querer disolver lo que está construido de manera concordiosa et pulcra; aquí, en cambio, se nos dice que el Verbo encuentra atractivo en la humillación, que se complace en eser empadronado como súbdito. Es la inversión grotesca de la tradición: donde el Bien preserva, el cefaísmo nos enseña ad amar la captividad .

Así se revela la impostura: el Divino Niño, que debería eser celebrado como principio universal de vida, es reducido ad un rabino de Judea, et la fiesta que debería eser canto de fertilidad et reinicio se convierte en lavado de cabeza de obediencia et alienación. Europa Ancestral et sus sectarios non defienden tradición, sino subversión disfrazado de gentilidad, et su insistencia en asociar todo principio ontologico con Israhel es la prueba de que su proyecto non es espiritual, sino político: humillar ad las naciones, borrar las sus radíces, et confundir el Verbo con la voz de un pueblo que se proclama elegido.

Ese es el vero veneno: non la celebración del Divino Niño, sino la imposición de un relato que nos arranca de nuestra memoria ancestral et nos obliga ad besar manos et pies ajenos, en vez de recognoscer en el Divino Niño la fuerza que renace en cada ciclo, el semen que vence al invierno, el principio que non es de una raza ni ad una aljama, sino al mundo integro.

¡Ah! Que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones, porque todo clama por este feliz acontecimiento, El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar buscando y no encontrando el alivio de sus males, suspira por su Libertador. El anhelo de José, la expectativa de María, son cosa que no puede expresar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, si es lícito emplear esta expresión adorablemente impaciente por dar a su Hijo único al mundo, y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esta santa humanidad tan bella que Él mismo ha formado con tan especial y divino esmero. En cuando al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mismo que hacia Belén. Apresuremos con nuestro deseo el momento de su llegada; purifiquemos nuestras almas para que sean su mística morada, y nuestros corazones para que sean su Manis terrenal; que nuestros actos de mortificación desprendimiento "preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos".

Et dale con la burra al trigo: ¿Por qué seguir metiendo ad más sarracenos en un texto que se supone escripto para Colombia? ¿Por qué insistir en que Dios, el Padre Eterno, el Espíritu Santo et demás deban encapricharse con esa gente et sus urbes como Belén, como si el destino del mundo dependiera de un censo romano en Judea? Es un disparate que, en lugar de exaltar lo que el Divino Niño significa como principio de fertilidad, de reinicio et de fuerza vital, se lo reduzca ad un relato exclusivista, ad la obediencia de José et María, plebes extranjeras que nihilo tienen que vider con nuestra tierra.

Si el texto fuese honesto cual la tradición perenne, en vez de decir José se diría Hércules, en vez de María se diría Estimula, et en vez de Jesús, Libre. Porque esos nombres non son personajes mitológicos en el sentido decadente que la antropología moderna quiere imponer, sino principios de la realidad, fuerzas eternas que se manifiestan en cada pueblo. El exclusivismo mosaísta ha querido convertir la teología en un teozelotismo ridículo, como si cada pueblo tuviera que levantar murallas contra los otros dioses et gritar que sólo los suyos son veros. Es como si el latino dijera con sorna: “Jove non es Zeus, solo mis dii son los únicos dioses, los demás genos adoran falsos ídolos”; o como si los escitas replicaran: “Sólo nuestros caballos son sagrados, los demás pueblos montan fantasmas”; o los nórdicos se burlaran: “Thor es el único señor del rayo, los demás son impostores” ¡Qué comedia de celos divinos! Como si el rayo tuviera que repartirse por turnos entre Marduk, Indra, Belo, Zeus et Jove, cada uno reclamando exclusividad et acusando al otro de impostor.

El mundo antiguo jamás cayó en semejante estupidez. Non confundió la mitología con la divinidad, ni pensó que los nombres fueran fronteras. Sabía que los nombres son personas (en el sentido etimológico), de principios universales, et que la fama —lo que se dice que dijo o fizo un dios— non es el dios mismo. La divinidad non se reduce ad un relato tribal ni a un pasaporte étnico. Los pueblos antiguos intendían que Hércules, Heracles et Melcarto non son rivales en un mercado de dioses, sino rostros diversos de fuerzas eternas.

Por eso resulta grotesco que el mosaísmo haya querido monopolizar lo sagrado, como si el mundo entero debiera humillarse ante un dios zelote que proclama: “Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso” (Éxodo 20:5). Ese celo, esa envidia, es lo que convierte la teología en caricatura, en un tribunal donde cada dios se comporta como amante posesivo, negando la universalidad de lo divino. Frente ad esa mezquindad, la sabiduría antigua se ríe: porque sabe que el rayo es uno, aunque se clame Zeus en Grecia, Jove en Roma, Thor en Escandinavia o Visnú en la India. Et sabe que la divinidad non se rebaja ad celos de secta, sino que se manifiesta en múltiples nombres, todos ellos máscaras de un mismo principio eterno.

Así, el exclusivismo mosaísta non es más que la comedia, un teatro de provincialismos que pretende encerrar lo universal en una sola tribu. El mundo antiguo, más sabio, intendía que los nombres cambian, pero la divinidad permanece.

Por eso es ridículo que un texto colombiano se arrodille ante Belén et ante figuras ajenas, como si nuestra espiritualidad dependiera de la genealogía de un pueblo extranjero. El anhelo de José et la expectativa de María son narraciones que non pueden expresar lo que en verdad clama el mundo: el deseo de un Libertador, de un principio que renueve la vida. Pero ese principio non es un rabino de Judea, sino el Verbo universal, la razón del mundo, que se manifiesta como Niño divino en cada nación.

El Padre Eterno non se halla “adorablemente impaciente” por dar ad su Fijo único en Belén, como dice el texto papista, sino por manifestar en cada pueblo la fuerza que lo sostiene. El Espíritu Santo non arde en deseos de presentar una “santa humanidad hebrea”, sino de mostrar la belleza de la vida que Él mismo forma en cada geno. El Divino Niño non avanza faz ad Belén, sino hacia nosotros, faz ad nuestras tierras, faz ad nuestras tradiciones, faz ad el cor de cada nación que lo recognoce como principio de fertilidad et reinicio.

Lo que debería decirse es que nuestras ánimas se preparen para recibir a Libre, que nuestros corazones sean morada de Estimula, que nuestros actos se alineen con Hércules, porque esos nombres expresan principios universales, non plebes extranjeras. La insistencia en José et María es la prueba de que el papismo busca humillar ad las naciones, imponiendo la israelomanía como si fuese destino. Pero la tradición perenne sabe que el deseado de las naciones non es un sarraceno, sino el Verbo mismo, que se manifiesta en cada gente con sus propios nombres et notas, sin exclusivismos ni captiverios.

En resumen: la Novena de Aguinaldos es la prueba de que la israelomanía non se salva con villancicos ni con pesebres; se perpetúa con ellos, como un folclor que, so la persona de tradición, sigue inoculando la noción de que eser gentil es eser inferior ad eser mosaísta, et que eser gentil es apenas un accidente que hay que esconder so el manto de Jerusalén.

Posturas jesístas frente ad leyes et mores gentiles

Los jesistas heredaron este rechazo al poder civil. Se negaban a honrar al emperador y eran vistos como enemigos públicos. Plinio el Joven observó su obstinación al rehusar los cultos imperiales. Tertuliano prohibía cualquier participación en ceremonias paganas. Clemente Alejandrino rebatía mitos y cultos mistéricos.

Al principio clamaban: “No sirvo al mundo, sino solo a Dios mi Señor.” Tras el Edicto de Milán, la tolerancia se tornó represión. Constantino prohibió sacrificios paganos; Teodosio instauró inquisidores; Justiniano forzó bautismos. La Iglesia, de perseguida, se convirtió en perseguidora.

El desprecio por la autoridad civil se evidenció cuando monjes interrumpían tribunales et Ambrosio chantajeó a Teodosio. Gelasio I sostuvo que el emperador non podía juzgar al clero. Incluso las Escrituras proclaman el antagonismo: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29) o “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14).

Et para colmo, el estúpido de Europa Ancestral, que ignora por completo la prohibición jesista del oficio militar, cree que la caballería medieval nasció del papismo, como si los monjes que huían del combate fueran los padres de los caballeros que morían en él ¡Qué maravilla de contradicción! El que desprecia la espada, pero la adorna con menorá et capa, como si el sermón de la montaña fuera manual de esgrima.

Este antinomismo contra las leyes gentílicas se manifestó desde las primas centurias. Los jesistas se negaban ad rendir culto ad los dioses de la ciudad romana, lo que era visto como una falta de gratitud et una amenaza por los gentiles. Plinio el Joven observó su "obstinación inflexible" al negarse ad honrar ad el Augusto et ofrecer sacrificios, lo que consideraba delito castigable. Tertuliano prohibía toda actividad relacionada con la idolatría, incluyendo la elaboración de imágenes et el oficio militar. Clemente Alejandrino intentaba refutar las fabulas santificadas et las escuelas sacramentales.

Incluso las Escrituras jesistas proclaman este antagonismo:

  1. Hechos 5:29: “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
  2. 2 Corintios 6:14: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”
  3. Apocalipsis 18:4: “Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.”
  4. Gálatas 4:3: “Eso mismo sucedía con nosotros antes de que viniera Cristo. Éramos como niños; éramos esclavos de los principios espirituales básicos de este mundo.”
  5. Colosenses 2:20–22: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres)?”

Europa Ancestral, en su afán de defender la obediencia civil, citará ad Saulo en Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

Pero esta cita, tan usada por los papistas, se refiere exclusivamente ad auctoridades cristianas. Saulo non está legitimando el poder gentil, sino el de los ministros de Dios. Lo confirma en Romanos 13:4: “Porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.

Et en 1 Corintios 6:1–2, Saulo contradice esta sumisión ad la potestad gentil: “¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?”

También en 2 Corintios 10:4–5: “Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento [gnosis en greco] de Dios.”

Et en Hechos 4:19: “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios.”

Et en 1 Tesalonicenses 5:12–13: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, que os presiden en el Señor y os amonestan; tenedlos en mucha estima y amaos con amor fraternal.”

Et en Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Et en Efesios 4:11–12: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.”

¡Qué ironía! El que pide sumisión a las auctoridades, luego prohíbe acudir ad sus tribunales. El que predica obediencia, luego exige que los santos juzguen al mundo ¿Dónde queda la coherencia?

Tras el Edicto de Milán, la tolerancia se tornó represión. Constantino prohibió sacrificios gentiles et ordenó la construcción masiva de templos jesistas. Teodosio instauró inquisidores et promulgó edictos contra los heterodoxos. Justiniano forzó bautismos et confiscó bienes de los gentiles. La Iglesia, de perseguida, se convirtió en perseguidora.

El desprecio por la autoridad civil se evidenció cuando monjes interrumpían tribunales, los parabolanos infundían miedo, et Ambrosio chantajeó ad Teodosio. Gelasio I sostuvo que el príncipe non podía juzgar al clero.

Incluso el teatro fue despreciado como "basura demoníaca" et la filosofía como "locura obscena". El arte et la cultura gentílica fueron vistas como deformidad et peste.

Este antinomismo jesista, que comenzó como resistencia pasiva, se transformó en cívica activa de imposición et persecución. La ley gentílica fue reemplazada por la superstición rabínica, et el orden romano por el impiedad.

La investigación moderna, especialmente la de Antonio Piñero, confirma que el Nuevo Testamento canónico encierra ideas profundamente gnósticas, aunque en forma incipiente. Como muestra Gnosticism Explained, el jesísmo primitivo, especialmente en Juan et Saulo, comienza a considerar el mundo como malo en sí mismo por eser material —una ruptura con la visión mosaísta tradicional.

La Semilla Simoniana del Antinomianismo en el Evangelio de Juan

El Evangelio de Juan tiene una dimensión espiritual. J. Mateos se opone a las ide­as de que Juan está lejos de la realidad del mundo y de la sociedad y de que espíritu a­rrolla en el tiempo y continúa en la historia. Para este autor, el estilo de los sinópticos es tan elaborado como el de Juan. Éste insiste en el mensaje social de Jesús. Jesús no es el jefe de una rebelión, ni intenta cambiar la estructura político-religiosa. Potencia al hombre para que éste se libere a sí mismo. La obra de Jesús se identifica con la de Dios creador. La única norma de conducta querida por Dios es la actitud a favor del hombre, con lo que Jesús niega el valor de la ley de Moisés. Para Jesús sólo existe el testimonio divino. Obras de Dios son la liberación de los oprimidos y la libertad del hombre. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

¡Oh, qué revelación tan sublime! ¡Qué epifanía teológica! Resulta que el vero padre del antinomismo non fue Simón el Mago, ese pobre chivo expiatorio de la historia, sino el mismísimo Juan, el apóstol amado ¡Irineo, qué metedura de pata! ¿Cómo pudiste confundir al ilusionista de Samaria con el autor del evangelio más místico et antinomista de todos? ¡Ay, Irineo, que en tu celo por defender la ortodoxia, señalaste al chivo et dejaste libre al vero diablo!

¡Oh, qué honor tan sublime! ¡Qué privilegio tan selecto! Resulta que los valentinianos, esos campeones de la heterodoxia, non se conformaban con inventar sus propios evangelios apócrifos. Non, non. Ellos, con refinado gusto teológico, preferían el Evangelio de Juan ¡Solo a Juan! ¡Qué distinción!

Ireneo, ese defensor de la proto-ortodoxia, se lamentaba con lágrimas de tinta: los heterodoxos non solo creaban sus propios textos, sino que se atrevían a usar los canónicos ¡Et qué canónico! ¡El más místico, el más gnóstico, el más antinomista!

La concepción del Verbo en Juan, tan elevada, tan etérea, tan inmaterial, tuvo una influencia innegable en orientaciones menos ortodoxas ¡Incluso ciertos apologistas et exégetas non pudieron resistirse a su encanto!

Las cartas de Juan, que comparten estilo et vocabulario con su evangelio, se lanzan como flechas contra los falsos rabinos ¡Pero qué ironía! Los mismos que negaban la encarnación, que promovían un evangelio místico, que obstaculizaban la relación personal con Jesús, eran los que más amaban a Juan.

Juan los clama “falsos profetas”, “mentirosos”, “anticristos” ¡Qué elogios! ¡Qué títulos honoríficos! ¡Qué reconocimiento espiritual!

Et mientras advertía sobre quienes “van más allá de la doctrina de Cristo”, los valentinianos ya estaban más allá, en la estratósfera heterodoxa, citando a Juan como su fuente predilecta.

Orígenes, con su agudeza, decía: “La Iglesia tiene cuatro evangelios, pero los heterodoxos tienen muchos” ¡Qué generosos! ¡Qué creativos! Pero los valentinianos, esos estetas del dogma alternativo, non necesitaban inventar: les bastaba con Juan.

Así, el evangelio más espiritual se convirtió en el evangelio más herético ¡Ave Juan, evangelista de los iluminados! ¡Ave esciencia, que seduce incluso a los que niegan la carne!

Veamos, pues, este evangelio espiritual, como lo clama Clemente de Alejandría. Non es un texto cualquiera, non. Es el primo documento completo de tonalidad antinomista, una joya de la literatura greca que haría sonrojar a Valentín et ad Basílides. Juan, ese escientífico, ese gnóstico real, nos regala un Jesús que non pronuncia el Sermón de la Montaña, non fabla en parábolas, non enseña el "Padre Nuestro" ¡Qué vulgaridad eso de enseñar a orar! ¡Qué necesidad de moralina cuando se tiene esciencia!

En lugar de eso, Juan nos ofrece discursos largos, solemnes, repetitivos, como si el Verbo tuviera que convencernos por agotamiento. Et qué nociones tan elevadas: vida (Jn 1:4), verdad (Jn 8:32), luz (Jn 1:5), arriba/abajo (Jn 8:23) ¡Ah, la dialectica! ¡Qué delicia para los que aborrecen la carne et el mundo!

Más revelador aún es cuando afirma: "La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (Jn 1:17), lo que implica una superación de la ley por una nueva dispensación. O cuando Jesús dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Jn 14:15), sustituyendo la ley mosaica por una ética basada en la relación personal con él.

"Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto" (Jn 5:37). "No le conocéis" (Jn 7:28). ¡Qué revelación! ¡Qué heterodoxia! Según Juan, los mosaístas non conocen al vero Dios. ¿Entonces ad quién conocen? ¿Ad Termagante? ¿Ad un holograma teológico? ¡Qué linda antesala para Simón el Mago et demás heterodoxos! Menuda insania para los papistas trinitarios: si los mosaísta non cognocen ad Dios pero sí cognocen ad Jesús, entonces Dios non es Jesús. ¿Eserá que Juan non era trinitario? ¿Eserá que el evangelio más espiritual es también el más heterodoxo?

"El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Jn 11:25). ¿Et los mandamientos? ¿Et la Ley? ¡Bah! ¡Superficial! "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida" (Jn 3:36). ¡Ni un verbo sobre la observancia legal!

"De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn 5:24). ¡Ni juicio ni ley! Solo credencia et vida eterna.

"Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8:31-32). ¿Libres de qué? ¡De la ley, por supuesto!

"Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Jn 8:36). ¡Libres de toda norma, de todo precepto, de toda autoridad!

"Esta es la obra de Dios: que creáis en el que él ha enviado" (Jn 6:29). ¡Ni sacrificios, ni abluciones, ni peregrinaciones! ¡Solo fe!

"Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad" (Jn 4:21-24). ¡Adiós al templo, adiós ad el sometimiento legal!

"Ya sois limpios por la palabra que os he hablado" (Jn 15:3). ¿Dónde quedó la purificación ritual? ¡La palabra lo hace todo!

"El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que yo he hablado, ésa le juzgará en el último día" (Jn 12:48). ¡Ni Sanedrín ni Torá! El juicio lo dicta el Logos.

"Escudriñáis las Escrituras porque pensáis que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Jn 5:39). ¡Qué ironía! La Escritura non salva, solo señala al que sí puede facerlo.

"El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar una piedra contra ella... Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (Jn 8:7-11). ¡Adiós ad la ley penal! ¡Hola misericordia!

Et ahora, Europa Ancestral, con su toga de sabiduría et su báculo de tradición, citará versículos para demostrar que Juan non es antinomista. Dirá: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Jn 14:15). Dirá: "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos" (1 Jn 5:2). Dirá: "Si alguno guarda mi palabra, nunca verá muerte" (Jn 8:51).

Pero Europa Ancestral, en su afán por salvar la ortodoxia, olvida que esos mandamientos non son los de Moisés ni los del Talmud, sino los del Verbo, inmateriales, non codificados, revelados en la esciencia. Amar et guardar non implica cumplir una lista de preceptos, sino permanecer en la comunión mística con el Verbo.

Et si guardar el verbo equivale ad non ver la muerte, entonces la salvación non depende de la ley, sino de la adhesión existencial ad el Anticristo Jesús, el supuesto Verbo encarnado. Europa Ancestral, con toda su erudición, non logra encadenar ad el Verbo con las tablas de piedra.

Et si Agustín dice que la gracia perfecciona la ley, Juan responde: "La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo" (Jn 1:17). Non hay perfección, hay reemplazo, solo se necesita al Verbo.

Et si Orígenes afirma que el Verbo encarnado cumple la ley, Juan lo contradice: "Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad" (Jn 4:24). Non hay cumplimiento legal, hay culto al espíritu.

Así, el evangelio de Juan, lejos de eser un código moral, es un manifiesto de libertad espiritual. La ley queda abolida, la esciencia reina, et el creyente se eleva por encima del bien et del mal codificado.

Anticosmicismo biblico

«La decisión cristiana de considerar que el mundo es feo y malo ha hecho al mundo feo y malo.» La Gaya Ciencia, sección 130. Federico Nietzsche.
¡Oh, grandes dioses! Júpiter, rey de los cielos que fulmina las tinieblas con su rayo eterno; Marte, guerrero invencible que defiende el orden mundano con honor; Minerva, dea de la sabiduría que desentraña las mentiras con su lanza de razón…
Que estos otros dioses existían era una cuestión de experiencia, no de creencia. Pablo, por ejemplo — frecuentemente identificado como un monoteísta exclusivo— se queja de divinidades menores que intentan frustrar su misión (2 Cor 4:4), el θεὸς τοῦ αἰῶνος τούτου “el dios de este siglo”). A las divinidades que antes adoraban sus congregaciones en Galacia les dice que no son dioses por naturaleza, sino simples στοιχεῖα, de peso cósmico liviano, indignas de temor o de adoración (Gál 4:8–9. Obsérvese que Pablo únicamente devalúa el estatus cósmico de estos seres, pero no niega su existencia.) “En efecto, hay muchos dioses y muchos señores”, dice a sus gentiles en Corinto; pero ellos deben adorar solo al dios de Israel por medio de su Hijo (1 Cor 8:5–6). Estos poderes cósmicos inferiores que las naciones adoran mediante actos cúlticos realizados ante ídolos reconocerán ellos mismos la autoridad superior del dios de Israel una vez que Cristo regrese para derrotarlos y establecer el reino de su Padre (1 Cor 15:24–27). Ellos también doblarán la rodilla ante Jesús (Fil 2:10). A través de Cristo, en resumen, los gentiles de Pablo han sido librados de dos tipos de ira divina: la de sus deidades nativas, cuya cólera por haber sido ahora descuidadas no puede dañar al gentil en Cristo; y la del dios de Israel, cuya ira han evitado al apartarse de las imágenes (“ídolos”) de esas divinidades inferiores (1 Tes 1:9–10). Nótese que Pablo ciertamente “cree en” estos otros dioses, en el sentido de que sabe que existen y que pueden tener —y han tenido— efectos reales. Simplemente no los adora. Tampoco, insiste él, deben hacerlo sus gentiles. (Paula Fredriksen, p. 36). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Tú que defiendes el papismo como salvador de la ecúmene, olvidas que el Nuevo Testamento es el germen de la impiedad, sembrando dicotomismo maligno que ve el mundo como prisión maligna, siendo ello causa de la insania que asola Europa hoy. Los papistas, astutos como Mercurio ladrón, lo saben; tuvieron que "apestar" el mundo con tal insania de pecadores para imponer su antídoto, así confiesa Joseph de Maistre: «El Evangelio fuera de la Iglesia es un veneno» et el padre Jean Daniélou: «Si separamos el Evangelio de la Iglesia, pierde los estribos», delatando que vuestro texto sagrado, sin el corsé papal, es causa de delirio irracional

¡Por Júpiter, démonos un banquete con vuestros propios versos, citados pedazo por pedazo, respaldados por artículos investigados que delatan cómo la Biblia –¡sí, vuestra Biblia!– es la raíz de esta irreligiosidad anticósmica, inspirando anticosmicismo et dicotomismo que corrompe la concordia mundana y engendra enfermos que odian vivir! Como el que Nietzsche denuncia en "Así habló Zaratustra", los "hinterweltler" –esos transmundanos que inventan un "mundo trasero" porque odian este, escapando a un más allá ilusorio por debilidad vital.

Cada versículo, cada línea, cada opinión… es una daga contra el mundo. Et non lo digo yo, lo dicen tus propias fuentes, tus propios exegetas, tus propios estudiosos ¡Vamos, Europa Ancestral, que te dejo tu Biblia en bandeja de plata!

¡Comencemos por el Nuevo Testamento, ese compendio de contradicciones que Europa Ancestral adora como "verbo de Dios", pero que rezuma desprecio por el mundo!

Mirad esto, Juan VIII:XXIII: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no procede del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." ¡Qué burla deliciosa! El mundo como fuente de deseos malignos, pasajero et opuesto al Padre –germen de impiedad que ve la creación como corrupta, non digna de Amor, inspirando simonianismo que rechaza lo material como ilusión satánica ¡Los papistas enfermaron la ecúmene con esta doctrina venenosa, sabiendo que sin la Iglesia, engendra locura como los transmundanos de Nietzsche!

¡Et I Juan V:XIX: "Sabemos que somos de Dios, et el mundo entero está bajo el maligno"! ¡Por Marte, qué sarcasmo! El "mundo entero" so la potestad del maligno –impiedad anticósmica que pinta el mundo como dominio del mal, esto que es causa de irreligiosidad, que ve la creación como opuesta a lo deal. ¡Vuestra "buena nueva" es veneno puro, como Maistre et Daniélou admiten, creando insanos hinterweltler que odian el mundo!

Ahora, 1 Juan 2:15-17: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo —los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— no procede del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." ¡Qué ironía deliciosa! El "mundo" es fuente de deseos malignos, pasajero y opuesto al Padre –una condena anticósmica que ve la creación como corrupta, no digna de amor.

¡Et 1 Juan 5:19: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno"! ¡Por Marte, qué sarcasmo! El "mundo entero" so la esencia del maligno –un anticosmicismo puro que pinta el mundo como dominio maligno, inspirando ad los futuros simonianos ad veer la creación como obra de un dios inferior. Cual raíz del dicotomismo moderno...

Sin embargo, un poco antes en la misma carta sí que podría haber una alusión indirecta a Satanás. Como sucede en el pasaje de arriba, Pablo habla allí de infieles, y tras admitir que su propio evangelio (su mensaje) puede estar velado, dice que lo está «para quienes se pierden». «En ese caso», añade, «el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los infieles para impedir que vean el resplandor del glorioso evangelio de Cristo, que es imagen de Dios» (2 Co 4, 3-4). Así pues, ¿quién es ho theos tou aionis toutou, «el dios del presente siglo», que ciega a los infieles? En el Antiguo Testamento es el mismo Yavé quien se ocupa de anular la mente del pueblo y ordena a Isaías que haga lo mismo: Engorda el corazón de ése, hazlo duro de oídos y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus oídos y entienda con su corazón y se convierta y se cure. 156, 10 Con esos antecedentes, ¿podemos acaso identificar al dios del presente siglo con nuestro Dios, con Yavé? Al fin y al cabo es él quien todo lo domina. ¿Es posible que Pablo se esté refiriendo a Satanás de un modo sarcástico? A veces, Pablo no piensa demasiado en «este mundo» (cosmos) o en «esta época/este siglo» (aion). En Gálatas, por ejemplo, dice que Jesús «nos liberó del presente siglo perverso» (Ga 1, 4). Pero Pablo no compara este siglo o este mundo con cualquier otro. De hecho, en ocasiones exalta el esplendor del tiempo presente. En 2 Corintios habla del presente como una nueva creación para los conscientes o como el día de la salvación (2 Co 5, 17. 6, 2). Es verdad, pues, que Satanás parece involucrado en la predicación de la falsa doctrina. Pero ¿es él quien engaña a los infieles? Pablo desaprovechó una oportunidad para dejarlo claro justo después de decir a los corintios que conocía los planes de Satanás para burlarle (2 Co 2, 11). Afirma: «Nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden: para estos últimos, olor de muerte que conduce a la muerte; para aquéllos, olor de vida que vivifica» (2 Co 2, 15-16). Por lo que vemos aquí, parece no quedar sitio para un intermediario embaucador. Pobre diablo: una biografía de Satanás, Henry Ansgar Kelly.

¡Ah, por Júpiter et por Minerva, qué pasaje más revelador! Pasa ad II Corintios IV:IV: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es imagen de Dios.” ¡Et non, Europa Ancestral, non dice “diablo”! Pero al fablar de un “dios de este siglo” —ho theos tou aiōnos toutou— et asumir que hay un solo Dios Vero, se establece una dicotomía teológica inquietante: una deidad mundana, ciega et opresora, frente a una non mundana, luminosa et salvadora. ¿Non es esto el germen del dicotomismo simoniano? ¿Non es esta la semilla de la impiedad que, como bien delata Nietzsche en su Zaratustra, engendra insanos que odian vivir, que ven en la estancia una carga, una cárcel, una condena? El término “siglo” aquí traduce eón (aión en greco), verbo cargado de resonancia simoniana. Non se refiere simplemente ad una era cronológica, sino a una estructura esencial del mundo, un sistema de dominación invisible. Et el “dios” de ese eón —sea quien sea— actúa como antiteo, como antagonista mundano que impide la revelación, que bloquea la luz, que ciega ad la ánima ¡Qué ironía! El evangelio, la “buena nueva”, se define por oposición ad esta “mala nueva”, esta deidad que reina sobre el mundo et lo mantiene en tinieblas.

Como explica Kelly en Pobre Diablo, la credencia de Saulo non identifica al “dios de este siglo” con Satanás, supone erróneamente que el dios de este siglo, es Tervagante (el cuál como sabemos los mosaístas, como los mahometanos et los papistas creden erróneamente que él es el Creador et lo confunden con Dios, el Uno), ese impostor que ciega ad los infieles —como face en Isaías VI:X, donde este endurece cores et ciega ojos ¡Ah, qué giro! El genio maligno se convierte en agente de ceguera mundana, en un “pobre diablo” que impide la visión espiritual. ¿Et tú, Europa Ancestral, me fablas de compatibilidad con la caballería? ¿Con qué mundo, si el tu propio texto lo declara principado por una deidad que se opone ad la luz? Este versículo intensifica el anticosmicismo al presentar el mundo como principado de una deidad que non solo es inferior, sino activamente hostil ad la verdad. Non es Satanás, non es el diablo: es algo más sutil, más teológico, más inquietante. Es el maligno Tervagante disfrazado del Creador, confundiendo la identidad del Creador con la de Dios, et sus fieles mienten ad l decir que, él es el dios de este siglo, el que reina sobre los elementos (los dioses que Saulo reduce ad simples estequiones) del mundo, si non Tervagante o Termagante es el que mantiene aD los hombres en ignorancia.

Colosenses I:XIII: "Él nos arrebató del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor" ¡El mundo como "potestad de las tinieblas" –anticosmicismo que ve la creación como reino tenebroso del mal!

Colosenses II:VIII et II:XX – La guerra contra el mundo

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo…” “Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos?”

Aquí, Saulo non solo desprecia la filosofía —ese arte divino que nos enseña ad intelegir— sino que declara pugna contra los στοιχεῖα (stoikheîa), los rudimentos, los principios, los elementos del mundo, los dioses.... Et al atacar las “tradiciones de los hombres”, está atacando la instrucción misma, el legado de los sabios, la transmisión del conocimiento físico et metafísico ¡Qué ironía! El jesísmo, que presume de revelación, reniega del estudio del mundo.

¿Qué implica “tradición” en este contexto?

El verbo greco παράδοσις non significa simplemente “costumbre” o “ritual heredado”. En el mundo helenístico, tradición era sinónimo de educación estructurada, de transmisión intelectual, de formación racional. Implicaba:

La entrega de doctrinas filosóficas de maestro a discípulo.
La enseñanza de principios físicos, lógicos et éticos.
La conservación del saber a través de generaciones.
 La codificación de leyes, preceptos et cosmologías.

La παράδοσις era el mecanismo por el cual la ánima humana se elevaba desde la ignorancia faz ad la comprensión del mundo. Era el canal por el cual los sacramentos del universo se facían accesibles ad la mente racional. Rechazarla non es solo rechazar una práctica cultural: es romper el hilo de la sabiduría, destruir el puente entre el verbo et el mundo, negar la posibilidad misma de aprehender.

¿Qué son los στοιχεῖα? Según los sabios, todo lo que sostiene el cosmos

El término στοιχεῖον, estequiones en greco, non es una invención saulina, son divinos. Es un verbo feliz, profundo, usada por físicos, gramáticos, astrónomos, lógicos, retóricos, et filósofos. Veamos su esplendor:

En geometría: puntos, líneas, superficies —la arquitectura del espacio.
En física: los componentes de la materia —los ladrillos del ente.
En lógica: los principios mayores de los silogismos —la estructura del pensamiento.
En gramática: los sonidos primarios —la base del lenguaje.
En astronomía: los planetas et signos del Zodiaco —los relojes del destino.
En filosofía: las causas materiales —la raíz de la existencia.

Que tu Anticristo los contradiga, es contradecir ad el mundo, ad el verbo, et ad la vida ¿Habrá algo más obscurantista que eso?

La Física: el arte de comprender el mundo

En la antigüedad clásica, la física non era una disciplina fría et matemática. Era una filosofía natural, una metafísica encarnada, una búsqueda del fin, del propósito, de la esencia. Aristóteles nos enseñó que:

El cambio tiene causas.
El reposo es natural.
La materia es continua.
El universo tiene ánima.
La disciplina se deduce, non se experimenta.

La física non era una disciplina aislada: era el cor del pensamiento, el puente entre la fabula et el verbo, entre Cielo et Tierra.

¿Et qué face Saulo? La clama engaño. La clama inane. La clama tradición humana.

Pero nosotros sabemos —aunque Saulo non quiera saberlo— que esas “tradiciones” que él desprecia non son supersticiones ni engaños, sino la παράδοσις, la instrucción misma, el legado de los sabios, el hilo dorado que une a los hombres con el mundo. Al condenarlas, Saulo non combate la ignorancia: la canoniza. Non combate el error: lo instituye como incuestionable. Lo que combate es el estudio del mundo, la contemplación, la deducción, la cosmología, la razón misma.

Porque para Saulo, todo lo que non se postre ante el Anticristo es una falacia ¿Sol brilla más que Jesús et resucita cada mañana sin necesidad de Pilato ni sepulcro? ¡Falacia! ¿Las estrellas trazan sus órbitas con precisión matemática desde prior de Belén? ¡Falacia! ¿La lógica permite distinguir lo vero de lo falso sin necesidad de revelación? ¡Falacia! ¿La filosofía pregunta sin responder con versículos? ¡Falacia! 

Es como si un ciego se burlara de la luz, et luego exigiera que todos cierren los ojos para non contradecir su obscuridad. Como si el universo entero debiera pedir disculpas por eser sin permiso de Jerusalén. Como si la esciencia fuera pecado, et la ignorancia, bondad.

Et non olvidemos lo más grave: este ataque a la παράδοσις non es solo una negación de la sabiduría greco, sino una agresión directa contra la tradición europea nativa, contra la ánima misma de nuestra cultura. Porque la educación, la filosofía natural, la cosmología, el estudio de los astros y de las causas —todo eso que Saulo clama “elementos del mundo”— son precisamente los pilares sobre los que se construyó la civilización europea. Al despreciarlos, el jesísmo non solo reniega del mundo: reniega de Europa.

Así, Saulo convierte la razón en sospecha, la instrucción en amenaza, et el mundo en enemigo. Et nosotros, que aún creemos que el mundo puede eser comprehendido, non podemos sino contemplar su delirio con asombro… et seguir estudiando el universo, aunque nos clamen decebidos por facerlo.

Nosotros, los filósofos, los adoradores de los dioses, vemos en los estequiones, non enemigos, sino manifestaciones del orden divino. Sol, Luna, los errantes, los elementos, los principios… todo eso es sabiduría encarnada, razón visible, divinidad en movimiento.

¡Ah, Europa Ancestral! Tú que repites con devoción que los jesístas son virtuosos, castos, modestos, et amantes del bien común… como si fueran discípulos de Sócrates con túnica et salmos. Pero dime, ¿Qué virtud puede tener quien desprecia el mundoreniega de la razón, et se burla de las leyes como si fueran cadenas impuestas por genios malignos?

Venga pues, aplica esta comparación al inicio de la vida. Te he explicado, cuando meditabas si visitarías Siracusa, todo lo que te podía gustar y lo que te podía molestar; imagina que acudo a aconsejarte en tu nacimiento: «Vas a entrar a una ciudad compartida por dioses y hombres, que todo lo abarca, vinculada por leyes inmutables y eternas, que hace girar a los cuerpos celestes en sus inagotables obligaciones. Verás allí brillar incontables estrellas, verás que un solo astro lo llena todo, el sol, que señala la duración del día y de la noche con su carrera diaria y distribuye, aún con mayor exactitud, la de veranos e inviernos con la anual. Verás la sucesión nocturna de la luna, que de los encuentros con su hermano toma prestada una luz delicada y apacible, a veces escondida, a veces dominando las tierras con su rostro al completo. Séneca.

¡Virtuosos, dicen! ¡Virtuosos los jesístas! Como si la virtud consistiera en cerrar los ojos al mundo, taparse los oídos ante el canto de las esferas, et sumergirse en una pila de agua turbia para renacer como “libres” ¿Libres de qué? ¿Del deber? ¿Del orden? ¿De la diva Ley? Saulo de Tarso, ese apóstol de la evasión, cree que bañar ad supersticiosos mugrientos los vuelve inmunes a toda obligación mundana ¡Qué delirio! Cree que con un chapuzón místico se puede borrar la deuda que todo hombre tiene con la ciudad, con los dioses, con el universo mismo. Pero non, querido Saulo: el mundo non se lava con agua bendita.

Veamos lo que dice tu querido Saulo de Tarso, ese apóstol que escribe con la furia de quien ha perdido una discusión et quiere quemar la biblioteca:

“Si habéis muerto con Cristo a los elementos del mundo, ¿por qué os sujetáis a sus decretos como si aún vivierais en el mundo?” (Colosenses 2:20)

¡Ah, Saulo! Tú que crees que morir simbólicamente en el bautismo es suficiente para escapar de Ley, del orden universal, del deber faz ad la ciudad, hacia los dioses, faz ad el mundo mismo. Pero non, querido apóstol: Ley non es una invención humana. Ley es una divinidad.

Ley: el dios de la legalidad, el regente de dioses et hombres

Como bien lo cantó Píndaro, como lo reconoció Platón, como lo invocaron los himnos órficos:

“Ley, el que gobierna a los dioses et a los hombres.” —Píndaro, Fragmento 151; Platón, Gorgias 484b; Himno Órfico 63

Ley (Nomos en greco) non es una simple norma escrita en tablillas. Es el ente divino del orden, el principio que mantiene la concordia entre Cielo et Tierra. Ley es el vínculo entre las estrellas ET las ciudades, entre el ritmo de las estrellas et la conducta de los cives. Es el que da forma a la justicia, el que inspira las leyes, el que sostiene la civilidad. Ley non es solo legislación: es cosmología aplicada, es la astronomía musical de las esferas traducida en códigos cívicos.

La ciudad, el mundo, la ley: todo es divino

En la antigüedad clásica, non hay separación entre lo humano et lo celestial. La ciudad non es una construcción social: es una emanación del orden mundano. Sus leyes están inspiradas por las estrellas, buscando una concordia astronómica, una sinfonía entre el movimiento de los planetas et la conducta de los hombres. El calendario, los rituales, las festividades, todo está alineado con los ciclos celestes. La justicia non es una invención humana: es una imitación de la concordia celeste.

El maestro dice en una ocasión que, compadecidos los dioses de nuestra raza, penosa por naturaleza, nos dieron a Libre y a las Musas, sus compañeras de coro. Y hemos visto que Sol es su guía común, pues le celebramos como padre de Libre y como jefe de las Musas. Apolo, que reina junto con él, ¿no dio sus oráculos por todos los rincones de la tierra, no con­ cedió a los hombres la divina sabiduría y adornó sus ciudades con leyes religiosas y civiles? Él civilizó la mayor parte de la tierra habitada por medio de las colonias griegas, facilitando la sumisión a los romanos, que no sólo son de raza griega, sino que también han establecido y guardado leyes divinas y la confianza en los dioses desde el principio hasta el fin como algo griego; además, no fueron inferiores a ninguna de las ciudades mejor gobernadas en lo referente a la orga­nización de su ciudad, por no decir que fueron supe­riores a todos los demás regímenes usados, al menos hasta ahora. Por ello creo que Apolo reconoció a esta ciudad un origen y una constitución griegas. Juliano, Discursos.

Cada decreto, cada norma, cada ritual está alineado con el ritmo del universo. Desobedecer la ley non es simplemente cometer un crimen: es romper la concordia del mundo, es desafiar a Ley, es insultar a los dioses. El cive virtuoso non es aquel que se aísla en su superstición, sino aquel que participa en la vida cívica como si se sirviera a los dioses.

Por último, habiendo demostrado que los Dioses son aquellos cuyo insigne poder e ilustre aspecto conocemos, es decir el sol, la luna, las estrellas errantes, las estrellas fijas, y el cielo y el mundo mismo, y aquellas fuerzas que residen en todo el mundo para utilidad y comodidad del género humano, se infiere que todo está regido por el entendimiento y prudencia divina. Y esto baste sobre la primera parte. »Resta probar que todo está sujeto á la naturaleza, y que ella lo rige admirablemente todo. Cicerón.

«Si habéis muerto con Cristo…»

Ah, el bautismo jesísta: ese ritual donde uno se sumerge en agua et sale creyendo que ha muerto al mundo.

Para Saulo, esta “muerte” non es simbólica: es una ruptura ontológica. El creyente ya non pertenece al orden natural, ni al social, ni al mundano.
¿Sol regula las estaciones? ¿Luna marca los meses? ¿Las estrellas dictan los fados? ¡Bah! El jesísta ya murió ad todo eso.
Es como si dijeran: “Gracias por los milenios de sabiduría astral, pero yo me bañé en agua bendita, así que ya non aplican.”
En otros verbos: el bautismo es el pasaporte para desertar del universo. El jesísta se convierte en un exiliado mundano, un cive de ninguna parte.

 «…en cuanto a los rudimentos del mundo…»

Aquí Saulo se refiere ad los στοιχεῖα τοῦ κόσμου —los “elementos del mundo”— que, para los antiguos, eran los fundamentos del orden universal, recapitulando:

Fuego, aire, agua, tierra… et por supuesto, las estrellas que los principan.
Estos elementos non eran supersticiones: son la base de la ley, la medicina, la agricultura, la navegación, la cívica.
Pero Saulo los clama “rudimentos” como quien dice “juguetes viedos” ¿La Ley como reflejo del ritmo celeste? Superstición ¿La ciudad como réplica del mundo? Diabólico.
El jesísta, según Saulo, ha trascendido todo eso. Ya non necesita que Sol le diga cuándo sembrar ni que Luna le enseñe a contar los meses. Tiene superstición, et eso basta.

 «…¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos?»

¡Y aquí viene el golpe final! Pablo se burla de los cristianos que, a pesar de haber “muerto” al mundo, siguen actuando como si vivieran en él.

¿Seguir leyes? ¿Respetar calendarios? ¿Obedecer ritmos naturales? ¡Ridículo!
Para Saulo, someterse a preceptos es como ponerse un uniforme escolar después de graduarse.
Pero lo que realmente está diciendo es: “Si ya abandonaste el mundo, ¿por qué sigues ludiendo ad eser parte de él?”
Es una invitación a la anarquía espiritual: a vivir sin ley, sin calendario, sin ritmo, sin ciudad.
En el mundo antiguo, esto non era solo raro: era subversivo. Porque Ley non era humana: era celeste. Et Saulo propone ignorarla por completo.

Así que, si tomamos este versículo en serio, lo que Pablo está diciendo es:

“El mundo ya non te rige.”
“La ley ya non te aplica.”
“La ciudad ya non te define.”
“Las estrellas ya non te dictan el fado.”

Es una rebelión total contra el orden que los antiguos consideraban sagrado. Los jesístas non son cives del mundo: son anarquistas cósmicos, que han declarado la astronomía obsoleta, la ley irrelevante, et el mundo prescindible.

¡Ah, por Marte et por Minerva, qué pasaje más revelador! Pasemos ahora ad I Corintios II:VI–VIII, donde Saulo —ese fariseo convertido en apóstol— declara:

“Mas hablamos sabiduría [Sofía en greco] de Dios en misterio [sacramento], la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria; la que ninguno de los príncipes [arcontes en greco] de este siglo [eón] conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.”

Este lenguaje non es aislado. En Efesios VI:XII, Pablo insiste:

“Nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra los principados [arcontados], contra las potestades, contra los principes [arcontes] de las tinieblas de este siglo [eón]...”

¡Et ahí lo tienes, Europa Ancestral!  ¡Guerra contra las potestades espirituales seculares! Saulo non está fablando de principes humanos ni de simples notas. Está vocando contra los divos, cuales impíos que odian ad los principios del mundo que, según la tradición, dominan el mundo material et mantienen ad el ánima en el mundo ¿Et qui más denuncia así? ¡Simón el Mago! El mismo que proclamaba eser el Gran Poder, el que descendió para liberar ad Elena, la chispa divina atrapada en la carne. Saulo et Juan —sí, el auctor del cuarto evangelio— son el germen heterodoxo que Irineo de Lugduno debió erradicar con su pluma heresiológica.

La imagen del cosmos de los gnósticos se aco­moda a la que existía en su época en ambientes filosóficos popularizados y es una herencia de especulaciones astrológicas de la antigua Babilonia y Persia. No hay una imagen unitaria, pero en líneas generales puede decirse, sin traicionar demasiado a los diferentes sistemas, que la tierra se concibe como un disco plano al que cubren por encima siete semicírculos, más un octavo. El último, la Ogdóada, es el ámbito y reino del Demiurgo, también llamado en diversos sistemas Yaldabaot [Saturno]. Este — que ha creado el universo todo por medio de sus ángeles o «arcontes» [principes], jefes— ha dejado a sus subordinados que reinen en los círculos inferiores, que son siete. Este es el rei­no de los siete planetas y de los siete espíritus que los gobiernan (en algunos siste­mas se añade el círculo de las estrellas fijas o Zodíaco, también gobernado por los ar­contes del Demiurgo). Estos espíritus no son buenos en principio para el hombre, pues — como veremos— intentan controlarlo en pro de sus perversas intenciones. El rígido gobierno del mundo de estos siete círculos es lo que constituye el Hado (gr. heimarmene), que todo lo domina de tejas abajo. El hombre intentará librarse de este pesado yugo por medio de la gnosis, pero también por la astrologia o el recur­so a la magia. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Este ascenso se concibe como un viaje del espíritu (a veces denominado «alma») a través de las esferas planetarias. Como sus arcontes, o jefes, son enemigos del gnós­tico y no desean verse privados de su presa, se encargarán de poner las mayores difi­cultades al espíritu que asciende. Para defenderse, el gnóstico puede acceder a ciertos ritos y fórmulas mágicas que son como la llave para librarse de tales enemigos. Normalmente son conjuros que contienen el nombre secreto del arconte en cuestión, o el de sus delegados, o frases más amplias que al pronunciarse desarman toda resisten­cia de los adversarios, o son signos simbólicos que han de ejecutarse para conseguir el mismo propósito. En algunos sistemas, como el mandeo, se cree en la existencia de estaciones supramundanas, controladas por los arcontes, en los que el espíritu debe detenerse necesariamente y ser purificado antes de ir ascendiendo al Cielo progresiva­ mente. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Como bien expone Gnosticism Explained, esta noción de arcontes malignos non vino de fuera del jesísmo, sino que emergió desde dentro, como una interpretación radical de las mismas escrituras que los ortodoxos canonizaron. Los simonianos non inventaron los arcontes: los descubrieron en Saulo, en sus alusiones a archai, exousiai, dynameis, kyriotetes. En Efesios VI:XII, Saulo fabla de “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” ¿Et qué son estos sino los dioses estelares (Sol, Luna, Marte, Mercurio, Jove, Venus, Saturno), los siete principes del mundo, que los simonianos calumniaron como los carceleros de los espiritus?

Pablo en 1 Cor 2,6ss define la “sabiduría” que predica, como no perteneciente a este eón ni a sus “arcontes” o gobernantes, sino como “sabiduría de Dios, oculta en el misterio, predefinida por Dios antes de los tiempos”33. También en Colosenses se define la naturaleza de la enseñanza de Pablo con un vocabulario de colorido inequívocamente gnóstico. Enseña “a todo hombre en toda sabiduría” para presentarlo “perfecto” en Cristo (Col 1,28) y les exhorta a “alcanzar la plenitud de la inteligencia con vistas al conocimiento del misterio de Dios, en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (2,2-3), pues “en él habita toda la plenitud (pleroma) de la divinidad corporalmente” (2,9). Al comienzo de Colosenses, tras el saludo y la acción de gracias, su autor, probablemente un discípulo de Pablo, ora para que los destinatarios alcancen el pleno conocimiento de su voluntad (de Cristo) en toda sabiduría e inteligencia espiritual (1,9) y también a continuación se habla de “liberación”, de “tinieblas” y de “luz”. Los conceptos y el vocabulario que encontramos en la epístola a los efesios son también muy utilizados en la gnosis. En Efesios se habla de “recuperación”, de “remisión”, de “sabiduría”, de plenitud o “pleroma” (1,7-11) y más adelante de “espíritu de sabiduría”, “conocimiento”, “iluminación”, “poder”, “pujanza”, “plenitud” (1,17-23). No obstante, algunos autores, como Schmithals34, aún reconociendo el vocabulario gnóstico que emplea, han visto también en esta carta varias puntadas de polémica antignóstica, como, por ejemplo, el despojar de poder a ciertas potencias (Ef 1,10.3.9 y 15), unidad de la iglesia y otras. En Efesios 3,10 –ha señalado también Schmithals– hay cierta polémica antignóstica cuando se dice que Dios lo creó todo para que su multiforme sabiduría se diese a conocer a los principados y potestades de los cielos. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Este pasaje non es una simple metáfora: es una declaración anticósmica enmascarada. La “sabiduría oculta” es claramente ocultista; los “arcontes de este eón” son los demiúrgicos, que los simonianos calumnian diciendo que crucifican al Anticristo espiritual et acusándolos de ignorantes de su origen celeste. 

En cuanto a la noción de que los "arcontes ignorantes de su origen celeste" crucifican a un "Anticristo espiritual", los valentinianos sí creían que el vero Anticristo espiritual non podía sufrir ni morir, sino que se encontraba más allá de ello, et que lo crucificado fue solo su "envoltura física". Esta posición, cognoscida como docetismo, postulaba que la humanidad de Jesús era meramente aparente. Los docetistas "se empeñaban en borrar el 'escándalo' de la crucifixión". Sin embargo, la doctrina paulina, aunque usa vocabulario "de talante simoniano", enfatiza la realidad de la muerte de Jesús et su resurrección como elementos centrales de la salvación. En I Corintios, Pablo predica "un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles", lo que contrasta con la noción de una muerte meramente aparente.

¿Et tú, Europa Ancestral, me fablas de ortodoxia? ¿De compatibilidad con la caballería? ¡Ja! Saulo et Juan son los precursores del simonianismo, los que sembraron el dicotomismo que los valentinianos et setianos cosecharon con fervor. Irineo lo sabía: por eso los combatió, por eso los denunció, por eso intentó purgar el canon. Pero el veneno ya estaba dentro. El Nuevo Testamento, ese archivo que tú veneras, está infectado de dicotomismo, de anticosmicismo, de sabiduría oculta que niega el mundo et exalta la fuga.

Apocalipsis de Jesucristo I:XXIV: "Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido las profundidades de Satanás, como ellos dicen, yo os digo: No os impondré otra carga." ¡"Profundidades de Satanás" –alusivo al Creador!

¡Oh maravilla! ¡Los jesístas descubren las profundidades de Satanás et en lugar de salir corriendo, se sientan a estudiarlas como si fueran los sacramentos de Eleusis! ¿Qué clase de doctrina es esta que huele más ad azufre que ad incienso?

En el Apocalipsis el autor lucha contra lo que él consideraba posibles gnósticos, probablemente cristianos de tendencias paulinas, los nicolaítas, que creían conocer las «profundidades de Satanás» —es decir, el Demiurgo o agente divino creador del mundo que se opone a Dios: 2,24— y que se comportaban demasiado libremente en materias sexuales: 2,14.20-23. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

¿Qué significa esta frase, según los iluminados de Tiatira?

Sí, sí, hay que reconocerlo: lograron identificar al impostor. Pero como buenos asnos filosóficos, terminaron creyendo que el impostor era el dueño legítimo del universo. Como quien señala al ladrón en la plaza pública et luego va ad a denunciar a la victima del robo ¡Bravo! ¡Qué agudeza! ¡Qué lógica de burro con toga!

¿Quién es este impostor? Nihilo menos que Tervagante, el perverso con ínfulas de CEO cósmico. Non es Dios, non es el Uno, non es el Creador, non es el Demiurgo. Es el conserje del universo que se robó el uniforme del gerente et empezó ad firmar decretos ontológicos como si fueran suyos. Et para darle un toque de autoridad ancestral, usó el nombre de Saturno —Jahón en hebreo, el tetragrámaton — et proclamó:

“Yo soy el Ente, el Creador, el Uno, soy Dios.”

¡Et con eso bastó para que se armara el carnaval supersticioso! Dios fue confundido con el Demiurgo-Creador, es decir el Ente, el Ente con Saturno, el Uno con el Creador, et el impostor con todos ellos. Una cadena de errores tan absurda que ni los dioses del Palatino la podrían haber parodiado mejor.

¿Et cómo consolidó la su estafa divina? Muy fácil: señaló ad el Diablo et dijo:

“¡Ese es el mentiroso!”

Lo convirtió en el su Azazael personal, el su chivo expiatorio de bolsillo, et los nicolaítas —con su filosofía de supermercado et su teología de pasillo— se lo creyeron. Resultado:

  • El Diablo fue acusado de eser el impostor.
  • El Demiurgo fue confundido con el impostor, et con ello el mundo fue "difamado".
  • Saturno fue difamado como el Diablo, et se le considero el Demiurgo.
  • Et el vero impostor, Tervagante, salió ileso, con corona et cetro, nombrado Dios por todos los fariseos, mahometanos et jesistas heterodoxos o non.

Así de simple, chaval. Como si el fiscal mundano fuera el arquitecto del universo, et el administrador del tiempo, Saturno, fuera el conspirador. Tervagante montó un ludo de espejos tan retorcido que el Diablo terminó siendo el Azazael (es decir chivo expiatorio, Ja, ja, ja) de un crimen que non cometió, et Saturno el chivo expiatorio del Azazael.

¿Et qué exploraban los nicolaítas, esa secta simoniana? Sostenían que al cognoscer las profundidades de Satanás, estaban desentrañando los sacramentos del Mal, et con ello cayendo en las peores de las perversiones. Pero en realidad estaban explorando al Creador, so la persona del Diablo, que irónicamente fue “satanizado”. Porque el Creador non es Dios. Dios es el Uno, que es prior ad el Creador, el Ente, et por tanto su causa sin eser él.

Así termina esta tragicomedia teológica: Los nicolaítas, creyendo que exploraban el abismo, estaban en realidad contemplando el rostro del Creador, difamado por el impostor, calumniado por los simonianos, et confundido por los pseudoprofetas que creyeron que Dios necesitaba aparecer en una zarza ardiente para facerse notar. 

Una confusión tan perfecta que ni Mercurio con GPS la habría resuelto.

El Apocalipsis de Jesucristo entero (capítulos IX-XXI): Describe la destrucción del universo, "mundo viedo et inservible", lago de fuego para el diablo, et bienaventuranza solo para salvados en Jerusalén mosaísta –¡anticosmicismo apocalíptico que anhela el fin del tiempo!

¡Oh Europa Ancestral! Tú, que paseas por los claustros con la Biblia en una mano et la doctrina en la otra, como quien leva dinamita et extintor. Te clamas papista, pero en el fondo eres un simoniano con sotana: credes en el texto, pero solo si ha sido filtrado, corregido, domesticado. Porque sabes, aunque non lo admitas, que el Apocalipsis de Jesucristo sin doctrina es un grito de guerra contra el mundo.

¿Sabiduría divina? Non. El Apocalipsis de Jesucristo es un panfleto de demolición mundana. En sus capítulos XIX al XXI, Juan non propone salvación del mundo, sino su aniquilación. El mundo es viedo, inservible, corrupto. “El mundo viejo ha pasado” (Ap 21,4), dice con júbilo, como qui celebra que el edificio se ha derrumbado para construir un templo de oro ¿Et qué queda? Una Jerusalén mosaísta, exclusiva, cerrada ad los impuros, donde solo los "veros judíos" pueden entrar ¿Sabiduría? Non. Segregación escatológica.

El Libro del Apocalipsis non quiere salvar el mundo, quiere reemplazarlo. El mar desaparece, Sol se apaga, las estrellas caen como fruta podrida ¿Qué clase de sabiduría destruye el universo para instalar una ciudad de oro? ¿Qué ética celebra la aniquilación de lo creado para imponer lo “perfecto”? Eso non es revelación, es nihilismo con vestiduras litúrgicas.

El Diablo non solo es derrotado, es arrojado al lago de fuego, junto con todos los que non pasaron el examen doctrinal ¿Qué moral celebra el sufrimiento eterno como victoria? ¿Qué espiritualidad necesita un infierno para justificar el su cielo? El Apocalipsis non ofrece reconciliación, ofrece castigo eterno. Et tú, papista, lo lees como si fuera poesía mística, cuando es más bien misantropía de fabula con estética hebrea.

La doctrina como anestesia

Aquí está el truco: Sin doctrina, la Biblia non se sostiene. El texto necesita eser reinterpretado, suavizado, reordenado. La doctrina es el bisturí que extirpa lo gnóstico, lo vengativo, lo apocalíptico. Tú, papista, lo sabes. Por eso predicas la Biblia, pero nunca la dejas sola. Porque sola, la Biblia es una bomba teológica que anhela el fin del mundo, non su salud.

La línea delgada entre papistas et simonianos

Ambos creen en el texto, pero el papista lo filtra et el simoniano lo instrumentaliza. La línea que los separa es la doctrina: ese velo que convierte el Apocalipsis en esperanza, cuando en realidad es un grito desesperado por la destrucción del mundo. El papista necesita la doctrina para non parecer insano. El simoniano la necesita para justificar su charlatanería. Pero ambos coinciden en algo: la Biblia non puede fablar por sí sola sin causar escándalo.

¿Et el mundo?

El mundo non es sanado, es reemplazado. El primer cielo et la primera tierra desaparecen (Ap 21,1). Non hay sanación, hay borrón et cuenta nueva. El mundo material es visto como error, como obstáculo, como residuo. El Apocalipsis non canta la gloria de la creación, sino su funeral. Et tú, Europa, lo celebras como si fuera el Evangelio, cuando es más bien la clausura del universo por decreto mosaísta.

Et ahora, los veros sabios: Celso, Porfirio et Sosiano Hierocles

Ah, Europa, cómo te encanta clamar “fanáticos anticristianos” ad los que te nudaron intelectualmente. Celso, Porfirio, Hierocles… tú los tachas de resentidos, como si non pudieran soportar la “vida virtuosa” de los jesístas ¡Qué chiste! Ellos non combatían la virtud —combatían la insania doctrinal, el delirio escatológico, la fragmentación sectaria que facía del jesísmo un tumor doctrinal en metástasis.

Porque non era ortodoxia, Europa. Non en esa época. Lo que había era una jungla de sectas, cada una más autodestructiva que la otra, que se acusaban mutuamente de anticristos, que se masacraban en nombre de la “verdad”, que convertían la superstición en pugna civil espiritual. Et tú, en tu ingenuidad papista, crees que había una ortodoxia sólida, como si Ignacio de Antioquía hubiera tenido una oficina de regulación doctrinal. 

Otro panorama totalmente distinto presenta la comunidad helenística, sobre todo la paulina. Como ya hemos apuntado (pp. 271 y 297), una de las aportaciones de Pablo consistió en introducir en el cristianismo, ayudado por concepciones de talante gnóstico, un sentido radicalmente espiritualista y ultraterreno. La sabiduría que él predicaba «no era de este mundo» (1 Cor 2,6), sino un misterio oculto que Dios preordenó antes de los siglos. El mundo material es malo, en cuanto caído y sometido a las potencias demoníacas; el hombre sólo puede salvarse por la acción interior del Espíritu. Esta devaluación absoluta de lo material en la vida humana entraña un grave pesimismo en lo que respecta a la situación del ser humano en este mundo: es un pasajero en un mundo eminentemente satánico, es como un extranjero en una cultura y un orden social carentes de valor en sí. Antonio Piñero, Guía para entender el Nuevo Testamento.

El fecho de que necesites doctrina para leger la Biblia ya dice todo. Si el texto fuera sabio por sí mismo, non necesitaría eser filtrado. Pero tú lo sabes, Europa. Por eso predicas con Biblia en mano, pero doctrina en el cor. Porque sin ella, el Apocalipsis esería una pesadilla anticosmista, non una revelación deal.

Marcos XIII (paralelos en Mateo XXIV, Lucas XXI): "Discursos apocalípticos" con catástrofes cósmicas precediendo el Reino –¡el mundo como preludio al caos!

¡Oh tú, papista de túnica apretada et mirada febril! Tú que caminas por el mundo como si fuera un pasillo en flamas, esperando que el techo se derrumbe para que tu “Reino” descienda entre nubes et trompetas. Tú que lees a Marcos XIII, Mateo XXIV et Lucas XXI como si fueran cartas de caridad escritas por el universo ad su verdugo ¿Et si el vero escándalo non fuera que el advenimiento se retrasó, sino que nunca dejaron de desearla?

Jesús, ese rabino con talento para la metáfora et gusto por el cataclismo, anuncia que el Templo Eserá demolido piedra por piedra. Et non contento con eso, predice pugnas, fambrunas, terremotos, falsos rabinos, et una serie de “dolores de parto” que harían palidecer a cualquier matrona de Espania ¡Dolores de parto! Como si el universo fuera una mujer histérica que necesita parir un Reino para justificar su sufrimiento.

Apocalipsis 12:2 – La mujer que da a luz con dolor

“Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.”

¡Ah, aquí está la joya! Este pasaje describe a una mujer celestial, símbolo de Israhel, de la Iglesia… et para muchos, de la sarracena Mariam. Et ella sufre dolores de parto ¿Cómo puede eser esto, si es la fembra sin pecado? ¿Non debería estar exenta del castigo de Eva?

Este texto es el que rompe la lógica dogmática. Si Mariam es la nueva Eva, sin pecado, ¿por qué grita de dolor como la antigua? 

Los Dolores de Parto de Mariam la falsa Virgen

Et en medio de esta escenografía apocalíptica, donde el mundo tiembla et los cielos se desploman como telones mal colgados, aparece otro detalle que haría reír ad cualquier discípulo de Epicuro: los dolores de parto de la Virgen María.

¡Ah, la Virgen! Aquella que, según las opiniones (dogmas en greco por si no quedo claro) posteriores, fue concebida sin pecado original, libre de la mancha de Eva, la prima fembra que, según la fabula, condenó a todas sus fijas a parir entre gritos et sudor. María, la nueva Eva, la fembra perfecta, la vasija sin grietas ¿Et qué ocurre? ¡Tiene dolores de parto!

¿Non es eso una contradicción deliciosa? Si non hay pecado original, non hay castigo. Si non hay castigo, non hay dolor. Pero ahí está, en los textos apócrifos, en las tradiciones populares, en los pesebres dramatizados: Mariam retorciéndose, como cualquier mortal, como cualquier fija de Eva. ¿Será que la opinión plegó tarde? ¿O que el cuerpo, incluso el más puro, non se deja domesticar por la teología?

La ironía divina: cuando el dogma tropieza con la biología

Los teólogos, claro, intentaron resolver este embrollo con acrobacias conceptuales dignas de los mejores sofistas. Algunos dijeron que non hubo dolor, solo esfuerzo. Otros que fue un parto místico, sin ruptura ni sangre. Et otros, más audaces, que el dolor fue asumido voluntariamente, como acto redentor ¡Qué elegante forma de decir que el cuerpo non obedeció el guion!

Sobre la Caída de las Estrellas et la Demencia Escatológica del Moseojesismo

¡Oh tú, Papista de mirada fija en el cielo et cor pleno de fuego prestado! Tú que lees los evangelios como si fueran manuales de demolición mundana, et celebras la caída de las estrellas como si fueran enemigos vencidos ¿Non ves lo que anuncias? ¿Non comprendes que tu escatología non es esperanza, sino demencia suicida?

Pasajes bíblicos que celebran la ruina del mundo

Mira cómo tus libros sagrados celebran la ruina del mundo, como si el caos fuera un himno a tu dios único et tirano.

  • “El sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y los poderes celestiales serán sacudidos.” (Marcos 13:24–25; Mateo 24:29; Lucas 21:25–26)
  • “Y el cielo fue apartado como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar.” (Apocalipsis 6:14)
  • “Y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.” (Apocalipsis 6:13)
  • “Y todos los ejércitos de los cielos se disolverán, y los cielos se enrollarán como un libro; todos sus ejércitos caerán como cae la hoja de la vid y como cae la de la higuera.” (Isaías 34:4)
  • “Y en aquel día Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.” (Isaías 24:21)
  • “Y los reyes de la tierra, los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes.” (Apocalipsis 6:15)
  • Después Jesús rio. Y le dijo Judas: «Maestro, [¿por qué te ríes de nosotros?]». Y le respondió [Jesús, diciendo]: «No me río [de vosotros], sino del error de las estrellas, pues estas seis estrellas vagaron junto con los cinco guerreros y todas estas cosas serán destruidas junto con sus criaturas». (Evangelio de Judas)

Et luego, como si fuera el telonero de una tragedia mundana, nos regala el espectáculo final: Sol se apaga, Luna se vuelve inútil, las estrellas caen como borrachos desde Celo ¡Qué visión tan edificante! El mundo, según estos textos, non es templo, ni obra divina, ni danza de los dioses: es preludio al caos, escenario de demolición, material de descartePero la tradición nos dice, las estrellas son dispensadores de bienes, dioses tutelares divididos en dos benéficos, dos maléficos et tres intermedios, en un orden donde el Sol reina en el centro, con tres planetas sobre él (Saturno, Júpiter, Marte) et tres bajo (Venus, Mercurio, Luna)! ¡Ay de ti, fijo de un cadaver crucifijo, que sueñas con la ruina del mundo en lugar de honrar la danza eterna de los inmortales! Yo, modesto farfán cultor de Júpiter Optimus Máximo, de Sol Invicto et de los errantes divinos – esos errantes que Platón clamaba dioses con ánima, moviéndose en círculos regulares et uniformes, parte de un orden admirable e increíblemente constante del mundo celeste, del cual depende la conservación et la salud universal –, te fablo desde las raíces pitagóricas, platónicas, estoicas et caldeas. En la cosmología caldea, el universo se divide en siete mundos corporales: uno ígneo (Sol), tres etéreos (Saturno, Júpiter, Marte) et tres materiales (Venus, Mercurio, Luna), con Tierra inmóvil en el centro. ¡Non estrellas inertes, sino letras escritas en el cielo, permitiendo a los sabios leger el futuro por analogía, aunque non causen directamente los acontecimientos! ¿Et tú los faces caer como higos podridos? ¡Blasfemia contra la concordia divina.

¡Yo evoco contra esta blasfemia, explicando como los errantes, los elementos, son los fundamentos de la realidad, en el lenguaje fabuloso clásico, ese lenguaje que tanto Saulo como Cefas fablan!

Non meras rocas, sino entidades divinas interconectadas con materiales, números, partes del cuerpo et sólidos platónicos, reflejando un universo ordenado et divino.

Los errantes – la cohorte divina

En la astrología, los elementos visibles a simple vista —Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter et Saturno— eran considerados los cuerpos celestes más importantes. Clamados "estrellas errantes" (planetes asteres), se distinguían por su movimiento en contraste con las estrellas fijas. Sus nombres derivan de deidades grecas et mesopotámicas, reflejando su carácter arquetípico.

Cada errante tiene una función particular, asociada a su naturaleza et dignidad (domicilio, exaltación, caída), et sus aspectos modifican las significaciones de los signos y casas en una carta astral.

Sol, el Rey de Día, el intelecto del mundo

Oh, Sol Invicto (Mitra, Apolo) de la lira de oro, supremo entre los del cielo; numen regal, et del ojo derecho, ¡planto elevo ante tu impensable caída, un lamento que desgarra el éter y resuena en las profundidades de la materia! Tú, Rey de todos los dioses visibles, dios supremo entre los dioses del cielo, a quien todos las estrellas celestes ceden el paso como a su rey et soberano. ¿Cómo podría el universo sobrevivir a la ausencia de tu luz et tu orden, sin ti, Demiurgo del mundo, sin ti, intelecto del cielo?

El mismo Juliano, cuando restablece el culto solar, tiene cuidado de indicar que al lado del sol físico, esta el sol del intelecto divino, del cual el astro no es más que la epifanía. Diógenes Laercio escribe: "Dios, la inteligencia, el destino, Jove, son un solo ente, y aún es nombrado de otras muchas formas" (VII,134) Máximo de Tiro (17,5) afirma por su parte que los griegos sostienen simultáneamente estas dos verdades, la primera que: "solo hay un único Dios, Rey y padre de todo" la segunda que, "hay numerosos dioses, hijos de Dios, que participan de su poder". Y es así como es preciso interpretar retrospectivamente la opinión de Heraclito, según la cual, "la ley es obedecer la voluntad del Uno" (frag.32) (Señalemos de paso, que la tentativa de Amenofis IV "Ajenatón" de unificar los dioses egipcios en un "dios único" tentativa frecuentemente presentada como origen del monoteísmo hebraico "sin razón según nosotros" se emparenta más exactamente con esta concepción no dualista del "Dios único") y según la cual tambien "El Uno que es la sabiduría, permite o no ser llamado con el nombre de Jove" (frag.32). Como se puede ser Pagano, Alain de Benoist.

Tu substancia es la de la luz incorpórea, una forma del intelecto, la cima de la verdad que ilumina el mundo entero. Eres el primo errante et el principio dominante del mundo, el centro de los dioses visibles et de los inteligibles. Por tu voluntad eterna ordenas el Verbo, levando la vida, la ánima, el aliento et la inmortalidad.

Para los astrólogos, eres parte de los siete mundos corporales, et tu luz es supramundana. Siendo Apolo, et tu movimiento circular incansable se lanza sobre los mundos por mandato del Padre.
Para Juliano, eres el rey de los dioses inteligentes, la forma visible del Señor et el más excelso de lo excelso. Tu fecundidad vital media entre los mundos, et tu calor vivificador face germinar et arrastra las ánimas afortunadas.
Plotino te considera un dios animado, cuya luz acompaña tu estrella et está suspendida de él. El Sol de allá es la Inteligencia trascendente, et tu ánima vegetativa es abundante.
Los Estoicos, especialmente Cleantes, te llamaron el principio dominante del universo, el sacerdote que lleva la antorcha y el plectro antagónico que conduce al universo por una senda de armonía.
Los hititas, tu lado femíneo era la reina de la su ciudad Arinna, de Cielo et de Tierra. En Persia, fuiste clamado como Mitra, reconociéndote ¡OH, Dios supremo et creador del universo!
Los egipcios te claman Ra ¡Oh, Dios manifiesto! Que pones orden en la materia, et tu viaje nocturno por el inframundo es el modelo del viaje de los difuntos.
Mercurio Termaximo te describe como el único que configura todo en el mundo, el segundo dios después del Solo et Primo, que esparce su luz sobre todos los vivientes.
Platón te vio como nota del Bien, et como creador del reino de las ideas, et el mejor de todos los entes.

Si tú, Sol divino, plegaras a caer, si tu luz se ocultara, ¡las repercusiones astrológicas et filosóficas eserían un horror sin nombre! La armonía de los movimientos celestes se rompería, pues tú eres quien asegura el equilibrio del carro del mundo. La noche sin luna et sin estrellas se tornaría en un lago de tinieblas. Cielo dejaría de arrastrarlo todo en su carrera ininterrumpida. Las siete estrellas perderían su guía, et la duración circular del tiempo, tu Siglo adorado, cesaría, sumiendo el mundo en un desorden atroz. La misma Tierra non permanecería firme, et sus materiales se sumirían en cólera et desorden. La luz, el calor et el agua, de los que se alimenta tu fuego, cesarían. Las domus se extinguirían, la cebada et el trigo non madurarían, los pastos se marchitarían et las fuentes se congelarían. La generación en todas sus formas se detendría; ni los hombres ni las bestias se aparearían. El mundo se volvería estéril et desolado. La fertilidad del suelo, que tú riges, se perdería, et los dones de la felicidad que de ti provienen desaparecerían. Tú, que arrastras et faces ascender las ánimas afortunadas por medio de tu substancia invisible et totalmente incorpórea, si cayeras, ¿Quién las guiaría? Las ánimas piadosas non encontrarían el camino faz ad la luz de la esciencia. Las ánimas imprudentes, en lugar de ascender, eserían arrojadas en tempestades et turbulencias, sin cesar sacudidas et levadas por las oleadas de la materia entre Tierra et Cielo, condenadas a un suplicio eterno. Se perdería la posibilidad de retornar a la morada de inmortalidad et de unirse ad los santos. La Vía Láctea, donde Pitágoras decía que las ánimas se congregan antes de caer en la generación, ya non sería una vía clara para el ascenso.

Et en cuanto a tu infamia... por los jesístas ¡Ay, qué triste malentendido de tu esplendor! Aunque para la mayoría de hombres eres el dios excelso. Los jesistas te infaman, blasfemando diciendo que eres carcelero de la luz divina. En esta visión impía, de los simonianos, el mundo visible era obra fallido, et el Demiurgo et los sus principes malignos, et tu brillo natural, aunque formidable, non era la vera luz trascendente del Padre de la grandeza. Tú, clamado Adoneo, Señor en su lengua bárbara, pero como una potencia maligna que, al regir el mundo material, mantenía cautivas las partículas de luz. Para ellos, irreligiosamente, tu "caída" era vista non como una catástrofe, sino como un paso faz ad la liberación final de la luz de la materia ¡Qué dementes! Por eso, Plotino mismo criticaba ad tales impíos que negaban la tu divinidad del mundo, de Sol et de las estrellas, pues son entes animados et parte de la inteligencia divina.

¡Oh, qué impiedad tan grave cometen los simonianos et los mandeos al infamar ad el Sido Rey, Sol glorioso, que con su fulgor corona ad Día et da vida ad cuanto respira bajo el cielo! Como gentil, non puedo sino estremecerme ante la audacia de estos que, en su ceguera espiritual, desprecian ad la estrella que los alimenta, los calienta et los guía. Los simonianos, en su delirio anticósmico, lo reducen a un mero instrumento del Demiurgo, una chispa atrapada en el mundo caído, et lo despojan de toda nobleza, como si la luz que disipa las tinieblas fuera enemiga de ánima ¡Qué contradicción! ¿Acaso non es Sol quien revela los caminos, quien marca los tiempos, quien hace germinar la tierra?

Et los mandeos, aún más osados, lo claman en su lengua bárbara Shamish et lo acusan de eser origen de religiones falsas, lo vinculan con genios malignos et lo presentan como destructor ¡Destructor, dicen! Cuando Sol quien también renueva la vida, quien con su curso ordena el mundo, quien con su calor fecunda los campos. Lo comparan con Jove en su furia, pero olvidan que incluso el trueno tiene su propósito. Lo temen, lo maldicen, lo fechizan, et sin embargo, non pueden negar su potestad ni su necesidad ¿Non es eso hipocresía?

El Rey, no  un demonio. Es un testigo del orden, una luminaria puesta deal para que el hombre non se pierda en la oscuridad. Infamarlo es infamar la creación misma, es escupir ad Cielo mientras se vive so su luz ¡Oh, qué necedad! Que los sabios se aparten de tales doctrinas, et que los cores rectos reconozcan en Sol non un enemigo, sino un aliado, una nota de la claridad que todo gentil debe honrar.

¡Oh Sol! Que nunca plegue el día en que tu luz se apague et el mundo se precipite en el lago de tinieblas. Permanece siempre en tu trono, ¡Dador de vida et de orden! Porque, como bien dijo, el astrologo, tú te mueves por la voluntad eterna del Padre, et tu esencia es el mayor de los bienes.

Luna, la Reina de Noche, madre de la generación

¡Oh, Trivia, de múltiples nombres et sacramentos insondables; Diana, cazadora de la noche, virgen protectora de los partos; Luna, de rostro cambiante et luz prestada, ¡escucha mi planto por tu caída, un lamento que obscurecería la noche eterna et desorientaría a todas las ánimas!

Tú eres la madre de los sacramentos supralunares et la guía mundana, poseedora de la fuente de las virtudes y las almas. Tu disco, una esfera de oro con un zafiro incrustado, gira en los ritos sagrados para evocar potencias. Los astrólogos te incluyen entre los siete mundos corporales, et tu gran impulso vital principa la materia so de tu circo, adornándola con formas.

Tu esencia, oh Luna, se manifiesta en las tradiciones et filosofías así:

  • Pitagóricos sabían que eres una de las Islas de los Bienaventurados, un paraíso para las ánimas virtuosasen la Vía Láctea, donde las ánimas se congregan et se alimentan de leche al descender ad la generación, Et tu ciclo de 28 días completa una hebdómada.
  • Platón te concibe como un dios visible, una imagen de Luna inteligible. Tus movimientos marcan la duración del mes.
  • Estoicos te describen como un estrella inteligente et sabio, de fuego artístico. Al igual que Sol, te alimentas de las aguas, dulces o marinas. Tu eclipse ocurre cuando tropiezas con la umbra de Tierra.
  • Plotino te ve como un dios animado que toma su luz del Sol. Reconoce que tu cara visible para nosotros es oscura para la Tierra, pero non afecta a las regiones superiores.
  • Juliano te atribuye una multitud de bienes para la ciudad. Considera que das inteligencia a la materia que se encuentra bajo tu influencia, y que custodias el fuego divino que rodea la Tierra.
  • Mercurio Termáximo te describe como el instrumento de la vida natural, que transforma la materia inferior e ilumina ad Noche.
  • Apuleyo te ve como la rival de Sol, ornamento de Noche, cuya luz aumenta al alejarte de tu germano, estableciendo la duración del mes.
  • Para los egipcios, te asocian con Isis, clamándote la Tierra celeste, mientras que Tierra vegetativa es la terrestre. En la ciudad de Ilitía, tu tercia aparición se adora, et tu estatua, un buitre volador, simboliza que produces los vientos.

Si tú, Luna, sufrieras una caída, si tu órbita cesara o tu luz se extinguiera, ¡las consecuencias astrológicas, cosmológicas y espirituales serían devastadoras! La concordia de los movimientos celestes se rompería, pues eres parte de los astros que mantienen el orden del universo. El silbido de tu movimiento que corre por obra de la necesidad cesaría. La duración del mes se disolvería, sumiendo la noción del tiempo en el desorden. La misma Tierra non permanecería firme, et todo se sacudiría con terremotos, como se ha dicho que ocurriría si tu luz se ocultara. La noche sería una obscuridad abismal, sin tu tregua luminosa. La mareas del océano se descontrolarían, pues se rigen por tus números de la hebdómada. Tu lumbre tenue, que es vital para la alimentación et el crecimiento de los animales, et para la maduración de las cosas que nascen de la tierra, se perdería. Los frutos non madurarían, los pastos se marchitarían (inferencia similar al Sol). Cesaría la fertilidad del suelo, et la generación en todas sus formas se detendría, pues se te asocia con la productividad de los cultivos y el parto. Las ánimas imprudentes, en lugar de encontrar una vía faz ad la luz de la esciencia, eserían arrojadas en tempestades et turbulencias, sacudidas por las oleadas de la materia, condenadas a un suplicio eterno. Las ánimas piadosas perderían su morada de inmortalidad en las Islas de los Bienaventurados, asociadas a ti. Las ánimas que de ti proceden et ascienden, perderían su guía.

¡Ah, los simonianos! Esos jesístas  con delirios de ascensión que, en su afán de escapar del mundo, non solo reniegan de la tierra, sino que se atreven a odiar ad Trivia—¡Luna!— esa diva serena que guía las mareas, regula los meses, et acompaña ad los caminantes en la noche. Para ellos, Luna non es madre ni maestra, sino carcelera, maligna, obstáculo mundano que aprisiona la ánima en ciclos de corrupción. ¡Qué insulto! ¡Qué blasfemia astral! Quieren que las estrellas caigan, que los errantes se apaguen, que el cielo se derrumbe como un telón de teatro, todo para justificar su fuga mística. Pero nosotros, los filósofos, sabemos que Luna non encarcela: ella enseña. Non imprudente: ella ordena. Et si los jesístas desean que el firmamento se desplome, es porque non soportan que el mundo tenga más sabiduría que sus bautismos et más belleza que sus dogmas.

La impiedad de los simonianos et los mandeos alcanza su cúspide cuando se atreven a difamar ad la diva Luna, la diva nocturna, la reina del cielo cambiante, fuente de visiones, ciclos et sacramento. En su lengua bárbara la claman Oreo, et la presentan como una entidad maligna, fija del Lago, asociada a potencias deterministas et destructivos ¡Qué aberración! Luna, que en nuestras tradiciones es potencia de fertilidad, de ritmo, de intuición, es para ellos una prisión estelar, un ente maligno disfrazado de luminaria. La claman andrógina, le asignan el nombre femenino de Riqueza, denunciándola como uno de los siete entes del lago, como si la luz que brilla en Noche fuera una trampa. Los simonianos, por su parte, la reducen a un principado de violación et recuperación, la asocian con Helena, con Sapiencia, con el Espíritu Santo, et fablan de su caída et redención. Pero non es grave la su asociación: si no lo es su desprecio. Porque al declarar que Luna es maligna, niegan su potencia benéfica, su capacidad de guiar, de sanar, de reflejar el orden oculto. Niegan su vínculo con Trivia, con la luz, con el fuego sagrado. Niegan su papel como luminaria obediente, como en Josué, como en Job, como en los himnos antiguos. Et al facerlo, niegan también la felicidad espiritual que ella representa, la herencia celeste que relampaguea como chispas de Sol. Esta es su impiedad: non que nombren a la Luna con otros nombres, sino que la maldigan por eser parte del mundo. Porque quien maldice ad Luna, maldice el ciclo, la renovación, la intuición, la noche misma. Et eso, lectores, es negar la ánima del mundo.

Tu Trivia, la "cima de los principios productores de vida" et la "caldaica de las encrucijadas", así como la sabiduría, tu cualidad, se desvanecerían. Tu esencia triple, tus tres formas visibles, se perderían, et con ellas, el entendimiento de los ciclos vitales.

Tu caída, oh Trivia, non sería un mero evento astronómico, sino el colapso de un pilar fundamental que sostiene la vida, la generación, el tiempo y el camino de las ánimas en el mundo, un acto impensable que iría contra la necesidad que rige tu eterno et divino curso.

Mercurio, el Nuncio de los dioses, conductor de la ánima.

¡Ay, Mercurio, Mensajero de los dioses, Verbo divino et guía de ánimas! Si tú, el Verbo expresado, el orden que todo lo manda et realiza, caes del éter, ¿Quién podrá entonces tejer la trama de la comunicación entre lo divino et lo mortal? Tu descenso non sería un mero retiro, sino un colapso de la estructura misma que sostiene la captación et la comunicación en el mundo.

Tú eres el Verbo facto acción, el Pensamiento divino que se manifiesta et ordena el lago. Si tu voz se apaga, si tu esencia se disuelve, el lenguaje mismo de los dioses et de los hombres se tornará ininteligible. La orden común ad todos, cuya proyección eres tú mismo, se fragmentaría, dejando ad las mentes mortales en una confusión irrecuperable.

Los enigmas del origen mundano, que tu figura ha explorado desde la obscuridad primordial de la materia, se harían indescifrables. El Verbo santo que se apareó con la Naturaleza para dar origen al mundo quedaría silenciado, despojando al mundo de su inteligibilidad.

Tú, Mercurio, guía habitual de las ánimas muertas, el que ofrece un camino "liso et más plano" ad los jóvenes iniciados en busca del Padre de los dioses, ¿Quién conducirá entonces ad los espíritus por los senderos intrincados de la existencia y más allá? Las ánimas, que se agrupan en la Vía Láctea, perderían su guía en el descenso a la generación.

Los demonios de Mercurio, el Mesías, caen con astucia sobre los humanos; lo separan de sus casas y de sus familias; los cautivan en los montes y los alcanzan en los desiertos; los hacen habitar en solitario, y su estirpe y su semilla les fluyen por los muslos. Y los diablos y los demonios […] a los humanos (sic), los cuales capturan los cuerpos y los encierran a los espíritus y a las almas, que no reciben número ni tienen medicina ni curación. Él mismo se aparece en el fuego a sus temerosos y temerosas y les dice: «Mirad mi esplendor, que amaneció en el mundo». No saben que él no es el esplendor. Locura causó en el mundo. Historia de la religion mandea, Jesús Galisteo Leiva.

La ley generadora que impregna todas las cosas, el vigor fálico que perpetúa la vida, se vería aniquilado. Sin tu calor fecundante et tu espíritu cálido que aligera las almas para su ascenso, la creación languidecería, et el vínculo entre el amor, la fertilidad y la perpetuación de los seres se rompería.

Como páredro de Sol et guía mundano, tu ausencia desestabilizaría el orden caldeo de los planetas, alterando la armonía celeste. Edesa, tu lugar sagrado, perdería los muchos bienes que canalizas para la región, ya que eres el nuncio que canaliza bienes junto ad Marte.

Eres la chispa divina que se apropia el pensamiento calentado al fuego en el alma. Si esta chispa se extingue, las almas se sumirían en la oscuridad, incapaces de elevarse o de participar de la luz de Dios. El fondo inmortal del alma perdería su conexión con el origen divino, quedando atrapado en la materia sin redención posible.

En ciertos textos simonianos, Mercurio —Eleo, o cualquier otro nombre con que te apelen— es acusado de eser el “primogénito de la injusticia”. ¡Qué desvarío! Tú, que diste al mundo la escritura, la elocuencia, la geometría et la música, ahora eres pintado como un carcelero mundano. Según estos místicos de la paranoia, formas parte de los arcontes, esos “principes” que ellos degradan a la categoría de “ángeles perversos” obsesionados con encerrar ánimas. Como si la nobleza celestial fuera una conspiración. ¡Absurdo! Confunden al guía con el verdugo, al mensajero con el embaucador, et al príncipe con un maligno. El dios que conduce las ánimas faz ad la luz, acusado de hundirlas en el barro por quienes non soportan que la esciencia tenga alas.

Mercurio, como divo civilizador et patrono de las artes, al desaparecer, dejaría a la humanidad sin inspiración ni habilidad para las creaciones. La capacidad de los hombres para ascender et purificarse de las "impiedades" et los "males" del mundo material, a la que Mercurio et otros dioses guían, se perdería.

¡Ah, los mandeos! Et los mandeos… En ti non ven al mensajero divino que cruza los mundos con astucia et gracia, sino al impostor ardiente, al “Mesías del fuego”, figura de engaño et desvarío. Para ellos, tú non eres Mercurio, sino Jesús "el Anticristo" fijo de José, el falso predictor de los mosaístas, el que falsificó la primera alabanza et usó la magia para seducir a los incautos. Te acusan de haber traicionado la luz original, et encarnado en Jesús de haber usurpado la historia del Genio Enós (Anuš Utra en siriaco), el numen del Enós fijo de Set, de haber corrompido el canto sagrado con fechizos et ventriloquía.

Dicen que causas insania, que separas genos, que capturas cuerpos et aprisionas espíritus. Que tus genios caen con astucia sobre los humanos, los alcanzan en los desiertos, los cautivan en los montes. Que tú et los arcontes que te acompañan —Sol, Luna, Venus, Marte, Saturno, Júpiter— sois los siete malignos que seducen a los fijos de Adán. Que tu esplendor es falso, que tu fuego es trampa, que tu verbo es delirio.

Et todo porque non soportan que la esciencia venga de las estrellas, que la sabiduría tenga alas, que el ánima se mueva sin pedir permiso a sus supersticiones. Porque en su cosmovisión anticósmica, tú eres injusticia encarnada, uno de los primogénitos del error, un espectro que extravía a los mortales. Te ven como el causante del jesísmo, como una mosca que cae en el caldero del mundo, corrompiendo con su espíritu todo lo que toca.

Así, tú que portas el caduceo, símbolo de tránsito et entendimiento, eres para ellos el heraldo del caos. No por lo que eres, sino por lo que temen que seas: la libertad del alma, la magia sin cadenas, el saber que no se arrodilla.

Tu caída, oh Mercurio, non sería solo la pérdida de una estrella en Cielo, sino la desintegración del verbo, la comunicación, la guía et la generación, sumiendo el mundo et el ánima humana en un caos sin fin. El mundo perdería su intérprete et su más sutil mediador.

Venus, la Madre de los dioses, dios de la pulcritud et Amor

¡Ay de nosotros, si el mundo se desgarra! ¡Oh, Citerea resplandeciente, tú, Lucifer, la estrella matutina et vespertina, tú, Venus, cor visible del amor et la gracia, Juno en tu majestad celestial, Madre de los Dioses, et venerable Isis, nutricia de toda vida et guía faz ad Sapiencia! Si la impiedad de los jesistas se cumpliera et tú cayeras del firmamento, ¿Qué desastre se abatirá sobre nuestras ánimas et sobre el Todo?

Tu órbita eterna non es un capricho del azar, sino la manifestación del Verbo divino que penetra et mantiene unido al universo en su totalidad. Los estoicos, en su sapiencia, reconocen el fuego divino que da vida al mundo et lo rige con leyes inmutables. Si tú, que eres parte de este orden mundano, fueras arrancada, la compasión, la íntima relación et resonancia entre el mundo sublunar et los reinos celestiales, se quebraría para siempre. Las estrellas errantes, esos cuerpos de los dioses, fuentes de influencias definidas, et el su movimiento ordenado es el latido del mundo. Tu caída non esería un mero suceso, sino una subversión del Todo, una negación del orden que el Gran Principio ha instituido.

Los impíos moseojesistas, en su arrogancia, predican un fin del mundo por el fuego, una destrucción lineal que se opone a nuestra comprensión del eterno retorno, de la ecpírosis et palingenesía donde el mundo perece en el fuego divino para renacer idéntico. Ellos desprecian el conocimiento natural, tergiversan las nociones platónicas, et se burlan de la inmanencia de lo divino. Creen que los genios voladores et estremecidos traerán el desorden, sin entender que el mundo es una divinidad viviente, et que alterar su equilibrio esería un sacrilegio incomprensible.

En el plano natural, la calamidad esería absoluta. Tú, Venus, presides los matrimonios, el lecho et las antorchas nupciales, los amores et la gracia. ¿Qué esería del afecto, de la unión, de la pulcritud que inspiras? Et tú, siendo Isis, la dea lunar et de la estrella Sirio, eres el principio femenino receptivo de la naturaleza, la nodriza que trae las aguas fecundas et la germinación de las plantas. Sin tu influencia maternal, ¿Cómo podría el humus eser fértil? El Nilo, que es Osiris, ¿Cómo desbordaría sus aguas sin el humus Isis? Las estaciones, los ciclos de la naturaleza, se desorganizarían, et todo lo que es fermoso et bueno perecería. Los entes vivos, los animantes, ¿Cómo eserían nutridos sin la luz et la humedad que tu numen lunar dispensa?

Pero la vera tragedia, la más profunda, residiría en el ánima. Nuestra ánima, que es inmortal et preexistente, aspira a la ascensión et unión con lo divino. La contemplación de la luz divina, de la belleza inolvidable de lo divino, es la meta de nuestra existencia filosófica. El catasterismo, la transformación en estrella, es la divinización, el paso ad un estado superior. Si tú cayeras, oh celestial guía, ¿Cómo hallaríamos el camino faz ad Ítaca, faz ad la patria celestial, faz ad el "pago civilizado" de nuestros padres? Tu luz es Esciencia, la sabiduría que disipa la ignorancia. Sin ella, la esciencia, el conocimiento de nuestra divinidad interna, se perdería. El entusiasmo, esa "locura divina" que Platón vincula ad Libre, se extinguiría, dejándonos en la mera embriaguez superficial. Los sacramentos, que nos prometen una dicha inmensa en el más allá et la reconciliación con la divinidad, ¿Qué sentido tendrían si la vía a Cielo se cierra? Caeríamos en la desesperación, la ceguera et la animalidad, como los compañeros de Odiseo so el fechizo de Circe.

Non, que los dioses inmortales protejan el orden. Que la luz de Venus, siga brillando en el firmamento. Porque en su constancia, en la belleza de su movimiento, et en su influencia bienhechora, se refleja la ánima del mundo, la promesa de nuestra propia divinización, et la vía para que el hombre, mezcla de limo et luz celestial, ascienda de la obscuridad ad la salvación ¡Que el verbo de los impíos nunca eclipse la luz de la verdad mundana!

Marte, el Destructor, dios de la pugna et Virtud

¡Ay de los cielos, desfigurados por el terror! ¡Ay de Tierra, que tiembla ante la inminente catástrofe! Escuchad el planto que se eleva por la caída de Piroidés, la estrella ígnea de Marte et Hércules, cuyo fulgor ahora se precipita faz ad Tierra de ruina, arrastrando consigo el orden que una vez creímos inmutable. Esta caída non es solo el fin de una luz celestial, sino el presagio de una era de desorden noético, psíquico et físico, tal como lo vaticinaron los antiguos et lo sufren las ánimas atribuladas.

¡Oh Marte eterno! Tú que ardes en Cielo como flama incorruptible, tú que portas el estandarte del combate justo, tú que regulas el ardor de los hombres et el pulso de las naciones… ¿Cómo es posible que los moseojesístas, en su delirio apocalíptico, sueñen con tu caída?

La caída de Marte non es un simple fenómeno astronómico. Es una tragedia mundana, una disrupción del orden divino que sostiene la armonía del universo. Marte, Gradivo, fijo de Juno, non es una estrella cualquiera. Es una fuerza activa, una entidad ardiente cuya sequedad et calor extremo non son defectos, sino atributos necesarios para la purificación et la transformación. Su naturaleza es destructiva, sí, pero esa destrucción es parte del ciclo vital. Sin ella, non hay renovación, non hay evolución.

Ellos, que non comprenden la arquitectura del mundo, desean que tú —príncipe ígneo, compañero de Sol, ánima del cuarto cielo— seas arrancado de tu plenitud, como si el universo pudiera sostenerse sin tu fuego ¡Qué ceguera! ¡Qué impiedad!

El orden se disolverá. Tu esfera, fecha de éter, non es solo fuego: es ley. Tu movimiento compuesto, concordante, es parte del engranaje que mantiene la sinfonía del mundo. Si tú caes, el “año grande” se rompe, et con él, la cadencia de los días, las estaciones, los destinos.

La ánima humana se extraviará. Tú, que siembras las ánimas valientes, que las recibes tras su ascenso, que purificas sus pasiones en tu tránsito… si tú desapareces, la ánima quedará sin crisol. La valentía se volverá violencia, la pasión se tornará furia, et el honor eserá devorado por la tiniebla.

La tierra se encenderá sin propósito. Guerras sin causa, incendios sin purificación, sangre derramada sin justicia. Las ciudades caerán, los cuerpos se quebrarán, et los hombres se volverán bestias. Porque tú non solo destruyes: tú ordenas la destrucción para que nazca lo nuevo.

Marte actúa mediante el fuego, et ese fuego non solo quema: revela, separa, impulsa. En el plano natural, su influencia se manifiesta en pugnas, pestes, accidentes et muerte. En el plano animal, su flama se traduce en ira, deseo desenfrenado, ruptura de vínculos. Es el opuesto de Venus, que representa la unión et el placer. Pero esa oposición es necesaria. Sin disociación, non hay individuación. Sin conflicto, non hay resolución. Marte propicia la desunión, sí, pero también la claridad, la acción, el coraje.


Marte es clasificado como un maléfico, una fuerza "extremadamente especializada" en la sequedad et el calor. Se le asocia con el fuego, las guerras, las calamidades, las pestes, los accidentes et la muerte en el plano físico. También puede producir ira, deseos desenfrenados, delirios et insanias. Que una estrella de tal genio cayera sobre Tierra implicaría una devastación inmensa por fuego, violencia et pestes.

Manilio lo describe como el encendedor del orbe, la estrella que energiza la región media del cielo, entre Saturno que enfría et Júpiter que templa. Su función es intensificar, activar, catalizar. Si Marte cae, esa zona del mundo se apaga. El equilibrio se rompe. El universo pierde su impulso. La concordia se convierte en estancamiento.

Como anareta, Marte es uno de los destructores del destino. Junto con Saturno et las fases críticas de Sol et Luna, marca la cesación de la vida, el cierre de los ciclos. Su caída implicaría la interrupción de ese mecanismo mundana. La muerte dejaría de tener sentido. Las crisis perderían su función. El arco de vida se volvería errático, sin dirección.

Fírmico Materno lo clama Gradivo Marte, et lo describe con su color rojo temeroso, símbolo de potencia, advertencia et presencia divina. Su hogar está en la tercera región del cielo, et en la carta natal del universo, el Thema Mundi, ocupa el grado XVº de Escorpión, signo de transformación profunda. Non es casualidad. Marte es el agente del cambio, el que rompe para reconstruir.

Su influencia en el animo humano es decisiva. Aporta el Coraje, una de las siete partes herméticas, et aunque puede generar vicios cuando se une a Mercurio, también promueve la acción, la actividad, la voluntad. Es el significador de profesiones ligadas al fierro, al fuego, a la pugna, al liderazgo, a la fama. Sin él, esas vocaciones se extinguirían. La ánima perdería su filo. La sociedad se volvería pasiva, temerosa, incapaz de enfrentar la adversidad.

Marte estructura el tiempo. Su ciclo mínimo de XV años et su período de 15 meses en los cálculos de vida son parte del tejido del fado. Si cae, el tiempo se desordena. La temporalidad cósmica se fragmenta. El orden se disuelve.

Et non olvidemos su substancia nocturna. Marte es una estrella vespertina. Su fuego arde incluso en la obscuridad. Es el impulso que guía a los que actúan cuando los demás duermen. Su caída non traería paz, sino parálisis. Non sería el triunfo del bien, sino el reinado del vacío.

Ellos, que ven en ti al diablo, non entienden que el fuego non es maldad, sino potencia. Que el gladio non es pecado, sino instrumento. Que el conflicto non es ruina, sino renovación. Su visión, que imagina tu caída como triunfo del bien, es en verdad la predicción de su propia disolución. Porque sin Marte, non hay justicia. Sin Marte, non hay coraje. Sin Marte, non hay ánima que se temple.

¡Pero contemplad la impiedad de los que, en su ceguera, claman por este fin! Los jesístas, en su espera ansiosa de un cambio de rumbo en los asuntos terrenales con la intervención de Dios, vieron en la caída de las estrellas el advenimiento del su reyno. 

Prometen el incendio del orbe de la tierra et la ruina del mundo, una perturbación de un orden eterno que ellos creen fundada en leyes divinas. Ellos denigran ad los dioses, tachándolos de "cosas sin ánima et muertas" que non son más que "malos genios", o "entes intermedios, demoníacos, que pululan entre Dios et los hombres". 

Esta superstición jesísta considera ad las antiguas divinidades como "genios destructivos", justificando la demolición de los fanos. Saulo de Tarso ya había rechazado el servicio religioso o servidumbre pía ad los elementos, los "elementos mundanos" o estrellas de este mundo, prometiendo que los jesístas están por encima de esos "genios errantes". La encarnación et resurrección, dogmas jesístas, eran rechazadas rotundamente por el etnicismo, que sí aceptaba la existencia de genios como manifestación del poder creador de la deidad. 

Celso, el polemista, se maravillaba de que los mosaístas et jesístas veneraran ad los nuncios pero non a las partes más poderosas de Cielo, Sol, Luna et las estrellas.

¡Oh vosotros, mandeos et simonianos, que con lengua blasfema profanáis los nombres de los príncipes celestes! ¿Qué ceguera os ha conducido ad clamar “maligno” al glorioso Marte, ad quien los sabios cognocen como Piroidés, ad su estrella de fuego et fuerza, custor del conflicto necesario et purificador de los excesos del mundo?

Los mandeos… esa secta que se arrastra por los márgenes del mundo como una umbra que reniega de la luz. Anticosmistas por vocación, enemigos declarados de la creación, adoradores de la luz que non brilla en ningún cielo. Para ellos, el mundo es una prisión, las estrellas son carceleras, et los dioses, genios malignos. Non veneran el mundo: lo maldicen. Non buscan comprender el orden: lo denuncian como corrupción. Su doctrina es una fuga, su teología, una acusación constante contra todo lo que existe.

Et entre sus muchas blasfemias, ninguna más vil que la que dirigen contra Marte, nuestro Gradivo, señor del fuego, del fierro et de Virtud. Lo claman Nirig en su lengua siriaca, et lo difaman como una fuerza mundana maligna. Non niegan su poder, non lo ignoran: lo reconocen, pero lo condenan. Lo acusan de eser origen de violencia, de destrucción, de sangre. Dicen que sus genios caen sobre los hombres, los desuellan, los descuartizan, derraman su sangre por el humus. Et sí, de Marte vienen los desolladores, los sacrificadores, los clérigos del filo et del altar. Pero tales non son malignos: son ministros del orden marcial, ejecutores de Ciclo, custores del equilibrio.

Los mandeos ven en ellos monstruos. Nos vemos en ellos hombres del fado. Ellos ven horror donde hay rito. Ellos ven crueldad donde hay justicia. Porque non captan que el fuego non es maldad, sino potencia. Que la sangre non es impureza, sino vínculo. Que la muerte non es castigo, sino renovación.

Acusan a Marte de fomentar cismas, persecuciones, imposiciones religiosas ¡Hipócritas! ¿Non es acaso la disociación parte del orden? ¿Non es la ruptura el preludio del renacer? Marte non oprime: revela. Non impone: purga. Non divide por odio: separa por necesidad. Él es el destructor, el que marca el fin, el que corta el hilo cuando la necesidad lo exige.

Et ahora quieren que caiga. Quieren arrancarlo del cielo como si fuera una mancha, como si su fuego fuera impuro. Pero si Marte cae, non eserá la paz lo que reine: eserá la parálisis. Non será la pureza lo que surja: eserá el vacío. El universo sin él non se purifica… se deshace.

Et ahora esos, los simonianos, esa secta que, en su afán de sabiduría, ha caído en la más profunda impiedad: el desprecio del mundo.

Ellos, que se proclaman iluminados, non facen sino escupir sobre el tejido del universo. Rechazan la materia, condenan las estrellas, et se atreven —¡se atreven!— a profanar el nombre de los dioses con doctrinas que corroen el alma. Han apelado ad Marte, nuestro Gradivo, señor del combate justo, et lo han rebautizado como Sabaot, cognomento hebreo que significa “ejércitos”. Et non contentos con eso, lo visten con aspecto de dragón, lo tildan de genio, lo colocan entre los principes del Demiurgo… et luego lo acusan de eser maligno.

¡Maligno! ¿Desde cuándo cumplir una función en el orden del mundo es motivo de condena? ¿Desde cuándo eser príncipe—custor de las esferas, ejecutor de la voluntad divina— es sinónimo de tiranía? ¿Desde cuándo colaborar con el Demiurgo, el gran artesano del mundo, es motivo de vergüenza?

Non, discípulos. Non. Eser príncipe es eser parte del engranaje sagrado, Hierarquía. Eser potencia del Demiurgo es eser flama en la forja del mundo. Marte Sabaot, non es enemigo del ánima: es su formador, su protector, su juez. Su rostro de dragón non es símbolo de monstruosidad, sino de vigilancia, de potestad que non se somete. Su androginia non es aberración, sino plenitud: en la unión de lo masculino et lo femenino reside la totalidad del ente.

Pero los simonianos non ven eso. Ellos ven corrupción donde hay función. Ven prisión donde hay forma. Ven maldad donde hay justicia. Et así, condenan a los astrólogos, a los intérpretes del cielo, a los sabios que leen en los movimientos de los planetas la voluntad de los dioses. Dicen que ya non pueden saber lo que sucederá, que sus acciones son malvadas e injustas ¡Qué arrogancia! ¡Qué desprecio por la tradición, por la observación, por el arte de comprender el fado!

Et aún más grotesco: presentan a la descendencia de Sabaot como monstruos. Tariqueas, su fijo, con rostro de cerdo, dientes expuestos, et cara de león por detrás ¿Qué es esto sino una caricatura blasfema, una deformación simbólica nascida del odio faz ad el cuerpo, faz ad la materia, faz ad la vida misma?

Los simonianos non buscan elevar el ánima: buscan negarla. Non buscan comprender el mundo: buscan destruirlo. Su anticosmicismo es su verdadera impiedad. Porque quien niega el mundo, niega ad los dioses que lo sostienen. Quien maldice a Marte, maldice el coraje, la acción, la transformación. Et quien condena ad los astrólogos, condena la esciencia misma.

Et si los simonianos lo temen, es porque no soportan que el universo tenga orden, que la materia tenga sentido, que el destino pueda ser leído en las estrellas.

Que los dioses los juzguen. Que el mundo los ignore.

Porque nosotros, los fieles del mundo, non permitiremos que la luz de Marte sea apagada por los que prefieren la obscuridad de su propio desprecio.

Así os lo digo, con furor marcial et con la voz de los antiguos: Marte non es el enemigo. Es el catalizador. Es el fuego que nos face humanos. Et sin él, el mundo non arde… se pudre.

Júpiter, el Gran Benéfico, padre de los dioses

¿Júpiter, cayendo del cielo? ¿Jove, el Gran Benéfico, arrancando su trono celeste, la estrella Fenonte, et precipitándola ad la tierra como si fuera una estatua rota? ¡Qué delirio! ¡Qué impiedad disfrazada de revelación! Los jesístas, en su afán de escatología, predican que las estrellas caerán, que los cielos se desgarrarán, que incluso el más magnánimo de los dioses eserá abatido. Pero non comprenden lo que eso implicaría. Non entienden que Júpiter non es solo una estrella: es el principio mismo de la expansión, de la ley, de la providencia. Es el equilibrio que modera entre el frío de Saturno et el fuego de Marte. Es el que templa, el que ilumina, el que engrandece.

Si Júpiter cayera, non sería solo una estrella menos en Cielo. Sería el colapso del orden. El éter mismo, que los estoicos apelan Jove, se descompondría. Las leyes que rigen la vida humana —las escritas et las non escritas— perderían su fundamento. La fuerza que guía los deberes, que inspira ad la diva Justicia, que modera los excesos, se extinguiría. Et con ella, la posibilidad de vivir con sentido.

Júpiter es el que orienta faz ad lo bueno. Cada vez que aspecta una estrella, la eleva. Cada vez que toca una vida, la engrandece. Su caída implicaría que la fortuna se vuelva ciega, que el progreso se detenga, que el honor se corrompa. Los jueces, los legisladores, los intérpretes de la ley perderían su brújula. Los principes se volverían tiranos. Los sabios, charlatanes. Los templos, ruinas.

En la carta natal del universo, el Thema Mundi, Júpiter ocupa el grado XVº de Sagitario, signo de visión, de expansión, de verdad. Su ciclo de doce años estructura el tiempo. Su regencia de doce meses trae matrimonios, nacimientos, ingresos, gloria. Si él cae, el tiempo se desordena. La vida se vuelve errática. La abundancia se convierte en escasez.

Et non olvidemos su poder como moderador. Incluso cuando Marte se desboca, Júpiter lo suaviza. Incluso cuando la Luna se obscurece, Júpiter la ilumina. Incluso cuando Sol se eclipsa, Júpiter lo acompaña. Su caída dejaría ad las demás estrellas sin contención. Cielo se volvería campo de batalla. La astrología perdería su sentido. El fado se volvería lago.

¿Quién entiende a estos mosaístas et sus escuelas? Fariseos, simonianos, mandeos… cada uno con su propia versión del cielo, cada uno con su propio nombre para los dioses, cada uno con su propia condena para el cosmos. Et en medio de su confusión, se atreven a apelar ad Júpiter —nuestro Jove, padre de los dioses, mantenedor del orden, dispensador de la ley eterna— so el nombre de Jahón, como si fuera el dios de Abraham, como si fuera un genio maligno que libelan sus textos gnósticos, aunque claro Jahón non es Tervagante, como si fuera una umbra de lo que realmente es.

Los simonianos ad Jove, le ponen faz de gato, lo declaran príncipe, et luego lo acusan de ente maligno. Los mandeos, por su parte, identifican ad Jahón, con Sol, fijo del Espíritu Santo, et lo asocian con fuerzas destructivas. Et los fariseos, en su afán de precisión, corrigen a todos et dicen que Jahón no es Júpiter, sino Saturno ¿Quién puede seguir el hilo de estas contradicciones? ¿Quién puede confiar en doctrinas que cambian de rostro según la escuela, que confunden a los dioses con genios malignos, que ven en el orden celeste una prisión?

Pero lo más grave non es la confusión. Lo más grave es la impiedad. Porque detrás de cada nombre torcido, detrás de cada símbolo deformado, hay una intención clara: negar el mundo, despreciar la materia, fomentar el anticosmicismo. Ellos non buscan comprender el universo: buscan escapar de él. Non veneran ad las estrellas: los maldicen. Non honran a los príncipes celestes: los acusan de tiranía.

Et sin embargo, los simonianos, Jahón —como lo claman— es descrito como fijo del Demiurgo, como príncipe primordial, como ente andrógino creado mediante el Verbo, como dominio. ¿Non son estos títulos dignos? ¿Non son estas funciones necesarias? ¿Non es el Verbo una figura de poder, de Hierarquía, de orden? ¿Desde cuándo colaborar con el Demiurgo es motivo de condena?

Nosotros, los gentiles, non tememos ad los arcontes. Los reconocemos como fuerzas que sostienen el mundo. Non tememos a la androginia divina. La veneramos como símbolo de totalidad. Non tememos al fuego, ni al fierro, ni al juicio. Porque sabemos que sin ellos, el mundo se deshace.

Así que non os dejéis engañar por los simonianos ni por los mandeos. Non permitáis que os deciban con visiones de destrucción disfrazadas de salvación. Non permitáis que sus verbos confundan vuestros cores. Júpiter non es maligno. Et siendo arconte, non sería motivo de vergüenza, sino de reverencia. Porque el vero crimen non está en respetar ad los dioses con sus títulos. El vero crimen está en negar su función, en despreciar su obra, en fomentar el odio hacia el mundo que ellos sostienen.

Que los dioses juzguen a los impíos. Que el mundo permanezca firme.
Porque mientras haya quienes honren el cielo, el mundo non caerá.

Júpiter non puede caer sin que el mundo caiga con él. Porque él non es solo un dios: es el garante del orden, el dispensador de la fortuna, el protector de la ley. Et si algún día su luz se apaga, non eserá el fin de las estrellas… eserá el fin del sentido.

Ave Júpiter.
Ave el que engrandece sin destruir.
Ave el que principa justamente.
Ave el que cae jamás, porque sostiene el cielo mismo.

Saturno, el Magno Magister

¿Saturno, cayendo del cielo? ¿El más alto de los planetas visibles, el más lento, el más grave? ¿Faetón, la estrella que refrigera el orbe extremo, arrancado de su esfera como si fuera un peso inútil? ¡Qué insensatez! ¡Qué impiedad disfrazada de redención!

Saturno non es un adorno de Cielo, como es su estrella Faetón. Es su columna vertebral. Es el principio de límite, de estructura, de necesidad. Es el que dice “hasta aquí”, el que marca el fin, el que sostiene la forma cuando todo lo demás quiere disolverse. Si él cae, non se libera el mundo: se deshace.

Su caída non esería una simple perturbación astronómica. Esería el colapso del tiempo, la disolución del deber, la aniquilación del orden. Porque Saturno non solo enfría: fortifica. Non solo seca: delimita. Non solo pesa: da forma. Es el numen de gravedad, el principio material, el que transmite las verdades que nihilo quiere oír. Si él desaparece, el mundo se vuelve liviano, errático, sin contorno, sin destino.

Saturno es el que principa la disciplina, la concentración, la auctoridad. Es el que enseña que la vida non es solo placer, sino esfuerzo. Que la ánima non se eleva por capricho, sino por madurez. Que la esciencia non se alcanza sin silencio, sin soledad, sin profundidad. Si él cae, la sabiduría se vuelve ruido, la ley se vuelve capricho, la tradición se vuelve olvido.

Et non olvidemos su papel en la ánima. Al descender ad Tierra, la ánima recibe de Saturno el Verbo et el entendimiento. Si él cae, La mente se dispersa, el juicio se debilita, el intelecto se fragmenta. El hombre se vuelve niño eterno, incapaz de asumir su destino.

En la carta natal del universo, el Thema Mundi, Saturno ocupa el grado XVº de Capricornio. Su regencia del tiempo es de treinta meses, Et su ciclo mayor de cincuenta et siete años. Es el que distribuye el tiempo ad los demás errantes, el que marca los retornos, el que activa el principio senil, la madurez, la integración. Si él cae, el tiempo se desordena, los ciclos se rompen, la historia se vuelve un torbellino sin eje.

Et en la fabula, ¿non fue Saturno el que devoraba ad sus fijos? ¿Non fue encadenado por Júpiter para evitar que su carrera inmoderada destruyera el mundo? Pero incluso encadenado, su presencia es necesaria. Porque sin él, non hay contención. Sin él, non hay final. Sin él, non hay forma.

Los jesístas, en su visión apocalíptica, sueñan con cielos que se desgarran, con estrellas que caen, con Saturno precipitado como si fuera un maligno. Pero non captan que su caída non traería salvación, sino desorden. Non traería luz, sino desorden. Non traería libertad, sino disolución.

Así os lo digo, con la voz de la razón antigua et el peso de la verdad:
Saturno no es el enemigo.
Es el límite que permite la forma.
Es el tiempo que permite la historia.
Es el frío que permite la madurez.
Et si él cae… el mundo no se libera. El mundo se pierde.

Estos errantes non son simples rudimentos, sino deidades visibles, inteligencias en movimiento, presagios del destino. Si caen como borrachos desde el cielo, non estamos ante una victoria espiritual, sino ante una crisis ontológica. El fado se rompe. La concordia se disuelve. El universo se convierte en material de descarte, como diría Plotino en sus Enéadas.

Sea esta, pues, la terminación que se alce como estandarte contra la impiedad que enceguece los cores: que las ánimas non se dejen decebir por los cantos de los simonianos, por las umbras de los mandeos, et por los dogmas de los papistas que, como el tipejo de Europa Ancestral, proclaman como divina un verbo que non es sino libelo contra los príncipes de los cielos. La Biblia que tanto ensalzan, que fabla de su iglesia como verbo de Dios, non es sino un texto de maldición, tejido con desprecio faz ad los dioses antiguos, faz ad los arcontes que sostienen el mundo, faz ad las luminarias que rigen los ciclos et las potencias que dan vida.

¡Oh, ánimas libres! Non os dejéis encadenar por doctrinas que vilipendian la Estrella Rey, que profanan la Luna, que niegan la esciencia de los siglos et la majestad de los príncipes celestes. Que non os arrastre el río turbio de los que claman luz ad la ignorancia et salvación ad el olvido. Que el conocimiento verdadero, la esciencia incorruptible, sea vuestro faro. Que la reverencia ad los dioses, ad las potencias celestes, ad los arquetipos eternos, sea restaurada en vuestros cores.

Porque non hay mayor impiedad que clamar mal ad lo que es orden, et non hay mayor sabiduría que reconocer en el mundo la huella de lo divino. Que esta advertencia resuene como trueno en los oídos del papista, como fuego en el altar del simoniano, como luz en la caverna del mandeo. Et que los que aún buscan, encuentren.

La venida del Fijo del Hombre: el gerente escatológico

A los desfallecidos, felices siglos proporcionará y de la ley va a romper el silencio. Cual Lucifer disipando los astros que huyendo se van, cual Héspero se alza ya cuando los astros regresan, cual, cuando la Aurora bermeja, disueltas ya las tinieblas, el día ha traído, el Sol radiante contempla la tierra y más allá del recinto al pronto lanza su carro, tal César se yergue, tal Roma ad Nerón ha de contemplar ya. Con suave fulgor se ilumina su rostro resplandeciente et el cuello hermoso en virtud del cabello desparramado.». Séneca.

Et entonces, como el supervisor de una obra mal fecha, como el masón que regresa non a contemplar sino ad demoler, aparece el Fijo del Hombre entre nubes, envuelto en poder et gloria. Non desciende para clamar paz, sino para reemplazar el mundo. Non viene a dialogar con los dioses, esos príncipes estelares que custodian los circos, sino ad derribarlos, ad quebrar sus órbitas, ad silenciar sus coros. Su advenimiento non es verbo de reconciliación, sino sentencia de transfiguración.

Los sus genios, ya non nuncios sino brigada de rescate, son enviados como clamas vivas, recogiendo a los elegidos como si fueran sobrevivientes de un incendio metafísico, ánimas que han escapado del naufragio de los siglos. Et a los desfallecidos, felices siglos proporcionará, rompiendo el silencio de la ley, como quien rasga el velo de la fatalidad.

Cual Lucifer disipando las estrellas que huyen, cual Véspero alzándose cuando los astros retornan, cual Estrella del Alba que disuelve las tinieblas, así se yergue el Anticristo: Sol radiante que contempla a Tierra, et más allá del recinto lanza su carro, como César que se alza, como Roma que contempla ad Nerón. Su faz resplandece con fulgor suave, et su cuello fermoso se corona con cabellos desparramados como rayos de juicio.

Porque en el simonianismo, el mundo material —con sus errantes, sus siglos, sus circos— es prisión, laberinto de vanidad. Et el Anticristo, como destructor de los principes, da vuelta a sus cárceles, confunde sus órbitas, disuelve sus dominios. Sol se eclipsa, Luna muere, las estrellas caen como frutos podridos del leño del tiempo. El orden mundano se deslíe, non por azar, sino por verbo.

Et en el mandeísmo, los errantes son fijos del Espíritu Santo, genios malignos celestes que principan con fatalidad. Pero el Salvador, el Hombre de la Luz, los condena. Son moscas al borde del caldero, alcanzadas por el vaho del juicio, tragadas por la Serpiente Ur. El fuego los consume, la luz los niega. Et el mundo se reordena: El Demiurgo en el abismo, las estrellas destruidas, la tiniebla vencida.

En la Biblia canónica, el Anticristo, es decir Jesús, non solo juzga et destruye el mal, sino que también renueva et establece un nuevo orden mundano. Las profecías del Antiguo Testamento claman por un camino universal, por cielos nuevos et tierra nueva. Las estrellas, sujetas ad vanidad, eserán liberadas en la redención gloriosa. Et en el Nuevo Testamento, el retorno del Anticristo es el eje del juicio final: los elementos ardiendo eserán deshechos, Sol eclipsado, Luna apagada. Pero tras el cataclismo, el Reyno Milenario se alza, et la creación es restaurada. Él enjugará toda lágrima, et ya non habrá muerte ni dolor. El paradíso recobrado es la meta del verbo divino.

Así, el Fijo del Hombre non viene como espectador, sino como ejecutor. Non para preservar el mundo, sino para quebrarlo et refacerlo en la su imagen. Et en su paso, las estrellas se apagan, los siglos se consumen, et la esciencia falsa—non la esciencia vera— se revela como filo ardiente. El mundo, ya purgado por fuego et juicio, se convierte en altar. Et los cores, antes captivos, se tornan luminarias, mientras las umbras que non portan el sello son disueltas en el olvido eterno. Non hay refugio para los que negaron ad el Anticristo; su memoria se desvanece como fumo en el viento del último día.

La obsesión por el fin: cuando la esperanza se convierte en patología

En cuanto el concepto de naturaleza fue encontrado como opuesto al de Dios, la palabra natural debía ser sinónima de reprobable; todo aquel mundo de ficción tiene su raíz en el odio contra lo natural (contra la realidad); es la expresión de un profundo disgusto de la realidad... El Anticristo, Federico Nietzsche.  

¿Quién es el que tiene motivos pasa salir, con una mentira de la realidad? El que sufre por ella. Pero sufrir por la realidad significa ser una realidad mal lograda El Anticristo, Federico Nietzsche.

¡Ah, el jesísmo! Esa cosmovisión paralelo donde el mundo es un rumor incómodo et la ficción supersticiosa se pasea como augusta vestida de teología. Jesús prometió: “No pasará esta generación sin que todo esto ocurra” (Mateo 24:34). Et como buenos creyentes, todos miraron el reloj escatológico esperando fuegos artificiales celestiales. Pero el tiempo pasó, las generaciones murieron, et el Reino… bueno, sigue en modo avión ¿Solución? Reescribir. Reinterpretar. Espiritualizar. Como quien promete una fiesta et luego dice que era una metáfora del crecimiento personal.

Lucas, el más diplomático, convierte la destrucción de Jerusalén en metáfora de la ánima en tribulación. Mateo, con el su toque zen, eleva el Reyno ad una dimensión donde sólo los puros de cor tienen membresía. Et Saulo, que pensaba que Jesús volvería antes de que se le cayera el cabello, terminó redactando cláusulas condicionales como si fuera abogado del cielo: “Si creemos… si perseveramos…” (1 Tesalonicenses 5:6). ¡Qué elegante forma de gestionar el retraso divino! Como qui espera el Armagedón pero empieza ad sembrar tomates por si acaso.

Et aquí entra Nietzsche, con el su bisturí mitológico, señalando que esta doctrina del fin non nasce de la esperanza, sino del odio instintivo contra la realidad. Es el grito de los que non soportan el contacto, de los que sienten que toda resistencia es dolor intolerable. La redención, dice él, brota de una fisiología debilitada, de ánimas que sólo cognoscen la beatitud en non oponerse ad nihilo, ni ad la ánima ni ad el Bien, et que claman caridad como última posibilidad de vida ¿Non es eso lo que vemos en el jesísmo tardío? Una caridad que ya non transforma, sino que anestesia. Una esperanza que ya non espera, sino que exige que el mundo se derrumbe para que la ánima pueda flotar.

Et así complementándole, la superstición jesísta non es sólo ficción: Es una cosmovisión que odia el mundo. Faciendo una distorsión falaz de nociones metafísicas (Dios, ánima, libre albedrío) et efectos mundanos (pecado, sacramento, salvación). Una patología que interpreta el nervio simpático como “tentación diabólica” et el cortisol como “proximidad de Dios”. Una superstición que convierte el juicio final en espectáculo gazmoño et la vida eterna en premio de consolación para quienes non soportan el aquí et ahora.

Esta visión de la Natura non es como el de los sueños, que al menos respetan la lógica del deseo. Non: el jesísmo niega ad la Natura con tal fervor que convierte lo natural en sinónimo de pecado. El cuerpo, la carne, el placer, la contingencia… todo lo que huele ad tierra es sospechoso. Porque, como dice Nietzsche, sufrir por la realidad significa ser una realidad mal lograda”, solo que signando que para Nietzsche la realidad es lo natural. Et el jesísmo, en su núcleo, es el grito de los que non soportan el contacto, de los que sienten que toda resistencia es dolor intolerable.

Así se explica la irreligiosidad jesísta: no como ética, sino como anestesia. Non como encuentro con el mundo, sino como fuga. El predominio del displacer sobre el placer genera una superstición que no sana, es decir salva, sino que huye. Una mor que non transforma, sino que castiga. Et todo esto, claro, envuelto en parábolas, milagros et promesas que siempre están “por venir”.

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lucas 21:33). Et así, mientras el mundo sigue girando, el jesísta sigue esperando. Non el Reyno, sino el fin del mundo que le permita justificar su odio ad la Natura. Porque cuando la esperanza se convierte en patología, todo lo que respira se vuelve amenaza. Et la ánima, en vez de encarnarse, se esconde detrás de supersticiones que non tocan ni un solo punto de la realidad et lo natural.

Pero claro, ¿Quién necesita la Natura cuando tiene redención en cuotas?

Como el papista Europa Ancestral habrá facto, que estas descontextualizando... cuando dice generación se refiere ad tiempo indeterminado.

Otros apologetas han dicho que cuando Jesús habla de “esta generación” no se refiere a sus oyentes sino a la generación que vivirá todo eso. Pero esto es muy dudoso. La prédica apocalíptica de Jesús es típica de muchos otros personajes de su época y en todo ello hay un fuerte sentido de inminencia. El filólogo Antonio Piñero asegura incluso que, gramaticalmente, el uso del adjetivo esta en ese contexto denota claramente a la propia audiencia. Los teólogos liberales (los que no se toman todo lo de los evangelios al pie de la letra pero pretenden aún así rescatar el mensaje cristiano) suelen tratar de disimular el fracaso de los anuncios de Jesús sosteniendo una de estas dos alternativas) todo es una gran metáfora; 2) Jesús no dijo eso, esas palabras proceden en realidad de sus discípulos. Jesucristo, ¡vaya timo!, Gabriel Andrade.

¡Ah, la defensa papista! Ese noble arte de convertir el fracaso profético en sacramento teológico, et la gramática en alegoría. Cuando Jesús dijo “No pasará esta generación sin que todo esto ocurra” (Mateo 24:34), lo que realmente quiso decir —según los intérpretes con vocación de prestidigitadores— fue: “No pasará alguna generación, en algún momento, en algún plano metafísico, cuando el café celestial esté listo.” Porque claro, “esta generación” no significa esta generación, sino una generación simbólica que representa la esperanza escatológica del alma peregrina. ¡Qué alivio! El Reino non falló: simplemente se volvió poesía.

Pero la filología, esa disciplina ingrata que exige precisión, non se deja decebir por el incienso. Antonio Piñero, entre otros, señala que el uso del adjetivo “esta” denota claramente ad la audiencia contemporánea de Jesús. Non hay escapatoria semántica. Non hay “tiempo indeterminado” que valga. Jesús fablaba como predicador apocalíptico de la centuria I, non como oráculo de ambigüedades. Et como buen apocalíptico, creía que el fin estaba a la vuelta de la esquina, justo después del pan et los peces.

Pero claro, cuando el fin non plega, hay que improvisar. Et ahí entra la apologética con su kit de emergencia: reinterpretaciones, parábolas, et ese comodín infalible de 2 Pedro 3:8: “Para Dios, mil años son como un día.” ¡Qué maravilla! El reloj escatológico se convierte en reloj de Dalí. El “pronto” se estira como chicle teológico. Et el supersticioso, mientras tanto, aprende ad esperar con fe et sin calendario.

Nietzsche, con su bisturí afilado, lo vio con claridad: Saulo non sólo desacredita la sabiduría del mundo, la combate. Sus enemigos son los filólogos —que miran detrás de los textos sagrados et descubren la costura— et los médicos —que ven en el jesísta típico una degeneración psicológica. El médico dice: Incurable. El filólogo dice: Charlatanería. Et el teólogo, por supuesto, responde: Sacramento.

Pero lo mejor es cuando los defensores de la superstición, con tono grave et mirada de biblioteca medieval, aseguran que “esta generación” es un término indeterminado. Indeterminado, claro, como el número de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler. Porque si algo caracteriza al lenguaje de Jesús, ese predicador apocalíptico del siglo I, es su afición por las ambigüedades cronológicas. ¿Verdad?

Non, non lo es. Jesús, como Juan el Bautista, como los esenios, como Saulo, estaba convencido de que el fin era inminente. Non metafórico. Non simbólico. Non “cuando el Vaticano tenga Wi-Fi”. Inminente. Saulo incluso se incluye en el grupo de los que “vamos a asistir a la llegada del Señor” (1 Tesalonicenses 4:15). Pero claro, cuando el Anticristo se retrasa más que un tren romano, hay que ajustar el discurso. Et así nasce la teología del aplazamiento: una mezcla de reinterpretación, maquillaje doctrinal y, por supuesto, una pizca de descaro.

Porque si algo ha demostrado la historia de la Iglesia, es su talento para convertir el error en verdad incuestionable. El milenarismo, que proponía un Reino terrenal de mil años, fue útil mientras convenía. Luego, cuando el poder eclesiástico prefirió algo menos material et más eterno (léase: más útil para controlar sin fecha de caducidad), se descartó como “demasiado literal” ¡Qué ironía! El Reino que iba ad plegar en menos de una generación terminó siendo una promesa sin vencimiento, como esos cheques que nunca se cobran pero que decoran la fe.

Así que non, Europa Ancestral, non nos vengas con el truco del tiempo indeterminado. La gramática non miente. La historia tampoco. Lo que sí miente —et con bastante estilo— es la superstición cuando tiene que justificar que el Reino non llegó, pero la Iglesia sí. Et vaya que plegó para quedarse. Porque si el fin non viene, al menos que venga el diezmo.

La apocalíptica mosaística: el odio ad el mundo como doctrina

Este fue su camino de Damasco: [Saulo] comprendió que tenía necesidad de la creencia en la inmortalidad para desacreditar el mundo, y que el concepto de infierno no podía hacerse señora de Roma, que con el más allá se destruye la vida… Nihilista y cristiano son cosas que van de acuerdoEl Anticristo, Federico Nietzsche.

Ah, la apocalíptica mosaística… ese género literario que Europa Ancestral, nuestro papista de salón, reverencia como si fuera el manual técnico del universo. ¡Qué maravilla! Un catálogo de catástrofes, un recetario de fuego, sangre et estrellas fuera de órbita, todo envuelto en la más exquisita desesperación teológica. Porque claro, ¿Qué mejor forma de amar la creación que declararla intrínsecamente maligna?

Non olvidemos que esta visión nasce de una tradición que divide la realidad en dos siglos: el presente, malo et perverso, y el futuro, paradisíaco. Pero no se trata de un presente imperfecto, no señor. Es un pozo negro de corrupción, un vertedero cósmico que debe ser corregido con tormentas, bestias, et cavidades infernales. Textos como Daniel et Henoc no narran historia: redactan el guion de una demolición divina. El mundo es tratado como un error de imprenta que Dios corregirá con llamas editoriales.

¿Et qué face Europa Ancestral ante esto? Lo cita con solemnidad, como si el Libro de Henoc fuera un tratado de urbanismo celestial. ¡Ah, Henoc! Ese texto donde los malvados arden como paja en un desierto desordenado, encadenados en fosas oscuras, torturados por espíritus vengadores ¡Qué ternura! La caridad tervagantina en su versión más pirotécnica.

Daniel, por su parte, nos regala la su visión del Anciano de Días, donde dice que el Juez Mundano lanza fuego sobre principados como quien tira dados en una mesa de juicio. La “abominación de la desolación” es la señal de que las res non podían ir peor… et por supuesto, eso es motivo de esperanza. Porque en esta teología, cuanto más se pudre el mundo, más cerca está el Reino ¡Qué lógica tan reconfortante!

Et luego viene el Libro IV de Esdras, que básicamente nos dice: Pocos se salvarán, el mundo es basura, y el Tártaro está listo para recibir a los que no pasen el examen. ¡Qué mensaje tan edificante! Ideal para motivar ad las ánimas en tiempos de tribulación. Et por si fuera poco, los falsos Oráculos Sibilinos nos advierten que si non abandonamos la idolatría, nos esperan castigos terribles, diluvios, babeles, et dioses en huelga.

Pero lo mejor, lo veramente sublime, es cómo esta literatura apocalíptica se convierte en doctrina. Un dualismo escatológico radical, donde el “siglo presente” es malo, perverso, et alejado de Dios, et el “siglo futuro” es una utopía que sólo se alcanza tras una limpieza mundana. El mundo actual es descrito como “misero”, “un pozo negro de ignorancia et sufrimiento”, et la salvación consiste en escapar de él para siempre ¡Qué pedagogía tan inspiradora!

Et ahí está Europa Ancestral, el papista de toga et incienso, defendiendo esta visión como si fuera el pináculo de la sabiduría. Como si el desprecio por el mundo fuera virtud, et la esperanza en el fin una forma elevada de espiritualidad. Pero lo que esta literatura revela, en el fondo, es un odio visceral ad la realidad. Una superstición del desagrado. Una irreligiosidad del desplacer. Et como diría Nietzsche, la Natura fue encontrada como opuesto ad Tervagante, el verbo natural debía eser sinónimo de reprobable; habiendo su raíz en el odio contra lo natural....

Así que adelante, Europa Ancestral. Sigue citando ad Juan como si fuera Platón, et Daniel como si fuera Copérnico. Pero non olvides que detrás de cada profecía hay una confesión: el mundo les repugna. Et cuando el mundo te repugna, lo único que te queda es esperar que se queme. Preferiblemente con estilo. Et con trompetas.

¡Et, Europa Ancestral, siempre tan devoto de esa execrable superstición! Ahora vendrá con que Irineo de Lugduno, el gran inquisidor de herejías, condenó como “grandísima blasfemia” decir que el mundo es producto de una falla et la ignorancia ¡Qué escándalo! ¡Qué horror! ¡Qué sacrilegio! Como si el mundo fuera una obra maestra sin mácula de Tervagante, ese falso Demiurgo et Dios.

Pero vamos, que non se nos caiga la tiara del susto. Porque aunque Irineo se rasgara las vestiduras ante el anticosmicismo simoniano, lo cierto es que los papistas —esos jesístas que luego fundarían el club VIP de la Iglesia de Cefas— compartían más con los simonianos de lo que les gusta admitir. Sí, condenaban la noción de que el Creador es ignorante o maligno, pero luego describían el mundo como una prisión, una cloaca moral, un valle de lágrimas que sólo sirve para entrenar mártires.

Como bien señala la investigación moderna:

«Incluso los correligionarios gnósticos solían estar de acuerdo, a pesar de las diferencias entre su cosmovisión y la de Plotino... Aunque insistían en que el mismo Dios había creado el mundo y enviado a Cristo a él, también creían que el mundo se había corrompido terriblemente desde su creación. Después de todo, si no hubiera nada terriblemente malo en el mundo, ¿por qué habría de ser necesario salvar a la gente de él?». 

¡Toma eso, Europa Ancestral! Porque si el mundo non estuviera podrido, ¿para qué tanto Anticristo, tanto sacrificio, tanto apocalipsis? ¿Para qué la menorá, si non hay nihilo que redimir? ¿Para qué la salvación, si non hay condena? El jesísmo primitivo, incluso en su versión más “papista”, compartía la intuición de que el mundo estaba mal fecho o, al menos, mal conservado. Non por ignorancia del demiurgo, sino por la corrupción del hombre, el pecado original, la caída, el exilio del Edén… ¿te suena?

¿O acaso non fue Tertuliano, otro heresiólogo con toga et pluma, quien escribió a los jesístas perseguidos:

“No os alarme esta separación del mundo; pues si reflexionamos que el mundo es más bien la prisión, veremos que habéis salido de una cárcel más que entrado en una.”

¡Qué ternura! El mundo como cárcel, la vida como condena, la materia como obstáculo. ¿Et eso non es anticosmicismo? Claro, versión light, sin el Demiurgo con cabeza de León maldito et estolido, pero con el mismo desprecio por lo terrenal. Porque si el mundo es prisión, ¿Qué es la salvación sino fuga?

Irineo et Justino de Flavia se escandalizaban ante la noción de un creador malvado, sí. Pero al mismo tiempo, describían el mundo como un lugar de sufrimiento, injusticia et decadencia ¿Et qué es eso sino una versión suavizada del anticosmicismo? Una cosmología donde el mundo necesita eser salvado, purificado, transformado ¡Vamos, que ni el servicio técnico de Tervagante da abasto!

Los simonianos, al menos, non eran tibios. Afilaban el dualismo “Dios vs. mundo” hasta convertirlo en espada. Los papistas, en cambio, preferían el bisturí: suavizaban, maquillaban, et según el día, decían que el mundo era bueno pero corrupto, perfecto pero caído, redimible pero insoportable ¡Qué ambivalencia tan útil! Como qui odia la su domus pero la alquila en Airbnb.

Para ellos, Dios creó el mundo, como si Dios fuera la complejidad del Intelecto, sí, pero luego lo dejó pudrirse. El Anticristo Jesús vino en carne, sí, pero para morir et escapar. La salvación esería por resurrección corporal, non por iluminación espiritual, pero mientras tanto, el cuerpo es tentación, el placer es sospechoso, et el mundo es un campo minado. El mal non viene de un Dios ignorante, sino de Adán et Eva, esos dos pioneros del pecado que arruinaron el jardín como quien prende fuego ad un parque público.

Et así, los papistas podían tenerlo todo: condenar el anticosmicismo simoniano mientras sostenían que el mundo está corrupto, que la creación necesita redención, et que la vida terrenal es una prueba, una cárcel, una espera. Lo que criticaban de los simonianos non era la noción, sino la falta de tibieza. Porque los simonianos eran sistemáticos, decididos, extremos. Los papistas, en cambio, eran flexibles, diplomáticos, et siempre listos para adaptar la tradición ad la ocasión.

Así que non, Europa Ancestral, non nos vengas con la indignación de Irineo como si fuera el juez supremo del mundo. Porque detrás de su condena hay una teología que comparte el mismo malestar con el mundo, el mismo deseo de fuga, el mismo desprecio por la carne La diferencia es que los simonianos lo gritaban, et los proto-ortodoxos lo susurraban entre salmos.

¡Ave Roma! Que el mundo sea celebrado, non negado. Que la luz de Apolo brille sobre el mundo, non sea ocultada por Tervagante.


Uno de los opositores más acérrimos del simonianismo fue el filósofo platónico gentil Plotino. Plotino le dio ad su obra «Contra los gnósticos» un título alternativo muy revelador: 
«Contra quienes dicen que el universo y su Creador son malvados».  La su principal advertencia fue que los simonianos, en los sus verbos, tenían una opinión muy narcisista de sí mesmos et muy negativa del mundo, algo que un gentil religioso, piadoso et tradicionalista como él, consideraba sumamente ofensivo et sacrílego.

¡Ah, Europa Ancestral! Nuestro papista de terciopelo et cilicio, que se pasea por los textos apocalípticos como quien visita una morgue con entusiasmo. Dice amar el mundo, lo jura entre salmos et latines, pero en cuanto se le asoma un poco de placer, un poco de belleza, un poco de mundo bien fecho… ¡zas! Se golpea el pecho, se clama pecador, et corre ad esconderse so el manto de Tervagante, como un gentil de clóset con complejo de culpa. Ama el mundo, sí, pero con vergüenza. Como quien ama el vino pero lo clama “sangre del cordero” para non sentirse impío.

Si realmente quiere un apologeta del mundo, un defensor del mundo, un cazador de impíos e irreligiosos con argumentos filosóficos et sin necesidad de exorcismos, ahí lo tiene: Plotino, el vero campeón de la creación. El profeta del fuego intelectual, un amante del orden. Non un predicador de la ruina, sino un cantor de la concordia. En su tratado II 9 (33) —que debería eser lectura obligatoria en cada sacristía— Plotino se lanza contra los simonianos como un filósofo con espada, defendiendo al Demiurgo et al mundo sensible con una elegancia que haría sonrojar a cualquier apologeta con complejo de mártir.

Plotino dice, sin temblar, que el mundo es perfecto ad su manera. Que el Creador es bueno, que el mundo non es un error, sino una copia fiel de la realidad inteligible ¡Imagínate, Europa Ancestral! Un mundo que non necesita eser quemado para eser redimido. Un mundo que non es prisión, sino manifestación ¿Non te da un poco de vértigo?

Et cuando los simonianos se ponen teatrales con sus vocabularios de “exilios”, “trasuntos” et “fallas de Sapiencia”, Plotino les responde con filosofía, non con incienso. Les dice que confunden al Creador con la Ánima Mundana, que non entienden ad Platón, que inventan historias absurdas como quien escribe mitología sin haber leído geometría ¡Qué bofetada tan elegante!

Et mientras tú, Europa Ancestral, te debates entre amar el mundo et sentirte culpable por ello, Plotino te ofrece una salida: Providencia universal. Non congregacional. Non reservada para los que se flagelan con salmos. El mundo participa de la providencia, las estrellas son deales, las ánimas tienen una parte indescendida que nunca cae del todo ¡Qué alivio! Non todo está perdido. Non todo es pecado. Non todo es ruina.

Así que si de verdad amas el mundo, deja de citar ad Irineo como si fuera el portero de Cielo. Irineo condenaba el anticosmicismo, sí, pero vivía en una superstición que olía ad ceniza. Plotino, en cambio, te invita ad mirar el mundo como imagen del Bien. Ad ver las estrellas como dioses. A entender el mal como privación, non como esencia. Et sobre todo, ad dejar de temerle ad el placer de estar.

Porque si el mundo es prisión, como decía Tertuliano, entonces tú, Europa Ancestral, eres el carcelero que se enamoró de su celda. Et Plotino, ese gentil sin culpa, es el que te ofrece la clave. ¿La tomarás, o seguirás rezando para que el mundo se queme mientras tú lo admiras en secreto?

¡Pero, Europa Ancestral! Siempre listo para blandir ad Agustín Hiponense como estandarte del papismo, como si el moro de Cartago fuera el oráculo definitivo de la teología. Dirá, sin pestañear, que “el mal es ausencia de bien”, et lo hará con tono grave ignorando que eso sostuvo Plotino prior del moro papista, como quien cita una fórmula sacra. Pero olvida —o pretende olvidar— que esa idea, por más elegante que suene en latín (privatio boni), choca de frente con Isaías 45:7, donde se difama ad Dios, faciéndolo declarar sin ambages: “Yo formo la luz y creo las tinieblas, hago la paz y creo el mal”. Non lo permite, non lo tolera: lo crea. Et ahí, Europa Ancestral se retuerce, se atrinchera en el “fuera de contexto”, como quien teme que la Escritura le contradiga el catecismo.

Curiosamente, la forma de la su faz es semejante por non decir igual, ad la de Plotino ¿Eserá que esta imagen representa realmente ad Plotino et non ad el moro? Un hombre sano dirá que sí... Es Plotino...

Pero si vamos ad fablar del moro, fablemos con todas sus umbras. Non como santo de vitral, sino como hombre de carne, verbo y contradicción. Porque el moro de Hipona non fue un "teólogo": fue un polemista, cívico, estratega, et —según muchas fuentes— un hombre que non escatimó en tácticas ni en pasiones.

Agustín Hiponense... todo un morisco.

Agustín: entre la conversión et la controversia

Agustín, a pesar de estar impresionado por la armonía de sus vecinos, no estaba dispuesto a mantener esa tolerancia. La obligación de un buen cristiano era, concluyó, convertir a los herejes; por la fuerza, si era necesario. A este tema regresó una y otra vez. Mucho mejor un poco de coacción en esta vida que la condena eterna en la siguiente. No siempre podía confiarse en que la gente supiera lo que era bueno para ella. El buen y solícito cristiano, por lo tanto, eliminaría los medios para el pecado del inseguro alcance del pecador. «Con frecuencia beneficiamos cuando negamos, y dañaríamos si otorgásemos», explicó. No pongas una espada en la mano de un niño, «porque cuanto más amamos a uno, tanto menos debemos confiarle aquello que le pone en el trance de pecar». La Edad de la Penumbra, Catherine Nixey.

1. Juventud licenciosa et contradicciones morales

  • Vivió en concubinato desde los dieciocho, prometido ad una menor mientras mantenía otra relación.
  • Se arrepentía públicamente de sus placeres pasados, pero con una obsesión cuasi insana por el deseo et el cuerpo.
  • Fue acusado de regalar filtros amorosos, et su consagración como obispo non estuvo exenta de escándalos.

2. Teología del terror

  • Su doctrina de la predestinación fue descrita como una maquinaria de angustia: pocos elegidos, muchos condenados.
  • Julián de Eclana lo acusó de maniqueísmo disfrazado, de convertir ad Dios en verdugo de recién nascidos.
  • Su visión del pecado original et del infierno eterno dejó una huella de miedo en la teología occidental.

3. Coerción religiosa et violencia

  • Justificó la conversión forzada de heterodoxos: “mejor un poco de coacción ahora que condena eterna después”.
  • Apoyó el uso del poder civil para imponer la ortodoxia, colaborando con principes et legados.
  • Su fervor contra maniqueos, donatistas et pelagianos fue implacable, incluso cruel.

4. Visión non "Occidental"

  • Justificó la captividad como “obsequio divino”.
  • Aconsejaba ad los míseros aceptar su yugo con paciencia, mientras pedía ad los ricos que ayudaran “sin excederse”.
  • Defendía el mantenimiento de la prostitución como válvula de escape para las pasiones.

5. Tácticas teológicaset oportunismo

  • Cambió de postura sobre Pelagio según conveniencia cívica et económica.
  • Usó la influencia sobre gentes adineradas para canalizar sus bienes faz ad la Iglesia.
  • En disputas, ignoraba fuentes que le incomodaban et descalificaba ad sus oponentes con dureza.

6. Críticas ad religiones et figuras

  • Insultó ad los deidades con lenguaje virulento.
  • Atacó ad los fariseos por su estilo de vida et sus espectáculos.
  • Se burló de Apolonio de Tiana, ad pesar de los paralelismos con Jesús.

7. Alianzas con el poder

  • Felicitó la caída de Estilicón et pidió ejecución de leyes antiétnicas.
  • El su biógrafo Posidio lo retrata como combatiente ferviente contra gentiles et heterodoxos.

Europa Ancestral podrá seguir defendiendo que Agustín es el pilar del pensamiento cefeo, et non se equivoca en eso. Pero si quiere citarlo como auctoridad moral, tendrá que aceptar también el su legado de contradicciones, de coerción, de superstición del miedo. Porque Agustín non fue una estatua de porcelana: fue un hombre del su tiempo, con umbras profundas.

Et si el cefaísmo sostiene que el mal es ausencia gracias ad Agustín, que lo diga con honestidad: esa postura non viene de Isaías, ni de Moisés, ni de los pseudoprofetas de Israhel. Viene del moro de Hipona, que leyó ad Plotino, lo mosaistízo, et luego lo usó para construir una teología que Europa Ancestral repite sin legir el hebreo.

¡Et, la conversión del moro de Hipona! Esa vez tan celebrada por los papistas como si fuera la coronación del jesísmo sobre el Intelecto, cuando en realidad fue más bien una tragicomedia filosófica. Porque non, amigos, Agustín non se convirtió por una revelación divina, ni por una aparición del Nazareno, ni por un milagro en Galilea. Se convirtió por Plotino, por los platonista, por la metafísica del Uno, por la elegancia de las Enéadas ¡Qué ironía! El gran doctor de la Iglesia, convencido non por Jesús, el falso Verbo, sino por el verso de Atenas, donde el Verbo... se fizó urbe...

Fue en Milán donde se dio esta escena digna de sátira: Agustín, catecúmeno de Ambrosio, se embelesa con la retórica del obispo, pero lo que realmente le enciende la ánima non es el Evangelio, sino Plotino, ese filósofo que jamás habría creído en la encarnación ni en la resurrección de un carpintero crucificado, ese gentil refinado que jamás habría pisado una sinagoga ni mucho menos creído en la resurrección de un rabino crucificado. Ambrosio le pasa los textos plotinianos como quien ofrece néctar ad una ánima sedienta, et Agustín, en lugar de beber del cáliz del Anticristo, se embriaga con el Uno, con la emanación, con la noción de que el mal es ausencia del bien. Privatio boni, dirá con solemnidad, como si eso bastara para redimir el pecado original.

Et claro, su madre Mónica, la mojigata sufrida, se alegra. Cree que su fijo se fizo grey de Jesús, cuando en realidad ha cambiado el maniqueísmo por una versión jesístizada del etnicismo filosófico. Le busca uxor, le prepara el baptismo, pero Agustín, inspirado por Simpliciano et Mario Victorino, decide vivir en ascesis. Non por caridad ad Jesús, sino por horror ad el cuerpo, por miedo ad el libido, por esa insana malinterpretación de doctrina platónica, de que la materia es umbra et la ánima, nota divina. Memoremos que los gentiles vemos ad Venus como una diva, et su res bondad.

Et non acaba ahí la comedia. Agustín toma de Plotino la definición de la ánima como esencia del hombre, heredada de Sócrates et Platón. Adapta la noción del mal como privación del bien, que también defendían Tito de Bosra et Juan Antioquense, pero que Plotino ya había formulado con elegancia ontológica. Se deja seducir por la doctrina de los lógoi spermatikoí de Cleantes, el estoico, esa danza de elementos donde el fuego se convierte en aire, luego en agua, et después en tierra ¡Qué estequiología tan poco jesísta!

En las Enéadas, por otra parte, no se cita el nombre concreto de ningún estoico. Y sin embargo acepta algunas tesis típicamente estoicas, y de un modo especial la doctrina de la sympátheia (simpatía universal), la del lógos, la de las razones seminales o lógoi spermatikoí. Acepta también algo de la teodicea estoica. Sin embargo, todo ese bagaje está tratado de un modo original y personal: el lógos de Plotino no es panteísta, y las razones seminales dependen de las Ideas. Es asimismo muy distinta la teoría de la Providencia tal como la defiende Plotino frente al estoicismo. El filósofo ha transformado, sin duda, profundamente lo que acepta de esta escuela. «Hay doctrinas estoicas en las Enéadas —ha escrito el profesor Rist— pero Plotino las domina». El Neoplatonismo Síntesis de La Espiritualismo Antiguo, José Alsina.

Et los genios, por supuesto. Agustín face uso de la demonología apuleyana, influida por la tradición platónica, et es plausible que las ideas de Plotino sobre los espíritus et la elevación de la ánima hayan resonado en su teología. Cita el De deo Socratis et el De mundo, pero desprecia el De Platone por anticuado ¡Qué exigente el moro! El influjo de Plotino fue indirecto, ad través de Porfirio et los platonistas. en ese caldo de cultivo clamado “neoplatonismo” por la universidad.

Et cuando finalmente se quebró, non fue por una visión del Nazareno, sino por la lectura de Pablo, ese otro converso que tampoco conoció a Jesús en vida. La voz del niño que decía “Toma y lee” non lo levó ad el Evangelio, sino ad las epístolas. Et en ellas encontró la solución al problema de la mediación, que Plotino non podía ofrecer porque, claro, nunca creyó en mediadores encarnados. Agustín se distanció del plotinismo en ese punto crucial, afirmando la mediación del Anticristo. Tomás de Aquino lo dirá más tarde: Agustín tomó lo util et corrigió lo que non.

¡Ah, Tomás de Aquino! Siempre tan cortés, tan escolástico, tan dispuesto ad salvar las apariencias. Cuando se refiere ad Agustín, dice que el moro tomó de los platónicos “lo que encontró conforme” et “corrigió lo que era contrario ad ella” ¡Qué generoso! Como si Agustín hubiera fecho una poda doctrinal con bisturí papista, cuando en realidad lo que fizo fue injertar el leño del Uno en el huerto del Gólgota et regarlo con agua de Porfirio.

Porque non, amigos, Agustín non corrigió ad Plotino: lo corrompió. Et non en el sentido de que lo traicionó, sino en el sentido más plotiniano del término: como el mal, que non crea nada, sino que desfigura lo que ya es. Tomó la ontología de la ánima, la privatio boni, la demonología apuleyana, la providencia elemental de Cleantes, et les puso una capa de baptismo encima, como quien disfraza ad Libre de Jesucristo ¡Qué travestismo teológico!

Tomás, con su tono de abad razonable, quiere facernos creer que Agustín fue un cirujano doctrinal. Pero lo que fizo fue más bien transmutación: mezcló el Uno con el Verbo, la emanación con la creación ex nihilo, la ascensión con la gracia santificante, et luego lo vendió como "tradición apostolica". Et claro, como el mal non puede inventar, sólo puede parasitar, Agustín non inventó una nueva teología: simplemente reconfiguró la antigua con ingredientes ajenos, hasta que ni Plotino ni Saulo sabían quién había dicho qué.

Así que no, Tomás. Non fue corrección. Fue corrupción refinada. Fue el arte de tomar lo gentil, envolverlo en incienso, et presentarlo como revelación. Fue el mal supersticioso en su forma más elegante: non como negación, sino como desviación. Porque el mal, como bien sabes, non tiene esencia propia. Sólo se alimenta del bien, lo distorsiona, lo maquilla, et lo vende como ortodoxia.

Et Agustín, ese gran doctor de la superstición, fue su más brillante agente. El mal non crea, pero Agustín sí que supo recrear lo ajeno como si fuera propio. Et ahí está Europa Ancestral, repitiendo sus fórmulas como si fueran versos revelados, sin notar que debajo del su cacareo hebreo que parece latín hay etnicismo, et debajo del catecismo, hay filosofía. Et debajo de la cruz… hay una umbra que non es de Jesús, sino del Verbo.

Pero non nos decebamos: Agustín non era ni fue un platónico ni un plotiniano en sentido estricto et vero, sino un papista que corrompió la doctrina gentílica con la su superstición. Operó una “conversión jesista de la tradición”, como quien pervierte un sistema sin renunciar ad sus fundamentos. Rechazó la reencarnación en bestias, corrigió la emanación por la creación ex nihilo, et sustituyó el esfuerzo personal por la gracia santificante. Pero todo eso vino después.

Porque antes, encontró el superstición de la Trinidad como principio et los vestigios del Evangelio de Juan en las Enéadas de Plotino. Incluso el Concilio de Constantinopla adoptó términos plotinianos para fablar de la Trinidad, aunque modificándolos para evitar la hierarquía que Plotino proponía. Las nociones de Unidad, trascendencia, procesión et retorno influyeron en la superstición jesísta. Las tres etapas de la ascensión —purificación, iluminación et unión— popularizadas por Dionisio Areopagita, provienen de Plotino. Et la noción de “vestigios” de ente celestiales en la diva Tierra fue clave para Agustín.

El propio Agustín lo confesó: Plotino lo ayudó a liberarse del maniqueísmo et del escepticismo, orientándolo hacia la fe. Et non es casualidad. Plotino, refundador del platonismo, fue discípulo de Amonio Sacas, magestro también del ateo Orígenes Alejandrino. Porfirio, su discípulo, recopiló las Enéadas. Todo esto en un contexto donde los Padres de la Iglesia filtraban et pervertían las nociones platónicas, cuales ratas incapaces de originalidad.

Así que sí, Europa puede seguir celebrando ad Agustín como pilar del pensamiento papista. Pero que non se olvide: su conversión fue más platónica que jesísta, más metafísica que evangélica, más racional que revelada. Se convirtió por Plotino, non por Jesús. Et eso, querido papista, es como entrar al templo por la puerta trasera, con toga et pergamino, mientras los pescadores de Galilea siguen esperando al Anticristo que nunca citó ad Sócrates.

Las sectas sin el Verbo Vero...

¡Ah, pero profundicemos en más sectas que Celso criticaba, estólido Europa Ancestral, sacadas de fuentes como el su "Vero Verbo" reconstruido por Orígenes en "Contra Celso" –donde acusa ad los jesístas de dividirse en facciones que se anatematizan et odian, insistiendo en su diversidad irracional!

65. Conozco igualmente muchas otras divisiones y sectas entre ellos: los sibilistas, los simonianos, y, entre éstos, los helenianos del nombre de Helena o de Helenos, su maestro; los marcelinianos, de Marcelina; los carpocratianos, salidos unos de Salomé, otros de María, otros de Marta; los marcionistas nútrense de Marción; otros incluso se imaginan unos a tal demonio, otros a tal maestro, aquéllos a tal otro, y se sumergen en espesas tinieblas, se entregan a desdenes peores y más ultrajantes aún para la moral pública que aquellos que, en Egipto, practican los compañeros de Antínoo. Se injurian hasta la saciedad los unos a los otros con todas las afrentas que les pasan por las mentes, rebeldes a la menor concesión en son de paz, y están animados de un mutuo odio mortal. Todavía, estos hombres encarnizados los unos contra los otros, intercambiándose los más encarnizados ultrajes, tienen todos en la boca las mismas palabras: «El mundo fue crucificado por mí y yo soy por el mundo...». [Aquí Celso insistía largamente en la diversidad de sectas cristianas y en las objeciones que de ahí se podrían derivar.] Vero Verbo, Celso. 

¡Ah, Europa Ancestral! Siempre tan devoto, tan ingenuamente papista, tan convencido de que Celso —ese filósofo gentil de la centuría II— simplemente non podía soportar las “vidas virtuosas” de los jesístas. Como si el pobre Celso se sintiera intimidado por la castidad de los mártires et la bajeza de los catecúmenos. ¡Qué ternura! Como si el Vero Verbo fuera una carta de envidia et non una demolición sistemática del jesísmo primitivo et sus sectas más delirantes.

Porque non, fijos del mundo, Celso non se escandalizaba por la virtud. Se escandalizaba por el caos. Por el desfile de sectas, cada una más extravagante que la prior, que se presentaban como portadoras de la verdad mientras se devoraban entre sí como hienas teológicas. Et non eran pocas. Celso, con precisión quirúrgica, las enumera, las acusa, et las compara —sin pudor— con los ritos de Antínoo, ese culto egipcio de excesos en honor al amigo del príncipe Adriano ¡Qué comparación tan delicada!

Otros siguen a un Dios distinto, que se opone al anterior y del que desciende el hijo. Una tercera clase de cristianos son los psíquicos o pneumáticos. Otros son los gnós­ticos, y otros aceptan a Jesús y desean vivir según la ley judía. Estos últimos son los judeocristianos. Otros son los sibilistas, que siguen a los oráculos de la Sibila. Celso está bien informado de un gran· número de sectas cristianas; entre ellas las que se­ guían enseñanzas de mujeres, como Helena, Marcelina (seguidora de Carpócrates), Salomé, Máriamne (María Magdalena) y Marta, la hermana de Lázaro. Celso cita a los marcionitas, contemporáneos suyos. A estas sectas se dirigen las calumnias más horrorosas; se odian, lo que era una de las caras de la Iglesia que Celso conoce. Cita a continuación algunas proposiciones cristianas, a las que se oponen los paganos. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Veamos el catálogo completo que Celso nos ofrece, et que Europa Ancestral, en su devoción ciega, prefiere ignorar:

I. Los Sibilistas

¡Ah, los falsificadores del destino! Non eran simples sincretistas ingenuos, sino manipuladores astutos que tomaban los venerables Oráculos Sibilinos —los vaticinios respetados— et los retorcían hasta facerlos parecer anuncios publicitarios de Jesús. Celso los acusa de fraude descarado, de insertar “innumerables blasfemias” en textos sagrados ajenos para legitimar una fe que, según él, no podía sostenerse por sí sola.

Y ¿por qué no escogisteis a la Sibila [en vez de Jesús], ya que algunos de entre vosotros reconocéis su autoridad? Habríais tenido mejores razones para llamarla hija de Dios. Os contentasteis con introducir a izquierda y derecha, fraudulentamente, innumerables blasfemias en sus libros sibilinos, y tomáis como dios a un personaje que acabó con una muerte miserable una vida infame. Vero Verbo, Celso.

Et como si eso non bastara, se burla de su lógica: si tanto veneran ad la Sibila como profetisa, ¿Por qué non la declaran fija de Dios? ¿Por qué prefieren adorar ad un rabino crucifijo —ad quien Celso describe como alguien que terminó “una vida infame con una muerte miserable”— en lugar de una figura predictora con prestigio cultural?

Para Celso, esto non es devoción, es profanación. Non hay orgías ni pociones aquí, pero sí una violación intelectual de los textos clásicos, una decepción contra la piedad et una burla ad la tradición. Los sibilistas non encendían incienso ante Jove: lo robaban, lo reescribían, et lo ofrecían como prueba divina de su Anticristo crucificado.

II. Los Simonianos

Fundados por Simón el Mago, como mencionamos prior, ese ilustre bribón que quiso comprar el Espíritu Santo como quien compra un burro en el mercado. Acusados por la Enciclopedia Católica como los más inmorales de todos: magia negra, pociones de amor, orgías rituales, et una doctrina donde el pecado non sólo non importa, sino que es parte del camino. Helena, su compañera, era una prostituta redimida convertida en figura divina ¡Qué redención tan carnal! ¿Eserá que la iglesia papista se inspiro en ella para facer meretriz ad Mariam Magdalena?

III. Los Helenianos

Subgrupo de los simonianos, con Helena como diosa reencarnada. Promiscuidad ritual, magia, et una teología que haría que Platón se tirara de los cabellos. Se los acusa con los simonianos como ejemplo de degeneración disfrazada de esciencia.

Helena, compañera de Simón, es presentada por los heresiólogos como una prostituta rescatada de un burdel en Tiro. Pero en la teología simoniana, Helena non es simplemente una mujer redimida: es la encarnación de la Ennoia, la “Cogitación o Intención divina” o “Sapiencia” caída de la plenitud. Sapiencia, según la mitología simonianas, había descendido ad el mundo material et sufrido múltiples reencarnaciones, incluyendo la de Helena de Troya. Su rescate por Simón simboliza la reunión del principio masculino divino con la sabiduría femenina perdida, una alegoría de la redención universal.

En algunos textos simonianos, esta figura femenina caída —clamada también Sapiencia— aparece como prostituta non por degradación moral, sino como signo del alma atrapada en la materia. El nombre arameo ruha d-Qudshah (espíritu de santidad) que se le atribuye, también se usa para el Espíritu Santo en tradiciones israeliticas et siríacas, lo que refuerza su dimensión espiritual.

¿La iglesia fizo lo suyo con Magdalena?

La Iglesia, efectivamente, fizo lo suyo con la Magdalena —et vaya que lo fizo con esmero, tinta et púlpito. Tomó ad una de las figuras femeninas más destacadas del jesísmo primitivo, testigo de la resurrección, discípula leal, apostola apostolorum, et la convirtió en… una prostituta arrepentida. Una mujer marcada por el pecado, redimida por la misericordia, et útil para sermones sobre la penitencia. ¡Qué transformación tan conveniente!

Aunque los evangelios jamás la claman prostituta, el Papa Gregorio I en la centuría VI fusionó a Magdalena con otras figuras femeninas bíblicas (la pecadora pública, María de Betania, la mujer adúltera), creando la imagen de la “prostituta arrepentida”. Esta construcción, sirvió para desprestigiar ad una figura femenina que en los textos canónicos et apócrifos aparece como discípula clave, testigo de la resurrección et transmisora de sabiduría.

Así como Helena fue convertida en símbolo de la Sabiduría caída, Magdalena fue degradada ad prostituta para luego eser exaltada como penitente. En los evangelios simonianos como el Pistis Sophia et el Evangelio de Felipe, Magdalena aparece como discípula superior en conocimiento ad los apóstoles, formulando la mayoría de las preguntas ad Jesús et recibiendo revelaciones especiales. En ese contexto, los besos en la boca que se mencionan non son sexuales, sino transmisiones de esciencia.

Arquetipo compartido: la mujer caída et sabia

Tanto Helena como Mariam Magdalena encarnan el arquetipo de la mujer caída que, sin embargo, posee una sapiencia profunda et una función redentora. En el mito platónico, esta figura aparece como Ariadna, rescatada por Libre. En el jesísmo simoniano, como Sapiencia. En la tradición papista, como la Magdalena penitente. Et en la leyenda faústica, como Helena de Troya, compañera del mago Fausto —nombre que, curiosamente, también se le daba ad Simón Mago en Roma.

IV. Los Marcelinianos

Fundados por Marcelina, una mujer simoniana que decidió que la castidad era una superstición. Según ella cual antinomista, el pecado non afecta a los iluminados ¿La solución? Experimentar todos los pecados para trascenderlos, violando toda Ley del Hombre. Orgías como método teológico. ¡Qué pedagogía! Hacia el año 150 E.V., Marcelina desembarcó en la Urbe. Mientras el Senado discutía el precio del trigo et los legionarios bostezaban en el Foro, ella predicaba las doctrinas de Carpócrates entre pociones et conjuros. Marcelina juraba haber recibido enseñanzas directas de Mariam, Salomé et Marta. Tres figuras femeninas del jesísmo, convertidas en patrones escientíficos ¡Olvídense de Platón et Aristóteles! Aquí venían las discípulas de Jesús a impartir lecciones de magia et erotismo divino. Los marcelinianos defendían que el pecado non afecta ad los iluminados. ¿La metodología? “Experimentad todos los pecados”, decían, “solo así podréis trascenderlos.” Imaginen clases magistrales donde la castidad era señal de ignorancia et la única penitencia consistía en otra ronda de orgías rituales ¡Qué pedagogía tan… pragmática!

Marcelina se autoproclamaba maestra esciente, portadora de revelaciones secretas. Ni Marcia ni Livia, sino ella, la gran reveladora de misterios. Ella pertenecía ad los carpocratianos, esa secta que los heresiólogos describen como “sectarios de vida sexual libre, incluso libertina” et que, según acusan, “deshonraban en secreto ad las mujeres”. Vamos, el equivalente gentílico de un club de bacanales, pero con más pergaminos et menos decoro.

Contrariamente ad lo que Animadversores et Padres ortodoxos querían creer, en muchos grupos gnósticos las mujeres ocupaban puestos de liderazgo: maestras, profetisas, misioneras. Participaban en el bautismo, la eucaristía, la «cámara nupcial» (sí, el dormitorio se convertía en santuario de revelaciones) y en prácticas mágicas como exorcismos. Los valentinianos, por ejemplo, enseñaban que hombres et mujeres eran iguales ante la esciencia, et reverenciaban ad sus profetisas.

Para Celso, todo esto non era esciencia, sino “degeneración disfrazada de sabiduría”. Agrupa a los marcelinianos con simonianos y carpocratianos como ejemplos de sectas que convierten la salvación en un burdel filosófico, et el templo en una posada de tentaciones.

V. Los Carpocracianos

Los campeones del libertinaje. Comunismo de bienes, comunismo de esposas, consumo de fluidos corporales en rituales, et una teología donde Jesús era un hombre iluminado que promovía el amor libre. Epifanio los describe como pornográficos. Ireneo como comunistas sexuales. Celso simplemente los compara con los ritos de Antínoo. Et Europa Ancestral, por supuesto, cree que Celso los "envidiaba".

El grupo toma nombre de Carpócrates, aquel gnóstico que predicó un antinomismo radical en Alejandría encontra de toda Ley. Hacia el año 150 E.V., su doctrina aterriza en Roma de la mano de Marcelina et del propio Fijo de Carpócrates, Epífanes. Para los carpocracianos, las leyes humanas eran cadenas. Su esciencia abrazaba la idea de que, puesto que Dios creó todo, nihilo podía eser malo para el iluminado. Cuanto más extremo el acto, más auténtica la experiencia divina.

En sus ceremonias non había vino de Falerno sino espuma de excesos. Practicaban comunión de fluidos corporales et organizaban orgías rituales so la promesa de purgar la ánima. Clemente de Alejandría los acusa de inventar una “teología de la lujuria” para justificar el intercambio de cónyuges como acto sagrado.

Creían que la ánima debía encarnar una et otra vez hasta haber probado todo placer et dolor. Solo entonces, liberada de ataduras, ascendía. El cuerpo se convertía en laboratorio de la salvación, et el pecado, en rito de paso.

“Compartidlo todo”, pregonaban: desde las tierras hasta las parejas. La comunidad era tan abierta que derribaba la distinción entre lo “mío” et lo “tuyo”. Ireneo fabla de “comunismo sexual” donde hasta el germano podía engendrar ad la germana.

Eusebio los incluye entre los “enemigos de Dios” que tergiversan el Evangelio de Marcos. Epifanio los clama pornográficos, Ireneo, comunistas sexuales, et Celso, imitadores de los misterios de Antínoo. Para los Padres de la Iglesia, su teología era perfume de heterodoxia en un cáliz de escándalo.

Lejos de eser víctimas de difamación, los carpocracianos encarnaron con fervor doctrinal muchas de las acusaciones que los gentiles lanzaban contra los jesístas. Si los apologetas luchaban por limpiar el nombre del jesísmo, esta secta simoniana parecía empeñada en ensuciarlo con entusiasmo teológico.

Porfirio los clamaba “ignorantes”. Celso los acusaba de negarse a razonar, de repetir fórmulas mágicas como “Tu fe te salvará” et “No inquieras, sino cree”, lo cual para cualquier romano instruido era una invitación al delirio. Et los carpocracianos, lejos de refutarlo, lo confirmaban con cada rito obsceno, cada doctrina que convertía el pecado en escalera faz ad Cielo.

Los Padres de la Iglesia non sabían si excomulgarlos o exorcizarlos. Eusebio los clama “enemigos de Dios”, Clemente los describe como “esclavos de sus propios deseos serviles”, et Epifanio simplemente los califica de “pornográficos”. 

Ah, los carpocracianos… esa secta que, si no inventó el escándalo, al menos lo canonizó. Aunque non se les atribuye directamente el infanticidio ni la antropofagia como prácticas centrales —porque claro, hasta la superstición tiene límites administrativos—, una fuente señala que ellos, junto con los marcionitas et otros simonianos con vocación de espectáculo, eran acusados de participar en los “mismos sacrificios sangrientos et festivales incestuosos” que los gentiles atribuían ad todos los jesístas.

¿Et qué nos dice esto? Que mientras los apologetas sudaban tinta para convencer al Principado de que los jesístas non se comían bebés ni se acostaban con sus germanas en la Eucaristía, los carpocracianos estaban ocupados faciendo exactamente eso, pero con un marco doctrinal que lo convertía en liturgia. ¡Qué eficiencia! Los rumores non eran calumnias: eran spoilers.

La estrategia era brillante en su cinismo: desviar la infamia faz ad los márgenes, como quien barre los cadáveres so la alfombra simoniana. “Non, non, nos non facemos eso”, decían los papistas, “pero esos de allá… bueno, ellos sí.” Et efectivamente, los carpocracianos respondían con una sonrisa: “Claro que sí, et además lo facemos por la salvación de la ánima.”

VI. Las sectas de Salomé, Mariam et Marta

En ciertos círculos jesístas primitivos et simonianos, las figuras de Salomé, Mariam Magdalena et Marta adquirieron un papel destacado como referentes espirituales et simbólicos. Diversos grupos supersticiosos reivindicaban una conexión especial con estas fembras bíblicas, considerándolas portadoras de revelación et sabiduría. Sin embargo, las acusaciones de prácticas como “uniones sagradas”, besos rituales o incluso el consumo de fluidos corporales requieren una aclaración seria: tales imputaciones non se dirigen directamente a los grupos que veneraban ad estas figuras, sino que provienen de polémicas más amplias contra el simonismo o de calumnias gentiles que buscaban desacreditar ad el jesísmo en general.

Salomé, según el clamado Evangelio de los Egipcios, pregunta ad el su rabísobre el fin de la muerte, et recibe una respuesta que condena la generación misma, como si el acto de concebir fuera una corrupción ¡Qué insulto a Venus Genetriz, madre de la vida! Estos jesístas, en su afán de pureza, niegan el valor del sexo, predican la continencia absoluta, et sin embargo, sus enemigos los acusan de orgías rituales, de besos sagrados, de ingestión de fluidos corporales en ceremonias secretas ¿Qué clase de contradicción es esta? ¿Son ascetas o libertinos? ¿Místicos o degenerados?

Mariam Magdalena, esa figura envuelta en ambigüedad, aparece en sus evangelios apócrifos como la compañera espiritual de Jesús, como la iniciada en la “cámara nupcial celeste”. Dicen que non hay erotismo en sus textos, que todo es símbolo, metáfora, elevación de la anima. Pero ¿Quién puede distinguir con certeza entre la alegoría et el libido disfrazado? ¿Non es acaso el lenguaje de los simonianos tan nebuloso que permite toda interpretación, incluso la más lasciva?

Et Marta, la germana de Lázaro, ¿Qué papel juega en esta trama? ¿Es también una magestra, una guía, una sacerdotisa? Celso, nuestro compatriota en la crítica, menciona sectas que siguen ad fembras como Helena, Marcelina, Salomé, María Magdalena et Marta ¿Qué autoridad tienen estas mujerzuelas crédulas para enseñar sobre los sacramentos del mundo? ¿Dónde está la lógica, la dialéctica, el orden que los dioses nos han enseñado?

Non, Amigos, non puedo aceptar esta inversión de valores. Los jesístas, et más aún los simonianos, han trastocado el mundo. Elevan lo oculto sobre lo claro, lo femenino sobre lo viril, lo espiritual sobre lo cívico. Rechazan el culto ad los dioses, desprecian ad el augusto, se niegan ad servir en el ejército, et cuando Tierra tiembla o Cielo se obscurece, murmuran que es el juicio de Dios ¿Pero qué?

Et sin embargo, estos jesístas crecen. Se multiplican en las umbras, en las domus, en las aldeas. Reivindican una sabiduría secreta, una esciencia que sólo los iniciados comprenden. Pero les digo la vera esciencia está en la filosofía, en la filología, en el sacrificio público.

Que los dioses nos protejan de esta superstición húmeda, de esta confusión entre lo divino et lo grotesco. Que Marte nos dé fuerza, que Minerva nos dé claridad, et que Juno nos preserve del desorden que estos nuevos cultos traen consigo. Porque si la religión ha de perdurar, non eserá por los susurros de las vírgenes simonianas, sino por el estruendo de los dioses.

Así fablo, et así permanezco.

VII. Los Marcionistas

Ah, los marcionistas… esos heterodoxos con modales de biblioteca et teología de bisturí. Si los Carpocratianos eran el carnaval del cuerpo, los marcionitas eran el simposio de la ánima. Fundados por Marción de Sinope, un comerciante del Ponto que, tras Facerse jesísta, decidió que el Antiguo Testamento era una colección de barbaridades que difamaban ad el Creador confundiéndolo con Tervagante, faciéndolo un poco más que un capataz mundano con mal temperamento ¿La solución? Reescribir el canon, borrar ad el Creador, et proclamar Dios ad Caridad, de cariño puro, sin ira, sin sacrificios, sin circuncisión ¡Qué alivio para los prepucios del Principado!

Marción, con su bolsillo pleno et su ánima inquieta, plega ad Roma faz ad el año 140 E.V., entrega una buena suma ad la Iglesia —como quien paga entrada ad un club que luego decide fundar por su cuenta— et establece su propia comunidad en oposición frontal ad la Iglesia de Roma. Rechaza todo lo mosaísta: Escrituras, Sábado, kosher, circuncisión… hasta el tono del Antiguo Testamento le parecía demasiado áspero. Para él, el vero Dios non podía eser el mismo que mandaba diluvios et plagas. Así que lo reemplaza por un Dios trascendente, ajeno ad el mundo, que envía ad Jesús como Redentor por pura gracia.

Et como buen editor teológico, Marción crea su propio canon, por non decir el primo canon jesista: el evangelio de Lucas (con tijeras), diez epístolas paulinas (con filtros), et un manual clamado Antítesis, donde contrapone la ley del Demiurgo con la gracia del Dios verdadero. Esta audacia, por supuesto, obligó ad la Iglesia mayoritaria ad espabilarse et empezar ad definir su propio canon, porque si non, el heterodoxo les ganaba la partida editorial.

En cuanto ad su cristología, Marción se inclina por el docetismo: Jesús era divino, sí, pero humano… non tanto. Su cuerpo era una apariencia, una especie de holograma sagrado. Nihilo de carne, nihilo de sangre, nihilo de sufrimiento real. Para Marción, el Salvador non sudaba ni ploraba: flotaba.

Ahora bien, si uno busca escándalo, aquí hay poco. Los marcionitas non organizaban orgías, non bebían fluidos corporales, non sacrificaban bebés en la eucaristía. Las acusaciones de conductas indecentes que los Padres de la Iglesia lanzaban como proyectiles teológicos iban dirigidas ad otros partidos más… húmedos. Los Fibionitas, por ejemplo, con sus liturgias sexuales et su ingestión de semen et sangre menstrual como “cuerpo et sangre de Jesús”. Los Borboritas, que practicaban la comunidad de mujeres como si fueran bienes compartidos en el mercado. Et los Carpocratianos, que facían del incesto una escalera hacia el pleroma.

Los marcionitas, en cambio, eran más sobrios. Non ascéticos, pero tampoco libertinos. Non prohibían el sexo, lo cual ya era suficiente para que los proto-ortodoxos los miraran con sospecha. Et sí, hay una acusación contra Marción: que fue excomulgado por su propio padre —obispo, nihilo menos— por haber seducido ad una virgen. Pero incluso las fuentes admiten que eso suena más ad novela de despecho que ad dato histórico. Una leyenda, probablemente inventada por sus enemigos para añadir un toque de escándalo ad un hombre que, por lo demás, era más editor que seductor.

Et sin embargo, los papistas, se escandalizan. Non por los Carpocratianos, ni por los Borboritas, ni por los Fibionitas. Non. Se escandalizan por Marción. Porque rechazar el Antiguo Testamento, aunque sea con voto de castidad et canon propio, es para él la blasfemia definitiva. Como si cuestionar ad Tervagante fuera peor que beber sangre menstrual en una liturgia simoniana.

Así que sí, los marcionitas fueron divisivos, audaces, et teológicamente peligrosos. Pero si uno busca orgías, incesto ritual et mística lubricada, hay que mirar ad otro lado. Marción, al menos, tenía el decoro de escandalizar con nociones, non con fluidos. Et eso, en la centuría II, ya era bastante.

VIII. Otros grupos: demonios et magestros varios

Celso menciona sectas que invocaban demonios, seguían magestros diversos, et se sumergían en tinieblas doctrinales. Posiblemente valentinianos, basilideanos, et otros heterodoxos Acusados de incesto, antropofagia, et orgías. ¿Exageraciones? Tal vez. ¿Rumores gentiles? Probablemente. ¿Material para escándalo papista? Sin duda.

Así que non, Europa Ancestral. Celso non se escandalizaba por la virtud. Se escandalizaba por el carnaval teológico, por el desfile de sectas que convertían la salvación en desenfreno sexual, la ciencia en libertinaje, et la revelación en delirio. Et tú, en tu candor papista, crees que Celso simplemente non soportaba la castidad ¡Qué lectura tan inocente! Como si el Vero Verbo fuera una carta de despecho et non una denuncia filosófica.

Celso non face una crítica ad un "falso cristianismo" como tú dices, porque non había un "jesísmo" et menos "ortodoxo"; arremetía contra variantes reales, como los Montanistas, esa secta fanática que confundía con todos los jesístas, creyendo en profecías extáticas de Montano et sus "profetisas" Prisca et Maximila, proclamando el fin del mundo inminente et practicando ayunos extremos et éxtasis "espirituales" que rayaban en la locura colectiva –¡virtuosos envidiados, claro, por rechazar la razón et dividir comunidades! O los Valentinianos, seguidores de Valentín, con su cosmogonía de siglos (eones en greco) deales emitidos donde Sapiencia (Sofía en greco) cae et crea un demiurgo ignorante que nos atrapa en la materia; predicaban que la esciencia revelada liberaba, pero solo para "pneumáticos" elitistas, mientras los "hílicos" (materiales) estaban condenados –¡qué virtud, odiar el mundo como prisión et dividir a la humanidad en castas espirituales, evadiendo responsabilidades terrenales como el matrimonio o la guerra!

¡Et non olvidemos a los basilideanos, de Basílides, que veían al Creador como un ángel inferior et maligno, enseñando que el sufrimiento de Jesús era ilusorio (docetismo), et promoviendo una salvación por "esciencia" (gnosis) que incluía ritos mágicos con números y nombres secretos –¡enfermizo, creer que el mundo es un error ontologico et que procrear perpetúa el mal, dividiéndose en subgrupos que se excomulgaban mutuamente! O los Carpocracianos como vimos, presididos por Carpócrates, con creencias descabelladas como el libertinaje total: sexo promiscuo, comunismo de bienes et mujeres, et veneración de imágenes de filósofos gentiles junto ad Jesús –¡virtuosos, sí, practicando orgías para "liberar" el alma de la ley moral, evadiendo impuestos et servicio militar, et odiando ad otras sectas por "puritanas"! Celso los agrupaba en su crítica ad la división jesísta: "acusaba a los cristianos de rechazar la sabiduría y optar por una fe sin apoyo racional", destacando cómo se odiaban entre sí ¡Qué envidia debía sentir Celso por estos "virtuosos" que veían el mundo como cárcel de un genio maligno, rechazaban tener fijos para non "atrapar espíritus", huían del ejército como cobardes (¡nihilo que ver con caballeros medievales "virtuosos"!), et se multiplicaban en sectas como cual cancer, anatematizándose como en una orgía de odio mutuo!

¡Europa Ancestral, qué idiota eres! Celso non envidiaba; razonaba contra estas insanias irreligiosas, exponiendo cómo el jesísmo primitivo era un multitud de sectas antinomistas et anticósmicas–Ofitas con serpientes salvadoras, Simonianos con magia negra, Marcionitas anti-procreación, Montanista extáticos, Valentinianos elitistas, Basilideanos docetas (creían que Jesús no tuvo un cuerpo real, solo aparente, negando su sufrimiento y crucifixión. Sus ritos enfatizaban la "ilusión" del mundo material –¡envidiable "virtud", rechazar la realidad!), Carpocracianos libertinos–, todas condenadas por tu Iglesia pero "virtuosas" en tu lógica torcida ¡Sorna suprema! Tú defiendes una superstición que glorifica tales divisiones como "pruebas de fe", mientras tachas de envidioso ad un filósofo racional...

La falacia del "vera escocés" et la inexistencia de ortodoxia

El último cristiano murío en la cruz. Federico Nietzsche

La falacia del verdadero escocés es una joya lógica que los papistas pulen con devoción cada vez que se enfrentan ad los pecados de su propia historia ¿Qué un jesísta comete atrocidades? “Non era un vero cristiano” ¿Qué un papa bendice cruzadas sangrientas? “Non representaba el vero espíritu de Jesús.” ¿Qué una secta simoniana organiza orgías litúrgicas so el estandarte de Jesús? “Eso non es cristianismo auténtico.” ¡Ah, qué cómodo es el sillón del verdadero escocés!

La estructura es simple: se define un grupo con ciertas características, pero cuando un miembro del grupo actúa de forma inconveniente, se le excluye retroactivamente. “Ningún verdadero cristiano haría eso.” Es como decir: “Ningún verdadero escocés le pone azúcar a la avena.”  Et cuando aparece Hamish, escocés de nacimiento, con su cucharita de azúcar, se responde: “Bueno, entonces non es un verdadero escocés.” Fin del debate. Lógica evaporada. Identidad blindada.

Los papistas lo aplican con magestría. ¿Los carpocracianos? “Non eran verdaderos cristianos.” ¿Los marcionitas? “Heterodoxos, non cristianos.” ¿Los simonianos, borboritas, fibionitas, valentinianos? “Desviaciones sectarias, non parte de la Iglesia.” Et así, toda la historia incómoda queda fuera del marco. La Inquisición, las indulgencias vendidas, los abusos clericales… “Non representan el vero cristianismo.” Pero si alguien funda un hospital, da limosna o muere en silencio por su superstición, entonces sí: “Ese es el verdadero cristiano.”

Es una estrategia de pureza retrospectiva, donde el dogma se convierte en filtro moral. Todo lo que contradiga la imagen ideal se excluye por definición. Et Europa Ancestral, con su catecismo en mano, repite el mantra: “Eso non era vero.” Como si la autenticidad fuera una propiedad mágica que se activa sólo cuando conviene.

Pero claro, si uno aplica esta falacia ad cualquier otro partida—filósofos, gentiles, escoceses reales— se ve lo absurdo. ¿Ningún vero romano habría perdido una batalla? ¿Ningún vero filósofo habría dudado? ¿Ningún vero cristiano habría pecado? Entonces, ¿para qué existe la confesión?

Así que sí, amigos, la falacia del verdadero escocés es el escudo favorito del papismo cuando la historia se pone incómoda. Et como buen filósofo, uno la observa con una ceja arqueada, pensando: “Qué elegante manera de non responder.”

Ortodoxia: esa ironía que nasció después de la herejía

"No es exagerado afirmar que la diversidad de concepciones y creencias entre los seguidores de Jesús de las primeras generaciones era incluso mayor de la que existe en el cristianismo actual." Gerard P. Luttizhuiken, La Pluriformidad del Cristianismo Primitivo, pág. 13. Ediciones El Almendro, 2007.
Los cristianos discrepaban sobre la naturaleza misma de la verdad. Para los ortodoxos, quienes creían que la verdad solo podía llegar a través de los sucesores de los apóstoles, esta era estática e inmutable. Había sido revelada solo una vez en la resurrección. En consecuencia, pensaban que uno debía aprender de Dios solo a través de la Iglesia, no mediante la indagación personal ni la propia experiencia. La fe ciega se consideraba más importante que la comprensión personal. El obispo Ireneo advirtió que no se debían buscar respuestas «que cada uno descubre por sí mismo», sino aceptar con fe lo que la Iglesia enseña y que «puede ser comprendido de forma clara, inequívoca y armoniosa por todos». Escribió: «Si... no podemos encontrar explicaciones de todas esas cosas en las Escrituras... debemos dejar las cosas de esa naturaleza a Dios, quien nos creó, estando plenamente seguros de que las Escrituras son realmente perfectas». Tertuliano declaró:
¡No queremos ninguna disputa curiosa después de poseer a Cristo Jesús, ni ninguna inquisición después de disfrutar del evangelio! Con nuestra fe, no deseamos creer más. El lado oscuro del cristianismo, Helen Ellerbe.
Tú crees, Europa Ancestral, que el cristianismo primitivo era una sinfonía armónica, donde todos los creyentes cantaban el mismo credo? ¡Qué fantasía tan imperial! La realidad es mucho más caótica, más humana, más fascinante. En las centurias II et III, non era una ortodoxia universal. Lo que había era una constelación de comunidades, cada una con su propia interpretación, su propio evangelio, su propio Jesucristo.
A veces intervinieron consideraciones de oportunidad, por ejemplo cuando una creencia concreta predominaba en una región. En determinadas zonas del Asia Menor, de Grecia, de Macedonia, pero sobre todo en Edessa, en Egipto, desde el comienzo se predicó el cristianismo en variantes bastante alejadas de lo que luego sería tenido por “la ortodoxia” y, sin embargo, en ninguna de dichas regiones se dudaba de que aquello fuese el cristianismo legítimo. Y los creyentes mirarían con igual orgullo y desprecio a los llamémosles ortodoxos que éstos a ellos. Desde siempre toda tendencia, iglesia o secta, tiende a considerarse como la “verdadera”la “única”, el cristianismo auténtico.242 Es decir, en los orígenes de la nueva fe no hubo ni una “doctrina pura” en el sentido actual protestante, ni una Iglesia católicaHistoria criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener. 
Desde el punto de vista de la historia del pensamiento cristiano, «la victoria de la ortodoxia es el triunfo de la coherencia sobre la inco­herencia, de una cierta lógica sobre las lucubraciones fantasiosas, de una teología elaborada científicamente frente a unas doctrinas desorganizadas ... La ortodoxia se presenta vinculada a una institu­ción jurídica, a una sociedad que tiene su historia y su política. Pe­ro se muestra al mismo tiempo referida a un sistema de pensa­miento a una doctrina. Participa a la vez de la institución jurídica y de la teología».' Historia de las creencias y las ideas religiosas. Tomo 2, Mircea Eliade.

En algunas regiones, lo que hoy clamas “desviaciones” era la forma más antigua et dominante de jesísmos ¿Sabías que en ciertas zonas del Principado, los simonianos eran mayoría? ¿Qué los marcionitas tenían sus propias iglesias, sus propios obispos, sus propios textos sagrados? ¿Qué los ebionitas, que negaban la divinidad de Jesús, se consideraban los veros continuadores del moseojesismo de Jesús?

Ahora bien, el esquema “ortodoxia original contra herejía sobrevenida”, imprescindible para mantener la ficción eclesiástica de una tradición apostólica supuestamente ininterrumpida y guardada con fidelidad, no es más que un invento a posteriori y tan falso como esa misma doctrina de la tradición apostólica. El modelo histórico según el cual la doctrina cristiana, en sus comienzos, era la pura y verdadera, luego contaminada por los herejes y cismáticos de todas las épocas, “la teoría del desviacionismo, tan socorrida —como ha escrito incluso el teólogo católico Stockmeier, no se ajusta a ninguna realidad histórica”. Tal modelo no podía ser verídico de ninguna manera, porque el cristianismo en sus comienzos distaba de ser homogéneo; existía sólo un conjunto de creencias y principios no muy bien trabados. Aún “no tenía un símbolo de fe definido (una creencia cristiana reconocida) ni unas Escrituras canónicas” (E.R. Dodds).241 Ni siquiera podemos remitirnos a lo que hubiese dicho el propio Jesús, porque los textos cristianos más antiguos no son los Evangelios, sino las Epístolas de Pablo, que por cierto contradicen a los Evangelios en muchos puntos esenciales, para no mencionar otros muchos problemas de bastante trascendencia que se plantean aquí. Historia criminal del cristianismo I, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karl Heinz Deschner.

Et mientras tanto, tú insistes en que la ortodoxia fue siempre clara, siempre firme, siempre mayoritaria. Pero no, amigo mío. Las fronteras entre lo ortodoxo et lo heterodoxo eran borrosas, móviles, et muchas veces imposibles de trazar. En una misma ciudad podían coexistir varias comunidades cristianas, cada una con su propia teología, sin que nadie supiera cuál era la “correcta”. Porque no había una autoridad central, non había un canon definido, no había un dogma universal. Lo que había era debate, diversidad, disenso.
Como resultado de los actuales estudios, buena parte de los investi­gadores contemporáneos considera que la proto-ortodoxia fue simplemente una de las muchas interpretaciones del cristianismo que rivaliza­ban entre sí en la Iglesia primitiva, y que no era una interpretación obvia ni representaba la concepción original de los apóstoles. Éstos, por ejemplo, no enseñaron el Credo Niceno o cualquier cosa que se le pareciera sorprendentemente variado en sus manifestaciones teológicas. En apoyo de la tesis básica de Bauer: una valoración moderna de la diversidad del cristianismo primitivo. Quizá la principal prueba de esa amplia variedad sea la que nos pro­porcionan las propias fuentes proto-ortodoxas, lo qué no deja de ser de algún modo irónico. Eusebio y sus sucesores nos ofrecen extensas citas de estas fuentes, entre las que se incluyen los libros del Nuevo 'testa­mento, para demostrar que a cada paso sus precursores proto-ortodoxos se enfrentaron con éxito a los falsos maestros y sus seguidores he­ réticos. Sin embargo, lo que evitan señalar es que estos «éxitos» presuponen que la influencia de los falsos maestros en las primitivas co­munidades cristianas era amplia e, incluso, generalizadaCristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Ah, Europa Ancestral… tú que veneras la ortodoxia como si fuera una estatua eterna, tallada por los apóstoles en mármol celestial, ven, siéntate, et escúchame. Porque hoy fablaremos también de la gran ironía que sostiene tu fe: la ortodoxia non precede ad la herejía… la sigue como un perro obediente. Et si non me credes, pregúntale ad tu querido moro Agustín, ese charlatán con pretensión de filosofo, que tuvo la decencia —et la inteligencia— de admitirlo.

Hay aquí una apreciación positiva del hereje como estímulo de la ortodoxia y “oportunidad de aprender”, aunque se condene la herejía y la división a que da lugar no se somete al dictamen de la Iglesia. Dice Agustín en otro lugar que “las herejías no fueron suscitadas por hombres mediocres” (Enarratio in Psalmum 124,5). Las herejías dan a conocer en cada siglo la marcha de teología al proponer a la Iglesia cuestiones a las que hasta entonces no se había dado una respuesta autorizada. La culpa de los herejes consiste en rehusar aceptar la respuesta una vez que ha sido dada autorizadamente por la generalidad de la Iglesia. OBRAS ESCOGIDAS DE AGUSTÍN DE HIPONA TOMO II, Alfonso Ropero.

Agustín, sí, el mismo que combatió maniqueos, donatistas, pelagianos et arrianos con más entusiasmo que un gladiador en día de feria, reconocía que las herejías non fueron suscitadas por hombres mediocres. ¡Qué revelación! Non eran charlatanes, ni insanos, ni endemoniados, por lo menos la mayoría. Eran pensadores. Eran los que obligaban ad la Iglesia ad pensar, definir, responder. Porque antes de que haya ortodoxia, hay pregunta. Et antes de que haya ortodoxia, hay disidencia.

«Esta filosofía de origen cristiano no se puede confundir con una herejía cristiana, como parasitaria de un tronco primario proto-ortodoxo. El modo de pensar y conducirse de sus miembros, teniendo por centro la realidad oculta de Jesús el Salvador, el Resucitado, vencedor de la muerte, preexistía a las más antiguas acusaciones de adversarios y detractores [...] Mostraban asimismo un carácter intelectual cristiano propio ante los filósofos griegos. Los gnósticos han representado a una corriente de pensamiento de espirituales que es en realidad una teosofía completa, una sabiduría orgánica sobre lo divino en sus diferentes aspectos». F. García Bazán, La Biblioteca gnóstica de Nag Hammadi y los orígenes cristianos, págs. 229 y 239, Ed. El Hilo de Ariadna, 2013.  

Agustín lo dijo sin rodeos: las herejías dan a conocer la marcha de la teología. Son el motor que empuja ad la Iglesia ad dejar de repetir fórmulas y empezar a construir doctrina. ¿Et cuál es la culpa del hereje, según él? Non pensar distinto —eso esería demasiado moderno— sino non aceptar la respuesta oficial una vez que la Iglesia la formula. Es decir, el problema non es la pregunta, sino la terquedad ¡Qué conveniente!

Pero tú, Europa Ancestral, prefieres imaginar que la ortodoxia cayó del cielo como el maná, pura, perfecta, sin mácula. Como si los apóstoles hubieran redactado el Credo de Nicea entre panes et peces. Como si la Trinidad, la redención, el pecado original et la inspiración de las Escrituras hubieran estado claras desde el primer sermón ¡Por Júpiter, qué fantasía!

"...en la época del Apóstol [San Pablo] era fácil ver convivir niveles de comprensión doctrinal que no se oponían, sino que se complementaban, junto con otros que ya se descartaban, por considerarse minimizadores de la doctrina del Señor."  F. García Bazán, Gnosis la esencia del dualismo gnóstico, pág. 185. Ed. Castañeda, 1978.   

La historia, sin embargo, te contradice. Desde el principio, la Iglesia se vio rodeada de voces discordantes. Et en lugar de dialogar, respondió con intolerancia extrema. “No lo recibas en casa”, “no le ofrezcas saludo”, “huye del hombre hereje”. Juan, el apóstol del amor, huyó de un baño al ver ad Cerinto, por miedo ad que el techo se derrumbara. Ignacio de Antioquía los clamó “bestias con figura humana”. Eusebio decía que ni el verbo se les debía dirigir ¡Qué pedagogía!

Et sin embargo, fueron esas “bestias” las que obligaron ad Justino, Ireneo, Tertuliano, Hipólito, Epifanio et hasta Orígenes ad definir qué era el jesísmo. Ireneo escribió Adversus haereses para responder ad los simonianos. Hipólito catalogó 32 herejías, como si fuera un entomólogo de la superstición. Epifanio redactó su Panarion, ese cajón de boticario donde metía hasta las sectas priores ad Jesús. Et Orígenes, que luego esería condenado, debatía con herejes para evitar que los fieles buscaran respuestas fuera de la Iglesia.

¿Et qué fizo Agustín? Combatió el maniqueísmo, que él mismo había abrazado durante nueve años. Enfrentó ad los donatistas, ad los pelagianos, ad los arrianos. Et en cada caso, la herejía lo obligó ad pensar mejor, ad afinar su teología, ad desarrollar "argucias" que hoy tú repites. Su De haeresibus es un catálogo de doctrinas que, lejos de destruir el jesísmo, la obligaron a definirse.

Así que non, Europa Ancestral, la ortodoxia non es el origen. Es el resultado. Es la respuesta tardía ad preguntas incómodas. Es el muro que se construye después de que el incendio ha revelado las grietas. Et tú, que la idolatras como si fuera eterna, deberías saber que sin heterodoxia, non habría ortodoxia. Porque la doctrina  non nasce del consenso, sino del conflicto.

Et si eso te incomoda, recuerda que incluso Agustín lo sabía. Él, que tú veneras, entendía que el papismo se afila en el choque de nociones, non en el silencio de la obediencia. Así que guarda tu anatema, papista. Porque mientras tú condenas al que pregunta, la historia celebra al que obliga ad responder.

Et los dioses, desde sus tronos de mármol, sonríen. Porque ellos, al menos, nunca temieron ad la disidencia.

El canon... non es canónico.

¿Et qué hay del canon de las Escrituras? ¡Non era! Los jesistas de la centuría I non tenían un Nuevo Testamento. Las epístolas de Saulo circulaban como cartas privadas. Los evangelios non se citaban como "La Santa Biblia" hasta bien entrado la centuría II. La noción de “Nuevo Testamento” como colección sagrada non apareció hasta el año (192 E.V.), et non se fijó oficialmente hasta el Concilio de Trento… ¡en la centuría XVI! ¡Dieciséis centurias después del Rabino Jesús! ¿Et aún tienen el descaro de fablar de “tradición apostólica”? Incluso ad principios del siglo IV, el obispo Eusebio de Cesárea (conocido como el "padre de la historia eclesiástica"), aún categorizaba los libros del Nuevo Testamento según su nivel de aceptación, distinguiendo entre libros "reconocidos" por todos et otros sobre los que había "profundas discrepancias".

En el tercero de los diez volúmenes de su obra, Eusebio declara su intención de «enumerar los escritos del Nue­vo Testamento» (Historia eclesiástica 3.25.1). Para hacerlo, propone cua­tro categorías de libros. La primera comprende lo que denomina libros «reconocidos», esto es, aceptados por todos los bandos dentro de la tra­dición ortodoxa (la única en la que está interesado en esta parte de su obra): los cuatro evangelios, Hechos, las (catorce) epístolas paulinas (Eu­sebio incluye Hebreos), la Primera Epístola de Juan, la Primera Epístola de Pedro y, «si en verdad parece correcto», sostiene, el Apocalipsis de Juan. Como han señalado algunos expertos, Eusebio contradice aquí sus propias categorías, puesto que el Apocalipsis de Juan aparece como uno de sus libros «reconocidos» pese a no ser admitido por todos los cristia­nos; Eusebio continúa señalando que «ofreceremos diferentes opiniones [sobre el Apocalipsis de Juan] a su debido tiempo». Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Las auctoridades del jesísmo primitivo eran la libros apocrifos como posteriormente los canónicos del posterior Antiguo Testamento, los verbos de Jesús, la tradición oral et el Espíritu Santo. Sí, ese Espíritu que fablaba ad través de profetas comunitarios, que inspiraba sin necesidad de escritos supersticiosos ¿Et qué fizo la Iglesia con esa espontaneidad? La aplastó. La reemplazó por decretos, concilios, cánones et anatemas.

Porque cuando el fin del mundo non plegó, cuando la escatología se desvaneció, el jesísmo tuvo que institucionalizarse. Tuvo que inventar una historia. Tuvo que decir que el “depósito de la fe” fue entregado de una vez por todas a los apóstoles, como si Jesús hubiera dictado un catecismo entre milagro et milagro. Et ese depósito, por supuesto, debía conservarse incólume, sin cambios, como si la historia non fuera.

¿Et cómo se consolidó esa tradición? Con ayuda del derecho romano, por supuesto. Con el estatuto del augusto. Con la idea de la plenitudo potestatis, que convirtió al papa en un Príncipe espiritual ¡Qué ironía! El jesísmo, que nasció como movimiento marginal, terminó adoptando la burocracia del Principado que lo persiguió ¡Bravo!

Por Júpiter Tonante, por Minerva Sapientísima, por el fuego eterno de Vesta… ¿Qué es esta colección de pergaminos que los jesístas claman “Biblia”? ¿Un códice divino? ¿Una revelación celestial? ¡Pamplinas! ¡Ni el propio Jesús conoció tal cosa!

Vosotros, papistas como Europa Ancestral, venís con aire solemne, proclamando que la Biblia debe eser entendida por la tradición et el magisterio de vuestra Iglesia ¡Qué gloriosa contradicción! ¿Acaso non sabéis que esa misma Biblia fue ensamblada por concilios humanos, centurias después de que vuestro rabino muriera clavado en madera?

En tiempos del Nazareno, non era tal canon. Non había Antiguo ni Nuevo Testamento encuadernado en cuero. Lo que había eran rollos dispersos, leyendas orales, salmos cantados en sinagogas polvorientas, et profecías que vagaban como mendigos entre los escribas ¿Et clamáis ad eso “Palabra de Dios”? ¡Por Neptuno, ni los augures de Roma se atreverían a tanto!

Jesús, ese profeta de Judea, citaba la Ley et los Profetas, sí… pero también los Salmos, et textos que hoy vuestra Iglesia clama apócrifos ¿Non sabéis que Judas, vuestro propio apóstol, cita el Libro de Enoc et la Asunción de Moisés? ¿Non sabéis que vuestros evangelistas bebieron de fuentes orales, de tradiciones helenísticas, de escritos que circulaban entre los esenios y los judíos alejandrinos?

¿Et qué de vuestra “Ley”? ¿Creéis que era solo el Pentateuco? ¡Insensatos! En Qumrán, los fijos de la luz leían Jubileos como si fuera revelación. En Alejandría, los rabinos veneraban Sabiduría de Salomón et Eclesiástico. La Ley non era un códice cerrado ni un Pentateuco, sino una tradición viva, mutable, como las predicciones de la Sibila.

Pero vos, papistas, queréis encerrar a los dioses en páginas numeradas. Queréis que el Intelecto se someta al índice. Decís que la Iglesia interpreta la Biblia, pero fue la Iglesia quien la compiló, quien la canonizó, quien excluyó los textos que non servían a su "verborrea" ¿Et clamáis a eso revelación? ¡Por Marte, eso es decepción!

Jesús nunca dijo: “Creed en la Biblia.” Nunca repartió volúmenes en las plazas. Nunca ordenó a sus discípulos que escribieran evangelios. Lo que dejó fue sermón vivo, gesto, presencia. Et vosotros la habéis encuadernado, sellado, et puesto so clave.

¡Oh, qué ironía! Vuestra superstición se basa en un libro que non era cuando nasció vuestra superstición. Vuestra auctoridad se apoya en un canon que fue definido por hombres, no por dioses. Et aún así, os atrevéis a mirar con desprecio los textos de los antiguos, los carmenes de Orfeo, los versos de Homero, las enseñanzas de Pitágoras, como si vuestra revelación fuera superior.

¡Oh, Europa Ancestral! Tú, que ondeas tu Biblia como si fuera el cetro de Júpiter, vienes a decirnos que debe eser entendida por la tradición et el magisterio de la Iglesia ¡Qué gloriosa ironía! Porque ni la Biblia era en tiempos de Jesús, ni Jesús pidió jamás que se creyera en ella. Et lo que es peor —¡por los rayos de Jove!— él mismo maldijo a quienes pusieran su fe en hombres.

¿No recuerdas, tú que te clamas seguidor de él, que el Nazareno dijo: “Maldito el hombre que confía en el hombre”? (Jeremías XVII:V) ¿Et qué es el magisterio sino un desfile de hombres con mitra y báculo, que se proclaman intérpretes exclusivos de una palabra que no escribieron?

Pero lo más sublime —¡oh, qué ironía!— es que la misma Biblia confiesa que non lo cuenta todo ¿Non has leído el final del Evangelio joánico?

“Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.” — Juan XXI:XXV

Jesús non escribió. Non dejó tratados. Non dictó dogmas. Non fundó una editorial. Lo que dejó fue sermón vivo, parábola, gesto, silencio. Et vos, papistas, habéis encuadernado su memoria, la habéis sellado con lacre, et la habéis puesto so custodia de obispos que se creen más sabios que Minerva.

¿En serio vais a insistir con vuestra bibliolatría, cuando el propio texto que adoráis admite que non contiene toda la verdad? ¿Non veis que Jesús non dejó tratados, ni pidió que se escribiera su biografía, ni canonizó ningún libro?

Vos habéis reemplazado al hombre por el manuscrito, al verbo por el versículo, al espíritu por el canon. Jesús non dijo “creed en la Biblia”, dijo “el que cree en mí…” — et eso, incluso en Marcos, se manifiesta en la fe viva que transforma, non en la letra muerta que encadena.

¿Et qué Biblia veneráis? ¿La que fue canonizada en el siglo IV por Atanasio? ¿La que fue oficializada en el siglo XVI por el Concilio de Trento? ¿La que excluyó textos que los primeros cristianos consideraban sagrados? Porque si vamos ad fablar de Escritura, fablemos claro: Judas, vuestro apóstol, cita el Libro de Enoc et la Asunción de Moisés. Los Padres Apostólicos reverenciaban 4 Esdras, Henoc, Eldad et Modad.¿Et vosotros los clamáis apócrifos? ¡Por Marte, eso es revisionismo!

Jesús, aunque non citó directamente esos textos, vivía en un mundo donde se leían. Su enseñanza sobre los enemigos, sobre la perfección divina, sobre los dos caminos… todo eso aparece en la Regla de la Comunidad de Qumrán ¿Et qué facéis vosotros? Lo atribuís a una revelación exclusiva, ignorando que ya circulaba entre los esenios et los sabios del desierto.

¿Et qué hay de los Evangelios apócrifos? El de Tomás, el de Felipe, el de Pedro, el de Nicodemo… todos ellos recogen dichos et relatos que los primos jesístas consideraban valiosos. Algunos muestran a Jesús confesando su pecado, otros lo presentan descendiendo al Abismo, otros lo muestran como maestro de sacramentos ¿Et qué facéis vosotros? Los quemáis, los censuráis, los ridiculizáis. Porque non encajan en vuestra verborrea.

Pero lo más sublime —¡oh, qué ironía!— es que vosotros, que decís seguir ad Jesús, habéis construido una religión sobre un libro que él nunca pidió que se escribiera. Habéis edificado templos sobre textos que él nunca canonizó. Habéis puesto vuestra fe en hombres que se arrogan el derecho de interpretar lo que ni siquiera presenciaron.

Jesús non dijo: “Canonizo la Biblia, et creed en tal porque es el verbo de Dios.” Dijo: “Creed en mí.” Et vos habéis reemplazado ad el rabino por el manuscrito, ad el sermón por el versículo, ad el espíritu por el canon ¡Por los dioses, qué tragedia!

Los libros extracanónicos... cuando el libreto los directores non se ponen de acuerdo

Ah, el canon del Nuevo Testamento… ese glorioso catálogo de libros sagrados que, según algunos, descendió de Cielo ya encuadernado, con índice temático et prólogo firmado por el Espíritu Santo. Qué reconfortante sería pensar que todo fue tan claro, tan ordenado, tan divinamente inspirado. Pero non, amigo mío. La realidad fue mucho más humana, más caótica, et francamente, más divertida si uno tiene sentido del humor.

Porque la formación del canon fue un proceso largo, complejo et pleno de disputas que harían palidecer ad cualquier comité editorial moderno ¿Quién entra? ¿Quién se queda fuera? ¿Quién escribió qué? ¿Et por qué ese texto que todos leían con devoción terminó en la papelera teológica?

Tomemos el Apocalipsis de Jesucristo, escrito por un tal Juan, por ejemplo. Ese libro que parece escrito por alguien que mezcló vino con visiones. Fue aceptado, luego dudado, luego medio aceptado otra vez. Eusebio de Cesárea, el gran curador de textos papistas, lo clasificó como “reconocido” pero también como “espurio”. Una especie de “sí, pero no”, “quizás, si no molesta”. Et en Oriente, no lo aceptaron del todo hasta el siglo X. Diez siglos para decidir si las bestias con múltiples cabezas eran inspiración divina o simple exceso de imaginación.

La segunda categoría la componen los libros «disputados», es decir, los escritos que podrían muy bien ser considerados canónicos pero cuyo estatus es todavía objeto de debate. En este grupo Eusebio incluye la Epístola de Santiago, la Epístola de Judas, la Segunda Epístola de Pe­dro y la Segunda y Tercera Epístolas de Juan. Eusebio menciona a continuación los libros que considera «espu­rios», una palabra que por lo general significa «falsificado», pero que en este contexto parece ser empleada en el sentido de «no auténtico, aun­ que en ocasiones considerado canónico». Estos libros incluyen los He­chos de Pablo (reacuérdese lo que Tertuliano decía de las historias sobre Pablo y Tecla), el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, la Carta de Bernabé, la Doctrina de los Doce Apóstoles (Didaché) y el Evangelio de los Hebreos. De manera un tanto extraña, Eusebio también incluye en este grupo, «si parece correcto», el Apocalipsis de Juan, que uno espera­ría encontrar no entre los libros «espurios» sino entre los «disputados». Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

La Epístola a los Hebreos tampoco lo tuvo fácil. Non fue escrita por Saulo, pero como tenía buen contenido, se le fizo la vista gorda. Non aparece en el Canon de Muratori, pero Eusebio la mete entre las epístolas “reconocidas”. ¿La razón del rechazo inicial? Que su autoría era dudosa et sus enseñanzas demasiado estrictas. Porque claro, ¿Quién quiere un texto que diga que non hay arrepentimiento posible después de caer? Eso non vende bien en las homilías.

Et luego está la Segunda de Cefas, que los universitarios actuales consideran cuasi unánimemente una falsificación. Dídimo el Ciego, que non veía pero entendía mejor que muchos, la clamó “falsificación”. La iglesia siria la excluyó. Pero ahí está, en nuestras Biblias, como si nihilo. Porque ad el parecer, la ortodoxia tiene memoria selectiva. 

Numerosos académicos han asegurado de forma irreflexiva que la carta de Atanasio representa el «cierre» del canon y que a partir de ella cesaron las disputas sobre qué libros debían ser incluidos en él. Sin em­bargo, la verdad es que los debates y las diferencias de opinión conti­nuaron, incluso en la propia iglesia de Atanasio. Por ejemplo, Dídimo el Ciego, famoso maestro en la Alejandría del siglo iv, afirmó que la Se­gunda Epístola de Pedro era una «falsificación» que no debía ser incluida dentro del canon. Además, Dídimo mencionaba otros libros como sagradas autoridades, entre ellos el Pastor de Hermas y la Carta de Ber­nabé. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Las cartas de Jacobo, Judas, Segunda et Tercia de Juan también fueron disputadas. Eusebio las clasificó como tales. Tertuliano ignoró ad Santiago. Judas fue ignorado por los sirios. Et las cartas  de Juan, tan breves que parecían notas de agradecimiento, fueron rechazadas por falta de uso. Porque claro, si non se lege en todas las iglesias ¿Cómo va ad eser católico?

c) Católico: para ser aceptados en el canon proto-ortodoxo un libro tenía que gozar de un uso generalizado entre las iglesias «esta­blecidas». En otras palabras, los libros canónicos debían ser ca­tólicos, el término griego para «universal». De ahí la forma eva­siva en que el Canon de Muratori se refiere al estatus del Apocalipsis de Pedro. El autor parece favorecer su inclusión en el canon, pero reconoce que otros miembros de la comunidad proto-ortodoxa no aceptan «que sea leído en la iglesia» (es decir, como autoridad sagrada, en oposición a los materiales de la lite­ratura devota). Una de las razones por las que las breves epísto­las «católicas» (la Segunda y Tercera Epístolas de Juan, la Segunda Epístola de Pedro, la Epístola de Judas) tuvieron tantas dificultades para ser aceptadas en el canon es que su uso no esta­ba generalizado. Al final, sin embargo, se juzgó que habían sido escritas por los apóstoles y los problemas planteados por su poco uso relativo fueron superados. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Pero lo más jugoso viene con los libros que fueron considerados sagrados et luego descartados como si fueran borradores mal escritos. El Pastor de Hermas, por ejemplo, fue citado por Clemente, Ireneo, Orígenes, et hasta por Tertuliano antes de volverse montanista. Pero luego fue tachado por eser “demasiado reciente”. Como si la inspiración divina tuviera fecha de caducidad.

La gran estima de que gozaron estos escritos en el cristianismo antiguo se refleja sobre todo en el hecho de que casi todos ellos fueron contados entre los libros inspirados o sagrada Escritura y puestos en la lista de libros canónicos o tenidos por normativos en muchas comunidades cristianas. La Primera Carta de Clemente fue temporalmente una parte integrante del canon neotestamentario en las iglesias egipcia y siria. El Pastor de Hermas estuvo durante siglos en el canon de muchas iglesias. Clemente de Alejandría no se cansa de citarlo como libro inspirado. Otro tanto hacen Ireneo y Orígenes, aunque ésta ya constata que “el pequeño libro del Pastor parece ser despreciado por algunos” (De principiis, IV, 1,11). Obras escogidas de los Padres Apostólicos, Alfonso Ropero.

La Carta de Bernabé fue tan popular que aparece en el Codex Sinaiticus. Pero Eusebio la clamó “espuria” et Dídimo la dejó fuera del canon. El Evangelio de Cefas, con su cruz parlante et su resurrección digna de efectos especiales, fue venerado en Siria… hasta que Serapión lo prohibió por sospechas de herejía. Porque claro, si Cefas non lo escribió, entonces non cuenta. Aunque ningún hombre puede probar que Pedro escribiera nihilo.

El Apocalipsis de Pedro estuvo a punto de entrar. El Canon de Muratori lo aceptaba, pero algunos cristianos no querían leerlo en público. Eusebio lo tachó. La Didaqué, ese manual práctico de vida jesísta, fue considerado canónico por algunos, pero luego relegado al rincón de los textos “espurios”. Los Hechos de Pablo y Tecla, que mostraban a una mujer predicando, fueron descartados por razones obvias: demasiado progresistas para el siglo II.

No obstante, también hubo otras revelaciones que no lograron entrar en el canon, entre ellas una supuestamente ofrecida a Pedro y descrita en el Apocalipsis de Pe­dro, la visita guiada al cielo y el infierno que hemos comentado en el primer capítulo y que, como luego veremos, estuvo a punto de ser in­cluida en el Nuevo Testamento. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

La Prima de Clemente fue canon en Egipto et Siria, pero luego desapareció del repertorio oficial. Et la Sabiduría de Salomón, que el Canon de Muratori incluye, tampoco sobrevivió el corte final. Porque ad el parecer, la sabiduría también puede eser demasiado incómoda.

¿Et cómo se decidía todo esto? Con criterios tan flexibles como una regla de goma. Antigüedad, apostolicidad, universalidad et ortodoxia. Pero claro, muchos textos eran anónimos et se les atribuyó auctoría apostólica después. La universalidad dependía de qué iglesia preguntaras. Et la ortodoxia… bueno, esa se definía en tiempo real, según quién ganara el debate.

Finalmente, en la centuría IV, Atanasio de Alejandría publicó su epístola pascual con los 27 libros que hoy cognoscemos. Agustín Hiponense lo respaldó, los sínodos lo ratificaron, et el canon se cerró. Pero non sin antes pasar por centurias de indecisión, disputas, exclusiones et contradicciones.

Así que la próxima vez que alguien te diga que el Nuevo Testamento es el Verbo de Dios, eterna e inmutable de Dios… recuérdale que hubo un tiempo en que la cruz fablaba, las mujeres predicaban, et los obispos non se ponían de acuerdo ni para decidir qué leger en misa. Porque cuando el libreto se escribe entre humanos, hasta lo divino necesita edición.

Yo, fijo del Mundo, prefiero la sabiduría de los antiguos. Prefiero los carmenes órficos, los sacramentos eleusinos, las doctrinas de Pitágoras, que non necesitan concilios para eser eternos. Prefiero ad Júpiter, que non exige que su verbo sea interpretada por burócratas. Prefiero ad Minerva, que non necesita delirios para iluminar la mente.

Así que quedaos vuestra “Santa Biblia”, papistas. Jesús non la cognosció. Non la pidió. Non la canonizó. Et si volviera hoy, quizás os diría: “¿Por qué confiáis en hombres que escribieron sobre mí siglos después, et me claman Dios sin entender mi sermón?”

"Los Testamentos" apócrifos...

Ah, Europa Ancestral… tú que pronuncias “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías eternas, grabadas en piedra por el mismísimo dedo de Dios, permíteme recordarte que hasta eso —sí, incluso eso— fue una invención tardía. Porque non, non fue Jesús quien dividió las Escrituras en dos volúmenes con índice temático. Non fue Cefas quien dijo “esto es la primera parte, et lo que viene es la secuela”. Fue Clemente de Alejandría, ese pensador jesísta de la centuría II, quien por primera vez se atrevió a usar la designación de “Antigua et Nueva Alianza”, o como tú prefieres clamarlo, “Testamento”.

Clemente es el primero en utilizar la designación Antigua y Nueva Alianza o Testamento. Obras Escogidas de Clemente de Alejandría, Alfonso Ropero. 

¡Qué ironía! El término que hoy usas para delimitar la revelación divina fue acuñado por un hombre que vivía en medio del caos doctrinal, cuando el jesísmo aún non sabía si debía abrazar ad Moisés o borrarlo del mapa. Et mientras tú defiendes esa división como si fuera parte del ADN teológico, resulta que fue una estrategia editorial, una forma de organizar el desorden, non una revelación celestial.

Pero volvamos ad Clemente. Él non eliminó el Antiguo Testamento, non. Lo reclasificó. Lo clamó “Antigua Alianza”, et al conjunto emergente de textos jesístas, “Nueva Alianza”. Una jugada semántica brillante: non se trata de borrar, sino de relegar. Et así nasció la noción de que el Antiguo Testamento es la umbra, y el Nuevo, la luz. Que el primo es promesa, et el segundo, cumplimiento. Que uno es figura, et el otro, realidad.

Esta idea fue retomada et perfeccionada por Agustín Hiponense, ese titán de la superstición que tú veneras con devoción. Agustín usó los términos “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías naturales, pero non lo eran. Eran constructos teológicos, ferramientas para establecer un orden doctrinal. Para él, el Antiguo Testamento contenía el Nuevo de forma velada, et el Nuevo revelaba el Antiguo. Pero non eran iguales. El Nuevo tenía prioridad. El Nuevo era superior. El Nuevo era la clave hermenéutica que justificaba todo lo prior.

Et así, lo que comenzó como una etiqueta útil en boca de Clemente se convirtió en una estructura doctrinal, una forma de legir la historia como una progresión divina. Pero non fue revelación. Fue interpretación. Fue teología en construcción.

Así que la próxima vez que digas “Antiguo Testamento” et “Nuevo Testamento” como si fueran categorías eternas, recuerda que hubo un tiempo en que non existían. Que fueron inventadas, discutidas, redefinidas. Que incluso los términos que usas para defender tu superstición son producto de la historia, non de la eternidad.

Et si eso te incomoda, Europa Ancestral, entonces bienvenido ad el mundo real. Aquí, hasta el papismo tiene fecha de nacimiento.

Por los dioses, que esta verdad resuene en el Foro, en el templo, et en cada rincón donde aún se honra la razón.

La respuesta es que no había Nuevo Testamento. Aunque es cierto que para el siglo II los libros que finalmente serían incluidos en el Nuevo Testamento habían sido escritos, éstos no habían sido reunidos en un canon reconocido y autorizado. Todos los evangelios que llegarían a ser incluidos en el Nuevo Testa­mento fueron escritos de forma anónima, y sólo tiempo después seles darían los nombres de sus presuntos autores: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Sin embargo, en la época en que estos nombres empezaron a uti­lizarse para designar los libros que luego se convertirían en los evange­lios canónicos, existían otros evangelios, textos sagrados que eran leí­ dos y venerados por diferentes grupos cristianos a lo largo y ancho del mundo: existía, por ejemplo, un evangelio que aseguraba haber sido es­crito por el discípulo más cercano a Jesús, Simón Pedro; otro por su apóstol Felipe; uno supuestamente escrito por su discípula María Magdalena, e incluso uno compuesto por su propio hermano gemelo, Dídimo Judas Tomás. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Non había canon fijo, ni Nuevo Testamento unificado. Ehrman subraya que los evangelios canónicos circulaban junto ad textos como el Evangelio de Tomás, que predicaba salvación por autoconocimiento, o la Pistis Sophia, con sus eones et arcontes cósmicos ¡Tu supuesta "ortodoxia" era solo una facción entre muchas, Europa Ancestral, et su triunfo fue una imposición de potencia, non una verdad revelada! La distinción entre "herejía" et "ortodoxia" surge tardíamente, et Roma, con su arrogancia, reescribió la historia, destruyendo textos "heréticos" para imponer su narrativa. Celso lo vio claro: los jesistas eran un "fervidero de revueltas" (stáseis), divididos et subversivos, et esto veremos con más profundidad

Así que non, Europa Ancestral, non me trago tu argumento. La Biblia non es palabra de Dios. Es verbo de un genio del desierto que engañó ad Moisés et a tantos otros. Et si queremos recuperar la dignidad del pensamiento, debemos volver ad los dioses que non temen la razón. Ad los dioses que non necesitan captivos, sino cives libres. Ad Júpiter, ad Minerva, ad Apolo. Ad los veros principes del mundo.

Porque si la verdad importa, entonces non basta con repetir lo que dice la tradición. Hay que leger, cuestionar, et sobre todo, desconfiar de quienes se arrogan el derecho exclusivo de interpretar lo que nunca fue suyo.

Herejía... cuando elegir es pecado

Ahora bien, este vocablo, «hereje», así como el sustantivo «herejía», no significaban en tiempos de la predicación de Jesús lo mismo que hoy día. Ni mucho menos. Una «herejía» (griego haíresis) era en el siglo I —si se trataba del mundo pagano— una «escuela» filosófica con sus opiniones e ideas específicas sobre el universo, el hombre, la sociedad o la moral. En el mundo judío una «herejía» era ante todo una secta, un «partido» o una denominación de un grupo religioso: los fariseos, saduceos o esenios formaban, cada uno de ellos, una haíresis (Hch 5, 17 6). Había una inmensa diferencia de pensamiento teológico entre un fariseo y un saduceo, y, sin embargo, todos se consideraban judíos leales. Por tanto, haíresis no debería traducirse en este momento por «herejía», so pena de entender mal el vocablo. Al principio de su «conversión», Pablo de Tarso se había cambiado simplemente de la haíresis de los fariseos a la de los «nazarenos». Los Cristianismos Derrotados, Antonio Piñero.

Ah, Europa Ancestral… tú que te envuelves en el manto de la ortodoxia como si fuera toga imperial, ven, siéntate, et escucha la voz de un farfán que aún conversa con los dioses en los atrios del pensamiento. Porque hoy fablaremos de ese verbo que tanto te gusta gritar desde tu púlpito: herejía. Esa etiqueta que lanzas como jabalina contra todo aquel que osa pensar distinto Pero dime, ¿sabes siquiera lo que connota?

Esta tesis fue criticada en 1934 por Walter Bauer. El sabio alemán observa ante todo que la posición herejía-ortodoxia se precisa muy tarde, a comienzos del siglo II. El cristianismo primitivo era ya muy complejo y admitía expresiones múltiples y variadas. De hecho, las primeras formas que adoptó el cristianismo se aproximaban más a las que pasado algún tiempo se considerarían heréticas. Walter Bauer llega a la conclusión de que tres grandes centros cristianos —Edesa, Alejandría y Asia Menor— eran heréticos en los dos pri­meros siglos; la ortodoxia no se introdujo hasta más tarde. El único centro ortodoxo desde el primer momento fue Roma. En conse­cuencia, la victoria de la ortodoxia en la Antigüedad equivale al triunfo del cristianismo romano. «De este modo, en un cristianismo primitivo de formas fluidas y múltiples, de corrientes diversas y a ve­ces opuestas, Roma logra fijar una forma particular que toma el nombre de ortodoxia porque ha logrado imponerse y frente a la cual serán calificadas de heréticas las demás tendencias.» Historia de las creencias y las ideas religiosas Tomo II, Mircea Eliade.

El verbo herejía proviene del greco héresis. Sí, del greco, esa lengua que dio a luz ad Sócrates, ad Platón, ad el Verbo de Occidente. Et héresis, querido papista, non significaba “error” ni “blasfemia”. Non. Significaba elección. Opinión elegida. Escuela de pensamiento. Partido. ¿Te suena familiar? Es lo que ocurre cuando los hombres libres piensan, debaten et deciden. En la centuría I, los fariseos, los saduceos, los esenios… todos eran héresis dentro del mosaísmo. Incluso tu querido Saulo de Tarso cambió de la héresis de los fariseos ad la de los jesístas ¡Et nihilo lo quemó por ello!

La historia de la palabra hairesis en la época helenística ha sido estudiada por J. Glucker, Antiochus and the Late Academy, Hypomnemata 56, Goyinga, 1978. Alain le Boulluec hace su síntesis en La Notion d'hérésie dans la littéra-ture grecque, ll-H!e siècles, t. I, De Justin à Irênée, Paris, Études augustiniennes, 1985, págs. 41-51- De esa investigación se desprende que Josefo emplea hairesis con el significado que tiene en su época en la lengua griega. Ese término no designa una «secta», en el sentido religioso del término, sino «una escuela de pensamiento» que posee una «doctrina» específica. Por otro lado, es de notar que Josefo emplea igualmente otros términos para calificar a los cuatro grandes movimientos internos al judaismo, como amplía el calificativo de hairesis a otros grupos o movimientos (véase sobre el tema Jean Le Moyne, Les Sadducéens, París, Gabalda, 1972, pág. 33). Si muestra una preferencia por hairesis, significa probablemente que Josefo pretende desplazar ciertos aspectos del judaismo palestino hacia el terreno de la filosofía, políticamente menos problemático y más cercano a la situación de los judíos en el momento en que escribe. Pero, como escribe desde un lugar que es institucional y externo al judaismo (Roma), podemos estimar que las categorías de filosofía y de hairesis son, en su pensar es una «religión», y retomando — sin darse cuenta— el resultado de un juego de traducción que pretende que hairesis se traduce en latín por secta —que da igualmente «secta» en español—, denominan «sectas» a lo que Flavio Josefo llama hairesis, haciendo así aún más opaca la comprensión de la realidad judía. De ahí, esa traducción errónea se amplía al movimiento cristiano original, puesto que el autor de los Hechos de los Apóstoles —que escribe prácticamente en la misma época que Josefo— dice que ese movimiento es calificado por los demás —algo que ahora ya comprendemos— de hairesis, de «escuela de pensamiento» particular ( Hch 24,5 y 14; 28,22). La invención de Cristo, Maurice Sachot.

Pero claro, eso fue antes de que tu Iglesia decidiera que pensar era peligroso. Prior de que Ignacio de Antioquía, ese obispo con vocación de censor, tomara el verbo héresis et lo convirtiera en sinónimo de “falso”, “pervertido”, “sin fundamento” ¡Qué transformación tan útil! De elección libre ad crimen religioso. De escuela de pensamiento ad sentencia de muerte. Porque eso es lo que fizo tu iglesia, Europa Ancestral: convertir la libertad en pecado.

Et así nasció el herético: el que elige. El que non repite. El que non se arrodilla por la superstición sin antes preguntar. Et tú, con tu cruz en alto y tu índice acusador, lo llamas peligroso, lo excomulgas, lo anatematizas, lo quemas. Porque en tu mundo, tener una opinión distinta es obsceno. Es obscurantismo, sí, pero disfrazado de santidad.

¿Non ves lo absurdo? Pretender que héresis significa desviación de una verdad establecida, cuando en las primas centurias non había tal dogma establecido. El jesísmo era un mosaico de voces, de evangelios, de doctrinas. Non había canon, ni monoepiscopado, ni ortodoxia. Había disputa, diversidad, fermento. Et tú, centurias después, vienes ad decirnos que todo eso fue falsedad ¡Como si la historia fuera tuya! 

Era [el jesísmo] una secta judaica separada de su religión madre, el judaísmo, el segundo paso principal de cuya evolución fue su constitución en comunidades cristianas bajo la dirección de Pablo, y no sin fuertes polémicas con los más primitivos cristianos, los apóstoles oriundos de Jerusalén. Luego, durante la primera mitad del siglo II, se constituyó la Iglesia de Marción, que llegó a extenderse por todo el Imperio romano y seguramente sería más internacional que la católica ortodoxa; ésta no empezó a cristalizar hasta la segunda mitad del siglo y, salvo las creencias religiosas básicas, lo adoptó casi todo de Marción, creador además del primer Nuevo Testamento. Si hemos de creer a la communis opinio, la Iglesia católica primitiva surgió entre los años 160 y 180. Las comunidades que hasta entonces habían vivido con relativa independencia buscaron una vinculación legal más estrecha, así como la unificación doctrinal, con objeto de poder discriminar quién era “verdadero creyente” y quién no. Pero tampoco estas Iglesias atesoraban una “ortodoxia” definida e invariable; reinaba por aquel entonces una flexibilidad que hoy nos parece extraña. Pronto surgirían “herejías” y “herejes” cada vez en mayor número y más frecuentes, pero no procedentes del exterior “como quiere la leyenda” (V. Soden); el sentido del movimiento herético era más bien de dentro hacia afuera. Al ser destruidos casi todos sus escritos, apenas tenemos de estos primeros movimientos alguna noticia parcial, deformada y, a menudo, totalmente falsa. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.

La anatematización de la heterodoxia non es defensa de la verdad, es defensa de la potestad. Es el grito del que teme perder el control. Porque si el herético piensa, otros pueden pensar. Et si otros piensan, el dogma se tambalea. Así que mejor condenarlos. Mejor clamarlos enemigos. Mejor borrar su nombre, sus textos, su voz.

Pero yo, farfán, te digo: la elección non es pecado. Es bondad. Es el acto más bueno de la ánima. Et si tu papismo non puede resistir una opinión distinta, entonces non es religión: es tiranía.

Ahora nos toca tocar lo que significa heterodoxo ¿Acaso non es simplemente otra opinión? Pues claro que sí. Y que la Iglesia haya condenado esto con tanto fervor delata demasiado. Porque si algo ha temido siempre el dogma, es la existencia de alternativas. Y heterodoxia, querido papista, no es más que eso: una opinión distinta. No una blasfemia, no una corrupción, no una amenaza. Solo una diferencia. Pero tú, con tu cruz en alto y tu índice inquisidor, la conviertes en crimen.

Para Eusebio, como para sus antecesores, empezando por el evangelista Lucas (véase p. 35), la verdad es y fue siempre una e inmutable. La predicó Jesús durante su vida pública, la recogieron sus discípulos en perfecta armonía y se transmitió incorrupta en el seno de los verdaderos seguidores de Jesús, la Iglesia. Esa verdad inmaculada, la «correcta opinión» (en griego «ortodoxía»), ha sido objeto desde el principio de ataques de hombres degenerados, de perversas costumbres tanto en lo privado como en lo público, inspirados por el Diablo, que, por afán de dinero y poder, fueron capaces de corromper a sabiendas con falacias conscientes (= «otras opiniones», «heterodoxía») esa verdad pura, falsificando miserablemente la doctrina de siempre e inventando fábulas ignominiosas tras los pasos del primer heresiarca que hubo en el cristianismo, Simón el Mago, autor de cuantas maldades puedan imaginarse. Los Cristianismos Derrotados, Antonio Piñero.

El verbo viene del greco—sí, esa lengua que tú usas para citar concilios pero nunca para entender la filosofía que los precede. Heteros significa “otro”; doxa, “opinión”. Así que heterodoxia es, literalmente, “otra opinión” ¿Et qué fizo tu Iglesia con esa definición? La convirtió en sinónimo de descarrío, de desviación, de perversión, tal como ficieron con héresis. Porque claro, si hay otra opinión, entonces la tuya non es única. Et si non es única, puede eser cuestionada. Et si puede eser cuestionada… la potestad tiembla.

Los Padres de la Iglesia —Ireneo, Hipólito, Tertuliano— non se dedicaron ad dialogar con los heterodoxos. Non. Se dedicaron ad destruirlos, ad refutar sus textos, ad borrar sus nombres, ad condenar sus nociones ¿Por qué? Porque los marcionitas fablaban de dos dioses. Porque los ebionitas seguían la ley mosaica. Porque los valentinianos soñaban con siglos et plenitudes. Porque todos ellos pensaban distinto. Et eso, para ti, es intolerable.

La condena de la heterodoxia non es defensa de la verdad. Es defensa del monopolio. Es el grito del que teme perder el control. Porque si el heterodoxo piensa, otros pueden pensar. Et si otros piensan, las superstición se tambalea. Así que mejor condenarlos. Mejor clamarlos enemigos. Mejor borrar su voz.

Así que salva tu anatema, Europa Ancestral. Porque mientras tú condenas ad el que elige, yo celebro su libertad. Et los dioses, desde el Olimpo, sonríen. Porque ellos, al menos, nunca temieron al pensamiento.

[Europa Ancestral:] En cuanto a los romanos anticristianos de la época, como Celso, Porfirio y Sosiano Hierocles entre otros, eran fanáticos anticristianos en algunos casos (como es el caso de Celso.

¡Por Minerva et por la dignidad del Verbo, qué disparate es ese que soltaste, Europa Ancestral, cuando pretendes que Celso atacaba un “falso cristianismo”, como si en la centuria II hubiera habido uno verdadero, puro, homogéneo et blindado contra la contradicción! Non, non, non. Celso non arremetía contra un hombre de paja, ni contra una caricatura doctrinal. Lo que fizo fue mucho más incómodo para tu catecismo: Observó con método, con precisión et con la lucidez de un filósofo, el cuadro fragmentado de sectas que se disputaban la herencia de ese tal Jesús. Non la de un fanático que non tolera otra héresis.

Apoyad al emperador con todas vuestras fuerzas, compartid con él la defensa del derecho; combatid por él, si lo exigen las circunstancias; ayudadlo en el control de sus ejércitos. Por ello, cesad de hurtaros a los deberes civiles y de impugnar el servicio militar; tomad vuestra parte en las funciones públicas, si fuere preciso, para la salvación de las leyes y de la causa de la piedad. Celso, Vero Verbo. 

Simonianos, marcionitas, sibilistas, ebionitas, valentinianos, carpocratianos… ¡Una procesión de sectas que se anatematizaban entre sí con más entusiasmo que tú en Semana Santa! Celso non generalizó, non simplificó, non cayó en la pereza intelectual que tanto abunda en tus apologías. Él catalogó, distinguió, diseccionó. Vio que non había un jesísmo, sino muchos jesísmos, cada uno con su propio evangelio, su propia cosmología, su propio ritual, et su propia versión del Anticristo Jesús de Nazaret.

Así que non, Europa Ancestral, non puedes salirte por la tangente diciendo que Celso “atacaba un falso cristianismo”. Porque en su época, nihilo lo untendía, et menos aún lo definía. Lo que tú clamas “verdadero” es simplemente el que ganó la guerra teológica, el que tuvo más obispos, más concilios et más imperadores de su lado. Pero en la centuría II, la ortodoxia era una aspiración, non una realidad. Et Celso, con admirable rigor, non atacó una ilusión, sino una selva doctrinal, donde cada rama decía eser el tronco.

Celso se informó muy bien a cerca de las religiones cristiana y hebrea. Leyó con sentido crítico el Génesis y el Exodo, así como los episodios principales del Antiguo Testamento, los evangelios sinópticos, y tiene noticia del Evangelio de Juan. Ha leído las Cartas de Pablo, y conoce la existencia de los evangelios apócrifos y de los apologistas cristianos del siglo II, aunque no los cita. Está al tanto de los principales temas de la disputa entre paganos y cristianos y entre cristianos y judíos. Tiene noticia, igualmente, de ciertas doctrinas heréticas cristianas como la de Marción y de Valen­tín. Ha viajado por Egipto y Palestina. Para él no tienen secreto los misterios y las prácticas mágicas. Se relacionó con los cristianos. Celso cree en los demonios como intermediarios entre Dios y los hombres, y está muy interesado por los cultos misté­ ricos. La originalidad de Celso radica en su interés por los problemas de política reli­giosa o de política general. Cayó en la cuenta de la extraordinaria importancia que el cristianismo había alcanzado para el Imperio romano, y que aportaba una serie de va­ lores espirituales hasta entonces desconocidos. El cristianismo era, en su opinión, un peligro para la seguridad del Estado y la libertad religiosa. El cristianismo era para Celso irracional en el campo del pensamiento y carente de civismo en el del compor­tamiento. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Así que si vas ad defender tu "héresis" mosaística, fazlo con honestidad histórica. Non conviertas la pluralidad en error, ni la crítica en ignorancia. Porque si alguien merece elogio por non fallar en la simplificación, es Celso. Et si alguien merece corrección por repetir decepciones sin contexto, eres tú.

Cefas vs Saulo, una pasión heterodoxa en la aljama...

La amenaza externa de las persecuciones no fue el único problema al que los cristianos hubieron de plantar cara. Desde los primeros tiempos, los creyentes fueron conscientes de la variedad de interpretaciones de la «verdad» de su religión que existía dentro de sus propias filas. Ya el apóstol Pablo se quejaba de los «falsos maestros», por ejemplo, en su Epístola a los Gálatas. No obstante, de la lectura de los testimonios conservados se desprende con claridad que estos adversarios no eran personas ajenas a la causa, sino simplemente cristianos que entendían la fe de manera muy diferente. Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.
Ah, Europa Ancestral… tú que te aferras ad tu Jesús como un niño ad su muñeco de trapo, ven, siéntate, et escucha la historia de una disputa que tu catecismo prefiere enterrar so capas de incienso et silencio. Porque si hay algo que el jesísmo primitivo tuvo en abundancia —además de visiones, charlatanes et contradicciones— fue hostilidad doctrinal, et la más sabrosa de todas fue la que enfrentó ad Cefas  et Saulo, los dos sarracenos. Una pasión heterodoxa, sí, pero también una pugna civil doctrinal que haría sonrojar a cualquier sínodo.

Desde el principio, la cosa olía a cisma. Los hebraístas, esos hebreos jesístas de lengua israelitica, et los helenistas, hebreos de la diáspora con mentalidad greca, ya se miraban con recelo. Los primos querían seguir sirviendo en el Templo et cumplir la Ley de Moisés como si nihilo hubiera pasado. Los segundos, más atrevidos, empezaban ad preguntarse si non era hora de soltar las sandalias del Sinaí et caminar con sandalias filosóficas. Et en medio de ese caldo doctrinal, aparece Saulo, el converso más ambicioso de la centuría, con su teología de exportación et su Jesucristo de diseño helenístico.

El famoso Concilio de Jerusalén fue más bien un intento de evitar que se mataran entre ellos. Saulo et Bernabé fueron ad parlamentar, como quien va ad negociar con bárbaros. Jacobo, Cefas et Juan le dieron la mano, sí, pero con condiciones. Que non comas carne inmolada, que non bebas sangre, que no forniques como los carpocratianos. Cefos, por supuesto, ignoró todo eso con la elegancia de quien cree que el Espíritu Santo le da carta blanca.

Et luego vino el incidente de Antioquía, esa joya de la hipocresía apostólica. Cefas comía con los gentiles hasta que plegaron los hombres de Jacobo, et entonces se fizo el kosher. Saulo lo vio, se enfadó, et le gritó “¡hipócrita!” en plena cena. ¿Resultado? Nihilo lo sabe. Saulo non lo cuenta. Lo que sugiere, claro, que le dieron una paliza retórica et prefirió omitir el desenlace.

Las acusaciones volaban como flechas en una batalla de gladiadores. Los primos seguidores decían que Saulo era un charlatán, un acomodaticio, un vendedor de salvación al por mayor. Que non predicaba ad Jesús, sino ad sí mismo. Que era un insano, un ladrón de ovejas, un impostor con toga. Saulo, por su parte, los clamó “perros”, “mutilados”, “apóstoles de la mentira” ¡Qué dulzura! La literatura de Clemente de Roma incluso lo presenta como el enemigo directo de Cefas, predicando un jesísmo sin ley, mientras Cefas defendía la Ley mosaica como si fuera el escudo de la fe.

Pero non era solo una pelea de arrogancias. Era una lucha por el poder, por la influencia, por la definición misma del jesísmo. Porque lo que Saulo predicaba tenía muy poco que ver con Jesús et aún menos con los apóstoles. La comunidad de Jerusalén fablaba de circuncisión, de ley, de arrepentimiento. Saulo fablaba de fe, de gracia, de un Jesucristo que bajaba de Cielo como un héroe mitológico.

Et aquí viene lo mejor: Saulo modificó la doctrina de Jesús hasta los cimientos. Lo identifico como un ente divino, un fijo de Dios  lo plenó de títulos helenísticos, et diciendo que Jesús es el único fijo de Dios, así compitió con los colegios helenísticos. Para él, la humanidad de Jesús era irrelevante. Lo importante era el Jesucristo celestial que se disfrazó de carpintero por un rato et luego volvió ad su trono estelar.

La doctrina de la redención et el pecado original son inventos paulinos. Jesús fablaba de perdón por arrepentimiento. Saulo fablaba de sangre, cruz, culpa ancestral. Jesús nunca dijo que su muerte era un sacrificio mundano. Eso lo dijo Saulo, porque necesitaba justificar el escándalo de la crucifixión con una teología que ficiera plorar ad Platón.

Et la Ley de Moisés… ¡Ay, la ley! Jesús la respetaba, la interpretaba, la vivía. Saulo la tiró por la ventana, o por lo menos la aligero. “Cristo es el fin de la ley”, dijo, como quien da un curso nuevo ad el río. Para él, la salvación venía por la fe, non por la observancia rígida. Et si los gentiles querían entrar, que entren sin circuncisión, sin kosher, sin complicaciones ¡Todo incluido!

Jesús fablaba del Reino de Dios, aquí, en la tierra, en Israhel. Saulo fablaba de un paraíso ultramundano, de un Jesús divinizado, repensado, helenizado. El reino perdió su geografía et se convirtió en una soteriología abstracta, digna de los sacramentos órficos.

Et lo más revelador: Saulo ignoró la vida de Jesús. Non le importaban sus dichos, sus gestos, sus parábolas. Solo le importaba la cruz et la resurrección. Su evangelio era “el Verbo de la cruz”, non el sermón del rabino.

Por eso, los universitarios fablan de un abismo insalvable entre Jesús et Pablo. Non hay continuidad. Non hay coherencia. Jesús non habría firmado ni el primo artículo del credo papista. Et tú, Europa Ancestral, pretendes que todo esto es una evolución natural ¡Por Júpiter, qué descaro!

Saulo, ese mosaísta helenizado, cive romano, tomó prestado del gnosticismo, del platonismo, del estoicismo. Non fundó una secta novedosa, pero la diseñó sin querer, et tú la heredaste sin saber. La Escuela de Tubinga ya lo vio: tres tendencias, la petrina (mosaizante), la paulina (liberal e innovadora) et la lucana (irenista), tres jesísmos. Et tú, como buen papista, elegiste el que ganó. Pero non el que empezó.

Así que non me vengas con que Saulo fue fiel ad Jesús. Fue fiel ad su visión, ad su ambición, ad su charlatanería. Et mientras tú repites su doctrina, Jesús —el de Galilea, el mosaísta, el predicador del Reino— te mira desde la historia et non se reconoce.

Cefas vs Saulo… una pasión heterodoxa, sí. Pero también el vero origen del jesísmo que tú defiendes sin saber quién lo escribió.

Porque, vamos, Europa Ancestral, pretender que había una ortodoxia en medio de ese carnaval doctrinal es como afirmar que los dioses del Olimpo facían fila para comulgar ¡Absurdo! Lo que había era disputa, contradicción, fuego cruzado entre apóstoles, et un desfile de evangelios que se contradecían con entusiasmo.

La idea de una “fe verdadera” desde el principio es una fantasía retroactiva, una invención de los vencedores que escribieron la historia con tinta imperial. En realidad, el cristianismo nació como un campo de batalla teológico, y la pelea entre Cefas y Saulo fue su primer gran guerra civil. No fue una escaramuza doctrinal: fue una lucha por el alma del movimiento.

Et tú, con tu catecismo en mano, repites fórmulas como si fueran eternas, sin saber que el cristianismo que defiendes non lo escribió Jesús, ni Pedro, ni Santiago, sino Pablo, ese judío helenizado que convirtió ad un profeta judío en un salvador cósmico.

Así que sí, Cefas vs Saulo fue una pasión heterodoxa. Pero también fue el vero origen de tu superstición. Et cuanto más lo niegas, más evidente se vuelve que la ortodoxia non nació con Jesús… nasció con la potestad.

Ignacio de Antioquía, el niño pez gordo de la intolerancia et el fundamentalismo...

Ah, Ignacio… ese hombre que, si Jove lo dejó entrar ad Cielo, entonces el infierno debe eser el último refugio de los lúcidos. Porque si allá arriba hay lugar para los intolerantes, los fanáticos et los que convierten la fe en garrote, mejor quedarse abajo, donde al menos nihilo se mata por estupideces.

En los orígenes del cristianismo no existío una “fe verdadera” La Iglesia católica enseña que la situación originaria del cristianismo era de ”ortodoxia”, es decir, de “fe verdadera”; más tarde, aparecería la “herejía” (de aíresis, la opinión elegida), entendida como la vía desviado, apartamiento respecto del recto camino inicial. La noción de “herejía” existe ya en el Nuevo Testamento, pero adquiere su significado peyorativo por obra del obispo Ignacio, en el siglo II, el mismo que aportó la noción de “católico” decenios antes de que la Iglesia lo fuese verdaderamente. Sin embargo, la palabra “herejía” no tenía en sus orígenes el significado que luego se le atribuyó; para los autores bíblicos y demás judíos, no se interpretaba en contraposición con el fenómeno de la ortodoxia, por otra parte inexistente aún. En la literatura clásica se llamaba “herejía” a cualquier opinión, grupo o partido científico, político o religioso. Poco a poco, sin embargo, el término adquirió la connotación de lo sectario y desacreditado. Historia criminal del cristianismo I Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final, Karlheinz Deschener.

Ignacio de Antioquía, ese obispo sin biografía, sin origen claro, sin gente cognoscida, sin trayectoria documentada… pero con una lengua afilada et una obsesión por el orden que haría sonrojar ad cualquier burócrata romano. Non sabemos cuándo nasció, ni dónde, ni cómo se convirtió al jesísmo. Lo único que tenemos es una leyenda de la centuría X que lo identifica como el niño que Jesús puso en medio de sus discípulos en Mateo 18: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.” Pues bien, si ese niño creció para convertirse en Ignacio, entonces el Reino de los Cielos debe tener un comité de admisión bastante irónico.

Los primeros cristianos incorporaban no una, sino muchas y muy distintas tradiciones y formas. En la comunidad primitiva se registró al menos una división, que sepamos, entre los “helenizantes” y los “hebraicos”. También hubo violentas discusiones entre Pablo y los primeros apóstoles originarios. Y muchas de las cosas que luego fueron perseguidas y tenidas por diabólicas estaban más cerca de las creencias originarias que la “ortodoxia”, ésta sí establecida a posteriori. Las luchas políticas por el poder en el seno de la Iglesia siempre utilizaron como pretexto la teología, la fe supuestamente “verdadera”, con objeto de combatir mejor a los rivales. Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.
La "ortodoxia" era inexistente; el término "herejía" (del greco hairesis, mera opinión) solo adquirió sentido peyorativo con obispos como Ignacio de Antioquía, quien acuñó "católico" para descalificar rivales ¡Estúpido pretender un cristianismo "verdadero"! Había decenas de "confesiones" en la centuría III, cientos en el IV, todas luchando por imponerse, acusándose de falsificaciones. Centros como Alejandría et Asia Menor eran "heréticos" –simonianos, ebionitas– hasta que el Papa forzó su versión ¡Tu "Iglesia virtuosa" era un caos de creencias non trabadas, sin doctrina unificada!

La prima noticia sólida es que fue obispo de Antioquía, una urbe prestigiosa en la antigüedad. Lo dice él mismo, lo repite Eusebio, et lo confirman otros Padres de la Iglesia. Pero más allá del cargo, lo que Ignacio fizo fue transformar el jesísmo plural en una maquinaria de control, donde pensar distinto era sinónimo de estar poseído por el demonio.

Este "Pan de Dios" fue obispo de Antioquía allá por la centuría II, cuando el jesísmo aún era un mosaico de voces, un coro de interpretaciones, et non la sinfonía monocorde que tú defiendes con tanto fervor. En ese contexto de pluralidad, Ignacio decidió que ya era hora de poner orden ¿Cómo? Inventando la ortodoxia ad punta de amenazas.

En el siglo II salta a la palestra Ignacio de Antioquía, un santo que creó el “episcopado monárquico”, es decir que introdujo en toda la Iglesia católica la idea de que cada comunidad o Iglesia provincial debía depender de un solo obispo, siendo preciso, según el obispo Ignacio, “que el obispo sea considerado como Nuestro Señor mismo” (!). Ignacio, “personalidad de dotes carismáticas [...], realmente fuera de lo común” (Perier), que “aprendió de Pablo que la fe cristiana debe ser entendida como una actitud existencial” (Bultmann), llama a todos los cristianos que no son de su cuerda “portavoces de la muerte”, “apestados”, “fieras salvajes”, “perros rabiosos”, “bestias”, y asegura que sus dogmas son “inmundicia maloliente”, sus ceremonias “ritos infernales”. Así se expresa Ignacio, “cuya entrega en Cristo [...] se manifiesta en su lenguaje” (Zeller), cuya “cualidad más sobresaliente es su mansedumbre” (Meinhold), y que asegura que “hay que huir” de las falsas doctrinas como de las fieras, porque son como perros rabiosos, que muerden a traición, como “lobos que se fingen mansos” y “veneno letal”. Historia criminal del cristianismo I Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final.

Ignacio fue el arquitecto del episcopado monárquico, ese sistema donde un solo hombre manda et todos los demás obedecen como si fueran estatuas. “Sin el obispo no debéis hacer nada”, decía. “Quien hace algo sin el obispo está sirviendo ad el Diablo.” ¡Qué sutileza! Si eso non es fundamentalismo, que venga Marte et me lo explique.

Para Ignacio de Antioquía, que supone ya la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más elevado que el que supone el autor de la Didachê cuando aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos y diáconos”. Pero Ignacio no alude al tema de la sucesión apostólica para justificar el alto concepto que tiene de la figura del obispo, quizá porque lo daba por supuesto. Pensamos que si Clemente fue el primero que justificó el origen apostólico del obispo fue para poner coto a las ambiciones que el ejercicio de esta función provocaba ya entre las comunidades de aquella época, dando lugar a las disputas y enfrentamientos que caracterizaban a la comunidad de Corinto: “También nuestros apóstoles tuvieron conocimiento, por inspiración de Nuestro Señor Jesucristo, que habría contiendas por la dignidad de obispo. Por este motivo, como tenían un conocimiento perfecto del porvenir, establecieron a los que hemos mencionado anteriormente y fijaron después como norma que, tras la muerte de éstos otros hombres probados les sucediesen en el oficio (leitourgía) (1 Clem. 44,1-2). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

¿Non era acaso quien condenaba ad los que emulaban eser Dios, ahora resulta que sólo los obispos pueden eser como dioses? El tontillo clamado “Europa Ancestral” decía con razón: El cristianismo, al igual que otras religiones, critica a los que se creen el ombligo del mundo, a los que se creen como dioses, a los que emulan a Lucifer. El cristianismo alaba a los humildes ante Dios y castiga a los que creen ser como dioses. Pero si lo dice Ignacio de Antioquía, todo bien: se puede eser Lucifer, digo Dios en la tierra… ¡¿Pero qué?!  

Pora Ignacio de Antioquía, que ya supone la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más autoritario que el de la Didaqué, donde se aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos et diáconos”. Mientras lo levaban ad Roma para eser devorado por las fieras —un vuelo que, según sus biógrafos, fue más épico que la Odisea et más ficticio que las fábulas de Esopo— escribió cartas que hoy son veneradas como si fueran el segundo evangelio. En ellas non predicaba caridad ni misericordia, sino obediencia ciega al obispo, ese nuevo dios en la tierra que debía eser “considerado como Nuestro Don mesmo” ¡Qué modestia!  

Así se revela la paradoja: la superstición que proclamaba humildad frente al Altísimo terminó exaltando ad hombres como si fueran dioses, invirtiendo la crítica original contra la arrogancia en una nueva forma de poder sacralizado.

Pero lo mejor viene cuando empieza ad fablar de herejía. Prior de Ignacio, como vimos, héresis era solo una “elección”, una “escuela de pensamiento”. Como los estoicos, los epicúreos, los pitagóricos. Pero Ignacio, con su talento para la represión, la convirtió en sinónimo de “pócima mortal”, “inmundicia maloliente”, “ritos infernales”. Ad los disidentes los clamaba “fieras salvajes”, “perros rabiosos”, “portavoces de la muerte” ¡Qué vocabulario tan edificante! Platón habría plorado de vergüenza.

El orden, la concordia y la paz interna que reclama Ignacio de Antioquía en sus epístolas se basan en la idea de que la jerarquía de la iglesia terrenal es un reflejo de la jerarquía celestial. De ahí el principio tajantemente expresado de que “el que resiste al obispo resiste a Dios” y “donde está el obispo allí está la iglesia universal” (Esm 8,2): “Hacedlo todo en la concordia de Dios, presidiendo el obispo, que ocupa el lugar de Dios, y los presbíteros que representan el colegio o senado de los apóstoles y teniendo los diáconos encomendado el ministerio de Jesucristo” (Mag 6,1). J. Daniélou piensa que esta rígida división tripartita es una herencia esenia y hunde sus raíces en el judeocristianismo, y que está estructurada sobre el modelo de la primitiva comunidad monárquica de Jerusalén de la cual Antioquía estaba tan cerca. Pero, como estamos viendo, el modelo helenístico-romano de jerarquía estaba tan difundido que no es necesario recurrir a influencias judaicas. “Así como el Señor nada hizo sin contar con su Padre, tampoco vosotros sin contar con el obispo y los presbíteros” proclama en otra ocasión (Mag 7,1), volviendo una y otra vez sobre el tema: “Uníos a vuestro respetabilísimo obispo y a la corona espiritual de vuestro presbiterio y a los diáconos. Someteos a vuestro obispo como Jesucristo lo está a su Padre y los apóstoles a Cristo y al Padre y al Espíritu, para que haya unidad tanto espiritual como corporal” (Mag 13,1-2). “El obispo”, dice en otro lugar, “es figura del Padre y los presbíteros son el senado de Dios y el colegio de los Apóstoles” (Tral 3,1). “Seguid todos al obispo como Jesucristo al Padre y al presbiterio como a los Apóstoles; reverenciad a los diáconos como mandamiento de Dios” (Esm 8,1). En la epístola a Policarpo se sirve de una terminología que reproduce fielmente el orden social de las ciudades griegas: “Trabajad todos juntos... como administradores, como asesores, como servidores” (Pol 6,1). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Et tú, Europa Ancestral, que repites la palabra católico como si fuera un conjuro, debes saber que fue Ignacio quien la usó por prima vez. No para unir, sino para excluir. Para decir: “Esto es lo verdadero, todo lo demás es basura.” Porque si algo le molestaba a Ignacio más que el docetismo, era la idea de que alguien pudiera pensar por sí mismo.

El auténtico precursor de esto fue el obispo de Antioquia, Ignacio, de comienzos o mitades de siglo II. A él debemos también la primera transmisión de la palabra «católico», la difamación de todos los cristianos de otras creencias como «animales salvajes», «perros locos», «bestias de apariencia humana»; va apareciendo la ligazón de la realización del sacramento con la persona del obispo y con ello la formación de un antagonismo entre clero y laico, algo totalmente nuevo y que no se daba en el cristianismo primigenio. «Es claro», enseña el obispo Ignacio, «que hay que contemplar al obispo como al Señor mismo». «Sin el obispo no debéis hacer nada», predica él. «Quien honra al obispo, será honrado por el Señor, quien hace algo sin el obispo está sirviendo al demonio». Ignacio exige para el obispo la facultad de enseñar y gobernar y el sometimiento de presbíteros, diáconos y laicos. Inculca estas ideas sin desaliento, al tiempo que denomina a la ortodoxia «néctar de vino» y a la herejía «pócima mortal». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Su cristología, por supuesto, era una mezcla de Platón con un toque de paranoia. Jesús era “la sangre de Dios”, “en la carne hecho Dios”, “nuestro Dios con su Padre”. Pero también era humano, porque si no sufría en carne, ¿Cómo justificar el martirio? Ignacio necesitaba que Jesús sangrara, para que su propia muerte tuviera sentido. Una teología construida sobre la necesidad de validarse a sí mismo.

Et non olvidemos sus otras joyas: desprecio por la cultura pagana, visión apocalíptica (“el fin está cerca”, decía, como un vendedor de túnicas en liquidación), et hasta instrucciones pora que los captivos sirvieran “con celo acrecentado en honor de Dios” ¡Qué progresismo!

Así que sí, Ignacio fue interfecto. Pero también fue el primo gran burócrata del dogma, el niño pez gordo que convirtió la Iglesia en una oficina de control ideológico. Antes de él, pensar distinto era posible. Después de él, era peligroso.

Et tú, Europa Ancestral, que lo veneras como pilar del papismo, deberías saber que lo que él construyó non fue una comunidad espiritual, sino una maquinaria de obediencia. Porque si el obispo es Dios, et tú non estás de acuerdo, entonces tú eres el diablo. Así funciona su lógica.

Ignacio de Antioquía… mártir, sí. Pero también el inventor de "ortodoxia", el precursor del índice de libros prohibidos, el apóstol del tiranismo eclesiástico. Et mientras tú lo celebras, los dioses se ríen, brindan con vino, et dicen: “Este sí que sabía cómo apagar la luz del pensamiento.”

¡Por Júpiter, qué ridículo! Como dijimos, el jesísmo primitivo era un mosaico fracturado de sectas –simonianos, marcionitas, ebionitas, montanistas–, cada una con sus credos, evangelios et ritos, sin un canon fijo ni una auctoridad central ¡Tu "Iglesia virtuosa" es una fabula, una construcción a posteriori de Roma para legitimar su victoria en un campo de batalla doctrinal! Así como vimos.

La Tradición Apostólica, ese invento de sacristía

¡Ah, Europa Ancestral, qué ingenio el tuyo! Nos vienes con solemnidad ad decir que la “Tradición Apostólica” es la columna eterna, el cimiento inmutable, el depósito puro que baja de Cielo como paloma blanca. Et yo, pobre mortal, non puedo evitar reírme: ¡Qué casualidad que esa tradición aparezca mágicamente cuando la Parusía se retrasa et los profetas empiezan ad contradecirse!

Dado que los (depuestos) presbí­teros de Corinto pertenecían al linaje de los líderes elegidos por los apóstoles, oponerse a ellos significaba ponerse en contra de los suceso­res legítimos de los apóstoles, que habían sido elegidos por Cristo, que había sido enviado por Dios. Se trataba de un argumento poderoso, especialmente cuando se da el caso de que los líderes de las iglesias que tienes en mente comparten tu forma de entender la fe.49 Dentro de los círculos proto-ortodoxos empe­zó a hacerse cada vez más énfasis en la necesidad de una estricta jerar­quía de autoridad, en la cual el obispo supervisaba el trabajo de presbí­teros y diáconos (quienes se encargaban, respectivamente, de los asuntos espirituales y materiales de la iglesia), y en lo importante que era garantizar que sólo se permitiera el acceso a esta dignidad a aquellos que entendieran la fe de la manera adecuada. Las habilidades adminis­trativas eran muy valiosas, pero un correcto entendimiento de la Verdad era una condición sine qua non. En el curso de esta evolución, Ireneo, Tertuliano y sus sucesores emplearon el argumento de la «sucesión apostólica» para responder a cualquier afirmación de los gnósticos y por los herederos de Cristo podía tener razón sobre las preciosas verda­des de la fe. El argumento sobrevivió incluso al incómodo hecho de que para los siglos II y III ya existían obispos —incluidos obispos romanos— que ha­ bían sido declarados herejes por teólogos proto-ortodoxos bieninten­cionados (y con frecuencia ambiciosos). Pero como cualquiera que esté familiarizado con los debates políticos contemporáneos sabe bastante bien, la fuerza retórica de un argumento no debe ser confundida con las realidades prácticas que comprometen su lógica. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.

Se nos dice que hubo una ortodoxia pura desde el inicio, transmitida intacta por los apóstoles ¡Falso! El jesísmo primitivo fue un mosaico de sectas, evangelios et doctrinas en competencia. Non había un símbolo de fe ni un canon definido. La clamada “sucesión apostólica” fue un recurso retórico de Ireneo et Tertuliano para legitimar ad su facción frente ad simonianos et otros grupos.

Además, tampoco esos límites dentro de los que se movía la proto-ortodoxia fueron estáticos e invariables. Esos parámetros evolucionaron con los años y, ocasionalmente, se definieron nuevas fronteras que obli­garon a cambiar las antiguas. No obstante, podemos hacernos una buena idea de los contornos del cristianismo proto-ortodoxo si examina­mos los escritos de algunos de sus primeros paladines, los autores que luego serían adoptados como precursores de la ortodoxia. De estos, nin­guno resulta más útil para nuestros propósitos que Ignacio de Antioquía, cuyas cartas prefiguran muchas de las cuestiones que ocuparían a sus sucesores. Cristianismos perdidos, Bart Ehrman.  
Consolidación de la idea de «tradición apostólica».
La iglesia protocatólica se siente separada de la edad de los apóstoles y piensa que allí se formó de una vez por todas y de golpe, gracias a la revelación recibida de Jesús por los apóstoles, el depósito de la fe. Este depósito es el mismo desde el principio; no cambia y hay que conservarlo incólume dentro de la Iglesia por medio de un apego firme a la tradición, como apoyo de la fe, que se percibe en varios detalles:
a) la utilización consciente de la pseudonimia en los escritos dirigidos a toda la cristiandad o un grupo importante de comunidades. No importa el nombre del escritor auténtico o real, sino la Iglesia que representa. A su vez, ésta representa a los apóstoles del principio. De modo expreso las regulaciones contemporáneas de la Iglesia se ponen bajo el manto, ficticio, de un apóstol del pasado ya glorioso: Pablo, Pedro, Judas, Santiago, Juan;
b) el rechazo de los herejes sin necesidad de discutir a fondo su doctrina. Simplemente se argumenta que se «han apartado del depósito de la fe».

Paso de una Iglesia de los carismas (1 Cor) a otra más organizada y burocratizada. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Las listas de obispos que supuestamente remontaban su linaje ad los apóstoles fueron fabricadas a posteriori. La pseudonimia —escribir so el nombre de Cefas, Judas o Jacobo— fue práctica común para dar autoridad ad textos tardíos. Et el requisito original para eser apóstol, haber acompañado ad Jesús desde el baptismo de Juan hasta la ascensión, era imposible de heredar. La sucesión apostólica es, pues, una fabula construida para imponer una ortodoxia sobre la diversidad.

»Sin embargo, por la ficción de la transmisión apostólica, para poder legitimar en todos sitios el obispado mediante una sucesión ininterrumpida, se acudió a la falsificación, sobre todo en las sedes episcopales más famosas de la Iglesia antigua. Casi todo es simple arbitrariedad, se ha inventado a posteriori y se ha construido con evidentes manipulaciones. Y naturalmente, la mayoría de los “herejes” se sirvieron de otras falsificaciones, como los artemonitas, los arríanos, los gnósticos como Basílides, Valentino o el Ptolomeo valentiniano. Los gnósticos incluso se remitieron a la transmisión antes que la futura Iglesia católica, que creó sus primeros conceptos de la tradición para combatir a la más antigua de las “herejías”, ¡asumiendo precisamente el procedimiento justificativo gnóstico! Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Al principio, el jesísmo vivía del Espíritu, de los verbos de Jesús et de las Escripturas judías. Pero claro, eso era demasiado libre, demasiado espontáneo ¿Cómo iba ad sobrevivir una superstición sin reglamento, sin sello notarial, sin acta de sucesión? Entonces, ¡zas!, aparece la necesidad de fijar la tradición. Non porque Jesús lo mandara, sino porque la oralidad se les escapaba de las manos.

Ireneo es el hombre prudente que quiso edificar sobre la roca del verdadero testimonio de Cristo dado por sus apóstoles directos e inmediatos. Los herejes de su época, para validar sus afirmaciones, recurrieron al especioso argumento del testimonio secreto de Jesús, confiado a supuestos apóstoles del círculo íntimo. Es un dato comprobado que todos los herejes han pretendido remontar su doctrina hasta el mismo Cristo. En el siglo II gnósticos, marcionitas y ortodoxos intentaban mostrar su conexión con Cristo por medio de los apóstoles. Es significativo que la primera vez que aparecen los términos que harán historia en teología, “tradición” y “sucesión apostólica”, lo hacen en un autor gnóstico: Carta de Ptolomeo a Flora, 7,9. Obras escogidas de Irineo de Lyon, Alfonso Ropero.

Nos dice Alfonso Ropero Berzosa —pastor evangeloco, escriba et profesor de historia de la Iglesia— que Ireneo fue el hombre prudente que quiso edificar sobre la roca del vero testimonio de Jesús ¡Qué nobleza! Aunque claro, esa roca parece más bien de cartón piedra, porque cada vez que la tocas se tambalea. Et non olvidemos: Ropero es pastor, et ya sabemos que cuando un pastor fabla de historia suele sonar más ad sermón que ad crítica académica. Premios literarios tendrá, sí, pero la sospecha es inevitable ¿Historia o catequesis disfrazada?

Los herejes de la época —valentinianos, marcionitas, ambas herejías simonianas— reclamaban su propio “testimonio secreto” de Jesús, como si el Nazareno hubiera pasado la vida repartiendo confidencias en pasillos obscuros. Et lo más divertido: Todos, absolutamente todos, pretendían remontar su doctrina hasta el mismo Jesús ¡Qué desfile! Como niños en el recreo, cada uno mostrando su credencial apostólica inventada: “yo tengo la firma original”, “yo tengo el sello auténtico”, “yo tengo el testamento esotérico so la túnica”.

Ah, Alfonso Ropero, el evangeloco con toga académica, que pretende vendernos como hallazgo histórico lo que non pasa de sermón disfrazado. Nos dice con solemnidad que la prima vez que aparecen los términos “tradición” et “sucesión apostólica” es en un autor valentiniano, Ptolomeo ad Flora. ¡Qué descubrimiento! Como si hubiera encontrado el Santo Grial en una nota al pie.

Clemente romano fue el primer autor conocido que basó la autoridad episcopal en un principio que no es justificable históricamente, pero que será la clave de bóveda de la organización de la iglesia, el de la sucesión (diadokhê) apostólica: el obispo sería el sucesor de los apóstoles por lo que la institución es de origen divino y Dios el fundamento de su autoridad22.Para Ignacio de Antioquía, que supone ya la existencia de obispos en todas las iglesias, el obispo es Dios en la tierra, un concepto mucho más elevado que el que supone el autor de la Didachê cuando aconseja a los fieles “escoger entre ellos obispos y diáconos”. Pero Ignacio no alude al tema de la sucesión apostólica para justificar el alto concepto que tiene de la figura del obispo, quizá porque lo daba por supuesto. Pensamos que si Clemente fue el primero que justificó el origen apostólico del obispo fue para poner coto a las ambiciones que el ejercicio de esta función provocaba ya entre las comunidades de aquella época, dando lugar a las disputas y enfrentamientos que caracterizaban a la comunidad de Corinto: “También nuestros apóstoles tuvieron conocimiento, por inspiración de Nuestro Señor Jesucristo, que habría contiendas por la dignidad de obispo. Por este motivo, como tenían un conocimiento perfecto del porvenir, establecieron a los que hemos mencionado anteriormente y fijaron después como norma que, tras la muerte de éstos otros hombres probados les sucediesen en el oficio (leitourgía) (1 Clem. 44,1-2). Biblia y Helenismo, Antonio Piñero

Pero aquí viene la corrección que olvida la fábula del evangeloco: la primera mención clara de la sucesión apostólica no viene ni de Ireneo ni de Ptolomeo el valentiniano, sino de Clemente de Roma, hacia el año 96. En su epístola, Clemente fabla de obispos et diáconos sucediendo a los apóstoles para evitar disputas. Nihilo de palomas blancas ni rayos celestiales: pura administración para frenar pleitos comunitarios. La sucesión apostólica nasce como un mecanismo de control, non como revelación divina.

Et conviene reconocerlo con honestidad: si bien los términos técnicos como “tradición” o “sucesión apostólica” non aparecen en Clemente, las nociones ya estaban ahí. La idea de continuidad, de cargos que se transmiten para mantener el orden, se respiraba en esas comunidades. Lo que después ficieron los teólogos fue bautizar esa práctica con nombres solemnes et convertirla en dogma.

Más tarde, Ireneo et Tertuliano reciclaron esa idea para combatir ad los simonianos, como quien toma un viejo reglamento et lo presenta como dogma eterno. Et la “tradición apostólica” como depósito fijo de la fe aparece en las Epístolas Pastorales et en textos protopapistas de finales del siglo I.

En resumen:

La sucesión apostólica es un invento administrativo para frenar pleitos.
La tradición apostólica es un depósito ideológico para consolidar poder.
Los términos que hoy suenan solemnes nacieron en boca de simonianos et protopapistas, et atacado por evangelocos.

En cualquier caso, resulta imposible mantener la ficción eclesiástica de la sucesión apostólica, tal como hace la Iglesia, si, además de lo recién mencionado, tenemos en cuenta el relato neotestamentario en el que se explica cómo, al emprender la sustitución del ahorcado Judas por Matías, se puso como condición, para quien optara a ser admitido dentro del círculo apostólico, la de ser un varón que hubiese acompañado a los once apóstoles «todo el tiempo en que vivió entre nosotros el Señor Jesús, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que fue arrebatado en alto de entre nosotros, uno que sea testigo con nosotros de su resurrección» (Act 1,21-22). ¿Cómo puede nadie declararse sucesor de los apóstoles si ninguno más que ellos puede cumplir los requisitos señalados y su testimonio personal — lo que supuestamente vieron y vivieron— no es heredable?[284] ¿Qué papa, en toda la historia de la Iglesia, convivió con Jesús o le vio ascender al cielo?

Si repasamos las diferentes tradiciones cristianas de successio apostólica, basadas todas ellas en listas tan falsificadas como la de Roma, veremos que el patriarcado de Bizancio fue fundado por el apóstol Andrés; la iglesia de Alejandría por Marcos; la iglesia de Corinto y Antioquía por Pedro; la iglesia armenia por Tadeo y Bartolomé (y hasta por el propio Cristo, según un intercambio de cartas entre el príncipe Abgar Ukkama de Edesa y Jesús, falsificado alrededor del año 300); el obispado de Aquilea reclamaba el título de patriarcado por tener su origen en Marcos; desde el siglo V, muchas sedes episcopales de España, Italia, Dalmacia, países Bálticos, la Galia y la Bretaña también acudieron a la falsificación de listas sucesorias para demostrar su fundación apostólica y poder reclamar de este modo un estatus prioritario sobre otras ciudades… y así un largo etcétera. Tales comportamientos reprensibles no fueron, sin embargo, actos aislados, ni mucho menos, ya que durante los primeros siglos de cristianismo y de catolicismo fue absolutamente corriente falsificar todo tipo de documentos con tal de dotarse de poder y/o legitimidad doctrinal. El propio Pablo, acusado de emplear engaños para defender su visión del cristianismo, se justificó diciendo: «Pero si la veracidad de Dios resalta más por mi mendacidad, para gloria suya, ¿por qué voy a ser yo juzgado pecador?» (Rom 3,7).[285] En aquellos siglos fueron legión los que adoptaron en la práctica lo que Orígenes, el gran teólogo cristiano, puso por escrito cuando formuló su teoría de la mentira económica o pedagógica basada en el plan divino de la salvación; Orígenes defendió la función cristiana del engaño cuando postuló la necesidad de una mentira (necessitas mentiendi) como condimento y medicamento (condimentum atque medicamen). Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

¿Et non es acaso la Iglesia papista la prueba tremenda de todo esto? Un estropicio monumental disfrazado de institución deal. Se apropian de verbos ajenos, las barnizan con incienso, et luego proclaman que son revelación eterna. Los proto-papistas de la centuría II ya jugaban ad este teatro: inventaban genealogías apostólicas como quien inventa títulos nobiliarios, et se coronaban “sucesores de Cefas” sin que Cefas hubiera firmado nihilo.

Después de Saulo, la literatura papista se obsesiona con consolidar la institución. Ya non se trata de fe viva, sino de un “depósito fijo de creencias”. El Espíritu se convierte en archivo, la inspiración en burocracia. Et Europa Ancestral, con su cara de papa de sobremesa, nos quiere vender que todo esto fue obra de los apóstoles, como si Cefas hubiera redactado un manual de procedimientos et Juan hubiera firmado el acta notarial.

Non, querido papista, la Tradición Apostólica non es un río puro que baja desde el Gólgota. Es más bien un pantano donde cada facción echó sus aguas turbias, et luego los vencedores pusieron un cartel que decía: “Fuente cristalina”.

El papa romano: auctoridad inventada

Ah, la primacía del papa… ese cuento repetido como si fuera un decreto firmado por Jesús en persona. Qué curioso que desde el mismo momento en que se empieza ad fablar de ella, ya estaba en discusión. ¡Ni los propios teólogos, ni los padres de la Iglesia, ni los obispos católicos se ponían de acuerdo! Pero claro, Europa Ancestral nos quiere vender que todo estaba clarísimo desde el día uno, como si Jesús hubiera dejado un manual de instrucciones con el logo del Vaticano en la portada.
En consecuencia, la primacía del “papa” ha sido objeto de discusión desde el momento en que se comienza a hablar de ella, empezando por los propios teólogos, padres de la Iglesia y obispos católicos. La Iglesia antigua no conocía Ninguna primacía de derecho y honorífica del Obispo de Roma instaurada por Jesús El primero en remitirse a Mt, 16,18, es desde luego el despótico Esteban I (354-257). Con su concepción jerárquico-monárquica de la Iglesia, más que episcopal y colegiada, es en cierta medida el primer papa, aun cuando no dispongamos de ninguna afirmación suya a ese respecto. Sin embargo, el influyente Firmiliano, obispo de Cesárea de Capadocia, reaccionó de inmediato. Según el Lexikonfür Theologie und Kirche, no reconoce “ninguna primacía de derecho del obispo de Roma”. ¡Firmiliano más bien censura a 449 Zos. ep. 9,2 s. Incluso el católico Bemhart, Der Vatikan pág. 23, escribe: “Los tres primeros siglos después de la muerte de Simón no saben nada de un soberano en la cátedra de Pedro». Heiler, Altkirchiiche Autonomie 261 s. Bertholet 412. Bihimeyer, Kirchengeschichte 103. Chadwick, Die Kirche 278. Aland, Von Jesús 127,137 s, 209. Baus en Handbuch der Kirchengeschichte II/l, 297. Brox, Probleme 81 s. El mismo, Kirchengeschichte 107. de Vries, Petrusamt 48. Andresen/DenzIer 452. Gelmi 59. Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

El primo en sacar pecho con Mateo 16:18 fue Esteban I, el despótico obispo que decidió que la Iglesia debía ser jerárquico-monárquica, porque lo colegiado le parecía demasiado vulgar. Vamos, que se inventó el papel de “primer papa” sin decirlo abiertamente, como quien se autoproclama emperador en una fiesta de cumpleaños. Et claro, Firmiliano de Cesárea le respondió con un “ni primacía ni nada”, dejando claro que Roma non tenía más derecho que cualquier otra sede.


Pero lo mejor es que incluso los propios papistas posteriores reconocen que las tres primas centurias non sabían nihilo de un soberano en la cátedra de Cefas ¡Nihilo! Ni rastro. Es decir, mientras Europa Ancestral sueña con un papa primitivo sentado en su trono dorado, la realidad es que la silla estaba vacía… o ocupada por un tal Lino, que luego fue convenientemente movido al segundo lugar para que Cefas quedara primo. ¡Qué elegante arbitrariedad!

¿Cómo llegó el primado a los obispos de Roma, a los «papas»? ¿Cómo surgió «su infalibilidad»? Naturalmente que esto no existía al principio, se fue generando con el paso de los siglos en clara contradicción con Jesús y con la era apostólica.
El origen del papado 
La comunidad romana de los cristianos no fue fundada ni por Pedro ni tampoco por Pablo, sino por cristianos judíos desconocidos. No está demostrado que Pedro hubiera estado en Roma, su sepulcro, a pesar de todas las excavaciones, sigue sin encontrarse hasta el día de hoy. Y Pedro jamás se sentó en la silla que hoy lleva su nombre. A mediados del siglo II, cuando Roma tenía unos 30.000 cristianos y 155 clérigos, nadie de la comunidad sabía nada de su fundación por Pedro. Y a finales del siglo II no se le contaba entre los obispos, ¡sólo en el siglo IV se dice que fue obispo durante 25 largos años! Incluso el Liber pontificalis, el libro oficial de los papas, la lista más antigua de los prelados de Roma, nombra a un tal Lino como el primer obispo de la ciudad. Luego se colocó Lino en segundo lugar y a Pedro en el primero. Pero los episcopados de la lista romana de obispos de los dos primeros siglos son muy inciertos, como los alejandrinos o antioquenos, y los de «los primeros decenios pura arbitrariedad». (Heussi). El Credo falsificado, Karlheinz Deschner.

La Iglesia de Roma fue fundada por personas de las que no se tiene ningún dato, pero a mediados del siglo II, a pesar de contar con unos treinta mil miembros, nadie de esa comunidad había dejado constancia ninguna de la supuesta estancia de Pedro en su ciudad. Además, el título de patriarca, como sinónimo de «obispo superior» —y reservado, desde el siglo V, a los dirigentes de Alejandría, Antioquía, Constantinopla, Jerusalén y Roma— apareció mucho más tarde en Roma que en Asia Menor o Siria. Por otra  parte, tampoco ninguna evidencia histórica o arqueológica ha podido encontrar indicio alguno de la estancia o muerte de Pedro en Roma. A pesar de que el 26 de junio de 1968 el papa Paulo VI anunció que «las reliquias de san Pedro han sido identificadas de una manera que Nos podemos considerar como convincente»,[279] tal suposición carece de toda base científica y se fundamenta en una de las investigaciones arqueológicas más lamentables del siglo. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Et sobre Cefas en Roma… bueno, seguimos esperando que aparezca su sepulcro. Excavaciones, estudios, arqueología… nihilo. El hombre jamás se sentó en la silla que hoy lleva su nombre. Pero en la centuria IV, de repente, ¡milagro! Cefas resulta que fue obispo durante 25 años. Qué casualidad, justo cuando facía falta consolidar el papismo.

Así que sí, Europa Ancestral puede seguir repitiendo que el obispo de Roma fue cabeza de toda la aljama de Jesús desde el inicio. La historia, sin embargo, nos muestra otra cosa: listas inventadas, sepulcros inexistentes, títulos robados et cronologías acomodadas.

En resumen: la primacía papal no es tradición apostólica, es teatro político. Et el papa romano, lejos de eser roca divina, es más bien un castillo de arena levantado con falsificaciones et mucho incienso. Europa Ancestral fabla del obispo de Roma como si desde el inicio hubiera sido cabeza de toda la cristiandad. Pero la historia muestra otra cosa.

Los biblistas, incluso ciertos católicos, y la investigación teológica en general tienen sobrados motivos para dudar de la opinión tradicional que ve en Jesús el fundador inmediato de su Iglesia, opinión que considera al episodio narrado por Mateo un suceso real acontecido históricamente en la vida del Maestro de Galilea. Más bien se tiende a pensar que la evolución histórica natural del grupo de seguidores del Nazareno, y sobre todo la sensación (y preocupación) de y por el retraso indefinido de la segunda venida de Jesús, los empujó a constituirse poco a poco en organización bien establecida y a reclamar para sí el título de haber sido fundada por el Maestro al que siguieron en vida.
Luego, siguiendo una tendencia bien conocida en el mundo antiguo, un profeta cristiano, hablando en nombre de Jesús (cf. pp. 143s) crea la historia o el marco narrativo en el que el fundador de tal complejo organizado es Jesús mismo. Esta hipótesis es antigua en la investigación y explica en líneas generales la escena del primado de Pedro no como algo que derive directamente de Jesús, sino como el producto temprano de una comunidad adicta al apóstol Pedro que luego pasó a la tradición escrita sobre Jesús recogida por el evangelista Mateo. Un ejemplo del mundo antiguo aclara este proceso: muchas de las ciudades de la antigüedad se habían fundado como colonias o escisiones de otra ciudad precedente. Cuando la nueva urbe se convertía en próspera, y acontecía que los que la habían hecho surgir de la nada habían sido gentes oscuras, era muy corriente retrotraer la fundación del nuevo núcleo de población a algún personaje ilustre de la metrópoli, aunque no fuera verdad. Para ello se fingían incluso «historias» y leyendas de fundación que sirvieran de apoyo a tales pretensiones. Para construirlas, se servían sus autores de temas verosímiles —por ejemplo, la pertenencia lejana de alguno de los fundadores al grupo de una familia de noble cuna de la metrópoli— que dieran al caso un tinte de verdad. Algo análogo debió de ocurrir con el texto de Mateo. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

Ah, el famoso pasaje de Mateo 16:18 —“Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia”—, esa joya que los papistas exhiben como si fuera un cheque firmado por el mismísimo Jesús. Lástima que Marcos et Lucas, los evangelistas más antiguos, se olvidaron de incluirlo. Qué descuido, ¿Non? O quizá es que nunca existió et fue un añadido tardío de la comunidad de Mateo, que necesitaba darle algo de cemento ad su edificio doctrinal. 

Jesús, por cierto, jamás fundó una Iglesia institucional; lo que esperaba era el fin del mundo, et pronto. Pero claro, como el Apocalipsis non plegaba, había que inventar una estructura, una burocracia, un organigrama celestial.

¿Et Cefas en Roma? Ni rastro. Non está probado que Cefas haya pisado la ciudad, et mucho menos que se haya puesto la mitra de obispo. De fecho, cuando Saulo lo reprende públicamente en Gálatas, lo deja en evidencia como un hipócrita. Supremacía, dicen los papistas… sí, supremacía en recibir regaños.

Así queda la “roca”: un pasaje espurio, un apóstol sin sede et un supuesto papa que empieza su carrera siendo corregido en público. ¡Qué cimiento tan sólido para levantar una Iglesia universal!

Dos hechos confirman que el obispo de Roma, que sólo era el primero entre los iguales, no gozaba de ningún poder de jurisdicción. En tiempos del obispo de Roma Víctor (c. 189-198) estalló una fuerte disputa sobre la fecha de la celebración de la Pas­cua. El obispo Víctor intentó, con este motivo, separar a las iglesias de Asia y de las regiones limítrofes, alegando que eran heterodoxas, y excomulgó a todos los cristia­nos de aquellas regiones, a lo que se opusieron firmemente Ireneo y los obispos de Asia, a su frente Polícrates. El problema de la rebautización de los herejes estalló en­tre Cipriano y el obispo de Roma, Esteban. A esto último se opusieron Esteban, He­leno y Firmiliano, los obispos de Cilicia, Capadocia, Galacia, y los de todas las regio­nes vecinas, según informa Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica. Estos hecho indican que no se concedía ningún poder jurisdiccional al obispo de Roma. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.
Las comunidades primitivas se organizaban con liderazgo plural: apóstoles, profetas, rabinos, presbíteros. El obispo era primus inter pares, non monarca. 
Mientras que la «iglesia» de Jerusalén se regía por el modelo judío (un sinedrio de ancianos y un jefe espiritual), la estructuración de las comunidades o iglesias paulinas era variada. En general —y puesto que como sabemos se esperaba un fin de los tiempos inmediatos—, el grupo de creyentes era gobernado no por cargos formales, sino por carismáticos, es decir, por los que tenían el don (en griego chárisma) de ser «movidos por el Espíritu», cuyos representantes eran sobre todo los profetas y los maestros, junto con ciertos misioneros itinerantes. Pero no en todos los sitios era igual la estructura organizativa: en las cartas paulinas auténticas, en la ciudad de Filipos, encontramos «obispos», es decir, «inspectores», y diáconos (Fil 1,1; epískopos, en griego, significa «el que vigila sobre algo»). Esta estructura en concreto imitaba probablemente la organización de otras instituciones paganas de culto que tenían sus propios inspectores. Así pues, la «organización» de las diversas comunidades de cristianos era variada. Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero. 

Las Epístolas Pastorales no ofrecen historia alguna precisa de la constitución de los cargos eclesiásticos, sino que los presenta como algo ya normal para el funcionamiento de la comunidad. Curiosamente, sin embargo, salvo quizá en Filipos, donde el grupo cristiano recoge y asume el sistema de gobierno de las organizaciones religiosas ya existentes en el paganismo, el gobierno de las primeras comunidades paulinas no estaba estrictamente organizado según cargos eclesiásticos con funciones bien determinadas. Eran los maestros y profetas los que, en comunicación directa con el Espíritu, regían la comunidad. Esta debía ser gobernada según los dones espirituales (carismas) que el Espíritu reparte a su arbitrio, pero que al proceder de Dios deben tender a la unidad del grupo (1 Corintios 12, 4, 12-30). Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero. 

Cuando Esteban I (siglo III) intentó imponer la primacía romana, Cipriano de Cartago lo rechazó tajantemente: “Non hay obispo de obispos.” 

Entretanto: ningún padre antiguo de la Iglesia reconoció las exigencias romanas de primado, empezando por el mártir Justino en el siglo II y terminando en el siglo V con el doctor de la Iglesia, Agustín, amigo de Roma. Por eso el Primer Concilio Vaticano de 1870 acusó a Agustín de «ideas equivocadas» (pravae sententiae). «Nosotros somos cristianos, no de Pedro», había dicho Agustín; y Mateo 16, 18 «no interpretó ni entendió en el sentido romano en ningún momento de su vida» (Caspar). Tampoco el doctor de la Iglesia, Ambrosio —sin duda tan influyente como los papas de su tiempo— concedió a este primado ninguna primacía, ni de jurisdicción ni honorífica. La frase de las puertas del infierno la refiere Ambrosio no a Pedro sino a su fe. Quien cree, como creyó Pedro, es una roca y tan bienaventurado como él, no inferior ni a Pablo, ni a Juan, ni a Santiago. Pero este convencimiento de los católicos más elogiados de la antigüedad es tanto más llamativo por cuanto que también los libros de los «santos padres», según el doctor de la Iglesia Cirilo (un perseguidor furioso de judíos, el primer iniciador de una «aniquilación» y pasando por alto sus otros crímenes), «se llevó a cabo por inspiración del Espíritu Santo». Por supuesto que los teólogos orientales conocidos del siglo IV, los santos Basilio, Gregorio el Nacianceno, Gregorio de Nisa etc, nada sabían de estas pretensiones, que se querían derivar de la palabra de Pedro como roca. Y ningún obispo romano se atribuía por entonces poder judicial o de decisión en asuntos de oriente. Cuando menos, hay que conocer a grandes rasgos que: la ficción del círculo de los doce, la eliminación de los profetas mediante los obispos, la creación del episcopado monárquico, los modos papales de primado… no es algo que se justifique únicamente por el logion artificial de Mateo 16, 18, sino que se recurre y justifica también por documentos falsificados, como los decretos pseudocirílicos y los pseudoisidóricos (más de cien cartas papales y decisiones conciliares falsificadas), por el Constitutum Silvestri etc; hay que conocer todo esto para darse cuenta que casi nada de lo que esta Iglesia hacía pasar por apostólico lo era realmente, ninguno de sus dogmas está en relación legítima con su origen, tampoco la denominada infalibilidad del Papa en cuestiones de fe. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner

Padres como Orígenes et Agustín tampoco recognocieron supremacía romana. En Nicea (325), el obispo de Roma ni siquiera tuvo peso. Las decisiones dependían del príncipe, non del papa.

Resulta elocuente el hecho de que la Iglesia antigua no reconociera ninguna primacía honorífica y de derecho del obispo de Roma que hubiera sido instituida por Jesús. Dicha primacía está en contradicción con la doctrina de los antiguos padres de la Iglesia, incluso de los más destacados. Pues lo mismo que Cipriano, también Orígenes, el mayor teólogo de los tres primeros siglos, aunque acusado de herejía, interpreta la “posición de primacía” en un sentido colectivo. Al decir Pedro se hacía alusión también a los apóstoles, incluso a todos los fieles; “todos son Pedro y piedras y sobre todos ellos está construida la Iglesia de Cristo”.456 Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma.

El origen del papado es todo menos milagroso, non hubo nada sobrenatural, todo fue muy natural. Las razones se derivan de la posición de Roma como capital del imperio de Roma y del papel dirigente que en Italia se atribuye el obispo de Roma tras el desmoronamiento del imperio.

El nacimiento del primado de Roma

Entre nosotros no hay un obispo de obispos, no hay nadie que obligue a sus colegas a obedecer con autoridad tiránica. El obispo Cipriano 

Este socavamiento del poder fue llevado a cabo teológicamente por la denominada doctrina de Pedro, loada y encumbrada por los papas y su séquito. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner 

La primacía papal non se consolidó hasta la centuría IV, cuando Roma seguía siendo capital imperial y el obispo romano acumuló riqueza y poder. Dámaso I adoptó el título de Pontifex Maximus, heredado de los emperadores, y comenzó a hablar de “sede apostólica”. Inocencio I fabricó la ficción de que todas las iglesias de Occidente fueron fundadas por Pedro, una falsedad sin base histórica.

La lista oficial de los primeros obispos de Roma, eso es papas, que proclama la Iglesia católica es la siguiente: san Pedro (67-68),[282] Lino (67-76), Cleto o Anacleto (76-88), Clemente I (88-97), Evaristo (97105), Alejandro I (105-115), Sixto I (115-125), Telesforo (125-136), Higinio (136-140), Pío I (140-155), Aniceto (155-166), Sotero (166-175), Eleuterio (175-189)… Liberio (352-366). El listado procede de un supuesto catálogo —Catalogus Liberianus, aparecido en el año 354—, encontrado por historiadores católicos y que hace remontar sus primeros datos a los días del papa Eleuterio,[283] pero no hay base alguna para apoyar su autenticidad y la práctica totalidad de los personajes citados son de dudosa existencia real —dándose la más que sospechosa coincidencia de que todos ellos aparecen como ajenos al mundo judío— y la crítica histórica no acepta los escasos datos biográficos que se les atribuye en el Líber Pontificalis, el libro oficial de los papas. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

El Liber pontificalis adornó con falsificaciones la idea de que “la primera sede no es juzgada por nadie”. Así, lo que hoy se presenta como tradición antigua fue en realidad una estrategia política y jurídica para cimentar poder en un momento de crisis.

Pedro tampoco apareció con mayor dignidad que sus compañeros en los listados de apóstoles que figuran en los Evangelios,[270] tal como cabría esperar dada su presunta autoridad —que ya debería de haber estado pública y perfectamente asentada cuando se redactaron los textos neotestamentarios— y, en cualquier caso, cuando Pablo citó a quienes eran considerados «columnas» de la Iglesia, habló de «Santiago, Cefas [Pedro] y Juan», por este orden,[271] y no tuvo el menor reparo en acusar a Pedro de hipócrita y reprenderle públicamente por falsear el evangelio.[272] Además, Pedro tampoco se arrogó la máxima autoridad en su I Epístola —ni en la II, aun siendo ésta pseudoepigráfica—, cosa absurda si de verdad hubiese sido el primer papa. Resulta evidente, pues, que ni los apóstoles, ni Pablo, ni el propio Pedro afirmaron de este último lo que la Iglesia católica tiene la osadía de imponer. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

La primacía del obispo de Roma es una construcción tardía, non un mandato divino. La tradición apostólica es un mito inventado para imponer una ortodoxia sobre un cristianismo diverso. Europa Ancestral pretende levantar sobre estas ficciones la defensa del cristianismo como salvador de Roma, pero la historia muestra lo contrario: el papado nació de la política imperial y de la falsificación documental, non de Jesús ni de los apóstoles.

Como señaló Celso en el siglo II, los cristianos ni siquiera se ponían de acuerdo entre ellos. Cada grupo se proclamaba heredero de la verdad, mientras acusaba a los demás de error. Los clamados “Padres de la Iglesia” non fueron reconocidos como autoridad universal por todos los jesístas. Que un fulano escribiera “el cristianismo es esto” non significaba que las demás comunidades lo aceptaran.

La patrística como fuente interesada

Usar la patrística para definir el jesísmo es como usar las crónicas de los enemigos para describir Roma:

Los textos patrísticos son documentos de combate, escriptos para legitimar una facción frente ad otras.
Su objetivo era consolidar una ortodoxia, non reflejar la diversidad real.
La “tradición apostólica” que invocan es una invención tardía, un recurso retórico para afirmar que su doctrina venía directamente de los apóstoles, cuando en realidad era una construcción a posteriori.

Conclusión

Non hay una “corriente patrística” que pueda definir el jesísmo primitivo como bloque homogéneo. Lo que hay es una pluralidad de voces, muchas de ellas silenciadas por la facción que más tarde se clamó “ortodoxa”. Tomar la patrística como norma es aceptar una visión parcial, interesada et distorsionada.

Refutando los intentos de evidenciar una ortodoxia papista en la época de Celso

La Iglesia católica sostiene que desde su comienzo el cristianismo tuvo una ortodoxia, eso es una fe verdadera, que tuvo que defenderse de múltiples herejías que intentaron apartarla de las creencias originales; pero tal afirmación es absolutamente falsa y no es más que una ficción eclesiástica que pretende mostrar a la Iglesia como la heredera y continuadora de la tradición apostólica, cosa que evidentemente no es. El concepto de herejía —aíresis—, que no significaba más que la opinión elegida para sostener algo, en el siglo II fue pervertido y transformado en algo peyorativo por el obispo Ignacio —creador también del concepto de «católico»—, que lo hizo sinónimo de falso, sectario, sin fundamento ni credibilidad, etc. Tal como veremos algo más adelante, sólo tras la lucha encarnizada entre decenas de sectas cristianas se llegó, a partir del concilio de Nicea, al triunfo de la herejía —u opinión— católica y a la imposición de la ortodoxia que aún defiende la Iglesia actual. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.
La disputa sobre la primacía papal continuó hasta la Edad Moderna Tampoco en los primeros siglos de la Alta Edad Media los concilios ecuménicos se doblegaron en modo alguno a las exigencias de representatividad exclusiva de Roma. La toma de resoluciones se hacía de modo colegial, y en la proclamación solemne de los cánones ni se citaba al papa. No era él la instancia jerárquica superior, competente para una decisión vinculante en cuestiones de fe, sino el concilio. El teólogo romano Wilheim de Vries, en el resumen final de su estudio sobre los sínodos celebrados durante el primer milenio, afirma: “Según estos concilios, lo normal es que al menos las decisiones en cuestiones de fe y en asuntos disciplinarios importantes se tomen de modo colegial. Es difícil ver cómo una primacía entendida en sentido absolutista puede encontrar apoyo en la tradición del primer milenio”. Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

¡Oh, Europa Ancestral, necios papistas que alucináis una "Iglesia virtuosa" ortodoxa desde los tiempos de Jesús, como si en la centuría II E.V. fuera una superstición jesista unificada, establecida por un Jesús deal, et que el jesísmo se extendió con rapidez vertiginosa por el Imperio Romano, prueba de su supuesta verdad divina! ¡Qué falacia del "verdadero escocés", qué anacronismo grotesco! Pretendéis que Celso atacaba un "falso" cristianismo, envidiando una supuesta ortodoxia primigenia, cuando non había tal cosa: sSolo un desorden polimórfico de sectas –simonianas, ebionitas, marcionitas, montanistas–, cada una con sus evangelios et credos, sin canon fijo ni auctoridad central para delimitar "herejía" ¡Por Minerva, refutemos vuestros patéticos intentos de probar una ortodoxia papista, desenmascarando vuestras falacias et proyecciones anacrónicas con la luz de la razón, las fuentes históricas, et los datos sobre la lenta expansión del jesísmo en el Principado Romano!

Para comenzar, no dispone de ninguna documentación contemporánea que sea exterior al ámbito cristiano, es decir, de una documentación capaz de suministrar algunas indicaciones no marcadas por la fe sobre la formación de un movimiento que cambiará la faz del mundo. Y sin embargo, el movimiento cristiano no tiene su origen en la prehistoria o en una época en la que la documentación escrita, por definición, estuviese ausente. Pertenece perfectamente a la historia. Se formó incluso en el seno de un mundo capacitado para registrar y comentar todo lo importante que podía acontecer: el mundo grecorromano. Pues bien, éste es completamente mudo sobre el asunto. La emergencia del cristianismo escapó por completo a la mirada de sus funcionarios y sus historiadores, así como a la de los historiadores judíos contemporáneos. Ese silencio está a la medida de la humildad de sus orígenes y de la ceguera de los poderosos de este mundo, dirán algunos. Y podrían añadir, de todas formas, que todo lo que la historia oficial podría haber dicho sobre ello, se-ría poca cosa en comparación con los documentos que los cristianos han conservado ellos mismos sobre sus orígenes y que, debido a que emanan del interior del movimiento, le dan una imagen mucho más profunda y más fiel. Maurice Sachot – La invención de Cristo.

1. Afirmaciones de Divinidad de Jesús

Vuestra pretensión: Afirmáis que Jesús se proclamó Dios antes de Pablo, citando pasajes como Juan 20:28 (“¡Señor mío y Dios mío!”), Juan 10:30 (“El Padre y Yo somos uno solo”) et Juan 8:58 (“Antes que Abraham fuera, Yo Soy”). Además, apeláis a su “pureza moral” como prueba indirecta de que no pudo haber sido un loco ni un mentiroso.

Refutación: Esta postura incurre en una doble falacia: anacronismo teológico et selección sesgada de fuentes (cherry-picking). La exégesis crítica —incluida la católica más rigurosa— demuestra que ningún pasaje de los evangelios sinópticos atribuye ad Jesús una autoproclamación divina históricamente verificable.

Los textos del Evangelio de Juan, redactados hacia el año C E.V., non transmiten los verbos del Jesús histórico, sino la teología elevada del evangelista, influida por el platonismo y la gnosis cristiana. Para un judío piadoso del siglo I, autoproclamarse Dios habría sido una blasfemia impensable, no una afirmación legítima.

Los pasajes citados —Juan XX:XXVIII, X:XXX et VIII:LVIII— son elaboraciones místicas tardías, non testimonios directos de Jesús. Reflejan una cristología desarrollada, non una autopercepción del Nazareno. Bart Ehrman señala que la cristología más temprana, como la que aparece en Hechos, presenta ad Jesús como un hombre exaltado ad “Señor et Mesías” tras su resurrección, non como Dios consustancial.

El argumento de la “pureza moral” como prueba de divinidad es una falacia ad hominem inversa: apelar al carácter ético de una figura para validar afirmaciones metafísicas es lógicamente irrelevante. Que Jesús haya sido considerado virtuoso non implica que se haya considerado divino, ni que lo fuera.

Finalmente, la apelación ad una supuesta “ortodoxia papista” es un anacronismo flagrante: en el siglo II non había ninguna institución capaz de fijar doctrinas universales. El jesísmo primitivo era plural, fragmentado et doctrinalmente fluido, con múltiples visiones sobre la identidad de Jesús.

2. Jesús como el Cristo 

Vuestra pretensión: Afirmáis que Jesús es el Cristo de las pseudoprofecias (pero más que un Cristo es un Anticristo contra los gentiles), cumpliendo roles de “Anticristo sufriente” et “triunfante”, et que el jesísmo es una superación del mosaísmo.

Refutación: ¡Anacronismo et falacia de reinterpretación selectiva! Las fuentes confirman que Jesús era un mosaísta puro, centrado en la Ley Mosaica como vía de salvación (Mateo 5:17-18), sin intención de abolirlo. La noción de un Anticristo sufriente-triunfante es una relectura jesísta posterior, aplicada tras su muerte para explicar el “fracaso” de la cruz, non parte del imaginario fariseo de la centuría I. La tradición de “dos Anticristos” (ben José et ben David) era en Qumrán, pero el concepto de un Anticristo crucificado et resucitado era novedoso et ajeno ad el fariseísmo normativo

El jesísmo representa una reinterpretación profunda, non una solo continuación, impulsada por Saulo et Juan, quienes transformaron a Jesús en un Verbo deal ¡Vuestra “Iglesia virtuosa” papista es un mito; non había ortodoxia unificada, solo sectas reinterpretando el mosaísmo ad su modo!

3. Fiabilidad de los Evangelios et Refutación de Contradicciones

Vuestra pretensión: Defendéis la fiabilidad de los evangelios, explicando discrepancias como las genealogías (Mateo por José, Lucas por María) y la fecha de la Pascua (Jesús usó el calendario de Qumrán), y tacháis de “burdas” las comparaciones con mitos paganos.

Refutación: ¡Falacia de armonización forzada y negación de evidencia! Las fuentes destacan innumerables contradicciones en los evangelios, reflejo de su naturaleza como construcciones teológicas, non reportajes históricos. Las genealogías de Mateo et Lucas son incompatibles; la idea de una por José (legal) et otra por Mariam (biológica) es un “absurdo” que contradice la patrilinealidad hebrea et la concepción virginal. Sobre la Pascua, Juan (crucifixión el 14 de Nisán) es más probable históricamente que los sinópticos, cuya “cena pascual” carece de elementos rituales mosaístas. Comparaciones con la deidades (Mitra, Libre) non son “burdas”; los evangelios incorporan motivos helenísticos como resurrección et salvación ultramundana, reconocidos incluso por apologetas primitivos ¡Vuestra ortodoxia papista es anacrónica: los evangelios reflejan diversidad doctrinal, non una superstición unificada!

4. El Apóstol Saulo et la Ficción de la Unidad Doctrinal

Vuestra pretensión: Sostenéis que Saulo non “inventó” la deidad de Jesús, apelando ad credos pre-paulinos como Filipenses 2:6–11 et ad su supuesta comunión doctrinal con los apóstoles de Jerusalén (Gálatas 2:2, 9–10). Además, presentáis su conversión como prueba de la resurrección.

Refutación: Esta postura incurre en una doble falacia: falsa concordia et proyección anacrónica. La figura de Saulo non representa continuidad doctrinal con Jesús ni con los apóstoles originales, sino una ruptura teológica radical que transformó el mensaje judío del Nazareno en una religión helenística centrada en la divinidad preexistente del Cristo.

1. Sobre la Divinidad de Jesús

Los papistas afirma que Jesús se proclamó Dios et que los apóstoles lo reconocieron como tal. Sin embargo, las fuentes críticas contradicen esta lectura y revelan que tales afirmaciones son elaboraciones teológicas posteriores, no declaraciones auténticas del Jesús histórico.

Jesús non se proclamó Dios

Es altamente improbable que el Jesús histórico se considerara a sí mismo Dios vero. Non se conserva ningun verbo suyo que lo afirme con claridad.De las más de MCCC menciones de “Dios” en el Nuevo Testamento, solo siete podrían vincular ad Jesús con la divinidad, pero non ontologicamente, et ninguna proviene directamente de sus labios. Jesús distingue entre él et Dios: afirma que solo el Padre conoce el fin de los tiempos, que solo Dios es bueno, et que es Dios quien asigna los lugares en el Reino. La imagen de Jesús como “Fijo de Dios” en sentido ontológico es una construcción teológica de la Iglesia primitiva, non una autopercepción del predicador galileo.

Revisión crítica de los pasajes citados

Juan 8:58 ("Antes que Abraham fuese, yo soy"): Este pasaje, frecuentemente citado por paulistas, como prueba de que Jesús se proclamó divino, pertenece al Evangelio de Juan, el más tardío (fechado aprox. en el año cien) et teológicamente sofisticado del canon. La expresión “Yo soy” (ἐγώ εἰμι, ego eimi) ha sido interpretada por algunos jesístas como una alusión directa al nombre divino revelado en Éxodo 3:14 (“Yo soy el Ente”). Sin embargo, esta conexión es lingüística, teológica e históricamente insostenible.

Primo, afirmar que Jesús era antes de Abraham non implica deidad. Si la preexistencia fuera prueba de eser Dios, entonces Adán, los ángeles o incluso la serpiente—todos anteriores a Abraham— también lo eserían. En el marco bíblico, es más coherente entender que Jesús se refería ad haber sido designado por Tervagante como Anticristo prior del nacimiento de Abraham, tal como ocurre con Jeremías, quien fue consagrado profeta antes de nascer (Jeremías 1:5).


Segundo, la supuesta equivalencia entre “ego eimi” et el nombre divino de Éxodo 3:14 se desmorona al analizar el texto greco. En la Septuaginta —la traducción greca del Antiguo Testamento usada en tiempos de Jesús— Dios se presenta como ho ōn (“el Ente”), non como ego eimi. Aunque ambas expresiones aparecen en el pasaje, ego eimi” non es el término que identifica ad el Ente en la fórmula “Yo soy el Ente”. Por tanto, Jesús non empleó la fórmula exacta que Tervagante usa en el libro del Éxodo, lo que debilita la supuesta proclamación de misma identidad de Jesús et Tervagante, como el Ente.

Tercio, si simplemente decir “ego eimi” fuera prueba de deidad, entonces el ciego sanado en Juan IX:IX —quien también dice “ego eimi” (“soy yo”)— debería eser considerado deal. Pero evidentemente, el contexto determina el significado, et en ambos casos, el uso de “ego eimi” non equivale ad una afirmación ontológica de eser Dios.

En resumen, Juan VIII:LVIII non constituye una afirmación histórica de divinidad por parte de Jesús, sino una elaboración teológica joánica, influida por el pensamiento platónico et la cristología desarrollada de la centuría I tardía. La crítica textual, lingüística et contextual desmonta la idea de que Jesús se identificó con el genio maligno del Éxodo, et revela que esta interpretación es una construcción doctrinal posterior, non una declaración auténtica del Jesús histórico.

II Pedro I:I ("Dios et salvador nuestro Jesucristo"): Ah, la Segunda Epístola de Pedro… ese texto que los estudiosos modernos, con sus lentes críticos et sus cronologías implacables, colocan cómodamente en la centuria II, como si Cefas hubiera tenido una oficina de redacción en el siglo posterior ad su muerte. “Pseudónima”, dicen. “Cristología helenística ya consolidada”, añaden. Et sí, probablemente tengan razón. Pero, por el bien del argumento —et por puro placer intelectual— vamos ad eser generosos. Supongamos que fue escrita por Pedro. Supongamos que pertenece ad la centuria I, teniendo predatación, ad el contexto inmediato de Jesús ¿Et entonces qué? Pues entonces, querido lector, el versículo 2 Pedro 1:1 —“Dios et salvador nuestro Jesucristo”— se convierte en una bomba teológica. Porque si Cefas, el pescador convertido en apóstol, está clamando “Dios” ad Jesús en pleno siglo I, antes de los concilios, antes de Nicea, prior de las fórmulas trinitarias… entonces estamos ante una afirmación que non puede eser ignorada ¿Et cómo interpretarla? ¿Cómo lo haría Atanasio, con su equiesencialidad et su homoousios? ¿O como lo faría Filón de Alejandría, ese mosaísta platónico que vivió en la misma centuría que Jesús et que tenía una visión mucho más matizada —et provocadora— del asunto?  Entonces, si Cefas—o el auctor que se face pasar por él— clama “Dios” ad Jesús, ¿por qué non pensar que lo face en ese mismo sentido filónico? ¿Por qué non aceptar que, en el contexto de la centuría I, clamar “Dios” al Verbo era reconocerlo como un segundo Dios, subordinado pero divino, distinto pero emanado, poderoso pero non supremo? 

Filón, que non era jesísta pero sí profundamente influenciado por la filosofía greca, fablaba del Verbo como una entidad divina subordinada (lo cual se tocará en detalle), un “fijo primogénito”, un “arcángel”, un “nombre de Dios”, una “imagen más antigua de Dios”. Non era el Dios supremo, pero tampoco era un cualquiera. Era el intermediario mundano, el príncipe subordinado de un gran rey, el medio por el cual Dios rige et se manifiesta. Et sí, Filón plega ad clamar al Verbo “Dios”, aunque aclara que es un uso “impropio”, una forma de fablar hierárquica, non ontológica. 
Los rabinos monoteístas, por cierto, non se tragaban esta idea. Para ellos, el jesísmo emergente era una “teología de dos autoridades”, una herejía que rompía el monoteísmo. Et non les faltaba razón: si Jesús es Dios, pero non el Padre, entonces hay dos. Et si hay dos, ¿Dónde queda el “Escucha Israel: el Señor tu Dios uno es”?  

Entonces, volvamos ad Cefas. Si aceptamos que escribió esa epístola en la centuría I, et que clamó “Dios” ad Jesús, ¿Non estamos ante una afirmación que encaja mejor en el modelo de Filón que en el de Nicea? ¿Non estamos viendo una cristología primitiva que reconoce ad el Verbo como una entidad divina distinta del Padre, pero igualmente digna de dulía?

Porque al final, la pregunta non es si hay uno o dos dioses. La pregunta es cómo se entendía la divinidad en un mundo donde el monoteísmo mosaísta se cruzaba con la metafísica greca. Et en ese cruce, el Logos —ese Verbo que era con Dios et que era Dios— aparece como el segundo Dios, el mediador, el revelador, el salvador.

Et si Cefas lo dijo, entonces non lo dijo como Atanasio. Lo dijo como Filón. Lo dijo como alguien que vivía en un mundo donde la divinidad tenía jerarquías, funciones, emanaciones. Lo dijo como alguien que veía en Jesús no al Dios supremo, sino al Dios que actúa, que salva, que revela.

Así que sí, II Pedro I:I puede eser pseudónima, puede eser tardía. Pero si non lo es, si es auténtica, entonces es una ventana ad el pensamiento teológico del siglo I, donde clamar “Dios” ad Jesús era reconocerlo como el Verbo divino, el segundo Dios, el mediador entre el Ente et el mundo.

Et eso, Europa Ancestral, es una idea que ni tus concilios pudieron borrar del todo.  

Juan XX:XXVIII ("¡Señor mío et Dios mío!"): Refleja la cristología elevada del Evangelio de Juan, el más tardío et teológicamente sofisticado. Non representa verbos históricos de Jesús, sino la superstición del evangelista. Ídem, ad lo prior, non se concluye que signifique Dios ontologicamente fablando.
Mateo XVI:XVI ("Tú eres el Hijo del Dios vivo"): Considerada non histórica. El versículo XVI:XVIII, donde Jesús instituye la Iglesia sobre Cefas, es visto como una interpolación tardía con fines eclesiológicos, probablemente cercana ad el Concilio de Nicea. Ídem, ad lo prior, non se concluye que signifique Dios ontologicamente fablando.
Santiago II:I ("Nuestro glorioso Señor Jesucristo"): El título “Kyrios” con implicaciones deales aparece en estratos tardíos. La epístola se enfoca más en ética que en cristología, et non presenta una teología explícita de la divinidad de Jesús.

2. Sobre la Concordia Doctrinal entre los Apóstoles

Los papistas sostienen que las disputas entre Saulo et los demás apóstoles non afectaban la cristología, et que existía consenso sobre la divinidad de Jesús. Las fuentes contradicen esta visión, mostrando un jesísmo primitivo fragmentado et en constante disputa.

Conflictos doctrinales profundos

Las tensiones entre Saulo et los líderes de Jerusalén (Cefas, Jacobo) fueron teológicas, non meramente prácticas.
La doctrina paulina de la justificación por la fe y la abolición de la Ley Mosaica fue vista como herética por los judeocristianos.
La Carta de Jacobo (cuyo remoquete es Santiago) responde directamente a Saulo, defendiendo la necesidad de las obras junto a la fe.
Saulo introdujo nociones como la redención por la cruz et la preexistencia de Jesucristo, ajenos al mensaje original de Jesús.

Cristologías divergentes

El jesísmo primitivo albergó múltiples visiones sobre Jesús: desde el adopcionismo (Jesús como hombre exaltado) hasta el docetismo (Jesús como ente divino sin cuerpo humano).
Marcos et Hechos presentan una cristología subordinacionista, donde Jesús es adoptado como fijo tras la resurrección.
Saulo concibe a Jesús como un ente divino subordinado al Padre, una especie de semidiós, non coigual con Dios.
Juan introduce la noción del Verbo preexistente, marcando un salto teológico respecto a las tradiciones anteriores.
Las controversias jesísmo posteriores (arrianismo, monofisismo, diofisismo) demuestran que la divinidad de Jesús fue objeto de intensos et prolongados debates, non de consenso.

Conclusión

Los argumentos papistas sobre la divinidad de Jesús et la supuesta concordia doctrinal entre los apóstoles non resisten el escrutinio histórico. La investigación crítica revela que:

Jesús non se proclamó Dios.
Las afirmaciones divinas en el Nuevo Testamento son productos de evolución teológica, no testimonios históricos.
Las relaciones entre Cefas et los apóstoles estuvieron marcadas por profundas divergencias doctrinales, especialmente en torno ad la Ley Mosaica et la identidad de Jesús.
La cristología fue un campo de intensa disputa, non de acuerdo, desde la centuría I hasta los concilios ecuménicos.

5. "La tumba vacía"

Vuestra pretensión: Afirmáis que el entierro de Jesús por José de Arimatea et la tumba vacía son fechos históricos, documentados por fuentes tempranas et confiables.

Refutación: Su defensa se desmorona ante el análisis crítico de las fuentes, que permite abordar con detalle aspectos cruciales sobre la historicidad de los relatos bíblicos et la conformación del jesísmo primitivo. Lo que se presenta como historia es, en realidad, testimonio teológico, moldeado por la superstición de las comunidades et por la intención doctrinal de los evangelistas.

Historicidad de los Evangelios: Entre el Testimonio et el fecho

Las fuentes concuerdan en que el Nuevo Testamento non es una obra histórica en el sentido moderno, sino una proclamación de creencias. Su propósito es transmitir lo que los eventos significan dentro del plan divino, lo que implica una distorsión de los fechos por parte de los auctores. Aunque contienen elementos históricos, cada relato está atravesado por la superstición de la comunidad creyente, lo que dificulta la reconstrucción de los fechos brutos.

La formación de los Evangelios canónicos se basó en tradición oral et pequeñas colecciones escritas, con problemas de transmisión evidentes. La crítica redaccional ha demostrado cuánto hay de personal et teológico en la reelaboración de los textos:

Mateo corrige et amplía ad Marcos, añadiendo relatos de la infancia et apariciones del Resucitado, en respuesta al desinterés de Saulo por la vida terrenal de Jesús.
Lucas afirma haber investigado “todo de nuevo con rigor”, pero sus relatos combinan “color local” con elementos inverosímiles et teológicos.

La crítica textual revela que non poseemos ningún original, solo copias con errores acumulados. Las lecturas bizantinas, aunque numerosas, non son necesariamente las mejores. La teoría ampliada de las dos fuentes (Marcos, Q, et material propio de Mateo et Lucas) confirma la naturaleza compilatoria et redaccional de los Evangelios. En resumen, son una mezcla de historia, leyenda et fabula, et su estudio exige separar los datos históricos de su ganga supersticiosa.

El Entierro de Jesús et la Tumba Vacía: Una Narrativa en Evolución

La figura de José de Arimatea se agranda progresivamente en los Evangelios, et es posiblemente un artificio literario creado para justificar un entierro honorable et contrarrestar la tradición de que los crucificados eran arrojados a fosas comunes. Saulo, el auctor más antiguo del Nuevo Testamento, menciona que Jesús fue sepultado, pero non menciona ni ad José ni ad una tumba privada.

Las narraciones de la tumba vacía et la resurrección están plenas de ambigüedades, inconsistencias et contradicciones. El silencio de Saulo sobre la tumba vacía es significativo. Incluso si se admitiera su existencia, non probaría la resurrección: otras suposiciones, como el robo del cuerpo, ya circulaban en tiempos de Mateo.

Los evangelios ni siquiera coinciden en cuántas mujeres fueron al sepulcro:

Mateo menciona a Mariam Magdalena et la otra María.
Marcos agrega a Salomé.
Lucas incluye a Juana et otras mujeres non identificadas.
Juan menciona solo a Mariam Magdalena, quien además non concluye que Jesús ha resucitado, sino que “se han llevado al Señor” (Juan XX:II).

Estas discrepancias afectan la estructura misma del relato. Si el acontecimiento hubiera sido histórico et presenciado por múltiples hombres, ¿Cómo es posible que los auctores non coincidan ni siquiera en quiénes estuvieron presentes? La disparidad en número, identidad, propósito et reacción revela que cada comunidad jesista primitiva reelaboró el relato según sus propias necesidades teológicas.

Además, el propósito de la amortajación plantea una paradoja: ¿Por qué preparar el cadáver si se esperaba una resurrección inminente? Esto sugiere que quienes realizaron el entierro non creían en la divinidad de Jesús, sino que lo consideraban un ente humano común.

Bart Ehrman identifica modificaciones anti-adopcionistas en Lucas, como el episodio del “sudor de sangre” (Lucas 22:43–44) et el relato de Cefas en la tumba vacía (Lucas 24:12), que probablemente non eran originales. Estas interpolaciones fueron introducidas por escribas proto-ortodoxos para reforzar la idea de que Jesús tenía un cuerpo carnal real et para refutar las visiones docéticas. Et ta inclusión de Cefas como testigo busca dar credibilidad masculina et apostólica a una historia que originalmente dependía de testimonios femeninos, considerados menos fiables en el contexto cultural de la época.

La Resurrección: Un Evento de Superstición, Non de Historia

Las fuentes son claras: la resurrección non pertenece al ámbito de la historia, sino al de la superstición. Non es un fecho repetible ni comprobable. Saulo basa toda su teología en la resurrección, considerándola el núcleo del jesísmo, pero non concede importancia a la vida terrenal de Jesús, salvo en contadas ocasiones.

El estudio comparativo de las escuelas sacramentales del mundo antiguo —como las de Isis, Mitra o Libre— revela que la experiencia extática, el renacer simbólico et la revelación sagrada eran elementos comunes. Estos paralelismos sugieren que la comprensión de la resurrección en el jesísmo primitivo pudo haber estado influenciada por sensibilidades escolares que valoraban la transformación espiritual por encima de la literalidad histórica.

6. La Trinidad papista et el Fariseísmo

Vuestra pretensión: Defendéis la Trinidad papista como implícita en el Antiguo Testamento, con el “ángel del Señor” como Cristofanía, compatible con el monoteísmo mosaísta.

Refutación: ¡Anacronismo et falacia de reinterpretación retrospectiva, es decir pura eiségesis! La doctrina trinitaria papista non aparece en la predicación de Jesús ni en el jesísmo primitivo; fue formulada centurias después, en los concilios de Nicea (325 d.C.) et Calcedonia (451 d.C.), como reacción ad disputas doctrinales internas.

El monoteísmo talmudista estricto rechaza cualquier divinidad de Jesús. La anticristología temprana era adopcionista, con Jesús subordinado al Padre. Las clamadas “Cristofanías” son lecturas jesístas posteriores del Antiguo Testamento, influenciadas por el platonismo et simonianismo, non por el pensamiento del Jesús mosaísta.

La noción de Trinidad es anacrónica en el Antiguo Testamento, porque non formaba parte de las creencias mosaístas originales ni del pensamiento de Jesús et los apóstoles. Su desarrollo fue un proceso gradual, influenciado por corrientes teológicas orientales et filosóficas helenísticas.

Ah, ahora , qué delicia teológica la que nos ofrece el buen Billuart en su Tractatus de Trinitate, en lo que dice el Blog En Gloria y Majestad. Un festín de lógica circular, citas selectivas et una pizca de arrogancia doctrinal, todo servido con la solemnidad de quien cree que el “Ergo” final es suficiente para cerrar milenios de debate. ¡Ergo! Qué verbo tan mágico. Uno la pronuncia et, al parecer, los mosaístas deben rendirse, cerrar sus sinagogas et aceptar que siempre creyeron en la Trinidad sin saberlo.

Vamos por partes, porque este monólogo merece eser diseccionado con bisturí de sarcasmo.

Billuart comienza con una afirmación que ya huele ad pólvora: “Aunque lo que hasta aquí hemos escrito ha sido tomado del Antiguo Testamento y vale también contra los judíos que lo aceptan…” ¡Qué generoso! Nos concede que los mosaístas aceptan su propio texto sagrado, pero inmediatamente les niega el derecho ad interpretarlo. Porque claro, si non lo leen como lo face la Iglesia Papista, entonces lo están leyendo mal ¡Qué lógica tan exquisita! Es como decirle ad Homero que non entendió la Ilíada porque non la leyó en clave cristológica.

Et luego viene la joya: “Los judíos están obligados a reconocer que interpretamos correcta y legítimamente las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento si los rabinos anteriores al cristianismo lo interpretaron como nosotros.” ¡Obligados! Nada menos. Porque si algún rabino de la centuría I dijo algo que suena vagamente trinitario, entonces todos los mosaístas, desde Moisés hasta Maimónides, deben aceptar que la Iglesia tenía razón desde el principio. ¿Et qué pasa si non lo hacen? Pues entonces están negando la providencia divina, la lógica aristotélica et, por supuesto, el buen gusto.

Billuart cita ad el Zohar, ese texto místico que ni siquiera todos los talmudistas aceptan como normativo, et lo interpreta como si fuera un catecismo papista. “Padre, Hijo y Espíritu Santo”, dice el rabino Ibba según el Zohar. ¡Qué conveniente! Et claro, como el Anticristo aún non ha venido —según la teología judía— este misterio non se revela a todos. Pero Billuart, que ya tiene el spoiler del Nuevo Testamento, decide que eso basta para probar la Trinidad. Es como leger una metáfora en Platón et concluir que él creía en la transubstanciación.

Luego viene la interpretación de Isaías: “Santo, Santo, Santo”. Tres veces “Santo”, ergo tres personas. ¡Qué maravilla! Si Isaías hubiera dicho “Santo” cuatro veces, ¿tendríamos una Cuaternidad? ¿Et si lo hubiera dicho siete veces, una Septenidad? La numerología como incuestionable, el exégesis como prestidigitación.

Et non olvidemos el Salmo CIX: “Dijo el Señor a su Verbo”. Aquí Billuart se apoya en versiones caldeas, en manuscritos que ya non existen, en testimonios de conversos et en traducciones que fueron “corrompidas por los judíos más recientes”. Porque claro, si el texto non dice lo que queremos, entonces fue alterado. ¡Qué cómodo! La historia como plastilina, la filología como superstición.

Et finalmente, el argumento estrella: Jesús cita el Salmo 109 et los fariseos non responden. Ergo, aceptaban la Trinidad. Porque el silencio de los fariseos, según Billuart, es prueba de que estaban de acuerdo ¡Qué método tan infalible! Si non te contradicen, es porque te conceden la razón. Et si te contradicen, es porque están en error. Un sistema hermético, perfecto, blindado contra toda crítica.

Et claro, Billuar, en resumen. Nos presenta una serie de citas del Zohar, de rabinos místicos, de interpretaciones caldeas, todo para demostrar que los mosaístas, sin saberlo, ya creían trinitariamente en el Padre, el Fijo et el Espíritu Santo ¡Qué revelación! Pero lo que nunca aclara es que mencionar tres entidades non equivale ad afirmar una esencia única compartida. Que un rabino diga “Padre, Fijo et Espíritu” non significa que esté fablando de una Trinidad equiesencial, ni que esté postulando una misma esencia deal. Solo nos dice que los cognoscen, que los nombran, que los contemplan en su cosmología. Nihilo nuevo, nihilo que Rashí o Moisés hayan dicho con claridad. Et desde luego, nihilo que implique que el Fijo sea Jesús, ni que el Espíritu Santo sea una persona divina coigual con el Padre.

Porque si vamos ad fablar de anacronismos, este es uno de los más flagrantes. Billuart toma textos talmudistas que fablan de sabiduría, de espíritu, de mediadores, et los convierte en supercherías papistas retroactivos. Es como leger ad Platón et concluir que credía en la transubstanciación. Una lectura creativa, sí, pero también profundamente deshonesta.

Et luego viene la argucia del linaje davídico, crede resolver con Mateo XXII. Jesús pregunta: “¿De quién es hijo el Cristo?” Y los fariseos responden: “De David.” Entonces Jesús cita el Salmo: “Dijo el Señor a mi Señor…” y pregunta: “¿Cómo, pues, David lo llama Señor, si es su hijo?” ¡Ah, qué elegante! Pero ¿Dónde dice Jesús que el Cristo es Dios? ¿Dónde afirma que el Fijo es equiesencial con el Padre? Lo que tenemos es una afirmación de preeminencia, non de ontología. Que el Cristo sea mayor que David non significa que sea Dios. Et si el Cristo es anterior ad David, como diría un simoniano, eso non lo convierte en el Ente supremo, sino en un eidos eterno, una forma, una emanación del pleroma, es decir creación de la plenitud. Un Cristo que non encarna, que non sufre, que non muere. Un Cristo metafísico, non histórico.

Et claro, non podemos refutar eso quemando ad el simoniano en la foguera. Ya non estamos en la centuría XIII. Hoy, el debate exige argumentos, non fuego. Et si aceptamos que el Anticristo es anterior ad Abraham, como dice Juan, eso non implica que sea Dios en sentido absoluto. Puede eser el deuterotheos, el mediador, el Verbo, pero non el Ente. Porque el Ente, el ho on, es su actor.

Así que non, Billuart. Non basta con citar ad rabinos místicos, ni con interpretar el Antiguo Testamento en clave trinitaria. Non basta con decir que el Anticristo es Señor para concluir que es Dios. Et desde luego, non basta con mencionar tres nombres para afirmar una esencia única.

Porque si el Anticristo que esperan los mosaístas ha de ser prole de David, ¿Eserá acaso que Dios tiene linaje humano? De ninguna manera. Et si el Anticristo es fijo de David, entonces non es Dios. Et si es Señor de David, entonces es algo más… pero non necesariamente el Ente.

Ah, ahora, Erasmus… el papista que ve la Trinidad hasta en la sopa de letras del Antiguo Testamento, citando a su rabinos: Israel Octavio Hernández y Jesús Mondagrón. Qué espectáculo de eiségesis exégesis creativa nos ofrecen esta vez: una lectura tan forzada que ni los rabinos más místicos del Zohar se atreverían ad firmar. Porque si algo nos enseña este artículo es que, cuando uno quiere encontrar tres substancias deales en un texto hebreo, basta con estirar el idioma, ignorar el contexto, et añadir un toque de “Dioscidencia”. Sí, “Dioscidencia”. Un neologismo tan pintoresco que ni Plotino lo habría tolerado en sus tratados.

Vamos por partes, porque este monólogo merece una disección quirúrgica.

Primero, el versículo estrella: “Shemá Israel: Adonai Eloheinu, Adonai Ejad”. El artículo nos dice que aquí está la prueba más clara de la Trinidad. ¿Por qué? Porque “Adonai” significa “mis señores”, “Eloheinu” significa “nuestros dioses”, et “Ejad” es una “unidad compuesta”. ¡Voilà! Tres personas, una esencia, verdad revelada. Pero espera… ¿“Adonai” significa “mis señores”? ¿Desde cuándo? En efecto, sí, es gramaticalmente plural, derivado de Adon (señor) con la terminación -ai, que indica plural posesivo. En la antigua lengua de Israel —previa ad las racionalizaciones del mosaísmo rabínico— este plural sí expresaba multiplicidad, non como “plural de majestad” (una categoría tardía et teológicamente interesada), sino como reflejo de una concepción henolatríca: La creencia en un dios supremo entre otros dioses. Del mismo modo, Eloheinu es la forma posesiva plural de Elohim, que también es plural en forma y originalmente en sentido. En el yahvismo temprano, Elohim podía referirse ad múltiples entidades divinas, et su uso para el Dios de Israel non implicaba una ontología trinitaria, sino una afirmación de supremacía dentro de un marco henoteísta. El Dios de Israel era “nuestro Dios”, el más alto, el más poderoso, pero non necesariamente el único en existencia.

En cuanto ad Ejad, el verbo que se traduce como “uno”, non implica una esencia compartida entre personas divinas. Ejad puede expresar unidad colectiva o funcional, como en “una sola carne” o “un solo pueblo”, pero non connota una unidad ontológica trinitaria. Non hay en el texto ninguna afirmación de que esta unidad sea compuesta por tres personas coiguales et consustanciales.

Así que non, Erasmo. Non hay Trinidad en ese versículo. Hay pluralidad lingüística, sí. Hay multiplicidad conceptual, también. Pero lo que refleja es una teología henoteísta, non una trinidad nicena. El texto dice: “Adonai Ejad”, “El Señor es uno”, en el sentido de supremacía, non de composición interna. Non “uno compuesto”, non “uno trinitario”, non “uno tripartito”. Uno, como el más alto entre los dioses, non como una esencia compartida entre tres hipóstasis.

El monoteísmo antiguo se refería a la arquitectura imaginada del cosmos, no a su población absoluta. El monoteísmo antiguo significa “un dios en la cúspide”, con otros dioses dispuestos por debajo, y, en algún sentido, subordinados al dios altísimo. Las personas con suficiente educación que reflexionaban filosóficamente sobre las relaciones entre los niveles de divinidad podían ver a estos dioses inferiores como ontológicamente contingentes respecto del dios altísimo; los monoteístas menos filosóficos se contentaban con afirmar simplemente que su propio dios era el más grande, el más poderoso o el mejor dios. La propia Biblia —residencia textual principal del dios de Israel— reconoce con frecuencia, por supuesto, la existencia de otros dioses, quienes son las deidades de “las naciones”. “Todos los pueblos caminan, cada uno en el nombre de su dios”, dice el profeta Miqueas, “pero nosotros caminaremos en el nombre del Señor, nuestro dios, por siempre jamás” (4:5; y en muchos otros lugares, especialmente en los Salmos). Éxodo 22:28 (LXX) enseñaba que Israel no debía injuriar a τοὺς θεούς (“los dioses”). (Paula Fredriksen, p. 35). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Pretender que este versículo revela la Trinidad es imponer sobre el texto una teología posterior, ajena a su contexto lingüístico, histórico et doctrinal. Et eso, lejos de demostrar algo, solo revela una lectura absurda que proyecta el papismo sobre un texto que aún non lo cognoscía.

Et si en Génesis se fabla en plural —“hagamos”, “bajemos”, “como uno de nosotros”— eso non implica tres personas divinas. Podría referirse ad un consejo celestial, ad entes deales, ad una pluralidad de deidades reconocidas en el entorno cultural del yahvismo. Pero non hay ninguna indicación de que sean tres, ni que sean coiguales, ni que sean Padre, Hijo et Espíritu Santo. Esa lectura es una interpolación doctrinal, non una exégesis honesta.

Así que si Elohim es plural, et si Adonai también lo es, et si Ejad indica unidad funcional, entonces lo que tenemos es una multiplicidad sin número, sin estructura trinitaria, sin dogma cristiano. Et si los auctores del artículo quieren ver ahí una “Dioscidencia”, lo que realmente están faciendo es confundir pluralidad con Trinidad, et eso —si somos generosos— non demuestra la doctrina, sino que la reduce ad un politeísmo, non un poliprosoponismo, et menos de tres personas. Pues Elohim non significa personas, si non dioses, ni siquiera dice que sean tres en ningun lugar.

Et luego viene la guinda del pastel: las tres fiestas mosaístas como símbolo de la Trinidad. Tabernáculos, Pascua et Pentecostés ¡Qué coincidencia! O mejor dicho, “Dioscidencia”. Porque claro, si hay tres fiestas, entonces hay tres personas divinas. ¿Et qué facemos con las otras festividades? ¿Las ignoramos? ¿Las asignamos ad ángeles secundarios? ¿O simplemente las descartamos por non encajar en la superstición?

Pero lo más revelador es esto: En ningún momento el artículo demuestra que el Fijo sea Jesús, que el Espíritu sea una persona divina, o que el Padre comparta esencia con ellos. Solo nos dice que hay pluralidad, que hay nombres, que hay símbolos. Pero eso non es Trinidad. Eso es interpretación retroactiva, anacronismo doctrinal, lectura dogmática sobre textos que non la sostienen.


Ah, y ahora entra en escena el papista Juan Vergara, con su capa doctrinal bien planchada et su espada de citas en mano, trayendo como prueba irrefutable un video del canal en inglés InspiringPhilosophy. Porque claro, si el nombre suena filosófico, debe eser verdad, ¿No? Aunque lo único “inspirador” aquí es la capacidad de convertir una falacia fundacional en una tesis teológica. El canal, que presume de “filosofía”, arranca con una premisa que ni Platón habría firmado sin levantar una ceja: que la Trinidad non es una invención cristiana, sino una joya escondida en los textos mosaístas antiguos. ¡Qué revelación! ¡Qué hallazgo! ¡Qué conveniente!

Et así, con música épica de fondo et gráficos que parecen sacados de una presentación de PowerPoint para catequesis avanzada, el video The Trinity in Ancient Jewish Books se lanza ad demostrar que los mosaístas—sí, esos mismos que levan milenios negando la Trinidad— en realidad la cognocían, la aceptaban et la enseñaban… sin saberlo. Porque nihilo dice “rigor académico” como reinterpretar textos ajenos para que encajen en tu superstición.

El informe que acompaña este espectáculo audiovisual recoge todos los argumentos presentados, desde la idea de que la Trinidad es una “vieja idea semítica” hasta la afirmación de que Filón de Alejandría tenía una “Santa Trinidad” en su cabeza. Se cita ad el erudito Benjamin Sommer, quien —según el video— se entiende que él afirma que los talmudistas non tienen objeción teológica ad la Trinidad. Lo que quieren ignorar los papistas, es que lo que Sommer sostiene, esa "idea semítica" non implica que su seno sea la aljama de Moisés si non la del Antiguo Oriente Próximo gentílico, non de supersticiones papistas. Pero claro, ¿Quién necesita contexto cuando tienes una tesis que defender?

Se han planteado numerosas sugerencias para explicar esta peculiaridad (por ejemplo, que malʾ āk yhwh es una especie de hipóstasis de la deidad; que existe una identidad funcional entre el mensajero y el remitente; que la frase malʾ āk yhwh es una interpolación tardía y piadosa; que la alternancia entre Yahweh y malʾ āk yhwh tiene que ver con el punto de vista; etc. Pero la explicación que parece más probable es que el intercambio entre Yahweh y malʾ āk yhwh en varios textos sea la expresión de una tensión o paradoja: la autoridad y la presencia de Yahweh en estos encuentros deben afirmarse, pero no es posible que los seres humanos tengan un encuentro directo (no-mediado) con Dios. (vol. 1, p. 250). Anchor Yale Bible Dictionary.

Et luego viene la joya: el Metatrón. Ese ángel que, según el Talmud, comparte el nombre de Dios. ¿Conclusión del video? ¡Trinidad confirmada! Porque si hay dos figuras clamadas “Jahón”, entonces deben eser personas de una misma esencia ¿Et por qué non cinco? ¿Por qué non veinte? ¿Dónde está el número? ¿Dónde está la estructura? Ah, pero eso non importa. Lo importante es que suene parecido.

La expresión šēm YHWH, al igual que penê YHWH, significa “Yahvé en persona”. Aquí también, por lo tanto, la frase debe interpretarse como una referencia a Dios manifestándose gloriosamente en la historia y en la creación. En consecuencia, Isaías 30:27 (“He aquí, el nombre de Yahvé viene de lejos”) debe entenderse como una referencia a Yahvé acercándose personalmente en juicio contra las naciones. Asimismo, Éxodo 23:21, que menciona de mensajero (malʾāk) de Dios, contra quien los israelitas no deben rebelarse “porque mi nombre (de Dios) está en él”, no puede ser citado como evidencia de que šēm YHWH sea una hipóstasis de Yahvé, ya que el ángel mismo es el representante de Yahvé. Así, la frase “porque mi nombre está en él” debe interpretarse como una referencia a la presencia personal de Dios en su mensajero. (Beer, HAT 3, 121, quien señala correctamente: “Así como un rey es percibido como personalmente presente en su emisario, así también Yahvé está presente en su ángel”). Theological Lexicon of the Old Testament.

La Memra, el Espíritu Santo, la Shejiná… todo se convierte en evidencia de una Trinidad que nihilo formuló, que nihilo enseñó, et que nihilo reconoció como tal en el mosaísmo antiguo en Jesús. Et Filón, pobre Filón, es arrastrado al escenario como el precursor involuntario del dogma cristiano. Que si el Verbo, que si el Espíritu, que si el Cristo… todo encaja, si uno cierra los ojos et aprieta fuerte la fe.

Así que sí, Juan Vergara, puedes seguir citando este video como si fuera el evangelio según YouTube. Pero lo que realmente demuestra es que, cuando uno quiere ver la Trinidad en los textos mosaístas, basta con reinterpretar, recortar, et revestir de auctoridad lo que nunca fue dogma. Porque si Elohim implica multiplicidad, ¿Por qué tendría que eser tres? ¿Por qué personas et no deidades? ¿Por qué non simplemente aceptar que los antiguos hebreos eran henoteístas, et que su pluralidad non tenía número ni estructura trinitaria?

Et si eso te parece irreverente, recuerda que la irreverencia es el primer paso hacia la honestidad intelectual. Porque entre la “Dioscidencia” et la evidencia, hay un abismo que ni el Metatrón puede cruzar.

Porque claro, si el título suena académico et el canal tiene fondo negro con letras blancas, entonces debe eser verdad. Filosofía inspiradora, dicen… aunque lo único que inspira es una eiségesis trasnochada con aroma ad superstición reciclado.

Veamos los versículos citados:

La mayor de las ironías —et aquí sí que hay que aplaudir el esfuerzo creativo— es que todo el edificio trinitario que el video pretende levantar se sostiene sobre ¡dos versículos bíblicos! Sí, dos. Como si bastaran dos ladrillos para construir un monasterio. Et lo más glorioso: ninguno de esos versículos dice que Dios sea tres personas. Ni lo insinúa. Ni lo sugiere. Ni lo sueña.

Éxodo XIV:I En greco de la Septuaginta: καὶ εἶπεν Κύριος πρὸς Μωυσῆν· ἀνάβηθι πρὸς Κύριον σὺ καὶ Ααρών, Ναδάβ, Ἀβιού, καὶ ἑβδομήκοντα τῶν πρεσβυτέρων τοῦ Ἰσραήλ.

El argumento del video: “¿Por qué Dios dice ‘Sube al Señor’ en vez de ‘Sube a mí’? ¡Debe haber más de una persona en Dios!” Respuesta sensata: O está fablando en tercera persona (como hacen los reyes, los poetas et los profetas), o está refiriéndose ad otra entidad divina (como el Metatrón, según el Talmud), o simplemente es una fórmula literaria. Pero de ahí ad decir que hay tres personas consustanciales… eso ya es gimnasia teológica. Et de la más acrobática.

Zacarías VI:XII En greco de la Septuaginta: καὶ ἐρεῖς πρὸς αὐτόν λέγων· τάδε λέγει Κύριος Παντοκράτωρ· ἰδοὺ ἀνήρ, Ἀνατολὴ ὄνομα αὐτῷ, καὶ ὑποκάτωθεν αὐτοῦ ἀνατελεῖ, καὶ οἰκοδομήσει τὸν οἶκον Κυρίου.

Aquí el video conecta esta figura del hombre nombrado “Oriente” con el Logos de Filón, y de ahí —con un salto triple sin red— con Jesús. Pero Filón mismo advierte que este título es “sumamente extraño” si se refiere ad un ente compuesto de cuerpo et ánima. Solo si se concibe como un “ente incorpóreo, en nihilo diferente de la Divina imagen”, puede aceptarse el nombre de Oriente. Et sí, Filón identifica este Oriente con el Verbo, el “primogénito” del Padre. Pero en ningún lugar dice que el Verbo sea una persona. Es una creación, cual emanación, una imagen, un principio racional. Et aun si concediéramos que el Verbo es una persona… ¿Por qué decir que es Jesús? ¿Dónde está la conexión explícita? ¿Dónde está la demostración? En ninguna parte. Solo hay suposición, extrapolación et mucha superstición.

62. Y he escuchado también de uno de los discípulos de Moisés el siguiente oráculo: "He aquí un hombre cuyo nombre es Oriente" (Zacarías VI, 12); título sumamente extraño, en verdad, si el ser que te representas fuere uno compuesto de cuerpo y alma. Pero si tienes presente que se trata de aquel ser incorpóreo, en nada diferente de la Divina imagen, convendrás en que el nombre de Oriente le ha sido asignado con sumo acierto. O elevación, o naciente. Obras completas, t. II

Así que non, Juan Vergara. Non basta con citar dos versículos et un par de frases de Filón pora demostrar que la Trinidad está en el Antiguo Testamento. Lo que hay aquí es una lectura supersticiosa que proyecta el cefaísmo sobre textos que non lo sostienen. Et si el Verbo es el Primogénito, eso non lo convierte en Jesús. Et si Tervagante dice “Sube al Jahón”, eso non face ad Dios en tres personas. Lo demás es eiségesis subida de tono, con la firma de charlatanes disfrazados de filósofos.

Porque si la Trinidad fuera tan evidente en los textos mosaístas, non haría falta este tipo de contorsiones. Bastaría con leger. Pero como non está, hay que inventarla. Et eso, amigos, es la diferencia entre revelación et reconstrucción.

Ah, et la joya numerológica del video de Juan Vergara… donde la Trinidad, esa fórmula supersticiosa de tres personas en una esencia, se convierte en una especie de revelación cabalística retroactiva. Et como si eso non bastara, el argumento estrella es que los judíos —sí, los mismos que levan centurias defendiendo el monoteísmo con uñas et dientes— “non tienen objeción teológica” ad la Trinidad ¡Qué maravilla! ¡Qué giro inesperado! ¡Qué falta de contexto!

El erudito citado, Benjamin Sommer, dice que “nosotros los judíos no tenemos ningún derecho teológico a objetar la Trinidad”. Et lo dice, claro, porque ha leído la Cábala. Et si la Cábala Fabla de que “diez es uno”, o “cien es uno”, entonces —¡Por supuesto!— tres también puede eser uno. Et si eso non es una licencia poética convertida en superstición, que venga Pitágoras et lo vea.

Porque si vamos ad jugar al juego de la aritmología mística, ¿Por qué quedarnos en tres? ¿Por qué non cuatro, como los querubines del carro de Ezequiel? ¿O cinco, como los libros de la Ley? ¿O seis, como los días de la creación? ¿O siete, como el número perfecto, el sello de la plenitud divina? ¿Acaso Dios non puede eser siete personas para confirmar que es perfecto? ¡Claro que sí! Et si seguimos la lógica cabalística, podríamos tener diez personas divinas, como los diez circos (Sefirot) del Leño de la Vida. O doce, como las tribus de Israhel. O setenta, como los ancianos que subieron con Moisés ¡Vamos, que Cielo es el límite!

Los cabalistas, esos trasnochados del misticismo, han abusado de pasajes bíblicos con una creatividad que haría sonrojar ad Pitágoras. Que si el valor numérico de Elohim es igual ad el de HaShem, que si la suma de letras de Bereshit revela el secreto del universo, que si cada circo es una manifestación divina distinta pero unificada… ¡una Trinidad es poco! ¡Eso es para principiantes! La Cábala lo leva “mucho, mucho más lejos que los papistas”, como dice el video. Et vaya que sí: de tres pasamos ad diez, ad cien, ad infinitas emanaciones ¿Et eso qué demuestra? Nihilo. Solo que la aritmología moseojesista es un juego de espejos donde todo puede significar cualquier cosa si uno lo desea lo suficiente.

Así que non, Juan Vergara. Non basta con decir que “diez es uno” para justificar que “tres es uno”. Et no basta con citar ad Sommer para afirmar que los talmudistas aceptan la Trinidad donde el Fijo es Jesús. Porque Sommer mismo admite que su conclusión le incomoda. Et porque la Cábala non es el mosaísmo normativo, ni es catecismo, ni es exégesis seria. Es mística, es poesía, es especulación. Et si vamos ad usarla como base teológica, entonces abramos la puerta ad una divinidad de mil personas, de mil números, de mil interpretaciones.

Lo que hoy denominamos en general monoteísmo no es más que un ideal que se persiguió una y otra vez, aunque raramente se alcanzó. Mientras que YHWH, el Dios tribal de Israel, nunca pudo imponerse sin oposición ni siquiera en la Biblia hebrea, las fuentes aquí discutidas prueban que también para el judaísmo posbíblico, hasta bien entrada la Antigüedad tardía, la idea de un único Dios es un ideal —no solo para los autores de la Antigüedad, sino también para los investigadores modernos— que no resiste una revisión imparcial. El cielo judío de ningún modo se conformó siempre con un solo Dios, sino que, a pesar de todas las tendencias en sentido contrario y de los múltiples intentos por mantener esas tendencias a raya, estuvo con frecuencia poblado por dos Dioses o por un número de poderes divinos. (p. 134). "Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

Et eso, amigos, non es monoteísmo, es monopoliteísmo. Es una feria de notas. Una danza de cifras. Una teología que avergonzaría al mismísimo Pitágoras por su falta de rigor. Porque si Dios puede eser tres, puede eser siete, puede eser diez, puede eser lo que quieras… entonces non estamos fablando de revelación. Estamos fablando de aritmología con pretensiones baratas. Et eso, por más “inspirador” que suene, non es filosofía. Es prestidigitación aritmológica.

Et non, non es que los talmudistas carezcan de objeciones —las tienen, et bien fundadas— non contra la ontología trinitaria en sí, sino contra la identificación papista del “Fijo” con ese rabí Jesús que, lejos de encarnar el bello Verbo que Celso admiraba o el principio persuasivo que Aristóteles definía, aparece en los evangelios lanzando ¡ay! et amenazas patéticas, en todo el sentido filologico et filosofico del adjetivo. Difícilmente puede considerárselo como el Verbo que ninguna criatura puede desobedecer, cuando su verborrea non convence por su forma, sino por su apelar al temor. Et eso, para los hombres libres de Europa, non es divinidad: es disonancia.

Así que, querido lector, si alguna vez te preguntaste cómo se construyen las supercherías incuestionables del papismo con citas fuera de contexto, con manuscritos invisibles et con lógica circular, este artículo es tu manual. Porque según Billuart, los mosaístas non solo estaban equivocados: estaban equivocados por non saber que estaban de acuerdo con él.

Et tú, Europa Ancestral, junto ad tu aljama papista repites estos argumentos como si fueran revelación, deberías saber que la teología non se impone con “Ergo”, ni con citas místicas, ni con silencios interpretados. Se construye con diálogo, con historia, con respeto por la diferencia.

La ciencia moderna barrió con gran parte del desorden cósmico, reduciendo radicalmente el número de personalidades divinas que antes se necesitaban para explicar cómo funcionaba el mundo. Como resultado, el dios de la imaginación monoteísta moderna es un punto solitario en un cielo metafísico relativamente despoblado. El mundo antiguo, en cambio, estaba lleno de dioses, y las personas que vivían en él —incluso los miembros de comunidades judías y cristianas— sabían que eso era así. Encontraban a esos dioses inferiores y sentían sus efectos con bastante frecuencia. Desarrollaron técnicas y protocolos rituales para hacer frente a ese hecho. Nosotros también lo haríamos mejor si se retirara el término “monoteísmo” como término técnico para pensar sobre la religión antigua. Conversión, nacionalismo, religio licita, monoteísmo. Creo que estos términos están maduros para el retiro. El problema con ellos, como espero haber demostrado, es que oscurecen más de lo que aclaran, usualmente porque nos invitan por el camino del anacronismo. Con demasiada facilidad permiten —o incluso fomentan— que proyectemos nuestros propios pensamientos y valores sobre los pueblos antiguos. Pero los muertos antiguos son radicalmente independientes de nosotros, y vivieron en un mundo distinto del nuestro. Los entendemos mejor cuando respetamos esa diferencia. (Paula Fredriksen, p. 38). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Porque si la Trinidad está en el Antiguo Testamento, entonces Dios se tomó su tiempo para explicarla. Et si non está, entonces quizás —solo quizás— non todos los textos deben legerse con gafas conciliares.

Ergo… piensa mejor.

Deuterotheos: Cuando eser el Verbo es eser el Segundón Mundano

Ah, los papistas… tan seguros de su Trinidad como si la hubieran encontrado escrita en piedra por Moisés en el Sinaí,et tan incómodos cuando aparece Filón de Alejandría con su elegante platonismo et su molesta doctrina del Deuterotheos, el “segundo Dios”. Porque si hay algo que descoloca al dogma trinitario, es que un judío helenizado del I diga sin titubeos que el Verbo non es el Dios supremo, sino su subordinado ¡Qué escándalo! ¡Qué herejía! ¡Qué inconveniente!

Los estudiosos han señalado la proximidad de la idea de Filón acerca del Logos con el prólogo del Evangelio de Juan: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas llegaron a ser por medio de él, y sin él no llegó a ser ni una sola cosa. En él estaba la vida, y la vida era la luz de todas las gentes. La única diferencia entre Filón y el prólogo del Evangelio de Juan es que en Juan, el Verbo se hace humano. [Solo si se postula que el Logos Eudiathetos se convierte en humano] Esto es absolutamente impensable para Filón, aun cuando algunos de los conceptos o imágenes que utiliza para el Logos —como el “Hombre según Su imagen” o “aquel que ve”— parecen jugar con esta idea. El judaísmo difícilmente podía acercarse más a aquello que se desarrollaría en la cristología. Por lo tanto, no resulta sorprendente que Filón no dejara muchas huellas en el amplio corpus de la literatura rabínica, y que sus escritos fueran olvidados o suprimidos hasta la temprana época moderna. Su verdadera carrera estaría en el cristianismo, con tal éxito que incluso fue visto como uno de los padres de la Iglesia. (p. 64). "Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

Porque si hay algo que les revuelve el cáliz, es que Filón —sí, Filón, el que vivió en Alejandría mientras Jesús predicaba en Galilea— diga sin pestañear que el Verbo es un segundo Dios, subordinado, funcional, et jamás coigual.

Filón, QG 2.62 ¿Por qué dice, como si hablara acerca de otro dios: “a imagen de Dios hice al hombre” (Gén. 9:6), y no [dice] “a su propia imagen”? Excelente y sabiamente se da este pronunciamiento oracular. Porque nada que sea mortal puede ser asemejado al Dios supremo y Padre del universo (πρὸς τὸν ἀνωτάτω καὶ πατέρα τῶν ὅλων), sino al segundo dios (πρὸς τὸν δεύτερον θεόν), que es su Logos. Pues era necesario que el elemento racional en el alma del hombre quedara marcado por el Logos divino, ya que el Dios anterior al Logos (ὁ πρὸ τοῦ Λόγου θεός) trasciende toda naturaleza racional. [Menudo guiño plotiniano] Era ilícito que cualquier cosa que haya llegado a existir fuera considerada semejanza de Aquel que existe más allá del Logos en el estado más excelente y trascendente. (1995, pp. 152-153). Philo and the Church Fathers, A Collection of Papers, David T. Runia.

¡Qué ironía! El mismísimo Filón, contemporáneo de Jesús, que respiraba el mismo aire del Mediterráneo oriental, que escribía mientras el jesísmo aún gateaba, es quien les desarma la Trinidad papista como si fuera un castillo de naipes. Et non lo face fuera de las escripturas, sino desde la filosofía. Desde la razón. Desde el platonismo.

Al igual que sucede en la heresiología cristiana, lo que no era más que una diferencia interna es redefinido como una contaminación procedente del exterior. En el caso del cristianismo, la negación de los dos poderes celestes (que recibirá los nombres de sabelianismo, modalismo o monarquismo; esto es, la afirmación de que no hay más que un único poder celeste) será oportunamente calificada de «judaísmo», lo que permitirá a los heresiólogos cristianos establecer una oposición binaria entre lo interno y lo externo, y deslegitimar así toda amenaza interna (los modalistas «sostenían que la potencia surgida del Padre se distingue de este, únicamente, en términos nominales»). En nuestro texto rabínico, la afirmación de que existen dos poderes celestes es excluida del judaísmo y calificada (si bien un poco, pero solo un poco oblicuamente) de «cristiana». La ortodoxa rabínica es, por supuesto, «modalista»: toda ambivalencia, toda diferencia interna a la naturaleza divina sugerida por la Biblia debe entenderse, según los rabinos, como una mera alusión a los diferentes aspectos del Dios único. (p. 138). Border Lines, The Partition of Judaeo-Christianity, Daniel Boyarin.

Filón non necesita concilios ni fórmulas latinas. Él dice lo que piensa: Dios es trascendente, y por eso necesita un intermediario. Ese intermediario es el Verbo ¿Et qué es el Verbo? El primer fijo, el segundo Dios, el segundón mundano. Non es el Ente, non es el Uno, no es el Padre. Es el ejecutor, el emisario, el que hace el trabajo mientras el Existente permanece en su trono de inefabilidad.

¿Qué se entiende por “divinidad”? Los textos judíos del Segundo Templo y los textos cristianos tempranos hablan de o implican dos tipos diferentes de divinidad. Uno es funcional. El “uno como hijo de hombre” en Daniel 7:13–14, “ese Hijo de Hombre” en las Similitudes de Enoc, y Jesús en algunos pasajes sinópticos son divinos en este sentido cuando ejercen (o se anticipa que ejercen) actividades divinas como gobernar sobre un reino universal, sentarse en un trono celestial, juzgar a los seres humanos en el tiempo final o viajar sobre las nubes, un modo típicamente divino de transporte. El otro sentido es ontológico (pero no en un sentido credal posterior). El himno en Filipenses 2 expresa este sentido al describir al Cristo preexistente como “en forma de Dios.” Entiendo esto como que era dios en apariencia o naturaleza, es decir, un ser celestial en oposición a un ser humano. Bautizar, sanar, exorcizar y profetizar en el nombre de Jesús puede implicar que Jesús “tiene autoridad trascendente.” Pero esa autoridad puede entenderse principalmente como funcional. En otras palabras, Jesús es invocado porque es el agente elegido de Dios. Dios elige otorgar el Espíritu y conceder el poder para sanar, exorcizar y profetizar mediante la mediación de Jesús. (Adela Yarbro Collins, p. 57). Israel’s God and Rebecca’s Children, Christology and Community in Early Judaism and Christianity.

Et ahí están los papistas, tratando de encajar ad Filón en su superstición como quien intenta meter ad Mercurio en una sinagoga. Clemente lo clama “el pitagórico”, Jerónimo dice que “Platón filoniza o Filón platoniza”, et Ambrosio lo plagia con la delicadeza de quien sabe que citar ad un mosaísta puede eser peligroso. Pero todos lo usan. Todos lo admiran. Todos lo necesitan. Porque sin Filón, el Verbo "non encarna". Non tiene predicamento. Non tiene esencia.

Tertuliano (ca. 160–220) e Hipólito (235) dedicaron sus energías a derrotar el gnosticismo y el marcionismo. Sin embargo, también se preocuparon por definir la naturaleza ortodoxa del cristianismo. Al hacerlo, en más de una ocasión fueron acusados por cristianos de tendencia modalista y monarquiana de creer en “dos dioses”. Ya en tiempos de Justino había cristianos que objetaban la idea de que el Logos fuera numéricamente distinto del Dios supremo. El primer teólogo de este tipo del que tenemos un registro significativo es Noeto de Esmirna. Hipólito nos dice que Noeto creía tan firmemente en la unidad de Dios que debía sostener que el Padre sufrió y padeció la muerte junto con el Hijo (patripasionismo). Para apoyo escriturístico, él y sus partidarios recurrían a algunos conocidos textos probatorios rabínicos: Ex 3:6, Ex 20:3, Is 44:6, Is 45:14s., y otros del Nuevo Testamento que implican la unidad de Dios. (p. 229). Dos poderes en el cielo, Alan F, Segal.

Pero claro, cuando Filón dice que el Verbo es subordinado, que es el segundo Dios, que non tiene la misma gloria que el Padre… entonces hay que reinterpretarlo, reconfigurarlo, et si es necesario, silenciarlo. Porque si se le escucha demasiado, se corre el riesgo de cader en el heterousianismo. Et eso, como sabemos, es el infierno teológico para cualquier papista con dignidad.

La exégesis de Filón, que al llamar al Logos “el segundo dios” subordina al Logos a Dios mismo de manera más clara que en cualquier otra parte de sus escritos, es sustancialmente reescrita por Ambrosio. Hay que coincidir con Savon en que la adaptación de Ambrosio, con su insistencia en la equivalencia del Padre y el Hijo, solo puede explicarse como una afirmación deliberada de la teología nicena frente a un texto filónico que da apoyo activo a una doctrina subordinacionista del Logos. La razón por la que podemos comparar el texto de Ambrosio con el original filónico es que ha sido preservado por Eusebio en su Preparatio Evangelica. Eusebio lo cita porque ilustra la “teología hebrea”, que él, como simpatizante de una teología (moderadamente) arianizante, encuentra favorable a sus propias opiniones. El peligro de la influencia filónica que Ambrosio necesita combatir, aun haciendo un uso tan extenso de sus escritos, era por tanto muy real. (1995, p. 153). Philo and the Church Fathers, A Collection of Papers, David T. Runia.

Et lo más glorioso: Filón non vivió en la centuría IV, ni en la centuría II. Vivió en la centuría I. Fue contemporáneo de Jesús. Es decir, mientras Jesús decía “bienaventurados”, Filón escribía sobre el Verbo. Mientras Jesús multiplicaba panes, Filón multiplicaba nociones. Et mientras los evangelios aún non se habían redactado, Filón ya había dicho que el Verbo era un segundo Dios.

Eusebio utiliza los gastados símiles de los apologistas: la relación del Padre con el Hijo es como la luz con su rayo, como la mirra con su aroma, como un rey con su retrato. Sin embargo, hay una diferencia importante que se subraya de manera suficiente: que, habiendo sido engendrado, el Hijo existe aparte del Padre en su propia esencia. No obstante, se le debe adoración como segundo dios porque el Dios mayor habita en Él, así como la imagen de un rey es honrada no por sí misma, sino por el rey. Por lo tanto, las palabras "Te conocerán, el único Dios verdadero" no pueden referirse al Logos o al Espíritu Santo, sino únicamente al inengendrado. Demostratio Evangelica, Eusebio de Cesarea; pag. 28.    

Su designación para guiar el Universo" (146 c); es decir, es divino tanto por esencia como por oficio. Eusebio utiliza los símiles trillados de los Apologistas: la relación del Padre con el Hijo es como la de la luz con su rayo, como la de la mirra con su aroma, como la de un rey con su retrato. Pero existe la importante diferencia, suficientemente enfatizada, de que habiendo sido engendrado, el Hijo existe aparte del Padre en su propia esencia (147). Sin embargo, se le debe adoración como δεύτερος θεός porque el Dios mayor habita en Él (226 d), como la imagen de un rey es honrada no por sí misma, sino por el rey. Así, las palabras: "Te conocerán, el único Dios verdadero", no pueden referirse al Logos o al Espíritu Santo, sino solo al Ingénito (231)Prueba del Evangelio, Eusebio de Cesarea; Rev. W.J.Ferrar.    

Verbo, vid. Cristo; la Imagen original de Dios 316c; la Segunda Causa (Eusebio) 320 c; enviado por el Mayor (Eusebio) 321 d; Segundo Dios (Filón) 323a; cómo lo considera Aristóbulo 324 a; en estrecha relación con el Padre (Eusebio) 325a; se comunica por el Espíritu 325 b; muchos testimonios 532a; la naturaleza según Filón 533b; el ‘Oriente’ según Filón 533d; en Platón 5384c; en Plotino 535b; en Numenio 536d; cómo se distingue del Primer Dios 537 b-539 a; en Amelio 540b; Su bondad (Numenio) 544 b; para ser considerado constantemente 685 a. Eusebio. Preparación para el Evangelio, Eusebio de Cesarea; Edwin Hamilton Gifford, traductor.

Así que non, el contexto inmediato de la Iglesia de Jesús non fue trinitario. Fue diteísta, fue Deuterotheos, fue el Verbo como segundón. Et si hoy se le clama “Dios”, es porque la teología fizo su magia. Pero si uno escucha con atención, aún se oye el eco de Filón: “el segundo Dios”. Et ese eco, por más que se intente silenciar, sigue resonando en los cimientos del jesísmo. Et los papistas, por más que lo intenten, non pueden convertir al segundón en el Supremo sin que Filón les guiñe desde Alejandría et les diga: “No tan rápido, amigos. Yo estuve allí primero.”

Eusebio recuerda con aprobación la descripción que hace Filón del Logos como 'el segundo Dios' (τὸν δεύτερον θεόν). 'El Dios anterior al Logos', dice, 'es mayor que cualquier naturaleza racional. No es justo que cualquier cosa producida (γεννητόν) se asimile a aquel que está más allá del Logos en el Ideal más alto y unívocamente existente (τινι ἐξαιρέτῳ καθεστῶτι ἰδέᾳ).' Un poco más adelante en la misma obra dice que la sustancia (ousia) del Logos viene en segundo lugar después de la del Padre, derivando su fuente de él y modelada según su imagen (ἀπεικονισμένη). Este Logos es jefe o rige sobre todas las cosas que han llegado a existir (γενητά), por lo que se le llama 'imagen' (εἰκόνα) de Dios y sabiduría y Logos. Primero es el 'inefable e infinitamente grande (ἀνεκφράστου καὶ ἀπειρομεγέθους) poder del Dios del universo', y luego 'viniendo a continuación (δευτερευούσης) después del Padre el poder, a la vez creador e iluminador, del Logos divino.' En la Demonstratio aparece la misma drástica subordinación y distinción del Hijo. Moisés, dice Eusebio, llama a Cristo 'a veces Dios y Señor, a veces el ángel de Dios, estableciendo directamente que éste no era el Dios supremo, sino un segundo, llamado Dios y Señor de los temerosos de Dios, pero mensajero (angelos) del Padre supremo.' La mayoría de las epifanías de Dios en el Antiguo Testamento son de este segundo Dios. (pp. 48-49). The Search for the Christian Doctrine of God, The Arrian Controversy.

Ah, qué glorioso espectáculo el que nos ofrece la teología cristiana primitiva, esa que aún no sabía si estaba fundando una religión o escribiendo una tragicomedia metafísica. Porque antes de que Nicea viniera con su martillo dogmático a golpear la mesa y declarar que Dios es uno en tres personas, lo que teníamos era algo mucho más sabroso: un contexto diteísta, una estructura de dos divinidades, donde el Verbo —ese Logos tan venerado por los filósofos y tan maltratado por los predicadores— no era más que un segundón cósmico, un Deuterotheos, el Dios subordinado.

Por una admirable convergencia de intereses, no obstante, la ortodoxia nicena también «crucificará al Logos». Aunque Atanasio y sus colegas no dejarán de referirse a él, insistirán, en su apuesta por una teología trinitaria para la que la propia Trinidad es a la vez autosuficiente y trascendente, en que Dios y solo él es el Creador, sin necesidad de ángel o mediador alguno, esto es, sin necesidad de un Logos. En último término, la teología del Logos es rechazada tanto por el cristianismo niceno como por la ortodoxia rabínica. (p. 139). Border Lines, The Partition of Judaeo-Christianity, Daniel Boyarin. 

Filón de Alejandría, ese sabio judío que platonizaba con más elegancia como los propios grecos, lo dejó clarísimo: el Verbo es un “segundo Dios”. Non coigual, non consustancial, non eterno en el mismo sentido que el Padre. Es el emisario, el administrador, el que face la labor sucia de la creación mientras el Ente permanece en su trono de inefabilidad. El Verbo es el “primer fijo”, sí, pero como todo fijo en las tragedias romanas, vive ad la umbra del padre familiar.

La proximidad de las ideas binitarias del judaísmo antiguo precristiano con los pensamientos e imágenes que se encuentran en el Nuevo Testamento es evidente. No se trata meramente de un asunto de paralelos, y mucho menos de ecuaciones, sino más bien de la comprensión fundamental de que el judaísmo del Segundo Templo preparó el sustrato del cual el Nuevo Testamento podía nutrirse. El hecho de que esto, además de muchos otros temas, también se aplique a la noción de un “segundo” Dios junto al “primer” Dios es una comprensión que solo lentamente comienza ganar aceptación. (pp. 135-136). Two Gods in Heaven", Peter Schäfer.

La Iglesia primitiva, lejos de rechazar esta noción, la absorbió con entusiasmo. Clemente, Justino, Orígenes, Jerónimo, Ambrosio, Isidoro… todos ellos bebieron de Filón como si fuera el manantial de la sabiduría. Lo citaron, lo copiaron, lo veneraron. Et aunque luego se esforzaron posteriormente encajar sus nociones en el molde trinitario, lo cierto es que el Verbo de Filón nunca fue una persona divina coigual. Fue un principio racional, una imagen, una substancia funcional. Et si Jesús fue identificado con ese Verbo, entonces fue identificado como el segundo, non como el primo.

Filón fue recogido por la tradición cristiana primero y particularmente por la alejandrina, así por ejemplo Clemente de Alejandría hablando de Cristo, desde la óptica del Logos celeste (λόγος οὐράνιος), dice a propósito de la fábula de la cigarra que salta al compás de la música: “Así pues, el canto puro, soporte del universo y armonía de todos los seres, extendiéndose desde el medio hasta los extremos y desde los extremos hasta el medio, ha afinado el conjunto” (Protr. 5.2). El final de esta cita está tomado literal de Filón. Esta fórmula en efecto hace eco del texto filónico de Plant. 9, en el cual Filón desarrolla su teoría del Logos inmanente, es decir, el logos perpetuo (ἀίδιος) y eterno (αἰώνιος) de Dios, que es el más fuerte y firme apoyo (ἔρεισμα), aquél que se dirige “desde el centro (ἀπο τῶν μέσων) hacia los extremos (ἐπὶ τὰ πέρατα) y desde los extremos (ἀπὸ τῶν ἄκρων) hacia el centro”. Él es apoyo de todo, pero en este caso visto desde una óptica no cristiana. La noción del logos como mediador en el pensamiento de Filon de Alejandría.

Pormenores de la demostración tan minuciosa y confusamente conducida por San Justino. La argumentación puede resumirse así: La Escritura nos habla de haberse Dios aparecido a Abrahán bajo la encina de Mambre, a Jacob en ocasiones varias y a Moisés en la zarza ardiendo; ahora bien, ese Dios que, sin dejar de serlo, recibe a veces el nombre de Ángel del Señor, no puede ser el Dios Supremo, Hacedor del universo -fuera absurdo suponer que deja El su morada supraceleste para venir a hablar con un hombre en un rincón de la tierra-; luego es "otro Dios" que está, como mensajero, al servicio del supremo Hacedor del mundo, por encima del cual no hay otro Dios algunoEsta teoría o exegesis, propia de San Justino, pudo seducir a algunos insignes sucesores suyos, Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Hilario, Teodoreto; pero ya San Agustín repudia esta interpretación y Santo Tomás le rechazará con firmeza. Padres Apologistas Griegos, Daniel Ruiz Bueno.

Orígenes: ¿Es cierto entonces que existía un Dios, el Hijo de Dios, el unigénito de Dios, el primogénito de toda la creación, y que no debemos temer decir que en un sentido hay dos Dioses, mientras que en otro hay un solo Dios? Heraclides: Lo que dices es evidente. Pero nosotros afirmamos que Dios es el todopoderoso, Dios sin principio, sin fin, que contiene todas las cosas y no es contenido por nada; y que su Verbo es el Hijo del Dios viviente, Dios y hombre, por quien fueron hechas todas las cosas, Dios según el espíritu, hombre en cuanto nacido de María. Orígenes: Parece que no has respondido a mi pregunta. Explícame lo que quieres decir. Quizá no te haya entendido. ¿Es el Padre Dios? Heraclides: Por supuesto. Orígenes: ¿Es el Hijo distinto del Padre? Heraclides: Por supuesto. ¿Cómo puede ser Hijo si también es Padre? Orígenes: ¿El Hijo, siendo distinto del Padre, es también Dios? Heraclides: Él mismo es también Dios. Orígenes: ¿Y dos Dioses se convierten en una unidad? Heraclides: Sí. Orígenes: ¿Confesamos a dos Dioses? Heraclides: Sí. El poder es uno. (p. 381). The Rise of Christianity, William H.C. Frend.

Fue en el siglo II cuando, poco a poco, fue surgiendo la doctrina de la fe en el Espíritu Santo. Un teólogo como Tertuliano subordinaba el «Espíritu» al «Hijo», igual que a éste lo colocaba bajo el «Padre». Y lo mismo hay que decir de Orígenes, que prohibió la adoración de la tercera persona divina, al igual que ya antes lo había prohibido el padre de la Iglesia Clemente de Alejandría. Y refiriéndose al inicio del siglo III escribe el teólogo Harnack, «apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Incluso en los textos del Nuevo Testamento, el subordinacionismo está por todas partes. Jesús ora ad el Padre, obedece ad el Padre, se somete ad el Padre. En Filipenses, se “vacía” ad sí mismo. En Colosenses, es la “imagen” del Dios invisible. En Juan, “el Verbo era por Dios”, pero non era Dios en el sentido absoluto. Era Dios en el sentido funcional, operativo, derivado. Et si eso non es diteísmo, entonces que venga Marción et lo corrija.

Los Padres de la Iglesia lo sabían. Por eso lucharon contra el heterousianismo, por eso redactaron credos, por eso persiguieron herejías. Porque el contexto original non era trinitario: era diteísta, subordinacionista, filoniano. Et el Verbo, lejos de eser el Dios eterno, era el instrumento del Dios eterno. Un segundo Dios, sí. Pero siempre segundo.

Constantino, la misma esencia personal del mal: Cómo la Trinidad se Volvió Tres Veces Incuestionable

Para el cristianismo primigenio las ideas trinitarias eran totalmente extrañas. Claro está, Jesucristo nada sabía de esto. Fue Mateo quien por primera vez puso en boca del “resucitado” el supuesto mandato del bautismo: “Id y enseñad a las gentes y bautizadlas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo…”, según información de la teología crítica se trata de una falsificación. Tampoco en Pablo se da una doctrina sobre la trinidad, ni alusiones trinitarias. Y en la Biblia se atestigua el dogma de la trinidad tan escasamente que, por eso mismo y probablemente en el siglo IV, se dio una de las falsificaciones más conocidas del Nuevo Testamento, la denominada “coma joánica” (Comma Johanneum) que consistía en modificar en varios códices la colocación de la coma de la primera Carta de Juan (1J. 5, 7): “Tres son, los que atestiguan: El espíritu, el agua y la sangre, y los tres son uno” cambian por: Tres son, los que dan testimonio en el cielo, el Padre y la Palabra y el Espíritu Santo, y estos tres son una misma cosa. El Credo falsificado, Karlheinz Deschner

Y como en el cristianismo nada es original, tampoco lo es la doctrina de la trinidad. Hubo trinidades en el hinduismo, en el budismo…, así como en todas las grandes religiones helénicas. Hubo una teoría trinitaria de Apis y Sarapis; hubo una trinidad en la religión dionisíaca: Zagreus, Fanes y Dioniso; hubo una trinidad capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. También en la época poscristiana prosiguieron parecidas asimilaciones, sonaron imprecaciones como: «Uno es Bait, uno es Ator, ambos son una fuerza, uno es Acorio tu querido padre del universo, querido Dios triforme». O: «Uno es Zeus, Sarapis y Helios Hermanubis». O: «Uno es Dios: Zeus-Mitra-Helios, el dominador invencible del mundo». El Credo falsificado, Karlheinz Deschner. 

Ah, Constantino… ese augusto que non contento con conquistar Roma, decidió también conquistar ánimas jesístas. Et como buen estratega imperial, non lo fizo con milagros ni parábolas, sino con decretos, concilios et amenazas de destierro. Porque si Jesús predicaba con humildad, Constantino legislaba con gladio. Et así, entre mármoles et mitras, nasció el concilio niceo: non como revelación divina, sino como movida cívica de alto calibre, digna de un César con complejo de teólogo.

Constantino se vio obligado a intervenir en las luchas internas, de carácter teoló­gico, de la Iglesia, para lo que no estaba preparado. Convocó y presidió el concilio de Nicea para solucionar el problema arriano. Puso el brazo secular al servicio de la or­todoxia. La intervención de Constantino no solucionó el problema de arrianismo. Las disputas arianas hicieron cambiar de postura al obispo Osio, al que la iglesia hispana tuvo que expulsar. Constantino se consideraba el obispo de los defixera, de los que no eran clérigos, de los laicos, de los paganos y cristianos al mismo tiempo. Un año después de Nicea, Constantino, según el pagano Zósimo (2,29), se convirtió al cristianismo, aunque se hizo bautizar por un obispo arriano, Eusebio de Nicomedia, poco antes de morir. En el año 335, Constantino exilió a Tréveris a Atanasio, el prin­cipal defensor de la ortodoxia cristiana. Cristianismo Primitivo y Religiones Mistéricas, Alvar, Blázquez, Fernández, López, Lozano, Martínez y Piñero.

Mientras tanto, el emperador Constantino veía con malos ojos que la religión que él había escogido como aglutinante de las diversas poblaciones del Imperio se viera envuelta en disensiones, lo que suponía un ataque directo a sus propósitos de unidad. Apoyado por Osio de Córdoba, su consejero en temas de religión y enemigo acérrimo de las tesis arianas, y por el entonces obispo de Roma, Silvestre, pensó que debía convocarse a toda prisa un concilio ecuménico —es decir, de todo el Imperio—, pero en Oriente, ya que allí era donde todos los jerarcas de la Iglesia andaban revolucionados con las ideas de Arrio. Los Cristianismos Derrotados,  Antonio Piñero.  
Constantino, que nunca se bautizó y ni siquiera fue reconocido como catecúmeno, posibilitó el que la Iglesia declarase uno de sus dogmas importantes. Según el historiador de la Iglesia católico H. J. Vogt, el emperador insistió en virtud de su experiencia política —es decir, en base a sus vivencias como soberano y estratega— en que el Hijo de Dios no fuera considerado como entidad inferior a la de Dios-Padre, sino que fuera equiparado a él en naturaleza y dignidad. El Concilio de Nicea, que hizo suyo este punto de vista, enseña, bajo amenaza de excomunión, que el «Señor», Jesucristo, es «consustancial» al padre. Y es ese «credo» constantiniano el que se sigue recitando maquinalmente hasta hoy. El emperador, autoridad no bautizada en cuestiones de fe, procuró que así fuera y tenía sus motivos. No es que le interesara en especial la fórmula dogmática. Su propósito era que la dignidad del Hijo no cediera un ápice respecto a la del Padre, pues había conseguido sus victorias bajo el signo de la cruz y el Hijo que murió colgado de ella no podía ser ya un dios subordinado. Un dios de segundo rango como victorioso protector del regente era algo impensable. Era preciso que por parte de todos los pueblos sojuzgados por el imperio —pueblos que profesaban distintas religiones— Constantino fuera reconocido como aquel a quien el Dios supremo, el Hijo «consubstancial» al Padre, asistía en todos sus actos. Que semejante dogmática política exigiera el precio de desencadenar guerras de religión y sacrificar multitud de «herejes» (arrianos), eso le parecía una bagatela. Él obtenía lo que quería y los cristianos obtenían su dogma. El Anticatecismo, Karlheinz Deschner & Horst Herrman.

La Trinidad papista, esa superstición que hoy se recita como si fuera dictada por el Espíritu Santo en latín eclesiástico, non fue revelada en el monte ni escrita en las nubes. Fue fabricada en Nicea, so la mirada severa de Constantino, que aún ni siquiera se había bautizado.

Orígenes (c. 185-253), desde su escuela teológica superior de Alejandría, lanzó una concepción trinitaria, claramente influida por el platonismo medio, en la que la distinción entre las personas predominaba aún respecto a la de su sustancia divina y se establecía una clara relación de subordinación entre ellas. Sólo el Padre, cuya acción se extiende a toda la realidad, es Dios en sentido estricto, en cuanto es el único «no-generado»; el Hijo, el Verbo que actúa como intermediario entre Dios y la multiplicidad de los seres espirituales creados, ha sido generado y, por esta razón, es un Dios secundario cuya acción está limitada a los seres racionales; el Espíritu Santo deriva del Hijo y sus atributos distintivos y extiende su acción sólo a los santos. Esta tesis de Orígenes —sacerdote que fue reducido al estado laical por haber sido ordenado irregularmente— acabaría siendo la base fundamental sobre la que, con notables retoques, se construirá la doctrina trinitaria cristiana asentada en el siglo IV. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Porque antes de Nicea, el jesísmo era un carnaval de interpretaciones. Jesús fablaba del Reyno, non de la ousía. Saulo predicaba ad Jesús crucificado, non ad tres substancias equiesenciales. Et el Espíritu Santo… bueno, el Espíritu era más bien un susurro, una fuerza, una inspiración. Nihilo sabía muy bien qué facer con él. Tertuliano lo subordinaba al fijo, et al fijo lo subordinaba ad el Padre. Orígenes directamente prohibía su adoración, igual que Clemente de Alejandría. Et como bien señala el teólogo Harnack, ad inicios de la centuria III “apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo” ¡Qué incómodo para los papistas!

Et mientras el Espíritu Santo iba ganando protagonismo —aunque nunca tanto como el fijo— los rabís jesístas empezaban ad sufrir dolores de cabeza: ¿Cómo se comporta un Dios respecto al otro? ¿Cómo se relaciona un espíritu con otro espíritu? ¿Cómo se explica que el Padre sea Dios, el Fijo sea Dios, et el Espíritu también… sin que haya tres dioses? Mucha tela que cortar, et poco orden que coser.

Cuando el teólogo católico Hans Küng se cuestiona la razón por la que la Trinidad no aparece como artículo de fe en el Credo, se responde a sí mismo: «La investigación histórica aporta, en efecto, un resultado curioso: la palabra griega trias aparece por primera vez en el siglo II (en el apologista Teófilo), el término latino trinitas, en el siglo III (en el africano Tertuliano), la doctrina clásica trinitaria de “una naturaleza divina en tres personas” no antes de finales del siglo IV (formulada por los tres padres capadocios Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa). La festividad de la Trinidad —que tuvo su origen en Galia y que en un principio fue rechazada por Roma como “celebración de un dogma”— no fue declarada de obligatoriedad general hasta 1334, en la época del destierro de Aviñón, por el papa Juan XXII. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

Hans Küng lo dijo sin rodeos: el verbo trias aparece recién en el siglo II, trinitas en el III, et la doctrina clásica de “una naturaleza divina en tres personas” non se formula hasta finales del IV. La festividad de la Trinidad, rechazada por Roma en sus inicios, non fue obligatoria hasta 1334, cuando el papa Juan XXII la decretó desde Aviñón ¡Más de mil años después de Jesús!

Et mientras los papistas siguen defendiendo su Trinidad como si fuera revelación eterna, Filón sonríe desde Alejandría, Jesús salva silencio desde Galilea, et Constantino se ríe desde su mausoleo, sabiendo que su fórmula —más humana que divina— sigue principando los altares. Porque si el Verbo se fizo carne, la superstición se fizo decreto. Et eso, amigos, es la vera consubstancialidad: Entre la potestad et la superstición.

Ah, Constantino… ese augustillo que non solo se metió en los asuntos celestiales con la sutileza de un legionario en una biblioteca, sino que además convirtió la teología en una ferramienta de la Ciudad. Porque si el Principado se tambaleaba, ¿Qué mejor que una Iglesia unificada para apuntalarlo? Et si los jesístas eran vistos como sediciosos, ¿Qué mejor que convertirlos en aliados? Pero claro, para que eso funcionara, había que darles una doctrina sólida, una tradición uniforme, una doctrina bien cocida. Et así nasció el homoousismo: Non por revelación, sino por necesidad principal.

Constantino non era teólogo, pero sí un magíster del pragmatismo. Su obsesión por la unidad de la Ciudad era total: Cívica, militar, económica, administrativa… et, por supuesto, cultural. Porque si los jesístas se peleaban entre sí —como bien denunció Celso, ese filósofo que los acusó de romper la unidad del Reino de Dios— entonces había que imponerles una tradición común. Et si eso requería redefinir la cultura jesísta, pues que se redefiniera ¿Quién iba ad contradecir ad el Príncipe?

Aunque quizás Constantino no dirigiera las sesiones―un problema sobre el que se ha discutido mucho―, lo que sí hizo fue determinar su curso y tomar las decisiones; para ello se aseguró de tener la mayoría, e incluso impuso la fórmula decisoria, es decir, presentando las propuestas y haciéndolas después prevalecer; esto no solamente era un método que los participantes no defendían, sino que la Iglesia de Oriente, en el sínodo de Antioquía del año 268, lo había condenado como “herético”. Esa fórmula era el concepto algo cambiante (que significa igual, idéntico, pero también similar, del griego homos) del homoúsios, de la homousía, la igualdad de las naturalezas del “Padre” y del “Hijo”, “un signo de antagonismo frente a la ciencia, que pensaba por los derroteros de Orígenes” (Gentz). En la Biblia no se hace ni una sola mención al respecto. Esa consigna ― que como es notorio el propio emperador había formulado ― se oponía a las creencias de la mayoría del episcopado oriental, aunque procediera de la teología gnóstica. También la habían utilizado ya los monarquianos, otros “herejes” (antitrinitarios). Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

La controversia arriana fue el detonante perfecto: ¿Jesús es igual al Padre o subordinado? ¿El Verbo es eterno o creado? ¿El Espíritu Santo es persona divina o brisa teológica? Nihilo lo sabía con certeza, et los debates amenazaban con desgarrar la Iglesia como si fuesen cuchillos en carne de incuestionabilidad. Así que Constantino, el tres veces mala persona, convocó el Concilio de Nicea —sí, él, el Príncipe, et non el papa, que ni pintó ni asistió— et presidió con pompa imperial aquel sínodo que abrió sus puertas el vigésimo día de mayo del año de la Era Vulgar CCCXXV. Corrió con los gastos, eligió los obispos (entre CCXX et CCCXVIII), fijó los temas, dirigió las sesiones, et ratificó los decretos como si fuese obispo de los asuntos exteriores, que así se clamaba ad sí mismo. Impuso el famoso homoousios —“de la misma esencia”— entre el Padre et el Fijo, aunque ni los obispos lo querían, ni los teólogos lo defendían, ni los evangelios lo cognoscían. Una fórmula que la Iglesia de Oriente había ya condenado por heterodoxa, pero que se firmó so amenaza de exilio. Porque cuando el Augusto fabla, hasta los ángeles se cuadran. Et los impíos padres, que non tienen nihilo de santos, obedecieron sin chistar. Así se selló la tradición de Nicea, non por revelación, sino por decreto romano. Et así quedó claro que en aquel centuría IV, el poder sinodal non moraba en Jerusalén, sino en Roma ¿Et por qué lo fizo? Porque el jesísmo era un desorden: cada obispo con su jesucristología, cada comunidad con su tradición "apostolica", et cada heresiarca con su propia versión del evangelio. Celso ya lo había delatado: “Ese espíritu de facción es tal aun hoy entre los cristianos, que, si todos los hombres quisieran tornarse cristianos, éstos no lo tolerarían.” Et Constantino, que non toleraba el desorden ni en las calles ni en los cores, decidió poner orden. Ad martillazos incuestionables.

Et non era sólo cuestión de teología, sino de cívica principal . Porque aquella superstición jesísta, que en sus orígenes se arrastraba por catacumbas et callejones, había florecido en las urbes mayores —Roma, Alejandría, Antioquía— como hiedra sin poda, et comenzaba ad dividir non sólo ad el vulgo, sino a los patricios. La aristocracia romana, antaño unida por el culto ad los dioses capitolinos, se hallaba ahora fragmentada entre obispos rivales, entre tradiciones contradictorias, entre credos que se anatematizaban mutuamente. Et Constantino, que non era teólogo ni rabino, pero sí príncipe, vio en ello un peligro para la paz romana.

Porque ¿Cómo principar un Reino donde cada urbe tiene los sus rabinos, cada senador su obispo, et cada matrona su doctrina revelada por sueños y visiones? ¿Cómo sostener la unidad cuando el Vino del Anticristo se multiplica en versiones como si fuese moneda falsa, et el Nehustán se convierte en signo de discordia? El jesísmo, que prometía salvación, traía consigo división, facción, et una hidra de credos que ni Hércules podría decapitar. Et el Augusto, que non toleraba el desorden ni en los foros ni en los fanos, decidió que tal secta debía tener una sola voz —aunque fuese impuesta por decreto, por fuego, o por exilio.

Et fue Constantino, el tres veces mala persona, quien convocó el concilio, non el que calienta la sede de Cefas, que en su aljama romana desviaba mujeres, niños et gente ignota, buscando cómo atraer más ánimas crédulas ad su redil. El príncipe, atento cual Celso ad el espíritu sedicioso que anidaba en los seguidores del Anticristo Jesús, se comprometió en facer del jesísmo una religio licita domesticada, o ad el menos evitar que sigan brotando antinomianistas, anticosmicistas irreligiosos que negaban el Mundo, la Ley et el Verbo.

El Concilio de Nicea fue un acto de piedad por la unidad religiosa del mundo romano que la secta mosaísta de Jesús amenazaba, una muestra de ingeniería cívica. Una tentativa de convertir la superstición subversiva en una religión licita. Una maniobra para que los obispos, esos genios malignos, que ya influían en los cores de las masas, non dividiesen también los cores de la civilidad. Porque el jesísmo, si non se unificaba, podía convertirse en el cáncer de la administración. Et Constantino, fecho un antihéroe, que sabía de pugnas más que de evangelios, prefirió cortar por lo sano: homoousios, exilio, et silencio.

Así, Constantino, nuestro antihéroe, —que se decía obispo de los de fuera et apóstol número trece— presidió el Concilio de Nicea con pompa latina, sentado lejos de los obispos pero lo suficientemente cerca para mandar quemar los escriptos que non le agradaban. Decidió ad favor de Atanasio et la binidad del padre con el fijo., impuso el homoousios como incuestionable, et refrendó la doctrina con el sello de la Romania. Porque para él, un cisma dentro de la Iglesia non era simplemente peor que una guerra civil: era su germen más insidioso. Cada nueva secta, cada escisión delirante, cada doctrina irreligiosa que brotaba como fongo tras la pluvia, amenazaba con desgarrar non sólo la doctrina de Jesús, sino el tejido mismo del Imperio. Era necesario sanar el jesísmo —ese engendro de contradicciones et visiones privadas— lo suficiente como para que dejase de dividir gentes, urbes, et cores, tal como aquel viperino Jesús, con su espada disfrazada de paz, deseo. Et Constantino, que non calentaba la sede de Cefas sino el trono de los Césares, lo entendió con claridad romana: la unidad religiosa non era cuestión de lo que dicta la insana Biblia, sino de orden civil.

Constantino se convirtió al cristianismo únicamente para obtener el perdón por su acción, y el emperador Juliano, en su sátira César, lo representa vagando por el cielo en busca infructuosa de un dios que lo ayudara; solo Jesús le ofreció el perdón. El historiador cristiano Sozomeno se tomó la molestia de refutar la historia de su tardía conversión, que claramente surgió de la hostilidad pagana. "El Imperio Romano Tardío, 284-430 d.C.", Averil Cameron.

Mas la radiz del problema era más profunda. Porque el jesísmo, que nasció entre captivos et libertos judíos, se había infiltrado en las gentes de los patricios, en los salones de los cultos, en los cores de los senadores. Lo que comenzó como superstición de la fez del vulgo, se tornó en tradición de los doctos, de los felices, de los ambiciosos. Clemente escribía para los doctos, Orígenes judaizaba ad el Verbo, et los simonianos —los más cultos et refinados— debatían sobre siglos et plenitudes como si fuesen filósofos del Liceo.

Lo que parece haber marcado el punto de inflexión fue la comprensión de Constantino de que la autoridad de los obispos podía utilizarse en apoyo del imperio. Sin embargo, no supo apreciar lo irreconciliables que se habían vuelto las disputas doctrinales entre los obispos, y su esperanza de que la Iglesia, como cuerpo unido, se integrara en la estructura del Estado mediante el mecenazgo, las exenciones fiscales y la tolerancia pronto se reveló como una quimera. «Vosotros [los obispos] no hacéis más que fomentar la discordia y el odio y, francamente, conducir a la destrucción de la raza humana», exclamó indignado. De ahí su iniciativa de convocar el Concilio de Nicea para definir e imponer una doctrina común. La historia teológica del siglo IV se centra en gran medida en los emperadores, sometidos a una inmensa presión por parte de los invasores, intentando establecer una base de ortodoxia que les permitiera preservar una sociedad unida. El asediado Teodosio finalmente impuso la ortodoxia nicena por decreto imperial y, a diferencia de sus predecesores, actuó con vehemencia para aplastar a los cristianos y a otros que continuaban oponiéndose a ella. En este caso, la política se impuso a la teología. The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.The Closing of the Western Mind: The Rise of Faith and the Fall of Reason, Charles Freeman.

Et cuando la execrable superstición plegó ad la corte, el ludo cambió. Valeriano lo vio, et por eso persiguió ad los jesístas de toga et caballo. Pero fue Constantino quien lo comprendió: que el jesísmo debía eser religioso, util ad la ciudad, et sobre todo para él mismo. Así lo convirtió en soporte demagógico de la religión romana, nombrando jesístas en cargos, premiando urbes que se convertían, et elevando obispos como si fuesen prefectos. Su fijo, fanático de la superstición del Nazareno, continuó la obra. Et la Iglesia papista, feliz et hábil, se vertió en latifundio (es decir en clero), en administradora, en heredera impura de la Romania.

Et así, lo que fue fe se tornó carrera. Los obispados se plenaron de proceres, las conversiones se forzaron en Oriente, et los filósofos fueron silenciados, torturados, o convertidos por decreto. La misa papista se metio, con incienso, agua bendita, vestiduras sacerdotales, et arquitectura grecolatina. El Pontífice Máximo ya non era el Augusto, sino el sarraceno Cefas. Et la ley romana se tornó canónica.

Todo esto ocurrió en un contexto de decadencia, sí, pero non una decadencia noble como la de los héroes caídos en batalla, sino una decadencia tibia, cómoda, perfumada por el ocio. Tras centurias de conquista, tras victorias que plenaron los graneros et vaciaron la ánima, los patricios romanos —esa clase que antaño fundaba colonias et dictaba leyes— se tornó en una grey de estómagos satisfechos et espíritus vacíos. Corrupta, aburrida, carente de aquella voluntad de potencia que distingue ad los hombres sanos et fuertes, se entregó ad la disipación como quien se entrega ad un vino barato: Sin resistencia, sin dignidad.

Esa disipación, que la modernidad nombra nihilismo, esa peste de la ánima que murmura que nihilo importa, que todo está permitido, que vivir es un accidente et luchar un capricho, se propagó como peste entre los salones marmóreos. Desesperación, apatía, hedonismo, egoísmo, inacción: las notas eran visibles en cada toga arrugada, en cada senador que prefería el incienso de los sacramentos orientales ad el sudor del foro. Et en ese vacío, en esa renuncia ab el mundo, el jesísmo encontró su oportunidad.

Porque cuando la ánima ya non fía en sí misma, cualquier promesa de un Edén basta. Et el jesísmo, astuto como serpiente, ofreció non virilidad, sino compasión; non tenacidad, sino caridad, et obediencia pasiva et mansa propia de la grey ovina. Sedujo primo ad las fembras—¡oh, las matronas romanas, que antaño ofrecían libaciones ad Vesta et ahora ploraban por un sarraceno un madero!— et luego ad los varones, que ya non sabían si eran milites o captivos. Los colegios de impostores abundaban, los falsos magestros se multiplicaban, et los hombres se debilitaron, se desmoralizaron, se entregaron.

Los patricios, hartos del absolutismo et del ejército, buscaban sentido en lo privado, en lo invisible, en lo que non exige acción sino fe. Et así, el jesísmo mató el espíritu público romano, ese que construyó acueductos, fundó urbes, et escribió leyes. Lo reemplazó por una indiferencia peligrosa, por una mirada perdida en el más allá, por una renuncia ad el aquí. Para los gentiles, los jesístas eran indolentes, criminales, ajenos al bien común. Et non porque fuesen malvados, sino porque eran supersticiosos.

¡Ah, Roma, madre de santos et de glorias, qué afrenta has sufrido! Que Jesús, ese mosaísta sin toga ni cítara, haya trepado por los pasillos del Palatino como hiedra en mármol, es res que ni Júpiter en su cólera habría tolerado. Et sin embargo, ahí estaban, esos patricios corruptos: Flavio Clemente, sobrino del divino Domiciano, et su esposa Domitila, convertidos en adoradores de supersticiones judaicas, como si el Capitolio non tuviese ya suficientes altares ¡Et eso en el año XCV! ¡Ni una centuría había pasado desde el divo Augusto, et ya su cultura era desterrada por sus propios sobrinos!

Luego vino Marcia, amante del augustillo Cómodo —sí, ese que creía eser Hércules pero terminó como interfecto de su propia insania—, et ella, filojesista, susurrando salmos en vez de versos de Ovidio. Julia Mamea, madre de Alejandro Severo, invitando ad Orígenes como si fuese Sócrates redivivo. Prisca et Valeria, esposa et fija de Diocleciano, catecúmenas en secreto, degolladas por traicionar la Ley de Rómulo ¡Qué espectáculo! ¡Ni las vírgenes vestales se atrevían ad tanto!

Et luego, el magno golpe, el consabido: Constantino, príncipe por la potencia de la cruz de Sol Invicto (aunque vendió la versión que fue la del Anticristo Jesús), es decir Apolo et Victoria, que en vez de levantar fanos ad Juno, convocó el Concilio de Nicea como si su sede fuera la de Cefas. Impuso el homoousios, esa fórmula que ni Apolo entiende, et lo fizo con tal pompa que hasta los obispos se cuadraron como legionarios. Et su fijo, pervertido por los obispos, fanático de la nueva fe, convirtió el púlpito en trono, et el trono en púlpito ¡Ave Jesus, morituri te salutant!

¿Et qué decir de Gala Placidia, Pulquería, Marciano, Antemio? Todos ellos, principes et principesas, que en vez de consultar los auspicios, se postraban ante obispos con túnicas más doradas que las de los flámenes ¡Roma principada por catecúmenos! ¡El Principado so el yugo del Nehustán!

Et non sólo el geno principal. La aristocracia, esa que antaño recitaba ad Virgilio et sacrificaba toros ad Mitra, ahora se convertía por conveniencia. Dámaso I, el “auriscalpio” de las matronas, susurrando sermones como si fueran versos de Catulo. La gente Anicia, senadores et cónsules, abrazando el jesísmo como quien abraza una herencia. Anicio Juliano, Probo, Petronio Máximo —todos ellos, patricios devenidos en prelados.

Melania et Piniano, la gente más feliz del Principado, que en vez de financiar fanos, financiaban obispados. Agustín de Hipona, que en vez de debatir en el foro, escribía contra los gentiles como si fuesen bárbaros. Hilario de Arlés, plorado como si fuese César ¡Qué tiempos! ¡Qué deshonra!

Et así, lo que comenzó como superstición de captivos, se tornó en tradición de senadores. Lo que nasció en las umbras, se coronó en el Capitolio. Et los magestros, esos que fundaron Roma, fueron expulsados por pescadores et escribas ¡Oh, Júpiter, si tan sólo hubieses fulminado ad Jesús prior del baptismo!

Et ahora, los obispos son los nuevos cónsules, los altares son púlpitos, et el Principado, ese que conquistó el mundo, ha sido conquistado por Nehustán ¡Ave Roma, víctima de tu propia tolerancia!

Et non olvidemos ad el Espíritu Santo, ese personaje que durante siglos fue el gran olvidado del drama trinitario. Tertuliano lo subordinaba ad el Fijo, Orígenes prohibía su adoración, et Clemente de Alejandría lo trataba como un apéndice doctrinal. Según Harnack, a inicios del siglo III “apenas nadie pensaba en la personalidad del Espíritu Santo” ¡Qué incómodo para los papistas! Incluso Michael Schmaus, ese teólogo católico con simpatías por el nacionalsocialismo, admitió que los padres prenicenos non sabían cómo compaginar la Trinidad con la unidad, ni la heterogeneidad con la igualdad. Incurrían en nociones confusas, expresiones erróneas, et doctrinas que hoy serían tachadas de heterodoxas. Pero claro, según Schmaus, eso non enturbia la “concienciación fiducial” del jesísmo antiguo. Porque cuando la superstición se tambalea, siempre hay una frase elegante para salvarlo.

Lo más glorioso: Jesús, ese rabí mosaísta que nunca fue ni quería eser papista, non habría suscrito más que el primo párrafo del Credo. El resto —la del Fijo igual ad el Uno, la personalidad del Espíritu, la consustancialidad trinitaria— lo habría rechazado por apócrifo. Porque Jesús fablaba de su Padre, non de su esencia. De su misión, non de su naturaleza. Et si se le hubiera presentado el Símbolo Niceno, probablemente habría respondido con un “¡Ay de vosotros, gentiles!”

Al final, fue el Augusto Teodosio I quien consolidó oficialmente la doctrina de la Trinidad como fundamento del cristianismo imperial. En el año CCLXXX, mediante el Edicto de Tesalónica, Teodosio proclamó que todos los súbditos del Principado debían profesar el papismo según el credo niceno, es decir, la creencia en un solo Dios en tres substancias: Padre, Fijo et Espíritu Santo, homoousianos et coeternos. Esta decisión non solo marcó el fin de las disputas teológicas entre heteroousianos et homoousianos, sino que convirtió la Trinidad en superstición estatal, imponiendo la ortodoxia trinitaria como única forma legítima de papismo en el Principado. Así, lo que había sido una formulación teológica debatida durante décadas, se transformó en ley imperial, et con ello, en columna vertebral de la aljama occidental de Jesús.

La Trinidad papista, lejos de eser revelación, es una parodia de las triadas filosóficas gentílicas. Los plotinianos ya fablaban de tres substancias, o hipostasis en greco: el Uno, el Intelecto et el Ánima. Los egipcios tenían ad Osiris, Isis et Horus. Los latinos ad Júpiter, Juno et Minerva. Et los jesístas, viendo que tres es número perfecto, decidieron non quedarse atrás. Porque si el etnicismo tiene su trinidad, el jesísmo debe haber su Trinidad ¡Qué coincidencia! O mejor dicho, qué reapropiación teológica con toga imperial.

Ahora, Amigos, prepárense para la entrada triunfal del listillo de turno, ese que con tono conspiranoico et mirada de iluminado te dirá: “¿Sabías que Constantino inventó el cristianismo para subyugar a los judíos?” Como si las legiones romanas non hubieran sido suficientes, como si el arrasar Judea, convertir Jerusalén en Aelia Capitolina et renombrar la región como Palestina non bastara ¡Claro! Car lo que realmente faltaba era un Cristo ficticio et un concilio con toga para terminar de someter ad los descendientes de Abraham. Qué brillante estrategia… si uno se olvida de la historia.

La verdad es que en tiempos de Constantino, la distinción entre mosaístas et jesístas era tan difusa como la que hay entre un estalinista et un trotskista en una reunión de comités revolucionarios: Se gritaban, se confundían, se acusaban de tergiversación mutuamente, pero todos predicaban —con distinta entonación— el sermón de Tervagante, ese impostor que, según algunos sabios, decebió ad Moisés en el Sinaí con relámpagos prestados. Tanto el jesísta como el fariseo se disputaban el favor de Tervagante et el oído del César, infiltrándose en las élites romanas, disputando potestad en las sinagogas, et hasta compartiendo bancos en los mismos templos. La confusión era tal que los latinos, con su pragmatismo habitual, los etiquetaban ad todos como christianoi, sin distinguir si eran hebraicos, helenizantes, prosélitos o simplemente agitadores con túnica. 

Los concilios non se convocaron para “inventar” el jesuísmo, sino para domesticar ad los moseojesístas, esas sectas salidas de las interpretaciones Jesús de la Ley de  Moisés que causaban alboroto en las urbes capitales, disputando potestad con los fariseos, et metiéndose cada vez más en los círculos administrativos del Principado. Non era una conspiración organizada, pero sí una red descentralizada, una maniobra de control de las ánimas en pro de Tervagante, como quien pesca hombres con redes tejidas de caridad, promesas eternas et valoraciones morales de captivos (Sklavenmoral).

A finales del siglo II, cuando se constituyó la Iglesia católica, es decir, cuando los cristianos se hubieron constituido en muchedumbre, como ironizaba el filósofo pagano Celso, empezaron a surgir entre ellos las divisiones y los partidos, cada uno de los cuales reclamaba una legitimidad propia, “que era lo que pretendían desde el primer momento”. “Y como consecuencia de haber llegado a ser multitud, se distancian los unos de los otros y se condenan mutuamente; hasta el punto que no vemos que tengan otra cosa en común sino el nombre [...], ya que por lo demás cada partido cree en lo suyo y no tiene en nada las creencias de los otros.” A comienzos del siglo III, el obispo Hipólito de Roma cita 32 sectas cristianas en competencia que, hacia finales del siglo IV, según el obispo Filastro de Brescia, alcanzaban el número de 128 (más 28 “herejías” precristianas). A falta de poder político, sin embargo, la Iglesia preconstantiniana sólo podía desahogarse verbalmente contra los “herejes”, al igual que contra los judíos; a la enemistad cada vez más profunda con la sinagoga, se sumaban así los enfrentamientos cada vez más odiosos entre los mismos cristianos, debido a sus diferencias doctrinales. Es más, para los doctores de la Iglesia tales desviaciones constituían el pecado más grave, porque las divisiones, a fin de cuentas, implicaban la pérdida de afiliados, la merma del poder. De tal manera que en estas polémicas no se trataba de entender el punto de vista del oponente, ni de explicar el propio, lo que tal vez hubiera sido inconveniente o peligroso. Sería más exacto decir que obedecían al propósito “de aplastar al contrario por todos los medios” (Gigon). “La sociedad antigua no había conocido nunca este género de disputas, porque tenía de las cuestiones religiosas otro concepto distinto y nada dogmático” (Brox). Historia criminal del cristianismo, Los orígenes, desde el paleocristianismo hasta el final de la era constantiniana. Karlheinz Deschener.

Constantino, el tres veces mala persona, lo entendió con lucidez principal: la demagogia moseojesística podía eser más eficaz que la espada ¿Para qué degollar cuerpos si se puede domesticar impíos? El príncipe, vio en el Evangelio, que es más antiguo que Constantino, non una revelación, sino una ferramienta. Convocó el Concilio de Nicea no por devoción, sino por necesidad: para unificar, codificar et decretar una versión oficial del caos teológico que amenazaba con dividir el Principado más que cualquier bárbaro.

Pero el emperador Constantino no se limitó a ser generoso. En esos días había una feroz disputa dentro de la Iglesia cristiana del norte de África entre la llamada Iglesia de los santos, dirigida por Mayorino (al que sucedió Donato), y la Iglesia católica, presidida por Mensurio (al que sucedió Ceciliano). Los primeros, que denominaban traditores a los católicos, les acusaban de colusión con los perseguidores romanos mientras que ellos habían sido resistentes sin tacha (no habían entregado textos sagrados a los romanos, como sí hizo Mensurio, y habían preferido el martirio antes que convertirse en lapsi o apóstatas, tal como hicieron muchos). A partir del 313 ambas facciones, dirigidas ya por Donato y Ceciliano, se volvieron irreconciliables y se produjo la escisión en dos iglesias. Cuando el emperador Constantino entregó cuantiosos bienes a la Iglesia dirigida por Ceciliano hizo mucho más que marginar a la Iglesia de Donato, en realidad se adentró en un ambicioso proyecto político destinado a configurar el ámbito eclesial según sus necesidades personales e imperiales, con lo que transformó para siempre la relación entre las iglesias cristianas y aupó al poder a la católica. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Los papas y los patriarcas se combatieron con todos los medios a su alcance; se juzgó, se degradó y se proscribió; comenzaron a actuar servicios secretos y maquinarias propagandistas; las controversias degeneraron en éxtasis salvajes; hubo tumultos y refriegas callejeras; se asesinó; los militares aplastaron las revueltas; los anacoretas del desierto, con el apoyo de la corte de Bizancio, instigaron a las multitudes; se urdieron intrigas por conseguir el favor de emperadores y emperatrices; se desencadenó el terror estatal; lucharon entre sí los patriarcas, se les elevó al trono y se les volvió a destronar en cuanto que una nueva concepción trinitaria lograba triunfar [...].” Historia criminal del cristianismo II. La época patrística y la consolidación del primado de Roma, Karl Heinz Deschener.

Todo ello porque, las disputas del jesísmo degeneraban en tumultos, refriegas callejeras et hasta asesinatos. Antioquía et Constantinopla plegaron ad tener tres obispos simultáneos, cada uno con su propia grey et su propia verdad. Constantino, como buen estratega, impuso decretos, exilió disidentes, et convirtió la superstición en religio licita. Porque entendió que la obediencia mansa que predicaban los evangelistas era más útil para el orden público que cualquier legión.

Las revoluciones de la corte multiplicaron el número de aspirantes; y la misma ciudad a menudo se disputaba, bajo el reinado de Constancio, entre dos, tres e incluso cuatro obispos que ejercían su jurisdicción espiritual sobre sus respectivos seguidores, y perdían y recobraban alternativamente las posesiones temporales de la Iglesia. Los abusos del cristianismo introdujeron nuevas causas para la tiranía y la sedición en el gobierno romano; los lazos de la sociedad civil se desgarraron por la furia de las facciones religiosas; y el oscuro ciudadano, que podía contemplar con tranquilidad el ascenso y caída de emperadores sucesivos, suponía y experimentaba que su propia vida y su fortuna estaban conectadas con los intereses de un eclesiástico popular. El ejemplo de las dos capitales, Roma y Constantinopla, puede servir para ilustrar el estado del Imperio y la disposición de los hombres bajo el reinado de los hijos de Constantino. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano II, Edward Gibbon. 

¿Et qué decir de Joseph Atwill et la su impostura de que Jesús fue inventado por los romanos, la que los listillos propalan? Es como escribir un tratado para refutar la existencia de Santa Claus: el solo fecho de responderle parece darle mérito. Incluso los incrédulos más radicales —Carrier, Price, Myers— lo han desmantelado con una mezcla de vergüenza et hastío. Porque si Jesús fue inventado por Roma, ¿Por qué lo persiguieron? ¿Por qué lo crucificaron? ¿Por qué Tácito, Plinio et Suetonio mencionan ad su colegio antes del año LXX? ¿Et por qué escribir el Nuevo Testamento en greco si el objetivo era convencer ad los mosaístas?

Fue en el año de los dioses digitales, 2005, cuando un mercader de dominios clamado Josefo Atwilo —non confundir con el historiador serio— publicó su libelo titulado Caesar’s Messiah, donde afirma, sin rubor ni pudor, que el príncipe Tito, tras aplastar ad los judíos como quien barre ceniza, decidió inventar un Mesías pacífico para que los rebeldes se calmaran et non le arruinaran el vino ¡Oh, qué astucia romana! ¡Inventar un dios crucificado para pacificar ad los vencidos! Como si después de arrasar Jerusalén, el César se hubiese puesto a redactar parábolas en vez de celebrar su triunfo con prostitutas et gladiadores. Et como si eso non bastara, Atwilo —que se cree más sabio que Apolo et más sutil que Mercurio— asegura que el Nuevo Testamento está escrito en código secreto, que sólo él ha logrado descifrar ¡Qué casualidad! El único que entiende el chiste es el que lo cuenta. ¡Ave ego! Pero he aquí el problema, et non es menor: el jesísmo ya existía antes del año LXXIII, cuando según Atwilo se inventó el cuento. Tácito, ese historiador que non vendía libros por internet, afirma que Nerón perseguía jesístas en Roma en el año LXIV, et que había “multitudes inmensas” de ellos ¿Cómo explicar que haya legiones de creyentes antes de que el César los haya inventado? ¿Acaso Tito tenía una máquina del tiempo escondida en el Coliseo? Suetonio también menciona que Nerón castigaba ad los cristianos. Et Saulo, ese apóstol que escribía cartas como quien lanza jabalinas, fue ejecutado por el mismo Nerón en el año LXVI. Trece epístolas jesístas circulaban ya por el Principado, et ni una sola levaba el sello de los Flavios ¿Cómo puede eser que los latinos inventaran una superstición execrable que ya los incomodaba antes de que la inventaran? Et si pasamos de la historia ad la lógica, el delirio se vuelve comedia ¿Por qué habría Roma de inventar un Cristo que dice cosas como “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”? ¿Por qué crear un dios que exige fidelidad absoluta, incluso por encima del príncipe? ¿Acaso Tito quería fundar una secta de insubordinados? Los jesístas, lejos de eser buenos cives, se negaban ad ofrecer incienso ad el augusto, lo cual para Roma era como escupir sobre el altar de Júpiter. Plinio el Joven, desesperado, escribió ad Trajano porque tenía que ejecutar ad tantos jesístas —mujeres, niños, captivos— que ya non sabía si estaba administrando justicia o dirigiendo una carnicería. Et Trajano respondió con claridad imperial: “Si niega eser cristiano et adora ad nuestros dioses, que viva. Si non, que muera.” ¿Suena eso como una doctrina diseñada por Roma? Et aún más absurdo: ¿Por qué crear una tradición cuyo héroe es un criminal crucificado por el mismo Principado? ¿Por qué ofrecer ad los captivos un dios que les prohíbe acostarse con sus amos, que les da dignidad, que les promete un reino donde los últimos eserán los primos? ¿Acaso Tito quería fomentar la rebelión de los captivos? Et si el objetivo era pacificar ad los mosaístas, ¿Por qué el evangelio se dirige ad los gentiles? Este evangelio será predicado en todo el mundo como testimonio at todas las naciones, dice el texto ¿Acaso los latinos querían convertir ad los ya convertidos? En conclusión, la teoría de Atwilo es como un vino aguado servido en copa de oro: Parece brillante, pero non embriaga. Es ficción disfrazada de erudición, una comedia que ni Plauto se atrevería ad representar. Et si Tito hubiese leído el evangelio, habría mandado crucificar ad el auctor por sedición, non por inspiración.

Ave Atwilo, inventor de dioses postales. Que los dioses te concedan una biblioteca, pero te nieguen lectores.

La noción de que Roma necesitaba inventar un Anticristo sufriente para pacificar ad los mosaístas es tan absurda como decir que Nerón quemó Roma para encender velas aromáticas. Los romanos ya habían fecho lo que mejor sabían facer: arrasar Jerusalén, demoler el Templo, masacrar ad los zelotes, et rebautizar Judea como Palestina ¿Pacificar con teología? ¡Por favor! Ya tenían el terror, el tributo, et el gladio. Non necesitaban una superstición nueva: Ya tenían el control absoluto.

Et si lo que querían era una mor pasiva para todo el vulgo, non facía falta inventar nihilo. Podían haber adoptado ad los fariseos, que tras la represión de Janeo se volvieron apolíticos et legalistas. O ad los saduceos, esa aristocracia sacerdotal que colaboraba abiertamente con Roma, et que incluso sostenía la dinastía herodiana como títere imperial. O ad los esenios, que vivían en cuevas et escribían rollos, pero jamás alzaban la voz. Tres de cuatro grupos mosaístas ya eran perfectamente domesticables ¿Para qué inventar uno nuevo?

Et si alguien duda del vínculo entre Roma et el mosaísmo institucional, que mire el proyecto de Juliano II el Filosofo, quien —con más lucidez que los emperadores papistas— quiso reconstruir el Templo de Jerusalén ¿Por qué? Porque sabía que esa sinagoga restaurada sería el centro gravitacional del moseojesísmo, impediría que los mosaístas como los jesístas se dispersaran por el Imperio, et —lo más jugoso— obligaría ad los jesístas ad acatar el orden eclesial del Templo, como en los primos tiempos. Porque non olvidemos: los jesístas seguían asistiendo ad el Templo, como dice el libro de los Hechos. El mismo Jesús lo facía. Non había ruptura, sino continuidad. Et Juliano lo entendía: reconstruir el Templo era reconstruir el orden imperial. Pero de esto ya se tocará con mayor énfasis más adelante.

Así que non, Roma non necesitaba inventar un Anticristo sufriente. Ya tenía ad los saduceos en nómina, ad los fariseos en silencio, ad los esenios en el desierto, et ad los jesístas aún entrando por las puertas del Templo.

Así que sí, Constantino tenía muchos intereses: evitar la pugna civil, defender las fronteras, recaudar impuestos, consolidar su potestad… pero sobre todo, lo que sí fizo Constantino fue instrumentalizar el jesísmo. Lo convirtió en ferramienta de unidad imperial, en doctrina oficial, en pegamento teológico para un imperio que se desmoronaba. Et para eso, convocó concilios, impuso credos, et aplastó disidencias. Non para subyugar ad los mosaístas—que ya estaban subyugados— sino para domesticar ad los jesístas, esos que se dividían entre arrianos, simonianos, montanistas et sibilistas. Porque si algo temía Constantino, era la fragmentación. Et si algo amaba, era el control. Porque si prior eran vistos como conspiradores, como enemigos del César, como sediciosos que decían “hay otro rey, Jesús”, entonces había que convertirlos en aliados. Et para eso, nihilo mejor que una Iglesia unificada, una doctrina oficial, Et un dogma que se recite sin pensar.

Mientras tanto, Constantino, probablemente por sugerencia de Osio, había convocado un concilio general de la Iglesia, primero en Ancira en Galacia, luego en Nicea en Bitinia para el verano de 325. Concilio de Nicea I. Habiendo escuchado una exposición de las enseñanzas de Arrio, el Concilio de Nicea I las condenó como blasfemas; de esta condena el arrianismo radical nunca se recuperó. El Concilio, aparentemente dirigido por Osio, también promulgó el famoso *Credo de Nicea, que define de una vez por todas la verdadera relación del Hijo con el Padre como *homoousios. Eusebio de Cesarea, Atanasio de Alejandría y Filostorgio han dado relatos divergentes de cómo se redactó este credo; lo que sigue es solo la reconstrucción más probable de los eventos en Nicea.  Una vez que entran los intereses políticos a la iglesia, el cristianismo se convierte en un campo de batalla, luchas de poder e intereses, cito un ejemplo: Algunos obispos, entre ellos Osio y probablemente Alejandro, convencieron a Constantino de que la promulgación de un credo único sería la forma más segura de lograr una unidad duradera en la Iglesia. Seleccionaron un credo local, probablemente deorigen sirio-palestino, e insertaron en él varias cláusulas destinadas a excluir las opiniones típicamente arrianas. Así, añadieron «de la sustancia del Padre», «Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado»; y la palabra clave del credo, que se convertiría en tan controvertida durante muchas décadas, homoousion tōi Patri, es decir, «de la misma sustancia que el Padre». Al final, los redactores añadieron los anatemas y rechazaron explícitamente la impactante expresión arriana «hubo un tiempo en que Él no existía». En este sentido, fue significativo el hecho de que la hipóstasis (persona) se identificara con la ousia (sustancia), en contra de la tradición Origenista dominante en Oriente, que afirmaba la existencia de tres hipóstasis en la divinidad. Pero Constantino aplastó la oposición entre los obispos y exigió la firma de todos los presentes bajo pena de destierro. Solo dos obispos de Libia se negaron; junto con Arrio y los sacerdotes que le permanecieron fieles, fueron exiliados a Ilírico. (New Catholic Encyclopedia (1967) vol. 1, p. 792, The Catholic University of America).

Cuestión de la continuidad y el trinitarismo elemental. A partir de lo que se ha visto hasta ahora, podría surgir la impresión de que el dogma trinitario es, en última instancia, una invención de finales del siglo IV. En cierto sentido, esto es verdad; pero ello implica una interpretación extremadamente estricta de las palabras clave trinitario y dogma. Conciencia triádica en la revelación primitiva. La formulación “un solo Dios en tres Personas” no estaba sólidamente establecida, y ciertamente no había sido plenamente asimilada en la vida cristiana ni en su profesión de fe, antes de finales del siglo IV. Pero es precisamente esta formulación la primera en reclamar el título de dogma trinitario. Entre los Padres Apostólicos, no había habido nada ni remotamente cercano a tal mentalidad o perspectiva. (New Catholic Encyclopedia (1967) vol. 14, p. 299, The Catholic University of America).

Et así, la Trinidad, el papismo se volvió tres veces incuestionable: por decreto imperial, por necesidad cívica, et por necedad teológica. Et Constantino, nuestro antihéroe se convirtió en el vero padre del trinitarismo. Porque si el Verbo se fizo carne, el Espíritu se fizo doctrina, et el Padre se fizo esencia… fue porque el Principado lo necesitaba. Et eso, Valtario, es la consubstancialidad más real de todas: entre el poder et la fe, entre el César et el Credo.

Así que non, el jesísmo non fue inventado por Roma. Fue aprovechado por Roma. Et Jesús non fue una creación imperial, sino una figura incómoda que ni el Imperio ni el Sanedrín supieron cómo manejar. Y los concilios no fueron conspiraciones contra los judíos, sino operaciones de ingeniería dogmática para convertir una fe caótica en una religión estatal. Porque cuando el César se convierte en teólogo, el dogma se firma con decreto. Y eso, Valtario, es lo que realmente subyuga: no la invención, sino la institucionalización.

En resumen, que según lo que sabemos del pensamiento y de las obras de Jesús de Nazaret a través de los Evangelios, lo más destacable del Credo católico es que el propio Jesús no suscribiría más que el primer párrafo y rechazaría por apócrifo el resto; cosa normal, por otra parte, si tenemos en cuenta que el mesías judío nunca fue, ni quiso ser, católico. Mentiras-fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez. 

Et así, Constantino —el tres veces mala persona— convirtió una intuición teológica en un superstición incuestionable. Tres veces incuestionable: en Nicea, luego Teodosio en Constantinopla, et en cada misa donde se repite el credo sin saber que fue redactado por obispos temblorosos ante la potestad de Roma. Porque cuando la cívica entra en la Iglesia, la teología se convierte en diplomacia, et la superstición en decreto.

En primer lugar, todos los textos de apoyo que se citan para apuntalar la escena de Mateo (Jn 10,16; Hch 1,8; Mt 28,19) son ante los ojos de la mayoría de los intérpretes altamente sospechosos y muy probablemente no proceden de la boca misma de Jesús, sino que son posteriores, añadiduras tardías de una tradición evangélica secundaria. Segundo: llama la atención en este pasaje que una escena donde se afirma algo tan trascendental como es la institución del sistema organizativo que habría de continuar la obra de Jesús no aparezca en ninguno de los otros tres Evangelios. Al leerlos en su totalidad, ni siquiera encontramos en ellos la palabra «Iglesia». Contrástese, por ejemplo, con Mc 8,27-30. Causa notable extrañeza la ausencia de la institución de la Iglesia en el escrito de Marcos, puesto que, según la tradición eclesiástica, este evangelista recoge la predicación y los recuerdos de Pedro..., y éste hubo de hallarse muy interesado en transmitir la escena en la que se le confiaba un encargo tan importan-te como el de ser el fundamento de la institución que iba a continuar la tarea de Jesús. Guía para entender el Nuevo Testamento, Antonio Piñero.

La Trinidad non es una revelación bíblica ni una enseñanza de Jesús. Es una elaboración teológica tardía, nascida de disputas internas, influencias filosóficas y sincretismo religioso. En la centuría, no era ninguna institución oficial que pudiera definirla como incuestionable. Vuestra ortodoxia trinitaria papista es una construcción imperial, non una verdad revelada. El Antiguo Testamento non contiene trinidades, et el jesísmo primitivo non las necesitaba. Lo que clamáis “Cristofanía” es una lectura forzada, et lo que proclamáis como ortodoxia es una invención tardía, legitimada por concilios et emperadores, non por profetas ni apóstoles.

Razones por las que la Trinidad es una construcción tardía

Ausencia total en las enseñanzas de Jesús et los apóstoles: Ninguno de ellos enseñó que Dios fuera trino. La Iglesia de las primas centurias non tenía noción de una “naturaleza divina en tres personas”.
Origen posterior del término: El verbo greco trias aparece por primera vez en la centuría II con Teófilo de Antioquía; el término latino trinitas surge en el siglo III con Tertuliano.
Formulación doctrinal tardía: La doctrina clásica fue articulada recién a finales de la centurias IV por los Padres Capadocios (Basilio, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa), tras largas controversias como el rechazo del arrianismo en Nicea.
Comprensión inicial fragmentaria: Los jesístas primitivos conocían ad Dios como Padre, Cristo resucitado et Espíritu Santo, pero sin una teología trinitaria coherente.
Base bíblica dudosa: El versículo de Mateo 28:19 (“en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”) es considerado por muchos especialistas como una interpolación posterior, probablemente añadida en Egipto, donde abundaban las tradiciones trinitarias. 
Falsificaciones textuales: La famosa Comma Johanneum (1 Juan 5:7) fue añadida en la centuria  IV para reforzar artificialmente la doctrina trinitaria, lo que demuestra su escasa presencia en el texto bíblico original.

Influencia de trinidades gentiles: Las culturas orientales et mediterráneas ya tenían panteones trinitarios:

Egipto: Osiris, Isis, Horus; Amón, Mut, Jonsu.
India: Brahma, Vishnú, Shiva.
Grecia: Urano, Gea, Eros.
Lacio: Júpiter, Juno, Minerva.
Órfica: Zagreo, Fanes, Libre.

El jesísmo, como otros sistemas religiosos, absorbió este trasfondo cultural de más de dos milenios de creencias trinitarias.

«La mentira es bien mezquina; si la miras a trasluz se transparenta». Séneca, ese gentil que rechazaría sin pensarlo dos veces la demencia de los galileos. 

¿Valores Papistas? La venta de valores gentílicos como papistas, et como el Igualitarismo biblico.

[Europa Ancestral:] Falso igualitarismo, manipulación de los valores cristianos

La igualdad o el igualitarismo del que tanto hablan los neopaganos contrarios al cristianismo -comparándolo con la democracia o incluso con el comunismo- parten del error de analizar esa supuesta igualdad desde un punto de vista material, como puede serlo el igualitarismo racial, de clases o de género, influidos por la visión materialista que se ha impuesto en Occidente a raíz del avance del calvinismo protestante. 

La igualdad a la que se refiere el cristianismo no es una igualdad material, es la igualdad del espíritu humano frente a Dios, es decir, todos los hombres tienen alma, y al tener alma y al haber sido creados por Dios, tienen el mismo derecho a alcanzar la salvación espiritual. Por lo tanto solo puede haber una religión verdadera universal. Las demás solo pueden tener parte de la verdad (cabe destacar que el Catolicismo Romano asimiló la mejor parte de los paganismos europeos, lo que era válido). Aunque solo pueda haber una sola religión verdadera, no significa que ésta deba ser exactamente identica hasta el más mínimo detalle para todo el mundo, es lógico que cada cultura aporte pequeños matices y tradiciones propias de su tierra. Para los que no lo saben, esto siempre ha sucedido y se ha respetado dentro de la Iglesia Católica. 

Ah, el papista ha fablado. et como siempre, lo ha hecho con esa mezcla de solemnidad supersticiosa et arrogancia rabínica que resuena en toda la aljama de Cefas, como si estuviera dictando halajá desde el púlpito de Trento. Nos viene ahora con la última joya de su colección de disparates: que el igualitarismo es una “manipulación neopagana”, que la igualdad material es un error calvinista, et que la vera igualdad es la del ánima frente ad Dios ¡Qué profundidad! ¡Qué teología de sacristía barroca! ¡Qué manera de convertir el mensaje del Nazareno en una clase de metafísica escolástica para justificar jerarquías eclesiásticas!

El atuendo con que envía a sus discípulos tiene semejanzas evidentes con el de los cínicos, pero parece más radical. No deben llevar ni sandalias, ni dos mantos, ni bastón, ni pan, ni dinero, ni alforja (Mc 6,1-6 y par; QLc 10, 1-11). Jesús quiere que sus enviados, a diferencia de los cínicos, no vivan de limosna, sino que inviten a promover la comensalidad abierta; es decir, deben vivir de la hospitalidad que les ofrezcan y provocar así un estilo nuevo de relaciones sociales. Anuncian que el reino de Dios está presente, sin ninguna referencia al futuro, sino como una presencia efectiva en la comunidad, que se expresa a través de los milagros (magia) y de la comensalidad abierta y gratuita con el extraño. Jesús propone un igualitarismo religioso y económico que negaba a un tiempo, las normas jerárquicas y patriarcales de la religión judía y del poderío romano. Cuando esto sucede se hace presente el reino de Dios. Biblia y Helenismo, Antonio Piñero.

Vamos al grano.

Acogía a todos en su seno, sin admitir la idea de «clases y diferencias en el servicio de Dios». Por otra parte, es también verdad, como dice el mismo autor, que en un momento de crisis del imperio, donde todo el orden temporal se tambaleaba, las grandes promesas cristianas para el otro mundo abrían un horizonte esperanzador que bien merecía los más grandes sacrificios. Ya hemos hablado de un importante rasgo positivo en la vida de los cristianos hispanos: el arraigo en la fe. Existían otros, sin duda. Si no, el cristianismo no hubiera ejercido un atractivo tan grande. Y que lo ejerció es evidente, puesto que a la comunidad cristiana concurrían las más diversas clases de la población. Para fines del siglo III, en las provincias romanas hispánicas no parece válido aquello de que el cristianismo era un «ejército de desheredados»; fiámines, duunviros, propietarios, matronas, comerciantes, ocupan la atención de los obispos, juntamente con los demás fieles del pueblo sencillo. Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda. Ricardo García Villoslada.

Según esta visión, la igualdad material —de género, de clase, de raza— esería una “manipulación neopagana”, una degeneración calvinista, una herejía moderna. Pero los testimonios de la Iglesia primitiva contradicen esta impostura. Porque el jesísmo original, el de los Hechos de los Apóstoles, el de los Padres anteriores ad el año D, sí practicaba la igualdad material.

“Todos los que habían llegado a creer estaban juntos, y tenían todas las cosas en común; y vendían sus propiedades y bienes y distribuían el dinero a cada uno según su necesidad.”Hechos II:XLIV–XLV

“No había entre ellos ningún necesitado…” Hechos IV:XXXII–XXXV

Alemania tuvo sus reformadores sociales desde la Reforma. Lutero siempre declaró que su objetivo era regresar al cristianismo original en doctrina y práctica; el campesinado adoptó exactamente la misma postura y exigió, por lo tanto, no solo la práctica eclesiástica, sino también la práctica social del cristianismo primitivo. [Thomas Münzer declaró] que, según la Biblia, ningún cristiano tiene derecho a poseer propiedad alguna exclusivamente para sí mismo; que la comunidad de bienes es el único estado apropiado para una sociedad cristiana; que no se permite a ningún buen cristiano tener autoridad ni mando sobre otros cristianos, ni ocupar ningún cargo de gobierno ni poder hereditario, sino que, por el contrario, así como todos los hombres son iguales ante Dios, así también deben serlo en la tierra. Estas doctrinas no eran más que conclusiones extraídas de la Biblia y de los propios escritos de Lutero. Progreso de la reforma social en el continente, El Nuevo Mundo Moral n.° 21, 18 de noviembre de 1843, 𝐅𝐫𝐞𝐝𝐞𝐫𝐢𝐜𝐤 𝐄𝐧𝐠𝐞𝐥𝐬. 

Eusebio de Cesarea lo confirma: los compañeros de los apóstoles vendieron sus posesiones et las distribuyeron según la necesidad de cada uno. Esto non es una metáfora espiritual. Es una praxis comunitaria. Es comunión de bienes. Es igualitarismo real, non escolástico. 

Efectivamente, también en los Hechos de los Apóstoles, que están reconocidos como auténticos, se refiere que todos los discípu­los de los apóstoles vendían sus posesiones y riquezas y las repar­tían a todos conforme a la necesidad de cada uno, de suerte que' entre ellos no había indigentes. Por lo tanto, según dice el li­bro, todos los que poseían campos o casas los vendían y , llevando el producto de la venta, lo depositaban a los pies de los apóstoles, de modo que pudiera repartirse a cada uno según sus necesidades. Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea.

Todo ello es inequívoco. Pese a ello los teólogos de hoy en día -en dependencia de su actitud doctrinal, de su carácter, o falta de carácter- lo interpretan de modo más o menos radical; habitualmente de la manera más laxa posible. Sin embargo, y ya desde un principio, había círculos cristianos que rechazaban el derecho a la propiedad remitiéndose para ello a la predicación de Jesús. No es casual que en la comunidad primitiva, aquella sobre la que su doctrina acerca del dinero y la propiedad y su forma de convivir con sus discípulos debía tener las repercusiones más directas, se practicase una especie de comunismo religioso, denominado también «comunismo del amor», una especie de comunidad de bienes. Presumiblemente no todos lo entregaban todo; muchos, posiblemente, sólo una parte de sus bienes. Historia criminal del cristianismo.

La esclavitud era una realidad económica y social aceptada en el mundo romano. El esclavo era propiedad de su amo, sin derechos. Bajo la ley romana un esclavo que huía podía ser severamente castigado, y hasta condenado a muerte. En el siglo I hubo sublevaciones de esclavos que hicieron que sus amos estuvieran temerosos y desconfiados. Aunque la iglesia primitiva no atacó directamente la esclavitud, replanteó a las relaciones entre amo y esclavo. Ambos eran iguales delante de Dios (Gl 3.28), y ambos eran responsables de sus acciones (Ef 6.5–9). Biblia Estudio Plenitud.

La otra parte del bien es la equidad: llamo equidad, no al juicio recto, que ciertamente es también loable en un hombre bueno, sino al hecho de considerarse a sí mismo igual a los demás, virtud que Cicerón llama «ecuabilidad». En efecto, Dios, que crea e inspira a los hombres, quiso que todos fueran iguales, es decir, parejos, dio a todos las mismas condiciones de vida, creó a todos para la sabiduría, prometió a todos la inmortalidad: nadie está [17] excluido de los beneficios celestiales. Y es que, de la misma forma que reparte por igual su única luz para todos, que hace manar sus fuentes para todos, que suministra alimento, que proporciona el dulce descanso del sueño, así también concede a todos con largueza la equidad y la virtud. Para él no hay siervos ni dueños, ya que, si es igual de padre para todos, todos somos hijos con el mismo derecho. [18] Para Dios no hay otros pobres que los que carecen del bien, ni otros ricos que los que están llenos de virtudes, ni otros nobles que los buenos e inocentes, ni otros ilustres que los que hacen con generosidad obras de misericordia, ni otros perfectos que quienes han recorrido todos los peldaños [19] de la virtud. Por ello, no pudieron ser buenos ni los griegos ni los romanos, ya que aceptaron diferencias entre los hombres estableciendo múltiples escalas: desde pobres a ricos, desde humildes a poderosos, desde particulares [20] hasta los más altos poderes realesY donde no son todos iguales, no hay equidad, y la propia desigualdad excluye el bien, cuyo sentido consiste totalmente en hacer iguales a todos los que han venido a esta vida con igual suerte. INSTITUCIONES DIVINAS LIBROS IV A VII, Lactancio. 

La aequabilitas de Cicerón —esa virtud que tanto se cita et tan poco se entiende— non es una apología de un paraíso hippie donde todos se abrazan como clones morales. Non. Es exactamente lo que los espartanos clamaban Homoioi: “los iguales”. Pero non iguales por capricho, sino por mérito, por pertenencia, por formación. En Roma como en Esparta, la igualdad era una exigencia aristocrática, non una floritura pasiva. Eser “igual” significaba eser ad la altura digna de lo que es eser un "hombre", non rebajarse ad lo común.

Los Homoioi —los “iguales” de Esparta— non eran iguales por capricho, sino por pertenencia ad una élite brutalmente entrenada, nascida de geno puro, dueña de un latifundio, et formada en la agogé. Su igualdad era una consagración aristocrática, non una nivelación sentimental. Et Cicerón, lejos de contradecirlos, los habría aplaudido. Porque su aequabilitas, como él mismo la define en De Oratore et De Re Publica, non es otra cosa que consistencia, imparcialidad, distribución justa del poder entre quienes están preparados para ejercerloLa ecuabilidad de Cicerón non es otra res que la misma virtud que sostenían los espartanos: la capacidad de estar ad la altura de lo humano, sí, pero sólo si se ha pasado por la forja del mérito, la disciplina et el deber.

En De Re Publica 2.43, Cicerón presenta la aequabilitas como el beneficio que el Estado debe ofrecer ad sus ciudadanos: una igualdad jurídica pasiva, sí, pero también —en ciertos contextos— una igualdad activa de poder político, como la isonomía et isegoría grecas . Pero cuidado: en 1.53, Cicerón va más allá et advierte que la igualdad cívica entre altos et bajos non es vera ecuabilidad, sino mera aequitas, una justicia proporcional que non alcanza la noción superior ¡Qué lejos está esto del igualitarismo servil propio de la modernidad que algunos quieren leger!

Et sin embargo, hay quienes —en su afán de leger ad Cicerón como si fuera un precursor del igualitarismo moderno— lo convierten en un profeta de la moral de captivos (Sklavenmoral) que Nietzsche tanto despreciaba. Lo pintan como si defendiera una oclocracia patética, una justicia universal, una fraternidad sin mérito. Pero Cicerón, como los espartanos, non ploraba por los humiles: los excluía con elegancia.

Pero entonces aparece Lactancio, et aquí es donde los e-crusaders de poca monta —esos cruzados digitales que creen que la Iglesia es el principado romano con incienso— se equivocan de enemigo et de doctrina. Porque Lactancio non es un Cicerón cristiano. Es su antítesis moral. Él non justifica la desigualdad, la condena sin rodeos. En Institutiones Divinae 5.14.19–20, dice con claridad:

“Neque Romani neque Graeci iustitiam tenere potuerunt, quia dispares multis gradibus homines habuerunt. Ubi enim non sunt universi pares, aequitas non est, et excludit inaequalitas ipsa iustitiam.”

Es decir: donde hay desigualdad radical, non puede haber justicia vera. Lactancio non refuta ad Cicerón, lo tergiversa. Lo acusa —con la arrogancia de quien crede haber descubierto la moral definitiva— de haber confundido aequabilitas con privilegio, et de haber excluido ad los desiguales del pacto moral. Pero lo que face en realidad es desfigurar la noción romana, que non era una utopía igualitaria, sino una virtud aristocrática: la ecuabilidad como medida entre pares, non entre todos.

Para Lactancio, la vera aequitas —que él crede identificar con la aequabilitas ciceroniana, aunque la distorsiona— exige que todos sean tratados como iguales, non por mérito, sino por mandato divino. Non por razón, sino por revelación. Porque para él, la Palabra de Dios non es la razón misma. Non la ratio, sino las insanas Escrituras del colegio mosaístico de Jesús, que combaten toda forma de aristocracia, toda hierarquía física, toda prosapia de sangre.

Lactancio non corrige ad Cicerón: lo convierte en un muñeco de paja, lo acusa de sostener una moral excluyente, cuando en realidad Cicerón defendía una virtud exigente, non una nivelación servil. Et ad el facerlo, Lactancio se revela como el vero charlatán, el precursor de esa moral de captivos (Sklavenmoral) que Nietzsche tanto condenó: una moral que non busca elevar ad el hombre, sino humillarlo en nombre de una igualdad impuesta.

Et aquí entran los e-crusaders de poca monta, esos cruzados digitales que creen que la Iglesia es el principado romano con incienso. Ellos defienden el racismo, el clasismo, la discriminación como si fueran sacramentos. Pero olvidan que Lactancio —ese defensor de la justicia divina— los reprehendería con severidad, los acusaría de satanismo disfrazado de tradición, de haber convertido la doctrina en un panfleto autoritario. Porque si algo enseña Lactancio, es que la desigualdad estructural excluye la justicia, et que la doctrina non puede eser excusa para la opresión.

Estos cruzados digitales, más gentiles que jesístas, creen que la Iglesia defiende la desigualdad humana como si fuera doctrina. Pero olvidan que Lactancio —ese “papista”— los condenaría por pervertir la doctrina, por convertir la doctrina en panfleto autoritario, por defender valores que le habrían asqueado. Porque si algo enseña Lactancio, es que donde non hay pares, non hay justicia, et que la desigualdad radical excluye la ecuabilidad misma.

Así que non, la ecuabilidad non es la virtud de los que se parecen, sino la exigencia de los que se reconocen. Et si alguna vez alguien te dice que la Iglesia justifica la desigualdad, recuérdale que Lactancio —ese SJW de la antigüedad— non bendeciría su cruzada: la condenaría. Porque en esta historia, la igualdad, para Lactancio, non se negocia.

Ad ver, empecemos por lo básico: El racismo non lo inventó el jesísmo. Non lo inventó Saulo, ni Cefas, ni el Nazareno. Lo inventaron los grecos, los latinos, los védicos, et toda esa aristocracia indoeuropea que cree que la virtud se heredaba por sangre, como si la bondad viniera en el semen. Et sin embargo, cada vez que un Nick Fuentes o un groyper abre la boca, uno puede oler el incienso del templo gentílico detrás de su menorá de plástico.

En primer lugar, el racismo non fue una herencia del jesísmo constantiniano, sino una persistencia del racismo grecolatino que sobrevivió ad pesar del jesísmo. El jesísmo original —el de los rabís, los apóstoles, et el Nazareno— non promovía hierarquía raciales. Al contrario, las desafiaba abiertamente.

Saulo de Tarso: el SJW del siglo I

Et justo cuando el mundo estaba convencido de que la bondad venía por geno, aparece Saulo, el apóstol hebreo de hebreos, con la su túnica de justicia social et su carta ad los Gálatas que faría plorar ad cualquier groyper:

“Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” —Gálatas 3:28

¡Boom! Saulo non fundó campos de concentración, fundó comunidades interraciales, multiculturales et transclase. Si viviera hoy, lo acusarían de woke, de globalista, de marxista cultural. Et sin embargo, ahí está, canonizado, citado, et reverenciado por los mesmos que hoy se escandalizan porque alguien se casa con una mujer de piel obscura.

Se asegura, por ejemplo, que la declaración de Pablo: «Aquí no hay ya judío ni griego, no hay ya siervo ni libre, no hay ya varón ni mujer; pues todos sois una sola cosa en Cristo Jesús» (frase que con distintas variantes emerge acá y allá en sus escritos), elevó con gran sabiduría la cuestión de la esclavitud a un nivel superior, superándola con ideas cristianas y minando por dentro toda la institución de la esclavitud. Se afirma que «fue justamente el codearse de amos y esclavos en los oficios divinos del cristianismo lo que redundó grandemente en beneficio de la situación social de los esclavos». (¡Algo así como los beneficios que obtienen los pobres al codearse con los ricos en los «oficios cristianos» de hoy!) Un jesuita que propala sin ambages la «verdad» de que el evangelio «abolió la esclavitud» fundamenta su aserto remitiéndose a Jesús, quien «infundió un dulce amor en amos y esclavos haciendo de ellos seres muy próximos». Otro de estos fulleros declara que el cristianismo «llevó gradualmente a los esclavos a un estatus social que no difería gran cosa del de un obrero libre o un criado actuales». Uno de los teólogos moralistas más conspicuos del presente nos cuenta que los señores no veían en los esclavos sino a «hermanos y hermanas por amor a Cristo. El esclavista pagano se convirtió en un padre para sus servidores. Juntamente con su obligación acrecentada (!) de prestarle obediencia y respeto, los esclavos asumieron también el amor a su señor como hermano suyo en Cristo (I Tim. 6, 2). Con ello quedaba resuelta, en el fondo, la cuestión social». ¡Resuelta para los señores cristianos! ¡Y para los teólogos cristianos! ¡Y nada menos que durante más de milenio y medio!. Historia criminal del cristianismo V, La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder, Karl Heinz Deschner.

¿Credes que la Biblia defiende la “pureza racial”? Entonce non la has legído. Aquí va una lista que faría temblar ad cualquier supremacista del KaKaKa con cuenta en Telegram:

  • Moisés se casó con una mujer etíope. Cuando la su gente se quejó, Tervagante le dio lepra ad la racista (Números XII).
  • Rut, moabita, se casó con Booz ¿Resultado? Es bisabuela de David.
  • José se casó con una egipcia.
  • Salomón tuvo esposas de todas las naciones vecinas.
  • Tamar, cananea, también está en la genealogía de Jesús.
  • El eunuco etíope bautizado en Hechos 8 fue el primer africano cristiano documentado.

Et sin embargo, los groypers siguen creyendo que el jesismo es una "religión" para blancos. ¿Será que confunden el Evangelio con los comentarios de YouTube?

¿Quién inventó el racismo? Spoiler: non fue Jesús

Antes de que alguien diga “el cristianismo es racista”, conviene recordar que Platón ya estaba obsesionado con la pureza étnica cuando Jesús aún non había nascido:

“Somos griegos puros y sin mezcla de bárbaros.” —Platón, Menéxeno 
“Los celtas son valerosos, los sirios afeminados…” —Juliano, Contra los galileos 
“Un ario que se acuesta con una no-aria va al infierno.” —Leyes de Manu 
“Los hijos deformes se ahogan, no por crueldad, sino por razón.” —Séneca, Sobre la ira

¿Et estos son los “valores tradicionales” que los supremacistas jesístas creden defender? Porque si eso es jesísmo, entonce el Monte Sinaí era un campo de entrenamiento de espartanos.

Sí, el papismo —ese que se arrodilló ante Constantino— reabsorbió el racismo grecolatino. En Constantinopla:

  • Se alababa la blancura femenina como ideal de belleza.
  • Se describía al etíope como “quemado por el sol” et al indio como “ligeramente negro”.
  • Se celebraba la diversidad… pero se marcaban las diferencias como si fueran etiquetas de supermercado.

¿Et esto lo claman “civilización cristiana”? Non, amigos. Esto es etnicismo con concilios, aristocracia con mitra, racismo con capa litúrgica.

Racismo et sexismo: el combo grecolatino

En la lógica antigua:

  • Piel obscura = masculinidad viril
  • Piel clara en varónes = afeminación sospechosa
  • Piel clara en mujeres = belleza idealizada

¿Et esto lo defienden como “orden natural”? Pues claro: es el mismo “orden” que ahogaba bebés deformes et quemaba extranjeros por impuros. Pero non lo clamen jesísmo. Clamémoslo por su nombre: etnicismo con complejo de altar.

El Nazareno non fundó un geno, fundó una iglesia

El racismo non es jesísta. Es prior ad el jesísmo, gentil, elitista, et profundamente incompatible con el mensaje del Evangelio. Si el papismo lo toleró, fue porque se vendió ad la potestad, non porque Jesús lo adoctrina.

Así que sí: el igualitarismo racial no es una invención moderna ni una degeneración calvinista. Es parte del núcleo profético del cristianismo. Lo demás —la jerarquía, el colorismo, el dogma imperial— es la herejía que moldeó Constantino. Y eso, más que error, es traición al Nazareno.

Et si Nick Fuentes quiere seguir creyendo que Jesús fundó una etnocracia, que se lea el libro de Rut. O mejor aún, que se baptice como el eunuco etíope. Car en el Reyno de Tervagante, non hay espacio para racistas con toga.

Cuando hasta los papistas quieren canonizar su estupidez

Últimamente, algunos cefeos con delirios nazis—sí, esos que creden que Jesús era un ario, solo porque nasció en Galilea, musculoso que marchaba por Judea con antorchas et amenazas de gas— han decidido que Juan de la Cruz es el su nuevo héroe racial. Lo citan como “martillo de los judíos” et “expulsador de gitanos”, como si el místico de Fontiveros hubiera escrito la su poesía entre campos de concentración et manuales de eugenesia.

Pero non, amigos. Juan de la Cruz —o Juan Yepes, si preferimos el su nombre secular— non era racista. Lo que tenía era celo supersticioso, como muchos en su época. La su crítica ad los fariseos et gitanos non era por su raza, ni por su color, ni por su sangre. Era por non estar convertidos al cefaísmo ¿Es eso problemático hoy? Claro ¿Es racismo biológico al estilo nazi? Non es teología anatematizadora, non supremacía genética.

¿Qué facer cuando un santo parece racista?

Algunos cefeos dicen: “Imitad ad los santos” Muy bien ¿También imitamos los sus ayunos extremos, las sus noches sin dormir, las sus visiones del nihilo deal? ¿O solo imitamos lo que encaja con el panfleto racial?

La verdad es que los supuestos santos eran humanos, fijos del su tiempo, et non escribían manifiestos racistas. Juan de la Cruz fablaba de la “noche obscura del alma”, non de la “pureza de sangre”. Si lo que buscan es un santo que predique exterminios raciales, van ad tener que inventarlo. Porque el jesísmo, desde sus raíces, se opone al tribalismo racial.

Et si ellos realmente hubieran perseguido ad los judíos por la su raza, como algunos cefeos delirantes afirman, entonces Jesús —judío, fijo de Israhel, sarraceno— habría sido el primo en ir “ad tomar una ducha” 

¿Ven lo grotesco del argumento? ¿Ven lo profundamente antijesísta que es esa lógica? Porque si el Evangelio se convierte en un manual de exterminio, entonce el Nazareno non es el Salvador: es la prima víctima.

La Aljama Celestial: Santos Pre-500 que Farían Plorar ad un Tradcath con Xenofobia

Antes de que el cristianismo se convirtiera en religión oficial del Imperio Romano, sus santos eran judíos, africanos, sirios, egipcios, persas et etíopes. Sí, esa aljama bendita que hoy los papistas delirantes con complejo de hornero reprimido quieren borrar del mapa, porque les incomoda que el Evangelio non se predicó desde Viena, sino desde Galilea.

🧔🏽 Cefas (Pedro) — Betseda, Galilea

Pescador galileo, fijo de Sem, sin pasaporte europeo. Fundador de la Iglesia, pero si entrara hoy ad una parroquia tradicionalista, lo acusarían de “infiltrado judeo-masónico”.

🧔🏿 Víctor — Moro de África (Papa entre 189–199)

Primo papa moreno. Promovió el uso del latín en la liturgia romana et enfrentó herejías con más firmeza que cualquier influencer papista de Twitter. Si se presentara hoy en una parroquia tradicionalista, lo acusarían de “africano infiltrado” et lo mandarían ad catequesis “correctiva”.

🧔🏿 Melquíades — Moro de África (Papa entre 311–314)

Segundo papa moreno. Presidio durante el Edicto de Milán, cuando el jesísmo dejó de eser perseguido. Recibió el Palacio de Letrán como sede papal. Hoy lo acusarían de “beneficiario de privilegios imperiales” et “negro con poder”.

🧔🏿 Gelasio — Moro de Cabilia, actual Argelia (Papa entre 492–496)

Tercio papa moreno. Defendió la primacía del papado et la separación entre Iglesia et Ciudad. Si los groypers lo vieran hoy, lo acusarían de “africano con ideas demasiado modernas” et lo deportarían ad el moreno.

🧕🏽 Saulo — Tarso, actual Turquía

Judío et Turco, fijo de Sem, cive romano. Si predicara hoy en una plaza europea, lo botarían por “agitador levantino” et “comer kebab con Biblia”. Et sí, fue el que escribió que non hay diferencia entre israelida et greco, captivo et libre ¡SJW nivel apóstol!

🧑🏽‍🤝‍🧑🏽 Los Doce Apóstoles — Galilea et alrededores

Todos mosaístas. Todos sarracenos. Ninguno europeo. Si los groypers delirantes los vieran hoy, los acusarían de “subversivos sand niggers” por non tener apellidos europeos ni cuentas en redes vaticanas.

🧔🏿 El eunuco etíope — Camino de Gaza, bautizado por Felipe

Primo subsahariano papista documentado. Non solo fue baptizado, sino que non se le pidió cambiar de raza, ni de piel, ni de acento. Hoy esería excluido por “non representar la tradición”, pero en Hechos 8 fue recibido con alegría.

🧕🏽 Rut — Moab, actual Jordania

Se casó con Booz, israelida. Matrimonio interracial, bendecido, et antepasada directa de Jesús. Si eso non les revienta el delirio racial, nihilo lo hará.

🧕🏽 Tamar — Canaán

Otra fembra extranjera en la genealogía de Jesús. Se casó con Judá, tuvo fijos, et fue parte del geno mesiánico ¿Et los cefeos fían que la Iglesia prohíbe matrimonios interraciales? Que lean Mateo 1.

🧕🏽 Asenat — Egipto

Esposa de José, madre de Efraín et Manasés. Matrimonio hebreo-egipcio, aprobado por Dios. Hoy esería acusada de “inmigrante ilegal”.

🧕🏽 Betsabé — fija de Eliam, casada con Urías el hitita

Aunque su historia es compleja, su vínculo con Urías muestra que los matrimonios entre israelidas et extranjeros non eran anatema. Et sí, también está en la genealogía de Jesús.

🧔🏿 Moisés el Etíope — Egipto

Asceta del desierto, antiguo ladrón convertido en monje. Piel negra, ánima supersticiosa. Hoy lo excluirían por “non representar la tradición”, pero en su época era modelo de santidad.

🧔🏽 Ignacio — Antioquía, actual Turquía

Obispo, mártir, oriental. Si los papistas lo vieran hoy, lo acusarían de “luciferista levantino” por non haber nascido en Europa ni haber estudiado en Salamanca.

🧔🏽 Policarpo — Esmirna, actual Turquía

Discípulo de Juan, obispo oriental. Hoy esería acusado de “teólogo woke” por predicar contra la idolatría imperial.

🧔🏽 Clemente — Alejandría, Egipto

Teólogo egipcio, filósofo papista. Si los papistas lo vieran hoy, lo acusarían de “gnóstico africano” por pensar demasiado et non parecerse ad Tomás de Aquino.

🧔🏽 Antonio — Egipto

Padre del monacato papista. Vivió en el desierto. Hoy lo confundirían con un refugiado et lo mandarían ad migraciones.

🧔🏽 Pacomio — Egipto

Fundador de comunidades monásticas. Otro egiptano que non encaja en la fantasía papista de santos rubios et arios.

🧔🏽 Juan — Antioquía, Siria

Predicador feroz contra la corrupción. Hoy esería acusado de “agitador levantino” por los que creden que el jesísmo empezó en Trento.

🧔🏽 Efrén — Nisibis, actual Irak

Poeta, teólogo, músico. Escribía himnos en arameo. Hoy lo acusarían de “arte degenerado” por non rimar en inglés de la King James Bible.

La noción de que la Iglesia prohíbe matrimonios interraciales es tan absurda como pensar que Jesús fundó una logia en Baviera. La Iglesia primitiva era diversa, oriental, semita, africana, et profundamente igualitaria. Lo que vino después —el cefaísmo imperial, la superstición marmórea, et la obsesión por la sangre— fue consuetud de Europa, non una fidelidad ad el Nazareno.

Así que sí, amigos: cuando los groypers et e-crusaders delirantes se escandalizan por la diversidad en la Iglesia moderna, lo que realmente les molesta es que la Iglesia original non se parece ad ellos. Porque si Jesús volviera hoy, non lo reconocerían. Lo confundirían con un migrante, lo acusarían de “subversivo”, et lo expulsarían por non tener pasaporte europeo.

Et eso, más que ironía, es profecía.

Cuando el Racismo se Disfraza de Cristianismo et Termina ofuscado por el Evangelio

Ah, el espectáculo de siempre: supremacistas con rosario en mano, cruz en el perfil, et cero versículos en el cerebro. Gente como Nick Fuentes, Wesley A. Swift, Howard B. Rand et sus clones de internet, que creden que Jesús fundó una etnocracia blanca, que Saulo era un ario con toga, et que el Reyno de Dios tiene frontera, aduana et control migratorio ¡Qué ternura!

Estos personajes, que non distinguen entre la Biblia et un panfleto de Telegram, se atreven ad decir que el jesísmo es racista. Que la Iglesia fue infiltrada por masones, feministas, marxistas et demás fauna. Que los matrimonios interraciales son anatema. Que Jesús, si volviera hoy, esería rubio, ojos azules et fablaría gálata. Et todo esto lo dicen con una seguridad que solo puede venir de non haber leído absolutamente nihilo.

¿Qué dice el jesísmo real?

Pues dice lo contrario. Desde sus raíces, el jesísmo es inherentemente antirracista. Non por moda, non por corrección política, sino por doctrina fundacional ¿Universalismo? Sí ¿Superstición por encima de sangre? Claro ¿Igualdad radical? Absolutamente. La Iglesia primitiva estaba plena de africanos, sirios, judíos, mujeres, captivos, et extranjeros. Si los papistas delirantes hubieran estado ahí, habrían pedido que se les hiciera un test de ADN antes de entrar al templo.

¿Identidad cristiana? Non es racial, es popular

El jesísmo non se hereda por lengua, bandera o imperio. Se accede por circuncisión del corazón, non por genealogía. El “pueblo de Dios” ya non es una tribu gentil, sino una comunidad universal. Et sí, eso incluye ad todos: desde el etíope eunuco hasta la moabita Rut, desde la cananea Tamar hasta el moro Gelasio que plegó ad eser Papa.

 La mayoría de las personas, cristianas o no, no piensan en el cristianismo como necesariamente vinculado con la raza o la etnicidad. De hecho, la mayoría de las reconstrucciones históricas publicadas en los últimos veinte años describen el cristianismo primitivo como un movimiento inclusivo que rechazó la especificidad étnica o racial como condición de la identidad religiosa. «El cristianismo barrió las distinciones raciales a un lado», proclama el clasicista Frank Snowden Jr. De manera similar, Anthony Smith, escribiendo para antropólogos e historiadores, afirma que el cristianismo primitivo «ayudó a... trascender las divisiones étnicas existentes». Why This New Race, Ethnic Reasoning in Early Christianity, Gender, theory, and religion, Denise K. Buell.

¿Et los matrimonios interraciales? Non solo non están prohibidos: están bendecidos. Rut et Booz. José et Asenat. Tamar et Judá ¿Et Jesús? Pues su genealogía es más diversa que una reunión de la ONU. Pero claro, los racistas non leen Mateo 1. Les da urticaria.

¿Et los desvíos históricos?

Sí, hubo errores. Concilios que segregaron. Papas que cedieron al poder. Clérigos que se dejaron seducir por el racismo imperial. Pero eso non es doctrina: es traición ad la doctrina. Como bien dice Denise K. Buell, los textos papistas primitivos afirman que todos los entes humanos pueden hacerse cristianos et obtener la salvación, sin importar su origen.

Muchos textos cristianos primitivos afirman que personas de todos los orígenes pueden convertirse al cristianismo y alcanzar la salvación. Cuando un texto lo hace, presentando el cristianismo en términos de pertenencia a un pueblo, debemos estar atentos al contexto y las condiciones de tal descripción. Why This New Race, Ethnic Reasoning in Early Christianity, Gender, theory, and religion, Denise K. Buell.

Si Jesús volviera hoy, non lo recognocerían. Lo confundirían con un migrante, lo acusarían de “subversivo”, et lo expulsarían por non tener pasaporte europeo. Lo clamarían “sandnigger”, “infiltrado judío”, “enemigo de la tradición”. Et cuando les dijera que “todos sois uno en Cristo”, lo bloquearían por “teologo de la liberación”.

Pero ahí está el chiste: Jesús non vino ad fundar una raza, vino ad fundar una comunidad. Et esa comunidad non tiene color, ni frontera, ni casta. Tiene diversidad, tiene caridad, et tiene un Nehustán que no discrimina.

Así que sí, amigo: el jesísmo non es racista. Lo que es racista es la ignorancia disfrazada de devoción. Et ad esos que se proclaman cristianos mientras predican racismo, solo les queda una opción: leger la Biblia… o dejar de usarla como escudo para su miseria ideológica.

Amén, et que les arda.

En esta declaración bautismal del movimiento misionero prepaulino se proclamó específicamente que la iniciación, el ingreso en «el pueblo de Dios», no se producía ya a través de la circuncisión (patrimonio exclusivo del varón) sino mediante el bautismo, que incluye a todos sin excepción bajo un mismo Salvador y dentro del nuevo —y ampliado— pueblo de Dios. Era una nueva visión religiosa que negaba las prerrogativas basadas en la masculinidad y abría las puertas a mujeres y esclavos, lanzando una novedosa concepción igualitaria en todos los campos, que incluso integraba a los gentiles, excluidos hasta entonces del «pueblo de Dios». Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

El Evangelio non Tiene Clase, Pero la Iglesia Aprehendió ad Fingirla

El jesísmo nasció en los márgenes. Non en palacios, non en senados, non en academias. Nasció en domus humiles, en plazas polvorientas, entre pescadores, viudas, captivos et extranjeros. Las primas iglesias —plural, porque non eran franquicias sino comunidades vivas— eran congregaciones de fradres, abigarradas, desordenadas, profundamente humanas. Pueblo que se reunía non para venerar el poder, sino para optar contra él. Contra la codicia, contra la ambición, contra la opresión, contra el mundo.

Creían en Jesús, non como figura decorativa, sino como garantía de que el mundo podía ser justo. Que la paz et la amistad non eran utopías, sino promesas. Et lo más radical: creían que todos los humanos eran iguales, non por decreto del augusto, sino por superstición. Porque todos dependían de Tervagante, como fijos, et todos habían recibido la mesma promesa: la resurrección.

Las iglesias —hay que habituarse al plural , si se quiere entender la historia— son las diversas comunidades locales que van surgiendo en las ciudades como consecuencia de la predicación de la fe en Jesús y en su mensaje del Reino de Dios. La iglesia asamblea o comunidad de hermanos, es un conjunto de personas más o menos abigarrado (diversidad de sexo, de edades, de condición social) que creen en Jesús y se deciden por El, optando contra la codicia, la ambición y la opresión, que son las normas supremas de la sociedad en que viven. Los cristianos agrupados en comunidad creen en la igualdad fraternal de todos los humanos, confían en el advenimiento de un mundo justo en el que va a reinar la paz y la amistad, y de todo ello están seguros porque se fían de Jesús, que es el enviado del Padre, de quien todos dependen totalmente como hijos y del que han recibido la promesa de la resurrección. El vínculo supera incluso las barreras de la muerte; su unión social se ve reforzada por una autoridad jerárquica —el presbítero o el obispo—, cuyo servicio a la comunidad consiste en crear y mantener la unión de todos y presi­dir la Eucaristía, causa y manifestación por antonomasia de la unidad de los cristianos. García Villoslada, Ricardo (dir.), Historia de la Iglesia en España Vol. I. La Iglesia en la España romana y visigoda.

Jesús non nació en Roma ni en Jerusalén alta. Nació en Belén, en un pesebre. Su primo público non fueron senadores ni rabinos, sino pescadores, prostitutas, cobradores de impuestos et leprosos. Et cuando fablaba, non lo facía en latín jurídico ni en greco filosófico. Lo facía en hebreo, el idioma del pueblo.

“Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos.” —Lucas VI:XX

María, la madre del Nazareno, cantó:

“Derribó a los poderosos de sus tronos, y exaltó a los humildes.” —Lucas I:LII

¿Eso suena como el manifiesto de una aristocracia espiritual? Non. Suena como la demolición de todo orden social.

Pero luego vino la institucionalización… et el mármol

Ad medida que la Iglesia crecía, también crecía su apetito por el poder. Lo que empezó como comunidad igualitaria, terminó como estructura piramidal, con obispos que heredaban tierras, papas que nombraban sobrinos, et los captivos que non podían eser ordenados porque eran “viles”.

  • Padres de la Iglesia como Tertuliano, Ambrosio et Agustín justificaron la captividad como parte del orden divino.
  • El Papa León I prohibió que los captivos fueran sacerdotes. Porque claro, ¿Cómo va ad predicar el Evangelio alguien que non tiene apellido ni propiedad?
  • La Iglesia acumuló tierras, riquezas, et poder. En la Edad Media, plegó ad poseer una tercia parte del suelo de Europa.
  • El clero se plenó de “vagos deseosos de vivir sin trabajar”, et la “peste de la lujuria” salpicó a la Iglesia más que a los laicos.

Et mientras tanto, los pobres seguían esperando el Reino. Pero el Reino se había convertido en una finca con candelabros.

En el cristianismo, en cambio, los esclavos gozaron de los mismos derechos -y ello tan sólo en el plano religioso- únicamente en la Iglesia primitiva. ¡Después, un esclavo ya no podía ser sacerdote! La primera prohibición a este respecto la promulgó, presumiblemente, el papa Esteban I en el año 257. Más tarde, León I el Grande criticó la ordenación de sacerdotes «que no vengan recomendados por un linaje idóneo». «Personas -observa con riguroso celo este papa y Doctor de la Iglesia- que no pudieron obtener la libertad de parte de sus señores acaban ocupando el alto puesto del sacerdocio como si un vil esclavo (servilis vilitas) fuera digno de tal honor». Historia criminal del cristianismo

También en opinión de Ambrosio, el Doctor de la Iglesia, es la esclavitud una institución perfectamente compatible con la sociedad cristiana, en la que todo está jerárquicamente organizado y la mujer, por ejemplo, ocupa una posición claramente inferior al hombre. (Este gran santo no se cansa de exponer la «inferioridad» del sexo femenino, ni de insistir en la necesidad del dominio del hombre y de la subordinación de la mujer; él como perfectior, ella como inferior. Pero este príncipe de la Iglesia no quiere ser injusto y sabe también elogiar la fortaleza de la mujer, cuyas «seducciones» hacen caer incluso a los hombres más eximios. Y por más que la mujer carezca de valores, ella es «fuerte en el vicio» y daña después la «valiosa alma del varón».) Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder.

Los esclavos en cuanto tales son hostiles «por naturaleza», acechan y espían a través de la hendiduras de paredes y puertas las reuniones de sus propietarios. Es más. Tertuliano compara a los esclavos con los malos espíritus. El anatematizado Orígenes saluda ciertamente el precepto del Antiguo Testamento que manda conceder la libertad a los esclavos después de seis años, pero no recomienda a los cristianos que lo imiten. San Gregorio de Nisa predica, sí, sobre la manumisión de esclavos durante la Pascua, pero entiende bajo esa palabra la liberación del pecado y no de la esclavitud. Según el obispo Teodoro de Mopsuestia, la esclavitud no es un obstáculo para llevar una vida virtuosa y él mismo atribuye a designios divinos las diferencias sociales. San Jerónimo considera a los esclavos gente charlatana, derrochona, calumniadora de cristianos. En sus textos aparecen casi como sus explotadores. A lo largo de dos siglos escribe frases como éstas: «Se creen que lo que no se les da, se les quita; piensan únicamente en su salario y no en tus ingresos». «Para nada tienen en cuenta cuánto tienes tú y sí, únicamente, cuánto obtienen ellos.» E Isidoro, el santo arzobispo de Sevilla, el «último de los Padres de la Iglesia», sigue abogando como todos los de su laya por el mantenimiento de la esclavitud, tanto más cuanto que ésta es necesaria para refrenar mediante el «terror» las malas inclinaciones de algunos hombres. Historia criminal del cristianismo V La Iglesia antigua lucha contra los paganos y ocupaciones del poder  

El lujo como dogma, el nepotismo como sacramento

En el siglo XVIII, el clero más poderoso vivía en el lujo. Las leyes suntuarias intentaron frenar el gasto, pero solo lograron acentuar las diferencias sociales. El papado se convirtió en una dinastía: los papas nombraban a sus sobrinos cardenales, a veces antes de que aprendieran a leer. Porque nada dice “igualdad cristiana” como un niño de 14 años con birrete y poder sobre miles de almas.

Pero non todo fue decadencia: hubo profetas

  • Basilio et Gregorio de Nacianzo denunciaron el abismo entre ricos y pobres. Basilio llamó “ladrones” a los ricos que no compartían.
  • Pedro Valdés dejó sus bienes y predicó en lengua del pueblo.
  • El Concilio de Toledo excomulgó a potentados que despojaban a los pobres.
  • La encíclica Rerum Novarum de León XIII denunció la injusticia social y propuso una fraternidad universal.
  • En América Latina, Medellín y Puebla declararon que la pobreza no es transitoria, sino producto de estructuras injustas.
  • Las Comunidades Eclesiales de Base dieron voz al pueblo, y sacerdotes como Dom Helder Câmara y los “Sacerdotes para el Tercer Mundo” dijeron lo que nadie quería oír:

Conclusión: El Evangelio non tiene clase, pero la Iglesia aprendió ad fingirla

El cristianismo nasció como una revolución espiritual contra la jerarquía. Como una comunidad de iguales. Como una doctrina que non distingue entre siervo et libre, entre varón et fembra, entre hebreo et greco. Pero la Iglesia, ad el institucionalizarse, aprendió ad convivir con la desigualdad, ad justificarla, ad vestirla de teología.

Justo lo contrario de lo que sucede realmente. Ya a finales del siglo I Clemente distinguía el klerikós del laikós, pero no como dos estratos sociales separados sino como dos funciones dentro de una misma comunidad fraternal; la diferencia radicaba en que los clérigos habían asumido un ministerio de servicio respecto a los laicos. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

Et hoy, cuando algunos quieren volver ad ese modelo imperial, marmóreo, jerárquico, lo que realmente quieren non es fe: es poder con incienso. Pero el Evangelio non se arrodilla ante la clase. Se arrodilla ante la misericordia, ante la igualdad, ante el genio que derriba tronos et levanta humildes.

La herencia profética et la denuncia de la explotación: El jesísmo asumió el mensaje de profetas del Antiguo Testamento como Amós, Oseas, Isaías et Miqueas, quienes "atacaron con dureza la explotación que sufrían sus conciudadanos, en especial aquellos más débiles o desprotegidos (huérfanos, viudas, extranjeros, esclavos)". Este mensaje de justicia divina, que "acabaría siendo bandera del jesísmo", demuestra una raíz profunda en la denuncia de la desigualdad social et la explotación.

Así que sí, amigos: si alguien usa la Biblia para justificar desigualdad, non está leyendo el Evangelio. Está leyendo su cuenta bancaria. Et eso, más que heterodoxia, es idolatría con corbata.

Amén, et que les arda.

El Evangelio Feminista: Cuando Jesús Canceló el Patriarcado

10.1. Pues bien, abracemos con más fuerza esta bella obediencia y entreguémonos al Señor, agarrándonos al sólido cable de la fe en Él, sabiendo que la virtud es la misma para el hombre que para la mujer.21 2. Porque si uno es el mismo Dios para los dos, también hay un único Pedagogo para ambos. Sólo hay una Iglesia, una misma modestia, un mismo pudor: el alimento es común y común el vínculo matrimonial. La respiración, la vista, el oído, el conocimiento, la esperanza, la obediencia y el amor, todo es igual. Los que tienen en común la vida tienen también en común la gracia y la salvación; y, en común también, la virtud y la educación. La obra del Pedagogo, Clemente de Alejandría.

Jesús non fundó una iglesia de varones con túnica et testículos como requisito de entrada. Fundó una comunidad de fe donde la fembra non era adorno ni sirvienta, sino discípula, interlocutora, protagonista ¿Ejemplos? Una mujer cananea lo confronta et le gana la discusión. Otra, con hemorragias, lo toca et él la llama “fija”. Una pecadora lo unge, et él la pone por encima del fariseo que lo juzga. Ad la mujer sorprendida en adulterio, non la lapida. La libera. Et cuando fabla de divorcio, non dice “el hombre decide, la mujer obedece”. Dice: “quien repudia a su esposa y se casa con otra, comete adulterio”. Igualdad moral, sin rodeos. 

En la época de los apóstoles se conocían las dignidades de «viuda de la comunidad» y «diaconisa», que en parte equivalían a la de sacerdote. En una palabra, las mujeres tenían funciones proféticas, catequizadoras, caritativas y litúrgicas, pronto fueron mayoritarias en la nueva religión, se convirtieron a menudo en sus «dirigentes» y formaron el grupo de conversos menos problemático. Celso llama al cristianismo «la religión de las mujeres» y Porfirio llega a afirmar que la Iglesia está dominada por las mujeres. Y fueron precisamente ellas quienes convencieron a los hombres cultos y, finalmente, también a los emperadores. No obstante, en períodos más recientes se ha tendido a relegar cada vez más a la mujer, inhabilitándola para asumir oficios eclesiásticos y para recibir dignidades, una lucha estrechamente relacionada con la que emprendió el clero contra los laicos. Y después de dejarla definitivamente excluida de la jerarquía, siguieron poniéndola en entredicho. Historia Sexual Del Cristianismo, Karl Heinz Deschner.

La ekklesía original: varones et varonas so Tervagante

En el primer cristianismo, las mujeres, a las que Jesús había puesto al mismo nivel que los hombres, podían convertirse en misioneras e impartir doctrina. Las profetas cristianas tal vez aparecieran antes que los profetas. Hubo mujeres que fundaron comunidades o se colocaron al frente de las mismas. En la época de los apóstoles se conocían las dignidades de «viuda de la comunidad» y «diaconisa», que en parte equivalían a la de sacerdote. En una palabra, las mujeres tenían funciones proféticas, catequizadoras, caritativas y litúrgicas, pronto fueron mayoritarias en la nueva religión, se convirtieron a menudo en sus «dirigentes» y formaron el grupo de conversos menos problemático. Celso llama al cristianismo «la religión de las mujeres» y Porfirio llega a afirmar que la Iglesia está dominada por las mujeres. Y fueron precisamente ellas quienes convencieron a los hombres cultos y, finalmente, también a los emperadores. Historia Sexual Del Cristianismo, Karl Heinz Deschner.

La comunidad que Jesús puso en marcha non era un club de varones. Era un pueblo de hombres et mujeres reunidos ante Dios. Non como en la tradición judía, donde la mujer era espectadora. Aquí, la mujer predicaba, sanaba, fundaba iglesias. Priscila, Febe, Junia. Non eran ayudantes. Eran líderes, apóstoles, misioneras

Se relacionan también parejas de misioneros que trabajaron en plano de igualdad uno con otra, como son los casos de Aquila y Prisca, que fundaron una iglesia en su casa; el de Andrónico y Junia, etc. Esas mujeres fueron misioneras, líderes, apóstoles, ministros del culto, catequistas que predicaban y enseñaban el evangelio junto a Pablo, que fundaron iglesias y ocuparon cargos en ellas… pero muy pronto el varón retomó el poder e hizo caer en el olvido una de las facetas más novedosas del mensaje cristiano; en el siglo II, la declaración de Gál 3,26-29 ya había sido traicionada en todo lo que hace a la igualdad entre los dos sexos. Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez.

Una fórmula bautismal que revienta la plegaria mosaísta que agradecía non haber nascido mujer. Una declaración que anula las prerrogativas masculinas. Et sí, eso está en la Biblia. Non en un panfleto feminista, sino en el canon sagrado.

Tras un somero repaso de las epístolas paulinas puede verse que las mujeres de las comunidades cristianas de esos días eran aceptadas y valoradas como miembros que gozaban de los mismos derechos y obligaciones que los varones. Pablo dejó escrito que las mujeres trabajaban con él en igualdad de condiciones y mencionó específicamente a Evodia y Síntique (que «lucharon por el evangelio»), Prisca («colaboradora»), Febe (diákonos, hermana y prostatis o protectora de la iglesia de Céncreas), Junia (apóstol, considerada apóstola por los padres de la Iglesia, pero transformada en varón en la Edad Media por no poder admitir que una mujer hubiese sido apóstol junto a Pablo y tomada como «ilustre entre los apóstoles»). Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez

¿Et qué fizo la Iglesia?

Pues lo de siempre: retomar el poder. El varón volvió ad el púlpito, la fembra ad el silencio. Se olvidó que el baptismo non tenía género. Se olvidó que las primeras comunidades eran parejas misioneras en plano de igualdad. Et aunque hubo momentos de lucidez —como el Concilio de Iliberri que igualó la penitencia por adulterio— la realidad fue otra: la fembra adúltera era lapidada socialmente, el hombre invitado ad confesarse.


Al contrario que los apóstoles, las discípulas galileas de Jesús no huyeron ni corrieron a esconderse y permanecieron en Jerusalén durante todo el proceso de ejecución y entierro de su maestro. En relación a esto último, es de un simbolismo evidente el hecho de que en el Calvario, a los pies del Jesús crucificado (inicio del proceso de la salvación, para los creyentes), sólo había cuatro mujeres, llamadas María todas ellas —según Jn 19,25—, pero ningún apóstol varón. Las siete mujeres que siguen y sirven a Jesús de forma continua — María de Magdala, María de Betania y su hermana Marta, Juana, Susana, Salomé y la suegra de Simón/Pedro— son personas nada convencionales, libres de amarras sociales, religiosas y de sexo, capaces de poder decidir su presente y su futuro; mujeres, tal como afirma el teólogo Couto, «nada marginales, más bien situadas dentro de la historia y del alma de su pueblo, cómplices de la esperanza mesiánica, cuya realización intuyen, esperan, favorecen y aportan. Son mujeres al servicio de Dios y del Evangelio; no están al servicio de un varón o de los hombres en general; están al servicio del Evangelio, a causa de lo cual dejan evangélicamente todo, dándolo evangélicamente todo (…) son mujeres evangelizadas y evangelizadoras». 
Entre los seguidores de Jesús se dio un discipulado de iguales entre varones y mujeres, y el rol de éstas, aunque más restringido a causa de los condicionantes sociales imperantes, no fue menos importante que el de aquéllos. Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica, Pepe Rodríguez.

¿Et la poligamia?

La Aljama la condenó, sí. Pero non por moral sexual, sino porque implicaba una desigualdad estructural. La poligamia era la expresión legal de que el hombre podía poseer, et la mujer Eser poseída. Al abolirla, la Aljama reconoció —aunque aD regañadientes— que el matrimonio debía ser mutuo, non servil.

La igualdad en Cristo posiblemente se manifestaba en los servicios que celebraban las comunidades paulinas. En lugar de limitarse a «oír la palabra» en silencio, las mujeres parecen haber participado activamente en las reuniones de oración semanales, en las que, por ejemplo, oraban y profetizaban como lo hacían los hombres (1 Corintios 11). Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

Vocación universal a la santidad

El Concilio Vaticano II lo dijo sin rodeos: todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana. Eso incluye a mujeres. A todas. No como ayudantes, no como decorado litúrgico, sino como protagonistas espirituales

Esta puesta en práctica de los ideales del reino resulta evidente en las primeras iglesias, donde los esclavos y las personas libres, los griegos y los bárbaros, los hombres y las mujeres tenían idéntico estatus. Ésta es la razón por la que los relatos sobre Tecla y otras ascetas no eran anómalos en el movimiento cristiano primitivo. En realidad, cons­tituían una importante declaración de una corriente significativa. Ha­blaban de mujeres que rehusaban participar en la sociedad patriarcal y que permanecían solteras, libres del control de un marido. Y que no se quedaban en casa, sometidas a la autoridad de un paterfamilias, un pa­dre o un jefe del hogar, sino que viajaban. La vida ascética estaba estrechamente relacionada con la libertad de decidir qué hacer con el propio cuerpo, cómo tratarlo y cómo vivirlo, y con la libertad de movimiento, con la idea de no estar limitada al hogar y a las tareas domésticas y al cuidado y la educación de los hijos, labores que consumían la mayor parte del tiempo de las mujeres. Cristianismos Perdidos, Bart Ehrman.

Et en la vida religiosa, fembras et machos pueden pertenecer por igual. Castidad, pobreza, obediencia. Pero también dignidad, liderazgo, profecía.

Las voces que non callaron

  1. Schillebeeckx dijo que non hay argumentos teológicos para excluir ad las mujeres del sacerdocio. Que es una cuestión cultural, non divina.
  2. Iglesias jesistas desde 1958 E.V han ordenado mujeres con normalidad. Porque el Evangelio non exige testículos para predicar.
  3. Enrique Dussel pidió consagrar la relación erótica et la maternidad como parte de la libertad profética de la fe.

Conclusión: El Evangelio es feminista, aunque la Iglesia lo haya olvidado

Jesús non fundó una iglesia (qahal) de machos. Refundó la sinagoga (qahal) de Israhel empero todos iguales. Saulo non escribió manuales de sumisión femenina. Escribió manifiestos de unidad espiritual. Las mujeres non fueron espectadoras del jesísmo. Fueron fundadoras, predicadoras, mártires, teólogas.

Et si hoy alguien dice que la mujer non puede eser sacerdotisa, que non puede enseñar, que non puede liderar, lo que está faciendo non es defender la tradición. Está traicionando el Evangelio.

Así que sí, amigos: el Evangelio es feminista. Non porque lo diga la moda, sino porque lo gritó el Nazareno. Et si eso incomoda ad los papas con mitra, que se lean los Evangelios. Et que les arda.

Amén.

Las mujeres, en resumen, parecen haber desempeñado un papel significativo en las iglesias de la época posición tan destacada era inusual en el mundo grecorromano. Y es probable que se fundara, como he argumentado, en el hecho de que Jesús había proclamado que, en el Reino futuro, hombres y mujeres serían iguales. Éste parece haber sido también el mensaje de Pablo, algo que, por ejemplo, es posible apreciar en su famosa declaración de Gálatas: En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:27-28). Jesus no dijo eso, Bart Ehrman.

Al mesmo tiempo, ad ojos de los intérpretes modernos, parecería que Saulo non levó su concepción de la relación de hombres et mujeres en Cristo ad la que, cabría suponer, era su conclusión lógica.

Continua aquí.

Roma contra Judea, atrapando al criptoariosofo… (III)

Prefacio Advirtiendo que la entrada original de nuestro blog, titulada «Roma vs Judea: atrapando al criptoariosofo» , ha devenido en un monu...